AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 28 Abril  2006
El 11-M y la calle
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Abril 2006

El respeto nacionalista a las urnas
EDITORIAL Libertad Digital 28 Abril 2006

Equilibrio
JON JUARISTI ABC 28 Abril 2006

Las consecuencias no serán virtuales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 28 Abril 2006

Navarra o la prueba del nueve
Lorenzo Contreras Estrella Digital 28 Abril 2006

Navarra y esa broma siniestra
José Javaloyes Estrella Digital  28 Abril 2006

Para colmo de problemas, Jordi Sevilla le quita los Fueros a Navarra
Pascual Tamburri elsemanaldigital 28 Abril 2006

El hombre preconstitucional
Jorge Vilches Libertad Digital 28 Abril 2006

Nuevo escenario, nuevo lenguaje (¡sin eufemismos!)
Por JAVIER URQUIZU, CRISTINA CUESTA Y CRISTIAN MATÍAS (*) ABC 28 Abril 2006

Mentiroso compulsivo: Zapatero ha pactado ya con ETA la anexión de Navarra al País Vasco
Federico Quevedo El Confidencial 28 Abril 2006

El revisionismo como revancha
Editorial ABC 28 Abril 2006

ESPAÑA O DISGREGACIÓN
Editorial minutodigital 28 Abril 2006

Aún no hemos claudicado
Santiago Casero minutodigital 28 Abril 2006

Muertazos
IGNACIO CAMACHO ABC 28 Abril 2006

Otegi y la Fiscalía
Editorial ABC 28 Abril 2006

Las pontífices
AURELIO ARTETA El Correo 28 Abril 2006

Discriminación positiva
Antonio Robles Libertad Digital 28 Abril 2006

Sanz exige a Zapatero que zanje de una vez por todas el debate sobre Navarra
R. N. La Razón 28 Abril 2006

Del Burgo lamenta que Del Olmo no haya "hecho absolutamente nada" ante la "alteración" de pruebas del 11-M
Agencias Libertad Digital 28 Abril 2006

Del fracaso de la Logse a la lengua propia
Antonio Robles Libertad Digital (Suplementos)  28 Abril 2006

En defensa de `as falas´
J. F. Rodil Lombardia La Opinión 28 Abril 2006

El 11-M y la calle
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Abril 2006

Zapatero es muy comprensivo con ETA y con Al Qaida. Quiere legalizar a una y hacer la «alianza de civilizaciones» con la otra. ¿Descarta a las dos como autoras de la masacre del 11-M? Si como piensa el juez Del Olmo, esta fue planeada para cambiar de signo el Gobierno de España, ¿a qué otra organización o grupo o banda habría que atribuirla?

Las gentes necesitan darse una respuesta y, a mi entender, se la están dando. Los enigmas, al igual que el vacío, resultan insoportables, especialmente en tiempos de opulencia informativa como los que vivimos. Y, ¿en qué sentido van las hipótesis de la calle?.

Tengo la sensación de que pierde fuerza la creencia en la autoría islamista. El proceso está llevando a la decepción en relación con esta tesis. Esta llevaba a pensar en un alto número de islamistas imputados y en una mayor cualificación religiosas de éstos.

Al final han sido cuatro y tibios. Al Qaida no les ha reconocido como franquicia. La brecha de credibilidad de autoría de la Yihad está siendo muy fuerte. Por lo mismo es explicable la revuelta de gentes que ahora se sienten engañadas. Acusan a la Policía de haber intentado desorientar al juez y a la opinión pública. Con Ben Laden sustituyeron a Ternera, pero lo cierto es que han sido puestos en libertad decenas de sospechosos, mientras ha sido Trashorras el que ha acumulado siglos de condena. In interiore est veritas.

En estas circunstancias pesa mucho la conclusión del juez según la cual el objetivo de los cerebros fue impedir la permanencia del PP en el Gobierno de la Nación. Había que ocultar la autoría de ETA. El juez no cree en ésta, pero la calle no la descarta. Está en la memoria colectiva Hipercor pero, sobre todo, ¿por qué suponer que la bestia terrorista iba a cambiar tan radicalmente de estrategia después de la masacre?. En esta hipótesis no acaba de encajar el hecho de que los socialistas negociaran con ETA desde antes de la masacre, si bien algunos argumentan que, por lo mismo, los terroristas estaban decididos a condenar para siempre toda posibilidad de gobierno de la derecha. Zapatero seguiría su hoja de ruta, esto es, la legalización de Batasuna, la anexión de Navarra y la autodeterminación.

Aun más: la altísima participación, en la trama del atentado, de confidentes de la Policía y personas vigiladas está llevando a un paralelismo inquietante entre el papel de la Policía en este caso y el del Cesid en el 23-F.

Por todo hay que calificar como una torpeza del PSOE el empeño en impedir en todo momento la investigación del 11-M. Ha favorecido el clima de sospechas.

El respeto nacionalista a las urnas
EDITORIAL Libertad Digital 28 Abril 2006

El PNV aún mantiene la peregrina idea de que los vascos se opusieron a la Constitución de 1978, pese a recibir un claro voto favorable en las tres provincias vascongadas, el 63,9% en Guipúzcoa, el 70,8% en Vizcaya y el 71,3% en Álava. Pero es que el partido del racista Sabino Arana, tras acordar un Título VIII que consagraba un estado de las autonomías que no gustaba ni a la población ni a los políticos no nacionalistas, mostró su gran capacidad para el diálogo, el entendimiento y el consenso oponiéndose a lo que había negociado. Pero como sabía entonces que perdería si apoyaba el voto negativo, propugnó la abstención.

Comenzó entonces la curiosa costumbre nacionalista a la hora de contar los votos, que consiste en apropiarse para sí de todo aquello que no tiene un dueño claro. Para los nacionalistas vascos, absolutamente todos los abstencionistas, en realidad, eran votantes suyos que les obedecieron quedándose en casa. Es una extraña concepción de la democracia, en la que quienes no expresan ninguna opción mediante su voto, en realidad sí lo hacen; siempre y cuando pueda encontrarse alguna excusar para apuntarlo en la cuenta del nacionalismo. No obstante y pese a ello, cuando se han hecho cálculos más serios tomando como abstencionistas que siguieron las consignas del PNV a quienes sí votaron en las elecciones inmediatamente posteriores, el "sí" seguiría triunfando en las provincias vascongadas.

Pero eso no deja de ser una anécdota, porque contar con los votos que no se emiten, o con los votos en blanco o nulos, como papeletas metidas en una urna a favor de una opción específica muestra poco respeto por la democracia. El grado de abstención puede ser fuente de opiniones de diverso tipo, especialmente referidos al grado de interés de los ciudadanos sobre el asunto que motiva el referéndum o la institución para la que se eligen representantes. Pero no para variar el sentido del voto expresado en las urnas; al menos, no en el caso de quienes sean demócratas. Un alto grado de abstención o un menor apoyo al estatuto de Zapatero y Mas que al vigente en Cataluña indicaría un grado menor de consenso entre la sociedad catalana, pero no invalidaría el resultado.

No es de extrañar, por tanto, que fuera Batasuna quien recuperara esta rancia iniciativa antidemocrática tras su ilegalización como parte de la banda terrorista ETA que es. Entonces, y hasta su legalización encubierta a través del PCTV, exigieron votos nulos para contarlos como propios. Ahora, otra formación con amplio pedigrí "democrático" como ERC recupera esta idea. Pide a sus votantes que opten por el voto nulo pero reconoce "la diversidad de formas críticas" al nuevo Estatuto, entre las que incluyen además el voto negativo y el voto en blanco. Es decir, Carod quiere apropiarse para sí de todo lo que no sea un apoyo explícito, y no alude a la abstención porque se prevé tan amplia que ni siquiera sus seguidores más sectarios se tomarían en serio la propuesta.

Por una vez, estamos parcialmente de acuerdo con Manuela de Madre, que ha calificado este comportamiento como propio de "las derechas antidemocráticas". Es, efectivamente, una actitud acorde con quienes no creen en la democracia. El problema es que, en España, ese desprecio por la peor forma de gobierno posible, si se excluyen todas las demás, no es especialmente propio de ninguna derecha, extrema o no, sino del nacionalismo con el que ella y su partido pactan. El nacionalismo en el que ella y su partido militan. Por eso, no resulta nada extraño que, tras declarar alto y claro su indignación con la actitud de ERC, el tripartito siga tan unido como siempre. Y es que en unas tragaderas suficientemente amplias como para dejar pasar Perpiñán y el Tinell, no cabe predecir problema alguno para ingerir cualquier otra cosa.

Equilibrio

Por JON JUARISTI ABC 28 Abril 2006

INESTABLE. La clásica separación de poderes, la del barón de Montesquieu, sólo existe en los libros, toda vez que los gabinetes gubernamentales se apoyan en las mayorías parlamentarias. Tácitamente, las democracias han sustituido el equilibrio entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial por otro distinto (entre gobierno, oposición y judicatura), sin que el sistema se resienta. En la práctica, como han observado los exégetas del Espíritu de las Leyes, los tres poderes se reducen a dos, al ser el judicial «como nulo», aunque, aduce con razón Carmen Iglesias, tal «nulidad», para Montesquieu, no supone una negación de la existencia ni de la fuerza de aquél. Efectivamente, la independencia del poder judicial es, ante todo, una separación respecto a lo político. La separación de poderes en la esfera propia de lo político podría, pues, reducirse al equilibrio entre gobierno y oposición. Si los descontentos con la gestión gubernamental obtienen la mayoría parlamentaria, se produce la alternancia. Cuando el equilibrio se altera hasta hacer la alternancia imposible, el sistema se convierte en régimen.

El desequilibrio del sistema desde la oposición deriva siempre en guerra civil, más o menos cruenta. La Segunda República atravesó dos situaciones claramente bélicas, la insurrección de las izquierdas en 1934 y la rebelión militar, que arrastró a las derechas, de 1936 a 1939 (el golpe de Sanjurjo, como el del 23-F medio siglo después, no dio lugar a guerra civil alguna porque no estaba respaldado por la oposición). Resistió la primera y fue destruida por la segunda. Por muy encabronada que se sienta la actual oposición, es evidente que ni puede desequilibrar el sistema ni tiene ganas de hacerlo.

En buena medida, la impotencia de la oposición, no ya para desestabilizar el sistema sino incluso para garantizar la alternancia, se debe a la necesidad de invertir todas sus energías en mantener el equilibrio de poderes que el Gobierno y sus aliados nacionalistas no han dejado de minar desde hace dos años. De ahí la paradoja de una oposición identificada con el sistema frente a un gobierno insurreccional, prisionero de su imaginario bélico y revanchista. La tragedia de la izquierda española, ha afirmado Arcadi Espada, es que quiere ganar la Guerra Civil. En esta tesitura, lo peor que podía pasar -y que ya está pasando- es el acercamiento del Gobierno a quienes más han hecho por prolongar la falacia de una Guerra Civil inconclusa (que, por descontado, también esperan ganar).

Los atentados de Barañain y Guecho, las cartas de ETA a los empresarios y las provocaciones de Batasuna a los navarros han desencadenado un conjunto de ataques del Gobierno y del PSOE a la oposición, con un denominador común: la caracterización de la derecha democrática como franquista, lo que dista de ser una novedad, pero a la que la prisa de los socialistas por cerrar acuerdos con el complejo etarra añade ahora matices inéditos. Probablemente, ni Ramón Jáuregui, al establecer por enésima vez la genealogía franquista del PP, ni Jordi Sevilla, al definir a dicho partido como la derecha carca de siempre, creen salirse de la tópica socialista al uso. Pero las circunstancias actuales modifican el sentido de estas calificaciones. Optando -en concordancia con Batasuna- por presentar el fin del terrorismo como pacificación (y no como recuperación de la libertad secuestrada), el Gobierno consolida la superstición bélica. Una cosa es tratar a la oposición de forma altanera e insolente. Otra, muy distinta, identificarla con el antagonista mítico (el franquismo) cuya contumacia impide poner fin a la Guerra Civil (es decir, a la «guerra» de ETA). Por esta vía, se llegará a ver en la aniquilación política del PP el requisito indispensable para la paz, o sea, para el acuerdo entre ETA y el PSOE, que simbolizaría la victoria póstuma de las izquierdas y los nacionalismos derrotados en 1939. Sobra decir que el sistema democrático no sobreviviría a este final feliz.

