AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 16 Enero  2006
Rendición por entregas
EDITORIAL Libertad Digital  16 Enero 2006

Expectativas vascas negativas
Editorial ABC 16 Enero 2006

Zapatero, el relativista
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 16 Enero 2006

La cáscara de plátano
IGNACIO CAMACHO ABC 16 Enero 2006

El disparate nacional
ÁLVARO YBARRA PACHECO ABC 16 Enero 2006

Nación catalana: episodio final
José Luis REQUERO La Razón 16 Enero 2006

La paz como anestesia
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 16 Enero 2006

La soberanía catalana acaba con la española
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Enero 2006

La casa dividida
Ángel ACEBES La Razón 16 Enero 2006

Los vientos de Pujol
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 16 Enero 2006

Trampas para incautos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Enero 2006

La carcajada de ETA
Isabel Durán Libertad Digital 16 Enero 2006

Amnistía preventiva
José Javaloyes Estrella Digital 16 Enero 2006

La peculiar ideología de Zapatero y el desastre que se adivina para el futuro de España
Jesús Cacho El Confidencial 16 Enero 2006

Batasuna desafía al Estado y el Gobierno calla
Editorial Elsemanaldigital  16 Enero 2006

El estado es más
FLORENCIO DOMINGUEZ El Correo 16 Enero 2006

Hasta los suevos
José Javier Esparza elsemanaldigital  16 Enero 2006

Más unidos que nunca
Javier Orrico  Periodista Digital 16 Enero 2006

Cobardía, traición y prevaricación en torno a ETA
Santiago Abascal elsemanaldigital 16 Enero 2006

Zapatero camino de situarse a la altura política de Otegui
Fernando Gallego  Periodista Digital 16 Enero 2006

Advertencia israelí
Editorial ABC 16 Enero 2006

El Supremo rechaza la petición de Manos Limpias para impedir la asamblea de Batasuna
Agencias/Madrid ABC 16 Enero 2006

Batasuna o el Supremo
J. Z. ABC 16 Enero 2006

Fernando Savater, filósofo: «Me duele que la izquierda adopte como progresista el nacionalismo»

Manuel Calderón La Razón 16 Enero 2006

La lucha antiterrorista francesa reafirma que ETA controla Batasuna
J. M. Zuloaga La Razón 16 Enero 2006

La angustia de quienes conviven con etarras que mataron a sus seres queridos
R. Coarasa La Razón 16 Enero 2006

Payne previene desde Faes contra la radicalización política actual
ABC 16 Enero 2006

Leguina y Benegas critican a la dirección del PSOE por su deriva nacionalista
Agencias Libertad Digital 16 Enero 2006
 

Rendición por entregas
EDITORIAL Libertad Digital  16 Enero 2006

La escenificación elegida por Zapatero para la rendición definitiva no puede ser más cuidada. Poco a poco, sin que se note demasiado, con una cadencia casi perfecta para que los terminales mediáticos al servicio del Gobierno vayan inoculando lentamente el anestésico. No hay, a estas alturas, una declaración formal sobre el Estatuto, una toma de postura oficial por parte de Zapatero y su partido. Lo que sí hay son infinidad de detalles, y todos conducen a lo mismo: el Estado de derecho se encuentra al borde de la quiebra y la España que conocemos a punto de pasar a la Historia.

Esta misma semana, el Gobierno y sus socios separatistas empezarán a negociar el polémico término "nación" en el Estatuto de Cataluña. Los artífices del engendro ya han advertido que no van a tolerar un solo recorte en este particular. Zapatero, por su parte, no ha dicho esta boca es mía, por lo que lo más probable es que el Tripartito acabe por imponer su criterio. Poco importa que la Constitución sólo acepte como nación la española, ya se encargarán los gabinetes jurídicos del PSOE y ERC de interpretar a su manera la Carta Magna. La Ley, para los socialistas y los nacionalistas, es simple papel mojado que lo aguanta todo.

Como muestra, ahí tenemos la asamblea que ha convocado la ilegal Batasuna tomándose incluso la licencia de exhibir en los carteles el anagrama de la banda terrorista ETA, la misma que tiene casi mil muertos y un reguero interminable de destrucción a sus espaldas. Al Gobierno, con Zapatero a su cabeza, no le ha supuesto problema alguno reinterpretar la Ley de Partidos a su antojo, cortándola por el lugar exacto en el que ésta no se interpone entre él y sus fines. Lo dicho, el papel lo aguanta todo.

Es un juego a dos bandas perfectamente acompasado. La clave es ir tragándoselo todo con el objetivo de que, llegado el momento, el Gobierno alcance un acuerdo con los secesionistas que le permita eternizarse en el poder. Los únicos que interfieren el designio son los pocos medios independientes que aún quedan y el Partido Popular, que combate en la más amarga soledad política. A los primeros hostigamiento, amenazas de cierre y acoso sistemático. A los segundos insultos y desprecio.

Desactivadas ambas cargas, Zapatero podrá obrar libremente, entre tanto ha de disfrazar la operación con el ropaje de lo formal. Así, por ejemplo, los etarras han vuelto al Parlamento de Vitoria respetando la Ley, simplemente porque cuando la burlaron el Fiscal General del Estado se inhibió vergonzosamente. Con el asunto del Estatuto pasa exactamente lo mismo. Un texto semejante no se hubiera merecido ni ser admitido a trámite en el Congreso de los Diputados, pero lo fue, y, casi con toda seguridad, será aprobado en la misma cámara con todos y cada uno de los votos de la inmensa coalición anti PP.

Es la estrategia Zapatero en esta su primera legislatura. Sabe que la situación aún no ha madurado lo suficiente, por lo que ha preferido rendirse por entregas en espera de ir recogiendo, sobre una plétora de concesiones, frutos con los que demostrar que su camino es el adecuado. Por de pronto, el balance no puede ser más negativo. La esperada tregua de ETA no aparece por ninguna parte, es más, la banda procura cada cierto tiempo hacerse presente para recordar al Gobierno que siguen ahí, con la pistola cargada. En Cataluña, el artificio demagógico de la España plural no ha cosechado más que el enrarecimiento del ambiente hasta límites impensables hace sólo dos años, y la radicalización de los que ya eran radicales. Parcos resultados para un Gobierno cuyo programa destructivo no ha hecho más que empezar.

Expectativas vascas negativas
Editorial ABC 16 Enero 2006

BATASUNA no sólo no requerirá de ETA el cese de la violencia, sino que estará siempre dispuesta a secundarla en la medida en que la banda terrorista -a la que pertenece de manera ancilar- continúa representando la vanguardia de la llamada izquierda abertzale, que desde hace mucho tiempo es un entramado delictivo oportunamente ilegalizado y que, según feliz expresión del Tribunal Constitucional, es un muerto civil. Sin embargo, la política de expectativas generada por el presidente del Gobierno, basada en indicios externos -la banda lleva más de dos años y medio sin asesinar, pero continúa delinquiendo- y en datos que sólo Rodríguez Zapatero afirma conocer, ha propiciado una suerte de resucitación del brazo civil de los terroristas y un fortalecimiento de su protagonismo político que parecen hacer irreversible y natural que Batasuna celebre el próximo día 21 una asamblea del todo ilegal pero que ninguna instancia competente está dispuesta a impedir.

Batasuna -como hoy informa ABC- no va a pedir a la banda criminal una tregua; Batasuna, como declaraba a nuestro periódico el propio presidente del PNV el pasado sábado, no está en condiciones de ofertar ninguna sorpresa positiva para la paz y la libertad; Batasuna, en definitiva, es la correa de transmisión de ETA y no hay ni un solo motivo para, por desgracia, pensar que este papel vicario y subordinado a los pistoleros haya caducado. El presidente del Gobierno, pese a todo, se ha introducido en una especie de extraña huida hacia delante alimentando esperanzas y propiciando gestos, haciendo abstracción de la gravísima realidad de una organización delictiva que insiste en constituirse en interlocutora del mismísimo Estado y de un conglomerado ilegalizado que le secunda en ese propósito. Rodríguez Zapatero, además, está llevando adelante esta política, con un desprecio manifiesto a la Ley de Partidos y a las sentencias del Tribunal Supremo y del Constitucional que resulta alarmante, por irresponsable, y con una manifiesta insensibilidad hacia las víctimas del terrorismo.

Por si fuera poco, el denominado nacionalismo democrático, a más de perseverar en sus planes soberanistas bien configurados en el proyecto de Ibarretxe de «una Euskadi como comunidad libre asociada» -rechazado por el Congreso pero vivo en la pretensión reivindicativa del PNV y de EA- lejos de rectificar en sus planteamientos radicales y maximalistas, insiste en ellos de manera recurrente. No es baladí que el lendakari lo sea con los votos de una formación que, como el Partido Comunista de las Tierras Vascas, sigue punto por punto el guión de Batasuna y de ETA. Y sin embargo, el grupo parlamentario del PSE en la Cámara de Vitoria ha apoyado unos presupuestos en los que se prevén ayudas pecuniarias para los familiares de los presos etarras. Con razón afirmaba el sábado pasado en las páginas de ABC Josu Jon Imaz, presidente del PNV, que «vamos a tener que trabajar en el terreno de la reparación de las víctimas, porque si todo va bien, si ETA definitivamente cesa en su actividad, es posible que vayamos a tener en los próximos años situaciones que puedan ser en algunos casos duras para personas que han sufrido en carne viva el terrorismo». El apoyo del PSE a los presupuestos elaborados por el Gobierno vasco es ya una bofetada a las víctimas y supone un mal augurio que desde la máxima jerarquía del PNV se anuncie que éstas habrán de pasar por momentos aún más duros.

El presidente del Gobierno se confunde con el tratamiento que está propiciando a ETA y Batasuna; y se confunde también en la estrategia de acercamiento al PNV. Y seguiría confundiéndose si cree que entre lo que ocurra con el Estatuto de Cataluña y lo que suceda en el País Vasco existen vasos comunicantes («lo que suceda en Cataluña no puede ser el techo para Euskadi», declaró ayer Ibarretxe). Esa visión de la jugada es una estratagema de Carod-Rovira -amplio y profundo interlocutor de los etarras- y resulta la manifestación más obvia de que el Ejecutivo carece de una estrategia solvente para seguir abordando la cuestión vasca.

El camino estaba trazado -Pacto Antiterrorista, Ley de Partidos, represión policial, aislamiento político del nacionalismo, colaboración internacional, firmeza judicial-, pero por razones sin explicar Zapatero se ha introducido en una senda incógnita. Puede hacerlo, pero no sin impunidad; no sin que el error le pase factura. Y la factura será muy alta si el día 21 se consiente que Batasuna pisotee la legalidad para ratificarse en lo que es y no ha dejado de ser: un instrumento del terrorismo de ETA.

Zapatero, el relativista
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC 16 Enero 2006

A mi amigo Ignacio Camacho le causa consternación que Zapatero considere «demasiado restrictiva» la Ley de Partidos. ¿Qué esperaba, pues? Ya se sabe que el relativismo descree de la posibilidad de descubrir la verdad, incluso de la existencia de la verdad. Referido al Derecho (que el relativista escribe siempre con minúscula), este escepticismo radical postula la imposibilidad de determinar, con carácter general, qué es «lo justo». Nada es justo por el simple hecho de serlo en el momento presente, o de haberlo sido en algún momento del pasado. El relativista desdeña las instancias superiores inherentes al propio concepto de justicia. Para él, no existen unos valores inmanentes, previos a la ley positiva, sobre los que ésta deba fundarse; por lo tanto, las acciones humanas ya no se enjuiciarán a la luz de dichos valores, sino como emanaciones soberanas de una libertad individual que automáticamente se deben tolerar, salvo que la mayoría (por agregación de libertades individuales) decida que deben ser prohibidas. Naturalmente, que tales acciones se conviertan en punibles ya no depende de una jerarquía de valores, sino de los «valores de libre configuración» que la agregación de libertades individuales establezca. Los valores, para el relativista, son totalmente discutibles; los bienes jurídicos que deben ser protegidos, absolutamente fungibles e intercambiables.

Para el relativista, conceptos como ley o acción justa quedan despojados de significado. El Derecho se transforma en un puro artefacto sometido a consensos provisionales y tornadizos, derivados de la matemática parlamentaria. De este modo, se hace realidad aquel feroz aserto de Marx, que calificaba el Derecho como «aparato decorativo del poder». Un poder, por supuesto, mucho más sibilino y sofisticado que el denunciado por Marx, en donde la voluntad despótica del gobernante se disfraza de voluntad ciudadana, de agregación de libertades individuales. Impedir la celebración de un congreso que objetivamente constituye una ofensa a la dignidad misma de la organización social (pues en él se van a defender postulados contrarios al orden constitucional, o incluso directamente criminales) resulta demasiado «restrictivo» para Zapatero, que a estos bienes jurídicos antepone el derecho de reunión, es decir, la libertad individual de unos apologistas del terrorismo confesos y relapsos. Y es que, para un relativista como Zapatero, el único derecho indiscutible es la libertad individual, incluso cuando su ejercicio lesione los derechos de los demás (las víctimas del terrorismo, e incluso el cuerpo social en su conjunto). He aquí la radical iniquidad del relativismo, que hace prevalecer los intereses derivados de la libertad individual sobre los derechos fundamentales de otros.

Por supuesto que es necesario defender la libertad. Las personas son libres de hacer lo que quieran, siempre que no empleen ilegítimamente su libertad para hacer daño a los demás. Cuando, a través de medios lícitos, se impide el ejercicio de la libertad dañina, no se está haciendo un uso ilegítimo del Derecho. Por el contrario, lo ilegítimo sería no actuar contra esa libertad dañina cuando se podría haber hecho con medios lícitos. La libertad humana no es absoluta, debe perseguir un bien anterior a ella; cuando dicho bien no se persigue, es obligación del poder reprimirla, entre otras razones porque una libertad dirigida al mal o al error es una libertad viciada que se encamina hacia su propia destrucción. Poner límites a la libertad individual no es, pues, una «restricción», sino una conditio sine que non para que tal libertad exista realmente.

Pero no pretendas, querido Ignacio, que un relativista entienda estos conceptos. Es como pedirle peras al olmo seco, hendido por el rayo y en su mitad podrido.

La cáscara de plátano
Por IGNACIO CAMACHO ABC 16 Enero 2006

SE está acercando la hora en que a ciertos dirigentes socialistas muy farrucos ante el nacionalismo se les va a agotar el tiempo para la ambigüedad. A medida que el «consorcio» -así llaman ahora a la suma del tripartito catalán más CiU- define los acuerdos con el hábil Rubalcaba para cerrar el Estatuto a cencerros tapados, los plazos corren para que cada cuál se sitúe ante su conciencia: o nación de naciones, o nación de ciudadanos. O derechos históricos, o derechos constitucionales. Ni preámbulos ni zarandajas. A retratarse tocan.

