AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 17 Mayo  2006
La insoportable levedad del pensamiento disidente
Antonio Robles Libertad Digital  17 Mayo 2006

Libertad de lengua
Luis GarridoBarcelona Email 17 Mayo 2006

El PSOE ignora a cuatro millones de españoles
Editorial Elsemanaldigital.com  17 Mayo 2006

¿Y AHORA QUÉ?
Editorial Minuto Digital 17 Mayo 2006

Yo también verifico
ANTONIO BURGOS ABC 17 Mayo 2006

El compromiso contra un estatuto inconstitucional
EDITORIAL Libertad Digital 17 Mayo 2006

ZP empieza a dar miedo
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Mayo 2006

Terrorismo con tendencia a cero
ÁNGEL ALTUNA (*)  ABC 17 Mayo 2006

La mala suerte
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Mayo 2006

El Tinell pervive en el Congreso
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Mayo 2006

El desgobierno y la oposición
Agapito Maestre Libertad Digital 17 Mayo 2006

El Barça is not Spain
Javier Orrico Periodista Digital 17 Mayo 2006

"¡Rodríguez, Labordeta, dejadme votar!"
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 17 Mayo 2006

La razón de los escépticos
TONIA ETXARRI El Correo 17 Mayo 2006

Referencias
JOSEBA ARREGI El Correo 17 Mayo 2006

Viva España
Manuel Molares do Val Periodista Digital 17 Mayo 2006

El PP gallego pide un estatuto como el catalán y vasco
Minuto Digital  17 Mayo 2006

EL PSOE DISPUESTO A SENTARSE CON ETA AUNQUE SIGA EXTORSIONANDO
Minuto Digital 17 Mayo 2006

El pasaporte, también en catalán
La Razon 17 Mayo 2006

IZQUIERDA LIBERAL
La insoportable levedad del pensamiento disidente
Antonio Robles Libertad Digital  17 Mayo 2006

Durante muchos años, la crítica al nacionalismo lingüístico o al nacionalismo a secas no tenía cabida en los medios de comunicación catalanes. A quienes tratábamos de hacerlo sólo nos quedaba el espacio reducido de revistas disidentes, muy marginales, como Cervantina o Tolerancia. De escaso presupuesto y círculos cercados, su influencia era muy escasa.
Recuperaré de vez en cuando algunos de aquellos artículos que de tanto haber sido ocultados siguen siendo vigentes. En este caso, una reflexión realizada en 1997 en la revista Tolerancia que, lejos de apolillarse, ha debido completarse ahora con otra mucho mayor y que se publicará en el próximo número de La Ilustración Liberal. 'El Síndrome de Catalunya', que así se titula, intenta dar cuenta de las patologías sociopolíticas que padecemos hoy en Cataluña. Como Albert Boadella, doy por supuesto que Cataluña está enferma, y trato de comprender su enfermedad, clasificar sus virus, comprender qué nos pasa, descubrir por qué no nos atrevemos a ponerle cura.

Ese estudio empezó en ideas como las que vertí entonces en Tolerancia, y de las que vuelvo a dar cuenta ahora. A menudo he reflexionado sobre la excesiva "prudencia" en los juicios que los disidentes al nacionalismo en Cataluña han dirigido al proceso de normalización lingüística. No me refiero con "prudencia" al juicio que discierne y distingue lo bueno de lo malo en aras de escoger lo más conveniente, sino más bien a su acepción de "cautela", es decir, a la astucia, maña o sutileza para no provocar rechazo social cuando se arremete contra ideas integristas. He buscado razones y, me las he, me las han dado.
De todo tipo: estratégicas, altruistas, ejemplarizantes… Ninguna me ha acabado de convencer por completo. Todas eran muy respetables. Dicen los clásicos que la madurez es saber conformarse con una realidad que nunca será la soñada. Algunos. Otros han asegurado que sólo de la insatisfacción nace la libertad y se recrea la vida. No sé cuál de los dos caminos será el acertado, o si lo son los dos, ninguno o se le suman otros, pero sé cuál de ellos nos invita a la fatalidad. Por eso, a menudo, cuando he buscado razones sólo me he topado con coartadas. ¿Nacidas del pudor a la verdad oficial imperante? ¿O, más bien, del cálculo por la posición política ocupada?… Puede que de la astucia o de la inteligencia a secas. De todo debe de haber.

Pero, nazca de donde nazca esa prudencia, se comprueba cada día que es el más eficaz de los somníferos de los que el nacionalismo se aprovecha para tener congelada la protesta social contra sus excesos. "El miedo guarda la viña", dice un refrán castellano. La "prudencia intelectual" en Cataluña deja hacer al nacionalismo y desactiva a quienes lo sufren. Es su arma más sofisticada y cruel: hacer creer culpables a sus víctimas. Alto precio a pagar, justificado por parte del catalanismo lingüístico por el capital moral acumulado durante los años del franquismo, que ha pasado a cobrar en la etapa democrática, en su calidad de víctima.

Todo aval se acaba si se abusa de él. Todavía no en Cataluña. El estatuto de víctimas alimenta la prudencia intelectual, ésta deja hacer al nacionalismo y paraliza a quienes soportan sus consecuencias.

Desde hace años, la disidencia es rehén de un laberinto de conceptos, opiniones, lugares comunes y siglas históricas que nombran lo que ya no son.
"Continuaremos suponiendo a Dios –decía Nietzsche– mientras sigamos creyendo en la gramática". Seguirá aturdida y subyugada en Cataluña mientras no ponga en cuestión los dogmas conceptuales que el nacionalismo ha impuesto o depuesto, según su conveniencia: "inmersión", "doble red escolar", "lengua materna", "hecho diferencial", "España", "lengua propia", "inmigración", "autodeterminación", etcétera. Seguirá flagelándose mientras siga "creyendo" que detrás de las siglas de algunos partidos y sindicatos están sus sueños progresistas y no sus carceleros.
No es capaz de admitir que buena parte de nuestra clase política vive en una nación frustrada; o sea, envenenada por ser, ansiosa por encontrar disculpas que la justifiquen, encabronada por una realidad que la niega, dispuesta a consumar el engaño utilizando valores y reivindicaciones loables, nobles, democráticas; con todo el cinismo del mundo, sin un maldito amago de vergüenza.

Perdidos en esa telaraña de conceptos, cada atrevimiento se frustra por temor a desagradar al señor de la viña: no se debe decir esto, nombrar lo otro, remarcar lo evidente. Y todo esto, en el mejor de los casos. En el peor, el disidente, presionado por el ambiente estético nacionalista, se desdibuja en la defensa de sus convicciones más profundas y utiliza descalificaciones propiamente nacionalistas contra sus propios compañeros de disidencia. Es la consecuencia del excesivo pudor que siente ante la liturgia estética de auditorios llenos de "progres" estancados en reivindicaciones biempensantes, como si el mundo acabara en las leyendas universitarias de su generación. Con esa actitud mezquina vende a sus propios compañeros, refuerza las descalificaciones nacionalistas al uso, pero sobre todo se hace esclavo de su propia mediocridad al traicionarse a sí mismo.

Así, a costa del desprestigio de sus propios compañeros, construye su respetabilidad. Se siente a salvo, fuera de la satanización nacionalista, sin más porvenir que ir renunciando cada día un poquito más a sus propias convicciones. La vergüenza de la madre soltera de antaño nos recuerda la condescendencia que suscitan estos personajillos amordazados por la presión de esta época. Tomar conciencia de esta ingratitud contra uno mismo podría constituir el principio del fin del caciquismo nacionalista.
La disidencia ha de tener el valor intelectual de romper la baraja. Crear espacios para poder respirar. Se han enquistado demasiados conceptos demonizadores en el imaginario popular, causantes directos de sutiles complejos. Han minado sus referencias ideológicas, culturales, lingüísticas, nacionales e internacionalistas, han ocupado todo el territorio mental e ideológico. Juegan siempre en campo propio. Atreverse a colectivizar esa hegemonía la obligará a vivir a la intemperie. Pero proseguir en su consentimiento la hará un poco más esclava cada día.

