AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 8 Abril  2006
Un Gobierno para el terror
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 8 Abril 2006

El talante del 13-M, al gobierno
EDITORIAL Libertad Digital 8 Abril 2006

El comando Rubalcaba desembarca en Interior
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Abril 2006

Sacrificando a la nación
Defensa de la Nación Española Libertad Digital 8 Abril 2006

La rendición
Luis del Pino Libertad Digital 8 Abril 2006

Dos golpes de Estado
Jesús Laínz elsemanaldigital 8 Abril 2006

CON LAS MANOS MÁS LIBRES
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 8 Abril 2006

No nos merecemos a Rubalcaba
Enrique de Diego elsemanaldigital 8 Abril 2006

Todo el poder para Rubalcaba
Federico Quevedo El Confidencial 8 Abril 2006

ETA y la encrucijada abertzale
Miguel Torres Galera Periodista Digital 8 Abril 2006

Una crisis a la medida del «proceso»
Editorial ABC 8 Abril 2006

Mayor Oreja dice que Rubalcaba será quien permita que "ETA protagonice la segunda transición"
Libertad Digital 8 Abril 2006

Viernes de Dolores
CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC 8 Abril 2006

Un Gobierno para el terror
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 8 Abril 2006

Cuando empezó la legislatura, algunos defendimos que el PP no debería entrar en el Parlamento mientras Rubalcaba fuera el jefe parlamentario del grupo socialista. Un sujeto que tras su catastrófica trayectoria en Educación, tras su criminosa defensa del Gobierno del GAL y de todos los escándalos, fue capaz de acaudillar el golpe político-mediático del 13M es inaceptable como interlocutor para un partido cuyas sedes fueron asaltadas gracias a Rubalcaba, cuyos dirigentes fueron llamados asesinos gracias a los comandos Rubalcaba, cuya repugnante estrategia antidemocrática en la Jornada de Reflexión llevaba su marca de fábrica, mitad PSOE mitad PRISA, y cuya imputación a Aznar y el PP de ser los responsables políticos de la masacre y de mentir a los ciudadanos sobre la autoría de ella fue decisiva en la manipulación del más salvaje atentado de la Historia de España no es ni puede ser considerado un político más. El PP no debería haber tolerado que tuviera un solo cargo en el parlamento. Y si el PSOE se empeñaba en proclamarle caudillo, había que hacer su vida parlamentaria tan difícil como él iba a hacérsela al PP. No tuvieron valor y ahora, lógicamente, tendrán pavor.

La eliminación de Bono responde a la negociación con ETA, para controlar el material del CNI que, en cualquier coyuntura, puede cargarse los términos de la claudicación. Lo de menos era y es Defensa. El nombramiento de Alonso tiene esencialmente ese fin: el control de los servicios de inteligencia y su puesta al servicio del pacto con los etarras. Y en cuanto al nuevo Ministro del Interior, mezcla de Beria y Fouché, es la garantía de que la negociación con los terroristas etarras la hará el que tiene a su cargo a los presos y el que carece de cualquier escrúpulo moral para hacer mangas y capirotes del Estado de Derecho y para perpetrar a costa de la dignidad nacional lo que sea y como sea para seguir en el poder y destruir al adversario político o mediático. Que no es la ETA, por supuesto, sino el PP y la media España que representa.

Viendo el bodrio de Estatuto Catalán que Rubalcaba ha prohijado –antiliberal, antidemocrático y antinacional– podemos hacernos una idea de los pactos a que puede llegar con ETA. Si Alonso, al que no sé por qué ha tratado con tanta deferencia Rajoy, fue capaz de detener ilegalmente a dos militantes del PP por una supuesta agresión a Bono que jamás se produjo, ¿qué no hará Rubalcaba? Si Alonso sigue sin investigar los capítulos más sórdidos del 11M, empezando por la profanación de la tumba del GEO y continuando con la siembra de pistas falsas para extraviar al juez del Olmo, ¿qué no hará Rubalcaba para borrar todas las huellas de la masacre cuyas pistas se ha encargado de enmarañar y cuyo conocimiento de la trastienda criminal es sin duda mayor de lo que ha dicho y se nos ha dicho?

Este es un gobierno para el terror porque se ha hecho para entenderse con ETA y liquidar la investigación del 11M. Y produce terror entre todos los ciudadanos decentes porque se ha puesto la policía en manos del sujeto con menos escrúpulos de España. Los resultados los veremos muy pronto. Viendo los del pasado, del GAL al 13-M, no hace falta mucha imaginación para saber qué nos deparará el futuro: mentira sobre mentira, infamia sobre infamia y manipulación sobre manipulación. Rubalcaba es la verdadera cara de Zapatero, que a su vez es la sonrisa de Rubalcaba. Preparémonos para lo peor, que siempre será menos de lo que Rubalcaba es capaz de maquinar y perpetrar.

El talante del 13-M, al gobierno
EDITORIAL Libertad Digital 8 Abril 2006

Hace meses que la palabra talante dejó de estar de moda. El sectarismo y desprecio por la oposición mostrado por Zapatero era ya excesivo como para seguir manteniendo esa ficción. Así pues, sin necesidad ya de más disfraces, la presencia de Bono en el Gobierno era completamente innecesaria. El Estatuto ya se ha aprobado y el proceso de rendición del Estado de Derecho no precisa de ministros que muestren cierta lealtad, siquiera de boquilla, a la Constitución.

Las fichas de dominó caen, empujando unas a otras, en perfecto orden. Pero no ha sido la intención de renunciar de Bono la que ha llevado a Alonso a su ministerio y a Rubalcaba a cubrir la vacante de éste. José Bono podrá haber concluido que permanecer en semejante gobierno no tenía beneficio alguno para su imagen y su carrera, las únicas preocupaciones que ha mantenido a lo largo de sus años en la política. Pero aunque hubiera decidido irse hace meses, la fecha ha sido escogida por Zapatero. Y el momento político no puede ser más significativo; tras el alto el fuego de ETA, el presidente necesita a hombres de plena confianza para controlar el CNI, la Guardia Civil y la Policía Nacional. Bono no lo era. Alonso y Rubalcaba sí.

