AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 9 Abril  2006
Cambio de Gobierno para un cambio de régimen
EDITORIAL Libertad Digital 9 Abril 2006

La falsa disidencia
Editorial ABC 9 Abril 2006

Fouché
Ignacio Camacho  ABC 9 Abril 2006

Gobierno en crisis
Ignacio Cosidó Libertad Digital 9 Abril 2006

Crisis de Gobierno
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 9 Abril 2006

La España plural
José Antonio Portero Molina La Opinión 9 Abril 2006

Trampas en el solitario
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 9 Abril 2006

La solución que busca Rajoy está en la Historia, pero no en el pasado
Pascual Tamburri elsemanaldigital  9 Abril 2006

Exitos Encadenados… del Independentismo
Miguel Barrachina Periodista Digital 9 Abril 2006

El nuevo desbonone o desmorone de Bono y el mentidor del GAL, al Ministerio del Interior, para que en ambos lados haya asesinatos que perdonarse
Juan Pablo Mañueco Periodista Digital 9 Abril 2006

El PSOE se alía con ETA a título personal
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 9 Abril 2006

Rosas
Jon Juaristi ABC 9 Abril 2006

Las dos caras del socialismo vasco
Editorial ABC 9 Abril 2006

Una defensa constitucional
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  9 Abril 2006

Huida hacia adelante
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz  9 Abril 2006

Alfonso Guerra intenta esconderse de su "sí" al Estatut
Editorial Elsemanaldigital  9 Abril 2006

El fraude histórico del PSC
Antonio Robles Libertad Digital 9 Abril 2006

Acebes cree que nombrar a Rubalcaba ministro de Interior es «poner la zorra a cuidar de las gallinas»
R. N. La Razón  9 Abril 2006

Cambio de Gobierno para un cambio de régimen
EDITORIAL Libertad Digital 9 Abril 2006

Los acontecimientos de los últimos días, a mitad de la legislatura, marcan el rumbo definitivo del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Caen las máscaras (Bono, a la espera de que Solbes siga el mismo camino) y se revelan las verdaderas intenciones, con Alfredo Pérez Rubalcaba al control del ministerio de Interior justo después de que el despistado Juez del Olmo haya solicitado el reenvío de pruebas relacionadas con el 11-M y cuando la banda asesina ETA comienza a actuar como si estuviese ya legalizada, preludio de lo que ocurrirá cuando se manifiesten los resultados de las negociaciones del Gobierno con los terroristas.

Esta misma semana, José Luis Rodríguez Zapatero volvió a hacer una mención a la II República. Su intención siempre ha sido enlazar la legitimidad de la democracia española no con su verdadera historia, que viene de la transición, sino con el fracasado experimento republicano. Un régimen contra el que se rebelaron los anarquistas en tres ocasiones, los socialistas y nacionalistas, Sanjurjo y finalmente los alzados del 17 de julio es escasamente un éxito para la convivencia. Es lógico, cuando su Constitución se elaboró desde las visiones de media España contra la otra media. Pero es precisamente ahí donde sitúa Rodríguez Zapatero su ideal, en un sistema político fracasado por sectario y por radical, dos de las esencias de su Gobierno.

Entonces, la visión de Azaña era que la República la debían gobernar los republicanos para el resto de España, y hoy la estrategia política del Partido Socialista consiste en aislar al Partido Popular y recurrir a lo que sea, incluso al guerracivilismo, con tal de desautorizarlo como alternativa democrática. Entonces había una derecha descreída, representada por Niceto Alcalá Zamora y otros, que para hacerse perdonar sus ideas renunciaron a denunciar incluso los extremos más violentos del sectarismo del régimen, un papel que hoy no queda sin representación.

Cuando terminó, tras producirse el inevitable hecho biológico, el régimen de Franco, se produjo una transición que partía legalmente del mismo, y que se desarrolló bajo la premisa de que había que mirar al futuro, reengancharse con la marcha histórica de los tiempos, y para ello crear una democracia en la que todos tuvieran el reconocimiento legal y moral a alcanzar democráticamente el poder. Se legalizó incluso al Partido Comunista, lo que demostraba la decisión del nuevo régimen por incluir a todos.

Jaime Mayor Oreja lleva tiempo explicando de antemano todo lo que ha ocurrido últimamente. El pacto del Gobierno con ETA, que el presidente Rodríguez no ha explicado, pero que mostrarán los hechos, pondrá a la banda asesina en el papel que jugó el Partido Comunista tras el fin del franquismo para hacer una segunda transición que nos lleve a un nuevo “pacto político” que cambie sustancialmente el que hemos mantenido las tres últimas décadas. Un pacto en el que el Partido Popular no tiene más papel que el de comparsa. Un pacto en el que la Constitución pierde su valor, porque se identifica con el “inmovilismo” y con un “obstáculo” a la paz, que vendrá precisamente del nuevo pacto. Con la ETA y con los nacionalistas. Para llevarlo a cabo sin fisuras, sin imprevisiones, Rodríguez Zapatero ha colocado en Interior al cerebro de la negociación del Gobierno con los terroristas, Rubalcaba, y frente al CNI a otro hombre de confianza, Alonso. El del viernes ha sido un cambio de Gobierno para culminar la segunda transición que busca Zapatero.

La falsa disidencia
Editorial ABC 9 Abril 2006

EL transformismo político de algunos dirigentes del PSOE ha permitido al socialismo gobernante generar su propia oposición, mermando incluso el propio margen de actuación del Partido Popular. Esta capacidad de mutación que exhiben señaladas figuras del PSOE, maestros de la ductilidad en función de sus particulares intereses y circunstancias, le sirve al Gobierno y al Partido Socialista para compensar, desde dentro, sus propios excesos y equivocaciones. La versatilidad del mensaje es tal que Alfonso Guerra o José Bono pueden permitirse el lujo de alertar sobre los riesgos de que en España se reproduzca lo ocurrido en la Unión Soviética, criticar ferozmente al nacionalismo o erigirse en baluartes de la defensa constitucional y, al mismo tiempo, votar a favor del Estatuto de Cataluña, de la mano de ese mismo nacionalismo contra el que arremeten sin miramientos. La actitud de Guerra, Bono y otros dirigentes socialistas, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Francisco Vázquez, convertidos en mitos por algunos sectores del centro-derecha —sobre los que ejercen una asombrosa fascinación—, tiene ribetes de cierta hipocresía, que hábilmente tratan de ocultar tras esa falsa apariencia de críticos comprometidos con una serie de valores cuya defensa se arrogan sin ningún recato.

Naturalmente, las declaraciones de Guerra, Bono, Ibarra o Vázquez obedecen a un movimiento táctico perfectamente trazado, a una estrategia orientada claramente a buscar su propio espacio político. No son tan críticos, y mucho menos disidentes, porque de sus palabras y de sus actos no se deriva ninguna situación que comprometa seriamente ni al PSOE ni al Gobierno. Llegado el momento, asienten y se pliegan, con más o menos ruido, a la línea oficial, para volver después a elevar la voz en una espiral que utilizan como bálsamo redentor de sí mismos. Y así, de manera sucesiva, en una retahíla interminable de declaraciones que no son más que el instrumento que les permite sanear su conciencia. Incluso de esta aparente rebeldía se benefician el PSOE y el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que consigue cubrir todos los flancos al lograr que las voces de los supuestamente críticos solapen la verdadera voz crítica del PP.

Porque si Alfonso Guerra cree de veras que la situación de la España actual tiene similitudes con la vivida en los estertores de la URSS, y si el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso responsabiliza directamente a los nacionalismos soberanistas de esa situación, su voto afirmativo al Estatuto catalán es de una irresponsabilidad mayúscula, no ya sólo desde el punto de vista político, sino incluso ético. Sus ataques a los nacionalistas, que antaño fueron «leninistas centralistas», resultan un sarcasmo y revelan una evidente doble moral, porque su partido gobierna gracias al apoyo de algunos de esos nacionalistas que fueron «leninistas centralistas», expresión ésta pronunciada apenas unos días después de que votara «sí» al Estatuto catalán junto a otros destacados socialistas que durante meses hicieron gala de españolidad y patriotismo.

Al final, el espíritu crítico de todos ellos se plegó a la disciplina del partido y unos y otros, en lugar de plantarse, se ciñeron al guión como ejemplo de que la disidencia en el socialismo español no es más que pura retórica. Los hechos hablan por sí sólos: el PSC gobierna en Cataluña con ERC, al tiempo que Zapatero se entiende con CiU en Madrid. El PSE fluctúa entre el constitucionalismo y la tentación de aproximarse a la izquierda nacionalista radical. En Galicia, unos se pelean en favor del tóponimo La Coruña y otros comparten el poder con el Bloque. En determinadas comunidades, el PSOE forma coalición con los regionalistas, algunos de perfil muy conservador. Como es natural, la unión «sagrada» de los progresistas justifica en cualquier caso los acuerdos con IU. Todo vale con tal de mantenerse en el poder.

Se ha desvanecido la esperanza de que el supuesto sector «españolista» del PSOE presente batalla interna contra el Estatuto catalán. Uno tras otro, los eventuales protagonistas han abandonado la escena sin hacer ruido. Felipe González cuida mucho sus declaraciones públicas, aunque —al parecer— mantiene serias reservas en privado. Francisco Vázquez declaraba a ABC —desde la perspectiva de su nuevo destino diplomático— que hubiera votado «sí» en el Senado porque el texto ha mejorado mucho. Hace tiempo que no se oye hablar a Rodríguez Ibarra sobre este asunto. Al final, el Estatuto de Cataluña ha puesto a cada cual en su sitio. Y aunque algunos traten de ocultar su voto con ampulosas declaraciones, ya es demasiado tarde. Ahora, sobran las palabras.

Fouché

Ignacio Camacho  ABC 9 Abril 2006

BAJO su enjuto perfil decimonónico de conspirador de la Gloriosa, Alfredo Pérez Rubalcaba esconde un control de las emociones y sentimientos tan asombroso como su facilidad para fingirlos. Dueño de una perfecta gestualidad ficticia, este hombre inteligente y tenaz, el eslabón perdido entre Felipe y Zapatero, lleva en sí mismo lo mejor y lo peor de la política; posee una fabulosa capacidad de esfuerzo y sacrificio. y es capaz de ponerla al servicio de la causa más sectaria sin que le tiemble un músculo. Su actuación en la tarde del 13-M fue un prodigio de la manipulación y el agit-prop; aquella cara compungida, aquella falsa aflicción, aquel medido ejercicio de impostura merecería pasar a los anales del cinismo dramático.