Es preciso nombrar lo denostado: debería hablar de bilingüismo, de pluralidad, de mestizaje, de tolerancia; de izquierdas y derechas; debería nombrar a España y no dejarse acomplejar por utilizar democráticamente los colores de la bandera constitucional. Debería incorporar a su lenguaje la legitimidad de conceptos como república, federalismo, ciudadanía… Debería hacer referencias a las lenguas de Cataluña cuando hablemos de lengua propia. Es preciso defender lo evidente, recuperar el español como lengua común.

Esas minas virtuconceptuales que la frenan cederán espacio a cada atrevimiento, y cada espacio conceptual liberado obligará al nacionalismo a rebatirla con argumentos, no a descalificarla con insultos. No hay que tener miedo a ser contundentes. El problema no está en la radicalidad de los conceptos utilizados, sino en la naturaleza de los pensamientos que los nutren. Demasiadas veces se ha confundido la contundencia con la defensa de posturas antidemocráticas, o con la violencia, ese camino impaciente del apresurado que lo quiere todo ahora porque es incapaz de apreciar la complejidad de la vida o dudar de sus propias convicciones. Ahí no hay contundencia, determinación o ausencia de complejo; ahí sólo hay intolerancia, cutrez, autoritarismo y en algún caso fascismo.

El marco de la contundencia debe ser rigurosamente democrático. Sin excepción alguna. Pero, dentro del Estado Democrático, "la convivencia a cualquier precio –lo diré con palabras de Francesc de Carreras– es indignidad".

Empezando por el derecho a poder decir en palabras razonables lo que nuestro corazón siente: hablar de tolerancia es respetar y atreverse a convivir con el que no piensa como tú sin renunciar a denunciar aquello que nos parece indecente, exigir el bilingüismo es crear las condiciones para que la sociedad catalana entera lo sea sin traumas, no utilizarlo como coartada para marginar a aquellos ciudadanos que nunca pudieron dominar una de las lenguas. Nombrar a España es ejercer el derecho a construir una nación de ciudadanos, compatible con las aspiraciones ideológicas, religiosas, económicas, culturales, lingüísticas, etcétera, de cada uno de los ciudadanos que la componen. Y en todo caso, disfrutar del derecho a sentirse como cada uno quiera en la misma proporción que lo disfruta quien únicamente admite la nacionalidad catalana.

Españas ha habido muchas. Nosotros tenemos derecho a la nuestra: un Estado de Derecho donde el ciudadano sea la referencia moral y política por excelencia y cuya estructura aspire a fundirse en un mundo sin fronteras.

Existen razones objetivas para confiar en la bondad y acierto de estos pensamientos. Hace cinco años [recuerde el lector que esta reflexión data de 1997] era imposible ser una persona decente si se defendían posturas lingüísticas distintas a las nacionalistas. Hoy sólo son ciudadanos discrepantes. Los únicos perjudicados han sido los psiquiatras.       antoniorobles1789@hotmail.com

Libertad de lengua
Luis GarridoBarcelona Email 17 Mayo 2006

El derecho a usar una lengua debe sustentarse exclusivamente en la teoría de la libertad como una manifestación particular de la libertad de expresión, es decir, en la ausencia de toda injerencia de los poderes públicos ante la actividad comunicativa entre los individuos. Entonces, las leyes llamadas del «mercado linguístico» ordenarán así toda comunicación a través del lenguaje en una sociedad desarrollada. En paraísos linguísticos como el ahora descrito nacieron el castellano y el catalán.

La certeza y la seguridad linguísticas con los poderes públicos, y la igualdad de los ciudadanos en sus relaciones con aquéllos, reducen la libertad de las lenguas, ahormándolas y transformándolas en un derecho público. Entonces, los poderes públicos han de aceptarlas por activa y por pasiva, y reconocer plenos efectos jurídicos a su uso; y esto al menos en relación a las lenguas oficiales, que en Cataluña son el castellano y el catalán. Este derecho debe respetar la libertad de usar cada una de ellas de la forma como la Constitución respeta la libertad: en sumo grado. Las leyes no deben ni defender ni atacar las lenguas. El fin de toda acción política sobre cualquier lengua debe ser la protección de los derechos linguísticos individuales de cualquier ciudadano, cualquiera que sea la lengua que hable; y no otro.

Cuando los poderes públicos hacen al catalán lengua vehicular de gran parte de la enseñanza entendemos que se pretende imponer a los castellanohablantes. Se pretende coartar la libertad de que hemos hablado mediante la aplicación de la voluntad positiva de los políticos catalanes, en contra de los principios de igualdad, libertad, solidaridad y respeto a toda manifestación cultural que la misma Generalitat proclama continuamente, pero que luego no cumple.

El PSOE ignora a cuatro millones de españoles
Editorial Elsemanaldigital.com  17 Mayo 2006

Cuatro millones de españoles han firmado para opinar sobre el Estatuto catalán de Zapatero y Maragall, ya que afecta a la vida constitucional de todos. El Gobierno no escucha.

17 de mayo de 2006. Mariano Rajoy defendió ayer en el Pleno del Congreso una proposición no de Ley para pedir la convocatoria de un referéndum nacional sobre la reforma del Estatuto catalán. Esa petición venía respaldada por más de cuatro millones de firmas de españoles de todas las provincias que comparten la preocupación del PP y el deseo de dar su opinión en una cuestión que les afecta.

El presidente del PP constata que "proliferan presuntas naciones". Y esto no es un hecho opinable: el texto del Estatuto catalán pactado por José Luis Rodríguez Zapatero primero con los republicanos y después con los nacionalistas de CiU considera a Cataluña una nación. Sin embargo, la Constitución vigente se basa en la existencia de una sola nación soberana, España, patria de todos. Cambiar ese hecho implica un cambio de régimen constitucional. ¿Puede hacerse tal cosa sin consultar al pueblo español?

Según la letra de la Ley, los juristas afines al Gobierno defienden que sí se puede hacer, que el Estatuto no implica técnicamente una reforma constitucional. Pero esto no deja de ser un formalismo, porque una cosa no puede tener a un tiempo dos naturalezas. Si Cataluña es una nación España dejará de serlo, y además con un Estatuto que pasaría a formar parte del "bloque de constitucionalidad". En ese sentido, Rajoy ha recordado y Zapatero ignorado las advertencias del Consejo de Estado, de que tras el Estatuto de Zapatero hay un cambio de las reglas del juego.

4.028.396 de firmas avalan lo que el PP pide, que no es sino una consulta a la gente sobre un tema que afecta a la gente. Ciertamente las firmas no bastan para convocar el referéndum, ni la petición del PP, pues sólo el Gobierno tiene esa potestad si técnicamente no se trata de una reforma constitucional. Pero el desprecio mostrado por el PSOE hacia esos españoles que quieren dar su opinión no es ni un capricho del PP ni una buena señal democrática.

Los nacionalistas catalanes y el PSOE han hecho un ejercicio de memoria histórica selectiva para acusar al PP de Mariano Rajoy de las reticencias y votos negativos de la Alianza Popular de Manuel Fraga ante el Estatuto de 1979. El diputado de CiU Jordi Xuclá acusó a los populares de que "siempre llegan tarde", cosa que es notablemente imprecisa. Cuando Fraga en la Transición denunció los riesgos de un Estatuto escorado hacia los gustos del nacionalismo no hacía más que anunciar lo que ha sucedido después: que la autonomía regional –que todos, incluyendo AP, defendían como principio- se convirtiese en inicio de "construcción nacional". Hay una diferencia importante entre el Estatuto de 1979 y el de 2006, aparte de las ya señaladas. Y es que el primero cabía en la Constitución, y aunque tenía sus riesgos e imperfecciones podía ser bien utilizado al servicio de una Cataluña más fuerte en una España más libre. El Estatuto de Zapatero, en cambio, cambia las reglas del juego, y esto no debería hacerse sin el consenso de todos los afectados. Que son todos los ciudadanos españoles.

¿Y AHORA QUÉ?
Editorial Minuto Digital 17 Mayo 2006

Como era de suponer la alianza nacional-socialista en el congreso ha rechazado la proposición no de ley para pedir la celebración de un referéndum en toda España sobre la reforma del Estatuto catalán, que fue rechazada por 173 votos en contra frente a los 140 del PP.