Cambio de régimen
Las consecuencias no serán virtuales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 28 Abril 2006

La revolución en marcha es de nuevo cuño, posmoderna y, en gran medida, virtual. Pero no lo serán sus consecuencias. Presenciaremos efectos bastante tradicionales: degradación política, creciente abuso de poder, violación flagrante e impune de las leyes, derrumbe de legitimidad, desprestigio institucional y un período de general incertidumbre (mortífero en lo económico, en el menor de los casos) donde la defensa de derechos y libertades en peligro de desaparecer por el desagüe de la fractura territorial se convertirá en cuestión urgente y capital. Esto no es extraño; la cuestión capital siempre es la libertad, las libertades individuales, aunque las sociedades acomodaticias no reparen en ello mientras no las vean muy seriamente amenazadas. Y algunas, ni siquiera con las amenazas consumadas.

Está en el origen de esta involución el apego insensato de la izquierda y los nacionalismos a un error que la nación había pagado ya muy caro: el sometimiento moral y simbólico de la derecha, su premeditada expulsión del sistema, amortiguada con prebendas a algunos de sus actores políticos, medios de referencia y eventuales financiadores. Lo sabido: la habitual administración de amenazas y promesas para consolidar una desigualdad estructural.

Siendo de nuevo cuño, los precedentes que encontramos son parciales. El cuadro general se pinta sobre una España más próspera, más solidaria y más llena de oportunidades que nunca. Nuestra maldición no está en las gentes sino en la clase política; en concreto, en aquella parte que, sin recato, se reconoce en los forjadores del desastre de los años treinta. Tiene bastante el gobierno –o así lo creen sus miembros– con conducirse como si no pasara nada. Descalifican, tratan de amordazar, ridiculizan a cuantos advierten del peligro. ¿No invocan los gobernantes la Constitución? Pues eso basta en el universo congelado de lo nominal. Será catastrofista, apocalíptico, crispador quien extraiga conclusiones lógicas de las premisas llamadas Estatuto de Cataluña, proceso de paz u 11-M. Los que coinciden en sus siglas con las del fratricidio van bebiendo sorbito a sorbito de fuentes de legitimación alternativas mientras se secan la nación soberana, el régimen del 78 y, con ellos, cualquier garantía eficaz de nuestros derechos fundamentales.

Navarra o la prueba del nueve
Lorenzo Contreras Estrella Digital 28 Abril 2006

Cada día es más patente que Navarra constituye ese precio ineludible que se encuentra apostado, como la bolsa de un chantajeado, en el recodo del camino, en espera de que el bandolero la recoja. Siempre ha existido un margen de riesgo para el que se lleva el botín, menos ahora. Navarra sólo es hoy objeto de trato. Paz por ese territorio. Y paz que ya veremos si resulta duradera. ETA gradúa “a pequeña o baja intensidad” su presión sobre el Gobierno que ha de hacer la concesión, la entrega de la bolsa. Quienes están absolutamente alarmados son los dirigentes navarros disconformes con una transacción, que arrebataría a España una de las piezas esenciales de su territorialidad. Mientras tanto, el chantajista aplica el lema del clásico juego: lo toma o lo deja. Y si lo deja, en el sentido de no entregar el botín quien es requerido para ello, ya sabe cuál sería la respuesta. Lo ha dicho con toda claridad Batasuna, el brazo político de ETA: sin Navarra (como precio o factor de cambio o intercambio) “no hay ninguna solución posible”.

Por supuesto que Zapatero, ante los requerimientos explicativos de Miguel Sanz, el presidente foral de Navarra, responde que, respecto al objetivo de la paz, “Navarra no está en el debate”. Es un certificado verbal de buen propósito. Y lo expide ZP al mismo tiempo que recibe, como si se tratara de una alta dirigente cargada de responsabilidades y competencias, a una tal Uxue Barkos, diputada de la formación segregacionista Nafarroa Bai, equivalente a “Navarra sí”, como advirtiendo a quienes, con Miguel Sanz al frente, dicen que “Navarra no”, de ningún modo.

Navarra será la prueba del nueve. Si entra en la negociación, como cada día parece más claro, se habrá dado un paso de gigante en la capitulación de la integridad territorial de España. Pero, cuidado, que Navarra no es cualquier cosa. Es nada menos que lo que Euskadi necesita para empezar a configurarse como Euskal Herria, en espera simbólica de que Francia también se vuelva entreguista. Y eso sí que es difícil. Los territorios vascos-franceses son, ante todo, franceses. Y eso lo saben perfectamente ETA y sus adláteres.

Lo que Zapatero reclama y, por tanto, promete es “valentía y prudencia”, sin que a primera vista logremos discernir qué entiende por prudencia, porque valentía, lo que se dice valentía, es algo que ya de antemano estremece. Pero a continuación, en su perorata última del palacio de Vista Alegre de Madrid, ante veinte mil personas, donde dio comienzo a la precampaña de las municipales y autonómicas y de paso celebró o concelebró su paso del ecuador como presidente del Gobierno, Zapatero matizó sus conceptos: no sólo valentía y prudencia, sino además “firmeza y generosidad”, con lo cual propone la idea de “generosidad” como una nueva incógnita que nos remite a la dimensión de su espíritu concesivo y mercedario. Menos mal que el hombre termina proponiendo otra doble pareja de conceptos: “unidad y lealtad”.

Quedamos a la espera. El señor Zapatero tiene por delante otra prueba oratoria: será el 21 de mayo en Bilbao, en la celebración de la Fiesta de la Rosa. Entonces podrá explayar el sentido que quiso dar en principio a su idea de que España todo es respetable, salvo la violencia. Pero surge aquí, de nuevo, otra duda. ¿Qué significa políticamente, dadas las circunstancias, eso de que “todo es respetable”? ¿Algo más que las leyes democráticas o alguna otra novedad promovida por la marcha que lleva “el proceso”, esa palabra transformada de sentido que los nacionalistas vascos y los abertzales tanto prodigan para indicar que el pozo no tiene fondo y que todo es cuestión de saber “procesar” los factores en juego?

Las cosas no están muy claras, sino más bien un poco pardas. En el mundo vasco-navarro las mujeres se sienten más inclinadas que nunca a tomar la palabra. Y entre ellas, como entre los hombres, cabe distinguir entre socialistas y socialistas. No todos son iguales y no todas respiran del mismo modo ante corrientes políticas que parecen ventoleras. Ahí tenemos el caso de Maite Pagazaurtundua que, ante el espectáculo del idilio político y documental de su camarada Gemma Zabaleta con la proetarra Jone Goirizelaia, le ha recordado a Zapatero, en unión de Rosa Díez, que “hay cosas que no están sujetas al futuro o al pasado, sino a los principios”. Y es que el presidente se ha permitido instalar en el pasado a quienes no están en el nivel de Zabaleta. Esta última, sí. A juicio del presidente, ella representa el futuro. ¿Dónde está el futuro? ¿En qué consiste dentro de un orden de ideas? Eso es lo que todavía queda por dilucidar.

Navarra y esa broma siniestra
José Javaloyes Estrella Digital  28 Abril 2006

Fue como un soplo de esporas por el bosque. Los nacionalismos rebrotaron igual que setas, y se agigantaron, después de la lluvia trágica del 11M. Esa broma siniestra de que España es una “nación de naciones” arrancó en medios intelectuales de la derecha. Todo estaba avalado por la condición monárquica de los más destacados ocurrentes, o por el derechismo antifranquista de otros. El antifranquismo era universal viático y pasaporte, lo mismo que durante el franquismo lo había sido el anticomunismo.

De la aberrante y resucitadora levadura aquélla vino después que todo el secesionismo se hinchara siniestramente, dándole volumen político y legitimidad democrática, como harina amasada para el pan. Bajo las mantas del oportunismo, de la necesaria alianza para gobernar del socialismo con el nacionalismo, y de la profesionalización en la política de una nueva clase gestora sin conciencia histórica y sin información elemental, sobre el ser y el consistir de España, aquella ocurrencia ha dado de sí mucho más de lo que fueron capaces de imaginar sus propaladores.

Lo de la “nación de naciones” ya va más allá de ser moneda de uso corriente: es la divisa de apoyo a los tráficos políticos del día a día, el patrón oro de la legitimidad democrática nueva; nueva legitimidad, para distinto régimen, por la que se orienta este huésped de la Moncloa; y por la que sigue en tropel la práctica totalidad del PSOE. Prestos los socialistas a sorber, renuncian a soplar y a protestar cuando es preciso, pues sólo lo hacen a toro pasado, como ahora Alfonso Guerra con el planteado cambio del Estatuto de Andalucía.

Divisa del social-nacionalista bloque gobernante, el disparate de la “nación de naciones” penetra incluso como norma de cambio en ámbitos del centroderecha, al punto de que Mariano Rajoy alerte sobre la necesidad de darle la vuelta al catalejo, con la propuesta de una reforma constitucional que cierre la lista de las competencias estatales no transferibles (en línea con el dictamen del Consejo de Estado que Moncloa pidió y de seguido olvidó), por necesariamente exclusivas del Estado mismo, que no se pueden transferir a las Comunidades Autónomas. Son competencias que no se pueden ceder a menos que, finalmente, fuéramos todos juntos, y Rodríguez primero, por la senda de una monarquía confederal: puro remedo de la monarquía de los Austrias y poco más que la Commonwealth británica. O sea, un premio de consolación para aquellos monárquicos que confunden el símbolo con lo simbolizado, la unidad nacional con la Corona que la representa.

A la resurrección de este modelo se viene aplicando con denuedo de termita el académico de Ciencias Morales y Políticas Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, impulsor de la inclusión del término “nacionalidades” en la Carta de 1978, con la que se dotó a los nacionalismos —entendidas éstas como germen de Estado— de un fulcro constitucional que no tuvieron en la Carta republicana de 1932, cuando integró el Estatuto catalán. En esa misma postulación estaba Ernesto Lluch, cuyos desvelos pro nacionalistas para el País Vasco fueron reconocidos, asesinándole, por los interlocutores orgánicos que el actual presidente del Gobierno espera tener un día como llave maestra de su proyecto basado en el disenso de los españoles.

Pero en tal empeño acaba de tropezar Rodríguez con eso de Batasuna de que “sin Navarra no hay ninguna solución al conflicto”. A la académica “nación de naciones” no hay quien le saque los espolones etarras: las excrecencias terroristas, violentas, que son acompañantes inseparables de las prácticas de afirmación nacionalista.

Son procedimientos, métodos, de condición también “confederable”, como el propósito al que se sirve y en el que se comulga. El terrorismo de cualquiera de los nacionalistas es capaz de cumplir la función impulsora del proyecto, común a todos ellos, de disgregación nacional del conjunto histórico al que pertenecen. Así, los nacionalistas de ETA, de Herri Batasuna, hacen el trabajo sucio a los nacionalistas moderados del PNV, y unos y otros, desde sus prácticas de emancipación, tiran de los planes propios de los catalanistas, los galleguistas…, e incluso de los andalucistas.

El anexionismo nacionalista sobre Navarra no es ocurrencia de Batasuna sino congruente fijación del viejo PNV, que en la II República ya quiso traducirlo en su Estatuto. Navarra es condición indispensable desde la que alcanzar la masa crítica necesaria para la independencia. Igual que lo son la Comunidad Valenciana y Baleares, como supuestos “países catalanes”, para los suscribientes del Pacto del Tinell. Una y otra ambición definen inequívocamente que los respectivos horizontes estatutarios de los nacionalistas vascos y catalanes, en la derecha y en la izquierda, no se quedan en la confederación, sino que se proyectan a la independencia.

Pero a Rodríguez, a quien lo único que dice preocuparle es el fin de ETA, es cosa que le trae al fresco. Una monarquía confederal que se cayera por sobrevenir la III República dejaría la unidad de España en el perchero.

Aparte de muchas más cosas, naturalmente, Navarra es el tapón de la bañera. Pero Rodríguez, para cobrar electoralmente la piel del oso, sólo quiere conseguir el fin de ETA. Como sea, a cualquier precio. Es su manera de hacer y su talante.
jose@javaloyes.net

Para colmo de problemas, Jordi Sevilla le quita los Fueros a Navarra
Pascual Tamburri elsemanaldigital 28 Abril 2006

Zapatero recibe antes a la abertzale Barkos que al presidente Miguel Sanz, que le resulta especialmente incómodo. Y el ministro liquida en una frase el obstáculo foral.

