AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 19 Marzo  2006
En dirección contraria
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS, Director de ABC 19 Marzo 2006

La estrategia del odio
Ignacio Cosidó Libertad Digital  19 Marzo 2006

¿Por qué los chicos progres odian tanto a Federico Jiménez Losantos?
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 19 Marzo 2006

Rosa Díez no se merecía este trato
Editorial Elsemanaldigital 19 Marzo 2006

La barbarie cultural y política penetra en España por Cataluña
Francisco Rubiales Periodista Digital 19 Marzo 2006

La lógica inquietud
EDITORIAL  Libertad Digital 19 Marzo 2006

El lenguaje como arma totalitaria
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 19 Marzo 2006

Carod-Rovira y la estupidez humana
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Marzo 2006

Bienio
JON JUARISTI ABC 19 Marzo 2006

Euskadi y el futuro
JOSEBA ARREGI El Correo  19 Marzo 2006

Ética y nacionalismo
ESPERANZA GUISÁN La Voz 19 Marzo 2006

Malas compañías
Editorial Heraldo de Aragón  19 Marzo 2006

Rosa Díez avisa de que «ningún cobarde nos ha echado de Euskadi y nadie lo hará del PSOE»
R. N.  La Razón 19 Marzo 2006

La carrera de fondo de Rosa Díez desde su «puesto de castigo»
BLANCA TORQUEMADA ABC 19 Marzo 2006

Cerca de dos millones de euros impagados a Batasuna-ETA se destinarán a ayudar a las víctimas del terrorismo
Libertad Digital 19 Marzo 2006

En dirección contraria
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS, Director de ABC 19 Marzo 2006

... Nada hay de contemporáneo en trocear el poder judicial; establecer imposiciones lingüísticas; blindar competencias; disgregar la acción exterior del Estado; compartimentar la actuación integral respecto de fenómenos generales como la inmigración o practicar la endogamia cultural, sea simbólica o académica...

EL anacronismo es la incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. El proyecto de Estatuto de Cataluña es, estrictamente, una iniciativa anacrónica porque su contenido, y en particular el espíritu que la anima, están fuera del tiempo actual. Francisco Ayala, desde su feliz centenario, después de afirmar que el «nacionalismo es el pasado», ha ofrecido con brevedad y concisión dos razones que avalan esta tesis. Dice el homenajeado intelectual que «todo se está transformando desde luego en un sentido de globalidad, de totalidad». Así es. Hoy por hoy la progresión está vinculada a un movimiento unitario y la regresión a otro, inverso, de partición. Las sociedades más abiertas y más libres se hacen más porosas y comunicativas; las que se atrincheran en sus identidades y establecen fielatos defensivos resultan las más inseguras y menos dinámicas. La libertad, el mestizaje, la capacidad de mixtificación, la aprehensión de las nuevas formas de vivir, son las características que perfilan a las sociedades más prometedoras y vitales.

El debate del nuevo Estatuto para Cataluña está desafiando el signo de los tiempos. Los partidos nacionalistas, secundados abiertamente por los socialistas y el Gobierno, están pergeñando un texto que, además de resultar técnicamente confuso y falto de calidad jurídica, se inspira en la desconfianza hacia el Estado, entendido éste en su sentido social, político y cultural. Este nuevo Estatuto atrinchera a Cataluña en un régimen intervencionista porque otorga a los poderes autonómicos potestades exorbitantes, alejadas de cualquier fórmula liberal; impone unas pautas lingüísticas reactivas; blinda una serie de competencias que en todo occidente en vez de desconcentrarse se centralizan en organismos e instituciones con un amplio espectro de facultades -véase el grave asunto de la inmigración-, y configura un modelo político y colectivo que atenta contra dos realidades imparables: el mercado y las nuevas tecnologías de la comunicación.

La unidad de los Estados -y el Estatuto en ciernes lesiona la del español porque crea una bilateralidad extrema que diluye la preeminencia que constitucionalmente corresponde al Gobierno- es uno de los factores constituyentes de los parámetros en los que se ha erigido el nuevo mercado internacional. La supresión efectiva de las fronteras sustituye a las viejas aduanas por la interlocución, cada vez más fluida y armonizada, de las entidades estatales, cuya eficiencia se asienta en la disposición de herramientas competenciales homogéneas.

Cuando la nueva ministra de Justicia del Gobierno alemán, la socialdemócrata Brigitte Zypries, afirma que «en parte, el sistema federal perjudica la posición de Alemania en el mundo», se está refiriendo a las disfuncionalidades que determinadas políticas de descentralización y de desconcentración provocan en los espacios abiertos del gran mercado europeo que pronto ampliará sus horizontes continentales. Es esta percepción de ineficacia, entre otras, la que ha llevado a los dos grandes partidos germanos a iniciar un llamativo movimiento de reformas institucionales en una dirección por completo distinta a la que en España se está practicando con la reformulación del autogobierno catalán.

En Italia, el proceso de federalización que se ha propuesto por algunas fuerzas se ha impugnado de manera casi radical desde la izquierda que, hasta el momento, ha sido una ideología caracterizada por encontrar en la fórmula centralizada componentes propios de su concepción social, como el de la igualdad, a partir de la cual se ha construido el de ciudadanía. La condición ciudadana incorpora el contenido indiscutible del patrimonio democrático de los individuos: gozar de los mismos derechos y sentirse vinculados a idénticas obligaciones. El Estatuto previsto para Cataluña quiebra la tendencia general que impone la dinámica del mercado y atenta seriamente contra el concepto de ciudadanía en el ámbito estatal porque establece un catálogo de derechos y obligaciones para los allí residentes diferente al establecido en la Constitución para todos sin distinción.

Pero es que el modelo estatutario en proyecto que pretende amurallar Cataluña provocará antes pronto que tarde una muy grave frustración porque todas las cautelas, prevenciones y desconfianzas que se articulan frente y contra el Estado y la fuerza expansiva del conjunto español en aquella comunidad, saltarán por los aires en cuanto el desarrollo de las nuevas tecnologías -que constituyen tanto una técnica como una cultura- demuestren que, como Ayala preconiza, el «nacionalismo es el pasado» y que ahora las reformas van en la dirección de la «globalización, de la totalidad». Las nuevas tecnologías son, también, las nuevas fronteras virtuales que resultan móviles e incontrolables. La red, la telefonía celular, la interactividad, propician la superación del espacio -y a veces, también del tiempo- como barrera, hacen inútiles los esfuerzos de introspección de los nacionalistas y desmienten esa dimensión universalista de la izquierda que, en España, secunda el anacronismo descentralizador con un falso discurso modernizador. Nada hay de contemporáneo en trocear el poder judicial; establecer imposiciones lingüísticas; blindar competencias; disgregar la acción exterior del Estado; compartimentar la actuación integral respecto de fenómenos generales como la inmigración o practicar la endogamia cultural, sea simbólica o académica.

