AGLI

Recortes de Prensa     Martes 24 Enero  2006
Dos familias se quejan cada día en Cataluña por no poder escolarizar a sus hijos en castellano
Joan Planes La Razón 24 Enero 2006

Mentiras y deserciones
EDITORIAL Libertad Digital 24 Enero 2006

Razones contra el desaliento
BENIGNO PENDÁS ABC 24 Enero 2006

El sitio de la Nación
Editorial ABC 24 Enero 2006

Ricos contra pobres
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Enero 2006

Costosa pastelería monclovita
VALENTÍ PUIG ABC 24 Enero 2006

En ausencia de España
EDURNE URIARTE ABC 24 Enero 2006

Los “patriotas” socialistas enmudecen
Lorenzo Contreras Estrella Digital 24 Enero 2006

Un tributo a los nacionalistas
Alberto Recarte Libertad Digital 24 Enero 2006

Sólo una ley cumplen
Cristina Losada Libertad Digital 24 Enero 2006

Los nuevos cromos de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 24 Enero 2006

Devuélveme el rosario de mi madre
LUIS IGNACIO PARADA ABC 24 Enero 2006

Ebrio navío sin rumbo
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 24 Enero 2006

El silencio de los empresarios
JOSÉ MARÍA GARCÍA HOZ ABC 24 Enero 2006

El fantasma catalán
IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 24 Enero 2006

¿Qué está pasando en el PP?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2006

A Rajoy le estalla el caso Piqué en las manos, mientras Zapatero estrecha manos a las puertas de Moncloa
Jesús Cacho  elconfidencial 24 Enero 2006

Lo peor está por llegar
José Javaloyes Estrella Digital 24 Enero 2006

Rodríguez entrega a Cataluña la reforma de la Constitución
Román Cendoya  Periodista Digital 24 Enero 2006

(Fumata blanca para el despedazamiento de España)
Antonio Cabrera  Periodista Digital 24 Enero 2006

Ironía o sarcasmo
Daniel Martín Estrella Digital 24 Enero 2006

Unos chicos muy honrados
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 24 Enero 2006

Herrero, Pedro J. y Álvarez de Toledo piden al Parlamento Europeo que obligue a Cataluña a modificar la ley audiovisual
Agencias Libertad Digital 24 Enero 2006

El PP promoverá un referéndum sobre el Estatuto en toda España
Efe - Madrid.- La Razón 24 Enero 2006

Dos familias se quejan cada día en Cataluña por no poder escolarizar a sus hijos en castellano
La Generalitat ultima un decreto para que el personal docente imparta las materias en catalán
Joan Planes La Razón 24 Enero 2006

Barcelona- Según aseguró la Asociación por la Tolerancia de Cataluña, durante lo que llevamos de año 2006 una media de dos familias se han quejado cada día de la imposibilidad de poder escolarizar a sus hijos en lengua castellana, tanto en la escuela pública como en la privada. El presidente de la entidad, José Domingo, explicó a LA RAZÓN que se trata de padres, bien castellanohablantes o bien recién llegados a Cataluña desde otras partes de España, que tienen serias dificultades para conseguir que el aprendizaje de sus hijos sea en su lengua materna.

En estos momentos, sólo existe un centro en Cataluña en el que sea posible la escolarización en castellano. Se trata del colegio El Aula de Español, de titularidad privada. A juicio de Domingo, la política educativa de la Generalitat «se está endureciendo, pese a que los planes ya procedían de la época del anterior Gobierno de CiU». Asociación por la Tolerancia cree que «tanto el departamento de Educación como el de Comercio, Turismo y Consumo se pasan de la raya, porque están a punto de alterar la convivencia».

«Por primera vez vemos inquietud, gente enfadada, y en lo que llevamos de año más de treinta familias nos han hecho llegar sus peticiones y quejas, y sobre todo se refieren al sector público de la educación», explica Domingo.
A su juicio, «durante muchos años el bilingüismo en las escuelas no generó ninguna tensión. Lo que sucede actualmente es que está llevando a cabo un proceso de sustitución lingüística: cambiar las dos lenguas por sólo el catalán».
Además, la Asociación por la Tolerancia recuerda que la consejera de Educación de la Generalitat, Marta Cid, sigue ultimando un decreto que tendrá como uno de sus principales objetivos «la obligación del personal docente de dar sus clases en catalán». Otro problema que surge en este asunto son las polémicas estructuras comunes en las aulas: dos horas lectivas a la semana son en catalán.

Atención individualizada. Los padres que se han quejado del problema concreto de no poder escolarizar a sus hijos en lengua castellana aseguran que no piensan permitir que los pequeños reciban «una atención individualizada por parte de los profesores». En su opinión, ello conlleva poco menos que los niños se conviertan «en las ovejas negras de la clase». Este tipo de atención significa ser apartado del resto del aula para poder ser enseñado en castellano, lo que dificulta enormemente la integración con el resto de los alumnos.

En este sentido, el presidente de la Asociación por la Tolerancia en Cataluña asegura que «lo que desea el actual departamento de Educación es un modelo de lengua única, siguen una política de disuasión».

Otra dificultad son las aulas de acogida, que pretenden integrar a los niños extranjeros recién llegados a las aulas «normales». Sin embargo, este proceso de integración sólo se lleva a cabo en catalán. «Creo que se pasan, porque los inmigrantes pasan seis meses ahí aprendiendo sólo catalán y pierden el curso. Conocemos padres de niños magrebíes, sudamericanos o rumanos que ven como sus hijos no saben nada de castellano», dice Domingo.

Mentiras y deserciones
EDITORIAL Libertad Digital 24 Enero 2006

"Un magnífico acuerdo para Cataluña y para España que abre paso a una España más vertebrada, más cooperativa y más solidaria". "Toda España gana". "El acuerdo se puede escribir con una gran 'C' mayúscula, la 'C' de Constitución, porque es un acuerdo constitucional de la 'A'a la 'Z'".

Así, siguiendo al pie de la letra la máxima nacionalsocialista de que "hay que repetir una mentira, una y otra vez, hasta que parezca verdad", la vicepresidenta Fernández de la Vega ha presentado ante la opinión pública el acuerdo que, con nocturnidad y alevosía, ha alcanzado el gobierno socialista con los nacionalistas de CiU para sacar adelante el maquillado estatuto soberanista catalán.

Si tan magnífico es el acuerdo para España, ¿por qué no se somete a referéndum y al criterio de todos los españoles algo que afecta no sólo a Cataluña, sino como De la Vega dice, a toda España? ¿En qué vertebra a España un liberticida régimen lingüístico que excluye en Cataluña a la lengua común de todos los españoles? ¿En qué vertebra a nuestra nación proclamar que Cataluña es, también, una nación? ¿Por qué proclamar a Cataluña como nación en el articulado del estatuto sería inconstitucional, cuando no lo es –según De la Vega– en el preámbulo? ¿Por qué España va a ser más "cooperativa y solidaria"? ¿Por el hecho de que Cataluña pasará a tener una agencia tributaria propia? ¿Por ser Cataluña la única comunidad que tiene la financiación del Estado garantizada por siete años? ¿Cómo se puede sostener que la mayor financiación en infraestructuras en Cataluña en los próximos años no repercutirá en la financiación del resto de autonomías?

El caso es que, no contenta con esta inversión radical de la realidad del Estatuto, De la Vega ha tenido la desfachatez de decir, respecto del PP, que "nadie les quiere fuera y todos apostamos por que se sumen a la voluntad inmensamente mayoritaria". Pero, ¿cómo se puede tener el cinismo de querer aparentar "voluntad de consenso", una vez cerrado un acuerdo que, por otra parte, ya se fraguó e impulsó con la expresa y deliberada voluntad de dejar al margen al principal partido de la oposición? Sería tanto como pedir al PP que se adhiriese al pacto del Tinell, en el que expresamente los socialistas y los nacionalistas acordaron dejar a este partido al margen de cualquier acuerdo. Eso por no hablar de que el PP representa a casi 10 millones de españoles y de que el rechazo ciudadano al Estatuto soberanista catalán, tal y como reflejan los sondeos, es todavía mucho más amplio.

Claro que en nada ayudan al combate contra las mentiras del gobierno de ZP, las puñaladas por la espalda que, a los principios y al discurso del PP, les ha asestado este lunes Piqué y Vendrell, quienes han mostrado su cercanía al engendro anticonstitucional que sigue siendo el estatuto soberanista tras el acuerdo con CiU.

Tiene razón Vidal Quadras cuando, refiriéndose a estos dos dirigentes del PP catalán, dice que "no es normal situar a las tropas más flojillas en el frente más duro de la batalla". Pero Piqué no es el culpable sino un beneficiario de esa indudable anomalía. Por no hablar de los nacionalistas.

Vidal-Quadras sabe mejor que nosotros –y si no puede darle detalles Mayor Oreja– de qué lado se decantó temporalmente Rajoy en la silenciada reunión de Sigüenza, celebrada en enero del pasado año. De allí salieron favorecidas las tesis de Piqué y Gallardón, en detrimento de Acebes y del propio Mayor Oreja, que ya entonces advirtió que "no había uno sino dos desafíos" –el vasco y el catalán– contra la Constitución y la unidad nacional. Se perdió un tiempo precioso en el que no se dio la batalla, ni en Cataluña ni en el resto de España hasta que Rajoy enmendó, parcialmente, el error. En Cataluña, sin embargo, Piqué ha seguido estando en tierra de nadie, sin mostrar convicción en el discurso que se supone representa el PP. Eso, por no hablar de sus afirmaciones de que Acebes y Zaplana representan "el pasado del partido" o su delirante y contradictoria posición ante el CAC y sus liberticidas propósitos.

Ya dijimos en su día, parafraseando a Napoleón, que "el comandante es el regimiento". Y es Rajoy quien debe ejercer su liderazgo, también en Cataluña, enmendando y no sosteniendo un error que, como el que constituye Piqué, arranca de los tiempos de Aznar. Nada mejor que empezar por hacer relevos al frente del PP catalán y alinearlos con los que siguen dando la batalla de ideas en el País Vasco, como en el resto de España.

Razones contra el desaliento
Por BENIGNO PENDÁS. Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 24 Enero 2006

... Reabierto el debate territorial por razones de simple oportunismo, lo peor es que consume todas las energías morales e intelectuales. Muchos socialistas sensatos lo reconocen en privado. Unos cuantos lo admiten en público...

MIENTRAS Europa despierta, España se duerme. Tony Blair clama por el «respeto». Sarkozy propone «autoridad». Merkel, el nuevo símbolo, anuncia «trabajo». Los políticos atienden por fin a las preocupaciones reales. Según un informe para el Foro de Davos, los europeos somos la gente más pesimista del planeta. La escuela y la familia fallan con estrépito a la hora de transmitir valores cívicos. De ahí la rebelión sin revolución, imagen fugaz -pero significativa- del estado de naturaleza hobbesiano. La fiesta continúa, aunque menos animada. La niebla perturba el horizonte de la ciudad alegre y confiada. Por fortuna, el bienestar material modera las consecuencias del comportamiento antisocial. Seguimos siendo una generación privilegiada, que sólo conoce la guerra a través de la televisión y de los libros de historia. Es verdad, sin embargo, que contamos con nuestra propia guerra por fragmentos, llamada «terrorismo», y que hemos importado el proletariado exterior -como decía Toynbee- sin tener una idea clara de cómo, por qué y para qué. Los partidos democráticos tienen el deber de ofrecer soluciones frente al malestar creciente. De lo contrario, llegará sin remedio la hora de los extremismos antipolíticos. Cuando nos arrepintamos, ya no servirá de nada rasgarse las vestiduras. Populismos y demagogias aguardan su turno por si fracasa la política de la responsabilidad. No sería la primera vez. En España, se acumulan los motivos para el desánimo. ¿Fin de trayecto? En el adagio final de la «Sinfonía de los adioses» de Haydn, los músicos dejan de tocar uno tras otro. Abandonan discretamente la escena. El último violinista se queda para apagar la luz y concluir la partitura en «pianissimo». ¿Se marcha para siempre de Cataluña el poder soberano del Estado?

