AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 29 Julio  2006

El PP vertebra su recurso contra el Estatut en la nación, la lengua y los privilegios
Rajoy advierte de que la ley sobre la Guerra Civil es una «gran equivocación» que traerá problemas
C. Morodo  La Razón  29 Julio 2006

Madrid- El recurso contra el Estatuto de Cataluña que el Partido Popular formalizará el lunes ante el Tribunal Constitucional se fundamenta en ocho grandes ejes.

El empleo del término «nación», ya que la única nación prevista en la Constitución es España; el tratamiento que recibe la lengua catalana, al concebirse como un deber impuesto; el establecimiento de unos derechos y libertades que distinguen a los ciudadanos catalanes del resto de los españoles; la regulación de un Poder Judicial propio que fractura la unidad del Poder Judicial español y cuestiona su independencia; la distribución de las competencias, ya que establece una Generalitat que se queda con todas y transforma al Estado en algo residual dentro de Cataluña; el principio de bilateralidad, puesto que sitúa a una comunidad autónoma en una situación de privilegio frente al resto; la regulación de las relaciones internacionales, que permite a una comunidad comparecer ante la Unión Europea junto al Estado y vetar decisiones del Gobierno de España cuando no esté de acuerdo con ellas; y el sistema de financiación, ya que abre la posibilidad de un marco inter- regional de insolidaridad que afecta a la calidad, amplitud e igualdad de las prestaciones que tienen derecho a disfrutar todos los españoles.

«No va contra nadie».
El presidente del PP, Mariano Rajoy, señaló ayer, durante su intervención en los cursos de verano de El Escorial, que el recurso es el «mayor reto de la historia» del Tribunal Constitucional, y subrayó además que «no va contra nada ni contra nadie», sino que sólo defiende las reglas de juego establecidas por la Carta Magna. Los «populares» combatirán argumentadamente la ofensiva del PSC y del resto de fuerzas catalanas dirigida a ligar su oposición a la reforma con un supuesto sentimiento anticatalanista, y el propio Rajoy se empleará, además, en la campaña de las elecciones autonómicas. El PP disputa esta batalla con la convicción de que puede ser fuerza decisiva en el Parlamento, pero también seguro de que tendrá que hacer frente a una estrategia política y en buena parte mediática dirigida a sacarle del campo de juego.

Ayer fue el día de la aprobación en Consejo de Ministros de la nueva ley sobre la Guerra Civil y la Dictadura y, en respuesta, Rajoy dejó un mensaje de advertencia sobre las tensiones y los problemas del «error» de revisar la historia. «España tiene que mirar hacia el futuro, tiene que resolver los problemas que le importan de verdad a la gente, tiene que adelantarse a los acontecimientos y la inmensa mayoría de los españoles no quiere ni revisión histórica ni volver a hablar de la II República ni volver a hablar de Franco», sentenció. A su juicio, el Gobierno ha creado un «lío» que no sirve absolutamente para nada. El PP no dará su apoyo a una iniciativa (el PSOE no la llevaba en su programa electoral) que considera que no sirve más que para alentar divisiones ya superadas, y sospecha que puede quedarse «empantanada» en el Parlamento.

Maquillaje para una ley innecesaria
Editorial ABC 29 Julio 2006

EL Consejo de Ministros aprobó ayer un proyecto de ley de medidas a favor de quienes «padecieron persecución o violencia» durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Se trata del texto con que el Gobierno intenta encauzar la polémica que él mismo provocó sobre la «memoria histórica» acerca de la contienda civil que asoló España entre 1936 y 1939. Es cierto que tanto el título de la futura ley como algunos de sus contenidos reducen el tono inicial de la iniciativa -echando mano de la ambigüedad en las referencias a las víctimas de uno y otro bando e incluso habilitando una comisión de expertos cuyos miembros tendrán que ser consensuados con el PP, al requerir su elección mayoría parlamentaria de tres quintos de la Cámara-, pero no eliminan el revisionismo ideológico de aquel período trágico y de sus consecuencias. Por eso, la izquierda más extrema se siente engañada ante las expectativas creadas, mientras que el Partido Popular se ratifica en su crítica.

Además, el Gobierno llega doblemente tarde a esta especie de intolerable redención de la sociedad española por sus carencias democráticas. Por un lado, gran parte del daño ya está hecho, al haberse alimentado una discordia que la sociedad española ya tenía superada con el consenso constitucional de 1978. Las encuestas demuestran que el viaje al pasado que pretende el Gobierno no es compartido por los españoles, sin perjuicio de que se acepten pacíficamente los actos de reparación de cuantas secuelas hayan dejado las injusticias del período preconstitucional. Según datos del propio Gobierno, en los últimos años se han resuelto 574.000 expedientes de pensiones e indemnizaciones por razón de la Guerra Civil y de la dictadura. Pero hay una gran diferencia entre hacer justicia e imponer una interpretación sesgada de la historia.

Por otro lado, resulta un contrasentido que el Gobierno apele a la generosidad de la sociedad española y elogie la política de reconocimiento y rehabilitación de las víctimas del franquismo llevada a cabo en los últimos treinta años y, a la vez, patrocine un proyecto de ley que se sustenta en la idea de que ni la sociedad ha sido suficientemente generosa ni la democracia ha sido suficientemente justa. Ciertamente, el Gobierno, en esta ocasión, está muy por debajo del buen sentido de los españoles, que han sabido tratar su memoria histórica colectiva sin necesidad de ley alguna y han transformado la diferencia ideológica en un valor democrático, no en una causa de división. Lo que ahora pretende resolver Zapatero ya estaba resuelto desde 1978 y de mucha mejor manera. Podían haberse aprobado medidas específicas de reconocimiento individual o sectorial, como las realizadas hasta ahora, pero se ha optado por una ley que, de partida, muestra un paternalismo cínico al pretender cerrar heridas que ya estaban cerradas y que si por algo se han abierto ha sido por el discurso revanchista de la izquierda.

En este sentido, el reconocimiento a las Brigadas Internacionales, mediante la concesión de la nacionalidad española, o a las personas que perdieron la vida entre 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977 «realizando actividades en defensa de la democracia» -según la reseña oficial del Consejo de Ministros-, será motivo de nuevas disputas, en las que no faltarán réplicas académicas y políticas sobre el papel de unos y otros. No estaría de más cuidarse de dar legitimidad a todo aquél que dijo luchar por la democracia, cuando realmente defendía lo contrario, y más aún de justificar actos de violencia. A ETA, por ejemplo, no se le cae de la boca la exigencia de una «solución democrática» para el llamado «conflicto vasco». El Gobierno abrió la caja de los truenos de la memoria histórica y se ha encontrado con que la memoria no es patrimonio de la izquierda. Ha reducido el nivel destructivo de lo que se anunciaba como proyecto de ley, pero, aun así, el texto aprobado ayer sigue siendo un instrumento estratégico para avanzar en un proceso político cuyo objetivo es cuestionar las bases del consenso constitucional de 1978 y favorecer esa nueva transición que ansían la izquierda y el nacionalismo para hacer una nueva transición, sin la generosidad ni el acuerdo de hace tres décadas.

Una desequilibrada reinterpretación
Por HUGH THOMAS ABC  29 Julio 2006

... Lo que se necesita ahora por encima de todo es un auténtico monumento en memoria de los caídos en la guerra civil o a consecuencia directa de ella... Deberían incluir a los que fueron muertos en Guernica, y a aquellos de Paracuellos. Deberían figurar asimismo los nombres de los clérigos asesinados junto a los de los masones, José Antonio junto a Companys...

EN el septuagésimo verano tras el estallido de la Guerra Civil española he recibido varias invitaciones para pronunciar conferencias sobre ella, a pesar de que publiqué mi libro sobre el tema hace cuarenta y cinco años y es de suponer que estará bastante desfasado. He rechazado estos ofrecimientos. La razón no es sólo que ahora tenga otros intereses, sino que una vez más la Guerra Civil española parece ser objeto de una desequilibrada reinterpretación. La Ley de la Memoria Histórica sonaba un poco sesgada. Ese planteamiento parecía quebrantar el espíritu de la maravillosa transición posterior a 1975, uno de los mayores logros históricos de España.

El régimen de Franco después de 1939 fue, por supuesto, muy severo. Las fotografías de la entrada del ejército en los pueblos blancos de Andalucía en 1936 son tan desgarradoras como las de los prisioneros republicanos, pongamos, en el monasterio de Celanova. Pero como todas las políticas, estas cosas tienen su explicación. Una razón de la represión después de la guerra, por ejemplo, la dio el cardenal Segura a finales de la década de 1940, cuando le dijo a un diplomático británico que la clase media había sufrido tanto a manos de los comunistas y sus aliados que hallaba imposible el perdón. Muchos conocían demasiado bien las brutalidades de las checas que tan extraordinariamente habían florecido bajo la República después del 19 de julio de 1936. Paracuellos no fue la única atrocidad, aunque sí la más sensacional. Varios ministros de Franco conocían por experiencia propia las cárceles republicanas.

Es cierto que los que vivieron en España entre 1939 y 1945 se hartaron de información sobre estos temas y oyeron hablar poco de lo ocurrido a los presos de izquierdas. Pero seguramente lo importante ahora es insistir en que la Guerra Civil fue un suceso deplorable en el que casi nadie de importancia se comportó bien. Fue con creces el peor acontecimiento en la historia de España. En un libro titulado Guerra Civil en Málaga, Antonio Nadal dedica dos lúgubres capítulos a enumerar primero los asesinados en dicha ciudad por la izquierda y luego los que murieron en ella a manos de la derecha, una cifra más elevada. Las muertes después de la guerra de 1936 hacen que las acaecidas tras la lejana guerra civil de los Comuneros, en 1520-1521 (100, según José Pérez, incluidos los fallecidos en la cárcel), parezcan insignificantes.

La mayoría de los políticos de la República cometieron errores graves, antes de la guerra y durante ella. Muchos, tanto de la derecha como de la izquierda, eran inteligentes, cultivados, elocuentes y encantadores. Casi todos tenían expectativas extraordinarias que les impedían psicológicamente llegar a ningún acuerdo. Recuerdo que el comunista Balbontín (a quien conocí en su largo exilio en Bayswater) escribió sobre José Antonio, el más atractivo de los fascistas europeos: «No cabe duda de que José Antonio Primo de Rivera tenía un sueño en mente, un sueño peligroso para él y para nuestro pueblo».
En la izquierda también había sueños, igualmente intoxicadores, igualmente peligrosos. Naturalmente, los anarquistas tenían los más notables de todos, aunque no pienso que debiéramos considerarlos de izquierdas, porque sus líderes despreciaban a la Segunda República tanto como la derecha. Ambos la veían tipificada por el corrupto Lerroux, no por los elegantes hombres de letras que ayudaron a instaurarla.

