AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 3 Mayo  2006
Vigueses por la Libertad
Comunicado Fundacional de Vigueses por la Libertad 3 Mayo 2006

La desmemoria histórica
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 3 Mayo 2006

La nación, cuestión de concepto

EDITORIAL Libertad Digital  3 Mayo 2006

Estatutos para la ruptura
Editorial ABC 3 Mayo 2006

Proceso de paz o rendición a plazos
JUAN PABLO GONZÁLEZ  El Correo 3 Mayo 2006

Navarra y cierra España
Juan Carlos Escudier El Confidencial 3 Mayo 2006

¿Qué más da?
ANTONIO BURGOS ABC 3 Mayo 2006

Un paso más hacia el derribo de España
Ignacio Villa Libertad Digital 3 Mayo 2006

Zabaleta repite a Zapatero
Agapito Maestre Libertad Digital 3 Mayo 2006

El futuro se llama Zabaleta
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Mayo 2006

Estrategias (3)
Pío Moa Libertad Digital 3 Mayo 2006

El régimen andaluz
IGNACIO CAMACHO ABC 3 Mayo 2006

La emulación andaluza
ÁLVARO YBARRA PACHECO ABC de Sevilla ABC 3 Mayo 2006

La reinvención de España
M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Mayo 2006

La “anticuada” víctima Gotzone Mora
EDITORIAL Libertad Digital  3 Mayo 2006

No es sólo el PP catalán
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 3 Mayo 2006

Javier Arenas: «El nuevo Estatuto es una mera coartada del nacionalismo independentista»
ASUNCIÓN FERNÁNDEZ DE CASTILLEJO ABC 3 Mayo 2006

Explotan tres artefactos en dos aseguradoras y en una empresa de trabajo temporal en Pamplona
BEGOÑA LÓPEZ ABC 3 Mayo 2006

La fotografía del explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá es la misma que la de la mochila de Vallecas
 
Luis del Pino Libertad Digital 3 Mayo 2006

 

 

Vigueses por la Libertad
Comunicado Fundacional de Vigueses por la Libertad 3 Mayo 2006

Estimado amigo:
La asociación Vigueses por la Libertad nace de la inquietud de un grupo de ciudadanos ante la situación política española.

Nos preocupa, en especial, la transformación de algunas Comunidades Autónomas en "naciones" prácticamente soberanas, la concesión de privilegios a unas regiones frente a otras, la quiebra del principio de igualdad ante la ley, y el acoso a los derechos y libertades individuales que proviene, sobre todo, de los poderes autonómicos de signo nacionalista. Nos alarma que se estén removiendo los cimientos de la democracia asentados en la Constitución de 1978 sin que se consulte al conjunto del pueblo español. Y nos parece inadmisible que se nos haya embarcado en un proceso que no sabemos cómo puede acabar, pero que ya está sumiendo a este país en un clima de inestabilidad e incertidumbre.

Uno de los motores de ese proceso son los partidos nacionalistas, que si bien son minoritarios en el conjunto de España, están logrando imponer su voluntad a la mayoría con la anuencia de un gobierno que debería defender los intereses comunes. Los nacionalismos, lejos de aceptar la autonomía que en su día reclamaron, se han servido de ella para romper el consenso y trabajar en la destrucción de España como ámbito político común de actuación, legalidad, historia y convivencia. Las Autonomías, que nacieron para descentralizar el Estado, han sido y son utilizadas por ellos para atizar el odio contra España y los españoles a través de la enseñanza, los medios de comunicación, la cultura, y cuantos otros instrumentos han tenido a su alcance. El resultado de su actuación está a la vista: allí donde gobiernan desde hace años, han empobrecido material y culturalmente a la sociedad.

Frente a quienes identifican como reaccionaria la unidad de los españoles y consideran progresistas las entidades insolidarias e independientes con las que sueñan los nacionalistas, nosotros afirmamos que la realidad es precisamente la contraria: la esencia del pensamiento reaccionario desde el Siglo XIX son esos sueños totalitarios que anteponen la supuesta patria a las personas y a sus libertades; esos proyectos que acuden a una Historia falseada como fuente mítica e inapelable del derecho, oponiéndose así a los fundamentos democráticos de la sociedad moderna.

Hemos de decir que los dos grandes partidos nacionales no han contrarrestado la labor disolvente de los nacionalismos. No sólo han dejado en sus manos sectores fundamentales como la educación, sino que en muchas regiones se han sumado a la carrera por ser más nacionalistas que los nacionalistas. En Galicia, ambos partidos han estado de acuerdo en dedicar cantidades considerables de fondos públicos a cultivar los llamados "hechos diferenciales", y han apostado, en definitiva, por alimentar la ficción de unos gallegos diferentes al resto de los españoles. Ello ha dado lugar a una serie de artificios, como el hecho de que las instituciones autonómicas se hayan vuelto absolutamente monolingües, cuando están al servicio de una sociedad bilingüe.

La política lingüística aplicada en Galicia constituye un motivo particular de inquietud. Pues con ella se llega a conculcar el derecho individual de cada uno a utilizar la lengua de su elección y se debilita ese valioso instrumento que es el idioma común que tenemos los españoles y los hispanoamericanos. En estos tiempos de globalización, competencia y migraciones masivas, los gobiernos autonómicos de nuestra tierra consagran sus mejores esfuerzos a cambiar el idioma que hablamos o escribimos. Ni Galicia ni los gallegos se lo pueden permitir.

Pensamos que el español debe considerarse tan lengua propia de Galicia como el gallego; defendemos el derecho a recibir enseñanza en lengua materna; apoyamos que se proteja el gallego, pero nos negamos a que se imponga; exigimos que nuestras instituciones sean bilingües; y siempre partiremos de este principio: quienes tienen derechos son las personas, no las lenguas.

Ante el peligro de que los representantes políticos tomen nuevas decisiones lesivas para los ciudadanos, esta asociación se propone ser portavoz de los derechos individuales tantas veces atacados. Pues la libertad cuenta entre nosotros con muchos defensores teóricos, que la olvidan siempre en su práctica diaria. Vigueses por la Libertad intentará que no lo hagan.

NUESTROS PROYECTOS

* Defender la libertad y los derechos individuales frente a los abusos de los poderes públicos, con especial atención a las cuestiones educativas, lingüísticas y culturales.

* Promover la difusión de los valores liberales y democráticos a través de conferencias, debates y otros actos públicos.

* Apoyar propuestas de reforma del sistema representativo y electoral que lo doten de mayor representatividad y contacto con los ciudadanos.

* Mantener contacto con otras asociaciones cívicas de España que tengan similares inquietudes y objetivos.

Vigueses por la Libertad
C/ Progreso 3 - 4º- B
36202 VIGO
viguesesporlalibertad@yahoo.es, Tfn: 664 703 298

La desmemoria histórica
... La II República española, ese supuesto Paraíso, es el modelo del desastre. El prototipo de unas alianzas antinaturales, de una política, en el mejor de los casos, imposible, en los demás sectaria...
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia ABC 3 Mayo 2006

VENGO de Tailandia y Camboya, de visitar templos hinduistas y budistas y recorrer países que se recuperan de pasados horrores. Bien me gustaría hablar sobre los distintos budismos, sobre, en conexión con ellos, el platonismo, el cristianismo y hasta el comunismo. He pensado mucho sobre ello. Pero me reprimo, hablaré una vez más de política (aunque política, al final, lo es todo).

Esos países se recuperan, bajo monarquías modernas, monarquías democráticas, de pasados horrores, ya digo. Prefiero no describirlos. Los traídos por aquellos que, queriendo arreglarlo todo, lo destrozan todo. Crecen estos países, hay respeto, hay una nueva vitalidad. No hay enfrentamientos civiles, todos están contra un pasado espantoso.

Y vuelvo a España. Y leo sobre la añoranza de aquel Paraíso que, dicen, fue la Segunda República. Sobre la memoria histórica: remembranza de los sufrimientos de los republicanos, los crímenes de que fueron víctimas. ¿No habíamos quedado en silenciar todo eso, también los crímenes de los aliados de los gobiernos republicanos? ¿No habíamos llegado a un acuerdo? ¿A qué lleva todo eso sino a abrir la vía a horribles repeticiones? Más que memoria, es desmemoria.

No lo comprendo. Tengo a Rodríguez Zapatero por hombre inteligente y maniobrero. Pero elogiar a la II República no es ni inteligente ni maniobra que lleve a parte sana. ¿Por qué hablan, él y los jóvenes políticos e historiadores progres, de algo que ignoran? No hay nada que me encocore más que cuando nos dan lecciones, en películas, televisiones y periódicos, ellos que ignoran, aunque sólo sea por razón de edad, a los que sabemos (y a los que querrían saber de verdad).

Sabemos demasiado, desgraciadamente, pero también es cosa feliz, pues nos permite ahuyentar espectros, exorcizar el pasado.

La II República es uno de los períodos más negros de la Historia de España. Empezó por un pacto entre republicanos, socialistas y catalanistas, el pacto de San Sebastián, más o menos como ahora. Le acompañó un golpe de Estado, el de Jaca. Ambas cosas, en 1930. Fue otro golpe de Estado el hacer caer la Monarquía por unas elecciones municipales, en 1931. Y hubo un gesto noble: el de Alfonso XIII, renunciar antes que abrir una guerra civil.

Yo era, en 1931, un niño de nueve años, tenía catorce en el 36. Un niño inteligente, decían, disculpen: al menos, sabía ver lo que tenía alrededor. Oía muchas cosas, también a los republicanos y socialistas que nos visitaban. Soy un testigo. Esos otros señores no son testigos, mitifican. Y no aprenden como aprendió, por ejemplo, Felipe González.

