AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 1 Mayo  2006
CEUTA RECOGE FIRMAS
ANTONIO URDA ABC 1 Mayo 2006

Defensa y elogio de Frankenstein
José García Domínguez Libertad Digital 1 Mayo 2006

Estrategias
Pío Moa Libertad Digital 1 Mayo 2006

Nacionalismo y estado liberal
GERMÁN YANKE ABC 1 Mayo 2006

La Constitución traicionada
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 1 Mayo 2006

¿Hacer oficial el pacto con ETA?
EDITORIAL Libertad Digital  1 Mayo 2006

La credibilidad de eta
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 1 Mayo 2006

Gobierno de coalición con ETA
Isabel Durán Libertad Digital 1 Mayo 2006

Por mal camino
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 1 Mayo 2006

Las palabras de Rajoy
Luis del Pino Libertad Digital 1 Mayo 2006

Sin sentido de España
Daniel Sirera Libertad Digital 1 Mayo 2006

Tierra de héroes
SERAFÍN FANJUL ABC 1 Mayo 2006

Prescindibles
JOSEBA ARREGI El Correo 1 Mayo 2006

In memoriam
Lucrecio Libertad Digital 1 Mayo 2006

El Defensor del Pueblo mantiene la amenaza de unirse al PP y llevar el Estatut al Constitucional
R. N. La Razón 1 Mayo 2006

UPN reclama a Zapatero garantías de que no utilizará a Navarra para negociar la paz
AGENCIAS MADRID EL Correo 1 Mayo 2006

BARCELONA BATEGA (PERO TAMBIÉN EN CASTELLANO)
Pedro de Hoyos Periodista Digital 1 Mayo 2006

A vueltas con La Razón
Ciutadans Periodista Digital 1 Mayo 2006

CEUTA RECOGE FIRMAS
Por ANTONIO URDA ABC 1 Mayo 2006

Todo parece indicar que nuestros dirigentes políticos en muy poco tiempo se van a encontrar con nuevas realidades nacionales. Ahora le toca el turno a la Ciudad Autónoma de Ceuta, que parece como si se hubiera contagiado de un poderoso virus nacionalista, ha quedado afectada con pronóstico reservado, el mismo síntoma que tiene gran parte del Estado. De momento, el partido Unión Demócrata Ceutí (UDCE), primer grupo de la oposición en la Asamblea de Ceuta, ha extendido a varias autonomías -Cataluña y Valencia- una campaña para pedir que la lengua árabe quede protegida en el Estatuto de la ciudad. En un comunicado, los tres diputados de UDCE que forman parte de la oposición en la Asamblea de Ceuta -que podría ser un caso similar a la formación de Carod Rovira antes de las últimas elecciones en Cataluña-, aseguran que la campaña en pro de la lengua árabe ha sido trasladada a la Comunidad catalana a través de la organización Sodepau, a la que califican de «netamente apolítica, con un fuerte carácter humanitario y una profunda raíz en la lucha contra las desigualdades sociales». Con el apoyo de esta organización se han recogido ya más de un centenar de firmas en Barcelona en las que se solicita que en el marco estatutario ceutí se contemple una ley autonómica que regule la promoción, uso y difusión del árabe. El Centro Cultural Islámico de Valencia también pretende colaborar en pro de la lengua afroasiática. UDCE ha recogido hasta ahora 2.000 firmas de apoyo y tiene previsto instalar una caseta divulgativa para repartir dípticos y continuar la recogida de firmas.

Así las cosas, España se puede convertir pronto en una gran potencia, si no en el aspecto territorial, sí en lo cultural. Será una de las primeras naciones donde los ciudadanos tendrán posibilidad de conocer y comunicarse en las distintas lenguas, con la riqueza multicultutal que esto conlleva. Al mismo tiempo, España será el país en donde más firmas se recogen por múltiples y diversos motivos. No hay que descartar que nuestros dirigentes durante la próxima campaña electoral expogan en casetas, al estilo de lo que es la Feria del Libro, sus respectivos programas electorales, en diversas lenguas, y con una especie de cuaderno de visitas para que los simpatizantes que lo deseen adhieran sus autógrafos a los líderes que consideren oportuno, como señal de fidelidad y como aval a futuras necesidades políticas.

Destrucción de España
Defensa y elogio de Frankenstein
José García Domínguez Libertad Digital 1 Mayo 2006

Se equivoca Julio Anguita, lo que nos espera al final de ese viaje a ninguna parte en el que nos ha embarcado Zapatero no recordará en nada a Frankenstein. Aunque sólo sea porque, a fin de cuentas, el hijo bastardo de Mary Shelley no dejaba de ser otro de los muchos sueños de esa razón ilustrada que lleva dos siglos produciendo monstruos en Europa. Por el contrario, quien ha de aguardarnos a nosotros al borde del precipicio será el tosco Igor, aquel lerdo semoviente que se pasaba todo la película dando brincos simiescos alrededor de la llave de la electricidad, intentando que Endesa le cargase las pilas al engendro de su amo.

Yerra Anguita, tropieza en la misma piedra que ya le endureció los callos al Guerra hace veinte años. Aberran los dos. Porque esas expañitas que vienen para embalsamar a la España que se nos va, ni son delirios de una inteligencia sublime, ni van a dejar de ser reconocibles por la madre que las parió. No, lo que acecha a la vuelta de esquina a esa izquierda que ahora se frota los ojos, asustada, no es una vieja fantasía romántica, sino el espejo que le descubrirá la verdad sobre sí misma que no quiere ver: el grotesco y servil criado del castillo.

Pues, a diferencia de lo que ocurre con Frankenstein, nada hay de artificial en el origen de Igor. Los montillas, los zetapés, los pepiños, las gemmas zabaleta y los patxi nadie son frutos tan naturales como previsibles de la metástasis de la democracia cuando degenera en una oligarquía partitocrática. ¿Qué otras criaturas podrían haber sido alumbradas en ese parto con fórceps de las listas electorales cerradas, bloqueadas, atrancadas y atornilladas por las nomenklaturas de los partidos? He ahí la más grave de las deformidades congénitas con que nació el sistema de la Transición, infinitamente más letal aún que la ceguera histórica de los constituyentes al cometer el Título VIII de la Constitución.

Algún día seremos juzgados y nuestra generación habrá de explicar cómo permitió que destruyeran la Nación sin resistir. Entonces, tal vez sea capaz de fabricar otra buena coartada para continuar engañándose a sí misma hasta el final. Pero de lo que nunca nos absolverán será de haber sucumbido ante Igor. Ante la mediocracia. Ante nadie. Jamás nos perdonarán la insignificancia de lo que teníamos delante; esa obscena indigencia ideológica e intelectual de nuestros sepultureros; su inanidad. De lo que nunca nos disculparán será de haber caído ante los peores. Por eso, con lo que quede de los restos del naufragio, la tarea más urgente será devolver a Igor a la ciénaga de la que no debió haber salido. Ésa será la primera labor: desinfectar con salfumán la Ley Electoral y la de Partidos.

Estrategias
Pío Moa Libertad Digital 1 Mayo 2006

Durante los años 30, la revolución fue el núcleo de las tendencias y sucesos que arruinaron la república. La misma posición ocupan hoy los separatismos en la corrosión de nuestra democracia.

En el simbólico año 1998, centenario del “desastre” -- pérdida de las últimas colonias españolas en América y el Pacífico--, los secesionistas catalanes, vascos y gallegos articularon en Barcelona una orientación estratégica hacia una “segunda transición”, desde la democracia a otra cosa. Esa otra cosa consistía en reducir la nación española a un conglomerado de nuevas naciones unidas, sólo y provisionalmente, por algunas conveniencias prácticas muy secundarias. El plan entrañaba liquidar la Constitución e impulsar un proceso de erosión o franco ataque a los derechos ciudadanos en toda España, como el que llevaba años realizándose en Cataluña y las Vascongadas. A ese fin trabajarían conjuntamente los tres separatismos. Invocaban, no por azar, el precedente de 1923, durante la grave crisis institucional causada por la confluencia del terrorismo anarquista, la mala conducción militar en Marruecos y la demagogia desestabilizadora del PSOE. Aprovechando la crisis, los tres secesionismos habían proclamado, también en Barcelona, su decisión de separar a sus regiones de España, apelando a la violencia.

La violencia abierta y directa debía descartarse en 1998. Pero no su uso indirecto, el uso del terrorismo etarra como chantaje para hacer claudicar a la sociedad española. Pues, desde la Transición, la ETA ha sido el verdadero motor de los separatismos y de sus esperanzas de éxito.