Aquí y ahora, en efecto, seguimos a lo nuestro. No hay tiempo para debatir sobre respeto, autoridad o trabajo. El nacionalismo insaciable consume todas las energías de una nación -la de verdad- exhausta y desalentada. Ya se sabe adónde conducen los esfuerzos sin recompensa. Una sociedad sana no puede vivir de angustia en sobresalto a cuenta del Estatuto catalán o de las resoluciones judiciales sobre Batasuna. Reabierto el debate territorial por razones de simple oportunismo, lo peor es que consume todas las energías morales e intelectuales. Muchos socialistas sensatos lo reconocen en privado. Unos cuantos lo admiten en público. Incluso con Zapatero, antes de Irak, había un discurso teórico: énfasis en la seguridad, republicanismo cívico, planteamientos neofabianos. Discutible, sin duda, desde el punto de vista ideológico, pero coherente con un socialismo adaptado como todos a la levedad posmoderna. No queda nada. Sólo hay tiempo para jugar con fuego, abrir un proceso constituyente en sentido material, desplazar al centro-derecha hacia los márgenes del sistema. El nacionalismo envenena a la izquierda española porque rompe la dinámica natural de su evolución. Le exige aceptar una falacia sin sentido: que el «progresismo» se identifica con un localismo rancio y antediluviano. Los criterios de Maragall y de Esquerra se parecen mucho a los de la Liga Norte, pero en Italia nadie piensa que esa postura sea de izquierdas. Por ignorancia o por mera táctica, un sector importante del PSOE renuncia a sus señas de identidad y pierde acaso su propia razón de ser. ¿De verdad que merece la pena? Cada vez hay más gente seria que lo pone en duda. Es imprescindible que pasen de las palabras a los hechos. Si no lo hacen ahora...

Mejor equipada para la defensa ética y política de la nación, la derecha padece también las consecuencias de la infección nacionalista. Evocar viejos fantasmas destapa malas querencias. Si «ellos» no tienen pudor, «nosotros» tampoco..., deducen algunos, a veces por convicción, otras por simple interés. Mal camino. Tener razón conlleva sus exigencias. Entre otras, la moderación, el aplomo, el sentido común.

Hablemos claro : si fracasa este proyecto nacional, perdemos los españoles de bien. Los desleales prefieren una España convulsa y agresiva. No servirá de nada echarles la culpa del desastre. Este es nuestro proyecto, no el suyo. Pero han logrado también en este caso infectar un virus dañino en la lógica del argumento político: que la Transición, un éxito colectivo, parezca ahora un fracaso. Pretenden obligarnos a elegir entre Nación y Constitución. Falso dilema. Aquí y ahora, la forma de ser de España está contenida en un texto proclamado en nombre del titular único de la soberanía. No hay que dejarse arrastrar por la frustración. Es notorio que existen motivos para el desánimo, pero es imprescindible mantener la confianza y recuperar la propia estima. Para ello, es preciso argumentar con rigor y firmeza, ser exigente sin desvaríos, convencer sin insultar. En esta hora difícil, se debe consolidar la coherencia y la integridad del proyecto colectivo. Por eso es acertada la convocatoria por el Partido Popular de una convención basada en la política de las ideas. Rajoy tiene que acertar en la táctica, pero también en la imagen, evitando tanto la rigidez como las contradicciones internas. Está en juego el futuro de la España constitucional.

El síndrome nacionalista no deja ser izquierda a la izquierda española. Amenaza también con descentrar a una derecha que ha sabido evolucionar -no sin esfuerzo- de acuerdo con el espíritu de los tiempos. Me preocupa mucho más, en todo caso, la sociedad civil que la clase política. La gente está desanimada, en la calle y en los despachos, en las aulas y en muchos ámbitos empresariales y laborales. Extraña época la que nos toca vivir. Hemos inventado una globalización sin cosmopolitas. Un patriotismo sin héroes. Un nacionalismo sin ciudadanos. Tenemos incluso un «totalismo» sin totalitarismo. Surgen nuevas formas de violencia. Michel Wieviorka describe con precisión algunos modelos ya contrastados: por ejemplo, el «sujeto flotante», que quiere ser social, pero no puede, y estalla entonces en rabia destructiva. Por ahora, los recursos acumulados en la despensa colectiva permiten evitar que explote el polvorín. ¿Y cuando falten? «Si no hay dinero, no hay suizos» es una sabia expresión de tiempos de la Monarquía hispánica, siempre con apuros para pagar el sueldo a los mercenarios.

La gente está preocupada por la violencia, en casa, en la calle y en la escuela. Por el deterioro de ciertas formas elementales de convivencia, incluidos el decoro y un mínimo de buenos modales. Por el empleo precario. Por la inmigración y sus secuelas. Por el presente de los padres y por el futuro de los hijos. Cuando vuelve los ojos hacia la clase política, sólo encuentra debates artificiales, confrontación perpetua y secretismo para iniciados. Es lógico que se agrave la desilusión. Comprensible, en efecto, pero un desastre para la convivencia cívica. Porque, entre la irritación y el desconcierto, muchos encuentran una falsa justificación para el egoísmo, la pereza, incluso la indignidad. Si «ellos» no..., «yo» tampoco. La naturaleza humana no ha cambiado ni tiene intención alguna de cambiar. Por fortuna , el proceso de la civilización permite un control, siquiera precario y limitado, sobre los peores instintos naturales. Pero el estado de ánimo tiene una influencia decisiva y, entre nosotros, el pesimismo está ganando la batalla.

Volvamos a la tierra baldía. Zapatero acaba de cruzar el Rubicón. Mueve ficha con CiU sin perder de vista a sus socios actuales. Estatuto, opa y «papeles» cierran el círculo en Cataluña. Batasuna, presos y nueva estrategia del PSE reabren el tema vasco. Mientras tanto, el mundo gira, las potencias emergentes aceleran, incluso nuestros socios distraídos empiezan a reaccionar. España, en tierra de nadie. No es fácil encontrar razones para luchar contra el desaliento, pero habrá que tener voluntad para buscarlas. Como escribe T.S. Eliot, «el pesimismo profético ya no sirve de consuelo».

El sitio de la Nación
Editorial ABC 24 Enero 2006

DESPUÉS de las fotos y del intercambio de loas en la sociedad de intereses formada por socialistas y nacionalistas, el Gobierno va a tener que dar muchas explicaciones por el acuerdo estatutario patrocinado por Rodríguez Zapatero. En definitiva, al Gobierno le esperan España y los millones de españoles que ahora quieren saber qué futuro le aguarda a su país y a su Constitución. Como suele ser habitual, los nacionalistas se muestran más sinceros que los socialistas, sabedores de que cada palmo de terreno que ganan es definitivo según ese perverso valor entendido de la política española que concede a los nacionalismos un suplemento de legitimación por su victimismo impenitente. Pero como son sinceros, ya han visto y anunciado en el futuro Estatuto catalán el comienzo de una etapa en la que la Generalidad va a tratar «de tú a tú al Gobierno español». Para el nacionalismo no cabe otra interpretación de un texto que, según Convergencia i Unió, «equipara nación y nacionalidad». ¿Es, en estas condiciones, irrelevante que el preámbulo del futuro Estatuto reconozca la existencia de la nación catalana?

Ningún jurista es capaz de negar al preámbulo de un Estatuto de Autonomía el valor jurídico fundamental de expresar la voluntad del legislador. Es la parte de la ley que fija las pautas de interpretación de todo el texto, impregnándolo con los valores esenciales del propósito legislativo. El problema no era buscarle un sitio insípido e incoloro al término «nación», sino camuflarlo frente a la fiscalización del Tribunal Constitucional. El Gobierno siempre ha sido consciente de esta trascendencia jurídica del preámbulo del fututo Estatuto catalán y de su relevancia sobre la constitucionalidad del texto en su conjunto. Por eso se ha forzado la imaginación y la sintaxis para llegar a una redacción que hace que las Cortes reconozcan que el Parlamento catalán, «recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación». Por tanto, las consecuencias de este preámbulo son evidentes: las Cortes Generales aceptan la definición nacional de Cataluña hecha por el Parlamento catalán y legitiman tal definición no sólo en el sentimiento, sino también en la voluntad de la ciudadanía catalana. Los elementos jurídicos de este pronunciamiento futuro de las Cortes españolas conforman el reconocimiento de una nación que no es la española, en virtud de una especie de declaración de autodeterminación sobreentendida que se atribuye a los catalanes, pese a que éstos nunca hayan sido expresamente consultados sobre la definición de Cataluña como Nación. En cuanto a la irrelevancia de hablar de sentimientos en una Ley, cabe recordar que los socialistas vascos llegaron a decir del Plan Ibarretxe (en un documento titulado «34 razones que hacen inaceptable políticamente, y negativo económicamente, el Plan Ibarretxe») que «este es un Plan claramente reaccionario y antidemocrático, porque se basa en los sentimientos de identidad y no en los derechos de ciudadanía». Si el PSOE hubiera mantenido este criterio, nunca habría aceptado el nuevo Estatuto para Cataluña, pero lo ha hecho, abriendo un proceso político en el que también el Partido Popular habrá de ofrecer su alternativa, de no menor entidad, como previsiblemente anunciará hoy Mariano Rajoy.

La mala conciencia del Gobierno por este reconocimiento demoledor para la unidad nacional se demuestra en forma absoluta con la adición en el preámbulo de una auténtica modificación del artículo 2º de la Constitución, al poner en su letra algo que no dice: que «reconoce la realidad nacional de Cataluña en forma de nacionalidad». Semejante derivación interpretativa es una manipulación del texto constitucional, doblemente usurpadora de la función privativa del Tribunal Constitucional y de la soberanía excluyente del pueblo español para modificar su Título Preliminar. Será imposible en el futuro negar que el proyecto estatutario catalán es una reforma de la Constitución. Tanto lo es que dicha reforma se hace en el propio preámbulo, vulnerando el procedimiento establecido en la propia Constitución para su revisión.

Las palabras nunca son inocuas en una ley. Menos cuando tratan conceptos que están en la sensibilidad de los pueblos. Bien lo saben los nacionalistas, que ya han enlazado el término «nacionalidad», veintiocho años después de su aprobación en la Constitución, con el de nación. Y también en 1978 se dijo que aquél concepto zanjaba la cuestión nacionalista. Ahora sólo falta saber cuánto tardará el nacionalismo en dar el siguiente salto, cogiendo impulso en un preámbulo que, con sólo tres líneas, desmantela el principio nacional de la Constitución española.

Ricos contra pobres
Por IGNACIO CAMACHO ABC 24 Enero 2006

ME lo dijo Maragall en un anochecer de principios de noviembre, sentado en su despacho junto al Pati dels Tarongers: «No pasaremos ni por no ser nación ni por una financiación insuficiente». Bueno, pues hay que admitir que, aunque no haya sido él el protagonista final del proceso, sino los nacionalistas -¿habrá alguna diferencia?-, ya tienen lo que querían. Se han salido con la suya. Nación y pasta. Bingo.

Por eso tienen la sonrisa de oreja a oreja. De paso, en la carambola, hasta se pueden llevar por delante al propio Maragall y lograr que Artur Mas se siente en el citado despacho de la plaza de San Jaime. Pero esto importa, si acaso, a los interesados y a su clientela. Lo trascendental es que la otra noche, en Moncloa, quedó cerrado un diseño que modifica mediante subterfugios la Constitución vigente desde 1978. Por un lado, define una España plurinacional mediante una ley que interpreta la Constitución a su manera (a la manera del nacionalismo), y por el otro consagra un sistema desigual de financiación de las autonomías y, por tanto, de la distribución de los recursos generales, al tiempo que hace trizas la unidad fiscal y adelgaza aún más el ya famélico cuerpo de competencias del Estado.

