AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 23 Marzo  2006
La rendición del Estado
Santiago ABASCAL La Razón 23 Marzo 2006

Reflexiones ante una encrucijada
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 23 Marzo 2006

Nación, mentiras y sentimiento
Jesús Laínz elsemanaldigital 23 Marzo 2006

Consejos vendo...
Por JON JUARISTI ABC 23 Marzo 2006

El conflicto inacabable
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 23 Marzo 2006

Alto el fuego, Zapatero y negociación
Pablo Sebastián Estrella Digital 23 Marzo 2006

ETA, más fuerte que nunca
Pío Moa Libertad Digital 23 Marzo 2006

Una tregua para cerrar el frente anti PP
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2006

ESPAÑA EN LA ENCRUCIJADA
Editorial minutodigital 23 Marzo 2006

Sin precio político
Editorial ABC 23 Marzo 2006

El Estado de Derecho se declara en tregua
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Marzo 2006

La España que agoniza
I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Marzo 2006

Los límites del precio político
LUIS IGNACIO PARADA ABC 23 Marzo 2006

El Caballo de Troya
Manuel Canduela minutodigital 23 Marzo 2006

“Gracias ETA por dejarnos vivir”
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 23 Marzo 2006

Manual para el mapa del tesoro de ETA
Jorge Moragas Periodista Digital 23 Marzo 2006

No una sino dos treguas en España: la de ETA y la del gobierno
Francisco Rubiales Periodista Digital 23 Marzo 2006

La sombra de Perpignan
Fernando Gallego Periodista Digital 23 Marzo 2006

La hora de los jueces
José Javaloyes Estrella Digital 23 Marzo 2006

Este no es el principio del fin
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Marzo 2006

Oscuridad al mediodía
Cristina Losada Libertad Digital 23 Marzo 2006

El fin del principio
GEES Libertad Digital 23 Marzo 2006

Ante el anuncio de un alto el fuego permanente de ETA
Editorial La Opinión 23 Marzo 2006

ETA NO ANUNCIA SU DISOLUCIÓN
ROGELIO ALONSO ABC 23 Marzo 2006

ETA y el terror multinacional
Ánxel Vence La Opinión 23 Marzo 2006

Obligados a la sospecha
VALENTÍ PUIG ABC 23 Marzo 2006

LA BANDA NO ENTREGA LAS ARMAS
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 23 Marzo 2006

ANTE ETA: ENTRE EL DERECHO Y LA JUSTICIA
MIKEL BUESA ABC 23 Marzo 2006

Por qué el "alto el fuego" de ETA no es una buena noticia
José Javier Esparza elsemanaldigital 23 Marzo 2006

Alto el fuego permanente, contradictio in terminis
Antonio Sanchez-Gijón Libertad Digital 23 Marzo 2006

DOS MONSTRUOS EN 24 HORAS: El "Estatut" y el Rataplán Etarreche II
Juan Pablo Mañueco Periodista Digital 23 Marzo 2006

Una tregua con incógnitas
Santiago González
Basta Ya 23 Marzo 2006

La banda anuncia el «alto el fuego» horas después de declararse «nación» a Cataluña
J. PAGOLA M. ERICE ABC  23 Marzo 2006

En el infierno etarra
D. MARTÍNEZ ABC 23 Marzo 2006

Zapatero aguardará un tiempo antes de acudir al Congreso a solicitar el apoyo para negociar
E. L. Palomera ABC 23 Marzo 2006

El oficio de abogado y el Estatuto de Cataluña
24/7  Periodista Digital 23 Marzo 2006

La rendición del Estado
Santiago ABASCAL Presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española La Razón 23 Marzo 2006

No es casualidad. La coincidencia, casi exacta, de fechas entre la traición de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados con la aprobación del Estatuto de Cataluña y la «tregua» etarra es la demostración de una evidencia cada vez más pública; la de que el PSOE ha rendido al Estado frente al proyecto político de los terroristas, el proyecto de destrucción de España.

Tras aprobarse la denominación de «nación» para Cataluña en el parlamento nacional, tan sólo unas horas han hecho falta, quizás unos minutos, para que los criminales de ETA decidieran redactar y emitir un comunicado concediendo el respiro anhelado a un Gobierno que ya había cedido mucho y que, con su último gesto, -el de la rendición de las instituciones del Estado-, ha terminado por dar a la organización mafiosa las garantías que necesitaba. Garantías de la capacidad de felonía de este Gobierno usurpador que ha arrebatado al pueblo español la soberanía nacional.

El guión de Perpignan.
Todos los actores han seguido el guión de Perpignan a pies juntillas, a rajatabla. Aquel sujeto que se entrevistó, impunemente, con la banda terrorista, y que se trajo una tregua exclusiva para catalanes bajo el brazo, ha respetado milimétricamente su trato con los terroristas: «Si tú dices que Cataluña no es España, nosotros dejamos de atentar, pero tú demuestra que efectivamente Cataluña es soberana».

Con tal encargo, comenzó la ofensiva para la disolución de España dirigida desde las elites nacionalistas catalanas. El desafío no sólo ha comenzado, sino que ya ha dado sus frutos. El Gobierno de la Nación -debilitado, chantajeado, sin convicciones- , en un acto de latrocinio, nos ha robado la soberanía y se la ha entregado a minorías separatistas y terroristas. Los asesinos ya se lo han agradecido. En lenguaje militar, han dado un balón de oxígeno a un Gobierno que tiene toda la pinta de rendirse premiando el fin -temporal (vaya paradoja)- de la amenaza al otorgar a los delincuentes la consecución del proyecto político por el que nos han perseguido y asesinado durante las últimas cuatro décadas.

Sostener a Zapatero.
Con esta «tregua», ETA trata de premiar y sostener un Zapatero cada vez más debilitado y desgastado, para consagrar la debilidad y el miedo al frente del Gobierno. Esa es la única lectura posible del comunicado etarra. Con el regalo de la Comisión Constitucional al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y al líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Carod-Rovira -aunque el último proteste con aparente amargura- ETA ya ha dado por abonado el concepto de Nación y su pretensión de autodeterminación para el País Vasco.

Otegi tenía razón.
Porque la banda terrorista ETA y el conjunto de minorías chantajistas saben que lo otorgado a Cataluña, tal y como indica nuestra historia reciente, será concedido al País Vasco, pero en este caso en forma corregida y aumentada. Llevaba razón el enfermo Arnaldo Otegi. Van ganando la batalla. Y los pocos socialistas que parecían sensatos ya han comenzado a desertar en La Coruña, Extremadura, y en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. Ahora que el barco español se hunde, los más bravucones son los primeros en saltar por la borda.

No podemos engañarnos. El Estado ya se ha rendido. Lo han rendido sus gestores. Está por ver si la Nación, el pueblo español, la sociedad civil se suicida junto a un gobierno felón, o se resiste a ser liquidada y se sacude su yugo.

Tregua de ETA
Reflexiones ante una encrucijada
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 23 Marzo 2006

1. La perversión de los principios democráticos

Por fin, ETA ha decidido hoy, 22 de marzo de 2006, declarar un "alto el fuego permanente". Los lectores de Libertad Digital ya conocen el comunicado de ETA por lo que sólo haré una breve referencia a su contenido. Anticipo que deja muy poco margen para la esperanza. La banda terrorista pretende poner en marcha un proceso de paz para conseguir un nuevo marco jurídico para Euskal Herria, negociado bajo su tutela. Los estados francés y español habrán de aceptar el nuevo marco. Hay una referencia, ambigua ciertamente, a la autodeterminación, si bien la última palabra sobre la solución acordada la tendrían los ciudadanos de Euskal Herria.

Para llegar hasta aquí el Gobierno ha protagonizado una peligrosa política de gestos para convencer a ETA de su aceptación de la propuesta de Anoeta, como método para resolver "el conflicto vasco". Una política que incluía el reconocimiento de Cataluña como nación, preludio de similar reconocimiento para Euskal Herria y la aceptación por los socialistas vascos de sentarse en la mesa de partidos prevista en la propuesta de Anoeta para negociar un nuevo estatus político para Euzkadi.

¿Considera el presidente Rodríguez Zapatero que la tregua de ETA supone su disposición a renunciar a la violencia y que, por tanto, se dan las condiciones para el final dialogado del que habla el pacto de Ajuria Enea y la resolución del Congreso de mayo de 2005? ¿Está dispuesto a iniciar tanto el proceso de "pacificación" (ETA-Gobierno) como del de "normalización" (Mesa de Partidos)?

Ahora bien, ¿cuál es la razón por la que ha de negociarse este nuevo estatus político para Euskal Herria? En mi opinión, se trata de dar satisfacción a las demandas de los terroristas. Hasta que los socialistas entraron por la senda de la negociación política exigida por ETA en la propuesta de Anoeta, el sector constitucionalista reivindicaba sin fisura alguna la vigencia de la Constitución y del Estatuto de Guernica. La primera, por contener las reglas del juego de la nación española. El segundo, por ser el punto de encuentro de la inmensa mayoría de los vascos. La claudicación del PSE y la renuncia a sus posiciones originarias es, sin duda, una cesión o pago político a los terroristas para tratar de conseguir el cese de la violencia. El pago del segundo precio político a satisfacer a ETA se producirá cuando, tras la declaración de alto el fuego, se proceda a la constitución de la Mesa de Partidos.

El Congreso de los Diputados, en su resolución de junio de 2005, desconocida pues no suele ser citada, ratificó el Pacto de Pamplona donde se dice con rotunda claridad que nunca aceptará el chantaje de la violencia pues la paz no tiene precio político. Pues sí, desde que los socialistas vascos se sumaron a la propuesta de Anoeta para permitir el inicio del proceso de cambio político en el País Vasco, la violencia tiene precio político. ¿No es todo esto una perversión de los principios democráticos?

En otro orden de cosas, los acontecimientos vividos desde que el presidente del Gobierno decidió impulsar el proceso de paz a la irlandesa, han llevado el desánimo a buena parte del sector constitucionalista. La posibilidad de que, al igual que lo ha hecho con Cataluña, el Gobierno acabe por reconocer la existencia de una nación vasca produce un profundo desasosiego. Sería escandaloso que el Gobierno de la nación española abandone a su suerte a los constitucionalistas para dar satisfacción a quienes odian a España y pretenden a corto, medio o largo plazo la separación del País Vasco.

2. ¿Y ahora, qué?

De entrada convendría calmar la euforia producida por la propaganda gubernamental, a pesar de las llamadas a la calma, a la serenidad y a la prudencia del presidente Rodríguez Zapatero.

Comprendo que ejercer el papel de aguafiestas es muy arriesgado. Ocurrió cuando se produjo la tregua en 1998. La misma noche del anuncio de la tregua, en medio del optimismo general, recuerdo haber hecho a través de la cadena COPE una declaración muy crítica del contenido de la declaración de ETA, aventurando que era prematuro echar las campanas al vuelo puesto que la tregua era consecuencia del acuerdo alcanzado por todos los partidos nacionalistas para poner en marcha un proceso de construcción nacional vasca en clave soberanista y ello no tenía ningún encaje constitucional. El ministro del Interior, Jaime Mayor, hablaría al día siguiente de "tregua-trampa". Pero desde Bogotá el presidente Aznar se dejó arrastrar por la marea, valoró el paso dado por el "Movimiento Vasco de Liberación Nacional" y anunció su disposición a explorar las posibilidades de alcanzar la paz. Todo, en principio, muy razonable y esperanzador. Luego se confirmó que, en efecto, se trataba de una tregua-trampa y que no había la menor disposición a entregar las armas si no se daba satisfacción a sus exigencias políticas.

Por otra parte, no debe olvidarse que la "resistencia" contra el terror malvive en el País Vasco (y también en Navarra) y sólo sobrevive a costa de un gran sacrificio personal. La perspectiva de no necesitar escolta y volver a recuperar la libertad personal hace que sea muy difícil la tentación dar la espalda a esta nueva oportunidad de paz.

De todas formas, para diseñar la estrategia a seguir ante el anuncio del cese de la violencia resulta imprescindible conocer las intenciones reales de ETA y los compromisos previos asumidos por el presidente del Gobierno.

Ahora bien, el presidente Zapatero no lo tiene nada fácil. Podría intentar el trueque de "paz por presos", e incluso tal vez sea inevitable algún paso en esta decisión (recuérdense las apelaciones de todos a la "generosidad" de la democracia española en caso de rendición total), pero no es previsible que ETA renuncie a sus objetivos políticos. De la lectura del comunicado de ETA se deduce que el cese de la violencia estará condicionado al buen fin de las conversaciones políticas. El cacareado foro de partidos negociaría así con las pistolas humeantes debajo de la mesa. ETA tutelaría el proceso de normalización que habría de discurrir en paralelo con el proceso de paz, a negociar entre la banda terrorista y los Estados español y francés.

De lo expuesto hasta aquí se desprende que el margen de maniobra del Gobierno para llegar a un acuerdo político con ETA es extremadamente reducido. Por muchos retruécanos que se utilicen para enmascarar los conceptos –como por ejemplo, "derecho a decidir" en lugar de "autodeterminación"–, la Constitución no permite a ninguna parte del territorio español separarse de España ni tampoco consiente la fragmentación de la soberanía nacional. Los derechos históricos amparados por la disposición adicional, a pesar de los dictámenes del que fuera ponente de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, tan sólo garantizan el derecho a poseer un régimen foral a los territorios de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, pero en modo alguno pueden invocarse para configurar ni un régimen de libre asociación ni un nuevo marco de soberanía compartida. Lo mismo ocurre en el caso de Navarra. Si en 2007 no se produce la derrota de UPN, la pretensión de trasladar a la Comunidad Foral el proceso de normalización mediante la creación de una Mesa de Partidos o participación en la constituida en Euzkadi sería imposible.

Tengo la impresión de que a pesar de la oposición del Partido Popular se procederá a la creación de la Mesa de Partidos. A los "populares" se les planteará entonces el dilema de participar o no en los trabajos de la Mesa. Hay quien reclamará una participación activa del PP. Se reproduciría, con toda probabilidad, lo ocurrido en Cataluña, aunque bien es verdad que la reforma del Estatuto se planteó en el Parlamento, de acuerdo con los procedimientos reglamentarios, por lo que el PP de Cataluña no tenía otra opción que participar en los trabajos de la ponencia y en los demás trámites parlamentarios. En mi opinión, debemos de sostener que una cosa es el debate en el seno de las instituciones y otra participar en una Mesa constituida para dar satisfacción a las exigencias terroristas. La pretendida Mesa de Partidos es una usurpación de la soberanía popular. La sociedad vasca ya tiene en su Parlamento la institución representativa del pueblo vasco y no puede, en consecuencia, convertirlo en mera cámara de resonancia de lo que se acuerde en el foro multipartidista.

3. El difícil diseño de la estrategia a seguir

Es difícil diseñar en estos momentos cuál debe ser la estrategia del Partido Popular pues no sabemos cómo se desarrollarán los acontecimientos. La mejor estrategia será, sin lugar a dudas, reafirmar la defensa de los principios y convicciones del Partido, lejos de cualquier interés electoralista. No se puede contribuir a nada que suponga la demolición del edificio constitucional. No se puede abandonar a su suerte a cuantos en el País Vasco se sienten vascos y españoles. No se puede humillar a las víctimas. No se puede negociar ni directa ni indirectamente con los terroristas. No se puede alterar el actual estatus de Navarra al margen de la voluntad del pueblo navarro. La Mesa de Partidos es una forma de negociar políticamente con ETA a través de sus representantes.

El Partido Popular ha expresado su apoyo al Gobierno para ayudarle a no pagar ningún precio político, todo ello en el marco del pacto contra el terrorismo. Si se trata de obtener, como declaró el ministro de Defensa, que los terroristas salgan de su madriguera con los brazos en alto, no hay nada que objetar. Pero nada más. El País Vasco no es el Ulster. Aquí no hay dos bandos enfrentados en una larga y cruenta guerra civil. Por eso procede denunciar la claudicación del PSOE al aceptar la propuesta de Anoeta. El Partido Socialista parecía en los últimos tiempos haber renunciado a lograr la derrota de ETA. Zapatero no quiere vencedores ni vencidos y trata de acabar con ETA pactando con ella. Conscientes del enfado que ello provocaba en buena parte de la opinión pública, los dirigentes socialistas se apresuran ahora a declarar que "jamás cederemos a las exigencias políticas de la banda terrorista". Pero ya lo han hecho. La renuncia a vencer a ETA supone una gran victoria para el terrorismo. La declaración de estar dispuestos a iniciar un "proceso de paz" para pactar con ETA la entrega de las armas a cambio de la excarcelación de los presos es otra gran victoria política para la banda etarra. Como lo es también el compromiso de constituir una Mesa de Partidos para negociar, con los representantes políticos de la banda, un nuevo marco político para Euskadi. Si para conseguir que ETA abandone sus actividades criminales y libere al País Vasco de la opresión a la que lo ha sometido desde hace casi cuarenta años hay que cambiar el actual estatus político vigente, refrendado en 1980 –no se olvide- por el pueblo vasco, el terrorismo habrá triunfado sobre el Estado de Derecho.

Por otra parte, ¿en qué va a consistir ese nuevo marco? ¿En reconocer a Euzkadi o Euskal Herria como nación? ¿En permitir la creación, en la práctica, de un Estado vasco sin más vínculos con el Estado español que la pertenencia a través de él en la Unión Europea, ni más competencias que la defensa, la fijación del nivel mínimo de las prestaciones sociales obligatorias o la determinación de la hora oficial y de las pesas y medidas? ¿En reconocer que el nuevo Estatuto es fruto del reconocimiento del derecho a decidir (autodeterminación) de los vascos? En el terreno competencial hay muy poco margen para nuevas competencias, habida cuenta del contenido real del autogobierno vasco, si se quiere que el Estado español pueda desarrollar políticas comunes en toda España para garantizar el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales, la cohesión nacional, la representación de todos en el exterior y la igualdad básica de los ciudadanos españoles. En términos nacionalistas, ese eufemismo de "profundizar en el autogobierno" es equivalente a la amortización de la nación española.

Además, ¿podría asegurar Zapatero que el nuevo marco pactado es el definitivo? ¿Y qué pasará con Navarra, el problema y la solución según los abertzales? Para los nacionalistas "moderados" los pactos alcanzados tal vez pudieran servirles durante una temporada. Siempre podrían decir que es un nuevo e importantísimo paso hacia el objetivo final. Pero la izquierda abertzale, al minuto siguiente, diría que es su meta final es la independencia y anunciaría su voluntad de seguir "trabajando" para ello. El problema seguiría pues enquistado. No nos engañemos. Un País Vasco cuasi independiente en virtud de su nuevo estatus político es la antesala de la independencia total. Tal vez algún día los grandes países europeos lleguen a la conclusión de que es mejor para sus intereses una España dividida en minúsculas repúblicas sin ningún peso a la hora de tomar decisiones en la Unión Europea, y no se opongan a la secesión.

Fortalecido con nuevos poderes el actual régimen nacionalista hará aún más insoportable la vida a cuantos consideran que su patria y su nación es España. Además no hay ninguna garantía de que los "halcones" de ETA no vuelvan a la "lucha armada" alegando que los convenidos en la Mesa de Partidos han traicionado los ideales independentistas.

El Partido Popular debe hacer cuanto esté en su mano para impedir que se consume ninguna traición o deslealtad a los valores democráticos y a la Constitución.

Hay que exigir con la mayor energía posible al presidente del Gobierno que rectifique. Hay que convencer al presidente del Gobierno de que no puede poner en marcha la propuesta de Anoeta aunque ello suponga desautorizar el apoyo del PSE a la constitución de una Mesa de Partidos para negociar lo que llaman "proceso de normalización". Hay que concordar la política penitenciaria a seguir así como los límites y condiciones de los procesos de reinserción para sinceramente terroristas arrepentidos y dispuestos a reparar el dolor de sus víctimas. Hay que expresar una rotunda oposición a cualquier intento de involucrar a Navarra en el mal llamado proceso de normalización. Hay que exigir el cese de la opacidad con que el Gobierno se ha producido hasta ahora.

Todo se resume en proclamar que ni de forma directa ni indirecta se va a negociar ningún nuevo marco político con los terroristas. Con Batasuna o con quien ostente la representación política de ETA no hay nada que negociar. Habrá que recordar al presidente Rodríguez Zapatero que así lo refrendó el Congreso de los Diputados en su resolución del día 21 de junio de 2005.

Jaime Ignacio del Burgo es diputado por Navarra. Representa a UPN en el Comité Nacional del PP

Nación, mentiras y sentimiento
Jesús Laínz elsemanaldigital 23 Marzo 2006

"Hay catalanes que se sienten nación", dicen que dirá el nuevo Estatuto. Así lo han establecido nuestros románticos gobernantes al elevar el sentimiento a la categoría de legitimación política.

