AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19 Mayo  2006
Cambio de bandera
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZA  ABC 19 Mayo 2006

Enseñanzas en común
Editorial ABC 19 Mayo 2006

¿Contra Cataluña?
CARLOS HERRERA ABC 19 Mayo 2006

El PSC utilizará tu "sí" contra España
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Mayo 2006

La paz tenía un precio
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Mayo 2006

¡Perdón, monseñor Blázquez!
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Mayo 2006

Nacionalismos y referendos
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Mayo 2006

EL NAVAJERO LEMA DEL PSC PARA PEDIR EL SI AL ESTATUT
Editorial Minuto Digital 19 Mayo 2006

Una campaña fascista contra el PP para tapar el modo en que ETA tiene atrapado a Zapatero
Federico Quevedo El Confidencial 19 Mayo 2006

La tentación totalitaria
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Mayo 2006

Un Estatuto que ni el PSC defiende
EDITORIAL Libertad Digital 19 Mayo 2006

Gotzone Mora, una mujer honesta
Antonio Robles Libertad Digital 19 Mayo 2006

Maestros del eslogan
Jorge Vilches Libertad Digital 19 Mayo 2006

El PSC y el PP
Pablo Sebastián  Estrella Digital 19 Mayo 2006

La jerigonza etarra no oculta su derrota
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Mayo 2006

La lengua es también sentimiento
Amando de Miguel Libertad Digital 19 Mayo 2006

El Senado de EEUU otorga al inglés la condición de idioma nacional
Agencias Periodista Digital 19 Mayo 2006

La patria da saliva
ARCADI ESPADA  El Mundo 19 Mayo 2006

«Primero la paz, dentro de 20 años la política»
O. TORRES El Mundo  19 Mayo 2006

Cambio de bandera
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR, Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto ABC 19 Mayo 2006

... Cualquiera que no se resigne a cambiar de ideas en función del simple cálculo político sabe que Otegi no es un demócrata y que los tipos a los que da voz vienen de la costumbre del coche bomba y el tiro en la nuca...

POBRE, sedentario, culto, llevando una vida apacible en Alejandría, Cavafis escribía sobre gentes que ansiaban la llegada de los bárbaros. Para él los bárbaros eran los de la historia antigua, y no llegaban nunca. Más infortunado, de vida azarosa y vagabunda, introductor en la literatura europea del personaje popular revolucionario, Máximo Gorki sí que los vio, presenció su irrupción y quiso formar parte de ella. Los bárbaros lo despedazaron. Murió, asesinado por orden de Stalin, el 18 de junio 1936, justo un mes antes del estallido de nuestra guerra civil.

Como personaje, Gorki muestra una complejidad mucho mayor que la de sus héroes. Dos fuertes caracteres se enfrentan en A. M. Peshkov, es decir, Máximo Gorki, el hombre que había tenido una vida insólita y el escritor mundialmente conocido por sus obras crudas y realistas. El primero fue un aventurero, mozo de carga, panadero, mercader de iconos, barquero... El primero, Peshkov, caminó entre la gente por Rusia y por el mundo. Tras el fracaso de la revolución de 1905, confiaba a su joven esposa que «sólo la sangre puede cambiar el color de la Historia». Gorki, el escritor de Los bajos fondos y La Madre, albergaba sus dudas al respecto, como reflejan su salida de la Rusia bolchevique y sus críticas a Lenin, a quien denominó soñador y guillotina pensante.

Con el tiempo, el exilio cambió estas y otras muchas palabras que tanto habían enfurecido a los comunistas de Octubre. Con el tiempo, Gorki regresó a una tierra que debía inspirarle repulsión y nostalgia. Sin ver o querer reconocer lo que veía que estaba sucediendo en su país, el escritor se dejó agasajar por Stalin. Convertido en su mandarín, expresó en pasajes líricos su fascinación ante el canal Belomor, construido por los prisioneros del Gulag y destinado a unir Leningrado y el mar Blanco. «Os habéis transformado en nuevas personas», dijo Gorki a los destrozados supervivientes de aquella monstruosa y criminal empresa que resultó prácticamente inútil. Quién sabe lo que entonces pensaba el hombre y antaño intrépido revolucionario.

Siempre he sospechado que la historia, la verdadera historia, es muy pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas. Los ojos ven lo que están habituados a ver. Tácito no percibió la Crucifixión, aunque la registra su libro. El regreso de Gorki a la URSS marca también una fecha histórica, aunque a finales de los años treinta nadie pudiera apreciarlo. Todavía imperceptibles, multitudes de apariencias futuras acompañaban a Gorki al Moscú de Stalin: el dramaturgo Bertolt Brecht diciendo que aunque fueran inocentes las víctimas arbitrarias de Stalin merecían morir; Sartre confesándole a Camus que, al igual que él, consideraba que los campos del Gulag eran intolerables, pero que igualmente intolerable era el uso que hacía de ellos la prensa burguesa; y entre nosotros, aquí, en España, toda esa divina progresía que a finales de los sesenta añoraba desde su condición burguesa las umbrías tierras maoístas, iba a Francia a presenciar el mayo del 68 y se atrevía a llamar a Solzhenitsyn llorón, loco e incluso, borracho antisemita. Turistas del ideal, en fin, que a la muerte de Franco seguirían predicando sus ensueños revolucionarios mientras disfrutaban de una realidad acomodada y rentista.

Porque Gorki no es únicamente el instrumento de la pretensión de Stalin, consistente en hacer de los escritores ingenieros de almas, encargados de imponer por otros medios los valores y los objetivos del comunismo. Gorki es también el ejemplo viviente de cómo un intelectual puede negarse a sí mismo. Hasta lo grotesco. Y también de cómo el ser humano puede renunciar a ver lo que ve. Gorki es una metáfora que nos interroga, porque su acento, su manera de decir o de callar, su obediencia ciega a la ficción oficial y su acomodo prosaico al espíritu de la Historia resuenan todavía donde él ya no suena.

Los cambios de opinión que de dos años aquí atraviesan España de parte a parte confirman el eco de su voz. Hace poco, en medio de esta geografía confusa en la que nos movemos, oía a una persona preguntarse con cierto asombro: ¿de modo que los representantes de Batasuna son unos intachables demócratas que propugnan la libertad de un pueblo secularmente oprimido? ¿Volvemos a los comienzos de los años setenta? Tan voluntariamente ciegos como Gorki, los bienintencionados que ahora desean ver en los etarras y sus cómplices parlamentarios a Los Justos de Camus responden que sí, por supuesto. El pragmatismo político que subyace a esta respuesta no se le escapa a nadie. Con asesinos humanistas y de izquierdas puede hablarse, pues su terror tendría un eximente moral. Con su verdadero rostro de pistoleros urbanos y exterminadores que han convertido el terror en su principal medio de vida, resultaría mucho más difícil.

Las palabras de Zapatero parecen legitimar también esta práctica y gratuita operación de cirugía que se les hace a Otegi y cía. Conservando o no la memoria de su actitud pasada en la oposición, el presidente del Gobierno ha llegado a calificar como hecho arcaico una fotografía donde aparecían juntas la socialista Rosa Díez y la víctima del terrorismo Pilar Elías, al tiempo que ha regalado el aplauso a otra imagen en la que una diputada del PSE aparecía firmando un documento junto con una dirigente de Batasuna. Para Zapatero, esta última fotografía es el futuro.

Cualquiera que no se resigne a cambiar de ideas en función del simple cálculo político sabe que Otegi no es un demócrata y que los tipos a los que da voz vienen de la costumbre del coche bomba y el tiro en la nuca. Cualquiera que no se deje hipnotizar por la retórica del buen soñar, tan bien y ridículamente resumida por un lehendakari Ibarretxe empapado de la inocencia del lapicero y las pinturas de una niña, sabe que respetar las leyes y renunciar a usar la violencia y a legitimarla no convierte a un político o un partido en demócratas.

Que los dirigentes de Batasuna cumplan aparentemente estas condiciones y vuelvan al Parlamento de Vitoria no debe obligarnos a considerarles demócratas. No lo serán hasta que asuman que España no es un ejército de ocupación de Euskadi, sino parte integrante de su compleja y plural sociedad. No lo serán mientras reclamen la autodeterminación como derecho nacionalista impuesto al conjunto de la ciudadanía y exijan la anexión de Navarra como hecho forzoso y natural, asegurando, pomposamente, que «no existe ninguna posibilidad de solucionar el conflicto ni de buscar una solución al problema nacional sin Navarra». ¿O acaso nuestros ilustres progresistas consideran demócrata al señor Jean Marie Le Pen por no hacer uso de las armas para imponer su ultranacionalista visión de Francia? ¿Tenemos acaso dos pesos y dos medidas: aprobamos para la extrema izquierda lo que no soportamos en la extrema derecha? ¿Tenemos que adoptar la mirada del último Gorki, cuya turbia complicidad con Stalin no bastó para salvarle la vida? ¿Es decir, debemos resignarnos a no tener mirada?

Zapatero y, por supuesto, los dirigentes del nacionalismo conservador saben que Otegi y sus grotescas vanguardias leninistas no tienen un gramo de demócratas en la cabeza, pero la verdad, como muchas otras cosas, puede ignorarse en beneficio de la política, y esto es algo que impregna la arena de nuestro ruedo ibérico: la impresión de que el recentísimo pasado -no el lejano de 1936, que importa, y cómo- puede borrarse, y de que la verdad de hoy mismo, que hiere, debe aplazarse. Quizá necesitamos de un nuevo Quevedo que describa la hipocresía, levantándole las faldas a carcajadas, y de un nuevo Galdós que haga la crónica del progresista español y la progresista española de gesto hueco, cuyas almas bizquean.

