AGLI

Recortes de Prensa     Martes 20 Junio  2006

Carmelo González como síntoma
EDITORIAL Libertad Digital  20 Junio 2006

Pacíficamente, en silencio, llevando el compromiso a la plaza pública, un padre canario dio este fin de semana un paso arriesgado: plantarse en la Plaza de San Jaime durante 24 horas de huelga de hambre simbólica para que su hija pueda ser educada en castellano, es decir, en su lengua madre. Era el final de una larga e incomprendida batalla librada al margen de los partidos políticos y los medios de comunicación. Un combate desigual de un simple ciudadano contra el sistema educativo catalán para hacer valer sus derechos.

Ha tenido que aguantar insultos de los intolerantes de siempre y un intento de desalojo por parte de los mozos de escuadra, a pesar de que disponía de permiso para protestar en la céntrica plaza barcelonesa. 1.000 personas le han apoyado personalmente, muchas más han seguido su huelga de hambre con atención.

El de Carmelo es un síntoma por partida doble. Un síntoma de que en Cataluña hay que hacer estas cosas para lograr que los niños estudien en su lengua madre, y un síntoma de que algo se está resquebrajando en la delicada epidermis del mátrix nacionalista.

DOS POLICÍAS DE PAISANO INTENTARON DESALOJARLE
Carmelo González consigue más de 1.000 firmas de apoyo durante su huelga de hambre
Durante la huelga de hambre simbólica de 24 horas que Carmelo González inició el pasado viernes a las 4 de la tarde frente al palacio de la Generalidad en Barcelona, éste consiguió, recabar más de un millar de firmas de apoyo en su lucha por que se respeten los derechos de su hija de estudiar en Castellano. En mitad de la noche dos policías de paisano intentaron persuadirle para que abandonara su protesta argumentando que nadie podía permanecer en la plaza desde las diez de la noche a las siete de la mañana, algo, que según el propio Carmelo y su asesor jurídico es falso.
Libertad Digital 20 Junio 2006

Este padre Canario de 42 años dio un paso más en su lucha por los derechos de su hija de educarse en Castellano dentro de Cataluña y mantuvo una huelga de hambre simbólica en la plaza de San Jaime, frente al palacio de la Generalidad en Barcelona. La protesta pacífica comenzó a las 4 de la tarde del pasado viernes, y desde ese momento fueron muchas las personas que mostraron su apoyo y solidaridad con este vecino de Sitges de origen canario.

Al final y con el apoyo de asociaciones como Convivencia Cívica Catalana y Universitarios Liberal Demócratas recogieron unas mil firmas para secundar la iniciativa legislativa popular por la enseñanza en Lengua Materna y el Bilingüismo escolar que tienen planeado entregar en el Parlamento de Cataluña cuando consigan alcanzar los 50.000 apoyos.

No fue fácil
A pesar de que se trataba de una protesta simbólica y pacífica, desde primera hora Carmelo González tuvo que aguantar los insultos que le dedicaron varios grupos de radicales que le recibieron al grito de "puto inmigrante español". Además, en plena madrugada, dos agentes de la policía autonómica llegaron a la Plaza de San Jaime, vestidos de paisano, con la intención de que González abandonara su protesta.

Tras identificarse como agentes de la ley, le dijeron que estaba prohibido permanecer en la plaza desde las 22:00 horas hasta las 7 de la mañana. El abogado de González, que le acompañó durante su protesta, aseguró que esa norma no existía y los dos policías se marcharon tras desistir en su intento.

La “paz” de los asesinos de Miguel Ángel
EDITORIAL Libertad Digital 20 Junio 2006

Si bien el llamado "Espíritu de Ermua" fue una rebelión ciudadana que desbordó temporalmente a unas élites políticas y mediáticas que, antes y después, habían apostado –y apostarían todo– al "final dialogado de la violencia", no es menos cierto que, en aquel momento, el chantaje y la barbarie de ETA aparecían sin maquillaje y sin complicidad política y mediática alguna. Hasta los partidos nacionalistas que, además de los objetivos separatistas, compartían desde hace tiempo con ETA su exigencia de reagrupación de los presos, silenciaron sus reivindicaciones, y corrieron aquellos días a alinearse con las formaciones constitucionalistas para no ser arrolladas por una sana y desatada indignación ciudadana, no dispuesta, precisamente, a hacer "gestos de apaciguamiento" con una banda de asesinos.

Bien es cierto que aquella indignación y firmeza moral de la ciudadanía fue, poco tiempo después, neutralizada por la propia ETA y los partidos separatistas de Estella al negociar y hacer público su anestesiante "proceso de paz" de 1998. También lo fue, en menor medida, por esa clase política y mediática que, desgraciadamente, todavía cree que el imperio de la ley puede y debe sortearse en función de unas delirantes "verificaciones" con prófugos de la justicia.

Sin embargo, nada es comparable a los infames días del 11 al 14-M, en el que la lógica ira ciudadana por la mayor masacre terrorista de nuestra historia, más que neutralizada, fue desviada, tal y como pretendían los terroristas, contra el entonces gobierno de la nación. La silenciada lectura positiva que, tanto los islamistas como los etarras, hicieron del efecto del 11-M en las elecciones del 14-M es deudora del infame comportamiento del PSOE y sus medios de comunicación, que no tuvieron empacho alguno en liderar y hacer suya las funciones propagandísticas que tiene todo atentado terrorista.

Si públicas y aceptadas eran las coincidencias del partido de Zapatero con los terroristas islamistas respecto a la intervención de los aliados en Irak, no menos públicas –y mucho menos electorales– eran sus alianzas con las formaciones separatistas que estuvieron con ETA en Perpiñán en pro de sus respectivas "luchas de liberación nacional". Los islamistas no eran los únicos dispuestos a sacar tajada del Gobierno del 14-M, como pronto dejaron en evidencia las declaraciones y comunicados de los separatistas y de la propia ETA. El gobierno de Zapatero, no hizo más que fortalecer sus esperanzas ofreciéndoles negociación y mostrando su disposición a romper con el PP para sumarse y consensuar con los firmantes de Estella un nuevo marco jurídico-político para el País Vasco. Pero para ello era necesario que ETA suministrara el anestésico de la paz, no sólo en Cataluña, sino en toda España, y poder camuflar, así, con los ropajes de la "paz", a sus nuevos compañeros de viaje.

No hay, pues, que extrañarse que, en estas circunstancias, los asesinos de Miguel Ángel Blanco asistan a su enjuiciamiento con la desafiante y chulesca actitud de quien sabe que sin impunidad no hay "proceso de paz" que valga. Como tampoco hay que extrañarse de que el gobierno del 14-M siga encubriendo las extorsiones de sus compañeros de viaje, negándose a dar por "verificado" el "impuesto revolucionario" que los terroristas ya han justificado hasta en Gara. Sencillamente, estamos ante un Gobierno que está dispuesto, no sólo a pagar a ETA lo que los terroristas exigieron a cambio de la vida de Miguel Ángel Blanco, sino a pagar al separatismo todo aquello que haga falta para cerrar un frente electoral contra el partido del edil asesinado.

Un ABC para Ciutadans
Ciutadans  Periodista Digital 20 Junio 2006

Acción en Barcelona y Cataluña.
Si algo ha causado estupor y un inquietante silencio ha sido durante todos estos años la forma y el fondo de cómo se ha ido introduciendo la política lingüística en Cataluña. Todo esto unido al resto de sucesos que ha hecho que despertemos de indignación en aquellos en los que una vez surcada la vivencia política en su tiempo decidimos dedicarnos a nuestros menesteres personales. Ciutadans ha tocado las campanas y el silencio por fin deja paso a una nueva palabra. No podemos seguir tragando la “normalització”. No cabe duda de que todo este exceso nacionalista no ha sido más que una argucia oportunista para conseguir poder. Tal vez sea la estrategia de la política humana.

Efectivamente el ABC de la política lingüística fue conocido desde los primeros tiempos de la transición. Por ejemplo el modelo Vasco. Fui testigo de las discusiones sobre los posibles modelos de enseñanza, por ejemplo de un modelo que empezaría en la lengua familiar para ir introduciéndose en la otra etc., algo lógico en cuanto al tratamiento de dos lenguas hermanas y complementarias. Albert Boadella lo dice muy bien: muy pronto, de niños, comenzamos a aprender la otra lengua, formando así parte del legado. Creo que el ABC de la política lingüística debería ser legal en todo el estado.

Y es que eso sucede desde la formación de ambas lenguas romances e hijas del Latín. Solo la búsqueda insaciable del poder, la ignominia, la mente intoxicadora y guerracivilista mantiene lo contrario. Y el caso es que la España de las autonomías proviene del abismo, ¿vamos de nuevo hacia él? Por eso estoy en Ciutadans. ¿podremos parar la historia terrible de este país? Tocar la lengua, “pasarse a la lengua del otro”, sumar -y no dividir ni restar- es la clave. Muchos días no tengo mas remedio que aceptar que las peores previsiones se han cumplido.

Pascual Maragall fue un buen político, tan creativo probablemente como su hermano, mi amigo Pau, ya fallecido, hasta que vendió el alma a Josep Lluis Carod, e hizo de ese apoyo un yugo como pago. Confundió gratitud con dependencia. Lo bueno es que algo importante ha destapado. Muchas veces se ha comentado en Cataluña aquello de ser Catalán y no Taliban que alguien introdujo en la lengua del ex-presidente Clinton. Que el ser catalán llevaba consigo un respeto en sí. Pero como comentábamos una noche en un extrarradio de Barcelona con un buen grupo: ahora ya no se podrá seguir manteniendo eso. Se decía que ahora sargenteados por Carod, bajan de Monjuïc en taparrabo y quijada en mano, los Vendrell, los Tarda, los Huguet (devorando bailaoras y toritos de fieltro), los Carretero, etc.. Es justo decir que no todos los dirigentes de ERC pertenecen a este gremio. Pero esta forma de bajar del circuito no nos ha de hacer cambiar.

Los que hemos mamado la cultura barcelonesa, la sabiduría catalana, la cultura del respeto, el pacto, la creatividad y la comprensión hacemos nuestro el lema

“Ens hem de posar d´acord que la vida es corta”

Tenemos que hacer ver que ello pasa por entender que la realidad catalana es compleja y plural, y que esa realidad forma a su vez realidades anidadas y que el camino pasa por saber ser catalán, español, europeo y ciudadanos del mundo. Como el conjunto de muñecas rusas en las que cada una es capaz de asumir a la otra. Este camino es la paz. Esta será la verdadera realidad y no la que esta promoviendo el presidente Zapatero, que no conoce la realidad catalana y al que su principal pilar político: el president Maragall, le ha fallado. Por ello el pacto sobre el estatut con Ciu.

Ciutadans puede ser ese camino de paz. (creo que Miquel Roca, no se ha enterado, ¡que pena!). Frente a la política del abismo Carod, (creo que es un ser sediento de poder con siglas de conveniencia) hemos de generar, según mi opinión, una política de Acción de impacto democrático que supondría:

. Decálogo del uso del castellano. (Como ya se hizo con el catalán).
. Decálogo del respeto mutuo bajo una política no de súbditos(propia del nacionalismo) sino de los . ciudadanos.
. Bajo el hermanamiento de los dos idiomas con similares derechos y rango.
. Limpiar el complejo de ser castellano hablantes.
. Generar una campaña de cartas, adhesivos, pasquines, artículos con frases como “ ...dons en castellá també.”. “En castellano por favor”. Frases en castellano no políticas como por ejemplo ¿Y tu sonrisa dónde está? Etc.

En definitiva generar una forma de hacer política, firme, democrática, generadora de comprensión y afecto, que plante cara a la política del abismo.      Manuel Almendro

Por qué se rompió Ermua
Por EDURNE URIARTE ABC 20 Junio 2006

Txapote y Amaia representan las esencias de ETA: crueles, sanguinarios, implacables, incultos, profundamente fanáticos. Algunos quisieran fabricar ilusiones, pero seamos realistas. No hay una brizna de arrepentimiento en su violencia ni un matiz de duda en su totalitarismo, ni en ellos ni en el resto de etarras. Y, sobre todo, no existe la más mínima diferencia entre estos dos asesinos y la dirección de ETA que aún sigue libre. Esta fatal coincidencia entre el juicio a Txapote y Amaia y su brutal pero pedagógica exhibición del alma de ETA, entre el proceso por el crimen que una vez revolucionó a los ciudadanos vascos y el inminente anuncio oficial de los contactos gubernamentales con ETA no es un casual y caprichoso cruce del pasado y del presente. Como quizá diría el presidente con la fotografía de Zabaleta y Goirizelaia en la mano, entre el pasado, el crimen de Miguel Ángel Blanco, y el futuro, las conversaciones por la «paz». Todo es un estruendoso presente, ni siquiera futuro. Aquel crimen aún no ha sido juzgado y los jefes etarras que van a negociar gozosos la «paz» son los mismos que se ríen de sus víctimas y de las instituciones democráticas desde las salas de la Audiencia Nacional.

Y si esto lo sabe todo el mundo, y mucho más quienes dieron cuerpo al espíritu de Ermua porque han mirado a los ojos a muchos Txapotes en su vida, no es fácil entender por qué aquel movimiento cívico es hoy una lejana sombra de lo que fue. No me refiero a su tolerancia hacia el diálogo con ETA para verificar su disposición a entregar las armas y a rendir cuentas de sus crímenes al Estado. Me refiero a su silenciosa pasividad ante esa parafernalia de la paz escrita, controlada y dirigida por los compañeros de Txapote, a este repentino e incomprensible trueque de la libertad por el desistimiento.

La respuesta es sencilla y descorazonadora: elecciones de marzo de 2004. El movimiento cívico de Ermua siguió vigente en su integridad y en sus principios fundamentales en el primer año sin asesinatos de ETA, entre el 2003 y el 2004. No hay que confundir el orden de los acontecimientos. Su resquebrajamiento no es producto de los cambios de ETA sino de los cambios en el Gobierno. Ermua se rompió cuando Zapatero decidió dar un giro radical a la política antiterrorista del PSOE. Ermua, su mitad socialista, siguió a Zapatero, y no al revés.

Por eso soy escéptica hacia la posibilidad apuntada en estas mismas páginas por Carlos Martínez Gorriarán de una nueva movilización cívica en el País Vasco comparable a la de Ciutadans en Cataluña. Ello implicaría una autonomía del movimiento cívico e intelectual que Ermua no ha probado. Aquello fue un movimiento mucho más dependiente de los partidos de lo que creímos. Y el protagonismo de la sociedad civil o el liderazgo intelectual fueron apariencia más que fondo, ilusión y utopía más que realidad. El cambio de gobierno lo demostró.

