AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 11 Febrero  2006
Tenemos un gobierno que miente
EDITORIAL Libertad Digital  11 Febrero 2006

En el inicio del principio del fin
GEES Libertad Digital 11 Febrero 2006

Sonambulismo y revolución
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 11 Febrero 2006

Sobre la moderación
JAIME RODRÍGUEZ ARANA* ABC 11 Febrero 2006

El principio del fin
TONIA ETXARRI El Correo 11 Febrero 2006

Un precio por la paz
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 11 Febrero 2006

Para que no haya muchas más víctimas
Enrique de Diego elsemanaldigital 11 Febrero 2006

El enemigo hereditario
Jesús Laínz elsemanaldigital 11 Febrero 2006

ETA y el Estado arrodillado
Federico Quevedo elconfidencial 11 Febrero 2006

El nacionalismo, "más allá de la justicia", se enfrenta a la verdad
Pascual Tamburri elsemanaldigital 11 Febrero 2006

¿EXISTE ESPAÑA?
José Manuel Rodríguez Pardo. minutodigital 11 Febrero 2006

Zapatero, la carta y el león (de Esparta)
Javier Orrico Periodista Digital 11 Febrero 2006

Solidaridad catalana
DANIEL REBOREDO  EL Correo 11 Febrero 2006

El Foro Ermua confirma que se reunirá en la Plaza Moyúa el próximo sábado
E. C./BILBAO El Correo 11 Febrero 2006

Fanáticos sin fronteras
Fernando Savater, EL PAÍS 11 Febrero 2006

Tenemos un gobierno que miente
EDITORIAL Libertad Digital  11 Febrero 2006

Rubalcaba lo dejó bien claro en aquella frase, pronunciada el día de reflexión de las ultimas elecciones generales: "los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta". Esperamos, en breve, su ingreso en la oposición. Pues tenemos un gobierno que miente cuando nos aseguró que se iba de Irak, que no está pactando con ETA, que el Estatuto pactado con Mas es constitucional, que las relaciones con Estados Unidos nunca han sido mejores, que las pruebas que vinculaban a ETA con los batasunos de las tierras vascas eran "insuficientes", que la destitución de Fungairiño no ha sido su decisión política, que no hay problema lingüístico en Cataluña, que la tragedia de Guadalajara fue inevitable, que Marruecos no disparó a los que saltaban la valla de Ceuta, que no se venden armas a Venezuela, que hemos ganado peso en Europa, que Aznar apoyó el golpe de estado contra Chávez, que no se habla de la OPA en una reunión secreta con los responsables de la misma o que Durao Barroso, simplemente, se pasó por aquí para saludar. Y no seguimos por no aburrir.

Hoy se ha añadido una mentira más a esa cadena. Si bien tanto los militares que viajaban en el segundo helicóptero aquel infausto día en Afganistán como sus familias han recibido presiones para no hablar con la prensa, disponemos al fin de lo que dijeron sobre el accidente a los responsables de la investigación. Y sus palabras dejan muy mal el relato de los hechos "aséptico" que hace bien poco ofrecía Bono y que consistía, en resumen, en que no se sabía que había pasado pero que, aún así, se podía afirmar que no fue un ataque y la culpa era del viento y del piloto, por volar bajo. Como si lo hiciera por un excesivo gusto por el riesgo.

El retraso en su presentación del informe, incumpliendo tanto los plazos legales como las promesas de Bono y Zapatero al respecto –ambos dijeron que estaría listo a principios octubre– y la ocultación de los datos que llevaban a sus conclusiones siempre hicieron sospechar de la veracidad de éstas. Ahora, un político socialista pretende decirnos que unos militares, únicos testigos de los hechos, mienten y él dice la verdad, pese a que no ofrece nada con que apoyarla. Un acto de fe difícil de profesar.

Si Bono creyera que nuestros militares están en Afganistán defendiendo el papel que España debe jugar en el exterior, no habría ocultado estos datos, por miedo a que se conozca que nuestros soldados consideran que sus misiones allí son "vuelos de combate" realizados en aparatos poco adecuados para ese escenario y esa finalidad, como cierto avión de triste recuerdo. Pero es de temer que piense que están ahí porque él quería sacarse una foto junto a un sonriente Rumsfeld. Y que piense que se debe ocultar lo que hacen y en qué condiciones lo hacen porque sería difícil explicar a los ciudadanos en qué se diferencia eso de estar en Irak.

Lo asombroso es que, pese a esta mentira y a todas las anteriores, el gobierno siga gozando del crédito que tiene entre los ciudadanos, según las encuestas. Quizá Rajoy y esa panda de mediocres asesores que ya se creen en el coche oficial deberían pensar por qué.

ETA
En el inicio del principio del fin
GEES Libertad Digital 11 Febrero 2006

Para el presidente del gobierno, "no está lejos el momento en el que se creen las condiciones necesarias para el inicio del proceso de diálogo con ETA". Para su ministro de Defensa, "está en trance de ocurrir que los asesinos se pongan con las manos en alto". Por el contrario, para el ministro del Interior "hace falta la máxima prudencia: la banda está viva. ETA está viva, activa y operativa". ¿Cómo explicar estas diferencias de criterio dentro de un mismo gobierno? Es más, ¿cómo es posible que en este punto las tesis de Bono sean más próximas a las de Zapatero que las de Alonso, un ministro de su total confianza?

La clave, a nuestro entender, está en la "información" que cada uno maneja y la interpretación que hace de esa información. El ministro de Defensa, siempre locuaz, ha sido el único de los tres que desveló sus fuentes. Según él, es el CNI el que le está diciendo que la situación de ETA es tan desesperada que pronto no tendrá más remedio que rendirse.

El más reservado ministro del Interior, José Antonio Alonso, no desvela sus fuentes a la hora de pedir prudencia y enfriar expectativas, pero es obvio que está influenciado por los informes de la Comisaría de Información del Cuerpo Nacional de Policía y del Servicio de Información de la Guardia Civil. Según esos informes, ETA podría estar de hecho recomponiendo su estructura operativa y no perciben ninguna señal en la banda que les indique su disposición a abandonar la lucha armada. Otra cosa es que en la situación actual le sea más rentable no cometer asesinatos que hacerlo.

Por último, las fuentes de Rodríguez Zapatero provienen directamente de quienes están llevando en su nombre la negociación con los terroristas, conversaciones que por otra parte el gobierno niega sistemáticamente que se estén produciendo. Según esas fuentes, muy próximas al Partido Socialista en Euskadi, la tregua de ETA viene siendo inminente desde hace ya demasiados meses, pero el presidente las sigue creyendo porque necesita cada vez más creerlas y que la gente se las crea. El problema de Zapatero es que tiene que manejar además con suma cautela esa información, para no delatarse a si mismo en su negociación secreta.

¿Cómo es posible que el Centro Nacional de Inteligencia mantenga una hipótesis tan distinta a la de los servicios de información de Policía y Guardia Civil? Hay tres razones que explican esa discrepancia. En primer lugar, el CNI sabe sobre ETA mucho menos que los otros dos servicios de información mencionados. En segundo término, las fuentes del CNI están más en el entorno político de la banda que en el núcleo duro de la organización y ese entorno político está mucho más esperanzado de volver a la legalidad que los pistoleros en la clandestinidad que son en última instancia quiénes deciden. Por último, el CNI tiende, por su vocación excesivamente "analítica" como único servicio de inteligencia, a construir teorías sobre determinados datos que no siempre resultan acertadas. Todo ello explicaría el mayor optimismo del CNI frente al realismo escéptico de los otros servicios.

