AGLI

Recortes de Prensa     Martes 7 Marzo  2006
Referéndum, sí
Foro de Ermua  7 Marzo 2006

Las prisas del Estatut
Pablo Sebastián Estrella Digital 7 Marzo 2006

El guión del Estatuto
Editorial ABC 7 Marzo 2006

El Preámbulo del fin
José García Domínguez Libertad Digital 7 Marzo 2006

Una nación vergonzante
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  7 Marzo 2006

El PSOE de Zapatero vota contra la Constitución
Editorial Elsemanaldigital.com  7 Marzo 2006

Preámbulo: Cataluña será lo que quiera ser y cuando lo quiera
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 7 Marzo 2006

España como nación virtual
Por VALENTÍ PUIG ABC 7 Marzo 2006

No hay mensaje en la botella
Cristina Losada Libertad Digital 7 Marzo 2006

De la rutina a la contumacia
M. MARTÍN FERRAND ABC 7 Marzo 2006

Chantaje radical
Editorial El Correo 7 Marzo 2006

Ciudadanos de Cataluña
Fernando Berlanga minutodigital 7 Marzo 2006

Ciutadans de Catalunya’ o un aire de libertad que aspira, casi nada, a echar al nacionalismo del espacio público
Jesús Cacho El Confidencial 7 Marzo 2006

Bruselas ante las prácticas bananeras de Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital 7 Marzo 2006

Trashorras contó a Policía y CNI que los etarras de la 'caravana de la muerte' eran "amigos" de El Chino
Libertad Digital 7 Marzo 2006

CiU presume de que el Congreso aprobará por primera vez que «Cataluña es una nación»
Enrique Fuentes La Razón 7 Marzo 2006

El Estatut costará 256 euros a cada habitante de las regiones «pobres», según un informe
 La Razón  7 Marzo 2006

ETA envía a empresarios vascos fotografías de sus hijos y el itinerario de otros familiares
Libertad Digital 7 Marzo 2006

El verdadero déficit catalán
Cartas al Director ABC  7 Marzo 2006

Referéndum, sí
Foro de Ermua  7 Marzo 2006

El planteamiento de un referéndum para dirimir mediante consulta popular la admisibilidad del nuevo Estatuto de Cataluña así como del nuevo marco político que se pueda llegar a negociar en el País Vasco con la participación de grupos ilegalizados, merece un juicio positivo por parte del movimiento cívico representado en esta página web. Más allá de la concreta formulación de la eventual pregunta, el referéndum es un procedimiento estrictamente democrático que además permite contrarrestar un serio defecto de nuestro sistema político: los partidos nacionalistas pesan demasiado en la gobernación de España, mientras que los partidos nacionales quedan a menudo a merced de aquellas minorías. Dar voz directa al conjunto de la sociedad española en cuestiones de especial trascendencia para la convivencia colectiva, ahora amenazada, será un paso adelante en la construcción de la democracia.

Los asuntos que están sobre el tapete merecen, sin duda, un pronunciamiento popular. El Estatuto de Cataluña pretende redefinirse en unos términos tales que afectan gravemente a todos y cada uno de los ciudadanos y de las demás regiones de España. La modificación del sistema de financiación repercute directamente en todas las demás Comunidades Autónomas, dañando seriamente los mecanismos de solidaridad. La imposición del catalán como lengua obligatoria permite augurar una limitación práctica de la libertad de circulación de las personas en el territorio nacional. El encaje del término “nación” en el preámbulo del Estatuto no deja de representar una excepción al edificio constitucional de 1978, pues viene a decirnos que la soberanía descansa en la nación española salvo que uno viva en Cataluña. Todas estas cuestiones son extremadamente preocupantes. Y como nos afectan a todos los españoles, por todos tienen que ser decididas.

La discusión sobre la viabilidad reglamentaria de pronunciarse en referéndum sobre una cuestión como el nuevo Estatuto catalán es, a estas alturas, de escasa entidad. El hecho relevante es que la propuesta de Estatuto de Cataluña rompe la letra y el espíritu de la Constitución en numerosos aspectos. Y es igualmente un hecho que esos puntos de ruptura están siendo aprobados por cauces ajenos a los que reglamentariamente exige una reforma de la Carta Magna. Si se trata de amparar la reforma del Estatuto en la representatividad de una exigua mayoría parlamentaria, exijamos que sea el voto popular quien directamente decida. Y el referéndum es el método adecuado para ello.

Por estas razones, las asociaciones cívicas que secundamos esta página web nos pronunciamos a favor de un referéndum que someta a consulta popular los límites de las reformas de los Estatutos de Autonomía, para preservar el sistema político surgido de la Transición.

El Partido Popular tiene en marcha una campaña de recogida de firmas para pedir al Presidente del Gobierno que someta a referendum de todos los españoles la siguiente consulta:

“¿Considera conveniente que España siga siendo una única nación en la que todos sus ciudadanos sean iguales en derechos, obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas?”

Las asociaciones cívicas presentes en esta web consideramos que la consulta promovida por el Partido Popular responde adecuadamente a nuestras preocupaciones actuales por el futuro de nuestro país y por ello hemos decidido hacerla nuestra, sumando nuestras fuerzas a la recogida de firmas en su favor.

Asociaciones convocantes de la Rueda de Prensa sobre el apoyo a la campaña de recogida de firmas para demandar un Referéndum sobre la unidad de España y la igualdad de los españoles. 6 de Marzo 2006. Madrid.

Fundación para la Defensa de la Nación Española
Foro Ermua
Convivencia Cívica Catalana
Ciudadanos por la Constitución Española (Madrid)
Vecinos de Paz de Berriozar (Navarra)
Foro el Salvador (País Vasco)
Sindicato C.F.P. Manos Límpias
Comité Civil Internacional (CIC)
Foro España Hoy (Barcelona)
Juventudes Unificadas del Foro Ermua
Fundación Unidad + Diversidad (Madrid)
Asociación Universitaria Gaudeamus (Aragón)
UDE (Unión Democrática Estudiantil. Universidad Carlos III, de Madrid)
AGLI (Asociación Gallega para la Libertad de Idioma)
Fundación Papeles de Ermua (Vitoria)

Madrid. 6 de marzo, 2006

Las prisas del Estatut
Pablo Sebastián Estrella Digital 7 Marzo 2006

Lo ha dicho Artur Mas al término de los trabajos de la ponencia del Congreso sobre el nuevo Estatuto de Cataluña: “El texto supone el reconocimiento por las Cortes Españolas de la nación catalana”. Tras semejante afirmación, los portavoces del PSOE dicen que el texto es constitucional —¿con dos naciones, catalana y española?—, mientras que todo el proyecto cuenta con el rechazo del PP y en parte de ERC, porque los de Esquerra ahora se sienten engañados por Zapatero porque le ha entregado todo el protagonismo a CiU. Por ello votaron en contra, a la espera de que les concedan a ellos alguna concesión especial, en peajes de autovías o en aeropuertos o puertos. Algún regalito para Carod.

Lo que sí está claro es que Zapatero tiene prisa por cerrar los debates del Estatuto con el objetivo de celebrar el referéndum y poner fin a este asunto que supone un desgaste para el PSOE y un continuo campo de batallas internas en el seno del Gobierno catalán, desde donde Manuela de Madre ha vuelto a amenazar a Carod-Rovira con la posibilidad de que, pronto, se vean excluidos del Ejecutivo de Pascual Maragall si no apoyan el texto pactado entre Zapatero y Mas.