Hubo un comienzo de ilusión feliz: siempre recuerdo a mi portera bailando. Ahora, sin los gastos de la Casa Real, íbamos a tener abundancia y felicidad. Se llamaba Lidia, sus hijas Libertad y Marxina, luego María del Carmen y algo así. El hijo murió luchando en las tropas de Franco. A veces son así las cosas.

Los republicanos, Azaña sobre todo, actuaron sin generosidad: la República era suya, pensaban. ¡Tanto elogio de Azaña! Sí, escribía bien, su traducción de «La Biblia en España», de George Borrow, es una delicia. Pero carecía de sentido de la Historia. Sus mítines, como el famoso de la Plaza de Toros de Madrid, eran pura provocación. Las iglesias ardían y él decía que no valían la vida de un republicano. ¡Cuántas se perdieron después! Bien se arrepintió cuando en Barcelona, ya en el 38, llamaba a la concordia, cuando escribía cosas desesperadas en «La velada de Benicarló».

Se unió a los socialistas radicales porque él no tenía votos suficientes. Estos y los catalanistas (a los que había dado un Estatuto supuestamente apaciguador, contra Ortega y Unamuno: comienzo del troceo de España) organizaron la revolución del 34. A él le relegaron al limbo falso de la Presidencia de la República, donde lloraba de impotencia mientras gobernaba el Frente Popular, que convertía a los republicanos liberales en puro residuo.

¿Este es el modelo? ¿Unir revolución e independentismo? ¡Vaya modelo! Provocó una guerra civil.

Yo era un niño, ya digo, en Salamanca, una pequeña ciudad «de derechas». Mi familia era liberal. Veía a los chicos a cantazos con los curas, oía, el 1 de Mayo, a los obreros con pañuelo rojo que cantaban que iban a jugar al billar con la cabeza de Gil Robles. En automóvil no se podía circular porque el Socorro Rojo imponía una contribución. En Andalucía los anarquistas invadían las fincas. En Asturias quemaban iglesias, saqueaban bancos. En Madrid, unos y otros andaban a tiros. Finalmente, guardias de asalto socialistas asesinaron a Calvo Sotelo.

No llevo la cuenta de quién empezó el horror en cada día. De todos modos, no se podía vivir. No había más que dos perspectivas, las dos detestables: la Revolución del Lenin español y el golpe militar. Vino la segunda. Los republicanos liberales acabaron en el exilio. Y España, años y años bajo el franquismo.

¿Este es el modelo? Deberían callar sobre esa malhadada República. No hacer falsa memoria: desmemoria.

Si digo la verdad, solo una cosa admiro de aquella República: su vertiente cultural. Mejoró la enseñanza primaria, en la que mis padres estaban implicados. Era excelente, en líneas generales, la secundaria. Hubo cumbres en la Literatura (aunque la gran poesía es de los años veinte, de la Monarquía). En Humanidades y Ciencias hubo un progreso evidente: se creaban escuelas, cosa que ahora es imposible, antes de formarse los alumnos se van a vagar por el extranjero, vuelven sin aprender gran cosa -y no encuentran trabajo.

En este sentido, solo en este, la República fue un paraíso, continuador del anterior, el monárquico. Fue culturalmente conservadora: en el plan Villalobos había cinco años de Latín. Fue una continuación de lo mejor de la Monarquía.

Pero que no utilicen esto para tapar las otras vergüenzas: es una túnica demasiado corta. Y el desastre total arrastró el de la cultura: la mitad o más de los profesores y estudiosos acabaron en Méjico (suerte para Méjico), hubimos de reconstruirlo todo los que vinimos detrás, que no teníamos culpa de nada (ahora más bien nos silencian).

Los mitos son peligrosos: sustituyen, simplemente, a la verdad. Por ignorancia o por malicia.

Al contemplar el presente y el pasado, vemos similitudes peligrosas. España, tras la Guerra Civil, dio pasos que eran impensables antes. Entre otros terrenos, en el de la cultura, el de la economía, el de la tolerancia. Eso, hasta ayer. Pero ahora vamos de Estatuto en Estatuto, cada cual más peligroso. Partidos independentistas actúan libremente sin respeto a una Constitución que exige, taxativamente, que los partidos la respeten. ETA es un interlocutor. Las blanduras, las permisividades, han traído todo lo que ahora vemos. Y quiera Dios que no veamos más.

¡Cuánto se equivocó en esto Azaña, que bien sufrió por ello en Barcelona, cuando se refugió allí! Hablaban de aldeanismo él y Negrín. ¿Qué dirían ahora? ¿Y qué dirían del PNV, ETA y los demás partidos vascos? Porque Azaña, Negrín, Prieto y los demás, con sus inmensos errores, eran patriotas españoles. Que quede esto claro. Pienso que Zapatero también. Pero cabalga varios tigres y hace surf en una ola muy peligrosa.

La II República española, ese supuesto Paraíso, es el modelo del desastre. El prototipo de unas alianzas antinaturales, de una política, en el mejor de los casos, imposible, en los demás sectaria. Rompió toda posibilidad de concordia: cuando Martínez Barrios, cuya tumba visité el otro día en el cementerio de San Fernando, en Sevilla, la intentó en julio del 36, era ya tarde. Fanatismo y ceguera promovieron fanatismo y ceguera. Y nos ha llevado años y años volver a un estado de civilidad, que ahora vemos en riesgo.

¿Por qué elogian a aquel odioso régimen? Lo más piadoso que merece es el olvido.

Esto pensaba yo en Tailandia. Y esto pienso cada día cuando leo esas declaraciones. Y veo cómo crecen, cada día también, las consecuencias de esos erróneos planteamientos.


La nación, cuestión de concepto
EDITORIAL Libertad Digital  3 Mayo 2006

En el proceso de descomposición nacional en el que nos encontramos se ha producido una curiosa coincidencia. Ayer, dos de mayo, fue aprobado el nuevo Estatuto andaluz en el parlamento autonómico. Mientras eso ocurría en Sevilla, en Madrid se celebraba la festividad regional que conmemora cada año el levantamiento del pueblo de la capital contra el invasor francés hace casi 200 años.

El Estatuto ha salido adelante, como era de prever. El PSOE pasó la apisonadora de su mayoría y recibió el apoyo de Izquierda Unida, el incondicional aliado comunista del Gobierno que está para lo que se le necesite. Al final todo ha quedado disuelto, tal y como pretendía Zapatero, en una sopa de letras de difícil digestión. Los socialistas se apoyan en la Constitución que define Andalucía como una "nacionalidad histórica". De ahí a la "realidad nacional" chavista hay sólo un paso. Y de esa realidad casi virtual a la nación a secas un saltito más que el Partido Andalucista ha pedido con la convicción del que sabe que el viento sopla a su favor.

Con lo de Andalucía resuelto –y no puede olvidarse que es la región más poblada de España– Zapatero avanza con paso firme en esa entelequia que ha dado en llamar la "Nación de naciones". A su lado, todo el espectro parlamentario. Enfrente, solitario el Partido Popular que clama por la sensatez en un páramo donde todos se han vuelto locos y nadie le escucha, al menos en el Parlamento. Los socialistas están transformando la configuración territorial del país a su imagen y semejanza, cosa que el PSOE nunca ha ocultado en su dilatada historia. Pero no contentos con eso tienen el descaro de acusar a la oposición de eso mismo, de "concebir el país porque no se puede hacer a la medida de ustedes" tal y como remarcó Chaves en el debate. Ya de paso, quedó claro cuál es el concepto que el presidente andaluz tiene de España, por si a alguien le quedaba alguna duda a estas alturas.

Casi a la misma hora en que en Andalucía se remataba el absurdo, Esperanza Aguirre pronunció un discurso en Madrid en el que expuso con meridiana claridad qué es lo que su partido entiende por España. En un océano de desvarío la necesaria gota de cordura es siempre bienvenida. Para Aguirre, España es "la suma de las voluntades libres de todos los españoles". Ni más ni menos. Lo es, además, desde aquella jornada de 1808 en que la nación se reconoció a sí misma ofreciendo resistencia al ejército napoleónico. Aquella suma de voluntades tuvo su colofón en las Cortes que nos dieron nuestra primera Constitución, proclamada en Cádiz, en la misma Andalucía en la que ayer muchos políticos pataleaban por elevarla a la condición de nación.

Frente a los delirios identitarios, las nacionalidades de opereta y la tentación cantonalista y aldeana que se ha adueñado del discurso político en los dos últimos años, saludamos que todavía haya quien defienda el concepto liberal de nación. El mismo que nació en Cádiz y que ahora, entre debate y debate, están desmontando a conciencia para sustituirlo por un extraño artefacto jurídico al que ni los juristas saben dar forma.

Los que, abrumados por las toneladas de propaganda del Gobierno en este asunto, creían que el PP y la derecha liberal carecían de proyecto para contrarrestar la febril actividad de la que Zapatero y sus socios hacen gala en este tema, deberían tomar nota. No es un proyecto, es una realidad, y muy antigua. No pertenece a un partido ni a una ideología concreta sino a todos los que, libremente, quieran adscribirse a él. La única España plural posible es la España liberal. Fue así en el pasado y seguirá siendo así en el futuro, al menos mientras España exista.

