AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 19 Febrero  2006
Los verdugos nunca ganan
Editorial ABC 19 Febrero 2006

Vencedores y vencidos
IGNACIO CAMACHO ABC 19 Febrero 2006

El CIS y ETA
EDITORIAL Libertad Digital 19 Febrero 2006

¿Españolismo?
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 19 Febrero 2006

CITA A CIEGAS
ÁLVARO DELGADO GAL ABC 19 Febrero 2006

Treguas
JON JUARISTI ABC 19 Febrero 2006

ETA consigue situarse en el centro del debate político
Editorial Elsemanaldigital  19 Febrero 2006

El método deliberativo
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 19 Febrero 2006

Un proceso de orden
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Febrero 2006

"Las torturas en España pueden ser algo más que esporádicas"
Pascual Tamburri elsemanaldigital 19 Febrero 2006

El falso lenguaje de Ibarretxe
MARÍA SAN GIL El Correo 19 Febrero 2006

«Es siniestra la palabra negociación: hay que derrotar a ETA con el Estado de Derecho»
J. Ors La Razón 19 Febrero 2006

El 70 por ciento de los españoles no negociaría con los terroristas etarras hasta que se rindan
R. N. La Razón 19 Febrero 2006

El Foro de Ermua pide que se trate a la banda como a los nazis en Nüremberg
ANA ANTOLÍN ABC 19 Febrero 2006

«Es ilegítimo un Gobierno que va contra la justicia», proclama el Foro Ermua en Bilbao
MARÍA J. SÁNCHEZ BILBAO EL Correo 19 Febrero 2006

Mayor Oreja dice que en un proceso por la "autodeterminación hay vencedores, los verdugos frente a las víctimas"
Libertad Digital 19 Febrero 2006

La Universidad del País Vasco se convierte en el recurso utilizado por los terroristas de ETA para reducir penas
Europa Press Libertad Digital 19 Febrero 2006

Nace una asociación en defensa del castellano en el Estatuto catalán
I. A. ABC 19 Febrero 2006

Los verdugos nunca ganan
Editorial ABC 19 Febrero 2006

ETA debe desistir de seguir perpetrando delitos, disolverse y desaparecer, a lo que de momento no apunta después de que -pese la ensordecedora insistencia de los rumores que acompañan estos días- ayer dejase claro que no está dispuesta a decretar una tregua, al tiempo que exigía «un cambio del estatus político» del País Vasco. Lo de siempre, más o menos. Parece claro, pues, que la banda debe ser democráticamente derrotada y, por lo tanto, vencida. Porque ése es el destino adecuado para los verdugos de la libertad, para aquellos que han asesinado, extorsionado y destruido. La polémica sobre si debe haber vencedores y vencidos a propósito de un hipotético final de la violencia terrorista es falsa en su raíz: sólo las víctimas, ahora representadas por sus allegados, han sido las que han escrito los capítulos vencedores en la historia de la Humanidad. Tratar de esconder en una semántica conciliadora la estremecedora realidad de un terrorismo que carga con casi un millar de víctimas por completo inocentes es un empeño inútil e inmoral.

La búsqueda del fin del terrorismo no debe ser incompatible con el adecuado uso de las palabras que incorporan y transmiten conceptos éticos y cívicos. Edulcorar la realidad de lo que significa y ha significado el ejercicio del terror es una mala base de partida para erradicarlo de modo definitivo. El fenómeno del terrorismo etarra requiere de una catarsis colectiva que tenga efectos liberadores. Pero esa catarsis debe ser sincera, social y exigente, lo que apremia a la palabra precisa y a la fibra moral adecuada. Y en ese contexto debe haber vencedores y debe haber vencidos, por la sencilla razón de que ha habido víctimas y ha habido verdugos. Las palabras pueden ser hirientes, pero más lo son los silencios y aún resultan más dolorosos los eufemismos. Las ansias de paz -que son generales en todos los ámbitos sociales, incluido el de las víctimas del terrorismo- han de cohonestarse con el rigor. Incluso la generosidad con los delincuentes, para serlo y no convertirse en mera y simple cesión, ha de estar basada en una lucidez moral que no eluda enfrentarse a la reparación que las víctimas reclaman. Los terroristas no pueden aspirar a ocupar un lugar digno en la historia. La opción por la que se decantaron cuando tenían posibilidad de hacerlo por otras democráticas los condena a una reprobación radical e irreversible y a ser considerados vencidos por los valores que ellos tratan de combatir. Ésos son los valores que representan las víctimas y, a través de ellas, la sociedad vasca y del resto de España en su conjunto.

El terrorismo no es, como ha argüido con vergonzosa facundia Egibar, una «técnica de la minoría para combatir a la mayoría», sino la expresión brutal -la más brutal de todas- de quebrar la voluntad de los ciudadanos. No sólo asesina y destruye, sino que trata de arrebatar la legitimidad del sistema democrático y de ensuciar la inocencia de las víctimas que ocasiona. Es lógico que en una fase terminal del terrorismo -si la actual lo es- exista la pretensión de algunos de colocar a ETA en un territorio distinto al delictivo. Ese intento es inútil, pues la existencia y deriva de la propia banda es la expresión de un fracaso, de un vencimiento, de una degradación que ha arrebatado vidas, provocado exilios, quebrantado patrimonios e inoculado miedo y coacción a toda la sociedad. Ni ellos ni sus epígonos pueden pretender pasar a la posteridad como «luchadores», sino como delincuentes.

Lo mismo que ayer ETA dejó claro que no piensan decretar un alto el fuego, más vale que las cosas queden claras desde el principio, porque sólo desde la transparencia pueden abordarse soluciones que sean compartidas por la generalidad de los ciudadanos, de los partidos y de las instituciones. Si lo que se quiere es poner los cimientos para el fin del terror, hagámoslo desde el principio. Y el principio es la palabra, es el lenguaje que recoge los valores y las aspiraciones. En la colisión entre víctimas y verdugos, aquéllas mueren y éstos matan. Debe triunfar para la posteridad el recuerdo de los que entregaron todo -su propia vida- por la libertad y la democracia. Hagamos así un acto insoslayable de justicia. Porque sin justicia no habrá ni paz ni libertad verdaderas.

Vencedores y vencidos
Por IGNACIO CAMACHO ABC 19 Febrero 2006

DE repente todo el mundo se ha puesto a hablar de vencedores y vencidos en torno al terrorismo, como si tratase de una guerra que está a punto de acabar. Pero ni es una guerra ni tiene final previsto, por muchos tanteos y guiños que estén cruzándose el Gobierno y los terroristas, y si lo llegase a tener sería bastante probable que no se pareciera en casi nada a lo que en este momento somos capaces de imaginar. De modo que euforias las justas, por favor, que aquí no se ha rendido nadie todavía y ni siquiera se ha dejado de oír el eco de las bombas por debajo de la alharaca propagandística del optimismo antropológico.

«Vencedores y vencidos» se llamaba cierta película que dirigió Stanley Kramer en 1961. Trata del juicio de Nuremberg, el implacable punto final al Holocausto, y hay en ella una escalofriante secuencia que muestra el testimonio ante el tribunal de un judío castrado por los nazis en su siniestra orgía de experimentos con cobayas humanas. Son diez minutitos de nada. Diez minutos en los que la mirada atormentada del gran Monty Clift dibuja con estremecedora emoción el paisaje devastado del dolor de las víctimas. Un rato de conmovedora congoja en la que el espectador recibe el más pesimista de los mensajes: que ni siquiera la justicia en su grado más estricto puede reparar el sufrimiento irremediable de quienes ya han padecido la degradación de su dignidad.

Conviene por tanto recordar que lo importante de estas horas presuntamente cruciales no es la posición de dominancia política de cada cual, sino el horizonte moral de una sociedad amenazada que lleva años afligida por una agresión unilateral y por una violencia desatada con la intención de someter al Estado al dicterio de la sinrazón. Que no estamos ante un debate sobre los impuestos o la educación, ni ante una confrontación electoral, sino ante las encrucijadas esenciales de la vida y de la muerte, de la justicia y la injusticia. Y que más allá de cualquier horizonte de conveniencia quedan las heridas causadas por el horror, las secuelas de una verdadera mutilación civil que ha amputado órganos esenciales para el funcionamiento de la convivencia colectiva.

Vayamos con tiento, pues. Tan legítimo es el deseo de paz como el anhelo de firmeza. Tan loable resulta la voluntad de acabar con la angustia como lícito el resentimiento ante la posibilidad de un premio para quienes la han causado. Tan cabal la disposición a ceder un poco para obtener mucho como razonable la aspiración de conservar el honor después de haber perdido la vida. Tan generoso perdonar como necesario merecer el perdón. Lo único que no se puede hacer es olvidar. Olvidar por qué hemos llegado hasta aquí, cuánto ha costado, cómo hemos sufrido y, sobre todo, para qué ha sido derramada una sangre que ya no se puede recoger más que en el depósito de la memoria. Cualquier cosa vale menos pisotearla.

El CIS y ETA
EDITORIAL Libertad Digital 19 Febrero 2006

Los instrumentos de la demoscopia no nos pueden aprehender con exactitud cuál es la intención de voto de los españoles, entre otras razones técnicas porque todavía las elecciones quedan lo lejos del horizonte de los votantes y porque los resultados están en ocasiones más inspirados por las intenciones políticas de los muñidores de las encuestas que por los entrevistados. En cualquier caso, si toda fotografía tomada a golpe de encuesta resulta siempre borrosa, observar una tras otra en el tiempo puede dar una idea adecuada de la tendencia del voto. Y la última encuesta del CIS es la enésima mala noticia para este Gobierno, que comienza a sentir frío por la progresiva pérdida de respaldo por parte de los españoles.