Enseñanzas en común
Editorial ABC 19 Mayo 2006

LAS comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular han decidido utilizar el margen de actuación que les permite la ley orgánica de Educación (LOE) con objeto de establecer una serie de reglas comunes para su puesta en práctica. El acuerdo firmado por Mariano Rajoy y los consejeros competentes de las seis comunidades (bajo el rótulo «Por una educación de calidad con equidad y libertad») merece una consideración positiva. El establecimiento de un currículum básico común, la evaluación de los escolares al final de cada etapa y la armonización de las fechas de examen son criterios razonables que ayudan a poner orden en un sistema confuso y facilitan la movilidad de los ciudadanos entre las distintas partes del territorio nacional. Las ayudas a la escolarización de niños hasta tres años y para el bachillerato, el respeto a los centros concertados y la lucha contra la violencia escolar responden a preocupaciones planteadas muchas veces por la comunidad educativa. En el plano académico, es un acierto el refuerzo en Lengua, Matemáticas e idiomas, ya que se pone el acento en materias troncales para la formación. Quizá se eche de menos mayor precisión en el contenido común de la asignatura de Historia de España, víctima muchas veces -aunque no sea el caso de las comunidades firmantes- de una visión estrecha y localista que deforma o ignora nuestro pasado. También es importante el apoyo, tal vez poco concreto, a un futuro estatuto del profesorado, así como la atención prestada a problemas relevantes como el fracaso escolar, las escuelas rurales y los centros cuyos alumnos ofrecen características socioeconómicas especiales.

En los dos casos en que existe una lengua cooficial (Comunidad Valenciana y Baleares) se apunta una solución equilibrada a su convivencia con el castellano, de manera que ambas serán «vehiculares» en las distintas áreas y materias. En definitiva, los responsables populares -encabezados por Ana Pastor- han hecho los deberes con prudencia y buen sentido, sin vulnerar la LOE pero utilizando al máximo los espacios vacíos que deja la norma estatal. Más allá de su contenido, la virtud principal del acuerdo es su propia existencia. Sería razonable que los partidos de ámbito nacional mantuvieran posiciones concordantes en toda España, sin caer en el oportunismo y la cortedad de miras. Nuestro sistema educativo no puede configurarse mediante la yuxtaposición de diecisiete fórmulas diferentes. ABC ha reclamado con frecuencia la necesidad de un pacto de Estado sobre la educación que evite que las próximas generaciones se vean sometidas a leyes partidistas, destinadas a ser modificadas cuando cambia el Gobierno en una perpetua y absurda vuelta a empezar. El documento firmado por las autonomías populares es un buen principio, ya que afecta a unos dos millones y medio de niños (los que estudian en Madrid, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Baleares, Murcia y La Rioja) y puede convertirse en un reclamo importante con vistas a las próximas elecciones autonómicas.

La presentación del plan de acción del PP se ha realizado el día anterior a la primera conferencia sectorial que preside Mercedes Cabrera. La nueva ministra tiene que afrontar el calendario de desarrollo de una LOE que se aprobó después de un complejo proceso de negociación en el que su antecesora -tal vez por su bajo perfil político- dejó muchas cuestiones pendientes. Es hora de concretar asuntos nucleares, como las enseñanzas mínimas y, sobre todo, de coordinar esfuerzos entre el ministerio y las comunidades autónomas para evitar la dispersión a que conducen algunas disposiciones de la ley. La posición del PP ha quedado bien definida y supone un reto para los demás partidos, puesto que el Estado de las autonomías no significa que cada uno actúe por su cuenta: en rigor, la autonomía sólo tiene sentido en el marco de la unidad de criterio sobre los aspectos fundamentales, entre los cuales la educación ocupa un lugar prioritario.

¿Contra Cataluña?
Por CARLOS HERRERA ABC 19 Mayo 2006

LA mugre general que recubre las capas principales de la política catalana ha ofrecido en las últimas horas uno de sus más marronaceos destellos: el PSC citará implícitamente al PP en el lema de su campaña para excitar el voto afirmativo en el referéndum del Estatuto catalán, y lo hará acusándole de maniobrar contra Cataluña y de desear poco menos que su desaparición. Contra Cataluña, obsérvese. No es nuevo. Arcadi Espada titulaba así un libro imprescindible, publicado al calor de la reacción arrebatada y visceral con la que los políticos nacionalistas catalanes reaccionaron al intento de fiscalizar la relación de Jordi Pujol con el caso Banca Catalana -una caja B a través de la que desaparecieron unos cuantos miles de millones de la época-. En aquella ocasión, como bien recordarán, el presidente de la Generalitat optó por la vía más directa hacia el intestino de la reacción popular, envolviéndose en la bandera -para lo cual siempre demostró una especial destreza-, y proclamando ante una masa entregada que la querella no era contra él, sino «contra Cataluña». Cataluña soy yo y si me atacan a mí, ya saben. En esta ocasión, el Pacto del Tinell lo ha puesto a huevo para establecer el paso final, el oficial, el institucional, consistente en proclamar a los cuatro vientos que el PP maniobra no contra ellos, sino contra Cataluña, las dos palabras mágicas.

La burbuja creada por el nacionalismo catalán durante más de veinticinco años de machacona insistencia en la educación sentimentalmente correcta de la población ha hecho que todo lo que quiera ser válido, expeditivo, integrado deba estar dentro de ella. Fuera de la misma está el vacío, la nada. Si no te muestras como un nacionalista que analiza pormenorizadamente cada uno de sus actos para validar la catalanidad de los mismos, estás fuera del sistema, en la calle que ocupan los desheredados, los transeúntes, los infecundos... los malos catalanes, en suma. Para desgracia de la sociedad del Principado, el partido de los socialistas sintió el frío repentino de las encrucijadas históricas y decidió entrar en ese viciado círculo de confianza: se convirtió en un partido nacionalista que, aún bien de abominar formalmente del concepto, asumió plenamente los reglamentos del mismo hasta llegar a la praxis política actual, en la que parece competir por que nadie le arrebate la antorcha con la que los guías iluminados conducen el devenir histórico de los pueblos. El lema de la campaña del PSC -«El PP usará tu No contra Cataluña»- no es más que la desfachatez ideológica de quien busca el golpe bajo para asegurarse la victoria en el cuadrilátero. En el seno de esa amalgama de oportunistas integrados cunde el nerviosismo ante la reválida popular de su proyecto estelar: una participación escasa para refrendar el Increíble Caso Del Estatuto Menguante supondría un revés demasiado duro para quienes han confiado a ese disparate sus próximos veinticinco años de vida, razón suficiente de por sí para sacar a pasear al viejo dóberman que llevan dentro y justificarlo como quien está alerta y vigilante de la inviolabilidad de la burbuja.

Es bastante probable que la ley no les permita manejar ese aserto. La Coca-Cola no puede decir en sus anuncios que la Pepsi-Cola es mala y viceversa. Pero, con todo, el veneno ya está suelto. Retrata más a quien lo sintetiza en el laboratorio y puede que hasta salpique a su propio creador, pero ante la desconcertada -y a veces desconcertante- sociedad catalana puede tener efectos hipnóticos. Se trata de convencer a la ciudadanía de que el nirvana social al que están llamados como pueblo diferenciado puede verse afectado por aquéllos que viven fuera de la fortaleza. Si algún día esos menesterosos son capaces de crear vida más allá de las murallas de lo nacionalmente correcto, el cuento podría acabarse. De ahí la urgencia.

Referéndum
El PSC utilizará tu "sí" contra España
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Mayo 2006

"El PP utilizará tu 'no' contra Cataluña" es un lema que no tiene buena respuesta. Y, sin embargo, hay que darla. Comprendemos que los socialistas catalanes han conocido, de forma casi exclusiva, la oposición. Fue la decisión de Felipe González, que siempre prefirió a Pujol. A la vista de lo sucedido en los últimos dos años y medio, se entiende al sevillano: optaba entre lo malo –el nacionalismo– y lo peor: los suyos. Pero esta reciente experiencia de gobierno, aun bajo la presidencia de un iluminado, aun salpicada de despropósitos sin cuento, debiera haberles conferido algún sentido de Estado, alguna responsabilidad.

Los despropósitos van del reparto de decenas de millones de euros para informes innecesarios a las multas contra los comerciantes que rotulan en castellano; de la ofensa a los cristianos junto al Santo Sepulcro a la extorsión de funcionarios; del nombramiento de consellers duchos en bombas al intento de imponer a los medios el criterio de veracidad desde un órgano político. Pero alguna intuición de lo que significa gobernar en democracia deberían haber experimentado. Pues no.

Ante un referéndum legalmente preceptivo, una formación política en el poder lanza una campaña señalando con el dedo, como enemigo de Cataluña, a un partido que gobierna en siete comunidades y dos ciudades autónomas, que tiene 148 diputados y casi diez millones de votos en España. El PSC, temiendo un ridículo mayúsculo después de hacer tanto ruido con el estatuto, de desestabilizar tanto el país, de encanallar tanto la política, opta por una vieja estrategia que conocemos demasiado bien: alentar el conflicto entre territorios y entre grupos sociales; convertir en enemigo interno, en apestado, a un segmento de la población catalana que supone alrededor del 15% del electorado. Su decisión es grave porque obliga a una respuesta. Cuando el fratricida habla, es mejor darse por enterado inmediatamente; si no, luego es mucho peor.