Efectivamente los hay: son todos esos ciudadanos que se han creído que son parte de una nación catalana, del mismo modo que también hay muchos que se creen parte de una nación vasca o gallega.

Pero los catalanes que hoy se sienten nación, ¿experimentarían igual sentimiento si no se hubiera llevado a cabo el masivo lavado de cerebro realizado por el nacionalismo moderado durante las legislaturas pujolistas? Las descomunales mentiras con las que se ha regado a la sociedad catalana durante décadas desde la televisión, la radio, la prensa, las aulas, los libros de texto, etcétera, ¿no han tenido nada que ver con ese sentimiento?

Háblese con cualquier catalán de ésos que se sienten de nación catalana y pregúntesele sobre los motivos que le llevan a tal emoción. Las respuestas serán siempre las mismas, clónicas, pues la eficacísima y nunca contrarrestada propaganda nacionalista ha logrado programar las conciencias con orwelliana uniformidad. La respuesta será más o menos así: Cataluña es una nación porque ya lo fue desde los tiempos de la Marca Hispánica, cuando éramos independientes de España hasta el compromiso de Caspe; y además ya se hablaba aquí otra lengua que fue prohibida por los Reyes Católicos; pero la independencia catalana subsistió hasta que fuimos anexionados por Castilla en 1714; en ese momento empezó la esclavitud de nuestra nación hasta que a finales del siglo XIX comenzó a resucitar, lo que cristalizó en el Estat Catalá que proclamó Maciá pero que fue aniquilado por la agresión fascista española de 1939, que invadió Cataluña, robó los documentos de nuestro gobierno, prohibió hablar catalán, persiguió nuestras señas de identidad y trajo cientos de miles de inmigrantes españoles para diluir nuestro sentimiento nacional; hasta que finalmente hemos comenzado a recuperar nuestra independencia gracias a los sucesivos estatutos de autonomía.

Ésta sería, más o menos, la respuesta culta. Plagada de barbaridades, cierto, pero no hay nada que impida que la mentira pueda tener cierta elaboración. Después está la respuesta de conversación tabernaria, no por menos historicista menos eficaz: en ella se incluirían los tópicos sobre la laboriosidad y modernidad de los catalanes frente a la vagancia y el atraso español y mil vaguedades más que incluirían, evidentemente, al Real Madrid como instrumento del franquismo.

Pero pregúntese a los catalanes que se sienten nación una explicación, por superficial que sea, sobre quiénes fueron y qué hicieron Clarís, Casanova, Ramón Berenguer IV o Jaime I; o sobre qué sucedió en 1714, en 1640 o en 1412. Prácticamente nadie será capaz de dar una respuesta. Por ejemplo, la Fundación Acta encargó en 1991 un estudio para determinar el nivel de conocimiento de la ciudadanía catalana sobre la historia de Cataluña. Los resultados fueron los siguientes: el hecho histórico más conocido era el 11 de septiembre de 1714, pues no en vano se conmemora cada año en la Diada. Pero, a pesar de las nutridas manifestaciones, sólo el 14,8% de la población declaraba conocer el hecho. La guerra de los segadores, ese acontecimiento en el que se inspira nada menos que el himno oficial de la Comunidad Autónoma que los niños cantan en las escuelas, era conocida por el 2,9% de los catalanes. Por lo que se refiere a los personajes históricos, el más conocido era Companys, recordado por un 34% de los encuestados. En cuanto a Casanova, el homenajeado con solemnidad cada 11 de septiembre, le conocía un 5,2%. Y Clarís, el de los segadors, ni aparecía en los resultados de la encuesta: el conocimiento sobre su persona se acercaba al 0%.

En resumen: el núcleo del pensamiento nacionalista catalán, adoptado también por la izquierda nominalmente no nacionalista, ha penetrado en gran parte de la sociedad catalana con el efecto de causar el rechazo a España y la adscripción sentimental a una nación distinta; pero cuando se pregunta por los motivos de ese sentir, no se sabe dar una respuesta.

La máquina productora de alucinaciones nacionales trabaja sin descanso desde hace muchos años. El resultado es que varias generaciones de catalanes, víctimas de un engaño masivo, han absorbido la farsa como algo natural, con absoluta buena fe. Han sido convencidos de que las opciones nacionalistas son las defensoras de sus derechos y su identidad, cuando son las más insistentes adulteradoras y, por lo tanto, enemigas de la realidad catalana. El fruto de esta manipulación, de esta siembra de mentiras y odio, no podría ser otro que el rechazo a España, visceral y a prueba de razonamiento, por parte de miles de personas. En esto ha consistido lo que los nacionalistas llaman sin disimulo construcción nacional.

La pregunta que debieran contestar nuestros sentimentales es simple: sin esta campaña de construcción nacional –es decir, de destrucción nacional española– desatada desde hace tres décadas e inoculada a cientos de miles de ciudadanos desde el parvulario, ¿hoy tantos catalanes se sentirían nación?

Consejos vendo...
Por JON JUARISTI ABC 23 Marzo 2006

... Es muy difícil que los aliados nacionalistas del Gobierno se plieguen a un criterio unitario en el tratamiento de la previsible escalada de exigencias que, a partir de ahora, le planteará un frente «abertzale» que, tras el comunicado de ETA, ha hecho del plan Ibarretxe su programa común...

ES inevitable comenzar cualquier valoración del comunicado de ETA señalando la inmediatez del mismo respecto a la aprobación de la propuesta de reforma del Estatut por la Comisión Constitucional del Congreso. Dentro de poco tiempo percibiremos ambos acontecimientos como simultáneos, pero ahora somos capaces todavía de apreciar la secuencia: aprobación del Estatut, primero; después, anuncio del «alto el fuego». No faltará quien se niegue todavía a aceptar que exista entre ambos una relación causal. En su derecho está, pero tal posición es ahora más débil que nunca. ETA ha desautorizado a los que sostenían hasta ayer la paradójica independencia de los procesos soberanistas emprendidos por los nacionalismos catalán y vasco en colaboración con la izquierda. En teoría, el post hoc, propter hoc podría ser engañoso. Nadie cree ya que lo sea. En noviembre de 1999, el anuncio etarra de la ruptura de la tregua desveló la trama oculta del Acuerdo de Estella. El comunicado de ayer otorga un sentido único a los procesos de reforma estatutaria emprendidos en esta legislatura y los hace aparecer como interdependientes. En otras palabras, ETA confirma en su comunicado que, pese a todos los desmentidos del Gobierno, estamos en un proceso constituyente.

La vicepresidenta saludó -lo siento, éste es el término exacto- el anuncio del «alto el fuego», definiéndolo como una «buena noticia», y tras este alarde personal e institucional de imprudencia, recomendó prudencia a todo el mundo, fuese y no hubo nada. No creo conveniente frivolizar más de la cuenta, especulando, por ejemplo, sobre el efecto suasorio que haya podido tener en Fernández de la Vega el hecho de que ETA encomendase la lectura del comunicado a una terrorista de cuota, pero es innegable que el actual Gobierno se preocupa menos de los contenidos que de las formas. El contenido del comunicado, dicho sea de paso, es preocupante. Mucho más que el del anuncio de la tregua de 1998. Como discurso, no se distingue apenas del de Ibarretxe, pero su emisor es ETA, no el PNV. También el discurso de la banda coincidió temporalmente con el del PNV en septiembre de aquel año. Catorce meses después endosaría al PNV la responsabilidad de la ruptura de la tregua. Quizá Fernández de la Vega habría debido pensárselo dos veces antes de calificar la noticia de buena, sobre todo después de que el Gobierno insistiera tanto en que la única noticia aceptable de ETA sería su disolución. Pero resulta comprensible. Tras la última campaña de extorsiones y atentados, este Gobierno necesitaba dar por bueno cualquier gesto de apaciguamiento, toda vez que ETA -léase de nuevo el comunicado- ni se plantea la rendición. El buenismo socialista no puede justificarse ya por las intenciones. Precisa resultados, y aunque éstos no sean los que esperaba y prometía, debe aprobarlos, como ha hecho en la Comisión Constitucional con el Estatut. Parece seguir en ello una lógica que recuerda mucho a la del tosco hegelianismo del joven Unamuno: «Las cosas son como son y no pueden ser más que como son, sin que haya más que una manera de conseguir todo lo que se quiera, y es querer todo lo que suceda» (Paz en la guerra).

La lógica de ETA es otra. No necesita resultados. Como siempre, el comunicado plantea demandas imposibles de satisfacer en el marco político actual. Esta vez, ni siquiera se ha esforzado en formularlas de un modo original. Se ha limitado a recoger las exigencias de Ibarretxe que fueron taxativamente rechazadas en el Congreso. Como en 1998, ETA ofrece una trampa con final anunciado. Romperá el «alto el fuego» cuando le convenga, por supuesto, en función de unas expectativas que sólo la banda conoce y que tienen que ver con su logística, no con sus reclamaciones manifiestas. La estrategia de ETA permanece inmutable. Es hoy la misma que en 1998, pero han cambiado las circunstancias y los actores. No cabe, por tanto, eludir el análisis remitiéndose a la tregua anterior, pero ésta es referencia obligada. Sabemos que supuso un respiro para la organización terrorista, infiltrada y golpeada por la Policía. Que le permitió reestructurarse, reactivar el terrorismo socializado de la kale borroka e irrumpir finalmente, en vísperas de las elecciones legislativas de marzo de 2000, con una nueva campaña de atentados que mantuvo un crescendo durante el primer año de la segunda legislatura de Aznar, para ir debilitándose después. ETA no puede ya actuar de otra manera. Esta variante espasmódica del terrorismo implica un cambio de táctica: las treguas o, simplemente, los períodos de inactividad responden a la necesidad de concentrar fuerzas para volcarlas en fases intensivas y breves de atentados. Es un terrorismo de gasto rápido (al estilo, por cierto, del terrorismo islamista).

Pero lo que tenía ETA enfrente era un bloque democrático compacto del que la operación frentista de Estella sólo consiguió desgajar a los partidos y sindicatos abertzales y a la Izquierda Unida de Madrazo. Hoy, ese bloque no existe, dada la ruptura tácita del consenso constitucional, que ha abierto una brecha entre los dos partidos mayoritarios. La disolución oficiosa del Pacto Antiterrorista, corolario inevitable de la política gubernamental de aislamiento del PP, favorece a ETA no tanto en el aspecto represivo (no parece probable que el Gobierno relaje la presión policial sobre la banda o Batasuna, al menos de momento) como en el político. Es muy difícil que los aliados nacionalistas del Gobierno se plieguen a un criterio unitario en el tratamiento de la previsible escalada de exigencias que, a partir de ahora, le planteará un frente abertzale que, tras el comunicado de ETA, ha hecho del plan Ibarretxe su programa común. Un frente que abarca el arco parlamentario nacionalista de Vitoria, desde el PNV al PCTV, con el refuerzo exterior de Batasuna y, claro está, de ETA.

Por otra parte, el Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene escaso margen de maniobra después de su pintoresca gestión del proceso soberanista o semisoberanista de la mayoría parlamentaria catalana. De hecho, sólo le ha sido posible moverse desde el maximalismo de ERC al gradualismo de CiU. Ir más allá, salirse del esquema nacionalista, le estaba vedado por el compromiso que adquirió el presidente de apoyar la decisión mayoritaria del Parlamento de Cataluña. Los nacionalistas vascos no le van a exigir menos. Pero ahora harán depender de la respuesta de Rodríguez Zapatero la «posible» desaparición de ETA, a la que el presidente ha concedido gratuitamente credibilidad con sus reiteradas declaraciones acerca de ciertas claves y seguridades ocultas cuyo conocimiento se ha negado a compartir con la oposición. Si tal conocimiento se hubiese limitado a la certeza de la inminencia del «alto el fuego», sería bien poca cosa. Ahora Ibarretxe está en una posición ventajosa para reclamar del Gobierno la aceptación de las condiciones que fueron rechazadas en su día por el Congreso de los Diputados, con la seguridad de que el rechazo de las mismas -que son idénticas a las que ETA plantea- haría caer del lado del Gobierno la responsabilidad de una reanudación de la actividad terrorista de la banda. Lo que, sin duda, sería políticamente injusto pero, con el precedente de la inculpación política de Aznar a raíz de los atentados del 11-M, tendría lo suyo de justicia poética. Rodríguez Zapatero debería reunirse cuanto antes con Rajoy para contarle lo que sabe. Por prudencia, como aconseja su vicepresidenta.

El conflicto inacabable
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 23 Marzo 2006

Supongo que nadie pensará que es casualidad que, al día siguiente de la aprobación del nuevo Estatuto catalán por la Comisión constitucional del Congreso, ETA haya anunciado una tregua. Todos los improperios dirigidos a quienes denunciaron la relación entre las concesiones del Gobierno a los nacionalistas catalanes y la negociación con ETA se vuelven contra los que los profirieron: hay una línea clarísima que une el pacto de Perpiñán con la política de un Gobierno sustentado en el apoyo de los nacionalistas y en las falsas esperanzas generadas por esta tregua.

Igualmente, nadie puede llamarse a engaño sobre lo cabe esperar de semejante proceso. Ahora que el nuevo Estatuto catalán está casi ultimado, es posible apreciar con claridad el objetivo último del mismo, que no es "mejorar el autogobierno" ni tampoco exactamente avanzar la independencia, sino perpetuar el conflicto territorial creado y alimentado artificialmente por los nacionalistas. La actitud adoptada por ERC demuestra que lo que en realidad se buscaba es contar con una mina inagotable de elementos de agravio, reivindicación y victimismo.

Lo explicaré técnicamente. El nuevo Estatuto catalán, y esto se ha acentuado en su tramitación en las Cortes, en sus puntos esenciales no tiene eficacia por sí mismo, sino que exige de la colaboración del Estado, en unos casos activa, reformando leyes y previendo las partidas presupuestarias correspondientes, y en otros pasiva, haciendo dejación de competencias constitucionales.

Es poco probable que en los dos años que quedan de legislatura dé tiempo a hacer todo lo que demanda la plena eficacia del nuevo Estatuto, y, de cualquier forma, en el momento en que cambie la mayoría parlamentaria y el signo político del Gobierno, éste no podrá seguir asumiendo las concesiones acordadas, si no quiere condenarse a la inoperancia. El nuevo Estatuto se convertirá así en una plataforma reivindicativa que permitirá al nacionalismo catalán mantener de manera virtualmente indefinida su discurso político, basado en el victimismo.

Y no sólo eso. Por el efecto de imitación que ya se está produciendo en otras regiones, el nuevo Estatuto catalán garantiza que el debate territorial seguirá ocupando, tan estérilmente como hasta ahora, el centro de la vida política nacional durante años, los que se tarde en elaborar, discutir y tramitar en las Cortes las reformas estatutarias que vengan detrás.

Si no se logró satisfacer a los nacionalistas con las concesiones realizadas durante la Transición, ¿de qué sirve perseverar en el mismo error? Sólo queda esperar que alguien llegue por fin a la conclusión de que, puesto que los nacionalistas nunca dejarán de quejarse, ya que en esto radica su razón de ser, hay que prescindir de ellos en el juego político y restituir el poder a la parte mayoritaria del pueblo español.

Alto el fuego, Zapatero y negociación
Pablo Sebastián Estrella Digital 23 Marzo 2006

La banda terrorista ETA ha anunciado un “alto el fuego permanente” usando la misma terminología que utilizó el IRA en su último comunicado antes de iniciar el abandono de la violencia y las negociaciones de paz en Irlanda. El comunicado de la banda, que era esperado por el Gobierno desde hace meses, coincide con la reciente aprobación en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados del nuevo Estatuto que reconoce a Cataluña como nación. Una declaración que fue recibida por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con cautela y una contenida satisfacción a la espera de que la tregua de ETA, que se inicia el día 24, se convierta en el verdadero principio del fin de la violencia.

Cuidado con la tregua de ETA, porque por una parte responde a su propia debilidad y por la otra nace convencida de la debilidad del Gobierno y de su presidente, propicio a pactos con los nacionalistas como lo hemos visto en Cataluña. Un presidente y su entorno que sin duda y desde hace un año ha mantenido conversaciones con ETA o con su entorno, para preparar el escenario al que nos enfrentamos, que aunque incluye muchos riesgos también constituye una buena oportunidad para el fin de la violencia etarra.

El comunicado no ha sorprendido a todo el mundo, pero sí ha llamado la atención de que en él no se incluyeran demandas políticas directas y muy concretas como ocurrió en otros casos, aunque sí se incluye una petición a los gobiernos de España y Francia para que renuncien a la presión policial y judicial, a la vez que habla de un proceso negociador de paz a cuyo término los ciudadanos vascos puedan decidir sobre su futuro, que es igual que referirse a la autodeterminación. Sin embargo, esta aparente prudencia de ETA será sólo temporal porque seguirán otros comunicados de la banda (se espera otro para hoy), y declaraciones de dirigentes de su entorno y de otros partidos nacionalistas que quieren abrir, de manera simultánea a la negociación entre ETA y el Gobierno, otra negociación (las dos mesas) con Batasuna incluida, que incluya la reforma del Estatuto de Gernika y el futuro de la pretendida por ellos relación de “Euskadi con España” con celebración de un referéndum como pretende Ibarrretxe.

Lo que anuncia, como dijo el presidente Zapatero, un proceso largo, duro y muy difícil, porque la negociación con ETA no sólo incluiría el futuro de sus presos y sus comandos sino también una negociación política, paralela al desarme y a la tregua y siguiendo la estela del nuevo Estatuto catalán. Lo que será muy difícil de asumir y de negociar tanto por el PSOE como por el PP, porque esta vez los nacionalistas vascos, y el PNV de una manera especial —ya lo están diciendo—, querrán ir incluso más allá del fracasado Plan Ibarretxe, que proponía para el País Vasco una fórmula de “Estado asociado” a España.

Un presidente, Zapatero, visiblemente emocionado, que afirmaba en el Congreso de los Diputados que estamos ante una cuestión de Estado, mientras repetía una y otra vez las palabras de “calma, prudencia y cautela”. A la vez que subrayaba que este proceso negociador en ciernes se debería abordar con el apoyo de todas las fuerzas políticas, desde la democracia y desde la legalidad, haciendo una mención especial al PP y su líder, Mariano Rajoy, declarando en este momento su plena confianza y respeto por las convicciones democráticas y constitucionales de este partido, al que ofrecía diálogo inmediato —una entrevista con Rajoy el martes próximo— y “la máxima información”. Información que hasta ahora había negado Zapatero a Rajoy, lo que ha sido un grave error del presidente que facilitó la ruptura de los puentes con el PP que Zapatero espera recomponer en los próximos días.

Dando a entender Zapatero que la unidad de los demócratas, y en especial el pacto con el PP, es una cuestión previa al inicio de toda negociación y afirmando que se tomará su tiempo antes de acudir al Congreso de los Diputados a solicitar autorización para abrir la negociación con los dirigentes de ETA sobre el anunciado final de la violencia. Una negociación en la que debe integrar al PP para compartir con ellos sus posibles riesgos y también el triunfo, porque si Zapatero pretende, como ha hecho hasta ahora, abanderar él solo el proceso estatutario y la negociación con ETA se equivocará y podrá fracasar.

Aunque de momento se habla de un final de ETA sobre el que mantienen serias dudas el Partido Popular y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, quien, sorprendido y algo desconcertado por la tregua etarra sobre la que hace poco declaraba que era una ficción del Gobierno, afirmó que tanto él como el PP esperaban otro tipo de comunicado que incluyera el anuncio del abandono de las armas y la petición de perdón a las víctimas. A pesar de todo ello Rajoy declaró su disposición a colaborar con el Gobierno siempre que se garantice que no realizarán concesiones políticas a ETA y a su entorno político, y que se respetará en todo caso el Estado de Derecho.

A la vista de todos estos acontecimientos y las primeras reacciones tenemos que hacer algunas reflexiones para entender la nuevo situación:

Da la impresión que ETA ni quiere ni puede seguir con su violencia terrorista por la escasez de medios y comandos, por el cerco político y judicial a Batasuna y porque desde los atentados del 11S en Estados Unidos y del 11M en Madrid, a manos de comandos islamistas y fundamentalistas, saben que ya es imposible en Occidente justificar el terror como argumento político para el nacionalismo.

En consecuencia, ETA parece, al menos en estas horas, decidida a dejar de lado la violencia y por eso anuncia un alto el fuego o una tregua permanente, lo que es positivo y pone fin a la angustia de muchas personas amenazadas.

El anuncio de la tregua, en coincidencia con las palabras de Zapatero de que se aproximaba “el principio del fin de la violencia”, confirma la existencia de unos contactos o conversaciones exploratorias previas entre la banda o su entorno y el palacio de la Moncloa.

