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Recortes de Prensa     Martes 3 Enero  2006
Federalismo, órdago y muerte dulce
LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN ABC 3 Enero 2006

Cicatrices profundas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Enero 2006

El puercoespín democrático
EDURNE URIARTE ABC 3 Enero 2006

El cura irlandés y los síntomas
JOSÉ MARÍA CALLEJA EL Correo 3 Enero 2006

El año del Estatuto
CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC 3 Enero 2006

El juego de Irán
GEES Libertad Digital  3 Enero 2006

Zapatero olvida los feudos socialistas para premiar a los nacionalistas en el reparto de inversiones
C. Morodo ABC 3 Enero 2006

La AVT y Basta Ya culpan a Zapatero de que Ibarretxe pretenda resucitar su plan
ABC 3 Enero 2006

Federalismo, órdago y muerte dulce
Por LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR ABC 3 Enero 2006

LA historia de todos los Estados federales registra momentos centralizadores y momentos en los que, por el contrario, las entidades federadas refuerzan su posición. Con frecuencia, esas oscilaciones forman parte de la biología normal de los sistemas federales y derivan de un uso inteligente de los resortes y de las potencialidades que son propios del federalismo. Frente a un determinado desafío histórico, una federación puede expandir sus poderes y hacer crecer su envergadura financiera y administrativa; y puede también, en otras circunstancias, contraerse y preferir que las entidades federadas asuman mayor protagonismo en algunas materias. Un ejemplo clásico de centralización federal es la que tuvo lugar en EE.UU. durante la presidencia de Roosevelt, y que fue el resultado de los esfuerzos nacionales necesarios para aplicar el «new deal» y superar la gran depresión, y luego para vencer en la II Guerra Mundial. Un caso reciente del fenómeno contrario es el «nuevo federalismo» mediante el que Reagan pretendía realzar el papel de los estados y adelgazar a la federación.

En realidad, estas transformaciones son neumáticas y no afectan a las líneas maestras del sujeto político transformado, pues le permiten adaptar su geometría para capear mejor las distintas coyunturas nacionales e internacionales. Son cambios mediante los cuales el sistema federal se perpetúa en el tiempo; movimientos pendulares de un mecanismo bien regulado, donde el péndulo no sobrepasa un arco determinado y sirve para que el reloj funcione y no para que se descomponga. Por supuesto, los procesos que se han descrito generan discrepancias entre centro y periferia, pero son conflictos cuya resolución no altera el equilibrio del sistema. Es propósito del este artículo proyectar este esquema histórico y conceptual sobre nuestro Estado de las autonomías y analizar las reveladoras diferencias que resultan.

¿Cabría decir, en este sentido, que la crisis planteada por el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, y que tendrá su continuación con el surgimiento de algún isótopo del plan Ibarretxe, no es sino una oscilación que puede reconducirse al ancho cauce de la Constitución sin ruptura del sistema? Tres obstáculos fundamentales hay que impiden una respuesta positiva a la pregunta. Los tres tienen que ver con posiciones muy arraigadas de los nacionalismos vasco y catalán; y los tres nos alejan, desgraciadamente, de todo lo bueno que el modelo federal ofrece en esta materia.

El primero consiste en la negación de la hipótesis misma de la oscilación pendular. Los nacionalistas no conciben más variación en las competencias autonómicas que la que consiste en su acrecentamiento. Cualquier reforma centralizadora, por parcial y justificada que fuera, se vería desde el nacionalismo como una auténtica herejía política. Desde este punto de vista, y a diferencia de lo que ocurre en el federalismo, nuestras vías de reasignación de competencias tienen una sola dirección, con lo que, de entrada, el mecanismo está descompensado.

El segundo obstáculo deriva de una concepción que parece haberse instalado en la cultura política de muchas Comunidades, y según la cual la consecución de una transferencia de competencias estatales es en sí misma un éxito. Con arreglo a esta noción de la «transferencia-trofeo», un balance político autonómico es positivo cuando puede mostrar una abultada cuenta de parcelas de poder obtenidas a costa del Estado. Paradójicamente, lo que la gestión regional consiga luego hacer con esas competencias importa mucho menos. Las Comunidades compiten para obtener mayores atribuciones, pero en cambio hay pocos datos de una auténtica rivalidad interautonómica en la prestación de mejores servicios al ciudadano. También aquí nos alejamos de las categorías federales, y muy en particular del llamado «federalismo competitivo». En EE.UU., los estados se enorgullecen de actuar como laboratorios en los que se hacen experimentos económicos y sociales que, cuando tienen éxito, se copian en los demás, se difunden por toda la unión y llegan incluso a incorporarse al derecho federal.

