AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 6 Mayo  2006
El nacionalismo como problema
GRACIÁN (*) ABC 6 Mayo 2006

El destino conjunto de ERC y Maragall
EDITORIAL Libertad Digital  6 Mayo 2006

Romance de las Españas de Zapatero
LAURA CAMPMANY ABC 6 Mayo 2006

Comunidad en el sentimiento
Jesús Laínz elsemanaldigital 6 Mayo 2006

Los amigos de Zapatero
Enrique de Diego elsemanaldigital 6 Mayo 2006

FLAMENCAS PERSEGUIDAS
Editorial minutodigital 6 Mayo 2006

ERC y el fracaso de Zapatero
Editorial ABC 6 Mayo 2006

Ella siempre dice no
C. MARTÍNEZ CASTRO ABC 6 Mayo 2006

DESCONFIEMOS DE MARAGALL
MIQUEL PORTA PERALES ABC  6 Mayo 2006

Cinco años después
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  6 Mayo 2006

España: el PSOE se radicaliza y pierde el centro
Francisco Rubiales Periodista Digital 6 Mayo 2006

Estrategias (y 6)
Pío Moa Libertad Digital 6 Mayo 2006

Espainia autodeterminazioa
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 6 Mayo 2006

Zapatero, si mentís en los mentís ¿cuándo no mentís?.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 6 Mayo 2006

¡Quiero saber la verdad!
Federico Quevedo El Confidencial 6 Mayo 2006

Falsa verificación, innegable claudicación
José María Martín Coronado Periodista Digital 6 Mayo 2006

Asociación Vigueses por la Libertad
Javier Dorado Periodista Digital 6 Mayo 2006

Expertos juristas afirman que los consejos autonómicos politizarán más la Justicia
ABC 6 Mayo 2006

POR UN MILLÓN DE EUROS
MIQUEL PORTA PERALES ABC  6 Mayo 2006

 

El nacionalismo como problema
Por GRACIÁN (*) ABC 6 Mayo 2006

Nacionalista es la persona que hace del nacionalismo una parte importante de su vida. Nacionalismo es la actitud que lleva a exaltar los valores nacionales, que son aquellos elementos sociales que configuran una nación. Nacionalismo es también todo movimiento social fruto de esa actitud. Es claro que estas definiciones nos remiten necesariamente a la definición de nación. La sociología y la politología han debatido y siguen debatiendo la definición. Si nos conformamos con una idea general, sin grandes precisiones, pero suficientemente exacta y seria para que nuestro razonamiento sea sólido, podemos decir que la nación es una forma de sociedad con rasgos culturales que la identifican, entre los cuales el principal es la lengua, y con una dimensión que la hace capaz de llevar adelante una vida civilizada a la altura de los tiempos. Por esto último, no llamamos nación a una tribu, ni a un clan.

¿Dónde está el problema del nacionalismo? ¿No es acaso bueno para la persona sentirse integrada en la sociedad en la que vive? Más aun, ¿no es acaso bueno sentirse afectivamente integrada y, en consecuencia, preocuparse por que los valores de su sociedad tengan vigencia y desarrollo? Exageraciones aparte, que son fáciles de señalar, el compromiso de la persona con los valores de su sociedad es bueno para la persona y necesario para la sociedad. ¿Dónde está el problema?

El problema surge desde el momento en que el nacionalista cree que sus valores justifican la coacción para imponerse a quienes no los comparten o a quienes los comparten pero no en el grado necesario. Es un gravísimo problema, porque degenera hasta en el crimen terrorista que supone una previa actitud de odio del nacionalista. De esto, por desgracia, tenemos mucha experiencia en España. Pero, aunque un determinado nacionalismo tome la forma de movimiento ajeno a la violencia física, es también un gravísimo problema cuando acepta sin escrúpulos la violencia moral contra quienes, viviendo dentro de la nación, no comparten la actitud nacionalista. De esto, también por desgracia, tenemos mucha experiencia en España. Esta actitud suele tomar formas diferentes. Dos son las más frecuentes: mirar para otro lado o rebajar la importancia de la violencia, incluso cuando es física, dejándola en lamentable incidente. Por ejemplo, lo hecho por las autoridades académicas que en Barcelona no se dieron por enteradas cuando dentro de su Universidad jóvenes nacionalistas atacaron a un profesor. Por ejemplo, la calificación como incidente del disparo en la pierna a un periodista al que se deseaba silenciar o hacer salir de Cataluña. Por ejemplo, las declaraciones de puro lamento y exhortación que líderes gubernativos vascos emiten ante la violencia, en vez de expresar la amenaza de uso de la Ertzantza, es decir, de la legítima violencia.

Bastantes nacionalistas pacíficos, para quienes la coacción sin más, la violencia directa, no parece razonable, recurren a la única coacción aceptable en una sociedad civilizada: la coacción política. El nacionalismo, que en principio es un hecho cultural, se hace problema cuando ingresa en el ámbito político y se arma, o busca armarse, con la coacción revestida de legitimidad, es decir, con el poder político. Incluso el terrorista justifica su violencia porque espera que algún día su proyecto nacionalista esté sustentado por la coacción política legítima, que, a manera de bautismo cívico, perdonaría todos sus anteriores pecados.

Una vez con las armas del mandato legal en sus manos, la dinámica política nacionalista, sedicente pacífica, desvela su entraña agresiva y acude sin tapujos a la coacción, imponiendo conductas y cercenando libertades. El nacionalismo que aquí criticamos quiere imponer el reinado de la uniformidad nacional en su sociedad y, en consecuencia, se transforma en problema para quienes no participan de esa misma actitud. Respecto de quienes no comparten la fe nacionalista, el nacionalismo busca asimilarlos o empujarlos hacia las zonas marginales de la sociedad. En un juicio desapasionado, parece evidente que el nacionalismo catalán (¿sólo el catalán?) intenta que el castellano quede reducido a una lengua marginal, empleando para ello la coactividad del poder político.

Quienes creemos en la democracia como régimen de libertad en la pluralidad tenemos que denunciar la carga de agresividad, donde fácilmente se incuba el odio, que todo nacionalismo político lleva en su interior. En otros tiempos, en el siglo XIX, cuando las sociedades eran uniformes, el nacionalismo podía presentarse como movimiento de progreso, porque luchaba contra regímenes absolutistas para conseguir un gobierno democrático, aglutinaba la población para luchar por la libertad. Hoy, cuando las sociedades son democráticas y multiculturales, el nacionalismo político es un grave problema, porque amenaza precisamente la convivencia democrática en igualdad y libertad.

Lo malo es que este nacionalismo coactivo anda por ahí, en la opinión pública, disfrazado bajo una piel democrática. Estos nacionalistas presumen de demócratas, pero en el fondo no lo son, si entendemos por democracia la que nace del movimiento liberal, la que se basa sobre las libertades. No son demócratas, porque tal nacionalismo no tiene alma liberal, sino totalitaria; no quiere una sociedad plural, sino uniforme.

Esta denuncia puede sentar muy mal al nacionalista que la lea. Pero tiene un fácil procedimiento para comprobar su verdad. Que los nacionalistas se pregunten si están dispuestos a renunciar a la coacción para imponer sus valores, es decir, si están dispuestos a dejar a la sociedad en libertad para que cada cual elija su particular modo de vivir en paz dentro de esa sociedad. Que se pregunten si realmente respetan la libertad de quienes no piensan o no sienten como ellos. ¡Ojalá la generalidad de los nacionalistas respondiera afirmativamente y se contentara con la legítima promoción del nacionalismo cultural, que podría muy bien vivir y crecer al amparo de acciones de fomento no coactivas! Entonces el nacionalismo habría dejado de ser problema.

(*) Gracián es un colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio que de forma regular comentarán la actualidad en ABC

El destino conjunto de ERC y Maragall
EDITORIAL Libertad Digital  6 Mayo 2006

ERC es un partido que, dejando aparte su nauseabunda ideología, resulta objetivamente inmaduro e inestable. Con un número reducido de militantes, las decisiones se toman en asamblea; su historia reciente está plagada de cambios bruscos debidos a la acción de determinados dirigentes, cuyo empeño ha logrado convencer a las bases para tomar una dirección concreta, muchas veces opuesta a la sostenida hasta ese momento. En la actualidad, está dividido en dos facciones: una minoría que ha logrado sentarse en el coche oficial y una mayoría que no. Así pues, por mucho que quienes disfrutan de cargo público no quisieran hacer campaña por el no, al final han tenido que doblegarse ante la decisión mayoritaria de las bases del partido.

