AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 19 Junio  2006
La noche triste del 'Estatut'
Javier Orrico  Periodista Digital 19 Junio 2006

A todos los que resisten en Cataluña

Cuando esta noche, y a pesar del magro consuelo de la baja participación, haya sido aprobado el Estatuto de Cataluña, estaremos ante el hecho consumado del fin de la soberanía nacional. Más exactamente, ante una nueva y doble soberanía: la catalana, consagrada por la brillante acción de un Gobierno español, el de Rodríguez (hasta la familia Zapatero de Valladolid, avergonzada, ha pedido que no se le nombre por el apellido que les es común), que ha trabajado denodadamente para dividir a la nación que lo eligió; y la española, la de los que quedemos mientras las distintas reformas de estatutos no vayan sumando nuevas soberanías a la Confederación. Y si no me equivoco, y para que vayamos pensando en el futuro, salvo la Confederación Helvética no queda ninguna otra ya en el mundo: todas acabaron como la fiesta de Barranda, que se dice en Caravaca, de cuando se tiraban carretillas.

Lo ha dicho, con absoluta claridad, Artur Mas, seguramente el hombre destinado a gestionar el futuro Estado catalán asociado: a partir de ahora, “trataremos de tú a tú” con España. Ya no podremos hablar, pues, y ese es el gran logro del nacionalismo catalán, de una parte de España, sino de otra cosa, de una nueva entidad destinada, irremediablemente, pues así nos lo ha enseñado la Historia, a terminar convertida en un Estado independiente dentro de la Unión europea, un mosaico de regiones-nación según el proyecto final de los nacionalistas medievalizantes de toda laya que hoy pululan, crecidos, por las Europas y los Montenegros.

En efecto, desde este día la Generalitat adquiere la condición de un Estado con el que hay que pactar prácticamente todo lo que el Estado español amputado –que hoy desaparece en la práctica de Cataluña- quiera realizar: desde el trazado de las vías de comunicación, las políticas europeas, los miembros de las instituciones ‘comunes’ (tribunales, consejos del Estado, organismos económicos...) y todo aquello que afecte a las competencias adquiridas, además irrecuperables para el Estado (eso es lo que llaman blindaje, expresión de esa nueva soberanía, ya no derivada de la Constitución, sino en tanto que sujeto político ‘distinto’ de España: esa era la función legitimadora del famoso ‘preámbulo’). Y como las competencias alcanzan a prácticamente todo lo que define a un Estado (la moneda y sus políticas ya las tenemos cedidas a la Unión), desde la Hacienda (de momento, consorciada) hasta los ríos o un sistema judicial y policial propio, el resultado es que a partir de ahora estamos gobernados por una alianza biestatal constituida por el Gobierno del Estado español y el Gobierno de la Generalitat, “de tú a tú”. Y los demás, a tocarnos el capullo y a ver el fútbol.

Y así, en la medida en que se trata del nacimiento de una nación, valga la redundancia (nación viene de nacer: por eso es una falacia lo de las naciones “sin estado”, porque si no tenían estado es que no habían nacido, o sea, nunca habían sido naciones), se explica que esa nación, concebida para consagrar y dar legitimidad institucional al dominio de una parte de los actuales habitantes de Cataluña –los nazional-socialistas, esto ya no es sólo una cuestión de apellidos ni de lengua materna- sobre el resto, se organice alrededor de símbolos e instrumentos excluyentes, que enfaticen la no españolidad de la nueva nación, y que permitan hacer visible, patente, aplastante, el sentido ‘nacional catalán’ de la totalidad de la vida pública de esa nueva sociedad.

En fin, que el único futuro bilingüe con el que sueñan los más avezados de los nazionalistas ya no es otro que el de ‘catalá-anglés’. Como cualquier otro país ‘normalizado’ de Europa. Eso es lo que verdaderamente se encierra detrás de la ‘normalización’ lingüística: reducir el español a la condición de lengua extranjera; y, con ello, a los propios catalanes que sigan sintiéndose españoles: “extranjeros en su país”, como nos enseñó Antonio Robles, futuros exiliados si no callan y se someten . Y esa es, también, la persecución neonazi –hasta ahora silenciosa, cada día más violenta- ante la que algunos levantan las últimas banderas de la dignidad, lo que ha llevado a Carmelo González, médico, canario, de izquierdas y con un par de cojones, a declarar una huelga de hambre ante el Palacio de la Generalitat para reclamar que a su hija la escolaricen en su lengua española, a lo que tiene derecho, incluso según las propias leyes catalanas (anteriores a este ‘Estatut’: ya verán mañana), pero que los nazionalsocialistas se pasan por el forro con la adorable connivencia del Estado antaño central, hoy ya lateral.

Para rematar tan noble panorama, y dado lo caro que resulta construir un Estado omnipresente y cuasi policial (bandas de jóvenes neonazis alentados desde los aledaños del poder, subvenciones, vigilancia, órganos represores...), la Generalitat se dota de un sistema de financiación que ya no se decide con el resto de comunidades (rebajadas, gracias a ZP, a un escalón inferior de decisión, equiparable a las comarcas o ‘vegueríes’ catalanas), sino que ha sido pactado directamente con su igual, el Estado español, que le cede la mayoría de los impuestos y le garantiza inversiones privilegiadas en relación a su PIB, a cambio de alguna limosna para Chaves en concepto de usufructo de unos pocos millones de andaluces. A los murcianos, como llegaron antes, se les considera ya amortizados y no se les da ni agua.

Así que, claro, a usted le dicen que su región va a ser la dueña de España, que les van a subir el sueldo a todos los funcionarios –cada vez más y sólo para catalanohablantes de nivel superior- con el dinero que ya no va a ir al resto, que su Caixa se va a quedar hasta con los hilos de la luz, que le van a mandar ‘tós’ los aves del ‘world’, le van a liberar los peajes de las autopistas, y hasta el Barça va a ganar la Liga de los malvados españoles mientras mande ZP, y usted ¿qué vota? ¿Que sí o que no?

Por tanto, y como tantas veces se ha escrito a lo largo de estos larguísimos años ZP, lo que tenemos delante es una nueva estructura del Estado, que desaparece como ente soberano, y sin que los bandidos que nos gobiernan –y que nos malvenden para continuar haciéndolo- se hayan dignado, en nombre de ese compromiso de recuperación democrática con el que se presentaron ante la Historia, a preguntarnos qué nos parece. El hecho de que sólo se les pregunte a los catalanes es, precisamente, la prueba inocultable del engaño masivo que se habrá consumado al acabarse este día miserable. Esta noche triste en que España, como nación, habrá dejado de existir sin enterarse.

Ya no nos salva ni Luis.

En el aquelarre nacionalista
Un ayuno por la libertad
José Vilas Nogueira Libertad Digital 19 Junio 2006

Carmelo González, un vecino de Barcelona, lleva casi un año reclamando por la vía legal que su hija pueda estudiar en castellano. Casi un año ejerciendo esta “abusiva” pretensión, sin que el tripartito Gobierno catalán, la cuatripartita alianza parlamentaria catalana, el padrino de la Moncloa, sus “brokers” y exactores, hayan querido darse por enterados. Ante el desafuero de los gobernantes, don Carmelo, que es un valiente, se plantó en plena plaza “Sant Jaume”, frente al Palacio de la Generalidad (y con el del Ayuntamiento a su espalda). Y allí, en el núcleo geográfico del poder catalán, tomado ahora por el nacionalsocialismo, hizo huelga de hambre para apoyar su justa demanda. Una huelga de veinticuatro horas, que comenzó el viernes a las 16.00 horas y se habrá por tanto encabalgado con las dieciséis primeras horas de la jornada de reflexión, previa al referéndum del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Naturalmente, intentaron desalojarlo. Primero, fueron las escuadras independentistas, al delicado grito de “puto inmigrante español” (Por cierto, ante la proliferación de buscadores y recaudadores de deudas históricas, ¿para cuándo y cómo saldará Cataluña su deuda histórica con tanto “puto inmigrante” que, bajo el régimen del General Franco, contribuyó tan decisivamente a su desarrollo industrial?). Después fueron otras escuadras, la policía oficial, los “mossos”, quienes lo intentaron. Tampoco lo consiguieron. González no se movió. Ni siquiera invocó la Constitución, teóricamente vigente (“el castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”, art. 3.1). Prefirió acogerse a una declaración de la UNESCO: “La educación en lengua materna reduce el riesgo de fracaso escolar”. ¿Estará la UNESCO también dominada por los putos españoles?

Pero, hay que reconocer que ha sido afortunado. Obsesionados con la lengua, no repararon las escuadras policiales en otros elementos anatómicos ni en la economía fisiológica. Mientras tanto, “El País”, más sabio y alerta, se hace eco de la queja de una conspicua lectora a quien le molesta la publicación de fotografías de modelos femeninos muy delgadas. El argumento de la queja es que tales fotos inducen comportamientos anoréxicos. El periódico simpatiza con su lectora. Es más, está comprometido con no publicar fotos de modelos que usen tallas inferiores a la 38. Figúrese, don Carmelo, que la policía catalana leyese, como debiera, tan ilustre diario. Lo hubiese acusado de inducir a la anorexia con su huelga de hambre. Ni la UNESCO podría ampararle.

No extrañe, pues, nuestro huelguista que el papel gubernamental no se haga eco de su protesta. Nada de huelgas de hambre; nada de modelos inferiores a la talla 38; nada, tampoco, de modelos gordas, supongo, porque incitarán a la obesidad; nada de violencia; nada de inseguridad ciudadana, nada de protestas de víctimas del terrorismo, nada que no satisfaga los estándares de bondad progre. Qué sería del pobre ciudadano ante tanta información obscena. ¿Cómo podría defenderse?, ¿cómo podría decidir por sí mismo lo que le interesa y lo que no; lo que le parece bueno y lo que le parece malo?. Nuestro mundo feliz, que predijo Husley, sólo admite ciudadanos ni gordos, ni delgados, sin otra información que, la muy correcta, de “El País”, y sin otros comportamientos que los recomendados previamente por sociatas y nacionalistas.

Siendo así las cosas, y así son, esperaré sin mucha expectación y con poca esperanza, el resultado de este tramposo referéndum (que todavía no conozco a la hora de escribir este artículo). Alguna ventaja tienen las catástrofes civiles; están tan mal las cosas, que no es fácil que empeoren.

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

DE ESPALDAS AL ZAPATERISMO
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 19 Junio 2006

El dato significativo del referéndum catalán de ayer era el porcentaje de la abstención. Aunque, a punto de finalizar este comentario, me llama la atención la sorprendente mengua de ésta mientras la participación trepa hasta casi el 50 por ciento siguiendo invariable el reparto de síes y noes; un caso chocante que sin duda dará que hablar. Esta vez era una abstención activa, valga el oxímoron, y ha superado el 50 por ciento. La mayoría de los votantes ha dado la espalda a su clase política y al asfixiante establishment empeñado en monopolizar la totalidad de Cataluña.

El famoso 90 por ciento de apoyo al texto nacionalista aprobado por el Parlament y luego podado -respetando lo esencial- en el Congreso de los Diputados, ha mermado finalmente a un 74 por ciento de ese casi 50 por 100 que ha votado. El Estatut llamado a inaugurar una nueva época histórica para la España Plural con diecisiete variantes de nación no ha conseguido apoyo suficiente. Y eso a pesar de la campaña de martilleo propagandístico casi unánime a favor de la participación, y tras la campaña más sucia y violenta de los últimos años en Cataluña, trufada de agresiones contra el PP y Ciutadans.

El significado de este resultado es triple: primero, la sociedad catalana ha mostrado su lejanía del stablishment que se arroga el privilegio de hablar en su nombre y de acallar a la disidencia, incluso a golpes. Segundo, el zapaterismo, el diseño de una España confederal que garantice la hegemonía de la suma de PSOE y nacionalismos, ha sido desautorizado por la abstención. Y tercero, el cambio del marco constitucional mediante argucias como la reforma del Estatut ha perdido cualquier legitimidad marginal que pudiera invocarse.

Si ya era insostenible que el cincuenta por ciento de los votos positivos de una comunidad autónoma validara un proceso confederal, la pobreza del resultado elimina esa presunción. Y abre la puerta a la reversibilidad de la reforma: otro Estatuto, no nacionalista, es posible.

Respecto al voto contrario, PP y ERC han recibido un mensaje meridiano: su capacidad de movilización es poca cuando están en juego grandes decisiones. El independentismo sale desinflado, y la mayoría de los votantes del PP, pese a la meritoria resistencia del partido en Cataluña, han preferido la abstención, quizás por las chirriantes incoherencias entre el discurso nacional y el autonómico.

Si alguien puede apuntarse un éxito son los grupos emergentes como Ciutadans de Catalunya y las plataformas cívicas. Algo importante puede estar gestándose en esta contestación ciudadana a la devaluación sistemática de la política democrática, representada por el Pacto del Tinell y, en paralelo, el «proceso de Paz» con ETA en que anda enredado el Gobierno.
La abstención activa catalana también tendrá lecturas vascas, y quizás no las que esperaba la mayoría gubernamental.

Estancamiento de Cataluña
VALENTÍ PUIG Escritor vpuig@abc.es ABC 19 Junio 2006

... La Cataluña política ingresa en un proceso de oclusión, final de partida de un catalanismo que en su tiempo tuvo ansias regeneracionistas... ... Lo cierto es que, agitando la bandera de Cataluña, con el voto del miedo al PP o con salirse de esta para entrar en otra, el estropicio es difícilmente reparable...

LA configuración ideal del bajorrelieve estatutario de Cataluña se descompuso al abrirse ayer las urnas del referéndum. Fue tan cierta como pírrica la victoria del «sí», por desentenderse de la consulta electoral el más alto porcentaje de abstención en unas elecciones de ámbito catalán. Tanta abstención resta no poca legitimación al «sí», para una Cataluña que más que nunca ahora se ve en parte estancada, en parte dividida, con más tangentes de fricción con España. Sería ineludible una crisis de representatividad. Uno de los sofismas más frecuentados en todo el nuevo proceso estatuario fue que el proyecto de ley orgánica llegaba al Congreso de los Diputados avalado por el 90 por ciento de los miembros de la cámara autonómica.

