AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 6 Marzo  2006
Oficio en Madrid y un espontáneo en Barcelona
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Marzo 2006

"Ni cuatro, ni pijos", señor Bargalló
Antonio Robles Libertad Digital 6 Marzo 2006

Volverán abogados del Estado...
LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ-MARTÍN ABC 6 Marzo 2006

Los españoles, insuperables gracias a Zapatero
Santi Lucas elsemanaldigital 6 Marzo 2006

Contra Cataluña
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 6 Marzo 2006

A la música del PP le ha faltado la letra
José Javier Esparza elsemanaldigital 6 Marzo 2006

A la cárcel con él
Santiago Abascal elsemanaldigital 6 Marzo 2006

La balcanización de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 6 Marzo 2006

Impresiones agridulces
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2006

Entre el pasado y el futuro
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Marzo 2006

Aznar, fantasmal vencedor de la Convención
Pablo Sebastián Estrella Digital 6 Marzo 2006

Evidencias
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Marzo 2006

Inconmensurable Aznar, otra vez
Sancho Michell de Diego minutodigital 6 Marzo 2006

“¿Quién chantajea al Gobierno?”
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 6 Marzo 2006

Escalada batasuna
Editorial ABC 6 Marzo 2006

La AVT llevará a varias regiones sus marchas contra la negociación
ABC 6 Marzo 2006

Arcadi Espada cree que "habrá un antes y un después" de la fundación de Ciudadanos de Cataluña
Libertad Digital 6 Marzo 2006

Sanz pide al PSOE que rompa su «silencio» sobre el interés de ETA en Navarra
R. N. La Razón 6 Marzo 2006

¿Qué justicia para estas víctimas?
Aurelio Arteta, BASTAYA.ORG  6 Marzo 2006

'Pentimento'
Fernando Savater, EL PAÍS  6 Marzo 2006

Los mejores aliados del bilingüismo
MARÍA JESÚS CAÑIZARES ABC Cataluña 6 Marzo 2006

Ciudadanos de Cataluña
Oficio en Madrid y un espontáneo en Barcelona
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Marzo 2006

Lo siento por el PP, que es el partido al que llevo votando desde que Aznar fue candidato y al que, en principio, pienso votar en las próximas elecciones generales, pero la noticia política no ha estado este fin de semana en su Convención Nacional sino en un acto público que ha sido ninguneado miserablemente en casi todos los medios de comunicación: el nacimiento de un nuevo partido político en Cataluña, en un Tívoli abarrotado y con gente en la calle que no pudo unirse a los casi dos mil que cupieron y disfrutaron fervorosamente de ese acto fundacional. Es posible que el PP haya salido más en las televisiones, todas progres y casi todas admitidas o diseñadas por el PP, que no han contado el nacimiento de Ciudadanos de Cataluña. Bueno, no es que sea posible: es seguro. Pero hay más política en una sola de las frases de los discursos de Carreras o de Arcadi Espada que en las arrioleces y gallardonadas que, directamente o a través de Rajoy, nos ha transmitido ese equipo de "flatus vocis" que aspira a volver al Poder sin que la gente se dé cuenta, sin ofrecer nada nuevo, sin alarmarse por lo que pasa, sin jugársela por España, a la que tan vilmente se la están jugando tantos miserables.

Aunque procuro evitar los saraos políticos, si este fin de semana hubiera tenido que elegir entre el del PP y el del CDC, hubiera ido sin dudar al del Tívoli y no al de Ifema. Yo, insisto, voto al PP hasta en las municipales (que en Madrid ya es votar) pero si viviera en Barcelona, hoy por hoy, votaría a Ciudadanos de Cataluña y no a Piqué. Mientras la Convención del PP nos mostraba hasta qué punto puede ser convencional la Derecha política española, la Izquierda sociológica ha protagonizado su primer acto digno en muchos años. Mientras Rajoy calculaba milimétricamente su mensaje de centro y de consenso pero sin exagerar, para no asustar ni entusiasmar a nadie, Boadella y compañía ponían en marcha un proceso que puede acabar costándole la Moncloa a Rajoy. Porque mientras en Madrid el PP hacía lo que cabía esperar, en Barcelona nacía un partido para hacer lo que no hace. Mientras en Madrid las grandes figuras del escalafón tiraban de oficio y evitaban arrimarse al morlaco de la crisis nacional, en Barcelona saltaba al ruedo un espontáneo para poner en evidencia a toros y toreros. Normalmente, el aficionado está en contra de los espontáneos, salvo que el matador no cumpla con su obligación, en cuyo caso son tolerados y, si torean, incluso ovacionados. Imagino que en el PP no se darán cuenta de lo que supone Ciudadanos por Cataluña hasta que no salga en las encuestas de Arriola. Cuando aparezca será demasiado tarde.

Ciudadanos de Cataluña
"Ni cuatro, ni pijos", señor Bargalló
Antonio Robles Libertad Digital 6 Marzo 2006

Apunten la fecha: 4 de marzo de 2006. Y el lugar: Barcelona. La omertà nacionalista ha encontrado la horma de su zapato. Por fin un proyecto político no nacionalista permitirá votar a miles de ciudadanos desencantados o estafados por el PUC (Partido Unificado de Cataluña donde viven en concubinato PSC, CiU, IC y ERC).

El teatro Tívoli cerraba sus puertas a las 12 en punto de la mañana. El aforo estaba a reventar de ciudadanos y de alegría. Esa misma sensación de plenitud y regocijo que vivimos en la transición política, crédulos de todo, entusiastas y desmedidos. De nuevo la esperanza y la convicción de que estás asistiendo al nacimiento de algo impredecible, pero inevitable. Afuera se quedaban cientos de personas con la calle Caspe cortada al tráfico por los mozos de escuadra, convencidos también ellos de la fuerza de lo que nacía y crecía al mismo tiempo.

El acto de presentación del futuro partido de Ciutadans de Catalunya había sido diseñado por Albert Boadella. Una gran pantalla nos traía las palabras míticas de Tarradellas a su vuelta al "Palau de la Generalitat": "Ciutadans de Cataluñya, ja soc aquí" y enseguida Pujol, Pujol, Pujol, interminable en sus 23 años de gobierno, dejando tras de sí una retahíla de chanchullos y tribus; la última, la del Tripartito. Allí, tras esa frase de Tarradellas estaban Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Iván Tubau, Xavier Pericay, Félix Ovejero y todos los intelectuales a los que el Tripartido había dejado sin coartada para seguir engañándose. Era como una tabla de salvación en mitad de este fraude colectivo a que hemos sido sometidos en los últimos 25 años por todas las fuerzas políticas de izquierdas. Sólo cuando la metástasis totalitaria les ha llegado también a sus amigos se han dado cuenta de que este partido no es que fuera necesario, sino imprescindible.

A cada lado del escenario, un mozo de escuadra ponía un toque de teatro y coña. Boadella era uno de ellos.

Hablaron ocho representantes de las 34 agrupaciones que ya se han asentado en Cataluña con más de mil afiliados de los 7000 simpatizantes. Y siguen aumentando. Gente normal, ciudadanos que nos encontramos en el metro o en la barra de un bar. Destaco a Maite de la agrupación de Lérida, joven y aún con la capacidad intacta de asombrarse: "Cuando hablas con un nacionalista, es incapaz de pensar que tú no lo eres". "Para ser buena persona has de estar a favor del Estatut, de los papeles de Salamanca, asumir que Cataluña es una nación, que España nos roba, que los andaluces y extremeños viven a nuestra costa… ¿Qué pasaría si yo le dijera que Cataluña no es una nación o que las selecciones de Cataluña son una chorrada…?" El ensordecedor aplauso que interrumpió su temor certificaba los temores de todos de cada día, en la oficina, en la escuela, siempre con alguien reducido al silencio ante esos lugares comunes donde se mueven los nacionalistas: La nación, el Barça, Felipe V y la puta España. Con ellos se ha tejido la sociedad enferma y totalitaria en la que vivimos.

Intercalados entre discurso y discurso, volvía la pantalla a recoger razones y sentimientos de un grupo de ciudadanos anónimos. En ellos se reivindicaba el mestizaje, la libertad lingüística, la libertad. ¡Qué raro les sonará a nuestros nietos cuando se enteren que en la España más democrática de la historia, una parte de ciudadanos de una de sus regiones se veían obligados a pedir libertad!

Cerraron el acto Francesc de Carreras y Arcadi Espada, antes había intervenido el filósofo Fernando Savater, presente entre el público.

"¡Vamos a hacer un partido!, ¡vamos a hacer un partido!… es una obligación ineludible… ¡Basta ya de cuentos!, ¡ya es hora!" Su entusiasmo contrastaba con lo apacible de su persona, era evidente que estaba contagiado del ambiente. Sabía que estaba haciendo historia. Y definió el espacio ideológico sin ideología: "Será un partido de los problemas no de las ideologías. Frente a la ideología, valores, empirismo, pragmatismo. Esta será la forma nueva de hacer política". Y esa parecía ser la solución evanescente a las tensiones que podrían surgir en un grupo tan heterogéneo como la asociación de Ciudadanos. ¿Es una forma de acabar en un partido trasversal..? En los próximos tres meses tendremos la solución, que es el plazo que se han dado en la organización para llegar al congreso constituyente. Mientras tanto, sí podemos lanzar una hipótesis segura: Si ese es el espectro ideológico del partido, el PP de Piqué corre un grave riesgo, porque buena parte de los militantes de ciudadanos son profesionales liberales, ilustrados, de clase media, mientras que los obreros clásicos, votantes o cercanos al PSC son los menos. Nació para aglutinarlos, pero ahí Ciudadanos tendrá todavía una labor pedagógica por hacer. Con estas coordenadas, sólo Alejo Vidal Quadras podría frenar la inmensa ola que crece y crece en Cataluña tras Ciudadanos. Y si eso ocurriese, el espacio no nacionalista crecería por la derecha con el PP de Alejo y por la izquierda con Ciudadanos a costa del PSC.

En cualquier caso, este aire fresco no estará basado en los sentimientos, sino en la Razón. Francesc de Carreras lo dejó bien claro: Ilustración y sentido común, nada de demagogia.

