AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 29 Enero 2006
Educación y Nacionalismo, Historia de un modelo (terrorífico)
Nota del Editor 29 Enero 2006 

Francisco Caja: "Zapatero sabe que está mintiendo cuando dice que en Cataluña hay convivencia lingüística"
Libertad Digital 29 Enero 2006

La lengua, elemento integrador
Editorial ABC 29 Enero 2006

Ikastolización
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 29 Enero 2006

El Tempranillo al revés
ANTONIO BURGOS ABC 29 Enero 2006

ÓRDENES DE MAGNITUD
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 29 Enero 2006

Nacionalismo blindado
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 29 Enero 2006

Ladrillos
JON JUARISTI ABC 29 Enero 2006

Diez razones demuestran que el Estatuto es nocivo para España y la democracia
Francisco Rubiales  Periodista Digital 29 Enero 2006

La hora de la cordura
Editorial El Correo 29 Enero 2006

Betadine
IGNACIO CAMACHO ABC 29 Enero 2006

Más allá del enredo
Ignacio Cosidó 29 Enero 2006

Historia de una cristalería
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 29 Enero 2006

El 65% de los españoles rechaza que Cataluña se defina como «nación»
R. N. La Razón 29 Enero 2006

Maná para el cine catalán
EDITORIAL Libertad Digital 29 Enero 2006

Acebes: «Está en juego si la soberanía reside en el pueblo español o en una parte»
La Razón  29 Enero 2006

Santiago Abascal / Diputado del PP vasco: «El Gobierno no está legitimado para dividir la nación española»
J. Arias Borque La Razón 29 Enero 2006

Herido leve un ertzaina en un atentado contra las oficinas del INEM en Bilbao
EFE Libertad Digital 29 Enero 2006

Educación y Nacionalismo, Historia de un modelo (terrorífico)
Nota del Editor 29 Enero 2006 

A pesar del mal tiempo, ante una nutrida asistencia en el salón de actos del Círculo de Artesanos de La Coruña, el presidente de Agli, presentó al conferenciante y resumió su libro utilizando una cita de Javier Orrico "“Educación y nacionalismo”, libro boicoteado en las librerías vascas y catalanas, es el relato de una pesadilla, de muchas cobardías, de cesiones y traiciones, de abandonos y errores que han abierto camino al movimiento nacional-socialista que hoy se enseñorea de los españoles, donde la confusión entre Lengua-Escuela-Pueblo-Partido-Nación ha hecho imposible la democracia".

   Ernesto Ladrón de Guevara fue desgranando las tropelías que el nacionalismo vasco está ejecutando desde hace ya muchos años para alcanzar la tercera fase, el pleno dominio de la sociedad, el estado totalitario donde las personas son clones perfectamente despojados de toda racionalidad y han sido convertidos en fervorosos creyentes del credo nacionalista, en la dictadura del miedo de los que aún piensan.

 Las mismas tropelías que todos los partidos sin excepción ejecutan en las regiones donde han conseguido iniciar o ya erradicar el idioma español, mediante la imposición lingüística, definiendo la lengua regional como "propia" y sometiendo a los ciudadanos español-hablantes a una ciudadanía de segunda clase, privados de sus derechos constitucionales en su vida cotidiana sin su idioma español, sin educación en su lengua materna.

 Ya en 1910, los nacionalistas habían establecido los planes para conseguir su objetivo de pleno dominio de la sociedad, aplicando un proceso descerebrador en tres etapas, en la primera, la etapa social, se pervierte el lenguaje, se adaptan los significados, y por medio de minorías políticas se toma posesión de la escuela, se doblega al profesorado que a su vez condiciona a los niños, y estos presionan y condicionan a sus padres, permeando poco a poco todos los niveles de la enseñanza, incluyendo la universidad y así constituye un entramado que les permite premiar a sus seguidores más fervientes; en la segunda, la etapa social, controlan totalmente los partidos políticos y con ellos los fondos públicos, los medios de comunicación, el empleo directo con su burocracia y empresas de servicios para los entes regionales, provinciales y locales e indirecto mediante su influencia en las empresas mediante ayudas, subvenciones y adjudicaciones dirigidas. 

Finalmente llegarán a la tercera etapa, al pleno dominio, al estado totalitario, con todos sus ciudadanos clonados con el credo nacionalista, algunos abandonados como NAS, No Asumibles por el Sistema, muchos en la diáspora, como los 4.000 profesores que ya se han visto obligados a abandonar el País vasco (y análogamente Cataluña, Galicia y demás regiones donde han establecido "lengua propia").

Esta evolución se ve claramente en la actualidad mediante las estadísticas de afiliación del profesorado a los sindicatos: desde 1987 a 2003, hay una tendencia imparable de trasvase desde los sindicatos nacionales a los nacionalistas, y más amargamente en la desaparición del modelo educativo en castellano y el aumento imparable del modelo educativo de inmersión total en la "lengua propia", en contra de todos los derechos legales y humanos y de los criterios científicos, con el único objeto de castigar a la mayoría español-hablante (91% en Álava) al fracaso escolar (15% de disglosias, afasias, etc.).

Apoyando sus argumentos con estadísticas, imágenes y citas de libros, Ernesto Ladrón de Guevara, ha realizado el trabajo por responsabilidad social, para que quede constancia que algunos lucharon contra este proceso de la dictadura del miedo.

 Seguidamente, Cristina Losada dirigió el animadísimo coloquio, recordando que el deber de conocer la lengua propia ya pretendieron ponerlo en el estatuto de Galicia y fue tumbado por el Tribunal Constitucional, y con muchas preguntas, relacionadas con este proceso totalitario, para saber como defenderse, tanto a nivel individual (madres que ven como sus hijos son obligados a estudiar en una lengua que no es la suya), como a nivel colectivo (formación de grupos políticos para la defensa de los derechos constitucionales y apoyo mutuo de las asociaciones cívicas), como la defensa contra el goteo constante de la presión nacionalista, que ha provocado que algunos ya piensen que es obligatorio que la mayoría que cumple el deber constitucional de conocer el idioma español deba doblegarse ante los que no lo cumplen y todo el mundo, especialmente los funcionarios, deba pasar el filtro de la lengua propia, creando una barrera a la libre circulación de las ideas y personas. 

Finalizado el acto, y hasta que se acabaron las existencias, el autor firmó dedicatorias, y seguidamente, acompañado de algunos socios y simpatizantes de AGLI, se  reunieron en animada cena en un panorámico restaurante de las cercanías.

EDUCACION Y NACIONALISMO: HISTORIA DE UN MODELO
de LADRON DE GUEVARA LOPEZ, ERNESTO

EDITORIAL TXERTOA, Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Rustica; ISBN: 8471483939
286 pgs   (18.0x25.0 cm) 15.00€  

DENUNCIA LA "ATROCIDAD ANTIDEMOCRÁTICA DEL ESTATUTO"
Francisco Caja: "Zapatero sabe que está mintiendo cuando dice que en Cataluña hay convivencia lingüística"
El presidente de la plataforma Convivencia Cívica catalana ha reconocido en la COPE que siente "vergüenza ajena" cuando oye decir a Zapatero que "todo está bien en Cataluña" y que hay "convivencia lingüística". Francisco Caja está convencido de que el jefe del Ejecutivo sabe que está mintiendo cuando sostiene algo así. Por eso le pregunta si es normal que desde hace ocho años en el Parlamento de Cataluña no se pronuncie una sola palabra en castellano o que los comerciantes sean multados por no rotular sus locales en catalán.
Libertad Digital 29 Enero 2006

En La Mañana del Fin de Semana de la Cope, Francisco Caja ha explicado que sintió "vergüenza ajena" el pasado jueves cuando escuchó al presidente del Gobierno, entrevistado por Gabilondo en Cuatro, que "en Cataluña hay convivencia absoluta en la normalidad lingüística entre el castellano y el catalán. Existe algún caso aislado de algún problema absolutamente circunstancial y es curioso que salga ahora en medio de este debate. Hay buena convivencia. Pero excitar los sentimientos no es una buena vía".

Dice el presidente de la plataforma Convivencia Cívica catalana que "es absolutamente falso y el presidente de nuestro Gobierno sabe que está mintiendo". Además, lamenta que el nuevo Estatuto imponga "una cosa terrible para todos nosotros que es el deber general de conocimiento de la lengua catalana". Según ha explicado Caja, "Zapatero sabe o debe saber", que ese deber general de conocimiento de la lengua catalana fue rechazado explícitamente por las Cortes Constituyentes. El representante la Minoría Catalana del Congreso, Trías Fargas, presentó una enmienda, la numero 105, que imponía justamente ese deber general de conocimiento y fue rechazada mayoritariamente en aquel momento en las Cortes Constituyentes y eso lo debería saber el señor Zapatero.

Ni en el Parlamento catalán ni en los comercios
Caja ha recurrido a los ejemplos para refrescar la memoria al presidente del Gobierno y rebatirle cuando sostiene que hay normalidad lingüística: "Si él considera normal que en Cataluña no podamos educar a nuestros hijos en castellano, yo no sé, ya es cuestión de que revise, vaya nuevamente a la escuela, por supuesto si está en Cataluña tendrá que hacerlo en catalán, y revise el sentido de las palabras más elementales como "normal". ¿Es normal que desde hace ocho años en el Parlamento de Cataluña no se pronuncie una sola palabra en castellano? ¿Es normal que se imponga a los comerciantes que rotulan en la lengua oficial del estado que sean multados, sancionados por ese hecho? Es ya un descaro la desvergüenza de nuestro presidente, es ya inenarrable".