Evidentemente, esta decisión ha dejado muy tocado al gobierno tripartito. El pacto del Tinell era un acuerdo de gobierno cuyo punto principal y casi único, además de apartar al PP de las instituciones, era la elaboración del nuevo estatuto. Esta ha sido la única iniciativa de importancia que ha tomado un ejecutivo inoperante en todo lo demás; el proyecto de la legislatura, que ahora tiene a uno de sus pilares en contra. Si en el oasis rigiera en algo la lógica, junto a la decisión del voto negativo debería haberse anunciado la salida del gobierno de los consejeros de ERC o su expulsión por parte de Maragall.

Pero hete aquí que, actualmente, el presidente de la Generalidad está mucho más cerca de ERC que de su propio partido. Después de que el Estatuto fuera pactado por Zapatero y Mas en la Moncloa, Maragall fue visto por todos, incluyéndose a él mismo, como un político con fecha de caducidad no muy lejana. Es evidente que ahora mismo no es más que un estorbo para los planes de su propio partido en Cataluña. Así pues, los dos frentes principales son el formado por Mas y Zapatero, incluyendo el PSC, por un lado, y ERC y Maragall por otro. En una situación así, prescindir de ERC conllevaría un adelanto electoral en el que es posible que el actual presidente de la Generalidad ni siquiera fuera candidato y, si acudiera a las urnas, sería con la intención declarada por parte de los socialistas de que saliera derrotado.

Tampoco tiene fácil Maragall enrocarse en Sant Jaume. El mensaje que le ha lanzado el PSC ha sido claro: los independentistas deben salir del gobierno. Se enfrenta así a la posibilidad de verse forzado a gobernar en minoría, ya sea por el abandono de ERC o por el de su propia formación. Su único poder, con un partido dominado por Montilla y los suyos, es la capacidad de convocar elecciones cuando le parezca oportuno. Lo que, previsiblemente, sería la fecha más inoportuna para los causantes de sus desdichas.

El futuro del gobierno catalán está así en manos de un político impredecible, que está en el final de su vida pública y que recibe las presiones de unos y otros para poner fin a su etapa como presidente de la Generalidad. Zapatero no desea llegar a las elecciones con el lastre que ERC supone en popularidad y votos para el PSOE, siendo Maragall la única causa por la que no es aún CiU quien gobierna en Barcelona y apoya a los socialistas en el gobierno de lo que queda de España. Pero el que Maragall haya aceptado el nombramiento de Vendrell en su remodelación de gobierno demuestra que, si dependiera exclusivamente de él, tragaría sin dudar esta negativa de los independentistas a apoyar el Estatuto. El espectáculo, en todo caso, está servido.

Romance de las Españas de Zapatero
Por LAURA CAMPMANY ABC 6 Mayo 2006

NI don Juan lo sospechaba, ni Abenámar lo sabía, que tan lejos de Granada tales prodigios habría. Que donde ruge el León y se termina Castilla, viniera un varón al mundo capaz de tales alquimias. Por no parecerse al Cid, que por Rodrigo atendía (y tuvo el muy poco tacto de hacerse una Reconquista), lo del Rodríguez le estorba, lo del Rodríguez se quita, y se queda en Zapatero el héroe de esta película. Hasta que en plena campaña (¡si será cosmopolita!), prefiere, a nombre tan vasto, la brevedad de una sigla.

Presiento que aunque se esconda detrás de zetas que pitan, por más derechos que otorgue, por más talante que exhiba, por más veces que se inmole a la causa tripartita, se empeñe en una alianza en la que nadie confía, y aprecie tanto a los simios y a las bandas terroristas, las entrañas de este santo no orinan agua bendita. Y va a la chita callando, supuestamente sin ira, no ya torciendo la Historia, sino hasta el suelo que pisa: se pasa al Rey por el arco que con sus piernas fabrica, a la República invoca, los fantasmas resucita y, porque nadie se olvide de lo que ya no es noticia, nos echa en cara a nosotros los lutos de su familia, como si nuestros abuelos se hubieran muerto de risa.

A mí me deja sin habla, a mí me da mucha envidia ver cómo este Zapatero jamás pierde la sonrisa. Con tal bondad nos gobierna, tanto la paz preconiza -ora pactando con ETA, ora con Carod-Rovira-, que no sé qué ocurrirá cuando por fin se decida a escuchar a los que sólo reclaman ley y justicia. Pero nunca hay que pedirle a un zapatero con prisas que antes de hacerte el zapato te tome bien la medida. ¿No votamos una España entre furiosa y cautiva? Pues la España que nos dieren la tendremos merecida. Una España delirante, una España equilibrista donde te casas sin casa, donde sin sueldo cotizas, donde si fumas te tienes que dar de baja en la vida, y antes condenan los jueces al que aparca en doble fila que al que mata a un semejante, pero sólo por política; donde a cientos de mujeres no hay cuota que las redima, donde los niños no aprenden ni cuentas ni ortografía, donde ya nadie se atreve a hablarles de disciplina, y como los dioses «rayan», que no les falten pastillas; y donde a poco que arraiguen las zapateras premisas, en lugar de una nación, tendremos cuarenta fincas con un himno, una bandera, y una lengua en cada esquina. «Reinos de Taifas» llamaban a esta moderna estulticia.

Lo malo de este zapato no es lo poco que camina, sino lo mucho que aguantan, algunos pies, sus heridas. Y lo poco que protestan los pardillos que creían que las Cartas, si son Magnas, para cambiarse, precisan algo más, en el Congreso, que una simple mayoría. Somos muchos españoles, millones, dicen las cifras (perdón por lo de españoles, mejor diré «estepaisistas»), los que amamos nuestra tierra desde Cádiz a Guernica, y estamos en Barcelona igual de bien que en Sevilla, por más que algunos se empeñen en hacerlas enemigas. Aunque también esto tiene su vertiente positiva. Yo por lo pronto, señores, con esta profesión mía que de las lenguas se nutre y en ellas se justifica, voy a apuntarme a unos cursos de las hablas de Galicia, de canario y extremeño, de eusquera y de pamplonica, del catalán de Gerona, del que se escucha en Ibiza, del andaluz de las ocho provincias de Andalucía, del castellano de Burgos o del que suena en Melilla, sin olvidar el pasiego ni el panocho de mi prima, y dedicándole al bable todas las horas de un día. Ya ven que a poco que estudie, terminaré siendo rica.

¡Qué futuro tan dichoso! ¡Qué excitante perspectiva, la de mirarse el ombligo como una tribu mandinga! Pero no se me entusiasmen, ni tampoco se me aflijan, que acaso este Zapatero tenga mañas escondidas y sepa poner remiendos donde boquetes había cuando el Estado peligre, aquí ya no haya quien viva y vuelva de nuevo España por los rumbos que solía, con diez cañones por banda y, como siempre, partida.

Comunidad en el sentimiento
Jesús Laínz elsemanaldigital 6 Mayo 2006

Allá por 1914 escribía Azorín sobre la guerra que en aquellos días ensangrentaba Europa. Apasionado francófilo, reflexionaba en aquellas jornadas de ofensiva alemana sobre la fortaleza de las naciones a pesar de la debilidad de sus gobiernos. Y para ello echó mano del ejemplo español en 1808.

En su opinión, la España del comienzo del siglo XIX se enfrentaba a una grave desorganización política, a una evidente incapacidad militar y al agotamiento económico. Pero, a pesar de ello, venció. ¿Por qué? Porque, según el autor alicantino, en 1808 existía uno de esos factores imponderables que, por encima de la potencia de los ejércitos, puede dar la victoria: la unidad moral, a la que también definió como comunidad en el sentimiento.

A pesar de la potencia de los ejércitos napoleónicos, el pueblo español, unido por encima de clases y opiniones, venció a la invasión. Los elementos de esa comunidad en el sentimiento eran la religión, la fidelidad al rey y, en palabras textuales de Azorín, el hecho de que "el español se sentía uno con la patria; España era sentida como cosa de los españoles".

Si ya a principios del siglo XX dicho autor añoraba el comportamiento de los españoles de un siglo atrás, es difícil encontrar el adjetivo adecuado para describir el panorama con el que nos enfrentamos los de principios del siglo XXI. Porque, además de la progresiva disolución que las sociedades occidentales han experimentado a lo largo del siglo XX, en España contamos con un factor añadido que ha agravado artificiosa e innecesariamente la situación: el Estado de las Autonomías, una de las más geniales maniobras jamás parida por Estado alguno para procurar su propia destrucción, puesto que ha logrado potenciar, desarrollar, fortalecer y eternizar la división entre españoles por razones geográficas.

Sólo una ceguera voluntaria puede impedir constatar que nunca han estado los españoles tan desunidos, nunca se han sentido tan enfrentados por motivos regionales y nunca han sentido su pertenencia a la nación española con tanto desapego e incluso rechazo. Tanto es así que ni ante el horror del terrorismo etarra y la indignidad de nuestros gobernantes es capaz la sociedad española de reaccionar. La sensibilidad del pueblo español vibra con tragedias lejanas, no con las propias. Sólo escapan a este diagnóstico los febriles arranques de sentimentalismo histriónico de manos blancas con motivo de algún atentado terrorista y que desaparecen con la misma rapidez con la que llegaron, mientras que los familiares de las víctimas se quedan con su incurable dolor y el desinterés de los demás para el resto de su vida.

