AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 1 Abril  2006
El Gobierno de la mentira
Enrique de Diego elsemanaldigital 1 Abril 2006

Un Estatuto "catalanófobo"
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 1 Abril 2006

El nacimiento de una nación
Editorial ABC 1 Abril 2006

La izquierda y el Estatuto catalán
Editorial ABC 1 Abril 2006

Cataluña, sahara y buen vino
JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 1 Abril 2006

Un golpe de estado difuso
Pablo Molina Libertad Digital  1 Abril 2006

¿Hay una «solución irlandesa» para el país vasco?
STANLEY G. PAYNE  ABC 1 Abril 2006

Síndrome de Estocolmo
Pedro Schwartz Libertad Digital 1 Abril 2006

Estaditos virtuales
Jesús Laínz elsemanaldigital 1 Abril 2006

El cobrador del frac
Juan Carlos Escudier El Confidencial 1 Abril 2006

¡¡Grita Libertad!!
Federico Quevedo El Confidencial 1 Abril 2006

LUCTUOSA JORNADA PARA ESPAÑA
Editorial minutodigital 1 Abril 2006

Miradas a Marbella, olvidos de ETA y Cataluña.
Joaquín Santiago Rubio Periodista Digital 1 Abril 2006

RECUPERACIÓN DE LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS DE LA DIÁSPORA VASCA
Email  1 Abril 2006

Lo que se va sabiendo
GEES Libertad Digital 1 Abril 2006

«Los que se llaman socialistas...»
E. L. Palomera La Razón1 Abril 2006

El Foro Ermua critica a Zapatero por afirmar que el líder batasuno es «un hombre de paz»
R. N. La Razón 1 Abril 2006

La Comunidad amenaza con llevar a la Justicia el Estatuto catalán
ABC 1 Abril 2006

La Comunidad estudia recurrir al TC el Estatuto catalán por «romper el sistema democrático»
SONIA BARRADO ABC 1 Abril 2006

Acebes cree que Zapatero evitará el referéndum nacional porque "sabe que perdería"
EFE Libertad Digital 1 Abril 2006

CiU lanza una campaña en las radios andaluzas para frenar la «catalanofobia»
Redacción La Razón 1 Abril 2006

DAVID TRIMBLE: «El Gobierno español debería exigir a ETA que primero entregue las armas»
EMILI J. BLASCO ABC 1 Abril 2006

El Gobierno de la mentira
Enrique de Diego elsemanaldigital 1 Abril 2006

No nos merecemos a este Gobierno. Parafraseando a Rubalcaba, los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta. Y el de Zapatero no hace otra cosa que mentir. Lo hace por costumbre, sin inmutarse, como un segundo instinto, e incluso lo disfraza de discreción. Este Gobierno lleva, desde el primer momento, negociando con ETA, a espaldas del Congreso y sin facilitar información alguna a la oposición.

Es muy dudoso que pueda entenderse y justificarse el secretismo, a pesar de la abrumadora tendencia a un buenismo maquiavélico disparado en las últimas semanas, según el cual un fin bueno –el fin o el principio del fin de la violencia- lo justifica todo. La democracia se compadece, como el oxígeno para los pulmones, con la transparencia. La mentira corroe las democracias.

Pero no se trata de ocultación, ni tan siquiera con el objetivo de preservar los contactos con la banda terrorista, a través de ese eufemismo de los interlocutores. No es ni tan siquiera eso lo que ha hecho el Gobierno, que ha recibido cartas de ETA, sin hacerlas públicas, en agosto de 2004 y que, como desveló la revista Época y ha confirmado el diario adicto por excelencia a La Moncloa, ha pactado con ETA el comunicado del alto el fuego permanente. Algunas de las elipsis políticamente correctas para esconder la inmundicia terrorista, y hacerla digerible a las buenas gentes, suenan más a La Moncloa que a Josu Ternera.

Todo eso sería grave, pero lo es mucho más la mentira en estado puro, el engaño mondo y lirondo, sin que haga falta la furibunda indignación de ministros, ministrillos y ministriles a la mera pregunta sobre si existían contactos o sobre cualquier información desveladora de la negociación. El ¡día antes! del comunicado, el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, se permitía contestar airado a mi información de Época desvelando que La Moncloa ya tenía el comunicado en su poder, remitido por Josu Ternera, calificando cualquier referencia a un cambio en la lucha contraterrorista (no se detiene a ningún etarra en territorio nacional desde mayo del año pasado) o a un proceso de negociación en marcha de "rumores y maledicencias". Repito: ¡un día antes! Han mentido, desde Zapatero hasta Alonso, pasando por Pepiño Blanco, en ruedas de prensa pública y en sede parlamentaria. En una democracia de calidad (USA, por ejemplo), ahora habría una moción de censura y reprobaciones a los mentirosos compulsivos, en vez de reuniones de esotéricos consensos, escenificaciones de cara a la galería, sacrificios en las aras de la ideología mediática.

Otrosí: Sentirnos navarros, a día de hoy, es la mejor forma de sentirnos españoles.

Cataluña
Un Estatuto "catalanófobo"
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 1 Abril 2006

Hay una cuña radiofónica del PP andaluz que los nacionalistas consideran "catalanófoba". En ella se afirma que la enseñanza en Cataluña es obligatoriamente en catalán. O sea, describe la realidad. ¿No comparó Artur Mas, a esos efectos, el castellano con el japonés? La verdadera exhibición de "catalanofobia" es la del nuevo Estatuto, que profundiza la brecha social tan fervorosamente abierta por CiU en su cuarto de siglo de construcción nacional. Se califica a una de las dos lenguas de los catalanes como "propia", colocando a la otra en algún lugar entre la vergüenza y la nada. Por ser "propia", es preferente (léase única) en los medios de comunicación públicos. Hasta las empresas privadas, si son proveedoras de la Generalidad, habrán de usarla por fuerza en sus comunicaciones externas e internas.

¿Están orgullosos de estas hazañas los múltiples padres del Estatuto? Pues que lo admitan, que lo expliquen a cara descubierta y miren de convencernos, pero que no acusen de "catalanófobos" a los que se limitan a enunciar –o denunciar– la verdad. Rubalcaba, el más certero lanzador de saetas envenenadas, y único diputado socialista que sabe hablar seguido, le ha tomado gusto al insulto y se lo lanza a cualquiera que discrepe del plan desconstructor de su jefe.

Rodríguez ha enviado al flechador a discutir con Rajoy y se ha echado una siesta. Cree que su sola presencia provoca desequilibrios institucionales. No se me había ocurrido, pero tiene razón. Es aparecer Rodríguez y uno lo ve todo escorado. Será el viento del norte. El impulsor del Pacto por las Libertades habrá comprendido que un amigo de Batasuna desequilibra todo lo que toca, aunque ese amigo sea él. El que tuteló, patrocinó y salvó in extremis el Estatuto, enriqueciendo su desconcertante currículum, ha insertado en el bloque de constitucionalidad un caballito de Troya que, por invadir, invade los últimos recovecos de la esfera privada, amén de marranear con derechos históricos y sentimientos alicortos, facilotes, casi futbolísticos.

Al menos Azaña, de quien Rodríguez es sombra desvaída, plana, defendió personalmente el Estatuto catalán en las Cortes republicanas durante tres horas. Norma que para nosotros quisiéramos los nietos de los abuelos cebolleta. Frente a las tres horas de don Manuel, los cero segundos de Rodríguez. Esta disminución, esta mengua, esta incansable persecución del vacío es una buena metáfora de la izquierda contemporánea.

Luego está el sí de los niños. Que consten para la posteridad los nombres de todos los socialistas que han votado la criptoconstitución de Cataluña y su carácter de nación, incluyendo toscas mentiras acerca de la Carta Magna. Ellos han roto el consenso de 1978 y la nación de ciudadanos libres de 1812, el sujeto de soberanía y la igualdad de los españoles ante la ley, la solidaridad interterritorial y la confianza, la unidad del Poder Judicial y la de mercado. Todo lo cual desprestigia y daña a los catalanes. ¡Catalanófobos!

El nacimiento de una nación
Editorial ABC 1 Abril 2006

Nada que ver con el heroísmo, la grandeza o la épica que se le supone al acontecimiento, lo que históricamente suele ser una gesta de héroes ha concluido como un ramplón trámite de burócratas; así ha nacido la nación catalana. El texto delirante que llegó al Congreso envuelto en aromas de romero y euforias casi adolescentes se ha transformado en un engrudo de imposible digestión, una mezcla de hastío, disimulo e intereses espurios. Ni su gran muñidor, el presidente Zapatero, se tomó la molestia de presentar ante el pleno la criatura política. El gran proyecto de la legislatura ha pasado el trámite de un bajonazo y en medio de un aburrimiento soberano.

Ha nacido la nación catalana en un gigantesco bostezo, como una asamblea de agentes comerciales o una convención de vendedores de seguros. Es el justo corolario al devenir de este nacionalismo sin héroes, el blindaje perfecto para unas élites que han hecho del victimismo su modo de vida y su gran coartada contra todos los escándalos imaginables. Esa clase política ineficaz y escasamente ejemplar deberá abordar ahora la gestión de su engendro, pero la penitencia no caerá sobre sus espaldas sino sobre la ciudadanía de una Cataluña cada vez más ensimismada más uniformada, menos competitiva y menos libre.

Ha nacido una nación y otra, si no ha muerto, al menos ha resultado herida de gravedad, amputada en su esencia más profunda. De un tajo parlamentario la soberanía de la Nación Española, única e indivisible, ha pasado a ser divisible, plural y negociable. Desde ahora asistiremos al desmentido diario de la fórmula falaz de la «Nación de naciones»: en Cataluña sólo habrá una nación y esa no será España precisamente.