Además, la plataforma ha denunciado que el tripartito al impedir que los escolares se eduquen en castellano, está entrando "en el domicilio de los particulares, de un ámbito que corresponde a lo privado absolutamente". Y ha recuperado un dato "estremecedor": en Cataluña, el fracaso de los castellano-hablantes es del 42,6 por ciento, prácticamente uno de cada dos escolares castellano-hablantes está condenado al fracaso escolar mientras que los catalano-hablantes tienen un índice de fracaso escolar del 18 por ciento. 24 puntos de diferencia. "¿Eso es normal, señor Zapatero? No es normal, no es absolutamente normal", le ha reprochado Caja.

Policía lingüística en los colegios
En esa situación "normal" que aprecia Zapatero "lo más gordo es que han dispuesto para este año un sistema de comisarios político-lingüísticos que le llaman, es terrible el nombre, evoca los regímenes totalitarios, el coordinador lingüístico de interculturalidad y de cohesión social del centro. Con ese bonito nombre ese señor está encargado de que en cada escuela, privada y pública, se controle hasta el patio, hasta el recreo, la lengua de los escolares para que exclusivamente hablen el catalán. Eso es una policía lingüística y el señor Zapatero, si eso lo considera normal..." La conclusión que saca Francisco Caja es que Zapatero no quiere enterarse de la realidad. Por eso, le ha invitado a que visite las escuelas catalanas "y se entere ya de una puñetera vez qué está pasando en Cataluña, si hay o no hay problemas lingüísticos, si es que es un insulto. El negacionismo es lo que más indigna a las personas, negar esa situación es un acto que podemos calificar de criminal".

Zapatero estará en Barcelona el próximo sábado pero para vender las excelencias de ese nuevo Estatuto que recoge la obligación de saber el catalán. Para ese día, Convivencia Cívica Catalana ha preparado un acto con el que denunciará la "atrocidad antidemocrática que es el Estatuto de Cataluña (...) Sobre todo perjudica a los catalanes porque convierte Cataluña en una ínsula Barataria, una especie de republica bananera donde no hace falta más que leer el Estatuto para darse cuenta de la monstruosidad, nos convierte en diferentes realmente, pero para peor".

Sobre la actitud del PP, Francisco Caja espera que Rajoy "le haga rectificar al señor Pique tanto que se ponga del lado de los constitucionalistas en Cataluña y no del lado de los nacionalistas, los que no nos dejan hablar nuestra lengua".

La lengua, elemento integrador
Editorial ABC 29 Enero 2006

LA lengua, el principal instrumento de comunicación del ser humano, se ha convertido en los últimos años en un arma política que los nacionalismos han querido utilizar y utilizan, con mezquina visión, como elemento diferenciador y separador. Torpe estrategia, porque el idioma común es uno de los núcleos integradores de los pueblos y el bilingüismo, una señal de riqueza cultural que no hace sino beneficiar a aquellas sociedades que lo poseen.

En este sentido, la Historia se empeña en negar lo que algunos gobernantes con estrechez de miras intentan establecer como principio. El reportaje que publicamos hoy en la sección de Cultura así lo demuestra: la historia de las culturas vasca y catalana se ha escrito en español, con el idioma común que ha servido durante siglos como elemento aglutinador, como cauce de expresión para las más distintas ideas, como nexo de comunicación y por tanto de comunión de la comunidad iberoamericana. Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Eugenio D´Ors, Josep Pla, Eduardo Mendoza, Juan Marsé... Todos ellos han utilizado el idioma español para expresarse, sin dejar por ello de formar parte de la historia cultural de sus lugares de origen, el País Vasco y Cataluña.

Ikastolización
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 29 Enero 2006

Imbuido por ese relativismo en el que vivimos, aplicado a todo; en el que cualquier principio resulta mutable, yo estaba en un mar de dudas.

Cuando escribí el libro Educación y nacionalismo estaba abrumado recordando aquello que un alto dirigente del PSE-EE(PSOE) (sic) me dijo un día en el que yo dimití de un cargo: "Eres un inflexible". Yo especulaba: ¿Estaré exagerando? ¿Tendré una visión excesivamente condicionada? ¿Seré un resentido incapaz de encontrar el enfoque objetivo de las cosas? Y por esa duda que me carcomía me dediqué a buscar con todo frenesí y compulsivamente documentos y fuentes.

Digo en mi libro que los nacionalismos corrompen el sentido y el objeto de la educación. Ésta tiene como destinatario fundamental a la persona, a la que hay que pulir hasta lograr la máxima perfección que sea susceptible de alcanzar. Los nacionalistas convierten el hecho educacional en un proceso de adoctrinamiento basado en cuatro elementos configuradores básicos: la lengua como factor segregador, un sistema de centros programados para la independencia de la "nación", la depuración del profesorado para que sea un agente al servicio del "proceso" de la aculturación nacionalista, y un currículum "propio" reflejado en unos contenidos de unos libros de texto y materiales didácticos manipulados y elaborados al efecto. Con ello la labor de control y de formación del espíritu nacional estaría servida eficazmente.

Yo pensaba que estas afirmaciones podían carecer de rigor científico, pero hete aquí que la realidad supera ampliamente a lo que trato de reflejar en un libro hecho para historiadores que en un futuro analicen el fenómeno extraño y paradójico de la descomposición de España a principios del presente siglo.

Titular reflejado en los medios de comunicación esta semana: "La Confederación de ikastolas debate el currículo vasco al margen del Parlamento autónomo".

No existen legalmente las ikastolas como hecho diferenciado, pues la ley de convergencia de las mismas con el resto de las redes, promovida por los socialistas, integraba a las ikastolas en los centros públicos o en los privados (concertados o no), terminando con la obsesión nacionalista de configurar una tercera red que absorbiera a las dos primeras. Ya vemos que no ha sido así, y que, muy al contrario, las ikastolas se han convertido en el caballo de Troya para "ikastolizar" todo el sistema.

Al igual que sucede con Batasuna vivimos en una virtualidad real.

Pero también comprobamos el pertinaz y conspirativo empeño de los nacionalistas para lograr eso que la Sra. Iztueta dijo un día: "Tenemos que lograr un currículo propio porque tenemos una zoología y una biología propias". Es decir, la acomodación hasta el esperpento de lo que se enseñe en las aulas al objetivo por antonomasia: conseguir que todo el mundo terrenal piense en clave nacionalista. Y para ello, sin duda, la confederación de ikastolas -¿órgano al margen de la ley?- es el medio idóneo y eficaz. ¿A alguien le cabe alguna duda?

El Tempranillo al revés
ANTONIO BURGOS ABC 29 Enero 2006

NO, imaginación sí le están echando: cambiar la Constitución por medio de un Estatuto; acabar con la igualdad entre las regiones y con el principio de solidaridad. Dicen que es lo más progresista que hay, pero en los dineros me parece que se han pasado de imaginación. Han inventado a José María el Tempranillo, pero al revés: «El que a los ricos socorre / y a los pobres avasalla». No, como paradoja no deja de ser insólito. Será histórico. Un Gobierno socialista, en una nación europea, bien entradito el siglo XXI, consigue que los ricos como Cataluña reciban más, justamente por ser más ricos, y a los pobres, que les vayan dando por debajo del PIB. Es como la pregunta que acerca de las diferencias sociales y económicas me hacía un amigo a la vuelta de Estados Unidos:

-Los negros, ¿son negros porque son pobres, o son pobres porque son negros?

Y con respecto a los territorios patrios y al nuevo método de meter la cuchara en el perol común que consagrará el Estatuto catalán, lo mismo:

-Los catalanes, ¿son catalanes porque son ricos o son ricos porque son catalanes?

Un poco de memoria histórica. Se silencia que Cataluña fue la gran beneficiaria de los privilegios del desarrollismo franquista. Cuando en Andalucía teníamos carreteras de macadán, en Cataluña ya había autopistas. Franco lavó su mala conciencia de vencedor beneficiando a las regiones derrotadas en la guerra civil. Se le fue la mano ayudando a la que había sido la España republicana: a Cataluña, a las Vascongadas. Incluso en Andalucía la máxima beneficiaria del desarrollismo franquista fue la republicana Málaga, a la que se le dio el «boom» de la Costa del Sol: o el republicano Jaén, al que Franco le hizo un Plan especial; no la fiel Sevilla de Queipo. ¿Por qué Franco puso la Seat en Barcelona y los andaluces tuvieron que emigrar allí buscando trabajo?

Y como desde el proteccionismo arancelario y desde el desarrollismo franquista son tan ricos, no se van a conformar ahora con el café para todos de las autonomías. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Si pagan más impuestos, ¿cómo van a recibir menos? Yo también me apunto a eso: que me den servicios públicos según mi IRPF. Pues si se rompe el principio de igualdad entre territorios, ¿por qué no entre individuos? Todo el mundo querrá ser como los catalanes: que le apliquen el mismo criterio fiscal y de acceso a los bienes públicos. Usted, rico potrico por su casa, que gana un fortunón y paga una burrada de impuestos, ¿cómo va a tener la misma carretera que ese tío que va ahí con un Ford Fiesta de segunda mano, que apenas paga los impuestos del salario mínimo? Usted no puede padecer el mismo embotellamiento en la misma carretera, puesto que usted paga muchos más impuestos. Y como la letra del hombre del 600: la carretera nacional es suya, porque casi la ha pagado usted. Ergo cuando haya un atasco en la A-6, usted debe exigir alfombra roja para que pase su Bentley, y el tío del Ford Fiesta, a la cuneta para que le deje paso.

