AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 5 Marzo  2006
Reflexiones sobre la lengua (El nacionalismo y la limpieza lingüística)
Jesús Neira Martínez La Opinión 5 Marzo 2006

Ciudadanos
IGNACIO CAMACHO ABC 5 Marzo 2006

Ciutadans de Catalunya: ya están aquí
José García Domínguez Libertad Digital 5 Marzo 2006

LA ALTERNATIVA MÖBIUS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 5 Marzo 2006

Lenguaje
JON JUARISTI ABC 5 Marzo 2006

ETA reactiva el terror callejero
Editorial ABC 5 Marzo 2006

Ciutadans de Catalunya
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 5 Marzo 2006

Ciudadanos de Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 5 Marzo 2006

El que avisa no es traidor
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 5 Marzo 2006

Cataluña: se rompe la paz
ASSUMPTA ROURA La Voz 5 Marzo 2006

El centro de la libertad
Ignacio Cosidó Libertad Digital 5 Marzo 2006

El mejor Aznar en el momento más oportuno
Ignacio Villa Libertad Digital 5 Marzo 2006

"Ciudadanos de Cataluña" asume "el reto" de "la expulsión del nacionalismo del espacio público"
Europa Press Libertad Digital 5 Marzo 2006

El partido de Boadella se presenta como garante del «antinacionalismo»
Tate Santaeulària ABC 5 Marzo 2006

El partido no nacionalista de Cataluña nace con el fin de derrotar el Estatuto
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 5 Marzo 2006

Radicales atacan con cócteles molotov a varios policías y oficinas bancarias de Vizcaya y Álava
AGENCIAS elmundo.es 5 Marzo 2006

Reflexiones sobre la lengua (El nacionalismo y la limpieza lingüística)
Jesús Neira Martínez La Opinión www.laopinioncoruna.com 5 Marzo 2006

En algunas regiones españolas se han producido, en las últimas décadas, una sucesión de conflictos lingüísticos. En las siguientes líneas trataremos de indagar sus orígenes y sus repercusiones en la sociedad.

A partir de la Constitución de 1978, las provincias españolas se reorganizaron en Comunidades Autónomas. Cada una tuvo desde entonces su gobierno, su parlamento y el estatuto que recoge sus atribuciones y las competencias otorgadas por el gobierno central. Inicialmente tres Comunidades Autónomas (Galicia, el País Vasco y Cataluña) fueron consideradas históricas y se denominaron nacionalidades. En todas ellas se inicia desde entonces un proceso en el que se busca destacar su singularidad, y en el que se toma la lengua propia -cooficial junto al castellano- como la seña máxima de identidad. El esfuerzo de conservación y potenciación de las lenguas propias de estas autonomías, e incluso su recuperación en algunos casos, ha hecho que éstas hayan ido asumiendo paulatinamente usos antes reservados sólo al castellano.

Esta progresiva potenciación de la lengua regional ha llegado en Cataluña a un grado máximo con la ley de la normalización del catalán y la de la inmersión lingüística. De hecho, el catalán se ha ido convirtiendo en estos últimos años en la única lengua oficial de Cataluña en todos los organismos que dependen de la Generalitat y el uso del español se ha ido reduciendo o suprimiendo progresivamente de los lugares en los que aún perduraba.

Actualmente, apenas hay posibilidades de escolarizar a un niño en español, aunque éste sea su idioma materno, y en los planes de estudio de algunos centros sólo existen como asignaturas el catalán y el inglés. La promoción del catalán en detrimento del castellano se ha extendido también al ámbito privado: un ejemplo lo encontramos en la obligación de rotular en catalán en todos los centros comerciales, y en la creación de un organismo para vigilar el cumplimiento de las leyes lingüísticas, en el que se admiten delaciones anónimas respecto a los que quebrantan la norma.

En el reciente proyecto de un nuevo Estatuto se sanciona por ley lo que ya se viene practicando de hecho en los últimos años: el catalán -considerado el único idioma oficial- es la lengua de Cataluña, que todos los ciudadanos deben conocer y utilizar en sus relaciones con la administración. De este modo, el castellano queda marginado y silenciado, perdiendo su carácter de lengua oficial al relegarse sólo al ámbito privado.

Este planteamiento oficial contrasta radicalmente con la realidad lingüística de la sociedad catalana, en que aproximadamente la mitad de la población tiene como lengua materna el catalán y otra mitad el castellano, y donde la mayoría de los hablantes maneja ambos idiomas.

Ante esta situación sorprendente nos preguntamos ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se puede silenciar una lengua viva en toda una comunidad? ¿Cómo se puede prescindir de una lengua que sirve para comunicarnos con el resto de España e Hispanoamérica? ¿Cómo se puede intentar en un breve espacio de tiempo cambiar una situación lingüística pasando del bilingüismo al monolingüismo? Esta pretensión de hacer desaparecer artificialmente una lengua es totalmente irrealizable y constituiría, además, un empobrecimiento de la sociedad catalana, una automutilación que afecta no sólo a los castellanohablantes, sino también a los catalanohablantes.

¿Cómo es posible que se haya llegado a este clima de limpieza lingüística? La sociedad catalana ha sido tradicionalmente floreciente en todos los órdenes y a Cataluña llegaron, en los dos últimos siglos, múltiples gentes procedentes de todas las regiones españolas y de Hispanoamérica que se sintieron recibidos como compatriotas y no como extranjeros, contribuyendo todos ellos a la prosperidad de la comunidad que los acogió. Algunos formaron ahí su nuevo hogar y encontraron en Cataluña una nueva patria sin perder la suya propia, lo que fue posible, entre otras cosas, gracias a la existencia de un idioma común, el castellano. La adquisición posterior de la lengua propia de la comunidad, el catalán, se produjo de forma natural, sin que supusiera ninguna limitación, sino, por el contrario, un enriquecimiento.

Esta política lingüística, que afecta en distintos grados a todas las comunidades con idioma propio, se basa en unos principios -implícitos o explícitos-, entre los que se encuentra, como idea fundamental, el concepto de "identidad", concebida como el conjunto de características propias de un pueblo, de una raza o de una comunidad, que la definen a lo largo de su historia y la diferencian de las comunidades próximas. Entre estas características, la lengua es una de las más perceptibles, convirtiéndose así en signo máximo de la identidad, y eso es el gran error que está produciendo graves consecuencias en algunas regiones españolas. El artificial enfrentamiento de dos lenguas que han convivido durante siglos en el mismo territorio conduce a una discriminación entre ellas: una, la más representativa, la que refleja la identidad, pretende ser conservada, protegida, recuperada, exhibida en la administración, mientras que la otra es progresivamente reducida, silenciada incluso, a veces, prohibida. Esta política lingüística necesariamente fracasará porque va en contra de la realidad de la lengua, lo mismo la presente que la del pasado, la de sus orígenes y su evolución en cada persona y en cada grupo humano.

Estos planteamientos implican, a nuestro juicio, un profundo desconocimiento de la naturaleza y funcionamiento de las lenguas. Veamos lo que sucede en el aprendizaje del lenguaje por el niño, que es representativo del proceso de adquisición de cualquier lenguaje.

En pocos años el niño adquiere el lenguaje del ambiente en el que vive, a través de un proceso que combina repetición y creación. Los miembros de la familia tienen la misma lengua, pero realizada de un modo distinto, en la pronunciación, en las palabras, en los distintos usos. El niño, en principio, es un mero oyente de estas hablas y las interpreta creando un lenguaje con el que entiende y es entendido pero que no coincide exactamente con los miembros de su entorno, desarrolla de este modo un lenguaje a su imagen y semejanza. Mas allá del entorno familiar -en la escuela, en el barrio- el proceso sigue siendo el mismo: entre la diversidad de las hablas individuales el niño va incorporando algunas, tal como él las interpreta.