Con la misma celeridad con la que se pedía a gritos la pena de muerte cuando la sangre derramada por ETA parecía exigirlo, quizá el pueblo español se disponga hoy a arrodillarse si el Gobierno así lo planifica.

Nunca se sabe, pero probablemente no tardemos en asistir al edificante espectáculo de toda una nación bajándose las enaguas. Porque los pantalones hace ya mucho que dejó de vestirlos.

Los amigos de Zapatero
Enrique de Diego elsemanaldigital 6 Mayo 2006

Con los amigos de Zapatero, no necesitamos enemigos. Dentro de esta antología de la estupidez en que ha devenido el Ejecutivo zapateril, la política exterior destaca por su inanidad y por su patetismo. El presidente por accidente se ha enfrentado a los Estados Unidos, primera potencia mundial, bastión de los valores occidentales, lo cual es de una sensatez evidente –entiéndase la ironía- en unos tiempos en los que el mundo se está complicando hasta el punto de estar a punto de convertirse en papel mojado el Tratado de No Proliferación Nuclear. Para ese estadio estamos literalmente indefensos, sin escudo de ningún tipo, en aras de ese ecopacifismo miope y suicida, que forma parte del furor adolescente que arrasa en la decrépita Europa, con especial virulencia en España.

A cambio España –ya se sabe, nación de naciones, plurinacionalidad de realides nacionales, comunidades históricas y estados libres asociados- se ha aliado con lo peor del planeta, con dirigentes tardocomunistas, que todavía no se han enterado de que el comunismo ha fracasado y está ya en el museo de los horrores. Bueno, quizás sí se han enterado, pero han percibido también que era la mejor fórmula para establecer la tiranía y legitimar la esclavitud en nombre de los pobres.

Faltaban por enterarse del descalabro totalitario los indígenas, que con pasión digna de mejor causa están subiéndose al último vagón cuando el tren ya ha descarrillado. Bien, se les ha vendido el multiculturalismo y una nueva forma de racismo, y no es extraño que Evo Morales sea el único capaz de tropezar tres veces en la misma piedra, pues es la tercera vez que en Bolivia se nacionalizan los hidrocarburos y el gas.

La cuestión sobreañadida es que en esta desfasada lucha contra el imperialismo, de este retorno verborrágico a la miseria y a la restricción de libertades, encima el enemigo a batir por los amigos de Zapatero es precisamente España y los intereses de sus empresas. Los secuaces del ególatra golpista y bananero de Chávez andan dando palizas a los propietarios españoles. La reencarnación aymara del Che Guevara –uno de los más crueles e indeseables terroristas- la emprende con Repsol-YPF.

Nuestra política exterior no es capaz de definirla ni Groucho Marx. Sólo puede intentarlo Zapatero, mucho peor humorista, pero infinitamente más absurdo, pues su revolución rosa es acabar con la lógica, saltándose el principio de no contradicción (una proposición no puede ser verdadera al tiempo que la contraria). Por primera vez, una política exterior va decididamente contra los intereses nacionales: se subvenciona a naciones que expropian nuestras empresas y hurtan el dinero a los accionistas españoles. Para echarse a temblar.

FLAMENCAS PERSEGUIDAS
Editorial minutodigital 6 Mayo 2006

La última estupidez que ha salido de ese tripartito socio-separatista, más que catalán, que se ha alojado en el gobierno de Cataluña, es pretender prohibir los recuerdos taurinos y las muñequitas flamencas en las Ramblas. Zapatero y los suyos trivializan cuestiones tan transcendentales como la unidad nacional, el concepto de nación o la igualdad y la solidaridad, hasta reducirlas al arbitrio del más puro de los relativismos.
 
Solo desde un antiespañolismo fanático y ridículo como el que inspira a ERC podría esperarse semejante mamarrachada. Sin embargo la iniciativa simboliza todo el proceso demencial que estamos viviendo en el que la izquierda en unión del separatismo quiere convertir a Cataluña en una sociedad cerrada de la que se quiere expulsar todo lo español, a la vez que reducir el ámbito de libertades ciudadanas.

El uso político de la lengua ha sido el principal elemento de agresión del catalanismo excluyente contra la libertad y contra la idea de unidad, pero el resto de coartadas inventadas por el separatismo para justificar su conflicto con el Estado y el resto de España, está produciendo una sociedad catalana dominada por fantasías nacionales, mentiras históricas y agravios inventados.

Evidentemente los fuertes lazos culturales, históricos, económicos y convivenciales que siempre han unido a Cataluña con el resto de España, no van a desaparecer de la noche a la mañana a consecuencia de esta filosofía del odio hacia lo español que inspira a todo el aparato del poder que se ha instalado en Cataluña, pero sin duda el daño que está causando a la convivencia nacional y a la propia imagen de los catalanes en el resto de España, ya esta pasando factura. El boicot al cava ha sido una de esas consecuencias y la creciente animadversión hacía lo catalán en Valencia y Baleares no es más que una reacción al expansionismo de los Paisos Catalans.

Pero esta situación no sería concebible, si desde el poder estatal, hoy ejercido por el PSOE, no se alentase este tipo de actitudes totalitarias. Zapatero y los suyos trivializan cuestiones tan transcendentales como la unidad nacional, el concepto de nación o la igualdad y la solidaridad, hasta reducirlas al arbitrio del más puro de los relativismos.

El estatuto catalán consagra normativamente este modelo. Sus consecuencias por tanto estarán a la altura, o mejor dicho bajeza, de quienes desean terminar en Cataluña con una sociedad abierta y libre que forma parte de España.

ERC y el fracaso de Zapatero
Editorial ABC 6 Mayo 2006

LA dirección de Esquerra Republicana de Cataluña ha asumido la decisión de sus bases de votar no al nuevo Estatuto catalán en el referéndum del 18 de junio. El carácter asambleario de esta formación se ha impuesto a las tácticas de sus dirigentes, que lindaban con la esquizofrenia, al pretender jugar con casi todas las barajas, excepto la del voto afirmativo. Esquerra se muestra tal como es, un partido independentista, con resabios antisistema, cuya última palabra contra el Estatuto es un fracaso sin paliativos de muchas estrategias impulsadas y dirigidas por el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. ERC rompe la unidad del tripartito y firma, de hecho, el certificado de defunción del Ejecutivo catalán, con el consiguiente coste para la estabilidad institucional en Cataluña. Pero ni este perjuicio ni otros de naturaleza distinta -el encubrimiento recíproco por el hundimiento del Carmelo, la denuncia amagada por las comisiones del 3 por ciento o la promoción a la condición de consejero de un sospechoso de extorsión a funcionarios de la Generalitat- parecen conmover a una clase política, centrada únicamente en su propia supervivencia.

Para el PSOE y para el presidente del Gobierno el no de ERC es un fracaso en su política de alianzas con el nacionalismo extremista y todo un aviso para futuros experimentos. El Pacto del Tinell, moribundo también por la defección independentista, no sólo perseguía la marginación antidemocrática del PP -en Barcelona y en Madrid-, lo que se ha llevado a efecto con un lamentable alto grado de cumplimiento; sino también la inauguración de una etapa política en la que la izquierda se desentendía de cualquier condicionamiento por razón de Estado. Sólo así era posible que los socialistas pactaran con una formación independentista y declaradamente contraria a la Constitución de 1978. Pero aquel pacto, que muchos consideraron contra natura, entre socialismo e independentismo, se presentó como la fórmula del apaciguamiento soberanista de ERC y de los demás nacionalismos, que se culminaría con un nuevo Estatuto de vocación confederal. El resultado de estas estrategias de salón salta a la vista. La nueva etapa constituyente se ha abierto con el nuevo Estatuto, es cierto, pero los nacionalismos catalanes, lejos de apaciguarse, han comprobado que con la izquierda es posible ir aún más lejos, por la sencilla razón de que esta reforma estatutaria ha hecho más débil al Estado. Tanto los nacionalistas partidarios del sí como los del no están de acuerdo en que el nuevo Estatuto no sacia sus reivindicaciones: ninguna, para ERC; las principales, para CiU. Todos ellos juzgan la situación actual como un período de transición hacia mayores cotas de soberanía.