Se reiteró hasta el hartazgo aunque nadie ignoraba que todo era una conjura entre partidos que no correspondía a un afán manifiesto y representativo de la sociedad catalana. Antes de la institucionalización de esa huida hacia adelante, obtener un mayor grado de autogobierno sólo interesaba a un 3,9 por ciento de los catalanes, por contraste agudo con un 54,4 por ciento de inquietud ante el desempleo, el 32,8 por ciento respecto a la inseguridad y un 32,2 por ciento ante la inmigración. Es honda la asimetría entre el bloque político de un 90 por ciento de diputados y cerca de un 55 por ciento de abstención.

¿Quién representa qué? El fracaso político es genérico, personalizado en Pasqual Maragall y Rodríguez Zapatero, emisor y receptor respectivamente de un texto estatutario que no ha interesado a más de la mitad del electorado catalán. Estando ya en precampaña electoral, el enredo institucional comienza por preguntarse cómo en un referéndum de esta naturaleza no se fijan mínimos significativos de participación.

La Cataluña política ingresa en un proceso de oclusión, final de partida de un catalanismo que en su tiempo tuvo ansias regeneracionistas y que ha ido siendo sustituido de forma casi unívoca por un voluntarismo particularista ahora nacional-progresista, gracias al concurso inagotable de una ambigüedad práctica que con una mano pretendía influir en España y con la otra se apartaba al máximo de lo que es común a todos los españoles desde hace por lo menos cinco siglos. Ahora ya poco importa que la intención del «Estatut» fuese otra, mucho más electoralista que otra cosa, que eso se le haya ido de las manos a la clase política catalana o que se diga que habrá momentos para colaborar en la gobernabilidad de España. Lo cierto es que, agitando la bandera de Cataluña, con el voto del miedo al PP o con salirse de esta para entrar en otra, el estropicio es difícilmente reparable. Artur Mas, sucesor de Jordi Pujol al frente de Convergencia, ya dijo que este nuevo estatuto no iba a durar más de treinta años. Sí, son cosas que se proclaman en una campaña por un «Estatut» del que no se habla, en una confrontación tan cuerpo a cuerpo, pero hay cosas que Artur Mas no puede decir calculando que se olvidarán o se esfumarán, porque él representa a un partido político que estuvo en la redacción de la Constitución de 1978, negoció no pocos presupuestos generales del Estado y contribuyó a la estabilidad de los gobiernos de UCD, del PSOE y del PP. Otra Convergencia muy distinta será la que en su día gestione el «Estatut» si gana las elecciones generales. Y mucho antes de que pasen treinta años, podrá dar por caducado este «Estatut». Entonces uno reclama la autodeterminación y todo recomienza.

En 1919, el presidente Woodrow Wilson dijo, ante el Congreso de los Estados Unidos, que cuando había expresado que todas las naciones tenían derecho a la autodeterminación, lo hacía sin saber que existían las nacionalidades, que acudieron día tras día a la Conferencia de Paz al terminar la Gran Guerra. En aquellos años, el catalanismo político se contagió de la fiebre incomprensiblemente diseminada por Woodrow Wilson. Así Cataluña ha sido «nacionalidad» en la Constitución de 1978 y pasa a ser «nación» en el nuevo estatuto de autonomía. Este transcurso ha ido asumiendo rasgos deterministas que chocan con el espíritu de iniciativa y el individualismo emprendedor que con el Decreto de Nueva Planta aprovecha las oportunidades del reformismo borbónico para convertir la derrota en la Guerra de Sucesión en el «big bang» comercial e industrial de la Cataluña moderna. Por contraste con la pujanza que funda el catalanismo, el intervencionismo del nuevo «Estatut» convierte a Cataluña en una sociedad hiper-regulada, cuya razón de prosperar se ve cegada por el estancamiento y por apartarse de la realidad dinámica de España. Implícito en el articulado estatutario, el afloramiento de riesgos para el pluralismo y para la realidad bilingüe introduciría desavenencias públicas incluso a corto plazo.

La hoja de ruta de Rodríguez Zapatero conlleva una «deconstrucción» de la idea de España. En un capítulo aparece el nuevo estatuto catalán, en otro revisar el consenso de 1978, en páginas sucesivas se honra la memoria intachable de la Segunda República, en otras está esbozado el camino para que ETA se sienta a sus anchas lo más pronto posible. Jacques Derrida, el inventor del «deconstruccionismo», postulaba que la única manera de expandir los valores democráticos consistía en destruir el lenguaje mediante el cual Occidente los había concebido. La democracia verdadera -según Zapatero- parece también necesitar de una «deconstrucción» del lenguaje del consenso histórico, del pacto de 1978 que consistió no en olvidar sino en perdonar. En 1938, lúcido por fin ante la guerra civil, Azaña pide la reconciliación de los españoles en su discurso «Paz, piedad, perdón». No es el mismo Azaña que había hecho la defensa de la autonomía de Cataluña en 1932, cuando Ortega argumentaba que el problema catalán era algo que no se podía resolver sino tan sólo conllevar. Como se ve en la elevada abstención de ayer, tiene sus imponderables querer modelar Cataluña entera como si fuese una materia amoldable a la veleidad política y al interés electoralista a corto plazo. Ahora indudablemente entraremos en fase de cortinas de humo, de auto-exculpaciones y demagogia incrementada. De aquí a las elecciones autonómicas, es improbable que los instintos se sometan a la forma o que la prudencia ilumine lo suficiente una vida colectiva catalana que ayer aprobó el «Estatut» a la vez que ponía alto su listón de indiferencia activa o pasiva.

Fracasa el Estatuto de Zapatero
Editorial ABC 19 Junio 2006

EL dato es inapelable y su contundencia no deja lugar a la interpretación: el nuevo Estatuto de Cataluña sólo ha recibido el respaldo explícito de uno de cada tres catalanes llamados a las urnas en una jornada electoral marcada por la escasa participación, pues sólo el 49,4 por ciento de los electores votaron en el referéndum. Este dato implica un respaldo muy inferior al que obtuvo en 1979 el todavía vigente Estatuto -apoyado entonces en las urnas por el 53 por ciento de los catalanes-, lo que supone un fracaso en toda regla de José Luis Rodríguez Zapatero y del PSOE, quienes ayer se esforzaron, en la primera valoración del resultado, en restar importancia al hecho fundamental de que fueran más los catalanes que no acudieron a las urnas que los que participaron en la consulta.

Fue el presidente del Gobierno quien sentó la doctrina de que «las normas políticas con el 51 por ciento para ordenar la convivencia acaban en fracaso», aclarando, aún más que «para construir con legitimidad un orden político, una norma institucional básica, me da igual que sea una constitución o un estatuto político (...) no sirve el 51 por ciento». Esta declaración consta en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, del 1 de febrero de 2005, y su destinatario fue el lendakari, Juan José Ibarretxe, quien tuvo que oírla cuando la Cámara Baja rechazó su plan soberanista de libre asociación de Euskadi con España. Incluso con los argumentos que reiteradamente utilizan los nacionalistas vascos contra la Constitución Española, al negarle legitimidad por la escasa participación en la consulta de 1978, este nuevo Estatuto catalán debería ser descartado por los nacionalismos como modelo de referencia. Por eso, el Gobierno no puede seguir ofreciendo la vía catalana como antecedente de consenso e integración para otras reformas estatutarias, porque su vicio es de origen, al no contar con el refrendo de la sociedad a la que está destinado.

ESE mismo criterio que empleó Rodríguez Zapatero contra el Plan Ibarretxe se vuelve hoy contra el Estatuto de Cataluña, que él, de forma personal, se encargó de rescatar del fracaso cuantas veces fue necesario. No es Maragall la pieza política que se cobra este fracaso, sino una estrategia clave del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que priva al jefe del Ejecutivo de respaldo político -de legitimidad, en definitiva, como le recriminó a Ibarretxe- para seguir la agenda de desmantelamiento constitucional de España, en la que el nuevo Estatuto catalán es el primer episodio, y quizá no el más grave de todos los que el PSOE está dispuesto a acometer. Incluso desde la vertiente interna del socialismo español, el resultado de ayer es una seria advertencia, porque refleja la falta de seguimiento de su electorado a una apuesta decisiva de la legislatura de Zapatero. Es una buena ocasión que deberían aprovechar aquellos socialistas que ven con preocupación el rumbo que ha tomado el Gobierno y su preferencia por los nacionalismos soberanistas. Los que han callado por disciplina de partido deberían hablar ahora por lealtad constitucional y demostrar que dentro del socialismo es posible otra política con sentido nacional.

Este nuevo Estatuto catalán está por debajo del Estatuto de 1979 en las cifras, absolutas y relativas, de participación y de voto favorable. No sólo no había clamor por este nuevo Estatuto, sino que los catalanes le han castigado con su indiferencia, y, así, caen por su base muchos tópicos en los que se han refugiado nacionalistas y socialistas para someter a la sociedad catalana y al orden constitucional, en su conjunto, al calvario de los últimos meses. En primer lugar, el respaldo del 90 por ciento del Parlamento catalán era expresión únicamente del consenso para una estrategia de conservación de poder político, pero no de un gobierno sensato y responsable de los intereses comunes. En segundo lugar, la clase política dominante en Cataluña debe considerarse desautorizada para atribuirse, con la misma arrogancia que hasta ahora, el monopolio de la identidad catalana y aplicar a los discrepantes el ostracismo impuesto al PP o Ciudadanos de Cataluña. En tercer lugar, el modelo de una Cataluña nacional, soberanista y confederada con España no cuenta con un respaldo suficiente y no sirve como pauta para nuevos experimentos.

EN cuanto al PSOE y el Gobierno de Rodríguez Zapatero, han cosechado el mayor fracaso de la legislatura y, además, en la pieza clave de una estrategia general que engloba otras iniciativas para las que el presidente del Gobierno ya no puede sentirse respaldado. Si buscaba un plebiscito encubierto para impulsar el denominado «proceso de paz», lo ha perdido, por lo que Rodríguez Zapatero debería valorar en su justa dimensión el fracaso del proyecto estatutario catalán y no buscar atajos. PSOE y Gobierno han socavado la integridad constitucional de España sin más contrapartida que el aseguramiento -y habrá que ver por cuánto tiempo- de una alianza con nacionalismos radicalizados. Ha roto los lazos imprescindibles con el Partido Popular, sensiblemente reforzado tras el referéndum de ayer, despojando a la sociedad española de la fuerza del consenso constitucional. Ha debilitado al Estado en una coyuntura en la que la insaciable ambición de los nacionalismos y las renovadas esperanzas de ETA requerían un sistema institucional fuerte y cohesionado.

Por otra parte, la violencia reiterada contra los dirigentes populares y la campaña antidemocrática que lo oponía al pueblo catalán han fracasado como estímulos a la participación. El nuevo Estatuto nace impuesto para una Cataluña que no lo apoya, lo que llevó ayer al presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, a demandar al jefe del Ejecutivo una urgente rectificación de su política, empeñada en una grave operación de liquidación de la derecha política y social a través de la retroalimentación de intereses con el nacionalismo. Dos años después, los catalanes han hablado en las urnas para confirmar que el Estatuto del Tinell no es el del consenso, sino el de la división.

Menudo negocio
Por IGNACIO CAMACHO ABC 19 Junio 2006

LOS hechos son tozudos, y resisten a todas las interpretaciones: más de la mitad de los catalanes no ha votado, lo que reduce el apoyo real del Estatuto a algo más de un treinta por ciento del censo total de los ciudadanos llamados a las urnas. Ahora, que cada cual compare el dato con lo que quiera. Uno de cada tres. Menudo entusiasmo.

A mí, como andaluz, se me ocurre un contraste muy divertido: en 1980 se nos obligó en Andalucía a superar con votos afirmativos... ¡el 50,1 por 100 del censo en cada provincia!, y sólo para empezar a hablar, es decir, para iniciar los trámites. Hay otras comparaciones posibles -sin salir de Cataluña: una, muy obvia, la del anterior Estatuto del 79; otra, estupenda, la del interés de los ciudadanos catalanes respecto al de su clase política-, y en casi todas sale perdiendo esta desmadejada, abúlica, desganada consulta.

Tiene bemoles. El Estatuto que ha abierto una brecha en la Constitución, ha desequilibrado el modelo territorial, ha provocado una crisis gravísima en las relaciones entre Cataluña y el resto de España, ha tensado hasta la crispación los sentimientos de la ciudadanía, ha desguazado el poder igualitario del Estado, ha desestabilizado a los Gobiernos de España y de la propia Generalitat, ha sembrado la alarma en el resto de las comunidades y ha originado una deriva demencial de reclamaciones autonómicas, sólo ha sido capaz de interesar a uno de cada tres de sus teóricos beneficiarios. El resto se ha ido a la playa, ha salido de paseo con la familia o se ha quedado en casa viendo el partido de Brasil por la tele. Normalidad democrática, le llamarán a eso los eufóricos miembros de la clase dirigente catalana, entre taponazo y taponazo de cava.

Ellos tienen motivos para la alegría, desde luego. Le han pegado un tirón serio al botín de la solidaridad, se han autoproclamado nación, han blindado competencias, han erigido su propio poder judicial, han convertido el catalán en obligatorio, han puesto de rodillas al Gobierno central y se han asegurado por las bravas una financiación a la medida de sus necesidades con absoluto desprecio de las necesidades ajenas. Y todo ello, con poco más de un tercio de respaldo entre quienes salen ganando con la jugada. Como para no brindar ante lo redondo del negocio.

Otra cosa es que el que promovió todo este lío encuentre alguna razón para seguir sonriendo. Con éxitos como el suyo no hacen falta fracasos; basta con avanzar de victoria en victoria hasta la derrota final. Pero ahí le tienen, encantado de haberse conocido y de presidir un Gobierno al que él mismo va despojando de poder para seguir al frente, como los hermanos Marx desguazaban los vagones del tren para que la locotomora siguiese andando. Más madera. Él, a lo suyo. Maragall, a lo suyo. Los nacionalistas, a lo suyo. Y España, que paga -literalmente- el festín de este delirio ensimismado, autocomplaciente y victimista, denostada como si fuese una ceñuda, hosca y celosa madrastra. Por lo menos, podían dar las gracias.