Este mecanismo se repite de un modo análogo en cualquier hablante adulto: la palabra oída, si la entendemos, pasa a ser nuestra, aunque modifiquemos levemente su pronunciación y su sentido. La diversidad entre los usos individuales o colectivos determina que las palabras no tengan una delimitación precisa. Esta imperfección es, precisamente, la que favorece la capacidad creadora del lenguaje: la palabra es, en cada individuo, dúctil y maleable, siendo capaz de revestirse de nuevos sentidos. De este modo, las palabras que se van conociendo tienen vida dentro de su propio lenguaje, están en constante renovación.

Las lenguas son obras colectivas y anónimas en las que todos los hablantes son los protagonistas, aunque no tengan conciencia de ello. Por eso tienen un ritmo evolutivo propio, no coincidente con otros cambios bruscos que pueden afectar profundamente a la sociedad. En las lenguas nunca se producen revoluciones. Por eso no podemos asistir al nacimiento o a la muerte de una de ellas. Las lenguas están abiertas, no tienen fronteras definidas, no están adscritas necesariamente a un territorio, a un pueblo o a una raza. Existen guerras, invasiones de unos pueblos a otros por diversas causas; pero nunca hubo guerras para imponer una lengua o suprimir otra. Mostremos algunos casos. Los invasores germánicos que ocuparon zonas profundamente romanizadas y latinizadas, adoptaron la lengua de los vencidos. La invasión y ocupación de España por los musulmanes durante ocho siglos no cambió el panorama lingüístico de las Península; los incipientes dialectos latinos se transformaron durante este tiempo en las lenguas romances hispánicas. Las huellas del árabe se manifiestan hoy, sobre todo, en un léxico muy amplio y en la toponimia. La expansión del español en América no se debió, como pensaba Nebrija, a la difusión de su gramática. Los españoles utilizaron la lengua que tenían y ello no impidió el mantenimiento de las lenguas indígenas. La misión fundamental de los misioneros era evangelizar y, para ello, aprendieron las lenguas nativas que han llegado hasta la actualidad, y fueron los primeros en recogerlas por escrito. Y más tarde, cuando los virreinatos se transformaron en naciones independientes, el castellano adquirió un nuevo impulso, porque se consideraba que una lengua común era un medio de unión, aunque se tratara de distintas naciones.

El cambio lingüístico está siempre en la misma base de las lenguas y su funcionamiento se basa en dos fuerzas o tendencias de sentido opuesto: una que parte de la diversidad hasta llegar a la norma, la que va del idiolecto a la lengua, pasando por el dialecto, y otra en sentido opuesto que nace de la unidad , la lengua, y va al idiolecto, la diversidad. Cuando este mecanismo no funciona, o se corta en el sentido de la lengua al idiolecto, se pasa del cambio lingüístico al cambio de lenguas; ha desaparecido una lengua y, simultáneamente los dialectos se han convertido en lenguas. Podemos decir que realmente las lenguas nunca mueren de todo; el latín sigue presente en las lenguas romances. El vascuence no se extendió hacia el Sur, como las otras lenguas románicas de la Península, sino que retrocedió o fue sustituido por el castellano perdurando como lengua viva en pequeñas zonas del País Vasco o Navarra, pero sus huellas están presentes en el castellano, especialmente en el sistema fonético, y éste es, precisamente, lo que separa el castellano de las otras lenguas de la Península. Navarra tuvo también en la Edad Media un romance navarro que, al evolucionar sobre un sustrato vasco, coincidió o se confundió con el castellano.

Una lengua rígidamente normalizada se convierte en una lengua muerta, sin capacidad creadora, que provocaría un divorcio entre lo que se escribe y lo que se habla. Esto es precisamente lo que a lo largo de los siglos ocurrió al latín. La lengua del Latio se extendió por todo el Imperio Romano y algunas zonas quedaron profundamente romanizadas y latinizadas. Este latín imperial se enriqueció al contacto con las diversas lenguas de las zonas conquistadas. La invasión germánica no cambió, en principio, la lengua latina, incluso después de la fragmentación del Imperio. Sin embargo, al perderse la comunicación entre las provincias, los dialectos latinos se transformaron en lenguas distintas, y el latín continuó como lengua escrita, aunque sin capacidad creadora. Durante siglos fue la lengua de la cultura: de la filosofía. de la teología, de la liturgia, de la jurisprudencia , y perdió el contacto con la lengua hablada al quedarse inmovilizada, algo parecido a lo que ocurre con los lenguajes técnicos; gracias a eso se mantuvo la unidad cultural en toda Europa Occidental. Ese latín no era el latín de ninguna zona, sino que se aprendía como una lengua extranjera: se había divorciado, por lo tanto, de la lengua hablada. La exactitud de las frases latinas es una consecuencia de su no evolución. Por eso la Iglesia terminó ordenando a los clérigos que se dirigiesen a sus feligreses en la lengua que hablaban. Esta comenzó a usarse también como lengua literaria, primero en las canciones, después en narraciones populares. Así Berceo, aunque sabía latín, consideraba que se sentía mejor expresándose en la lengua que hablaban y no en el latín aprendido: quiero fer una prosa en román paladino/ en la cual suele el pueblo fablar a su vecino/ ca non so letrado por fer otro latino.

Estas nuevas lenguas, llamadas en principio vulgares, fueron avanzando en su uso literario, utilizándose finalmente para temas científicos o filosóficos. En los párrafos anteriores hemos tratado de explicar el funcionamiento habitual de las lenguas. La observación de esta realidad contrasta con los aparentes conflictos lingüísticos que parecen darse en la España actual. El enfrentamiento entre las diferentes lenguas que coexisten en el mismo territorio supondría ir contra su propia naturaleza y su función primordial, que es la de la comunicación. A modo de conclusión y para apoyar esta idea, podemos extraer las siguientes consideraciones a partir de lo comentado hasta aquí:

Ha existido siempre una diversidad de lenguas, cada una de las cuales contiene a su vez distintos dialectos, hablas y otras modalidades, hasta llegar al idolecto. Esta variedad lingüística es un reflejo, en especial en el vocabulario, de la variedad de situaciones en que las gentes y los pueblos han vivido a lo largo de su historia. La infinita variedad de lenguas y dialectos no produce un caos, pues la necesidad de comunicación y el carácter abierto del signo lingüístico lleva a un acercamiento entre ellas y a un enriquecimiento mutuo. El aprendizaje de una primera lengua posibilita para el aprendizaje de otras, sin que por ello se elimine la primera. De esta manera se amplía la capacidad de comunicación. Ninguna lengua es superior a otra. Todas tienen la misma naturaleza, la misma función y la misma capacidad creadora. No hay lenguas ricas frente a otras pobres. Todas son ricas en las actividades a las que las gentes que las hablan se han dedicado. La lengua escrita es siempre posterior a la oral, y ésta sigue siendo la base nutricia de aquélla. Si esta comunicación se interrumpe se transforma en lengua muerta. La lengua en su manifestación literaria puede estar floreciente o no; la oral, en cambio, nunca está decadente, siempre está viva, pues está naciendo siempre en los hablantes.

La lengua es un producto anónimo y colectivo en el que los hablantes son los protagonistas. De aquí proceden algunos de sus rasgos más característicos: el ritmo evolutivo lento que no se corresponde con otras realidades socio-económicas; las lenguas no tienen patria -porque están abiertas a todas las patrias-, y la capacidad de evolucionar y organizarse solas. Por esto, las lenguas necesitan sólo la libertad que siempre tuvieron. El lenguaje es un instrumento para el avance y la clarificación del pensamiento: poner nombre a las cosas es, en cierto modo, dominarlas, poseerlas. Pero el lenguaje no tiene identidad, no supone una concepción del mundo propia de un pueblo o de una raza. El pensamiento crea el lenguaje, pero, una vez creado, lo moldea permanentemente en cada individuo y en cada grupo humano con arreglo a sus circunstancias. Esto es, precisamente, el origen de la diversidad de lenguas y de su permanente, aunque lenta, evolución.