Todos los aspavientos jacobinos de las viejas glorias socialistas naufragaron el jueves en la letanía de la votación parlamentaria. Allí quedaron las amenazas de Guerra, las diatribas de Leguina, las intrigas de Benegas, la autoridad de los socialistas andaluces y los 50 diputados que buscaban un capitán que se inmolara por España.. Se cumplió la tremenda profecía que César Alonso de los Ríos realizó hace más de una década: España ha caído finalmente y eso ha sido posible sólo porque el PSOE la abandonó hace tiempo. Es un fenómeno estrictamente político aunque se haya llevado por delante varias ilustres carreras personales

A los millones de ciudadanos que hoy se ven expulsados de este nuevo régimen les queda el magro consuelo de releer el discurso de Rajoy. Fue, una vez más, el discurso político por excelencia, el que habló de derechos, libertades, igualdad y de solidaridad . No fue el discurso de la derecha sino el discurso de España, el de la Nación que se resiste a morir entre bostezos y silencios traidores.

La izquierda y el Estatuto catalán
Editorial ABC 1 Abril 2006

EL efecto más significativo de la votación nominal del proyecto de Estatuto catalán fue, en efecto, que cada cual quedara retratado ante este primer hito del proceso de derogación del sistema constitucional. Y cabe decir que para el PSOE su apoyo a ese texto es un espejo de sus más profundas contradicciones. Hubo un momento en que se pensó que el traslado de Barcelona a Madrid del proyecto netamente soberanista aprobado en el Parlamento catalán toparía con la resistencia de un sector, que se presumía amplio, de la izquierda socialista, activado ante lo que, en pura teoría, era una enmienda a la totalidad de los principios dogmáticos del socialismo. Era la llamada izquierda nacional.

El PSOE se equivoca si piensa que, con la votación en el Congreso, ha apurado el cáliz que representa el proyecto de Estatuto para Cataluña, porque, de cara al futuro, su apoyo a una reforma confederal, de consecuencias desequilibrantes, con planteamientos segregadores y visiones asimétricas de la igualdad y de la solidaridad, va a neutralizar una parte sustancial del discurso político y social de la izquierda. El socialismo ha abdicado de valores que estaban unidos a la existencia de un Estado unitario, porque sólo en un Estado de esta condición puede realizarse un modelo social basado en la igualdad de derechos y deberes, en la solidaridad entre regiones y en la cohesión de la sociedad. A partir de la entrada en vigor del nuevo Estatuto, si no lo impide un deseable pronunciamiento previo del TC, la izquierda tendrá que asumir la responsabilidad histórica de haberse dejado colonizar por planteamientos nacionalistas, que, por definición, se basan en la negación de la igualdad que impone el principio nacional de la Constitución. Porque esa es la clave que encierra el Estatuto: asentar sobre el reconocimiento nacional de Cataluña toda una edificación de diferencias entre catalanes y el resto de españoles.

El proyecto estatutario que apoya el PSOE es cualquier cosa menos progresista, si por tal hay que entender lo que la propia izquierda intelectual ha considerado por progresismo: un concepto político -no étnico, ni lingüístico, ni territorial- de la ciudadanía, una opción por el Estado como poder de cohesión y factor de igualdad y solidaridad y un rechazo natural a la parcelación de los ciudadanos. La disciplina de partido ha actuado como una apisonadora no de opiniones personales, sino de valores tradicionales del socialismo español, relegados por un mero juicio de oportunidad sobre una determinada estrategia de poder. Y lo peor para la izquierda aún está por llegar, porque lo que se ha aprobado -pendiente aún de trámites de ratificación que no entrañan riesgo alguno para el proyecto, salvo el paso por el TC- no es una declaración simbólica, sino un instrumento de transformación real de Cataluña y de España en su conjunto, en donde, tarde o temprano, se dejarán sentir las consecuencias de este pacto oportunista de la izquierda con el nacionalismo.

Cataluña, sahara y buen vino
Por JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 1 Abril 2006

Hoy, el Estatuto catalán suscita más comentarios en Nueva York, Viena, Caracas y Buenos Aires que en París, Toulouse o Perpiñán, donde las reivindicaciones catalanistas no provocan aluviones de entusiasmo. En tierras francesas, L´Independent (Perpiñán) y La Dépêche du Midi (Toulouse) tocan esta cuestión muy de puntillas, en un tono menos relevante que las reivindicaciones locales de enseñanza de «lenguas regionales». En París, Le Monde, Le Figaro y Liberation han preferido «rumiar» el tema, antes de tratarlo en profundidad.

Por el contrario, el New York Times publica una larga crónica muy matizada, y escribe: «La victoria de Zapatero pondrá a prueba su convicción de que las negociaciones y el compromiso son la mejor manera de arreglar los problemas de las demandas regionales de autonomía e independencia que, en el pasado, han potenciado los movimientos separatistas, el terrorismo y la guerra». A partir de tal incertidumbre, el Times neoyorquino recoge las opiniones enfrentadas de Pedro González-Trevijano y Ferrán Requejo, para insistir en lo «enconado» de un debate imprevisible.

Menos prolijo, Die Tageszeitung (Berlín) advierte que los independentistas catalanes «continuarán insatisfechos». Die Presse (Viena) no descarta la repetición de casos como el del general Mena. El Universal (Caracas) habla de «polémico documento». Y La Nación (Buenos Aires) escribe: «Los periodistas más veteranos, testigos de la Transición, creen que algo se ha quebrado; aunque no la unidad territorial».

En Rabat, cada vez que en Madrid se mueven peones estatutarios, la prensa oficiosa mueve peones saharahuis. Aujourd´hui Le Maroc publica una entrevista con Khalli Hanna Ould Rachid, presidente del Consejo Real para asuntos saharianos, dejando en suspenso el paralelismo de los «procesos autonómicos», para defender la causa del Sahara marroquí, «cuya autonomía reforzará la unidad nacional».

Por el contrario, los vinos y el dinamismo empresarial español sólo suscitan admiración. En Londres, el Independent publica un reportaje sobre Amancio Ortega, presentado como uno de los empresarios más dinámicos del mundo, protagonista de una «gran revolución comercial». En Nueva Delhi, Business Standard está convencido de que los vinos españoles están quitando puestos internacionales a los franceses. Y llega a una conclusión no sé si sorprendente: los caldos españoles «pegan bien» con las milenarias gastronomías hindúes.

Estatuto
Un golpe de estado difuso
Pablo Molina Libertad Digital  1 Abril 2006

El debate previo a la votación en el Congreso del nuevo estatuto de Cataluña, ha tenido la virtud de permitir que constatemos, aparte de la mediocridad de la clase política actual, qué es lo que subyace tras el patetismo de las continuas invocaciones a la nación catalana. "Que nos permitan ser lo que somos", clamaba Puigcercós desde la tribuna del hemiciclo. Aparte de que uno no siente que esté impidiendo nada a los ciudadanos de Cataluña, resulta difícil ser algo distinto de lo que uno es (disculpen el trabalenguas pero es que los nacionalistas hablan así).

En trances políticos de esta magnitud se echa en falta una inteligente pedagogía constitucional, de la que han dimitido desde hace dos décadas la plantilla de constitucionalistas orgánicos de la Universidad española. El prebendismo pasa factura a la inteligencia y los profesores universitarios son especialmente proclives a la servidumbre política. ¡Ay de los constitucionalistas españoles! Me consta que en sus aquelarres científicos ni uno sólo abre la boca para afearle al ministro de la subvención la conducta errática y golpista de su gobierno. ¿Dónde están los catedráticos de derecho constitucional en estos momentos cruciales? Probablemente muy ocupados intentando que los inviten a leer ponencias en el congreso, o los lleven a pastar a restaurantes de lujo. En esta batalla, salvo contadas excepciones, ni están ni se les espera.

De existir hoy en España verdaderos juristas de Estado, como lo fueron en su día el liberal-conservador Nicolás Pérez Serrano, o el agudísimo Javier Conde, su voz se haría oír denunciando esta gran farsa política a la que los socialistas y los nacionalistas han convidado, una vez más, a España. Aunque la constitución histórica de España, la "constitución prescriptiva" que decía Burke, es inmune a los trapicheos de nuestra izquierda, la "desconstitucionalización" de la Carta del 78 rubricada ayer por el Parlamento está preñada de consecuencias. Es, de entrada, un golpe de Estado de nuevo cuño: Schmitt lo llamó "Revolución legal". A mi me parece un "golpe silencioso". Los primeros en ponerlo en práctica fueron los juristas nazis que desconstitucionalizaron la Constitución de Weimar, a principios de 1934, rogando la infausta Ley de autorizaciones.

Guido de Ruggiero escribió en los albores del siglo pasado una hermosa diatriba contra los nacionalismos étnicos en contraposición al liberalismo, para concluir que el objetivo de los separatismos no es la nación, sino controlar el poder del Estado. Él decía que los nacionalismos identitarios acaban siempre adquiriendo tendencias autoritarias y despóticas a fin de someter a la voluntad de unos cuantos políticos la nación entera. La sensación después de ver el citado debate es exactamente esa.

Los dignatarios separatistas (dicho sea únicamente con ánimo descriptivo) han cifrado todas su exigencias en algo mucho más prosaico que la reparación de los sentimientos de una nación entera dañados durante siglos de centralismo. En dos palabras, más pasta. Más dinero, no para dejarlo en el bolsillo de los ciudadanos, sino para las arcas del gobierno catalán, que es algo bien distinto. Decía el jueves Puigcercós que para realizar más "políticas activas de integración" (sic) y solucionar el problema de la existencia de un gran número de jóvenes que gana menos de mil euros al mes (¡!), es necesario engordar mucho más las arcas del tripartit. Pero ni siquiera así se colmarán sus aspiraciones; las suyas y las de Durán Lleida, cuyo lugar en la Historia no envidia nadie, pues ya advierten que este nuevo estatuto es algo provisional; "un debate cerrado en falso" que habrá que reabrir en un par de años. He aquí, para el que lo quiera ver, un modélico golpe de estado difuminado a lo largo del tiempo, con sus correspondientes dosis de anestesia local en forma de tregua etarra.

Y todo de forma desinteresada, como los grandes políticos, simplemente para que los ciudadanos (y ciudadanas) catalanes (y catalanas) sean más felices. De hecho ya han pasado de serlo un 3% con CIU a un 20% con la muchachada de Carod. Diecisiete puntos de incremento en tan sólo media legislatura. No está nada mal.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana

¿Hay una «solución irlandesa» para el país vasco?
Por STANLEY G. PAYNE, Profesor emérito de la Universidad de Wisconsin ABC 1 Abril 2006

... El nacionalismo radical siempre tiende al totalitarismo y al imperialismo. Así, insistirán de un modo unilateral en la extensión de su proceso político a una Navarra que no quiere tener nada que ver con ello...