El presidente Rodríguez ha seguido una política radical, en la que nada de lo que compartimos los españoles parece seguro. La Constitución se ha quedado a ojos del Gobierno poco menos que en un obstáculo reaccionario a sus planes. La misma unidad de España se ve amenazada como pocas veces en su historia. Ni la ETA queda como enemigo común al mismo nivel. Quienes defendemos sin resquicio para la vacilación a las víctimas y a la ley, solo podemos concebir la derrota de los terroristas como victoria de nuestras instituciones. Pero quienes tienen otros intereses, ponen esas instituciones sobre la mesa de negociación con los asesinos. Los españoles sospechan que algo está moviéndose bajo los pies sin que el daño resultante pueda más tarde ser reparado, y ven todo el proceso con desconfianza y el desasosiego crecientes.

Todo crimen se puede justificar desde una ética consecuencialista, como lo es la socialista. El Gobierno, que debería ser el primer defensor de nuestras instituciones, las pone en entredicho, entregándoselas como plato fuerte a los terroristas de ETA a cambio de que la banda asesina deje de ser lo que es. Perdemos nuestra dignidad, parte de nuestras libertades, el respeto al honor de las víctimas, el mismo ser de España llegado el caso, pero todo es por una buena causa que todo lo justifica: La paz. Una paz que nunca podría ser más que la promesa de una banda de asesinos. Suficiente, para el presidente Rodríguez.

Cuando las encuestas hacen temblar a la Moncloa, el Gobierno necesita que el fin que todo lo justifica, la supuesta paz, esté en los televisores de los votantes antes de las elecciones, para dar por buena toda la política que ha ejercido hasta el momento. Lo necesita, y ETA lo sabe. Sabe de la debilidad de un Gobierno que, precisamente, ha renunciado a la firmeza en contra de los asesinos. Y la banda, con implacable lógica, está haciendo de la debilidad del Gobierno su propia fuerza. El último comunicado, emitido este sábado, reitera que solo abandonará su actividad criminal cuando haya alcanzado sus plenos objetivos políticos. El Gobierno se encuentra sin tregua que poder ofrecer a los españoles.

En principio, si ETA tirara mucho de la cuerda, el Gobierno podría rectificar y volver a la sensatez que en la actualidad representa el Partido Popular en exclusiva, en este asunto. Pero Rodríguez es absolutamente incapaz de renunciar a su estrategia de expulsión del PP de la vida política española. Seguirá huyendo hacia delante, no sabemos aún hasta qué extremo.

¿Españolismo?
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS, de las Reales Academias Española y de la Historia ABC 19 Febrero 2006

... Que no hablen de viejas naciones soberanas que no existieron. No hubo una Cataluña, un País Vasco, una Galicia independientes. Lo que sucede ahora no viene de ahí...

SE habla mucho de españolismo, sin duda como paralelo a catalanismo y demás. Recuerdo que Julián Marías decía que él no era españolista, era simplemente español. Se hablaba, simplemente, de patriotismo, del de todos. Lo cual no era obstáculo para el amor de cada uno a su tierra.

Desde el 1900 más o menos, surgieron en España los nacionalismos, por imitación de los movimientos de independencia en América y Europa. Jugaban al equívoco entre los dos sentidos de nación, recogidos en el DRAE: el antiguo y etimológico, referido a un conjunto de personas del mismo origen y que generalmente tienen un idioma y una tradición común; y el más reciente, desde la Revolución Francesa, que implica el concepto político de soberanía.

España sería, entonces, la nación de naciones. Y habría un españolismo, referido tan solo a una de esas naciones, lo que queda si se restan las otras. Más reducido que el patriotismo, que se refiere a la España total. Las palabras son importantes, se juega con sus acepciones. Se aplican a cosas a las que antes no se referían.

Pero estas revoluciones del uso implican, a su vez, una versión de la historia: la que desemboca en el presente que quieren implantar. La nación en el sentido de estado soberano sería ahora, en varias regiones de España, una simple continuación de lo que ya existía desde tiempos antiguos. Ahora se recuperaría de sus opresores. Habría que liberarla de la huella lingüística, política y demás de esos opresores.

Opresores cuya antigua historia sería, a su vez, la de una nación más, cuyas fronteras terminarían en las de las otras naciones. Más que una historia de España, habría las varias historias de las varias naciones de España. Una de ellas, Castilla o poco más.

En suma, la creación de una nación soberana necesita de una antigua nación que la prefigure en el tiempo: real o mítica, es igual. Y lo que quede de España cuando se resten de ella las otras naciones tendría a su vez su historia, la de Castilla. España en su total, no. Todo muy lógico, aunque históricamente falso.

Recientemente, en un artículo de «El País», Alvarez Junco tomaba una posición un tanto diferente. Desmitificaba el nacionalismo catalán y vasco (vendría de mitos, entiendo), pero también el español -el españolismo. Los Reyes Católicos no habrían unificado a España, eso sería un mito. Simplemente, Castilla habría conquistado Granada porque era lo que más cerca le caía, también lanzaba sus tropas a Italia.

Solo que esto no es así. La Historia de España no es un mito. Hubo la España al nivel geográfico de las tribus y de los pueblos - fenicios, griegos, romanos- que les ayudaron a formarla. Pero hubo, luego, la España única, la diócesis de Diocleciano y el reino de los godos. Reino de España, encuadrado por sus cuatro esquinas. Y, uniéndolos, los Pirineos, los mares Atlántico y Mediterráneo. Era la única entidad soberana.

No hay, en el caso de España, un pasado mítico: hay un pasado real. Y, sobre este pasado, un proyecto: reconstruirlo. Estaba destrozado por la invasión islámica. No se trataba de crear una nación soberana sobre la falsilla de un pasado mítico, ese pasado era real.

La única unidad política con continuidad. Otra cosa es la continuidad de gentes y tradiciones, esta es cierta. Se trató, en el caso de España, de reconstruir conscientemente, desde el mismo don Pelayo, aquello que se había perdido.

Sobre ese pasado se creó un proyecto. La idea de la España perdida y en trance de reconstrucción era común a todos, de Alfonso X a los diferentes reinos de España que reconocían al rey de León como Emperador. La Reconquista fue una empresa común, todos ayudaron, también Barcelona. Los Reyes Católicos no hicieron más que culminar una empresa de todos. La islamización fue parcial y pasajera. Miraba a Oriente, era otra cultura. España nunca la aceptó, se consideraba europea y cristiana. Se consideraba una. De Galicia al País Vasco, a Aragón y los condados catalanes.

No establezcamos igualdades inexactas. No hubo otros reinos que Castilla y León, luego fundidos, y Aragón, que incluía a Cataluña (nunca tuvo un rey, menos el País Vasco). La fusión de todos en algo viejo y nuevo ahora, España, fue gradual. Cosa de herencias, bodas y tratados, que si tenían vigencia era porque daban expresión al sentir del pueblo.

Había, en todos, un patriotismo español (término que, curiosamente, entró por Cataluña desde Provenza). Antes, sin duda, un patriotismo romano: griegos y romanos entraron en Hispania por Cataluña, crearon sus lenguas, salvo el vasco, lleno por lo demás de términos latinos.

Esta es la historia, no conviene que sea manipulada para servir de base a modernos proyectos independentistas. El nacionalismo catalán puede hablar de lengua y tradiciones, aunque no es justo que rechace las que le unen a España. Pero no de una antigua nación soberana. Y España no se basa sólo en Castilla, por importante que sea: el mérito de Castilla fue, simplemente, el haber hecho posible reconstruir esa antigua unidad anhelada, haber expulsado al musulmán. Haber hecho que Europa pasara a América.

Cierto que ha habido, también, tendencias divisivas. Y Castilla carga con algunas culpas: no haber abierto América a todos los pueblos españoles. Los catalanes, con otras: haber sido insolidarios cuando se lo pedía el Conde Duque, cuando la pérdida de Cuba. Me callo otros momentos más recientes.

Y tampoco se les atribuya a los catalanes el mérito o la culpa de la guerra de sucesión. Apoyaban al candidato austriaco al trono, no abogaban por la independencia. Ni los carlistas tampoco, en el XIX.

Todo esto es historia escolar, elemental, segura. España viene de una unidad que, recordada, creó otra unidad. Elementos de ruptura hubo también; ya desde el siglo XV, Portugal. Otros luego. Pero en el XIX, con sus problemas políticos, apenas hubo problemas nacionalistas. Y el español era la lengua de escritores y científicos de cualquier región. Nadie lo impuso, lo buscaban todos. Y desde fecha antigua, porque era un lazo de unión, de solidaridad social, para progresar. Otras lenguas convivían con él. En resumen: el proceso de unificación continuaba.

Y ahora hay quienes niegan la historia de España, la sustituyen por una suma de pequeñas historias de supuestas naciones soberanas. Y la lengua española se ve reducida, donde bien se sabe, sin que nadie la defienda, a una lengua socialmente minusvalorada, tolerada si acaso. Se aplica violencia legislativa contra ella. No, no se trata sólo de que respeten los derechos individuales de un niño: se trata de que es, sigue siendo, la lengua común de España, la que hace de trabazón entre todos, de argamasa.

Paso a paso, estatuto a estatuto (el tercero, amenazan con más), ley a ley, esa argamasa se está destruyendo, e igual las otras argamasas: el hecho de que todos seamos iguales en todas las regiones, como personas, profesionales, sujetos de derecho. Sufrimos, casi en silencio, todo eso.

Es triste. Pero que no hablen de viejas naciones soberanas que no existieron. No hubo una Cataluña, un País Vasco, una Galicia independientes. Lo que sucede ahora no viene de ahí.

Había las tradiciones y las lenguas, eso es otra cosa. Pero lo que hay ahora es un contagio independentista extendido paso a paso desde hace un siglo más o menos. Algo dañino para todos.