Legal pero no legítimo
EDITORIAL Libertad Digital 19 Junio 2006

De 5.200.000 catalanes llamados ayer a las urnas, sólo 1.800.000 votaron a favor del nuevo Estatuto de autonomía. Los tres millones y medio restantes prefirieron votar no, quedarse en casa, echar la papeleta en blanco o votar nulo. Casi siete de cada diez catalanes no mostraron interés alguno en el Estatuto o mostraron un interés negativo. Esta es, en números redondos, la realidad del referéndum por muchas piruetas que Maragall, Montilla y, especialmente, Zapatero quieran hacer en el alambre. Pocas veces una mayoría ha sido tan silenciosa y, a la vez, tan aplastante.

El mismo texto que salió del Parlamento catalán con el beneplácito del 88% de los diputados autonómicos, obtuvo la aprobación de sólo el 54% de los diputados nacionales y el 49% de los senadores. El pueblo de Cataluña ha hecho bajar ese apoyo hasta el 35%. Todo ha sido cuesta abajo para el malhadado Estatut de la discordia. El que iba a ser el Estatuto de todos, ha terminado convertido en la única coartada de una casta política desgastada, alejada de la realidad y divorciada de los verdaderos problemas de los ciudadanos.

El fracaso político de los padres del Estatuto es mayúsculo. Maragall ha recogido el amargo fruto de su maximalismo y de su visión de iluminado. Los catalanes, al menos dos de cada tres, no comparten con él su gran proyecto de convertir a Cataluña en lo que nunca fue, en una nación soberana. El descrédito de los convergentes, a pesar de empeñarse en marcar una inexistente línea con socialistas y esquerristas, es absoluto. El partido que una vez llegó a identificarse con Cataluña no es ni sombra de lo que fue. Toda la capacidad de movilización que CiU tuvo un día se ha quedado en nada, acaso porque privados de los resortes del poder y de la mesiánica figura de Jordi Pujol, la coalición catalanista es eso mismo, nada, puro humo que asciende al compás que marcan desde La Moncloa.

El responsable máximo de este desaguisado no se encuentra, sin embargo, en Cataluña, sino en Madrid, en la presidencia del Gobierno. El empeño personal de Zapatero en sacar adelante a cualquier coste el Estatuto catalán ha chocado con el muro de escepticismo de la ciudadanía, hastiada de aventureros y de políticos mediocres. Zapatero es el capitán de todos ellos. A pesar de tener todo a su favor, de contar con los medios de comunicación y con las dos formaciones políticas más grandes de Cataluña, no ha conseguido arrancar ni dos millones de votos afirmativos en una región donde las urnas le suelen ser propicias. Debería, una vez proclamado el eslogan de la noche electoral, reflexionar sobre esto. Sus designios de la España plural y majaderías afines no terminan de echar raíces, y si no lo hacen ahora que el viento es favorable quizá no lo hagan nunca.

Partiendo de la irrefutable victoria de la abstención y el voto en blanco, no es menos cierto que esa minoría que ayer votó sí ha hecho del Estatuto una realidad jurídica que en breve entrará en vigor. En ese preciso instante la Constitución del 78 podrá darse por finiquitada. Ha durado casi 30 años en los que España ha dado un salto cualitativo en lo que a libertades se refiere. Ha ordenado la legislación y las instituciones durante casi tres décadas contribuyendo a que España sea hoy un país más rico, más estable y, sobre todo, más libre. Ha sido un instrumento valiosísimo que pronto empezaremos a echar de menos. Esto es realmente lo que se despachó ayer en Cataluña.

Se abre una nueva etapa en la que la ilusión se ha tornado en incertidumbre y el consenso en enfrentamiento. Los inspiradores del Estatuto han conseguido su objetivo: doblar el espinazo a la democracia española y subvertir sus principios fundacionales. Lo han hecho, además, con un mayoría mínima, casi testimonial, por los pelos y cabalgando sobre la propaganda. Con estos cimientos, el Estatuto será legal pero no legítimo, y, esto, ni uno ni mil eslóganes podrán cambiarlo.

Referéndum del Estatuto
Respuesta ciudadana
Agapito Maestre Libertad Digital  19 Junio 2006

¡Viva España! ¡Viva la nación democrática! ¡Viva la ciudadanía! He ahí tres exclamaciones vivificadoras: la síntesis del referéndum sobre el Estatuto de Cataluña. La idea de España, de nación española, ha ganado. El resto es retórica. Vamos a ella. El referéndum ha sido un fracaso estrepitoso de la clase política española, que lleva años dando la espalda a la ciudadanía. Una debacle. La referencia política fundamental de Zapatero ha fracasado. Mucho tiempo lleva secuestrada la voluntad política de los ciudadanos catalanes, pero la respuesta ha sido inequívoca. La abstención es todo. Poco importa que la presentación de los datos de participación haya sido opaca. Tampoco interesan las mentiras de las primeras declaraciones de la elite política. El escándalo es de tal magnitud que deslegitima al sistema político. Los índices de participación son tan pobres que no sólo ponen en cuestión al nacionalismo catalán, sino al “conductor” de los nacionalismos separatistas, Zapatero.

La desconexión entre la clase política y la ciudadanía es total. La abstención sumada al “no” son demoledores. Mil interpretaciones pueden hacerse. Voto de castigo. Vale. Voto de desprecio. Vale. Voto contra un régimen político opaco. Vale. Un asunto es preciso, claro y distinto: la clase política española está muy por detrás de la ciudadanía. Los ciudadanos españoles residentes en Cataluña quieren seguir siendo españoles. Esto no podrán ocultarlo. La clase política catalana ha quedado deslegitimada. Es en su conjunto impresentable. Respecto a los medios de comunicación catalanes la cosa no puede ser más contundente: han estado engañando a la opinión pública. En términos personales, la cosa es clara: todo lo que toca Zapatero es un fracaso. Este hombre es el problema de España. Si alguien tuviera alguna duda, repase lo sucedido en Cataluña. Quería comenzar la destrucción de España con la aprobación de un Estatuto separatista, pero la ciudadanía le ha hecho, con perdón, un corte de mangas.

La abstención, en fin, sólo tiene una traducción: lárguense, señores. Zapatero, lárguese. Punto. Maragall, lárguese. Punto. Más, lárguese. Punto. Carod, lárguese. Punto. Piqué, lárguese. El régimen político catalán ha quedado deslegitimado. Cataluña, la nación catalana, es una mentira sin España. La democracia de los ciudadanos, definitivamente, ha ganado.

Si con estos “datos”, por decir algo, el PP no da el salto democrático, la regeneración del sistema político, entonces prepárense para lo peor, o sea, deserción cívica y cinismo político. Al fondo: enfrentamiento civil.

Todo en orden
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Junio 2006

A ver cómo aparta ahora las ruinas y redecora nuestra vida el gobierno Ikea de Maragall, a ver cuánto tardan en esconder los escombros las brigadas de limpieza informativa e higiene mental. El socialismo, que es en Cataluña un nacionalismo sobrevenido, a caballo entre la locura de las esencias, la avilantez y la mercadotecnia, termina esta etapa desquiciada y estéril como la empezó: a golpe de ilegalidades y de juego sucio. Con Maragall pidiendo el sí en televisión y las cartas boca arriba en el plan de exclusión de los no nacionalistas. En un clima de violencia y coacción cuyos autores mediatos excusan sin sonrojo y cuyos cómplices mediáticos callan o niegan.

Qué cansancio. Años de disparates, avivamiento de pasiones romas, emociones baratas y hartazgo ciudadano, si es que quedan ciudadanos en Cataluña. En este proyecto de aceleración de la historia contaban los socialistas con una sola excusa: integrar o domesticar a ERC, conducir al independentismo a un gran acuerdo de cara a las próximas décadas. Así podían vender la paradoja de que el proceso estatutario desatado reforzaba en realidad a España. Naturalmente no era tal el objetivo, pues quien desea reforzar España no empieza echando al barranco al partido de la mitad de los españoles ni compagina la reforma del modelo de Estado con la beatificación de la ETA. Pero si lo hubiera sido, su fracaso ya podía certificarse antes de la sucia campaña. No es que la fiera a amaestrar les mordiera la mano, es que el niño Rodríguez mordió a la fiera para forzar un estatuto que no salía. Y Cataluña va a seguir como estaba: en una encarnizada competición por ver quién es más nacionalista, quién detesta más al PP y quién supera antes el estatuto del 2006.

Con los jueces congelados junto el cadáver incorrupto de Montesquieu, con la policía puesta en cintura y en entredicho por el Fiscal General del Estado –cándido ser cuyo aval invocaba San Arnaldo Otegi–, no es extraño que en Cataluña el cumplimiento de la ley sea excepción, que ni el presidente, ni el gobierno autonómico, ni los partidos políticos nacionalistas se sientan obligados a respetarla. Todo desmán es posible bajo el paraguas de Matrix: ya vendrán periódicos y vanguardias a negar lo que vemos, a establecer una realidad de otro nivel.

Así se explica que en el apogeo de los boicots, los golpes de casco, las patadas, las monedas, los huevos y el gargajo, los Mossos d’Esquadra sólo hayan sentido una vez la necesidad de ponerse duros. Ha sido con Carmelo González, un loco que quiere que su hija estudie en castellano. Prácticamente un terrorista. Lo dicho, a ver cuánto tardan en esconder los escombros de la libertad.

Cataluña, al treinta y seis por ciento
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Junio 2006

La montaña parió un ratón. Aquel Estatuto que aprobó el Parlamento catalán y que fue jaleado por la euforia nacionalista con el canto de Els Segadors porque había recibido el apoyo del ¡90 por ciento! de los representantes del pueblo catalán, al final, y una vez que fue renegociado en Madrid, sólo ha merecido el apoyo del 36 por ciento de los ciudadanos en el referéndum del domingo.

Ciudadanos, mayoritariamente refugiados en la abstención, que han dado la espalda a su pintoresca clase política, y también a las glorias cantadas de nuevas cotas de gobierno y de soberanía, incluido el término nación en el artículo primero del Estatuto que ahora va a entrar en vigor. Aunque todavía deberá pasar por el filtro del Tribunal Constitucional, porque el PP ha anunciado un recurso que en teoría debería prosperar, salvo que la larga mano del Gobierno de Zapatero en la Justicia alcance también a este tribunal.

O sea, que sólo un poco más de un tercio de los catalanes dijo sí al Estatuto y en todo caso bastante menos que los que apoyaron el Estatuto de Pau en 1979, lo que constituye un claro fracaso de sentimiento nacional, que sin duda tendrá consecuencias políticas en Cataluña. Y en especial en el seno del PSC-PSOE, que a buen seguro culpará a Maragall de todas las deficiencias y propugnará su sustitución a favor de Montilla con vistas a las elecciones autonómicas del próximo otoño.

Para ello en el PSC se harán dos lecturas: el triunfo de la abstención es por culpa de Maragall y la realidad del nuevo Estatuto es un triunfo de Zapatero y su Gobierno, en el que habita Montilla. De esa manera el PSC-PSOE recupera su voto más españolista y lanza a la campaña a un charnego, al que previamente había desacreditado Maragall por su origen cordobés.

Sin embargo, y al margen de las lecturas interesadas, el presidente Zapatero, diga lo que nos diga, no está en condiciones de presumir de nada porque ha roto el consenso de la Constitución, e incluso el marco constitucional, y ha dejado tras este debate una crisis de confrontación territorial y social entre españoles, con el argumento de que el Estatuto era una necesidad y una demanda del pueblo catalán, lo que ha resultado ser falso, visto lo ocurrido en el referéndum.

De la misma manera tenemos que decir que tanto ERC como el PP, los abanderados del no, también han salido escaldados de la porfía y doblemente: en primer lugar porque no les han seguido sus electores habituales, y en segundo lugar porque, mal que les pese, el nuevo Estatuto es una realidad que deben acatar. Y el PP de especial manera, lo que le va a complicar su actuación política en Cataluña, aunque la entrada en vigor del texto del nuevo Estatuto dará pie a no pocos problemas políticos y de confrontación social, empezando por la marginación o la persecución del idioma castellano o español.

Aunque todo ello quedará en cierta manera pospuesto a la celebración de elecciones en Cataluña, motivo por el cual el Gobierno de Zapatero pensará que se ha quitado de en medio la pesadilla del Estatuto y que ahora se puede volcar en la negociación con ETA que está a punto de comenzar. Convencido Zapatero de que, aunque sea de mala manera o por los pelos, como ha ocurrido en Cataluña, la negociación con ETA arrancará e irá por buen camino hasta que se vea en la oportunidad de adelantar el calendario electoral, sobre todo si el PP se mantiene en su ruidosa soledad. Y en medio de cierta confusión, porque en política no basta con tener razón, sobre todo si no lo puedes explicar de manera clara y directa al conjunto de la sociedad. Y el PP eso no lo puede hacer, porque carece de los medios de comunicación oportunos —los audiovisuales al servicio del PSOE— y de los portavoces adecuados y con credibilidad. Y también porque el poder pesa mucho, y sobre todo la realidad. Una realidad de la que ya forma parte el Estatuto catalán, que sin duda traerá cola, política y puede que constitucionalmente.