¿Quién tiene razón? Los tres tienen una parte de razón. Los más fiables respecto a ETA, desde nuestro punto de vista, son los servicios de información policial que se muestran sumamente escépticos sobre este "inicio del principio del fin" que ha anunciado Zapatero. Pero tampoco le falta razón al CNI al afirmar que ETA se encuentra en una situación de enorme debilidad, fundamentalmente gracias a la política antiterrorista desarrollada por Aznar en sus últimos años de gobierno. Y también acierta el presidente del gobierno al creer que ETA tiene un precio político. La verdadera cuestión es si los españoles estamos dispuestos a pagar ese precio moral. Por lo visto estos días, más bien parece que no.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Sonambulismo y revolución
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 11 Febrero 2006

El puesto central que tiene la Yihad, la guerra santa, en la teología musulmana y en las relaciones internacionales del Islam, hace muy difícil ningún diálogo que no repose en el equilibrio de las relaciones de fuerza.

En la azora IX del Corán -cito por la traducción clásica de Juan Vernet-, la prohibición a los infieles de entrar en la Kaaba se completa con una invitación expresa a la propagación mesiánica de la fe: «¡Combatid a quienes no creen en Dios! (..) Combatidlos hasta que paguen la capitulación por su propia mano y ellos estén humillados». Los judíos merecen una atención especial: «¡Dios los mate!». Exégeta bonapartista del Corán, el ayatolá Jomeini devolvió a la teología musulmana su vocación revolucionaria original.

Algunos teólogos musulmanes -minoritarios- han intentado lecturas menos marciales del Corán. Incluso se multiplican, desde hace años, sucesivas tentativas de diálogo interconfesional, cristiano, judío y musulmán, que siempre han chocado en los terrenos teológicos capitales. Occidente acepta el proselitismo religioso en sus metrópolis. Es impensable que judíos, cristianos, agnósticos, politeístas o ateos vayan a predicar en tierras de Islam.

La antigua relación estratégica entre la URSS y los Estados árabes tentados por el panarabismo fracasó, en parte, como recordó Mohammed Haikal, que fue director de Al-Ahram, en tiempos de Nasser, porque rusos, europeos y americanos, en definitiva, pertenecían a un mundo muy alejado de las sociedades musulmanas. Cuando Sadat, víctima de un atentado terrorista, reintrodujo a los Hermanos Musulmanes en la vida política egipcia, se abría un nuevo frente de combate, a través de la conquista democrática del poder.

En Turquía, Argelia, Egipto o Irak los islamistas llegan al poder a través de procesos democráticos. En Irán, el Islam revolucionario aspira al liderazgo panárabe, asumiendo la defensa de los principios de la Conferencia Islámica de La Meca con vocación proselitista y marcial: propagar los genuinos valores del Corán.

En Washington y Europa se considera indispensable favorecer el triunfo de un Islam tolerante. En Madrid, el presidente Putin ha avanzado su oferta de diálogo a Hamás, que la UE y los Estados Unidos consideran una organización terrorista. Y las más altas jerarquías políticas y religiosas turcas e iraníes, participantes en la Conferencia Islámica de la Meca, han sido invitadas a trabajar en un proyecto diplomático común -Alianza de civilizaciones- e incluso han firmado un documento de trabajo con el presidente Zapatero, que, con tales operaciones, se aleja voluntariamente de los centros de poder, influencia y pensamiento occidentales, para abandonarse a una suerte de sonambulismo diplomático.

Sobre la moderación
JAIME RODRÍGUEZ ARANA* ABC 11 Febrero 2006

CUENTAN de un célebre mandatario soviético que en una ocasión se le acercó uno de sus ministros con la esperanza de ser comprendido ante las graves dificultades que encontraba para la aplicación de un determinado programa agrario. «Señor presidente, me gustaría poner en su conocimiento que este programa, que este plan es de imposible ejecución en los próximos cinco años. Mis asesores -continuó el ministro- creen haber demostrado que en este momento no se dan las condiciones propicias para su puesta en marcha». El presidente escuchó con atención las explicaciones del responsable del departamento agrícola. Tras pensar unos minutos, invitó a su colaborador a tomar asiento para explicarle lo que debía hacer. «Mire, señor ministro, lo que está diciendo no me gusta nada porque si uno de nuestros magníficos planes encuentra algún obstáculo en su camino, habrá que derribarlo. ¿Me entiende? Si el plan no se puede aplicar a la realidad, cambie la realidad: eso no es tan difícil para nosotros».

Hoy todavía colean no pocas reminiscencias del llamado pensamiento ideológico, del que el ejemplo anterior es una acabada expresión. La realidad no importa. Es el caso, nada infrecuente, en cualquiera de las orillas políticas en que nos situemos, de quienes sostienen posiciones políticas radicales, de quienes defienden posiciones políticas ideologizadas, de quienes protagonizan acciones políticas desmesuradas. Es el caso, por ejemplo, de la vuelta a la censura de la libertad de expresión, de la desnaturalización de la institución social básica del progreso social para contentar a una minoría, de las restricciones a la libertad educativa, de la transformación unilateral del modelo territorial. Cuestiones, todas ellas, que se aprueban desde lo que he denominado la dictadura de la minoría y desde la desprotección de las mayorías, puesto que a pesar de ser cuestiones medulares para la vida social, la opinión del pueblo no cuenta.

Ordinariamente, quienes toman estos derroteros del radicalismo y la ideologización lo hacen porque tienen la convicción de que disponen de la llave que soluciona todos los problemas, porque disponen del resorte mágico que cura todos los males. Esta situación deriva normalmente de pensar que se posee un conocimiento completo y definitivo de la realidad. Para ellos, la consecuencia de sus postulados es una acción política decidida que ahoga la vida de la sociedad y que cuenta entre sus componentes con el uso de los resortes del control a que someten al cuerpo social.

En las antípodas de estos planteamientos se encuentra el espacio de la moderación, del equilibrio, de la reforma razonable y humana de la realidad. Camino que suele ser, donde brilla una educación cívica sólida, la senda del progreso de los pueblos. Desde la moderación se respeta la realidad y se es consciente de que no hay fórmulas mágicas. Por supuesto que se sabe qué acciones emprender y se sabe aplicarlas con decisión, pero con la prudencia de tener en cuenta que la realidad no funciona mecánicamente ni se debe interpretar desde el pensamiento único y estático.

En este marco, la moderación no significa medias tintas, ni la aplicación de medidas políticas descafeinadas, tímidas o pusilánimes, porque la moderación se asienta en convicciones firmes y particularmente en el pleno respeto a la identidad y autonomía de cada actor social o político. En otras palabras, la moderación descansa en la bondad del pluralismo y se expresa desde las convicciones, no desde las imposiciones.

En estos días, la anécdota con la que empezaba este artículo, atribuida a Lenin, bien podría encontrarse por estos lares. Imagínense que alguno de los ministros del inquilino del palacio de La Moncloa planteara al presidente del Gobierno las dificultades de orden político o electoral que se derivarían, por ejemplo, de la reforma del Estatuto de Cataluña. «Piense, señor presidente, que nos jugamos millones de votos con estas políticas». Quizás, no lo sé, de producirse tal comentario, la respuesta fuese: «No te preocupes, el poder es lo que importa, el poder cambia la realidad y nosotros estamos convocados a la suprema tarea de instaurar una nueva democracia en la que las libertades, el modelo territorial, el sistema educativo o las instituciones sociales en su conjunto por fin encuentren su primigenio sentido».

En fin, desde la moderación, desde la contemplación de la realidad tal y como es, resulta más fácil pensar en la política como servicio al interés general. Es más fácil porque se está liberado de la esclavitud de la ideología cerrada, de esa cerrazón para ver la realidad que atenaza a quienes se empeñan por atarse a perspectivas de una única dirección. La realidad hay que conocerla, respetarla y mejorarla. La moderación, en definitiva, invita a nuevas maneras, a nuevos estilos de hacer política, mucho menos radicalizados; fundamentalmente mucho más comprometidos con los problemas reales de todos los ciudadanos. Algo que, entre nosotros, en este momento, brilla por su ausencia.