Estatutos para la ruptura
Editorial ABC 3 Mayo 2006

EL Parlamento andaluz aprobó ayer el proyecto de reforma estatutaria, con el voto favorable de PSOE e Izquierda Unida y la oposición del PP y del Partido Andalucista. Se consumó así, en primera instancia, el fracaso del método de consenso prometido por Rodríguez Zapatero para legitimar las reformas estatutarias con amplias mayorías o, al menos, tan amplias como las que respaldan a los actuales estatutos. La reforma catalana se aprobó en el Congreso con algo más de la mitad de los parlamentarios y cuenta ahora con más rechazo en Cataluña que cuando fue aprobada por la Cámara catalana el pasado 30 de septiembre. La degradación del consenso político se ha agravado en Andalucía, donde PSOE y PP habían llegado a un acuerdo de principios que los socialistas dinamitaron al incluir en el preámbulo del texto estatutario la definición de la comunidad andaluza como «realidad nacional» y suprimir la mención a la unidad de la Nación española. La situación, por tanto, es inequívoca, en el sentido de que los hechos desmienten los discursos del PSOE y demuestran que este partido se encuentra embarcado en una estrategia de ruptura política y social que no sólo contradice el designio constitucional de fijar con la oposición las cuestiones de Estado, sino también la voluntad mayoritaria de los ciudadanos españoles, que ni han dado su mandato para este proceso de fines constituyentes ni refrendan, según las encuestas, los proyectos estatutarios aprobados hasta el momento.

El caso andaluz implica un salto cualitativo en la estrategia socialista, porque transfiere a una comunidad sin nacionalismo un proyecto político generado por demandas nacionalistas. Es evidente que el PSOE sirve en Andalucía a sus intereses como partido y que, con este criterio, la colaboración institucional con la oposición popular resulta imposible. Por eso rondan la hipocresía política las anunciadas intenciones del PSOE de buscar en Madrid el consenso que rompió en Sevilla, pues uno de los objetivos finales de la reforma andaluza es encubrir el carácter agraviante de la catalana, extendiendo al mayor número posible de comunidades autónomas el modelo confederal que se votará en Cataluña -y sólo en Cataluña- el próximo 18 de junio. Pero el problema de este modelo no se soluciona aplicándolo a todas las autonomías, porque su vicio es de origen, al empujar al Estado a una revisión que se ejecutará al margen del procedimiento debido de reforma constitucional. Andalucía se suma a un guión ajeno a la voluntad de sus ciudadanos y a su auténtica realidad nacional, que es España, salvo que a falta de «derechos históricos» el PSOE andaluz base la condición nacional andaluza en un súbito prurito identitario.

El argumento de que España no se rompe, empleado ayer por el presidente andaluz, Manuel Chaves, es falaz y engañoso. Desde luego, España no se romperá porque son sus instituciones las que están bendiciendo un proceso de emancipación territorial que hace innecesaria la ruptura formal y la independencia. Basta el vaciamiento del Estado al que se llegará en cuanto entre en vigor el Estatuto catalán y le siga su clon andaluz. España corre el riesgo no de la ruptura, sino de su consunción, de su neutralización como proyecto político capaz de mantener compromisos colectivos y, llegado el caso, de exigir efectivamente su cumplimiento mediante políticas comunes de cohesión, fiscalidad, educación, infraestructuras o justicia. Si Andalucía también se define como «realidad nacional» y se blinda competencialmente frente al Estado -es decir, frente a la Administración central, pero también frente a las demás autonomías- no habrá razones para oponer a otras comunidades que aspiren a lo mismo y, dada su riqueza, con una incidencia sobre la solidaridad nacional más acusada aún.

El proyecto estatutario andaluz es, como el catalán, un proyecto ideológico y de partido. Ninguno aspira realmente a una mejora del respectivo autogobierno, pues en tal caso habría que haber auditado antes sus numerosos fracasos para ver si realmente el principio autonómico ha sido correctamente ejecutado en ambas comunidades y, en función del saldo, decidir colectivamente si está justificado o no que aumenten sus capacidades. Por el contrario, los consensos menguantes con los que se afronta esta etapa neoconstituyente demuestran que se está buscando la exclusión del centro-derecha y la imposición de un nuevo modelo de Estado que satisfaga el pacto de intereses entre la izquierda y los nacionalismos.

Proceso de paz o rendición a plazos
JUAN PABLO GONZÁLEZ /VOCAL DEL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL PARA EL PAÍS VASCO El Correo 3 Mayo 2006

La noticia del alto al fuego permanente de ETA como condición para la apertura de un proceso de paz ha conmocionado profundamente a una sociedad esperanzada ante la posibilidad de poner fin a la lacra del terrorismo. Sin embargo, las noticias y los acontecimientos de los últimos días, más allá de la satisfacción inicial provocada por el anuncio de la tregua, generan preocupación sobre la adecuada dirección del proceso.

Hace un año decía en estas mismas páginas que el Gobierno de la nación no había dado respuesta a ninguna de las cuestiones planteadas por su cambio radical de estrategia. En primer lugar, resultaba ingenuo pensar que ETA se iba a desarmar o que iba a renunciar definitivamente a la violencia con carácter previo a la anunciada negociación. Precisamente porque sabía y sabe que si no hubiera violencia nadie tendría el menor interés en hablar con ella. En segundo lugar, resultaba también ingenuo considerar que después de tantos años de terror iban a renunciar a su siniestra actividad únicamente a cambio de beneficios penitenciarios cuya aplicación necesariamente debería prolongarse en el tiempo. En tercer lugar, y por último, si la negociación, como siempre ha pretendido ETA y apuntan constantes rumores que no ha aclarado el Gobierno, se extendiera a cuestiones políticas, un acuerdo sería tanto como dar la razón a los verdugos frente a las víctimas admitiendo que el uso de la violencia ha sido y es útil para obtener ventajas o réditos políticos.

De estas tres posibilidades en modo alguno puede descartarse la tercera, habida cuenta de la versatilidad de que hace gala el presidente del Gobierno, para el que todo, hasta la nación, es discutido y discutible, y por lo tanto negociable.

El guión puede estar escrito. Primero, se acercarán los presos. Después, se permitirá la vuelta de los proetarras a las instituciones, sin previa disolución de ETA y sin condena de la violencia. Más tarde, se facilitarán las excarcelaciones. Finalmente, se abrirá el debate clave, envuelto con los relativismos y eufemismos habituales, sobre la autodeterminación y la anexión de Navarra. Si eso ocurre, no será un proceso de paz, será una rendición a plazos, en cómodas mensualidades, con escarnio de las víctimas y abandono de centenares de miles de ciudadanos vascos que, además de serlo, se sienten españoles y que quedarán literalmente a los pies de los caballos si los violentos consiguen lo que pretenden. Pero para ese viaje podríamos habernos ahorrado cuarenta años de dolor y sufrimiento.

Pese a su reconocida debilidad operativa, para los terroristas el momento no puede ser más propicio, y eso explica su euforia. Si los nacionalistas catalanes han conseguido su nación sin renunciar a nada y sin pegar un tiro, ellos, que ya tienen la financiación resuelta, con novecientos muertos a las espaldas, no van a ser menos, sobre todo, cuando tienen enfrente a un Gobierno que exhibe constantemente su fragilidad ideológica, disputando de paso la hegemonía en el seno del nacionalismo al mismísimo PNV.

Quienes piensen que van a renunciar a algo ignoran lo que siempre ha caracterizado el pensamiento del conjunto de los nacionalistas. Modularán los tiempos y los gestos, pero intentarán mantener la capacidad terrorista como factor de presión con el que coaccionar a la sociedad y conseguir sus objetivos políticos. Saben, sin embargo, que el contexto internacional no les favorece y que la reanudación de los atentados les supondría elevados costes personales y políticos, y es ahí donde radica nuestra oportunidad .

No pretendo causar desaliento en una sociedad justamente esperanzada sino advertir de las amenazas que nos acechan y de las consecuencias que pudieran derivarse del hecho de que una hipotética negociación se extienda a cuestiones políticas como el llamado 'derecho a decidir' o el futuro de Navarra. Si eso ocurre daremos un enorme paso hacia atrás y se iniciará un proceso de consecuencias quizá irreversibles al final del cual podríamos preguntarnos qué quedará de la España constitucional en el País Vasco. Con un Estado central vaciado de competencias, sin jueces, sin bandera, España será apenas el eco de un pasado que se disuelve lentamente ante la indiferencia de unos y de otros.

Por ello, es ahora más necesario que nunca mantener la firmeza del Estado de Derecho, la aplicación de las leyes, el cumplimiento de las sentencias, en definitiva, la presión política, social y judicial, que tan buenos resultados ha dado, y exigir sin contrapartidas al entramado ETA-Batasuna la disolución de la banda terrorista y la entrega de sus armas y arsenales. Es el momento de demandar a los terroristas no palabras, sino hechos objetivos y fácilmente verificables, y desde luego, dejarles muy claro que la paz verdadera sólo puede llegar con el acatamiento por todos del sistema constitucional.

Navarra y cierra España
Juan Carlos Escudier El Confidencial 3 Mayo 2006

A la espera de que el País Vasco se autodetermine, Cataluña se transforme en república independiente, la realidad nacional andaluza se confedere con los Emiratos Árabes Unidos, Ceuta y Melilla se ofrezcan como tributo al ‘moro’ y se cumpla la última profecía de Nostradamus, el último peligro que, al parecer, acecha a la patria común e indivisible de todos los españoles es que Zapatero haya pactado con ETA la entrega de Navarra a Ibarretxe. Cosas de la vida, quienes con más ardor han defendido la vigencia de la Constitución hasta la última de sus comas, piden ahora que se elimine su disposición transitoria cuarta en la que, ¡oh cielos!, se establece un procedimiento para la integración de Navarra en Euskadi. ¿En qué estarían pensando los padres de nuestra Carta Magna?