Chaves tragará. Ha coqueteado con la firmeza, pero cada vez que ha tenido que optar entre Andalucía y el partido, ha elegido el partido. Vázquez tratará de mantenerse por libre, pero alguna vez tendrá que hacer frente a la incoherencia de ir de adalid antinacionalista en un partido que gobierna Galicia con unos socios que se dicen descendientes de los suevos. Ibarra puede ser el más indómito; a estas alturas tiene ya poco que perder. Y queda Bono. Su patriotismo cañí, su rancio españolismo de pandereta -de hojalata, diría Zapatero-, va a confrontarse en breve con la realidad de formar parte de un Gobierno que está a punto de aceptar que Cataluña es una nación y, por tanto, que España es otra distinta. Menuda encrucijada.

Hasta ahora, Bono se ha envuelto en la bandera como antes se envolvía en las casullas de los obispos; si Toledo bien valía una misa, Madrid bien vale una arenga. A Zapatero le ha venido de perlas, porque le cubre el flanco bienpensante de una izquierda populista que cree en la España de toda la vida, unida y solidaria. Cuando llegó al poder, pensó en él como Johnson en Hoover: más vale tenerlo dentro meando para fuera que fuera meando para dentro. Y lo hizo ministro. Pero Bono se ha dedicado a mear para delimitar su propio territorio. Y ahora le va a tocar elegir: o dentro, o fuera. Ya no queda mucho espacio para los matices.

En los mentideros de la Corte corre la especie de que el presidente se ha cansado tras el «asunto Mena», pero no es probable que cometa el error de victimarlo. Le haría un favor: Bono ha jugado sus cartas a la espera de que Zapatero resbale en alguna cáscara de plátano. Hay mucha gente en el partido que cree que el jefe del Gobierno está metiendo demasiadas balas -ETA, Cataluña, la opa- en el cargador de la ruleta rusa. Y que alguna se puede acabar disparando. Pero a Bono se le ven a la legua las intenciones, se le nota demasiado el cartón. Y también a él lo están esperando con las navajas brillantes bajo la luna.

Los números de la cuenta atrás se acercan al cero. Bono dijo que no estaría en un Gobierno que acepte otra nación que no sea España. Llegado el momento, tendrá que acogerse a huecos casuismos autojustificatorios o hacerse justicia a sí mismo. Es una de esas apuestas en las que se ve a un hombre cabal y a un político digno. A un patriota de verdad o a un retórico de hojalata.

El disparate nacional
Por ÁLVARO YBARRA PACHECO ABC 16 Enero 2006

LA Junta de Andalucía ha sido incapaz de resistir la ofensiva política desatada por los partidos catalanes en la negociación del futuro Estatuto. Ya sabemos que el Gobierno central ha cedido en el blindaje de competencias, en la aceptación del término nación y está a punto de hacerlo en materia de financiación. No sabemos si también ha cedido en otros puntos considerados inconstitucionales por los expertos porque la negociación se caracteriza por su falta de transparencia. ¿Se acuerdan de la transparencia como un aspecto esencial de la política del nuevo talante?. Pues ahí tienen... La situación política propiciada por Rodríguez Zapatero al haberse aliado con los nacionalistas radicales ha obligado a los barones socialistas, entre ellos, Manuel Chaves, a acudir en su socorro para que el Estatuto sea lo menos dañino posible. Pero la propuestas del tripartito y los compromisos de Zapatero hacen imposible que prospere un texto que pueda ser encajado en nuestra Constitución, por mucho que intenten adjudicarle al presidente de la Junta de Andalucía la paternidad de la propuesta de financiación que formulara Pedro Solbes hace mes y medio.

Chaves sigue en su tesis de que la única nación es España. Sin embargo acepta que en el preámbulo del Estatuto catalán, que no en el andaluz, figure el término nación para definir a Cataluña con el argumento de que sólo el articulado del Estatuto tiene validez jurídica. Ya han sido varios los expertos, entre otros Jiménez de Parga o Manuel Clavero, que han rebatido esta nueva teoría de los preámbulos inventada por el Gobierno para cuadrar el círculo del embrollo que él mismo ha originado. Pero en cualquier caso, independientemente de su validez jurídica, el renocimiento de que Cataluña es una nación tiene el valor político de consagrar la existencia de dos españas, las que forman las comunidades que tienen derecho a ser reconocidas como nación y las que no. Esto dará lugar en el futuro a nuevas reivindicaciones nacionalistas y a toda suerte de discriminaciones. Fue precisamente contra este intento de las comunidades históricas de adjudicarse unos privilegios de los que carecían las demás por lo que el pueblo andaluz se echó a la calle hace veinticinco años en defensa de sus derechos.

La petición de algunos líderes políticos como el ex presidente de la Junta, Rafael Escuredo, o los líderes del PA e Izquierda Unida, de que Andalucía se defina como nación en su Estatuto si así lo hace Cataluña supondría poner en cuestión la existencia del Estado español. Ya no sería España una única nación integrada por nacionalidades y comunidades autónomas. España pasaría a ser por obra de los estatutos de autonomía un conjunto de naciones sin estado. Un disparate.

aybarra@abc.es

Nación catalana: episodio final
José Luis REQUERO Magistrado y Vocal del CGPJ La Razón 16 Enero 2006

El nacionalista es paciente, no tiene prisa y a diferencia del político «español», tiene las ideas claras. No miente y hasta es leal: sabe lo que quiere y actúa en consecuencia. Durante años ha sido ambiguo pero desde, por lo menos, el Pacto de Estella las medias palabras han desaparecido. Digo esto a propósito del término «nación» y el proyecto de Estatuto catalán: ¿de qué nos sorprendemos?; en el fondo ¿qué más da que en el artículo 1 o en el Preámbulo se diga que Cataluña es una nación?.

Desde hace veinticinco años el Parlamento catalán dicta leyes refiriéndose a Cataluña como nación y lo ha hecho con motivo o sin él, en el articulado o en las Exposiciones de Motivos. Así, por ley de 1980 fijó el día de su «fiesta nacional»; otra de 1993 aprobó que Els Segadors fuese su «himno nacional»; la ley de 1990 de protección del fomento de la cultura popular apela a la «necesidad de supervivencia como nación»; la de 1999 -régimen de las asociaciones- recuerda los momentos «más difíciles de nuestra historia como pueblo y como nación»; en su ley de 1999 de selecciones deportivas el termino «nación» es constante y en la de 2001 sobre archivos crea el Consejo Nacional de Archivos y la Comisión Nacional de Acceso, Evaluación y Selección Documental.

Como digo esto ha ocurrido con motivo o sin él, el caso es decirlo: habla de Cataluña como nación al regular en 1982 la zona volcánica de la Garrotxa -«bien patrimonial de la nación»- o cuando en 1990 crea la Pompeu Fabra, a la sazón nombre que se elige en homenaje a quien fue «ejemplo de civismo, rigor y profesionalidad al servicio de la nación». Todas estas leyes se han promulgado gobernando la UCD, el PSOE o el PP; el Estado, que yo sepa, las ha ido consintiendo luego ¿por qué no llevarlo al nuevo Estatuto? En el fondo es una vuelta de tuerca más, sólo que decisiva. La diferencia es que ahora el término nación no iría ya en una ley sectorial sino en lo que es la norma institucional básica de Cataluña. Que en ella se defina a Cataluña como nación le sitúa al mismo nivel que España y esto es grave pero, repito, más grave es que esto no sea sorpresivo, sino un giro de tuerca más; un fruto que cae maduro.

Podrá decirse que lo importante es que no vaya en el articulado sino en el Preámbulo, lo que es un consuelo absurdo. Que fuese en el articulado implicaría eficacia jurídica directa pero en el actual Estatuto ni siquiera aparece y esa circunstancia nada ha impedido su empleo en numerosas leyes, luego ya ha ido produciendo efectos. Con todo se hablará de Cataluña como nación en el Preámbulo, lo que tiene trascendencia simbólica y jurídica cierta. Lo primero porque, como se ha dicho, esa norma institucional básica define a Cataluña al mismo nivel que España; y tiene trascendencia jurídica porque si bien los Preámbulos o Exposiciones de motivos de las leyes carecen de valor jurídico directo, lo cierto es que explicitan cual es la voluntad del legislador, dan pistas de cómo debe interpretarse una norma, luego al ser el Estatuto impregnará toda la normativa que a partir de ahora promulgue en Cataluña.

Hasta ahora se hablaba de «nación catalana» en textos puntuales, a partir de ahora radiará todo el sistema institucional de Cataluña, toda su normativa, y de la nación se irá al Estado. Por emplear un símil informático, la nación es el software y el Estado el hardware. Van a adquirir el programa, sólo les basta instalarlo y comprarán a plazos su Estado, su nuevo equipo. No lo digo yo, lo han dicho los líderes nacionalistas. Con el proyecto de Estatuto de momento van a comprar más hardware -por ejemplo, el Poder Judicial, agencia tributaria, más control sobre infraestructuras-, con lo que esa idea del nacimiento de un nuevo Estado queda servida. Bien se entiende ahora el valor que los políticos catalanes han dado a que en el Estatuto se diga -como sea y donde sea, pero que se diga-, que Cataluña es una nación.

Se excepciona lo que inequívocamente dice el texto constitucional (sólo España es nación) con lo que a partir de ahora el efecto multiplicador será tremendo. De esto sólo han sido conscientes los nacionalistas catalanes y algunos políticos no nacionalistas, pero «Madrid» no se ha enterado, de ahí lo sorprendente de Zapatero cuando dijo en el Senado el 17 de noviembre de 2004 que nación o nacionalidad son conceptos discutidos y discutibles, lo que jamás ha sido para los nacionalistas.

El tema de Cataluña como nación es el botón de muestra de dos cosas: de las tácticas nacionalistas y de la carencia de escrúpulos del partido en el gobierno. Lo primero, porque evidencia que su táctica no es el golpe de mano, sino poco a poco ir avanzando hasta que la fruta está madura; han tardado veinticinco años, pero objetivo cumplido. Lo segundo porque el PSOE es capaz de ceder en cualquier cosa con tal de estar un minuto en el Poder. Ha demostrado con creces que carece de escrúpulos para llegar al poder -ahí está el 14 de marzo y lo que le precedió-; para servirse de él -ahí están los escándalos del periodo 1982-1996-, y para retenerlo: aquí está el momento presente. Por estar un minuto en el poder venden lo que sea, desde el Poder Judicial a la idea de España.

La paz como anestesia

Por EDUARDO SAN MARTÍN ABC 16 Enero 2006

¿POR qué será que cuando escucho de según qué labios los términos paz o pacificación mi sistema nervioso de alertas se declara en un súbito estado de guerra? La primera derrota de quienes jamás hemos pegado un tiro para resolver ningún conflicto consiste en haber aceptado resignadamente el código de lenguaje puesto en circulación por aquellos que, al proponer como ineluctables determinados consecuentes, dan por sentados sin mayores discusiones sus supuestos antecedentes. Cuando en estos días de memorias enflaquecidas se proponen soluciones pretendidamente razonables para conseguir «la pacificación» del País Vasco, o se descalifican otras como contrarias al «objetivo de la paz», ¿por qué nadie se pregunta a qué presunta guerra viene a poner fin esa «ansiada paz»? Ni se sabe, ni se contesta. Hasta el presidente de los obispos españoles, en una reciente entrevista televisada, ha manifestado su ardiente anhelo por «conseguir la paz en Euzkadi». Nada nos ha aclarado, sin embargo, sobre la guerra a la que se refiere esa paz que invoca con tanto fervor.

Quienes han aceptado que el objetivo inaplazable en el País Vasco es obtener no se sabe qué paz, al precio de sacrificar los fundamentos de un estado regido por las leyes (el congreso nada encubierto de Batasuna constituye una vergüenza para quienes tiene obligación de hacer cumplir las normas en vigor), han admitido la existencia previa de un «conflicto». Y, al entregar esa baza sin mayor resistencia, han caído de bruces en la trampa de los que ofrecen como solución una paz que sólo ellos han quebrantado. Más grave aún: cuando se asume la preexistencia de la guerra que se ocultaría tras ese irritante eufemismo de «conflicto», se está admitiendo al mismo tiempo la presencia de al menos dos partes beligerantes. Y si, además, se nos trata de persuadir de que esas partes «en conflicto», todas ellas, deben realizar concesiones para «avanzar en el camino de la paz», se está colocando a cada uno de los supuestos contendientes en un plano de igualdad, o en un mismo punto de partida.

Pongamos todo esto en romance para que se entienda: un grupo terrorista cuyas acciones durante la dictadura fueron generosamente amnistiadas por la democracia naciente, y que aún así decide seguir asesinando para conseguir unos objetivos políticos, debe ser aceptado como interlocutor por los representantes de la inmensa mayoría de la misma sociedad que ha sido víctima de sus crímenes, dando por aceptado que el objeto de esa negociación es poner fin a una guerra que nadie sino ellos han declarado. Una paz así obtenida es probablemente a la que se refería el clásico cuando, como mi sistema nervioso, se ponía en estado de alerta contra aquellos que «llaman falsamente paz a una servidumbre miserable».

A medio camino entre la confusión y la irritación busqué orientación y consuelo en las reflexiones de voces menos interesadas en manosear los conceptos a voluntad. Y encontré algo al otro lado del Canal. Alfred North Whitehead fue un pensador británico entre cuyos méritos figura el de haber ejercido de maestro de Bertrand Russell, con quien colaboró en algunas de sus primeras obras. Transitó desde las matemáticas y la física hacia la filosofía de las ciencias y de ahí, al pensamiento especulativo sin más. Contra corriente del materialismo científico en boga, edificó una denominada «filosofía del organismo», que otorga un papel preponderante al componente inmaterial de los sucesos. Pues bien, tal vez agobiado por la insoportable levedad de la Europa de entreguerras, escribía lo siguiente en una de sus últimas obras, The Adventure of Ideas: «El objetivo de la paz se convierte fácilmente en su bastardo sustituto, la anestesia». Sólo seis años más tarde de haber escrito estas palabras, Europa volvía a despedazarse en su segunda gran guerra civil. Entre otras razones, por haberse sometido de buen grado a una anestesia a la que había confundido con la paz. ¡Qué no habría escrito Whitehead de esta España de 2006!