Y en la Sanidad, igual. Con los impuestos que usted paga, ¿cómo va a estar en la misma habitación que ese albañil que no contribuye casi nada? ¡Que echen al albañil inmediatamente, que lo devuelvan a la sala de triaje, porque no va a ser igual que yo, que pago tantísimos impuestos y que me merezco una suite! Y en la enseñanza, ni te cuento. ¿Cómo su hijo va a ir a la misma Universidad pública que el hijo de un fontanero, con lo que paga usted? Nada, nada, volvamos al siglo XIX, cuando el primer contribuyente de la provincia tenía sus privilegios. Por falta de imaginación no será. Han inventado los desfasados privilegios del primer contribuyente en forma de territorios insolidarios y desiguales. El Tempranillo, pero al revés: robar a los pobres para dárselo a los ricos.

ÓRDENES DE MAGNITUD
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 29 Enero 2006

Consideren el enunciado siguiente: «Guadalajara se encuentra a cuarenta kilómetros y quince milímetros de Madrid, kilómetro arriba, kilómetro abajo». La precisión milimétrica es estúpida, puesto que ha quedado desautorizada por una previa imprecisión kilométrica. O si se prefiere: las incertidumbres que afectan a un orden de magnitud superior, excusan toda especificación referida a un orden de magnitud inferior. Este principio, básico en ciencia, no suele observarse en política. En política, al menos en la española, aunque me temo que no sólo en ella, los profesionales de la cosa propenden a ajustar los milímetros y tasar a bulto los kilómetros. Lo demuestra el bodrio estatutario catalán, y el increíble itinerario que hasta la fecha ha recorrido.

Empecemos por los contenidos. La fórmula acordada para el Preámbulo reza así: «El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como una nación». Se añade después: «La Constitución, en su artículo 2, reconoce la realidad nacional de Cataluña en forma de nacionalidad». La primer cláusula no afirma, en rigor, que Cataluña sea una nación. Lo que asevera, es que el Parlamento autonómico la ha definido como una nación. Esta oblicuidad esconde un efecto cómico. Es como si un deportista, en lugar de decirnos que ha ganado los cien metros valla, nos informara de que su periódico local ha publicado la noticia de que ha ganado los cien metros valla.

Los normal es que repliquemos, extrañados: «Oiga ¿ha ganado o no ha ganado usted los cien metros valla?». La segunda cláusula nos remite a la Constitución, y señala que ésta acoge a Cataluña como nacionalidad, y por tanto, como nación. Pero ni la Constitución enumera las nacionalidades, ni se sabe lo que es una nacionalidad, salvo por un matiz negativo: una nacionalidad es algo que no es una nación. La conclusión es que Cataluña, en vista de que es una nacionalidad, y por ser nacionalidad, no es nación, resulta que es nación. Ignoro cuánto tiempo habrán estado dándole al magín Rubalcaba y sus interlocutores catalanes. Pero no parece que hayan logrado descubrir la pólvora.

Ahora, pongamos un trémolo solemne en la voz. Este estatuto debería confirmar, según Zapatero, a la nueva España, una España que por fin habría adivinado un encaje territorial fructífero y estable. El caso, sin embargo, es que Mas no ha tardado un minuto en anunciarnos que el Estatut es sólo un rellano en la escalera de caracol que conduce a la soberanía real de Cataluña. Sobran comentarios.

¿Y el itinerario? CIU no quería el Estatuto, por instinto y también porque había sido idea de ERC y Maragall. Cuando todo el mundo lo daba por difunto, Zapatero lo resucitó en un encuentro sorpresa con Mas. Ha vuelto a repetirse la operación, con consecuencias que todavía no estamos en grado de calibrar. El perjuicio infligido a la cúpula instalada en la Generalitat ha roto de momento la unanimidad entre los firmantes del documento, y provocará reacciones transversales y quizá serias. Peor aún: el contenido del acuerdo es secreto -obscenidad incomprensible en una democracia regida por el principio parlamentario-. Y no sólo secreto sino, por lo poco que se sabe de él, caótico y probablemente incoherente.

Pero los actores de esta intriga grotesca estaban atentos a los milímetros. El Gobierno ha podido fingir, durante unos días, que se cerraba un proceso conflictivo para los socialistas y enojoso para la opinión. Y Mas ha recuperado el protagonismo y robado la cartera a sus rivales. Lo de Mas, de acuerdo, no son milímetros. Son centímetros, y hasta decímetros. Las averías ocasionadas se miden, no obstante, en kilómetros.

En esencia, se ha tenido la sensación penosa y justificada de que un solo partido podía iniciar, a cencerros tapados y con la complicidad del Presidente del Gobierno, aunque no necesariamente de su Gabinete ni de sus diputados, una transformación irreversible de la estructura estatal. Esta sensación deslegitima al sistema y estimula el caos. Mientras el PSOE daba señales patentes de postración clientelista, los presidentes autonómicos nos han servido un anticipo de lo que será la España confederal: una pugna de emulaciones, en que todos pretenderán contar con los recursos comunes y nadie cederá un ápice de los propios. En medio del desconcierto fabuloso, Rajoy ha propuesto un referéndum inviable, sin otro propósito que subrayar gestualmente un compromiso con la nación que sus barones miran con recelo y que, bien mirado, tampoco están en situación de asumir. Los padres de la patria, la grande y las chicas, están dando el espectáculo.

Nacionalismo blindado
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 29 Enero 2006

El dirigente de Convergència i Unió Artur Mas tenía razones para sentirse muy cercano a la euforia al anunciar el acuerdo al que horas antes había llegado con el presidente del Gobierno. En sólo unos meses, Mas ha pasado de tener que defender la memoria del pujolismo de la acusación de corrupción estructural en forma de ese 3% en el que Maragall cifraba 'el problema' de CiU a convertirse en matrona del nuevo Estatuto, desde el que se proyecta como la figura política ascendente en Cataluña.

Tal vez llevado por esa euforia o simplemente por la sinceridad, Mas hizo dos afirmaciones que para un nacionalista son como la renovación de las promesas del bautismo. Por un lado, el dirigente de CiU trazaba la frontera del futuro, con esa manía tan nacionalista de apropiárselo, augurando que no habría porvenir para todo aquel que no apoyara lo acordado en La Moncloa, incluso sin saber los términos del acuerdo. Por otro, calificaba el Estatut de salto adelante -sobre todo para él-, pero dejaba claro que la reivindicación de CiU la marca el texto que llegó del Parlamento de Cataluña y que otro acuerdo, también de noche, también con Rodríguez Zapatero, permitió llevarlo al trámite parlamentario. Dicho queda.

Es en estos momentos tan profusamente calificados de históricos cuando el nacionalismo recuerda que no hay pacto que haga mella en su discurso, en su teoría y en su práctica. Es decir, seguirán estando incómodos en España, volverán a denunciar incomprensión, retraso en las nuevas transferencias, trampas en las cuentas o estrategias para dejar sin contenido lo logrado. ¿Quién dijo que no hay pacto sin renuncia? Si así fuera cualquiera pactaría. Pero alzarse con el santo y la limosna sólo está al alcance de unos pocos. Lo que tiene mérito es convencer a los demás de que apuesten a un número que nunca sale; que pujen por una solución que no está en la baraja; que se pueda afirmar, en un contraste insuperable de imágenes, que se busca el 'encaje' de Cataluña en España y anunciar al mismo tiempo 'un salto adelante'.

Situaciones como ésta de fervor pactista suscitan - al menos en algunos- enigmas sin explicación. Es lo que ocurre cuando se escuchan esas reflexiones de nuestro lehendakari que nos advierte, por poner un ejemplo, de que todos tendremos que hacer esfuerzos para alcanzar la paz. Y es entonces cuando uno se pregunta qué esfuerzo le toca al PNV en ese reparto, por poner otro ejemplo. De la misma manera, habría que preguntar - por simple curiosidad, entiéndase bien- qué es lo que CiU ha puesto encima de la mesa, cuál es su renuncia, dónde está la simetría de compromisos, lealtades, esfuerzos y respetos que son la materia de todo pacto.

El nuevo Estatuto catalán no es, como pretenden los portavoces de Rodríguez Zapatero, ni el límite de las pretensiones de 'autogobierno' de Cataluña ni el cierre del modelo autonómico de la Constitución. Es justamente lo contrario. Es empezar de nuevo, pero desde mucho más arriba, o desde mucho más abajo, según se mire; es volver a escuchar la misma música pero más estridente. La propuesta estatutaria acordada es la que impide estabilizar el modelo territorial de la Constitución, convirtiéndolo en una simple referencia, precaria en su validez y provisional en su vigencia efectiva. Es la expresión de un nacionalismo que, sorprendido por su propio éxito, se encuentra con que su problema ahora es el de administrar el calendario de sus ambiciones con un mínimo de prudencia y afinación táctica.

Por qué los nacionalistas habrían de dar por concluido el recorrido de sus pretensiones? ¿Tienen hoy más o menos motivos para creer en la viabilidad futura de sus deseos? Si además de los árboles miramos al bosque, uno tiene la impresión de que el gran éxito del nacionalismo con el 'nou Estatut' no es la financiación, o el hecho de que el preámbulo reescriba por su cuenta el artículo 2º de la Constitución, o que Cataluña gane en propiedad la plaza de comunidad rica. No. Más relevante que todo eso es que el nuevo Estatuto catalán constituya el gran mecanismo de reciclaje del nacionalismo en su expresión más particularista e impositiva. Que tras un cuarto de siglo largo de andadura democrática y de transformaciones ideológicas y políticas, el nacionalismo no haya tenido que cambiar un ápice, que siga jactándose de que triunfa sin dejarse un solo pelo en la gatera, y que sea para la izquierda la medida del progresismo, es un éxito innegable, en igual medida que da cuenta de la fragilidad de una cultura cívica débil e incapaz de articularse ni en la política ni en la sociedad civil frente a los mitos identitarios.