ESTÁ muy bien que el presidente Zapatero desee investigar el proceso de la paz en Irlanda y aprender de ello. Ha sido un éxito en la lucha contra el terrorismo. Pero si está buscando una «solución irlandesa» para el País Vasco, encontrará que el arreglo reciente que ha tenido lugar en el Ulster no es exactamente la «solución irlandesa» deseada por los nacionalistas vascos. La «solución irlandesa» buscada por ellos no es la del Ulster del siglo XXI, sino la del Estado Libre de Irlanda, negociada con el Gobierno británico en 1922.

El caso irlandés históricamente tenía mucha importancia para el PNV, tanto por su éxito político como por los lazos económicos entre el País Vasco y Gran Bretaña, que en cierto sentido acercaron más a los vascos a los asuntos británicos. Sobre todo durante los años veinte del siglo pasado, cuando el empeño nacionalista y secesionista irlandés fue coronado con éxito, sirvió como modelo e inspiración tanto para los nacionalista vascos como para los catalanistas de izquierdas. El hecho de que los nacionalistas irlandeses no consiguieran reestablecer de un modo eficaz el idioma gaélico fue lo de menos.

Tampoco el hecho de que no había casi semejanza alguna entre los casos de Irlanda y el País Vasco les detuvo. Irlanda fue históricamente una isla y un país totalmente separado de Inglaterra, luego conquistado directa y brutalmente por la fuerza de las armas, primero en parte durante la Edad Media, y luego totalmente durante los siglos XVI y XVII. La mayor parte de la tierra de la isla fue usurpada directamente por la nueva clase dominante inglesa, y la mayor parte de la población reducida a la servidumbre. No había nada parecido a la larga historia de asociación política semiautónoma y participante de las provincias vascas con la Corona de Castilla, una asociación que dejaba intactas las propiedades, la economía y la sociedad vascas, con un sistema elaborado de fueros negociado y establecido precisamente por esta misma Corona al fin de la Edad Media. Aunque finalmente más y más campesinos irlandeses consiguieron emanciparse en cuanto al acceso a la propiedad durante la segunda mitad del siglo XIX, la «guerra sucia» que tuvo lugar en Irlanda entre 1919 y 1921 no fue una campaña terrorista como la de ETA, sino una guerrilla contra una potencia colonialista, como la que ocurrió en el sur de los Estados Unidos contra Gran Bretaña entre 1779 y 1781, o en España contra las tropas de Napoleón, cuando se inventó, o al menos se popularizó, la palabra «guerrilla».

El problema que afrontaban ambas partes cuando se negoció la autonomía total para Irlanda tenía que ver con el sector discrepante o lealista de la población. En cierto sentido, esto fue más fácil en Irlanda que en el País Vasco, porque la porción de la población que deseaba mantener la misma relación con Gran Bretaña era minoritaria, y en muy gran parte concentrada en una sola región. Por contraste, el porcentaje -por otra parte, en muchos casos sorprendentemente valiente- de la población del País Vasco actual que no desea someterse a lo que se llama (solamente con una cierta exageración, aunque no completamente) el «nacionalismo totalitario» es bastante más grande. Otra diferencia es que el nacionalismo irlandés, aunque muy violento en su lucha antibritánica, no era «totalitario» en sus procedimientos internos, sino bastante más tolerante que el vasco, y no imponía controles lingüísticos, etc.

El arreglo de 1922 no concedía la independencia a Irlanda, sino la condición de «Commonwealth» igual a Canadá, Australia, Nueva Zelanda y África del Sur. Seguía formando una parte del imperio, y el Rey británico era todavía jefe del Estado. Los condados protestantes del Ulster estaban separados completamente, una secesión menor dentro de la secesión mayor.

Esta solución -muy imperfecta desde el punto de vista nacionalista-abrió paso a un año de guerra civil irlandesa entre los radicales y los moderados que controlaban el Gobierno nuevo en Dublín. El asesinato en emboscada de Michael Collins, el gran jefe del Irish Republican Army (IRA) que había ganado su guerrilla antibritánica, fue perpetrado por los nacionalistas radicales, aunque pronto depusieron las armas.

El jefe de los radicales, ahora olvidado generalmente por la opinión española, fue un profesor de matemáticas de instituto, de apellido español: Eamon de Valera. Éste nació en Nueva York, hijo de padres inmigrantes -español él, irlandesa ella- . Después de la muerte repentina del joven padre español, la viuda regresó a Irlanda con su hijo, que fue educado en la más pura ortodoxia nacionalista irlandesa.

De Valera -«Dev», como se le llamaba entre el público- volvió pronto a la legalidad y a la lucha puramente política. En 1932 llegó a ser elegido con apoyo mayoritario como presidente de Gobierno en Dublín, mientras el Estado Libre de Irlanda seguía formando técnicamente parte del imperio británico, pero cuatro años después promulgó una constitución nueva para Irlanda que no hizo la menor mención de la Corona británica ni del imperio. Fue esencialmente el paso a la independencia total, y no fue impugnado por el Gobierno británico.

En términos generales, esta es probablemente la «solución irlandesa» deseada por el PNV y ETA -naturalmente, sin el estorbo de la secesión de ningún Ulster vasco-. No ofrece nada, naturalmente, al sector democrático de la población de las tres provincias, y el progresivo abandono de este sector de parte del Gobierno español constituye uno de los problemas más hirientes y neurálgicos de las relaciones actuales con el País Vasco.

Hay una responsabilidad democrática con los derechos de los sectores democráticos que no se puede eludir.

Hubo una ocasión, en 1933, en la que Álava actuó como «el Ulster vasco», y aún más. Entonces la oposición alavesa a ser dominada por las dos provincias de mayor población e industria frustró totalmente el tercer intento de elaborar un estatuto de autonomía en la Segunda República, autonomía que no fue obtenida hasta después del comienzo de la Guerra Civil. Ha sido por eso, para reafirmar la identidad vasca de la provincia, por lo que la capital de la Euskadi actual está en Vitoria y no en Bilbao o en San Sebastián.

Naturalmente, los nacionalistas pretenderán más. No estarán satisfechos de extender aún más el dominio que ya ejercen sobre el País Vasco, no concediendo la misma tolerancia al sector democrático que ellos siempre se reclamaban por sí mismos. Ni siquiera estarán satisfechos con la expansión máxima de los términos de la autonomía, ni meramente con algún vago reconocimiento verbal del estatus de «nación».

El nacionalismo radical siempre tiende al totalitarismo y al imperialismo. Así, insistirán de un modo unilateral en la extensión de su proceso político a una Navarra que, con respecto a la inmensa mayoría de sus habitantes, no quiere tener nada que ver con ello. Los nacionalistas insistirán, como mínimo, en imponer su propio referéndum sobre los navarros, que no lo desean para nada, si no es que pretenden interferir aún más en los asuntos navarros. Para ellos es Navarra, y no su propia población democrática -la que rechaza el nacionalismo extremista-, lo que constituye el «Ulster vasco».

Tregua de ETA
Síndrome de Estocolmo
Pedro Schwartz Libertad Digital 1 Abril 2006

En 1973, las víctimas de un secuestro de seis días en un banco de Estocolmo formaron un lazo emocional con sus apresadores, llegando a defenderlos tras su liberación. Así se puso nombre a un fenómeno que ocurre desde los tiempos más remotos de la historia de la humanidad: la esclavitud psicológica de los débiles ante los violentos que los oprimen. La reacción de alivio general ante la proclamación de una "tregua permanente" por la ETA es comprensible, pero no la ceguera de algunos, como los que han llegado a hablar del "regalo" que la ETA nos ha hecho al resto de los españoles. La situación real es muy otra: la ETA no nos regala nada pues ha sido derrotada, como lo fue el IRA en Irlanda del Norte, que ha entregado las armas sin conseguir ninguno de sus fines. Las concesiones que se le hagan para conseguir que deponga definitivamente las armas deben ser las justas y sólo las justas para que la dirección pueda salvar la cara ante sus miembros más violentos. Por eso hay que alabar el gesto del presidente Rodríguez Zapatero de pedir el apoyo del líder de la oposición durante las negociaciones con la banda criminal. La presencia de Mariano Rajoy al lado del presidente infunde confianza en quienes de ninguna forma aceptaríamos que se dilapidara lo conseguido en tantos años de lucha contra los terroristas.

La espantosa matanza perpetrada por los seguidores de Al Qaeda en la estación de Atocha de Madrid el 11 de marzo de 2004 ha vedado por algunos años el camino de la muerte para los terroristas vascos. No es que les temblara la mano ante el asesinato masivo: baste recordar la bomba que los etarras hicieron estallar en los almacenes Hipercor de Barcelona. Es que saben que la reacción popular ante una sola muerte más habría sido tan viva como la que siguió a la de Miguel Angel Blanco en 1997, cuando España se llenó de manos blancas alzadas en protesta contra la violencia. En la siniestra competencia entre bandas armadas para socavar las bases de la civilización han ganado los fundamentalistas musulmanes. Otro elemento ha contribuido a la derrota de la ETA, la impaciencia por salir a la calle de los 493 presos. La justicia les había asestado un duro golpe, al evitar que algunos de los más crueles fueran excarcelados por una indulgente interpretación de la reducción de penas por buena conducta. Eso ha profundizado la depresión de ese colectivo, seis de cuyos miembros habían escrito una carta en 2004 a la dirección de la banda para decir que nunca se habían "encontrado tan mal" y que "en las actuales circunstancias, la lucha armada que desarrollamos hoy en día no sirve". De hecho hubo algunos que brindaron con champagne para celebrar la noticia de la tregua permanente.