La soberanía catalana acaba con la española
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Enero 2006

El blindaje de competencias del Estatuto de Cataluña ante cualquier decisión que pueda tomar el Parlamento Español no sólo consagra un nivel de soberanía de esta comunidad muy superior a la soberanía española sino que la destruye por completo. El PSOE de ZP perpetra con este golpe legal, pero golpe al fin, la puñalada más artera que haya recibido nuestra nación desde la traición de Fernando VII a los patriotas de las Cortes de Cádiz. Y ésta es aún más grave, ya que aunque despóticamente el Rey Felón pensaba regir toda España; Zapatero, Rubalcaba y sus secuaces no sólo renuncian a la soberanía nacional en una parte importante de su territorio y ante uno de cada seis de sus habitantes (cerca de ocho millones tiene Cataluña por 46 millones legales el conjunto de España), sino que ponen las bases legales para la liquidación del Estado-Nación más antiguo de Europa.

No hay palabras malsonantes en el diccionario para tratar con justicia esta traición desvergonzada a la Ley y a la Nación, al decoro y a la libertad, a los dos mil años de civilización romana y cristiana de nuestra nación, a todos los que, a lo largo de los siglos nos han legado lo mejor de sí mismos, sea en el arte, en las ciencias, en las letras, en las instituciones o en la Historia de la Humanidad, que en parte no pequeña es inimaginable sin la historia de España. Este depósito moral, cultural y político de lo mejor que ha producido nuestro país a lo largo de los siglos, que no es nuestro sino herencia de nuestros mayores que deberíamos haber pasado a nuestros hijos, ha sido malbaratado, por no decir robado y regalado, a unos partidos políticos que no ocultan su voluntad de crear una república independiente y hostil a España, una Cataluña que dados los niveles de despotismo actualmente existentes, será dictatorial, racista y xenófoba, con la lengua ocupando el lugar de la religión en las teocracias islámicas.

El voto en España queda, si ese acuerdo se ratificase en el Parlamento Nacional, automáticamente reducido y jibarizado de forma tan radical que bien puede hablarse del fin de la soberanía y del fin del sistema representativo. Si Cataluña no quiere separarse ya, habrá que pedir la separación para tener al menos un territorio donde puedan regir las leyes que voten nuestros representantes. Nunca se ha visto en nuestra historia semejante humillación. Y no fruto de una violencia invencible, de un ejército como el de Napoleón, sino del simple desprecio a la nación y de una cobardía ilimitada ante el nacionalismo, como bien ha dicho el jefe de la oposición a propósito de la sumisión del Gobierno a Batasuna, anuncio de la segunda parte, la correspondiente al País Vasco, de esta liquidación por derribo de la soberanía y del Estado de Derecho, base de la libertad.

Polanco y Zapatero pueden presumir de haberse cargado sin un tiro (aunque con todos los atentados terroristas del nacionalismo a cuenta) la nación más vieja de Europa. Y digo Polanco en primer lugar porque sin el apoyo, más aún, sin el guión de Polanco y Cebrián, Zapatero no se habría atrevido a dar un solo paso en esa dirección. Hubiera bastado que “El País” reclamara la vuelta de González o un nuevo liderazgo del PSOE para que la rendición de Zapatero ante el nacionalismo catalán se trocase en resistencia numantina. Si hay secesión catalana, y los tres elementos ya pactados por el PSOE y el Cuatripartito (obligatoriedad del catalán, término “nación” en el estatuto y blindaje de competencias) suponen de hecho la secesión, Polanco y Cebrián podrán decir que es obra suya. Lo es por omisión como lo es de Zapatero y el PSOE por acción. La España que conocemos va a dejar de existir. La libertad que tenemos difícilmente sobrevivirá.

La casa dividida
Ángel ACEBES Secretario general del Partido Popular La Razón 16 Enero 2006

La convergencia del PSOE con los nacionalismos más extremistas ha puesto a los ciudadanos españoles en una encrucijada constitucional que carece de la más mínima legitimación democrática. A diferencia de la Transición y del acuerdo constituyente de 1978, la sociedad española no ha autorizado el cambio de régimen que está propiciando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ni está participando en sus debates, porque se hallan sometidos a la más absoluta opacidad, ni va a ser llamada a una consulta democrática sobre sus resultados. La desfiguración constitucional de España no se limita sólo a una alteración de su definición estatal, que se pretende sea puramente confederal, sino también a un cambio imperativo del modelo social, de las pautas de convivencia cívica y de formación de futuras generaciones. Reformas como la educativa, la territorial o la judicial cooperan con el propósito de crear un nuevo tipo de sociedad formada sólo por los estereotipos de este frente de socialistas y nacionalistas que lidera Zapatero.

No hay que engañarse sobre la certeza de estos objetivos. Se anunció una segunda transición y se ha abierto sin contemplaciones para que concluya con un nuevo régimen político y un nuevo modelo social, hechos ambos no sólo al margen, sino en contra de los sentimientos y deseos mayoritarios de la sociedad española. Las instituciones del Estado han sido puestas al servicio de los pactos partidistas del PSOE con los nacionalistas y hoy tenemos un presidente del Gobierno que ejerce su cargo contra el interés nacional, apoyando demandas soberanistas, cuestionando la «nación» y alimentando estrategias que avanzan hacia consumar el reconocimiento de la autodeterminación exigida por sus aliados independentistas. Como sucede siempre que el poder político se practica fuera de los cauces democráticos, bajo la mesa y a escondidas, la discrepancia o la independencia de criterio son considerados actos de disidencia.

El Gobierno y su presidente no toleran la crítica ni la existencia de poderes autónomos. Por eso, atacan la libertad de expresión, con organismos políticos capaces de censurar y cerrar medios de comunicación; pretenden mutilar la independencia judicial, restando competencias al Supremo y al Consejo General del Poder Judicial; y desprecian el imperio de la ley, criticando la legalidad antiterrorista y poniendo la zancadilla a las investigaciones de la Audiencia Nacional sobre la Asamblea de Batasuna y el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Y, por supuesto, este movimiento de derogación del régimen político de 1978, del que el proyecto estatutario catalán es sólo el primer eslabón –al que seguirán otros pactos soberanistas en el País Vasco y en Galicia–, requiere silenciar a la oposición, al PP. El Pacto del Tinell, por el que los socialistas aceptan no acordar nada con el PP ni en Cataluña ni en Madrid, refleja la profunda degradación de los valores democráticos en el PSOE, porque implica aceptar como pauta de gobierno la exclusión de los millones de españoles que representamos los diputados y senadores del PP. Nuestra respuesta no puede ser otra que proponer a los españoles una movilización no partidista por la defensa de la Constitución y reclamar el derecho de la sociedad a decidir sobre su futuro, sobre su Nación y su soberanía.

El PP no se va a contagiar del espíritu destructivo de Rodríguez Zapatero y seguiremos ofreciendo al PSOE un gran pacto por la unidad, la igualdad y la solidaridad nacionales. Dijo el presidente Abraham Lincoln en 1858 que «una casa dividida contra sí misma no se mantiene en pie».

Los vientos de Pujol
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 16 Enero 2006

ESTE periódico siempre tuvo abiertas sus páginas al moderantismo de Pujol. Ayer, sin ir más lejos, publicábamos una espléndida entrevista que le ha sacado con fórceps, titular a titular, Valentí Puig. De su lectura, como de la de cualquier buen reportaje periodístico, podía extraerse una conclusión muy sencilla: que quien siembra vientos, inexorablemente cosecha, tarde o pronto, tempestades. Y no lo duden: todo lo que está ocurriendo en Cataluña y, como consecuencia de ello, en España, se debe, en una proporción muy elevada, a los irracionales vientos nacionalistas que, a lo largo de más de treinta años, fue sembrando este político moderado en España pero con la paranoia -política, por supuesto- de ser el libertador de Cataluña.

Pujol es el responsable de que sobreviva un producto periodísticamente deplorable, como es el diario Avui. Bueno, Pujol y los tres propietarios actuales que financian esa bazofia: la Generalidad, los Godó, amos de La Vanguardia, y Lara, dueño de La Razón. Pujol es, también, el principal responsable de que haya «algo en España que no funciona» y que es, esencialmente, junto al País Vasco, la Cataluña nacionalista e inviable que él, entre otros, se ha sacado de la bocamanga. Pujol es el principal responsable de que haya, según afirma el ex presidente, «en la relación entre Cataluña y el resto de España, algo más profundo que chirría», como es esa obsesión por la diferencia, sin sentido en la España constitucional, una nación libre y de iguales. Pujol es el responsable de que los independentistas catalanes, por él potenciados, sean hoy la llave del gobierno de la Generalidad de Cataluña y de España. ¿Y quién, sino Pujol, se tapó los ojos ante los terribles atentados de «Terra Lliure», instigados ideológicamente, nada menos que por su admirado Batista i Roca? ¿No están esperando, todavía, los hijos y nietos de los asesinados por el «valeroso» método de la bomba en el pecho, que «Cataluña» -es decir, los independentistas- pida perdón públicamente por tan horribles crímenes? ¿Cómo puede decir Pujol ahora que «Cataluña» -como si tuviese cara y ojos- ha actuado correctamente, muy correctamente, pues «no ha habido ni violencia ni radicalización»? ¿Y quiénes son, sino nietos políticos suyos, esos «maulets» que lanzan huevos contra Jorge Fernández, insultan a Vidal Quadras cuando abre la boca o piden el «exterminio» de los intelectuales integrados en «Ciutadans de Catalunya»?

¿Hay hostilidad ahora con respecto a «Cataluña»? Por supuesto que la hay; hostilidad hacia esa «Cataluña» manipulada por él; hostilidad hacia esa «Cataluña» ventajista, excluyente y burocratizada, ajena totalmente al signo de los tiempos; hostilidad, en suma, hacia una «Cataluña» que quiere imponer un inédito e insólito modelo de estado -el plurinacional- al resto de los españoles. Hacia los catalanes, los de cuerpo y alma, que somos más de veinte mil residiendo de modo permanente en Madrid, yo no percibo ninguna hostilidad.

Estatuto y financiación
Trampas para incautos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Enero 2006

Los sectores interesados en el vaciado competencial del Estado han interpretado el 50 % del IRPF ofrecido por Solbes como un mínimo desde el que regatear. No creo que sea esa la intención del ministro. Se trata seguramente de un máximo que los negociadores gubernamentales habrán de atemperar mediante concesiones en otras variables. Y las variables más aireadas son la definición nacional de Cataluña (incluyendo el lugar del estatuto donde va a figurar) y la cuestión de la bilateralidad, desde la que el nacionalismo catalán sueña con alejarse de una vez del resto de comunidades autónomas. Claro que, con Rodríguez de por medio, el 50 % puede perfectamente ser un señuelo lanzado a sus barones. Vean si no lo contento que salió Ibarra de la última tenida. La clave no es el porcentaje que se cede sino la manera en que se gestiona el no cedido. Y ahí ya ha exhibido Rodríguez su debilidad, dando a entender que aceptará una especie de consorcio de Agencias Tributarias donde la autonómica tendrá preponderancia.

Por no hablar del marco competencial general, del blindaje impuesto por el tetrapartito y definido por el PP como una LOAPA inversa. Rodríguez Siatodo deja la vía expedita: todo –todo– el poder normativo y ejecutivo relacionado con competencias compartidas quedará en manos de la Generalidad. Lástima que las leyes de bases no estuvieran pensadas para eso, para sugerir lánguidas orientaciones genéricas, sino para garantizar el principio de igualdad mediante una homogeneización mínima y efectiva. Adviértase que la voluntad de reformar la Constitución sin pasar por los cauces constitucionales supera con mucho el tema de la supuesta nación catalana. Aunque éste impregnará todo lo demás, desviando cualquier interpretación en el sentido contrario al pretendido por los padres de la Carta Magna.

Poco importa si se habla de “histórica nación” en el preámbulo o de “nación”, sin más, en el articulado. La distinción entre preceptos normativos y no normativos en el estatuto es una filfa. Una vez establecida la nación en el preámbulo, será forzosa la interpretación de leyes, reglamentos y decisiones en esa clave. Los nacionalistas no están en un debate nominal, como quiso hacer creer el presidente del gobierno, sino en un punto crítico de la construcción nacional, y lo que está en juego es el concepto de soberanía.

Pero el único soberano es el pueblo español, y es precisamente porque no estamos dispuestos a poner en peligro nuestros derechos y libertades por lo que muchos rechazamos la aventura nacionalista, que no se fundamenta en el concepto de ciudadanía ni tiene como centro al individuo, sino que prima al colectivo y entra de lleno en el esencialismo, en la institucionalización del sentimiento, en la irracionalidad. Treinta, cincuenta o setenta por cien del IRPF...¡qué más da! Miren los analistas hacia otro lado, donde los prestidigitadores, bajo mano, están a punto de violentar lo intocable.

El presidente defensor de Batasuna
La carcajada de ETA
Isabel Durán Libertad Digital 16 Enero 2006

Hasta ahora sólo los asesinos y quienes les apoyan, tentáculos-tapadera incluidos, se situaban al margen de la ley. Otros, el PNV, se sumaban a sus pretensiones de diferentes maneras, con distinta intensidad según épocas, atendiendo a sus propios intereses. Hasta ahí, salvo adeptos, profetas y exegetas del clientelismo nacionalista vasco que han hecho de la causa su forma de vida, el triunfo del Estado de Derecho ponía de forma lenta, pero segura, a cada uno en su sitio.

Hoy la cuestión es otra. El presunto presidente de todos los españoles se ha convertido en aliado de las tesis nacional-terroristas atacando la ley que él mismo impulsó. Ley cuyos frutos recogió encumbrado a la jefatura del Gobierno al encontrar una banda terrorista en la UVI, acorralada policial, política y socialmente. Ahora asegura su otrora defensor que la Ley de Partidos es “muy restrictiva” ya que los derechos individuales como el de asociación y reunión prevalecen sobre ella. Y el Fiscal General del Estado declara que sólo suspenderá la convocatoria del partido ilegalizado si es un acto orgánico. Mal que les pese, Rodríguez y Conde han tenido una rápida respuesta. El próximo 21 será “el primer congreso nacional de Batasuna en el que tomarán parte las asambleas” han afirmado provocativos en rueda de prensa los portavoces de la organización terrorista, Otegui y cía, para que se enteren todos los españoles quién manda.