Al dirigente sindical socialista Largo Caballero le gustó durante unos meses que lo llamaran «el Lenin español». Probablemente no estaba muy enterado de las brutalidades del verdadero Lenin. Era anciano, pero no demasiado viejo para soñar. Los discursos que pronunció a principios de 1936 lo convirtieron en uno de los autores del conflicto. ¿Cómo podían él y el aún más moderado Prieto haber respaldado la escandalosa revolución de 1934? En su exilio en México, Prieto se disculpó por su comportamiento de 1934, una notable concesión por parte de un político. Pero Largo guardó silencio. La supervivencia de su estatua en Nuevos Ministerios en Madrid no resulta muy apropiada que digamos.

No hay muchas razones para pensar que si Largo hubiera presidido un gobierno victorioso en abril de 1939, España habría estado mejor que con Franco. Tras una guerra civil de tal intensidad, era probable que se instaurase un gobierno autoritario, de derechas o de izquierdas. Probablemente una República victoriosa habría estado dominada por los comunistas, porque éstos eran más amorales y más profesionales que cualquier otro partido. La consecuencia habría sido la extinción no sólo de los restantes líderes del POUM, sino también de los anarquistas. ¿Habrían matado a más o a menos que Franco? Gerald Brenan, ya muy mayor, me decía con hastío: «En las guerras civiles los vencedores siempre matan más».

Naturalmente, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que la trágica guerra no debería recordarse ahora como un suceso político. El talante histórico con el que se debe afrontar ha de ser de «paz, piedad y perdón», siguiendo la famosa sugerencia de Azaña. Era un individuo que tenía sus defectos, aunque muy brillante. Pero «perdón» tiene que significar clemencia para todos, para la derecha y para la izquierda, para los matones fascistas que Umbral describía tan bien en su novela sobre la guerra en Valladolid, y también para los torturadores comunistas de las chekas, como Agapito García Atadell.

Recuerdo algunos versos del poeta Eliot:
«Y oímos sobre la empapada
Tierra allí abajo, al jabalí
Y al perro perseguir su pauta de siempre
Pero entre los astros reconciliados».

Reconciliación sí, pero no culpa. Evidentemente, quedan muchas cosas interesantes que discutir. Lo natural es que la gente quiera saber lo que les pasó a sus abuelos. Como es lógico, los que padecieron años de prisión no pueden olvidar, aunque puedan, excepcionalmente, perdonar. Además, a uno le gustaría saber por qué, en tantas familias de clase media, un hermano era de izquierdas y otro de derechas (los hermanos Laín, Hidalgo de Cisneros, Ponte, Villalba). No basta con decir que en las guerras civiles, la clase media siempre está dividida (aunque lo esté). La lealtad geográfica no siempre es la explicación.

Lo que se necesita ahora por encima de todo es un auténtico monumento en memoria de los caídos en la guerra civil o a consecuencia directa de ella. Debería recordarnos al Yad Vashem de Jerusalén, un monumento sencillo y emotivo en honor de los que murieron en el holocausto de los años cuarenta. Los nombres deberían estar grabados en piedra, por orden alfabético. Deberían incluir a los que fueron muertos en Guernica, y a aquellos de Paracuellos. Deberían figurar asimismo los nombres de los clérigos asesinados junto a los de los masones, José Antonio junto a Companys. Probablemente el monumento no se deba erigir en el Valle de los Caídos. Pero tendría que reflejar el deseo de una auténtica reconciliación.

Debería ser la obra de un gran escultor, y tendría que estar terminado para el septuagésimo aniversario del final de la guerra civil, en abril de 2009.             Historiador

Memoria histórica
La historia según Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Julio 2006

Ha sido en el último Consejo de Ministros del curso político, en plena "Operación Salida" de agosto. Lo han intentado hacer de la forma más disimulada posible para evitar polémicas intensas en un momento en el que el Gobierno se encuentra, según el CIS, peor valorado que nunca. Pero los objetivos se mantienen intactos. La "ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución y violencia durante la Guerra Civil y la dictadura" contiene todos los condimentos que adornan el resto de la acción de Gobierno del gabinete de Zapatero: maldad, mentira, falsedad y totalitarismo.

Con la aprobación de este proyecto de ley, durante los próximos meses asistiremos a un largo recorrido en el Congreso donde sólo se va a hablar de Franco, de la guerra, de las heridas, de los bandos, de los muertos, de los fantasmas, de los enfrentamientos y de la división. En resumen, es la búsqueda deliberada de recuperar el sectarismo y el odio de una época de nuestra historia que la izquierda ha reescrito y cuya falsa versión va a imponer por vía legislativa.

La estrategia del Gobierno es sencilla. Presentan una iniciativa rebajada en muchos de sus contenidos. De esta forma, y durante meses, en el Congreso se va a hablar de la historia. Dejarán que sean principalmente Esquerra Republicana e Izquierda Unida quienes azucen la identificación del Partido Popular con el franquismo y con la Guerra Civil. De este modo aparentarán una centralidad que no ocupan mientras reman junto a los demás en la misma dirección: expulsar del mapa político a los populares.

Según pasen los debates, los socialistas irán cediendo a las pretensiones de republicanos, nacionalistas y comunistas y, al final, verá la luz una ley mucho más falsa con la historia y mucho más agresiva con aquellos que no comulguen con las sectarias ruedas del molino de la izquierda.

Por cierto, en esta nueva historia de España que Moncloa se empeña en imponer, ¿que papel desempeña Santiago Carrillo? ¿Como justificarán la matanza de Paracuellos? ¿Como se explican los centenares de asesinatos de sacerdotes, monjas y frailes? ¿Qué razones se encontrarán tras la quema de iglesias? Seguramente pretenderán que esos pequeños detalles desaparezcan de la historia oficial. Aquí los únicos malos –terminarán diciendo– fueron los de la derecha. Es otra de las vías por las que Zapatero y los suyos intentan reducir la confrontación electoral a un problema de buenos y malos. La esperanza se encuentra en que los españoles decidamos mirar hacia delante, más allá del pobre horizonte que puede ofrecer Zapatero. Y es que lo único claro a estas alturas de la legislatura es que Zapatero no es eterno, aunque actúe como un ser diferente al "resto de los mortales".

González no miró al pasado
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 29 Julio 2006

EN la pizarra de Suresnes no figuraron términos como República o Guerra Civil. El nuevo PSOE había roto con Rodolfo Llopis. Se lo había regalado a Tierno Galván. Los socialistas «históricos» no sacaron un solo diputado en las primeras elecciones y González se dedicó durante las dos primeras legislaturas a abrir brechas en UCD, que era por donde podía llegarle el crecimiento. En sus discursos, rara vez miraba al pasado y cuando lo hacía prefería decir el «régimen anterior» a «dictadura».

¿Por qué molestar a un hombre como Paco Fernández Ordóñez, que había sido presidente del INI y ahora hacía de topo para el PSOE desde el consejo de ministros de Adolfo Suárez? Los miembros más lúcidos de la que pronto iba a ser la vieja guardia del PSOE pensaban que Francisco Largo Caballero había sido una enorme desgracia para España. En los medios más cualificados del PSOE se le consideraba el responsable de la guerra civil. Siempre se ha hecho el vacío a la Fundación dedicada al «Lenin español». Con la entrada de Claudín en el PSOE aumentaron las críticas a la República. Para el viejo camarada de Santiago Carrillo la Guerra Civil no puede entenderse sin la revolución de Asturias.

Si el triunfo de la izquierda en las municipales resolvió el problema del pasado con los cambios de nombre de algunas calles, como Generalísimo Franco, José Antonio, General Mola o Víctor Pradera, la victoria de González no supuso reivindicación histórica.

En realidad, en los últimos años del franquismo y en los primeros de la democracia se había hecho casi todo lo que cabía esperar en relación con el exilio o la recuperación de la mayor parte de los creadores... Más aún: para algunos, ciertos escritores o intelectuales o artistas habían sido sobrevalorados por razones estrictamente políticas.

Quizá por simple ignorancia, una buena parte de los dirigentes socialistas no son conscientes del sentido parcial que ha tenido la «recuperación» de la Historia desde finales de los sesenta. Y no precisamente a favor de la versión de los «vencedores».

De ahí la perplejidad que está produciendo el texto de Schlayer sobre el Madrid en guerra. ¿Qué decir de las recuperaciones históricas que se vienen haciendo en las escuelas del País Vasco, Cataluña y Galicia o, incluso, en algunos museos de los que lo mejor que se podría decir es que son beligerantemente antiespañoles?

Era de esperar que en los comienzos de la democracia se diera un movimiento pendular a favor de algunos aspectos del pasado. Era inimaginable, sin embargo, que a los setenta años de la guerra José Luis Rodríguez Zapatero siguiera buscando enemigos...

Enemigos útiles
Por CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC

Pepe Blanco no da ni una puntada sin hilo demoscópico. Cada barbaridad que sale de sus labios va dirigida certeramente hacia un objetivo político, un caladero electoral. Desde que Zapatero le dejó fuera del Gobierno Blanco se dedica a tocarle las narices a los ministros y a buscar votos debajo de las piedras. El primer asunto es de carácter interno, pero el segundo nos atañe a todos porque no estamos ante una legítima cuestión de cantidad sino de calidad. Blanco busca votos para PSOE como los populistas y los dictadores buscan adeptos para su causa; no a través de los argumentos sino de los enemigos. A falta de una gestión que vender el PSOE va a ofrecer a su electorado un enemigo o mejor dos y Blanco los ha señalado con precisión: el PP, culpable de un hipotético fracaso de la negociación con ETA, e Israel, culpable del asesinato de civiles indefensos y de observadores de la ONU.

El PP ya había sido identificado como el «gran satán» doméstico: franquista, belicista, carca y últimamente desleal. Blanco agita la bandera del odio al PP y en seguida se suman al cortejo los viejos socialistas, ferozmente críticos con Zapatero, pero dispuestos a tragarse disciplinadamente el pacto con ETA como se tragaron el Estatuto catalán; cualquier cosa antes que dar la razón a la derecha. Pero el 48% de participación en el referéndum de Cataluña demostró los límites de esta estrategia; se hacía necesario encontrar un enemigo de mayor fuste demagógico.

Nadie con un mínimo de honestidad intelectual puede mantener como una malhadada casualidad la suma de tantas «torpezas» y gestos hostiles del PSOE hacia Israel: primero fue Simancas y su acusación de genocidio, luego la manifestación ante la embajada, la foto de Zapatero con la kufiya y finalmente Pepe Blanco con sus intolerables declaraciones en dos tiempos. El gallego anda locuaz y ajeno a la última perla del collar de cuentas zen del presidente: «El silencio es la mejor plataforma del diálogo». En el caso del PSOE, el silencio, como la risa, va por barrios.