Con todo, el peligro no era grave, pues se trataba de partidos menores, incapaces de alcanzar sus objetivos sin la complicidad de un partido nacional. Es decir, sin la complicidad del PSOE. Y éste, por el momento, parecía inclinarse a colaborar con el PP en la salvaguardia de los dos principios básicos de la convivencia democrática: la unidad de España y las libertades. El año 2000 pareció culminar ese talante con el Pacto Antiterrorista, aunque hoy sabemos que los líderes socialistas lo estaban saboteando ya entonces. Arzallus no ahorraba esfuerzos por convencer al PSOE de que su verdadero enemigo y competidor estaba en la derecha nacional.

Dentro del PSOE y aledaños existían, desde luego, sectores muy coincidentes con Arzallus, fuera por temor a perder influencia política y los correspondientes cargos, al aliarse con el PP, fuera por motivos más ideológicos. Para ellos, nada peor que el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Era preciso liquidarlo o, más precisamente, invertirlo, transformándolo en Pacto Prosecesionista y contra las Libertades. Parece haber sido Juan Luis Cebrián, antiguo colaborador del franquismo, quien diseñó la nueva estrategia. La cual incluía, por fuerza, la complicidad política con el terrorismo etarra, pues éste era y es, debe insistirse en ello, el verdadero motor de todas estas maniobras.

Una estrategia tan inmoral y brutalmente contraria a los intereses y deseos de la gran mayoría de los españoles no podría desarrollarse sin dos instrumentos poderosos: un aparato mediático capaz de distraer, enredar y adormecer a gran parte de la población, y un número de agentes lo bastante corrompidos intelectual y económicamente para aplicar las directrices. De las dos cosas disponen en abundancia. Frente a ello, lo menos que puede decirse del PP es que carece, simplemente, de estrategia. Desconcertado por la audacia y velocidad de la ofensiva contra la España democrática, se bate, cuando lo hace, a la defensiva y con movimientos descontrolados. Y carece de instrumentos comparables a los puestos en acción por la Alianza Anticonstitucional

Nacionalismo y estado liberal
Por GERMÁN YANKE ABC 1 Mayo 2006

Parece que las opciones, en Cataluña, son ser nacionalista (español o catalán, esto de forma exagerada para salvar a CiU) o tener un concepto verdaderamente autonomista que incluya, de algún modo, que Cataluña es una nación, o el pacto de soberanías, o los derechos históricos. Y ahora, en Andalucía, las opciones devienen ser nacionalista (español o andaluz, aquí importa menos por el momento el Partido Andalucista) o tener ese virtuoso autonomismo que incluye la concepción de Andalucía como realidad nacional. Luego, vendrá -ya viene- la misma murga en otras comunidades autónomas y las cancioncillas exultantes sobre el carácter ofensivo y separador de los que no aceptan este sarampión de nuevas naciones, de derechos históricos, natas colectivas y cremas étnicas. Se trata, dijo el presidente en una famosa y paradójica conferencia pronunciada poco antes de las últimas elecciones gallegas, de que todas las comunidades se sientan a gusto en España, que, poco antes de las rectificaciones del encuentro de Santillana, había definido como la suma de aquellas.

Hay quienes, poniéndose estupendos, dicen que al fin y al cabo todo es artificio (las naciones, los estados, las realidades nacionales) que responde a la voluntad democrática. Pero hay cosas que más que artificios son artefactos, y habrá que ver para qué sirven en cada caso. La creación del Estado liberal, por ejemplo, es la puesta en marcha de un artefacto para defender a los ciudadanos del poder absoluto, y si se quiere tomar como ficción la afirmación de que es el resultado de un acuerdo entre individuos, habrá que aceptar que el artefacto sirve para que éstos consigan espacios de libertad. En ese complejo juego desplegado por derechos humanos que no dependen de concesiones de los poderes públicos, por la concepción de los seres humanos como ciudadanos libres y de instituciones aceptadas por procedimientos reglados y mayoritarios surge la nación democrática, que es una nación de ciudadanos y no de «realidades» previas que conformarían, como órganos autónomos, una suerte de cuerpo que sería el Estado.

Pero ahora estamos en esas y, por mucha pátina progresista que el PSOE y algunos de sus socios quieran poner a la ficción, el invento tiene mucho más de visión orgánica de la sociedad y sus instituciones que de concepción liberal. Si el franquismo dio carta de naturaleza a la democracia orgánica de la familia, el municipio y el sindicato, no era por apego a esas instituciones ni al derecho de asociarse de los seres humanos, sino para suplantar -una ficción, un artefacto- a los ciudadanos individuales. Lamentable sería que tratáramos ahora de sustituir a los españoles -tachando a los que se resistan de nacionalistas- por las comunidades autónomas inventándose a sí mismas como naciones. O formulando identidades y patrias que, como decía Gombrowitz, son los ropajes que disimulan la desnudez intelectual. Al menos, la que es incapaz de entender el Estado liberal y la nación democrática.

La Constitución traicionada
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 1 Mayo 2006

Javier Godó, presidente editor de «La Vanguardia» -de soltera «española»- dijo el otro día en una entrevista que estaba «hasta el gorro» del Estatuto, que se lo había leído más o menos, y que no decía nada del periódico de su propiedad. Está claro que Javier no se ha leído el Estatuto, aunque buena falta le haría, y no ha caído en la cuenta de las consecuencias negativas que tendrá para sus negocios familiares como ese de «La Vanguardia». También me comentan que Lara, otro posible y futuro damnificado por la «maragallada» estatutaria, además de habérselo leído más que menos, éste sí que es consciente de lo que a los editores de libros y periódicos se les puede venir encima. En cualquier caso, que echen una ojeada a la lúcida colección de conferencias, ensayos y artículos que Aleix Vidal Quadras acaba de publicar con el título de «La Constitución traicionada» en esta joven y valiente editorial -«Libros Libres»- que, de la mano de otro catalán, Alex del Rosal Valls i Taberner, ha irrumpido con gran fuerza en el horizonte editorial español. A los nombres de César Vidal, Pío Moa, Jesús Trillo, del Pino, Olaizola o Enrique de Diego, se une ahora en «Libros Libres» el de Vidal Quadras.

El líder político catalán sostiene que el PSOE ha cedido a la diabólica tentación de una especie de trueque fáustico, «entregando España a los nacionalistas a cambio de poder eterno». Ante ese siniestro panorama plasmado en lo que Zapatero denomina «el proyecto», sólo cabe apelar a la responsabilidad de la ciudadanía y desenmascarar, una a una, todas las mentiras y trampas que van tendiendo los nacionalistas, y en las que caen, de bruces, ingenuos o incautos o ambas cosas a la vez, como Godó. Así, por ejemplo, el artículo 146 del Estatuto que ahora está viendo, como si fuera una estrella fugaz, el Senado, afirma que la Generalidad posee la competencia compartida en materia de medios de comunicación social y que tiene como misión fomentar el pluralismo lingüístico. Para garantizar ese pluralismo en los medios de comunicación la Generalidad podrá -otra cosa es que lo haga o no- imponer que parte de «La Vanguardia» pueda leerse en catalán. ¿O no? El artículo 34, además, afirma que las empresas catalanas quedan sujetas «al deber de disponibilidad lingüística en los términos establecidos por ley» ¿O acaso no dice eso ese artículo?

El Estatuto está pasando por la Cámara de representación territorial, el Senado, como una exhalación. Una nación ha nacido y nadie sabe cómo ha sido. Bueno, algunos sí que lo saben, como es el caso de Aleix Vidal Quadras. Y si usted, lector amigo, quiere enterarse de lo que está pasando en Cataluña y en España, no deje de leer este libro: cuando lo acabe tendrá las ideas más claras y quedará perfectamente informado. E indignado. Es un libro riguroso pero de lectura fácil. Y con ese sentido del humor, del que estamos tan huérfanos, que siempre ha caracterizado a Vidal, un catalán que, legítimamente, quiere seguir siendo español.

¿Hacer oficial el pacto con ETA?
EDITORIAL Libertad Digital  1 Mayo 2006

Por mucho que Ares o Blanco hayan querido desvincular al PSOE de las declaraciones de Gemma Zabaleta, lo cierto es que la apuesta de la parlamentaria socialista por un gobierno de coalición entre el PSE y Batasuna no deja de ser un corolario relativamente lógico a la deriva moral y política del gobierno del 14-M y sus reiterados guiños al llamado "Club de Perpiñán".