¿Qué ocurre, entonces, cuando un presidente se sitúa al margen de la ley? Ocurre que el ministerio de Defensa pide a la Fiscalía que estudie un artículo ofensivo del Avui mientras calla cuando sus socios del PNV comparan al Ejército con ETA. Ocurre que la banda se mofa del Estado de Derecho a carcajadas al ver al jefe del Ejecutivo y a su Fiscal de portavoces de sus defensores. Pero ocurre también que la Constitución consta de 169 artículos. Y, ocurre, que tipifica la responsabilidad criminal del presidente. Si ésta es “por traición o por cualquier delito contra la Seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones -reza el texto- sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo”.

¿Es traición producir “daños irreparables al Estado de Derecho”? ¿Afecta a la seguridad de todos que no se cumplan las leyes? ¿Y que se acabe con la libertad, tal y como advierte Peces Barba? Aunque jamás se sospechara que podría ni tan siquiera tener que mentarse, quizás la cuarta parte del Congreso acabe planteándose el artículo 102 en un tiempo no muy lejano, aunque sólo sea de manera testimonial.

Amnistía preventiva
José Javaloyes Estrella Digital 16 Enero 2006

Una tras otra, por directa manipulación del Gobierno, caen las leyes por el suelo como si fueran las hojas del árbol de Estado; del Estado Democrático de Derecho. Los de mi generación recordamos aquella película Dallas, ciudad sin ley. El de esa rancia cinta vendría pintiparado como título para estas observaciones; pero no. Aunque la España en la que ya estamos podría llamarse “Dallas”, la titulación debe ser otra. Quizás, “Amnistía preventiva”. Por ahí se va, según los dictados del Club de Perpiñán.

No es para menos, dada la amortización política de la ley. Se trata de algo más que de la tributación del Derecho a la Política, cuando desde ésta se amnistían responsabilidades penales. Hay algo más ahora. Estamos ante la amnistía preventiva para quienes delinquieron y fueron condenados, igual que para aquellos otros que delinquirán. Los destinatarios de la suavización de la Ley de Partidos, en cuyo favor se infringe la norma legal con licencias y salvoconductos, con perdones a cuenta de algo que no se sabe aún qué es o será: si el abandono de las armas y de toda actividad terrorista, que resulta lo menos previsible, o la retirada al precio de concesiones.

Serán tales concesiones medidas y tasadas en renuncias del Estado; renuncias y capitulaciones que lleven al achatarramiento de la Constitución y a la colada siderúrgica final. Los materiales resultantes del desguace serán vertidos en diversos crisoles: para otras tantas constituciones y sus correspondientes naciones nuevas.

Al partido de los asesinos del norte se les reconoce por el Rodríguez titular de la Moncloa el derecho de reunión, haciéndolo prevalecer sobre el derecho a la vida que tenían el millar de asesinados por los gudaris de la infamia. A los que purgan prisión, indulgente y progresivamente reducida, se la reducirán todavía más —por vía de la aproximación y el reagrupamiento— cuando sus representantes lo consigan del Gobierno. ¿Cómo? No se sabe bien. El mueble es indiferente. Tanto da la mesa de la negociación que la cama de la claudicación, siempre con las nalgas por estandarte.

Pero, menos mal, el Comisionado para las Víctimas del Terrorismo protesta epistolarmente por el Congreso de Herri Batasuna para el que se ha abierto la mano, “humanizando” la Ley de Partidos. Parece que la cosa, tratándose como se trata de un profesor de Derecho Natural, está menos, naturalmente, para cartas que para dimisiones. Resulta imposible mayor golfería de positivismo jurídico y ejercicio antidemocrático del poder, puesto que no hay democracia sin Estado de Derecho y seguridad jurídica que la precedan y sostengan.

La Fiscalía General del Estado, nunca menos de éste que del Gobierno, prosigue su tarea de planchado y cepillado de las condiciones previas, para que lo prevaricado políticamente venga a aparentar que no es tal cosa, sino aceptable confusión de si resulta o no resulta legal el último envite de la Moncloa contra el decoro exigible en una vieja nación de Europa, engendradora del Derecho de Gentes y de alguna cosa más en el orden de las conciencias y las libertades.

Pero quien hace la mayor hace también la menor. Si previamente se está retorciendo la propia Constitución, al extraerle la médula de la soberanía nacional para transferirla al engendro político y estatutario que se trajeron al Congreso los socialistas y los nacionalistas catalanes (pues Rodríguez no tiene claro qué es una nación, y eso que preside el Consejo de Ministros), resulta lógico y hasta necesario que se descuelguen la Moncloa y Ferraz con la derogación fáctica de la Ley de Partidos, luego de haber creado las precondiciones prácticas para ello con la ruptura —y rompimiento con el PP— del Pacto contra el Terrorismo y las Libertades.

Otrosí. De la cena que se hizo en la misma Moncloa con Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, derivan ahora los alineamientos de ésta contra el asilo que Endesa busca en las instituciones europeas.

El buldózer de una Moncloa cautiva de sus pactos con los socialnacionalistas de Cataluña, y de sus compromisos ya aflorados con los terroristas engendrados por el nacionalismo vasco, derriba golpe a golpe estructura y función del Estado de Derecho. Y ocurre que, cuando éste entra en crisis, por acoso para la demolición, lo hace también el propio universo democrático de las libertades. Y también sucede que si un sistema político pierde garantías respecto del poder, deriva hacia una encrucijada: o el camino que lleva a la granja orwelliana, donde unos son más iguales que otros, o el que conduce a Dallas, donde mandan las pistolas. Sin ley segura, barbarie cierta.

Oportuno es recordar que Orwell escapó, por los pelos, de la Barcelona en que mandaban las huestes de Companys y los ancestros estalinianos de otras gentes del tripartito. Oportuno y nada ocioso ante la propuesta de recuperaciones del pasado histórico en que se afanan.     jose@javaloyes.net

La peculiar ideología de Zapatero y el desastre que se adivina para el futuro de España
Jesús Cacho El Confidencial 16 Enero 2006

Para entender lo que está ocurriendo en España desde que José Luis Rodríguez Zapatero ganó por exigua minoría las generales del 14 de marzo de 2004, tal vez sea imprescindible conocer el pensamiento (¿?) del personaje que, desde la presidencia del Gobierno, parece dispuesto, si a los datos que se van conociendo nos remitimos, poner España patas arriba. Y para tratar de conocer ese pensamiento, nada mejor que transcribir dos frases del prólogo redactado por el propio Zapatero (es de suponer que en 2001 todavía no tendría negro a su servicio) al libro escrito por Jordi Sevilla, actual ministro de Administración Territorial, titulado “De Nuevo Socialismo” (Editorial Crítica, Barcelona 2002). Esto decía el señor Rodríguez en dicho prólogo:

"Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica (...) Si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas".

Sencillamente aterrador. No hay principios, ni valores, ni argumentos racionales. No hay ideología ni fundamentos morales que valgan. Mucho menos una idea de España, ni del otrora llamado patriotismo constitucional. No hay Historia. Todo está abierto en canal. El presidente del Gobierno nos revela en ese prólogo que la base metodológica de su toma de decisiones es la “epistemología de la tertulia” (como ha dicho, con su brillantez habitual, Vidal-Quadras), y que el fundamento ético de su gestión es la moral de eso que los anglosajones llaman el brain storming. Todo se reduce, pues, a sentarse en torno a una mesa camilla y empezar a hablar. Y a ver qué sale...

De manera que llega una banda de cacos a su casa, y usted, que creía en eso del derecho de propiedad y la inviolabilidad del domicilio, sienta amablemente a los invasores en el mejor sofá del salón, les asiste de bebida y viandas, y comienza a discutir con ellos qué es lo que se van a llevar, si el cuadro de Ciria que usted se regaló la pasada Navidad, si la mitad de las modestas joyas de su señora esposa, y el dinero, naturalmente, está por ver qué porcentaje de sus ahorros se van a llevar los asaltantes para que queden contentos, antes de que, dentro de un cierto tiempo, tal vez unos cuantos años, vuelvan de nuevo a asaltar su casa para arramblar definitivamente con lo que no se llevaron la primera vez.

Esto, más o menos, es lo que está ocurriendo en España con los nacionalismos desde que Zapatero ocupa la presidencia del Gobierno: pasen y sírvanse ustedes mismos. El señor Rodríguez parece dispuesto a regalar España a trozos y a tipo de interés cero. Su remedo de ideología (¿?) es una amenaza clara y directa a la estabilidad de España tal como la hemos conocido desde la muerte de Franco, y un peligro cierto para la paz y la prosperidad de los españoles. Y a las pruebas me remito.

Todo parece indicar que el término “nación” figurará en el Estatuto, no se sabe si en el preámbulo o en el mismo articulado. Los preclaros barones del PSOE, encabezados por el propio presidente del partido, el señor Chaves, están tratando de hacernos creer que la presencia del término en el preámbulo del Estatuto no surte efecto jurídicos, como si la explicación de motivos de una ley no fuera la columna vertebral de la misma desde el punto de vista de su interpretación doctrinal. Han decidido también respetar al pie de la letra lo que dice el proyecto de estatuto en lo que a la lengua se refiere, lo cual equivale a la eliminación del español como lengua de uso oficial.

Más grave aún es el acuerdo al que, al parecer –porque este asalto al Estado se está haciendo en la sombra, sin el menor asomo de transparencia, y de espaldas, al menos, a la mitad de los españoles-, han llegado las partes este pasado sábado, relativo al blindaje competencial de la Generalitat frente al Estado, por el que La Generalitat trataría de tú a tú al Estado, haciendo añicos el artículo 1 de la Constitución. El asunto es tan grave que no es exagerado decir que equivale, de facto, al reconocimiento a plazo fijo de la independencia de Cataluña.

Para desgracia de una mayoría de españoles, el PSOE ha dejado de ser un partido socialista para convertirse simplemente, con el apoyo de alguno de los grandes grupos empresariales patrios, como el del señor Polanco, en una poderosa maquinaria de poder. Poder con mayúscula. De modo que España importa un rábano: importa el usufructo del poder, y para seguir en el machito se fuerza y retuerce incluso el lenguaje. Dice Rubalcaba, el viejo y largo y listo Fouché de este patético Zapatero, que saber catalán será un “deber impropio”. “Todo abuso de lenguaje es abuso de poder”, decía Joseph Pieper, porque “el que es capaz de engañarte con juegos de palabras es capaz de robarte la cartera”. El señor Zapatero quiere robarnos algo más que la cartera.  jcacho@elconfidencial.com

Batasuna desafía al Estado y el Gobierno calla
Editorial Elsemanaldigital.com  16 Enero 2006

ETA-Batasuna se reúne el próximo sábado en Baracaldo, y Zapatero no ha dado los pasos necesarios para impedirlo y hacer que la ley se cumpla.

16 de enero de 2006. El partido político ilegalizado Batasuna, que según los Tribunales y las Fuerzas de Seguridad de medio mundo es parte de la banda ETA, mantiene su convocatoria de una asamblea política el próximo sábado día 21 en Baracaldo (Vizcaya). El episodio es revelador del rumbo que ha emprendido la política nacional en los últimos meses.

Ni el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ni el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, han considerado oportuno dar los pasos necesarios para que la rama política de ETA no pueda reunirse en público. No se trataría más que de cumplir las leyes vigentes, ya que es ya doctrina firme de nuestra Magistratura que Batasuna y ETA son una misma cosa. Incluso en los carteles que anuncian el evento en todas las calles del País Vasco y de Navarra se incluye el anagrama de ETA.

Sin embargo el actual Gobierno y el PSOE parecen esperar de ETA y del nacionalismo una serie de pasos tendentes a una tregua. Y el futuro político de Zapatero, tal y como él mismo lo ha diseñado, exige una tregua de ETA. Sólo ese proyecto podría explicar de alguna manera la amable tolerancia de las autoridades hacia una reunión política que es, sin más, prolongación incruenta de la actividad terrorista.

Zapatero debe reaccionar. El sentido común de sus mismos militantes pide la ilegalización del acto etarra. Es legítimo que el Gobierno desee una tregua de ETA para poder presentarse a sí mismo como el gabinete que acabó con el terrorismo. Pero no es menos cierto que no se acaba con el terrorismo cediendo a sus demandas, sino con firmeza. Las concesiones, que a corto plazo pueden funcionar, antes o después se demostrarán muy negativas, como en otras ocasiones ha quedado patente.

Hay que recordar que, para dejar de matar, ETA pide la autodeterminación del País Vasco y algunas otras cosas tan antidemocráticas como inaceptables. La reunión de Baracaldo puede que resulte conveniente si se mira solamente a intereses electorales de una parte del PSOE, pero es ilegal y un Gobierno no debe olvidar que su primera obligación es hacer cumplir la ley. Y además es una minoría de políticos la que está dando protagonismo en la vida pública a la banda terrorista ETA. Por el contrario, Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, ha puesto un límite a las concesiones de Zapatero: "No dejaré que se decida qué es o no es España sin que opine la mayoría".

El estado es más
FLORENCIO DOMINGUEZ El Correo 16 Enero 2006

Es más que un presidente del Gobierno, por mucho poder que tenga. El Estado son unas normas de obligado cumplimiento para todos y unos poderes separados que limitan la discrecionalidad del gobernante y garantizan los derechos ciudadanos. El gobernante puede hacer mucho, pero no puede actuar como le da la gana sino dentro del marco legal. En el País Vasco, donde se ha dado categoría de axioma a la simpleza del 'qué hay de malo en ello', esto puede parecer incomprensible, pero es el abc de la democracia, esa democracia de la que Mario Onaindía dijo que no es sólo un procedimiento, «sino sobre todo una forma de convivencia basada en unos valores. El principal de todos la isonomía: la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley». La Ley a la que estamos sometidos.

La sentencia que ilegaliza a Batasuna no puede pasarse por alto e incumplirse por mucho que se crea que si se les deja hacer un congreso es posible que se rindan, critiquen a ETA o vayan a dar un paso para convertirse en una fuerza democrática. Ni aún así. Los tribunales han dejado claro que Batasuna está fuera de la ley y no tienen derecho a reunirse ni para rezar el rosario.

El acto del BEC del día 21 es un mitin de Batasuna y no una feliz coincidencia de unos cientos de seguidores de la izquierda abertzale a título particular. Esto no es una afirmación de la Guardia Civil, sino de la propia Batasuna, que, antes que nada, quiere poner en evidencia la derrota del Estado en la aplicación de la Ley de Partidos y obtener una victoria simbólica de esas que alimentan la moral de los suyos para varios años.

Algunos dirigentes socialistas prefieren mirar hacia otro lado y permitir el acto demostrando con este proceder prisas y nervios contraindicados para cualquier negociación. Esperaban una tregua en diciembre que no ha llegado. En lugar de eso, una ETA más levantisca que en noviembre ha exigido que sea el Gobierno el que haga concesiones. Y tras esa exigencia, el presidente cuestiona la Ley de Partidos. Mala jugada desde el punto de vista de alguien que está en un proceso de negociaciones implícitas y peor desde el punto de vista del Estado de Derecho.