Todo esto lo han logrado los nacionalistas de un presidente del Gobierno socialista, teóricamente comprometido en el avance de la igualdad de los ciudadanos. Seguramente soy muy torpe, pero me tienen que explicar por qué es más progresista que unos ciudadanos tengan más privilegios que otros según el territorio en el que vivan. Como estudié por el plan antiguo, antes de la LOGSE, tenía entendido que la solidaridad consistía en que los que más ganan, más producen y más tienen, pagan más y aportan más para compensar los desequilibrios de los que tienen menos. Esto que ha urdido Zapatero con los catalanes debe de ser la nueva frontera, el socialismo del siglo XXI, pero a mí no se me alcanza, modestamente. No me entero.

En cambio, de lo que sí me entero a la perfección es de una ley inexorable de las matemáticas: que si el dinero que hay no aumenta -es más, va a decrecer cuando mermen los fondos europeos-, para que unos reciban más otros han de recibir menos. Y está bien claro, basta ver su alborozo, que los catalanes van a recibir más. Enhorabuena, pero que nos digan ahora quiénes van a cobrar menos para darles el pésame.

Lo que significa la España «plurinacional» es una España de dos velocidades, en la que una parte se desarrollará cada vez más deprisa, con sus impuestos, sus competencias blindadas y sus Estados en miniatura, y otra irá cada vez más despacio: menos recursos, menos transferencias de renta, menos inversiones. Es bien sencillo, unos ganan y otros pierden. La vida. Que Zapatero, el socialista, explique si puede esta curiosa revolución de los más ricos contra los más pobres.

Costosa pastelería monclovita
Por VALENTÍ PUIG ABC 24 Enero 2006

EN la consumación del hipogrifo estatutario emprendida por Pasqual Maragall han intervenido últimamente Rodríguez Zapatero y Artur Mas: uno aporta la parte del grifo -animal fabuloso- y el otro, los componentes de caballo. Para saber si vuela o camina todavía es un poco pronto. Previsiblemente, habrá huevos de Pascua modelados según el hipogrifo estatutario. Los servicios de pastelería de La Moncloa tienen el molde. Por ahora, un 47 por ciento de los españoles -según la encuesta reciente de ABC- considera que las estrategias de Zapatero para el caso catalán y el caso vasco son distintas. En apariencia, la propuesta que llegó de Barcelona entra en la Comisión Constitucional con no pocos retoques que la alejan sustancialmente del plan Ibarretxe, aunque su andadura todavía puede ser constitucionalmente puesta en cuestión.

Si todo es el desenlace de una astucia o un puro apaño es pregunta de no poca envergadura. La imaginación estratosférica de Maragall cae por los suelos y el pragmatismo de Mas realimenta una concepción del nacionalismo catalán que consiste en apretar sin ahogar y sin dejar de pedir: por ejemplo, cualquier día otro estatuto. Es cierto que los buenos pasteleros ponen lo mejor de sí mismos en la erección de tartas de cinco pisos, pero en este caso la combinación parece ser un cúmulo de casualidades amalgamado por el almidón, que es elemento de la crema catalana. Caramelícese y gana en sabor.

En su primer tránsito político, el «Estatut» ha prohijado nuevas indeterminaciones semánticas. Si es que en el entramado de la componenda el preámbulo carece de fuerza jurídica, Cataluña como nación tiene ahí pura presencia de adorno, del mismo modo que si nacionalidad equivale a nación cuesta entender que no se mantenga la tipología de nacionalidad aunque sólo sea por no alterar el orden constitucional. Cuesta de entender, claro está, si se prescinde de la sombra de gradualismo reivindicativo que es el «trademark» de CiU. Incluso así, entre manuales de pastelería selecta, Zapatero habrá calculado que lanzar por la borda el lastre de Carod compensaba sobradamente la foto con Mas.

La magnitud de la humillación de Pasqual Maragall sólo es equiparable a la profundidad de sus errores políticos. Cierra el diseño estatutario nada menos que el jefe de la oposición en el Parlamento autonómico de Cataluña y no el presidente de la Generalitat que promovió el «Estatut» para castigarle el hígado a un gobierno que, antes del atentado del 11-M, iba a ser del PP según todas las previsiones. Zapatero se quita dos problemas de en medio según el método que estriba no en solucionar, sino en posponer y disimular.

Para el PP, por ahora, mucho depende de cómo se enzarza en la confrontación mediática y parlamentaria sobre las arquitecturas de la pastelería monclovita. Para eso están sus comunicadores y sus portavoces, donde hay de todo, incluso alguno merecedor de inmediata prejubilación. Visto el resultado estatutario, no le sería difícil al PP demostrar que hasta ahora no hizo sino lo que tenía que hacer, aunque el preacuerdo Zapatero-Mas diste de forma significativa de la propuesta irrealista del tripartito maragallista. Poniendo a prueba el buen saber dialéctico y didáctico de Rajoy le queda espacio para dos operaciones simultáneas, aunque orquestadas para públicos distintos: de una parte, el proyecto que entra en vía parlamentaria continúa siendo excesivo en su reivindicación, innecesario en su planteamiento, a la vez que altera el pacto constitucional y acarrea costos arbitrarios; de otra, es postulable que si no hubiese sido por la posición explícita y frontal del PP -actuante sobre la opinión pública y con incidencia en franjas electorales del PSOE- Zapatero se hubiese dejado llevar aún por la promesa de aceptar el anteproyecto que le enviase el tripartito catalán y Artur Mas seguramente hubiese maximizado sus peticiones hasta un final más rotundo para el nacionalismo catalán. Por lo demás, España va acumulando confusión y Zapatero gana un aliado.   vpuig@abc.es

En ausencia de España
Por EDURNE URIARTE ABC 24 Enero 2006

Cuando un gobierno pacta un acuerdo de satisfacción de los intereses de los representantes del 5 por cien de los ciudadanos, CIU y ERC, y de perjuicio del 95 por cien restante, es que el país está afectado por una grave distorsión de los principios de convivencia política. Desde luego, lo está el presidente. Pero, a estas alturas, también una buena parte de la elite política e intelectual de izquierdas que le ha seguido en ese juego de frivolidad e insensatez manipulando hasta límites inconcebibles la aventura para justificar lo injustificable: la reforma del modelo territorial por exigencia de una minoría y de acuerdo con los deseos de esa minoría.

Alfredo Pérez Rubalcaba nos reprochaba ayer a los críticos que, en nombre de la unidad de España, atacáramos a sus territorios y buscáramos la confrontación con ellos. Me recordaba una de esas tristes historias judiciales en las que la víctima, además de serlo, es que había tenido la desfachatez de provocar al agresor. Resulta que no son los nacionalistas catalanes los que han impuesto sus reivindicaciones y su modelo territorial a los demás, sino nosotros los que hemos provocado su pretensión de ser nación con tanta apelación al estado de las autonomías. Necesitamos una variante urgente de aquello de que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. Una tontería convenientemente propagada a los cuatro vientos también deviene en teoría política. Y la de los autonomistas provocadores va camino de esa gloria.

El Gobierno llama España plural a este proceso de desarticulación del estado autonómico. Otra trampa dialéctica para disfrazar su problema principal que es la ausencia de España en su proyecto y que ni siquiera los líderes más hábiles e inteligentes como Rubalcaba son capaces de vender con eficacia. Si la minoría nacionalista ha vuelto a imponer sus exigencias es porque al otro lado de la mesa de negociación, España no estaba representada. Había un líder político de principios ideológicos muy elementales y anclados en un postfranquismo que él confunde con modernidad y progresismo. Ha llegado a este acuerdo, no sólo por su deseo de solidificar los pactos de gobernabilidad excluyentes del PP. También, porque, en realidad, no tiene un concepto de España muy diferente al de los nacionalistas.

No podemos esperar mucha contestación de los líderes intelectuales de la izquierda tradicional a esta nueva España plural hecha a la medida de los nacionalistas vascos y catalanes. Es tal su pánico a identificarse con una nación española que no pueden concebir más que de derechas que soportarán cualesquiera tonterías explicativas y todas las teorías políticas consiguientes. Sólo queda una salida, la recuperación del discurso de la nación española y el cierre del estado autonómico, iniciado en el periodo de Aznar y arrinconado tras la derrota del PP entre la más marginada disidencia intelectual.

Los “patriotas” socialistas enmudecen
Lorenzo Contreras Estrella Digital 24 Enero 2006

Ya tenemos el boceto avanzado del nuevo Estatuto catalán: no hace falta insistir en sus detalles, de sobra conocidos con la torrentera de referencias de las últimas horas. Como cabía esperar, el PP se ha negado a admitir lo acordado entre Zapatero y Artur Mas. Es tal vez el aspecto que más incomoda al Gobierno y, en particular, a su presidente. Es evidente que éste ha lanzado, sobre todo a través de Pérez Rubalcaba, continuas apelaciones a Mariano Rajoy para su partido se adhiera a lo pactado. Los zapateristas quieren conseguir la complicidad del PP en el proceso estatutario, del que ya habían sido apeados los populares con nocturnidad y bastante alevosía. Aparte de los datos financieros, que inspiran la casi totalidad del texto del nuevo Estatuto, el concepto de nación aceptado para Cataluña en el preámbulo es indigerible para la oposición de centro-derecha o de derecha pura y simple. No hay nada que hacer al respecto.

Para el PP, el paso dado por Zapatero, que para Mas no es tanto paso como un salto histórico según sus propias palabras, representa la mejor arma electoral del mañana. Lo que ha ocurrido abochorna a cualquier español con conciencia de serlo, incluidos los socialistas disconformes pero callados. Los “patriotas” han enmudecido y la llamada “vieja guardia” ha preferido seguir succionando sin problemas personales la ubre del poder. El españolísimo Bono y el menos vibrante González Ibarra brillaron por su ausencia en el reciente Comité Federal del PSOE, máximo órgano entre congreso. Un antiguo miembro de esa vieja guardia, Luis Yáñez, hoy entregado a las conveniencias de la docilidad, ha firmado hace tres días en El País un artículo crítico para quienes llama “los sesentones del PSOE” frente a la generación de Zapatero, acusándoles de utilizar una especie de retintín de “viejos zorros” frente al supuesto “neófito”. Cabe esperar que el “neófito” le premie tanta lealtad.

Es una casualidad basada en distintas maneras de interpretar los recientes hechos que a la hora del descontento la ERC de Carod-Rovira se muestre tan disconforme como el PP. Los motivos del PP no hace falta analizarlos. Los de ERC se basan en la cornamenta política que ZP le ha colocado a Carod y los suyos en provecho de CiU. Por otra parte, a Carod le irrita la referencia al concepto de nación que se hace en el proyecto de preámbulo del nuevo Estatut. El líder de ERC, como los nacionalistas de derecha, reclaman el reconocimiento de la idea de nación para Cataluña y no la descripción de un sentimiento que ellos mismos, todos, atribuyen a los “ciudadanos y ciudadanas” de dicha Comunidad sin haberles consultado mediante las técnicas habituales de sondeo.

Carod podía darse por satisfecho, ya que la remisión del preámbulo al artículo segundo de la Constitución, que habla de “nacionalidades” contamina a éste y desnaturaliza el eufenismo utilizado para soslayar el término “nación”. No hay soslayo que valga. Zapatero ha aceptado el concepto de nación para Cataluña y da igual la ubicación de la idea en una u otra parte del texto en general.

Otra cosa, valga insistir en ello, es que el líder de ERC tenga ahora, como suele decirse, la mosca en la oreja. El presidente del Gobierno no sólo es desleal con España, como acusa Zaplana, sino también desleal con su socio republicano, anunciando con su actitud que busca en los nacionalistas pujolistas un probable apoyo futuro a medio plazo. Carod no ha querido o no ha podido disimular su cólera. Pasqual Maragall, que tendría más motivos para exhibir su decepción, ha preferido declarar a la prensa que Zapatero, en su pacto preferente con Mas para “salvar” el Estatut, “ha cumplido su compromiso”. Claro que le ha faltado tiempo para proclamar que si alguien planteó en su día la reforma del texto, esa persona fue él mismo. Lo que tenga que tronar, tronará.