¿Por qué, entonces, vamos en España en sentido contrario a la contemporaneidad? Sin duda por la abdicación del socialismo a su propia coherencia en aras a ostentar el poder de forma estable pagando peaje a los nacionalistas y, sin duda también, por la instalación de ese estúpido pensamiento único que da por «progresista» cualquier proposición de carácter nacionalista. Félix Ovejero (ver «El Noticiero de las Ideas», número 22) ha sostenido con agudeza que el supuesto «republicanismo» de Rodríguez Zapatero es perfectamente contradictorio con el nacionalismo, entre otras razones -añado- porque éste es retrógrado casi por definición, aun aquel que se tiene por lo contrario y diga militar en la izquierda. Por otra parte, en el magnífico ensayo de Denis Jeambar titulado «Los dictadores del pensamiento y demás aleccionadores», editado en España por «Gota a gota» (editorial de FAES), se explica muy bien la trama que urde el pensamiento único en Francia -país en el que nace-. El autor, director del semanario L´Express, sostiene que ahora se está desarrollando una democracia que «ni siquiera es ya opinión sino emoción». Pues bien: todo este proceso de involución intelectiva y política nos está conduciendo, emocional que no racionalmente, a una extraña fascinación en algunos y a la subordinación de muchos a los nacionalismos periféricos que, aprovechando la contradicción que genera el enfrentamiento visceral entre los dos grandes partidos nacionales, están cosechando de forma irreversible un auténtico botín político. Siendo esto grave, lo es mucho más -como bien saben los silenciosos intelectuales de la izquierda española y los poco aguerridos empresarios de este país- que circulamos en dirección contraria, como los suicidas de la carretera. La colisión con la realidad será, pues, inevitable.

Dos años de Gobierno del PSOE
La estrategia del odio
Ignacio Cosidó Libertad Digital  19 Marzo 2006

Es cada vez más evidente que Rodríguez Zapatero se ha instalado en la estrategia del odio. Su intención es polarizar a la sociedad española en dos grandes bloques divididos por una doble falla: la tradicional entre derecha e izquierda y una emergente entre nacionalistas y constitucionalistas. Zapatero cree que suplantando al nacionalismo y radicalizando su discurso de izquierda pondrá sumar a los votos tradicionales del socialismo los votos del electorado nacionalista en Cataluña, País Vasco o Galicia. Es sin duda una estrategia de alto riesgo porque lo que puede terminar provocando es el fortalecimiento del nacionalismo más radical, la pérdida de buena parte de su electorado más moderado y, lo que es mucho más grave, la destrucción del país que pretende gobernar.

La estrategia de la crispación puesta en marcha por este Gobierno tiene algo de desesperada. En gran parte es el reconocimiento del fracaso de su gestión. Si el Gobierno acudiera a las urnas con el único bagaje de la pura eficacia de su gestión, es seguro que perdería las elecciones. Nunca antes un gobierno en la Europa democrática se había desgastado tanto en tan poco tiempo, probablemente porque nunca en la Europa democrática ha existido antes un gobierno de peor calidad.

Cuando la gestión falla tan calamitosamente es obvio que no queda otro remedio que acudir a la polarización ideológica para intentar salvar los muebles. El objetivo es que ya que no me puede usted votar con la cabeza, vóteme al menos con el corazón. Pero ni siquiera se trata de apelar a un sentimiento de afecto desde la identidad de la izquierda, lo que Rodríguez Zapatero está sembrando es directamente el voto del odio, del odio a la derecha encarnada en este país por el Partido Popular, del odio a los que él considera herederos de los que mataron a su abuelo.

Sólo desde esta apelación al odio se puede entender la fortaleza de la alianza del socialismo español con los nacionalismos independentistas, una alianza que resulta imposible desde cualquier otro punto de vista sociológico, histórico o ideológico. El odio al Partido Popular, y no tanto a las siglas como a lo que representa, es el único factor de cohesión para la alianza nacional-socialista que dirige los destinos de España.

El riesgo de esta estrategia del odio y la crispación es que está provocando un enfrentamiento cada vez más fuerte en todos los órdenes: institucional, territorial, social y político. Los enfrentamientos del Poder Judicial con el Gobierno y el Parlamento son inéditos en nuestro país. Han vuelto a pronunciarse discursos en boca de altos mandos militares que creíamos felizmente superados. El proyecto del Estatuto catalán impulsado por Zapatero ha generado tensiones territoriales que ni siquiera el terrorismo había provocado con anterioridad. Las descalificaciones entre empresarios y Gobierno resultan también inéditas.

Las movilizaciones en la calle se suceden, ya sea contra el proceso de negociación con los terroristas, contra la reforma educativa, contra el matrimonio homosexual. El tono en los medios de comunicación ha subido muchos decibelios. En las conversaciones de café la gente se muestra cada vez más radical en sus opiniones, ya sean en contra del Gobierno o en contra del PP. Esa tensión y esa crispación se vive en sede parlamentaria con especial intensidad.

Lo más grave es que esta división va calando en todos los estratos de la sociedad. Así, estas divisiones se reproducen a escala entre los sindicatos, dentro del Poder Judicial, entre los medios de comunicación, dentro de la patronal, en las universidades. Todo el mundo debe posicionarse socialmente en uno de los bandos de la contienda política.

Rodríguez Zapatero accedió a la Presidencia del Gobierno augurando un cambio de talante y una predisposición al dialogo y al pacto. Pero el talante sólo lo ha aplicado con sus socios y el dialogo y el pacto se han convertido en meras armas para aislar al PP. Hoy la sociedad española aparece divida en dos mitades cada vez más irreconciliables.

La historia demuestra que las estrategias del odio pueden ser útiles a corto plazo para ganar elecciones, pero son con seguridad destructivas a largo plazo para los países que se intentan gobernar. No se trata aquí de traer a colación fantasmas del pasado, sino simplemente avisar de los riesgos del futuro. Porque la gran ventaja de vivir en democracia es que siempre es posible en poco tiempo modificar el rumbo.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

¿Por qué los chicos progres odian tanto a Federico Jiménez Losantos?
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 19 Marzo 2006

Lo trágico en todo este tinglado antifederico es que sus inquisidores saben que es el último bastión que tienen que conquistar para lograr sus objetivos estratégicos de perpetuarse en el poder por mil años. Lo trágico es que sea el último, que no hayan más. El PP asumen que es fácil de derrotar y silenciar con la apabullante concentración de medios que tienen, y teniendo a Gallardón en la recámara, solo necesitan quitarse de en medio a Federico y ya tendrán a todo el país anestesiado y listo para las amputaciones.

Es triste, pero para mi, Federico es, en los grandes medios de comunicación, "El último patriota" capaz de hacer frente a las amputaciones nacionales que están programadas en el quirófano de la izquierda.

Su labor es odiada por la progresia mediática y política porque es una especie de antídoto contra la masiva anestesia de la verdad que inyectan cada día en el cuerpo de esta nación. Los progres serán mentirosos compulsivos pero no son tontos, y saben que para que sus campañas de ocultación de la realidad puedan camuflar Carmelos y rendiciones a ETA, estatutos anti constitucionales y pactos con quienes quieren repartirse España creando nuevos reinos de carodes, es preciso cargarse a Federico.

Cuando se dedican tantos recursos, esfuerzos, medios políticos y mediáticos a silenciar una sola voz, es señal de que esa voz les hace daño, y si les hace daño es que hace el bien. Piden que esa voz sea acallada por la fuerza, no les valen los tribunales, señal también que no tienen razón legal.

