AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 12 Febrero  2006
Circo
JON JUARISTI ABC 12 Febrero 2006

Zapatero en «la tierra del martirio español»
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 12 Febrero 2006

La OPA, un nuevo antenicidio
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2006

El error de Putin con Hamás
Editorial ABC 12 Febrero 2006

La gota que colma el vaso
Ignacio Cosidó Libertad Digital 12 Febrero 2006

¿Qué derechos históricos?
JUAN VANRELL NADAL * ABC 12 Febrero 2006

Lágrimas en el desierto
FRANCISCO DE ANDRÉS ABC 12 Febrero 2006

Enganchados al petróleo
Victor Davis Hanson Libertad Digital 12 Febrero 2006

Diez años del espíritu de «manos blancas»
Ricardo Coarasa La Razón 12 Febrero 2006

ETA ordenó en diciembre intensificar la campaña de amenazas contra la prensa
Libertad Digital 12 Febrero 2006

El Mundo acusa a El País de publicar "patrañas" para "apaciguar la mala conciencia" por su silencio sobre los GAL
Libertad Digital 12 Febrero 2006

Buesa acusa al Gobierno de buscar que fracase la marcha de la AVT
ABC 12 Febrero 2006

El Defensor del Pueblo pide la rendición de ETA, 'con vencedores y vencidos'
EL MUNDO 12 Febrero 2006

Derechos históricos
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 12 Febrero 2006

Circo
JON JUARISTI ABC 12 Febrero 2006

INTRODUCCIÓN prosaica: el viernes, tras casi un bienio de éxtasis y chalaneo, la Catástrofe que aflige España convirtió definitivamente la política en un circo. Rajoy le acusa de mentir. No estoy de acuerdo. En la conferencia de prensa monclovita sólo se escuchó un entimema cojo, una fracción de anacoluto enloquecido, un crepitar de alalia estrepitosa. No era una mentira, pues, para serlo, habría requerido un mínimo de lógica asertiva. Si yo digo, por ejemplo, que puede que estemos al comienzo del fin del mundo, pero que hay que ser prudentes porque el proceso será complicado y difícil, tamaña cantinflada provocará la risa de quien me escuche. Ahora bien, si cambio mundo por ETA o terrorismo, parecerá que doy una esperanza, pero no habré mentido, porque puede que sí, puede que no o quién sabe qué puede. Y ahora, la glosa poética.

Si además, al comienzo, me pongo categórico, anteponiendo al «puede» un «puedo afirmar que», resultaré más cómico si al mundo me refiero, pero, tratando de ETA, os sobrecogeré. No precisa retórica, pues lo hace todo quisque: la vecina de al lado y el chico del café. Mientras me como un churro, hojeando los periódicos, pregunta un parroquiano, con infundada fe, «usted que sabe de esto, ¿se arreglará algún día la cosa de la ETA? ¿Qué le parece a usted?». Y uno, que sólo intenta tomar su desayuno en paz, responde: «Puede». Y es lo único que sé: que un triste se consuela con tristes vaguedades («me lo ha dicho un experto», comentará después). Y si le pongo cejas de experto circunflejo y, en lugar de aquel «puede», proclamo yo a mi vez «puedo afirmar que puede», se irá tan convencido de que la vida es Jauja que cogerá otro tren y no llegará en punto al tajo allá en Vicálvaro. Se bajará perplejo quizá en Carabanchel. Pero por dentro el alma le irá cantando un chotis. Y no le habré engañado y mira tú qué bien.

Entiéndase: no niego que acierte don Mariano al afirmar que en marcha está ya el carrusel, que ya hay conversaciones, que ya hay incluso acuerdos, que ya nos la ha jugado Rodríguez otra vez. Pero el carrusel vuelve al punto de partida. Por eso le diría: «Tranquilo. Un monje zen, cuando entra en el vacío augusto del satori, sereno debe hacerlo, sin rabia ni altivez. Deja todas las turbias pasiones a la puerta. Entra con el espíritu vestido de desdén. Pequeño saltamontes, el truco está en valerse de la aparente fuerza del otro y comprender que todo es apariencia también en la política. Ahora parece un circo y ahí funda su poder el amo del cotarro, pero es un poder frágil. Si no lo has comprendido, yo te lo explicaré. No es un circo cualquiera, es un circo romano. En su arena se enfrentan, inténtalo así ver, feroces y voraces leones y cristianos: leones batasunos, cristianos del PP. El amo exige al público que sea equidistante y pide a los cristianos que se dejen comer. Tú le haces el trabajo retándole a un debate. Como un profeta clamas, llevas las de perder. Al público le encanta que los cristianos griten. Es parte del festejo y cumples tu papel: ¡Carallo, los cristianos! -prorrumpe divertida la plebe-. ¡Si parecen fieras ellos también! Los vascos, ay, estamos al cabo de la calle. Conozco el mecanismo. No se ha inventado ayer. Pues siempre el PNV jugó a la equidistancia con ETA y con sus víctimas. Y el ínclito Xabier (Arzalluz) disfrazado de Peter Ustinov tocaba con su lira zortzicos a granel. Quo vadis? todo el año no es plan. Desmonta el circo. Que largue la Catástrofe su rollo, en tanto el juez Grande Marlasca siga cerrándoles garitos a los cabrones de ETA. A ver quién gana a quién. Pequeño saltamontes, espera a que arda Roma. Ya está sobre Tarpeya Rodríguez. Puede que. Puedo afirmar que puede que estemos al comienzo del fin. No del fin de ETA. Del fin de Zetapé».

Zapatero en «la tierra del martirio español»
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 12 Febrero 2006

... Lo decisivo en la actitud del presidente del Gobierno es su voluntad personal, basada en una alta estima de sus capacidades persuasivas, de que, en función de una lógica histórica, eso que preanuncia se va a cumplir...

LA política se erige sobre acciones y sobre emociones. La hipótesis -que se está considerando plausible- de que la banda terrorista ETA se introduzca en un punto de inflexión a partir del cual deje las armas, está siendo incorporada a empellones en la agenda nacional por el Presidente del Gobierno como una de esas emociones que marcan una política de largo alcance. Su convicción de que el grupo criminal deje pronto de perpetrar atentados y de que sus entornos políticos se adhieran al campo de juego institucional no se ha mantenido en la discreción que arropa a las cuestiones improbables sino en la publicidad que se corresponde con las expectativas con alto grado de certeza en su cumplimiento.

Rodríguez Zapatero maneja datos e impresiones hasta proyectar un futuro ineludible en el que el fin de la banda terrorista resultaría un corolario inevitable. No importa que el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo diste mucho de estar optimista a este respecto; tampoco que el Ministro de Interior muestre -más con silencios que con palabras- su escepticismo; ni que el titular de Defensa trate de levantar la moral suponiendo que los etarras se entregarán manos arriba en cualquier momento, ni, en fin, que la vieja guardia del PSOE -Múgica Herzog dixit- abogue más por la represión que por la negociación.