Los hijos de la ira
Isabel Durán Libertad Digital 19 Junio 2006

Diez de julio de 1997. Apeadero del tren de Ermua. Miguel Ángel Blanco, joven concejal del PP en la localidad vizcaína, acaba de comer en su casa y se dirige a la empresa en la que está empleado. Una mujer se le acerca: “Tú trabajas en Eman Consultin, ¿no? Es que acabo de comprar un coche, que tengo aparcado aquí al lado, y necesito que alguien me arregle los papeles”. Eran las tres y media de la tarde. Fue la última vez que se le vio con vida. La persona que le llevó a la muerte, en cámara lenta, 48 horas después, es Iranztzu Gallastegui, la terrorista que esta semana hemos visto en el banquillo con cristales blindados de la Audiencia Nacional, desafiante y enferma de odio junto con su criminal pareja, Francisco Javier García Gaztelu, acusados ambos por el asesinato de otro concejal del PP, José Luis Caso y a partir de hoy, por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Irantzu Gallastegui, hija y nieta de gurús de la religión de Sabino Arana es el fruto de dos rabiosas y fanatizadas generaciones de nacionalistas vascos. Como se cuenta en “ETA, el saqueo de Euskadi”, su abuelo, Elías Gallastegui fue uno de los más radicales dirigentes de las juventudes del PNV, entonces denominado Comunión Tradicionalista Vasca y uno de los principales ideólogos del incipiente credo racista y xenófobo antiespañol. Su padre, Lander Gallastegui Miñaur, arquitecto y su tío Iker, entrenaron etarras en Francia en los años sesenta. En Iranztu, la asesina de Blanco y de Caso, junto con sus hermanas y su prima Usune, en todas ellas, ha fructificado la simiente del odio sembrada a conciencia por sus padres y abuelo. Todas han dado un paso más: han pasado a empuñar las pistolas en defensa del nacionalismo totalitario.

Tres generaciones alimentadas con el odio nacionalista que justifica el exterminio de quienes no comulguen con su ideología nazi. Desde que Zapatero llegó al poder engrasa, conculca y nutre, junto con sus aliados nacionalistas, la inquina contra el Partido Popular. Cuatro días después de los primeros ataques a Mariano Rajoy y los dirigentes populares, aparecieron las primeras condenas con conjunción, condenas justificativas de la barbarie contra el PP desde la corrupta clase dirigente catalana. El indigno Montilla lo anunció: los populares merecen toda violencia debido “al clamor de la sociedad por su política miserable”.

Rodríguez Zapatero y el nacionalismo en bloque amamantan la bestia de la intolerancia totalitaria que siembra ya de terror –de baja intensidad– Cataluña. El Estatuto de Zapatero y Perpiñán, el Z-ETA-tuto, no colmará el ansia independentista catalán. Lo aprobado este domingo es “la rampa de lanzamiento” a la secesión definitiva, como reconoció Mas. La semilla del odio, la intolerancia con pistolas, fructificará de nuevo. Habrá estirpes de gudaris catalanas que, como Irantzu Gallastegui, serán los hijos de la ira. En este caso, de la ira de Zapatero, Mas, Duran y Carod, que han puesto consciente e intencionadamente al PP en la diana.

¿A qué le han dicho que “sí” los catalanes?
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 19 Junio 2006

No quisiera hablar aquí, ante las primeras noticias sobre el referéndum del nou Estatut d’Autonomia, ni de éxitos ni de fracasos. Los catalanes, por tercera vez en su historia, han acudido a las urnas para aprobar el texto legal que debe marcar su nivel de autogobierno y, con una participación escasa —menos de 1 de cada dos catalanes entre los 5,3 millones convocados a la consulta—, menor que la del referéndum del 79 (59,3), le han dicho “sí” a un texto que, según el CIS, ni conocen ni les interesa; pero que ha ocupado, cuasi en exclusiva, todo el tiempo del Govern de Pasqual Maragall y, por extensión, del de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sospecho que la moderada alegría que anoche, según las televisiones, invadía las calles de Barcelona se irá suavizando al ritmo en que esos mismos ciudadanos comiencen a tener conocimiento y experiencia sobre el Estatut. Es histórico, sin duda, el reconocimiento de Cataluña como nación que incluye el preámbulo del texto refrendado ayer; pero eso, además de llenar de gozo a los líderes de los partidos partidarios del “sí” —tanto más cuanto más separatistas—, ¿le aportará bienestar y satisfacciones a los ciudadanos catalanes? Lo dudo.

Aunque lo que marca la aritmética democrática sea la evaluación de los votos emitidos, hay más catalanes que, entre el “no” y la abstención pasiva, han negado el farragoso texto que, elaborado por el Parlament y pulido en las Cortes, ayer fue sometido a la consideración de una ciudadanía que, por lo que se ve, vive muy de espaldas a las grandes inquietudes de sus líderes.

Este referéndum, y no tardaremos mucho en palparlo, ha establecido una fractura política, de imprevisibles consecuencias, en el ámbito nacional español y, en menor medida, en su natural escenario catalán. El “sí” propuesto por el PSOE, al servicio de su franquicia catalana, el PSC, no significa un contraste coyuntural con el “no” predicado por el PP. Es un ejercicio de ruptura entre los dos grandes —¡y únicos!— partidos de teórica dimensión nacional española.

Por otra parte, el “no” de ERC, coincidente con el “no” del PP, confirmación de la vieja hipótesis de que los extremos tienden a tocarse, marca también una fractura entre las fuerzas nacionalistas. Por decirlo de manera grandilocuente y dramática, no sólo está amenazado el entendimiento clásico de la unidad nacional española, sino que también entra en peligro la unidad catalana. El seny se difumina en el horizonte y la violencia, tan del lugar, asoma sus bigotes.

En el orden práctico, que es lo que más le interesa a los ciudadanos, lo que el Estatut significará para los catalanes, tanto los del “sí” como los del “no” y los de la abstención activa, es, por encima de lo político, el decaimiento económico que, quiérase o no, irá generando el flujo intervencionista, que, contra el ritmo de los tiempos y los supuestos europeos, viene a establecer ese texto que encandila a unos sin haberlo leído y entristece a otros por contagio de sus líderes.

La abrumadora abstención con la que ayer se expresó el pueblo catalán es, mírese como se quiera, un fracaso para el PSC que, a partes iguales, pueden prenderse en la pechera Maragall y Montilla. Uno de los dos, supongo que el segundo, tendrá que presentarse ante sus electores a la vuelta del verano. El resultado del referéndum despeja, si quedara alguna, las dudas sobre el adelantamiento de las elecciones autonómicas.

Tampoco el presidente Zapatero sale bien librado de esta consulta. Se había comprometido con ella hasta colocarla en el primer puesto de la actividad política del Estado y ahí están los resultados: la sociedad pasa, y pasa mucho, de los asuntos que sus líderes convierten en prioritarios. Según enseña Montesquieu, cada día más dañado en un Estado que olvida fundamentales principios de convivencia, el espíritu democrático degenera cuando se pierde el espíritu de la igualdad. En Cataluña, en lo que se refiere al referéndum, unos han sido mucho más iguales que otros. Que se lo pregunten a los militantes del PP y de Ciudadanos de Cataluña.

A qué le han dicho “sí” los catalanes? Se lo han dicho, en voz baja, a una propuesta disparatada que, de hecho, pone fin a una etapa de nuestro, hasta ayer, vigente supuesto constitucional. Hoy estamos inaugurando otra época. En el caso de que el Tribunal Constitucional no llegue a desautorizar el nou Estatut, habrá que ir pensando en la renovación formal y conceptual de la Constitución. Ya es imprescindible.

Sombras Sobre Cataluña
Miguel Barrachina  Periodista Digital 19 Junio 2006

Por el bilingüismo, por la libertad de elección, por el cumplimiento de la Constitución y de las sentencias de los tribunales hay que recordar la frase de uno de los padres del nacionalismo catalán: "No se le quite al niño la lengua que le es propia, porque ello es quitarle el carácter." Francesc Cambó, fundador de la Lliga Regionalista.(1913)

Que sólo uno de cada tres catalanes respaldara ayer el Estatut es un pésimo dato para los organizadores del evento.

Si a la inhibición del ciudadano añadimos la agresividad de la izquierda nacionalista contra el Partido Popular y Ciutadans de Catalunya, hay que concluir que hemos asistido al peor proceso electoral de nuestra democracia.

En Montenegro, situación opuesta a la catalana pero que tantos mentecatos tratan de equiparar-ver este blog-, el resultado del referéndum sería inválido por no alcanzar el 55% de participación.

Dos tercios de los catalanes han pasado olímpicamente de la conversión en nación de su territorio. Al final, aunque se de la sensación en política de que todos ganan, lo cierto es que cuando la mayoría no va a votar, nadie gana, todos pierden especialmente los que nos han metido en este jardín.

Ahora comienza el desarrollo de este intervencionista Estatut, docenas de nuevas normas se ciernen sobre mis vecinos del norte, que pronto verán reducida su esfera de libertad ya que el Govern decidirá por ellos.

Lo que ha ocurrido, el aval para una nueva vuelta de tuerca nacionalista, y lo que va a suceder, especialmente en lo referido a los derechos lingüísticos, se podía esperar cuando en los libros, que los niños catalanes deben estudiar en la enseñanza primaria -"Medio Social" editorial Casals-, establece como lenguas de Cataluña el catalán y el aranés, ignorando la existencia del castellano en esas tierras.

Tengo el mayor de los respetos por el aranés que es utilizado por 3.200 personas, y merece todo tipo de consideración, pero el castellano lo hablan los siete millones de catalanes y poder ser elegido como lengua vehicular en la enseñanaza.

La coexistencia y la convivencia armónica, de catalán y castellano, ha sido habitual desde que en 1.151 el Condado de Barcelona se incorpora a la Corona de Aragón (los niños catalanes creen que existió una inventada Confederación Catalano-Aragonesa).

Muchos autores catalanes de mediados del siglo XV escribían en castellano y desde el s.XVI se editan en Cataluña más libros en castellano que en catalán, lo que no se corresponde con que nuestra lengua común sea despreciada por la comunidad educativa y la mayoría de la clase política.

Un Estatut que nace lastrado de falta de legitimidad
Editorial Elsemanaldigital 19 Junio 2006

Casi el 75% de los votantes aprobó ayer el nuevo Estatuto de Autonomía sometido a referéndum en Cataluña, mientras que poco más del 20% votó en contra. Son datos ciertos que, sin embargo, no reflejan la parte más importante de la verdad. Porque el domingo 18 de junio será recordado en Cataluña y en toda España por su verdadera protagonista, que fue la abstención.

Menos de la mitad de los ciudadanos llamados a las urnas acudieron a ellas a depositar su voto. A pesar de los esfuerzos desesperados de la Generalitat de Pasqual Maragall por fomentar la participación –la Junta electoral Central ha tenido que intervenir varias veces porque el gobierno autonómico estaba violando manifiestamente las leyes al respecto- más del 50% de los mayores de edad en Cataluña manifestó su desinterés o su descontento hacia el nuevo Estatut ignorando la celebración del referéndum.

El resultado es, así, mucho más significativo: dos de cada tres catalanes no aprobaron el Estatut, sea porque votaron en contra o porque, sencillamente, no lo votaron. Para un texto que según sus defensores venía a colmar una acuciante demanda social es bastante poco.

Esta situación puede disimularse en los medios de comunicación políticamente comprometidos a favor de José Luis Rodríguez Zapatero, pero para los partidos políticos que han pedido el "sí", o que pidieron el "no" porque querían aún más concesiones al nacionalismo, la situación es preocupante. Los propios votantes del PSC y de CiU han desobedecido las consignas dadas por sus partidos, y se han quedado en casa o se han ido a la playa. Ante un horizonte electoral, en el que Pasqual Maragall y José Montilla deben dirimir su disputa para encabezar la lista del socialismo catalán y en el que el nacionalista Artur Mas espera que Zapatero recompense su apoyo al Estatut con un retorno al poder, la advertencia es muy seria.

La lección debe aprenderse también en La Moncloa. Emprender un proceso de cambios institucionales sin consenso, y excluyendo a priori a un amplio sector de la opinión española, tiene estos riesgos y avala las tesis mantenidas por el PP. Zapatero no quiso el consenso con los populares y ha cosechado una importante derrota moral. Legalmente, en principio, parece que el Estatut prosperará a falta del recurso ante el Tribunal Constitucional anunciado por los de Mariano Rajoy; pero la democracia no es sólo una cuestión matemática, sino también un marco de convivencia que, en Cataluña, parece roto.

Del modelo de consenso nacional al modelo de secta partidista
Santiago Abascal elsemanaldigital 19 Junio 2006

El fracaso del primer paso del proyecto de Zapatero no impedirá su extensión. Los resultados del 18-J muestran el divorcio entre la clase dirigente socialista y la mayoría de los españoles.

19 de junio de 2006. Habían empezado por Cataluña. Teníamos que responder -nos decían- a las incontenibles ansias de autogobierno, al parecer más fuertes en Cataluña que en cualquier otro lugar conocido. Bien; hoy hemos cuantificado exactamente esas ansias, esos ánimos disgregadores. Hoy hemos sabido exactamente cuántos catalanes han querido definir a Cataluña como nación.

Visto el resultado catalán y las verdaderas ansias de los catalanes -han preferido la playa al Estatuto- imagínense ustedes lo disparatado de extender el experimento de Zapatero por toda la geografía española. ¿A cuántos andaluces conseguirá sacar de la playa la "realidad nacional" andaluza? ¿Superará Galicia la participación del 30% de su actual Estatuto? ¿Más vascos votarán el cambio que se avecina que los que apoyaron el vigente Estatuto de Guernica? Visto lo visto, parece que no. Parece que el modelo sectario y disgregador de Zapatero no recibirá apoyos masivos, sino indiferencia mayoritaria y rechazo significativo.

Porque lo visto ayer en Cataluña es que se ha sustituido el Estatuto vigente -apoyado por el 88% de los catalanes en un referéndum con participación del 60% del censo- por el Estatuto de ZP, apoyado por el 74% de los que no fueron a la playa, y con una bajísima participación del 49%. Tales resultados tienen una lectura, además numérica: sólo el 36% de los catalanes con derecho a voto apoyan este Estatuto. Sólo el 36% de los catalanes apoyan las tesis de Zapatero, Maragall y Mas. Sólo 1 de cada 3 catalanes definen, de forma "ampliamente minoritaria", a Cataluña como nación.