El no de ERC no puede contemplarse con alivio, pues el daño al Estado ya está hecho y es la prueba directa de que el PSOE y el Gobierno de Rodríguez Zapatero han sumido al país en la inestabilidad constitucional sin beneficio alguno a medio ni largo plazo. El Estado se desapodera de competencias, sin recibir a cambio ningún compromiso de lealtad. Menos Estado, menos Nación y más nacionalismo. Paradójico resultado bajo el mandato de un Gobierno que se estrenó prometiendo solucionar la «tensión territorial» supuestamente heredada de Aznar y que, en contra del vaticinio, se ha agravado con el PSOE hasta límites insospechados. Además, la inadaptación de ERC a pautas de comportamientos políticos que contemplen transacciones y renuncias es una advertencia al Gobierno y al PSOE para otros experimentos aún más delicados, como el de la supuesta reconversión democrática de la izquierda proetarra, apadrinada por el socialismo vasco. La táctica de la concesión sólo representa para los nacionalismos independentistas una oportunidad de avituallamiento político y económico, pero no de evolución democrática. ERC ha estado más de dos años como miembro del tripartito catalán y socio preferente de Rodríguez Zapatero y de nada ha servido para moderar la genética extremista e independentista de este partido. Por eso, el Gobierno y el PSOE deben darse por advertidos de que el riesgo es el mismo, pero con consecuencias mucho más graves, en el caso de Batasuna.

El escenario exitoso del referéndum catalán se oscurece. El no de ERC y PP (por motivos absolutamente distintos), más la abstención tradicional en Cataluña y la oposición de sectores de la izquierda que no comulgan con el novedoso soberanismo del PSC, introducen incógnitas no tanto acerca de la victoria del sí cuanto de la calidad de la victoria, teniendo en cuenta los exigentes criterios que el propio Rodríguez Zapatero impuso para legitimar las reformas estatutarias, que deberían recibir consensos superiores a los actuales. Lo que está en juego es más que el Estatuto. Es el proyecto del PSOE para cambiar el modelo de Estado.

Ella siempre dice no
Por C. MARTÍNEZ CASTRO ABC 6 Mayo 2006

AL final ERC ha sido leal a su pasado y a su futuro. Después de mucho ramonear hemos asistido al penúltimo de los despropósitos que han jalonado la tramitación del Estatuto de Cataluña: ERC pedirá oficialmente el "no" en el referéndum. Para escándalo general y algún bochorno particular los republicanos han hecho honor a su naturaleza y a ese "caganer" convertido en símbolo nacional de la Cataluña que se resiste a la dominación de las muñecas flamencas y los toritos "kitch"; en pleno belén estatuario los chicos de Puigcercós se han aflojado el cinturón y han dejado su rastro orgánico e indeleble en la traca final de un proceso que ha superado la más disparatada de las hipótesis que una mente calenturienta hubiera llegado a imaginar.

Una vez que nos hemos rasgado las vestiduras y hemos concluido por enésima vez que el tripartito de Maragall se ha convertido en un fenómeno casi paranormal en el mundo de la política, la segunda lectura de este "no" de ERC apunta a que estamos ante la consecuencia lógica, racional y casi necesaria de todo este absurdo proceso. El Estatuto existe porque lo pactaron Zapatero y Artur Mas en Moncloa. ERC y Maragall quedaron claramente desautorizados pero a diferencia del Molt Honorable, ERC puede mostrar su cabreo y negarse a poner la rauxa al servicio del seny de terceros.

Se trata de algo más hondo que un mero pateo de malestar o un síntoma de la lucha a muerte entre Carod y Puigcercos; al fondo de ese "no" late el soberanismo onanista y estéril del nacionalismo llevado a sus últimas consecuencias. Nada es suficiente para el mito de la Cataluña soñada: el Estatuto, los presupuestos o la gobernabilidad sucumben ante la voracidad del símbolo. Nada que no sea la independencia es suficiente para esa Cataluña mítica y victimista. El "no" de ERC al Estatuto es el "no" a España, incluso a una España tan apaciguadora, meliflua y entreguista como la de Zapatero: no hay entendimiento posible con quienes se irritan ante la visión de un inocente torito de fieltro. Está en su pasado y es su único futuro.

Después del sainete catalán ahora toca participar del espejismo, para algunos repugnante, de la paz con ETA; el final de un proceso ambidiestro que nos anticipan las sonrisas futuristas de la socialista Gema Zabaleta y la batasuna Jone Goiricelaya. Pero más valdría tomar la decisión de ERC como un aviso sobre la naturaleza de estos nacionalismos de extrema izquierda con los que el presidente Zapatero se siente tan cómodo. La gran diferencia es que la bronca entre Carod y Puigcercos la contaremos en votos mientras que la lucha entre Txeroki y Josu Ternera la acabaremos midiendo en sangre.

DESCONFIEMOS DE MARAGALL
MIQUEL PORTA PERALES ABC  6 Mayo 2006

En el proceso de discusión y aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña, Maragall -sin liderazgo alguno-, ha sido un objeto político no identificado. ¿Quizá ha jugado voluntariamente un papel institucional más allá del bien y del mal? No es eso. Durante el alumbramiento del Estatuto, Maragall ha sido un presidente oblicuo, ausente, cautivo de sus genialidades. Nadie -ni su propio partido- se ha fiado de quien incumple constantemente el principio de no contradicción. Pero, hete aquí que Maragall luce el palmito en el Senado afirmando que «nuestro Estatuto no está pensado para dar la espalda a nadie», que «las relaciones han de basarse en la confianza constitucional» y que, con el Estatuto, España «gana en estabilidad» y «asegura su continuidad». ¿Podemos confiar en Maragall y el nuevo Estatuto? Recomiendo la desconfianza activa.

Desconfianza ante un político que lo mismo dice -hemeroteca- que «España es un proyecto apasionante» que sostiene que «Cataluña es verdad, España es, más bien, un envoltorio». Desconfianza ante un político que, al son del himno de Riego, señala que los valores de la II República inspiran el Estatuto. Desconfianza ante un político que pide a gritos la jubilación, que ha sido incapaz de cohesionar un tripartito -penúltimo episodio del esperpento: el «no» de ERC al nuevo Estatuto- a la deriva. Y desconfianza ante un Estatuto que implica un cambio de modelo de Estado que conduce a una España desglosada.

¿Puede Zapatero confiar en Maragall y el nuevo Estatuto catalán? El presidente del Gobierno no debería confiar en un político amortizado que va de problema en problema hasta el desastre final; no debería confiar en un Estatuto que conduce a una España habsburguesa de incierto final. Cuando a Zapatero le caiga encima el carajal de la nueva España (?) que -por oportunismo o «progresismo»- está impulsando, cuando eso ocurra, quizá cambie la sonrisa beatífica por la mueca de asombro. O quizá no. Quizá era eso lo que buscaba. En cuyo caso, se demostraría que el problema en sí es ÉL. Rodríguez Zapatero. El heredero de aquel Fabio Cunctator que, para ganar batallas, evitaba el encuentro con el adversario.

Cinco años después
Editorial HERALDO DE ARAGÓN  6 Mayo 2006

HAN anunciado el 22 de marzo que pueden dejar de matar a cambio de algo y ya era hora. Ojalá se confirme su decisión. Pero quienes han hecho el anuncio llevan cientos de cadáveres sobre su conciencia y son los mismos que, hoy hace cinco años justos, decidieron acabar con la vida de Manuel Giménez Abad, disparándole por la espalda y, después, ya caído en el suelo, ante la mirada espantada de su hijo menor, con quien paseaba dispuesto a compartir con él una amable tarde. Aunque la Policía no ha averiguado todavía quiénes fueron los asesinos individuales, es notorio y confeso, como en muchas otras ocasiones antes y después, que militaban en ETA, la organización que dice defender con semejantes procedimientos alguna especie de temible libertad, tan abominable como ella misma. ETA mancilla cuanto toca y, en primer lugar, el buen nombre de los vascos. Su sino fatal e ineludible es la desaparición, a la que está condenada porque se dan las dos circunstancias que, juntas, la ahogan e impiden cada vez con más eficacia que siga actuando: una sociedad en la que ya están ahítos y horrorizados por tanta sangre incluso quienes miraban para otra parte cuando actuaban los matarifes; y la actitud decidida del Estado de Derecho de no ahorrar firmeza y medios -legales, policiales, judiciales, políticos- para acabar con la lacra.

Que Manuel Giménez Abad fuese un hombre preparado, inteligente y conciliador y militante de un partido democrático -presidía el PP en Aragón- son circunstancias que lo convierten en un símbolo cabal de lo que los terroristas más detestan y quieren inútilmente aniquilar. Por eso su recuerdo simboliza el dolor de toda una sociedad y debe añadir fortaleza al ánimo de quienes, en esta hora, asumen la responsabilidad de andar en nuestro nombre los últimos pasos del camino que conduce al fin del terrorismo. Ruta que debe recorrerse sin abono de peajes políticos, porque pagarlos sería aceptar que los más de ochocientos asesinatos ordenados por ETA fueron una inversión rentable de los terroristas.