Socialistas y separatistas se niegan a respetar la voluntad popular de todos los españoles y desprecian la iniciativa de nada más y nada menos que 4 millones de ciudadanos, cuando hace bien poco tiempo pedían voz en grito que se siguiese la iniciativa de poco más de 500.000 manifestantes contrarios a la política exterior de Aznar respecto a Irak. Cuestión bastante baladí en comparación a lo que significa el estatuto catalán.

La negativa a la consulta esconde la certeza del PSOE de que la mayoría de la población rechaza su política de reforma del sistema autonómico en clave separatista. Rajoy lo ha resumido muy bien: "la gente se inquieta" porque "percibe que en España, además de un cambio de gobierno, hay modificaciones que afectan a la nación, a la soberanía, a la unidad y a la igualdad de los españoles. Sobre esas modificaciones nadie ha solicitado la opinión de los ciudadanos, ni éstos han delegado su autoridad soberana en nadie".

España no es cualquier amorfo agregado de territorios y gentes, carente de historia y futuro. España es hoy, por contra, uno de los pueblos que ha alcanzado una situación mundial económica envidiable y un nivel de bienestar parejo a los más adelantados países. Y ello después de una larga espera y cruzar por etapas de miseria y de terribles enfrentamientos fraticidas. En una hora así no solo es un acto de traición las persistentes llamadas a favor de la dispersión, sino que es una autentica locura, que quiere hacer inútiles tanto sacrificio y trabajo común de un pueblo.

El Congreso ha rechazado la proposición del PP. La pregunta que nos hacemos es ¿que es lo que viene ahora? Porque suponemos que el PP no ha movilizado a 4 millones de personas para pasar una tarde entretenida en el Congreso, con un resultado por todos sabido. La voz del pueblo no ha querido ser escuchada por el Parlamento, quebrantándose toda la filosofía misma sobre la que descansa y fundamenta el sistema democrático. No es posible imaginar política menos respetuosa contra el elemental derecho de los ciudadanos de una nación a decidir su futuro.

Si la voz del pueblo no ha querido ser oída en el Parlamento, deberá ser oída en la calle. La cuestión está en si el PP se atreverá a sacar a esos 4 millones de personas para proclamar rotundamente la negativa de los españoles a dejarse dividir por un gobierno traidor.

Yo también verifico
Por ANTONIO BURGOS ABC 17 Mayo 2006

VERIFICACIÓN de verificaciones y todo verificación. ¿Será por verificar? Verificaciones verbales. Innecesarias. Citas a las calendas griegas. A mí me hacen mucha gracia los sucesivos papeles de verificación de la actividad cero patatero de la ETA que emite cíclicamente el Ministerio del Interior. Cuantas más casas chamuscan, más cartas de extorsión envían, más salen los emboinados encapuchados emitiendo doctrina, más verifican ellos enfáticamente que el Gobierno... Pues lo inverificable. Si la ETA ha cesado su actividad, si estos chicos son ya tan buenos, si les vamos a dar todo lo que piden, como la autodeterminación, la territorialidad y dos huevos duros, ¿por qué siguen saliendo encapuchados los que hablan en su nombre? Si todo es tan normal como Interior verifica, estos chicos no tendrían razón alguna para salir encapuchados. Y si salen encapuchados, digo yo que el fiscal general del Estado o por lo menos el guardia de la porra del Altozano podían por lo menos verificar a qué viene tal impunidad en el enaltecimiento de lo que hoy por hoy verifico que debe seguir siendo llamado terrorismo.

Lo de la verificación me encanta por los gratos recuerdos tropicales que me trae, por un húmedo aroma a flamboyán y manigua, por un lejano horizonte donde croa el coquí. Nada más antillanamente boricua que la verificación. Ocurre que allí en Puerto Rico lo dicen en el hermoso y creativo espanglis del «qué bonita bandera». Pides un mantecado, que es como españolísimamente llaman a los helados, y te contestan:

-Voy a chequear.

Y al cabo, del inglés al riquísimo español de la colonia, te contestan:

-He averiguado y no nos queda mantecado... ¿Quiere un tembleque?

Yo, puesto todo el mundo así, también voy a chequear. No voy a ser menos que los encapuchados emboinados. Ni menos que los Rubalcabas. ¿Qué buscabas, Rubalcaba? Yo voy a ponerme a verificar por mi cuenta. Miedo me da hacerlo, pero no voy a ser menos que nadie. Voy a averiguar cuántas banderas españolas habrá en París en la final de la Copa de Europa. Si en la final holandesa de la Copa de la UEFA, aun jugándola y justamente ganándola el equipo de la capital de sólo una «realidad nacional», había tan poquitas banderas de España, ¿se imaginan las que puede haber en París, con el equipo de la capital de la nación catalana? No corre desgraciadamente el menor peligro en sus piños quien apueste que se deja arrancar un diente por cada bandera española que vea en París para animar al Barcelona, que es más que un club, por descontado: es la verificación de que la «pole position» que han alcanzado para la desintegración de España es imparable. Y no quiero ni pensar que tenga que verificar ante el televisor que el Rey de España, o de lo que queda de ella, asista en París a la suprema ceremonia de la confusión europea de los que no quieren ser españoles, pero que las deudas de su Sanidad, eso sí, se las paguemos desde Madrid.

Como tampoco quiero verificar que le sigamos perdonando deudas al indigenista boliviano que cuantos más cientos de millones de euros les pagamos, 100 primero, 60 después, más cosas nos expropia. Échense mano a la cartera y verifiquen que no se la ha quitado Evo Morales, cosa que no es de extrañar si es usted un modesto accionista del BBVA o de Repsol. No sé por qué la gente desconfía de las bandas de carteristas sudamericanos que trabajan en el metro y en el autobús. Las peligrosas son las bandas de carteristas sudamericanos que trabajan en las presidencias de Venezuela, Bolivia y Cuba, nuestros verificadísimos amigos del alma, a los que cuando les damos el abrazo de hermano con sabor etcétera nos quitan la cartera. En lo que verificamos que ZP sonríe muchísimo más que antes de que nos la quitaran.

El compromiso contra un estatuto inconstitucional
EDITORIAL Libertad Digital 17 Mayo 2006

Un acertado discurso de Rajoy, que tanto podría compartir la inmensa mayoría de los españoles, ha acompañado al parlamento a los más de cuatro millones de firmas que solicitan que se celebre en toda España un referéndum a propósito del estatuto soberanista catalán. A pesar de ser la iniciativa más respaldada de la historia de nuestra democracia, "el Gobierno del diálogo" –tal y como ha señalado Rajoy–, no le ha dedicado más de cinco minutos para rechazarla.

Tras esta previsible muestra del "talante" de este gobierno, Rajoy ha anunciado que "no da el asunto por terminado" y se ha comprometido a que "el primer punto del programa electoral", con el que se presente a las próximas elecciones, "será confirmar que España es una nación formada por ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes".

Ya consideramos en su día que la iniciativa de la recogida de firmas, "al margen de alejar las tentaciones acomodaticias y suicidas que todavía pueden llevar a pique al PP, debe ser una nueva fuente de compromiso para seguir dando la batalla política en todos los ámbitos".

Ahora bien. Si aplaudimos esta nueva iniciativa electoral de Rajoy, conviene recordar, en este sentido, que mucho antes de las próximas elecciones generales, al PP le aguardan otras batallas que librar, como es el referéndum en la propia Cataluña y el no menos comprometido recurso del PP ante el Tribunal Constitucional. De hecho, son estos dos ámbitos, y no unas nuevas elecciones generales –por muy mayoritaria que fuese la victoria del PP–, los que pueden impedir que se consume esta fraudulenta iniciativa que, de forma tan clara, quiebra el consenso y los fundamentos de la Constitución Española.

Bien sabemos lo adormecida y neutralizada que está la sociedad civil catalana por la casta nacionalista que constituyen sus elites políticas y mediáticas; como también sabemos lo mermada que está la independencia del poder judicial desde que, al grito de "Montesquieu ha muerto", se estableció un sistema de designación política de sus miembros.