Votantes socialistas de Cataluña, la mayoría de vosotros no tenéis nada que ver con Pasqual Maragall y los suyos, ni con su visión de Cataluña y de España, ni con los intereses que defienden. Ahora es importante que no os dejéis manipular. El PSC usará vuestro "sí" contra España. Lo usará para justificar el fin de la solidaridad entre territorios, para seguir alimentando el odio antiespañol en los colegios y medios de comunicación, para convertiros en ciudadanos de segunda, para privaros de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que recoge la Constitución, para romper la unidad del poder judicial, para construir una Cataluña estrecha, alicorta y resentida a su imagen y semejanza.

La paz tenía un precio
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Mayo 2006

A Zapatero se le está atragantando el llamado «proceso de paz». «Gara» ha publicado las condiciones que pone ETA a cualquier tipo de «diálogo» en estos momentos, es decir, amnistía, excarcelación de presos, anexión de Navarra y autodeterminación... Pero, ¿acaso esto no lo sabía el Gobierno? Lo sabía, ciertamente, pero no estaba en sus planes la forma abierta con la que ETA desea que se lleven a cabo las negociaciones. Zapatero pensaba que estas fueras secretas, de tal modo que ellos pudieran vender las «esperanzas de paz» sin tener que hablar ni de ritmo de los encuentros ni, mucho menos, de posibles concesiones. La prueba de que Zapatero ha quedado fuera de juego es que está pensando en dar un giro al «proceso de paz» al anunciar la convocatoria del Pacto Antiterrorista. Zapatero necesita ampararse en Rajoy.

Al concebir el Gobierno unas negociaciones con ETA en términos más «discretos» pensaba que podría ir sacando provecho político en lo que queda de legislatura sin tener que rendir cuentas a la opinión pública. «Las negociaciones serán largas y difíciles», han advertido siempre. Zapatero y Rubalcaba pretendían vender «diálogo» como quien vende humo, aire, embeleco para bobos... Confiaban en que los españolitos estarían colgados de la zanahoria de la paz y bastaría esta situación ilusionante para compensar los desgastes producidos por el Estatuto catalán y por las humillaciones en Bolivia. Necesitaban, esto sí, un figurón... Otegi: el buen terrorista.

Pero en estas, «Gara» rompe el juego del secretismo y publica, íntegras, las condiciones de ETA. Si Rubalcaba puede verificar el cumplimiento de la tregua, ¿no podrá ETA hacer lo propio en relación con la voluntad negociadora del Gobierno? Así que anuncia en su periódico el catálogo de reivindicaciones. Como si hubiera ganado la «guerra». Se le encarga a Pepiño que salga. El Gobierno ha sido desafiado en público, pero, sobre todo, con la entrevista de «Gara» ETA ha puesto en marcha un método de trabajo que viene a arrumbar todas las posibilidades que se le habían atribuido a los escarceos del diálogo, de los contactos, de las negociaciones... Al «proceso de paz». Ya humo, propaganda. Bobería.

La salida momentánea que se le ha ocurrido a Rubalcaba ha sido denunciar a quienes prefieren dar crédito a ETA que al Gobierno. Él sabe que no puede abusar de ese argumento, y sabe que el mediador no es ZP sino «Gara» o el último «Zutabe». Zapatero ha pasado de controlar a ser controlado. Ante esto, el Gobierno ha tenido que recurrir al Pacto Antiterrorista. Necesita envolverse en la «responsabilidad» de Rajoy. ¿Se dejará seducir, una vez más, por un jefe de gobierno que ha montado toda su estrategia sobre la exclusión del PP? ¿Hasta ese punto desprecia ZP a Rajoy?

Víctimas del terrorismo
¡Perdón, monseñor Blázquez!

Agapito Maestre Libertad Digital 19 Mayo 2006

Blázquez pide un imposible. El obispo de Bilbao solicita de las víctimas del terrorismo que "reciban y ofrezcan perdón". Imposible, porque sólo puede recibir perdón quien previamente lo haya pedido, pero, podría decir el señor Blázquez, ¿cuál es la culpa de la víctima para solicitar perdón de su verdugo? La metanoia, el cambio radical, que exige Blázquez de las víctimas, es peor que un sinsentido. Podría llegar a representar una forma cruel, deshumanizadora, del sufrimiento de las víctimas. Tampoco la víctima puede ofrecer su perdón, ojalá, porque nadie se lo ha pedido; todavía está por ver que un verdugo, un terrorista, le haya pedido perdón a su víctima. Que más quisieran las víctimas que constatar un arrepentimiento sincero y radical de los verdugos, de los asesinos, para poder ejercer el perdón, o sea, para poder liberarse efectivamente del pasado perverso y, borrada la ofensa, comenzar una relación nueva.

Pero si no hay arrepentimiento y propósito de enmienda por parte de los criminales de ETA, entonces de qué "perdón" está hablando el señor obispo. Quizá se refiera a un "cerrar los ojos" ante la perversidad, o quizá quiera indicarnos que todo pudiera arreglarse con un "simple olvido", algo que no provocase la humillación del otro por tener que pedir disculpas a su víctima, o quizá Blázquez prefiera renunciar a la humanización del perdón, que ha sido de una las mayores contribuciones del cristianismo a la cultura occidental, por un reconocimiento explícito de que una sociedad, tal es el caso de la vasca, puede perfectamente vivir sin perdón.

No seamos hipócritas. Digámoslo sin máscara. O Blázquez está sometido al síndrome de Estocolmo, una defensa enferma y patológica de sus verdugos, o está obsesionado por la doctrina de Bossuet: "El mundo lo perdona todo cuando se triunfa". En el primer caso, el señor obispo es digno de lástima, incluso de compasión; pero, en el segundo caso, debería ser susceptible de crítica, porque desconoce que el perdón nunca es un asunto de una colectividad sino de un compromiso personal. En cualquier caso, para salir de ese espíritu superficial, sí, de esa insistencia a que todo se olvide, al que Blázquez parece aspirar con estas declaraciones, recomiendo la lectura de "Olvidados" (editorial ADAHRA), un libro de Arteta y Galletero, que recoge los testimonios de trece víctimas de ETA. Aquí hay materia para hacer todo un tratado sobre el perdón, la memoria y la dignidad.

En fin, la categoría de perdón y, sobre todo, la humanización del perdón, recogida en la principal fórmula de la cultura cristiana ("…perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"), corre el peligro de hacerse innecesaria en la vida democrática por el mal uso que de ella hace, paradoja entre las paradojas, un pastor de la iglesia católica.

Nacionalismos y referendos
Lorenzo Contreras Estrella Digital 19 Mayo 2006

Hay en puertas dos referendos que preocupan e interesan grandemente al mundo nacionalista del llamado Estado español. Uno, como es obvio, es el de Cataluña, donde el señor Zapatero, junto con el señor Maragall y su entorno, se juegan a los números una importante baza política. Otro es el que se anuncia para el próximo domingo en Montenegro, donde lo que se ventila, de forma más directa que en la Cataluña con aspiraciones soberanistas, es nada menos que la independencia respecto a Serbia, algo que lógicamente tiene sensibilizado al PNV, a su Gobierno y en general a todas las organizaciones vascas relacionadas con el asunto, por aquello de las similitudes, semejanzas o ejemplos.

Para los nacionalistas catalanes, el referéndum sobre el Estatuto, que encubre una constitución de intenciones emancipatorias bajo capa de reforma de su carta autonómica, es el primer órdago que se lanza contra el Estado español, digamos por una vez España, aunque a los republicanos de ERC, bajo la batuta de Carod-Rovira, les parezca un “Estatut” de cortísimo alcance.

Y es lógico que les inquiete a los nacionalistas de CiU y de Maragall —que también es nacionalista aunque pretenda ofrecer otro perfil—, porque alguna encuesta reciente no ha dejado claro porcentualmente que los catalanes consideren necesario un nuevo Estatuto. El texto que se somete a la consulta popular después de atravesar sin grandes problemas el filtro parlamentario central ha sido producto de un entendimiento entre Zapatero y Artur Mas, el líder de CiU, en aquella famosa velada de la Moncloa que se caracterizó por el apelativo de nocturna y alevosa. Pero el caso es que el PSC de Maragall, empezando por Maragall mismo, ha convertido la precampaña del referéndum en un anticipo electoral cuyo resultado, si es decepcionante para los “neoestatutarios”, introduciría un factor de alta debilidad en la ya debilitada posición del actual presidente de la Generalitat y de paso condicionaría de manera perturbadora toda la programación reformista de Zapatero en su afán de remodelar el Estado de las Autonomías de tal modo que, como anticipó hace algunos años Alfonso Guerra, “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Claro que entonces Guerra transitaba por otros terrenos más optimistas y modernizadores que los actualmente situados en su óptica política.

Se comprende que el lema propagandístico del PSC se enuncie en estos términos: “El PP usará su no contra Cataluña”. Así se convierte una lucha de opiniones en una grave cuestión patriótica en la que se ventilaría el progreso y la entidad “identitaria” de la patria de los catalanes. A Maragall le ha faltado imitar a Luis XIV y decir “Cataluña soy yo”.