No son las competencias sino esos mitos identitarios, materia del nacionalismo, los que se blindan. Se blindan frente a 'España' y así adquiere carta de naturaleza esa idea tan gratificante para todo nacionalista de que el mal es siempre exterior y, en este caso, que es concretamente 'España'el origen de toda amenaza que ese blindaje impedirá materializar contra Cataluña. Se blindan poderes para asegurar que el Estado no se entrometa pues sólo cabe pensar que es el Estado el que se extralimita y el Tribunal Constitucional no es de fiar cuando decide a quién corresponde esta o aquella competencia. Se blindan ingresos para evitar que la codicia exterior expolie la riqueza patria. Se blinda hasta la posición de Cataluña en el ránking de la renta per cápita. Es curioso sin embargo que el ídolo identitario no sólo quiera blindarse frente al exterior sino que se blinde también frente a la propia ciudadanía dentro de Cataluña, exigiendo a la sociedad catalana sin excepción el culto a las esencias comunitarias. De ahí el intervencionismo económico, la coacción lingüística, la imposición simbólica, o la creación arbitraria de una memoria colectiva que expulsa a la historia como el testigo incómodo que es para el relato nacionalista.

Seguramente para muchos el problema que se ha planteado desde Cataluña es una reivindicación sólo y exclusivamente económica. Y como la economía sigue yendo bien y tenemos la sensación de estar disfrutando de una pujanza sin fecha de caducidad, muchos de ésos estarán convencidos de que la solución a las reivindicaciones nacionalistas es asequible, fácil y duradera. Ojalá fuera así. En cualquier caso, nadie solvente ha hecho cuentas, ni ha explicado con el rigor que sería exigible la traducción económica del acuerdo, las posibilidades reales de que se generalice el capítulo financiero, las garantías de solidaridad para las comunidades de menor renta y las garantías de que otras comunidades, también prósperas como Cataluña y contribuyentes netas a la solidaridad interterritorial, recibirán el mismo trato que aquélla en cuanto a ingresos e inversiones.

La dinámica más perversa del sistema autonómico se ha puesto en marcha. A partir de ahora, con el Estatuto catalán como referencia empieza un proceso de emulación, cruce de agravios, y exhibición de saldos acreedores. Esta vez, sin embargo, no podemos alegar desconocimiento de sus consecuencias, ni creer que su coste será únicamente económico.

Ladrillos
JON JUARISTI ABC 29 Enero 2006

LA nueva política es paradójica: combate la unidad nacional, pero, en los ámbitos donde domina, reclama adhesión total. Aquí, como en casi todo, los nacionalismos marcan la pauta. La izquierda se limita a imitarlos. La exigencia de unanimidad planteada por Pérez Rubalcaba y su jefe Rodríguez -bajo amenaza de poner a los disconformes fuera de juego- remeda la advertencia de Mas: quien se enfrente al Estatut no tendrá futuro.

Lo menos que puede decirse de este lenguaje es que no parece compatible con el principio liberal del respeto a las minorías. Para los neoliberales que nos oprimían, no era razonable que la disensión pacífica se penalizara con el exterminio. Ni siquiera con cárcel o destierro. Incluso iban más allá: juzgaban exagerado privar a los remisos del derecho al voto. Y todo porque no suele hacerse en los países de nuestro entorno geográfico: al menos, no se viene haciendo así en la mayoría de ellos desde hace unos sesenta años (claro que ninguno es, por ahora, una nación de naciones). Que se sepa, no se suele recomendar en los periódicos de nuestros vecinos europeos (aunque algunos sean copropiedad de gobiernos regionales) la escabechina de ciudadanos protestones, ni tampoco se ha dado el caso de que, desde una televisión pública escocesa, por ejemplo, se incite a volarles las criadillas a los varones británicos en general. Y aquí, en cambio, estas cosas suceden y los hipócritas neoliberales sostienen que es conveniente reprobarlas, porque pueden degenerar en actos moralmente censurables. Si empiezas por capar españoles, dicen, puedes terminar fumando en el ascensor.

Ahora bien, yo tampoco me explico por qué el dichoso proyecto de Estatut catalán necesita contar con la aprobación universal, cuando, según todos los indicios, podría salir adelante sin los votos de la derecha recalcitrante. El resultado no sería tan lucido, ciertamente, pero quizá deba evitarse forzar el asentimiento del PP, aunque no se recurra a medidas tan extremas como privar de futuro a todos sus militantes. Retorcerle el brazo a Rajoy, después de lo que ha sufrido el pobre con su luxación digital, podría ser interpretado como una crueldad innecesaria por algún corresponsal extranjero. Hay que cuidar la imagen, que los populares son unos quejicas impredecibles y nunca se sabe qué mentira cochina se les ocurrirá difundir. Por eso, opino que lo más sensato sería resignarse a una victoria sólo por abrumadora mayoría.

Corre todavía por Europa la absurda superstición de la alternancia y es preciso actuar con tiento. Por descontado, nuestros actuales gobernantes saben que las únicas minorías merecedoras de respeto son las silenciosas. Pasado el Pirineo, sin embargo, se piensa que un sistema político tolerable debe incluir la posibilidad de que la oposición pueda alguna vez convertirse en gobierno. Ha tenido que intervenir de nuevo la Farándula para recordarnos, mediante una colorista interpretación de Mas, Pérez y Rodríguez, que a la oposición que se insolenta hay que reventárselos. Años ha que no tenía noticia del Rubianes, desde aquella teleserie en la que encarnaba a un chorizo hijo de colipoterra, papel que nadie habría hecho mejor que él, y he aquí que se nos revela como el más acertado exegeta de los eufemismos socialcatalanistas, lo que no deja de ser lógico y coherente con su personalidad civil y artística.

Por cierto, en la edificante teleserie a que me refiero, había un moro magistralmente interpretado por Mario Pardo. Sería estupendo que la pasasen de nuevo, en estos tiempos de multiculturalismo. O que enviasen una copia a Hamás, como fraternal felicitación. ¿A que no recuerdan cómo llamaban al morito? Sólo les daré una pista: era un mote muy gracioso y escatológico. Casi tanto como aquel chiste de romanos que ofrezco en versión orwelliana y como homenaje a Cataluña. «-Oye, Jordi, ¿cómo se los revientas a tus españoles? -Pues mira, Rubianes: yo, con dos ladrillos, de un golpe seco. -Pero, Jordi, ¡eso debe ser muy doloroso! -Sí, bueno, es verdad que, si no tienes cuidado, a veces te pillas los dedos, Rubianes».

Diez razones demuestran que el Estatuto es nocivo para España y la democracia
Francisco Rubiales  Periodista Digital 29 Enero 2006

Aunque no se conozca el texto definitivo, el "cuerpo" del Estatuto de Cataluña ya está culminado y existe sobre él información suficiente para demostrar que se trata de un documento pernicioso para España y para la Democracia. Las siguientes son las diez razones más destacadas que sustentan el carácter dañino del Estatuto:

1.- La primera es la más contundente y representa la auténtica "prueba del algodón": la mayoría de los españoles rechaza el Estatuto y, al aprobarlo, el gobierno ha roto el principio fundamental de la democracia, que impide gobernar en contra de la opinión mayoritaria del pueblo soberano. Si existieran dudas sobre qué piensa la mayoría de la población española, entonces es necesario un referendum, justificado, entre otras razones, porque el Estatuto afecta el diseño de la nación y está generando oleadas de alarma social.

2.- El Estatudo se ha negociado, redactado y aprobado de espaldas a los ciudadanos españoles, lo que viola normas esenciales de la democracia avanzada, que exige no sólo la participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones, sino la aprobación permanente de esos ciudadanos a la acción de gobierno.

3.- El Estatuto no responde a una aspiración popular, ni al programa electoral del partido en el poder, ni a una necesidad perentoria, sino únicamente al deseo de unos políticos nacionalistas, ávidos de poder, que son socios o aliados del PSOE.

4.- Rompe los lazos de afectividad que unían a los ciudadanos y pueblos de España y que hacían posible la convivencia, un ruptura grave y trascendental porque la afectividad une a los pueblos con más potencia que las constituciones y los parlamentos.

5.- Destroza el principio de igualdad porque convierte a Cataluña en " Primus inter pares " y le otorga ventajas y privilegios con respecto a otras regiones.

6.- Pulveriza el principio de solidaridad, verdadera esencia del Estado moderno, que permite repartir beneficios y cargas, de manera igualitaria, entre los ciudadanos y los pueblos de una nación.

7.- El Estatuto es caro y distrae recursos que la economía española, en franco declive y con un déficit exterior alarmante, que ya supera al de Estados Unidos, necesita vitalmente para generar riqueza. Esos recursos serán destinados a engordar el ego de los políticos que controlan las autonomías y a alimentar satrapías y burocracias gubernamentales autonómicas.

8.- El Estatuto engorda todavía más a un Estado español que ya tiene obesidad mórbida y que es citado como ejemplo de crecimiento burocrático, intervencionismo, presión fiscal y gasto desmedido en las principales escuelas de negocios, universidades y think tanks del mundo.

9.- El Estatuto deteriora todavía más el sistema de partidos y la democracia, a los que causa un doble daño: por una parte incrementa el desprestigio de los políticos, y por otro merma la fe y la confianza de los ciudadanos en la democracia, que aparece ante sus ojos como degradada y transformada en una oligocracia donde las "elites" políticas profesionales de los partidos han sustituido el poder del "demos" (pueblo y ciudadanos).

10.- El último argumento es un simple y contundente razonamiento: si el Estatuto es bueno para Carod Rovira y para Artur Más, gente que tiene más que demostrada su animadversión hacia el Estado y la nación española, no puede ser bueno para España.