La reforma fiscal y el estatuto de Cataluña
Un tributo a los nacionalistas
Alberto Recarte Libertad Digital 24 Enero 2006

I. La reforma fiscal del PSOE
¿Qué objetivo persigue la anunciada reforma fiscal del gobierno socialista? No creo que nadie haya respondido a esa pregunta. Una reforma sólo se hace si se piensa que el sistema vigente de imposición directa no cumple su objetivo básico: obtener financiación para que el estado pueda desarrollar sus funciones. Una segunda razón puede ser para evitar que esa exacción se logre alterando ostensiblemente la conducta de las empresas y las personas, a la hora de tomar decisiones económicas racionales. En relación al primer objetivo, lo que queda claro es que lo que pretende la anunciada reforma fiscal no es financiar la actividad del estado, sino permitir que haya fondos suficientes para transferir a las autonomías controladas por los nacionalistas, como analizaremos posteriormente.

Por otra parte, la reforma de la imposición directa era uno de los pocos instrumentos con que contaba el gobierno para mejorar la competitividad de la economía española y su modelo de crecimiento. Es evidente que la economía española sigue creciendo con arreglo al mismo patrón que el de los últimos años de gobierno del PP: mucho consumo y mucha construcción. Con el añadido de que tanto el consumo nacional como el esfuerzo inversor, centrado en la construcción de viviendas, se hace cada vez más sobre la base del endeudamiento y no del ahorro. Esa es la diferencia entre los años de crecimiento del PSOE y los anteriores: el peso creciente del recurso al endeudamiento para continuar con el mismo comportamiento personal y empresarial, de consumo y de inversión.

La reforma del IRPF y del impuesto sobre sociedades podría haber intentado –con todas las limitaciones– una modificación de ese comportamiento, animando a las familias, sobre todo, a ahorrar más, e invertir más a largo plazo en algo diferente que en viviendas. Para ello era imprescindible un descenso significativo de toda la escala impositiva y un cambio, en el mismo sentido, de la imposición sobre el ahorro. No se ha hecho nada de eso. El descenso del tipo marginal al 43% se compensa con limitaciones al ahorro para planes de pensiones, personales y de empresa. Es positivo unificar el tipo del impuesto sobre todo tipo de rendimientos financieros, pero en lugar de hacerlo sobre el 15% se hace sobre el 18%, con lo que se compensa, por una segunda vía, el descenso del tipo marginal máximo y el aumento del mínimo vital a 9.000 euros.

Dice el ministerio de economía que la menor recaudación por IRPF será del orden de 2.000 millones de euros. Una cifra mínima, el 0,22% del PIB, frente a un superávit público, en 2005, del orden de 9.000 millones de euros, el 1% del PIB. En las dos últimas reformas del IRPF, las del PP, el coste inicial, en frío, en forma de menor recaudación impositiva, se vio más que compensado por los ingresos adicionales que se lograron con el incentivo al crecimiento económico que significaron descensos significativos a la imposición, porque personas y familias reaccionaron positivamente a una menor presión fiscal trabajando más e invirtiendo más. Ese cambio de conducta no se va a producir ahora; el coste en menor recaudación será ese u otro mayor, porque no hay incentivos para que nadie ahorre más e invierta para su futuro.

Me parece positivo hacer más lineal el impuesto sobre sociedades, reduciendo el tipo y eliminando deducciones. Me parece absurdo el hacerlo en el plazo de cinco años. Y todavía peor me parece no haber aprovechado la ocasión para aproximar los tipos máximos de IRPF y de sociedades. La hacienda española cuenta, por primera vez en muchos años, con recursos para haberse propuesto ese objetivo. Nada impedía haberse propuesto igualar los tipos del IRPF y de sociedades en el 35%, por ejemplo. Esa igualación eliminaría incentivos a la creación de sociedades y habría sido una medida auténticamente justa, porque habría igualado a todos los contribuyentes ante la hacienda pública. La diferencia de tipos máximos entre IRPF y sociedades permite a las personas con mayores ingresos y recursos organizar parte de su actividad a través de sociedades, donde se pueden deducir gastos y pagar tipos menores que a nivel personal. El que tiene menos recursos, el que depende exclusivamente de una nómina, no tiene esa capacidad, tiene que pagar según la escala del IRPF que le corresponda.

Una economía con menor presión fiscal y menor gasto público es una economía que puede ser más productiva. Una auténtica reforma debería haberse traducido en una menor presión fiscal. El resultado final de la anunciada reforma es irrelevante a estos efectos, porque su escasa ambición no va a permitir que se produzca ningún cambio, ni en el comportamiento, ni en la estructura del gasto nacional total. La economía española seguirá creciendo según el patrón de los últimos años, hasta que la subida de los tipos de interés, el agotamiento de la demanda de viviendas o el exceso de endeudamiento familiar y nacional, se traduzcan en una restricción significativa al consumo, una disminución que no será compensada, como lo ha sido en Alemania, por ejemplo, en los últimos años, con un crecimiento significativo de las exportaciones, o de inversión más productiva.

En España, cuando se produzca el parón en el crecimiento del consumo se parará todo y la actividad se frenará bruscamente. No sabemos cuándo ocurrirá ese hecho, pero el brutal crecimiento del endeudamiento y los excesos de inversión en vivienda permiten asegurar que ese momento se ha adelantado. No; yo tampoco sé cuándo ocurrirá. Pero ocurrirá.

II. El acuerdo con los nacionalistas catalanes
El coste para la administración central del acuerdo con los nacionalistas, no está todavía suficientemente definido, pero no cabe duda de que una nueva transferencia de recursos a las autonomías, sin ninguna competencia adicional de las que impliquen gasto, significa que habrá partidas de gasto, de las correspondientes a las competencias estatales, infraestructuras y gasto social básicamente, que disminuirán en el futuro.

Por lo que sabemos hasta ahora, el porcentaje de recaudación que van a retener las autonomías, subirá hasta el 50% del IRPF, el 50% del IVA y el 58% de los impuestos especiales, lo que significa alrededor de 21.000 millones de euros más que en 2005. Esas transferencias se pueden pagar directamente o cargarlas al Fondo de Suficiencia, que en 2005 alcanzaba un total de 26.941 millones de euros (ese fondo completa las necesidades financieras de cada autonomía). Si éste es el caso, habría que recalcular la situación de cada autonomía, pues es evidente que Cataluña recibiría más de los 2.217 millones de euros que figuran en el fondo de suficiencia para cumplir sus objetivos. Ello implica una nueva negociación global con todas las autonomías pues, para las menos prósperas, los ingresos adicionales por esa nueva cesión de impuestos son mucho menores que para las más ricas. Y el resultado final, si todo se carga a ese fondo, que protagoniza la auténtica solidaridad entre los españoles, es que el propio fondo habrá desaparecido. Se habrán establecido las bases de un estado confederal.

Pero también podría ser que Cataluña recibiera, ella sola, un trato especial, que se sumaría a los cupos del País Vasco y Navarra. No sabemos todavía cómo se va a resolver el conflicto, pero los cambios tendrán que ser de orden mayor. Se abre una difícil negociación, en la que primarán, me temo, el sectarismo y la discriminación entre autonomías, una experiencia que ya tiene la Comunidad de Madrid.

Algún comentario adicional sobre el acuerdo con los nacionalistas sobre el Estatuto de Cataluña. A Cataluña se le garantiza que la inversión pública de la administración central será equivalente al peso económico de Cataluña en el PIB de España (el 18’5% del PIB). Se acabó el concepto de nación en lo referente a las inversiones públicas. Ya no habrá proyectos de inversión nacionales. Hay un reconocimiento de la independencia fiscal de Cataluña en el ámbito de la inversión pública. Los proyectos nacionales pasan a un orden indeterminado, y serán de difícil realización por la falta de recursos. Una excepción que inevitablemente se extenderá a todas las autonomías con lo que, en lo que es inversión, se sentarán, también, las bases de una confederación.

E, inconcebiblemente, a Cataluña se le reconoce, también, una deuda histórica, de alrededor de 3.000 millones de euros, que se concretarán en inversiones durante los próximos siete años; no conocemos cual ha sido el proceso para fijar esa cantidad, pero probablemente haya sido similar al de la negociación de España en el seno de la Unión Europea con la Comisión Europea. Al final, la Unión Europea transferirá a España unas cantidades netas del orden de 6.500 millones de euros en siete años. El resto de España transferirá a Cataluña más de 3.000 millones de euros también en siete años. No cabe un reconocimiento más explícito de Cataluña como nación que este proceso de negociación en el que se fija, incluso, como provocación para el resto de los españoles, en los mismos siete años, el plazo para saldar esa supuesta deuda.

Estatuto
Sólo una ley cumplen
Cristina Losada Libertad Digital 24 Enero 2006

Nunca me había tomado en serio la ley de Murphy. Nunca, hasta que se instaló en La Moncloa el equipo de ZP. Si hay más de una forma de hacer las cosas y una de ellas conduce al desastre, alguien las hará de ese modo, dicen que soltó el ingeniero y capitán del ejército norteamericano en su primera formulación de la ley. Ese alguien ha aparecido en España bajo el nombre de ZP. La incapacidad para reconocer el error y vislumbrar el desaguisado al que conduce, constituye una característica de los personajes Murphy. Son los que dicen “todo controlado” cuando el aparato está a punto de averiarse.

En la foto a las puertas de La Moncloa que selló el acuerdo nocturno para el Estatuto catalán hay tres maniquíes; dos acaban de protagonizar el Asalto al Tren del Dinero y están, con razón, contentos; pero la alegría del tercero resulta difícil de explicar. Ha firmado un documento que no cierra nada, sino que abre la puerta a una catarata de conflictos. Bueno, sí, algo cierra: el período iniciado en el 78 con una Constitución que emanaba del sujeto constituyente conocido como la nación española. Una ley que ZP ha jurado cumplir y hacer cumplir. Cuando el papel que de hecho la deroga obtenga el aprobado del Congreso, habrá dos sujetos de ese tipo en España: la ciudadanía catalana y el resto. Dos, de momento.

Porque habrá más. Al negociarse la Constitución se pensó que un modelo autonómico daría satisfacción a los partidos nacionalistas. Se reconocían los derechos de las regiones con Estatuto en la República y éstas accedieron a un estatus especial. El PSOE no aceptó la asimetría y con Andalucía por delante, peleó por la uniformidad. Se impuso el café para todos y España se convirtió, de facto, en un estado federal. ¿Satisfechos? No, padre. Bajo la égira nacionalista, Cataluña y el País Vasco buscaron y lograron marcar diferencias, y a su rebufo se acogieron todas las demás regiones. El modelo se empezó a deslizar hacia lo confederal. Ahora, el PSOE impulsa e introduce la asimetría y sólo los Murphys ignoran que no habrá quien detenga el movimiento hacia la homogeneidad. Detrás de Cataluña marcharán todas por la senda anticonstitucional. La nación española se repartirá en forma de aperitivos y entremeses. Después, el único plato disponible será la independencia.

ZP no cree en la lógica, por eso cree que solucionará “el problema catalán y el problema vasco”. Por eso desconoce que ha generado “el problema español”. Es otra ley de Murphy. Y si lo sabe, peor aún. Repiten que un preámbulo no tiene efectos jurídicos. Al diablo los efectos jurídicos. Tendrá algo más grave: efectos políticos. Aseguran que este pacto estabilizará el sistema por mucho tiempo. ¿Por cuánto? Rubalcaba no fía más de dos generaciones. Le parece suficiente. Dentro de treinta años, le decía a una periodista de El País, ¿quién sabe lo que será Europa? En efecto, quién sabe si merced al Estatuto y a lo que está por venir, algunas “naciones” españolas girarán en la órbita de otros estados limítrofes. Quién sabe si Europa será Eurabia y España, Al Andalus. Allá se las vean los del futuro con el marrón. Para ese futuro, mejor nos quedamos fuera, como propone Mas, otro modelo de esta colección de estadistas de pasarela. Lo dicho: las de Murphy son las únicas leyes que el gobierno cumple rigurosamente.