Ciudadanos
Por IGNACIO CAMACHO ABC 5 Marzo 2006

ME lo dijo la otra mañana Albert Boadella, con la luz de un marzo ya casi primaveral esculpiendo los huecos de la Pedrera: «Si tuviese ahora cuarenta años, me metía a fondo». Se refería a la política, esa función que alguna vez, ya tiempo atrás, llegamos a identificar con una forma de cambiar el mundo. Eso era cuando pensábamos que la Historia iba a ser como nos la merecíamos, cuando al menos un par de generaciones de españoles creímos que el anhelo de libertad traería una democracia de ciudadanos, cuando soñábamos con el viejo ideal de los patricios que dejaban el arado para ceñirse la túnica de los patres conscripti, cuando nos resistíamos a creer que aquella utopía iba a acabar en manos de una casta de chamanes.

Está Boadella ahora, con otros intelectuales catalanes, gente del pensamiento, de la Universidad, de la cultura, en ese umbral incierto entre la rebeldía civil y un lógico pesimismo histórico. Asfixiados por un nacionalismo crecido en su deriva de exclusión, se niegan a enrocarse en la pasividad y reclaman un hueco en la escena pública para no hacerse cómplices de una ignominia. Han llegado a una conclusión tan evidente como desalentadora: si el 90 por ciento del Parlamento autonómico se ha embarcado en el delirio del Estatuto, es porque la clase dirigente ha perdido pie en la realidad social. Y quieren participar, ese verbo olvidado en esta cómoda democracia delegada. Quieren que bajo la alharaca del desvarío nacionalista, bajo el ruido que construye artificialmente una presunta nación, se escuche la voz de los ciudadanos. Clara como una lámpara, simple como un anillo, dijo Neruda.

Van a formar un partido. Se estrellarán con él, probablemente, y sufrirán en ese caso el escarnio de los instalados que siempre hacen desprecio de los outsiders. Puede que se equivoquen al confiar demasiado en el hastío del pueblo ante los cauces convencionales. Y suele constituir un axioma que en la política los intelectuales aciertan en el diagnóstico tanto como yerran en las recetas. Pero es bonita su aventura, y ojalá sepan conservarla con la frescura levantisca de este comienzo. Porque tiene el valor de un paso al frente en medio del conformismo, de un gesto rebelde contra la mediocridad, de una apuesta por la utopía civil tras el fracaso de unas instituciones degradadas.

Y es que algo falla, alguna grieta se ha abierto en el sistema cuando cada vez más gente se siente al margen de un juego que no entiende. Cuando los partidos se vuelven maquinarias de poder que olvidan o postergan las demandas de la calle. Cuando el pueblo no tiene voces con las que hacerse oír en la atmósfera viciada de un teatro estéril. El de Cataluña es un caso escandaloso de autismo político de los partidos, una enajenación clamorosa y desatinada. Pero no es el único: toda esta quimera alucinada que vivimos bajo la sensación de que nos llevan por donde no queremos es sólo la evidencia de que alguien se ha dejado atrás a los ciudadanos en nombre de una razón enajenada.

Ciutadans de Catalunya: ya están aquí
José García Domínguez Libertad Digital 5 Marzo 2006

Sin complejos, sin pedir perdón por haber nacido y sin Francesc Vendrell, 1.800 catalanes libres han abarrotado este sábado el teatro Tívoli de Barcelona en el acto de presentación de Ciutadans de Catalunya. Otros cientos de personas, cerca de mil, han tenido que seguir las intervenciones desde la calle, ante la imposibilidad física de acceder a la sala, completamente atestada de público desde una hora antes de que se abriera el turno de palabras. El objetivo programático del nuevo partido que allí los convocaba, según la lúcida síntesis de Francesc de Carreras, parece terriblemente ambicioso. Pues, en confesión pública de ese catedrático de Derecho Constitucional, se proponen nada menos que "legalizar la realidad", herejía jamás proclamada aquí, en Matrix, desde los tiempos del Manifiesto de los 2.300. Una apostasía que, por otro lado, todos los presentes parecieron comprender a la primera. Todos, salvo los reporteros de Catalunya Ràdio, que, definitivamente despistados, no cesaban de interrogar a la gente sobre una imaginaria redundancia de fines entre los ciutadans y el proyecto estratégico de Josep Piqué.

En el escenario, un mozo de escuadra bajo cuyas gafas de sol hay quien ha adivinado la mirada burlona de Albert Boadella, no ha sido intimidación suficiente para reprimir los sacrilegios de los oradores que irían tomando la palabra. Ni siquiera su patriótica porra (iba reglamentariamente adornada con las cuatro barras) lograría acallar las carcajadas de la gente ante la proyección del vídeo resumen de la institucionalización del latrocinio nacionalista durante el último cuarto de siglo. Ejercicio de recuperación de la memoria histórica que se inició con una larga, emocionada ovación en recuerdo del president Tarradellas (aquel inolvidable "Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí"). Y que concluyó con un simpático plano de Maragall, tras el que emergió en pantalla esa silueta de un gran asno con la que se reconocen entre sí los nacional-sociolingüistas cuando viajan en coche.

Luego, en una escena que a algunos nos recordaría el inicio de aquella hermosa proclama insurreccional latinoamericana —"Hasta ahora hemos mantenido un silencio bastante parecido a la estupidez…"—, representantes de las 36 secciones locales ya constituidas explicaron cómo se está organizando la resistencia al nacionalismo obligatorio en todos los rincones de Cataluña. Grandes aplausos para Piqué (Piqué, Antoni, que lucha por los derechos civiles en Tarragona). Y a los promotores de la desobediencia a la teocracia identitaria en Martorell, Nou Barris, Tortosa, Cornellà, Badalona… Entre ellos, María José Páez consiguió lo imposible: asombrarnos a los que ya no nos sorprendemos de nada en el oasis. Por ella hemos sabido que funcionarios de la Generalitat están recibiendo un e-mail interno en el que se les "invita" a confesar si creen que Cataluña es una nación.

A continuación, Fernando Savater se dirigió brevemente al auditorio para, esta vez sí, marcar distancias doctrinales con el pensamiento de Pepe Rubianes. El siguiente en subir al estrado, De Carreras, aún con la imagen del omnipresente burro autóctono en las retinas de la concurrencia, apelaría a los valores de la Ilustración ­—"son los ciudadanos, los individuos, quienes tienen derechos, no los territorios ni las abstracciones"— para diferenciar a Ciutadans de Catalunya de ese monolítico PUC (Partido Unificado de Cataluña) que ahora también responde por Cuatripartito. Delante de él, festejando lo que ya se había transformado en un sorbo colectivo de libertad, la alegre promiscuidad ideológica de los concentrados, mezcla abigarrada de oyentes de la COPE, jóvenes militantes del PP, abstencionistas crónicos de todo pelaje y condición, y una multitud de votantes de izquierdas de toda la vida. Una ciudadanía tan heterogénea, gozosa y barrrechada como la impúdica y feliz mezcolanza de lenguas que practica constantemente la Cataluña real. Tan caótica como la memoria de Francesc de Carreras con lo irrelevante (tras su alocución, ya no recordaba si había pronunciado su discurso en castellano o en catalán). Y, desde hoy, tan esperanzada como el verde de la camisa que lucía Arcadi Espada, que cerró el mitin pronunciando una de las piezas oratorias más brillantes que se hayan escuchado en Cataluña desde la instauración de la democracia. Tras oírle, eso sí parecía, y de verdad, el inicio del principio del fin de un régimen liberticida.