Hace ya mucho que los separatistas catalanes le dieron a Zapatero la bienvenida a ese "club", y era cuestión de tiempo que ETA hiciera lo propio en forma de comunicado de tregua. Si la táctica del alto el fuego facilitaba con Zapatero la caída de nueces en Cataluña, había que verificar qué es lo que daba de sí en el País Vasco. Más aún si tenemos en cuenta que Zapatero, en pro de esa anestésica y electoralista "paz", ya había pagado a los separatistas vascos cuotas por adelantado tan significativas como neutralizar la ley de partidos en beneficio de los proetarras del PCTV, o hacer la vista gorda ante la incesante e ilegal actividad política de la propia Batasuna. Eso, por no hablar del acoso a jueces, fiscales y víctimas que, como Hernando, Fungairiño o la AVT, son obstáculos para ese chalaneo con la organización terrorista que hasta algunos miembros del PP llaman ahora "proceso de paz".

De hecho, ha sido el propio Zapatero el que, hace escasas semanas, daba pie a las declaraciones de ayer de Zabaleta, al decir que la cordial foto de esta diputada socialista con la batasuna y abogada de ETA, Jone Goiricelaya, era una "foto que se adelantaba a su tiempo". Y es que, para Zapatero, "la foto retrasada" era la de Rosa Díez con las víctimas, quienes "todavía no han empezado a salir por la carretera por la que vamos a transitar".

No sabemos a dónde llegará la "carretera" por la que Zapatero ya está transitando desde el momento en que no le importó ni el tener de socios a los socios de ETA en Perpiñán, ni el contentar a los terroristas del 11-M con tal de machacar electoralmente al PP y convertirse en presidente del Gobierno.

Nos parece poco probable, no obstante, que Zapatero deje en evidencia su nihilismo moral y político hasta el punto de hacer en el País Vasco una coalición de gobierno con los proetarras. Eso sería tanto como reconocer públicamente su ingreso en el "Club de Perpiñán".

Lo que sí sabemos es que ETA exige que la "carretera" por la que transita con el gobierno del 14-M llegue a la "autodeterminación de Euskal Herria" y la disposición del propio Zapatero a que esa "carretera" pase por el consenso con los separatistas de Estella –y contra el PP– para acabar con el Estatuto de Guernica. Lo que ZP necesita, no obstante, es maquillar los peajes, no dejarlos en evidencia.

En cualquier caso, que no se crea Zapatero que dejar en la cuneta a ETA, después de haberle dado esperanzas de llegar juntos al final del camino, es lo mismo que dejar en el arcén a los separatistas catalanes con los que los socialistas, por cierto, todavía gobiernan en Cataluña.

La credibilidad de eta
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 1 Mayo 2006

El Gobierno ha descartado que fuera ETA quien ordenó los ataques contra el comercio del concejal de UPN en Barañain y contra la oficina de seguros de Algorta. No lo ha descartado por lo que haya descubierto la investigación policial -no se ha averiguado todavía quiénes perpetraron los ataques, así que difícilmente se puede saber quién estaba por encima de los autores materiales-, sino porque ETA, Batasuna o ambos a la vez le han dicho al Gobierno que ellos no fueron. Y el Ejecutivo les ha creído y les ha exonerado de cualquier responsabilidad.

ETA y Batasuna han aparecido en ese episodio como interlocutores creíbles, pero, por lo que se ve, no siempre ocurre así. El Gobierno unas veces les cree y otras no.

La banda y su brazo político están afirmando sin tapujos que la autodeterminación y Navarra no son negociables. Dicen que el alto el fuego no es un proceso para resolver el problema de ETA y poner fin al terrorismo, sino una iniciativa para intentar lograr de otra forma sus objetivos, manteniendo la amenaza de volver a emplear las armas si fracasan. Pero cuando dicen esto, el Gobierno no les cree porque si no el Ejecutivo se estaría engañando a sí mismo y nos engañaría a todos al presentar la tregua como un proceso de paz para el abandono de las armas.

Cuando ETA dice que su tregua pretende réditos políticos, quienes no le creen responden indicando que se trata de un argumento de consumo interno, dirigido hacia sus propias bases, al que no hay que hacer demasiado caso. Ocurre que, si fuera verdad que se trata de mensajes que buscan crear una apariencia de éxito ante sus bases, estaríamos ante un problema tan grave como el de la falta de voluntad de abandonar las armas.

La izquierda abertzale, que ha introducido en el argot político el concepto de socialización y es experta en tareas de agitación, al reiterar su mensaje de condicionar el fin de las armas al logro de sus objetivos de toda la vida, estaría haciendo una pedagogía contraria a sus auténticos propósitos, si damos por buena la tesis de los argumentos para consumo interno.

Las bases de ETA y los simpatizantes de la banda están recibiendo un adoctrinamiento similar al de siempre, al que ha servido para mantener sus posturas favorables a la violencia. En esas condiciones será difícil conseguir que dentro de unos meses acepten la renuncia a las armas si no han logrado aquello por lo que hasta hace poco estaban matando.

Igual hay que ponerse en lo peor y creer también a ETA cuando dice que seguirá el conflicto (a tiros, se sobrentiende) si no se alcanzan las contrapartidas reclamadas.    f.dominguez@diario-elcorreo.com

Verificación
Gobierno de coalición con ETA
Isabel Durán Libertad Digital 1 Mayo 2006

Yo verifico, tú verificas, ZP verifica. Verificar se ha convertido en el verbo de moda. Pero la acepción oficial polancomonclovita no coincide con la académica de comprobación o sometimiento a examen. Eso es antiguo, el pasado. El nuevo significado polanquista-presidencial es la selección interesada de datos para conformar una realidad (nacional) ad hoc. Rodríguez se encuentra encantado de haberse convertido en un jefe del Ejecutivo capaz de cambiar hasta el significado de las palabras. Ya se lo dijo a Sonsoles cuando llegó a la Moncloa: "cualquiera puede llegar a presidente". Total, ¿qué significa la palabra nación sino comunidad entre iguales con los simios? ¿Y la memoria histórica acaso no consiste en cavar fosas para enterrar a los populares vivos, herederos directos de Franco? ¿Para qué la ilegalización del partido terrorista si Otegi es un hombre de paz? ¿Qué es un atentado sino un accidente?

Zapatero ha encargado a sus pretorianos que verifiquen el alto el fuego, que cuenten uno a uno a los pobres presos etarras y que verifiquen que sus familiares lo están pasando muy mal mientras calla sobre el accidente de Barañain. Un accidente, claro, que sólo ha calcificado el sustento de un concejal de UPN y de otras cuatro familias. Además, el presidente ha decidido ignorar las misivas terroristas de extorsión; otra contribución al "proceso de paz". El prohombre socialista verifica personalmente que Gemma Zabaleta es el futuro mientras Rosa Díez el pasado. Es decir, lo que se cuece en el atalaya monclovita es un gobierno de coalición socialista-terrorista en ciernes que descabalgue a los populares de Navarra y que el terror le garantice otra legislatura a Zetapé.

¡Que se vaya preparando Grande Marlaska no sea que un día se encuentre con una petición de prisión incondicional sin fianza por parte del Fiscal General del Estado dirigida contra él por verificar de forma incorrecta los sumarios que afecten a los terroristas! ¡Que tome ejemplo de Juan del Olmo, un dechado de perfección judicial que sigue a pies juntillas la verificación de la fiscal Olga Sánchez, "perturbada" por la escasa prensa no amordazada por el régimen! ¿Quién nos dice que no veremos a Otegi de juez de proximidad o mejor aún, de magistrado del Supremo por el cuarto turno debido a su enorme prestigio como hombre de paz? Sometidos pues al proceso de verificación completo ZetaPlus que nadie se lleve sorpresas porque, esta vez sí, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió. Queda verificada, académicamente, la victoria de ETA por los pocos que la pronosticamos hace tiempo. Ahora, a gobernar con ella.

Entrevista de Rajoy
Por mal camino
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 1 Mayo 2006

Para el jefe de la oposición, las sospechas sobre la participación etarra en el 11-M son "asunto superado". Sin embargo, dice, nadie sabe quién fue el autor de los atentados, ni por qué se cometieron, ni cómo se organizaron. Es decir, que no sabemos nada… salvo que la ETA no participó.