Aquí no son muchos los síntomas de tan saludable competición. Decir esto no significa desconocer lo mucho y bien que las Comunidades han legislado y administrado en los últimos veinticinco años. Se trata de subrayar que el análisis crítico y comparado de los resultados de las políticas públicas de los distintos gobiernos autonómicos no ha sido el centro de gravedad del debate territorial en España. El foco de atención se ha concentrado en las galerías de trofeos competenciales, obtenidos tras excursiones venatorias a Madrid, con lo que la lógica del sistema impone el aumento indefinido de las transferencias. Nada más alejado del modelo federal, cuyo seguimiento en este punto exigiría que la medida del éxito político pasara a ser la buena gestión; y exigiría también que algunos dirigentes autonómicos abandonaran la conducta del cazador-recolector para adoptar la del agricultor, de modo que pudieran dedicarse sobre todo a cultivar su jardín.

El tercer obstáculo es el peor, y en su descripción entra la terminología del mus que ayuda a titular este artículo. Sabido es que una partida de mus se puede ganar bien echando un órdago, es decir, envidando las cuarenta piedras de una vez (o treinta, en caso de regir el hecho diferencial vasco); bien consiguiendo llegar a esa cifra mediante envites parciales. Cuando este último fenómeno ocurre se habla de la «muerte dulce» de la pareja perdedora, aunque, como escribe Mingote, suele ser todo menos dulce. Pues bien, se diría que los nacionalismos soberanistas han llegado al convencimiento de que esta segunda estrategia es la que mejor conviene a sus fines. De ahí la relativa prudencia con la que ERC se comporta durante la tramitación del proyecto de Estatuto: se trata de un objetivo parcial, pero de esencial consecución, porque trae consigo un buen número de piedras y aun de amarracos. Es obvio que este planteamiento resultaría contrario a la lealtad federal menos exigente.

Recapitulando: transferencias de una sola dirección, transferencias indefinidamente crecientes que constituyen el objetivo primordial de la acción política autonómica, transferencias como pasos intermedios para la consecución de fines inconstitucionales. Este es el preocupante contexto del proyecto de Estatuto catalán. Quien quiera defender el proyecto, que no busque argumentos en el campo federal porque, como hemos visto, no encontrará ninguno.

Cicatrices profundas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Enero 2006

Oí con atención su discurso de fin de año, lehendakari, hecho de tópicos coloquiales y palabras talismán que usted engatilla con gran facilidad e insuficiente sintaxis. No habló de lo que ha sido noticia este año: la derrota de su plan en el Congreso de los Diputados o la pérdida de cuatro escaños para la coalición que lo sostiene. Es comprensible. Maragall tampoco ha encontrado un párrafo para los vecinos del Carmel que siguen sin casa un año después; Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, tampoco ha tenido un recuerdo para los once retenes abrasados en el incendio de Guadalajara. ¿Por qué iba a ser usted el único presidente que recordara asuntos desagradables? La trampa de la memoria es el primer peldaño del éxito. Y nos habló usted de su plan, de la ilusión, la luz del fin del túnel, proceso imparable, dirección que no tiene vuelta atrás, decidir nuestro propio futuro, diálogo sin exclusiones. Y la paz.

En su breve alocución, figuraba 14 veces la palabra 'paz', otras cuatro el término 'diálogo', mientras las voces 'terrorismo', 'terroristas' o 'negociación' no aparecían. Hizo usted una sola referencia a las víctimas. En la siguiente frase: «Son ya muchos años de dolor y de sufrimiento, demasiadas víctimas inocentes que nos han dejado profundas cicatrices difíciles de sobrellevar».