El PP ha preferido llevar la contienda del Estatuto de Cataluña —si cabe llamarlo Estatuto— al marco de los procesos electorales del 2007 y el 2008. Su réplica al mensaje del PSC ha sido elocuente: “Zapatero usara su sí para negarte el derecho a decidir”. Es una referencia al supuesto recorte de libertades que los populares columbran ante el nuevo texto estatutario y las futuras iniciativas de Artur Mas, que ya se perfila como sucesor de Maragall en la Generalitat, por supuesto con las complacencias del propio Zapatero, el gran “culé” de la política española. Artur Mas no parece dispuesto a renunciar al “perfeccionamiento” del nuevo Estatut, al que ya en su momento prefirió como un Estatut sense limits, una expresión que no necesita traducción por su perfecta claridad.

El caso de Montenegro es el otro capítulo que afecta a la sensibilidad de los nacionalistas del Estado español, concretamente ahora a los nacionalistas vascos, que comparan a Euskadi con la antigua dependencia de la Yugoslavia de Tito y luego, por un tiempo, de Milosevic. Se trata de establecer un paralelismo entre la artificiosa creación de la antigua Yugoslavia emanada del Imperio Otomano y la posterior recomposición del mapa continental. Esto equivale a comparar medio siglo balcánico o poco más, con quinientos años de historia política y de empresa común bajo la cobertura del primer Estado moderno de Europa, o sea, España y su Imperio, donde los vascos estaban encuadrados en su progreso y expansión. Pero ahí aparece ahora Ibarretxe, en primer término, con la lupa colocada en el desarrollo del referéndum montenegrino, para no perder detalle de cómo la Unión Europea podría acabar siendo un mosaico de Estados europeos sobre la base de naciones que no tenían Estado.

EL NAVAJERO LEMA DEL PSC PARA PEDIR EL SI AL ESTATUT
Editorial Minuto Digital 19 Mayo 2006

No tendrían ningún rubor en acusar de crispar la sociedad si después de este alarde de talante barriobajero el PP centrara su campaña en transmitir a los electores la idea, -cierta por otra parte-, que apoyar electoralmente al PSOE es apoyar al separatismo y la destrucción de España.

Parece que ahora se hace un poco de luz en la falta de clarividencia política del líder de los populares en Cataluña. Piqué denunció que el eslogan socialista utiliza la "indigencia intelectual" y su mentalidad "totalitaria" y "sectaria". Subrayó que en la campaña por el referéndum se considera "probado" el profundo y antidemocrático sectarismo" de los socialistas catalanes, además de la "ausencia de argumentos". Consideró que el PSC actúa de forma "obsesiva y enfermiza" contra su partido y lanza ataques "infames e ignominiosos" que rayan la "miseria moral". Nunca habíamos oído a un Piqué tan firme y contundente. Y es que parece que algunos líderes populares solo son capaces de comprender la verdadera naturaleza de la izquierda cuando les atizan en los morros. No, los sucesos posteriores al 11-M, no han servido de lección al PP, se conoce que han de recibir aún más palos para curarse de la ceguera. El problema es que esos palos los reciben los lomos de España.

Así , mientras los socialistas y sus aliados separatistas saben a lo que van y lo que quieren, y están dispuestos a lograr de manera combativa y activa sus objetivos políticos, los de la derecha, los que tocan la alarma con la invocación de aquel peligro cierto que se cierne sobre España , solo parecen coincidir en el terror que les produce. Se diría que, fuera del anuncio del fin de la convivencia nacional y de la denuncia de la operación nacional-socialista para desmantelar España, no tienen mensaje que decir a los españoles ni alternativa que oponer.

Ya no basta con pedir que todo siga igual. Es necesario proponer un modelo nuevo que reviva un sistema constitucional herido de muerte por el PSOE y corrija errores pasados recuperando un espíritu patriótico que nunca se debió perder. Queremos que se nos devuelva el alegre orgullo de tener una patria a la vez que se destierre el peligro separatista. No se trata pues de resistir, ni de contrarrestar las reformas que desde la izquierda antinacional se nos quieren imponer. No se trata de ganar unas elecciones, sino de cambiar el rumbo de la nación. ¿Quiere el PP de verdad corregir ese rumbo y sabe hacía donde virar el timón? Esperemos que aprendan aceleradamente lecciones de náutica antes de que el barco se hunda.

Una campaña fascista contra el PP para tapar el modo en que ETA tiene atrapado a Zapatero
Federico Quevedo El Confidencial 19 Mayo 2006

Si los del PP tuvieran lo que hay que tener para responder a la impresentable campaña a favor del Estatuto Catalán que ha puesto en marcha el partido de Montilla, mañana mismo encargaría otra con el siguiente lema: “El ‘sí’ que pide el PSC servirá para hacer más fuerte a ETA”. Pero sospecho que, al margen de denunciar ante los Tribunales esa campaña de evidente contenido antidemocrático y “fascista”, como ayer señalaba Ángel Acebes, no se atreverá a mucho más, con lo que no podremos ver escrita negro sobre blanco la verdadera razón por la que los catalanes acudirán el próximo 18 de junio a las urnas, que no es otra que la de pagar a la pandilla de canallas la principal de las facturas del precio político del ‘alto el fuego’: el Estatut. ETA es la que viene marcando la agenda política desde aquel 11 de marzo de 2004, la que dirige los pasos de un Gobierno radical y decididamente dispuesto a llevar a cabo de la mano de la pandilla de canallas un proceso de disgregación del Estado cuyas consecuencias son imprevisibles, pero que responde cuadriculadamente a esa visión negativa y relativista de la Historia de España y de la Democracia que tienen Rodríguez y la izquierda que lo sostiene.

¿Por qué? Hay dos razones que llevan al Gobierno de Rodríguez a caminar de la mano de la pandilla de canallas. Una es la coincidencia de objetivos, porque, en el fondo, ese mismo deseo de destrucción de la legalidad constitucional por el que ha luchado siempre el nacionalismo radical es el que persigue la izquierda marxista. La otra es que la pandilla de canallas tiene tanto que ver con lo que ocurrió aquel 11 de marzo de 2004 y que Rodríguez sabe que está en manos de quienes pueden romper el fino hilo que sujeta su Gobierno. Y yo no creo, fíjense, que ETA participara directamente en la comisión de los atentados, pero sí que tenía conocimiento previo de los mismos y que se entregó activamente a la estrategia de hacer creer al Gobierno del PP, desde unos meses antes, que ellos estaban dispuestos a cometer una masacre, con el fin de que el Ejecutivo de Aznar les señalara como culpables, mientras otros se encargaban de ir sembrando de pistas islamistas los entresijos de la investigación. Pero, fíjense, ni siquiera esto es lo esencial del acuerdo entre ETA y la izquierda de Rodríguez –aunque sí lo más grave-, ya que desde mucho antes, según hemos sabido, había negociaciones entre unos y los otros. ¿Con qué fin? Para mí está muy claro.

Mientras Rodríguez proponía y firmaba con Aznar y el PP el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, sus ‘enviados’ alcanzaban con ETA el Pacto contra las Libertades y la Constitución, en afortunada expresión de Pío Moa que ayer presentaba su libro El iluminado de La Moncloa y otras plagas (Editorial Libros Libres) de recomendable lectura para entender los orígenes de lo que está ocurriendo, que no es más que una crisis sin precedentes del Estado de Derecho y la destrucción desde el poder de la legalidad vigente. Así que, perdónenme que les diga esto con un exceso de firmeza, aquí no hay ni ‘alto el fuego’, ni tregua, ni Cristo que lo fundó, como bien claro han dejado los de la capucha en esa entrevista al Gara que el Gobierno no quiere comentar porque sólo comenta lo que le interesa –para hablar hasta la saciedad del primer comunicado de la banda anunciando el ‘alto el fuego’ no tuvieron tantos escrúpulos-, y lo que le conviene. Aquí lo que hay es el modo en que ETA dirige los pasos de este Gobierno hacia la consecución de sus exigencias.

La pandilla de canallas se ha rearmado, extorsiona y mantiene sus objetivos intactos, y además le reclama a Rodríguez que cumpla sus compromisos, y lo que debería estar haciendo Rodríguez a petición inflexible de Mariano Rajoy –si fuera necesario, y es probable que lo acabe siendo, a través de una moción de censura- es explicarnos a los ciudadanos cuáles son esos compromisos, aunque nos los podemos imaginar. De entrada, podemos afirmar sin ninguna clase de pudor que, gracias a que ETA ha asesinado a más de mil personas, a Arnaldo Otegi no se le aplica la Justicia como al resto de los ciudadanos, sino que se le conceden beneficios que a otros condenados se les niegan. Es evidente que, al margen de la máxima aspiración del nacionalismo radical –la independencia-, el Gobierno ha venido haciendo concesiones humillantes que den estabilidad al ‘alto el fuego’. ¿Por qué, entonces, Rubalcaba se pone la venda antes de la herida y deja caer que lo de que el ‘alto el fuego’ no está del todo verificado? Por si acaso. Por si tiene que acudir al manoseado “ya lo dije, ya lo advertí”, aunque fuera con la boca pequeña.

