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Recortes de Prensa     Domingo 18 Junio  2006
Epílogo constitucional en catalán
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 18 Junio 2006

... La falaz adhesión a la Carta Magna es una actitud simétrica a la que mantienen la izquierda y los nacionalismos respecto del PP y de la derecha española en general. Mientras se reclama su participación en los grandes quehaceres del Estado, se trama su liquidación como posible alternativa política...

LAS Constituciones, y desde luego la nuestra, comienzan con prólogos muy enfáticos, pero ninguna incorpora epílogos. Sin embargo, los epílogos constitucionales existen y son aquellos hitos históricos, bien de carácter fáctico, bien normativos, que sentencian su pérdida de vigencia o su derogación expresa. Si hoy, como parece muy probable, los catalanes aprueban en referéndum el proyecto de Estatuto de Cataluña, la Constitución española de 1978 habrá entrado de facto en su epílogo; es decir, su vigencia, en parte sustancial, habrá decaído de manera me temo que irreversible.

La bilateralidad que incorpora el nuevo texto estatutario establece un nivel de interlocución entre el Estado y la Generalidad impropio de su naturaleza unitaria y autonómica, y es coherente con un modelo confederal. Además, la apropiación de competencias del Estado, la privación a éste de su capacidad normativa para la elaboración de las leyes de bases, la incorporación en el mismo Estatuto de la fórmula de financiación de Cataluña y las menciones al carácter nacional de determinadas realidades catalanas crean un modelo incompatible con la Constitución autonómica al tiempo que conforman una ciudadanía -la catalana- diferenciada de la común española.

Sería cínico llamarse a engaño: la letra y el espíritu del nuevo Estatuto catalán han buscado la ruptura del modelo constitucional de 1978 sin que la izquierda que coadyuvó a erigir, primero, y pilotar, después, la transición democrática haya salido en defensa de su propia trayectoria. La reciente abdicación periodística de Felipe González en la reivindicación del protagonismo del socialismo democrático en la ardua labor constitucional de hace casi tres décadas deja huérfanos de expectativas a los que todavía creían -creíamos- que en el PSOE alentaba una naturaleza sabiamente jacobina.

El designio rupturista del actual Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero, seguramente inspirado en un revisionismo radical, ha ido creando sus agarraderas políticas y sociales. La primera, el mismo Estatuto catalán, pero también otras: la denominada memoria histórica, la alteración del modelo familiar, la supresión precipitada de la discusión ética acerca de la manipulación genética, el modelo educativo laicista -con esa nueva moralidad estatalizada en la asignatura denominada educación para la ciudadanía- y, muy probablemente, la metodología del diálogo con la banda terrorista ETA que bien podría acabar con la transformación de la actual comunidad autónoma vasca en la tercera entidad política de un futuro Estado confederal.

Este proceso de ruptura fáctica de la Constitución de 1978 es compatible con las protestas de adhesión a ese texto normativo con que el Gobierno, su partido y los de su entorno emboscan sus verdaderas intenciones. La falaz adhesión a la Carta Magna es una actitud simétrica a la que mantienen la izquierda y los nacionalistas respecto del Partido Popular y la derecha española en general. Mientras se reclama su participación en los grandes quehaceres del Estado, se trama su liquidación como posible alternativa política. En realidad, la ruptura constitucional y la anulación de la derecha democrática como alternativa son fases, a veces simultáneas, de un mismo propósito que consiste en la creación de un férreo eje de complicidades entre el socialismo del siglo XXI y los nacionalismos vasco y catalán para repartirse el poder -con vocación de eternidad- en Vitoria, Barcelona y Madrid. En ese propósito ha de entenderse la estigmatización del PP en Cataluña -agresiones incluidas a sus dirigentes durante la campaña del referéndum y miserablemente aceptadas por buena parte de la clase política catalana- y los quiebros del presidente del Gobierno al del PP en su arrítmica interlocución en torno al mal llamado proceso de paz con la banda terrorista ETA.

Pero la ruptura no estará consumada si no se recorren tres etapas más: el aquietamiento del poder judicial y de la jurisdicción de garantías constitucionales; la neutralización de la Iglesia en su función institucional, por un lado, y cohesiva en cuanto referente histórico del hecho nacional español, por otro; y la adaptación de la Corona a un trazado jurídico-constitucional muy diferente al actual. La demostración de que jueces y tribunales conforman el poder judicial independiente del Ejecutivo, con posibilidades, en su ámbito competencial, de frustrar las transgresiones que todos los gobiernos tienden a intentar para lograr sus objetivos nos conduce a una reforma legal que, además de reducir al Tribunal Supremo a la mínima expresión -como está previsto en el nuevo Estatuto catalán-, liquidará la Audiencia Nacional para, sin esa jurisdicción especializada, franquear los acuerdos a los que eventualmente pueda llegarse con los terroristas. La revisión de los acuerdos entre España y la Santa Sede -los de 1976 y 1979- no está en la agenda gubernamental, pero la judicialización de su cumplimiento, según ha anunciado el cardenal primado, los aboca a un deterioro definitivo. Y la prometida reforma del Título II de la Constitución sobre la Corona -que exige un procedimiento de revisión agravado, con referéndum mediante- arroja sobre la forma monárquica del Estado algunas y muy serias inquietudes.

Podrá tacharse este planteamiento de pesimista, pero en modo alguno de inverosímil. Y si no lo es -que no lo es en absoluto- parecería inteligente que la derecha democrática española estuviese ya barajando respuestas y alternativas. Y no sólo la derecha política, sino también la social y empresarial, además de la propia Iglesia jerárquica, todos ellos estamentos concernidos por la estratagema de socialistas y nacionalistas, pero, por desgracia, enfangados en visiones de muy corto alcance, en diatribas internas y en emisiones a la sociedad repletas de interferencias anacrónicas y reactivas.

La izquierda que hoy está en el Gobierno de España destaca por un rasgo aparentemente -sólo aparentemente- contradictorio con su discurso buenista, que es el de su implacabilidad. La ruptura constitucional -y la consiguiente de valores-estaba preanunciada en los primeros compases de la legislatura y el desarrollo de la partitura está resultando armónica y sostenida, sin debilidades ni fases dubitativas. La respuesta a la radicalidad con la radicalidad, tratando de extirpar por unos y por otros el moderantismo político en la derecha, siempre más feraz en ideas y en estrategias que el integrismo frustrante tan estúpido como autosatisfecho en el proceloso devenir español, es uno de los grandes errores en los que el PP y otros sectores están incurriendo, porque desprecian la variable social -el estado de la cuestión en la ciudadanía española que se ha transformado de manera vertiginosa- a la que habría que incluir entre otras para alcanzar un buen diagnóstico del porqué y del para qué del epílogo constitucional que hoy se va a redactar en Cataluña.

Si la izquierda y los nacionalistas han aplicado la sutileza taimada en una operación múltiple -jurídica, política y social- de liquidación, parece obvio que la derecha política y social no debiera contestar a esta añagaza con una actitud tan previsible como la que plantea ahora. Es necesario que mientras se redacta el epílogo de la Constitución de 1978 se esté ya comenzando a redactar el prólogo de otra para una España nacional con un Estado unitario y verdaderamente autonómico con Monarquía parlamentaria. Sería, de nuevo, una España de ciudadanos y no de territorios. Una España contemporánea y no feudal, como ésta que rediseñan los nostálgicos al hilo de esa malhadada y selectiva memoria histórica.
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS, Director de ABC

El Estado menguante
Por IGNACIO CAMACHO ABC 18 Junio 2006

ES cierto que España no se va a romper hoy, cuando se apruebe el Estatuto catalán, pero va a quedar muy debilitada en su cohesión social, en su estructura política, en su solidaridad territorial y en su equilibrio económico. España es una realidad -nacional, en su verdadero sentido- muy sólida que ha resistido históricamente embates de sinrazón y delirios rupturistas, cosida como está en su armazón interior por hilos invisibles que trascienden las enajenaciones artificiosas construidas por el desvarío nacionalista. Por eso también aguantará este disparatado e innecesario desgarrón tramado desde el oportunismo ventajista y la irresponsabilidad política, pero saldrá del trance maltrecha y empobrecida, desgastada y quebradiza, zarandeada y exangüe. Y, desde luego, gravemente perjudicada en la condición igualitaria que caracterizaba el orden constitucional del 78, subvertido por un designio egoísta y errático que pulveriza la nación de ciudadanos y posterga los derechos individuales a favor de presuntos derechos colectivos.