Mientras tanto, en el PP siguen a remolque del procedimiento pero sin explicarnos qué es lo que van a hacer si se aprueba el Estatuto, que es lo que debería haber explicado Rajoy a los españoles en la última Convención del PP. Sabemos que están solicitando firmas para un referéndum y que el PP piensa presentar recurso de inconstitucionalidad una vez que se apruebe. Convencidos de que la respuesta del Alto Tribunal llegará después del referéndum catalán, facilitando un posible conflicto político y de soberanías, aunque la del Tribunal Constitucional es superior a cualquier otra. De la misma manera que no dicen a los españoles qué harán con el Estatuto y las leyes orgánicas que lo condicionan (poder judicial, financiación, educación, etc.) si los populares ganaran las elecciones.

A pesar de la eufórica Convención del PP, en este partido y en la opinión pública quedó un extraño sabor de boca por la debilidad del último discurso de Rajoy, frente a otras intervenciones más aguerridas de Sarkozy o de Aznar. Aunque este último se ha acabado convirtiendo en blanco de todas las iras del PSOE, lo que, sin lugar a dudas, centra un poco la posición del actual líder del PP aunque peque de debilidad.

Como débil es la posición del PP en Andalucía y en Cataluña, los dos territorios en los que el PP se juega mucho electoralmente. De ahí que sorprendiera la falta absoluta de un protagonismo mayor en la Convención de Piqué o de Arenas. Y quien habla de Piqué debe recordar en estos momentos el llamativo arranque de la nueva fuerza política catalana, Ciudadanos de Cataluña, con Boadella, Tubau, Carreras, Espada y otros intelectuales y notables de Cataluña que se sublevan contra el disparate del Estatuto y que, sin duda, buscarán sus apoyos en la izquierda y la derecha moderada, lo que puede dañar, incluso, las expectativas electorales del PP.

El PSOE tiene prisa por aprobar el Estatuto porque cree, como dice el refrán, que “muerto el perro, se acabó la rabia”, y que necesitan poner un punto y aparte en este debate para dedicarse al otro gran desafío de la legislatura: la negociación con ETA. La que, a la vista de los últimos acontecimientos, parece que empieza a encallar. Y si este bloqueo se trasladara al Estatuto, entonces los dos frentes abiertos que tiene Zapatero entrarían en candente ebullición. Por eso las prisas a la hora de cerrar el Estatuto catalán lo antes posible, convencidos de que así se le cerrará también las puertas a la oposición. Algo que estará por ver, porque el Estatuto aprobado en la ponencia del Congreso encierra muchos preceptos que han de provocar un enfrentamiento en muchos frentes y en especial en lo político, social y territorial.

El guión del Estatuto
Editorial ABC 7 Marzo 2006

EL proyecto del nuevo Estatuto para Cataluña superó ayer su primer trámite en la ponencia de la Comisión Constitucional. Ahora será ésta la que vuelva a debatir el texto y, en particular, los aspectos sobre los que el PSOE mantiene ciertas diferencias con sus socios nacionalistas. Sin embargo, visto el balance que se acumula desde la primera reunión entre Rodríguez Zapatero y Artur Mas, en septiembre del pasado año, cabe considerar tales diferencias más como un problema de tácticas de partido que como síntomas de posiciones inamovibles.

El proyecto de Estatuto está sirviendo para varios fines, no sólo para la suplantación del modelo constitucional del Estado autonómico por otro casi confederal, sino también para ensamblar los equilibrios de poder que el PSOE desea amarrar con los nacionalismos. Por un lado, con la intención de consagrar a toda costa el aislamiento político del Partido Popular, objetivo que actúa como un banderín de enganche entre el PSOE y sus socios minoritarios. Por otro, con la pretensión de plasmar en un nuevo régimen de autogobierno el mapa del reparto del poder político entre uno y otros. Lógicamente, es en el proyecto de autogobierno donde han de entablarse las negociaciones entre quienes quieren avanzar en el proyecto nacionalista y quienes quieren afianzar una estrategia a largo plazo de conservación del poder a nivel nacional. Sin estas directrices, no es posible entender la irrupción del socialismo español como abanderado de un proyecto centrífugo que, en lo que debería interesar a los principios de su ideología, va a menguar la capacidad del Estado, tanto política como económica, para dotar a España de iniciativas de cohesión, además de establecer, y esto es muy grave, un escalafón entre ciudadanos españoles. No en vano el portavoz socialista en la ponencia, López Garrido, atribuyó, por lapsus o a conciencia, al texto convenido el mérito de reconocer más derechos a los catalanes, algo que hasta entonces se había negado sistemáticamente. Y es cierto: los españoles no van a ser iguales en derechos.

El empeño de los portavoces de la coalición parlamentaria que apoya al Gobierno en subrayar la posición «aislada» del PP, acabó descubriéndose ayer como la táctica de velar la trascendencia de lo ya pactado, como el Preámbulo del futuro Estatuto. Artur Mas lo valoró sin rodeos: reconoce la existencia de la nación catalana. Así es, y además por doble vía: la voluntad de los catalanes -pese a que nunca se les ha preguntado directamente sobre esta cuestión- y la decisión del Parlamento catalán. A estos efectos, tanto da que ese reconocimiento se encuentre en el Preámbulo y no en un artículo: todo es ley, que, además, habrá de ser aprobada por las Cortes Generales. No obstante, la trascendencia de ese reconocimiento no se mide únicamente por su presencia en la parte expositiva de la futura Ley, sino también porque tiene una continuidad en los capítulos de derechos, competencias, financiación e instituciones, que realmente confieren al Estatuto un sesgo constitucional, al avanzar en la línea del nacionalismo posmoderno que aboga por la soberanía sin Estado, con fórmulas de cooperación bilateral propias de un sistema confederal.

Tanto es así que, a pesar de las advertencias en contra de los constitucionalistas que asesoraron al PSOE, el nuevo Estatuto establece una doble legitimación del autogobierno catalán, en la Constitución y en unos derechos históricos preexistentes y resistentes a la inauguración constitucional de 1978. El potencial secesionista que acumulan el reconocimiento de Cataluña como nación y la coexistencia de la Constitución con derechos históricos no se mostrará a largo plazo: ya es bien visible en el optimismo de un nacionalismo que ve cómo, nuevamente, en aras del desarrollo constitucional del Estado, hay menos Estado y con menos sentido nacional, lo que augura aún mejores posibilidades para futuras reclamaciones, porque las instituciones nacionales serán más débiles.

Por tanto, las discrepancias entre PSOE y sus socios del cuatripartito ERC en concreto, son tácticas, y responden más al deseo de dosificar la generación de acuerdos y propiciar la imagen de que ninguno está rendido al otro, al mismo tiempo que se procura remarcar el supuesto aislamiento del PP. Al día siguiente de que Mariano Rajoy se ofreciera al Ejecutivo para alcanzar un acuerdo nacional sobre los asuntos de Estado, el PP ya tiene una respuesta con la forma de una futura ley orgánica que reconocerá, por primera vez, la existencia en España de una nación que no es la española. La estrategia del Gobierno hace imposible el acuerdo con la oposición.

El Preámbulo del fin
José García Domínguez Libertad Digital 7 Marzo 2006

Acabo de descubrir por el prólogo –Moraleda dixit– del Estatut que el pueblo de Cataluña ha mantenido a lo largo de los siglos una vocación constante de autogobierno, encarnada en bla, bla, bla; y que, por tanto, queda muy clarito que los aborígenes de este rincón del Mediterráneo somos una nación. Aunque para mí tengo que, ya puestos, la broma resultaría mucho más lucida recitada de otro modo. Por ejemplo, tal que así: Una noche de insomnio, tomando unos cafeses bajo la luz de la Luna, Artur Mas y ZP, entre pitillito y pitillito, llegaron a la conclusión palmaria de que el pueblo de Cataluña a lo largo de los siglos ha vivido bajo prácticamente todas las formas imaginables de organización política; y que, en realidad, sólo hay una a la que jamás se haya acogido: la correspondiente a las naciones soberanas. En consecuencia, obedeciendo a esos antecedentes históricos no discutidos por nadie con dos dedos de frente, los parlamentarios catalanes proponen, la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados acuerda, las Cortes Generales aprueban y el pueblo de catalán ratifica que Cataluña es una nación.