La persecución policial en Francia y España, así como la firmeza de las condenas impuestas por la Audiencia Nacional a los que caían en manos de la justicia, habían ido reduciendo los efectivos de los terroristas a niveles mortecinos. Incluso se adivinaban dificultades económicas en el recrudecimiento de la campaña de extorsiones, descritas con el eufemismo de "impuesto revolucionario". Una de las causas de esa penuria era la ilegalización de Herri Batasuna, el brazo político de la ETA, conseguida por José María Aznar, pues por ello habían dejado de percibir subvenciones y sueldos del Parlamento, las Diputaciones y los Ayuntamientos del País Vasco.

Los terroristas sentían pues dolorosamente la presión de su situación y del calendario: la banda infiltrada y diezmada; los presos desesperados e impacientes; la caja vacía y, además, la amenaza de que sus lacayos políticos no pudieran concurrir a las elecciones municipales en la primavera de 2007 si se mantiene la ilegalización de sus formaciones políticas.

Los etarras se caracterizan por su mala prosa y su soberbia. La expresión "tregua permanente" recuerda la mente burocrática de las SS. ¿Qué es una "tregua permanente"? No es ni provisional ni un alto el fuego. Es una suspensión de actividades violentas que durará o no durará, insinúan, según el Gobierno obedezca o no las imposiciones de la banda. Aunque está derrotada, sigue hablando en sus comunicados como si dictara términos a los vencidos: "¡Gobiernos de Francia y España! Portaos responsablemente. Exigimos la auto-determinación de toda Eukalherría, incluida Navarra y las provincias francesas de Iparralde, aunque no quieran. Habéis reconocido a Cataluña como nación, hacedlo con el País Vasco. Si no..."

Mi temor y el de los muchos españoles que no queremos ceder a la violencia, que creemos que es mejor morir de pie que vivir arrodillados, es que el Gobierno caiga en la tentación de ceder demasiado para conseguir un armisticio rápido. Acercar los presos a las cárceles del País Vasco, bien, puesto que está dentro de los poderes del Ejecutivo. Legalizar Herri Batasuna, bien, si abandonan las armas. ¿Más autonomía de las tres provincias vascongadas? Como vamos hacia otra España aún más descentralizada, pues bien. Pero ni un ápice más. El PSOE y el PP juntos pueden conseguir esa paz democrática que todos anhelamos.     © AIPE   Pedro Schwartz es profesor de la Universidad San Pablo CEU y académico asociado del Instituto Cato.

Estaditos virtuales
Jesús Laínz elsemanaldigital 1 Abril 2006

¿Recuerda usted, cinéfilo lector, Acoso, aquella película en la que un afortunado Michael Douglas sufría el ataque sexual de una tremenda Demi Moore? Recordará que los protagonistas se ponían un casco gracias al cual penetraban en un espacio de realidad virtual, con pasillos, puertas, habitaciones y, dentro de ellas, archivos y documentos. Al quitarse el casco, la ficción desaparecía y volvían a hallarse en la normalidad.

Y quizá recuerde también Demolition man, película en la que Sylvester Stallone se encasquetaba igualmente un adminículo en la cabeza para realizar el acto sexual sin contacto físico ni intercambio de fluidos con Sandra Bullock. Un desperdicio.

Pues bien, uno de los efectos más curiosos del Estado de las Autonomías éste que nos instalaron en España para mantener las glándulas identitarias en perpetua erección, ha sido el de crear mundos virtuales que muchos nacionalistas confunden con la realidad. Y sin necesidad de casco.

El que suscribe recuerda una conversación con una sexagenaria peneuvista que espumarajeaba de indignación ante la diferencia de trato que habían recibido Aznar e Ibarretxe durante sus respectivas visitas hace un par de años a un país suramericano, Uruguay o Paraguay, salvo error de memoria. El agravio consistía en que mientras que Aznar había sido recibido a pie de avión con honores de jefe de gobierno, Ibarretxe no. Imposible fue explicar a la buena señora que eso sucedía porque, efectivamente, Ibarretxe no era jefe de gobierno de un Estado, mientras que Aznar sí. Esto no cabía en su cabeza. Ibarretxe no era el presidente de una comunidad autónoma española; era el jefe del Estado Vasco y le maravillaba que los demás no nos hubiéramos dado cuenta.

Explicar esto a ciudadanos con su sistema neuronal no atacado por las doctrinas nacionalistas es tarea bien sencilla e incluso innecesaria (a ningún murciano, castellano, aragonés o asturiano en sus cabales jamás se le ocurriría que su presidente autonómico es un jefe de Estado o que su región puede alcanzar la categoría de nación si así se logra proclamar en un Estatuto arrancado a algún presidente débil e indocumentado). Pero deviene hercúlea cuando el interlocutor lleva encasquetado, sin saberlo, el casco de realidad virtual creado por la ingeniería adoctrinadora nacionalista.

Pero no toda la responsabilidad cae de ese lado, pues los sucesivos gobiernos de la nación llevan un cuarto de siglo permitiendo y facilitando esta aberración del intelecto y de los sentidos al no haber puesto remedio al priapismo identitario de las taifas más eréctiles.

Pero, ¡cómo van a haber intentado corregirlo si ni siquiera se han dado cuenta de la tenaz estrategia de los nacionalistas –cuyo último paso, por el momento, es el Estatuto nacional catalán sincronizadísimo con la tregua etarra– e incluso les ríen las gracias!

El cobrador del frac
Juan Carlos Escudier El Confidencial 1 Abril 2006

Salvo que aparezca una fotografía de Carod-Rovira con una media en la cabeza y un trabuco en cada mano cobrando el impuesto revolucionario a los funcionarios de la Generalitat, nada de lo conocido hasta el momento sobre el sistema de financiación de Esquerra justifica un escándalo tan prefabricado como insólito. En el país de Filesa, de Naseiro y del 3% ha debido de parecer extravagante que un partido exija a sus cargos públicos y su personal de libre designación que contribuya a las arcas del partido con parte de su sueldo, un sistema que, depurado de errores inadmisibles –como pedir la cuota a militantes de otras formaciones- es la fórmula más transparente que se recuerda por estos lares.

El origen de la tremolina es la no renovación de tres contratos por obra y servicio a otros tantos empleados de la Secretaría General de la Juventud, designados en su día por Convergencia como personal de confianza y mantenidos por ERC, a los que se hizo llegar la ya famosa ‘carta financiera’, un compromiso escrito en donde se estipulan las aportaciones aplicables a cada caso y en el que se advierte de que su incumplimiento llevará aparejada la destitución. Como quiera que ninguno de los tres se avino a pasar por caja y con posterioridad se decidió la extinción de su relación laboral, los afectados entendieron que habían sido víctimas de una venganza.

Esquerra está convencida de que uno de ellos, D.B., del que asegura que percibía más de 3.000 euros mensuales y al que se le pedía una aportación del 15%, relató su desgracia a un concejal de Iniciativa per Catalunya de Esparraguera, un pueblo del Bajo Llobregat, y que éste puso el asunto en conocimiento del conseller de Relaciones Institucionales de la Generalitat, Joan Saura. Lo que Esquerra supone es que Saura vio la oportunidad de contrarrestar las simpatías que los republicanos habían despertado entre la militancia de Iniciativa por su actitud frente al Estatuto y, de paso, acallar la críticas internas por su ‘entreguismo’. Y que, fiel a su estilo, Saura filtró la noticia a sus dos medios de cabecera para dar al escándalo la dimensión requerida.

Es innegable que el sistema de financiación de Esquerra plantea dudas morales sobre quienes deben de ser los sujetos a los que es lícito pasar la hucha. En principio, resulta razonable que los cargos públicos, ya sean electos o por designación, sean requeridos para sostener económicamente a la organización que ha facilitado su designación, sean o no militantes. Por el contrario, aunque éste no sea el caso, pretender que cualquier trabajador público entregue su óbolo por el mero hecho de estar a las órdenes de un dirigente de Esquerra constituiría una extorsión injustificable.

El conflicto se produce en el ámbito mucho más difuso del denominado personal de confianza, que se supone integrado bien por aquellos funcionarios o laborales expresamente designados por el partido para cubrir determinadas plazas de la Administración -y que dada su especificidad y su componente de adhesión llevan aparejadas un salario más elevado-, bien por trabajadores que ya desempeñaban estas tareas satisfactoriamente pero cuyo relevo por otros afectos a la causa hubiera sido considerado hasta lógico. Nadie cuestionaría que un consejero removiese a la secretaria, al director de gabinete o al jefe de prensa de su antecesor, especialmente si es de otro partido. Por idéntico motivo, mantenerlos en sus puestos equivale obviamente a asimilarlos a su personal de confianza.

¿Es legítimo pedir a estos empleados públicos que colaboren en el sostenimiento del partido sean o no militantes? He ahí el quid de la cuestión. Esquerra entiende que sí y lo hace a las bravas, sin subterfugios: con un documento en el que reclama un porcentaje variable que oscila entre el 4 y el 25% en función del sueldo. Juzga que está en su derecho en la medida en que tiene capacidad para sustituirlos. El planteamiento es discutible. ¿Es mejor secretaria quien paga la cuota que quien no la paga? ¿Es más eficaz el asesor que se retrata ante el partido que el que no lo hace? Con esta escala de valores, no efectuar donaciones a Esquerra puede ser un motivo de pérdida de confianza pero, desde luego, no puede constituirse en argumento de represalias laborales como el despido. De haberse producido un solo caso, cualquier atisbo de razón que pudieran esgrimir los republicanos se habría evaporado.

El sistema, como se ve, es imperfecto pero goza de la suficiente transparencia para que cualquier abuso pueda ser corregido en los tribunales, a los que, por cierto, nadie ha recurrido. Por eso sorprende la furibunda reacción de partidos como CiU, que encabeza el ranking de las donaciones opacas y de cuya relación con las comisiones por obras podría hablar largo y tendido el mismísimo Jordi Pujol, o de Iniciativa, socio en el Tripartito, y muy implicado en favorecer algunas cooperativas de viviendas cuya rentabilidad no solamente es social. ¿Acaso el PSOE, el partido que puso de moda las tramas empresariales de informes ficticios, está libre de culpa? ¿Es Rodríguez Ibarra, famoso en Extremadura por amenazar a los medios críticos con retirarles la publicidad institucional, el político más cualificado para hablar de extorsión y de chantaje? ¿Puede el PP tirar la primera piedra sin mirar de reojo a Naseiro o sin explicar cómo, siendo el partido que más ha gastado en campañas electorales, ha logrado eliminar su deuda bancaria?