La carrera política del nuevo ministro del Interior no puede ser más significativa. Fue el portavoz del gobierno encargado de negar que los de Felipe González hubieran tenido alguna vez algo que ver con los GAL, lo que le convierte en el único miembro del gobierno que ha defendido en dos ocasiones la búsqueda del fin del terrorismo por medio de métodos excepcionales al margen de la ley. Además, tras pactar con los nacionalistas catalanes un texto anticonstitucional con el que liquidar a España, no cabe duda de que tiene la experiencia necesaria para repetir la jugada en el País Vasco.

Tampoco hay que olvidar ese momento memorable en la Comisión del 11-M, cuando preguntado sobre si fue el responsable de filtrar a la SER el bulo de los terroristas suicidas contestó: "No, y en ningún caso malintencionadamente"; frase en la que profirió al menos una mentira, seguramente dos. Y es que el socialista tuvo un papel destacado en aquellos días en que el PSOE utilizó el mayor atentado terrorista de nuestra historia para derribar al gobierno. Un atentado cuya explicación oficial presente cada día más agujeros, que el portavoz del 13-M intentará tapar con su eficacia habitual.

Si la dimisión de Bono hubiera sido el detonante de estos cambios en el gabinete de Zapatero, hubiera bastado con encontrarle un sustituto y no hubiera sido necesario este doble cambio. La ficha que ha hecho caer a las demás piezas de dominó ha sido, pues, la incorporación de Rubalcaba al Ministerio de Interior, donde Zapatero desea tener al mejor –en el trabajo para el mal– de entre los suyos.

La nota humorística de la jornada ha sido la destitución de la nefasta –pero no más que la media de la cuota– ministra de Educación. Parece evidente que su cese se ha debido a un intento de enmascarar el ascenso de Rubalcaba al Ministerio de Interior pretendiendo mostrarlo como una crisis de gobierno tradicional, puesto que era la única que tenía un recambio sencillo que pudiera prepararse en unas horas, manteniendo la paridad. Cabe esperar que, con el genio goebelsiano del socialismo patrio tan cerca, Zapatero no volverá a cometer errores tan burdos.

Crisis de gobierno
El comando Rubalcaba desembarca en Interior
Ignacio Villa Libertad Digital 8 Abril 2006

Primera crisis de gobierno de Rodríguez Zapatero desde que llegó al poder. Poco de crisis y mucho de limpia. El presidente del Gobierno ya se ha desprendido del último obstáculo que tenía antes del final del proceso de aprobación de un Estatuto que va en contra de la Constitución y antes de entregar el País Vasco a los terroristas etarras.

José Bono era un ministro molesto para Zapatero. Son públicos los enfrentamientos por muchas de las políticas del gobierno; Zapatero y Bono han tenido muchos encontronazos que han ido a más en los últimos tiempos, una situación límite que finalmente ha saltado por los aires. Cataluña ha sido uno de los mayores motivos de discrepancia, pero el que ha disparado el petardo final ha sido el alto el fuego de ETA. No podemos olvidar que Bono controlaba desde Defensa el Centro Nacional de Inteligencia, por lo que es evidente que el ministro saliente ha manejado mucha información de los pactos entre Gobierno y terroristas que han llevado al alto el fuego. Bono no podía estar en un puesto clave en un momento que le hubiera obligado a ser cómplice de la entrega a los terroristas. Bono molestaba, Bono no quería estar y Zapatero se lo ha quitado del medio.

Pero quizá lo más llamativo de la crisis es la irrupción de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Ministerio del Interior. El mismo que fue portavoz del gobierno de los GAL, el mismo que el 11 de marzo impulsó las filtraciones a la Cadena SER, el mismo que rompió el día de reflexión el 13 de marzo, el mismo que no condenó las manifestaciones ante las sedes del Partido Popular en ese día de reflexión llega a Interior, el ministerio más delicado en un momento como éste. Rubalcaba va a tener todo el poder. De él van depender todos los resortes del Estado: la inteligencia, las Fuerzas de Seguridad del Estado y todo el operativo que hace referencia al alto el fuego de ETA. Con este nombramiento Zapatero abre un ministerio clave al "comando Rubalcaba". Lo imposible es que el presidente del Gobierno diga que quiera entenderse con el Partido Popular y luego nombre titular de la Seguridad a aquel que se ha caracterizado por un ataque frontal y sistemático al PP.

Por lo demás, la llegada de José Antonio Alonso a Defensa confirma que el amigo íntimo de Zapatero no ha estado en la trama de contactos y negociaciones con ETA previos al alto el fuego. No obstante, Zapatero le obsequia con un ministerio importante donde tendrá que poner orden después de tanto desbarajuste de la "etapa Bono". El cambio de Educación de Cabrera Calvo-Sotelo por San Segundo es mero teatro para disimular los verdaderos motivos de la crisis: la dimisión de Bono y el control de Interior por Rubalcaba. Con Cabrera en Educación están asegurados los mismos niveles de sectarismo, de exclusión y de persecución religiosa vividos hasta ahora. El guión va a seguir siendo el mismo aunque cambie la actriz secundaria.

En resumen, Zapatero ha demostrado que tiene marcados los tiempos y que no le frena nada. Despeña a quien le molesta, desprecia a quien no le responde y destruye a quien le lleva la contraria. Estos cambios en el Gobierno han sido un golpe de fuerza de Zapatero con mucho más calado del que puedan parecer. Y esto no ha hecho más que empezar; con Rubalcaba en Interior hay que atarse los machos.

PSOE
Sacrificando a la nación
Defensa de la Nación Española Libertad Digital 8 Abril 2006

La gravedad de la hora presente de España reside en esto: estamos asistiendo a un intento por salvar el sistema político a costa de sacrificar a la nación. El alto el fuego de ETA parece conducir hacia un paisaje de redefinición de la autonomía vasca en términos de mayor autogobierno. Son los mismos términos en los que se ha redefinido el Estatuto de Cataluña. Ahora bien, ambos movimientos coinciden en deteriorar gravemente la unidad nacional de España. Quizás el Gobierno consiga así paliar, temporalmente, las tensiones de nuestro sistema político. Pero quien pagará ese esfuerzo será la solidez de la nación.