Arcadi Espada fue el último en intervenir con una puja al conseller Bargallo: "Estoy asombrado…, nunca pensé que hubiera tantos pijos en Cataluña". Las carcajadas llegaron hasta el despacho del Conseller Josep Bargallò. Sí, el mismo que declaró al día siguiente de publicarse el manifiesto de los intelectuales abogando por un nuevo partido político: "Son cuatro pijos". Señor conseller, ni son cuatro, ni pijos, sólo ciudadanos como usted, aunque con un poco más de educación.

"¡Viva la libertad, viva la igualdad, vivan los ciudadanos!", así terminó el acto. Sigan atentos, Cataluña no volverá a ser la misma.

Volverán abogados del Estado...
Por LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ-MARTÍN ABC 6 Marzo 2006

VOLVERÁN abogados del Estado/de la nación los cargos a ocupar... En otras palabras, algún día volverá el PP a ganar las elecciones y nombrará a esos excelentes juristas y funcionarios para altos cargos gubernamentales, algo que el PSOE casi no hace, por prejuicios cuya exposición no es del caso. Ahora bien, cuando vuelvan los abogados del Estado, ¿qué cosas no volverán? Dicho con mayor precisión: ¿qué efectos políticos se están produciendo en esta legislatura que van más allá de los normales en todo episodio de alternancia en el poder? Enumeremos primero los efectos (dañosos, como veremos) ya producidos, para analizar después los riesgos que todavía están en fase de generación.

Encabeza la lista de daños la ruptura del consenso entre los dos grandes partidos nacionales. Como es sabido, la causa de esta ruptura está perfectamente documentada: mediante el llamado pacto de Tinell, suscrito en 2003, los socialistas se comprometieron con ERC a no celebrar acuerdos permanentes con el PP en las Cortes Generales; y lo entonces acordado se ha llevado a plena ejecución en la presente legislatura, en exclusivo beneficio de los nacionalismos radicales, y socavando una de las bases políticas fundamentales de nuestro orden constitucional.

Por otra parte, el binomio Transición-Constitución, que era otra de esas bases, ha dejado de ser un conjunto histórico digno de especial protección y debe soportar crecientes críticas. Algunas de ellas, formuladas irónicamente en nombre de la memoria histórica, pretenden incluso buscarle una alternativa (o al menos un complemento) en el campo de ruinas de la II República.

Por último, el Estado ha perdido la iniciativa en materia de organización territorial de España. Hasta ahora, los impulsos organizadores del sistema autonómico habían tenido siempre origen estatal. Cabe recordar los tres más importantes: el proceso constituyente 1977-1978, que creó el sistema; los Acuerdos Autonómicos de julio de 1981, firmados por el presidente del Gobierno de la UCD y el secretario general del PSOE, que cerraron el mapa autonómico y regularon todo lo relativo a la tramitación y al contenido competencial de los estatutos de autonomía que quedaban pendientes; y los Acuerdos Autonómicos de febrero de 1995, celebrados por el Gobierno, el PSOE y el PP, en los que se pactó la ampliación de competencias de las comunidades autónomas del artículo 143 de la Constitución.

Pues bien, en la actual legislatura la iniciativa en materia territorial ha pasado a los partidos representados en el Parlamento catalán, que la han ejercido con un marcado sesgo nacionalista elaborando el proyecto de nuevo Estatuto. Ante esta iniciativa, que al principio contó con carta blanca de Rodríguez Zapatero, la reacción del Gobierno ha sido tardía, defensiva y carente de liderazgo político. Con la misma falta de ideas se enfrenta el Gobierno al problema de las repercusiones que el nuevo Estatuto catalán haya de tener sobre las restantes comunidades autónomas. Así las cosas, no es de extrañar que el ambiente que rodea a la ampliación general de competencias que se avecina recuerde más a una piñata infantil que a un proceso ordenado como los que se pactaron en 1981 y 1995. Pasando de los daños a los riesgos, el primero de ellos es sin duda el de que aparezcan divisiones internas en los partidos políticos que forman nuestro arco constitucional. Cuando los nacionalismos marcan la agenda política de un país, el sistema de partidos se resiente. En Bélgica, cada uno de los tres grandes partidos de ámbito nacional (socialista, social-cristiano, y liberal) se partió en dos durante la década de los setenta del pasado siglo, bajo el influjo de los vientos nacionalistas flamencos y francófonos; y la fragmentación del paisaje político belga no ha dejado de aumentar desde entonces. No hay partido político español, incluyendo los nacionalistas vascos y catalanes, que sea inmune a estos seísmos; las primeras sacudidas de magma volcánico ya se han detectado, y han tenido lugar sobre todo en el PSOE.

Hay un segundo riesgo, y es el de que la formación de gobiernos minoritarios se haga extremadamente difícil. Mientras perdure el «espíritu de Tinell» será casi imposible que un PP minoritario se apoye en grupos nacionalistas para gobernar. Y la competencia exacerbada que se ha desatado entre dichos grupos dificultará mucho la búsqueda que un PSOE minoritario pueda hacer de los mismos apoyos. De este callejón sin salida cabe que resulten elecciones sin ganador, parlamentos sin mayoría, y largos meses sin gobierno, eventos hasta el momento desconocidos en los casi treinta años de nuestra democracia, pero muy comunes en la Italia de tiempos aún recientes.

Es verdaderamente notable que en menos de dos años hayamos llegado a la vista de un panorama tan desolador. Es igualmente notable que los responsables de la singladura acusen ahora al PP de deslealtad en materia de política antiterrorista. ¿Qué razón podría invocar el PP para apoyar esa política cuando, en temas igualmente importantes, como el Estatuto catalán, la actuación gubernamental se ha basado en la ruptura del consenso, la pérdida del norte constitucional y la desviación hacia el polo magnético del nacionalismo? Oponiéndose a una política antiterrorista que parece seguir ese mismo rumbo, el PP es leal a la Constitución y a las bases históricas y políticas que le sirven de fundamento. En fin, sólo cabe esperar que cuando el PP vuelva al poder sepa restaurar esas bases, que son también cimiento necesario de la alternancia, y que hasta entonces ni los daños se conviertan en irreparables ni los riesgos en siniestros.

(*) Ex subsecretario del Ministerio del Interior

Los españoles, insuperables gracias a Zapatero
Santi Lucas elsemanaldigital 6 Marzo 2006

Lo dijo José María Aznar el viernes pasado en la apertura de la Convención del PP: "No hay nación que supere el proceso que sufre España". Alertaba el ex presidente del declive extraordinario que vivimos con Zapatero en terrenos extremadamente resbaladizos e inadecuados. La velocidad de la caída es fulminante, como lo son los resultados previstos. El Partido Popular se robustece y actualiza en la oposición, pero el Gobierno socialista no muestra ni un solo signo de enmienda, de catarsis o de reflexión juiciosa.

Se preparan grandes fastos oficiales el próximo mes de abril para celebrar el segundo aniversario de la victoria socialista. Pero el desgaste acumulado por la política de Zapatero en este tiempo nos hace pensar que ha transcurrido un plazo mucho más largo de gobierno, veinte años por lo menos, en lugar de dos.

Ha habido ocasión hasta ahora de remover casi todo lo innecesario y no abordar nada de lo esencial. No falta a diario el hueco para la polémica, con ministros como, por ejemplo, Montilla, que han superado todos los límites de arbitrariedad imaginables. Se practica, dice con mucho acierto mi amigo José Antonio, una escandalosa iniciativa pública a la carta. Se hacen leyes que afectan a unos pocos (hay alguna que a uno solo) y no se hace absolutamente nada bueno con los problemas más acusados por la mayoría de los ciudadanos.

Los españoles repiten inexorablemente en todas las encuestas de opinión sus tres principales preocupaciones: terrorismo, inmigración y paro. Con este orden por importancia. La primera de ellas no puede estar pero planteada en este momento, ni haber creado tampoco una contestación ciudadana más rotunda en contra de los propósitos del Gobierno. Oídos sordos y a esperar una tregua milagrosa o un suicidio colectivo. La segunda inquietud se aborda sólo instrumentalmente. Los inmigrantes votarán en las elecciones y allá las penas de su integración social. De la tercera, de la crisis económica que se barrunta en el horizonte a medio plazo, no quieren ni hablar. Es la bicha. Porque la cartera, cuando comienza a temblar, se convierte en el último y más categórico correctivo político para un gobierno. Lo saben mejor que nadie los socialistas.

Insuperables, sí, vamos camino de ser desgraciadamente insuperables. Insuperables en torpezas y desvaríos. Insuperables en errores y patinazos. Insuperables en sacrificios gratuitos y en brechas a lo mejor insalvables.

Contra Cataluña
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 6 Marzo 2006

NO daba crédito a lo que estaba leyendo en un periódico de Barcelona: Piqué advertía que el PP no volvería a gobernar con una estrategia en contra de Cataluña. Pero ¿acaso en el PP había o hubo en algún momento una estrategia «en contra de Cataluña»? Enseguida vino a mi memoria ese lúcido libro -«Contra Catalunya»- publicado hace diez años por Arcadi Espada, que ahora es uno de los promotores del nuevo partido socialista no nacionalista que se está forjando en Cataluña. En Cataluña, el que se opone al nacionalismo es acusado automáticamente de anatema, proscrito como un apestado y apartado del cuerpo social. Pero quien se acoge a su cielo protector, como pretende Piqué para el desamparado PP, recibe las sonrisas y los beneplácitos de los medios de comunicación, de los partidos, de las empresas y de todo el mundo que más o menos cuenta en la región. Como escribía Espada: «Durante los días de Banca Catalana, que fueron muy largos, una voz de silicona iba sellando todos los disensos: si algo hizo mal, al fin y al cabo lo estaba haciendo por Cataluña». Y de Pujol abajo, todos. Nadie pudo resistir la fuerza de su dedo corruptor, ni socialistas, ni comunistas ni Piqué.