Imposible, ojeando la entradilla de esa novela negra, no rememorar aquellas otras líneas gloriosas de Prat de la Riba, el padre de la ciencia ficción local: "Bajo el peso de la dominación romana, el espíritu de las viejas nacionalidades latía con fuerza; la unidad romana sólo existía por encima (…) La civilización y el imperio de Roma habían tapado las almas de las naciones dominadas, pero no habían podido ahogarlas, y bla, bla, bla". Y sin embargo... se mueve. Porque Cataluña no es una nación. No lo es al margen de que el chiflado de Prat encomendase su vida a ese sacerdocio; al margen de que el noventa por ciento del Parlamento regional diga misa; al margen de que Zapatero, ese irresponsable que algún día habrá de responder por sus actos, lo suscriba; y al margen de la fantasía grafómana de los redactores del Preámbulo. Pero también al margen de quienes sentencian que las naciones no existen. Porque sí existen; naturalmente que existen: las crean los Estados.

Son ellos, los Estados, los que engendran las naciones, y no al revés. De ahí que los rasgos eternos que los nacionalismos románticos –como el catalán– atribuyen a sus naciones imaginarias no sean más que colonizaciones retrospectivas del pasado, rapiñas sistemáticas de la memoria dirigidas por un orden político tan real como presente. Cataluña no es una nación. Pero podría serlo pronto, muy pronto. Antes de una generación, si toleramos que los nacionalistas asienten los cimientos de ese estadito que hoy les va a prologar ZP.

Una nación vergonzante
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  7 Marzo 2006

NO habrá, probablemente, objeción formal de la Justicia a la definición de Cataluña en el preámbulo de su Estatuto, a la que se han opuesto, y por razones contrarias, Esquerra Republicana y el PP. El único mérito de la fórmula elegida es su astucia: se dice que el "Parlament", recogiendo la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, define a ésta de forma muy mayoritaria como nación.

La argucia de fondo está en afirmar que los diputados -que sí representan políticamente a los ciudadanos-, han recogido la voluntad de éstos -lo cual no tiene por qué ser cierto-. Y tampoco lo es del todo, a pesar de que se diga otra cosa, que la Constitución reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad, pues de ninguna Comunidad en particular reconoce la Constitución nada semejante.

En cambio, puede temerse que todo ello, sumado a la posición "singular" de la Generalitat -¿qué Gobierno autónomo no es singular?-, guarde un embrión de desigualdad entre las Comunidades españolas. El mismo estilo ambiguo manifiesta la expresión "diversidad de identidad de los pueblos de España", en la que "identidad" es término ocioso a menos que encierre pretensiones sospechosas. Hay, en suma, gran ambigüedad y alambicadas expresiones para concebir un texto que no dice del todo lo que quiere decir, ni calla por entero lo que no quiere aceptar.

El Estatuto, más prolijo y largo que las Constituciones de muchos países, incluida la española, alumbra así en el preámbulo una nación vergonzante, pues la Constitución sólo define y reconoce una en su plena acepción de titular de la soberanía.

Ahora, pactado por quienes suman mayoría en la ponencia bilateral Congreso-Parlament, seguirá su trámite en la Comisión Constitucional del Congreso, donde no es previsible que varíe la redacción de estos párrafos cuya escasa claridad -impropia de un texto de este rango- se corresponde, eso, sí, con la oscuridad de sus propósitos y con el visible avance de las posiciones nacionalistas en el socialismo catalán.

El PSOE de Zapatero vota contra la Constitución
Editorial Elsemanaldigital.com  7 Marzo 2006

El Preámbulo del Estatut pactado por Zapatero con Artur Mas define Cataluña como nación. Eso rompe la unidad constitucional de la nación española. Y ahora ¿qué?

7 de marzo de 2006. "El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación". Con esta frase en el Preámbulo del Estatut catalán aprobado ayer por el PSOE y CiU en la Comisión Constitucional del Congreso se define el alcance de este nuevo marco legal. No se admiten matices en la ciudadanía de Cataluña, sino que, para los grupos aliados en el Parlamento, se da por supuesto que la realidad de Cataluña y la voz de los catalanes son lo que ellos definen ahora.

Técnicamente, así, se evita incluir la definición de Cataluña como nación en el articulado del Estatut, pero no se evita el núcleo del problema, ya que el Preámbulo también es parte de la Ley – en varios casos polémicos se ha recordado- y además en el Estatut pactado fuera de las Cortes por José Luis Rodríguez Zapatero, primero con Josep Lluís Carod-Rovira y después con Artur Mas se realiza una peligrosa identificación entre el concepto político de "nación" y los términos "nacionalidad" y "comunidad histórica" recogidos en la Constitución de 1978.

En definitiva, se da por bueno que un Parlamento autonómico pueda definir como nación una parte de España. Y no hay engaño: si una o varias regiones son naciones, España no lo es. Esto supone, por de pronto, negar la validez superior del artículo segundo de la Constitución, que recuerda que España sí es una nación indivisible. Pero, además, implica una serie de consecuencias políticas. Porque la nación es una comunidad política dotada de soberanía o con aspiraciones a ella, y eso no se puede predicar a la vez de España y de una de sus partes.

El ponente del PP en la Comisión, Federico Trillo, ha explicado su voto negativo al texto en cuestión rechazando precisamente la definición de nación en estas dos direcciones. Si se dice que Cataluña es una nación se viola la Constitución, y si el Parlamento lo sanciona se está abriendo un proceso ilegal de reforma constitucional. Por otro lado, implícitamente, se está abriendo la puerta a nuevas definiciones nacionales, que son otras tantas pretensiones de autodeterminación. Y hay que recordar que la Constitución se fundamenta en la nación, pero que ésta, con sus atributos históricos, la precede en el tiempo.

El voto también negativo de Esquerra Republicana tiene una explicación algo más compleja. Por una parte se debe al despecho por la maniobra de acercamiento de Zapatero a CiU, que hace peligrar su Tripartito; por otro, constituye un estímulo nacionalista al proceso estatutario, ya que ERC conservará su capacidad de pedir más velocidad a quien gobierne la Generalitat –sea o no Pasqual Maragall-. Pero Carod-Rovira comparte la esencia del texto votado ayer.

Zapatero quiere que el texto final del Estatut se vote el día 30 de marzo, para poder celebrar el referéndum en Cataluña antes del verano. Pero tanta prisa no es buena señal, porque tendrá que darse una respuesta a los millones de firmas que el PP recoge para pedir un referéndum nacional; y habrá que valorar la posibilidad de que el Tribunal Constitucional anule parte de este texto: ¿sería bueno que sucediese tras un voto popular? El Preámbulo contiene un falso histórico, porque la Generalitat creada en 1359 no fue señal de ninguna voluntad de autogobierno, pero puede dar lugar a una crisis histórica que a los catalanes de a pie no les interesa.

Preámbulo: Cataluña será lo que quiera ser y cuando lo quiera
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 7 Marzo 2006

El preámbulo salido de la ponencia del Estatuto de Cataluña en el Congreso es un amasijo que sirve para que cada cual diga que Cataluña es lo le interesa que sea. Será a la vez, además de una comunidad autónoma, una nación, un país, una realidad nacional y una nacionalidad, todo en uno, además de depositaría de derechos históricos y de inalienables derechos al autogobierno. Si las palabras significan lo que dicen, este preámbulo viene a decir que Cataluña es y será lo que quiera ser y lo será cuando le parezca.

Dice el preámbulo aprobado: El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido, de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como una nacionalidad

¿Alguien cree realmente que los nacionalistas catalanes tardarán más de un año en reclamar los derechos que les asisten como nación?