Con ser gravísimas las consecuencias internacionales de semejante conducta resulta mucho peor la vileza que destila: agitar el odio popular para movilizar el voto es indigno de políticos que presumen de demócratas y produce efectos nefastos como comprobamos en Cataluña. Si ese odio se proyecta además contra el Estado de Israel la cuestión adquiere un inapelable matiz histórico: aleja al PSOE de su tradición internacional y coloca a Pepe Blanco en la estela de rancios antisemitas patrios desde Torquemada a Franco. Es evidente que el secretario de organización socialista está buscando votos «como sea», pero la historia de Europa nos ofrece más de un ejemplo de tan perversa estrategia. Es lo inquietante del asunto: los malditos precedentes.

Populismo y subversión
Por JUAN PEDRO QUIÑONERO ABC 29 Julio 2006

Arabia Saudí, Egipto, Jordania y los Emiratos árabes esperan que Israel gane la batalla del Líbano sur, desarme y destruya las posiciones de Hizbolá, armado por Irán y Siria, para evitar que la concepción revolucionaria chií triunfe en Oriente Próximo, aspirando a construir un gran «califato» musulmán liderado por los ayatolás iraníes, que esperan dotar a sus ejércitos, regulares e irregulares, de armas de destrucción masivas.

En el sur del Líbano y en el norte de Israel, el martirio de las poblaciones civiles oculta temporalmente la naturaleza parcialmente religiosa del conflicto, que bien ilustran las imágenes de los jovencísimos soldados judíos leyendo el Antiguo testamento y las manipuladas citas del Corán de la propaganda terrorista islámica.

Tsahal, el Ejército de Israel, cree contar con el apoyo de su Dios y de su pueblo. Los creyentes musulmanes, por su parte, están divididos entre los partidarios del terror y la guerra revolucionaria islámica -Hizbolá y los chiíes revolucionarios- y los defensores de una fe menos mesiánica, como Amal (el partido chií libanés), con el que Hizbolá ya sostuvo una guerra civil religiosa en el sur del Líbano, precisamente en 1987.

Aquella guerra civil religiosa entre Amal e Hizbolá se saldó finalmente con el triunfo de la facción chií armada por Teherán y Damasco, y está en el origen último de la batalla en curso.

Arabia Saudí se ha embarcado en un proceso de apoyo financiero masivo al actual Gobierno libanés, esperando que Israel haga el trabajo sucio del desarme de Hizbolá, con un costo humano cuyo trágico balance no debiera ocultar los arroyos de sangre que siguen corriendo por las calles de Bagdad, escenario de otra o de la misma guerra de religión entre chiíes revolucionarios y musulmanes de distintas convicciones teológicas.

Las divisiones, prudencia, hipocresía y cinismo de la Unión Europea, Arabia Saudí, Egipto, Jordania y el resto de los países árabe musulmanes sugieren la trágica complejidad del conflicto, cuya reducción a una guerra entre el «bien» y el «mal», la «paz» y la «guerra», la «moderación» y la «desproporción», quizá pudra la realidad con el veneno del populismo audiovisual.

El conflicto en curso en el Líbano solo es, valga la dramática paradoja, una batalla de una guerra mucho más vasta, que tiene muchos otros frentes: militares, culturales, religiosos, que en nada nos son ajenos.

El Islam, en su diversidad, es una realidad social mal integrada en un archipiélago de Estados europeos, ellos mismos sujetos a imprevisibles tensiones cívicas, que solo se agravarán manipulando con ideas simples tragedias complejas.

Nación, financiación y Constitución
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 29 Julio 2006

PARA Galicia, la Constitución ha sido una garantía de progreso económico. Además de aportar su marco de viabilidad, contiene mecanismos esenciales para la solidaridad entre personas y territorios dentro de España. Sin ellos no serían viables las pensiones, la seguridad social o el propio funcionamiento de la Xunta, ayuntamientos y diputaciones. Esta prosperidad material no debe aislarse del enfoque moral, jurídico e institucional; de las señas de identidad de Galicia como pueblo de España, que, como dice la Constitución, «es patria común e indivisible de todos los españoles». Esta pertenencia esencial, refrendada libremente en .978, se nutre de los principios de «libertad, justicia, igualdad y pluralismo político». Como para las personas, la ruptura de su ser identitario, necesariamente provocará grandes alteraciones en las reglas de la convivencia.

Los catalanes lo han roto en un tiempo de mediocridad y carencia de visión, mirando sólo la contabilidad fiscal para pagar menos al fondo común. Sin ver la compleja y rica trama de la interdependencia entre personas y comunidades de España. Su nacionalismo económico, burocrático y burgués se oficia al tiempo que proclama a Cataluña como nación diferenciada. Los andaluces han querido copiarlos, de forma especialmente ridícula para quienes en otro tiempo tanto enriquecieron la españolidad. Y con escasa lucidez, porque además no son tan ricos como los catalanes y perderán parte de los fondos que hoy reciben de la nueva nación catalana, su vieja tierra de emigración.

Los gallegos no tenemos el poder económico de los unos ni la influencia electoral de los otros. Pero, carentes de personalidad, no queremos estar fuera de la movida nacionalitaria, aunque apunte al desastre. Como envidiosos compulsivos, pensamos que con sólo declararnos los más listos, ingeniosos, especiales y propios, convertiremos los deseos en realidad. Y que si lo plasmamos en un papel mágico llamado Estatuto, donde figuremos como nación de primera división, nos lloverán los dineros hasta las orejas. Esta ensoñación es un atentado a la inteligencia, un carnaval de sueños infantiles. Por falta de modestia y elemental realismo en los gobernantes, en Galicia no se ha reconocido que la vía comprobada para la defensa de nuestros intereses -no digamos ya de nuestros principios y valores- era la defensa de la Constitución. Pensar que como tenía un cuarto de siglo era ya vieja ha sido un grave error, una prueba de ignorancia del constitucionalismo comparado. Ahora nos esperan tirones insolidarios y feas disputas interterritoriales. La pesadilla durará hasta que volvamos a la senda de la Constitución.

“The Economist” no ama a España
Pío Moa Libertad Digital 29 Julio 2006

Zapo y su gobierno se han aliado con los separatistas y los terroristas y han tratado de aislar al PP. . Se han aliado con aquellos con el fin evidente de liquidar la Constitución española, y ese hecho vuelve ilegítimo al gobierno. Han premiado a los terroristas islámicos -- si fueron ellos quienes organizaron el atentado del 11-M, cosa cada vez más dudosa--. Están destruyendo la independencia del poder judicial y creándose una especie de guardia pretoriana, así como un cuerpo de comisarios políticos en la enseñanza. Han organizado el hostigamiento a los órganos de expresión discrepantes. Promueven una alianza con diversas dictaduras del Tercer Mundo, incluyendo algunas de las más perjudiciales para España, como la marroquí o la cubana. Falsifican la historia de forma provocadora, en el espíritu del Frente Popular. Cuando estaban en la oposición, sus violentas manifestaciones transcurrían bajo banderas totalitarias y anticonstitucionales. El mismo Zapo se ha identificado con la ideología más totalitaria y genocida del siglo XX; y nunca ha querido identificarse, en cambio, como español. Y así sucesivamente.

Es difícil imaginar a un Zapo inglés en el 10 de Downing Street. Y, sin embargo, ninguna de sus fechorías preocupa en absoluto a The Economist, que pretende pasar por órgano privilegiado del liberalismo no sólo en Gran Bretaña, sino en el mundo. La masonizada revista felicita a Zapo en un artículo titulado expresivamente “Viva Zapatero”, y en su entusiasmo amonesta al PP por su oposición “vitriólica y desordenada” (desordenada lo es, ciertamente). En plan de activo propagandista del PSOE, llega a amenazar a la derecha con que, de ese modo, perderá “el centro”. Una de las debilidades de The Economist ha sido siempre dar lecciones a diestra y siniestra.

La razón de estas posiciones no es difícil de detectar para quien conozca un poco su trasfondo: el prejuicio antiespañol, fuertemente arraigado en sectores bastante amplios de la Gran Bretaña, influidos por la leyenda negra (“Formidable vitalidad de la sombra de Felipe II”, ya observaba el anglófilo liberal Madariaga). Zapo, en efecto, personifica el mayor peligro que haya sufrido la democracia española desde 1978.

En pocas palabras: “¡Viva Zapatero, abajo España!”.

Réplica a El País
La historia como colección de trolas
Pío Moa Libertad Digital 29 Julio 2006

Hace unos años, cuando unos pocos periodistas defendían la verdad y la democracia frente a la marea de corrupción y el terrorismo de estado socialistas, El País intentó por todos los medios ocultar o justificar los hechos y bautizó como "sindicato del crimen" a aquellos periodistas, a quienes tanto deben nuestras libertades, hoy nuevamente amenazadas. Señalo el hecho porque revela un criterio muy ampliamente aplicado por dicho periódico: los delincuentes, si son de izquierdas, son los buenos, y criminales quienes los denuncian. Inversión completa de valores. El criterio se aplica igualmente a la "memoria histórica", y no por casualidad las páginas de El País acogen a una abundante nómina de "historiadores"bien pagados con fondos públicos y empeñados en contarnos la historia invertida. Y deniegan, con su peculiar idea de democracia, el derecho de réplica a quienes defendemos tesis opuestas.

Un caso reciente es el artículo "Reescribir la historia", de Alberto Reig Tapia, hijo del director franquista del NODO, pero dedicado a derrotar a Franco a deshora. Y catedrático de la universidad Rovira y Virgili, para descrédito de la universidad y de la cátedra. El duro luchador Reig arremete contra las tesis "revisionistas", resumiéndolas así: "En 1934, la izquierda y los nacionalistas reventaron la convivencia democrática desencadenando la revolución social en Asturias y proclamando la independencia de Cataluña. El 18 de julio de 1936 no fue un golpe de Estado ilegal e ilegítimo que provocó una terrible Guerra Civil, sino un necesario golpe 'preventivo' de pura autodefensa que el general Franco y el resto de patriotas que le secundaron tuvieron inevitablemente que dar para salvar a España del caos e impedir su desmembración ('balcanización') y la entronización de un gulag soviético cuyos horrores hubieran dejado pálida la inevitable dureza de Franco y su 'Régimen del 18 de julio'."