España: el PSOE se radicaliza y pierde el centro
Francisco Rubiales Periodista Digital 6 Mayo 2006

El PSOE, bajo el mando de Zapatero, se está radicalizando y perdiendo su contacto con el centro sociológico y político español, que siempre ha sido el que ha otorgado la victoria electoral. Conscientes de su deslizamiento hacia posiciones radicales, los estrategas socialistas están empeñados en neutralizar su drama mediante lo que llaman el "talante", un método que cuida las formas sin cambiar un ápice el fondo, mientras empujan al PP hacia la derecha, difundiendo, con la ayuda de sus medios de comunicación afines, la imagen de un Partido Popular intrnasigente y autoritario.

La obsesión por el talante, el acoso permanente del gobierno y del partido socialista al Partido Popular, la labor de desgaste y de desprestigio que realizan contra la derecha española y la obsesión por aislar a los populares, impidiéndoles pactar con los demás partidos políticos del país, son movimientos estratégicos del PSOE que responden únicamente al miedo profundo que tienen los estrategas socialistas de perder el centro, por culpa del radicalismo de un Zapatero al que no le tiembla el pulso a la hora de desarrollar políticas que repugnan al centrismo español, como la admiración por la Segunda República, el levantamiento de los cadáveres de los caidos en la Guerra Civil, ciertas apelaciones al revanchismo de los perdedores, el enfrentamiento con la Iglesia Católica, una negociación débil y entreguista con el terrorismo y, por encima de cualquier otra, la ruptura de la unidad nacional y el desprecio a sentimientos patrióticos que el centro español siempre ha considerado inamovibles e innegociables.

La gran tragedia del PSOE es que el centro sociológico español cree, precisamente, en todo lo que Zapatero está combatiendo y demoliendo: la unidad de España, la dignidad y la firmeza del Estado frente al terrorismo, la elegancia y el pacto en las relaciones entre los distintos partidos políticos y el respeto a reglas democráticas tan básicas como la de que debe tenerse en cuenta la opinión de los ciudadanos.

La estrategia del PSOE establece que, aislado y desprestigiado, el PP necesitaría lograr mayoría absoluta para gobernar, algo que parece poco probable. De ese modo, la derecha no podrá sacar provecho del inevitable retroceso electoral del PSOE, consecuencia directa de su alejamiento a grandes zancadas del centro político y sociológico español, que fue el que contruyó la nueva democracia, después de la muerte del dictador Franco.

Por su parte, el PSOE de Zapatero, tras haber roto con el socialismo de Felipe Gonzalez y tirado por la borda otros principios clásicos del socialismo español, es hoy capaz de pactar sin pudor, con tal de gobernar, con cualquier partido político español, sin excluir a los nacionalistas extremos, a los que defienden la ruptura del Estado, a los marxistas nostálgicos y hasta a los que tradicionalmente han sido pantalla política del terrorismo, como es el caso de Batasuna, un partido hoy ilegalizado con el que algunos dirigentes socialistas vascos ya desean gobernar en coalición.

http://www.votoenblanco.com/

Estrategias (y 6)
Pío Moa Libertad Digital 6 Mayo 2006

Aunque una España unida y democrática sea el ideal más razonable, y verdadera condición para superar las tradicionales epilepsias políticas, ningún partido lo defiende con firmeza, y la mayoría de ellos la atacan. Políticos, intelectuales y periodistas lo proclaman en los medios de masas: la destrucción de la ley y el retroceso de las libertades carecen de trascendencia, o hasta son garantía de paz; la disgregación de la nación y de su soberanía constituye una forma “superior” de unidad. Presentan a los discrepantes como agentes de “crispación” e intentan silenciarlos con lenguaje y actos perversos, contrarios a la evidencia, típicos de las épocas de crisis.

Por eso la mayoría ciudadana se halla fragmentada y desconcertada. Superar tal situación es la tarea del momento. No será fácil ni ocurrirá de la noche a la mañana, pues han pasado muchos años sin respuesta adecuada a la difusión de los mesianismos de izquierda y separatistas. Pero los pasos deben ser dados. El primero, levantar con energía la bandera de la unidad y la democracia, de la recuperación de la legalidad constitucional, con el espíritu expresado por Julián Marías: no preguntarse qué va a pasar sino qué puedo hacer.

La articulación de un movimiento en torno a esos principios ocurrirá, de hecho viene ocurriendo, con la creación de organismos y movilizaciones como las que surgen espontáneamente, a menudo con fines particulares, pero unidas por el común empeño de impedir el derrumbe de la España democrática. En este foro se ha propuesto un movimiento de Ciudadanos por la Constitución. Pues manos a la obra. Empecemos por elaborar un manifiesto que exponga breve y claramente sus aspiraciones, y un sistema de contacto (puede ser una dirección de correo electrónico) entre las personas dispuestas a trabajar por ello. Porque trabajo no ha de faltar.

Nuestra democracia, insistamos, vive una crisis muy seria, de la que puede salir más asentada, o hundida. Depende de nuestra capacidad de reacción.

Espainia autodeterminazioa
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ/PSICÓLOGO El Correo 6 Mayo 2006

De momento estamos con el capítulo del cese permanente de la violencia terrorista de ETA, un dosier lo suficientemente sensible como para que condicione la futura re-elección del presidente Zapatero. A la izquierda abertzale le consumen el tiempo y las energías dos cuestiones, a saber: cómo retornar a la arena política exorcizando la ilegalización y, de resultas, cómo ganar el suficiente número de escaños locales y autonómicos como para labrarse el camino de tener influencia de gobierno en Euskadi. De los dos objetivos, el primero es un parámetro meramente técnico aunque insoslayable, mientras el segundo encierra el verdadero postulado identitario de la política territorial en la España de la primera mitad de este siglo. El modelo de Estado es lo que diferenciará a izquierdas y derechas en nuestro futurible mosaico de naciones y nacionalidades.

Los nacionalismos vascos exteriorizan tanto su reclamación de autodeterminación porque son conscientes, en su plenitud, de que por ahora es irrealizable. No es una incoherencia. Les sirve para manifestar un elemento diferenciador, una marca patente que los distancia de los partidos españoles, pero que por lo pronto no les exige una traducción en términos de realidad. Demandan un referéndum, que se conceda al pueblo vasco la capacidad de decidir su destino con independencia de España, porque distinguen a la perfección que cualquier consulta ciudadana en ese sentido arrojaría, ahora y en los años venideros, un resultado negativo. Ni en Euskadi ni en Cataluña existe masa crítica poblacional suficiente a favor de la independencia. Los nacionalismos continúan reclamando hoy una autodeterminación que esperan hacer realidad en veinte años.

La ruta estratégica del abertzalismo es hacerse con las suficientes competencias, y espacio de gobierno, como para que la información para la construcción de la realidad que reciba la población en las próximas dos o tres décadas sea en clave euskalduna. Albergan la esperanza política de que, a base de repetir el mensaje, de gestionar la educación, de influir en los medios de comunicación, de promocionar el euskera (todavía es un asunto muy pendiente) y de conducir esferas de gobernabilidad, la ciudadanía acabará basculando hacia una idea federalista de la convivencia con España. Y pueden conseguirlo, porque la alternativa que se está manejando en el espectro ideológico español está abanderada por el PP y no responde a una concepción sociológica de España, sino doctrinaria.

La españolidad de la derecha es demasiado estática, demasiado rígida. La de la izquierda es predominantemente federalista. Aun cuando en el PSOE existe un sector bien nutrido que defiende la España flexible de las autonomías, no se atreve a exteriorizarlo en demasía porque ni esa corriente tiene peso categórico, es decir, que no gobierna hoy en el partido, ni sus miembros se arriesgan a ser percibidos como próximos a la derecha. El resultado es que el arquetipo de una España unitaria que está siendo ofrecido a la población es de derechas.

El arcaísmo de una España monolítica, por más que autonomista, tiene el efecto de promocionar, por compensación, el nacionalismo federalista. Existe un tercer espacio ideológico que engarza muy bien con la sociología ciudadana del progresista en lo ideológico pero conservador en lo sociobiológico, y casi en lo moral, que tiene más que ver con planteamientos cercanos a la izquierda que a la derecha, pero sobre el cual la izquierda no ha vertebrado nada. Por lo menos, no ha vertebrado nada al nivel de trasladar a la ciudadanía el mensaje acerca de ese tercer espacio sobre el modelo territorial, mensaje que sí encaja en los presupuestos ideológicos de una corriente, más tradicionalista si se quiere, silenciada y autocensurada dentro del PSOE. Ese tercer espacio (o primer espacio, pues arranca de la Transición) tiene que ver con el concepto de una España compuesta por nacionalidades con amplio grado de autonomía, pero de ninguna manera autodeterminadas.

