AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 19 Abril  2006
Desbarajuste de naciones
Editorial ABC 19 Abril 2006

Zapatero y los recolectores de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 19 Abril 2006

La pesadilla española
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Abril 2006

Mano de piedra
IGNACIO CAMACHO ABC 19 Abril 2006

Con el partido, contra la patria
CÉSAR ALONSO DE LOS RIOS ABC 19 Abril 2006

El Irresponsable
José Javier Esparza elsemanaldigital 19 Abril 2006

Nación para todos
ANTONIO BURGOS ABC 19 Abril 2006

El acoso a los dirigentes del PP y la ruptura de España
Alberto Recarte Libertad Digital 19 Abril 2006

Atados de pies y manos
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Abril 2006

Ética práctica o inmoralidad política
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Abril 2006

¿Constitución de todos y para todos?
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Abril 2006

¿Qué quiere decir el presidente del Gobierno?
José Javaloyes Estrella Digital 19 Abril 2006

EL TRIUNFO DEL SOCIALISMO FUNDAMENTALISTA
Editorial minutodigital 19 Abril 2006

La piqueta constitucional
José García Domínguez Libertad Digital 19 Abril 2006

El cura trampa
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Abril 2006

Lo que nos faltaba por ver: Chaves se sube al carro nacionalista y declara a Andalucía ‘realidad nacional’
Federico Quevedo El Confidencial 19 Abril 2006

De la foto de las Azores a la de ZP con Carod-Rovira
José Mª Diaz Godoy (Badajoz) El Confidencial 19 Abril 2006

LA NOSTALGIA ES UN ERROR
Ramón Tamames Periodista Digital 19 Abril 2006

El presidente de Navarra abre una campaña social para blindar la Comunidad ante el proceso de paz
C. Morodo La Razón 19 Abril 2006

La Guardia Civil detiene a un miembro de Jarrai cuando recaudaba dinero para ETA
C. M. / R. L.V. / J. M. Z. La Razón

Federico Jiménez Losantos publica España y Libertad, una antología de sus artículos para Libertad Digital
Libertad Digital 19 Abril 2006

COCA-COLA SE DESVINCULA DEL FESTIVAL VIÑAROCK
Minuto Digital 19 Abril 2006

La lámpara
David Gistau, El Mundo 19 Abril 2006

Desbarajuste de naciones
Editorial ABC 19 Abril 2006

LA oferta urgente que ayer cursó el Gobierno andaluz al PP para mantener «al más alto nivel» un encuentro que facilite acuerdos sobre el nuevo Estatuto de Andalucía no va a mitigar los efectos de la exportación a esta comunidad de la polémica suscitada a cuenta de la propuesta estatutaria para Cataluña. El ofrecimiento de consenso al PP llega después de que la ponencia de la Cámara andaluza haya aprobado su dictamen inicial sobre la reforma estatutaria y después de que el PSOE rompiera el pacto con los populares por el que se mantenía la definición de Andalucía como «nacionalidad histórica» y se afirmaba la unidad indisoluble de España. El resultado de estas maniobras es que se confirma la peor sospecha acerca de las consecuencias que iba a traer consigo el compromiso que Rodríguez Zapatero asumió en 2003 de apoyar el estatuto que saliera del Parlamento de Cataluña: se ha iniciado una carrera alocada por no quedar atrás en el escalafón de naciones abierto en España. Ahora, según el PSOE, Andalucía también es «realidad nacional», y así se hace constar en el Preámbulo del texto aprobado por la ponencia parlamentaria.

El caso andaluz, sin embargo, tiene perfil propio porque desmiente la mayoría de los argumentos justificativos empleados por el PSOE para converger con los nacionalistas catalanes (en el futuro serán vascos y gallegos). En Andalucía no hay una fuerza nacionalista relevante; el PSOE gobierna con mayoría absoluta; no hay conflictos de lengua ni de identidad, tampoco derechos históricos o pasado foral. La iniciativa, por tanto, es cosecha propia del socialismo andaluz, que no puede refugiarse en la falacia recurrente de que las reivindicaciones nacionalistas son una reacción a la intransigencia de los gobiernos de Aznar. La cuestión es, precisamente, a qué responde esta decisión del PSOE de extender a Andalucía la inestabilidad constitucional que se augura para Cataluña.

La respuesta sólo puede estar en la voluntad del PSOE, en su conjunto, de acelerar el cambio constitucional en España por la vía de las reformas estatutarias, eludiendo el concurso del PP, que sería imprescindible para una reforma explícita y democrática de la Constitución de 1978. La generación súbita de naciones -a estos efectos es irrelevante que el adjetivo «nacional» vaya precedido por uno u otro sustantivo- es incompatible con el Estado constitucional, unitario y descentralizado previsto por la Constitución y organizado conforme al principio autonómico. Pero el empecinamiento socialista de extender a Andalucía el método confederal ideado para Cataluña sólo puede responder a ese propósito neoconstituyente, ilegítimo, porque carece de mandato electoral, y temerario, porque se está haciendo con acuerdos muy inferiores a los que habían recabado la Constitución de 1978 y el desarrollo del bloque estatutario. Y este es un dato realmente preocupante para el futuro político de España: la insensibilidad del PSOE con los riesgos para la convivencia nacional que provoca la exclusión del PP en las cuestiones de Estado, pese a que, y siendo tan proclives los socialistas a cantar las excelencias de los consensos, sus pactos con los nacionalistas son manifiestamente inferiores, en representación democrática y sinceridad política, a los que, hasta ahora, habían cuajado izquierda y derecha sobre el modelo de Estado o la política antiterrorista.

En Andalucía, los socialistas no tienen la coartada del apaciguamiento nacionalista ni del conflicto histórico. Su estrategia con la reforma estatutaria es meramente ideológica y, en el sentido estricto del término, sectaria, porque se hace a conciencia de que el PP no pueda apoyarla y buscando, precisamente, que no la apoye. Es el mismo patrón que han cortado otros socialismos, porque la idea de que en España hay varias naciones no es únicamente nacionalista. Los socialistas catalanes la defendieron en sus documentos previos a la reforma estatutaria. Los vascos, con Patxi López, hablaron del «proyecto nacional vasco» como objetivo de la actualización del Estatuto de Guernica. Y en su discurso de investidura, el presidente de la Xunta, Pérez Touriño, se refirió a la condición nacional de Galicia.

En este contexto, no es justo seguir imputando a los nacionalismos la culpa única de la deslealtad constitucional, porque la responsabilidad del PSOE por el desquiciamiento del modelo de Estado es, también, inapelable.

Zapatero y los recolectores de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 19 Abril 2006

A alguien podría sorprender el protagonismo que Zapatero ha brindado al PNV en su entrevista en Moncloa con su portavoz en el congreso, Josu Erkoreka. Sin embargo, para quien, como Zapatero, está dispuesto, no sólo a despejar el horizonte penal y legal de ETA-Batasuna, sino también a pagar el precio político de un nuevo marco político-jurídico en el País Vasco, la aproximación y la sintonía con todas y cada una de las formaciones separatistas de Estella es ineludible. No se puede estar dispuesto a intentar contentar a ETA si no es através de sus "recolectores de nueces". Más aun si el recolector del que estamos hablando, el PNV, es la principal formación separatista vasca, con un número determinante de diputados en el parlamento de Ajuría Enea.

Ya resultan bastante molestas para ZP las "verificaciones" que exige Otegi o el hecho de que ETA no oculte en su comunicado que lo que espera del "alto el fuego" pactado es alcanzar la victoria, como para que ahora, a dos años de las elecciones generales, vengan a romper el espejismo y a debilitar el poder anestésico de la "paz" unas cartas de extorsión económica "fuera de plazo". Para el maquillaje de ese chantaje a largo plazo que constituye el comunicado de ETA, es necesario que la organización terrorista contribuya "en todos los aspectos" a este viaje del gobierno del 14-M con los separatistas de Estella, y que la oposición del PP tenga "altura de miras" en caso de que ETA se retrase en el cumplimiento de lo pactado. La misma "altura de miras" que, en el futuro, le exigirán si ETA no considera bastante lo que este gobierno le va a pagar intentado contentar a los que no se van a contentar.

La pesadilla española
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Abril 2006

Bajo el título de “La pesadilla debería acabar”, el diario El País (18-IV-06) reproduce un lúcido artículo del filósofo italiano Paolo Flores D’Arcais en el que analiza la crisis política y democrática de su país, centrando su disertación en la persona de Berlusconi, al que califica como la pesadilla de Italia, por el inmenso poder mediático y económico que atesora y le permite no admitir la derrota electoral que sufrió hace pocos días. Sin embargo, lo llamativo de su exposición y lo que seguramente no imaginaba el filósofo italiano al hacer su certero diagnóstico de Italia es que, de manera simultánea, dibujó con asombrosa perfección el alma enferma de la nación española, la pesadilla española, que nada tiene que envidiar a Italia en sus dolencias, sino más bien al contrario, por causa de los serios problemas de unidad nacional, terrorismo —dicen que en vías de solución— y reforma constitucional encubierta que sufre España.

Escribe Flores D’Arcais: “En una democracia liberal prima la división de poderes. La autonomía recíproca y el recíproco equilibrio de poderes entre las diversas esferas. La democracia liberal es un sistema de autonomías que impide a los poderes hacer bloque, hacer establishment, y que supone un riesgo y sería la antesala del autoritarismo. Y no se trata sólo de los tres poderes de Montesquieu, obviamente. En una democracia liberal moderna son y deben ser autónomos (con control recíproco incluso hasta el conflicto) el poder político, el económico, el sindical, el mediático, el cultural (y además, como es obvio, el judicial; en cuanto al poder de la Iglesia, no debe existir ninguno). Y dentro de cada poder, no se admite el monopolio, sino que es taxativo el respeto al pluralismo”.

Y añade: “Son cosas obvias. Pero son cosas que en Italia, desde hace años, han sido abolidas. Y hasta que no sean restauradas no se podrá hablar de democracia”.

Estamos de acuerdo porque en España ocurre otro tanto, aunque en nuestro país tenemos una situación distinta a la italiana en las apariencias pero no en el fondo. Aquí no existe un Berlusconi que aúna en sus manos todos los poderes, pero existe una alianza de hierro entre el PSOE, sus editores mediáticos y su círculo empresarial, que copan los poderes del Estado y los fácticos de su entorno de una manera implacable. Y desde la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con mayor motivo porque, en sólo dos años, se ha reforzado de una manera escandalosa el control del Ejecutivo sobre la totalidad de los canales de televisión de difusión nacional, tanto estatales como los privados (TVE 1, TVE 2, Antena 3, La Cuatro, Telecinco, La Sexta, Canal Plus y Canal Satélite Digital).

