AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 22 Enero  2006
Los cobardes
EDITORIAL Libertad Digital 22 Enero 2006

Motivos para la esperanza
Ignacio Cosidó Libertad Digital 22 Enero 2006

ZAPATERO SENTIMENTAL
ÁNGEL PUERTA ABC 22 Enero 2006

¿Quién habló de derechos individuales?
LUIS IGNACIO PARADA ABC 22 Enero 2006

Batasuna, sin novedad
Editorial El Correo 22 Enero 2006

Militares y la España civil
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC  22 Enero 2006

Generosos
JON JUARISTI ABC 22 Enero 2006

La congoja de Felipe
IGNACIO CAMACHO ABC 22 Enero 2006

No passssa nada
ANTONIO BURGOS ABC 22 Enero 2006

Pamplona y Baracaldo: la España constitucional frente al terrorismo
Editorial Elsemanaldigital.com  22 Enero 2006

Batasuna y la estrategia del repliegue
Editorial ABC 22 Enero 2006

¿Gobierno prevaricador?
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 22 Enero 2006

OCASIONES PERDIDAS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 22 Enero 2006

ETA, Batasuna y los defensores del barniz
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  22 Enero 2006

Zetalenguaje
Esteban González Pons  Periodista Digital 22 Enero 2006

Salamanca y la cobardía ciudadana
Francisco Rubiales  Periodista Digital 22 Enero 2006

¿Qué está pasando en España?
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 22 Enero 2006

Miles de personas secundan en Pamplona la concentración convocada por el Foro de Ermua por la unidad de España
Europa Press Libertad Digital 22 Enero 2006

El PP vasco y la AVT denuncian la "burla" de Batasuna-ETA a la ley ante la "absoluta inacción del Gobierno"
Europa Press Libertad Digital 22 Enero 2006

Ex etarra, ex parlamentario vasco y gerente de la Fundación para la Libertad
BLANCA TORQUEMADA ABC 22 Enero 2006

"Vengo repitiendo hasta la saciedad y abogando allí donde he tenido ocasión de hacerlo, por un gran pacto PP y POSE para las cuestiones de Estado"
Minuto Digital 22 Enero 2006
 

Los cobardes
EDITORIAL Libertad Digital 22 Enero 2006

Los proetarras han llevado a cabo su desafío a las instituciones nacionales con la aquiescencia del Gobierno, confiado en que su clara postura displicente ante el cumplimiento de la ley le permite mantener su prestigio ante la banda asesina y seguir las negociaciones con ellos. De este modo podrá presentar una paz ante la sociedad española; una paz que solo se mantendrá mientras le interese a ETA y cuyo precio será lo que reste de nación española. La negociación del Gobierno con ETA, que se ha escenificado este sábado en Baracaldo, es el máximo ejemplo de en qué consiste la política: los representantes hipotecando y destrozando lo que no les pertenece.

Por descontado, la distancia del Gobierno en el cumplimiento de la ley frente a la anunciada concentración del entorno de ETA en Baracaldo contrasta con la recobrada firmeza, expresada por el ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar, frente a las medidas cautelares de la Audiencia Nacional deteniendo el traslado del archivo de Salamanca a la Generalidad. El dejar hacer del Gobierno ante la convocatoria de ETA-Batasuna se ha tornado prontitud, diligencia y firmeza frente a las disposiciones de la justicia, cuando lo que está en juego no son las instituciones nacionales sino el pacto de gobierno con los socios nacionalistas.

Este doble rasero pone de manifiesto cuáles son las prioridades del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Y son esas prioridades, precisamente, las que están guiando la negociación con los grupos nacionalistas en torno al nuevo Estatuto para Cataluña. Un acuerdo que permita a Rodríguez Zapatero apuntarse un tanto está por encima de cualquier consideración sobre el ser de España, su historia varias veces milenaria o el mayoritario deseo de los catalanes y del resto de los españoles de continuar unidos por los lazos sancionados en la Constitución de 1978.

Nada de ello será lo que detenga a Zapatero. Lo que le inquieta, lo que le frena, lo que le impide ceder todo lo que desearían sus socios de Gobierno no son ninguna de las anteriores consideraciones, sino todo lo que pueda tensar la cuerda de su partido sin que se rompa. Ya se han manifestado en oposición más o menos abierta en contra de los elementos más polémicos del texto propuesto. De ellos, quienes tienen un papel más relevante, han tomado la decisión de no participar en el Comité Federal. Rodríguez Ibarra ha puesto una excusa médica pero José Bono ni siquiera ha comunicado que no asistiría. En lugar de defender el constitucionalismo y la unidad de España en el seno de su partido, llegado el caso han hecho mutis por el foro y no han dado la batalla. Se han comportado como dos cobardes, y revelan que su posición antinacionalista no es sino populismo electorero. Todavía está por llegar el momento en que un líder socialista, en nombre de una parte importante del partido diga basta ya y deje claro que esa corriente no va a apoyar un Estatuto anticonstitucional. Hasta ese momento, sabremos que no se puede contar con Ibarra o Bono. Han huido cuando debían estar al pie del cañón.

El desmantelamiento de la nación
Motivos para la esperanza
Ignacio Cosidó Libertad Digital 22 Enero 2006

Rodriguez Zapatero está encontrando creciente resistencia a su voluntad de entregar España a los independentistas y rendir el Estado a los terroristas. Por un lado, el sentimiento de la Nación española tiene entre los ciudadanos mucha más fuerza de lo que Zapatero y sus aliados habían calculado. Sólo así se explica el fuerte deterioro electoral que viene experimentando el PSOE en las últimas encuestas y la creciente movilización social en contra de las decisiones más negativas para nuestra convivencia del actual Gobierno. Por otro, la fortaleza de nuestro Estado de Derecho está situando el imperio de la Ley por encima de la voluntad de claudicación del Gobierno.

Los españoles son cada vez más conscientes del riesgo de desmembración de España que supone este Gobierno. No es ya la incapacidad de Rodriguez Zapatero para contener las ansias independentistas y expoliadoras de sus socios parlamentarios, es que el tandem Zapatero-Maragall se ha convertido en sí mismo en el motor principal de un proceso que puede abocar en la desaparición de nuestra Nación y en el desmantelamiento de nuestro Estado. Incluso dentro del propio PSOE muchos dirigentes empiezan a sentir vértigo ante el precipicio al que Rodriguez Zapatero camina con paso decidido.

La firmeza del Partido Popular en la defensa de la idea de España y en la oposición a toda concesión a los independentistas o a los terroristas constituye el mejor freno político a este suicido constitucional al que nos quiere conducir el actual Gobierno. No serán los militares los que salvarán a la Patria del desastre, como sugiere Bono que desearíamos algunos, sino los millones de ciudadanos que a través de la fuerza de las urnas convertiremos pronto a Rodriguez Zapatero en una triste anécdota en nuestra ya larga historia como Nación.

La gravedad y la trascendencia de algunas de las claudicaciones de Zapatero, como la definición inconstitucional de Cataluña como nación o la pretendida negociación con los terroristas, exigen además de una firme oposición política una fuerte movilización social. Esta movilización debe tener un doble objetivo. Por un lado, tratar de impedir decisiones que generan situaciones de hecho extremadamente peligrosas de muy difícil retroversión. En segundo término, mostrar al Gobierno que hay una mayoría social que se opone frontalmente a esas concesiones. Sólo una eficaz movilización social nos puede permitir frenar a tiempo las iniciativas más letales para nuestro futuro común impuestas al Gobierno por una minoría de radicales.

Un tercer elemento de contención es la vigencia del Estado de Derecho y, en particular, la encomiable labor que nuestros Tribunales de Justicia están haciendo para garantizar el cumplimiento de la Ley por encima de los intereses políticos del Ejecutivo. En este sentido, esta misma semana hemos conocido tres actuaciones judiciales de extraordinaria relevancia que han reafirmado la confianza de muchos ciudadanos en la capacidad de nuestro Estado para sobrevivir a este Gobierno.

En primer lugar, al mandato de la Audiencia Nacional para que no se celebrase el Congreso de Batasuna en Bilbao, en contra de la posición del presidente del Gobierno, que sorprendentemente había abogado por su celebración. Será difícil que Rodriguez Zapatero pueda avanzar en un proceso de paz con ETA que políticamente no se atreve a declarar, jurídicamente es ilegal y socialmente despierta un rechazo mayoritario. Pero la falta de liderzazo del presidente en la lucha contra ETA y la falta de voluntad del Gobierno para enfrentarse a los terroristas tendrá como efecto inmediato el fortalecimiento estratégico de la banda terrorista y el crecimiento político y social del totalitarismo nacionalista.

Una segunda decisión sumamente relevante es la suspensión momentánea del traslado de los papeles del Archivo de Salamanca a Cataluña. El lamentable espectáculo organizado por la ministra de Cultura, no sólo expoliando un patrimonio que los salmantinos y los castellanos y leoneses sentíamos como propio, sino destruyendo un archivo nacional que simboliza mejor que ningún otro hecho el proceso de desmembración de nuestra memoria colectiva y de España. A ello se suma finalmente la decisión del Tribunal Constitucional de admitir a trámite el recurso planteado por la Junta de Castilla y León sobre esta misma cuestión.

Hay por tanto motivos para la esperanza en un panorama político que no puede ser más oscuro. Los planes de Rodriguez Zapatero para desvertebrar España han encontrado tres diques sucesivos de contención: la firme oposición política del PP, la creciente movilización social de los ciudadanos y un Estado de Derecho que no parece dispuesto a claudicar ante los designios ilegales del actual Gobierno.

Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia.

ZAPATERO SENTIMENTAL

ÁNGEL PUERTA ABC 22 Enero 2006

No siempre está en Babia, a veces, se va por los cerros de Úbeda, provincia de Jaén. Al menos eso es lo que le ha tocado esta semana al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Y ahí precisamente, en un instituto de la provincia de Jaén, el presidente se ha sacudido, por fin, del síndrome Aznar. Si el anterior jefe del Ejecutivo afirmaba que hablaba catalán en la intimidad, él, Zapatero, ha expresado en público, poco más o menos, que «siente» en catalán. En una clase «magistral» adoctrinó a los alumnos del instituto para que reconocieran el «sentimiento de nación» que existe en Cataluña. En este nuevo capítulo para el sainete de banana y cha-cha-chá caribe en que esta convirtiendo a nuestro país, el presidente del Gobierno, por fin, dio su definición del término «nación»: «un conjunto de personas unidas por un vínculo y una historia común, que desean vivir de manera unida, que quieren un proyecto colectivo y que en definitiva tienen una identidad fuerte y asentada de pasado y voluntad de futuro». Y a continuación aseguraba que aunque jurídicamente «es más correcto» que el término nación se reserve a España, políticamente es perfectamente compatible con el «sentimiento de identidad nacional de Cataluña». Lo que fue incapaz de explicar es si eso se come con cuchara o tenedor. Y los escolares, más despistados que una pava en un garaje. El presidente andaba por los cerros jiennenses, pero su sesera seguía en Babia, porque no les dijo a los jóvenes, por ejemplo, que según una encuesta de la propia Generalitat, al 94 por ciento de los ciudadanos de Cataluña el debate del Estatut les traía al fresco. O que los sondeos más optimistas para los nacionalistas dan que un 60 por ciento de los catalanes creen que Cataluña es una nación dentro del Estado y un 31, que no. Los más pesimistas para ellos rebajan los porcentajes a un 51 y un 44 respectivamente. Y en el conjunto de España, un 75 por ciento no reconoce a Cataluña como nación, frente a un 18 que sí lo hace. Por tanto, ese sentimiento nacional catalán que defiende Zapatero es mucho menos abrumador de lo que «siente» el presidente y mucho más difícil de encajar de lo que preconiza.