Al margen del interés de algunos en sostener que éste es el precio político que el Gobierno estaría dispuesto a pagar a los terroristas por el fin de la violencia o de las soflamas de Batasuna exigiendo que Navarra sea una de las patas del arreglo, lo cierto es que la posibilidad de que dicha integración pudiera producirse es metafísica y jurídicamente remota, salvo que los navarros lo decidieran mayoritariamente en referéndum, algo a lo que ningún demócrata debiera plantear mayores objeciones.

Acerca de esta cuestión, conviene decir que sólo el nacionalismo vasco ha mantenido a lo largo del tiempo la misma posición, favorable obviamente a la unión con Navarra. Cuando durante la II República el asunto se planteó abiertamente, la derecha apoyó la integración que, no obstante, fue rechazada por los ayuntamientos navarros en la Asamblea que en 1932 reunió en Pamplona a los representantes municipales de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra. La izquierda y, particularmente el PSOE, se había opuesto para evitar que se constituyera lo que Indalecio Prieto denominó el “Gibraltar vaticanista”.

Las tornas cambiaron al inicio de la Transición. El PSOE, que había participado en el Gobierno vasco en el exilio y posiblemente por ello, acordó con el PNV impulsar un Estatuto de Autonomía único para las cuatro provincias. Para hacerse una idea de la realidad de entonces, baste decir que la Agrupación Socialista de Navarra participó en el Congreso Constituyente del Partido Socialista de Euskadi de 1977. Tras las elecciones generales de aquel año, los dos diputados socialistas elegidos por Navarra se integraron en la Asamblea de Parlamentarios vascos, un organismo impulsado por el PNV y el PSOE para negociar con el Estado la preautonomía vasca.

Finalmente fue la UCD la que impuso un acuerdo por el que se condicionaba la presencia de Navarra a su aprobación por parte de un órgano foral competente –que acabó siendo el Parlamento navarro- y a su ratificación en referéndum. Dicho acuerdo es esencialmente el que recoge la disposición transitoria cuarta de la Constitución que tanto pavor causa al presidente navarro Miguel Sanz.

Los motivos por los que el PSOE dejó de apoyar la integración tienen mucho que ver con la abstención del PNV en el referéndum de la Constitución y con las posibilidades que el propio texto constitucional dio en su disposición adicional primera a la actualización y democratización de unos fueros casi medievales que estaban en la raíz de un conservadurismo también ancestral. Navarra se dispuso entonces a acceder a la autonomía de una manera peculiar: por la vía de esta disposición adicional y de la continuidad histórica foral.

“Reino de por sí” pese a su incorporación a Castilla en 1515, Navarra mantuvo sus instituciones hasta el XIX. Ninguna de las sucesivas constituciones promulgadas entonces, salvo la de Bayona, reconocieron los fueros navarros. Sin embargo, tras la primera guerra carlista, el abrazo de Espartero a Maroto incluyó el denominado convenio de Vergara en el que se contenía el mandato de modificar los fueros para hacerlos compatibles con el ordenamiento jurídico “oyendo antes” a Navarra. La culminación del mandato fue la aprobación de la conocida Ley Paccionada de 1841, vigente aún hoy. Las dictaduras de Primo de Rivera y Franco mantuvieron este estatus.

Las primeras elecciones al Parlamento Foral en abril de 1979 dieron la mayoría a la UCD en pleno proceso de reestructuración de las instituciones forales y convirtieron en misión imposible la integración en Euskadi. De hecho, la moción con la que Euskadiko Ezkerra pretendió poner en marcha el proceso fue rechazada por la Comisión de Regimen Foral. Ha sido primera y última vez que el asunto se ha planteado formalmente, ya con los socialistas convencidos de que Navarra debía seguir un camino independiente y vincularse al País Vasco exclusivamente con convenios y acuerdos de cooperación.

Siguiendo el esquema de pacto entre Navarra y el Estado, el 8 de junio de ese mismo año la Diputación Foral pidió la apertura de negociaciones que concluyeron casi tres años después con un texto, el Amejoramiento, al que el Gobierno dio forma de proyecto de Ley Orgánica y trasladó a las Cortes para que fuera tramitado en lectura única, sin posibilidad de ser enmendado. Navarra había encontrado un camino propio de acceso a la autonomía que daba continuidad a sus fueros y los sometía al ordenamiento jurídico democrático .

Después de todo esto y de un cuarto de siglo de autonomía tratar de aplicar la disposición transitoria cuarta para integrar Navarra en el País Vasco es, por varias razones, una entelequia. La primera, porque una vez que Navarra ha optado por recorrer en solitario el camino hacia la autonomía y ha dejado de ser provincia para convertirse en comunidad foral, la disposición transitoria ha cumplido su propósito y ha perdido su vigencia. Segundo, porque el Tribunal Constitucional ha reafirmado que, al margen de su peculiar acceso a la autonomía, “la Comunidad Foral de Navarra se configura, dentro de ese marco constitucional, como una comunidad autónoma con denominación y régimen específicos, que no excluyen su sometimiento, como las restantes comunidades autónomas, a los preceptos constitucionales que regulan el proceso autonómico”. Y tercero, porque uno de esos preceptos constitucionales es el artículo 145.1 de la Constitución, que prohíbe la federación de Comunidades Autónomas.

En este sentido, tiene toda la lógica el pronunciamiento del Consejo de Estado sobre la conveniencia de derogar expresamente esta disposición transitoria o reformularla. Dicho pronunciamiento tenía que ver con la pretensión del Gobierno de modificar la Constitución para incluir el nombre de todas y cada una de las Comunidades Autónomas. No parece, en consecuencia, que en el pensamiento del Ejecutivo anidará la idea de suprimir Navarra de la lista de las 17.

Lo que jurídicamente sería inviable, políticamente sería imposible. Una consulta en la que se preguntara a los navarros sobre su incorporación a Euskadi sería ampliamente rechazada. De esto está convencido hasta el presidente Sanz, tal y como se infería de su discurso en el último debate sobre el Estado de las Autonomías en noviembre de 2005: “El ejercicio de la democracia es elocuente y derriba tópicos y lugares comunes interesados: las consultas electorales celebradas en Navarra desde la restauración de la democracia con la Constitución Española de 1978 ha sido concluyentes al mostrar en las urnas que la sociedad navarra, mayoritariamente, sin lugar a duda, siempre ha votado por la identidad de Navarra”.

El presidente navarro debe de ver perdidas las próximas elecciones porque hay cosas que no se explican. No se entiende, por ejemplo, que asegure tener informes de su policía que confirman que ETA ha roto el alto el fuego y luego acepte que el incendio de la ferretería de Barañaían pudo ser obra de grupos incontrolados. Y sólo en clave electoral se entiende su exigencia para que Zapatero se comprometa ahora a no poner en marcha a partir de 2007, tras las autonómicas, un órgano común entre Navarra y Euskadi. ¿Acaso se considera derrotado de antemano o es un ardid para meter miedo y acumular apoyos?

El PSOE y el Gobierno han manifestado abiertamente que Navarra no está en el debate del proceso de paz, pero parece que no sólo a Batasuna le interesa que lo esté. Estamos ante más de lo mismo. En ese combate que ya cansa, uno de los bandos tiene ya decidido su grito de guerra: “Navarra y cierra España”. Esta Reconquista que se puso en marcha tras el 14-M es de traca y de pesadilla.

¿Qué más da?
Por ANTONIO BURGOS ABC 3 Mayo 2006

EN un Primero de Mayo daltónico, las banderas rojas se volvieron tricolores. ¿Qué más da? A las viejas, nobles banderas rojas del Proceso 1001, de las Comisiones Obreras que dieron la cara frente a la dictadura, cuando contemplaron este sindicalismo de recebo, estabulado en los presupuestos del Estado, se le subieron los colores a la cara, de vergüenza, y se pusieron tricolores. La Cibeles, linda tapada con la tricolor. No Passssa Nada. Hubiera pasado si unos nostálgicos de los primeros de mayo con demostración sindical en el Bernabéu y corrida televisada del Cordobés le hubieran puesto a Neptuno. ¿Qué digo yo?, cualquier otra bandera anticonstitucional, la del escudo con el águila de San Juan mismo. ¿Qué más da?

Ay, pero el «¿qué más da?» es de dirección única obligatoria, de un solo sentido, de un solo carril, y hay que ser un conductor suicida para meterse en contramano. Hay tres frases que marcan nuestra hora de degradación moral colectiva, de gravísimo debilitamiento de la sociedad civil:

1. Como sea.

2. No Passssa Nada.

3. ¿Qué más da?

En la infinita capacidad de crear sin ninguna necesidad problemas donde no existían, dando la vuelta al calcetín del consenso y de la concordia de la transición, me preocupan la cantidad de dos Españas que están creando. Y más que ningunas otras, las dos España de los que están hondamente preocupados por todo lo que está pasando, que cada vez están más preocupados, frente a los que están encantados de la vida, que cada vez están más encantados de la vida, bajo su supremo principio acomodaticio del ¿«qué más da»?

Evo Morales, nuestro amigo del alma, el colega de ese dictador cursi llamado Chávez, al que abandonando a Estados Unidos dimos un abrazo de hermano con sabor venezolano, va y nacionaliza todo lo nacionalizable y se mete para el chaleco las inversiones de Repsol. ¿Qué más da, si aquí hemos hecho toda la demagogia posible con el cierre de la central nuclear de Zorita? ¿Que el petróleo está ya a 75 dólares el barril? ¿Qué más da? Como yo le echo siempre treinta euritos a mi BMW...