Por suerte, el Estado es más. El Estado son también los jueces que han reaccionado ante la sospecha de una gran burla a la ley, como ha reaccionado de manera ejemplar el Alto Comisionado para las Víctimas, Gregorio Peces-Barba, al traernos una cita de Montesquieu en la que señala que «la libertad (precisamente) consiste en hacer lo que las leyes permiten, porque si se pudiera hacer lo que prohíben, todos tendrían ese derecho y ya no habría libertad». Parafraseando a Arnaldo Otegi, cabe preguntarse: ¿y esto lo sabe el fiscal general?

Hasta los suevos
José Javier Esparza elsemanaldigital  16 Enero 2006

Hasta los suevos se ha remontado el Bloque Nacionalista Gallego para pedir la autodeterminación. No hay español –sobre todo, gallego- que no haya bromeado sobre la fonética oval de aquellos lejanos bárbaros. Además que los suevos dan mucho de sí, porque lo mismo valdrían, como los godos, para fundamentar la añeja germanidad de las Españas. Y los romanos, si nos ponemos, justificarían la españolidad incuestionable de Portugal. Estos delirios no son nuevos (ni suevos): los padecemos de antiguo. Lo nuevo es que el delirante disponga de tanto poder. Eso se lo debemos al socialismo, siempre dispuesto a pactar con los suevos.

Por cierto que estos suevos a la gallega son los mismos que, a propósito de las declaraciones de Mena, no dudaron en acusar al militar de "golpismo". ¿Es golpista una defensa de la Constitución? Es obvio que no, pero lo obvio importa poco en un país tan dispuesto a echar mano de los suevos. Por otro lado, el exabrupto del nacionalismo gallego es incluso moderado si se coteja con la canallada del peneuvista Urkullu, que comparó al Ejército con ETA. Y será cortés si se pone al lado de ese fulano que en Avui, órgano oficioso del gobierno catalán, advertía a los militares españoles de que, cuando entren en Barcelona, no lleven a sus madres, porque en la Ciudad Condal está prohibida la prostitución. Que sepamos, el Gobierno aún no ha demandado al torvo caganer del Avui por este asqueroso atentado contra el honor del Ejército; está demasiado ocupado contemplando el congreso de Batasuna/ETA. Debe de ser por el talante de los suevos.

Las cosas se están poniendo cada vez más claras. Uno: ETA nos mata (o eso pretende) y el Ejército nos defiende (o para eso está). Dos: los hay que condenan al Ejército y, no paradójicamente, "comprenden" a ETA. Tres: ergo, convendría desprenderse de los que condenan al ejército, porque no protestarán cuando nos maten. ¿Una obviedad? Sin duda. Como obvio es que los partidos nacionalistas se han convertido en enemigos no ya de España, sino de todos los españoles. Por consiguiente, habría que ver la manera de apartarlos, de marginarlos. Ya decía Carl Schmitt que, en política, lo primero es señalar al enemigo. Y en este caso lo tenemos más fácil, porque son ellos los que nos han señalado a nosotros.

Por supuesto, la Voz del Consenso objetará que en la España de ahora no hay que señalar al enemigo, sino aplicarle cataplasmas de árnica y talante –en los suevos. Por ejemplo, amparando el congreso de Batasuna. Pero, a todo esto, ZP ha sido el primero en señalar al enemigo: esa media España a la que desea exterminar de la vida pública. Designio en el que coincide con Urkullu, el caganer del Avui y los nacionalistas de los suevos. Frente amplio, pues, el frente de los suevos.

Más unidos que nunca
Javier Orrico  Periodista Digital 16 Enero 2006

Empiezo a pensar que, en efecto, estamos un hombre providencial, un altísimo creador que no se nos había mostrado al completo hasta hace unos días, cuando en un hotel madrileño, rodeado y celebrado por los poderosos y los mensajeros que pueblan la Corte, expelió el siguiente mensaje: “Estamos más unidos que nunca”.

Y no se refería a su relación pasional con ERC y Batasuna y el BNG y la Chunta y EA y Nafarroa bai-bai y CiU y Coalición Canaria, y todos los que puedan irse sumando a esta hermosa explosión cantonal que no ha hecho más que comenzar. Se refería a España. Lo que dijo es que los españoles estamos más unidos que nunca. Hoy mismo lo ha vuelto a repetir en Valencia.

ZP será, sin duda, reconocido por la Historia como un gran narrador, un inventor de ficciones a la altura de Tolkien, de Lewis, de Rabelais. Cree, como no habíamos conocido a nadie hasta ahora, en el poder demiúrgico de la palabra, en su capacidad mágica para convocar a la realidad a partir de su acuñación literaria. Contrariamente a lo que creía Miguel Espinosa, que la palabra revelaba, que era el arma del vidente que nos ofrecía la verdad oculta bajo el engaño de las apariencias, Zapatero piensa que es la palabra la que construye el mundo, la que lo sustituye hasta ocultar toda huella de horror, dolor y miseria. No se trata de acabar con la estupidez y la injusticia, sino de esconderlas. Él no ha venido para mejorar la sociedad, sino para decir que la mejora, para suplantarla por una mentira ennoblecedora que nos convenza de estar viviendo esa época de oro de nuestra democracia que el futuro relatará en páginas gloriosas si encuentra un narrador a su altura.

Siempre echaremos de menos a Miguel, pero es en estos momentos, cuando con ZP regresan algunas de las cosas que recordamos del franquismo, el afán de silenciar a los disidentes y la invención del mundo, cuando imaginamos lo que habría sido capaz de escribir sobre este Pangloss cínico, este político fabulador e imaginativo hasta la más absoluta indecencia.

Una “Escuela de mandarines” para él solo es lo que está reclamando Zapatero. Mientras los nazis catalanes van a imponer por ley el monolingüismo y han desatado una auténtica persecución del español, hasta inspeccionar en qué lengua hablan los médicos con sus pacientes, prohibir a los profesores hablar en castellano incluso en los pasillos y con los padres, o lanzar insultos y amenazas de exterminio contra los disidentes desde la prensa catalanista; mientras Batasuna se descojona de todos diciendo que el signo de ETA es el de las farmacias, los empresarios reciben cada vez más cartas mafiosas, y el independentismo, reconocido y alentado por ZP, se ve cada día más cerca de la victoria; mientras los nacionalistas gallegos ya andan por los suevos, y los valencianos piden equipararse en todo, y en Asturies reclaman la oficialidad de l’asturianu, y en Barbate (Cádiz) se aprueban mociones exigiendo el reconocimiento nacional de Andalucía, y en Cartagena se pide otra vez la provincia (qué poco es pedir una provincia cuando todos los demás andamos pidiendo naciones, y encima se les critica, odo); cuando ha conseguido enfrentar a murcianos, almerienses y valencianos con manchegos y catalanes por el agua; cuando los navarros empiezan a sentir en peligro su autonomía ante los embates de la ‘territorialidad’ del nacionalismo vasco; cuando ha logrado cabrear a los católicos y a los fumadores, desalentar a los docentes, revolver a los militares, despreciar a sus paisanos salmantinos, dándole al nazismo catalán un triunfo más que simbólico sobre ‘Castella’; cuando sus propios gallos (aunque al final se quedan siempre en gallinitas) socialistas han manifestado su malestar y preocupación; cuando ha expulsado en la práctica del socialismo vasco a su mejor gente: Gotzone Mora, Rosa Díez, Nicolás Redondo, por no hablar de Ernesto Ladrón de Guevara, que fue de los primeros en irse; cuando la delincuencia galopante de las bandas extranjeras que campan a su antojo está haciendo crecer la xenofobia y el racismo de ida y vuelta; cuando los nacionalistas catalanes hacen boicots variados a los productos españoles, y el resto de los españoles a los catalanes; cuando ha roto hipócritamente el Pacto Antiterrorista, traicionado la Ley de Partidos, aceptado el “Pacte del Tinell” que excluía explícitamente al PP de cualquier contacto o acuerdo, llevando la vida política a un enconamiento irreversible y desdichado; cuando, en fin, ha llegado a desenterrar nuestros peores fantasmas, los de la Guerra Civil, los de las dos Españas otra vez, ignorando y deslegitimando la Transición y el pacto constitucional, va y suelta que estamos más unidos que nunca. Y se pone un ocho y medio de nota, el payo.

Pero si teníamos alguna duda sobre su natural desenvuelto, la disipó inmediatamente después al afirmar, hablando de la OPA de Gas Natural sobre Endesa, que lo mejor para España es una compañía energética tan grande que no tenga competencia posible, que pueda aplastar a los consumidores ex-ciudadanos, ejercer impunemente su monopolio. Eso debe de ser, ahora, el socialismo y la unidad: ceder el IRPF a las regiones más pobladas y ricas, y poner en manos del nacionalismo catalán el control en la práctica de los recursos energéticos de todos los españoles.

Si la OPA sale adelante, y su voluntad desvergonzada es que lo haga, el tripartito, gracias al Estatut, controlará todavía más la Caixa, y, con la Caixa, el petróleo (Repsol), el gas y la electricidad (Gas Natural-Endesa), y el agua, sí el agua, a través de Aguas de Barcelona, Agbar, que se ha extendido con filiales por toda España. Incluyendo, para mayor coña, a los principales municipios murcianos, en manos del mismo PP que luego dice oponerse al expansionismo nacionalista y a los que los dejaron sin trasvase.

Ahora, cuando empiecen a llegar los primeros recibos del año, cuando veamos los subidones en las facturas del gas, la luz, el agua, los transportes y la bombona de butano, entenderemos plenamente el ‘problema de la financiación’ y eso que Zapatero llama su ‘patriotismo social’: beneficios sin cuento para sus ‘socis’ del nacionalismo chantajista. Más unidos que nunca. En el botín.

Cobardía, traición y prevaricación en torno a ETA
Santiago Abascal elsemanaldigital 16 Enero 2006

Una organización ilegal y terrorista va a realizar en España –que se entere el Gobierno- un acto político público, anunciado con chulería y tranquilidad. Los poderes públicos no ven, no oyen, no la huelen, no sienten. Nadie parece mover un dedo excepto la prensa y la oposición exigiendo algo tan oneroso como que se cumpla la ley.

España, liderada por el Gobierno de Aznar – hoy sabemos que falsamente apoyado por Zapatero- promovió en la UE y en EE.UU. que Batasuna fuera incluida en las listas de organizaciones terroristas de ambos colosos. El objetivo era claro: a ETA había de faltarle el oxígeno en todo el mundo. ETA debía ser acorralada, perseguida por todo el globo, hasta que, sin aliento ni cobijo, feneciera o se rindiera.

Pero España ya no es lo que era. Hoy, desde una infinita cobardía –producida por el terror a perder el poder-, nuestro presidente comienza a dar aliento, ofreciendo el boca a boca, a esa mafia terrorista que los españoles queríamos destruir. Porque Zapatero necesita que ETA hable, conceda. Necesita, a su vez, el oxígeno que da a los terroristas y que, putrefacto, sólo los terroristas pueden devolverle. Necesita, hablando claro, que ETA le conceda un tiempo muerto para dulcificar ante los españoles esa idea marciana de que Cataluña y el País Vasco son nación y para amortiguar el impacto de su corolario lógico: que la nación española deje de existir.

Por eso no aplica las leyes. Y se justifica diciendo que no le gustan. Y el presidente tiene derecho a decir –aunque nos traicione- que no le gusta la Ley de Partidos. Y tiene derecho a promover la derogación o modificación de la ley. Pero no le asiste el derecho a no aplicar las leyes. Porque eso tiene nombre, y está tipificado en nuestros códigos legales: se llama prevaricación.

En efecto; hay cobardía en quien, movido por el miedo a perder sus prebendas y sillones, trata de beneficiar al enemigo de su nación. Pero a la vez hay en ello un ánimo traidor hacia sus compatriotas y compañeros de filas, especialmente hacia los asesinados. Y por supuesto, comete un delito de prevaricación quien, a sabiendas, facilita que las leyes no se cumplan, amordazando a la fuerza pública, atándola de pies y manos y encerrándola en las comisarías y cuarteles para que el enemigo campe a sus anchas.

Sí, sí. Nos dicen que es el gobierno vasco quien tiene la responsabilidad de impedir el acto del día 21. Pero el Gobierno de la nación tiene competencias en materia antiterrorista en el País Vasco. Y el acto batasuno tiene un carácter terrorista, sencillamente por estar convocado por una organización terrorista. El 21 no se producirá una alteración mayor o menor del orden público por la que se pueda culpar en exclusiva a la CAV, que tiene las competencias en tal materia. Se producirá un acto de terrorismo. Impedirlo no sólo es una cuestión de Estado. Es una competencia del Estado.

Zapatero camino de situarse a la altura política de Otegui
Fernando Gallego  Periodista Digital 16 Enero 2006

Ya dije una vez que la patria catalana se ha construido con astucia, y la vasca con mucha sangre, no precisamente la de sus gudaris, sino la de mil inocentes que pasaban por allí cuando estos patriotas ejercían en medio de la rabia y el odio su ardor guerrero. El consenso y los esfuerzos en aras de preservar la convivencia y la patria de todos, motivó muchísimos errores de cálculo y regaló muchísima benevolencia a los asesinos de ETA y a sus apoyos políticos. Unos directos como Batasuna, y otros diferidos como los del PNV del nogal y las nueces. El tiempo, la policía y una ley inteligente, la de Partidos Políticos, acorralaba por primera vez a los asesinos y a sus cómplices políticos, al tiempo que cortocircuitaba la retroalimentación de este mundo con el que de forma eufemística se llama nacionalismo democrático vasco, el nacionalismo del árbol y las nueces.

Ahora no hay nada de esto, los asesinos y sus cómplices están envalentonados. Antes mataban poco, porque el estado de derecho se lo impedía, y ahora no matan, porque esperan el premio a 30 años de sangre, ignominia y extorsión.

Zapatero, después de premiarles con el beneficio de la duda, mediante una reflexión que contraviene los mas elementales principios del Estado de Derecho, acaba de cuestionar una ley que fue aprobada por el parlamento y que ha sido ejecutada con muchísimo éxito. Aunque no lo parezca, ZP es el presidente de gobierno de una democracia Europea, y por tanto, no debería hacer gala de sus convicciones personales, altamente peligrosas e inconvenientes para atajar el fenómeno terrorista.