De ahí el valor moral de actitudes como la de la nueva plataforma Ciutadans de Catalunya o la de Vidal Quadras, quien, por cierto, obtuvo en 1995 el mayor número de diputados que los populares han tenido en el Parlamento catalán; o la de Alberto Fernández en el ayuntamiento, el único que ha tenido la decencia de denunciar el escandaloso asunto del hundimiento del Carmelo. O el valor moral de actitudes como la de Jorge Fernández Díaz, que es hoy un referente moral entre los católicos catalanes, quienes, aunque en voz baja, todavía se atreven a serlo, o la de Dolors Montserrat y de tantos otros, hasta 30.000 militantes, dispuestos a salir a la calle a defender principios, aunque la sorda dirección del PP de Cataluña se dedique a desmotivarlos proponiéndoles, nada menos, que caminar del brazo nacionalista para no ir «contra Cataluña», es decir, contra el nacionalismo.

Ayer, el Partido Popular, de la mano de Mariano Rajoy, abrió un nuevo capítulo político con la mirada puesta en el futuro. Hay que tener las ideas claras, también en Cataluña, y denunciar la evidencia: quienes diariamente deshacen las libertades, imponiendo un modelo de pensamiento único, son los nacionalistas y toda esa legión de compañeros de viaje que ha fabricado el disparate jurídico más enorme surgido de una cámara legislativa: el Estatuto de Cataluña, un texto destinado a deshacer España. Creo que la oposición vergonzante, como la que mantuvo el PP en la Comisión del Parlamento de Cataluña, y la de sus representantes en la Ponencia del Congreso de los Diputados, es un error político grave. Estamos ante el desguace controlado de la Constitución. Aznar dijo en la Convención popular una verdad como un puño: «No hay nación que sobreviva a un proceso como el que actualmente vive España».

A la música del PP le ha faltado la letra
José Javier Esparza elsemanaldigital 6 Marzo 2006

La política-espectáculo es lo que tiene: empiezas subiéndote al escenario y terminas bailando con un cuadro senegalés. El gran show del PP nos ha dejado una estela de luces y músicas. Pero habría más aplausos si, además de música, la pieza hubiera tenido letra.

La Convención ha sido un éxito, por supuesto. Ha ofrecido una imagen de unidad y ha amedrentado a la izquierda, que se ha puesto histérica. La izquierda tiene miedo a la memoria. Por mucho que Blanco y Rubalcaba crispen a sus bases y a la prensa adicta, la gente sabe que España funcionó mejor con el PP que ahora con el PSOE. Eso no puede borrarse con cortinas de propaganda.

Sin embargo, forzosamente deja insatisfecho esa falta de contenido, esa ausencia de letra en la espectacular música del show. El mensaje general ha sido este: España tiene que cambiar y el PP liderará el cambio. Muy bien, pero ¿hacia dónde? No vale contestar "hacia el futuro", que es un memo eslogan publicitario. Esperanza Aguirre aludió a la "batalla de las ideas". Habría sido un excelente programa si, además, se hubiera servido poner algunos ejemplos. Ésa es la letra que falta en la música de la Convención. ¿Proponemos algunas estrofas?

Primera: hay que promover una reforma constitucional a fondo. No basta con ofrecer al PSOE un vago consenso en la reformas autonómicas. El marasmo socialista ha demostrado la urgencia de dos medidas capitales: la primera, cerrar el sistema autonómico señalando expresamente los límites de las transferencias a las comunidades y el ámbito irrenunciable del Estado; la segunda, reformar la ley electoral para terminar con este sistema absurdo que pone la gobernación del país en manos de reducidos grupos independentistas.

Segunda: hay que revisar la política exterior. Tras el desdichado episodio de la Guerra de Irak, todos los países de Europa han podido recomponer su política exterior. Todos menos España, que yace en la demagogia de ZP. Hay que salir del callejón sin salida de ZP, pero no podemos volver al error de Aznar: dar la impresión de que los intereses españoles quedan subordinados a los de Estados Unidos. Al PP le corresponde decir si piensa redefinir la posición española en materias tan sensibles como, por ejemplo, las campañas bélicas de Washington.

Tercera: hay que adoptar de una vez una filosofía clara en materia de principios y de valores. El PP no puede seguir siendo el partido de la inhibición en las grandes cuestiones morales, que son las que de verdad organizan la vida de la sociedad. Es preciso un pronunciamiento claro y fundamentado sobre el aborto, sobre la ley de embriones, sobre la política de familia.

Si conociéramos todo eso –y algunas otras cosas más-, sabríamos si el PP posee aquellas ideas en cuyo terreno quiere plantar batalla Esperanza Aguirre. Sin ellas, el PP podrá recuperar el poder, claro que sí. Pero, ¿para qué?

A la cárcel con él
Santiago Abascal elsemanaldigital 6 Marzo 2006

Por enésima vez comparece públicamente el "procesado múltiple" Otegi en representación de un partido político ilegalizado. Ya ha dicho algún juez que quien diga representar a tal formación o convoque a las hordas etarras bajo tal paraguas está cometiendo un delito de colaboración con el terrorismo.

Se da la circunstancia de que Otegi, procesado por varios delitos, se encuentra en libertad bajo fianza. Fianza muy cuantiosa, por cierto. Y fianza rápidamente abonada, por cierto. Suponía yo que la fianza se imponía a alguien para que no pusiera pies en polvorosa y que la libertad se le otorgaba mientras no huyera ni delinquiera.

Pero Otegi, erre que erre, y a pesar de estar en la calle de milagro, sigue delinquiendo de un modo evidente, público, alevoso, notorio y desafiante. Ahora convoca una huelga general el 9 de marzo, para quemar cosas, y amenazar y amedrentar a las personas porque un terrorista, al que llama "compañero" y "luchador vasco" , ha muerto de modo natural mientras se encontraba allí donde debía estar Arnaldo Otegi. Así, tan nítidamente, con tanto desparpajo, justifica el terrorismo Otegi sin que, aparentemente, nadie mueva un solo dedo.

Ante cosas como éstas, la incredulidad e indignación de los ciudadanos corrientes que pagan impuestos, respetan las leyes y pagan multas cuando no lo hacen, es absolutamente lógica, comprensible y signo de la inteligencia popular.

Lo mismo que decimos de Otegi puede aplicársele a un buen puñado de sujetos que andan por ahí representando a Batasuna o que pululan por los plenos municipales como Pedro por su casa interviniendo en nombre de las numerosas candidaturas locales relacionadas con el terrorismo e ilegalizadas por ello.

¿Quién va a pararles los pies a estos "señores"? ¿Quién está dispuesto a hacer que las leyes se cumplan de una vez? ¿Quién va a esposar a quienes de un modo evidentísimo cometan delitos terroristas? Qquién va a imponerles sus merecidas condenas? Parece que nadie. Tal es la España de Zapatero.

Pero alguien quedará por ahí. Algún ser independiente. Alguien profesional, honrado. Alguien aún no depurado. A él, a ellos, dirigimos nuestras plegarias. Cúmplase la ley. ¡A la cárcel con él!

Independentismo
La balcanización de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 6 Marzo 2006

"Nuestro objetivo es la salvación de las esencias vascas por cauces patrióticos y la defensa del derecho de autodeterminación de nuestra nación", reza la Carta Fundacional de la banda terrorista ETA proclamada en 1959 en Deva. La terrible herencia de José Luis Rodríguez Zapatero es haber convertido la reivindicación terrorista por excelencia en moneda de cambio para la convivencia política. El presidente del Ejecutivo se ha visto obligado a negar por cuarta vez en sólo quince días que su Gobierno y el PSOE tengan intención de conceder el derecho de autodeterminación a los nacionalistas.

Hay que recordar los hechos. La historia en este asunto es imprescindible. En el debate constitucional el mismísimo Partido Nacionalista Vasco votó en contra del Derecho de Autodeterminación solicitado entonces y de forma imperativa por Euskadiko Ezkerra. Convergencia Democrática de Cataluña ni tan siquiera se planteó tal posibilidad y eso que en aquel momento era diputado nacional Jordi Pujol. Hoy, casi treinta años más tarde y gracias al inquilino de la Moncloa el cáncer nacionalista se extiende imparable de Santiago a Barcelona pasando por Vitoria.

El PNV, que en 1977 votó en contra de la enmienda introducida por el diputado Francisco Letamendía para obtener la autodeterminación, es más exigente con Zapatero que la propia banda terrorista; El lehendakari quiere seguir el ejemplo de Montenegro y, como la ETA, le recuerda al presidente, que sin autodeterminación no habrá paz. Pretenden que Zapatero tenga las agallas de hacer público lo que ya ha concedido por vía de los hechos consumados.

Y es que, al negar la autodeterminación, Zapatero miente de nuevo. El derecho a la secesión se concede en el Estatuto de Cataluña al refrendar en el texto que "la soberanía reside en el pueblo catalán". Con el Estatuto, el Gobierno Zapatero –que no ha detenido a un solo etarra desde el mes de agosto–, ha entregado a los terroristas el objetivo por el que lleva 47 años instaurando el terror a su antojo.

Zapatero es ahora rehén de de la banda. Si recula, el independentista catalán Carod Rovira, su hombre en Perpiñán, ha amenazado con hablar. Y lo que es peor, toda la política presidencial está al albur de los terroristas en un ruego perpetuo de la concesión graciosa de una falsa tregua que le otorgue la próxima victoria en las urnas. Ese es su DNI político. Y ETA lo sabe. La balcanización de España por Zapatero es imparable.

Ciudadanos de Cataluña
Impresiones agridulces
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2006

Estuve el sábado por la mañana en el Teatro Tívoli de Barcelona, varias horas de pie porque no cabía un alfiler. La crónica del acto, de cuya realidad he dudado repetidamente en las últimas treinta horas atribuyéndolo a un sueño imposible, ya la han dado aquí. Así que voy a centrarme en ciertas impresiones perdurables. No olvidaré la imagen de la calle de Caspe tomada por la gente que no cupo en el recinto. Ni el grito de "Viva la Constitución", que no oía al descubierto en mi ciudad desde hacía veinticinco años, en una marcha fúnebre en forma de manifestación de repulsa al golpe de Tejero y en una discreta concentración, al día siguiente, en la zona universitaria.