Demasiadas víctimas inocentes, dijo usted, juntando tres palabras imposibles. ¿Podría poner un ejemplo de víctima del terrorismo culpable para que podamos aproximarnos al concepto de víctima inocente? Dijo, además, que las víctimas inocentes son demasiadas. ¿Hay algún número de víctimas que podría parecerle razonable o, más aún, insuficiente? Luego añadió que nos han dejado «profundas cicatrices», otro par extravagante de palabras que forman una metáfora improbable para el caso que nos ocupa. Las cicatrices son los costurones, las marcas que dejan las heridas al cerrarse, señales que nos recuerdan heridas ya curadas. Las cicatrices no son profundas, lehendakari. Bueno, hubo una que sí: 'Cicatriz en la matriz', un grupo de Vitoria que se dedicó a la música punk con alguna fortuna allá por los años ochenta. Al cabo de un tiempo cambiaron su nombre por 'Cicatriz' a secas.

Debió decir «heridas», lehendakari. Las heridas profundas sí son dolorosas y difíciles de cicatrizar, pero una cicatriz es apenas un recuerdo, como una víctima amortizada. El lenguaje político que se lleva hoy en Euskadi está tejido por metáforas zarrapastrosas y palabras de sentido ambiguo. Ayer mismo, el último de sus epígonos, Onán Elorza, acuñaba una de vía estrecha: «El tren de la paz no pasa cada año, sino cada diez o quince». Trenes, túneles, barreras. Cuánta pasión ferroviaria en estas cicatrices profundas, lehendakari. ¿O eran raíces?

El puercoespín democrático
Por EDURNE URIARTE ABC 3 Enero 2006

Algunos cuestionan la decisión del PP de presentar enmiendas al Estatuto porque, dicen, eso implica una posición de negociación sobre lo innegociable, de absorción por el discurso nacionalista o de visualización de creciente aislamiento por la imposibilidad del éxito de cualquiera de esas enmiendas. Pero una cosa es que Rajoy tuviera razón en aquello de la imposibilidad de hacerle la permanente a un puercoespín y otra que el PP pueda limitarse a rechazarlo desde la distancia, sobre todo cuando ese debate ocupa el centro de la política nacional.

Presentar unas enmiendas que convierten al puercoespín en otro animal nada tiene que ver con la absorción por el discurso nacionalista. Esas enmiendas conllevan un estatuto alternativo y no una matización al presentado. En realidad, es más bien sorprendente que el PP haya podido mantener su posición de cuestionamiento radical de la propuesta catalana en mitad de la estrategia de aislamiento a la que ha sido sometido en los últimos meses. Y que haya convertido esa posición en una referencia de la que los socialistas no se han podido separar sustancialmente, al menos en los primeros trámites formales.

Otra cosa es que las enmiendas tengan escasas posibilidades de progresar. Pero eso, igual que la opción de devolver el Estatuto a Cataluña, o la de revertir todo este proceso, no depende del PP, sino de los demás partidos, y, más adelante, del electorado. La otra cara de este puercoespín es que cabe la posibilidad de acabe siendo respaldado democráticamente, con muy escasa permanente e, incluso, sin nada de ella. La clara percepción que tenemos algunos de las nefastas consecuencias de determinadas reformas del estado de las autonomías no necesariamente impedirá que tengan lugar. Sobre todo, porque una parte sustancial del PSOE ha asumido las exigencias nacionalistas. Las decisiones democráticas no siempre son acertadas. Incluso pueden ser desastrosas. Y, sin embargo, lo único que pueden hacer quienes están en minoría parlamentaria es agotar todas las posibilidades de cambiar el curso de ese proceso. Pero no, quedarse al margen de él.

Pero, además, el problema de fondo de todo este asunto es que la defensa de un Estatuto constitucional ni siquiera depende mayoritariamente del mayor o menor acierto de la estrategia del PP. Todo eso de su aislamiento tiene que ver menos con la aritmética parlamentaria que con el conformismo y el silencio de sectores sociales significativos. Si Zapatero ha podido llegar tan lejos con su revisión de los acuerdos de la Transición, si los nacionalistas tienen tal influencia, y, si, en efecto, el discurso nacionalista se impone por todas partes, es porque todos esos sectores, muy especialmente los intelectuales, aún temen criticar ese discurso. Es esa vieja corriente social, la del binomio progresismo-nacionalismo, la que aún determina este debate. Y es lo que hace, en realidad, tan complicada la posición de la derecha.