El modo orgiástico con el que los socialistas han recibido tan negativos resultados para sus intereses no augura nada bueno. Al contrario, negros nubarrones se avistan en el horizonte. El fracaso de Cataluña se extenderá a toda España –fracasando en toda ella- y será presentado sistemáticamente como una gran victoria. Del modelo de consenso, del modelo de la transición, estamos pasando –vertiginosamente, casi sin darnos cuenta- al modelo de secta traído por Zapatero. Y no sólo servirá el modelo para los estatutos venideros, sino para la Constitución venidera, que será una Constitución de parte, sectaria, a imagen y semejanza de ZP, en la que quedará excluida la mitad del pueblo español, en la que se recuperarán las dos Españas.

Lo ocurrido en Cataluña es una autentica acta notarial del divorcio absoluto de los dirigentes socialistas con el pueblo español y con los ciudadanos de cada comunidad autónoma. Pero esa evidencia, esos resultados ominosos, no harán mella en quienes sólo oyen los aplausos de la secta. Y los Estatutos anticonstitucionales y antinacionales se extenderán como una imparable mancha de aceite certificando la locura, el aislamiento y la falta de patriotismo de Zapatero.

En cualquier caso, no olvidemos que el Estatuto aprobado no sólo carece de legitimidad porque lo hayan apoyado minoritariamente los catalanes sino porque no lo hemos apoyado, no lo hemos votado, -porque nos han usurpado la soberanía nacional-, el conjunto de los españoles. Ese modelo de secta y de usurpación es el que, de la mano de ETA y de ZP, viene ahora, derrotado y triunfante, a atacar el País Vasco y a desbaratar España.

Los catalanes propinan con su abstención un batacazo histórico a Zapatero y al nacionalismo
Jesús Cacho El Confidencial 19 Junio 2006

Con una participación inferior al 50%, los catalanes han dado un clamoroso voto de castigo a José Luis Rodríguez Zapatero y a una clase política nacionalista catalana que se mueve entre la esterilidad y la pedantería, dejando claro que ni se sienten superiores al resto de los españoles ni quieren separarse de España, y mucho menos servir de coartada a los planes que el presidente del Gobierno tiene concertados con una panoplia de enemigos de la idea de España con la deseo de perpetuarse en el poder, que a eso se reduce, sospechan tirios y troyanos, el fenomenal lío que Zapatero ha montado en dos años y pico de mandato.

Varapalo a Zapatero porque ha sido el motor de un nuevo Estatuto que apenas interesaba al 6% de la población catalana cuando estaba siendo discutido en el Parlament, y que parecía embarrancado, más muerto que vivo, hasta que el Presidente del Gobierno llamó a Moncloa a Artur Mas y le dio nueva vida, enloquecida vida a un remedo de Constitución a la soviética manera que invade parcelas de algunos derechos fundamentales de la persona que en Europa se consideraban sagrados desde la Revolución francesa, un proyecto que únicamente convenía a su mentor en Madrid, el señor Zapatero, y a una clase política, la nacionalista, alejada de las preocupaciones diarias de la gente y empeñada en juegos de poder en su personal provecho.

A esta aberrante filosofía política han dado ayer mayoritariamente la espalda los votantes catalanes. Hablar del porcentaje de 'síes' es irrelevante; lo mismo que hablar de los 'noes'. La única referencia importante, trascendente, decisiva incluso, de la consulta de ayer consistía en saber qué porcentaje de catalanes se movilizarían con respecto al referéndum celebrado en 1979 para aprobar el Estatuto nacido de la Constitución del 78. Pues bien, ya lo sabemos: el referéndum de 1979 contó con una participación del 59,7% de los catalanes, el 88,15% de los cuales aprobaron el texto.

Las diferencias con lo ocurrido ayer son clamorosas y convierten en ridículas las matizaciones, verdaderamente pintorescas, que los nacionalistas y sus compañeros de viaje mediáticos intentaron anoche con más voluntad que acierto. Los catalanes no necesitaban ningún nuevo Estatuto, porque ya tenían uno y había demostrado funcionar aceptablemente bien. Tres años de Gobierno tripartito y ríos de tinta, cientos de horas de televisión y miles de horas de radio no han conseguido movilizar a los votantes en apoyo de un texto que la inmensa mayoría consideraba innecesario.

De las tranquilas aguas del oasis catalán ha emergido la figura del monstruo del lago Ness para propinar un susto de muerte a los políticos del PSC, de CiU (el señor Mas pensaba rentabilizar en su provecho el “éxito” de la consulta) y de ERC. Clamoroso varapalo el de ERC. La posición del PP catalán en este entierro se antoja anecdótica, al punto de que no debería sacar ninguna lectura triunfalista de lo ocurrido.

¿Y Rodríguez Zapatero? Posición complicada en extremo la suya. Conviene recordar que el Presidente negó su apoyo al Plan Ibarretxe en el Parlamento español por llegar a Madrid con el apoyo de solo el 51% del parlamento vasco. ¿Qué hacemos ahora, señor Zapatero? ¿Qué hará usted ahora, aparte de obsequiarnos con alguna de sus gansadas en forma de frase lapidaria? Lo ocurrido ayer en Cataluña es una enmienda a la totalidad a su estrategia política de demolición de la Constitución del 1978, un resultado que debería conducirle a convocar elecciones generales de inmediato, porque lo de ayer no puede interpretarse más que como una desautorización en toda regla a esa política.

Dice Pío Baroja en sus Memorias que poco antes de la proclamación de la II República, Ortega y Gasset pensaba, como ahora ZP a otro nivel intelectual, en un cambio mágico para el país. “Yo auguraba algo muy malo y acerté”, dice el novelista de Vera de Bidasoa. “Estaba inclinado a pensar que sólo los gobiernos viejos y llenos de experiencia pueden dar una vida tranquila a los pueblos. Este convencimiento mío procedía de que yo, en mi juventud, había leído varias historias de la Revolución Francesa, lo que no habían hecho mis compañeros, y a mí la Revolución Francesa me parecía un esquema que se repetiría en los pueblos de Europa siempre que se intentase un cambio político de esa índole, con sus tres fases: utopía, revolución y reacción”.

Con los datos de ayer en la mano, parece que en esta ocasión la reacción del pueblo catalán va a impedir la huida hacia nadie sabe dónde que Zapatero ha emprendido por su cuenta, ante la mirada asombrada de gran parte del viejo PSOE, con Felipe González a la cabeza. Por fortuna, y como decía Vivian Leight en la escena final de Un tranvía llamado deseo, los políticos siempre han estado y seguirán estando “a merced de la bondad de los desconocidos”, quienes de vez en cuando suelen sorprenderles de forma radical. Pues bien, en esta ocasión no solo han sorprendido, sino que, con su actitud, probablemente han abortado un viaje hacia lo desconocido, haciendo un favor de importancia histórica a Cataluña y España.

Lo de CATALUÑA ayer: "Lo de LOS PUEBLOS"... siempre
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 19 Junio 2006

EL PUEBLO ESPAÑOL
(Su realidad… la del catalán)

Partamos de la base cruda y real, de que el político, la política, el gobernante; generalmente ve al pueblo como “la res pública” (“vaca lechera”) a la que se tiene y gobierna, para eso mismo, para cuidarla en lo mínimo y sacarle el máximo; y eso, el pueblo lo sabe o lo intuye de forma natural; por tanto la reacción en Cataluña ha sido la real y cruda, de… “para qué votar, si éstos van a seguir haciendo lo que les venga en gana; nosotros somos impotentes y sólo nos quieren para pagar… por tanto comamos y bebamos que mañana moriremos”. Esa es “la molicie” en que terminan los pueblos con los que no se cuenta para nada en absoluto. Puesto que es cierto; si en España se refrenda (por el pueblo en masa) una Constitución, hace ya treinta años y sin casi desarrollar ni la letra ni el espíritu de la misma (han hecho lo que les ha dado la gana los cacareadores de la misma: lo que han aprobado es ilegal) ahora, nos quieren colocar nada menos que diecinueve, constituciones (Ceuta y Melilla incluidas) y convertir lo que sigue siendo una nación, en una “olla de grillos locos”… ¿qué va a hacer el pueblo que piensa y el que no?... pues lo que ha hecho, comer beber, irse a la playa o quedarse durmiendo en casa y a los políticos, pues que les vayan dando… “muchas más prebendas y sinecuras de las que ya se han asignado y que son infinitas”. Toda una lección al fracasado sistema político español, que ha terminado con todas las ilusiones de un pueblo.

¿Qué ha votado menos del cincuenta por ciento y de ellos un treinta por ciento no ha dado el si?... Hagamos lo que los políticos y “juguemos con las cifras”. ¿Si a los que han votado el si, pudiéramos deducir la infinidad de “enchufados o beneficiarios” de lo que esperan recoger… cuantos ciudadanos libres en verdad, han dado el si? ¿Entonces que democracia es ésta que “se lo traga todo”? Recordemos que recientemente e internacionalmente, se fijó en que unas elecciones serían válidas, si el 55 % votaba sí (Montenegro)… ¿Entonces que es esto… una democracia? ¡No se lo creen ni ellos! Lo que ocurre es que viven y viven bien, a costa de tanta mentira y ante la impotencia de un pueblo que sólo lo requieren para pagar y votar.

Significo en este caso, que tengo al pueblo catalán, cómo de los “más avanzados” de los de toda España y por ello mismo, han estado siempre a la cabeza en lo económico, oficios y carreras universitarias, etc. Bueno “pues se han ido a la playa”. ¿Por inútiles?, no, ya lo he dicho antes… “por cuanto en mayoría se sienten impotentes”.

Los pueblos los forman o deforman sus gobernantes y a la vista está lo que cada día nos muestra ese pueblo, que en realidad es “una masa” dócil (ya lo calificó bien el Imperio Romano con la palabra “res”, que como sabemos designa a cantidad de animales). Por ello somos pocos los que pensamos y sabemos, que… “La política es el arte de gobernar bien a los pueblos y que por tanto, es algo tan importante y tan delicado, que es temerario dejarla sólo en manos de los políticos. De ahí la imprescindible necesidad de que existan organizaciones cívicas y fuera de la política, que conformen una fuerza que no deje actuar impunemente a los políticos, puesto que si no es así, se corrompen y a la vista está ello en todo el mundo actual”.

Por ello ocurren las aberraciones que vemos constantemente y ahora mismo se repiten, con esas absurdas manifestaciones por cuanto “el equipo barcelonés” ha ganado una copa, o el “sevillano” otra; o también y lo oigo mientras escribo… “veinte mil españoles se van a desplazar a Alemania, para ver no se qué encuentro entre un par de docenas de individuos que le dan patadas a una pelota”… ¿qué va a reportar esto a la res pública?... nada en absoluto, pero están deformados por unas enseñanzas dirigidas exclusivamente por la política imperante del hoy “pan y deportes”.

Todas las masificaciones son deformantes y enmascaran unas realidades subyacentes muy preocupantes; y ello se demuestra en la verdadera responsabilidad masiva de “la res pública”, o sea las votaciones en las urnas, que afortunadamente hoy tenemos; pero idiótamente (“la res”) y en lo más importante de su misión “de control”, declina su máxima responsabilidad y lo hace en mayoría con la terrible frase de… “la política para los políticos”… ¡No… absolutamente no! Ya lo digo arriba el por qué de ello. Si la mayoría del pueblo no asume sus responsabilidades, esto acabará mal… y en España, tenemos la década de 1930 a 1940 como la mayor tragedia de su historia y que no debiera repetirse, pues si se repitiera… ¡¡Lo mereceremos!! Tomen nota los políticos actuales, puesto que, “tal y como están las cosas”… ¡¡Es su responsabilidad!! ¿Sabrán en realidad lo que tienen sobre sus espaldas hoy?

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen.ciudad.org (allí más temas)

Referéndum
Ciutadans  Periodista Digital 19 Junio 2006

Ciutadans de Catalunya hace la siguiente valoración del resultado del referéndum del nuevo Estatuto de Cataluña:

1.- El nuevo Estatuto no ha sido ratificado por la mayoría de los catalanes. La abrumadora abstención ofrece una clara lectura: Cataluña no respalda este estatuto de corte identitario.

Hoy se reafirma la razón de ser de CIUTADANS DE CATALUNYA: el abismo existente entre la clase política catalana y la ciudadanía. El lema de nuestra campaña “Cambia de políticos, no de Estatuto” queda avalado con el resultado del referéndum; los ciudadanos de Cataluña han dado la espalda a este proyecto innecesario.

2.- Ni siquiera la utilización de dinero público en una campaña institucional dirigida a favor del sí, ni la contravención de las normas de la Junta Electoral, ni la manipulación de aquella parte de la sociedad civil subvencionada, ni siquiera los intentos ocasionales de amedrentamiento de las formaciones contrarias ha conseguido una participación que legitime este proyecto.

3.- En el referéndum del Estatuto vigente, más de la mitad de los catalanes avaló un Estatuto que nos unía; ahora sólo 3 de cada 10 catalanes respalda el Estatuto del nacionalismo.

4.- Después de dos años y medio de un gobierno ajeno a los intereses de las personas, y de una oposición inoperante, es imprescindible la convocatoria inmediata de elecciones que permita a los catalanes evaluar la acción del gobierno y el gran fracaso del proyecto de Estatuto.

5.- El Estatuto nace deslegitimado y la mejor solución ante esta situación es su inaplicación. Es hora de esforzarse en las políticas sociales, de conciliar a los catalanes con el resto de españoles, de mejorar la imagen de Cataluña y de sus instituciones.

Nos hallamos probablemente ante el principio del fin del mito de la Cataluña nacionalista y ante una nueva etapa: aparece, por fin, y se hace visible políticamente la Cataluña de los ciudadanos.

Ciutadans de Catalunya
En Barcelona, a 18 de junio de 2006

TAN SOLO UN 37 % DE LOS CATALANES APOYÓ EL ESTATUT
Editorial minutodigital 19 Junio 2006

Más de la mitad de los catalanes no acudieron a votar, dejando muy claro que el estatuto ha sido un invento de los políticos, elaborado a espaldas del pueblo. Una participación tan solo del 49,29% y un apoyo del 73,90% con un voto negativo del 20,78%. Rotundo fracaso pues de la propuesta nacional-socialista, ya que la mayoría de los catalanes es indiferente al proceso de construcción nacional de Cataluña. El estatuto no va con ellos.