Los casi tres años sin cometer asesinatos, la debilidad endógena de la organización delictiva según los informes policiales, el deseo -aunque sea por razones alimenticias- de la denominada izquierda abertzale por hacer política en vez de secundar las tropelías criminales de los pistoleros, son los argumentos presidenciales para una estrategia de abordaje audaz a la cuestión terrorista. Sin embargo, ninguna de estas piezas de relativa convicción son determinantes en Rodríguez Zapatero. Lo verdaderamente decisivo en la actitud del Presidente del Gobierno es su voluntad personal, basada en una alta estima de sus capacidades persuasivas, de que, en función de una determinada lógica histórica, eso que preanuncia se va a cumplir.

Algunos de sus comportamientos, inexplicables en cuanto a su coherencia en la política convencional, alcanzan determinado sentido cuando se interpretan en el contexto de ese voluntarismo presidencial. La aparente frialdad del presidente con las víctimas del terrorismo -que deja espacio para determinadas manipulaciones de su legitimación social-; algunas declaraciones comprensivas con los derechos individuales de los dirigentes del brazo civil de los terroristas; la imperturbabilidad ante la licenciatura de fiscales con trayectorias muy reconocidas en la lucha contra el terrorismo; ciertas ausencias y algunas otras presencias, forman un código de comunicación que se emite desde la presidencia del Gobierno para que, a modo de sismógrafo, lo registren e interpreten aquellos en cuyas manos está dejar de delinquir.

Es en el entendimiento de este propósito pacificador de Rodríguez Zapatero en el que debe inscribirse la crítica que el presidente merece, sin que ésta se deslice hacia planteamientos que mellen la dignidad a la que es obligado someter la dialéctica política en democracia que, pudiendo ser descarnada -y exigiéndolo a veces la gravedad de los acontecimientos- no puede perder un mínimo vuelo moral. Desde esa perspectiva, creo que el inquilino de la Moncloa se equivoca porque para manejar el denominado problema vasco hace falta pertrecharse de un adusto realismo y apartar como una mala pesadilla las emociones que son las que utilizan con gran maestría los nacionalistas vascos en general y la banda criminal en particular.

Fernando Molina Aparicio ha escrito -editado por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales que dirige Álvarez Junco- un ensayo histórico que bajo el título «La tierra del martirio español. El País Vasco y España en el siglo del nacionalismo», disecciona con una sorprendente agudeza y perspicacia los orígenes del problema vasco que hunde sus raíces en el siglo XIX. La lectura de esas páginas, que ofrecen perspectivas inéditas en la historiografía vasca, remite al esencialismo que ha alimentado el nacionalismo vasco, en absoluto susceptible de avenirse a una transacción al modo catalán, capaz de rebajar -siquiera transitoriamente- los contenidos intangibles de la nación catalana por los más tangibles de la financiación de la Generalitat. El nacionalismo vasco -siguiendo a Fernando Molina- ha creado una «comunidad imaginada» que se afirma en lo que tiene de opuesta a la otra comunidad, en este caso la española, con la que se mide. El resultado de este proceso histórico de emulación es que ambas comunidades -la vasca y la española- se debilitan en un pugilato que dura siglo y medio, de tal manera que ni los nacionalistas vascos tienen nación alguna que gestionar -sólo gestionan una «cultura de sentimientos»- ni España, como dice nuestro autor en el prólogo del ensayo citado, logró «un nacionalismo decimonónico identificado con el Estado» y por lo tanto, «careció de fuerza para imponerse en una dirección liberal y laica». Esta es la reflexión esencial en el debate territorial en general y en el tratamiento del problema vasco en particular: si se apuesta por la fortaleza del Estado o por el contrario vuelve Rodríguez Zapatero a optar por convertir «la nación en problema para evitar abordar los múltiples problemas de los españoles», para formularla con las palabras de Molina Aparicio.

A Rodríguez Zapatero le cabe la grave responsabilidad de haber hecho rebrotar la condición problemática de la nación -concepto «discutido y discutible» según sus palabras en el Senado español- y, al hacerlo, ha resucitado la vigencia de una deuda histórica que ni el Estado ni la sociedad española pueden pagar porque ni aquél ni ésta disponen de herramientas legítimas para disolver la frustración histórica, primero del carlismo y luego del nacionalismo vasco, que nos vienen atribulando desde hace ya demasiadas décadas. Escribe Fernando Molina Aparicio en «La tierra del martirio español» que «durante todo el siglo -se refiere al XIX- la identidad española vivió inmersa en un empate infinito, entre el parlamentarismo y la dictadura, las elites y el pueblo, el nacionalcatolicismo y el laicismo, la insurrección y la legalidad, la república y la monarquía, el centralismo y el regionalismo. Todos estos factores la alimentaron y todos, en su entrechocar, la debilitaron pues impidieron que se afianzara en una orientación o en otra». La iniciativa del presidente del Gobierno de iniciar un proceso llamado de paz con los terroristas de ETA, sin la asistencia del primer partido de la oposición y sin la avenencia de las víctimas, ignorando cuáles sean las contrapartidas y los ritmos, nos augura que ese empate infinito que ha hecho débil al Estado y frágil a la nación se reiterará de manera irreversible. Rodríguez Zapatero tiene derecho a desplegar todas las facultades inherentes a su cargo y debe ser secundado con el beneficio de una inicial confianza, pero los términos del envite son suyos y sólo suyos. Y si en algún lugar de este bendito país se sabe jugar al mus -y hacerlo, además, de farol- es en la tierra del martirio español, esa tierra que, como un Saturno, se ha tragado a sus propios hijos y a los ajenos.

La OPA, un nuevo antenicidio
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2006

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se reunió recientemente en secreto con 16 empresarios catalanes en la residencia privada del presidente de La Caixa, Ricard Fornesa. No hay nada como departir en un sitio de confianza de los asuntos particulares. El PSOE está acostumbrado a privatizar las instituciones, en hacer del Estado una finca particular y arrendarla a los mejores postores. Mejores no necesariamente en términos morales, se entiende. Adam Smith dijo en su obra más citada que no se producía una reunión de varios empresarios sin una confabulación contra el interés general. Pero los empresarios no podrían hacer nada si no es con un político con el alma lo suficientemente corrupta como para prestarse a hacerlo y con unas instituciones lo suficientemente moldeables como para poder someterlas al arbitrio de éste.

El asunto de la OPA del tripartito sobre Endesa tiene todos esos elementos. La subasta de las instituciones o su entrega, de rodillas, ante unos particulares en contra de otros, como ha resultado evidente por ejemplo con el entusiasmo de la Comisión Nacional de la Energía por la operación. ¿Y el político? Está en la voluntad y el designio del Gobierno de saltarse a la torera cualquier norma moral o de cualquier otro tipo, la de torcer y doblegar las instituciones a su arbitrio, que se expresa eficaz y certeramente en la pretensión de sacar adelante la operación “como sea”. La asimilación que ha hecho este sábado en la COPE el presidente de Endesa, Manuel Pizarro, de la complicidad del Gobierno con una empresa para adquirir y absorber a la líder en los casos de la OPA sobre Endesa y del antenicidio, es exacta.