Ahora bien. Hay momentos en que no hay mas remedio que apostarlo todo a la esperanza, a la esperanza sin la cual no se pueden acometer las más arduas tareas: esperanza en que el malestar catalán por el patético espectáculo del tripartito se sume al malestar por un estatuto que, afectando a toda España, perjudica sobre todo a Cataluña. Y esperanza –obligada esperanza, si decimos defender a España también como Estado de Derecho– en que la merma de la independencia judicial, inaceptablemente heredada del felipismo, no llegue ahora al extremo de la prevaricación. ¿Cómo, si no, habríamos de llamar al hecho de que profesionales del Derecho –en este caso, los magistrados del Tribunal Constitucional– llegaran a aceptar al "pulpo como animal de compañía", tal y como pretende que interpreten el gobierno del 14-M y todos los que fingen que el estatuto soberanista catalán es acorde a la letra y al espíritu de nuestra Ley de Leyes?

No perdamos, pues, la esperanza. Ni en los ciudadanos, ni en los magistrados, ni en que Rajoy sea fiel a un compromiso que no se ha de interrumpir, sino mantener al margen de cualquier convocatoria electoral.

ZP empieza a dar miedo
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Mayo 2006

Los chicos de Zapatero en Madrid quieren quitarse de encima la pesadilla de Maragall, del pacto de Tinell y del tripartito. Voluntarios que son. Les pone tan nerviosos el inmenso fracaso catalán que se dedican a especular con cambios de poder en el PSC y con nuevas e inconcretas alianzas en el Gobierno catalán (obviamente presidido por el PSC). Una fuga hacia delante.

Los analistas y propagandistas de Zapatero deberían calmarse un poco. No es recomendable obviar la realidad nunca, pero, sobre todo, cuando se trata de hechos tan trascendentales como el Referéndum del Estatuto o las elecciones autonómicas que convocará y presidirá Maragall. No Montilla.

¿Por qué estos chicos del PSOE se aturullan tanto, se tapan los ojos y dicen tantas insensateces en vez de hablar de lo que tienen que hablar, esto es, de que cuáles pueden ser los resultados del Referéndum...?

La respuesta es clara: son conscientes de que el Referéndum es una gran prueba no sólo para Pascual Maragall, sino también para Zapatero, que fue quien lo planteó y lo sacó adelante como el primer acto de «su» nuevo modelo de Estado. En este sentido, las perspectivas son terribles; las encuestas dan resultados humillantes para el «sí» al Estatuto, no sólo en relación con los cinco millones de ciudadanos censados, sino en relación con la posible participación. Desde luego, no va a poder hablarse de un triunfo popular como debería corresponder al nacimiento de una «nación». Tenebroso para Cataluña, a Zapatero le alcanzarán los resultados. Él ha sido el autor del Estatuto...

Después llegarán las elecciones autonómicas «de» Maragall, no «de» Montilla. Sobre ellas pesarán, obviamente, los resultados del Estatuto y, puestos a hacer predicciones, cabe decir que ERC seguirá siendo la clave del futuro gobierno catalán. Por esa razón, al día siguiente de prescindir de la colaboración de los republicanos, Maragall estaba ya apostando por una reedición del tripartito. Con los ojos en blanco y la voz aguardentosa vino a decir que el govern de izquierdas había sido la-mayor-ocasión-que-vieron-los-siglos-en-Cataluña.

En estos dos primeros años Zapatero ha puesto en marcha los mecanismos que van a convertir su legislatura en la más oprobiosa de la democracia... y la más peligrosa desde el punto de vista de la paz «nacional». Ahora van a ir llegando las pruebas. Implacables. Sin duda, la más brutal va a ser la que venga del País Vasco. La entrevista de «Gara», que ha dado a conocer ABC, ha sido un aldabonazo para muchos ilusos. Se preguntan por el sentido tan poco común de Zapatero. Comienzan a tener miedo.

Terrorismo con tendencia a cero
POR ÁNGEL ALTUNA (*)  ABC 17 Mayo 2006

LOS gobiernos tienen la obligación y el mandato de buscar la mejora en las condiciones de vida de todos los ciudadanos. De esta manera son objetivos para un gobierno tratar de disminuir, por ejemplo, la siniestralidad laboral, el número de accidentes en las carreteras, la violencia doméstica y también la violencia terrorista. Desde la irrupción del terrorismo en nuestras vidas de una forma brutal aunque no nueva, ahora hace dos años, percibimos más claramente que esta táctica por la cual un grupo intenta aterrorizar a grandes sectores de población a través del asesinato o la extorsión de grupos de individuos va a ser poco menos que inevitable en el futuro. ¿Hay alguien que verdaderamente piensa que vamos a estar a salvo próximamente de la práctica terrorista? ¿Acaso es sencillo librarse totalmente de la existencia de un Grapo reaparecido, de una Al Qaida global, de ETA o «post-ETA» o lo que quede de ella, de las Nuevas Brigadas Rojas en Italia, o de todos los grupos terroristas que intermitentemente puedan aparecer? En absoluto, es bastante complicado. Sin embargo, ¿es factible seguir combatiendo sus efectos, disminuir sus consecuencias, presionar policialmente al terrorismo y responderle judicialmente? Por supuesto. Una actual observación de amplio espectro nos hace ver una realidad de primer orden en el ámbito internacional como es el continuo ataque a las sociedades democráticas a través de la estrategia terrorista. Creo que ha podido llegar el momento de quitarnos la venda de los ojos y poder reformular los objetivos y las políticas antiterroristas desde el punto de vista de ceñirlos a un ataque permanente y legal hacia sus ejecutores: deteniendo sus comandos, cortando vías de financiación, tratando de minimizar sus efectos y forzando y aceptando posibles rendiciones. Así pues, la «tolerancia cero» con el terror persigue que su efecto sea lo más atenuado posible.

El terrorista individual acabará perdiendo aunque el terrorismo se resista. Éste es el mensaje que debe conocer el terrorista. Recordemos, por ejemplo, que, ya en el comunicado de tregua de 1998, ETA no descartaba y nos avisaba de la posible reaparición de la organización en futuras generaciones. Por otra parte, los posos que quedarían en una sociedad que hubiera sufrido de forma continuada el embate del terror tardarían muchos años en desaparecer. Si somos honestos, el resultado de la política antiterrorista nunca será el de «terrorismo cero», pero sí puede ser un objetivo más alcanzable la constante disminución de sus apariciones con una tendencia a cero. Los estados modernos no pueden permitirse acabar cediendo a una presión externa y totalitaria, por la cual no sólo el terrorista amedrenta a mil personas asesinando a una, sino que intenta domesticar a miles de ellas perdonando a unas cuantas. Los terroristas comprenden bien ciertas debilidades de la condición humana. Conocen también las reacciones de miedo y huida provocadas por una agresión real o por ataques más difusos a través de la amenaza. Estos ataques afectan sin duda a la línea de flotación vital de muchos integrantes de sociedades con un cierto nivel de bienestar y con una posición de cierto repliegue individual que todos de alguna forma padecemos. El terrorismo sabe en qué terreno juega. Por ejemplo, en el País Vasco, ETA jamás ha atacado a individuos significados de la política nacionalista, ni al clero. Este perdón externo que les concede ETA y que hace sumar muchos adeptos tiene casi tanta fuerza como el terror de huida provocado en la comunidad no nacionalista. El terrorista busca tanto aumentar sus afines desde la amenaza y el aviso como restar oponentes a través de la desaparición y el exilio. Ante esta situación, un Estado moderno debería actuar continuadamente con una fuerte dosis de pragmatismo, frialdad y firmeza estratégica. Los ciudadanos responsables solicitan una disminución constante y palpable de la siniestralidad laboral, de la ingesta destructiva de drogas en los jóvenes, de la violencia doméstica y de la práctica terrorista. ¿Cómo? Con medidas correctoras, preventivas y punitivas y mediante un combate permanente que no haga bajar la guardia. Sin embargo, la realidad nos impone que estas tareas, aunque fuera nuestro deseo, no van a terminar ahora. Si la Policía no va a dejar de existir, la política antiterrorista legal tampoco lo hará, pero tampoco las oficinas de atención a las víctimas, ni los equipos de emergencia ante posibles atentados. Deberemos por lo tanto apoyar y exigir en todo momento una efectiva labor policial, una correcta administración de la Justicia y la aplicación de todas las herramientas democráticas de un Estado moderno que nos permita luchar contra el terror desde la legalidad. No olvidemos tampoco que todas estas medidas no dejan de ser también medidas políticas, porque esperemos que la política no sea interpretada únicamente como aquella posibilidad de llegar a acuerdos con terroristas y delincuentes que tienen una intencionalidad política.