Rubalcaba -«si te vuelves te la clava», dijo de él una vez Iñaki Anasagasti- es de esa clase de tipos absolutamente odiosos para el adversario que, sin embargo, se hacen imprescindibles en el equipo propio. Aficionado futbolero y madridista confeso, es como esos defensas de frialdad destructora capaces de romperle la rodilla al rival sin que el árbitro se aperciba, y que luego se inclinan solícitos para compadecerlo y llaman ellos mismos a los camilleros. Tiene un instinto de supervivencia forjado en los pasillos más peligrosos del poder, conoce como nadie los vericuetos de la política y es un negociador de «culo di ferro», como decía Berlinguer, implacable, agotador, de una resistencia metálica combinada con un pragmatismo sinuoso. Orador excelente, de cortesía helada, puede arropar de retórica la proposición más extravagante y dotarla con su sentido actorial de una apariencia de convicción perfectamente verosímil.

Sus enemigos le llaman Rasputín, por su vocación para la intriga, pero al frente de la cartera de Interior, con un ejército de policías dedicado a suministrarle la información más sensible, será más que nunca el perfecto émulo del temible Fouché, el ondulado e inquietante campeón de la razón de Estado. Convertido en la pieza clave del engranaje de una agenda políticamente suicida, agigantado en influencia tras pilotar la pirueta imposible de maquillar de constitucionalidad el Estatuto catalán, el presidente lo ha situado en el eje de la bisagra más delicada para abordar la fase decisiva del diálogo con los verdugos. Zapatero lo llama para que ponga el aparato del Estado al servicio de la ultima ratio de su proyecto, la clave de bóveda de esta legislatura. No hay en toda la nomenclatura española un hombre con un trazo tan ajustado para ese papel de volubilidad táctica en el que los principios morales y hasta legales van a subordinarse a un objetivo político. Situacionista, opaco, maniobrero, hermético, tortuoso, glacial, y con una portentosa maleabilidad para la puesta en escena, Rubalcaba va a tener, sin embargo, un talón de Aquiles en su cometido: el énfasis que le puso a su actuación más célebre. Ahora, como entonces, los españoles seguimos mereciendo un Gobierno que no nos mienta.

Los cambios de Zapatero
Gobierno en crisis
Ignacio Cosidó Libertad Digital 9 Abril 2006

Más que una crisis de Gobierno, Rodriguez Zapatero ha debido abordar el pasado viernes una crisis en el Gobierno. La premura y la improvisación con la que se ha gestionado es buena prueba de ello. Al final el presidente se ha decidido por soltar lastre para llevar adelante el cambio de régimen que tiene diseñado, aún a riesgo de que su base política se estreche cada vez más.

La salida de José Bono del Ejecutivo no debería ser noticia. Lo noticioso, por incompresible, es que Bono haya aguantado dos años en el Gobierno Zapatero. La visión que el ministro de Defensa tenía y expresaba de España era diametralmente opuesta a la España plurinacional y confederal de su presidente. Su convicción de que no cabe ningún tipo de negociación política con los terroristas es contradictoria con el proceso de paz impulsado por Rodriguez. Su cercanía a unos valores morales que se sustentan en una raíz cristiana de nuestro país chocaba con el radicalismo laico y con el relativismo posmodernista de Zapatero. Tampoco Bono podía compartir el revanchismo histórico de su presidente, ni su creciente acercamiento al republicanismo.

El problema con Bono es que uno nunca sabe cuándo defiende cada una de esas posiciones por convicción o por mero tactismo político. Sorprende, por ejemplo, que haciendo ostentación de su condición de católico, haya optado en estos dos años no por una leal neutralidad en los conflictos entre el Gobierno y la Iglesia, sino por destacarse en sus descalificaciones y ataques a la jerarquía eclesial. En sus cálculos, esta era probablemente su posición menos rentable electoralmente en estos momentos y no dudaba por tanto en abandonarla.

Su coincidencia con las posiciones del Partido Popular en cuestiones claves, como el Estatuto de Cataluña o la lucha contra el terrorismo, la ha camuflado con la especial saña contra sus adversarios políticos utilizada tanto por sus constantes críticas a la guerra de Irak como por, sobre todo, una utilización del accidente del Yak-42 que ha sobrepasado todos los límites de los políticamente tolerable. Ambas cuestiones han sido utilizadas recurrentemente por Bono como coartada para no ser calificado de traidor por parte de los suyos.

En el exterior se le había complicado el panorama. Su doble juego con Estados Unidos resultaba demasiado burdo y terminó por estallarle entre las manos. Bono era al mismo tiempo el ministro que más explotaba en España la salida de las tropas de Irak y el que se presentaba en Washington como el mejor defensor de los intereses de Estados Unidos en el Gobierno. Con la venta de armas a Venezuela cometió un serio error de cálculo, al menos en términos políticos. Utilizar el nombre de Rumsfield en vano no es algo el jefe del Pentágono pueda consentir a nadie. Sus desmesuradas descalificaciones de la OTAN o de la Unión Europea le habían creado pocas simpatías entre sus colegas. Bono se sentía mucho más a gusto con un tipo como Chávez que con el "gili" de Blair.

El ministro de Defensa había abierto además numerosos frentes internos con un buen número de ministros. Los enfrentamientos con Moratinos eran constantes, porque el ministro de Defensa pretendía desarrollar una diplomacia paralela al margen del Gobierno. Con Interior ha habido una lucha soterrada pero intensa por el control de la Guardia Civil y varios incidentes por sus constantes intromisiones, a través del Centro Nacional de Inteligencia, en asuntos de Interior. Con Montilla la pelea vino por sus múltiples declaraciones sobre el Estatuto y por la resistencia a claudicar en Montjuic. Incluso con Hacienda había forzado la negociación más allá de lo razonable, amenazando con dimitir si no le daban los dineros para mejorar los sueldos y las condiciones de contratación de la tropa. Más allá de la guerra fría que mantenía con Zapatero, Pepe Bono tenía demasiados frentes calientes abiertos dentro del propio Consejo de Ministros.

La salida de Bono significa que la Economía, con la presencia de Pedro Solbes, es el único campo en el que Rodriguez Zapatero reserva, por ahora, cierto espacio para la moderación. El vicepresidente económico es ya el último vínculo que une al Gobierno Zapatero con la socialdemocracia de Felipe González, el resto es un grupo de recién llegados que todo lo deben al propio Zapatero dispuestos a dinamitar la España de la transición para reinventar un país estrictamente a su medida. Solbes será ahora el único bastión para tratar de detener el desmantelamiento financiero del Estado al que aspiran los aliados de Zapatero, pero estará cada vez más aislado hasta que salte en la próxima crisis.

El relevo en Defensa lo toma Jose Antonio Alonso. Su balance en Interior es peor que su imagen, aunque en el país de los ciegos el tuerto sea rey. Alonso se ha equivocado poco porque no ha hecho nada. Dejar el Ministerio a una semana de la primera manifestación pública de guardias civiles no es como para tirar cohetes. Tres policías nacionales están además pendientes de juicio por detención ilegal de militantes del partido en la oposición. El ministro ha reaccionado tarde ante todas las crisis: las avalanchas de inmigrantes en Ceuta y Melilla o ahora en Canarias. Legislativamente han sido dos años vacíos.

Para sustituirle se incorpora al Gobierno a Perez Rubalcaba, un hombre que no es ni del pasado ni del futuro, porque únicamente vive instalado en el presente de sí mismo. El Ministerio del Interior había estado hasta ahora al margen, al menos en apariencia, de las maniobras del presidente para llevar a ETA a una mesa de negociación. Pero en la fase que ahora comienza, era imposible que Interior estuviera ausente del "proceso". Rubalcaba parece llegar con el encargo de gestionar la "visión" que Zapatero debió tener una tarde en los jardines de La Moncloa sobre el fin de ETA. La incomodidad que este alquimista político pueda generar en el Partido Popular no sólo no es un obstáculo, sino que puede ser premeditada. Su designación como ministro del Interior es otro mal augurio para el proceso de negociación en el que nos encontramos. Su fama de hábil negociador se debe a que maneja sus principios como si fueran plastilina.

El alambre político sobre el que camina Rodriguez Zapatero se estrecha con esta crisis. Poco a poco el presidente va sometiendo a una muerte dulce a todos aquellos que dentro del PSOE se oponen a la deriva nacional-socialista que ha emprendido. El Gobierno y el PSOE se homogenizan, pero su base se hace también más pequeña. Poco importa a un hombre cuya única convicción en esta vida es que la suerte le acompaña en todas las decisiones importantes de su carrera política y que hace de las crisis el estado natural de su política.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

Crisis de Gobierno
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 9 Abril 2006

Las diferencias entre Bono y Zapatero en la política territorial, Estatuto de Cataluña y visión de Estado, son evidentes, por mucho que se hayan intentado disfrazar o enjuagar con gestos o expresiones de falsa sintonía.

Por eso, aunque haya sido sorpresivamente, a nadie ha extrañado la crisis. Lo raro es que no se haya producido antes y que se sustancie tras la aprobación de esa barbaridad jurídica del nuevo Estatuto de Cataluña que muchísimos ciudadanos exigimos sea refrendado mediante consulta a todos los españoles; pues supone una reforma implícita de la Constitución con un cambio del marco de soberanía, así como la vulneración de derechos fundamentales, en materia lingüística entre otros.

Bono da paso a la inteligencia más pérfida del PSOE. Dios nos pille confesados.

Este Gobierno nos tiene técnicamente en vilo. No hay día que no nos dé un susto. Ha abierto la caja de los truenos y a estas alturas hasta los andaluces reclaman para sí el titulo de nación. Esto tiene visos de llegar al cantonalismo que tuvo vigencia muy fugaz en la primera República.

Todos los días tenemos algún sobresalto: se habla del acercamiento de los socialistas navarros a los nacionalistas como vía para crear la Gran Euskalherria, como la gran Serbia. ¿Para una posible transacción en el "alto al fuego" con trasfondo político? ¿Tiene algo que ver la entrada de Rubalcaba con esta cuestión?

Pero lo mismo podríamos decir sobre una LOE que no sólo no corrige los problemas de la LOGSE sino que consolida la situación de postergación en la que se encuentra, escandalosamente, el sistema educativo español. O sobre la incapacidad del Gobierno para poner coto a la corrupción en España, o de alcanzar grandes pactos de Estado sobre educación, listas de espera en la sanidad, inmigración, política exterior, pensiones, política territorial... O la de poner las bases del crecimiento económico.