Estatuto
Los nuevos cromos de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 24 Enero 2006

La irrupción de Rodríguez Zapatero en la recta final de la negociación sobre la reforma del Estatuto catalán deja al descubierto el verdadero objetivo del presidente del Gobierno: la pervivencia en el poder "como sea", aunque signifique dilapidar el consenso constitucional y, por lo tanto, el actual modelo nacional. Zapatero se ha metido en este jardín por iniciativa propia y desde el principio; no parece que ahora vaya a dejarlo.

De estos días de negociaciones, de rumores y de secretismos nos quedamos con varias cuestiones. Para empezar, Zapatero ha convertido en costumbre negociar por la noche –de madrugada– y de espaldas a los ciudadanos. El presidente del Gobierno afronta un cambio fundamental en el consenso constitucional y lo hace de espaldas a los intereses de los españoles. Además también este hombre se ha acostumbrado a esconder detrás de la palabra negociación el verdadero concepto que practica, la cesión. El actual presidente del Gobierno no negocia, simplemente renuncia a los principios básicos a cambio, claro está, de permanecer en Moncloa.

A estas estrategias habituales añadimos ahora algunos datos nuevos, que al menos abren algunos interrogantes pensando en el futuro. Por ejemplo, todavía es pronto para saber sí el protagonismo que Zapatero ha concedido a Artur Mas en estas negociaciones se va a prolongar en los próximos meses. En este sentido, se puede pensar que este cambio de pareja, sin previo aviso, del jefe del ejecutivo se pueda traducir también en nuevas alianzas del Gobierno socialista, en caso de que los independentistas de Esquerra Republicana tensen la cuerda al máximo.

En este contexto, si Zapatero decidiera en un momento determinado cambiar de socios parlamentarios en Madrid, eso significaría, digan lo que digan, un cambio en el Gobierno catalán. Dicho de otra forma, tendría como primer resultado la voladura del tripartito. El acercamiento de Zapatero a Mas no es un feo, sin más, a Carod Rovira; lo más llamativo es que se convierte en un esquinazo en toda la regla a Pascual Maragall. Si Zapatero prolonga en el tiempo esa buena sintonía con Mas se va a producir un cortocircuito inevitable. Primar a Convergencia i Unió desde Moncloa es abrir la puerta de salida a Maragall. Y esa puerta tiene una única forma: elecciones adelantadas en Cataluña.

En todo caso, esta es solamente la primera lectura de un cambio de cromos realizado por Zapatero, en un gesto de claro desprecio hacia el tripartito. Está por ver si ese cambio es temporal, con el único objetivo de sacar adelante el Estatuto, o por el contrario estamos ante un golpe de mano para desprenderse de Maragall y de Carod Rovira. Tampoco se puede descartar que Zapatero simplemente haya hecho lo que haya podido para esta huida hacia ninguna parte que ha emprendido.

Hay quien pueda pensar que estamos ante una fina estrategia, pero la experiencia indica que estamos ante una chusca reacción sin más objetivo que conseguir el Estatuto como sea. No hay dudas que la historia no ha terminado.

Devuélveme el rosario de mi madre
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 24 Enero 2006

CON el vals dramático de Mario Cavagnaro, que terminaba diciendo «devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás; lo tuyo te lo envío cualquier tarde, no quiero que me veas nunca más», Almodóvar hizo una versión cómico- flamenca que incluyó en una de sus películas y es lo único que se recuerda de ella. Y cambiando levemente el título, un autor argentino llamado Jorge Díaz escribió una comedia satírica que tituló «Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo de Marx», que fue calificada por la crítica como la mejor entre las estrenadas en 2002, por encima de «No seré feliz pero tengo marido». Tal vez acordándose del éxito popular que ha alcanzado la canción, ERC anunció ayer que dirá no al acuerdo sobre el Estatuto catalán pactado por el PSOE y CiU; dejará de ser «aliado preferente» tras el pacto entre Zapatero y Mas, y ya no apoyará gratis sus leyes e iniciativas.

Lo del «no quiero que me veas nunca más» se lo reserva para poder seguir ocupando cargos en el Gobierno de Maragall, que estaba feliz pese al ninguneo al que le ha sometido su partido: se aleja para él la amenaza de que el PSOE le releve por Montilla. El proceso requeriría romper el tripartito y convocar elecciones anticipadas en Cataluña y tal vez luego en toda España. Así que los de ERC han dicho que «no son felices pero tienen marido», que no pedirán elecciones anticipadas. Y no piden que les devuelvan todo lo demás por si no vuelve a sonar la flauta. Por eso han dejado una puerta abierta a un apaño: negociar con el PSOE una mejora del texto pactado con la excusa de que no les gusta un modelo de financiación que ni siquiera se habían atrevido a soñar. Saben que no es probable que obtengan otra vez los 652.196 votos del 14 de marzo de 2004, ese insignificante 2,52 por ciento de los votos emitidos que, gracias a una absurda legislación electoral que prima las minorías nacionalistas, les había permitido hacer mangas y capirotes con España.

Ebrio navío sin rumbo
Por JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 24 Enero 2006

Las dudas e incertidumbres políticas y económicas de fondo parecen prevalecer sobre la euforia inmediata: «Acuerdo en Cataluña», titula el Buenos Aires Herald, apostillando en el mismo titular: «Quizá».

EuroNews insiste en el rechazo de ERC. Clarín se pregunta cómo reaccionará Carod Rovira, a la vista de su «desplazamiento». Sud-Ouest anuncia un proceso que será largo y complicado. Al-Yasira describe la bizantina situación transitoria de una CiU apoyando al Gobierno de Madrid y en la oposición en Barcelona. El Independent insiste en esa herida a flor de piel: «La más seria oposición pudiera venir de los independentistas radicales».

A la espera de acontecimientos, Frankfurter Allgemeine Zeitung se pregunta si era muy urgente embarcar a España en el largo e imprevisible proceso de dar más autonomía a los gobiernos regionales, ya que, a su modo de ver, el acuerdo en vías de materialización «estimulará el apetito de los gallegos» y «no saciará el hambre de los radicales vascos y catalanes». Frankfurter Allgemeine resume la situación con una sentencia que recuerda al «navío ebrio» de Rimbaud: «Zapatero está al frente del timón de un barco que se bambolea».

¿Hacia dónde se dirige ese navío entre «vacilante» y «bamboleante»? Los analistas financieros de Bloomberg.com temen que hacia el desencanto. Bloomberg estima que «el milagro español está agotando su energía». Tras los grandes éxitos de la década pasada, «aparecen las primeras señales de agotamiento». «La prosperidad española -estima Bloomberg- se debe más a la locura inmobiliaria y a los flujos migratorios que a la competitividad».

Bloomberg cita a Henrik Lumholdt, jefe de análisis estratégicos del Inversis Bank, comentando: «Cuando se termine el boom inmobiliario, ¿cómo se conseguirá que la economía vuelva a crecer?». Bloomberg cita signos que considera preocupantes: endeudamiento masivo, inflación amenazante, desequilibrios comerciales. «Los tiempos más duros están a la vuelta de la esquina», termina por sentenciar.

Por su parte, Liberation se pregunta: «¿Está la libertad de expresión amenazada en Cataluña?». El matutino francés de izquierda independiente da la palabra a los portavoces autorizados del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), sublevados contra tales sospechas. Sin embargo, Liberation insiste en las reservas de Reporteros sin Fronteras (RsF) contra riesgos «liberticidas» y subraya las «inquietudes» del Instituto Internacional de Prensa.

El silencio de los empresarios
Por JOSÉ MARÍA GARCÍA HOZ ABC 24 Enero 2006

LA concesión del premio Nobel de Economía del año 1992 produjo en el profesor norteamericano Gary S. Becker dos impresiones dominantes: la alegría natural por recibir tan prestigiosa distinción y el desconcierto producido por las llamadas de periodistas, que a partir de aquel momento acudían a él para que opinara sobre cualquier cosa: literatura, la paz en el mundo, la investigación con células madre, el apartheid, etc., como si el celebre galardón le hubiera convertido en un sabio universal.

El desconcierto de Becker es similar al que, en estos días aciagos, sienten muchos empresarios cuando de manera más o menos explícita les exigen que se pronuncien personal y colectivamente sobre el Proyecto de Reforma del Estatuto de Cataluña. Si rehúyen el envite, que alternativamente puede ser planteado por los favorables y por los contrarios al Estatuto, son tachados de fenicios peseteros, que con tal de hacer negocio comen de todo; si, por el contrario, toman partido o expresan su opinión sobre el asunto, arrostran el riesgo de que se les declare el boicot.

Ante ese justificado mutismo, es preciso recordar, en primer lugar, que el desconcierto, la alarma y el desaliento que la reforma estatutaria ha producido en la sociedad española, dentro y fuera de Cataluña, resulta de exclusiva responsabilidad de unos políticos concretos, empezando por el presidente del Gobierno de la Nación y siguiendo por el de la Generalitat de Cataluña. Por lo que alcanzo a saber, los empresarios no han tenido arte ni parte en el asunto. Es más, la mayoría de ellos pensó que nunca se alcanzaría un acuerdo en el seno del Parlamento de Cataluña porque el extremismo nacionalista hacía inviable cualquier consenso. También es cierto que nadie pensó que la audacia irresponsable del señor Rodríguez Zapatero le llevaría a aceptar las aspiraciones del nacionalismo irracional.

No menos cierto resulta que, al día de la fecha, los aspectos de ordenación de política económica contenidos en el proyecto de Estatuto son verdaderamente perniciosos. Desde la perspectiva nacional, el proyecto rompe con escarnio la unidad de mercado y la armonía fiscal. Desde le perspectiva catalana, el intervencionismo sancionado en el texto hoy disponible resultará asfixiante para el desarrollo y el crecimiento de las empresas y los negocios. Por lo menos en esos asuntos concretos ¿No deberían los empresarios advertir del peligro y denunciar el error del que ellos serán víctimas en primera instancia?

No se deben pedir peras al olmo: la misión de las empresas estriba en ganar dinero, no en reformar la sociedad. La aportación específica de los empresarios al bien del común -tarea en la que todo el mundo debe arrimar el hombro- es la creación de riqueza, que se concreta en puestos de trabajo, en mejores productos y servicios a menor precio... Todo ello, no hay que decirlo, con respeto a la legislación vigente, de la que los empresarios no son más autores que los intelectuales o los artistas.

Todos los empresarios saben que el cliente casi nunca tiene la razón, pero casi siempre se la dan, porque prefieren tener el cliente que la razón. Si el empresario se limitara a tratar con aquellos proveedores y clientes que les caen bien, porque piensan del mismo modo o comparten aficiones, tendría que cerrar la tienda: en China no respetan los derechos humanos, en India las medidas medioambientales son mínimas, los americanos son imperialistas, los franceses prepotentes... Y de Castro y Chávez, para qué hablar.

Una cosa es que líderes sociales sin fundamento, como el presidente del F.C. Barcelona, confunda el tocino con la velocidad al pretender que unos cracks futbolísticos extranjeros asuman pronunciamientos políticos locales y otra es que todos caigamos en el mismo error.

El fantasma catalán
Por IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 24 Enero 2006

POR mucho jaleo que monten los gansos capitolinos, Cataluña nunca será independiente. No porque España, moribunda, pueda impedirlo, sino porque Cataluña no quiere soltarse. De lo contrario, los constitucionalistas, en lugar de un madrigal de Soraya Sáenz de Santamaría, ya habría puesto una moción de censura.

El separatismo vasco desea, en efecto, separarse de España, pero el separatismo catalán aspira sólo a controlar España. El separatismo vasco sería como ese menesteroso con dos botes de la sevillana calle de Sierpes: en un bote pone «Para whisky»; en el otro, «Para ginebra»; y entre los dos, esta declaración: «Al menos, no engaño». En cambio, el separatismo catalán, para pedir, siempre te cuenta una historia larga y tristísima sobre su madrastra. ¿España? ¡Ah, España! «Això és Espanya: una unitat mística forjada sobre el linxament i el genocidi, o, per ser més fins, una germanor a base de fogueres purificadores». Uno lee esto y se le saltan las lágrimas, claro. Pero ¿qué manera tiene un español de compensar el «genocidi»? Sólo una: acercarse al Banco y poner una transferencia. Ya sabemos que «parlar espanyol és de pobres i d´horteres, d´analfabets i de gent de poc nivell», aunque ¿para qué están los pobres de los países ricos, sino para sostener con sus donaciones a los ricos de los países pobres?

