AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 4 Junio  2006

Trenes
Por JON JUARISTI ABC 4 Junio 2006

RIGUROSAMENTE sigilosos. El expreso Madrid-Hendaya cruza lentamente Tolosa en la oscura madrugada. Alcanzas a ver el interior de un bar próximo a las vías. Allí están. La peste pardirroja de tu tierra natal, terminando la noche. Su torvo aliño indumentario habla por ellos. Imagínate entrando en el tugurio con la sonrisa boba y petulante del que tú sabes («Hola, pasaba por aquí y me he dicho: vamos a dialogar un rato con esta buena gente»). Un minuto de vida te concedo y la mitad te sobra. No son ñetas ni latin kings ni mafia rumana. Son fascistas. Quizá fascistas de barrio, querido amigo, pero, al cabo, fascistas. No voy a perder tiempo discutiendo lo que tú y yo entendemos por fascismo. Los he conocido bien. Mira la foto de grupo con Otegui, camino de la Audiencia Nacional. Con alguno compartía yo la merienda antes de que nacieras. A su lado, los reventadores de chalets, filántropos.

Te lo diré de otra forma, a ver si me entiendes: o ellos o nosotros. Ya no, ya nunca más ellos y nosotros. La imposibilidad de la conjunción no deriva de lo que han hecho, que es poca cosa si se compara con lo que piensan hacer. El suyo es un proyecto sencillamente genocida, ni más ni menos. Me dirás que exagero y te diré que lo mismo creía yo hace bastantes años, cuando oía a otros -a muy pocos- decir lo que ahora digo. El resultado, helo aquí, tras intentarlo durante tres décadas democráticas: ellos, dentro; nosotros, fuera. Lejos. Pasa el tren por Tolosa, camino de la frontera, y es el único modo, fugaz, borroso, dolorido de volver, atravesando en la noche -huyendo, ocultándote, atisbando entre las cortinas- los campos prohibidos.

La idea de que los no nacionalistas no deben vivir en una región donde la mayoría sea nacionalista ha arraigado incluso entre los nacionalistas supuestamente moderados. Aunque no sea ése su discurso oficial, se les escapa en las sobremesas mallorquinas, cuando la digestión de la sobrasada aletarga el superego. Juan Pablo Fusi acaba de publicar un ensayo apasionante sobre los no nacionalistas en tierras de penumbra: «Identidades proscritas» (Seix Barral). El título es, desdichadamente, exacto. El destino del no nacionalista en mi Transilvania vasca pasa por la proscripción, y de ahí al destierro o a la tumba, que será, en el futuro glorioso de la reconciliación socialista con el fascismo abertzale (hoy ya interlocutor necesario), la única manera de quedarse en casa para más que algunos. Para otros muchos, trenes rigurosamente vigilados mientras funcione el intercambio poblacional. Luego, las balsas, como dijo no hace muchos años un concejal batasuno de Bilbao llamado -¿puedes creerlo?- Rodríguez.

O ellos o nosotros. No hay conjunción posible. Nadie mínimamente sensato puede pensar en la reconciliación. Otegui se ríe del arrepentimiento. No condenará a ETA ni cumplirá condenas, blindado como está ante la Justicia por la miserable mentira del proceso de paz. La bestia asciende. El expreso de medianoche se desliza en silencio por las viejas ciudades vascas donde beben hasta el amanecer las camadas fascistas. Carmen Iglesias recordaba hace unos días, en este periódico, una luminosa observación de Weber: la causa de la guerra civil está en la estructura de la sociedad. Sin embargo, bajo el fascismo los términos se invierten: no hay más estructura social que la guerra civil. Por eso ellos y nosotros somos incompatibles e irreconciliables. Por eso las democracias proscriben el fascismo. No negocian con él, no lo legalizan, no convierten a sus portavoces en interlocutores necesarios. No, por lo menos, mientras se saben fuertes, porque negociar con el fascismo o legalizarlo equivale a reconocer tácitamente la derrota. Acierta Rajoy al romper puentes con este Gobierno que nos ha vendido y que se ha vendido de forma tan estúpida y mendaz, aunque, habiendo sido evidente la mentira desde el principio, la ruptura llegue un poco demasiado tarde.

La paz de Azkoitia
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC 4 Junio 2006

... Sin la asistencia del primer partido de la oposición y sin respaldo de las víctimas de ETA, el «proceso» iniciado por el jefe del Ejecutivo no tiene futuro por más que la capacidad del Gabinete y del PSOE para relativizar las palabras y los hechos haya adquirido dimensiones casi circenses...

NO es edificante, ni siquiera para sus adversarios, contemplar el derrumbe político del Presidente del Gobierno bajo la presión del brazo político de los terroristas que exigieron, y consiguieron, que el ministerio fiscal se sometiese a criterios de oportunismo político y que el Partido Socialista de Euskadi reconociese a Batasuna como «interlocutor necesario». Pero con ser este desplome de Rodríguez Zapatero un hecho lamentable para todos, no es el más grave. Lo es mucho más que, como consecuencia de la improvisación y la liquidez ética del jefe del Gobierno, tanto el Partido Popular como las víctimas del terrorismo se hayan desagregado de un proceso que, de seguir por donde discurre ahora, nos llevará, en el mejor de los casos, a lo que Rosa Díez ha calificado como la «la paz de Azkoitia», que consiste en aquella en la ya nadie mata ni nadie muere pero en la que el «asesino es homenajeado por el ayuntamiento y la víctima tiene que vivir agazapada» según las muy descriptivas palabras de la europarlamentaria socialista.

La oxigenación que Rodríguez Zapatero ha proporcionado a Batasuna y a ETA como consecuencia de la amenaza de los terroristas de «colapsar el proceso» constituye una derrota en toda regla del inquilino de la Moncloa, que ha quedado en manos de sus siniestros interlocutores. Sin la asistencia del primer partido de la oposición -cuyo máximo dirigente no ha sido tratado como requería su condición imprescindible para el buen fin de esta iniciativa- y sin el respaldo de las víctimas de ETA, el proceso iniciado por el jefe del Ejecutivo no tiene futuro, por más que la capacidad del Gabinete y del PSOE para relativizar las palabras y los hechos haya adquirido dimensiones casi circenses.

«No cabe -escribía ayer Aurelio Arteta en El País- liquidar «democráticamente» la democracia» y, por el camino que llevamos, ese es el propósito de Batasuna-ETA en una estrategia en la que ya han comprobado la resistencia de Rodríguez Zapatero. Le han tomado la medida y los resultados obtenidos no han podido ser más satisfactorios para la banda: el Presidente cede a través del Partido Socialista en el País Vasco y el fiscal de la Audiencia Nacional reconoce un extraño estatuto de pacificadores a los dirigentes de Batasuna. La legalidad ha volado por los aires a la primera embestida de los terroristas y semejante desafuero pretende presentarse a la opinión pública con un contorsionismo moral y político que roza el ridículo.

Será tactismo, debilidad o insolvencia moral, pero sean cuales fueran las razones, Rodríguez Zapatero ha hecho embarrancar un proceso que, efectivamente, partía de una buena oportunidad y cuya chance había que jugársela en una gestión política discreta, inteligente y previamente teorizada y siempre de acuerdo con el PP. En apenas unas semanas, la transparencia del Presidente -impaciente por cumplir el compromiso de relegalizar a Batasuna, compromiso adquirido en los contactos previos al alto el fuego permanente de ETA y amenazado con un boicot al juez Grande Marlaska si el fiscal no era neutralizado- ha frustrado el primero de los pasos imprescindibles para encarrilar correctamente esta iniciativa: doblarle el pulso a la izquierda abertzale ilegalizada para que, con cambio de siglas y de estatutos, abjurase de la violencia terrorista y, con la Ley de Partidos plenamente vigente, presentase una nueva organización en el registro del Ministerio de Interior.

La derrota de Zapatero, además, no sólo ha frustrado el apoyo del Partido Popular al proceso -ruptura que es definitiva salvo una rectificación casi copernicana del Presidente-, sino que ha enajenado también otros apoyos sociales y generado anticuerpos en esa «identidad proscrita» -título de otro magnífico ensayo histórico de Juan Pablo Fusi- de los no nacionalistas en el País Vasco, prestos ya a «organizar otra vez la resistencia» según aviso -y aviso serio- de la ya citada eurodiputada socialista Rosa Díez, a la que podrían unirse otras voces de la izquierda y la derecha en el País Vasco en absoluto dispuestas a que, desde la ignorancia presidencial, se pretenda universalizar allí esa «paz de Azkoitia» en la que a los vascos constitucionalistas ya no les matarán pero a los que tampoco dejarán vivir. Todos ellos -todos nosotros- no hemos padecido esta tragedia para darla por conclusa con el reparto buenista de la razón histórica entre víctimas y victimarios.

El presidente del Gobierno, además, se ha desdicho de su propia hoja de ruta y lo ha hecho de manera suficientemente grosera -las hemerotecas serán implacables- como para que el debate sobre la solidez de sus criterios resulte muy fácil a sus adversarios. Dijo Rodríguez Zapatero (ABC, 19/02/2006) que «sería un error histórico tener prisa» y él ha impreso un ritmo endiablado a un proceso al que auguró «años y momentos difíciles», y transcurridos sólo dos meses estamos ya instalados en una negociación inmediata y la coyuntura más complicada en ese tiempo la ha sorteado con cesiones clamorosas. Decía el Presidente que «no hay precio, ni hipoteca, ni subasta» y Batasuna ya ha adquirido el estatuto de «interlocutor necesario» y sus dirigentes consideran estar en la legalidad tras la más demoledora, torpe y dañina intervención en un procedimiento penal del Ministerio Fiscal que recordarse pueda. Decía que «necesitamos al PP, lo necesita el Gobierno, lo necesita el Estado y lo necesita el país para afrontar el fin de la violencia» y ya ha tomado la decisión de continuar sin su apoyo después de haberle ocultado datos de decisiva relevancia y de sorprender la buena fe de Mariano Rajoy.

El Presidente se ha equivocado. Mejor dicho: estaba equivocado desde el principio al suponer que el proceso que podía iniciarse era de paz y no, prioritariamente, de libertad. La paz -la paz de Azkoitia- sin duda la va a conseguir José Luis Rodríguez Zapatero. Esa es una paz relativamente fácil de lograr porque basta para ello introducir a Batasuna en la legalidad -ya lo está en la práctica al haber alcanzado la consideración de «interlocutor necesario» y ser reconocidos sus dirigentes como agentes de un proceso de pacificación- y permitir que la banda terrorista ETA se mantenga en la reserva coactiva, tutelando un régimen monopolizado por el nacionalismo -ora más moderado, ora más radical- en el que la alternancia resulte del todo imposible y los no nacionalistas constituyan ipso facto una «identidad proscrita», algo así como «alemanes en Mallorca» según letal expresión del resucitado Arzalluz -malo que asome la nariz este personaje- que atribuye, con su tradicional malignidad, la condición probable de votante del PNV al juez Grande Marlaska.