Los progres españoles se quieren cargar a Federico y le odian porque la mayoría de ellos, que solo tienen en su biografía antifranquista el haber sido corredores de salón ante los grises, ellos que son rojos teñidos, no entienden como alguien con un historial de autentica lucha antifranquista tire por la borda semejante rojerío conseguido de modo natural en su juventud. ¿Qué no darían por un pedigrí de rojo así?

No es lo mismo que la mano derecha del Dios de los progres, Cebrián, adquiriese su rojo teñido siendo jefe de los informativos de la televisión del dictador Franco, que el que la voz de los que no son progres tenga un rojo ganado con actividades antifranquistas, no en la extrema, sino en la remota izquierda y del que pase en la actualidad. Eso, los viejos franquistas tipo Maragall, mano derecha del alcalde franquista de Barcelona Porcioles, Cebrián franquista que ahora dice que combatía desde dentro, Polanco que se hizo rico gracias a los favores del franquismo y otros, no lo tragan.

Le odian sobre todo porque él puede opinar libremente, él puede decir hoy que Aznar es un maricomplejines con Polanco y mañana decir de Aznar que ha sido el mejor jefe de gobierno del siglo XX por sus logros económicos, antiterroristas y tal.

Le odian porque es libre de opinar y puede un día poner a caer de un burro a Aznar por la fastuosa boda de su hija en El Escorial y luego alabarle por sus logros dignos de elogio, y sin embargo ellos no pueden criticar en nada a sus adalides, ni aunque gasten millones y millones en adecentar una simple pista de baloncesto como hizo Zapatero en su visita canaria, salvo si reciben la correspondiente directriz de Polanco.

Ellos no pueden decir que Polanco ha sido el mayor poder fáctico en la historia de España desde que Julio Cesar dejó la península. Ellos están coaccionados, él es libre y le odian por ello. Todos ellos saben que quien se mueve no sale en la foto, o mucho peor, ya no sale más en El País ni cobra por ello, mientras que Federico puede ponerle un pleito a Polanco y ganárselo década y pico después aunque no hayan huevos en el país que hagan cumplir la sentencia.

Federico puedo hablarle de tu a Polanco sin que le tiemblen los pinreles mientras que ellos solo con pensarlo ya tienen que tomar dosis masivas de antidiarreicos, y eso hace odioso a Federico.

Federico es como el gallo ese de los dibujos animados que cuando ve al zorro entrar en el gallinero se pone como histérico tocando alarmas, sirenas, bocinas, tambores, agitando latas llenas de piedras y toda la parafernalia que pueda organizar una escandalera monumental de sonidos atronadores que alerten a los miembros del gallinero, y por eso el zorro rojo progre quiero cepillárselo y le odia.

A Federico le odia la progresia y se lo quieren cepillar porque conoce sus miserias, sus estrategias de salón, sabe interpretar sus movimientos y anticiparse a sus jugadas, 3 años antes de que lleguen a un objetivo ya está el “cabrón de Federico” dejándoles con las vergüenzas al aire.

A Federico le odian porque es capaz de ver más allá del horizonte de cualquier progre cuyo único pedigrí es un par de escuelas de verano de El Escorial y haber sido concejal en el 79 con gran heroicidad. Es capaz de predecir el futuro y acertar, es capaz de decir cuando un juez inicia un proceso contra Polanco “Polanco jamás llegará a ser procesado por esto de las fianzas de Canal Plus, pero él si hará que juzguen y condenen al juez Liaño que ha osado tamaña felonía” o algo así dijo.

El es capaz de decir cuando el Tribunal Supremo condena a Polanco a deshacerse de los postes emisores conseguidos de Antena 3 Radio “En España no hay nadie ni con el valor ni el animo de hacer que Polanco cumpla la sentencia, da igual quien gobierne”, y ahí lo tienen.

Y claro si ahora Federico dice que se han cargado España con lo del estatuto de Cataluña, yo personalmente le creo a pies juntillas y por los argumentos que me da, y los progres le odian porque haya gente que le crea.

Le odian porque conoce sus técnicas de propaganda y sabe también utilizarlas en su contra. Le aborrecen porque sabe que la verdad sola no vale de nada, lo que vale es machacar al personal con ideas simples, conceptos que se repitan una y mil veces, si una mentira dicha mil veces termina siendo verdad, una verdad dicha mil veces termina haciendo a los chicos de las izquierdas escoriaciones neuronales masivas.

Analicen ustedes el caso de Federico y el de Cesar Vidal. Para mi Cesar Vidal es argumentalmente más demoledor, las más de las veces, que Federico, expone las ideas con argumentos infinitos y eso que no quiere ser exhaustivo, les zumba encima con argumentos que las más de las veces tienen más de dos mil años de antigüedad, pero como ven no lo mencionan casi nunca en sus campañas anti COPE y se meten escasamente con él. El motivo es simple, el peligro es Federico que utiliza las viejas técnicas de agitprop de los viejos izquierdistas y con maestría, cosa que no hace Cesar Vidal, eso es lo que no le hace tan temible para la progresía como a Federico.

Federico es reiterativo, primera ley del agitprop (agitación y propaganda), empieza el día seleccionando 3 o como mucho 4 noticias, las que realmente son importantes en la tesitura histórica en que nos encontramos y machaca, y machaca y explica, y aclara y nos dice qué intentan conseguir haciendo eso que acaban de hacer los nacionalistas, o Zapatero, o Moratinos o Pumpido.

A Federico le odian porque tiene un objetivo claro y va a por él erre que erre, y su objetivo es explicar, hacer entender a la gente lo que el resto de medios solo intenta hacer pasar como si nada pasase, por ejemplo exponer que quien manda en España ni es el Rey, ni el gobierno, ni el Congreso, ni el Tribunal Supremo, ni el Constitucional, sino que por encima de todos está Polanco, y le odian porque lo demuestra con argumentos y hechos.

A Federico le odia la progresia porque crispa, y en eso les doy la razón, pero no dicen que solo les crispa a ellos, y por mi que se crispen, que quien se crispa coge cara de mala leche, salvo Zapatero el seráfico y eso es bueno para que la gente les vea en su salsa crispada.

¿ Sabían ustedes que el gran y único Dios de la progresía española, Don Jesús de Polanco habló con Federico para intentarlo convencer de que fuese visir de su imperio mediático y que a la vista está que Federico le dijo NO?

Pues solo con este último argumento ya saben porque odia la progresía española a Federico Jiménez Losantos, al que me atrevo a poner el mote de “La voz que jode al progre”. Le odian porque tiene valor, hasta para decirle no a Polanco, a ellos les aterra solo soñar que le dicen no a Polanco.

Le odian, en fin, porque saben que no hay peor cuña que la de la misma madera.

Rosa Díez no se merecía este trato
Editorial Elsemanaldigital 19 Marzo 2006

La presencia de la socialista vasca en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo se había convertido en un obstáculo para la nueva actitud de su partido ante el terrorismo

19 de marzo de 2006. Las circunstancias que han rodeado la sustitución de la europarlamentaria socialista Rosa Díez como miembro de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo no pueden ser más significativas de la inquebrantable voluntad de José Luis Rodríguez Zapatero de remover cualquier obstáculo al entendimiento con ETA que considera prioritario dentro de su estrategia para seguir al frente del Gobierno.