Los gritos del 81 clausuraban una esperanza, decoraban una renuncia y una despedida. Coincidían con el adiós a cualquier posibilidad de que en Cataluña se tratasen en público y con normalidad las consecuencias de nuestra condición de bilingües y de españoles. Ciudadanos teóricos de un Estado democrático a los que había que ir convirtiendo en súbditos mediante la enajenación meticulosa, lenta e implacable de una parte de sus derechos y otra parte de su dignidad. Millares de valientes militantes (¡valientes militantes!) consintieron el íntimo expolio, alzando el puño inútil mientras se disponían a obedecer las instrucciones de la galería de pijos –esos sí que eran pijos– que copaba las cúpulas de sus rojísimos partidos. Y una gran red de mentiras trabó cuanto se movía: iniciativas, creaciones y proyectos. ¡Qué rápido entendieron todos los códigos que franqueaban el acceso a la existencia civil! ¡Qué doloroso –y qué caro– ha sido en tantas ocasiones no aceptarlos, no dejarse llevar, empecinarse! Ni docencia decente, ni medios, ni asociaciones, ni colegios profesionales, ni productoras, ni consorcios de comercio exterior, ni nada de nada. ¿Te acuerdas, Pepe? Como para que vengan a contarnos ahora lo que no hemos dejado de denunciar. Casi siempre en privado (qué remedio). Y en frustrado. Y desde hace tres años en público, gracias a los del éxodo de la dignidad.

Nos han llamado traidores y fascistas, sembradores de odio, vendidos, resentidos. Aunque en la primera fila del Tívoli tuviéramos que ver al que bautizó como falangistas a los colaboradores de Libertad Digital, aunque hayamos tenido que tragarnos la encomiástica mención de su nombre en estas mismas páginas hace unas horas, aunque siempre acabe siendo una ventaja el darse cuenta de las cosas tarde, tarde, tarde. Tan tarde como veinte años después de que mandáramos al cuerno a la siniestra pandilla del PSC y nos arrojáramos al vacío sin red.

Y a quién le importa. Lo del Tívoli fue extraordinario. Espada y Boadella han abierto una época. A partir de ahora, denunciar la pedagogía del odio nacionalista o proclamarse bilingüe son actos de alegría, de afirmación y de futuro. Se acabó la clandestinidad y el aire de derrota. Siendo la necesidad de plantar cara la única urgencia, hay que brindar a los Ciudadanos de Cataluña todo el apoyo. Han tenido la ambición y el acierto de darle la vuelta a la pesadilla.

Convención del PP
Entre el pasado y el futuro
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Marzo 2006

El último día de la Convención del PP Sarkozy fue casi todo. Fue un modelo político. Las frases más rotundas, más bellamente políticas, que he oído en los últimos tiempos las dijo el político francés. Su intervención contribuyó tanto como sus anfitriones a mantener las ilusiones de millones de votantes del PP. Nada me cuesta menos que reconstruirlas, repensarlas y transcribirlas para entusiasmar a quien aún no tenga claro que la grandeza de la política depende casi siempre del atrevimiento de los políticos de raza, de quienes creen que sin el espacio público el hombre queda reducido a mera necesidad. Tres sentencias bastan para sintetizar la vida contenida en el discurso del francés: El político es audaz o no es. El político se enfrenta con audacia a la fatalidad o muere arrollado por la mediocridad. El político toma en serio la personalización del poder o queda reducido a ser un vulgar burócrata.

Mientras lo oía con gran disfrute, recordé los versos de Auden: "Los hombres privados en público / son más sabios y agradables / que los rostros públicos en privado." También, como no, recordé algún pasaje del grandioso libro de Ortega: "Mirabeau o el político".

El domingo vimos el poderío y la grandeza de la política, del político, que se presenta como tal sin esconderse en la faramalla de la tecnocracia y la administración. Muchos días de gloria seguirá dando este Nicolás Sarkozy a los ciudadanos de Europa. Daba gusto verlo hablar, gesticular y razonar. Magistral actuación. Decía cosas muy interesantes, llenas de matices y sugerencias, e incluso fue generoso con la dinámica sociedad civil española. Era evidente que para el político francés esa misma sociedad se merecía un gobierno diferente al de Zapatero. La sociedad española necesita un presidente de Gobierno que personalice, de verdad, el poder. Alguien que crea, como dijo Sarkozy, en "la unidad de España". Alguien que no dude de que "España es una gran nación".

Rajoy, y por eso estaba allí hablando Sarkozy de este modo, era el mejor representante de esa gran nación, que está al borde del colapso, porque un grupo de políticos sin personalidad, o peor, que han despersonalizado el poder de la Nación, han abandonado la Política con mayúscula, la política de la Nación, para sustituirla por la políticas de las "naciones" y aldeas. ¿Se hizo merecedor Rajoy de las expectativas creadas por su telonero Sarkozy? En cierto sentido, puede contestarse afirmativamente; pero, si nos fijamos en el estilo y algunos titubeos discursivos, Rajoy distó mucho de ser el político que anhelan no sólo millones de votantes del PP, sino otros cuantos millones de españoles (sic) que no quieren ya entregar su voto al PSOE.

Muchos, en fin, esperaban un Rajoy lleno de audacia y brillantez, un discurso lleno de pasión entre la inteligencia y la voluntad, para suturar la brecha abierta entre el pasado y el futuro, pero en su lugar nos hemos encontrado con un discurso correcto, bienintencionado y dialogante. Un digno discurso para una nación normal, pero España desgraciadamente no es, hoy por hoy, una nación normal sino un país a punto de fragmentarse. O Rajoy pone un poco más de pasión en su discurso o el personal seguirá anestesiado ante el PSOE, que quiere cambiar el régimen democrático por un Estado plurinacional determinado por el totalitarismo nacionalista.

Sin embargo, no sería honesto dejar de consignar que Rajoy puso lo mejor de su discurso al servicio de la nación española y contra el terrorismo, o sea, ofreció acuerdos al PSOE, pero siempre que su precio no sean las víctimas del terrorismo. El razonamiento no puede ser más limpio: "Eso no puede ser. Cometeríamos una indignidad. No lo digo por lo que han sufrido (las víctimas), que es mucho. El señor Rodríguez Zapatero no entiende que el principal problema de las víctimas no es de dinero (que está bien) ni de compasión (que está muy bien). Es una cuestión de dignidad. Y no hablo sólo de la dignidad de las víctimas. Hablo de la nuestra, porque las víctimas representan a todos los españoles que podríamos estar en su lugar. Representan la agresión que ha sufrido la Nación española, que ha sido y sigue siendo el objetivo de los asesinos. Lo que defendemos desde el respeto a las víctimas es nuestra propia dignidad. Por eso ni las olvidamos ni las olvidaremos."

Aznar, fantasmal vencedor de la Convención
Pablo Sebastián Estrella Digital 6 Marzo 2006

Los españoles tienen motivos sobrados para la preocupación, y también para lamentar su orfandad política por causa del desvarío del Gobierno y el desconcierto de la oposición. Estamos ante un presidente del Gobierno, Zapatero, temerario y un líder de la oposición pusilánime sin más proyecto alternativo que dejar las cosas como están —¿dónde está el reformismo?—. España va mal, pero no tanto como para estrellarse en la primera curva y caer en el caos como dice tenso Aznar —“no hay nación y Estado que resista semejante situación”—. Pero sí para que a medio plazo la fractura social, política y territorial de España se vaya agrandando a la vez que se desfiguran la imagen y los signos de identidad de la nación.

De esta tesitura son responsables el Gobierno y el PSOE, mientras la oposición carece de respuesta y de liderazgo. Ayer pudimos volver a contemplar este escalofriante escenario en el discurso de Zapatero, festejando el Estatuto catalán, y en la ausencia de proyecto de Rajoy en el cierre de una Convención del PP en la que el fantasma omnipresente de Aznar se apareció en el PP como el único valedor.

Zapatero, preso de un tardío y mal concebido izquierdismo, pretende, de la mano del nacionalismo radical, reescribir la Historia, convertir el Estado en federal, abrir la caja de los truenos de las dos Españas y, a la vez, caminar descalzo y sobre ascuas encendidas hacia una mesa de negociación con ETA mientras van estallando bombas de mediana intensidad, dando de paso la espalda a nuestro entorno europeo y occidental. Creyendo que todo lo que hace —aunque sea violentando la legalidad— con el Estatuto catalán, la negociación con ETA, la guerra de las OPAs, es irreversible y un trágala obligado para los demás.

Se lo dijo Zapatero a Rajoy desde Valladolid: “tendréis que abrazar el Estatuto”. Y en Madrid no se escuchó respuesta alguna del líder del PP, ni se anunció proyecto político, ni estrategia original, después de cuatro días de Convención en la que Aznar, aclamado por los compromisarios, seguido con interés por los medios y vitoreado por Sarzoky —“eres un grande de Europa, la Historia te hará justicia”—, se levantó iracundo como la sombra del Comendador (ante el Tenorio) para justificar lo suyo y pedir más venganza que rectificación.

Visto todo lo ocurrido en la Convención del PP, sólo cabe imaginar dos causas: o fue Rajoy el que recurrió al liderazgo fantasmal de Aznar porque se ve escaso de fuerzas e ideas para hacer frente a los desafíos que tiene por delante; o fue la desidia y ausencia de Rajoy la que le permitió a Aznar alzarse, de tan extraña y tangencial manera, con el protagonismo de la reunión. Sobre todo una vez que se oyó, sin entusiasmo, el discurso vano de Rajoy al cierre del evento, donde al margen de criticar al Gobierno y pedir que las cosas vuelvan donde estaban —algo impensable e irreal— no dijo más. Ni siquiera anunció lo que piensa hacer cuando se apruebe el Estatuto catalán, que está al caer. Ni qué hará si gana las elecciones con el citado Estatuto y las reformas en curso del poder judicial, la financiación autonómica, el pacto antiterrorista, etc. Rajoy no dijo casi nada, pero, emocionado, juró que dirá la verdad.