Según Maragall, el referéndum suponía una decisión sobre "cómo quiere ser Cataluña, cómo quiere estar en España y en el mundo y cómo quiere que sus ciudadanos se sientan y qué tienen que sentir cuando oigan el nombre de Cataluña". Pues ya lo sabe señor Maragall, a los catalanes les importa un bledo sus artificiales propuestas.

En esta situación evidentemente el estatuto carece de legitimidad al no haber recabado el apoyo de la mayoría de los catalanes. El estatuto que se pretende aprobar no representa sino la opinión parcial de una parte no mayoritaria de Cataluña. Pero es que además el referéndum sobre el estatuto suponía un test sobre el modelo de reforma del estado de las autonomías que el PSOE de Zapatero quiere imponer. Un modelo que no ha querido ser sometido a la consulta de los españoles, pero de cuyo categórico rechazo ya no nos cabe la menor duda a la vista del pobre resultado cosechado en Cataluña, región en la que en teoría debía haber obtenido un apoyo incondicional, en atención al tan famoso como presunto “hecho diferencial”.

Debe abriese consecuentemente un proceso de reflexión entre la clase política izquierdista que evite que siga adelante un modelo de reforma estatal y estatutaria que es ajeno a los deseos de la mayoría de la ciudadanía. La cordura y la prudencia aconsejan que este estatuto no debe llegar a promulgarse. Pero como no esperamos un ejercicio de responsabilidad por parte del PSOE, no solo se deben adoptar medidas legales y jurídicas para impedir su entrada en vigor, o al menos se suspenda la aplicación del estatuto, sino que la sociedad debe adoptar una abierta postura de rebeldía civil que paralice la aplicación de este estatuto.

Desde luego una vez confirmada la impotencia de los núcleos separatistas, solo se comprende su aparente auge en la complicidad de un PSOE que acoge con simpatía las aspiraciones desmembradoras de estos partidos minoritarios. Los propios socialistas deberían ser los primeros interesados en acabar con la degradación a que Zapatero ha sometido a la izquierda española, poniéndola al servicio de esa conspiración separatista. Pero en todo caso asistimos a la primera grieta en los muros que Zapatero esta levantando para dividir a la sociedad española.

La Cataluña de los prodigios
Pedro Fernández Barbadillo minutodigital 19 Junio 2006

No sólo Barcelona es la ciudad de los prodigios, sino que en toda Cataluña se suceden prodigios como en un bosque alemán poblado de gnomos, hadas y princesas. Es un prodigio que si a las seis de la tarde había votado menos del 34% del censo, en las dos horas restantes lo hiciese casi un 16%. Es otro prodigio que la Generalidad fuese dando los resultados del escrutinio mientras no ocultaba el dato de la participación. Un tercer prodigio es que la Esquerra que pidió el no pretenda apropiarse de la abstención y que el PP, contra el que se dirigió toda la campaña, no defienda ni a sus votantes ni su postura. El mayor prodigio es que los charnegos de Hospitalet, Sabadell y Barcelona hayan votado lo que les pedía un señorito como Maragall y acepten así seguir siendo ciudadanos despreciados por el régimen nacionalista. ¿Qué habrán votado los vecinos del Carmelo?

¿ Votó el 49.4% ?, para mí que hubo pucherazo....
Fernando Gallego  Periodista Digital 19 Junio 2006

En España cuando se trata de números da lo mismo 8 que 80, no en vano tenemos el sistema educativo más rezagado en matemáticas de todos los países de la OCDE. Los periodistas dan cifras a las que ponen o quitan un número apreciable de ceros sin inmutarse, y lo que es peor, los destinatarios de la información raras veces reparan en la errata. Leemos los números, en definitiva, con poco sentido de la mesura.

No es de extrañar por tanto que admitamos como válidas las informaciones que incorporen más de un guarismo, sin plantearnos la idoneidad de los planteamientos.

Todo esto me vino a la cabeza anoche, mientras oía los resultados del referéndum sobre el Estatuto de Autonomía catalán. Lo que escribo a partir de ahora sé que es una nimiedad, porque no tengo los datos necesarios, pero al menos tiene cierta lógica numérica con las informaciones que previamente nos habían dado. Resulta que sobre las 19 horas nos dan los datos oficiales de porcentaje de participación a las 18 horas, que fue del 35%. Cualquier observador con un sentido aceptable de la proporción, se da cuenta que la participación es muy escasa, y si es una persona curiosa, coge papel y lápiz y plantea: Si en 9 horas de votaciones han participado 35 personas de cada cien, en 11 horas que dura todo el proceso ¿cuántas participarían?. Los estudiantes de la LOGSE, el caladero de talentos de los socialitas, no creo que tengan dificultad para resolver el problema, cuya solución es 42.77%. Esto quiere decir que siguiendo el flujo medio de votantes entre las 9h y las 18h, durante las dos horas restantes, la participación hubiera sido de poco menos del 43%. Por cierto, este es un porcentaje que se aproxima al que dieron medios tan poco sospechoso como La Cuatro, nada mas cerrarse los colegios.

Pero no, el gobierno de Maragall no dio el índice de participación nada más cerrarse los colegios electorales, lo fue cocinando con ese programa informático tan maravilloso que dicen que tienen, y fue proyectando la participación a cada oleada de recuento de votos. Curiosamente esta iba subiendo conforme avanzaba el escrutinio, cuando es un dato que debería haberse mantenido casi constante a lo largo de todo el proceso de recuento.

Esto significaría que en las 9 primeras horas de votaciones el flujo de participación por cada 100 electores fue de 3.89 votantes cada hora, mientras que en las dos últimas, de 7.2 personas en cada hora. Prácticamente el doble. ¿Hubo una afluencia masiva al final de la tarde?. Esto no suele ocurrir, por lo que es digno de estudio.

Cinco o seis puntos de diferencia de participación sirven para maquillar un desastre, y para que ZP hable de forma triunfal de un éxito, y se empecine en hablar de una participación suficiente. Sería interesante que otras personas con mas datos estudien el asunto, ya que no es nada baladí.

Fallo de la máquina de propaganda
Jesús Montesinos  Periodista Digital 19 Junio 2006

El referéndum de Catalunya ha salido como tenía que salir. El sí ha ganado con todas las de la ley. Ni siquiera el dato de una participación inferior al 50 por ciento enturbia el triunfo de los partidarios del texto cocinado por Zapatero y Artur Mas. Pero este el primer fracaso de la máquina de propaganda política del PSOE. El gobierno y su partido necesitaban una participación del sesenta por ciento, para exhibir el poderío político apuntado con dos años dedicados a redactar el primer paso de la nueva Constitución. Por eso Pascual Maragall se saltó todas las normas y pidió la participación el mismo viernes por la noche por televisión.

La máquina de propaganda política que ha montado Zapatero en la Moncloa y en el partido es la más importante que jamás ha tenido un gobierno en España. Ni siquiera aquellos buenos tiempos de José Félix Tezanos y Alfonso Guerra o Miguel Angel Rodríguez se aproximan a los mimbres utilizados para hacer la gran cesta mediática de Rodríguez Zapatero. Es una gran máquina política que le está dando grandes resultados a sus maquinistas, que tienen todo el aceite que haga falta para engrasarla. Tienen aceite y ni un ápice de vergüenza para utilizarlo a tope. Pobre del medio de comunicación que no trague. Aquí la única verdad independiente y objetiva es la que reparte la Moncloa. En el PP de Mariano Rajoy ni se han enterado todavía y creen que lo del ¡Pásalo! fue lluvia de un solo día. Ellos, que también hicieron de las suyas, son unos aprendices frente a estos buenos profesionales de la propaganda.

La máquina la rodaron con el Prestigie, con la guerra de Irak, con el citado ¡Pásalo! y con la campaña electoral de Zapatero, que tan bien dirigió Juan Campany. Luego, desde el gobierno, todo ha sido coser y cantar. Con el CIS controlando los estados de opinión, el presidente ha teatralizado las acciones políticas en función de los subes y bajas de los españoles. Aunque fuera negando las evidencias hasta el ridículo, la cuestión ha sido, es y será ser el adalid de la tolerancia, el diálogo, la democracia, frente a la soberbia y los fallos del PP.

Pese a tener claros sus objetivos: segunda transición, cambio del modelo territorial, nuevas relaciones económicas y la búsqueda de una nueva visión hegeliana de España (no la de Ortega), Zapatero no ha ido directo a ellos. Ha hecho los quiebros oportunos para conseguir el resultado elegido sin hacer enfadar a los españoles. Por eso la Moncloa cocinó oportunamente el Estatut de Catalunya, sacando de la chistera los conejos necesarios (sellos, detenciones de mafias, pateras de Canarias…) cuando algo se enquista. Ya lo verán en las próximas semanas, a medida que avancen las negociaciones con Batasuna-ETA. Porque, si quiere sentarse con Otegui, ¿no sería más fácil legalizar Batasuna? ¡Ah no! Eso no lo traga el populacho. Habrá docenas de conejos corriendo por los titulares.

Todo, pues, está en clave propagandística. Todo en base a unas magníficas estrategias que cogen al PP con la sola defensa de la rancia idea de la unidad de la patria. Algo que ya no moviliza a nadie. Al fin y al cabo, pese a tanto Estatuto y tanta historia con el País Vasco o la nación, uno coge el coche y va a Port Aventura sin necesidad de sacarse el pasaporte. Y paga con euros. Lo demás son historias.

Pero el riesgo de vivir siempre pendiente de la propaganda política es como el de estar siempre al borde del precipicio. Un día te caes y cuesta mucho levantarse. Ahí está el porcentaje de participación en el referendum catalán. No va a cambiar nada. Ni siquiera el PP o Esquerra Republicana pueden apuntarse un tanto. El no ha sido el previsto. El fallo ha sido que la máquina de propaganda (la utilización de los grandes diarios catalanes ha sido vergonzosa) no ha conseguido movilizar nada más que a los ya convencidos. Los demás han pasado, están descontentos, son unos descreidos o no tragan las historias de Zapatero y a Más. Veremos ahora cómo venden la presencia de una ONG vigilando los pactos con ETA, como si fuera la ONU controlando una descolonización vergonzante. ¡Señores, hasta ahí hemos llegado con la propaganda!

Estatuto de Cataluña: ¿por fin R.I.P?
Raúl Tristán  Periodista Digital 19 Junio 2006

Después de meses y meses, casi diríamos que años, lo que lleva gobernando Zapatero, en los que la política nacional ha estado centrada, en su mayor parte, en un asunto tan innecesario de resucitar como la necesidad de la reforma del Estatuto catalán, el día D llegó.

Sí, y nos ha confirmado lo que todos pensábamos: que la testarudez mostrada por algunos políticos (catalanes y no catalanes), emperrados en implicar a España entera en un asunto realmente baladí, obcecados en la perentoria necesidad de reformar un Estatuto, y en hacer de ello asunto nacional, no era nada más que una táctica más para ganar votos, para permanecer en las portadas de los medios, para darse mayores ínfulas, para hacer creer a todos que eran muy importantes, que su persona era imprescindible en el panorama español actual, etc, etc,etc...

Después de meses y meses aguantando a zapateros, carods, maragalles, eerreces, peseces, cius,...asaltándonos en sueños a todas horas, ellos, los imprescindibles, los diosecillos de la política, los ombligos centro de España... después de crisis de gobierno, de tripartitos traicioneros y tiranos, de egocentrismos arcaicos e insolidarios... En definitiva, de aguantar día y noche que en todas las cadenas de tv, en todas la emisoras de radio, en la prensa toda, no se hablara de otra cosa, ahora resulta que "eso" que tan importante era para el pueblo catalán, sólo importaba a menos de la mitad de los catalanes.... ya que el resto ha preferido irse a plantar la sombrilla a la playa.

Señores, una vez más se demuestra la manipulación que nuestros políticos han pretendido llevar a cabo: hacernos creer, al pueblo catalán el primero, que su estatuto necesitaba una reforma urgente, y que, además, Zapatero y su amigo Carod iban a ser los adalides de dicha causa, ampliamente reclamada y deseada por los catalanes, para posteriormente colgarse la medalla.

Medalla por el estatuto catalán, medalla por el fin del terrorismo, medalla por...

Esta vez no hay medalla, Sr. Presidente, el cargante asunto del Estatut sólo ha provocado inquina del resto de comunidades hacia Cataluña, boicot a sus productos, ruptura de gobiernos, crisis en el seno de la sociedad con la exacerbación de los grupos fascistoides nacionalistas independentistas antidemocráticos, con agresiones a líderes y personas, con el sometimiento a los extremistas...

Pero el pueblo catalán ha sido en cierto modo sabio, y les ha dicho a todos ustedes, quieran o no verlo así, que ese tema les importa un comino, que lo que quieren los catalanes es seguir viviendo tranquilos, sin enfrentamientos, sin memeces, sin palurdos que les digan cómo deben pensar.

El pueblo catalán se ha largado a la playa, a tomar el sol y las aguas, y a decirle a su clase política: ¡Ahí os zurzan a todos!.

Y los demás, quizás ahora podamos descansar, dejemos de oir todo el día el aburrido soniquete del Estatuto, que ya nos tiene hartos.

Nuestro país tiene muchas cosas importantes (y reales)de las que preocuparse, como para andar inventándose tonterías por ahí.

Estatut : un fiasco
Antonio Pérez Henares  Periodista Digital 19 Junio 2006

Ganó el SI, claro. Con un 74%. El NO anduvo raspando el 21% y el voto en blanco pasó del 5%. Pero la cuestión casi no era esa. El triunfo del SI se daba por descontado. Lo que había que contrar era el respaldo . Y ahí es donde duele.
La participación no es que haya alcanzado el 55% esperado y proclamado como meta por Zapatero y Maragall , es que no ha llegado ni a la mitad del censo. Se ha quedado en el 49%. A más de la mitad de los catalanes con derecho a voto no les ha dado la gana votar.