Es un alivio, pues la coincidencia temporal de las caravanas de la muerte, el coche de los unos robado en el callejón de los otros, los nombres etarras aparecidos en un inadecuado bolsillo o los papeles sobre la ETA desperdigados en la explosión de Leganés nos daban que pensar. Rajoy ha llegado a tiempo de exculpar a la banda designada por Rodríguez para dictar la agenda política española de los próximos años. Darle a la ETA ya no es correcto.

Desacreditada queda de una vez por todas la "línea de investigación" a la que Acebes se aferraba en sus torturadas comparecencias públicas tras la masacre. La línea que le costó a Zaplana y a don Ángel pasar a la condición de amortizados "corbatas negras" en la visión de Piqué. La línea que el grupo mediático ante el que Rajoy vierte sus incertidumbres (y su única certidumbre) se dedicó a minar en orquestada asonada rubalcabesca. Contra el reloj.

No vaya a ser que las declaraciones de don Mariano a El País, en vez de basarse en informaciones y análisis, sean fruto de una cierta concepción del marketing político. La misma que tan caro viene pagando el centro-derecha español desde que unos listos decidieron que Aznar tenía que bajar el tono ante Felipe González. La que mantiene a los políticos de la derecha acorralados pero contentos, proscritos pero esperanzados con volver un día a pisar moqueta, que es lo suyo. La inevitable lucha a cara de perro, que la libren otros. Pues no.

Una cosa es que prefiramos al PP sobre el PSOE en el gobierno (números y conductas cantan) y otra muy distinta que el objetivo de los opinadores sea el triunfo de un partido en concreto. Que nadie se equivoque: importan las libertades y la unidad de España. Si la derecha va a dar por bueno, cuando vuelva al gobierno, el estado de cosas resultante del cambio de régimen; si llama como Piqué a sufrir sin más el Estatuto soberanista de Cataluña; si renuncia a comunicar a los españoles que trabajará desde la ley para corregir todos los abusos y devolver al país la estabilidad política e institucional, entonces… tiempo muerto y que la derecha se renueve. Será deprimente ver a los gobernantes autonómicos populares en la carrera de desafuero competencial y de las identidades nacionales, renunciando definitivamente a su discurso y a sus principios.

La cura vendrá sola. Si siguen por ahí, volverán a ganar los socialistas, tendrán que salir de escena quienes ya no representan las aspiraciones de sus electores e, inevitablemente, un clamor exigirá la refundación del PP. Lo que importa no son las siglas o familias que gobiernan, sino la democracia y la libertad. No parece tan difícil de entender.

Las palabras de Rajoy
Luis del Pino Libertad Digital 1 Mayo 2006

Estimado Sr. Rajoy,

Debo confesarle mi profunda decepción por sus palabras sobre el 11-M en la entrevista que publicaba ayer el periódico El País. Sus declaraciones adolecen de una ambigüedad y de una falta de contundencia realmente sorprendentes, teniendo en cuenta lo que sabemos a fecha de hoy sobre los atentados. Prescindiendo de los titulares y acudiendo a la literalidad de sus palabras, ante una pregunta del entrevistador donde se mencionaba la posible participación de ETA en el 11-M, su respuesta fue que "ése es un asunto ya superado". ¿Qué quiere decir con eso, Sr. Rajoy? ¿En qué sentido está superado el asunto? ¿Quiere Vd. decir que está seguro de que ETA participó? ¿O de lo que está seguro es de que ETA no participó en los atentados?

Porque, si no está seguro de ninguna de las dos cosas, no entiendo cómo puede afirmar que ése es un asunto superado. Y si está seguro de alguna de las dos cosas, no comprendo cómo es posible que no haga públicas las evidencias en que se basa su convicción. Más que nada, para que aquéllos que nos dedicamos a tratar de averiguar quién cometió la masacre dejemos de perder el tiempo buscando unas evidencias de las que Vd. ya dispondría.

Quizá sea una percepción injusta, pero tengo la sensación (creo que compartida por mucha gente) de que el tema del 11-M le produce a Vd. grima. Ni se dignó Vd. a hacer acto de presencia en la Comisión de Investigación, ni ha enarbolado Vd. en ningún momento la bandera de las investigaciones, ni utiliza Vd. nunca la contundencia mínima exigible a la hora de reclamar del Gobierno el esclarecimiento total de unos hechos que cada vez aparecen como más tétricos a ojos de los ciudadanos.

Cada vez existen más certezas de que se han manipulado pruebas, de que se han cometido perjurios tanto en sede parlamentaria como en sede judicial, de que se han falsificado informes y documentos tanto oficiales como privados... Y nada de eso se habría hecho si no se estuviera intentado tapar, con una mentira oficial, una verdad que cada vez intuimos más horrible.

Resulta difícil de comprender y de aceptar que, en la misma semana en que algunos medios de comunicación ponen sobre la mesa evidencias definitivas de la falsedad de las pruebas de cargo sobre el 11-M, se descuelgue Vd. con ambigüedades, regalándole victorias morales a quienes quieren tapar a toda costa la mayor masacre terrorista que nuestro país ha sufrido. Especialmente porque cada vez va quedando más claro que la situación que estamos viviendo, de descomposición de nuestro sistema de convivencia, nace de manera directa de aquellos hechos. O, dicho de otro modo: que aquellas bombas fueron puestas precisamente para llegar a donde hemos llegado, Sr. Rajoy.

Me consta que dentro del Partido Popular hay mucha y buena gente, tanto militantes de base como cargos públicos, que están bregando esforzadamente por conseguir que se averigüe quiénes concibieron, quiénes planificaron, quiénes organizaron y quiénes ejecutaron aquellos atentados. Y me consta también que cada vez es más la gente que percibe que sólo el esclarecimiento de esos hechos podrá frenar la actual deriva de nuestra nación. Y la tibieza de sus palabras, Sr. Rajoy, es un jarro de agua fría.

Quizá los que investigamos la masacre desde los medios de comunicación no tengamos derecho a exigir de Vd. ninguna ayuda, pero quienes desde luego no se merecen semejante jarro de agua fría son esos militantes de su partido que hacen cuanto pueden por esclarecer la verdad. Como tampoco se lo merecen esos votantes que, en una situación enormemente difícil, le dieron a Vd. su confianza el 14 de marzo.

Que guarde Vd. silencio ante las sucesivas revelaciones acerca del 11-M puede ser moralmente discutible, pero estoy dispuesto a conceder que sea una postura inteligente desde el punto de vista de la rentabilidad electoral; no lo creo, pero lo acepto. Lo que no es aceptable en modo alguno es que rompa Vd. ese silencio para regalar titulares a quienes quieren cínicamente imponer el olvido a la sociedad.

Precisamente porque creo que la unidad y cohesión del partido que Vd. dirige resulta fundamental para tratar de contener la marea que se avecina, me atrevo a señalarle, Sr. Rajoy, que cada vez hay más votantes suyos hondamente preocupados ante lo que perciben como una falta de contundencia inexplicable. Votantes alarmados porque perciben que estamos a punto de traspasar la frontera de lo irreversible sin que Vd. reaccione, por muchos argumentos que los medios de comunicación ponen sobre la mesa.

Debería usted, Sr. Rajoy, ponerse sin más tardanza a la cabeza de la manifestación y empezar a exigir explicaciones sobre lo que pasó el 11 de marzo. Motivos no le faltan. Y argumentos morales, tampoco. Como tampoco le faltaría el respaldo de aquéllos que le votamos. Sus electores, Sr. Rajoy, no estamos deseando otra cosa que verle a Vd. enarbolar la bandera de la verdad y de la firmeza. No nos defraude, por favor.

Atentamente suyo
Luis del Pino

Maragall
Sin sentido de España
Daniel Sirera Libertad Digital 1 Mayo 2006

Resulta patético que el presidente de la Generalidad de Cataluña haya señalado que el Estatuto "está hecho con sentido de España". Patético porque Maragall nunca ha creído en la España que define la Constitución de 1978. El nuevo proyecto de Estatuto no sólo dibuja a Cataluña como una nación al margen de la española sino que enumera de manera exhaustiva los valores que definen la llamada "nacionalidad catalana". Este es un proyecto que excluye a todo aquel que, siendo y considerándose catalán, no comulga con esos principios y valores que ha definido el nuevo Estatuto de Autonomía.

No existe "sentido de España" cuando se establecen en el Estatuto valores y principios diferentes a los que inspiran el marco de convivencia de los madrileños, andaluces, vascos o valencianos. Por eso no debemos permitir que Maragall vaya al Senado a engañar a los españoles. Debemos decir bien alto que Maragall va al Senado a formalizar un certificado catalán de defunción de la España constitucional. El objetivo de quienes han impulsado este proyecto de Estatuto es redactar una Constitución catalana que obvie la pertenencia de Cataluña a España, en un claro intento de hacer realidad una ficción que sólo existe en sus mentes y que se resume en la idea de que Cataluña no es ni puede ser una parte de España.