No dejemos de lado el secretismo de los movimientos de José Luis Rodríguez Zapatero en este asunto. Ya celebró una reunión en secreto con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, justo antes de que esa institución devolviera la decisión sobre la OPA al propio Zapatero. Alguien pensará que lo de esconder su sonrosada cara ante los ciudadanos cuando está conspirando contra ellos es por vergüenza. No será la que le faltó a Montilla para decir que él y Zapatero no hablaron con su anfitrión Fornesa de la OPA. En cualquier caso, Zapatero ya estaba dando la cara ante quienes sirve: el conglomerado político-económico nacionalista, que tiene la OPA de La Caixa sobre Endesa, vía Gas Natural, como objetivo.

En todo este asunto no podemos dejar de lado una consideración, y es porqué ese interés por tomar el control de Endesa. Es conocida la obsesión de los políticos por controlar la energía, con la que pueden a su vez controlar en parte la economía y la propia sociedad. El afán nacionalista y socialista por el control social, que impregna el texto del nuevo Estatuto catalán, tiene en la toma de Endesa una nueva manifestación.

El error de Putin con Hamás
Editorial ABC 12 Febrero 2006

EL ofrecimiento hecho por Putin el pasado jueves en Madrid de actuar como mediador entre Hamás e Israel ha provocado una airada protesta en la sociedad israelí. La decisión del mandatario ruso ha resucitado los fantasmas de la Guerra Fría y han sido numerosos los políticos israelíes que han denunciado el tradicional antisionismo mantenido por Rusia. Con esta reacción, la sociedad israelí evidencia el peligroso estado de tensión que vive en estos momentos debido a la victoria de Hamás en Palestina y las constantes amenazas que desde el Irán de los ayatolás y los distintos movimientos islamistas que operan en los países musulmanes se vierten sobre el futuro del Estado de Israel.

Sometido a tan fuerte presión exterior, con Ariel Sharón en coma cerebral y en medio de un proceso electoral en ciernes, es lógico que Israel afronte esta situación con altas dosis de dramatismo. Que esto suceda, precisamente, en un país que es el epicentro de las numerosas tensiones que sacuden el Oriente Próximo y en un momento crucial para la supervivencia misma del proceso de paz israelo-palestino, refuerza la tesis de que estamos ante una iniciativa diplomática inoportuna e irresponsable. De hecho, supone en la práctica un reconocimiento de Hamás. Brindarle la oportunidad de sentarse a una mesa de negociación antes de cumplir los requisitos exigidos por el Cuarteto de Madrid tuerce la decisión de mantener aislada a esta organización palestina mientras se mantenga en su negativa a abandonar la violencia terrorista y reconocer al Estado de Israel.

Con esta iniciativa, el mandatario ruso no sólo ha abierto una peligrosa brecha dentro de la posición de firmeza que había mantenido hasta ahora la comunidad internacional ante Hamás, sino que ha dado un balón de oxígeno a esta organización terrorista al lograr que tanto Francia como el secretario general de la ONU, Kofi Annan, den su apoyo a la polémica iniciativa rusa. Mas allá de la doble vara de medir que supone la propuesta de Putin con respecto del terrorismo checheno, y la sorpresa que provoca verlo contradecir su reiterada decisión de combatir al terrorismo por todos los medios a su alcance y sin concesiones de ningún tipo, lo cierto es que estamos ante un nuevo movimiento diplomático que exterioriza la voluntad de Rusia de recuperar a cualquier precio una mayor visibilidad internacional. Tras intentarlo en Ucrania y Georgia con la presión económica ejercida sobre estos países mediante el suministro de gas, ahora le toca al convulso Oriente Próximo. Putin trata así de retomar una presencia en la zona que bajo la URSS fue determinante en el movimiento de las piezas del ajedrez geoestratégico de la región debido a sus contactos dentro de la OLP de Yaser Arafat, Siria o Irak. El problema estriba en que con iniciativas como la de mediar en estos momentos entre Hamás e Israel, Rusia adopta una ambigua estrategia unilateral que, lejos de contribuir a despejar los problemas existentes, los agrava en la práctica. Sobre todo cuando el panorama de la región está sometido a tantas tensiones. No hay que olvidar que dentro de una arquitectura tan inestable y compleja en su capilaridad como la que vive el Oriente Próximo, cualquier error puede repercutir sobre el conjunto y provocar un auténtico caos.

En este sentido, cabe recordar la posición que mantiene Irán al desafiar a la comunidad internacional con su programa nuclear. La crisis de las caricaturas de Mahoma y la agitación islamista que se propaga por todo el mundo islámico parece haber encontrado en el régimen de los ayatolás un decidido propulsor. Ayer mismo, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, no dudó en acusar a Israel de ser responsable último de las caricaturas. Durante los actos de celebración del 27 aniversario de la revolución islámica renovó sus amenazas al Estado de Israel y estableció una conexión directa entre esta crisis y la victoria de Hamás, al señalar que el islam no podía tolerar que se permitiera a los sionistas secuestrar la voluntad del pueblo palestino, acusando a Occidente y, en concreto a los EE.UU. y Europa, de ser los defensores de la causa sionista que trata de someter a Palestina. Así las cosas, iniciativas como la de Putin debilitan la fortaleza de la comunidad internacional en la política a seguir con respecto a Hamás. Especialmente si van de la mano, como es el caso, de una tibia posición rusa de denuncia hacia la amenaza que porta consigo el Irán de los ayatolás.

Negociación con ETA
La gota que colma el vaso
Ignacio Cosidó Libertad Digital 12 Febrero 2006

La tentativa de excarcelación de asesinos de ETA con decenas de muertos a sus espaldas ha sido el detonante que ha hecho estallar la indignación de la opinión pública contra la política antiterrorista de este Gobierno. La posición de la Fiscalía del Tribuna Supremo de no oponerse a esas excarcelaciones, en contra de la sentencia dictada por la Audiencia Nacional, ha puesto una vez más en evidencia la voluntad de este Gobierno y de su fiscal general de beneficiar a los terroristas en aras de una pretendida negociación con los asesinos. Es más, aquellos que se oponen a esta voluntad son sistemáticamente depurados de sus puestos.

Pero este hecho es tan sólo la gota que colma el vaso. Antes hay una larga lista de gestos y decisiones que constituyen un pago anticipado a ETA para que suspenda su actividad criminal. La relación es tan extensa que baste con mencionar los tres hechos más significativos. En primer lugar, la decisión de la Fiscalía de no instar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas, en contra de los informes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que mostraban su vinculación con ETA. En segundo término, la mano tendida del Congreso de los Diputados a ETA, invitándola a una negociación que la banda desprecia por el momento. En tercer lugar, la defensa pública del presidente del Gobierno del derecho de Batasuna a celebrar su congreso en contra del criterio de la propia Audiencia Nacional.