La definición de Cataluña como un país “rico en territorios y gentes “ es una patochada digna de figurar en el mejor frontispicio que los nacionalistas puedan encontrar.

Declara que Cataluña es una sociedad integradora. Aquí viene a cuento el viejo dicho ese que dice “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, aunque en cierto sentido tienen razón, en Cataluña integran a todo el mundo o por grado o por fuerza, y la no enseñanza en castellano es un signo claro de esa integración.

Otro párrafo dice “El autogobierno de Cataluña se fundamenta en la Constitución, así como en los derechos históricos del pueblo catalán que, en el marco de aquélla, dan origen en este Estatut al reconocimiento de una posición singular de la Generalitat” . Menudo pasteleo, ya tenemos reconocidos los derechos históricos de los nacionalistas para hacer de su autogobierno lo que les plazca.

El último párrafo es como para analizarlo detenidamente un par de años y ver si se dice lo que creo que dice o no dice lo que quieren que diga. Su texto es: “En ejercicio del derecho inalienable de Cataluña al autogobierno, los Parlamentarios catalanes proponen, la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados acuerda, las Cortes Generales aprueban y el pueblo de Cataluña ratifica el presente Estatut."

No se si ustedes leen lo que yo leo, pero ahí dice que las Cortes generales del Reino de España aprueban el presente Estatut en ejercicio del derecho inalienable de Cataluña a su autogobierno, ¡ahí es nada!, por fin lo han conseguido, ellos tienen derecho a todo, y no un derecho cualquiera, sino un derecho inalienable, no enajenable, y ese derecho llega a suplantar la soberanía nacional, pues las Cortes generales lo que deciden en relación con Cataluña no lo hacen en base a ser representantes de la soberanía nacional que les ha otorgado el pueblo español, sino en base al derecho inalienable de Cataluña a su autogobierno. Lo de inalienable tiene miga, a partir de ahora nadie puede legislar nada que a ellos no les parezca bien. El famoso blindaje del estatut.

No entiendo nada, pero si esto es el preámbulo, ¿qué será el articulado?.

La Hoja de ruta de Zapatero al infierno quema sus ultimas naves, no hay marcha atrás, y enfrente solo tenemos el abismo. Sigamos temblando, lo que viene va a ser terrible. Pero tranquilos que es plenamente constitucional aunque sea anticonstitucional porque así lo dice Zapatero y El País.
 

España como nación virtual
Por VALENTÍ PUIG ABC 7 Marzo 2006

IMPULSOS benévolos y cálculos disolventes a veces unen fuerzas sumando capacidad de confundir y negar, como en una vieja fábula en la que el escorpión liquida a sus aliados más entrañables. Ocurre en parte con la idea del patriotismo constitucional o con el idealismo europeísta. Uno acaba negando el patriotismo que venga de más allá de 1978; el otro disimula el significado histórico del Estado-nación o lo deja en posición de ser cuarteado, como ocurre en España con los nacionalismos particularistas. Son dos operaciones que proceden en paralelo: para finiquitar el patrioterismo de pandereta se acude a la racionalidad del patriotismo institucional y se llega a erosionar el patriotismo más complejo, hecho de sentimientos, de memoria, de deseos. Del mismo modo, la inmersión en el europeismo ayuda en algún caso a diluir la España real en una Unión Europea a menudo virtual.

Al publicar «La razón de las naciones», el filósofo liberal Pierre Manent insiste -yendo más allá del caso francés- en que las democracias a menudo se dejan llevar por el vértigo de renunciar a la memoria de grandezas compartidas para concentrarse en el recuerdo de crímenes y faltas. La tesis es aplicable a una España que, de forma muy extemporánea, se cuestiona el modelo de Estado a la vez que pone lindes maniqueas en la valoración de su pasado, volviendo a la dialéctica de vencedores y vencidos, hurgando en las fosas. Ese nuevo rupturismo pudiera tener consecuencias impensables, y no tan solo por aunar buenas intenciones y cálculos de provecho político.

Los Estados-nación -dice Manent- son la realidad en la que vive el ciudadano. Como no existe un «demos» europeo, la democracia sin Estado-nación es pura gestión: incluso tiene algo de experimento de laboratorio, desvinculado de la realidad de un paisaje, de una Historia y de una voluntad colectiva que en el caso de España es notablemente mayoritaria según las encuestas. Cada Estado-nación tiene su propia experiencia histórica, su conocimiento de lo noble y de lo trágico, de la gloria y del fracaso. A eso se siente uno vinculado o desvinculado, según su libre elección, pero lo que no puede hacer es borrarlo de la pizarra.

Hasta dónde quiera llegar el experimento de Rodríguez Zapatero es una incógnita tan general que incluso quizás abarque al propio presidente del Gobierno. Cuánto hay que borrar de la pizarra es la pregunta más acuciante de hoy: de hecho, tampoco sabemos con claridad cuál es la Europa que quiere Zapatero. Atareado en la responsabilidad de redistribuir las culpabilidades que conciernen a nuestro pasado común, concede a su Alianza de Civilizaciones todas las virtudes abstractas mientras prescinde de las virtudes concretas que son el pan de cada día de una política razonada. Así da lo mismo aceptar que Cataluña sea una nación cuando la Constitución la caracterizaba como nacionalidad. Zapatero parece haber decidido que lo virtual tiene preferencia sobre lo real. Otros deciden pensar -con Pierre Manent- que la ciudad y el Estado-nación todavía son las dos únicas formas políticas que han sido capaces de realizar la unión íntima de la civilización y de la libertad. A quién le importa. Hay quien se apresura a convocar los funerales del Estado-nación. Tiene que venir Nicolas Sarkozy para revelarnos que España es una gran nación. Eso vale por una tregua con el vecino-enemigo francés.     vpuig@abc.es

Convención del PP
No hay mensaje en la botella
Cristina Losada Libertad Digital 7 Marzo 2006

La convención del PP ha sido un foro multipluricalifragilísticoespialidoso, un batiburrillo a la moda, una feria política en la que se habla de todo lo habido y por haber, sin que a la postre se sepa de qué iba la cosa. Han mantenido allí debates sobre inmigración, educación, energía, conocimientos, globalización, unidad, dependencia y qué sé yo, lo que da una mezcla de grano y paja difícilmente discernible. Algunos de esos temas espesamente aburridos son muy apropiados para un período de normalidad política, y justo ahí está la madre del cordero: el PP sigue funcionando como si aquí no hubiera ninguna novedad, señora baronesa, aunque a la vez pulsa el timbre.

Mientras suena la alarma, el PP se ha puesto a hermosearse con mil perifollos como para acudir bien maqueado al altar de las urnas, y que el electorado le dé el sí en razón de tales galas. Pero a los ciudadanos inquietos por la deriva destructiva del gobierno, los aderezos del tocado les traen al fresco. Lo que esperan del único partido que puede plantar cara a la ofensiva nacional-socialista, no es que se centre en el centro, espacio indefinido e indefinible, sino en lo esencial. Y que convenza a los que aún están en Babia, exceptuados los que babean ante la frígida sonrisa, que son caso perdido, de que nos estamos jugando algo de más trascendencia que la Champions.

Ante tanto follaje temático, es aplicable lo del arquitecto austriaco Adolf Loos, quien proclamó que la ausencia de ornamento es signo de fuerza intelectual. Su conferencia, que escandalizó a la sociedad vienesa, se titulaba "Ornamento y delito", y no voy a decir tanto, pero sí que tiene delito andarse por las ramas y generar dispersión, cuando la diana a la que hay que dirigir las flechas está a la vista. ¿O no? Es difícil sustraerse a la impresión de que el PP se resiste a verla en toda su crudeza. Como se resiste a tomar en serio a ZP, cosa que debe hacer, no porque ofrezca en su persona hondura alguna, sino porque es la figura tras la que opera una implacable voluntad de poder; el mascarón de proa de un proyecto que no por improvisado deja de tener raíz, y una de la especie totalitaria, que no conoce restricciones.