El cura irlandés y los síntomas
JOSÉ MARÍA CALLEJA EL Correo 3 Enero 2006

Ya tenemos un cura en danza. Alec Reid, el cura del IRA, se pasea ahora por la CAV para anunciarnos el nuevo evangelio: ETA no es el problema. Es sólo un síntoma, dice. Es lo mismo que sostiene la organización terrorista desde su creación, allá por los primeros sesenta, cuando vio la luz entre el 'fru-fru' de ciertas sotanas. Si hacemos caso a este cura -al que los nacionalistas vascos jamás le dirán lo que espetan a otros: que no entiende lo que pasa aquí, porque no vive aquí-, todos los asesinados por la organización terrorista habrían muerto por culpa de un síntoma. Incluso la hija de la alcaldesa socialista de Tafalla (Navarra), apaleada hace unos días por un grupo de fachas simpatizantes de ETA, habría sufrido la tunda también por un síntoma. Debe de ser estupendo eso de ser síntoma, uno hace lo que le da la gana y la culpa la tiene siempre el contexto, los otros, la historia, el pasado o su melancólica interpretación.

El cura del IRA sabe perfectamente lo que hay que hacer aquí, tiene una receta infalible -para eso es cura- y está dispuesto a aplicarla así en la tierra vasca como en el cielo irlandés. No sé si los que pasean a este cura y le hacen la ola han tenido tiempo de contarle quién asesina aquí y cómo, a diferencia de Irlanda, en Euskadi no hay un empate en víctimas mortales, ni en presos de dos organizaciones terroristas que se han estado matando con saña durante años, como sí ocurre en Irlanda. No sé si le han contado al cura del IRA que el nivel de autogobierno del que gozamos aquí consiste en prácticamente la independencia, desde el punto de vista económico, y en gestionar todas las competencias habidas y por haber en educación, sanidad, interior, cultura, propaganda, etcétera; es decir, que estamos a traineras, muchas, de las exiguas competencias que existen en Irlanda del Norte y que, por cierto, llevan más tiempo suspendidas que vigentes.

El caso es que este cura irlandés nacionalista (perdón por tanta redundancia) se sabe al dedillo que la forma de acabar con el terrorismo aquí consiste en dar la razón a los terroristas y luego negociar más poder aún para los nacionalistas vascos. Su postura se inserta en la corriente nacionalista que pretende inculcarnos la idea según la cual da lo mismo ser víctima que asesino -lo intentaron en una ponencia en el Parlamento vasco-, trata de vender que aquí hay un empate de violencias entre el Estado español y el ejército de liberación vasco, y exculpa a los criminales de cualquier responsabilidad política, ética o penal, por la sencilla razón de que ellos mataron impelidos por el contexto, que se convierte así en eximente completa. No cabe en esta estrategia algo tan cristiano como pedir perdón a los familiares de los asesinados. No. Se quiere establecer definitivamente que las víctimas 'algo habían hecho' para ser merecedoras del tiro en la nuca y que si la ecuánime organización terrorista se fijó en ellas para quitarlas de en medio, fue porque hicieron 'méritos' más que suficientes como para que así fuera

Esta estrategia, que de forma tan burda verbaliza Reid, es tan vieja como el grupo terrorista ETA que la propugna, y a ella se ha incorporado el PNV desde la embarcada de Lizarra. El discurso nacionalista hoy vigente establece que no habrá reparación política a las víctimas del terrorismo nacionalista vasco y sí un reconocimiento de las razones 'políticas' que 'obligaron' a los asesinos a matar. Así, desde el Gobierno vasco se equiparan las ayudas económicas a los que han matado con las que se otorgan a los asesinados, y entre todos los fieles de la comunidad nacionalista -y también de la no nacionalista- se quiere aventar la verdad revelada de que los enemigos son los españoles, que no serían ni siquiera un síntoma, y que lo que hay que hacer es dar por buenas las razones que les han llevado a unos a ensangrentar la vida de este país en los últimos cuarenta años. Quieren establecer también que la mejor forma de darles la razón a los que matan es facilitar más poder para el PNV, que es el partido que más beneficios, políticos y económicos, ha extraído de la permanencia de más de cuarenta años de terrorismo y a cuya casa acabarán acudiendo finalmente los terroristas excarcelados.

