AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 24 Abril  2006
El pianista y el aburrimiento
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 24 Abril 2006

El poder de la Justicia
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 24 Abril 200

No passsssa nada
JOSÉ MANUEL DE PRADA ABC 24 Abril 2006

Presuntos implicados
Pablo Sebastián Estrella Digital 24 Abril 2006

“El hazmerreír” de España
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 24 Abril 2006

El muñeco de ETA
Agapito Maestre Libertad Digital 24 Abril 2006

El niño mimado de la democracia
EDITORIAL Libertad Digital 24 Abril 2006

Ya tardan
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Abril 2006

El Estatuto y la estatua
GERMÁN YANKE ABC 24 Abril 2006

ETA, aún
GEES Libertad Digital 24 Abril 2006

Maragall se hace soberanista
Editorial ABC 24 Abril 2006

Ni Ley, ni respeto ni temor
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Abril 2006

El triángulo de las Bermudas gubernamental
Isabel Durán Libertad Digital 24 Abril 2006

LA ÚLTIMA TRINCHERA VASCA
Editorial Minuto Digital 24 Abril 2006

Desierto ético
Daniel Sirera Libertad Digital 24 Abril 2006

Terrorismo en Navarra... y en Lérida
EDITORIAL Libertad Digital 24 Abril 2006

Arde Navarra
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 24 Abril 2006

De rebote, la pelota vasca
Santi Lucas elsemanaldigital 24 Abril 2006

Navarra sufre el primer "accidente" de los que previó Zapatero
Santiago Abascal elsemanaldigital  24 Abril 2006

Verificado. Rodríguez rendido ante ETA.
Román Cendoya Periodista Digital 24 Abril 2006

ETA y su entorno jamás dejarán de asesinar.
José Luis Palomera Ruiz Periodista Digital 24 Abril 2006

Interlocutores válidos
Víctor Llano Libertad Digital 24 Abril 2006

Los terroristas atentan en Guecho horas después de que Zapatero no condenara el atentado de Navarra
Libertad Digital  24 Abril 2006

La nación imposible
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Abril 2006

LAS TRAICIONES DEL NACIONALISMO
José Ramón Goñi Tirapu Minuto Digital 24 Abril 2006

El pianista y el aburrimiento
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto ABC 24 Abril 2006

... En Euskadi no puede hablarse de proceso de paz, y menos aún, como proclaman los nacionalistas, de una paz «sin vencedores ni vencidos», porque no ha habido una guerra, ni siquiera el ambiente de una guerra civil, por la sencillísima razón de que nunca hubo dos contendientes...

HACE tiempo que ronda por mi escritorio la historia del músico de cine Istvan Nagy, un humilde pianista que en 1922 sufrió una repentina enajenación mental después de interpretar cincuenta tardes seguidas la Sinfonía en Si menor de Schubert. De pronto el cerebro se le rebeló contra el abuso de dedos inconscientes, teclas dóciles y eternas melodías. El drama de Istvan Nagy no resulta difícil de imaginar. Corre la época del cine mudo. Sentado en la oscuridad, el anónimo y pobre maestro acompaña movimientos con sombras de melodía. Clavados los ojos en las viejas teclas, adivina lo que pasa en la pantalla, sin verlo. Sabe de antemano, por ejemplo, que al final del tercer acto el héroe reaparece tras una ausencia de acto y medio. Un día, Istvan comienza a esperar que, por una vez, el héroe quizá entre en pantalla antes y acaso entonces pueda tocar un vals de Strauss en lugar de la Sinfonía en Si menor de Schubert. Pero espera en vano. Todo sigue exactamente igual que ayer, anteayer y hace tres semanas... Hasta que, en fin, enloquece de aburrimiento: la película era muy rentable.

Tan rentable, quizá, como electoralmente lo es hoy, en ciertas partes de España, el nacionalismo, cuyo coro de almas ha terminado convirtiéndonos a todos, y en especial a nuestros políticos de la izquierda, en ese resignado pianista del que les acabo de hablar. Porque, se quiera o no decir, aquí vivimos muchos Istvanes, obligados a martillear, o más bien, a que nos martilleen en los oídos, la misma y anacrónica melodía que tocaban nuestros abuelos. Cada vez más cansados, damos rodeos, nos creamos ilusiones, arbitramos mil medios teóricos e imaginativos para salir de esta vieja partitura escrita a finales del siglo XIX, pero a la postre siempre vamos a parar a lo mismo.

Desde sus autonomías, los nacionalistas periféricos reclaman competencias, transferencias y poderes, mientras el Gobierno central cede competencias, transferencias y poderes hasta hacer del Estado un viejo y raquítico señor al que todos exigen y ninguno quiere servir. Los nacionalistas exhiben sus símbolos particulares una y otra y otra vez mientras los demás aceptamos con sonámbula naturalidad que los símbolos comunes, por ejemplo, no se exhiban para no molestar, o terminamos creyendo que hay que ser catalán, vasco, gallego, andaluz, leonés, canario, cántabro, cualquier cosa oprimida y ancestral, dotada de los pertinentes enemigos igual de ancestrales: los españoles.

¿Qué dirían esos nacionalistas si el Gobierno impusiera en las escuelas el himno español, como Pujol hizo con Els Segadors en Cataluña? ¿Y si los dirigentes del Partido Popular y del Partido Socialista identificaran a España toda con su partido, como los nacionalistas vascos han identificado a sus votantes con la totalidad vasca? Hagamos una prueba. Cójase los discursos de Ibarretxe, Imaz y compañía durante el día de la patria vasca y donde pone Euskadi, póngase España. No habría razón ni estómago que lo resistiera... Largos párrafos de capa y espada; frases que cortan el cielo como crepúsculos de Schubert; palabras que hinchan el pecho y marchan hacia el futuro al compás de una idea romántica, mágica, irreal e indefinida de la nación: un, dos, un, dos...

La España en la que vivimos debería ser plural en historias y en paisajes y en idiomas -así es, en realidad, el país que discurre por la calle- y no confundirse, como de un tiempo aquí se viene haciendo, con una yuxtaposición de colectividades homogéneas -de lengua, de religión, de origen...- a las que siempre ha aspirado el nacionalismo. Tan inviable y anacrónica resulta en el siglo XXI la España plateresca y uniformizada de Franco como la monolítica Euskadi de Ibarretxe o la monolítica Cataluña de Maragall. Por no hablar de los tristes remedos de estos últimos que pueden adivinarse ya en otras autonomías. Dos ejemplos: el esfuerzo y la palabrería que se gastan ahora en exaltar la ficción nacional de Andalucía o en inventar la canaria.

Porque cabe preguntarse qué puede aportar la melancolía nacionalista y el exotismo de la diferencia a unos ciudadanos que cada día viajan más, que han sustituido antiguos por nuevos intereses y aspiran a una vida de perfecta modernidad, más ágil y más amplia que la prometida por los juglares de los derechos históricos. Cabe preguntarse, después de todo, si el Gobierno actual es un ensayo de organizar el futuro de España para una convivencia abierta, plural y desprejuiciada, o significa, por el contrario, un ensayo para abrir nuevas formas de autismo divergente, cuando no de onanismo interestatal.

La mirada de Zapatero parece gravitar sobre la segunda opción. La experiencia catalana, que lleva su sello, así lo indica al debilitar el Estado en beneficio del autogobierno de los territorios y convertir la burocracia en una máquina de propaganda caliente y adaptable al esqueleto del individuo. Lo cual, si se tiene en cuenta que los funcionarios están capacitados para investigar la lengua del ciudadano y para supervisar la información que llega a sus hogares, no debe resultar muy agradable.

Pero si malo es que el Parlamento haga autonomías con maquinarias cada vez mayores y ciudadanos cada vez más minúsculos, resulta peor aún que el Gobierno altere el pasado y nos deslice hacia la mitología, como ha ocurrido desde que la banda terrorista ETA anunciara el alto el fuego, es decir, un alto a la sangre.

En Euskadi no puede hablarse de proceso de paz, y menos aún, como proclaman los nacionalistas, de una paz «sin vencedores ni vencidos», porque no ha habido una guerra, ni siquiera el ambiente de una guerra civil, por la sencillísima razón de que nunca hubo dos contendientes. Euskadi nunca fue el Ulster. Lo que ha ocurrido sobre esta tierra desarbolada es que unos fanáticos agredían, conjugando el crimen y el asedio, y otros ciudadanos, cuyo único pecado ha consistido en defender los valores fríos, pero humanos, del Estado de Derecho, soportaban la agresión o abandonaban el país. Sin olvidar que a muchos que se sabían o se creían a salvo no les importaba nada el infierno ajeno. Sin olvidar tampoco que, mientras tanto, otros muchos miraban. Miraban lamentando piadosamente la suerte de las víctimas y compartiendo la visión política de los asesinos.

Hay que recordar para ver claro. También hay que recordar para no comprar el final de la violencia al precio de cualquier forma de refuerzo del nacionalismo. La Euskadi de hegemonía nacionalista no es una obra divina sino una obra humana, en cuya creación han influido mucho el miedo a los terroristas y el aburrimiento ciudadano ante el peso de una ideología que perjudica, deshumaniza y esclerosa gradualmente la sociedad que dice defender. Tedio sazonado con terror y bañado con un populismo grandilocuente que puede resumirse en la frase de un político fundamentalista turco: «Quienes nos votan son buenos musulmanes. Quienes no lo hacen son unos descreídos y unos ateos». Ignorar esta dolorosa realidad es quebrarse adrede los ojos, obstinarse en no ver que si la barbarie terrorista ha prevalecido durante tantos años en la tierra misma del nacionalismo vasco ha sido a causa de esta ideología, de su carácter de religión civil, y a veces no tan civil, y no a pesar suyo.

Lógicamente, del presidente del Gobierno podemos esperar que no caiga en este olvido fomentado por quienes, adquirida su excesiva preponderancia gracias a la amenaza de la violencia terrorista, ya han abandonado la retórica de la prudencia para zambullirse en los mares wagnerianos de la Gran Patria Vasca. Largo y difícil, esos fueron los adjetivos empleados por Zapatero para definir un proceso que debería conducir al abandono definitivo de las armas por parte de ETA. Sería deseable que a estas palabras se añadieran Estado de Derecho y Constitución, y que la defensa de ambas no se confundiera con un supuesto, nostálgico e inexistente fundamentalismo españolista.

El poder de la Justicia
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 24 Abril 2006

LA democracia no es sólo, como algunos quisieran, el resultado de una matemática caprichosa y relativista, capaz de decidir, por la suma o la resta de escaños, la dirección del viento político, sino algo mucho más sutil y complejo, difícilmente compatible, como algunos quisieran, con el uso alternativo del Derecho. Hay otro poder, el judicial, que compensa, o suele compensar, el mal uso del gobierno por las mayorías. Y cuando estas mayorías pretenden encaramarse sobre los más elementales derechos de las minorías, el poder arbitral de los jueces adquiere, entonces, un papel esencial.

La semana pasada, el Tribunal Supremo suspendió cautelarmente la opa a Endesa y el mismo día, el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña solicitó la incoación de procedimiento abreviado contra el ex consejero de Gobernación de la Generalidad Joan Carretero, de la Esquerra Republicana, por corrupción urbanística. Mientras tanto, proseguía el juicio contra los policías del «caso Bono», que, oficiando de «sargentos vázquez», eran juzgados por detención ilegal mientras sus jefes, de momento, se iban de rositas. Y al mismo tiempo, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazaba la petición de los «ecologistas» de suspender las obras de desdoblamiento de la M-501 en un tramo de gran siniestralidad, dando la razón a la Comunidad de Madrid, que preside Esperanza Aguirre.

La Justicia tiene el poder de decir lo que está de acuerdo con la ley y lo que no. De momento ya vemos quién toma decisiones políticas de acuerdo con la ley y quién no, o dónde está la corrupción y dónde el buen gobierno. Es tal la fuerza de la Justicia que la Constitución le dedica el Título VI y, siguiendo la tradicional división de poderes, configura su poder de forma independiente y únicamente sometido al imperio de la ley. No recuerdo qué político del PP fue el que dijo que lo que distinguía al Partido Socialista del Popular era que cuando gobernaban los primeros hacían lo que les daba la gana, pero que cuando les tocaba a ellos se aplicaba la legislación vigente. Por fortuna, los jueces compensan esa forma arbitraria de hacer política y suelen medir, tarde o pronto, a todos por el mismo rasero.