La que fue cabeza de lista socialista en las elecciones al Parlamento Europeo de 1999, y segunda de la lista en las de 2004, no ha merecido ni siquiera el detalle de que se le comunicase previamente su sustitución. Es más, ésta se ha producido aprovechando que se hallaba ausente del Parlamento por enfermedad, y para justificar la medida fuentes socialistas han llegado a afirmar que la europarlamentaria "está trabajando de alguna manera en la posición más bien del PP español que en la nuestra".

La Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo fue una pieza esencial en la política del anterior Gobierno para involucrar a la Unión Europea en la lucha antiterrorista, con logros en su haber como la orden de busca y captura europea o la definición común de los delitos de terrorismo. Es evidente que la presencia en ella de la socialista vasca, uno de los símbolos dentro de su partido de la apuesta por la unidad de las fuerzas constitucionalistas, se había convertido en una molestia para la nueva actitud de sus correligionarios ante el terrorismo etarra.

Esta marginación de destacados miembros del PSOE, y no por precisamente por cuestiones de matiz o de enfoque coyuntural de algún asunto menor, plantea la cuestión del futuro político de los afectados y de todo el sector del partido y de la opinión pública al que representan. Dentro del PSOE hay quien directamente les anima a integrarse al PP, pero esto no es fácil tanto por la fidelidad a su partido de siempre como por las divergencias ideológicas que mantienen con este último, por más que coincidan con él en la defensa de la Constitución y en la política antiterrorista.

Se trata de un dilema similar al que ha llevado en Cataluña a la aparición del nuevo partido "Ciudadanos de Cataluña". La pregunta es si merece la pena seguir luchando desde dentro del PSOE por conseguir que el partido vuelva a la unidad con el PP en la lucha antiterrorista, o si, dado que esto parece imposible en las actuales circunstancias, no queda otro remedio que lanzarse a la aventura. Una aventura que puede concluir en un fracaso estrepitoso y que, aunque triunfase, probablemente sólo contribuiría a dividir aún más a las fuerzas constitucionalistas en el complejo escenario vasco.

La barbarie cultural y política penetra en España por Cataluña
Francisco Rubiales Periodista Digital 19 Marzo 2006

Aunque Zapatero afirma que su gobierno es portador de más democracia y de mayor protagonismo de los ciudadanos, los hechos son tozudos y proyectan síntomas preocupantes de prácticas totalitarias y de democracia degradada en algunas tierras de España, sobre todo en Cataluña, territorio donde mandan sus “socios” de gobierno y donde los aires intervensionistas, autoritarios y fanáticos soplan cada día más fuerte.

Es sintomático que el peor insulto que los nacionalistas catalanes lanzan contra Albert Boadella y los demás miembros del recién creado partido “Ciutadans de Catalunya” sea el de “intelectual”. Que un artista de talla de Boadella se queje de que las bandas exaltadas catalanas le insulten, boicoteen y le acusen de fascista no es menos sintomático. Cuando una sociedad odia a sus intelectuales es que está enferma e invadida por la barbarie.

La historia demuestra que todo régimen totalitario y dictatorial odia la cultura libre, desconfía del trabajo intelectual y ha colocado siempre a sus intelectuales bajo sospecha. Stalin pobló Siberia de escritores, artistas e ingenieros que cometieron el pecado de pensar y disentir. El jmer rojo Pol Pot, para liberar a su país (Camboya) de toda influencia occidental, llegó a ordenar que matasen a todo el que llevase gafas, porque ese “bestia” pensaba que los que llevaban gafas eran peligrosos intelectuales.

En otro espacio de España también dominado por el nacionalismo extremo, el País Vasco, decenas de miles de personas han tenido que huir y establecerse en otras regiones de España, abandonando sus hogares y puestos de trabajo, para que no les peguen un tiro, ante la indiferencia cruel del nacionalismo gobernante.

El gobierno español debería asumir sin titubeos que el ambiente en esas tierras españolas, intolerante, cargado de tensión, de rechazo a la inteligencia libre, de odio y recelo ante el extraño, es demasiado parecido al de las vísperas del stalinismo en Rusia y del nazismo en Alemania. La sociedad catalana y vasca deberían reflexionar sobre el hecho histórico incuestionable de que, después del odio a los intelectuales y a los que tienen ideas contrarias, han llegado demasiadas veces las hogueras, la picota y el potro de tortura.

La lógica inquietud
EDITORIAL  Libertad Digital 19 Marzo 2006

José Blanco, perfecto ejemplo del nuevo socialismo que nos gobierna, ha vuelto a hacer una operación en la que demuestra a su vez su sectarismo sin límites y el vacío moral con que se mueve. Durante su visita al grupo socialista en el Parlamento Europeo, y aprovechando la ausencia por enfermedad de Rosa Díez (que la cobardía no quede como última de las virtudes de Blanco), la han retirado de la Comisión de Libertades de la Unión Europea. Saben muy bien lo que hacen, y saben muy bien porqué.

El porqué está es su firme oposición a la política en torno al terrorismo del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Él necesita por encima de todo una tregua con la banda asesina ETA. Necesita una victoria política que le permita justificar la suicida política neoestatutaria, y ETA se la puede dar. La banda asesina lo sabe, y no deja de utilizar la debilidad negociadora del Gobierno para sus intereses. Zapatero, para satisfacer los deseos de la banda, está haciendo todos los esfuerzos que es capaz de desplegar para doblegar la lucha del Estado de Derecho contra el crimen, verdadera patria de ETA.

Esta negociación es una auténtica conspiración contra el ciudadano, que asiste atónito e impotente al fortalecimiento del mayor enemigo de nuestra democracia y a la corrupción de las instituciones que deberían hacerle frente por el Gobierno, que debería ser su primer defensor. La mano muerta de Rodríguez Zapatero se ha alargado hasta Bruselas para desactivar a Rosa Díez, retirándola de la Comisión en la que su discurso es más necesario, la de Libertades.

Como mísero exponente de la línea oficial del partido socialista, el compañero de Rosa Díez en el PSE José Antonio Pastor ha declarado que las actuaciones de la parte de la judicatura que escapa al control gubernamental contra la banda criminal ETA causan “lógica inquietud”. Una frase que es una advertencia, casi una amenaza, y que solo se puede entender si esa “lógica” es por completo ajena a la labor esencial del sistema judicial. Da la impresión de que el Gobierno está en una huida hacia delante en la que no le importa qué pueda destrozar a su paso si la esperada tregua de ETA sale adelante.

El lenguaje como arma totalitaria
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 19 Marzo 2006

 Acabo de leer el libro de Víctor Klemperer (1881-1960) La lengua del Tercer Reich. Fue catedrático de literatura francesa en la universidad de Dresde y superviviente del holocausto nazi gracias a que estaba casado con una mujer "aria". Víctor nos describe minuciosamente la utilización del lenguaje por el régimen nazi como herramienta de la formación del subconsciente colectivo y de control social en el sistema político hitleriano.