Si las cosas discurren como parece que lo van a hacer y todo este proceso es para que disfrutemos de la paz de Azkoitia, no puede tener más razón Rosa Díez: tendremos que «organizar de nuevo la resistencia» porque aunque no matarán a los vascos no nacionalistas, disidentes del régimen,tampoco les dejarán vivir. Y siempre podrán -Xabier Arzalluz dixit- acogerse a la «ancha Castilla» en la que una diáspora nostálgica de su tierra, de sus afectos telúricos, de la patria de su infancia y juventud, ha vuelto a ser defraudada esta vez -y ya van muchas- por los que Aurelio Arteta, un intelectual resistente, ha calificado con acierto como «demócratas relativos».

Imprescindible Audiencia Nacional
Editorial ABC 4 Junio 2006

EN pleno repliegue del Estado de Derecho frente al terrorismo, no podía faltar quien diera rienda suelta a la fobia rancia del nacionalismo contra la Audiencia Nacional. Con motivo de la reforma de la ley orgánica del Poder Judicial, en trámite en el Congreso de los Diputados, Esquerra Republicana de Cataluña ha presentado una serie de enmiendas cuyo objetivo es el desmantelamiento de la Audiencia Nacional, a la que dedica todos los tópicos habituales de la propaganda proetarra. Los que, hasta ayer, eran socios preferentes de Rodríguez Zapatero e interlocutores precoces de ETA en Perpiñán dicen que la Audiencia Nacional es la «heredera del Tribunal de Orden Público», que ha vulnerado principios democráticos «en materia antiterrorista» y que es un tribunal de excepción que quiebra el derecho al juez predeterminado por la ley. El nivel de ignorancia jurídica que revela este planteamiento liquidacionista de la Audiencia Nacional sólo es explicable por el objetivo político que persigue, que es el de eliminar toda posibilidad -si es que a día de hoy quedara alguna- de que ETA salga materialmente derrotada al final del «proceso de paz». El partido que lidera Carod-Rovira, que no pide el desmantelamiento de ETA sino de la justicia antiterrorista, sabe bien, pues por algo se reunió con la cúpula terrorista en Perpiñán, que el Poder Judicial es el último bastión del orden constitucional y, por tanto, del sistema defensivo de la democracia frente a cualquier estrategia pactista con los etarras.

Pero tampoco es una iniciativa extravagante. Si desde el Gobierno, el PSOE y la Fiscalía se ha sincronizado una campaña de presión sobre la Audiencia Nacional para que sus jueces cedan en la aplicación de la ley y se conviertan en sociólogos que atiendan a la «realidad del momento», es lógico que un partido como ERC, siempre opuesto a la derrota de ETA y a todas las reformas legales que la han debilitado, dé un paso más y pida la defunción de esta estructura judicial.

Al margen de las polémicas suscitadas por algunos de los jueces que han prestado servicio en la Audiencia Nacional y de la crítica que pudieran merecer algunos aspectos de su funcionamiento, se trata de un conjunto de órganos judiciales imprescindible para el Estado de Derecho. Sobre todo, para un Estado que tiene que derrotar al terrorismo. La teoría de que los delitos siempre tienen que ser juzgados por tribunales del lugar donde se cometen falla absolutamente cuando se trata de delitos de terrorismo (también de narcotráfico organizado), siempre que la prioridad sea dotar a los jueces de la máxima seguridad frente a presiones externas. En casos como el terrorismo, la mejor justicia es la que se imparte lejos del ambiente en el que los terroristas han cultivado apoyos sociales. ERC desconoce a conciencia la coacción que han sufrido los jueces y fiscales destinados en el País Vasco en los últimos años y sin tener que juzgar actos de terrorismo. El recuerdo del asesinato del magistrado Lidón sería suficiente para descalificar el planteamiento de los independentistas catalanes.

Los tribunales penales de la Audiencia Nacional, verdaderos objetivos de la enmienda de ERC, son órganos perfectamente predeterminados por la ley, en su composición, funcionamiento y competencias, que es lo que exige la Constitución. Y las molestias de presos y familiares por desplazarse a Madrid, que tanto preocupan al partido de Carod-Rovira, no son mayores que las que sufren las familias de las víctimas, ya condenadas de por vida al sufrimiento. Pero es evidente que quienes nunca han querido la derrota incondicional de ETA tampoco atiendan ahora las demandas de las víctimas de los etarras.

La Audiencia Nacional, con todos sus defectos, es el muro de carga del Estado de Derecho en la lucha antiterrorista. El apresuramiento con el que se está gestionando el llamado «proceso de paz» podría provocar la tentación de rebajar la fuerza de estos Tribunales especiales -que no de excepción- como uno más de los «gestos» para que no se «pudra» el «proceso». Bastante se ha mermado ya la fortaleza de la Audiencia Nacional con el cese de Eduardo Fungairiño y con la presión política ejercida sobre el juez Grande-Marlaska. El Gobierno debe ser inequívoco en el mantenimiento de la Audiencia Nacional, que ha de recibir también un respaldo explícito del Consejo General del Poder Judicial, porque su silencio ante la campaña contra el juez Grande-Marlaska sólo redunda en perjuicio de una institución judicial cuya desaparición sería un nuevo éxito de ETA.

Balada del escéptico

Por IGNACIO CAMACHO ABC 4 Junio 2006

TRAÍAS de la Feria el libro de Rosa Díez, «Porque tengo hijos», y venías del Retiro conmovido por su sonrisa amarga de desengaño y por la firme mirada luminosa de Maite Pagaza que has visto clavarse más allá de los árboles, como si quisiera superar con la vista un horizonte de tristezas y de incertidumbres. Te dejaste caer en una silla junto al velador acariciado por el sol ya cálido de junio, y cuando el camarero te servía el café has observado la calle con aire ausente, sin ver apenas el trasiego de gente de compras, los niños de paseo, el runrún apacible del tráfico y de la vida. «Tráigame un whisky», has pedido, y luego con un gesto como de excusa ante la pregunta que no te he hecho: «Creo que necesito un trago».

«Porque es que, mira, algo está fallando aquí cuando ves a las personas decentes hablar de volver a la resistencia mientras los malos salen eufóricos en la tele para decir que esto va por buen camino. ¿Por buen camino para quién? Yo lo tengo claro: todo lo que sea bueno para ellos es negativo para los demás. Ya, ya, sí, la tranquilidad para los amenazados, para los que llevan escolta, eso es objetivamente positivo pero... ¿tú crees de verdad que toda esa gente, los que han visto morir a sus hijos, a sus hermanos, a sus compañeros, van a estar contentos sintiendo que su sacrificio ha fracasado, rumiando en silencio una derrota? ¿Tú crees que va a valer cualquier cosa, que esta sociedad se va a conformar con que dejen de matar sin pedir perdón y se pongan a hacer política como si no hubiera pasado nada? ¿Tú crees que la paz, bueno, eso que llaman la paz, es un valor objetivo por encima del modo en que se logre?»

«Si todo esto se veía venir... Que ni dejan las armas ni prometen hacerlo siquiera. Que ni condenan la violencia ni se les ve asomo de arrepentimiento. Que están cada vez más crecidos y más arrogantes, y nosotros tragando. Qué digo tragando, humillando la cerviz mientras el presidente se salta sus propias promesas porque sólo le importa ya salvar su compromiso, que por otra parte nadie le pidió. La paz «como sea», a costa de lo que sea. Una declaración, una foto para ir a las elecciones, eso es lo único que parece que importa. ¿Y veremos en coche oficial a esos tíos que hace poco brindaban después de cada atentado, a los que señalaban a las víctimas, como dice Rosa Díez, y apuntaban sus horarios para que fuesen a matarlos? ¿Eso va a ser la paz? Venga ya...»

«Mira, yo no voy a ir a ninguna manifestación, ni me opondré a nada que signifique que no haya más muertos. Pero yo no vivo en el País Vasco; yo no me voy a cruzar con los asesinos de mi hermano o de mi padre. Ahora, desde luego, lo que no voy a hacer es alegrarme de una infamia, ni premiarla con mi voto. Y cada vez encuentro más gente que piensa igual. Estábamos esperanzados, pero ahora lo que nos queda es este desasosiego moral de estar asistiendo a una ignominia... ¿Escépticos? Amargados, diría yo, con una amargura espesa aquí en la boca del estómago... ¿me trae otro whisky, por favor?»
Voladura de la Constitución
Gobierno tambaleante
Ignacio Cosidó  Libertad Digital 4 Junio 2006

Rodriguez Zapatero ha hecho dos voladuras controladas dentro de su proyecto político que por el momento no han derribado el edificio completo, pero lo han dejado tambaleando. La primera fue el despido de Bono del Gobierno, en lo que supone una ruptura definitiva con el PSOE histórico, aquellos socialistas que por encima de sus posiciones ideológicas mantenían una idea clara de la Nación y el Estado. La segunda fue la expulsión de ERC de la alianza parlamentaria que sustenta al Gobierno para tratar de sustituirla por una nueva alianza con CiU.

La salida de José Bono del Gobierno supone prescindir de la única voz crítica que existía dentro del mismo, especialmente en los dos temas estrellas de la agenda política de Zapatero: la reforma del modelo territorial y la negociación con ETA. Pero la salida del ex ministro de defensa supone también la pérdida de una referencia electoral para muchos votantes socialistas que se muestran desconcertados por la pendiente nacionalista en la que se desliza cada vez a mayor velocidad el PSOE.

Por el momento, solo aquellos que no tienen ya ninguna servidumbre al poder, como González o en menor medida Guerra, elevan un discurso crítico con una política que amenaza seriamente la viabilidad futura de nuestro país. Pero en la medida en que Rodriguez Zapatero pierda apoyo electoral, la rebelión puede ser generalizada. En mi opinión, son mayoría dentro del socialismo español los que siguen creyendo en una Nación única y en un Estado fuerte. Son mayoría incluso los socialistas que ven con preocupación, a pesar de haberlo votado, la aprobación de un Estatuto como el catalán o el dialogo con HB, pero todos ellos callan sumisamente porque Zapatero les garantiza hoy por hoy seguir en el poder.