La hora de la cordura
Editorial El Correo 29 Enero 2006

Encauzada la tramitación de la reforma del Estatut mediante el acuerdo entre el presidente Rodríguez Zapatero y los dirigentes de CiU, las miradas parecen orientarse hacia Euskadi a la espera de nuevos acontecimientos. La sociedad vasca alberga una razonable confianza en que, con el transcurso de los días, el problema del terrorismo se acerca a su fin. Esa percepción parte de la indisimulable debilidad que viene mostrando la trama etarra. Los comunicados de ETA y los discursos de Arnaldo Otegi se esfuerzan en mantener alta la moral de la izquierda abertzale reivindicando para sí 'la crisis que padece el Estado'. Pero es evidente que cuando el Estado de Derecho se pronuncia y reduce los espacios de impunidad en los que en el pasado enraizaba el terrorismo, sus apologetas retroceden sin remisión. Así ha ocurrido tras la prórroga de la suspensión judicial de las actividades de Batasuna.

Resulta prematuro e inconveniente que partidos e instituciones se apresten a adecuar sus estrategias a un tiempo que aún no ha llegado: el momento en que ETA renuncie para siempre al empleo de la violencia y, en esa medida, deje de existir. Las distintas formaciones -y en especial el nacionalismo- tratan de colocarse ante tal eventualidad de forma que puedan ser beneficiarias del crucial cambio o, cuando menos, no resulten orilladas en la dinámica a que daría lugar. Pero es imprescindible evitar que la panoplia de las hipotéticas soluciones, planes y plataformas acabe siendo infinitamente más vasta y compleja que el problema al que, al parecer, quiere dar solución. Conviene recordar que el terrorismo desaparecerá cuando quienes lo emplean dejen de hacerlo, así de simple. Y no lo harán mientras su persistencia siga siendo utilizada como argumento directa o indirectamente útil para el nacionalismo, y éste cultive el laberinto de la transitoriedad permanente hacia un horizonte trazado desde el soberanismo.

Todo el espectro nacionalista parece coincidir a la hora de situar como clave de bóveda de su proyecto el 'derecho a decidir'. El propio Pasqual Maragall ha irrumpido en el escenario vasco con una de sus habituales indiscreciones haciéndose eco de dicha reivindicación. Su sola mención sugiere dos ideas inadmisibles y especialmente perniciosas: la especie de que hoy los vascos no tenemos derecho a decidir y una concepción de dicho derecho como atributo absoluto y unidireccional. La falaz denuncia de que la ciudadanía vasca no posee tal derecho serviría para avalar el corolario favorito de los más extremistas: si Euskal Herria no puede declararse hoy una e independiente es que no vive en democracia.

La negociación del Estatut está evidenciando que la convivencia en el Estado de las Autonomías y en el seno de cada comunidad no lo permite todo. Que nadie puede valerse de las ventajas de participar en un espacio histórico como el que conforman la España diversa y la Euskadi diversa para optimizar sus beneficios sublimando anhelos particulares mientras se desentiende de las necesidades y de los sentimientos de los demás. De ahí que urja solicitar a partidos e instituciones que eviten abonar la ceremonia de la confusión empleando el lenguaje críptico y la especulación o poniendo en marcha una multiplicidad de iniciativas que desconciertan a los ciudadanos y despilfarran la energía colectiva que Euskadi necesita para acabar definitivamente con el terrorismo y dar cauce al entendimiento leal e integrador entre nacionalistas y no nacionalistas.

Betadine
IGNACIO CAMACHO ABC 29 Enero 2006

EL humillante episodio de Azcoitia, ese homenaje municipal al asesino etarra que, de todos los locales del universo, eligió para poner una cristalería precisamente la casa de la viuda de su víctima -«de todos los cafés de todas las ciudades del mundo, tenías que venir al mío», le decía Bogart a Ingrid Bergman en «Casablanca»-, acaso no sea más que la experiencia piloto de lo que puede ocurrir al cabo del fantasmal proceso de paz que sigue presidiendo la agenda de Zapatero. Al menos, resulta más que probable que ése sea el modo en que algunos entienden lo que el presidente llama, con su meliflua solemnidad, «cicatrizar las heridas», un concepto que parece compartir la idea de que las secuelas del terrorismo afectan por igual a las víctimas y a los verdugos, como si se tratase de un conflicto civil en el que los dos bandos se han agredido mutuamente.

La última vez que el presidente deslizó en público esta apelación a la amnistía moral que debe suceder a sus ansiadas negociaciones pacificadoras fue el jueves ante Iñaki Gabilondo, casualmente muy pocas horas después que el ayuntamiento azcoitarra fuese escenario -con la abstención de un concejal socialista- de la penúltima vejación a la memoria de un asesinado y al dolor de su familia. Pues si el camino de la reconciliación es el de Azcoitia, habrá presos que al salir pedirán una subvención y exigirán un empleo para «cicatrizar» con cargo al presupuesto. Por esa vía no vamos hacia la paz, sino hacia la derrota.

Porque derrota sería aceptar sin más que los asesinos nos hacen un regalo dejando de asesinar. La paz no puede lograrse pidiendo a las víctimas que agachen la cabeza ante la prepotente chulería de sus verdugos y los abracen en la plaza del pueblo, alborozadas porque al fin han decidido no matar a más gente. Para eso no hay suficiente generosidad en la tierra. Y menos, para olvidar; nadie olvida un crimen cuando se tiene que cruzar con el criminal en la puerta de su casa.

Hasta ahora da la impresión de que Zapatero está dispuesto a pagar un precio político a cambio de que ETA deje las armas, y ya es eso asunto discutible, pero tenemos derecho a conocer si también habrá que pagar un precio social. El terror etarra no es un conflicto bilateral, sino una ristra de asesinatos, extorsiones, coacciones y chantajes perpetrados desde una sinrazón totalitaria y sangrienta contra una sociedad civil que ha tenido la decencia de no responder más que con la ley. Ese drama no se cierra por las buenas, sólo a cambio de que cese la carnicería, ni esa herida tan honda se cura con unas gotitas de Betadine, como parece creer Zapatero en su infinita levedad.

Sobre todo porque las heridas de los muertos ya no cicatrizan, y las de los vivos necesitan una compensación moral para no quedarse abiertas supurando dolor, indiferencia y miedo.

España se resquebraja
Más allá del enredo
Ignacio Cosidó 29 Enero 2006

España se resquebraja en sus cimientos, en la concordia que había cimentado nuestra ejemplar transición democrática, en el orden constitucional que con tanto esfuerzo se había acordado en 1978 Lo más triste de este embrollo secreto y enrevesado en que se ha convertido la tramitación del nuevo Estatuto catalán es que el interés a corto plazo de unos pocos nos va a hipotecar por mucho tiempo el futuro a todos. El pacto PSOE-CiU era la única opción que quedaba a Rodriguez Zapatero para salir de la trampa en la que él solo se había metido, pero superado el obstáculo, puede seguir ahora su camino al precipicio al que nos conduce a todos.

El pacto Zapatero y Mas era previsible. El inquilino de La Moncloa necesitaba desesperadamente los votos nacionalistas para poder seguir instalado en el Palacio, su único objetivo político a corto, medio y largo plazo. El líder nacionalista necesitaba no con menos desesperación recuperar, si no el poder, sí la expectativa de llegar algún día a presidir la Generalitat, para mantener así unido ese conglomerado de partidos e intereses que es CiU. Ambos compartían además el interés en arrinconar a ERC y eliminar a Maragall.

El pacto ha silenciado además a los críticos de Zapatero dentro del PSOE y ha aliviado a unas bases socialistas que sinceramente no veían salida al embrollo en el que les había metido su líder, aunque está por ver si los volubles Bono o Ibarra no renuevan la ofensiva si surge el menor contratiempo. En CiU el mar de fondo es aún mayor. Más allá de la herida vanidad de Durán, al borde un ataque de celos, está por ver el efecto que genera en las bases convergentes la ducha escocesa a la que las ha sometido su líder, pasando del discurso de la más estricta intransigencia soberanista al entreguismo más excelso en la búsqueda del poder.

Como en la peor de las telenovelas, el desenlace final puede aún aportar algunas sorpresas. El enamoramiento entre Mas y Zapatero puede traer consecuencias inesperadas. Por el momento, ERC, amante despechada, parece que se resiste a asumir un papel de concubina destronada que le reserva Zapatero. El siempre imprevisible Maragall se resistirá también a ser expulsado del paraíso y está ya en la conspiración con Esquerra para arruinar la felicidad de la nueva pareja y tratar de quedarse presidiendo la "nación catalana". Es muy posible a su vez que los talibanes que rodean a Mas encabecen algún tipo de revuelta al primer síntoma de dificultades matrimoniales.

Pero por encima de las vanidades personales, de los intereses de partido, del fatuo juego de alianzas y traiciones, está en juego el futuro de Cataluña y el futuro de España. Produce una pena infinita observar la frivolidad con que unos y otros mercadean con nuestra convivencia, amenazan nuestras libertades, cuestionan los principios más básicos de nuestra Constitución, ponen en riesgo la democracia y atentan alegremente contra la unidad y la solidaridad de los españoles. Todos afanados en mantenerse a toda costa en el poder o cegados por conquistarlo sin darse cuenta de que van entre todos a hundir el barco.

España se resquebraja en sus cimientos, en la concordia que había cimentado nuestra ejemplar transición democrática, en el orden constitucional que con tanto esfuerzo se había acordado en 1978, en el principio de solidaridad que nos ha permitido a todos los españoles disfrutar de los mismo niveles de bienestar, en la igualdad que nos da a todos los ciudadanos los mismos derechos, en la democracia que había hecho realidad los mejores años de nuestra historia reciente.