El propio preámbulo del Estatut que se trajo Maragall debajo del brazo advierte de la «aspiración, el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos a la libre y plena independencia que una nación necesita». Si el presidente saliera más a menudo de Babia y estudiara un poco de historia se daría cuenta de que los nacionalistas catalanes no se van a conformar con una «nación sin Estado» y que en la próxima legislatura que gobierne le van a plantear la «libre y plena independencia» a la que «aspiran y con la que sueñan». Menos mal que Rubalcaba, que parece más listo, no se traga del todo lo de la homogeneidad de la «identidad nacional» catalana y pretende dejarlo en un impreciso «ciudadanos y ciudadanas catalanes sienten a Cataluña como una nación». Otra imprecisión que deja de nuevo la puerta abierta al «café para todos», porque en esta España de reválida permanente, prácticamente todas la Comunidades cuentan con su cuota de nacionalismo medieval reivindicador de reinos y naciones. El último barómetro de Andalucía, por ejemplo, ya refleja que un tres por ciento de su población apuesta por ser nación. Así que ¡hale!: «ciudadanos y ciudadanas andaluces sienten a Andalucía como una nación». Y vuelta a empezar.

¿Quién habló de derechos individuales?
LUIS IGNACIO PARADA ABC 22 Enero 2006

QUIENES, con excesivos escrúpulos garantistas, pensaban que el respeto constitucional a los derechos individuales debería primar sobre la Ley de Partidos Políticos y la sentencia del Tribunal Supremo que ilegalizó a Batasuna deben de estar ahora buscando un escondrijo donde ocultar su ingenuidad o su colaboracionismo. Porque el «acto» celebrado ayer en Baracaldo ni estuvo convocado por personas anónimas que a título individual ejercían su derecho de reunión -pues el día anterior ya se había descubierto que los solicitantes fueron dirigentes políticos de organizaciones ilegalizadas- ni asistieron a ella ciudadanos que no fueran representantes y simpatizantes de fuerzas políticas que están fuera de la ley porque extorsionan, promueven, justifican, exculpan o legitiman los atentados terroristas y cualquier tipo de violencia como método para la consecución de objetivos políticos.

Por si quedara alguna duda, el acto fue protagonizado y rentabilizado políticamente por Arnaldo Otegi. En él aseguró que Batasuna estará presente en la resolución del conflicto vasco y en la mesa de partidos; que la izquierda «abertzale» sabrá responder a las provocaciones; que España y Francia están emplazadas a respetar «la nación vasca». Y para que quedara bien claro quién organizaba el desafío a la legalidad, Otegui se hizo acompañar en el escenario de sus compañeros de Batasuna Pernando Barrena y Joseba Permach.

En esas circunstancias, el Gobierno vasco se limitó a que la Ertzaintza sobrevolara la zona en helicóptero y apostara algunas furgonetas en las inmediaciones sin ninguna orden de intervenir. Así pudo quedar meridianamente claro que entre los figurantes en el acto prohibido se encontraban conocidos miembros de EHAK, el partido sucesor de Aukera Guztiak continuador de Batasuna, y LAB, el sindicato próximo a Euskal Herritarrok. Obviamente, no estaban allí para ejercer sus derechos ciudadanos, sino para dar al acto el carácter político que convenía a sus propósitos.

Batasuna, sin novedad
Editorial El Correo 22 Enero 2006

La resolución del juez Grande Marlaska y las reacciones que ha suscitado tanto en la izquierda abertzale como por parte de las demás formaciones nacionalistas no han podido ocultar lo obvio: Batasuna no tenía preparada ninguna buena noticia para ayer en el BEC. El proceso de debate denominado 'Bide eginez' ha consistido en un esfuerzo por recuperar la cohesión y el ánimo militante, asamblea por asamblea. En ningún caso pretendía satisfacer los deseos de una sociedad harta del inmovilismo radical. La izquierda abertzale trata de mantenerse, impertérrita, atenta a los designios de ETA, mientras alberga la esperanza de arrastrar tras sus señuelos al nacionalismo gobernante y, a través de él, al socialismo vasco. Pero, como ocurrió con la suspensión judicial de sus actividades en 2002 y su posterior ilegalización, en la concentración de ayer en Barakaldo, Batasuna se vio obligada a mostrarse más impotente y perpleja que soberbia. Por mucho que trate de refugiarse en la defensa de los «derechos civiles y políticos», la izquierda aber-tzale es consciente de que el hartazgo social que han ido acumulando su altanería y su cinismo la ha llevado a una debilidad paliada únicamente por las interesadas muestras de solidaridad que suscita en los demás miembros de la familia nacionalista.

Sería absurdo negar la existencia de Batasuna. Pero ello no quiere decir que la democracia esté obligada a aceptar su comportamiento, cuando ha utilizado los beneficios de la legalidad para justificar el asesinato y destruir los fundamentos de la democracia. De ahí que resulte improcedente que la presidencia del Gobierno vasco y las direcciones de los partidos que lo sostienen reciban a los líderes de Batasuna como si fuesen los paganos de la situación. Pero más improcedente sería que acaben secundando una movilización por los derechos civiles y políticos, olvidando que la suspensión de actividades y la ilegalización de Batasuna se deben precisamente al hecho de que dicha formación justifica o contempla con naturalidad la persecución ideológica y la coacción terrorista sobre el adversario.

La llamada declaración de Anoeta, que, al parecer, la izquierda abertzale ha ratificado un año después, representa más la resistencia al cambio que un primer indicio para la rectificación por parte de Batasuna. La apuesta de la izquierda abertzale por las vías políticas no será tal mientras persista el terrorismo y Batasuna continúe negándose a condenar el uso de la violencia por parte de ETA en cualquiera de sus manifestaciones. Porque, a pesar de que con demasiada frecuencia las formaciones nacionalistas traten de obviarlo, el único obstáculo para la paz es ETA. Mientras los partidos nacionalistas se esfuercen en ver novedades esperanzadoras en la negativa de Batasuna a reconocer la derrota política y social del terrorismo, mientras Batasuna encuentre la mínima razón para dirigirse a los suyos reivindicando para sí todo signo de cambio en la política vasca e incluso en la política española, ni la izquierda abertzale ni ETA se sentirán requeridas para que el terrorismo desaparezca ya y para siempre en Euskadi.

Militares y la España civil
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC  22 Enero 2006

... Lo mismo que la Iglesia ya no legitima la política, después de siglos de unión hipostática entre el trono y el altar, la fuerza militar no cuenta con supuesto alguno que, de manera autónoma, le autorice a dictaminar soluciones o a intervenir en ellas...

LAS Fuerzas Armadas han sido para España un recurso político como para las tragedias griegas resultaba ser el Deus ex machina, es decir, un quiebro taumatúrgico para resolver las coyunturas de convulsión signadas por el desgobierno, el pesimismo y la disgregación. La sociedad española no ha tenido una concepción civil acendrada en la resolución de sus problemas y se ha entregado a la fuerza militar como ultima ratio para suplir toscamente su incapacidad crónica para la convivencia. La intervención militar, la asonada, el golpe, han sido en los dos últimos siglos casi una constante de acaecimiento cíclico. La primera experiencia republicana -con ese fenómeno estéril del cantonalismo- acabó con el espadón ordenancista; cuando la Restauración boqueaba en los años veinte del siglo pasado, emergió la dictablanda de Primo de Rivera; la segunda República hubo de ordenar al Ejército la represión del secesionismo catalán en 1934 y dos años después el levantamiento franquista nos adentró en un túnel al que, al poco de salir, en 1981, hará pronto un cuarto de siglo, se nos quiso volver a introducir. Por fortuna ahora no existe riesgo de que, en versión actualizada, semejantes episodios puedan repetirse, pero el destello histórico que ha producido tan nutrido cúmulo de precedentes procura una suerte de inquietud que es necesario aquietar de modo definitivo.

La denominada cuestión territorial -es decir, la dificultad de cohesión interna y la tensión centrífuga de Cataluña y País Vasco, y en menor medida, de Galicia- ha estado en el origen de la cuestión militar, que consistía en la irrupción del Ejército para dotar a la nación de una columna vertebral que la política, mediante el compromiso, el acuerdo y la lealtad, no lograba estabilizar. La Constitución de 1978 intentó abordar las dos cuestiones, sin olvidar tampoco la religiosa, y ahora resulta que las fórmulas que en el período constituyente se dieron por buenas para acabar con esas anómalas cuestiones parece que no han deparado los resultados apetecidos, lo que ha propiciado que determinados sectores se sientan legitimados para entender la emergencia, otra vez, de un discurso militar que, aunque matizado, resulta excéntrico, extemporáneo y extravagante. Diría también que resulta del todo inútil, aunque si lo hiciera pudiera parecer que la interposición de determinado discurso militar conminatorio sería admisible si fuese eficaz o disuasorio para el poder político, pero argumentar de tal manera sería un oportunismo.

La culpa, empero, del intervencionismo militar en la vida política no está sólo del lado de los funcionarios uniformados y armados, sino de la imantación social que se genera respecto de su propio papel en los asuntos públicos. O en otras palabras: es posible que algunos militares -como ocurrió el 23 de febrero de 1981- interpreten que la sociedad española carece de recursos propios -civiles- para soportar las crisis colectivas y, en su caso, resolverlas. Algunos de los golpistas de hace veinticinco años reconocen que erraron; que la sociedad española quería soluciones pero no esa solución. Se confunden quienes piensen que después del asalto de Tejero al Congreso sigue existiendo en España añoranza militarista alguna. La reflexión es válida para los altos mandos de las Fuerzas Armadas, pero lo es para todos los poderes del Estado y para los ciudadanos. Lo mismo que la Iglesia ya no legitima la política, después de siglos de unión hipostática entre el trono y el altar, la fuerza militar no cuenta con supuesto alguno que, de manera autónoma, le autorice a dictaminar soluciones o a intervenir en ellas. Los ejércitos, también en España, han pasado a constituirse en instrumentos auxiliares del poder ejecutivo, a su vez controlado por el legislativo y sometido a la jurisdicción de jueces y tribunales independientes, imparciales e inamovibles. Ese es el juego democrático y es, además, el único posible, aceptable y útil.