El cambio de parejas parlamentarias puede ser aún más delicada de manejar que la propia crisis de gobierno. En primer lugar, porque quita todo perfil ideológico al proyecto de Zapatero. El pretendido progresismo de izquierda que tanto gusta mentar al presidente se desdibuja con la alianza de un partido profundamente nacionalista, pero situado más bien en el ámbito del centro derecha. Es más, en la medida en que el Gobierno deba pactar con CiU las grandes reformas pendientes, esos pactos pueden descafeinar en buena medida la agenda social de Zapatero.

En segundo término, este cambio de alianzas supone una clara contradicción estratégica entre el PSC y el PSOE. Para empezar, el nuevo pacto ha supuesto como primer pago que Zapatero haya entregado a Mas en bandeja de plata la cabeza de Maragall, para regocijo de Montilla. La traición ha sido como entregar a un hermano al enemigo. Zapatero debe a Maragall mucho como líder del PSOE y como presidente del Gobierno y pagarle con esta traición, más allá de su beneficio político, es una muestra más de la catadura moral del presidente.

Pero más allá del caso personal de Maragall, quién por otro lado se ha ganado a pulso su nuevo destierro político, aceptar a CiU como aliado en España supone dar en Cataluña por perdido el gobierno de la Generalitat. Eso será algo muy difícil de aceptar por los socialistas catalanes, pedirles que se tiren por la ventana del Palacio de San Jordi para que Zapatero pueda seguir cómodamente instalado en La Moncloa. Es más, si la aritmética parlamentaria, tras las anunciadas elecciones autonómicas, dan la posibilidad de reeditar el tripartito, la alianza del PSOE con CiU en el Congreso de los Diputados puede ser aún más efímera que la ahora frustrada con ERC.

Este improvisado cambio de parejas muestra a un Rodriguez Zapatero sin ningún proyecto político definido, más allá de aferrarse cada día al poder. Quien piense que este cambio de alianzas era algo planificado o premeditado se equivoca radicalmente. A Zapatero le da igual pactar con un partido de izquierda que con un partido de derecha, con un partido nacionalista radical que con otro nacionalista moderado. Su único objetivo es tener votos suficientes para seguir en el poder y tratar de aislar y destruir a su único verdadero enemigo político: el PP.

En todo caso, el resultado final de esta doble voladura política es un gobierno más tambaleante. Primero, porque con su deriva nacionalista está poniendo en riesgo su base electoral tradicional. Segundo, porque la mayoría parlamentaria alternativa que está construyendo tras la ruptura con ERC es aún más inestable que la anterior. Todo ello pendiente además de que un resultado adverso del referéndum sobre el Estatuto en Cataluña pueda derrumbarlo precipitadamente.

Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia

La nariz de Zapatero
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 4 Junio 2006

PARA establecer las vidas paralelas entre Pinocho, el hijo literario de Carlo Collodi, y José Luis Rodríguez Zapatero sólo nos falta conocer el verdadero creador -el Gepetto- del personaje político que, llegado a presidente del Gobierno de España, no tiene más biografía previa que sus largos y obedientes silencios en el Congreso de los Diputados. Pinocho era un muñeco de madera que quería ser un niño de verdad, capaz de vivir mil aventuras y tener otros tantos sentimientos. Zapatero también aspira a ser un político de verdad, un gran hombre con lugar de honor en la Historia, por haber resuelto los problemas más viejos y recalcitrantes de nuestra convivencia.

A Pinocho, más que por el libro de Collodi, le conocemos por la película de Walt Disney y, en plena coincidencia, la dimensión que tenemos de Zapatero nos viene dada por su eficaz máquina de propaganda. Lo que para el niño de madera era el gato Fígaro es para el político de pacotilla su hoy ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. El pez del muchachito, Cleo, es, en el cuento que ahora nos presenta el PSOE, Fernando Moraleda: una burbuja de cristal sin más espacio que el que marcan la oportunidad de cada día y la ordenada disciplina de los medios adictos del socialismo en el poder central y en sus franquicias regionales. Lo que no hay en la presente versión coloreada y monclovita de la obra de finales del XIX, a diferencia con la de Disney, es Pepito Grillo. Esta es una historia sin conciencia.

Tanto a Pinocho como a Zapatero les crece la nariz con excesiva frecuencia. No es una nariz superlativa, como la cantada por Quevedo, ni una nariz genial, como la de Cyrano de Bergerac. Es, sólo, una nariz semáforo para abrirle paso a las mentiras. Para Zapatero el hecho de mentirnos a los españoles forma parte de su más auténtica naturaleza. Nos miente cuando, después de todo lo dicho, apoya el diálogo político con ETA y Batasuna antes de que la banda renuncie a la violencia y el partido ilegal condene cualquier acción violenta y acate la Ley de Partidos. Sigue mintiéndonos cuando trata de rectificar y nos cuenta -¡que pase la bola!- que con Batasuna sólo se hablará de su integración en la legalidad. Aquí sólo cabe una verdad: que ni él ni ninguno de sus enviados dialogue con ETA mientras no cesen sus amenazas y chantajes y Batasuna, que sabe lo que hace, haga lo que debe para poder ser considerado por los jueces, por los vascos y por todos los españoles como un partido legal.

Zapatero le miente, en privado, a Mariano Rajoy y, en público, a todos los demás. Miente con cifras, con ideas prestadas, con proyectos imprecisos... Ha llegado tan lejos en el virtuosismo de la mentira, su gran instrumento, que hasta sus silencios generan embustes y, contra lo señalado por Lincoln, nos quiere engañar a todos todo el tiempo. En realidad, Pinocho era un pardillo.

Batasuna está feliz
José Alejandro VARA - avara@larazon.es.- La Razón 4 Junio 2006

Mi idea del infierno es un lugar donde te hacen escuchar todo lo que has dicho en tu vida. Creo que para el presidente del Gobierno, no habría castigo más cruel que hacerle escuchar todo lo que ha dicho desde que nos anunció el «proceso de paz». ¿Habrá dicho, en algún momento, alguna verdad? Mariano Rajoy, un esforzado de la buena voluntad, un militante del «vamos a llevarnos bien», ha intentado hasta la fatiga creerle. Pero se lo ha puesto muy difícil.

El último galimatías del presidente del Gobierno sobre dialogar con Batasuna antes de que renuncien a su esencia (amparar y avalar la acción terrorista) evidencia el cínico paroxismo de su mensaje. En palabras de «Gara», órgano de los encapuchados con chapela, la estrategia de Zapatero no es tan endiablada: «Lanza una idea, deja que se produzcan reacciones, luego la matiza, la contramatiza durante un tiempo y así la opinión pública la va digiriendo».

O sea, dice lo que piensa, luego se desmiente, luego se adorna, se vuelve a desmentir y, mientras tanto, va colando. Zapatero piensa ahora mismo que la idea de negociar con Batasuna antes de que abjuren de la violencia y del terror ya está asumida por la sociedad. Y a lo mejor es verdad. Pero también es verdad que no es lo que prometió. Que no es lo que anunció. Que no es a lo que se comprometió. Por no mencionar pequeños detalles como el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, la explícita sentencia del Supremo, que con esta línea de actuación han sido desterrados al pozo del olvido.

¿Por qué actúa así el presidente del Gobierno? ¿A qué tantas prisas para mirarse a los ojos con Batasuna? ¿A qué tantas presiones al juez Grande-Marlaska, tanta ignominia de la Fiscalía, tanto retorcimiento del Estado de Derecho y del imperio de la Ley? Jesús María Zuloaga, principal periodista de referencia en asuntos de terrorismo, lo ha dejado escrito muy claramente esta semana en estas páginas. ETA lanzó un ultimátum al Gobierno para que diera el paso definitivo. Y lo hizo. En forma aviesa e innoble. Primero, Patxi López en Radio Euskadi. Luego, Rodríguez Zapatero en el Congreso. Ya han cumplido con la banda. Ya está contenta Batasuna. Ya se ha tranquilizado a la bestia rugiente de ETA. Habrá diálogo (¿cómo dice el Gobierno que no será un «diálogo político»?, ¿de qué van a hablar con Batasuna, de la escasez de anchoa?, ¿del Athletic de Bilbao?) y lo habrá sin atenerse a las condiciones que marcó el Parlamento.

Mal asunto. Se llega al diálogo por el atajo del engaño. Los socialistas ya saben a dónde conducen los atajos. Un año después de solicitar al Congreso un aval para dialogar con ETA, resulta sorprendente que los únicos realmente satisfechos son los terroristas y su familia política. Ya está la Justicia domeñada, ya está Batasuna casi legalizada y sólo faltan los presos. ¿Pueden pedir más? Sí, pero tiempo al tiempo. Otegui dijo ayer: «El PSOE va por el buen camino».

LÍNEA DIVISORIA
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 4 Junio 2006

La experiencia parlamentaria del martes/miércoles será percibida en el futuro como una frontera. Quiero decir, como una línea crítica, a cuyo lados se extienden etapas claramente distinguibles. A una mano tenemos el periodo de normalidad democrática en sentido lato -muy lato, por desgracia-. A la otra, el desorden venidero e inocultable. Tres hechos destacaron en la doble jornada.

En primer lugar, la confirmación de que el Gobierno negociará con ETA el futuro político del País Vasco, y por extensión, del resto del Estado. El martes, Patxi López había anunciado que el PSE se sentaría a hablar con HB, parte de un entramado terrorista según sentencia del Supremo. El guirigay periodístico sobre quién había ganado a los puntos en el cara a cara entre Rajoy y Zapatero distrajo durante unas horas a la opinión. Pero el miércoles la iniciativa fue autorizada por el propio presidente durante un intercambio en el Congreso con el portavoz del PNV. La versión oficial es que se trata de abrir una mesa en que se mirará a los ojos a los batasunos con el propósito de intimidarles moralmente. Pero esto, naturalmente, es una broma, como lo son las reformulaciones posteriores de Zapatero. HB está siendo relegalizada por la vía de los hechos, lo que equivale a decir que la ley está siendo deslegalizada por la vía de los hechos. Esto, en fin, no tiene vuelta atrás.
Punto segundo: el presidente hurtó el debate político, deslizando de tapadillo y sobre la marcha, en los amenes del partido, el gran asunto latente, lo único que realmente ponía emoción en la cita parlamentaria. El caso reviste una gravedad gigantesca, y refleja insuficiencias de base en nuestra estructura democrática. No es posible encontrar paralelos en los países a los que nos gustaría parecernos.

Tres: Rajoy se quedó colgado de la brocha. La idea de fijar brevemente, en el preámbulo de su discurso, la posición del PP, y aparcar luego el asunto, fue correcta formalmente. Se esperaba para dentro de unas semanas, en sede parlamentaria, una comunicación solemne sobre el comienzo de las conversaciones. Era el momento de entrar en harina. La finta inaudita de Zapatero ha dejado sin argumentos a los campeones de las buenas maneras. La base sociológica del PP está que trina. Admite que Rajoy es un caballero, pero no está segura de que los caballeros sirvan para la lucha libre. A partir de ahora, se reduce el margen de acción del jefe popular. Sus votantes le mirarán con lupa, y Rajoy se sentirá, también, bajo vigilancia perpetua. Un pinchazo de Zapatero le daría oxígeno. En caso contrario, tendrá problemas de ventilación.