LA ALTERNATIVA MÖBIUS
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 5 Marzo 2006

Corten, de arriba abajo, una cuartilla de papel, en paralelo a uno cualquiera de sus lados. Obtendrán una cinta en forma de rectángulo. Retuerzan la cinta, y empalmen los extremos de manera tal que queden emparejados los ángulos que antes estaban en diagonal. La figura resultante se conoce en topología como «banda de Möbius». Las bandas de Möbius ostentan la propiedad maravillosa de ofrecer una sola cara, aunque parezca que poseen dos. Prueben, si no, a recorrer la banda con un bolígrafo, sin perder en ningún momento contacto con el papel ni cruzar los bordes. Una vez que hayan vuelto al punto de partida, separen los extremos. Comprobarán que la línea se extiende a lo largo del haz de la cinta, y también de su envés. Ahora hay dos caras, pero esas caras eran sólo una cuando los extremos se hallaban machihembrados según las instrucciones de Möbius. Cabe afirmar que Möbius descubrió un trampantojo delicioso y también... una metáfora elocuente de la política española. En un pispás, les explico por qué.

Empecemos, qué sé yo, por el señor Azkárraga, consejero de Justicia del Gobierno Vasco. El señor Azkárraga hizo alusión de nuevo, el martes pasado, a una tregua inminente de ETA, y se situó a continuación en el escenario de las dos mesas, o hablando en plata, de la autodeterminación. La parte escenográfica no encierra misterio alguno. Al señor Azkárraga le encantaría, no cabe duda, que la autodeterminación se convirtiera en materia negociable. Ahora bien ¿consta al consejero de Justicia que ETA se halla a punto de anunciar una tregua?

Recelo que no. Lo más prudente es suponer que el señor Azkárraga sobrestima la fiabilidad de sus informaciones. El caso, sin embargo, es que el señor Azkárraga no es el único que pretende estar bien informado. También el presidente pretende estar bien informado. No sólo ha formulado esperanzas reiteradas sobre el cese próximo del terror, sino que asegura poseer datos preciosos que confía a casi todo el mundo, menos al jefe de la oposición. El agraciado por el afán comunicativo del presidente sale de la Moncloa en estado de euforia, un estado que no puede justificar en vista de que la revelación reviste un carácter secreto. ETA, entre tanto, insiste en poner petardos, y no renuncia, oficialmente, a sus pretensiones históricas, las cuales comprenden la autodeterminación y la anexión de Navarra. ¿Qué haremos entonces? ¿Pensar que el presidente se ha lanzado pista abajo sin descalzarse los patines, o aplicar una lectura oblicua a los petardos? Muchos españoles de buena fe se resisten a abrazar la idea de una inaudita ligereza presidencial. El presidente es el presidente, y disfruta de muchísima más información que cualquiera de nosotros. Se tiende, por tanto, a aplicar una lectura oblicua a los petardos. Éstos no significarían lo que semejan significar, a saber, que ETA no tiene la intención desarmarse, sino que significan más bien que se desarmará un poco más tarde. Por ejemplo, cuando ninguno de nosotros lo esté esperando. Ni el presidente, ni usted, ni yo.

Tras estas reflexiones, parecería como que nos hemos ganado el derecho a una breve, precaria tranquilidad. Pero ¡quiá!, ni siquiera. La hipótesis de una tregua es compatible con la hipótesis alarmante de una concesión política. ¿Cuál? Lo ignoramos. Y como lo ignoramos, y en el fondo no comprendemos nada, cada cual sale por donde se lo pide el cuerpo. Unos se hacen las composiciones de lugar más atroces; otros se espatarran entre contradicciones inverosímiles; y por supuesto la oposición, a la que se ha decidido no dar ni agua, explota las fundadas reticencias de los escépticos y agita el cotarro. ¿Alguna alternativa a esta profesión de impotencia, de azoramiento cognitivos?

Sí. Existe la alternativa Möbius. La alternativa Möbius, es que no existen dos caras de la cuestión, una esotérica y otra exotérica, una invisible y otra visible, sino una sola cara. ETA no va a rendirse, ni el Gobierno ha tramado la sigilosa entrega de España. Sencillamente, el Gobierno se ha hecho un lío, impulsado por cálculos absolutamente prematuros y probablemente inconsistentes. Por analogía mecánica con el episodio catalán, se ha querido ver en HB la contrahechura de ERC. Acto seguido, se ha acordado tentar a HB con el anzuelo del diálogo. Cien correveidiles han circulado de una a otra ribera, y algunos logreros, azacaneados por la perspectiva de una buena tajada en Vitoria, han especulado con alianzas escenas. En rigor, nada, o muy poco. La nuez está huera, vacía. Según corra el tiempo, o vayan multiplicándose los petardos, Zapatero se irá poniendo nervioso. Y se echará atrás, o si se pone lo bastante nervioso, se comprometerá de modo todavía más imprudente. El curso de las encuestas, o el azar de los petardos, decidirá el resto.

Todo esto, en fin, es una lata, y provoca cansancio. El cansancio, en política, es peligroso. Se traduce en desinterés primero, y después en desafección. La trayectoria errática, grotesca, del Estatuto catalán, no ayuda a levantar los ánimos. Ayer, por cierto, rompieron la botella contra el casco de un nuevo partido Francesc Carreras, Arcadi Espada y Albert Boadella. Constituye una excelente noticia que personas de tanta calidad bajen a la arena. Que haya suerte.

Lenguaje
Por JON JUARISTI ABC 5 Marzo 2006

SIGO con regocijo no exento de escándalo las tentativas de los turiferarios de Rodríguez para vendernos la idea de que la desaparición de ETA tiene un coste asumible por la democracia. La última que he leído -de un profesor de Sociología- es bastante divertida, sobre todo por su desfachatez: ETA, afirma, está ya derrotada. Sin embargo, lograr su disolución exigirá concesiones, para qué nos vamos a engañar. La mayoría de éstas serían poco gravosas para el sistema, incluso inocuas, dada la extenuación de la banda. Pero hay un obstáculo: el PP, que se cierra a cualquier transacción con los terroristas, por mínima que sea. Conclusión: si ETA vuelve a matar -y volverá a hacerlo si se le niega otra salida-, ya sabemos quién tendrá la culpa.

¿No habíamos quedado en que ETA está para el arrastre? La movilización de los expertos -como siempre- va a saldarse con un ridículo espantoso. Nada nuevo bajo el sol. En esto de los expertos en terrorismo, me pasa lo que a don Antonio Machado con los poetas modernistas. A distinguir me paro las voces de los ecos y escucho solamente, entre las voces, una. Un par a lo sumo. El resto anda preparando la gran operación para salvar el trasero del presidente endilgándole al PP toda la responsabilidad del fracaso que se avecina. Bueno, no toda. Ahora la reparten entre el conglomerado de la ciudadanía cabreada (obispos, foros y determinadas asociaciones de víctimas), para que resulte más creíble y se evite así magnificar a Rajoy.

Hay en esta maniobra un diseño táctico que debería preocupar a la derecha democrática, no porque la inculpación anticipada vaya a resultar convincente, sino porque el partido del Gobierno y sus aliados esperan conseguir esta vez lo que no alcanzaron en las fases anteriores: que una parte significativa del disenso se salga del sistema, deslizándose a la extrema derecha. Por descontado, ni ETA va a desaparecer -no por la tortuosa vía del inicio del principio del comienzo de los prolegómenos- ni el PP pagará los platos rotos de una parodia de «proceso de paz» a la irlandesa, marcada por la frivolidad y el secreteo. Pero los verdaderos responsables saldrían fortalecidos del desbarajuste si éste pillase a un sector del movimiento contra la negociación en lo alto del monte.