Como ha declarado Eduardo Subirats, «España es intelectualmente mediocre». De esa pequeña talla intelectual se derivan algunos de nuestros grandes males ; entre ellos, el de la irresponsabilidad política. El manejo de los asuntos públicos y, especialmente, de los que están en el basamento constitucional no puede aparecer como una cháchara política inspirada en ideologizaciones de ocasión. La ausencia de consistencia intelectual de la clase política es la que ralentiza la construcción progresiva de una concepción civil de España, esto es, de su capacidad endógena para superar sus problemas, aun los más arriscados y difíciles. Como el territorial. Rememorando a Subirats y a propósito de la cuestión territorial, hay que convenir con él que «los nacionalismos, sea catalán, español o vasco, serán respetables como opción, pero desde el punto de vista intelectual, son de una grosería inaceptable» (ABC, 28/11/2005). Nuestro autor disecciona muy bien el asunto: los nacionalismos como un factor de representación política son aceptables. Pero intelectualmente no lo son, resultan groseros porque manipulan la historia, retardan la universalidad de la ciudadanía, levantan fronteras, se atrincheran en idiomas y hábitos y recelan de un mundo abierto y competitivo. Y lo que es peor: como el nacionalismo es insaciable e irredento, introducen sus aspiraciones en un laberinto de salida imposible. En este tramo último de claustrofóbica sensación de fracaso, es cuando históricamente la intervención de la fuerza, el palmetazo autoritario o dictatorial, ha aparecido como la solución idónea.

Ese tiempo pasó. Y no debe volver ni siquiera en forma de inquietud o desasosiego. Y para ello hay que extraer lecciones de lo que está ocurriendo en España. De determinados desaguisados -la denominada crispación, la incomunicación o falta de permeabilidad entre distintos sectores ideológicos, por ejemplo- tenemos alguna culpa los propios medios de comunicación, como ha denunciado muy oportunamente Antonio Garrigues desde esta misma página (ABC, 18/1/2006); pero la principal responsabilidad se residencia en los depositarios del mandato ciudadano para el ejercicio del gobierno en su más amplia acepción. El desplome intelectual en la clase dirigente es el que inocula en la dermis colectiva un fortísimo sentimiento de desconfianza y de falta de expectativas positivas. Cuando esos sentimientos pasan de la dermis a la epidermis, es decir, se perciben a simple vista, los ciudadanos, en vez de contemplar el horizonte y afirmarse en su propia capacidad de protagonistas de su futuro, miran a un pasado en el que sólo encuentran fórmulas ya caducas.

Si alguna fórmula existiera para aplicarla a lo que nos ocurre -nos pasa, como decía Ortega, que no sabemos lo que nos pasa-, esa sería la de que cada cual cumpliera con su rol en el sistema democrático. Ahora eso no ocurre: mandan los minoritarios más allá de lo razonable; el Gobierno, a veces, se llama a andana en el cumplimiento de la ley y se aviene a imposiciones nacionalistas; mandos militares hablan cuando deben callar y obedecer; la oposición no sabe discriminar cuándo debe ejercer la confrontación y cuándo la colaboración; algunos medios juegan a estrategias de exasperación, que tienen mucho de comerciales, cuando nos jugamos el futuro, y los ciudadanos abdican de su condición y no exigen que su mandato electoral se cumpla. La España civil necesaria requiere exactamente de todo lo contrario.

Generosos

JON JUARISTI ABC 22 Enero 2006

IKEL Buesa afirma que el residente de la Moncloa es un traidor y Carlos Martínez Gorriarán replica que no hay para tanto. Ambos son buenos amigos míos, sé que se estiman y deploraría que rompieran por una cuestión trivial. Yo creo que el residente es un traidor, pero no más traidor que el último de sus secuaces, y me parece tedioso inventariar todas las apologías de la traición que la izquierda ha hecho a lo largo de su historia. De las literarias más recientes, baste recordar «La traición democrática», de Guy Hermet, que tanto gustó a los socialistas por sus ditirambos a Felipe González, y el «Elogio de la traición», de Denis Jeambar e Yves Roucaute. Por cierto, el viernes pasado publicaba un breve extracto de este último ensayo «El Heraldo de Chiapas» (y no va de coña). Transcribo un par de aforismos representativos de su contenido general: «La traición, si no se vuelve cobardía, es la forma superior de la decisión política». Y este otro: «No traicionar es perecer, desconocer el tiempo, los espasmos de la sociedad, las mutaciones de la historia. La traición, expresión superior del pragmatismo, se aloja en el centro mismo de nuestros modernos mecanismos republicanos». ¿Pragmatismo? Sí. Pragmatismo barato, en definitiva, pero la progresía emasculada de nuestro tiempo no alcanza ya a entender otra ética de bolsillo que ésta del Maquiavelo para principiantes.

La izquierda, que se tiene por virtuosa, pretende que incluso la traición resulte edificante. Traiciona siempre en aras de un ideal superior, porque la traición a secas, sin cobertura moral, no es que sea de derechas: se ha vuelto incomprensible. Alain Finkielkraut definió hace veinte años la modalidad preferida por la izquierda como traición generosa. Entiéndase: cada acto de traición debe servir sólo para poner de relieve la magnanimidad del traidor, que lleva su esfuerzo de comprensión de las razones del enemigo hasta el extremo de acabar suscribiéndolas. En principio, lo de cruzar la línea no es en sí reprobable. Muchas traiciones son, por el contrario, dignas de alabanza. Ahora bien, lo característico de la traición generosa es la inmovilidad de quien la perpetra. Los motivos de un tránsfuga podrán ser más o menos limpios -nunca lo serán para aquéllos a los que abandona, por supuesto-, pero, por lo menos, corre un riesgo en la huida: desde ser tiroteado por la espalda hasta reñir con la familia. El traidor generoso permanece siempre donde estaba: por ejemplo, mientras los disidentes del comunismo que se jugaron la vida para pasarse al bien llamado mundo libre fueron legión, raros han sido los detractores del capitalismo voluntariamente expatriados a los países comunistas. El comemierda, magnífico concepto cubano equivalente al de traidor generoso, nunca se ha dado prisa para pedir visado de residencia en el paraíso igualitario que predica.

De la traición generosa se obtiene sólo un beneficio psíquico inmediato, y eso en el mejor de los casos, porque el enemigo no es tonto y, como Roma, nunca paga a traidores. Generalmente, el traidor generoso suele pensar -o, mejor dicho, se imagina- que el enemigo es tan generoso, desprendido, magnánimo y comemierda como él mismo. Y no. El enemigo, si es un enemigo de verdad (y Otegui lo es), está esperando que le tiendas la mano para tirarse a la yugular. Y hace bien, porque hasta las amebas saben que si el enemigo esboza gestos amistosos en mitad del combate es que se declara vencido. En muchas especies de vertebrados superiores, las peleas entre machos durante la temporada de apareo terminan cuando uno de los contrincantes se vuelve de espaldas al otro y levanta la grupa, como la hembra cuando invita a la cópula. El rival lo interpreta como una rendición y se aleja con desprecio. Entre humanos, ten por seguro que aceptará la invitación. Si ya empiezas admitiendo lo razonable de que muchos catalanes se sientan miembros de una nación exclusivamente catalana, te van a poner el preámbulo como un bebedero de patos.

La congoja de Felipe
IGNACIO CAMACHO ABC 22 Enero 2006

ESTÁ diciendo por ahí cosas tremendas a quien se las quiere escuchar. Juicios tan rotundos y despectivos que vuelven caricias los denuestos que le dedica Rajoy al presidente del Gobierno. Respira por la herida del despecho -nunca ha logrado controlar el rencor- y de ciertos desencuentros personales, y formula un diagnóstico durísimo, atroz, del proyecto y de la personalidad de Zapatero. Siempre ha perdonado poco y mal, y siempre se ha echado de menos a sí mismo, pero cuentan quienes le han visto y oído que su diatriba es apocalíptica, alarmante. Sí, sí, estoy hablando de Felipe González.

La falta de sentido de Estado, el vacío político de la agenda de este Gobierno ha hecho saltar la inquietud de la vieja nomenclatura socialista. Mientras los jóvenes lobos del zapaterismo presumen de haber licuado la Transición al calor de una nueva frontera rupturista, los antiguos arúspices del felipismo sienten correr por sus médulas un escalofrío de inquietud y asombro. La pregunta que más repiten no es tanto la de adónde nos lleva Zapatero, a quien no consideran hombre de muchas luces, sino otra mucho más turbadora: la de si él mismo sabe adónde quiere llegar. Y la de si realmente conoce el precio del viaje.

Y andan rumiando por las esquinas su desconcierto y su congoja, en silencio para no perjudicar al partido, para no reforzar a una derecha que ha empezado a airear que «Felipe jamás hubiera permitido esto». Bueno, permitió la corrupción, el GAL, el 18 por ciento de parados, el enriquecimiento súbito, el cesarismo inmóvil, pero es verdad que tenía en la cabeza un modelo de Estado respetuoso con la solidaridad, con la ciudadanía, con la Constitución. O no, que diría el otro: él fue quien primero alentó la ruptura del bloque vasco, él quien avaló a Maragall como autor de un nuevo diseño territorial cuando su prioridad era minar las vigas maestras del aznarismo. Y lanzó a Zapatero para evitar el big-bang de Bono. Pero ahora tiene las manos en la cabeza, asustado ante la crecida de la irresponsabilidad.

No saltará. Se ha reunido con Pujol, que quizá tenga en CiU la influencia de la que él ya no dispone en el PSOE. Con Guerra, que sí podría tener un ascendiente relativo desde la presidencia de la Comisión Constitucional, rompió los puentes hace década y media. Solana está en lo suyo, en las Europas, acaso alentando la vaga esperanza de un reservista. Solchaga, Gómez Navarro, en sus negocios. Todos comentan, murmuran, rezongan. Pero nadie moverá un dedo en público para señalar la deriva de la nave. Sus análisis sólo sirven para confirmar que este desasosiego, esta zozobra, no es la retórica alarmista de una derecha desesperada. Y que fuera del poder existe un espacio de lucidez que sólo sirve para constatar de lejos, con amargura y desconsuelo, el amenazador presagio del desastre.

No passssa nada
Por ANTONIO BURGOS ABC 22 Enero 2006

INSISTO en la idea, a ver si con un poco de suerte es oficialmente reconocida como lema del Reino de España. Ya que van a toquetear la Constitución a la trágala, viejo método en la España del absolutismo, hasta podríamos ponerlo en el escudo, sobre las columnas de Hércules. En vez de «Plus Ultra», que es de los Reyes Católicos, tan odiados por Bono, este lema en el escudo constitucional. Sobre una columna, la filacteria diría «No passssa». Que no me dirán que no trae recuerdos en rojo, amarillo y morado a los hijos (y nietos) de La Pasionaria. Y sobre la otra heraclea columna, «Nada». Con lo que, leída del tirón, la filacteria nos ofrecería la definición moral, ética y política de adónde estamos llegando, hoy todo es más increíble que ayer, pero menos que mañana: «No passssa nada».