Ahora, el debate en sí. Al contrario que la mayoría de los analistas, estimo que fue interesante, lo que no significa que no fuera técnicamente pobrísimo. La réplica del presidente al discurso de Rajoy -más de una hora, contra 35 minutos de exposición popular- constituye la peor intervención parlamentaria de que guardo memoria. Zapatero estuvo errático, desmadejado, evitó las cuestiones relevantes, y desgranó mensajes por lo común increíbles. Pero también se fue de la lengua. O si se prefiere, su bajo estado de forma impidió que se expresara con la cautela debida. En cierto instante afirmó que el Congreso era un foro diseñado... para conciliar los intereses territoriales. El mismo se dio cuenta de que había dicho algo raro. Lo puso de manifiesto una vacilación, un temblor en la voz. En efecto, estaba describiendo al Senado alemán, no al Parlamento. La distinción es fundamental. Un Estado federal, como el alemán, desplaza a una Cámara Territorial los asuntos territoriales, y ventila los generales en el Parlamento. Cuando los dos planos se confunden, ya no estamos en una federación. Estamos en una confederación.

Que el futuro de la España prevista por Zapatero es confederal quedó confirmado por dos afirmaciones posteriores. Habló de relaciones «bilaterales» entre las CCAA y el Estado, y aplaudió que fueran los estatutos los que determinaran el régimen de financiación. Lo que se nos prepara es una confederación no declarada en que las diversas partes, dotadas de algo muy próximo a la soberanía, se conducirían como si hubiese una hacienda común que reparte los fondos de todos. Es un disparate. Pero a eso vamos. Se equivocan por tanto quienes dicen, a propósito de la negociación con ETA, que Zapatero no ha aprendido nada de anteriores gobiernos. Sí que ha aprendido. Ha aprendido que tiene cosas que dar. Lo que vaya a ocurrir pasado mañana, es ya, claro, harina de otro costal.

¿Y Rajoy? Rajoy es, oratoriamente, un enigma. Es brillante, pero no cuaja. Es más: aunque el otro día no metió el rejón en ningún momento -pasaron horas hasta que sacó a relucir el caso Bono-, da la sensación de ser demasiado vehemente, incluso bronco. ¿La clave? La clave reside -y en eso lleva razón Zapatero- en que no tiene propuestas alternativas. Sus arremetidas asumen, en consecuencia, un carácter exclusivamente negativo, y por tanto, hostil. Rajoy no sabe qué hacer, y su partido, con algunas excepciones -por ejemplo, Vidal-Quadras- tampoco sabe lo que hacer. De estos pasmos suelen brotar las grandes radicalizaciones.

El debate de la nación
José Antonio Portero Molina La Opinión 4 Junio 2006

En la era de la información el debate social está en los medios y en el Parlamento sólo se representa en el sentido teatral del término, se escenifica ante un público escaso y con pocos televidentes. Y se simplifica mucho.

Zapatero se apropió del crecimiento económico como si fuera nuevo y, olvidó que la inflación, las hipotecas y el déficit exterior no dejan de subir, y que la productividad anda plana. No se puede desconocer la realidad poco amable con la que conviven millones de ciudadanos. En todo caso, a Solbes, precisamente, no lo discute el PP. Con la inmigración y la inseguridad el presidente utilizó el retrovisor y, en la comparación, salió airoso. Pero es sólo un espejismo porque los ciudadanos miran al gobierno, no a la oposición. Sobre la organización territorial, el presidente está satisfecho. Es Rajoy quien no acepta a la España plural sentada en los escaños de las Cortes. Pero lo cierto es que esa realidad plural no es nueva, lo nuevo es el desbarajuste provocado por la mala dirección de actores a cargo de Zapatero. Felipe González dice que "no identifica con claridad la política territorial del Gobierno", que el Estatuto catalán "se hizo muy mal", que él y el "95% de los andaluces no entiende lo de la realidad nacional andaluza", que teme el "enfrentamiento territorial" y que las reformas estatutarias "reglamenten en exceso la vida de los ciudadanos". Rajoy no lo diría mejor.

Lo del alto el fuego es de vértigo y lo dicho en el debate ha perdido actualidad cuatro días después. Mi impresión es que, honestamente, el PP no ve la menor posibilidad de que el proceso termine bien, esto es, con vencedores y vencidos, con toda claridad. Puede resultar excesivo en sus exigencias, pero su posición es sólida desde la lógica democrática y jurídica del Estado de Derecho. Y tiene el respaldo de millones de españoles de todos los colores. El PP, además, barrunta que, bajo la exclusiva y menos exigente batuta del presidente, pasarán dos cosas: que la victoria no será por KO sino dudosa y a los puntos, y que un goteo de dividendos electorales beneficiará a Zapatero porque, a fin de cuentas, las ganas de que ETA desaparezca pesan más que los detalles del cómo y a qué precio eso ocurre. Por todo lo anterior, es explicable que el PP no quiera estar de oyente mudo.

El presidente, honestamente, cree que se puede lograr el final de ETA, aunque sin brillos excesivos porque los malos no se andan con chiquitas y las dificultades son muchas y serias. Zapatero se ha lanzado al río atado de pies y manos y, de esa guisa, ha de sortear la dura realidad de unos jueces independientes, de una opinión pública erizada, de unas víctimas muy activas, de unos partidos siempre a la caza de rendimientos y, por encima de todo, ha de sortear la presión perversa de ETA y sus socios. Pueden sus pretensiones ser, vistas las circunstancias, las de un orate, pero hay millones de españoles animándole y agradeciéndole su empeño, sea cual fuere el final. Es deber de un presidente intentar terminar con la banda. Zapatero barrunta también que en ese proceso largo y difícil obtendrá réditos si, mientras dura, no hay violencia. Aunque el éxito tarde o llegue con sombras, se agradece el esfuerzo honesto cuando el empeño lo merece y las dificultades son tremendas y muy reales.

Ambas posiciones son legítimas pero deberían refundirse en una sola y, en esa tarea la responsabilidad del presidente es mayor. Que todos los portavoces, salvo el de Coalición Canaria, se alíen en todos los debates contra el líder de la oposición es un mal síntoma. El presidente contenta fácilmente a todos los demás partidos con pequeñas concesiones, quizás sólo promesas, y estos le ayudan con entusiasmo a aislar al único partido que es capaz de oponérsele con exigencias de política general, de las que atañen a todos y no sólo a los de mi pueblo. Es una buena estrategia para sobrevivir, pero Zapatero no puede olvidar que el Partido Popular es, también, el único partido que puede, de verdad, ayudarle en el buen final de este endiablado proceso de desaparición de la violencia. Decir una cosa en Baracaldo, otra en el Congreso, otra por boca de Pachi López, rectificar, matizar, decir y desdecirse, y animar a que todos zarandeen a Rajoy, no es la mejor manera de que el
PP renuncie a tirarle piedras cuando cruza el río.

José Antonio Portero Molina es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de La Coruña

¿Democracia y nacionalismo son compatibles?
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 4 Junio 2006

La visión nacionalista no concibe al hombre-persona sino al hombre-grupo, tribal, hombre-borrego. Para un nacionalista que se precie, los derechos no los detentan los individuos sino el ente abstracto, el Volk: el territorio, la etnia y la lengua. La ética política liberal no existe para los nacionalistas. Ésta se fundamenta en el respeto a la individualidad de cada persona. Mas, en la cosmovisión nacionalista, el sujeto político no es el ciudadano sino el pueblo como ente abstracto.

La política nacionalista tiene su origen en el "estado de la naturaleza" de Hobbes que aboga por una tensión permanente por el poder y por el dominio -el "todos contra todos"- al margen del derecho positivo, implantando el orden del más fuerte, no del más justo. Se utiliza la ley a conveniencia. Y se ignora al Estado de Derecho basado en el contrato social de los ciudadanos. De ahí deviene la comprensión hacia quienes practican la violencia como método. Y como somos híbridos, esa identidad separadora y excluyente la depositan en la lengua, pues hay que lograr como sea el "hecho diferencial", con una comunidad mítico-mística, a través de la sustitución de la religión por la pascua de resurrección nacionalista.

Hasta ahora eso ha sido el sustrato de la ideología nacionalista. A esta deformante filosofía política se suma, en la actualidad, esa izquierda que corroe las bases morales de nuestra democracia. Por ejemplo, planteando de forma explícita una negociación con un colectivo ilegalizado, burlando la propia ley con impunidad insultante, y subvertiendo el propio marco constitucional por la supeditación del orden jurídico y jurisdiccional al propio poder político, liquidando la separación de poderes y las bases del funcionamiento democrático.

Estos días hemos leído que un senador del PNV ha soltado una perla del siguiente tenor: "Quien no es nacionalista no tiene derecho a vivir". Hace no mucho, otro parlamentario nacionalista llamó "ratas" a la gente identificada con el espíritu de Ermua. Vamos a suponer que el Sr. Maqueda quisiera expresar una idea metafórica aludiendo a lo inaudito de que haya alguien que no se sienta nacionalista. En esa benevolente versión tampoco encuentro razón objetiva para tamaña deformación. Y proyecta una mentalidad fanática o perturbada en el mejor de los casos. O una táctica canallesca de conformar la percepción colectiva en el peor. El uso perverso del lenguaje es una de las principales características de esta forma de hacer política. ¡Cuidado con la degeneración semántica del lenguaje! Recomiendo la lectura de La nacionalización de las masas, de George L. Mosse, que nos descubre cómo Hitler fue conformando el conjunto de percepciones, contravalores y actitudes de la sociedad nazi.

Este tipo de cosas no debieran sorprendernos viniendo de donde vienen. Sabino Arana, afirmaba cosas como lo que sigue: "La ciudadanía bizkaina pertenecerá por derecho natural y tradicional a las familias originarias de Bizkaya, y en general a las de raza euskeriana,[...] y con las restricciones jurídicas y territoriales que señalara, a las familias mestizas euskeriano-extranjeras".

Lo extraño no es que los nacionalistas nieguen el derecho a vivir a los que no lo son, por muy alarmante que resulte para la higiene democrática. Lo demencial es que los socialistas rían la gracia. De tanto mimetizarse con este tipo de planteamientos están adoptando la misma pose y semántica de los nacionalistas. Y cuando socialismo y nacionalismo se juntan nada bueno puede surgir. Experiencias en la historia tenemos para tomar como ejemplo.