Pero Cataluña se rompe también, civilmente, creando un abismo entre soberanistas y constitucionalistas, entre independentistas y españolistas, entre quienes sólo hablan catalán y quienes prefieren expresarse en castellano. La sociedad catalana consiente, entre indiferente y complacida, los delirios de un grupo de radicales que sólo pretende el control político de esa misma sociedad seduciéndola con la mística de una nueva "nación". Porque aún en mayor medida que un atentado a la unidad de España, el proyecto de Estatuto es un atentado a la libertad de los catalanes.

Es necesario poner fin a esta loca carrera de enredos en pos del poder. Ha llegado el momento de que alguien ponga el interés de España por encima de sus intereses electorales a corto plazo. Me temo que en la difícil coyuntura actual, ese actor no puede ser otro que el Partido Popular y la defensa firme, rotunda e inquebrantable que su líder, Mariano Rajoy, está haciendo de la libertad, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles.

Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia.

Historia de una cristalería
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 29 Enero 2006

NUESTRA historia comienza hace casi medio siglo. Cuando un día de 1962, Ramón Baglietto le salvó la vida a quien terminaría siendo su asesino: Kandido Azpiazu Beristain. Aquella infausta jornada, la señora Beristain pasó por delante del negocio de Ramón con un niño en brazos y otro de la mano, que se le escapó justo al paso de un camión. La madre echó a correr, por instinto, detrás de su pequeño, y Ramón sólo tuvo tiempo para arrancarle, cogiéndolo en volandas, a su otro hijo de los brazos. En Azcoitia aquellos días se lloró la desgracia del señor Azpiazu, que había perdido, atropellados, a su mujer y a uno de sus hijos. Y se alabó la valentía de Ramón, que a riesgo de su vida, fue capaz de salvar a Kandidito.

Dieciocho años después, Ramón Baglietto, que continuaba con su vida de hombre honrado, se había hecho, tras la llegada de la democracia, simpatizante de UCD. Pese a ello, Ramón no había cambiado sus rutinas. Por eso, el día que lo iban a matar, llamó de anochecido a su mujer, Pilar Elías, y le dijo que fuera aviando la cena, que salía para allá. Pero Ramón Baglietto no volvió a ver nunca más ni a Pilar ni a sus dos hijos, pues de camino a casa había vuelto a encontrarse a Kandido Azpiazu, a quien ETA había ordenado quitarle a Ramón la misma vida que Ramón le regalara dieciocho años atrás: el criminal cumplió las órdenes y acribilló a balazos a su víctima.

La historia de los Baglietto y los Azpiazu Beristain se confunde entonces, durante más de veinte años, con la de tantos españoles que dentro y fuera del País Vasco quedarían para siempre señalados con la marca sangrienta de ETA militar. El criminal fue detenido, juzgado y condenado. Pilar, la viuda de Ramón, sacó adelante a sus hijos como pudo y para honrar la memoria de su hombre no sólo no se fue de Azcoitia, como querían los etarras, sino que se quedó y acabó siendo concejala del PP.

Pero nuestra historia emergerá de nuevo del silencio en el que viven las docenas de miles de víctimas de ETA. Y es que hace dos meses Kandido Azpiazu, ya fuera de prisión, dio otra vuelta de tuerca a la memoria de sus víctimas: con el dinero de la indemnización que debía haberle pagado a Pilar Elías por el asesinato de su esposo, pero que nunca le pago, Azpiazu instaló una cristalería en los bajos de la casa de Pilar.

Para frenar la escandalera, los concejales que tiene en Azcoitia el PNV acaban de sacar adelante una moción en favor del derecho de los expresos de ETA a «reorganizar sus vidas». Votó en contra la única concejala del PP: Pilar Elías. Y se abstuvo el único concejal del Partido Socialista. Esa es la historia.

El 65% de los españoles rechaza que Cataluña se defina como «nación»
ENCUESTA DE IBERCONSULTA PARA LA RAZÓN (PRIMERA PARTE)
R. N. La Razón 29 Enero 2006

Ficha técnica de la encuesta:Universo: población española de ambos sexos y mayor de edad. Muestra: 800 entrevistas. Trabajo campo: 24- 26-I-2006 Metodología: Telefónica. Nivel de confianza y error muestral: Para un nivel de confianza del 95,45 % (2sigmas), y para P=Q, el error es del 3,54% para el conjunto de la muestra de 800 entrevistas. Puntos de muestreo: 106 municipios de las 19 comunidades y ciudadaes autónomas. Tamaño del habitat: Hasta 50.000 habitantes, 49%; desde 50.000 habitantes, 51%.

Madrid- Tras barajar más de una docena de posibilidades y jugar durante varios meses al despiste, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de CiU, Artur Mas, cerraron en la madrugada del pasado sábado el asunto más espinoso del ya sobradamente polémico Estatut: la nueva definición de Cataluña que recogerá -salvo un muy improbable cambio de última hora- el texto definitivo que se votará en las Cortes. Al final, el término «nación» aparecerá explícitamente en el redactado, aunque dentro del preámbulo para restarle relevancia jurídica. El «apaño», aparte de no cumplir plenamente las exigencias de los nacionalistas, ha provocado el enfado de ERC... y el rechazo de la mayoría de los españoles.

Según una encuesta elaborada por Iberconsulta para LA RAZÓN, casi el 65 por ciento de los españoles rechaza la fórmula elegida para definir la «nación» catalana, y más de la mitad asegura que la denominación de comunidad autónoma sería la pertinente para Cataluña. En cuanto al acuerdo global alcanzado por PSOE y CiU para llegar al trámite parlamentario con un texto ya cerrado, casi la mitad de los encuestados señala que Zapatero ha cedido demasiado ante los nacionalistas para sacar adelante las negociaciones y lograr un Estatut que, según la mayoría de las personas consultadas, es perjudicial para España y puede afectar a su integridad.

El estudio realizado por la empresa demoscópica Iberconsulta se realizó entre el 24 y el 26 de enero a través de entrevistas telefónicas en todo el territorio nacional. En esas fechas ya se había despejado la incógnita mejor guardada del texto estatutario. Según acordaron Zapatero y Mas, la solución pasa por rescatar para el articulado la referencia a Cataluña como nacionalidad que aparece en el Estatut de 1979, dejando el polémico término «nación» como una referencia en el preámbulo del texto, que rezará: «El Parlament de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como una nación. La Constitución, en su artículo 2, reconoce la identidad nacional de Cataluña en forma de nacionalidad».

Pese a la pirueta lingüística, la solución no satisface a la mayoría de los españoles. Dos de cada tres encuestados (concretamente el 64,25 por ciento de los encuestados) se muestra abiertamente en contra de la definición acordada por PSOE y CiU, un porcentaje que se eleva hasta el 73,2 por ciento entre los habitantes de las comunidades gobernadas por el Partido Popular. Por contra, únicamente el 16,25 por ciento da su apoyo al redactado final que aparecerá en el texto estatutario sobre esta cuestión.

Lejos de definiciones rebuscadas, la mayoría de las personas consultadas hubieran optado por mantener la doctrina del aún vigente Estatut de 1979, que en su artículo 1 dejaba sentado que «Cataluña se constituye en comunidad autónoma de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto». Esa fórmula, la de comunidad autónoma, hubiese sido la más adecuada para el 54,68 por ciento, mientras que el 19,38 por ciento habría apostado por definirla como una región -algo que ya fue, con el apellido «autónoma» en el Estatuto de Nuria firmado en 1932- y el 16,13 por ciento sí que se sentiría más cómodo hablando de Cataluña como nación.

La definición del «sentimiento catalán», como lo calificó el negociador socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, ha puesto la guinda definitiva -a falta de lo que pueda «arrancar» ERC al Gobierno para compensar su falta de protagonismo en la recta final- a un proceso en el que los partidos catalanes han conseguido para el Gobierno de la Generalitat numerosas competencias y capacidad de gestión en materia de justicia, educación, puertos, aeropuertos, financiación... que hasta ahora no tenía. Para los responsables del cuatripartito, este «paquete» de nuevas responsabilidades no es todavía suficiente; para los españoles, lo que recibirá Cataluña es excesivo. Al menos así se desprende de los datos de la encuesta, que señalan que el 48,75 por ciento consideran que Zapatero ha cedido demasiado a los nacionalistas en las negociaciones previas al «alumbramiento» del Estatut. Curiosamente, esta respuesta es la que triunfa en todos los grupos de edad y la que obtiene un mayor porcentaje en las comunidades autónomas donde el PSOE gobierna en solitario.

No obstante, el 33,13 por ciento de los consultados entiende que el presidente del Gobierno ha mantenido el listón en su justo término a la hora de trasvasar responsabilidades a la Generalitat.

La unidad de España, amenazada.
El sentimiento mayoritario de que el Gobierno de Zapatero no ha estado a la altura en el larguísimo proceso negociador del Estatut también se refleja en la valoración global del acuerdo «nocturno» entre el jefe del Ejecutivo y los responsables de CiU. Así, el 61,13 por ciento de los españoles considera que el pacto del Estatut es perjudicial para el conjunto de España, una respuesta que consigue la mayoría en todos los grupos de edad y que es aún más aplastante -70,6 por ciento- entre los habitantes de las comunidades autónomas gobernadas en solitario... por el PSOE. Sólo un 20,75 por ciento considera que el futuro texto estatutario no tendrá efectos perniciosos para el país.