De manera que frente a este discurso que se quiere establecer como hegemónico es necesario dejar claro que las víctimas del terrorismo no han muerto porque sí. Han sido asesinadas después de un meticuloso proceso de selección por parte de sus criminales. Esto se puede observar con el mero análisis de datos constatables a lo largo de la historia. Primero, ETA asesinó a policías nacionales, a guardias civiles, que eran los símbolos del Estado al que se quería derrotar para ganar el poder, para establecer una dictadura nacionalista. A ETA no le molestaba Franco porque fuera un dictador, sino porque su régimen le impedía establecer el suyo. El grupo terrorista ha asesinado más en democracia y ha matado a militares, cuando creía que podía derrotar al Estado, y luego ha asesinado a cargos públicos del PP y del PSOE, cuando ha querido hacer desaparecer a ambos partidos de la vida política vasca.

En todos estos casos, y en muchos más, el grupo terrorista ha fracasado en su intento, primero de derrotar al Estado español y luego de aniquilar a las fuerzas que lo representan. Ahora, los nacionalistas que matan y los que no matan, pero se aprovechan de las muertes, nos quieren vender la moto de que no hay asesinos totalitarios, sino síntomas, de que no hay una política de exterminio, sino un contencioso, que no hay un afán dictatorial, sino métodos un poco bruscos. Esto es lo que ahora se ventila en el tapete vasco. Depende de las personas que defendemos la Constitución, como forma razonable de convivencia y de progreso, el que esta mercancía averiada no sea comprada en el mercado, depende de nosotros que lo que los terroristas no consiguieron matando no lo logren sin matar; sobre todo para que no triunfe, después de 30 años, la repugnante idea de que algo habían hecho las víctimas.

El año del Estatuto
Por CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC 3 Enero 2006

AUNQUE sólo sea por razón de la fecha sometámonos al ejercicio de optimismo y de fe que nos plantea cada día el presidente Zapatero. Pongámonos en lo mejor y aceptemos la posibilidad de que este gobierno consigue cerrar un acuerdo con el cuatripartito catalán sobre el nuevo Estatuto. Tal vez no sea lo más razonable aunque sí lo más lógico dadas las urgencias políticas de cada uno de los actores de esta historia. Todos necesitan el estatuto; por eso llegará más pronto que tarde e indiferente a las manos tendidas del PP. Tendremos un nuevo Estatuto que nos venderán como el fruto del diálogo, del pacto entre Cataluña y España, de la cesión de todos, de la segunda transición, etcétera. Les ahorro los excesos con que los turiferarios habituales saludarán el advenimiento de la criaturita; incluso los ahora críticos lanzarán un suspiro de alivio. Leguina dirá que al final no fue tan grave, Guerra nos tranquilizará porque se habrán respetado los procedimientos y Rodríguez Ibarra celebrará la maestría política de Zapatero al conseguir cuadrar el círculo del federalismo confederado. Rubalcaba aumentará su fama de gran demiurgo y Carrillo disfrutará sin sobresaltos de su retiro porque España jamás volverá a ser la finca de los neoconservadores.

Los populares se quedarán con su centenar de enmiendas, su mano tendida y su estupor tradicional cuando comprueben que quienes hoy les elogian por bajar a discutir el texto mañana les recriminarán haberse convertido en el partido del no. Serán otra vez víctimas y culpables de su aislamiento. Tendremos Estatuto, los decibelios de la crispación caerán en picado, las encuestas reflejarán el nuevo ambiente y en el País Vasco se empezará a ejercitar la fórmula catalana. Los planetas seguirán en sus órbitas, el sol saldrá cada mañana y la gente no dejará de comprar el pan. Habrá Estatuto sin que el Apocalipsis se haya desatado sobre nuestras cabezas. Todos tan tranquilos. No habrá pasado nada.

Con el término nación o sin él, se habrá dado un paso más hacia la nación de naciones donde, por lo visto, reside la esencia de la modernidad y de la democracia. Tres décadas de descentralización incesante nos han traído hasta este vaciamiento casi absoluto de las competencias del Estado. Un proceso que no acaba en Tinell, sino que ahí pega otro acelerón. Ni la justicia, ni la educación, ni la política exterior, ni la solidaridad... nada queda a salvo en esta lenta e inexorable rendición. Habrá nuevo Estatuto; Zapatero y Maragall presumirán de haber logrado el encaje territorial de España para otros treinta años, pero mucho antes volveremos a empezar... o a terminar definitivamente. Sin alarmas y sin catastrofismos, sólo con fatiga y melancolía por aquel país entusiasta y esperanzado del 78. ¡Qué pronto se nos quedó viejo!