Conviene poner las cosas en perspectiva, porque nada de lo que está ocurriendo se entiende si lo contemplamos como una foto fija; al contrario, estamos ante una secuencia de acontecimientos que apunta muy claramente hacia el progresivo desmantelamiento de la nación española. En la víspera de las elecciones de 2004, la cuestión crucial para España era resistir al asalto del nacionalismo periférico. Ese asalto tenía, entre otros, tres momentos clave que todo el mundo conocía: el pacto de Estella entre ETA y los nacionalistas vascos; el Acuerdo de Barcelona entre los nacionales catalanes, vascos y gallegos; el pacto de Perpiñán entre ETA y los secesionistas catalanes. Esa estrategia apuntaba a acelerar las pretensiones que los nacionalismos periféricos venían planteando desde mucho tiempo atrás: ampliar el Estado de las Autonomías en una línea confederal que, eventualmente, pudiera acoger incluso ejercicios de autodeterminación. La presencia de ETA en el juego lo hacía especialmente peligroso y siniestro. En el otro punto de ese mismo movimiento, la connivencia de sectores decisivos del socialismo (especialmente en Cataluña y en el País Vasco) instalaba un peligro letal en el corazón mismo del sistema.

Tras aquellas elecciones, marcadas a fuego por los atentados del 11-M, el socialismo escogió campo y estrechó sus lazos con los nacionalistas. El nuevo Estatuto de Cataluña sólo puede entenderse en el contexto de aquella estrategia de desmantelamiento material de la nación. De igual modo, es imposible no entender la actual negociación con ETA como parte del mismo movimiento. ¿Cuál es el objetivo? Aparentemente, se trata de solucionar los dos grandes problemas de la España constitucional, que son el secesionismo y el terrorismo, mediante una estrategia de cesión calculada: estirar el Estado de las Autonomías para calmar las pretensiones soberanistas y, al mismo tiempo, aprovechar ese nuevo paisaje para "dormir" en él a una ETA que podría estar dispuesta a encontrar ahí una salida. Palabras clave como diálogo, autogobierno y paz envuelven la operación. Así, ciertamente, podría salvarse el sistema político, pues numerosos partidos y eminentes poderes fácticos aceptarían la nueva situación. El problema es el coste: para salvar el sistema, es la nación lo que se deshace. Y si la nación se deshace, ¿seguirá habiendo sistema?

Los principios sobre los que se funda nuestro sistema son inseparables del hecho nacional. Somos una democracia, tenemos libertades y gozamos de solidaridad entre los españoles porque somos una sola nación. Si esa unidad se rompe, la democracia se fragmentará y desvirtuará, pues unos podrán decidir sobre el destino de los demás; las libertades disminuirán, porque en ciertos lugares quedarán en manos de partidos con pretensiones de homogeneidad social; la solidaridad desaparecerá, pues nada obligará a ningún territorio a ser solidario con los demás. Ceder ante las presiones nacionalistas no resolverá el problema planteado antes de las elecciones de 2004; al contrario, lo agravará. Porque sin nación, nuestro sistema está condenado a desmoronarse.

Fundación para la Defensa de la Nación Española

La rendición
Luis del Pino Libertad Digital 8 Abril 2006

Hoy es día de valoraciones. Ignacio Villa nos recuerda que la información manejada por el CNI acerca de la tregua de ETA ha resultado determinante en la defenestración de Bono. Demasiado peligro para Zapatero. Federico Jiménez Losantos se pregunta de qué será capaz Rubalcaba para terminar de enterrar el 11-M. Demasiado peligro para la Justicia. La Fundación para la defensa de la nación española nos resume cuál es la verdadera naturaleza de la operación que está en marcha: "Estamos asistiendo a un intento por salvar el sistema político a costa de sacrificar a la nación". Demasiado peligro para España. Y para el régimen democrático.

Zapatero ha emprendido la huida hacia adelante. ¿Se han dado ustedes cuenta de la creciente velocidad a la que se queman los mensajes-fuerza (perdónenme la cursilería) de este gobierno? Primero fue "el talante", del que no queda ni el recuerdo después de que la sonrisa se revelara rictus. Tras eso nos lanzaron lo de "la vuelta al corazon de Europa", que ha terminado en un retorno al club de la banana. Alguien plagió más tarde lo de la "alianza de civilizaciones", de la que ya no se ha vuelto a oir hablar después de que la comunidad internacional comenzara a alertar sobre las pretensiones nucleares de ese Irán promotor de la idea.

Hace escasas semanas, en plena vorágine informativa sobre el 11-M, Zapatero arrancaba de los asesinos un comunicado de estética ku-klux-klaniana para lanzar su nueva consigna: "el proceso de paz". Teniendo en cuenta que Bono no se caracteriza precisamente por sus escrúpulos (no dudó en mentir para tratar de reventar una manifestación de las víctimas), ¡cómo estarán las cosas para que Bono haya salido por piernas! El cocido que están preparando entre Zapatero y ETA debe de ser realmente vomitivo. Sea como fuere, lo cierto es que la nueva consigna del "proceso de paz" se ha revelado rápidamente como lo que es: una victoria de ETA.

No ha pasado mucho tiempo desde que el propio Bono nos dijera que ese "proceso de paz" significaba que ETA iba a "salir con los brazos en alto". Bueno, pues ya vemos lo que había de verdad en esas palabras: el primero en rendirse ha sido Bono. ETA ya ha conseguido cargarse a los escasos residuos de izquierda nacional que quedaban en el PSOE. Para que luego nos vengan con la mandanga de que no se pagan precios políticos.

Rubalcaba va a tener que emplearse a fondo para acallar la pregunta que cada vez más españoles de izquierda se hacen: ¿De dónde nace el poder que ETA tiene sobre Zapatero? ¿Con qué información cuenta ETA para que, puestos a optar, Zapatero no tenga otro remedio que sacrificar a Bono? Quizá al amigo Rubalcaba le suenen estas palabras:

!Queremos saber!