En los últimos meses, el PP ha insistido en que la reforma estatutaria puede poner en riesgo la unidad de España. Este mensaje también ha calado en el 56,75% de los consultados, para los que el nuevo Estatut puede afectar a la integridad de España. De nuevo llama la atención que los más preocupados sean los habitantes de las comunidades con gobierno socialista, en las que el porcentaje se eleva hasta el 69,5 por ciento. En el otro extremo, el 35,5 por ciento de las personas encuestadas no ve ningún riesgo en el proyecto catalán.

Ficha técnica de la encuesta:Universo: población española de ambos sexos y mayor de edad. Muestra: 800 entrevistas. Trabajo campo: 24- 26-I-2006 Metodología: Telefónica. Nivel de confianza y error muestral: Para un nivel de confianza del 95,45 % (2sigmas), y para P=Q, el error es del 3,54% para el conjunto de la muestra de 800 entrevistas. Puntos de muestreo: 106 municipios de las 19 comunidades y ciudadaes autónomas. Tamaño del habitat: Hasta 50.000 habitantes, 49%; desde 50.000 habitantes, 51%.

Maná para el cine catalán
EDITORIAL Libertad Digital 29 Enero 2006

La comisaria de Cultura de la Generalidad de Cataluña, Caterina Mieras, ha anunciado la creación de una ley que “pretende promover y reforzar el cine catalán”. Al parecer, es una demanda "largo tiempo" esperada por el sector. Lo primero que tendrán que hacer, lo reconoce la propia Mieras, será definir “con precisión qué se entiende por cine catalán”. Algo que al espectador le trae al fresco, pero que adquiere importancia a la hora de repartir subvenciones.

No es difícil adivinar cuál es el primer objetivo de este nuevo movimiento de la Generalidad: agasajar a una clase acostumbrada a la subvención, el maná público, la regalía, que ofrece a cambio la sumisión y la comprensión hacia aquellos políticos más desprendidos con el dinero ajeno. El mirar hacia otro lado cuando les salten a la cara los verdaderos problemas de los españoles. Está por filmarse una sola película que muestre el drama humano creado por el terrorismo, o que relate la presión a que se ve sometida la sociedad vasca no nacionalista. Tampoco parece que vaya a hacerse una película sobre el hundimiento del barrio del Carmelo.

Las subvenciones, que se vienen a llamar “ayudas” al cine, catalán en este caso, son una vía adecuada para controlar a un gremio con una amplia capacidad de llegar al público. La fidelidad mutua entre el mundo del cine y una parte del espectro político así lo atestiguan. Es lo que tiene la política. El poder y ciertos grupos con influencia suelen saber encontrar el camino para llegar a acuerdos, especialmente si quien los paga es el contribuyente. Se puede llegar tan lejos como enorgullecerse, como nuestra ministra de Cultura, por doblar las subvenciones al cine; es decir, a un mundo formado no por los más desfavorecidos, precisamente. Y todo ello en nombre del progreso.

Mas en el caso de la nueva ley originada por iniciativa del tripartito, resulta legítimo preguntarse hasta dónde son capaces de promover iniciativas de este estilo. Porque este es el mismo gobierno del CAC, es decir, del organismo de político de censura de la información audiovisual. Al férreo control de la educación se le suma ya el de los medios de comunicación, y la obsesión nacionalista por controlar las mentes de los ciudadanos lleva a cubrir todos los flancos, a no ceder un resquicio.

El cine catalán, como el del resto del España, se muestra incapaz de competir, con algunas excepciones, por ganarse el interés de los espectadores. Son clara mayoría quienes prefieren otras opciones. Pero en última instancia ha de ser el espectador quien decida. Y los fondos que aporte la taquilla lo que establezca el límite de lo que puede ingresar un proyecto cinematográfico. La subvención adormece la creatividad y la crítica, lo que hace los productos seguramente menos atractivos para quien decide en qué sala va a entrar del cine. La propuesta de la Generalidad va, sin embargo, en la senda de ampliar la nómina de intelectuales orgánicos. Los catalanes tendrán que rascarse el bolsillo una vez más.

Acebes: «Está en juego si la soberanía reside en el pueblo español o en una parte»
La Razón  29 Enero 2006

Madrid.-
Consenso constitucional.
A él se aferra para justificar la ofensiva del PP contra la política de José Luis Rodríguez Zapatero y también cuando se le pide que ofrezca una salida a la convulsa situación política en la que nos movemos.

P.- Ya está abierta la caza de millones de firmas por el referéndum nacional.
R.- No nos hemos fijado un objetivo. De momento, puedo avanzar el dato de que en las primeras 24 horas hemos recibido 65.000 firmas a través de nuestra página web. Lo que queremos es llegar a todos los ciudadanos que demandan participar en un proceso que afecta a las reglas de juego y a la convivencia.

P.- ¿Todo el partido va a salir a la calle?
R.- Nos vamos a involucrar todos. Cargos electos nacionales, regionales y locales, los afiliados… y Nuevas Generaciones también tendrá un papel destacado.

P.- ¿La campaña en Cataluña será igual a la del resto de España o con «matices»?
R.- La campaña será igual en toda España.

P.- Y si el presidente del Gobierno desoye su petición de un referéndum nacional, aun con la presión del respaldo social, ¿qué «bala» le quedará al PP contra el Estatut?
R.- Una de las obligaciones del presidente del Gobierno es escuchar la voz de los ciudadanos y, precisamente, lo que estamos planteando es eso: que las decisiones que afectan a todos y que se han tomado entre todos, como es la del modelo de convivencia, si se quieren cambiar, se haga también con la opinión de todos. Más medidas.

P.- Bien, ¿pero y si es que no?
R.- Nosotros vamos a continuar. Hemos tomado la firme decisión de hacer aquello que esté a nuestro alcance en todos los ámbitos para que los ciudadanos reciban información y puedan participar. Es una causa justa que responde a la defensa de los intereses generales y seguiremos adoptando iniciativas.

P.- La formalización de la proposición no de ley reclamando un referéndum y el consiguiente rechazo del presidente puede ser el pretexto perfecto para que los españoles se echen a la calle.
R.- Si el presidente del Gobierno no quiere darles la palabra, entonces tendrán que producirse todas las iniciativas que sean necesarias, ya que estamos ante un asunto que afecta a España y a las reglas de juego. Pero tampoco debemos adelantar acontecimientos. Los hechos y la razón.

P.- ¿Se han parado a pensar que la gente puede cansarse del discurso catastrofista?
R.- El PP no está haciendo un discurso catastrofista. ¡Si hasta el Consejo de Estado propone ahora algunas de las iniciativas que Mariano Rajoy lleva defendiendo desde hace dos años! ¿O no ha planteado el presidente de mi partido que los asuntos que afectan al modelo de Estado se afronten desde el consenso entre las dos grandes fuerzas? Nuestra obligación, como principal partido de la oposición y como representante de diez millones de ciudadanos, es informar de lo que está sucediendo. ¿Es catastrofismo decir que se ha roto el pacto constitucional? ¿Es catastrofismo afirmar que se ha puesto en marcha un proceso de reforma estatutaria que supone un cambio constitucional, hasta el punto de que altera la idea de España como única nación? ¿O lo es decir que desde el Congreso se ha hecho una propuesta de diálogo a Batasuna?... Lo que pasa es que parece imposible, y de hecho es impensable para cualquier otro país de la UE, que sea el presidente del Gobierno de España el que está impulsando todo esto, pero así es.

P.- El pacto de Zapatero con CiU puede quitar algo de fuerza al discurso del miedo. Artur Mas no es Carod-Rovira.
R.- Lo importante es el contenido de la reforma y, de momento, lo que conocemos no es más que la confirmación de que hay en marcha una operación de maquillaje.

P.- ¿Cree que Zapatero y Mas han acordado el Estatut o también el cambio de alianzas del PSOE?
R.- La única certeza es que han pactado hacerse una foto sin luz ni taquígrafos.

P.- Hay muchos que opinan que Carod se va a quedar en la cuneta del camino.
R.- No soy un especialista en Carod pero creo que ERC hará todo lo posible para estar en el acuerdo.

P.- ¿Con las cartas que ya han sido destapadas, se preparan para un adelanto electoral en Cataluña?
R.- No.

P.- Es decir, que para ustedes el tripartito aguanta el tirón y ERC se suma finalmente al acuerdo.
R.- Sí.

P.- En lo que afecta a los intereses generales, ¿qué le preocupa más, que Cataluña sea «nación» en un preámbulo o que se le conceda una financiación privilegiada?
R.- Son dos reflejos de un mismo objetivo, el cambio de la idea de España y del modelo constitucional. Y su primera consecuencia es la ruptura de la igualdad y de la solidaridad.

P.- Sus presidentes autonómicos, de momento, han escenificado la oposición a la propuesta de financiación. Pero cuando llegue la hora de poner la mano, al que le toque llenarla le va a resultar muy difícil cerrarla, ¿no?
R.- Ya he dicho que creemos que todo afecta a la idea de España y no tengo ninguna duda de que los presidentes autonómicos del PP defenderán una misma posición, la igualdad y la solidaridad. No van a querer que haya ciudadanos de primera y de segunda, ni que las comunidades más ricas lo sean cada vez más, y las pobres, también.

P.- Ustedes aspiran a que el debate sobre el Estatut, o al menos el de la política territorial, llegue vivo a las próximas generales...
R.- Quedan más de dos años y hay muchas cuestiones abiertas. Pero, desde luego, si se avanza en la dirección que quieren los nacionalistas, y que de momento ha avalado Rodríguez Zapatero, así será. El pacto de Estado.

P.- Y más allá de denunciar los males que se avecinan, ¿qué solución ofrece su partido para salir de esta crisis?
R.- La misma que pusimos encima de la mesa en enero de 2005, cuando Rajoy se entrevistó con Rodríguez Zapatero en La Moncloa: el pacto entre los dos partidos nacionales.