Y termino casi como empecé, pero cambiando el sujeto de la frase: la oposición, a su vez, tiene la obligación de buscar la mejora de las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Conclusión: hagamos del problema terrorista una cuestión de Estado y hagamos irreversible una vuelta inmediata al Pacto por las Libertades. Una buena parte de la sociedad lo demanda. Esta buena parte de la sociedad está en sus cabales, no está dividida, ni quiere lo peor para sí. Finalmente, haciendo un giro de 180 grados desde lo racional hacia lo emocional, y aun siendo pesimista ante el futuro, confieso mi deseo profundo de que estos mil días sin asesinatos por parte de ETA se prolonguen y tiendan a su vez a infinito. Pero habrá que decir también que el terror y la amenaza de ETA, a día de hoy, siguen y seguirán empapando seguramente por mucho tiempo la vida cotidiana y las relaciones entre los ciudadanos del País Vasco.

(*) Psicólogo. Miembro de COVITE. (Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco). Hijo de Basilio Altuna, asesinado por ETA el 6 de septiembre de 1980

11-M y Del Olmo
La mala suerte
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Mayo 2006

El sumario más grave y enmarañado de la historia judicial española, el asunto donde se juega su credibilidad y acaso su pervivencia nuestro sistema, cayó en manos de un juez dado al seguidismo policial, es decir, a atenerse de forma acrítica a las pautas que le dictan las fuerzas del orden. Un juez reprobado en su día por la Audiencia de Vizcaya por convertir una instrucción en "un diseño acabado de lo que no debe ser una investigación judicial". Nada menos. Con informes y atestados policiales ha elaborado ahora un copypaste inacabable, un collage de pesadilla, un laberinto capaz de enloquecer al incauto que ose penetrarlo. Hay que ser Luis del Pino para no descorazonarse, o tener por amiga a Ariadna, proveedora de ovillos.

Ojalá el patchwork olmeño adquiera en la distancia una forma coherente, como aquel cuadro de Dalí donde no se ve nada hasta que líneas y colores se reordenan y surge el retrato de Abraham Lincoln (puedes engañar a todo el mundo durante un tiempo, etc.). ¿Cabe esperar aquí similares hallazgos? No se le ve al juez ningún parecido con el creador del método paranoico-crítico. Más bien con la distancia de los años, apaciguado el eco de las bombas, acalladas las víctimas, todos los retazos que han vestido el sumario de los despropósitos, lejos de armar una figura formarán una nada impenetrable, una nube lejana, oscura y dolorida, un incómodo misterio a olvidar.

El juez no ha correspondido a la sociedad que paga su sueldo, que en él había depositado su confianza: no ha aportado un relato ordenado de los hechos. No hay ilación ni enlaces racionales entre unos acontecimientos y otros, entre actores y circunstancias, oportunidades y móviles, lugares y fechas. Cualquier posible inferencia queda cegada por la hojarasca que todo lo entierra, por la opacidad y la descoordinación, por la siembra de pruebas falsas y la contaminación de piezas de convicción. Nada explica la penetración policial de la práctica totalidad de los implicados, nada justifica que no se practicaran pruebas exigibles, obligadas autopsias y declaraciones. Lo que hay son fotos falsas por duplicado, furgonetas sobrevenidas, objetos surgidos de la nada, oportunas tarjetas de móvil que no hacían falta y pantalones del revés.

Y un gobierno que lo es como consecuencia de la masacre y su manipulación, de la mentira y la agitación, de la explotación electoralista e ilegal de la jornada de reflexión, del acoso moral y físico al adversario. Y un ministro del Interior cuyas principales señas curriculares son: en el gobierno felipista, la portavocía de la ocultación del GAL; en la oposición, acusar de mentiroso a un ejecutivo transparente enfrentado a una catástrofe de proporciones gigantescas. Y luego este juez. Ya es mala suerte.

Petición de referéndum
El Tinell pervive en el Congreso
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Mayo 2006

Dicen que el pacto del Tinell ha terminado una vez que el propio Zapatero ha dinamitado el tripartito catalán, pero lo cierto es que sigue vivo, está vigente y lo mantienen a pleno ritmo. Y es que este pacto trasciende a una mera cuestión pasajera de una legislatura en Cataluña. Estamos ante una estrategia de fondo, seria y profunda que tiene como objetivo la demolición de la actual estructura constitucional y que busca a la desesperada sacar del mapa al Partido Popular. No es simplemente el arrinconamiento de la oposición política; estamos ante la obsesión por convertir a media España en ciudadanos de segunda.

Esta estrategia se ha mostrado de nuevo en plenitud en el Congreso de los Diputados, donde Rajoy ha defendido la iniciativa de los populares de convocar un referéndum nacional para votar la reforma del Estatuto de Cataluña. Respaldada por cuatro millones largos de firmas, presenta el argumento de que el nuevo Estatuto de Cataluña supone la ruptura de la España constitucional y que, por lo tanto, todos los españoles tenemos el derecho de expresar nuestra opinión sobre este cambio de régimen en el que estamos inmersos.

Esta reforma avalada, impulsada y propiciada por Zapatero, es la cesión ante el nacionalismo que todo lo devora. No estamos ante la elección de un alcalde que gestiona la buena marcha de un municipio. Es una decisión que no pertenece a unos pocos; nos pertenece a todos. Y por lo tanto todos debemos opinar. Para ignorar algo tan sencillo se busca la reedición del antidemocrático pacto del Tinell, un pacto que pretende la exclusión sistemática del principal partido de la oposición. ¿Se puede acaso gobernar de forma democrática con un pacto antidemocrático? Pues así es como se está gobernando desde Madrid y desde Barcelona.

Hemos visto como, en el Congreso, el Gobierno y todos sus socios, ERC incluido, desprecian con prepotencia y soberbia los cuatro millones de firmas que piden un referéndum nacional. Es el estilo de un Gobierno que sólo entiende el "ordeno y mando"; un gobierno que nació en el Tinell y que no va a abandonarlo por más que en Barcelona ya no sirva para mantener al gobierno de Maragall. Y ese pacto, señor Zapatero, es intrínsecamente antidemocrático. El problema es que se han acostumbrado a gobernar con ese estilo, y eso es un auténtico peligro para la esencia de la democracia.

Petición de referéndum
El desgobierno y la oposición
Agapito Maestre Libertad Digital 17 Mayo 2006

El debate en el Congreso de los Diputados fue surrealista. Zapatero salió ileso del pleno. Ni se le tocó. Millones de firmas desaprovechadas, trabajos sin resultados y discusiones vacías. Debatían sobre una quimera. El sentido político brilló por su ausencia. Los esfuerzos de Rajoy por razonar su propuesta, un referéndum nacional sobre el Estatuto de Cataluña, eran casi melancólicos. Las respuestas de López Garrido a Rajoy eran tan displicentes como convencionales. Era un debate infantil. Podemos empeñarnos en fustigar al portavoz del PSOE, pero seamos sinceros y reconozcamos que lo tenía demasiado fácil. En realidad, toda la sesión sobraba. No podía ser de otra manera. Era previsible. Aquí está escrito hace ya meses. El PP entró en una dinámica equivocada y no fue capaz de corregir el error. Esperemos que aprenda.

