AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 1 Febrero  2006
Catalán obligatorio
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 1 Febrero 2006

Carmelo González: "Quiero que mi hija sea educada en castellano al amparo de la ley"
Libertad Digital 1 Febrero 2006

El PP abrirá el curso parlamentario con el Estatut y denunciará la persecución del castellano
C. M. La Razón 1 Febrero 2006

El poder oculto de la Moncloa
Pablo Sebastián Estrella Digital 1 Febrero 2006

Nacionalismo, el problema original
José Javaloyes Estrella Digital 1 Febrero 2006

Zapatero, el de la vaselina
Jesús Laínz elsemanaldigital 1 Febrero 2006

Cádiz, historia y presente
Editorial ABC 1 Febrero 2006

Viva la Pepa de 1978
ANTONIO BURGOS ABC 1 Febrero 2006

¿Quiere y puede ZP desahacerse de ERC?
EDITORIAL Libertad Digital  1 Febrero 2006

Peores que Rubianes
Agapito Maestre Libertad Digital 1 Febrero 2006

ZP está asustado
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2006

Con Convergencia es peor que con Carod
José Javier Esparza elsemanaldigital 1 Febrero 2006

Papanatismo autonómico
Antonio Javier Vicente Gil  Periodista Digital 1 Febrero 2006

Cencerrada
JON JUARISTI ABC 1 Febrero 2006

Un referéndum por la libertad
Editorial Elsemanaldigital  1 Febrero 2006

Yo no he sido
GEES Libertad Digital 1 Febrero 2006

El triunfo de Hamas
Serafín Fanjul Libertad Digital 1 Febrero 2006

Manos Limpias exige a Múgica que defienda el bilingüismo en Cataluña
E. F. La Razón 1 Febrero 2006

Exigen a la Generalitat que impida la «pedagogía del odio» en TV3
I. A. ABC 1 Febrero 2006

LAS AYUDITAS DE LA UPV PARA QUE LOS ETARRAS REHAGAN SUS VIDAS
Minuto Digital 1 Febrero 2006

Catalán obligatorio
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 1 Febrero 2006

[¡Fuera castellano!] El estatut de Cataluña que obliga a conocer el idioma autóctono a los residentes en la comunidad convertirá en parias a quienes no lo dominen, pero Gobierno y Generalitat presentan como un avance progresista esa segregación neonazi.

Los nacionalistas quieren hacer lo mismo en Galicia. Así, las dos comunidades podrán exportar su capital humano al resto de España, pero bloquearán la entrada en sus territorios del capital humano competitivo de las otras 15 comunidades. El País Vasco es un caso para tratar aparte.

El cronista, cuyo idioma materno es el gallego, tendrá toda España para él, menos Cataluña. Los catalanes, toda España, menos Galicia. Pero Galicia y Cataluña, solo serán para nosotros, los indígenas.

[Outros que ben bailan] Ventajismo de tahúres aldeanos que pierden la oportunidad de atraer a su tierra a las mejores mentes y profesionales hispanohablantes y de otros idiomas. E inconstitucional, porque impide la igualdad de los ciudadanos a través del castellano, la lengua común.

El cronista fue acogido en toda España, incluso en Cataluña antes del hegemonismo nacionalista, como millones de españoles que llegaban desde todas partes con tan diferentes acentos. Y en Latinoamérica se le recibió como a todos los españoles a los que les llaman gallegos. Que, naturalmente, obtienen trabajo hablando castellano.

Ni siquiera en la dictadura el cronista tuvo que salvar las fronteras lingüísticas que levanta ahora una democracia para defender, se dice, las lenguas perseguidas por Franco, quien primaba el castellano, pero hace tanto tiempo que ya pasó una generación desde entonces.

[Inspirados por el pedernal] Imaginemos que alguien en Canarias decide que allí es obligatorio el dulce acento de las islas, que en Andalucía se exige el andalú, que hasta tiene gramática escrita, que los asturianos rechazan a quien no hable bable, y así sucesivamente.

Una represalia proporcionada, compensación al repudio de catalanes y quizás gallegos al resto de los españoles. Lo que también sería un nuevo nazismo como este que el socialnacionalismo del Gobierno central y la Generalitat presentan como medida progresista.

"SORPRENDIDO DE QUE ALGUNOS SE SORPRENDAN" DEL APOYO DEL PP
Carmelo González: "Quiero que mi hija sea educada en castellano al amparo de la ley"
Uno de los padres que exigen el derecho de sus hijos a ser escolarizados en castellano ha denunciado este lunes el carácter "totalitario" de la Generalidad por negarse a aplicar la ley y las sentencias judiciales. González, que ha acudido de forma consecutiva ante el gobierno catalán, el centro educativo y los tribunales, anunció una manifestación e incluso una huelga de hambre si no se atiende su queja. Sobre el apoyo del PP a su causa, González, votante de izquierdas, se declaró "sorprendido de que algunos se sorprendan". "Todavía estoy esperando que alguien de los partidos que he votado me llame", lamentó.
Libertad Digital 1 Febrero 2006

El padre afectado relató, en La Mañana de la COPE, el "largo proceso" que le ha llevado a tener que denunciar públicamente la situación que padece su hija, de tres años. Cuando llegó el momento de escolarizar a la menor en Cataluña, Carmelo González preguntó a la Generalidad por la "posibilidad" de educar a su hija "en castellano", "al amparo de la Ley de Política Lingüística", aprobada en 1997, de las "sentencias" y de los "informes del Defensor del Pueblo".

El gobierno autonómico respondió que "el catalán es la lengua vehicular" y la niña "no tendría problemas en aprenderla en tres meses" y a continuación les remitió al centro educativo y la "educación individualizada en castellano", lo que calificó González de "signo de segregación muy grave", pues el menor es tratado en un idioma distinto al del resto de la clase. "La siguiente fase", según González, fue dirigirse a la dirección del colegio. Alcanzaron un acuerdo verbal con la profesora que "garantizaba que repetiría sus clases en un idioma y en otro a todos los niños", una "solución de compromiso", a juicio del padre, que indicó que "tras el primer trimestre", tienen "evidencias sólidas" de que el acuerdo no se ha cumplido.

El último paso fue enviar "un burofax detallado" al centro, pero el colegio se amparó en "circulares internas", algunas de "tono xenófobo", para defender su postura. Ahora, Carmelo González ha logrado que su problema llegue al Parlamento catalán y a las Cortes, con el apoyo de plataformas ciudadanas y partidos políticos como el PP. Si aún así no llega una solución, González anunció próximas movilizaciones e incluso una huelga de hambre para exigir el derecho de su hija. "Estamos dispuestos a llegar hasta el final".

De los socialistas "sólo he recibido una corriente crítica"
El padre afectado arremetió contra la Generalidad y el hecho de que "en un país democrático, que el Ejecutivo se permita no respetar la Ley emanada del poder legislativo", ni tampoco las sentencias, "es, técnicamente, un gobierno totalitario". Sobre el apoyo que el PP le ha prestado en este tema, González, declarado "votantes de izquierdas", se manifestó "sorprendido de que sólo haya recibido de los socialistas una corriente crítica", frente a quienes ahora se sorprenden de que acepte el apoyo de los populares. "Si alguien se pone a nuestro lado, bienvenido sea". "Todavía estoy esperando que alguien de los partidos que he votado, (miembros del tripartito) simplemente me llame", manifestó.

Carmelo González finalizó su intervención dando una recomendación a todos los periodistas y a quienes hablan de "normalidad" en Cataluña: "Que tengan a mano el texto de la ley de Política Lingüística y lo lean", así como la última sentencia respecto a este tema del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. "Es un derecho. Quiero que mi hija sea educada en castellano al amparo de la ley", exigió.

El PP abrirá el curso parlamentario con el Estatut y denunciará la persecución del castellano
También usará el Senado, donde está a cinco escaños de la mayoría, para combatir la reforma
C. M. La Razón 1 Febrero 2006

Madrid- El presidente del PP, Mariano Rajoy, combinará la movilización de su partido en la calle, para recoger firmas en apoyo de su iniciativa de que todos los españoles opinen sobre las consecuencias de la «reforma constitucional encubierta» que supone el Estatut, con la utilización de todos los resortes parlamentarios a su alcance para utilizar la sede de la soberanía nacional como plataforma desde la que dar resonancia a su mensaje.

Los «populares» temen que la tramitación del proyecto de reforma catalana se acelere una vez que el Gobierno dé por cerrado el acuerdo con sus socios, lo que puede frustrar su deseo de que haya un debate extenso, artículo por artículo, del texto final.

En este difícil escenario, en el que el PP tiene en contra el muro de contención que supone la alianza del PSOE con las minorías, su estrategia se dirigirá a exprimir el Reglamento de la Cámara Baja con el fin de aprovechar todos los resquicios a su alcance para alentar ese debate que permita poner «luz y taquígrafos» a lo que se ha negociado fuera del Congreso y con «oscurantismo».