La rapidez con la que ha decidido actuar la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sería muy loable de no ser por la estrecha y conocida relación del fiscal Mena con Joan Saura, con el que ha trabajado codo con codo en su etapa en Anticorrupción en casos como el que afectaba a Javier de la Rosa y que acabó salpicando al hoy presidente del PP de Cataluña, Josep Piqué. La fiscalía no pasará de abrir diligencias informativas pero lo importante es el ruido que ya ha generado. Favor con favor se paga.

No cabe duda de que urge establecer de una vez por todas un sistema coherente de financiación de los partidos políticos. Será la única manera de acabar con los abusos y con tanto fariseísmo. Será también la manera de conseguir que Carod deje de vestirse como el cobrador del frac, que el hombre ya no está para esos trotes.      escudier@elconfidencial.com

¡¡Grita Libertad!!
Federico Quevedo El Confidencial 1 Abril 2006

Pues estamos como siempre. En cuanto uno sube un poquito el tono, la caterva de sectarios saca a pasear el manual de insultos. Que si fascista, que si reaccionario, que si cavernario, que si anti-todo, que si a la cárcel con él, que si mejor no escriba, que si vaya panfleto, que si... los más subidos de tono no los transcribo porque no pienso hacerles publicidad a quienes solo saben utilizar la parte del diccionario de la Real Academia destinada a la ofensa y el oprobio. No se crean que me importa. Hombre, me fastidia porque yo nunca me he metido con la madre de nadie, pero otros que predican ejemplo de progresía, aunque sea a la catalana, sí... Ni he dado en comparar a nadie con el macho cabrío –y no todos los progres pueden decir lo mismo-... Ni siquiera he tenido a bien, ahora que estamos en primavera, en dar rienda suelta a los floridos capullos que otros esgrimen como armas sediciosas. Pero en cuanto uno transgrede los límites de lo políticamente correcto le ponen de vuelta y media, de chupa de dómine, a bajar de un burro... En fin, permítanme un cierto margen de discrecionalidad, un espacio para la crítica, por dura que esta sea... Vamos, un poco de libertad, que nunca viene mal y en estos tiempos comienza a escasear que da gusto. Ya les he dicho otras veces que para mí, la libertad, es una pasión, un fin en sí misma, una necesidad imperiosa, un deseo casi brutal, algo que no estoy dispuesto a que nadie me arrebate.

Porque, fíjense, lo que estamos viviendo desde hace un par de años tiene mucho que ver con la concepción de la libertad y de la democracia que tienen unos y otros. Por alguna desgraciada razón que no alcanzo a comprender, el socialismo patrio no ha sido capaz de adaptarse a los tiempos. En alguna ocasión anterior he afirmado, y lo reitero sin ninguna clase de complejo, que el liberalismo es la única ideología que ha conseguido una victoria moral sobre el colectivismo que tradicionalmente ha sido el hilo conductor de la acción política en Europa después de la II Guerra Mundial. Probablemente influenciada por la cercanía del Telón de Acero, la Vieja Europa no supo reaccionar con valentía al totalitarismo del Este oponiendo una visión liberal y atlantista a la amenaza que en aquel momento suponía el Pacto de Varsovia. La caída del muro de Berlín y el fin de la experiencia del socialismo real en esos países abrió las puertas de la esperanza a una verdadera democracia liberal y, sin embargo, esa lección nos la han dado precisamente los países que emergieron de la autarquía marxista. Una lección que aprendió el laborismo británico de la mano de Tony Blair, adaptando los principios esenciales del liberalismo como única forma de supervivencia en una sociedad que, muchas veces sin saberlo, lo que reclama es mayores cotas de libertad individual.

Hubo un momento, después de que el PSOE perdiera el poder en el 96 y el PP llevara a cabo lo que podríamos llamar una revolución liberal que no logró colmarse, en el que parecía que el socialismo patrio se adaptaba a los tiempos. Pero resultó que no. Primero el Prestige, luego la Guerra de Iraq y, finalmente, los atentados del 11-M y sus consecuencias posteriores nos demostraron que quienes llegaron al poder en el PSOE del post-felipismo no eran, ni mucho menos, quienes decían ser –la Nueva Vía y aquellas cosas que nos esperanzaron de la llegada de un Tony Blair a la española-, sino la expresión más voraz de lo peor que el socialismo dio al Siglo XX: el nacionalismo populista, fácilmente demagógico, con pretensiones autárquicas, de corte peronista. Una pseudo-ideología relativista constituida por una mezcla de elementos muy diversos: militarismo y falso moralismo, vocabulario revolucionario con mezcla de conservadurismo, antiamericanismo, oportunismo y nacionalismo. Rodríguez Zapatero, como le ocurría a Perón, se ve a sí mismo como una especie de síntesis popular entre el capitalismo y el comunismo, un fenómeno muy típico de la América Latina que no sólo no murió con Perón sino que tuvo continuación después de la caída del muro con el régimen de Castro y más recientemente con los experimentos revolucionarios de Venezuela, Bolivia y los que puedan producirse a corto plazo en Perú y Nicaragua.

No podemos llevarnos a engaño de lo que vivimos: un tiempo político marcado por el intervencionismo, la demagogia, el relativismo, la destrucción de los principios éticos que rigen nuestra sociedad y los valores jurídico-políticos que la sostienen, y el funambulismo como marco de actuación. Es lógico, porque una pseudo-ideología cimentada en el colectivismo no puede ser aceptada, sino impuesta desde la sistemática y sutil apropiación de los espacios de libertad. ¿Es posible esto en plena Europa del Siglo XXI? Sí, porque esta es una democracia fundamentada en un sistema de partidos y alejada de los principios de la democracia liberal, imbuida del espíritu colectivista caldo de cultivo para cualquier tentación totalitaria, que es la que tiene Rodríguez Zapatero. Sólo una interpretación desde la ambición autárquica puede explicar que la izquierda moderada española haya abandonado el concepto de nación como el de conjunto de ciudadanos libres e iguales en derechos, permitiendo a la derecha liberal apropiarse de lo que siempre fue fundamento de la sociedad civil de la que nace la democracia burguesa. El PP asume como propia la tradición moderada del liberalismo español del siglo XIX, y los principios que alumbraron la Constitución de 1812 y las Cortes de Cádiz, quizás el periodo político en el que de un modo casi espiritual la libertad fue una enseña por la que valía la pena morir.

El norteamericano Walter Lippman afirmaba que “el autoritarismo divide, el liberalismo une”. No miento si afirmo que este es el periodo de nuestra historia reciente en el que se está produciendo una mayor división y enfrentamiento social. ¿Autoritarismo? Sí, a la manera populista en que la demagogia se convierte en un arma capaz de defenestrar toda capacidad de crítica y de discrepancia. Lippman, vuelvo a traerle a colación, señalaba que “una sociedad libre es una sociedad en la que las desigualdades de la condición de los hombres, de sus retribuciones y de sus posiciones sociales no se deben a causas extrínsecas y artificiales, a la coacción física, a privilegios legales, a prerrogativas particulares, a fraudes, a abusos y a la explotación”. Es cierto que no puede generalizarse en España una situación como la que describe Lippman, pero sí podemos decir que algunas de esas carencias comienzan a ser demasiado clamorosas, y desde luego sí que puede decirse que esa definición encaja como un guante en aquellos países a los que el Gobierno de Rodríguez otorga categoría de amistad preferente, las dictaduras y regímenes personalistas de América Latina.

De ahí que, a mi modo de ver, existe una sustancial diferencia entre el proyecto político de Rodríguez y el que defiende Rajoy. Como liberal, creo y acepto que existe una “ley suprema, superior a la Constitución, a las ordenanzas y a las costumbres, que existe en todos los pueblos civilizados”, una forma de ley natural que permite la asociación “entre hombres libres e iguales”, y que, en el fondo, es lo que permite saber si los seres humanos “serán tratados como personas inviolables, o como cosas de las que cabe disponer”. El proyecto liberal, el sueño de un espacio político reformista que nace del espíritu de reconciliación que puso en marcha Adolfo Suárez y que hace de la persona el eje de su acción política, es decir, la esperanza de un compromiso por la libertad, debe constituir la prioridad de Rajoy si quiere convertirse, no solo en una alternativa de Gobierno, sino en un referente social de futuro, apostando claramente por un proyecto reformista y de regeneración democrática sin complejos. Lo que hay enfrente es el resultado de un enorme engaño que nació el 11-M de 2004, y lo que surge de la trampa y de la traición solo puede aportar a la sociedad dolor y lágrimas. Ante eso, grito: ¡libertad!       fquevedo@elconfidencial.com

LUCTUOSA JORNADA PARA ESPAÑA
Editorial minutodigital 1 Abril 2006

Un día las cortes españolas proclamaron que querían cerrar el sepulcro del Cid, renegando del pasado de un pueblo. Ayer el parlamento empezó a cavar la fosa en la que, si no lo remediamos, quieren sepultar a España.

Son horas tristes para aquellos que amamos a España. Y como parte de España a Cataluña. Es deleznable ver como unos políticos ávidos de poder se dedican a sembrar la discordia entre las regiones de España con el único propósito de servir a sus egoístas propósitos, en vez de alentar los vínculos que nos unen para lograr la prosperidad que todo esfuerzo colectivo en concordia y unión trae.

Una nación, no es una realidad geográfica, ni lingüística, ni siquiera étnica y mucho menos un armazón sostenido tan solo por una corona y un gobierno simbólico. Un agregado de hombres en un trozo de terreno disputándose la mayor tajada posible puede ser una tribu, pero no una nación. Y en esto es en lo que el PSOE y los separatistas están convirtiendo España. El continúo acoso separatista, las autonomías cada día más egoístas, esquilmando al estado de todos, luchando por llevarse la mayor porción de competencias y fondos, han convertido la escena política en España en un repugnante campo de lucha tribal. Pero lo peor de todo es todos estos políticos que ayer votaron el estatuto catalán –algunos socialistas, que se habían opuesto al engendro, demostrando cuanto valen sus convicciones frente al cargo- han tenido el envanecimiento de decirle al pueblo español lo que es y debe ser. "España reconoce lo que somos y lo que queremos ser", ha sentenciado Maragall.