Incluso la televisión de Berlusconi en España —Telecinco, bajo control de Mediaset— está a las órdenes del Gobierno, y emite programas informativos próximos al PSOE y marcados más por los sucesos y escándalos que por la información general, un modelo exportado de Italia que los dueños de Antena 3 TV —Planeta y Agostini— reproducen con el argumento de la audiencia, pero para no crear problemas al Gobierno, de la mano de su primer gestor, Mauricio Carlotti, el máximo ejecutivo de la cadena formado en la escuela de Berlusconi. Los ocho canales nacionales de televisión que existen en España están hoy ¡al servicio o bajo el control del Gobierno!, siendo el Grupo Prisa el buque insignia de la flota audiovisual. Ellos solos controlan varias cadenas: Canal Satélite, La Cuatro, Canal Plus y Localia.

Que en España no hay separación de poderes del Estado, eso es una realidad desde el inicio de la transición. En España, el partido o coalición que gana las elecciones se queda, como en Italia, con los poderes de Montesquieu
—ejecutivo, legislativo y judicial—, con la prensa y el poder cultural y con una determinante influencia sobre las grandes empresas y bancos que están sometidos al poder regulador del Gobierno. Es decir, a igual que en Italia, aquí la democracia liberal no existe como tal.

En Italia, el inmenso poder mediático de Berlusconi se dedica ahora, desde la oposición, a tratar de impedir que se consolide la victoria y la alternancia a favor de la coalición de Romano Prodi. Mientras que en España la acumulación de poderes del Estado y de los fácticos añadidos se dedica a ocultar las carencias y los abusos del Gobierno en asuntos tan graves como la reforma encubierta de la Constitución para producir, por vía de leyes orgánicas, el modelo del Estado hacia formas confederales de incierta definición, entre otras muchas cosas. Sin embargo. en Italia, Prodi, desde el Gobierno, tiene ahora mismo la oportunidad de acabar —“debería”, dice temeroso Flores D’Arcais— con la pesadilla de Berlusconi, mientras en España la pesadilla del nuevo y gigantesco poder mediático, económico y cultural del consorcio emergente sólo acaba de comenzar.

El filósofo italiano, preso del pesimismo, concluye su análisis con versos de Dante Alighieri sobre su país: “Italia, sirviente de un hotel del dolor/ nave sin piloto en una gran tempestad/ no es dama de provincia sino de burdel”. Algo así, aunque no mejor, se podría decir hoy de España. Aunque el mismo poeta del Renacimiento también nos aludió porque Dante describió en otro verso “la pobreza avara de Cataluña” —l’avara povertá de Catalogna—, una cruel definición de la política catalana que mantiene su vigencia en el momento actual. Porque el Estatuto catalán es el primer mal sueño de la pesadilla española. La pesadilla que oculta con malas artes y sin decir verdad el gran consorcio mediático y cultural de Zapatero, guardián de las esencias del nuevo régimen autocrático español, tan lejano y tan ausente de la aquí mencionada democracia liberal.

Mano de piedra
Por IGNACIO CAMACHO ABC 19 Abril 2006

ACASO el fenómeno más relevante de estos dos años de Gobierno socialista no resulte tanto la peligrosa agenda reformista que ha hecho saltar el consenso básico de la Transición, como la consolidación de Rodríguez Zapatero en la horma de un político duro y resuelto, un tipo que bajo su sonrisa cosmética esconde aristas esquineras de metal afilado y una audacia aventurerista tan determinada que no se sabe si es fruto de un optimismo autosatisfecho o de una insensata irresponsabilidad.

El Zapatero buenista y utópico del «ansia infinita de paz» se ha perfilado como un gobernante de mano pesada y golpes rocosos, disfrazado con la ingenuidad de la antigua progresía y decidido a acabar con el «statu quo» que venía caracterizando la democracia española, ese bipartidismo moderado, aquiescente y consensual que quizá le parezca una milonga propia de un tiempo caduco que él ha sido llamado a transformar bajo el signo de la ruptura pendiente. El poder le ha otorgado la coraza de autocomplacencia necesaria para adquirir seguridad en sí mismo, y a medida que se siente cómodo en el papel va desplegando un liderazgo complejo que ha puesto firmes a los suyos y amenaza con merendarse a una oposición desconcertada por la magnitud de la ofensiva.

Convencido de que dispone de margen para moverse con un atrevimiento propio del primer Adolfo Suárez, el presidente quiere levantar un mapa político nuevo en el que la alianza de la izquierda con las fuerzas periféricas conforme un horizonte de amplio espectro capaz de eliminar cualquier alternativa del centro-derecha, al que pretende arrinconar en un proyecto nacional que quedará sin sentido cuando se diluya el concepto convencional de nación. Zapatero sabe que el sistema electoral le ofrece espacios para maniobrar entre el nacionalismo burgués y el independentismo antisistema, y ha aprendido a desenvolverse con ambigüedad pragmática en ese territorio fronterizo. Es más un radical a la italiana que un socialdemócrata clásico, que cree que entre un modelo de sociedad ultrapermisiva y un rediseño territorial del Estado puede consolidar una mayoría longeva, aunque sea al precio de dejar fuera al cuarenta por ciento del electorado. Un programa claramente rupturista que amenaza con quebrar el país en dos, pero que él considera viable desde la convicción de que los españoles no van a adentrarse en malavenencias hoscas mientras disfruten del confort de una sociedad próspera con un consumo acelerado.

Lo más llamativo es la certeza casi iluminada de que se halla al frente de un designio histórico con el que cerrar el ciclo abierto tras la derrota republicana. Hasta ahora ha encontrado dificultades en la sensatez colectiva de un pueblo reacio a volar los puentes con el moderantismo y la unidad, pero no es en absoluto descartable que su osadía conquiste metas a corto plazo. Lo malo es que en cada victoria parcial deja la marca de un hachazo irreversible sobre la piel de esta vieja nación cuarteada.

Con el partido, contra la patria
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RIOS ABC 19 Abril 2006

Los socialistas dan la impresión de sentirse cada vez más desbordados por la política liquidacionista de Zapatero, pero no se atreven a enfrentarse a ella. Han justificado la constitucionalidad del Estatuto catalán como quien se traga un sapo sin darse cuenta de que después iban a llegar los Estatutos de Andalucía, País Vasco, Galicia... La comparación con la ex-URSS que ha hecho Guerra vengo haciéndola yo en esta columna desde hace tiempo, sólo que con una diferencia: pienso que aún estamos en la etapa en que el partido ha decidido hacer el papel del Estado y en que la trama leninista aún puede disimular la desaparición progresiva del Estado. Por eso Guerra votó «sí» al Estatuto. La hora de la espectacularidad del desastre llegará con la crisis del Partido, como en la URSS.

Resulta patético comprobar cómo muchos socialistas intentan escapar al fondo del problema en el que estamos. Por ejemplo, pasan la factura del curita irlandés a la iglesia vasca como si aquel y esta no estuvieran involucrados en el siniestro «proceso de paz» que dirige Zapatero. Se diría que muchos socialistas se niegan a ver hechos claves como la legalización de ETA. De Zapatero se pueden decir barbaridades, pero no que esté ocultando su plan. Ha mentido y seguirá mintiendo respecto a muchos extremos, pero no se puede decir que no haya explicado su plan de destrucción de España. Por eso cabe preguntarse cuándo los socialistas que todos conocemos, aquellos con los que hablamos, terminarán por abandonar su inmoral colaboración. De lo contrario, sería bueno que tuvieran agallas para defender la hoja de ruta que siguen conjuntamente Zapatero y ETA.

Algunos de estos socialistas están cumpliendo la sucia tarea de hacer de colchón entre las acciones del Gobierno y los ciudadanos. Ellos tienen que prepararlos. Saben que un día habrá que brindar con Otegi y con Ternera, y que eso resultará muy repugnante a no ser que se entienda como un paso hacia la «paz». Entretanto, los intelectuales progresistas se están escaqueando. Están pasando el invierno en sus covachuelas (sería demasiado calificarlas de torres de marfil). Pero los comentaristas políticos del PSOE no pueden sino dar la cara ante la sociedad. Ahora se les viene encima el Estatuto andaluz. ¿Cómo justificar una Nación andaluza si no es por el plan general antiespañol? Enseguida vendrá el Estatuto vasco. O sea, la independencia, puesto que ya es lo único que podemos ofrecer.

El Irresponsable
José Javier Esparza elsemanaldigital 19 Abril 2006

Tiene mucho interés esa entrevista con Zapatero que ha publicado El Mundo. Tendrá interés, sobre todo, exhumarla dentro de quince años. Porque en esa entrevista, en la vacuidad retórica del presidente, en su prodigiosa frivolidad, están todas las claves de lo que puede pasarnos. ZP es la nada, pero esa nada es una declaración de principios. Fernando de Haro acaba de retratarlo muy bien en su libro Zapatero, en nombre de nada (Encuentro). Es un libro que hay que leer. Y que también habrá que guardar, para la Historia.

La responsabilidad de las gentes de Estado suele medirse por su capacidad para dar respuesta a problemas de largo alcance, aquellos problemas permanentes, diríamos que "estructurales", que conforman la circunstancia de una nación en el largo plazo –en la Historia. La responsabilidad histórica, en política, consiste en saber responder a los mismos desafíos que afrontó tu predecesor y que tu sucesor, seguramente, deberá asimismo afrontar. El objetivo no es resolverlos "como sea", sino gobernarlos de modo tal que el Estado no pierda fuerza ni la nación solidez.

En el caso de España, esos desafíos de Estado han venido siendo los mismos desde hace mucho tiempo: el terrorismo secesionista de ETA; la integración del Estado frente a los nacionalismos periféricos; nuestra posición internacional tras el final de la guerra fría y la reordenación del poder mundial. Todos nuestros Gobiernos, desde antes de 1975, habían aportado las mismas respuestas: frente al terrorismo, represión sin cesión política alguna; respecto a la integración del Estado, búsqueda de mecanismos estables que neutralicen la tendencia a la disgregación; en lo internacional, inserción decidida en el ámbito europeo y atlántico. Hasta hoy.

La irresponsabilidad de Zapatero reside en haberse salido deliberadamente de ese guión. A los tres desafíos constantes de España, a esos tres retos que permiten definir el sentido del Estado en clave española, ZP ha aportado respuestas que van objetivamente contra el interés nacional. En el plano de la política mundial, una apuesta demagógica por regímenes marginales y un enfrentamiento ya crónico con la Comisión Europea y los Estados Unidos. En lo nacional, la claudicación ante las fuerzas centrífugas, que se extienden ahora a todo el país. Frente al terrorismo, una política pacificadora que, por lo que se va viendo, incluirá concesiones políticas. Eso significa, lisa y llanamente, un Estado más débil y una nación más rota.