Rajoy estrenará la sesión de control al Gobierno del nuevo periodo de sesiones, el miércoles que viene, precisamente con una pregunta sobre el Estatut, al tiempo que su grupo promoverá también, mediante una proposición no de ley, la discusión en las Cortes sobre la persecución de los ciudadanos que hablan castellano en Cataluña, una «atrocidad» que se consolida con la imposición del «deber de conocer el catalán» que recoge el acuerdo sobre el Estatuto de José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas.

«Es lamentable que en pleno siglo XXI una persona no pueda expresarse en la lengua oficial de su propio país», señaló el portavoz Eduardo Zaplana al anunciar la citada iniciativa por la que se instará al Gobierno a «garantizar que no se persiga a ningún ciudadano por la lengua que utilice».

«El respeto constitucional a la pluralidad lingüística de España no concuerda en absoluto con las prácticas del actual Gobierno de la Generalitat, consistentes en investigar y sancionar a empresas privadas por utilizar rótulos en castellano, y alentar denuncias anónimas o fomentar el boicot a tales empresas», se señala en la proposición no de ley. LA RAZÓN denunció en su edición de ayer que la política lingüística del tripartito ha disparado las quejas ante el Defensor del Pueblo.
Por su parte, Zaplana recordó al presidente del Gobierno su obligación de garantizar la defensa de los derechos y las libertades esenciales de los ciudadanos españoles, «aunque fueran casos aislados», como ha valorado el propio Rodríguez Zapatero y que desde el PP se desmiente.

La batalla para debatir el contenido del Estatuto no se dará sólo en el Congreso sino también en el Senado, donde el PP está a cinco escaños de la mayoría absoluta. Aunque ningún grupo minoritario romperá la unidad de acción con el PSOE, el portavoz «popular», Pío García Escudero, impulsará una batería de iniciativas para denunciar la ruptura de la igualdad y de la solidaridad interterritorial.

El poder oculto de la Moncloa
Pablo Sebastián Estrella Digital 1 Febrero 2006

El núcleo duro del PSOE —o el poder oculto de la Moncloa— busca uno o dos chivos expiatorios, que parecen ser Carod y Maragall, para inmolarlos como culpables de los destrozos políticos y sociales que ha provocado el Estatuto catalán en toda España y también dentro de Cataluña. Y todo ello después de una más que costosa negociación para reconducir el texto llegado desde el Parlamento catalán a Madrid, que en algo fue retocado pero no en los asuntos esenciales que incluyen aspectos inconstitucionales, porque de lo contrario el Gobierno de Zapatero no habría dudado en someterlo al Tribunal Constitucional para desmentir a quienes les acusan de violar la Constitución.

El poder oculto de la Moncloa, el que ha impuesto la ley del silencio entre los barones del partido —Bono, Ibarra, Vázquez, Guerra, etc.— sabe muy bien que el responsable de toda la locura del Estatuto catalán y de lo mal llevado que ha estado todo ese proceso no es otro que el presidente Zapatero. Pero no están en condiciones de derribar o de pedir las oportunas responsabilidades al jefe del partido porque, entre otras cosas, perderían el poder. No en vano ha sido Zapatero el que ha alentado sin cortapisas y traído a Madrid el Estatuto aprobado en Barcelona sin haber puesto límites previos constitucionales, lo que ha provocado la alarma social y política en la batalla negociadora que aún está por terminar con ERC, y que veremos cómo acaba.

Quiénes son esos dirigentes o responsables políticos que integran el poder oculto de la Moncloa, donde tienen a Zapatero convertido en su prisionero de Zenda y que exigen la cabeza de Carod y Maragall para recuperar el centro político y la unidad del PSOE? Todo apunta que el epicentro de este centro oculto de poder gira en torno a Felipe González y al Grupo Prisa de Jesús de Polanco, beneficiario y a la vez protector del Gobierno de Zapatero y sobre todo el encargado de desviar la atención de los españoles hacia el PP cuando la gravedad de la crisis nacional tiene su sede en el palacio de la Moncloa (de ahí sus informaciones y línea editorial para justificar el Estatuto y tapar todas las críticas del Poder Judicial, del Consejo de Estado, la Audiencia Nacional y, por supuesto, del PP y otros medios de comunicación).

Junto a estos poderosos señores pueden existir otras zonas de influencias financieras (La Caixa), culturales, de intelectuales alarmados y, además, las políticas de parte de los barones del PSOE alarmados con el Estatuto. Y todos ellos se expresan mediante la acción, cada vez más directa e importante, de Alfredo Pérez Rubalcaba, que parece haber conseguido la confianza de Zapatero y que está interpretando al pie de la letra el mandato directo y decidido de sus verdaderos jefes políticos, convertido en el hombre orquesta de la Moncloa, el Gobierno, el Parlamento y la negociación.

Así, y puede que como consecuencia de un encuentro privado entre Felipe González y Jordi Pujol, nació el plan de pactar el Estatuto con CiU dejando a la intemperie a Carod y a Maragall. El de ERC, convertido en un pequeño apéndice de la negociación, y el segundo, alejado de las conversaciones de Madrid y condenado a no ser el nuevo presidente de la Generalitat, como ha quedado claro en las recientes declaraciones de Zapatero y Rubalcaba, que se niegan a decir en público —como por ejemplo sí lo dicen de Simancas— que Maragall se volverá a presentar a la presidencia catalana cuando se apruebe el Estatuto, “eso es cosa del PSC”, dicen inmisericordes con Maragall.

Quedó muy claro cuando un cámara, del programa Diario de la Noche de Telemadrid, captó una conversación del ministro Jordi Sevilla con el líder de CCOO, en la que anunciaba que está previsto convocar elecciones adelantadas en Cataluña cuando se apruebe el Estatuto, y que será otro Gobierno, sin Maragall —pero no con José Montilla de presidente, porque dice Sevilla que “aún es pronto para un charnego” (sic), a lo mejor están pensando en Nadal—, el que inaugure el nuevo Estatuto pactado con CiU. Sin descartar, incluso, una victoria clara de CiU, lo que centraría al PSOE en Madrid, como lo está centrando al menos de manera virtual el hecho de que ERC y el PP ocupen los flancos del Estatuto catalán, los de Esquerra denunciándolo por escaso y los del PP por inconstitucional.

Qué es lo que ha hecho actuar y tomar la iniciativa al llamado núcleo duro del PSOE o poder oculto de la Moncloa? En primer lugar, los graves riesgos que el Estatuto incluye para España, luego la caída en las encuestas electorales de Zapatero y del PSOE, el ruido de sables y la tensión dentro del Partido Socialista y en toda España. Y ¿qué ha hecho Zapatero cuando se le ha dicho que había que dar un golpe de timón y reconducir la situación? Pues aceptarlo porque el presidente empezó a ser consciente del riesgo de liderar una gigantesca crisis nacional, y al final se dejó llevar de la mano de Rubalcaba sabiendo que enfrentarse a González y a Polanco era algo difícil de superar.

Y qué pueden hacer Carod y Maragall? Unirse e intentar resistir al poder de Madrid y a los manipuladores de las marionetas de la Moncloa, convencidos de la posibilidad de que Artur Mas y CiU no sólo se alcen con la fama del pacto final del Etatuto sino que además podrían alzarse con la victoria electoral de los próximos comicios catalanes si se adelantan para el próximo otoño, como al parecer figuraba en el guión. Y todo esto,si difícilmente lo puede soportar Carod, menos aún lo puede resistir Maragall. Lo que nos anuncia que la crisis del Estatuto continuará.

Nacionalismo, el problema original
José Javaloyes Estrella Digital 1 Febrero 2006

De todo el marasmo en curso, el origen y causa no es otro que el problema nacionalista. Éste permanecía más o menos controlado por el consenso que sobre el mismo mantenían los dos grandes partidos nacionales. Cuando Rodríguez rompió el consenso para que el nacionalismo le permitiera gobernar, el nacionalismo pasó a ser el dueño de la iniciativa política en España. En la práctica, el dominio se lo reparten el nacionalismo de metodología democrática y el nacionalismo de procedimiento terrorista. A los dos tributa esta Moncloa: un pacto suscrito con el nacionalismo catalán y otro a suscribir con el nacionalismo vasco, al que genéricamente se orienta la negociación que se mantiene con los terroristas de ETA y sus secuaces políticos.

No necesitaba esta evidencia de ulteriores verificaciones, pero el asunto del Estatuto valenciano ha añadido otra prueba de propina. El nacionalismo catalanista, en trance de eructo por tan copiosa ingesta de logros en su Estatuto propio, ha exigido, como postre, que se le permita meter institucionalmente la cuchara en la política de la Comunidad Valenciana, doblando así en parlamentarismo lo que tiene ya conseguido idiomáticamente, desde el peaje que el primer Gobierno de Aznar tuvo que pagar a CiU, para poderse sostener con la parva mayoría obtenida en las elecciones del 96. Aquéllas de la “dulce derrota” del socialismo felipista, tan añorado ahora por tantos no necesariamente votantes suyos.