(*) Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de La Coruña

El principio del fin
TONIA ETXARRI El Correo 11 Febrero 2006

La única concreción que ha dejado sobre la mesa el presidente Zapatero es que hoy estamos algo más cerca que ayer del final de ETA pero, sobre todo, que esta anhelada imagen la veremos con el PP marginado del medallero. Vayamos por partes. Desde que el propio presidente alimentara las expectativas sobre el fin del terrorismo, hace ya más de un año, sin aportar otro dato que el de su mirada acuosa para pedir a la afición que confiásemos en él (Pedro, ¿me amas?) se han sucedido un cúmulo de casualidades de las que dentro de algún tiempo tendrá que rendir cuentas, sin duda, el fiscal general.

Y si a las casualidades (la impunidad de la ilegalizada Batasuna, puesta en cuestión en algunos casos excepcionales por el juez Grande Marlaska; el afianzamiento de las comunistas de las Tierras Vascas en el Parlamento vasco; la petición de los presos más significados de ETA para reagrupar sus condenas y salir cuanto antes en libertad sin haberse arrepentido de sus delitos; la voluntad de algunos condenados en Francia de quedarse al calorcito del ambiente que se respira ahora en España) se une una falta de transparencia en la política de La Moncloa, no parece descabellado pensar que hay motivos para la sospecha.

Desde el círculo de las víctimas (Ojo al dato: «víctimas», no confundir con «el PP», que es un juego en el que suelen caer no pocos dirigentes socialistas ) sólo ven gestos del Gobierno para agradar al entorno de ETA. El otro dato objetivo es que han transcurrido más de dos años sin tener que lamentar ningún crimen motivado por la limpieza ideológica de ETA. Pero si Zapatero decía ayer que se recoge lo que se cultiva, tendrá que admitir que si él está recogiendo, principalmente, la debilidad de ETA, se debe a la política de firmeza que ejerció el gobierno anterior cuando desplegó todos sus medios ejecutivos, policiales y judiciales para perseguir el delito terrorista.

A partir de esa debilidad, se podían haber tomado dos caminos: seguir con la lucha contra el terrorismo hasta conseguir que activistas como Pakito reconocieran, como así ocurrió, que no tenía ningún sentido seguir con su trayectoria, o echar el freno para lograr «como sea» un pacto con ETA. Zapatero ha elegido la segunda vía. Y al tirar de archivo no ha caído en la cuenta de que la sucesión de los tiempos adquiere una importancia capital. Es cierto que Aznar afirmó que «si ETA dejaba las armas» sabría ser generoso.

Pero Zapatero lo está haciendo, justamente, al revés. Ha empezado a ser generoso antes de que ETA deje las armas. Tendría que estar hablando con Rajoy a todas horas. Y con los 'Pagaza', los Múgica, los Buesa y tantos otros que se preguntan si no se le va a exigir a ETA una reparación moral, civil y política. Esa reclamación nada tiene que ver con la venganza, sino con la justicia. Que no es lo mismo.

Un precio por la paz
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 11 Febrero 2006

EL presidente sabe que bracea a favor de corriente y, porque lo sabe, tal vez no dé mucha importancia ni al sentido final del rumbo ni a la velocidad a la que discurren las aguas. Rodríguez Zapatero expresa su «convicción de que, en las actuales circunstancias, nos encontramos ante la posibilidad del comienzo del principio del fin» de la violencia -el exceso de prudencia invita a medir tanto las palabras que éstas terminan por no decir casi nada-, y hay muchos españoles que están dispuestos a creerle, aunque no sean capaces de percibir qué es exactamente lo que se les quiere vender.

Por lo que pueda venir, conviene que vayan cayendo las máscaras. «En las actuales circunstancias», como señala el presidente, muchos ciudadanos españoles del común, aquellos que viven de su esfuerzo o de sus negocios, estarían dispuestos a pagar un precio por la paz, sobre todo en el País Vasco. Sí, mal que nos pese. En la frontera que serpentea sutil entre la claudicación y la esperanza, muchos, tal vez nosotros mismos, nos mostraríamos dispuestos a cruzar la raya tratando de no mirar a atrás, no fuéramos a convertirnos en estatuas, y no precisamente de sal. Con más decisión aún si la luz con la que se nos pretende iluminar desde el poder, alimentada por no se sabe qué «informaciones privilegiadas», contribuye a disipar los límites entre esos dos territorios.

Pagar un precio por la paz, digo, y estoy exagerando. Un precio por cualquier remedo de paz, cabría afirmar con más exactitud. «En las actuales circunstancias», la tranquilidad que muchos en España estarían dispuestos a comprar no se parecería en nada al ideal de paz (perpetua) que Kant propugnaba para los Estados, pero que podría predicarse también respecto de los hombres o de las comunidades humanas; una paz asentada en el imparable despliegue de «las facultades racionales del hombre», o en el «imperio universal del Derecho».

No debería extrañarnos. Al cabo, los españoles somos europeos de nuestro siglo. Y padecemos, como ellos, los mismos síntomas de anorexia moral. Las guerras civiles europeas del siglo pasado, y sus secuelas de espantos y catástrofes humanas, han destruido nuestros anticuerpos para combatir con resolución el virus de la violencia. Queremos creer que se puede amansar a las fieras con leyes, tratados y buenas palabras. Y cuando un Ahmadineyad sin complejos juega con nuestra mala conciencia para construirse una bomba atómica, o defiende la eliminación del estado de Israel; o cuando una multitud de desheredados asaltan nuestras embajadas instigados por fanáticos religiosos o gobiernos dictatoriales, nos sumimos en la perplejidad y pedimos disculpas por algo que no hemos hecho. Sí, cuesta admitirlo, pero estamos más que dispuestos a pagar un precio por el fin de la violencia. Y Zapatero lo sabe.

Para que no haya muchas más víctimas
Enrique de Diego elsemanaldigital 11 Febrero 2006

El desarme sistemático de la capacidad de resistencia de la sociedad hace que, frente a la rendición ante ETA que se está perpetrando, se utilicen mensajes emotivos de indudable altura moral, como la memoria, la dignidad y la justicia respecto a las víctimas. Resulta, sin duda, execrable y doloroso que Parot y Pakito puedan salir de la cárcel, después de cumplir tres meses de pena por cada asesinato. ¡Qué bajo ha estado el precio de ciudadano en nuestra democracia! Por supuesto, el error está en legislaciones anteriores, pero también en un claro criterio político que lleva a acumular los delitos en uno solo.

Frente a esos argumentos, que parecen referirse al pasado, los corifeos del Gobierno, instalados en la consigna, en el pensamiento estúpido, condimento para hooligans, sugieren que se mueven en las soluciones de futuro, utilizando palabras grandilocuentes como paz.

Por de pronto, hay que decir en nombre de la lógica y el sentido común, proscritos en el momento actual, que el argumento de que ETA lleva tres años sin cometer atentados mortales no tiene peso de cara a una negociación, sino que, indudablemente, se movería en la línea contraria. Ha sido la fortaleza democrática y la puesta en práctica de un Estado de Derecho coherente lo que ha reducido el número de víctimas y lo que ha llevado a ETA a una posición de debilidad, de la que el Gobierno la va a sacar.

Estoy contra la negociación no sólo porque en sí representa un precio político sino porque va a ser la causa de muchas más víctimas en el futuro. Va a permitir, para que se empleen a fondo los servicios de propaganda del vacuo zapaterismo, que ETA vuelva a ayuntamientos y diputaciones, a que se financie con fondos públicos, a que libere a sus grupos de información, a que vuelva el miedo a las calles, e incluso a que se incremente la coacción contra los demócratas desde las instituciones vascas. Luego vendrían las depuraciones, los exilios y, para conseguir los objetivos finales, muchos más asesinatos e incluso un conflicto regional con Navarra.