No podemos ni debemos caer en la trampa de aceptar la existencia de una serie de valores partidistas que conviertan el Estatuto de Cataluña en un muro que separe a los catalanes o que nos discrimine o privilegie en relación al resto de españoles. El pluralismo, la libertad, la cultura y el control de la política son los únicos principios que deberían haber orientado el texto estatutario. Maragall quiere un Estatuto para hacer realidad la España en la que cree: una España de la que Cataluña no forma parte. Por eso defiende la necesidad de establecer unos derechos y deberes propios para los catalanes.

Sólo así podrá trazar una línea entre los buenos y malos catalanes, entre los que se sienten identificados con esos principios y valores que nos definen por la negación del contrario (en este caso y por desgracia, España) y los que creemos en una Cataluña plural, llena de ciudadanos libres y responsables. Aspiramos, simplemente, a que la cultura y la educación sigan siendo los valores básicos que nos permitan garantizar esos mismos valores a las futuras generaciones de catalanes y catalanas, —también libres y responsables— en el marco de la España constitucional que nos ha permitido disfrutar de la mayor etapa de paz, libertad y democracia de nuestra historia.

Daniel Sirera es Portavoz adjunto PP en el Parlamento de Cataluña

Tierra de héroes
Por SERAFÍN FANJUL. Catedrático de la UAM ABC 1 Mayo 2006

... Los españoles han perdido de vista que el bienestar actual no es maná del cielo, que la paz cuesta cara en varios sentidos y que la repetición de la imagen tópica del valor hispano ya no alcanza para encubrir y enmascarar que el cabezudo se vació de sustancia, de músculos y nervios y de ganas de defenderse...

UN familiar cercano -británico él, pero no inglés- me preguntó no hace mucho, sin sombra de sorna ni pitorreo, por qué Inglaterra continúa ocupando Gibraltar. Su pregunta sólo reflejaba perplejidad ingenua ante algo tan insólito como difícil de justificar por ambas partes: con su implacable lógica anglosajona no podía comprender, poniéndose de nuestro lado, que sobreviviera el abuso. Tras meditar un instante hube de responder lo que realmente pienso: si España fuese un país serio ya haría tiempo que nos habríamos olvidado del Tratado de Utrecht, porque sería innecesario acudir a tan retórica escapatoria y Moratinos ni siquiera debería eliminarlo de los temarios, por desaparición del problema. Con gobiernos de derecha o izquierda el mantenimiento de una política sistemática, coherente y firme habría dado resultados. Si auténticos pigmeos militares como Islandia, Dinamarca o Finlandia se las han tenido tiesas -y con éxito- a potencias de primer orden, cuesta trabajo aceptar que nuestro sino consista en tragar el contradiós porque sí, porque lo nuestro es la pachanga, la sonrisa burlona como parapeto y el a mí qué más me da. Desde Carlos III hasta Castiella no se intentó nada concreto para poner las cosas difíciles a los ingleses, o, al menos, caras. Y después, con González, a bombo y platillo, el retorno del Patio de Monipodio, tan sevillano. Y los sucesivos gobiernos silbando, en aras de intereses superiores (¿cuáles y de quién?), ridiculizando el mero recordatorio como anacrónico y desfasado, digno de sonrisas conmiserativas (nadie en el mundo considera anacrónica la paralela reclamación marroquí contra Ceuta y Melilla, aunque sus razones sean mucho menos sólidas). Pero cito Gibraltar como mero síntoma.

Con la venia del Libro de Estilo de ABC, reproduzco -por muy expresiva- una frase de Vargas Llosa en Conversación en la Catedral: «- ¿Cuándo fue que se jodió el Perú, Zavalita?». Y nos aplico la misma pregunta: ¿cuándo nos torcimos? O cuándo se empezaron a encorvar otros españoles, de a poquito, hasta lograr una muy triste figura de jorobeta gozoso y gracioso, ignorante feliz de su desgracia, como ese retrato de Juan Ruiz de Alarcón en el que aparece muy galán, enhiesto como lanza, y que muestran en la mexicana ciudad de Taxco, donde nació. Digámoslo con claridad: la nuestra es una de las sociedades más evasivas y cobardes del planeta. No me refiero a valor individual, que de eso hay como en todas partes y épocas: más o menos y según circunstancias. Más bien aludimos a la decisión colectiva, la capacidad de resistencia ante adversidades o agresiones, a la cohesión y coincidencia de objetivos generales frente a grandes conmociones y conflictos: entre nosotros es inimaginable ni la décima parte del aguante y la disciplina mostrados por los alemanes bajo los bombardeos angloamericanos, por citar un solo ejemplo. La historia del escapismo nacional no comenzó el 14 de marzo de 2004 con los votantes de Rodríguez. De hecho, la sociedad española se fue aproximando y asimilando insensiblemente a las características de la imagen de poca seriedad, inconsistencia y cobardía atribuidas a los italianos no hace tanto tiempo, pero ¿quién se atreve ahora a esgrimir semejante pajita en ojo ajeno, si por acá el valor o el sacrificio se han convertido en antisignos que concitan mofa y menosprecio? La derrota de Bergonzoli en Guadalajara reforzó el estereotipo sobre los italianos y fue por igual festejada, incluso muchos años más tarde de la guerra, por rojos y azules: los españoles habían hecho correr a los italianos. Por supuesto, omito extenderme sobre la carrera, que en realidad no fue tanta, o acerca de la rendición, poco después, de los heroicos gudaris en Santoña ante Gastone Gambara.

En esos terrenos hay mucho de relativo, de contradictorio y hasta de comprensible. Para todos. La furia histérica desatada contra Aznar y su gobierno a raíz de los atentados de Atocha (¡nos habían metido en líos!) encuentra su corolario inevitable y lógico en la inhibición o el encantado aplauso por el estatuto de Cataluña, la rendición ante ETA o los muy negros nubarrones que se ciernen sobre Canarias, Ceuta y Melilla. Un sector numeroso y bien situado, pero puro tocino social e intelectual, reproduce el abandonismo y la indiferencia que tanto facilitaron la pérdida de las Indias continentales primero y de las Antillas más tarde. Cierto que por entonces también hubo Baler, los dos sucesos de El Callao (el de Rodil y el de Méndez Núñez), San Juan de Ulúa, Puerto Cabello, Santiago de Cuba... hitos de abnegación, valentía, obstinación a la desesperada cuando todo estaba perdido, mientras en la península políticos e instituciones andaban enfrascados -como ahora- en más altas misiones: cómo trincar y conservar el menguante poder o las modalidades de negocio que eso les podía reportar.

Es ocioso rememorar las hazañas llevadas a cabo por españoles a lo largo del tiempo. Y no sólo bélicas, también de exploración, población, extensión técnica o civilizatoria en sentido amplio. Citarlas a vuelapluma no vale la pena; tal vez sí leerlas, valorarlas sin complejos ni vanaglorias, conocernos mejor. Pero todo eso es el pasado, o una parte del mismo, porque la pregunta central retorna: ¿por qué nos torcimos? En un libro excelente e inencontrable (España exótica), como es natural publicado en Nuevo México (yo dispongo de un ejemplar, fotocopiado, que me envió un amigo desde México), Jesús Torrecilla expone y argumenta con brillantez su teoría del cambio del carácter español, en especial a partir del siglo XVIII. Se le pueden hacer algunas objeciones, como haberse movido sólo con materiales literarios, o el tragar a pies juntillas el insostenible mudejarismo de Américo Castro, pero en conjunto su obra es mucho más que estimable y debería ser libro de cabecera en facultades de Historia, Sociología, Antropología... Demasiado pedir, cuando se elimina con saña de planes de estudio y temarios diversos cualquier vestigio de proyecto nacional común, de recuerdo de alguna de las cosas buenas que otros españoles hicieron.