Pobres de España, a sostener a los ricos de Cataluña. Por eso los viejos falangistas (los nuevos, o «falangistes taxidermistes», como los llaman en Barcelona, son los intelectuales del manifiesto antinacionalista) definían el catalanismo petitorio como una especulación de la alta burguesía capitalista con la sentimentalidad de un pueblo. ¡Ah, la sentimentalidad! «Es preciso tener mucho cuidado en no herir la sentimentalidad catalana -decía Cambó-. Aunque parezca lo contrario, ningún pueblo es tan sentimental como el de Cataluña».

Este sentimentalismo cuesta mucho dinero y nació cuando España perdió sus colonias, y los fabricantes barceloneses, sus mercados. Había que conquistar el mercado interior. Y como sus productos no podían defenderse económicamente, inventaron el modo de imponerlos políticamente: inventaron el sentimentalismo de sablista con corbata, un fantasma, el fantasma catalán, que primero amenaza como el conejo de Alicia («me voy, me voy») y después negocia («a ver ese cheque, que igual me quedo otro rato»).

Dicen que, como la sombra del padre de Hamlet cruza por la terraza del castillo de Kronborg, así la sombra del fantasma catalán -hábil, sinuoso, insaciable- pasó este fin de semana por los pasillos del palacio de La Moncloa, mientras los lémures -España es un país de lémures con una «visa» en el bolsillo- hacían la ola en el fútbol. Entre los lémures, cuando uno se lanza por un precipicio, todos lo siguen. Pobres.

Cataluña
¿Qué está pasando en el PP?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2006

En su partido lo ve todo el mundo, menos Piqué y Vendrell. Postura oficial del Partido Popular ante el acuerdo alcanzado por Rodríguez y Mas en la medianoche del sábado: será bueno para CiU, pero es malo para el conjunto de los españoles. Es insolidario, daña el principio de igualdad, es una auténtica bofetada a la Constitución. Con él, el presidente del gobierno pretende cambiar las bases constitucionales de España. Mantiene la bilateralidad. Su sistema de financiación pactado a dos se impondrá a todos los españoles. Recoge una cesión de impuestos que perjudica a las comunidades autónomas de menor crecimiento. Sólo contenta a los que creen que Cataluña es una nación: el valor jurídico del preámbulo queda constatado por al menos seis sentencias del Tribunal Constitucional y otras tantas del Tribunal Supremo.

El portavoz en el Congreso, Eduardo Zaplana, ha tildado el nuevo estatuto de “fraude” y la secretaria ejecutiva de Política Autonómica, Soraya Sáenz de Santamaría, ha escrito, refiriéndose a la cuestión lingüística, que “el nuevo estatuto convertirá lo que era un elemento de riqueza cultural en un factor de discriminación”.

Postura de Josep Piqué y Francesc Vendrell ante el acuerdo alcanzado por Rodríguez y Mas en la medianoche del sábado: el acuerdo sobre financiación les da la razón (a Piqué y a Vendrell). El texto empieza a entrar en el camino de la racionalidad. Contiene parámetros en los que se pueden acercar posiciones. La definición de Cataluña coincide con su propuesta. El compromiso de inversiones coincide con lo reivindicado por el Partido Popular.

El pasado mes de abril, en la ponencia estatutaria en el Parlament, Vendrell se abrió a apoyar que Cataluña es una nación y aceptó el deber de conocer el catalán siempre y cuando se fijaran mecanismos de transitoriedad para los recién llegados. (La Vanguardia, 28-4-05).

¿Qué tiene que ver la postura oficial del PP con la de Piqué y Vendrell? Absolutamente nada. Pero el líder popular catalán está convencido de su gran ascendiente sobre Rajoy y de que se acabará imponiendo a los zaplanas, acebes y sorayas. Cree imposible mantener su estrategia –la ocupación del espacio electoral de CiU– si el PPC se queda solo en el rechazo al nuevo estatuto. El problema es que esa estrategia no contempla una circunstancia decisiva: hace mucho tiempo que el parámetro clave en Cataluña ha dejado de ser izquierda/derecha y ha pasado a ser nacionalismo/no nacionalismo. En su partido lo ve todo el mundo, menos Piqué y Vendrell.

A Rajoy le estalla el caso Piqué en las manos, mientras Zapatero estrecha manos a las puertas de Moncloa
Jesús Cacho  elconfidencial 24 Enero 2006

¡Ay, señor, qué razón tenía aquel que dijo que lo que verdaderamente desgasta no es el poder, sino la oposición! Que se lo pregunten, si no, a Mariano Rajoy, a quien ayer estalló en las manos el caso Piqué, o más exactamente el caso de la dirección catalana del PP, representada por Piqué y su segundo, el señor Vendrell.

Aseguró ayer el antiguo ministro mimado del señor Aznar que existen coincidencias entre sus tesis y algunas partes del pacto alcanzado a escondidas entre el presidente del Gobierno y Artur Mas sobre el Estatut. La contradicción con la posición oficial del partido, para quien dicho pacto “traiciona la igualdad y la solidaridad entre los españoles” no puede ser más flagrante.

Al PP le salen francotiradores bajo su propio tejado, mientras Zapatero sigue su marcha triunfal por las avenidas del Poder, desiertas de público, desde luego, porque los españoles seguimos sin tener idea cabal de lo pactado, pero repletas de fotógrafos y de filtraciones a la prensa amiga para que vaya alfombrando el camino del sorprendente condukator leonés, que ayer confundía sus manos satisfecho entre las de Mas y Durán (¿conseguirá por fin este hombre ser nombrado ministro de un Gobierno de España con Zapatero?) a las puertas del palacio de La Moncloa.

De modo que Zapatero, que es como aquellas chicas de revista de la posguerra dispuestas a complacer a toda la parroquia, excepto, naturalmente, al señor cura, que vota PP, va ganando por goleada en la puesta en escena del nuevo Estatuto catalán. Es justo reconocer que la jugada de sustituir a ERC por CiU en los últimos cien metros de la negociación ha sido de libro, seguramente una de esas genialidades dignas del más fino Rubalcaba. Carod Rovira, la efigie más odiada por los españoles, desaparece de la escena, y en su lugar salta al proscenio un tipo tan apuesto y elegante como Artur Mas, aunque no menos nacionalista que el propio Carod.

Y el PP jugando al tiro al plato. Dice Piqué que la cosa no es tan grave y que ve posibilidades de sumarse al festejo, e inmediatamente sale a afearle la frase el señor Acebes, que tampoco es precisamente la mejor cara del Partido Popular. Y sorprende que la oposición no haya uniformado sus discursos; sorprende que sabiendo todo el mundo que la partida del Estatuto se iba a jugar el fin de semana en Moncloa, el PP no haya preparado un Plan A, un Plan B, o incluso un Plan C, no haya tenido listas diversas alternativas para los distintos escenarios posibles, como se hace en cualquier empresa ante situaciones de conflicto similares. ¿A qué dedican su tiempo los líderes del PP?

El caso es que Josep Piqué, a quien uno imagina sumido en la duda existencial que supone tener que nadar contra corriente en una Cataluña asolada por el monocultivo ideológico nacionalista, ha roto la línea argumental del PP y lo ha hecho en público, fuera de los cauces reglamentarios. Personalmente me horrorizan los grupos humanos más o menos organizados, partidos incluidos, donde por sistema se impone la disciplina del pensamiento único y se acalla la discrepancia. Pero el problema de Piqué, como el de Bono, Ibarra y tantos otros barones socialistas en el PSOE, es mucho más sencillo y se llama cobardía.

Piqué, como Bono y los demás, responden a la tipología del político medio español, caracterizado por su falta de agallas para discrepar en público con el carismático líder que en un momento dado ocupa el poder, no importa la categoría intelectual o moral del líder en cuestión. Es la clase política que tenemos, emanación directa del franquismo, nada acostumbrada al ejercicio de la democracia interna. La sociedad anestesiada que entre todos hemos construido produce este tipo de políticos, propensos a escurrir el bulto, como los toros mansos. Aquí se discrepa en privado y a pie de pasillo. En plan furtivo.

De modo que el PP tiene un problema en Cataluña, que es el problema –uno más- que recibió en herencia de otro carismático líder llamado José María Aznar. Convendría, en mi modesta opinión, que nadie en el entorno del Partido Popular se pusiera nervioso. Esta va a ser una partida muy larga y en nada parecida a un camino de rosas. Una inmensa mayoría de españoles, literalmente hartos del problema catalán –como del vasco- van a estar emocionalmente tentados a creer que la mano mágica de Zapatero ha conseguido en un fin de semana el milagro que antes no lograron líderes de una arquitectura mental mucho más sólida que la del señor Rodríguez.

El nuevo Estatut no va a derrumbar de repente las columnas del templo. La tarea de demolición que el proyecto inicia es mucho más lenta y penosa, escasamente perceptible para la vida diaria del español medio, enfrascado en sus problemas cotidianos. Lo cual sitúa al PP en el dilatado horizonte de explicar razonadamente, sin prisas pero sin pausas, lo que el pacto alcanzado entre Zapatero y los nacionalistas implica para el futuro colectivo, para las libertades de los ciudadanos catalanes y la igualdad y la solidaridad entre españoles. Al fin y al cabo, dentro de dos años, casi un suspiro, habrá elecciones generales, el mejor de todos los referéndums posibles. Un envite en el que, para vencer, será necesario primero convencer.

jcacho@elconfidencial.com

Lo peor está por llegar
José Javaloyes Estrella Digital 24 Enero 2006

No es la arcadia del pluralismo lo que está tras la puerta de lo concluido por Rodríguez con los nacionalistas catalanes, ni tampoco un camino de rosas lo que se abre tras la dejación de responsabilidades en que el propio Rodríguez ha incurrido con toda la costra política del terrorismo: desde la lenidad ante el desafío en Barakaldo con el relanzamiento de Batasuna, a la previa complacencia —contra la ley— en la legalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

Respecto a los nacionalistas de chapela, reagrupados nuevamente en una unidad de esquema para presionar contra el Estado, hay que tomar nota de la detectada compra de armas, todavía en el pasado diciembre, y la identificación como etarras de los autores de los últimos robos de explosivos —o de sustancias para fabricarlos— habidos últimamente en Francia. Y en lo que concierne a los de barretina, ha de tomarse nota sobre la advertencia, de tan enorme potencia maxilofacial, hecha por el relevo de Pujol en el sentido de que limita a sólo cinco años el acuerdo financiero pactado con el pródigo Rodríguez, que hace algo bastante más grave que disparar con pólvora del rey.

Las glosas complementarias de la victoria política sobre el interlocutor que nunca presenta batalla, hechas por el melifluo y cristiano Duran Lleida, secretario general de CiU, también merecían tomarse en cuenta. Tienen políticamente un importante valor testimonial. Duran, que en Gerona se preguntaba hace unos años sobre si el nacionalismo tenía sentido o no, es representante de un partido poco menos que fantasmal. Tanto como una porciúncula catalanista filoeclesial, empotrada en CiU para potenciar su “mix” demomasónico. Compuesto que tanto juego ha dado en el último cuarto de siglo.

Ha sido la suya labor de zapa con mucho éxito en todas las Moncloas de esta democracia. La Orden, sabido es, tiene pilastras en todas las orillas y en cualesquiera de las riberas. Todo puente es para ella posible y sólidamente transitable. Fue el último el del pacto del domingo. Obviamente, en la Orden, como en la propia viña del Señor, algunos son muy listos, y otros tontos de solemnidad. Así se explican las cosas, se producen los éxitos y sobrevienen los fracasos.