28 de abril de 2006. No lo quiso hacer Fernando el Católico ni tampoco la revolución liberal; no lo pudo hacer Manuel Azaña durante la Segunda República. Y de un plumazo lo ha conseguido el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla. Para él, "no va a ser ETA quien decida el futuro de Navarra; lo van a decidir los navarros conforme a la Constitución y a su estatuto". Y se quedó tan contento.

Veamos. Lo que ha querido ser una frase tranquilizadora, una más en medio de la maraña socialista de estos días, ha sido un síntoma peligroso de cómo se las gasta el PSOE estatal –diría nacional, pero claro, ya no- con permiso y bendición del PSN y del PSE, a la espera de la reunificación. Y es que Sevilla, a pesar de ser uno de los ministros con estudios –no crean ustedes, el género no es tan abundante-, sabrá la economía necesaria para explicar las cosas a Zapatero, pero evidentemente no sabe historia ni derecho. Porque, don Jordi, atención, Navarra no tiene Estatuto de Autonomía.

Navarra tiene un régimen foral, una autonomía preconstitucional derivada sin solución de continuidad del Fuero General medieval, vertido en la España liberal a través de la Ley de 1841 y en último extremo "amejorado" en 1982. Pero Navarra no recorrió ninguna de las vías autonómicas inicialmente previstas en la Constitución de 1978, sino que se arbitró un cauce especial para salvar, precisamente, la especificidad navarra.

No es un error insignificante. Que Navarra tenga o no fuero implica que su posición jurídica en el seno de la nación española sea una u otra, y también que las posibilidades de manipulación sean unas u otras. Naturalmente que los navarros serían más manejables si tuviesen una autonomía normal, pero las cosas son como son: no hay estatuto navarro, sino algo mucho más antiguo y más sólido. ¿Saben ustedes cuál es el primer nombre propio que aparece en el Fuero medieval navarro? España.

Navarra los pone nerviosos
En esto del "proceso de paz" el primer obstáculo serio de Zapatero y de ETA ha resultado ser Navarra, así, en general, los navarros, su Gobierno, su presidente, todo. Parece que las contradicciones se hacen evidentes, porque en buena lógica es difícil llegar a un acuerdo con un grupo que dice que Navarra no es negociable y a la vez contentar a los navarros, que no quieren ser objeto de negociación. Algo falla en algún punto, y no hay modo de dejar contentos a la vez a los nacionalistas y a los navarros. Y encima, piensan allá por Ferraz, "este pesado de Sanz", que ha resultado telegénico y que ha llenado todas las portadas con su "no" a la entrega de Navarra.

Navarra –con Fuero y no con estatuto, Sevilla, por favor- preocupa. Preocupa sobre todo dentro del PSOE, claro, porque antes de poder pensar en otra cosa tiene que tener tranquilas a sus propias bases no nacionalistas. El PSOE está incómodo con Navarra. Por un lado tiene que mejorar sus resultados si quieren, aparte de aspirar alguna vez al poder, disponer de esa imprescindible baza en la negociación con ETA. Por otro lado, ETA dice que sin Navarra no hay nada más de lo que hablar. Así que algo hay que hacer, peor no está claro qué; y están cometiendo torpezas tan singulares como, por ejemplo, dar audiencia en La Moncloa a Uxue Barkos, de Nafarroa Bai, la diputada abertzale, antes que al presidente del Gobierno de Navarra. Pero es que Miguel Sanz los desazona, no saben cómo lidiar ese toro.

Por qué Navarra no es Euskadi
No teman, me voy a ahorrar el rollo histórico. Ustedes pueden ir a su librería, a su biblioteca o a su buscador preferidos e informarse. Pueden ustedes ver qué dicen sobre el pasado y la identidad de Navarra los que se han ocupado de este asunto desde que hay una historiografía científica -una columna vertebral: Eduardo de Hinojosa, Claudio Sánchez Albornoz, José María Lacarra, Ángel Martín Duque-, aunque pueden ustedes ver también las cosas tan divertidas que nos han deparado los escritores abertzales, desde Hermilio de Olóriz hasta el batasuno Floren Aoiz, pasando por Jimeno Jurío. Lean, comparen y elijan.

Navarra es lo que es; por supuesto que ha ido cambiando a lo largo de la historia, porque la identidad no es momificación. Pero Navarra no puede ser cualquier cosa, sino –nada más y nada menos- la plasmación aquí y ahora de una comunidad humana viva desde los inicios de la Reconquista. Si a ustedes les cansa leer, visiten en Pamplona La Edad de un Reyno, como hicieron ayer jueves don Felipe y doña Letizia. Por eso no es casualidad que Sevilla se olvide de los fueros, porque la existencia de éstos es un obstáculo infranqueable para negar la personalidad de Navarra y de los navarros.

Si esto sigue así, el próximo día les contaré un chiste de navarros. El fuero y el huevo se están poniendo de moda, en este "órgano común permanente" al que antes llamábamos España.

Realidades nacionales
El hombre preconstitucional
Jorge Vilches Libertad Digital 28 Abril 2006

Últimamente, porque aquí todo ocurre a última hora, se escucha que los socialistas andaluces han decidido que son una "realidad nacional" porque no quieren quedarse atrás en la reordenación territorial. La idea es que las competencias adquiridas por la Generalitat se deben al "reconocimiento" de Cataluña como nación, por lo que la Comunidad Autónoma que quiera tener el mismo nivel de autogobierno y financiación debe anunciarse como un ente, realidad o identidad nacional.

En esta argumentación socialista no sólo cabe la dudosa pretensión de que Andalucía va a estar mejor económica y socialmente con la nueva realidad nacional catalana. Es que, además, supone la recreación de un principio erróneo: la descentralización responde únicamente al reconocimiento de las "realidades nacionales".

La descentralización no requiere ir repartiendo cartas de nacionalidad a cualquier ente territorial que así la reclame. Es decir; Andalucía puede tener tantas competencias como un Estado federal sin necesidad de que se inventen una nación, ni un Padre de la Patria, un idioma, o un pasado mítico plagado de héroes y opresores.

La sociedad española ha admitido como dogma de fe que la descentralización tiene el objetivo de que las "realidades nacionales" tengan las competencias que como tales les corresponde. Lejos queda aquello de acercar el gobierno al ciudadano, mejorar la gestión de lo público o modernizar la administración. No; la descentralización se ha considerado un calmante, un analgésico para los nacionalismos. La consecuencia es que toda Comunidad que quiere incrementar sus competencias ha de recrear un discurso y reivindicación nacionalistas, convirtiendo a su territorio en una "realidad nacional". Así, se sigue el juego a unos nacionalistas que no quieren más autogobierno, sino todo el gobierno. De hecho, ERC se va a abstener en el referéndum sobre el Estatuto que ellos mismos han hecho.

Porque ya no se concibe, en la España de hoy, una descentralización política y administrativa que no suponga la quiebra de la españolidad. Sólo se puede estar al día en la vida política actual reclamando un mentido doble patriotismo, una nacionalidad histórica imaginada, o una realidad nacional distinta a la española.

Pero no pasa nada. Frente al fundamentalismo nacionalista se ha instalado el más puro "indeferentismo", el qué más da, el qué importa. Eso sí. Uno dice que los hombres de la Transición se equivocaron, que el principal obstáculo para nuestro desarrollo es este Estado de las Autonomías indefinido, tembloroso y herido, y se convierte en un "hombre preconstitucional". Si uno dice que los nacionalismos son anacrónicos, fantasiosos y totalitarios, le grapan la vitola de "preconstitucional". Y si argumenta que la colaboración con ellos no los integra en la democracia contemporánea, sino que les da poder para conseguir sus objetivos, ha reafirmado su carácter "preconstitucional". Puede ser cierto, porque la libertad y la democracia son valores y principios que existían en el planeta Tierra mucho antes que la Constitución de 1978, incluso antes que alguna "realidad nacional".

Nuevo escenario, nuevo lenguaje (¡sin eufemismos!)
Por JAVIER URQUIZU, CRISTINA CUESTA Y CRISTIAN MATÍAS (*) ABC 28 Abril 2006

EN este (relativamente) nuevo escenario que esperamos dé paso a un tiempo nuevo, desde Covite queremos aportar nuestro grano de arena para que esos nuevos tiempos sean, de verdad, mejores para todos... En este sentido, creemos que es fundamental llamar a las cosas por su nombre. Los eufemismos confunden y distorsionan la verdad, y sin la verdad, no vamos a ningún sitio... bueno. Desde la autoridad moral que nos da el saber muy bien de lo que hablamos (porque lo hemos vivido en toda su crudeza) y el haber llevado una trayectoria cívica intachable respetando siempre el Estado de Derecho, como víctimas del terrorismo queremos, de cara al bien común, hacer algunas aportaciones para un nuevo lenguaje claro y sin eufemismos:

No se dice «lucha armada»... Se dice «asesinatos de gente inocente e indefensa».
No se dice «conflicto entre vascos»... Se dice «cobarde exterminio de quien nos estorba».
No se dice «ekintza» [acción]... Se dice «asesinato fríamente calculado».
No se dice «kale borroka» [lucha callejera]... Se dice «vandalismo intolerable que pretende aterrorizar».
No se dice «normalización política»... Se dice «dejar de cometer aberraciones».

No se dice «radicales», pues ser radical es ir a la raíz de las cosas y por tanto algo eficaz, bueno y deseable... Se dice «neonazis».
No se dice «impuesto revolucionario»... Se dice «chantaje mafioso».
No se dice, o se piensa o se siente con complacencia y contemporizando, «son gudaris equivocados que simplemente hacen cosas feas que molestan estéticamente»... Se dice, y se piensa y se siente con indignación y determinación, que «son asesinos» o «terroristas».

No se dice «algo habrá hecho» [¡qué miseria y cobardía moral!]... Se dice «¡es indignante! Nadie tiene derecho a disponer de la vida ajena».
No se dice «nadie quiere más que nosotros a esta tierra» [¿cómo se atreven?]... Se dice «cualquier persona normal ama de un modo natural a su tierra (de nacimiento o de acogida, ¿qué más da?)».
No se dice «refugiado»... Se dice «delincuente huido».
No se dice «involuntariamente ausentes»... Se dice «cobardemente asesinados», siempre cobardemente, siempre por la espalda, siempre sin dar una oportunidad a la víctima.

No se dice «mesa de partidos extraparlamentaria»... Se dice «chanchullo para sacar ventajas inadmisibles».
No se dice «todos tendremos que ceder en algo» [¿es que estamos hablando de dos hermanitos a los que su madre regaña por alguna travesura infantil? ¿O acaso de vecinos de una comunidad que discuten sobre el color del que van a pintar la fachada de su edificio?]... Se dice «quien ha cometido horribles crímenes tendrá que responder por ellos ante la justicia».

No se emplean palabras bonitas como «paz», «generosidad», etcétera, de un modo genérico, hueco y demagógico. Las palabras se deben decir con un contenido concreto ajustado a una realidad concreta. Sólo ahí tienen su pleno y auténtico sentido.

No se dice alegremente «nosotros siempre hemos estado con las víctimas». A muchos podría crecerles la nariz más que a Pinocho. Como es natural, nosotros sabemos mejor que nadie quién ha estado a nuestro lado y quién no. Y lo diremos, para vergüenza de muchos, para que todos aprendan y nadie pase por lo que nosotros hemos tenido que pasar; para que no se repitan comportamientos innobles e indignos de quienes, teniendo que haber dado ejemplo a la hora de estar a nuestro lado, liderando la lucha moral y política contra la barbarie, han estado muy lejos de nosotros (ignorándonos) e incluso, a menudo, «contra» nosotros. Unas veces tomando medidas innecesariamente humillantes, crueles y ofensivas que nos han generado un dolor añadido; y otras, precisamente, dejando de tomar medidas eficaces y acordes con un elemental sentido de la decencia. Desde pequeños nos enseñaron que se ha de decir siempre la verdad.

La verdad es a veces, sí, muy dura, pero imprescindible para, asumiéndola, aprender y mejorar. Es tan dura que hay quienes no la soportan. En ese sentido, el infierno existe y para algunos es simplemente un espejo en el que ver reflejada su propia miseria y falta de humanidad. No soportándolo, intentan distorsionar o maquillar la Historia con la mentira, con la negación de la realidad o con eufemismos (especialmente peligrosos y dañinos por la confusión que generan), que son los que han motivado este artículo. En lo que a las Víctimas del Terrorismo se refiere, no serán otros los que escriban nuestra historia falseándola. No lo permitiremos, por nuestro bien y por el de todos.