Todas estas cesiones están resucitando a una ETA que se encontraba al borde de la extinción cuando Rodriguez Zapatero llegó a La Moncloa. Gracias a Zapatero los partidos democráticos están más divididos que nunca frente a ETA. La realidad es que hoy ETA se ha convertido en una fuerza decisiva en el Parlamento vasco, Batasuna ha recuperado la presencia política y social en el País Vasco, ETA ha incrementado la extorsión a empresarios vascos y navarros, la kale borroka ha vuelto a las calles, la banda está recomponiendo su capacidad operativa y los terroristas tienen la percepción de que están ganando su guerra a la democracia.

Todo este proceso se está haciendo además de espaldas a los ciudadanos. El Gobierno niega que esté negociando con ETA, pero es cada vez más evidente que existen conversaciones entre el Partido Socialista vasco y Batasuna en las que el nombre de Rodriguez Zapatero no se utiliza en vano. Es en esas conversaciones donde se generan las expectativas de paz que el presidente del Gobierno viene propagando desde hace meses.

Se oculta además la predisposición de Rodriguez Zapatero a pagar un precio político a ETA. ¿Alguien puede creer que después de mil asesinatos ETA va a escuchar ahora los deseos de paz de los españoles? ¿Alguien puede pensar que después de cuarenta años de actividad criminal ETA va entregar las armas por el mero hecho de que se lo pida Zapatero? ETA quiere tres cosas a cambio de perdonar nuestra vida: que reconozcamos el derecho de autodeterminación del País Vasco y la anexión de Navarra; que se la rehabilite en su papel histórico por la libertad de Euskadi y que haya una amnistía final para todos sus presos. Nada nuevo en ETA. Lo único que ha cambiado es que por primera vez en la historia de nuestra democracia hay un Gobierno que parece dispuesto a realizar esas concesiones a los asesinos.

El problema para Rodriguez Zapatero es que existe una inmensa mayoría de españoles que no estamos dispuestos a pagar a ETA ni con nuestra libertad ni con nuestra dignidad. No estamos dispuestos a consentir a ETA que subvierta la voluntad democrática e imponga su proyecto totalitario ni por la fuerza de las armas ni manipulando nuestro legítimo anhelo de paz. Tampoco vamos a permitir que se pisotee la dignidad de nuestras victimas para que después de muertas sean traicionadas con la impunidad de sus verdugos. Por eso Rodriguez Zapatero tiene que ocultar sistemáticamente los hechos y las intenciones.

La reacción de la sociedad española a las excarcelaciones de etarras debería hacer entender a Rodriguez Zapatero que la negociación que quiere emprender es en realidad un camino sin salida. Peor aún, que recorrer ese camino sólo sirve para fortalecer a ETA. El pacto al que debe volver el Gobierno, con toda urgencia, es el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Ese es el único camino que conduce a la derrota, a la rendición y a la desaparición de ETA, algo que estoy seguro todos anhelamos.     Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia.

¿Qué derechos históricos?
JUAN VANRELL NADAL * ABC 12 Febrero 2006

«EL pacto Zapatero-Mas incluye los «derechos históricos» como principio del nuevo Estatuto», dice en portada el ABC del 29-01-06.

Con todo respeto pregunto a Zapatero y a Mas cuáles son esos derechos históricos. No pueden ser «derechos» del tiempo de los romanos o de los godos. Entonces la Península Ibérica se llamaba «Hispania». Sin distingos se conservaban las características locales de sus comarcas manteniéndose la unidad dentro de la variedad.

¿Procederán los derechos catalanes del tiempo de los árabes? José Osés Larumbe, maestro nacional de Barcelona, en su libro «La nación catalana no ha existido nunca», Industrias Gráficas Uriarte, 1932, cuenta el comportamiento catalán de entonces: «Mientras en Asturias se organizaban los bravos españoles para la recuperación de la Patria, en el nordeste -hoy Cataluña-, los naturales con demasiadas reminiscencias de fenicios y cartagineses, más avezados a las transacciones comerciales que a la lucha guerrera, optaron por no resistir para salvar vidas y haciendas... La cobardía de los godos españoles del nordeste de la Península puso en peligro los estados cristianos del otro lado de los Pirineos» (pág. 6).

El maestro Osés comenta seguidamente las consecuencias de esta cómoda cobardía. Los francos tuvieron que detener el avance avasallador de los sarracenos. Carlos Martel los vence en Poitiers (732). Sus sucesores, Carlomagno y Ludovico Pío los expulsan definitivamente de Francia y los alejan más allá del nordeste hispano. Conquistada Barcelona (801), crean condados feudales -verdaderas barreras fortificadas- para frenar las incursiones moriscas. Llaman a esta zona «La Marca Hispánica» (no podían llamarla «catalana» puesto que Cataluña no existía). Para sacar de posibles dudas, citaré documentos del año 815, referidos al nordeste de España, en la que recitan los nombres de esos condes: Bera, Gaucelino, Gisclaredo, Odilón, Ermengario, Ademaro, Laibulfo y Erlino. A dichos condes «Carlo, Serenísimo, Augusto, coronado por la mano de Dios, etcétera» les pide que atiendan bien «a los españoles que administráis». En otro Precepto se dice textualmente: «Todo el mundo sabe que muchos españoles, no pudiendo soportar el yugo de los infieles contra los cristianos, han abandonado todos sus bienes y han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece... Hacemos saber que tomamos a esos extranjeros bajo nuestra protección» (pág. 8).

El nordeste español mantuvo la estructura condal varios siglos, hasta el tratado de Corbeil (1258). Por este tratado se acordó que los condados franceses en territorio hispano pagarían su vasallaje a la Corona Aragonesa y los españoles en suelo francés, a la Corona Carolingia. Jaime I hizo de todos aquellos señoríos feudales una amplia comarca que con el tiempo se llamó «Cataluña». Es sabido que los condados más poderosos fueron muy reacios a perder sus privilegios. Basta recordar el comportamiento del Conde de Urgel en el Compromiso de Caspe (1412).

Ante las verdades históricas contrastadas, formulo dos preguntas elementales a nuestros inefables Zapatero y Mas. Primera: ¿dónde están y cuándo comienzan los «derechos históricos» de Cataluña? Por lo leído, tienen que arrancar muchísimo después de la finalización de la Reconquista cristiana (1492). Pero resulta que por antigüedad, valor e historia tienen más «derechos históricos» los astures, cántabros y gallegos, iniciadores indómitos de la Reconquista; Castilla y Aragón, artífices de la unidad de España; Toledo, Andalucía, Valencia y Mallorca, focos admirables de cultura y poderío de los reinos árabes... Segunda: ¿cómo pudo Cataluña dar lengua, cultura y esencia a Mallorca (1229) y a Valencia (1238) si entonces no existía ni geográfica ni políticamente? Desde la más alemental lógica es imposible. ¿Por qué ahora, políticos pancatalanistas, universidades pancatalanistas y nacionalistas iluminados enseñan obstinadamente que valenciano y balear son obra catalana?...