Cuando vienen con picos y palas a derribar un edificio, quien desee mantenerlo en pie no puede perder el tiempo elucubrando mejoras en la decoración. Pero mientras el PP añade guirnaldas a su discurso, descuida los pilares básicos: la reforma de la ley electoral; el cierre del Estado de las Autonomías; la recuperación de competencias que están siendo torticera e ilegalmente utilizadas. Tal vez cree todavía, iluso, que podrá pactar con partidos nacionalistas de derechas. Y es seguro que sigue siendo el partido del qué dirán, y el que se esfuerza por ser moderado con los inmoderados. Les disgusta que les llamen halcones, reaccionarios, radicales y de extrema derecha, y no acaban de asumir que está en la naturaleza de su adversario, y en sus intenciones, darles de latigazos hasta que los domen, y acaben sumisos y dóciles en el papel de los partidos campesinos en las extintas "democracias populares".

No extraña que fuera Sarkozy, que viene de un país donde la derecha no anda camuflada y de perfil, el que dijera cosas más claras y sencillas. Sintético y fácil de entender debía de haber sido el mensaje de la Convención. Pero después de tanta verborrea, no se sabe qué mensaje lleva la botella que ha lanzado al mar el PP.

De la rutina a la contumacia
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 7 Marzo 2006

ESTE pasado domingo, en un alarde de oportunidad -¿viéndolas venir?-, José Antonio Zarzalejos, después de evocar a los nuevos y potentes líderes conservadores europeos -Angela Merkel, David Cameron y Nicolas Sarkozy-, concluía su acostumbrada reflexión dominical afirmando que «el PP tiene que pasar de la rutina a la imaginación». La coincidencia temporal del artículo del director de ABC con la celebración de la Convención que, a falta de un Congreso, ha organizado su actual presidente, Mariano Rajoy, acentúa la apariencia inmóvil del único partido capaz de presentarse en España como alternativa de poder. Desgraciadamente, lejos de recurrir a los incómodos recovecos de la imaginación y buscar nuevas soluciones a los viejos problemas, lo que ha hecho el PP es pasar de la rutina a la contumacia. Insisten y permanecen en el error.

En la Convención del PP vimos a Sarkozy; pero no le escuchamos a Rajoy nada parecido a lo que el francés predica para su pretendida recuperación de «la grandeur» de su país. Menos todavía un proyecto «desfederalizador» tan prometedor como el de la canciller alemana o soluciones tan pragmáticas como las que maneja quien pretende ocupar el lugar de Tony Blair. Rajoy, como un cantante de gira promocional, cantó las coplas de su repertorio y, para no molestar demasiado, las podó de la ironía con la que suele sazonar sus intervenciones parlamentarias. Aprobó el examen, pero las circunstancias actuales exigen el sobresaliente a quien, en solitario, aspira a escalar las cumbres monclovitas.

La conclusión es fácil de establecer. Rajoy no asciende con la fuerza suficiente para, dentro de dos años, no repetir su fracaso de hace otros dos. Además, José María Aznar sigue siendo la figura de referencia de un partido en el que adelgazan el prestigio y la notoriedad de algunos grandes líderes y/o se evidencia el choque y la incompatibilidad entre otros. Encima, por si lo anterior no fuera suficiente, y dado que al PP -un partido sin amigos y aliados- no le basta con ganar elecciones, los hipotéticos cabezas de lista en circunscripciones clave, de Andalucía a Cataluña se manifiestan ausentes o, quizás, marginados.

No hace falta tener el talento estratégico de Clausevitz para advertir que el camino escogido por el PP en su tímida Convención solo beneficia al PSOE. Se mantienen en los horrores que, en buena medida, arrancan de la indigestión de la derrota del 14-M y crecen defendiendo con innecesaria antipatía y malos modos lo que para la mayoría de los españoles, votantes de cualquiera de las dos y únicas grandes formaciones nacionales, resulta obvio. La carencia de imaginación, estratégica táctica y hasta formal, es manifiesta en la cúspide de un partido que, tras salirle el tiro por la culata, con el hombro deshecho, se siente capaz de presumir sobre la finura de su puntería.

Chantaje radical
Editorial El Correo 7 Marzo 2006

La convocatoria de una huelga para el próximo jueves por parte de la ilegalizada Batasuna constituye una iniciativa que merece el más firme rechazo de cuantas organizaciones y personas aspiran al logro de una situación de normalidad y sosiego en el País Vasco. Lejos de fortalecer a la izquierda abertzale en el pulso que pretende mantener con las instituciones del Estado, la convocatoria refleja la debilidad de un mundo incapaz de ofrecer otra cosa que lo ya sobradamente conocido en su trayectoria. La irrupción de nuevos casos de violencia callejera a raíz de la muerte en prisión de dos personas condenadas por terrorismo revela la incapacidad de esa izquierda abertzale para conducirse por caminos distintos al del extremismo. La escalada protagonizada por Arnaldo Otegi y los suyos no puede encontrar justificación alguna en el ejercicio de la democracia. En primer lugar, porque los dirigentes de Batasuna corroboran con su actuación todas y cada una de las razones por las que dicha formación fue declarada ilegal. En segundo término, porque el inadmisible enjuiciamiento al que proceden en contra de las instituciones del Estado, desde el Gobierno central hasta la Ertzantza, persigue la deslegitimación de la democracia. En tercer lugar, porque el discurso empleado alienta la perpetuación del terrorismo precisamente cuando en amplios sectores de opinión ha ido arraigando la esperanza sobre un pronto final de la violencia en Euskadi.

Lo ocurrido demuestra que, en contra de la benevolencia de algunas interpretaciones, la izquierda abertzale no está dispuesta a asumir su propia responsabilidad y sigue fingiendo que pretende apagar el fuego mientras lo aviva. Su terca negativa a aceptar las decisiones judiciales y administrativas que impiden la utilización liberticida de los derechos de reunión y manifestación sigue siendo tan notoria como su incapacidad para distanciarse del ritual común al delirio terrorista, en el que el culto a los muertos propios se convierte en recurso habitual para despreciar la memoria de los asesinados. La frase de Otegi, diciendo que «los muertos los pone la izquierda abertzale» y las inaceptables imputaciones por el probable suicidio de Igor Angulo y por el infarto mortal que padeció Roberto Sáiz forman parte de ese ritual. Es probable que durante las últimas semanas ETA y la izquierda abertzale hayan pretendido encarecer su precio de cara a la negociación que persiguen. Por eso mismo resulta imprescindible que las instituciones del Estado y las formaciones representativas dejen claro en todo momento que ni el terror ni el chantaje obtendrán compensación alguna a cambio de lo que desde hace tiempo es un clamor popular constante: la desaparición de ETA de una vez y para siempre.

Ciudadanos de Cataluña
Fernando Berlanga minutodigital 7 Marzo 2006

Este pasado sábado veía la luz en Barcelona la iniciativa política "Ciudadanos de Cataluña", promovida por intelectuales como Albert Boadella, Francesc De Carreras y Arcadi Espada. Fué el inicio oficial de su proceso para constituirse en partido político con un acto público en el teatro Tívoli, al que asistieron unas 1.000 personas. Merece la pena leerse los discursos de sus impulsores. En especial, el de Arcadi Espada, quien asegura que "el reto" de Ciutadans de Catalunya "es la expulsión del nacionalismo del espacio público".