Ya sabemos que en el cuerpo de la nación española el nacionalismo es cáncer que, obediente a su ley constitutiva, imparable en su metástasis, no se detiene hasta que acaba con el cuerpo y con la vida de quien lo hospeda. Esencial en él es la condición insaciable. Aquel supuesto pacto idiomático de Aznar con Pujol, y por vía de Eduardo Zaplana, resultó un planchado fonético, sintáctico y gramatical, puro y duro, de la lengua que ya se hablaba en Valencia antes de ser conquistada por Jaime I. De ahí que en valenciano fueran redactados, por voluntad expresa del Conquistador, los fueros a Valencia otorgados.

Los catalanistas de todos los pelajes quieren ahora el pan de la política, después de haberse cobrado la palabra en concepto de peaje parlamentario. Por obvia presión del tripartito —que hizo cuestión de principio el que no llegara una gota del Ebro a la Comunidad Valenciana, ni a Murcia ni a la Andalucía oriental— el PSOE ha pretendido remover el pacto establecido con los populares para rebajar del 5 al 3 el porcentaje de votos necesario para acceder a las Cortes Valencianas. De aceptarse tal pretensión entrarían en éstas los pancatalanistas, lo mismo que por el pecado primordial cometido con el nacionalismo se hizo una Ley Electoral que ha dado curso político nacional a especímenes como Carod y sus mariachis, confiriéndoles, en las últimas urnas, la llave del Palacio de San Jaime y del palacete de la Moncloa.

Rodríguez quiso hacer de la necesidad virtud y optó por el aventurerismo constitucional. Rompió para ello el consenso que al respecto habían suscrito la derecha y la izquierda. Un consenso doble: para la Constitución y para mantenerla techiabierta después, mientras se decantaba en su totalidad el sistema autonómico. Suplían así los dos grandes partidos, mediante el cierre diferido del techado constitucional en lo concerniente a la organización territorial del Estado, otra de las insuficiencias del consenso, pues los socialistas arrastraban desde su memoria histórica la proximidad política con los partidos nacionalistas en la II República y la Guerra Civil, y tras la muerte de Franco sostenían como muchos nacionalistas el derecho de autodeterminación de Vasconia.

Durante la transición, hasta Rodríguez, coexistieron dos tiempos de consenso: uno, sustantivado, resuelto y cristalizado en norma constitucional; otro, definido como práctica política adscrita, a su vez, a dos menesteres: el gobierno de lo que podría llamarse “provisionalidad constitucional” y la observancia del compromiso implícito de acabar un día con esa provisionalidad techando territorialmente la Carta Magna. Tal acabamiento habría de hacerse en congruencia con los propios principios en que se fundamenta la Constitución de 1978. Pensarlo entonces de otra manera sería descabellado. Pero de otra manera se ha pensado y se está haciendo.

Rodríguez se ha empeñado en ello. Ha cambiado el régimen, por inversión del consenso, y puesto el carro delante de los bueyes. Camina contra los principios que fundamentan la Constitución (unidad nacional, libertad individual, igualdad entre los españoles, solidaridad regional) y, por lo mismo, no sólo no propicia el anterior propósito para cerrar la Carta Magna, sino que viene a demoler y desandar. De ahí que haga caso omiso del dictamen que requirió del Consejo de Estado, puesto que éste define la prioridad para ese cierre constitucional que establezca las competencias no transferibles a las Autonomías, y por ello supedita a la conclusión de esa tarea el proceso de las reformas estatutarias.

A horas de que comience sus trabajos la pertinente Comisión del Congreso, la cuestión del Estatuto valenciano suena como eco, resonancia y secuela del escándalo estatutario catalán. Es rebote del mismo abuso y de idéntico incumplimiento de las obligaciones asumidas al jurar o prometer la Constitución, puesto que hay que cerrarla en congruencia con sus principios constitutivos.

Mientras en Cádiz comienza la recogida de firmas para el referéndum, conviene recordar que las cosas que se hacen indebidamente en política no se acaban en la política y en las urnas. Tienen también su eco en la responsabilidad legal, pues las inmunidades no son impunidades.      jose@javaloyes.net

Zapatero, el de la vaselina
Jesús Laínz elsemanaldigital 1 Febrero 2006

Estos días he faltado un par de veces al juramento que hice el 14 de marzo de 2004 de no volver a ver nada en la televisión relacionado con la actualidad política. Con la prensa ya sufro bastante.

El primer incumplimiento tuvo por objeto nada menos que una entrevista con el presidente del Gobierno; no pude soportar más que unos minutos. Nunca había oído a nuestro presidente en el papel de tal, y he de confesar mi asombro por que conserve tanto apoyo.

Me quedé con dos ideas. La primera, que hay "convivencia lingüística" en Cataluña, afirmación que sólo puede provocar vergüenza ajena. Y la segunda, que a España no le ha pasado nada por haberse aprobado este Estatuto y que nunca había estado tan unida como ahora. Con numerosos separatistas catalanes declarando satisfechos que este Estatuto es lo máximo a que se podía aspirar sin llegar a ser un Estado, con Artur Mas y sus socios de Galeuska frotándose públicamente las manos, con Pujol mencionando la amenazante obviedad de que la vida de este Estatuto será corta, con los separatistas de otras regiones afilando sus cuchillos estatutarios, con Otegui afirmando exultante que "vamos ganando", con los micropolíticos no nacionalistas de otras regiones apuntándose al carnaval centrífugo para no quedarse atrás en el mangoneo, con todo esto que está cayendo, la afirmación presidencial revela, una vez más, que la función que le ha tocado ejercer es la de untador de vaselina para que el pueblo español soporte cualquier cosa con suavidad, sin dolor.

La segunda violación al juramento fue un programa humorístico en el que sacaron a la calle una mesa para parodiar el referéndum propuesto por el Partido Popular. Todos los consultados, sin excepción, manifestaron su conformidad con la demanda planteada. Pero, ante la pregunta sobre si lo apoyarían, varios –sobre todo jóvenes– dijeron que no "porque lo ha propuesto Rajoy".

Las conclusiones son fáciles: España es una sociedad cainita y sectaria, incapaz de reflexionar con inteligencia y altruismo sobre el bien común y capaz de rechazar cualquier propuesta, incluso las que comparte, por el hecho de haber sido planteada por la hinchada contraria.

La segunda conclusión es que los españoles menores de 40 ó 45 años, programados con admirable uniformidad por décadas de contraeducación, pueden lanzarse en masa a aprobar cualquier propuesta que avance en la disolución de cualquier orden por haber sido contagiados del convencimiento de que eso es moderno, progresista, inteligente, culto, rebelde, interesante, guay.

Sí, es cierto: Zapatero es una calamidad. Pero no es justo cargar sobre sus espaldas todas las culpas. Él no es el presidente de España por su voluntad, sino por la de la mayoría de los españoles. También es una calamidad que quienes se supone que, desde su propio partido, debieran oponerse a todo esto callen por motivos evidentes. Y también sería una calamidad que no hubiese alternativa seria a esta demencia.

El sufragio universal tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Su principal virtud es que posibilita mover del asiento con cierta facilidad a cualquier gobernante. Pero tiene un inconveniente muy grave, y es que un pueblo encanallado por el fútbol y la televisión y degradado por la contrainformación y la contraeducación es capaz de cualquier disparate.

Cada uno a lo suyo. Zapatero está a su trabajo: la vaselina.

El pueblo español sabrá lo que hace. Luego no vale quejarse.

Cádiz, historia y presente
Editorial ABC 1 Febrero 2006

MARIANO Rajoy ha tenido el acierto de desplazarse hasta la ciudad de Cádiz para iniciar allí el largo proceso de implicación de la sociedad en la oposición de su partido al proyecto de Estatuto de Cataluña. En aquella capital andaluza nació en 1812 el constitucionalismo español. Las Cortes de Cádiz alumbraron la primera Constitución española, que dio paso al llamado trienio liberal, un período de nuestra historia signado por la brillantez y al que siguieron épocas peores de absolutismo que eclosionaron con las guerras carlistas -en realidad, civiles-. El llamado sexenio revolucionario (1868-1974) terminó después de la breve vigencia de una Constitución cantonalista que fue sustituida por otra, la de 1876, la de la Restauración alfonsina, que naufragó tras la dictadura de Primo de Rivera y desembocó en la II República. Los episodios históricos posteriores son conocidos: la guerra civil, el franquismo y la transición democrática que amparó la democracia de que ahora gozamos en la vigente Constitución de 1978.