Dos golpes de Estado
Jesús Laínz elsemanaldigital 8 Abril 2006

Dícese del golpe de Estado que es, en sentido amplio, cualquier maniobra que, contra lo establecido en la ley, se efectúe con el objetivo de tomar el gobierno. Por supuesto, para ello no siempre hace falta verter sangre ni desenfundar las pistolas.

El 13 de marzo de 2004 quizá pase a la historia como una fecha en la que casi nadie quiso darse cuenta de que algo así estaba sucediendo en un aparente Estado de Derecho como era España. Las manifestaciones ilegales que acosaron las sedes del partido gobernante y, sobre todo, la ilegal actuación del portavoz socialista haciendo campaña electoral el día en que por ley está terminantemente prohibido, y acusando en conferencia de prensa al gobierno por mentir al pueblo español, hubieran probablemente bastado, en cualquier país desacomplejado en aplicar la ley, para suspender la celebración de los comicios.

A ello hay que añadir el agravante de que se exigió, por interés partidista, que el Gobierno –irresponsablemente y contra la prudencia exigible en cualquier investigación policial– fuera informando a la opinión pública en tiempo real del resultado de las investigaciones sobre un terrible atentado sucedido tan solo unas horas antes y sobre el que dos años después siguen sin conocerse buena parte de sus detalles, algunos quizá trascendentales.

Por si ello fuera poco, durante los dos días anteriores numerosos dirigentes de los partidos de izquierda habían implorado con insistencia a los electores que no cambiasen su voto a causa de los atentados hasta entonces atribuidos unánimemente a ETA. Pero, cuando las informaciones que iban recogiéndose apuntaban la posibilidad de que los autores del crimen fuesen otros, la izquierda se lanzó en masa a los medios de comunicación y a las calles para exigir, con descomunal hipocresía, que "¡Antes de votar queremos la verdad!".

También se define el golpe de Estado como la medida que toma uno de los poderes del Estado en usurpación de las atribuciones de otro. En la histórica fecha del 30 de marzo de 2006 el Congreso de los Diputados, cámara de representantes de la nación española, tomó con grave irresponsabilidad y sospechosa precipitación la decisión de liquidar muchos siglos de historia y de, contra toda lógica, sentido común, realidad histórica y legitimidad democrática, declarar la existencia de otra nación distinta, es decir, de otro sujeto de soberanía.

Aparte del absurdo que ello significa –por mucho que se pretenda excluir del debate mediante el establecimiento de un dogma nacional intocable– los representantes de la nación no son nadie para decidir, a espaldas de quienes les han elegido, la existencia o no de la nación en cuyo nombre están allí sentados; y mucho menos aún cuando no fueron elegidos con el mandato de tomar decisión alguna al respecto. Porque ha de recordarse que estas Cortes no fueron elegidas en marzo de 2004 como constituyentes ni con el mandato de establecer la piedra fundacional o certificar la defunción de nación alguna. De modo que han usurpado sus funciones al único capaz de decidir sobre sí mismo, al único depositario de la soberanía nacional, como establece el art. 1.2 de la Constitución: el pueblo español.

CON LAS MANOS MÁS LIBRES
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 8 Abril 2006

Según la explicación oficiosa de la pequeña remodelación del Gobierno socialista, el responsable de la misma habría sido en realidad José Bono, quien manifestó varias veces al presidente su deseo de dimitir. De ser así, le ha hecho un gran favor a Rodríguez Zapatero: abrir el hueco que le permite llevar al fiel Alonso a Defensa y colocar en Interior nada menos que a Rubalcaba. La sustitución de San Segundo por Mercedes Cabrera en plena ebullición de las eternas reformas educativas -esa sí que es una crisis- es significativa, pero parecerá menor porque la educación sigue siendo menospreciada.

Los aficionados al apocalipsis verán en estos cambios una «evidencia» de nuevas concesiones a ETA -que según algunos será la verdadera reorganizadora del Gobierno-, pero se trata de otra cosa. En este momento todo está relacionado con la banda terrorista abertzale, con la esperanza de que desaparezca y con su resistencia a hacerlo. Por lo tanto, también el baile de ministros, pero ¿de qué manera? La salida de Bono representa el ocaso definitivo de la vieja guardia socialista, esa que algunos ingenuos esperaban que defendiera a muerte la unidad constitucional frente al soberanismo periférico. El voto unánime de los diputados socialistas apoyando el Estatuto catalán dio la exacta medida de esa ingenuidad. Murmurarán y darán algún titular de periódico maligno -«¿has visto lo que dice Alfonso?»-, pero ninguno osará jugarse un buen retiro oponiéndose al «federalismo asimétrico» y demás inventos. Tras amortizar a su viejo rival colocándolo en Defensa, donde cubría de paso el flanco patriotero, populista y cañí, Zapatero envía a Bono a una jubilación dorada.

La entrada de Rubalcaba, «aparatchik» de los «aparatchiks», garantiza que el partido sólo tendrá una voz, la del Gobierno, cuando afronte el pulso definitivo con ETA, al lado del cual la negociación del Estatut parecerá una broma. Rubalcaba es un peso pesado político, controla a distancia el partido, es un buen comunicador y tiene amplia experiencia en los siempre difíciles tratos con el Partido Popular, del que conoce a fondo los puntos débiles.

Alonso hará sin duda un papel grato al presidente en un ministerio estratégico del que dependen la Guardia Civil y el CNI. Zapatero ha reunido más manos a su disposición y tiene las suyas más libres.

No nos merecemos a Rubalcaba
Enrique de Diego elsemanaldigital 8 Abril 2006

No sabemos por qué ha dimitido Bono, disparando una crisis gubernamental limitada en sus efectos, pues siguen los numerosos inútiles que pueblan el gabinete. Si nos atenemos a la sentimentaloide rueda de prensa, se trataría de una cuestión de conciliación de la vida familiar. Suponemos que Bono estaba a disgusto con el Estatuto y las concesiones pactadas con ETA y eso le llevó a presentar su dimisión hace seis meses, de manera verbal, y tres, por escrito. Lo cierto es que abandona la política y no está dispuesto a encabezar el malestar que existe en sectores del PSOE y nunca acaba de plasmarse en nada. Ahí tenemos el patético caso de Guerra y los guerristas, que saldrán por el sumidero de la historia –no entrarán en las listas- sin pena ni gloria en su mísero final. Desde ahora, Zapatero no cuenta con la coartada españolista de Bono, manchega reencarnación de Indalecio Prieto. Patriotismo estéril.