Andalucía aprueba su Estatuto, y se declara Realidad Nacional. Imperio, como dice Albert Boadella, no se proclama porque a Chaves no se le ha ocurrido, que, si no, vamos que si se proclama Imperio... Región, comunidad autónoma, nación, realidad nacional, imperio, ¿qué más da? ¿No vives mejor que has vivido nunca, no lo has pasado bien en la Feria, no lo vas a pasar mejor aún en el Rocío? ¡Pues entonces! ¿A ti qué más te da lo que sea Andalucía y que aquí se repartan estatutos de nación como chocolatinas? ¿Qué más da?

Como si tuviéramos pocos inmigrantes de toda ralea y calaña, le abrimos la frontera, ea, barra libre, a todos los trabajadores de los países de la Europa del Este que la Unión aún tiene en cuarentena. No sé de qué se quejan si, total, los polacos que se nos van a entrar a cientos de miles por las puertas son todos católicos, y paisanos del Papa Juan Pablo II además. ¿Qué más da? Donde comen dos, comen tres. ¿Y lo progresistas que somos?

Como lo importante es el proceso de paz, ¿qué más da que el fiscal general del Estado diga que no es prudente meter a Otegui en la cárcel tras su condena por enaltecimiento del terrorismo? ¿Que aún no han entregado las armas? ¿Que el Estado va a hacer suyo el lema de «presoak kalera»? ¿Qué más da? ¿No han anunciado ya la tregua y han dejado de matar? Pues, ¿qué más da?

Monarquía Parlamentaria, III República, Nación de Naciones, Imperio de Imperios, Suiza sin reloj de cuco, ¿qué más da? Oye, por cierto: ¿dónde vamos a ir el puente de San Isidro, que eso sí que me preocupa, no vayamos a quedarnos sin hotel?

Dos de mayo
Un paso más hacia el derribo de España
Ignacio Villa Libertad Digital 3 Mayo 2006

El dos de mayo, fecha señalada de la historia de España, ha servido para poner encima de la mesa la realidad política en la que Zapatero nos ha situado. Este dos de mayo, mientras en la Comunidad de Madrid se celebraba el levantamiento de los españoles contra la ocupación francesa, en Sevilla, el Gobierno de Manuel Chaves ponía en marcha la siguiente entrega de la ruptura de España con la reforma del estatuto andaluz que reconoce a Andalucía como "realidad nacional".

Ese es el verdadero contraste provocado, incitado y animado por el Gobierno del señor Zapatero. Mientras en Madrid la presidenta Aguirre apostaba por los principios del 78 con nación, unidad, libertad y democracia, en Sevilla el presidente Chaves —en cambio— se embarcaba definitivamente en este cambio de régimen que se traduce en la ruptura total de un modelo de España que ha dado muy buenos resultados en estabilidad y prosperidad. Ahora Zapatero, en esta carrera loca hacia el barranco en la que está empeñado, quiere destruir todo lo construido y está dispuesto a llevarlo hasta el final.

Andalucía es la tercera pata del cambio de régimen. Primero fue Cataluña con la reforma de un Estatuto que es una auténtica constitución estatalista y demoledora con la libertad. Más tarde llegó la rendición ante el terrorismo etarra y ha tenido su primera entrega en el actual alto el fuego de los terroristas, que está demostrando que la sartén la tiene la banda ETA por el mango. Y ahora llega Andalucía, que nunca ha vivido la más mínima reivindicación nacionalista y que gracias a Chaves se ha convertido en el tercer punto de apoyo de la ruptura de España. Andalucía es el tercer paso, pero no será el último. Luego llegará Canarias, Galicia y lo que haga falta.

Este dos de mayo, fecha histórica por el levantamiento de los ciudadanos de Madrid ante la invasión francesa en un momento —como ha recordado Esperanza Aguirre— en que la Corona no defendía los intereses de los españoles, se ha convertido en una jornada especial en la que las dos maneras de entender el futuro de España se han puesto de manifiesto. La de Aguirre, con libertad, democracia y unidad nacional como condimentos; y la de Chaves, con ruptura, división y destrucción del camino recorrido hasta ahora por todos los españoles desde el año 78.

Zapatero está decidido al derribo de España. No cesa en su intención y en sus objetivos. Lo grave es que lo hace sin contar con los españoles. Sólo lo fundamenta en esa actitud visionaria y trasnochada que sólo nos puede llevar al desastre. Y —¡ojo!— que Andalucía no es el final, es simplemente un paso más.

Zapatero, Zabaleta y Blanco
Zabaleta repite a Zapatero
Agapito Maestre Libertad Digital 3 Mayo 2006

Zapatero quiere gobernar en el País Vasco con ETA. Aunque sólo escribir esta propuesta revuelve el estómago, las palabras de la diputada Zabaleta confirman la línea de su jefe político. El mismo que dijo que la foto de la señora Zabaleta con una dirigente de Batasuna representa el futuro político de España. Muchos se engañan diciendo que jamás se llegará a eso, pero, en verdad, es única línea política que tiene Zapatero: gobernar en coalición con ETA y, llegado el caso, formar una especie de tripartito parecido a lo Cataluña. Blanco y López han querido quitarle hierro a las declaraciones de la diputada, pero sin mucho éxito; pues todo el mundo sabe que sin Zapatero de fondo esta señora jamás habría dicho nada. Pronto, quizá antes de lo que ellos creen, Blanco y López repetirán las mismas monstruosidades de Zabaleta.

Pero, si monstruosa hubiera sido para la gente del PSOE la declaración de Zabaleta, tendría que haber sido tratada por los dirigentes de su partido como un monstruo, o sea, expediente y a la calle. Que más quisiéramos. O sea, todo lo dicho por Blanco y López es mera impostura. Ellos como la diputada Zabaleta siguen a pies juntillas la línea política de Zapatero. Eso es algo objetivo. Está ahí delante de nosotros, aunque la gente no quiera verlo. La política de Zapatero es de pacto con los terroristas. No hay otra. Podrá formularse con más o menos suavidad, pero Zapatero no pretende otra cosa que un cambio del modelo de Estado, que deje fuera de juego al PP, y gobernar con todos los nacionalistas, incluidos los criminales y asesinos de ETA.

Si existiera otra línea política en el PSOE ya habría saltado a los medios de comunicación, ya estaría en la calle y se discutiría. Por eso resulta tan ridícula la actitud de quienes se hacen de nuevas, cuando leen que la señora Zabaleta apuesta por un Gobierno de coalición entre los socialistas y los terroristas. Lo grave es que, mientras alguien no me demuestre lo contrario, todos los socialistas hacen piña con esa política de Zapatero. Justifican cualquier barbaridad con tal de seguir en el pesebre. Incluso gentes críticas hasta hace poco con Zapatero suscriben su política; por ejemplo, quienes mantenían dentro del PSOE, que la coalición de gobierno entre el PSE y el PNV, en el pasado, estaba justificada, porque el PNV aún no se había radicalizado al modo como lo hizo al firmar el Pacto de Lizarra con los terroristas, han cambiado de opinión. Y, ahora, empiezan a predicar que es bueno un acercamiento progresivo al PNV de Imaz porque es menos radical que el del viejo Arzalluz. Terrible. Las contradicciones mantienen encerrados a los mejores socialistas en la prisión de Zapatero.

Cabe preguntarse, sin embargo, hasta qué punto está degradado el PSOE, o mejor, las personas del PSOE a las que se le pide colaboración para pactar con quienes han matado a más de 1.000 personas. Quizá podría explicarse el silencio cómplice de gente que no tiene dónde ir y traga para seguir viviendo del partido. Tiene que ser duro, casi un suicidio, defender antes a un partido que a la justicia y la libertad. Este es el grado de degradación moral de unos militantes que no sabrían sobrevivir al margen de esa fosa común. Dan asco. Porque se han sometido a una línea política horrorosa por su mera supervivencia... Pero, llegado el caso, ¿se someterían las víctimas del terrorismo, especialmente las víctimas de orígenes socialistas, a la ignominia que les pide Zapatero? La verdad no puedo imaginármelo. Por ahí, por los familiares de los cientos asesinados socialistas, nos viene la esperanza.

El futuro se llama Zabaleta
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Mayo 2006

Para Gema Zabaleta, la solución de los problemas de la convivencia en el País Vasco pasa por el entendimiento entre el PSE y Batasuna. La unión de las izquierdas, que se dice. Para esta militante socialista, ETA es, simplemente, la izquierda, una vez que deje de recurrir al terror, y la convergencia del PSOE con ella en el proyecto común de la autodeterminación no sólo es esperanzadora sino que termina con una era de oprobio que comenzó con la persecución de los etarras hace más de cuarenta años.

Según Gema Zabaleta, la salida que ella propone es una superación de la experiencia que supuso la coalición de gobierno del PNV y el PSOE. Aquel fue un acercamiento entre «las dos almas» del País Vasco, que se demostró imposible por cuanto se trató de casar a la derecha y la izquierda. Gema Zabaleta propone como más coherente una unión de la izquierda representada por ETA y el PSOE.

Pero ¿quién es Gema Zabaleta para atreverse a tanto? Es el futuro del socialismo, según Zapatero. Ella, y no Rosa Díaz, representa el nuevo espíritu del PSOE y del PSE. Detrás de las declaraciones de Zabaleta está el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE y sucesor de Felipe González. Nadie quiere caer en la cuenta de esto. Se critica a Zabaleta con la boca pequeña y nadie, entre los socialistas, alude a Zapatero.