El presidente del PP, eso sí, está lleno de buenas intenciones y de cautelosas maneras, y quizás confía más en los errores de Zapatero que en su capacidad de liderar la oposición, y en eso puede que tenga razón. Pero la Convención, como su propio nombre indica, ha sido sólo para convencidos del PP, una fiesta para darse ánimos mutuos y para salir en la televisión, animada con vídeos, música y el color naranja como si de una cosa nueva y a la vez moderna se tratara, y el eslogan de “Hay futuro” sobre la imagen de Rajoy, en pos de un acto de fe de la ciudadanía en general. Hay futuro porque está Rajoy, debería ser la conclusión, de la que los más avispados tendrían que obtener una segunda lectura: y hay futuro porque el pasado es Aznar. En fin, a ver si tienen suerte y Zapatero se sale —lo está intentando— de la pista cuando llegue el gran día de la carrera electoral.

Y si eso no ocurre, Rajoy será un paréntesis entre Aznar y Aguirre. O entre Aznar y Aznar. Porque Gallardón, por más que le asista la razón y reparta sonrisas a contrapelo, no tiene mucho sitio en este partido tal y como está en el día de hoy. Salvo que los tres astros dominantes, Aznar, Rajoy y Aguirre, sean privados de la luz del sol con una clara derrota electoral en el 2008 (en generales y Comunidad de Madrid), y Gallardón consiga renovar con holgura la Alcaldía de la capital. Gallardón habló de moderación y de hacer propuestas en respuesta a la crispación que emana del Gobierno y no describió. Pero sus palabras fueron desoídas, y no recibieron el clamor que arropó a los otros oradores.

Especialmente al Comendador Aznar, que se ha preocupado de marcar el territorio —con una miniconvención previa en FAES—, de enseñar el camino, de subir el listón y el tono de los discursos y de pavonearse entre los distintos pabellones de los invitados en clara competencia con Rajoy, al que oscureció, por más que se autocalifique de futuro.

El mismo Aznar que, por sus errores y mentiras —algunas sobre ETA las repitió en su discurso—, llevó el PP a la derrota y facilitó la victoria del PSOE y nos trajo a Zapatero, ahora no le deja despegar solo a Rajoy. O simplemente sabe que su pupilo, elegido por él, necesita ayuda para volar, un empujón, algo de compañía. Pero esa presunta ayuda, lo quiera o no, puede significar peso en las alas de su pretendido campeón. Aznar se debe de considerar responsable de todo lo que ocurre y se resiste a desaparecer. Dijo —excusatio non petita— que no se arrepiente de haber renunciado al liderazgo del PP, pero hace lo contrario porque no se va. Y porque sabe que si fracasa Rajoy habrá vuelto a fracasar él. Aunque, de momento y después, en la Convención se nos apareció entre sombras como el fantasma vencedor. Como un sueño de la derecha o una pesadilla —del 11M y la guerra de Iraq— por volver, aunque los sueños, sueños son. A pesar de la cruda realidad de la España de Zapatero, que a la vista está.

Evidencias
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Marzo 2006

La dificultad principal que tiene el presidente del Gobierno para extender su mensaje de que está cercano el final del terrorismo es que no aparece avalado por los hechos. Está su palabra contra la realidad. Algunos dicen que hay que tener fe en el presidente, al que por su cargo se le supone con un plus de información que el común de los mortales no tenemos. Fe en el sentido católico del término, la creencia en aquello que no vemos pero que una autoridad superior nos ha revelado.

Si fuera eso, que no vemos nada pero el presidente nos invita a creer, sería fácil darle un voto de confianza. El problema es que sí vemos cosas y lo que vemos contradice el mensaje de optimismo y esperanza. Ya no es cuestión de creer a ciegas, sino de creer contra las evidencias materiales, y eso es mucho más difícil.

Las evidencias son los atentados de ETA, el aumento de la violencia callejera, los comunicados de la banda terrorista, la extorsión, los robos de explosivo, las declaraciones de los dirigentes de Batasuna. Vemos la coherencia que hay entre lo que ETA dice, que la autodeterminación y la unidad territorial siguen siendo exigencias irrenunciables para dejar las armas, y lo que hace, colocar bombas para conseguirlo.

Frente a esta realidad transparente, escuchamos interpretaciones bienintencionadas: «Antes de todas las treguas lo que ha puesto ETA encima de la mesa son muertos. Y ahora está poniendo mochilas bomba», decía ayer Patxi López. ¿Y qué hace ETA cuando no prepara treguas, que ha sido la mayor parte de su historia? Pone bombas también. ¿Cómo diferenciar entonces las bombas de toda la vida de las de preparar treguas?

Sobre los propósitos de ETA se ha construido una realidad oficial de ficción que no tolera que nadie la contradiga sin ser señalado con el dedo o ser incluido en la lista de saboteadores. El consejero de Interior, Javier Balza, fue víctima de ese señalamiento la semana pasada por haber sostenido que la banda tiene varios comandos actuando y que, con el paso de los meses, ha reforzado su organización. No ha revelado ningún secreto, sino que ha hecho públicas -en realidad lo hacía por segunda vez, ya que el 22 de febrero también lo dijo en Antena 3 sin que nadie se agitara entonces- unas conclusiones bastante obvias: hay un aumento del número de bombas, luego debe haber un mayor número de terroristas. Por decir lo evidente han considerado a Balza y a su partido sospechosos de intentar poner palos en las ruedas de la bicicleta del «proceso».

Para compartir el optimismo reinante hay que hacer caso omiso a lo que hace y dice ETA y tener en cuenta solamente las interpretaciones oficiales sobre los planes de la banda, aunque no coincidan con la evidencia. No se toleran escépticos.

Inconmensurable Aznar, otra vez
Sancho Michell de Diego minutodigital 6 Marzo 2006

Hay una cierta honradez, una cierta sinceridad, parafraseando a Ernest Hemigway, que pertenece al género indisimulable. Y eso es lo que pasa cuando uno presencia intervenciones como la de José María Aznar; un hombre honesto, decente, decoroso, íntegro, recto, justo, equitativo, razonable y digno, que en su intervención este fin de semana en la Convención Nacional del PP, ha afianzado los principios y convicciones que la derecha liberal ha de seguir.

Quien ha sido -pero sin ningún género de duda- el mejor Presidente que el Reino de España ha tenido jamás, nos ha dicho a los españoles lo que estábamos esperando: que el Partido Popular va a ganar las próximas elecciones. Se ha convertido en imprescindible que la derecha liberal arrase en los próximos comicios. Y es que, ¿cómo vamos a soportar lo que en toda regla supone un cambio de régimen político? Es que a uno se le caen los palos del sombrajo.

José María Aznar dedicó buena parte de su discurso a hacer un balance de sus dos legislaturas al frente del Ejecutivo, así como a evidenciar la despreciable forma en que este nacional-socialista que es Rodríguez Zapatero intenta borrarnos de la memoria los ocho años de gobierno del Partido Popular. Es más, lo que zETApé está haciendo en materia antiterrorista supone la antítesis más absoluta respecto a anteriores gobiernos, incluidos los de Felipe. Oigan, ¿quién me iba a decir a mí que a estas alturas estaríamos echando de menos a González?

Mientras con Aznar se detenían comandos de ETA a diestro y siniestro, no había absolutamente nada que negociar y se hablaba única y exclusivamente de rendición, Rodríguez Zapatero ha permitido el reingreso en las instituciones de los batasunos de las Vascongadas y ha dinamitado el pacto antiterrorista con los populares. Todo por suplicarle de rodillas a ETA una tregua. Eso es lo que quisiera Zapatero, presentarse como el Pacificador de las Tierras Vascas a las próximas elecciones generales. Si le dejamos a este indigente intelectual -como acertadamente le califica Carlos Dávila-, es que se jubila en La Moncloa. Él y Sonsoles, los dos.

Parece que en España quienes no somos “rojos” tenemos que avergonzarnos y pedir perdón por ello. Me pregunto cómo se puede ser tan simétricamente bobo para pretender sacar rédito político en el 2006 del 36. Pues no, hombre, que no, que eso es lo que tenemos que sacar en claro del discurso de Aznar. Somos muchos quienes nos declaramos liberales y de derechas, y el Partido Popular es la única alternativa a este régimen zapateril sólo comparable al cubano, al boliviano o al venezolano.

Fíjense cómo será la provocación de Rodríguez a la sociedad civil que incluso la derecha de a pie ha perdido ese miedo escénico, que diría Valdano, a salir a la calle. Si es que es como para atarse con cadenas a las puertas del Congreso de los Diputados.

“¿Quién chantajea al Gobierno?”
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 6 Marzo 2006

Gracias a los amigos Radikaleslibres gallegos he conocido esta interesante columna de Juan José R. Calaza, en la que se da una explicación a la inexplicable sumisión de Rodríguez a la oligarquías separatistas, sobre todo la catalana.

Hay dos teorías de corte conspiratorio, si bien la que goza de mi preferencia resulta difícil de demostrar, aun siendo la que suministra la explicación más decisiva ante los hechos. Y los hechos son que el catalanismo y el nacionalismo vasco consiguen cuanto se proponen, descontando aquéllo que de antemano saben que en el corto plazo no pueden obtener por las reacciones extremosas y la desestabilización política que podría desencadenar.

La primera de estas teorías atribuye a ETA capacidad de chantajear al Gobierno amenazándolo con revelar lo que sabe respecto al 11-M. Este chantaje consistiría en obligarle a que conceda a Cataluña un nivel autonómico propio de un Estado confederal para, llegado el momento, obtener por elevación algo más para el País Vasco, incluyendo el armisticio con ETA, previo paso al derecho a la autodeterminación. Sin entrar a discutirla, esta teoría no me convence en lo que concierne a ETA, pero en el resto es bastante sólida.

El segundo modelo explicativo, que valoro mucho, es bastante sencillo, y ya se insinuó en más de una ocasión: es probable que Maragall tenga en su poder informaciones personales, altamente comprometedoras, del who's who del PSOE. Todo el mundo recuerda que Narcís Serra, alter ego de Maragall, en las etapas ministerial y vicepresidencial utilizó a destajo los servicios secretos. Al parecer, ordenó espiar incluso a Felipe González y al mismísimo Rey. Así se explicaría por qué en el PSOE no se mueve ni una hoja, con la que está cayendo. Es decir, el rechazo que ministros y prestigiados socialistas manifiestan públicamente frente al catalanismo no sería mas que el guión -convención teatralizada de boquilla, para despistar al personal- de una impostada escenificación cuyo desenlace se conoce de antemano. Esto es: ¿por qué Bono e Ibarra, al llegar el momento de la verdad, se esfuman ante el arrogante Maragall, y Solbes ante el crecido Montilla? Insisto, ¿por qué?