Aún peor en el País Vasco
Editorial ABC 20 Junio 2006

EL empeño con el que el PSOE señala al PP como el principal derrotado por los resultados del referéndum estatutario en Cataluña se muestra como un mensaje preconstituido para ocultar el gran fracaso que ha supuesto para el Gobierno que sólo el 36 por ciento de los electores catalanes respaldara expresamente el nuevo Estatuto. El Ejecutivo se siente contrariado porque todo su discurso a favor del proyecto estatutario se basó en la demanda abrumadora de la sociedad catalana por un cambio de su marco jurídico. Los datos son los que son y, así como la aritmética electoral hace su trabajo, dando vigencia a una norma que sólo cuenta con un tercio de apoyo ciudadano, la legitimación democrática hace el suyo, cuestionando la suficiencia de tan parco apoyo para un cambio radical del orden constitucional establecido en 1978. Realmente, éste es el problema de fondo para el Gobierno socialista: que aspiraba a un refrendo incontestable no sólo sobre el Estatuto, sino sobre el proyecto político que subyacía esta reforma estatutaria, es decir, a la ratificación de que la Constitución de 1978 está superada, de que el Estado autonómico está agotado y de que es la hora de modificar el régimen político vigente. Cataluña iba a ser la experiencia piloto de esta estrategia conjunta de nacionalistas y socialistas, cuyo éxito estaba depositado en la respuesta masiva a favor de un nuevo Estado plurinacional y confederal. Con más del 50 por ciento de abstención, al Gobierno sólo le queda el recurso de aliviar su fracaso dirigiendo nuevas acusaciones contra el PP.

Sin embargo, al PSOE y a Rodríguez Zapatero les ha fallado buena parte del siguiente paso en su agenda: presentar la derogación progresiva del orden constitucional como un proceso inevitable, reclamado por las realidades nacionales de España. Todos los argumentos estaban orientados a negar todo futuro a la Constitución y del Estado autonómico: Cataluña no tenía encaje en España, el sistema no reconocía la diversidad identitaria de los españoles, las sensibilidades nacionales debían encontrar un nuevo marco jurídico. No eran críticas a la dictadura de Franco, sino a la democracia de 1978. En definitiva, esta retórica blanda del presidente del Gobierno, generalmente menospreciada, tapaba un golpe letal contra la Constitución, a la que condenaba a su derogación por obsolescencia.

Con una respuesta masiva al nuevo Estatuto, Zapatero buscaba el aval de las urnas para dar por refrendado el proceso de conversión de España en un Estado plurinacional, aunque tal Estado sea inviable. Con esa seguridad habría podido exportar al País Vasco el reconocimiento nacional de Euskadi, el sistema de bilateralidad con el Estado español y el otorgamiento a la autonomía vasca de un rango cuasi estatal. Todo ello en paralelo con la negociación con la banda terrorista ETA, pero pudiendo excusar la coincidencia -absolutamente premeditada- de ambos procesos apelando a la demanda social de un nuevo impulso político de corte confederal. A Rodríguez Zapatero le ha salido mal esta jugada, porque si en Cataluña el resultado demuestra que el nuevo autogobierno está apoyado en un retroceso inapelable de apoyo popular, en comparación con el Estatuto de 1979, el escenario en el País Vasco no le va a resultar más favorable, sino todo lo contrario. En primer lugar, porque el PP tiene una fuerza electoral superior a la que ha acreditado tradicionalmente en Cataluña. En segundo lugar, porque la oposición interna en el socialismo vasco a las negociaciones con ETA es más intensa que en el PSC al nuevo Estatuto. Y en tercer lugar, porque la reforma derogatoria del Estatuto de Gernika se percibe, sin ningún género de dudas, como un precio político, entre otros, que el PSOE está dispuesto a pagar a ETA.

Es realmente grave que el Gobierno ignore de forma permanente toda realidad que incomode sus planes, aun a costa de quebrar reglas básicas de la ortodoxia democrática, tanto da que se trate de derogar la Constitución en Cataluña con un respaldo minoritario que de negociar con ETA y Batasuna sin mandato legítimo ni respeto a la legalidad. El referéndum catalán tenía que haber sido para Rodríguez Zapatero la bendición democrática de su estrategia, pero se ha convertido en la denuncia de una política irresponsable que puede llegar a resultados dramáticos en el País Vasco si ETA convierte su final en una victoria sobre la Constitución y el Estatuto de Gernika.

Sin perdón
Por IGNACIO CAMACHO ABC 20 Junio 2006

RECUERDA las horas amargas de aquella vigilia de cirios rojos crepitando en la noche. Recuerda los cientos de miles de jóvenes palmas pintadas de blanco alzadas al cielo. Recuerda la gente parada en las calles, el compás de la angustia cortando el tórrido silencio de la tarde. Recuerda las cadenas humanas de las playas, los bañistas cogidos de las manos sobre la arena, las tumbonas vacías junto a la espuma de las olas. Recuerda dónde estabas y qué hiciste en aquella maldita cuenta atrás, cuando aún querías creer en algo parecido a la piedad, incluso a la clemencia.

Recuerda cómo llegamos a implorar todos juntos. Fíjate bien: no exigíamos teniendo derecho a exigir, no conminábamos teniendo derecho a conminar; era una súplica, un ruego, casi una plegaria. Un país entero arrodillado ante unos criminales anónimos para impetrarles una pizca de humanidad, una migaja de lástima, un ápice de compasión. Recuérdalo; tú estuviste allí, tu encendiste velas, tú rezaste en la larga madrugada de la esperanza y del temblor. Tú quisiste creer, tú resististe en vano el pesimismo, el desaliento, la congoja.

Recuerda también el rostro impávido de aquellos tipos torvos que desviaban al suelo su mirada de piedra y escondían en eufemismos evasivos la implacable complicidad de sus almas de granito. Rodeados de un mar de desesperación y de aflicciones, fueron incapaces de componer siquiera un gesto de comprensión, de esbozar un rictus de humanidad, de dibujar algo parecido a una leve mueca de misericordia. Son los mismos a los que ves estos días hablar de paz, de soluciones, de futuro. Los mismos que ahora sonríen mientras a ti se te atraganta la memoria de toda aquella infamia.

Recuérdalo, no te ahorres detalles. Los necesitarás para fortalecerte cuando leas en los periódicos el informe forense que habla de dos disparos en la nuca sobre un muchacho con las manos atadas por un alambre, y de cómo la pólvora del revólver quemó los cabellos de la víctima inerme. Fue a las cuatro de una tarde de julio, mientras mirábamos correr los relojes con el espanto pintado en los semblantes, mientras los coches se paraban con la radio encendida en los semáforos, mientras un vago hilo de fe se negaba a escapar de la sombría certeza del desenlace y la tragedia.

Fue hace nueve años. Y nadie ha pedido perdón. Nadie ha admitido la estéril inconsecuencia de aquel horror, nadie ha insinuado la débil coartada de un arrepentimiento, nadie ha sugerido ni una retórica autocrítica, nadie ha asumido siquiera el frío reconocimiento de un error. Sólo la gélida, coriácea, impenetrable arrogancia de un desafío envuelto en carcajadas obscenas que reviven el dolor de una sociedad condenada al recuerdo. Recuerda, pues; desempolva tu rabia contenida de aquellos días aciagos, evoca el hondo escalofrío del desconsuelo, escarba en la memoria de tus esperanzas traicionadas y pregúntate si puedes perdonar o si hay perdón en la Tierra para todo eso.

No se puede olvidar
Editorial EL PAÍS 20 Junio 2006

Pronto se cumplirán nueve años del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, joven concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua, a manos del comando Donosti de ETA, cuyos principales activistas y presuntos autores del crimen, Javier García Gaztelu, Txapote, e Irantzu Gallastegi, Amaia, son juzgados estos días en la Audiencia Nacional. El juicio coincide con las vísperas de un momento crucial del proceso iniciado con el alto el fuego de ETA y que tiene por objetivo la definitiva desaparición de la banda terrorista.

Una dimensión esencial de ese proceso es la batalla entre el olvido y la memoria de los crímenes etarras. Los intérpretes habituales de la banda llevan tiempo tratando de imponer un discurso justificativo de su pasado en el que la violencia se banaliza y enmascara mediante eufemismos y las víctimas pasan a ser consideradas consecuencia inevitable de un supuesto "conflicto histórico". Frente a ello se impone la imagen concreta de crueldad invocada en el juicio: desde la sórdida cobardía del concejal de Herri Batasuna que informa sobre los itinerarios de la víctima, hasta el secuestro bajo amenaza de ejecución si en 48 horas no eran trasladados al País Vasco todos los presos etarras; y que culmina, cumplido ese plazo, con el asesinato a sangre fría de Blanco.

No obtuvo respuesta ayer el fiscal cuando preguntó a los acusados si habían disparado en la nuca a su víctima y si eran conscientes de su sufrimiento. Prefirieron seguir mostrando la actitud desafiante respecto al tribunal e indiferente ante la reconstrucción de los hechos que habían ensayado (teatralmente) la semana pasada con motivo del juicio por el asesinato de otro concejal, José Luis Caso. Hace poco, Otegi dijo que había sido un error dar a entender que eran indiferentes al dolor de las víctimas. Al parecer, estos dos lo siguen siendo, o quieren hacer creer que lo son.

Hannah Arendt y Jorge Semprún, entre otros, han llamado la atención sobre esa extrema insensibilidad de algunos ante el mal causado a los demás. Otra víctima de ETA, en su caso superviviente, el ex consejero socialista del Gobierno vasco Ramón Recalde, escribió en sus memorias que para él la imagen del mal absoluto es la representada por los secuestradores del funcionario de prisiones Ortega Lara en el juicio en que fueron condenados: haciendo comentarios que les movían a risa mientras en la sala se describían aquellos 532 días terribles del secuestrado. La imagen indiferente de Txapote y Amaia charlando de sus cosas, ¿será sincera o es una forma de ocultar su espanto?

El lehendakari Ibarretxe esbozó ayer una autocrítica que no debería echarse al olvido: en un escrito remitido a un acto celebrado con motivo del aniversario del atentado de Hipercor pidió perdón a las víctimas por la "lejanía" de los poderes públicos hacia su dolor y expresó su vergüenza por tantos asesinatos cometidos "utilizando nuestro nombre". Un antiguo patriota irlandés dejó escrito que si bien se debe condenar toda violencia, se está especialmente obligado a reprobar la cometida en el nombre de uno. Y a no olvidarla.

La nacionalidad se hizo nación
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 20 Junio 2006

LA nacionalidad que era Cataluña en virtud de la Constitución de 1978 se ha convertido, por obra y gracia del Estatut refrendado el domingo por 1,8 millones de ciudadanos -frente a los 5,3 inscritos en el censo-, en una nación. Es una de esas cosas que inventamos en España para que no decaiga el juego de los agravios interregionales y, de paso, justifiquen su existencia las tribus de caciques periféricos que, sin dimensión para una política de mayores vuelos, encuentren en su rincón justificación existencial y apariencia política suficientes.

Si miramos sin muchas consideraciones el resultado del referéndum del domingo, hay que hablar de una decepción generalizada. Uno a uno, y todos colectivamente, los partidos políticos presentes en el caso deben repartirse la responsabilidad de ese fracaso y tratar de llevar con dignidad la resaca que se corresponde con la melopea que, desde el «sí» o desde el «no», ha esterilizado la acción política en Cataluña durante los últimos tres años y, lo que es peor aún, ha paralizado cualquier actividad política inteligente en el ámbito del Estado desde que José Luis Rodríguez Zapatero, a falta de ideas más provechosas para los ciudadanos, fijara en los nacionalismos secesionistas el contenido y el rumbo de su acción de Gobierno.

Quizás convenga recordar ahora una de las intervenciones en el Congreso de los Diputados, en 1934, de Francisco Cambó: «La España que dominó Europa, que fue la primera potencia continental (...) era una España miserable, de menos de ocho millones de habitantes que estaban muriendo de hambre; pero aquellas gentes tenían un ideal...». Hoy somos 44 millones, comemos a diario, incluso con postre, pero carecemos de ese ideal común sin el que no es posible catalizar un proceso patriótico. «Si el país no piensa más que en sus problemas domésticos -dijo también Cambó en la intervención parlamentaria que recuerdo-, vivirá siempre en plena discordia». En ella estamos.

En el referéndum catalán, además de sus máximos promotores, el PSC y el PSOE, han salido perjudicados muy especialmente ERC y el PP. No es fácil que aprendan la lección porque todos andan en la explicación del «éxito» que les corresponde, pero mejor harían, puestos a lo catalán, en releer a Cambó para saber que la unidad hace la fuerza y que el momento no es el mejor para que los caciques regionales, ya en carrera para la imitación del suicidio catalán, nos enseñen sus ombligos y griten sus respectivos «aquí estoy yo». Un mal uso de la Constitución del 78, fruto de un gran pacto de Estado, nos conduce a la fragmentación nacional, a la debilidad y, por ello mismo y con los excesos de izquierdismo rancio que caracteriza a Zapatero, a perder una magnífica oportunidad de progreso en un tiempo de notables dificultades económicas.

El día después
Uno de los nuestros
José García Domínguez Libertad Digital  20 Junio 2006

Apenas acaban de dar las nueve en la mañana del domingo de autos, y ya puedo redactar la primera conclusión de este artículo que acabaré en Madrid, cuando se difunda oficialmente nuestra sentencia. Porque, ahora mismo, mientras ojeo la portada de El País delante del segundo café del día, comienza a ser una evidencia que los únicos que andan con prisa para refrendar la “Constitució” son la propia PRISA y ETA. Bueno, además de ese chaval enfundado en una camiseta con el dorsal de Ronaldinho que acaba de pedirle una cerveza al camarero desde la mesa de al lado; el que viene de depositar su papeleta ahí enfrente, en el Grupo Escolar Pere Vila, al otro lado del Arco del Triunfo.

Por el rictus inconfundible que trae estampado en la cara, la de hoy debe haber sido su primera vez. Y, sin duda, ha votado sí, lo que confirmaría mi sospecha de que, entre los cinco clientes que esta mañana nos hemos dejado caer por el Bar Lleida, al menos uno está de acuerdo con el formato de esa Comisión Mixta de Asuntos Económicos y Fiscales que prevé la Carteta Magna; con el diseño de la asignación de funciones atribuibles al aún non nato Consejo de Garantías Estatutarias; y con el nuevo reparto de competencias exclusivas, compartidas y ejecutivas que corresponderán a la Generalidad, en función de la prolija jurisprudencia que sobre esas atribuciones ha establecido el Tribunal Constitucional. Algo es algo.