¿No tienen los Estados Unidos lo de «In God we trust» y el «E pluribus unum»? ¿No campea en el Reino Unido el lema de la Jarretera, «Honni soit qui mal y pense»? ¿No tiene Francia lo de Liberté y Etceteré? Pues lo nuestro sería como lo que describió ZP a los escolares de Jaén: «Hay muchos catalanes que sienten una identidad nacional». Y hay muchos españoles, pero muchísimos más, que sienten una desasosegante sensación de que esto es cada día más increíble: la claudicación, la degeneración, la dejación del principio de autoridad, adónde está llegando el absurdo del mundo al revés. Y el miedo, el miedo a decir lo que se piensa, la descalificación del adversario como única vía de justificación de la continua invención de problemas, cuando no se resuelve lo fundamental. Todo queda clavado en el lema: «No passssa nada».

Cuando escribo este artículo no sé cómo habrán acabado las provocaciones de Batasuna en Bilbao. Lo imagino y lo temo: los amiguitos de los etarras habrán campado por sus respetos. Habrán convertido las Vascongadas en campa campal de sus desmanes, y el gobierno autónomo lo habrá visto como normal ejercicio de los derechos civiles. Eso, eso, civiles: los civiles eran los que tenían que haber ido para hacer cumplir la ley. Que no se cumple. Y no passssa nada..

Y los antidisturbios que tenían que haber estado allí, en Bilbao, los manda la Dama de Cabra a Salamanca, para perpetrar el expolio cultural más sangrante. Y no passssa nada. A la misma Dama de Cabra se le pierde una escultura de Richard Serra de 38 toneladas, vamos, que nadie se la ha podido llevar en el macuto aprovechando un descuido. Y no passssa nada. Y va a mandar a Elche a la Dama de Elche, cuando sería mucho mejor que volviera a Cabra (de donde nunca debió salir) esta Dama de Cabra de Pixie y Dixie, de los anglicanismos y de la civilización planetaria, que habla y sube el IPC del pan. Y no passssa nada.

Y la directora de la cárcel de Botafuegos salta, y suelta: los asesinos presos de la ETA son personas normales, amenas, cultas, honradas, de alto nivel intelectual y de las que a veces se puede aprender. Será aprender a pegar tiros en la nuca, hija. Y no la destituyen, ni la empapelan por enaltecimiento del terrorismo. Y no passssa nada. ¿Ha dado lectura acaso al artículo 8 de la Constitución o algo? Pues no passssa nada.

Y seguimos en manos del chantaje de sesión continua del que pactó con ETA en Perpiñán. Y no passssa nada. Y seguimos legislando contra la familia, contra la libertad de expresión, contra la libertad de empresa, contra la religión. Y no passssa nada. Se pastelea por debajo de la mesa la destrucción de la Constitución a manos de un Estatuto que busca el Estat Catalá. Y no passssa nada.

Del «No pasarán» del PSOE y el PP unidos con la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista, al «No passssa nada». Han pasado. Se están pasando. Y no passssa nada.

Pamplona y Baracaldo: la España constitucional frente al terrorismo
Editorial Elsemanaldigital.com  22 Enero 2006

Mientras los pro-etarras burlaban la ley en Baracaldo, en Pamplona el Foro de Ermua presentaba en la calle con gran éxito cívico su manifiesto por la unidad de España

22 de enero de 2006. Como cabía esperar a la vista de la actuación del Gobierno vasco en casos similares, Batasuna ha logrado manifestarse en Baracaldo a la misma hora y frente al mismo lugar donde tenía previsto celebrar su frustrada asamblea. El lema de la concentración, "Por los derechos políticos y civiles", es un verdadero sarcasmo puesto en boca de Arnaldo Otegi y sus correligionarios, pero no se puede olvidar que ha sido avalado por el propio José Luis Rodríguez Zapatero y otros miembros de su partido cuando han hablado públicamente del carácter en exceso restrictivo de la Ley de Partidos Políticos y del respeto a los derechos de los batasunos.

Las contradicciones del Gobierno y del Fiscal General del Estado Cándido Conde-Pumpido en relación con la asamblea en la que los pro-etarras pretendían reorganizarse abiertamente con vistas a su presencia en las elecciones municipales del próximo año sólo se pueden calificar de bochornosas. Únicamente la enérgica reacción de la opinión pública y el cumplimiento de su deber por el magistrado Fernando Grande-Marlaska han evitado un paso que podía haber sido decisivo en el camino hacia la anulación de facto de la ilegalización de Batasuna.

El fraude a la Ley de Partidos que comenzó cuando se permitió la presentación a las elecciones autonómicas vascas del PCTV significa la renuncia por el Estado de un instrumento fundamental para derrotar a ETA. José Luis Rodríguez Zapatero lo ha fiado todo a una salida negociada del terrorismo que satisfaría a sus socios nacionalistas, de los que depende para seguir en el poder, pero que le pone a merced de los caprichos de una banda de asesinos.

Precisamente mientras los pro-etarras burlaban la ley en Baracaldo, en Pamplona, la capital de Navarra, piedra de toque de las ambiciones nacionalistas, una de las organizaciones que mejor representa la dignidad de la víctimas y la defensa de la España constitucional, el Foro de Ermua, presentaba en la calle con gran éxito cívico su manifiesto por la unidad de España. Pues bien, este acto ha venido precedido por una serie de furibundos ataques que no sólo provenían del mundo nacionalista.

Es en el marco de la pre-negociación o negociación con los terroristas que el Gobierno ha emprendido con el mayor de los oscurantismos donde hay que situar las sucesivas claudicaciones ante el mundo etarra a las que estamos asistiendo. Pero quizá lo peor de todo es que esto está llevando a la peligrosísima tentación de acusar de poner obstáculos a la supuesta paz que traería una tregua a quienes defienden la aplicación de la ley y la dignidad de las víctimas. De ahí a dar argumentos a los que justifican o comprenden los actos terroristas no hay más que un paso.

Batasuna y la estrategia del repliegue
Editorial ABC 22 Enero 2006

TAL vez por un puro movimiento táctico, y obligada por la contundente respuesta de la Justicia -que no del Gobierno-, Batasuna practicó ayer la estrategia del repliegue, tan habitual en el mundo proetarra. Arnaldo Otegi, en medio de una discreta presencia de la Ertzaintza, intervino para arengar a los «ciudadanos anónimos» que se movilizaron para apoyar a la ilegalizada coalición. Fue la reacción, medida hasta al mínimo detalle, del brazo político de ETA al auto del juez Marlaska. Entre la equidistancia del PSE, más callado que nunca a la hora de valorar la prohibición del congreso previsto para ayer, y la sobreactuación del PNV, con el lendakari Ibarretxe recibiendo la víspera a Otegi, Batasuna optó por tensar la cuerda, pero sin romperla.

Está claro que se sienten arropados por la solidaria respuesta de las familias nacionalistas. Sobre todo porque a este ya clásico cierre de filas se une la circunstancia, inédita, de un socialismo vasco condescendiente hasta el extremo de guardar un respetuoso (para Batasuna) silencio que encierra muchas claves sobre el futuro inmediato. Tal vez, el futuro prometido a Batasuna llevara ayer a la formación proetarra a recular por pura conveniencia, convencida de que las cosas marchan relativamente bien para sus intereses.

¿Gobierno prevaricador?
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 22 Enero 2006

Estoy convencido de que el Gobierno de Zapatero actúa a sabiendas de que sus actos son, en muchos casos, contrarios al Derecho y por tanto ilegales; o cuando menos ilegítimos.

Es pasmosa la impunidad con la que está actuando el Partido Socialista en la transmutación del orden constitucional mediante su modificación a través de la negociación estatutaria con los clones políticos de Batasuna en Cataluña.

Es irritante que los representantes de siete millones de ciudadanos de Cataluña puedan alterar el pacto social y soberano del conjunto de los españoles, y actuar con el cinismo con que se manifiesta el Sr. Zapatero diciendo que España va a salir fortalecida de este envite y más cohesionada. Podría ser que eso fuera así, y auguro que lo será por la reacción de la mayoría de los españoles, que superarán esta pesadilla de legislatura cambiando a los rectores de eso que llaman la España de las "naciones", que no es otra cosa que modificar la España de las autonomías por otro proyecto que sea una Confederación de Estados formada por Cataluña, Galicia y Euskadi (la Galeusca del pacto de Barcelona); y el resto, que sería la España subordinada.

Hay un cúmulo desmesurado de razones para la alarma. Nos están dejando apesadumbrados ante la incertidumbre, desasosiego, inestabilidad y alarma que se está generando. Por eso los militares están abrumados, porque vislumbran que el ordenamiento constitucional y la arquitectura del Estado empiezan a tener fisuras de gran calibre que amenazan su estructura; y que eso más pronto que tarde puede dar problemas de difícil solución -sin perjuicio de su sometimiento a la soberanía nacional de los españoles, si no la alteran los que quieren despedazar la unidad de España-.

Ante despropósitos de tal envergadura pasan desapercibidos hechos de cierta enjundia como el que se ha producido cuando mi amigo Santi Abascal, verdadero látigo de los que han malogrado la convivencia en el País Vasco, ha intentado inscribir la Fundación para la Defensa de la Nación Española, cuyos fines explicaba José Javier Esparza en Elsemanaldigital.com en un reciente artículo suyo.

El Ministerio correspondiente le ha negado el registro a la Fundación porque alega que su denominación y objetivos producen confusión con los que tiene el Ministerio de Defensa. Es decir, que los organismos dependientes de la ministra de Cultura entienden que "defensa de la Nación española" es lo mismo que "defensa armada", lo cual es el colmo de la polisemia, o si se prefiere de la sinonimia. ¡Adónde vamos a ir a parar poniendo a los españoles al pie de los caballos con pactos con quienes conspiran para destruir los lazos que nos unen, mientras se obstaculiza a los que intentan salvar el legado de nuestros antepasados! O sea, de quienes, hasta que llegó Zapatero, entendieron que diversidad no está reñida con unidad; y que una cosa es un Estado federal y otra una Confederación de Estados.

OCASIONES PERDIDAS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 22 Enero 2006

Bono ha exigido a las Fuerzas Armadas que no defiendan la España de los Reyes Católicos. Conviene distinguir lo que dijo el ministro de lo que quiso decir. Lo que dijo fue, en puridad, una tontería. El general Mena ha declarado intangible la España autonómica, no la España de finales del siglo XV. El punto es importante, porque la España de Isabel y Fernando no era un Estado moderno. Había portazgos a la entrada de las ciudades; los derechos variaban según la condición social o el territorio; los hidalgos no pagaban impuestos. Ahora, por el contrario, los derechos se han nivelado y las necesidades básicas se cubren con independencia de dónde viva uno o cuántos millones tenga depositados en el banco. Ello no sería posible sin la cohesión fiscal del Estado, y sin las estructuras administrativas en que se apoya. En varios aspectos, la España asimétrica que propugnan Carod, Mas, Ibarreche o Maragall se acerca más a la de los Reyes Católicos, que la reivindicada por el general Mena. No se sigue de aquí, por supuesto, que el general no se haya pasado tres pueblos, o que su cese no haya sido oportuno. Lo ha sido. Oportuno y necesario. Pero hay que acusar al infractor de las faltas que ha cometido, no de las que no ha cometido.