El `lebensraum´ de Batasuna
Alfonso Basallo  Periodista Digital 4 Junio 2006

Erase una vez, en la vieja Europa, unos fanáticos fascistas y agresivos que pretendían imponer, por la fuerza o por los votos (lo de menos es el medio) su proyecto totalitario. Y, necesitados de espacio vital (lebensraum), reclamaban una tierra vecina, noble y antigua, con mucha más personalidad histórica, y un esplendoroso pasado.

No se trata de los nazis de los años treinta queriendo anexionarse Austria... sino de los etarras y batasunos de 2006 pidiendo Navarra como condición sine qua non para no volver a apretar el gatillo. Algunas similitudes entre ambos casos son francamente ilustrativas.

Alemania existía como nación hacía sólo 50 años y acababa de ser reducida a una piltrafa, tras el humillante Tratado de Versalles. YAustria era el último resto del esplendoroso imperio de los Habsburgo, que había sido dueño y señor del corazón de Europa. De suerte que los comedores de kartoffeln decidieron estrenar su condición de nuevos ricos, emparentando el totalitario Reich de los correajes y los taconazos con la elegancia y el pedigrí vienés, por ver si se pegaba algo.

Pues bien, el País Vasco ni eso. Nunca ha existido como nación: unas veces ha sido Castilla; otras Navarra;, otras Francia; otras, incluso, la selva, cuando, desesperadas, las legiones desistían de romanizar a aquellas tribus imposibles.

Por eso, y porque la ficción de Euskal Herria sólo ha existido en la imaginación calenturienta de algunos visionarios, ETA- Batasuna reclama su peculiar anschluss con Navarra, en busca de una identidad que jamás ha tenido. Porque mientras ellos seguían sin existir (a la altura del siglo XI), el reino de Pamplona era una gran potencia, bajo el cetro de Sancho III el Mayor, cuya esfera de influencia llegaba a Zamora por el Oeste y a Barcelona por el Este. Navarra jugó luego un papel clave en la Reconquista, en pie de igualdad con los otros reinos hispánicos, con la intervención de Sancho VII el Fuerte en las Navas de Tolosa. Y hasta su unión a Castilla, con los Reyes Católicos, el viejo reino tuvo acusada personalidad y proyección internacional en la Europa de su tiempo.

A falta de argumentos, para conseguir el anschluss los euskonazis han recurrido a la fuerza, ese aval -tan ilegítimo como eficaz- del exterminio (ahora las víctimas; entonces, los judíos); del terror ambiente (ahora el kale borroka; entonces, las noches de los cristales rotos), y de la extorsión (ahora y entonces, los empresarios).

La novedad de esta temporada es que, además, tratan de instrumentalizar el voto para sus fines totalitarios, camuflándose en un proceso político, como el cocodrilo cuando se mimetiza en tronco de árbol. Con la complicidad del PSOE, pretenden lograr lebensraum en Navarra, en las próximas elecciones autonómicas. ¡Apariencias democráticas! Viejo truco que ya utilizó el nacionalsocialismo en los años treinta.

Ni por ésas. Según una encuesta que ÉPOCA publica esta semana, rechazan el anschluss con el País Vasco los ciudadanos de la comunidad foral y -esto es lo más significativo- la mayoría de los que allí votan al PSOE. Tome nota, señor Chamberlain -perdón, Zapatero-. Además, de celebrarse ahora los comicios, la coalición UPN/CDN conservaría el poder.

Mucho se juega en la decisiva batalla de Navarra y este semanario quiere contribuir con su apuesta por la libertad. La gran diferencia con 1938 es que bastantes ciudadanos austriacos se tragaron el anzuelo de la gloria y el poder que les prometía el Führer. En tanto que los ciudadanos de Navarra reivindican sus raíces históricas y se muestran orgullosos de ser españoles. En los comicios de 2007 tienen la oportunidad de parar el anschluss y frenar a los violentos, dejándoles sin argumentos, volviendo la oración por pasiva y convirtiendo las urnas que aquellos tratan de instrumentalizar en el arma legítima de la razón, la convivencia y la paz.

Zapatero legalizará a ETA este verano.
Antonio Javier Vicente Gil  Periodista Digital 4 Junio 2006

Hoy el periódico guía de este país, El País, aparece con un titular en su portada digital verdaderamente desternillante si no fuese porque hablamos de terroristas, “Batasuna decide dar los primeros pasos para legalizarse este verano”. Este titular ya no es el mismo si uno pincha para ver al artículo, ya ha cambiado a esto otro “Batasuna prepara su legalización para este verano “, no es igual, pero casi. Da a entender que la democracia española es un supermercado de libre acceso donde los terroristas entran, cogen lo que quieren y hoy se legalizan y mañana se ilegalizan ellos a si mismos.

A estas alturas, ya es sabido, que lo que llaman el proceso de paz es realmente el proceso de encantamiento de un país para que nadie se perciba de la realidad de la rendición a ETA. Y la realidad es que no se puede legalizar a Batasuna porque diga que serán buenos chicos y abominan de la violencia. Y no se puede legalizar porque en Batasuna se dan dos hechos diferentes, uno primero que incumple lo establecido en la Ley de Partidos, por lo que es ilegal. Pero hay un segundo hecho del que nadie habla que es la sentencia del Tribunal Supremo que establece que Batasuna es ETA, no que sea un partido político con unos pecadillos a confesar y democratizarse, no, ETA es Batasuna y Batasuna es ETA.

Esto que se oculta sistemáticamente es crucial. Si Batasuna dice mañana que rechaza y condena la violencia, puede que sea cierto que a efectos de la Ley de Partidos políticos ya sea anormalmente normal, pero seguiría siendo ETA, por lo que es como si ETA dijese que abomina de la violencia y quiere que la legalicen., pero una banda terrorista no se puede legalizar, se puede disolver, puede desaparecer, pero jamás puede ser legalizada.

Pues bien, átense los machos porque ETA será legalizada. O sea que aquí todo el mundo esperando a que Zapatero con su buen talante y su cara de ángel luciferino haga que ETA cierre el negocio y entregue sus herramientas, pero lo que Zapatero el Pacificador va a hacer es que ETA sea legal. Pero debemos permanecer alelados mirando el ataúd de Roció Jurado para que cuando nos digan que eso no es una concesión política comulguemos con ello con la acostumbrada fruición.

La hoja de ruta de Zapatero al Infierno sigue quemando etapas. En su preámbulo dice: tomaremos a nuestros conciudadanos por tontos, porque lo son y a los que no lo sean les colgaremos el sambenito de ser perversos seres revanchistas que no desean la paz. Amen.

Para que Rajoy no acabe como Gil Robles
Pascual Tamburri  elsemanaldigital 4 Junio 2006

Zapatero ha puesto de moda hablar de 1936. Ya saben ustedes, el año de nuestra historia en el que empezó nuestra más cruel guerra civil, desencadenada por el resentimiento acumulado entre dos bandos políticos enfrentados. Toda la Segunda República fue una preparación de aquella barbarie, con un régimen político construido por la izquierda a su exclusiva medida y con una derecha a la que los "dueños" del nuevo régimen negaron la legitimidad de existir y por supuesto de gobernar.

Hablemos, pues, de 1936. La portada de Mundo Obrero –diario del Partido Comunista de España- del 19 o 20 de julio de aquel año incluía un titular "Dos culpables" con las fotos de Francisco Franco y de José María Gil Robles. El PCE se equivocaba al señalar a Franco como culpable del alzamiento, porque no fue en principio más que uno entre muchos; pero los precursores de Gaspar Llamazares acertaban al señalar a Gil Robles como responsable de la guerra civil.

El líder de la derecha democrática predicó incansablemente, desde 1931, la necesidad de construir una derecha moderna y que no fuese nostálgica del pasado. Tenía razón. Gil Robles aceptó la República democrática esperando construir una fuerte derecha capaz de vencer las elecciones y de corregir los aspectos más sectarios del sistema político –el laicismo, la organización regional, las concesiones al socialismo entonces soviético- sin renegar ni de la República ni de la democracia. Tuvo éxito en todo esto, creó en la CEDA un partido vigoroso, fuerte y bien estructurado, y ganó las elecciones de 1933.

La CEDA, sin embargo, traicionó a los suyos cuando a lo largo del bienio 1933–1935, siendo el mayor partido de España, renunció a participar en el Gobierno o lo hizo en papeles secundarios. Sus votantes y sus afiliados no lo entendieron. "Hay que ser moderados", decían. "Hay cosas que no se pueden hacer ni decir ahora", repetían. El espiritu de Arriola, como se ve, no es una novedad del siglo XXI. Gil Robles consideraba asegurado el voto derechista y trató de ofrecer un rostro progresista o de centro, aunque estas palabras no se usaban; sobre la base de los votos de la derecha sociológica el objetivo era recibir de la izquierda una aceptación de su legitimidad y tal vez captar algunos votos "moderados" .

Gil Robles fracasó en los dos intentos. La izquierda tenía un proyecto revolucionario, compartido por los nacionalismos periféricos, y no negaba la legitimidad de Gil Robles por ser poco moderado, sino por el simple hecho de existir como derecha: querían un país sin derecha de ningún tipo, al menos en las cercanías del poder. Y además Gil Robles consiguió dividir y desanimar a los suyos, de manera que en las elecciones de 1936 parte del electorado derechista se abstuvo y otra parte engrosó otras opciones más radicales.

Una derecha unida y fuerte podría haber impedido la guerra civil, incluso desde la oposición. Una derecha que se avergonzaba de sus principios y de sus gentes no lo consiguió, pese a todos sus medios. Gil Robles fue un jurista brillante y un excelente orador parlamentario, mejor que sus adversarios de la izquierda. Pero eso no bastó para dar a sus partidarios la unidad y cohesión perdidos en medio de los complejos y las vacilaciones.

Así, entre febrero y julio de 1936, la CEDA fue perdiendo sus activos más valiosos a favor de otros partidos y movimientos; mérito conjunto del radicalismo de la República izquierdista y de las dudas de Gil Robles fue incluso resucitar el cadáver político del viejo carlismo decimonónico. Los jóvenes, los pensadores, los inquietos y los idealistas habían sido sinceros a seguir a Gil Robles en su derecha democrática. Pero cuando se difundió la impresión de que el líder confundía la aceptación del régimen con la aceptación inerme de la preponderancia de la izquierda revolucionaria, de nada valieron a Gil Robles ni sus razones, ni sus estrategas, ni sus capacidades oratorias. La derecha perdió la esperanza y el rumbo, se dividió y por eso la guerra civil fue posible e inevitable: nació de la resistencia de media España a someterse a la dictadura eterna de la otra media.