Dentro de diez o quince años, cuando exhumemos la entrevista en El Mundo, cuando volvamos a leer el libro de Fernando de Haro, ZP estará ante un tribunal inapelable que es el de la Historia. No tendrá que rendir cuentas ante sus electores ni ante el editorialista de El País, sino que se le pedirán responsabilidades por su papel en un proyecto histórico que se llama España. Entonces se verá que ZP entregó a sus sucesores una España peor que la que recibió. Se verá que ha sido un irresponsable.

Nación para todos
Por ANTONIO BURGOS ABC 19 Abril 2006

CON lo lejos que está el 1931 que algunos quieren reeditar, hay que seguir teniendo mucho cuidado con el mes de abril al acostarse y levantarse. «Las mañanitas de abril son buenas para dormir», dice el refrán de almanaque, pero, ojo, con que se te peguen las sábanas más de la cuenta. En 1931 España se acostó monárquica y se levantó republicana. Ahora, dichoso abril, Andalucía se acostó como región autonómica, orgullosa de ser España, y se ha levantado como «realidad nacional». O la han levantado. Con un mal despertar. Esto de que sin que nadie te pregunte nada, sin debate alguno, con una falta de entusiasmo perfectamente descriptible, cuando la gente está en todo lo suyo, pensando únicamente en pasarlo bien, vengan y te estampillen de catalán, ea, nación por cojones, no me negarán que es un mal despertar en estas mañanitas de abril que son tan buenas para dormir que como te descuides, a la Feria de Ídem va a haber que ir con barretina en vez de sombrero de ala ancha.

-No, esto es la máquina de café.

-¿Cómo la máquina de café? ¿Los cafelitos de Mienmano?

-No, los otros: los cafés para todos de Clavero. Clavero se dejó enchufada la máquina del café y ya ve usted, ahora reparten solos y cortados de «nación para todos». Chaves ha cogido la máquina de café de Clavero y nos ha servido uno que es la leche: la realidad nacional.

Con lo cual, otra vez estamos ante el mismo peligro que cuando el 28-F y el Estatuto Andaluz. Otra vez Andalucía, con tal de no ser menos que nadie, eleva peligrosamente el listón. Si no hubiera existido el 28-F, habrían tenido autonomía plena sólo Cataluña y Vascongadas, que era lo previsto. Pero Andalucía rompió la baraja con el justo clamor de un pueblo en pie. Luego, todas las regiones pidieron lo mismo. Murcia fue lo mismo que Cataluña. Y ese es el problema: que Cataluña no está dispuesta bajo ningún concepto a ser como Murcia. Si Andalucía y Murcia hubieran tenido su descentralización administrativa regional y Cataluña su autonomía con parlamento, sí, se habría cometido el famoso «agravio comparativo» que el café para todos evitó, pero España como nación no hubiera corrido el menor peligro, o al menos con esta velocidad.

Ahora puede que estemos en las mismas. Si Andalucía, sin que nadie lo pida, se erige por voluntad de Chaves en algo tan irreal como «realidad nacional», Cataluña no querrá ser lo mismo, y nada digo Vascongadas. Si a este paso, como la otra vez, hasta Murcia será una nación, con el café de «nación para todos», a Cataluña y a Vascongadas, que nunca querrán ser como Murcia, lo de nación les parecerá poco, y no haremos sino acelerar el proceso para que sean lo que quieren muchísimo antes: estados independientes en Europa.

Se han inventado una irreal realidad nacional. Bueno, sí, Andalucía es una realidad nacional... de España. Ya lo dijo Castilla del Pino: Andalucía tiene tal identidad, que le presta a España sus excedentes. La imagen de España ante el mundo es la que le presta Andalucía. Vamos, el toro de Osborne que se encampana en la bandera de España. Si Andalucía es una nación, esa nación es España. O al revés: España es Andalucía.

Y si quieren realidad nacional, pues vamos a hablar de la verdadera realidad nacional, tristísima. Que no es ésta, que te acuestas como autonomía y te despiertan de nación, sino otra, de perder el sueño. La realidad nacional de Andalucía hoy es la misma de España entera: la enajenación colectiva de un pueblo dormido, al que parece que han anestesiado, con la epidural en su capacidad de protesta, resignado, que todo se lo traga, preocupadísimo por el buen vivir y el buen beber, con todo su interés puesto en la realidad nacional... de que la cerveza esté fresquita, que las gambas sean blancas, frescas y como saxofones, y que haya muchos puentes del Primero de Mayo para irnos todos a la playa o a matarnos por las carreteras colapsadas.

Análisis político
El acoso a los dirigentes del PP y la ruptura de España
Alberto Recarte Libertad Digital 19 Abril 2006

I) LOS POLÍTICOS DIALOGANTES DEL PP

Si los votantes, los militantes y los directivos del PP tuvieran un cauce para manifestar su opinión, sin desestabilizar a Mariano Rajoy y sin poner en riesgo la unidad del partido al que votan o pertenecen, personas como Piqué y Ruiz Gallardón habrían desaparecido hace mucho tiempo de los órganos de dirección de ese partido.

En un arrebato de confusión, un Ruiz Gallardón, descentrado por las alabanzas de Prisa, creyó, hace tres años, que su personalidad era tal que podía enfrentarse con éxito a Esperanza Aguirre –que sí representa a los militantes del PP– para conseguir el liderazgo del PP de Madrid. Fue laminado. No le apoyaron ni sus hombres de confianza. Pero Mariano Rajoy lo rescató, como representante no se sabe muy bien de qué ni por consejo de quién.

Piqué, por su parte, sabe que no cuenta con ningún apoyo en el PP, ni en el nacional ni, por supuesto, en el catalán pero, con su mayor experiencia política, nunca se enfrentará en una votación abierta a quien sí represente al PP. Sea quien sea. Sabe que perdería siempre.

Ambos, junto con otros menos significados, aunque no menos importantes, son parte de la materia blanda del PP. Su ideología es el diálogo. Diálogo, con todos, menos con los votantes, los militantes y los directivos de su partido. Tienen aliados importantes. Les acompañan –por contraponerlos a los firmes del PP– el PSOE de Rodríguez Zapatero y los nacionalistas autodenominados moderados, tipo Durán i Lleida. Reciben elogios y ánimo de los medios de comunicación de Prisa, de las televisiones públicas y de los asimilados y, ahora, con más intensidad que antes, de Vocento, a través del periódico ABC. Y, naturalmente también les apoyan un grupo de empresarios, siempre cercanos al poder del momento.

II) EL DERROTISMO COMO ESTRATEGIA

Singularmente llamativa es la toma de posición del nuevo ABC de Vocento, que ha pasado de ser un periódico conservador y monárquico a defender posturas de enorme ambigüedad. Ahora atacan el liderazgo de Mariano Rajoy, tanto directamente como mediante la crítica a la supuesta radicalidad de los principales dirigentes del PP, Acebes, Zaplana y la propia Esperanza Aguirre, así como a todos los que defienden posturas de firmeza antes temas como los atentados del 11M. Sus ataques a la COPE y a Federico Jiménez Losantos son una cortina de humo. Por supuesto que saben que si la COPE y Jiménez Losantos desparecieran todo sería mucho más fácil para sus candidatos a dirigir el PP. Pretenden ese cambio de liderazgo no a través de una confrontación de ideas, sino mediante un golpe palaciego, que situaría en puestos de la máxima responsabilidad a personajes como Piqué y Ruiz Gallardón.

La estrategia de la parte blanda del PP y sus aliados pasa por convencer al PP y a sus posibles votantes de que las próximas elecciones generales están perdidas. Pasa por convencer a oyentes y lectores de todo tipo de medios de comunicación de que no debería plantearse la próxima confrontación electoral por parte del PP sobre la defensa de la Constitución del 1978, o sobre la propuesta de un nuevo texto constitucional que, al tiempo que recupere las competencias imprescindibles para que el gobierno central, pueda proponer políticas nacionales, y asegure la libertad y la igualdad entre todos los españoles. La estrategia pasa por mantener que los atentados políticos del 11 de marzo de 2004 ya están esclarecidos. La estrategia pasa por convencer a los votantes moderados de que el engendro confederal en que se está convirtiendo la nación española es constitucional.

La decisión de intentar romper España, de expulsar de la vida pública al PP y a la mitad de la población española, se tomó por Prisa y el PSOE hace mucho tiempo. Y ha tenido éxito en lo que se refiere a la unidad política de España, pues la Constitución de 1978 es papel mojado; pero ha fallado estrepitosamente en su intento de expulsar a todo lo que representa el PP de la vida pública. Los votantes del PP no han dejado de apoyar el partido al que votaron en las elecciones de 2004. Incluso ha aumentado, según las encuestas de estos dos últimos años, su intención de voto, hasta igualar o superar a la del PSOE. Una mayoría de votantes siguen unidos sólidamente –para desesperación del PSOE– en defensa de la libertad y la igualdad entre todos los españoles. El aumento de la intención de voto al PSOE, tras la rendición del gobierno a ETA-Batasuna, vendido como alto el fuego permanente por parte de una banda terrorista que ya había sido derrotada policial y políticamente por los gobiernos del PP, es un fenómeno puntual, que refleja el deseo de paz de los españoles y que desaparecerá una vez que se asimile que esa tregua es sólo un paso más para la ruptura del orden constitucional, tras la aprobación del Estatuto de Cataluña.

III) LAS NUEVAS SEÑAS DE IDENTIDAD MONÁRQUICA

Esa estrategia de romper el PP ha recibido otro apoyo adicional por parte del ABC de Vocento. En su caso, pasaría por convencer a sus lectores de que, por más que la unidad de España se haya roto, no ha ocurrido nada irreparable y que los que presentan la actual situación política española con la gravedad que tiene, son radicales extremistas que alimentan el enfrentamiento entre españoles. Y quieren transmitir la impresión de que la Corona estaría dispuesta a adaptarse a ese magma en el que confluyen aspectos confederales y otros que supone la independencia de parte de las actuales autonomías españolas. En esa nueva confederación de países hispánicos, los Borbones pasarían a ser los Austrias, aunque sin ninguna responsabilidad ni capacidad de representación. Y España, en lugar de ser una nación pasaría a ser un conjunto de diferentes naciones, a las que uniría, en teoría, una monarquía aceptada, básicamente, y ante todo, por la izquierda y los nacionalistas. A cambio, la Corona debería permanecer en silencio mientras se consuma la ruptura del consenso constitucional y de la propia Constitución de 1978.

Una posición de ese tipo acerca al ABC a los medios de Prisa, que no son, por supuesto, monárquicos. Para Prisa y para el PSOE, el de siempre y el de Rodríguez Zapatero, la monarquía es una institución aceptable sólo en la medida en que legitime el supuesto derecho perpetuo de la izquierda a gobernar en España. Si la monarquía acepta ese papel será respetada. Si no lo hace, será atacada sin piedad. Para la izquierda, la monarquía tiene asignado el papel de recordar a los españoles que la única legitimidad, digan lo que digan las urnas, es la que ellos encarnan.