Armas nucleares
El juego de Irán
GEES Libertad Digital  3 Enero 2006

Quien a estas alturas tenga dudas sobre las ambiciones nucleares de los ayatolás iraníes, o es demasiado ingenuo o no le importa nada que en algún momento, dentro de poco, Irán anuncie que dispone de un ingenio nuclear en su arsenal. De hecho, el juego iraní para hacerse con armamento atómico es a la vez simple y claro y no debería llevarnos a engaño. Se basa en la impotencia de los europeos, en el empantanamiento iraquí de los norteamericanos, y en el aislamiento de los israelíes.

Con los europeos la apuesta es clara: amenazar para forzar concesiones de todo tipo, a la vez que estirar las conversaciones diplomáticas para ganar el tiempo que los científicos e ingenieros iraníes necesitan. Teherán sabe que los europeos nada pueden hacer contra ellos, que la retórica de la UE está vacía puesto que no se apoya en ninguna medida coercitiva o de fuerza y que, llegado el momento, los buenos europeos siempre optarán por un acomodo y no por la confrontación. Este es el punto de la estrategia más seguro para Irán y en el que menos puede equivocarse.

De cara a los Estados Unidos, la estrategia es más arriesgada. Los ayatolás iraníes confían en que si se mantiene el nivel de violencia en Irak el gusto de los americanos por una nueva intervención militar será imposible y que, en consecuencia, la administración de George Bush no se lanzará a ninguna aventura militar que, a poco que se le complicara, le saldría muy cara políticamente en su propia casa. De ahí toda la ayuda que prestan a diversas facciones de insurgentes y el libre tránsito de terroristas a través de sus fronteras. Si bien su planteamiento es innegable, los dirigentes iraníes pudieran estar equivocándose en este punto, al menos a medio plazo. Las elecciones del pasado 15 de diciembre han demostrado que el proceso político iraquí avanza en la buena dirección. Todo apunta a que los sunníes están divididos y buena parte de ellos encuentra más ventaja aceptando participar en el actual esquema constitucional que quedándose fuera. Por otro, se va haciendo cada vez más patente el rechazo generalizado a los terroristas islamistas venidos de fuera del país. De hecho, si Irak se encaminara en la buena dirección y esto se hiciera cada vez más evidente, Irán se enfrentaría a un gran problema. El efecto emulador que se provocaría en gran parte de su joven población que ansía el fin de los días de la teocracia jomeinista. Es más, cuanto más seguro Irak, más libres los americanos para amenazar con el uso de la fuerza.

El tercer elemento del juego iraní es impedir que su enemigo más real, Israel, se sienta libre para llevar a cabo un golpe quirúrgico, al estilo de Osirak, que retrasara una década su programa nuclear. Aquí la estrategia se vuelve endiablada. Teherán sabe que un ataque por parte de Israel en estos momentos es lo que peor le vendría a la estrategia americana en Irak y de transformación del Gran Oriente Medio, porque provocaría un nuevo incendio de la calle árabe justo cuando se está viniendo abajo su ardor. Por eso debe forzar una provocación con Tel Aviv, para que la retórica israelí se endurezca y que eso ponga nerviosos a europeos y, sobre todo, a americanos. Es una paradoja, pero para sentirse a salvo de un golpe israelí, Teherán debe buscar que los israelíes digan que es posible. La comunidad internacional se echaría encima de Israel para impedírselo. La lógica es fuerte, pero los ayatolás no han tenido en cuenta dos cosas muy importantes: la primera, la convocatoria de elecciones generales para marzo de este año, lo que provocará una dinámica interna en Israel tendente al extremismo, con un Irán nuclear de fondo. Ningún candidato podrá jugar una carta de debilidad y blandura; la segunda, que si Israel de verdad se siente amenazado –y la bomba iraní equivale a una amenaza existencial para los israelíes– hará cuanto esté en su mano para eliminar la amenaza. Cuando Osirak recibió la condena pública y el aplauso callado. Es injusto que la comunidad internacional externalice en Israel su capacidad ofensiva, pero eso no le quita eficacia.