Hasta el Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, que tanto desprecio ha demostrado en ocasiones por las víctimas, ahora no tiene mas remedio que recordar a Montesquieu, cuando escribe que "la libertad consiste (precisamente) en hacer lo que las Leyes permiten, porque si se pudiera hacer lo que prohíben, todos tendrían ese derecho y ya no habría libertad". Además de esto, ha remitido una carta al fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, en la que le insta a prohibir el congreso que la ilegalizada Batasuna pretende celebrar el próximo 21 de enero en Baracaldo. Todo un ejemplo de la esquizofrenia que se está viviendo en los medios gubernamentales durante los últimos meses.

Dos ex presidentes del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga y Álvaro Rodríguez Bereijo, también han coincidido hoy en rechazar que los terroristas, que de forma tan magnánima defiende ZP, celebren con total impunidad su congreso. Para ellos, Herri Batasuna y sus organizaciones sucesoras son ilegales de acuerdo con la Ley de Partidos y no pueden celebrar por tanto "una reunión de carácter político representativo".

La policía ha emitido un informe desfavorable, indicando que las organizaciones políticas son herederas de Batasuna. Hasta en el cartel conmemorativo y propagandístico llevan el anagrama de ETA. Esta noche en el telediarío, un pelanas de este tinglado, quería hacernos ver que esa serpiente era el símbolo de la OMS, y por tanto es el mismo que llevan las cajitas de medicamentos y los prospectos. Estos impresentables quieren vendernos la idea de que van a promocionar los antibióticos con la venia de ZP.

Por si le faltaba poco a Rodriguez, que ya algunos bautizaron como zETAp, con este error de bulto, quizás el mas grave de su mandato, da a sus críticos sobradas razones: primera, porque contraviene el imperio de la Ley, y segunda, porque ante la opinión pública, se acerca mucho mas de lo que estaba a la banda terrorista ETA.

Seguramente estará haciendo votos para que ETA no se equivoque, y le regale a cambio de tanta cobardía, una tregua encima de la mesa con la que poder engañar a todos los tibios de alma, inanes y canallas que piensan que 1000 muertos son canjeables por la consecución de un miope objetivo político a corto plazo. Pero si ETA se equivoca y deja un solo muerto, aunque sea por error, para un servidor ZP estará a la altura de Otegui. Y Otegui está a la altura de los asesinos.

Advertencia israelí
Editorial ABC 16 Enero 2006

LA existencia de Israel es un hecho indiscutible en el seno de la comunidad internacional. A pesar de su compleja formación y de las vicisitudes por las que ha atravesado desde su nacimiento, es una de las piezas claves sobre las que se sostiene la arquitectura política del conjunto del Oriente Próximo. La visita del ministro Moratinos que comienza hoy, además de conmemorar el veinte aniversario del inicio de relaciones diplomáticas entre ambos países, pone de manifiesto la voluntad de España de desempeñar un papel más activo en la región actuando como un interlocutor fiable para Israel debido a nuestra tradicional capacidad de maniobra entre los países árabes. De hecho, la Cumbre de Madrid de 1991 contribuyó a despejar decisivamente algunos de los obstáculos que dificultaban el proceso de paz en la zona, abriendo cauces de comunicación bilateral entre Israel y sus vecinos. Y aunque desde entonces se han producido avances significativos dentro de ese proceso, lo cierto es que las incertidumbres siguen ahí, aunque ahora agravadas no tanto por los actores directos en el conflicto -Israel y la Autoridad Nacional Palestina- cuanto por terceros, tal y como evidencia la desafiante actitud que exhibe Irán debido a su irresponsable empeño en dotarse de armas nucleares y las constantes amenazas de destrucción que su presidente, Mahmud Ahmadineyad, profiere contra el Estado de Israel. Ha llegado a sugerir la necesidad de, literalmente, borrar del mapa a los israelíes.

La entrevista al presidente israelí, Moshe Katsav, que publica hoy nuestro periódico, revela sin tapujos la gravedad del momento que atravesamos. Sus palabras son inequívocas: Israel no tolerará que un estado totalitario como es Irán sea una potencia nuclear ni un país exportador de terrorismo. La advertencia la hace el jefe de un Estado que ha demostrado otras veces que es capaz de adoptar medidas para salvaguardar su seguridad. Y aunque el cargo de Katsav es básicamente institucional, con todo, sus declaraciones hay que valorarlas en sus justos términos. Especialmente ahora, cuando Israel vive un ínterin político debido al coma de Sharón y hay unas elecciones generales dentro de dos meses.

La movilización de la comunidad internacional ante la amenaza que representa Irán es urgente. Primero, porque la región aloja ya demasiados escenarios de tensión, y el más importante de ellos, Irak, todavía no ha sido resuelto satisfactoriamente. Y segundo, porque Irán es un país con un peso y una proyección política de gran relevancia, de ahí que un conflicto abierto con él puede tener derivas insospechadas. En cualquier caso, corresponde al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptar las iniciativas que desactiven la crisis tras el fracaso de la estrategia diplomática seguida por la troika de la Unión Europea formada por Reino Unido, Francia y Alemania. Pero iniciativas que sepan combinar con inteligencia las justas dosis de mesura y firmeza.

lo traslada a la fiscalía
El Supremo rechaza la petición de Manos Limpias para impedir la asamblea de Batasuna
Agencias/Madrid ABC 16 Enero 2006

La Sala Especial del 61 del Tribunal Supremo rechazó hoy por unanimidad el escrito del sindicato Manos Limpias, en el que solicitaba que el alto tribunal impidiera la Asamblea de Batasuna en Barakaldo (Bizkaia) el próximo día 21, al considerar que esta entidad carece de legitimación para efectuar esta petición de acuerdo con la Ley de Partidos Políticos.
Sin embargo, el alto tribunal señala en el auto de inadmisión que esta decisión no "prejuzga" los hechos y comportamientos delictivos denunciados por Manos Limpias y añade que del escrito de esta organización "se desprende la existencia de una 'noticia criminis'", por lo que da traslado al Ministerio Fiscal de esta resolución y del citado escrito "a los efectos oportunos".

La Sala del 61, que ilegalizó Batasuna en marzo de 2003, señala que es el fiscal el que tiene "constitucionalmente atribuida la defensa de la legalidad y de los derechos fundamentales de los ciudadanos" para investigar si la convocatoria del próximo jueves es delictiva. Los 16 magistrados que componen esta Sala estuvieron reunidos por alrededor de tres horas para estudiar el escrito finalmente inadmitido.

En cualquier caso, el alto tribunal rechaza la solicitud de Manos Limpias presentada el pasado día 12 al afirmar que no está legitimado para intervenir en la ejecución de la sentencia de ilegalización de Batasuna. En este sentido, añade que la función constitucionalmente atribuida a los sindicatos "no alcanza a transformarlos en guardianes abstractos de la legalidad" y recuerda, además, que existe un defecto formal en la solicitud de esta organización, ya que presentó su escrito sin la intervención de un procurador.

En abril de 2005, la Sala del 61 del Supremo ya rechazó por esas razones formales una petición del Centro de Estudios Jurídicos "Tomás Moro", que reclamó entonces la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) por ser sucesor de Batasuna.

El Supremo no aceptó la petición por falta de legitimación para hacer esa reclamación del citado centro de estudios, añadiendo que ello no prejuzgaba la suerte que pudiese correr otro proceso que fuese instado por las partes legitimadas para hacer esa petición, es decir, la Fiscalía o la Abogacía del Estado.
Del mismo modo, el pasado día 10, el presidente del Supremo ya recordó que las partes que podían solicitar medidas contra la Asamblea de Batasuna del día 21 eran la Fiscalía y la Abogacía del Estado.

Batasuna o el Supremo
Análisis de las posibilidades con las que cuenta la Justicia para suspender el acto convocado por la formación ilegalizada por la «Sala del 61» del Tribunal Supremo. La Audiencia Nacional también puede mover ficha
J. Z. ABC 16 Enero 2006

MADRID. El informe solicitado por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska a la Policía y a la Guardia Civil es concluyente: Batasuna organiza y convoca la Asamblea prevista para el día 21 en Baracaldo. Tal convocatoria constituye una vulneración de la sentencia dictada el 27 de marzo de 2003 por la Sala Especial del Tribunal Supremo, en la que, como consecuencia legal de la disolución del entramado batasuno, se ordena el cese de toda actividad de las formaciones proetarras disueltas (Herri Batasuna, Euskal Herritarrok y Batasuna).

Suspensión de actividades. La posible prohibición de la Asamblea de Batasuna se plantea, en primer término, como una decisión de la Sala Especial del Tribunal Supremo en ejecución de sentencia, aunque el artículo 12.1º a) de la Ley Orgánica de Partidos Políticos (LOPP) prevé que la vulneración del cese de actividades del partido disuelto «dará lugar a responsabilidad, conforme a lo establecido en el Código Penal». Este inciso abre la posibilidad de encauzar la convocatoria de la Asamblea de Batasuna como un acto de reiteración delictiva cometido por dirigentes batasunos que ya están procesados por pertenencia a ETA a través de su estructura «política» (Ekin, Kas, Batasuna), como Arnaldo Otegi. Por tanto, la Audiencia Nacional también encuentra en este precepto de la LOPP un fundamento para actuar contra la Asamblea del próximo día 21 a través de la continuidad delictiva de los convocantes del acto, siendo irrelevante a estos efectos que no esté vigente el auto de suspensión de actividades de Batasuna dictado en agosto de 2002 porque, una vez disuelta jurídicamente, y con carácter firme, esta organización, carecía de objeto la suspensión cautelar de sus actividades.

Ejecución de la sentencia. Retomando la cuestión de cómo tratar la prohibición del acto de Batasuna del día 21 en la ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo se plantea el problema de si éste órgano puede actuar de oficio o, por el contrario, debe esperar a que insten lo pertinente el Ministerio Fiscal y/o el Gobierno, a través de la Abogacía del Estado. La LOPP prevé de forma taxativa que sólo ambas instituciones pueden «instar la declaración de ilegalidad de un partido político y su consecuente disolución». El dato de que ningún particular -persona física o jurídica- pueda demandar la disolución de un partido demuestra que este proceso ventila una acción estrictamente pública. Sucede, sin embargo, que la ley no regula con la misma precisión la participación del Fiscal y de la Abogacía del Estado en la fase de ejecución de sentencia. Es más, el artículo 11.7º de la LOPP recoge un primer mandato para que la Sala del Tribunal Supremo actúe de oficio, al disponer que «si se decreta la disolución, la Sala ordenará la cancelación de la correspondiente inscripción registral y el fallo producirá los efectos que se determinen en el artículo siguiente de esta Ley Orgánica». Cabría decir que la modificación de un registro público acordada de oficio en ejecución de una sentencia constitutiva no es un argumento decisivo para aceptar que toda la ejecución prevista en LOPP se desarrolla de oficio.

Participación de la Fiscalía y Abogacía del Estado. Sin embargo, hay que reparar en el dato de que los efectos de la disolución de un partido están previstos por la Ley, y se producen sin necesidad de que sean solicitados expresamente por los promotores del proceso. En efecto, el artículo 12 de la LOPP, en su apartado 1º, dice que la disolución de un partido «producirá los efectos previstos en las leyes y, en particular, los siguientes (...)». Este precepto es relevante para lo que hoy se discute en el Supremo porque demuestra que «el cese inmediato de toda la actividad del partido político disuelto» (uno de los efectos particulares de la disolución, artículo 12.1º a) se produce ex lege, quedando al margen, por tanto, de la iniciativa procesal que se reconocía al Fiscal y al Gobierno para instar el proceso. Una vez disuelto el partido -que esto sí que hay que pedirlo al Supremo-, las consecuencias de la disolución están establecidas por la propia LOPP, haga lo que haga y diga lo que diga el Fiscal o el Abogado del Estado.

«Muerte civil» de la coalición. Llegamos así al núcleo de la controversia. ¿Podría hoy la Sala Especial del Tribunal Supremo decidir, por sí misma, la prohibición de la Asamblea del día 21 porque vulnera la orden de cese de actividad? Tres apuntes previos: 1º) el interés jurídico de este proceso es público; 2º) la demanda inicial a instancia de Fiscal o Gobierno y la posterior contradicción entre partes, protege la imparcialidad del Tribunal para que dicte sentencia, pero los posteriores efectos ejecutivos de la disolución no hay que discutirlos, porque están determinados e impuestos por la LOPP; y 3º) Batasuna es «un muerto civil», al que el Tribunal Constitucional ha inadmitido un recurso de amparo y si Batasuna no existe procesalmente para el TC, tampoco para el Supremo.

Efectos legales de la disolución. Hechas esas advertencias previas, la propia LOPP ofrece una pauta de actuación. El artículo 12.2º, que no es únicamente una norma competencial, dice que «corresponde a la Sala sentenciadora asegurar en trámite de ejecución de sentencia que se respeten y ejecuten todos los efectos previstos por las leyes para el supuesto de disolución de un partido político». Repárese en que el mandato recae en la Sala sentenciadora y predispone el contenido de su actuación, esto es, que asegure en trámite de ejecución los efectos legales de la disolución. No se dice, como sí se prevé para el inicio del proceso, que tengan que ser el Fiscal y el Abogado del Estado los que insten la ejecución y la única previsión en este sentido está referida en el apartado 3º del mismo artículo cuando se trata de valorar el fraude de ley que se comete cuando los partidos disueltos son continuados o sucedidos por otros partidos. Lo que hoy se discute en el Supremo es otra cosa: es el cese de actividades.

Conclusión. Cabe afirmar, por tanto, que el Supremo tiene argumentos legales de autoridad para decidir de oficio -se lo pidan o no- que el acto del día 21 contraviene el cese de actividades que decretó en su sentencia de 2003 y, por tanto, para ordenar las medidas necesarias que aseguren ese efecto legal de la disolución, tal y como prevé el artículo 12.3º de la LOPP y se corresponde con el interés público del proceso.

Fernando Savater, filósofo: «Me duele que la izquierda adopte como progresista el nacionalismo»
Asegura que «el mayor disparate hoy en el País Vasco es que se hable de mesa de negociación al margen del Parlamento»
Manuel Calderón La Razón 16 Enero 2006

Hay que partir de que todo lo que dice Savater lo dice con una sonrisa, que es probablemente lo más irreductible de su discurso y la manera de vencer el drama, no aceptando la derrota de la tristeza y el sufrimiento que impone el terrorismo vasco. Habla, además, mirando hacia el techo, no precisamente altivo, sino como quien husmea por encima de nuestras cabezas, tan correctamente puestas, algo de discordia e ingenio. Y aunque atado -a estas alturas...- a la causa de las libertades civiles en el País Vasco, defiende pensar por libre y la heterodoxia del maestro que se niega a dar grageas de conocimiento para la pereza intelectual. «El verdadero pensador no piensa por los demás, lo que hace en todo caso es despertar la vocación de pensar de los otros. En cambio, la gente lo que quiere no es que tú les hagas pensar, sino que le des el “kit filosófico” para llevarlo a su casa», dice soltando una carcajada que acelera lo que podía ser una lenta entrevista.
Pregunta. También habrá un consumismo moral, porque parece que ahora lo que funciona es lo prepolítico o, para que suene más antiguo, el consenso sobre todas las cosas.