O sea, que haciendo unos fáciles números que seguro que ya han hecho algunos pero que no van a querer ni oir hablar, resulta que de 5.300.000 catalanes votantes la cifra que ha apoyado el Estatut no llega ni a los dos millones. O sea, que el apoyo global con el que cuenta es de un 36 % del censo electoral. Y si eso no es un fiasco, que venga Dios y lo vea.

El anterior Estatut logró, y las comparaciones no solo no son odiosas sino en información estrictamente necesarias,que acudieran a las urnas un 60 % y que votara a favor mas de un 88%, o sea que mas de un 52% del total del censo, su mayoria absoluta, le dio su respaldo.

A este apenas poco mas de uno de cada tres catalanes le ha dado su aprobación. El resto, cerca de tres millones y medio o ha pasado, o ha votado no o ha votado en blanco. Para tirar cohetes, vamos.

Las excusas y las justificaciones tempranearon. Luego las bañaron con cava como si de una gran victoria se tratara. Pero las burbujas no pueden ocultar los hechos. Y los números lo que cantan es que todo esto ha sido un tremendo fiasco.
Un viaje que solo ha llevado a un sitio peor del que se había salido y que , además, no ha resuelto problema alguno sino que los abre aún mas grandes a partir de mañana mismo.

NOTA: El censo catalán perdió ayer de la mañana a la noche 107.476 votantes.El facilitado el día anterior y publicado por todos los medios fue de 5.309.767. Ayer por la noche re redujo a 5.202.291. Más de cien mil ciudadanos catalanes se han evaporado. Se ha ahorrado así un punto mas de abtención pues la participación con el censo anterior hubiera sido aun menor: de un 48,40

Referéndum catalán: sin legitimidad de origen
Sancho Michell de Diego  Periodista Digital 19 Junio 2006

Se pongan como se pongan los promotores del invento, la realidad objetiva es que el nuevo Estatuto de Cataluña nace tocado del ala. Su respaldo se reduce a un tercio de los votantes catalanes. Más de la mitad del electorado se ha abstenido. Con tan escasos avales, nadie puede considerarse legitimado para romper el Estado de las Autonomías.

El Estatuto nace con un problema de legitimidad y el Gobierno español lo sabe. Si el Gobierno español –porque el problema está aquí- insiste en seguir adelante con el proceso, estará trastocando de arriba abajo el sistema constitucional español por la voluntad de un tercio del electorado de una sola comunidad autónoma. La situación es tan descabellada que parece fruto de una pesadilla.

Pero es bien real: es el producto material de muchos años de abandono de la nación española, de muchos años de crecimiento tolerado de los particularismos y los separatismos, de muchos años de inhibición de quienes deberían defender la unidad nacional. ¿Quizá lo comprenderán ahora?

FUNDACIÓN PARA LA DEFENSA DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

Un referéndum como ganzúa
José Javaloyes Estrella Digital 19 Junio 2006

Cuando se abstiene algo más del 50 por ciento del electorado catalán, como ha sido el caso, ¿qué porcentaje de participación se puede considerar democráticamente representativo cuando se trata de un referéndum: consulta directa y monográfica; es decir, de un acto prácticamente constituyente porque además introduce un elemento soberanista donde no lo había?

Una consulta con específica acepción de soberanía, como es todo referéndum como el votado ayer en Cataluña, requiere por su propia naturaleza, además de legitimación adecuada para poderlo convocar, de dos condiciones capitales: caudal de votantes, que define el interés popular por la consulta, y proporción suficiente de síes, que expresa el nivel de aceptación de la oferta a los ciudadanos hecha desde el poder.

El interés que desde el poder se tenga en que sea aceptada la propuesta de ley sometida a referéndum vendrá definido en este orden de cuestiones complementarias, por el nivel de participación que se produzca. El entusiasmo de los catalanes por la iniciativa que partió del 90 por ciento de la clase política regional, en cambio, ha llegado donde ha llegado en término de votos: del orden del 36 por ciento de síes.

Manuel Azaña, decidido partidario de que Cataluña dispusiera de un Estatuto de Autonomía (aceptando incluso, en un primer momento, la idea de la autodeterminación), estableció que el mínimo de votantes favorables estuviera muy por encima de lo que establece la Ley de Referéndum y de donde se ha llegado en el tercer Estatuto catalán. José Luis Rodríguez ha puesto el lístón a precio de rebajas, porque de lo que se trata es de una liquidación por fin de temporada: la de la Transición. En términos de participación, creía el presidente que se superaría el nivel del 50 por ciento. El dato no está nada mal para este año de la memoria histórica.

Visto el previsible “efecto clonación” que el texto catalán habrá de tener en la cadena de reformas estatutarias, y considerado el calado constituyente de este Estatuto —junto con el de Andalucía, País Vasco, Galicia y alguno más de los que vengan— las apuestas de participación y aceptación debieron ser otras.

Y todo ello, lógicamente, sin entrar en el asunto capital de que el sujeto de los pronunciamientos en referéndum sobre cualquier modificación de la Constitución corresponde al pueblo español en su conjunto, que es el titular de la soberanía, y no a la fracción electoral propia de cada Comunidad Autónoma, siempre que la reforma estatutaria afecte a la Carta Magna, como es el caso de Cataluña y de cuantas reformas estatutarias le sigan en semejante calado de pretensiones. No pocos catalanes habrán caído en la cuenta, en este sentido, de que la responsabilidad de su voto se proyectaba más allá de Cataluña y alcanzaba al entero conjunto de España. La consulta del domingo 18 de junio ha sido, en términos prácticos, tanto como una desairada llave falsa para cambiar la Constitución. El instrumento de apertura, el Estatuto refrendado ayer, no ha sido siquiera llave sino ganzúa.

Porque resulta, además, que el cambio incoado con el Estatuto de Cataluña no es sólo un cambio constitucional de ajuste: sí un cambio de modelo de Estado. Eso del “federalismo asimétrico” de Maragall, no es federalismo sino confederalismo. El federalismo, sustancialmente, ya estaba en el modelo territorial de la Constitución de 1978, la del Estado de las Autonomías.

En este sentido, la cosa está clara si se considera que, en términos proporcionales, el gasto de las Comunidades en España frente al de la Administración central supera ampliamente al de los Estados norteamericanos respecto al gasto federal de Washington. Y allí, además, sólo hay una nación y una cuarentena de Estados, mientras que aquí se trata de un solo Estado y, potencialmente, hasta 17 naciones. A partir de la votada ayer en Cataluña.     jose@javaloyes.net

Galicia pidiendo turno
EDITORIAL Libertad Digital 19 Junio 2006

Con el Estatuto catalán aprobado en referéndum por la mínima, ya estaba tardando el bipartito gallego en pedir lo mismo. Parecidos ingredientes -Perez Touriño, socialista y Anxo Quintana, nacionalista- e idéntico delirio: Galicia tiene que ser nación, tiene que disfrutar de un estatuto “de primera”. Poco importa que los gallegos estén poco o nada interesados en cambiar su relación con el resto de España, los visionarios que gobiernan la región saben mejor que ellos lo que les conviene.

Tras la “realidad nacional” andaluza y la rendición ante ETA, la "España plural" de Zapatero avanza con determinación. En Galicia, sin embargo, la cosa se le puede torcer. El PP gallego es el partido más votado y el que mayor presencia y arraigo tiene en la sociedad. Le necesitan para poner en marcha el proyecto. La incógnita es ahora saber si los populares de Galicia lo tienen tan claro como los del País Vasco. El semestre que se acaba de abrir nos sacará de dudas.

El proceso y la desconfianza
Por GERMÁN YANKE ABC 19 Junio 2006

COMIENZA hoy la primera de dos semanas decisivas para el proceso de diálogo con ETA impulsado con el Gobierno, incluida la comparecencia del presidente en el Congreso. Los recelos, que se han incrementado desde el anuncio del encuentro entre los socialistas vascos y Batasuna, son presentados por el PSOE como muestras de actitudes, cuando menos, sospechosas. Sospechoso sería que la oposición, por ejemplo, prefiriera el fracaso del Gobierno socialista al logro de la «paz» o que le resultara más fácil ideológicamente, por decirlo de alguna manera, la permanencia de la violencia, el enemigo indubitable, la justificación de determinadas actitudes o planteamientos políticos. Creo no exagerar porque, de un modo u otro, se han podido leer o escuchar este tipo de argumentos.

El Gobierno, que se instala en ese tipo de denuncias, pide, por el contrario, la confianza de una mayoría que considera más amplia que los votantes del PP o los cientos de miles de personas que han salido a la calle a mostrar su malestar y su oposición. Para conseguirla reitera una y otra vez que no habrá «precio político» y que el objetivo es evitar en el futuro la muerte y el sufrimiento, que no haya más víctimas. ¿Quién podría oponerse? Pero la obligación de los ciudadanos es ser desconfiados con los gobernantes, al menos en una democracia que, como tal, está organizada institucionalmente para asegurar el control del Gobierno. Y la obligación de este no es demandar la confianza (como si estuviéramos en un sistema paternalista o cuasi religioso), sino convencer a los ciudadanos, como es propio de un sistema de opinión pública.

Es difícil obviar, en este escenario, que se habla de paz, de una suerte de armisticio en el que, negando el «precio», se parte ya del carácter representativo y de interlocutores de los terroristas con los que se va a hablar. La referencia al fin del sufrimiento es asimismo tramposa porque el objetivo debería ser la libertad y el Estado de Derecho que el terrorismo ha deteriorado o, en ocasiones, dejado en suspenso. Sobre todo teniendo en cuenta que han sido muchísimos ciudadanos que han soportado el sufrimiento por esas metas y que no han querido desertar de él hasta conseguirlas.

No se hablará de política, sino de paz, para que, con ella, se pueda hablar de política. Parece el fundamento de la confianza que se solicita, incluso dejando a un lado, pretendidamente olvidadas, el desprecio a la ley de los interlocutores y el mantenimiento de acciones coactivas. Pero, ¿para quién es necesario esperar a que ETA deje de matar para tomar decisiones políticas? Desde luego, no para los demócratas españoles, de izquierdas o de derechas, que las han venido tomando en el ejercicio de su libertad y, además, precisamente para que los violentos no consigan sus objetivos. Y entre ellas ha estado hasta ahora la desaparición de la banda. Ahora no, ahora se trata de hablar con ella, primero de paz, luego de política. La desconfianza es el único recurso.

Un homenaje a Blanco ante la Audiencia precede al juicio contra sus asesinos
MADRID. ABC 19 Junio 2006

Los jóvenes del PP vasco, el Foro Ermua, la Asociación Víctimas del Terrorismo y Dignidad y Justicia se concentrarán hoy ante la Audiencia Nacional con motivo del juicio a los etarras Javier García Gaztellu,«Txapote», e Irantzu Gallastegi Sodupe, «Amaia». acusados del asesinato en 1997 del edil del PP Miguel Ángel Blanco. La Fiscalía solicita una condena de 50 años de cárcel para cada uno de ellos por los delitos de secuestro y asesinato terrorista. Además, pide al tribunal que dicte una orden de alejamiento de la localidad de Ermua durante 5 años después de que los etarras salgan de prisión.

Nuevas Generaciones del PP, en un comunicado, hace un llamamiento a los jóvenes para que participen hoy en la concentración de forma «pacífica y silenciosa» en recuerdo de «la conmoción social» que provocó el asesinato del concejal del PP de Ermua. Quieren mantener viva la memoria de Blanco en la primera jornada de la vista oral. A ella acudirá Marimar Blanco para demostrar «a esos dos asesinos que desgraciadamente pudieron con mi hermano, pero que no han podido ni con la hermana, ni con sus padres». Para Marimar, la «chulería» de «Txapote» y «Amaia» en el juicio por el asesinato del concejal del PP de Rentería (Guipúzcoa) José Luis Caso es porque «saben que tienen la llave del mal llamado proceso de paz».

La concentración de Nuevas Generaciones cuenta con el apoyo del Foro Ermua. El colectivo que dirige Mikel Buesa insta a la sociedad a movilizarse «en defensa de los valores democráticos» y afirma que «no puede haber paz sin justicia, porque sigue sin producirse el más mínimo signo de arrepentimiento de los etarras. No debemos tolerar la chulería y el desprecio de estos asesinos hacia los tribunales y hacia las víctimas. Sólo derrotando a ETA conseguiremos plenamente la libertad».

Blanco fue secuestrado el 10 de julio de 1997 en la estación de tren de Eibar (Guipúzcoa), cuando iba a su trabajo. La tarde de ese mismo, ETA lo reivindicaba y dio de plazo hasta las cuatro de la tarde del sábado 12 de julio para trasladar a todos los presos etarras al País Vasco o de lo contrario le matarían. A las 16.40 del sábado se localizó en un campo cercano a Lasarte (Guipúzcoa) el cuerpo del concejal aún con vida, con las manos atadas con un cable eléctrico y dos heridas de bala en la cabeza. Los disparos, según el relato del fiscal, fueron efectuados a muy pocos centímetros de la cabeza de Blanco, encontrándose «en posición y condiciones de absoluta indefensión». Al día siguiente el concejal falleció en un hospital de San Sebastián por «la destrucción de centros vitales», consecuencia de los disparos.

ESTE LUNES COMIENZA EL JUICIO CONTRA SUS ASESINOS
Alcaraz denuncia que con el pacto con ETA para acercar a los presos "volveremos a disparar a Miguel Ángel Blanco"
Nuevas Generaciones del País Vasco, la AVT, el Foro Ermua y Dignidad y Justicia han acudido a la Audiencia Nacional para homenajear a Miguel Ángel Blanco instantes antes del juicio a sus asesinos, los etarras "Txapote" y "Amaia", que han entrado en la sala con mirada desafiante. Allí estaban Marimar Blanco y sus padres. "Me temo que tomarán una actitud si cabe más chula y grotesca porque saben el alcance mediático que puede tener el juicio por el asesinato de Miguel Ángel", ha dicho Marimar. Alcaraz ha advertido al Gobierno que si acerca a los presos por un pacto con ETA "volveremos a disparar sobre Miguel Ángel Blanco y sobre todos los que fueron asesinados por no ceder al chantaje".
Libertad Digital 19 Junio 2006

La Audiencia Nacional ha iniciado este lunes el juicio contra los etarras Francisco Javier García Gaztelu "Txapote" e Irantzu Gallastegi "Amaia" por el asesinato del concejal del PP de Ermua (Vizcaya), Miguel Ángel Blanco, hechos por los que el fiscal pide que sean condenados a 50 años de cárcel.