Narcís Serra es, desde hace un año, presidente de la tercera caja de ahorros de España, y segunda de Cataluña, Caixa Catalunya. Un espía y un corruptor de almas –como calificaba Ortega y Gasset a Canovas del Castillo y al régimen de la Restauración-, premiado con un retiro tan espléndido como la dirección de una caja riquísima y discreta. ¿Por qué?

Escalada batasuna
Editorial ABC 6 Marzo 2006

CON el pretexto de la muerte de dos presos de ETA, la violencia callejera vuelve al primer plano en diversas localidades del País Vasco y de Navarra. La banda terrorista ha dado orden de presionar contra la dispersión, mientras Arnaldo Otegi eleva el tono de la retórica que acompaña a la escalada violenta contra diversos objetivos, entre ellos varias sedes de UGT. Otegi acusa al Gobierno de «aniquilar» a los presos, al Tribunal Supremo de implantar la cadena perpetua, y a la Ertzaintza de «masacrar» en Portugalete a los participantes en el homenaje a los presos, a los que por cierto califica sin rodeos de «compañeros». Batasuna, organización ilegal a todos los efectos, convoca para el jueves una jornada de huelga y movilización. En las últimas semanas, como es notorio, se ha intensificado la actividad terrorista y la impresión generalizada es que esta escalada va a continuar hasta límites todavía difíciles de prever.

En definitiva, la realidad no encaja con las previsiones optimistas del presidente del Gobierno. Recibido el mensaje de la ruptura material del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo y de la relajación a la hora de aplicar la ley de Partidos, los terroristas y su entorno han visto la luz al final del túnel. Se sienten ahora con capacidad para exigir, hacer alarde de fuerza y amenazar a unos y otros con la certeza de que falta voluntad firme para aplicar las leyes por parte de un Gobierno que necesita un gesto de aparente «pacificación» con objeto de suavizar la irritación de muchos ciudadanos contra la deriva del debate territorial. Los precedentes demuestran que una rigurosa acción judicial y policial había reducido notablemente la práctica de la «kale borroka». Lo razonable sería volver a las políticas que estaban dando resultados positivos.

En este caso concreto, los poderes públicos deben tomar las medidas que procedan en Derecho para impedir la convocatoria y celebración de una huelga por parte de una organización fuera de la ley, cuya falta de capacidad jurídica y de obrar ha quedado rigurosamente establecida por vía legal y jurisprudencial. Ante la extorsión, Estado de Derecho, herramienta esencial para atajar el levantisco envalentonamiento de ETA/Batasuna provocado por la errática política gubernamental en esta materia.

La AVT llevará a varias regiones sus marchas contra la negociación
ABC 6 Marzo 2006

MADRID, La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) llevará a cabo en distintas comunidades autónomas movilizaciones en contra de la negociación con ETA, tras las peticiones recibidas para que convoque actos como la manifestación del pasado 25 de febrero en Madrid.

La primera autonomía a la que se trasladará esta protesta será Andalucía, donde este colectivo de víctimas celebrará próximamente un acto en contra del diálogo con la banda etarra. Posiblemente, este acto se realizará en Sevilla y consistirá, en principio, en una concentración en la que los ciudadanos podrán mostrar su rechazo al diálogo con ETA.

Este planteamiento de la AVT se produce después de que esta asociación se mostrase muy satisfecha con el apoyo recibido en la manifestación del 25 de febrero en Madrid, a pesar de las discrepancias entre la Delegación del Gobierno y el Gobierno regional sobre el número definitivo de asistentes.

DENUNCIA EL SILENCIO DE LOS MEDIOS CATALANES ANTE EL NUEVO PARTIDO
Arcadi Espada cree que "habrá un antes y un después" de la fundación de Ciudadanos de Cataluña
El miembro del recién creado partido Ciudadanos de Cataluña Arcadi Espada ha defendido en la COPE el derecho de "la comunidad" a participar en la política. Con esta voluntad han creado su partido, que pretende "expulsar al nacionalismo de la vida política" para que el "nacionalismo no esté en el centro del debate", y también para asumir una "tarea de sutura" del enfrentamiento entre pueblos que ha generado la gestión del tripartito. El periodista señaló que Ciudadanos pedirá el rechazo al Estatuto en referéndum y que no comparte la campaña de firmas del PP porque aún no sabe "cómo va a quedar" el texto.
Libertad Digital 6 Marzo 2006

El periodista Arcadi Espada explicó, en declaraciones a La Mañana de la COPE, "el vacío escabroso" que la creación del partido político este fin de semana ha protagonizado en la prensa catalana. Fueron escasos los medios que se hicieron eco de la presentación del nuevo partido. También se refirió a la extrañeza que ha generado que unos "intelectuales" hayan entrado en la actividad política. "La respuesta a nuestra iniciativa fue considerar que somos florecillas silvestres, dedicados a la crema de la vida". Además, constató que "este país es de los pocos" en que la palabra "intelectual es un insulto". Espada defendió, frente a esta actitud, el hecho de que "la política es cosa de la comunidad" y que la "comunidad debe intervenir", con independencia de que se sea "intelectual o no".

El partido que nació este sábado asumirá, entre otras, una "tarea de sutura" entre las "particularidades en España". Espada lamentó que "últimamente lo catalán genera rechazo" cuando hace veinte años "seducía". Y no se trata de un "enfrentamiento conceptual" sino de "dificultades en detrimento de todas las personas". "Aspiramos", indicó, "a la asunción resignada de las cosas sin que las personas se vean enfrentadas".

Espada se refirió también al Partido Popular y los acuerdos y desacuerdos que la nueva formación tiene con el partido que lidera Rajoy. Señaló que "una de las cosas" que le "repatean es esa idea de que cuando estás de acuerdo con el PP eres un apestado", pero reivindicó su "derecho a criticarlo en lo criticable". En su opinión, el Estatuto, "una cosa lamentable", "puede reconvertirse con la participación del PP" pese a "su pecado de origen". Por ello se mostró contrario a la campaña del referéndum emprendida por los populares porque, en su opinión, "se debe atener a la ley" pues los Estatutos "deben aprobarse en las Comunidades Autónomas".

El "remedio" al Estatuto pasa por el referéndum en Cataluña
A Espada, el Estatuto no le "parece una reforma constitucional". "Habrá que ver como queda", indicó el periodista, que recordó que "a día de hoy ni sabemos cómo será el preámbulo". "Soy ingenuo", afirmó y "las leyes se han de respetar", dijo, porque exigen "cumplimiento". Así, defendió que el mecanismo que debería haber adoptado el Partido Popular es la interposición de un "recurso de inconstitucionalidad". Mientras, su recién creada formación política optará por pedir el "no" al Estatuto en el referéndum en Cataluña.

"El proceso", continuó, "ha sido el más grotesco y absurdo" de los últimos años en Cataluña "y por eso lo estamos rechazando". No rechazan, según aclaró, el texto aún, puesto que no saben "cómo va a quedar". "Habrá remedio", indicó Arcadi Espada, pese a que se apruebe en el Congreso de los Diputados con carácter definitivo, y dicho remedio "es el del referéndum". "Pensamos que los ciudadanos no tienen que tragarse todo lo que deciden por ellos".

Espada insistió en la idea que transmitió en su discurso del sábado, la intención de su partido de "expulsar al nacionalismo del espacio público", pero "no a los nacionalistas". "Queremos que esas ideas no estén en el centro del debate político", insistió, antes de afirmar que "los votantes deben encontrar en este periodo de emergencia democrático un lugar común". "Lo importante para Ciudadanos", sentenció, es que "se ha puesto en marcha" una "emocionante" movilización" que "va a ser un antes y un después" en Cataluña.

Sanz pide al PSOE que rompa su «silencio» sobre el interés de ETA en Navarra
R. N. La Razón 6 Marzo 2006

Madrid- El presidente de Navarra, Miguel Sanz, exigió ayer al jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ponga fin a su «silencio» sobre el «empecinado interés del nacionalismo radical vasco» en lograr la anexión de la comunidad foral y dé «una respuesta». Sanz, quien intervino en la jornada de clausura de la convención del PP, agradeció que Zapatero haya dejado claro que las pretensiones de autodeterminación de ciertos sectores del nacionalismo vasco no tienen cabida en el ordenamiento constitucional, pero acto seguido le reprochó que aún no se haya pronunciado sobre el «empecinado interés» de esos sectores por lograr la anexión de Navarra. Para Sanz: «Navarra no puede estar en ninguna mesa de negociación» con el nacionalismo vasco.

Unidad y firmeza.
El presidente de Navarra recordó que las dos últimas víctimas de ETA, los policías nacionales Bonifacio Martín y Julián Embid, que fueros asesinados en mayo de 2003, se produjeron en esta región, concretamente en la localidad de Sangüesa, y, por ello, puso énfasis en recalcar que «la inmensa mayoría de los navarros» quiere derrotar a ETA». «La democracia ha de imponerse al fanatismo», afirmó para reivindicar después «fortaleza, unidad y firmeza» contra el terrorismo.

Estas palabras fueron respondidas por el delegado del Gobierno en Navarra, Vicente Ripa, que pidió «responsabilidad» al presidente Miguel Sanz en sus declaraciones y comportamientos, al tiempo que le sugirió que mantenga la autonomía con respecto del PP porque comentarios como los hechos en Madrid son «una patraña miserable».

Por otro lado, el presidente de Baleares, también hizo declaraciones antes de la clausura de la Convención. Jaume Matas defendió el «centro reformista» como filosofía política del PP, un partido «amplio» que, según dijo, debe utilizar un lenguaje «moderado» sin renunciar en ningún caso a sus reivindicaciones. A preguntas de los periodistas, apuntó que su formación puede haber tenido algún problema de «formas», pero «no de contenidos ni principios». Afirmó que Mariano Rajoy «es el que marca la política» de una formación «orgullosa de su pasado» y que está marcando las «líneas de futuro».