El libro de Torrecilla merece un comentario aparte, pero aquí sólo diremos que señala la transmutación de la sociedad hispana (por las crisis económicas, la pérdida de la hegemonía militar, el descrédito final de la Monarquía de los Austrias, etc.) desde la seriedad, el trabajo bien hecho, la sobriedad, la frialdad objetiva y lúcida y el muy excesivo orgullo de ricos y pobres a la bullanga jaranera y pícara, la golfería como norma y la ignorancia como bandera. Y todo ello en tanto que modo de afirmación de la personalidad castiza frente al afrancesamiento de las clases ilustradas en el XVIII: Moratín, Cadalso, Larra y una pléyade de escritores más o menos conocidos avalan con sus textos la muy sugerente tesis de Torrecilla, que completa el panorama con el aplebeyamiento de acomodados y pudientes durante el XIX. Simplificando mucho -y no se me enoje nadie-, se habría sustituido el espíritu castellano por el predominio del estilo de vida andaluza. Insisto: es una reducción del argumento que exige ulteriores comentarios, pero mientras llegan debemos ser conscientes de que los españoles han perdido de vista que el bienestar actual no es maná del cielo, que la paz cuesta cara en varios sentidos y que la repetición de la imagen tópica -en niveles y expresiones muy superestructurales y no más- del valor hispano ya no alcanza para encubrir y enmascarar que el cabezudo se vació de sustancia, de músculos y nervios y de ganas de defenderse. Y cualquier día, un chisgarabís, con o sin ministerio, cambiará hasta el himno de la Infantería española (con perdón por emplear tan subversivo sintagma) y en vez de empezar por «Ardor guerrero vibra en nuestras voces» lo sustituirá por un marchoso y posmoderno «Calidez dialéctica aletea en nuestros labios» que, me reconocerán ustedes, es mucho más acorde con lo que nos ha caído encima.

Prescindibles
JOSEBA ARREGI El Correo 1 Mayo 2006

ETA pensó durante mucho tiempo, parece que ya no -veremos-, que para construir la Euskadi con la que soñaban había personas prescindibles, personas cuya vida no era un bien en sí mismo, no era un derecho básico. Se trataba, en el caso de todos los que fueron objeto de atentado por parte de ETA, de personas prescindibles, de vidas disponibles, de derechos insuficientes para ser tenidos en cuenta.

El paralelismo puede molestar, pero ahora hay quien afirma que, a pesar de que sería bueno que determinado partido político, el PP, estuviera también en la mesa de partidos vascos para la normalización, pueden ser prescindibles. En cualquier caso, aunque estén presentes, si no están de acuerdo con lo que diga la mayoría, no deben tener derecho de veto, con lo que su presencia, además de prescindible, es irrelevante si no es para dar el visto bueno, si no es para estar de acuerdo con lo que digan los nacionalistas. Su opinión divergente no tiene por qué ser tenida en cuenta a la hora de definir política, jurídica e institucionalmente a la sociedad vasca.

Formuladas así las cosas resultan muy graves y serán muchos, si no todos los vascos, los que se sientan incómodos. Y, sin embargo, es la realidad del problema que arrastramos desde hace demasiado tiempo puesta de forma descarnada. La normalización de Euskadi, la solución del problema vasco al parecer pasa por la formación de una mesa resolutiva de partidos políticos, y pasa por que lo que se acuerde en esa mesa sea respetado, es decir, no pueda ser cambiado, por el Congreso de los Diputados español. Es la postura de los nacionalistas. Por supuesto es la postura de ETA-Batasuna. Es la postura de Ibarretxe.

Lo socialistas vascos parecen dispuestos a asumir la formación de la mesa de partidos políticos, pero señalan que los acuerdos en su seno no deben ser simplemente por mayoría, sino que deben ser transversales, es decir, no pueden reflejar sólo la voluntad de los nacionalistas. Si el acuerdo es transversal, opinan que el Congreso debería respetarlo. En cualquier caso el acuerdo debería ubicarse dentro del marco de la legalidad existente, que es la garantía de que el Congreso lo pueda respetar. En otro caso, pasaría lo que con la propuesta de nuevo Estatuto catalán.

El Partido Popular opina que la mesa de partidos políticos es una concesión a Batasuna-ETA. Y lo es, por mucho que los socialistas vascos digan que ya estaba prevista en el Pacto de Ajuria Enea. Si ahora se habla de mesa de partidos políticos no es por lo que diga dicho pacto, sino porque se trata de la propuesta de Batasuna en Anoeta, asumida posteriormente por ETA. Tienen razón también los populares cuando afirman que en un sistema democrático no tiene demasiado sentido ubicar tales instrumentos de diálogo fuera de la institución parlamentaria, máxime si para que pueda constituirse se exige o la condena de la violencia por parte de Batasuna o alternativamente la desaparición de ETA.

No tienen razón los populares cuando dicen que nunca van a participar en esa mesa, porque en política no siempre hace uno sólo lo que considera conveniente. No pocas veces es preciso tomar parte en planteamientos que, sin ser del gusto de uno, tampoco son condenables radicalmente.

Pero lo que de verdad está en juego no es la propia mesa, quién participa y dónde se ubica. Lo que está en juego es si para algunos políticos determinados ciudadanos vascos son prescindibles en el momento de decidir la definición política, jurídica e institucional de la sociedad vasca. La mesa posee la virtualidad de incluir en el juego político democrático -aunque tenga algunas pegas la ubicación de la mesa fuera del Parlamento vasco- a Batasuna una vez comprobada fehacientemente la ausencia de la violencia de ETA. Parece que ningún partido nacionalista pone en duda la necesidad de la presencia de Batasuna, de lo que en términos políticos, sociales y electorales representa Batasuna, aunque tenga que ser con otro nombre. Parece que tampoco los socialistas vascos ponen en duda la necesidad de la presencia de Batasuna en esa mesa.

Llama, sin embargo, poderosamente la atención que sí se planteen dudas respecto a la necesidad de la presencia del PP, de lo que representa el PP en términos políticos, sociales y electorales. Ibarretxe lo ha dicho meridianamente: sería conveniente su presencia, sería buena esa presencia, pero no es imprescindible. Los socialistas vascos han afirmado que nadie está de sobra, aunque les convendría aclarar que una cosa es no estar de sobra y otra muy distinta ser necesarios e imprescindibles. El portavoz de los nacionalistas vascos en el Congreso, Josu Erkoreka, ha afirmado que la presencia de los populares es necesaria.

El hecho de que se plantee la pregunta misma es muy significativo: en el panorama político de la Euskadi actual es posible, sin que nadie se escandalice, pensar en la posibilidad de que se decida el futuro sin la participación de lo que representa el PP, aunque su postura merezca muchas críticas, mientras que no es posible plantearse la posibilidad de que se pueda decidir ese futuro sin la presencia y la participación de lo que representa Batasuna, aunque sea bajo otro nombre, pero sin haber condenado nunca la violencia de ETA. Bien mirado, es tremendo.

Porque incluso los que defienden la necesidad de la presencia del PP en esa mesa resolutiva -Josu Erkoreka en nombre del PNV- añaden que la clave para que la mesa sea realmente resolutiva radica en que el acuerdo al que se llegue incluya el respeto a la capacidad de decisión de los vascos. Con lo cual el PP, que se opone abiertamente al reconocimiento de esa capacidad porque les deja fuera de ser vascos al no querer decidir solos -ellos y con ellos muchos otros vascos-, vuelve a ser perfectamente prescindible.

Contemplando este horizonte se ve con claridad que no era correcta la posición de afirmar que el único problema radicaba en el uso de la violencia, y que las razones y justificaciones de la violencia no tenían nada que ver. Contemplando con qué facilidad se asume que puede haber ciudadanos vascos perfectamente prescindibles a la hora de definir la sociedad de la que son parte, se entiende que aunque desaparezca la violencia -y que el incendio provocado de la ferretería de un concejal de UPN en Barañain y el atentado de Getxo no sean la punta de algún iceberg- ésta se legitimaba en que ETA consideraba prescindibles a todos los que no opinaban como ellos respecto a lo que es y debe ser la sociedad vasca entendida como nación. Y se ve con claridad que aunque desaparezca la violencia el problema de los ciudadanos vascos prescindibles sigue existiendo mientras haya un nacionalismo que prefiere la nación que divide a la sociedad vasca a una sociedad inclusiva, no excluyente, capaz de incluir a ciudadanos que se sienten pertenecientes también a otros ámbitos sentimentales, y sobre todo a otros ámbitos de ciudadanía, estatales.

ETA quería la Euskadi imprescindible amenazando, extorsionando, matando a todos los que consideraba prescindibles. ETA puede desaparecer. Pero la idea de que siguen existiendo ciudadanos vascos perfectamente prescindibles a la hora de definir la sociedad vasca sigue existiendo y aparece por cualquier esquina, hasta por boca de quien, en teoría, representa a todos los ciudadanos vascos.