En todo caso, el cálculo de los ayatolás incluye también el factor tiempo y saben que, de momento, las circunstancias juegan a su favor. Pero eso no será así eternamente. Por eso los occidentales debieran poner en marcha una estrategia que rompa el juego iraní cuanto antes. Una buena medida sería, por ejemplo, que Israel pasara a formar parte de la Alianza Atlántica. La OTAN saldría reforzada en sus capacidades militares y los ayatolás tendrían que entender que enfrentarse, aunque sólo fuera retóricamente, a Israel, equivaldría a amenazar a toda la Alianza. Es decir, se reforzaría nuestra capacidad de disuasión y tal vez así se impidiese un escenario futuro mucho peor.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Zapatero olvida los feudos socialistas para premiar a los nacionalistas en el reparto de inversiones
Autonomías muy pobladas, como Madrid, también han sido discriminadas en las cuentas del Estado por las alianzas
C. Morodo ABC 3 Enero 2006

Madrid- El último Pleno celebrado en el Congreso antes de enero sirvió para que el PSOE sacase adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE) con el voto de sus socios y la oposición del PP. La Cámara Baja rechazó las enmiendas que los populares introdujeron en el Senado y sólo ratificó las pertenecientes a los socialistas o las pactadas por este grupo con las minorías. Una de las novedades de las cuentas para 2006 con respecto a las del anterior ejercicio ha sido, precisamente, el aval de CiU y del PNV a cambio, es de esperar, de otros favores políticos en la negociación del Estatuto catalán, del respaldo a los Presupuestos de Ibarretxe y de la recomposición de la tradición de acuerdo PSE- nacionalistas que se rompió en 1998.

Con todas las enmiendas aprobadas ya en la mano, el PP ha echado números sobre el reparto de las partidas de dinero que han fructificado de las negociaciones parlamentarias y de las alianzas de los socialistas para sumar los votos necesarios para que el Congreso diese el visto bueno definitivo a los Presupuestos. Son sumas dirigidas mayoritariamente a inversiones en infraestructuras y a algunos proyectos, en el caso catalán, relacionados con el desarrollo de la lengua y la promoción cultural.

Criterios de reparto dudosos.
Las cifras finales confirman, según el informe elaborado, que el Gobierno «no se ha guiado por el criterio de utilizar las cuentas de 2006 para defender la cohesión territorial y social», ya que comunidades muy pobladas reciben tanto o menos dinero que otras con menor población. No hay inversión territorializada siguiendo un patrón racional, sino que son los pactos de Zapatero para garantizarse la mayoría los que explican que Cataluña, País Vasco, Galicia y Canarias sean las beneficiadas del reparto vía enmienda, frente a otras comunidades como Madrid o Valencia, con mucha población, o «feudos» socialistas como Andalucía o Castilla- La Mancha.

El trámite en el Senado y su convalidación por la Cámara Baja ratifica que Cataluña es la que más ve engordar sus arcas, con un saldo a su favor casi doce veces superior al de Madrid; mientras que el País Vasco recibe seis veces más que la región que preside Esperanza Aguirre. En las cuentas aprobadas inicialmente por el Consejo de Ministros se establecía una partida de 2.820 millones de euros para Cataluña y de 2.593 para Madrid. Entre los grandes éxitos de los que se ufana el PNV figura, por ejemplo, el haber conseguido conectar sus tres capitales entre sí y con Francia mediante líneas ferroviarias de alta velocidad, todo a cargo de la inversión del Estado.

Pero tan llamativa como esta discriminación de la comunidad madrileña es la posición que en el baremo de las inyecciones al Presupuesto ocupan algunas comunidades socialistas frente a las del Gobierno nacionalista. Andalucía es, sin duda, una de las grandes perdedoras, con 7.424.000 de euros, una cantidad que es dieciocho veces menor que el dinero vía enmienda que ha recibido Cataluña u once veces menor que el que va a parar al País Vasco. Y ello pese a que Zapatero y Manuel Chaves saben que la región padece déficits importantes con respecto a otras comunidades, a lo que se suma la pérdida de 4.000 millones de euros con las perspectivas financieras de la UE para 2007-2013 y los perjuicios derivados de la nueva Política Agraria Común (PAC). Resulta además que del ejercicio de 2005, el Gobierno ha dejado sin ejecutar inversiones por valor de 861 millones de euros, según han denunciado la Cámara de Comercio de Barcelona y el PP.