El PP demostró en las dos pasadas legislaturas que podía combatir eficazmente al terrorismo desde el Estado de Derecho. Desde la gran manifestación madrileña del 25 de febrero (y puesto que se sumó a la misma), debe mantener a ese vasto movimiento de oposición que ha tomado la calle dentro de los límites de la democracia. Para Rodríguez no tuvo coste político alguno ponerse al frente de las movilizaciones antisistema de la extrema izquierda contra Aznar. Para Rajoy, en cambio, identificado con la defensa de la Constitución, sería suicida permitir que la derecha anticonstitucional medre al arrimo de la protesta contra el Gobierno. No todo vale, y hay que comenzar cuidando el lenguaje, porque, lo advertía Álvaro Delgado-Gal en vísperas de la antedicha manifestación, ciertas expresiones que se han vertido precipitadamente a propósito de la misma chirrían. No pertenecen al lenguaje de la democracia. Por ejemplo, la de «mártires de la nación española». Las víctimas no son mártires. Son víctimas y eso ya es bastante. Aunque ETA los haya matado o mutilado salvajemente por ser españoles, ese pretexto o motivación pertenece al delirio de los asesinos, no a la subjetividad de las víctimas. Seguramente, de no haber caído bajo las balas de los pistoleros, Gregorio Ordóñez habría estado en la manifestación del 25. Pero Ernest Lluch, con toda certeza, no (y mucho me temo, conociéndole, que habría apoyado la reforma del Estatut catalán). La expresión arriba mencionada no es aberrante porque recuerde al franquismo, como afirma hipócritamente la izquierda, sino por algo más grave: porque es, en sí misma, una innecesaria concesión especular al nacionalismo totalitario de ETA, que siempre ha dividido el mundo en mártires y traidores.

ETA reactiva el terror callejero
Editorial ABC 5 Marzo 2006

NUMEROSOS puntos del País Vasco y de Navarra volvieron a registrar en la madrugada de ayer los efectos del rebrote del terror callejero que practica el entorno etarra, cuyos miembros atacaron en esta ocasión el domicilio del alcalde socialista de Rentería, el Ayuntamiento de Zumárraga, el juzgado de paz del municipio vizcaíno de Marquina, las oficinas de una compañía aseguradora, la sede de UGT en Tafalla y, entre otros objetivos, un tramo de vía férrea. La Ertzaintza no detuvo ayer a nadie. Tras la orden de la dirección de ETA de incrementar la presión en las calles contra la política penitenciaria de dispersión y después del aviso de Otegi, que anunció incidentes tras la muerte de dos presos de la banda, la respuesta de las terminales etarras ha sido inmediata, como un efecto secundario y directo de la campaña de atentados que la organización ha desplegado en las últimas semanas. El telón del crimen organizado y de la amenaza terrorista vuelve a caer, implacable, sobre la hipótesis del presidente del Gobierno, quien, tras augurar «el principio del fin» de la barbarie etarra, comprueba de nuevo cómo la banda se rearma de fuerza y munición para reivindicar su papel en ese denominado «proceso de paz» al que quiere llegar con el cargador lleno. La calle, mientras, vuelve a arder. A distancia, ETA enciende la mecha.

Ciutadans de Catalunya
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 5 Marzo 2006

En el panorama totalitario en el que se encuentra Cataluña -con la aquiescencia del Gobierno español- el nacimiento de un nuevo partido surgido de la intelectualidad es una noticia esperanzadora. Muy mal está Cataluña para que un grupo de intelectuales salte a la arena política.

Hasta el mismísimo Ortega y Gasset se sorprendería, pues escribió en una edición francesa de 1937 de La Rebelión de las Masas que... "la misión del llamado intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la realidad del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías".

Salvo en la cuestión de que las derechas (¿realmente existen?) promuevan o prometan hoy revoluciones, las ideas de Ortega y Gasset pueden ser perfectamente aplicables a la realidad de hoy. Aunque más que tener una hemiplejia moral, que supone la parálisis de una de las dos mitades del cuerpo político, estamos en una paraplejia con muerte cerebral, que produce la incapacidad de la izquierda repensar sobre su pasado histórico y encontrar su presente. Y en la derecha un cierto desconcierto con síntomas de catatonismo que da como efecto la búsqueda en Cataluña de un centrismo imposible en un contexto de vulneración de las libertades, lo que implica impregnarse, por no decir embadurnarse, del lenguaje y de los gestos implícitos del entorno nacionalista, sin perfilar un sentido propio para su política.

Pues bien: el manifiesto segundo de ese partido en ciernes, creado por personas de la talla intelectual de Espada, Boadella, Tubau o Carreras, entre otros, en el que se anuncia el surgimiento de una nueva opción electoral en Cataluña, es un soplo de aire fresco y un rayo de luz de esperanza para salir del atolondramiento moral e intelectual en el que se encuentra Cataluña por no decir, también, España, con una clase política que, salvo excepciones de cierto relieve, no está en su mejor momento si revisamos el recorrido histórico de nuestras instituciones.

No puedo estar más de acuerdo con el contenido de ese manifiesto, del que extraigo una de sus expresiones como síntesis de su pretensión:

"Hay que poner fin al monopolio nacionalista del espacio público; a la obligación de abrazar el credo catalanista para poder hacer política sin ser agredido, insultado o calumniado; al encubrimiento sistemático de la corrupción bajo el velo del patriotismo".

Manifiesto mi emoción con la citada intención.

Ciudadanos de Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 5 Marzo 2006

Cuando Josep Tarradellas regresó del exilio pronunció las palabras “ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí”, de la que han quedado impresas en el recuerdo colectivo las tres últimas, que no son las más interesantes. Las tres primeras, sin embargo, están llenas de contenido. En su conferencia del pasado jueves ante los medios en Madrid, Albert Boadella aludió a ellas diciendo que el ex presidente de la Generalidad había distinguido entre ciudadanía y territorio; no se dirigió a ellos diciendo “catalanes”. Estas tres palabras son las elegidas por un grupo de intelectuales y artistas, entre los que se cuenta el propio Boadella, para crear un nuevo partido, que se ha presentado este sábado en Barcelona. En su caso, es seguro que “Ciudadanos de Cataluña” no es una elección baladí.

Porque han hecho del concepto de ciudadanía el elemento integrador de su posición política. No sería suficiente como para presentar una alternativa en una situación normal, pero en Cataluña resulta serlo. Según ha expresado en su presentación en público Arcadi Espada, el reto del nuevo partido es “la expulsión del nacionalismo del espacio público”. Y es que, con las diferencias que mantienen sus creadores, coinciden en el análisis de la crítica del nacionalismo. La máxima aspiración del nacionalismo es la creación de un ejército de súbditos, mientras que las sociedades libres están constituidas por ciudadanos. Dos conceptos opuestos, que se refieren al status de la persona frente al Estado.

La misma idea de oponerse al nacionalismo desde la política se ha convertido en todo un evento, en una rareza en Cataluña, lo que da una idea de su valor. El PSOE ha vendido a la izquierda no nacionalista a la corriente imperante, y el Partido Popular no acaba de atreverse a articular un discurso neta y claramente no nacionalista, ya sea por cálculos políticos, ya por ceder al discurso que se ha impuesto, desde la escuela a los medios de comunicación, como lo correcto políticamente. Y estamos a la espera de que la resolución y el desparpajo que han mostrado los populares en la expresión de sus ideas en su convención de este fin de semana se traslade también a Cataluña para pasarse sin ambages a la oposición al nacionalismo.

La cuestión es saber si los promotores de esta iniciativa estarán dispuestos a seguir la tarea que se han impuesto hasta sus últimas consecuencias. “El nacionalismo”, ha dicho Espada, “es una obediencia a un ser superior”; pero ese ser superior es siempre el Estado. El Estado es el objetivo y el instrumento, el alimento y el aliado del nacionalismo, y oponerse a éste ha de llevar a hacerlo también a aquél. El adoctrinamiento es consustancial al control político de la educación, por poner un ejemplo. Y no está aún claro que vayan a apostar por un sistema más libre de educación frente al sistema público. Pero mientras se desgranan sus propuestas más concretas, habrá que seguir con interés este nuevo partido en Cataluña.

El que avisa no es traidor
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 5 Marzo 2006

«SI NO se rectifica, Cataluña camina hacia la secesión»: lo ha dicho Albert Boadella, gran figura del teatro catalán y español del siglo XX, en la presentación de Ciutadans de Catalunya, el partido que ha fundado junto con algunos de los intelectuales que han acreditado mayor valentía y lucidez en la denuncia de las imposturas del nacionalismo pujolista: Félix de Azúa, Francesc de Carreras, Arcadi Espada o Félix Ovejero.