Sí, aunque algunos les cueste aceptarlo, desde el momento que el PP decidió participar en la Comisión Constitucional, que discutía un Estatuto anticonstitucional, se vedaba opciones políticas mucho más serias, por ejemplo, negarse en rotundo a participar en una Comisión que estaba destinada, y todos los sabíamos, a la voladura de la Constitución. El PP se equivocó de estrategia y de táctica. A pesar de los esfuerzos de algunos publicistas por decir lo contrario, no era normal participar en una Comisión parlamentaria, como hizo el PP, a la vez que la deslegitimaba pidiendo firmas para negar lo que allí se discutía.

El error del PP ha tenido un coste. Está a la vista. Una discusión que no respondía a ninguna realidad política. Todo era virtual. Lo real, sí, el desgaste político de Zapatero por un Estatuto que dinamita a la nación española, ni se tocó. En otras palabras, el PP, y me cuesta decirlo, no está aprovechando el desgaste de Zapatero. He ahí el verdadero problema, el asunto genuinamente político. Que nadie se equivoque con la ruptura del PSC y ERC, pues, más pronto que tarde, estos se recuperarán, pero quien no lo hará será Zapatero. ¿Sabrá aprovecharlo el PP? Por este camino, o sea, de amagar pero no dar, lo dudo. Anímese, señor Rajoy, y atrévase con una moción de censura y gente a la calle. Aproveche, hombre, que el personal ya no aguanta tanto desgobierno, o su tiempo político pasará.

El Barça is not Spain
Javier Orrico Periodista Digital 17 Mayo 2006

Antes de que nos lo arrojen a la cara con sus pancartas y sus banderas de España quemadas en Canaletas, se lo diremos nosotros. Como el Barça is not Spain, que os den morcilla y ojalá esta noche gane el Arsenal. Eso es lo que deseamos el 70% de los españoles, más allá de la hipocresía que se ha apoderado de nuestros medios y nuestros enteros.

Lo previsible, de todas formas, es que venza el Barcelona, sin duda, tras el Lyon, uno de los mejores equipos de fútbol que hay en Europa. Y al que, además, las desvergonzadas ayudas arbitrales de que viene gozando, tanto en la Liga española -donde han sido dos años de descaro sublime-, como en Europa -y sólo hay que recordar la expulsión de Del Horno o el gol de Shevchenko-, convierten en un equipo casi invencible.

Pero sólo de pensar en el berrinche de Huguet, Carod, Vendrell, Bargalló, Maragall, Montilla, Iceta, De Madre, Saura o Durán y Lérida , nazionalistas autóctonos y nouvinguts , produce espasmos de placer. Y, sobre todo, imaginar que Zapatero no vaya a poder celebrarlo ni utilizarlo políticamente lleva, sin remedio, y por el bien de todos, a cridar: ¡Visca el Arsenal! ¡Viva Cataluña!

Hubo, sin embargo, un tiempo en que nos alegrábamos de los éxitos del Barcelona y los sentíamos como propios cuando jugaba contra un equipo extranjero. Como nos hemos alegrado con el del Sevilla a pesar de nuestras simpatías béticas. Pero el Sevilla llevaba la bandera de España en sus camisetas. El Barça sólo lleva la catalana, es el ejército simbólico de una nación inventada, frustrada y siempre derrotada, surgida así no del Risorgimento, ni de la Renaixença, sino del Resentimiento, que por eso convierte hasta el más nimio triunfo deportivo en la compensación de una historia cruel, en el estallido de una revancha eternamente esperada.

Ese es el sentido del "més que un club", el de esos fantasmagóricos "Països Catalans" exhibidos por el laportismo como emblema separatista encarnado en el blaugrana de sus almogávares brasileños. El sentido de esa pancarta permanente en el Camp Nou, Catalonia is not Spain, con la que expresan el desprecio que sienten hacia los demás españoles, incluso hacia los muchos idiotas que los jalean desde las 'realidades inferiores'.

Es muy triste, pero ha sido el zapanazionalismo el que nos ha traído hasta aquí, a esta inquina, a esta quiebra que el mismo ZP, en uno de sus mayores alardes de cinismo, de indecencia, subtitula "Más unidos que nunca". A este encono y antipatía provocados por la chulería neonazi de quienes se creen superiores.

Y que nadie se engañe: ese es el verdadero sentimiento que está detrás del catalanismo, el que les hace pensar que vivimos de ellos, el que les hace creerse más trabajadores -pero los curros duros se los hacían los murcianos y los andaluces, y ahora la morisma-, más europeos, más civilizados, cuando en los últimos tiempos han mostrado el verdadero rostro de una comunidad que ya no es referencia para nada en España, salvo para el ridículo y la exaltación del catetismo. Sólo los movimientos de resistencia a tanta imbecilidad, los de Ciutadans, INN, Asociación por la Tolerancia, Cadeca, Convivencia Cívica Catalana, Profesores por el Bilingüismo y tantos otros, sostienen aún la dignidad de Cataluña.

Por todos ellos siento mucho escribir esto, porque los aprecio y admiro, porque son los mejores de entre los españoles, como los vascos no nacionalistas. Con ellos sí me gustaría compartir esa alegría que, sin duda, sentirán con la victoria blaugrana. Como la compartí en el año 82, cuando la Segunda Recopa, cuando nos echamos a las Ramblas, a una fiesta que, luego, los seguidores del mejor centro del campo que uno haya visto, el de aquel Brasil de nuestro Mundial (Alemao, Sócrates, Falcao, Cerezo y Zico), prolongarían hasta los primeros días del verano. Aquella noche del 82 todos fuimos catalanes. Pero entonces no sabíamos que el estranger éramos nosotros.

"¡Rodríguez, Labordeta, dejadme votar!"
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 17 Mayo 2006

Para Rodríguez y sus aliados izquierdistas y separatistas, cuatro millones de españoles no merecemos ningún respeto. Hemos pedido un referéndum y han tirado nuestras firmas a la papelera.

Vivimos en una partitocracia, establecida en la Constitución del 78 y asentada en las décadas posteriores. Los ejemplos los hay por docenas: pensiones y sueldos millonarios para individuos que sin la política no habrían llegado a donde están; parlamentarios que se ponen de acuerdo en secreto para subirse las nóminas un 10%; y apparachik que chantajean a ciudadanos.

Y a la oligarquía que forma la partitocracia no le gusta que la gente se pronuncie cuando a ella no le interesa. La Constitución italiana de 1947 tuvo el acierto de fijar un número de firmas mínimo para convocar obligatoriamente referendos y un porcentaje de participación del 50% para que éstos tengan validez. ¿Por qué los constituyentes españoles no copiaron estos preceptos?

En esta ocasión, el PP se ha convertido en portavoz de millones de españoles al pedir una consulta –que encima no es vinculante- sobre una norma que rompe la soberanía nacional y la igualdad de los ciudadanos.

Si la izquierda desprecia así la petición de cuatro millones de españoles, más del 15% de los votantes de las últimas elecciones generales, es porque detesta la democracia salvo cuando le favorece. Pruebas las hay de sobra: el rechazo a investigar el 11-M, el amparo a los policías que hicieron detenciones políticas –cuyo jefe era gerifalte de Jueces para la Democracia-; y si nos remontamos en el tiempo, la implicación del PSOE en el 23-F y los GAL, los gusanos goebbelsianos, etcétera.

El PSOE y todos sus aliados, incluido el simpático Labordeta, pueden subvertir el Estado y la Nación, y además nos exigen silencio. ¡¡Si somos más que los votantes de IU, de CiU, de ERC y del PNV juntos!!

¿Por qué creo que si fuese un mono, o al menos un boliviano, a Rodríguez le importaría más que como ciudadano español.

La razón de los escépticos
TONIA ETXARRI El Correo 17 Mayo 2006

Son un incordio, desde luego. Se trata de los escépticos, que están, por experiencia, tan escarmentados. Parece que sean el aguafiestas desde que la tregua vigilada de 1998 les dejó a muchos sin un puñado de amigos y el semblante petrificado. Pero es que siguen sin fiarse y, para colmo, comprueban que ETA, en cuanto abre la boca, les da la razón confirmando su temor. Porque, nada más conocer el primer comunicado de ETA anunciando su alto el fuego permanente, se temieron una jugada maestra. Leyeron y releyeron el anuncio y, entre líneas, divisaron el horizonte de siempre: la autodeterminación y la territorialidad. Navarra y lo que se tercie de Francia. Pero las dudas fueron acalladas inmediatamente desde La Moncloa que, últimamente, a las tormentas torrenciales les dá por llamarles «caídas insistentes de gotas de lluvia».