ETA ha querido unir —lo hizo desde la entrevista en Perpiñán de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antxa— el fin de la violencia con las reformas de los Estatutos del País Vasco y Cataluña, por eso la coincidencia de la tregua con la aprobación en la Comisión del Congreso del Estatuto catalán. Y todo ello supone que buscarán un precio político a la negociación para que no sólo se hable de una rendición, o del intercambio de armas por presos etarras, como en Irlanda.

Existirá, en el ámbito nacionalista en contraposición al Gobierno del PSOE y al PP, una batalla por conseguir el protagonismo en las negociaciones de paz, de ahí las declaraciones urgentes e imprudentes tanto de Ibarrertxe, como del PNV y de los dirigentes de EA poniendo precio político a la paz etarra, como si la banda fuera el brazo armado de todos ellos. Para Ibarretxe, el reparto de papeles y de los honores debería ser así: ETA entregas las armas; Zapatero y el PP liberan los presos etarras; y el lehendakari y el PNV consiguen la independencia del País Vasco (o algo así).

El presidente Zapatero ha conseguido, por ahora, un triunfo político porque se ha cumplido su predicción y porque la tregua demuestra que tenía información y que los pasos que daba no eran en falso. Pero, visto el panorama y excitación de los nacionalistas vascos, corre todos los riesgos, incluido el del fracaso de dicha negociación que, en todo caso, no debe iniciar sin el apoyo del PP y el acuerdo de las víctimas del terror.

El PP y Rajoy se han vuelto a quedar solos como en el Estatuto catalán, y saben que si avanza el fin de la violencia de ETA y las negociaciones, las perspectivas electorales de Zapatero serán muy altas y el fracaso de Rajoy una realidad.

Nada está decidido y por nada se puede apostar. Los que han sido capaces de matar son capaces de volver a hacerlo en cualquier momento, motivo por el cual el Gobierno y el presidente saben que corren muchos riesgos políticos y que si fracasan sus expectativas electorales serán pésimas en beneficio de Rajoy y del PP.

En las actuales circunstancias, el PP, los medios de comunicación y los sectores más activos de la sociedad deben apoyar al presidente del Gobierno para que él explore todas las posibilidades de alcanzar el definitivo fin de la violencia. Pero a sabiendas de que si esto se consigue, aunque el se lleve los honores políticos, el presidente deberá compartir el posible éxito con el resto de los demócratas y con el conjunto de la sociedad.
.
Atención a todo este proceso, a la presunta debilidad de ETA y de Zapatero porque tantas debilidades juntas pueden producir cualquier cosa. Aunque la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo siempre que no perdamos de vista el Estado de Derecho y la Soberanía Nacional.

Alto el fuego
ETA, más fuerte que nunca
Pío Moa Libertad Digital 23 Marzo 2006

En la última etapa de Aznar, la ETA se hallaba acosada, fracasando una y otra vez en sus atentados, con su financiación semidestrozada y proscrito su aparato político. La hazaña se había logrado partiendo de un principio muy simple: la aplicación de la ley a los criminales: aunque parezca mentira, fue la primera vez que se hacía desde la Transición. Antes se perseguía a la banda bajo el supuesto de que no existía "solución policial", sino "política", y, por consiguiente, la vía policial –la legal en un estado de derecho– se supeditaba a la busca de acuerdos con los jefes terroristas. Ello significaba la quiebra de la ley y la legalización del asesinato como modo de hacer política. Era la vía preconizada desde el principio por el grupo Prisa y seguida vergonzantemente por todos los gobiernos, de derecha o de izquierda. Vergonzantemente, porque mentían a los ciudadanos negando sus tratos fraudulentos con la ETA, para ser desenmascarados de vez en cuando por los ufanos terroristas. La "vía política" consistió, en todos sus puntos, en una estafa a la democracia. Por el contrario, los gobiernos de Aznar demostraron que sólo la vía legal daba resultados y acercaba el fin de la pesadilla.

En tales circunstancias, la llegada del gobierno actual ha sido la mejor noticia que haya tenido la ETA en su historia: tras verse al borde del abismo, ha podido recomponer sus aparatos y sus finanzas, se ha rearmado, ha probado que podía golpear donde y cuando quería, y ha logrado una parte muy sustancial de sus proclamados objetivos: liquidar la Constitución y abrir un proceso constituyente, o más bien desconstituyente, hacia la desintegración de España y de la democracia, que destruya todo lo construido desde la Transición. No es probable que se conforme con lo ya obtenido, pero ya ha adelantado un enorme trecho.

Los terroristas y los separatistas jamás habrían logrado acercarse tanto a sus objetivos con sus solas fuerzas. Precisaban la colaboración de una fuerza nacional, y en los penúltimos tiempos de Aznar eso parecía imposible. El PSOE había optado por una política rara en él, renunciando a la mezcla de claudicación y terrorismo (GAL), para adherirse a la línea legalista de Aznar, en el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Ello cegaba las salidas a los pistoleros y a los demás separatistas, y establecía la base obvia de cualquier estado que aspire a sostenerse: una plataforma de principios inatacables (democracia y unidad nacional), sobre los que hacer política, e impidiendo hacer política contra ellos. Sin embargo, esa actitud socialista duró muy poco, y las mismas fuerzas que presionaban por la "solución política", provocaron un cambio radical de postura: determinaron como enemigo fundamental al PP, no a los asesinos y secesionistas, y buscaron la alianza o complicidad de estos últimos para atacar directamente la Constitución. Una inversión completa del anterior pacto. Todos juntos organizaron grandes campañas desestabilizadoras.

La maniobra, no sé si elaborada con detalle, se ha producido del siguiente modo. En primer lugar, el Plan Ibarreche-Ternera, plan separatista aunque conservase una ficción de unidad, útil para mantener a las Vascongadas en la Unión Europea. El plan fracasó aparentemente en el Parlamento, aunque sólo llevarlo a él ya pisoteaba la Constitución. Entonces entró el juego el plan B, de los separatistas catalanes, equivalente al anterior. La aprobación del estatuto secesionista catalán traería consigo, inevitablemente, la del plan Ibarreche-Ternera y un proceso de disgregación del país. Así, por una vía ligeramente indirecta, la alianza del PSOE con los secesionistas y los terroristas está destruyendo aceleradamente la Constitución.

No es casual que la ETA declare su tregua cuando unas Cortes envilecidas, a impulsos de un gobierno anticonstitucional, aprueban la disgregación de España en pseudonaciones. La tregua anterior se dio en una situación de debilidad de la banda, y como un modo de ganar tiempo para rehacerse. La actual es toda una declaración de triunfo: la ETA se siente muy próxima a ganar la partida. Durante dos años ha advertido al gobierno de Zapatero: "tienes que ir hasta el final, o atente a las consecuencias". Y Zapatero y los suyos van cumpliendo, como hicieron después del 14-M con los islámicos. La ETA se siente más cerca que nunca de sus objetivos. Sus largos años de crímenes parecen tener por fin recompensa, y ésta sólo podía dárselo un gobierno enemigo y conculcador de la Constitución, es decir, de las libertades y de la unidad de España; es decir, un gobierno ilegal, porque lo es todo aquel que no guarda y hace guardar la ley, aunque haya salido de unas elecciones.

Algunos ingenuos se preguntan cómo es posible esta colaboración. Muy simple: el "rojo" Zapatero y la ETA tienen la misma concepción de base: la idea de que las democracias –identificadas con "la derecha" o "el imperialismo"– crean un "océano de injusticia y de pobreza". Discrepan en los métodos para combatir la "injusticia", pero se trata de una diferencia menor. En lo fundamental, en atacar a los causantes, según su trastornado juicio, de ese "océano", están de acuerdo.

Y el pobre Rajoy diciendo que apoyará al gobierno para que no pague un precio político a los terroristas. Y luego llama bobo a Zapatero... El precio político está ya pagado en gran parte, señor lince, a costa de la ley; otra cosa es que la ETA quiera más todavía. Siga usted "mirando al futuro", a ver si nos aclara algún día qué es lo que ve.

Una tregua para cerrar el frente anti PP
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2006

«El "precio político" para que ETA deje de matar sigue ahí, y si no, que se lo pregunten a los terroristas y al socio de Maragall respecto a la tregua en Cataluña o respecto a la futura tregua que ETA pudiera ofrecer ahora a Zapatero.

Todavía es pronto para la infamia de responsabilizar al PP de los muertos de ETA, como se le ha responsabilizado de los asesinatos de Al Qaeda. Pero espérense a que llegue una nueva tregua de ETA, y ya verán como no falta quien culpe al "inmovilismo" del PP y a su "crispante" rechazo al "diálogo", del riesgo de que los terroristas vuelvan a matar. Lo que no nos cabe ninguna duda es que los galgos van a querer hacer suya la victoria de los podencos del 11-M. Y no faltarán conejos que les ayuden.»

"¿Una tregua para cerrar el frente anti PP?", Editorial de Libertad Digital, 12 de abril de 2004.

Era previsible en un dirigente y en un partido que, como ZP y el PSOE, no dudaron en hacerle el juego político a los terroristas, con la excusa de que eran galgos y no podencos los autores de la mayor masacre terrorista de nuestra historia. Era previsible en un gobierno que, como el de Zapatero, no abandonó a sus compañeros de viaje, ni al conocerse lo de Perpiñán ni al lograr llegar al Gobierno.

La verdad es que los socialistas ni siquiera han esperado a que se hiciera oficial la tregua-pacto con ETA para arremeter contra el PP, al que le "fastidia que ETA lleve años sin matar" –tal y como dijo José Blanco hace unas semanas– y al que ya han acusado de "hacer más ruido que ETA", tal y como hizo el ministro de Justicia el pasado domingo.

Este miércoles, Zapatero sólo ha buscado la suicida complicidad del principal partido de la oposición para que no alce su voz ante un chantaje que, no sólo los terroristas, sino el propio gobierno del 14-M y sus aliados nacionalistas llaman "proceso de paz". "Proceso de paz" que, por su propia naturaleza, está abocado a sortear los imperativos del Estado de Derecho, tal y como el Fiscal General de ZP ha corrido a poner de manifiesto. Ciertamente, no se puede aspirar a sentar en el banquillo a unos criminales a los que el Gobierno ofrece sentarse en una mesa de negociación.

Lo grave es que este gobierno no sólo pretende neutralizar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a la Administración de Justicia, tal y como, en parte, ya lo ha hecho mucho antes de que lo exigiera el "proceso de paz" oficialmente puesto ayer en marcha por los terroristas. Lo grave es que este gobierno, además de estar dispuesto a "dar una salida a los presos" –como le dijo ZP a Savater–, pretende además pactar con los separatistas de Estella –incluidos los representantes de ETA– el fin del Estatuto de Guernica.

El deseo de ZP de blindar el frente anti PP exige, como contrapartida, que los nacionalistas avancen hacia sus objetivos separatistas, no sólo en Cataluña, sino también en el País Vasco. En Cataluña había ya una tregua y un partido que como CiU disimula muy bien su radicalismo soberanista. Tratar de contentar al Club de Perpiñán en el País Vasco, donde sólo hay partidos abiertamente separatistas y donde no había una tregua, podía someter al gobierno del 14-M a un enorme desgaste, por mucho que lo arropasen sus poderosísimos medios de comunicación. El Gobierno necesitaba, además, el anestésico de la "paz" para tratar de satisfacer a los separatistas vascos.

Lo primero que hizo para lograrlo fue acabar con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, puesto que este pacto vetaba cualquier acuerdo de sus firmantes con los separatistas vascos mientras no renunciaran a la autodeterminación. Con los firmantes de Estella y con el resto de formaciones nacionalistas, el gobierno del 14-M aprobó una resolución en el Congreso en el que, a cambio de la tregua, renunciaba al concepto de "derrota del terrorismo" para sustituirlo por una oferta de "diálogo".

Luego, había que dejar pasivamente que los proetarras burlaran la Ley de Partidos con las nuevas siglas del PCTV y hasta con las propias siglas de Batasuna. Neutralización y acoso de aquellos jueces y fiscales que, como Fungairiño, Marlaska o los propios magistrados del Tribunal Supremo, fueran más sensibles al imperio de la ley y a la fortaleza del Estado de Derecho que a esa pretendida negociación con terroristas que la propaganda del gobierno, la apología del terrorismo y una legión de bienintencionados tontos útiles denominan "proceso de paz".

En cualquier caso, lo que resulta evidente es que el "precio político" sigue permanentemente ahí, tal y como han manifestado los terroristas en su comunicado de "alto el fuego". Que ni ETA ni Carod Rovira tendrán suficiente con los nuevos estatutos, por mucho que estos supongan una ruptura del consenso constitucional; poco les importará, como poco le importará al presidente del gobierno del 14-M si el anestésico de la paz le ayuda a conservar el poder logrado cuatro años antes por el horror a una masacre. Lo avanzado por el separatismo quedara ahí sin que nadie reconozca que fue el infame precio pagado por intentar contentar a los que no se van a contentar. En cualquier caso, tal y como decíamos hace dos días, "la ofensiva del mal llamado "proceso de paz" contra el Estado de Derecho no ha hecho más que empezar".

ESPAÑA EN LA ENCRUCIJADA
Editorial minutodigital 23 Marzo 2006

ETA y su entorno no se arrepienten de nada. La tregua que ha declarado, no es más, al igual que hace cuando mata, que un instrumento, una estrategia para lograr sus fines.
Todos sabíamos que una ETA acorralada, no podía dejar de aprovechar la oportunidad única que le ha brindado el gobierno socialista. Los terroristas pueden salir airosos de su sangrienta aventura, a la vez que consiguen avanzar en el proceso de independencia de Vascongadas. Y ETA esta dispuesta a abandonar las armas porque ve factible lograr ese objetivo, aunque sea a medio plazo.

Ante los españoles se abren pues dos vías:

Saludar con alivio la posibilidad de desentenderse de un problema, con la disculpa de que lo importante solo es la paz que traerá la negociación con ETA, una paz que evitará más muertes y más violencia, al menos de momento. ¡Animo¡.Con suerte hasta pueden pasar la patata caliente a otra generación y mientras disfrutar. Que la vida son dos días.

Al fin y al cabo, siempre pueden auto engañarse creyendo todo lo que por televisión y ciertos periodismos y radios les van a contar. Pueden creer que legalizar Batasuna, el brazo político de ETA, otorgando el derecho de participar y decidir sobre el futuro de nuestra sociedad, a quienes ayer predicaban y usaban la violenta como argumento político, no es injusto, sino necesario para lograr que los violentos encaucen por vías democráticas unas reivindicaciones separatistas que serian legitimas, porque cada pueblo tiene derecho a decidir por mayoría su destino. Ahora eso sí, la indisoluble y soberana unidad de Euskadi que no se la toquen. Pueden creer ahora, para tener la conciencia tranquila, que los asesinos presos no saldrán de la cárcel, y dentro de unos pocos años, -la cosa ya se habrá olvidado-, mirar para otro lado cuando lo hagan por la puerta de atrás, vía beneficios penitenciarios. Pueden quedarse tan tranquilos, gozando de su comodidad, creyendo que la unidad de España, la igualdad y solidaridad entre españoles, no están en peligro, porque el nuevo estatuto vasco que saldrá de las negociaciones con ETA, es una solución a las tensiones territoriales que no persigue avanzar en el proceso de secesión vasco, ni va a ser usado por los separatistas como instrumento para lograr sus fines. Pueden tragarse que no se va a pagar ningún precio por la paz y que matar a mil personas en España no ha puesto en manos de los asesinos o de quienes les apoyaron, gracias a un gobierno débil y traidor, la posibilidad de conseguir resultados políticos positivos, rentabilizando el terror, la muerte y la violencia.

Si ustedes optan por esta vía no olviden mirar a la cara de las victimas, a los ojos llorosos de los familiares y a los rostros ensangrentados y los cuerpos destrozados de los muertos, no olviden nunca esos ojos, porque siempre les recordaran en su conciencia, si la tienen, que en su despreciable cobardía les dieron la espalda.

Por otro lado ustedes pueden optar por no aceptar ningún pacto con ETA, ninguna negociación que no suponga la rendición incondicional de la banda, ninguna forma de acabar con ETA que no sea venciendo a los terroristas. Pueden negarse a que se hagan concesiones que permitan avanzar en el proceso de autodeterminación, pueden repudiar el reconocimiento como interlocutores políticos de la sociedad vasca a quienes han usado la violencia y la muerte como instrumento de presión, pueden exigir justicia para los asesinos y pueden reclamar que la única voluntad soberana para decidir sobre los destinos de España y cualquiera de sus regiones, sea la voluntad del pueblo español.

Seguro que no será fácil, les imputaran que no desean la paz y les cubrirán de los acostumbrados insultos y descalificaciones. Pero sin duda podrán mirar a la cara de las víctimas de los terroristas.

Ustedes verán si quieren una paz ganada con sacrifico pero digna, o una paz comprada con la sangre de las víctimas y la unidad de España.

Sin precio político
Editorial ABC 23 Marzo 2006

LA banda terrorista ETA emitió ayer un comunicado en el que anuncia «un alto el fuego permanente» a partir de mañana. El objetivo de este gesto es «impulsar un proceso democrático para Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden y asegurando cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas». En una traducción meramente deductiva, ETA pretende que, al amparo de ese «alto el fuego permanente», el Gobierno y las demás instituciones del Estado negocien, de una parte, un marco jurídico-político para el País Vasco -ETA también emplaza al Estado francés- diferente del actualmente recogido en el Estatuto de Autonomía de Guernica, y, de otra, que se proceda a legalizar de nuevo a Batasuna, que es su marca electoral.

Ante esta pretensión de la banda terrorista ETA, y antes de cualquier otra consideración, es necesario reconocer al Gobierno español un amplio margen de confianza para la gestión de la nueva situación que se plantea. El Gabinete de Rodríguez Zapatero merece el mismo trato que recibieron el de Felipe González en 1989 y el de José María Aznar en 1998. Y en ese margen de confianza se debe mover el Ejecutivo para lograr que la banda terrorista ETA deponga definitivamente las armas sin que esa decisión conlleve contrapartida o precio político o de otra naturaleza. La sociedad española; el sistema político que alumbró la Constitución de 1978, posterior a una amnistía que vació las cárceles de presos etarras; la generalización del proceso autonómico, específicamente en el País Vasco, mediante un autogobierno sin parangón en los países de nuestro entorno, y la memoria de las víctimas son argumentos definitivos e irreversibles para exigir a ETA que olvide cualquier aspiración a obtener rédito alguno del cruel ejercicio terrorista que ha venido desplegando, y que se ha cobrado casi mil víctimas mortales y decenas de miles de millones en pérdidas materiales, además de un sufrimiento colectivo e individual de incalculable valor moral.

ES prudente, por eso, que el presidente del Gobierno se tome el tiempo necesario para comprobar las posibilidades de obtener la renuncia terrorista de ETA, y sólo cuando tenga muestras inequívocas de que la banda se resigna a dejar de delinquir de modo definitivo debe acudir al Congreso con el discurso que, en atención a los datos de que disponga, considere procedente. Rodríguez Zapatero, su Gobierno y el PSOE saben que carecen de potestad y de legitimidad -y, por supuesto, de mandato popular- para moverse fuera de los parámetros que en estas líneas se exponen. El Ejecutivo debe recabar todos los apoyos en esta coyuntura tan especial y los obtendrá íntegros en la medida en que, con la máxima transparencia, se encare a la decisión de ETA con lucidez ética, política e histórica.

Las esperanzas hay que administrarlas sin avaricia, pero también sin despilfarro. No es la primera vez que la banda terrorista declara una tregua para, después de transcurrido un tiempo, volver a practicar sañudamente el terrorismo. En esta ocasión, como era previsible, los dirigentes etarras han cuidado de no rememorar las vicisitudes de 1989 y 1998. Se refieren a su decisión no como tregua, sino como «alto el fuego permanente», expresión emparentada con la semántica utilizada en su día por el IRA, pero que enlaza con un propósito que no es de irreversibilidad. Es decir, ETA no anunció ayer el abandono de las armas, sino una suspensión de sus actividades criminales -es de suponer que de todas sin distinción, incluida la extorsión a empresarios y profesionales del País Vasco y fuera de él- cuya inmutabilidad queda condicionada a una negociación claramente política, expuesta en unos términos calculadamente blandos, pero suficientemente explícitos de que su objetivo es convertirse, por sí o a través de otros, en interlocutora del Gobierno y, en definitiva, del Estado. Contra esta ensoñación totalitaria de los terroristas -a los que debe persuadir de su derrota, no ya operativa, sino también política, social y moral- habrá de luchar el Ejecutivo. Los sucesivos gobiernos democráticos, secundados por una opinión pública española resistente al sufrimiento y por un heroico sector constitucionalista en el País Vasco, son los titulares del mérito de haber derrotado a ETA hasta el punto de alcanzar una situación como la ayer anunciada por la banda.