Ahora, en Cataluña, se quiere volver a mangonear en el poder de los jueces y de los fiscales, y por esa razón prácticamente todos los asuntos, incluidos los de corrupción, acabarán en el Tribunal Superior de Justicia cuando se promulgue el disparatado Estatuto. Eso sí, en correctísimo catalán, cuyo conocimiento deberán acreditar jueces y fiscales si quieren ejercer en Cataluña. El Decreto de Nueva Planta, mayormente, no tuvo por finalidad la de «arrasar con las libertades y derechos lingüísticos de los catalanes», que dejó prácticamente intactos, sino la de unificar la Justicia en todo el Reino, distanciándola de las influencias de la proximidad y siguiendo el modelo centralizador francés. ¿Actuaría con independencia en un asunto como el de Endesa una justicia «catalana»?

No passsssa nada
Por JOSÉ MANUEL DE PRADA ABC 24 Abril 2006

GRACIAS, querido Antonio Burgos, por tu generoso acuse de recibo. Llevaba algún tiempo apreciando esa veta de doliente sarcasmo que hiere tus artículos, cuando describes la España mansurrona del «No passssssa nada», esa España dimisionaria que con tal de mantener el buche lleno y la tarjeta de crédito calentita es capaz de comulgar con ruedas de molino y hasta de entregarse a los carroñeros que se echarán a suerte sus tajadas y harán con ellas sabrosísima pitanza. No, querido Antonio, no creas que has enloquecido, aunque tus avisos sean recibidos con desdén, desapego o franca animosidad. Acuérdate de Laocoonte y sus hijos, cuyas admoniciones también fueron ignoradas por los troyanos, encantadísimos de celebrar la retirada de los aqueos, que en el colmo de la generosidad les habían dejado como dádiva aquel caballito de madera. Cuídate, sin embargo, querido Antonio, de las serpientes marinas que a cada poco te enviarán quienes desean mantener a la gente amuermada; serpientes que se enroscan en el gaznate hasta dejarnos mudos y que luego se sumergen otra vez en el piélago, arrastrándonos consigo al reino de las sombras. Así murieron Laocoonte y sus hijos. O tal vez nuestro destino sea, como el de Casandra, vagar de ciudad en ciudad, despreciados de todos como emisarios de malos augurios: nadie querrá detenerse a escuchar nuestros vaticinios funestos, nadie querrá desprenderse del soniquete letárgico del «No passssssa nada».

Te espantabas en tu artículo de ayer de que los jubilatas y las marujonas de un plató televisivo aplaudieran a rabiar cuando alguien dijo que bastaría soltar a los etarras de las cárceles para conseguir la paz. ¿Pues qué esperabas? ¿Tú sabes a lo que está dispuesta esta ex nación de rendidos y genuflexos, con tal de poder zamparse sin sobresaltos sus gambas como saxofones? No sólo a que los etarras, incluso quienes chorrean sangre y menudillos por las comisuras de los labios, vuelvan a pasearse por las calles; también a meter Navarra en el lote, de regalo; también a conceder el derecho de autodeterminación. Total, ¿qué más da que los vascos se autodeterminen y aun que se anexionen Navarra, si a cambio dejan que la gente pueda seguir disfrutando placenteramente de su bienestar? ¡Estaríamos buenos si todos fuesen como los plastas de UPN, que no hacen más que dar la tabarra y ponerse alarmistas, como si a los españoles nos importara un ardite el destino de la comunidad foral de las narices! ¿Tanto les cuesta a los navarros aprender el euskera? ¿Acaso se les van a caer los anillos si la ikurriña ondea en sus edificios oficiales? Diles a las marujonas y jubilatas de plató televisivo que Navarra está en venta y ya verás cómo aplauden: hasta despellejarse las manos, hasta ensordecer con su algarabía las trapisondas de la kale borroka...

Ayer, querido Antonio, atenazado por la melancolía, me entretuve zapeando por los diversos canales televisivos, en busca de alguno que me devolviera, sin distorsiones embellecedoras, el reflejo de esta España que aguarda, risueña y bobalicona, la llegada de los bárbaros. Todos los telediarios enunciaban sucintamente las calamidades del día: la ferretería de un judío (¿o era un navarro?) devorada por el fuego de los camisas pardas (¿o eran los cachorros encargados de velar por la «tregua permanente?»), los guardias civiles reclamando la desnaturalización del cuerpo (mañana reclamarán secciones autonómicas independientes, acordes con la realidad plurinacional)... ¿Querrás creer que no hubo telediario que no dedicase más tiempo al fundamental partido que al día siguiente disputaba el Real Madrid -y a las vicisitudes de sus estrellitas o asteroides: que si a uno le picaba un grano, que si otro se lo rascaba- que a tan nimios acontecimientos? Y es que, querido Antonio, aquí no passssssa nada.

Presuntos implicados
Pablo Sebastián Estrella Digital 24 Abril 2006

No se mueve nada, no se mueve nadie en la maquinaria de poder del PSOE, pase lo que pase. En sólo unos días ETA ha roto la tregua en Navarra (ante el silencio de Batasuna y de Zapatero), Ibarretxe nos anuncia un referéndum ilegal en el País Vasco, Maragall ha comparado la soberanía catalana con la española, el consenso estatutario se rompe en Andalucía y el Tribunal Supremo suspende la intervención política del Gobierno en la OPA de Gas Natural sobre Endesa, y no pasa nada.

Nadie en el poder y su entorno que lidera José Luis Rodríguez Zapatero hace el menor gesto, rectificación o asume la mínima responsabilidad política. El país, España, la nación española continúa deslizándose lentamente por la pendiente, pero en las primeras instituciones, Gobierno y Parlamento (sólo los altos tribunales presentan resistencia), no hay la menor reacción ante la crisis de la unidad e identidad nacional. La consigna es resistir, ni un paso atrás, a lo hecho pecho, porque es demasiado tarde, una vez que Zapatero se ha lanzado hacia un nuevo modelo de Estado que nadie sabe, al día de hoy, cuál será ni hacia dónde va y de la que son responsables a partes iguales, Zapatero, el PSOE y su poderoso grupo de comunicación.

Porque bastaba que uno de los dos —PSOE o PRISA— dijera a Zapatero, simplemente, ¡no!, para que el monosílabo derrumbara una tras otra las fichas del endiablado dominó, en el que permanecen alineados y en entredicho la Constitución, los Estatutos, el Estado de Derecho, las libertades y la independencia judicial y la identidad y unidad nacional.

La procesión, sin lugar a dudas, va por dentro en el régimen de poder instalado en torno al cuartel general de la Moncloa, de donde emana la orden de ¡no se mueva nadie!, y de donde salen y se reparten todas las prebendas del poder, políticas, mediáticas, culturales, económicas, financieras. Y es el reparto y la experiencia acumulada durante la crisis de los gobiernos de Felipe González, del crimen de Estado y la corrupción, lo que bloquea e impide cualquier llamada interna de atención, protesta o rebelión ante la larga cadena de los despropósitos nacionales. Apenas hablaron Guerra, Bono, Vázquez e Ibarra, pero sus pequeñas rebeldías cayeron bajo la ley del silencio —¿qué tiene Bono que ocultar para su cambio de opinión y sorprendente sumisión?—, sólo en Cataluña el grupo de Boadella —Ciudadanos de Cataluña— se atrevió a alzar la voz ante el disparate nacional que tiene su punto de partida en el Estatuto de Cataluña.

Pero el silencio no sólo afecta a la clase política sino al mundo de la cultura, a todos los que se llaman intelectuales y pensadores de la izquierda o del centro izquierda, así como a los medios de comunicación en general —todos los canales de televisión nacionales están al servicio del Gobierno, imitando el que fuera modelo italiano de Berlusconi—, y aquí incluidos empresarios y entidades financieras, que están a ver que se llevan de todo esto o que no quieren problemas con el poder. El silencio y la connivencia de la derecha empresarial y financiera con el Gobierno de la crisis nacional, de la que estos magnates despotrican en privado, es otro síntoma del deterioro moral de nuestra sociedad, ante los cambios históricos que se están llevando a cabo al margen de la soberanía nacional.

Del mundo de la cultura y del pensamiento progresista (rehenes del grupo editorial pro PSOE con el que nadie compite) nada se puede esperar. Atrás, se tragaron sin pestañear los sapos de la corrupción —que inundó las más emblemáticas instituciones del Estado, Gobierno, sindicatos, Banco de España, Ejército, Guardia Civil, CNI— ante el silencio general del régimen felipista y de sus pensadores, académicos, artistas, creadores y periodistas, cómplices todos ellos de aquella lamentable situación. En la que lo único importante era salvaguardar el poder a cualquier precio.

Y estos presuntos implicados en los crímenes y corrupciones —por acción u omisión— son los mismos que ahora se callan, porque si entonces no les alteró la violación política del Código Penal, tampoco les va a escandalizar ahora la violación constitucional y el desguace paulatino del Estado. Por lo que todo queda pendiente, como entonces, del nivel de independencia de los tribunales que el Gobierno de Zapatero, consciente de su escaso margen de autonomía, pretende soslayar para siempre con la reforma del Poder Judicial en curso y de una minoría de medios de comunicación, muchos de los cuales han derivado hacia la extrema derecha en sintonía con los sectores más radicales del PP, convirtiéndose ambos en la coartada política de la derechona —de la que Aznar alardeó durante su segunda y demencial legislatura— con la que el Gobierno advierte y avisa a sus socios nacionalistas, aliados y navegantes varios del riesgo de una involución si el PP recupera el poder.

En la caída del felipismo desempeñaron un papel los jueces y los medios de comunicación no controlados por un régimen corrupto que también organizó sus más viles cacerías en este sector, promocionando en contrapartida a sus publicistas. Pero nunca con la misma intensidad con la que Zapatero ha forjado su actual cinturón de seguridad audiovisual. Completando su estrategia de permanencia en el poder con pactos de gobernabilidad con nacionalismos radicales que desvalijan las competencias del Estado y la sumisión silenciosa de los intelectuales y los financieros y empresarios de fortuna que no tienen más religión que el becerro de oro de la Moncloa, que todavía brilla en los albores del fin del ciclo eufórico de la bonanza económica internacional.

Lo que sumado a la euforia de la tregua de ETA —puesta en cuarentena por la bomba de Navarra de la que ayer no dijo nada en su mitin de Madrid— le ha permitido al Gobierno desplegar una cortina de humo sobre la cruda realidad española, cortina que se refuerza con los líos de Marbella —una broma si se compara con los escándalos y consecuencias del Estatuto catalán— y pronto con el campeonato mundial de fútbol, para que todos se olviden de lo esencial, a sabiendas los autores y sus presuntos implicados que la semilla de la crisis nacional está sembrada y crecerá. De ahí que nadie descarte unas elecciones anticipadas si el Gobierno, temeroso de que fracase la tregua, empeore la economía y se complique la reforma estatutaria decide aprovechar la euforia para renovar el poder por otros cuatro años más.

“El hazmerreír” de España
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 24 Abril 2006

José Luis Rodríguez Zapatero no pasará, ni con la ayuda de los más devotos biógrafos, a merecer la consideración de gran hombre de Estado. Zapatero es un mocito despierto en el que una inmensa ambición, bien sujeta en unos cimientos de rencor histórico, le empuja a reconstruir el pasado y, sin parar en barras, falsificarlo. Tiene maña para ello y, con tal de no caerse en tan peligroso intento, se sujeta en dos balaustradas que le han venido al paso. Una, el mal llamado “alto el fuego” que —unilateralmente, no se olvide— proclamaron los terroristas vascos, y otra, la que se tornea con las nuevas formas estatutarias que, con gran insolvencia y sin sentido del Estado, tienden a destruir la Constitución que, mejor o peor, nos dimos en 1978.