Esta es una cuestión de tiempos, y los tiempos de ETA y los de Rodríguez puede ser que no coincidan. Una cosa es que a Rodríguez no le importe y promueva acometer un proceso de transición de la democracia a la balcanización del país, y otra distinta que quiera hacerlo antes de que las urnas decidan si le otorgan o no un nuevo mandato para poder llevarlo a cabo. El problema radica en que la pandilla de canallas le exige que las mesas de negociación de la autodeterminación y la territorialidad se convoquen ya, y eso significa, en román paladino, sentarse a pactar el precio político definitivo –el reconocimiento de Euskal Herria como nación- antes de que los ciudadanos perciban de un modo rotundo el fin de la violencia, algo que no va a ocurrir. Entre otras cosas porque ETA no va a desaparecer, ni va a dejar las armas, ni abandona los objetivos por los que lleva treinta años matando, y si esa es la percepción que acaba instalándose en la opinión pública –ya lo está haciendo-, los planes de Rodríguez se torcerán irremediablemente. Claro que esa es la consecuencia de haber confiado toda su suerte a la carta marcada el 11 de marzo de 2004 por la pandilla de canallas.

La tentación totalitaria
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Mayo 2006

AUNQUE hablar de «socialistas catalanes» constituye un notorio anacoluto, es evidente que Pasqual Maragall, al frente de una formación que se identifica como PSC, es la segunda de las fuerzas partidistas que -teórica franquicia del PSOE- operan en Cataluña. Anda ahora tan singular hibridación nacional socialista en la tarea de municionar su artillería propagandística para, a un mes vista, sacar adelante el referéndum que debe culminar el parto de los montes del nou Estatut. Roto el tripartito, el gran engendro funcional que le dio alma al Govern, excitadas las fuerzas de CiU y desorientados los socialistas, sólo el PP mantiene un mensaje lineal y constante al solicitar el «no» para un texto legal que, en el supuesto de su constitucionalidad, no ha de beneficiar en mucho al todo nacional español. El «no» de ERC es otra cosa, una rabieta oportunista que busca un rédito electoral ilegítimo y una diferenciación posicional más que legítima.

En ese ambiente, el PSC, además de gritar «visca el nou Estatut», cosa que está muy bien, predica el «sí» diciendo que «el PP utilitzará el teu no contra Catalunya». Maragall, José Montilla, José Zaragoza y demás santones del nacionalsocialismo catalán se definen con el eslogan. En uso de su libertad, el PSC propugna la aprobación popular del Estatut; pero, al mismo tiempo, sabe que el «no» por el que clama el PP no significa una posición antagónica, razonada y razonable. El «no» del PP es tan perverso, lo saben los militantes del PSC, que va «contra Cataluña».

Debe de resultar confortable, tanto como sospechoso, instalarse en la posesión de una verdad única e incuestionable, sentir que las afirmaciones propias son tan benéficas como maléficas las ajenas; pero hay que señalar que eso, que tiene tratamiento psiquiátrico, tiene también una clasificación política que no figura en el cuadro de honor de las ideas, ni acredita otra cosa que el instinto totalitario -¿fanático?- de quienes se encasillan en el desatino como método y en la contumacia como estrategia. A pesar de sus viejas protestas, y en el supuesto de que el PSC sea socialista, el socialismo no es libertad.

Aquéllos que no partan de la convicción de que todas las fuerzas presentes en el juego político buscan el bien de la Nación y de sus ciudadanos se autoexcluyen de la clasificación democrática. El «no» del PP al referéndum catalán es tan digno como el «sí» socialista y quiero sospechar que son dos formas equivalentes de entender lo mejor para la tierra cuatribarrada, sus gentes, su historia y su porvenir. Sólo el tiempo, y no necesariamente, le dará razón a una de esas dos posiciones que, por enfrentadas, buscan la adhesión de distintos segmentos de la sociedad. El PP no actúa contra Cataluña, y afirmarlo, como hace la campaña del PSC, es un alarmante tic fascistoide.

Un Estatuto que ni el PSC defiende
EDITORIAL Libertad Digital 19 Mayo 2006

El eslogan publicitario propuesto por el PSC tiene la virtud de desnudar las escasas virtudes éticas e ideológicas del partido de Montilla, así como la carencia completa de argumentos con los que pretenden fundar su nacioncita. El votante socialista, en Cataluña como en el resto de España –y en el mundo–, está ya huérfano de un pensamiento político y económico coherente y que funcione. En el resto de Occidente, esto ha provocado la formación de difíciles coaliciones entre socialdemócratas razonables y extremistas que aún mantienen su fe en quimeras ya derrumbadas por la realidad y que sobreviven alimentados de ciertos odios patológicos, principalmente a Estados Unidos e Israel.

En nuestro país, la única seña de identidad con que el PSOE se ve capaz de movilizar a su electorado es el odio a la derecha, el sectarismo, la superioridad moral que conlleva "ser de izquierdas" pese a los cien millones de muertos por el comunismo. Más grave aún es esta dolencia en Cataluña, donde la dirección del PSC debe lidiar con unos objetivos y una práctica de gobierno nacionalista, cuando no independentista, y unos votantes en su mayoría procedentes de la inmigración, que votan en mucho mayor porcentaje en las elecciones generales que en las autonómicas porque la "condonación" de Cataluña les trae al fresco. Porque votan PSOE, no PSC, la dirección de éste debe ofrecerles lo único que les une a su electorado: el odio a la derecha.

El partido socialista, sección catalana, es experto en este tipo de reclamos electorales. Es la tercera vez desde 2004 que emplea las siglas del PP en sus eslóganes. Su problema, en esta ocasión, es que a sus votantes el Estatuto parece importarles aún menos que el nombre de quien se siente en el Palacio de la Generalidad. Puesto que el Estatuto es indefendible desde una postura de izquierdas, o sencillamente desde una postura sensata, el único argumento que pueden aportar para llevarlos a las urnas y evitar la falta de legitimidad de un apoyo escaso es emocional. El PSC necesita invocar los más bajos instintos de los votantes puesto que no puede apelar a la inteligencia de nadie con un texto como el aprobado por las Cortes. Se convierte así la campaña del Estatuto en una reedición lustrosa y refulgente del pacto del Tinell, en la que lo importante no es construir, sino destruir a la oposición.

Si existe democracia cuando la oposición acosa al gobierno y dictadura cuando el gobierno acosa a la oposición, no cabe duda que emplear este tipo de lemas muestra el talante totalitario del PSOE. Especialmente cuando, pese a lo mucho que lo criticaron los propios socialistas cuando lo hacía Pujol, Montilla y los suyos identifiquen Cataluña con ellos mismos y sus posturas independentistas, excluyendo de la categoría de "catalanes" a quienes no piensen como ellos. "Cataluña soy yo", vienen a decir, aunque luego critiquen agriamente a quien les recuerde obvios parecidos.

Quizá la campaña del PP debiera recordar al votante socialista que decir "no" al Estatuto sea, posiblemente, su última oportunidad de recordar a los dirigentes regionales de su partido que ellos son y se sienten españoles, y que no desean que su voto se emplee para construir una nación en la que no creen.

Izquierda liberal
Gotzone Mora, una mujer honesta
Antonio Robles Libertad Digital 19 Mayo 2006

El nacionalismo excluye o bien no es. Está en su naturaleza, para ser ha de excluir, de lo contrario no es algo diferente, ni puede alegar personalidad distinta al común; por tanto su legitimidad se basa en la exclusión. Ante la pluralidad de España alegan el derecho a la diversidad para asegurar su identidad y ante la diversidad de Cataluña, se acogen a la identidad como herramienta legítima para no ser disueltos en la diversidad que la constituye.

No, no se confunden ustedes. La ley de contradicción se la pasan por los derechos históricos.

Por todo eso, uno de los métodos más eficaces que el nacionalismo catalán ha utilizado y utiliza para eliminar las ideas molestas o contrarias a sus intereses es la criminalización de las personas cuando no pueden con sus ideas. Vean el último ejemplo: "El PP usará tu NO contra Cataluña". Es el lema del PSC en la campaña del Estatut de Cataluña. No rebate ideas, destruye a las personas que las sostienen.

Me dirán ustedes que los métodos mafiosos no son patrimonio de los nacionalistas. Y estarán en lo cierto. Aunque si damos al César lo que es del César hemos de reconocer el mérito de Fernando II, rey de Aragón (Aquí Ferran II, rey de la Confederación catalanoaragonesa) y marido de Isabel la Católica, de ser el creador de la mafia en Nápoles y Sicilia. Corre la leyenda que el mismísimo Maquiavelo escribió "El Príncipe" para él. Ha llovido mucho desde entonces y sus métodos se han extendido. Al País Vasco también. Allí, una mujer triste ha de soportar la hostilidad diaria sola, abandonada por propios y acosada por extraños. Esa mujer decente a la que quieren convertir en una vieja loca para que sus ideas no estorben, aguanta, soporta y aún tiene fuerza para crear rebeldía.

Es heroico atreverse a denunciar a los mafiosos sabiendo que tú puedes ser la siguiente, pero si te arropan los tuyos, la seguridad consuela. Pero no, los suyos la han dejado abandonada a los pies de los caballos, sola, desprestigiada por su partido y ninguneada por la oposición por si acaso su lucha no la pueden rentabilizar ellos. Cualquier otra hubiera abandonado, pero ella está hecha de una pasta especial.

Acabo de leer una noticia en El Confidencial Digital en la que se insinúa que Gotzone Mora está planteándose dejar el Partido Socialista de Euskadi y entrar en el Partido Popular. Podría ser lógico, pero no es verdad, simplemente es falso. Me lo acaba de asegurar. Tan falso como crueles las navajadas que ha recibido de su partido por no amoldarse al nuevo escenario de paz y diálogo con la banda terrorista ETA, por arropar a las víctimas y denunciar a sus jefes. "Nadie –se me queja afectada–, nadie de mi partido me ha llamado para solidarizarse o preguntarme por el atentado contra mi coche, ni siquiera Rosa Díez". "Pero tampoco lo han hecho del Partido Popular", añade decepcionada.