Creo que sigue más vigente que nunca lo que denunciaba el señor Osés en 1932 (2ª República Española): «Los poderosos (con historias fantásticas inventadas) supieron de siempre convencer al pueblo, haciéndole creer que los intereses de sus señores eran los del pueblo mismo... El separatismo es la continuación de las ambiciones de los privilegiados (entonces eran los señores feudales, ahora son los señores políticos). El pueblo sigue dócilmente a los descendientes de Bera y de Wifredo y de Ramón Berenguer IV sin detenerse a examinar quiénes y qué son los que para saciar sus ambiciones no vacilarán en conducirle a una guerra civil» (pág. 19).

Por esto quiero saber cuáles son esos «derechos históricos» de que tanto hablan Zapatero y Mas. Me temo que, conociendo las reminiscencias fenicias y las costumbres feudales de los del nordeste de España, se trate de una historia inventada más, para mantener privilegios y asegurar beneficios. ¡Qué magistralmente lo decía Antonio Burgos, el 29-I-2006, en su artículo abecedario «El Tempranillo al revés». Sí, los inventados «derechos históricos» se invocan para mejorar aún más a los ricos catalanes, empobreciendo a los demás. Desde luego a Baleares la han empobrecido quitándole su auténtica lengua ancestral.

(*) Presidente de la Academia de la Lengua Balear

Lágrimas en el desierto
FRANCISCO DE ANDRÉS ABC 12 Febrero 2006

LA mano que meció la cuna del Once de Septiembre surgió de Arabia Saudí, y todo hace sospechar que fue también allí donde se gestó la estrategia que ha precipitado la «crisis de las caricaturas», durante una cumbre islámica celebrada en La Meca el pasado mes de diciembre. Las teorías conspiratorias son deleznables, pero en ocasiones los hechos son tozudos y no es fácil escamotearlos. Las autoridades de Arabia Saudí, país organizador de la última reunión de la Organización de la Conferencia Islámica, aún no han dado respuesta a la información publicada esta semana por The New York Times, en la que se denuncia que el diseño de la actual estrategia de protestas contra Dinamarca y Occidente se forjó durante aquella reunión celebrada en la patria del profeta. Como tampoco hay, todavía, respuestas claras al papel que jugó el régimen saudí en los preparativos del ataque terrorista contra Estados Unidos.

El encuentro que se desarrolla estos días en Yeda para reivindicar el «papel moderador de Arabia Saudí» en el mundo musulmán, en el que abundan las críticas a los gobiernos europeos, es un claro mensaje del régimen wahabí. Riad aprecia hacer negocios con Occidente pero detesta su política de presiones en materia de derechos humanos, y ha descubierto en la «crisis de las caricaturas» un instrumento idóneo para alivarla.

Papeles privados
Enganchados al petróleo
Victor Davis Hanson Libertad Digital 12 Febrero 2006

En el futuro inmediato, el petróleo propulsará la economía global. Hay demasiado poco para todos, especialmente ahora que dos mil millones de chinos e hindúes están en el mercado. Y la resultante lucha por ese petróleo pervierte toda razón y sentido común.

En nuestro mundo paranoico por el petróleo, "No sangre por petróleo" fue la calumnia habitual contra el derrocamiento del petrolíferamente rico Sadam Husein. Sin embargo después de la invasión de Irak en Marzo de 2003, el precio global se disparó por las nubes. Finalmente se descubrieron los negocios sucios de los consorcios petrolíferos franceses y rusos así como la podredumbre del programa de la ONU Petróleo por alimentos. Y la industria iraquí estaba, por primera vez, bajo control democrático.

Pero eso no importa. Los teóricos de la conspiración aún seguían alegando que Estados Unidos siempre usa su poder militar para asegurarse petróleo, como si hubiese petróleo en Granada, Panamá, Mogadisco, Serbia, Bosnia, Kosovo o Afganistán. Cuando se trata de petróleo, creamos mitos e ignoramos la verdad.

Los críticos alegan equivocadamente que Estados Unidos fue a Irak para robar el petróleo de Sadam, pero ignoran otras razones por las que el petróleo tiene mucho que ver con las actuales amenazas contra Estados Unidos.

Primero, tenemos las peculiares circunstancias de su historia y explotación en un petrolíferamente rico Oriente Medio y que explica mucho de la presente patología de la región. A diferencia de la mayoría de industrias, el petróleo en el mundo árabe y en Irán no fue el dividendo de descubrimientos científicos o del trabajo duro de una clase media educada. Más bien fue cuestión de suerte y de la capacidad de un Occidente que lo descubrió y lo explotó.

Al principio, las compañías petrolíferas occidentales apuntalaban a los dictadores del Golfo que les daban mano libre para explotar los recursos sin mucho escrutinio. Después, durante la reacción contra los intereses petrolíferos extranjeros en los años 70, las nuevas compañías estatales nacionalizaron esa industria mientras que sus élites usaron las enormes ganancias para comprar armas y miles de millones en bienes materiales de Occidente.

Entonces, los avariciosos autócratas de estas naciones de Oriente Medio disimularon su propio poder absoluto sobre la lucrativa industria mencionando perennemente los pasados pecados de las compañías petrolíferas occidentales y sus gobiernos. La calle árabe siguió sin participar de esas ganancias pero escuchó muchas veces que la culpa de su pobreza supuestamente era culpa de los occidentales.

Los terroristas como Osama bin Laden pronto encontraron formas de poner patas arriba a esos ilegítimos gobiernos, ricos gracias al petróleo. Esos regímenes dieron dinero y ayudaron a los islamistas radicales, los cuales a su vez le echaron la culpa de la miseria de Oriente Medio a los "cruzados", esos que se supone que siguen "robando" la riqueza de los pueblos árabes. En el orwelliano mundo de la petro-lógica, los emiratos y las juntas militares –que se tragan el 90% de las ganancias de cada barril sacado del desierto– de alguna forma han logrado convencer a su gente que siguen siendo las víctimas de gangosos tejanos con barriga cervecera.

Además, la especulación petrolífera esconde los abyectos fracasos de esos regímenes odiosos. Por ejemplo, el marxismo, esa chiflada filosofía cuya herencia es empobrecimiento y muerte en masa. Pero gracias a las obscenas ganancias, Hugo Chávez reparte subsidios en efectivo en toda Latinoamérica bajo la apariencia de un exitoso estado "socialista", como si fuese su gobierno antidemocrático el que enriqueciese Venezuela y no la suerte de tener petróleo más los expertos extranjeros. Sin un barril de petróleo a 60 dólares, Chávez sólo sería otro patético parlanchín como Fidel Castro dominando un estado fracasado.