Lo del “alto el fuego” pierde fuerza frente a los últimos acontecimientos. El incendio provocado en la localidad navarra de Barañáin, en una ferretería de un concejal de UPN, tiende a desmentir los pregones que hablan de un “proceso de paz” —grandilocuente nombre para un gesto táctico— en donde sólo hay, de haber algo, una cierta disposición para la negociación.

El asunto estatutario, a partir de la contemplación de lo que ocurre en Cataluña, es algo mucho más complejo e inquietante. Como todo el mundo sabe, Pasqual Maragall alcanzó el sillón presidencial catalán en un pacto que traiciona todos los supuestos clásicos del socialismo español y, lejos de reconvenírselo, José Luis Rodríguez Zapatero lo hizo suyo para poder sentarse en la Moncloa. De ahí arranca el compromiso de un nou Estatut que, pendiente de sus últimos trámites, no acaba de satisfacer a las partes implicadas.

Para la federación de ERC del Alt Pirineu, significativa dentro del ámbito que sostiene a Josep Lluis Carod-Rovira, el Estatut resultante después de su paso por el Congreso de los Diputados es tan poco deseable que ha decido votar “no” en el próximo referéndum. No parece que con ese ambiente, y en esa disposición de ánimo, el Govern tenga mucho recorrido por delante, y será un milagro que Maragall pueda terminar la legislatura al frente del tripartito. En el Alt Pirineu ya reclaman comicios anticipados y, muy posiblemente, otras federaciones de Esquerra seguirán ese camino.

En el otro lado del escenario catalán, Josep Antoni Duran Lleida también reclama que las elecciones autonómicas se celebren cuanto antes, inmediatamente después del referéndum sobre el nuevo Estatut, y la calle comienza a hacerse eco de tan razonable solicitud cuando, como resulta evidente, el núcleo gubernamental resulta tan inestable y se manifiesta con tantas tensiones internas.

Duran, hombre de ademanes moderados y convicciones profundas, como corresponde a su naturaleza democristiana, no sólo considera “insostenible” la situación de Maragall y sus aliados, sino que va más allá y considera que, en virtud de la política en curso, Cataluña se ha convertido en “el hazmerreír del resto del Estado y de media Europa”. La legislatura, afirma, debe darse ya por concluida.

Cataluña tiene la suficiente entidad para no convertirse, con facilidad, en “hazmerreír” para el resto de España; pero, ajustando los términos, sí puede decirse que Maragall lo ha conseguido. No es, como dice Josep Piqué, “un presidente normal” y, de no atenerse a la gravedad que suscita la situación, podríamos estar todos en carcajada continua. Es más, tan grande resulta su capacidad provocadora que Zapatero ya aparece contagiado del mismo mal histriónico. En España, como es bien sabido, las risas se vuelven lágrimas con gran facilidad; pero, mientras duren, aprovechemos de la circunstancia. Maragall y Zapatero, clown y augusto, actúan en la pista central del gran circo nacional. El espectáculo resulta caro; pero, de momento, resulta divertido.

Zapatero
El muñeco de ETA
Agapito Maestre Libertad Digital 24 Abril 2006

Aunque ETA había vuelto a ejercer el terror unas horas antes del mitin de Vista Alegre, el domingo por la mañana estaba crecido el presidente del Gobierno. Se sentía el principal promotor de este horrible vertedero de residuos terroristas, o sea radioactivos, en que se ha convertido España. Acaso por eso, nadie con ganas de vivir al aire libre, sin contaminación, soporta tanta inmundicia. En cualquier momento todo puede saltar por los aires. De hecho, sólo quien se ha adaptado a vivir entre la basura, o sea, quien se ha convertido él mismo en basura, puede vivir como si esto fuera lo normal. Sólo quien se engaña hasta la imbecilidad puede soportar la tiranía de este cruel cementerio: España ha muerto, pero sus residuos, los nacionalismos, imponen por todas partes su criminal dictadura. Algunos ingenuos creían que se iban a salvar del terror de los nacionalistas, por ejemplo, los nihilistas andaluces, pero ya empiezan a sufrir en sus carnes el rigor del terror. Vivir en una España rota será cada vez más duro. Los ciudadanos de bien están amargados porque, desde que el terrorismo internacional coadyuvó a que Zapatero llegara a la Moncloa, los políticos nacionalistas y de izquierdas no han hecho otra cosa que adaptarse a lo impuesto por el terrorismo nacional.

Sin embargo, en Vista Alegre, algunos de esos ingenuos, y también un sector de los cantores de las hazañas de Zapatero, acostumbrados a vivir arrastrados entre la basura nuclear, esperaban que el presidente del Gobierno condenase el atentado de ETA contra un ciudadano navarro de UPN. Sus "esperanzas" eran autoengaños para soportar un rato sus indignas vidas. Pero Zapatero no podía condenar lo que le da un poco de vida política. Sería ir a la contra de su parasitismo. Además, era imposible, porque el dueño del cementerio no es Zapatero, sino los terroristas. El presidente de Gobierno es un muñeco en manos de ETA. Zapatero no puede hacer otra cosa que callar y tragar. Disimular y decir imbecilidades para otros tantos correligionarios. En su ayuda han salido, inmediatamente, Llamazares, Durán y Carod-Rovira, quienes han justificado que el atentado de ETA en Navarra es el mejor método, el único, que la población puede esperar para sobrevivir a lo que se nos viene encima.

Mientras tanto, en Vista Alegre, Zapatero, representando a la perfección el papel que le ha reservado el terrorismo, entretenía a los suyos haciéndoles olvidar por unas horas que están al borde de la muerte. El PSOE apenas es nada sin los nacionalismos. Todo está pendiente del "proceso de paz", o sea de ETA. En fin, como muñeco parlante, Zapatero resumió con exactitud la basura producida por este cementerio, durante los dos últimos años. Ha ocultado una estatua de Franco, sobre todo para que no investiguemos en el pasado de alguno de sus compañeros de partido, ha aprobado una ley contra el matrimonio heterosexual y ha sacado un Estatuto, especialmente para que los políticos salvajes de Cataluña, los nacionalistas, sigan exprimiendo al resto de los españoles. Ahí está el resumen de la mitad de la legislatura. Dice Zapatero, con mucha razón, que eso es imposible de reciclar o, por decirlo literalmente con sus palabras, "es imposible de derogar". Sin duda, nadie podrá transformar en abono esa basura. Contaminará irremisiblemente a las próximas generaciones.

El niño mimado de la democracia
EDITORIAL Libertad Digital 24 Abril 2006

El que el extremismo de la izquierda se haya cobrado 100 millones de muertos y décadas de un enorme porcentaje de la población mundial sojuzgado por el totalitarismo no ha hecho mella en la popularidad de la izquierda, ni ha llevado a la ilegalización a los partidos comunistas de las democracias occidentales; ni siquiera han pedido jamás perdón. La derecha, en cambio, parece obligada a pedir siempre perdón por el fantasma de las dictaduras pasadas, mientras sus extremos son ilegalizados y repudiados socialmente. Décadas de propaganda siguen dando frutos. La izquierda sigue siendo juzgada por sus magníficas intenciones y la derecha por los peores resultados prácticos de sus políticas.

La consecuencia de este hecho entre los partidos que debieran ser menos extremistas es evidente. Mientras el partido de centro izquierda puede echarse al monte siendo jaleado en las televisiones, la moderación del centro derecha es calificada sin sonrojo de radicalización. A la discrepancia ante los dos años de gobierno de Zapatero se le dice portadora de crispación, pero la destrucción de la unidad de España y la rendición ante la ETA reciben el calificativo de "proceso de paz". El discurso del presidente del Gobierno en Vistalegre no es más que la alegre chanza jactanciosa de un miembro más de la estirpe más mimada de la democracia: la izquierda.

El del domingo fue un texto en el que se enorgullece de la retirada de las tropas de Irak, pese a realizarla incumpliendo su promesa electoral de hacerlo sólo si la ONU no aprobaba la resolución que ciertamente aprobó antes del plazo. Una retirada en la que, por lo que se ve, se dejó olvidada una fragata, que ha colaborado en acciones bélicas con la armada estadounidense. Pero como las magníficas intenciones son las de luchar por la paz y por una alianza entre civilizaciones con las dictaduras teocráticas de Oriente Medio, el despliegue de la Álvaro de Bazán no ha provocado mucho revuelo.

De entre las perlas del discurso, cabe destacar su defensa de la ruptura del consenso en el cambio de significado de la palabra matrimonio. Una ruptura no sólo con la oposición sino con el artículo 32.1 de la Constitución, la Academia de la Lengua, el Consejo de Estado, el CGPJ y hasta el Senado. Zapatero afirma que no podía transigir con el uso de la palabra matrimonio para referirse a la unión legal entre homosexuales, pues "con las palabras los seres humanos construimos significados y moldeamos la realidad". El presidente del Gobierno reconoce su deseo de cambiar a la sociedad por medio del BOE, modelarla a su gusto por medio de la imposición legal, pero como la ingeniería social rebosa "talante" y "tolerancia" en sus intenciones declaradas, nadie levantará mucho la voz.

No deja de resultar paradójico que quien se encargó de reducir la importancia de la palabra "nación", primero en el Estatuto catalán y luego en el andaluz, reconozca ahora la importancia de las palabras, especialmente cuando se ponen negro sobre blanco en una ley. La coherencia no es la mayor de las virtudes de la izquierda, que cuenta con que unos medios domesticados y unos votantes acomodados en el sectarismo no tengan en cuenta estas minucias.

El silencio sobre las sombras de los dos primeros años de gobierno de Zapatero no debería sorprender a nadie, pues no es costumbre que ningún político eche piedras sobre su propio tejado. Más preocupante debería ser la aceptación bovina de su discurso. Siendo la izquierda el niño mimado de la democracia, no es de extrañar que hayan pasado sin crítica los dos peores años que ésta ha vivido desde que se aprobó la Constitución.

Ya tardan
Por IGNACIO CAMACHO ABC 24 Abril 2006

A la hora que es, media tarde del domingo, nadie de Batasuna ni ningún «portavoz de sí mismo» -condición existencial que Pepiño Blanco atribuye a Otegi- ha condenado el atentado contra la ferretería de un concejal navarro. Ya tardan. A la hora que es, ningún miembro del Gobierno les ha conminado tampoco a hacerlo bajo la amenaza de suspender de inmediato el diálogo del «proceso de paz». Ya tardan, también. Lo primero es lamentable, aunque previsible; lo segundo, muy grave. Precisamente porque también resulta previsible.

Y es previsible por la sencilla razón de que el Gobierno lleva demasiado tiempo ofreciendo la impresión de que está más interesado en el diálogo que los terroristas. Con su empeño en forzar los tiempos y adelantarse al ritmo de la realidad, el equipo de Zapatero concede a la ETA y su entorno una ventaja de primer orden: el lujo de la paciencia. Una paciencia activa, como se ve; la paz rogando, y con la gasolina incendiando. Como siempre, más o menos, la elemental ambivalencia de Arafat: rama de olivo en una mano, arma de fuego en la otra. Viejo asunto.

El Gobierno está desperdiciando una tras otra numerosas oportunidades de hacerse valer. Podría tener a Otegi en la cárcel y a Batasuna acorralada hasta el acogotamiento, circunstancias que le otorgarían indiscutible fuerza negociadora. En vez de eso, ha optado por mandar al fiscal que suavice sus peticiones procesales, ha remitido instrucciones a la Guardia Civil para que afloje los controles en el País Vasco y ha dado alas de respetabilidad a los portavoces de sí mismos que actúan en nombre de Batasuna. El ataque de Barañáin le regalaba a Zapatero otra ocasión para ponerse duro y reclamar al conglomerado etarra un mínimo de lealtad a sus gestos de buena voluntad, pero el presidente considera que «no es momento» -¿cuándo será?- y prefiere agarrarse al clavo ardiendo de que se trate de una acción «incontrolada». Se sabe desde hace mucho tiempo que los «incontrolados» controlan bastante bien la puntería y la oportunidad de sus actos. Sin duda, el hecho de que el atentado se haya producido en Navarra justo en pleno debate sobre el anexionismo es fruto de una fatal casualidad.