Su intransigencia con el mal, con el pasteleo, con el cambio de discurso por coyunturas políticas inconfesables le ha llevado a ser temida por todos, incluidos los movimientos cívicos que un día ella apadrinó y ayudó a crecer. Al menos de eso se queja. Pero no es verdad, allí dónde va, la ciudadanía la arropa, la besa, le da ánimos y confían en ella. En personas así dejarían gustosos los asuntos políticos, por eso la animan a que rompa la baraja y cree o se sume a proyectos ciudadanos que ya están surgiendo en España contra su destrucción. Me lo confiesa íntima, sabedora en el fondo de esa victoria sobre las injurias y calumnias que desde su partido la han convertido en una vieja cascarrabias.

Y sí, la habrán de temer. Todos. Los de su partido y los del PP.

"Ya existe un embrión –me confiesa–, con algunas reuniones en marcha y personajes importantes del mundo académico, universitario etc. no sólo del País Vasco sino de otras partes de España". Porque "el problema –asegura– no son las diferencias ideológicas entre los partidos, es algo previo que implica a los derechos constitucionales de igualdad ante la ley tanto de los ciudadanos como de los territorios. Se ha de reivindicar España como garantía de esos derechos". "Creo en la política, pero no en estos políticos". Bienvenida al club.

El próximo martes, 23 de mayo a las 19,30 horas estará en el Hotel Plaza de la plaza España de Barcelona encabezando el primer acto contra el Estatuto que se realice por un partido político en Cataluña, INN (Iniciativa No Nacionalista). Este novísimo partido de centro izquierda sí cree en ella.

antoniorobles1789@hotmail.com

PSC
Maestros del eslogan
Jorge Vilches Libertad Digital 19 Mayo 2006

"El PP usará tu 'no' contra Cataluña" es un eslogan interesante. Podrían hacerse análisis sobre la apropiación de Cataluña que hacen los socialistas. También sería válido explayarse sobre la asunción maragalliana del discurso victimista, tan propio del nacionalismo. Sería acertado examinarlo como un producto más del pacto del Tinell, y debatir la "soledad" del PP y la deriva territorial. O ver el lema como el resultado paranoico del frustrado gobierno tripartito, en un desesperado intento por encontrar un enemigo con el que no se halla compartido mesa en el Govern.

Desde el lado moral, cabría calificarlo, como ha hecho el PP, de "barriobajero y antidemocrático". Hablar de flacos favores a la democracia, intolerancia ante el adversario, pensamiento único o totalitarismo en ciernes. Comentar la vuelta del PSOE al guerracivilismo electoral, al desafuero político. Recordar el decálogo utópico de las buenas maneras democráticas, mencionar la corrección británica y el espíritu perdido de la Transición. Lamentarnos por las maneras poco serias, poco "europeas" de un socialismo que, gobernando, no debería, teóricamente, atizar tanto a la oposición.

El PSC sabe que la abstención el 18-J va a ser bastante alta, más de la mitad del electorado, porque los catalanes están hastiados de esta zarzuela estatutaria –perdona Chapí–. Y que el nexo de unión de sus votantes, más o menos charnegos, catalanistas o socialistas, está en que son contrarios al PP. La traducción del eslogan, por tanto, es: "¿Usted votaría al PP? A que no. Pues vote 'sí' en el referéndum. Porque votar 'no' es dar la razón a los Aznar, Rajoy, Zaplana, Acebes... a toda la derechona... a Martínez Pujalte. ¿Usted se imagina a Martínez Pujalte riéndose de los socialistas; es decir, partiéndose el pecho a costa de los catalanes? ¿Para eso hemos ganado la Champions? Intolerable. Pues vote 'sí' y bórrele la sonrisa de la cara."

Un eslogan ha de ser directo, llamar a los sentimientos identitarios, a esos que movilizan un domingo, y tener el menor coste posible. Los lemas electorales no son del gusto de todos, ni siquiera las fotos; como aquellas de Fernando Morán para la alcaldía de Madrid, propias de Pesadilla en Elm Street; o las de Cristina Almeida, que se salían de la valla publicitaria. Tampoco se saca nada regalando otra vez Referéndum plus, la bebida que te hace votar 'sí'.

Por eso es obligatorio ser práctico, y éste eslogan ha cumplido con su primer propósito: no pasar desapercibido y que lo critique la competencia. Y aunque ahora les dé un empacho de dignidad y decidan retirarlo, o una sentencia les obligue a pensar en otra maldad, el mensaje ya está dado: "Votar 'no' es votar al PP, que es anticatalán". ¿Para qué explicar qué gana el ciudadano de Cataluña con este nuevo Estatuto, si se puede ganar el referéndum de una manera más fácil?

Ya sabemos la maestría de los socialistas en el marketing electoral, y aunque el eslogan no esté en un cartel electoral dirán en mítines y entrevistas que el "no" le servirá al PP para hacer daño a Cataluña. La pregunta es: ¿cómo afrontará el PP este referéndum? ¿Harán una campaña como si se tratase de un tema local, o la enmarcarán en una estrategia global y coordinada con los populares del resto de España?

El PSC y el PP
Pablo Sebastián  Estrella Digital 19 Mayo 2006

Todas las genialidades políticas que desarrollan el ministro Montilla y el presidente Maragall desde hace un año han acabado convertidas en un penoso espectáculo del que luego se han tenido que arrepentir, dar marcha atrás, pedir excusas y rectificar. Alguna de ellas, como la OPA de Gas Natural o el Estatuto catalán, sigue produciendo quebraderos de cabeza a estos dos genios del disparate catalán que apadrina el presidente Zapatero desde el palacio de la Moncloa, y que acaban de abrir la puerta a otro escándalo político con la presentación de la campaña del PSC en el referéndum del Estatuto catalán, en la que su eslogan principal dice así: “El PP usará tu ‘no’ contra Cataluña”.

Se trata de una patada del PSC a la Esquerra en el trasero del PP. Pero sobre todo se trata de una desvergüenza política que incluye una calumnia ilegal porque se acusa al PP de actuar contra Cataluña por defender posiciones democráticas y además constitucionales. Y a Maragall esto le parece una iniciativa llena de agudeza y a Montilla una idea espléndida. O sea, oponerse desde Cataluña al Estatuto es atacar a Cataluña, y así lo entiende Zapatero, ese presidente del Gobierno que se comportó como un hooligan en el palco del estadio de París durante la final del Barça, que la razonable hinchada azulgrana ha festejado con el destrozo del centro de Barcelona, haciendo en la calle lo mismo que sus políticos hacen en el Gobierno o el Parlamento catalán.

Hasta dónde va a llegar todo esto? Nadie lo sabe. Ni esto ni la secreta negociación con ETA, que sigue en marcha por vías clandestinas y sobre la que apenas nos llega la versión de los etarras recordando al conjunto de los españoles el alto precio político que exigen por su decisión de no matar. Pero unas cosas con otras —ayer llegaron a Canarias otros 500 inmigrantes ilegales— nos ofrecen un horizonte político preocupante, donde se vulneran las más elementales normas de la democracia: campañas políticas calumniosas; detención por la Policía de militantes políticos —se ha sabido que el pasado martes en Móstoles dos jóvenes fueron detenidos y maltratados por decir “¡viva la República!” durante una visita oficial de los Príncipes de Asturias—, expulsión de diputados de la oposición del Parlamento, control de todos los medios audiovisuales de comunicación y ventajas judiciales y políticas a ETA y Batasuna, como la suspensión de la condena de Otegi y la ausencia permanente del fiscal general en todo lo que concierne a la defensa de la legalidad frente a ETA y su entorno.

Ésta es, para colmo, la España del talante, la democracia, las libertades y la transparencia política, como muy bien se ve en la campaña catalana del PSC-PSOE, que además se va a convertir en objeto de decisión judicial, de previsible sentencia a favor del PP, y de acicate para que ERC y el PP redoblen sus esfuerzos en contra del Estatut. A la vez, esta situación lo que transmite es el miedo del PSC al resultado del referéndum. Sobre todo porque temen a ERC y al PP, pero también a sus propias bases, a los jóvenes de CiU y a los catalanes con sentido común que no desean seguir subidos en esta espiral de la desvergüenza política y del acoso a las libertades y al juego democrático. Pero ¿no van a parar? En absoluto, esta crisis democrática, de libertades y de identidad nacional irá a mucho peor. Basta con que se empiecen a organizar las famosas mesas del debate político vasco. Ya lo verán.

La jerigonza etarra no oculta su derrota
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 19 Mayo 2006

Si la forma de usar el lenguaje es un indicador expresivo de la mentalidad del que lo emplea -y lo es absolutamente-, tengo que llegar a la conclusión de que los miembros de la banda terrorista ETA que han hecho su deposición hace unos días están tan encerrados en su burbuja que son incapaces de entender que fuera de ellos hay salvación o una pizca de verdad.

La melaza de palabras, la intensa pérdida de tiempo para no decir casi nada, la catarata de muletillas y frases hueras, propias de quien acostumbra a reunirse mucho, pero sólo consigo mismo, reflejan una organización enferma en su relación con la realidad.