Veamos el panorama que previsiblemente nos espera:
Una inflación creciente que produce pérdida de competitividad de nuestras empresas y una reducción del valor real del euro y encarecimiento del precio de las cosas, con lo que implica de aumento del paro y empobrecimiento.

Un aumento progresivo de los tipos de interés, lo que endeuda aún más a la mayoría de las familias, que se encuentran embargadas por los créditos hipotecarios de unas viviendas encarecidas por la especulación de la economía del ladrillo, lo que produce, a su vez, una inhibición del consumo interno en el que se basa básicamente nuestra economía. Es conocida la situación en la que se encuentra nuestro balanza de pagos, con un diferencial negativo entre las importaciones y las exportaciones. Etc.

Un sistema educativo politizado e ineficaz y una inversión en investigación y desarrollo, es decir, en tecnología, en la cola del primer mundo. Lo cual es dramático, pues si no tenemos materias primas ni somos un país especialmente industrializado, ya me dirán cuál va a ser el factor de desarrollo, salvo un turismo de sol y playa cada vez más exiguo.

Y, mientras tanto, nuestros gobernantes dedicados a los pájaros, a las flores y a las lenguas. Tenemos ahora mismo un país propio de Celtiberia show.

La España plural
José Antonio Portero Molina La Opinión 9 Abril 2006

Hay dos ideas fuerza en la propuesta de la España plural. La primera afirma que España nunca ha sido capaz de resolver con éxito la integración de algunos territorios en el Estado. El centralismo castellano o español, según la época, sólo habría sido capaz de dominar por la fuerza, la represión y la corrupción a gallegos, catalanes y vasconavarros. Con los Reyes Católicos, los Austrias, Felipe V, o la España constitucional, siempre el fracaso. Y por supuesto bajo el franquismo. Ni la transición democrática, ni la aprobación de la vigente Constitución, ni la subsiguiente de sus estatutos de autonomía habrían servido de mucho, porque durante esos años se vivió una etapa no normalizada democráticamente. Ni con González ni con Aznar habrían mejorado las cosas. Ahora, con el gobierno Zapatero, sí parece que se dan las circunstancias democráticas para resolver de una vez el viejo problema.

La segunda idea fuerza sostiene que la Constitución no establece modelo estatal alguno y que es en los estatutos de autonomía donde cada comunidad autónoma, a su aire, va rediseñando, de reforma en reforma, su acomodo preferido dentro del Estado.

Para hacer el rediseño del modelo estatal en los EA sólo habría dos límites: el respeto a los procedimientos de reforma estatutaria, cosa nada difícil de cumplir con la actual mayoría, y el de no cuestionar la unidad del pueblo español como sujeto único de la soberanía. Este segundo límite excluye, y por eso era insalvable el Plan Ibarreche, que una CA se pretenda soberana y decida por sí sola constituirse en Estado libremente asociado al español. Sin tocar ese techo, los EA en la hora de su reforma pueden llegar tan lejos como ha llegado el catalán. Pueden definir épicamente su identidad esencial, establecer los derechos de sus ciudadanos, reducir la presencia del Estado en sus territorios dejándolo en los huesos, fijar para sus gobiernos unas relaciones bilaterales de igual a igual con el gobierno del Estado y garantizarse una posición diferenciada de las otras CA. Y pueden además, si vuelven a sentirse incómodas, reabrir el modelo estatal con futuras reformas estatutarias para profundizar más en el autogobierno y en la búsqueda de la libertad, la identidad y la felicidad, perdidas hace siglos.

Tendremos así, y mientras dure, un Estado federal asimétrico o confederal en permanente e incierta muda, con cuatro naciones, tres de las cuales no serán España. Si, por el contrario, el modelo de Estado estuviera en la Constitución, su reforma tendría que votarla el pueblo español y volvería a repetir su histórico fracaso

Sería más riguroso, frente a la primera idea, defender la propuesta de la España plural prescindiendo de las invenciones de la historia política, económica, cultural y social que en ella subyacen, y hacerlo, en cambio, en puros términos de presente y de poder. Se entiende mucho mejor la propuesta diciendo que los partidos nacionalistas han aprovechado bien la ocasión brindada por el gobierno Zapatero. No es correcto hablar en nombre de unos pueblos oprimidos desde hace siglos por el centralismo. No es riguroso hacer esencialismos, ni ubicar demandas actuales siglos atrás en la historia, cuando ni tan siquiera eran imaginables. Los partidos nacionalistas son de antesdeayer, y, aún en el proceso constituyente, poco determinantes. Han prosperado después, aupados en el creciente poder autonómico y utilizándolo, hacia dentro, sin piedad y sin reparo alguno, en interés propio y en favor de sus excluyentes proyectos de nación. Han crecido arropados por la voluntad de integrarlos, sin conseguirlo, que han mostrado, desde la transición, los partidos nacionales. Y no es correcto, frente a la segunda idea, pretender que la Constitución nada dice sobre ese modelo de Estado, que habrían definir unos estatutos de autonomía puestos a la libre disposición de los partidos nacionalistas, de cuarto en cuarto de siglo. La Constitución ofrece más y mejores apoyos para fortalecer el Estado y la igualdad, que para debilitarlo y agudizar las diferencias, en suma, para integrar a la España real. La propuesta nacionalista de la España plural responde a unas apetencias legítimas y muy naturales, explicables como ella, sencillamente, en términos de poder.

José Antonio Portero Molina es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de La Coruña

Trampas en el solitario
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 9 Abril 2006

El caos gramatical y la acracia semántica que se han introducido en el proyecto de Estatuto de autonomía para Cataluña ha sido un empeño bien recompensado. Para empezar, semejante operación de diversión ha servido para agrandar el aro por el que han ido pasando, debidamente alineados y por su orden, todos esos llamados una veces tenores y otras barones que hasta ahora recibían los aplausos del público por su pretendida independencia de criterio y su compromiso con la izquierda igualitaria y cívica que se pregunta por el sentido de asumir las reivindicaciones nacionalistas.

Esa izquierda existe pero no está donde muchos pensaban. Para decepción e inexplicable sorpresa de ese público fiel que, también desde la derecha, tanto ha aplaudido los alivios verbales de Rodríguez Ibarra, la unción patriótico-castrense de Bono y la bonhomía de Vázquez, resulta que son precisamente los supuestos críticos, esos a los que se creía garantes del sentido común y nacional los que han hecho la contribución decisiva para volver creíble la operación de blanqueo del proyecto de Estatuto alumbrado por socialistas y nacionalistas en el Parlamento de Cataluña.

Para ser justos debe reconocerse que el blanqueo no habría sido posible si, previamente, no se hubiera dado la audacia mal empleada del presidente Rodríguez Zapatero y la disposición de Artur Mas a poner en práctica el sabio consejo de los veteranos de la Bolsa que recomiendan dejar que el último duro lo gane otro cuando un valor sube de la manera que lo ha hecho la cotización nacionalista. Esta lógica, que es la misma que desaconseja matar la gallina de los huevos de oro, ha forjado una sólida 'joint venture' en La Moncloa. De momento, ha permitido por uno y otro lado la presentación triunfalista del resultado de la negociación: para el Gobierno y el Partido Socialista, un Estatuto que cumple con el compromiso de Rodríguez Zapatero de dejar el proyecto inicial limpio como una patena en términos de constitucionalidad; para los nacionalistas de CiU la recuperación del protagonismo en la construcción nacional de Cataluña con la expectativa de un influyente papel en la política española cuando la aproximación del calendario electoral consume el cambio de socio catalán del Gobierno.

Sería absurdo reprochar a importantes dirigentes de un partido no rebelarse contra lo que dispone su Gobierno. Lo que sí es reprochable es este juego de apariencias, los adornos retóricos que tanto admiraban a los ingenuos desconocedores de la fuerza de la disciplina partidaria, esos desmarques tan publicitados de los antedichos y de otros tantos que, de militar en otro partido, seguramente ahora habrían recibido de los socialistas la calificación de 'patriotas de hojalata', esa expresión acuñada por el presidente del Gobierno, siempre tan cuidadoso con las formas, para endosárselo al líder de la oposición.

No está mal, de todas formas, que se clarifique el juego. La sucesión de nuevos Estatutos que se avecina y una negociación política como la que se avista en el País Vasco va a ser un proceso, ese sí, largo y difícil, en el que el listón catalán, tan unánimemente elogiado por los socialistas, está llamado a sustituir a cualquier referencia nacional que dote de cohesión al diseño final que tendría que salir de esta revisión del modelo territorial. Los efectos de tanta algarabía ya están empezando a manifestarse. No es sólo que los suevos se puedan convertir en Galicia en los titulares de los derechos históricos que sin duda fundamentarán en el futuro inmediato el autogobierno gallego porque la Constitución parece ya un titulo de escaso abolengo. En Andalucía, los socialistas han hecho caer del proyecto de Estatuto la referencia a la unidad de la nación española como marco del autogobierno para poder definir a la comunidad autónoma como 'realidad nacional' -faltaría más- con la piadosa excusa de atraer al acuerdo a Izquierda Unida y el Partido Andalucista pero con el objetivo real de elaborar un texto que el PP no pueda aceptar y repetir así un nuevo 28-F, para arrojar sobre los populares la tacha de anti-andaluces durante otros veinticinco años, como ocurrió en su momento con UCD. Hay diferencias, desde luego. Nada de café para todos. En Cataluña el Estatuto fija la inversión que el Estado está obligado a hacer en función del Producto Interior Bruto. En Andalucía, la previsión es que la obligación de inversión estatal se establezca en relación con la población.