España seguirá siendo España, pero el Estado va a ser menos Estado, un Estado menguante a merced de los blindajes de competencias, impotente ante las reivindicaciones caprichosas de las autonomías, inerme para imponer leyes comunes, sometido al empuje intrusivo de los poderes territoriales, incapaz de unificar la prestación de los servicios públicos. Y el resultado será una España desigual en la que los derechos de los ciudadanos dependerán de la región en que vivan, y en la que poco a poco se irá trazando una línea de quiebra socioeconómica que este proyecto de nación a la carta va a consagrar en medio de un desaprensivo pillaje autonómico.

Con un Estado más débil, incapaz de articular la redistribución de los recursos porque lo impedirán los nuevos estatutos redactados según el ejemplo catalán, las regiones más prósperas se distanciarán a medio plazo de las más pobres, y se producirá un gap, un agujero de diferencias de desarrollo. Cuando se consume el nuevo reparto financiero y desaparezcan al mismo tiempo los fondos y las subvenciones europeas, el Estado carecerá de instrumentos y de poderes para compensar el nuevo (des)orden territorial, y cada cual tendrá que aviarse como pueda. De modo que la nación pujante y equilibrada de los últimos veinticinco años quedará descompuesta en una serie de taifas virreinales que pugnarán entre sí haciendo trizas la solidaridad y descolgando, no sólo a las comunidades con menos recursos, sino a los ciudadanos que viven en ellas.

No, España no va a romperse hoy, ni mañana. Simplemente comenzará una etapa que corroe su consistencia estructural y adelgaza hasta la anorexia las garantías democráticas del Estado. Será un declive lento y poco perceptible a primera vista, pero ese aplazamiento no diluirá jamás la responsabilidad histórica de los promotores de un proceso demencial. Que no están solamente, por cierto, en la Cataluña ensimismada que se dispone a celebrar el éxito de su ambicioso ventajismo.

Convidada a referéndum
Por ANTONIO BURGOS ABC 18 Junio 2006

HOY no se celebra en Cataluña un referéndum para la reforma del Estatuto de autonomía. No. Pero no voy por ese lado de que de autonomía, nada, monada: que cómo va ser Cataluña simplemente una autonomía, como Murcia o Extremadura. Si el Barsa es más que un club, Cataluña es más que una autonomía, este Estatuto es más que un estatuto, este referéndum es más que un referéndum... y esto es una vergüenza.

Se celebra hoy el comienzo oficial de lo que el cronista de Indias llamaría «la destruición de España». Y es apropiado el cronista de Indias: el resto de los españoles estamos haciendo el indio ante Cataluña y ante este chupinazo de los separatismos. De momento lo de hoy, su intendencia, su infraestructura, su logística, se lo pagamos nosotros a los separatistas. No les pagamos precio político como a la ETA, sino euritos contantes y sonantes. El Consejo de Ministros aprobó el viernes que usted, y yo, y aquel señor de Huelva, y aquel otro de Toledo, apoquinemos entre todos 6,2 millones de euros para convidar a referéndum a los catalanes, ya sabe usted lo poco aficionados que son a gastarse un duro. Vamos, como si al ratero que le quita a usted la cartera en el autobús le tuviera encima que pagar el billete para que pudiera desplumarlo convenientemente.

¡Me hacen a mí una gracia estos catalanes! Mucho pedir que se retire la Guardia Civil, mucho quitar el retrato del Rey de las comisarías, y venga a poner mozos de escuadra (de escuadra de gastadores, de gastadores de dinero ajeno)... Pero cuando tienen un problema gordo de asaltos a chalés a causa de la libre importación de bandas de delincuentes, van y piden guardias civiles a Madrid. Y somos tan tontos, que a los que no quieren ser españoles les mandamos enterita la promoción que acaba de salir de la Academia de la Guardia Civil.

Es la sublimación del absurdo. Los convidamos a Guardia Civil, los convidamos a referéndum y encima intentan aprobar una Constitución intervencionista, separatista, Muro de Berlín disfrazado de Estatuto. Y el presidente del Gobierno de España, en persona, pide el «sí» a ese Estatuto que será una nueva versión de los Pirineos. Los Pirineos nos separan de Francia y el Estatuto nos separa de los que nos quitan la cartera. Y como estamos instalados en el absurdo, hasta nos parece natural. No Passsa Nada. Pero chorrea sangre que a unos tíos que se quieran erigir en nación independiente los convidemos a referéndum para que lo sean, y vaya el presidente del Gobierno de la única nación española y se ponga con todo el aparato del partido y del poder a pedir el «sí» y a satanizar a los que intentan mantenerse fuera de la aceptación del absurdo. ¿Habrá absurdo más grande que Madrid pida el «sí» para el separatismo catalán? Tan absurdo como si los verdes ecologistas y animalistas pidieran el «sí» para el nuevo reglamento taurino. Como si monseñor Rouco Varela presidiera la Asociación de Ateos Españoles. Como si en la cena de clausura del Congreso de Vegetarianos sirvieran un menú a base de ternera de Lugo. Como si Belén Esteban fundara el Club de Fans de la Campanario.

Y Madrid pide el «sí», y No Passsa Nada. Y les pagamos el referéndum para que inicien el camino de la independencia, y No Passsa Nada. Y van a la papelera cuatro millones de firmas que pedían algo tan lógico como que antes de todo esto había que hablar con la madre de la muchacha, que es España entera, y No Passsa Nada. Tengo ganas de ver la papelera del despacho de Don Zetapé. Dios mío de mi alma, ¿cómo tiene que ser de grande esa papelera para que quepan los cuatro millones de firmas que pedían que por lo menos nos preguntaran si estábamos dispuestos o no a que los catalanes nos quiten la cartera? Nada, firmas a la papelera, y a los cuatro millones de abajofirmantes nos ponen de paganinis, a tocarles el violón a los que nos tocan eso mismo en lo que está usted pensando...

¿Es soberano el pueblo?
POR GRACIÁN (*) ABC 18 Junio 2006

EN nuestro régimen político la soberanía reside en el pueblo español. Él fue el poder constituyente que aprobó la Constitución de 1978. Él lo sigue siendo ahora, ya que la propia Constitución dispone que «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado» (1.2 CE), y por eso la ley es «expresión de la voluntad popular» (preámbulo CE). Y él, nosotros el pueblo, será en Derecho el único poder constituyente que pueda llevar a cabo alguno de los cambios fundamentales del régimen, tal como señala la propia Constitución en su artículo 168: cuando ésta se revise totalmente, o cuando se revise en parte si tal revisión afecta a su Título Preliminar, al relativo a la Corona o a la regulación de los derechos fundamentales y libertades públicas. Para modificar estos puntos la Constitución dispone que el pueblo de España debe manifestarse doblemente, primero mediante elecciones a nuevas Cortes Constituyentes, y después mediante referéndum de todo el pueblo español.

Por ello, cuando la Constitución ordena acudir al poder constituyente, que es el pueblo español, y no se hace así, hay fraude constitucional, pues se le priva de la soberanía.

Hay así fraude contra el pueblo soberano cuando un Estatuto de Autonomía declara, sin acudir a él en la forma constitucionalmente establecida, que determinados poderes no emanan de él, sino de parte de él. O que España no ha sido constituida por una Nación española sino por varias naciones, contra lo que dice claramente el artículo 2 de la Constitución, que está en el Título Preliminar. O modifica el catálogo de derechos y libertades públicas contenido en la Sección 1ª del Capítulo Segundo del Título I de la Constitución, haciendo así que los españoles no sean iguales ante la ley, lo que evidentemente requeriría acudir al pueblo español en función del citado artículo 168.