Quitémosle a Irán sus inesperadas ganancias petrolíferas y esos teócratas del siglo VIII que gobiernan el país serían ridiculizados como empobrecidos payasos talibanes en lugar de ser temidos por sus amenazas de borrar a Israel del mapa. En Rusia, las preocupación por los recortes petrolíferos da a Vladimir Putin pase libre para que destruya la democracia rusa y le dé combustible nuclear a Irán. Y sin la sed petrolífera, el mundo rechazaría a un país como Arabia Saudí por la brutal práctica de la sharia, la intolerancia religiosa y los subsidios para la propaganda antisemita y antioccidental.

Pero nosotros, los importadores, también estamos mentalmente alterados. Los americanos, sedientos de gasolina, queman mucho más petróleo del que producen. Eso envía miles de millones al extranjero, a las manos de esos gobiernos indeseables que se lucran por accidente y no por usar sólidos principios económicos.

Los liberales contestan que nuestro petróleo es simplemente una mercancía como cualquier otra, sin darse cuenta que los actuales enemigos de Estados Unidos son parásitos que ni siquiera tienen la habilidad de hacer sus propias armas, ésas que usan contra nosotros, si no fuese por un Oriente Medio inundado de petrodólares. Algunos ecologistas parecen estar igual de perdidos. Mientras que contaminadores rusos y africanos sacan petróleo como locos sin regulaciones al estilo americano, estos activistas bien intencionados aducen que no deberíamos perforar de manera responsable en pequeñas áreas de Alaska y a las afueras de nuestro litoral para aplacar nuestro propio apetito.

Si la izquierda abogara por la energía nuclear y más perforaciones, si la derecha presionara por mayores estándares de eficiencia y combustibles alternativos, Estados Unidos podría recortar sus importaciones y el precio mundial del petróleo colapsaría.

Hay que imaginar los dividendos para Estados Unidos que irían mucho más allá de la mera reducción de nuestros desequilibrios comerciales. Esas naciones fracasadas, sin dinero contante y sonante, tendrían menos recursos para financiar a los terroristas de Al Qaeda o Hizbolá; ni siquiera tendrían para pagar por esas madrazas antioccidentales. La calle árabe tendría que culpar a sus propias élites por la mala gestión en lugar de acusar de todo al coco occidental. Y sería muchísimo más fácil poner freno a las armas de destrucción masiva si los locos no tuviesen el petróleo con que las pagan.

Pero como todos los adictos, aquellos enganchados al petróleo importado defenderán a sus traficantes, le echarán la culpa a otros por su dependencia y negarán que su destructivo hábito siquiera sea un hábito.

©2005 Victor Davis Hanson
*Traducido por Miryam Lindberg

Victor Davis Hanson es un prestigioso historiador militar, escritor y columnista sindicado de Estados Unidos. Actualmente es especialista investigador del Hoover Institution
Libertad Digital agradece a Victor Davis Hanson el permiso para publicar este artículo

Diez años del espíritu de «manos blancas»
El asesinato de Francisco Tomás y Valiente, que fuera presidente del Tribunal Constitucional, el 14 de febrero de 1996 provocó una multitudinaria respuesta ciudadana impulsada por los estudiantes
Ricardo Coarasa La Razón 12 Febrero 2006

Madrid- Habían quedado a comer, como otras veces, en esa ocasión en un restaurante cercano al madrileño Café de Oriente. En esa fría mañana de febrero hablaron, como no podía ser de otra forma, de asuntos jurídicos. Uno de los interlocutores era, desde apenas diez meses antes, presidente del Tribunal Constitucional y el otro lo había sido durante seis años. Pero en esa conversación también abordaron la actualidad política, marcada por el asesinato, la semana anterior, de Fernando Múgica a manos de ETA. Un funcionario de prisiones hasta entonces anónimo, José Antonio Ortega Lara, acaparaba las noticias. De su eterno secuestro (532 días) no se había cumplido un mes.

Se despidieron como dos amigos que esperan volver a verse pronto. Pero Álvaro Rodríguez Bereijo, entonces presidente del Constitucional, no volvió a ver con vida a Francisco Tomás y Valiente. «Quién iba a imaginar que era la última vez que hablaríamos...». Al día siguiente, Rodríguez Bereijo tendría que acudir a la carrera a la Universidad Autónoma para identificar su cadáver.

Era el 14 de febrero de 1996. Tomás y Valiente se encontraba en su despacho de la Facultad de Derecho, donde impartía clases. El etarra Jon Bienzobas -que incluso había asistido a las aulas unos días antes para terminar de pergeñar su sanguinario plan- descerrajó al catedrático tres disparos mientras éste hablaba por teléfono con un amigo. El asesinato del ex presidente del Constitucional provocó de inmediato una multitudinaria respuesta ciudadana, que tuvo su primera avanzadilla en el campus de la propia universidad.

Clamor estudiantil. Miles de estudiantes se concentraron frente a la Facultad de Derecho de la Autónoma (un ejemplo que pronto fue secundado por universitarios de toda España) y dejaron para la historia un símbolo del rechazo a la violencia de ETA. Las manos blancas se alzaron al cielo de Madrid, un silencio que sólo quebraron al final los gritos de «¡Basta ya!». Unas horas antes, Rodríguez Bereijo estaba presidiendo un pleno en el Constitucional cuando Ángel, el gerente del tribunal, les interrumpió, algo nada habitual. El presidente abandonó la sala unos segundos. «Le han disparado a Paco Tomás». Esas palabras fueron suficientes para que saliera a la carrera hacia la Autónoma, tras comunicar la impactante noticia al resto de magistrados.

En ese pleno estaba el magistrado Vicente Gimeno, que en ese tiempo también daba clases en la Autónoma. «Lo asesinaron a unos metros de mi despacho. De hecho, alguna alumna mía reconoció al asesino con posterioridad». Cuando la noticia llegó al Constitucional «nos quedamos de piedra. No nos lo creíamos», recuerda el catedrático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. «Cualquier atentado es execrable, pero éste era un ataque a la democracia, porque el Constitucional defiende los derechos de todos, incluidos los de los terroristas». En el garaje de la Facultad de Derecho, Bereijo tuvo que reconocer el cadáver de su antecesor. «Lo habían bajado desde la cuarta planta pensando que aún vivía. Fue un día muy amargo, con momentos muy dramáticos».

«Era un hombre excepcional y un jurista de una pieza -destaca Rodríguez Bereijo-. Su labor fue magnífica como magistrado y como presidente. De él destacaría su lucidez y temple. Ponía la razón al servicio de la convicción. Era un gran defensor del Estado de Derecho». Gimeno le define, sin más, como «el mejor presidente que ha tenido el TC. Tenía un gran sentido de la protección de los Derechos Humanos. Hablaba más del Estado de la Razón que de la Razón del Estado».