Por lo demás, también es muy probable que aquel chaval risueño que vi ayer en Barcelona sea ahora mismo un nuevo ilegal; otro meteco más, entre de ese cuarenta por ciento largo de catalanes que no comulga con el pentecostés vernáculo que ordena el Estatut. O sea, uno de los nuestros, como la media Cataluña abúlica que no fue a votar, la que prefirió quedarse en casa viendo el partido. Tan de los nuestros como los únicos marxistas genuinos que todavía quedan en Occidente, los felices cerebros grises de Génova trece que aún están convencidos de que son las masas quienes escriben la Historia; esos que tienen un único problema: no haber comprendido nada.
Porque las masas sólo escriben en los impresos de las quinielas, y los nuestros, la tabla de salvación estadística a la que se aferran hoy, en el siguiente plebiscito, el de la autodeterminación, ya formará parte de los suyos. De hecho, si eso aún no ha ocurrido, únicamente hemos de agradecérselo a la miopía crónica de los nacionalistas, a su torpe incapacidad para predicar la buena nueva independentista también en castellano. Un cuarto de siglo de cohabitación intelectual y moral con el famoso nacionalismo moderado, nos ha traído hasta aquí, al borde del abismo. Y ahora, mientras escribo, acaba de comenzar la cuenta atrás para el último paso, el definitivo

Estatuto demediado
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 20 Junio 2006

Vamos a ver si nos centramos, mi señor Zapatero. Desde aquella promesa mitinera de 2003, «aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña», ha sido usted un impulsor activo del proyecto, al que ha salvado del naufragio en dos ocasiones: al final de su tramitación en el Parlament en septiembre de 2005 y en la noche de los cigarros largos que vivió con Artur Mas en La Moncloa, hace cinco meses.

El Estatut aprobado el domingo, su Estatut, deroga el texto anterior, el de Sau, que había obtenido un refrendo popular mucho mayor: diez puntos más de participación. Donde aquel alcanzó el 88,15% de los votos, éste, el suyo sólo llegó al 73,9 %. Si el cálculo lo hacemos respecto al total del censo, el texto de Sau contó con el respaldo del 52,62% de los ciudadanos catalanes; el de usted, Maragall y Mas, apenas el 36,5%.

¿Recuerda sus palabras en la tramitación parlamentaria del Plan Ibarretxe?: «Salvo en estos últimos 25 años, nuestra historia constitucional es un recetario de fracasos ( ) Porque normalmente se hicieron constituciones de partido, se hicieron normas políticas con el 51 por ciento, y las normas políticas con el 51 por ciento para ordenar la convivencia acaban en el fracaso (Aplausos) ( ) Lo que expreso en esta cámara es que busquemos el 70, el 80, el cien por cien para una norma institucional básica en Euskadi». (Diario de Sesiones del Congreso, 1 de febrero de 2005).

No se me alcanza la razón, pero para el Estatut se conformaba con mucho menos. Por ejemplo, con alcanzar la participación de 1979. Tampoco ha podido ser y esto es un fracaso: con respecto al Estatuto de Sau, a las encuestas y a sus propias expectativas. También ha fracasado el 'no', y eso me parece lo peor de todo, lo más negativo que se puede decir de este artefacto, que con él no gana nadie: ni el tripartito, ni el gobierno, ni la oposición; que servirá a CiU para volver a la Generalitat i prou. Ni gana Cataluña, ni gana España. Su tramitación se ha cargado un gobierno y ha sembrado de minas el campo de la convivencia entre españoles y entre los propios catalanes.

El Estatut ha quedado aprobado, pero es un fracaso político monumental. El algodón no engaña, presidente. Si esto es un éxito (que baje Dios y lo vea) no hay razón para que usted y su ministro Montilla traten de amortizar a Maragall, premier artífice del suceso. El hecho mismo de su aprobación puso de relieve la primera de sus mentiras. Ésta: «El parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de los ciudadanos de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación». El Estatut era una obsesión de una clase política que no representa a la ciudadanía y un error suyo, presidente, en el que aún parece arregostarse. ¿Y dice que va a aplicar el mismo sentido de la estrategia al estatuto vasco y a la negociación con ETA? ¿Virgen Santa!

El rostro del mal
Editorial El Correo 20 Junio 2006

El juicio por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco sentó ayer en el banquillo de los acusados a Xabier García Gaztelu, 'Txapote', e Irantzu Gallastegi, 'Amaia', señalados por la Fiscalía como autores materiales del horrible crimen. El recuerdo de las angustiosas horas que transcurrieron entre la tarde del 10 de julio de 1997, el descubrimiento de Miguel Ángel gravemente herido y la confirmación de su fallecimiento forma parte de la memoria de una sociedad que reaccionó masivamente, tratando primero de salvar la vida del joven edil del PP en Ermua y condenando después la ignominia etarra. La banda terrorista escenificó la obra más cruel que pudiera haberse ideado, proyectada a través de los medios de comunicación al mundo entero. Cada ciudadano se vió obligado a imaginar, minuto por minuto, la truculencia de un calvario cuyo desenlace final estaba dictado de antemano. La demanda del acercamiento de los presos de ETA a Euskal Herria en un plazo de cuarenta y ocho horas no era más que el subterfugio argumental para un asesinato a plazo fijo.

Hoy, a pocas semanas de que se cumplan nueve años de aquel estremecedor acto terrorista, resulta si cabe más difícil de entender cómo unos seres humanos pueden apropiarse y acabar con la vida de un congénere en nombre de supuestos objetivos políticos. Durante décadas el mal del terrorismo ha evitado mostrar su verdadero rostro, imputando a una misión colectiva la responsabilidad de su bárbara actuación. Pero ni siquiera el principio de presunción de inocencia puede evitar que la opinión pública identifique en la actitud y en la mirada de los acusados la incalificable crueldad de quienes pudieron secuestrar y rematar a un ser indefenso, impotente ante la suerte que le había señalado el dictado terrorista. Un incomprensible sectarismo asesino que condiciona la percepción ciudadana del fin de la violencia.

El rostro del mal plantea a la sociedad entera y en especial a las instituciones un dilema moral de indudables consecuencias políticas: hasta qué punto los beneficios penitenciarios que eventualmente pudieran favorecer a los condenados por delitos terroristas, aun ciñéndose a la legalidad vigente, podrían constituir un acto de injusticia respecto a la memoria de víctimas como Miguel Ángel Blanco. La respuesta parece evidente: depende de la actitud que muestren esos mismos condenados; de su disposición a responsabilizarse del mal causado; de que eviten justificar su ominoso pasado y de que reconozcan en las sentencias de los tribunales y en el reproche social que ha merecido su trayectoria de muerte y destrucción la única 'recompensa' que pueden recibir.

Miguel Ángel y la peor campaña de la democracia ya están olvidados
Ely del Valle  elsemanaldigital 20 Junio 2006

La memoria humana es flaca. Y seguramente debemos de estar agradecidos por ello; sin esa capacidad de pasar página o, en algunos casos, de cerrar el libro por completo, el cúmulo de rencores acabaría por gangrenarnos el ánimo y estoy de acuerdo con que no merece la pena cargar con esa clase de equipaje; no obstante, da una cierta tristeza comparar la multitud que hace nueve años acompañó en el dolor y la indignación a la familia de Miguel Ángel Blanco, con el puñado de personas que han vuelto a levantar sus palmas blancas al cielo, esta vez, en las puertas de la audiencia nacional, donde se cuecen en su propio caldo de prepotencia quienes apretaron el gatillo que nos remató a todos una buena porción de libertad.

Hoy, aquellos que nos obligaron a ser peores deseándoles un final que nunca sería, sin embargo, tan terrible como el de Miguel Ángel, gallean ante la madre del muerto sin arrepentirse -me imagino, porque si lo hicieran, el remordimiento les llevaría a pegarse un tiro, el mismo que pegaron hace nueve años-, y sólo trescientas de los varios millones de personas que ofrecimos nuestra nuca en junio del 97, han desenterrado el recuerdo de aquellos días para mantener encendida la llama de aquel espíritu de Ermua que un día fue el de todos.

La memoria humana es maleable. Por eso lo que hoy nos indigna, mañana sólo será un recuerdo molesto que preferiremos mantener bien tapado para que no nos perturbe el presente; sin embargo, produce un cierto desasosiego pensar que los resultados del referéndum catalán, la pelea dialéctica de patio de recreo de los políticos por dejar claro que uno siempre gana y que el perdedor es el otro, han colocado el candado del olvido, a pesar de estar tan reciente, a la campaña política más rastrera de los últimos tiempos, en la que huevos y monedas lanzadas con intención de amordazar han evidenciado que todavía no estamos a salvo de totalitarismos ni dictaduras.

Los que vivimos de esto solemos decir que cualquier novedad sobre un tema convierte la noticia anterior en algo infinitamente viejo. Está visto que, por lo menos en estos dos casos, la premisa periodística ha calado en la sociedad y que todos hemos terminado respirando por los pulmones de una información que, como cualquier hijo de vecino, no ha tenido más remedio que engancharse a la política consumista del más madera, y en la que la memoria, más que cualidad, es un lastre del que hay que desprenderse, a no ser que la resurrección de los recuerdos reporte unos cuantos puñados de votos...

Tenemos por delante muchas campañas y una negociación con ETA de la que muchos no terminamos de fiarnos. Esperemos que, a pesar de todo, la memoria nos aguante el tiempo suficiente como para recordar a George Santayana, ya saben, el que dijo aquello de que "el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla" . Si no, vamos aviados.

Un Estatuto se balanceaba...
Santi Lucas  elsemanaldigital 20 Junio 2006

Sólo un soberbio y prodigioso ejercicio de malabarismo puede producir la impresión de que el Estatut de Cataluña tiene el aprecio popular bastante para justificar su validez. Por muy grande y llamativo que aparezca en los paneles oficiales el porcentaje del "sí" sobre el "no", la realidad es bien distinta. El dato de la insuficiente participación electoral pesa demasiado para obviarlo en ningún análisis serio sobre la consulta.

Sucede que un Estatut se balanceaba sobre la tela de España y se ha dado un testarazo monumental cuando el pueblo ha opinado sobre él. Meses y meses de calentamiento y elucubración política preferente y enrarecida no han pasado de entibiar los ánimos de los destinatarios, que se han mostrado abrumadoramente ajenos a una iniciativa artificial. En una democracia esta separación debe tener consecuencias para las partes. Los promotores del chasco todavía no han dimitido, ni lo harán. Leen los resultados del domingo a su antojo. No escarmientan ni rectifican a pesar del varapalo recibido. Sólo especulan, arrebatados, idos, sobre quién administrará el invento.

La Constitución europea, por ejemplo, demora prudentemente su aplicación hasta salvar los desencuentros y escollos del recorrido. Aquí, no. Aquí, el poder ejerciente y el aspirante de Cataluña rompe aguas ante la perspectiva de perderlo o el atisbo de lograr recuperarlo. Resulta penoso comprobar la flaqueza del socialismo y el nacionalismo catalanes ante retos fingidos que les desbordan o les ignoran simplemente. Han fracturado un gran melón para una minoría, para comérselo entre ellos mismos.

Del referéndum catalán hay que extraer conclusiones que trasciendan a la obnubilación política de sus protagonistas. En un relato de Harold Bloom, titulado "Reflejos", un matrimonio discute por la imagen que se refleja en un espejo de mano según sea de los dos el que lo proyecte sobre su cara. Finalmente, una sabia abadesa a la que someten la insoluble discusión resuelve que en el espejo lo que hay es una monja virtuosa que debe quedarse en el convento para enseñarle a rezar y meditar. "Iros a casa, hijos míos; perdonad y olvidad, reconciliaos", les recomienda la abadesa guardando el espejo en la caja fuerte.

En el espejo de Cataluña se mira cada uno a sus anchas para ver lo que quiere o lo que imagina y no lo que verdaderamente es, interesa o conviene. ¿No habrá allí una abadesa despejada que dirima con reflejos la ficción y logre reconciliarnos?

Miguel Ángel Blanco, in memoriam
José Javier Esparza  elsemanaldigital 20 Junio 2006

Fue en julio de 1997. ¿Ya no os acordáis? Hacía un calor horroroso, todos andábamos pensando en las vacaciones, y entonces un acontecimiento negro, negrísimo, cayó sobre nosotros como cae siempre la injusticia, con ese peso asfixiante de lo intolerable, con esa violencia odiosa que llama a la rebeldía. ¿Cuántos seguimos el drama por la radio y la televisión, literalmente en un sin vivir, en una agonía indignada y sofocante? ¿Cuántos pusimos en nuestros balcones banderas de España? ¿Cuántos, después del crimen, tendimos sábanas blancas con el lazo negro del luto? ¿A cuántos nos mataron un poco aquel día? ¿Y cuántos, también, experimentamos una especie de liberación ciega, la liberación del esclavo que deja de serlo, al ver cómo el pueblo perseguía a los batasunos, al ver a la gente en la calle, gritando su rabia, en esa gran rebelión popular que se llamó "espíritu de Ermua"?

El espíritu de Ermua se lo cargó el PNV, literalmente aterrorizado por la reacción popular. Ahora sabemos que una parte del socialismo vasco también puso su granito de mierda. El espíritu de Ermua nos dio una gran oportunidad: apoyarse en el pueblo para regenerar el sistema, romper esa obscena dependencia del nacionalismo que tanto ha lastrado a la democracia española. Aquella oportunidad pasó. En parte, porque el Gobierno del momento, un PP en minoría, dependiente de los nacionalistas, prefirió salvar el sistema antes que sanearlo. Y en parte, también, porque el nacionalismo reaccionó con habilidad: el Acuerdo de Barcelona fraguó su pacto contra España, el Pacto de Estella vino a socorrer a una ETA acorralada y la propia ETA buscó oxígeno con una "tregua trampa". Todo esto ocurrió en unos pocos meses de 1998. El espíritu de Ermua se fue disolviendo. Su última opción fue el frente constitucionalista, Mayor Oreja y Redondo Terreros, en las autonómicas vascas de 2001. Al día siguiente de esas elecciones, El País lanzaba su nueva consigna para los socialistas: romper cualquier estrategia común con el PP –esto es, cualquier estrategia nacional- y acercarse a los nacionalistas. Zapatero obedeció. Hoy, junio de 2006, nueve años después de la muerte de Miguel Ángel Blanco, dos noticias comparecen al mismo tiempo: mientras se juzga a los asesinos, el presidente del Gobierno autorizará la negociación con ETA. No hemos podido caer más bajo.