Pero es el pueblo español quien debe decidir lo que es y quiere ser, no una parte de ese pueblo español y mucho menos una caterva de políticos engreídos y parasitarios.

Ayer, amigos, empezó a desandarse la historia. Cataluña va por el camino de su libertad nos dirán muchos. Pero lo que olvidan es que Cataluña, al igual que Vascongadas o Galicia, no prosperaron sino cuanto, junto al resto de reinos de España, junto a todos los demás españoles, emprendieron una empresa común de construcción nacional, que con sus más y sus menos, nos ha traído hasta aquí. Ni antes ni después, con siglos de hablar lengua propia, fueron nación, solo en España encontraron el arraigo para su ser. La senda de la falsa libertad que ayer inició Cataluña supone deshacer lo realizado, renegar de lo construido en los siglos pasados, para traer un futuro de desgracia para los catalanes y para los españoles.

Miradas a Marbella, olvidos de ETA y Cataluña.
Joaquín Santiago Rubio Periodista Digital 1 Abril 2006

Dicen las informaciones sobre los frutos de la corrupción en Marbella :"Las cifras de lo incautado son de mareo: un hotel, urbanizaciones enteras, más de cien caballos pura sangre, innumerables coches de lujos, armas, cinco kilos de joyas, un helicóptero, 275 obras de arte…". Lo que resulta digno de admiración no es un caso de corrupción así. Sólo los ingenuos se pueden sorprender. Lo que llama la atención, o lo que debería de ser destacado es cómo las instituciones políticas y judiciales andaluzas no hubieran actuado antes.

La ostentación de que hacían gala los saqueadores del ayuntamiento malagueño era conocida, especialmente en los ambientes políticos. ¿Por qué se actúa ahora?. ¿Por qué se elige la semana en que se vota a escondidas el Estatuto catalán y una semana después de que ETA reconociese oficialmente el ciclo negociador con el gobierno?. Y otra pregunta, ¿por qué nadie en Cataluña se preocupa de investigar la corrupción rampante en que TODA esa comunidad autónoma está metida, desde los medios de comunicación, hasta la patronal, pasando por los imprescindibles partidos? Boadella ha señalado el problema pero la Historia juega a favor de la corrupción catalana y en contra de la marbellí, carente ésta de coartada política.

Paralelamente, en la prensa catalana y la madrileña afecta a este régimen, oclusión informativa sobre la votación en el Congreso de los Diputados del nuevo Estatuto para Cataluña. La razón por la que diarios coo La Vangurdia, El Periódico y el madrileño ABC hayan casi silenciado el acto perpetrado en la Carrera de San Jerónimo tiene que ver con la impopularidad que suscita la revolución nacionalista. Igualmente todo lo relativo a Otegui, ETA y a su nefasta puesta en escena, encapuchados y dictando a cuarenta y dos millones cómo debe ser su régimen político, es ocultado, suavizado, edulcorado.

Tras las encuestas publicadas el día 26 de marzo y los recelos de los españoles acerca de ETA, veremos más "marbellas". Veremos cómo salen a la luz casos de corrupción municipal supuesta o real. Se trata de propagar noticias realmente graves para que lo que es aún más grave -¡sí, más grave que la corrupción personal, es la corrupción política y el saqueo legalizado de las arcas del Estado!-, es decir, el asalto nacionalista y terrorista al Estado, pase lo más desapercibido posible.

Y una predicción más. El urbanismo en España es fuente de financiación política y personal, pero con cobertura política. hasta hoy hay pacto de no agresión entre los partidos, pero la radicalización del escenario introducida por Zapatero y los nacionalistas traerá una caza de brujas al PP. Que se vayan preparando en los ayuntamientos gobernados por este partido. Sólo los "peperos" que cambien de bando y asuman el cambio socialista serán respetados. Mientras, lo que se cuece en los ayuntamientos socialistas seguirán siendo casos no demandables. Observen, sino, lo que le pasa a Esquerra: una corruptela más una infidelidad traen como resultado un martirio.

RECUPERACIÓN DE LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS DE LA DIÁSPORA VASCA
Campaña para la recuperación de los derechos civiles y políticos de la diáspora vasca, causada por la violencia de persecución del entorno etarra.
Email  1 Abril 2006

Es innegable que más de 200.000 ciudadanos vascos han sido expulsados de su tierra natal o de adopción por causa de la persecución terrorista o por la exclusión nacionalista.

No habrá verdadera democracia en el País Vasco hasta que esos ciudadanos puedan votar en el País Vasco del que no hubieran huído si no hubiera existido la presión terrorista o la exclusión nacionalista.

En consecuencia, es de justicia que en las Cortes Generales se promueva una Ley de restitución de los derechos civiles y políticos de los exiliados vascos por causa de la represión, de tal manera que todo aquel que pueda demostrar alguna vinculación entre su traslado desde el País Vasco a otra comundad y un motivo ajeno a su propia voluntad, por causa de terrorismo o exclusión directa o indirecta, pueda votar en cualquiera de los procesos electorales en el País Vasco.

Este proceso se podrá impulsar en forma de iniciativa legislativa popular o por la asunción de esta exigencia por algún grupo político en las Cortes Generales.

Irak
Lo que se va sabiendo
GEES Libertad Digital 1 Abril 2006

A medida que se analizan las toneladas de material incautado se va sabiendo que los mentirosos fueron ellos, no los que echaron a Sadam. Durante tres años hemos estados escuchando decir a los críticos de la intervención en Irak y a quienes se oponían al derrocamiento de Sadam que la guerra fue producto de una sarta de mentiras: que no había armas de destrucción masiva en Irak; y que el régimen de Sadam no tenía conexión alguna con Al Qaeda. Pues bien, ahora que la administración americana se ha decidido a hacer público parte de la documentación incautada a los iraquíes, empiezan a saberse muchas más cosas. Y a tenor de lo que está saliendo a la luz pública, quienes acusaron de mentir a los gobiernos que apoyaron la intervención deberían empezar a dar ellos mismos explicaciones.

La conexión entre Sadam y Al Qaeda es bien patente. Ahora hay prueba documental de que diversos cuadros de Bin Laden estuvieron en diversas zonas de Irak, como el Kurdistán, donde ayudaron a formar a militantes de Al Ansar y donde utilizaron determinadas instalaciones para su propia formación y entrenamiento; se sabe que Al Zarqawi estuvo en reuniones con dirigentes baasistas en pleno Bagdad, como también hizo el cerebro del primer ataque contra las Torres Gemelas en 1993, Abdul Raman Yasin. A todos quienes han afirmado vehementemente que la colaboración entre un régimen secular, como el de Sadam, y los fundamentalistas islámicos era del todo imposible (incluido el anterior director del CNI, Jorge Dezcallar), deberán revisar sus postulados a tenor de los más de diez años de estrecha cooperación entre Al Qaeda y elementos del régimen iraquí de Sadam, tanto en Irak como fuera de ese país. Cooperación que se alargaba a suelo de Sudán y de Filipinas, entre otros lugares. Y eso que sólo es una mínima parte de la documentación la que hoy está accesible vía Internet.

En cuanto a las armas de destrucción masiva, los documentos que ahora se pueden ver no dejan lugar a dudas: muchos mandos militares iraquíes de verdad creían que disponían de ellas y que se encontraban plenamente operativas. No es una especulación, es su propia narrativa. Y además, por otra tanda de papeles, trascripciones de conversaciones telefónicas, queda patente la ambición de Sadam de hacerse con un arma nuclear "como sea". Todo eso no excusa los fallos de la inteligencia, pero los contextualiza. Antes de la invasión, todos, hasta los propios iraquíes, creían en la existencia de su arsenal.

Es una desgracia que los tiempos políticos no se vean acompañados del ritmo de trabajo de los historiadores. Pero quienes se lanzaron a la calle para acusar a Bush, Blair y Aznar de mentirosos, deberían comenzar a preocuparse. A medida que se analizan las toneladas de material incautado se va sabiendo, sin lugar a dudas, que los mentirosos fueron ellos, no los políticos que echaron a Sadam. La razón por la que nos quisieron engañar y confundir tendrán que acabar explicándolo tarde o temprano. Aunque nos hacemos una idea.     GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

«Los que se llaman socialistas...»
- Guerra, Leguina, Bono, Acosta, Benegas, Marugán, Mayoral, Galache y otros muchos que levantaron la voz contra el Estatut dijeron «sí» sin rechistar- «La Constitución no garantiza la bondad política o social de una ley», sostenían
E. L. Palomera La Razón1 Abril 2006

Madrid- Busquemos una fecha, un lugar, una cita, aunque hay cientos. Porque los socialistas que han levantado la voz, en público y en privado, contra la reforma catalana se cuentan por docenas. Y no sólo en el Congreso. Y no sólo antes de que el texto que salió del Parlament se sometiera al lavado de cara constitucional que le hicieron los ponentes.

Basta un ejemplo. Bilbao, 10 de marzo de 2006. Veinte días antes de la aprobación en el Parlamento del texto definitivo, el ex presidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina pronunciaba una conferencia en la que daba un certero repaso del proceso, y cargaba contra el proyecto salido del Parlament, contra los nacionalistas, contra el PSC y contra el PSOE, por qué no. «(...) No dábamos crédito a lo estábamos leyendo porque la concepción política acerca del Estado que subyace en el texto remitido a las Cortes era, simplemente, un disparate. El disparate de la bilateralidad, que responde al más rancio y reaccionario catalanismo y se puede resumir en una frase tan castiza como certera: lo mío, mío, y lo tuyo, a pachas. Mandar en Cataluña y, también, mandar en Madrid».