«Memoria olvidada». El próximo martes, con motivo del décimo aniversario de su asesinato, el Constitucional le rendirá un homenaje, al que acudirá José Luis Rodríguez Zapatero. Pero a pesar de ese reconocimiento público, Rodríguez Bereijo percibe «una memoria olvidada de personas como él, que nos hace falta ahora. Tenía una idea muy clara de lo que era España. Es como si se hubiese olvidado su legado». «Hubo un antes y un después de su muerte. Todos recuperamos el coraje y la valentía para decir basta al terrorismo», asegura tajante Gimeno.

Días después de la muerte de Tomás y Valiente, un millón de gargantas clamaba por el fin de la violencia en Madrid. Las manos blancas se dibujaron de nuevo en el perfil de la ciudad y el «¡Basta ya!» volvió a escucharse con la fuerza imparable de la razón. Año y medio después, esos gestos y esos mensajes se adueñaron otra vez de las calles para plasmar la indignación por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.

"LAS VAIS A PASAR CANUTAS", INTIMIDAN LOS PROETARRAS
ETA ordenó en diciembre intensificar la campaña de amenazas contra la prensa
La banda terrorista difundió en diciembre, en su último boletín interno, la consigna contra los medios de comunicación. Dos meses después, los proetarras de la organización juvenil ilegalizada Segi han cumplido la orden con concentraciones de en intimidación ante algunos periódicos y emisoras de radio del País Vasco. Los folletos en los que animaban a secundar las directrices de ETA no ocultaban la amenaza: "Las vais a pasar canutas".
Libertad Digital 12 Febrero 2006

El diario El Mundo adelanta que fue en el mes de diciembre cuando ETA, a través de su boletín interno, "propulsó la campaña de amenazas emprendida por Segi contra los medios de comunicación". El último ejemplo se vivió este viernes en Bilbao, cuando medio centenar de proetarras se concentraron frente a la sede del diario que dirige Pedro J. Ramírez. El lema de la protesta era muy parecido al mismo que rezaba en los folletos que los radicales repartieron ese miso día por la mañana en Vitoria. Los mismos que animaban a protestar ante la sede de la COPE en la capital alavesa: "Criminalizadores, ¡las vais a pasar moradas!".

Los etarras impulsaban esta campaña de presión e intimidación en 17 páginas de su boletín interno difundido en diciembre. Allí exponían que los medios de comunicación "son un instrumento de guerra" empleados para prolongar "la opresión que sufre Euskal Herria". Por este motivo, sostenían los etarras, "todos los ámbitos vitales son espacios de lucha" y "los que hacen que el conflicto se alargue, tendrán que sufrir las consecuencias del enfrentamiento".

Además, justifican los asesinatos de periodistas con argumentos como que "nunca han ido contra un periodista, y menos han ido contra la libertad de expresión", sino contra quienes "se mueven con la impunidad que les da el disfraz de periodista" y contra medios que "ya no son empresas de periodismo, sino empresas con conexiones directas con los poderes económicos y políticos" dirigidas por "oligarquías".

Mientras que Zapatero repite sus convicciones sobre el principio del fin de ETA, la banda terrorista sigue manteniendo que "nos encontramos inmersos en una guerra en la que el Estado tiene la responsabilidad de haber colocado, a partir de la década de los 90, a su personal civil en primera línea del conflicto, y los periodistas no han sido una excepción".

El "informe" incluye un listado de una veintena de periodistas que "merecerían ser objetivo de la banda".

DESMONTA LA "CONSPIRACIÓN" CONTRA FELIPE GONZÁLEZ
El Mundo acusa a El País de publicar "patrañas" para "apaciguar la mala conciencia" por su silencio sobre los GAL
El diario de Pedro J. Ramírez respondía este sábado en un editorial a la noticia que un día antes publicó El País en portada. En el "El último... cuento chino" desmentía que El Mundo hubiera pagado 30 millones de pesetas a "un personaje tan turbio como José Amedo" por unas confesiones. Concluía que "el diario gubernamental intenta resucitar ahora ese fantasma de la conspiración". Los motivos, "apaciguar la mala conciencia por su indigno silencio de entonces" y "para extrapolar lo que sucedió en el pasado sobre el presente".
Libertad Digital 12 Febrero 2006

El editorial comienza exponiendo que "no podía esperarse otra cosa de un personaje tan turbio como José Amedo, condenado primero a 108 años de cárcel por seis delitos de asesinato frustrado y luego a nueve años por el secuestro de Segundo Marey". Ahora, explica el artículo, "podía suponerse sin un exceso de imaginación que Amedo iba a intentar sacar unos cuartos con el relato de la manida y fabulada historia de la conspiración contra Felipe González, publicado por una editorial marginal".

Responde así a la noticia que este viernes llevaba a su portada El País bajo el titular "La conspiración". El diario de Polanco publicaba extractos del libro que acaba de publicar Amedo. La información destacaba que el ex subcomisario de policía desvela en su escrito "las presuntas presiones que recibió en 1994 del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, del director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, y del entocnes secretario general del Partido Popular, Francisco Álvarez Cascos, con el visto bueno de José María Aznar, para resucitar el caso GAL. Añadía el periódico que Amedo sostiene en su libro que "el objetivo era sacar del poder al PSOE a base de nuevas denuncias ante el magistrado de la Audiencia Nacional".

La contestación de El Mundo hay que buscar en la página 3 de este sábado. En el editorial "El último... cuento chino", replica el diario que "lo que llama la atención es que esta falsa mercancía fuera dada por buena por un diario como El País, que dedicó ayer (por el viernes) su portada y dos páginas a contar las patrañas del antiguo subcomisario".

El fantasma de la conspiración
Pero todo responde a un objetivo, según este editorial: "Las páginas que publicaba ayer El País pretendían inducir al lector a sacar la conclusión de que hubo una conspiración política, periodística y judicial para derribar a González. Los hechos sucedieron de otro modo y el felipismo cayó por la corrupción y sus graves abusos".

Continúa el artículo que "es evidente que el diario gubernamental intenta resucitar ahora ese fantasma de la conspiración no sólo para apaciguar la mala conciencia por su indigno silencio de entonces sino, sobre todo, para extrapolar lo que sucedió en el pasado sobre el presente. Lo que pretende El País, en suma, es presentar al actual Gobierno como víctima de nuevas conspiraciones para evitar que se focalice el análisis sobre los errores que está cometiendo Zapatero. En todo caso, si de lo que se trata es de volver a hablar de los GAL, pocos asuntos pueden ser tan interesantes como seguir averiguando las complicidades que arroparon al señor X en esa trama criminal".

Y recuerda el editorial que "ni Amedo ni El País van a convencer a los ciudadanos de que quienes secuestraron a Marey eran periodistas de EL MUNDO, de que quienes dispararon contra Lasa y Zabala eran jueces de la Audiencia Nacional o de que quienes pusieron la bomba al objetor García Goena eran dirigentes del PP. La verdad ya ha sido escrita por los jueces. Lo demás son cuentos chinos".