No es el españolismo el problema, ni necesitamos defenderlo tampoco. Necesitamos, solo, patriotismo y comunidad. De todos. Y no explotar pretextos y mitos, ceñirnos a una realidad antigua y actual que a todos interesa. España no es sólo un estado, es una patria para todos. Españolismo junto a otros -ismos no es lo aceptable. España es de todos.

CITA A CIEGAS
Por ÁLVARO DELGADO GAL ABC 19 Febrero 2006

Afinales de la semana pasada, Zapatero afirmó que albergaba buenas razones para no desesperar de un inminente abandono de las armas por ETA -no empleó estrictamente esta locución, aunque sí otras más o menos equivalentes-. No mucho después, estalló una bomba. El jueves 16, «La Vanguardia» volvía a echar las campanas al vuelo. Estalló otra bomba. Las bombas envían un mensaje no menos contencioso o ambiguo que los clarinazos que cada poco nos anuncian la paz. Tal vez las bombas signifiquen que no hay nada de nada. O que todavía no ha llegado el momento de admitir públicamente que hay algo . O quizá la propia ETA esté dividida.

Sería asombroso que el presidente, que ha sacrificado cosas muy serias a la hipótesis de que ETA se encuentra a dos pasos de cortarse la coleta, experimentase la misma desorientación que usted, yo, o el experto ocasional que abre la boca y no da una. Propendemos a pensar, en consecuencia, que Zapatero mantiene con la banda canales de comunicación reservados y acaso directos. Si dentro de seis meses siguieran estallando bombas, habría que revisar, me temo, este supuesto, y concluir que el inquilino de la Moncloa ha obrado a impulsos de una intuición personal e intransferible. Dejemos a un lado, sin embargo, la cuestión de si Zapatero sabe lo que no sabemos si sabe, y vayamos a lo que es público y notorio.

En este instante, son tres los futuribles que se nos proponen sobre el País Vasco. Está, en primer lugar, la versión del Gobierno. Punto arriba, punto abajo, el Gobierno insiste en decirnos que no se ventilarán cuestiones políticas con los terroristas, de los que se espera la entrega de las armas sin condiciones. La segunda versión, es la del PSE. Según los socialistas vascos, se abrirán dos mesas de negociaciones. En una, los partidos vascos discutirán, a calzón quitado, sobre el futuro del País Vasco, mientras en una segunda mesa se tratan con ETA los términos de su desistimiento -ésta es la palabra escogida por el Gobierno. Palabra más cortés que «derrota», y manifiestamente más equívoca-. El PSE añade que se trataría de dos procesos rigurosamente independientes. O sea, que el uno no contaminaría al otro.

La propuesta adelantada por los portavoces de ETA habla de una salida negociada al conflicto, una salida que se sellaría con un referéndum de autodeterminación. ETA no ha dicho que se vaya a rendir, ni aun siquiera que vaya a desistir. Sobre el papel, suena más creíble la versión etarra que la de López y compañía. ¿Por qué? Porque es metafísicamente imposible que las dos mesas teorizadas por el PSE no entren en resonancia recíproca. Si las conversaciones sobre presos o el libramiento de alijos se verificaran con sigilo, y antes de que se diera el plácet a la mesa política, podría confiarse en la independencia de las negociaciones. Ahora bien, bastará que éstas sean paralelas, y revistan un carácter más o menos público, para que se conviertan, por la fuerza misma de las cosas, en expresiones de una negociación única. Sostener lo contrario son ganas de engañarse, cuando no de tomar el pelo al respetable.

Formulémonos, a continuación, una pregunta no exenta de valor heurístico: ¿qué haríamos, si fuésemos la ETA? Como no somos la ETA, no sabemos qué haríamos, de suyo va. Pero supongamos que además de etarras, somos agentes racionales. Lo que entonces haríamos, sería incoar, mediante una tregua indefinida, un movimiento al alza de las expectativas. Agitaríamos a nuestras terminales para exigir, desde la sociedad, la paz, sin reparar en el quítame allá esas pajas de tal o cual escrúpulo constitucional. En el juego entraría el clero vasco, y no inimaginablemente, algunos prelados más, del cuadrante catalán y no sólo catalán; entraría el PNV, por coherencia y porque no tiene ningunas ganas de ser cortocircuitado por el Gobierno; y metería un pie, si bien no el cuerpo entero, Zapatero. Las ganas que tiene Zapatero de hacer una hombrada en el País Vasco son indescriptibles, y se combinan con cálculos más o menos fantásticos en torno a la posibilidad de montar en la región una alianza con los abertzales que copie el experimento catalán. El experimento catalán, por cierto, ha sido un desastre, al punto de que el PSOE ha concluido por rehabilitar a CiU y enemistarse con ERC y el PSC. Pero Zapatero es inasequible al desaliento y quiere repetir la aventura, según consta de manera por completo fehaciente. Así que Zapatero metería, sí, un pie. ¿Cuál? Muchos observadores descuentan ya la legalización de HB. ETA recompensaría el gesto valiente de Zapatero escogiendo enunciaciones ambiguas, compatibles con la tesis de que se va a desarmar, y también con su contraria. ¿Y después?.

Después, Dios dirá. En el mejor de los casos para ETA, el Gobierno habría desencadenado una deriva que no estaría en situación de gestionar. Se podría estar asistiendo a la autodeterminación «de facto», con consecuencias que a ETA no le afligen en absoluto. En un escenario más probable, se frustraría el proceso de paz, pero HB habría vuelto al mapa. Comprendo a ETA. Menos, al Gobierno.

Treguas
Por JON JUARISTI ABC 19 Febrero 2006

ETA no se explica sin el nacionalismo vasco. Cierto. Tampoco sin el franquismo. Fue fruto de un extraño maridaje, en el que el marxismo-leninismo no pasó de ser un ingrediente secundario (como en el llamado republicanismo social irlandés), una concesión al espíritu de una época -los sesenta- que imponía la obligación de ser revolucionario a todo movimiento que pretendiera impugnar el orden político surgido de la Segunda Guerra Mundial. Todos los pequeños irredentismos europeos, incluso los que habían tonteado con los nazis, desarrollaron sus organizaciones revolucionarias por los mismos años y bajo la influencia de los modelos anticolonialistas y del castrismo. Estas organizaciones se enfrentaban, en su mayoría, con estados democráticos. Entre ellas, ETA no se singularizaba por la originalidad de su ideología, sino por el carácter dictatorial de su antagonista. En cuanto al marbete de revolucionario y su correlato más o menos marxista según los casos, no es necesario recordar que lo ostentaron en España numerosas organizaciones antifranquistas (las hubo incluso derivadas de algunos sectores fundacionales del régimen, como el carlismo o la Falange, por no hablar ya de las nacidas a la sombra de la Iglesia). A todas, salvo a ETA, se las llevó por delante la transición a la democracia.

ETA no desapareció, porque jamás entró en sus planes la destrucción del franquismo. En todos los demás casos, esta última era condición previa para acceder a la fase revolucionaria. Pero ETA no sólo preveía la ilimitada continuidad del régimen franquista: aspiraba además a endurecerlo, a eternizarlo en sus esencias antidemocráticas, pues sólo de una dictadura podría conseguir, tras una guerra prolongada, las demandas radicales que planteaba. ETA ha sabido siempre que sus objetivos últimos no son alcanzables en un sistema democrático, porque incluso los gobiernos más claudicantes, en el extremo, se encontrarían limitados por la oposición y hasta por sus bases mismas. Una España democrática no puede digerir la perspectiva de un Estado vasco bajo el que los no nacionalistas serían, como poco, discriminados o forzados a la asimilación. Incluso formas intermedias atenuadas (que no satisfarían a ETA, aunque el nacionalismo vasco en su conjunto las considerase como un escalón más hacia la independencia) provocarían la repugnancia de los españoles de bien, que rozan la mayoría. ETA lo sabe. La Catástrofe, a estas alturas, debería intuirlo. ETA no se disolverá por unas concesiones mínimas, que es lo único que el Gobierno socialista podría ofrecerle en las presentes condiciones, y eso, a riesgo de hacer saltar el contrato democrático. De ahí, los cada vez más furiosos ataques del Gobierno a la oposición, responsabilizándola de su propia impotencia y de la frustración que sus frivolidades fomentan. Agradezcamos, sin embargo, que se haya puesto fin así a la bochornosa murga del talante.

Conviene, sin embargo, recordar qué significa una tregua en la estrategia de ETA. En primer lugar, como a cualquier organización terrorista, le sirve para reorganizarse y concentrar fuerzas que le permitan lanzar al menos una oleada intensiva de atentados (como la del año 2000, tras la ruptura de la tregua-trampa). En principio, y con la colaboración de las demás organizaciones nacionalistas (a las que encomienda exigir al Gobierno reciprocidad) debe ir asimismo dirigida a desalentar la represión. Finalmente, toda tregua constituye una forma tácita de terror, porque sitúa a la población bajo la continua amenaza de su ruptura. De este modo inhibe su capacidad de respuesta ante la violencia, teóricamente mitigada pero incesante, de que se hará objeto a los sectores más reacios a cualquier acuerdo con ETA (vale decir, hoy por hoy, al PP, estigmatizado como «nacionalista español» o «extrema derecha» desde el frente social-nacionalista). Esta estrategia, que fracasó en el período 1998-2000, cuenta ahora con más probabilidades de éxito, no sólo por la sumisión del Gobierno a los nacionalismos, sino por el triunfo, a nivel global, de una estrategia homóloga: la del islamismo, que ha conseguido aislar al Gobierno danés, el más decente de Europa, tildándolo de racista. Es la hora de los cobardes y -no nos pongamos sexistas- de las cobardes.

ETA consigue situarse en el centro del debate político
Editorial Elsemanaldigital  19 Febrero 2006

El último comunicado de la banda no añade nada nuevo, pero gracias a las esperanzas creadas por el Gobierno en una próxima tregua, una ETA moribunda ocupa el centro del debate político.