Volvamos al Estatuto catalán. Si esa es la plantilla que se va a utilizar para escribir la nueva estructura territorial, los renglones saldrán inevitablemente torcidos. El Estatuto catalán no ha sido limpiado. Simplemente se ha procurado darle un baño que como en la bisutería barata pronto desaparecerá con el uso, seguramente intensivo, que los administradores de la nueva norma institucional catalana querrán dar a ese hipertrofiado y un tanto deforme instrumento legal. Sorprende el énfasis con que se afirma la escrupulosa constitucionalidad del texto. Además del reconocimiento de Cataluña como nación mediante una técnica tan conocida como la remisión a un acuerdo del Parlamento catalán al que el preámbulo del Estatuto otorga relevancia jurídica, subsiste la bilateralidad como principio claramente preferente de relación entre el Estado y la Generalidad; se mantiene el blindaje competencial y eleva a rango estatutario la apuesta por el monolingüismo que relega al castellano a lengua de uso administrativo residual. Recursos especiales de protección de derechos propios y específicos de los catalanes, la introducción extravagante del decreto-ley y de los decretos legislativos como instrumentos normativos en manos del Gobierno de la Generalidad o la creación de un no menos extravagante Consejo de Garantías Estatutarias que se erige en colegislador a través de sus dictámenes vinculantes para el Parlamento, no son innovaciones de las que pueda predicarse sin más su adecuación a la Constitución. Los derechos históricos siguen siendo el fundamento extraconstitucional del autogobierno de Cataluña según el nuevo Estatuto, respecto a los cuales la Constitución es sólo el marco; se mantiene la apropiación de competencias estatales que quedan comprometidas en las leyes orgánicas a las que se remite el Estatuto, de modo que cuando dichas competencias sean transferidas quedarán consolidadas en el texto estatutario cuya dinámica expansiva se prolongará después de su entrada en vigor. El titulo dedicado al Poder Judicial en Cataluña somete al órgano de gobierno de este poder constitucional a una territorialización no sólo no prevista sino manifiestamente excluida en la Constitución.

Desde luego habrá que dejar que el Tribunal Constitucional decida sobre lo que muchos entienden que son vicios de inconstitucionalidad que en conjunto definen un modelo de Estado de aluvión con una resultante más confederal que federal y, desde luego, en absoluto autonómica. Si este planteamiento es sólo una invención catastrofista del PP, habrá que reconocer que hay alguno nada próximo a este partido que realiza un diagnóstico en parecidos términos y lo ha explicado con una claridad estimable. En todo caso, sobre lo que no podrá fallar el Tribunal es sobre el acierto de este nuevo Estatuto, sobre su conveniencia para servir los intereses generales, a la convivencia entre españoles como ciudadanos libres e iguales de un Estado que les puede garantizar tal condición. La arbitrariedad semántica que se desparrama en sus 227 artículos puede haber hecho del Estatuto un texto más escurridizo pero no lo ha hecho más constitucional.

Cobran ahora pertinencia muchas de las observaciones que el Consejo de Estado ha realizado en su dictamen sobre posibles reformas constitucionales tras el análisis de los problemas del modelo territorial teniendo en cuenta como éste se ha desarrollado. Tampoco es la de este órgano consultivo del Gobierno una voz interesadamente alarmista cuando expone los problemas y desmenuza las posibles soluciones. Lo que ocurre es que estas soluciones requerirían un marco de acuerdo entre los dos grandes partidos que la izquierda -ahora en el Gobierno- no parece ni siquiera plantearse. Prefiere ganar la partida aunque sea haciéndose trampas en el solitario.

La solución que busca Rajoy está en la Historia, pero no en el pasado
Pascual Tamburri elsemanaldigital  9 Abril 2006

Las situaciones críticas sacan de cada uno lo mejor y lo peor. Ante problemas graves y en momentos difíciles se conoce mejor la valía de las personas y de las instituciones, porque se muestra lo que de verdad hay dentro. Sobran ejemplos de esto, en lo personal y en lo nacional. Y ahora le toca al PP: la situación que se ha creado en torno a Mariano Rajoy es muy grave, y va a permitirnos saber de qué es capaz la derecha española.

Si usted cree que el momento no es excepcional, deje de leer aquí. Pero recuerde la deriva ultraizquierdista del PSOE, los atentados del 11-M, las elecciones del 14-M, la huida de la vida internacional, el proyecto de cambio radical de la sociedad y la cultura, la disgregación anunciada por el Estatut y el armisticio con la ETA. Hasta José Bono ha terminado por verlo: no sea usted menos.

Los humanos, instintivamente, cuando nos enfrentamos a un problema nuevo echamos mano de nuestras experiencias pasadas. En las sociedades tradicionales esta tendencia se transmite de generación en generación; en una sociedad moderna y teóricamente abierta la memoria colectiva es mucho más corta, y está encomendada a unos profesionales, que son, o somos, los historiadores.

Una parte de la derecha se ha puesto en estos meses y años a hacer memoria, y ha movilizado a sus historiadores para buscar en el pasado la explicación y la solución de lo que sucede. Así nos enfrentamos a una peculiar carrera de armamentos entre la izquierda y la derecha, desenterrando los cadáveres de la Segunda República y de la Guerra Civil, unos con prepotencia, otros con ignorancia, no pocos con mil complejos, bastantes con mucho miedo. Pero el riesgo es renunciar a pensar. El vicio de la tradición es el tradicionalismo, y el de la Historia sería en este caso confundir los paralelismos con una mera repetición del pasado. Pero ni el pasado se repite ni hay que buscar en el pasado las soluciones del mañana. Que una parte que se dice liberal de la derecha haya emprendido ese rumbo no es sino otra muestra del desorden moral e intelectual que vivimos.

Recordemos a alguien universalmente vituperado, el poeta alemán Stefan George, patriota y pensador. Odiado por igual por los nazis y por los antinazis, fue el maestro espiritual del coronel conde Claus von Stauffenberg –el único militar que en nombre de su idea de patria se atrevió a atentar contra Hitler- y de algunos notables historiadores, como Percy Ernst Schramm, el medievalista tan ligado a España, y el nacionalista alemán, judío, Ernst Kantorowitz, también medievalista y exiliado a Estados Unidos en 1939. Ellos, en una situación muy difícil para su país, elaboraron una serie de ideas sobre cómo puede servir la Historia para salir de una crisis, sin caer en el historicismo y manteniendo el equilibrio entre tradición y realismo.

No se puede volver atrás el curso de la Historia. Pensar en restauraciones se ha demostrado siempre estéril, porque la historia, aun repitiéndose en líneas generales, nunca pasa dos veces por un punto. Rajoy y sus gentes son herederos de un pasado y defensores necesarios de unos principios permanentes –cosa que debe exigírseles-, pero afirmar que la situación o las respuestas son las mismas que en tiempos de José María Gil Robles o de José María Aznar es hacerles un flaco favor.

Cumplir con el deber por encima del propio capricho es algo más que una frase enfática. Es una necesidad del momento: el PP ve amenazada su misma existencia, y si algo se ha comprobado en el pasado es que si prevalece la visión a corto plazo, superficial o individual los principios son mal defendidos y no se evita ningún mal. La Historia puede enseñar qué se ha de defender o cómo solemos reaccionar los humanos, y en ese sentido es interesante conocer el pasado, pero sólo teniendo muy clara nuestra libertad y la absoluta singularidad de lo que vivimos. Una solución prefabricada, que venga de otro lugar o de otro tiempo, sería la peor de las soluciones posibles.

No entender la diferencia entre una cosa y otra lleva a disquisiciones absurdas, como algunas que leemos estos días en España, o como las que Norman Cantor se ha permitido a costa del medievalismo europeo. No podemos ignorar que si Schramm y Kantorowitz investigaron la historia de los emperadores Hohenstaufen no fue con el propósito de resucitar a Federico II –aunque ya en su tiempo hubo quien lo entendió mal: y así terminó el experimento- sino con el de proponer en el presente los principios permanentes entonces evidenciados.

Ni los hombres ni las fórmulas del pasado valen; hacen falta hombres y fórmulas para el presente y el futuro, que tomen de la Historia lo que debe ser tomado pero que no caigan en la cobardía de no pensar. Hacen falta todavía muchos esfuerzos, mucho tiempo y muchos sacrificios para vencer la crisis actual, y aun eso no nos devolverá al pasado, sino que tendremos que convivir con las consecuencias de esta crisis. Hay que echar mano de las cualidades y las virtudes necesarias en tiempos de zozobra, pues sólo con lealtad, desinterés, probidad, coraje y tenacidad puede seguir su rumbo la derecha española. Sobra quien mire atrás con nostalgia; sobra quien se mire a sí mismo; sobra quien no sepa vivir el hoy con intensidad. Es la lección de la Historia para Rajoy.

Exitos Encadenados… del Independentismo
Miguel Barrachina Periodista Digital 9 Abril 2006

El independentismo y los terroristas no salen de su asombro por la facilidad con la que estan logrando todos sus objetivos. En una sola semana cuatro éxitos casi consecutivos.

1. Otegui y otros terroristas salen a la calle jaleados por sus fanáticos seguidores tras pagar una pírrica fianza. Caben dos posibilidades que se escape como hizo su el carnicero de su jefe Josu Ternera, presidente de la Comisión de “Derechos Humanos“ del parlamento vasco, cuando iba a ser juzgado por el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza en la que murieron once personas -cinco niñas entre ellas-, o que se sienta seguro en España, porque el Estado de Derecho se vaya a declara en tregua y se quede.

2. Bono, defensor casi en solitario de la igualdad de los españoles en un gobierno presuntamente socialista, abandonaba el gobierno derrotado y ocupa el Ministerio de Interior el siniestro Rubalcaba, ante lo que Batasuna afirma que es “interesante” “colocar a alguien que ha estado en la cocina del proceso desde el principio”. Pero ¿no dijo Zapatero que no habían habido contactos?.

3. Los terroristas logran fracturar al PSOE y consiguen que diputadas socialistas firmen junto a mujeres batasunas, que nunca han condenado el asesinato, el secuestro y la extorsión, mientras se supone que otras mujeres socialistas siguen compartiendo lo que dijo Rubalcaba el 16 de febrero “no va a haber ninguna firma de un dirigente socialista en ningún documento en el figure la firma de Batasuna”.

4. El último éxito de la semana es la “internacionalización del conflicto” es decir que todo el mundo conozca la vergüenza de que aquí a los terroristas los llamamos “negociadores”, así todos los que pasan por Moncloa, el secretario general de la ONU, el presidente de Noruega…, se ofrecen para “mediar” en el “proceso de paz”.

La banda criminal que hace dos años estaba contra las cuerdas, sin partido, sin periódicos, sin financiación, aislada internacionalmente, están hoy celebración múltiple, y los supuestos socialistas, unos a casa, como Bono y otros a vivir hipócritamente como Alfonso Guerra.

El nuevo desbonone o desmorone de Bono y el mentidor del GAL, al Ministerio del Interior, para que en ambos lados haya asesinatos que perdonarse
Juan Pablo Mañueco Periodista Digital 9 Abril 2006

NO HA HABIDO “remodelación” o “crisis” de Gobierno, porque el cambio de cromos en Educación por otra cuota igual sólo intenta que no se perciba tanto lo que ha pasado...