También se defrauda al pueblo soberano cuando los poderes constituidos modifican por su cuenta y sin acudir a él la estructura esencial de España como Estado, su actual Régimen político. Esto sucede:

-Si se modifica su vigente forma política, que es la Monarquía Parlamentaria, sin cumplir los cauces constitucionalmente previstos en el artículo 168 de la Constitución. En un Estado democrático de Derecho moderno ya no caben plebiscitos encubiertos y no regulados por la ley sobre el Régimen, como el que tuvo lugar en España el día 12 de abril de 1931, cuando a través de unas elecciones municipales (ni siquiera parlamentarias) se cambió la Monarquía por una República, dejando sin efecto por la fuerza de los hechos y sin amparo legal alguno la Constitución de 1876 (a pesar de que se eligieron 39.568 concejales partidarios de la República y 40.324 de la Monarquía).

-Si sin acudir al pueblo español España es transformada de hecho en una Confederación o Unión de Comunidades Políticas en la que el Estado español carece en la práctica de Poder efectivo. El apartado primero del artículo 1 de la Constitución, que está en el Título Preliminar, dice que España es «un Estado». Es uno. Por tanto, un Poder constituido no puede crear por su cuenta una Confederación.

-Si sin acudir al pueblo español el Estado es transformado por los poderes constituidos en un Estado federal o confederal. El artículo 2 de la Constitución diseña el Estado Autonómico, con un Estado único y descentralización por regiones y nacionalidades. No hay Estado federal ni confederal. Es un fraude convertir el Estado con Autonomías en un Estado federal o confederal sin apelar al pueblo y sin cumplir los requisitos democráticos y legales establecidos en nuestro Estado de Derecho.

El pueblo soberano no puede permitir que poco a poco un nuevo régimen se vaya imponiendo por la fuerza de los hechos: se pretende que haya varias naciones. Se construye en la práctica un Estado confederal. Se utiliza el Estado como moneda de cambio en función de los intereses particulares. Se tiende a transformar aquellas naciones en estados, a formar una confederación de comunidades políticas libremente asociadas... El resultado es algo que en nada se parece a lo que diseñó el soberano pueblo constituyente en 1978. Y además establecido contra las previsiones constitucionales. Ya ha sucedido.

Por ley de 15 de septiembre de 1932 se aprobó un Estatuto de Cataluña en el que ésta se constituía en «Región Autónoma» dentro del Estado español (artículo 1), y en el que se regulaba expresamente la modificación por cauces legales del propio Estatuto, requiriendo para ello la aprobación de las Cortes de la República (artículo 18). A pesar de ello, el día 6 de octubre de 1934 Cataluña proclamó por su cuenta el «Estado Catalán» dentro de la República Federal Española. Lo que a su vez motivó un decreto del Gobierno de España en el que se declaraba «el estado de guerra en todo de territorio de la República española». Este decreto justificaba la declaración del estado de guerra en «la necesidad de reestablecer el imperio de la Constitución», y de «conservar las libertades que ha reconocido la República».

¿Qué hacer? Una comunidad de hombres libres e iguales únicamente puede modificarse por eso que Kant llamaba la voluntad popular universalmente unida, y Rousseau, la voluntad general. Voluntad que se compone en democracia mediante la participación de la voluntad individual de todos los ciudadanos, conformándose así la «voluntad popular» de la que habla la Constitución española, la voluntad del pueblo español. ¿Qué hacer, por tanto? Aprendamos las lecciones de la Historia. Hagamos que el pueblo sea realmente soberano. Construyamos España, sí, pero hagámoslo cumpliendo y haciendo cumplir sin fraudes ni artificios la Constitución vigente, también para reformarla. Cuando ella lo exige hay que acudir al pueblo, a todo él. Sólo así conservaremos las libertades que la Constitución nos garantiza. Y, además, esto es lo democrático: acudir al propio pueblo español para reformar la Constitución que él se ha dado a sí mismo.
(*) Colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio

Automatismos
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 18 Junio 2006

La campaña catalana ha transcurrido mal y se ha cerrado peor: con dos heridos en la última convocatoria de Ciudadanos de Cataluña. Previamente, se habían reventado actos del PP, con la comprensión del ministro Montilla. Que fuera a suceder lo que ha sucedido resulta enteramente natural, dado el clima imperante. Los parafascistas del nacionalismo radical han sacado las conclusiones prácticas que se desprendían de los lemas usados por el PSC para promover el «sí» en el referéndum. La idea, recuérdenlo, es que defender a Cataluña es lo mismo que oponerse al PP. Luego el PP es el enemigo de Cataluña. Luego hay que barrerlo de la patria, con el remango con que se fumiga un inmueble infectado por las cucarachas. Los errores históricos brotan de un suelo abonado con dosis pertinaces de inaudita imprudencia. Aquí se están haciendo ensalmos para que las cosas se tuerzan. Colóquense en el pellejo de un votante tradicional de la derecha. ¿Qué mensaje le llega?

Comprueba, primero, que se ha alterado el régimen constitucional por la puerta de atrás y sin contar con su partido. Constata, a continuación, que defender sus ideas es peligroso físicamente. Ve que un ministro del Gobierno echa a barato los abusos, y quizá recuerde que el presidente se negó a condenar formalmente las manifestaciones y violencias frente a las sedes populares en vísperas de las últimas legislativas. Ese votante se preguntará qué clase de democracia es ésta. Y en un porcentaje que podría llegar a ser significativo, acabará pensando que esta democracia no es su democracia.

¿De qué polvos vienen los lodos? Probablemente, de bastante más atrás de lo que se supone. Pero dejo los análisis retrospectivos para otra ocasión. El caso de Cataluña es interesante, no sólo por el enorme peso específico de la región en el conjunto de España, sino porque en Cataluña ha fraguado con peculiar dureza el clima de opinión que condena a la derecha al ostracismo. Ese clima de opinión, muy intervenido por el nacionalismo, no se explica sólo en clave nacionalista. Los automatismos a través de los cuales se manifiesta, operan también en otras zonas del país. Permítanme, antes de seguir adelante, que les aclare qué entiendo por «automatismo».

Los automatismos, en la vida política y moral, son los juicios que se emiten con persuasión absoluta, esto es, como si fueran verdades evidentes. En este sentido, el automatismo excluye el razonamiento. El que razona, realiza un esfuerzo por convencer a su interlocutor. No da por hecho, quiero decir, que el otro deba estar necesariamente de acuerdo con lo que él piensa.. El enjuiciador automático entiende, por el contrario, que no existen alternativas a sus pensamientos. Cuanto mayor sea la superficie ocupada por los automatismos en el discurso público, menor será el papel que se reconoce al diálogo y más estrecho el espacio reservado a la discrepancia.

Pues bien, lo que más sorprende al no catalán que se asoma a los medios de comunicación catalanes o que tiende el oído a lo que se dice por esos pagos, es la gigantesca proliferación de los automatismos. Todos son lugares convenidos, todo son hinchazones que no dejan resquicio al que preferiría colocarse fuera del lugar común. Que se lo pregunten, por ejemplo, a los miembros de Ciudadanos de Cataluña, poco sospechosos, en su visión general de las cosas, de coincidir con el PP. Su gran falta es haberse desmarcado. Como se han desmarcado, están marcados.

Volvamos a la situación apretadísima de la derecha no nacionalista. La eficacia arrolladora de los automatismos se traduce en la contundencia con que se descalifica al PP con argumentos que no son argumentos. Los automatismos están tan incrustados en el ambiente, que afectan incluso a personas inteligentes y no comprometidas en la batalla política. He oído decir, una y mil veces, que el PP no tendrá nada que hacer en Cataluña mientras sigan asomando la gaita Zaplana y Acebes. Es verdad que ambos hicieron un papelón en los días comprendidos entre el 11 y el 14-M. Es cierto que a Acebes se pasó el otro día tres pueblos, a propósito de ETA y el Gobierno.

Es verdad que él y Zaplana presentan un perfil anguloso. Ahora bien, que esto pueda contar como definitivo cuando ni uno ni otro promueven posturas inconstitucionales, ni reclaman la supresión del Estado autonómico, ni, para colmo, son presencias tan importantes en Cataluña como la de Piqué, tan poco anguloso que se podría decir casi que es cóncavo, que esto, repito, se alegue como un argumento aplastante, produce la más absoluta de las estupefacciones.