Queda un gabinete aún más mediocre pensado para la negociación con ETA. Cabe decir que los ciudadanos nos merecemos un ministro del Interior que no nos mienta. Y Rubalcaba es un mentiroso compulsivo, eso sí, tortuoso, dado al retorcimiento de los conceptos, y sin ninguna convicción, más allá de las maneras de un político profesional dispuesto a obedecer órdenes y a demoler el edificio institucional y de las libertades. Mintió cuando era el portavoz del gabinete del GAL y lo hizo de manera abrumadoramente cínica el 13 de marzo de 2004.

La esotérica espantada de Bono ha conllevado un pequeño efecto dominó por el que Alonso, un deficiente ministro del Interior, incapaz de atajar la inseguridad ciudadana, pasa a Defensa, para controlar el CNI y la desactivada Guardia Civil, al servicio de la cesión a ETA. Alonso fue un claro opositor a la Ley de Partidos, que es el primer obstáculo a sortear para cumplir la primera exigencia: la legalización de Batasuna, aunque ésta ni tan siquiera ha condenado la violencia, ni ha pedido perdón a las víctimas.

La dimisión de Bono aclara algo las cosas, y no es ni mucho menos una buena noticia para Zapatero. Eso y el retorno de Mariano Rajoy, en el marco del Parlamento vasco, y tras la reunión con los parlamentarios autonómicos de su partido, a la postura de fortaleza democrática –"no hay nada que negociar"- son dos buenas noticias en el mar de cesiones y euforias estúpidas que han marcado el devenir de las últimas semanas, marcadas por un agudo síndrome de Estocolmo colectivo.

Otrosí: Sorprendente –permítaseme la ironía- la cantidad de pasta gansa que mueven los dirigentes de Batasuna. Ni Al Capone en sus mejores tiempos.

Todo el poder para Rubalcaba
Federico Quevedo El Confidencial 8 Abril 2006

La banda de Interior vuelve por sus fueros. La crisis de Gobierno que ayer se vio obligado a llevar a cabo el presidente Rodríguez, o no, hay que entenderla en dos claves importantes que luego desarrollaré: la primera, que Bono ha dicho “adiós” empujado por sus discrepancias con la política territorial y antiterrorista de Rodríguez. La segunda, que el presidente ha aceptado esa renuncia adelantando un movimiento que, según todos los indicios, tenía previsto llevar a cabo en junio o julio, situando a Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del Ministerio del Interior con un doble objetivo estratégico, fundamental para el futuro del Ejecutivo de Rodríguez: pilotar la negociación con ETA y tapar los agujeros negros del 11-M. Nadie mejor que el hombre que manipuló la voluntad popular en las jornadas posteriores a los atentados de Atocha con aquella frase que pasará a la historia del maquiavelismo político -“los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”-, para hacer de dique de contención de la amenaza que el 11-M supone para Rodríguez y sus aspiraciones, y para allanar el camino de las cesiones a ETA.

Me consta, y no solo porque lo dijera Rajoy, que el nombramiento de Rubalcaba cayó ayer como un jarro de agua fría en la sede del PP y, en especial, entre quienes tienen en sus manos las cuestiones que afectan a ese Ministerio y el entendimiento con su titular. Si Rodríguez pretendía, sinceramente, buscar la colaboración del PP en el nuevo escenario abierto con la declaración de ‘alto el fuego permanente’, desde luego el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba es un paso atrás, una evidente negación de esa voluntad de entendimiento. Claro que a algunos no nos sorprende porque nunca creímos que en la voluntad de Rodríguez estuviera tener al PP de compañero de viaje, sino de comparsa de su travesía hacia la claudicación ante ETA. Era obvio que José Antonio Alonso, por otra parte amigo de Rodríguez, no servía para el trabajo que el presidente le va a encomendar a Rubalcaba, entre otras cosas porque había asumido su papel de ministro del Interior, y siempre en tono de confidencia se mostraba muy escéptico con los movimientos de la pandilla de canallas. Sin embargo, encaja perfectamente en el papel de jefe de los servicios secretos que tienen que vigilar el trastero de la negociación.

¿Por qué Rubalcaba? Es más que evidente. Rodríguez le debe todo, o casi todo. Es un perfecto manipulador de la trastienda, en la que siempre le ha gustado jugar sus cartas, y Rodríguez está donde está, entre otras cosas, porque esa capacidad maquiavélica para manejar las cosas a su antojo hizo que el 14 de marzo de 2004 ganara las elecciones. Rubalcaba supo en todo momento lo que había ocurrido en aquellos atentados, la pregunta es si lo sabía también antes, aunque a eso solo puede contestarla él. Pero si había alguien en el entorno de Rodríguez que podía y sabía manipular y dirigir el entramado de información heredado del felipismo y que, por alguna razón que nunca entenderemos, Aznar no quiso o no pudo desarticular, ese hombre es Alfredo Pérez Rubalcaba, amigo de Rafael Vera y toda la banda de Interior responsable de los GAL, de los que él mismo fue portavoz durante la etapa en que ocupó esa cartera en el Consejo de Ministros de González. Rubalcaba dijo aquello de que “los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta” porque él sí sabía la verdad, y como ha reconocido después, la sabía desde el principio, aunque no ha querido desvelar nunca de donde le llegaba la información. Pero nos lo podemos imaginar.