Ha acontecido el enésimo desbonone, desbononamiento o desmorone de Bono cuando llega el momento de defender aquellos principios en los que dice creer, pero de los que al final siempre prefiere fugarse, como ahora analizaremos biográficamente... Y también ha ocurrido que ZP se destapa ya casi por completo y coloca al mentidor oficial del partido desde la época en que era portavoz del Gobierno cuando más había que ocultar el asunto de los GAL, mérito que refrendó durante su sabotaje a la jornada de reflexión del 13-M... el cual ahora dirigirá los Cuerpos de Seguridad, los procesos electorales, las jornadas de reflexión que nos resten... y las negociaciones con ETA, para que ambas partes tengan asesinatos que perdonarse.

José Bono es maestro en fugas y retiradas, aunque la opinión pública le haya conocido como presidente eterno de una región tan sin interés para todos que en realidad nunca ha tenido que competir con nadie: en su juventud se fugó del marxismo y de Castilla, cuando como joven dirigente del PSP de Tierno Galván, era lo primero y lo segundo y se retrataba con pendones morados de Castilla... porque la democracia debía respetar a todos los pueblos de España.

En 1979, después de que el PSP se integre (en realidad, “se venda” por deudas, y a la espera de cargos) en el PSOE, un joven Pepe Bono de 29 años inicia una modesta carrera como diputado por Albacete. Para entonces, el PSOE ha acatado las órdenes del Partido Socialista de Cataluña y otros partidos periféricos de trocear Castilla en varias Comunidades Autónomas sin fuerza propia, y con el desmoronamiento de la UCD, el PSOE gana las primeras elecciones autonómicas de 1983: el todavía mozalbete tiene que cargar con el muerto de una absurda e imposible (hasta en el mapa: basta con verlo) región autonómica que nadie quiere. Menosprecio en la que todavía hoy permanece, porque además Bono y su sucesor Barreda se han encargado durante 23 años de difundir la consigna, que a la vez coincide con la realidad en este caso, de que se trata de una Comunidad sin historia ni personalidad (propias).

Ahora Bono se ha retirado del “Estatut”, de España y del Gobierno. No está conforme con el primero ni con lo que hace su presidente, pero calla u otorga, al menos. Porque sabe que al PSOE le debe lo poco o mucho que ha sido (a ese PSOE que tres años de que él se incorporara no era sino unas siglas sin nadie dentro, pero con perfecta financiación bancaria y oficial, interna y extranjera)... Y se va, como todo buen político, mintiendo: invocando en falso hasta el nombre de su familia, a la que dice echar de menos... En realidad, no quiere que aparezca su nombre en la etapa de traiciones decisivas que se avecina... Con ello, también se ha fugado de España, como Zapatero y el PSOE a quienes no quiere secundar, pero avala con su silencio e inacción.

En su despedida, reveladora por la contradicción que refleja y que resume su vida y su obra política, dijo: “Me siento español hasta los tuétanos. ¿Cómo no me va emocionar una patria que cuando otros estaban en los árboles ya estaba descubriendo América y que, si no existiera, dejaría el mundo incompleto?”... Patética contradicción la de un hombre que describe así su patria y que, al parecer, pese a sus responsabilidades de Gobierno durante décadas, no sabe ni siquiera que quien descubrió América en 1492 no fue “España”, sino Castilla... entre otras cosas porque aún faltaban decenios para que “España” (por llamarla así) tuviera su primer monarca conjunto, aún quedaban por delante reyes y reinas exclusivos de Castilla o de Aragón y aún faltaban 20 años, por ejemplo, para que en 1512 Navarra fuera incorporada... a Castilla, que ni siquiera a “España”.

Se comprende que un presidente así... no haya sabido sembrar historia ni personalidad en su patria (él mismo dixit) ni le haya podido explicar al PSOE qué le falta para que sea creíble, justa y posible la “España plural” que pregona, pero que no practica por tierras castellanas... (Sigue siendo "deudor" de quien le financió y financia para que perpetre sus traiciones programadas, sin pararse en contradicciones ni asimetrías).

Sobre el ministro entrante, el portaGAL, el violador de todas las leyes electorales durante la jornada de reflexión, el que aún no ha dicho lo que sabe sobre sus amigos Vera y Barrionuevo, el que ha negociado secretamente con ETA durante años y que ahora volverá a tener ya contactos oficiales y otros más “discretos” para pactar lo que aún no esté pactado... tiempo habrá para hablar. Aunque su nueva carrera política podría empezar muerta... simplemente con que Acebes, viendo quién toma el relevo de su cargo, dijera: “los votantes no se merecen un ministro del Interior que les anule las jornadas de reflexión, ¡y que lleve años negociando en secreto con ETA como un Carod cualquiera!”... Pero el pobre Acebes no tendrá imaginación ni para esto.

Sólo una cosa voy a destacar de su figura: Pérez Rubalcaba ya probó su catadura cuando en la “Comisión que No Investigó los Atentados” a la pregunta: “¿Filtró usted a la SER de forma malintencionada que había un terrorista suicida entre los cadáveres encontrados?”, respondió: “No, y en ningún caso malintencionadamente”...

Ahí debió haber terminado la película y su carrera, con el delincuente autoinculpándose en un descuido léxico y los interrogadores rasgándose las vestiduras mientras decían: “España no se merece un Gobierno ni un compareciente que le mienta”... Pero el Pobre Partido (PP) demostró una vez más la falta de mordiente que le ha caracterizado durante los dos últimos años, en las cuestiones esenciales.

El choque de trenes que va a suceder, en el que saltarán todas las junturas constitucionales y lo poco de legalidad que quede en "Estepaís", ya está configurado plenamente: por una parte, los perjuros y mentirosos compulsivos de ZP y sus acólitos; por otra, los ineptos del PP... Que pase lo que deba acontecer.       www.democracia-real.org

El PSOE se alía con ETA a título personal
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 9 Abril 2006

A Rosa Diez la echaron del trabajo que tenía en el Parlamento europeo. El pecado que había cometido para sufrir tal castigo fue que defendía posiciones políticas muy próximas al PP. Ayer varias militantes socialistas de relieve en el País Vasco y Navarra firmaron con ETA Batasuna a título personal dicen junto con el resto de partidos excepto PP y UPN un pacto para crear un movimiento para impulsar la paz. A estas ya las están felicitando. Este es el futuro. Todo con ETA, nada con el PP.

Lo del título personal lo deja muy claro El País al titular “El nuevo foro incluye militantes de todos los partidos de ambas comunidades, salvo el PP y UPN”. Fíjense en el detalle, habla de militantes de todos los partidos, pero remata con un “salvo el PP y UPN ”, no dice “salvo del PP y UPN ”. No creo que sea un lapsus.

Ayer, El País, en su editorial titulado “Para terminar con ETA” hablaba de don Rubalcone, y digo bien Don Rubalcone, porque su Jefe Polanco le nombra “el hombre del presidente en el complejo itinerario que ha conducido al alto el fuego de ETA,”, es decir que es el hombre que le hizo una oferta a ETA que no podía rechazar. Como ven, en un mismo editorial nos dejan caer dos ideas sobre quien es Rubalcaba, por un lado un negociador con ETA y por otro el exterminador de ETA.

Esto me lleva a darle a Rubalcaba un título a título personal que abarque ambos aspectos, para mí ya es Don Rubalcone el Terminator de ETA. Este gran prohombre de la paz, cuya mayor virtud es la gran veracidad con la que miente, resulta que ya miente con anticipación, pues el pasado día 16 de febrero declaró que “jamás ningún socialista firmaría nada con Batas una mientras no abandonase la violencia” o algo así. Y aquí nos tienen comentando la firma de un pacto de 6 socialistas de pro con ETA.

Este es el camino marcado por la Hoja de Ruta de Zapatero al infierno, estamos en la fase en la que se dignifica a ETA porque quiere la paz, ya Zapatero empezó nombrando Gran Adalid de la paz al etarra Otegi y a la par se demoniza al PP que solo busca la confrontación y que solo está deseando que ETA vuelva a matar.

Por supuesto que para Zapatero y Rubalcaba hay que recompensar a los buenos y pacíficos chicos de ETA y castigar a los crispadores y deseosos de la violencia del PP. En ello están y nosotros lo veremos.

Rosas
Jon Juaristi ABC 9 Abril 2006

RODRÍGUEZ florece en primavera. Pétalo Bono, sépalo Pérez Rubalcaba. No hay primavera sin flor ni proceso de fuste sin reajuste. Rodríguez ha florecido como los almendros del Fujiyama, como las rosas de pitiminí, como las meacamas de los prados vascos que por aquí llaman diente de león y los franceses, casi como los bilbaínos, pis-en-lit. Se ha abierto Rodríguez como la rosa de Saint-Exupéry, diente de Lyon. Si Pérez Rubalcaba fuese Maquiavelo, escribiría El Principito, manual para imitadores de Rodríguez. Escribiría el kempis de los progresistas. O se lo encargaría a Mercedes Cabrera, historiadora política.

A Rajoy, el súbito despliegue de la corola Rodríguez lo ha desconcertado, y no me lo explico, porque el reajuste, más que corola, es corolario. Imposible negar que a Pérez Rubalcaba, en pura tradición socialista, le viene Interior como la boina a Baroja. El juez Alonso ha hecho en el ministerio lo que venían haciendo Mayor Oreja, Rajoy y Acebes: dejar que las fuerzas de seguridad actuasen con autonomía y profesionalidad, sin interferencias políticas. Ha sido un buen ministro, justo es reconocerlo, y no montará en Defensa, esperemos, los numeritos de su predecesor. Alonso es discreto y eso necesita su nuevo puesto: un civil de perfil bajo, sin afición a las arengas y con la austeridad sartorial de un krausista leonés. De un Azcárate, diente de León. Lo de Pérez Rubalcaba en Interior está por ver, pero no viene avalado por ninguno de los rasgos que distinguen a Alonso. Sin embargo, a Rajoy lo traicionó, el viernes, un lapsus bimembre: «Oscuro pasado». ¿A qué se refería? ¿Al trece de marzo de 2004? Es pasado, desde luego, pero, más claro, agua. ¿Dónde reside el misterio del «oscuro pasado» de Pérez Rubalcaba? ¿En su época de ministro de Felipe González? Convengamos en que salió del trance mucho menos tocado que otros compañeros de gabinete.