Al margen de las diferencias evidentes entre situaciones, existen similitudes en el mundo nacionalista en lo que se refiere al control y la utilización perversa del lenguaje como arma política para corromper la verdad de las cosas. Una de las frases más manipuladas y perversas que utilizan los nacionalistas en mi tierra vasca es la de "proceso de paz".

Sin duda todos deseamos restaurar una convivencia destruida por unos indeseables que han asesinado a casi un millar de personas, arruinado y perturbado gravemente la vida a familias, expulsado de su tierra a más de 200.000 vascos, imposibilitado el desarrollo económico, la inversión y la continuidad de muchas empresas bajo el chantaje del llamado "impuesto revolucionario" –otra expresión diabólica-, etc.

Pero a lo que no estamos dispuestas las gentes decentes es a doblegarnos ante asesinos haciendo abstracción de lo sufrido por miles de vascos. Víctimas no sólo son las que han experimentado sobre sí, directamente, la acción terrorista, sino también quienes hemos estado sometidos a la mentira, a la privación de las libertades, al miedo, a la exclusión, y a todas las consecuencias de un clima irrespirable durante años. El "proceso" es para los nacionalistas alcanzar la paz con la contrapartida de seguir mandando y sometiendo a la otra mitad de la sociedad, condicionando los procesos electorales.

Escuché el pasado viernes un programa habitual de las tardes en la ETB. Uno de los contertulios calificaba con estas frases al juez Marlaska: "Está mal de la cabeza", "Hay que ponerle en tratamiento psiquiátrico", "Tiene un cuadro de trastorno mental" (sic).

Ésta era la evaluación que hacía el mostrenco con cara de habitual de los batzokis, del procesamiento contra los dirigentes de la organización ilegalizada Batasuna. Tal señor –un tal José Ramón- habrá cobrado sus buenos emolumentos por hacer estos juicios calumniosos y difamatorios contra un juez que ha relevado a Garzón en la difícil misión de hacer justicia y defendernos a los ciudadanos de bien.

Invito a su señoría, el juez Marlaska, a iniciar un procedimiento en defensa de su honor contra quien profirió estas ofensas inadmisibles. Y le agradezco todo lo que está haciendo para salvar lo poco que queda en pie del Estado de Derecho, de la memoria de las víctimas y de la dignidad del sistema democrático. Simplemente por hacer cumplir la ley.

Carod-Rovira y la estupidez humana
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Marzo 2006

EN un análisis económico, demográfico e histórico que Carlo M. Cipolla incluye en su libro Allegro ma non troppo, escrito en 1988, pueden leerse «Las Leyes Fundamentales de la estupidez humana». Muy resumidas, dicen así: «Un estúpido es una persona que causa daño a otra u otras sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio». «Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo». «La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona». «Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas». «Los no estúpidos olvidan que en cualquier momento, lugar y circunstancia asociarse o tratar con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error». «La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe, más peligroso incluso que el malvado».

Cipolla asegura que hay estúpidos que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras; que los estúpidos nos perseguirán sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más impensables; que con la sonrisa en los labios, como si hiciesen la cosa más natural del mundo aparecerán de improviso para echar a perder nuestros planes, destruir nuestra paz y complicarnos la vida hasta hacernos perder dinero, tiempo, humor y productividad. Y que todo esto lo harán sin malicia, sin remordimientos y sin razón. ¿Por qué me habré acordado de esto anoche? ¿A lo mejor porque Carod-Rovira anunció que ERC votará contra la reforma del Estatuto sin revelar cuál será su postura en el referéndum? ¿Porque ha justificado la permanencia de su partido en el tripartito diciendo que una cosa es el Estatut y otra el Gobierno? ¿Me estaré volviendo estúpido? ¿Creerá ese genio de la política que son estúpidos sus 600.000 votantes?

Bienio
Por JON JUARISTI ABC 19 Marzo 2006

YA han pasado dos años. El tiempo vuela, etcétera. Hace dos años comencé a encargarme de esta columna semanal. Aún dirigía el Instituto Cervantes (no podía poner mi cargo a disposición de un nuevo gobierno, pues todavía no se había producido la investidura de Rodríguez). Mi primera entrega a ABC fue saludada con una carta enviada al director de este periódico por treinta y ocho empleados del Instituto, hasta entonces pelotillas empalagosos, en la que se me tildaba de racista. Eso, para empezar, porque cundió el ejemplo: un grupo de subalternos del centro Cervantes de Beirut me envió una misiva insultante y taimadamente judeófoba. Entre los firmantes, el celador de Hezbolá. Era a la sazón mi paño de lágrimas Luis Alberto de Cuenca, Secretario de Estado de Cultura en funciones. Le consulté sobre posibles medidas a adoptar: ¿debía despedirlos a todos o simplemente querellarme por injurias? Luis Alberto, buen amigo, me recomendó la fuga. «Lárgate ya -me dijo- y ahórrate agonías innecesarias». Pero aguardé estoicamente la formación de gobierno, mientras el Cervantes se desmoronaba alrededor. Oscuros directores locales publicaban manifiestos proponiéndose a sí mismos como mis sustitutos idóneos. Los teléfonos dejaron de sonar, pero desde mi despacho oía afilar cuchillos al compás de la Internacional en otras dependencias del palacete de la Trinidad.

El resto lo he contado en el prólogo de mis memorias. ¿El resto? Bueno, no todo. Apenas Moratinos tomó posesión como ministro de Exteriores, le pedí que me cesara cuanto antes. A los pocos días, me llamó el subsecretario del Ministerio: «¿Cómo quieres que figuren en el BOE los motivos de tu cese?», inquirió. La verdad, me sorprendió la pregunta. No pensaba yo que una destitución tan cantada como la mía necesitara justificaciones, pero respondí lo que me pareció más lógico: «Puesto que me he adelantado a solicitarlo, poned que se me cesa a petición propia». Al subsecretario no le hizo gracia la fórmula porque la encontraba displicente. El 8 de mayo de 2004, el BOE daba noticia de mi cese por el Consejo de Ministros del día anterior, a propuesta de los titulares de Exteriores, Educación y Cultura. Motivo alegado: mi supuesto «pase a otro destino».

Una bonita chapuza. «Por pase a otro destino» o «por cambio de destino» es expresión que sólo se emplea para los traslados a otro puesto de la Administración, y ese no era mi caso. Obviamente, se intentaba maquillar una simple y razonable destitución política con una mentira que se pretendía piadosa. Pero no contaban con Anasagasti. El entrañable Iñaki Anasagasti leyó en el BOE lo de mi «pase a otro destino» y montó en cólera. Los odios de Anasagasti son tenaces. Nunca le bastó con mi destierro de la dulce Vizcaya. Así las gastan los nacionalistas: aunque te enganches en los marines, te perseguirán con saña hasta los palacios de Moctezuma o las costas de Trípoli. Al leer el BOE, Anasagasti entendió lo que cualquier otro en su lugar habría entendido y se estrenó como senador, el 12 de mayo, con una airada pregunta al Gobierno socialista: «¿Cuál es el destino no especificado de don Jon Juaristi, y qué méritos se han apreciado en él para ser destinado a otra responsabilidad?». La respuesta se hizo esperar, pero llegó, por fin, el 3 de junio, a través del secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes: «El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación comunica que desconoce que se haya designado al señor Juaristi para nuevos destinos o responsabilidades oficiales, tras su cese como director del Instituto Cervantes». Descarté emprender contenciosos contra el Gobierno de Rodríguez por cese ilegal o falsedad en documento público. Me contentó la certidumbre moral de que nos enfrentaríamos en adelante a un gabinete de embusteros patológicos, y lo cierto es que no la han defraudado desde entonces. Historias del bienio. Viejas, polvorientas historias melancólicas del advenimiento de la revolución buenista. Segundo aniversario de la nada encarnada. Gracias, senador Anasagasti. Le debo una.