Interesa subrayar un elemento común, siempre permanente en el constitucionalismo español: el fundamento del Estado ha consistido en la certeza de la Nación española. España no ha sido en ningún período de su historia ni nación de naciones, ni tampoco estado plurinacional. El cantonalismo de la I República fue la excepción que ha confirmado esta regla, porque la de 1931 apostó de manera rotunda por el Estado unitario -denominado integral- y, aunque propició un proceso autonómico en Cataluña -en 1932, inmediatamente después del proceso constituyente- y otros, ya en fase bélica, como en el País Vasco, en ningún momento desmintió el carácter único de la Nación española ni dio oportunidad a la confusión en torno a los conceptos cruciales del constitucionalismo: soberanía, autonomía, Nación y Estado.

En esa línea, pero ahondando más aún en el hecho nacional único y diverso, se sitúo la obra constituyente de 1978: la Nación española, compatible con el derecho a la autonomía de las regiones y nacionalidades. Y Cádiz, la Constitución de 1812, está en el origen de ese tracto constitucional que queda distorsionado ahora por el planteamiento, procedimiento y contenido del proyecto de Estatuto para Cataluña en la medida en que altera el concepto nacional -no importa que tal distorsión se produzca en el preámbulo o en el articulado, porque el texto es un todo normativo- y, por consecuencia, se establecen elementos típicos y casi definidores de un modelo estatal de corte confederal. Los factores de bilateralidad que introduce el denominado acuerdo global entre el presidente del Gobierno y el líder de CiU quiebran la multilateralidad del Estado de las autonomías -dejando a salvo la excepción vasca y navarra, cubierta de manera explícita en el pacto constitucional- e introducen abdicaciones obvias al principio de solidaridad. Por otra parte, las manifestaciones de los nacionalistas catalanes -tanto de CiU, y más aún, de ERC- denotan que el proyecto se concibe como un escalón adicional en la progresión hacia un modelo de Estado compuesto en el que la cosoberanía se iría explicitando de manera paulatina. El denominado plan Ibarretxe, que permanece vivo en el propósito del PNV y de EA, sigue esa misma dirección.

En este contexto de quiebra de la continuidad básica del constitucionalismo español, el acto de Cádiz, profundamente simbólico, y más allá del número de adhesiones que el PP coseche en su iniciativa, tiene un extraordinario valor político porque es la instalación de la derecha democrática española en el kilómetro cero del constitucionalismo, lejano a las épicas anteriores, en la edad moderna, allí donde el liberalismo adquirió corporeidad jurídica y desde donde los destellos de la ilustración, el librepensamiento, la convivencia en paz y en libertad quedaron primeramente consagrados en nuestra historia. La derecha democrática no se ha retrotraído a los Reyes Católicos, sino al hecho histórico -la primera Constitución- que marcó un antes y un después en nuestro devenir nacional. Y al hacerlo, ha acertado a enviar un mensaje que capitaliza un capítulo de nuestro pasado unánimemente celebrado como uno de los más brillantes y adelantados de nuestra era moderna.

Viva la Pepa de 1978
Por ANTONIO BURGOS ABC 1 Febrero 2006

SI Rajoy fuese a pedir un referéndum sobre las mantecadas, lo más lógico es que empezara a recoger firmas en Astorga. Pero como es sobre la nación española y la igualdad de derechos de sus ciudadanos, ha empezado en la Cuna de la Libertad, donde se meció entre olas la primera Constitución. Cádiz, Constitución, Viva la Pepa. Ojú. Mucho cuidado, que los nuevos servilones pueden encerrar otra vez tras las rejas del castillo de la Caleta a los liberales de 1812 o 2006, da lo mismo. Mal lo tiene la nieta de La Pepa con su tocayo José Luis Rodríguez, que escrito así parece El Puma. (¡Ya está, Carlos Herrera! Por eso este hombre no quiere que le llamemos lo que es, Rodríguez: para que no lo confundamos con El Puma, el cantante venezolano. En cuestión de abrazos de hermanos con sabor venezolano aquí no hay más Puma que Chávez).

Hay que ser un auténtico virtuoso de las complicaciones y de la creación de problemas innecesarios para que lo que estaba tan claro en 1812 (que España es una nación de ciudadanos libres e iguales que ostentan la soberanía) sea ahora una disputada cuestión que hay que defender con las democráticas armas de las firmas. Bajo un cielo que huele a erizos de febrero, que espera la lluvia, la lluvia de papelillos y serpentinas, coincidiendo con el arranque del concurso del Carnaval en el teatro, Rajoy se fue a la Plaza de las Flores. Deliciosa Plaza de las Flores, donde las rosas frescas del día te van guiando por el Cádiz de la Constitución. Plaza que también lleva el nombre de Almirante Topete. El que en la bahía de 1868, ante un horizonte de velas soberanas, lanzó un grito que hoy sería políticamente incorrecto. Vamos, una a-Mena-za: «¡Viva España con honra!», se oyó gritar ayer nuevamente junto a los blancos muros de esta ciudad. ¡Qué antigüedad! Como en Cádiz quedan tan buenas tiendas de anticuarios y de duros antiguos, ¿no iría a eso Rajoy, y no a por atún encebollado y a recoger firmas? ¿No iría a Cádiz por antigüedades, buscando la verdad de la Constitución como quien quiere un estrado isabelino y la igualdad de los ciudadanos de la nación española como quien busca un cuadro costumbrista del XIX con azotea gaditana, macetas, tendederos, mocita cosiendo y cura? Porque todo eso de la Constitución, la nación, la igualdad de los ciudadanos, y nada digo de España, y nada digo de la honra, son antigüedades a los ojos del sunami progre que se está tragando España como el maremoto de 1755.

Rajoy recogió firmas en la Plaza de las Flores. «En la plaza de las Flores / vimos a un equilibrista / que atravesaba el alambre / con un pañuelo en la vista», cantaba una antigua chirigota. Ha vuelto a sonar su copla. En la plaza de las Flores vimos ayer a un equilibrista que, además sin red, atravesaba el alambre, el finísimo alambre de la legalidad constitucional al que los socios separatistas del Gobierno le quieren meter el cortafrío del chantaje. Firma a firma, todos podemos ser carpinteros de ribera que hagamos del fino alambre lo que siempre fue: calabrote de patache de la nave del Estado.

Mejor sitio no podía haber elegido Rajoy para esta revolución constitucional por el plan antiguo. Quintaesencia de España, donde residió la nación soberana cuando estaba más perdida que el barco del arroz, Covadonga contra Napoleón, lo que no sabe Rajoy, gallego en su freidor de firmas, es que el viento y la mar también estamparon ayer su nombre en la Plaza de las Flores. El viento antiguo de goletas firmó; «Viva España con honra». Y la mar de bergantines, desde el castillo de Santa Catalina donde los servilones encerraban a los liberales, le respondió, como un óle: «¡Viva la Pepa!». A ver si oyen el «Viva España con honra» del «Viva la Pepa de 1978» estos vivalavirgen que sólo quieren permanecer en el poder aunque la nación soberana, como el equilibrista de la chirigota antigua, se pegue el pellejazo del siglo.

¿Quiere y puede ZP desahacerse de ERC?
EDITORIAL Libertad Digital  1 Febrero 2006

“El PSC debe plantearse el cese de Carod-Rovira como miembro del Gobierno Catalán”
José Luis Rodríguez Zapatero, 26 de enero de 2004.

El acuerdo entre Zapatero y Mas para sacar adelante el estatuto soberanista catalán y el rechazo de ERC a lo que, en realidad, no es más que una engañosa tarea de maquillaje, ha desatado una justificada polémica en torno a si, con esta maniobra, el presidente del gobierno no busca deshacerse de sus actuales compañeros de viaje, y establecer nuevas alianzas con quienes, como CiU, tienen una imagen más "moderada" que los indisimulados separatistas de Carod Rovira. Hay quienes dan por seguro ese cambio de escenario y anticipan que el tripartito de Maragall tiene los días contados.

Ante esta posibilidad, el pasado jueves quisimos dejar bien claro que, para nosotros, "que ERC sea la que haya sacudido políticamente el árbol, pero sea CiU la que recoja finalmente las nueces, no hará de esta recolecta algo menos inconstitucional y lesivo para España. La insaciabilidad de los independentistas no puede ser, en ningún caso, prueba de la ‘moderación’ de un engendro inconstitucional que, como ha admitido Rubalcaba, ‘lleva el ADN de ERC’. O sea, el ADN del separatismo".

Ciertamente, lo pactado nos sigue pareciendo inconstitucional, lo suscriba o no finalmente ERC; sea CiU quien pase a ser el socio preferente de ZP, o lo siga siendo, como hasta ahora, el interlocutor de ETA en Perpiñán. Lo importante no es quienes firman, sino lo que se firma. CiU, por otra parte, no deja de ser una formación nacionalista que reivindica la autodeterminación y que, desde hace unos años, no hace más que competir en radicalidad nacionalista con la formación de Carod Rovira.