No se ha aprendido de las lecciones de Munich y de Chamberlain. Estamos gobernados por un Chamberlain en pantuflas. Y hay mucha cobardía social. La sociedad ya dio muestras de su cobardía entre el 11 y el 14 de marzo. Pero una parte muy importante de esa sociedad no está dispuesta a ceder, y ha de prepararse para una resistencia larga, a ir contracorriente contra los salmones, para revertir un proceso suicida, en el que Zapatero está asumiendo una responsabilidad de la que, en su día, habrá que pedirle cuentas.

Otrosí: yo también soy danés. ¡Viva la libertad de expresión!

El enemigo hereditario
Jesús Laínz elsemanaldigital 11 Febrero 2006

 –Mentiría si dijese que me sorprendéis, pero ¿podrías explicarme qué hacéis los socialistas adoptando el ideario de los nacionalistas?

–Es difícil de explicar –respondió el parlamentario socialista catalán–. De todos modos, no todos estamos de acuerdo con lo que está pasando. Yo estoy en desacuerdo con Maragall, igual que muchos otros dentro del partido. A mí el pacto con ERC me parece un error. Y Carod es un iluminado.

–Pero, entonces, ¿cómo lo aceptáis? ¿Por qué no le decís a Maragall y a Zapatero que hasta aquí hemos llegado?

–¡Uf! La disciplina de partido es una cosa muy seria. No es tan fácil lo que dices. Además, la apuesta de Maragall –que es un proespañol de tomo y lomo, no lo dudes– fue pactar con ERC para demostrar definitivamente que incluso con ellos el riesgo de ruptura de España no existe y para acostumbrarles a que perciban España como algo que ellos también pueden y deben gobernar.

–Estrategias políticas aparte, no me has contestado a mi pregunta, pues no acabo de comprender qué hacéis los socialistas metidos a más nacionalistas que los nacionalistas. ¿Desde cuándo el nacionalismo ha sido vuestra materia? ¿No habíamos quedado en que el socialismo es internacionalista y que los asuntos digamos nacionales no son vuestra preocupación, sino los sociales, los relacionados con el progreso y la igualdad de los ciudadanos? A mí me parece que vuestra ideología os hace estar mucho más cercanos del Partido Popular que de los nacionalistas de cualquier signo. Entre otras razones porque no cuestiona la existencia de la nación que, al fin y al cabo, tenéis que gobernar hoy y que se supone que querréis seguir gobernando en el futuro.

El parlamentario dio un respingo y tardó en encontrar contestación.

–Ya, pero es que el PP, con su actitud, con ese Aznar, con la guerra de Irak, y con mil cosas más, es un partido repugnante. Había que quitarle de en medio como fuese, incluso pactando con los nacionalistas.

–No me vengas ahora con que habéis tenido que taparos la nariz para pactar con los nacionalistas, pues es lo que la izquierda viene haciendo desde hace décadas. Cualquier separatismo es progresista, simpático, digno de consideración, mientras que cualquiera que defienda la realidad nacional española es un fascista. Así lleváis setenta años y veo que no tenéis intención alguna de bajaros del burro. Seguís viendo a los nacionalistas como los compañeros de trinchera en la Guerra Civil y al PP como el bando vencedor. Por cierto, no sé que relación ideológica y orgánica habrá entre el PP y el bando vencedor en 1939, pero bueno. Por lo menos el PSOE de hoy es la misma organización que el de la República, pero el PP se ha fundado hace unos pocos años. ¿O no? ¿Os daréis cuenta alguna vez los socialistas de que vuestros verdaderos enemigos son los separatistas y dejaréis de considerar a la derecha como el enemigo hereditario?

–No.

ETA y el Estado arrodillado
Federico Quevedo elconfidencial 11 Febrero 2006

El pasado miércoles por la tarde le pregunté a Mariano Rajoy si a lo largo de estos meses había recibido alguna llamada del presidente Rodríguez para informarle sobre la marcha de la lucha antiterrorista. “No”, me contestó. “Ninguna, no se nada, no sabemos nada de lo que está pasando”. Le insistí por la última vez que había hablado con él sobre este asunto: “Fue en septiembre, en nuestro último encuentro, y entonces le pregunté si estaban hablando con ETA y me dijo que no”. Pero Rajoy no se le creyó. Como no nos lo creemos la mayoría de los españoles.

Por una razón, la de que si no hubiera contactos con la banda, no cabría tanto optimismo. Hay otra, la de que en este mismo periódico hemos contado esos contactos con pelos y señales. Rajoy no ha hablado con Rodríguez sobre la lucha contra el terrorismo. No lo ha hecho desde hace muchos meses, a pesar de que a ambos partidos les unía un Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que el Gobierno ha hecho naufragar en las procelosas aguas de la negociación secreta con los asesinos.

Ayer, el presidente Rodríguez ofreció una inesperada rueda de prensa, anunciada con un par de días de antelación, dedicada casi en su integridad a atacar al PP por su deslealtad. No cabe tamaña osadía. El presidente que se ha negado en repetidas ocasiones a convocar el Pacto Antiterrorista, el presidente que lo ha dado por roto para satisfacción de ETA y de Batasuna, el presidente que ha favorecido la presencia de la nueva marca de los terroristas en el Parlamento Vasco (PCTV), el presidente que hubiera permitido el congreso de Batasuna alegando el derecho de reunión, el presidente que ha permitido la depuración del fiscal Fungairiño para facilitar la acumulación de penas a terroristas como Henry Parot, el presidente Rodríguez se atreve a acusar de deslealtad a un partido que hizo de la lucha contra ETA y su derrota un empeño, casi una obsesión.

Dice Rodríguez que hace más de dos años que no hay atentados mortales. No es verdad: todavía no está claro que ETA no tuviera nada que ver en los atentados del 11-M, y mientras esa incógnita no se despeje, y el Gobierno no hace nada por conseguirlo, la duda permanece porque los indicios son, como le gusta decir a Rodríguez, “incontestables”.

¿Qué es lo que se está negociando? ¿Por qué no despejó ayer Rodríguez las dudas que planean sobre una posible cesión del Estado al chantaje terrorista? Quizás porque, más que dudas, son certezas. Después de treinta años de lucha sin cuartel contra la banda terrorista, ahora el Gobierno habla de “proceso de paz”, situando a las víctimas al mismo nivel que sus verdugos. ¿Tanta sangre para tan poca gallardía? Rodríguez no fue capaz ayer de desvelar el contenido de esas conversaciones. El mismo Rodríguez que se ha hartado de decir que no había negociaciones, afirmaba ayer, sin pudor alguno, que el Gobierno “tiene información” sobre el deseo de paz de la sociedad vasca. ¿Qué información? ¿Quién se la ha facilitado? ¿A cambio de qué?

Por primera vez en los últimos diez años de lucha contra el terrorismo, el único que hace gestos en una dirección es el Estado de Derecho, es la democracia, mientras los terroristas limpian sus armas y se preparan para poner sobre la mesa las condiciones de una tregua que no sabemos si será un abandono definitivo de las armas, o una tregua parcial, o un silencio de la bombas limitado geográficamente al País Vasco y Cataluña.

¿Cuál es el precio? ¿La salida progresiva de los presos de la cárcel? ¿La autodeterminación? ¿Por qué Rodríguez no responde a todo eso en lugar de atacar al PP? Quizás porque no tiene argumentos, porque probablemente piense que los ciudadanos, a cambio de la paz, aceptarán lo que sea. Es posible que no le falte razón, pero eso es jugar con fuego y faltar a la responsabilidad de un gobernante. Los estados democráticos no pueden ceder al chantaje de los terroristas, porque la consecuencia de hacerlo suele ser más terrorismo.