Resumen algo tendencioso e inexacto, impropio no ya de un catedrático, sino de un buen aficionado a la historia: la izquierda no desató la "revolución social en Asturias", sino que el PSOE intentó imponer su dictadura en toda España; y los nacionalistas catalanes no proclamaron directamente la independencia de Cataluña, sino la abolición del régimen republicano. Y el golpe de Franco no fue "preventivo", pues el Frente Popular había destruido ya la ley y amparaba un movimiento revolucionario en extremo violento. Pero, aparte esas desvirtuaciones, lo esencial vale. Un servidor, por ejemplo, sostiene, con abundante documentación de la izquierda, que ésta intentó dinamitar en 1934 lo que la república tenía de democracia, y que en 1936, vuelta en el poder tras unas elecciones anómalas, hizo uso ilegítimo del estado para destruir la ley, desde la calle y desde el gobierno, provocando la reanudación de la guerra, en julio. Fue esa destrucción de la democracia la causante de la guerra, y no la guerra la causante de la destrucción de la democracia.

Bien, esta tesis es discutible, como todas, y uno esperaría que Reig, después de caricaturizarla, tratase de mostrar su falsedad. Pero no. Todo su "argumento" rezuma el espíritu del comisario político: "Se trata de una burda muestra del negacionismo histórico (revisionismo) que inevitablemente nos toca pasar ahora a los españoles y que otros países, como Italia, Francia o Alemania, ya pasaron en los años ochenta". Eso es todo. Él alude en especial a los llamados revisionistas alemanes que niegan el Holocausto, y no le importa insultar la memoria de las víctimas judías, equiparándolas a los partidos que en España asaltaron la legalidad republicana una y otra vez, causando gran número de muertos y destrucciones. Según esa versión, absolutamente indigna de un historiador de alguna solvencia, pues equipara situaciones totalmente disímiles, los judíos habrían actuado en Alemania como un grupo antidemocrático empeñado en liquidar violentamente las instituciones alemanas, y los nazis habrían tenido sus razones para aplastarlos. Es decir, la historia totalmente al revés, estilo "sindicato del crimen".

Después de esto apenas hace falta seguir con la concatenación de simples trolas que nuestro catedrático quiere pasar por historia. Sólo una, como muestra: "No puede argumentarse historiográficamente que el Gobierno republicano en julio de 1936 hubiera sucumbido a una ilegalidad e ilegitimidad que hiciera inevitable la ilegalidad e ilegitimidad de la oposición para defenderse. La legalidad y legitimidad del Estado republicano en 1936 es incuestionable a la luz del derecho español y del derecho comparado a pesar de los renovados intentos justificativos del revisionismo". De nuevo el comisario político que prohíbe discrepar sin ofrecer argumento alguno. Pues no, señor. Las elecciones de febrero de 1936 no habrían sido aceptables en ninguna democracia normal, empezando porque ni siquiera se publicaron sus resultados fidedignos. Y a continuación de ellas comenzó un proceso, perfectamente documentado, de arrasamiento de la Constitución, desde la calle y desde el gobierno. Sus datos son sobradamente conocidos, y puede el señor Reig probar a rebatirlos.

Aunque sospecho que el problema, en el fondo, está en otra parte. El señor Reig, y tantos como él, no están muy en desacuerdo con la oleada de incendios de iglesias, periódicos y centros políticos de la derecha, con los cientos de asesinatos en solo cinco meses, con la reorganización y el terrorismo de las milicias izquierdistas, con la invasión de la propiedad, todo ello con la permisividad del gobierno; o con la liquidación de la independencia judicial, la destitución evidentemente ilegítima del presidente de la república, la sustracción ilegal de escaños a la derecha, etc. Y ahí, creo yo, reside la causa de que resulte tan difícil entenderse. Para él todas esas acciones de las izquierdas son legítimas y democráticas. Muy bien, pero que lo diga claramente.

Ya en otro artículo sobre la recuperación de Negrín por la izquierda señalé este equívoco: para los defensores de Negrín, su inmensa corrupción, su identificación con la política de Stalin, padre de las democracias, su expolio de una inmensa cantidad de bienes del estado y de particulares, su intento de multiplicar el número de víctimas prosiguiendo una guerra perdida hasta enlazarla con la guerra mundial; todas esas cosas no son crímenes ni deméritos, sino, por el contrario, proezas demostrativas del temple "antifascista" del personaje. Ellos tienen ese criterio, en el fondo la misma inversión de valores que llevaba a El País a insultar como sindicato del crimen a los defensores de la libertad. Muy bien, insisto, cada cual tiene su criterio; pero que lo digan abiertamente, sin disimulos ni equívocos.

ZP miente: hay memoria histórica desde hace 30 años
Pedro Fernández Barbadillo  Periodista Digital 29 Julio 2006

El Gobierno de Rodríguez ha aprobado el anteproyecto de Ley de Memoria Histórica. ¡Otra nueva división que el PSOE causa entre los españoles!

Para la izquierda, la mentira es un arma política (revolucionaria, dijo Salvador Allende). Uno de los argumentos que aducen los socialistas y los guerracivilistas es que en la transición hubo un pacto de silencio sobre el franquismo, pero yo he crecido viendo en las librerías y leyendo docenas de ensayos y novelas al respecto, y la inmensa mayoría escritos en contra. ¿Cuánto tiempo hace que Ian Gibson explota a García Lorca?, ¿veinticinco años?

Los pilares de la memoria histórica son tan endebles que muchos historiadores se oponen a ella. Y no hablo sólo de Pío Moa –en su última columna recuerda que el historiador catalanista Alberto Reig Tapia es hijo del director del NODO-, sino de otros de izquierdas, como Santos Juliá. Para éste,

¿Qué se legisla? ¿El contenido de un relato sobre el pasado? El empeño no sólo carece de sentido, sino que revela una tentación totalitaria: no puede elaborarse un único relato sobre el pasado porque ningún pasado -menos aún el de luchas a muerte- puede conservar idéntico sentido para todos los miembros de una misma sociedad

Pascual Tamburri va más alla:

La izquierda no perdona, nunca lo ha hecho. Pero Zapatero no es tan tonto como para llegar a esto por simple revancha. Su voluntad es construir un nuevo régimen y para lograrlo debe destruir el anterior, empezando por su legitimidad de hecho y de derecho.

Es decir, todo este movimiento, que la extrema izquierda considera todavía insuficiente, tiene orígenes y finalidades políticos. Como acostumbra, el Bobo Solemne justifica sus actos con la apelaciones sentimentaloides: desenterrar a los abuelos, dar pensiones a viejecitos... Estamos ante otra mentira. En una magnífica información, el diario La Razón publica las normas jurídicas que desde la muerte de Franco borraron los restos de la guerra. Por ejemplo,

El decreto 3357/1975 declaró revisadas de oficio y anuladas todas las sanciones administrativas acordadas de conformidad con lo que establecía la ley de 10 de febrero de 1939, de responsabilidades políticas.

El Real Decreto 6/1978, de 6 de marzo, reguló la situación de los militares profesionales que tomaron parte en la guerra civil, en el Ejército republicano.

La mayoría de las normas fueron aprobadas por los Gobiernos de UCD y hasta de Arias Navarro.

ZP nos miente... de nuevo.

(Aconsejo la lectura de este artículo (ABC, 03/05/06) (http://www.almendron.com/tribuna/) del académico Francisco Rodríguez Adrados para conocer más hechos sobre la maravillosa Segunda República.)  (aqui en AGLI 20060503.htm)

Farsa en dos años
Alfonso Basallo  Periodista Digital 29 Julio 2006

¿Cómo es posible?, se preguntan mientras se rasgan las vestiduras. Que ZP negocie con ETA, rompa el consenso –pulmón de la política desde la Transición-, sitúe extramuros del sistema al segundo partido nacional, cerrándole el paso al poder, y deconstruya España, permitiendo que las garrapatas nacionalistas succionen el Estado hasta dejarlo más arrugado que una pasa.

El PP y numerosas gentes honradas –simpatizantes del PSOE incluidas- parecen caerse del guindo. ¡Vamos, hombre! ¡Como si no conocieran a la izquierda española y su revanchismo genético!

Así ha actuado casi siempre el partido de los 100 años de honradez, por más que en Suresnes se hiciera un lifting antiarrugasmarxistas que se le descascarilla cada dos por tres. ¿Qué hicieron en los primeros años de democracia? Se aprovecharon de la desunión/ desubicación de la derecha de entonces (UCD), para disfrazarse con la piel de oveja centrista y llegar al poder en 1982. ¿Y? Despilfarraron el capital del gran apoyo popular y se dedicaron a lo suyo. Esto es, copar todos los resortes del poder, singularmente el judicial (ustedes ya me entienden), y perpetuarse en la limusina. También ellos quisieron pasar a la Historia, resolviendo mediante malolientes atajos el cáncer de ETA, y dejaron un rastro de corrupción y crimen de Estado.

Pero a la segunda va la vencida. El zapaterismo ha sido más rápido que el felipismo y en dos años ha destruido (perdón, deconstruido) el doble con menos esfuerzo.

Atención a la jugada:
Se han aprovechado de que los Gobiernos del PP habían dejado a ETA al borde de la rendición para llevarse la gloria del desenlace. Con una ventaja añadida: que la Wehrmacht aberzale no se rendirá jamás ante la derecha, igual que Hitler estaba obsesionado por no caer en manos de los rusos. Si alguien puede negociar la paz por utilizar el nauseabundo eufemismo-, ése es el PSOE.

De ahí que a Zapatero le venga de perillas el numantinismo de Rajoy, ofendido tras la ruptura del Pacto Antiterrorista. Al presidente no le convendría presentarse a negociar unido al PP, porque los del búnker aberzale no lo aceptarían. En cambio, los populares le prestan un inestimable servicio lanzando rayos y centellas desde el púlpito ultra, mientras él negocia desde el centro. Rajoy interpreta el papel de “profeta del desastre”, en tanto que Zapatero se reserva el de “pacificador”. Y se coloca en el centro, rampa de lanzamiento de las victorias electorales.

La llave de judo inmoviliza al Partido Popular. Por un lado, no puede tender la mano al PSOE, por principios -el precio político de la negociación-, pero también por estrategia -perdería votos-. Pero, por otro, quedarse como está, aislado y anunciando la catástrofe, le expone a un devastador desgaste, coste electoral incluido. Sin embargo, no puede hacer otra cosa.

La única esperanza que le queda al PP, ¡triste esperanza!, es que la jugada le salga mal a Zapatero, y además rápido (antes de la eliminatoria de 2007). Pero ya se puede preparar, porque los chacales de Moncloa serán inmisericordes, al presentarle como el culpable de cargarse el proceso.

Y si la jugada le sale bien a Zapatero (sumamente difícil, todo hay que decirlo), los populares se encontrarán el acceso al poder herméticamente cerrado.

Pero ¿y el precio político? Muchos españoles no lo sentirán, sobre todo al principio. Están adormecidos por el fuerte narcótico del ansia de paz, combinado con la indolente despreocupación ante conceptos tan abstrusos como autodeterminación o Navarra.