Los incontrolados y los portavoces de sí mismos saben perfectamente que el Gobierno tiene prisa porque ha convertido el diálogo con los etarras en su principal apuesta política. Por eso pueden administrar hasta las elecciones sus gestos de acercamiento con medidos pasos atrás que hagan temblar a Zapatero ante la posibilidad de verse abocado a una ruptura. Pueden jugar con el Estado desde la posición de fuerza que el Estado incomprensiblemente les otorga. Pueden esconder y enseñar a conveniencia la llave de la paz porque les ha sido entregada. Pueden actuar, y actúan, como si en vez de ante una oportunidad de rendición estuviesen en la antesala de una victoria.

Pero ni el Estado, ni el Gobierno ni los ciudadanos pueden conformarse con eso.

El Estatuto y la estatua
Por GERMÁN YANKE ABC 24 Abril 2006

«No derogarán los estatutos» dijo ayer Rodríguez Zapatero refiriéndose a los dirigentes del PP. El presidente tiene, y no sólo en este mitin de celebración mediada la legislatura, una paradójica concepción de sus reformas, como si se tratara del resultado de fuerzas inasibles de la Historia, del salto de la Edad Media a la Moderna, imposible volver atrás. Se nota también en su reacción ante las críticas que surgen (en la oposición y en su propio partido) cuando propone los cambios: palabras, palabras, pero luego llegan los hechos y ya nadie puede nada contra ellos. Se esgrime, para comenzar las reformas, que todo es mudable, que nada debe anquilosarse en el dogma, y luego, cuando se llevan a cabo, se convierten en inalterables.

Pero la alusión a la derogación, nueva reforma o contrarreforma de los estatutos -por ahora del de Cataluña- tiene trampa. Y no porque el PP vaya a plegarse intelectualmente a su nueva redacción, sino porque, hoy, a los críticos les resulta más fácil modificar la Constitución para establecer límites a la voracidad nacionalista que cambiar el nuevo Estatuto. Y son precisamente las dificultades que supone la reforma de la Carta Magna, la necesidad de consensos y consultas populares, lo que ha querido evitar ahora Zapatero para que la oposición y sus sucesores en la dirección del PSOE tengan que aceptar su dictado aunque no les guste. Ese es el lamentable efecto, en lo que al funcionamiento de la democracia se refiere, de la ruptura del consenso que se estableció tras la muerte de Franco.

Veremos, por tanto, si, más adelante, no termina por modificarse la Constitución, a instancias del PP o del propio PSOE. Veremos si, como ocurre hoy en Alemania, no terminamos todos -consensuadamente- por darnos cuenta de que la deriva hacia la primacía de las entidades regionales termina por paralizar el funcionamiento lógico del Estado. En nuestro caso, además, el proceso impulsado por el presidente está, además, contaminado de nacionalismo. Es decir, sin mucho esfuerzo y con menos prudencia, nos hemos cargado el concepto de nación democrática, de nación de ciudadanos, que tiene su origen en la Revolución Francesa, para sustituirlo por el ya archifamoso de nación de naciones, nacionalidades históricas o realidades nacionales, todas ellas superponiendo etnias o criterios vaporosos a los individuos.

Maragall acaba de presentar el nuevo Estatuto como un «pacto de soberanías», lo que es tan falaz como descriptivo de la mentalidad con la que en España se impulsan las reformas que ahora se quiere que nadie derogue. Si tal pacto existiese sería el contradictorio y lamentable de la soberanía de los ciudadanos, que es la española, con otra distinta e incompatible («nacional», «histórica», etc...).

El presidente, en el mitin festivo de ayer, añadió que la oposición tampoco volverá a colocar la estatua de Franco. Lo siento, pero la nueva nación, la que impone esos pactos, la que consagra el Estatuto, se parece más a la de Franco que la de la Constitución de 1978. Así que, ciertamente, la estatua no hace falta.

Atentado en Navarra
ETA, aún
GEES Libertad Digital 24 Abril 2006

No por esperada es menos dolorosa una constatación: el atentado que en la madrugada del sábado ha destruido el comercio familiar del concejal de Barañain José Antonio Mendive supone el fin de cualquier ingenuidad sobre la voluntad de ETA de seguir sembrando el terror. Este atentado obligaría a un Gobierno serio a dar la cara; las vagas excusas con las que Rodríguez Zapatero, Blanco o Rubalcaba defendían el alto el fuego etarra han saltado por los aires junto con la ferretería del concejal navarro.

Los hechos nos muestran los entresijos de la hoja de ruta de la paz del Presidente y de ETA. Con este tipo de atentados, los terroristas permiten a José Luis Rodríguez Zapatero y a su galaxia mediática seguir repitiendo la cínica fórmula de que ETA lleva tres años sin matar. Pero al mismo tiempo le permite seguir con su tradicional estrategia; sembrar el terror entre aquellos que se oponen a su proyecto. El atentado muestra que la maquinaria terrorista etarra sigue bien engrasada, y que puede intensificar un frente y ralentizar otro cuando le conviene. Pero la estrategia, acabar con los desafectos, sigue intacta. El atentado contra los Mendive demuestra que ETA sigue en lo mismo de siempre. Si el Gobierno mantuviera mínimamente la coherencia intelectual y moral, cualquier diálogo con ETA debiera haber saltado por los aires junto con el comercio de la familia Mendive.

El ataque se produce, además, en la localidad navarra de Barañain. En primer lugar no es casualidad que se produzca en la Comunidad Foral, precisamente en una semana en la que ha salido definitivamente a la luz el pacto que el PSOE ha alcanzado con ETA para crear una dieta común que suponga el principio del fin de la autonomía de Navarra. Con la situación en el País Vasco controlada, ETA parece centrar ahora sus esfuerzos en desestabilizar Navarra, y aumentar la presión sobre los miembros de UPN, quienes se oponen con más firmeza a su proyecto anexionista. ETA sabe que Zapatero ha abandonado cualquier defensa de Navarra; extorsiona a sus empresarios sabiendo que cuentan poco en la Moncloa y acosa a los políticos navarros sabiendo que el Gobierno minimizará los hechos.

En segundo lugar, el atentado se produce en Barañáin, ayuntamiento en el que el PSN ocupa el poder con la misma fórmula con la que aspira a ocuparlo en el Gobierno de la comunidad; un gobierno de coalición con los nacionalistas vascos, moderados y radicales. José Antonio Mendive es en esta localidad la cabeza visible de la oposición al proyecto que Zapatero y ETA han fijado para Navarra, y a cerrarle la boca han ido.

Las primeras reacciones del PSOE y del Gobierno apuntan a sembrar dudas y minimizar una vez más lo que ha sido un atentado en toda regla. Los hechos demuestran que ETA ni tiene intención de rendirse ni tiene intención de renunciar a los objetivos por los que lleva matando treinta años. Ha cambiado temporalmente la estrategia del pistolero por la del terrorista callejero, sabiendo que así conseguirá más fácilmente sus fines ante un presidente del Gobierno que busca obsesivamente la "paz", y que parece haber dejado abandonados, a empresarios y políticos de Navarra, a su suerte.      GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Maragall se hace soberanista
Editorial ABC 24 Abril 2006

PASQUAL Maragall extendió ayer, en el día de San Jorge, la certificación política de inconstitucionalidad del proyecto de Estatuto para Cataluña al afirmar que ha sido fruto «del pacto entre la representación de la soberanía popular catalana y la representación de la soberanía popular española». Con semejante afirmación, Maragall liquida su proceso personal de absorción nacionalista mediante la adopción de un lenguaje y de una actitud ante el autogobierno que compiten directamente con el independentismo de Esquerra Republicana de Cataluña. Puede que la intención de Maragall sea atraer a ERC al voto favorable en el referéndum, pero hacerlo a costa de transmutarse en un peón del soberanismo es una manera de poner al descubierto a su propio partido y a quienes, desde Madrid, le han patrocinado en esta aventura. La sinceridad de Maragall es la misma que la de los nacionalistas que ven en el nuevo Estatuto para Cataluña un acto de soberanía. Y este planteamiento, por sí mismo y al margen de cualquier futura decisión del Tribunal Constitucional, contraviene la letra y el espíritu de la Constitución, pero, al mismo tiempo, y esto es lo grave, resulta ser una interpretación legitimada por el contenido del texto estatutario. La diferencia entre Maragall y los nacionalistas catalanes, por un lado, y el PSOE y el Gobierno central, por otro, es que aquéllos no tienen reparo en sincerarse ante los catalanes acerca del fundamento soberanista del nuevo Estatuto, mientras éstos se afanan en minimizar ante el resto de la sociedad española la dimensión nacionalista, insolidaria y agraviante del texto.

Ha tenido que ser, precisamente, un socialista el que encarne mejor que nada y que nadie el fracaso del apaciguamiento del nacionalismo mediante políticas de concesiones sin reciprocidad. El pacto entre soberanías, al que aludió ayer Maragall, es la semilla para un reguero de conflictos constitucionales y de demandas nacionalistas crecientes, porque el proyecto estatutario, lejos de calmar las ambiciones soberanistas en Cataluña, las ha exacerbado, tanto por lo que supone de refuerzo al nacionalismo, como por lo que implica de debilitamiento del Estado para afrontar nuevas presiones en el futuro. Ninguna razón habrían de encontrar los nacionalistas para frenar sus aspiraciones cuando el actual escenario político, fruto en gran parte de sus reivindicaciones, les sirve ya de catapulta para incrementar sus demandas al Estado.

Sin embargo, la aportación decisiva al optimismo del nacionalismo catalán por lo que han obtenido, pero, sobre todo, por lo que creen que podrán obtener a corto o medio plazo, no consiste en la desubicación política de Maragall, sino en la facilidad con que ha conseguido sumar al socialismo español a una política que centrifuga el Estado y parcela la nación, con todo lo que esto supone de abdicación de la identidad socialista. Que tal situación es exponente de un problema esencial para el PSOE, y no meramente accidental, se demuestra con la exportación a Andalucía de la rifa identitaria inaugurada con el nuevo Estatuto catalán, confirmando así la grave sospecha de que estas reformas estatutarias esconden -aunque ya no tapan- una revisión encubierta del modelo constitucional del Estado y de España.

Pasqual Maragall es, por tanto, el síntoma de males mayores y no el único culpable, aunque sea fácil ahora para el PSOE convertirlo en chivo expiatorio de sus propios errores. Maragall expresa el mal de una clase política en Cataluña que, a excepción del PP, ha abandonado el sentido de la prudencia y la moderación para ofrecer no sólo un modelo nacionalista de autogobierno, sino también un modelo social sectariamente de izquierda. Es también la prueba -no precisamente la primera ni la más reveladora- del fracaso de toda declinatoria ante el nacionalismo. Y, por supuesto, revela la profunda crisis de valores de la izquierda española, convertida en acelerador de movimientos nacionalistas que aceptan de buen grado cambiar la crisis del modelo de Estado por un pacto de poder político a largo plazo.

Cataluña
Ni Ley, ni respeto ni temor
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Abril 2006

La situación de una democracia se mide por el respeto que el régimen legal y la clase política en el Poder le tienen a la Oposición. En Cataluña, ese respeto brilla por su ausencia. La Ley está para proteger a los delincuentes, hasta el punto de que a políticos que se dedican a chantajear funcionarios, en vez de procesarlos, los ascienden a jefes de los funcionarios. La única oposición, aunque minoritaria, débil y claudicante, es la del PP de Piqué, si es que todavía pueden coexistir esas siglas y ese líder. Y el tratamiento que recibe es el de una oposición blandita a una dictadura crecida. Nada que ver con una democracia. Nada que ver con la libertad.

Ni siquiera cabe alegrarse de la anulación política del PP pensando en que así cambiarán a la dirección actual, porque, por desgracia para su proyección como líder nacional, cada vez aparece Rajoy más identificado con Piqué y con la blandenguería claudicante que en él se reconoce. El PP en Cataluña, ese protoestado vicetotalitario, sólo puede ser un partido testimonial, resistente, casi martirial, como el del País Vasco. Pero sólo asumiendo la realidad puede hacerse respetar. Y acaso intentar hacerse temer. Jugar a que no pasa nada, cuando los nazis envalentonados del separatismo violento les atropellan día sí día también no sólo es un acto de cobardía, es además un suicidio político. Lo de Lérida es la demostración de que la derecha española cumple el papel de los judíos en los prolegómenos del régimen hitleriano. Cuando quisieron defenderse era demasiado tarde.