Yo creo que Rajoy quiso aludir a otra cosa. Al oscuro pasado de los ministerios felipistas de Interior. Al peligro de recuperar una tradición socialista de manipulación política de las fuerzas policiales. En lo que a la lucha contra el terrorismo etarra se refiere, la gestión del PSOE derivó en apocalipsis, deslizándose desde el oportunismo a la corrupción. A Pérez Rubalcaba es obligado concederle el beneficio de la duda, pero no contribuyen a ello ni su pasado -no oscuro, pero enraizado en la tradición felipista- ni sus disposiciones personales. Pérez Rubalcaba no será el Fouché que quiere aparentar, pero es difícil imaginar a alguien menos idóneo para alentar la colaboración crítica de la oposición durante el proceso de diálogo o lo que sea con ETA y sus secuaces en libertad bajo fianza. Parece como si Rodríguez pretendiera curarse en salud, ante un posible fracaso de la operación apaciguadora, encomendando la dirección de la lucha antiterrorista al flagelo de la derecha. Pérez Rubalcaba no tendrá escrúpulo alguno, si llega el caso, en culpabilizar al PP de todas las tribulaciones que la negociación lleve aparejadas. Rajoy lo intuye, oscura o diáfanamente, y de ahí su desabrida reacción al anuncio del nombramiento. Reacción muy comprensible, aunque también oscura y desacertadamente expresada, que ha servido ya al Gobierno y a sus aliados para presentar a la opinión pública su futuro chivo emisario. La reprobación de Rajoy se ha ajustado, como siempre desde entonces, a la estrategia de la retorsión inaugurada por Pérez Rubalcaba en la noche del trece de marzo de 2004. Sólo que esta vez el flamante ministro del Interior no ha necesitado siquiera ejercer de portavoz.

Abril es el mes más cruel. Cría lilas de la tierra muerta. Mezcla memoria y deseo. El catorce de abril, septuagésimo quinto aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, coincide con el luto del Viernes Santo. Caprichos, ironías del cruce de los calendarios, de las efemérides laicistas y católicas. Rodríguez se ha desplegado como el capullo de Saint-Exupéry. Camino de rosas, camino de flores, que a mi no me engañas, que a mi no me. etcétera.

Las dos caras del socialismo vasco
Editorial ABC 9 Abril 2006

LOS socialistas vascos escenificaron ayer su división: mientras la parlamentaria Gemma Zabaleta y otras dirigentes del PSE y el PSN suscribían un manifiesto -respaldado por PNV, EA, IU, Aralar y el Partido Comunista de las Tierras Vascas, y en el que se pide una «paz sin condiciones» y que la sociedad vasca cambie, si lo desee, el «marco jurídico-político»-, Rosa Díez, Mayte Pagaza y Carlos Totorika, entre otros, participaban en una concentración de Basta Ya con víctimas de ETA que defendían la vigencia del pacto antiterrorista. La fractura del socialismo vasco, cuya dirección arrincona a Rosa Díez, pero permite a Zabaleta, a título personal, firmar un manifiesto junto a las diputadas del PCTV, resulta revelador de cómo el PSE exhibe sus contradicciones internas y se sitúa en el nuevo escenario político en unas coordenadas difusas que han roto el frente constitucionalista con el PP. Si a Rosa Díez se le aparta en el Parlamento europeo por no comulgar con la línea oficial, habrá que preguntar a la línea oficial si tomará medidas contra Gemma Zabaleta y otras dirigentes que -en teoría- se han apartado igualmente de la línea oficial de un socialismo vasco tristemente partido en dos mitades.

Una defensa constitucional
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  9 Abril 2006

LA INICIATIVA ciudadana "¡Basta ya!" surgió tras un momento de especial atrocidad de la banda etarra. Fue con motivo del asesinato del joven político Miguel Ángel Blanco, un hecho en el que ETA demostró toda la repulsiva naturaleza de su ideología y de sus procedimientos. Esa inicua matanza provocó un movimiento de indignación en toda España, que se echó a la calle al grito de "Vascos, sí; ETA, no". Como plasmación organizada de aquella protesta surgió "¡Basta ya!". Desde entonces, la iniciativa ciudadana sigue dando testimonio de dignidad y responsabilidad.

Por eso es tan sustantivo todo lo que "¡Basta ya!" propone. Ayer, en una concentración en San Sebastián, en momentos tan sensibles para el futuro del País Vasco, la iniciativa ciudadana quiso dejar las cosas claras e hizo una advertencia a las fuerzas políticas democráticas -está claro que fundamentalmente al PSOE- para que no se aparten del camino constitucional en la lucha contra ETA. Un aviso que se formula muy oportunamente cuando el abertzalismo radical quiere pescar ahora en el río revuelto de las negociaciones que se avecinan y empieza a proponer mesas extraparlamentarias y la supresión de pactos y leyes que no hacen sino reclamar que quienes deseen participar en la vida política rechacen la violencia. En esta concentración habló el filósofo Fernando Savater, que apostó firmemente por la Constitución como el "único punto de partida" para reconquistar las libertades deseadas en Euskadi: "Es imprescindible que acabe la violencia, pero que quede claro que no partimos de cero, sino que existe la Constitución". Hay que tener, lógicamente, confianza en que nuestras instituciones, con el amparo constitucional, sabrán dar a esas previsibles negociaciones el cauce debido, porque a todos los españoles interesa que se encuentre la vía de la paz y asistamos al fin del terror etarra. Pero se hace precisa una estricta cautela en el proceso negociador, de modo que los resultados no propicien que quienes han llenado de terror, dolor y violencia la vida española de estas últimas décadas salgan de algún modo vencedores.

Huida hacia adelante
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz  9 Abril 2006

ZAPATERO compareció ojeroso, el talante forzado y la sonrisa perdida; pronunció en recitativo escolar los nombres, apellidos y cargos de su círculo de poder y confió a sus afines mediáticos el maquillaje de su primera crisis de gobierno. José Bono, su adversario interno, lo dejaba a la espera de tiempos mejores para el imaginario centrismo de los desinformados. Antes, como los supuestos socialistas pata negra -Guerra, Ibarra y demás-, había votado la evaporación de España plasmada en el Estatuto de Cataluña, preludio del previsto para el País Vasco. Lo demás es simple mecánica; Alonso, colega de pupitre en la edad de la inocencia, cambia de jefatura en servicios de seguridad y entra Rubalcaba en un ministerio para el que parece estar predestinado. El inquisitivo diputado del «queremos saber frente al Gobierno que miente» tendrá ahora la oportunidad de contar lo que se esconde tras las alcantarillas del poder, como dijo González, el presidente que lo izó al Gobierno del cambio.

La cosa tiene su ironía; Rubalcaba fue cargo y ministro de Educación con Felipe y uno de los padres del analfabetismo funcional de los jóvenes pancarteados. Rodríguez Zapatero podría haberle dado una segunda oportunidad para intentar la recuperación de las ciencias, letras, artes, técnicas y humanidades. Pero lo sitúa en Interior, el departamento donde la confidencialidad, el secreto, la sospecha y el monopolio de la violencia son las esencias del oficio. Y justo cuando el juez Juan del Olmo ha cursado orden de que todos los servicios policiales con pruebas o indicios del 11-M se las remitan directamente, sin pasar por los circuitos oficiales. El sumario no casa, las pruebas decisivas están inundadas de agujeros negros y sólo el miedo ciudadano a encontrar una responsabilidad nacional, sustenta la tambaleante versión gubernamental.

El ventajista Estatuto del independentismo asimétrico catalán, la sorprendente tregua pactada con ETA y las inconsistencias del 11-M, no acaban de convencer. A pesar del adoctrinamiento único televisivo. Pero las televisiones se han convertido en esperpénticas sombras chinescas de la realidad; la nueva inteligencia social del país pasa y recurre a los medios de comunicación reflexivos. Por lo que ZP ha huido hacia adelante, como al retomar la Guerra Civil, la reconfiguración de la familia, la politización y degradación de la enseñanza o la intimidación a la Iglesia. Lo de Marbella ha sido una maniobra de distracción, una trama que el barón Chaves pudo haber cortado hace décadas; además de un ambivalente bumerán, porque solo los concejales del PP son los que no han pasado por la trena. Lo del poder real en España es más serio, la interminable historia oficial no convence y ahora el gobierno sitúa en primera línea de fuego al mismísimo estado mayor. Se estrellará, como en un no tan lejano pasado, cuando acabaron saliendo las amargas verdades tantas veces negadas. Hoy son incluso más imparables.

Alfonso Guerra intenta esconderse de su "sí" al Estatut
Editorial Elsemanaldigital  9 Abril 2006

Las intervenciones de Alfonso Guerra sobre el nacionalismo, que antes del 30 de marzo se leían como esperanza por muchos españoles, tras el 30 de marzo se leen como curiosidad.

9 de abril de 2006. Hoy día parece asumido que la Transición fue un éxito, al menos desde dos puntos de vista –porque tuvo también sus puntos oscuros y sus errores-: por un lado, logró un cambio pacífico de régimen, desafío siempre complicado; y por otro, unió a todas las fuerzas políticas significativas en torno a una Constitución que todos sintieron como propia.

En ambos procesos le corresponde un importante papel a Alfonso Guerra: artífice, junto a Felipe González, de un PSOE posible capaz de afrontar unos cambios en los que todos los partidos renunciaron a algo; y muñidor, junto a Fernando Abril Martorell, de los grandes acuerdos constitucionales.

Ese importante papel, y el hecho de ser uno de los diputados que ha estado presente en todas las legislaturas desde 1977, otorgan al en otro tiempo todopoderoso vicepresidente sin cartera una relevancia histórica que ha hecho olvidar otros detalles de su trayectoria política: su incontenible propensión al insulto, su participación en los Gobiernos donde se fraguó la etapa más corrupta de la vida pública española, o su cómoda negativa a asumir jamás una responsabilidad ejecutiva de la que tuviese que dar cuenta a los españoles.

Esa mezcla de locuacidad verbal e inhibición real se ha mantenido durante estos dos primeros años de mandato de José Luis Rodríguez Zapatero en torno al Estatut. Mientras el mismo Guerra, y todos los órganos del guerrismo (con la revista Temas de la Fundación Sistema, que él preside, a la cabeza), tocaban a rebato contra una reforma anticonstitucional y contraria al principio igualitario socialista, el director de la orquesta no encontró impedimento para votar "sí", llegado el día crucial.

Lo sorprendente es que después del 30 de marzo en que el Pleno de la Cámara Baja aprobó el texto final, sigue dando rienda suelta a lo que parece una extraña necesidad de justificarse. Primero comparó el auge de los nacionalismos en España con el proceso de disolución de la URSS: es el riesgo de balcanización que denuncia José María Aznar, como antes ya antes lo hizo el ex presidente socialista del Gobierno Felipe González.