Porque los socialistas están en todo. Ya se han encargado de vaciar de significado palabras aún más esenciales como nación o matrimonio. Dar la vuelta al resto del vocabulario (P de paz, L de libertad) es coser y cantar. Ya se sabe: toda deconstrucción comienza por la perversión del lenguaje.

Por no hablar del concepto mismo de Estado,minado por el Estatut catalán. Las reformas estatutarias, la otra gran voladura controlada del edificio, sólo tienen una justificación: el precio político de la falsa paz vasca. Pero al encender la mecha, con el experimento metropayés, queda tocada la Carta Magna en su línea de flotación.

¿Y las víctimas? ¿Qué hacer con ellas? “Respetar su memoria”, dice Zapatero, lo que en plata viene a significar: ajete y agua. Éste es el mensaje subliminal que se desprende de la lógica política. Las víctimas son de los pocos tipos decentes y con agallas en un corral en el que menudean zánganos y gallinas. Son los héroes del holocausto vasco, como cuenta Maite Alfageme en un estremecedor reportaje. Pero para el maquiavelismo zapateril, una vez usados deben reciclarse como los envases de vidrio. Son ustedes muy majos y heroicos, pero tengan la bondad de ahuecar el ala, les viene a decir el Gobierno.

Para este viaje de casi 40 años no hacían falta alforjas -dicen ellas, y el PP también-. Es lo mismo que debieron de pensar muchos españoles cuando, tras la muerte de Franco, Suárez ofició el haraquiri de las Cortes franquistas. ¿Desmantelar la arquitectura franquista, después de 40 años y suicidarnos políticamente?, debieron preguntarse. Y había que responderles que para hacer una tortilla hay que romper huevos y toda transición, todo cambio de reglas, exige alguna forma de autoinmolación.

La gran diferencia entre la Primera y la Segunda Transición es que la de ahora tiene en contra el viento de la Historia y de la lógica. La Transición a la democracia era obligada, tras la extinción del dictador y del régimen.

Pero actualmente no existe ninguna necesidad de poner patas arriba la Constitución, por la puerta trasera de las falsas reformas estatutarias. El sistema funciona razonablemente bien y no se detecta clamor social a favor del cambio. Lo que sí resulta ensordecedor es el interés personal de una clase política cada vez más autista y alejada de las necesidades reales del ciudadano. La doble carambola de los socialistas -con sus compinches nacionalistas-: negociar con ETA y vaciar el Estado central, deja en evidencia su deslealtad y su codicia.

No toda la culpa es de los revanchistas del puño y la rosa y los insolidarios del lauburu y la barretina. Lo que han hecho ha sido aprovecharse del flanco más débil de la Transición: la cesión a los nacionalismos, a fin de acentuar las líneas centrífugas esbozadas en el Estado de las Autonomías. El modelo de la deconstrucción se escribió hace casi 30 años, dictado por la debilidad frente a los insaciables nacionalismos vasco y catalán, tal como explicamos en ÉPOCA en un detallado análisis (ver Los cabos sueltos de la Transición *). Lo único que han hecho, ahora, ZP y los autores de esa joya del constitucionalismo llamado Estatut ha sido tirar del hilo y deshacer en cinco minutos un vestido trenzado durante 30 años.

Necrófilos compulsivos, los dirigentes socialistas están muy atareados haciendo de criados de Frankenstein: desentierran unos cadáveres (los de 1936) y entierran otros (Montesquieu). Pero con la desleal jugada perpetrada en el bienio necio, han puesto el RIP a una de las conquistas más preciadas de nuestra historia, creando un drama con título de comedia: El consenso está debajo de un almendro.

* Núm. 1085. 20-01-06. Se puede consultar en Época 24h (www.epoca.es).

El caso insólito del soplón

Editorial ABC 29 Julio 2006

EL Gobierno socialista tiene un grave problema en la Comisaría General de Información. Según desveló ABC ayer, a este órgano policial, de máxima importancia en la lucha antiterrorista, pertenecía el teléfono móvil desde el cual se avisó al empresario vasco Joseba Elosúa de que estaba siendo investigado por participar en la red de extorsión de ETA.

El asunto está en manos del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, quien prosigue las diligencias abiertas por el juez Fernando Grande-Marlaska.

Los datos conocidos hasta el momento constan en un informe de la Guardia Civil y, gracias a las posibilidades técnicas que ofrece la telefonía móvil, se considera que pronto podrá identificarse al autor del chivatazo.

La gravedad de este hecho es insólita y no sirve de nada echar tierra encima o implantar la ley del silencio: Rajoy ya ha anunciado que su partido solicitará a la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados la comparecencia del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El Gobierno se enfrenta a lo que puede ser el mayor escándalo de la legislatura, porque se trataría de un acto de colaboración con banda armada perpetrado desde el núcleo duro de la seguridad del Estado. En este sentido, es necesario salvaguardar la dignidad de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que han sido y son decisivas en la lucha contra toda clase de terrorismo, por la que han pagado un alto precio en víctimas mortales y heridos.

Lo que ayer desveló ABC debe prejuzgarse como un caso de responsabilidad individual, no colectiva, mientras no haya pruebas inequívocas que digan otra cosa sobre quién lo hizo y quién lo ordenó.

Aun así, el Gobierno no debe refugiarse en la instrucción judicial para eludir una respuesta propia a las múltiples interrogantes que provoca este suceso. Urge disipar cualquier sombra de duda, porque no se trata de un empresario de la construcción, ni de un deportista sospechoso de dopaje.

Todo apunta a un funcionario público que, al parecer, decidió contribuir al «proceso de paz» torpedeando una investigación judicial antiterrorista de la que tenía conocimiento por razón de su cargo y para lo que utilizó medios materiales del Ministerio del Interior.

Lo grave de esta explicación -echar una mano al proceso de negociación con ETA- es que sirve para actuar de la misma manera en cualquier otra ocasión o, incluso, para actuar de forma contraria, por qué no, con ánimo de perjudicar al Gobierno.

En todo caso, es preocupante la mera posibilidad de que desde instancias públicas haya quien crea que el «proceso de paz» requiere poner zancadillas a los jueces y encubrir a colaboradores del terrorismo.

El desorden que está caracterizando la negociación con ETA tiene costes como éste: el de llegar a confundir a un funcionario público sobre su verdadero deber en una lucha que tendría que seguir siendo antiterrorista.

Hamás y Hezbolá: dos frentes, un objetivo
ALONA FISHER-KAMM /MINISTRA CONSEJERA. EMBAJADA DE ISRAEL El Correo 29 Julio 2006

En marzo de 2000, Israel se retiró del sur de Líbano. Cinco años más tarde, en agosto de 2005, concluyó una retirada unilateral de la franja de Gaza. A pesar del carácter tan distinto de los dos acontecimientos, pueden verse muchas similitudes que podrían, tal vez, aclarar la situación actual que vivimos en la región.

En primer lugar, en ambos casos se trataba de una retirada unilateral e irreversible, en el sentido de que la idea de Israel era poner fin a su presencia en estos territorios y no volver nunca más. Se quería cerrar un capitulo trágico para abrir uno nuevo, lleno de esperanza. En ambos casos, Israel se retiró de la totalidad del territorio de forma clara e inequívoca poniendo fin a cualquier reivindicación o conflicto territorial, lo cual fue reconocido por la comunidad internacional.

En ambos casos, Israel optó por la unilateralidad al no tener un socio o un interlocutor válido. En aquel momento el Gobierno libanés dependía totalmente de Damasco, que ocupaba su territorio y ejercía su poder. En el caso de la Autoridad palestina, Israel inició la retirada cuando Arafat utilizaba el terrorismo como medio de presión política e Israel la llevó a cabo cuando Abu Mazen llegó al poder. A pesar de su buena voluntad -y entendiendo que el terrorismo no sirve a la causa palestina-, Abu Mazen optó por lo fácil y evitó un enfrentamiento directo con Hamás y los grupos terroristas.

Pero las similitudes siguen. En ambos casos, los gobiernos han permitido que los grupos terroristas sigan operando libremente y que sigan actuando en contra de Israel, con sus propias armas, sus propias agendas y sus propios intereses. Y, aún más grave, han permitido los ataques a ciudades israelíes desde el mismo territorio que Israel evacuó. Todavía están frescas en nuestra memoria las imágenes difíciles de la retirada de Gaza y el desmantelamiento de los asentamientos. El primer ministro Ehud Olmert fue elegido para llevar a cabo su proyecto de seguir este proceso, pero ahora, ¿cómo podrá convencer a la opinión pública israelí de que una retirada dolorosa es necesaria en el camino hacia la paz y que traerá consigo lo que los israelíes añoran: poder vivir en paz y en seguridad?

En ambos casos, los gobiernos (el Gobierno libanés por un lado y el presidente Abu Mazen por otro), al no querer enfrentarse a los grupos terroristas en el terreno, han tenido que hacerlo en las urnas. El Gobierno libanés integró a dos ministros de Hezbolá y les dio la legitimidad y el acceso al poder; en el caso de Hamás es aún más evidente: el grupo terrorista es el poder. Se ha hablado mucho sobre el proceso democrático palestino que facilitó el acceso de Hamás al poder. ¿Democrático?, tal vez. Pero, ¿acaso hay algún país democrático que permita la participación en el proceso electoral a un partido que tiene armas, que ataca al vecino con terroristas y cohetes y que llama a su destrucción, negándole el derecho a la existencia? ¿Democrático, un partido que no cree en los valores democráticos pero que hace un uso cínico de ellos sólo para acceder al poder como el caso palestino? ¿Hay algún país que permita que un partido político tenga 15.000 cohetes dirigidos en contra de la población de un país vecino o que tenga su propio ejército desplegado en las fronteras y que provoque al vecino según sus propios intereses?

¿He dicho 'sus propios intereses'? En el caso de Hezbolá es dudoso. Hezbolá representa los intereses en el Líbano y en Oriente Próximo de Siria y sobre todo de Irán. Fue creado por Irán y cuenta con su apoyo financiero (cien millones de dólares anuales), con las armas que le provee a través de Siria y con su entrenamiento. Cientos de miembros de la guardia revolucionaria iraní forman parte de la organización. El momento elegido por Hezbolá para su última provocación, en plena crisis entre Irán y la comunidad internacional por el desarrollo de su programa nuclear, es un claro reflejo de esta triste realidad.

Y, ¿qué decir de la teoría defendida por muchos de que los terroristas una vez en el poder mostrarían moderación para poder gobernar? Esto no ha ocurrido ni en el caso iraní, ni en el caso libanés y tampoco en el caso palestino. Todo lo contrario. Parece que es más fácil para ellos gobernar con provocaciones, aunque sea en detrimento de su propia sociedad, que con moderación y responsabilidad.