Se pregunta uno qué tendría que hacer el PP para no parecer terrible. Y como no acierta a convencerse de que el PP sea terrible por el mero hecho de que dos de sus cargos son presuntamente antipáticos, o están quemados por actuaciones pasadas, aterriza en la sospecha enojosa, enojosa por cuanto apunta a una circunstancia políticamente incurable, de que el PP es terrible porque es terrible. Es terrible en sí. O es terrible porque es el otro, el ajeno.

Vibraciones semejantes, y sólo un poco atenuadas, recorren el ámbito nacional. No es el camino.

Un Estatuto que entierra el futuro
Ignacio Villa Libertad Digital 18 Junio 2006

El domingo es la fecha elegida para el referéndum sobre la reforma del Estatuto de Cataluña El 18 de junio, una fecha que va a marcar –sin duda– un cambio de ritmo en la presente legislatura. Estamos ante el inicio efectivo del cambio de régimen diseñado por Rodríguez Zapatero. Un cambio que se inicia formalmente en Cataluña y que va a continuar por Andalucía, Canarias y Galicia con el País Vasco como referencia obligada. Después del Estatuto catalán ya se podrá publicitar sin tapujos la rendición del Gobierno ante los terroristas.

Llevamos muchos meses soportando una propaganda oficial, orientada a convertir en una cuestión "normal" una reforma que sólo se explica desde la irresponsabilidad sin límites por parte de Zapatero. Que nadie se engañe, nos encontramos ante una situación de emergencia nacional, sin matices, sin reservas y sin explicaciones. La reforma del Estatuto catalán y la rendición ante los terroristas forman parte de un paquete de destrucción de la actual España constitucional. Un plan que el presidente del Gobierno está ejecutando con una frialdad calculada y con una maldad no conocida.

Además, no podemos tampoco acostumbrarnos a las siguientes realidades. El texto del nuevo Estatuto catalán es intervencionista al máximo, pretende controlar al detalle la vida de los catalanes y busca la fiscalización de la sociedad. Es un ataque directo a la libertad y a los principios básicos de la democracia. Es un recorte drástico de la privacidad de los catalanes. Es una unificación soviética de Cataluña, por encima de principios y diversidades. Los mismos que hablan hasta el extenuación de la España plural, luego aplican sin vacilaciones el pensamiento único a toda una sociedad.

Cataluña, el próximo domingo va a dar una paso atrás. El domingo entra en un túnel de desastroso desenlace. Se va a ejecutar una ruptura que ahora intentan dibujar pequeña y que en muy poco tiempo se va a percibir como definitiva. Después de la campaña vivida en Cataluña estas últimas semanas tenemos el ejemplo más claro de lo que quieren para el futuro. Un futuro de exclusión, de insultos, de persecución para los que piensan diferente. Y, no lo olvidemos, es la Cataluña del Carmelo y del 3 por ciento, la misma que apuesta ahora por la ruptura. Zapatero que dice querer a Cataluña, está enterrando el futuro de toda una sociedad.

La victoria del miedo
Ignacio Cosidó Libertad Digital 18 Junio 2006

Este domingo se vota en Cataluña su nuevo Estatuto. Mi previsión es que la participación será baja, porque el abismo entre unos políticos catalanes exclusivamente preocupados por copar el poder y las preocupaciones reales de los ciudadanos son cada vez mayores. Mi intuición es que habrá también un voto negativo considerable, mayor del que auguran las encuestas, porque existe un movimiento de rebeldía cada vez mayor en la sociedad catalana contra un nacionalismo obligatorio que amenaza con asfixiar su propia libertad.

En todo caso, la previsión oficial es que gane el sí, aunque sea con escaso entusiasmo y por un margen mucho más estrecho de lo que desearía Rodriguez Zapatero, que es al final el principal responsable de este desaguisado. Pero hoy lo único seguro es que el nuevo Estatuto, de ser efectivamente aprobado, nacerá con un consenso mucho menor que el que está vigente y pretende sustituir. Justo lo contrario de lo que pretendía Zapatero.

El sí habría ganado además haciendo trampas. Por un lado, el gobierno catalán ha movilizado todos los resortes, legales y no legales, para obligar a la sociedad a un voto positivo. Por otro, grupos de nacionalistas violentos se han dedicado a sembrar el miedo entre los que no piensan como ellos, boicoteando sus actos y amenazando y agrediendo a sus representantes con la complacencia, cuando no el aliento, de los partidos mayoritarios.

El uso que han hecho los partidarios del sí de las instituciones para provocar el voto afirmativo ha sobrepasado todos los límites éticos y legales de la acción política. El Presidente de la Generalitat comenzó mandando una carta a todos los ciudadanos de Cataluña antes incluso de que el proyecto de Estatuto fuera aprobado en el parlamento español. La campaña diseñada por la Generalitat tuvo que ser después suspendida por la Junta Electoral porque vulneraba todos los preceptos de neutralidad institucional. Finalmente, el discurso institucional de Pasqual Maragall como presidente de la Generalitat ha sido de hecho el último mitin de su partido a favor del sí, algo que merecerá sin duda una nueva reprobación de la Junta Electoral. Intentaron incluso ampliar el periodo de votación para ganar alguna décima de participación, un intento que se vio frustrado por ser ilegal.

Pero si el uso partidista de las instituciones ha sido inaceptable a favor de una de las opciones del referéndum, aún más preocupante resulta la utilización de la violencia durante toda la campaña para intimidar a los partidarios de la otra opción. Así, los actos de los partidarios del no en esta campaña han sido sistemáticamente boicoteados por grupos de jóvenes que proferían todo tipo de insultos y amenazas y que han llegado incluso a la agresión física, ante la excesiva pasividad de la policía.

Lo grave, en todo caso, no es que haya grupos minoritarios de violentos que pretendan coaccionar a aquellos que no piensan como ellos. Lo más inquietante, en el caso Catalán, es que por parte de los partidos mayoritarios se haya justificado y en ocasiones alentado esas actitudes antidemocráticas por parte de esas minorías violentas. En un país como España deberíamos haber aprendido que la violencia es un cáncer para la democracia que debe ser condenado y extirpado de la sociedad antes de que se extienda. Alentar o justificar las actitudes violentas cuando estas favorecen nuestros intereses partiditas a corto plazo o cuando se dirigen contra nuestros adversarios políticos, es el peor error que se puede cometer desde un punto de vista democrático.

Es posible que el sí gane en Cataluña. Lo haría en todo caso frente a la oposición o la indiferencia de una gran mayoría de los ciudadanos catalanes. El sí habría ganado además haciendo trampas, abusando del poder para imponer su decisión y recurriendo incluso a la violencia para obligar a una determinada forma de pensar. Sería por tanto una victoria del miedo que debe impulsar a aquellos que creemos en España, en la libertad y en Cataluña a intensificar nuestra resistencia democrática por seguir defendiendo una patria común de ciudadanos libres.

Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia.

El modelo anglosajón
Pío Moa Libertad Digital 18 Junio 2006

El enorme éxito del mundo anglosajón. De él, en especial de Usa --desde luego--, pero también de Gran Bretaña, Australia o Canadá, procede hoy, con gran diferencia, lo que llamamos cultura occidental. Y también su voluntad de resistencia, traicionada de forma vergonzosa por una Europa continental resentida e inepta, intelectualmente mellada desde la II Guerra Mundial. Por supuesto, también sale de allí mucha basura, es inevitable, pero el balance no ofrece dudas: la ciencia, el pensamiento, el arte o las manifestaciones de cultura popular, o vienen directamente de Anglosajonia o están muy influidas y condicionadas por sus tendencias. El inglés se ha convertido en un verdadero idioma mundial.

Podemos compararlo con el mundo hispánico, un ámbito muy extenso y el segundo idioma de occidente. Sin embargo su productividad cultural es muy baja, su capacidad para cooperar a un fin común más baja todavía, y su habilidad política para asentar una convivencia social fructífera, casi nula. Con la Transición, España pareció invertir esa tendencia, en un proceso juzgado modélico en todo el mundo, que influyó en otros muchos procesos parecidos. Además España es uno de los pocos países europeos que debe su democracia y su prosperidad a sí mismo, no a la intervención armada y la ayuda económica de las potencias anglosajonas. Pero ahora, treinta años después de aquella proeza, todo lo conseguido está siendo arrasado por la alianza entre un gobierno traidor a España y a la democracia, una banda de asesinos profesionales y unos corrompidos políticos secesionistas. Esta es la realidad, y si no somos capaces de verla de frente, jamás sabremos corregirla.