Consideremos a continuación lo que el ministro intentó decir y no acertó a decir. Bono se ha referido, implícitamente, a la expulsión de los judíos, al catolicismo obligatorio y a todo eso. Es decir, a la España una en lo espiritual que el tópico asocia a los Reyes Católicos y que reinventó el franquismo. Y ha lanzado el mensaje de que España podrá seguir siendo moderna y solidaria aun cuando se diversifique culturalmente y exprese esa diversidad en ordenamientos políticos concretos. Verbigracia, el Estatuto catalán, y los que surjan en su estela.

Pero Bono se ha confundido de registro, no sé si adrede. La dificultad no reside en la diferencia cultural, que nadie ataca, sino en el hecho de que se está invocando la diferencia cultural como argumento para fragmentar la soberanía. Es este tránsito, o mejor dicho, este fabuloso «non sequitur», el que ha enturbiado las aguas y suspendido los ánimos. Repárese en la polémica desatada por la oportunidad de incluir o no el término «nación» en el Estatut. Se comprende que Carod quiera incluirlo como paso previo a la creación de un Estado catalán. Lo absurdo, y ahora no estoy pensando en Bono sino en Maragall y Zapatero, que es maragalliano por omisión y acaso por falta de alternativas, lo absurdo, repito, es alegar que los catalanes, en vista de que no se sienten manchegos, tienen derecho a que se les reconozca como nación aparte. Es absurdo porque la Constitución española no impide a nadie que se sienta como le venga en gana. Desde un punto de vista estrictamente constitucional, las preguntas pertinentes, cuando se habla de nación, son tres: quién manda, qué títulos tiene para mandar y cómo manda.

No son principios que quepa enunciar por separado, para agregarlos a continuación. La cuestión de cómo se ha de mandar afecta a la de qué títulos se tienen para mandar, y esta última interesa a la de quién manda. Evidentemente también, las realidades nacionales son mucho más complicadas y envuelven factores sociológicos e históricos. Pero el planteamiento constitucional posee la virtud de hacer abstracción de los sentimientos. Es un esquema deliberado de mínimos. O si se quiere, es como el reglamento del fútbol, combinado con los requisitos que ha de satisfacer un club para formar parte de una federación. Se sientan premisas abstractas, sin anotaciones al margen sobre el amor a los propios colores, y cosas por el estilo. El concepto de «nación» consagrado por nuestra Carta Magna participa de este carácter funcional. Determina qué mayorías obligan a quienquiera que se llame «español». Y nada más.

La España del 78 salió vacunada, por razones conocidas, de la españolidad impostada del franquismo. Fue una España genuinamente constitucional, en el sentido de que quería pensarse a sí misma en términos jurídicos y políticos, no emocionales. En el acuerdo entró la derecha, que ansiaba desprenderse de su vinculación con la dictadura. Y entró gran parte de la izquierda. Pero había señores que no acababan de sentirse cómodos en este bastidor aséptico, en este espacio habilitado gracias a tácitas y recíprocas contenciones. Estos señores han puesto la mano en su víscera cordial, exigente y descontentadiza, y han exigido un bastidor a su medida. Y estamos como estamos.

ETA, Batasuna y los defensores del barniz
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  22 Enero 2006

LA ILEGALIZACIÓN de Batasuna respondió en su día a tres tipos de exigencias. A una exigencia ética y moral, pues quien defiende las actividades criminales de un grupo terrorista no puede actuar, impunemente, dentro de la ley. A una exigencia policial, que hacía indispensable cegar la cantera de futuros terroristas y resecar las fuentes financieras que les servían para vivir y cometer sus atentados. Y, por último, a una exigencia política de fondo: demostrar al mundo batasuno que sólo le quedaba una salida para poder hacer política con total normalidad: exigir a ETA el abandono de las armas y, si fuera el caso, denunciar públicamente sus crímenes horrendos.

Sobre los positivos efectos de la ilegalización de Batasuna en cualquiera de los tres órdenes citados ya no cabe discusión. Por eso era tan importante que la organización ilegalizada no pudiera celebrar ayer el congreso que había planteado como un desafío al Estado de derecho y a la única estrategia de lucha contra ETA que ha demostrado sus espectaculares resultados. Haber permitido a Batasuna reunirse como si tal cosa en Baracaldo hubiera sido enviarle el peor mensaje que en estos momentos cabría imaginar: el de que es posible su resurrección legal sin que ETA se disuelva o Batasuna condene su existencia.

La prohibición del congreso por el juez Grande-Marlaska, directa consecuencia de la prórroga por otros dos años de la suspensión judicial decretada por Garzón, permite hacer llegar a los amigos de ETA el mensaje adecuado: el de que no pueden pensar en volver a lo de antes. Es decir, en jugar al escondite con la ley, pidiendo con una mano la negociación con ETA para acabar con la violencia, mientras apoyan con la otra a los únicos que, dentro y fuera del País Vasco, la han ejercido con una saña brutal durante más de treinta años.

Es cierto, claro, como cabía esperar, que Batasuna y toda la caterva de supuestos inocentes que salen siempre en su defensa denunciando la violación de los derechos de los que creen que es legítimo asesinar a sus adversarios ideológicos, han vuelto con la matraca de que no se respetan sus libertades de reunión, expresión y asociación.

No hay, sin embargo, que dejarse impresionar. Y es que tanto los batasunos como quienes pretenden, defendiéndolos, ser los valedores de las libertades y los derechos, son los mismos que jalean carteles como aquel ignominioso en el que se reían de las pierniñas ortopédicas de la niña Irene Villa, a quien ETA le había quitado las suyas de un bombazo: «Antes le echaba crema -decía el cartel-, ahora les echa barniz». Esa gentuza es la que ahora habla de derechos.

Zetalenguaje
Esteban González Pons  Periodista Digital 22 Enero 2006

La frase “Eto’o socializó de forma indiscriminada su producción de esputos ante Expósito”, no la ha pronunciado Zapatero. Pero podría haberlo hecho.

El lenguaje no es neutral y ninguna palabra es inocua. Sobre las palabras se apoya el andamio desde el que se construye la democracia día a día. De hecho, en democracia, la palabra es el principal instrumento del debate. Si se tergiversa el concepto, se manipula el debate y entonces se hace imposible el diálogo.

Viene esto a cuento de la querencia de este Gobierno por la invención de palabros y por la reasignación de significados a determinados conceptos.

Zapatero está intentando traducirnos la democracia con sacarinas semánticas porque el café le está saliendo amargo. Los conflictos de gestión, los roces político-institucionales y las crisis ya no se resuelven con decisiones. Basta con abrir el glosario, medir la elasticidad de una palabra, encogerla hasta convertirla en su antónimo, o dejarla en algo incomprensible, como cuando Pepiño aludió al doble sentido de “rodear”.

Zapatero y sus mariachis temen que sin aditivos su nada discursiva acabe en ropa interior, aunque ya seamos legión quienes hemos visto cómo, entre las rendijas de esos empastes semánticos, se cuela la realidad de un discurso superficial, inexistente. Zapatero quiere cambiar la realidad y, ante su falta de liderazgo, recurre al cambio del lenguaje. Cambia el sentido de las palabras en un intento por cambiar el sentido de la sociedad.

Entre el correctismo y el relativismo, el zetalenguaje ha hecho posible que “nación” sirva hasta para definir los Juegos Reunidos Geyper; que una Fragata en misión militar se convierta en un crucero para jubilados; que un Congreso de ETA se venda como si fuera una reunión de tuper-ware; que el coladero de pretensiones separatistas en que se ha convertido este Gobierno sea sinónimo de “democracia avanzada” (sic); o que un puñado de barcos de guerra vendidos a chiquiprecio a un dictadorzuelo, resulten ser “armas de paz” (¡¡sic!!).

Como demócrata me duele reconocer que, durante demasiado tiempo, nuestra democracia dio por perdida la batalla del lenguaje con los asesinos de ETA. Afortunadamente, cada vez están más lejanos en el tiempo los días en que al chantaje se le llamaba “impuesto”, a un puñado de asesinos, “comando”, y a un pistolero a sueldo de la barbarie, “activista”. Que nos sirva aquella lección. A las cosas, por su nombre. Otra cosa sería reeditar en nuestro país la pesadilla orwelliana de “1984” y el "neolenguaje". Un servidor no cree en democracias subtituladas. Mejor, siempre, en versión original.

Salamanca y la cobardía ciudadana
Francisco Rubiales  Periodista Digital 22 Enero 2006

Muchos en este país nos hemos revuelto contra el gobierno, indignados y con rabia, por haber humillado innecesariamente a Salamanca con más de cien policías enviados en la madrugada para sacar del Archivo, con nocturnidad, los documentos que reclamaban los nacionalistas catalanes.

Pero lo que nadie ha dicho todavía es que Salamanca, desde el punto de vista de la democracia ciudadana, quizás tenga lo que se merece y, como Boabdil, el rey Moro de Granada, tiene ahora que llorar lo que no supo defender. Los ciudadanos deben aprender de una vez por todas que los políticos nunca defenderan sus intereses y que si quieren lograr algo tendrán que esforzarse y luchar por ello.

Si los ciudadanos de Salamanca hubieran acudido en masa a defender su archivo y hubieran creado en torno al edificio una barrera humana, los políticos nunca se habráin atrevido a culminar el expolio. Ni la intrépida ministra Calvo, ni el insensible Zapatero, ni el centenar de policías antidisturbios desplazados a la pacífica Salamanca para intimidarla, hubieran conseguido sacar los documentos del archivo. La defensa ciudadana de los fondos documentales estaba justificada si se tiene en cuenta que el asunto estaba "sub iudice", en espera de la decisión de la Justicia.

Pero los ciudadanos estaban durmiendo, y, al parecer, el alcalde también, con todos sus concejales.

Casi toda España está indignada con Cataluña y rechaza el nacionalismo extremo, insolidario y casi totalitario de sus líderes políticos nacionalistas, pero lo que nadie ha dicho hasta ahora es que los ciudadanos catalanes están respaldando a sus políticos y defendiendo el flamante imperialismo insolidario catalán, mientras que en el resto de España los ciudadanos duermen acobardados y dejan el campo libre a los políticos para que hagan y deshagan a su gusto.

Definitivamente, España es un país cobarde.

¿Qué está pasando en España?
Grandes diarios extranjeros vuelcan estos días su mirada hacia nuestro país, asombrados por acontecimientos que van desde el revuelo por el Estatuto catalán a la posible negociación con ETA o la extraña desaparición de la escultura de Serra
Le Monde asegura que Zapatero se encuentra en estos momentos en una situación de «equilibrista»
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 22 Enero 2006

PARÍS. Gobierno y clases políticas nacionales, autonómicas y municipales andan tan obcecados en sus incontables «guerras» institucionales, jurídicas, financieras, diplomáticas y meramente retóricas que no perciben con claridad la degradación sensible de la imagen internacional de España, que la opinión pública descubre con cierta sorpresa, víctima, en alguna manera, del «ombliguismo» de las «provincias» ideológicas.