Y ayer, en Bilbao, durante hora y media, tronó contra ciertos miembros de su partido que "a veces hablan como nacionalistas; y el socialismo no es nacionalista". Proclamó que "cada Comunidad Autónoma tiene todo el derecho a reivindicar su propia identidad siempre y cuando no destruya la identidad del colectivo de los españoles" (¿habrá que recordarle que su partido ha aceptado que la bandera y el himno catalanes tengan en el Principado la consideración de nacionales?). Y presumió, para reivindicar su papel: "Al Plan Ibarretxe lo cepillamos antes de entrar en la Comisión, y al otro, como carpinteros, dentro".

El caso es que las intervenciones de Alfonso Guerra sobre el nacionalismo y los problemas que genera, que antes del 30 de marzo se leían como esperanza por muchos españoles, socialistas o no, tras el 30 de marzo se leen como curiosidad. El Estatut ha pasado, sin inmutarse en lo sustancial, la criba de tres legendarios líderes socialistas, algo lenguaraces, por cierto: el propio Guerra, José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Zapatero, lamentablemente para la idea de España y para la Constitución, juega con fuego, pero al menos arriesga. Otros, Guerra incluido, en la placidez de no correr riesgo alguno perdieron en parte credibilidad para criticar el nacionalismo cuando miraron hacia otro lado y dieron su sí a la reforma del Estatuto catalán en el Congreso de los Diputados.

DESDE LA IZQUIERDA
El fraude histórico del PSC (1)
Por Antonio Robles Libertad Digital 9 Abril 2006

Quiero rescatar esta denuncia al PSC, realizada nada más formar Gobierno Maragall con Iniciativa y ERC, porque aún hoy en España hay socialistas que no se han caído del guindo.

Autonómicas catalanas, noviembre de 2003.
Han sido necesarios 23 años y un nuevo revés para que los votantes socialistas comiencen a sospechar que las derrotas continuadas y sistemáticas, mantenidas a pesar de la evidencia de sus errores, no eran equivocaciones inocentes sino la evidencia de una estrategia llevada durante años por los barones nacionalistas del PSC para eliminar al PSOE de Cataluña. Por decirlo sin matices: los reventós, obiols, molas, maragalls, nadales, etcétera, serían el Caballo de Troya que ha utilizado la burguesía nacionalista para disolver la fuerza socialista de raíz española representada en Cataluña por la emigración, con escasa o nula simpatía al nacionalismo.

 
Por eso no comprendimos, pero acatamos, en 1980 la renuncia de Joan Reventós a encarar el incipiente nacionalismo de Pujol. ¡Qué ingenuos! Por entonces creímos que lo hacía obligado por la aritmética electoral y la generosidad socialista para cooperar en una transición tranquila. Más tarde se negaron a matizar el rencor encubierto hacia todo símbolo cultural español que, sutilmente primero, groseramente después, se fue imponiendo desde la escuela y los medios de comunicación públicos y afines.
 
Y, puestos ya a transigir, renunciaron a denunciar la política de segregación lingüística cuando a los hijos de sus votantes les inmersionaban en catalán desde preescolar, no para aprender dos idiomas sino para arrancarles de cuajo el sentimiento del que traían de casa. Y cuando alguien protestó contra este monolingüismo no dudaron en apoyar la criminalización que el nacionalismo ponía en marcha contra los disidentes.
 
No pudimos sospechar entonces qué extraña misión patriótica se impusieron para evitar el "lerrouxismo", ese espantapájaros utilizado para dejar sin voz a todos los que no estuvieran por la construcción nacional, ni qué extraña visión les condujo a empaquetar en un mismo infierno a los defensores del bilingüismo con los "fachas", otro espantapájaros para callar al disidente. ¿Dónde están aquellas "hordas fachas" de las que nos defendían cada vez que exigíamos derechos lingüísticos? A espaldas de sus militantes andaluces, desnutrían el catalanismo propio para engordar el nacionalismo de sus adversarios políticos.
 
El "oasis catalán" se incubó en estos años. Líderes sindicales, asociaciones de vecinos y de padres, claustros y rectorados universitarios, colegios de licenciados, innumerables revistas subvencionadas por las instituciones nacionalistas, prensa escrita y medios audiovisuales de comunicación; todos y cada uno de los espacios sociales y políticos se ponían al servicio de la nueva verdad de época: el nacionalismo. Silencio, cooperación, manipulación, acoso moral al disidente.
 
Pronto, muy pronto, el olfato alertó que podías quedar fuera del concurso social, laboral, político si contradecías esa verdad de época. Y los que tenían la obligación de denunciarlo y podían haberlo hecho se dedicaron a apuntalarla. Relegaron su ideología de izquierdas en favor de la nación y renunciaron a la lucha por la igualdad.
 
El esfuerzo debido a la justicia social se perdía en discursos etnicistas, como la reforma del Estatuto, la exigencia del federalismo asimétrico (dícese de la reivindicación de la desigualdad en nombre de la patria) o la resurrección de la Corona de Aragón para simular el complejo nacionalista. Nada contra esos cachorros convergentes de ERC cuando, blandiendo el discurso más reaccionario y contrario a la ideología socialista, pretendían acabar con la única revolución social posible en el siglo XXI: la nivelación de la economía a través de los impuestos. Argumento: "España nos roba cada año dos billones de pesetas".
 
¿No había ningún líder socialista para aclararles que Cataluña no paga impuestos, sino que lo hacen los ciudadanos? ¿Ninguno que les recordara que quien gana 45.000 euros en Cataluña paga el mismo 45% que quien los gana en Extremadura? ¿Ninguno que les reprochara que tal argumento, llevado a sus últimas consecuencias, significaría que los de Barcelona podrían exigir gestionar sus impuestos frente a las comarcas menos prósperas de Cataluña, y los ricos de Pedralbes frente a los barrios más pobres de Barcelona? Seguro que la Bonanova tendría los mejores servicios sociales y las pensiones más altas de Europa, pero Nou Barris carecería de lo más elemental. Al final, el más rico del lugar exigiría gestionar sus propios impuestos, ya que su dinero no retornaba a él en su totalidad.
 
En lugar de desenmascarar estos discursos de la derecha más rancia, se han confundido con ellos para inventar agravios, crear insatisfacción y provocar frustración: "El Estado nos roba", "El catalán desaparecerá en 50 años", "Mientras Cataluña trabaja, Andalucía vive del paro", "Salamanca se niega a devolver nuestros archivos", "Las autopistas catalanas son las únicas del Estado que pagan peaje"; y, para colmo, "Nos quieren robar el agua del Ebro". "Ni una gota fuera de Cataluña". Crear frustración para presentar al nacionalismo como la única forma de evitarla.
 
Durante 25 años, la federación socialista del PSOE, engañada o vendida a los dirigentes con pedrigí nacionalista, acompañada de nacionalcomunistas de salón y sindicalistas burocratizados, les han ayudado a generar esa frustración, y ahora no comprenden por qué los jóvenes han votado al nacionalismo independentista de ERC. ¡Por Dios! ¿Tan difícil es ver que durante 25 años han estado legalizando y ensanchando el espacio nacionalista hasta convertirlo en el único campo de juego, fuera del cual no es posible jugar? ¿No se dan cuenta de que han estado engordando a sus sepultureros? ¿Qué esperaban?
 
Era comprensible que lo hiciera el pujolismo: vivía de ese victimismo nacionalista; como comprensible es el empecinamiento de ERC por alcanzar la independencia: es su negocio. Pero que renunciara a su ideología el Partido Socialista Obrero Español sólo podía ser de ingenuos, de acomplejados o de entristas al servicio del nacionalismo. Ahora podemos saber con certeza que ha sido fundamentalmente por esto último.
 
Retrocedamos al origen del PSC, a finales de los años 70. Allí encontraremos el origen oculto y ocultado de una estrategia nacionalista cuyo interés fue poner los fines nacionalistas por encima de la ideología socialista [*].
 
Cuenta Oriol Bohigas, en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel, que en 1977 el que llegaría a ser líder del PSC, Joan Reventós, presidente en esos momentos de Convergencia Socialista de Cataluña, le advirtió (así como a Josep Maria Castellet) del "peligro de un triunfo en solitario del PSOE". Por entonces, la Federación Catalana del PSOE, dirigida por Josep M. Triginer, tenía gran implantación social, pero no era nacionalista, mientras el Reagrupament, dirigido por Josep Pallach, era nacionalista pero sin implantación social. Ante ese panorama, Joan Reventós advierte a sus dos amigos de que la única salida era aliarse con el PSOE.
 
"Esta situación tenía una doble ventaja: se aseguraban los votos populares propios del partido de González y se garantizaba el catalanismo gracias a Convergencia. Lo que no dijo Reventós, o no recoge Bohigas en sus memorias, es que los catalanistas irían a la cúpula mientras el PSOE ponía el cuerpo militante y electoral. Así se tendría una izquierda 'propia', una lengua 'propia', una cultura 'propia'" (C. A. de los Ríos, La izquierda y la nación, Planeta, 1999).
 
Muchos años después, con motivo de la presentación de sus memorias de embajador, el líder socialista Joan Reventós se responsabilizaba de la hegemonía del nacionalismo:
 
"Yo rechacé el pacto con Pujol porque los socialistas nos hubiéramos partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol a que en Cataluña se instaurara con fuerza una opción lerroxista".
 
Continuará…
 
[*] Esta política de disolver el socialismo en el nacionalismo no la han inventado ni ERC ni el PSC, sino la Alemania nazi de Adolf  Hitler. Define así al nacionalsocialismo la Gran Enciclopedia Larousse:
 
"Doctrina de Hitler y del Partido Nacionalsocialista. El nombre de 'nacionalsocialismo' señala el intento realizado por ciertos nacionalistas para separar a las masas del socialismo, al que se reprochaba ser internacionalista y, por lo tanto, destructor de la comunidad nacional. Esta teoría fue expuesta por primera vez en el programa de veinticinco puntos redactado por Feder para el Partido Obrero Alemán (1920), y después en Mi lucha, obra de Hitler (1925-1927)".
 
Huelga decir que ni en las intenciones ni en la realidad tiene nada que ver el PSC, o ERC, con ese partido nacionalsocialista de infausta memoria, pero no deja de ser inquietante que ambos tomen de aquél el camino de nacionalizar, en lugar de socializar y universalizar.