Por eso no es ninguna sorpresa que, a partir de ahora, Rubalcaba ocupe la que será, en los próximos meses, la cartera más delicada del Ejecutivo, sobre la que va a recaer todo el peso de la responsabilidad de hacer que Rodríguez eternice su permanencia en el poder. Rubalcaba ministro del Interior en generoso pago a sus oficios, antes y después de las elecciones del 14-M. El viernes me preguntaba un lector y amigo castellano-manchego: “¿Rubalcaba ya operando como ministro de borrador de huellas y cocedor del agradecimiento a ETA por los servicios prestados?”. Nadie mejor que él para hacer el trabajo sucio de negociar con ETA el precio de una victoria electoral alcanzada sobre el lecho del 11-M. Nadie mejor que él porque lleva, realmente, una década manejando los hilos del acercamiento entre el mundo abertzale y el PSOE. Nadie mejor que quien ha combatido a ETA con sus mismas armas para sentarse con ellos y hablar, en el mismo idioma, del precio de la paz. Y hacerlo al modo en que también ha logrado sacar adelante el acuerdo del Estatuto, es decir, que encima parezca que la sartén por el mango la tiene él.

Es verdad que una gran mayoría de la opinión pública cree que el 11-M debe apartarse del debate político. Es verdad que, por esa razón, el PP de Rajoy procura evitar las referencias, salvo que sea estrictamente necesario, y que el líder del centro-derecha no lo utiliza nunca en sus contiendas con Rodríguez. Pero es verdad, también, que tanto en el PP como, sobre todo, en la antesala del despacho de Rodríguez, se es consciente de que cierta información circula aunque todavía no haya llegado a las puertas del gran público, y se sabe que esa información puede ser muy dañina para la estabilidad del Gobierno. Solo Rubalcaba es capaz de campear ese temporal, estrechamente vinculado al ‘alto el fuego’ de la pandilla de canallas, y tejer en torno a Rodríguez una tela de araña lo suficientemente resistente como para evitar que le salpique la sangre de lo que puede ser, sin duda, la mayor herida que se ha causado a la democracia y a la convivencia de los españoles en estos treinta años desde la muerte del dictador, por encima, incluso, de la intentona golpista del 23-F de tan triste recuerdo.

Es curioso porque si hubo alguien, dentro del Partido Socialista, que se situó siempre enfrente de la llamada banda de Interior ese fue, precisamente, José Bono. ¿Qué fue lo que ocurrió en la tarde noche del jueves? ¿De que discutieron Rodríguez y su ministro de Defensa para que el primero decidiera, en ese momento, aceptarle la dimisión que Bono le había presentado meses atrás? Rodríguez ha demostrado una habilidad política sin precedentes para deshacerse de aquellos que, políticamente, puedan hacerle daño en su carrera hacia la omnipresencia. Con todo, la salida de Bono le hace un roto en la percepción que pueda tener una parte importante de la opinión pública sobre las intenciones de Rodríguez respecto a ETA y el modelo territorial. De alguna manera, Bono era la excusa de una parte importante del electorado socialista para seguir teniendo fe en Rodríguez a pesar de las muestras evidentes de traición al Consenso Constitucional y a las víctimas del terrorismo. Pero Bono ya no está, y todos sabemos que sus discrepancias en estos dos asuntos tienen mucho que ver en su adiós al Ejecutivo de Rodríguez. Amedo, Vera, Barrionuevo y Rubalcaba se frotan las manos.

Rodríguez se ha quitado de encima a su enemigo político, al único dirigente socialista que, hoy por hoy, podía hacerle sombra en la Ejecutiva de su partido, y el referente para aquellos que, dentro del PSOE, no ocultan su descontento con la marcha de la travesía hacia la confederación y la claudicación emprendida por el presidente. A partir de ahora se cuidarán mucho de mostrar, siquiera en privado, alguna desavenencia con el ‘jefe’, a quien ya no le quedan más piezas que mover en el tablero de su omnipotencia después de enviar a Vázquez a Roma y de que Ibarra quedara debilitado por su afección coronaria. Lo cual demuestra que si en el fundamento de su pensamiento político subyace una simplonería populista sin precedentes, en algún lugar de su cerebro se esconde una porción de perversidad que cuando asoma lo convierte en un perfecto killer político. Muy propio, por cierto, de otras figuras políticas que se han descubierto como enormes coartadores de la libertad y enemigos de la democracia. La jugada de aceptar la dimisión de Bono y mover las piezas para colocar en Interior a Rubalcaba, que se hace fuerte en el Gobierno y en el partido, es perfecta, si no fuera porque sus consecuencias pueden ser catastróficas para un país que esperaba llegar a ser una democracia moderna.     fquevedo@elconfidencial.com

ETA y la encrucijada abertzale
Miguel Torres Galera Periodista Digital 8 Abril 2006

La diabólica realidad política que se vive en el País Vasco está inmersa en una encrucijada de muy difícil salida. Se trata de una sociedad que padece los síntomas de una esquizofrenia colectiva. Esta enfermedad del cerebro humano, que afecta la capacidad de pensar claramente, de controlar las emociones, de tomar decisiones o de relacionarse con los demás, tiene su equivalencia en el comportamiento anómalo de grupos sociales sometidos a presiones extremas.

En el caso del nacionalismo vasco, radical y de izquierdas, ese que gira en torno a la banda terrorista ETA, la sintomatología está además aderezada de fuertes rasgos paranoides (un tipo de esquizofrenia agravado por sentimientos de persecución; los individuos afectados suelen tener delirios de grandeza [superioridad] asociados con la protección a sí mismos contra la supuesta conspiración).

Ante este panorama, en el que se ha extendido la idea de que el País Vasco está sometido a un “genocidio cultural, lingüístico y étnico” por el Estado español, romper este hechizo sicótico es una tarea ardua, casi imposible. Además, superar la ensoñación fantasiosa que el nacionalismo ha interiorizado sobre la patria vasca, y recuperar la conciencia sobre la realidad de los hechos pretéritos y presentes, requiere unos recursos dialécticos, morales y racionales muy deficitarios en la actualidad. El juego de intereses, tanto en la sociedad vasca como en la española, ha impedido hasta ahora que prospere cualquier proyecto terapéutico de gran calado, si no con visos de curar, al menos paliar contundentemente los efectos malignos de la enfermedad.