(*) Javier Urquizu es hijo de José María Urquizu Goyogana, asesinado por ETA; Cristina Cuesta es hija de Enrique Cuesta Jiménez, asesinado por ETA; y Cristian Matías es nieto de Manuel Albizu Idiáquez, asesinado por ETA. Escriben en representación del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite)

Mentiroso compulsivo: Zapatero ha pactado ya con ETA la anexión de Navarra al País Vasco
Federico Quevedo El Confidencial 28 Abril 2006

José Antonio Mendive está pasando por un verdadero calvario. A José Antonio Mendive los canallas le quemaron el pasado fin de semana su negocio, una ferretería, de la que vivían él y su familia, porque el sueldo de concejal de UPN en Barañáin no da para mucho. El ataque terrorista a su ferretería -¿es que se le puede llamar de otra manera?- estuvo a punto de cobrarse vidas de seres humanos, entre ellas la de un bebé de pocos meses, y si hubieran explotado las bombonas de butano industrial almacenadas en la misma, el ataque terrorista se podría haber convertido en una verdadera masacre.

Pero Dios no lo quiso. José Antonio Mendive ha sufrido en su propia carne la experiencia de ser objetivo de la barbarie, y su futuro ahora depende de una subvención del Ministerio del Interior, que ya veremos lo que tarda en llegar porque no sabemos si Rasputín Rubalcaba está más cerca de los que han quemado la ferretería de Mendive que del propio Mendive, una subvención que ni de lejos va a poder compensar los ingresos que el negocio reportaba a la familia. No ha habido víctimas mortales, pero Mendive ha pasado ya a formar parte de la extensa familia de Víctimas del Terrorismo, ésa de la que el presidente Rodríguez reniega, dice que son el pasado y cuya sola existencia parece provocarle toda clase de urticarias y repugnancia.

José Antonio Mendive molesta. Digámoslo así, porque así es. Molesta a los planes de Rodríguez porque nos recuerda a los que todavía tenemos conciencia que los asesinos terroristas no han dejado las armas, y siguen practicando el terrorismo de la extorsión, la amenaza y la kale borroka. Molesta porque recuerda quién tiene la sartén por el mango, quién era la que estaba al borde de la desaparición después de una acción policial eficaz y contundente contra la pandilla de asesinos y su entorno –que hay que recordar que a la luz de los tribunales ETA es ETA-Batasuna-, y ahora deambulan crecidos y orgullosos, henchidos de vanidad y soberbia, por las calles del País Vasco, sapientes de que todo lo que quieran se lo va a dar este presidente cobarde y entregado a su propia desdicha.

Mendive molesta porque su desgracia nos ha puesto a todos frente a la verdad, la de que lo que se está poniendo encima de la mesa es la entrega a la pandilla de canallas su mayor aspiración: la creación de Euskal Herria. Lo cual significa la anexión de Navarra y la autodeterminación de las cuatro provincias. Rodríguez nos miente y lo sabe, porque sabe que su propio destino va unido de pies y manos al destino de este ‘alto el fuego’ y a que la pandilla de canallas se considere satisfecha con la capitulación del Estado. Ahora se comprende lo del Estatuto catalán y lo que amenaza con venir desde Andalucía: Rodríguez necesita que España se desintegre para poder otorgar a la pandilla de canallas todo lo que piden. El Estatuto no era una concesión al nacionalismo antidemocrático y violento de ERC, sino al nacionalismo antidemocrático, violento y asesino de ETA. Tanto el Estatuto como la reforma andaluza dan cobertura a los planes de ETA y del Gobierno, como ayer valientemente denunciaba Mayor Oreja.

La formación de Euskal Herria es la máxima aspiración de la pandilla de asesinos, el verdadero tablero de la negociación que se ha abierto tras el ‘alto el fuego’. Lo es porque las otras dos aspiraciones de ETA –legalización de Batasuna y presos- la pandilla de asesinos las da por hechas, porque ya estaban negociadas de antemano y pactadas por los esbirros del terror y los emisarios de Rodríguez como precio del ‘alto el fuego’ –que no de la ‘paz’-, los mismos que llevan negociando con la mafia etarra desde el día en que Rodríguez pactaba y aprobaba la Ley de Partidos con el PP. Nunca antes habíamos asistido a semejante espectáculo de cinismo y, sobre todo, de consagración de la mentira como eje de la acción política.

Rodríguez no lleva dos años mintiendo: lleva mintiendo desde el mismo día en que accedió a la Secretaría General de su partido como paladín de la Nueva Vía, la izquierda moderada y semiliberal de Tony Blair, y se ha demostrado como el estandarte de la izquierda más radical y sectaria que gobierna en España y algunos países de la América Latina. Rodríguez ha mentido en todas y cada una de sus acciones como presidente del Gobierno, y miente de nuevo cuando dice que Navarra no es objeto de negociación. Lo es, y algunos sabemos en qué términos y de qué manera se piensa violentar la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española para que una mayoría en el Órgano Foral navarro conformada por el PSOE y la izquierda abertzale y radical convoque un referéndum en todo el territorio de lo que ETA llama Euskal Herria, y será así porque a quien redactó esa disposición no se le ocurrió delimitar el ámbito geográfico del referéndum posterior a la decisión de la anexión.

El atentado de Barañáin no es la obra de ningún descontrolado de la pandilla de canallas, como intentan hacernos creer los medios oficiales. No hay ninguna ETA Auténtica, como tampoco hubo un IRA Auténtico. Sólo hay una ETA, y sólo hay –porque sigue habiendo- un IRA. Y todo lo demás forma parte de la Gran Mentira que se ha convertido en el eje de la acción política de Rodríguez. Como lo de las cartas. No son sólo empresarios navarros los que han recibido cartas de extorsión, sino también empresarios vascos, aunque Confebask las oculte, y todas con matasellos posteriores a la declaración de ‘alto el fuego’. ¿Que salieron antes? Es posible, pero en todas se pide colaboración económica para sostener el “proceso de paz”, que es como llaman ETA y el Gobierno a este estatus post-bélico de una guerra en la que unos eran los que mataban –ellos-, y otros –nosotros- los que morían.

Vamos, que aunque las cartas salieran antes de la declaración de ‘alto el fuego’, ETA ya las envió sabiendo cuándo iban a llegar y en qué situación, por lo que el chantaje y la extorsión no es previa, sino que forma parte de la estrategia del ‘alto el fuego’ y la negociación entre bambalinas que la pandilla de canallas sigue manteniendo con los emisarios de Rodríguez y Rasputín. Por cierto, me gustaría saber qué tienen que decir el Ministerio del Interior y su ministro a esa petición de registro como partido político de una organización abertzale que responde a las siglas de Euskal Herria Ta Askatasuna, es decir, EHTA, que se pronuncia como se pronuncia y que podría suponer un nuevo acto de humillación de esta sociedad adormecida ante la pandilla de canallas. Y es curioso, porque en su página web de lo que más hablan es, precisamente, de Navarra. No les quepa la menor duda: de la mano de Rodríguez, Iruña –Pamplona- acabará siendo la capital del Estado independiente de Euskal Herria, y la sangre de más de mil muertos se habrá derramado inútilmente. ¡Pero duerman ustedes, duerman!

El revisionismo como revancha
Editorial ABC 28 Abril 2006

EL Congreso de los Diputados aprobó ayer una proposición de ley presentada por Izquierda Unida, y apoyada por el PSOE, para declarar 2006 «como año de la Memoria Histórica», en «homenaje y reconocimiento a la Segunda República», que es calificada como «el primer régimen realmente democrático de nuestra historia» y «antecedente directo del actual Estado social y democrático de Derecho y del sistema autonómico establecido por la Constitución de 1978». De esta forma, cobra carácter de rango parlamentario lo que hasta ahora habían sido extravagancias marginales de una extrema izquierda también marginal e incursiones historicistas insolventes a cargo del presidente del Gobierno. El salto político que representa la votación favorable a esta proposición es, por tanto, imputable, de forma directa, al Gobierno socialista y al PSOE.

La exaltación republicana que ayer se consumó en el Congreso se está basando, efectivamente, en la memoria, pero no en la Historia; en el reflujo ácido de una izquierda que se ha desvinculado de los valores de la Transición, del respeto a los principios políticos del Estado y del apego a la verdad histórica. El empeño de la izquierda en trazar una línea de continuidad entre el régimen republicano de 1931 y el régimen democrático de 1978, obviando la Monarquía parlamentaria, implica la renuncia previa a asumir el compromiso de reconciliación nacional que se cerró a partir de 1977, con el advenimiento de una democracia cuyo éxito se debe a haber configurado un modelo de convivencia que nada tuvo que ver con el que implantó la República. Incluso a pesar de aquellos republicanos, de izquierda y derecha, patriotas de buena fe, que pronto se sumieron en la decepción. Aquel régimen, que se estrenó cerrando medios de comunicación -entre ellos, ABC- y quemando iglesias y conventos, y que agonizó desde su inicio, entre golpes de Estado, revoluciones antidemocráticas e intentonas separatistas, no será nunca el precedente de la España democrática de 1978. Y en lo que podría serlo -definición de Estado integral, protección del castellano como idioma oficial-, el propio Gobierno y sus socios se están encargando de que no lo sea. Quizá el PSOE y la coalición revisionista que lidera pretendan que la II República sea precedente de otra cosa, de una nueva etapa política cuya inauguración requiere un proceso previo de deslegitimación del actual sistema constitucional en todo lo que no responda al designio republicano que quiere imprimirle la izquierda. Y ahí cobraría todo valor el propósito rupturista del nuevo Estatuto catalán, la generación de identidades nacionales y la aplicación a la sociedad de un tratamiento de choque laicista y sectario.

Lo peor de toda esta campaña auspiciada por el Gobierno y el PSOE, con el concurso ancilar de Izquierda Unida y sus socios ultranacionalistas, no es sólo el desprecio por el fundamento de la Constitución -la Transición sin ruptura de la dictadura a la democracia-, sino también la inoculación de un espíritu revanchista en una sociedad ajena -por edad y, sobre todo, por intereses vitales- a aquel pasado. El viaje de vuelta de la izquierda no acaba en 1978, sino en 1931, y esto es poner a la sociedad española en un trance muy peligroso, por más que estas iniciativas se revistan de falsos anhelos de justicia histórica.

No se extrañe el presidente del Gobierno de que cada vez sean más los que piensan que su proyecto político para España es un cambio de régimen, que empiece por el modelo territorial y siga por la deslegitimación política de la Monarquía parlamentaria. El único antecedente cierto de la Constitución de 1978 fue la libre voluntad de los españoles de no cometer los terribles errores del pasado y confiar su gobierno a un principio democrático bajo la garantía de la Corona, institución nacional que simboliza la unidad y permanencia del Estado. Tanto las manifestaciones públicas del presidente del Gobierno como esta revancha aprobada ayer en el Congreso de los Diputados encierran una profunda ingratitud hacia el papel histórico de Don Juan Carlos y a su aportación decisiva a la estabilidad democrática de España, negada cicateramente incluso en la resolución de la Cámara baja sobre el aniversario del 23-F. Y tampoco se extrañe el presidente de que, abierta la caja de la memoria histórica, se descubra que tal memoria la tienen más de los que desearía esta izquierda irresponsable y revanchista.

ESPAÑA O DISGREGACIÓN
Editorial minutodigital 28 Abril 2006

Lo ha apuntado muy claramente Aznar los españoles se van a tener que enfrentar a una decisión vital sobre su país, ya que o se resignan a una disgregación lenta pero inexorable de la nación o respaldan un proyecto para fortalecer España, que es lo que les une.

Y es que en las próximas consultas electorales no se debe elegir tanto entre un proyecto de izquierdas o derechas, sino que el voto se ha de reflexionar en base a las concepciones que los diversos partidos tengan de la idea de España. Cada cual debería decidir por sí sobre este apasionante dilema profundizando con sinceridad sobre cual es su visión sobre la nación. Es evidente que el camino que propone el PSOE de Zapatero supone una fragmentación de la soberanía nacional y un avance para las posiciones separatistas. Los socialistas no se atreven a plantear claramente su proyecto de federación de naciones ibéricas, pero no se dejen engañar, lo que los siguientes comicios generales decidirán será precisamente sobre si refrendamos esa política de deconstrucción.