No vamos a negar, sin embargo, que, desde el punto de vista propagandístico, para ZP será más fácil convencer a los españoles de que el traje estatutario confeccionado para Cataluña es perfectamente "constitucional y positivo" para España, si entre los sastres no aparece ERC, que si lo hace. Pero, en ese sentido, también sería positivo para ERC oponerse finalmente a ese estatuto: Por un lado, contribuiría, con su negativa, a colar el engaño de ZP y el resto de formaciones nacionalistas consistente en que el estatuto "está limpio –de inconstitucionalidad– como una patena"; mientras, por otra, seguiría mostrándose fiel a sus principios más descaradamente separatistas y cultivando el típico e insaciable victimismo de los nacionalistas.

Algunos ven en esa negativa de ERC al Estatut la subsiguiente crisis del tripartito Maragall. Alegan –como Duran Lleida– que sería "esperpéntico" que los de Carod Rovira, no votando a favor del "estatuto" en el Congreso, siguieran, como si tal cosa, gobernando en Cataluña. Para empezar, ese "no" de ERC al estatuto maquillado de ZP y Mas, todavía no es definitivo. Y si, finalmente, así es, el "esperpéntico espectáculo" de la continuidad de ERC en el Tripartito, no sería menos bochornoso que a los que ya se ha acostumbrado hasta la más acentuada sensibilidad; por ejemplo, la de ver un partido independentista consensuar estrategias comunes con una organización terrorista con el objetivo confeso de "desestabilizar el Estado español", y luego ver a ese mismo partido, no sólo seguir siendo socio preferente de Maragall sino también de Zapatero. Para espectáculo esperpéntico, trágicamente esperpéntico, la de ver a un presidente de gobierno que no tiene claro si el país que gobierna es o no una nación...

El futuro siempre está abierto, y nosotros no es que neguemos que el tripartito de Maragall pueda tener los días contados. Lo único que constatamos es que esa continuidad depende fundamentalmente de la voluntad de los partidos que lo forman, empezando por el voluble estado emocional de Pascual Maragall. Por muchas presiones que, aparentemente, el PSOE lance contra Maragall y Carod Rovira, habrá que recordar que éstos, al destaparse lo de Perpiñan, no sólo no interrumpieron su viaje, sino que embarcaron en él al propio Rodríguez Zapatero.

Conviene tener presente, por otra parte, que la disposición de Mas de respaldar a Zapatero pasa, como conditio sine qua non, por la vuelta de CiU al gobierno de Cataluña. Y sin ese relevo, no hay que descartar que los que ahora, desde el PSOE, muestran a ERC la puesta de salida, corran con el tiempo a volver a pagarles su permanencia.

La llegada de Zapatero al gobierno, sus compañeros de viaje y las esperanzas que ha creado en lo más radical que hay dentro y fuera del arco parlamentario, no son tan fáciles de dejar en la estacada. Más aun, cuando hay un estatuto vasco que está esperando y que será tan falsamente constitucional como la falsa paz que ETA pueda ofrecer a Zapatero y a su nihilista huida hacia el abismo.

Nacionalismo
Peores que Rubianes
Agapito Maestre Libertad Digital 1 Febrero 2006

Hay personas sensatas que creen que las demandas nacionalistas están a punto de parar. No hay sociedad, vienen a decirnos los ingenuos ciudadanos, que resista tanta demencia. Son hombres honrados, pero desconocen el poder destructor que tiene el nacionalismo. No saben que éste mata todo lo que toca. De hecho es un parásito de España. Nunca puede parar porque su naturaleza es devorar. El nacionalismo no es una ideología sino un tabú. En el nacionalismo hasta individuos como Rubianes son empeorables. Aparecerán muy pronto miles de Rubianes por todas partes. De hecho, todos los nacionalistas llevan guardado un Rubianes en su cartera.

Sin embargo, desconfío más de los rufianes agazapados que de los Rubianes groseros. Peor que Rubianes son sus entrevistadores y entrevistadoras. Nos asisten las mejores razones para indignarnos con gentes como Rubianes, pero no deberíamos olvidar que éste no hace sino quintaesenciar la opinión de muchos periodistas, intelectuales y artistas incapaces de superar el tabú del incesto con la tierra, que eso es el nacionalismo catalán. Rubianes es un esperpento, la consigna última, el último precipitado que da una “ideología” perversa, el nacionalismo, para matar a quien no diga que Cataluña, una región de España, es una nación.

Me parece, pues, que peor, muchísimo peor, que las salvajadas dichas por Rubianes son las declaraciones tibias que intentan quitarle importancia a la perversidad del nacionalismo catalán. Son mucho más cínicos que Rubianes quienes plantean el asunto hablando de dos nacionalismos enfrentados. Falso. ¿Dónde está el nacionalismo español? No existe. Es una mentira más, una patraña, para seguir manteniendo que los catalanes son superiores al resto de los españoles. La vergüenza ajena que me produce Rubianes no es, por lo tanto, superior a la que me provoca un profesor de Comunicación Audiovisual, cuando dice: “Tengo que decir que yo no soy nacionalista, pero ni nacionalista catalanista ni nacionalista españolista, ¿eh? Y lo de la palabra nación en el preámbulo, pues bueno, si se refiere a nación como lugar de nacimiento de uno, pues vale. Pero si se refiere a un concepto político referente a un Estado, pues no, claro”. ¡Cuánta mal fe contiene este tipo de planteamientos! La cobardía ante el totalitarismo del nacionalismo catalán le impide a un universitario, como es Román Gubern, decir que un Estado democrático, como es España, no puede admitir nada más que una única nación, porque lo contrario va contra la Constitución…

Sí, peor, muchísimo peor que las ralas palabras de Rubianes, son las declaraciones de la Directora de la Biblioteca Nacional, de la Biblioteca de todos los españoles, diciendo que la Nación española no existe. Esta señora mata lo que da vida, pero seguimos aceptándola como directora de una institución en la que no cree. ¡Horrible! Pero, sin duda alguna, peor todavía que la señora Regàs es la opinión acobardada del pseudoilustrado Javier Tomeo al decir: “Yo creo que en Cataluña coexisten tantas naciones, por lo menos, como individuos. Yo, por ejemplo, me considero nación en mí mismo”.

Lo dicho, peor que los Rubianes de turno, que dan las últimas consignas de los matarifes nacionalistas, son los rufianes qué no saben que sin conciencia nacional española no hay conciencia democrática.

ZP está asustado
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2006

ZP se ha ido, asustado, a Ceuta. Le han dicho que el Gobierno pierde votos por todos los costados y que hay que tapar boquetes. El primero, el de Carod. Los militantes, los periodistas adictos y los constitucionalistas a sueldo... podrían seguir luchando con esperanzas si desapareciera Carod. La pesadilla de Perpiñán. Esa insultante minoría a la que ZP ha dedicado tantas sesiones de oscurantismo. ¡Hay que librarse de Carod! Así que salió a los micros Pepiño Blanco y lo abroncó.

Lo llamativo de la gente del PSOE es su impudor para defender hoy lo que aborreció ayer. Por ejemplo, este cambio de preferencias entre Carod-Rovira y Artur Mas. ¿Recuerdas, querido lector, que hace tan sólo dos meses los socialistas acusaban a CiU de querer reventar el Estatuto al elevar tanto el listón de las exigencias? Ahora Mas es el buen nacionalista. El de siempre. El sucesor del responsable y honorable Pujol. Es verdad que ha puesto fecha de caducidad al Estatuto (cinco años) pero ya se sabe que el buen nacionalista ha ido siempre así. Te saca cinco mil millones de euros y dejan la independencia para mañana.

Maquiavélicos de tercera, Pepiño, Rubalcaba y ZP creen que podrían cortar la sangría electoral si se liberaran de Carod y se entendieran con Mas. Se olvidan de un pequeño detalle, ¡ellos tan confederales!, que el que manda en Cataluña es Maragall.

Maragall calla. Maragall está taciturno. Él los conoce. El sacó secretario general a ZP. Él sacó a Patxi López. Y ahora los dos se revuelven contra él. ¿Deberá recordarles que el PSC es partido federado y que millón y medio de votos socialistas salen de Cataluña?

Maragall sabe que «los de Madrid» quieren sustituirle por Montilla y conoce muy bien la disposición de éste. Sabe que es traidor por definición. Ya lo explicó Sartre en «El diablo y el buen Dios». El hijo natural. El charnego sin conciencia nacional. Disponible siempre. Por esa razón Maragall filtró las informaciones sobre él y la Caixa.

Maragall manda en Cataluña. Él pone fecha a las elecciones, y él decide quiénes son sus socios. Para él no es trágica la sangría electoral del PSOE. Más aún, tuvo que salir de la Moncloa el PSOE para que el PSC pudiera presidir la Generalitat.

Las cosas se le han puesto difíciles a ZP. Está asustado. Maragall ha conseguido el Estatuto y él va a perder las próximas elecciones.