19 de febrero de 2006. La valoración obvia que merece el último comunicado que ha hecho público ETA es que no añade nada nuevo. La exigencia de un cambio del "actual estatus político" de Euskal Herria y la advertencia de que "la imposición de un nuevo ciclo autonómico... traerá sólo la prolongación del conflicto" señalan con toda nitidez cuál es el precio que la banda pone a su abandono de las armas, es decir, el reconocimiento no sólo de la autodeterminación del País Vasco, sino también de la "territorialidad" de Euskal Herria, que incluye, como mínimo, la anexión de Navarra.

Nadie puede acusar a los terroristas de no hablar claro. Cualquier concesión por debajo de ese listón, por amplia que sea, justificaría "la prolongación del conflicto", que es el eufemismo con el cual en el lenguaje pervertido de los etarras y de quienes les apoyan se hace referencia al mantenimiento de la actividad criminal de la banda.

En estas condiciones, es lícito preguntarse a qué juegan José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno cuando intentan suscitar entre los ciudadanos la confianza en un fin muy cercano de ETA y cuando, lo que es más grave, actúan dando pasos efectivos para crear las condiciones para una negociación de tú a tú entre el Estado y los terroristas.

La respuesta es también bastante obvia: no hay forma de ocultar el desgaste que al Gobierno y al PSOE les está provocando la elaboración del nuevo Estatuto de Cataluña, como colofón de una política radical con la que no se identifica la gran mayoría de los españoles. Sólo la esperanza en el fin del terrorismo etarra puede frenar esta tendencia; aunque se trate de un mero espejismo, esa esperanza, debidamente agitada por el aparato mediático que apoya al Ejecutivo, produce sus frutos entre un cierto sector de la opinión pública.

Lo peor de esta táctica política de cortas miras y nula responsabilidad de Estado no es que coloque el destino político de un Gobierno en manos de los caprichos de unos asesinos. Al fin y al cabo, nadie ni nada obliga a José Luis Rodríguez Zapatero a preferir eso a un entendimiento con la oposición, como no sea su propia concepción sectaria de la política.

El problema es que ya está provocando consecuencias gravísimas para la lucha antiterrorista, precisamente cuando, gracias a las medidas adoptadas por los Gobiernos del PP, había alcanzado sus mayores cotas de eficacia. El hecho intolerable es que, gracias al Gobierno, una ETA moribunda se ha convertido a día de hoy en el centro del debate político nacional.

El método deliberativo
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 19 Febrero 2006

Ha sido muy comentado el famoso prólogo de un libro escrito por Zapatero. En él se planteaba una nueva forma de aproximación al conocimiento de las cosas: el pensamiento deliberativo. Con lo cual nuestro acomodaticio presidente se convierte en mentor de una nueva escuela filosófica gnóstica consistente en reunirse con otros para pactar lo que es cierto y lo que no, mediante el simple contraste disertativo. Kant queda así arrumbado, y toda la teoría racionalista y positivista sustituida por un relativismo consistente en renunciar a los principios propios para llegar por aproximaciones sucesivas a la mejor razón mediante consenso. Es decir, que si alguien te dice, por ejemplo, que el fin justifica los medios y que el poder tiene en sí mismo valor absoluto, podemos llegar a un punto medio consistente en que entre su razón totalitaria y la mía democrática hay puntos de encuentro y que podemos alcanzar una sociedad democrática en las formas aunque totalitaria en el fondo, donde el individuo no tiene otro sentido que ser una pieza del entramado de poder sin valor "per se".

Desde esta cosmovisión vital no nos extrañemos de lo que está pasando y del derrotero por el que transcurren las cosas desde que el Partido Socialista accedió accidentalmente al Gobierno. Con lo cual llego a la conclusión de que he perdido 20 años de mi vida militando, hasta que me di cuenta de que no merecía la pena seguir allí, en un partido "chicle", amorfo y de textura amebosa.

Está claro que para Zapatero y sus colaboradores no hay ningún principio sólido, ya que todo se cuestiona. Y se pacta de la misma manera la desmembración del Estado que la demolición de los pilares que dan sentido a nuestra civilización occidental; o la renuncia a los principios morales que justifican la dignificación de las víctimas y los efectos políticos derivados. O la legitimación de los postulados nacionalistas sin cuestionar sus bases doctrinales, innegablemente perversas. Es decir el vaciamiento de los fundamentos que han dado cuerpo y razón a la izquierda democrática desde que los krausistas surgieran en el escenario español en el tercio final del siglo XIX. Y la renuncia al pensamiento político, en su sentido más humanista, que nos dejaron como patrimonio ideológico Besteiro, Ortega y Gasset, Unamuno, Costa, Sánchez Albornoz y otros, regenerando España desde una perspectiva profunda y no trivial como en el presente.

No nos puede extrañar que un relativista absoluto como el Sr Zapatero, lindante con el nihilismo existencialista, renuncie por oportunidad a unas ideas justas y legítimas; y que rechace el pensamiento racionalista como método para la búsqueda de la verdad. Lo cual da pie a desmantelar todo orden preexistente, como si todo fuera cuestionable y mutable.

Hoy votaría la Constitución del 78 por los casi 25 años de convivencia pacífica que han regido en las partes del territorio nacional no sometidas al chantaje nacionalista; aunque haya quedado claro que las reglas de juego y las leyes sólo sirven para quienes aceptamos el marco democrático no para los que tratan de subvertirlo, porque siempre hay alguien que sustituye la democracia por el despotismo.

Mientras, la rana –como en el experimento- se va cociendo lentamente sin darse cuenta de que pierde la vida.

Un proceso de orden
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Febrero 2006

HACE cerca de cuatro siglos Sebastián de Covarrubias, con fina precisión crítica, definía en su «Tesoro de la lengua castellana o española» la palabra paz como «lugar común en el qual los oradores se estienden contando los bienes que se siguen de ella y los males de la guerra su contraria». En eso siguen los oradores del Parlamento vasco. Pretenden una paz «sin vencedores ni vencidos», lo que es tanto como, además de admitir que hay una guerra, suponer que su final ha de ser tan arcangélico como imposible. También José Luis Rodríguez Zapatero, en lucimiento de su inmensa capacidad para la imprecisión, habla del «proceso de paz» que el Gobierno se dispone a iniciar cuando ETA anuncie un alto el fuego, un proceso que será «largo y difícil».

La admisión, aunque sea por mera concesión terminológica, de un «proceso de paz», o de una paz «sin vencedores ni vencidos», es tanto -insisto con alarma- como admitir que el Estado español está en guerra. ¿Con quién estamos en guerra? ¿Estuvieron en guerra los Estados Unidos del Norte de América contra Lucky Luciano o Al Capone o se limitaron a perseguirlos y hacer caer sobre ellos el peso de la Ley? ¿Está en guerra el Estado italiano con la Mafia siciliana o la Camorra napolitana? ETA es una asociación de malhechores, con cerca de un millar de asesinatos en su haber, que reviste sus acciones con colores de independentismo vasco y que, incluso, cuenta con un notable respaldo social. Nada más. No es el germen de un Estado contra el que el español, de igual a igual, pudiera declarar una guerra o acordar una paz.

Las consideraciones anteriores no niegan que el problema terrorista, al que se suman las sospechas de una reaparición de los Grapo, sea uno de los más graves y acuciantes de todos cuanto afligen al cuerpo nacional y que el Gobierno tiene obligación de enfrentarse a él y buscarle solución. Incluso complementando las medidas policiales con otras más sutiles que, sin traspasar las fronteras legales, puedan ayudar a la total solución del conflicto; pero en ningún caso, por mucho que lo repita Zapatero, eso será un proceso de paz. Se trata, evidentemente, de un proceso de orden, y de ahí el principal protagonismo en el caso del Ministerio del Interior y la cooperación exigible al total de la oposición.

La paz y la libertad son los dos máximos valores, individuales y colectivos, de nuestra civilización y la base de nuestra cultura; pero, cuidado, hablar de un «proceso de paz» en la deseable pretensión de un final posible para el conflicto terrorista es romper la paz constitucional en la que, mejor o peor, estamos instalados y machacar el concepto de la libertad como bien moral. Tampoco puede admitirse, desde la razón, una paz entendida como contraposición a la guerra, sin vencedores ni vencidos. Sería tanto como invertir los valores y llamar vencedores a los vencidos. Y viceversa.

"Las torturas en España pueden ser algo más que esporádicas"
Pascual Tamburri elsemanaldigital 19 Febrero 2006

La tortura existe. Vivimos una sociedad conmocionada por lo que se dice que sucede en las celdas de Abu Grahib. Sería una buena ocasión para señalar con el dedo a quienes divulgan estos crímenes callando otros; sería oportuno también recordar a los pacifistas a la violeta, de cualquier género que sean, que precisamente la pretensión de un mundo en paz eterna y de guerras teológicas implica la negación de la dignidad del vencido, y lleva directamente a Guantánamo. Pero lo dejaremos de momento: vamos a hablar de memeces, y de España.

Porque "en España se tortura". Al menos si escuchamos al nacionalismo vasco parece que sí; y no pensemos que es sólo Gara ni el mundillo de ETA: todo el nacionalismo vasco, una y otra vez, por diferentes cauces, lleva décadas insistiendo en denunciar una violencia que el resto de la sociedad no percibe, pero que debe de ser terrible. Si uno cree las espeluznantes fotos de propaganda con las que los nacionalistas vascos ensucian nuestras calles de vez en cuando, y los relatos de terror con los que manchan sus periódicos, las Fuerzas de Seguridad españolas se dedican básicamente a torturar a pacíficos hijos de Vasconia. Por no hablar de la dispersión de seráficos presos de ETA, que por supuesto –dicen- es otra forma de tortura.