EL Gobierno y su presidente -que lo es de todos, incluso de los que discrepan de sus actuaciones- deben, primordialmente, en esta nueva tesitura cuidar con esmero y grandeza de miras la unidad de los partidos políticos con representación parlamentaria, pero también de la cohesión de la opinión pública en torno a los grandes valores de las democracias fuertes y solventes. Las manifestaciones convocadas por las víctimas para disuadir al Ejecutivo de cualquier negociación con ETA no han sido episodios anecdóticos, sino de hondísimo calado. La capacidad de convocatoria de las víctimas, secundada por el primer partido de la oposición y otras asociaciones y colectivos, remite a una convicción muy arraigada en el conjunto de la sociedad española cuya formulación es muy simple: la paz no tiene precio político.

Desde estas perspectivas, en las que la esperanza no debe velar la encarnadura criminal de ETA, ni nublar el recuerdo de sus terribles delitos, ni alejar la memoria de sus cientos de víctimas, ni relegar los aprendizajes que la historia proporciona, ha de insertarse lo que es un tiempo nuevo y distinto, pero no inédito. La inmensa mayoría de los ciudadanos españoles desean que éste sea el «principio del fin» de ETA. No está claro que así sea, porque también pudieron pensarlo -y hacerlo igualmente con sólidos argumentos- con motivo de la tregua de 1989 y en la de 1998. En aquellos hitos históricos que alentaron tantas ilusiones, ETA mostró, al final, su auténtica faz, la peor. Ahora, la sintomatología de la estrategia etarra recuerda a la del IRA. En Irlanda del Norte no se ha establecido la paz -de hecho, la autonomía sigue suspendida por el Gobierno de Blair-, pero se rehabilitado la situación general, aunque con la permanencia de ciertas derivas mafiosas que no permiten aún la visualización de un proceso concluido y bien rematado.

SI lo que mañana se inicia es el «principio del fin» de ETA, como todos los ciudadanos de buena fe desean, lo será no tanto porque así lo decida la banda terrorista, sino porque el Gobierno gestione con inteligencia, fibra ética y adhesión constitucional la situación; porque la sociedad se sienta reconocida en su esfuerzo histórico de combatir el terror; porque, sin sectarismos, se reconozca a los sucesivos gobiernos -tanto de Suárez como de Calvo Soltelo, González y Aznar- su aportación innegable en la lucha por la libertad y se asuma con plena convicción que, pronto o tarde, pero de manera indefectible, siempre triunfan la justicia y la libertad. Y que ambas se obtienen y disfrutan sin más precio que la decisión democrática colectiva de todo un pueblo que, como el español, no admitirá una ecuación indigna para lograrlas en plenitud.

El Estado de Derecho se declara en tregua
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Marzo 2006

Los etarras deben pasárselo bomba cada vez que leen las cosas que dice y hace Conde Pumpido. Es difícil rendirse más humildemente que el Fiscal General del Gobierno y a cambio de menos. Pero al margen de demostrar que Zapatero vendería a su abuelo por calmar su ansia infinita de seguir en la Moncloa, la política de liquidación del Estado de Derecho que, a modo de kamikaze pasado por la Pasarela Maputo, encabeza Cándido es una verdadera apelación a la delincuencia internacional para que se haga definitivamente cargo de España, una nación en liquidación por derribo y un Estado de Derecho que se ha venido abajo en dos años. Es hora de que vuelva el Narco Volador y abra oficina junto a la Audiencia Nacional, donde seguramente ya tiene amigos y conocidos. No le faltarán clientes. Incluso puede ir con su señora la del crepúsculo judicial a la telebasura y su reinserción será completa.

El problema de fondo lo planteó perfectamente Alcaraz en la COPE cuando se le preguntó cuál debería ser la respuesta del Estado a la enésima tregua-trampa de la ETA. Dijo el Presidente de la AVT que si un violador deja de violar, no por eso la policía debe dejar de perseguirle, y los jueces de juzgarlo y meterlo en la cárcel. Y que los delitos cometidos por los etarras deben pagarlos. Todos. Evidentemente, Zapacándido piensa de forma muy distinta: hay que desmantelar la Ley y las instituciones del Estado de Derecho para que los etarras se sientan cómodos. ¿Más cómodos todavía? ¿Pero se puede estar más cómodo que Henri Parot? ¿Se puede ser más feliz que Otegi? ¿Hasta dónde puede llegar la humillación del Estado ante el terrorismo, la sumisión electorera del PRISOE ante la ETA?

Esta es la única pregunta a la que, sinceramente, no podemos responder. Han ido tan lejos en la claudicación, en la cobardía, en el sectarismo, en la traición y en la rendición ante los enemigos de España que incluso la peor opinión que pudiéramos tener del polanquismo y la progresía ha quedado superadísima por los hechos. El naciente régimen de Perpiñán, edificado sobre los escombros de España, es incompatible con la libertad, la democracia y el Estado de Derecho. Pero bastante les importa eso a los cándidos y alonsos del Derecho Alternativo. No hay Nación, no hay Estado, pero tenemos que seguir pagando las nóminas de dos millones y medio de funcionarios. ¿Para qué? Que privaticen España y que las pague Polanco. Si le obedecen, que se haga cargo de la Seguridad Social. Y cuando vuelva el Narco Volador, que le den un programa en la Cuatro. Aquí lo único que no se valora es el cumplimiento del delito, pero al delincuente se le venera, se le respeta, se le paga y se le sirve. El resultado está a la vuelta de la esquina: lleva navaja, pistola o cinturón con explosivos. Y está entre nosotros para quedarse. Alguien debería informar a los náufragos de Mauritania sobre la verdadera situación del país al que quieren llegar jugándose la vida. Si les cuentan lo de la ETA y Cándido, Zapatero y Perpiñán, lo mismo se vuelven a la selva. Es más segura.

La España que agoniza
Por I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Marzo 2006

Lo más relevante, desde el punto de vista político, que ha sucedido en España desde 1976, incluido el día de ayer, es la aprobación por la Comisión constitucional del Congreso del proyecto de Estatuto de Cataluña. Lo peor y más grave no es un texto intervencionista y con aspectos totalitarios. Ni siquiera lo es la imposibilidad de su encaje dentro de la Carta Magna. La mano del Gobierno también alcanza al Tribunal Constitucional. Desde la Constitución de Cádiz, ningún Parlamento español había asumido la existencia de una nación que no fuera la española. Una España agoniza. Ignoramos si sobrevivirá otra. Pero, en caso afirmativo, no será la España liberal y constitucional de la concordia nacional. Sin embargo, habrá que hablar de la tregua de ETA. ¿Cuántas van? El Gobierno conocía, como publicaba ayer ABC, la muerte masiva de inmigrantes ilegales. Y lo ocultó. Y los «protestantes» progresistas guardan silencio. Nunca más. No nos merecemos un Gobierno que oculta la verdad. Pero habrá que hablar de la tregua de ETA, que ni abandona definitivamente el terror, sólo lo aplaza, ni anuncia su disolución, al contrario, se afirma y aspira a controlar el «proceso». Si España deja de ser una nación, ETA triunfa. Pongamos que el diagnóstico sea exagerado, aunque no lo creo. En el mejor de los casos, el nacionalismo obtiene una nueva victoria, a pesar de ser muy minoritario en el conjunto de España y represente, como mucho, a la mitad de los votantes de Cataluña y el País Vasco. ¿Por qué, sin embargo, se impone? La respuesta está en el Gobierno, y, también, en el mayor error de la transición. Pero habrá que hablar de la tregua etarra. Una más. Y habrá que recordar una exigencia moral: no pagar precio político. ¿No se ha pagado ya? ¿Al menos, un sustancioso anticipo?

El comunicado de ETA se produce apenas 24 horas después de la aprobación por la Comisión constitucional del Congreso de la condición nacional de Cataluña. ¿Cómo no relacionar los dos hechos, máxime si se considera que Carod-Rovira excluye esa relación? Por lo demás, el precio está tasado por la banda terrorista: beneficios judiciales, policiales y penitenciarios («cese de la represión») y derecho de autodeterminación. En los dos aspectos, el Gobierno ha hecho ya «generosas» concesiones: nueva política antiterrorista y penitenciaria, y nueva política territorial, con la definición de Cataluña como nación (¿cabrá negar esta condición al País Vasco?). No parece aventurado pensar que el Gobierno ha cumplido ya la mayor parte de su parte. Queda la autodeterminación. Todo se andará. ¿Es posible negar la autodeterminación a una nación? Y a esto llaman paz. Como si la paz no fuera el resultado de la justicia. La paz no es la meta sino el camino (Gandhi). Pero siempre habrá quien llame paz a la derrota y la claudicación. Cuando una de las partes gana, hay «paz». Al menos, por algún tiempo. No hay más remedio que hablar de la tregua. Pero algunos contemplamos también lo que queda del pulso a una España que agoniza.

Los límites del precio político
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 23 Marzo 2006

LAS palabras nunca hacen Historia: hacen literatura, filosofía, política. La Historia la hacen los hechos. Así que resulta ocioso recurrir a la hermenéutica para descifrar si la diferencia entre tregua y alto el fuego hace más esperanzador el comunicado de ETA que ayer conmocionó a las gentes y descolocó a muchos políticos entre la euforia voluntarista y la desconfianza estratégical. Es esperanzador que ese comunicado contenga expresiones como que asegura la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas. Pero no lo es la alusión a que sean reconocidos «los derechos que como Pueblo nos corresponden», porque el Derecho es de los ciudadanos y no de los pueblos, y ese derecho sólo incluye la autodeterminación en el caso de los pueblos colonizados. Es plausible que ETA anuncie que seguirá dando pasos en el futuro en la misma dirección. Pero no lo es que el cese de la violencia, sin referencia a la entrega de las armas, se llame proceso de paz, porque aquí no se dispara por los dos bandos: no se debe llamar superación del conflicto a una pretensión de que España y Francia reconozcan los resultados de lo que ETA llama proceso democrático.

Lo que importa ahora es tener presentes los límites del precio político asumible. En un Estado de Derecho el poder legislativo puede actualizar la ley de Partidos y algunas normas no para que actúen con carácter retroactivo, sino para que sean aplicadas a quienes aún deben enfrentarse a juicios; el Poder Judicial no puede dictar sentencias en términos de generosidad, pero sí revisar los criterios de ilegalización en ausencia de violencia; el Poder Ejecutivo a través de las fuerzas de seguridad del Estado y de las instituciones penitenciarias puede aplicar medidas de distensión, como la aproximación de presos, la expatriación o los beneficios por arrepentimiento, sin que ello suponga abandonar las investigaciones ni signifique nada parecido al indulto o la amnistía. Esa es la difícil tarea que queda por delante.

IDENTIDAD
El Caballo de Troya
Manuel Canduela minutodigital 23 Marzo 2006

Cuantas veces en esta vida lo que nos conviene tiene sabor amargo, como un aceite de ricino. Y cuantas veces lo malo, lo letal, viene disfrazadazo de regalo, como un caramelo envenenado.

Así, como un regalo se van a tomar miles, quizás millones de Españoles, el anuncio del alto el fuego emitido por ETA. Nada importarán ya la injusticia, ni la extorsión, ni los miles de asesinados, entre ellos niños más que inocentes, ni los mutilados, ni los secuestrados, nada importarán los miles de vascos en el exilio aterrorizados por el poder separatista del tandem PNV-ETA.

Pero el daño hecho, ya no por la banda si no por nuestra cobardía será irreparable. Si esta es la democracia que nos ofrecen a mi no me quedan ya dudas, le aconsejo, amigo lector, que si puede, se monte su propio grupo armado, para defenderse o bien para presionar al gobierno de turno porque aquí, la ley y los votos, se los pasan por el forro de los...

Pero ya no sólo el brutal daño efectuado al estado de derecho es lo que debe preocuparnos, si no que debe atemorizarnos, aún más, el daño hecho a la nación. Porque una verdadera democracia es importante pero si nos faltase, siempre podríamos luchar por ella, siempre que estuviésemos cohesionados, que siguiésemos existiendo como nación y compartiendo un destino e intereses comunes.

El PSOE inequívocamente esta negociando con ETA, al tiempo que aceptaba el paulatino desguace de la nación española con el reconocimiento explicito de la "nación" catalana, amenazaba con meter en la cárcel al cobardón de Otegui si no entraba en el redil. Porque señores, esa es la cuestión, ningún gobierno democrático ha pretendido acabar con ETA si no tan solo que entren en su redil. De lo contrario que alguien me explique por qué si según los expertos de la lucha antiterrorista, a la ilegalizada Batasuna sólo le quedan unos 70 terroristas en libertad y se mueven con un exiguo presupuesto de dos millones de euros, no se le aplasta de una vez. No sólo con la potencia económica de nuestro estado si no con los miles de efectivos policiales y militares con los que contamos, amen de armados con toda la razón del mundo. Porque no interesa y punto.

Si no estamos preparados para hacer frente a ETA en estas condiciones más vale que desparezcamos de la faz de la Tierra porque no estamos capacitados para defender lo que es nuestro. ¿Sabemos hacia que mundo caminamos? No es por ser aguafiestas pero cualquier mafia internacional de tres al cuarto maneja más fondos y efectivos que la menguada ETA y ¿Que haremos cuando el terrorismo islámico sea endémico en la federación de republicas Ibéricas?

En pocos años la inmigración masiva, de no ser contenida, barrerá toda identidad regional en nuestro país, esto no parece preocupar a los farsantes de Batasuna que convocan manifestaciones conjuntas con los inmigrantes pero quieren expulsar a todo español del País Vasco. El terrorismo islámico crecerá irremisiblemente con forme crezca la población musulmana y estos detestan tanto a la cultura vasca como a la catalana. La deslocación aumenta y conforme más divididos estemos a la hora de negociar con las multinacionales, mas aumentará. Para ellos seremos meros "consumidores"como tanto le gusta llamarnos al señor Rajoy, incapaces de imponerles condiciones pero no de fagocitar sus productos. La invasión de productos chinos no deja esperanza alguna para nuestra economía salvo una, que seamos lo suficientemente fuertes como estado para imponer condiciones y medidas de protección, algo irrisorio estando divididos en nacioncitas que no importan a nadie ni tienen peso específico alguno en el mundo. La sequía que parece agravarse día a día necesita de la solidaridad nacional para ser combatida, de lo contrario amenaza con dejar desérticas amplias zonas del sur de España. Algo que no importará a nuestro amigo Mohamed VI que se sentirá como en casa el día que sus colonos proclamen las tierras del Alandalus como territorio marroquí, algo que el Istiqlal, partido nacionalista que gobierna Marruecos tiene en su programa ideológico.

¿ No les parece un futuro nada halagüeño? ¿No creen que sería el momento de estar más unidos que nunca?

No me canso de repetirlo, el País Vasco y Cataluña, llevan dos mil años en Hispania, quinientos años en el estado Español y siguen siendo Cataluña y el País Vasco. Con elementos étnicos y culturales que perviven desde tiempos remotos. Pero bastaran 50 años tras la desaparición de España para que todos caigamos como fichas de dominó. Cincuenta años de globalización, cincuenta años más de inmigración masiva para que a única alternativa que nos quede a ser una colonia de Rabat sea ser una colonia de Washington y todo ello gracias a los separatistas, a los marxistas y a la miopía y cobardía de nuestra derecha.

Todo puede parecer a veces muy bonito, la paz, la tregua, la multiculturalidad, la alianza de civilizaciones, un mundo sin puertas, sin fronteras, como un colosal y hermoso caballo tallado en madera, realizado para enaltecer nuestra gloria y vanidad, tan bello que ni el mismo Poseidón osaría despreciarlo...

“Gracias ETA por dejarnos vivir”
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 23 Marzo 2006

Siento estropear la fiesta que este pueblo de pazguatos se está dando, pero yo no puedo celebrar que ETA nos perdone la vida. ¿Es que ya nadie recuerda que en 1998 los pistoleros abertzales ofrecieron otra tregua y la rompieron cuando comprobaron que no iban a obtener nada de Aznar? Pues parece que no. La memoria impide la felicidad.

Tenemos que preguntarnos por qué ETA ofrece ahora una “tregua permanente". ¿Es porque está derrotada o porque es una táctica en su estrategia de obtener la independencia y el socialismo para Euskadi? Me temo que la explicación correcta es la primera, pero el PSOE y sus aliados ya están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.

Basta leer el comunicado de ETA para comprender que ha puesto unas condiciones inaceptables, incluso para este Gobierno; pero lo importante, como sabemos los periodistas, es el titular.

¿Se puede confiar en unos terroristas que han matado a más de un millar de compatriotas, que acaban de robar miles de placas de matrículas, que siguen chantajeando a los empresarios? Pues muchos españoles opinan que sí. La paz por encima de la justicia, la verdad, la patria, la libertad y el honor.

Añadamos a este análisis de un vizcaíno escarmentado otros datos y pronósticos:

-Se dejará de hablará de la conexión entre ETA y los atentados del 11-M.
-El comunicado se produce un día después de que la comisión constitucional del Congreso otorgue a Cataluña el rango de nación.
-La SER, ERC e Ibarretxe advierten al PP de que debe participar en la rendición ante ETA so pena de quedar excluido del nuevo régimen.
-El progre Conde-Pumpido se ha convertido en el abogado defensor de los etarras.
-Se piden sacrificios (¡más todavía!) a las víctimas de ETA.
-Los separatistas saben que NUNCA gozarán de un presidente del Gobierno tan débil como Rodríguez y dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder.
-Las encuestas, que hasta ahora eran desfavorables al PSOE, darán la vuelta. Son posible las elecciones anticipadas.
-Quienes nos oponemos a la claudicación seremos tratados peor que los etarras: resentidos, desconfiados, enemigos de la paz...
-Se ha comprobado que había contactos entre ETA y el PSOE aunque se negaban.
-ETA y el PNV insisten en que "los vascos decidan" después de haber practicado la limpieza étnica.

Lamentablemente, en España el delito compensa a los asesinos. Los etarras lo comprobaron con el Estatuto de Guernica y la amnistía de 1977.

Manual para el mapa del tesoro de ETA
Jorge Moragas Periodista Digital 23 Marzo 2006

No quiero ser macabro pero la lectura de los comunicados de ETA es como el juego del tesoro: Las palabras y los signos no significan lo que parecen y hay que tener un poco de rodaje para descifrar los códigos de un mapa que siempre nos conduce al mismo lugar.

1. Cuando fija el "24 de marzo como inicio del alto el fuego", ETA está diciendo que necesita estos dos días para ver que hace el gobierno y la audiencia nacional. Es como una fe de vida que le pide a su interlocutor que es quien debe pagar el rescate.
2. Cuando dice "superar el marco político" quiere decir negociación política.
3.Cuando dice que "los vascos/as al final tiene la última palabra" quiere decir referendum de autodeterminación.
4. Cuando habla de "Euskal Herria" quiere decir Navarra e Iparralde o la eterna territorialidad.
5. cuando dice que "España y Francia cesen en la represión" quiere decir que el Estado de Derecho se meta en el congelador.
6. cuando dice que ETA "tiene voluntad de que el proceso llegue hasta el final" quiere decir que condiciona el proceso a la anteriores exigencias políticas.

Otro dato, la escenografía etarra incorpora dos novedades: quien habla es una mujer y lleva capucha de seda. También me llama la atención como la etarra lee el comunicado, ¿buena memoria o telepronter?. En estos momentos no me quiero olvidar de mis amigos del PP en el País Vasco: aupa María San Gil, Alfonso Alonso, Antonio Basagoiti, Leopoldo Barreda, Carmelo Barrio, Santi Abascal, Carlos Iturgaiz y tantos otros. Ellos son nuestros Jedis y saben mejor que nadie de que va esta vaina porque conocen de verdad el precio de la libertad. ¡qué la fuerza os acompañe!

No una sino dos treguas en España: la de ETA y la del gobierno
Francisco Rubiales Periodista Digital 23 Marzo 2006

No hay una tregua de ETA sino dos treguas, una de ETA y otra del gobierno español que preside Zapatero. Lo que ocurre es que de esta última no se habla. Si es cierto lo que informa hoy la prensa adicta al gobierno, según la cual el comunicado de ETA anunciando su "alto el fuego" había sido pactado antes con el gobierno, la "doble tregua" es una realidad tan indiscutible como lacerante para muchos españoles, que sufren en su sensibilidad de demócratas y de hombres libres cuando ven a una democracia tratando de igual a igual con una banda de asesinos que tiene el alma manchada de sangre.

Por si hubiera dudas sobre la tregua del gobierno a ETA, el Fiscal General del Estado, Cádido Conde Pumpido, la confirma al declarar que pedirá a los jueces que tengan en cuanta la actual situación abierta por el proceso de paz, lo que se entiende como una presión al sistema judicial para que sea benévolo con los terroristas.