Quizá haya llegado la hora de decir con toda tranquilidad que somos uno, varios, bastantes los que nos declaramos prescindibles para esa Euskadi imprescindible de algunos. Sí, somos prescindibles para la nación nacionalista en la que algunos quieren convertir a Euskadi. Pero somos ciudadanos imprescindibles para una sociedad vasca democrática, ciudadanos con derechos y con libertades personales. Y, sin respeto efectivo a esos derechos de ciudadanía, Euskadi será siempre una sociedad amputada, una nación dividida, algo con capacidad de decidir sólo impidiéndoselo a buena parte de sus propios miembros.

In memoriam
Lucrecio Libertad Digital 1 Mayo 2006

Ha muerto Jean-François Revel. Más hombre del gran siglo XVIII que del mezquino nuestro. Que se supo agitador por ser filósofo. Y que fue filósofo sólo por ello. Hora de recordar textos que aquí fueron siempre mal acogidos. Porque dolían aquí aún más que en Francia.

Tan sólo un par de pasajes. In memoriam:

“El antiamericanismo de derecha en Europa se debe a que este continente perdió en el siglo XX el papel que le correspondía desde el siglo XV como principal centro de iniciativa –y conquista— del planeta, y dejó de ser el foco artístico y científico más importante y casi el amo de la organización político-estratégica y de la actividad económica del mundo. Ora uno ora otro país europeo era el que encabezaba esa mundialización antes de tiempo, pero todos participaron en ella poco o mucho, simultánea o sucesivamente.

Ahora bien, hoy no sólo ha perdido Europa esa capacidad para actuar a escala mundial, sino que está, a su vez –en grados diversos, según los problemas, pero siempre en cierto grado— situada en la estela de la capacidad de acción de los Estados Unidos y obligada a recurrir a su ayuda. En Francia es donde la pérdida de la condición –real o imaginaria— de gran potencia causa una amargura más intensa.

En cuanto al antiamericanismo de extrema derecha, su motor, como el de extrema izquierda, es simplemente el odio a la democracia y a la economía liberal, que es su condición…

En la esfera del antiamericanismo, el grado máximo de degradación –ni siquiera menciono la ignominia moral, que produce hastío, hablo sólo de la incoherencia de las ideas— se alcanzó en septiembre de 2001, después de los atentados contra las ciudades de Nueva York y Washington. Pasado el instante de la primera emoción y de las condolencias, en muchos puramente formalistas, se empezó a presentar aquellos actos terroristas como una réplica al mal que, al parecer, causaban los Estados Unidos al mundo. Esa reacción fue, en primer lugar, la de los países musulmanes, pero también de dirigentes y periodistas de ciertos países del África subsahariana, no todos los cuales son de mayoría musulmana. Se trataba de la evasiva habitual de sociedades en quiebra crónica, que han fracasado completamente en su evolución hacia la democracia y que, en lugar de buscar la causa de su fracaso en su propia incompetencia y su propia corrupción, acostumbran a imputarlo a Occidente de forma general y a los Estados Unidos en particular.

Pero, a parte de esos clásicos de ceguera voluntaria aplicada a uno mismo, también en la prensa europea, sobre todo en la francesa, naturalmente, entre los intelectuales y algunos políticos, no sólo de izquierda, sino también de derecha afloró al cabo de unos días la teoría de la culpabilidad americana”

El Defensor del Pueblo mantiene la amenaza de unirse al PP y llevar el Estatut al Constitucional
R. N. La Razón 1 Mayo 2006

Madrid. El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, advirtió ayer que podría interponer un recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto de Cataluña si aprecia «menoscabo a la libertad y, sobre todo, a la igualdad» entre ciudadanos españoles.

Pese a no querer dar su opinión sobre el texto de forma explícita, Múgica sí se atrevió a señalar que «a lo mejor» artículos del Estatuto a los que el Consejo Consultivo catalán ya atribuyó «inconstitucionalidad» pueden «ser aprobados por las Cortes Generales». El Defensor del Pueblo afirmó que él, a diferencia del presidente de la Generalitat, Maragall, no cree en la cosoberanía, añadiendo en referencia al «president» que «a veces se pasa de la socialdemocracia al social liberalismo y otras veces se pasa al socialnacionalismo».

Tras recordar la legitimidad que le atribuye el ordenamiento jurídico para interponer un recurso de inconstitucionalidad «cuando son menoscabadas las libertades fundamentales», Múgica lanzó una seria advertencia al señalar que la institución que dirige cuenta con un grupo que está estudiando «a fondo» el Estatut de Cataluña, con la cooperación de catedráticos de derecho constitucional y administrativo, para que decidan si, finalmente, acuden al garante máximo de la Constitución española.

Y es que Múgica tiene claro que si finalmente en el texto «hay menoscabo a la libertad y sobre todo a la igualdad», esto es, «si se produce desigualdad entre los ciudadanos catalanes y los ciudadanos españoles residentes en Cataluña o los ciudadanos españoles residentes en otras comunidades autónomas», no le temblará el pulso y cumplirá lo que debe «cumplir».

Sobre la posibilidad de que pudiese recibir presiones en caso de decidirse a acudir al TC, Múgica lanzó una pregunta al aire reafirmando sus convicciones. «¿Cree que, a la altura en que estamos, van a hacerme desistir en lo que yo creo justo y adecuado, y de aquello que estoy obligado a hacer porque para ello la Constitución me legitima?», a lo que se contestó el mismo con un rotundo «por supuesto que no». Múgica recordó que, antes de que el proyecto de reforma fuese aprobado, ese mismo texto fue examinado por el Consell Consultiu.

La memoria histórica. Respecto al debate sobre el modelo territorial que actualmente hay en España, afirmó, «con cautela», que, «por el momento, aporta elementos no positivos», poniendo el acento en la importancia de considerar también como «memoria histórica» de los españoles el pacto constitucional de 1978, en el que se superó la guerra civil a través del consenso, según informa la agencia Ep.

En este sentido, afirmó: «Forma también parte ya de la memoria histórica de nuestro país lo que sucedió hace 30 años. Los españoles nos dimos una Constitución que era la superación de las divisiones internas, de las luchas terribles, de las guerras civiles, de la represiones sanguinarias. Y se hizo una Constitución de todos y para todos, en la que estaban todos los partidos, todos los grupos sociales, todas las opiniones, desde un gran consenso».

En cuanto a la necesidad de fijar el techo de las competencias transferibles a las comunidades, el defensor del Pueblo advirtió de que un «Estado democrático debe ser fuerte». «Si el Estado dispone para gasto público sólo un 23 por ciento de recursos generales, ¿cómo vamos a hacer un Estado fuerte?», se preguntó.

UPN reclama a Zapatero garantías de que no utilizará a Navarra para negociar la paz
Los socialistas navarros apuestan por reeditar una mesa propia en la comunidad para contribuir al proceso
AGENCIAS/MADRID EL Correo 1 Mayo 2006

El diputado de UPN en el Congreso Jaime Ignacio del Burgo subrayó ayer que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, debe realizar una declaración oficial que garantice «que no va a negociar absolutamente nada» sobre la comunidad foral en el proceso de paz. El miembro del Grupo Popular en la Cámara Baja también exigió al jefe del Ejecutivo el compromiso de que el territorio no será objeto de debate en una hipotética mesa de partidos. El secretario general del PSN, Carlos Chivite, se mostró partidario por su parte de crear un foro autonómico de negociación para contribuir al proceso de paz similar al que fue la 'mesa de Pamplona'.

Del Burgo rechazó que se pueda «condicionar» el futuro del territorio, ya sea con «fórmulas transitorias» de asociación o de «cualquier otra». A su juicio, la única forma de «tranquilizar» a los navarros es que Rodríguez Zapatero les asegure que, aunque el PSN llegue al Gobierno foral en 2007, «nunca se sentaría en una mesa de partidos».

El diputado de UPN reconoció desconfiar del Ejecutivo socialista porque éste negó la existencia de conversaciones con Batasuna antes del alto el fuego aunque ya «había hablado con Arnaldo Otegi». Aseguró saber que en esas reuniones se trató «el tema de Navarra» y la posibilidad de crear un órgano «que pudiera ser un consejo vasco-navarro». El objetivo, a su juicio, sería mantener dos gobiernos y dos parlamentos pero, al mismo tiempo, promover «políticas comunes que permitieran allanar el camino hacia un marco político definitivo común».