La claudicación es una derrota sin paliativos, y a partir de ella los terroristas se crecen y buscan del Estado arrodillado más concesiones de las que éste puede soportar. ¿Estamos dispuestos a ver salir a la calle a asesinos despiadados con decenas de delitos de sangre a sus espaldas, sin que ni siquiera hayan pedido perdón por haber segado la vida de niños, mujeres, ancianos, soldados, policías y políticos, todos ellos inocentes en una espiral de barbarie, odio y terror que se ha cobrado más de mil víctimas?

Esa es la pregunta a la que tiene que contestar Rodríguez Zapatero y, derivada de ella, la de cuál va a ser la concesión del Estado. Hay algo que me agobia todavía más que la certeza de la cesión: la evidencia del oscurantismo. El modo en que este Gobierno lleva a cabo sus proyectos con una absoluta ausencia de transparencia y una deslealtad sin límites al Estado de Derecho y los valores esenciales de la Democracia: desde el pacto del Estatuto, a la OPA de Gas Natural, pasando por la negociación con ETA.

Igual se cierra con Artur Mas un acuerdo que a día de hoy sigue siendo una incógnita, que se reúne el presidente con los actores principales de la OPA en una cena en la que se afirma, sin tapujos, que la operación saldrá adelante “como sea” –puro estilo Rodríguez para conseguir sus objetivos-, que se cita en secreto con Durao Barroso, que se negocia a espaldas del Estado de Derecho con los terroristas. La nuestra es, hoy por hoy, una democracia secuestrada con nocturnidad y alevosía.

fquevedo@elconfidencial.com

El nacionalismo, "más allá de la justicia", se enfrenta a la verdad
Pascual Tamburri elsemanaldigital 11 Febrero 2006

Esta semana no hay memez que comentar ni memos que delatar. Es decir, los hay en abundancia, pero la situación de España en general y de Navarra en particular me obliga a explicarles a ustedes otras cosas más urgentes y tal vez más graves. Aunque, mal que le pese a mi amiga Maite Soroa, van a ver ustedes cómo esta semana el nacionalismo vasco nos ha demostrado que "no hay tonto bueno", y que de incapaz o ignorante a malvado hay sólo un paso. El mismo que separa la mentira de la injusticia.

En medio de los rumores de tregua, el nacionalismo vasco teóricamente moderado está llenando todos los canales de comunicación con la idea de que para que ETA deje de matar será necesario ir "más allá de la estricta justicia" con los asesinos. Es decir, que será necesario olvidar sus delitos y sacarlos a la calle por la puerta grande. El portavoz del PNV, Iñigo Urkullu, y Joseba Azkarraga, de EA, acaban de expresar su total respaldo a los acuerdos que pudieran adoptarse en una mesa entre ETA y el Gobierno español. Elkarri ha declarado en Pamplona que estamos ante "una gran oportunidad de mejorar y corregir aquello que no ha funcionado bien". Y ya desde 2002 los jesuitas y asimilados andan mezclando cuestiones de moral individual cristiana con las decisiones de la Justicia, sugiriendo que "perdonar es ir más allá de la justicia".

La verdad es que el nacionalismo vasco, en sus actuales maniobras al calor de la debilidad de Zapatero, del renacimiento de ETA y del ejemplo catalán, tiene sólo dos problemas insoslayables: las víctimas del terrorismo y la verdad histórica. Una vez calladas las voces de quienes murieron a manos de los ejecutores del proyecto nacionalistas y una vez tergiversado el pasado para buscar en él razones para una identidad futura, los discípulos de Sabino Arana y de Federico Krutwig se las prometen muy felices.

Por esa razón –para legitimar la "construcción nacional"- el nacionalismo necesita hacer las dos cosas a la vez. Son dos formas de mentira, y dos formas de injusticia, que no pueden divorciarse. Necesitan negar la dignidad de las víctimas para afirmar la de los verdugos, y negar la verdad del pasado para dar legitimidad –no democrática, por cierto- al futuro que quieren dejar en manos de esos mismos verdugos.

Por eso es muy lógico que en la página web de Nabarralde (grupo de nacionalistas de estricta observancia) haya aparecido una crítica cercana al insulto de la exposición La edad de un Reyno que el Gobierno de Navarra organiza sobre la historia de la Navarra medieval. La verdad histórica, contada ahora además de una manera didáctica y con un esfuerzo de medios sin precedentes, no es opinable. Pero sí es ofensiva para quienes pretenden crear una nueva comunidad política a partir de la invención de un pasado.

Lamento personalmente que esa negación de la verdad pasada haya estado financiada con fondos públicos navarros, sobre todo porque su meta es la destrucción del espacio privativo navarro. En su propio lenguaje, creo que eso es otro "déficit del actual marco de convivencia", que nuestras autoridades deberán corregir. Sobre todo porque, si no lo hacen, estarán contribuyendo a la mentira y a la injusticia, en sus dos vertientes necesariamente asociadas.

Algunos creerán que esto es "esencialismo" y citarán a Reinhardt Kosellek y demás relativistas. Pero sucede que los hechos fueron de una manera concreta, y el historiador debe intentar describirlos e interpretarlos, del mismo modo en que el juez imparte justicia. Es una estafa inaceptable del nacionalismo el intento de negar la verdad en nombre de la relatividad de los hechos, y después afirmar un nacionalismo etnicista basado en unos referentes que son objetivamente… falsos. ¿Saben que mienten o lo hacen por ignorancia? En algunos casos cabe dudar de la buena voluntad. En otros, por desgracia, no. Así que, señores, si quieren hacer algo que hiere profundamente a los amigos de Parot, visiten en Pamplona La edad de un Reyno.

¿EXISTE ESPAÑA?
José Manuel Rodríguez Pardo. minutodigital 11 Febrero 2006

Esta pregunta ha pasado de ser una obviedad a convertirse en el auténtico tema de nuestro tiempo. La Constitución de 1978 y su tolerancia hacia el nacionalismo fraccionario, incrementada dramáticamente por el actual gobierno socialista, nos ha llevado a una situación en la que la existencia de España es puesta en entredicho. Señala Gustavo Bueno en España no es un mito que la pregunta “¿Existe España?” puede formularse con dos entonaciones distintas, apelativa y representativa. La primera sería la propia de los nacionalistas, quienes aprovechando fondos públicos y sus propios gobiernos autonómicos y regionales, cuentan con un nutrido grupo de periodistas e intelectuales que ejercen el papel de mercenarios a sueldo, encargados de difundir su ideario separatista. No podemos poner mejor ejemplo de esta circunstancia que el diario catalán Avui, que descalificó a las madres de los militares españoles tildándolas de prostitutas; idéntico calificativo vertió otro mercenario, el actor Pepe Rubianes, sobre España en la televisión pública. Respecto a tales insultos, lo único que podemos desear es que la querella contra Rubianes presentada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española fructifique y todo el peso de la ley caiga sobre este sujeto.

Sin embargo, tras estos groseros insultos proferidos contra España, tanto el diario Avui como Rubianes han entonado a regañadientes una disculpa, que a pesar de su nula sinceridad deja en evidencia su impotencia para cumplir sus objetivos. Pese a su deseo explícito de dejar de ser españoles, la realidad es demasiado tozuda y tienen que reconocer que ellos también lo son, al igual que el futbolista Oleguer tuvo que acudir a la llamada de la selección de España tras haber realizado poco antes campaña a favor de la selección catalana de fútbol. De hecho, nada parece irritarles más a los nacionalistas, ya sean vascos, catalanes, gallegos, asturianos, etc., que recordarles que sus respectivas nacionalidades no existen sin España.