En parecida situación quedan Castilla- La Mancha (11.421.000 de euros), Extremadura (12.150.000 de euros) o Asturias (3.000.000 de euros). Sin embargo, Galicia, bajo la égida de la alianza PSdG-BNG, se lleva 44.540.000 euros; mientras que el archipiélago canario, gobernado por otro partido bisagra, CC, recibe 111.662.000 euros.

En el ecuador de la legislatura y a un año de las elecciones autonómicas y municipales, los pactos de Zapatero vuelven a ofrecer en bandeja al PP un argumento para desgastar al PSOE en sus principales graneros de votos, como ha ocurrido con el Estatut. El partido de Rajoy tiene la intención de dar la batalla electoral en Andalucía y Castilla- La Mancha, dos de las comunidades más perjudicadas con la negociación. Javier Arenas, de hecho, ya tiene en sus manos un desglosado informe sobre lo que pierden los andaluces a costa de los catalanes, y con él se paseará por las provincias en su calculada estrategia para seguir recortando distancia a Chaves. Sus sondeos internos le permiten tener confianza en mantener las capitales en las que ya gobierna y conquistar Sevilla.

La AVT y Basta Ya culpan a Zapatero de que Ibarretxe pretenda resucitar su plan
El 81 por ciento de los vascos está a favor de la negociación con ETA, según el «Sociómetro» encargado por el Gobierno de Juan José Ibarretxe
ABC 3 Enero 2006

MADRID. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) aseguró ayer que la «debilidad» del Gobierno frente a la lucha antiterrorista ha provocado que el lendakari pretenda ahora resucitar el «plan Ibarretxe», tal y como quedó plasmado en su discurso de despedida del año 2005. El presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, ha manifestado que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero mantiene una posición débil en la lucha antiterrorista y esto alienta el plan secesionista de Ibarretxe. Del mismo modo, la plataforma ciudadana Basta Ya sospecha que los socialistas acabarán negociando ese plan en el País Vasco igual que están haciendo con la propuesta de reforma estatutaria remitida a las Cortes desde el Parlamento catalán.

El portavoz de Basta Ya, Carlos Martínez Gorriarán, explicó que su sospecha proviene del hecho de que el PSE ha apoyado los Presupuestos de Juan José Ibarretxe para 2006, a pesar de que éste ha manifestado que su plan soberanista sigue «vigente» y debe ser discutido. Martínez Gorriarán señaló que se está demostrando que el rechazo que el PSOE y el Gobierno mostraron al «plan Ibarretxe» no es tan «severo» como parecía, ya que los socialistas están haciendo «cosas que dijeron que no iban a hacer, como que no iban a llegar a ningún acuerdo político con el PNV mientras mantuvieran ese plan».

Por su parte, el presidente de la ejecutiva del PNV, Josu Jon Imaz, afirmó ayer en Bilbao que el «plan Ibarretxe» será la propuesta de su partido en una futura «mesa de partidos» para la normalización política en la que se deberá alcanzar un acuerdo entre las diferentes «sensibilidades e identidades» políticas vascas. Manifestó también que tiene «muy claro» que es ETA quien debe dar el paso definitivo para que se abra un proceso de paz en el País Vasco.

Las manifestaciones de Imaz y la inesperada resurrección del «plan Ibarretxe» han coincidido con la salida a la luz pública de un «Sociómetro» encargado por el Gobierno vasco en el que el 81 por ciento de los ciudadano se muestra a favor del diálogo entre el Gobierno y ETA y en el que el lendakari es precisamente el único político que obtiene un aprobado. Así, la valoración obtenida por Ibarretxe es de 5,2 puntos, tres décimas menos que en mayo. La percepción media respecto al resto de los políticos no supera en ninguno de los casos el 4.5. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero obtiene un 4,2, Patxi López un 3,5 y un 2,2 Mariano Rajoy.
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