Conviene insistir en que el régimen liberticida de Cataluña es el que se está proyectando en toda España, con su CAC, sus partidas de la porra, su corrupción y su orwelliana realidad virtual, gracias a unos medios de comunicación que son sectarios hasta la náusea y más allá del delito. Si el PP acepta ser tratado a puntapiés en Cataluña, laboratorio del nuevo despotismo, ¿cómo pensar que apoyarlo sirve a la libertad de los ciudadanos y de España?

ZP, Alonso y Rubalcaba
El triángulo de las Bermudas gubernamental
Isabel Durán Libertad Digital 24 Abril 2006

El pasado Miércoles Santo la cúpula de la banda terrorista se reunió en Francia y decidió hacer público su último Zutabe. El que hace el número 110 de los boletines internos de los pistoleros es enviado a la televisión pública vasca. Hasta aquí, todo normal. Lo insólito es que el Gobierno ha decidido decretarlo "secreto de Estado" y no se ha filtrado a la Prensa más que con cuentagotas una versión parcial e interesada. No sólo no se ha informado a la opinión pública de las verdaderas revelaciones etarras, sino que ni tan siquiera se ha entregado el texto a la Brigada de Información en Pamplona, enclave vital en la lucha antiterrorista.

La razón es bien sencilla. En el boletín, escrito en vascuence, los asesinos se regocijan en detalles sobre el camino andado de la mano de Zapatero y los surcos de la hoja de ruta trazados de antemano de común acuerdo. El Zutabe revela la aceptación por parte del Gobierno del viaje hacia la autodeterminación y a la anexión de Navarra, ambas condición sine qua non para concederle a Zapatero el tantas veces suplicado "proceso de paz". "Accidentes" como la destrucción de la ferretería del concejal de UPN en Barañáin o las cartas de extorsión "sin importancia", en lenguaje zapateril, van de suyo en el sendero de los terroristas que encarrila la acción de un Ejecutivo hipotecado, turbio y antidemocrático desde sus comienzos.

José Antonio Alonso reveló el verdadero cariz del nuevo Gabinete cuando en una entrevista en la Ser acusó al Gobierno de Aznar de "imprevisión". Todavía estaba caliente la sangre de los asesinados y de los mutilados por la matanza del 11-M que les había llevado al poder. España se encontraba aún bajo el impacto emocional de la descomunal masacre en masa cuando el íntimo amigo y compañero de pupitre del presidente, recién nombrado ministro del Interior, apuñalaba al partido al que los atentados habían expulsado de la Moncloa. Juez de carrera, Alonso culminó su mandato al frente de una Policía en la se han destruido y manipulado datos para proceder a las primeras detenciones políticas de la democracia con el fin de criminalizar a las víctimas del terrorismo y al PP. Tras él, antes de cumplirse la semana de haber recogido el testigo por parte de Rubalcaba, el Gobierno declara secretos unos papeles que los terroristas quieren dar a conocer porque no le interesa políticamente.

El presidente y sus dos ministros de Interior y de Defensa conforman los vértices de un triángulo de las Bermudas gubernamental donde la información desaparece o se transforma. La inseguridad para cualquier ciudadano que no piense como ellos es completa. En definitiva, un profesor de Derecho Constitucional que desguaza la Constitución, un juez metido a político que defiende detenciones ilegales y un químico, alquimista del socialismo más corrupto, rencoroso y nocivo, son los actores de la voladura de la España que hoy conocemos. Y todo por perpetuarse en el poder.

LA ÚLTIMA TRINCHERA VASCA
Editorial Minuto Digital 24 Abril 2006

A despecho de separatistas y socialistas oficialistas son muchos los que contra viento y marea han asumido la responsabilidad de defender la dignidad del pueblo vasco en su lealtad a España.

Y curiosamente la mayoría procedentes de Vizcaya, haciendo buena la leyenda de gloria española que en torno a navegantes y descubridores vizcaitarras, forjó la historia más noble de los vascos.

Algunos desde partidos políticos: La valerosa Rosa Diez, que a diferencia de sus compañeros de partido tiene muy claro lo que es Batasuna. ¿En que parte de Europa una organización que está en la lista de organizaciones terroristas haría ruedas de prensa sin que la Fiscalía, los jueces o la policía actuara? se preguntaba este fin de semana para después afirmar: “Nada de todo aquello en nombre de lo que han matado será posible ni siquiera que hablemos de ello a la hora de cualquier tipo de diálogo, después de que ETA desaparezca".

O Gotzone Mora, todo un símbolo de la resistencia contra la imposición separatista y el terrorismo aberzale, que exige a su propio partido compromiso con las víctimas de ETA y no estrategias electoralistas. También desde el PP, figuras como María San Gil luchan a diario por defender la soberanía de los españoles y el estado de derecho frente a las agresiones separatistas y las transgresiones del PSE. O Antonio Basagoiti, la alternativa no nacionalista a Iñaki Azkuna en el Ayuntamiento de Bilbao, que ha sostenido, como presidente del PP vizcaíno, la entereza de sus concejales ante la constante presión terrorista.

Otros desde la responsabilidad ciudadana: Plataformas cívicas como Foro de Ermua y su portavoz, Iñaki Ezquerra, testimonio de la libertad frente a la coacción separatista, que llevan años denunciando el abandono a las víctimas del terrorismo y que han asumido la defensa de la unidad de España como garantía de convivencia en libertad. O Yolanda Morín, coordinadora de España y Libertad, representante más cualificada de ese pueblo llano que se siente tan vasco como español y se niega a ver desaparecer a su patria.

Todos ellos constituyen el bastión, la última trinchera, que los enemigos de España deberán asaltar para conseguir sus propósitos de destruir la cohesión nacional y la igualdad entre los españoles. Gracias a todos ellos España sigue más viva que nunca en Vizcaya.

Oasis catalán
Desierto ético
Daniel Sirera Libertad Digital 24 Abril 2006

La amenaza epistolar del, hasta ahora, secretario general del Departamento del consejero primero y secretario de organización y finanzas de ERC a trabajadores del Gobierno de la Generalidad para que hicieran aportaciones al partido bajo amenaza de engrosar las listas del paro, ha puesto al descubierto el talante y la baja altura moral de quienes hoy gobiernan en Cataluña. Se trata de un auténtico escándalo impropio de democracias occidentales. El nombramiento de Xavier Vendrell al frente del Departamento de Gobernación y Administraciones Públicas de la Generalidad supone una burla intolerable a los ciudadanos de Cataluña y una amenaza para los trabajadores al servicio de la administración pública catalana. La decisión de blindar a Vendrell ante los tribunales de justicia, haciéndolo miembro del Consejo Ejecutivo y dotándolo de la misma inmunidad de la que goza el mismo presidente de la Generalitat, convierte a Pasqual Maragall en cómplice y colaborador necesario de las prácticas antidemocráticas e ilegales practicadas desde el gobierno catalán para llenar las arcas de Esquerra.

El propio Montilla señalaba, hace unos días, que este escándalo afectaba a ERC y no al gobierno de Cataluña. Pues bien, Maragall ha incorporado al presunto extorsionador al gobierno y con ello, ha convertido al ejecutivo catalán en responsable solidario de las prácticas mafiosas de los responsables de Esquerra. Además, la persona que en estos momentos está siendo investigada por estos hechos por parte de la fiscalía, por las agencias catalana y española de protección de datos y por el defensor del pueblo catalán ha sido nombrada, precisamente, consejero de Gobernación y Administraciones Públicas del Gobierno de la Generalidad de Cataluña. El encargado de llevar a cabo la investigación interna de este escándalo es, precisamente, el que lo ha generado.

Cuando, hace algo más de un año, cayó el túnel del metro bajo el barrio barcelonés del Carmelo, Maragall trató de desviar la atención y la presión sobre el tripartito acusando a los anteriores gobiernos de CiU de exigir a los constructores comisiones del 3% a cambio de adjudicarles obras públicas. El escándalo fue mayúsculo y se creó una comisión de investigación que acabó, como consecuencia de un pacto entre PSC y CiU, concluyendo que no había nada que investigar. No existe ninguna diferencia entre exigirle a un constructor que pague el 3% de comisión a cambio de adjudicarle una obra pública y exigirle a un trabajador al servicio de la Generalitat que pague un 20% de su sueldo a ERC para poder mantener su puesto de trabajo. Maragall ha cometido una indignidad al colocar a Vendrell en el gobierno de Cataluña. Y mientras tanto, CiU se resiste a apoyar al PP para investigar el caso. Parece ser que el pacto entre Mas y Zapatero para sacar adelante el proyecto de Estatuto ha acabado por convertir al denominado "oasis catalán" en un gran "desierto ético".
Daniel Sirera es Portavoz adjunto PP en el Parlamento de Cataluña

Terrorismo en Navarra... y en Lérida
EDITORIAL Libertad Digital 24 Abril 2006

El hecho de que el "alto el fuego permanente" no sea capaz de persistir sin la extorsión a empleados navarros ni la destrucción de los medios de vida de los navarros libres que quedan, no puede ocultar el hecho de que en Cataluña el nacionalismo también aterroriza a quienes se atreven a mostrarle públicamente su oposición. El enorme pecado de regalar rosas en Sant Jordi ha supuesto para la popular Dolors López una agresión que, naturalmente, los partidos catalanes se han apresurado en no condenar.

Cuando no se tiene libertad para expresar una opinión contraria al poder sin correr el riesgo de recibir agresiones, hablar de democracia parece un sarcasmo barato. Ese es el resultado de décadas de adoctrinamiento y gobierno nacionalista en Cataluña y País Vasco, una dictadura del odio que Zapatero pretende y desea extender a toda España. Ya se tuvo que lamentar en Madrid una agresión contra una anciana que pretendía recoger esas firmas que Rajoy presentará para exigir que se escuche a los ciudadanos antes de destruir España con el voto favorable del 54 por ciento de los diputados. Es de desear que la propaganda del odio a la derecha que comparten nacionalistas y socialistas no tenga consecuencias peores, pero es difícil ser optimista.

Arde Navarra
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 24 Abril 2006

f.dominguez@diario-elcorreo.com
La espectacular imagen del edificio ennegrecido en cuyos bajos tenía su negocio de ferretería un concejal de UPN de la localidad navarra de Barañain ha empañado el primer mes de alto el fuego de ETA que se cumple hoy, día 24. Frente a quienes quieren minimizar este tipo de episodios considerándolos como cuestión menor o, incluso, calificándolos de accidentes, hay que destacar la reacción del ministro de Interior llamando a las cosas por su nombre y dejando claro que este tipo de ataques ponen en cuestión la tregua anunciada por la banda terrorista.

El ataque al negocio del edil se ha producido en Navarra, territorio en el que aparecieron las primeras cartas de extorsión de ETA mataselladas después de la tregua, aunque el Gobierno sostiene que fueron elaboradas con antelación. Navarra ha estado en el centro de la polémica política de los últimos días después de que el presidente de esta comunidad, Miguel Sanz, expresara sus sospechas acerca de la existencia de un acuerdo secreto entre los socialistas y la izquierda abertzale que condicionaría el futuro del territorio foral.

Los socialistas vascos replicaron indignados a las afirmaciones de Sanz, pero fue el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien dejó la puerta abierta a cualquier desconfianza cuando fue entrevistado el pasado día 18 en la 'Ser'. Ante una pregunta directa sobre la posibilidad de cambios en el estatus político de Navarra tras la tregua de ETA, el presidente se fue no ya por los cerros de Úbeda, sino dos cordilleras más allá, rehuyendo de manera ostentosa dar una respuesta clara al entrevistador.