Ni Barañain ni Getxo ni las cartas de extorsión obedecían, según los neo-expertos en terrorismo como el socialista Blanco, a un plan de ETA. Pero el juego de palabras, tergiversando la nominación de las cosas, ha tenido un recorrido bien corto. Justo hasta que ETA ha dicho que se está impacientando, que pueden volver a las andadas si el gobierno socialista comete el error de creer que pueden engañar a la banda y, ojo al dato, siguen con la autodeterminación y la territorialidad. ¿Oído Moncloa?

No es de extrañar que Zapatero haya hablado con el líder de la oposición, el popular Rajoy, porque la situación se está poniendo dura. Permach les recuerda, desde sus habituales comparecencias de prensa, que los nudos generados por el «conflicto» son la autodeterminación y la territorialidad. ¿Otra vez! Y que quieren que empiece ya la negociación (la mesa, presidente, la mesa).

Las juventudes del entorno de ETA, la ilegalizada Segi, han convocado concentraciones frente a la sedes del PNV y Partido Socialista. Para reivindicar la independencia, claro. Blanco tendrá que ponerse las pilas. Aunque, ahora, Batasuna sólo quiera oír a los socialistas de Euskadi y Navarra porque, de repente, les ha entrado un interés desmedido por lo que puedan decir López y Chivite. Mientras los nacionalistas del gobierno vuelven a mirarse en espejo ajeno (esta vez toca Montenegro, más cerca que las Fidji y las Feroe) en el entorno de Izquierda Unida (la de Llamazares) se escucha a quienes proponen fórmulas parecidas, para Euskadi, a la utilizada por los catalanes en su Estatuto. Mucho qué hacer todavía. Volveremos a pasear por Québec. Otra vez.

Y en la espera, no seamos tan descreídos. Pensemos que la furgoneta abandonada en Francia con ropa ensangrentada y matrículas falsas iba a servir para esconder las armas que un día no muy lejano, ETA deberá entregar. Amén.     t.etxarri@diario-elcorreo.com

Referencias
JOSEBA ARREGI El Correo 17 Mayo 2006

Una sociedad que se enfrenta a una situación nueva busca referencias para orientarse. Unos partidos políticos que deben hacer frente y responder a un horizonte nuevo buscan también referentes que les ayuden a orientarse ante lo que puede ser desconocido. Al futuro desconocido, por mucho que haya sido deseado, no se le puede poner cara si no se cuenta con palabras, imágenes, conceptos y símbolos que sirvan para ello.

Las referencias pueden ser positivas o negativas, pueden ser internas o externas. Pueden ser las políticamente correctas o pueden molestar a quienes gestionan la corrección política. Las políticamente correctas parten con ventaja, acostumbran a tener connotaciones positivas, necesitan menos explicación y son más fáciles de asimilar por la ciudadanía. Las incorrectas, las que van contra corriente, tienen que argumentar, explicar, impedir interpretaciones sesgadas, buscar un sitio en los medios de comunicación, tratar de convencer.

Las primeras referencias son las mismas palabras que se utilizan para describir lo que sucede. Es más fácil y correcto hablar de paz que de desaparición de ETA. Es más fácil de comunicar que ETA ha abierto la puerta a la paz que argumentar que ha devuelto a la sociedad lo que le había robado. Es más fácil, y por supuesto más correcto, decir que hay que mirar al futuro, y no al pasado. Está siendo mas correcto decir que ETA, Batasuna, sus líderes, son el futuro al que hay que mirar, aunque sea tremendo lo que esa afirmación contiene, que decir que lo que se debe tener en cuenta son los asesinados, y que no puede haber futuro contra esos mismos asesinados.

La referencia de Irlanda del Norte también ha funcionado, especialmente porque lo han querido quienes han tenido en su mano decidir seguir matando o dejar de hacerlo: los miembros de ETA. Irlanda del Norte es, a pesar de todos los problemas, ejemplo de cese de asesinatos innumerables, es, para los nacionalistas, ejemplo de cómo se pueden conjugar la apuesta por vías exclusivamente políticas y el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Es lo correcto. Es lo fácil. Lo difícil es hacer ver que el reconocimiento del derecho de autodeterminación no es tal, pues va unido a la obligación de tomar todos los acuerdos por consenso. Lo díficil es hacer ver las diferencias entre Ulster y la sociedad vasca. Lo difícil es hacer ver que cuando se ha intentado la solución norirlandesa, en lugar de la solución se ha estado en riesgo de importar el problema, la división de la sociedad.

Si alguna referencia obligada debiera existir para la construcción del futuro vasco, esa referencia debiera ser una interna: la memoria de los asesinados, la memoria de las víctimas y de los verdugos. No tanto lo que piensen subjetivamente los representantes de las asociaciones de víctimas. Lo que importa es lo que los asesinos inscribieron a sangre y fuego en cada uno de los asesinados: asesinado por ser impedimento del proyecto político de ETA. Es una referencia que molesta. Y molesta porque limita la libertad de actuación de los políticos. Esa referencia dice a los políticos que en el futuro no todo es posible. Pone fronteras a la omnipotencia que creen tener los políticos, limita su marco de actuación, impide actuar desde la total libertad, sin ataduras.

Claro que las víctimas, los asesinados, son el pasado. Como lo es la Guerra Civil, como lo son las víctimas de Franco, como lo es el Holocausto, como es la Ilustración, las guerras de religión, la noche de San Bartolomé, la esclavitud, la bomba atómica, Hiroshima, la guerra de Irak. Pero sin ese pasado no se puede construir ningún futuro. Y menos si se piensa que quienes están del lado de los verdugos en esa memoria son los garantes del futuro. Y no se trata de excluirlos de ese futuro. Pero no pueden ser la garantía de que ese futuro va a ser un futuro de libertad y de derecho, de dignidad y de respeto. No pueden ser los héroes del momento ni podemos dedicarnos a sobreinterpretar cada palabra que dicen porque interesa de forma partidista.

Existe también una referencia interna a la propia historia vasca cuando de hacer frente a la nueva situación se trata. No es la historia vasca una que haya estado libre de enfrentamientos civiles. No es la historia vasca una de unión y de cohesión. No es la historia vasca una historia de felices memorias. Como me lo ha dicho un sinnúmero de veces un buen amigo, los vascos no hemos terminado nunca en la historia de enterrar a nuestros muertos. Euskadi nunca ha existido como sujeto político cuando una parte de ella ha intentado definirla desde su perspectiva exclusiva. Euskadi ha existido únicamente cuando ha existido un acuerdo entre sus distintas partes, geográficas, sociales, ideológicas, culturales, lingüísticas, de tradición. Euskadi como tal sólo ha existido en el Estatuto de 1936 y en el Estatuto actual de Gernika.

Llaman la atención algunas referencias a las que se recurre para hacer frente a esta nueva situación. Se habla de posibles coaliciones entre el PSE y Batasuna cuando ETA todavía no ha dicho la última palabra, no ha anunciado su decisión de desaparecer definitivamente. Cuando en realidad lo que se debiera plantear es que, desaparecida ETA, sin la presión de la violencia y el terror, los frentes desaparecen y todo tipo de coaliciones se vuelven posibles, porque se recobra la libertad, también la de coalición. En todas direcciones.

Si los políticos no vivieran tan al día, si tuvieran alguna perspectiva temporal que va más allá de la memoria de ayer -no vamos a reclamar la visión que el escritor Pèter Esterhazy asegura que era propia de una tatarabuela suya, de la que dice que veía a siglos de distancia-, si fueran capaces de superar el tacticismo partidista para tener lo que tan pomposamente llaman 'visión de Estado', tendrían que tomar un poco de respiro, pararse a pensar en lo que significa realmente la desaparición de ETA, acabar con las inercias que arrastran del tiempo en que la violencia y el terror condicionaban toda la política vasca, y empezar a pensar de nuevo.