Todos proceden de las filas del antifranquismo y casi todos de las de la izquierda que hizo en su día del lema Llibertat, amnistía i Estatut d'Autonomía uno de los arietes contra la España autoritaria y centralista que se impuso en 1939. Ninguno es, por tanto, sospechoso de rampante españolismo, ni puede ser acusado de constituir la quinta columna de la extrema derecha nacional.

No, lo que une a estos ciutadans de Cataluña, que se han atrevido a dar la cara, es que están hartos de la presión nacionalista con la que se ven obligados a vivir. Una presión que pensaban aflojaría con quien no ha hecho más que incrementarla hasta la asfixia: Maragall.

Sabemos de qué hablan, pues ya con anterioridad habíamos escuchado advertencias similares. Las de Fernando Savater, Jon Juaristi, José María Calleja o Patxo Unzueta sobre el esprecio a España que se enseña en el País Vasco, desprecio que explica la capacidad que allí han demostrado los violentos para disponer siempre de tropa de refresco.

Y sabemos también cómo les responderán desde ya mismo: acusándolos, sencillamente, de traidores. La infamia más burda y, por eso, la más universal. Porque el mundo, claro, está y ha estado lleno de traidores: lo fueron Ridruejo o Laín Entralgo, que por la libertad traicionaron al franquismo; y Henry-Lévy o André Glucksmann cuando se atrevieron a traicionar la barbarie con rostro humano del comunismo soviético; traidores son hoy en Cuba, desde luego, los disidentes del castrismo, y los que en Estados Unidos se atreven a criticar abiertamente el nuevo Gulag guantanamero.

Hay incluso traidores que primero lo fueron por herejes y más tarde por haberse arrepentido. Susana García-Cereceda ha escrito un libro hermoso sobre algunos de ellos: lo que pertenecieron a la izquierda norteamericana en la primera mitad del siglo XX, perseguidos primero por comunistas y luego por anticomunistas.

¡Que se preparen Boadella y compañía! Ahora les acusarán de traicionar a Cataluña y traicionar el catalán: lo harán incluso por aquí esos farsantes que destrozan el gallego cuando lo hablan en público de forma ritual, y lo ignoran por completo en cuanto se expresan fuera del lucerío de las cámaras.

Cataluña: se rompe la paz
ASSUMPTA ROURA La Voz 5 Marzo 2006

CUANDO en junio del 2005 se presentó en Barcelona la plataforma Ciutadans de Cataluña, liderada por Albert Boadella, Arcadi Espada, Félix de Azúa o el catedrático de Derecho Constitucional, Francesc de Carreras, llenando, contra toda previsión, una ambiciosa sala del Centro de Cultura Contemporánea, el tripartito les puso la alfombra roja para que pasaran al salón de los medios de comunicación que tiene abducidos, que no son pocos. Con ello no pretendían un acto de justicia y/o manifestación de libertad, sino terreno propicio para que se viera la lucha de cristianos contra cuatro moros que tildaron de pijos, o al revés. Nueve meses después, ayer, la plataforma dio a luz a un partido político en la sala de partos teatro Tívoli y la asistencia desbordó al nacionalismo que, como saben, gracias al Estatut son uno+trino.

Esta vez la hermandad de sagrados nacionalismos y sus abducidos dieron larga cuerda al silencio. Convencidos de que todo lo dominan, usan el ninguneo como arma poderosa después de que la realidad hiciera trizas el falso rumor que tanto les costó tejer, según el cual el PP ya les había lazando una opa. Muchos, en su lugar, haríamos lo mismo: a Ciutadans de Cataluña hay que temerles porque son enemigos poderosos nacidos para la desobediencia a 25 años de falsa concordia y de oasis prefabricados donde no cabe la libertad contaminante de expresar que no se es nacionalista. Por el sagrado nacionalismo se ha ido hacia la nación escogida por algún dios como vacuna contra la crítica a la corrupción acumulada, o al mismo nacionalismo sagrado bajo el que han nacido un par de generaciones por lo menos con los genes preparados para pedir perdón si algún antepasado vino de Murcia, de Galicia o de Extremadura.

Para rematarlo, con la llegada de Maragall, el president con cuya ayuda al PSC-PSOE ya no le hacen faltan enemigos, amén de que ahora le ha dado por simpatizar no se sabe si con ERC o simplemente con Carod, uno de los mejores administradores de miedos, y el cuento largo del Estatut en busca de una Cataluña grande y libre, la asfixia de muchos ciudadanos de esta parte de España ha llegado al límite de lo soportable. O denunciar o morir. La denuncia comporta riesgo, la muerte en vida, un seguro de por vida. Sé del riesgo que corro por decirlo aquí, pero es que yo también soy una de esas personas a las que han matado varias veces por escoger la libertad, aunque sea para equivocarme.

Señas de identidad del PP
El centro de la libertad
Ignacio Cosidó Libertad Digital 5 Marzo 2006

La Convención del Partido Popular ha centrado la libertad como principal seña de identidad ideológica para el futuro. Esa fe en la libertad, como base fundamental de la civilización a la que pertenecemos, se articula en este momento histórico y en este país al que queremos seguir llamando España en tres propuestas fundamentales: la defensa de España como patria de libertad, la determinación para vencer a los enemigos de la libertad y la primacía de la libertad individual frente a imaginarios derechos colectivos.

La España de 2006 es muy diferente a la España de 1996. La sociedad española es hoy mucho más prospera, pero también más fuerte. Lo estamos viendo en la resistencia de los mercados para plegarse a determinadas operaciones diseñadas para satisfacer intereses políticos, lo vemos en la negativa de numerosos medios de comunicación que no se someten a los dictados del poder, lo vemos en los millones de ciudadanos que están dispuestos a salir a la calle para defender su libertad. Ese es, en mi opinión, el mejor legado que dejaron los ocho años de Gobierno del Partido Popular: una sociedad más libre, más próspera y más fuerte.

Hace diez años había dos graves problemas en nuestro país: paro y corrupción. Sobre la base de un partido fuerte y un discurso moderado, José María Aznar hizo la proeza de desalojar a un socialismo que se había bunquerizado en La Moncloa. Así nació el proyecto del centro reformista, como el mejor antídoto a la imagen del doberman de la derecha que iba a robar el dinero a los pobres para dárselo a los ricos y que iba a recortar las libertades porque eran los herederos de la más negra derecha autoritaria. Hoy la izquierda puede seguir anclada en ese discurso de deslegitimación democrática del adversario, pero tras los ocho años de gobiernos populares ya no resulta creíble.

Los problemas de la España actual son hoy diferentes a los de hace una década y requieren también respuestas distintas. Nuestro principal desafío es la intensificación de una ofensiva nacionalista que ha encontrado en la debilidad del presidente del Gobierno actual el camino para consumar sus anhelos históricos de secesión. Pero como demuestra fehacientemente el proyecto de Estatuto remitido desde Cataluña, la independencia no es el fin último de estas fuerzas radicales, sino el instrumento que está utilizando una clase política local para hacerse con el control absoluto de sus respectivas sociedades. Por eso, al igual que ocurrió en 1812, la idea de España aparece hoy tan íntimamente asociada a la idea de la libertad. Por eso, España como patria de libertad constituye la principal propuesta que desde el Partido Popular se lanza a los españoles.

Nuestro segundo gran desafío es cómo derrotar a los enemigos de la libertad. El terrorismo se ha convertido en el arma más poderosa de los totalitarismos para tratar de vencer a las democracias. En España hay un Gobierno que está dando muestras cada vez más evidentes de querer ceder al chantaje del terror en aras de alcanzar la paz. Ese sería el peor error que podríamos cometer. Hoy más que nunca debemos manifestar nuestra determinación para vencer a estos criminales y para defender la libertad y la dignidad de nuestras sociedades democráticas. Lo contrario es iniciar un camino de servidumbre que sólo conduce a la renuncia de los valores y los principios más sagrados del ser humano.