Ciudadanos de Cataluña es una iniciativa cívica que nace como consecuencia de la indignación de los ciudadanos con una clase política que ni los representa ni obra movida por el interés general. Ciudadanos que se revelan a la obediencia al nacionalismo; ciudadanos que deciden incluir entre sus tareas la política. He aquí, a mi parecer, el hecho más relevante y reconfortante de este nuevo partido político. Y que nadie descarte que más ciudadanos de España tomen ejemplo y pongan en marcha otras iniciativas destinadas a, como dice Arcadi Espada, ennoblecer la política.

Nuestra sociedad ha pasado olímpicamente de la política. De hecho, hemos preferido siempre mirar para otro lado, dando por supuesto que la democracia, el vivir en libertad y disfrutar de un estado del bienestar son realidades irrefutables, tan lógicas como el hecho de que amanezca todos los días. Esa despreocupación por la política, esa decisión mayoritaria de no incluirla entre sus tareas ha provocado que nos encontremos con una generación de políticos que son lo peor de cada casa, salvo honrosas excepciones.

El más claro ejemplo de cómo los necios se han hecho con el poder lo encontramos en Cataluña, pero esta realidad tan palpable es por desgracia aplicable al conjunto del país. De ahí que no me extrañe que a la iniciativa de Ciudadanos de Cataluña le sigan otras. En ese sentido apunta El Semanal Digital. Bienvenidas sean. Y que en Génova y Ferraz se aten los machos. Porque esto afecta por igual a los dos partidos mayoritarios.

Es más, yo apuntaría tomando las palabras de Arcadi Espada que lo del ennoblecimiento de la política es una tarea a desarrollar en todo el país. Es necesario sacar de la escena pública al PSOE de Zapatero. Repito, el PSOE de Zapatero, que ni es socialista, ni defiende a las clases más humildes, ni por supuesto cree en España. Y es que evidentemente, otro PSOE es posible. Pero ojo, también otro PP es posible. Más después de la Convención de este fin de semana.

Vivimos momentos difíciles. El ciudadano lo percibe y busca calmar esa preocupación creciente. Pero cada vez se ve menos reflejado, respaldado y apoyado por las formaciones políticas. Mucho marketing, muchas palabras medidas, pero pocas ideas y sentimientos destinados a transmitir que se está en esto de la política para servir a los demás y solucionar sus problemas. Ciudadanos de Cataluña nace porque ninguna opción política refleja sus inquietudes. Gran logro del PP de Piqué. PSOE y PP empatan en las encuestas porque uno obra en contra de los ciudadanos y el otro no sabe dar respuesta con sinceridad y transparencia a las inquietudes generadas por los primeros.

El discurso con el que cerró Rajoy la Convención del PP es un síntoma claro de quien tiene miedo al "qué dirán". Vale más lo que dice un experto en marketing, que lo que le dice el corazón. Don Mariano, la gente está preocupada y quiere fiar sus expectativas a alguien que de verdad demuestre sentirse preocupado, a alguien que desprenda con cada una de sus palabras una ilusión y una sinceridad irrefutables por arreglar este entuerto y devolver el país a la lógica que nunca debió abandonar. Este es un país muy pasional, ajeno a las frías y calculadoras reglas del marketing político gracias al cual, no lo olvidemos, el PP ha perdido ya unas cuantas elecciones.

El viernes, tras escuchar a Aznar, ya dije que si él confiaba en Rajoy, por algo será. Y que como Rajoy y el PP es lo único que se tiene hoy por hoy para democráticamente sacar de la vida pública a ZP y su cuadrilla, pues no seré yo quien se dedique a atacar al líder popular. Pero uno tampoco puede ser ajeno a la realidad. Y la realidad es que en el PP, salvo honrosas excepciones, se sigue estando alejado de la calle, del ciudadano y de sus preocupaciones. La más clara muestra: Cataluña. De ahí la iniciativa Ciudadanos. En el resto de España no le van a la zaga. Así que no sería de extrañar que la iniciativa se extendiera. Porque sólo siendo uno auténtico, sincero y transparente se gana a la gente y por tanto se ganan las elecciones. Y eso, está fuera de toda regla de marketing gracias a Dios.

Ciutadans de Catalunya’ o un aire de libertad que aspira, casi nada, a echar al nacionalismo del espacio público
Jesús Cacho El Confidencial 7 Marzo 2006

El pasado sábado 4 de marzo amaneció eso que en mi pueblo palentino llaman “un día de perros”, con viento, mucho frío y aguanieve. Un día para quedarse en casa. En Barcelona, sin embargo, casi 4.000 personas salieron a la calle, que ya es hora, para acercarse al teatro Tívoli, donde estaba a punto de nacer, criatura de marzo, un partido político extraño, un partido contracorriente, un partido antipartido, casi una flor en medio de la tempestad: un partido catalán no nacionalista... ¡Estos romanos están locos!

Me refiero a Ciutadans de Catalunya, que así se llama la criatura. El parlamento inaugural de uno de sus promotores, Arcadi Espada, es una pieza antológica cuya lectura recomiendo vivamente. Empezó el caballero de esta guisa: “Queridos amigos, muy buen día tengan”. Comprenderán ustedes que semejante saludo invitaba a sentarse y escuchar atentamente, porque algo importante estaba punto de ocurrir, y es que aquello no era un meeting al uso, con aplausos reglados, megafonía a tope, banderas al viento y demás parafernalia que suele acompañar la puesta en escena de este tipo de actos en un partido convencional.

Dos ideas centrales recorrieron la intervención de Espada: por un lado, la necesidad de ennoblecer la política, particularmente la catalana, tras veintitantos años de pujolismo a palo seco que han desembocado en el pestilente paisaje del “vostè té un problema” y en el nuevo Estatut, especie de Constitución a la soviética manera con vocación de reglar hasta la vida privada de los catalanes, convertidos por la ensoñación nacionalista en adoradores del becerro de oro de la Cataluña Nación, a cuyos pies hay que depositar en resignada ofrenda la capacidad de pensar, discrepar y actuar como hombres libres.

Dice Espada que eran muchos los que se carcajeaban de los “intelectuales” y su pretendido nuevo partido: “Uf, no es para vosotros, la política da mucho trabajo. Y algún otro mostraba un realismo caníbal: La política es sucia. La coincidencia era general: la política es un trabajo innoble, que hay que dejar en manos de profesionales. Decían profesionales pero querían decir tahúres...”

Por otro, la necesidad de suturar la herida abierta entre Cataluña y el resto de España, una herida que corre el riesgo de hacerse abismo infranqueable por culpa de los sembradores de vientos del imaginario nacionalista. Sostiene Arcadi que “España, y por lo tanto Cataluña, es una trama de afectos” producto de la descomunal acción combinada de la geografía y la historia a lo largo de los siglos, trama que va mucho más allá de las balanzas fiscales cuya utilidad ética y técnica es cero. “Ética y técnica”, aclara, que “no étnica. Étnicamente no cabe duda de que son muy útiles”.

De modo que urge restablecer la confianza y la complicidad entre españoles, y poner un coto de sentido común a esos sistemas de Educación que persiguen levantar la empalizada del odio frente a todo lo que suene, venga o huela a España, hasta hacer añicos esa realidad geográfica, histórica y cultural común de siglos. Restablecer la confianza. Restaurar la cordialidad. Hacer brotar hojas nuevas en el centenario árbol de la amistad. “También aquí Ciutadans tiene mucho que hacer”.

Pero no solo Ciutadans de Catalunya. O no particularmente Ciutadans. Uno diría que los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, tienen una grandísima responsabilidad en la deriva mostrada por unos partidos nacionalistas que fueron los grandes beneficiarios del reparto del poder urdido a la salida del franquismo y plasmado en la Constitución del 78, Constitución a la que luego han traicionado y utilizado en su personal provecho para, llegados a un punto, pretender arrojarla por el sumidero de la Historia como un objeto inservible al que ya no se puede sacar más partido.