Me han contado que en una de esas páginas web que mueve la izquierda alucinada y sectaria, la izquierda guerracivilista de Zapatero, han colgado la siguiente pregunta: "¿De qué vive la hermana de Miguel Ángel Blanco?". Uno ve estas cosas y no sabe si se halla ante una caterva de canallas o ante un tropel de dementes. Y la pregunta que uno se hace es, más bien, esta otra: cómo es posible que haya sujetos tan miserables que orinan encima de los muertos para mantenerse en el poder.

Muchos millones seguiremos teniendo a Miguel Ángel en la memoria. Entre otras cosas, para no olvidar nuestra dignidad.

Galicia
El Estatuto del pensamiento mágico
Cristina Losada Libertad Digital 20 Junio 2006

Cuando Ramón Villares, presidente del Consello da Cultura, catedrático de Historia Contemporánea, ex rector de la Universidad compostelana, propuso hará una semana que el nuevo Estatuto defina a Galicia como “nación de Breogán”, se constató que la rata estaba en la lata. Fue aquél un síntoma inequívoco. Si un Villares compromete el prestigio intelectual que se le supone para abogar por que una ley orgánica se construya sobre el pensamiento mágico; si ninguno de sus pares se levanta para advertir del disparate; si quienes forman la opinión toman en serio una ocurrencia entre cómica y grotesca; entonces, es que el establishment cultural, profesional, mediático y empresarial de Galicia ha llegado a ese punto crítico de sumisión al poder, en el cual si sus venerables miembros no se arrastran como sabandijas, es sólo porque deben seguir comportándose como sanguijuelas.

Así que, vista la amplitud de las tragaderas de las elites y comprobada la pérdida de su sentido del ridículo, efecto colateral de la del sentido de la realidad, no tardaron los jefes de los dos gobiernos que comparten poder en Galicia en proclamar los siete desafíos a la Constitución y a la razón sobre los que quieren fundar el nuevo Estatuto. El reconocimiento del “carácter nacional” ya lo habían pactado hace un año, apelando a motivaciones históricas, económicas, antropológicas, lingüísticas y culturales “conocidas de antiguo y asumidas sin problemas dentro y fuera de Galicia”. Tan de antiguo viene la cosa, que en 1980 sólo un 28 por ciento de los votantes gallegos acudió a las urnas para legitimar la recuperación de las instituciones de autogobierno. Aquellas que, con poderes mucho más limitados, habían sido aprobadas en 1936 con la ayuda de un imponente pucherazo. Pero comprendámoslo: no había otra forma de alcanzar el respaldo popular que exigía para los Estatutos la Constitución republicana. Hoy, para comodidad de ZP y los nacionalistas, no existe esa valla de seguridad.

Ni ninguna otra. Las que había, van cayendo bajo el peso de los hechos consumados. Por lo que no es de extrañar que el socialismo galaico acabe de hacer suyo el primer mandamiento de los nacionalistas y propugne que el conocimiento del gallego sea un deber y que el rango del español se rebaje a cooficial. Hace un año, cuando firmó el pacto con el BNG, no se había atrevido a tanto. Pero de entonces acá el PSOE se ha alineado sin ambages con los que quieren desterrar el idioma común al purgatorio de las lenguas impropias y con quienes siempre han deseado liquidar la Constitución. De modo que su sucursal gallega puede abogar también por el blindaje de competencias y por esa deliciosa contradicción que consiste en reclamar autonomía financiera a la vez que fondos económicos del Estado, uno cuyo nombre no pronuncian por si Breogán se irrita y les manda un rayo. Y todo ello, y esto es lo que tiene mérito, dentro del “marco constitucional”. Porque Touriño y Quintana se han puesto de acuerdo en siete modalidades para violar la Constitución, asegurando que ella va a consentir que se la fuerce. Y el garante de que se dejará no es otro que el presidente del gobierno.

Lo único que han hecho bien los dos cogobernantes fue presentar sus cogitaciones antes de que se conocieran los resultados del referéndum en Cataluña. O sea, antes de que se visualizara que la mitad de los votantes catalanes pasó el “día histórico” ocupándose de cualquier otro asunto menos de participar en el gran acontecimiento. Pero ese abstencionismo indica también que buena parte de los españoles prefiere dar la espalda antes que oponerse de frente a proyectos que los perjudican. Si Touriño y Quintana consiguen enredar al PP gallego en la tela de araña, y nada garantiza lo contrario, Galicia se unirá a la loca carrera por los restos de lo que queda de España. La quiebra del sistema sólo puede perjudicar a una región de poco peso económico y demográfico. Pero el discurso oficial y oficioso es que sin Breogán nos quedaremos a dos velas.

Zapatero tropieza con el referéndum del Estatut para negociar con ETA
Miguel Ángel Orellana  elsemanaldigital 20 Junio 2006

Ocurre que el referéndum sobre el nuevo bodrio-Estatuto de Cataluña ha hecho bueno el viejo refrán de que "cuando menos se espera salta la liebre", poniendo patas arriba los planes del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. La escasísima movilización de la ciudadanía ha dejado un evidente regusto amargo en quienes confiaban en el aval de las masas. ¡Mucho arroz pues para tan poco pollo!

Conocido el resultado de la consulta, el porcentaje de "síes" y el de participación, el Gobierno ha medido en las últimas horas cuáles son sus fuerzas para afrontar los retos de futuro y, sobre todo, el denominado "proceso de paz" en el que ahora no cuenta con el respaldo del Partido Popular. No se ha tratado de vincular estrictamente lo dicho por los catalanes sobre el texto estatutario con lo que pueda ocurrir en el País Vasco, pero sí de evaluar si el presidente José Luis Rodríguez Zapatero pasaba con holgura su primera gran apuesta de la legislatura, si le daba un vuelco definitivo a la estrategia de oposición del líder popular, Mariano Rajoy, y si éste quedaba desautorizado por primera vez en las urnas en su campaña contra la política de despedazamiento de España del Gabinete.

La derrota de una estrategia
En el Palacio de La Moncloa se venía señalando esta vinculación del resultado catalán con los grandes asuntos de la política nacional, al entender que Rajoy no iba a poder actuar igual con un resultado aceptable que con una desautorización a sus posiciones. No haber logrado, por poco margen, el límite del 50% de participación enfría el optimismo gubernamental, a pesar de quienes destacan que la abstención ha sido menor que en el referéndum europeo. Zapatero se había implicado muy directamente en la campaña, consciente de que su "hoja de ruta" se sometía a un test de envergadura en Cataluña. Para el Ejecutivo era mucho más importante obtener una buena participación que hubiera avalado el proyecto estatutario que la diferencia favorable de los "síes".

Es evidente que el presidente, pillado en falso y dando una vez más muestras de su falta de seriedad, pretende eludir el 18-J y, con total desprecio a la ciudadanía, se ve en su papel de conductor del "proceso" dispuesto a manejar el coche sin frenos, solamente con acelerador. El freno sigue siendo el Partido Popular, pero Zapatero tiene mucha prisa. Sólo ha buscado a Rajoy de pasajero. A bordo, sí, aunque sin tocar nada. Y si se estrellaban, se estrellaban los dos. Si el coche llegase a su destino (la "paz"), el mérito sería del que conduce. En ello anda el jefe del Ejecutivo, condenado a iniciar sus tratos directos con la ETA sin el respaldo de los populares, una situación compleja ya que el poder condicionante de Rajoy, como el del freno en un coche, no es un peligro para nadie sino una garantía para todos.

La búsqueda de la debilidad de Rajoy
Cuando se discutió en La Moncloa la fecha más adecuada para que el presidente del Gobierno comunicase al Congreso su decisión de abrir la negociación con los asesinos, hubo voces partidarias de hacerlo después del referéndum precisamente con la hipótesis de que el líder del Partido Popular podría quedar debilitado. Al final, la comunicación se aplazó principalmente para trasladar la sensación de que se sigue la política de mano tendida al principal partido de la oposición en aras del consenso, pero la fecha del 18-J ha pesado en las decisiones que se han tomado sobre los tiempos del "proceso de paz".

Así, cuando Zapatero barajó la primera semana de junio para comunicar su intención de dialogar con la ETA, nadie en el PSOE consideró que podía perjudicar la campaña de la consulta estatutaria. Pocos días después de la ruptura total de relaciones que Rajoy anunció el pasado día 6 de junio, en el entorno del presidente se apuntó a que quizás lo único que podría provocar un movimiento del PP sería el 18-J y fue para después de esa fecha cuando Zapatero dejó su anunciada llamada telefónica a Rajoy para intentar restablecer algún puente. En este sentido, fuentes monclovitas han venido insistiendo a este diario en esa intención, pero ponen énfasis en la actuación de los populares en días venideros.

El paso en falso de Zapatero
¿Puede Zapatero comunicar al Congreso que abre el diálogo con la ETA con un mal resultado en el referéndum? Puede, pero el escenario se complica. El Gobierno machaca por activa y por pasiva que la política de Zapatero cuenta con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Y lo que perseguía este domingo era poder decir que la mayoría de la sociedad catalana está por su política reformista. La cuestión de fondo, como siempre, era establecer con qué porcentajes se miden éxitos y fracasos. El Ejecutivo se atrevió a mirar con precaución hacia el año 1979: 59,7% de participación y 88% de "síes". El lamentable desenlace, muy alejado del Estatuto de Sau, no impide a José Luis Rodríguez Zapatero realizar su apuesta y, de hecho, pondrá ahora toda la carne en el asador para iniciar unas conversaciones con la cuadrilla de asesinos.

Su futuro político depende de que salga bien. Por eso, Zapatero acudirá al Congreso antes de que finalice este mes de junio. Fuentes monclovitas y también del PSOE han confirmado en las últimas horas que "queda prácticamente descartado" que el jefe del Ejecutivo acuda a la Cámara Baja en una sesión específica sobre terrorismo. La nueva "hoja de ruta" del presidente Zapatero pasa por anunciar el inicio de contactos con la ETA utilizando una pregunta parlamentaria, en la sesión de control o aprovechando cualquier punto del orden del día de los dos plenos que quedan por celebrarse, siempre según estas mismas fuentes. "Zapatero quiere pasar este trámite cuanto antes y es muy probable que la fecha elegida sea mañana miércoles", añaden.

El panorama es desalentador para quienes seguimos viendo en la desaparición de ETA un objetivo común de la gente bien nacida, al margen de su fe política o el sentido de su voto. No sé si Zapatero es consciente de lo que se juega. En todo caso, ésta es una muestra más del caos que hoy preside este nuevo régimen. En los asuntos de la política doméstica, esto parece cada vez más una reedición de los últimos tiempos de la Reina castiza, doña Isabel II. ¡Que siga la fiesta mientras el presupuesto aguante!

Gobierno, nacionalistas y medios afines rivalizaron ayer en dar la versión más adulterada sobre el referéndum
Jesús Cacho El Confidencial 20 Junio 2006

¡Dios mío, qué cosas se oyeron y leyeron ayer para justificar el batacazo que en el referéndum sobre el nuevo Estatuto catalán se han llevado al alimón las huestes nacionalistas, incluido entre ellos los nacionalsocialistas del PSC, y el propio presidente del Gobierno dizque de España, José Luis Rodríguez Zapatero, gran valedor del majestuoso disparate!

Como en Fuenteovejuna, las variopintas huestes derrotadas por la playa el domingo 18 unificaron con sorprendente rapidez sus mensajes para echarle la culpa al empedrado, a los atascos de tráfico y, lo más pintoresco, para tratar de escudarse en no sé qué referéndum gallego en el cual se produjo una participación menor, como si fuera posible sumar peras y manzanas, comparar magnitudes no mensurables, equiparar situaciones sociológicas y políticas tan dispares y olvidarse, porque esta es la madre del cordero, que dos de cada tres catalanes dieron el domingo la espalda a una clase política engolfada en el abuso de poder y el 3% de comisión. Conmigo que no cuenten.

“Sí inapelable”, titulaba ayer La Vanguardia, un diario que durante décadas se llamó “La Vanguardia Española”. “Sí rotundo de media Catalunya”, rezaba, con más sentido del humor, El Periódico, mientras que El País, diario oficial del partido del Gobierno, aseguraba en su tradicional estilo falsario que “Cataluña da un sí masivo al Estatuto con una participación que roza el 50%”. La palma de oro, con todo, se la llevó TVE, que en un verdadero alarde abrió el telediario de la noche más menos de esta guisa: “Apabullante victoria del sí, con una participación que supera al referéndum europeo”.

Un millón para el mejor. Jamás se vio una manipulación semejante, y eso que en una democracia sin demócratas como la española hemos visto de todo en la materia. Al mando el increíble Pepiño, el chico que traía los cafés en el PSOE gallego, según cuenta, todavía sorprendido, a quien quiera oírlo, el ex alcalde coruñés Paco Vázquez, ahora ascendido a mariscal del aire del ejército de Pancho Villa, las tropas coaligadas del Gobierno, la clase nacionalista catalana y sus amigos mediáticos cerraron filas la noche del 18 tratando de ahogar con su mensaje mendaz cualquier posibilidad de reflexión sobre lo ocurrido.

Jamás se vio, repito, manipulación semejante. Los políticos, “esos” políticos, por un lado, y el personal de a pie, por otro. Un episodio que revela la pobre calidad de una democracia definitivamente secuestrada por una clase política que, en tanto en cuanto divorciada de las verdaderas preocupaciones del común, se va pareciendo cada día más a una especie de mafia capaz de seguir engordando el negocio sobre la base de la extorsión emocional y moral, sobre la base de falsear la realidad con el mayor descaro.

La realidad, por ejemplo, del porcentaje de participación. Sorprende, por ejemplo, la renuencia a facilitar ese dato hasta que prácticamente se escrutó el 100% de los votos, cuando en cualquier elección es precisamente lo primero que se hace público, porque es lo más fácil. El caso es que a las 6 de la tarde había votado el 35% del censo, y de 6 a 8, con atascos y todo, lo hizo casi un 15% más, milagro que sin duda hay que atribuir a Sant Jordi y su lanza mágica.

Resultó que conforme se acercaba el final de recuento aumentaba la participación y fueron muchos los que en Madrid se jugaron alegremente una cena a que al final la cosa llegaba al 50,1%. Parece que no se atrevieron a llegar tan lejos, pero no estaría de más que algún demócrata no contaminado por el Régimen del 3%, tal que Ciutadans de Catalunya, solicitara el recuento exhaustivo de actas y votos, porque podría haber sorpresas. ¿Insinuación escandalosa? En absoluto, tratándose de esta tropa.

De enterrar definitivamente cualquier democrática posibilidad de reflexión sobre lo ocurrido, de evitar asumir responsabilidades por el gran derrotado político de la noche, el señor Zapatero, se encargará el propio señor Zapatero, que un día de estos, mejor hoy que mañana, en todo caso cuando antes, se ocupará de anunciarnos el inicio de la magna negociación con la banda terrorista ETA. Y aquí paz y después gloria. Y a otra cosa, mariposa.