La tregua, de hecho, lleva muchos meses funcionando en la clandestinidad. Las fuerzas de seguridad españolas ya no detinen a etarras desde hace meses y la banda no asesina desde hace más de mil días. Sin embargo, ETA ha seguido poniendo bombas y extorsionando a los empresarios para que paguen el llamado "impuesto revolucionario", gracias al cual financian el terror

La irrupción de ETA , con su "alto el fuego", en la vida cotidiana de los españoles ha puesto en evidencia la tozuda pervivencia de las "dos españas" y el terrible nivel de cainismo y de esquizofrenia que domina la política española. Mientras que el gobierno y sus aliados estimulan, con la ayuda de los medios adictos y aliados, una prematura euforia ante la paz que pretende, en primer lugar, hacer que los socialistas ganen las próximas elecciones y continuen cuatro años más en el poder, la oposición de derecha, representando a media España, comete el error de negar la esperanza, desmonta el falso ambiente de victoria democrática propagado por el gobierno y denuncia con razón la anestesia que se fumiga desde el gobierno, que impide ver la verdad: que ETA marca hoy la agenda y domina el debate terrorista en la democracia española.

¿Cual es la verdad? Desde luego, ni una ni otra, porque ambas versiones son interesas y, por lo tanto, democráticamente bastardas. La única verdad es que se ha abierto una oportunidad para la paz, pero que esa paz debe contruirse desde la dignidad democrática, sin renuncias, sin precios, sin concesiones, sin la humillación colectiva de tratar de aigual a igual con gente asesina que, por sus crímenes cometidos, es y debe ser carne de mazmorra.

La sombra de Perpignan
Fernando Gallego Periodista Digital 23 Marzo 2006

A medio día hemos recibido una gozosa noticia, después del día de ayer en el que se reconocía a Cataluña su derecho a ser Nación. Pasado ese gozoso día, ETA ha comunicado que comenzará un "alto el fuego permanente". ETA nos cubre con el manto de su benevolencia y anuncia el fin de las muertes, no aclara si también el de las extorsiones. Bajo la traicionera apariencia de paz, los que han buscado este momento como parte de la estrategia que están jugando en el vil tablero de sus políticas, nos incitarán a la alegría y al regocijo, nos darán la buena nueva, y en la permanente ceremonia de la confusión a la que están jugando desde el inicio del proceso Catalán, buscarán que el adversario salga del terreno de juego con acusaciones como la de enemigos de la paz, incitadores al odio, y la eterna cantinela de etiquetas ya acuñadas contra la derecha democrática.

Por todo esto hoy debe ser el día de la firmeza, el día de la verdad. Es a partir de hoy, cuando los tibios de corazón, esos que se alegran del triunfo de ETA a cualquier precio, deben ser valientes y exponer con claridad a que aspiran, qué idea tienen de España, y hasta donde están dispuestos a llegar. El hipócrita y desleal proceso Catalán ha quedado desenmascarado y corroborado por el anuncio de ETA, y ahora los políticos del PSOE deben dejarse de ocultaciones, medias verdades y deslealtades manifiestas, para exponer ante la ciudadanía cual es el plan que ya tienen trazado para contentar a ETA tras 30 años de crímenes, lágrímas y extorsiones. ETA no ha llegado a este proceso para hacer de la necesidad virtud, ha llegado porque un gobierno salido de un ignominioso atentado terrorista sin aclarar, comenzó una deriva sin precedentes y sin previo aviso, que culminó ayer reconociendo a Cataluña como nación.

ETA hoy ha culminado su actividad terrorista, porque hay un gobierno con el que pueden conseguir los objetivos por los que han matado vilmente. Un gobierno lacayo que se agachará hasta la extenuación para recoger las nueces del árbol de la ignominia. Ya no vale la hipocresía y el ocultamiento del proceso Catalán. Aquí hay mil muertos, aquí no se puede jugar, aquí hay que decir con claridad la política que se persigue, y dejarse de alabanzas hipócritas a la paz, porque no hay paz que valga, ya que no puede haberla. Unos mal nacidos han jugado con los conceptos y han hecho creer a parte de la ciudadanía que estamos ante un proceso de paz, o de pacificación, cuando a estas horas tendríamos que estar ante la claudicación y la rendición de los asesinos.

La sombra de Perpignan se alarga sobre todo este abyecto proceso gubernamental de dejación de funciones, cesiones, traiciones e incoherencias. Esta sombra termina donde comienza la gran sombra para el futuro de España, que hoy anuncia esta tregua de ETA, no para la paz, sino para que continúe la rendición del Estado después del atentado mas fructífero para los intereses de ETA y de los nacionalismos periféricos: El 11-M

Hoy es mas necesario que nunca que se aclare la autoría de un atentado que ha marcado un cambio de régimen, y que dentro de algunos años, con mas datos y mas conocimiento de causa, quizás pueda ser calificado sin dificultad como un auténtico golpe de mano.

La hora de los jueces
José Javaloyes Estrella Digital 23 Marzo 2006

Tras el anuncio etarra de ayer, identificar la oferta y cuantificar su precio; situarla en el contexto —nacional e internacional— que le corresponde (España no aguanta más sangre), y encajarla en el discurso y la estrategia nacionalista, para la que ETA en particular y el terrorismo en general han sido cabeza tractora. Se impone el análisis secuencial: recordar qué ha sido cada paso y a qué ha conducido el encadenamiento de ellos, con cada sacudida del nogal y cada recogida de las nueces.

El alto el fuego anunciado por la banda terrorista se define más por lo que no es y debiera ser (la autodisolución, con el abandono de las pistolas, los explosivos y las extorsiones) que por lo que es ahora: expresión de una condicionante y una exigencia para que las reformas estatutarias sean lo que ha sido la experiencia catalana, culminada en el Congreso la víspera del anuncio de no se acaba de averiguar qué.

Esa experiencia, sabido resulta para todos, no es otra tras del espectáculo estatutario catalán que la vía alternativa para la reforma constitucional. De esa manera, el cambio de la Constitución y la transformación del Estado encuentra el camino expedito y convierte en constituyentes estas Cortes nacidas del 14M. Esa modificación de la Constitución y esa transformación del Estado, al cabo, no habría de considerarse de otra forma que como un golpe de lo mismo, pero con la violencia, precedente, fuera de pantalla. Y se agotaría así, como si aquí no hubiera pasado nada, la virtualidad revolucionaria de los atentados terroristas del 11M. Es decir, que aun siendo islámica la mano que ejecutó la masacre terrorista, el fruto político de ésta estaría cobrado por el nacionalismo de todos los métodos y colores.

El puente para el paso de una orilla a otra del cambio constitucional habría tenido sus fases. Primero una pilastra en medio del río, antes de que el atentado de los moros se produjera, con la reunión y pacto en Perpiñán con los terroristas del independentista Carod-Rovira, socio ya de gobierno en el tripartito catalán con los socialistas del PSC. De aquello salió Cataluña como espacio exento de terrorismo. Y de aquello ha salido también el reconocimiento a cencerros tapados de Cataluña como nación. Igualmente, del mismo origen ha sido la escenificación mediática de ayer por los criminales de la boina.

Las gradas ya están dispuestas para la botadura de los nuevos Estatutos de casco soberanista, cuya reiteración trivializará el hecho de que el Estatuto vasco lo sea también, como quieren los del Hacha y la Serpiente. Todos habrán pasado del autonomismo al soberanismo, yendo mucho más allá de a donde fue y concedió la II República. El principio de autodeterminación, luego de ser sometido al masaje de las relativizaciones, como el de lo nacional en el Estatuto de Cataluña, se extenderá igual que un bálsamo anestésico sobre la Constitución de 1978, llamada a salir del quirófano igual que la identidad sexual en el nuevo Registro Civil que prepara el ministro de los matrimonios homosexuales, como acaba de declarar y tan dispuesto a construir con los suyos una nueva Sociedad como a obtener un nuevo Estado. Los nexos de los territorios serán al cabo tan confederales y laxos como los nuevos nexos y vínculos matrimoniales tras de la botadura del llamado “divorcio exprés”.

O mucho nos equivocamos algunos, o van a ser los jueces quienes, como en el caso de la OPA de Endesa, o en el de los encarcelamientos de los recomendados por la Fiscalía General del Estado, vengan a poner orden: rescatando el peso de la ley y poniendo en su sitio la levedad totalitaria de la política sin otra norma que la voluntad de los gobernantes doctrinarios asistidos por los sucesos extraordinarios.

Mucha agua ha pasado bajo los puentes de España desde que aquel alcalde andaluz dijo que en España “la Justicia es un cachondeo”. Las cosas han cambiado mucho. Podríamos decir quizás que es la hora de los jueces y que dependemos de su independencia. Alguien habrá de acotar y calibrar conforme al derecho la situación creada por el comunicado terrorista de ayer. Algo tienen que decir las víctimas, la ley y el decoro nacional ante el festín del oportunismo nacionalista.    
jose@javaloyes.net

Tregua de ETA
Este no es el principio del fin
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Marzo 2006

Con el paso de las horas, y con la lectura del comunicado de los terroristas, salta a la vista que la anunciada tregua de ETA, que los propios terroristas llaman permanente, es un eslabón más de una larga cadena de cesiones y más cesiones que se han ido produciendo desde el Gobierno en estos dos años. Estamos ante un gesto pedido y suplicado a los etarras por el Ejecutivo desde hace meses. Un gesto que Moncloa ha ido alentando con una actitud condescendiente con los terroristas. Estamos ante una lista interminable de decisiones del Gobierno que ahora adquieren toda su dimensión como meras cesiones:

1. El Gobierno lleva meses desmontando toda la estructura que desde el Estado de Derecho se había ido construyendo para combatir el terrorismo y todo su entorno político, económico, mediático y social.

2. El presidente del Gobierno, desde hace mucho tiempo, no condena los atentados terroristas. Durante las últimas semanas, por ejemplo, no hemos escuchado ni una palabra de Zapatero condenando la ultima ofensiva de bombas etarras, ni las extorsiones a los empresarios vascos.

3. Zapatero ha ido paulatinamente suavizando todo su lenguaje. No habla de terrorismo, habla de violencia. No entiende de derrota de los etarras, todo se queda en proceso de paz. No menciona la palabra rendición, siempre se refiere al proceso. El presidente ha buscado todos los refugios dialécticos imaginables para evitar hablar de terrorismo, como si estuviera refiriéndose a una situación que sólo existe en su imaginación.

4. El Gobierno lleva mucho tiempo buscando la neutralización de las víctimas del terrorismo. Con descalificaciones, con comisariados, con ataques, con críticas. El Gobierno ha querido domesticar a quienes han sufrido la barbarie terrorista y, al fracasar en su intento, ha buscado su división.

5. Desde la Fiscalía General del Estado se ha intimidado a los jueces que, desde la Ley, han querido y quieren luchar contra el terrorismo. Cándido Conde Pumpido ha dado claras muestras de sus objetivos a la hora elegir a sus amigos y a sus enemigos.

6. En este sentido ahora se entienden, sin matices, los motivos por los que Conde Pumpido cesó políticamente al Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional. El relevo de Eduardo Fungairiño forma parte de este paquete de cesiones.

7. También entendemos ahora la actitud del Fiscal General del Estado cuando prefirió mirar hacia otra parte para evitar que se prohibiera la Asamblea de Batasuna en Baracaldo.

8. Quizá el primer gesto claro de cesión de este Gobierno ante los terroristas fue la luz verde para que los comunistas de las tierras vascas se pudieran sentar en el Parlamento de Vitoria.

9. El paso clave que el presidente Zapatero dio en su momento para que los terroristas entendieran su debilidad fue dinamitar el pacto antiterrorista.

En este elenco de razones sólo se recogen algunos de los gestos y de las actitudes del Gobierno hacia los terroristas. Una actitud de cesión que provoca una gran preocupación ante la dinámica en la que Zapatero nos ha metido a los españoles. Si el presidente es capaz de ceder en tantas y tantas cosas, en tantos y tantos principios, a cambio de un comunicado en el que ETA se mantiene en sus trece, ¿qué puede pasar desde ahora en adelante? Mejor no pensarlo.

Tregua de ETA
Oscuridad al mediodía
Cristina Losada Libertad Digital 23 Marzo 2006

Pensaba escribir sobre esas manos unidas por el principio del fin de la soberanía nacional, de la igualdad ante la ley, de la Constitución. Las manos de Mas, de Madre, de Saura y de Carod, unas sobre otras, como una banda de juramentados, y la manecita de Diego, que avanzaba para sumarse a la fiesta ante los leones de bronce, que han visto muchas cosas, pero nunca ésta. Se juntaban las manos separadoras bajo el cielo goyesco de Madrid a plena luz, y, sin embargo, cuántas sombras pasadas y por venir se reunían allí. El título de la versión inglesa de la novela de Koestler, inspirado en unas palabras de Milton (oh dark, dark, dark, amid the blaze of noon!), encerraba la paradoja de un proceso cuyas causas y efectos se ocultan bajo el resplandor del artificio. Un aparato de disimulo en el que encajan ese "no" de Esquerra, tan conveniente para dorar la píldora que debe tragar la ciudadanía, y lo que luego vendría.

Pues en esas estaba cuando la Oscuridad, así, con mayúsculas, aparecía al mediodía. Casi exactamente a las doce, y al día siguiente de que el Congreso reconociera un acto de soberanía ajeno y proclamara a Cataluña como nación. Con precisión digna de una maquinaria suiza, surgían de las sombras los asesinos, el kitsch de su escenografía sólo atemperado por el poder que administran sobre la vida y la muerte. Y comenzó el espectáculo. El show de políticos, locutores, analistas, conteniendo a duras penas la alegría. En el caos, Llamazares ocupaba lugar preferente, de gran estadista. En una televisión alemana pasaban como resumen estas líneas: ETA ha anunciado una tregua permanente y el gobierno celebra la "buena noticia para los españoles". Uno se sentía, en la medida en que el gobierno lo representa a ojos del mundo, miembro de un pueblo idiota y sumiso; incapaz de enfrentarse a una banda criminal, se contenta con que ésta le perdone la vida por un rato, y siempre que haga lo que exige.

No ha anunciado ETA su disolución, ni el abandono de las armas, ni siquiera el fin de la extorsión y la violencia. Pero ya les centelleaban los ojos a quienes están dispuestos a creer a los terroristas. Y a ceder: el Fiscal General anunciaba que las "nuevas circunstancias" aconsejan reflexionar sobre la oportunidad de encerrar al neumónico Otegi. Qué casualidad, una más, que esta tregua largamente esperada por el gobierno, se anuncie cuando el caudillo batasuno afronta la cárcel. Sea cual sea la trama oculta de este episodio, sólo unos imbéciles o unos oportunistas pueden confiar en la buena voluntad de una banda que ha utilizado ocasiones similares para reorganizarse, y que exige lo que cualquier grupo terrorista: negociación. Su amenaza sigue ahí, como una sombra. Si la negociación no le satisface, volverá a matar.

Negociar bajo esa amenaza es indigno de un gobierno democrático. Pero la resolución del Congreso de mayo pasado lo permitirá. No lo condiciona a dejar las armas, sino a una "clara voluntad" y a "actitudes inequívocas". A Conde-Pumpido le ha bastado con la entradilla para insinuar que la Justicia debe declararle una tregua a ETA. Ningún portavoz del gobierno ha dicho lo contrario. Ninguno afirma que sólo la disolución y la entrega de las armas serán tomadas en serio. Ninguno advierte que ETA continúa robando explosivos, matrículas, documentación; que sigue chantajeando a los empresarios; que persiste en su persecución contra los no nacionalistas. Nada. Todo ha sido echar las campanas al vuelo y dejar las vergüenzas al aire.

Ciertamente, como decía Luis del Pino, bien poco es lo que el gobierno ha extraído de la banda tras sus tejemanejes clandestinos. Pero Zapatero ya tiene un salvavidas al que agarrarse, y se aferrará a él con sus dos manos y con las de todos los náufragos que le acompañan tras dejar a la deriva a la nación. Ha proclamado ZP su confianza en la democracia, en la sociedad española, en la vasca y hasta en el PP. ¡Ahora! No confiaba en Rajoy para informarle de qué se cocía, pero ahora necesita que un partido con diez millones de votantes le lleve la cola en la ceremonia que se prepara. Ni la democracia ni la sociedad dependen de la confianza que en ellas tenga Zapatero. Es al revés; él es quien debe hacerse merecedor de la confianza de los ciudadanos. Su trayectoria empuja en sentido contrario. No, no es éste el tiempo de la esperanza, sino de la desconfianza. Primero, desconfiar de ETA, y luego, de todos los que en ella quieren hacernos confiar. Era mediodía y reinó la oscuridad.

Tregua de ETA
El fin del principio
GEES Libertad Digital 23 Marzo 2006

ETA ha declarado al fin la tregua que el presidente del Gobierno venía anunciando desde hace meses. Es sin duda una buena noticia para Rodríguez Zapatero, al que la banda terrorista estaba poniendo en ridículo con cada nuevo atentado. Que sea también una buena noticia para el conjunto de los españoles dependerá de que el proceso que ahora se abre no termine en realidad transformándose en una claudicación de nuestra democracia frente al terror.

ETA ni desaparece ni se rinde. Los terroristas anuncian un alto en su actividad criminal, pero la banda terrorista queda como garante de un proceso que debe llevar a lograr los objetivos por los que han estado asesinando los últimos cuarenta años. Es importante que la sociedad entienda que ETA permanece, que no manifiesta voluntad de desarmarse, que estará vigilante al desarrollo del proceso y que no dudará en volver a asesinar si no se cumplen sus expectativas.

La declaración de tregua tiene un doble objetivo para la banda terrorista. A corto plazo, habilitar a Batasuna para concurrir a las próximas elecciones municipales. Se trata de recuperar la presencia política y el poder institucional que los terroristas habían perdido tras la ilegalización de su brazo político. Esa presencia resulta crucial para la propia supervivencia de ETA.

A largo plazo se trata de obtener la autodeterminación y la anexión de Navarra y el País Vasco francés. La terminología del comunicado puede resultar farragosa y llena de dobleces: "impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos históricos que como Pueblo nos corresponde", pero no conviene engañarse sobre los objetivos finales de los terroristas. Ni la banda desaparece ni hay renuncia a sus objetivos políticos.

Hay además exigencias en el comunicado que resultan inaceptables para una democracia. ETA pide una tregua del Estado de Derecho, lo que los terroristas llaman dejar "a un lado la represión". Esta exigencia traerá múltiples complicaciones al Gobierno Zapatero. Es posible que en muy corto plazo comience el acercamiento de presos etarras al País Vasco. Es posible también que el presidente presente un paquete de modificaciones legislativas para aliviar penas a los terroristas. El Fiscal General del Estado se empleará a fondo para impedir la persecución de los terroristas. Pero a la vista de decisiones recientes será difícil que el Gobierno pueda obligar al Poder Judicial a atenuar su presión sobre la banda.

No acaban aquí las dificultades del Gobierno. Mariano Rajoy ha ofrecido apoyo al Gobierno, pero ha marcado con prontitud el terreno de juego: no precio político, plena vigencia del Estado de Derecho y reconocimiento a las victimas. Rodríguez Zapatero ha querido iniciar este proceso sin el concurso de la oposición y deberá asumir por tanto un marcaje muy estrecho del PP en cada paso que dé o concesión que otorgue a los terroristas. Las victimas ya han manifestado que su dignidad no es moneda de cambio para alanzar la paz.

Por otro lado, el Gobierno de Francia ni siquiera se da por aludido por el comunicado de ETA, a pesar de que la banda terrorista le menciona de forma expresa. Zapatero podrá contar por tanto con la pasividad del país vecino, pero en ningún caso con su complicidad.

El comunicado de ETA abre también algunos interrogantes en la propia banda. Por ejemplo, no está claro si el "alto el fuego" incluye el fin de las extorsiones al empresariado vasco. También habrá que ver si este anuncio incumbe a los actos de violencia callejera que se habían multiplicado en los últimos meses. Tras los últimos comunicados, cabe preguntarse incluso si existe una total unanimidad en la banda terrorista o hay sectores que no se sentirán vinculados por este anuncio. Sólo el tiempo permitirá conocer algunas de estas respuestas.