Si ETA desaparece, recobramos la libertad. A partir de ahora podemos decidir las prioridades sin que nos las imponga ETA. Ahora son los partidos políticos, cada uno desde su perspectiva, los que proponen las prioridades, en libertad, sin condicionamientos. La política vasca no tiene por qué moverse sobre los ejes que interesan a ETA-Batasuna. No representan más que su peso electoral. A medio y largo plazo puede verse favorecido el partido político que más libertad muestre respecto a la violencia y el terror, tanto postivamente como negativamente, porque no se deja imponer ningun tema, porque no se siente obligado a ver detrás de todo el interés de ETA.

Pero entre inercias y tacticismos es posible que terminen los políticos vascos por perder la oportunidad de recobrar la libertad para sus planteamientos. Las referencias históricas no obligan, pero pueden ser una buena ayuda para lograr esa libertad. Una de las referencias inexcusables para cualquier político en Europa es la memoria de los fascismos que se adueñaron del contienente en la primera mitad del siglo XX. Robert O. Paxton, en su 'Anatomy of Fascism', recuerda, al analizar cómo el fascismo tomó raíces en algunas sociedades europeas, que la violencia atrajo con frecuencia a hombres demasiado jóvenes para haberla conocido en la guerra de 1914-18 y que sentían que se les había hurtado dicha guerra... Fue el genio del fascismo el que le llevó a apostar por que muchos burgueses amantes del orden iban a sentir una satisfacción vicaria en una violencia cuidadosamente selectiva, dirigida sólo contra terroristas y enemigos del pueblo. Se puede poner que se les había hurtado la dictadura donde el autor pone la guerra de 1914-18, y en lugar de terroristas, policías y militares.

En el mismo contexto añade el autor citado: «Atraer a nuevos partidos al sistema es normalmente un paso político profundamente sabio, pero no cuando premia la violencia y una decisión impenitente de abolir la democracia».

Y termina el capítulo con las siguientes palabras: «Como veremos en el capítulo siguiente fueron necesarias las decisiones de individuos poderosos para abrir las puertas al fascismo. Ésta fue la condición esencial final para el éxito del fascismo: decisores dispuestos a compartir el poder con los fascistas retadores».

La historia, dicen, nunca se repite. Pero para ello hace falta conocerla y ser consciente de ella.

Viva España
Manuel Molares do Val Periodista Digital 17 Mayo 2006

Arcadi Espada, uno de los más brillantes periodistas y analistas actuales, bajó la voz y explicó suavemente que, sin músicas ni grandes alharacas, tenía que decir “Viva España”.

Estaba ante 600 madrileños mayoritariamente izquierdistas que llenaban un teatro para escuchar a varios intelectuales catalanes de Ciutadans de Catalunya: lo aplaudieron.

Por fin, y desde la II República, había gente de izquierdas que decía “Viva España” sin marcialidad ni patrioterismo ridículo al estilo de Franco, Fraga o José Bono.

¿Qué había ocurrido para que se aprobara una expresión habitualmente tildada de grotesca por las izquierdas, y más aún por las de una nacionalidad histórica?.

Simplemente, que es tan grave la intrusión del futuro Estatuto catalán en la vida de cada ciudadano, que los acosados solo pueden esperar que España les garantice sus libertades personales.

Nacidas con una Constitución elaborada con tantas ansias de emancipación tras cuatro décadas de franquismo, que se redactó con numerosas salvaguardias, precisamente, para evitar la ingerencia de los políticos en la vida privada.

Pero estatutos como el catalán desmantelan esas cauciones, y retrotraen a la dictadura al pretender regir la vida de cada ciudadano y la de sus hijos, imponiendo todo tipo de cánones y castigando con persecuciones policiales, multas y condenas a quienes no usen, por ejemplo, la lengua obligatoria.

Que consideran un bien común a los burócratas y liberados de los partidos, y que crean súbditos de primera o de tercera según su origen geográfico o cercanía ideológica.

Contra ello solo está la Constitución, a la que se apela no para evitar la ruptura física de España, sino para mantener la igualdad de derechos y deberes de sus ciudadanos.

“Viva España”, para Espada y para quienes lo aplauden, significa revolverse contra la quiebra de la igualdad constitucional.

Nacionalismos
El PP gallego pide un estatuto como el catalán y vasco
Minuto Digital  17 Mayo 2006

Mientras el PP reclama un referéndum nacional sobre el estatuto catalán en Galicia el PPdeG reproduce prácticamente el modelo de reforma estatutario que ha emprendido el PSOE andaluz. El presidente del PP gallego, Alberto Núñez Feijoo, defendió la incorporación al nuevo Estatuto de Autonomía de una cláusula «da dobre garantía de nacionalidade», que asegure para Galicia la posibilidad de ejercer todas las competencias que no sean exclusivas del Estado y de asumir la gestión de toda materia que sea transferida o delegada a cualquier otra comunidad.

Feijoo justificó la introducción de esa fórmula en la reforma del Estatuto para un mecanismo que permitirá preservar el rango de Galicia «dentro do clube das nacionalidades históricas», de forma que la comunidad pueda mantener su estatus en el mismo plano que el País Vasco y Cataluña.

Nos encontramos pues con un doble discurso. Por un lado el PP a nivel nacional pretende proyectar una imagen de defensa de la unidad de España y de baluarte contra los nacionalismos, criticando la reforma del estatuto de Andalucía emprendida por Chaves, por imitar las pautas del estatuto catalán y por otro hace en Galicia exactamente lo mismo que critica. Que se consienta la deriva del PPdeG hacía una especie de CiU o bien revela una esquizofrenia dentro del PP, o una gigantesca hipocresía y engaño a los votantes y bases populares.

Terrorismo
EL PSOE DISPUESTO A SENTARSE CON ETA AUNQUE SIGA EXTORSIONANDO
Minuto Digital 17 Mayo 2006

La extorsión ha sido borrada como delito en el particular Código Penal que maneja Rubalcaba y Zapatero. Para el ejecutivo socialita que ETA amenace a los empresarios navarros exigiéndoles dinero para no volarles sus negocios es algo irrelevante, ya que en su peculiar verificación del alto el fuego deliberadamente olvida esta cuestión.

Pero desde luego los amenazados no lo olvidan. El presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra, José Manuel Ayesa, aseguró que "la extorsión continúa y va a continuar en el futuro, según lo ha dejado perfectamente claro la banda terrorista ETA en sus últimas manifestaciones", y añadió que "no parece ético ni razonable que se obvie esta situación, porque parece que en este momento se le está quitando importancia".

El presidente de la CEN consideró que "el Gobierno tiene que hacer una valoración de esta situación porque el alto el fuego no debe ser interpretado sólo en el sentido de que ya no va a haber más muertos, que es muy importante, sino que tiene que analizar que la extorsión y la amenaza a los empresarios sigue siendo un acto terrorista de gran magnitud, porque quienes crean empleo y realizan inversiones son los empresarios".

Para el presidente de la CEN, "el Gobierno tiene que tener instrumentos suficientes para que esta lacra desaparezca y si no desaparece, evidentemente, no se puede establecer un proceso de negociación, porque si no, llevaría al desánimo y la desmoralización más absoluta del sector empresarial".

El pasaporte, también en catalán
La Razon 17 Mayo 2006

El Pleno del Congreso aprobó ayer la toma en consideración de dos proposiciones de ley que solicitan la incorporación de las lenguas cooficiales en los pasaportes y en los permisos de conducir. Estas dos iniciativas, presentadas por CiU e IU-ICV, respectivamente, salieron adelante gracias al apoyo de todos los grupos, a excepción del PP. El texto sobre la inclusión de las lenguas cooficiales en el pasaporte fue defendido por el diputado de CiU Jordi Xuclá, quien indicó que «parece razonable que también en este pasaporte se incorporen las distintas lenguas españolas, que merecen especial protección y respeto». En cuanto al texto de IU-CV, el diputado Joan Herrera afirmó que la iniciativa surge como respuesta a la necesidad de reconocer el «carácter plurinacional de España».
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