No faltaron en el entorno de Gil Robles los que pidieron que se pusiese la otra mejilla, incluso cuando la izquierda abandono las meras apariencias democráticas. Los policías y afiliados del PSOE que asesinaron a José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936 lo habían intentado poco antes con Gil Robles. Lo quisieron eliminar por aquello que representaba. Y aun después de eso una parte de la CEDA, la más centrista y moderada, la más acomplejada, apoyó al Frente Popular que había producido tales pistoleros.

Sería insólito que una izquierda nostálgica de 1936 se encontrase frente a una derecha capaz de cometer los mismos errores de los años anteriores. Gil Robles, por supuesto, nunca gobernó España y pasó a la historia como culpable de la deriva y división de la derecha, y responsable en parte de la catástrofe. Excelente persona y buen orador, eso sí.

De charco en charco
Rafael González Rojas elsemanaldigital 4 Junio 2006

 Ya estamos en plena campaña del referéndum del nuevo Estatuto para Cataluña, al mismo tiempo que todas las miradas de los españoles se dirigen al País Vasco, perplejos por el nuevo charco en el que nos ha metido Zapatero. Nadie puede asegurar en cuáles de los dos hay más barro, aunque en el del Norte se aprecian grandes manchas de sangre.

El anuncio de Zapatero de iniciar negociaciones con los terroristas es lo más inconcebible que cabía esperarse de este rompelindes de España. Su vergonzosa rendición ante ETA, proponiendo un diálogo sin que los bandoleros hayan dado los pasos imprescindibles para reintegrarse en la legalidad, supone una serie de incumplimientos graves, que van desde la Ley de Partidos, el Pacto Antiterrorista, la sentencia del Tribunal Supremo a la propia Constitución.

Pero todo eso, el hombre del talante, del diálogo, del consenso, se lo pasa por donde sabemos, y le ordena a la marioneta que tiene allí que anuncie de prisa y corriendo su deseo de comenzar inmediatamente una negociación política con la banda, al tiempo que logra que el juez Marlaska se rinda también, y deje en la calle a la cúpula de Batasuna, porque la Fiscalía, en vez de acusar, exculpa a los delincuentes de haber cometido algún delito al presentar su "mesa nacional y comisión negociadora".

El otro charco está en Cataluña. El proceso de aprobación del Estatuto inicia su recta final. Todo como estaba previsto. El PSC y CiU pedirán el sí. El PP pedirá el no. También pedirán el no los saltabancos de ERC, pero por otras razones: los ultras siempre están en contra de la nieve por su poca blancura. Pero esto es un decir, porque en este proceso, de blancura y limpieza no puede hablarse. Sino de barro y escombros. El texto que va a ser sometido a referéndum se parece muy poco al que salió del Parlamento de Cataluña. Un texto que retocaron y acordaron Zapatero (con su hábil destreza de estirar el cuero) y Artur Mas, de CiU. Un texto que sólo ha merecido el 54% de los votos afirmativos en el Congreso y sólo tres de diferencia en el Senado, y seis abstenciones.

Tan raquítica mayoría no puede satisfacer al conjunto de los ciudadanos. La mitad se considera excluida. Sin embargo, Zapatero no sólo lo cree positivo sino que ha calificado este Estatuto como el Estatuto de los Estatutos. Y con su falsa cordialidad, nos va llevando de charco en charco, sin importarle nada, animando maniobras excluyentes, menospreciando a la oposición y fomentando el maniqueísmo, mientras sus televisiones cantas las excelencias de la Segunda República, que enfrentó a muerte a los españoles.

DICCIONARIO PERSA DE CATALUÑA
MIQUEL PORTA PERALES ABC 4 Junio 2006

Problema nacional español. El llamado problema nacional español no se solucionará nunca, porque, si se solucionase, los partidos nacionalistas catalanes y vascos perderían sentido. El llamado problema nacional español lo generan y reproducen constantemente los partidos nacionalistas catalanes y vascos que dicen quererlo solucionar. Una cuestión de supervivencia.
No entiendo. No entiendo por qué aquellos que reivindican la unidad del Estado de derecho -una de las conquistas de la modernidad democrática- son considerados antiguos, mientras que aquellos que reivindican unos derechos históricos que provienen de la época medieval y de los tiempos de las monarquías absolutas son considerados modernos.

ETA amenazó con suspender la tregua si no se iniciaba el diálogo político
JAVIER PAGOLA. MADRID. ABC 4 Junio 2006

El secretario general del PSE, Patxi López, anunció el 30 de mayo su intención de reunirse con Batasuna después de que la coalición abertzale transmitiera a los socialistas vascos que ETA le presionaba para que se constituyera cuanto antes la mesa de partidos que, según la propuesta de Anoeta, debe abordar la autodeterminación del País Vasco.

Según fuentes conocedoras del proceso consultadas por ABC, desde el pasado mes de noviembre, y a través de comunicaciones internas -para las que ha utilizado a «liberados» de Ekin-, la banda terrorista ha abroncado en al menos cuatro ocasiones a Batasuna al considerar que sus dirigentes «se están acomodando a la actual situación» de ausencia de violencia y no presionan lo suficiente al Gobierno. En una de estas comunicaciones, los cabecillas de ETA recriminaban a su brazo político por «no hacer bien los deberes» encomendados desde el verano, que consistían fundamentalmente en forzar la pronta constitución de la mesa de partidos para abordar la unidad territorial del País Vasco, Navarra y País Vasco francés, así como su autodeterminación.

Primeros reproches
Como en su día ya adelantó este periódico, en agosto ETA transmitió a Batasuna, a través del secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga, que debía centrar toda su estrategia en la formación del foro multipartito. La banda terrorista consideraba ya entonces que tenía asegurada la otra mesa, la que le debe reunir con el Gobierno para hablar del abandono de las armas y de los presos, y, por tanto, le urgía la rápida creación de la segunda, en torno a la cual, según la propuesta de Anoeta, se tendrían que sentar los partidos. La organización criminal exige que ambas trabajen de manera paralela, ya que nunca diría al Gobierno que se disuelve a cambio de una salida para sus presos si antes no comprueba que en el otro foro, y a través de Batasuna, impone la independencia vasca.

A finales de noviembre, «Josu Ternera», que había ganado tiempo en el debate con el jefe del «aparato militar», Garikoitz Aspiazu, «Txeroky», para proseguir en la estrategia de los atentados sin víctimas mortales como paso previo al alto el fuego permanente, dirigió la primera bronca a los dirigentes de Batasuna por la ausencia de resultados. Así, la banda les reprochó entonces que estaban siguiendo un discurso excesivamente triunfalista -Otegi acababa de decir que «la fase de exploración ha entrado en una etapa de concreción»-, y les transmitió su sospecha de que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y los socialistas vascos estaban intentando ganar tiempo, «exhibiendo buenas intenciones, pero vacías de contenido», ya que no iban acompañadas de gestos.

El 13 de noviembre, el secretario general del PSE, Patxi López, hacía unas declaraciones a «Gara» en las que se mostraba partidario de «humanizar» la política penitenciaria, que, sin embargo, mantiene la dispersión. El 8 de diciembre, cuando aún estaba reciente la bronca de ETA, Otegi dio un giro en su discurso y del triunfalismo pasó a la advertencia, al señalar que el proceso corría «riesgos».

Malestar por el triunfalismo de Otegi
A finales de enero se produjo la segunda comunicación en la que la banda reprochó a Batasuna los nulos resultados. A ETA no le sentó bien, una vez más, el excesivo triunfalismo de Arnaldo Otegi, que en el acto de Baracaldo celebrado el 22 de ese mes aseguraba exultante que «habrá proceso, habrá dos mesas y Batasuna estará en una de ellas». Días después, el mismo Otegi consideraba «en la buena dirección» las declaraciones de Zapatero a un periódico ruso, en el sentido de que «pudiera estar cerca el momento en que se den las condiciones para iniciar» un diálogo con ETA. Pero el presidente del Gobierno, según la banda, seguía en su línea de expresar «buenas intenciones» que en ningún caso iban acompañadas de gestos. De hecho, el 18 de febrero hizo público un comunicado en el que advertía de que es «hora de dar pasos».

A finales de febrero se reprodujeron los reproches de la organización criminal a su brazo político en similares términos. Pese a todo, el 22 de marzo ETA anunció el alto el fuego permanente que sus dirigentes habían decidido en una reunión de su comité ejecutivo celebrado en enero. La falta de resultados de Batasuna no podía frustrar una estrategia, la de la negociación, diseñada por «Josu Ternera» desde dos años antes.

El ultimátum
Pero esa ausencia de resultados sí provocó que los reproches de la banda a su brazo político subieran de tono, hasta el grado de seria advertencia. Así, en la segunda quincena de abril se produjo la cuarta bronca, en tono de ultimátum. En la comunicación interna, la banda terrorista insinuó que el alto el fuego permanente, si no romperse, sí podría quedar «suspendido temporalmente» si no había avances en el proceso. Los dirigentes de Batasuna informaron a los socialistas vascos que la banda estaba presionando y que el proceso atravesaba momentos de «alto riesgo». Las fuentes consultadas por ABC desconocen si, de forma paralela, ETA transmitió al Ejecutivo, a través de emisarios, este ultimátum. Pero lo cierto es que a finales de abril la banda planteó a «Gara» la entrevista que saldría publicada el 14 de mayo, en un tono «muy duro», según los analistas del Gobierno.

Rosa Díez acompañará a Maite Pagazaurtundúa el próximo sábado en la concentración de la AVT
BLANCA TORQUEMADA ABC 4 Junio 2006

MADRID. Una de las imágenes «con pegada» de la concentración convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo el próximo sábado en Madrid será la de Rosa Díez y la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundúa, quienes asistirán juntas a esta movilización. La disidencia socialista quiere hacerse ahora más visible, en palabras de Díez, «por si acaso. Que se sepa a qué no estamos dispuestos».

Las dos consideran que la decisión del presidente del Gobierno de refrendar la reunión del PSE con Batasuna no respeta las condiciones fijadas en la resolución aprobada por el Congreso en 2005 para entablar negociación con los terroristas de ETA, un factor que está disparando exponencialmente la capacidad de convocatoria de la concentración convocada para el próximo sábado 10 de junio por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a pesar del desconcierto ocasionado por el doble lema de la protesta («Queremos saber la verdad», referido a la investigación del 11-M y «Negociación en mi nombre no», sobre las conversaciones con ETA).

Diferencias cualitativas
Hay diferencias cualitativas con respecto a anteriores marchas; por ejemplo, Pagazaurtundúa había entendido hasta ahora (y por ello no había tomado parte en anteriores movilizaciones) que no existían evidencias de las «negociaciones políticas subterráneas» en las que sí se ha basado a lo largo de todo este tiempo Francisco José Alcaraz, el presidente de la AVT, pero el hecho de que ahora se dé reconocimiento como interlocutor a una formación ilegal (sin entrega de las armas y sin disolución de ETA) ha disparado todas las alarmas, también las de voces significadas de la plataforma «Basta Ya».

El mensaje inequívoco de uno de sus miembros más conocidos, la eurodiputada socialista Rosa Díez, al anunciar que «tendremos que volver a organizar la resistencia», o el de Maite «Pagaza» al manifestar (después de año y medio de contención, en calidad de presidenta de una fundación vinculada a la Administración) que José Luis Rodríguez Zapatero está vulnerando la legalidad, empiezan a tener un extraordinario efecto revulsivo para el éxito de la concentración de la AVT.
Otros significados integrantes de «Basta ya», como Carlos Martínez Gorriarán o Fernando Savater también están acentuando su posición crítica, después de una etapa contemporizadora con el Ejecutivo. Gorriarán no prevé tomar parte en la movilización «por la charranada de haber mezclado en el llamamiento el asunto del 11-M», pero sí adelanta que su plataforma «tendrá que pronunciarse, y muy duramente, en los próximos días». Otro frente de contestación para Rodríguez Zapatero.

Entretanto, colectivos que han prestado su respaldo a la AVT en las anteriores manifestaciones se han sumado al llamamiento desde un primer momento. Es el caso del Foro de Ermua presidido por Mikel Buesa, del Foro El Salvador encabezado por el sacerdote Jaime Larrínaga o de la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M de Ángeles Domínguez.
Covite, el colectivo de víctimas del terrorismo del País Vasco, aún no ha debatido su adhesión a la protesta, pero presumiblemente optará por respaldarla a lo largo de esta semana, según su portavoz Cristina Cuesta. A muchos les moverá lo que Rosa Díez suele recordar: «Batasuna no es ilegal porque se le olvidara poner un sello en el registro, sino porque es parte de una banda terrorista».

Anexo al Enigma 23: nadie vio a nadie vivo
Luis del Pino Libertad Digital 4 Junio 2006

En una anotación anterior del blog (ver Anexo al Enigma 24) ya denunciábamos un hecho curioso. El Enigma 24 "Llámame", publicado el 3 de abril de 2006, ponía de manifiesto que los datos recogidos en el sumario tras dos años de investigaciones demostraban que las 7 tarjetas supuestamente activadas en Morata de Tajuña podían perfectamente haber sido activadas después de los atentados. Así se desprende de los informes policiales que hasta la fecha habían sido emitidos. Pues bien, ese mismo día 3 de abril de 2006 en que publicamos el Enigma 24, la Policía hizo llegar rápidamente al juez un nuevo informe pericial con una cuarta versión sobre la activación de esas tarjetas. Ese nuevo informe, incorporado por Del Olmo al auto de procesamiento, trataba de dejar claro que las tarjetas sólo podían haberse activado antes de los atentados. ¿Cuál es el único problema de ese informe? Pues que es el cuarto que la Policía emite sobre el mismo tema, todos ellos contradictorios entre sí. Pero lo que es indudable es que la Policía y el juez se leen Los Enigmas, lo cual es un motivo de orgullo.

En una de las recientes reuniones de blogueros, uno de los participantes del foro (gracias, Lookfor) me llamaba la atención sobre un segundo ejemplo de "parcheo reactivo de la versión oficial" motivado por la publicación de un Enigma. En el Enigma 23 "Brigada de limpieza", publicado el 25 de febrero de 2006, denunciábamos que en las decenas de miles de folios del sumario redactadas en dos años de investigaciones no había ni un solo testimonio de nadie que hubiera visto a nadie vivo en aquel piso de Leganés el día de la explosión.

Pues bien, el auto de procesamiento del juez Del Olmo recoge un testimonio (el único) de una persona que sí que vio a alguien asomarse a la ventana del piso de Leganés para realizar unos disparos. Concretamente, se trata del policía con carnet profesional 74.693, que el 27 de febrero de 2006 (exactamente dos días después de la publicación del Enigma 23) declara ante el juez que él vio a Mohamed Oulad Akcha asomarse por una ventana del piso de Leganés.

¡Caramba! ¡Dos años después de los hechos, y concretamente dos días después de publicarse el Enigma 23, ese probo funcionario recuerda de repente que él sí vio a alguien vivo en aquel piso! ¡Qué alivio debió de sentir el pobre hombre al liberar su conciencia de ese tenebroso secreto celosamente guardado durante dos largos, duros y difíciles años! ¡Qué sensación de paz debió de embargarle al poder reconocer, después de veintitrés meses, a ese peligroso terrorista que él había visto en aquel piso! Recomiendo leer completo el testimonio de ese funcionario policial, en las páginas 164 y siguientes del auto de procesamiento. No tiene desperdicio.

La pregunta es, claro está, ¿por qué guardó celosamente ese secreto durante dos años, hasta leer el Enigma 23?

En realidad, cabe redactar la pregunta de otra forma menos sutil. En Leganés, existían dudas en la identificación de tres de los siete cadáveres encontrados, porque no se localizó ni uno solo de los dedos y no se pudo realizar la identificación por las huellas dactilares. Y da la casualidad de que uno de los cadáveres no identificables por las huellas era el de Mohamed Oulad Akcha. En consecuencia, cabe suponer que ese policía comunicaría a alguien, inmediatamente después de los hechos, que había visto a Mohamed Oulad en la ventana del piso. ¿Sería mucho pedir que se nos informara de en qué fecha declaró ante la Policía o ante la juez Teresa Palacios y cuál es el contenido exacto de su declaración?

Más que nada, porque contamos con testimonios de vecinos del inmueble de Leganés que contradicen algunos otros de los aspectos fundamentales de la declaración de este funcionario ante Del Olmo, y nos gustaría tranquilizar nuestra conciencia determinando inequívocamente quién está confundido.

10-J a las 18:00: Manifestación de la AVT por la verdad del 11-M y contra la rendición ante ETA

MIGUEL SANZ, PRESIDENTE DE NAVARRA
«Los socialistas pactarán en Navarra con todo el nacionalismo si pueden desbancarnos»
Pide a Zapatero que «tranquilice» a los navarros y atribuye «miedo» a los partidarios de un referéndum
LOURDES PÉREZ l.perez@diario-elcorreo.com/PAMPLONA El Correo 4 Junio 2006

La franqueza de Miguel Sanz (Corella, 1952) contrasta con la solemnidad barroca de su despacho en el Gobierno foral, salpicado de Historia y cuadros de valor. «Trabajar con un 'goya' es complicado», bromea el presidente navarro, que alinea sus símbolos más queridos: una bandera de su comunidad, una escultura de san Francisco Javier y otra por la solidaridad, obra de un hermano de Jorge Oteiza mal avenido con el artista.

-La decisión del PSE de reunirse con Batasuna, ¿podría anticipar la constitución de una mesa de partidos también en Navarra?
-Es un auténtico despropósito participar en una mesa con un partido ilegal y que no ha dado ninguna muestra de someterse al dictado de la Ley de Partidos. Y sería aún más despropósito que eso pudiera llevarse a cabo en Navarra.

-La iniciativa parece movida por el primer bache en el proceso de paz.
-Yo no asumo que a esto pueda llamársele proceso de paz, cuando aquí no ha habido ninguna guerra. Batasuna y ETA han insistido en que el proceso está supeditado a una serie de contraprestaciones; y cuando se les hace ver que no se puede pagar precio político, ETA dice que su decisión puede ser reversible. Me parece que hasta el lunes, cuando dijo que sólo va a negociar con ETA la entrega de las armas, Zapatero ha estado subido a una bicicleta, pedaleando para no caerse y sin saber adónde le lleva.

-Parece usted bastante pesimista.
-Bueno, vamos a ver, es que hay que ser pesimista. El presidente ha dicho que sólo negociará con ETA el abandono de las armas, y el PSE sale diciendo que se va a reunir con Batasuna. ¿Cómo se compatibiliza eso? ¿No es una contraprestación política ya? ¿No es acceder a las exigencias de ETA? ¿Acaso Batasuna no es ETA? Yo creo que es una contraprestación política y que un Estado democrático no puede jugar con partidos y organizaciones considerados por el Supremo como grupos terroristas. Al menos, hasta que se legalicen.

-¿Le disgustó que Zapatero no aludiera a Navarra en el debate sobre el Estado de la Nación?
-Me disgustó que él y Rajoy visualizaran su pacto para hablar lo mínimo sobre ETA, cuando es un tema sustancial. Rajoy no debería haberlo aceptado, porque es en el Parlamento donde debe hablarse claro y con transparencia.

-¿Tiene ya fecha para entrevistarse con el presidente?
-No, y es lo que menos me preocupa, porque esa entrevista no tendría ahora el mismo sentido. Yo siempre acudiré, pero ha pasado el tiempo y no creo que sirva para restaurar la desconfianza que el presidente ha generado en Navarra.

-Zapatero y el Gobierno han asegurado por activa y por pasiva que Navarra no será moneda de cambio en el final de la violencia.
-No, el presidente no lo ha dicho nunca, lo han dicho otros. No ha contestado a mis requerimientos. Por algo será. A veces los silencios son muy significativos.

-¿A qué se refiere con eso de que 'por algo será'?
-Yo no sé de lo que han podido hablar los emisarios del presidente con el entorno de ETA. Pero sí sé que cuando se le ha requerido sobre Navarra, no ha respondido. Ni ha contestado a las afirmaciones de ETA en 'Gara', cuando dijo que yo tenía las claves correctas del proceso, además de llamarme fascista. El presidente ni siquiera me ha telefoneado para solidarizarse, ni para decirme 'no te preocupes, no hay nada de eso'.

-¿No es darle más crebilidad a una banda terrorista que al Gobierno?
-Eso no me sirve. ¿Y cuando dice que no ha ordenado el ataque de Barañain? Entonces interesa creer a ETA. Cuando dice que Sanz es un fascista y que tiene las claves correctas, no hay que hacerle caso.

-¿Le bastaría, entonces, con que Zapatero le llamara y le dijera: 'Miguel, no te preocupes'?
-(Sonríe) Bueno, eso lo he pensado muchas veces. Sé lo que me iba a decir, que esté tranquilo; para que, en cualquier caso, fuera yo el que dijera a los periodistas que no hay ningún problema sobre Navarra. Y yo no soy el portavoz del presidente. Ni siquiera me ha llamado privadamente, pero no me sirve. Lo que tenga que comunicar a la sociedad navarra, lo tiene que hacer él de manera directa y pública.

-¿Y qué declaración espera?
-Que diga que estén tranquilos los navarros, porque Navarra ni ha estado ni va a estar en ninguna mesa de negociación. Punto. Es más: que este Gobierno y los socialistas van a seguir defendiendo la Navarra reflejada en el Amejoramiento (del Fuero). Los nacionalistas dicen lo que piensan sin ningún complejo. Los únicos que están 'missing' aquí son los socialistas. Y en relación a Navarra, el presidente Zapatero es el que más 'missing' está, sin ninguna duda.

«Mucho esfuerzo»
-¿De verdad renunciaría a la reelección si se blinda el estatus de su comunidad?
-A mí no me mueve otro interés que el de fortalecer el régimen foral de Navarra. Nadie puede imaginarse lo esforzado que es estar hablando permanentemente de la identidad de Navarra, cuando es la comunidad más histórica de España. No necesita someter su personalidad a un cuestionamiento social. Cuesta mucho esfuerzo aguantar que te estén solicitando un reférendum. Yo no necesito hacer un referéndum para saber que soy hijo de mi madre, para reafirmar la identidad de Navarra. Un referéndum se puede hacer para decir si nos integramos en Euskadi, pero eso ya está regulado en la Constitución. Y para celebrarlo, primero tiene que pasar la criba del Parlamento con mayoría absoluta. Frente a quienes dicen que tenemos miedo a que el pueblo navarro se manifieste, son ellos los que tienen miedo, que no toman la iniciativa porque saben que la pierden.

-Blindar Navarra, ¿pasa por suprimir esa Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución?

-No necesariamente. Significaría, por ejemplo, que el PSN, UPN, CDN y otros partidos, si quieren, consideramos que Navarra tiene que seguir siendo una comunidad diferenciada integrada en la nación española y que no daremos ningún paso de carácter institucional que pueda modificar su estatus. Ni promoviendo federaciones de comunidades autonómas ni dando pasos intermedios con órganos comunes permanentes.

-La recuperación de ese viejo órgano, ¿tampoco le convence?
-Ése es uno de los peligros mayores para intentar hacer desaparecer a Navarra, a través de un artilugio intermedio entre lo que la Constitución permite y la voluntad del nacionalismo de integrarla en ese proyecto de Euskal Herria. Ese órgano sería el primer paso para una dieta vasco-navarra, que, una vez consolidado, dejase sin sentido la existencia de otras estructuras políticas diferentes. No creo estar en posesión de la verdad al cien por cien, pero me niego a que otros intenten imponer su verdad desde una posición minoritaria y encima se nos diga que somos los intransigentes. No estoy dispuesto a manifestarme con complejos al referirme a Navarra y su identidad.

-Pero también es cierto que existen lazos culturales, sociales
-Sin duda. Lo creo y lo afirmo.

-Y eso, ¿cómo se articula? ¿Tiene sentido que Euskadi y Navarra puedan vivir enfrentados?
-Ése es un mito que se ha inventado el nacionalismo vasco, una falsedad. Decir que no somos la misma comunidad no significa que no queramos acuerdos de colaboración. Y los hemos establecido.

-Los nacionalistas le acusan de estar asfixiando a los euskaldunes.
-Otro mito, es absolutamente falso. Quienes asfixian a la cultura vasca, y específicamente al vascuence, son aquellos que la colocan en las barricadas, en las reivindicaciones de los asesinos, cuando han dicho 'presoak etxera'... Utilizan el euskera de manera bastarda. UPN tiene una amplia aceptación en las zonas vascoparlantes, ¿cómo vamos a ir en contra del euskera? Y, por cierto, ETA nos asesinó a un concejal euskaldun.

-A un año de las elecciones, ¿teme que un pacto del PSN con el nacionalismo le arrebate el poder?
-No tengo ninguna duda de que si los socialistas tienen la oportunidad de desbancar a UPN y CDN del Gobierno pactando con los nacionalistas, pactarán.

-¿Con quiénes?
-Con todos.

-¿Incluida Batasuna?
-Con todos. Si se presenta, con Batasuna; y si no, con su sucedáneo, con el equivalente del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Ya han pactado en algunos ayuntamientos: en Estella con todos, a pesar de que a nosotros nos faltaba un concejal para la mayoría absoluta; en Tafalla, incluido un sucedáneo de Batasuna; en Sangüesa...

-Esos acuerdos no significan lo mismo que gobernar una autonomía.
-Pactaron en el año 95, y han pactado en Cataluña con Esquerra.

-ERC no es Batasuna.
-Bueno

-Esquerra no está vinculada a una organización terrorista.
-No, por supuesto, no. Me refiero a un pacto con todos los nacionalistas, en general; no puedo hablar ahora de Batasuna porque no tiene presencia en el Parlamento. Lo que digo es que en Sangüesa -donde no está Batasuna pero sí Herri Ekimena, que no fue ilegalizada por el Supremo- han pactado, como en Tafall Mire, la única alternativa a UPN-CDN, la única, es la que puedan conformar los socialistas con el resto de partidos. Y ahí incluya a todos los nacionalistas, y llámeles como les llame. El secretario general del PSN utiliza eufemismos para no decir lo que va a hacer. Su antecesor lo dijo antes de las elecciones y así le fue, claro.


CRITICA A PSOE Y CIU POR NO CONDENAR LAS AGRESIONES QUE SUFRE EL PP
Sirera pide "un soplo de aire fresco para enviar a sus casas" a los que han perpetratado el "bodrio" del Estatuto
El portavoz adjunto del PP en el Parlamento de Cataluña ha pedido desde la Cadena COPE "un soplo de aire fresco que envíe definitivamente a sus casas a los que han hecho este bodrio de texto legal". Daniel Sirera cree que votar sí al Estatuto catalán "reforzará el llamado oasis catalán" y "consolidará el pacto de silencio del 3 por ciento". Sobre las coacciones de los independentistas a los actos del PP, el político catalán condena que "las fuerzas políticas que se denominan democráticas como el PSOE y CIU no condenen en ningún caso este tipo de actuaciones".
Libertad Digital 4 Junio 2006

Daniel Sirera, portavoz adjunto del PP en el Parlamento de cataluña, ha declarado en La Mañana del Fin de Semana de la Cadena Cope que "estamos radicalmente en contra de hacer un estatuto que sea de unos". "Lo queremos es, como en el 79, hacer un estatuto que sea asumible por todos los catalanes". "Desde que ha empezado la campaña electoral no hemos escuchado ni una solo argumento en positivo a favor de este estatuto", ha declarado el popular.

Sirera ha manifestado que "votar sí a este Estatuto lo que hace es reforzar ese llamado oasis catalán y consolidar el pacto de silencia del 3 por ciento". "Yo creo que lo que cataluña necesita es un revulsivo: un soplo de aire fresco que envíe definitivamente los que han hecho este bodrio de texto legal definitivamente a sus casas", ha declarado el popular.

Sobre las agresiones que sufren los populares por parte de independentistas catalanes, Sirera cree que "ese grupito de radicales que se dedican constatemente a tratar de estropear los actos de las personas que no piensan como ellos, constituye una muestra clarísima de cómo esta la democracia en Cataluña". "Nosotros como mínimo tratamos de explicar nuestras ideas sin insultar a nadie", ha dicho.

Preguntado sobre el apoyo del PPC a CIU durante 8 años, Sirera ha declarado que "CIU lleva muchos años diciendo que habia que hacer un nuevo estatuto y que debiamos superar el marco estatutario y constitucional y es cierto que el PP de Cataluña apoyó durante 8 años a CIU en el parlamento catalan"."Durante esos 8 años una de las condiciones que le puso a CIU es que del Estatuto no se tocaba ni una coma. Por tanto durante 8 años, gracias al apoyo del PP el marco de convivencia de los catalanes no se toco, no se modifico y ni siquiera se planteo su reforma. De ahí viene la utilidad de que el PP tenga una fuerza decisiva en el próximo parlamento catalán".

La declaración del inglés como lengua nacional en EE.UU. desata tensiones
Los políticos apoyan con 63 votos, frente a 34, el dominio del habla inglesa sobre la hispana
En Estados Unidos se utilizan más de 300 idiomas y hasta ahora nunca ha habido imposiciones
(Firma: Tatiana López | Lugar: corresponsal | washington) La Voz 4 Junio 2006

Cuenta la picaresca popular que, si Colón arribara en este siglo al nuevo continente y la Pinta atracara en el puerto de Nueva York, el famoso marino creería haber dado la vuelta al mundo confundido por las voces que saldrían a recibirlo en español. La anécdota, repetida hasta la saciedad en los foros hispanos de Internet, supone sólo una aproximación a como el imperio del castellano ha logrado desplegarse en Estados Unidos. Con casi 44 millones de hispanohablantes, la lengua de Cervantes cuenta ya con más adeptos en Norteamérica que en países como Venezuela o incluso España. Su influencia, que hace tiempo sobrepasó el nivel de la calle, puede sentirse también en áreas como la política, donde los latinos representan un 10% del electorado. O en el ámbito empresarial, que tan sólo el año pasado se gastó 3.000 millones de dólares en anuncios «in spanish».

Elemento de cohesión
Sin embargo, como todos los imperios, el reinado de la eñe podría pronto tocar a su fin envenenado por su propio éxito. El detonante, la decisión del Senado estadounidense de declarar el inglés como idioma nacional. Los representantes de la Cámara baja tomaban esta decisión ante el temor de que una Babelia bilingüe se instalase definitivamente en el país y aprobaban, por 63 frente a 34 votos, una nueva ley que insta a las instituciones norteamericanas a «fortalecer y preservar el papel del inglés como elemento de cohesión entre la población».

Con más de 300 hablas conviviendo bajo el mismo pasaporte, lo cierto es que nunca hasta ahora la imposición de otro idioma había causado tanto miedo entre los políticos.

Avance imparable
Sin embargo, desde que en el año 2000 Bill Clinton aprobó una enmienda que obligaba a que todos los documentos oficiales estuvieran redactados también en castellano, muchos republicanos veían con recelos el avance del español. Unos temores que resultaron fortalecidos con estimaciones como la del censo, que prevé que el número de latinos en Estados Unidos aumente hasta 150 millones en los próximos cincuenta años.

Hace unas semanas, un grupo de cantantes de reggaeton tradujeron al castellano el famoso himno norteamericano. La iniciativa pretendía ayudar a los inmigrantes sin papeles a tener un signo de referencia, pero elevó la ira del mismísimo presidente. «Ese himno se debe cantar en inglés. No debemos perder nuestro espíritu como nación», dijo al respecto George W. Bush.
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