El problema con que nos hallamos es que hemos creado una sociedad dominada por un individualismo propio de un liberalismo permisivo y hedonista, avalado por la sociedad de consumo. Se trata de un individualismo que solo reclama del estado que garantice las condiciones materiales que a cada cual le permiten vivir tranquilamente y sin mayores preocupaciones que el ocio y la acumulación de riquezas. Y lo más curioso del caso es que son los herederos del marxismo, doctrina colectivista por antonomasia, quienes detrás del un presunto progresismo se han convertido en los apóstoles del individualismo relativista y hedonista.

Durante un largo tiempo la referencia a lo colectivo fue un medio fundamental para la satisfacción de las necesidades individuales. Hoy el porvenir parece cada vez menos ligado a un destino común. La pertenencia a un grupo ya no está allí para dar sentido y se producen trastornos identitarios en espacios que antes eran los principales referentes protectores: la familia, el trabajo y la patria.

Hoy parece que algunos festejan el declive de la historia común, la pérdida de fundamentos absolutos y la destrucción de la ligazón a un proyecto colectivo. Pues bien aquellos que tan alegremente juegan con la unidad nacional y los que asisten indiferentes al debate, como si no pasará nada, o no fuera con ellos, deberían tener en cuenta que al final de la deconstrucción todo queda deconstruido, sin alternativa futura ni reemplazo.

Aún no hemos claudicado
Santiago Casero minutodigital 28 Abril 2006

El día 30 de Marzo pasará a la reciente Historia de España como uno de los más nefastos en el devenir futuro de nuestra nación. El día en que los viejos socialistas dijeron un sí, cobarde y avergonzado, hacia el reconocimiento de una tercera nación en lo que, geográficamente, se conoce como Península Ibérica. El día desde el que se les podrá llamar “sin vergüenzas” a esos Guerra, Marugán, Leguina y demás ralea a los que se les había llenado la boca defendiendo la unicidad de España y que, pues eso, se quedaron sin vergüenza para asentir, en aras de la disciplina de partido, a los sueños de esos próceres apellidados Zapatero, Blanco, Carod o Puigcercós. Delenda est Hispania.

Pero, y contra lo que pudiera parecer, eso no iba a ser lo más grave. El pueblo español había asistido a una vuelta más en la tuerca del Estado de Derecho cuando, desde las instituciones, se había recibido con alborozo el “alto el fuego permanente” de la banda terrorista y hasta Rajoy acudió, solícito, a sentarse en el sofá de ZP para fotografiarse en la imagen de la concordia y del futuro. Muerte de la Justicia que claudica solicitando la libertad bajo fianza de Otegui a quien ya apremian para sentarse en una “mesa de diálogo” representando a aquellos a los que hemos hecho ver al resto del mundo que existen motivos para ser ilegalizados. Triste reedición se antoja de aquel famoso Pacto de San Sebastián donde nefastos políticos abandonaron los barrotes carcelarios para ocupar las poltronas del poder en una España que, en cinco escasos años, acabó desangrándose por los cuatro costados.

Se quejaban los de la generación del 98 de que España perdió Cuba, Filipinas y Puerto Rico y ni tan siquiera se había suspendido la corrida de toros dominical. El 30 de Marzo, un 54 % de los diputados certificaban la muerte de España como nación y apenas unos centenares de españoles, sin ser convocados por partido u organización alguna, se desgañitaban ante la sede del PSOE en la calle Ferraz. Resultado: una anciana de noventa años con la cabeza abierta tras la brutal carga policial en defensa de la libertad de expresión de un partido político ahora en el poder. ¿A cuántos abrió la cabeza la policía en defensa de las libertades un no lejano 13 de Marzo?.

Los dirigentes de la derecha han claudicado obviando lo que piensan, desean o anhelan sus bases. Se les llena la cabeza de democracia, de libertad y de talante pero, cuando las reglas del juego no se respetan por todos, la victoria en la partida siempre será de quien se comporta como un tahúr. Y el PSOE maneja esa faceta al estilo de los viejos jugadores que surcaban el Mississipi.

Tras los atentados del 11 de Marzo, los dirigentes socialistas canalizaron, antidemocráticamente tal y como lo entiende Rajoy, la crispación de sus militantes y les sacaron a la calle, a las sedes del PP, a desahogar sus iras y sus miedos. Las fuerzas de orden público, entonces bajo el mandato del PP, se cuidaron mucho de que ningún manifestante se rompiese tan siquiera una uña y así, tras los consabidos epítetos de fascistas y asesinos, acudieron el 14 de Marzo a consumar su venganza en las urnas. El 30 de Marzo no me es difícil imaginar a esa inmensa parte del pueblo español llorando avergonzados en sus casas porque España se ha roto y los líderes de quienes defienden la unidad, la tradición, la familia y todos los valores que han calado a lo largo de siglos en nuestra Patria, no han hecho sino levantar un poquito la voz en un Parlamento donde, como penúltimo desplante, no ha acudido ZP ni tan siquiera a escucharles.

Aún no hemos claudicado porque aunque solo fueran dos centenares de personas a desahogarse el día que se rompió España son suficientes para mantener viva la llama de la esperanza. Cuando de nuevo se echen millones de personas a las calles, convocados por asociaciones cívicas y el PP pretenda monopolizar ese estado de opinión me gustaría que recordasen que para ganar unas elecciones hay que jugar con las reglas que utiliza el contrario. Pero claro, con arriolas y elorriagas, mucho tendría que cambiar esto.

Muertazos
Por IGNACIO CAMACHO ABC 28 Abril 2006

VENGA, vale. Vamos a revisar la memoria histórica. Vamos a estudiar la República y la guerra in-civil, como le gusta decir a Antonio Burgos. Vamos a repasar nuestra Historia sin miedo a los demonios y sin caer en la trampa en que se suele meter el PP, que parece empeñado en aceptar el papel de heredero del franquismo que le tienen destinado en la farsa oficial. Vamos a estudiar, que nunca viene mal. Sobre todo a algunos que se las dan de cultos por haber leído media docena de libros sesgados.

¿Quiere el Congreso memoria histórica? Que llame a una comisión de historiadores independientes. Españoles y extranjeros: Fusi, Cortázar, Álvarez Tardío, Juliá, Elorza, Aróstegui, Viñas, Bennassar, Beevor, Jackson, Payne, Thomas, Preston... se puede elegir. Que se les oiga sin trabas. Que hablen del papel del PSOE en la revolución de Asturias, de Casas Viejas, del levantamiento catalán contra la legalidad de la República, de la guerra interna en el bando republicano, de la represión en ambos lados, de la ayuda extranjera, de la Legión Cóndor, de los comisarios políticos, del Quinto Regimiento, de los moros de Franco, de las fosas comunes, del pistolerismo falangista y el terror anarquista, de las checas, de Queipo de Llano y de Mola, de las dudas de Azaña, del recelo de la izquierda al voto femenino. Que hagan un dictamen todo lo objetivo que se pueda, y que se pase a Pleno. A ver si el PSOE y sus socios lo pueden respaldar sin enrojecerse de sus antepasados. La Historia es muy antipática cuando se aborda sin prejuicios. Pero conviene hacerlo de vez en cuando.

Lo que no vale es reescribirla desde la política. Y menos, desde el rencor retroactivo. Los políticos están para mejorar -si pueden- el presente y diseñar el futuro, pero para interpretar el pasado es menester recurrir a los que saben y estudian. Y un juicio independiente sobre el drama republicano arrojaría conclusiones poco gratas para quienes prefieren contentarse con un bucle de falsa melancolía. Para someterse a ese dictamen, la izquierda española carece de coraje moral. En cambio, esa mayoría actual de ciudadanos biográficamente ajenos al conflicto podría aprender muchas cosas que no se enseñan en la LOGSE.

Lo tengo muy contado, pero lo repetiré: Paco Acosta, uno de los sindicalistas condenados en el Proceso 1001, me expresó una vez su desconfianza sobre la reapertura de esta mal llamada «memoria histórica». «Si desenterramos nuestros muertos, la derecha sacará los suyos. Barbaridades hubo, por desgracia, en los dos bandos; no hicimos la reconciliación para esto». Acosta estuvo en la cárcel de Franco por ser de Comisiones Obreras. Eso le da más legitimidad que a Llamazares y a Zapatero para saber de qué habla. Todo el mundo tiene abuelos, y pelearse con ellos a muertazos sólo conduce a una discordia estéril. Lo escribió Celaya, otro comunista: allá los muertos, que entierren como Dios manda a sus muertos. Este humo de ayeres malhadados no es más que una trampa para distraernos de un mañana incierto... y de un hoy manifiestamente ingrato.

Otegi y la Fiscalía
Editorial ABC 28 Abril 2006

EL portavoz de la ilegal y suspendida Batasuna, Arnaldo Otegi, añadió ayer una tercera condena a su ya amplio expediente delictivo. La Audiencia Nacional le declaró autor de un delito de enaltecimiento del terrorismo, cometido durante un acto de homenaje al histórico etarra José Miguel Beñarán Ordenaña, «Argala», por el que se le imponen las penas de quince meses de prisión y más de siete años de inhabilitación. Previamente, en 1991, fue condenado por colaborar en el secuestro de un industrial, y en 2005, por injuriar al Rey, hallándose suspendida la condena en este segundo caso. Todo un expediente.

La Fiscalía ya ha anunciado que no pedirá el ingreso de Otegi en prisión, algo paradójico después de haber pedido que se le condenara a pena de cárcel, pero coherente con el aprecio del fiscal general del Estado por el principio de oportunidad política para aplicar la ley. Es posible que, con la ley procesal en la mano, existan interpretaciones diversas sobre si debe o no ejecutarse esta sentencia antes de que sea firme, lo que sólo sucederá después de que la confirme el Tribunal Supremo, en caso de que Otegi recurra en casación. Pero no cabe duda de que Otegi debe entrar en prisión porque es un delincuente habitual, y no va a ser de mejor condición que otros delincuentes por el hecho de ser el portavoz de una organización terrorista supuestamente en tregua. Con las condenas impuestas hasta el momento suma más de dos años de cárcel y el riesgo de que se fugue es, objetivamente, mayor, lo que podría ser considerado en el sumario que tramita el juez Grande-Marlaska como una variación de las condiciones en las que se decretó su libertad bajo fianza, y, en todo caso, para resolver la autorización que el dirigente batasuno ha dirigido a este juez para viajar a Dublín.

Sea cual sea el futuro judicial inmediato de Otegi, lo cierto es que se trata de un apologista de ETA, y quien ostenta tal condición no puede ser arropado por declaraciones políticas de un Gobierno que tiene el deber de seguir persiguiendo a esa banda terrorista. A Otegi se le ha aplicado la ley teniendo en cuanto lo que dice la ley y las circunstancias del momento, como arguyen los que abogan por seducir a los jueces con la tregua etarra. Porque la circunstancia de Otegi es ETA y su legado de casi mil muertos, no la paz.

Las pontífices
AURELIO ARTETA /CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV-EHU El Correo 28 Abril 2006

Querámoslo o no, una barrera de muertos nos separa a los habitantes de este país. Esos muertos que han sido asesinados por unos, pero justificados, aplaudidos o silenciados por muchos más..., esos muertos son los que más nos separan. También nos costará acercarnos unos a otros porque la ideología política de bastantes conciudadanos es la negación de la común ciudadanía. Lo que a ellos les une les aleja enseguida de todos los demás.

Pero Jone Goirizelaia y Gema Zabaleta están por encima de tales divagaciones. Ellas dicen ser personas de distintas 'sensibilidades', aunque se diría más bien que de parecidas 'insensibilidades'. De hecho, en su jaleada convocatoria del día 8 no se vio a ningún familiar o representante de víctima alguna. Ni se escuchó tampoco una mención compasiva a ellas, porque, claro, si se mencionaba a unas habría que mencionar por igual a las otras. Y además, para la mayoría de las allí presentes, ¿no han sido el terrorismo y sus víctimas un resultado inevitable del 'conflicto'? A estos cargos públicos les reúne, empiezan por proclamar, su condición de mujeres. Como si tal condición, por sí sola (¿el eterno femenino!), fuera un punto de partida crucial para el análisis y acuerdo político. ¿No les bastaría simplemente con su condición de ciudadanas? ¿Alguien percibe en las señoras de Aralar o Batasuna una actitud más proclive a la autocrítica y al entendimiento que en sus conmilitones masculinos? ¿Pertenecerán a la misma condición femenina las madres, esposas, hermanas e hijas de tantos abatidos por el terror...?