Eso de la autodeterminación está muy bien, pero al 80% de los españoles les estomaga, ni siquiera lo digieren. En eso, nos comportamos de manera conservadora. Sin embargo, al menos la mitad de la ciudadanía es ideológicamente progresista. El posicionamiento del partido político que representa a la derecha ideológica en España, con respecto al modelo territorial, es tremendista, alarmista. El mensaje que se traslada desde la derecha es asimilado por su base más fiel de votantes, pero rechazado por extremista y emocionalmente chocante por la ciudadanía más centrista. Ésa, que es la que prescribe quién gana las elecciones generales, no tiene ningún referente que defienda una idea aglutinadora pero moderada de España. En la actualidad, la izquierda no se ha definido con claridad entre el federalismo y el autonomismo progresista. Lo hará, aunque de momento está primando la confusión estratégica y política, producto de una maniobra fina y arriesgada del PSOE para mitigar a los inmitigables nacionalismos haciendo concesiones pseudofederalistas que, si no se manejan bien, pueden acabar convertidas en un Saturno devorando a sus hijos.

Zapatero, si mentís en los mentís ¿cuándo no mentís?.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 6 Mayo 2006

Al PSOE le pasa lo que a Pedro el del cuento, tantas veces mintió a sus vecinos sobre los ataques del lobo a sus ovejas que cuando atacó de verdad nadie le creyó. Las gentes del PSOE han mentido tantas veces en sus desmentidos que ahora cualquier desmentido que hagan lo convertirán en un certificado de veracidad de aquello que intentan desmentir.

Cuando Patxi López dice "Nadie ha hablado, por lo menos por nuestra parte, de Navarra como moneda de cambio de absolutamente nada, porque no podríamos hacerlo, entre otras cosas" si de algo podemos estar seguros, además del hecho de que Rubalcaba es ministro del Interior es del hecho de que el PSOE ha pactado con ETA utilizar a Navarra como moneda de cambio.

Cuando Patxi López dice en relación a pactos de gobierno con ETA Batasuna "no hay ninguna posibilidad de ningún tipo de pacto con ese mundo, ni ahora, ni en un futuro cercano porque nos separan abismos, por lo tanto, despejemos todas esas dudas", podemos estar seguros de que tan cierto como que la vicepresidenta de la Vega luce cien modelos distintos al año es el hecho de que el PSOE tiene ya pactado con ETA Batasuna ese asunto.

Cuando el 17-02-05 Zapatero desmentía la existencia de negociaciones en curso con ETA manifestando que “no hay en absoluto ningún mecanismo de negociación con ETA”, mentía.

Cuando la vicepresidenta del gobierno de la Vega desmentía el 17-02-06 diciendo: "Ni el Gobierno está hablando con ETA ni ha autorizado contacto alguno con la banda, y, a partir de ahí, todo son especulaciones", mentía.

Cuando el ministro del Interior entonces, José Antonio Alonso desmentía el 19-5-05 en Tele5 aseverando "No hay negociación y en ningún caso se va a pagar un precio político", mentía.

Cuando Juan Fernando López Aguilar, ministro de Justicia desmentía el 21-3-06 diciendo "no se está produciendo ninguna negociación (con ETA)", mentía.

Cuando José Blanco, Secretario de Organización del PSOE desmentía las negociaciones con ETA diciendo el 14-12-05 que "no se ha autorizado en nombre de su partido ningún contacto ni con ETA ni con Batasuna. ..... el único contacto fehaciente que se conoce fue el que mantuvo Aznar y su Gobierno", mentía.

Mienten cuando desmienten, mienten con fruición, mienten sonriendo, mienten poniendo cara seria de circunstancias, mienten cualquier día de la semana, mienten a quien sea, mienten sin pudor, simplemente mienten.

Zapatero, si mentís en los mentís, ¿cuándo no mentís?. Tener todo un gobierno mendaz es hazaña jamás lograda con anterioridad, y ello a pesar de la rotunda oposición de Rubalcaba a que España tenga un gobierno que mienta. En cuanto se dé cuenta de lo troleros que son sus compañeros de gabinete, seguro que Rubalcaba dimite y se va a Bolivia a hacer de solidario.

La hoja de ruta de Zapatero al infierno precisa de un potente combustible que la mantenga en marcha, dicho combustible es la mentira.

¡Quiero saber la verdad!
Federico Quevedo El Confidencial 6 Mayo 2006

Aquella mañana, en las horas siguientes a los terribles atentados del 11 de marzo de 2004, una persona de figura oronda, pelo blanco y hablar entrecortado se dirigió a la sede del Centro Nacional de Inteligencia para ofrecer sus servicios como experto en asuntos islámicos. Aquella persona de figura oronda, pelo blanco y hablar entrecortado no era ningún cualquiera, por supuesto, pero nada tenía que ver con quienes en aquel momento detentaban el Gobierno de la Nación. Y, sin embargo, ni el presidente, ni el ministro de Defensa, ni ninguno de los que integraban el Gabinete de Crisis creado para hacer frente la situación supieron nunca de la llegada al CNI de aquel personaje, dispuesto a ofrecer su ayuda para esclarecer los hechos. Según parece, según me cuentan mis fuentes, Miguel Ángel Moratinos tenía mucho interés en colaborar en la tarea de desentrañar la trama islamista del 11-M desde los primeros instantes posteriores a los atentados. A nadie se le oculta que Miguel Ángel Moratinos guarda una estrecha amistad con quien entonces dirigía el CNI, Jorge Dezcallar. La pregunta es, sin embargo, ¿por qué ese interés de Moratinos por conducir la investigación hacia la pista islamista desde el primer momento, cuando en las primeras horas y siguientes los servicios de información apuntaban a ETA de manera indudable? Es más, ¿por qué se ocultó aquella visita al CNI al Gobierno de la Nación? ¿Quién la ocultó? ¿Quién la permitió? ¿Por qué Moratinos estaba tan seguro de que era un atentado islamista? ¿Por la misma razón que lo sabía Rubalcaba?

Yo tengo la convicción moral de que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron el producto de una conspiración para echar al PP del poder. A quienes me preguntan, y son muchos los que lo hacen, si creo a la izquierda española capaz de semejante barbaridad les contesto, sin dudarlo, que sí, lo cual no quiere decir que señale a nadie como culpable. Pero es un hecho que hoy algunos de los que en su día mataron, secuestraron y enterraron en cal viva en nombre del Estado campan a sus anchas e, incluso, se les trata como personas respetables. Siempre he creído que quien ha matado una vez en nombre de una determinada e interesada causa política puede volver a hacerlo sin importarle las consecuencias. Tengo derecho a dudar. Es más, por mi profesión, estoy obligado a dudar, y con más motivo si quienes se empeñan en hacerme creer una única verdad son los mismos que negaban entonces la existencia de los GAL y del crimen de Estado. Si lo hicieron una vez, ¿por qué no van a volver a hacerlo? Ayer, en un artículo que pasó algo más desapercibido por la avalancha de informaciones y opiniones sobre la famosa tarjeta del Grupo Mondragón y el lío que se ha montado en torno a ella, afirmaba sin dudarlo que creo a la izquierda capaz de todo para lograr el poder, y capaz de todo para no perderlo. Incluso, aliarse con quienes llevan décadas matando, poniendo bombas y provocando masacres como la de Hipercor: solo les recuerdo que alguna vez esos mismos fueron considerados héroes por esa izquierda.

Tengo derecho a dudar. Es más, estoy obligado a hacerlo, les decía. Lo primero que me enseñó mi jefe de estudios en la carrera de Periodismo, casi diría que el primer día, fue eso: “Duda –me dijo-, porque solo de la duda obtendrás la verdad”. Y más de una vez les he dicho a ustedes que solo la verdad nos hará libres. Pero, fíjense, a mí me da igual si existía o no esa tarjeta de visita en la furgoneta. A lo largo de estos dos años hemos conocido numerosas informaciones que se han demostrado auténticas y que en cualquier otro país del mundo hubieran significado, por sí mismas, la apertura de una investigación seria y rigurosa. Yo me he leído el sumario del juez Del Olmo, en el cual puede uno toparse con lagunas como océanos, pero no he encontrado ninguna referencia –creo- al militante socialista asturiano Fernando Huarte y sus contactos con los supuestos terroristas, ni tampoco al hecho sorprendente de que uno de los implicados en la masacre estuviera afiliado al PSOE. Nunca hemos sabido quién le avaló, y sin aval es imposible hacerse militante socialista. Les invito a intentarlo. Qué curioso, Huarte trabajaba para el CNI que dirigía Dezcallar, el hombre en el que Felipe González confiaba casi a ciegas, y también aquellos que formaron parte de una de las páginas más oscuras de nuestra reciente historia. Desde el pasado 3 de abril, y gracias a una denuncia de Manos Limpias, se han abierto diligencias previas contra Huarte y otros 19 policías por el 11-M y por haber, supuestamente, ocultado información. Les diré algo: el PSOE heredó del franquismo una infraestructura de inteligencia e información que la UCD no depuró y que los socialistas aprovecharon en toda su extensión. Aquellos hombres estaban acostumbrados a la represión y al crimen en nombre del Estado. Por desgracia, Aznar no tuvo la valentía suficiente para deshacer esa infraestructura, y aquel 11 de marzo de 2004 se volvió contra él a favor de aquellos con los que habían compartido un mismo modo de entender la política.