Eso sí, la presencia de Pascual Maragall al frente del tinglado nos asegura nuevos y deleitosos episodios como continuación del esperpento: no sólo no se irá, sino que va a administrar el decreto de disolución a su antojo, de modo que los de CIU, que se las prometían felices desde que Zapatero les ofreciera en enero la Generalitat, van a continuar en el dique seco, preguntando un día sí y otro también en Moncloa aquello de “¿y de lo mío, qué...?” En suma, diversión asegurada.

¿ACABAMOS CON ETA, O ETA ACABA CON NOSOTROS?
Editorial minutodigital 20 Junio 2006

La cruel muerte de Miguel Ángel Blanco hace nueve años conmocionó a toda España. Los etarras amenazaron a toda la sociedad con asesinar a aquel joven concejal del PP sino no nos rendíamos a sus condiciones. Y la sociedad no se rindió. Y ETA, inmisericorde, asesino como a un perro, a un joven cuyo único pecado era militar en un partido de la derecha y sentirse español. Una multitud salió a la calle indignada por al atrocidad que se acababa de cometer. Ni izquierdas ni derechas, España entera pidió a gritos y con lágrimas en los ojos mano dura contra ETA.


Y gracias al generoso sacrificio de la vida de Miguel Ángel algo cambió en nuestra patria. A partir de entonces asistimos por fin a una política que de verdad ponía cerco a los violentos. Los brazos políticos, logísticos y propagandísticos de ETA fueron cayendo, en un proceso en el que la ilegalización de Batasuna significó el triunfo de la sociedad democrática, el triunfo de los muchos Miguel Ángel que ETA fue dejando en la cuneta de la muerte.

Hoy otro atentado ha cambiado radicalmente el panorama de la lucha antiterrorista en España. Las explosiones en los trenes de Atocha, permitieron encaramarse en el poder a un grupo de políticos que no desea plantar cara al terrorismo. Una cuadrilla a la que le importa más llamar asesino a Aznar que perseguir a los auténticos asesinos. Sí amigos lectores, quien nos iba a decir a aquellos que nos lanzamos indignados a la calle pidiendo la liberación de Miguel Ángel y nos conmovimos después con su muerte, que nueve años después la mezquindad de un partido, solo preocupado de retener el poder, y el fanatismo de un sórdido presidente del gobierno, harían inútil aquel sacrificio. Si entonces la sociedad se negó a ceder ante ETA, hoy el PSOE de Zapatero va a dar a los asesinos aquello que entonces se les negó a costa de la vida de un joven. A costa de la vida de una victima más. ETA asesinó a Miguel Ángel porque nos negamos a reagrupar a los presos en el País Vasco, la misma reivindicación que casi le cuesta la vida a Ortega Lara. Y hoy esa condición de los terroristas es la menos grave de las concesiones que Zapatero esta dispuesto a hacer a la banda de asesinos.

Mientras, los mismos asesinos de Miguel Ángel Blanco cultivan con total desparpajo su insolencia antiespañola y antidemocrática. Tenemos que aguantar que los cabecillas de quienes apretaron el gatillo que acabó con la vida de aquel y otros muchos jóvenes, sean tratados como respetables interlocutores a la vez que amenazan al Estado de Derecho. “Nuestra paciencia se agota, porque ésta es una agresión al proceso” nuevamente han repetido los aberzales en referencia al macrojuicio del entramado etarra.

Sabemos que el gobierno de España ha cambiado. Un gobierno al que no importa arrastrar por el fango la dignidad de España y la memoria de las victimas. Pero ¿tanto ha cambiado la sociedad española también? ¿los españoles que hace 9 años salieron a la calle porque querían acabar con ETA, ahora están dispuestos a que ETA acabe con nosotros?

Consideraciones post referéndum
Román Cendoya  Periodista Digital 20 Junio 2006

El referéndum es válido. El marco jurídico español no establece una participación mínima para dar validez a un referéndum. A partir de ahí, sí se pueden hacer consideraciones políticas. La declaración de Rodríguez acerca del resultado del Referéndum del Estatut es una prueba más de que los principios y valores del Presidente son menos consistentes que un gas inestable. Sus afirmaciones sobre el hecho de que con un 51% no es posible hacer una modificación de un Estatuto, como era el Plan Ibarretxe, quedan en el olvido y considera que el apoyo de sólo el 36 del censo es “un amplísimo refrendo de la mayoría”.

Sólo uno de cada tres catalanes ha apoyado que Cataluña modifique su Estatuto y su relación con el resto de España.

El resultado del Referéndum es una prueba de que el divorcio entre la sociedad catalana y sus políticos es infinito. El índice de participación en el Referéndum demuestra que todos los políticos catalanes, con presencia en el Parlament, han usurpado a sus ciudadanos una legislatura. El referéndum ha llevado a que la legislatura termine. Una legislatura que ha supuesto un gran retroceso para Cataluña, en comparació´n con otras CC.AA, medido desde cualquiera de sus variables: crecimiento, educación, libertades, etc. El éxito de Cataluña es que España está más separada y más débil. Triste balance. Un éxito del PSOE.

Rodríguez, en su mundo de ficción, también ha afirmado que “ la España autonómica avanza con normalidad institucional propia de una democracia sólida y asentada en la Constitución”.

Rodríguez considera “normalidad institucional” que el Presidente de la Generalitat emita un discurso ilegal como cierre de campaña. Considera propia de “una democracia sólida” que uno de cada tres ciudadanos del censo apoye una reforma. Y Rodríguez se salta la libertad de poderes declarando que la reforma está “asentada en la Constitución”. Ahora llega el tiempo legal de los recursos ante el Tribunal Constitucional. El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ya ha anunciado que va a interponer un recurso contra el Estatut. El Gobierno de Aragón, varias asociaciones y fundaciones van a instar a lo mismo. Y el Partido Popular, también. Hay que confiar en que el Tribunal Constitucional actúe con la independencia que debe prevalecer en sus actuaciones. El índice de participación, un factor que no debería influir pero que influye, ha sido lo suficientemente bajo como para que el Tribunal Constitucional no se sienta coaccionado. Durán, que sabe perfectamente de la inconstitucionalidad de muchas partes del texto, ha comenzado su campaña de desactivación del Tribunal. Ha pedido

“Por espeto a las urnas y a la democracia, le pedimos que no lo haga, que respete la decisión del pueblo catalán, su sí arrollador”.

Es genial. Cada vez que alguien denunciaba que el Estatut era anticonstitucional siempre se apelaba a que ya llegaría el momento de recurrir al Tribunal. Ha llegado el momento y los nada respetuosos con la separación de poderes y con los procedimientos legales y democráticos dicen que no se recurra y se respete un “sí arrollador”. ¿Sabrán que quiere decir “arrollador”? ¿Por qué se niegan a que el texto sea sometido al legítimo Tribunal Constitucional?

Comportamientos como los de Durán permiten asegurar que Cataluña se ha instalado en la inseguridad jurídica y en la inestabilidad política. Todo este proceso de reforma del Estatut ha servido para visualizar que Cataluña ya es una sociedad sometida a un Régimen nazionalista. No hay síntoma más claro de la fractura social y del retroceso de un pueblo que el hecho de que parte de la sociedad tenga que reclamar libertad. Libertad para expresarse. Libertad para presentar su proyecto. Libertad para actuar. Lo que Rodríguez llama “normalidad institucional” es que al discrepante se le amenace, se le amedrente y se le agreda, como ha sucedido con Ciutadans de Catalunya y con el Partido Popular. O que a un ciudadano que exige, con los oportunos permisos, el respeto a su derecho de escolarizar a su hija en una lengua oficial le asedien amenazadoramente “dos secretas” al más puro estilo de la brigada política social de los tiempos de la dictadura. Llegados a esta situación, desaparece el sistema democrático y comienza el Régimen. Con forma de democracia, pero Régimen. Uno de cada tres lo ha bendecido.

El Estatut de la discordia
Periodista Digital 20 Junio 2006

(Periodista Digital)-. Si algo ha dejado claro el referéndum es que el Estatut divide a todos: a los partidos, a la sociedad catalana y a la española. Que nace con un importante déficit democrático y que sólo viene respaldado por un pequeña parte de los catalanes.

Según cuentan en el semanario Época, el texto estatutario, buque insignia de la política de Zapatero, caballo de batalla de Maragall y el Tripartito, ha resultado ser un fiasco manifiesto. Lo que debería servir para aglutinar a los catalanes y para afianzar su identidad nacional y sus cotas de autogobierno, ha dividido a esa sociedad.

Los datos del referéndum lo confirman: sólo apoyan la reforma el 36% del censo total de ciudadanos con derecho a voto. Además, el alto nivel de abstención deja en evidencia al primer Estatut de la historia de Cataluña que vincula el territorio con el concepto de nación. La palabra-fetiche por la que ha luchado el Tripartito, con el respaldo de Zapatero (el eje filosófico sobre el que giraba la razón de ser del texto) ha despertado un interés muy relativo entre los ciudadanos de esa “nación”.

DOS DE CADA TRES NO LO APOYAN
Lo subrayó Mariano Rajoy y lo adelantó EPOCA en una encuesta de Intereconomía, publicada hace tres semanas. En el artículo ya se vaticinaba que estamos ante el Estatut de la discordia. El bajísimo nivel de respaldo que ha cosechado resta fuerza moral al texto y a la consulta.

Las palabras de Jordi Pujol, “no podemos hacer el ridículo” ,se han cumplido. Los políticos catalanes (del PSC, pero también de CiU) lo han hecho dado el manifiesto desinterés de una sociedad que, mayoritariamente, ha preferido broncearse en la playa antes que defender el texto.

Y lo ha hecho Zapatero, al decir que “el refrendo ha sido amplísimamente mayoritario” y aventurar que el Estatut va a tener excelentes resultados. D

e momento, no ha servido para poner de acuerdo a los catalanes, nace con déficit democrático, implica el principio del fin de Maragall en Cataluña. Además, se ha fabricado y votado de espaldas a los principales interesados, es decir la ciudadanía. Todo indica que el futuro no va a ser un camino de rosas y que el texto va a continuar provocando problemas.

El "Estatut-trampa" y la democracia del 30 por ciento
Rafael Cid  Periodista Digital 20 Junio 2006

Cuando una sociedad necesita explicar lo obvio es que algo va mal, francamente mal. Eso es lo que ocurre con el resultado del referéndum sobre el Estatut. Lo cierto y palpable es que un 74 por ciento de catalanes ha aprobado dicho texto. Eso es verdad, pero parte de la verdad, no el todo. Lo obvio, toda la verdad, es que ese porcentaje representa sólo algo más del 30 por ciento del censo. Negar esa obviedad es hacer trampa con el referéndum sobre Estatut, engañar a la buena gente y devaluar la democracia.

Y ese es precisamente el problema de fondo. Desde hace ya tiempo, los sistemas de democracia representativa vienen aceptando votaciones vinculantes de minorías ramplonas sobre asuntos que afectan a la sociedad en su conjunto. Como si de un consejo de administración controlado por un ínfimo paquete accionarial se tratara, los gobiernos se encuentran cómodos en la democracia realmente existente del 30 por ciento. Incluso hay analistas cínicos que afirman que el creciente abstencionismo vigente es un signo evidente de confianza en el sistema. A eso antes se llamaba despotismo.

La más sorprendente es que este nuevo paradigma no viene del ultraliberalismo sino de un gobierno que dice seguir la pauta ideológica del republicanismo propuesto por Phillip Pettit, fórmula con la que se el politólogo australiano busca revitalizar la democrática mediante una presencia activa de la ciudadanía vía participación y deliberación. Nada que ver con la lectura gloriosa del referéndum del 18-J, tomando la parte por el todo, ya que la deliberación y la participación sólo existió, y no mucho, en la aprobación de su primitiva redacción por el Parlament, casi por unanimidad, para luego ser concienzudamente “cepillado” en sede ajena gracias a esa suerte de nuevo pacto contra natura entre el presidente Zapatero y el líder de la oposición al tripartito catalán patrocinador del texto (sic).

Por eso, más allá de las interpretaciones interesadas, lo grave está en la entronización urbe et orbi de una democracia basura, de baja calidad, mediante la movilización de ese fiel 30 por ciento de personas de orden (funcionarios, pensionistas, correligionarios, etc), que siempre atiende la llamada del poder por un cierto espíritu de conservación y medro. El postmodernismo cultural incrustado en el capitalismo global anunció la muerte de las grandes narraciones en provecho del presente rampante bajo la divisa de conmigo o contra mí. Y con ello, la exclusión social, que afectaba sobre todo a los damnificados del mercado, ha terminando alcanzado también a la política, haciendo de la democracia un sofisma estadístico.

Otra cosa muy distinta es pretender, como hace el Partido Popular, que la abstención revela un “Estatut-trampa” y que ellos son los legítimos depositarios de ese capital político. ¡Sublime estulticia de un partido que ha perdido el norte precisamente por no saber nunca dónde estuvo el norte! El PP ha sido el gran y absoluto perdedor de esta consulta. Aunque los hagiógrafos de cabecera del sistema le hagan el inmenso favor de sacar pecho comparando a la ventaja el resultado del referéndum sobre el Estatut con el de la nom nata y desprestigiada Constitución Europea. Siempre hay algún indocumentado que echa una mano in extremis. Porque si el 18-J deja claro algo son dos cosas, y ninguna de ellas buena para el equipo de Rajoy. Una, que CiU ha salido fortalecida de la cita gracias al entrometimiento de Rodríguez Zapatero. Y dos, que el gobierno socialista ha cerrado el ciclo del consenso con el partido de la derecha para abrir una etapa nueva de entendimiento con los nacionalismos conservadores.

Pero eso, con ser un revulsivo respecto al “atado y bien atado” de la transición, nada tiene que ver con una democracia avanzada, sobre todo si además el fin justifica los medios y remedios. ¿O acaso piensa alguien que si aquí -como en Italia, por ejemplo- el voto fuera obligatorio el abultado partido de la abstención se hubiera alineado junto a ese 30 por ciento del menguado sí? Si lo sucedido el 18-J, como dice el inefable portavoz socialista José Blanco, es “ganar por goleada”, desde un talante democrático tendremos que acuñar también para esa efeméride aquello de “que patada les hemos dado en nuestro propio culo”.

¿ Votó el 49.4% ?, para mí que hubo pucherazo....
Fernando Gallego  Periodista Digital 20 Junio 2006

En España cuando se trata de números da lo mismo 8 que 80, no en vano tenemos el sistema educativo más rezagado en matemáticas de todos los países de la OCDE. Los periodistas dan cifras a las que ponen o quitan un número apreciable de ceros sin inmutarse, y lo que es peor, los destinatarios de la información raras veces reparan en la errata. Leemos los números, en definitiva, con poco sentido de la mesura.