¿Qué justicia para estas víctimas?
No basta "la paz" a secas, porque no se trata extinguir una cuadrilla de malhechores. Hay que buscar una paz políticamente justa, la que empiece por el reconocimiento de que el terror fue una rebelión injusta y saque después las consecuencias. No nos jugamos el final de ETA, sino su derrota civil, una "derrota por KO"; un KO, también, político y moral.
Aurelio Arteta, BASTAYA.ORG  6 Marzo 2006

La clase de justicia que se debe a las víctimas del terrorismo nacionalista vasco exige entender primero la especie de víctimas que sean. Y esto a su vez sólo acierta a perfilarse cuando se esclarece la especie del crimen que se cometió con ellas. A tal crimen, tal víctima y, en consecuencia, tal justicia.

Pues bien, digamos cuanto antes que son víctimas políticas, objetos de un crimen público, y no de un crimen privado. Lo que significa que se las sacrificó desde una ideología que algunos cultivan acerca del bien general de nuestra sociedad, con vistas a un proyecto colectivo para todos nosotros, en nuestro nombre. Por eso son víctimas mayores que cualesquiera otras privadas, porque -nos guste o no- su daño nos compromete a todos como ciudadanos. Lo que es más, son víctimas selectivas. Los terrorismos difieren entre sí y, mientras otras resultan víctimas indiscriminadas y hechas por casualidad, las de aquí fueron en gran proporción escogidas de manera premeditada: por su cometido profesional, su carácter de representante político o su militancia intelectual. Otros muchos no tenían nada que temer porque, con mayor o menor disimulo, estaban de parte de los asesinos. O, lo que es igual, los asesinos contaban y cuentan con arraigo entre la población, disponen de cómplices entre nosotros. De suerte que estas víctimas nuestras no lo fueron únicamente de los terroristas, sino también de sus cómplices; no han sido tan sólo agredidas por los armados y sus auxiliares, sino además justificadas y abandonadas a su suerte por tantos que lo consienten. Una vez más, son víctimas que nos interpelan con mayor derecho y en demanda de mayor reconocimiento público que ninguna otra.

Desde su naturaleza pública tenemos el deber de juzgar la justicia o injusticia política de aquellos asesinatos. No vale que lo genéricamente criminal de los atentados oculte su específica diferencia política, para así reducir el problema terrorista a la represión policial, a las sentencias judiciales o a los beneficios carcelarios. Como si fuera irrelevante pronunciarse sobre los fines de los pistoleros y sus premisas ideológicas.., muchos políticos y ciudadanos se concentran en la fácil condena de sus medios. Semejante escapatoria les evita repudiar el terrorismo por partida doble: por la evidente maldad de sus medios criminales y por la no menos probada ilegitimidad de sus fundamentos y fines etnicistas.

La justicia es la primera demanda de aquellas víctimas y de esas otras, sus familiares. Pero, en nuestro caso, ¿acaso no representa también una necesidad perentoria de nuestra sociedad entera, si es que aspira a limpiarse y mirarse a la cara? Puestos a ello, y como los estragos y sus beneficiarios, los agresores y los agredidos están aún presentes, no cabe invocar sólo el deber de la memoria. Cuando para matar al vecino se aducen justificaciones y metas políticas, la justicia para las víctimas tampoco puede contentarse con su mera indemnización o resarcimiento. Dadas ciertas características de este crimen terrorista (el apoyo social que lo ha sostenido, la comisión organizada del delito, sus numerosas víctimas secundarias), ni siquiera es bastante instruir procesos judiciales convencionales y según procedimientos ordinarios. No podemos conformarnos con la mera sentencia de unos jueces y el cumplimiento de unas penas individuales. Estos muertos han sido el arma más brutal con el que una parte de la sociedad ha atemorizado y ofendido a la otra. Y lo puesto finalmente en juego es la reconciliación entre ambas, la ofensora y la ofendida...., si es que la ofensora accede a reconocer su culpa y a pedir perdón por ello.

Así pues, una justicia política. Recordemos que el terrorista vasco asesina por razones y objetivos políticos, o sea, en nombre de un presunto Pueblo hoy oprimido y mañana liberado; actúa en defensa de unos presuntos derechos (colectivos) supuestamente negados. Ahora bien, si esos derechos carecen de todo fundamento racional defendible; si sus razones no fueran democráticas, sino las opuestas; si esos objetivos no son ni pueden ser mayoritariamente asumidos por una población de ciudadanos, etc...., entonces habrá que pregonar que sus víctimas, además de inocentes -como las de cualquier terror organizado-, son víctimas asimismo de una injusticia. Y que ésta no sólo consiste en su sacrificio violento, sino también en la primitiva ideología y en el proyecto totalitario por el que fueron abatidas. No hay, pues, justicia completa para nuestra víctima como no se condene la causa terrorista. Honrar a las víctimas exige deshonrar a los verdugos y combatir las ideas que los convirtieron en tales. Tal es la condición indispensable para que la convivencia civil no se afirme en el futuro sobre los mismos principios que propiciaron el enfrentamiento en el pasado y en el presente.

¿Que eso es imposible, puesto que sólo hay lugar a la condena judicial de los medios terroristas, pero no de sus presupuestos ni de sus fines? Pues habrá que salir de los tribunales y plantarse en la plaza pública, si queremos que algún día llegue el descanso para estas víctimas y la tranquilidad para todos. En el proceso de Nüremberg no se condenaron tan sólo los crímenes contra la Humanidad de algunos dirigentes del régimen nazi; se condenaron también los propósitos que albergaban y la ideología totalitaria que los nutría.

De lo contrario, al sortear cuidadosamente el pronunciamiento político, se obtendría una falsa justicia, una justicia abstracta que aísla los resultados criminales de sus móviles y propósitos últimos. Sería otra forma de traicionar a esos muertos, al olvidar, disculpar o disponerse a aceptar la razón o el proyecto por los que fueron muertos. Se humillaría de nuevo a las víctimas si viniera a sentarse que su aniquilación, además de irreparable, ha sido políticamente en balde. Peor aún: que de hecho cuentan más en favor de ETA y sus aliados, porque su peso (el de las víctimas) nos resulta tan insoportable que inclina al fin la balanza hacia el olvido y la injusticia colectiva. Esas víctimas habrán de saber entonces que, a menos que abandonen esta comunidad de Euskadi, seguirán viviendo en un lugar en el que demasiados conciudadanos darán por bueno, o cuando menos necesario o en último término irrelevante el brutal sacrificio de sus seres queridos.

No basta "la paz" a secas, porque no se trata de disolver o hacer extinguir una cuadrilla de malhechores. Hay que buscar una paz políticamente justa, y la única paz justa será la que empiece por el reconocimiento de que el terror fue una rebelión injusta y saque después las consecuencias. No nos jugamos el final de ETA, sino su derrota civil. Al contrario de lo deseado por el presidente Imaz y tantos correligionarios suyos, ETA debe sufrir una "derrota por KO"; y no sólo una derrota por un KO legal y policial, sino además por otro político y moral. Porque traicionar a los muertos es traicionar sobre todo a los vivos. Y la mayoría de los vivos no queremos habitar una sociedad en la que la barbarie de algunos se haya cobrado lo que las gentes no les daban; en la que el terror resulte innecesario tan sólo porque ya alcanzó lo que perseguía. O en la que se consagran o respetan ideas políticas despreciables.

Habríamos llegado a una situación, al decir de Günter Anders, en la que "al final nadie asume responsabilidad alguna, y lo único que queda es la tierra carbonizada de las víctimas y la radiante buena conciencia de los necios".

'Pentimento'
Yo sólo creo en un arrepentimiento: el de quienes fracasan. Los que ganan, no se arrepienten nunca; los que pierden, casi siempre. Si los que pretendieron imponer su proyecto político por medio del terrorismo o aprovechándose de él constatan que al final están más lejos de conseguir sus fines, se arrepentirán, lo reconozcan o no. Si obtienen finalmente ganancia, no sólo no se arrepentirán, sino que alentaremos a otros a emplear ese mismo sistema.
Fernando Savater, EL PAÍS  6 Marzo 2006

Lo confieso: fui yo quien abrió la caja de los truenos, al utilizar por primera vez la expresión "vencedores y vencidos" en mi alocución en Andoain el pasado 8 de febrero cuando conmemoramos el tercer aniversario del asesinato de Joseba Pagaza. Después la rebotó el Defensor del Pueblo y más tarde unos y otros, a favor o en contra. ¡Incluso hubo una votación en el Parlamento Vasco, a propuesta de Aralar, para decidir que cuando acabe el terrorismo en Euskadi no debe haber ni vencedores ni vencidos! Algún día contaremos lo que hemos visto y oído en estos tiempos y nuestros nietos intergalácticos no nos creerán. Claro que ya dará igual... La reacción más absurda es la de quienes se encabritan porque para ellos lo de "vencedores y vencidos" suena a guerra y en España no hay guerra. ¡Cuánta influencia tiene Spencer Tracy todavía en el imaginario colectivo! Como si no hubiera vencidos y vencedores en las competiciones deportivas, en las Opas empresariales y en las discusiones familiares acerca de veranear en el campo o en la playa. Allí donde hay pugna, enfrentamiento y resistencia puede hablarse de vencedores o vencidos. ¿Acaso no hubo -felizmente- golpistas vencidos y demócratas vencedores el 23F? ¿Todo el mundo quedó el día 24 igual de contento? ¿Volveremos al chiste de asegurar que cero grados supone que no hace ni frío ni calor? Porque en el País Vasco tenemos desde hace treinta años un "tejerazo" permanente y la violencia golpista se sienta en el Parlamento con uno u otro nombre. Tanto que ahora algunos ya hablan de la "mesa de partidos", que es el "pacto del capó" en versión local pero envenenado por muchas más complicidades...