Gema Zabaleta ha dicho ahora lo que todos los socialistas saben, que es la estrategia de Zapatero asistida por Rubalcaba y Alonso, y en el País Vasco por el equipo formado por Patxi López-Eguiguren-Jáuregui-Elorza... Van a fundirse el alma independentista y el alma socialista, una vez verificado por ETA que el alma socialista ha dejado de ser española.

De acuerdo. ¿Y qué sucederá con la parte «española» del alma socialista, es decir, la que representaron Indalecio Prieto, Tomás Meabe, Ramón Rubial? En una palabra, ¿seguirán creyendo Rosa Díez, Nicolás Redondo, Rubén Múgica «et alii» que el PSOE es «su» partido?

Si se legaliza ETA y se llega a un Estatuto de independencia «real», ¿no habrá disidencias en las filas del PSOE?

Yo, que nunca confié en que un solo diputado socialista se enfrentara a Zapatero por el Estatuto catalán, quiero creer que en el caso del «proceso de paz» quede en el PSOE algún vestigio de moral y dignidad. Si es inquietante que a estas alturas de los tiempos queden personas que, como Zabaleta, prefieran «el partido» a la justicia y la libertad, ¿cómo pensar que todo el partido está compuesto por monstruos semejantes?

Estrategias (3)
Pío Moa Libertad Digital 3 Mayo 2006

Un período constituyente ha sido abierto, de modo fraudulento, golpista, por la alianza de socialistas, secesionistas y terroristas, con la probable intención de llegar a una tercera república de “naciones” prácticamente independientes. Un proyecto inviable en su propia concepción, que, además, crea el precedente de que cualquier partido, llegado al poder, quedaría legitimado para actuar contra la ley o revocar ésta a su conveniencia, como hicieron Hitler o el Frente Popular, o como suele ocurrir en las "democracias a la latinoamericana". Quienes tal cosa aceptaran se volverían cómplices de un golpismo disgregador de la España democrática.

Otros piensan que, ya que la Alianza anticonstitucional ha procedido de esa manera, podríamos entrar, efectivamente, en un proceso constituyente, pero en sentido contrario al pretendido por dicha Alianza. Esto es una ilusión peligrosa, que, aparte de dar por consumado e irreversible el golpe a la ley, nos devolvería al siglo XIX y su sucesión de constituciones. Además, sería prácticamente imposible, porque chocaría de frente con las aspiraciones de Alianza, y nunca reuniría un consenso ni remotamente comparable al que permitió establecer la Constitución del 78.

Debemos, por tanto, insistir en estos puntos:

--La Constitución de 1978, con todas sus deficiencias -- reformables-- ha sido la más democrática y de más amplio consenso de nuestra historia.

-- Por ello su legitimidad no puede ser igualada por ninguna otra hoy concebible.

-- Menos todavía puede admitirse su eliminación por maniobras golpistas apoyadas en el chantaje del terror, como las actuales.

-- No hay, pues, alternativa razonable a ella, y darla por ultimada significa legalizar los métodos mafiosos y golpistas, liquidar el imperio de la ley y la democracia.

-- El chantaje a los ciudadanos con la pretensión de que es preferible aceptar lo inaceptable para salvaguardar la paz, es una falacia: jamás la destrucción de la ley ha aportado la paz. Al contrario.

El régimen andaluz
Por IGNACIO CAMACHO ABC 3 Mayo 2006

UNO de los dos grandes fracasos de la autonomía andaluza -el otro es la sustitución del viejo régimen de dependencia por un nuevo sistema clientelar al servicio del Partido Socialista- ha sido su incapacidad para erradicar los localismos y construir un sentimiento de identidad con un mínimo arraigo de pertenencia comunitaria. En un territorio del tamaño de Portugal, con ocho provincias mal articuladas entre sí y con dos grandes ciudades por encima del medio millón de habitantes, la Junta ha naufragado clamorosamente a la hora de lograr una cierta unidad regional, sumergida bajo una epidemia de agravios comparativos y fobias internas. Yo he visto abuchear a unos costaleros de Cádiz por llevar una procesión «al estilo sevillano», y en Málaga colgaban pancartas de «Madrid 2012» cuando Sevilla aspiraba a organizar esa Olimpíada. El crecimiento malagueño ha provocado la animadversión de Granada y la suspicacia de otras provincias costeras, mientras la capitalidad sevillana motiva un verdadero recelo general. El Gobierno autonómico no sólo no ha promovido la unidad, sino que se ha enredado en los taifas a través de complejos sistemas de cuotas de poder provincial. En estas condiciones, Andalucía es objetivamente cualquier cosa menos esa chistosa «realidad nacional» con que pretende consagrarla su Estatuto. Después de 25 años de autogobierno, apenas si es una amalgama de realidades locales, en la que el verdadero nacionalismo apenas ha superado jamás un cinco por ciento de votos.

Sin embargo, la trampa va a funcionar porque se trata sólo de un subterfugio político. Si hay algo que los socialistas andaluces tienen claro a estas alturas es su absoluto dominio del escenario de la autonomía, basado en una concienzuda permeabilización del tejido social con métodos neocaciquiles y un intenso control de la propaganda. Con la ya famosa treta estatutaria, Chaves emite a su electorado el tranquilizador -y falaz- mensaje de que Andalucía no va a ser menos que Cataluña, y desactiva la razonable inquietud surgida en muchos ciudadanos ante la evidencia de un nuevo ventajismo catalán. Pero, sobre todo, ha encontrado la fórmula de dejar al PP fuera de cualquier posible consenso, arrinconándolo de nuevo cuando más claros son los síntomas de anquilosamiento de su régimen y más notoria resulta la necesidad de una alternancia.

En este sentido, se trata de una maniobra perversa, porque el precio es una vuelta de tuerca a la desarticulación del Estado, y además emite fuera de Andalucía la imagen atrabiliaria de un nacionalismo de pandereta. Poco le ha importado nunca esto a quienes han convertido la autonomía en un cortijo para su uso y disfrute y han perpetuado los peores clichés culturales y folklóricos para garantizar su hegemonía política. La única realidad andaluza de ahora mismo no es la nacional, sino la de un poder omnímodo encastrado en los pliegues de una sociedad dependiente, acomodada y sumisa. En el preámbulo del nuevo Estatuto debería figurar sin tapujos la verdadera e incontestable definición de la evidencia: Andalucía es un régimen.

La emulación andaluza
Por ÁLVARO YBARRA PACHECO. Director de ABC de Sevilla ABC 3 Mayo 2006

El objetivo que justificó la creación del Estado de las Autonomías fue el acercar la administración pública, la política, a los ciudadanos. La reforma del Estatuto de Andalucía tramitada ayer en el Parlamento supone justo un paso en el sentido contrario. El largo y farragoso texto construido a imagen y semejanza del Estatuto catalán no responde a una demanda ciudadana, contiene elementos de sectarismo político, alimenta la carrera para despojar al Estado central de muchas de sus competencias para justificar la existencia de las nuevas «realidades nacionales» y, encima, divide a la sociedad andaluza al no haber logrado el PSOE más que el apoyo de Izquierda Unida para consensuar la reforma. Hasta tal punto el nuevo Estatuto está alejado de las inquietudes e intereses de la ciudadanía que la condición final impuesta por la coalición de izquierdas al Partido Socialista para apoyar el texto ha sido la de aumentar el número de diputados del Parlamento andaluz, cuestión que, como todo el mundo sabe, constituye una de las principales reivindicaciones de los andaluces.

Andalucía podría haber aspirado en estos tiempos de convulsión territorial a convertirse en el factor moderador de España. Ya ejerció ese papel durante la Transición, aunque jamás se le haya reconocido. Andalucía es, además de una realidad política y administrativa, un sentimiento colectivo, una cultura desbordante y perfectamente diferenciada, pero no es una nación. De hecho, Manuel Chaves, que siempre ha sostenido que la única nación es España, planteó al principio una reforma que, frente a los nacionalismos insolidarios, trataba desde la moderación y el sentido común de sentar las bases para que ninguna nacionalidad o región obtuviese privilegios en aras de unos supuestos derechos históricos.

Pero ya sea por defender los intereses de su partido, ya sea por evitar que se diga que nuestro Estatuto es de segunda o, simplemente, para dar cobertura a lo que de inconstitucional pueda tener la reforma catalana, el presidente andaluz ha terminado por sumarse a la carrera por conseguir para Andalucía todos los atributos que tiene una nación. Como ha escrito el profesor Manuel Ángel Martín, hemos pasado del «café para todos» de la Transición a la «fotocopia múltiple», reproduciendo todas las exigencias catalanas a excepción de las financieras, pues si ésas se reproducen la suma de las partes es superior al todo y las cuentas se descuadran.

La reinvención de España
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Mayo 2006

CADA uno de nosotros, en más o en menos, tendemos a entender como lógico y natural todo aquello que nos conviene o complace, independientemente de su justeza y adecuación al interés general. Es algo que forma parte de la condición humana y que, en la escala que va del egoísmo a la generosidad, sirve para medir la «calidad» que nos adorna. Puede ampliarse la idea, sin grandes deterioros, al ámbito familiar, al barrio, la ciudad, la comarca... la autonomía o la nación. Según crece la escala, aumenta la dificultad para encontrar y establecer un interés común; pero el mecanismo continúa siendo el mismo y sus resultados finales, claro está, poco solidarios.