A pesar de todas las dificultades e interrogantes, Rodríguez Zapatero considera que con esta declaración de "alto el fuego permanente" podrá culminar lo que el denomina "proceso de paz". Es verdad que en estas circunstancias una mayoría de españoles le apoya en el inicio de una negociación con los terroristas. Lo que no está nada claro es que esa misma mayoría le consienta pagar el precio político que ETA le exige.       GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Ante el anuncio de un alto el fuego permanente de ETA
Editorial La Opinión 23 Marzo 2006

De todas las expectativas que pueda despertar el comunicado que ayer público la organización terrorista ETA declarando un "alto el fuego permanente" ninguna debe ir más allá de la barrera de la prudencia. Todo hay que contemplarlo de momento desde ese lugar, en el que cabe albergar esperanza, pero no ser ingenuos ni ilusos. Se precipitan, por tanto, quienes creen que ya estamos con seguridad ante el fin del terrorismo. También, quienes, contagiados por el optimismo instantáneo, piensen que España ha dado ya solución a su cáncer más cruel y desgarrador de los últimos cuarenta años. Y yerran quienes se sientan tentados a creer, por el devenir político de los últimos meses, que cualquier paso adelante en la lucha contra los asesinos de ETA es fruto de tal o cual política, de tal o cual político, de éste o aquel partido. Hay mucho dolor llorado, mucho sufrimiento compartido y 851 muertos en la memoria, que merecen justicia y respeto, como para lanzar las campanas al vuelo. Si alguien ha ganado es la democracia como sistema, porque no se ha doblegado ante el terror. Y es ahora el terror el que trata de disfrazar su rendición con una declaración altisonante en la que intenta dar a entender que trata de igual a igual a quien está infinitamente por encima de él en cualquier plano.

El comunicado de ayer de la banda terrorista ETA ha despertado lógicas esperanzas en la sociedad española. Son tales las ansias de poner fin a tantas muertes inocentes, a tan ominoso sistema de terror, que cualquier gesto alienta el optimismo. Pero toda cautela será poca. No estamos más que ante un punto de partida, un comienzo esperanzador, que debe reafirmar a la clase política española en una sola dirección, en un único mensaje: si todos los grupos, unidos, han llegado hasta aquí y han sido capaces, con la democracia como guía y la Constitución por instrumento, de poner a ETA contra las cuerdas hasta forzarla a anunciar ese eufemístico "alto el fuego permanente", juntos deben de ser capaces también de aprovechar la puerta que se abre para lograr el fin de la violencia. El recorrido, de iniciarse, será largo, duro y difícil y tal vez se prolongue mucho tiempo e incluso no se remate en esta legislatura.

Pero al final del mismo sólo puede haber unos triunfadores: el Estado de Derecho y, en cabeza, las víctimas del terror, que han dado lo mejor que tenían por defender la democracia.

Escribe Baltasar Gracián en su Arte de la prudencia, un clásico que debería ser manual de cabecera del buen político, que el hombre no debe descuidarse nunca. "La inteligencia, la cordura y el valor siempre deben estar a punto porque el que confía se hundirá. Suele ser una táctica de nuestros enemigos examinar rigurosamente nuestras cualidades en un momento de descuido. Conocen los mejores días y los excluyen; pero el día que menos se espera es el día de la prueba", viene a recomendar.

El día de la prueba, en lo que al terrorismo se refiere, parece estar llegando. Son tantas las experiencias negativas que ya se acumulan

-ETA anunció una decena de treguas desde 1988- que sería una osadía abordarlo desde una ilusa confianza.

La reacción ayer de los dos grandes partidos españoles puede considerarse reconfortante. Apenas unas horas después de que la banda anunciara sus intenciones, el líder de la oposición y presidente del PP, Mariano Rajoy, ofrecía en el Congreso al Gobierno su total apoyo al proceso que ahora se abre "siempre que no se pague un precio político" y "siempre que el Estado de Derecho siga cumpliendo con sus obligaciones", en referencia a que la Justicia y la Policía sigan cumpliendo su papel frente al terror. La respuesta del presidente del Gobierno hacia el PP fue igual de generosa: "Tengo la confianza en ustedes, que han luchado tanto por el fin del terrorismo. Son esenciales en este camino y tendrán mi máxima información y colaboración", dijo Zapatero, que anunció que la próxima semana se reunirá con el líder de la oposición antes incluso de hacerlo con el presidente del Gobierno vasco.

Las palabras de uno y otro mueven más al convencimiento del fin de la violencia que el propio comunicado de la banda. Y eso es lo más importante. Habrá que dar por bueno ese escueto texto leído en un minuto y treinta y seis segundos por una voz de mujer si de él deriva para el PSOE y el PP la vuelta a la senda del entendimiento en las cuestiones de Estado. ETA es un monstruo de dos naturalezas que en un mismo comunicado, como el divulgado ayer, es capaz de aceptar la vía democrática para solucionar los problemas pero a la vez no renuncia a las exigencias que le dieron vida: la independencia de lo que considera la patria vasca, incluyendo con sus advertencias al gobierno francés los territorios del vecino país, y el derecho de autodeterminación de Euskadi, la posibilidad de que los votantes vascos puedan decidir qué quieren ser en el futuro.

El comunicado de ETA abre una nueva etapa política. Pero no porque ETA vaya a imponer las reglas del juego, sino por todo lo contrario. El Estado de Derecho debe mostrarse más fuerte que nunca. Ahora conviene aplicar la "extremada calma" con la que el presidente del Gobierno aseguró que iba a tomarse los próximos pasos. En un asunto tan delicado resultará más importante no errar nunca que acertar cien veces. Ayer fue un día sin duda importante, pero el gran día, el que el terror y indignidad desaparezcan de España aún no ha llegado. Todos debemos esforzarnos para que lo haga cuanto antes.

ETA NO ANUNCIA SU DISOLUCIÓN
ROGELIO ALONSO PROFESOR DE CC POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS ABC 23 Marzo 2006

Muchas serán las personas que califiquen de «histórico» el último comunicado de la organización terrorista ETA. Este mismo calificativo ha sido utilizado en numerosas ocasiones a lo largo de la última década en Irlanda del Norte. Precisamente esa experiencia obliga a moderar evaluaciones excesivamente positivas que la declaración etarra puede sugerir a algunos observadores. Fue en 1994 cuando el IRA decretó un cese de sus actividades «militares» y todavía hoy la organización terrorista sigue activa. Cierto es que ha abandonado sus asesinatos sistemáticos, pero no sus actividades de financiación y recopilación de inteligencia que ahora, como reconocen las Fuerzas de Seguridad, utiliza para su estrategia política dirigida por el Sinn Fein. Por lo tanto, el Sinn Fein ha optado por las vías políticas, pero sin renunciar a la contribución de las actividades ilegales del IRA, que continúa al servicio del partido político garantizándole beneficios mediante la promesa de una desaparición de la banda que nunca llega, al ser dicho objetivo la fuente de concesiones hacia quienes supuestamente habrían de conseguirlo. Es decir, las vías políticas emprendidas no son en absoluto democráticas, al operar el partido político con el apoyo criminal, logístico y financiero de una organización ilegal, propiciando un escenario que seduce a ETA y a Batasuna.

Tan significativo precedente obliga a tener muy presente la coyuntura en la que ETA hace público su comunicado. ¿Qué persigue ETA con sus palabras? ¿Por qué en este momento actual después de otros comunicados muy recientes en los que aseguraba que, según su lógica, las condiciones para continuar con la violencia permanecen? La respuesta a estas preguntas y la interpretación del comunicado debe hacerse desde la insistencia en que la declaración está firmada por una organización terrorista responsable del asesinato de cientos de seres humanos, y que todavía hoy continúa amenazando, intimidando y financiándose a través de actividades criminales. Su mera existencia es sin duda un factor de coacción enorme que jamás un sistema democrático debería tolerar como aceptable. Por ello, frente a los exultantes comentarios suscitados por la declaración debe indicarse que ETA no ha anunciado su completa desaparición, ni su disolución, ni la entrega de sus armas. Hay quienes entienden que todo eso vendrá después de un primer paso como el de ayer. Sin embargo, esa mera muestra de tolerancia hacia una organización terrorista invita a involucrarse en una contraproducente dinámica de concesiones. En realidad, un alto el fuego de un grupo terrorista no debe ser alabado al no ser en absoluto un acto que deba recompensarse, pues su violencia es simplemente inaceptable de partida.

La necesidad de plantear tan firmes exigencias se desprende de los efectos que se derivarían de una respuesta mucho más complaciente, tal y como se deducía de las palabras del dirigente del Partido Socialista de Euskadi José Antonio Pastor, cuando en relación con el posible encarcelamiento de Otegi declaraba días atrás: «Probablemente, a lo mejor tampoco hubiera dado lugar a que se hubiera producido ninguna circunstancia de éstas si se hubiera producido ya un escenario de desaparición de la violencia en el País Vasco, porque la presión social, la ilusión de la sociedad influye en todo el mundo, en jueces, políticos, periodistas y en todo el mundo». En su opinión, todos los estamentos son personas que se dejan «influir como todos» y, «cuando se genera un clima de esperanza y de futuro en paz, es evidente que se produce un relajo general en la sociedad». En función de esa lógica, la declaración de ETA serviría para acentuar la presión sobre una sociedad ansiosa de paz tras décadas de un terrorismo que precisamente ha buscado su desestimiento. Ahí radica el peligro de considerar como suficiente la actual declaración de tregua a pesar de que ésta no informa de la noticia que realmente sí debería ser bienvenida, esto es, la completa disolución, desaparición y desarme de la organización terrorista.

ETA y el terror multinacional
Ánxel Vence La Opinión 23 Marzo 2006

Fiel a su peculiar lenguaje bélico, la ETA acaba de perdonarnos la vida con un nuevo "alto el fuego" que esta vez será "permanente"; pero lo cierto es que tal vez se trate de una decisión de orden menos militar que comercial. No sería raro que la competencia de Al Qaida haya influido sobre este giro en la habitual estrategia de marketing de la compañía etarra.
Hace ya algunos años que el mundo se ha convertido en un mercado global a todos los efectos, y eso incluye algunas actividades sin duda atípicas como el narcotráfico o el terrorismo. Empieza a resultar evidente que las pequeñas empresas locales como el IRA irlandés o la ETA española no pueden resistir el empuje de multinacionales tan poderosas como la que preside el saudita Bin Laden.

La firma Al Qaida ha abierto tiendas en todo el mundo, como es bien sabido. Sus probos empleados -por lo general, suicidas- han demostrado una imparcial habilidad para estrellar aviones llenos de pasajeros contra edificios de Estados Unidos, hacer saltar discotecas por los aires en Indonesia o reventar trenes de cercanías en Madrid. Su capacidad para establecer franquicias en cualquier lugar del planeta hace especialmente temible a esta empresa dedicada a la fabricación de
cadáveres.

Resulta difícil competir en el mercado mundial del terror con esa imagen de marca; mayormente porque el terrorismo islamista utiliza para conseguir sus objetivos técnicas comerciales mucho más agresivas que las de las tradicionales "organizaciones armadas" de ámbito local.

Aun así, conviene no engañarse. Contra lo que se ha venido sugiriendo, probablemente la ETA conserve el suficiente armamento y personal disponible para cometer cuando le plazca algún nuevo atentado con víctimas. Bastaría, por ejemplo, con no dar aviso de algunas de las bombas que hizo explotar durante los dos últimos años para que el balance de daños humanos resultase estremecedor.

Si los etarras desistieron, como parece, de causar muertes durante el último bienio, no fue exactamente por caridad cristiana. Más bien ha de tratarse de un cálculo estratégico. Después de la barbarie indiscriminada que han desatado quienes usan el nombre de Alá en vano, el terrorismo perdió mucho de su crédito, incluso entre los que apoyaban una supuestamente romántica "lucha armada". Desde el 11 de septiembre para acá, la multinacional de Bin Laden ha desprestigiado de tal modo esa fúnebre actividad que ni siquiera los más exaltados partidarios de tales técnicas de acceso al poder logran mantener su discurso.

El mero sentido común sugería ya que las organizaciones terroristas no tenían el menor sentido en una Europa que permite la libre expresión de cualquier idea, incluyendo las que propugnan la disgregación de un Estado. Resultaba igualmente extravagante que los salvadores de la Patria calificasen de "oprimidos" a pueblos que disfrutan de elevados niveles de autogobierno y aún más altas cotas de renta por habitante.

Infelizmente, resulta arduo razonar en esos términos con gentes que apelan a la genética y los derechos colectivos de pueblo o de estirpe para fundar sus reivindicaciones. La prueba es que no hubo manera de hacerles ver lo disparatado de su actitud.

Lo que la elemental lógica no consiguió, parece haberlo hecho ahora la competencia de las grandes multinacionales del terrorismo como Al Qaida. Y es que tener de compañeros de gremio a sujetos tan incómodos como Bin Laden o los ayatolás de la bomba acaba por pasar factura a cualquiera.

Nada de esto implica, naturalmente, que la ETA vaya a abandonar sin más las armas. Seguramente pueda, si se lo propone, seguir matando y extorsionando a sus particulares infieles, pero ya ha perdido la batalla -fundamental- de las relaciones públicas, y acaso sus jefes sean conscientes de ello. Algún beneficio colateral podría traernos, después de todo, la espantosa mundialización del terror. Ojalá.       anxel@arrakis.es

Obligados a la sospecha
Por VALENTÍ PUIG ABC 23 Marzo 2006

HUBO ayer una impudorosa ocasión para la lírica humanitaria y para el brindis, incluso para un «sprint» casi obsceno hacia el olvido. El terrorismo abre y cierra válvulas para eso, para jugar con las esperanzas del pueblo noble y confiado, para predisponer las buenas voluntades. Luego, hizo falta muy poco espacio de tiempo para que el alivio de nuevo cediera paso a la sospecha. Ése es el aprendizaje del dolor, la lección recibida al ver tan de cerca el corazón de las tinieblas. El titular del comunicado de ETA indujo fugazmente a un revuelo de vida por fin ajena al terror, hasta que poder ver en imágenes la escenificación del comunicado impuso otra vez el escalofrío. Esos tres tipos con el rostro cubierto, con sus txapelas, envueltos en la simbología siniestra de la banda asesina, estaban enunciando todo lo contrario de lo que simulaban decir: estaban amenazando de nuevo, otra vez pregonaban el precio político por dejar de matar y extorsionar. Desengáñese quien espera que alguna vez ETA pida perdón.

Quizás algo vaya a cambiar, pero el más inmediato presente es borroso. Viene, además, manchado de sangre, con mucha sangre. Estos enemigos del Estado son a la vez enemigos de la vida. Usan de la muerte para abrirse camino hacia una revolución nacional que nadie sabe adónde va, ni falta hace. El modelo fue la Albania de Enver Hoxha, la etnia absoluta alzada sobre la pira ardiente de los individuos, los derechos totalitarios del territorio mítico arrebatados a sangre y fuego a los derechos de los ciudadanos, el determinismo de la nación pura impuesto a la razón impura de la libertad. Frente al futuro razonable de lo real, el futuro absoluto de la muerte. Todo eso constaba en la escenografía del comunicado.

No es necesario preguntarse quién es ETA para negociar con el Estado. Eso ya lo sabemos. La destrucción de tanta vida no forma parte de los postulados del mal menor. Lo humano es el desfallecimiento de la víctima, la inhumanidad está en el agresor. Los miembros de la organización terrorista ETA llevan un tiempo interminable entregados a sus demonios, unos demonios que no dejan de ser monstruos hijos de la razón revolucionaria, de un plan para suplantar la vida por los paraísos de la destrucción, con toda la violencia que sea necesaria para crear un pueblo nuevo. Los ídolos de la patria pura asumen el mal con gozo, con supuesta inocencia fundacional. El pueblo en desgracia a causa del invasor español merece justicia absoluta. Ahí está la prefiguración de ese pueblo nuevo, en la dialéctica obtusa y rupestre de los parlamentarios del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

Los amigos de Robespierre escribieron una oda a la guillotina: «Máquina amable, ten piedad de nosotros; máquina admirable, libéranos de nuestros enemigos». Esos artilugios, puestos al día según el arsenal contemporáneo, presidirían las plazas del Gran Euskadi irredentista, sustraída Navarra a su identidad, sumada al proyecto -no se sabe cómo- la población vasco-francesa. Todo terrorismo exige su «Lebensraum», su espacio vital. Hitler lo buscó para sustento y predominio de la raza aria.

A partir de ayer queda por delante un camino incierto y oscuro, muy largo. Claramente, ETA mantiene sus objetivos pero busca cómo lograrlos con tregua. Quienes tienen en sus manos la regencia del bien común asumirán responsabilidades y riesgos. Lo más indicado es que los nublados y las turbulencias no puedan coger por sorpresa a una sociedad que legítimamente confía en los poderes del Estado. Pase lo que pase, nunca estará de más proseguir en la práctica de la sospecha. La gente sabe que en el transigir también peligra la existencia. Hasta el último minuto, hasta que sea entregada la última de las armas, ETA está bajo sospecha. Las razones abundan. Entre otras cosas, porque -como dijo Canetti- los hombres ya no tienen medida cuando la vida humana deja de ser la medida.    vpuig@abc.es

LA BANDA NO ENTREGA LAS ARMAS
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 23 Marzo 2006

Como pasa siempre con lo comunicados de ETA, lo mejor es cogerlos con pinzas -y otra en la nariz- y leerlos con la firme intención de no dejarse secuestrar por el síndrome de Estocolmo. En este caso quizá sea más aconsejable todavía, porque al fin y al cabo la banda aprovecha su postración operativa y desgracia social para presentar como un regalo generoso lo que, desde hace ya mil días, es solamente una situación de hecho. Pretenden perdonarnos la vida cuando resulta que no están en condiciones de cobrarse una vida más... y sobrevivir al crimen. Tenemos una banda declinante, con todas las luces de alarma encendidas (políticas, sociales, policiales, internacionales) excepto, quizá, las del propio fanatismo e innegable habilidad para enredar a sus enemigos en estólidas especulaciones sobre la presumible traición del vecino. Una banda sumida en un proceso de reconversión por la fuerza que le resultaría mucho más difícil y costoso, quizás imposible, si no existiera el abismo que separa, tan irracionalmente en este asunto, a Gobierno de oposición, al PSOE del PP.

Esto último es, me parece, lo primero que hay que recordar ahora para extraer el corolario inevitable: el presidente Rodríguez Zapatero debe convocar cuanto antes el Pacto Antiterrorista, y el PSOE y el PP deben llegar a un acuerdo de auténtica política de Estado. Nos jugamos dos finales muy distintos. En uno, con acuerdo constitucional, la democracia se impone al terrorismo y éste acaba desinflándose hasta extinguirse. Hay vencedores y vencidos, y son los que deben ser. Sin ensañamiento, pero sin injusticia. En el otro, sin acuerdo constitucional, ETA se transforma en un agente tutelar de lo que cínicamente llama «proceso democrático», consiguiendo consolidar su papel de mafia armada que quizá no mate directamente, pero que amenaza, extorsiona y distorsiona absolutamente todo.

Al primer final de ETA podemos llamarlo -es idea de un amigo concejal socialista- «la paz de Marlaska», en homenaje a este juez que no ha cedido ante el intento de someter el poder judicial a las conveniencias de partido. El segundo final es, obviamente, «la paz de Azkoitia». De momento, es posible acabar con ETA sin pagar contrapartidas políticas -es contraproducente empeñarse en que el Gobierno ya ha pagado aduciendo el insustancial ejemplo de las nekanes seudocomunistas-, y mucho más gracias al juez Grande-Marlaska y otros como él que a ciertos altos funcionarios del Ministerio Público. Sin duda. Por fortuna, el Estado es mucho más que el Gobierno y su mayoría parlamentaria, aunque algunos lo olviden todos los días en su empeño por enterrar otra vez a Montesquieu.

Lo que ETA pretende con su comunicado es bastante obvio: extender la paz de Azkoitia y convertirla en el sistema del futuro. Contra el empeño de los fetichistas, la banda no utiliza la palabra «tregua». Por una vez voy a citarme, porque he insistido mucho en que ETA no podía de ningún modo volver a declarar una tregua, temporal por definición y por tanto necesitada de vuelta al estado previo, sino en todo caso un abandono de la violencia o «alto el fuego», y así ha sido. Ahora bien, y el matiz es importante, es un alto el fuego permanente, no definitivo. Lo que significa que ETA se reserva un papel tutelar de matón armado a la expectativa, y sin intención de entregar las armas aunque tampoco de usarlas, un matón cuya sola presencia, y por el conocimiento público de que sigue acumulando explosivos y organizando comandos, baste para condicionar de modo preventivo lo que suceda en el escenario político. El resto del comunicado es menos relevante: contiene las condiciones políticas habituales, la autodeterminación camuflada bajo el eufemismo de «consulta popular» vinculante para España y Francia. El aire irlandés del texto, que evidentemente imita -¿la asesoría de Alec Reid?- la retórica del IRA, más bien parece un recurso destinado a sorprender y camelar a incautos y cómplices disimulados. Convendría, por tanto, no dejarse distraer de lo fundamental y empujar al PSOE y el PP a ponerse de acuerdo. Aunque no quieran.