Un triste final para un periódico que quizá está adaptándose ya a la nueva realidad política española, pues podría estar ocurriendo que sea ahora preponderante el papel de los consejeros vascos con inclinaciones nacionalistas sobre los españolistas. Lo que tiene lógica, económica y empresarial pues, para un medio de comunicación con domicilio social en el País Vasco, si España desaparece como unidad política y ese País Vasco consigue que le otorguen la independencia , lo más práctico sería tener las mejores relaciones posibles con cualquier gobierno vasco, que será, a imagen y semejanza de lo que se deriva del Estatuto de Cataluña, un gobierno intervencionista y capaz de una infinita corrupción; un gobierno con el que habría que pactar para sobrevivir.

IV) EL OBJETIVO DE LOS PRÓXIMOS MESES: QUEBRAR LA UNIDAD DEL PP

En cualquier caso, el objetivo básico de los medios de comunicación cercanos al PSOE es convencer al PP de que las próximas elecciones generales ya las ha perdido y de que Mariano Rajoy tiene que rodearse de gente blanda. De que ese nuevo PP tiene que aceptar ser la oposición parlamentaria de forma indefinida, mientras el gobierno se lo reparten socialistas y nacionalistas. El papel del PP sería el que ya tuvo AP, con Fraga a la cabeza, durante los gobiernos de Felipe González.

Esos objetivos, junto con la afirmación de que el Estatuto de Cataluña y otros similares que se aprobarán próximamente, empezando por uno para el País Vasco y siguiendo, si hay tiempo parlamentario, con Galicia, Canarias y Andalucía, son y serían, en su caso, constitucionales, es el centro de la estrategia del gobierno. Y de que no pasa nada. Que España seguirá funcionando igual, con Constitución o sin ella. Y, desgraciadamente, en el corto plazo eso es así. Aunque sea radicalmente falso en otros plazos algo más extensos.

Esa estrategia pasa por la eliminación de personas como Acebes y Zaplana y, si pudieran, por la de Esperanza Aguirre y otros líderes constitucionalistas del PP. La teoría, repetida machaconamente, a todas horas y en todos lo medios, es que Acebes, por ejemplo, no puede seguir, por haber sido el portador de las malas noticias de los atentados y porque como ministro del Interior no controló a los terroristas. Una tremenda tergiversación, porque durante el ministerio de Acebes ETA fue derrotada y un atentado político como el que se produjo, por lo que vamos conociendo, no era prevenible, tal y como están demostrando los artículos, entre otros, de Luis del Pino en Libertad Digital. Y a Zaplana no se le perdona que haya sido el portavoz del PP en la comisión de investigación del 11M. La campaña está destinada a los militantes y directivos del PP más que a los votantes, que nunca decidirán su voto por la personalidad de un dirigente determinado, sino por principios éticos o por intereses personales. Los organizadores de la campaña saben que el PP se mantiene unido por la fidelidad y firmeza de personas como Acebes, Zaplana y Esperanza Aguirre. Y saben, también, que un equipo directivo blando resultaría en la división del partido y el nacimiento de partidos conservadores regionalistas, que se corromperían con facilidad. Los que critican a los supuestamente duros y aparentemente quemados directivos del PP tienen por objetivo último romper el PP. Son enemigos de un partido conservador y liberal unido con ejemplar solidez. Son los enemigos de la Constitución de 1978.

Pero no sería bueno olvidar, en esta tesitura, una realidad política, constatable una y otra vez: las elecciones rara vez se ganan por la oposición. En la mayoría de las ocasiones no tiene la menor importancia incluso quien sea el líder de la oposición. Y quienes sean sus segundos o terceros es absolutamente irrelevante en el momento de decidir a quién votar; o mejor, a quién negar el voto. Las elecciones las suelen perder los gobiernos, como hemos tenido ocasión de comprobar en España en 2004, aunque haya sido necesario asesinar a 192 personas.

Y la insistencia en criticar a los líderes fuertes del PP no tiene por objetivo mejorar las opciones electorales de ese partido. Ocurre que la insistencia de todos ellos en querer aclarar quién organizó los atentados del 11M, es una amenaza para el gobierno del PSOE. Y querer saber por qué el gobierno de Rodríguez Zapatero se ha rendido a una ETA-Batasuna derrotada, es un riesgo para ese gobierno. Y querer saber por qué se ha promovido desde La Moncloa un Estatuto inconstitucional para Cataluña, es un riesgo para el gobierno del PSOE. Y querer saber por qué se pactó con los nacionalistas catalanes y La Caixa la entrega a bajo precio de Endesa, es un riesgo para el gobierno del PSOE. Todos los que preguntan públicamente el porqué de esas decisiones son un riesgo para el gobierno del PSOE. Y por eso los medios de comunicación propios y afines les intentan descorazonar y desprestigiar. Son, efectivamente, un tremendo riesgo: pueden hacer perder las próximas elecciones generales al PSOE, con un programa que proponga una nueva Constitución, que garantice la libertad y la igualdad entre todos los españoles, pero, sobre todo, porque ponen de manifiesto la traición del gobierno del PSOE a la Constitución de 1978, que se evidencia en el Estatuto de Cataluña y en el proyecto del de Andalucía, y que dará, todavía, otros frutos aún más amargos.

Cartas de ETA
Atados de pies y manos
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Abril 2006

El Gobierno se está complicando la vida con el alto el fuego de ETA. Una complicación, en apariencia, inexplicable y que indica claramente que el Ejecutivo ha pactado demasiadas cuestiones con los terroristas y que se encuentran atado de pies y de manos.

Tenemos ahora encima de la mesa las cartas de extorsión de la banda ETA a empresarios navarros que se conocieron la semana pasada. Una de ellas, como ha revelado la COPE, tiene el matasellos del 7 de abril y no ha sido inspeccionada ni analizada por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Es una carta cuya existencia ha sido confirmada por los afectados y que para el presidente del Gobierno parece no existir.

La reacción del gobierno ha dejado traslucir, cuando menos, cierta irresponsabilidad. Este martes, a primera hora de la mañana, el presidente del Gobierno ha dicho en la emisora de sus desahogos que el informe del Ministerio del Interior que acababa de leer verificaba que el alto el fuego de ETA seguía adelante. Pero, por alguna extraña razón, Zapatero ha omitido que en ese informe no se hablaba de esa carta de extorsión de ETA, entre otras cosas porque las Fuerzas de Seguridad del Estado no habían tenido acceso a ella. Y la pregunta surge de inmediato: ¿es tan difícil que el Ministerio del Interior se hubiera puesto en contacto con los empresarios navarros afectados por la extorsión para tener acceso a las cartas y poder así analizarlas? ¿Tan complicado es que el propio Rubalcaba, con dos llamadas de teléfono, cite en Madrid a los afectados para analizar la situación? Si fuera cierto que la cuestión no tiene tanta importancia, ¿qué razones existen para que el Gobierno no desinfle este globo? ¿No será que significa la ruptura real del alto el fuego de ETA?

Este Ejecutivo, imbuido en la mentira y en esa huida hacia delante que es el pacto con los terroristas, lejos de aclarar la extorsión, una cuestión clave pero fácil de confirmar, ha preferido distraer la atención. En lugar de aclarar la situación la complican cada vez más. Si por la mañana era Zapatero, por la tarde fue Moraleda. Y para cerrar un círculo imposible, el portavoz nacionalista vasco, el señor Erkoreka, después de entrevistarse con Zapatero dice que con extorsión se frenaría todo proceso. Una energía y determinación que el presidente del Gobierno evitó utilizar por la mañana en la citada entrevista radiofónica. En definitiva, el Gobierno se ha metido en un jardín y tiene difícil salir. Y es que la mentira tiene las patas muy cortas.

Zapatero
Ética práctica o inmoralidad política
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Abril 2006

De la entrevista de Pedro J. Ramírez a Zapatero sale un retrato del presidente del Gobierno que asusta tanto por las opiniones expresadas como por los usos perversos que hace de las palabras. Aunque reconozco que las críticas de uno y otro aspecto están estrechamente vinculadas, porque las opiniones están siempre mediadas por conceptos y palabras, es posible detenerse sólo y exclusivamente en determinados giros o expresiones que dan una idea exacta del personaje.

El presidente del Gobierno dice, por ejemplo, "creer tener una ética practica", que le permite aceptar que la Monarquía constitucional del 78 "funciona de maravilla". Cualquiera que lea esto con mirada limpia sabe que Zapatero no habla de una "ética de principios" ni tampoco de una "ética de la responsabilidad", menos aún de una ética de arquetipos y valores reales, sino simple y llanamente está hablando de oportunismo, o sea, de la utilización de la palabra "ética" para darle dignidad a "lo que hace".

¿Qué es exactamente lo que hace? Sencilla es la respuesta: esconderse de sus propias opiniones. En este caso, esconderse, escaparse cobardemente, de las preguntas de Pedro J. Ramírez: "¿Cree usted que la República es un régimen de mayor calidad democrática que la Monarquía?", "¿no le reconoce una superioridad intrínseca a la República sobre la Monarquía?" Lejos de fajarse con estas preguntas, y contestar con cierta coherencia para satisfacer la defensa que, en otras circunstancias, ha hecho de las ideas republicanas, apela a una "ética práctica", que representa la negación de una genuina ética. Nada tiene que ver, pues, esa "ética" con la aplicación más o menos coherente de esos principios a una situación concreta, sino hacer lo le dicta la circunstancia sin ningún tipo de coherencia argumentativa y, sobre todo, sintiéndose libre de cualquier constricción genuinamente ética.

La ligereza, o mejor, la incapacidad para asumir la responsabilidad de sus propias palabras sería la mejor manera de definir la conducta de Zapatero. Su "ética práctica", mero oportunismo, es una manera de librarse arteramente de las obligaciones de sus propias palabras. La "ética práctica" de Zapatero es, pues, un salvoconducto para la cobardía. En verdad, Zapatero, como todos los grandes parásitos, vive de lo que destruye. Zapatero "parásita" palabras. Eso es todo.

Sin embargo, no puedo dejar de reseñar que más, muchísimo más, que esta conducta inmoral, me asusta la conducta frívola e irresponsable de quienes al leer lo dicho por Zapatero, mantienen que la intención del presidente del Gobierno es buena. ¡Cómo si alguien hubiera hecho alguna vez política con las buenas intenciones! La política son resultados y los de Zapatero están a la vista. Destrozo del consenso político y constitucional con la oposición. En fin, juzgar a Zapatero por las "buenas intenciones" es tan frívolo y superficial, casi criminal, como seguir concediendo a la izquierda un crédito indefinido de buenas voluntades.