El fraude histórico del PSC (y 2)
Por Antonio Robles Libertad Digital 9 Abril 2006

"Yo rechacé el pacto con Pujol porque los socialistas nos hubiéramos partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol a que en Cataluña se instaurara con fuerza una opción lerrouxista". Con esta confesión del líder socialista Joan Reventós, en recuerdo del rechazo a coaligarse con Pujol en 1980, que pudo haber impedido la hegemonía del nacionalismo, acababa la primera parte de 'El fraude histórico del PSC'.

Con datos como éste y los expuestos en la primera parte se puede entender por qué ese empeño de los socialistas catalanes por aparecer junto a las siglas del PSOE en sus primeras citas electorales, cuando no eran nada sin los socialistas españoles (PSOE-PSC), para hacerlas desaparecer después. En la última cita electoral sólo consta el PSC, y en sus sedes la "C" de Cataluña es de trazo más grueso que la "PS". Las siglas "PSOE" han sido eliminadas.

 
Ahora, como ayer, los militantes socialistas, creyendo que defienden al PSOE, lo disuelven y, sin percatarse, niegan sus propios intereses de clase, lengua y cultura, para suicidarse en la cruzada en que el nacionalismo les viene diezmando desde aquellos maquiavélicos inicios del PSC. Y, lo peor, todavía es creencia general que PSC y PSOE son siglas distintas de un mismo partido.
 
Nunca lo fue. En 1978 el PSC se inscribió como partido distinto del PSOE, pero se cuidó mucho de alardear de ello. Sabía que, a la sombra del PSOE, tenía asegurada la población inmigrante obrera y castellanohablante. Pues eso, a dejar creer lo que no interesaba aclarar.
 
Todo podría haber sido distinto si el ganador de las elecciones primarias de 1999 en el PSOE, Josep Borrell, hubiera cuajado como secretario general. Pero una denuncia de corrupción sobre dos de sus colaboradores hecha pública desde las páginas de El País (órgano oficioso socialista) acabó con su brillante carrera política. ¿Saben de dónde salió la denuncia? Del propio círculo dirigente del PSC. Había que acabar con el líder socialista catalán que no se avergonzaba de ser español, de ser de izquierdas y de considerar al nacionalismo como un instrumento de la burguesía.
 
Idolatrado por los votantes socialistas castellanohablantes del cinturón industrial de Barcelona (representan el 80% del voto socialista en Cataluña), utilizaba el catalán y el castellano para luchar por la libertad, la igualdad y la justicia, no para hacer patriotismo, aunque sea "cívico". Todo podría haber sido distinto, pero el celo nacionalista del PSC lo impidió. El hombre más legitimado por los mecanismos democráticos –ganó las primarias para llegar a secretario general– fue traicionado por la federación de su propio partido en Cataluña. Esa es la clase de "unidad" socialista que tanto reconocen al "honrado" Joan Reventós.
 
El tocomocho iniciado por los reventós en aquellos inicios del PSC a finales de los años 70 está a punto de cerrarse. Pero esta vez Maquiavelo es Pascual Maragall, parapetado tras el radicalismo de Carod Rovira, y el propio Carod Rovira, camuflado bajo la estética conceptual de la necesidad de un Gobierno nacional de izquierdas. La mentalidad totalitaria, posiblemente inconsciente, del líder republicano desechó pactar con Convergencia porque no quería una Cataluña plural donde convivieran tendencias nacionalistas y no nacionalistas. "No quiero una Cataluña dividida entre nacionalistas y no nacionalistas", le dijo a Pujol, cuya traducción real era: No quiero una Cataluña que no sea exclusivamente nacionalista.
 
Si pactaba con CiU, esta aspiración se ponía en peligro porque todas las fuerzas nacionalistas declaradas estarían en el Gobierno, dejando todo el campo de la oposición a fuerzas de izquierdas que, en su afán de erosionar su acción de gobierno, acabarían por utilizar discursos de izquierda incompatibles con el nacionalismo, cuyo máximo peligro sería la posibilidad de que calase y cuajase en sectores del acomplejado PSOE.
 
Dar esta baza al sector PSOE del PSC, ahora que estaba noqueado, era una imprudencia temeraria para la construcción nacional (Maragall consintió). Esto es lo que le hizo saber a Pujol, y por esto, y no por ser de izquierdas, es por lo que pactó finalmente con PSC e IC. Con este pacto contranatura (ERC es un partido reaccionario y xenófobo de ultraderechas con estética de izquierdas), Carod Rovira ponía un bozal al PSC para asegurarse el silencio de la sociedad civil no nacionalista en cuestiones como la lengua, la autodeterminación o la financiación autonómica, y le capaba para posteriores citas electorales. Pero, sobre todo, se enterraba definitivamente al PSOE español (Maragall lo pudo impedir y no lo hizo).
 
Ahora sólo restaba formatear sus ideas socialistas y cosmopolitas con programas conceptuales de contrabando político como "el federalismo asimétrico", "la Corona de Aragón como región económica natural", "la oficina de recaudación" o "el patriotismo cívico", última perla de la impostura que exhibe el PSC.
 
El oasis catalán ha llegado a su perfección: el tripartito será nacionalista o no será; o sea, no será de izquierdas. Y la oposición convergente radicalizará su nacionalismo por aquello del "y yo más". La verdad de época será insoportable. Con este pacto, la última esperanza de desenmascarar el fraude nacionalista seguramente se habrá esfumado, porque estarán tan preocupados por mantener las poltronas que los independentistas les garantizarán, a condición de mantenerse ciegos, mudos y sordos ante las agresiones lingüísticas, culturales y económicas que estarían perpetrando contra los intereses generales de España, que nada ni nadie discrepantes sobrevivirán a su poder.
 
Ahora ya podrán exclamar: "Cautivo y desarmado el Partido Socialista Obrero Español, el Tripartito Nacional ha alcanzado sus último objetivos. El tocomocho ha terminado".
 
El problema, la tragedia de la federación socialista del PSOE en Cataluña es que permanece atrapada como un insecto en la telaraña del PSC. Sus cuadros medios están vendidos a la patronal nacionalista de la dirección, y si, por un acto de lucidez, sus militantes de base se levantaran para rescatar el partido, tendrían dificultades extremas para recuperar el voto perdido charnego sin que su fracción catalanista de ayer, ahora nacionalista, le dé la espalda. Han ayudado tanto a demonizar la cultura española y sus símbolos, y justificado tanto la cruzada nacionalista, que pueden haber perdido a buena parte de los hijos de la emigración socialista española y avergonzado al socialismo catalanista no beligerante con la realidad de España ante el nacionalismo de pata negra.
 
Blanquear los valores ensuciados durante los últimos 25 años de cooperación, solidaridad y justicia en torno a la Constitución española y desenmascarar la rencorosa e interesada historiografía nacionalista necesita de una determinación tan radical contra las trampas del nacionalismo que, de llevarse a cabo, podría ser criminalizada con los mismos argumentos nacionalistas que ellos mismos han colaborado a enseñar y a utilizar en las dos últimas décadas. Pero no es imposible.
 
Ahora nos toca a los desheredados de la tierra, a los mudos y estafados, encontrar la salida del laberinto.

Acebes cree que nombrar a Rubalcaba ministro de Interior es «poner la zorra a cuidar de las gallinas»
R. N. La Razón  9 Abril 2006

Madrid- El secretario general del Partido Popular (PP), Ángel Acebes, criticó ayer el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como ministro de Interior por considerar que llega a un Gobierno «más radical en todos los sentidos» y que supone poner «la zorra a cuidar de las gallinas», dado que es el ejemplo de la política del «como sea».

El ex ministro del Interior aseguró que Pérez Rubalcaba «sobrepasó todos los límites el día de la de jornada de reflexión en las últimas elecciones generales para que el PP perdiese las elecciones» y apuntó que con su nombramiento el Gobierno quedará «marcado por su talante».

A juicio de Acebes, la llegada de Pérez Rubalcaba a un departamento como Interior es «poner la zorra a cuidar de las gallinas» porque, según recordó, a partir de ahora será el responsable del cumplimiento de la ley en el Estado de Derecho y de las garantías de los ciudadanos durante todos los días del año, «pero en especial en días tan importantes como las jornadas electorales y, en especial, las de reflexión».

«¿Qué nos va a pasar a los del PP la próxima jornada de reflexión con un ministro como Alfredo Pérez Rubalcaba después de lo que nos hizo el pasado 13 de marzo?» se preguntó Acebes durante su comparecencia el Congreso de Nuevas Generaciones del PP de Ávila.

Según Acebes, la elección obedece a que «representa como ningún otro la política del ‘como sea’, a la política del presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, de que hay que conseguir los objetivos como sea» por lo que el dirigente del PP cree que «ha sido la peor elección posible» y que «cualquiera hubiera sido mejor». «Cuando no hay límites, cuando hay que conseguir el objetivo sea como sea, por encima de cualquier principio, convicción y valor, ese es Rubalcaba», advirtió.

El secretario general del PP recordó que el nuevo titular de Interior fue portavoz del PSOE con Felipe González como presidente. «Entonces tuvo que defender la peor etapa del socialismo de la democracia española, con el paro, el despilfarro y la corrupción, y cuando nos levantábamos cada mañana con un escándalo, y cuando los responsables de la Guardia Civil y del Boletín Oficial del Estado estaban entrando en la cárcel», declaró.

Así, para Acebes, los cambios hacen que el Gobierno sea «más radical, más pronacionalista y más contra el PP». «Ahora el Gobierno ha perdido la moderación y se sitúa más a la izquierda, y supone otro paso más en busca de la exclusión del PP porque se ha creado en su seno un núcleo más duro, continuó.

Por otro lado, se mostró convencido de que el ex ministro de Defensa, José Bono, sale del Ejecutivo «porque no aguantaba más la política territorial del Gobierno, que iba por unos derroteros que no gustaba a un grupo dentro del PSOE que creen en España como nación».

El número dos del PP también tuvo palabras para la ex ministra de Educación y Cultura, María Jesús San Segundo, y afirmó: «¡Qué perverso es Zapatero!» en referencia a que la destituyó poco después de aprobarse la Ley de Educación.
«Vaya papelón ha hecho la ministra de Ecuación», detalló Acebes, al explicar que tras aprobarse la Ley vio como repartió besos y abrazos entre todos sus compañeros de Ministerio y de grupo parlamentario, para «después de aprobarse una de las leyes más importantes cargarse a la ministra, que no le ha durado doce horas».


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