Buesa acusa al Gobierno de buscar que fracase la marcha de la AVT
ABC 12 Febrero 2006

MADRID. El presidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, mostró ayer su disconformidad con las declaraciones del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en las que afirmaba que está próximo el principio del fin de ETA, ya que «viene diciendo esto desde hace más de un año y los hechos desmienten estas aspiraciones».

En su opinión, Rodíguez Zapatero ha podido hacer esta afirmación porque «puede que esté negociando con terroristas y piense que está a punto de llegar a un acuerdo», por lo que le acusó de «mentir» al negar el presidente del Gobierno «taxativamente que tales negociaciones existen».

Buesa tampoco quiso apoyar las palabras del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, cuando mostró su escepticismo sobre el pronto final de ETA. En su opinión, «es una persona que tiene poco crédito, ya que no ha dado excesivas muestras de sensatez y ha promovido una división entre las víctimas del terrorismo».

Asimismo, el presidente del Foro de Ermua acusó tanto a Peces-Barba como al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero de «hacer que fracase» la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) el próximo día 25.

Reconocimiento de las víctimas
Sobre el nuevo borrador de la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo, que se presentará presumiblemente el próximo mes de marzo, Mikel Buesa afirmó que, «en sus elementos fundamentales, está muy bien», aunque no mostró excesiva confianza en las modificaciones que realizará Peces-Barba, al que recordó que la protección y reconocimiento de las víctimas del terrorismo «fue obra de los gobiernos de José María Aznar».

ENTREVISTA EN EL MUNDO A ENRIQUE MÚGICA
El Defensor del Pueblo pide la rendición de ETA, 'con vencedores y vencidos'
EL MUNDO 12 Febrero 2006

MADRID.- Enrique Múgica advierte al Gobierno de que el final de ETA no debe estar condicionado a que el Estado haga cesiones. "Exigimos la rendición incondicional de ETA, con vencedores y vencidos", asegura en una entrevista de Esther Esteban para EL MUNDO.

Cuando se cumplen 10 años del asesinato de su hermano Fernando a manos de la organización terrorista ETA, el Defensor del Pueblo, asegura en la entrevista que publica EL MUNDO que "el único diálogo que cabe con la banda es de la escoba con la basura. Si estamos en la fase de su final, acabemos con ellos aplicando intrumentos tan importantes como la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista".

El diálogo con ETA
Para Múgica no hay nada que hablar con la banda terrorista. "Si tú te planteas el diálogo, van a ir más lejos. En la mentalidad totalitaria la palabra diálogo es una cesión y, sobre ello, establecen pasos más allá".

La Ley de Partidos y Pacto Antiterrorista
"La Ley de Partidos es una ley que está ahí que no ha sido derogada, pero que está durmiente (...). Y hay que resucitarla, con el acuerdo de los grandes partidos". Lo mismo ocurre con el Pacto Antiterrorista que, en mi opinión, habría que revitalizarlo".

"PSOE y PP deben llegar a acuerdos, sobre todo ahora que estamos en la fase final, para terminar ya con el terrorismo. La unidad de los demócratas es muy importante".

La actitud de Zapatero
"No le veo ni débil ni fuerte. Sólo sé que hasta ahora no hay ninguna cesión, porque la cesión es siempre objetiva".

Las víctimas
"Las víctimas tienen que jugar todo el papel en el fin de ETA. Aquí tiene que haber una rendición sn condiciones de la banda terrorista, y las víctimas tienen que ocupar un papel importante, porque serán memoria de uno de los periodos más negros de la Historia de España en democracia".

"No hay víctimas de primera y de segunda. Pero hay elementos de politización de las vícitmas, elementos de división en el seno de las propias víctimas que son malos".

La definición de Cataluña
"No me parece bien que esté la palabra 'nación' en el preámbulo, pero está como expresión de un Parlamento que recoge el deseo de catalanes y catalanas".

Caricaturas de Mahoma
"El respeto no puede ser un elemento subordinado a la libertad, ni tampoco determinante en la expresión de libertad. Por lo tanto, en la libertad de expresión no se debe dar ni un paso atrás, porque se rompería el sistema democrático".

Derechos históricos
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 12 Febrero 2006

Bajo la argucia semántica de los derechos históricos se ha construido un imaginario colectivo sobre el que justificar la red de privilegios que posibilita a las castas y caciques locales mantenerse en el poder económico, político y social; excusando así la discriminación entre los ciudadanos y alimentando la diferencia con el resto de los españoles.

Los derechos históricos se plantearon como argumento para crear dos tipos diferenciados de Autonomías en la Constitución. Fue una cesión a los nacionalistas vascos para que accedieran al pacto constitucional. Se trató de cerrar un frente conflictivo de carácter histórico de aquellos territorios que mantenían una reivindicación sobre la base de unas prerrogativas que fueron el principal obstáculo a la construcción de un Estado liberal moderno en el siglo XIX, por las resistencias tardo-medievales del Antiguo Régimen.

Tratando de integrar a los nacionalistas en aquel pacto constitucional de 1978, se introdujo por éstos un caballo de Troya que está dando como fruto las reivindicaciones actuales del nacionalismo catalán. Fue un grave error, puesto que ni sirvió para resolver el problema secular territorial, ni para integrar a los nacionalismos periféricos en el ordenamiento constitucional, ni para liquidar tendencias secesionistas. Ni tampoco sirvió la amnistía posterior a la Constitución para resolver el problema del terrorismo, aunque permitió reinsertar a gentes que renunciaron a la violencia. Sólo eso.

La Adicional Primera de la Constitución Española que instituye el concepto de "derechos históricos" estuvo concebida para los territorios aforados vascongados, que mantenían un contencioso derivado de las guerras carlistas, recogido de forma oportunista por el partido de Sabino Arana. Nunca tuvo una derivación al problema catalán, cuyas reivindicaciones de orden histórico parten de apriorismos que se sitúan más en la mitología que en la realidad de nuestras instituciones históricas. Por tanto, pese al pertinaz empeño del Sr. Maragall, tales reivindicaciones en ningún caso tienen soporte ni fundamento sustantivo.

Pero independientemente de su plasmación constitucional, la idea de derechos históricos es retrógrada y absurda en el contexto del siglo XXI. Hoy la tendencia natural en todo el mundo es la disolución de las fronteras y de las barreras culturales y étnicas. Estamos en un mundo interrelacionado y interdependiente, con un mestizaje e hibridación cada más intensos, en el marco de la globalización cultural y económica en la que estamos inmersos.

Resulta una paradoja sorprendente que partidos como el de los socialistas catalanes con el aval del Partido Socialista Obrero Español, sean los que hoy defiendan el privilegio, la particularidad excluyente y el caciquismo local, contradiciendo una cultura política y una trayectoria histórica, y dejando en manos del PP las señas de identidad del igualitarismo que ha caracterizado a la izquierda tradicional. Es el mundo al revés.
 

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