El presidente, en su propósito manifiesto de eludir la pregunta, no tuvo en cuenta la hipersensibilidad e inquietud existentes en Navarra acerca de su futuro, motivadas por el hecho de que una de las exigencias que ETA ha vuelto a plantear es lo que los nacionalistas llaman 'territorialidad', que no es sino la integración en una unidad política de Navarra y Euskadi. Además, tal y como expone la banda terrorista en su último boletín 'Zutabe', esa es una exigencia que considera innegociable. A eso se une el hecho de que Batasuna y el resto de miembros del Foro de Debate Nacional pretendan aprovechar el viaje de la tregua para plantear una negociación política que abarque también a Navarra.

Frente a la inquietud que generan esos acontecimientos, al presidente del Gobierno le han faltado reflejos para dar un mensaje de tranquilidad y ofrecer garantías. Una vez iniciado el fuego de la polémica, tuvo que ser otra vez la vicepresidenta quien ejerciera el papel de bombero con unas palabras que, unos días antes en boca de Rodríguez Zapatero, nos hubiera ahorrado el incendio.

De rebote, la pelota vasca
Santi Lucas elsemanaldigital 24 Abril 2006

¿Quién iba a ser? ¿Quién podría, con igual aplicación y esmero, enredar tanto la cuestión? ¿De qué otro grado cabría esperar una insensatez semejante? Blanco y en botella. Sólo la inimitable televisión pública de Caffarel está siempre en perfecto estado de revista y en la mejor disposición para lo que sea menester al Gobierno, aunque sea a costa de agotar el último crédito o sucumbir al esperpento.

La emisión por TVE de la película La pelota vasca ha sido, sin paliativos, una clara imprudencia y un rotundo desacierto. La versión de una alternativa negociada para acabar con el terrorismo, de espaldas a las víctimas y confundiendo los papeles protagonistas en la solución del problema, que es el guión de esta cinta, no es el más digno ni el que interpreta el sentir social mayoritario de los españoles. Por esa elemental razón de tacto y sentido común no se había emitido hasta ahora. Ni censura, ni marginación, ni gaitas. Sencillamente, porque no sirve, no interesa, no vale, nos repugna, nos confunde, nos agravia.

Era público y notorio que las víctimas habían mostrado su más completo rechazo a las pretensiones de esta película nefasta. Hasta ese punto debemos suponer que la dirección de TVE tiene algún pie en el suelo y el oído sin taponar. También es del conocimiento común que algunos entrevistados, sorprendidos en su buena fe, pidieron formalmente que se les excluyera del montaje, cosa que no sucedió en el estreno en cines. Que una televisión pública se muestre radicalmente insensible y abone la impertinencia de este modo es algo de aurora boreal.

Si la finalidad de La pelota vasca es rebotar sobre la dignidad de las víctimas del terrorismo, equiparadas para su creador con los verdugos; si las propias víctimas han clamado contra ese intento de vejación; si la película es un bodrio auténtico que expulsó de los cines a los pocos que se atrevieron a verla en su día, ¿cuál puede ser, entonces, el criterio de oportunidad que ha aconsejado reiterar la polémica y emitirla, precisamente ahora, en TVE? No hay otro que el del interés del Gobierno. Con Zapatero o contra la paz. Si a usted le parece vomitivo el filme, ya sabe que nada contra la corriente oficial y que es un candidato firme a ser señalado con el dedo y condenado a no celebrar la jubilosa tregua de ETA.

Navarra sufre el primer "accidente" de los que previó Zapatero
Santiago Abascal elsemanaldigital  24 Abril 2006

El atentado de Barañain no ha merecido siquieras una alusión nominal del presidente del Gobierno en el mitin de Vistalegre. Él ya previó con su peculiar lenguaje que sucederían estas cosas.

24 de abril de 2006. "El proceso será largo, duro y difícil. Como todo el mundo puede comprender, estamos hablando de 40 años de violencia, de muchas personas implicadas en la violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo". Así se manifestaba el presidente del Gobierno hace sólo un mes. Los días no han pasado en balde. ETA, de nuevo encapuchada y con boina, ha provocado un "accidente" en Navarra que ha destrozado totalmente el modus vivendi de un concejal de UPN-PP, ha ocasionado el desalojo de medio centenar de personas y ha herido a cuatro españoles, entre ellos un bebé.

A buen seguro ninguno de los afectados se apunta al delirio eufemístico de Zapatero. Ni el concejal cuyo negocio ha sido calcinado, ni los que hubieron de correr fuera de sus casas por la noche, ni los heridos verán un "accidente" en lo que han sufrido, sino un ataque terrorista, mafioso y criminal perpetrado por aquellos con quienes el Gobierno quiere trapichear, y a los que no se puede molestar ni siquiera llamando a las cosas por su nombre. ¡Terroristas! ¡Asesinos!

Por eso Zapatero utiliza ese vocabulario: para no ofender a la mafia, y porque no tiene ni idea del sentimiento que puede tener en estos momentos José Antonio Mendive, el concejal "accidentado" -yo sí lo sé-, y porque no puede ponerse en la piel –por mucho que saque a pasear a su abuelo del 36- de alguien que ha sabido que los suyos iban –y digo iban- a ser asesinados. Algunos sí sabemos lo que siente Mendive porque en febrero de 1999, durante la otra tregua trampa, el negocio familiar ardió en Amurrio exactamente igual. Con una diferencia. El anterior presidente del Gobierno no lo calificó de accidente y, como sabía lo que era poder ser asesinado, tuvo la delicadeza de telefonear personalmente al afectado para garantizarle todo el apoyo. Apostaría a que, en esta ocasión, no ha sido así.

Sin embargo, no merece la pena hacer grandes análisis en torno al vocabulario empleado por ZP. Su falta de empatía y su atrevimiento sólo demuestran que el presidente del Gobierno es un frívolo.

Más grave es el modo en que Zapatero se ha pronunciado en público con posterioridad al "accidente" de Navarra. Ha obviado toda condena y toda alusión directa al gravísimo suceso –para no molestar a la ETA- durante su intervención ante veinte mil acólitos y se ha descolgado con una majadería al estilo batasuno, cuando de no condenar a ETA se trata, rechazando , "la violencia, tenga el alcance y la manifestación que tenga". Frases casi exactas ha pronunciado Otegi. Busquen por la red y vean. Eso sí, hay que reconocer que Zapatero ha explicado bien el motivo de su no condena: "No es el momento de continuar con este tema", ha afirmado Zapatero para eludir cualquier condena rotunda y cualquier alusión explícita al atentado de Barañain.

"Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". El conocido refrán expresa a la perfección el sentimiento que tenemos centenares de concejales vascos y navarros que, tras el ataque al concejal de Barañain, ya sabemos de qué va la trampa esta vez y qué significado tenía el papelucho sangriento en el que los terroristas escribieron "alto el fuego".

Pero a nuestro sentimiento de preocupación se añade otro, aun peor, el del abandono institucional. El de los que nos sabemos – si somos accidentados- míseras chinas en el camino del presidente Zapatero. Sentimiento feo donde los haya.

Verificado. Rodríguez rendido ante ETA.
Román Cendoya Periodista Digital 24 Abril 2006

Esta última semana ha permitido verificar que no hay proceso de paz, que hay proceso de poder o proceso de rendición. El tratamiento que el gobierno ha dado a los diferentes sucesos relacionados con la banda terrorista verifica que la organización terrorista puede hacer lo que quiera porque el gobierno no va a considerarlo, va a minimizarlo o incluso va a justificarlo.

Pero nada puede justificar que el gobierno necesite tantos días para comprobar la fecha de un matasellos. En vez de manifestar su firmeza y su exigencia, la más que ha dicho es que eso no puede ser y que con cartas como ésas se pone en peligro el proceso. La debilidad del gobierno es patente cuando se detiene a un miembro de la organización terrorista con “bonos” para la financiación. La esperanza está en el funcionamiento del Estado que, con una justicia todavía independiente, ha mandado a la cárcel al extorsionador del alto el fuego. El suceso más grave ha sido el incendio de la ferretería en Navarra.

No ha sido en el Gohierri o en el Alto Deva. El incendio de Barañain se ha producido en un ayuntamiento donde ya se está ensayando el modelo político de futuro para Navarra. La lista más votada al Ayuntamiento de Barañain fue la de UPN, pero el alcalde es del PSN-PSOE en coalición con los nazionalistas e independentistas. ETA ha quemado la ferretería para verificar que el gobierno va a continuar por el camino diseñado y pactado. ETA suele probar el grado de entrega de sus interlocutores con actuaciones contrarias a lo públicamente pactado. Cuando diseñaban el Pacto de Estella con el PNV y EA, llegaron a asesinar a un militante de ELA (funcionario de prisiones) para comprobar la firmeza de los nazionalistas en el proceso. La primera verificación de ETA acerca de la entrega del gobierno ha sido el incendio, ya que en Navarra tiene un profundo significado. Navarra es el territorio que Rodríguez está dispuesto a entregar a los terroristas y los nazionalistas, como pago político a su permanencia en el poder,

Las declaraciones de Pernando Barrena, después del grave atentado que supone el incendio que ha causado cuatro heridos y el desalojo de 56 viviendas, verifica que Batasuna “la organización que más ha hecho por la paz” sigue presa de la dirección de la banda terrorista. La reacción de los supuestos políticos de ETA-Batasuna verifica que no ha cambiado nada. ETA hace y su aparato político acata y si hace falta justifica.

Lo malo de este fin de semana es que hemos podido verificar que Rodríguez, por permanecer en el poder, se ha entregado a una negociación política con la organización terrorista que sigue extorsionando, amenazando y atentando. Rodríguez está entregado a los terroristas. ¿Por qué sigue hablando de paz, de proceso, de avance, de cómo ve el futuro y de lo que refleja pasado cuando ETA sigue haciendo lo único que sabe hacer? Verificado. El futuro es Goroizelaia-Zabaleta, es decir los terroristas con el PSOE. El pasado es Elías-Díez, la digna unión de las víctimas sin importar la ideología. Verificado, Rodríguez está rendido ante ETA.

ETA y su entorno jamás dejarán de asesinar.
José Luis Palomera Ruiz Periodista Digital 24 Abril 2006

Decir que Eta ha dejado de asesinar, es justificar el asesinato.
Eta, continúa asesinando cada día, cada segundo, el futuro que con maldad sesgaron de sus víctimas, además del presente de sus familiares.

Eta y sus valedores políticos, sus votantes, simpatizantes y protectores, continúan asesinando, y así continuarán hasta que todos desaparezcan de la faz de la Tierra, por lógica de Tiempo. Una vez esto sea un Hecho, dejaran de ser asesinos Terrenos para pagar sus osadías, al todo Cosmos.
Ha de saberse que la vida es un suceso y la muerte un Hecho, el hecho es imperecedero, el suceso el apéndice del Hecho

Decir que Eta ha dejado de asesinar, es justificar el asesinato.
Eta, continúa asesinando cada día, cada segundo, el futuro que con maldad sesgaron de sus víctimas, además del presente de sus familiares.
Cuando un ser vivo asesina a otro con alevosía y premeditación en realidad asesina el tiempo de su víctima, el asesinato es un acto sin más, la muerte física en el tiempo el “verdadero Hecho”.
Es decir, al ser que intencionadamente se la priva de su futuro se la está asesinando cada milésima de segundo, por parte de quien ejecutó, preparó, procuró, o colaboró, en el mismo. Actualmente, todos aquellos que de alguna forma colaboraron en mantener a la banda y su grupo político, ya que Eta jamás ha dejado de matar, ni dejarán aunque no asesinen, hasta que sus muertes Terrena no se produzcan.

Acreditados, periodistas no se cansan de decir, “que el Cese de la violencia por parte de Eta, es una buena noticia, un Hecho verificable, cuyo vencedor es la Democracia”.

Verdaderamente, ya no me sorprende nada de este mundo, ya que, yo soy la sorpresa. Sin embargo mi sorpresa la deduzco con lógica que luego nadie me aporta en contra.

Veamos, la Democracia, no es un guerrero, la Democracia es un concepto sensitivo del pensamiento inteligente. Nadie puede vencerla ya que es etérea, al igual que a nadie puede derrotar, ya que se recluye en el pensamiento propio.
El terrorismo, es la contra democracia pensativa y no un Hecho, luego si no es un Hecho no hala Cese. Nadie asesina por el hecho de asesinar, asesina por el hecho de pensar
El terrorista, síntesis entre fanático y nacionalista, es un ser vivo, cuya capacidad sensitiva hacia los que no son como ellos, es nula. Su inteligencia se asemeja a los animales, cuyos principios básicos, se sustentan en defenderse de todo aquello que no conocen. El terrorismo es la razón del paludismo mental que se produce por interferencias históricas narradas por ellos mismos.