Respuesta. Uno de los fenómenos más graves del panorama intelectual es la desaparición de la filosofía política y sustituirla por una filosofía moral. Intentar sustituir la política por la moral es como apagar un incendio con un hisopo de agua bendita. Cuando alguien quiere descalificar a un personaje público porque ha tomado una determinada decisión se dice que «lo habrá hecho por razones políticas».

P. ¿Por qué la izquierda sigue fascinada por el nacionalismo?
R. Es de una incuria mental absoluta. Existía un residuo antisistema y parecía que el nacionalismo tenía que ver con eso, que es todo lo contrario, y luego por luchar contra el PP y Aznar. Me duele que la izquierda haya adoptado como algo progresista al nacionalismo, que es lo más reaccionario y retardatario que existe como ideología política. El Estatuto de Cataluña es el último episodio, un asunto terriblemente desafortunado desde un principio. Primero, porque tal y como se ha planteado, es una especie de pseudoconstitución, inflada, arrogante y disparatada que creo que los mismos que la firmaron sabían que no iban a salir adelante y la presentaron como un programa de máximos. En segundo lugar, ha despertado un mundo de resquemores de tal modo que hoy es malo que salga el estatuto tal y como estaba y va a ser malo lo que salga porque va a crear un agravio en Cataluña porque parece que le han quitado algo.

Postura absurda.
P. ¿No le ha parecido cómica la llamada angustiosa que algunas terminales del nacionalismo catalán han hecho para que los intelectuales defiendan el Estatuto?
R. Lo absurdo sería que a los intelectuales les pareciera bien el nacionalismo, porque hay gente que todavía cree que es una postura progresista, como pensar que esos grupos de niños fachas de las juventudes de ERC que en Barcelona van a estropear las conferencias de Ciutadans de Catalunya son progresistas, cuando son la partida de la porra típicamente facha, como los Guerrilleros de Cristo Rey.

P. Antes de que se nos eche la hora encima, quisiera plantearle una cuestión que no viene a caso. Cuando murió Julián Marías se produjo un fenómeno divertido: a lo largo del día se fue creando la biografía de un Marías represaliado por el franquismo, un perfil que prácticamente se había eludido a lo largo de su vida intelectual en España. ¿Le llamó la atención?
R. Yo conocía a ese Marías a través de su hijo Javier, del que soy muy amigo. En este país hay un mito, y es que todos los que eran republicanos y por lo tanto antifranquistas tenían que ser comunistas o socialistas y eso no es verdad, o que todo antifranquista fuese un demócrata, que ese es otro mito. Julián Marías fue una persona católica, conservadora, pero liberal, que fue represaliada y no pudo ni tener una cátedra. El problema es que luego hubo gente como Manuel Sacristán, que empezó con una camisa azul, o Aranguren, que está muy bien cambiar, porque luego nos beneficiamos de sus enseñanzas, pero tampoco no vamos a regañar a Julián Marías porque no era de izquierdas, porque tampoco es obligatorio ser de izquierdas.

P. Creo que la mayor condena que le ha impuesto el terrorismo vasco es obligarle a hablar de terrorismo y de nacionalismo.
R. Como comprenderá el tema del nacionalismo vasco me da para poco cuando, por ejemplo, el de la emigración es más sugestivo intelectualmente. Afortunadamente, hemos avanzado en muchas cosas, pero todavía queda muchísimo por avanzar. Ahora vivimos un momento que va a ser más sutilmente político y, por lo tanto, va a hacer falta más reflexión.

P. ¿En qué consiste esa sutileza política?
R. Cuando estábamos con cien muertos al año, la cosa tenía un carácter sangrante y no hacía falta hacer muchas florituras, pero que ahora, cuando la amenaza está en forma de sombra y hay unos abogados que hablan en nombre de esa amenaza sin reconocerla pero también sin negarla, y hay la tentación de convertir todo eso en un precio político a pagar... lo hace todo más complejo y conviene que se tengan las ideas claras. Hay que mantener una serie de principios: no es lo mismo un país donde quepan las actitudes de integrismo etnicista y otro que mantiene la idea de ciudadanía y tolerancia.

Jaleos políticos.
P. Hubo un momento en que se echó a la calle para defender la democracia en el País Vasco, ¿en qué condiciones se retiraría a leer, a escribir y a cultivar sus vicios?
R. Yo que había estado metido en muchos jaleos políticos durante la dictadura y en la cárcel, sinceramente creí que había acabado lo de hacer militancia política de calle cuando llegó la democracia, pero desgraciadamente el tema vasco me ha mantenido ahí. Vi que era una cuestión que había estado abandonada por el pensamiento progresista del país y que hubo un tiempo en que prácticamente lo único que había frente a ETA y el nacionalismo era la Guardia Civil porque todo el mundo había dimitido y abandonado, por lo que había que volver a tener un discurso político, no religioso o moral, porque lo único que se opuso durante bastante tiempo a ETA eran grupos pacifistas que detestaban la violencia, a veces con mucho valor personal. Hacía falta introducir ese discurso y eso es lo que sigue siendo necesario. Ahora se tiende a olvidar o minusvalorar que fueron las manifestaciones ciudadanas que hicimos en el año 2000 las que provocaron que se hiciera el Pacto Antiterrorista, la Ley de Partidos y que se creara un discurso contra el nacionalismo etnicista. Hay quien se cree que todo eso se hizo por voluntad de los políticos, no. A los políticos los movimos nosotros. Seguimos siendo necesarios en el País Vasco, y lo vamos a ver enseguida, porque Batusuna tiene un movimiento detrás y hace falta otro movimiento ciudadano que sigua defendiendo unas ideas y no sólo pensar en cómo logramos una paz entendida como que la hegemonía del PNV no sea molestada por nadie. La paz, la ciudadanía en libertad, es diferente.

P. ¿Cómo se imagina Fernando Savater la paz en el País Vasco?
R. En el momento en que haya realmente un espacio político normal. Es decir, en el que la Constitución y las leyes del estado estén en funcionamiento de tal modo que cada uno pueda mantener sus ideas y sus posturas en igualdad de condiciones, todos y no sólo los nacionalistas.

P. Parece que al hablar, como se está haciendo, de una mesa de negociación se ha entrado en un estado terminal. ¿Lo cree así?
R. El mayor disparate que hay en este momento en el País Vasco es que se hable con normalidad de una mesa al margen del parlamento y los cauces políticos institucionales. Es decir, me parece muy bien que se intente recuperar para la política a los votantes y al mundo radical de Batasuna. Hay una forma muy sencilla: que renuncien y denuncien a la violencia y que se presenten a las elecciones y que en el parlamento debatan con los demás. Pero crear una mesa es crear un espacio que no es ni legal ni ilegal para permitir a Batasuna incorporarse a la legalidad sin renunciar a la ilegalidad. Hay que decirle muy claramente al mundo radical que estamos dispuestos a que se incorporen a la sociedad, pero a la sociedad que hemos defendido frente a ellos, por eso hace falta que haya gente que tenga ideas claras porque a veces los políticos lo lían un poco.

P. ¿Se ha sentido utilizado?
R. El político tiene del intelectual una idea parecida a la de esos perritos que se ponían antes en la parte de atrás del coche y que cuando se ponía en marcha movía la cabeza y decía que sí... Siempre han intentado tirar de nosotros por un lado y por otro, el PP y el PSOE, de mí y de otros, que te convirtieras en un símbolo de ellos frente a los demás. Desconfían de nosotros, los dos, lo cual es una buena señal, que no te consideren un personaje seguro.

P. Lo cierto es que estaba en un punto en el que parecía que era imposible que Savater criticara al PP o al PSOE.
R. Me han regañado por las dos cosas: por convertirme en un instrumento de Aznar y por ser un tonto útil de Zapatero. Pero como son acusaciones contrapuestas, me tranquiliza en cierta medida. Pero cuando algún día contemos la génesis, por ejemplo, de la manifestación de septiembre del 2000 por el Estatuto y la Constitución se entenderán algunas cosas: en principio no quería ir nadie, pero nadie, nadie. Ni unos ni otros, ni el PP ni el PSOE, que te decían que era demasiado político o arriesgado, o haber si no va a ir nadie... Siempre hemos tenido que vencer recelos, es inevitable, tampoco vamos a ir ahora en plan sartriano con las manos limpias.

P. Primo Levi dijo que, como víctima del holocausto, él defiende solo su memoria. ¿Quién tiene derecho a defender a las víctimas del terrorismo?
R. Todos somos víctimas del terrorismo vasco, y si usted se ha preocupado de esto porque le han matado al padre o al hijo y yo llevo veinticinco años haciéndolo sin que me hayan matado a nadie, no vayamos ahora a que el último llegado al asunto por una desgracia familiar se convierta en pontífice.

P. De nuevo, un grupo de intelectuales asumen la oposición al nacionalismo. ¿Le augura futuro a Ciutadans de Catalunya?
R. Si te quieres dedicar a tus libros y poesías, es complicado... No se trata de sustituir a los partidos clásicos, pero si ofrecieran una posibilidad de voto no nacionalista, progresista, laico... sería muy importante en Cataluña y sería importante en el País Vasco, aunque todavía allí parece que hay instancias claramente no nacionalistas.

«Se necesita un pacto en educacion»
P. Si salimos de nuestras fronteras ¿cuál es el tema de nuestro tiempo?
R. Sin duda, la educación, y creo que la filosofía contemporánea debería partir un poco a partir del «dictum» de John Dewey que dice que la filosofía es una reflexión general sobre la educación, porque la educación impone a su vez un estudio sobre la cultura, es decir, sobre qué debe ser trasmitido, qué debe ser perpetuado, cómo debemos distinguir entre las destrezas y los valores... Hace veinte años, lo que funcionaba era la línea foucaultiana de que había que acabar con las escuelas como un tentáculo del poder, que en gran medida era un disparate, porque a la larga se ha demostrado que lo que hacía falta eran más escuelas.

P. Algunos sostienen que el error viene cuando se deja de hablar de educación y se empieza a hablar de pedagogía.
R. Es fácil parodiar a los pedagogos, pero es verdad que la búsqueda de una especie de tecnología de la educación ha perdido de vista el que la educación es también una reflexión sobre la cultura. Lo que es imprescindible en España es hacer un gran pacto educativo porque no puede estar al albur de los cambios políticos. Hoy hablamos ya de patrullas policiales en las escuelas, en Francia la violencia en los colegios no viene de ahora y es sangrante, y Tony Blair acaba de sacar la ley para el respeto..., es decir, todo eso no se resolverá sólo con una ley, sino con un modelo educativo, financiado a largo plazo.

En primera persona
Confesó Fernando Savater en su biografía «Mira por dónde» (2003) que «en el comienzo estuvo siempre mi firme propósito de no trabajar». Claro está, no lo ha conseguido, pero sí que es cierto que esa «improductividad» le ha llevado a hacer una obra, lejos de ser sistemática, sí con la voluntad de abrir vías de fuga divertidas y amenas para sobreponerse al orden de lo cotidiano. De ahí que prefiera a Cioran antes que a Kant y a Stevenson antes que al costumbrismo fúnebre español. Nacido en San Sebastián en 1947, actualmente es profesor en la Facultad de Filosofía de la Complutense de Madrid. Como filósofo, su trayectoria se ha centrado sobre todo en el campo de la ética con una perspectiva heterodoxa.Su obra es ingente, entre traducciones, ediciones, teatro, novela o ensayo. Entre éstas últimas, se cuentan «Panfleto contra el todo» (1982), «Tarea del héroe: elementos para una ética trágica» (1982) o «Ética para Amador» (1992). Entre sus novelas están «Caronte aguarda» (1981), «Diario de Job» (1983) y «Jardín de dudas» (1993)

La lucha antiterrorista francesa reafirma que ETA controla Batasuna
La banda reconoce como suyas en el «Zutabe» las propuestas que hace la coalición
J. M. Zuloaga La Razón 16 Enero 2006

Madrid- ETA manda en Batasuna; la banda mantiene la hegemonía sobre la coalición. Esta afirmación está contenida en un informe de la lucha antiterrorista francesa que ha conocido LA RAZÓN. Expertos españoles y galos mantienen que son los cabecillas de la organización criminal los que marcan las pautas de todo el «complejo», y que la asamblea prevista para el próximo sábado forma parte de un guión previamente establecido, que responde a la estrategia de aparentar que el brazo político de los pistoleros es el que, con plena autonomía, decide lo que estima oportuno en cada momento.

La finalidad de dicha estrategia no es otra (ya se está consiguiendo gracias a la a la política del Gobierno de Zapatero) que la de lograr la «relegalización» de las organizaciones del entramado etarra, con lo que ello supondría recuperar capacidad económica y política. A esto se une la presión sobre los órganos de Justicia para que las causas que se siguen contra algunas de estas organizaciones se paralicen, terminen en absoluciones o con sentencias benignas.

Con el señuelo de un supuesto «proceso de paz», el brazo político de ETA somete a un permanente chantaje a gran parte de la clase política española –con la excepción del Partido Popular– a la que lanza mensajes con esa finalidad. Hace unos días, Javier Alegría, uno de los principales implicados en la causa que se sigue contra el entramado etarra, afirmaba que la suspensión del juicio «resulta imprescindible para lograr un escenario de paz y democracia en el País Vasco». Que es como decir «si nos condenáis seguirá la “guerra” y si nos dejáis...».

En este sumario figuran unas declaraciones del propio Alegría en las que explicaba, con todo detalle, sus relaciones con ETA y cómo la banda, gracias a los informes que él mismo le enviaba, controlaba las distintas organizaciones de su entramado, representadas en un llamado «Kas técnico» y, asimismo, a los medios de comunicación del entorno, como los clausurados «Egin» y «Egunkaria». Por si había alguna duda, a Alegría se le preguntó si era la propia banda la requería esas informaciones y contestó afirmativamente. Las cosas no han cambiado desde entonces y, como indica el informe de la lucha antiterrorista francesa, es la banda la que mantiene la «vanguardia», la que marca los designios de todo el entramado por más que, razones estratégicas manden, se quiera aparentar lo contrario.