También los países “latinoamericanos” sufren una y otra vez la misma calamidad: lo que construye una generación, la siguiente lo echa abajo. Parece cosa del destino. Pero seguramente no lo es. Quizá debiéramos aprender del modelo anglosajón: pocos principios, pero firmes; en particular el de la libertad, barrera contra las plagas utópicas que han convulsionado a la Europa continental o al mundo hispánico. Y una prudente habilidad para apoyarse en la propia experiencia, y sobre ella corregir errores sin grandes sobresaltos. De estas cualidades, junto a un básico respeto a la obra de sus antecesores, ha nacido esa capacidad para acumular y diversificar, en contraste con nuestro vicio de despreciar lo mejor de nuestra historia y seguir a cualquier demagogo barato que promete la redención de todos los males.

Pasqual Maragall no juega limpio
Editorial ABC 18 Junio 2006

LO que mal empieza, mal acaba. La campaña para el referéndum del Estatuto catalán comenzó con el lema intolerable del PSC en contra del PP, identificado como enemigo de Cataluña, y ha terminado con una grosera manipulación por parte del presidente de la Generalitat. Pasqual Maragall cerró la campaña con un mensaje transmitido en horas de máxima audiencia televisiva, aprovechando que la Junta Electoral central había desestimado sendos recursos del PP y de ERC, con el argumento -formalmente correcto- de que no le corresponde ejercer ninguna forma de censura previa. Maragall abusó de la buena fe de los guardianes del proceso electoral, con un mensaje volcado en reclamar la participación de los ciudadanos para que aquella comunidad autónoma pueda «dar un paso de gigante como país». Todo ello acompañado de las habituales dosis de victimismo y de referencias históricas sesgadas en favor de una concepción «nacional» de Cataluña. Es llamativo que el propio Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) adoptara un acuerdo según el cual el mensaje podría ser contrario al principio de neutralidad. Maragall ha utilizado a su favor la decisión de la Junta Electoral central, de manera que el juego sucio cierra una campaña que no ha sido precisamente modélica. La igualdad entre las distintas posiciones que se confrontan ante las urnas es un elemento capital en todo proceso democrático, y en este caso ha habido coacciones físicas hacia los populares y hacia Ciutadans de Catalunya y una utilización abusiva de los medios institucionales.

El Estatuto que hoy se somete a votación supone una ruptura material del modelo constitucional vigente y en nada beneficia a los propios catalanes, puesto que el intervencionismo de los poderes públicos y las cuotas de poder que atribuye a la Generalitat otorgan ventajas a la clase política y no a la sociedad civil. De hecho, las maniobras de los defensores del «sí» son fiel reflejo de que el ambiente social es bastante frío. Aunque se apruebe en términos jurídicos, el resultado podría ser un fracaso político para los promotores del Estatuto si refleja -como es probable- el escaso entusiasmo de la gente por un debate artificial sobre identidades y competencias, mientras que se desperdicia toda la legislatura en cuanto a gestión de los asuntos que realmente importan. A mayor abundamiento, el Estatuto ha acabado con el tripartito que lo impulsaba y ha permitido el resurgimiento de CiU, lo que revela la extraña deriva de la estrategia del Partido Socialista. Zapatero y Maragall deberán echar cuentas, cada uno a su modo, acerca de las ventajas que les reporta una táctica tan errática como ajena a los intereses generales. Lo peor de todo es que las reglas más elementales de la democracia han salido malparadas durante las últimas semanas en el supuesto «oasis» que según algunos constituye la política catalana.

Hacia dónde vamos?
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 18 Junio 2006

Milité durante casi veinte años en el Partido Socialista. Lo hice con la creencia de que trabajaba para conseguir dos ideales: libertad e igualdad.

Libertad porque sin ella la persona deja de serlo. La definición clásica de "persona" es la dada por Boecio: "Sustancia individual de naturaleza racional". En la antigua Grecia "persona" era la máscara que utilizaban los actores en el teatro, para remarcar y hacer visible la individualidad intransferible de cada personaje. No existe esa identidad sin libertad. No hay personalidad sin pluralidad. No existe la persona sin diversidad. Y no conserva su naturaleza sin el reconocimiento de los derechos de cada individuo y de la célula básica en la que se encarna su dimensión social: la familia. Por eso es tan necesaria la democracia, con el reconocimiento de los derechos individuales como bien supremo, sin los cuales no tiene sentido.

Igualdad, en el sentido de acceso sin discriminación a las oportunidades, a los bienes públicos, a la protección de la dignidad personal, a la igualdad de trato por los poderes públicos.

Esos dos ideales nacen de dos tradiciones: el liberalismo, cuyas fuentes fueron la ilustración francesa y el empirismo inglés, y la socialdemocracia, cuya vocación está en la búsqueda de las condiciones suficientes para que todo hombre o mujer, en cualquier momento de su desarrollo vital, tenga garantizada su dignidad.

Con respecto a esos dos ideales hay ideologías que son incompatibles: aquellas que superponen los supuestos derechos territoriales, lingüísticos o de grupo social a los de las personas. Y aquellas otras que niegan el pluralismo político. Y también las estrategias políticas que buscan socavar la división de poderes y el imperio de la ley y de la justicia que tiene su basamento en la independencia de los jueces. Y aquellas tácticas que buscan arrinconar y agredir al rival político para segregarle de la vida pública, suponen su demolición.

Lo sucedido esta semana se nutre de dos situaciones deleznables:

La primera, con las agresiones reiteradas a las opciones constitucionalistas no afectas a la modificación de las reglas de juego colectivas que supone el aún Proyecto de Reforma del Estatuto de Cataluña. Una de las dos representa a nada menos que diez millones de españoles. Por supuesto los socialistas no son agredidos; ya no representan la idea constitucionalista y han renunciado a España como marco común de convivencia.

Resulta aún más desolador que se justifiquen llamando provocadora a la víctima del acoso. Esto me recuerda a un juez que comprendía que se hubiera producido una violación dado el estímulo de la minifalda de la mujer vejada, culpando a ésta.

Esto sólo es comparable a los acontecimientos subsiguientes al advenimiento del Frente Popular en la II República, que tan ingratos recuerdos nos legó y que produjo un enfrentamiento fraticida.

El segundo es el intento de coacción al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) por parte del gobierno vasco, tras la admisión a trámite de la querella presentada por el Foro Ermua contra Ibarretxe, por vulnerar la Ley de Partidos con la consiguiente ilegalización de Batasuna como grupo terrorista. Los partidos que sustentan al gobierno vasco piensan citar, para que comparezca en el Parlamento vasco, al presidente del TSJPV, precisamente para reclamarle la independencia de los poderes. Es una curiosa forma de entender dicha independencia. Espero que el presidente del Tribunal de Justicia se niegue a comparecer, por dignidad y en defensa de esa misma independencia que debe defender.

Espero que ahora me entiendan por qué me fui del Partido Socialista hace seis años, si bien lo sucedido ahora supera lo imaginable por mí en aquel momento.

Para Maite Pagazaortundua y el resto de la resistencia, para los que luchamos por la DIGNIDAD, LA JUSTICIA, LA MEMORIA, LA LIBERTAD Y LA VERDADERA PAZ.
Conchita Monsó 18 Junio 2006

OJO, no confundir con la ASOCIACIÓN DE VICTIMAS DEL TERRORISMO, que no tienen nada que ver.
Pus sí señores, la Fundación de Victimas del Terrorismo, que preside Maite Pagazaortundua, ha premiado por su buen hacer al programa de Iñaki Gabilondo por su actuación durate las fechas desde el 11-M`, 12, 13 y 14 de ese mismo mes del 2004. Por la información VERAZ, IMPARCIAL, JUSTA, LEGAL, Y EN APOYO A LAS VICTIMAS Y DE PASO UNA AYUDITA AL DERROCAMIENTO DEL ANTERIOR GOBIERNO. CLARO QUE EL TRIBUNAL PARA OTORGAR EL PREMIO ESTABA CONSTITUIDO POR EMPLEADOS DE MINISTROS, Y GENTE IMPORTANTE DEL PSOE. SE ENTIENDE ¿NÓ?.
a confundir y engañar al personal, digo, a los españoles, que como nos consideran tontos de baba... pues eso, si cuela y se confunde Fundación por Asociación, pues ya te la han liado y metido la cuña de la mentira y creemos que Gabilondo, la Ser, Prisa, PSOE y asociados incluidos por supuesto ETA, son unos santos, merecedores de Premios.