Tenemos por último que volver nuestra mirada a las personas, porque son las personas las portadoras de los valores que defendemos y el objeto último de nuestra acción política. Así, mientras andamos enredados resucitando fantasmas del pasado, rediseñando la estructura del Estado o debatiendo sobre el sexo de las naciones, olvidamos que el trabajo fundamental de los políticos debería ser resolver los problemas de la gente y no inventarle problemas nuevos. La batalla por la libertad tiene que ver en realidad mucho más con la defensa de los derechos de las personas que con los destinos universales de los pueblos o los territorios.

El centro reformista es el mejor legado histórico que posee el Partido Popular para reformular su oferta política a la sociedad española, pero hoy no es suficiente con aplicar las exitosas recetas del pasado para poder hacer frente a los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos. Ya no es suficiente con reafirmar nuestra creencia en la libertad, sino mostrar nuestra más firme determinación para defender esa libertad frente a todos sus enemigos. Ya no basta con ser garantía de la estabilidad constitucional, sino que empieza a ser necesario fortalecer al Estado para hacer frente a la ofensiva de quienes aspiran a destruirlo. No basta con ser el partido del no frente a tanto desvarío, sino ser ya la alternativa de la libertad.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

Convención del PP
El mejor Aznar en el momento más oportuno
Ignacio Villa Libertad Digital 5 Marzo 2006

La inauguración de la Convención Nacional del Partido Popular ha vuelto a situar a José María Aznar en el escenario político. Y hay que decir que hemos visto al Aznar de sus mejores momentos, con la fuerza de siempre, defendiendo los principios y sin complejos ante las descalificaciones del PSOE. Un Aznar fuerte, seguro, claro, nítido y contundente ha devuelto al Partido Popular a un escenario de confianza en sus principios y convicciones.

Escuchando a Aznar en la inauguración de la Convención, crece el convencimiento de que los populares no deberían renunciar nunca a su herencia. Con Aznar, a los populares se les olvidan los complejos en el modelo nacional, en la lucha contra el terrorismo, en la política económica, en la política exterior y en tantos y tantos capítulos en los que el ex presidente fundamentó su gestión al frente del Gobierno de España.

Pero quizá lo más sobresaliente de su intervención, ha sido el repaso que Aznar ha hecho a su política antiterrorista, que hace recuperar la esperanza en el sentido común. Escuchar a Aznar el mensaje de que al terrorismo hay que vencerlo y que no se puede mendigar una tregua, coloca en su lugar a Rodríguez Zapatero. Y es que la claridad de ideas de José María Aznar nos hace caer en la cuenta de que Rodríguez Zapatero hace agua por muchos puntos, pero quizá lo más llamativo, lo más preocupante y lo más terrible es su mediocridad. Gran parte de los errores del Gobierno actual están provocados por la mediocridad, unida al sectarismo, al partidismo y, en ocasiones, a la maldad. Un gobierno de desgobierno.

La intervención de José María Aznar en la Convención ha sido además una lección para muchos dirigentes del Partido Popular. Esos dirigentes, acostumbrados a la moqueta y al coche oficial, que no conocen la política desde abajo, que se refugian en una moderación acomplejada, que viven parapetados tras la estrategia, que se arremolinan en la frialdad de los despachos, deben de ser conscientes de que en política no se puede funcionar sin principios, sin audacia y sin valentía.

Precisamente por ello esta Convención Nacional, lejos de quedarse en un mero "sarao político", debería ser una oportunidad general de convencimiento para el Partido Popular. Sí quieren pueden; pero deberán enterrar los complejos. Y desde luego esa actitud llena de decisión puede dejar a muchos tibios en el camino. El PP puede ganar en las próximas generales, pero sólo lo hará con principios y con la seguridad de que están en el camino correcto. El "proyecto Aznar" no está viejo, ni es caduco; cuando un mensaje político está fundamentado en los principios no pasa de moda. Y en el PP deberían tomar nota, por la cuenta que les trae.

INICIA SU CONSTITUCIÓN EN PARTIDO POLÍTICO
"Ciudadanos de Cataluña" asume "el reto" de "la expulsión del nacionalismo del espacio público"
La plataforma antinacionalista Ciutadans de Catalunya celebró este sábado en Barcelona el inicio oficial de su proceso para constituirse en partido político con un acto público en el teatro Tívoli, al que asistieron unas 1.000 personas. Durante el acto, el periodista Arcadi Espada, uno de los impulsores de la plataforma, señaló que "el reto" de Ciutadans de Catalunya "es la expulsión del nacionalismo del espacio público". El futuro partido, que cuenta ya con más de mil afiliados, espera finalizar el proceso de constitución a finales de junio.
Europa Press Libertad Digital 5 Marzo 2006

Arcadi Espada explicó que "el nacionalismo es una obediencia a un ser superior" y "es indiscutible, porque no se puede discutir, porque en cuanto se discute se deshace". El periodista también aseguró que "el Estatut confía en que los ciudadanos acabaran obedeciendo" y consideró necesario "conseguir que salga deslegitimado en las urnas".

Asimismo, Espada explicó que viaja "bastante por España" y que "nunca había visto un rechazo tan grande a lo catalán y a los catalanes". "Entre las tareas de este retoño que despunta va a tener que estar el ennoblecimiento de la política" dijo, en alusión a lo que será el nuevo partido.

El catedrático de derecho constitucional Francesc de Carreras, otro de los impulsores de la plataforma, explicó que "empieza a constituirse un partido que representará a los que no se sienten representados por el establishment catalán". "La política catalana se reducía a un pequeño círculo de amigos y conocidos", pero "eso se ha acabado", añadió.

De Carreres también dijo que el partido servirá para "devolver a la política catalana el sentido común y actuar desde la razón y no desde el corazón" y afirmó que "frente a las ideologías, nosotros defendemos la igualdad, la solidaridad y la libertad" y también "el pragmatismo".

En referencia a la polémica sobre el catalán y el castellano, el catedrático sentenció que "el bilingüismo es la única política que se corresponde con la realidad social de Cataluña" y apuntó que "desde los 80 la política del gobierno de la Generalitat ha estado orientada hacia el monolingüismo". Asimismo, señaló que en Cataluña se da en la actualidad un "trato discriminatorio a los ciudadanos según su origen y su lengua".

En alusión a los rumores que relacionan Ciutadans de Catalunya con el PP, Carreras aseguró que el suyo será "un partido autónomo de todos los otros partidos, porque es la única manera de regenerar nuestra precaria vida democrática".

El acto también contó con la presencia del filósofo vasco Fernando Savater y de ocho representantes de las 39 agrupaciones territoriales que el nuevo partido tendrá en Cataluña. Según De Carreras, la formación se terminará de constituir a principios de junio, aunque ya cuenta con más de 1.000 militantes

El partido de Boadella se presenta como garante del «antinacionalismo»
La plataforma es la primera en reclamar el «no» al referéndum del Estatut
Tate Santaeulària ABC 5 Marzo 2006

Barcelona- La plataforma Ciutadans de Catalunya nació hace nueve meses del hastío de una serie de intelectuales catalanes hacia el nacionalismo que impera en Cataluña. El manifiesto causó un revuelo de tal magnitud que sus integrantes no tardaron en plantearse la posibilidad de crear un nuevo partido político.

«¿Hay espacio para un partido de izquierdas no nacionalista?», se preguntaron los promotores de la iniciativa. Pues parece que sí. Y es que la plataforma Ciutadans de Catalunya desbordó todas las previsiones de asistencia en el acto de presentación pública de una nueva formación política que tuvo lugar ayer en Barcelona. El local elegido, el teatro Tívoli de la capital catalana, estuvo repleto, con un total de 1.800 personas. El aforo del teatro quedó pequeño, puesto que pasadas las 12:00 horas unas 200 personas se agolparon a las puertas del Tívoli sin lograr entrar.