ANTE ETA: ENTRE EL DERECHO Y LA JUSTICIA
MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 23 Marzo 2006

El anuncio realizado por ETA de un «alto el fuego permanente», más allá de la retórica y de los eufemismos que inevitablemente acompañan al lenguaje político, pone de relieve que esta organización terrorista se dispone a suspender temporalmente la realización de atentados para favorecer el logro de sus objetivos. A este respecto, lo primero que debe señalarse es que ETA no ha anunciado el final del terrorismo, de manera que no dice que esté dispuesta a dejar de emplear la violencia como procedimiento de la acción política. Más aún, de su comunicado se desprende que condiciona el posible uso de las distintas formas de terrorismo a los progresos que se obtengan en cuanto a la materialización de sus pretensiones políticas. Por ello, la más elemental prudencia aconseja estar atentos para ver si, de una manera efectiva, desaparece la extorsión a los empresarios, el saqueo de los almacenes de explosivos, las acciones de lucha callejera o el acoso a los concejales electos de los partidos democráticos en los pueblos del País Vasco, además de los atentados.

ETA desvela también sus dos objetivos inmediatos: por una parte, el reconocimiento de la independencia del País Vasco -a lo que se alude cuando se señala que «los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro»-; y, por otra, el logro de la libertad de sus militantes encarcelados y del reconocimiento de las organizaciones de su entorno, principalmente de Batasuna -lo que se expresa en su «llamamiento a las autoridades... para que dejen a un lado la represión»-. Y para ello exige un papel de interlocución política con respecto al Gobierno, apelando a que «todos los agentes actúen con responsabilidad».

Tales objetivos son claramente inasumibles en una sociedad democrática como la española. El derecho a la independencia de cualquiera de las regiones de España por medio del ejercicio de la autodeterminación no se encuentra reconocido en nuestro ordenamiento constitucional; y, por tanto, no puede ser objeto de ninguna negociación con ETA. Además, la democracia no puede admitir la interlocución política de una organización que no ha sido elegida por los ciudadanos y que no cuenta, por ello, con ninguna representación de la voluntad popular. Si ETA, o Batasuna como testaferro de ETA, se sentara a negociar esos asuntos con el Gobierno, nos encontraríamos ante una evidente disolución de los fundamentos de la democracia, ante un «estado de excepción» contrario al Estado de Derecho.

Tampoco cabe la excarcelación de los etarras presos o la relegalización de Batasuna. Ese partido ha sido excluido del sistema por alentar el empleo de la violencia con fines políticos, lo que se ha evidenciado como incompatible con el sostenimiento de la democracia. Y aquellos presos lo están por haber cometido delitos de extremada gravedad cuyas consecuencias han sido, en muchos casos, irreparables, pues irreparables son las vidas humanas que ha segado el terrorismo. Para atender este segundo objetivo de ETA no sólo habría que violentar el Estado de Derecho, sino que habría que establecer un verdadero «estado de injusticia», pues no otra cosa sería la frustración de la aspiración de justicia que reiteradamente hemos expresado las víctimas del terrorismo al exigir el cumplimiento de las penas a las que han sido condenados los terroristas.

¿Qué hacer, entonces, ante el comunicado de ETA? Me parece que los representantes políticos, y muy especialmente el Gobierno, deben actuar con una extremada prudencia, sin levantar expectativas desmesuradas y menos aún sin pretender recoger -como lamentablemente ya han hecho algunos dirigentes nacionalistas desde el País Vasco y Cataluña- los réditos políticos del terrorismo. Y, en ese ejercicio de prudencia, nunca deben perder de vista la orientación que, para vencer definitivamente al terrorismo nacionalista vasco, proporcionan las instituciones democráticas que se encarnan en el Derecho, y las aspiraciones de convivencia pacífica que sólo encuentran su realización en la Justicia.

Por qué el "alto el fuego" de ETA no es una buena noticia
José Javier Esparza elsemanaldigital 23 Marzo 2006

ETA es una banda terrorista, esto es, una organización armada. Su fuerza está en las armas. Si ahora dice que las hará callar por un tiempo, eso sólo puede significar una cosa: que ha encontrado bazas mejores para lograr sus propósitos, bazas que le permitirían alcanzar sus objetivos con menos riesgo. Tales bazas sólo puede habérselas proporcionado el Gobierno. No puede considerarse tranquilizador.

En esos propósitos de ETA, en sus objetivos, está el meollo de la cuestión. ETA mata por un programa de carácter político. Ese programa contempla, con carácter fundamental, la autodeterminación del País Vasco (como paso previo a la independencia), la anexión de Navarra y la excarcelación de los terroristas presos. ETA no ha rebajado sus exigencias. En consecuencia, hay que preguntarse por qué ETA piensa que hoy puede acercarse a esos objetivos sin matar. Y eso hay que preguntárselo al Gobierno, que, además, en los tres frentes ha enviado señales al mundo etarra. ¿Qué ha comprometido exactamente ZP en el "proceso de paz"?

Lo que ETA ha anunciado es un "alto el fuego permanente". Un alto el fuego es ese trance en el que ambos contendientes suspenden los tiros –pero sin dejar de tener el arma en la mano. Una situación así nunca puede ser "permanente", porque ninguna fuerza puede congelarse en una exhibición inmóvil. Por definición, el alto el fuego es un ínterin que sólo tiene dos salidas posibles: o la rendición, entregando las armas, o la reanudación de las hostilidades. Sabemos que ETA no desea rendirse porque no ha dejado de rearmarse. Por consiguiente, la amenaza continúa.

El alto el fuego, también por definición, es bilateral: nadie levanta el arma si el enemigo sigue disparando. ETA habla de "alto el fuego" y no añade "unilateral" (algo que sí hizo cuando la tregua con Aznar). Por consiguiente, hemos de pensar que la nueva situación implica también un "alto el fuego" por parte del Gobierno. Eso sólo podría traducirse en la suspensión de la actividad antiterrorista del Estado. He aquí una nueva pregunta que hay que dirigir al Gobierno ZP, máxime si tenemos en cuenta que desde hace largos meses no hay ni una sola detención de etarras en suelo español: ¿estamos también nosotros en "alto el fuego"?

Más allá del deplorable júbilo de los medios progubernamentales, conviene tener presente que estamos ante una banda armada que se encuentra, hoy, en su mejor momento desde hace años y con más influencia política que nunca. Esa influencia se la ha otorgado el Gobierno al alimentar las expectativas sobre un "proceso de paz". Como esa "paz" depende enteramente de la voluntad de ETA, los terroristas tienen al Gobierno en sus manos: un solo atentado mortal y ZP se hundirá. El PSOE, que lo sabe, hará lo imposible para contentar a ETA. Y ETA, que, por supuesto, también lo sabe, hará lo imposible para coaccionar al PSOE.

Y los hay que todavía están contentos.

Tregua de ETA
Alto el fuego permanente, contradictio in terminis
Antonio Sanchez-Gijón Libertad Digital 23 Marzo 2006

En el comunicado de ETA llama la atención que no se use la palabra "tregua", tan esperada por algunos.

La expresión "alto el fuego" utilizada por ETA pertenece a la terminología del derecho de guerra. Ocupa un lugar determinado en la escala de calidad de los instrumentos legales que condicionan, limitan o ponen fin a la guerra o conflicto armado. Ese lugar es el más bajo posible en esa escala, inferior en contenido y alcance a "suspensión de armas", "tregua", "armisticio", "capitulación" y "tratado de paz". Ninguno de esas situaciones jurídicas, excepto la última, pretende ser permanente. Tanto menos puede pretenderlo el "alto el fuego".

En puridad, "alto el fuego" pertenece más al catálogo de medidas tácticas en una operación de combate que al derecho de guerra. El que dispone el alto el fuego no es la autoridad militar superior ni, por supuesto, la autoridad política, sino el jefe de la unidad armada que está operando en un sector reducido del campo de batalla. Siempre lo hace para adaptar el ritmo del combate a la economía militar, no para alcanzar cuanto antes la terminación de la guerra. Por tanto, el fuego se reemprenderá cuando la economía del combate lo permita.

Los otros instrumentos que el derecho de guerra contempla para limitar o poner fin al conflicto armado están en manos de los jefes militares supremos o de las autoridades políticas soberanas.

Para el caso de ETA, debemos entender dos cosas. Primera, que aunque el aparato armado de su estructura declare ahora el cese permanente de la actividad armada (violencia o terrorismo), sólo lo hace al nivel que le es propio como unidad armada, esto es, a un nivel bajo, como si se le hubiesen terminado las municiones o se encontrase privada de espacio de maniobra y le conviniese estarse quieta (su economía de guerra). En cuanto a "esta ETA", el combate ha terminado si no se la hostiga demasiado. Esto puede indicar tanto el que se siente "militarmente" derrotada como su contrario, que el éxito de la etapa armada permite alcanzar sus fines sin necesidad de fuego. Seguramente ésta última es la interpretación correcta.

Pero también quiere decir una segunda cosa: que hay una autoridad superior (digamos, por ejemplo, el Movimiento Vasco de Liberación Nacional, el conglomerado batasuno y sus aliados PNV y EA), y que esta autoridad ha decidido elevar el conflicto a un nivel de confrontación más complejo, en el que, ¿quién sabe?, la lucha armada, ahora relegada, no queda cancelada como herramienta política que es, sin que por ello "esta ETA" quebrante su palabra de "alto el fuego permanente".

Esta autoridad política superior del movimiento independentista vasco, comoquiera que esté conformada, luchará a partir de ahora para ser admitida como la persona jurídica adecuada para negociar con el estado español la "tregua definitiva", o imponerle un armisticio, término éste que casi siempre es sinónimo de capitulación, y llegar así al feliz día en que le sea posible firmar la paz con España. Para ello, la suspensión del "alto el fuego permanente" ahora declarado por "esta ETA", no será otra cosa que un expediente transitorio más del conflicto que tienen con el estado español.

DOS MONSTRUOS EN 24 HORAS: El "Estatut" y el Rataplán Etarreche II
Juan Pablo Mañueco Periodista Digital 23 Marzo 2006

Como después de la fecha imperecedera del 21 de marzo: nacimiento de otra nación en España, han llegado ya, a las 24 horas, los que se apuntan al nacimiento de la tercera, habrá que decir un par de cosas sobre el alumbramiento del segundo monstruo en tan pocas horas:

1. PREÁMBULO PRIMERO. La Virgen María-no y el señor ZPerjuro
"Váyase, señor ZPerjuro, váyase". Dígalo, señor Marial, dígalo y se acaba la comedia desgubernativa.

RAJOY es que está muy mariano. Yo le veo virginal, vamos, incapaz de romper un plato; casi como la Purísima, por lo que me dan ganas de rezarle un ángelus.

Lo malo de este marial -que si ustedes recuerdan los carteles de 2004, cuando iba a ganar las elecciones de calle e hizo una campaña tan modosita y sigilosa para no molestar a nadie, presentaba la barbilla baja y una mirada ursulina-, es que no se cumplieron las previsiones de quien le nombró con el dedo... y desde entonces parece la Dolorosa y hasta un poco la Piedad.

Para sucesor, que gestionara bien el patrimonio y sin derrochar mucho más que lo corriente entre los políticos, tal vez hubiera servido... Aún está a tiempo de ser un buen director de sucursal bancaria, a quien se pueda confiar los ahorros, o un gris registrador de la propiedad. Pero para líder político que tenga que ganarse el puesto por esos mítines y por esos navajazos traperos de la política, no.

Carece de nervio para salirse del guión que se haya estudiado concienzudamente la noche anterior, con lo que todavía da algún que otro pego en los debates, donde los suyos le aplauden como diputados, para ganarse el pan de todos los días. Pero en la vida real, sus discursos son prosódicamente “zopas”, tácticamente virgíneos y punzantemente inmaturos y transverberados, como los de una dulce doncella que de pronto tuviera que agriar el gesto para que le respeten.

Está tenso, atropellado, fuera de lugar y de recursos ante las zurras que le caen por todos lados. Como mucho, es el pasivamente crispado. Pero le acusan de crispador, y ni siquiera se le ocurre levantarse en el Congreso y decir: “Pero hombre, ¿cómo voy a ser yo el crispador con esta cara (galaica)?”.

Y, además, no atina: todos leemos que, según la Constitución, España es una nación y, según el “Estatut”, Cataluña es otra... Que España tiene unos símbolos nacionales y, según el “Estatut”, Cataluña otros... Bueno, pues la Virgen María-no, en prueba de su doncellez, no acierta a pronunciar de una vez la palabra que desharía todo este fraude como por ensalmo: Per-ju-rio... Quien esté aprobando eso comete sucesivos perjurios contra la Constitución que juró.

Dígalo, señor Marial, dígalo, sin ninguna tensión ni ofensa: siendo exacto... Con mucho menos consiguió su antecesor que se marchara el señor González, diciéndoselo desde la Tribuna del Congreso unas cuantas veces... Pues ahí lo tiene: "Váyase, señor ZPerjuro, porque ha perjurado". Y con cuatro admoniciones como ésta se acaba la comedia desgubernativa, porque al menos el electorado se enteraría.

¿Se imagina cualquier lector lo que haría Pérez Rubalcaba, ese político que no ha mentido nunca, si pudiera decir: "España no se merece un Gobierno que le perjure todos los artículos de la Constitución"...? Pues este marial, mariano o mariológico de Rajoy no entiende que, muy serenamente, podría empapelar cada rincón de España con carteles con la imagen del Gobierno el día que ZPerjuró la Carta Magna que ahora hunde.

¿Cuántas semanas -meses, a lo sumo- podría durar un Gobierno que fuese confrontado así con la contradicción que media entre sus propias promesas y sus crispantes actos propios...?

Para la próxima aparición mariana o advenimiento público de Marial, aquí tiene otra palabra mágica que, sin embargo, él transforma en error craso: no vuelva a negar que sean ustedes los catalanófobos, puesto que no lo son. Diga que los catalanófobos... son ellos: quienes niegan la Cataluña plural que impedirá ese Estatuto, pero que la Constitución sí recoge.

Y luego están los restantes arcángeles de esta corte celestial de angelotes: Zaplana y Ángel Acebes, a cual más cándido, a quien más marianista que Mariano y metiéndose todos en problemas con sus preces menores... Mientras que en el otro bando la maquinaria bélica funciona como un reloj: Rubalcaba asegura que el PP miente, ZP sonríe en perpetuo éxtasis y José Blanco aclara que el PP crispa...

¡Pero si no saben, don Pepiño, ni soltarles la verdad de lo que ustedes son y prueban a diario!: Al contrario, hasta se permite usted reírse de estos cándidos, diciéndoles que "acaten la Constitución y que no la manoseen tanto", siendo lo cierto que ese papel mojado que siempre son las Constituciones Verticalistas, sus socios y ustedes ya lo han convertido en puro papel de váter... Incluso Pepiño, mientras se lo decía, no podía contener la risa que le merecen los tonturrios del PP, la cual risa le bailaba en sus ojillos de dibujo animado.

Como este gallego casto y ursulino no se defina pronto, y más teniendo a su lado a esos dos ZaplÁngeles -ya torpones de por sí, amén de aceitados por la imagen del 11-M a los que esa fecha va a derrotar dos veces-, yo creo que Marial Rajoy se nos va a ir entero, y eso que ni soy futurólogo ni practico el divino don de la profecía... Pero pienso a veces, y en ese belén del Portal Popular, comienzo a dudar que lo haga ninguna figurilla.

2. PREÁMBULO SEGUNDO. El de ETA
Hoy, la banda criminal ETA ha dado otra tregua ("alto el fuego") y tampoco definitiva ("permanente"), que durará hasta que la banda quiera. Mantienen todas sus exigencias: las de siempre. Incluida la autodeterminación, que, claro, ellos no conceden a sus terriotorios internos.

Dada la nula novedad, toda España, medios de comunicación, analistas y "blogeros" se han movilizado. El ritmo lo siguen marcando... ellos: los terroristas. ¡Curioso Estado!, o, ¡qué país!, que se decía antes.

Mi opinión: se ha iniciado el Preámbulo del Epílogo del Estado, Acto II, a las 24 horas del celebrado y aplaudido primero. El inicio del principio del fin de... eso, por decirlo con otras palabras, menos técnicas. Lo que ya no sé es cuántos conocían el desarrollo del libreto.

Si ya en condiciones de normalidad, ZPerjuro ha sido capaz de alumbrar un monstruo de contradicciones como el "Estatut"... ¡qué no será capaz de gestar dadas las "ansias infinitas"... de rendirse que tiene!

Para eso, que hubiera aceptado el Plan Etarreche hace un año, que lo hubiese "limado un poco" durante meses de sórdidas negociaciones que habrían podido terminar con la visita secreta de Otegui (o de su "padre", Arzalluz), por la noche, y, aunque todo quedase tan inconstitucional como al principio... al menos hubiéramos celebrado las Olimpiadas en Madrid, que es otra cosa que debemos a su política de alianzas exteriores.

El mismo desastre que nos aguarda con su política "interior", que se irá poco a poco convirtiendo en externa, dada la contumacia de fanatizaciones con la que siempre se alía. Sólo que ahora tendremos que soportar otra tanda de interminables mentiras, perjurios y sonrisas...

Señor ZP, mire: si a lo mejor ya todos queremos separarnos de una vez de las diversas familias de fanáticos. Plantéelo a las claras, siga los cauces constitucionales. Y que las tropas de la ONU controlen la carnicería cultural y física que, de otro modo, producirán allí los fanáticos.

Porque, con usted, ya tenemos experiencia de que no se puede contar para esos menesteres: lo que le priva, en lo ideológico y en lo físico, es todo "género" de retrocesos contra lo coherente.

Una tregua con incógnitas
Jorge Marsá Periodista Digital 23 Marzo 2006

Santiago González
[Basta Ya]

Ante una noticia como la que ETA protagonizó ayer a mediodía al comunicar su decisión de declarar un alto el fuego, la primera sensación es, inevitablemente, de alegría. Habrá ciudadanos en Euskadi que, durante un periodo indeterminado de tiempo, podría salir a la calle sin mirar a derecha e izquierda, sin necesidad de escolta y eso, está bien en sí mismo, sin ninguna otra consideración. No es adecuado que la tregua nos sorprenda en la perplejidad que mostraba un personaje femenino de Woody Allen en "Manhatan": "He tardado dos años de psicoanálisis y otros dos de terapia de grupo en alcanzar mi primer orgasmo y va mi psicoanalista y me dice que no era el adecuado".

Está tan bien que no vayan a cometer delitos en un plazo no determinado de tiempo que el día en que todos los ciudadanos puedan salir a la calle sin escolta, que no haya bombas con carteles de aviso o sin ellos, el día que ningún empresario reciba una carta para extorsionarlo, no habremos comenzado "un proceso de paz". Ese día ETA nos habrá dejado en paz, que es de lo que se trata y lo que el presidente del Gobierno esperaba, según él mismo ha declarado repetidamente.

No hay motivos para creer que la alegría nos vaya a durar para siempre, la verdad sea dicha, recordemos el precedente de la última tregua etarra, recordemos que el año siguiente a aquel alto el fuego ETA pudo asesinar a 24 personas, gracias a los datos que había recopilado sobre ellas durante los 14 meses de la tregua. Hay que considerar que el terrorismo de ETA ha ido a más en estos tres años, así como la kale borroka, que la efectividad policial está yendo ostensiblemente a menos, pese al discreto magreo al que don José Blanco somete al número de detenciones policiales de presuntos etarras. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no han detenido a ningún etarra desde el verano de 2005; la Ertzaintza, desde septiembre de 2003. A finales de 2003, se había esclarecido policialmente el 65% de los atentados perpetrados ese año; esa cifra había descendido al 24% en 2004 y al 4% en 2005, lo que revela que la Policía tiene menos datos sobre la banda terrorista que hace dos años, cuando se detenían comandos antes de que empezasen a actuar. ¿Quiere esto decir que la Policía y la Guardia Civil han perdido efectividad? No es cierto y ahí está la desarticulación de la mafia rumana con la detención de trescientas personas en esta misma semana. Se trata, sencillamente, de que en toda negociación con una organización terrorista es inevitable que los cuerpos de seguridad se aflojen el corsé mientras se negocia. Los seres humanos no propenden de manera natural al heroísmo inútil y es lógico pensar que los servidores del estado estén deseando arriesgar su vida mientras se negocia con sus posibles asesinos en la trastienda. El año 1999, el año completo de la tregua anterior, la cifra de detenidos bajó a 66, que fue el número más bajo de los últimos 16 años. Es triste, pero es así la vida.