No es el género o su sexo lo que las junta, sino mucho antes una semejante debilidad teórica. ¿Cómo van a tener ideas claras las que muestran un empleo de los términos tan confuso y tal gusto por el tópico? Ellas creen que deben ser «agentes activas» por la paz, advierte Gema Zabaleta al periodista, quizá porque tendrían algo complicado volverse agentes inactivas. «No vamos a ser una plataforma reivindicativa», prosigue, pero entonces ¿a qué se han juntado?; «ni mucho menos (una plataforma) política», lo que añade un nuevo disparate a su discurso. Pues ya nos dirán por qué se empeñan en denigrar así la política, que es una digna ocupación, cuando quieren tan sólo prometernos que no harán política partidista. «Somos un movimiento que no tiene fronteras», culmina la diputada, por más que ese movimiento nace de marcar una notoria frontera sexual e ideológica para sus miembros. Y eso además para referirse a una plataforma encantada de derribar unas fronteras políticas y trazar otras nuevas que afectan nada menos que a dos Estados europeos y a varias comunidades políticas menores.

Pero esto de no tener fronteras se parece mucho en su vacuidad a ese «diálogo sin prejuicios y sin condiciones» que reclaman en su Manifiesto. Seguramente no saben lo que dicen. No hay diálogo que no parta de ciertos prejuicios de los interlocutores, sólo que la función de un verdadero diálogo consiste en hacerlos aflorar y someterlos a examen. ¿Son ellas conscientes de lo primitivo e infundado de casi todos sus propios prejuicios? ¿Han estado alguna vez dispuestas a permitir su cuestionamiento sin sentirse 'criminalizadas' por ello? Tampoco hay diálogo que pueda prescindir de ciertas condiciones, y, para empezar, de ésas sin las cuales el diálogo mismo o no sería siquiera posible o no abocaría a resultado alguno. La no violencia ni su amenaza, por supuesto, pero también la mutua confianza en la veracidad de los participantes, la univocidad del sentido de términos claves... son requisitos necesarios para iniciar ese diálogo. Aparte de seguir bajo vigilancia de los armados y sus colaboradores, ¿cómo haremos para convenir el mismo significado de los conceptos más básicos, desde el sobado 'democracia' hasta el bonito 'derecho a decidir'?

La oportunidad igual de participar, el compromiso de atenerse al mejor argumento, etcétera, son, en fin, condiciones para que el diálogo político sea efectivo. Estas voces públicas invitan a «intentar ver la parte de verdad que tienen las otras personas». Eso está muy bien, pero ¿'todas' las personas envueltas en este desastre albergan 'la misma' parte de verdad? Uno creía que quienes reconocen nuestra igualdad de ciudadanos cuentan con mayor verdad política que los que confirman nuestra desigualdad según seamos españoles o vascos, nacionalistas vascos o simplemente vascos. ¿O es que valen lo mismo las ideas que sostienen privilegios particulares que derechos universales, derechos colectivos que individuales, doctrinas etnicistas que democráticas? Y que Dios me perdone el descaro, pero ¿cuánto esfuerzo han dedicado nuestras diputadas a adquirir esas categorías sobre la democracia con las que echarse al diálogo y sopesar los mejores argumentos?

Habrán notado que lo que de veras aproxima a estas mujeres es su acercamiento a las premisas del nacionalismo vasco. No sólo se proponen lograr la paz «en el País Vasco, en Euskal Herria», así, como si ambos términos designaran hoy lo mismo. También se aprestan a pontificar, a oficiar de pontífices, es decir, a tender puentes entre sus gentes enfrentadas. Escuchemos en el reportaje a Jone Goirizelaia, abogada defensora de los criminales abertzales en los tribunales y fuera de los tribunales. Dice Jone que era imprescindible que estas mujeres se esforzaran en crear puentes «precisamente cuando había más incomunicación y problemas». Claro que esa incomunicación y esos problemas procedían, fíjense bien, de la vuelta a los atentados etarras contra los concejales del PP y PSE. ¿Por qué entonces tender puentes hacia los colegas de los asesinos en lugar de repudiar a los unos y perseguir a los otros con toda el alma? Si Batasuna estaba en lo suyo y con los suyos al echar cables a los criminales, ¿podían militantes socialistas mandarles sonrisas mientras machacaban a sus compañeros socialistas? ¿Cómo se explica que esos puentes tendidos entre víctimas y verdugos «generaran márgenes de confianza política» entre ellos? Tal vez porque, al ser asesinos políticos, o no se les considera lo bastante asesinos o se justifican en parte sus asesinatos.

Sólo si se priva de su sentido a las palabras, sólo si se equipara lo que es opuesto, pueden decirse y hacerse tales cosas. La penuria intelectual y de sentimientos morales, que estuvieron en los orígenes del horror, comparecen también ahora como sus peores consecuencias. Porque la barbarie abertzale habrá ganado la partida si fuera cierto que Gema y Jone compartían esta reflexión: «Que la solución sólo vendría de la mano de quienes más estaban perdiendo con la situación, bien porque eran ilegalizados por la ley como en el caso de Batasuna, bien porque nosotros y el PP estábamos perseguidos e ilegalizados por ETA que nos mataba...». Que nadie pregunte si la ilegalización fue una medida justa o injusta, si aquella ilegalidad de los unos se basaba precisamente en su apoyo al asesinato de los otros. Quedar fuera de la ley o fuera de la vida son al parecer pérdidas parangonables, servirse de la fuerza de la ley y de la fuerza de las bombas da lo mismo. Matones y matados, no hay diferencia. Y para que todo el mundo «visualizara» (sic) esa indiferencia política y moral, decidieron hacer «pedagogía» (sic) impartiendo conferencias juntas.

Gracias a tan excelentes maestras hemos aprendido que resolver nuestro enfrentamiento civil es cosa sencilla. Empiece por negarse el examen de las causas del enfrentamiento, para así dejar de juzgar la legitimidad o ilegitimidad de las razones de sus contendientes. Supóngase después que, puesto que aquí lo malo eran tan sólo los medios violentos, el cese de la violencia vuelve aceptables los fines secesionistas. Ha de proclamarse entonces que «todos los proyectos políticos se pueden y se deben defender», aun cuando algunos de esos proyectos -por etnicistas, o sea, antidemocráticos- romperían a nuestra sociedad de nuevo en dos mitades enfrentadas. Y concluiremos así que el mejor modo de superar el enfrentamiento es mediante el arraigo de la ideología que lo engendró y la derrota de quienes más lo padecieron. En suma, que la solución de la tragedia está en repetir la fórmula que trajo la tragedia.

Desde la izquierda
Discriminación positiva
Antonio Robles Libertad Digital 28 Abril 2006

El baremo de Educación para la concesión de ayudas a proyectos de investigación científica primará con 5 puntos más a aquellos equipos que tengan más mujeres entre sus miembros. Consecuencia: en nombre de la discriminación positiva, los equipos de investigación no tendrán a los/las mejores (aquí meto los dos plurales, por si acaso alguien quiere entender lo que le interesa manipular) sino a las más desamparadas.

¡Qué manera de insultar a la mujer! Así lo ha visto la investigadora y profesora de genética en la universidad de Sevilla, M. Tortolero: "como mujer, no creo que debamos sentirnos contentas porque se nos discrimine, ni negativa ni positivamente. Como científica no admito ninguna valoración que no sea la calidad de mi trabajo en condiciones de igualdad con el resto de los científicos cualquiera que sea su sexo y condición".

La ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, aún no se ha enterado que la Constitución nos hace iguales a todos, sin distinción de sexo; tampoco del mayor número de universitarias que universitarios y muy posiblemente ignore que las mejores notas de secundaria son las de las chicas. ¿Ignorará también que el principio de igualdad es el presupuesto político y moral sobre el que funciona la sociedad española desde 1978?

La mujer no necesita paternalismos como el de la ministra, ni cowboys que la cojan de la mano cuando huyen de los malos, sólo que desaparezcan esos techos de cristal machistas de hombres y de mujeres que, a pesar de la ley, aún existen. Pero no es ese el camino, ni para la mujer ni para la ciencia. Para la mujer, porque discrimina a otros ciudadanos que no merecen a su vez ser discriminados ni penalizados sus esfuerzos por alcanzar niveles de excelencia; para la ciencia porque su naturaleza versa sobre la búsqueda de las leyes de la naturaleza y estas no están basadas en principios democráticos. Puede ser fuerte decirlo, pero el conocimiento nada tiene que ver con la democracia. Al menos en su búsqueda de la verdad científica. La ministra y su presidente con el Gobierno en pleno podrían subirse a la catedral de León y decidir democráticamente que pueden volar. Allá ellos, la ley de gravedad no se va a dejar manejar tan bien como los principios políticos. Pero es que la discriminación positiva tampoco es democrática. Es uno de los muchos juegos de manos de que se ha valido esta hornada de políticos posmodernos que nos gobiernan para hacer contrabando político.

Es evidente que la historia es el lienzo donde se manifiesta el abuso de unos hombres sobre otros. La igualdad ha sido una aspiración para acabar con ella. Pero la igualdad no es un hecho, sólo un valor. No está en las cosas, las ponemos en las cosas y en las relaciones entre las cosas. Ya que los hechos de la naturaleza no nos sirven para contrastar la naturaleza de los valores, hemos de ser muy cuidadosos a la hora de nombrarlos, porque de la concordancia entre su significante y significado dependerá su correspondencia con las cosas o los hechos. Y de su permanencia en el tiempo, la confianza en su eficacia y justicia.

Por todo eso, es preciso que recaiga sobre el significante "discriminación", la naturaleza malévola de su significado: "seleccionar excluyendo" o "dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etcétera". Y se busque a la voluntad humana por ayudar a los excluidos o discriminados términos adecuados a la bondad o justicia de esa voluntad. Porque si no, se pervierten las palabras y de su corrupción nace la manipulación de sus contenidos. En Cataluña, por ejemplo, se ha utilizado el concepto de "discriminación positiva" para imponer y legitimar la inmersión escolar únicamente en catalán y excluir al español de todos aquellos lugares que el político nacionalista de turno decidió que el catalán estaba en inferioridad de condiciones. Una herramienta perfecta para eliminar los derechos de los castellanohablantes. Y sin mala conciencia.      antoniorobles@hotmail.com

Sanz exige a Zapatero que zanje de una vez por todas el debate sobre Navarra
El abertzale Díez Usabiaga confirma que Gobierno y ETA han negociado la creación de un órgano conjunto entre Euskadi y la Comunidad Foral
R. N. La Razón 28 Abril 2006

Madrid- El presidente de Navarra devolvió ayer de nuevo la pelota sobre el futuro de su autonomía al tejado de La Moncloa. Miguel Sanz advirtió de que bastaría con una respuesta de rechazo contundente de José Luis Rodríguez Zapatero a la creación de un órgano conjunto Navarra-Euskadi para acabar de un plumazo con la inquietud de los navarros y eliminar esta polémica de la escena política.

De paso, desaparecerían también «las dudas que transmitió desde la ambigüedad el presidente del Gobierno cuando se le preguntó sobre si el PSOE era partidario de configurar una relación común con los nacionalistas en relación con Navarra y respondió que todo es posible sin ETA». En esa declaración, Sanz pidió a Zapatero que despeje el debate más allá de 2007, con independencia de los resultados electorales del PSOE. «Sólo así se disiparían todas las dudas de los navarros, entre ellos la de muchos socialistas».

No obstante, Sanz se teme que Navarra estará muy presente en el «mal llamado proceso de paz», como, de hecho, confirman las advertencias de Batasuna de anteayer, en las que consideran a esta comunidad la llave para la solución del conflicto. Por eso consideró que Batasuna «no renunciará bajo ningún concepto a su objetivo político determinante y argumento recurrente de ETA para justificar sus atentados».

Mientras los socialista en bloque acusaron a Sanz de abrir debates «falsos», motivados por una preocupación electoral, en alusión a la posibilidad de que UPN no vuelva a gobernar, aunque sea la lista más votada en mayo de 2007. El secretario de organización del PSOE dijo ayer tener «la impresión de que algunos quieren que algo importante se tuerza», en referencia a las declaraciones del ex presidente Aznar y de Sanz. Acto seguido, tildó de «falso» el debate abierto en los últimos días sobre el futuro de Navarra y lo limitó a una preocupación electoral de Sanz.