La responsabilidad de PSOE y PP estriba en su negativa radical a hacer del sistema salido de la muerte de Franco una verdadera democracia. Muchas veces he escrito que del pestilente concubinato en que en Madrid han vivido, juntos y revueltos, el poder político representado por los dos grandes partidos turnantes y el poder económico-financiero, con la bendición de la Corona por arriba, no podía salir más que un régimen corroído por las termitas de la corrupción, una democracia de tan baja calidad como la nuestra.

Sin un centro convertido en faro capaz de emitir señal o ejemplo moral digno de ser imitado por las periferias, al final ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Las minorías nacionalistas han decidido jugar el mismo perverso juego del madrileñeo en sus respectivas circunscripciones, tratando de meter la cuchara en el mismo festín, se han rebelado contra Madrid, ansiosas por reproducir el mismo corrupto modelo aquí y allá. Y ello en nombre del Dios nacionalista al que todos deben pleitesía, al margen del interés de los ciudadanos y del más elemental sentido común. Una bocanada de aire fresco nació un sábado de marzo en el Tívoli de la barcelonesa calle Caspe. Sea bienvenida.

Bruselas ante las prácticas bananeras de Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital 7 Marzo 2006

Tal y como era de prever, en Bruselas se han encendido todas las alarmas, una vez visto que el descarado impulso y mangoneo político del gobierno de Zapatero, en favor de la OPA de Gas Natural contra Endesa, ha llegado al extremo de poner en peligro pilares fundacionales de la Unión Europea, como son el libre establecimiento y la libre circulación de capitales.

Como recordarán los lectores, ante la reciente y mucho más atractiva OPA propuesta por la alemana E.On, el gobierno de Zapatero volvió a hacer caso omiso de los intereses de los usuarios, accionistas y trabajadores de Endesa, desempolvó la retórica del proteccionismo y nacionalismo económico y decidió cambiar de reglas a mitad del partido. En una práctica absolutamente bananera –una más, en la bochornosa crónica de esta OPA política que impulsa Zapatero "como sea", en beneficio del tripartito nacionalista catalán–, el Gobierno acaba de promulgar un decreto ley que concede un cheque en blanco a la Comisión Nacional de la Energía para vetar cualquier operación en el sector eléctrico. Para colmo, en el trayecto que separa el Consejo de Ministros de la imprenta del BOE, Montilla introdujo cambios en el decreto que se publicaría con la firma del Rey.

Este Real Decreto es, precisamente, el que ha causado preocupación en Bruselas y el que ha motivado que la Comisión Europea le haya enviado una carta al gobierno español en el que se le da un plazo de diez días para dar una explicación de todo lo ocurrido.

El gobierno de Zapatero logró evitar en su día que fueran las autoridades comunitarias las que juzgaran, desde el punto de vista de la defensa de la competencia, la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Con todo, el propio Tribunal español para la Defensa de la Competencia dictó un claro dictamen desfavorable a la OPA que defendía el Gobierno.

Ahora, una vez que ha entrado en liza una empresa alemana, no hay forma de disimular la dimensión comunitaria de la operación, ni de evitar que su análisis corresponda a las autoridades de competencia de la UE. Son precisamente estas competencias comunitarias las que vienen a ser cuestionadas por el discrecional y bananero decreto-ley promulgado por el gobierno.

Desde el gobierno de Zapatero, el ministro Montilla sólo ha tratado de extender el ventilador, alegando que la mayoría de los países blindan "sus" empresas energéticas, y que "no es lo mismo una empresa energética que una que se dedique a fabricar yogures".

Al margen que las empresas son de sus accionistas y que más de la mitad de los de Endesa son extranjeros; que los responsables de estas prácticas que tanto perjudican la imagen y la seguridad jurídica de nuestro país, aquellos que no ha dudado en supeditar los intereses de los accionistas, usuarios y trabajadores españoles de Endesa a los intereses nacionalistas de la clase política catalana, apelen ahora al "patriotismo" es una prueba más de que no hay límite en la desfachatez de este gobierno.

Precisamente porque el energético es un "sector estratégico", es por lo que resulta más necesario velar porque esté abierto a la competencia y a los embates del mercado. Y si algo hay que lamentar del toque de atención de Bruselas, es que aparezca como imperativo europeo algo que debería haber sido defendido –y no atacado– desde el Gobierno de España, pues favorece a la libertad y al bienestar de los ciudadanos. Incluidos los que son a la vez catalanes, españoles y europeos.

EL INFORME QUE SE HIZO HA DESAPARECIDO
Trashorras contó a Policía y CNI que los etarras de la 'caravana de la muerte' eran "amigos" de El Chino
El pasado domingo, Pedro J. Ramírez decía en su artículo dominical que tenía el convencimiento de que "miembros de los aparatos policiales y servicios del Estado" habían participado "si no en la comisión del atentado, sí desde luego en su distorsión al servicio de objetivos políticos". Este martes, El Mundo desvela que Suárez Trashorras contó a casi una decena de agentes de las Fuerzas de Seguridad que El Chino era amigo de los dos etarras detenidos en Cuenca con 500 kilos en la caravana paralela a la del 11-M.
Libertad Digital 7 Marzo 2006

Sólo seis días después del atentado de Madrid, el ex minero y confidente José Emilio Suárez Trashorras contó a ocho miembros de las Fuerzas de Seguridad que Jamal Ahmidad, conocido como El Chino o Mowgli, era "amigo" de los etarras Irkus Vadillo y Gorka Vidal. Estos dos terroristas fueron detenidos el 29 de febrero por la Guardia Civil en Cuenca con media tonelada de explosivos. Hasta ser intervenida por la Benemérita, la conocida como 'caravana de la muerte' de ETA hacía su recorrido paralelamente al traslado a Madrid de los explosivos que se supone fueron utilizados en la masacre del 11-M.

Según El Mundo, Trashorras dio está información ante ocho agentes de las Fuerzas de Seguridad. Entre ellos, el inspector de Avilés, Manolo García (el conocido Manolón), y el teniente coronel 'Francisco' del Centro Nacional de Inteligencia. Al día siguiente, y tras las gestiones de los investigadores con los responsables policiales de Madrid, se tomó la decisión de detener a Trashorras. El ex minero dejó de colaborar con la Policía. El informe elaborado al respecto por miembros de la Policía Nacional llegó a la Comisaría General de Información. Sin embargo, según El Mundo, actualmente no hay constancia de su existencia.

Y como siempre que El Mundo publica una de sus exclusivas sobre el 11-M, el diario El País contraprograma con la siguiente noticia en su portada: "El juez vincula el 11-M al terrorismo islamista internacional". Según dice El País, el magistrado Juan del Olmo relacionó la masacre de Madrid con la "estrategia salafista y yihadista" del "terrorismo internacional", y aseguró que los autores de la matanza integraban "una estructura ramificada", con enlaces en Francia, Bélgica e Italia, destinada a cometer atentados "indiscriminados".

CiU presume de que el Congreso aprobará por primera vez que «Cataluña es una nación»
La ponencia concluye sus trabajos sin llegar a un acuerdo en diez puntos del Estatut, entre ellos la trasferencia de El Prat
Enrique Fuentes La Razón 7 Marzo 2006

Madrid- Se acabó lo que se daba. Los ponentes del Estatut se reunieron ayer por última vez para aprobar el preámbulo y cerrar las modificaciones al texto que llegó del Parlament catalán. Pero que nadie se haga ilusiones; la «tregua» sólo durará hasta el próximo jueves. Ese día, la Comisión Constitucional tomará el relevo para estudiar el nuevo documento y decidir sobre la decena de artículos en los que se mantienen las discrepancias, con especial atención al traspaso del aeropuerto de El Prat. Sí hay acuerdo en la definición de Cataluña ideada por Zapatero y Mas en La Moncloa, que ayer se aprobó oficialmente con los votos en contra de ERC y PP. Todo un hito para los convergentes, que casi agotaron los adjetivos calificativos para destacar que, por primera vez en la historia de la democracia, el Congreso apoyará definir a Cataluña como «nación».