¿Es exagerado e injusto que el Frankfurter Allgemeine Zeitung hable de «limpieza lingüística» en Cataluña? ¿Se equivoca Liberation cuando afirma que «los catalanes están desunidos en sus pruritos separatistas»? ¿Miente Der Spiegel cuando habla de «viejos fantasmas golpistas»? ¿Fuerza la mano The Times cuando escribe que «muchos españoles temen la «ruptura» de España, si otras regiones continúan reclamando nuevos poderes»? ¿Es muy malévolo Le Monde cuando afirma que el presidente Zapatero se encuentra en una situación de «equilibrista»?...

Distintos espectros
De entrada, varias matizaciones. Frankfurter, Liberation, Spiegel, Times y Le Monde, entre otros, son medios de referencia incuestionable. Nadie puede poner en duda su honradez. Ligeramente conservadores (Frankfurter), ligeramente a la izquierda (Spiegel, Liberation, Le Monde) o centristas más o menos impenitentes (Times). Y llevan muchos años dando muestras de la más viva simpatía hacia España, con Suárez, con González, con Aznar y con Zapatero.

¿Por qué tales «dislates» o visiones «deformadas» de realidades que se perciben desde muy otros ángulos en Madrid, Barcelona o Cáceres? Pura y sencillamente porque los corresponsales europeos y americanos (del norte y del sur) ven la misma realidad desde muchos otros puntos de vista. Gobierno, clases políticas y medios españoles -de la más distinta sensibilidad- hacen infinitos gargarismos con palabras «maleta» como «democracia», «libertad», «tolerancia», etcétera, pero se crispan de muy mala manera cuando descubren que hay otras sensibilidades inglesas, alemanas, italianas, francesas, americanas, que no perciben España y sus problemas desde el mismo punto de vista.

Desde la Generalitat, puede pensarse que el «federalismo asimétrico» es una idea «genial». Pero quizá sea poco sensato rechazar con un gesto de suficiencia el punto de vista de un periodista alemán que tiene una experiencia histórica personal del federalismo germano, el más sólido de nuestra civilización, cuando da cuenta de sus reservas de fondo en materia de política lingüística, citando casos poco afortunados de niños o padres con problemas en colegios o escuelas. ¿Se trata de casos aislados? No parece pensarlo el matutino alemán más influyente de Europa.

Desde Vitoria, Bilbao o San Sebastián, puede pensarse que es imprescindible apoyar el «proceso de paz». Sin embargo, uno de los diarios históricamente más sensibles a la cuestión vasca considera indispensable dar la palabra a las familias de las víctimas de ETA, y hace suya una afirmación de Iñaki Arteta: «¿Reconciliación? ¿Irlanda? Aquí no hay dos campos enfrentados. Hay una banda terrorista y las víctimas. El problema político es una ficción. Nadie precisa qué recubriría la expresión fin negociado de la violencia».

Cuando el presidente Zapatero cree posible alcanzar una «paz negociada», ¿es injusto este titular de Café Babel, aludiendo al País Vasco: «Sicilia, sin sol»? Desde Bilbao o Vitoria quizá pueda parece una «exageración». Sin embargo, Le Monde responde de este modo ante tales reservas de fondo: «Contrariamente a los asesinos, las víctimas no tienen nombre en ninguna calle, ni reciben homenajes ni ceremonias de recuerdo en los cementerios. Esa estructura de indiferencia ha permitido la supervivencia del terrorismo». Desde la óptica del influyente vespertino, la paz vasca debe matizarse con ese recuerdo moral de fondo.

Venta de aviones a Chávez
Hay muchos otros «frentes» y puntos de vista donde la mirada exterior ilumina de manera muy cruda la realidad interior, eclipsada cuando no maquillada por la retórica ideológica local. ¿Qué más normal qué defender la soberanía nacional para vender armas o aviones a quien decida un gobierno soberano? Sin embargo, desde Caracas, El Universal da una «traducción» más que plausible de los negocios gubernamentales: «Chávez consolidó los vínculos con Irán: y la alianza Irán-Venezuela pudiera eliminar del mercado, en caso de agresión, 7 millones de barriles de crudo por día». Bravata bolivariana que los ayatolas no han tardado en confirmar de inquietante manera. ¿Los seguirá Chávez? ¿Cómo se percibirán en París, Berlín, Roma o Londres las relaciones privilegiadas de Zapatero con Chávez?

Incluso la prensa musulmana -no siempre un ejemplo ideal de tolerancia y liberalismo- subraya aspectos de la realidad que son recibidos con inquietud. ¿Qué piensan sobre España y el Estatuto los catalanes musulmanes de los que habla Islam.online con velado orgullo? Se trata de un problema de hondísimo calado que va mucho más allá de las fronteras de ningún Estado europeo. Indisociable de otras metamorfosis no menos invisibles veladas por la polución ideológica dominante.

El diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung habla de «limpieza lingüística» en Cataluña

The Times ironiza preguntando si alguien ha visto la estatua de Serra desaparecida del Reina Sofía

UNO DE LOS PUNTOS HA SIDO MODIFICADO
Miles de personas secundan en Pamplona la concentración convocada por el Foro de Ermua por la unidad de España
El Paseo de Sarasate de Pamplona ha acogido este sábado la concentración convocada por el Foro de Ermua para presentar el manifiesto "Por la unidad de España, por la igualdad y la solidaridad de todos". 5.000 personas, según la organización y alrededor de 2.500, según la Policía Municipal, secundaron la convocatoria en la capital navarra que llegaba con las críticas entre los partidos a uno de los puntos del manifiesto que finalmente fue modificado.
Europa Press Libertad Digital 22 Enero 2006

Entre los asistentes al acto, que se prolongó por espacio de una hora, se encontraba la eurodiputada Loyola de Palacio, la periodista Carmen Gurruchaga, que ejerció de presentadora, el miembro fundador del Foro de Ermua, Mikel Azurmendi, quien leyó el manifiesto, así como el diputado regionalista Jaime Ignacio Del Burgo, quien también se dirigió a los allí presentes, y el presidente de Foro, Mikel Buesa. Entre los rostros conocidos de la política navarra, se pudo ver al consejero de Cultura y Turismo del Gobierno foral, Juan Ramón Corpas, al parlamentario de UPN, Alfredo Jaime, al ex concejal regionalista, Ruiz de Langarica y al concejal de UPN en Leitza, Silvestre Zubitur.

Días previos
La concentración convocada por el Foro de Ermua ha llegado a Pamplona precedida de críticas al punto quinto del manifesto, por lo que finalmente fue modificado. Dicho punto reclama que las reformas de los estatutos "traten equitativamente a unas regiones con otras" y se suprimió la frase "eliminando las asimetrías competenciales y, sobre todo los privilegios fiscales y financieros que aún existen". Los partidos navarros lo consideraban un ataque al régimen foral. La periodista Carmen Gurruchaga, presentadora del acto, quiso dejar claro que el punto quinto del manifiesto "no era nada peligroso ni ninguna de las barbaridades que se ha estado comentando". "Se defiende la reforma del sistema electoral para que los nacionalismos no estén sobrerepresentados", afirmó.

El acto comenzó con la intervención del portavoz del Foro, Iñaki Ezquerra, quien manifestó que no se eligió Pamplona por casualidad para convocar esta concentración. "Navarra es un ejemplo perfecto de cómo se puede conciliar la democracia con los fueros, la españolidad y la ideología de la igualdad con la navarridad", dijo, y agregó que "Navarra y su foralismo representan un ejemplo de lealtad a la democracia, a España y a los españoles".

Situación de ETA
Jaime Ignacio Del Burgo manifestó que hace dos años ETA se encontraba en una situación "agónica" y se preguntó qué ha pasado para que hoy las víctimas se sientan "humilladas". "Se han encontrado con un Gobierno que está dispuesto a reconocer que Cataluña y también Euskal Herria son una nación", criticó. Del Burgo manifestó que "alguien ha dicho que este acto es una agresión contra la identidad de Navarra y contra la Constitución" y añadió que "sus propias palabras lo descalifican". A su juicio, actos como el de hoy son necesarios para "mantener viva la llama de la resistencia democrática".

El presidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, manifestó que los valores constitucionales como la libertad, la igualdad y la solidaridad están siendo "atacados". Subrayó que España no es una "mera abstracción" y señaló que estos valores sólo se pueden defender dentro del sistema político que proclama la Constitución, de la que dijo "no está obsoleta".

Buesa indicó que el problema del terrorismo no se resuelve haciendo concesiones a Batasuna, estableciendo negociaciones con ETA ni traicionando a las víctimas. "Necesitamos una política de claridad. El nacionalismo es incompatible con la idea de España y no queremos ver a nuestro Gobierno doblegado por el nacionalismo", sentenció.

Homenaje a las víctimas
Durante el acto, en el que también participó Paco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, los representantes de Juventudes del Foro de Ermua, Nerea Alzola y Eduardo Prieto, rindieron un homenaje a las víctimas del terrorismo etarra y leyeron los nombres de todas las personas asesinadas por ETA en la Comunidad foral.

Nerea Alzola criticó que se pueda negociar con la organización terrorismo, lo que consideró "simplemente miserable", y pidió al Gobierno central que "no mercadee con nuestro futuro". Exigió así al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero que "haga frente" a ETA y pidió igualmente que hoy se "impongan las reglas del juego" y se haga cumplir la orden judicial para impedir la reunión de Batasuna. "Permitir congresos de organizaciones terroristas son la mayor muestra de desprecio y traición", dijo. Eduardo Prieto, por su parte, manifestó que las víctimas del terrorismo "van a seguir hablando" de terrorismo, ya que, añadió, "el silencio es el mal que hace posible el olvido de las víctimas". "No permaneceremos en silencio", advirtió.

SE HA "VIOLADO" EL AUTO DE GRANDE-MARLASKA
El PP vasco y la AVT denuncian la "burla" de Batasuna-ETA a la ley ante la "absoluta inacción del Gobierno"
El portavoz del PP vasco, Leopoldo Barreda, ha denunciado que el acto de Batasuna-ETA en el que intervino Otegi ante un atril es una auténtica "burla del estado de derecho". Espera que los organizadores "respondan ante la justicia". Coincide en esto con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que también ha criticado "la más absoluta inacción del Gobierno central y vasco". Pese a las órdenes expresas del juez, la Ertzaintza no ha actuado.
Europa Press Libertad Digital 22 Enero 2006

Tras el acto que la ilegalizada Batasuna-ETA ha llevado acabo en Baracaldo, en el mismo lugar y a la misma hora que el prohibido por la Audiencia Nacional, el líder de los populares vascos, Leopoldo Barreda, ha declarado que "hoy no ha habido ninguna buena noticia para los demócratas ni para las libertades en Baracaldo, sino un acto que incurre exactamente en el supuesto de cesión de los micrófonos a un grupo terrorista, como es Batasuna", ha asegurado Barreda.