No es de extrañar por tanto que admitamos como válidas las informaciones que incorporen más de un guarismo, sin plantearnos la idoneidad de los planteamientos.

Todo esto me vino a la cabeza anoche, mientras oía los resultados del referéndum sobre el Estatuto de Autonomía catalán. Lo que escribo a partir de ahora sé que es una nimiedad, porque no tengo los datos necesarios, pero al menos tiene cierta lógica numérica con las informaciones que previamente nos habían dado. Resulta que sobre las 19 horas nos dan los datos oficiales de porcentaje de participación a las 18 horas, que fue del 35%. Cualquier observador con un sentido aceptable de la proporción, se da cuenta que la participación es muy escasa, y si es una persona curiosa, coge papel y lápiz y plantea: Si en 9 horas de votaciones han participado 35 personas de cada cien, en 11 horas que dura todo el proceso ¿cuántas participarían?. Los estudiantes de la LOGSE, el caladero de talentos de los socialitas, no creo que tengan dificultad para resolver el problema, cuya solución es 42.77%. Esto quiere decir que siguiendo el flujo medio de votantes entre las 9h y las 18h, durante las dos horas restantes, la participación hubiera sido de poco menos del 43%. Por cierto, este es un porcentaje que se aproxima al que dieron medios tan poco sospechoso como La Cuatro, nada mas cerrarse los colegios.

Pero no, el gobierno de Maragall no dio el índice de participación nada más cerrarse los colegios electorales, lo fue cocinando con ese programa informático tan maravilloso que dicen que tienen, y fue proyectando la participación a cada oleada de recuento de votos. Curiosamente esta iba subiendo conforme avanzaba el escrutinio, cuando es un dato que debería haberse mantenido casi constante a lo largo de todo el proceso de recuento.

Esto significaría que en las 9 primeras horas de votaciones el flujo de participación por cada 100 electores fue de 3.89 votantes cada hora, mientras que en las dos últimas, de 7.2 personas en cada hora. Prácticamente el doble. ¿Hubo una afluencia masiva al final de la tarde?. Esto no suele ocurrir, por lo que es digno de estudio.

Cinco o seis puntos de diferencia de participación sirven para maquillar un desastre, y para que ZP hable de forma triunfal de un éxito, y se empecine en hablar de una participación suficiente. Sería interesante que otras personas con mas datos estudien el asunto, ya que no es nada baladí.

Y Ahora: ¡¡¡LOS SUEVOS!!!
José Donís Català  Periodista Digital 20 Junio 2006

¿Qué te pensabas? ¿Que con los rollos medievales de los NAZIS en Cataluña se acabaron las tonterías? ¡Ah, pequeño saltamontes..! Nadie marca un límite temporal a estos NUEVOS TOTALITARIOS (ni a los NAZIonalistas, ni al islam); así que, unos pueden irse 300 años atrás para "demostrar" su "identidad nazional", mientras otros se nos van hasta el siglo quinto... Lo sé: ¡Es de locos!

Un amigo, en un comentario de mi anterior artículo me hizo recordar la última majadería de los BNG en esa minha terra galega que tanto amo.

Sólo para víctimas de la LOGSE allá en Galicia, te hago un pequeño resumen de esa "Galicia, país independiente" (y sin olvidar que éstos tipos son PELIGROSOS; RECUERDA SU AMISTAD CON ETA-BATASUNA).

¡Cuánta idiotez! ¿Sabías que son precisamente los hispano-romani gallegos quienes harían un LLAMAMIENTO DESESPERADO AL IMPERIO para librarse de aquel grupo de bestias? Y que, gracias a ellos, Hispania terminaría siendo el PRIMER REINO-NACIÓN LEGALMENTE INDEPENDIENTE DEL IMPERIO OCCIDENTAL. Pues sí, pero Roma (RPQR), en el s.V ya tenía asumido que los godos eran "una parte de los romanos", y por eso fueron los visigodos los encargados de resolver el PROBLEMA SUEVO.

El 438 un gran General romano, Andevoto, vence definitivamente a los bárbaros en Hispania (vándalos, sobre todo), pero en 446 un grupo de salvajes que se dedican al saqueo asolan la península: los suevos.

Teodorico, rey de los godos, que arrasarían a Atila y los Hunos con el que se llamó "último romano", el GRAN GENERAL AECIO, ayuda a que Avito sea el nuevo Emperador de Occidente en el 455. Un año después, bajo la autoridad de Roma, Teodorico destruye al ejército suevo de Requiario (sucesor de Rechila); pero al verlos ya indefensos, y con la inmensa MAYORÍA DE ROMANI EN GALICIA, les permite mantener un "reino" como forma de gobierno-control,e IMPONEN un nuevo rey: Frauta... Pero la aparente docilidad de los suevos para civilizarse era sólo coyuntural... Eran demasiado primitivos, crueles y sanguinarios con los indígenas gallego-romani, con el pueblo hispano:

El 456, los notables romani de Galicia deciden enviar una embajada a Teodorico para que les SALVE DE EL SALVAJISMO SUEVO. Avito, el Emperador, es destronado, pero Mayoriano, que asume la púrpura, le pega una paliza a los visigidos de Teodorico (que todavía no se sentían "hispanos") recordándoles que existen porque Roma así lo ha querido.

El Imperio le permite instalarse en el sur de Galia y es entonces cuando la delegación gallega le pide AYUDA URGENTE. Teodorico arrolla a los suevos BORRÁNDOLOS DEL MAPA DE LA HISTORIA y, mira tú por dónde, se encuentra con un territorio -HISPANIA- que muy bien podría ser su reino... Eran minoría, pero fundamentalmente iguales (aparte del arrianismo godo y su lengua que, practicamente, dejaN DE LADO ANTE LA inmensa cultura GRECO-LATINA. Vio el futuro, pero no estaba destinado a llevarlo a cabo: su propio hermano, Eurico, lo asesina y destrona el 467 dC.
Apenas 8 años después, el Rey Eurico ha unificado la península y, el reino godo, es lo mismo que decir ESPAÑA. Pero España, o Hispania, no es todavía una NACIÓN INDEPENDIENTE, es una provincia de Roma gobernada por un reino godo.

El 475 dC. el 1º Rey de TODA ESPAÑA, Eurico, FIRMA LA INDEPENDENCIA DEL REINO ESPAÑOL CON EL PENÚLTIMO EMPERADOR DE ROMA: Julio Nepote, "Nepos".

España, gracias a Roma, a los romani-gallegos, y a los visigodos, se convierte EN EL PRIMER REINO INDEPENDIENTE OCCIDENTAL, cuando en las Galias o Germania apenas tenían pequeñas bandas de salvajes saqueándolo todo con obispos-héroes que asumirían las funciones de mantener un "Imperio ideal" ¡¡¡Y LO CONSIGUIERON!!! Aguantaron hasta que el día de Navidad del año 800, el primer Carlos sería ungido como Emperador del Imperio Romano Germánico, Carlomagno, que, años después encontraría continuación en su descendiente, nieto de los Reyes Católicos, el Emperador Carlos V... Cuando aquel Imperio YA SE LLAMABA ESPAÑA.

 PD: Sin aquel llamamiento desesperado del pueblo gallego para echar a los suevos, quizá nunca se hubiera formado nuestra NACIÓN; así que: ¡Muchas gracias galegos!

Dudas en irak
Por FLORENTINO PORTERO ABC 20 Junio 2006

Tras su fulgurante viaje a Irak, Bush señaló que Estados Unidos seguiría colaborando con el Gobierno de Irak todo el tiempo que fuera necesario para mantener el orden público y facilitar el desarrollo institucional del nuevo Estado, unas palabras que chocaban con otras declaraciones de miembros de su propia Administración, que indicaban una pronta y paulatina reducción del contingente desplegado. El número de soldados se ha convertido en un fin en sí mismo, cuando son sólo un instrumento para lograr un fin.

¿De qué se trata? Bush había impuesto su criterio dejando claro que el objetivo final de la invasión de Irak era establecer en ese país una democracia, que sirviera como faro para la transformación de toda la región. No todos estaban de acuerdo. Alguien tan próximo a él como Rumsfeld no dejaba lugar a dudas sobre su visión: habían ido a destruir al régimen baasista, lo habían logrado y era momento de volver a casa.

Con el paso del tiempo la autoridad del presidente se ha ido deteriorando. Al no haber enviado un contingente suficiente la insurgencia ha ido creciendo, aumentando su capacidad de acción y amenazando la estabilidad del país. El americano medio ve cómo la estrategia aplicada no surte efecto y culpa, con todo el derecho y buen sentido, a su presidente. Bush, en el ecuador de su se-gundo mandato, es el «pato cojo» al que se refieren los manuales de ciencia po-lítica norteamericanos: ya no tiene poder dentro de su partido y sus propios altos funcionarios empiezan a campar por sus respetos. Y éste no es un proble-ma menor. Rice dirige el Departamento de Estado como si Kerry hubiera gana-do las elecciones presidenciales, mientras Rumsfeld sigue sin entender el por qué de la permanencia en Irak. El presidente Bush sufre las consecuencias de haber nombrado a personas de su confianza, pero que en ningún momento llegaron a creer en los principios de la nueva estrategia.

Algunas buenas noticias llegan de Irak: cayó Zarqaui; su ordenador nos da testimonio de la angustia de su gente ante la creciente eficacia de la acción conjunta de iraquíes y norteamericanos; en algunas zonas se hace evidente que se pueden retirar tropas... pero nos engañaríamos si pensáramos que las fuerzas locales están ya preparadas para asumir el grueso de la acción contrainsurgente. Su grado de dependencia respecto de las fuerzas norteamericanas es todavía muy alto y continuará siéndolo durante bastante tiempo.

El debate norteamericano sobre la necesidad de retirar las tropas es la prueba que los islamistas esperaban para confirmar, una vez más, que Estados Unidos es un «tigre de papel», incapaz de actuar de forma constante en un teatro de operaciones no convencional. Una retirada apresurada desestabilizaría el país, arruinaría su incipiente democracia y alentaría el radicalismo en toda la región.

Charla-coloquio de Vigueses por la Libertad
Vigueses por la Libertad  20 Junio 2006

La asociación cívica Vigueses por la Libertad celebra el próximo lunes, 19 de junio, una charla-coloquio con el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, Pedro Arias Veira. Un día después del referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, el profesor, que también es un brillante escritor y periodista, hablará y debatirá sobre el tema: “La Constitución, el mejor Estatuto para Galicia”. El acto tendrá lugar a las 20:00 horas en la Fundación Caixa Galicia, sita en Policarpo Sanz, 21. La entrada será libre.

Pedro Arias Veira expondrá cómo el actual proceso de quiebra de la Constitución ha de conducir a una fase de conflictos y discordias permanentes entre las que fueron Comunidades Autónomas, a fin de disputarse los restos del poder del Estado. Y cómo ese nuevo escenario, que se está configurando bajo el gobierno de Zapatero, perjudicará a Galicia, que se verá abocada a ser una comunidad de carácter residual, secundaria y subordinada.

Sin embargo, lejos de percibir ese peligro y afrontarlo, se ha instalado en nuestra tierra una especie de “galleguismo mágico”, que confía en que un nuevo Estatuto sirva de pócima milagrosa que nos salve del marco hipercompetitivo e insolidario que se avecina. Vivimos, según Arias Veira, un carnaval de escapismo que sustituye el análisis por el ensueño. Hacer un nuevo Estatuto es una ciega táctica del avestruz y una derrota de la razón colectiva, y es preciso movilizarse antes de que sea demasiado tarde. La alternativa adecuada, a juicio del ponente, consiste en defender la Constitución de 1978 como Estatuto común para toda España. Pues ese marco es el que único que garantiza una práctica autonómica eficaz y un espacio para el desarrollo cohesionado y progresivo de Galicia.

La charla de Pedro Arias Veira es el segundo acto público de Vigueses por la Libertad, que celebró su presentación el pasado mes de mayo, con la presencia de la concejal de Getxo, y símbolo de la lucha contra el terrorismo, Gotzone Mora. Vigueses por la Libertad es una asociación cívica independiente, que ha nacido de la inquietud de un grupo de ciudadanos ante la magnitud del proceso de disgregación y deterioro de la democracia española que se vive bajo el actual gobierno.

La asociación se propone generar una corriente de opinión contraria a ese proceso estimulando el debate político y promoviendo la difusión de los valores liberales. Vigueses por la Libertad sitúa en el centro de su ideario la defensa de la libertad y los derechos individuales frente a los abusos de los poderes públicos.

El «espíritu de Ermua» revive el asesinato de Miguel Ángel Blanco en el arranque de la negociación
NATI VILLANUEVA. MADRID. ABC 20 Junio 2006

Nueve años después del secuestro y posterior asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, de las mayores movilizaciones de la historia de la democracia que desembocaron en el «espíritu de Ermua», la Audiencia Nacional sentó ayer en el banquillo a los autores del primer crimen de ETA transmitido en tiempo real, el que el 12 de julio de 1997 provocó una respuesta sin precedentes en el País Vasco, una rebelión ciudadana que, también por primera vez, plantó cara al terrorismo y proclamó a los cuatro vientos: «Todos somos Miguel Ángel Blanco».

Nueve años después de la muerte del joven edil, ha sido precisamente la respuesta social y la actitud de nulo arrepentimiento de sus asesinos -Francisco Javier García Gaztelu «Txapote» e Irantzu Gallastegi «Amaia»- las que han permitido mantener vivo ese «espíritu de Ermua», que ayer murió para muchos cuando, coincidiendo con el inicio de un juicio que llega nueve años tarde, el PSOE anunciaba que Zapatero no hará una comparecencia especial (en el Congreso de los Diputados) para informar del inicio del diálogo con ETA.

Los estertores de Ermua
Mientras el secretario de Organización socialista, José Blanco, comunicaba en Ferraz la «buena nueva», centenares de personas se manifestaban ante la Audiencia Nacional en contra de la negociación. Con pancartas, velas y camisetas con el rostro de Miguel Ángel Blanco, los manifestantes rememoraron aquel «espíritu de Ermua», el de 1997, y apoyaban a una familia que está convencida de que si los que abanderan el «proceso» se sentaran delante de asesinos como «Txapote» romperían de inmediato cualquier tipo de negociación con los terroristas.