Tengo derecho a dudar y a creer, como creo, que el 11-M fue el fruto de una conspiración. Y no caben posiciones intermedias en algo como esto. La simple duda sobre la verdad oficial conduce directamente a la sospecha de que algo se nos está ocultando, algo grave y probablemente horrible. Pero, fíjense, ¿nunca han pensado que si realmente el Gobierno socialista pudiera hundir, en toda la extensión del término, al PP con lo que pasó el 11-M, ya lo habría hecho? La izquierda no ha escatimado oportunidad alguna para machacar al Partido Popular con todo aquello que consideraba podía herirlo y anular sus expectativas electorales. Entonces, ¿por qué da la callada por respuesta a todo lo que sobre el 11-M vamos conociendo? La nota de la Policía sobre la tarjeta no hace sino confirmar que la política del Gobierno es callar y no aclarar la verdad, porque si el Ejecutivo quisiera responder a todas las veces que se ha cuestionado la investigación, la respuesta no vendría de la mano de una nota de la Policía: hubiera salido Rubalcaba atacando al PP y ridiculizando hasta la carcajada su posición sobre este tema. Y, sin embargo, calla. No solo eso: está inmerso en una ceremonia de ocultación y destrucción de la verdad. Lo dije una vez y lo reitero hoy, porque creo que merece la pena recordárselo a aquellos que tratan como ‘irresponsables’ a quienes no nos da la gana de agachar la cabeza y asentir como monos a las tesis del Gobierno y, sobre todo, a quienes se esfuerzan desde su atalaya mediática por esclarecer la verdad: sin ellos nunca hubiéramos sabido que existía el crimen de Estado, ni la corrupción. Perdónenme los baluartes periodísticos del pensamiento único: yo respeto que ustedes no me crean, respeten mi derecho a no creerles.

Esta es una cuestión, como escribía ayer uno de los periodistas que más me han enseñado en esta profesión que ejerzo lo mejor que puedo -mi director, Jesús Cacho-, de principios. Y yo tengo los míos, y la libertad consiste en que pueda defenderlos y expresarlos sin que nadie me lo impida. Y yo amo la libertad. Amo la libertad de Oscar López Fonseca para creer que todo lo que publican los medios que tratan de demostrar que detrás del 11-M hubo algo distinto de lo que nos han dicho que hubo, es falso. Y además defenderé ante quien sea su libertad y su profesionalidad, que respeto y admiro. Igual que respeto y amo la libertad de Antonio Casado para afirmar que todo esto es el fruto del subconsciente de unos malos perdedores. Pero no es así, y además él lo sabe. Porque lo que no puede negarme nadie es que en aquellos días desde la sede del PSOE se orquestó una campaña brutal y antidemocrática –porque antidemocrático es el uso de la jornada de reflexión para lanzar mensajes que en ese momento eran vitales en la estrategia política socialista- contra el Partido Popular. El 11-M fue el fruto de una conspiración de la que participó la izquierda española para echar al PP del poder. Tengo derecho a creerlo y, por lo tanto, a decirlo. La manera de participar puede ser muy diversa, incluso involuntaria, pero lo cierto es que esos atentados se utilizaron de modo que quienes ahora nos gobiernan obtuvieron el beneficio de la victoria electoral. Y lo cierto también es que, después de haberme leído el sumario del juez Del Olmo, si hay algo que me queda claro, es que seguimos sin saber quien o quienes fueron los autores intelectuales del atentado, y yo creo, y así lo digo, que siguen estando cerca de nosotros, tan cerca que casi podríamos hablar con ellos.

Es una cuestión de principios, y de mi libertad, y de la libertad de los miles de españoles que después de dos años siguen queriendo saber la verdad de lo que pasó aquel 11 de marzo de 2004. Hay quienes prefieren pasar página, superar el dolor, olvidarlo todo... Yo no. No estoy dispuesto a hacerlo. Voy a seguir luchando desde mi pequeña trinchera contra la verdad oficial y la sumisión inevitable. Es mi obligación hacerlo. Me da igual lo que me llamen, que me insulten, que se rían de mí, pero se lo debemos a la Libertad y a la Democracia que tantas vidas ha costado conseguir. Habrá quien proponga silenciarme –sé que ya lo han hecho- y silenciar a quienes siguen investigando porque han aprendido a dudar y que de la duda surge la verdad, pero nada hará que deje de creer en la libertad y en la necesidad de la verdad para lograrla. El 11 de marzo de 2004 es una fecha para la afrenta, una fecha que este país no puede ni debe olvidar nunca, una fecha que nos obliga a llegar hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, le pese a quien le pese, y me da igual si del conocimiento final resulta que hay que exigirle responsabilidades al anterior Gobierno o hay que exigírselas a este: lo que pasó causó tanto dolor y tuvo tan brutales consecuencias que nuestra obligación es levantar todas las piedras que algunos se han empeñado en poner encima de la investigación para ocultarla. Quiero saber la verdad, tenemos derecho a saberla, y la obligación moral de descubrirla si queremos que este país sea la gran nación que pudo ser.       fquevedo@elconfidencial.com

Falsa verificación, innegable claudicación
José María Martín Coronado Periodista Digital 6 Mayo 2006

La pretendida verificación de la total inactividad terrorista es imposible de confirmar, a menos que el Gobierno tuviese vigilados a todos los etarras, sus comandos, toda su infraestructura y, en definitiva, cada tentáculo del pulpo asesino que ZP eligió como animal de compañía. Una vez más, el socialismo nos miente. Nos mintieron cuando nos explicaban que no existían contactos con la Eta, comprobando ahora que aparecen curas filoterroristas, irlandeses ex-terroristas y británicos como Tony Blair que estaban al tanto del asunto. La ciudadanía española tratada de cornuda para arriba: los últimos en enterarse de que se la estaban pegando. Y es que el zapaterismo es fullería semántica gregaria de la doctrina de Antonio Gramsci: el fin justifica los medios que se adaptarán a las circunstancias.

El argumento fulero de los socialistas sobre la verificación es irreal, ya que controlar, y por tanto poder eliminar, totalmente a la banda asesina es imposible. Ningún gobierno lo ha conseguido de manera completa. Así, se descabezaron sucesivas cúpulas, se detuvieron innumerables comandos, se desarboló entramados de cobro del chantaje terrorista pero, la hidra bárbara siempre se regeneró. Realidad que corrobora mi teoría: si la vigilancia total es imposible la verificación certera será inventada. Tan figurada como que Otegi sea un ‘mensajero de la paz’con representación singular de una chusma incorpórea: Batasuna. Organización terrorista ligada a la Eta que, a pesar de manifestarse, dar ruedas de prensa, y en general cachondearse de todos los españoles, no existe para Pepiño blanco. Otro ayo del fraude retórico.

¿Adónde quiero llegar? Pues a establecer que la principal vía para la verificación del alto el fuego terrorista procederá de la misma banda y sus adláteres: los incorpóreos Otegi, Pernando, Usabiaga, Ternera, etcétera. Interlocutores con trato de estadista por la base dialogante socialista. Quid de la perorata zapaterina difundida por el agrario Moraleda, insistiendo en que lo importante no es tanto la entrega de las armas como la voluntad de abandonarlas. Estupidez supina que provoca preguntar ¿y si no entregan las armas cuánto les durará la voluntad de no volver a utilizarlas? Por lo demás ¿qué mejor muestra de buena voluntad que una entrega de armas, descubrimiento de los escondites y pisos francos que ya no necesitarán? Eso no pasará, quedando verificado la poca voluntad de los etarras en rendirse. Zapatero sabe que exigir una entrega de armas sería reventar la euforia hinchada artificialmente, y confía el mal llamado proceso de paz a la voluntad terrorista. Pero la cosa está clara: la Eta no tiene voluntad de entregar las armas hasta confirmar que sacará algo de todo esto. Y, siendo esto así, por mucha verificación que nos venda el Presidente, la Eta y sus ‘mensajeros de paz’ siguen con las pistolas encima de la mesa ejercitando su habitual coacción terrorista. ¿Cómo le pueden llamar proceso de paz a todo esto? Fullería señores, fullería. Estafa avalada por los votos de aquellos que confiaron en ZP y su pandilla. Ajo y agua.