¿Constitución de todos y para todos?
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Abril 2006

Empieza a no saberse a ciencia cierta dónde empieza y dónde termina la vigencia efectiva de la Constitución. Antes de la llegada de Zapatero al poder la Constitución era de todos y se aplicaba a todos, y cuando decimos todos tenemos que hacer referencia a todos los españoles. Ahora los vascos dicen que ellos tienen su propia Constitución, que son sus derechos históricos. Los catalanes han logrado un Estatuto que sólo es Estatuto por el nombre, pero no por el contenido, hasta el punto de que ellos mismos presumen de que tienen o disfrutan su propia y específica Carta. O sea, que viven y se gobiernan a la carta, y más que van a hacerlo si es que caben márgenes de avance en ese terreno de conquista. No se espera que renuncien a ello.

Ahora los gallegos están a la espera y seguramente no tardarán, como “nacionalidad histórica” que son, y como tal están reconocidos, en formalizar su propia Constitución a través del correspondiente Estatuto reformado. Aquí y hoy, las reformas estatutarias se han convertido en procesos constituyentes. Andalucía va camino de reformar también su Estatuto, dándole categoría de “realidad nacional”. Nada digamos de lo que les espera a los ciudadanos de las islas Baleares, quieran o no admitirlo, porque al final los que mandan y deciden son los que son, y no hace falta preguntarse demasiado por el enigma de quiénes son en realidad. ¿Y qué se hará con los canarios? ¿Habrá algo más específico y distante que las islas Canarias? Como dijo Leopoldo Calvo Sotelo cuando el Reino Unido la emprendió con los liberadores argentinos de las islas Malvinas, a golpe de Armada y de tropas especializadas en acciones expeditivas, el problema de aquellas islas, llamadas en inglés Falkland, era para España “distinto y distante”. Da miedo pensar en los valencianos a poco que cambien de configuración de sus poderes y los de la “barraqueta” se pasen con armas y bagajes dialécticos a las heredades de Ramón Berenguer. Y, por otra parte, ¿hace falta recordar lo que le espera a Navarra, dentro de esos procesos de transformación de mentalidades que vienen experimentando, por lo que se advierte, milagrosas aceleraciones?

Andalucía, de todos modos, era lo que faltaba para el duro, que dicen los castizos. Puede uno preguntarse qué dirá en adelante, o incluso a partir de este mismo momento, Alfonso Guerra, que hasta hace unos días presumía de haberse “cepillado” el Plan Ibarretxe. Pues ya puede ir encargándose una chilaba y comprando velos para las mujeres que le toque suerte tratar. Porque en esto de las mutaciones constitucionales a escala autonómica —antes regional— el idioma queda afectado. Valga la broma de momento.

Los socialistas tienen mucha responsabilidad en el llamado “proceso” —en la actualidad todo son “procesos”— que la hasta hoy llamada España viene sufriendo. Algunos todavía merecen confianza, pero son mayoría, por no decir todos, los que prefieren tornarse mudos. Uno preferiría volver a escuchar la reflexión que hizo Joaquín Leguina, a principios de enero de este año, cuando refiriéndose al Estatuto de Cataluña declaró a Telemadrid que el tal Estatuto, hoy ya prácticamente irreversible, “no cabe en la Constitución ni en cabeza humana que piense en un Estado democrático”.

Pero, sí. Ya cabe, porque, como anticipó en su día Zapatero, el “Estatut” quedaría más limpio que una patena. Quedó en realidad como una patena suecia e impregnada de adherencias. ¿Y el Rey? ¿Qué podría manifestar el Rey si las reglas de su representación como Jefe del Estado con facultades superlimitadas y supertasadas se lo permitieran? Lo que el monarca tenga que decir ya lo ha expresado históricamente en tres discursos parlamentarios: el del 27 de diciembre de 1978 en el acto de sanción de la Constitución; el de julio 1977 en la apertura solemne de las Cortes Constituyentes que abrió el pórtico del proceso y el del XXV aniversario de la Constitución de 6 de diciembre del 2003.

En el discurso de apertura de la Cortes Constituyentes pidió “eliminar para siempre las causas históricas de nuestros enfrentamientos”. En el de sanción de la Constitución (1978) habló de la “Constitución de todos y para todos”, advirtiendo que “no debemos consentir que diferencias de matiz o inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme confianza en España”. Y en el de los 25 años de Constitución repitió la referencia a su carácter de “Constitución abierta”, pero “concebida como obra de todos y para todos”, que “nadie puede arrogarse en exclusiva como propia ni tampoco rechazar como ajena”, ya que habría logrado “una estabilidad basada (…) en la vertebración territorial de España”.

Ah, sí, sobre todo esto último. Luego vino aquello de que “hablando se entiende la gente”. ¿Siempre?

¿Qué quiere decir el presidente del Gobierno?
José Javaloyes Estrella Digital 19 Abril 2006

Qué ha querido decir el presidente del Gobierno, en sus declaraciones a la SER, al afirmar que “sin ETA todo es posible”? ¿A dónde ha querido ir, respecto del mismo particular del terrorismo vasco, cuando afirma que “sólo hay un objetivo, el final de ETA”? ¿Cuál es el alcance de lo que llama “refundación de la convivencia en Euskadi”? Entiendo que son verdaderamente inquietantes las aseveraciones del presidente Rodríguez. Y más que inquietantes, para echarse a temblar, visto lo que cabe entender detrás de ellas.

De los tres asertos presidenciales, el más desazonador de todos es ese de la “refundación de la convivencia”. ¿Qué hipótesis de convivencia política cabe entender que no sea la definida y establecida en la Constitución vigente y por la realidad histórica de España, en la que la Constitución se asienta? Puede, al margen de la legalidad constitucional, entenderse otra cosa. Algo que está en la mente de todos desde lo sobrevenido con el nuevo Estatuto de Cataluña, y desde lo propuesto en su día por Juan José Ibarretxe ante el Pleno del Congreso, al que le había llevado el presidente del Consejo de Ministros para darle al engendro secesionista del “Estado Asociado” un galvanizado institucional, como baño político previo a lo que vendría después.

Del huésped de la Moncloa puede decirse lo del cuento de la petaca del cura y de la insistente condición del novio de la moza a la que el cura confesaba. Podemos darnos por fumados. La refundación de la convivencia en Vasconia no puede significar otra cosa que la concesión al nacionalismo vasco de algo más anticonstitucional aún que lo cedido al nacionalismo catalán y lo que se piensa atribuir a Andalucía por parte del presidente de lo que fue el Partido Socialista Obrero Español.

La condicional “nacional”, la soberanía decisoria, ha sido expropiada al pueblo español, para sustanciarse fragmentariamente a través de referendos regionales, con inequívoco sentido de emancipación constituyente de otra realidad colectiva. El régimen autonómico saltará por los aires.

Guste reconocerlo o no, como el presidente Rodríguez podría decir, la palabra “golpismo”, como la palabra “nación”, no es unívoca sino multívoca, o, sencillamente, equívoca. El golpismo no es sólo militar ni cosa de militares. Hay un golpismo político, que puede comparecer, o no, orquestado militarmente. Y golpista podría ser a propósito del País Vasco, como lo está siendo ya con el Estatuto catalán, la entrada en un proceso constituyente por la puerta trasera de la Legalidad Superior establecida; legalidad cuya legitimidad reposa en la soberanía del pueblo español: sólo expresable a estos efectos de consulta en un referéndum nacional. Y, por lo mismo, algo enteramente ajeno a los cursantes deliquios presidenciales y a los delirios soberanistas de los distintos nacionalismos. Un insólito conjunto en los anales patrios, pues todos ellos conciben España como un queso en porciones dispuesto para el reparto.

El objetivo final no es la desaparición de ETA, como el presidente del Gobierno ha dicho. Eso no es el objetivo nacional. El objetivo final es que la desaparición de ETA no tenga como precio la desaparición de la España real, reducida al cabo a una España virtual (“nación de naciones”) sostenida en la Corona. Puestas así las cosas, otro 14 de abril sí nos balcanizaría de verdad, convertidos en póstuma edición del Imperio Austrohúngaro, al que devoró el principio de autodeterminación.

jose@javaloyes.net

EL TRIUNFO DEL SOCIALISMO FUNDAMENTALISTA
Editorial minutodigital 19 Abril 2006

Tras dos años en el poder, podemos afirmar, sin equivocarnos mucho, que el socialismo que ha traído Zapatero es el socialismo de estilo panfletario, radical, sectario e insincero que pretende una transformación de la sociedad española, guiado por la utopía nostálgica del socialismo marxista de la primera mitad del siglo XX.


La reforma institucional y territorial que impulsa Zapatero no es más que una remembranza de los estados federados ibéricos que propugnaba el PSOE de Largo Caballero, y todas sus iniciativas de gobierno podemos calificarlas y encajarlas sin mucho esfuerzo, como encaminadas a sustituir los pactos de la transición, por la ruptura que los socialistas desearon en aquel momento, para volver a su idealizada II República y tomarse la revancha histórica de su fracaso.

Y como en aquel entonces el socialismo cae en los mismos errores que desbordaron a la II República. El PSOE mesiánico de Zapatero se cree con derecho a reconducir la vida de los españoles conforme a sus dictados y sin tener en cuenta la opinión de la media España que no comparte y rechaza sus ideas y planteamientos. Su particular formula para acabar con ETA, sus alianzas con los separatismos, su beligerancia contra los católicos, su humanismo multicultural y mestizo, no son más que los efectos de su visión tuerta y de su voluntad ciega por diseñar la sociedad española excluyendo toda posición que no concuerde con esa visión iluminada del estado federal, laico y libertario que propugna.

Solo dentro de ese socialismo fundamentalista, que únicamente se reconoce a sí mismo como redentor válido de la humanidad, pueden explicarse reacciones tan cerriles como la del hermano del Ministro de Justicia. Llamar a la AVT asociación de venganza taliban, tildar a Alacaraz de inmenso tarado, o llegar al colmo de la degradación moral al afirmar que "le tocó la lotería" cuando ETA asesinó a su familia”, demuestran el grado de aberración al que ha llegado el PSOE. No se trata de un militante cualquiera, sino del hermano de un ministro, que además escribe en una web impulsada desde las instancias oficiosas del partido.

El detalle debería servir a la acomplejada derecha de este país para comprender indubitadamente y definitivamente cual es la catadura moral del socialismo made in Zapatero, y que con el mismo no es posible ningún diálogo ni entendimiento, ya que este socialismo fundamentalista solo persigue el poder, instrumento definitivo de su obra de ingeniería social, y para mantenerlo será capaz de cualquier cosa.

Realidad nacional de Andalucía
La piqueta constitucional
José García Domínguez Libertad Digital 19 Abril 2006

Cuesta mucho trabajo tomarse en serio a un país en el que el presidente del Gobierno declara, sin sonrojo propio ni ajeno, que la inversión extranjera desequilibra la balanza comercial. Tanto cuesta que, en realidad, no lo hace nadie. De hecho, el loado consenso constitucional del 78 únicamente se sustentaba sobre esa premisa antropológica, la fe ciega en frivolidad colectiva de los españoles. Por eso, los "padres fundadores" a los que pomposamente se refiere Zapatero, redactaron el Título VIII tal como lo hicieron: en la certeza de que tampoco los suscriptores del BOE habrían de rehuir jamás la chanza perpetua. He ahí la razón de que la Constitución española sea la única del mundo que se fundamenta no en la soberanía popular, sino en un jocoso pacto para ignorar ad eternum los significados de las palabras en el DRAE.