El llamado nacionalismo democrático ha sido el gran encubridor y beneficiario del discurso revolucionario y criminal de ETA. Los políticos de las dos grandes fuerzas de ámbito nacional han vivido acomplejados el fenómeno nacionalista desde el comienzo de la Transición, y han antepuesto siempre beneficios inmediatos en vez de aplicarse a políticas liberadoras de las servidumbres nacionalistas. Y cuando por fin, juntos y de la mano, abordaron el desenmascaramiento del mundo abertzale mediante la acción de la Justicia y de las Fuerzas de Seguridad, un golpe de viento electoral cambió la tripulación y ésta fijó un nuevo rumbo a la nave del Estado.

Afortunadamente algunas cosas han quedado meridianamente claras. Primero, que el tercer pilar del Estado, la Justicia, ha demostrado que todo el entramado político y social abertzale, amparado en un conglomerado de siglas legales, forma parte de ETA; es decir, es ETA. Segundo, que cuando se ha ilegalizado y procesado a buena parte de ese entramado logístico, la banda terrorista se ha debilitado extremadamente. Tercero, que si Batasuna o EKIN están vinculadas a ETA, la banda lo está a Batasuna y a EKIN. Y, cuarto, que para que ETA abandone definitivamente las armas y la violencia es imprescindible que los líderes de las organizaciones (actualmente ilegalizadas) abjuren de la violencia y cambien definitivamente el discurso sobre el proyecto de construcción del País Vasco.

En pocas palabras, que ETA es Batasuna y Batasuna es ETA. Y esto que parece una perogrullada no se tiene en cuenta a la hora de delimitar los términos correctos de un posible proceso negociador con el nacionalismo radical. La gente tiene que saber, debe tener conciencia, de que poner en la calle al dirigente de Batasuna Arnaldo Otegui, a su responsable de comunicación Juan José Petrikorena y al ex dirigente de Gestoras pro Amnistía Juan María Olano es dejar en libertad a tres dirigentes de ETA. La banda criminal no es sólo una organización asesina y mafiosa, es mucho más que eso: es una corporación estatalizada, que durante mucho tiempo ha mantenido gran parte de su actividad en la superficie legalizada del sistema democrático, y otras actividades -las militares, logísticas y en parte las financieras- han estado y están sumergidas en los subterráneos de la clandestinidad.

Por eso los vasos comunicantes permaneen expeditos entre los dos niveles, pasando sus miembros de un lado al otro sin la menor dificultad; y de esto uno de los que más sabe, sin duda, es Arnaldo Otegui. De ahí las dificultades de los batasunos para ejercer su tarea: no condenan la violencia ni a ETA porque ambas forman parte de su propia identidad; y están ilegalizados por no querer arrancarse los brazos. Como se puede ver la dificultad para superar la encrucijada es extrema. No hay más que observar la foto de la Mesa Nacional de Batasuna que hace unos días se presentó ante la prensa. Esa es la cúpula de ETA en la superficie. Es el generalato que dirige las distintas esferas de la vida pública (política, laboral, judicial, pro-amnistía, etc.) del mundo abertzale. De los responsabl

Una crisis a la medida del «proceso»
Editorial ABC 8 Abril 2006

LOS relevos en los ministerios de Interior y Defensa van a proporcionar a José Luis Rodríguez Zapatero dos beneficios inmediatos para el proceso de diálogo con ETA: la supresión de la discrepancia interna y el control absoluto de los servicios de información. Éste era el objetivo de la crisis. José Bono representaba, al margen de la sinceridad de sus intenciones, una voz crítica que generaba frecuentes titulares incómodos para el presidente del Gobierno en sus dos principales proyectos, es decir, el nuevo Estatuto catalán y el llamado proceso de «paz». Sin duda, los socios nacionalistas del PSOE verán con buenos ojos la desaparición política de Bono, quien tampoco llevó su disparidad de criterios más allá de lo necesario para consolidar una imagen de izquierda nacional, aunque los acontecimientos probablemente hayan desbordado sus previsiones. No hace mucho, Bono anunció que el término «nación» no aparecería en el preámbulo ni en el articulado del Estatuto catalán y, al final, está en los dos sitios. Tampoco se recataba a la hora de recordar que Otegi tenía antecedentes terroristas y que estaba procesado por dirigir el entramado ETA/Batasuna, mientras el presidente del Gobierno decía del portavoz batasuno que «ha venido manteniendo un discurso a favor de la esperanza de paz». Por tanto, el mensaje de esta crisis se resume en la determinación de Rodríguez Zapatero de embridar férreamente todos los resortes del Gobierno ante un futuro que se prevé como una sucesión de trances para los proyectos de su presidente.

José Antonio Alonso y Alfredo Pérez Rubalcaba son personas de absoluta confianza del presidente del Gobierno, aunque el nuevo ministro del Interior no merezca la del Partido Popular por razones comprensibles. Los recelos populares, expresados ayer por Mariano Rajoy, no deberían ser, en este momento, cuestión menor. Para que la oferta de cooperación hecha por Rodríguez Zapatero a Rajoy sea sincera y, sobre todo, eficaz, el jefe del Ejecutivo habrá de asegurar que no se produzcan circunstancias que acrecienten esa desconfianza. En todo caso, estos nombramientos demuestran que Zapatero sitúa el proceso de diálogo con ETA como prioridad absoluta de su Gobierno. El hecho de no haber aprovechado la crisis para elevar la imagen del Ejecutivo es una prueba irrefutable de que Zapatero va a crear un núcleo duro dedicado principalmente a gestionar la etapa abierta tras el alto el fuego de ETA. En este sentido, le resultaba necesario asegurarse una dirección de confianza en el Centro Nacional de Inteligencia. Los informes del CNI -dirigido por un hombre de Bono- desempeñarán un papel esencial en la verificación del carácter definitivo del alto el fuego de ETA y, por tanto, en las decisiones políticas del Gobierno, como la de acudir al Congreso de los Diputados a pedir autorización para que Rodríguez Zapatero negocie con los terroristas.