Pues va a ser que no, que no no los tragamos y que estamos INDIGNADÏSIMOS. En este país ya vale todo siempre que seae de los que callan a todo y aplauden babeando al circumflejo y a toda su panda. Pues NO, somos millones que NO callamos, que no estamos de acuerdo con todos los chanchullos y trampas para desviar la atención de lo que están haciendo detrás de estas pantomimas consentidas por gente que se supone que tiene que luchar por que se cumpla la ley y el que mató a su hermano cumpla pena integra en la carcel y lo hagan todos aquellos terroristas que mataron familiares de la Fundación de Victimas del Terrorismo, que repito NO TIENE NADA QUE VER CON LA A.V.T y otras Asociaciones o foros o plataformas.

Maite, me engañaste en el funeral el año pasado en Berriorozar. Te pedí que no nos dejaras de la mano de Dios y nos ayudaras... Veo que no, de otro modo no lo habrías consentido, por tu hermano, por las victimas y por todos los que notan las garras del terrorismo y las mentiras de un Gobierno que se niega rotundamente a investigar el barbaro acto terrorista del 11-M que segó la vida a casi 200 personas e hirió mutiló, e incapacitó a miles de seres humanos que aun hoy en día no pueden ni tan siquiera acercarse a las estaciones donde estallaron ¿el qué? ¿Quién puso los explosivos? ¿por qué? ¿Para qué? ¿Quién donó el dinero para ese incalificable hecho? ¿quién sabia de antemano que eso iba a ocurrir? Los asesinos de guantes blancos pero manos manchadas de sangre están pupulando por la calle, otros supuestamente suicidados, algunos muertos, incluso la mujer de uno ahogada... ¿Qué piensa tu madre de todo esto Maite? ¿Se ha alegrado del Premio que dais? Por supuesto que NO. Muy pocas veces he visto a una mujer con tanta entereza, honradez, y valentia. Como tu hermano, que estará viendo todo y desencajado, allí en el Cielo.

No Maite, no. No sirve de nada ir a la Concentración del pasado domingo en Madrid, hacerse una foto, cuando ya estaba decidido darle el premio a Gabilondo. Me parece de una categoría muy baja hacer algo así. Es como clavarnos a todos un puñal por la espalda. Justamente la SER, Gabilondo y sus programas de la tele... Tu sabrás por qué lo haces. Tu y La Fundación. Pero para el resto de nosotros, NO TIENE EXPLICACIÖN ALGUNA.

Atentamente,

SI YO FUERA CATALANA
Inmaculada Sánchez Ramos  Periodista Digital 18 Junio 2006

Si yo fuera catalana estaría decepcionada de la clase política que, supuestamente, me representa por estar suplantando mi voluntad, elaborando un proyecto de reforma del estatuto, cuando no se lo he pedido y .... ya veremos el domingo la abstención.

Si yo fuera catalana estaría defraudada de la clase empresarial que opera en Cataluña por estar proyectando una imagen “despiadada” de mí como catalana. Esto ha ocurrido por ejemplo cuando el Sr. Fornesa pide a Maragall que el Estatuto no rompa España por ser "territorio de extensión de las empresas catalanas", configurándose, por tanto, el resto de España como un mero instrumento para ser usado por Cataluña.

Si yo fuera catalana estaría asustada por la mordaza que han querido y siguen queriendo imponer en mi sociedad mermando la pluralidad de medios de opinión, véanse aquellas declaraciones de Sr. Montilla acusando a la COPE de "incitar al odio", véase el CAC etc.

Si yo fuera catalana estaría escandalizada por la falta de libertad de manifestación, Sólo hace falta ver las violentas agresiones físicas que se han desatado por parte del nacionalismo imperante (todo, no sólo ERC) hacia el resto de los catalanes. Todo ello, no sólo alentado sino también justificado desde los poderes públicos.

Si yo fuera catalana estaría apenada por la violación sistemática de la ley sin ningún pudor, véase el cierre de Maragall en TV3.

Si yo fuera catalana estaría entristecida por desvirtuar el verdadero sentido del deporte que, lejos de utilizarlo para ennoblecer, Laporta lo ha utilizado para “invadir” territorios colindantes.

Si yo fuera catalana estaría atemorizada por la dictadura que se implantará si se aprobase el Estatuto.

El camino paralelo del Estatuto hacia el Tribunal Constitucional
CRISTINA DE LA HOZ ABC 18 Junio 2006

MADRID. El guión, salvo imprevistos, ya está bastante definido. La oposición del PP al nuevo Estatuto de Cataluña continuará independientemente de los resultados del referéndum, dando por seguro que ganará el «sí» y aun en el caso de que los catalanes acudan masivamente a las urnas a respaldarlo. A la vuelta de la consulta y tras un preceptivo lapsus de tiempo para confirmar escrutinio y atender posibles recursos, una vez que el nuevo texto se publique en el BOE, el Tribunal Constitucional tendrá encima de la mesa el recurso del PP.

Catedráticos de Derecho Constitucional, de Derecho Financiero y hasta expertos en Derecho Administrativo asesoran al primer partido de la oposición sobre un texto vastísimo al que se pretende dar los toques finales antes de las vacaciones de verano. Ignacio Astarloa, como secretario de Libertades Públicas, Justicia e Interior, y la responsable de Política Autonómica y Municipal, Soraya Sáenz de Santamaría, en colaboración «mano a mano» con el portavoz del PP en la Comisión Constitucional, Federico Trillo, son los mimbres en los que se apoya Mariano Rajoy para afrontar este asunto.

Por medio queda una campaña que ha dejado mal sabor de boca a los populares, y eso que las «manifestaciones espontáneas» de jóvenes que se defendían de las «provocaciones» y de los «ataques» del PP -según la terminología de casi toda la clase política catalana- desaparecieron súbitamente del «oasis» catalán, convertido ya en mero espejismo. «Desde lo que ha pasado estamos muy preocupados por cómo se ha desarrollado la campaña y por el grado de tensión que hay allí», señala a ABC un miembro de la Ejecutiva del partido, que asegura que, dado el cariz de la campaña, no ha habido tiempo a sentarse a hablar de los posibles escenarios que haya después del referéndum.

Escenarios pos-referéndum
¿Qué pasaría si la participación fuera muy alta con una preeminencia clarísima de «síes»? «Pues diremos que ha hablado la sociedad y expresaremos nuestro respeto absoluto por los resultados. Nosotros hemos apostado por una opción y seguiremos trabajando», apostilla en este caso un miembro del PP catalán.

El referéndum de 1979 será la referencia obligada para cualquier tipo de análisis. Todo lo que baje del nivel de participación de aquel entonces -que se elevó al 59 por ciento- será considerado por el PP poco menos que un fracaso. En este sentido, las fuentes consultadas indican que «por debajo de ese porcentaje el nuevo Estatuto queda tocado, deslegitimado, cojo», y recuerdan a continuación que incluso a su paso por las Cortes recabó muchos menos apoyos del que tuvo el Estatuto de Sau. Bien es cierto que entonces, en 1979, los catalanes reclamaban por la calle un Estatuto de autonomía; «ahora lo que quieren es que les arreglen los problemas», argumentan en el PP, convencidos de la escasa motivación de los ciudadanos.

Al miedo por una más que probable apatía electoral atribuyen en el PP la campaña del PSC, más destinada a deslegitimar a los populares que a explicar las «excelencias» de un texto que parece motivar a pocos. En este sentido, desde el cuartel general de los populares se apostilla que los socialistas «no han hablado para nada del Estatuto, y sí muchos de nosotros». Otra persona opta por una expresión mucho más gráfica, al afirmar que «han buscado el dóberman», en referencia a aquel vídeo electoral del PSOE de las legislativas de 1996 en que aparecían intercaladas imágenes de Álvarez-Cascos con las de un perro dóberman en actitud agresiva.