Euskadi y el futuro
JOSEBA ARREGI El Correo  19 Marzo 2006

En unos momentos en los que el peso del presente ha llegado a ser tan agobiante que parece que no existe nada fuera de él, no parece que reflexionar sobre el futuro sea nada recomendable. Pudiera ser que lo que se presenta como una idea del futuro estuviera tan sometido al peso de un presente ineludible que no ofreciera otra cosa que una prolongación de la situación actual. Una prolongación, eso sí, de la parte de la actualidad que más le interesa a cada uno. Ese poder del presente que anula cualquier futuro es el que convierte toda estrategia en simple táctica, es el que nos incapacita para pensar que los efectos de las decisiones que adoptamos hoy -económicas, sociales, legislativas- no se perciben de inmediato, sino dentro de algunos años, es el poder que nos permite creernos ingenieros que controlan los actos de hoy y sus consecuencias anulando así el futuro.

Pero el futuro va a existir, por mucho que escondamos la cabeza en la arena todopoderosa del presente; las tácticas de hoy van a producir estrategias perdurables cuya dirección puede llegar a sorprendernos sobremanera, y el futuro, a pesar de nuestra fe en la ingeniería social, sigue siendo impredecible: pertenece a su misma naturaleza, pues de otra manera no sería futuro sino prolongación del presente, repetición del presente.

Lo malo es que para que exista futuro es preciso pensarlo, aunque luego se produzca de manera distinta a la prevista. Cualquier previsión del futuro no deja de ser una hipótesis sujeta a la decepción. Pero pensar esas hipótesis de futuro es un ejercicio necesario para tomar distancia del ahogo del presente, poder criticarlo, establecer prioridades y coadyuvar así a su posible cambio.

Parece que en nuestro pequeño país, en Euskadi, todo el futuro queda resumido en dos palabras: pacificación y normalización. Será porque carecemos de ambas: no podemos vivir en paz porque no nos deja ETA. No somos normales porque en nuestro seno existe algo que se llama ETA, que ejerce violencia y terror, una anormalidad en la vida democrática. Y parece que todo el futuro tiene que surgir, de una forma bastante mágica, de alguna combinación sorprendente de esos dos elementos de los que carecemos, de la combinación de pacificicación y normalización. Nuestro futuro depende de acertar con la debida combinación de esos elementos, una combinación capaz de separarlos lo suficiente sin evitar su relación, y de relacionarlos lo suficiente sin que parezca que se establece una dependencia mutua.

Pero dejemos, por una vez, esos juegos tácticos a los que se creen maestros del juego de damas. Preguntémonos por el futuro de verdad. O mejor dicho, tratemos de articular algunas preguntas que sean capaces de abrir un horizonte de futuro que no quede ocultado bajo el enmascaramiento de los juegos de combinación entre pacificación y normalización.

ETA ha existido y ETA sigue existiendo, y seguirá existiendo mientras no acepte y confiese que ha sido derrotada. Pero aún entonces ETA habrá existido. Habrá existido una organización vasca que en nombre de los vascos ha usado la violencia y el terror, ha asesinado a casi mil personas, ha tenido atenazada por el miedo a una buena parte de la población, ha sido secundada y protegida por miles de ciudadanos vascos, y ha tenido una influencia innegable, directa o indirectamente, en el mundo del euskera, de la cultura vasca, de los medios de comunicación, en la Universidad, en el mundo editorial, en el mundo de la sociedad organizada, en el mundo asociativo.

ETA ha existido, y bajo la presión que supone la presencia permanente durante décadas de la violencia terrorista, ha tenido una influencia directa en el lenguaje social, cultural, pero sobre todo político, que se ha hecho común en nuestra sociedad. Bajo esa presión ilegítima hemos puesto en duda nuestro nombre institucional -Euskadi, Euskal Herria-, hemos deslegitimado nuestras propias decisiones democráticas y las instituciones nacidas de ellas, nos hemos acostumbrado a hablar de diálogo, de negociación; bajo esa presión ilegítima hemos discutido de soberanía, de autodeterminación, de derechos colectivos, de pueblo vasco, de la capacidad de decidir, de democracia, del Estado, de libertad.

Bajo esa presión ilegítima hemos llegado a ver nuestro futuro en términos de pacificación y normalización, sólo nos imaginamos nuestro futuro vinculado a la existencia de dos mesas, nos hemos hecho especialistas en barruntar los signos precursores de lo que se ha convertido en nuestra máxima esperanza, la tregua. Y bajo esa presión ilegítima hemos llegado incluso a elaborar discursos teóricos sobre lo que nada tiene que ver con la realidad conocida: el perdón, la reconciliación, una vida futura en hermandad.

Todo bajo la presión ilegítima de la violencia y el terror, todo bajo el escudo del conflicto que funciona como un 'deus ex machina'. ¿Creemos de verdad que podremos tener un futuro que no sea prolongación de este presente sin preguntarnos si todo eso no ha dejado ninguna huella en la sociedad vasca, en la mentalidad de los vascos, en nuestras conciencias, en nuestras actitudes y comportamientos?

¿Creemos de verdad que nuestra comprensión y nuestra vivencia de la democracia, del Estado de Derecho, de la libertad, del pluralismo salen incólumes de esta vorágine de 30 años en la que el peso del ilegítimo terror ha ocupado un lugar tan grande y tan preponderante en nuestras vidas? ¿Creemos que nuestra comprensión de las instituciones, de la educación, del significado de ser ciudadano, de los valores de la convivencia, del respeto a la pluralidad lingüística, a la pluralidad de los sentimientos de pertenencia, no ha sufrido para nada bajo la losa de la violencia de ETA y de los esfuerzos de legitimación de esa violencia durante tantos años?

¿Creemos de verdad que la hegemonía nacionalista que ha acompañado -y elijo esta palabra tratando de ser muy cuidadoso- a esa presión ilegítima durante tanto tiempo y que ha llevado a acuñar términos como españolista, autonomista, inmigrante, foráneo, antieuskaldun, antivasco, español, y utilizarlos para describir despectivamente a la mitad de la población no tiene consecuencias en la psicología social? Una hegemonía nacionalista que no sólo los ha descrito despectivamente, sino que les ha negado un sitio en lugares institucionales como los medios de comunicación públicos, en instituciones parapúblicas, en los contratos y subvenciones públicas, haciéndoles ver que por mucho que vivan aquí no pertenen del todo a la sociedad nacionalista que lo controla todo.