Así, sostiene que todos los «agentes» (qué obsesión con la palabra, para no gustarles la policía) están sometidos a intereses bastardos, van contra ellos, traicionan a Euskal Herria. Son egoístas, serviles y cosas peores, frente a la generosidad, altura de miras y defensa del interés común que ha demostrado esta organización a lo largo de su historia. (Los que tengan duda de este aserto pueden consultar la lista de 832 víctimas mortales, los 80 secuestrados, los 3.000 heridos, los miles de vascos extorsionados y los miles de vascos que han tenido que irse de la Comunidad Autónoma vasca (CAV) por culpa del terrorismo nacionalista vasco).

Resulta muy significativo el pánico que sienten los dos encapuchados a que la certeza de su derrota policial cale también en sus bases, obsesión que dejan clara de saque, y también sus prisas, sus urgencias, sus ganas de que esto avance. Quieren hechos, cuanto antes mejor, lo que contrasta con su vieja idea de que el tiempo es mercancía barata cuando se trata de sumar fuerzas para la revolución.

Vuelven a desplegar esa terminología acartonada, a veces ininteligible, siempre confusa, para dejar claro, entre otras cosas, que Francia tiene que implicarse más en el proceso de creación del Estado vasco independiente. Sabido es que Chirac, y últimamente también Sarkozy con especial ahínco, no paran de hablar del asunto y de promover iniciativas varias, todas ellas tendentes a satisfacer a ETA.

También resulta significativa que otra de sus obsesiones, los medios de comunicación, andemos ahora más ocupados con Zapatero y le otorguemos todo el protagonismo, que reclaman para ellos mismos, reinas mediáticas por vocación. Cómo les molesta que Josu Jon Imaz viaje tanto a Madrid, a ellos, acostumbrados a ir a la capital de España sólo para sembrarla de cadáveres; y qué evidente queda su ilusión infantil: acabar sustituyendo al PNV.

Hablando de traumas infantiles, queda clarísima su nula capacidad de frustración, su escasísima resistencia a la adversidad. Como los niños mal criados, sostienen, y mira que ya han cumplido años, que todo tiene que salir como ellos un día lejano lo soñaron, que como la realidad no coincida con ellos, peor para la realidad, y que no están dispuestos a reconocer que fuera de su campana exista una micra de verdad.

Por si no queda clara su martingala, mil veces repetida a lo largo de la deposición, anuncian que pueden volver a las andadas. Uno no sabe lo que pasa por la cabeza de semejantes lunáticos, pero alguien debería informarles de que, por aquí abajo, hasta bastantes de sus votantes, pongamos 85.000, priman a su brazo político cuando ellos no matan, y no les votan cuando vuelven a asesinar.

Tengo la esperanza de que no se produzcan más asesinatos, estoy convencido de que estamos ante el final de la banda terrorista, de la ETA que hemos conocido pero, ocurra lo que ocurra, no me cabe la menor duda de que la estructura terrorista pierde fuerza, apoyos y se debilita cada día que pasa, incluso entre muchos de los que un día la justificaron.

La banda terrorista no estaría en este juego de comunicados constantes, declaraciones de alto el fuego y amago de bravuconadas si no tuviera la certeza de haber sido derrotada policialmente hace tiempo y de estar trufada por la policía, también desde hace tiempo. Quizás no convenga decir esto para que, como infantiloides que son, no se encabriten, pero es como yo lo veo.

Hay en toda su aburrida perorata un aire cansino, como de repetir lo mismo, piensen lo que piensen la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos, incluidos algunos de sus votantes.

Es evidente que estamos ante una gentuza que se ha empleado con saña sistemática, y sangrientamente sostenida en el tiempo, para macerar a una sociedad en el miedo a base de sembrar muertes. Es evidente que trabajar todos los días en la oficina de la muerte le convierte a uno en un enfermo, que echa de menos los tiros cuando no los pega; pero tan evidente como todo eso es que la banda que hemos conocido está derrotada, que no ha conseguido los objetivos que se planteaba: vencer al Estado y aniquilar o neutralizar a todos los que se oponían a sus delirios.

De los ciudadanos vascos, y del resto de España, y no sólo de los gobiernos correspondientes, depende que esta derrota quede patente cuanto antes, también para los criminales que aún no la hayan introyectado.

En los próximos meses el proceso de final del terrorismo puede experimentar una aceleración y esta verborrea etarra quedará como lo que es, un mensaje para ellos mismos y para los muy cafeteros.

En la broza de su jerigonza autista, la banda terrorista esconde su fracaso. Su intento es salvar los muebles de los presos encarcelados, metidos entre rejas por haber macerado en muerte a un país durante más de treinta años.

La lengua viva
La lengua es también sentimiento
Amando de Miguel Libertad Digital 19 Mayo 2006

Manuel Claridad Villaverde cuenta un divertido suceso. "Caminando por la atiborrada medina de Fez, en Marruecos, me pasó un burro por un lado. De repente el jumento se paró, y el conductor del animal lo hizo arrancar de nuevo con un sonoro ¡arree!, que me hizo pensar en lo pequeño que es el mundo". En efecto, la voz arre, para animar a las caballerías, se encuentra en diversas lenguas. Quizá proceda del hebreo o del árabe, pero lo más seguro es que sea una de esas voces naturales que funcionan como onomatopeyas. Los niños de las ciudades dicen ahora "jía" en lugar de "arre" por influencia de las películas del Oeste y similares.

Rosario Martínez me escribe una emotiva misiva sobre su amor a la lengua española, aunque ella lleva muchos años residiendo fuera de España. Recuerda con gratitud a su profesor de Lengua Española Ignacio Ahumada Lara. Siempre es de agradecer ese recuerdo que los alumnos mantienen de sus profesores. Doña Rosario (Chari para los amigos) se queja de la expresión "antiguas pesetas". Le parece una expresión ridícula. No soy yo de esa opinión. Los que hemos vivido tanto tiempo con las pesetas no podemos menos de traducir mentalmente los euros a la antigua valuta nacional. No podemos llamarla peseta sin más, pues no está vigente. Así pues, tendremos que decir "antiguas pesetas". El precio de un café podemos registrarlo en euros, sin traducir, pero el coste de un piso o un coche necesitamos hacerlo equivaler a las "antiguas pesetas". Lo que pasa es que hay también un engaño, pues el cambio lo hacemos con una equivalencia fija, la del momento de la introducción del euro. Desde entonces ha habido una pequeña erosión del euro, pero no la aplicamos al cambio actual con las hipotéticas pesetas. Llegará un momento en el que ya no tenga más sentido la traducción a las históricas pesetas. Pero ese momento todavía no ha llegado para los actuales adultos.

Antonio Navarrete (profesor de Latín y Griego en Úbeda, Jaén), a propósito de los ataques al idioma español, se pregunta por una ausencia: la de los académicos de la lengua. Su silencio es estruendoso. "Al despreciar al español nos están despreciando a nosotros mismos, a nuestros sentimientos más profundos. Es un genocidio cultural al español y a todo lo que signifique España el que se está haciendo, por ejemplo, en Cataluña". Razón tiene don Antonio. No estaría mal que los señores de la Real Academia Española se pronunciaran en voz alta sobre una cuestión tan grave como es el genocidio cultural del español en una parte de España. De lo contrario, quien calla, otorga.

Manuel Navarro Pastor razona así: "los científicos no oscurecen su lenguaje en absoluto. Sois los de las humanidades, con vuestros complejos de inferioridad, los que lo hacéis". No sé qué complejos de inferioridad pueden ser esos. Hombre, hay profesionales claros y oscuros en todos los campos del saber. Los científicos tienen a su favor que sus disciplinas están más formalizadas, lo que les lleva a usar términos más difíciles de entender para el profano. Lo grave es el oscurecimiento gratuito en los textos que van dirigidos al público en general.

Mª Paz Velázquez (boticaria) narra una historia divertida. Es la de la señora vanidosa que va al médico y este le diagnostica que "padece la enfermedad de Hansen", es decir, lepra. La señora iba diciendo muy ufana a todos sus amigos que tenía una enfermedad muy importante, nada menos que la de Hansen. Doña Mª Paz observa una curiosa teoría popular sobre los dolores de cabeza. "Si te duele en la parte de arriba, esto es, en la frente, es que tienes la tensión alta; si, en cambio, es en la nuca, la tensión es baja". Son buenos ejemplos de ese principio por el que las palabras tienen valor por sí mismas.

Javier Aymerich Bartolomé, corresponsal asiduo, escribe a propósito de las ilustradas misivas de Jaime Lerner (Tel Aviv, Israel): "Leo con auténtico gusto las aportaciones que el señor Lerner hace desde Israel. Deberíamos hacer un esfuerzo para recuperar, o conocer un poco mejor, el ladino, español clásico conservado, supongo que con las inevitables transformaciones, por el pueblo de Israel. Me parece fascinante y una de las muchas cosas que deberíamos agradecerles a los judíos. Me da la impresión de que han conservado, como en una cápsula del tiempo, nuestra lengua de hace siglos, constituyendo una impagable herramienta de estudio y de gozo". Sí, señor.

El Senado de EEUU otorga al inglés la condición de idioma nacional
Agencias Periodista Digital 19 Mayo 2006

El Senado de Estados Unidos aprobó este jueves una enmienda que designa al inglés como idioma nacional, en el marco de las discusiones sobre una reforma del sistema de inmigración del país. El inglés, pese a que es el idioma gubernamental y el que habla la mayoría de los estadounidenses, no es "idioma oficial" de EEUU.