El “Hecho” es la realidad de lo comprobado Cósmico, a diferencia del suceso que no es más que el transcurrir de lo acontecido.

La diferencia entre el Hecho y el suceso es abismal. La Vida es un suceso la muerte un Hecho, es por eso que el terrorismo es la mayor lacra del todo Cosmos, ya que a través de un suceso “quitar la vida de sus víctimas”, acarrean un HECHO “acontecer de sus MUERTES”.

Es por eso que si damos por Hecho el terrorismo, cometemos el error de emparejar la existencia de éste.
He aquí la cuestión básica; Yo no doy por Hecho el terrorismo, ya que mi pensamiento no acepta asimilarlo, luego lo único que mi conciencia acepta es la realidad del suceso y ante las realidades del suceso, los demás seres vivos hemos de procurar su no suceder en defensa de que no cercenen nuestro futuro.

Hay que saber diferencia los conceptos para hallar soluciones, un Hecho no cesa, un suceso sí. Los Hechos son indisolubles del Cosmos, es decir el Sol, el Mar, mientras su suceso sería la lluvia, o las nubes, es decir el suceso proviene del Hecho, este no se puede controlar a diferencia del suceso que se puede controlar, aplicando la inteligencia necesaria.
Resumiendo: Todo terrorista se ubica un paso atrás, paso que voluntariamente decidieron dar, al no sentirse “reconocidos” entre los demás. Sus objetivos..., que retrocedamos mentalmente asumiendo sus conceptos. Ya que sus “armas”, no pueden conquistar nuestra mente, conscientemente cercenar nuestro futuro.

Todo terrorista ha de saber, que la vida es un suceso de la muerte, luego el ser vivo que interfiere en la vida a conciencia de que sabe que interfiere, contradice el principio del Cosmos, y así como éste renació de sus cenizas, los asesinos, que lo fueran, no dispondrán de cenizas propias. Vivirán eternamente en las sombras de la nada, donde la oscuridad más absoluta se adueña del Tiempo deteniéndole por siempre.

Tenedlo todo, significa no poder poseer nada, mientras el asesino viva seguirá asesinando, ya que cometió la ignominia de cercenar el suceso antes que el Hecho.

Noticias de Cuba
Interlocutores válidos
Víctor Llano Libertad Digital 24 Abril 2006

Según el ministro de Asuntos Exteriores de lo que queda de España, "es impensable que la Unión Europea cambie su política de diálogo respecto a Cuba". No nos sorprende. Ya sabíamos lo que podíamos esperar de un personaje que no distingue entre un país y sus carceleros. Los que no salen de su asombro son los cientos de miles de descendientes directos de españoles que comprueban todas las semanas cómo la "madre patria" ha asumido con gusto el papel de madrastra mala. Y es que las víctimas de Castro no tienen tiempo para detenerse en lo que aquí llaman "Alianza de Civilizaciones" y que sólo responde a la más deplorable perversión de un lenguaje que busca que no se distinga entre delincuentes y personas honradas. En cualquier caso, los cubanos están muy ocupados para perder su tiempo intentando comprender las razones que justifican tanta infamia. Bastante tienen con esforzarse en impedir que sus hijos se ofrezcan al primer europeo con el que tropiecen.

Cuesta creerlo, pero los únicos españoles que en Cuba sienten el calor de la "madre patria" son sus enemigos. Los etarras que cobija el régimen de Castro representan para los herederos de la tiranía la garantía de que el Gobierno de Zapatero se olvidará de sus crímenes y de que, un día, cuando más lo necesiten, se les considerará interlocutores válidos. Y es que con la nueva y sorprendente política española respecto a la Isla de los cien mil presos, ganan todos los que temen a la verdad y a la justicia. Los castristas porque saben que desde España se les ofrecerá una salida que les permita continuar disfrutando de los frutos de sus crímenes, y los etarras porque podrán descansar allí hasta que puedan presentarse a las elecciones por Navarra.

Tanto unos como otros esperan con ansiedad la muerte de su papaíto. Confían en que después del descomunal velorio, nada ni nadie les impedirá administrar las mancebías que rodean a las más de doscientas cárceles. Es cierto que en ocasiones pierden la paciencia al comprobar que la muerte del coma-andante se demora más de lo que ellos quisieran, pero pronto recobran la calma con la ayuda de un daiquiri. Al fin, no les queda otra que esperar por lo que esperamos todos. Lo que más les preocupa ahora es encontrar el modo de desprenderse de Hugo Chávez. El Gorila Rojo puede disputarle lo que ellos entienden que es su herencia. Hoy es su aliado. Mañana será su peor enemigo. Pronto lo comprobarán. No tardaremos en saber qué puede pasar en Cuba tras la desaparición del Máximo Líder. Quizás peque de optimista, pero creo que se equivocan los que lo dan todo por ganado. Zapatero y Moratinos han apostado demasiado fuerte y demasiado pronto por los verdugos. Ni sus víctimas ni los estadounidenses lo olvidarán.

MARISA ARRUE, CONCEJAL DEL PP: "SI ESTO ES LA PAZ..."
Los terroristas atentan en Guecho horas después de que Zapatero no condenara el atentado de Navarra
Nada sobre ETA, nada sobre el atentado del sábado en Navarra. El presidente del Gobierno obvió el ataque perpetrado contra el comercio de un edil de UPN en la localidad navarra de Barañáin, evitando así una condena expresa, y se limitó a decir que rechaza toda la violencia "tenga la manifestación y el alcance que tenga". Horas después de que el presidente no condenara el ataque de Navarra, cuatro encapuchados lanzaban cuatro cócteles molotov contra una oficina de Mapfre en Guecho (Vizcaya). Además, llenaron el lugar de octavillas pidiendo la liberación del detenido por llevar bonos para ETA.
Libertad Digital  24 Abril 2006

La Ertzaintza ha recogido en el lugar del ataque registrado en la noche del domingo en la localidad de vizcaína de Guecho octavillas anónimas que relacionan esta agresión con la reciente detención de Ibon Meñika con varios "bonos" de ETA. Las octavillas llevan las leyendas "Ibon askatu" (Ibon libre) y "Herriak ez du barkatuko" (el pueblo no perdonará).

Los artefactos chocaron contra las cristaleras de la oficina de seguros Mapfre, no lograron penetrar en el interior y no provocaron fuego, por lo que solamente ennegrecieron los lugares del impacto. El atentado, según la policía, tuvo lugar a las 21:35 horas de esta noche. La oficina atacada esta situada en la confluencia de la plaza Tellagorri con la calle Torrene, del barrio de Algorta.

Ibon Meñika fue detenido el pasado día 18 en un control de carretera en las proximidades de Abadiño (Vizcaya), cuando transportada 90 "bonos" con el anagrama de ETA y con un valor de 60 euros cada uno destinados supuestamente a ser distribuidos entre simpatizantes para contribuir al sostenimiento de la organización terrorista. El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ordenó el pasado día 22 su ingreso en prisión incondicional por un delito de colaboración con organización terrorista.

El portavoz del PP del País Vasco, Leopoldo Barreda, consideró que los ataques registrados en las últimas horas "desmienten la suspensión de la actividad terrorista de ETA". Barreda, en declaraciones a EFE, recalcó que tanto el ataque contra la oficina de Mapfre como el registrado contra la ferretería de un representante de UPN en Barañain (Navarra), son "atentados de terrorismo callejero". El dirigente popular recalcó que estos hechos "desmienten la posibilidad de la disolución de la banda terrorista" y son un "intento de imponerse por la fuerza al conjunto de la sociedad democrática".

Insistió en que "es la hora de la exigencia democrática ante ETA-Batasuna" y recordó que este mundo "no se ha pronunciado todavía sobre el atentado de Navarra". Estimó que el Estado de derecho "debe permanecer alerta y ser capaz de reaccionar desde la exigencia democrática y no desde la complacencia y la minusvaloración". "Esto –recordó Barreda– se debe tomar en serio y se debe poner en sus justos términos, como algo que desmiente la suspensión de la actividad terrorista por parte de ETA".

También la portavoz del PP del ayuntamiento de Guecho, Marisa Arrue, que visitó la oficina atacada en su localidad, consideró que "si esto es la paz" no tiene sentido iniciar un proceso de diálogo y expresó su temor a que, como pasó en la anterior tregua de ETA, se incremente el fenómeno de la violencia callejera. Otros representantes políticos consultados por EFE aludieron a la necesidad de prudencia y prefirieron aplazar su valoración sobre lo sucedido.

La nación imposible
El régimen autonómico andaluz no ha logrado que el sentimiento regional se abra paso entre la pertenencia española y un profundo arraigo localista
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Abril 2006

Cuando en las encuestas se les pregunta a los andaluces -y se les ha preguntado varias veces- por su definición de pertenencia identitaria, la gran mayoría establece el siguiente orden de preferencia: Primero, abrumadoramente, se sienten españoles. Después, identificados con su ciudad; granadinos, sevillanos, malagueños, etcétera. Y sólo en tercer lugar, andaluces. La intensidad de la afirmación localista varía según las provincias, pero el sentimiento de identidad regional aparece bastante diluido al cabo de más de veinte años de autonomía de primer nivel, en contraste con el potente movimiento reivindicativo que, en 1980, destrozó el mapa autonómico al lograr situar a Andalucía en el rango de las tres nacionalidades históricas determinadas en la Constitución.

Contra Sevilla
De hecho, el gran fracaso del régimen autonómico andaluz, gobernado ininterrumpidamente por el PSOE desde 1979, ha sido el de su incapacidad para articular un sentimiento de pertenencia colectiva, naufragado en un mar de localismos con frecuencia hostiles entre sí y, sobre todo, contra Sevilla, percibida como centro de un agravio orquestado por la propia autonomía. A cambio, y desde que el presidente Rafael Escuredo encabezase -contra el jacobino parecer inicial de González y Guerra- las reivindicaciones autonómicas para arrebatarle al nacionalismo la bandera andalucista, el PSOE ha cosechado un triunfo político, clave en su reiterada hegemonía electoral: la mayoría de los ciudadanos lo identifica como el partido de la autonomía, «el partido de los andaluces» según el exitoso lema de los años ochenta.

La general sorpresa motivada por la definición de «realidad nacional» que el PSOE e IU han votado en la redacción inicial del nuevo Estatuto de Autonomía no ha impedido que los socialistas diseñen una doble maniobra política destinada a asentar esa hegemonía con una doble vuelta de tuerca. De un lado, desactiva con un brindis retórico la preocupación de muchos ciudadanos andaluces ante el reconocimiento por las Cortes del rango nacional de Cataluña. Y de otro, descuelga de nuevo al PP -como antes a la UCD- de una reivindicación territorial identitaria, al tiempo que arrincona a un nacionalismo, el del Partido Andalucista, empeñado en agarrarse a un imaginario diferencial que la inmensa mayoría no comparte.

Enclaustrado en un exiguo cinco por ciento de los votos desde finales de los años setenta, y sin tocar poder más que a través de algunas alcaldías y una sumisa coalición «alimenticia» con el PSOE entre 1996 y 2004, el nacionalismo andaluz no ha dejado jamás de ser una quimera. El ideal bucólico e ingenuo de Blas Infante sirvió de palanca para la restauración del sentimiento autonomista en la Transición, pero nunca ha pasado de un mero imaginario artificial, imposible de cuajar por su acentuado agrarismo en una modernidad basada en el sector servicios. La reforma agraria de los presidentes Escuredo y Borbolla encalló en los tribunales y se fue diluyendo en las brumas de un mito barrido por la PAC europea.

El nacionalismo se convirtió en un vago argumentario reivindicativo, desprovisto de respaldo electoral, que buscaba el hecho diferencial andaluz en la dependencia histórica, en el subdesarrollo secular y en siglos de marginación política. De él sólo queda la nebulosa petición de la «deuda histórica», asumida por el PSOE como agravio frente a los gobiernos de Aznar, y caricaturizada recientemente por un antiguo militante socialista, ahora cercano al PP, con una frase demoledora: «Nuestro hecho diferencial no puede consistir en que nos deban dinero».