Poco antes de que comenzara la sesión más de un centenar de personas, pertenecientes al Foro de Ermua, Nuevas Generaciones del PP del País Vasco y de la AVT, se habían congregado a las puertas de la Audiencia con camisetas con la foto del concejal asesinado y banderas de España. Coreaban gritos de "asesinos", "Justicia", "Zapatero, dimisión" y "Negociación en mi nombre, no".

El presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, ha reiterado que las víctimas "no nos rendimos ante ETA, y hacemos un llamamiento al presidente del Gobierno y a los grupos políticos que le apoyan, que si acercan a los presos por una rendición con ETA, con un pacto con ETA volveremos a disparar sobre Miguel Angel Blanco y sobre todos los que fueron asesinados por no ceder al chantaje" de la banda terrorista. En recuerdo del concejal del PP ha recordado que fue asesinado "porque España no cedió al chantaje de ETA".

Alcaraz ha vuelto a echar en falta en un acto de las víctimas al Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo. A su juicio, tanto Gregorio Peces Barba como Rodríguez Zapatero deberían estar a las puertas de la Audiencia esta lunes para que "vean de primera mano cuál es la voluntad de estos asesinos, para que vean realmente su actitud, que están muy lejos del arrepentimiento".

Los dos etarras se recrean en su actitud "chulesca y desafiante"
Se refería así a la actitud "chulesca y desafiante" que los asesinos han vuelto a exhibir a su entrada en la sala. Para el presidente de la AVT, los dos etarras han demuestran que "están realmente contentos y felices porque saben que con este proceso que llevan a cabo de rendición con la banda terrorista van a salir beneficiados". Por eso, Alcaraz ha reiterado que el "espíritu de Ermua" tiene "más sentido que nunca". "Esta rebelión cívica está más justificada en estos momentos y se ve claramente que todo lo que decía la AVT es la la verdad, que la declaración de tregua de ETA era una declaración consensuada entre el gobierno y la banda terrorista".

Se trata del segundo juicio que se celebra contra "Txapote" desde su entrega temporal en diciembre de 2005, ya que la semana pasada fue juzgado por el asesinato del edil del PP José Luis Caso en 1997, en el que el fiscal solicitó que tanto él como su compañera cumplan íntegramente 30 años de cárcel porque su actitud "desafiante y chulesca" durante la vista no permite "atisbar ninguna esperanza de reinserción".

En el juicio que ha comenazado este lunes García Gaztelu y Gallastegi son juzgados como autores del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997. Además, de la pena de la cárcel, la Fiscalía de la Audiencia Nacional tiene previsto solicitar una indemnización para los padres del concejal de 500.000 euros y la prohibición de acudir a la localidad de Ermua en un período de cinco años "desde su excarcelación momentánea o definitiva".

Por estos hechos ya ha sido condenado a 25 años de cárcel el ex concejal de HB en Eibar Ibon Muñoa.

Noticia
ESPAÑA Y LIBERTAD SE ADHIERE A LA CONCENTRACIÓN CONVOCADA POR LA PLATAFORMA “ROSAS BLANCAS POR LA DIGNIDAD”
Plataforma España y Libertad 19 Junio 2006

Plataforma España y Libertad, de la que forman parte mas de 50 asociaciones de toda España y que asocian a cerca de 6.000 personas, desea informar que se adhiere a la convocatoria de la concentración organizada por la Plataforma “Rosas Blancas por la Dignidad”, el próximo miércoles 21 de junio, a las 15 horas, en la madrileña Plaza de Canovas del Castillo (Neptuno), bajo el lema “Negociación en mi nombre ¡NO!”.

España y Libertad entiende que, ante la situación que se vive en nuestro país en relación con la cesión por parte del Gobierno a ETA, es imprescindible que la sociedad civil traslade sus argumentos democráticos y constitucionales a la calle para dar respuesta cívica a la deriva gubernamental.

Por lo tanto, desde Plataforma España y Libertad instamos a todos los ciudadanos a que se sumen a la concentración organizada por la Plataforma “Rosas Blancas por la Dignidad”.

Mas información
Yolanda Morín
GSM 678.61.61.77
info@e-libertad.es
http://www.e-libertad.es

EL Foro Ermua llama a los ciudadanos a movilizarse en defensa de los valores democráticos, concentrándose a partir del lunes 19 de junio frente a la Audiencia Nacional
COMUNICADO DE PRENSA DEL FORO ERMUA 19 Junio 2006

Bilbao. 18 de junio de 2006 . El lunes día 19 de junio, a las 10:30h., comenzará en la Audiencia Nacional el juicio contra Francisco Javier García Gaztelu, alias “Txapote”, por el asesinato del concejal del PP en Ermua (Vizcaya) Miguel Ángel Blanco.

Porque no puede haber paz, sin justicia; porque sigue sin producirse el más mínimo signo de arrepentimiento de los etarras y, en particular, por parte de “Txapote”; porque no debemos tolerar la chulería y el desprecio de este asesino hacia los tribunales y hacia las víctimas; porque sólo derrotando a ETA conseguiremos plenamente la libertad, por todas estas razones el Foro Ermua apoya la convocatoria hecha por NUEVAS GENERACIONES del PP vasco, organización de la que era miembro Miguel Ángel Blanco:

CONCENTRACIÓN del lunes día 19, el martes y el miércoles, a partir de las 10:00h. en la calle Génova de Madrid, frente a la Audiencia Nacional.

TORTURAS
Juan Urrutia www.vistazoalaprensa.com 19 Junio 2006

JOSU GOIKOETXEA BLANCO, concejal del PP en Areatza, sufrió el jueves 15 de junio, una brutal tortura física y psicológica. Lo hizo en las dependencias de la Ertzaintza de Erandio (Vizcaya). Asimismo fue despojado públicamente de su dignidad y reputación por medio de las calumnias publicadas en el diario El Correo.

Josu Goikoetxea lleva tres años amenazado por ETA, el día y la hora de su muerte estaba fijado. Faltaba una semana para el día fatídico cuando la policía encontró la documentación en la que figuraba su nombre. Durante esos tres años ha soportado la pérdida de amistades, de intimidad (los escoltas le acompañan a todas partes) las miradas de odio de sus vecinos, el tener que decirle a su hija pequeña que busca un gatito cuando le pregunta por qué mira bajo el coche, mientras a la mayor le caen sendos lagrimones pues sabe que quieren matar a su padre. Ha soportado todo esto porque creía que merecía la pena luchar por la libertad de la gente, de la misma gente que le ha abandonado vergonzosamente dando crédito a la mentira sin ni siquiera escuchar su versión. Precisamente por eso, porque creo que su versión debe ser escuchada he recogido su testimonio y lo pongo a su disposición para que el nombre del último hombre integro sea limpiado.

“Hace dos semanas se me estropeó el coche de alquiler que el gobierno asigna a los protegidos. Ayer jueves se averió otro con el que llevaba sólo dos semanas. Otro día de trabajo perdido. Un taxi nos vino a buscar a mis escoltas y a mí y fuimos al aeropuerto de Loiu, que es donde hacemos los cambios de coche. Yo, la verdad, perdí los nervios y le dije al encargado de Jarch (empresa de alquiler) que este coche vale un montón de dinero, que lo paga el erario público, etc. Reconozco que perdí la calma, les dije que eran unos sinvergüenzas, en fin, me equivoqué. El señor de Jarch dijo: si usted sigue así llamo a la Ertzantza. Cuando llegaron los agentes yo estaba fumando. Me dijeron que en el aeropuerto no se podía fumar. Creo que le dije: usted, en vez de perseguirme por fumar, mejor haría en perseguir a “Txapote”.

Me esposaron, detuvieron y llevaron a la comisaría de Erandio, donde me identifiqué como concejal del Partido Popular. Me metieron en un calabozo de dos por dos metros más o menos. Pedí asistencia letrada y me dijeron que eso era de película americana. Pensé: esto viene malo. De repente el ertzaina apareció con una colchoneta y una manta y me las echó a la cara diciendo: “¡toma, españolazo de mierda!” Me cerró la ventanilla de la celda dando un golpazo. Pedí asistencia letrada otra vez, “ya lo has pedido dos veces, eso es de película americana”, me dijo. Me había encontrado con un nazi que me torturó física y psicológicamente por ser concejal del Partido Popular. Sin comerlo ni beberlo, Me pegó dos puñetazos en el estomago.

Yo estaba ahí tranquilamente…(no puede seguir hablando) entonces fue cuando pedí que me llevasen a las dependencias de la Guardia Civil… más que nada porque veía que me podían matar, que me podía matar. Ese bestia pegaba portazos en los calabozos, unas cosas tremendas… yo me asusté, sufrí un ataque de ansiedad y pedí que fuese a buscarme un médico. Pasaron dos horas desde que dije estar mal hasta que me llevaron al hospital de Cruces, ¿por qué quise ir al hospital de Cruces? porque quería que me llevasen a dependencias de la Guardia Civil. Me dijo: “¿la Guardia Civil? Tú, con tus amigos vas a ir” palabras textuales. Al volver de Cruces habían cambiado el turno y mejoraron las cosas, me preguntaron ¿qué ha pasado, Goiko? Estaban acojonados por lo sucedido. Previamente al cambio de turno me denegaron la posibilidad de hacer una llamada, les pedí que llamasen a varios comisarios de la Ertzaintza, amigos míos, y me respondieron que no se querían poner. Era mentira, no les llamaron, esta mañana he hablado con ellos por teléfono.

Para colmo, hoy en El Correo se ha dicho que yo estaba borracho cuando es mentira, de hecho pedí que me hicieran la prueba de alcoholemia y se negaron. Que insulté a la Ertzaintza, mentira, como se ha corroborado en un juicio que he tenido hoy a las cinco y media de la tarde. La parte fiscal ni se ha presentado, es que no había causa.”

Josu y yo somos amigos desde hace tiempo y doy fe de que el hombre que de forma tan ruin retrataba El Correo no se parece en nada al Josu que yo conozco: responsable, serio, y sobre todo de fuertes principios. Tampoco se parecía al hombre que tenía delante. Estaba hundido, sentía que todo por lo que había peleado estos años no valía para nada, que toda su trayectoria se vería irremediablemente empañada por estas viles falsedades. Había perdido completamente la fe en el género humano y el dolor reflejado en sus ojos era desgarradoramente indescriptible. Al nacionalismo ya no le hacen falta balas, mata a las personas en vida.

ESPAÑA Y LIBERTAD ESTUVO CON CARMELO GONZÁLEZ DURANTE SU HUELGA DE HAMBRE EN BARCELONA
España y Libertad 19 Junio 2006
La Coordinadora General de España y Libertad, Yolanda Morín, que hizo frente a los independentistas al grito de "Libertad y Constitución" fue insultada repetidamente por los violentos y calificada de "inmigrante española".

La Coordinadora General de España y Libertad, Yolanda Morín, apoyó con su presencia la protesta de Carmelo González durante su huelga de hambre.

España y Libertad lamenta profundamente los insultos que sufrieron los presentes por parte de independentistas violentos que intentaron boicotear la presentación de la movilización cívica. La Coordinadora General de España y Libertad, que hizo frente a los independentistas al grito de "Libertad y Constitución" fue insultada repetidamente por los violentos y calificada de "inmigrante española".

La Coordinadora general viajó desde Bilbao a Barcelona para apoyar la acción de Carmelo González ya que, según sus propias palabras, "acciones como las de Carmelo son las que dan fuerza a la sociedad civil para seguir luchando por la libertad".

Según Yolanda Morín "la defensa del castellano en Cataluña necesita de padres como Carmelo González que no permitan que sus hijos sean discriminados al no poder realizar los estudios en su lengua materna"

Sobre los insultos sufridos por los radicales Yolanda Morín añadió que "por desgracia estamos acostumbrados a este tipo de actos violentos por parte de los separatistas y no vamos a permitir que este tipo amenazas nos impidan continuar con la defensa de la libertad en cualquier punto de España."

Para finalizar la Coordinadora General de España y Libertad quiso dar las gracias a los colectivos que se habían sumado con su presencia a la protesta "Desde España y Libertad queremos dar las gracias a Convivencia Cívica Catalana - especialmente a Francisco Caja-, Estudiantes Liberal Demócratas y Asociación por la Tolerancia por su presencia física en la Plaza de Sant Jaume"

Fotografías de Hispalibertas.com y España y Libertad 17 Junio de 2006

Política Lingüística subvenciona 419 proyectos para promover el gallego
santiago la voz  19 Junio 2006

La Secretaría Xeral de Política Lingüística va a subvencionar 419 proyectos destinados a promover el uso social de la lengua gallega en las organizaciones sin ánimo de lucro que realizan actividades en Galicia. El total de las cuantías concedidas es de 760.000 euros, repartidas en aportaciones desde los 700 a los 15.000 euros, y el importe medio de la subvención se sitúa en 1.800 euros.

Entre las entidades que van a recibir las subvenciones se encuentran los sindicatos, colegios profesionales, asociaciones ecologistas, fundaciones, clubes y organizaciones no gubernamentales, según la evaluación hecha por técnicos de la Secretaría Xeral.

La comisión de evaluación consideró como criterios preferentes para la concesión de las subvenciones el grado de normalización lingüística de las entidades solicitantes, dará prioridad a proyectos desarrollados en el ámbito autonómico, el alcance de la actividad propuesta, el carácter permanente de la actuación y el grado de elaboración y de creatividad, entre otros.

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