El objetivo de la enmienda, aprobada por 63 votos a favor y 34 en contra, "no es sólo el de preservar nuestra cultura y nuestro legado, sino mejorar las perspectivas de los nuevos ciudadanos potenciales de nuestra nación", dijo el republicano James Inhofe.

Sin embargo, algunos legisladores temen que convertir al inglés en un idioma nacional podría abrir la puerta a medidas discriminatorias en contra de personas que no lo dominen. También podría perjudicar los esfuerzos por promover medidas de seguridad y salud públicas en otros idiomas, señalaron.

"Aunque la intención no sea evidente, realmente creo que esta enmienda es racista. Creo que está dirigida contra las personas que hablan español", dijo el senador Larry Reid, líder de la minoría demócrata.

Idioma común y unificador
La vía libre a esa enmienda fue seguida por la aprobación, por 58 votos a favor y 39 en contra, de otra iniciativa más moderada que califica al inglés como "idioma unificador". Esta última enmienda, planteada por el senador demócrata Ken Salazar (Nueva Jersey), también determina que el Gobierno preservará y promoverá el papel del inglés como "idioma común y unificador" de Estados Unidos.

Salazar ha manifestado que "el inglés es el idioma de las oportunidades" y ha asegurado que su enmienda no constituye "una amenaza para los derechos establecidos de todos los estadounidenses".

El destino de esas dos enmiendas dependerá de las negociaciones que se lleven a cabo con la Cámara de Representantes, que en diciembre del año pasado aprobó su propio proyecto de reforma migratoria.

Tratamiento de delicuentes para los inmigrantes ilegales

Uno de los puntos más controvertidos del proyecto de la cámara baja es el que convierte en delincuentes a los inmigrantes ilegales.

La versión del Senado, que se parece mucho al proyecto migratorio esbozado el pasado lunes por el presidente George W. Bush, refuerza la seguridad fronteriza, apoya un plan de trabajadores temporales y abre la vía para la posible naturalización de unos 12 millones de inmigrantes ilegales.

Pero esa naturalización es rechazada por muchos senadores conservadores que la califican como una "amnistía" y una recompensa por la violación de las leyes estadounidenses.

La patria da saliva
ARCADI ESPADA  El Mundo 19 Mayo 2006

Es explicable que el mensaje de los socialistas catalanes contra el Partido Popular se entienda como una agresión. Los socialistas, y no sólo los catalanes, tratan a la derecha del modo que les han enseñado a hacer los nacionalistas. Es un modo cuya palabra clave no es el «no», sino el «¡fuera!». Si yo tuviera edad, me afiliaría de inmediato al PP, como escudo humano. Creo que es una noble propuesta para la juventud idealista. Los métodos nacionalistas del socialismo catalán no se traslucen tan sólo en esa parte del mensaje que afecta directamente al Partido Popular. Donde el método deslumbra con más intensidad es en el obsceno contra Catalunya que incorpora. «El PP usará tu no contra Cataluña» tiene, al menos, dos sentidos: la evidencia de que la derecha hará política anticatalana con los votos negativos; pero también, por contagio (especialmente fácil de producirse dada la lengua sioux en que está redactado el eslogan), el que resulta de la cadena «no contra Cataluña», donde el voto negativo queda magnéticamente estigmatizado como un voto contra Cataluña.

Nunca habían llegado tan lejos los socialistas. Uno de los ejes recurrentes de su política fue la acusación a Pujol de que se había apropiado de Cataluña. En este sentido, los socialistas llegaron a exigir del presidente que no se autotitulara, como lo hacía, cada vez con más frecuencia, «presidente de Cataluña» y respetara ese distanciamiento democrático que incorporaba el atributo «de la Generalitat». La propia palabra «Cataluña» nunca apareció particualrmente enfatizada en sus mensajes electorales.Preferían otras: «futuro». Y, oh là là!: «Izquierda». Así fue, exactamente, hasta el año 2003, donde los socialistas se colgaron de un eslogan que aventuraba lo peor: El canvi per Catalunya, donde la preposición per fue, desde el primer momento, más por que para, es decir, más esencia que servicio.

Sin embargo, el paso definitivo acaban de darlo ahora. Y ni siquiera puede decirse que les hayan forzado a darlo las obligaciones tripartitas, que es el argumento que han utilizado hasta ahora para justificar lo que -bien claro se ve- no son otra cosa que sus más profundos (y tan mal ventilados) sentimientos. Este eslogan, que con beocio e impudoroso orgullo mostraba uno de los funcionarios socialistas a la prensa, supone el ansiado clic retórico con que culmina un proceso. Ya son lo que quisieron ser (agentes y no pacientes) desde que les cayó el fundacional salivazo -resbalaba lento y espeso sobre la americana del largo Obiols- en las puertas del Parlament, en los días de Banca Catalana. Desde aquella tarde, bajaron la cabeza y empezaron a salivar en silencio. Pero no fue hasta ayer cuando la cosa cogió forma y vuelo en su boca.

(Coda: «Un tiempo donde fue muy difícil ejercer la razón crítica, porque toda crítica real fue tomada siempre como una crítica contra Cataluña; porque esas dos palabras, contra Catalunya, justo esas dos palabras, fueron la moral de ese tiempo». Popular.)

ALTO EL FUEGO / El análisis
«Primero la paz, dentro de 20 años la política»
El director de EL MUNDO propone en Vitoria que entre el fin de la violencia y el debate sobre la autodeterminación transcurra un amplio periodo dedicado a la reconciliación de la sociedad vasca
O. TORRES El Mundo  19 Mayo 2006

VITORIA.- «Con ETA no se habla de política. Primero la paz y luego la política». Con estas palabras, José Luis Rodríguez Zapatero resumía hace un mes, en una entrevista concedida a EL MUNDO, la hoja de ruta del Gobierno en relación al denominado proceso de paz. Ayer, el director de este periódico, Pedro J. Ramírez, parafraseó al presidente del Gobierno proponiendo un proceso de reconciliación de la sociedad de 20 años antes de acometer cambios políticos.
«Entre la paz y la política falta un eslabón imprescindible, que es el de la reconciliación. Es ahí donde la sociedad vasca se va a jugar su futuro», señaló Pedro J. Ramírez en Vitoria ante 400 invitados que acudieron a la celebración del XV aniversario de EL MUNDO del País Vasco.

«Si quieren negociar ahora, que se sienten con los muertos y, si no, que esperen», señaló el director de EL MUNDO con rotundidad, arrancando los aplausos del público, en un momento en el que recordó a las figuras políticas del popular Gregorio Ordóñez, el socialista Fernando Buesa o el columnista de este diario José Luis López de Lacalle, los tres asesinados por la banda terrorista ETA.

Ramírez planteó ante destacados representantes de las instituciones, de la clase política vasca, intelectuales -como Joseba Arregi, que presentó el acto- y otras personalidades la propuesta de una «hoja de ruta ética» para Euskadi, que pasa por esa reconciliación.Y apuntó a los 20 años como un horizonte razonable para que se produzca ese cambio necesario, y apeló a la responsabilidad de los partidos para establecer esa «moratoria», aunque señaló que dicho plazo podría variar.

«Lo importante es que el eco de la violencia se diluya», aseguró.En este tiempo sería posible, apuntó, el regreso de muchos de los 150.000 vascos de la diáspora, que dejaron el País Vasco por el terror de ETA, y también un proceso de recuperación de las «mutilaciones» que ha sufrido Euskadi en las figuras de sus líderes políticos y de su propia conciencia democrática.

«¿Van a tener el PP y el PSE candidatos en todos lo pueblos donde tienen votantes en las próximas elecciones? ¿Van a poder vivir en esos pueblos?», se preguntó.

Pedro J. Ramírez recordó las declaraciones de Arnaldo Otegi en el mitin de Anoeta y señaló que no basta con las «palabras ambiguas».También mencionó cuando ETA dijo, en una reciente entrevista, que había llegado el momento «de recoger la cosecha de los años de lucha».

«Si el nacionalismo tiene de verdad un compromiso con el sistema democrático, debería considerar que este espacio de tiempo es necesario para que las heridas cicatricen», aseguró, e insistió en el recuerdo a los asesinados: «La obligación de los vivos es ser leales con los muertos».

El director de El MUNDO, que pronunció la conferencia en el Museo Artium, invitado por la Fundación Catedral Santa María dentro del ciclo Encuentros con la Catedral, señaló que un síntoma de que la reconciliación es un hecho sería que la presidenta del PP, María San Gil, pudiera presentar en un acto a Otegi con normalidad, «como Fraga a Carrillo», apuntó, «sin que esto suponga una afrenta para nadie».

También propuso que el Parlamento vasco conforme una «supercomisión», un «observatorio de la reconciliación», encargado de revisar procesos como la reinserción de los etarras, la progresión de grado de los presos terroristas, las ayudas a las víctimas de ETA, las gestiones para el regreso de los vascos de la diáspora, el fomento de la cultura de la tolerancia, la investigación de episodios como el de Azkoitia, o la emisión de un informe sobre la situación cada tres meses.

Pedro J. Ramírez enmarcó la actual situación de ETA en los acontecimientos que tuvieron lugar desde el 11-M, incluido el acceso al poder de Zapatero. Recordó la situación de debilidad en la que se encontraba la banda terrorista en ese momento por las acciones policiales, o su aislamiento internacional, e insistió en las dudas que no ha despejado la instrucción del juez Juan del Olmo en el caso de los atentados de Madrid.

El director de EL MUNDO desarrollará con todo detalle este planteamiento en su Carta del domingo.



 

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