De Blas Infante a la decadencia
Los ideólogos del andalucismo liberador y esencialista, José Aumente y José María de los Santos, actualizadores del pensamiento de Blas Infante, han muerto sin que nadie les tome el relevo. Historiadores de prestigio y origen nacionalista, como Juan Antonio Lacomba o Cuenca Toribio, relativizan notablemente el diferencialismo andaluz, y el PA languidece en una crisis perpetua en la que sus dirigentes se pelean de modo cainita por un exiguo porcentaje electoral con la esperanza de servir de bisagra al PSOE o, eventualmente, a un PP que difícilmente alcanzará a plazo corto o medio la mayoría absoluta. Retirado a un segundo plano Alejandro Rojas Marcos y separado Pedro Pacheco, la joven nomenclatura andalucista se limita a establecer máximos reivindicativos para evitar el sempiterno peligro de fagocitación por los dos grandes partidos.

Sin embargo, el PA jamás ha sabido aprovechar, salvo en 1979 -cuando obtuvo cinco diputados en plena eclosión autonomista-, una constante sociológica que les sitúa como la fuerza de menor rechazo. Esta condición ideal para ejercer de bisagra no ha cuajado debido a la ausencia de una burguesía regionalista, para desesperación de políticos como el ex ministro Manuel Clavero, que intentó en los ochenta la vana aventura de un nacionalismo moderado de centro derecha. De Claver partió semanas atrás el concepto de «realidad nacional» como fórmula para equilibrar la ventaja estatutaria catalana, pero el PSOE retocó su propuesta con una trampa dirigida a descolgar al PP: suprimir la simultánea referencia a la «unidad de España, patria común e indivisible de los españoles» según el artículo 2 de la Constitución.

En medio de este galimatías político, alejado de las sensibilidades ciudadanas -que, como en otras comunidades, muestran sensibles distancias respecto a la prioridad de esta discusión estatutaria-, Andalucía continúa a la cola, en penúltimo lugar, de las estadísticas nacionales de renta y desarrollo. Las enormes transferencias de renta propiciadas por los mecanismos constitucionales de solidaridad y los fondos europeos de cohesión han impedido la quiebra socioeconómica y el descuelgue respecto de otras Comunidades más dinámicas, pero el largo régimen clientelar manejado por el PSOE no ha sabido saltar la fosa que separa a la región de las medias nacionales y comunitarias. Ésa es la verdadera clave de la «cuestión andaluza»: la dificultad de superación de la dependencia socioeconómica y la ausencia de un tejido productivo competitivo.

De nuevo las «dos velocidades»
Y ésa es, precisamente, la gran incógnita del nuevo proceso estatutario. Los privilegios de financiación concedidos a Cataluña son vistos desde Andalucía como un nuevo intento de restablecer el Estado de dos velocidades diseñado inicialmente en la Transición, y roto en el referéndum andaluz del 28 de febrero de 1980. De ahí que el PSOE, en un hábil intento de rentabilizar a su favor el sentimiento de agravio y de amparar de algún modo el rango preferencial recién reconocido a Cataluña, haya sacado de la chistera el conejo (criticado por Alfonso Guerra) de una «realidad nacional» inexistente. La próxima batalla es la de conseguir una financiación por población para contrarrestar la catalana, que se basará en el PIB y la renta. No es improbable que los socialistas lo consigan, habida cuenta del interés del Gobierno en agrandar la distancia electoral con el PP que, en Cataluña y Andalucía, las dos comunidades más pobladas -casi 15 millones de habitantes entre las dos-, casi le garantiza una victoria en el Estado.

LAS TRAICIONES DEL NACIONALISMO
José Ramón Goñi Tirapu Minuto Digital 24 Abril 2006

La Segunda República se gestó el 17 de agosto de 1930 en el llamado Pacto de San Sebastián, acuerdo al que, a pesar de haber sido invitados, no se sumaron los nacionalistas vascos. Este hecho encuadra perfectamente la actitud mantenida por el nacionalismo ante la llegada de la República y desmiente desde un punto de vista histórico cualquier afirmación acerca del supuesto apoyo del PNV a la causa republicana.

“Las tropas sublevadas acribillaban a balazos a las unidades de voluntarios defensores de la República que llegaban en tren al barrio de Amara de San Sebastián. Bastantes compañeros murieron y otros muchos quedaron heridos junto a la orilla del río Urumea. Los que sobrevivieron obligaron a los sublevados a replegarse. Socialistas y ugetistas fueron reconquistando la ciudad, barrio por barrio y casa por casa. Como consecuencia de estos combates muchos amigos y compañeros quedaron mutilados entre ellos Pepe Barcina y Juantxo Etxave. Mientras el pueblo de San Sebastián vivía esta tragedia, mientras corría tanta sangre de los trabajadores vascos, muchos se preguntaban: ¿Dónde estaba el PNV y sus juventudes? En ninguna parte. A los 15 días del comienzo de la sublevación, se vieron elementos del JEL (nacionalistas) en un convento de la cuesta de Aldapeta, lejos de las calles de la ciudad, contemplando pasivamente la lucha sin decidirse a tomar parte en uno u otro lado”.

José Fernández Irureta, condenado a muerte en 1943 por pertenecer al partido socialista, pena conmutada posteriormente por otra de 15 años de cárcel, escribía estas líneas en 1992 en un libro de memorias del socialismo vasco. Y sigue diciendo “Hacía días que la prensa diaria y emisoras de radio de Francia, hablaban de negociaciones y pactos secretos entre el PNV y los facciosos; la milicia nacionalista situada en el alto de Aldapeta y en la calle de San Bartolomé, provocaba inquietud y sospechas. La posibilidad de que el PNV diera un brusco cambio de campo, era obsesionante para los luchadores de la libertad”.

“Cuando en aquella reunión la junta de Defensa acordó salir de la Diputación y de San Sebastián, Andrés Irujo (dirigente nacionalista) sacó una pistola, la puso aparatosamente sobre la mesa presidencial y gritó:

- ¡Yo, me quedo!
- ¡Traición-, gritó Guillermo Torrijos (importante dirigente socialista donostiarra).

- ¡Ninguno de ustedes dos se quedará aquí!-, agregó dirigiéndose a Irujo y Careaga (los dos representantes del PNV)
- ¡Van a venir con nosotros, les guste o no!

Y así fue. De mala manera, encuadrados por los demás miembros de la Junta de Defensa, los dos representantes del PNV subieron a uno de los coches”.

Finalmente, una nota del EBB (máximo órgano de dirección del PNV) zanjó la cuestión del posicionamiento nacionalista ante la sublevación ubicando al PNV en el bando republicano. Esta decisión se produjo tras un duro debate interno en el que una facción no desdeñable del partido, liderada por Eli Gallastegui, (abuelo de la terrorista de ETA Irantzu Gallastegui, asesina de Miguel Ángel Blanco y Fernando Múgica Herzog) abogó por la neutralidad nacionalista ante lo que ellos denominaron “guerra entre españoles”.

De todas formas, ni el Gobierno presidido por el nacionalista José Antonio Aguirre, ni los mandos de los batallones nacionalistas colaboraron en modo alguno con los dirigentes republicanos y despreciaron abiertamente la autoridad del los mandos militares que la República envió al frente norte.

Tras la caída de Bilbao, en junio de 1937, los dirigentes peneuvistas volvieron, -a espaldas de los políticos republicanos, y muy en especial de Indalecio Prieto, socialista vasco y Ministro de Defensa- por donde solían: es decir, a la deslealtad. Negociaron nada menos que una rendición pactada ante las tropas italianas a cambio de facilitar la salida de los combatientes nacionalistas por el puerto de Santander, donde simultáneamente las tropas republicanas libraban durísimos combates contra el bando fascista.

El asesinato de Carrero Blanco por ETA confundió a algunos españoles, sobre todo de izquierdas, haciéndoles creer que el brazo armado del nacionalismo vasco intentaba socavar la dictadura de Franco y ayudaba con este acto terrorista al advenimiento de la democracia a España. Craso error. Sus más sangrientos asesinatos se produjeron en los primeros años de la recién estrenada democracia, que ETA estuvo a punto de destruir, asesinando en poco tiempo a más de veinte generales y contribuyendo a que se produjera un intento de golpe de Estado el 23 de Febrero de 1.981. El PNV, que siempre ha jugado a la ambigüedad calculada, condenaba estos asesinatos y al mismo tiempo reclamaba la salida del ejército del País Vasco. Producido el golpe, los dirigentes nacionalistas, entre ellos nada menos que el lehendakari Garaicoechea, huyeron como ratas al otro lado de la frontera. Una muestra más de la constante traición nacionalista a todo lo que represente España y su democracia.

La Constitución española de 1978, fruto del consenso entre todas las fuerzas políticas, reconoce los derechos históricos de los vascos. Esta disposición adicional se incluyó para satisfacer las exigencias del PNV representado por Arzalluz y en la confianza de que, de ese modo, se garantizaría el apoyo nacionalista al texto constitucional y la futura lealtad de quienes tanto recibían. Pues bien, por increíble que siga pareciendo, no esta de más recordar que los nacionalistas tuvieron la desfachatez de negar su apoyo a esa Constitución. Como colofón a esta locura el ínclito Ibarretxe afirma a día de hoy y sin ningún pudor que la única constitución de los vascos (y las vascas) son los tan traídos y llevados derechos históricos. Seguimos por lo tanto, y desgraciadamente, hablando de traición. Una traición que, como si de una maldición inexorable se tratara, se repite a lo largo del tiempo y en distintos escenarios.

En esto de las deslealtades tampoco se quedan atrás los nacionalistas catalanes, que, refiriéndonos tan sólo a la etapa republicana, hicieron cuanto estuvo en su mano por amargar la vida de los dirigentes republicanos (ver los diarios de Azaña) haciendo gala de una insensatez que a punto estuvo, en no pocas ocasiones, de llevarse por delante a la República, esa República que los herederos de aquellos enloquecidos políticos tanto defienden y reivindican ahora. Basten unas breves pinceladas para recordar los golpes de mano protagonizados por Macià, comenzando por su alucinada proclamación, desde el balcón de la Diputación de Barcelona, de la República Catalana el mismo día que en el resto de España se proclamaba la II República. A eso se le llama, ahora y siempre, intentar sacar tajada. Sabido es también que su sustituto al frente de la Generalitat catalana, Lluis Companys, mantuvo repetidos enfrentamientos con las autoridades republicanas antes y durante la guerra, periodos en los cuales la República apenas tuvo autoridad ni control alguno sobre lo que sucedía en Cataluña.

Los nacionalistas catalanes de antes no son muy distintos de los nacionalistas catalanes de ahora. En este termino de nacionalistas englobo también, por supuesto, al nacionalista Maragall y a su camarilla dentro del Partido Socialista de Cataluña. El reciente proyecto de Estatut enviado a las Cortes fue una muestra más de la profunda deslealtad de la dirigencia política catalana, no de los catalanes, al proyecto de una España solidaria y progresista. Así que cuando estas gentes reivindican tan impúdicamente aquella República a la que tanto traicionaron uno se pregunta qué estarán tramando esta vez. La historia, si es que la historia sirve de algo en los tiempos que corren, nos invita a desconfiar.

Antes de terminar no quisiera dejar de referirme a una de las mentiras más antológicas de las muchas propagadas por los nacionalismos irredentos, a saber, que la guerra civil la libraron los odiosos españoles contra Cataluña y el País Vasco. Estas falsedades se repiten, utilizando la técnica nazi de la propaganda y la impunidad que ofrecen los actuales sistemas educativos autonómicos, sin que desde otras instancias (léase el gobierno español) parezca haber interés alguno por evitar esa falsificación constante de la historia.

José Ramón Goñi Tirapu
Gobernador Civil de Guipúzcoa entre 1987 y 1990
Y Autor del libro “El Confidente. La negociación con ETA que sí funcionó” editado por Espasa Calpe.

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