ETA ha existido y junto a ella y a su terror violento han existido formas de vida, de pensamiento, de comportamiento, de actuación, de hablar, de sentir, de simbolizar, de señalar, de celebrar, de acusar, de diferenciar, de integrar y excluir, de separar, de nombrar, que han ido adquiriendo carta de naturaleza, y han pasado a formar parte de la mentalidad de una buena parte de la población. Y para que haya futuro, un futuro que no sea prolongación del presente, un futuro que no sea consolidación y coagulación de un pasado ni visto ni asumido, y menos analizado, es preciso que nos hagamos muchas preguntas, que las articulemos, que abramos la ventana a hipótesis que posibiliten un futuro distinto.

Pero si en lugar de hacernos esas preguntas nos aferramos a lo que nuestra buena conciencia exige, si nos aferramos a la proclamación tan habitual de que la mayoría de los vascos siempre hemos estado en contra de la violencia y junto a las víctimas y con ellas, si nos instalamos en esa conciencia que parece que se va extendiendo en los últimos tiempos de que ETA ha sido una pequeña cosa, un cuerpo extraño a la sociedad vasca, algo así como un alienígena que no tiene nada que ver con nosotros, el futuro en lugar de ser un futuro en el que se haya hecho desaparecer a ETA -algunas argumentaciones se empeñan en presentar la situación actual como si fuera fruto de un proceso de conversión de ETA a la bondad y a la democracia- será un futuro en el que creeremos que ETA no ha existido, creeremos, como quieren muchos, que se puede hacer política como si no hubiera existido, como si no existieran asesinados, y entonces todo lo que ha acarreado la existencia del terror de ETA, y que he recogido en las líneas precedentes, será nuestra herencia: un futuro que no merecerá de ninguna forma su nombre, porque será la prolongación de lo peor del pasado.

Ética y nacionalismo
ESPERANZA GUISÁN La Voz 19 Marzo 2006

HAY ELEMENTOS en todo tipo de nacionalismo que lo hacen susceptible de la crítica ética. Luchar por los más allegados, por los convecinos, por los compatriotas, no parece suficiente desde que con los estoicos se declaró la hermandad universal de todos los seres humanos.

Cierto es que, desde una perspectiva rabiosamente liberal, uno sólo tendría deberes para con sus hijos, familiares y allegados. Los deberes que atañen al cuidado universal de toda criatura humana, y ya no digamos de toda criatura sintiente, serían deberes denominados superegoratorios, es decir, excesivos y no exigibles al común de los mortales.

Llama poderosamente la atención el discurso contemporáneo del día intentando igualar a los que rechazan los pequeños nacionalismos con el fascismo y la derecha. Tal simplificación de las cosas es indebida e injusta para los que luchan, por ejemplo, por una España en la que reine la igualdad entre sus ciudadanos. Por supuesto que el nacionalismo español es otro tipo de peligroso nacionalismo. Somos europeos, además de españoles, y, por encima de todo, somos miembros de la raza humana. Existen ya tantas divisiones naturales, tantas diferencias entre los humanos, que parece un ideal deseable y hermoso el de luchar por eliminarlas o hacerlas irrelevantes suprimiendo las fronteras que nos separan, buscando lenguas mayoritarias que nos comuniquen y nos acerquen.

Resulta alarmante el pretender distinguirnos por grupos singulares, olvidando todo lo común que nos acerca y hace de nuestra vida una ocasión gozosa de disfrutar la amistad entre todos los pueblos.

Por lo demás, las diferencias que han de ser potenciadas, desde mi posicionamiento ético, son las que atañen a nuestra irrenunciable individualidad. Tenemos que elegir nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, más allá de la moral del grupo. Exacerbar las diferencias culturales no es la mejor ayuda para lograr individuos moral e intelectualmente desarrollados, sino personas convencionales que hacen lo que se hace en su pequeño entorno. Desde mi perspectiva, cuanto más pequeño es el ámbito de referencia de un individuo, más fácil es que caiga en el gregarismo y busque vivir a la manera como se vive, perdiéndose en el se , como el pensamiento existencialista ha denunciado en su día.

Malas compañías
Editorial Heraldo de Aragón  19 Marzo 2006

MARAGALL ha estado especialmente infeliz al decir que, con la actual redacción del proyecto del Estatuto catalán, "somos una nación para nosotros, pero nacionalidad para los españoles". Duele oír de su boca esa separación tan nítida: "nosotros" y "los españoles". Una expresión desgraciada y, si fuese meditada, llena de desvergüenza. No tiene, por lo demás, otro motivo que el muy mezquino de su guerra personal con Artur Mas, el cual, con la ayuda de Rodríguez Zapatero, puede ser el verdugo político del actual presidente catalán, al que tacha a diario de "irresponsable".

Entre los socialistas catalanes la línea oficial está ya más cerca de la Moncloa que de Sant Jaume: el portavoz del PSC en el Parlamento catalán, Miquel Iceta, ha dicho que su grupo está "absolutamente de acuerdo" con el Estatuto pactado entre Zapatero y Mas. De forma significativa, el apoyo más claro a Maragall ha llegado de Carod-Rovira, que ayer afirmaba ufano que votará contra el Estatuto, y de su correligionario Bargalló, primer consejero de la Generalitat. El regocijo en las filas de CiU es visible: en un solo día han tachado a Maragall de caído en desgracia y de irresponsable "sin límites"; lo llaman "amortizado" en el PSOE, obligado al abrazo incondicional con Esquerra y de director de un "espectáculo histriónico" por el que ha pedido cínicas disculpas en el Congreso el propio Artur Mas.

Es, en efecto, y ya hace meses, un espectáculo histriónico el de la política catalana y Maragall tiene en él un papel relevante. Pero en el vodevil que creyó haber escrito y poder dirigir, se han colado guionistas inesperados y un sinfín de actores invitados que no figuraban en el reparto inicial. Es el coste de vivir en malas compañías.

Rosa Díez avisa de que «ningún cobarde nos ha echado de Euskadi y nadie lo hará del PSOE»
R. N.  La Razón 19 Marzo 2006

Bilbao- La eurodiputada socialista Rosa Díez, que ha sido sustituida por el PSOE como su representante en la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo, advirtió ayer de que «ningún cobarde nos ha echado de Euskadi y ninguna maniobra nos va a echar del PSOE». En la página electrónica de Basta Ya, Rosa Díez agradece las muestras de solidaridad y las palabras de ánimo que ha recibido, tras hacerse pública la noticia de su sustitución en la Comisión de la Eurocámara en la que se tratan los asuntos relacionados con el terrorismo.

«Nadie va a conseguir que nos callemos quienes desde dentro del Partido Socialista hemos decidido ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión. No nos hemos ido de Euskadi y no nos iremos de nuestro partido. Tenemos tanto derecho a estar en él como el que más y a defender con libertad nuestras posiciones», defiende Rosa Díez en su «blog» de la web de Basta Ya.

Díez dice que «hay que tener paciencia y relativizar las cosas para seguir adelante» y, tras resaltar que «ningún cobarde nos ha echado de Euskadi y ninguna maniobra nos va a echar del PSOE», pide «que no cunda el desánimo».

La sustitución le fue comunicada a Rosa Díez, según Basta Ya, por medio de una «escueta carta» remitida por Enrique Barón, presidente de la representación socialista en el Parlamento Europeo, en la que se le informa su pase a la Comisión Jurídica y que en la Comisión de Libertades ha sido relevada por el diputado asturiano Antonio Masip Hidalgo.