A juicio del dirigente popular, las palabras del portavoz de Batasuna-ETA, Arnaldo Otegi, pronosticando un cercano "fin del conflicto" es "estrictamente lo mismo que oímos hace un año". "La pretensión de sentar a demócratas y terroristas en una mesa –enumeró– ningún desmarque de ETA, ninguna condena del terrorismo, ningún avance, por tanto, que sea una noticia positiva para los demócratas".

El dirigente popular ha reiterado su convicción de que "hoy ha sido derrotada la democracia" y se ha producido "una auténtica burla del estado de derecho" por lo que deseó que "los responsables del acto respondan también ante la Justicia por su organización y su convocatoria".

"Se ha llegado a permitir la realización de un discurso por parte de Arnaldo Otegui en nombre de Batasuna-ETA"
La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha condenado también este acto celebrado al entender que "burla el Estado de Derecho ante la más absoluta inacción del Gobierno central y vasco". "Quienes jalean, apoyan y aplauden los actos terroristas de ETA han celebrado un acto en la localidad vizcaína de Baracaldo, sin que el Gobierno central ni el Gobierno Vasco hayan hecho nada por impedirlo", ha aseverado la asociación.

En un comunicado, la AVT consideró que en el curso del referido acto "se ha llegado al punto de permitir (sin que las fuerzas policiales de la Ertzaintza allí desplegadas hayan hecho nada por evitarlo) la realización de un discurso por parte de Arnaldo Otegui en nombre de Batasuna-ETA". Para la asociación, este hecho "ha consumado en toda su extensión el fraude de ley más absoluto a las resoluciones dictadas durante esta semana por parte de la Audiencia Nacional".

"Resulta inaudita y un insulto a la memoria de las víctimas del terrorismo, la postura adoptada tanto por parte del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y siguiendo sus criterios por parte del delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, quienes han traicionado el recuerdo de los que dieron su vida por la defensa de la democracia en España permitiendo que Batasuna-ETA tome las calles del País Vasco a sus anchas", ha recalcado.

«Teo» Uriarte, ex etarra: «Zapatero ha dado a ETA la mayor legitimación de su historia»
La sesión del 17 de mayo de 2005 en el Congreso de los Diputados en la que Zapatero pidió «permiso» para acercarse a ETA está subrayada en negro en la memoria de Eduardo «Teo» Uriarte, buen conocedor de una banda contra la que sólo ve una receta efectiva: aplicar la ley

«TEO» URIARTE
Ex etarra, ex parlamentario vasco y gerente de la Fundación para la Libertad
BLANCA TORQUEMADA ABC 22 Enero 2006

Incluso en las tripas de titanio del Guggenheim de Bilbao hay una serpiente. Forjada en hierro por el escultor Richard Serra (sí, el de la obra robada en el Reina Sofía) y de dimensiones colosales. Los visitantes se pasean por sus entrañas en un juego sinuoso y opresivo, fagocitados por su magnetismo. Llueve mansamente sobre la ría, a un par de días para el pretendido «congreso» de Batasuna. La cita con Eduardo («Teo») Uriarte está concertada a unas pocas manzanas de allí, a expensas de la coordinación entre el entrevistado y sus dos «sombras», los escoltas que cobijan sus pasos desde hace años. Uriarte fue miembro de ETA condenado a muerte en el proceso de Burgos, episodio que detalla en sus jugosas memorias («Mirando atrás», Ediciones B), donde desmenuza también cómo se descabalgó del terror cuando, conseguida la democracia, comprendió que la banda no era la revolución, sino involucionismo asesino. Salió luego elegido diputado del Parlamento vasco por Euskadiko Ezkerra y terminó en las listas del PSE, sin dejar nunca de mirar a sus espaldas: «Antes, por si me detenían; después, por si me mataban». Por su identificación con las tesis constitucionalistas de Nicolás Redondo quedó, como él, apartado de la primera línea política, pero mantiene en pie la lucha cívica como gerente de la Fundación para la Libertad.

-¿Qué ha pretendido demostrar Batasuna con esta asamblea, que parecía más una exhibición de fuerza que una reunión orgánica?
-Lo que pretenden es demostrar que el Estado de Derecho no tiene nada que hacer frente a un «pueblo en marcha», frente a la capacidad movilizadora de la izquierda abertzale, y que todas las fórmulas represivas para resolver el conflicto no sirven, lo que supone que hay que llegar a resolver las cosas de una manera dialogada, sin que haya vencedores ni vencidos, preámbulo claro y explícito de que por ese camino los únicos vencedores son ellos.

-¿Podemos dar por hecho, a estas alturas, que el PSE, o incluso todo el PSOE, ya ha sucumbido a la validez de ese planteamiento?
-Yo creo que el PSOE está tentado ante una solución técnica de «llegamos a la pacificación y aquí no ha pasado nada», que aparentemente resolvería el asunto, y creo que esa concepción es nefasta, porque las meras vías «técnicas», más que acabar con el terrorismo, lo colocarán en otra etapa más favorable para ETA y quienes la sustentan.

-Muchas voces denuncian que además de una aparente connivencia del PSE y del Gobierno con ese «aquí no ha pasado nada», se puede entrar también en una fase de «tragaderas» políticas en la que se podría llegar a admitir la mesa de partidos que ETA exige...
-No, de momento el PSE aquí ha dicho que no se va a sentar con Batasuna, y hay que creerles. Esperemos que eso se mantenga, sobre todo hasta que Batasuna no condene el terrorismo. A mí lo que me preocupan son las tendencias pragmáticas históricas en el Partido Socialista. Primero fue la frase de Felipe (que, por cierto, en otros aspectos era mucho más reflexivo) de «¿qué importa el color de los gatos si al final cazan ratones?», con lo cual se le colaron todas las mofetas del mundo, y ahora el ansia por soluciones regidas por un pragmatismo inmediato lleva a planteamientos de gran riesgo.

-Los socialistas reprochan al PP que Aznar también habló con ETA y encima sin publicidad...
-Cualquier relación política con el terrorismo tiene que ser vista en el contexto político del momento. En principio, toda relación de un Gobierno o de instituciones del Gobierno con un grupo terrorista legitima al terrorismo. Ahora, puede ser más o menos justificable en función de la coyuntura política, si existe algún indicio sólido y creíble de que los terroristas vayan a abandonar las armas. Pero yo, en todo este periodo reciente en el que se ha hablado de posibilidades de solución definitiva del terrorismo, he detectado una serie de síntomas que no me han permitido adivinar que exista una voluntad de los terroristas de abandonar las armas. He visto, por ejemplo, que no ha habido una excesiva preocupación por los presos por parte de ETA, y, por el contrario, he visto un énfasis llamativo en las reivindicaciones históricas del nacionalismo más radical. Cuando una banda terrorista plantea la solución, su solución, la que le interesa, esa solución hace hincapié en el futuro de los presos a la vez que se desdibujan las exigencias políticas. Pero es que además, en este caso, las reivindicaciones de los asesinos coinciden con las de fuerzas declaradas democráticas que están haciendo más o menos las mismas. Con lo cual las actuales condiciones para un diálogo son mucho peores que en el tiempo pasado. Y no lo digo sólo por el PNV, sino también por Esquerra en Cataluña.

-¿Es culpable el Gobierno de un exceso de expectativas en el proceso?
-Bueno, todo Gobierno quiere resolver la cuestión, eso es natural y loable. El propio Gobierno nos ha dicho «hay excesivo ruido», es verdad que lo ha dicho, pero muy tarde. El exceso de ruido empieza con la famosa resolución de las Cortes el 17 de mayo de 2005, con la que Zapatero ha dado a ETA la mayor legitimación de toda su historia. Porque una cosa son los contactos del Gobierno, a través de grupos policiales o de inteligencia con los terroristas, y otra muy diferente que el órgano soberano plantee condicionalmente la posibilidad de un diálogo con ETA. Es el mayor honor que se le puede conceder a un grupo terrorista. El famoso pacto de Ajuria Enea no fue ni siquiera un acuerdo en el Parlamento vasco, se trató de un acuerdo entre partidos, y en un contexto político muy diferente en el que no había unas reivindicaciones exageradas por parte de los nacionalistas y se daba una condena unánime del terrorismo, absolutamente clara.

-¿La condescendencia del Gobierno con el Estatuto catalán ha resucitado el plan Ibarretxe, le ha dado un oxígeno inesperado?
-Hombre, no, porque el plan Ibarretxe nunca acabó en un cajón. Fue tapado por alguna otra cosa inmediata, como constituir el propio Gobierno vasco o sacar los Presupuestos adelante. Pero el plan Ibarretxe queda ahí «per secula seculorum» salvo soluciones más traumáticas. El problema de todo esto es qué tipo de sistema político e institucional nos hemos dado que cualquiera puede plantear su traumática transformación, y además desde fuera de los organismos que deberían tratar estas cuestiones. En ese nivel de osadía estamos. ¿Qué estabilidad política se ofrece en España para que desde la periferia se pueda llegar a dar la vuelta a la Constitución? La nueva generación de políticos que ha accedido al poder, de la que el primer exponente es Ibarretxe, tiene como única ideología la del «¿qué mal hay en ello?» y la del «¿por qué no?». Es una ideología de naturaleza higienista, que funciona a base de protocolos, y de cierta concepción misionera, por la trascendencia que atribuyen a lo que se disponen a hacer. Eso les imbuye de un radicalismo político propio del viejo doctrinario de los años treinta del siglo XX.

-En su libro de memorias usted hace la reflexión de que el plan Ibarretxe, lejos de ser moderno, es una vuelta al modelo imperial de relación pactada con las periferias...
-Es una manifestación más del carlismo integrista que está en los orígenes del nacionalismo vasco. Pero lo malo no es que ese proyecto sea el del PNV, que eso ya lo sabemos. Es que es también el de Zapatero. Quiere aplicar a España un modelo a imagen del propio PSOE, que hoy se llama «federal» pero que es en realidad «confederal», conceptos que pueden parecer lo mismo pero que no tienen nada que ver. Zapatero se ha dicho: «Constituyamos la organización territorial del país a semejanza de cómo funciona el partido». La cultura fundamental de los nuevos políticos es la de partido. Y además, si un partido está en el poder, el poder aglutina, no hay asomo de contestación interna. Las corrientes de opinión de otros tiempos no existen. A lo más que se llega es a asumir la organización en clanes. Son una estructura organizada como la vieja España imperial, una tendencia que aún no se ha visto en el PP, pero que aparecerá. El confederalismo de Ibarretxe y Maragall es otra cosa. Ellos, como Escarlata O´Hara, se han jurado que nunca más volverán a pasar hambre, o sea, que no dejarán el poder nunca y que siguen organizando lo mejor que pueden el tejido clientelar. Y como el confederalismo, a diferencia del federalismo, es el gran chollo, con el que «estoy unido al resto para lo bueno, pero no para lo malo», pues ya sabemos dónde empieza y dónde acaba su proyecto político.