Con Convergencia es peor que con Carod
José Javier Esparza elsemanaldigital 1 Febrero 2006

Es sorprendente esta especie de alivio que parece haberse apoderado de buena parte de la opinión pública (o, al menos, de la opinión publicada) tras el nocturno y alevoso cambio de alianzas estatutarias de ZP. Se diría que, reemplazado el radical Carod por el moderado Mas, se acabó el problema. Pero, veamos: ¿qué sabemos sobre este nuevo pacto? Nada concreto. Salvo que ZP y Mas han sellado, secretamente, unos acuerdos "globales" cuyo contenido no se ha hecho público y que, sin embargo, nos afectan a todos. Eso ya sería suficiente para salir a la calle con las cacerolas. Pero en España, como bien sabían los del 11-M, la gente quiere ante todo tranquilidad. Y muchos ciudadanos parecen dispuestos a creer lo que se les diga con tal de poder desconectar la alarma. Eso es lo que está ocurriendo con el "pacto de medianoche", que ha logrado acunar a buena parte de los españoles con la nana rutinaria de la actualidad. Pero la actualidad es mala para la inteligencia: altera la correcta percepción de las cosas y difumina sus perfiles, como esas instantáneas fotográficas que distorsionan la perspectiva. La verdad es esta: pactar el Estatut con Convergencia no es mejor para España que pactarlo con Carod.

Quien ha vulnerado todos los días, durante años, el espíritu de la Constitución –por ejemplo, persiguiendo el bilingüismo o suprimiendo símbolos españoles- no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Quien ha creado una situación de monopolio ideológico nacionalista en los medios de comunicación catalanes no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Quien ha aplicado una política sistemática de arrinconamiento del castellano en la escuela no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Quien ha alimentado en la opinión catalana un sentimiento generalizado de victimismo no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Quien ha cultivado año tras año el espejismo de la soberanía no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Quien ha ejecutado en Cataluña el programa nacionalista como una tendencia sostenida hacia la separación no ha sido Carod; ha sido Convergencia. Y por cierto: quien ha estimulado el crecimiento de manifestaciones separatistas radicales, como Esquerra, no ha sido Carod; ha sido Convergencia.

Convergencia, en efecto, es peor que Carod. Y ZP es peor que Convergencia. Porque Convergencia nunca ha ocultado que es un partido nacionalista cuya máxima ambición es algo parecido a la independencia de Cataluña. Pero del PSOE esperábamos otra cosa.

(Cerrad los ojos, si queréis, pero las cosas pintan turbias. Si el Estatut que finalmente se apruebe en las Cortes sigue planteando reivindicaciones máximas de autogobierno, la unidad efectiva de España quedará tocada de muerte. Pero si el Estatut queda muy recortado en sus aspiraciones, el proceso que ha abierto ZP supondrá veinticinco años más de perpetua reclamación nacionalista, pues ellos legítimamente exigirán lo que un presidente de España les prometió. Mas ya ha empezado a hacerlo; como Carod).

Papanatismo autonómico
Antonio Javier Vicente Gil  Periodista Digital 1 Febrero 2006

Me propongo demostrar que en la España autonómica el principio de Kalpen – Jasper lleva de modo ineluctable a caer en el principio de Peter.

En la España de las autonomías hemos alcanzado el nivel del que habla el Principio de Kalpen - Jasper que creo viene a decir que “El nivel de papanatismo localista es inversamente proporcional al nivel del sentido del ridículo local o regional.”

Al parecer en todas nuestras comunidades autónomas se ha perdido completamente el sentido del ridículo, lo que ha llevado a que el papanatismo lo inunde todo, pero inunda sobremanera a la llamada clase política a la que clase le queda poquísima.

Declaraba ayer un ejecutivo de una editorial de libros de texto, Santillana para ser exactos, que ya todos los libros de texto deben ser “regionales”, no solo Historia, Geografía, y similares sino que se editan 17 libros de matemáticas por un motivo de lo más hilarante, los problemas y ejemplos deben ser regionales ya que si hay que calcular distancias o tiempos en un trayecto de tren, las estaciones de partida y de llegada tienen que reflejar pueblos específicos de esa comunidad autónoma, y no de otras. Imagino que si ponen problemas típicos de los antiguos cuadernos Rubio donde se hablaba de corrales con gallinas y conejos, pondrán la raza de gallinas autonómicas, como la famosísima gallina vasca o en el caso de Murcia al hablar de cabras pondrán la afamada raza de cabra murciano-granadina.

Hemos llegado al extremo de que queremos todos en nuestra ciudad un tren AVE, un aeropuerto, una universidad, un puesto de trabajo para cada uno de modo que no haya que desplazarse por ningún motivo, y tanto da si en tu región hay un aeropuerto a 45 kilómetros de la capital y a la vez hay otro en la región de al lado, en activo desde muchos años antes y con mas vuelos a todas partes, y encima a solo 44 Km.

Da igual que a la hora de repartir lo que llaman competencias se incurra en antieconómicas e ineficaces incompetencias. Somos hijos de nuestra historia, está visto, y lo nuestro es lo de los reinos de taifas o lo del mas moderno cantonalismo.

La mejor forma de sacar de sus casillas a un político autonómico y más si es nacionalista es razonar que tal competencia sería objetivamente recomendable que se ejerciese a nivel nacional por puros motivos económicos y de interés para la propia región por ser más eficaz.

Como ven, partiendo del principio de Kalpen – Jasper hemos llegado directamente al principio de Peter de la máxima incompetencia. A mayor papanatismo mayor incompetencia. Ejemplo trágico es el del incendio de Guadalajara, en el que los políticos de Castilla-La Mancha, del PSOE, rechazaron la oferta ayuda en medios aéreos de las comunidades vecinas por estar estas regidas por el PP, no sea que luego dijesen los periódicos que la incompetencia de los unos la había suplido la disponibilidad de medios de los otros. Si los medios antiincendios fuesen nacionales seguro que se gestionarían con mas racionalidad y con menor presupuesto se podrían atender mas incidentes.

Cencerrada
Por JON JUARISTI ABC 1 Febrero 2006

EL caso de Pilar Elías constituye una muestra anticipada de lo que les esperaría a los vascos que pretendieran seguir siendo españoles en la Jebolandia soberana con la que sueñan los abertzales: no ya la esporádica humillación gratuita, sino la humillación como forma de vida. Pocas sociedades habrán descendido a los abismos de putrefacción alcanzados por la Euskadi autónoma. Imaginemos cómo sería la independiente.

Los etarras que vuelven a sus pueblos tras cumplir condena tienen, cómo no, perfecto derecho a rehacer sus vidas. Otros ni siquiera podemos regresar de visita. Los verdugos pueden imponer su indeseable vecindad a las familias de sus víctimas. Quienes somos vituperados en la prensa nacionalista y en los medios de comunicación públicos de la Comunidad Autónoma, que son la prolongación de aquélla, necesitamos camuflarnos en las tinieblas nocturnas para ver a la familia, y si, con todo, la cosa sale mal y te llevas un guantazo, la autoridad ecuánime afirmará que te lo has buscado, por incordiar. Se te puede insultar alegremente en programas humorísticos de la televisión autonómica -cuyos productores serán contratados, dado el éxito obtenido a tu costa- en cadenas de más amplia cobertura. La radio autonómica, por su parte, emite tertulias donde profesionales del pitorreo debaten si Pilar Elías sufre, ha dejado de sufrir, sufrió verdaderamente o fue siempre inmune al sufrimiento. La palabra que mejor define esta situación es indecencia. Euskadi es una sociedad indecente.

Ésta es, de hecho, la única razón de peso que se me ocurre para impedir que los nacionalistas se salgan con la suya: evitar que la humillación se instale para siempre y que los humillados no puedan apelar a instancia alguna en demanda de amparo. A Pilar Elías y a su familia los quieren echar de su casa, desahuciarlos de su pueblo y de su país mediante el escarnio. Defender a Pilar Elías no tiene nada que ver con un supuesto nacionalismo español. Es simple decencia. Cuando Otegui advierte que nunca renunciarán a la nación vasca, quiere decir precisamente lo que ya sabemos: que mate ETA o no mate, los etarras nunca dejarán de humillar, porque para eso están, para cagarse en tus muertos, literalmente. Que se disfracen de cristaleros es un detalle menor. Cándido Aspiazu, el asesino del marido de Pilar, volvería a la carga con lo que fuera, incluso con un puesto ambulante de pipas tostadas, porque se siente fuerte. Sus compinches le apoyan, las autoridades le compadecen. El acosador se metamorfosea en acosado sin perder la chulería. En fin, quién de los muchos que tuvimos que irnos no ha vivido experiencias, aunque menos sangrientas, parecidas, y qué tienen de nacionalismo español el dolor y la vergüenza de Pilar Elías ante esta macabra y humillante cencerrada.