En Europa, tras de la derrota de los fascismos, la Democracia Cristiana, con los partidos de centro y derecha, y la Masonería, con socialistas y liberales, básicamente, se repartieron los papeles con el arbitraje norteamericano instrumentado por Alan Dulles, jefe entonces de la CIA y hermano J. F. Dulles, secretario de Estado. Con aquella distribución fuerzas y materiales se reorganizaron las democracias europeas que habían sido sacudidas o planchadas por el tsunami totalitario del siglo XX. La solidez de la obra ahí está, tanto como que, en el fondo de todo, puede haber sido la ruptura de ese pacto, con la exclusión de la referencia a las “raíces cristianas de Europa”, lo que ha hecho encallar el progreso del Tratado Constitucional.

De algun parecido modo ocurrió aquí tras de la muerte de Franco. Funcionó ejemplarmente el consenso sobre el modelo de sociedad, absolutamente homologable con el europeo; pero el debate del modelo territorial de Estado fue el bastón que se cruzó entre las ruedas. Aun así, el sistema funcionaba, hasta que esta lumbrera aterrizó en la Moncloa, democráticamente aunque en las circunstancias de todos sabidas. Como no tenía otra cosa que hacer, aparte de romper con Estados Unidos sin amarrarse con nadie, excepto con el moro y el de Caracas, abrió y revolvió en la Caja de Pandora de los nacionalismos. Y hasta aquí hemos llegado con los catalanes, mientras los nacionalistas vascos, con ETA como cabeza tractora, y como en Bilbao dicen, están esperando a Rodríguez para pasárselo por la piedra de amolar. Los moros del 11M no sólo dinamitaron los trenes sino los consensos sobre los que discurrió la política española desde la Constitución. Con este Rodríguez, los nacionalismos han pasado de ser pieza problemática del sistema a correa de transmisión rota. Bloquea el motor de la convivencia nacional y nos aleja a velocidad de cohete del modelo europeo de cohesión interna en sus Estados nacionales.

Nos espera lo peor porque el viaje de la disgregación no ha hecho más que empezar. Lo de Vasconia no será zorzico de romería; tampoco para tracas de fiesta los explosivos y demás materiales acopiados esta temporada por los etarras, desde la reactivación de las extorsiones sobre los empresarios. Querrán hacer más ansiada la paz, más fuerte su demanda social, y subirán el precio de ella más allá, todavía, que el precio cobrado por los nacionalistas catalanes por mantener a Rodríguez en la Moncloa y a otros cuantos en el pesebre.

Y en condiciones así, lectores hay que escriben y preguntan dónde acaba el error estratégico y dónde comienza la responsabilidad penal y el delito de los políticos.     jose@javaloyes.net

Rodríguez entrega a Cataluña la reforma de la Constitución
Román Cendoya  Periodista Digital 24 Enero 2006

El acuerdo de Rodríguez y CiU de incorporar el termino “nación” a la propuesta de reforma del Estatut tiene mucha más importancia que la intrascendencia que intentan instalar en la opinión pública el PSOE y todas sus terminales mediáticas. El preámbulo del Estatut rezará: “El Parlamento de Cataluña recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación”. En el articulado figurará el término “nacionalidad”.

Rodríguez ha cedido a los nazionalistas catalanes el que establezcan el criterio sobre cómo hay que interpretar el término “nación” en la Constitución. Unos pocos definen los conceptos y los términos que se aplican a todos los españoles.

Hasta ahora, el término “nacionalidad” estaba establecido en abstracto por el Constituyente. Como nadie ha recurrido su interpretación no se ha modificado y se ha dejado conforme al criterio que en su día se acordó. El significado de “nacionalidad” era interpretable. Lo que estaba claro era que España es en la Constitución el único sujeto político definido como nación. El creador del término “nacionalidad” es el alemán Maineke, que atribuía a “nacionalidad” una equiparación posible con “nación” en el ámbito de lo cultural. De ahí que se utilizara, en origen, esa definición para aquellos territorios de España que gozaban de una lengua propia.

Uno de los peligros de esta cesión a los nazionalistas radica en el criterio que suelen aplicar los Tribunales Constitucionales denominado como “el principio de interpretación conforme”, según el cual, los términos se interpretan conforme a los desarrollos legislativos que se establezcan y a lo que digan las propias leyes. Rodríguez, como profesor de Derecho Constitucional, tiene que conocer esta forma de proceder. La violación de su promesa de “cumplir y hacer cumplir la Constitución” está en que él es quien promueve y ampara que unos pocos ciudadanos de España definan cómo tenemos que interpretar un término todos los españoles. Hay que tener en cuenta que el primer desarrollo legislativo que se hace incorporando una equiparación entre “nacionalidad” y “nación” es el preámbulo del nuevo Estatuto de Cataluña. Así Rodríguez, en su política de “como sea”, promueve una profunda reforma de la Constitución, sin someterse a los procedimientos establecidos en la propia Carta Magna. Rodríguez ha entregado a Cataluña la reforma de la Constitución. Esto lo hace un profesor de Derecho Constitucional. Pero qué habrá enseñado semejante “profesor” a sus pobres alumnos.

Habemus Estatut
(Fumata blanca para el despedazamiento de España)
Antonio Cabrera  Periodista Digital 24 Enero 2006

[Carod-Rovira y Joan Puigcercós durante la rueda de prensa tras su reunión de urgencia con Rodríguez Zapatero en Moncloa] Habemus Estatut. En secreto. De noche y en la Moncloa. Al más puro estilo de la omertà siciliana, la madrugada del domingo 22 de enero se perpetró la firma del miserable pacto de Rodríguez Zapatero -todavía presidente de Gobierno-, con el nacionalismo catalán para el despedazamiento de España.

Apartados Maragall y Montilla de la recta final de las negociaciones -otro gesto de sumisión del Gobierno socialista a las exigencias del ala más dura del cuatripartito-, Zapatero y sus huestes, con Rubalcaba como croupierrepartiendo juego, consumaban alevosamente, de madrugada, en secreto y de espaldas al Parlamento, la vergonzante claudicación del Estado ante el Estatuto de Cataluña, flagrante traición a la soberanía nacional -y a la unidad, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles ante la Ley-, tras siete horas de «duras negociaciones» con los nacionalistas de Convergencia y Unión.

El pacto -con el apoyo inquebrantable de Joan Saura (ICV) y Pasqual Maragall a cuanto Rasputín Rubalcaba pueda negociar en nombre de LLamazares, o de su alter ego Zapatero-, se ha logrado halagando la infinita ambición, y el ansia enfermiza de poder de los líderes de CiU, Artur Mas y Josep Antoni Durán y Lleida. Zapatero y Rubalcaba, tanto monta, arriesgando en la jugada, han dejando a un lado al lobo feroz de ERC, Carod Rovira, y a su peligrosa mascota, Joan Puigcercós. O tal vez todo haya sido otro alarde primoroso de cinismo de quienes antidemocráticamente, en secreto y al margen del Parlamento, han usurpado la voz del pueblo -sujeto de la soberanía nacional-, modificando, ilegal y fraudulentamente, la Constitución para pactar el desmembramiento, la colonización y el saqueo de la Nación española. Un gravísimo crimen de Estado: un delito de alta traición.

Quizás Rodríguez Zapatero, decidido a alcanzar un acuerdo a cualquier precio con los nacionalistas para salvar el Estatut -y con él su supervivencia presidencial y política-, haya recurrido al viejo aforismo de «divide y vencerás» y ha lanzado un órdago a ERC para que acepte alguna fórmula que le permita camuflar la ignominia de su traición a la Nación española, y de paso, salvar la cara ante millones de españoles, socialistas o no. Y también para eludir la acción de los tribunales de Justicia. O de la Historia.

Por el contrario, pudiera ser que la presunta pinza a ERC no haya sido más que otra argucia del malvado Rubalcaba para simular el «acendrado» respeto que el Gobierno del PSOE profesa a la Constitución española, acorde con la promesa de Zetapé de dejar el Estatuto «limpio como una patena» de manchas inconstitucionales, escenificando un inexistente desacuerdo con los «planteamientos radicales» de Carod- Rovira que le sirvan de cínica cortina de humo para ocultar su apoyo a las tesis de Zapatero ante sus hooligans independentistas.

La escenografía para ir motivando al pueblo español ha sido perfecta. Primero imágenes de la briosa llegada de Artur Mas y Durán a la Moncloa. Audi blindado y cristales tintados, como es de rigor. Mucho talante. O sea, sonrisas y saludos efusivos de Zapatero al pie de las escaleras del palacio. ¿Información, imposiciones, precios, compromisos, porqués y cómos? Ni una palabra. Luego se escenifica el acuerdo. Rueda de prensa en Cataluña, claro. Más y Durán, Durán y Más, se muestran pletóricos tras la consecución del pacto. Moncloa calla y otorga. Por los subtítulos nos enteramos que el término nación aparecerá en el preámbulo del Estatut, pero no en el articulado. Financiación: Cataluña se quedará con el 50% de la recaudación de los impuestos del IRPF e IVA y con el 58% de los impuestos especiales, alcohol, tabaco y carburantes. Habrá una Agencia Tributaria Catalana, consorciada con España. De todo lo demás, nada. Nada del sangrante secuestro y expolio de la soberanía nacional. Nada del blindaje de competencias. Nada de la dictadura lingüística, ni de la enseñanza totalitaria. Nada de la voladura de la caja única de la Seguridad Social, ni de la quiebra de la justicia fiscal. Nada de la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley y la Justicia en todo el territorio nacional. Ni de otras cien cosas más. Por si quedasen dudas, Artur Mas matiza. Lo conseguido es un «gran salto, que no renunciamos a completar» hacia las metas nacionalistas. Sus anhelos no tienen límite. Y Mas repite, alto y claro -con la firma del pacto aún caliente-, que no renuncian al Estatut, tal y como lo aprobó el Parlament de Cataluña. La perpetua letanía nacional separatista continúa.

Horas más tarde salta la sorpresa. Ya no hay «acuerdo». Carod-Rovira y su fiel escudero Puigcercós viajan urgentemente a Madrit, que para eso tienen línea directa con Moncloa. No se ha contado con ellos para alcanzar un acuerdo sobre el Estatut -eso dicen- y consideran que los términos en que se ha redactado son «inaceptables». Cataluña es una nación. Más audis blindados con lunas tintadas. Otra recepción en la Moncloa. Y otra rueda de prensa, también en Cataluña, claro. Carod, muy ocurrente, habla, y por los subtítulos nos seguimos enterando que para ERC el acuerdo alcanzado merece una calificación de «insuficiente alto». Que en asuntos tan graves como el despedazamiento de España no hay que precipitarse y que hay que «seguir trabajando» hasta llegar a un acuerdo para su aniquilamiento definitivo. El Gobierno de España, de nuevo, calla y otorga.

El Partido Popular, convidado de piedra, se indigna moderadamente. Mariano Rajoy, líder de la «oposición divertida» -la de la «lluvia fina» y el «buen rollito»- sabe muy bien que la oposición debe hacerse «con la cabeza y no desde las vísceras». Además la coherencia entre los hechos y las palabras, como el liderazgo, no son su fuerte. Pero eso es asunto para otra historia. España, inerme, llora tanta miseria moral, tanta indignidad y tanta cobardía.

Ironía o sarcasmo
Daniel Martín Estrella Digital 24 Enero 2006

España: el pasado sábado, cuando en Barakaldo un grupo de personas exigía la libertad de expresión y asociación de un grupo paraterrorista, el presidente del Gobierno de España acordaba con un grupo nacionalista las nuevas pautas que marcarán el ahora contrato entre el “Estado central” y una ex de sus Comunidades Autónomas. España como Estado deja paso a una informe unión de estados.

Se constituye: se constituyó, mejor dicho. Ahora nos quieren constituir de manera diferente, y cuando el Nou Estatut llegue a Cataluña, sólo lo votarán los catalanes. El resto de los españoles de a pie no podrán decidir sobre su nueva forma de constituirse mientras los de “a escaño” ya piensan, con avidez y avaricia, en cómo lanzarse sobre las nuevas formas de financiación y de control de la justicia para ocultar la corrupción.