Theo van Boven es un veterano catedrático de Derecho Internacional, que fue relator de las Naciones Unidas contra la Tortura, y que en realidad ha hecho su carrera pública en la ONU ocupándose de Derechos Humanos. Con gran autoridad teórica y escasos efectos prácticos, por cierto. Ya en febrero de 2004, tras una visita a España unos cuantos días del mes de octubre anterior, concluyó que "las torturas en España podría ser algo mas de esporádicas e incidentales". Ahí queda eso; y lógicamente sigue.

Sigue, porque nadie más interesado que el nacionalismo armado y asesino de ETA y sus amigos más o menos recientes en hacer eco a tales opiniones. Así, mucho más recientemente, van Boven ha opinado o se le ha hecho opinar –en "Gara"- que "si se procesa a quien la denuncia, no se puede erradicar la tortura". De tal modo, habrá que dar por buenas todas las denuncias falsas contra los servidores del Estado y por ciertas todas las declaraciones de los etarras y sus familiares. Una lógica aplastante: la tortura existe si se denuncia; las denuncias no pueden ser falsas; luego son los "torturados" quienes deben decidir las medidas que el Estado deba tomar para su propia seguridad y la de sus ciudadanos.

Dentro de esa lógica, será imposible demostrar jamás que las denuncias de tortura son falsas, porque denunciar su falsedad será parte de la "tortura". Y la única solución será, de hecho, tutelar las actividades de los criminales. Por ejemplo, dándoles todo tipo de facilidades, suprimiendo la incomunicación de los terroristas detenidos, facilitándoles el acceso inmediato e ilimitado a los abogados de la banda y, después, dándoles a elegir la prisión donde se alojen. Brevemente, eso sí, porque el Gobierno quiere negociar amablemente una "solución".

La manipulación nacionalista de la palabra "tortura" y de compañeros de viaje como van Boven sería en circunstancias normales simplemente ridícula. No lo es, porque la tortura existe, aunque nunca es la que ellos denuncian. Hay tortura en el mundo, en circunstancias complejas como las de Irak o en países donde nunca dejó de existir como Irán. Y hay tortura en España, como es la que ETA y sus aliados ejercen contra las víctimas y sus familiares; pero esa tortura, real, y palpable, no es denunciada sino escrnecida.

Para cada memez hay un memo. Hoy podríamos haber hablado de muchos, por ejemplo del vasco adoptivo Francesco Cossiga y su reciente boutade xenófoba y patriotera a propósito del medallista Gerhard Plankensteiner. Pero gracias a Zapatero ha tocado hablar de tortura, de la que no existe pero se denuncia y de la que se sufre en silencio.

El falso lenguaje de Ibarretxe
MARÍA SAN GIL /PRESIDENTA DEL PP DEL PAÍS VASCO El Correo 19 Febrero 2006

Me ha parecido siempre admirable cómo los nacionalistas manipulan el lenguaje para configurar y ajustar la realidad a su medida y sus deseos. Otros han puesto ejemplos y dedicado incluso libros enteros a explicar esta cuestión, pero yo, por sus graves consecuencias políticas, quiero referirme en este artículo sólo al uso perverso que el señor Ibarretxe hace de los conceptos 'normalización' y 'pacificación', objetivos prioritarios de su Gobierno para la actual legislatura.

¿Nos ha explicado Ibarretxe con la claridad debida a los vascos el significado singular que él concede a estas expresiones? A mi entender, el lehendakari emplea estos términos para confundir y engañar, como puros circunloquios.

Son palabras que suenan muy bien, más aún a una sociedad como la vasca, que anhela el final definitivo del terrorismo de ETA y conseguir la libertad (y no la paz como se empeñan en decir como si aquí estuviésemos en guerra), pero que no informan correctamente de lo que pretende quien las dice.

¿Por qué se oculta el lehendakari tras estas palabras? Ibarretxe habla de 'normalización' para decir en realidad independencia y consecución del proyecto nacionalista, y emplea 'pacificación' para esconder el trasfondo de rendirse ante ETA y aceptar para siempre su tutela sobre esta sociedad.

Para nosotros, 'normalización' es consolidar nuestro marco legal de convivencia, el Estatuto y la Constitución, es cumplir la ley y asumir con naturalidad nuestra pertenencia a España; y 'pacificación' es derrotar al terrorismo, terminar con ETA sin ninguna contrapartida ni precio político. Justo lo que no ha hecho el PNV en 25 años al frente del Gobierno vasco.

En lo que se refiere a ETA, el PNV no ha puesto en marcha ni una sola política activa para combatir a la banda criminal y, por el contrario, se ha opuesto siempre y ha entorpecido las medidas que más eficaces se han mostrado en la lucha antiterrorista como la Ley de Partidos y el Pacto por las Libertades.

Los nacionalistas se han mostrado siempre más cerca de los verdugos por coincidencia ideológica que de las víctimas por simple sentimiento humanitario. El último ejemplo lo tenemos en Azkoitia, en donde la edil del PP, Pilar Elías, ha tenido que aguantar y sufrir la humillación de que se debatiese y aprobase una moción de apoyo a los asesinos de su marido, una situación tolerada por el alcalde del PNV de este municipio, que por comodidad prefiere satisfacer a los radicales antes que amparar a las víctimas.

En lo que respecta a la 'normalización', el PNV y el señor Ibarretxe no han hecho nada por consolidar, fortalecer y poner en valor nuestro marco legal, el Estatuto de Autonomía y la Constitución, de donde procede el poder del que goza el lehendakari y, sobre todo, que garantiza la libertad, la pluralidad y la convivencia de todos los vascos.

El PNV ha fomentado, impulsado y alentado la idea y el sentimiento de que el buen vasco es el vasco nacionalista y que el vasco que, además de sentirse vasco, se siente español, ese no es buen vasco. Como se ve, esto es lo contrario a normalizar un país que se distingue por su pluralidad, por mucho que los nacionalistas se empeñen en uniformizarlo todo.

En definitiva, la actuación del PNV en el Gobierno vasco confirma que Ibarretxe no habla de 'pacificación' y 'normalización' en el sentido en que lo hacemos la mayoría de los vascos, sino que emplea estas fórmulas para esconder una realidad más compleja y que encierra intereses más espurios.

Por eso yo le pido al lehendakari que no juegue con el lenguaje y que sea claro, nítido y tajante en un tema básico como es la política contra ETA, el cumplimiento de la ley y la defensa de nuestro marco jurídico como garantía de convivencia y libertad. Decía el otro día el escritor Andrés Trapiello al hilo de su último libro que «las palabras no se dejan amar ni aman a todos por igual». Es lo que le ocurre ya a Ibarretxe.

Fernando García de Cortázar, historiador:
«Es siniestra la palabra negociación: hay que derrotar a ETA con el Estado de Derecho»
El autor publica «Los perdedores de la Historia de España», donde reivindica la corriente liberal, laica y democrática de nuestro pasado
Hay nombres que no hacen falta ser presentados. Uno de ellos es el de Fernando García de Cortázar. Su labor universitaria y su dedicación pedagógica, encaminada a la difusión de los conocimientos históricos a través de libros, series de televisión y colaboraciones periodísticas, le han convertido en uno de los referentes actuales. Es autor de más de cuarenta títulos, entre ellos «Breve Historia de España», «Los mitos de la Historia de España» o «Atlas de Historia de España». Ha dirigido «La Historia en su lugar», en la que han participado doscientos historiadores españoles, y cree en el compromiso de los intelectuales con la realidad de la época que les ha tocado vivir. «La historia es un tribunal y debe juzgar o condenar a los que lo merecen. Los historiadores debemos tomar partido». En el papel activo que otorga a su profesión, defiende que hay que intentar responder a las cuestiones que se plantea la sociedad: «Se contestan preguntas que nadie se hace. Pero, en cambio, las que se hacen las personas de la calle quedan sin respuesta», comenta. Él lo hace ahora a través de los perdedores de la historia.
J. Ors La Razón 19 Febrero 2006

Madrid- Hay una historia que no ocupa páginas ni rellena libros y que no es la del vencedor ni la de los ganadores. Es una historia, que no por olvidada es igual de grande, que pertenece a los que han quedado apartados, relegados al margen, a la letra pequeña o las notas de los epígrafes, pero que merecen, en ocasiones, tantas palabras como los nombres orlados por el poder del trono o la victoria política. Son los disidentes, los oscurecidos por la derrota, los que arrastra la hojarasca del fracaso: los exiliados del franquismo, los condenados por la Inquisición, los estigmatizados por sus inclinaciones sexuales, los ajusticiados por su pensamiento, los defenestrados por la corriente impasible de su tiempo o el talento superlativo del genio. Prisciliano, Averroes, Álvaro de Luna, Miguel Servet, Juan Alfonso de Polanco, Luis Paret, Gregorio Mayans, Jovellanos, Olavide, José María Blanco White, Malaspina o Juan Peiró. El historiador Fernando García de Cortázar se ocupa de todos ellos en el libro «Los perdedores de la Historia de España», publicado por Planeta.

Ortega y Azaña.
Un título que, en el fondo, lo que pretende es romper la imagen de esa España cuartelaria, clerical y reaccionaria, cacareada por los pífanos y emblemas castrenses del franquismo, para recuperar esa otra España liberal, laica, tolerante y democrática; la silenciada por la dictadura y que entronca con la corriente liberal de Ortega y Gasset, Azaña o Prieto. «¿Por qué se identifica España más con Franco que con la II República? ¿Por qué se identifica España con la leyenda negra y no con su tradición erasmista o ilustrada? Intento borrar ese legado que hemos heredado para mostrar esa otra gran historia de España. La España del pluralismo y el derecho que es la de la Constitución de 1978».

-¿Cuál es la última derrota?
-La memoria es la gran perdedora de la época de la Transición. La última manifestación de España, así, fue durante el franquismo, y la izquierda y los nacionalismos identificaron España con el franquismo. Se abusó tanto de la idea de España durante la dictadura y, además, de una España centralista y unitaria, que, en gran medida, la propia izquierda no hizo ningún esfuerzo para rescatar después la España liberal, que es de la que yo hablo en mi libro a través de estos derrotados.