Según se estableció ayer en el Parlamento de Andalucía, con el distanciamiento de los andalucistas y del PP, en afirmación exclusiva de la mayoría de izquierdas, es que a la hermosa región del Sur lo que le conviene y complace es una fórmula federal para el Estado y en ese espíritu discurren los 246 artículos, repartidos en 11 títulos, que integran el proyecto de ley que, cuando sea aprobado por las Cortes, podremos llamar nuevo Estatuto Andaluz de Autonomía.

La yuxtaposición de monólogos autonómicos que, hoy por hoy, sustituye un deseable diálogo nacional es una prerrogativa que dejó abierta la Constitución del 78 y, lejos de taponarla, después de que Cataluña iniciara la procesión, no hay Autonomía que no corra tras una nueva definición de sí misma. Es, a fin de cuentas, la aportación de José Luis Rodríguez Zapatero a nuestra convivencia. A falta de verdaderas iniciativas de Gobierno, de esas que mejoran la vida real de las gentes, hemos entrado en la espiral de la literatura constituyente y, en plena ceremonia confusionista, andamos todos distraídos con la reinvención de España. Es una borrachera que traerá incómodas resacas. No llegará a romper lo que durante siglos ha estado unido de mejor o peor grado, que la inercia de la Historia es fuerza poderosa; pero parece tan seguro como innecesario que esta fiebre nos debilita y empobrece.

Los catalanes quieren co-soberanía y los andaluces, en un quiebro, lo que pretenden es co-decisión en los asuntos del Estado. Parece que sólo Castilla-La Mancha no busca un nuevo enganche nacional mientras las demás porciones españolas tienen su demanda original. Para atenderlas a todas habría que reformar la Constitución; pero eso, para hacerlo bien, habría que plantearlo con una convocatoria constituyente y en el orden inverso de las actuaciones en curso. Lo que fue, en el 78, el fruto de una común buena voluntad se ha convertido en un ejercicio para el lucimiento de los pícaros autonómicos, resurrección de los viejos caciques. Ahora, lo que podría ser mejorado con el debate razonable, se enmienda con espasmos de oportunismo y prisas electoreras. Un juego apasionante; pero, ¿podemos permitírnoslo?

La “anticuada” víctima Gotzone Mora
EDITORIAL Libertad Digital  3 Mayo 2006

Aunque el comunicado de "alto el fuego" de ETA sea un monumental chantaje en pro de la independencia de "Euskalherria" y la tarea principal de la organización terrorista vaya a ser por un tiempo la de verificar cuantas nueces obtiene de su "pacífico" pacto con el Gobierno del 14-M, no hay que dejar de denunciar la violencia sin tregua que siguen sufriendo personas como Gotzone Mora.

Como estos actos de violencia nacionalista hacen perder poder anestésico a las mentiras del gobierno y a la indigna farsa que constituye este "proceso de paz", no hay que extrañarse de que, desde el PSOE, no se haya querido transmitir a la encomiable edil socialista la menor muestra de solidaridad. Para mostrar solidaridad, como para condenar los atentados que Zapatero ya no condena, habría que reconocer que sigue habiendo atentados que condenar y víctimas con las que solidarizarse. Y eso, sencillamente, es incompatible con la realidad virtual con la que este gobierno pretende volver a ganar las elecciones haciendo, en realidad, el juego político a los terroristas.

Ya lo dijo Zapatero cuando, al referirse a la foto de la socialista Rosa Díez con la viuda de un asesinado por ETA, señaló que era una foto "algo retrasada a su tiempo". Hoy de lo que se trata es de sustentar "como sea" el espejismo de la paz: la foto del hostigamiento a Gotzone Mora, como la de los atentados de Barañáin y Guecho, simplemente, no existe.

Navegante
No es sólo el PP catalán
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 3 Mayo 2006

Si para algo ha servido todo el asunto del .cat es para dejar a las claras que el problema del PP como partido nacional no está sólo en Cataluña. El vacío de ideas y el complejo bobo de quien no tiene pensamiento propio frente a las consignas de nacionalistas e izquierdistas de todo tipo, es una afección cuyos síntomas se dejan ver en Internet, a veces, de forma mucho más clara y sencilla.

Aquellos mallorquines, menorquines e ibicencos que deseen visitar el sitio web del parlamento balear en su idioma materno, suponiendo que éste sea, claro, el castellano, no podrán hacerlo. Bien es cierto que estas páginas institucionales no suelen ser el destino preferido de los internautas, a no ser que éstos quieran averiguar si sus representantes son o no zurupetos; la información que los políticos consideran de interés no suele tener ninguna relación con aquello que los ciudadanos desean saber. Pero, en el extraño supuesto de que alguien quisiera hacerles una visita, no estaría de más que se ofreciera en todos los idiomas oficiales. Por aquello de dar ejemplo de cumplimiento de la ley y esas cosas que se supone deberían hacer los políticos pero jamás hacen.

Lo que no resulta raro, pues, que los parlamentarios apoyen también la inmersión completa votando a favor de abandonar el dominio .es para adoptar el .cat, por más que luego digan que no, que no quieren ninguna "connotación catalanista impuesta". El problema es que no hace falta imposición alguna. Es el PP balear, dirigido por el socialista señor Matas, el que encabeza esa manifestación de catetismo provinciano, genuflexo ante la potencia cultural de la metrópoli, es decir, Barcelona. Que ya hace falta ponerse de rodillas para tener por encima, culturalmente, a la fauna del 3%. O el 20%, vaya usted a saber.

No son los únicos. La diputación valenciana, cuya página sí es bilingüe quizá porque el diseño aparente ser de hace diez años, ha decidido apoyar una moción para la consecución de un dominio propio en Internet "para la cultura y la lengua valencianas". Tampoco se crean ustedes que se han herniado pensando en posibles alternativas. Han escogido el .val, quizá porque el .va ya lo tenían en el Vaticano. Habrá que esperar las protestas de los vallisoletanos, a los que pretenden hurtar su sufijo en Internet. O de los dioses del Valhala, que ahora se verán incapaces de preguntar a los internautas por qué ya nadie los adora como merecen con un dominio propio.

La lengua es un vehículo de comunicación y de cultura, que evoluciona de forma natural gracias a la inventiva de sus hablantes y a los préstamos de las demás lenguas; no es algo puro e inmaculado que se deba preservar e imponer mediante coacción estatal. Cuando no se mete la política de por medio, puede suceder que Google hable de Zeitgeist para informar sobre las búsquedas más populares que se hacen en su página; no tenían palabra adecuada en inglés y han escogido una alemana. Pero si una ideología hace de la tribu el objeto de la acción política, con la lengua como bandera, atropellando los derechos individuales, es el momento de que un partido que defienda los derechos de las personas se rebele. Pero se ve que el PP no es ese partido, al menos, en Baleares y Valencia, donde prefieren seguir la corriente a Maragall y Zapatero en su proyecto de dividir España por medio, entre otras cosas, de las lenguas regionales de nuestro país.

Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano y miembro del Instituto Juan de Mariana

Javier Arenas: «El nuevo Estatuto es una mera coartada del nacionalismo independentista»
Si Arenas gana las elecciones y el PP gobierna en Andalucía, no reformará este Estatuto, pese a que no lo apoya, a no ser que logre el consenso de todos los partidos
ASUNCIÓN FERNÁNDEZ DE CASTILLEJO ABC 3 Mayo 2006

-¿Cuáles son las razones básicas de la negativa del PP a votar a favor de este nuevo Estatuto de Andalucía?
-La gran cuestión es que este Estatuto es una mera coartada del nacionalismo independentista. Se pierde la oportunidad de que Andalucía sea el contrapeso de la desigualdad de derechos y de la insolidaridad que algunos plantean. Ésta es la gran razón. Los andaluces nos sentimos españoles en un 90 por ciento, estamos orgullosos de ello y queremos seguir con el autogobierno en el marco de la Constitución. Ésta también es otra razón.

-¿Cuántos artículos del Estatuto habría que arreglar para que el texto pueda contar con el apoyo de su partido?
-Lo que se aprueba es un Estatuto de segunda. Cualquier reforma que no sea de consenso es un Estatuto de segunda. Lo primero que hay que arreglar es el método. El que disfrutamos ahora tiene el acuerdo de todos. ¿Por qué sustituirlo por uno que tiene en contra al 40 por ciento? Ésta es una cuestión principal. En segundo lugar, la España constitucional, en el articulado «patria común de los españoles», se ha dejado fuera unilateralmente. Falta la garantía de que los andaluces tengamos los mismos derechos independientemente de la parte del territorio donde vivamos. En tercer lugar, competencias las máximas pero en el marco constitucional. Cuarto, financiación, garantías de la actual financiación que creemos que está actualmente en riesgo. Cinco, competencias y financiación para los ayuntamientos. También incluiría la no coincidencia de elecciones, porque creo que Andalucía será una comunidad de segunda mientras no haga elecciones por separado.

-Para incluir todos estos aspectos habría que tocar muchos artículos del texto...
-Sí. Así es. Por lo menos una decena. El desacuerdo no es formal o aparente. Se basa en que el Estatuto de Cataluña se plantea para decir que hay dos soberanías, la española y la catalana, y el andaluz se plantea para imitar al de Cataluña obviando que el papel de Andalucía debe ser el de garante del sentido común y de la unidad nacional.