Un referéndum por la libertad
Editorial Elsemanaldigital.com  1 Febrero 2006

Rajoy recoge firmas para dar a la gente la voz que Zapatero le niega. España es el único marco de libertad soberana para nuestro pueblo. Una historia que empezó en Cádiz.

1 de febrero de 2006. Mariano Rajoy dio inicio ayer en Cádiz a la campaña del Partido Popular para recoger firmas solicitando un referéndum popular sobre la definición de España. Al margen de los matices que puedan surgir sobre la pregunta, y de las opiniones que legítimamente puedan expresarse en democracia, no cabe duda de que no es propio de un régimen parlamentario negar a un partido político con diez millones de votos el derecho a pedir la opinión de los ciudadanos.

Legalmente, no cabe duda además de que consultar a los españoles en asuntos tan importantes como los que nos ocupan es una iniciativa lógica. Ya se han propuesto otras cuestiones a la consideración de los ciudadanos, como hizo en 1986 el gobierno socialista de Felipe González con la adhesión a la OTAN, que no requería legalmente un referéndum pero que podía someterse a él. Así se hizo, y hubo opiniones para todos los gustos, pero nadie discutió la posibilidad de convocar a la gente a las urnas. No es coherente discutir hoy esa posibilidad.

El resquemor del Partido Socialista se debe a una razón bien diferente. A nadie se le oculta que el PP pretende pedir la opinión de la gente porque el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero ha huido de ella. En efecto, nuestra Constitución se fundamenta en la existencia de una sola nación, la española. Esto no quiere decir que las cosas no puedan cambiar, en democracia; podrá haber una Constitución diferente, un país diferente y una soberanía diferente; pero para llegar a eso legalmente y legítimamente sería necesario reconocer que se está cambiando la Constitución. Y el PSOE y sus aliados, que no tienen mayoría democrática para un cambio constitucional, han pretendido rehuirlo definiendo Cataluña como nación y creando, de hecho, un Estado plurinacional no contemplado en la Constitución. Rajoy no hace sino pedir para el pueblo la voz que Zapatero le niega.

El líder de la oposición ayer dijo cosas tan sensatas y compartidas por millones de españoles como que "en democracia quien gana las elecciones tiene el mandato de gobernar y aplicar su programa electoral, pero no un mandato para hacer lo que quiere cuando eso supone la ruptura de las reglas del juego que hemos pactado entre todos", o que no estamos ante un problema ideológico entre socialistas y populares, sino ante un presidente del Gobierno "que ha decidido romper las reglas del juego que entre todos fijamos en 1978, algunas tan obvias como que España era una nación, que la soberanía pertenecía al conjunto del pueblo español; que lo que fuera España lo decidiríamos los españoles; que los españoles éramos iguales en derechos, deberes y obligaciones y teníamos el mismo derecho a acceder a las prestaciones públicas viviéramos donde viviéramos; y que la cohesión social era un principio básico inspirador de la labor de cualquier Gobierno".

No es por eso casual que Rajoy haya ido a Cádiz a empezar su campaña referendaria. Lo que Rajoy defiende hoy y se puso por escrito en 1978 arranca de la primera Constitución española de 1812. Costó un siglo que la libertad arraigase sin oposición en este país; y ahora hay quien quiere discutirlo. Rajoy recoge firmas para defender la España constitucional, que es nuestro único marco posible de libertad soberana. Quien quiera otra cosa que no firme.

Hamas
Yo no he sido
GEES Libertad Digital 1 Febrero 2006

El triunfo electoral de Hamas ha provocado riadas de tinta que arrastran todo lo que encuentran en su camino, comenzando por la verdad.

Sin amago de sonrojo, los que durante años defendieron a Arafat y a sus correligionarios de Al-Fatah, negaron su condición de terroristas, lo entronizaron como santo progresista y lo consideraron un adelantado en la lucha contra el hegemonismo “neo-liberal”, ahora no tienen pudor en afirmar que Hamas ganó las elecciones porque los palestinos estaban hartos de tanta corrupción e incompetencia. Si la Autoridad Palestina se convirtió en lo que hoy los palestinos rechazan fue porque una parte importante de la opinión pública europea, guiada por los que hoy marcan distancia, creyeron en su bondad y apoyaron su financiación.

Pero una cosa es decir digo donde dije Diego y otra retractarse. Al contrario, no hay mejor defensa que el ataque. Moratinos se “puso estupendo” en presencia de sus iguales europeos y les recriminó por no haber hecho suficiente para reconducir la crisis de Oriente Medio. Afortunadamente los predecesores de los allí sentados se habían limitado a hacer lo ya sabido, que de por sí fue suficientemente desastroso. El problema es que se hizo demasiado. Europa mantuvo conscientemente un régimen corrupto y terrorista, que privó a los palestinos de paz y progreso económico. Si alguien representa los errores cometidos en el pasado ese es Moratinos, siempre dispuesto a alagar los oídos de Arafat y disculparle por sus atrocidades ante las cancillerías del Viejo Continente. Europa, precisamente por ser quien en mayor medida mantenía la Administración y la economía palestina, tenía el medio para doblegar la voluntad de Arafat y no sólo no lo hizo, sino que le justificó en más de una ocasión.

Hoy se exige a Hamas que renuncie al terrorismo. ¿Por qué no se hizo lo mismo con Arafat? El espejismo de que con él se lograría un acuerdo de paz llevó al error de consentir lo que nunca se debía haber permitido.

Algunos columnistas, hasta ahora defensores de Al-Fatah, han comenzado a repetir el nuevo argumento políticamente correcto: la culpa es también de Israel. Ya no pueden negar la responsabilidad de las gentes de Arafat, pero no por eso van a privarse de su chute de antisemitismo. Si Israel hubiera sido generoso y firmado un acuerdo de paz con Arafat esto no hubiera ocurrido. Pues no. Israel fue demasiado generoso y cometió el error de creer en Arafat, o por lo menos así lo hizo el Gobierno laborista de Ehud Barak. El resultado es de todos conocido: Arafat arruinó las cumbres, Clinton desperdició los dos últimos años de su segundo mandato y el laborismo sufrió un durísimo castigo electoral del que posiblemente ya nunca se recupere. Israel ha cometido muchos y muy graves errores en su historia, pero el auge de Hamas es responsabilidad de los nacionalistas árabes, tanto en Palestina como en Marruecos o Egipto.

Para buena parte de la izquierda europea, Oriente Medio y América Latina son los espacios en los que poder practicar lo que por estas tierras no resulta todavía posible: jugar a la revolución. Tan irresponsable comportamiento tiene como primeras víctimas al común de los ciudadanos, lo que no es obstáculo para que nuestros gauchistas disfruten con la experiencia, a sabiendas de que luego podrán culpar de los destrozos a Estados Unidos, Israel o la globalización.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Rio Cabe
El triunfo de Hamas
Serafín Fanjul Libertad Digital 1 Febrero 2006

En los últimos días, en nuestro continente, políticos, analistas y gentes de la prensa en general, simulan asombro, o sorpresa al menos, ante el éxito electoral del grupo terrorista Hamas. La verdad es que se conocía con antelación la muy seria posibilidad de que tal resultado se materializase. Un servidor, que no se las da de profeta, adelantaba tal extremo (ABC, 11/01/06). Y no era el único. El revuelo en el gallinero, las doctas elucubraciones y, en el fondo, la frivolidad siguen dominando a los “creadores de opinión” por estas latitudes. Bien es cierto que gobiernos y políticos profesionales tampoco contribuyen poco ni mucho a clarificar el panorama. Desde hace años el apoyo a la llamada “Autoridad Nacional Palestina” se ha convertido en un dogma de fe para los europeos, en sostenes diplomáticos y en buenos euros que han ido al saco siempre vacío de la corrupción, el despilfarro donde no hay nada y la distracción de dineros para financiar la compra de armas o de voluntades que apuntalaran, dentro y fuera de Palestina, al pseudogobierno de Yaser Arafat.

Desaparecido éste, se descubre cuanto había detrás del telón herméticamente cerrado tanto por el tirano como por el papanatismo buenista de este lado del mar: corrupción mastodóntica, desatención de necesidades, nepotismo, connivencia y vista gorda con los criminales organizadores de atentados. En términos generales, despotismo a la viejísima usanza oriental cuyos orígenes habría que buscar, sin exagerar, en tiempos de Hammurabi y cuya historia se mantiene ininterrumpida desde aquellos lejanos siglos, lo cual plantea la cuestión de la fiabilidad de convocar elecciones en semejante medio social. Sin embargo, por ahora no se ha descubierto otro medio menos malo para intentar solventar los conflictos de las comunidades humanas y los árabes tienen el mismo derecho a servirse de él que cualquier otro grupo de población, por muchas y graves que sean sus fallas e inconvenientes, más en las formas de realización concreta que en los principios mismos, bastante defendibles. Creo.