-¿Cree que la izquierda ha cometido un error al sacrificar esa España liberal, laica y republicana que antes defendió?
-Sí, yo creo que sí. Y en sus años de convivencia con los nacionalismos en la oposición, quizás, le hayan jugado una mala pasada. El espectáculo que ahora vemos de la legitimación de los nacionalismos por parte de una izquierda en estos tiempos me parece sobrecogedor. Y, en cierto modo, es la ruptura también con su propia tradición socialista, la tradición de Besteiro y Prieto. Y, realmente, ahora critican el nacionalismo español, pero se tragan todos los sapos de un nacionalismo étnico y excluyente que también se da ahora en las periferias.

-¿Se están equivocando?
-Sí, están incurriendo en un error. El propio Maragall en un artículo dijo que al lema de la revolución francesa de libertad, igualdad y fraternidad había que añadirle el de la diversidad. Aquí el error es confundir la España plural con la España de los nacionalismos, que es así cómo se definen, como la no España. Pero hay una España plural, la de las autonomías, que es diversa y no necesita ningún ideólogo para afirmarla. Existe desde la Constitución de 1978.

-¿Cuál puede ser la consecuencia?
-Es difícil afirmar una España plural si no se es plural en todos los territorios. Tenemos malos ejemplos de falta de tolerancia en las comunidades gobernadas por los nacionalistas. Han querido sacar adelante su modelo de nación excluyente, a veces, aplastando la disidencia.

-Su libro contiene un gran esfuerzo literario. ¿Qué opina de las políticas lingüísticas?
-Me sorprende que el español que triunfa en el mundo y cada vez gana más hablantes sea un elemento de enfrentamiento en España. Determinadas políticas lingüísticas, las de las llamadas lengua propias, como si el castellano no fuera una lengua propia, son ofensivas para nuestra lengua común. El mecanismo de los nacionalismos hace que exista una lengua perversa y otra inocente. Parece difícil llegar así a un bilingüismo en libertad, que es el que apoya la Constitución. La lengua mala es el castellano; las inocentes, las demás. Es un problema grave por la connotación patriótica que tienen esas lenguas y el esfuerzo de construcción nacional que se hace sobre ellas. Los derechos los tienen los hablantes, no las geografías. Nadie tiene derecho a crear hablantes obligatorios.

-En su libro hace referencia a las víctimas del terrorismo como los últimos perdedores.
-Las víctimas no deberían ser perdedores: ya lo han sido. Hay que derrotar a ETA con los instrumentos del Estado de derecho. La palabra negociación es siniestra. Entiendo que nos encontramos a una ETA debilitada, esto debe servir para que ETA vea que no tiene capacidad y tire las armas. Pero nunca con condiciones ni con logros políticos para ETA; parece que cuanto más muertos deja, más logros políticos obtiene.

-Usted es religioso, jesuita, y reside en el País Vasco. ¿Cómo vive esta situación?
-No he tenido problemas en la universidad ni con mis alumnos, y he creado una escuela historiográfica. Me he encontrado cómodo en el País Vasco. Pero entiendo que, aparte de la derrota de ETA, hay que hacer el esfuerzo de recuperación de una ciudadanía, que ha sido aplastada por el terrorismo. ETA ha tenido un efecto negativo en la conciencia de muchos vascos, como la falta de piedad, como la demostrada por algunos vascos o la propia Iglesia.

-¿Cuál es su opinión sobre la Iglesia en este asunto? ¿Cree que debería participar en una posible mediación?
-En una sociedad democrática la Iglesia es una voz más. No debe hacer una función de mediación más allá del sentido humanitario. Por otro lado, espero que ETA deje las armas y se disuelva. Para eso no hacen falta mediaciones. Hay que ser firme con el terrorismo, porque colaborar con la barbarie es una forma más de barbarie y hay muchos que colaboran con la barbarie. Todos esos que se muestran equidistantes o buscan razones objetivas están manteniendo esta pesadilla. La sociedad vasca ha sido golpeda con dolor y sangre, y también con la sinrazón. Se necesitan unos años de afirmación de unas ideas generales lejos de ideologías fanatizadoras y religiones seculares.

Ciudadanía abierta
-Una idea de su libro es la cultura liberal. La destruyó la Guerra Civil. ¿Cuáles son, para nosotros, las consecuencias?
-Hay excepciones en el compromiso de los intelectuales, pero creo que los intelectuales se han refugiado en una torre de marfil. Y no han defendido un modelo de ciudadanía abierta. No es que pidiera a los intelectuales que fueran militantes de un partido, pero sí que influyeran en la política. En el caso español que se oyeran más voces criticando una ideología, la nacionalista, basada en la tierra y los muertos, y que es la que dice quién está a un lado o a otro. Los intelectuales han sido benévolos con una ideología que está en el origen de dos guerras mundiales y ha enfrentado, y sigue haciéndolo, a los españoles. Hemos sentado en el banquillo del juicio de la historia al nazismo, al stalinismo, pero aún no se ha sentado una ideología causante de tanta destrucción y odio. No olvidemos que en España se mata, y se ha matado, por una idea de nación. ETA ha matado a gente porque se sentían españoles y demócratas.

-Laín Entralgo decía que uno de los problemas de España eran los pragmáticos y los fanáticos. ¿Qué es lo que ocurre para que España aún discuta sobre ella?
-Pues sí. Es el único país europeo que en vez de seguir haciéndose, porque una nación es un plebiscito, un camino diario, sigue mirando hacia atrás. Se manipula la historia para exigir unos derechos o agravios. A mi entender, la apelación a los derechos históricos de algunos textos o anteproyectos de estatutos, como el catalán o el gallego, es volver al túnel del tiempo.

-En este caso la historia no debe pesar.
-La historia no nos da los derechos. Nos los damos nosotros a través de las constituciones. Reconocer los derechos históricos es reconocer los derechos de los muertos sobre los vivos. No deja de ser llamativo que quienes apelan a esos derechos, les nieguen los derechos al resto de los españoles. Sorprende que Cataluña o el País Vasco, que son una tarea de todos los españoles, que quieren decidir su itinerario y aceptan los dogmas nacionalistas, al tiempo influyan en los demás aunque sólo sea en los presupuestos generales. Su actuación repercute en lo que pasa en Soria, Aragón o Andalucía. Hacen que el dinero vaya a unos u otros, pero eso es porque están en una tarea común. Me parece absurdo que, en cambio, los demás no puedan decidir ni ser preguntados.

-¿Qué valores hay que recuperar de esa pasado liberal y democrático?
-La libertad y la afirmación de la libertades individuales. Hay que resistirse a una ideología o un Estado intervencionista. Sobrecoge el anteproyecto del estatuto catalán porque define un Estado con un intervencionismo atroz que deja de lado las conquistas del espíritu individual. Interviene en la cultura, la empresa y casi en la religión. Debemos desconfiar y estar preparados para no ser devorados por un Estado así. Hay que afirmar una España de pensamiento libre, que ríe con Cervantes, en Europa, una Europa no atemorizada por el fanatismo y que se afirma con una identidad martirial y ofensiva.

Humanismo europeo
-Tras la respuesta es inevitable preguntarle por Europa y el Islam.
-Hay que partir de una sociedad con convicciones, que en nuestro caso las da la Historia y la cultura: el humanismo y las tradiciones del individualismo. Hay que defender bien lo que se cree y no aguarlo en una literatura de frases. Y saber que la otra ideología es una religión de sustitución del humanismo europeo por su concepto martirial. Nos tenemos que cargar de valores y defenderlos. Eso es lo que ha hecho la Europa en que vivimos. Los inmigrantes se integran en el trabajo pero no en un modelo de valores que no parece defendido con fuerza. Se integran en el mercado laboral, pero no hacen esfuerzos para aprender los valores. Tampoco el estado difunde los conceptos de libertad, igualdad de sexos, la laicidad. El Estado debe defender el laicismo, que se opone al fanatismo religioso.

-Para los intelectuales otro problema de Europa es la Educación.
-Los docentes tenemos serios problemas para difundir las disciplinas. Cierta demagogia no permite que el profesor saque adelante sus programas. Se piensa que lo que se dice desde la cátedra es una imposición. Hay que saber lo que se difunde. Las palabras blandas encubren grandes vacíos sobre qué es o qué valores humanos, temporales o atemporales, se transmiten. Y hay que hacer estudiar a los alumnos. La memoria no es la inteligencia de los tontos. Ayuda a los alumnos a plasmar una conciencia de ciudadanos libres y responsables. fernando garcía de cortázar Historiador

El 70 por ciento de los españoles no negociaría con los terroristas etarras hasta que se rindan
Encuesta de Iberconsulta para La Razón (primera parte) - Un rotundo 73, 88 por ciento de los encuestados no haría ninguna concesión a la banda aunque abandonase las armas - El 68,75 por ciento de los ciudadanos no cree que la organización tenga voluntad real de acabar con la violencia
R. N. La Razón 19 Febrero 2006

Madrid- El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha jugado a sólo dos cartas su primera legislatura: la del modelo de Estado y la del fin de ETA. Pero es, realmente, de esta última de la que dependerá su futuro político. Un mal paso en política antiterrorista le desalojará de La Moncloa sin contemplaciones y a la primera de cambio. Él lo sabe. Por eso parece escuchar, de momento, a la opinión pública, partidaria en su inmensa mayoría de entablar negociaciones con ETA, previa rendición de la banda, según refleja una encuesta de Iberconsulta para LA RAZÓN. De hecho, Zapatero ha reiterado, por activa y por pasiva, que sólo abrirá ese diálogo en el momento en el que la organización terrorista entregue definitivamente las armas.