Las similitudes también se reflejan en la última crisis. En ambos casos Israel ha sido provocado diariamente por los grupos terroristas. Aun antes del secuestro del soldado israelí en el sur, se lanzaron 'katiushas' contra la población israelí. Más de mil 'katiushas' en pocas semanas que hacen la vida imposible a un gran número de israelíes. ¿Hay acaso algún país democrático que lo permita? Hezbolá ha mostrado en los últimos meses su voluntad de provocar y de secuestrar soldados y civiles israelíes en la frontera del norte y no esperó ni siquiera un momento para llevarlo a cabo aprovechándose de la confrontación en el sur y tratando de desviar la atención de Irán.

¿Qué han conseguido? Nada. Más y más sufrimiento de la población civil, palestina, libanesa e israelí. El sueño de la paz y de la convivencia en la región se aleja más y más. Más y más población tomada como rehén en manos de intereses extranjeros, haciendo un uso cínico de su sufrimiento.

Nos critican a los israelíes por no distinguir entre la población civil y los terroristas y porque nuestra reacción es desproporcionada. Israel está tratando de limitar sus ataques a las bases e infraestructuras que sirven para amenazarnos. Sin embargo, esto resulta en ocasiones muy difícil pues estos grupos, con total intención, atacan a Israel desde ciudades y centros poblados, y esconden sus armas y sus cohetes también en casas privadas, una situación permitida por unos gobiernos (palestino y libanés) débiles. Ha llegado el momento de que los gobiernos elijan y asuman sus responsabilidades si es que realmente quieren evitar el sufrimiento de sus pueblos. Llegó el momento de que la comunidad internacional convenza a estos gobiernos y les ayude para que puedan asumir la responsabilidad de la seguridad de su población.

Nadie, excepto los terroristas, quería llegar a la situación actual en la cual están muriendo civiles de todos los lados (sí, también de Israel, por si alguien lo olvida). Se hubiera podido hacer más para evitarla, como por ejemplo, incluir a Hezbolá en la lista europea de grupos terroristas y exigir del Gobierno libanés que cumpla, con la ayuda de la comunidad internacional, las resoluciones de las Naciones Unidas que estipulan el desarme de Hezbolá. No se ha hecho, pero tampoco es tarde. Sería del interés de todos: de la comunidad internacional, del Gobierno y del pueblo libanés, de los palestinos, de los países árabes moderados, de Israel y de todos aquellos que sueñan con la paz y quieren conseguirla.

Una guerra rara
Victor Davis Hanson Libertad Digital 29 Julio 2006

Sume todas las declaraciones de los lideres de Hezbolá, los diplomáticos sirios, los pirados iraníes, los terroristas de Cisjordania y los comentaristas árabes y esta última guerra de Oriente Medio parece la más extraña en una larga historia de conflictos raros. Por ejemplo, ¿alguna vez hemos sido testigos de un conflicto en el que uno de los beligerantes, Irán, que envió miles de misiles al Líbano y que ha prometido que pronto destruirá a Israel, niegue vehementemente que sus propios técnicos balísticos se encuentren sobre el terreno en el Valle de la Bekka? ¿No querría jactarse de tal solidaridad?

¿O por qué, tras jactarse de los nuevos objetivos que sus letales misiles alcanzarán dentro de Israel, Sayyed Hassán Nasralah, líder de Hezbolá ("Estamos preparados para ello: guerra, guerra a todos los niveles") dice ahora que Israel golpea en el Líbano con demasiada profundidad? ¿No es de esperar que los enemigos se golpeen profundamente? ¿No se supone que es eso de lo que va la "guerra a todos los niveles"?

Mientras tanto, ¿por qué el G-8 o Naciones Unidas hablan incluso de desplegar más tropas de pacificación en el sur del Líbano, cuando tales mercenarios y transeúntes de uniforme en el pasado nunca detuvieron las hostilidades? ¿Nadie recuerda que fue Hezbolá quien voló por los aires a las tropas francesas y americanas que intentaron la última vez proporcionar "estabilidad" entre las partes en conflicto?

¿Por qué no atacan ahora Irán o Siria –o a esos efectos, el resto de los estados árabes– a Israel para unirse a los terroristas a los que han armado? Ciertamente, el ataque en dos frentes por parte de Hamas y Hezbolá podría ser ayudado por al menos un ejército islámico convencional. Tras prometernos todo el año que iba a "borrar del mapa" a Israel, ¿no sería éste el momento de Ahmadinejad de atacar?

¿Y por qué –cuando los misiles de Hezbolá están escondidos en sótanos de apartamentos y después son extraídos de hogares privados para apuntar a los civiles de Israel– se iban a quejar los terroristas que existen para asesinar a no combatientes de que unos cuantos "civiles" han sido alcanzados? ¿No preferirían proselitizar con los "mártires" que les ayudaron a almacenar sus armas?

Podemos responder a estas incongruencias resumiendo muy brevemente la guerra. Irán y Siria sienten la soga cerrándose alrededor de sus cuellos, especialmente el anillo de democracias en el vecino Afganistán, Irak, Turquía y quizá el Líbano. Hasta la ineficaz ONU es forzada por fin a centrarse en los proyectiles nucleares iraníes y los planes de asesinato sirios. Y ni Siria puede dar un vuelco al gobierno libanés, ni Irán puede darlo a la democracia iraquí. En su lugar, ambos temen que su retórica pueda pronto granjearles un bombardeo contundente, puesto que sus "defensas aéreas" a duras penas son defensas en absoluto.

De modo que le dicen a Hamas y Hezbolá que descorchen sus reservas de misiles, secuestren unos cuantos soldados y, en general, intenten dirigir la atención del mundo al daño colateral causado sobre "los refugiados" por un enemigo sionista movilizado.

Por su parte, los asesinos terroristas esperan secuestrar, pedir rescates y lanzar misiles, y después, cuando sean sorprendidos y alcanzados, jugar la baza usual de víctimas del racismo, el colonialismo, el sionismo, y cualquier otro "ismo" que se les ocurra y que piensen que les pueda granjear la absolución de algunos países occidentales corroídos por la culpa, asustados por los terroristas, con prejuicios contra los judíos y, en cualquier caso, hambrienta de petróleo.

La única diferencia con el libreto usual en las guerras de Oriente Medio es que esta vez, en privado al menos, la mayor parte de Occidente y quizá unos cuantos en el mundo árabe también, quieren que Israel barra a Hezbolá y quizá incluso le dé un toque a Siria o Irán. Los terroristas y sus patrocinadores lo saben, y se cabrean en consecuencia cuando su impotencia militar queda en evidencia frente a una audiencia global, especialmente después de que no llegue ninguna respiro que les permita salvar su "orgullo" y "honor".

Después de todo, por cada israelí que mata Hezbolá, ellos pierden diez. No estás ganando cuando "la victoria" es examinada en términos de un único disparo contra un barco de guerra israelí. Su estrategia de ocultarse en sus agujeros para atacar –emblemática de todo el patético estilo de lucha islamista– les permite irrumpir en el buen estilo de vida occidental de sus enemigos hacia el que se sienten atraídos y que, por tanto, también odian. Pero, como ha demostrado Israel, el público occidental puede estar bastante dispuesto a soportar el bombardeo si sabe que tales ataques llevarán a una contraataque devastador.

¿Qué debería hacer Estados Unidos? Si realmente le preocupa la vida humana y la paz futura, entonces deberíamos hablar ad nauseam de "contención" y "proporcionalidad" al tiempo que en privado damos vía libre a Israel para aplastar tanto a Hamas como a Hezbolá y humillar así a Siria y a Irán, que bien podrían bajarse de la burra de su guerra, deseada durante tanto tiempo pero un tanto rara.

Sólo entonces Israel restaurará parte de la disuasión frente a futuros ataques y reforzará los movimientos democráticos en ciernes tanto en el Líbano como incluso en Cisjordania. Esta es la verdad que sabe todo el mundo desde Londres hasta El Cairo, pero que no se atreven a contar. De modo que por ahora, recemos porque los valientes pilotos y mandos de infantería del ejército israelí puedan enseñar a estos hombres tribales una lección que no olviden pronto y hagan así el trabajo sucio de la civilización del otro lado del proverbial Rin.

A este respecto, es hora de detener las estúpidas diatribas de que la política americana en Oriente Medio se tambalea o que es culpable de la actual guerra. En la práctica, si mantenemos la cabeza fría, la doctrina Bush está funcionando. Tanto los afganos como los iraquíes luchan a diario y matan a terroristas islamistas; ninguno lo hacía antes del 11 de Septiembre. Siria e Irán nunca han estado más aisladas; ninguna estuvo aislada cuando Bill Clinton elogiaba la "democracia" de Teherán o cuando un secretario de Estado americano se sentaba en el tarmac de Damasco durante horas para rendir tributo a los gángsteres de Siria. Israel recibe por fin la oportunidad de eliminar a los terroristas; eso era imposible durante el fraude Arafat que salió de la debacle de Oslo. Europa despierta ante los peligros del islamismo radical; en el pasado, se jactó de su ayuda y sus ventas de armas a gobiernos terroristas desde Cisjordania hasta Bagdad.

Algunas observaciones finales acerca de Hezbolá y Hamas. Ya no existe un disuasorio soviético que rescate una ofensiva árabe fracasada. Ya no existe empatía con los pobres "guerreros de la libertad" islamistas. La verdad es que la única cuestión abierta es cuál de los dos regímenes es el mayor paria internacional: Irán o Siria. Tras un reciente viaje a Oriente Medio, observé que las desafortunadas muestras de prejuicios mostradas hacia un pasajero con pasaporte iraní solamente eran sobrepasadas por aquellos que se toparon con otro camino de Damasco.

De modo que después del 11 de Septiembre, los atentados de Londres, los atentados de Madrid, los disturbios franceses, las atrocidades de Beslán, los asesinatos de la India, la debacle de las viñetas danesas, Theo Van Gogh, y las detenciones cotidianas de terroristas islámicos intentando volar por los aires, decapitar o disparar a gente inocente en todo el mundo, el mundo está cansado de la tribu jihadista. Y a pesar de todos los esfuerzos de la BBC, Reuters, los académicos occidentales y la horda de apaciguadores y apologistas de la yihad que normalmente excusan a estos asesinos terroristas cuando su retórica finalmente da paso a su fuerza, esta vez no pueden hacerlo.

En lugar de eso, un mundo cabreado desea en secreto que estos terroristas reciban lo que merecen. Y quién sabe: esta vez puede que sea así.

Victor Davis Hanson es un prestigioso historiador militar, escritor y columnista sindicado de Estados Unidos. Actualmente es especialista investigador del Hoover Institution.