La segunda entonación de la pregunta titular, la representativa, señala distintos presentes históricos en los que presuntamente España no existiría: por ejemplo, para quienes crean en la alianza de civilizaciones (como el presidente Zapatero), España desaparecería en 1492, cuando se produce la expulsión de judíos y musulmanes, esfumándose la denominada España de las Tres Culturas; para quienes defiendan la democracia como el valor más importante, España dejaría de existir en 1939 con la victoria franquista, para renacer con la muerte de Franco y la democracia actual. Pero quienes no comulguen con la alianza de civilizaciones verán que la España de las Tres Culturas jamás existió; basta ver la violencia y fanatismo islamista contra unas simples caricaturas de Mahoma para entender con claridad el “diálogo” que el Islam, que aún vive en el siglo XV, propuso tanto a judíos como a cristianos. Asimismo, quienes no comulguen con el fundamentalismo democrático, comprobarán que durante el franquismo se produjo la transformación de España en una de las economías más desarrolladas del mundo, gracias a la cual disfrutamos nuestro bienestar actual.

Frente a quienes tanto de forma apelativa como representativa niegan a España, podemos responder que España aún existe hoy, pues todavía hay quienes están dispuestos a defenderla, ya sea por vía dialéctica, como la Fundación para la Defensa de la Nación Española, o por medio de las armas, como el general Mena, quien siguiendo la tradición cervantiana que propugna la superioridad de las armas sobre las letras (las leyes) advirtió que sería necesario intervenir militarmente si el Estatuto de Cataluña sobrepasaba los límites constitucionales.

Zapatero, la carta y el león (de Esparta)
Javier Orrico Periodista Digital 11 Febrero 2006

Me he sentido hondamente reconfortado al saber que Rodríguez ZP había firmado con el primer ministro turco, el integrista islámico Erdogan, una carta de condena de las caricaturas de Mahoma, aparecidas en un diario danés, que han dado lugar a una devastadora oleada de santa ira contra los intereses europeos en todos los países seguidores del Islam. ZP practica así, con absoluta coherencia –no es cierto que Zapatero sea siempre falso, hipócrita y un redomado mentiroso, como flatulencian sus enemigos- la anunciada Alianza de Civilizaciones cuyo verdadero rostro vemos aquí materializado. Consiste en no oponerse irresponsablemente a las posiciones del islamismo, ni hacer una exhibición innecesaria de los principios democráticos, tan culpables y decadentes a los ojos de los mahometanos, además de ofrecer algunos tributos simbólicos o reales, que bien poco nos cuestan, para calmar a quienes proclaman su rencor hacia Occidente.

Hay que intentar aplacar las ansias de degollina de los islamistas antes de que pretendan llevarlas a cabo y nos pillen sonrientes y desprevenidos. Semejante estrategia la practicaron ya, con resultados conocidos, los Reinos de Taifas andalusíes ante las invasiones que acudían desde el Magreb a salvar del pecado a sus hermanos corrompidos, los árabes españoles. Y aquel Al-Andalus posterior a Almanzor es, al fin, lo más parecido al modelo plurinacional, confederal y asimétrico que Rodríguez está levantando para salvar a España de la tentación de enfrentarse a sus enemigos y que la aplasten.

A lo que estamos asistiendo es a una justificada ofensiva contra Europa que, por otra parte, si la sabemos incorporar a nuesta experiencia histórica, podría resultarnos sumamente útil. Asesinatos, quema de edificios, ofensas a las banderas, boicot a los productos de unos países que les han mandado -como en el caso de los palestinos votantes de Hamás- toneladas de subvenciones sin las cuales habrían desaparecido, y hasta llamadas a negar y reírse del Holocausto judío como la que ha realizado Irán, y todo para responder a unos chistes, dan la medida exacta de lo que cabe esperar de esta morisma a la que crecientemente damos cobijo en nuestro territorio para que no se nos excite.

La quema de la bandera española, por ejemplo, a pesar de nuestra retirada de Irak y de nuestra diplomacia de la rendición, debería resultar un signo patente de que tenemos que marcar con mucha más claridad nuestra disposición a abrir brechas en el frente occidental. Para ellos, lógicamente, todos los occidentales somos los mismos: una cultura cristiana que ha producido libertad, riqueza, justicia, igualdad y desarrollo como nunca se habían conocido, y que les recuerda, con su mera existencia, un desequilibrio insultante respecto de los notorios esfuerzos islámicos para dar a sus pueblos un bienestar parecido sin salir del Medievo. Desviar contra Occidente el obvio resentimiento que agitan quienes realizan odiosas comparaciones, resulta un acto de reparación necesario, además de muy beneficioso para unas élites musulmanas, inmensamente ricas, a las que les parece de perlas, y de ahí su admiración por Zapatero, que las masas fanatizadas por el Islam quieran cortarnos el cuello a nosotros antes que a sus tiranos, o sea, a ellos.

Nadie ha de extrañarse por eso, y de ahí la pertinencia de la carta, de que frente a los gritos de exterminio que se oyen en las calles de Oriente –el exterminio de los infieles, empezando por Israel-, los países más entreguistas seamos los latinos. Y entre los latinos, sobre todo los españoles, que ya probamos el fin de Roma por dos veces y estamos más preparados. Afortunadamente, la vieja España está hoy gobernada otra vez por don Rodríguez y los hijos de Witiza.

Menos mal que ya sólo resisten algunos germanos irreductibles, aquellos bárbaros que acabaron cristianizados y que fueron los primeros en intentar lo que no hemos conseguido en 1500 años: reconstruir la unidad europea que ellos mismos habían roto. Anglos y sajones, daneses, escandinavos... vikingos poco habituados a las invasiones, siguen queriéndose hoy herederos de aquella Roma que creyeron vencer, de aquel sentido de la civilización que les arrastrará inútilmente. Veremos en qué acaban sus provocaciones el día en que los muecines, desde las torres de las mezquitas de Europa, a las órdenes de Persia y de Damasco, llamen a sus fieles al combate, y millones de islamistas se dispongan a degollarnos en nombre de Alá. Pero a nosotros siempre nos quedará Zapatero. El león de Esparta de León. Alivia saberlo al frente de nuestras tropas.

Solidaridad catalana
DANIEL REBOREDO /HISTORIADOR EL Correo 11 Febrero 2006

La situación política que vive la España del siglo XXI es harto preocupante por varias razones, entre las que destaca el nuevo Estatuto catalán. Lo que no tendría que generar más que la lógica negociación entre partes para mejorar lo ya existente se ha convertido, como por otra parte siempre ha ocurrido en este país, en una lucha sin reglas y sin conciencia. De ahí que los extremismos hayan adquirido un protagonismo excesivo y ensucien, cada vez más, la mediocre vida política española. Nos encontramos en una coyuntura en la que los proyectos de reforma estatutaria llegarán al Congreso en cascada, ya que casi todas las autonomías desean que se aprueben antes de las elecciones autonómicas de mayo de 2007, para lo cual deben llegar a las Cortes durante el año en que nos encontramos. Sin entrar en la discusión sobre las posturas que califican el Estatuto catalán como un despropósito constitucional, político y social y aquéllas que lo consideran como un derecho natural e irrenunciable, queremos 'recuperar', aprovechando esta situación, un momento histórico que ya recoge las posiciones y el desconcierto del mundo político español actual.