Claro que los chistosos padres constituyentes sabían que las nacionalidades, simplemente, no existen. Por supuesto que les constaba que en todas partes hay regiones y hay naciones, igual que en ninguna nacionalidades. Sin embargo, se dieron a la guasa de mentarlas en papel timbrado, tan seguros estaban de que en España todo el año es carnaval. Y así fue durante un cuarto de siglo, hasta que llegó Zapatero y se creyó la broma. Ésa y no otra va a ser la gran paradoja durante la agonía de la Nación: que quien ha de destruirla resulte ser el único que cree, sinceramente, sin sorna, en la piqueta jurídica sobre la que se apoyan sus leyes.

Es demasiado fácil reírse hoy de la indigencia cultural e ideológica de ZP y su gente. Es casi tan sencillo como desenterrar en el panteón de Google lo que pensaban los santos laicos de la Segunda República sobre la realidad nacional de Andalucía: "Según eso, amigo Mairena –habla Tórtolez en un café de Sevilla– un andaluz andalucista sería un español de segunda clase. En efecto –respondió Mairena–, un español de segunda y un andaluz de tercera". Sin embargo, a nadie resulta tan cómodo preguntar quiénes forjaron esas campanas de difuntos que ahora doblan por nosotros.

Porque de los socialistas sólo cabe repetir lo ya que sentenciara Borges sobre sus iguales, los peronistas: no son ni buenos ni malos, simplemente, son incorregibles. Pero del glorioso Título VIII de nuestra Constitución sí se puede decir algo más. Por ejemplo, aquellas mismas palabras que pronunció el ministro de Hacienda de Azaña, refiriéndose a Juan March, cuando el mallorquín ya andaba apalabrando el precio del Dragon Rapide: "O la República acaba con él o él acabará con la República".

El cura trampa
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Abril 2006

Los irlandeses vestidos de negro impresionan mucho. Así Bono, de U2, primer multimillonario que pasará en camello por el ojo de una aguja, la aguja con que inocula el sentimiento de culpa en sus fans. Así Alec Reid, pájaro de mal agüero, bondadoso sembrador de desdicha.

Lleva años metido en las grutas, aplacando en teoría a asesinos furiosos con su suave dicción. Se ha colado en nombre de no se sabe quién con el truco del alzacuello, eficacísimo atrezzo moral. Habrá aplacado mucho en su tierra, ni lo sé ni me importa, pero aquí sólo aporta las gotas de épica que le confiere su condición de irlandés. Personifica un paralelismo falaz. Ha venido a invertir los valores en juego, a confundir los términos con los que designamos a víctimas y verdugos, a esparcir el anestésico previo a una gran cirugía social de la que la nación saldrá mutilada.

Da por hecho el vicario que habrá mesa de partidos, y hasta le pone fecha. Las buenas intenciones son ya subterfugio inverosímil. Es el único cura vestido de cura que va a caer bien a los progres domésticos. Ellos aman las volteretas, gozan con alguien dedicado a invertir las percepciones. Avalará la rendición de Rodríguez –que lamentablemente es la de España– con su mirada penetrante y ambiciosa. Bonhomía de Hannibal Lecter. Porta la buena nueva a los etarras, batasunos, esquerrans y separatistas de los suevos: obtendrán lo que quieren y lo harán con todos los honores.

El curita cañón (corto o largo) no concibe una negociación sin Batasuna porque "ha sido la mayor defensora de una política de paz. No puede haber conversaciones de paz sin ellos. Si no estuviera en la mesa, no sería democrática". Pero sí la concibe sin el PP, pues si los de Rajoy eluden el proceso "significa que no participan en el diálogo y el diálogo se hará sin ellos". Punto. En nada altera sus planes el hecho de que tantas víctimas lo fueran precisamente por pertenecer al prescindible partido de los diez millones de votos, ya que las víctimas "no deben tener un papel político". El sí: ostenta los títulos que le han dado la ETA y Rodríguez. Con su habitual sentido crítico, la prensa española se dispone a convertir al sacerdote norirlandés en un icono.

El pastor de hienas Alec Reid no es el problema. Zascandilea en el Ritz e imparte su doctrina coagulada porque otros le ponen el billete, las dietas y el micrófono; el veneno lo trae de fábrica. Dado que la maldad existe y seguirá existiendo, lo que exaspera no es él. Es la impotencia intelectual del periodismo español. A diferencia de la ETA, la estupidez no tiene cura.

Lo que nos faltaba por ver: Chaves se sube al carro nacionalista y declara a Andalucía ‘realidad nacional’
Federico Quevedo El Confidencial 19 Abril 2006

Si no fuera porque el asunto es de lo más serio, uno no sabría si incluirlo en el apartado de gracejo sevillano. Don Manuel Chaves, arsa tiriquitraun, ha declarado a Andalucía “realidad nacional”, que es el modo en que ahora los nacionalistas radicales definen a su ‘nación’, sea esta Cataluña o el País Vasco, para acomodarse a las necesidades de Rodríguez. Pues bien, Andalucía, cuna de Lorca, patria chica del españolismo, tierra que ha poblado de españoles lo largo y ancho de nuestra geografía y cuya alma late en cada rincón de esta España de ciudadanos libres, ahora resulta que es una “realidad nacional”, y Rodríguez dice que eso está muy bien y que es muy acorde con los tiempos que corren en esa entrevista-río-alamayorgloriadeambos –Rodríguez y Pedrojota- que ha publicado el diario El Mundo y que tiene en un sin vivir a los del PP que la consideran, por lo menos, una traición.

Hace tal que un año, el presidente de la Junta abogaba por mantener la definición de Andalucía incluida en el actual Estatuto –es decir, como Comunidad Autónoma-, y rechazaba la pretensión zapateril de introducir en la Constitución diferentes nominaciones. Pues bien, la posición de don Manuel Chaves ha cambiado radicalmente, y ha pasado de defender a Andalucía como parte de la “unidad indisoluble de la nación española”, que es el acuerdo al que había llegado con el PP, a prestarse al juego sucio de Rodríguez, a su estrategia de disolución del modelo territorial y del consenso constitucional. Y que esto lo haga un dirigente socialista como Chaves, tiene delito. ¿Le ha preguntado Chaves a su amigo Felipe González su opinión sobre los cambios que ha introducido en el texto de la reforma del Estatuto? ¿O es que cuando ambos iban a Doñana a verse con Rodríguez con intención de hacerle reconsiderar su posición respecto al Estatuto catalán las cosas eran de una manera, y ahora, cuando Rodríguez se ha deshecho de enemigos tan bien armados como Bono, ya no lo es?

La reforma del Estatuto le viene que ni pintada a un Manuel Chaves que gobierna Andalucía como un cortijo y que en estos dos últimos años no ha hecho absolutamente nada significable, si no es marear la perdiz y hacer trágala de las veleidades de Rodríguez. Andalucía sigue siendo la región más pobre de España, con el agravante de que, gracias al presidente del Gobierno, dentro de unos años dejará de ver cómo los fondos europeos recalan en aquella comunidad necesitada de iniciativa y de impulso inversor. Es, además, una región en la que lo peor de la lacra de la corrupción se extiende como un cáncer por una sociedad, ya no anestesiada, sino sometida y esclavizada por un Gobierno socialista que ha hecho de la compra del voto su arma más poderosa para eternizarse en el poder. Lo de Marbella es sólo la punta de un iceberg que cuando empiece a salir a flote va a ser la vergüenza nacional, si no lo es ya. Y la Junta de Manuel Chaves tiene una responsabilidad ilimitada, que ya veremos donde acaba y en manos de qué tribunal.

El daño que Manuel Chaves le ha hecho, y le hace, a Andalucía sólo será percibido por los ciudadanos de aquella comunidad el día que se abran las ventanas y entre por ellas el aire fresco de la democracia, es decir, de la alternancia en el poder. Mientras tanto, la podredumbre de un Gobierno anclado en el Palacio de San Telmo sobre la base de la corrupción institucional no permite respirar y ahoga cualquier asomo de libertad y democracia. Si, además, Chaves saca adelante un Estatuto de Autonomía que guarda una sospechosa similitud con el que el PSOE ha permitido aprobar en el Congreso para Cataluña, tendrá en sus manos nuevos mecanismos de poder, en la medida que lo que pretenden los socialistas andaluces es imitar la bilateralidad y el blindaje de competencias que el nacionalismo radical de Artur Mas y la confabulación anti-nacional de Rodríguez han otorgado a Cataluña. Quienes desde el primer día denunciamos que el Estatuto catalán era el primer paso en el camino de la desintegración del modelo territorial para configurar un nuevo marco jurídico fundamentado en la idea de una confederación de estados, hoy vemos como el Estatuto Andaluz supone un paso más en esa dirección. Y todo hace pensar que no será el último.

De la foto de las Azores a la de ZP con Carod-Rovira
José Mª Diaz Godoy (Badajoz) El Confidencial 19 Abril 2006

Hemos pasado de una situación mala, la de la foto de las Azores, a otra peor, la de la foto de Zapatero con Carod-Rovira. Esto se puede ver ahora que ya tenemos Estatuto, una nueva nación dentro de otra nación en un estado nacional... En definitiva, lo que tenemos es un lío de narices que deriva hacia el independentismo catalán, claro que no ahora, pues económicamente no saldría rentable. Lo que sí aparece ahora de nuevo en la sociedad española es el odio. Ni siquiera una guerra civil bastó para olvidar dicho odio, que ahora nuestra clase política, 30 años después, vuelve a sacarlo a las calles.

Agradecidos, así deben sentirse los catalanes y todos los que apoyan el Estatuto, de la política económica del franquismo, pues ésta está subvencionando parte de su independentismo, industria a Cataluña, pantanos a Extremadura y Andalucía. De no haber sido por la posición estratégica que tienen dentro de España y las ganas de concederles algún privilegio para evitar así problemas, el dictador no habría extendido en esas tierras junto al País Vasco todo el tejido industrial español, con mano de obra barata de Extremadura y Andalucía. ¿Quién lo hubiese pensado hace 30 años?

¿No existe en España un partido político que gobierne para la mayoría? ¿No somos los votantes los verdaderos dueños del país? ¿O por el contrario, no somos más que marionetas guiadas por lo hilos de la cañita, la sidra, el vermú y los 15 días de playita al año?