Según este sondeo, más del 70 por ciento de los españoles considera que en el único supuesto en el que Zapatero podría emprender un proceso negociador con los etarras de forma justificada sería en el caso de que ETA se rindiese y entregase las armas. Este porcentaje sube al 80 por ciento entre los mayores de 44 años.

La otra posibilidad más factible, el anuncio de una tregua, sólo sería justificación suficiente para entablar conversaciones para el 10,2 por ciento de los españoles. Otro porcentaje casi idéntico, el 10,1, vería legitimado negociar incluso aunque ETA mantenga su actividad terrorista.

Nada a cambio.
Zapatero deberá tener muy en cuenta, si no quiere que su obsesión por terminar con ETA acabe con su carrera política, el rechazo de la inmensa mayoría de los españoles a que se pague un precio político por el cese definitivo de la violencia, tal y como refleja la encuesta. Concretamente, el 74 por ciento de los españoles se opone a conceder ningún tipo de prebenda política a los terroristas. Siete de cada diez encuestados advierten a Zapatero de que no aceptarán una paz a cambio de que se acerque a los presos etarras a las cárceles vascas o se decrete una amnistía general. Esta creencia es compartida por la inmensa mayoría con independencia de su edad. Y sólo un modesto 9,13 por ciento es partidario de acabar con la política de dispersión.

Lo último, la amnistía.
El perdón a los asesinos o bien su amnistía es lo último que los ciudadanos negociarían con la banda. Como botón de muestra, sólo el 3,25 por ciento de los encuestados estaría dispuesto a que se dejara en libertad a los presos etarras sin delitos de sangre. Mientras, el 3,63 por ciento no vería con malos ojos ofrecer a ETA a cambio de la paz la independencia de Euskadi y la anexión de Navarra.

Quizá estos resultados tengan que ver con la escasa confianza de los ciudadanos en que ETA y la izquierda abertzale tengan una voluntad clara de poner fin a la violencia. Casi el 70 por ciento no percibe en la banda ni en el entorno proetarra una intención real de abandonar la violencia. En cambio, el 16,5 por ciento siente que existe esa voluntad. Pese a ello, los españoles no comparten el optimismo de Zapatero.

La opinión pública tampoco considera adecuada la expresión utilizada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su comparecencia ante los medios de comunicación del pasado día 10 de febrero. En aquel momento, el jefe del Ejecutivo lanzó las campanas al vuelo, al asegurar que «nos encontramos en el principio del fin de ETA». Tanto es así, que el 68,6 por ciento de los encuestados se muestra «poco de acuerdo» o «nada de acuerdo» con sus plabras. De este porcentaje, el 41,58 por ciento de los españoles está «poco de acuerdo» con sus afirmaciones. Mientras, el restante 26,76 por ciento las rechaza tajantemente. Sólo el 19,25 dice sentirse identificado plenamente con las declaraciones del jefe del Ejecutivo sobre el «principio del fin de la banda etarra».

Ficha técnica de la encuesta:
Universo: población española de ambos sexos y mayor de edad. Muestra: 800 entrevistas. Trabajo campo: 14- 16-II-2006 Metodología: Telefónica. Nivel de confianza y error muestral: Para un nivel de confianza del 95,45 por ciento (2sigmas), y para P=Q, el error es del 3,54% para el conjunto de la muestra de 800 entrevistas.

El Foro de Ermua pide que se trate a la banda como a los nazis en Nüremberg
La marcha transcurrió con normalidad, a pesar de la contramanifestación convocada por la izquierda abertzale cinco horas después en apoyo a los procesados de ETA
ANA ANTOLÍN ABC 19 Febrero 2006

BILBAO. Alrededor de tres mil personas secundaron la convocatoria del Foro Ermua «Por la unidad de España: Por la igualdad y la solidaridad de todos» en el corazón de Bilbao, a pesar de los intentos del PNV por trasladarlo a un sitio menos céntrico y visible.

El acto, que concluyó con «vivas» a España y con el himno nacional -hacía años que no sonaba en las calles de una de las capitales del País Vasco- transcurrió con normalidad, a pesar de la contramanifestación convocada por la izquierda abertzale cinco horas más tarde en apoyo a los procesados en el macrojuicio de Ekin y que contó con el respaldó unánime de los partidos que apoyan al Ejecutivo vasco.

El lugar de la «cita», la plaza Moyúa, en plena Gran Vía bilbaína, apareció repleto de pegatinas de gran tamaño en las que se leía «fascistas fuera» y se reclamaba «respeto» a lo que decidan los vascos. Encima de ellas, simpatizantes del Foro Ermua habían colocado pegatinas con manos blancas.

Entre fuertes medidas de seguridad -los antidisturbios de la policía vasca realizaron identificaciones y detuvieron a un hombre por negarse a entregar una bandera inconstitucional-, centenares de personas secundaron el acto con la bandera nacional, ikurriñas y enseñas de otras comunidades autónomas. También, con carteles con lemas como «Cataluña sí. Tripartito no», «Constitución=Igualdad» o «Negociar es claudicar».

Los nombres de los asesinados
La convocatoria, en la que se leyeron los nombres de cargos públicos asesinados por ETA, contó con una amplia representación del PP, con María San Gil, Ignacio Astarloa o la concejal de Azkoitia, Pilar Elías -que fue recibida entre aplausos- a la cabeza, y también de miembros de UPN.

La presencia del PSE en esta convocatoria -en la que se criticó con dureza al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por dialogar con ETA para «negociar nuestra rendición» y por «ceder» ante las presiones nacionalistas- se limitó a la de Antonio Aguirre, miembro del Foro de Ermua, y a algún militante de base.

En el transcurso de la misma, el presidente de este movimiento cívico, Mikel Buesa, advirtió al Ejecutivo del PSOE de que «un Gobierno que va contra la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo es un gobierno ilegítimo que, como vascos y españoles, no nos merecemos».

Reprochó a Zapatero que quiera ser como el lendakari Ibarretxe y afirmó que «apelar a la reconciliación y a la paz» para justificar el diálogo con ETA y la excarcelación de presos lleva a «una falsa paz» que «destruye el sistema democrático».

No más concesiones a ETA
Buesa pidió al presidente del Gobierno que vuelva «al objetivo esencial» de derrotar al terrorismo, le exigió «una política de claridad» y no más «concesiones a ETA». Al respecto, pidió que se trate a los miembros de ETA como a los nazis en Nüremberg, e insistió en que «no queremos a nuestros gobernadores doblegados por el nacionalismo».

Por su parte, María San Gil, dijo que el presidente del Gobierno se «ha equivocado de enemigo», y que no lo son las víctimas, el PP, ni el Foro Ermua, sino «los nacionalistas y, por supuesto, los terroristas».

«Es ilegítimo un Gobierno que va contra la justicia», proclama el Foro Ermua en Bilbao
Una concentración en la Plaza Moyúa defendió «la unidad de España» Un detenido tras negarse a entregar a la Ertzaintza una bandera preconstitucional
MARÍA J. SÁNCHEZ/BILBAO EL Correo 19 Febrero 2006

El Foro Ermua acusó ayer al Ejecutivo socialista de ser un Gobierno «ilegítimo» que «no nos merecemos» porque «va en contra de la igualdad, la libertad, la justicia y la pluralidad». El presidente del colectivo, Mikel Buesa, censuró a José Luis Rodríguez Zapatero por prometer «una falsa paz». «Destruye el sistema democrático, reconoce un papel político a los terroristas y les dice que el empleo de la violencia tiene utilidad para que logren sus objetivos», señaló en una intervención plagada de críticas al Gobierno del PSOE y a su política antiterrorista.

Estas consideraciones fueron el colofón de un acto convocado por el Foro Ermua junto a varias plataformas cívicas ayer en la Plaza Moyúa de Bilbao. La concentración se enmarca dentro de la caravana que esta asociación está realizando por toda la Península para presentar el manifiesto 'Por la unidad de España: por la igualdad y la solidaridad de todos los españoles', leído ayer por Iñaki Ezkerra y que ya ha sido presentado en otras ciudades como Madrid y Pamplona. La cita, celebrada entre importantes medidas de seguridad, fue secundada por centenares de personas procedentes de todo el país que enarbolaron decenas de banderas españolas tras deplegar una gran ikurriña en el suelo.

Mikel Buesa, en la clausura de la concentración, manifestó que «apelar a la reconciliación para excarcelar a los presos y crear así un estado de injusticia para las víctimas es una falsa reconciliación». El terrorismo, enfatizó, «no se resuelve haciendo concesiones a Batasuna ni estableciendo oscuras negociaciones con ETA». A juicio de Buesa, Zapatero mira con «indiferencia» a las víctimas «y desprecia sus reclamaciones».

En este contexto, el Foro Ermua consideró que «el Gobierno de España tiene que volver al objetivo de derrotar a los terroristas», para lo cual «deben ponerse de acuerdo con los partidos verdaderamente democráticos dejando de lado a los nacionalistas, que justifican el terrorismo porque se benefician de él». Buesa apostillo que el Ejecutivo es «débil» porque depende de los apoyos que logra «cediendo ante los nacionalistas y quebrantando la Constitución y las leyes».

Un significado especial
El acto, presentado por la periodista Carmen Gurruchaga, contó con la presencia de numerosos dirigentes del PP vasco encabezados por su presidenta, María San Gil, a quien acompañaban Leopoldo Barreda, Carmelo Barrio, Ignacio Astarloa, Antonio Basagoiti y la edil de Azkoitia Pilar Elías. San Gil subrayó que celebrar un acto de estas características en Bilbao tiene «un significado especial» porque «si de algún sitio ha empezado el ataque al Estado de las autonomías es desde Euskadi, con el plan Ibarretxe, que ha tenido continuación en el Estatuto catalán». Por ello, afirmó que Zapatero se ha «confundido de enemigo». «No son ni el PP, ni el Foro Ermua o las víctimas, sino los nacionalistas y, por supuesto, los terroristas».