La puesta en escena del acto de presentación del nuevo partido, que duró más de dos horas, se hizo al más puro estilo del director teatral de la compañía Els Joglars, Albert Boadella. El carismático director teatral fue el encargado de presentar el acto enfundado en un traje de los Mossos d'Esquadra. Con el disfraz, Boadella y otro de sus chicos escenificaron, a modo de denuncia, la nula presencia de la Policía Autonómica en uno de los actos de la plataforma, que celebraron en Girona, donde fueron increpados e insultados por un grupo de jóvenes Maulets.

Las imágenes de esa agresión aparecían y desaparecían en la pantalla que se situó en el centro del escenario con el eslogan bilingüe de la plataforma. Como invitado especial estuvo el filósofo Fernando Savater, quien, sorprendido, afirmó que el acto era una muestra de democracia madura y avanzada e impensable en el País Vasco. «ETA continuará matando, para que no se pueda celebrar en el País Vasco un acto como éste», sentenció el filósofo.

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, recogió el testigo de Savater y desgranó a grandes trazos los ejes de la nueva formación política recogidos ya en su segundo manifiesto. Se trata de un partido que se define como antinacionalista, de izquierdas, que su «leit motiv» son los ciudadanos y que pretende ir contra el «establishment» de la política catalana y luchar contra la corrupción, afirmó el catedrático constitucional.

Líder y estructura en tres meses.
Además, Carreras explicó que los intelectuales promotores del partido seguirán al frente de la iniciativa hasta que concluya el proceso de formación del partido, previsiblemente dentro de tres meses, con la celebración del primer congreso. Será en ese cónclave cuando la plataforma se convertirá en formación política con un líder y una organización de partido y quizás un nuevo nombre. El catedrático de Derecho Constitucional fue el primer intelectual –o quien sabe si político catalán– que reclamó abiertamente a los ciudadanos el rechazo del Estatut en el referéndum que tendrá lugar en Cataluña tras la aprobación del texto. «El proyecto del Estatut debe ser objeto del rechazo de los catalanes en los próximos meses», exclamó eufórico ante los aplausos.

En la calle, los invitados que no pudieron entrar aguantaron estoicamente a las puertas del teatro. Los rumores de que los Maulets podrían aparecer por allí mantuvo en alerta a la organización del acto. Finalmente, aparecieron, pero sólo eran cuatro que ni siquiera se atrevieron a enarbolar una bandera. Además, en esta ocasión sí había agentes locales controlando la zona.

El partido no nacionalista de Cataluña nace con el fin de derrotar el Estatuto
Casi dos mil personas, y otras tantas en el exterior del teatro, asistieron a la presentación del nuevo partido, que celebrará su primer congreso en junio
Fernando Savater: «Ya sé por qué ETA mata. Para que en el País Vasco nunca exista esto»
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 5 Marzo 2006

BARCELONA. «La campaña de ratificación del nuevo Estatuto será nuestro el primer reto; tenemos la oportunidad única de que el Estatuto salga deslegitimado de las urnas». El nuevo partido no nacionalista impulsado por la plataforma Ciudadanos de Cataluña todavía no tiene candidatos, estructura orgánica ni programa, pero ya tiene un objetivo político, enunciado ayer por el periodista Arcadi Espada en el acto fundacional del partido. Un Estatuto que «debe ser objeto de rechazo sólo por la política lingüística que implica», señaló el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras.

A partir de ahora el millar de militantes con los que ya cuenta el futuro partido, agrupados en 40 núcleos territoriales, deberán definir su programa, escoger un nombre y buscar a sus candidatos para las próximas elecciones autonómicas, que se aprobarán en un primer congreso en junio. Así nacerá un partido posnacionalista cuyo objetivo es «reconquistar el espacio público para expulsar de él al nacionalismo».

Espada ya advirtió de que «ahora la intimidación consistirá en decir que somos pocos», pero consideró más que probado, tras el éxito de convocatoria de ayer, que esto no es así. Un total de 1.800 personas en el interior del teatro y otras dos mil que se quedaron en la calle por falta de aforo atestiguan, tal y como destacó Carreras, el interés cívico por la iniciativa. El periodista señaló que el mejor arma del nacionalismo ha sido hasta ahora la obediencia ciega que ha impuesto. Y pidió a los presentes que «desobedezcan» y rechacen un texto estatutario que «es un absurdo despropósito» y que sólo ha servido para generar «el mayor rechazo hacia los catalanes» desde el resto de España.

Carreras defendió la necesidad de un nuevo partido «por obligación», ante el «cúmulo de disparates, sectarismo, irresponsabilidades y ridículo» acumulado por el cuatripartito catalán -CiU, PSC, ERC e ICV- . Consideró probado que «somos muchos los que queremos proclamar que no estamos de acuerdo ni con Pujol ni con el tripartito», y advirtió de que la futura formación será un partido autónomo de todos los demás -frente a los rumores de fusión con el PP- «porque es la única manera de regenerar nuestra precaria vida democrática».

El acto fundacional contó también con el filósofo Fernando Savater, quien reconoció asistir «con admiración y envidia a la muestra de una sociedad madura» en la que los ciudadanos descontentos «no se limitan a despotricar». Savater animó a los impulsores del nuevo partido y apuntó que «ya sé por qué ETA mata, para que en el País Vasco nunca exista esto. No os dejéis arrebatar este derecho» concluyó.

VIOLENCIA CALLEJERA
Radicales atacan con cócteles molotov a varios policías y oficinas bancarias de Vizcaya y Álava
AGENCIAS elmundo.es 5 Marzo 2006

BILBAO.- Prosigue la escalada de la violencia callejera en el País Vasco. Un grupo de radicales atacó anoche con cócteles molotov a varios agentes de la Policía Municipal de Bilbao, que tuvieron que pedir la intervención de la Ertzaintza. Mientras, eran también atacadas oficinas bancarias en Ondarroa y en Vitoria.

Los incidentes se produjeron en la zona de la plaza Unamuno unos veinte minutos antes de la medianoche, cuando un grupo de radicales incendió varios contenedores y arrojó cócteles a los policías municipales. Varias patrullas de la Ertzaintza se desplazaron al lugar y disolvieron a los violentos tras realizar varias cargas.

A la misma hora, en la localidad vizcaína de Ondarroa grupos de desconocidos arrojaron cócteles y causaron daños en las oficinas del BBVA, La Caixa y Correos y tiraron botellas de vidrio contra el batzoki de la localidad. En Vitoria, a la 1 de la madrugada la sucursal del BBVA situada en la plaza Bilbao sufrió daños diversos al ser atacada por radicales que arrojaron varios cócteles.

Portugalete también fue escenario ayer de violentos incidentes en el marco de la manifestación convocada por Batasuna en apoyo a dos presos de ETA muertos.

Tras disolverse la marcha, contra la que cargó la Ertzaitza, grupos de desconocidos atacaron una sucursal de la caja de ahorros Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK) y han cruzado contenedores quemados en la calzada de esta localidad vizcaína. La oficina bancaria, ubicada en la calle María Díaz de Haro, ha resultado con desperfectos importantes. También han sido atacadas una sucursal de La Caixa, localizada en la plaza del Solar, otra de Caja Madrid y un batzoki (sede social del PNV).

Coincidiendo con las convocatorias de Batasuna para homenajear a estos dos presos muertos, en las horas precedentes se habían multiplicado los ataques de violencia callejera en el País Vasco y Navarra. Las localidades de Durango, Barakaldo, Markina (Vizcaya), Bergara, Errenteria (Guipúzcoa), y Tafalla (Navarra) han sido escenario de diferentes incidentes. Asimismo, la vía férrea Castejón-Alsasua y la autovía Pamplona-Vitoria han sufrido cortes por acciones de grupos 'abertzales'.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial