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Recortes de Prensa     Domingo 11 Junio  2006

Españoles que no se rinden
EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2006

Una vez más, y es ya la cuarta, cientos de miles de españoles han vuelto a salir a la calle a expresar su solidaridad con las víctimas de los asesinos de ETA. Y lo han hecho porque están en profundo desacuerdo con la política de dimisión institucional y ética del Gobierno como parte de la negociación con los terroristas. En esta ocasión, además, han vuelto a gritar tan alto como siempre “queremos saber la verdad del 11-M”, esa masacre ideada para cambiar el voto de los españoles, manipulada por el Partido Socialista con el concurso de los medios de comunicación afines, y cuya sola mención pone a los socialistas a la defensiva, ellos sabrán porqué.

Los socialistas consideran intransigencia a la decisión de las víctimas de luchar por la propia dignidad y venganza a su exigencia de justicia. El Gobierno quiere desfigurar la primera y sustituir la segunda por el entreguismo. Y todo por un mal llamado proceso de paz que no es sino el proceso de secuestro de nuestras libertades. ETA sólo sabe y sólo quiere imponer sus objetivos políticos por la fuerza y el Gobierno nos propone, en lugar de luchar contra el chantaje hasta hacerlo inefectivo, sumirnos en él aunque sea a costa de nuestra libertad. Y a ello lo llama paz. Francisco José Alcaraz, presidente de la AVT, se ha preguntado ante los españoles si lo que ETA y el Gobierno quieren es la paz de Azcoitia, la del asesino de Ramón Baglietto abriendo un negocio en el portal en que vive su viuda, Pilar Elías. La postura de las víctimas no puede ser más clara: en su nombre “no. Rotundamente, no”.

El otro lema de la manifestación, “queremos saber la verdad sobre el 11-M” se refiere exactamente al mismo proceso. Porque no se puede entender del todo la negociación del Gobierno con ETA con nuestras instituciones como víctima sin los atentados de Madrid. No tenemos aún todos los datos que nos podrían dar con certeza con el porqué y el cómo de los ataques a nuestros ciudadanos y a nuestra democracia. Pero tenemos los suficientes como para saber que lo que entonces parecían pruebas principales no tenían otro objetivo que engañar a la opinión pública en vísperas de unas elecciones generales, las que han colocado al presidente Rodríguez en el poder. Es decir, sabemos lo suficiente como para darnos cuenta de que quien organizó la matanza nos engañó. O para observar que sigue habiendo voluntad de engaño, como se pone de manifiesto en las trampas que le han puesto al juez del Olmo en su instrucción. La verdad sobre el 11-M es la verdad sobre nuestra democracia, o lo que queda de ella.

ETA, crecida, reconocida por el Gobierno moral y políticamente, ha dejado claro quién tiene las riendas de esta negociación, dándole a Rodríguez un plazo de días para que cumpla sus exigencias. En un momento de su intervención, Alcaraz se preguntaba a qué puede temer un Gobierno ante el chantaje de ETA. Los ciudadanos le respondían: “once eme, once eme, once eme...”. Una sola palabra de la banda asesina sobre los atentados, y el Gobierno se derrumba.

Al Gobierno le gustaría que la derecha española fuera como la izquierda. Intolerante, sectaria, violenta. Le gustaría que fuera una imagen especular de sí misma y buscara la expulsión del adversario de la arena política. Pero con lo que se encuentra es exactamente con todo lo contrario. Ciudadanos de bien que han salido a la calle, a vivificar las libertades ciudadanas haciendo un uso vibrante y emotivo, solidario y pacífico, de ellas. Unas libertades que se basan en el mantenimiento del Estado de Derecho, que el Gobierno en lugar de defender humilla y fuerza en el peor de los sentidos para luego entregárselo desfigurado a los criminales de ETA.

Ni Rodríguez ni su Gobierno van a cambiar su estrategia. Nada que hagan los españoles de bien impresiona o conmueve al Gobierno socialista. Pero esta manifestación ha sido muy importante, porque demuestra que los españoles no se rinden. Que una parte muy importante de nuestra sociedad no está dispuesta a quedarse en casa viendo cómo sustituyen su democracia por un pacto que convierte nuestras libertades en sometimiento. La reacción cívica de millones de ciudadanos españoles está en marcha, y sólo hay que esperar que se manifieste en las próximas elecciones generales.

Ética y poder: el caso ETA
BENIGNO PENDÁS ABC 11 Junio 2006
Profesor de Historia de las Ideas Políticas

... Los españoles queremos el final de ETA, pero una sociedad sanamente constituida no está dispuesta a comprar el fin de la violencia al precio de una indignidad moral, incluso si eso sirve para ganar elecciones...

CIERTO sector de la izquierda española nunca creyó con sinceridad en la Transición hacia la democracia. Todavía resuena el eco de sus lamentos. Dicen que la reforma sin ruptura fue una coartada para la dictadura y sus clases dominantes, con el fin de ganar una nueva legitimidad; que la Constitución confirma el entramado socioeconómico del franquismo; que cancela la resistencia interior, más o menos heroica. Menos mal que la opción por la ruptura se prolonga en la lucha contra esta democracia de baja calidad que no reconoce los derechos nacionales de -al menos- Cataluña y el País Vasco. Varias generaciones «progresistas» han crecido bajo el imperio de esta falacia histórico-política. Otra cosa es la realidad prosaica de cada día. El socialismo asume con gusto la gestión del Estado de bienestar poscapitalista en plena crisis. La necesidad de utopías se transfiere a la defensa de las minorías oprimidas, sea de forma real o imaginaria. Entre ellas, ya se sabe, las naciones sin Estado, aunque tengan que perdonar los pecados burgueses de los nacionalismos periféricos. La confluencia ideológica entre el mito y el «logos» es relativamente sencilla.

Pero la izquierda decente (que ha existido y existe en España) traza una línea infranqueable frente al asesinato y el chantaje. No hace falta recordar que muchos de los suyos cuentan también entre las víctimas. La carta de la madre de los Pagaza es demoledora : «¡Qué solos se quedannuestros muertos!». Los españoles de una o de otra tendencia política -incluso los que no tienen ninguna- acumulamos juntos un valioso capital moral. Tal vez tardamos demasiado en ganar la batalla de las ideas; en convencernos de que somos más y somos mejores; en alcanzar el grado de indignación imprescindible para triunfar en la lucha por el Derecho.

Llegó un gran día para los buenos ciudadanos. Aquel 26 de agosto de 2002, el Congreso de los Diputados aprobó por amplia mayoría la ley de partidos. Previa sentencia judicial irreprochable, confirmada en sede constitucional, Batasuna fue apartada de las instituciones; léase, del lugar reservado en democracia para las personas honorables. El Parlamento vasco, ya lo sabemos, no quiso estar a la altura de las circunstancias. En todo caso, el Pacto por las Libertades, al renovar el poder constituyente, parecía eliminar las últimas reservas mentales. Supuso un alivio para la gente honrada después de tantas cesiones ante los secuaces de las «bloody instructions», como diría Macbeth. Han pasado menos de cuatro años... Hemos dilapidado casi todo el capital por culpa de una confusión interesada entre la ética y el poder. No todo vale. La política, la vida, la condición humana, son algo más que un simple agregado de intereses particulares. Hay una fibra moral que apela al sentido más elemental de la justicia. Da lo mismo que se ampare en el derecho natural, en el imperativo categórico, en la virtud cívica o en la democracia deliberativa. Lo cierto es que una sociedad se extingue cuando pierde la fe en sí misma. Tiene que ganar el que lo merece. La política no se reduce a poder desnudo, según se atribuye -equivocadamente- a Maquiavelo. La prioridad de la ética no depende de la ideología: expresa una exigencia de la civilización. Hasta aquí la teoría.

La realidad supera la peor de las previsiones. Zapatero parece decidido a imitar a Fernando VII: «...como si no hubieran pasado jamás tales actos y se quitaran de en medio del tiempo», decía aquel lamentable decreto de 4 de mayo de 1814. Aceptar condiciones previas sobre los presos y Batasuna nos devuelve al punto de partida. Antes del Pacto y de sus consecuencias legales, ahora vulneradas en la letra y en el espíritu, los terroristas contaban con una patente de inmunidad psicológica, la hipótesis previsible de un retiro sereno y apacible entre los suyos. Ahora, el futuro de los integrantes de la banda se da por descontado, acaso con alguna hipocresía burocrática sobre el arrepentimiento. Paso paralelo:Batasuna regresa, si es que alguna vez se ha ido. No es seguro que pueda volver por la puerta grande, pero descuenta ya su presencia en las próximas elecciones locales para recuperar una parte sustancial de la financiación pública. Otro requisito cumplido. El interlocutor está definido. La negociación, lista para empezar. El precio político ya está pagado: los terroristas saben muy bien que cuando no pierden es porque han ganado. Antes de la salida, no sólo controlan el ritmo del proceso sino que han conseguido varios objetivos prioritarios, desencuentros teatrales al margen. ¿Cómo no van a estar contentos?

Hablemos ahora de las mal llamadas «mesas» políticas. Otra vez el defecto de origen : democracia imperfecta busca legitimación «a posteriori». Actúe bajo formas revolucionarias o moderadas, el nacionalismo busca el control exclusivo del territorio, el pueblo y la soberanía, esto es, los tres elementos del Estado según la teoría clásica.Todo apunta en la misma dirección. Territorio: Navarra en el punto de mira. Pueblo: exclusión de los no nacionalistas. Poder originario: interpretados con retórica generosa, los derechos históricos prestan útiles servicios allí donde no alcanza el lenguaje contundente de la soberanía nacional o del derecho de autodeterminación, su sucedáneo colonial. ¿Dónde está el límite? Imposible saberlo, aunque las impresiones no pueden ser peores. Si la Constitución casi se viene abajo con el Estatuto catalán, el proceso actual está por completo fuera de control. Muchos votantes del PSOE deberían reflexionar seriamente. Aislar al PP para romper el empate sociológico entre la izquierda y la derecha tal vez sea una maniobra eficaz para ganar elecciones, pero pone en riesgo los fundamentos del Estado y de la nación española. ¿Qué debe hacer el PP? Rajoy sigue siendo prudente y moderado, que nadie se engañe ni dentro ni fuera: resiste presiones, matiza discrepancias y hace honor a su responsabilidad como hombre de Estado. Lo va a seguir haciendo, a juzgar por su trayectoria. Cuando dice «rompo», actúa por cuestiones de principio. Zapatero quiere ir demasiado lejos y conduce demasiado deprisa. El líder popular no está dispuesto a acompañarle por esta vía inmoral. El acuerdo político está en función de principios éticos intangibles y no de estrategias coyunturales. El bien común exige a día de hoy esa ruptura concluyente. Si el presidente del Gobierno no lo entiende, cometerá un error definitivo. No hay proceso sin el concurso de la oposición, tan importante como el Gobierno en una democracia digna de este nombre. Si es capaz de rectificar, tal vez nos encontremos con alguna sorpresa. Cuestión de tiempo.

Dicen tantas veces que «España no es una nación» que confunden sus deseos con la realidad. Luego, se extrañan al escuchar el clamor de la gente una y otra vez. «Las naciones no piensan, sienten», escribe Bernard Crick, un inteligente pensador laborista. Los españoles queremos el final de ETA, pero una sociedad sanamente constituida no está dispuesta a comprar el fin de la violencia al precio de una indignidad moral, incluso si eso sirve para ganar elecciones, para evitar atentados o para disfrutar a gusto del bienestar cotidiano. Alguien quiere hacer de aquella parte de España un desierto y luego llamarlo «paz». Lo tiene difícil. La gran mayoría estamos con las víctimas, símbolo de la dignidad, no por un cálculo interesado de la oportunidad política sino por una razón ética de orden superior. Por ello mismo, el apoyo a las víctimas debe ser entendido como el sentimiento de todos, con voluntad de integración y sin concesión alguna a los intereses particulares. «Una voce», decían los romanos para apelar al pueblo.

La paz inaceptable
Editorial ABC 11 Junio 2006

LA gran concentración que ayer tuvo lugar en la Plaza de Colón de Madrid, en contra de la negociación con ETA, es un mensaje explícito que el Gobierno ha de interpretar correctamente. Da la impresión de que el Ejecutivo da por descontadas estas convocatorias y las asume como una carga esporádica que debe soportar, pero sin darle mayor trascendencia. Le bastó decir que «ya no hay terrorismo» para dar por injustificada lo que habría de ser la protesta de cientos de miles de ciudadanos. Pero sucede que el pasado año el Gobierno también dijo que «no hay diálogo» con los terroristas, cuando las víctimas del terrorismo se manifestaron en contra de ese diálogo, del que sólo se tenían sospechas. Ahora se sabe, y sin desmentidos convincentes, que dirigentes del PSE y de Batasuna mantuvieron reuniones desde 2002, es decir, con el pacto antiterrorista ya en vigor y con ETA asesinando a concejales socialistas y populares.

Por tanto, el Gobierno se enfrenta a una gran parte de la sociedad española que desconfía de su palabra o, directamente, no cree en ella. Los manifestantes que ayer llenaron el centro de Madrid son la prueba de que el problema de Rodríguez Zapatero no es sólo el PP, ni la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ni siquiera la actuación de jueces que no se pliegan a la «realidad social del momento» y lanzan avisos tan serios como la admisión a trámite de la querella contra el lendakari Ibarretxe por dar carta de legalidad a Batasuna. El problema del jefe del Ejecutivo es que no cuenta con el respaldo social necesario para emprender la negociación con ETA en los términos en que está planteada. Por más viajes que haga a la tregua de 1998-1999 o los terribles acontecimientos sucedidos entre el 11 y el 13 de marzo de 2004, el Gobierno no encontrará suficientes argumentos para compensar los errores que está cometiendo.

Esta tregua actual está pactada, se basa en expectativas políticas para los terroristas y avanza a golpe de concesiones -y no sólo verbales- del Gobierno que preside Zapatero. El fiscal general está empeñado en inhibir a la Justicia y se han sacrificado las instituciones representativas de los vascos para propiciar el diálogo político con ETA/Batasuna.

La respuesta ciudadana que ayer se renovó en la Plaza de Colón no es una más de las manifestaciones de la «derecha», como gusta decir la izquierda para tranquilizar su conciencia. La división de lemas en la convocatoria y la irrupción del 11-M en pleno proceso de preparación del diálogo político con ETA han sido decisiones con las que la AVT probablemente se privó innecesariamente de un respaldo aún mayor de otros grupos cívicos y de víctimas. Aun así, la justicia intrínseca de la causa contra la negociación con los etarras fue suficiente para incorporar explícitamente a personas de la izquierda y de sectores de las víctimas que, hasta ahora, habían dado un generoso margen de confianza al Gobierno, a cambio del cual empiezan a recibir decepción y preocupación. El Ejecutivo deberá asumir que sus discursos sobre la paz no producen el efecto anestésico que pretendía, y la razón no es que los manifestantes de ayer o el PP no quieran la paz. La razón es que no quieren la paz que se intuye en la osadía de Otegi, la verborrea de ETA, la manipulación de la ley, el acoso a los jueces que defienden el Estado de Derecho, la legitimación política de Batasuna o la decadencia ética de los dirigentes del socialismo español.

En 1997, la sociedad vasca no nacionalista rompió su silencio frente a la hegemonía nacionalista y el imperio del terror. Fue el Espíritu de Ermua. El Gobierno socialista se enfrenta al riesgo de generar en toda la sociedad española el mismo instinto de supervivencia, por ética y dignidad, como reacción a un proceso, incomprensible en las actuales circunstancias, de diálogo político con ETA. Pero para que esto sea así -y es lo deseable- el discurso que lo fundamente habrá de buscar el mismo efecto integrador que entonces. Ya no hay margen para especular con el fin del terrorismo y sólo es admisible que el saldo final de ETA quede a cero después de su disolución y desarme, del paso por los tribunales de Justicia y tras pedir a las víctimas el perdón que adeudan todos los criminales vencidos.

¡A por ellos!
Por ANTONIO BURGOS ABC 11 Junio 2006

«IN vino veritas», no: «In pila veritas». En el balón de fútbol, hodierna calavera de Hamlet, sí que está la verdad. Contemplando un balón del Mundial que me ha tocado juntando las tapaderas del yogur, he llegado a conocer la verdad por la que me preguntaba desde el Día de las Fuerzas Armadas. Aparte de por no perder su silla en las negociaciones de rendición ante la ETA, ya que a la banda asesina no le habría gustado nada, ¿por qué no fue a Sevilla don Zapatero para asistir como presidente del Gobierno al Día de las Fuerzas Armadas? Pues muy sencillo: porque cree que las Fuerzas Armadas no representan a España, y que la bandera que juran no es la suya, porque la suya es la bandera blanca de la rendición. Don Zetapé sabe que lo único que queda de España con tal nombre que pueda ser pronunciado sin avergonzarse por los progres partidarios de ese proceso (de Kafka) al que llaman «de paz» por no llamarle rendición, que suena a portaaviones americano y a general japonés así como primo de Juanito Valderrama firmando el hocicamiento... Don Zetapé sabe que con el zipizape que ha formado sin ninguna necesidad, lo que queda de España (y menos que va a quedar) es la selección nacional de fútbol. Aquí únicamente puede gritarse el sagrado nombre de España, y repetido cuantas veces sea necesario, si es en una grada de fútbol, y con Manolo el del Bombo al lado haciendo compás. El mismo «Viva España» de Manolo Escobar es facha, rancio, vetusto, reaccionario. El único «Viva España» posible debe pronunciarse ante Ucrania, el próximo día 14, y en eventos peloteros sucesivos.

Veo la fotografía de don Zetapé en el hotel Meliá Barajas despidiendo a la selección nacional de fútbol y compruebo que sus intenciones se han cumplido. En el homenaje a la bandera y a las Fuerzas Armadas ni estaba ni se le esperaba. Tampoco suele ir a despedir a nuestras tropas cuando marchan a lejana misión de beneficencia, en esto de que han convertido a los Ejércitos en ONG para reparar tendidos eléctricos y repartir biberones y dodotis. Todo eso de andar junto a los que visten el caqui, o el paño de levita, o el azul de las gloriosas alas de España es facha. Pero mira cómo no ha faltado a la despedida de nuestras tropas de la selección nacional que partían hacia la misión de guerra mundial futbolística en Alemania, reescritura de los tercios de Flandes. Para ir a despedir a Raúl y a Luis Aragonés sí tiene tiempo y no manda a la ministra de Cultura y Deportes, sino que va en persona.

Y presume de que da suerte a los equipos de fútbol cuando va al palco, y que no se hunde nao Victoria alguna. Sentí que se la diera al Barcelona en la final de la Copa de Europa en París. Hubiera querido que ganase el Arsenal. No por nada, sino porque si el Arsenal llega a ganar la Champions, seguro que Reyes saca la bandera de España. Bandera que a pesar de que la copa venía a España no se vio en París, porque la ganó el Barcelona.

Este ardor futbolístico por España que tiene don Zetapé lo querría yo ver sin necesidad de fútbol, y no armando la mundial que ha formado aquí. Que se pudiera hablar de lo «nacional» sin necesidad de selección de fútbol. Que se pudiera vitorear a España sin Raúl ni Joaquín sobre el césped. Y que por defender a España, don Zetapé hubiera seguido gritando el «¡A por ellos!», a por los etarras, que todos coreamos un día, tras el Espíritu de Ermua, la ley de Partidos y el Pacto contra el Terrorismo.

Aunque en el Mundial no nos comamos una rosca, yo, la verdad, hubiera preferido que el «¡A por ellos!» lo hubiera seguido gritando España, España, España (pónganse tres golpes del bombo de Manolo tras cada invocación), ley en mano, contra los asesinos de la ETA e islas adyacentes, y no contra los pobres peloteros de Ucrania, que ni han matado a mil inocentes ni quieren destrozar la Constitución, ni nada. Yo no sé usted, pero malditas las ganas que tengo de ir a por ellos, cuando hemos dejado de ir a por los batasunos y a por los etarras.

Acoso
Por JON JUARISTI ABC 11 Junio 2006

A los Ciutadans de Catalunya les han vuelto a reventar un acto público, esta semana, los habituales escamots, más crecidos y pendencieros cada día que pasa. La confederación tiene ese precio: desaparece la tolerancia civil en los territorios neo-nacionales que, en adelante, administrarán los nacionalistas a gorrazo limpio. Y es lógico. El Estado se sublima, la violencia política toma el mando.

A mi juicio, ahí reside precisamente el desatino fundamental del proyecto de Rodríguez, por llamarlo de alguna forma. Cuando se pasa de la nación en singular a la pluralidad de naciones, es ingenuo creer que la gobernabilidad podrá sostenerse (lo de que pueda mejorarse suena a choteo). Si la lealtad nacional se fragmenta, no hay Estado que resista. Incluso los partidos nacionales terminarán por desentenderse de un Estado convertido en plurinacional de la noche a la mañana. Mantener la ficción de que sigue existiendo Estado de algún tipo en Cataluña parece absurdo y, a corto plazo, perjudicial para todos, nacionalistas y no nacionalistas. La lealtad a la nación española, que legitimaba al Estado nacional en Cataluña, ha sido sustituida por la lealtad a la nación catalana, que por ahora no pasa de ser un sentimiento sin referente político (o sea, un nacionalismo puramente étnico). Esta situación crea inseguridad y angustia entre los propios nacionalistas, con proyectos políticos distintos y hasta encontrados. Se comprende -aunque resulte injustificable- que las elites nacionalistas traten de convertir la angustia de sus bases en agresividad, no ya contra el Estado que se ha desactivado en Cataluña, sino contra los sectores de la población catalana que se proclaman todavía leales a la nación española.

«Sí: guanya Catalunya. No: guanya el PP». Identificar al enemigo de la nación es el primer paso para construir una nación que aún no existe, bien porque se perdió (¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En 1714 o en 1939?), bien porque, como todo nacionalista sospecha en el fondo de su alma cuatribarrada, nunca existió. El dilema no es nuevo. Los nacionalistas catalanes se habían acostumbrado a vivir melancólica y orteguianamente con España, porque, incluso de modo no consciente, sabían que sólo su oposición a la España supuestamente opresora alimentaba la ilusión de la existencia de una nación catalana. Pero he aquí que llega Rodríguez y les escamotea -nunca mejor dicho- la mayor, o sea, España. El silogismo ya no funciona. Buscando desesperadamente una España a la que oponerse, los nacionalistas catalanes descubren de repente a los catalanes no nacionalistas y eso es España para los escamoteados escamots. La violencia contra el PP y Ciutadans de Catalunya irá en aumento porque no puede ser de otra forma. Ya no cabe más modalidad de afirmación nacional catalana que la agresión a los catalanes reacios al consenso nacionalista. Obviamente, las elites políticas evitarán implicarse directamente, pero deberán forjarse al menos una retórica de acoso si pretenden competir en fervor nacionalista con los sectores más violentos y radicales (ya lo están haciendo: el eslogan antes mencionado es un buen ejemplo) y, desde luego, tratarán de inhibirse en la represión de los acosadores. ¿Cómo lograrlo? Sus homólogos vascos podrían darles algunos consejos, sin duda, aunque la experiencia suele ser difícilmente transmisible.

Supongamos -y si la suposición rompe un tabú, mejor que mejor- que se hubiera optado directamente por conceder la independencia a Cataluña. En el peor de los casos, se habría producido una lucha por el poder entre los partidos nacionalistas con riesgo de degenerar en guerra civil, pero los no nacionalistas habrían quedado al margen. Evidentemente, no en una posición cómoda (a la larga, sólo les quedarían tres opciones: asimilarse a los nacionalistas, emigrar o resignarse a la condición de extranjeros en su tierra). Sin embargo, la agresividad contra ellos perdería sentido y función. La ruptura del pacto nacional manteniendo la ficción del Estado -resultado de la pirueta enloquecida de Rodríguez- los condena a ser los chivos emisarios de una Cataluña ingobernable.

El Gobierno no puede negociar con ETA contra el clamor ciudadano
Editorial Elsemanaldigital 11 Junio 2006

La negociación con ETA amenaza con generar una grave fractura en la sociedad española, pues un amplio sector no acepta que los terroristas se conviertan en interlocutor político del Gobierno

11 de junio de 2006. Una vez más, muchos miles de españoles se han echado a la calle en Madrid para mostrar su repulsa frente a un proyecto del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Ese proyecto, la negociación con la banda terrorista ETA, amenaza con generar una gravísima fractura en la sociedad española, pues un amplio sector de la misma no está dispuesto a aceptar que los terroristas y su apéndice, la ilegalizada Batasuna, se conviertan en interlocutor político válido del Gobierno de España.

La vicepresidenta de ese Gobierno, María Teresa de la Vega, ha llegado a declarar públicamente que la concentración convocada por la AVT no era contra el terrorismo, sino contra el Gobierno, porque en España ya no hay terrorismo. Es precisamente esa actitud de negación de la realidad, incluida la terrible realidad de las víctimas de ETA, la que justifica demostraciones como la de ayer.

En España sigue habiendo terrorismo. No sólo se acaba de detener a un importante dirigente de la siniestra organización ultraizquierdista GRAPO, todavía no totalmente desarticulada, sino que la propia ETA en ningún momento ha dicho que renuncie a la utilización del crimen para conseguir sus objetivos políticos, ni ha mostrado arrepentimiento por su actuación criminal, ni ha pedido perdón a las víctimas.

En estas circunstancias, ofende a la inteligencia sostener que el "diálogo" con ETA no tendrá el carácter de una negociación política. La rectificación del líder del único partido de la oposición, Mariano Rajoy, en el apoyo ofrecido inicialmente al Gobierno deriva de la rápida constatación de que las seguridades ofrecidas por el presidente del Gobierno sobre la naturaleza de ese "diálogo" no fueron otra cosa que un engaño deliberado.

La concentración de ayer presentaba también un elemento novedoso respecto de las anteriores convocadas por la AVT, al asumir entre sus propósitos la exigencia de que se investiguen hasta el final los atentados del 11 de marzo de 2004. La graves dudas que existen sobre la investigación judicial llevada a cabo por el juez Juan Del Olmo, en estos momentos sometido a un expediente disciplinario por el Consejo General del Poder Judicial, justifican esta preocupación ciudadana.

Los sectores afines al Gobierno y a los grupos políticos y mediáticos que lo apoyan se han cebado especialmente contra este deseo de conocer la verdad sobre el 11-M. No se entiende por qué, si se tiene en cuenta que fue lo que ellos mismos defendieron en la calle inmediatamente después de los atentados, violando incluso la jornada de reflexión.

Ciertas semejanzas
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 11 Junio 2006

11 de junio de 2006. 1978. Imaginemos que los seguidores de Franco, o aquellos Guerrilleros de Cristo Rey que con sus cadenas atizaban a los que apostábamos por un nuevo marco político de reconciliación y concordia, hubieran optado por el terrorismo continuado y mantenido en el tiempo para impedir el camino constitucional y su asentamiento por primera vez en la historia de España.

Imaginemos por un momento que, en lugar de ETA o de los que también acosan y limitan el libre ejercicio de la ciudadanía, cachorros de ERC, los del aguilucho en la bandera española hubieran cometido casi mil asesinatos y extorsiones de todo tipo, sembrando el pánico e impidiendo las libertades constitucionales.

¿A alquien se le ocurriría que, en esa situación, Zapatero abriera un diálogo político para reponer el "Cara al sol", o la gallina en la enseña española, o las restricciones políticas, o la deposición de aquellas autonomías no afectas a la unidad española?

¿A Zapatero le asomaría por un ligero casual algún atisbo de tentación de aproximación a las posiciones herederas del franquismo para obtener una paz reparadora al gusto de los asesinos, para una paz ilegítima? ¿Verdad que no? Entre otras cosas porque el Estado no estaría en situación de guerra, y por tanto no habría que negociar ninguna paz, sino aplicar la ley a los conspiradores contra la Constitución por delincuentes.

Todo el mundo pediría mano dura con quienes, no aceptando aquel pacto de unidad de voluntades y de restañamiento de las heridas del régimen dictatorial y de la guerra civil, subvirtieran el orden democrático.

Y nadie, salvo los propios fachas, dudaría ni un solo momento en pedir justicia, memoria, dignidad y defensa del marco democrático. Con razón.

Pero no fue así. Por una razón u otra, los herederos ideológicos del franquismo asimilaron, probablemente de mala gana, la nueva situación, y quienes han causado una obstrucción sin paliativos al Estado Social y de Derecho han sido otros.

Otros fachas han estado extorsionando, socavando las libertades, limitando el ejercicio de la ciudadanía, obteniendo beneficio políticos por la violencia durante un periodo de veinte años, sumando cantidades ingentes de dinero por el método impropiamente llamado "impuesto revolucionario", persiguiendo a los que se sienten españoles porque lo son, cambiando la escuela para que en lugar de ser educativa fuera adoctrinadora, liquidando empresas que daban empleo a miles de trabajadores, ahuyentando a esos mismos inversores a otros lugares más apacibles y provocando una diáspora de algunos cientos de miles de vascos, arruinando la tranquilidad y la placidez de los que aún no han emigrado teniendo que ir escoltados. Creando una sociedad de castas, de unos que son patricios y otros los metecos. Etc.

Bien, tenemos a un presidente del Gobierno español que considera que hay que abrir cauces para un acuerdo con ellos, con los que han impedido la democracia en el País Vasco y condicionado gravemente, pero no para convertirlos en pacíficos ciudadanos, no, sino para que los demócratas nos pongamos a sus pies y nos impongan su ideario político, que se resume en una expresión: tiranía, y vasallaje para los que no asumimos sus requisitos de partida.

Como el presidente de España se pone a su altura, deja de ser mi representante legítimo al frente de la Nación, para convertirse en un felón de la democracia.

Por todo eso, y por muchas más cosas que no me caben en estas líneas, yo he estado en Madrid este sábado en la concentración de la AVT.

De manifestación en manifestación
Rafael González Rojas elsemanaldigital 11 Junio 2006

Quiero creer que la manifestación de ayer sirva para algo. Ya llevamos cuatro movilizaciones en 17 meses en contra de la claudicación del Estado ante ETA –la de ayer fue la primera tras el alto el fuego anunciado por la banda-, y como si no lleváramos ninguna. El señor Zapatero comunica, no contesta. Tampoco contestó a cuatro millones de firmas pidiéndole una consulta sobre el Estatut. Él sigue a lo suyo. Y mientras nosotros vamos de manifestación en manifestación, él y los suyos van de charco en charco.

Como en ese charco, muy a su pesar, en que se vio metido Mariano Rajoy ayer por la mañana en Barcelona. ¿De dónde será oriunda la chusma que en un mercado de L´Hospitalet de Llobregat le insultó con gritos de "Fuera, asqueroso", "Desgraciado" o "Vete, fascista"? No puedo pensar que sean catalanes, mucho menos de Barcelona. Fascistas de ese calibre no suelen darse por aquellos pagos. Rajoy realizaba una visita electoral, de acercamiento al pueblo. Y un recibimiento como el que le dispensaron no es propio de ciudadanos de la metrópoli de Cataluña. Porque Barcelona es, lo dijo nuestro padre Cervantes, "archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única".

La chusma que insultó a Rajoy no ha aprendido tal cosa. Algunos chapurreaban catalán, que en eso sí ha puesto mucho interés el gobierno de Maragall, pero lecciones del famoso seny (que recoge precisamente esa descripción cervantina), no han debido impartirles ninguna.

Donde sí hubo cortesía, moderación y civismo –como en todas las manifestaciones anteriores- fue en la manifestación de la AVT de ayer en Madrid. Y los contenidos eran duros, durísimos. Se le ha pedido al Gobierno dignidad. Se le ha pedido que considere que quienes toman por interlocutores válidos para la rendición de ETA son "los asesinos de casi mil personas". Por tanto Zapatero no debe claudicar ante ETA; no debe concederle a la banda "lo que no ha conseguido durante 38 años de asesinatos, extorsiones y amenazas". Precisamente, nadie mejor que Marimar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco -asesinado por ETA en 1997-, para recordarle a Zapatero que el Estado no cedió cuando la banda exigió el acercamiento de los presos con su hermano secuestrado, y que de aquel crimen surgió el "espíritu de Ermua" basado en la no claudicación, la firmeza de los poderes públicos y después el Pacto por las Libertades.

No me queda espacio para hablar de la presencia de Alberto Ruiz-Gallardón en la manifestación. Diré, sí, que superó con dignidad la prueba a la que le habían sometido algunos enguizgamientos desmedidos. Felizmente, entre los manifestante de la AVT no había gente como la que abucheó a Rajoy en Barcelona.

TIEMPOS DIFÍCILES
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 11 Junio 2006

Por razones, por así decirlo, horarias, escribo a contrapelo, esto es, justo antes de que vaya a verificarse el gran evento. El gran evento consiste, no necesito recordarlo, en la manifestación de hoy/ayer. «Hoy» para mí, mientras redacto esta columna. «Ayer» para ustedes, que me leerán el domingo. Doy por hecho que la asistencia será multitudinaria, y suspendo el juicio, y expreso mi curiosidad, acerca del tono, del modo, en que se desenvolverá la cita. El aire se ha cargado de electricidad, y las cosas han adquirido una urgencia, una temperatura, cualitativamente nuevas.

Formulado de otra manera: se han roto los equilibrios que convierten el centro en el objetivo deseable y prioritario de los agentes políticos. Contra lo que suele pensarse, el centro es un espacio hacia el que se concurre, no un espacio que pueda elegir, discrecionalmente, un partido aislado. La llamada «política de centro» estriba, en esencia, en supeditar los intereses y pasiones de muchos -el 90 por ciento, pongamos, del electorado propio- a la persuasión de unos pocos. ¿Quiénes son esos pocos? Conviene acudir aquí al lenguaje perspectivo. Si eres de derechas, el centro es la franja marginal que comunica tu territorio con la izquierda. Si eres de izquierdas, el centro es la franja marginal que comunica tu territorio con la derecha. En aquellos casos en que izquierda y derecha se disputan la misma franja, se crea un círculo virtuoso: los programas tienden a no diferir dramáticamente, y ninguno piensa que será políticamente aniquilado si gana el de enfrente. Las bases de ambos lados se resignan, simultáneamente, a un plan de acción que no colma sus ambiciones. Basta, sin embargo, que una de las partes rompa la baraja, para que la otra experimente una merma decisiva en su libertad de movimientos. La tropa se excita, cunden el miedo y el enfado, y los jefes ya no pueden alejarse del centro de gravedad de la formación que presiden sin debilitarse por dentro. El metabolismo democrático normal, regido por los plazos que determina el calendario electoral, pasa a un segundo plano. Calentarse el caletre sobre cómo añadir un puñado de votos a los propios colores, resulta tan extemporáneo como ponerse a resolver un crucigrama ladera abajo de una montaña rusa.

Es innegable que estamos ingresando en esta fase ingrata, con consecuencias imprevisibles. La responsabilidad de Zapatero en el inicio del desastre es gigantesca. Queda simbolizada por los eslóganes sobre la recuperación de la memoria, que es un eufemismo para referirse a los reflejos guerracivilistas que parecían superados tras la Transición. En el plano puramente político, la mutación unilateral y no declarada del ordenamiento constitucional ha hecho que salten todas las alarmas. El daño adquirió dimensiones de irreparable, o casi, hace doce días, cuando trascendió, en los amenes del debate sobre el estado de la nación, que el Gobierno concedía a HB la condición de interlocutor político. Es difícil conducir los asuntos nacionales con menos prudencia.

Los convocantes de la manifestación han dicho que «quieren saber», en alusión, también, al 11-M. Personalmente, prefiero dejar el 11-M a los jueces y el periodismo de investigación. Sentado esto, es verdad que muchos queremos saber, saber más en general. Declaro, sobre todo, mi absoluto desconcierto en lo tocante al proceso vasco. Me he equivocado, sistemáticamente, en el análisis, tanto en lo que mira a los tiempos, como a los modos. Me explico.

Nunca me conté entre los optimistas. ETA no daba muestras de estar dispuesta a rendirse, y las vaguedades e inconsistentes declaraciones del presidente auspiciaban lo peor: un pulso entre un Gobierno vacilante, y un grupo de fanáticos con objetivos claros. Pero yo esperaba otro desarrollo, otro desenvolvimiento de las cosas. ETA, postrada materialmente, podía ganar mucho en una negociaciones disfrazadas de desistimiento. Lo natural, por tanto, habría sido que ofreciese coartadas al Gobierno. Imaginé, en primer lugar, que HB elegiría una denominación alternativa: era lo más derecho, si se pretendía no violar la Ley de partidos o eludir la sentencia del Supremo. Pensé, en segundo lugar, que los batasunos, sin renunciar explícitamente a su pasado, dirían algo confuso que pudiese interpretarse, para quien estuviera deseando hacerlo, como una condena de la violencia. Por último, entendí que todo iría de manera más lenta, más solapada. No me hacía ilusiones sobre el desenlace a largo plazo. Era inevitable que las conversaciones derivaran en un proceso constituyente en el País Vasco. Pero nunca esperé que los términos de la banda fueran a ser tan duros, tan inasumibles por una oposición que habría tenido dificultades técnicas -y sociológicas- para contrastar unas conversaciones arropadas por la consigna irresistible de la paz.

En lugar de esto, hemos asistido a un paseo militar. Paseo militar de ETA, claro está. De la orilla gubernamental nos han llegado mensajes que insultan a la inteligencia -¿para qué se va a hablar con Batasuna?: para mirarle a los ojos y reducirle a la obediencia-, o el proyecto inocultable de una alianza electoral «ex post» con el mundo abertzale. Un recado, en fin, explosivo, que el PP sólo habría podido aceptar con el riesgo de romperse primero y desaparecer a continuación. Ahora, Dios dirá.

ETA
La hoja de ruta de Zapatero
Ignacio Cosidó Libertad Digital 11 Junio 2006

El Gobierno ha reaccionado con indignación a la acusación de que Rodriguez Zapatero y ETA comparten en este momento la misma estrategia. Es lógico que se hayan indignado, porque es duro aceptar que un gobierno democrático comparta objetivos y métodos con una banda terrorista. La realidad es inaceptable, pero no por ello es menos cierta. La triste verdad es que el Gobierno ha asumido de hecho la estrategia diseñada por Batasuna en Anoeta: el reconocimiento de la autodenominada Izquierda Abertzale como interlocutor político necesario, sin necesidad siquiera de que condene la violencia terrorista, y la constitución de dos mesas simultáneas e interconectadas de negociación: una del Gobierno con ETA para la “pacificación” y la otra de los partidos vascos con Batasuna para hablar de “normalización política. Pero el Gobierno está haciendo algo más que asumir el planteamiento de Batasuna. La hoja de ruta que Zapatero está siguiendo en este mal llamado “proceso de paz” se parece en realidad demasiado a la que el jefe político de ETA, Mikel Antza, redactó poco antes de ser detenido en Francia en un operación conjunta de la Guardia Civil y la policía francesa.

Según los documentos intervenidos tras la detención del cabecilla etarra, el proceso negociador arrancaba en junio de 2004. Ese año, con la intención de "abrir la intermediación", el dirigente etarra anotaba unos primeros contactos de los socialistas vascos con Batasuna. La documentación incautada señala que a mediados de 2004 se habría producido un contacto indirecto de ETA con el Gobierno. Según Antza esos contactos deberían posteriormente institucionalizarse.

Según el plan inicial de ETA, en 2005 debía declarar un "alto el fuego temporal" y, a cambio, el Gobierno realizaría una declaración de intenciones similar al que supuso el inicio del proceso de paz en Irlanda del Norte. Esa declaración se sustituyó en nuestro caso por la moción del Congreso de los Diputados del año pasado invitando a la banda a negociar. El único cambio trascendente hasta ahora ha sido que el “alto el fuego temporal” previo que ofrecía Antza, se ha transformado tras la declaración del Congreso en “una suspensión indefinida de las acciones armadas”.

Una vez oficializado el proceso negociador, lo que el presidente del Gobierno piensa hacer este mismo mes, ETA exigirá al Gobierno español "el acercamiento de presos" y la "legalización de Batasuna", así como suspender la presión judicial y policial sobre la banda terrorista. Es muy probable que el acercamiento de presos lo anuncie Zapatero junto a la declaración de inicio del dialogo formal con la banda. Por otro lado, el Gobierno ya ha legalizado de facto a Batasuna al reconocerla como interlocutora política. Por último, desde el PSOE constantemente se reclama a los jueces que se atengan a la nueva situación y la Fiscalía General del Estado está haciendo ya su papel en este sentido. Las detenciones de etarras en España desde el alto el fuego son prácticamente inexistentes.

Bajo la cobertura del "alto el fuego", ETA está exigiendo al Gobierno español el "reconocimiento del derecho de autodeterminación para Euskadi y Navarra". La hoja de ruta de Antza programaba que en este mismo año 2006 se alcance un acuerdo político en estos términos, con el apoyo de PNV y Ezker Batua. El Gobierno español concedería al año siguiente (2007) una amnistía a los presos con determinados delitos. En ese mismo año se firmaría un acuerdo similar al de Stormont, en alusión al pacto firmado en abril de 1998 entre los partidos del Ulster. En dicho pacto deberían intervenir los firmantes del primer y segundo acuerdo y, además, el PSE, el Partido Socialista de Navarra e incluso el Partido Socialista Francés.

Según el plan Antza, en el año 2008, ETA querría obtener una amnistía que alcance a todos sus presos en España (más de 570 en la actualidad). El calendario de Antza no prevé exigir igual medida de gracia para los más de 150 etarras presos en Francia. En las elecciones generales de 2008 “las fuerzas políticas vascas se presentarán bajo una única candidatura". Por su parte, las Fuerzas Armadas españolas, francesas y la propia ETA se pedirían perdón mutuamente "por los actos cometidos" durante los años de conflicto. "Perdones por las dos partes", según la terminología etarra.

Para el siguiente año, 2009, el documento de Antza sólo incluía un objetivo político: se constituiría un "órgano común" entre Euskadi y Navarra, con lo que quedarían ligadas ambas comunidades autónomas, sin más precisiones sobre las implicaciones jurídicas o políticas de este proyecto. En 2010 se planteaba "profundizar" en el proceso de negociación con los Estados español y francés y que el Foro de Debate Nacional continuase "acumulando fuerzas" en torno a las propuestas etarras. Un año después, 2011, el itinerario político del jefe de ETA preveía que se constituyese un "órgano común" entre la comunidad nacida de la fusión Euskadi-Navarra con el País Vasco francés. La hoja de ruta de Antza acababa en 2012, el año "de la reparación histórica" momento en el que se ejercería el derecho de autodeterminación en toda Euskal Herria (Euskadi, Navarra y País Vasco francés).

El Gobierno español está siguiendo hasta ahora la hoja de ruta diseñada por Antza antes de ser detenido. Hay algunas variaciones sobre el modelo inicial planteado por ETA. Por ejemplo, la banda ha tenido que adelantar del 2008 al 2006 el “alto el fuego indefinido” y la cuestión de los presos va algo más lento de lo deseado por su anterior jefe político. Pero es incuestionable que el proceso “largo, duro y difícil” que nos propone Zapatero tiene en realidad mucho que ver con la hoja de ruta diseñada por Antza hasta el 2012. Al menos hasta ahora se parece demasiado. Aunque se enfaden.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

No debería ser tan difícil
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 11 Junio 2006

No debería ser tan difícil entender que una negociación sobre el futuro político e institucional del PaísVasco con el brazo político de una banda terrorista, terrorista él mismo y así establecido dentro y fuera de nuestro país, resulte inaceptable. No debería ser tan difícil entender que una negociación de esta naturaleza y con esos interlocutores repugne a muchos, mucho más allá del PP. No debería ser tan difícil de entender que se sienta como una agresión moral que para el presidente del Gobierno la foto de una militante socialista con la danzarina que exaltaba a los terroristas muertos con su dominio del aurresku sea la imagen del futuro. No debería ser tan difícil de entender que rendir nuestro marco de convivencia por o para la paz no significa sólo tragarse la patraña existencial de ETA sino legitimar su pasado criminal, asegurarle un futuro que ya creía perdido y enterrar el sacrificio de las víctimas y la lucha de la sociedad en su movilización contra la barbarie terrorista. No debería ser tan difícil entender que quien ha privado a las palabras de su sentido y se arroga el derecho a no estar sujeto al principio de no contradicción no puede pedir que los demás le tengan por modelo de integridad y acreedor a la fe ciega en sus actos e intenciones.

Y no debería ser tan difícil de entender la perplejidad de ver cómo todo este escenario problemático se ha construido, mientras se oye que no hay que preocuparse porque ETA está derrotada. Pues bien, si el estrellato de Otegi, la presión sobre los jueces, la ruptura del único pacto de Estado eficaz contra el terrorismo, el desprecio impune a la Ley de Partidos, los requiebros socialistas a Batasuna con el retrato ilusionante de lo mucho que podrían compartir en el futuro, y el reflejo pavloviano que -según nos explican cualificados analistas independientes- se desata en el Gobierno cada vez que desde Batasuna y/o ETA se escucha aquello de que 'y si no, no hay proceso', en suma, si todo esto se produce al mismo tiempo que se lanza el mensaje tranquilizador de que ETA está derrotada, qué estaría ocurriendo si ETA no lo estuviera.

La oposición no apoya pero ¿qué es lo que debería apoyar? ¿Que la política puede ayudar a la paz (mayo 2005) o que primero la paz y luego la política (mayo 2006)? Acaso de lo que se trata es de recordar a Batasuna las exigencias de la legalidad o, bien pensado, que el PSE se reúna con Batasuna para impulsar la mesa de partidos. ¿Con Batasuna? No, con la izquierda abertzale. Pero ¿con toda? No, con toda no, con sus representantes que son las diputadas del PCTV (mayo 2006). Entonces, la reunión sería con las del PCTV en el Parlamento vasco. Pues no, con Otegi y los suyos, que para eso hay una comisión negociadora y el Parlamento vasco no deja de ser una institución que pretende perpetuar la partición de Euskal Herria. Sin embargo, el partido que representan Otegi y los suyos está disuelto de modo que, como bien dijo Blanco, «Otegi no es representante de nada, es portavoz de sí mismo». Es cierto pero, como el propio Otegi hizo notar, con ellos «ya ha hablado todo el mundo siendo ilegales, salvo el PP» (mayo 2006). Sí, pero los de Aznar hablaron en Burgos en diciembre de 1998 con Batasuna. Es verdad, pero Batasuna entonces era legal -detalle nimio, desde luego- y, además, Batasuna cortó. Dijeron que les querían criminalizar tomándoles por lo que no eran, es decir, representantes de ETA y que como Aznar sólo estaba interesado en el cese definitivo de las pistolas, que eso había que tratarlo con los pistoleros, no con ellos, que sólo estaban para hablar de política.

A quienes expresan su preocupación por la vulnerabilidad que el Gobierno exhibe, a quienes piden explicaciones por la improvisación política y moral de un proceso que se reclama políticamente necesario y ejemplar por la acumulación de virtudes cívicas, se les descalifica en los peores términos. Con ello, se está ampliando la lista negra de los que son tachados de malintencionados, obstaculizadores del proceso o nostálgicos de los peores momentos de la agresión terrorista en los que, paradójicamente, la mayoría de los actuales apóstoles de la paz permanecían inéditos.

Y, sin embargo, el lenguaje untuoso con el que el Gobierno recubre su descarnado tacticismo o su debilidad menos confesable en este proceso no deja de alimentar la perplejidad. Porque tanta debilidad de ETA no se compadece con tanto anuncio de caminos duros y difíciles, ni con el hiriente exhibicionismo de la amenazadora chulería abertzale que le va cogiendo el gusto al ultimátum.

¿Es necesario todo esto? Es absurdo que a estas alturas se hable de aprovechar una oportunidad para la paz como si esta fuera un tren al que tuviéramos que subirnos en marcha pagando un billete con recargo. Pensar en el final del terrorismo como una oportunidad puntual que depara una conjunción aleatoria de circunstancias es insostenible y peligroso.

La paz para la sociedad vasca sólo puede consistir en el triunfo de la justicia y la libertad. Pero esa victoria no se juega en la habilidad negociadora de unos ni en el tartufismo de los terroristas presuntamente convertidos a la política, sino en la capacidad de la democracia para ser más fuerte que sus enemigos y eso es justamente lo que ha ocurrido, permitiéndonos llegar hasta el borde de la victoria sobre ETA, ahora comprometida en nombre del diálogo. Guste o no, la paz no se deberá a la inspiración carismática de un envejecido dirigente de ETA dispuesto a capitalizar su estúpida mitificación como figura providencial, ni a la necesidad de ETA de proceder cada cierto tiempo a una regulación de empleo en sus filas, con un paquete de prejubilación para los más veteranos, los más condenados o los más amortizados.

La paz -insisto, la justicia y la libertad- vendrá de la capacidad de la democracia de ser más fuerte que sus enemigos, de la eficacia del Estado de Derecho para que se cumpla la ley, de imponer -sí, imponer- las reglas del juego a los que quieran jugar de modo que sepan que, de no cumplirlas, serán expulsados del campo y no volverán a él. ¿Por qué 'Ternera' y no 'Pakito'? ¿Se asegura con más garantías la desaparición de ETA prestando oídos a la estrategia oportunista de 'Ternera' o persistiendo en la interiorización de la derrota de la banda como confesaba 'Pakito' desde la cárcel? Porque si todo esto es simple escenificación, a alguien se le está yendo la mano con el realismo. Y si no se trata de una representación, entonces preparémonos para lo que nos queda por ver.

La foto de la cesión, la imagen de la ignominia
MARÍA SAN GIL /PRESIDENTA DEL PP DEL PAÍS VASCO El Correo 11 Junio 2006

Si hace un año y medio nos cuentan que el PSE de Patxi López iba a mantener una reunión oficial con Batasuna, pese a su ilegalización y a que no ha condenado aún el terrorismo de ETA ni ha mostrado ningún arrepentimiento por el sufrimiento y el dolor que nos ha causado, no lo habríamos creído. Es cierto que desde el acto de Anoeta celebrado por Batasuna en noviembre de 2004 ha llovido mucho y los acontecimientos han ido a toda velocidad, pero nunca habríamos pensado que la foto de López con Otegi se iba a producir tan pronto. Que la foto de la cesión y la sumisión del PSOE a la voluntad de ETA-Batasuna se nos iba a revelar tan inminente.

¿Se ha olvidado Patxi López de quién es Arnaldo Otegi, de lo que Batasuna representa? ¿Hay que recordarle al líder de los socialistas vascos que Batasuna ha sido declarada ilegal por no cumplir los preceptos de la Ley de Partidos promovida por el PP y el PSOE, y aprobada por la abrumadora mayoría del Congreso? ¿Hay que volver a recordar lo básico, que Batasuna está ilegalizada no por su ideología sino por ser parte de ETA y servir a los fines de la organización terrorista? ¿Habrá que advertirle a López de que va a estrechar la mano de quienes no han condenado aún hoy el asesinato de Miguel Ángel Blanco y el de Fernando Buesa?

A pesar de todo esto, la foto de la ignominia se va a producir y será una foto que complete a otras instantáneas previas de un mismo álbum. Me refiero a la foto de UGT y LAB, y a la de la parlamentaria socialista Gema Zabaleta con la batasuna Jone Goirizelaia, considerada por Zapatero como la foto del futuro, en contraposición a la foto de Pilar Elías con Rosa Díez.

La reunión anunciada del PSE con Batasuna, así como todo lo que venga después, como la vuelta casi asegurada de los proetarras a los ayuntamientos vascos y juntas generales, es fruto de una estrategia urdida por el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que ha optado irresponsablemente por cambiar la firmeza del Estado de Derecho contra ETA por una política de cesión continuada.

Zapatero ha desmontado la política que él mismo apoyaba y, contra toda lógica, ha renunciado a mantener la línea política marcada por los dos grandes partidos en el Pacto por las Libertades, que había desterrado el mito de la imbatibilidad de ETA y que había dejado a los terroristas y a sus apoyos abatidos, vencidos, superados por una sociedad democrática exigente, segura de su fortaleza y de su dignidad frente al chantaje y el terror de los violentos.

Todo eso se ha venido abajo en dos años y de la firmeza hemos pasado a la cesión y a la debilidad. Que Zapatero ha hecho ya cesiones a ETA lo demuestran datos objetivos: El Pacto por las Libertades ya no funciona, el PCTV, que es Batasuna como todo el mundo sabe, incluido Ibarretxe, que los deja fuera de la ronda de partidos porque Otegi es más 'representativo', está en el Parlamento vasco y el fiscal Eduardo Fungairiño, que tanto empeño demostró contra ETA, fue relevado de su puesto en la Audiencia Nacional.

Batasuna ha aprovechado la debilidad de Zapatero para hacerse fuerte. De estar en el ostracismo han pasado a convocar un congreso en el BEC pese a ser una formación ilegalizada, una huelga general, en la que se produjeron graves incidentes públicos, manifestaciones y ruedas de prensa a diario, hasta llegar a lo último, que fue la presentación pública en Pamplona del grupo negociador para la famosa mesa extraparlamentaria de partidos que exige ETA y avalan Zapatero y el PSE de Patxi López.

ETA respondió a las negociaciones del Gobierno y de los socialistas vascos (primero desmentidas y después confirmadas) y a las cesiones hechas por Zapatero con el anuncio de un 'alto el fuego permanente', hecho público el 22 de marzo. Así se inició oficialmente el mal llamado proceso de paz. Mal llamado porque lo que se está produciendo es un proceso de negociación política en donde ETA-Batasuna mantiene sus reivindicaciones de presos, autodeterminación y territorialidad.

Si esto fuese de verdad un proceso de paz, estaríamos hablando de cómo proceder a la disolución de la organización terrorista. De dónde ETA entrega las armas, cuándo piden perdón a las víctimas, y de cómo pasan los terroristas a manos de la Justicia. La paz no es compatible tampoco con la extorsión a empresarios, la coacción a cargos públicos y medios de comunicación y los 34 actos de terrorismo callejero producidos desde la tregua. Sin embargo, el Gobierno ha permitido que ETA dirija el proceso y marque los temas de debate, que son la generosidad con los presos, el papel de la Comunidad foral de Navarra y la conformación de una mesa política. Una mesa creada fuera del ámbito democrático y natural como es el Parlamento, y creada para modificar, al gusto de Batasuna y torciendo la legalidad bajo la presión de ETA, el marco de convivencia aprobado por la mayoría de la sociedad como es la Constitución y el Estatuto de Gernika.

Nosotros creemos que el mal llamado proceso de paz es un inmenso error. El Gobierno de Zapatero y el PSOE han sido desleales con el PP desde el principio, desde la negación de las conversaciones con ETA al anuncio de la entrevista entre Otegi y Patxi López. Pero han sido desleales, sobre todo, con una sociedad democrática que aspira a vivir en paz, desde luego, pero, sobre todo, en libertad. El apoyo incondicional del PP al Gobierno es para derrotar a ETA, para librarnos de la tutela inadmisible de una banda criminal que aún hoy mantiene su presión y su amenaza.

La reunión de López con Otegi es, hasta ahora, el máximo exponente de la cesión ante la banda terrorista. ETA clamó, Batasuna advirtió y el PSE cedió, anunciando una entrevista oficial para impulsar la mesa de partidos. La foto que veremos próximamente es la imagen de la ignominia. Una foto que nos aleja cada día más de la derrota del terrorismo y no contribuye en absoluto a lograr la libertad y la convivencia.

Manifestación y Repugnancia
Miguel Barrachina Periodista Digital 11 Junio 2006

En el mismo día han ocurrido dos hechos altamente significativos de a dónde nos lleva la política de disgregación nacional de Rodríguez Zapatero.

Por un lado cientos de miles de españoles acudieron nuevamente a la llamada de la AVT para recordarle al gobierno socialista que puestos a claudicar ante el terror lo podíamos haber hecho antes y nos hubiéramos ahorrado la muerte de casi mil inocentes. Aunque las consecuencias finales de las cesiones ante la delincuencia organizada son siempre nefastas, de momento nos hubiésemos ahorrado las víctimas.

Por otro ya se vislumbra una nueva fase en la campaña de ZP contra el PP; acelerar la persecución contra nuestro partido e insinuar que está a favor de las muertes de ETA, que no quiere “la paz”.

Ayer en el feudo socialista de Hospitalet le llamaron a Mariano Rajoy “fascista, asqueroso,…” y otras lindezas que le obligaron a suspender la visita. Esto supone que la campaña autorizada por Zapatero de “El PP usará tu NO contra Cataluña”, que han abreviado como “El PP contra Cataluña” ya está dando sus frutos.

En un mitin de ZP, el mismo día, se repartieron pegatinas socialistas que decían “Zapatero contra la guerra, Rajoy contra la paz”, que despeja cualquier duda. Si no cedes contra el terror no quieres la paz, o sólo quieres la paz si te sumas a las tesis de PSOE-ETA.

ZP ha engañó al PP y a toda España, y ahora se sabe, Batasuna-ETA, concretamente Joseba Permach, el pasado miércoles confesó que "vienen hablando todos estos años con el PSOE", cuando teníamos un acuerdo por Las Libertades firmado con el PSOE y a propuesta suya.

Ahora ZP vuelve a engañar a Rajoy y a todos los españoles. Le dijo, en la reunión en la que el líder popular le brindó su apoyo, que se reuniría el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, que sigue supuestamente en vigor, y este no se reúne y, si el PP no se planta, se habría reunido oficialmente ya con la ilegal Batasuna.

El PSOE quiere cambiar ahora los contactos informales, que al parecer ha mantenido clandestinamente estos años, y convertirlos en oficiales, justo cuando hay en vigor una ley de partidos y una sentencia del Tribunal Supremo que destaca la identidad entre ETA y Batasuna.

El PSOE debe cumplir la ley que ellos mismos aprobaron, no se puede reunir con un partido ilegalizado por terrorista. Si lo quiere hacer antes debe cambiar la ley de partidos.

Es una pena que estando Batasuna-ETA en la UCI por la sóla aplicación de la ley, sin salirnos de ella como ocurrió en etapa del GAL, en que ZP era diputado –el PSOE o se pasa o no llega-, ahora se quiera, en base a cesiones y legitimando a criminales, terminar con el terror por la vía de la rendición del Estado de Derecho.

Y ya sabes, si no te sumas a la claudicación, eres un fascista que tienes interés electoral en que ETA siga matando a los tuyos para rascar algún voto, este es ya el mensaje. Tan repugnante como real.

Secuelas del Tinell y de los lemas
Editorial ABC 11 Junio 2006

LA campaña del referéndum sobre el nuevo Estatuto está sirviendo para constatar la peligrosa deriva que ha tomado el ejercicio de la libertad política en Cataluña. A los sabotajes y amenazas sufridos por Ciudadanos de Cataluña, partidarios del «no», se sumó ayer el boicoteo del que fue víctima Mariano Rajoy en un acto celebrado en Hospitalet de Llobregat. El líder del Partido Popular fue insultado y acosado hasta tal punto que para evitar males mayores se vio obligado a acortar su estancia en el mercado al que había acudido a explicar su oposición al texto que se somete a consulta popular el próximo domingo. Algunos de los presentes sí mostraron su apoyo a Rajoy.

No hace falta ser un muy avispado para advertir qué circunstancias han influido rotundamente en este clima que trata de llevar a los populares a la proscripción política. El primer hito fue sin duda el pacto del Tinell, una infamia democrática que prohibía a sus firmantes (el entonces tripartito catalán) llegar a acuerdo alguno con el PP, no sólo en Cataluña sino en las Cortes. Despropósito sectario que es consentido por el presidente del Gobierno, quien a su llegada al poder dijo que esta iba a ser la «legislatura del diálogo». Todo un profeta.

Pero aún más graves, porque su influencia en los sucesos de Hospitalet parece determinante, son los lemas elegidos por los socialistas para la campaña del 18-J. El «¡Fuera de aquí porque vas contra Cataluña!» que los exaltados gritaban ayer a Rajoy es la traducción inmediata de los «Si gana Cataluña, no gana el PP» y «El PP utilizará tu «no» contra Cataluña», con los que los socialistas han empapelado la toda Comunidad.

Se empiezan, pues, a ver las consecuencias de tan irresponsable y sectaria actitud, alentada por Ferraz y La Moncloa que en vez de poner las cosas en su sitio han reído, justificado y alentado la «gracia» a Maragall y a Montilla. Si a eso sumamos el discurso maragalliano etnicista y clasista de la importancia de dónde se haya nacido (patéticamente rectificado al día siguiente), nos encontramos ante un panorama inquietante que quizá recoja, en esencia, el espíritu egoísta y sectario que recorre todo el nuevo texto estatutario y que erosiona la libertad de los no nacionalistas en Cataluña.

El futuro del charnego
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Junio 2006

ESTA España nuestra resulta tan estrambótica que empuja a la oposición, como ayer en Madrid, a expresarse en la calle y le deja al poder, sin muchos mohínes de disgusto, el monopolio del BOE. Donde nadie dice nada -¿quién podría hacerlo?- es en el Parlamento. La conversión de nuestra peculiar democracia en pura aritmética ha volatilizado el diálogo político para convertirlo en sermones sin respuesta. Ante tal cúmulo de disparates, al ciudadano reflexivo, responsable, que rechaza la «adhesión incondicional» a una sigla, aunque se encuentre cómodo en sus cercanías, solo le queda el juicio de los signos externos. De ahí la importancia de las anécdotas.

Algunos socialistas de buena fe, tan escasos en la cúspide del partido como abundantes en las bases y en su parroquia electorera, le quitan importancia al «problema catalán» -en realidad, el «gran problema español»- porque di-cen y piensan que el PSC no es más que una extensión del más clásico PSOE, aquel que, aunque receloso con las libertades, (casi) siempre hizo honor al sentido de las letras de su emblema; pero ya no es así. El PSC, primero la organización catalana del partido y después franquicia socialista en el territorio, ha pasado a ser un grupo nacionalista, posiblemente más radical que CiU y tanto como ERC. Es el maragallismo, una contradicción rampante que, además de presidir el confuso Govern catalán, quiere pasar a la inmortalidad como la fuerza que salvó algo que nadie había amenazado en los últimos treinta años, la identidad de Cataluña.

Maragall, un político acabado que llegó a «president» desde una derrota, le ha cogido gusto a la púrpura del mando y no se la quita, con el calor que hace, ni para dormir. Tanto es así que ha llegado a insinuar que José Montilla, el secretario general del PSC que le llevó a la Generalitat, no podrá ser su sucesor en la presidencia porque ha nacido en Córdoba. Le niega, en un feo arranque de xenofobia, la condición de ciudadano de Cataluña, algo a lo que ni de lejos se hubieran atrevido a hacer Josep Tarradellas o Jordi Pujol, sus predecesores.

La hipótesis de Montilla como aspirante a la Generalitat, tras el referéndum, nos conviene a todos. No en la previsión de su triunfo, que ya sabemos adónde puede llegar la fe de los conversos, sino por su inmediato relevo como ministro de Industria y Etcéteras. Hasta Josep Piqué, uno de los pioneros en el desastre energético nacional, lo hizo mejor en ese cargo, y, además, los intentos del cordobés errante por hacer méritos y servir a La Caixa y otros acreedores de su partido han sido tan negativos -opa de Endesa incluida-, que tampoco a Cataluña le conviene tener un «embajador» en Madrid de tan poco fuste y tal capacidad para la intriga. Pero no es por esto último por lo que su jefe y beneficiario le quiere dejar de charnego.

El clamor contra el diálogo con ETA desborda el corazón de Madrid
La concentración convocada por la AVT en la plaza de Colón de la capital exige al presidente del Gobierno que no negocie con los terroristas
R. L. Vargas / E. Fuentes La Razon 11 Junio 2006

Madrid- Hace casi cuatro meses tuvieron que hacer frente a una persistente lluvia, y esta vez el protagonista «invitado» fue un intenso calor. Pero tampoco ayer las circunstancias climatológicas fueron un obstáculo para que cientos de miles de personas «tomaran» la madrileña plaza de Colón y sus alrededores convocados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) para escenificar un rechazo masivo al mal llamado «proceso de paz» con ETA liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, amén de exigir al presidente del Gobierno que las diferentes investigaciones abiertas aclaren toda la verdad sobre los atentados del 11-M. La cuarta manifestación de las víctimas en los últimos dos años volvió a desatar la habitual guerra de cifras: la Comunidad de Madrid calculó más de un millón de personas, mientras que la Delegación de Gobierno en Madrid rebajó el número de asistentes hasta apenas 243.000.

La tórrida jornada empezó muy temprano para los ocupantes de los más de 200 autobuses que desembarcaron en la capital llenos de manifestantes... y para un centenar de víctimas del terror de ETA y de la masacre del 11-M. Antes de acercarse al lugar elegido para la concentración, ellos dedicaron la mañana a recorrer distintos escenarios de atentados en Madrid para recordar a sus seres queridos con un minuto de silencio y una ofrenda floral.

El emotivo homenaje puso el prólogo al acto central del día. La cita era a las seis de la tarde, pero desde mucho antes los alrededores de la plaza de Colón empezaron a llenarse de banderas de España, pancartas reivindicativas, octavillas que explicaban «las once mentiras del 11-M» y carteles y pegatinas para que todo el mundo exhibiera los dos lemas de la concentración: «Queremos saber la verdad» y «Negociación, en mi nombre, no».

A eso de las cuatro y media de la tarde, los que ya habían llegado a la zona hacían tiempo buscando una de las cotizadas sombras que permitían protegerse del sol y visitaban los puestos de venta de banderas. Aunque las había de varias comunidades autónomas, la rojigualda volvió a ocupar el número 1 de ventas en sus tres tamaños «a seis, ocho y diez euros», informaba una de las vendedoras. Eso sí, las enseñas tenían que competir por la atención de los asistentes con los contenedores llenos de bolsas de agua -«hay doce repartidos por toda la plaza», recordaba cada poco desde el estrado una voz en off-, que rápidamente se convirtieron en un punto de referencia indispensable para los que iban llegando y que, junto con unas viseras amarillas que llevaban impreso el logotipo de la AVT, completaban el imprescindible «kit anticalor».

El cierre al tráfico de los carriles centrales de la Castellana, que no llegó hasta casi las cinco de la tarde, dio el pistoletazo de salida para que la «marea» empezara a ocupar todos los rincones de la plaza y las calles adyacentes. Los grupos llegados de Murcia, Santander o Navarra, que iba recibiendo cerradas ovaciones a su paso, buscaron el mejor lugar para seguir los discursos y se mezclaron con las innumerables pancartas diseñadas para la ocasión. No faltaron las bilingües -«11-M, queremos saber la verdad. Spain´s terrorgate. ¿Who did it?»-, las que recordaban alguna reciente frase parlamentaria de Zapatero -«Para lo que haces, cintura. Para gobernar, vergüenza»- y las de grupo, en especial una dividida en cuatro que semejaba un tren conducido por un encapuchado en la que se relacionaban los dos motivos de la manifestación con la leyenda «11-M, plan de paz de ZETAP».