Y es que la actitud de los procesados -crecidos con la comprensión del Gobierno de Zapatero y del Ejecutivo vasco e indiferentes ante la justicia que imparte la Audiencia Nacional- indignó a los amigos y representantes políticos que, como Ignacio Astarloa, Carmelo Barrio, María San Gil o el socialista Carlos Totorika (alcalde de Ermua) entraron en la sala de vistas para acompañar a la familia de Blanco en el duro trance que supone rememorar la muerte de un ser querido.

Al igual que sucedió en el proceso por el asesinato del también concejal del PP José Luis Caso la semana pasada, tanto «Txapote» como «Amaia», para quienes el fiscal pide 50 años de cárcel por secuestrar y matar a Miguel Ángel, se negaron a declarar y aprovecharon la primera sesión del juicio para ponerse al día de sus andanzas penitenciarias. Tan indiferentes permanecían al desarrollo del juicio que sólo interrumpían su conversación para saludar a los etarras que fueron llamados a declarar como testigos: Ibon Muñoa, Kepa Echevarria, Sebastián Lasa y Gregorio Escudero. Los tres últimos se negaron a testificar, por lo que el fiscal solicitó que se dedujera testimonio del acta para iniciar actuaciones, en su caso, por un posible delito de desobediencia. Pero no fue la única petición del representante del Ministerio Público, Miguel Ángel Carballo, quien se dirigió al tribunal hasta en dos ocasiones para que reprendiera a los etarras por su actitud chulesca. «Me comporto como quiero», contestó Lasa al fiscal después de que éste le llamara la atención por acercarse al habitáculo blindado para saludar a los procesados con el puño en alto y sonrisas.

Testimonio clave
Sí testificó Ibon Muñoa, el etarra condenado ya por colaboración con el «comando Donosti» cuyas declaraciones policiales y judiciales apuntaron desde un primer momento a «Txapote», «Amaia» y al fallecido José Luis Gueresta como autores del secuestro y crimen de Miguel Ángel Blanco. Ayer, sin embargo, aseguró que lo poco que recordaba sobre su confesión no era cierto, pues le habían obligado a declarar «bajo torturas».

Para salvar los principios de publicidad y contradicción, Muñoa tuvo que escuchar la lectura de fragmentos de sus propias declaraciones por boca de la secretaria judicial. En todas relató cómo alojó en su domicilio a «Txapote» y «Amaia»; que ambos le comunicaron que iban a secuestrar a un concejal del PP; que les ofreció un apartamento en Zarauz para esconder a Blanco durante el tiempo que durara su cautiverio; e incluso que un mes después del asesinato del concejal participó en una conversación en la que «Txapote» aseguró que las consecuencias políticas del secuestro y crimen de Blanco tenían que valorarse «a un año vista».

El testimonio de su madre
Además de los tres etarras, comparecieron como testigos, entre otros, el funcionario de la Policía que encontró el cuerpo, ya casi sin vida, de Blanco con dos disparos en la cabeza; uno de los facultativos de la Cruz Roja que lo trasladó al hospital, y la madre del concejal. Su testimonio fue, sin duda, el más emotivo. Rota por la pérdida de su hijo y en tratamiento médico desde entonces (al igual que su marido, que ayer no acudió al juicio), Consuelo Garrido relató cómo se enteró del secuestro de Miguel Ángel. Acababa de llegar a casa, se puso las zapatillas y en ese momento «empezaron a llamar preguntando por él, llamadas continuas; yo decía que mi hijo estaba trabajando y nadie me decía nada (...). Al final de la tarde ya me contaron que estaba secuestrado». Garrido aseguró que Miguel Ángel nunca había recibido amenazas y si fue así nunca se lo dijo a la familia.

La misma actitud de obstrucción a la Justicia que mostraron ayer los asesinos de Miguel Ángel Blanco (quienes, entre risas, ni siquiera se dignaron a escuchar la voz de la madre de su víctima), también la exteriorizaron los 53 procesados del macroproceso contra el entorno político, social y mediático de ETA que están siendo juzgados en un pabellón de la Audiencia Nacional en la Casa de Campo. Los acusados continuaron su estrategia de deslegitimación de este tribunal y se negaron a entrar en el juicio, quizá para retrasar la testifical de hoy, en la que está previsto que declaren Permach, Barrena y Olano.

Críticas a Marlaska
Mientras, el consejero vasco de Justicia, Joseba Azkarraga, volvió a criticar al juez Grande-Marlaska, a quien acusa de ser un «juez estrella» que antepone sus «intereses personales a los de la sociedad».

El «espíritu de Ermua» llega a la Audiencia
- Las víctimas llevan su rechazo a la negociación al juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco - Su familia increpó a los dos procesados, que se mostraron indiferentes y no contestaron al fiscal
Ricardo Coarasa La Razón 20 Junio 2006

Madrid- Casi nueve años después de que, ese sábado de julio de 1997, un escalofrío de rabia e indignación recorriera España tras el hallazgo de un moribundo Miguel Ángel Blanco -secuestrado por ETA dos días antes- en una pista forestal de Lasarte; el juicio contra los presuntos asesinos del concejal del PP en Ermua comenzó ayer en la Audiencia Nacional. En medio de una gran expectación -a las puertas del tribunal se concentraron más de 300 personas para reclamar justicia, oponerse a la negociación con ETA y evocar ese «Espíritu de Ermua» ahora en entredicho-, los dos procesados llegaron a la Audiencia Nacional en furgón policial entre gritos de «asesinos». Javier García Gaztelu «Txapote» e Irantzu Gallastegi «Amaia» cumplieron con el guión ensayado, la pasada semana, en el juicio por el asesinato de otro concejal del PP, José Luis Caso, y mantuvieron durante toda la vista una actitud de absoluta indiferencia, tras acogerse a su derecho a no declarar.

Esta vez, «Txapote» se mostró más dócil cuando, nada más entrar en el recinto blindado desde el que siguen el juicio los acusados por terrorismo que están en prisión, la presidenta del tribunal, Manuela Fernández de Prado, le pidió que se sentara en la primera fila de bancos. «¿Por qué?, preguntó en tono chulesco. «Si no, no le vamos a oír», replicó la magistrada. En esta ocasión, no hizo falta que la Policía le obligase a obedecer, porque el etarra se sentó sin rechistar en el sitio indicado, donde se dedicó a intercambiar confidencias con su pareja sentimental y también acusada, «Amaia», a quien saludó con un fugaz beso.

El dolor de la familia Blanco. Mientras los etarras hacían caso omiso a las preguntas del fiscal Miguel Ángel Carballo (que pide para cada uno 50 años de cárcel por secuestro y asesinatos terroristas), la familia de Miguel Ángel Blanco tuvo que escuchar en dos ocasiones, conteniendo la emoción, los pormenores del asesinato y cómo «Txapote» disparó a bocajarro sobre el edil popular mientras otro etarra ya fallecido, José Luis Gueresta, le sujetaba. La madre de Blanco, Consuelo Garrido, declaró como testigo y recordó la ultima vez que vio a su hijo con vida, horas antes de que fuera secuestrado, a golpe de pistola, presuntamente por Irantzu Gallastegi.

También declaró como testigo el etarra Ibon Muñoa, que en su día declaró a la Policía que los dos procesados le confesaron ser los autores del asesinato. Muñoa denunció que hizo esas declaraciones (ratificadas ante la juez y, en parte, en el juicio en el que fue condenado como cooperador necesario por estos mismos hechos) tras ser torturado. «No lo recuerdo», se limitó a contestar a la mayor parte de las preguntas que se le formularon.

Menos locuaces se mostraron otros tres etarras que comparecieron como testigos. Tanto Sebastián Lasa como Kepa Etxeberria y Gregorio Escudero se negaron a declarar, por lo que podrían ser acusados por desobediencia. «Txapote» y «Amaia» saludaron con alborozo, puño en alto, a todos ellos. La presidenta del tribunal, incluso, llamó la atención a Lasa, que contestó desafiante: «Me comporto como quiero».

Al concluir la sesión, algunos familiares de Blanco increparon a los procesados, que se mostraron altivos mientras eran desalojados de la sala por los agentes. Ya en la calle, un grupo reducido de manifestantes se dedicó -mientras esperaba la salida de la familia Blanco- a increpar, inopinadamente, a algunos medios de comunicación, a quienes llegaron a lanzar monedas al grito de «peseteros» y «asesinos».

Rosa Díez rechaza tener menos derechos como militante que como ciudadana
Iker Moneo La Razón 20 Junio 2006

Bilbao- La distancia que separa a la europarlamentaria socialista Rosa Díez de su partido, y que comenzó a pronunciarse a raíz de la gestión que el PSOE está haciendo del alto el fuego de ETA, alcanzó un peldaño más. Díez, esgrimió el reconocimiento que la Constitución española hace del derecho a la libertad de expresión y la libertad de conciencia para afirmar que «como militante de un partido de izquierdas», en este caso «del PSOE», no puede tener «menos derechos» que los que tiene en España «como ciudadana española». Esta crítica fue realizada ayer en un hotel de Bilbao donde la europarlamentaria socialista presentó su libro «Porque tengo hijos», una revisión de la política vasca de la última década a través de la recopilación de los artículos que ha publicado en distintos medios de comunicación en todos estos años.

Rosa Díez defendió que su postura no busca cosechar una mayoría en las filas del PSOE, sino la «coherencia» que prometió a los electores. Y es que para Díez sólo hay un camino para lo que bautizó como «pausa» -el alto el fuego de ETA- se convierta «en paz», y es aplicar «la receta» que ha resultado efectiva hasta ahora: «la firmeza democrática, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que fue lo que le hizo perder a ETA la esperanza de derrotar a la democracia, y la Ley de Partidos, que es lo que la hizo dejar de ser impunes ante sus «actos terroristas». Dentro del guión que debería seguir el Gobierno del PSOE no contempla Díez el diálogo con la banda.

Más sensibilidad. Para justificar esta tajante negativa explicó que hace once años derrotar a ETA parecía imposible porque «la sociedad no se había movilizado y ETA no tenía el grado de debilidad que tiene ahora·, pero aseguró que hoy el rechazo al terrorismo es mayor porque la ciudadanía lo ha identificado como «el enemigo de la democracia, no persigue otra cosa que derrotar la democracia». Desde esta nueva dimensión de la realidad aseguró que la sociedad sabe que es factible acabar con la banda terrorista: «no hay productos milagro, ninguna receta maravillosa, sino fortaleza democrática, Estado de derecho, democracia, resistencia cívica, movilización ciudadana y acuerdo entre demócratas».

El juez Marlaska ordena detener a los doce etarras detectados tras cobrar el ‘impuesto revolucionario’
Óscar López Fonseca El Confidencial 20 Junio 2006

El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska dirige la operación iniciada esta noche contra la estructura de ETA dedicada al cobro del impuesto revolucionario y que, según las fuentes consultadas por El Confidencial, se ha saldado con doce detenciones en total, cinco en España y siete en el suroeste de Francia, en Los Pirineos Atlánticos. Entre los detenidos destacan Ángel Iturbe Abásolo hermano del fallecido dirigente de ETA, Txomin; uno de los fundadores de la banda, Julen Madariaga, y el 'histórico' Eloy Uriarte Díaz de Guereño, alias 'Señor Robles'.

Aparte de estos tres dirigentes, también han sido detenidos José Luis Cau Aldanur (de 62 años), María Cristina Larrañaga Arando (de 52 años), Ramón Sagarzazu Olazaguirre (69), José Ramón Badiola Zabaleta (de 48), María Izaskun Ganchegui Arruti, hermana de José María Ganchegui, alias 'Peio', Joseba Imanol Elosúa Urbieta (de 71 años), José Carmelo Lúquin Vergara (de 31 años y yerno de Elosúa Urbieta), Jean Pierre Harocarene Carnio (de 42 años) e Ignacio Aristizábal Iriarte (de 59 años).

Según las fuentes consultadas por este diario, la actuación policial ha sido ordenada por el magistrado tras publicar el pasado domingo el diario El Mundo una información en la que revelaba que agentes de la lucha antiterrorista habían detectado y seguido a dos presuntos etarras mientras transportaban a la localidad gala de Bayona los 60.000 euros que acababan de cobrar fruto de la extorsión a empresarios.

Según dicha información, los presuntos miembros de la organización terroristas eran dos legales –no fichados- a los que las Fuerzas de Seguridad del Estado seguían la pista desde hace tiempo. De hecho, el vehículo que utilizaron para el traslado del dinero había sido balizado, es decir, tenía instalado un dispositivo electrónico que permitía a la Policía conocer en todo momento donde se encontraba. De este modo, la Policía pudo saber que el automóvil se dirigió a una vivienda de la localidad vascofrancesa de Bayona -que no era conocida hasta ese momento como parte integrante de la infraestructura de la banda armada en el país vecino- donde supuestamente dejaron el dinero recaudado.

Según las fuentes consultadas por este diario, el juez Grande Marlaska ha tenido que vencer en las últimas horas la resistencia de los mandos policiales que consideraban prematuro reventar la investigación sólo por la información periodística. Otras fuentes apuntan a que algunos altos responsables del Ministerio del Interior tampoco consideraban oportuna la misma ante la cercanía de la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados para anunciar el inicio de contactos directos con ETA.

El magistrado -que en poco tiempo deberá abandonar su puesto al frente del Juzgado número 5 ante el regreso de su titular, Baltasar Garzón- tiene en marcha un sumario para investigar el pago del impuesto revolucionario al que en los últimos días se han incorporado algunas de las cartas supuestamente remitidas por la organización terrorista a empresarios vascos y navarros después de la tregua en las que aquella les solicita sin emplear un lenguaje amenazante una colaboración voluntaria. Precisamente, en estas misivas –como ya adelantó El Confidencial el pasado viernes- la banda armada solicitaba a los destinatarios una cantidad que rondaba los 60.000 euros, la misma cantidad que los etarras que detectó la Policía transportaban en su viaje a Francia.

Fuentes conocedoras del estado del incipiente proceso de paz han asegurado a este diario que la operación en marcha “no ayuda” pero tampoco debe ser “un obstáculo insalvable” para que las negociaciones entre el Gobierno y ETA se pongan en marcha, y para que continúen los contactos entre los socialistas vascos y la izquierda abertzale. “Este es un proceso largo y difícil, como dijo el presidente, en el que habrá momentos de tensión, y este puede ser uno de ellos. No será el último”, concluyen.

La hija de guardia civil que no osaba confesarlo
IVAN TUBAU El Mundo  20 Junio 2006

Quiet days in Lovelyland. Catalán libre: Bellaterra. En estos días sosegados, los más largos y hermosos del año, cuando el verano ya amaga -el que avisa no es traidor- con ser cruel como suele por estas latitudes, no hay clases. Quedan solo las evaluaciones, lo único que parece importarles a quienes administran guarderías, institutos y universidades. Y a bastantes de los estabulados, para qué nos vamos a engañar.