Ahora se abre un período de transición para que los nuevos ministros formen sus propios equipos de confianza y para calibrar las consecuencias políticas directas de estos cambios en los diversos frentes de la lucha antiterrorista. Por ejemplo, el judicial, cuyas decisiones, sobre todo cautelares, se apoyan sustancialmente en los informes de los servicios de información de la Policía y de la Guardia Civil. No obstante, los criterios establecidos por Rajoy y Zapatero en su encuentro de La Moncloa deberían ser suficientes para conjurar cualquier tentación de jugar a dos bandas. Todo presidente de Gobierno tiene derecho a remodelar su equipo según crea conveniente, pero en las actuales circunstancias Zapatero deberá tener en cuenta algunas cosas más si realmente

"PRINCIPAL ESTRATEGA DEL ACERCAMIENTO" A LA BANDA TERRORISTA
Mayor Oreja dice que Rubalcaba será quien permita que "ETA protagonice la segunda transición"
Libertad Digital 8 Abril 2006

El líder del Partido Popular en Europa y ex ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, ha manifestado en La Mañana del Fin de Semana de la Cadena COPE que el presidente Zapatero ha convertido a Rubalcaba, principal "muñidor o estratega" del acercamiento a ETA-Batasuna, en "ejecutor" de un proceso para "legalizar y legitimar" a la banda terrorista.

Según Mayor Oreja, "ese es el plan de Zapatero" y "para eso necesitaba una persona que sin duda ha sido el muñidor de esta estrategia". La elección de Rubalcaba como ministro de Interior, según el político popular, es "un paso mas de un proyecto que se ha puesto en marcha desde hace bastantes meses y que ahora empieza a tener públicamente su plena y total expresión".

"Lamento mucho pensar que en estos momentos los señores socialistas al son de la euforia que produce un proceso de estas características van a tener un apoyo muy importante, pero eso se va a ir cayendo poco a poco o rápidamente en un momento determinado", ha dicho el político popular. Mayor Oreja ha lamentado además "las autenticas y lamentables consecuencias de este proceso" ya que "esto es fundamentalmente un proceso para la autodeterminación del país vasco". "Probablemente vamos a tener que remar contracorriente", ha declarado el ex ministro de Interior.

Oreja: "Asistiremos a un proceso a favor de la autodeterminación vasca"
Sobre el nuevo cargo de Rubalcaba, el popular ha comentado que como ministro de Interior el socialista "tiene la posibilidad de legalizar organizaciones" y así "ejecutar inmediatamente todas las contraprestaciones que un proceso de estas características exige". El líder del PP europeo ha asegurado que no es fácil decir que "los españoles tienen que entender que más que un proceso de paz, como dice ETA y PNV, vamos a asistir a un proceso de lucha a favor de la autodeterminación" del País Vasco.

"En ese papel, Rubalcaba será sin duda una persona que haga esa ingeniería política para decidir de una manera la autodeterminación que también permita y de la sensación a unos y a otros que aunque hemos hecho una cesión, no es tan importante como algunos pensaban. Lo mismo que en la nación catalana", ha manifestado Mayor Oreja.

Según el popular, "esa es la formula esencial que va a determinar el éxito del proceso, una formulación de la autodeterminación" del Pais Vasco. Según Oreja, "este es un proceso político para que los nacionalistas vascos especialmente, y para que ETA haga y protagonice la segunda transición". "Ese será el papel fundamental de Rubalcaba que además que todo lo que puede hacer, seguirá teniendo en esta definición de lo que es la autodeterminación el elemento esencial, el protagonismo esencial de un proceso", ha dicho.

Viernes de Dolores
CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC 8 Abril 2006

Ayer tuvimos ocasión de ver en todo su esplendor al Zapatero más genuino, un político veloz, táctico y sobre todo cruel. El ajuste gubernamental es todo un derroche de crueldad, esa perfidia refinada y precisa como un escalpelo que el presidente maneja a la perfección y que ha tenido como primera y patética víctima a la ministra de Educación, despedida sin contemplaciones horas después de aprobar su ley. Pero Sansegundo es sólo la anécdota de los cambios, la categoría está en las negociaciones con ETA, el factor decisivo de esta minicrisis.

Zapatero ha brindado a Bono una salida digna de su vocación mediática pero a cambio ha nombrado en su puesto a su gran enemigo, José Antonio Alonso, cuyo principal mérito ha sido el silencio y la perseverancia en mirar en dirección contraria hacia donde PSOE y Batasuna han estado negociando durante meses el alto el fuego etarra. Bono a la calle, Alonso en su lugar para controlar el CNI y de paso el presidente se ha cargado otra herencia de la transición, aquella que hacía del ministro de Defensa el hombre de confianza de la Corona. A Don Juan Carlos le acaban de expropiar el Ministerio de Defensa para ponerlo al servicio del «proceso de paz».

¡Y qué decir del nuevo ministro de Interior! ¡El gran negociador del reino! En un alarde de contención y mesura Rajoy ha manifestado que no se fía; de no ser tan moderado el líder del PP podría haber calificado el cambio como un insulto o una burla: convocar al consenso antiterrorista a los populares y atizarles inmediatamente después con el nombramiento de Pérez Rubalcaba sólo puede interpretarse como una provocación. Ni siquiera es preciso recordar su comportamiento el 13-M, basta con leer como ha quedado el Estatuto de Cataluña gracias a sus habilidades para echarse a temblar ante una nueva negociación, ahora con los asesinos etarras.

Es evidente que Zapatero se ha querido blindar ante el diálogo con ETA: Alonso en Defensa y Rubalcaba en Interior le garantizan el apagón informativo más absoluto o las intoxicaciones sabiamente administradas; en cualquier caso las negociaciones quedan selladas. Ni sabemos qué han pactado ya, ni qué van a negociar desde hoy. Sólo nos quedará decir amen al repertorio de sapos que tengan a bien presentarnos en el futuro.

Dudo mucho que los terroristas vayan a escenificar una rendición con los brazos en alto como pronosticó en un día de entusiasmo el dimisionario Bono, pero si así ocurriera él ya no estará ahí para certificarlo. Al manchego le queda disfrutar de la grandeza del derrotado y de una meláncólica venganza: recordar una y otra vez cómo Guerra acabó dando el sí al Estatut. A Bono le queda su dignidad, pero al PSOE ni siquiera le queda Bono.


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