No obstante, José Blanco advirtió de que el Gobierno trabaja para que «nada se tuerza». Para ello debe verificar que el proceso actual de alto el fuego es definitivo y, más tarde, solicitar del Parlamento su plácet para abrir un diálogo oficial con ETA, que «nos conduzca definitivamente al fin de la violencia y el terrorismo».

En ese camino, advirtió, no hay que «marcarse objetivos antes de tiempo, adelantar acontecimientos ni hacer hipótesis que no están contempladas. Todas las previsiones que permiten nuestras leyes están para poder ser cumplidas en su momento, pero no habrá ni cambio de leyes ni nada que suponga buscar ningún tipo de atajo ni pagar ningún tipo de precio político». Por eso reiteró que no se alterará «ningún marco derivado de la Constitución ni de los estatutos autonómicos en vigor» y reclamó a Miguel Sanz «lealtad y compromiso con la verdad».

Moneda de cambio. Pese a la contundencia de Blanco, el secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga, volvió ayer a poner encima de la mesa el futuro de Navarra. Es más, confirmó que tenía constancia de que el Gobierno había negociado con ETA la creación de un órgano de gestión común entre Euskadi y la Comunidad Foral y que advirtió de que «Navarra no va ser moneda de cambio». Usabiaga compartió opinión con Blanco y aseveró que Sanz «está nervioso», porque «el tablero político se está moviendo». Por ello consideró que «está pretendiendo crear determinado tipo de debates, imágenes que, al final, van a ir en contra de su propia posición, que se va a convertir en una especie de boomerang político».

A su juicio, en Navarra «hay un bloque fascista porque hoy UPN es una opción de extrema derecha. Ese bloque fascista es consciente de que su tiempo político está acabándose, de que en Navarra también hay nuevos aires y de que, de una u otra manera, Navarra en el futuro va a ser parte de una nueva Euskal Herria», alertó.

En este sentido, aseveró que «todas las palabras, todas las actuaciones que se están realizando» en Navarra, incluido el tema del acto violento de Barañain, «responden a un presidente, a un partido, que estaba percibiendo que el reloj político no camina favorablemente sus tesis y que realmente estamos entrando en un escenario donde Navarra será lo que quieran los navarros, pero, como parte de un colectivo vasco, de un colectivo llamado Euskal Herria».

El dirigente de la izquierda abertzale manifestó que no se podrá hablar de «irreversibilidad» de la situación creada tras el alto el fuego de ETA hasta que no haya un diálogo entre el Gobierno y la organización terrorista y se constituya una mesa de partidos políticos.

CREE QUE EL JUEZ TIENE QUE "PONERSE LAS PILAS"
Del Burgo lamenta que Del Olmo no haya "hecho absolutamente nada" ante la "alteración" de pruebas del 11-M
Después de las últimas revelaciones de Libertad Digital y de El Mundo sobre las dos pruebas fundamentales del 11-M, la mochila de Vallecas y la furgoneta de Alcalá, el diputado de UPN, Jaime Ignacio Del Burgo, ha dicho que es difícil confiar en el juez Juan Del Olmo cuando las personas encargadas de colaborar con él le "ocultan y manipulan pruebas" y lamentó que, ante esta situación, no haya "hecho absolutamente nada". Del Burgo considera que el juez debe "ponerse las pilas" y tener una "actitud crítica y activa". Lea aquí el diálogo de Del Burgo con los lectores de Libertad Digital.
Agencias Libertad Digital 28 Abril 2006

En declaraciones a Europa Press, Del Burgo dijo que "si al juez del Olmo si no se le llevan las pruebas adecuadas, se le ocultan y manipulan pruebas... pues podremos confiar mucho en el juez Del Olmo, pero, al final, es que tiene un margen de maniobra muy complicado".

Además de ser un proceso "complicado" con "muchos frentes abiertos", dijo que el juez tiene más difícil realizar su función si se le "ocultan" pruebas o se le remiten informes "que no se sostienen". "Si el que te tiene que traer las pruebas y ser tu estrecho colaborador pues resulta que, por lo que estamos viendo, las cosas no se las dice con claridad o a veces se las oculta... pues el juez del Olmo, ¿qué puede hacer?", se preguntó.

En este contexto, lamentó que Del Olmo ante esta posible "alteración" de pruebas no haya "hecho absolutamente nada". A su juicio, tendría que tener "una actitud crítica, activa, y no limitarse simplemente a decir como la policía me dice que no hay ETA por ningún lado, pues no hay ETA y punto".

"Si se da cuenta de que le han ocultado algo, pues puede ponerse las pilas y enfadarse un poquito, que todavía no lo ha hecho, a la vista de muchos datos contradictorios que se le han llevado al juzgado e informes testificales que son contradictorios, que demuestran que incluso entre cuerpos policiales ha habido una posibilidad de alteración de pruebas, que eso ya está demostrado, que existen imputaciones de cuerpos policiales al respecto", aseveró.

En este sentido, abundó en la idea de que el juez haya dado por buenas las versiones que recogen los informes policiales y defendió la necesidad de "verificar realmente si lo que dicen es razonable o no y está sustentado en pruebas". Para sustentar sus afirmaciones recordó lo que sucedió con los GAL, Del Burgo recordó que tras las investigaciones periodísticas se "reabrió el proceso" y "se probó que había habido implicación de los aparatos del Estado". "Por lo tanto, si te dicen fe en la justicia...¿en la primera sentencia? –se preguntó–. Sí claro, fe en la justicia, pero no en cada acto judicial. Fe en la justicia, que es ciega y, desgraciadamente, es lenta".

CATALUÑA: UNA ESCUELA AL SERVICIO DE LA IDENTIDAD (1)
Del fracaso de la Logse a la lengua propia
Por Antonio Robles Libertad Digital (Suplementos)  28 Abril 2006

Es curioso, todas las utopías escritas para lograr una sociedad perfecta tienen tres cosas en común: 1) su obsesión por racionalizar y cerrar en un proyecto ideal el futuro; 2) su olvido sistemático de lo más evidente: la realidad; 3) su fracaso: todas, sin excepción, fracasan, no sin antes ocasionar reveses y a veces sufrimientos espantosos.

Hoy, en España, maestros y profesores vemos impotentes cómo se desmorona el sistema educativo y se condena a generaciones enteras a la ignorancia. También detrás de este crimen hubo y hay una utopía posmoderna: la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (Logse), de 1990, conocida vulgarmente como "la Reforma". Su última versión es la actual LOE (Ley de Ordenación de la Educación), que impuso el Gobierno Zapatero nada más llegar al poder, en sustitución de la LOCE (Ley de Calidad de la Enseñanza), que el PP aún no había podido aplicar y que intentaba poner freno a los desmanes de la Logse.

 
Esta utopía rousseauniana ha compartido esfuerzos e intereses con la utopía nacionalista de construcción nacional.
 
La doctrina de fondo de esa ley basada en la teoría pedagógica de la comprensividad fue introducida por el Gobierno laborista inglés a mediados del siglo pasado. Hasta aquel momento la escuela británica canalizaba a los niños, a partir de los once años, hacia tres modalidades de enseñanza:
 
– la que preparaba para los estudios superiores;
– la orientada hacia el mundo del trabajo,
– y una tercera fórmula, intermedia.
 
El prestigio de la primera (Grammar School) hizo que las otras acabaran teniendo fama de ser escuelas de los pobres y menos dotados. Ante este hecho, amplios sectores del Partido Laborista abogaron por hacer una escuela unificada (Comprehensive School) que proporcionara toda la educación secundaria a todos los niños en una zona determinada, sin división alguna en secciones. Este modelo triunfó en la Inglaterra de los años 60 y se exportó a casi todos los países europeos, menos a Alemania.
 
La comprensividad añade a la responsabilidad de instruir y formar personas del modelo educativo anterior la de integrarlas socialmente. Loable objetivo, aunque con efectos colaterales. Permite la igualdad de oportunidades, impide la segregación por razones de sexo, capacidad o dinero, etcétera. Eso acarrea hacer un mismo currículum y compartir un mismo espacio, imposiciones que, como veremos enseguida, alteran radicalmente la calidad de la enseñanza.
 
Pero integrar también lleva implícito disolver las diferencias, uniformar. Y uniformar significa reducir al mínimo común denominador contenidos y expectativas; significa deslegitimar la excelencia y las jerarquías intelectuales individuales. Si quieren, se lo digo en frase atroz y tremenda, pronunciada a favor de la Logse y la socialización del conocimiento por Javier Solana: "Se ha democratizado la enseñanza porque la suma de los pocos saberes de todos es más grande que la suma de los muchos saberes de pocos". Tremenda frase, tremenda.
 
Por eso, cuando las contradicciones del sistema arrastran a los buenos estudiantes hacia la mediocridad general han de recurrir a eufemismos como "atención a la diversidad" para que cada alumno progrese a su ritmo y el sistema pueda enmascarar el fracaso escolar con "progresa adecuadamente" o "no progresa adecuadamente".
 
En España, el modelo, además de amontonar en una misma aula a chicos estudiosos y conductuales, a analfabetos y descolgados, con capacidad intelectual y sin ella, con minusvalías y sin especialistas para tratarlas, etcétera, ha infantilizado las enseñanzas medias, al llevar o alargar los métodos de la Primaria al Bachillerato. En una palabra: en vez de teñir los últimos cursos de Primaria del éxito comprobado del Bachillerato, se reduce el nivel de excelencia de éste.
 
Este sistema educativo ha marginado los contenidos y desautorizado el esfuerzo en nombre de la integración y los ritmos de aprendizaje. El resultado ha sido el desprecio del saber y la generalización de la irresponsabilidad. De tanto querer proteger al alumno de baremos cognoscitivos que pudieran humillarlo y marcarlo fatalmente a edades inadecuadas, han logrado convertirlo en un discapacitado psíquico, incapaz de realizar tarea alguna o de enfrentarse al más mínimo revés o sacrificio. (Es necesario reivindicar el músculo psíquico). Sabemos que la frustración es mala, pero su ausencia absoluta nos impide madurar. Y es evidente que la adquisición del conocimientos ha sido la primera víctima.
 
"Imaginemos –dice K. Popper– que nuestro sistema económico, incluyendo toda la maquinaria y todas las organizaciones sociales, fuera un día totalmente destruido, pero que el conocimiento técnico y científico se conservase intacto. En este caso, no cuesta concebir la posibilidad de una rápida reconstrucción a breve plazo. Pero imaginemos ahora que desapareciese todo conocimiento de estas cuestiones, conservándose, en cambio, las cosas materiales. El caso sería semejante al de una tribu salvaje que ocupara de pronto un país altamente industrializado, abandonado por sus habitantes. No cuesta comprender que esto llevaría a la desaparición completa de todas las reliquias materiales de la civilización".
 
Este buenismo educativo ha acabado convirtiendo las aulas en un patio de colegio y la escuela en un aparcamiento de niños, donde la permisividad, la irresponsabilidad, la desidia y el pasotismo, el desprecio por la memorización y los contenidos han llevado a la disolución de los valores cívicos e ilustrados; incluso la agresividad y la violencia campan por sus respetos. Y su resultado ha sido la destrucción del esfuerzo personal y el afán de superación, la desaparición de la voluntad, la disciplina, la responsabilidad y los hábitos, la reducción de los contenidos culturales y la disolución de los valores cívicos.
 
La escuela está enferma, y los médicos que habrían de curarla, diezmados por el desaliento, al ver a sus jefes, los políticos, cambiar ciencia por chamanismo. (¡Ojo! No distingo pública de privada concertada masificada: toda está mal). Y lo peor no será el analfabetismo funcional de generaciones enteras, sino sus efectos sobre una sociedad que habrá de metabolizar a ciudadanos acostumbrados a exigir derechos pero incapaces de aceptar deberes.
 
En una huida a ninguna parte, este Gobierno aún desconoce lo que mi abuela analfabeta sabía sin haber ido a la escuela:
 
"La educación es el arte de administrar adecuadamente los noes hasta que el sujeto que los recibe pueda administrarlos por sí mismo".
 
Esta sentencia del psicólogo y profesor Juan Antonio Cordero nos evidencia que la civilización se construye con límites, los límites que no ha sabido poner Rodríguez Zapatero ni en las escuelas ni en la reforma del Estatut.
 