Como mi facultad tiene nota de corte alta, hay más chicas: siete por cada tres chicos. Casi la misma proporción que en la sandez estatutaria: tres que dicen sí por siete que dicen no o piensan ja us ho fareu. Recibo en mi despacho a quienes quieren venir, persona por persona primero y por equipos de tres después, para ir viendo y comentando juntos lo que han hecho a lo largo del curso. Por ejemplo, el trabajo del primer día: cómo es mi familia, qué me gusta y qué no, por qué he venido a esta facultad, qué cosas he preferido en ella y cuáles he odiado, por qué he elegido esta asignatura.

Si hay que creer lo que dicen, todas son de clase media: la hija del constructor de barrios enteros, la del portero, la de la asistenta. Una, no obstante, en principio parece acertar: en su papela indica la condición laboral de papá y mamá: «funcionaris».Intento afinar un poco más, pues funcionarios pueden ser un bedel y un subdirector general: «La meva mare es mestra.» «¿I el teu pare?» Larga pausa. Después: «No m'agrada dir-ho.» He iniciado mis cogitaciones acerca de qué ominosas actividades puede recubrir la condición funcionarial del padre, cuando ella se decide bruscamente, como quien atraviesa la vía mientras se acerca un tren y sea lo que Dios quiera: «Es guàrdia civil.»

A partir de ahí ya viene todo. De golpe, atropelladamente. Ha dejado de ser una confesión para convertirse en proclama: sus padres son de fuera pero ella ha sido escolarizada en catalán desde el principio, se siente nacionalista de piedra picada, vota a ERC, su padre le habla en castellano pero ella le contesta en catalán, él no es mala persona pero a ella le da verguüenza decir que es guardia civil. Pregunto: «¿Vergonya o por?» Responde: «Vergonya [pausa] ...i por.»

Este es el país que hemos hecho. Por acción o por omisión. O el que nos han hecho. O el que nos hemos dejado hacer. El que nos estamos dejando hacer día a día. Lo de menos es que un catalán de cada tres haya dicho sí al nuevo Estatut. En estos aspectos La Cosa se limita a legalizar lo que los nacionalistas catalanes llevan siglo y medio infiltrando arteramente, subrepticiamente, empecinadamente en la vida real de la gente a través de lo que ellos llaman la sociedad civil.

Lo más grave no es -siéndolo mucho- que, por ejemplo, el catalán se convierta absurdamente en la única lengua normal de una escuela donde niños y maestras tienen como propia la castellana o española, de Badajoz o de Lima. Lo más grave es que todo eso lo presida el fanatismo y lo hagan posible el miedo y la vergüenza.

El Pacto de Santoña (1937). La rendición del nacionalismo vasco al fascismo
Redacción minutodigital 20 Junio 2006

Autor: Xuan Cándano
Editorial: La esfera de los Libros, S.L., 2006
Paginas: 327
ISBN:84-9734-456-1
P.V.P.: 22 €

En “El Pacto de Santoña (1937)” nos encontramos sin ningún tipo de tapujos ante la realidad del nacionalismo vasco: la traición. Traición que en el periodo de 1936-1937 es doble. Por un lado el PNV traiciona a una parte de la sociedad vasca, fervientemente católica, manteniendo una alianza contra natura con el Gobierno de Madrid, caracterizado por su anticlericalismo, anticatolicismo y por su cobardía. Efectivamente, el pueblo vasco tiene que soportar que un partido supuestamente católico, desobedeciendo las directrices de la jerarquía eclesiástica (carta colectiva del episcopado español de 1 de julio de 1937) y desoyendo el clamor de la realidad, decida apoyar a un Gobierno que hace del anticlericalismo su bandera. Pero esta traición a la católica sangre vasca no es la única iniquidad cometida por un partido nacionalista inmerso en el nacionalismo más aberrante por infantil, fútil y engañoso, pues no contento con la traición hecha a sus bases, decide traicionar al Gobierno de Madrid (no lo podemos llamar de España pues en esos momentos ya había perdido cualquier legitimidad de ejercicio para proclamarse como Gobierno legítimo) iniciando las conversaciones de rendición con el Ejército Italiano, que desembocarán con el tiempo en el Pacto de Santoña, símbolo máximo de la cobardía nacionalista.

Es evidente que esta historia de traición no surge en 1936, pues el PNV desde su fundación es traidor a la historia y a la verdadera causa del pueblo vasco. Ya Sabino Arana, desde la fundación del PNV, trata de traicionar los legítimos intereses de los vascos y de los españoles creando una historia de la inexistente Nación Vasca que pretende hacer valer los rasgos distintivos del pueblo vasco; pero la realidad es una muy otra, pues ni la raza, ni la historia, ni la forma de ser del pueblo vasco, ni el amor al ayer, ni el respeto a las tradiciones,… separan al pueble vasco del resto de España, es más, si algo distingue a los vascos del resto de España es precisamente su españolidad (Núñez de Balboa, Legazpi, San Ignacio de Loyola, D. Tomás de Zumalacárregui, Miguel de Unamuno…). Ahora bien, no corresponde tratar ahora estos mitos de la prehistoria nacionalista pues “El pacto de Santoña” nos sitúa en otro acontecimiento histórico bien distinto. En julio de 1936 se produce una movimiento cívico-militar que tiene como principal misión salvar a España de los sin Dios, los separatismos y el caos. En este Alzamiento, cada persona, cada partido, cada organización, tiene el grave deber moral de tomar partido por una de los contendientes (los nacionales o los rojos). En esta toma de posicionamiento el PNV ya manifiesta su primer brote esquizofrénico pues los peneuvistas alaveses (Araba Buru Batzar) y los navarros (Napar Buru Batzar) tomaron posturas claramente cercanas al Movimiento Nacional. De este modo, la división de la sociedad española quedaba patentizada en la división del PNV. La jerarquía del partido nacionalista no se repuso nunca durante la Guerra del 36 de esta división, pues la ambigüedad de los líderes del PNV fue proverbial hasta el fin de la guerra. En este estado de tensión la guerra se formaliza y empiezan los primeros avances de los nacionales, que desde la católica y carlista Navarra comienzan el avance victorioso por las tierras vascas. Un Bilbao cada vez más comprometido provoca que el nacionalismo vasco, en las figuras de sus líderes (José Antonio Aguirre y Juan de Ajuriaguerra), trate de llegar a una salida pactada del conflicto.

Como interlocutor válido se busca a una Italia deseosa de recuperar su prestigio tras la derrota de Guadalajara. Podemos decir que los contactos formales entre Italia y el nacionalismo vasco comienzan el 11 de mayo con la entrevista entre el Marqués Francesco Caballetti y Alberto Onaindía. El primer fruto aparente de estas negociaciones fue la permanencia del ejercito nacionalista vasco en Bilbao hasta la ocupación efectiva de la villa por las tropas nacionales, para evitar los desordenes y la destrucción de las fábricas por parte de los partidarios comunistas y socialistas. Desde este momento (la caída de Bilbao), el nacionalismo, expulsado de su tierra, empieza a acelerar una rendición que tiene como principal objetivo salvar la vida de los principales dirigentes políticos, de los funcionarios vascos y de los oficiales del ejercito. Del mismo modo se pretendía que los militares vascos fueran considerados prisioneros de guerra bajo soberanía italiana. De esta forma, el 24 de agosto de 1937 se firma la traición del gobierno vasco a la República en Guriezo (Cantabria), llegándose al conocido Pacto de Santoña. Pero como bien se sabe en España no se pagan traidores, y los contenidos de tan vergonzoso pacto nunca se llevaron a la práctica, pues el Alto Mando de Burgos no dio validez a unos acuerdos negociados sin su autorización por una potencia extranjera (Italia) con un enemigo (el nacionalismo vasco) que ya estaba derrotado.

Es la exposición de las circunstancias que llevaron a la firma del Pacto de Santoña y la descripción de los acontecimientos relacionados con dichos pacto lo mejor del libro. Sin duda alguna la obra de Cándano expone con cierta amenidad un episodio poco conocido de la historia del nacionalismo vasco. Con todo, comete un craso error al identificar en las primeras páginas del libro al pueblo navarro con el pueblo vasco, pues éste no es más que un mito nacionalista que trata de unir el destino del siempre heroico y españolísimo pueblo navarro, con el concepto pervertido de una vasconia nacionalizada.
 Podemos decir que Xuan Cándano no anda muy certero tampoco en la calificación de uno de los bandos contendiente como rebelde o franquista, pues ni era lo primero (no es tarea presente exponer la ilegitimidad tanto de ejercicio como de origen del frentepopulismo), ni era sólo franquista (no olvidemos que el 18 de julio fue ante todo un movimiento cívico-militar, en el que intervinieron con carácter propio fuerzas civiles como los Requetés). Tampoco anda certero el autor al tratar de justificar cierto anticlericalismo por parte de los nacionales, pues si bien fue cierto el fusilamiento de curas nacionalistas, no es menos cierto que estos no fueron fusilados por su condición de eclesiásticos (cosa que el autor parece olvidar), sino a pesar de ser eclesiásticos. Del mismo modo, el Sr. Cándano nos pretende presentar en algunos pasajes del presente libro una Iglesia arrodillada ante el Franquismo, muy lejos de la verdad histórica. Del igual forma no duda en afirmar la bendición de la Iglesia ante los regímenes fascista. Está claro que Xuan Cándano no sólo desconoce la historia de la Iglesia Española, sino que también desconoce la historia de la Iglesia Universal y la doctrina pontificia del gran Pío XI, que ya en 1931 se enfrenta a Mussolini con su “Non abbiamo Bisogno” y en 1937 no duda en enfrentarse con el nacionalsocialismo con su “Mit brennender Sorge”. Es más, en el libro nos encontramos con sutiles y engañosos ataques a la Iglesia Española, pues no puede ser calificada de otro modo esa veneración que el autor parece sentir por el gran muñidor del pacto, el religioso Onandía, que recordemos que ni en sus juicios ni en sus acciones practicaba la mas mínima humildad sacerdotal y mucho menos el respeto a la jerarquía (en esto era tan hipócrita como el nacionalismo vasco). Del mismo modo, aparecen trufadas a lo largo de la presente publicación afirmaciones poco fieles a la historia, pues si bien el autor no duda en calificar al bando nacional como rebeldes, parece dudar en la calificación de los golpistas asturianos del 34; de hecho califica los hechos de Asturias como “comuna asturiana”, y no duda en tachar el triunfo de la legalidad del 34 como “feroz represión”.

En resumidas cuentas: el libro merece atenta lectura por cuanto pasará a formar parte de la poca bibliografía existente con respecto al Pacto de Santoña, aun cayendo en multitud de ocasiones en errores de bulto al tratar de encuadrar las diferentes actitudes ante el conflicto tanto de la Iglesia como del Movimiento Nacional como de sectores nacionalistas. El progresismo, otra vez más, se nos muestra como enemigo de la verdad y en perfecto maridaje con la infamia y la calumnia.

Carlos Mª Pérez- Roldán y Suanzes- Carpegna

MATANZAS EN EL MADRID REPUBLICANO
Redacción minutodigital ABC 20 Junio 2006

Félix Schlayer
Matanzas en el Madrid republicano. Paseos, checas, Paracuellos…
Ilustrado, Áltera, Barcelona, 2006, pp. 252.

He aquí el relato del diplomático noruego, de nacionalidad alemana, Felix Schlayer, por primera vez publicado en español, sobre las matanzas y atropellos que el fervor revolucionario desencadeno en el Madrid republicano durante los primeros veinte meses desde el inicio de la Guerra Civil de 1936 en España. Por fin podemos ver en nuestra lengua una, sin embargo, espeluznante historia que, habiéndose publicado en Alemania, en 1938, con el título Un diplomático en el Madrid rojo, no había sido traducida hasta hoy.

Félix Schlayer vivía en España desde hacía varias décadas, tenía casa en Torrelodones, a una veintena de kilómetros de Madrid, y se dedicaba a los negocios particulares, hasta que Noruega le erige responsable de su Legación consular, justo en el instante en que estalla el Alzamiento Nacional y comienza la guerra. En sus idas y venidas al consulado, sito en la calle de José Abascal, comienza a ver cómo las cunetas, la carretera, los campos… se salpican de cadáveres de civiles sin distinción de edad, sexo, condición social, ideología o creencias. Al mismo tiempo, comienza a comprobar cómo las cárceles se llenan, las que existían como tales y las que improvisan por su cuenta los cientos de grupúsculos políticos izquierdistas en casonas particulares, colegios o iglesias que confiscan con esos fines represivos.

En paralelo, riadas de personas perseguidas, amenazadas o que se sienten de una u otra forma hostilizadas, saqueadas o violadas piden refugio en las embajadas y consulados extranjeros de la capital. El consulado de Noruega, por esa causa, llega a acoger durante esos primeros meses de terror madrileño un total de novecientas personas. Schlayer se las ingenia para organizar y defender la estancia, la intendencia y enfermería de todas aquellas personas sin que les llegue a faltar de nada. Por tener, en el consulado se llegó a introducir ganado vacuno que garantizará el consumo de leche diario y, para proveerse de alimentos, Schlayer consiguió disponer, al menos, de dos camiones propios, los cuales, con sus conductores, partían hacia los pueblos o campos de cultivo en un Madrid donde alimentarse bien comenzó a ser ya un problema para la mayoría desde el inicio de la batalla.

Debido a su celo humanitario, Schlayer, fue aún más lejos: visitaba casi a diario cárceles y checas, hablaba con responsables políticos y de seguridad del Madrid republicano, se entrevistaba con jueces, escudriñaba y metía la nariz en casi todo… Fue así como descubrió, no llegándolo a impedir, como sí había logrado en otras tantas ocasiones, las sacas masivas de la Cárcel Modelo de Madrid, origen de las matanzas de Paracuellos y de otras localidades adyacentes. Eso sí, debido a los riesgos que asumió, Schlayer fue el primero en denunciar estos hechos y el primero también en descubrir el lugar de los enterramientos masivos, preguntando a los campesinos y pisando la tierra removida en la que aparecían objetos y cadáveres a cientos.

Schlayer fue, asimismo, el primero que alentó, más bien impulsó molestamente al Gobierno republicano para que estudiara y llevará a cabo canjes de prisioneros en la España Nacional por refugiados de las embajadas y consulados. Tan molesto fue, por estas y otras acciones humanitarias, que el Ministerio de Orden Público de la República decretó su busca y captura. Se libró de su detención y probable muerte, gracias a su prontitud y decisión, huyendo por Valencia con su mujer a bordo de un barco francés.     Ignacio Valdezate

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