Nacional
Fernando García de Cortázar: «El Gobierno ha debido notar que imponer una memoria colectiva olía a totalitarismo»
Javier Ors  La Razón 29 Julio 2006

-¿Cree que España necesita una ley sobre este aspecto?
- Con tantas vacilaciones y rectificaciones del Gobierno, no sé qué aspectos de la Historia de España tocará la nueva ley que prepara. Me temo que mantendrá firme su deseo de crear una nueva tradición y una nueva identidad: la de una España democrática, heredera no ya de la política integradora de la Transición sino de una mitificada España republicana. El pasado pesa en España porque el presente lo manipula: se mezclan tiempos y épocas, se atribuyen a las sociedades del pasado actitudes, creencias y valores actuales y se utiliza la Historia, convenientemente manipulada, para deslegitimar al adversario político.

-¿Qué piensa de que los políticos intervengan o legislen sobre una materia que recae en el ámbito de intelectuales e historiadores?
-Me parece una barbaridad. Desde antiguo, la Historia ha sido concebida como un medio de legitimación del poder y se ha intentado reajustar y escribir a conveniencia del que mandaba. Del siglo XX quizás sea Stalin quien mejor expresa este deseo del poder de manipular la Historia en su propio beneficio. Consiguió, además, extender su ortodoxia más allá de las fronteras soviéticas y hacer que los intelectuales comunistas de todo el mundo estuvieran dispuestos no sólo a aceptar la censura política sino a falsificar deliberadamente la Historia.

-La conocida como Ley de Memoria Histórica se ha modificado a última hora. ¿Por qué cree que ha ocurrido? ¿Lo considera oportuno?
-Pienso yo, y no sé si es demasiado optimismo por mi parte, que habrá podido influir el hecho de que bastantes historiadores, incluso algunos socialistas o próximos al PSOE, hayamos expresado nuestra disconformidad con un anteproyecto de ley que se preocupaba más de la actual pelea política que de la Historia, que resultaba la gran perdedora de la manipulación gubernamental.

-¿Era acertado el nombre de memoria histórica?
-Tanto el nombre como los fines de la futura ley eran completamente extravagantes. El despropósito es asombroso pero lo peor del caso es que la falsificación del pasado se contempla sin escándalo, con cierto regocijo, incluso. Dos años llevamos con anticipos y sustos en torno a esa estrafalaria ley. Ahora, el Gobierno se ha debido de dar cuenta de que nadie recuerda, ni puede recordar, lo sucedido fuera del ámbito de su propia existencia y que imponer una memoria colectiva o histórica olía demasiado a totalitarismo y a lavado de cerebro. Todos los corifeos del poder que habían incorporado servilmente el nombre a su vocabulario deberán ahora modificar su léxico.

-El Gobierno se retracta y sólo incluirá «referencias» a los símbolos franquistas. ¿Aún son tan importantes estos símbolos o sólo para los políticos?
-Confío en que el Gobierno, después de tanta retractación, acierte, pero no me parece la mejor disposición la obsesión del joven Zapatero con la II República, la Guerra Civil y el Franquismo. Me parece una gravísima irresponsabilidad el reabrir en España un debate inexistente, en un momento en que la historiografía española, que goza de buena salud, ha puesto las cosas en su sitio después de la muerte de Franco, y que muchas calles han cambiado de nombre en homenaje a dirigentes republicanos. El guerracivilismo de Zapatero no lo tuvieron antes los gobiernos socialistas de Felipe González

-¿Cuál habría sido, en su opinión, la mejor alternativa para zanjar la polémica sobre el Valle de los Caídos?
-Dejar las cosas como están y no provocar a los españoles. La Guerra Civil es ya Historia de España, Historia universal, que tuvo lugar hace ya setenta años y que debe ser materia de estudio y reflexión de los historiadores. La historia de la Guerra Civil y el Franquismo no debe estar al servicio de ningún grupo político y el Gobierno se debería preocupar de que los españoles la recibieran sin manipulaciones y sin odio como una época triste de la Historia general de España, cuya trasmisión, en su conjunto, también debería ser objeto de atención del Partido Socialista en el poder.

Carmen Iglesias: «Los poderes públicos no pueden influir para manipular y abrir nuevas heridas»
J. Ors  La Razón 29 Julio 2006

-¿Considera que España necesita una ley como la propuesta por el Gobierno?
-En absoluto se necesita una ley. Las leyes para decir lo que hay que olvidar o recordar son de estados totalitarios. Y sobre la Guerra Civil no ha habido ningún olvido hasta ahora, como demuestra la bibliografía existente. Las personas deben ser las que recuerden sus experiencias personales, pero no los poderes.

-¿Qué piensa de que los políticos intervengan o legislen sobre una materia que recae en el ámbito de los intelectuales y los historiadores?
-Mantengo una opinión contraria. El pasado hay que analizarlo con distanciamiento. Los poderes políticos no pueden influir para manipular y abrir nuevas heridas. Lo que tienen que hacer, si quieren hacer algo, es fomentar la investigación en general, y en particular, la de la Historia, y no legislar sobre lo que hay que recordar. Y menos cuando se manipula la Historia y para decir quiénes son los buenos y los malos. Además, para mí es meterse en un espacio que no le corresponde al poder político. Los hechos han sido unos y en la Transición decidimos que una Guerra Civil tan tremenda como fue aquella no puede volver a repetirse. Esto es el péndulo del antifranquismo. El Franquismo no dijo hasta el último momento quiénes habían sido los vencedores y los vencidos. La Transición reaccionó contra todo eso. La gente quiere mirar hacia el futuro. Y no hacer como este péndulo que reaviva las heridas.

-¿Cree que resulta maniqueísta?
-Por supuesto, por la versión que da de la II República ensalzándola y diciendo que había sido el único momento en que había existido democracia en España, cuando se sabe que en los años treinta cuáles eran los contextos de la libertad y la democracia. Es una versión que tergiversa los hechos.

-¿Considera oportuna que se saque ahora?
-Por supuesto que no. Es una cuestión que sale por motivos electorales o para distraernos de los grandes problemas que tenemos ahora. Es un disparate. Eso no quiere decir que deba haber un respeto hacia las personas concretas, y que ellas recuerden a los familiares y seres queridos. Es su derecho, porque hay una experiencia individual, pero luego está la historia.

Carlos Seco Serrano: «Me pareció bien en la Transición, pero venir otra vez con la Guerra...»
J. O.  La Razón 29 Julio 2006

-¿Qué opina sobre la nueva Ley, es necesaria?-
Todo lo que a mí me interesa es la Historia y toda la memoria es Historia. Esto de la Memoria Histórica es del Gobierno actual y tal como la entiende el Ejecutivo no me convence. Es una posición revanchista, pero hubo un momento en la Historia de España, que fue la Transición, donde quedó claro que todos tuvimos la culpa y lo olvidamos para emprender juntos un camino. Todos queremos vivir en paz. Así que más vale dejarlo, que en esto todos tuvimos algo de culpa.

-¿Qué le parece que los políticos entren en un asunto que pertenece a los historiadores?
-No lo entiendo. He vivido la Guerra Civil en las peores condiciones. A mi padre lo fusilaron los nacionales por permanecer leal. Pero me sigue sin convencer esta postura que mantiene el Gobierno. Me pareció bien en la Transición, pero venir ahora, de nuevo, a empezar otra vez con la Guerra Civil...

-Los símbolos franquistas estaban recogidos en la ley. Ahora, no; ¿cuál es su opinión ?
-No me interesan para nada los símbolos franquistas, pero hubo una Historia y éstos son parte de los testimonios que dejó, huellas. Pero de todo esto hay que olvidarse ya de una vez. Yo estoy con la Transición, con lo que hicieron Suárez y el Rey, y no venir ahora a decir que se hizo mal y empezar de nuevo a desenterrar todo.

JOSÉ MANUEL AYESA, PRESIDENTE DE LA PATRONAL NAVARRA
Ayesa: «Confebask no tiene interés en desvelar las cartas de extorsión»
Considera una «frivolidad» que Rodríguez Zapatero afirme que estos envíos son hechos «aislados y puntuales»
DAVID GUADILLA d.guadilla@diario-elcorreo.com/BILBAO El Correo 29 Julio 2006

El presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) ha denunciado de forma reiterada que los empresarios continúan recibiendo cartas de extorsión por parte de ETA a pesar del alto el fuego. Con un discurso contundente, José Manuel Ayesa arremete contra José Luis Rodríguez Zapatero y sostiene que la patronal vasca también conoce la existencia de estas misivas aunque oficialmente diga que no tiene constancia. Esta misma semana, el Foro Ermua le ha otorgado el VI Premio a la Convivencia Cívica.

-Usted denunció hace dos semanas el envío por parte de ETA de varias cartas de extorsión. ¿Ha habido alguna novedad?
-No hay ninguna. Desde que ETA decretó el alto el fuego el pasado 22 de marzo hemos denunciado la existencia de tres remesas de cartas. Sobre la última, no hay nada nuevo respecto a lo que ya señalamos hace un par de semanas.

-Ustedes han hablado de al menos tres empresarios y directivos amenazados.
-Nosotros tenemos la confirmación de que hay tres cartas, pero sabemos con certeza que existen muchas más. Cada una de las misivas va con un código numérico que nos permite estar seguros de que ha sido un envío mucho mayor. Lo que ocurre es que no han sido denunciadas ni sacadas a la luz pública.

-¿Se trata de un envío generalizado o, como ha señalado el presidente del Gobierno esta misma semana, constituyen hechos «aislados y singulares»?
-Esas palabras del presidente me parecen una absoluta frivolidad. Suelo ser muy respetuoso con las declaraciones de José Luis Rodríguez Zapatero, pero creo que, en esta ocasión, sabe muy bien que eso no es así y que no se trata de algo puntual.

-Algunos han puesto en duda la existencia de estas cartas.
-Eso está fuera de lugar. Poner en duda su existencia no tiene sentido. El propio Gobierno ha reconocido su existencia, aunque le haya quitado valor. No se puede cuestionar su existencia cuando hay empresarios que las están recibiendo.

-¿Considera que hay un intento por quitar valor a estas denuncias?
-Indudablemente. Todo forma parte de una estrategia. El Gobierno considera que estas misivas pueden estropear sus conversaciones con ETA y hace como que no existen.

-Confebask asegura que tampoco tiene constancia de la existencia de estas cartas.
-No me cabe ninguna duda de que sí conocen su existencia.

-¿Cree que la patronal vasca está ocultando el alcance de estos envíos?
-Es un tema sobre el que no me gusta hablar porque guardo un gran respeto hacia los empresarios del País Vasco. Pero, al mismo tiempo, tengo muy claro que por parte de Confebask no existe un interés claro por desvelar la existencia de estas cartas de extorsión.

-¿Y a qué achaca esa actitud?
-Supongo que también forma parte de esa estrategia que comentaba antes, de intentar que el proceso de conversaciones con ETA llegue a buen puerto a pesar de que continúan apareciendo cartas de extorsión. Pero prefiero no opinar demasiado sobre esta cuestión.