Cuando el primer Gabinete de Felipe González acogió gustoso la filosofía de la reforma educativa que le venía vía CiU, en los 80, los nacionalistas aceptaron gustosos que fuera el Gobierno de España quien la llevara a cabo. La filosofía de la Logse venía como anillo al dedo a los nacionalistas: el Estado estaba dispuesto a ceder el 45% del currículum a las autonomías con dos lenguas oficiales. Con la autonomía plena en Educación, el 45 % del currículum (la LOE cede ahora el 55%) y la filosofía de plastilina de la Logse, los nacionalistas podían manejar el ideario de la escuela en la dirección que les apeteciese.
 
Y les apeteció ponerle rumbo a la construcción nacional, a través de la lengua. O lo que es lo mismo, vieron en el sistema educativo no el camino para lograr ciudadanos cultos, autónomos y libres, como soñaron los ilustrados, sino el torno para reducir la creatividad y la pluralidad a la identidad nacional catalana.
 
Quien fuera jefe del Servicio de Enseñanza del Catalán (Sedec) durante todo el pujolismo (de 1984 a 2003), Joaquín Arenas, se ufanaba en abril de 2004, en la revista Docència, de que la Logse les dejó manos libres para catalanizar la escuela en los años 80, cuando ni siquiera existía el decreto de inmersión de 1992: "La reforma educativa ens va permetre de fer l’extensió del programa d’inmersió fins als dotze anys". Y se remonta a la Generalitat Provisional de Catalunya para afirmar que ya entonces se tenía claro que "l’escola havia de ser catalana per la llengua, els continguts i les actitutuds".
 
Esta connivencia entre nacionalismo y Logse explica que sindicatos como CCOO, UGT y USTEC-STEs hayan cooperado en el desastre educativo durante los últimos 20 años, con una fe que no siempre tuvieron sus homólogos nacionales.
 
Como vemos, ya desde el principio el objetivo último de la reforma educativa en Cataluña fue la construcción de una identidad catalana; y el objetivo inmediato: conseguir, en dos, tres o cuatro generaciones de escolares, la adhesión a la cosmovisión nacionalista. La calidad, así, quedaba subordinada a la identidad.
 
Los instrumentos para conseguirlo fueron y son la historia y la lengua.
 
La historia siempre ha sido campo tentador y propicio para introducir todo tipo de cosmovisiones nacionales. Nuestros nacionalistas no iban a ser menos. Y lo han hecho por dos frentes; el primero y más directo: la manipulación de contenidos a través de los sentimientos nacionales, cuya credibilidad venía reforzada por la empatía de medios de comunicación y partidos políticos y por la colaboración militante de un número considerable de maestros y profesores; y el segundo: el páramo desolador que el sistema educativo Logse ha dejado, después de analfabetizar a nuestros jóvenes. Si los contenidos no importan, si acaban por desconocer el pasado, es fácil, muy fácil llenar ese vacío con la ficción nacionalista, basada en la irracionalidad futbolera de los míos y los otros.
 
No será posible después convencer a nuestros jóvenes del error de sus convicciones: lo que fue falseado sin contraste y sin datos a través de los sentimientos, difícil será desenmascararlo a través de la razón. Esa será ya su única verdad, y oponerse a ella será agredir sus más profundas creencias. El mundo virtual creado por sus mayores será ahora real, y quien se oponga a él será un enemigo, no un conciudadano. Ya tienen coartada moral para emprender cualquier empresa sin mala conciencia. ¡No lo olviden!
 
Atendamos a lo que dice Amin Maalouf en un librito precioso, Identidades asesinas:
 
"… es fácil imaginar de qué manera puede empujar a los seres humanos a las conductas más extremas: cuando sienten que 'los otros' constituyen una amenaza para su etnia, su religión o su nación, todo lo que pueden hacer para alejar esa amenaza les parece perfectamente lícito; incluso cuando llegan a la matanza, están convencidos de que se trata de una medida necesaria para preservar la vida de los suyos. Y como todos los que le rodean comparten ese convencimiento, los autores de la matanza suelen tener buena conciencia, y se extrañan de que los llamen criminales. No pueden serlo, se juran, pues sólo tratan de proteger a sus ancianas madres, a sus hermanos y hermanas, a sus hijos".
 
La lengua. Éste es el gran instrumento, desde siempre; pero también desde siempre debían enfrentarse al derecho, que consagran nuestra Constitución y el Estatut de Catalunya del 79, a la libre elección lingüística sin aparecer como censores y sin contradecirse con su lucha histórica por el derecho a la educación en lengua materna, cuando era la catalana la lengua excluida de la escuela.
 
Para ello han utilizado innumerables estrategias de acoso moral: quizás la más tramposa sea la que sostiene que la "libertad de elección lingüística" en las escuelas conduce a la segregación escolar y al enfrentamiento civil. Les era preciso, por tanto, convertir el catalán en eje vertebrador de la cohesión social. En las instrucciones de principios del presente curso (resolución del 1 de julio de 2005) se ordena "la necessitat d’usar la llengua catalana com llengua comuna de cohesió social". Es una vieja cantinela que nos han repetido hace años izquierdas y derechas, aunque la maternidad se la debemos a la izquierda a principios de los 80, cuando ni la misma Corvergencia iba más allá de la doble red escolar.
 
¿No dependerá la paz social más de los esfuerzos que hagamos en la escuela por enseñar a nuestros jóvenes a respetarse en sus diferencias religiosas, ideológicas, lingüísticas y étnicas, etcétera, que de negar el ejercicio de la libertad?
 
Junto a esa disculpa de la cohesión social se amontonan otras muchas estrategias de acoso moral para hacer de la lengua catalana la única del sistema educativo, aunque una de las más infames es la de reciclar el concepto de lengua materna y convertirlo en lengua de la patria. ¡Córcholis! Ahora la lengua materna no es la de tu madre, sino la de la tierra.
 
Por consiguiente, será el catalán, y sólo el catalán, la lengua de la escuela. Claro que para eso habían de demostrar que la lengua de la tierra, de la patria, era la lengua catalana. Lo hicieron: sólo tenían que otorgar al concepto antropológico de "lengua propia", impuesto en el Estatut de 1979, valor jurídico. Y en eso se empeñaron en la segunda ley de Política Lingüística de la Generalitat, 1998; capítulo III, artículo 20, punto 1: "El català, como a llengua pròpia de Catalunya, ho és també de l’ensenyament, en tots els nivells i les modalitats educatives".
 
En un principio, decía, la inclusión en el Estatuto de Cataluña del concepto de "lengua propia" pretendía especificar el estatus histórico que la lengua catalana poseía en Cataluña. Es decir, se hacía mención a que tal lengua era autóctona de este territorio, como el suahili de Kenia o el guaraní de Paraguay. En ningún caso tal concepto justificaba rango jurídico alguno sobre la lengua común española. Y así se vendió en su momento por parte de todos. Por eso el artículo 3 del Título Preliminar, en su apartado 1, dice: La lengua propia de Cataluña es el catalán. Una gansada cultural, nada más, como ahora el concepto de "nación" en el Preámbulo del nuevo Estatut.
 
Un experto en Derecho Constitucional tendría motivos más que suficientes para preguntarse por qué los legisladores se empeñaron en hacer antropología lingüística en un texto jurídico. Ahora ya lo sabemos. Preparaban el futuro, esperaban la oportunidad favorable para hacer el cambiazo y, en nombre de la lengua propia, excluir derechos al español.
 
Zapatero debería saber cuán grande es el error de dejar colar el concepto de "nación" en el Preámbulo, aunque no tenga valor jurídico. Sólo nos queda apostar cuánto tardarán en recurrir a él para justificar jurídicamente el derecho de autodeterminación, la opcionalidad de la lengua española o un Estado propio.
 
¿Por qué esta obsesión por hacer de la lengua catalana el eje vertebrador del sistema educativo? Ellos mismos nos lo dicen. En el Pacte Nacional per a l’Educació, que el Tripartito trata de imponer, basta entrecomillar frases sueltas que van dejando como mojones por todo el texto para visualizar su obsesión por la construcción de la identidad nacional. La lengua "es un component esencial de la identitat personal (…) aprendre llengua és aprendre a ser…" "El català és la llengua pròpia de Catalunya i la singularitza como a pople".
 
Si queda alguna duda, la plana mayor del actual Tripartito en materia cultural y educativa, empezando por la Consellera d’Educació, Marta Cid, i seguin per Josep Bargalló, responsable de la política lingüística del Gobierno de Cataluña, participaron en el III Congreso de Cultura Catalana del año 2000, donde se determinó que había que "fer els canvis necesaris per garantir que l’escola i l’ensenyament en general siguin una eina de transmisió de la nostra identitat i, per tant, de la nostra cultura y la nostra llengua".
 
Continuará.     antoniorobles@hotmail.com

En defensa de `as falas´
J. F. Rodil Lombardia La Opinión 28 Abril 2006

El patrimonio museístico de Galicia atrae a ciudadanos de dentro y fuera de nuestra comunidad, que hacen uso de su derecho a conocer y disfrutar de los bienes patrimoniales y culturales catalogados y expuestos en los más variados museos. La Casa de las Ciencias de A Coruña es lugar preferente para las excursiones educativas, donde los estudiantes pueden mejor entender y corroborar algunas de las enseñanzas teóricas que reciben en los primeros cursos de secundaria, visitando el Planetario o contemplando las oscilaciones del llamado Péndulo de Foucault, artificio con el que el físico francés, del que toma su apellido, demostró, hace siglo y medio, el llamado "magnetismo de rotación", ligado al movimiento de rotación de la Tierra.

En la Casa de las Ciencias coincidieron, de visita, cuatro grupos de alumnos de bachillerato, tres de ellos pertenecientes a institutos gallegos, y el cuarto a un centro de enseñanza del Occidente asturiano, que venía acompañando uno de los profesores del mismo y buen amigo mío. Este amigo, me contó, extrañado, algo que observó en el comportamiento de los jóvenes visitantes y, de alguna manera, relacionó directamente con la política lingüística del gobierno de Galicia, juzgándola como un estrepitoso fracaso. Para su sorpresa, mi amigo profesor observó que sólo los asturianos, sus alumnos, se expresaban entre ellos en gallego; a su manera, pero en gallego, mientras que los muchachos gallegos, también a su manera, lo hacían mayoritariamente en castellano.

El grupo de gallego parlantes estaba integrado por niños de Los Oscos y de las tierras del Eo, comarcas del occidente astur donde pervive una modalidad no muy distinta de la lengua propia de Galicia. En este enclave dialectal que, a efectos administrativos, conforma la mal llamada comarca Oscos-Eo, se habla una variante del idioma gallego, con matices enriquecedores, que cambian de una localidad a otra. Y se habla de forma genuina y espontánea. Desde su más tierna infancia, que diría el portugués del epigrama de Moratín, niños y adultos de toda clase y condición se expresan en a fala, que así llamamos a esa manera de hablar gallego los que allí hemos nacido, de la que nos sentimos orgullosos y hemos conservado, a través de los siglos, en buena salud y con todo su vigor.

A Fala, al contrario que el gallego, no tiene normas escritas, ni laboratorios académicos donde alquimistas linguísticos hacen experimentos con ella, algunos por cierto bastante estrafalarios. A fala surge espontánea entre la población de estas tierras que llaman de "entrambasaguas, por estar acotadas entre las cuencas de los ríos Navia y Eo, a pesar de que la alfabetización en la escuela se ha hecho siempre en castellano, y tienen el mayor mérito de haber sobrevivido a las prohibiciones y a la preeminencia del idioma oficial reconocido.

Libertad, naturalidad y espontaneidad, quizá esos y no otros sean hoy los elementos que hacen que todos los niños del ejemplarizante instituto del occidente astur empleen a fala en sus relaciones normales, sin que nadie les obligue ni nadie les ande transmutando periódicamente el léxico y sus normas, para cabreo de estudiantes y general confusión. Quizá también esto último en buena parte explique el retroceso del uso del gallego en Galicia, según e advierte en los últimos estudios científicos.

Cuando el BNG propone en el Parlamento promover el idioma gallego en tres localidades cacereñas donde se emplea a fala -y nadie, salvo el presidente Ibarra, que es hombre de poca fé, duda de la buena intención de los nacionalistas-, es posible que estén promoviendo una alteración negativa de un proceso natural. As falas que perviven en Asturias, en el Bierzo, en el occidente de Zamora o en los tres pueblos cacereños de la Sierra de Gata, tienen vida propia y, seguramente larga, si se procura no meneallas ni manipular sus complejos componentes. La espontaneidad en que se producen tales modalidades idiomáticas y la libertad de la que gozan, aún a pesar de no ser debidamente reconocidas, son posiblemente los mejores caldos para su cultivo.
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