Para Leguina, el texto que llegó del Parlament giraba en torno a tres ejes: la obsesión por reducir la presencia del Estado en Cataluña, la bilateralidad y la preocupación por la presencia «nacional» de Cataluña en el Estado y en el ámbito internacional. Pero lo que más le llamaba la atención es que un partido, el PSC, «que se hace llamar socialista», se hubiese subido a ese «viejo carro identitario y ventajista». ¿Qué entienden los redactores del Estatut por nación?, se preguntó. Tomó el Diccionario normativo del Institut d´Estudis Catalans: «Conjunto de personas que tienen una comunidad de historia, de costumbres, de instituciones, de estructura económica, de cultura y, a menudo, de lengua, un sentido de homogeneidad y también de diferencia al resto de comunidades humanas y una voluntad de organización y de participación en un proyecto político que pretende llegar al autogobierno y a la independencia política».

Transformar el agua en vino. Hasta aquí el análisis del proyecto, pero el socialista también habló del dictamen que estaba, entonces, a punto de salir de la Comisión Constitucional, y que el jueves fue aprobado por el Congreso: «Los recortes a la ensoñación nacionalista han sido notables, pero transformar el agua en vino no está entre las facultades del Parlamento español y así, en lo tocante a las lenguas, el derecho y el deber de conocer el catalán, abre la puerta a una más potente discriminación contra los castellanohablantes (...)»

Y, sea cual sea el texto que se pase a referéndum, el socialista subrayaba en Bilbao que «una cosa es que una ley quede dentro de la Constitución, y otra muy distinta que esa ley sea buena, beneficiosa o conveniente». Y, además, después de éste -el catalán-, vaticina que llegarán los demás estatutos, que «dejarán al Estado con la cuerda del salchichón, y poco más». Todo liderado por unas sobrevenidas clases políticas regionales cuya voracidad está bastante más demostrada que su eficiencia...».

Pues si lo aprobado en el Congreso este jueves es un «asalto», como dice Leguina, ¿por qué lo aprobó con su voto? Ésa es la cuestión. Como Leguina, muchos más. Porque quienes un día, desde el PSOE, se encomendaron a la Virgen de las Cortes -como hizo José Bono- para que impidiera la aprobación del Estatut, quienes clamaron por la vulneración de los principios de igualdad y solidaridad y denunciaron el requiebro de los derechos históricos, el blindaje de competencias y, sobre todo, la «estafa» del término nación, optaron, finalmente, por el silencio.

«Ex socialistas». Unos con su ausencia -Bono, que no tiene derecho a voto por no ser diputado, prefirió no acudir al Parlamento-; otros, con su anuencia. Todos han preferido mirar para otro lado y olvidarse de los mandobles que lanzaron contra sus colegas del PSC: «El problema es que, quizá, quien se hace llamar socialista ya no lo es», se lamentaba el pasado septiembre el extremeño Victorino Mayoral. E ídem su colega José Luis Galache, quien porfíaba el mismo día que su voto sería «no» si llegaba a las Cortes con el término «nación». «Yo tampoco lo votaré. Lo digo hoy, pero lo mantendré hasta el día que ese texto llegue al Pleno de esta Cámara. Y somos mayoría los que en el Grupo Socialista pensamos así: nunca votaremos el término nación, ni los blindajes, ni la financiación. Por tanto, el Estatuto no saldrá». En efecto, eran mayoría, pero ni uno hizo valer su fuerza. Ni Guerra desde la atalaya de la Comisión Constitucional, ni José Acosta desde su estado de «prejubilación», ni Txiqui Benegas, ni Francisco Fernández Marugán. No hay excusa.

El Foro Ermua critica a Zapatero por afirmar que el líder batasuno es «un hombre de paz»
R. N. La Razón 1 Abril 2006

Madrid- El presidente del Foro Ermua, Mikel Buesa, aseguró, al ser preguntado si Arnaldo Otegi es un hombre de paz, tal y como asegura el presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, que decir esto es «como asegurar que el obispo Setién va a ir al cielo» y que su discurso es el de una organización que «necesita» presentarse a las elecciones».

Buesa hizo estas declaraciones en la rueda de prensa en la que dio a conocer la querella que el Foro presentó ayer una querella contra Joseba Permach, Ainara Armendariz, Aurore Martín y «quienes comparecieron» el 24 de marzo, tras el comunicado de ETA, ante los medios de comunicación como nueva Mesa Nacional de Batasuna, por presuntos delitos de desobediencia a la sentencia de ilegalización del Tribunal Supremo, quiebra de la medida cautelar de suspensión de actividades dictada por la Audiencia Nacional, reunión ilícita y delito de pertenencia o colaboración con banda terrorista.

Según explicó Buesa, Batasuna reunió su Asamblea Nacional, eligió nuevo órgano de dirección (Mesa Nacional) y difundió un comunicado público, leído «expresamente» en nombre de la formación ilegalizada, instando al Gobierno a que pague un «precio político por el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad», a pesar de estar ilegalizada y tener prohibida toda actividad, además de haber sido calificada como organización terrorista por la Unión Europea (UE), Estados Unidos y de manera cautelar por la Audiencia Nacional.

Buesa resaltó que este comunicado «coincide» de manera «objetiva» con los «fines, argumentos y hasta expresiones literales» vertidas en el comunicado emitido por ETA en el que anunciaba el cese permanente de violencia, por lo que viene a completar la estrategia de esta organización terrorista.

La Comunidad amenaza con llevar a la Justicia el Estatuto catalán
ABC 1 Abril 2006

ZARAGOZA. El PAR, socio de gobierno del PSOE en el Gobierno aragonés, anunció ayer que la Comunidad podría llevar al Tribunal Constitucional la recién aprobada reforma del Estatuto catalán si en el Senado no se introducen determinadas enmiendas, al igual que hará con el texto valenciano por recoger el derecho a recibir agua de otras cuencas.

En el caso catalán, las enmiendas que los aragonesistas consideran necesarias son relativas al Archivo de la Corona y, de nuevo, a los preceptos sobre el agua. Para el portavoz parlamentario del PAR, Javier Allué, los artículos referidos al Archivo de la Corona en los Estatutos de las cuatro Comunidades implicadas (Aragón, Baleares, Cataluña y Valencia) deberían ser iguales, porque en el Patronato que debe gestionarlo, pendiente de constitución, deben prevalecer los principios de unidad y de gestión paritaria.

En este sentido, el senador del PAR, José María Mur, presentará enmiendas al texto catalán en el Senado y, si no se aprueban, Aragón podría interponer un recurso de inconstitucionalidad como el anunciado para el Estatuto valenciano. Respecto al agua, también se intentará modificar el precepto que concede a la Generalitat competencias en la fijación de los caudales del Ebro en el Delta.

Justificación socialista
Mientras, el socialista Carlos Tomás, aseguró que todavía «hay tiempo» para hacer algunos ajustes en el Estatuto de Cataluña, informa Efe. En todo caso, los parlamentarios aragoneses en las Cortes Generales que votaron a favor tanto del Estatuto valenciano como del catalán «hacen lo que tienen que hacer» y «no pueden romper la disciplina de voto», señaló.

La Comunidad estudia recurrir al TC el Estatuto catalán por «romper el sistema democrático»
El Gobierno regional valorará si tiene capacidad para acudir al Constitucional y apoyará «cualquier decisión» al respecto desde otros partidos o regiones
SONIA BARRADO ABC 1 Abril 2006

LOGROÑO. El presidente de La Rioja, Pedro Sanz, afirmó ayer que la aprobación de la reforma del Estatuto de Cataluña sin el consenso del PP y el PSOE «rompe la normalidad y el funcionamiento ordinario del sistema democrático y genera incertidumbre e inestabilidad», además de que «puede crear un enfrentamiento entre territorios».

Por este motivo, expresó su esperanza en que «los valores de unidad, solidaridad e igualdad contenidos en la Carta Magna sean amparados por el Tribunal Constitucional y que todos los elementos que constituyen verdades claves de recursos de inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña se pongan de manifiesto».

En este sentido, el Gobierno de la Rioja anunció que estudiará si tiene capacidad para recurrir ante el Tribunal Constitucional la reforma del Estatuto y apoyará «cualquier decisión» que se tome al respecto desde otros partidos o regiones. Para Sanz, la reforma de este Estatuto ha iniciado un camino «que espero que se corte, porque es totalmente diferente a lo que era hasta ahora el modelo de Estado», lo que consideró que «puede continuar en otras reformas estatutarias y poner en una situación insostenible la supervivencia y el mantenimiento de cada una de las regiones españolas».

Para evitar esta situación, el mandatario regional abogó por «recuperar el consenso entre el PP y el PSOE» y aseguró que La Rioja defenderá sus derechos «porque no queremos ser más ni menos que nadie y, en materia de financiación, el Gobierno de España tiene que garantizar los recursos económicos necesarios para prestar a los riojanos los servicios básicos igual que a los catalanes o gallegos».

«Venderse con facilidad»
El presidente riojano también se refirió al alto el fuego de ETA, en la que sospechó, por la actitud del Gobierno, que «hay una negociación por debajo de la mesa, que les avergüenza comentar y que hay un pacto preestablecido de no agresión para que el Estado de Derecho también entre en tregua». Sanz dijo no entender los cambios de opinión del fiscal general ni las declaraciones de Rodríguez Zapatero sobre Arnaldo Otegi, «a no ser que uno se venda con facilidad». Consideró, por todo ello, que plantear cesiones y no tener «la contundencia ni la firmeza necesaria para que el Estado de Derecho funcione», llevará a España «a un fracaso a corto, medio y largo plazo».

PESE A LOS 3.700.000 APOYOS RECOGIDOS POR EL PP
Acebes cree que Zapatero evitará el referéndum nacional porque "sabe que perdería"
El secretario general del PP ha acusado al PSOE de votar a favor de que España "deje de ser una única nación", en referencia al sí que los socialistas han dado al Estatuto de Cataluña. Ángel Acebes está convencido de que el presidente del Gobierno despreciará los casi cuatro millones de firmas recogidas para pedir una referéndum nacional porque "sabe que si hiciese esta consulta la iba a perder". Zapatero ha defendido el texto en Barcelona tras hacerlo ante los barones del PSOE. CiU, aprovechando el interés mundial del Barça-Madrid, ha relanzado su campaña de "Cataluña no es España".
EFE Libertad Digital 1 Abril 2006

En un acto de Nuevas Generaciones celebrado en la sede del PP para valorar la campaña de recogida de firmas que lleva a cabo este partido para solicitar la celebración de un referéndum en España sobre el texto catalán, Ángel Acebes ha pedido a los senadores socialistas que digan durante su tramitación en la Cámara Alta que "los poderes del Estado emanan del conjunto del pueblo español".