Del Burgo concretó que sólo le queda por averiguar «el grado de compromiso» que los socialistas vascos asumieron con Batasuna en nombre del Gobierno. «Es evidente que el alto el fuego no se hace para que los presos de ETA salgan a la calle; ese tema ni lo han tocado porque lo dan por supuesto, y donde están concentrados es en los aspectos políticos», estimó.

En cuanto al proceso de verificación, el dirigente del Grupo Popular manifestó que el Ejecutivo socialista debe determinar sobre todo «si ETA es monolítica y está detrás de la propuesta política que sustenta Batasuna; de nada sirve que Josu Ternera esté dispuesto a llegar al pacto si 'Txeroki' piensa otra cosa».

El secretario general del PSN, Carlos Chivite, aseguró que Navarra no participará en una mesa de negociación política en el País Vasco, pero sostiene que la comunidad foral podría articular un órgano para contribuir al proceso de paz similar al que en su día fue la 'mesa de Pamplona'. El dirigente socialista explicó que Navarra tiene su realidad y su problemática e incidió en que las soluciones políticas que aporte la comu- nidad al proceso de paz sólo pueden ser decididas y articuladas dentro de la propia autonomía y «con el aval del Congreso de los Diputados».

Sin embargo, Chivite puntualizó que la creación de este mesa debería postergarse hasta después de las elecciones autonómicas de 2007 para que entren todas las fuerzas con representación parlamentaria. Sobre si Batasuna podrá estar en este foro, manifestó su voluntad de que la formación abertzale vuelva a la arena política porque «eso significaría que habría abandonado la violencia».

En cualquier caso, el político navarro mostró su rechazo a que el PSN alcance acuerdos con Batasuna si esta es legalizada. Según precisó, su partido «no formará parte de ningún Gobierno que en su programa pueda poner en riesgo la realidad institucional de nuestra comunidad autónoma».

El dirigente socialista también criticó al presidente de Navarra, Miguel Sanz, por mostrar su temor a que la comunidad pueda ser moneda de cambio en la negociación de la paz. Chivite afirmó que las únicas «inquietudes» de Sanz son si va a seguir en el «sillón presidencial» a partir de 2007.

BARCELONA BATEGA (PERO TAMBIÉN EN CASTELLANO)
Pedro de Hoyos Periodista Digital 1 Mayo 2006

Pocas veces le es dado a un mortal contemplar tan enorme división entre un pueblo y sus políticos como ocurre ahora en Cataluña. Es algo que aparece expuesto a los ojos gracias al fenómeno literario ocurrido con “La Catedral del Mar”.
Cuando el castellano es perseguido insensata e interesadamente por la Generalidad, cuando se anima a los alumnos a denunciar a sus profesores que se expresen en castellano, cuando se insiste a los niños en que empleen solamente el catalán... hasta en el rato libre del recreo, cuando hasta se persigue el idioma en que se rotulan los comercios (¿cuántas denuncias se llevan ya acumuladas?), el fenómeno literario del momento va y demuestra cómo late el corazón del pueblo catalán: Un 90% de ventas en castellano y un 10% en catalán.

Y ello cuando precisamente el catalán es un pueblo culto, muy culto, gran consumidor de lectura. Pero cuando, libre y anónimamente, sin presiones, influencias ni condicionamientos políticos, puede escoger su idioma, resulta que reacciona comprando mayoritariamente, tan mayoritariamente, un libro en castellano. Los políticos por su lado y el pueblo, persistentemente, por el suyo, haciendo de su capa un sayo y marcando clara e independientemente su camino, algo que ya ha ocurrido más veces, algo de lo que los políticos más perspicaces, más libres y menos obsesionados y condicionados por su ideología deberían darse cuenta.

Porque es algo que ya ha ocurrido anteriormente con la exposición tan victimista y teatralmente montada por la Generalidad con los papeles del Archivo de Salamanca. Nuevamente las obsesiones de los políticos y las preocupaciones de los ciudadanos van por caminos diferentes. Se montó dicha exposición en pleno centro de Barcelona, en las Ramblas, esperando ríos de gente que acudiesen a presenciar la gloriosa devolución a Cataluña de sus papeles, aquello que sus sapientísimos gobernantes habían conseguido repescar de la rapiña del franquismo y de la casposa y mesetaria Salamanca. Pero la esperada marea humana nunca llegó, el pueblo catalán “pasó” de tantos ríos de tinta y volvió la espalda a tan celebérrimo archivo. Dicha exposición ha terminado por ser retirada de la Ramblas entre la indiferencia de todos. La han levantado, ya no está, ha desaparecido. De sus famosísismos papeles arrancados a “España” y de las sucesivas vueltas que dicha exposición iba a dar por toda Cataluña simplemente nunca más se supo. Enhorabuena, senyor Maragall, qué éxito.

Los políticos se aprovechan de la indiferencia del pueblo catalán por el estatut para llevarlo adelante. El pueblo y los políticos en pleno divorcio, vaya, que el problema será ver cuántos ciudadanos acuden a votar. Carod Rovira lo sabe y se apunta al desastre, después de tantos meses, tan largos, tan eternos, tan pesados, va el tocacollons y dice que no. Permanece en el gobierno pero dice que no a su producto estrella. Si temerá el resultado que se apunta al desastre de la votación. Ahora que por fin tiene nuevo estatuto va y se baja del carro del Gobierno y se sube en el del desastre del resultado. Qué postura más difícil, estar a la vez en un gobierno y estar contra él, todo al mismo tiempo.

Yo, muy humildemente, propongo a la Generalidad la solución para que el 18 de junio la gente no prefiera las playas a las urnas. Una oferta “gratis total”, conste. Que obliguen a votar a todo el mundo, como en Perú. Y al que no vote que le quiten la “ciudadanía” catalana, hale. ¿O a lo peor tienen miedo precisamente a que voten la gran masa indiferente? ¿Tendrán miedo?
Por cierto, que no conozco la reacción de Carod cuando la diócesis de Lérida se ha visto obligada (“persistentemente obligada” habría que decir) a devolver a la de Barbastro las piezas de arte religioso que pertenecían a ésta. ¿Habrá que felicitarle, pues es aragonés de nacimiento, o habrá que acompañarle en el sentimiento porque es catalán de corazón?
Otro conflicto, otra dualidad, para Carod. Barcelona batega, pero también en castellano.

http://pedrodeh.blogspot.com

A vueltas con La Razón
Ciutadans Periodista Digital 1 Mayo 2006
Y bien, tentados estamos de crear una sección especial: Bulos difundidos por el diario La Razón.

Ayer publicaron un artículo, “Los Ciutadans invisibles”, donde hablan de una supuesta “controversia interna” que está “frenando la estrategia de Ciutadans”. Es sorprendente: hace unos días afirmaban que ya nos habíamos autodisuelto.

Comienzan su artículo volviendo a narrar épicamente el momento en que nos presentamos ante la ciudadanía, y lo hacen como esos animalitos que vuelven a coger carrerilla hacia atrás para ver si por fin consiguen derribar su obstáculo. Precisamente una de las virtudes de Ciutadans de Catalunya, consiste en ser un proyecto transversal, donde diversas ideologías conviven con el objetivo de hacer una política basada en el sentido común y no en las pétreas clasificaciones de izquierda/derecha. Esta pluralidad es uno de los activos de la asociación. Y los que se sienten incómodos con la aparición de Ciutadans, no dudan en poner cuantos adjetivos hagan falta para intentar sepultar este hallazgo.

Dice el redactor que Ciutadans “sólo” cuenta con 2.000 afiliados tras poco menos de un año en activo. Olvidó los signos de admiración. Esquerra Republicana, nuestro faro y guía, declara 9.000. Y lleva desde 1931.

El redactor, además, ha tenido el mal gusto de arrancar un trozo de las declaraciones de mi compañero Roger Corcho para su olla de rabos de lagartija. La afirmación “Nada es irreconciliable, yo creo que habrá consenso” no respondía, en ningún caso, a ese asunto de tabernas de malvivir: la (falsa) rivalidad entre Francesc de Carreras y Arcadi Espada. Un absurdo asunto que ni siquiera el redactor le planteó a Corcho cuando realizó la entrevista.

No sabemos qué sinrazones tendrá el periódico para su fijación con Ciutadans. Le agradecemos en cualquier caso su atención. Como se la hubiésemos agradecido de habernos dedicado unas líneas de cortesía cuando el diario Avui, el periódico con el que comparte "mamella" (así se dice en la lengua propia de José Manuel Lara) publicó un artículo en el que se instaba a matarnos.

Verónica Puertollano
 

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