El nuevo preámbulo estaba pactado por PSOE y CiU desde el pasado viernes, y aunque al final ERC consiguió colar alguna mención a «la lengua y cultura catalanas» y a la «tradición humanista» de esa comunidad, el párrafo que ha hecho correr tantos ríos de tinta no sufrió modificaciones: el «sentimiento y la voluntad» de los catalanes hace que el Parlament defina «de forma ampliamente mayoritaria» a Cataluña como «nación», y la Constitución reconoce su «realidad nacional» como «nacionalidad».

Sin embargo, nunca cuatro líneas de texto dieron pie a interpretaciones tan opuestas. Para Federico Trillo (PP), esta fórmula «define el proceso de reforma constitucional encubierta» que los populares atribuyen al Estatut, mientras que Josep Lluís Carod Rovira (ERC) se quejó de que este preámbulo es más propio «de una guía turística» que de un texto legal y Diego López Garrido (PSOE) insistió en el ajuste a la Carta Magna de una definición «que no podrá ser recurrida ante el Constitucional». Mención aparte merece el líder de CiU, Artur Mas, que se atribuyó el «éxito histórico» de que las Cortes, por primera vez «en siglos», votarán a favor de «equiparar nación y nacionalidad», y agradeció a los socialistas «su esfuerzo, en contra de muchos elementos» para conseguirlo.

Los convergentes fueron de nuevo los campeones del optimismo a la hora de hacer balance de la ponencia. Duran Lleida enumeró los diez logros más importantes -modelo territorial y financiero propio, blindaje de competencias...- que permitirán a CiU acudir a la Comisión «con la cara muy alta». No se quedó a la zaga López Garrido, tan feliz por el «sólido» acuerdo político alcanzado que tiró de su «background» musical para asegurar que «nada de esto fue un error». Trillo sentenció que «el Estatut entró inconstitucional en la ponencia y sale igual», y Carod sólo abrió la puerta a la abstención de ERC en la votación si hay «avances». De hecho, los republicanos entregaron por la tarde al PSOE un documento de «mínimos» a cumplir para no rechazar el texto.

«El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución Española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad».

«El pueblo de Cataluña ha mantenido una vocación de autogobierno, encarnada en instituciones propias como la Generalitat, que fue creada en 1359 en las Cortes de Cervera».

«Cataluña es un país rico en territorios y gentes, una diversidad que la define y la enriquece desde hace siglos».
«Cataluña afirma su compromiso con todos los pueblos para construir un orden mundial pacífico y justo».

El Estatut costará 256 euros a cada habitante de las regiones «pobres», según un informe
 La Razón  7 Marzo 2006

Madrid- El nuevo sistema fiscal que terminará imponiendo el Estatut de Cataluña al resto de comunidades autónomas, si la reforma del actual se realiza en los términos del texto aprobado por el Parlament, hará que las regiones consideradas «ricas» ganen en sus presupuestos una media de 428 euros más por habitante, mientras que el resto perderán alrededor de 256, según los cálculos del presidente del Foro Ermua y catedrático de Economía Aplicada en la Complutense, Mikel Buesa.

Esto significa que comunidades autónomas como Canarias o Extremadura dejarán de ingresar una cantidad que, trasladada a lo que percibe cada uno de sus ciudadanos en servicios públicos al año, supondrá una merma de 750 euros y 670, respectivamente. Por contra, los habitantes de Baleares percibirán casi 800 euros anuales más en ese concepto, los madrileños, 600, y los catalanes, 319 euros más de lo que reciben en estos momentos anualmente.

La Comunidad Autónoma de Madrid percibiría en total 3.000 millones de euros más en impuestos que ahora y Cataluña alrededor de 1.800 millones más. Estos cambios pueden resultar «dramáticos» para algunas comunidades autónomas que, al gestionar servicios públicos básicos como la sanidad, la educación o los servicios sociales, se verían obligados a, por ejemplo, cerrar algunos hospitales o no poder atender a todos sus ancianos, porque «no habrá presupuesto suficiente», según el presidente del Foro Ermua, informa Europa Press.

El cálculo de Buesa entiende que existen tres tipos de sistemas fiscales en España, el del País Vasco, el navarro y el que afecta al resto de comunidades autónomas. Si se aprobara la reforma del Estatut, el nuevo sistema se tendría que aplicar al resto de regiones españolas y el resultado sería el citado según sus estimaciones.

«El Estatut maneja una idea falsa que es la de que uno se puede hacer rico sin hacer nada. Los economistas sabemos que esto es imposible. Una de estas maneras es quitarle a los demás lo que tienen y esto es lo que se ha ideado en el Estatut de Cataluña», denunció ayer Buesa. Esta «desigualdad» entre territorios es una de las razones que han movido al Foro Ermua y a otras asociaciones civiles a respaldar la iniciativa de recogida de firmas del PP.

ENDURECIMIENTO DE LA CAMPAÑA DE EXTORSIÓN
ETA envía a empresarios vascos fotografías de sus hijos y el itinerario de otros familiares
Dentro del recrudecimiento de los atentados y amenazas por parte de ETA, la banda terrorista ha recuperado la fórmula de amenaza que más utilizó en la década de los noventa. Desde hace quince días, empresarios de Guipúzcoa y Vizcaya han recibido una serie de cartas en la que se les recuerda que sus bienes, incluidos sus propiedades familiares, siguen siendo objeto prioritario de la organización terrorista. En algunos casos las misivas incluyen fotografías de familiares e incluso los trayectos detallados que realizan diariamente.
Libertad Digital 7 Marzo 2006

Según informa la Cadena SER, la mayoría de los empresarios guipuzcoanos y vizcaínos han recibido las cartas de extorsión de la banda mafiosa pero con un tono aún más duro que en las ocasiones anteriores. Esta vez, las misivas incluso incluyen en algunos casos fotografías actuales de sus hijos.

En otras de las misivas los etarras detallan trayectos sobre los desplazamientos que hacen diariamente sus familiares a su lugar de trabajo, incluyendo la matrícula del coche que utilizan.

Los terroristas, según la información de la SER, advierten a los empresarios que el hecho de haber sufrido ya un atentado no supone que sus propiedades estén ya libres y les exigen cantidades de dinero que oscilan entre los 30.000 euros y los 210.000 euros –35 millones de pesetas. De forma siniestra, ETA añade a esta cantidad un interés del 5 por ciento por cada año no pagado.
En la mayoría de los casos supone diez años de atrasos acumulados. "Va a ser la última carta y la única posibilidad de que paren todas las acciones operativas contra sus empresas", amenaza ETA a los empresarios a los que advierten: "Serán objetivo potencial de ETA si acuden a un cuerpo policial".

El verdadero déficit catalán
Cartas al Director ABC  7 Marzo 2006

Es verdad que Cataluña tiene un déficit, pero no es de financiación, sino de gestión de sus propios recursos por sus políticos. El Gobierno autonómico lleva gastados más de 5.000 millones de euros en política lingüística, incluidas generosas subvenciones a entidades nacionalistas e independentistas; casi 1.000 millones de pesetas dedica cada año el Gobierno catalán a lujosas recepciones y atenciones protocolarias; decenas de políticos catalanes cobran un sueldo más elevado que el del presidente del Gobierno; se destinan cantidades multimillonarias a una mastodóntica televisión controlada por el Ejecutivo autonómico; Policía diferente del resto de España con sueldos más elevados; «embajadas» propias de Cataluña en el extranjero... ¿Seguro que Cataluña no tiene dinero, o quizá los políticos catalanes lo gastan donde no deben?

José Martínez. Barcelona.
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