Tenemos lo que nos merecemos. Tras los atentados sangrientos de Madrid la locura colectiva se apoderó de las mentiras de unos y de otros, lo que evocó en una elección equivocada, pues acabar con la foto de las Azores nos llevó a otra de mayor calado e importancia para el conjunto de la sociedad española, la foto en la Moncloa entre Carod Rovira, Maragall y nuestro nuevo presidente ZP.

Ni nosotros ni nuestro hijos sabremos nunca el porqué ni el fondo de los atentados, ni qué ocurrirá con el independentismo catalán. Dejaremos este país, este mundo, sin haber solucionado uno de los puntos más negros de nuestra historia reciente. No habremos solucionado el problema sino que lo habremos multiplicado.

Tenemos el tejido institucional político español aquejado de lepra, con la raíz completamente podrida, lo que provoca que al final hasta las hojas verdes y el fruto se termine pudriendo, incapaz siquiera de poder educar.

LA NOSTALGIA ES UN ERROR
Ramón Tamames Periodista Digital 19 Abril 2006

(La Razón). En estos días de abril entreverados de Semana Santa, el viernes 14 coincidió con los 75 años de la proclamación de la Segunda República Española, efemérides que ha suscitado multitud de artículos y comentarios. En pro y en contra de un régimen político que apenas sobrepasó su infancia histórica, pues a menos de seis años de su inicio, nos llegó la más cruenta guerra fraticida de las muchas que ha padecido España.

Todos tenemos legítimo derecho a opinar sobre el pasado, el presente y el futuro. Y en ese sentido, puede haber actitudes para todos los gustos respecto de lo que significó aquella República. Pero creo sinceramente que 75 años constituyen una cronodistancia suficiente como para que sean los historiadores quienes se ocupen de estos temas; en tanto que los políticos deberían afanarse por otros asuntos más perentorios, pensando no tanto en el pasado sino en el futuro.

Arnold Toynbee se refirió a la Historia como maestra de vida, a modo de un dios Jano bifronte, mirando atrás y adelante al mismo tiempo. Y como ejemplo de ese doble enfoque, cabe citar el caso de la declaración de independencia de EE.UU. de 1776, y el preámbulo de su Constitución de 1787. Textos generalmente admirados, y no tanto por la belleza del engarce literario de palabras, frases e ideales, sino por el triunfo que a partir del primero de ellos se consiguió en la guerra revolucionaria contra los ingleses; y por el éxito que tuvo el segundo como primera Carta Magna y la más duradera de la historia contemporánea. De esa lección de triunfo y éxito, deberíamos aprender aquí y ahora, frente a tantos criterios esotéricos y abstrusos como están vertiéndose en nuestra actual encrucijada histórica.

Quiero decir que en los tiempos del franquismo, cuando España estaba dividida en dos mitades, tenía toda la lógica del mundo, para una de esas mitades, recordar a la República por su propósito, no pocas veces excluyente, de configurar una nueva forma de convivencia en libertad. Pero el franquismo se acabó en 1975, y empezó entonces la transición a una nueva etapa de la vida española, que se confirmó en lo económico con los objetivos de los Pactos de La Moncloa (1977), y en lo político y lo social con la Constitución que se aprobó por referéndum el 6 de diciembre de 1978. Para así iniciarse una etapa de prosperidad creciente en un Estado de derecho.

Todo lo cual ocurrió, ciertamente, en un contexto en el que Europa ha cambiado de faz respecto a la década de 1930. El tiempo en que los líderes republicanos no supieron reconducir la economía española para salir de la depresión, cuando Keynes proponía la revolución de la ciencia económica, Roosevelt planteaba su New Deal, y en la Alemania de Hitler, cierto que de forma tiránica, se acababa con el paro forzoso. A lo cual se unió la circunstancia de que esos mismos líderes no se percataron de que en el escenario principal, la pugna estaba entre la democracia que ellos pretendían representar, y el aniquilamiento de la misma; ya fuera por la vía del fascismo y el nacionalsocialismo, o por las aspiraciones de Stalin. Así las cosas, la República acabó autoderrotada (sic). Y si quieren comprender mejor el término de autoderrotada, repasen Vds., por favor, lo escrito por el propio Manuel Azaña en “La velada en Benicarló”.

Aparte de la inteligencia, el patriotismo, y los valores que se quiera reconocer a los republicanos de 1931 a 1936, la verdad es que no supieron defender la República con las grandes reformas que entonces eran necesarias y que no llegaron a instrumentar. Lejos de ello, se perdieron en la retórica, el parlamentarismo fútil, y los personalismos. De modo que el nuestro se convirtió en un “caso de libro” de enfrentamiento de clases e ideas. Con el resultado final de una guerra civil como auténtico holocausto de la Nación española.

Pero la Constitución de 1978 ha consagrado una nueva situación de la que casi todos habríamos de estar orgullosos, y que configura la única referencia válida para diseñar el futuro; al margen de evocaciones lejanas, y que para la inmensa mayoría ya significan bien poco. Tendríamos que resaltar lo que significa el triunfo de la democracia durante casi treinta años y el éxito del desarrollo económico. En analogía a lo que, según vimos antes, sucedió en EE.UU. a partir en 1776 y 1787. En definitiva, la nostalgia es un error, como lo es también la reinvención de la historia que pretenden algunos nacionalismos. Por ello nuestra democracia futura está indefectiblemente asociada a la mejor Constitución que hemos tenido… y que aún tenemos. Por mucho que algunas minorías, y no pocos políticos ambiciosos o frívolos, o las dos cosas a la vez, estén obsesionados en destruirla.

El presidente de Navarra abre una campaña social para blindar la Comunidad ante el proceso de paz
Zapatero deja en el aire el futuro del territorio foral y Sanz le advierte de que «para ese viaje no hacía falta llenar las alforjas con tantos muertos»
Mariano Rajoy se desplazará el jueves a Pamplona para entrevistarse con el político navarro.
C. Morodo La Razón 19 Abril 2006

Madrid- Si en Navarra ya había encendidas muchas alarmas con relación a las consecuencias del «proceso de paz» sobre el estatus de la comunidad -por miedo al «fantasma» de convertirse en pieza de cambio ante las reivindicaciones anexionistas de ETA y del nacionalismo vasco-, las declaraciones que realizó ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no resultaron nada tranquilizadoras.

En una entrevista en la Cadena Ser, y preguntado en concreto sobre si prevé algún cambio del estatus jurídico-político de Navarra, Zapatero se enredó primero en una larga disertación acerca de que el objetivo es el final de ETA y que, a partir de ahí, tanto la política como la democracia «cobrarán más fuerza y más vida en Euskadi», para concluir dejando en el aire el futuro del territorio foral. La tesis es que, sin ETA, toda acción política es posible.

«Voluntad popular». Ante la pregunta «¿afirmaría el titular de que sin ETA toda política es posible o que toda opción política es posible?», el jefe del Ejecutivo sentenció: «Evidentemente, ésa es la grandeza de la democracia». «Dentro de la democracia, que incluye la voluntad popular y el respeto a las reglas de juego, esos dos principios tienen el mismo valor, no hay uno por encima del otro», añadió.

Desde Presidencia se trasladó antes de Semana Santa al Gobierno foral el mensaje de que Rodríguez Zapatero tenía previsto ponerse en contacto con el presidente autonómico a la vuelta de las vacaciones. A la espera de que ese compromiso se materialice, el Ejecutivo de Sanz ha puesto ya en marcha una campaña de concienciación social sobre las consecuencias que pueden derivarse del proceso de paz, sobre todo si el Partido Socialista logra apoyos suficientes en las elecciones de 2007 como para constituir con el nacionalismo un Gobierno alternativo al actual de UPN. «Para ese viaje no hacía falta haber llenado las alforjas con tantos muertos», advirtió ayer Sanz, en declaraciones a LA RAZÓN, en respuesta a las últimas y ambiguas manifestaciones del presidente del Gobierno sobre Navarra, y que cobran mayor relevancia, a su juicio, por producirse en un escenario en el que se ha fortalecido, bajo guiños de sectores de los socialistas vascos, la tradicional reivindicación nacionalista que ampara el propio Estatuto de Guernica.

«No» a fórmulas intermedias. La campaña de «concienciación» de los navarros, sobre todo con vistas a que tengan muy presente «la reivindicación de la construcción nacional vasca» la próxima vez que acudan a las urnas, no es la única medida que Sanz promoverá en el caso de que tenga la «certeza» de que encima de la mesa está la idea de intentar que la paz se consolide a partir de aceptar el «chantaje» de que ETA logre dar un primer paso adelante en su objetivo de la «territorialidad», aunque sea mediante «fórmulas intermedias» como la creación de un nuevo órgano de relación permanente País Vasco-Navarra con competencias consorciadas.

«Actuaremos con prudencia, porque no queremos que nadie diga que somos un obstáculo para el final del terrorismo. Pero eso no quiere decir que no estemos atentos a todo. Que nadie piense que vamos a estar de brazos cruzados», asegura Sanz.

La Guardia Civil detiene a un miembro de Jarrai cuando recaudaba dinero para ETA
El PP y los empresarios desconfían de que las cartas de extorsión en Navarra sean previas al alto el fuego
C. M. / R. L.V. / J. M. Z. La Razón

Madrid- Agentes de la Guardia Civil detuvieron ayer en las inmediaciones de Abadiño (Vizcaya) a un presunto colaborador de ETA, Ibon Meñika, condenado en el juicio contra Jarrai y que tiene recurrida su sentencia, según informaron fuentes de la lucha antiterrorista. Meñika tenía en su poder en el momento de la detención papeletas para una aportación voluntaria de dinero a ETA.

Agentes del Grupo de Acción Rápida (GAR) detuvieron a Meñika en el transcurso de un control de carretera cuando viajaba solo en un vehículo. Cuando los miembros de la Benemérita registraron el vehículo encontraron un paquete con «bonus» por los que los simpatizantes de la banda entregan una cantidad fija a cambio. En este caso los «bonus» servían para ser canjeados por 60 euros cada uno.

Fuentes de la lucha antiterrorista informaron de que se va a proceder al registro del domicilio de Meñika para ver si hay más «bonos» o dinero en metálico. Además, tratarán de determinar si las papeletas estaban destinadas a simpatizantes de la banda o eran utilizadas como un modo de chantaje encubierto. En cualquiera de los casos, anunciaron que si Meñika estaba recaudando dinero para la banda, será acusado de colaboración con banda armada.

Cartas a empresarios. La detención se produjo el mismo día en que volvió a tomar fuerza la polémica por las últimas cartas de extorsión enviadas a empresarios navarros. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, negó, en una entrevista en la Cadena Ser, que las misivas fuesen recibidas por los empresarios navarros después de la declaración del alto el fuego. «Los datos con los que cuentan las Fuerzas de Seguridad abonan la tesis de que las famosas cartas son, en todo caso, de antes del alto el fuego», afirmó.

Estas palabras fueron puestas en evidencia por la propia entidad que denunció la existencia de las misivas, la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), pero también el Partido Popular las valoró con prudencia y cierto escepticismo.