El PP achaca este relevo a un cambio del Gobierno en su política antiterrorista. Así lo advirtió ayer la secretaria de Política Social de los populares, Ana Pastor. A su juicio, el cese de Díez es una muestra más de que el Ejecutivo ha cambiado su política antiterrorista. A su juicio, Díez es una de las «muchas voces muy relevantes» que quieren hacer frente al terrorismo desde la lucha de todos los demócratas, como se hacía en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

La carrera de fondo de Rosa Díez desde su «puesto de castigo»
Cuando la eurodiputada ya se ha incorporado a sus nuevos cometidos, voces socialistas la acusan de «haber trabajado en la posición del PP». Para la dirigente popular Ana Pastor, lo sucedido demuestra que el Gobierno ha cambiado su política antiterrorista
BLANCA TORQUEMADA ABC 19 Marzo 2006

MADRID. Rosa Díez no ha languidecido ni flaqueado en estos últimos días y, pese a la estrategia de «acorralamiento» a la que está siendo sometida, ya ha mantenido, desde el pasado lunes y hasta el jueves, su nuevo trabajo de despacho y las pertinentes reuniones con los demás diputados socialistas de la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo, a la que ha pasado a pertenecer tras ser «defenestrada» de la de Libertades, competente en política antiterrorista. Corredora de fondo, asume el cometido que se le ha asignado, mientras continúa sin recibir ningún tipo de explicaciones.

Para quien se ha jugado la vida por no callar ni aceptar enjuagues con el nacionalismo no deja de ser un inconveniente de menor rango («relativicemos», dice) el verse relegada por la dirección del PSOE a ese rincón «invisible» del Parlamento europeo, en lugar del puesto que ocupaba en un núcleo de decisión incómodo para el «proceso de paz» de Zapatero. Por eso, en su «blog» de la web de «Basta ya» se expresa en la misma línea de sus declaraciones a ABC el viernes («ninguna maniobra nos va a echar del PSOE») e, inmediatamente, pasa página de su delicada situación política para ceñirse «a lo importante»: Otegi y la manifestación de Batasuna. Continúa decidida a perseverar en la defensa del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo sin desatender sus nuevas obligaciones: el martes, en Bruselas, participará en su primera Comisión de Asuntos Jurídicos.

Díez está pasando el fin de semana en su casa, donde, después del hostigamiento sufrido, se siente recompensada por las numerosas llamadas y mensajes de ánimo y adhesión que está recibiendo, incluidos los de algunos militantes de base del PSE que califican a Patxi López de «secretario general a la búlgara».

La «depuración» de la eurodiputada, como informó ayer ABC, tuvo lugar no en la semana que hoy termina, sino en la anterior. El martes 7 de marzo el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, celebró una reunión en Bruselas con los representantes socialistas españoles en el Parlamento Europeo en la que se decidió su relevo por Antonio Masip. Dos días después, Díez recibió una carta, firmada por el máximo responsable de los eurodiputados del PSOE, Enrique Barón, en la que se le comunicaba la medida, refrendada por Ferraz. Ayer, la portavoz adjunta de los socialistas en la Eurocámara, Elena Valenciano, hizo unas declaraciones a Efe en las que reveló a las claras el malestar que existía en la dirección de su partido con esta voz disidente: «Estaba trabajando de alguna manera en la posición más bien del Partido Popular que en la nuestra. Parece razonable que tengamos una persona de confianza en esa Comisión». La dirigente del PP Ana Pastor ofreció otra interpretación de lo sucedido: «Es una demostración más de que el Gobierno ha cambiado su política antiterrorista y de que ese cambio no lo comparten muchos socialistas».

El inmediato precedente (o al menos, el más significativo) de la situación en la que se encuentra esta «histórica» del PSE tuvo lugar en 2005, cuando sus propios compañeros «echaron atrás» su pretensión de instar al Tribunal Penal Internacional a que estudiara su competencia en materia de terrorismo. Díez insiste en que a la hora de elaborar esa propuesta actuó en estrecha colaboración con los ministerios de Justicia e Interior, hasta que en Bruselas se produjo el «cortocircuito», que coincidió con uno de sus enfrentamientos con Patxi López. Ahora se la aparta de la Comisión de Libertades sólo un mes después de publicar una carta abierta a Zapatero en la que recriminaba a los actuales dirigentes del Partido Socialista de Euskadi su actitud con las víctimas de ETA. Dos episodios demostrativos de la relación causa-efecto.

BLOQUEADOS DESDE LOS AÑOS 80
Cerca de dos millones de euros impagados a Batasuna-ETA se destinarán a ayudar a las víctimas del terrorismo
Los casi dos millones de euros que el Estado debía a Batasuna por subvenciones electorales bloqueadas desde los años 80 se destinarán a las víctimas del terrorismo. Según desvela El Mundo, así lo ordenó el Tribunal Supremo el pasado 6 de marzo. Aunque la formación de Otegi volviera a la legalidad, la resolución impide que exija ese dinero. Los beneficiarios no serán necesariamente las asociaciones de víctimas sino que esa cantidad servirá para sufragar los tratamientos que, individualmente, reciben los afectados por el terrorismo.
Libertad Digital 19 Marzo 2006

El diario de Pedro J. Ramírez detalla que la ejecución de la orden del Supremo llegará antes del 8 de abril próximo y que se pondrá así fin a casi 20 años de proceso judicial. "Los hechos a los que hace alusión esta comunicación del Supremo se remontan a los comicios generales del 22 de junio de 1986 y 29 de octubre de 1989. En ambas citas electorales, Batasuna obtuvo una representación en escaños por la que, en aplicación automática de la ley, tenía que haber recibido determinadas subvenciones electorales.

Lo mismo ocurrió en las elecciones del 6 de junio de 1993. Sin embargo, primero el Gobierno socialista y, más tarde, la Administración del Partido Popular, se negaron a satisfacer esas previsiones alegando diversos motivos. Tanto PSOE como PP fueron sancionados por ello", explica la información que firma Ángeles Escrivá.

Lo que hizo la Administración fue "utilizar cualquier recurso imaginable" para que, cuando los tribunales dictaminasen en firme, Batasuna ya no existiera jurídicamente y, por lo tanto, no pudiera percibir esas subvenciones bloqueadas ni tampoco los intereses por demora. (En los comicios de 1986, 1989 y 1993 Batasuna obtuvo una representación en escaños por la que, en aplicación automática de la ley, tenía que haber recibido determinadas subvenciones electorales).

El ministro de Justicia decidió el pasado mes de febrero que la Abogacía del Estado pusiera a disposición de la Sala 61 del Supremo ese dinero. La respuesta del tribunal llegó el 6 de marzo, según desvela El Mundo: el Alto Tribunal ordenó que en el plazo máximo de un mes (antes del 8 de abril) ese cantidad de dinero, que asciende a 1.946.625,52 euros, "pase del Ministerio del Interior a manos de dos inspectores de Hacienda".

Será el Tesoro Público, concluye el diario, el que gestione ese dinero para destinarlo en su mayoría a las víctimas del terrorismo y, en concreto, a pagar los tratamientos que tiene que recibir.

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