Es curioso el hecho de que el anuncio hecho ayer por ETA es todavía una tregua virtual. No entrará en vigor hasta el próximo viernes, fecha, oh, casualidad, en la que el juez Grande-Marlaska tiene citado al portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, que aún sigue de baja médica, según se pudo deducir ayer de su ausencia en la rueda de prensa de su partido. ¿Qué hará el juez en esta tesitura? A estas alturas, Grande-Marlaska tiene sobradamente acreditada su independencia profesional y no debe caber la menor duda de que hará lo que juzgue adecuado. Pero si decide enviar a prisión a Otegi, tal como pedía el Fiscal General del Estado hace dos semanas, va a necesitar amparo. Si el mismísimo secretario general de los socialistas vascos protestaba contra lo que él debe considerar intrusismo del juez: "no me gusta tanto juez metido a político o médico". El señor López debería considerar que todos hemos jugado de niños a los médicos, en una actividad que tenía tanto de instructiva como de gratificante. Luego añadió que tampoco le gusta que se ponga en cuestión la profesionalidad de los forenses vascos, "lo mismo que al señor Grande-Marlaska no le gustaría que nadie pusiese en duda su profesionalidad" y esto sí que es una aportación significativa al legado de Montesquieu: ya no son tres los poderes de la democracia y el cuarto no es la prensa, sino el poder sanitario. En fin, que seremos más felices cuando ETA anuncie que abandona las armas y eso no fue ayer. A ver si hoy, en la letra pequeña, nos dicen que lo dejan para siempre, aunque no es probable. Pero en sí misma, no fue una mala noticia la de la tregua. Carpe diem.

La banda anuncia el «alto el fuego» horas después de declararse «nación» a Cataluña
Al primer comunicado, menos comprometedor para el Gobierno, seguirá hoy otro que concretará las condiciones «para reconocer nuestros derechos como Pueblo»
J. PAGOLA/M. ERICE ABC  23 Marzo 2006

MADRID. En plena euforia del nacionalismo catalán -la Comisión Constitucional del Congreso había aprobado el martes el histórico reconocimiento de Cataluña como «nación»-, a las puertas del ingreso en prisión de Otegi, acusado de instigar los actos de terror durante la huelga general de Batasuna, y casi a los tres años de su último atentado mortal en Sangüesa (Navarra) -pero después de numerosos ataques terroristas-, ETA anunció ayer un «alto el fuego permanente», la tercera «tregua general» de los últimos nueve años. En el ecuador de la legislatura, la banda ha elegido como «día cero» precisamente el que puede dar con los huesos del portavoz batasuno en la cárcel y como primer mensaje -el segundo y más concreto se podrá leer hoy en el diario proetarra «Gara»- un comunicado escueto, genérico y, aunque no exento de exigencias políticas, menos comprometedor para el Gobierno.

Culmina así un año y medio de guiños y mensajes más o menos velados, acercamientos y distanciamientos que además de triturar el Pacto Antiterrorista que permitió acorralar a la banda, han llevado al PSOE en el poder y al PP en la oposición a una de las relaciones más tirantes de la democracia. Paradójicamente, el anuncio de los terroristas sirvió ayer de principio de acercamiento entre Zapatero y Rajoy, que protagonizaron en el Congreso un cara a cara pacificador. El líder del PP, que por la mañana había sido mucho más contundente calificando el anuncio como «pausa y no renuncia», tendió la mano por la tarde al presidente con la única condición de que «no se pague un precio político». Tras la petición de apoyo de Zapatero y decir públicamente que ahora sí se fía de Rajoy, le emplazó para un encuentro el martes.

Entre tanto, se sucedían las reacciones en todos los ámbitos y el incipiente clima de descarga y alivio en el País Vasco contrastaba con el recelo que transmitían las víctimas.

Leído por una etarra en vídeo
Mediante un vídeo que hizo llegar a Euskal Telebista y a su emisora de radio, una etarra, flanqueada por otros dos terroristas -los tres encapuchados-, fue la encargada de leer el comunicado, que no alude a los presos y evita mencionar expresamente la autodeterminación para, a cambio, hacer referencia a la necesidad de que se respete la voluntad de los vascos. Los expertos consultados por ABC creen que la banda ha moderado el tono en este último mensaje para compensar su resistencia a anunciar el abandono definitivo de las armas, «el único comunicado» que dice esperar el Gobierno.

Según los terroristas, «el objetivo de esta decisión es impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden y asegurando pera el futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas».

La organización criminal plantea, a continuación, la celebración de una consulta popular, cuando indica que «al final de ese proceso los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro». Un referéndum cuyo resultado, según la banda, deberán acatar los gobiernos de España y Francia «sin ningún tipo de limitaciones».

ETA dice que muestra su «deseo y voluntad de que el proceso abierto llegue hasta el final, y así conseguir una verdadera situación democrática para Euskal Herria, superando el conflicto de largos años y construyendo una paz basada en la justicia». «Nos reafirmamos en el compromiso de seguir dando pasos en el futuro acordes a esa voluntad. La superación del conflicto, aquí y ahora, es posible», concluye.

Fuentes conocedoras del proceso apuntaron ayer que el segundo comunicado, que se espera hoy y en el que la banda concretará sus condiciones, podría introducir alusiones a la necesidad financiera de la banda y, de forma más o menos velada, amenazas que le permitan seguir obteniendo recursos.

Un año y medio de gestos y bombas
Con todo, la decisión de la banda de suspender, de momento, su actividad criminal, cierra dieciocho meses de cruce de mensajes, contactos con intermediarios y gestos recíprocos entre emisarios del Ejecutivo de Zapatero y la banda criminal. Un período de altibajos en el que se han alternado los mensajes optimistas con los discursos pesimistas y en el que la banda ha continuado con la más dura extorsión a los empresarios mediante el «impuesto revolucionario» y con atentados con bomba -incluida la kale borroka-, aunque de forma más o menos calculada, para evitar víctimas mortales que hubieran cerrado las puertas de la negociación para varios años.

Las sedes judiciales han sido uno de los objetivos de la banda mientras la Justicia seguía actuando, contra el complejo etarra y, muy recientemente, con la citación de Otegi, Usabiaga y otros dirigentes proetarras, acusados de instigar actos violentos en la huelga general. Tampoco el mundo judicial se ha librado de la tensión política: las inactuaciones de la Fiscalía contra EHAK y la muy reciente contra los batasunos -frente al criterio del juez Grande-Marlaska-, abren y cierran un proceso en el que la oposición ha acusado al fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, de servir a los intereses del Gobierno y facilitar el acercamiento a la banda.

Ahora, de consolidarse el que el propio Zapatero llama ya como «proceso» -término que había evitado hasta ayer-, la complejidad se va a centrar en la denominada mesa de partidos, donde Batasuna y los partidos nacionalistas, con ETA como gendarme y fiscal, pretenden que se aborde la unidad territorial del País Vasco, Navarra y País Vasco francés, así como su derecho a la autodeterminación. Menos complicado es, a priori, el enfoque de la segunda mesa, en la que ETA y el Gobierno abordarían cuestiones «técnicas» como el abandono definitivo de las armas a cambio de la excarcelación progresiva de los presos. La «trampa», en principio, según subrayan fuentes antiterroristas, está en que ETA va a intentar que las dos mesas trabajen no ya sólo de manera paralela, sino que ambas estén relacionadas como vasos comunicantes. Esto es, la banda criminal nunca diría al Gobierno que deja las armas para siempre si no tiene garantizado que en la otra mesa ya se ha impuesto su pretendida autodeterminación, apuntan las mismas fuentes.

Un proceso de diálogo
Los contactos entre el Ejecutivo y ETA, a través de intermediarios, se han intensificado este año. Las fuentes consultadas por ABC aseguran que en el último mes y medio se han celebrado, al menos, dos contactos. Los emisarios del Gobierno se reafirmaron en su voluntad de iniciar un proceso de diálogo, pero trasladaron a la banda la necesidad de que anunciara el abandono de las armas, algo a lo que ETA se ha negado esgrimiendo que ello sólo puede ser resultado del éxito de la negociación, cuando el Ejecutivo asegure que respeta lo que decidan los partidos vascos.

Los acontecimientos hacia la declaración etarra comenzaron a precipitarse el pasado agosto, cuando ETA transmitió a Rafael Díez Usabiaga la consigna de que la estrategia de Batasuna debía ir dirigida a favorecer la constitución de la mesa de partidos. En este mensaje, la banda hacía llegar al dirigente de LAB que el cauce para las conversaciones con el Gobierno estaba ya abierto desde el momento en que Zapatero, con sus continuos emplazamientos, dejaba a ETA la capacidad para elegir el momento de sentarse en una mesa para hablar de los presos y de la «desmilitarización del conflicto».

En noviembre, como adelantó ABC, los Servicios de Información detectaron que los dirigentes de la banda se planteaban un alto el fuego, propuesto por el sector de José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, «Josu Ternera», máximo responsable del «aparato político». Aducía que ello obligaría a Zapatero a responder con otro gesto, lo que desbloquearía el proceso. Este sector argumentaba que el tiempo corría en contra de ETA -las pistolas se oxidan si no se utilizan-, y a favor del Gobierno, ya que sin mover ficha se podía presentar a las elecciones de 2007 sin víctimas mortales. Por el contrario, el jefe del «aparato militar», Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», era partidario de pisar el acelerador de los atentados para forzar al Gobierno a dar pasos. «Josu Ternera», con más influencia en el seno de la banda, logró ganar tiempo para insistir en su estrategia negociadora.

el negro historial de la banda
En el infierno etarra
Dos de los atentados más sanguinarios -treinta y dos asesinados, nueve de ellos niños- fueron cometidos en la primera fase de las negociaciones de Argel, que terminaron dos años más tarde en fracaso
D. MARTÍNEZ ABC 23 Marzo 2006

Dos de las matanzas que causaron mayor conmoción -Hipercor (Barcelona, 19 de junio de 1987) y casa cuartel de Zaragoza (11 de diciembre de 1987)- fueron cometidas por ETA en la primera fase de las conversaciones de Argel, en las que el Gobierno socialista de Felipe González se sentó con los terroristas en busca de una salida de «paz» que terminó dos años más tarde en fracaso. Los nombres de las 32 víctimas mortales -nueve de ellas niños- de estos dos atentados forman parte del listado de casi mil asesinados que acumula ETA en sus 40 años en el infierno.

Hipercor: 21 asesinados
«A las 16:10 se produjo el estallido, abriéndose por la explosión un cráter en el suelo y un agujero en el techo, orificios que permitían el paso de una auténtica ola de fuego que a un tiempo abrasó y asfixió a los empleados y clientes del supermercado de alimentación e hizo caer sobre algunos el primer garaje, donde eran mayores el fuego y la humareda. La composición del explosivo hizo que los productos incendiarios se adhiriesen a los cuerpos de las personas». Así, describe la sentencia el bombazo que provocó la muerte de 21 personas el 19 de junio de1987, en el supermercado Hipercor, de Barcelona. Cinco meses antes, una delegación del Gobierno se reunió en Argel con tres representantes de ETA: Iñaki Esnaola, Christianne Fandó y Domingo Iturbe.

República Dominicana: 12 guardias
Con 50 kilos de dinamita, ETA reventó en la plaza de la República Dominicana de Madrid un autobús, un microbús y un Land Rover ocupados por alumnos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Fueron asesinados, el 14 de julio de 1986, doce agentes de la Benemérita. El segundo atentado más sangriento de ETA buscaba «matar al mayor número de miembros de las Fuerzas de Seguridad». De hecho, el convoy elegido lo integraban 73 personas.

Casa cuartel de Zaragoza: 11 muertos
Los once asesinados, entre ellos cinco niños, en la casa cuartel de Zaragoza, el 11 de diciembre de 1987, hizo que el Gobierno de Felipe González pusiera un paréntesis en sus contactos con ETA. Henri Parot, uno de los autores de la matanza, afirmó que el coche bomba fue preparado «como si se tratara de auténticos cañones». El condenado reveló que el atentado era «una postura de fuerza ante las negociaciones». Por este crimen, el Supremo dictó en noviembre de 2002 una orden internacional de busca y captura y prisión incondicional de «Josu Ternera». Para eludir esta causa, se dio a la fuga y poco después se hizo con las riendas de la banda.

Vic, los niños en el patio
En la media tarde del 29 de mayo de 1991 los terroristas del «comando Barcelona» precipitaron un coche bomba en dirección al patio de la casa cuartel de Vic , donde a esa hora jugaban varios niños, hijos de los agentes.

La explosión convirtió en un infierno el patio y se llevó la vida de diez personas, de ellas cinco menores. Al día siguiente de cometer el atentado, sus autores, los miembros del «comando Barcelona» , Joan Carles Monteagudo y Félix Erezuma, murieron en un enfrentamiento con la Guardia Civil en un chalé de Llica D´ Amunt

Contra siete militares en Madrid
El 21 de junio de 1993 seis militares de alta graduación y el conductor civil de la furgoneta militar camuflada en la que viajaban fueron asesinados por ETA al hacer explotar un coche bomba cargado con 40 kilos de explosivos y tornillería a su paso, en la calle Joaquín Costa. Veintidós transeúntes resultaron heridos. Uno de los asesinados fue el teniente coronel de Tierra Fidel Dávila Garijo. Un hermano suyo, Juan de Dios, decidió a raíz del atentado presentarse como concejal en Hernani y alzó su voz para decir: «No queremos venganza, sino justicia y que cumplan las penas».

Seis policías muertos en Sabadell
El 8 de diciembre de 1990 la banda tendió una emboscada a una patrulla de la Policía Nacional que se dirigía a prestar servicio en el campo de fútbol de Sabadell. Los miembros del «comando Barcelona» hicieron estallar un coche bomba que acabó con la vida de seis agentes.

¿Se dan ya las condiciones para el final dialogado?

Zapatero aguardará un tiempo antes de acudir al Congreso a solicitar el apoyo para negociar
E. L. Palomera ABC 23 Marzo 2006

La resolución política aprobada en el Parlamento, en mayo de 2005, exigía una clara voluntad de acabar con la violencia y actitudes inequívocas de la banda en esa dirección, antes de cualquier negociación. ETA no ha entregado ni abaondando, por el momento, las armas. Batasuna no ha condenado la violencia. Hay que esperar.

Madrid- Debate de la Nación, mayo de 2005. Resolución política sobre la lucha contra el terrorismo. ¿Recuerdan? José Luis Rodríguez Zapatero se garantizó el respaldado de todo el arco parlamentario, con la excepción del PP, para negociar/dialogar con ETA/quienes apoyan a ETA. Fue una resolución política confusa que, para unos, suponía la inequívoca prueba de que el Gobierno del PSOE tenía carta blanca para negociar con la banda; para otros, sólo un compromiso del presidente de acudir al Parlamento a pedir autorización si se dieran las condiciones previas para el final dialogado de la violencia.

¿Cuáles eran? El punto dos de aquel polémico texto decía que «si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad para poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular. La violencia no tiene precio político y la democracia española nunca aceptará el chantaje de la violencia».

Pues, uno: ETA no ha manifestado una «clara voluntad» de acabar con la violencia, ha declarado un alto al fuego permanente que, como apuntan los expertos, puede dejar de serlo cuando la banda quiera.

Dos: ni el Gobierno ni los firmantes de aquella resolución tienen, a día de hoy, una convicción total de que éste sea el final del terrorismo de «alta o baja» intensidad, y mucho menos que la extorsión y el chantaje de ETA tenga visos de acabar de hoy para mañana en el País Vasco.

Por lo tanto, primero, habrá que testar la voluntad real de los asesinos, si ésta es o no una trampa más, si ETA sólo busca la legalización de Batasuna antes de las elecciones municipales, si.... Conclusión: Zapatero no acudirá, de inmediato, al Congreso a solicitar autorización de las fuerzas políticas para dialogar. «Me tomaré mi tiempo para constatar lo que fue la resolución del Congreso de los Diputados en torno al final dialogado con la banda», dijo ayer en declaración pública.
En los próximos días, no habrá más movimiento que el que pueda hacer Batasuna porque en esa resolución, también, se decía que no se pagaría precio político alguno por la paz. Y, de momento, los analistas interpretan cada línea, cada coma del comunicado de la banda, especialmente en el párrafo que sostiene que «los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro» y que los «Estados español y francés deben reconocer los resultados de dicho proceso democrático, sin ningún tipo de limitaciones. La decisión que los ciudadanos vascos adoptemos sobre nuestro futuro deberá ser respetada». ¿ETA sigue hablando de autodeterminación?, ¿qué quiere decir con dejar de lado la represión?... hay muchas preguntar por contestar.

«Prudencia, calma y, mucha, mucha serenidad», claman en el entorno del presidente, donde sostienen que, ahora, lo primero es recomponer la unidad política y atraer al PP a un escenario que puede llevar a la paz, pero que en ningún caso se certificará en un breve periodo de tiempo.

El presidente del Gobierno obtuvo en mayo el aval del Congreso para abrir un proceso de diálogo con la banda si la organización dejaba las armas, pero no fue hasta principios del presente año cuando el jefe del Ejecutivo empezó a apuntar que el fin del terrorismo podía estar próximo. La cronología de sus declaraciones comienza el 26 de enero en una entrevista en la cadena Cuatro. «Nos encontramos en el principio del fin de la violencia terrorista, un proceso que será largo, duro y difícil, pero sobre el que alimentar la esperanza -que no hacerse vanas ilusiones- puede ser positivo. Su última declaración fue el 13 de marzo en Moncloa al ser preguntado por Otegi. «El fin de la violencia sólo tiene un camino, el respeto de la ley», dijo.

El oficio de abogado y el Estatuto de Cataluña
24/7  Periodista Digital 23 Marzo 2006

El lunes 27 marzo 2006 se celebra a las 16.30 horas en el Palacio de Congresos de Madrid la Junta General del Colegio de Abogados que promete estar muy animada. El Foro de la Abogacía ha presentado a votación dos proposiciones "referentes a la regulación de la profesión de Abogado y al uso del castellano en Cataluña que son de gran importancia para nuestra profesión, especialmente para los Abogados de Madrid, dados los numerosos asuntos que muchos compañeros de nuestro Colegio defienden en Cataluña".

PROPOSICIONES
Primera.- Desde el respeto a las instituciones democráticas, el Colegio de Abogados de Madrid manifiesta su disconformidad con el contenido del artículo 125 del Proyecto de Estatuto de Cataluña, en cuanto atribuye a la Generalitat la competencia exclusiva “en la determinación de los requisitos y las condiciones de ejercicio de las profesiones tituladas, así como de los derechos y obligaciones de los profesionales titulados y del régimen de incompatibilidades”.

Explicación.- La exclusividad de dicha competencia de la Generalitat, que alcanza incluso a “la regulación de las garantías administrativas ante el intrusismo y las actuaciones irregulares”, además de su posible inconstitucionalidad, constituye un anacronismo. La Unión Europea avanza hacia la libre circulación de profesionales y, en este sentido, el artículo 125 del Proyecto de Estatuto es un paso atrás en el notable avance que supuso para la profesión de Abogado la colegiación única para ejercer en todo el territorio nacional.

Dicho artículo constituye una limitación del ámbito del ejercicio profesional de los Abogados, especialmente de los Abogados de Madrid, que es el Colegio más numeroso de España y que, en función de las nuevas condiciones que pueda imponer la Generalitat para el ejercicio de la profesión, pueden ver reducido su campo de actuación. Esta circunstancia alcanza también al derecho de los justiciables a la elección de Abogado de su confianza, que puede verse limitado con aquellas condiciones.

El título de Licenciado en Derecho faculta a todos los Abogados de España a ejercer la profesión en todo el territorio nacional, y cualquier condicionante de ese ejercicio que pudiera establecer la Generalitat limitaría aquel derecho.

Segunda.- Desde el respeto a las instituciones democráticas, el Colegio de Abogados de Madrid manifiesta su preocupación por el contenido del artículo 6.1 del Proyecto de Estatuto de Cataluña que establece “el catalán es la lengua de uso normal y preferente de todas las Administraciones Públicas y de los medios de comunicación pública en Cataluña”. Este artículo se relaciona con el 33 del mismo Proyecto, que establece la exigencia de conocimiento del catalán por los Jueces para ejercer en Cataluña, contra el que se han manifestado varias Asociaciones profesionales de la Magistratura y el propio Consejo General del Poder Judicial.

Explicación.- Como se ha dicho, desde que se reformó en el año 1995 la Ley de Colegios profesionales, estableciendo la colegiación única para ejercer la profesión en todo el territorio nacional, la Abogacía se liberalizó y se abrió a la libre competencia. Esto ha permitido que muchos Abogados de Madrid lleven asuntos en Cataluña, sin necesidad de colegiación múltiple. Este gran avance para el ejercicio de nuestra profesión se pone en riesgo con los citados artículos del Proyecto de Estatuto, que pueden afectar, no sólo al libre ejercicio de la profesión en toda España, sino también al derecho de defensa de los justiciables, que podrían verse obligados a renunciar a su Abogado habitual de Madrid o de cualquier otro Colegio de España para acudir obligatoriamente a un Abogado que domine la lengua catalana. El carácter de Ley Orgánica del Estatuto, y la amplia competencia que en materia lingüística atribuye a la Generalitat, puede poner en riesgo la vigencia del artículo 231 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Recortes de Prensa   Página Inicial