Hagamos historia. Cuando en las postrimerías de la Guerra de Sucesión el primer Borbón español, Felipe V, ocupó Barcelona (14 de septiembre de 1714), las instituciones catalanas 'desaparecieron' al mismo tiempo que las tropas hispano-francesas que ocupaban la ciudad. Casi dos siglos después, en 1898, España perdió sus últimas posesiones coloniales en Cuba y Filipinas, lo cual no sólo conllevó una crisis de confianza importante, sino que favoreció el renacimiento del catalanismo político. El 25 de abril de 1901 nació la Liga Regionalista (Lliga), que fusionó al Centro Nacional Catalán y a la Unión Regionalista y que podríamos definir como fuerza autonomista de derechas. La tendencia unificadora del siglo XIX se orientó a 'constreñir' cualquier vestigio de la personalidad catalana, aunque en los últimos años del mismo el catalanismo maduró en los hechos y en las ideas, formulando sus bases doctrinales, tanto en el campo progresista como en el conservador, al mismo tiempo que se redactaban los primeros programas políticos (Bases de Manresa, 1892), y a generar un amplio movimiento cultural.

El nacionalismo catalán, al igual que otras corrientes nacionalistas, se trasformó en organismos políticos más consolidados en los primeros años del siglo XX. De 1905 a 1907 se sucedieron varios gobiernos liberales en la España de la Restauración que tuvieron que apoyarse en el Ejército y los militares debido a su propia debilidad. A finales de 1905, el Gobierno de Madrid ratificó su centralismo y los hechos de 25 de noviembre fueron cruciales para consolidar esta tendencia. La noche del citado día un grupo de militares de la guarnición de Barcelona asaltaron la redacción y la imprenta del semanario satírico 'Cu-cut' y la redacción de 'La Veu de Catalunya'. Lo que había generado este comportamiento fue un dibujo publicado en el primero, que fue considerado ofensivo por el hecho de ironizar sobre el desastre militar en Cuba y Filipinas. El Gobierno español no castigó estos hechos e incluso varios medios de prensa elogiaron la actitud de los militares en su actuación represiva sobre estos dos periódicos. Fueron suspendidas las garantías constitucionales y cayó el Gobierno de Eugenio Montero Ríos, al que consideraban muy blando, y asumió el poder Segismundo Moret, quien, a pesar de su liberalismo, aprobó, previa votación del 20 de marzo de 1906, tres días más tarde una Ley de Jurisdicciones especificando que la justicia militar se encargaría de defender todas las ofensas que sobre el Ejército, la patria y sus símbolos se pudieran llevar a cabo. Esta ley marcó inequívocamente el carácter militarista de la Monarquía y la impotencia de los liberales históricos.

Previamente, cuando se discutía sobre la citada ley, y ante la actitud del Ejército, los miembros de la Lliga decidieron en Gerona, junto con otras fuerzas políticas, el 11 de febrero de 1906 -hace un siglo-, formar un grupo político patriótico que defendiera los derechos y la personalidad catalana frente a los ataques centralistas. El movimiento autonomista estuvo formado por partidos políticos tan diferentes como la Lliga, los carlistas, los antiguos miembros de Unión Catalanista, los de Unión Republicana, los nacionalistas de izquierdas, los republicanos federales y los independientes. Sólo quedaron fuera de la iniciativa los partidos dinásticos y los republicanos de Lerroux. Un mes más tarde, el 11 de marzo, se celebró la denominada 'Fiesta del Homenaje', con la que se quiso agradecer el comportamiento de todos aquellos diputados que se oponían a la ley y en la que se dio a conocer su manifiesto, y el 22 de mayo una manifestación de apoyo a la iniciativa recorrió Barcelona. En las elecciones generales de 1907, Solidaridad Catalana obtuvo 41 de los 44 escaños que Cataluña tenía en el Congreso de los Diputados, lo que supuso un éxito sin precedentes para el catalanismo político y para sus dos miembros más destacados, Enrique Prat de la Riba y Francisco Cambó.

A pesar del éxito electoral, las fuerzas políticas del movimiento eran tan heterogéneas que resultaba difícil que continuaran actuando juntas durante mucho tiempo. Cambó y los diputados regionalistas capitalizaron el grupo parlamentario en beneficio de la política de la Lliga. Ante un abanico de ideas tan amplio, los conflictos no tardaron en aparecer y ya desde el Programa del Tívoli, previo a las elecciones de 1907, los tópicos superaron a las realidades y provocaron una crisis en 1908 que junto con la Semana Trágica de Barcelona, que hizo caer al Gobierno Maura en 1909, y el asesinato de Canalejas en 1912, eliminaron cualquier vestigio del movimiento. Aunque los tres acontecimientos tuvieron importancia, sólo los de 1909 y sus consecuencias fueron determinantes, ya que la burguesía catalana y la Lliga apoyaron la dura represión de los mismos y, en cambio, la izquierda y el obrerismo la criticaron y rechazaron.

Solidaridad Catalana se fracturó irremediablemente y desapareció. Los intereses, las ansias de poder y las discrepancias particularistas fueron su ruina. Ruina que es la de la propia España; la de la España liberal decimonónica y la que hoy forma parte de la Unión Europea. Recordemos nuestro actual Gobierno, los pactos del mismo y algunos de sus integrantes; recordemos las actitudes de la oposición; recordemos la insaciabilidad nacionalista. Malos tiempos para la libertad y los valores ilustrados. Buena época para los intransigentes, con máscara o sin ella, y para los demócratas de pacotilla. La ruinas de nuevo. Pero, ¿qué ruinas? Las del pasado, las que plasman el mensaje del pasado hacia el presente, las que sólo ofrecen futuro si recuperan el pasado. Mientras tanto, sufrimos un presente sin pasado y sin futuro que nos aboca al nihilismo y a la destrucción física. La intelectual ya forma parte de nosotros.

El Foro Ermua confirma que se reunirá en la Plaza Moyúa el próximo sábado
E. C./BILBAO El Correo 11 Febrero 2006

El Foro Ermua envió ayer una carta al alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, en la que confirma su intención de celebrar un acto el próximo día 18 en la Plaza Moyúa de Bilbao, «evitando en lo posible dificultar el desarrollo de la vida ciudadana».

El colectivo cívico respondió así a la intención del Ayuntamiento de cambiar de ubicación este acto. Sus responsables subrayaron la «actitud de colaboración» mantenida con las autoridades municipales para reducir las molestias. En este sentido, anunciaron que contarán con un estrado distinto al contratado en un primer momento para dejar libre al tráfico un carril de la plaza, pese a los «gastos adicionales».

Eso sí, el Foro Ermua aprovechó la misiva para solicitar al alcalde la posibilidad de acogerse a alguna subvención municipal «para sufragar estos gastos, que suponen un importante quebranto a nuestras precarias condiciones financieras».

El acto en defensa del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo está convocado para el sábado 18 a las doce y media. El Foro Ermua confió en que, finalmente, se corte el tráfico en la Plaza Moyúa un tiempo antes y se pueda contar con la ayuda de la Policía Municipal.

Este colectivo recordó que ese mismo día hay convocada en Bilbao una manifestación en contra del juicio por el sumario 18/98 y reclamaron a Azkuna que impida este acto «de los verdaderos enemigos del orden público y de la democracia».

Por último, el Foro Ermua reiteró su llamamiento a los ciudadanos vascos y de toda España a que con su presencia «proclamen abiertamente su respaldo al sistema y a la legalidad constitucional y un rotundo rechazo a la política de concesiones hacia ETA».