El secretario general del PP, que ha subrayado que ya llevan recogidas 3.700.000 firmas en una campaña hecha "sin trampa y sin cartón" y con "juego limpio", ha considerado que José Luis Rodríguez Zapatero "no puede despreciar esta movilización", aunque se ha mostrado convencido de que lo hará porque "sabe que si hiciese esta consulta la iba a perder". Por ello, el dirigente de los populares ha acusado al PSOE de votar a favor de que España "deje de ser una única nación" y ha señalado que Zapatero "pasará a la historia como el presidente que rompió el consenso de la Transición".

Según el dirigente popular, “en ninguna democracia se despreciaría la petición de tres millones setecientos mil ciudadanos que han firmado un compromiso expreso, poniendo su nombre y su firma porque no quieren que le despojen de su ciudadanía, de la capacidad de decidir entre todos”. Además, ha recordado a los socialistas que muchas de las personas que se han acercado a las mesas de firmas son jóvenes, responsables, comprometidos con la igualdad y la solidaridad y que tienen derecho a heredar una sola nación con los valores de igualdad y solidaridad”.

De "nación" a "confederación asimétrica"
El secretario general del los populares ha recordado al PSOE que con el Estatuto de Cataluña se está creando “una confederación asimétrica” en la que Cataluña va a poder decidir sobre lo que afecta al resto de España pero el resto de España no va a poder decidir sobre lo que afecta a Cataluña. “Este Estatuto acaba con que todos seamos iguales en derechos y obligaciones, y no beneficia ni a Cataluña ni a España ya que se ha hecho por intereses partidistas de Zapatero y de los nacionalistas”.

Acebes también ha criticado que Zapatero no estuviera en el hemiciclo durante el debate sobre el Estatuto: “Es inédito que el presidente del Gobierno no esté presente en el pleno más importante de la legislatura”. Por contra, ha reprochado que este sábado “se va a un acto Barcelona, a reunirse con los socialistas para que le arropen cuando no tuvo el coraje de dar la cara en el Congreso ante el conjunto de los ciudadanos españoles para explicar por qué ha roto la unidad, la igualdad y la solidaridad entre españoles”.

CiU lanza una campaña en las radios andaluzas para frenar la «catalanofobia»
Redacción La Razón 1 Abril 2006

Barcelona- CiU lanzará una campaña a través de emisoras de radio andaluzas para desmentir las «intoxicaciones» del PP contra el Estatut, «contrarrestar la catalanofobia» fomentada, a su juicio, por los populares en los últimos meses y recomponer la imagen de Cataluña, a la que han intentado «dañar». La campaña, con un presupuesto de 24.000 euros, consistirá en cuñas radiofónicas que empezarán a emitirse a través de Onda Cero y la SER en Andalucía a partir del lunes. El presidente de CiU, Artur Mas, explicó que la iniciativa responde a la preocupación de su formación por la «campaña contra el Estatut y contra Cataluña» que ha impulsado el PP.

La iniciativa responde a otra del PP andaluz, que inició en febrero una campaña contra el Estatut que incluía varias cuñas en las que se aseguraba que en Cataluña «es obligatorio estudiar en catalán» y se denunciaba el nuevo sistema de financiación diciendo que «ahora las comunidades más pobres son las que dan el dinero a las ricas».

La cuña que difundirá CiU es un mensaje de veinte segundos, con locución de una voz femenina, que dice: «Cataluña siempre ha sido una tierra abierta a todos, sea cual sea su idioma. Siempre ha sido el lugar en el que gente de otras ciudades y otros países ha prosperado y ha hecho prosperar a Cataluña. Cataluña siempre ha sido buena para todos y aún será mejor. Y te digan lo que te digan, el Estatut no cambiará lo que siempre ha sido así. Convergencia i Unió».

Las reacciones a la campaña no se hicieron esperar. El PSC reclamó «prudencia» a CiU en su campaña y Arenas (PP) aseguró que perjudicaría a Chaves. Ahora, la Generalitat enviará a los hogares catalanes el nuevo texto acompañado del Estatut de 1979.

DAVID TRIMBLE: «El Gobierno español debería exigir a ETA que primero entregue las armas»
Anunciar una tregua permanente no tiene sentido, dice uno de los máximos artífices del proceso de paz en Irlanda, para quien ETA debería dar por terminada su actividad armada como primer paso
EMILI J. BLASCO ABC 1 Abril 2006

Premio Nobel de la Paz por el Acuerdo de Belfast de 1998

LONDRES. David Trimble ha pagado en propia persona el retraso del IRA en entregar todas sus armas, algo que, según el Acuerdo de Belfast de 1998 -también conocido como Acuerdo de Viernes Santo- , debía haberse completado en dos años. Sólo en septiembre del año pasado el IRA dio por terminado su desarme, perjudicando seriamente con esa demora la confianza de la población, especialmente la protestante, en el proceso de paz. Trimble presidió el gobierno norirlandés hasta que la autonomía fue suspendida en octubre de 2002 por un asunto de espionaje atribuido al IRA. En las elecciones regionales de noviembre de 2003, la formación de Trimble (Partido Unionista del Ulster, UUP) acusó los miedos protestantes por la falta de firmeza del Gobierno de Tony Blair frente al IRA.

En ese declive electoral, Trimble dejó la presidencia de su partido en mayo del año pasado. Quien recibió el Premio Nobel de la Paz junto con David Hume, el entonces líder del católico Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP), lamenta el error cometido en Irlanda del Norte, que aún no ha recuperado su autonomía debido a la situación que ha generado la tardanza del IRA en su desarme, y aconseja a José Luis Rodríguez Zapatero que aprenda la lección.

-¿Es ésa la principal lección que debe aprender Zapatero del proceso de paz en Irlanda del Norte?
-El Gobierno debería clarificar la posición de ETA, porque una de las cosas que más dificultades han causado en Irlanda del Norte ha sido la ambigüedad que rodeó la posición del movimiento republicano irlandés. En mi opinión, decir que un cese del fuego es permanente es del todo inconsistente: ETA no debería hablar en esos términos sino que tendría que dar por terminada toda su actividad armada. Y entonces habría que pedir a ETA que dé garantías de ese fin definitivo de su campaña, aclarando cómo va a proceder al decomiso de sus armas. Esta es la única manera de hacer creíble el proceso, la única manera de construir sobre la confianza. El Gobierno español debería comenzar por el decomiso de las armas.

-Mirando hacia atrás, ¿cree que el completo desarme del IRA tenía que haberse dado como primer paso para alcanzar el Acuerdo de Viernes Santo, dados los problemas que luego se han ido arrastrando por el retraso del IRA en poner a un lado su arsenal?
-Efectivamente habría sido algo necesario. El Acuerdo de Belfast de 1998 no focalizó su atención en esto; creo que fue un gran error por parte del Gobierno británico y del Gobierno irlandés permitir un plazo de dos años para el desarme. En nuestro caso, esto desafortunadamente no funcionó bien, y luego el movimiento republicano fue retrasando el cumplimiento de su compromiso, minando la confianza en el proceso. Esto es lo principal que le diría al Gobierno español, otros consejos concretos podrían darse en la medida en que se vayan conociendo los detalles sobre cómo evoluciona la situación en España.

-En un proceso de este tipo, ¿debe haber asuntos no negociables?
-Lo que conviene es definir muy bien desde el comienzo el marco al que se van a sujetar los acuerdos, los límites en los que tienen lugar las negociaciones.

-Cree que la autoridad de Gerry Adams, que ha podido hablar tanto en nombre del Sinn Fein como de su brazo armado, facilitó las cosas. En España falta ese interlocutor único.
-Ha sido indudablemente útil. El movimiento republicano es una organización esencialmente secreta y no conocemos sus debates internos, pero la existencia de una cara pública que se responsabilizara de todo ese espectro fue conveniente.

-Los unionistas han acusado en muchas ocasiones al primer ministro británico, Tony Blair, de hacer demasiadas concesiones al Sinn Fein con el fin de superar las situaciones de parálisis que se han presentado, algunas de ellas provocadas por los propios republicanos.
-Las cosas se podían haber hecho mejor en muchos aspectos y no ocultaré que en ocasiones los unionistas nos hemos sentido desasistidos por nuestro propio Gobierno, que a veces ha parecido preferir mantener una relación privilegiada con Gerry Adams.

-¿Hubo un acuerdo general entre el Gobierno laborista británico y la oposición conservadora en todos los pasos dados en Irlanda del Norte?
-No sé la información que Blair pasaría al Partido Conservador a lo largo de las negociaciones. Hay que recordar que ni el Partido Laborista ni el Partido Conservador están presentes en el Ulster, donde lo que existen son partidos locales, a excepción del Sinn Fein, con presencia también en la República de Irlanda. Pero en cualquier caso todo el proceso se planteó como un necesario consenso multipartidista. El Acuerdo de Belfast está firmado por la mayor parte de los partidos norirlandeses, algo que era vital para encarrilar el proceso.

-¿Por qué cree que los partidos moderados han perdido apoyo electoral, pasando la mayoría al más radical DUP, en el caso protestante, y al Sinn Fein, en el campo católico? ¿Es algo propio del proceso, pudiéndose dar en el caso español un avance electoral de Batasuna?

-No era algo que necesariamente tenía que ocurrir. La actitud del Gobierno, en ocasiones complaciente con los republicanos, y el retraso del desarme del IRA nos ha perjudicado. La radicalización electoral se ha producido porque los inconvenientes del proceso nos han pasado factura a quienes éramos mayoritarios, el UUP y el SDLP. A los ojos de nuestros respectivos electorados ya no éramos efectivos.

-¿Hasta cuándo cree que se prolongará la actividad mafiosa de miembros del IRA?
-En esto tenemos un serio problema, pero las autoridades están pudiendo actuar cada vez de modo más efectivo contra ese tipo de criminalidad. Necesitaremos un tiempo para batir el crimen organizado.

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