En un Estado: que prácticamente carece de territorio y de Ejército, que pronto dejará de tener unas coordinadas fuerzas de seguridad, una única Hacienda, una sola legislación civil, penal y administrativa...

Social: el domingo, Alfonso Arús entrevistó, en el programa Tan a gustito de La Primera de la ruinosa TVE, a la actual pareja sentimental de Al Bano, en plan Salsa Rosa pero financiado con el dinero de nuestros impuestos. Nuestros innumerables canales de TV pública ahora también distribuyen la riqueza nacional. Lástima que lo que debería ser un Estado asistencial para los necesitados haya devenido en Estado prestamista a fondo perdido de bienes superfluos.

Democrático: unas únicas elecciones, con listas electorales cerradas que incluyen anónimos y leales seguidores de una disciplina partidista, sirven para formar los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que por otra parte se confunden en sus respectivos funcionamientos. Aparte, los representantes del pueblo se reúnen en las Cortes o en la sede de la Presidencia para negociar en secreto lo que debería ser de debate público. ¿Pagan alquiler por el uso privado de un dominio público?

De Derecho: la reunión de Barakaldo del sábado había sido expresamente prohibida por un juez de la Audiencia Nacional. Nadie acudió a impedirla o dispersarla. Esa reunión fue convocada por una organización ilegalizada por la Ley de Partidos, un disparate jurídico porque una norma de rango legal no puede hacerse tan sólo para una persona física, llámese Ruiz Mateos, o jurídica, llámese Batasuna. La Ley, en democracia, vale tanto para el justo como para el injusto. Los mineros, agricultores, transportistas o pescadores cerraron puertos y cortaron carreteras sin que nadie aplicase el Código Penal. Los delincuentes comunes pueden delinquir dos, tres o cien veces antes de ir a la cárcel. La Ley se aprueba, no se piensa, y mucho menos se aplica.

Que propugna como valores superiores: es decir, que estos principios ético-jurídicos son más importantes que la voluntad de cualquier persona, sea independentista o presidente del Gobierno.

De su ordenamiento jurídico: léase el capítulo “De Derecho”.

La libertad: informe concepto que en España es sistemáticamente ignorado o perseguido por cualquiera de sus políticos, que prefieren intervenir en la sociedad para así solapar al individuo. Sin Educación, no hay libertad. De ahí la LOGSE, la LOU, la LOCE y la LOE.

La justicia: según parece, es de justicia que los Diputados ganen un sustancioso sueldo y se aseguren una suculenta pensión por saber apretar el botón adecuado en cada ocasión. También es de justicia impedir al castellanoparlante hablar en su idioma materno, o al españolista amar a su patria. Es de justicia que la Justicia no tenga medios, que en el Senado se hablen idiomas que no entienden más que unos pocos senadores y que en los debates políticos se trate y discuta todo aquello que a la gente le importa un pimiento.

Igualdad: la de un enfermo en Extremadura con la de uno en Madrid. La de un contribuyente vasco con la de uno de Zamora. La de un agricultor andaluz con la de uno cántabro. Iguales somos todos, a no ser que seas español, varón, heterosexual, cristiano, fumador, blanco o liberal, y siempre dependiendo de la comunidad autónoma en la que residas o, pronto, nazcas. A esas condiciones se les puede discriminar y vejar si es para favorecer a las contrarias.

El pluralismo político: sólo hay un partido en la oposición. Que juega a decir frases grandilocuentes y jamás presentar una prueba o esgrimir un argumento. ¿Cuánto le costará el Estatut a Cataluña? ¿En qué posición quedará el País Vasco si logra la independencia? Por otro lado, ese mismo partido pide para Baleares y la Comunidad Valenciana lo que critica para Cataluña. El presunto pluralismo se traduce en indolencia, conformismo, ausencia de ideales y de luces, en la peor clase política del mundo occidental, Italia incluida.

El artículo 1.1 de la Constitución Española dice: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. ¿Ironía o sarcasmo?       dmago2003@yahoo.es

Unos chicos muy honrados
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 24 Enero 2006

ISABEL Martínez de la Torre, directora de la cárcel de Algeciras, declaró recientemente a El Faro Información que los presos de ETA, vulgo, etarras, son «honrados, cultos y se puede aprender de ellos». La señora directora, según fuentes solventes, no le añadió alcohol de madera al té antes de ser entrevistada.

La honradez es rectitud de ánimo, integridad en el obrar; la honestidad, corresponde a la decencia o decoro, recato y pudor (RAE). Como decía el maestro Lázaro Carreter, la honra se mide de la cintura para arriba y la honestidad de la cintura para abajo. Probablemente, la señora Martínez de la Torre tenía en la punta de la lengua, pero le salió otra cosa, que los etarras no practican la zoofilia en prisión ni se entregan a bacanales concupiscentes, con ardor público y manifiesto. En consecuencia, hasta el mejor escribano puede echar un borrón, diré en descargo de la señora directora que confundió honestidad con honradez.

Es intolerable, no obstante, que una funcionaria por oposición se trabuque hasta el punto de considerar que escribir «jódete, fulanito» en la casa de los familiares de las víctimas indique rectitud de ánimo, integridad en el obrar. Mas ese lapsus línguae nos permite entender mejor la personalidad de los terroristas, toda vez que despunta en ellos un tipo de asesino que algunas almas impresionables tienden a exculpar al adjudicarle un aura romántica, llena de equivocada pero santa honradez. Pues no, los etarras serán quizás honestos pero se han deshonrado hasta la más abisal abyección. Pueden ser honestos al no ser justiciables por enseñar las pudendas a los niños en los parques, pero no honrados, al asesinar niños. Desarmados. Y ancianos. Y mujeres. Y hombres. Y esto es todo lo contrario a la honradez, a la integridad en el obrar. Y si aun así la señora directora replicara que los etarras que ella trató han cambiado, y hasta pudiera ser cierto, habría que aplaudir las virtudes redentoras y reeducadoras de la cárcel. Con lo cual sería aconsejable que se les guardara unos cuantos años más en aras del perfeccionamiento hacia la honradez en el que al parecer destacan los etarras sobre otros presos.

Además, también «son cultos y se puede aprender de ellos». Bueno, no creo que sean tan cultos como fue Goebbels ni se pueda «aprender» de ellos tanto como de Rosemberg o Carl Schmidt. Las élites nacionalsocialistas no estaban exentas del encanto de una exquisita formación literaria, filosófica, musical, artística, científica. Bajo los bombardeos seguían escuchando impasibles a Elisabeth Schwarzkopf cantando lieder, y haciendo gala de sensibilidad musical se estremecían de emoción cuando Furtwängler, que nunca fue nazi, o Von Karajan, que lo fue, dirigían a Wagner. Tampoco nadie imagina a los SS robando gallinas o escupiendo en el suelo. Pero sí a los muertos. Como los etarras. Unos chicos muy cultos, esos nazis, encantadores en el trato, de los que se podía aprender mucho y que siempre devolvían los libros prestados. No como los chorizos patilludos que le roban hasta las herraduras a un caballo al galope. Y sin embargo...

En fin, aplicando un principio metodológico elemental, al situar a los terroristas dentro del espectro pertinente -universitarios, clases medias, hijos de padres de profesiones liberales, comerciantes o funcionarios- no es probable que sean más cultos que otros reclusos de las mismas características sociales e intelectuales. Que diría Watson, pero no la señora Martínez de la Torre. Va camino de ministra.

TRAS PRESENTAR EL MANIFIESTO COPE
Herrero, Pedro J. y Álvarez de Toledo piden al Parlamento Europeo que obligue a Cataluña a modificar la ley audiovisual
Tras presentar el manifiesto COPE con 700.000 firmas en defensa de la emisora ante los ataques de la Generalidad, Luis Herrero, Pedro J. Ramírez y Cayetana Álvarez de Toledo pidieron este martes al Parlamento Europeo que obligue a modificar la ley audiovisual de Cataluña. El eurodiputado Carlos Iturgáiz ha resaltado el "récord histórico" de la iniciativa y asegura que no servirán de nada las "maniobras" de los que se oponen a ella. La Generalidad ha negado que tenga intención de cerrar esta emisora.
Agencias Libertad Digital 24 Enero 2006

El periodista y eurodiputado del PP Luis Herrero, el director del periódico El Mundo, Pedro J. Ramírez, y la periodista Cayetana Álvarez de Toledo pidieron este martes al Parlamento Europeo que obligue a modificar la ley audiovisual de Cataluña porque, a su juicio, pone en riesgo la libertad de expresión. El presidente de esta comisión, el polaco Marcin Libicki, y los coordinadores de los distintos grupos políticos, decidirán este miércoles si proponen o no la admisión de la demanda al resto de diputados del órgano, que tomarán una decisión definitiva, en principio, el próximo 22 de febrero.

El parlamentario del PP Carlos Iturgaiz sostuvo que el Parlamento catalán "ha creado el Consejo Audiovisual con el único fin de cerrar una cadena de radio" y afirmó: "ya quisiera Goebbels haber ideado algo así", en referencia al ministro de Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels.

Herrero recordó que la petición fue firmada inicialmente por 9 periodistas españoles, y ha sido secundada por las principales asociaciones profesionales europeas e internacionales, y por 700.000 ciudadanos." Es la iniciativa más popular jamás conocida en la historia de la UE", dijo el eurodiputado del PP, y por ello merece un "tratamiento especial" de las instituciones europeas. Por su parte, Pedro J. pidió "el amparo y el apoyo del Parlamento Europeo" frente a lo que consideran "un proceso de grave vulneración de la libertad de expresión por parte de las instituciones de la comunidad autónoma de Cataluña".

El director de El Mundo subrayó además que, desde que se presentó la queja por la no renovación de las licencias de la COPE a finales de 2005, han ocurrido "dos hechos de enorme gravedad" que acrecientan "los riesgos desde el punto de vista de la libertad de expresión": el dictamen del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) sobre la COPE, y la aprobación de la ley audiovisual catalana. Esta ley provoca "alarma, preocupación e indignación" porque otorga al CAC competencias para determinar la veracidad o no de las informaciones y contenidos de los medios, dijo Pedro J.

El PP promoverá un referéndum sobre el Estatuto en toda España

Efe - Madrid.- La Razón 24 Enero 2006

El presidente del PP, Mariano Rajoy, anunció hoy que su partido promoverá una proposición de ley de iniciativa popular para que la reforma del Estatuto catalán sea sometida a referéndum en toda España, y no sólo en Cataluña. Rajoy hizo este anuncio en el transcurso de un desayuno informativo en el Fórum Europa de la Nueva Economía y en el que expresó su pleno apoyo al presidente del Partido Popular en Cataluña, Josep Piqué.

El líder del PP explicó que su formación política pedirá a los ciudadanos que respalden la iniciativa de celebrar un referéndum sobre el Estatuto en todo el territorio nacional para que todos ellos puedan pronunciarse al respecto dado que es un asunto que afecta «al conjunto de los españoles».

La iniciativa legislativa popular está prevista en la Constitución y regulada en una ley orgánica de 1984, que exige que las correspondientes proposiciones de ley estén avaladas por la firma de, al menos, medio millón de electores. Según la ley, esa iniciativa deberá incluir un documento en el que se detallen las razones que aconsejan, a juicio de los firmantes, la tramitación y aprobación de la proposición de ley por el Parlamento. Rajoy avanzó también que su partido va a plantear una reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional para recuperar el recurso previo ante este Tribunal con el fin de que pueda pronunciarse sobre el Estatut antes del referéndum que se celebrará en Cataluña.

Por otra parte, el líder del PP expresó su «pleno apoyo» a Piqué, quien, según anunció Rajoy, seguirá liderando el partido en esa Comunidad «mientras quieran los ciudadanos de Cataluña». Piqué admitió ayer que existen coincidencias entre sus tesis y algunas partes del acuerdo sobre el Estatut al que han llegado el Gobierno y CiU.

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