Fanáticos sin fronteras
Fernando Savater, EL PAÍS 11 Febrero 2006

Mala racha llevamos con las reacciones suscitadas por el conflicto de intolerancia frente a permisividad suscitado por las caricaturas mahometanas publicadas en un periódico danés. Nuestros mentores ideológicos estaban un poco adormilados y el estruendo feroz que les ha despertado ha sido tan súbito que no les ha dado tiempo a despejarse. Jean Daniel nos informaba en estas mismas páginas de que él acepta la blasfemia siempre que vaya acompañada de buen gusto y dignidad artística: es de los que sólo disfrutan los strip-teases cuando se realizan con música de Mozart, que para eso estamos en su aniversario. Sami Naïr se empeña en que se trata de una provocación de la extrema derecha, explicación que padece el doble defecto de que no viene a cuento (¿acaso debe carecer de libertad de expresión la extrema derecha?) y de que es falsa (mejor informado, el corresponsal de EL PAÍS, Antonio Caño, aclara (6 de febrero de 2006) que el Jyllands-Posten es "una publicación de centro derecha, seria y respetada"). El presidente Zapatero, junto con el premier turco Erdogan, comunican al universo su reprobación de las insultantes caricaturas (por cierto, ¿oiremos a nuestro mandatario comentar la excarcelación dentro de unos meses del serial killer Henri Parot diciendo que "puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente, y debe ser rechazada desde el punto de vista moral y político"?). El flamante premio Cervantes Sergio Pitol opina que los insultos a Mahoma son enormemente irreverentes y agresivos, lo que me recuerda que John Le Carré consideró la fetua contra Salman Rushdie como consecuencia de la arrogancia irresponsable del escritor (cuando conozco los dictámenes de ciertos escritores comprometidos sobre problemas concretos, me hago partidario del arte por el arte). Por supuesto, diversos teólogos, algún cardenal y algún gran rabino, han hecho oír su solidaridad gremial con los piadosos y feroces ofendidos: todas las iglesias conservan cierta envidiosa nostalgia de las fes que aún tienen fanáticos como cuerpo de guardia, porque sólo se resignan a inspirar respeto cuando ya no pueden inspirar miedo... ¡ah, los buenos tiempos! Etc., etc...

Desde luego, también hemos escuchado a muchos defender con vehemencia la sacrosanta libertad de expresión. Y hablar de que no debe utilizarse para faltar al respeto debido al prójimo. ¿Por qué lo llaman respeto cuando quieren decir miedo? Uno respeta mucho más a otro cuando le hace bromas o críticas, incluso de mal gusto, porque le considera un ser civilizado que no va a asesinarle por ello... que cuando guarda pío silencio y baja los ojos ante quien considera un loco furioso, capaz de partirle la cabeza a hachazos. Pero tampoco tengo claro dónde está la falta de respeto de esas caricaturas. Ya sé -me lo dijo Cioran- que todas las religiones son cruzadas contra el sentido del humor, pero me niego a creer que mil quinientos millones de musulmanes tengan forzosamente que sentirse ofendidos por ellas: sería tomarles a todos por imbéciles, lo que me parece sumamente injusto. Si yo fuera musulmán, hipótesis ahora improbable pero nunca se sabe, consideraría el dibujo de Mahoma con una bomba escondida en el turbante como una sátira contra quienes utilizan bárbaramente su doctrina para justificar atentados de inspiración política. Y me preguntaría, como hizo el semanario jordano Shihane, "qué perjudica más al Islam, esas caricaturas o bien un secuestrador que degüella a su víctima ante las cámaras". Desgraciadamente no tendremos ya respuesta ni debate, porque el semanario fue de inmediato cerrado y su director despedido. Sin embargo, como escribe en Charlie-Hebdo Tewfik Allal, portavoz de la asociación del Manifiesto de las Libertades (creada en 2004 por franceses de cultura musulmana), "hay ciertamente mucha gente que piensa lo mismo en tierras del Islam, pero no tienen derecho a decirlo: es a ellos a quienes falta más gravemente la libertad de expresión". Quizá esas caricaturas no ofenden ni a todos los musulmanes ni a quienes viviendo en teocracias no comparten esa religión pero tienen que disimular: al contrario, quizá expresan el más secreto y sincero pensamiento de tantos que están hoy reprimiendo por temor sus ganas de desahogarse intestinalmente sobre los mahomas de pacotilla que les oprimen...

Pero lo que me extraña, lo que no he leído ni oído a nadie aunque esté implícito en bastantes comentarios, es que lo amenazado en nuestras democracias no es sólo ni a mi juicio principalmente la libertad de expresión. No, lo que nos estamos jugando es precisamente la libertad religiosa. Y ello por una doble vía. En primer lugar, porque la libertad religiosa en los países democráticos se basa en el principio de que la religión es un derecho de cada cual pero no un deber de los demás ciudadanos ni de la sociedad en su conjunto. Cada cual puede creer y venerar a su modo, pero sin pretender que ello obligue a nadie más. Tal como ha explicado bien José Antonio Marina en su reciente Por qué soy cristiano, cada uno puede cultivar su "verdad privada" religiosa pero estando dispuesto llegado el caso a ceder ante la "verdad pública" científica o legal que debemos compartir. La religión es algo íntimo que puede expresarse públicamente pero a título privado: y como todo lo que aparece en el espacio público, se arriesga a críticas, apostillas y también a irreverencias. Hay quien se muestra muy cortés con todos los credos y quien se carcajea al paso de las procesiones: cuestión de carácter, cosas del pluralismo.

En segundo lugar, hay personas cuya convicción en el terreno religioso no es una fe en algo sobrenatural, sino un naturalismo racionalista que denuncia como nefastas para la humanidad las supersticiones y las leyendas convertidas en dogmas. Tienen derecho a practicar su vocación religiosa como los demás y son tan piadosos como cualquiera... a su modo. Voltaire o Freud son parte de nuestra historia de la religión ni más ni menos que Tomás de Aquino. Con el valor añadido de que sus creencias racionalistas han colaborado con el fundamento de la democracia moderna, la ciencia y el desarrollo de los derechos humanos en mucha mayor medida que los artículos de fe de cualquier otra iglesia. Las algaradas multitudinarias en las teocracias islámicas están prefabricadas sin duda por sus dirigentes, como las manifestaciones por un Gibraltar español que organizaba cada cierto tiempo el régimen de Franco. Pero lo que pretende el imán Abú Labán en Dinamarca, o los feligreses de la mezquita de Regent Park londinense, que se manifiestan con pancartas en las que se lee "Prepararos para un verdadero holocausto" o "Liberalism go to hell!", es acabar con la libertad religiosa de las democracias y sustituirla por una especie de-politeocratismo en el que deberán ser "respetados" (léase temidos) los integristas intocables de cada una de las doctrinas y no tendrán sitio los que se oponen por cuestión de honradez intelectual a todas ellas. Es algo de lo que no faltan signos inquietantes también en las reclamaciones intransigentes de otras confesiones.

Quienes hemos tenido que convivir con fanáticos de tendencias criminales (valga el pleonasmo) nacionalistas, sabemos por experiencia que no hay peor política que darles la razón a medias. Por supuesto, ello no es óbice para que no deba recomendarse la prudencia y la delicadeza en las relaciones con los demás: no es recomendable zaherir a los vecinos, ni reírse del peluquín del jefe si se le va a pedir aumento de sueldo. Para los casos litigiosos están las leyes y los tribunales, a los que puede acudirse cuando alguien considera que el ultraje sufrido va más allá de lo tolerable. Pero por lo general nada es más imprudente que seguir las atemorizadas reglas de una prudencia meramente temblorosa. De modo que, mientras me dejen, me atengo mejor al credo propuesto por el ex situacionista Raoul Vaneigem: "Nada es sagrado. Todo el mundo tiene derecho a criticar, a burlarse, a ridiculizar todas las religiones, todas las ideologías, todos los sistemas conceptuales, todos los pensamientos. Tenemos derecho a poner a parir a todos los dioses, mesías, profetas, papas, popes, rabinos, imanes, bonzos, pastores, gurús, así como a los jefes de Estado, los reyes, los caudillos de todo tipo...". Amén.
(Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid)
 

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