Los populares dieron ayer continuidad a su toque de atención de la víspera sobre la gestión del proceso de paz a través del portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana. Su comparecencia se produjo antes de que Zapatero se pusiese en contacto con Mariano Rajoy para darle cuenta de las últimas novedades de la «verificación», pero el contenido de la conversación no quitó sentido a la letra de sus declaraciones, según fuentes de la dirección «popular».

El diálogo telefónico no anula ni resta vigencia, por tanto, a la afirmación de Zaplana de que se están produciendo «hechos muy graves» ni a su insinuación de que hay «falta de transparencia. Lo que nosotros hemos hecho hasta ahora ha sido apoyar al Gobierno para acabar con ETA, parece que nadie puede dudarlo. Y lo que le exigimos al Gobierno es claridad», señaló Zaplana. En su comparecencia dejó entrever sus dudas sobre la negativa de Zapatero de que la última campaña etarra del «impuesto revolucionario» haya sido promovida estando vigente el alto el fuego. «Debería explicar por qué lo sabe, porque de todos los datos que tenemos, ninguno lo aclara, sino más bien al contrario», añadió.

El «número tres» reiteró que el Gobierno, hasta ahora, no ha dibujado una «hoja de ruta» para que el PSOE y el PP puedan «ir de la mano». «La claridad es lo más eficaz y lo mejor que se puede hacer para que las cosas marchen», insistió, antes de escenificar la firme decisión de su formación de mantener a las víctimas del terrorismo como frontispicio de su estrategia respecto al alto el fuego etarra. «Que se sepa que eso hiere, y mucho», aseguró, en alusión a las declaraciones del presidente del Gobierno dando a entender que las víctimas son el «pasado».

«Lo que nosotros hemos hecho hasta ahora ha sido apoyar al Gobierno para acabar con ETA. Y lo que le exigimos es claridad», concluyó.

No fue el PP, sin embargo, el único que puso en duda la afirmación de Zapatero. La propia entidad que denunció la existencia de las misivas, la CEN, insistió en que las cartas recibidas recientemente por empresarios de su comunidad fueron echadas al correo con posterioridad al alto el fuego declarado por ETA. José Manuel Ayesa, presidente de la patronal navarra, aseguró a Servimedia que su información es que estas misivas amenazantes han sido recibidas por alguno de sus afiliados después de la declaración de tregua.

LA SELECCIÓN HA CORRIDO A CARGO DE JUAN CARLOS GIRAUTA
Federico Jiménez Losantos publica España y Libertad, una antología de sus artículos para Libertad Digital
El editor de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos, recuerda en la introducción del libro "España y Libertad", publicado por Martínez Roca, que "la libertad es bien escaso y hábito peligroso", pues "pensar y actuar por cuenta propia no ha sido nunca conducta que suscite el afecto de las masas". Losantos hace una viva defensa de la idea de España, cuya "demolición no podría producirse sin una demolición de la idea de libertad".
Libertad Digital 19 Abril 2006

"El amor a España y a la libertad son la misma cosa. Pero con la libertad siempre por delante", escribe Jiménez Losantos en el prólogo ("España, búscate la vida"), compendiando en una sola línea lo más esencial de su pensamiento. Y añade: "La demolición de la idea de España no podría producirse sin una demolición de la idea de libertad, sin la jibarización de las libertades individuales que [la izquierda del pasado] rechazaba por 'burguesas' y que hoy rechaza por 'españolistas' o 'centralistas'".

"Nos hallamos en esa situación típicamente revolucionaria en la que el pasado ha muerto y el futuro aún no ha nacido; en que las leyes de ayer ya no rigen pero no sabemos qué leyes regirán mañana", advierte en otro pasaje el editor de Libertad Digital. Y vaticina: "el estallido tardará pocos años, pero quizás los suficientes como para que los dos septuagenarios que pudieron impedirlo en vez de prohijarlo se hayan jubilado o pasado a mejor vida, si alguna les parece mejor que la que llevan".

A juicio de Jiménez Losantos, "la secesión catalana no es el proyecto políticamente homicida de una parte, sino la voluntad institucionalmente suicida del todo". "Sobre todo", añade, "cuando la jefatura del Estado lo acepta mirando hacia otro lado, como si, a diferencia del 23-F, este cambio de régimen no le afectara".

El retablo de las maravillas
El "miedo a reconocer la realidad, rasgo esencial de la España actual", junto con "la decadencia del bachillerato y el desprecio de la literatura clásica española", dice el director de La Mañana de la COPE, "impiden que El retablo de las maravillas" de Cervantes, "auténtico tratado de psicología del totalitarismo tres siglos anterior a Orwell", sea "la obra de mayor éxito en este naciente siglo XXI". "Porque no puede presentarse mejor el timo del nacionalismo y la sedicente superioridad moral de la izquierda" que en esas páginas del autor de El Quijote.

En el tramo final del prólogo, Federico Jiménez Losantos afirma que, de todas las empresas intelectuales que ha emprendido, "la más feliz, acaso por no esperar de ella más que cobijo para mi propia libertad, es precisamente el periódico en internet Libertad Digital".

Los 163 artículos reunidos en España y Libertad están agrupados en siete bloques temáticos. "Un programa de demoliciones" y "Claudicaciones internas: La desintegración" están dedicados al derribo de la nación española por terroristas y separatistas, así como al proceso contra la Constitución del 78 y la Transición por parte de la izquierda, mientras que "La derecha, entre el complejo y el deber" da cuenta de las venturas y desventuras del PP. Las cuestiones internacionales y el papel de España en el mundo ocupan otros dos bloques ("Claudicaciones externas: El desprestigio" y "Panorama internacional"). Asimismo, hay una "Galería de sectarios" y una "Miscelánea".

España y Libertad lleva también una introducción del columnista Juan Carlos Girauta, titulada "De Cádiz a Internet" y que reproducirá Libertad Digital en el suplemento de Libros del próximo jueves.

Separatismo
COCA-COLA SE DESVINCULA DEL FESTIVAL VIÑAROCK
Así ha quedado de manifiesto tras la retirada de su logotipo de la web oficial del festival
Minuto Digital 19 Abril 2006

El pasado lunes España y Libertad se personaba en la sede central de Coca-Cola España en Madrid y la presidenta de la plataforma, Yolanda Morín, entregaba un dossier informativo acompañado de una carta al presidente de la compañía Marcos De Quintos en el que se explicaba la realidad sobre el grupo musical, sus letras y numerosas noticias sobre el mismo.

Tras los correos electrónicos y llamadas de nuestros lectores, y tras una conversación que se producía ayer tarde con el director de comunicación de la compañía, Coca-Cola se desvinculaba totalmente del festival y retiraba su logotipo de la web de Viñarock.

Cabe destacar que los directivos de Coca-Cola han mantenido una actitud abierta y afectiva hacia las víctimas del terrorismo en las ocasiones que desde este periódico se ha hablado con ellos demostrando que su presencia entre los patrocinadores del festival se ha producido en base al desconocimiento de la naturaleza del grupo vasco Soziedad Alkoholika, de sus letras y de la situación jurídica del mismo.

MÁS PATROCINADORES
Pero hay otros patrocinadores que aún no se han percatado de la naturaleza del grupo al que apoyan. Es el caso de la Caja Castilla La Mancha.

Tendremos que ser otra vez nosotros, la resistencia civil, la que presione de forma pacífica pero contundente para que empresas como Caja Castilla La Mancha, que cuenta entre sus clientes con numerosas víctimas del terrorismo y miembros de las Fuerzas de seguridad que son insultados en las letras de Soziedad Alkoholica como Explota cerdo, dejen de aportar capital a eventos de este tipo.

Es una tarea complicada: el presidente de Caja Castilla La Mancha es el conocido socialista Juan Pedro Hernández Moltó, diputado del PSOE en tres legislaturas.

Envía tu correo de protesta a Caja Castilla La Mancha al correo ccm@ccm.es
También puedes llamar al teléfono 969.17.73.00

La lámpara
David Gistau, El Mundo 19 Abril 2006

Hubo un anuncio de Ikea en el que a un tipo que vivía en un lúgubre chiscón de soltero le regalaban una lámpara de diseño que no había pedido. Como, por comparación, su entorno doméstico se le antojaba de pronto feo, indigno de la lámpara, el hombre se sentía obligado a redecorar su vida entera con una maza para los tabiques y una tarjeta de crédito hasta convertirse él mismo en algo que jamás había pretendido ser: un moderno según el molde Ikea, al margen del cual sólo se existe en una dimensión cavernaria.

El molde Zetapé aspira a redecorar España con una profusión de nacionalidades que, como los muebles de Ikea, son aparentes modelos para armar en una tarde y no están concebidos para durar más allá de una temporada. O de una generación. Andalucía no había pedido la lámpara. Pero se la han impuesto. Y ahora se encuentra con que tiene en el salón, recién desempaquetada, una definición como nacionalidad que no sabe si hay que regarla o sacarla a la calle a mear tres veces al día, pues ni tiempo ha encontrado todavía para inventarse un pasado mítico, con normalización lingüística y equipo de hockey incluidos, que la justifique como nación emancipada de España, ese entorno doméstico que a nadie contenta porque es un lúgubre chiscón de soltero que no resiste comparaciones con la decoración nacionalista, dónde va a parar, con sus desfiles, con sus banderoladas, con la impunidad en el chantaje que prestan sus derechos históricos y demás danzas alrededor de la hoguera.

El único atisbo de nacionalismo que uno haya percibido en Andalucía fue la queja de que el Ave podía alterar el ambiente de silencios de la plaza de La Maestranza, llenándola de aficionados venidos de Madrid. Eso, y el famoso empeño etnocéntrico de Belmonte a viajar de noche desde Galicia a pesar de la distancia: «Sevilla está donde tiene que estar. Lo que está lejos es La Coruña». Por lo demás, a Andalucía le contentaban su entorno doméstico y un concepto del destino compartido que trascendía Despeñaperros. Al menos, hasta que le regalaron la lámpara. Porque ahora puede ocurrirle lo que al tipo del anuncio. Que se rinda a las ventajas del nuevo estilo, aun no habiendo sino jamás el propio, y se ponga a tirar tabiques hasta igualarse con esos ultranacionalismos triunfantes que son los que en verdad redecoran España desde sus propios catálogos. El término nación, para Zetapé, no vale más que el albornoz o la cubertería que regalan los bancos. Pero a ver si Andalucía va a créerselo ahora que lo tiene para sorprendernos con cosas tan raras como una cuota de doblaje que obligue a Harrison Ford a decir pisha, o una elevación del Real Betis a ejército desarmado que redime los agravios cometidos por España, o una exigencia de que toreros y bailaoras compitan en los próximos Juegos en un comité propio.

Aviso ya de que el fino yo no lo boicoteo.

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