De cara a Occidente –y lo mismo que otros déspotas de la región– Arafat jugó la carta de ser “el mal menor”, porque la alternativa sería el islamismo arrasador de la libertad, de cualesquiera visos de evolución y mesura, del entendimiento con Estados Unidos y las potencias europeas. Al igual que en los otros países –miren el mapa de conjunto y nos ahorramos la enumeración– el juego se sustentaba sobre un filo peligroso: no presionar a las diferentes ramas del islamismo, llámense Partido de la Justicia y el Desarrollo (nombre casi tecnocrático), o Yihad, o Hamas, o Hizbollah, o al-Gama’a al-Islamiyya, o Hermanos Musulmanes, etc. O perseguir suave y puntualmente algunas de sus acciones cuando éstas se vuelven manifiestamente peligrosas o lesivas de los intereses de los regímenes, por ejemplo, los atentados contra el turismo en Marruecos o Egipto. Arafat siguió la misma plantilla, sin desarmar nunca ni perseguir a los energúmenos que volaban cafeterías y restaurantes en Israel, pero que también iban imponiendo un poder paralelo –de hecho, varios, como sucedió en Líbano– que a quien primero aterrorizaba, aplastaba y hacía la vida imposible era a la propia población palestina. Un pueblo castigado por Israel por un lado (cierre de fronteras, control de movimientos, restricciones a la entrada de trabajadores, de mercancías, acceso a hospitales, etc.) y por otro por sus supuestos liberadores. La tesis del árbol y las nueces, tan brillantemente expuesta y defendida por Arzallus, está al alcance de cualquier desalmado, por lo que los frutos son idénticos, aunque en un estado de putrefacción mucho mayor en el caso de Oriente Próximo, dados el subdesarrollo, pobreza, ignorancia y fanatismo medioambientales.

La base del éxito de esta clase de movimientos brutales se sustenta sobre la sumisión absoluta de la población –o de una parte de ella–, ya por convicción (que también se da, lo cual retrata bien con qué clase de sociedad nos jugamos los cuartos), ya por miedo. La eclosión de Hamas implica un elemento muy pertubador que con Al Fatah se disimulaba o no aparecía tan claro: la conversión en conflicto religioso (“El islam contra los cruzados”, dicen sus promotores) del choque político. Para que luego los tosquísimos detractores de Huntington que por aquí pastan nieguen la existencia de conflictos religiosos y culturales, invención –según ellos– de la malevolencia occidental: menos mal que no dicen “cristiana”, todavía.

A corto y medio plazo, la situación significa que se arrumban las tenues esperanzas de distensión paulatina apuntadas en los acuerdos de Oslo, que Arafat saboteó después de firmarlos. Los gestos de apaciguamiento de Sharon, como la retirada de Gaza, no han servido para que los palestinos reaccionen racionalmente y siguen persuadidos de la indiscutible veracidad de su propia propaganda, es decir de “la debilidad de Israel”; una mayoría de palestinos cree a pies juntillas que van a “echar a los judíos al mar”. Israel, con toda lógica, responderá de forma implacable si un gobierno compuesto por terroristas pretende torcerle el brazo gracias al chantaje de los buenos sentimientos internacionales. ¿Se imaginan a la ETA gobernando directamente en Vitoria, ya sin subterfugios ni cómplices interpuestos? ¿Qué haría cualquier gobierno español, sin Rodríguez en La Moncloa, claro? Y, por favor, olvídense ya de esas disquisiciones, entre el divertimento académico y la ignorancia, de intentar distinguir entre los “halcones” de Hamas y “los sectores más moderados, aperturistas y dialogantes” de la misma banda. Esos chistes sólo existen en el magín de comentaristas occidentales demasiado renuentes a admitir que la realidad es como es: bien fea.

Manos Limpias exige a Múgica que defienda el bilingüismo en Cataluña
E. F. La Razón 1 Febrero 2006

Madrid- La oficina del Defensor del Pueblo sigue recibiendo quejas por la discriminación del castellano en Cataluña. A las más de 420 denuncias presentadas en apenas tres meses se ha unido en los últimos días la del sindicato de funcionarios Manos Limpias, que ha hecho llegar a Enrique Múgica un escrito en el que enumera hasta dieciséis consecuencias de la política lingüística impulsada por la Generalitat que preside Pasqual Maragall para acorralar al castellano.

Manos Limpias asegura que en Cataluña «se amenaza a los comerciantes que no hablen el catalán», que el bilingüismo se está convirtiendo en monolingüismo «por decreto» e incluso que el Gobierno de la Generalitat «tiene comisarios políticos en los patios de los colegios». El sindicato insta al Defensor del Pueblo para que evite esta vulneración de la Constitución.

Exigen a la Generalitat que impida la «pedagogía del odio» en TV3
I. A. ABC 1 Febrero 2006

BARCELONA. La plataforma de intelectuales no nacionalistas Ciudadanos de Cataluña reclamó al Gobierno catalán que tome medidas ante lo que considera la muestra «más flagrante de la pedagogía del odio» en la cadena autonómica de televisión. En un comunicado, la plataforma, «ante la grave manifestación de hispanofobia protagonizada en el ente público por Rubianes con el beneplácito del presentador del programa así como ante otras manifestaciones de sectarismo y antiespañolismo que se producen en TV3», reclamó al tripartito que «ponga fin a la manifestación en TV3 de actitudes y comportamientos que siembran la discordia entre los ciudadanos y azuzan el odio entre iguales, y para que vele por hacer efectivo el principio de que la televisión autonómica ha de ajustarse a su función de ente público de interés general».

Paralelamente, la cadena pública catalana cumplió ayer con el requerimiento del Consejo del Audiovisual Catalán (CAC) y dio lectura a un comunicado de disculpas por las afirmaciones de Rubianes. El domingo, el actor pidió disculpas por estas afirmaciones, pero el lunes el CAC aprobó una resolución en la que también hacía responsable a la cadena, al considerar que el presentador del programa «contemporizó» con las opiniones de Rubianes. Ayer, la cadena dio lectura a un comunicado en el que «pide discuplas a todas las personas que se hayan sentido molestas».

Terrorismo
LAS AYUDITAS DE LA UPV PARA QUE LOS ETARRAS REHAGAN SUS VIDAS
Minuto Digital 1 Febrero 2006

Ya sabemos que para los separatistas vascos los asesinos de ETA tienen todo el derecho a rehacer su vida, sin necesidad de arrepentirse, ni reparar a sus víctimas. El pleno del Ayuntamiento de Azcoitia y las declaraciones de dirigentes del PNV y EA nos lo han dejado bien claro.

Y para ayudar a estos “honorables héroes de la patria vasca” qué mejor que regalarles unos cuantos títulos universitarios. La Universidad Pública del País Vasco esta inmersa en un proceso de investigación sobre las numerosas irregularidades en las titulaciones y expedientes académicos de al menos 47 etarras.

En el caso de Elena Beloki ya existe dictamen oficial, la Fiscalía de Bilbao ha apreciado indicios de sendos delitos de falsificación de documentos y prevaricación en la concesión del título de Periodismo de la UPV a la presunta etarra Elena Beloki, ya que lo obtuvo cuando estaba huida de la justicia o presa en Francia. Sin embargo, el fiscal ha archivado el caso por la prescripción de los mismos, al haber transcurrido más de 10 años desde que se produjo el último examen de la carrera, en septiembre de 1991.

Los 12 profesores implicados quedaran pues impunes, al parecer 8 de ellos optaron a cargos de representación por Batasuna, Euskal herritarrok o por las diferentes plataformas ilegalizadas; o han formado parte de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, o se han visto inmersos en diversos sumarios instruidos por el Supremo y por el juez Batasar Garzón, o incluso han mantenido vínculos personales con alguna integrante de ETA. El expediente de José Ignacio De Juana Chaos también ha levantado sospechas por presuntas irregularidades, según parece constaría que realizó el examen de acceso a la universidad para mayores de 25 años, en una fecha en la que no tenía esa edad. También se investiga si un funcionario de la UPV falsificó las notas de un etarra. La Audiencia Nacional ha pedido a la Fiscalía de este tribunal que investigue si un funcionario público falsificó las calificaciones por estudios en la Universidad del País Vasco (UPV) que adjuntó el preso de ETA Peio José Echevarría Lete al solicitar las redenciones de pena que cumple y que le han sido denegadas. Zorión Zamakola, acabó la carrera estando huido de la Justicia obteniendo, incluso, en una asignatura que tiene clases prácticas, una matrícula de honor. La Fiscalía también está investigando el expediente universitario de Antonio López “Kubati”, quien ha sacado dos carreras universitarias en la Universidad del País Vasco, donde se matriculó con un DNI ficticio y las actas están plagadas de irregularidades, aunque pretende obtener los beneficios penitenciarios a que da derecho el cursar estudios. Y suma y sigue hasta los 47 expediente de etarras investigados.



Recortes de Prensa   Página Inicial