Fran Valde. Madrid

Asociación Vigueses por la Libertad
Javier Dorado Periodista Digital 6 Mayo 2006

Este miércoles, 10 de mayo, tendrá lugar en Vigo la presentación de la asociación Vigueses por la Libertad con la presencia de Gotzone Mora.

La concejala de Getxo y profesora de la Universidad del País Vasco, presidirá el primer acto público de la asociación Vigueses por la Libertad, en sala de conferencias de Centro Cultural Caixanova en Vigo (entrada por c/Marqués de Valladares) a las 8 de la tarde. La entrada será libre y gratuita.

Al acto asistirán también Josefina Saavedra Botana, delegada en Galicia de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y José Luis Sesma, secretario de la Asociación Gallega por la Libertad de Idioma (AGLI). Moderará el acto y la charla-coloquio la periodista Cristina Losada.

Vigueses por la Libertad es una asociación cívica, independiente de los partidos políticos, que nace con el objetivo de defender los derechos y libertades individuales, en una coyuntura política cargada de incertidumbre, en la que se están promoviendo cambios que afectan a la Constitución sin consultar al conjunto del pueblo español, y que quiebran la igualdad ante la ley y la solidaridad entre las Comunidades Autónomas.

La asociación se propone promover en Vigo, a través de conferencias y debates, una corriente de opinión que se oponga a las tendencias disgregadoras, a los recortes de la libertad que las acompañan y al intervencionismo político en la sociedad, incluidas las imposiciones lingüísticas que provienen del gobierno autonómico.

Por considerar que la libertad es el valor central de una sociedad abierta, y también el más frágil, la asociación ha querido que en su primer acto estuviera presente Gotzone Mora, que ha defendido y defiende la libertad y la democracia en uno de los lugares de España donde hacerlo entraña el mayor peligro.

Para contactar con ellos os facilito un email: viguesesporlalibertad@yahoo.es

Larga vida a esta asociación y muchas como esta.

Allí nos vemos.
javidoradopd@yahoo.es

Expertos juristas afirman que los consejos autonómicos politizarán más la Justicia
Denuncian la posible inconstitucionalidad de la reforma en cuanto que existe el riesgo de que la Justicia deje de ser el poder único que configura la Carta Magna
ABC 6 Mayo 2006

MADRID. Jueces de proximidad y Consejos Autonómicos de Justicia fueron las materias sometidas a debate en las últimas sesiones de las jornadas organizadas por el Departamento de Derecho Procesal de la Universidad Complutense de Madrid sobre las reformas de la LOPJ aprobadas por el Gobierno. Las conclusiones de los ponentes -todos ellos magistrados y catedráticos- fueron muy críticas con las dos principales novedades de los proyectos, que aún se tramitan en el Congreso.

Para Jaime Vegas, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, la reforma en su conjunto merece una valoración negativa «porque nadie espera de ella un beneficio para la justicia, ni siquiera los que la han promovido». Además de la dudosa constitucionalidad de los Consejos de Justicia, el ponente denunció el grave riesgo que existe de que aumenten la politización de la Justicia, dado que, al introducirse en dichos órganos miembros nombrados por las cámaras autonómicas, es de esperar que en ellos se reproduzcan las luchas políticas que en la actualidad tienen lugar en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

También muy crítico, el consejero permanente de Estado José Luis Manzanares opinó que los cambios suponen «ir para atrás» y que los nuevos Consejos «no van a servir para nada», no teniendo otra justificación, aseguró, que la cesión a las reivindicaciones de los partidos nacionalistas. También criticó la elección de los nuevos jueces de proximidad -mediante un concurso de méritos sin suficientes garantías- y su acceso a la categoría de juez, que requiere una valoración de un órgano de origen político, lo que puede afectar a su independencia.

El profesor emérito de la Universidad Complutense Pedro Aragoneses puso de manifiesto la contradicción que supone que el mismo partido político que suprimió, sin justificación alguna, los jueces de distrito en 1985, introduzca veinte años después una categoría similar aunque empeorada, pues en la nueva configuración los jueces de proximidad no entrarían por oposición, como antes, sino por concurso, lo que merma las garantías sobre su capacidad y, sobre todo, sobre su independencia. Para Aragoneses, «el nuevo sistema no permite una justicia independiente ni preparada».

En el coloquio posterior se incidió en que los nuevos Consejos no son necesarios, en el riesgo de que la Justicia deje de ser el poder único estatal que configura la Constitución, y en la justicia de baja calidad que pueden terminar impartiendo los jueces de proximidad.

No es verdadera doble instancia
Por último, Pía Calderón, de la Universidad de Valencia, dudó del diseño dado a la doble instancia penal. En su opinión, el proyecto no sólo no ha generalizado esa doble instancia, sino que ha suprimido la que existía creando un recurso de apelación que no es sino una casación disfrazada. Además, dijo, podría no cumplir las exigencias de la Comisión de Naciones Unidas, que es precisamente lo que justifica la reforma.

POR UN MILLÓN DE EUROS

MIQUEL PORTA PERALES ABC  6 Mayo 2006

LA Administración -cualquiera- siempre se distingue por la mala costumbre de subvencionarlo todo o prácticamente todo. La Generalitat de Cataluña -qué les voy a contar- no es precisamente la excepción. Y la lengua -la catalana, por supuesto- es la eterna subvencionada de una Generalitat que es incapaz de entender y aceptar -lo sabe, pero ni lo entiende ni lo acepta- que Cataluña es una realidad bilingüe. Desde estas páginas, en más de una ocasión, he criticado este hecho como signo y síntoma de marginación y exclusión lingüísticas del castellano en Cataluña. Pero, si quieren que les diga la verdad, estoy calibrando la posibilidad de subirme al carro del gremio de los subvencionados por la Generalitat a mayor gloria de la lengua catalana y menor de la castellana. Y es que, señoras y señores, un millón de euros es un millón de euros.

Verán ustedes, resulta que en el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC) número 4.614, de 13 de abril de 2006, aparece, con la firma del consejero primero, la resolución PRE/997/2006, de 4 de abril, por la que se convoca concurso público para la concesión de subvenciones para iniciativas dirigidas a promover los usos interpersonales de la lengua catalana para el año 2006. ¿El importe de la subvención? Lo adelanté antes: un millón de euros a repartir -un pellizco es un pellizco- entre los que resulten agraciados por la Secretaria de Política Lingüística. Veamos. ¿Qué he de hacer -o qué han de hacer ustedes si deciden participar en el concurso- para ser merecedor de dicha subvención? La resolución del DOGC lo especifica con claridad. Hay que presentar un programa de actividades cuya finalidad sea la siguiente: extender el uso social de la lengua catalana entre los jóvenes de quince a veintinueve años; potenciar los factores emocionales e identitarios que puedan vincular más intensamente a los jóvenes y adolescentes a la lengua catalana; incrementar la percepción del catalán como una lengua que también sirve para actividades lúdicas que ofrezcan una imagen personal atractiva y moderna; hacer sentir la lengua catalana como una lengua próxima, flexible y que proponga lazos emocionales; potenciar los usos interpersonales en lengua catalana en los sectores deficitarios; promover los valores del catalán como lengua útil y que facilita el éxito profesional; organizar parejas lingüísticas de acuerdo con el programa Voluntarios para la lengua. Conviene añadir que la resolución del DOGC precisa que este programa se puede dirigir también a personas que habitualmente hablen en catalán, para que no cambien de lengua innecesariamente, a personas que tengan conocimientos pasivos de la lengua pero no la utilicen, y a personas de inmigración reciente.

¿Con qué proyecto de promoción del catalán pienso ganar un puñado de euros? A fecha de hoy, he redactado un anteproyecto que pienso concretar en los próximos días. Veamos. Se trata de crear una agencia matrimonial, un consultorio psicológico, y una oficina de terminología lingüística, con los nombres de LligaCat, PsicoCat y CollonsCat. Estas instituciones facilitarían las relaciones personales y la terapia personal en catalán, así como la normalización del taco genuinamente catalán. Además, propongo la constitución de MissCat, MisterCat, DiscoCat y PornoCat que, como ya habrán adivinado, impulsarán los concursos de belleza, la música y el cine erótico en lengua catalana. Dos instituciones más: ESADEC (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas Catalanistas), escuela de formación de políticos, ideólogos y empresarios nacionalistas; y CIC (Central de Inteligencia Catalana), cuerpo de espías que investigue a quien cambie el uso del catalán por el del castellano. Finalmente, propongo un par de campañas: «Háblalo, háblaselo» que, a semejanza del «Póntelo, Pónselo», impulse el uso del catalán entre quien lo habla; y «Papeles para todos los que hablen catalán», que legalizaría a cualquier inmigrante catalanohablante. ¿Ustedes creen que exagero?
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