De fondo, la megafonía repetía canciones dedicadas a las víctimas por Mecano y otros artistas, interrumpidas en alguna ocasión por las palabras de Alcaraz para pedir calma y prudencia y recordarles «que nadie sobra en esta concentración, todo el mundo es bienvenido».

Pese a los esfuerzos del nutrido grupo de voluntarios que realizaron las labores de seguridad, la presión de los concentrados estuvo a punto de desbordar los perímetros de seguridad según se acercaba la hora del comienzo oficial del acto. Todos querían acercarse a saludar a los políticos y víctimas significadas que accedían a los alrededores del escenario -enmarcado por la gran bandera de España que domina la plaza de Colón- a través de un estrecho pasillo. Por allí pasaron, entre otros, Pilar Elías y la hermana de Miguel Ángel Blanco -que no pararon de recibir muestras de afecto-, y la cúpula del Partido Popular, encabezada por Mariano Rajoy -saludado con gritos de «presidente, presidente»-, Ángel Acebes -recibido con una cerrada ovación- y un Alberto Ruiz-Gallardón que combinó los abucheos con los aplausos.

Todo estaba ya preparado y a las seis, con puntualidad británica, se guardó un impresionante minuto de silencio antes de que empezaran los discursos en el estrado.

El doble objetivo de la convocatoria hizo que los oradores se repartieran los papeles, y quién mejor que dos víctimas del 11-M para pedir explicaciones por las heridas que aún continúan abiertas más de dos años después de la matanza de Madrid. Abrió el fuego Gabriel Moris, padre de uno de los fallecidos en el atentado, convencido de que «una sociedad que se precie no puede pasar página a este horrendo crimen» y le secundó Javier Gismero. Este militar, al que las bombas llenaron el cuerpo de metralla y segaron su carrera profesional, insistió en que «son demasiados los enigmas que continúan sin resolverse, y demasiados los obstáculos que aparecen permanentemente para descifrar todas esas incógnitas».

Por su parte, y ya centrada en el «proceso de paz» con ETA, Marimar Blanco recordó que la muerte de su hermano hizo surgir el espíritu de Ermua «que arrinconó a los terroristas», y exigió «que no haya perdón ni medidas de gracia para asesinos confesos que jamás han pedido perdón a sus víctimas».

Entre gritos de «Zapatero, dimisión», Teresa Jiménez-Becerril desató las emociones de los asistentes al rechazar la paz de Zapatero, «que no puedo explicar a los hijos de mi hermano asesinado», y cedió la palabra a Alcaraz, encargado de cerrar el acto. El presidente de la AVT puso voz a las reivindicaciones de los concentrados para asegurar a Zapatero «que en nuestro nombre España no se rinde», le acusó de «traicionar a los españoles» y se preguntó si las víctimas «tenemos que ponernos una capucha para que su Gobierno nos escuche». Tras los discursos se lanzaron al cielo de la capital 65.000 globos blancos «que no están manchados de sangre» para marcar el final de una concentración que puede no ser la última. «Si es necesario, volveremos», advirtieron los organizadores.

Veinte paradas en la ruta del dolor
Las víctimas recordaron a sus familiares fallecidos en dos itinerarios en autobús que recorrieron los escenarios de varios atentados de ETA y del 11-M
En cada uno de ellos pidieron al Gobierno que no negocie con los asesinos y luche por la verdad
C. S. Macías / I. Del Prado La Razon 11 Junio 2006

Madrid- Las calles de Madrid se despertaron ayer inmersas en el silencio y el respeto a las víctimas. Los madrileños desayunaban nostalgia, recuerdos mudos, emoción. Dos autobuses descubiertos recorrieron las mismas calles, los mismos lugares que un día se tiñeron de sangre y barbarie. En cada parada, una ofrenda floral, una frase y un minuto de silencio.

Al filo de las 9 de la mañana, del mismo punto de partida, Atocha, se separan dos caminos. Así, una expedición sigue el sanguinario reguero marcado por ETA. Subir al autobús descubierto es subir a un vehículo lleno de historias. La gente aplaude de manera espontánea a su paso. Las miradas cómplices se mezclan con el viento. Los coches pitan al pasar. Algunos obreros paran de trabajar y saludan. Mientras las víctimas recuerdan, por si a este pueblo tranquilo se le olvidó que, en cada calle por la que ellos pasan a diario, murieron algunos hombres y mujeres que tenían unos ojos para mirar la vida.

Al llegar a la plaza de República Dominicana, testigo de doce muertes en 1985, el motivo simpático lo puso una niña de cinco años que recogió del suelo un manojo de trípticos en los que se podía leer «¡Queremos saber la verdad! Negociación en mi nombre no» y de manera espontánea se puso a repartirlos. La gente miraba con sorpresa y sonreía.

«Nos vemos a las 18:00», gritaban algunos peatones. Junto a la acera, en la parada de la calle Goya, el párroco de la Concepción espera para rezar un «padrenuestro» y pedir por la unidad de España. Los turistas japoneses, sorprendidos, agarran sus cámaras y comienzan a sacar instantáneas del autobús.

Al mismo tiempo que éste, el otro convoy enfila el recorrido de los atentados del 11-M. Calle Téllez, Vallecas, El Pozo, Santa Eugenia... Los altos en el camino se suceden. En la mayoría de ellos, el minuto de silencio se rompe por el mismo sonido... El tren que tanto dolor trajo vuelve a pasar a la misma velocidad con la que sus vidas cambiaron. Jugadas del destino. Esta vez, parece que es la manera en que sus seres queridos les muestran su apoyo.

Acto seguido, el autobús revive a toda velocidad algunas de las macabras muescas de ETA en la capital. A la una y media, los destinos de ambos autocares vuelven a reunirse ante el Congreso, donde el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, se despidió de los presentes al tiempo que los emplazó para la otra cita. La marcha vespertina en Colón.

Pagazaurtundúa, Díez y Mora secundaron a las víctimas contra el criterio del PSOE

J. PAGOLA ABC 11 Junio 2006

MADRID. La presidenta de la Fundación Víctimas del Terrrorismo y concejal del PSE en el Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana de Urnieta, Maite Pagazaurtundúa, acudió ayer por primera vez -como había anunciado- a una de las cuatro movilizaciones que ha convocado hasta ahora la AVT para mostrar el rechazo de los afectados por el zarpazo terrorista a una negociación entre el Gobierno y ETA. La presencia, al menos visible, de los disidentes del PSE con la estrategia negociadora de Zapatero fue importante cualitativamente, aunque en cantidad no lo fuera tanto.

Maite Pagazaurtundúa, hermana de Joseba, el militante del PSE asesinado hace tres años en la localidad de Andoáin, se ha mostrado crítica con algunos de los pasos dados por el Ejecutivo para abrir un proceso de diálogo con la banda y, muy en concreto, con la intención de Patxi López de reunirse próximamente con Batasuna. «Vengo a título personal», afirmó ayer, ya que, según recordó, representa a la Fundación Víctimas del Terrorismo, «una organización pública que recoge muchas sensibilidades». Algunas de esas «sensibilidades», precisamente las que están enfrentadas con la línea de la AVT, son las que le movieron a no secundar las convocatorias anteriores.

La actual coyuntura y, muy especialmente, la intención de Zapatero de abrir de inmediato la negociación con ETA, y la decisión del «compañero» López de compartir mesa con Batasuna, aún ilegal, movieron a Maite Pagazaurtundúa a acudir a la concentración de ayer. Sin embargo, la presidenta de la Fundación optó por situarse junto a la viuda del dirigente socialista Fernando Múgica, Mapi de las Heras, calculadamente distante de la zona «copada» por la cúpula del PP.

La presencia solapada de Díez
Más discreta aún, entre el público, se mantuvo la eurodiputada del PSOE Rosa Díez, crítica con la actual estrategia negociadora de Rodríguez Zapatero, pero que también quiso marcar distancia con el punto de la convocatoria alusivo al deseo de conocer «la verdad» del 11-M. Díez tiene ya varios avisos, aunque no formales, de expulsión del partido, medida que el PSOE, sin embargo, no se plantea con Maite Pagazaurtundúa en su condición de víctima de ETA.

Gotzone Mora, que en los próximos días podría anunciar su salida del PSE, también cumplió su palabra y estuvo, por enésima vez, en un acto organizado por las víctimas del terrorismo. «No tengo miedo a posibles represalias de mi partido. No tengo nada que ocultar, no tengo nada de que avergonzarme, porque vengo a expresar mi rechazo a los terrroristas y mi apoyo a quienes lo han sufrido y lo siguen sufriendo por las secuelas que ha dejado en tantos y tantos inocentes. Si ETA no me ha hecho callar, si Batasuna no me ha silenciado, tampoco mi partido me va a cerrar la boca».

La concejal socialista en el Ayuntamiento vizcaíno de Guecho expresó la necesidad de mantener la movilización social contra las pretensiones negociadoras del Ejecutivo de Zapatero. «Si el pueblo español, y en concreto el vasco, no se ha doblegado en los tiempos más duros de ETA, ¿por qué lo va a hacer ahora en una negociación?», se planteaba Gotzone Mora, muy aplaudida por los asistentes a la concentración que la reconocieron. En su opinión, «ahora el Gobierno debe tomar nota de este clamor que se levanta contra la negociación con los terroristas. Es un clamor, no sólo de las víctimas, sino de la inmensa mayoría de la sociedad que en estos momentos se solidariza con ellas».

Así las cosas, la presencia, al menos visual, de la «disidencia» socialista con la estrategia negociadora de Zapatero en la concentración de la AVT fue escasa aunque simbólica. Allí, junto a la víctima Maite Pagazaurtundúa, al lado de la solidaria y combativa Rosa Díez, o arropando a la incombustible Gotzone Mora, no estuvieron otros destacados representantes socialistas vascos que se han mostrado críticos.

LA NEGOCIACIÓN CON ETA, EN LA PICOTA
"Zapasuno", protagonista absoluto, y sobre Gallardón se pidió calma
C.L.A. elsemanaldigital 11 Junio 2006

A la concentración convocada por las víctimas del terrorismo en la Plaza de Colón aún llegaban ríos de gente por las calles adyacentes cuando el acto estaba a punto de terminar.

10 de junio de 2006. Un acto colorista, a pleno sol del atardecer de junio, con el rojo y gualda de miles de banderas españolas como signo distintivo y dos grandes lemas en centenares de pegatinas adornando solapas, bolsos y gorras: Negociación, en mi nombre, ¡no! y ¡Queremos saber la verdad! Ha sido la cuarta gran marea humana convocada por las víctimas del terrorismo en Madrid, y la primera bajo la forma de concentración, y no de manifestación.

A las 17.45, un cuarto de hora antes de la hora prevista de inicio, la Plaza del Descubrimiento (Colón) ya se encontraba abarrotada en la mitad que mira hacia la calle Génova, que comenzaba a taponarse, mientras al lado este del rectángulo llegaba una auténtica riada humana desde la calle Goya. En menor medida se alimentaba al norte y al sur por el Paseo de la Castellana, donde decenas de miles de personas se iban apostando en las zonas de sombra, para no quedarse atrapados a pleno sol cuando ya no se pudiese dar un paso. No tardó en llegar ese momento.