Los populares se quejan de lo que llaman la «maquinaria del bipartito», esto es, PSC e IC, a la que se suma ahora CiU. Precisamente, si hay unas palabras justificatorias de los ataques de campaña que les han dolido más que los huevos, las monedas o los escupitajos que les lanzaron han sido las del portavoz parlamentario del Grupo catalán, Josep Antoni Duran Lleida. Paradójicamente, «ha sido Pasqual Maragall el que ha salido en nuestra defensa», comentan por los pasillos de Génova, todavía sorprendidos por el «aliado» de última hora.

Un juicio en memoria del espítitu de Ermua
Casi nueve años después de la muerte de Miguel Ángel Blanco, dos de sus presuntos asesinos se sientan mañana ante el juez
Ismael del Prado La Razón 18 Junio 2006

Madrid- Cuando tan sólo faltan dos semanas, apenas un mísero puñado de días, para cumplirse el noveno aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco, su familia podrá ver por fin sentados en el banquillo de los acusados a dos de los presuntos culpables del fallecimiento que sacudió España en el verano de 1997.

Así, en la jornada matinal de mañana la Audiencia Nacional acoge -con el runrún de la negociación con la banda de fondo- uno de los juicios más esperados de cuantos se han venido produciendo en los últimos tiempos contra el entramado etarra. Tras una pasada semana dedicada al asesinato de José Luis Caso -concejal del Partido Popular en Rentería, en diciembre de 1997-, la actividad judicial se remontará unos pocos meses antes. Concretamente, a junio de 1997, aunque en ambos casos con los mismos «tristes» protagonistas: Francisco Javier García Gaztelu «Txapote» y Irantzu Gallastegui «Amaia», su compañera sentimental y de comando en la banda terrorista.

Para ellos, la Audiencia Nacional solicita, en esta ocasión, cincuenta años de prisión por el secuestro y asesinato del entonces edil popular en el Ayuntamiento de Ermua. Un suceso que conmovió a todo el país en la tarde del 10 de junio de 1997. Las noticias de su secuestro se agolparon en las redacciones de los periódicos. Poco después, irrumpió el órdago de los terroristas. ETA chantajeaba una vez más: amenazaba con asesinarle si Interior no reagrupaba a los presos de la banda en el País Vasco antes de las cuatro de la tarde del día siguiente.

Desde ese instante, el convulso corazón del país entero «latió» a toda velocidad. Miles de ciudadanos se echaron a las calles para concentrarse en silencio frente a los ayuntamientos de sus localidades. Exigieron y rezaron por una inmediata liberación. En el País Vasco, la práctica totalidad de las Casas Consistoriales dispusieron lazos azules en sus balcones. Las corporaciones emitieron bandos y comunicados en las que instaban a secundar las marchas convocadas. El espíritu de las «manos blancas», surgido tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente, se apoderó de nuevo de las ciudades. Más de 50.000 personas abarrotaron Sol. Lo mismo sucedía en la plaza de San Jaume de Barcelona. En las calles de Ermua.

Todo en balde. Minutos antes de las 17:00 horas del 12 de julio, apenas sesenta minutos después de que se cumpliera el macabro plazo dado por ETA al Gobierno, Miguel Ángel Blanco fue encontrado, con un hilo de vida, por unos vecinos de Lasarte (Guipúzcoa). Ingresó ya en estado de coma en el Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, en San Sebastián. Su vida se apagó definitivamente instantes más tarde. Pero, paradójicamente, su muerte originó el nacimiento de un movimiento que volvió a reproducirse en cada paso sanguinario de la banda terrorista. La movilización de repulsa que congregó a más de dos millones de personas en Cibeles tuvo su continuación. Organizaciones como Foro Ermua aparecieron para mantener vivo el espíritu de esos intensos días de junio. Por primera vez, la unidad contra los terroristas parecía un clamor indisoluble en busca de justicia.

Una justicia que, por fin, nueve años después, cuando algunos ya sólo tienen un vago recuerdo de aquellos días, puede hacerse realidad. Y es que hasta el momento, el ex concejal de HB de Éibar Ibon Muñoa es el único condenado por la Audiencia Nacional a consecuencia del asesinato de Blanco. La pena, 33 años de cárcel, se produjo en su condición de cómplice de la acción. Además, el tercer presunto autor material junto con Txapote y Gallastegui, José Luis Geresta Múgica, se suicidó el 20 de marzo de 1999.

Precisamente, para evitar que ese «espíritu de Ermua» caiga en saco roto, está previsto que al juicio acudan como público los familiares de Miguel Ángel Blanco. Asimismo, Nuevas Generaciones del Partido Popular ha convocado una concentración «pacífica y silenciosa» frente a la Audiencia para mañana, día en que por fin esperan «que se empiece a hacer justicia».

Zapatero y ETA van ganando: una explicación desde el extranjero
Pascual Tamburri elsemanaldigital 18 Junio 2006

Hace unos días el periodista Omar Kamal tuvo la ocurrencia de entrevistarme sobre la situación española para la revista Area y para la web Destrasociale.org. Se trataba de explicar qué pasa en España a sus lectores italianos, y la cosa no fue fácil. Explicar en pocas palabras para un medio de la Derecha social italiana la situación de nuestro país ayuda a ver con más perspectiva lo que nos pasa: la izquierda y los nacionalistas se han lanzado a la revolución y la derecha no lo ve o cuando lo ve no sabe qué hacer. Gracias por la oportunidad, Omar.

P. En Italia, desde que Aznar perdió las elecciones la izquierda ha cultivado el "sueño de Zapatero", tomando al actual presidente del gobierno español como el ejemplo de lo que le falta, precisamente, a la izquierda italiana. Prodi, por suerte para nosotros, no es Zapatero. Zapatero está pues en los altares para la izquierda más llorona. Pero ¿cuál es tu opinión sobre Zapatero?
R. El presidente Zapatero representa aquí a esa parte de la izquierda que nunca ha aceptado totalmente la convivencia democrática. Es decir, considera que en una "verdadera" democracia sólo la izquierda tiene legitimidad para gobernar, y que sólo los valores de la izquierda son democráticos. En la práctica, en España, esta situación implica que el Gobierno socialista ignora desde 2004 a la mitad del país que ha votado al centroderecha; y que se están desarrollando políticas radicales contra la familia y contra la Iglesia, que se intentan legalizar la eutanasia y ampliar el aborto, que se construye una educación ideológica y se liberaliza totalmente la inmigración. Una política de extrema izquierda, por tanto, aplicada por un hombre que precisamente se reconoce en la Segunda República, es decir en el régimen radical que precedió inmediatamente la guerra civil de 1936. Un extremista de izquierdas, desde luego, pero para nada un tonto como en cambio querría creer un cierto "centro" liberal. Se ha aliado hábilmente con los separatistas vascos y catalanes y está dispuesto a pagar esa alianza con pasos hacia la independencia de esas dos regiones.

P. A menudo, leyendo los periódicos que hablan del "fenómeno español", me pregunto por qué nadie menciona las consecuencias a las que llevan –desde el punto de vista social- las reformas de Zapatero. Si nos tuviésemos que fijar sólo en las verdades oficiales de los grandes medios de comunicación italianos parecería que todos los españoles apoyan a este Gobierno.
R. Zapatero ha vencido democráticamente. Esto puede gustarnos más o menos, pero así son las cosas: después de una gestión objetivamente positiva de los Gobiernos de Aznar una mayoría de electores ha votado a Zapatero y parece que también ahora lo haría. Mayoría sí, pero no unanimidad. Más aún, la izquierda en el poder, y sobre todo "esta" izquierda radical, ha despertado partes de la derecha que parecían desaparecidas. Ha habido manifestaciones masivas contra algunas políticas extremistas, y hay una actividad cultural y mediática sin precedentes recientes. Toma como ejemplo Elsemanaldigital.com. Hace dos años éramos aún un semanario de ideas políticas en internet; hoy somos un diario con cien mil lectores cada día. Hay, cómo no, una resistencia. Aznar gobernó según su criterio, sin mirar mucho a la opinión de la gente, y sobre todo paradójicamente de "su" gente. Ahora empezamos a encontrarnos con una derecha que se redescubre movimentista, activa y plural. Ya veremos cómo gestionan la situación.