-¿Hay posibilidades de lograr un acuerdo en el Congreso de los Diputados?
-Nosotros, hasta el último minuto, estaremos dispuestos al diálogo en torno al consenso. Creemos que en el Congreso de los Diputados va a ser más difícil porque entran en juego Esquerra Republicana, el PNV y Convergencia y Unión, que no van a propiciar precisamente un acuerdo PP-PSOE porque llevan toda la legislatura haciendo, precisamente, lo contrario.

-¿La denominación de Andalucía como «realidad nacional» es un escollo fundamental?
-Es una denominación que no trae más que problemas y que divide a los ciudadanos de esta Comunidad autónoma. Más cuando el 90 por ciento de los andaluces pensamos que la única realidad nacional es España.

-¿Se podría llegar a un consenso en el que permaneciera la denominación «realidad nacional» pero que incluyera una mención expresa a la unidad de España u otra fórmula parecida?
-Nosotros creemos que con las cosas de comer no se juega. Y creo que no es posible el consenso si no se deja claro que Andalucía tiene que ser de primera, pero dentro de la única nación española. Es muy difícil el consenso si no se arregla eso, porque resulta incomprensible. Por decirlo más claro, la realidad nacional andaluza dentro de la única nación española no es comprensible. Por lo menos, queremos que el Estatuto se entienda. A los andaluces les preocupa el paro, la sanidad, la educación, el precio de los pisos... Y nosotros estamos hoy aquí, en el Parlamento, creándoles problemas autonómicos que no tienen.

-Si usted llega a gobernar, ¿reformará el Estatuto otra vez o gobernará con él?
-Si soy presidente de la Junta de Andalucía tendré desde el primer día como objetivo un Estatuto por consenso. Desde el primer día. Si éste sale adelante partiendo Andalucía, como presidente me propondría como objetivo lograr un Estatuto por consenso.

-¿Y si no obtuviera ese consenso?
-Intentaría cambiarlo por otro de consenso, pero si no obtuviera ese consenso no lo derogaría. Ésa será una de las primeras claves de mi campaña electoral: primero, el pleno empleo, y en segundo lugar, un Estatuto de Autonomía de consenso.

Explotan tres artefactos en dos aseguradoras y en una empresa de trabajo temporal en Pamplona
Mientras el Ejecutivo navarro espera al informe policial antes de acordar ayudas por terrorismo, la Delegación del Gobierno piensa en elementos antisistema
BEGOÑA LÓPEZ ABC 3 Mayo 2006

PAMPLONA. Tres petardos explotaron durante la madrugada de ayer en dos compañías de seguros y en una empresa de trabajo temporal, situadas en el barrio pamplonés de Iturrama, que ocasionaron daños de escasa consideración, según informó la Delegación del Gobierno en Navarra.

Los petardos llevaban adosados un recipiente con líquido inflamable, y en la zona donde estallaron, los agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que se ha encargado de las investigaciones, encontraron panfletos con la consigna «caña al capitalismo».

El primer artefacto explotó, a una hora no precisada, en Mutua Cyclops, situada en la calle Alfonso el Batallador, número 2. La puerta y la fachada quedaron ennegrecidas. En la calle Esquíroz, 20, junto a la entrada de la empresa de trabajo temporal UTE Nasipa-Urpasa, estalló otro que igualmente dejó ennegrecida la fachada. Finalmente, igual resultado originó la explosión en la Mutua Asepeyo, en la misma calle Alfonso el Batallador número 9.

El Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona hicieron públicos ayer mismo sendos comunicados de condena por los citados «actos violentos», a la espera de que el Ministerio del Interior «aclare todas las circunstancias y, sobre todo, quiénes son los autores materiales». Mientras, el portavoz del Ejecutivo foral de Navarra, Alberto Catalán, precisó que se esperará al informe policial antes de acordar ayudas económicas a los afectados, al contrario de lo ocurrido con motivo del incendio de la ferretería de Barañáin propiedad de un concejal de UPN, ya que en ese caso el Gobierno de Navarra entendió desde un primer momento que se trataba de un atentado perpetrado por elementos de la «kale borroka».

Emplazamiento a Rubalcaba
Catalán insinuó que detrás de los petardos que estallaron ayer podría estar el siniestro sello de la «kale borroka» al plantear que «nadie sale con un cóctel molotov de madrugada para pasarlo bien», por lo que preguntó al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, «quiénes son las autores materiales» de las explosiones de ayer. Dicho esto, recordó que «antes del alto el fuego de ETA», a los ataques como el ocurrido en Barañáin «todos los denominábamos atentados terroristas». La Policía, en principio, apunta a elementos antiglobalización y antisistema como autores de estos hechos

El portavoz del Ejecutivo foral consideró además «una barbaridad» que el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, atribuyera al miedo a perder las próximas elecciones de 2007 la actitud mantenida por Miguel Sanz tras el ataque a la ferretería del edil de UPN. En opinión de Catalán, lo dicho por Moraleda «es un claro ejemplo de hipocresía política».

FALSIFICACIÓN EN EL INFORME TÉCNICO POLICIAL ENTREGADO AL JUEZ
La fotografía del explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá es la misma que la de la mochila de Vallecas
 
Paradójicamente, tanto la mochila de Vallecas como la furgoneta de Alcalá de Henares se han convertido en las principales pruebas contra la versión oficial del 11M. En los informes oficiales no se describe en ningún momento en qué consistía ese “resto de explosivo” supuestamente encontrado en la furgoneta y que el perro de los TEDAX no olió. Ahora nos sorprende comprobar que la fotografía de ese resto de explosivo incluida en el informe de inspección técnico-policial de la Kangoo es falsa y corresponde al explosivo de la mochila de Vallecas tal y como se incluyó en el sumario que instruye el juez Juan del Olmo.
Luis del Pino Libertad Digital 3 Mayo 2006

Continúan acrecentándose las dudas sobre la furgoneta Kangoo supuestamente utilizada por los terroristas y hallada en Alcalá la propia mañana del 11 de marzo. Una furgoneta que sirvió, desde el primer momento, para sembrar entre la opinión pública la idea de que se trataba de un atentado islamista. Las sucesivas revelaciones de Libertad Digital y El Mundo han ido destapando diversas irregularidades acerca de las pruebas encontradas dentro de la furgoneta, irregularidades que no sólo ponen en cuestión esas pruebas, sino que incluso permiten dudar de su existencia real.
 
Como ya sabíamos, los perros no detectaron ningún explosivo aquella mañana en la furgoneta de Alcalá. Esos perros sólo habían realizado anteriormente dos servicios y ese resto de explosivo se encontraba, supuestamente, dentro de una bolsa de basura normal, no hermética, así que los perros tendrían que haberlo detectado en caso de encontrarse allí. Pero no lo hicieron. Sin embargo, el primer acta de inspección ocular de la furgoneta, redactada el propio 11 de marzo, indica que en el complejo policial de Canillas apareció ese resto de explosivo en torno a las tres y media de la tarde.
 
Las revelaciones del periódico El Mundo corroboraban la semana pasada que una gran parte de las pruebas halladas en la furgoneta podrían haber sido introducidas en la misma después de que la Kangoo fuera llevada a dependencias policiales. En concreto, eso es lo que podría haber sucedido con el resto de explosivo.
 
Libertad Digital ya difundió en su día que, como el sumario recoge, los análisis de la Policía Científica podrían haberse manipulado, asimismo, con un doble fin: ocultar que ese explosivo supuestamente hallado en la furgoneta de Alcalá no era Goma-2 ECO pura y ocultar también que ese explosivo no coincidía con el encontrado en la mochila de Vallecas.
 
Sin embargo, no son éstas las únicas sospechas de manipulación que pesan sobre ese resto de explosivo. Como hoy revelamos, ni en el informe de inspección ocular realizado por la Policía Científica el 11 de marzo, ni en el informe de los TEDAX de 16 de marzo, ni en el informe Técnico-Policial de 24 de marzo se concreta en qué consistía ese resto de explosivo, del que no se indica ni tamaño ni peso. En el informe de los TEDAX se dice que apareció "el extremo de lo que pudiera ser un cartucho de dinamita, compuesto por papel parafinado y sustancia gelatinosa de color blanco marfil, tipo plastilina". Curiosamente, ese supuesto resto de envoltorio de cartucho no se menciona ni en el informe de inspección ocular, ni en el informe técnico-policial, donde sólo se habla, genéricamente, de que apareció un "resto de, al parecer, sustancia explosiva".
 
Pero, además, la fotografía del supuesto resto de explosivo incluida en el informe técnico-policial entregado al juez no corresponde, en realidad, al explosivo de la furgoneta de Alcalá, sino al de la mochila de Vallecas. En concreto, el informe 57-IT-04 de 24/3/2004 enumera las evidencias encontradas en la furgoneta y, entre ellas, la bolsa de basura azul donde supuestamente aparecieron 7 detonadores y el resto de explosivo. En la página 5 del informe se incluyen sendas fotografías de la bolsa, de los detonadores y del explosivo encontrados:

Sin embargo, esa fotografía del explosivo incluida en el informe no se corresponde con nada que hubiera sido encontrado en la furgoneta, sino que es una fotografía del explosivo hallado en la mochila de Vallecas. Ampliando la imagen anterior aparece la fotografía del explosivo de la furgoneta, según el informe.

Ahora a todos nos resulta mucho más familiar. Esa misma fotografía tomada supuestamente en la Kangoo es la del explosivo de la mochila de Vallecas, difundida por los medios de comunicación (la cadena ABC fue la primera en hacerlo) y recogida en los informes oficiales entregados al juez:

En el sumario, en la parte referida a la mochila de Vallecas, aparece reproducida así.

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