Media hora después, con los discursos ya en marcha, todo un círculo en torno a Colón se había cerrado, y el acceso resultaba imposible. ¿Había llegado la concentración a su punto álgido? En cuanto a discursos de los convocantes y gritos de los asistentes, sí pero continuaba llegando gente desde la calle Velázquez por el este, e incluso desde el puente de Juan Bravo por el norte... y perdón a quien no conozca Madrid. Pero esto viene a significar que el máximo de asistencia se registró al disolverse la concentración: una pena que no haya estado ahí para contar cabezas Constantino Méndez, dimitido hace semanas de la Delegación del Gobierno en Madrid.

Corrillos y pancartas
Por cierto, que el Caso Bono que le costó el cargo no se ha olvidado. En más de un grupito pudimos escuchar a amigos y familiares comentar unos con otros las particularidades del caso: "¡Si sólo se vio, y en un momento fugaz, el palo de una bandera!", dice uno; "¡Y te vienen a buscar a tu casa de noche, como la Gestapo!", apostilla otro; "¡Es que me podría haber ocurrido a mí!", concluye el de más allá.

Pero no se han escuchado muchas voces contra quien entonces era ministro del Interior, José Antonio Alonso. La estrella de estas manifestaciones, a nivel de ministro, sigue siendo María Teresa Fernández de la Vega, acompañada ahora de Alfredo Pérez Rubalcaba, y en menor medida de José Blanco. Aunque acaba imponiéndose la jerarquía: el protagonista absoluto de la tarde, junto a las víctimas del terrorismo y su exigencia de "memoria, dignidad y justicia", fue el presidente del Gobierno.

Cientos de pancartas y carteles dieron rienda suelta a la imaginación popular aludiendo a José Luis Rodríguez Zapatero, de quien además se corearon los clásicos ¡Zapatero, dimisión! y ¡Zapatero, embustero! En unas se le pedía que bajo ningún concepto negocie con los terroristas, en otras se le exigía información sobre el 11-M, pero quizá la que le denominaba Zapasuno sintetiza mejor que ninguna otra el espíritu de los manifestantes. Un gran cartel, colocado en lugar bien visible, separaba con un corazón (sin flechita de Cupido, al menos) los nombres de Zapatero y ETA: se pasó unos cuantos pueblos su autor.

Aclamaciones y advertencias
O tal vez sólo quiso significar lo mismo que Ángel Acebes al afirmar que "el proyecto de Zapatero es el proyecto de ETA", esto es, la asunción del principio batasuno de las dos mesas. El caso es que el secretario general del PP fue muy aplaudido y aclamado a su llegada, con tanto énfasis en el ¡A-ce-bes, A-ce-bes! como se puso en el ¡Presiden-te, Presiden-te! al aparecer Mariano Rajoy.

¿Y sobre Alberto Ruiz-Gallardón? Por lo que este cronista ha podido ver, su polémica con Federico Jiménez Losantos sólo ha tenido una incidencia tangencial en el grueso de la concentración. Hubo unos abucheos contra el alcalde de Madrid, pero los altavoces de la organización, rápidos y eficaces, los cortaron de raíz y pidieron a los asistentes "máximo respeto hacia todas las personas que han venido a solidarizarse con las víctimas del terrorismo"; y con sentido común abogaron por que "mañana no pueda quedar manchada esta concentración" con cualquier acto de desconsideración hacia nadie.

Un último apunte
Y debería tener en cuenta el Gobierno una cosa. Era posible ver, en los aledaños de la concentración, a cientos y cientos de personas llegadas de fuera de Madrid, y a quienes les resultaba imposible acercarse lo suficiente al centro neurálgico de la concentración para atender a los discursos, e incluso para participar en lo más divertido: el calor de los vítores, los gritos y los lemas compartidos. Esto es, cruzaron España solamente para estar, sin más compensación que la solanera y la satisfacción del deber cumplido.

Que su presidente del Gobierno se permita expresiones despectivas sobre ellos, mientras corre a sentarse a la mesa con Arnaldo Otegi, hacía hervir la sangre más que el golpe de sol. Un sol de justicia, acorde con lo único que se le pide a Zapatero.

A TRAVÉS DE UNA CARTA
Arcadi Espada expresa su "enérgica condena al boicot" sufrido por Rajoy y se solidariza con el PP
La plataforma "Ciutadans de Catalunya" que lidera el periodista Arcadi Espada ha enviado este sábado una carta de apoyo al PP y su presidente Mariano Rajoy por los abucheos y la "cacerolada" que recibió en el Mercado de Collblanc de Hospitalet de Llobregat (Barcelona). En la misiva, la plataforma expresa su "enérgica condena al boicot" sufrido por Rajoy, y lamentan que los insultos e intimidaciones "hayan dificultado un acto que debería haberse desarrollado con la mayor normalidad democrática".
Europa Press Libertad Digital 11 Junio 2006

La plataforma "Ciutadans de Catalunya" que lidera el periodista Arcadi Espada ha enviado este sábado una carta de apoyo al PP y su presidente Mariano Rajoy por los abucheos y la "cacerolada" que recibió en el Mercado de Collblanc de Hospitalet de Llobregat (Barcelona). En la misiva, la plataforma expresa su "enérgica condena al boicot" que ha sufrido el presidente del PP en el acto ocurrido en L'Hospitalet de Llobregat. Lamentan que los insultos y las intimidaciones "hayan dificultado un acto que debería haberse desarrollado con la mayor normalidad democrática".

Este grupo de ciudadanos considera "intolerable esta privación por la fuerza de su derecho a expresarse libremente" y se niegan a aceptar que ataques como este tengan cabida en un "sistema que tiene que amparar la seguridad y la libertad de sus ciudadanos"

Asimismo, exigen que la "alarmante" frecuencia con la que se repiten estos comportamientos disminuya de "forma tajante" permitiendo que "una formación política que como el PP, que mantiene posturas críticas con las imperantes en el actual "establiment catalán", puedan ejercer su derecho a disentir sin verse abocados a temer por su integridad".

García de la Concha: "El diccionario histórico será una obra magna de la lengua"
El director de la Real Academia de la Lengua explicó que este organismo tiene un "gran banco de datos", con unas 300 millones formas lingüísticas, de las que un 20 por ciento corresponden al período medieval.
EFE. Logroño Heraldo de Aragón 11 Junio 2006

| El director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), Víctor García de la Concha, afirmó en Logroño que el Diccionario Histórico de la Lengua Española será "una gran obra magna" de la Lengua Española en su vertiente histórica.

García de la Concha hizo estas declaraciones en una conferencia de prensa, junto al vicepresidente de la Fundación San Millán de la Cogolla, Luis Alegre, el director del Centro de Investigación de la Academia de Ciencias y Letras de Heildelberg (Alemania), Bodo Müller, y el director del proyecto del Diccionario Histórico, el académico José Antonio Pascual. El director general de la RAE explicó que la reunión concluye tres días de trabajo, en La Rioja, con Bodo Müller, para estudiar la posible integración del fichero y Diccionario del español medieval que elabora este centro alemán al Diccionario Histórico de la Lengua Española.

La documentación del registro que atesora este organismo de Alemania, con un millón de fichas, añadió, "puede ser muy valiosa" para incorporarla a la investigación del proyecto de Diccionario Histórico, que la RAE encargó en 2002 al Centro Internacional de la Investigación de la Lengua Española, dependiente de la Fundación San Millán de la Cogolla.
"Un gran banco de datos"

El director de la RAE explicó que este organismo también tiene un "gran banco de datos", con unas 300 millones formas lingüísticas, de las que un 20% corresponden al período medieval. También informó de que la RAE mantiene conversaciones con otros organismos, como el Consejo de Investigaciones Científicas (CSIC), universidades, e investigadores que puedan ofrecer distintas aportaciones a este Diccionario Histórico que "ha de ser la obra magna" de la Lengua Española en su vertiente histórica.

El resultado de la coordinación entre distintos estamentos e investigadores, puntualizó, será este futuro Diccionario, cuya elaboración está previsto concluir en los próximos diez años, aunque a medida que concluyan las investigaciones se ofrecerán sus resultados a los científicos y estudiosos de este ámbito.

García de la Concha puntualizó que la decisión de incorporar el trabajo de Bodo Müller al proyecto de Diccionario Histórico no está tomada, pero lo calificó de "gran categoría". Para Bodo Müller, el Diccionario Histórico de la Lengua Española "ha de estar especializado en la semántica aplicable a diversas disciplinas, como la Lingüística, Semántica y la Lexicografía".

Por su parte, José Antonio Pascual calificó de "excelente" el fichero español de que dispone el Centro de Investigación de la Academia de Ciencias y Letras de Heildelberg, sobre todo, en lo referente a los siglos XIII, XIV y XV.

Este fichero alemán, en su opinión, está "perfectamente organizado para su uso y recoge los textos más fiables del momento, además de ofrecer una base de filología fuerte, imprescindible en el período medieval" como para incorporarlo al Diccionario Histórico.

Ciudadanos de Cataluña hablará en castellano en la investidura del próximo gobierno catalán
Email  11 Junio 2006

Ciudadanos de Cataluña, que los próximos 8 y 9 de julio se constituirá en partido político para concurrir en las elecciones autonómicas se ha comprometido a realizar al menos la mitad de su discurso en la sesión de investidura en castellano, una lengua que no se utiliza en el parlamento catalán desde hace una década

Ciudadanos de Cataluña, la plataforma "posnacionalista" creada por Arcadi Espada, Albert Boadella y el constitucionalista Francesc de Carreras, que los próximos 8 y 9 de julio se constituirá en partido político para concurrir en las elecciones autonómicas catalanas, que posiblemente se convocarán para el próximo otoño, espera obtener entre dos y cuatro
representantes y se han comprometido a realizar al menos la mitad de su discurso durante la sesión de investidura del próximo presidente de la Generalitat en castellano, una lengua que no se utiliza en el parlamento catalán desde hace una década, según comentó De Carreras. La intención de este partido será la de "salir del armario" linguístico y demostrar que no ser nacionalista y utilizar el castellano "no es sinónimo de ser facha", dijo José Domingo, miembro de la ejecutiva.

Francesc de Carreras considera que para su interés como partido es mejor que el candidato del PSC sea el actual presidente catalán, Pasqual Maragall, en lugar del ministro de Industria, José Montilla,"aunque el PSC se ha teñido tanto de nacionalismo que ya no se conserva la sensación de que Montilla era el otro alma del PSC".
Según su análisis, "si quitas "cuatro" votos al PP eso no influye nada en la política catalana. Quitárselos al PSC sí, porque tiene repercusiones en el PSOE".

Ciudadanos de Cataluña, que hace campaña por el "no en el referéndum sobre el Estatuto, considera que si gana el "sí", las consecuencias del estatuto se extenderán y añadirá confusión a un esquema territorial que ya estaba cerrado y que "ha exportado a España una enorme complicación", dijo De
Carreras. Tras señalar que la campaña de referéndum es la que menos participación popular registra de todas las celebradas, señaló que una participación por debajo del cincuenta por ciento "acaba con el mito de la Cataluña nacionalista".
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