Vencedores y vencidos, en el sentido en que estamos hablando, los habrá queramos o no. El Parlamento vasco puede decir misa (sacrificio, por cierto, para el que la mayoría de sus miembros están preparados profesionalmente) pero sus deseos de armonía universal no van a lograr que mañana asesinos y víctimas, terroristas y demócratas, constitucionalistas y separatistas, los que llevan décadas saboteando la España democrática y los que llevan décadas defendiéndola contra viento y marea... todos vean sus contrapuestos afanes satisfechos por igual (ni siquiera igualmente insatisfechos) tras el final de ETA. Alguien dijo con los ojos en blanco: "Ese día el león pastará junto al cordero". ¡Pero es que al león no le gusta pastar, tendrá que cambiar de dieta! De modo que gana el cordero. Patxi Zabaleta pone como ejemplo de solución sin vencedores ni vencidos la transición "cuyo éxito estuvo en que las víctimas de la dictadura franquista no exigieron ni venganza ni reparación, ni en muchos casos justicia". ¡Al contrario, hombre! Las víctimas del franquismo fuimos tan generosas porque comprendimos que habíamos vencido. Habría partidos políticos, incluido el comunista, habría sindicatos "normales", volverían los exiliados, se restauraría en sus cátedras a los profesores represaliados, la homosexualidad y el adulterio dejarían de ser delito, acabaría la censura cinematográfica, reinaría la libertad de prensa, tendríamos autonomías regionales, emblemas anatematizados como la ikurriña o la senyera ondearían sin problemas, etc., etc... ¿Acaso todo eso no es una victoria? ¿Los procuradores en Cortes que resignadamente votaron su autodisolución eran tan "vencedores" como los líderes políticos que salieron de la cárcel para ocupar sus escaños? ¿Al final del jaleo Utrera Molina estaba ni más ni menos feliz que Santiago Carrillo? La derrota social y política del franquismo fue tal que mereció la pena ser generoso con los franquistas: si se hubieran empeñado en mantener sus juicios y prejuicios, los demás no nos hubiéramos resignado tan dócilmente. De modo que en Euskadi esperamos que pase lo mismo. No sólo que renuncien a la violencia, la extorsión y la amenaza los que aún la ejercen, sino que quienes no han aceptado la Constitución y el Estatuto deban acatar la legalidad democrática que hemos defendido contra ellos, que puedan regresar los que tuvieron que irse presionados por los terroristas o los primos de los terroristas, que se "normalice" la política en Euskadi o sea que todos los proyectos constitucionalmente asumibles -incluidos los que pidan modificaciones constitucionales- puedan expresarse con la misma libertad y durante un tiempo suficiente que repare la opresión sufrida. Después... ya veremos, pero yo apuesto por la generosidad. Y nadie imagine el destino de los "vencidos" como un rosario de humillaciones: seguro que se adaptan tan rápida y excelentemente a la nueva situación como los antiguos franquistas a la democracia. De hecho, el mayor peligro será que empiecen a darnos lecciones constitucionalistas y antietarras a los demás, como suele suceder...

Con todo el respeto, esto no es un problema entre ETA y sus víctimas. Es natural que las víctimas pidan justicia, qué menos. Pero recordemos que la mayoría de las víctimas del terrorismo etarra (el islámico es otro cantar) no han perdido un pariente ni un miembro de su cuerpo, sino su capacidad de expresión política, quizá su puesto de trabajo o su lugar de residencia, su tranquilidad familiar y su tiempo, dedicado a reivindicar derechos en otras partes aburridos de tan comunes o a defender a cara descubierta la legalidad atacada por violentos y pseudopacíficos. Y éste es nuestro temor: que en efecto ETA suspenda estratégicamente los atentados mortales, que entonces la mayor parte de España respire hondo diciendo "por fin la pesadilla ha acabado"... y que los constitucionalistas vascos nos quedemos solos frente a las concesiones políticas hechas a los amigos de los etarras, los cuales matonearían la política vasca en premio del esfuerzo que hacen para controlar a quienes son más reacios a dejar las armas (ya ha pasado en Irlanda, que tampoco en esto es ejemplo a seguir, vid, Modelos para el final del terrorismo, de Rogelio Alonso, EL PAÍS, 1/3/06). Nosotros queremos que el final del terrorismo sea el comienzo de la normalidad política en Euskadi, donde hoy la única "anormalidad" es la hipertrofia nacionalista en todas las esferas sociales al amparo de las amenazas constantes de los violentos. Comprar el final de la violencia al precio de cualquier forma de refuerzo del nacionalismo sería como pretender auxiliar a alguien que se ahoga hundiéndole la cabeza bajo el agua.

Algunos claman porque los terroristas pidan perdón y den muestras de arrepentimiento por sus innegables fechorías. Confieso que a mí ese lenguaje -¡perdón, arrepentimiento!- me suena a cosa de curas o de culebrones. En la intimidad de cada cual, no es fácil saber en que consisten ni que oscilante sinceridad alcanzan tan ambiguos sentimientos. Puede que sea por mi incurable materialismo, pero yo sólo creo en un arrepentimiento: el de quienes fracasan. Los que ganan, no se arrepienten nunca; los que pierden, casi siempre. Gitta Sereny, en El trauma alemán, ha mostrado convincentemente cómo el arrepentimiento les llegó a tantos nazis alemanes o austriacos tras la derrota de Hitler. Y los más acendrados defensores de la invasión de Irak empiezan a arrepentirse -quizá inoportunamente- de ella ahora que tan mal van las cosas. Cuando decimos a alguien "¡te arrepentirás!" no profetizamos un sentimiento de culpa, sino el aviso de que quien creyó imponerse con malas artes constatará que ha perdido. Si los que pretendieron imponer su proyecto político por medio del terrorismo o aprovechándose de él constatan que al final del trayecto están más lejos que al comienzo de conseguir sus fines, seguro que se arrepentirán de lo que han hecho, lo reconozcan o no. Si obtienen finalmente ganancia, no sólo no se arrepentirán -digan lo que digan- sino que alentaremos a otros a emplear ese mismo sistema para sus propias reivindicaciones. Pura pedagogía social.

No es una declaración de arrepentimiento lo que necesitamos, sino más bien un pentimento. En historia del arte, pentimento es un cuadro que el artista ha modificado al pintar pero bajo cuyos trazos aún se ven formas del diseño anterior (Lilian Hellman denominó así bellamente su autobiografía). En Euskadi, no habrá normalidad democrática -que es algo más que "paz"- hasta que haya un pentimento en el proyecto nacionalista. La autodeterminación es un derecho sólo en situaciones coloniales y la ONU excluye explícitamente de su aplicación el desmembramiento de Estados democráticos. Los ciudadanos vascos tienen derecho a decidir, como cualesquiera otros de España, pero no solos, que es lo que exigen sin formularlo claramente los radicales. De modo que los nacionalistas tienen derecho a defender su proyecto político, pero no a convertirlo en un derecho humano fundamental ni mucho menos ligarlo al final del terrorismo.

Esto es lo que esperamos ver reconocido política y socialmente cuando acabe de una vez la coacción de los criminales. Entre tanto, es incomprensible que quien puede hacerlo no convoque de una vez oficialmente el Pacto Antiterrorista. Y que no se intente incorporar a él a esos nacionalistas que ya se van dando cuenta de lo que significaría para ellos el "éxito" posterior a ETA de los herederos de la violencia. O sea que, por favor, esta vez nos toca a nosotros decirlo: ¡que no nos crispen más!

(Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la plataforma cívica Basta Ya)

Los mejores aliados del bilingüismo
La regulación de la lengua en el nuevo Estatut ha favorecido el impulso de campañas en favor del bilingüismo por parte de asociaciones ya veteranas o de entidades de reciente aparición, constituidas algunas de ellas en partido político
MARÍA JESÚS CAÑIZARES ABC Cataluña 6 Marzo 2006

BARCELONA. Se trata de un debate siempre latente, pero el proceso de reforma del Estatut ha resucitado la polémica sobre la inmersión lingüística.

Asociaciones veteranas o de reciente aparición han comenzado a impulsar campañas en contra del «monolingüismo» que, a su juicio, impone la Administración. Consideran estas entidades -algunas de ellas constituidas en partido político-, que el texto estatutario se inspira en el nacionalismo excluyente y discrimina a los castellanohablantes. A este colectivo pertenece Ciudadanos para la Libertad, cuyos miembros quieren mantener los vínculos culturales y sociales con el conjunto de ciudadanos de España.

Ciutadans de Catalunya, que se acaba de constituir en partido político, está compuesta por intelectuales no nacionalistas que apoyan la denominada Enmienda 6.1, una nueva iniciativa que pretende movilizar a la sociedad catalana con la finalidad de modificar el artículo del nuevo Estatuto en el que se contempla el catalán como la única lengua propia de la administración, la enseñanza y los medios de comunicación.

También apoyan esta iniciativa Socialistas en Positivo, corriente crítica de militantes del PSC al igual de Ágora Socialista. Entre estas entidades destaca la Asociación por la Tolerancia, una de las más veteranas en la lucha contra el monolingüismo que, a su juicio, quiere imponer la Generalitat. Foro Babel también se sitúa en la órbita no nacionalista.

Igualmente veterana es Convivencia Cívica Catalana, constituida en 1998 y que se ha mostrado especialmente beligerante en la defensa de los intereses de los castellanohablantes. Acción Cultural Miguel de Cervantes es una asociación ciudadana de carácter reivindicativo y cultural fundada en Barcelona en 1983 para promover, difundir y defender la cultura y la lengua
castellana, con independencia de partidos políticos. Federación de Asociaciones por el Derecho al Idioma Común Español (Fedice), con sede en Barcelona, defiende los derechos lingüísticos de los castellanohablantes «en aquellas regiones españolas donde además del español se hablan también otras lenguas». Iniciativa No Nacionalista se constituyó hace unos meses en partido político con el objetivo de captar el voto de aquéllos que se sitúan en el espacio de centro izquierda «que el PSC abandonó al escorarse definitivamente hacia el nacionalismo», También en Internet comienzan a proliferar páginas webs, en forma de blog o de bitacora, en favor del bilingüismo y en contra la regulación lingüística que hace el Estatuto. Bye bye España es una blog de reflexión sobre los nacionalismos. El periodista Arcadi Espada o el escritor Félix de Azúa tienen sus propias blogs en las que hacen sus reflexiones sobre la política lingüística de la Generalitat.

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