P. No hay duda de que las reformas de Zapatero han creado una ruptura en el sistema español. Sin embargo, lo que todos envidian a Zapatero es la determinación con la que aplica un programa que en general se ve como extremista. Visto lo visto, parece que Zapatero está aplicando un programa planteado cuando pensaban que no podían vencer…
R. En el centroderecha español está de moda recordar que Zapatero ganó las elecciones de 2004 por poco y "por casualidad", es decir gracias a las bombas de dos días antes de las votaciones (bombas de las que todavía no se sabe el origen; en España estas cosas son una novedad...). Todo esto es verdad, y también es verdad que el programa electoral de los socialistas era muy radical, porque no esperaban ganar, y que se ha hecho aún más radical porque para gobernar Zapatero se ha aliado con los comunistas y con los distintos grupos regionales secesionistas.

Pero eso no exime de comprender "por qué" Zapatero: es decir, por qué millones de españoles (no la mayoría de los jóvenes, importa recordarlo) eligen precisamente un programa radical que lleva el país a la división, a la inmigración masiva, al caos económico, al genocidio de embriones, a la garantía de los derechos humanos a los gorilas pero no a los niños y así sucesivamente. El hecho es que Zapatero representa muy bien las metas de cierta izquierda: han renunciado a la lucha de clases pero no han renunciado a la destrucción de los valores tradicionales y de nuestras comunidades, empezando por las naciones. Y esto encuentra sólidos consensos en los grupos que, insatisfechos con la situación social y económica, ven en Zapatero una posibilidad revolucionaria. La revolución la están haciendo, no la revolución económica marxista sino una revolución cultural a la que un centroderecha meramente liberal no ha conseguido dar respuesta.

Hoy, con el Gobierno dispuesto a negociar concesiones a los terroristas separatistas vascos –vivo en Navarra, una región que ellos codician- Zapatero tendría de nuevo la mayoría. Puede ser que el sistema político esté a punto de hundirse; y puede ser también que haya regiones en las que los nacionalistas quieran la independencia. Pero Zapatero expresa aún la voluntad de muchos votantes que se precupan sólo de la situación económica, que en definitiva aún es buena.

P. ¿Qué le ha pasado al centro derecha después de la victoria de Zapatero? En Italia, la caída de Berlusconi se ha sentido sólo a través de los medios de sus infatigables detractores, pero se equivoca quien piense que no volveremos a oír hablar de Berlusconi. Mientras que del centro derecha español en general y de Aznar en particular ya no oimos decir nada. ¿Es culpa de la prensa políticamente favorable a Zapatero o en España existe un verdadero problema en el centro derecha?
R. Ante todo hay que aclarar que las dos derechas –la española y la italiana- son muy diferentes por su historia y por su carácter, y también que los sistemas electorales son totalmente distintos. El centroderecha español ha estado durante las últimas décadas políticamente unido, en el Partido Popular de José María Aznar, y esto por imperativo electoral. Lo cual no quiere decir que haya habido una derecha uniforme: es un centro derecha plural, en el que existen más o menos las mismas escuelas de pensamiento que se pueden encontrar en Italia. Digamos que aquí el "partido único del centro derecha" lo tenemos ya casi desde que hay democracia, y la experiencia ha sido necesaria, aunque tiene desventajas. Aznar ha creado un partido vencedor, pero para conseguir que venciese ha favorecido sólo una ideología liberal-democrática, marginando en el seno de su partido otras tendencias, las católicas y las nacional-populares por ejemplo, de las que sustancialmente se acaparan los votos pero se olvidan los programas cuando se gobierna.

Aznar no se presentó a las elecciones de 2004 sino que dejó como candidato del Partido Popular a Mariano Rajoy, que fue derrotado, en las circunstancias que te contaba antes, por Zapatero. Rajoy tiene que refundar el centroderecha, porque es un partido demasiado acostumbrado al poder, y porque tiene necesidad de todas las fuerzas –y por tanto de toda la variedad de personas y de ideas. El radicalismo de Zapatero ayuda a Rajoy a acercarse a las masas, pero la furia de la gente asusta a sus colaboradores más "moderados" y "políticamente correctos". En estos meses hay que decidir si seguir fieles a la ortodoxia liberal, y probablemente entonces quedarse largo tiempo en la oposición, o si cabalgar la indignación popular para intentar batir a Zapatero.

Es normal que esta situación no se conozca en Italia, porque cuando Aznar tuvo el poder no intentó crear grupos de comunicación cercanos a la derecha. Ahora todas las redes de televisión son favorables a Zapatero. Pero a pesar de todo su ventaja sobre Rajoy es como mucho de un 2%.

P. ¿Qué esperas de España en los próximos años, cuando las reformas de Zapatero probablemente sean absorbidas? ¿Piensas que los cambios sociales serán aceptados o que generarán una reacción contra cambios tan radicales?
R. En la sociedad, como te decía antes, hay una gran resistencia contra ciertas decisiones de Zapatero. Hay cosas que no podrán nunca ser absorbidas, salvo que la nación desaparezca, como las negociaciones para la indeopendencia del País Vasco. Otras decisiones, como la reforma educativa, tienen a mucha gente enfrente, pero me temo que si el Partido Popular llega al poder en sus actuales condiciones no cambie ciertas cosas; aunque la gente sinceramente lo espera. Un ejemplo entre los muchos posibles: en España hoy se pueden crear y destruir libremente embriones humanos. El PP votó contra esto, pero ¿habrá valor para cambiar drásticamente la Ley si llegan al poder? Ahí están las dudas, y también las razones para pedir a la gente que participe en la vida política y social, porque sólo una derecha plural, que puede expresarse muy bien en un solo partido político –más aún: debe hacerlo-, pero que no puede tener una única ideología monolítica, nos puede defender de manera verdaderamente democrática.

P. Zapatero ha sacado a España de la lucha contra el terrorismo internacional, pero parece que se ha abierto –con la intención de hacer concesiones- a los terroristas vascos. ¿No es una posición contradictoria sobre todo después de las bombas que han llevado al mismo Zapatero a su actual puesto? ¿No crees que precisamente ese atentado habría debido llevar a España a una reacción opuesta a la fuga de Zapatero?
R. Fueron días muy duros. Salíamos de la gran tensión de la guerra de Irak, y llegó el atentado. Zapatero parece dispuesto a consevar el poder a cualquier precio. En este asunto, como en la gente hay un normal deseo de paz, se intenta presentar a los ciudadanos las concesiones a los asesinos como "pasos hacia la paz". Considerando que es un grupo terrorista separatista y marxista, sabemos que sólo su victoria total, la rendición del Estado al terror, podría llevar a un final pactado. Si hay una reacción opuesta será en la parte de la sociedad que no esté dispuesta a rendirse, y esto puede llevarnos a una tensión muy grave.

P. Considerando las actuales condiciones del centroderecha español, ¿crees que podrá volver al gobierno de España precisamente como reacción a esta política de Zapatero? ¿Hay en España hoy un líder en condiciones de enfrentarse a Zapatero sin provocar las mismas fraturas que Zapatero ha causado?
R. España es un país en peligro, peligro incluso de desaparición o de conflicto civil si las cosas se ponen de verdad mal. Pero el mejor análisis de la situación de la derecha lo he leído hace poco precisamente de Teodoro Buontempo, un diputado italiano que hablaba de Italia con palabras que valen para la España de 2006: "El centro derecha se ha equivocado al lanzar siempre mensajes para complacer a sus enemigos políticos en vez de a sus propios electores. Espero que este episodio sirva para despertar a la derecha, para intentar una respuesta a la supremacía cultural de la izquierda y para cambiar el modelo de vida que, también la izquierda, intenta proponer a los jóvenes". Ideas válidas para explicar también la situación española; sólo que nuestra derecha expresa su variedad peor que la italiana. Hay una estructura política eficiente, el Partido Popular, y un candidato capaz, Mariano Rajoy. Pero falta una tradición de participación, de movimiento, de cultura, de acción social y juvenil, incluso de lucha popular, lo que ha hecho posible la derrota electoral de 2004, con las calles tomadas por la izquierda, y lo que hace difícil la vida de esta derecha en la oposición. Espero sobre todo que no haya momentos violentos.
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