La publicación interna de la banda, el «Zutabe», es otra prueba de ello. Cuando ETA habla de «izquierda abertzale» se incluye en este conglomerado que lidera. En el último, el 109, correspondiente al pasado mes de diciembre, se jacta de que no ha cambiado de estrategia aunque, como ha ocurrido ahora, le haya buscado los nombres que más convenían a cada momento: «la izquierda abertzale ha sido la fuerza popular que ha sostenido la lucha en pro de la independencia de Euskal Herria a lo largo de todos estos años. Impulsando proyectos que toman en consideración a Euskal Herria en su pluralidad y en su totalidad. Haciendo propuestas (...) primero con la Alternativa KAS, después con la Alternativa Democrática, ahora con la Alternativa para la Solución Democrática (la Propuesta de Anoeta) siempre adoptando el derecho de autodeterminación como base (...) siendo nuestro objetivo levantar la independencia y el socialismo (...) y la territorialidad (anexión de Navarra)».

El intento de chantaje se extiende también a la anunciada celebración, el próximo sábado, de la asamblea de Batasuna (hoy mismo se cumplen dos años desde que el TC avalara su ilegalizacion, decretada por el Supremo). Según dirigentes proetarras y nacionalistas, su prohibición sería ir contra el «proceso de paz» y dar la razón a la «derecha franquista».
Todo, según subrayan las fuentes consultadas, se supedita a un «proceso» del que nadie sabe nada, y para el que hay que conceder a ETA y su entorno lo que pida. Además, mientras en el mundo político, tanto del País Vasco como del resto de España, se discute sobre lo que va a hacer o dejar de hacer Batasuna; si debe celebrar o no su asamblea ordinaria (en la que se elegirán los cargos internos y es, por lo tanto, un acto orgánico de la coalición); si se van a producir o no «gestos», la banda mantiene su actividad criminal y no hace muchas semanas ha perpetrado un robo en Francia de material químico con el que fabricar grandes cantidades de explosivo. Eso, como dijo recientemente un político vasco del PNV, es la «literalidad» y lo demás puras especulaciones.

Víctimas del terrorismo a la sombra de sus verdugos
La angustia de quienes conviven con etarras que mataron a sus seres queridos
R. Coarasa La Razón 16 Enero 2006

Madrid- «El asesino de mi marido ha abierto un negocio en el portal de mi casa». Podría ser una buena frase para comenzar una novela negra, negrísima, pero no lo es. Desdichadamente, una mujer, Pilar Elías, puede suscribirla de principio a fin. Hace 25 años, un comando etarra asesinó a su marido, Ramón Baglietto, que fue rematado en el suelo por Cándido Azpiazu. En libertad desde 1995, este último ha abierto una cristalería en los bajos del edificio donde vive Pilar Elías, en Azkoitia. Las vidas de Baglietto y Azpiazu se habían cruzado mucho antes, cuando el primero evitó que un bebé fuese atropellado por un camión, al arrancarle de los brazos de su madre, que murió en el accidente, al igual que otro de sus hijos. Ese bebé era Azpiazu, que 18 años más tarde empuñó una pistola para acabar con la vida de su salvador.

Ahora, viuda y verdugo comparten el mismo edificio y los espejos de la cristalería devuelven todos los días a Pilar la imagen del asesinato de su marido. Pero aunque su situación pueda parecer insólita e incluso rocambolesca, ella no es la única que, a la pérdida de un ser querido, tiene que añadir, años después, otra cicatriz: la convivencia con unos verdugos que, en ocasiones, son incluso recibidos como héroes en sus localidades tras abandonar la cárcel.

En 1979, cinco disparos acabaron con la vida del padre de Salvador Ulayar en la localidad navarra de Etxarri Aranaz. «A mí algún día me van a pegar cuatro tiros a las puertas de casa», había aventurado funestamente en alguna ocasión. Se equivocó por uno. Salvador tenía trece años y estaba junto a su padre cuando el pistolero le descerrajó los disparos. «Pensé que me iba a pegar dos tiros también a mí. ¿Qué hay que tener en las venas para hacer una cosa así?», se pregunta todavía Salvador 26 años después.

«¡Tú estás chalao!». El «delito» de su progenitor, Jesús Ulayar: haber sido alcalde del municipio durante el franquismo y que se corriera el rumor de que se iba a presentar para el cargo en las primeras elecciones democráticas, aunque «estaba decidido a dejarlo».

Pero al dolor por la muerte de su padre, Salvador y sus tres hermanos tuvieron que sumar, al igual que su viuda, otro igual de lacerante. El regreso al pueblo de uno de los asesinos, Vicente Nazábal, en 1996. Lo hizo con honores. Poco antes, el Ayuntamiento de la localidad navarra (el mismo que Jesús Ulayar presidió durante seis años) le había nombrado hijo predilecto. ¿Y quién mejor que él para lanzar el chupinazo de las fiestas? «La propuesta fue de Batasuna, pero el PNV y EA lo permitieron», recuerda Salvador, que ahora vive en Pamplona. «No te haces a la idea de que el asesino de tu padre esté en la calle y encima le reciban así. Fue horroroso», asegura con amargura. En la capital navarra se ha cruzado más de una vez con él, que trabaja en un despacho de abogados. «Siempre que lo veo le digo que es un asesino. Sabe perfectamente quién soy. La última vez me dijo: “¡Tú estás chalao!”».

Cuando paseaba por Etxarri Aranaz con su mujer e hijo, su hermano José Ignacio también tuvo un encontronazo con Nazábal . Le espetó a la cara que era un asesino y un sinvergüenza. Además de darle una patada, el verdugo de su padre le llamó «hijoputa». La última vez que se vieron, se encrespó: «¿Vas a estar así toda la vida?». «Serás un asesino hasta que te mueras», contestó José Ignacio impasible. «Te voy a limpiar», le retó el etarra desafiante.

En la actualidad, ni la viuda de Ulayar ni ninguno de los hijos del matrimonio vive en Etxarri-Aranaz. «Nadie había previsto que algo así iba a pasar y a las víctimas nos han dejado tiradas. Después de 900 muertos, no se le había ocurrido a nadie pensar que los asesinos saldrían un día de la cárcel». Por eso, ve con buenos ojos las medidas de alejamiento impuestas a algunos etarras. «Un tío que se jacta de que es el asesino de tu padre, que se ríe en tu cara y no muestra ningún arrepentimiento, debe estar alejado de los familiares mucho tiempo».

Otra historia. Más dolor.
José María Morales sufrió un atentado con coche-bomba en el cuartel de la Guardia Civil de Irún. Noventa kilos de amonal hicieron trizas su vida. Ahora es delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Murcia. Su trabajo con otros afectados también le ha deparado alguna sorpresa. «La última vez que estuve en la Audiencia Nacional salimos del edificio y cuando llegamos a un bar cercano nos encontramos con los dos terroristas que mataron al padre de las personas que me acompañaban. Nos miraron por encima del hombro y soltaron alguna risita», recuerda.

A Juan José Martínez, otra víctima de la banda terrorista, le parece delirante que ahora tengan que vivir «la proximidad de los asesinos». A Juan José, guardia civil, el deber le llevó a acudir a un aviso de bomba. «Era el 20 de julio de 1996». Las fechas de los atentados, a las víctimas, les brotan espontáneas, casi sin preguntar, como si se las hubiesen cincelado en la piedra de la memoria. La explosión le pilló muy cerca y le dejó una incapacidad permanente. Y aunque a él no le ha tocado, se hace una idea de lo que puede suponer toparte de bruces con tu verdugo. «Primero sufres el atentado –lamenta–, pero después encontrártelo por la calle o saber que vive cerca es sufrir una humillación tan grande como la del atentado».

Rabia e indignación.
«He hablado con víctimas que se han encontrado a sus asesinos, que viven en la misma localidad, y sufren tal rabia y desesperación que van vigilando por la calle para evitarlos». La ironía, como señala Juan José, es que tienen que sufrir «la arrogancia de los asesinos y encima son ellos los que han de cambiarse de acera para no cruzárselos. Todo eso se vive con rabia, angustia e indignación».

Otras víctimas, como Fina Saavedra –a quien ETA le arrebató a su marido, guardia civil, el 13 de junio de 1991 en la localidad vizcaína de Valle de Trápaga– prefirieron hacer las maletas antes de vérselas con los desalmados. «Me planteé irme porque era muy difícil para mí saber que el chivato que señaló a mi marido vivía en el pueblo. No podía mirar a la gente a la cara».

Fina todavía recuerda el amargo aniversario de boda que vivió el 29 de agosto de 1991 –otra fecha grabada en la trastienda de los sufrimientos–, dos meses después del atentado que le costó la vida a su esposo. Tuvo un «regalo» muy especial. «Me enteré de que la Ertzaintza había pillado en Bilbao al comando que lo mató». Uno de sus asesinos, Juan Carlos Iglesias Chouzas «Gadafi», será juzgado por fin en España. «Quiero mirarle a la cara. Aunque sea duro...».

Payne previene desde Faes contra la radicalización política actual
ABC 16 Enero 2006

MADRID. El historiador Stanley G. Payne, en un artículo de la revista Cuadernos de Pensamiento Político que edita FAES, asegura que actualmente en España existen «indicios» preocupantes que apuntan al inicio de un nuevo ciclo de radicalización de la vida política española provocado por «el debate ligero y superficial de una segunda transición en España».

En el artículo, titulado «Historia y transición democrática», Payne se refiere igualmente a la «hiperlegitimidad de la izquierda» y a las «reclamaciones de vasquistas y catalanistas» como dos de los problemas que antecedieron a la Guerra Civil y que han logrado perpetuarse en el tiempo.

Payne, profesor emérito de Historia de la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives, en la Universidad de Wisconsin-Madison de Estados Unidos, y miembro de la American Academy of Arts and Sciences, señala que «las izquierdas, que siempre han mostrado escaso respeto por la historia, carecen de credibilidad cuando pretenden invocar ahora como nueva máxima política las realidades históricas».

EL EX PRESIDENTE DE LA CAM CREE QUE ES DISTINTA Y "NO MEJOR"
Leguina y Benegas critican a la dirección del PSOE por su deriva nacionalista
El ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, y el diputado socialista, José María Benegas, han criticado en sendos artículos de la revista El Siglo a la dirección del PSOE por sus tendencias nacionalistas. El primero dice que la dirección actual es muy distinta y "no mejor" y cree que el "entramado humano" del partido tiene "una supervivencia dudosa". El segundo ha criticado el "tratamiento desigual" al valenciano y al castellano en el Estatuto Valenciano y que haya sido aprobado con los votos del PSOE.
Agencias Libertad Digital 16 Enero 2006

El ex presidente de la CAM y diputado socialista, Joaquín Leguina, critica los métodos de "renovación generacional" de la era Zapatero y asegura que producen "decepción" los "supervivientes" de generaciones pasadas del PSOE que "para ponerse al día, se han subido, alegremente, al carro de la reivindicación territorial", informa Europa Press.

En un artículo de la revista El Siglo, Leguina opina que el desgaste de esas generaciones "no se deriva de un empacho de poder" sino de un "mal uso del poder por parte de unos pocos (la corrupción) y por una división interna (renovadores versus guerristas) que encerraba concepciones distintas no tanto respecto a las políticas a realizar como acerca del funcionamiento interno del partido".

"Pintan más bien poco"
Recuerda que tras la derrota electoral de 2000, esa generación se vio apartada no sólo del poder, también de cualquier centro donde se toman decisiones. "Dejando aparte las excepciones de rigor, lo cierto es que en esta hora, lo que se dice pintar, pintan (pintamos) más bien poco".

El diputado socialista afirma que "los de la generación de Zapatero" han tenido como primer y único objetivo el "control interno del PSOE, que presentaron como relevo generacional, consistente en arrojar a las tinieblas exteriores a todo perro quisque que hubiera nacido antes de 1950".

En su opinión, la operación-relámpago que llevaron a cabo requirió muchas horas de laboratorio y ensayo. "Mientras pasaban la mano por el lomo a los sucesivos líderes, me malicio que estos mozos estaban afilando las facas con una perseverancia digna de Napoleón... o de Cesar Borgia". Leguina afirma que la "operación estratégica, el relevo generacional" ya ha tenido "notables efectos perversos y los tendrá más en el futuro".

El PSOE es distinto, "desde luego, no mejor"
Pone de relieve la facilidad con la que los "expulsados" han acogido la "jubilación anticipada" y afirma que ver ahora a estos, entre los que se incluye, "instalados en un clamoroso silencio de los corderos, ha de producir decepción". Sin embargo, apunta que "más decepción producen aquellos supervivientes de las citadas generaciones que, para ponerse al día, se han subido, alegremente, al carro de la reivindicación territorial".

El diputado socialista critica que su partido se haya olvidado de la "democracia participativa" que exige el artículo 6 de la Constitución y que la acción política de los afiliados haya quedado reducida a la categoría de "claque o de atrezzo" en los actos públicos "siempre pensados para, por, sobre, tras... la televisión". En su opinión, el PSOE de hoy es algo muy distinto y "desde luego, no mejor". "Un entramado humano que, como tal, tiene, con estos métodos, una supervivencia dudosa".

Benegas más
El diputado socialista José María Benegas considera que la reforma del Estatuto de la Comunidad Valenciana, en trámite en el Congreso, contiene aspectos "preocupantes" en materia lingüística, porque recoge planteamientos nacionalistas al otorga un "tratamiento desigual" al valenciano y al castellano. Así, avisa de que con su actual redacción no se podrá "impedir que en el futuro se avance hacia un sistema de enseñanza monolingüe" y critica que el proyecto haya sido aprobado con los votos del PSOE.

También en la revista El Siglo, bajo el título "Las lenguas y los Estatutos", Benegas compara los artículos relativos a la lengua del Estatuto valenciano vigente y de la propuesta de reforma. En el primero, el valenciano y el castellano tienen la categoría de "idiomas oficiales", se señala que "todos tienen derecho a conocerlos y usarlos" y se establece que la Generalitat "garantizará el uso normal y oficial" de ambos y "las medidas necesarias para asegurar su conocimiento".

Sin embargo, en la nueva redacción aprobada por las Cortes Valencianas, el valenciano se define como "lengua propia" de la comunidad. "El idioma valenciano es el oficial de la Comunidad Valenciana, al igual que lo es el castellano, que es el idioma oficial del Estado. Todos tienen derecho a conocerlos y usarlos y a recibir enseñanza de, y en el, el idioma valenciano", reza el proyecto de reforma.

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