El único altercado lo protagonizó un varón, detenido por un presunto delito de desobediencia a la autoridad por negarse a entregar a los agentes de la Ertzaintza una bandera preconstitucional que portaba, según informó Interior.

TRAS EL COMUNICADO DE ETA QUE DEFRAUDA LAS EXPECTATIVAS DEL GOBIERNO
Mayor Oreja dice que en un proceso por la "autodeterminación hay vencedores, los verdugos frente a las víctimas"
En declaraciones a La Mañana de la COPE, el ex ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, ha dicho, refiriéndose al comunicado de ETA, que este mensaje debe recordarle a Zapatero que los asesinos jamás renunciarán a la independencia. Afirma Mayor Oreja que "cada día que transcurre en este mal llamado proceso de paz, y bien llamado proceso para la autodeterminación, si que va a haber vencedores y vencidos”, los verdugos frente a las víctimas. A última hora de este sábado, un artefacto ha explotado en la provincia de Guipúzcoa.
Libertad Digital 19 Febrero 2006

El ex ministro de Interior y líder del Partido Popular en Europa, Jaime Mayor Oreja, ha manifestado en La Mañana de COPE que los encapuchados mantienen su posición en la que "España" es el "enemigo a batir", el fin último de las bombas es separarse de España cuando un gobierno "decida poner de rodillas al Estado de derecho" y, sobre todo, advierte Jaime Mayor Oreja que tenemos ya pruebas de las devastadoras consecuencias de la política de Zapatero: "ETA se ha venido arriba".

Mayor Oreja ha declarado, sobre el último comunicado de ETA, que el texto confirma que no estamos ante un proceso de paz, sino de autodeterminación: "que cada día que transcurre en este mal llamado proceso de paz, y bien llamado proceso para la autodeterminación, sin duda, va a tener más capacidad, más poder político, más influencia, porque en esta batalla si que va a haber vencedores y vencidos. "De ahí el disparate de un Gobierno empeñado en falsear el autentico sentido del proceso que se pretende iniciar, que no es de paz, sino para la autodeterminación". Para el líder del PP en Europa, la victoria si se sigue esta política es para ETA, la derrota para las víctimas y para la mayoría absoluta de la sociedad y eso a su juicio no es sólo injusto, peor aún es completamente inmoral.

A su juicio, en el comunicado "lo que ETA está señalando es que no ve garantías suficientes para el mismo todavía". "Pero que nadie se equivoque, esto es una incidencia que sin duda humilla y ridiculiza al Gobierno, pero el proceso continúa".

Mayor Oreja se ha referido, en una declaraciones recogidas por Europa Press, también a la resolución aprobada el viernes por el Parlamento Vasco y a las palabras de María Teresa Fernández de la Vega, en el sentido de que en este proceso no tiene que haber vencedores y vencidos. Para el dirigente popular decir eso no es "es solo una barbaridad, sino también una falsedad, porque "en un proceso por la autodetermiación, hay vencedores: los verdugos frente a las víctimas". "Sólo hace falta contemplar la euforia en los dirigentes de la izquierda abertzale y ver hasta que punto están diciendo que los tiempos los marcan ellos, porque se sienten los vencedores de este proceso". "Ellos se sienten los vencedores, porque ETA confirmaría que tenía la razón, que la Constitución era insuficiente y había que ir a la autodeterminación", ha afirmado Mayor Oreja.

Otro artefacto, en Gipúzcoa
Un artefacto incendiario ha causado escasos daños en un transformador que suministra electricidad a la estación de Renfe de Gaintxurizketa en Lezo (Guipúzcoa), han informado este domingo a Efe el departamento vasco de Interior y los bomberos de la Diputación. Según estas fuentes, el sabotaje se produjo hacia las 23.00 horas de este sábado, momento en el que el artefacto deflagró y causó el ennegrecimiento de una de las paredes del transformador, propiedad de la empresa Hiberdrola.

Una dotación de los bomberos acudió al lugar, aunque no llegó a intervenir ya que, según explicó uno de sus portavoces, las llamas eran de pequeñas dimensiones y se consumieron por si mismas, por lo que tras la llegada de varios técnicos de la empresa eléctrica abandonaron la instalación. La Policía autonómica vasca precisó que los agentes que inspeccionaron la zona descubrieron que la valla que impide el acceso al transformador había sido forzada.
 

TRAS EL NUEVO CASO DEL EXPEDIENTE FALSIFICADO DE JOSU ONDRAGÓN
La Universidad del País Vasco se convierte en el recurso utilizado por los terroristas de ETA para reducir penas
El que fuera lugarteniente del terrorista Francisco Múgica Garmendia "Pakito", Jesús Arcauz Arana "Josu Mondragón", también ha estado matriculado en la Universidad del País Vasco con datos falsos en su expediente. Josu Mondragón fue detenido en Biarritz el 18 de marzo de 1991, cumplió condena en Francia y fue entregado a las autoridades españolas en 1997. En España ha sido juzgado por numerosos atentados contra cuarteles de la Guardia Civil y por el envío de numerosas cartas bomba, una de ellas, en 1989, al entonces ministro de Justicia, Enrique Múgica. Cuenta con condenas que suman más de 200 años de prisión.
Europa Press Libertad Digital 19 Febrero 2006

En el momento de ser detenido era el número dos de ETA y lugarteniente de Francisco Múgica Garmendia "Pakito". Al igual que éste y que otros muchos presos de la banda terrorista ETA, ha estado matriculado en la Universidad del País Vasco con datos falsos o ficticios. Arcauz Arana se matriculó en la UPV mientras estaba preso en Francia, lo hizo unos meses después de ser arrestado, para el curso 1991-1992. En el expediente abierto llama la atención que se ha rellenado el campo sobre la localidad y la provincia de nacimiento de la misma manera que se hizo en 1988-89 con el también etarra del Donosti, Ignacio Erro Zazu, quien cursó la carrera de Políticas.

Así, la localidad de nacimiento que figura en ambos expedientes es "88888888888888888888" y la provincia la "88". Fuentes de la investigación consideran que la persona que realizó la apertura de ambos expedientes fuera la misma. En la modalidad de acceso aparece la de mayores de 25 años, utilizada habitualmente por los presos de ETA que se matriculan en la UPV. En este caso, se habría examinado el 22 de julio de 1992 pero no aparece la nota obtenida. El curso siguiente 1992/1993 se matricula en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, en la carrera de Sociología, en un grupo presencial y con horario de mañana, a pesar de estar preso en Francia y no poder asistir a clases y de no haber convenio con las prisiones francesas para este fin. Ese curso aprobó todas las asignaturas menos una en la convocatoria de junio.

Pagos de libros sin estar matriculados
En el curso 1997/1998 es cuando pasa a, matricularse en un grupo en "situación especial", matriculado en el grupo 00 reservado para los alumnos que no ocupan plaza. Arcauz Arana se sacó la carrera en siete cursos, entre las convocatorias de junio y septiembre y finalizó en el año 2000. Sin embargo, el pleno del ayuntamiento de Mondragón aprobó el 15 de septiembre de 2003 pagar las facturas de libros correspondientes al curso 2002-2003 a diez presos de ETA de la localidad.

Las facturas fueron remitidas al ayuntamiento por la "coordinadora del programa de estudios de la UPV para alumnos presos, aunque esta persona no forma parte de la plantilla de la UPV sino de la UNED de Bergara. Dichas facturas son todas de 120 euros cada una, sin especificar ningún libro y sin IVA. Pero de la relación de los diez presos del municipio de Mondragón sólo cinco estaban matriculados en la UPV mientras que los otros cinco no figuran como matriculados, entre ellos, Josu Mondragón.

Nace una asociación en defensa del castellano en el Estatuto catalán
I. A. ABC 19 Febrero 2006

BARCELONA. «Enmienda 6.1» es el nombre escogido finalmente para la plataforma en defensa del castellano que verá la luz esta semana en Barcelona. Encabezada por Carmelo González -el médico residente en Sitges que se declaró en huelga de hambre para reclamar el derecho a recibir una educación en castellano de su hija-, la nueva organización contará, según ha podido saber ABC, con el apoyo entre otras entidades cívicas, de las corrientes críticas del PSC, aunque fuentes de este grupo han insistido en la voluntad de evitar la politización de la plataforma.

El objetivo de «Enmienda 6.1» es reformar o eliminar del nuevo Estatuto catalán ese artículo 6.1, en el que se define el catalán como la lengua propia de Cataluña y se fija el deber y la obligación de conocerlo junto al castellano. Sus impulsores consideran que, con el redactado actual, ya aprobado por PSOE, CiU, PSC e ICV, «el Estatuto niega al castellano la condición de lengua propia, a pesar de ser la lengua materna de millones de catalanes» y reivindican un trato igualitario para ambos idiomas.

Política lingüística
La plataforma denuncia, además, la política lingüística de la Generalitat, de la que asegura que «no respeta la realidad bilingüe» de Cataluña y busca, por el contrario, completar la sustición del castellano por el catalán en esta comunidad con una enseñanza pública que se imparte en catalán. En este contexto, advierte de que «discriminar lenguas es discriminar personas» y reclama una política respetuosa con los derechos de la persona, lo que en su opinión pasa por impedir que desde los poderes públicos se dé preferencia a una lengua sobre otra.

El debate sobre la política lingüística implementada por la Generalitat, reforzada tras la llegada de ERC al Gobierno catalán, ha arreciado en las últimas semanas coincidiendo con el debate del nuevo Estatuto de Autonomía en el Congreso. El texto estatutario equipara legalmente a las dos lenguas oficiales en Cataluña, lo que proporciona un nuevo aval a las políticas de inmersión lingüística. Mientras, desde el nacionalismo catalán se observa este debate como una maniobra para rebajar las aspiraciones estatutarias y niegan que exista ningún tipo de discriminiación del castellano en Cataluña.
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