-De alguna manera usted sostiene en sus memorias que fue ese clientelismo nacionalista el que hizo que en última instancia los constitucionalistas perdieran las elecciones de 2001 en el País Vasco...
-Yo creo que sí. En España es en la periferia donde se materializan fórmulas políticas que se parecen más a un régimen que a un sistema jurídico, hasta el extremo de que se puede llegar a percibir como más fácil quitar al presidente del Gobierno español o, incluso, me atrevo a decir, llegar a descabalgar a la Monarquía, que echar a un presidente de Comunidad autónoma. Es tal la inmediatez de la relación política, es tal la relación del administrado con la Administración que los lazos de dependencia son enormes. Esta organización territorial de España habría sido el sueño de los caciques de la etapa canovista. Y eso se nos vende como progresismo. A mí me da mucha más garantía una Sala judicial a la que recurrir en Madrid que no la de ese con el que tomo chiquitos en el «batzoki».

-La plataforma de Albert Boadella en Cataluña, que está a punto de convertirse en partido, ¿sirve de referencia en el País Vasco, podría echar a rodar aquí una iniciativa similar?
-En Cataluña se han hecho algunos análisis según los cuales el 40 por ciento del electorado se ha quedado sin alternativa, sin opción política, y eso alienta iniciativas como la plataforma. En principio, no es malo que en el ámbito de la izquierda, donde se habla tanto de pluralidad, existan verdaderamente distintas opciones. Visto desde aquí, lo de Boadella es un fenómeno digno de consideración. Es verdad que los partidos políticos en España son monolíticos y sería una sorpresa que iniciativas de esta naturaleza salieran adelante, pues tenemos experiencia de fracasos como el de García Damborenea o como el de Euskadiko Ezkerra. Pero quizá en otra coyuntura política tengan más futuro, porque además estas cosas no surgen de manera forzada, las genera la propia situación.

-Cuando llegó al poder José Luis Rodríguez Zapatero, ¿cabía esperar este tipo de actuaciones y el punto en el que nos hallamos ahora?
-Había cosas que se apuntaban. Lo que había pasado en el PSE era una especie de prólogo que se podía repetir, y por tanto podía pasar cualquier cosa, con esas típicas manifestaciones y expresiones de tipo moral que se contradicen después con el ejercicio de la política. Se expresa solidaridad con las víctimas, rechazo moral del terrorismo, pero eso se queda en el vacío, cuando no en el cinismo y la hipocresía. Hay que decirle a Zapatero que ya está bien de discurso moral, hay que hacer discurso político. Y sólo vale el de derrotar todos los planteamientos del terrorismo. No va a haber solución del terrorismo si no se le condena social y políticamente. En qué país estamos si un asesino puede montar una cristalería en los bajos del edificio donde vive la viuda de aquél al que mató. Con eso el etarra quiere lanzar el mensaje de que el de la victoria política será él frente a la viuda «apestada» que tiene que pasear por su pueblo con dos escoltas. Por eso, yo pregunto qué pasa con las víctimas, qué pasa con los empresarios o con los ciudadanos extorsionados ante el escándalo político de la ambigüedad frente a ese acto de Batasuna. ¿Con qué autoridad van a pedir a los ciudadanos que cumplan con sus deberes si no lo hace el poder ejecutivo? No hay apaño posible, hay que vencerlos. Que Batasuna haga su congreso es como si pusiera una cristalería como la del edificio de Pilar Elías en el corazón de la sociedad vasca.

-Si ha habido retroceso tras la ruptura del pacto antiterrorista, ¿hay aún solución para el País Vasco?
-Claro que la hay. Estado de Derecho e imperio de la ley, como en toda democracia. Cuando hace cinco o seis años apareció el Estado de Derecho en Euskadi, todo el mundo lo notó. Prosigamos con la fórmula y no la destrocemos. Funcionó, y no la inventó Aznar, sino que nació de los grupos cívicos vascos. Le recordaría al Gobierno que hay que ser agradecidos con el sistema que te sostiene, porque si tienes coche oficial es porque estás gestionando ese sistema, ergo defiéndelo. Sólo cabe la derrota de ETA, y esa derrota técnicamente es posible. Los mayores problemas son las «escarlatas O´Hara» como Ibarretxe, que le pone el colchón a ETA para que no abandone el terrorismo, y el propio PSOE, que de manera voluntariosa pero lamentablemente equivocada, también facilita que ETA no deje la violencia con la resolución del 17 de mayo en el Parlamento. Zapatero actúa tentado por esa inmediatez que condiciona a los nuevos políticos, la de tomar sólo lo que nos sirve a corto plazo y desechar lo demás. Y esa actitud es el origen de todo totalitarismo.

Entrevista
NICOLÁS REDONDO TERREROS
"Vengo repitiendo hasta la saciedad y abogando allí donde he tenido ocasión de hacerlo, por un gran pacto PP y POSE para las cuestiones de Estado"
Minuto Digital 22 Enero 2006

El pasado noviembre se celebró el tercer Encuentro Cívico en Bilbao ¿Podría darnos su opinión sobre el resultado del mismo?
El hecho de que sea el tercero, es un éxito en si mismo. Si además, este tipo de Encuentros permite reunir a más de 20 asociaciones y que, ciudadanos de diferente ideología que creen en la Democracia y buscan la Libertad se reúnan y trabajen conjuntamente, sólo podremos calificar estos ACTOS como verdaderos éxitos. Reivindicar el papel de las víctimas del terrorismo nos tiene que llenar de orgullo y nos ayudará, sin duda, a SUPERAR EL HORROR que ha causado el terrorismo.

En las conclusiones ha quedado reflejado que “no se exija ningún precio moral a las víctimas, ya que sólo los asesinos tienen obligación moral por el daño causado” ¿Significa esto un no a la negociación con los terroristas?
Significa un No a la negociación con los terroristas, no sólo por lo que usted comenta, sino que de una lectura de las conclusiones de este III Encuentro, lo único que se puede deducir es que, la dignidad y el futuro de las víctimas y de la sociedad en general, pasan por la absoluta derrota democrática de los terroristas.

La Fundación Para La Libertad se ha convertido en un espacio de encuentro entre personas de diferentes ideologías que trabajan juntas sin ningún tipo de problemas ¿Cree que podría extrapolarse esta experiencia al campo político, de partidos, y a la sociedad civil vasca?
Considero no solo posible y deseable, sino imprescindible que PP y PSOE, el partido que gobierna y el que puede gobernar, se pongan de acuerdo sobre cuestiones de Estado tales como la lucha contra el terrorismo, reformas constitucionales o estatutarias, política exterior, educación, etc. Si no lo hacen, pronto clamaremos por soluciones que han adoptado otros países europeos con menos problemas que nosotros.

En la Fundación hay numerosas personas de gran peso específico, tanto cultural como político y personal ¿Cree que la Fundación podría llegar a ser una especie de laboratorio de ideas y propuestas que fuera tenida en cuenta por las instituciones políticas?
La Fundación no es ni debe ser un Think Tank, no sustituye ni debe sustituir el papel de los partidos políticos; pero a mi juicio, sí es fundamental debatir y compartir las ideas que van dirigidas desde la “Fundación para la Libertad”, hacia el fortalecimiento de la sociedad civil española. Creo que hay que hacer un gran esfuerzo, un extraordinario esfuerzo por parte de los que podemos hacerlo. No sólo de los partidos políticos que como he dicho antes tienen un papel claro y definido, sino de todos los que, de un modo u otro, tenemos capacidad de influir en el fortalecimiento de una sociedad civil que no pueda ser manipulada.

Durante el pasado encuentro, destacó la intervención de Joseba Arregui, una persona que llega del nacionalismo y que ha incorporado a su discurso razonamientos y actitudes de especial importancia, libres de cualquier tipo de complejo ¿Cree que a Arregui le seguirán otros nacionalistas?
El discurso de Joseba Arregui es impecable desde un punto de vista democrático. Abogar, como hace él, por la derrota política de ETA, debería unirnos a todos. Desgraciadamente, hasta ahora esto no ha sido así. Existen honrosas excepciones como la de Joseba o Emilio Guevara que ojalá fueran seguidas por otros nacionalistas. Me temo que hoy por hoy será difícil ver más ejemplos de este tipo, máxime cuando las posiciones políticas actuales de los nacionalistas han dejado de ser criticadas por aquellos que podían ser su alternativa, para pasar a ser reconocidas y recompensadas.

Algunas asociaciones cívicas han iniciado una campaña a favor de la unidad de España. ¿Cree, al igual que ellos, que los nacionalismos-separatismos están poniendo en peligro el marco de convivencia que logramos con la constitución de 1978?
Estar a favor de la unidad de España es tan legítimo o más que lo contrario. No estoy en contra del fortalecimiento de los hechos autonómicos. Bien al contrario. Pero también creo que para cualquier reforma de carácter constitucional –incluidos los estatutos de autonomía-, es necesario un acuerdo previo entre el partido que gobierna y el partido que puede gobernar. No se pueden encarar reformas de nuestra estructura constitucional sin ese acuerdo que supondría entender las razones del otro para defender posiciones contrarias. Así se recuperaría el espíritu de la transición. Me preocupa hoy en día que algunos de los frutos de la Constitución sean irreconocibles con el tiempo. Pero me preocupa mucho más que dinamitemos el espíritu de la Transición, precisamente, ese que hizo posible los productos institucionales y el hecho de que estemos viviendo como estamos viviendo. Lo que predominó en aquella Transición fue justamente la voluntad, la vocación, el interés, el deseo de entender las razones del adversario

Teniendo en cuenta que es imposible negar la existencia de valores y principios tanto en la derecha como en la izquierda, y que desde las dos posturas ideológicas se ve con preocupación la actual situación de España. ¿Por qué no es posible un pacto entre PSOE y PP que reconduzca la situación?
Vengo repitiendo hasta la saciedad y abogando allí donde he tenido ocasión de hacerlo, por un gran pacto PP y POSE para las cuestiones de Estado que he señalado en una pregunta anterior. Este Pacto deberá inspirarse en la misma voluntad que se inspiró el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Yo tuve que ver entonces en la génesis de ese Pacto. Sinceramente, hoy no puedo saber cuales son las razones para que no sea posible un Pacto similar, salvo que esas razones sean de pura táctica política y por lo tanto, obedezcan a una visión política cortoplacista y lejana de la estrategia política que requerirían asuntos tan importantes como los que están en juego. Por cierto, en las ultimas semanas, esto que algunos venimos diciendo desde hace mucho tiempo, también forma parte del discurso político de relevantes socialistas que en el pasado formaron parte de la dirección del Partido.

Para finalizar, una pregunta personal. A muchos nos gustaría conocer sus planes de futuro ¿Podremos votarle en próximas convocatorias electorales?
Me temo que de momento no va a ser posible. Nunca me he planteado la política como una profesión. Cuando abandoné la política activa, lo hice con todas las consecuencias. Esto no quiere decir que no siga defendiendo los principios que han inspirado foros como la Fundación para la Libertad.

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