P.- Pero el presidente del Gobierno ya les ha contestado que no.
R.- Y cada nuevo acontecimiento confirma que teníamos razón. Ya he citado el caso del Consejo de Estado, que advierte que si se quiere llevar adelante un proyecto de estas características, que afecta a España y a lo fundamental, tiene que hacerse de manera ordenada y consensuada entre, al menos, los dos grandes partidos. Además, esto es lo que desea la inmensa mayoría de los ciudadanos.

P.- ¿Y el PP hasta dónde estaría dispuesto a ceder? Porque el pacto siempre es a costa de renuncias propias y ajenas.
R.- El Partido Popular ha estado dispuesto a aportar muchas cosas. Por ejemplo, nosotros no llevábamos en nuestro programa electoral la propuesta de emprender reformas constitucionales y estatutarias y, sin embargo, hemos ofrecido diálogo a Zapatero, sin renunciar, claro está, a nuestras convicciones.

P.- ¿No les preocupan las consecuencias sociales de la batalla política, que cada día se agudice la fractura entre Cataluña y España?
R.- Es evidente que se han potenciado elementos de división entre españoles y de confrontación entre comunidades, y esto se debe sólo a la política de Rodríguez Zapatero, que además trabaja cada día con el objetivo de acabar con un partido que representa a diez millones de españoles. Él es el único responsable de una situación de división que no se había producido desde la aprobación de la Constitución del 78. Cuando los grandes asuntos no se deciden entre todos sino mediante la imposición, cuando se firma un pacto en virtud del cual se excluye al principal partido de la oposición, acaban sucediendo estas cosas.

P.- Con todos esos males que asocian a las políticas del presidente del Gobierno es de suponer que, si vuelven al poder, derogarán todo aquello que interpretan como cesiones a los nacionalistas.
R.- Ahora, nosotros proponemos que este disparate no continúe, que si hay que hacer reformas constitucionales, se aborden con consenso; y que todas las cuestiones fundamentales, como el mantenimiento de España como nación o la igualdad o la solidaridad, estén debidamente garantizadas.

P.- La pregunta es si derogarán esas iniciativas, como la reforma del Poder Judicial, que han atribuido a las cesiones a las minorías.
R.- Cuando gobiernas y tienes mayoría, aquello que se aprueba por una ley orgánica se puede cambiar por otra ley orgánica.

P.- ¿El guión de la política territorial del Gobierno es el que le gusta a ETA?
R.- Algunos de los pasos que está dando de la mano de sus acuerdos con los nacionalistas, como la aprobación del Estatuto de Cataluña el 30 de septiembre, han recibido la bendición de portavoces de Batasuna. ¿Y por qué les parece bien que España deje de ser una nación y lo sean las comunidades autónomas? Pues porque detrás de este debate hay un tema esencial, el de la soberanía, si ésta reside en el conjunto del pueblo español o también tienen capacidad de decidir por sí solos los ciudadanos de una comunidad. La tregua de ETA.

P.- Parece que se avecina un escenario de nuevo Estatut, de tregua y mesas de pacificación, y el PP, en la otra orilla. Un cóctel explosivo que asusta a más de uno en su partido y que el PSOE cree que será la clave de seguir otros cuatro años en La Moncloa.
R.- Lo de menos son los intereses electorales del Partido Popular porque en juego está el interés general, el futuro de España como un país decente, los derechos de las víctimas, el respeto a la legalidad, la convivencia…

P.- Por cierto, le habrá llegado también a usted el rumor de una inmediata tregua de ETA.
R.- De esto no puedo decir nada salvo que el principal partido de la oposición no tiene ninguna información de cuál es la política antiterrorista, de qué se está haciendo ni con quién.

P.- Ya para terminar, si le parece, las cosas de casa. ¿Por qué cree que el señor Rajoy no consigue mejorar su imagen en las encuestas?
R.- Tiene una explicación clarísima: los votantes del PSOE valoran más a José Luis Rodríguez Zapatero que a Mariano Rajoy, como es evidente; y los de aquellos partidos ante los que el presidente del Gobierno está cediendo también le dan mejor nota que a quien se opone a esas claudicaciones. Pero lo importante de las encuestas no es eso, sino la confirmación de que si hoy se celebrasen elecciones, cuando el Gobierno debería estar en sus mejores condiciones, el PP podría ganarlas.

P.- Prácticamente en un año las habrá. ¿Qué objetivos tendrán que conseguir para que de verdad sea una victoria popular? R.- Aspiramos a gobernar en el mayor número de comunidades y de municipios. Y tenemos datos para ser optimistas.

P.- ¿Dónde van bien las cosas?
R.- Las expectativas son muy buenas en todos los sitios en los que gobernamos, y en la inmensa mayoría no sólo se mantiene la intención de voto sino que está aumentando.

P.- A mitad de legislatura, ¿han superado ya aquel polémico debate interno sobre la necesidad de más caras nuevas?, ¿el equipo de dirección puede aguantar sin refuerzos?
R.- La cuenta de resultados es muy buena. De hecho, hemos tenido el mayor crecimiento de nuestra historia en términos de afiliación, ya que hemos superado por primera vez los 700.000 militantes. Este equipo, y especialmente Mariano Rajoy, ha hecho lo que tenía que hacer frente a situaciones impensables, como es el cambio en la política antiterrorista o la ruptura del consenso constitucional: una oposición firme desde el respeto a nuestros principios

Santiago Abascal / Diputado del PP vasco: «El Gobierno no está legitimado para dividir la nación española»
J. Arias Borque La Razón 29 Enero 2006

Vitoria- Es ahora una de las caras visibles de la recién creada Fundación para la Defensa de la Nación Española, iniciativa ciudadana que pretende reivindicar España en un momento en el que los nacionalismos separatistas están envalentonados.

- ¿Cómo nace la idea de crear la Fundación y qué tipo de iniciativas va a llevar a cabo?
-Surge de un grupo de ciudadanos anónimos, sin militancia política, que en estos momentos están preocupados por la situación que se vive. La Fundación nace con la vocación de mantenerse a largo plazo y reafirmar el patriotismo en la sociedad. La coyuntura política actual pide ahora centrarse en dar una respuesta eficaz al asalto nacionalista, al que desgraciadamente se ha unido el Gobierno. La Fundación cree urgente articular una respuesta democrática de la sociedad civil, una respuesta unitaria en las calles españolas en forma de manifestaciones o actos de protesta.

- ¿Con qué apoyos habéis contado?
- Hay una serie de importantes personalidades vinculadas a los ámbitos académicos, de la justicia y la política, que forman parte de nuestro patronato de honor. Entre ellos están el ex jefe de la Casa Real Sabino Fernández Campo, el magistrado del Tribunal Supremo Adolfo Prego o el vicepresidente primero del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras. Además, la respuesta de los españoles ha colapsado nuestro correo electrónico.

- ¿Por qué es necesario defender la nación española?
- El Gobierno va a conceder el título de nación a una región. Por primera vez, la nación Española, indivisible según la Constitución, se hará divisible, naciendo de ella una entelequia llamada nación catalana. Se nos está hurtando la soberanía nacional mediante una burda reforma estatutaria. El Gobierno no está legitimado para dividir la nación española.
-
¿Tenéis ya pensadas las primeras iniciativas de la Fundación?
- La primera iniciativa es recurrir para defender el derecho que tenemos en constituirnos en fundación con el nombre que hemos elegido. Nombre que nos ha sido arrebatado por las trabas del Ministerio de Cultura. La segunda iniciativa, es presentar una querella contra un tipo infame y cobarde llamado Rubianes que ha ultrajado a España y a los españoles. Estamos dispuestos a parar los pies a los que creen que es gratis insultar de forma tan grave y promover el odio de un modo tan descarado.

- El protagonismo actual de los nacionalistas más radicales ¿es vuestra principal preocupación?
- Es una de las mayores, pero lo que más nos preocupa es la falta de condiciones del Gobierno de la nación y la cada vez menos fortaleza del Estado español.

LA EXPLOSIÓN PROVOCA NUMEROSOS DESTROZOS
Herido leve un ertzaina en un atentado contra las oficinas del INEM en Bilbao
Un agente de la Policía autonómica vasca ha resultado herido en la madrugada de este domingo con diversos cortes ocasionados por la explosión de una bomba que estaba colocada junto a la oficina del INEM del barrio bilbaíno de Santutxu de Bilbao, y que ha provocado numerosos destrozos. El artefacto estaba oculto en una mochila.
EFE Libertad Digital 29 Enero 2006

El departamento vasco de Interior ha confirmado que sobre las 01:20 horas de este domingo un vecino alertó a la Policía autonómica de la existencia de un objeto sospechoso junto a la oficina del INEM de Santutxu. Varias patrullas se desplazaron hasta el lugar y acordonaron la calle.

Muy poco después, hacia las dos de la madrugada, la bomba explotó y provocó heridas y cortes de carácter leve a uno de los agentes. También, numerosos desperfectos en la oficina de empleo, en el acceso a un garaje, en varios vehículos aparcados en la zona y en las ventanas y portales de las viviendas próximas. No hubo llamada previa de ETA para anunciar la colocación del artefacto.

El artefacto estaba metido dentro de una mochila e iba acompañado de una nota que decía "peligro bomba", según fuentes del Departamento vasco de Interior. La Consejería ha informado de que la bomba estaba compuesta por entre tres y cinco kilos de material explosivo, los análisis confirmarán si se trataba de cloratita reforzada, y de características similares a las colocadas por ETA esta misma semana en los juzgados del municipio vizcaíno de Balmaseda y la oficina de Correos de la localidad alavesa de Zuia.

Recortes de Prensa   Página Inicial