-¿Está el Gobierno central cediendo demasiado ante las peticiones de Batasuna?
-No voy a entrar en este debate, pero lo que sí tengo claro es que el Ejecutivo tendría que forzar a ETA y a la izquierda abertzale a que detengan estos envíos.

Cinismo
-¿Deben cesar las negociaciones mientras sigan llegando cartas de extorsión?
-Deben detenerse o, como le digo, obligar a que quien las manda deje de hacerlo.

- Por tanto, cree que la extorsión continúa.
-Sin lugar a dudas.

-¿Pero no ha cambiado nada desde el alto el fuego? Parece que la presión ha disminuido.
-En cuanto a la presencia del chantaje, no. Sólo ha cambiado el lenguaje empleado por los terroristas. Ahora ya no amenazan de forma directa, sino que incluso se atreven a despedirse mandando al extorsionado «calurosos saludos revolucionarios».

-¿Y a qué cree que se debe este cambio en el lenguaje?
-Todo es un gran cinismo. Forma parte de este llamado nuevo tiempo en el que por el llamado proceso de paz se intenta que las cosas parezcan diferentes a como realmente son.

-¿Por qué no se ha presentado ninguna denuncia ante la Policía?
-Existe una falta de confianza en las autoridades. El empresario que recibe la carta, que es extorsionado, ve al mismo tiempo que las instituciones que tienen que velar por su seguridad miran para otro lado y hacen como si nada de esto estuviese ocurriendo.

-¿Hay miedo entre el empresariado navarro?
-Lo que hay es indignación. Tiene que ver con lo que le contaba antes. Existe la certeza de que ETA prosigue con su campaña de chantaje y de que el Gobierno no le da ningún valor.

-Hace unos días, el presidente del Foro Ermua, Mikel Buesa, señaló que negociar con ETA mientras prosigue la extorsión es una« inmoralidad».
-Suscribo totalmente esas palabras.

-¿Cree que en la negociación que vaya a mantener el Gobierno con ETA va a estar en juego el estatus de Navarra?
-Existe una cierta preocupación que desaparecería si los dos principales partidos de la comunidad tuviesen una posición clara respecto al estatus de Navarra. Lo que ocurre es que, durante los últimos meses, el Partido Socialista muestra ciertas dudas y no se sabe muy bien qué intereses defiende.

-¿Teme que durante las próximas elecciones forales se constituya un Gobierno alternativo al de UPN conformado por los socialistas y los nacionalistas de Nafarroa Bai?
-De lo que estoy seguro es de que durante los comicios del año que viene los ciudadanos navarros apoyarán a las fuerzas que defienden un estatus de Navarra diferenciado del vasco.

CALIFICA EL HECHO DE "ESCÁNDALO MONUMENTAL"
Del Burgo exige explicaciones a Rubalcaba sobre la "orden directa" de no investigar las últimas cartas de extorsión de ETA
El parlamentario de PP-UPN Jaime Ignacio del Burgo exigió este viernes a Rubalcaba que de explicaciones sobre la posible "orden directa" del ministerio del Interior de no investigar las últimas cartas de extorsión de ETA , como denuncia la revista Época Navarra. Del Burgo calificó esta orden de "escándalo monumental". Además, el diputado navarro dijo que si se confirma que el móvil utilizado en el "chivatazo" de la Policía al etarra Elosúa pertenece a la unidad de Telesforo Rubio se demostraría que el encargado de la lucha contra ETA está "al servicio de los intereses políticos del Gobierno".
Libertad Digital 29 Julio 2006

"Si se confirma la veracidad de lo publicado por Época Navarra estaríamos ante otro escándalo monumental. En primer lugar, porque tanto el presidente del Gobierno como toda la cúpula del ministerio del Interior habrían mentido a la opinión pública al poner en duda primero y minimizar después la existencia de las cartas; y en segundo lugar, porque si quienes tienen la obligación de perseguir el delito no lo hacen incurren en responsabilidad penal", afirmó Del Burgo.

El parlamentario popular exigió al ministro del Interior que comparezca de inmediato porque "no puede permanecer sin dar explicaciones convincentes". Al mismo tiempo, se preguntó por la existencia real o no de los informes de verificación que el Gobierno anunció en las tres últimas oleadas de cartas de extorsión de ETA.

Las palabras de Del Burgo llegan después de que la edición navarra de la revista Época denunciase este viernes la existencia de "órdenes directas del Ministerio del Interior y, más concretamente, de la Delegación del Gobierno en Navarra" a la Policía Nacional para que no investigase la última oleada de cartas de extorsión denunciada por la Confederación de Empresarios de Navarra.

Según cuenta en la publicación un agente destinado en la Brigada de Información en Navarra, los agentes del cuerpo se encuentran divididos porque "algunos agentes sirven a las consignas políticas que vienen desde Madrid. Se puede afirmar que dentro del Cuerpo Nacional de Policía están los que siguen una pauta política con beneficios y réditos futuros a cambio de su colaboración, y otro sector de la policía que nos oponemos a ello".

Telesforo Rubio y el "chivato"
Por otro lado, Del Burgo aseguró que si se confirma que el móvil utilizado en el "chivatazo" de la Policía al etarra Elosúa, para advertirle de una operación antiterrorista del magistrado Grande-Marlaska, pertenece a la unidad que dirige el comisario Telesforo Rubio se demostraría que el encargado de la lucha contra ETA "está al servicio de los intereses políticos del Gobierno, que quiere transmitir a toda costa la idea de que ETA se ha transfigurado en una especie de ONG pacífica y benéfica", por lo que debería ser destituido.

El dirigente popular recuerda, además, que el comisario Rubio ya preparó su comparecencia ante la Comisión de Investigación del 11-M del Congreso en la sede socialista de Gobelas, "cuartel general de Pérez Rubalcaba", y que, incluso, el juez Grande-Marlaska se vio obligado a apartarlo de la investigación de la trama de extorsión de ETA.

El Gobierno recurrirá ante el TC la ley de Comunicación Audiovisual de Cataluña
ABC 29 Julio 2006

BARCELONA. El Gobierno ha acordado presentar recurso de inconstitucionalidad contra la ley de Comunicación Audiovisual de Cataluña, según la relación de acuerdos de la sesión de ayer del Consejo de Ministros, que no especifica los motivos concretos de la decisión, según informa Ep.

El Tribunal Constitucional ya admitió a trámite el recurso presentado por el PP el pasado 3 de abril, que denunciaba que 50 de los artículos de la citada ley vulneran, al menos, 10 artículos de la Constitución. El recurso todavía está pendiente de resolución junto a otros siete presentados por el Gobierno central entre 1999 y 2003 contra distintas leyes catalanas.

En su recurso, el PP argumentaba que la ley audiovisual catalana pretende utilizar el espacio audiovisual catalán para «arrinconar al castellano y reducirlo a la mínima expresión». Los populares también denunciaban que, con la excusa de crear un «espacio de comunicación audiovisual» de la Generalitat de Cataluña, ésta «invade espacios de libertad garantizados por la Constitución a la sociedad civil catalana y española».

Asimismo, el PP entendía que la norma recurrida invade competencias reservadas al Estado al otorgar poderes «desproporcionados» al Gobierno autonómico y al Consejo Audiovisual Catalán (CAC), que se arrogan de modo «exclusivo y excluyente» la capacidad de definir conceptos como «veracidad, pluralismo, normalidad lingüística y desarrollo de derechos fundamentales».

El recurso, suscrito por medio centenar de diputados, se dividía en tres bloques: el primero referido a la vulneración de derechos fundamentales; el segundo, a la infracción del régimen lingüístico establecido por la Constitución; y el tercero sobre la invasión de competencias que corresponden al Estado. Entre otros aspectos, el PP cuestionaba la validez constitucional de la competencia asumida por el CAC para clausurar temporalmente medios de comunicación y ordenar el cese definitivo de sus emisiones en virtud de sus contenidos y «a partir de preceptos genéricos y tipos en blanco».

El polícia que dio el soplo a ETA tiene apoyos en las alturas
Agencias Periodista Digital 29 Julio 2006

EL Gobierno socialista tiene un grave problema en la Comisaría General de Información. Según desveló ABC este viernes, a este órgano policial, de máxima importancia en la lucha antiterrorista, pertenecía el teléfono móvil desde el cual se avisó al empresario vasco Joseba Elosúa de que estaba siendo investigado por participar en la red de extorsión de ETA.

El asunto está en manos del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, quien prosigue las diligencias abiertas por el juez Fernando Grande-Marlaska. Los datos conocidos hasta el momento constan en un informe de la Guardia Civil y, gracias a las posibilidades técnicas que ofrece la telefonía móvil, se considera que pronto podrá identificarse al autor del chivatazo.

Como explica ABC en su editorial este sábado, La gravedad de este hecho es insólita y no sirve de nada echar tierra encima o implantar la ley del silencio.

El PP, que ha tardado en calibrar la tremenda importancia de este turbio asunto, va a exigir responsabilidades. Mariano Rajoy ya ha anunciado que su partido solicitará la comparecencia del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba:

"El jefe de la Comisaría General de Información es el jefe de la lucha contra el terrorismo Y el Gobierno no puede encubrir delitos. Si yo fuera ministro del Interior, cesaría a toda la Comisaría General de Información o dimitiría, porque esto en un país normal es inaceptable".

LOS HECHOS
El chivatazo sobre los seguimientos policiales a los que estaba siendo sometido el mienmbro de la red de extorsión de ETA Joseba Imanol Elosua, dueño del bar Faisán de Behobia, partió de un móvil de la Comisaría General de Información de la Policía, según se desprende de las investigaciones de la Guardia Civil, que ha analizado las llamadas realizadas con teléfono móvil el pasado 4 de mayo en las inmediaciones del domicilio de Elosua en Irun.

Todos los datos de la investigación confirman que el policía en cuestión estaba perfectamente al tanto no sólo de los detalles de la operación sino también de la estrategia policial para controlar los movimientos de los individuos investigados.

Hay un dato especialmente significativo: la persona que entró en el bar «El Faisán» el pasado 4 de mayo para poner en contacto a Elosúa con el misterioso agente que finalmente le informó de que era seguido, sabía que en esos momentos las cámaras de la Policía grababan a todas aquellas personas que entraban por la puerta principal del local.

Por ello, decidió entrar por la puerta trasera del establecimiento y en un momento en que sabía que nadie de los que estaban dentro podía identificarle. Este chivatazo abortó la operación en un primer momento.

Ni Elosúa ni su mujer, ni un hijo de éste reconocieron, entre las muchas fotografías de agentes antiterroristas que se le mostraron en el Juzgado de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional, al individuo que le había dado el teléfono móvil con el que mantuvo la conversación con el policía «soplón», y al que el desconocido se refirió como «compañero».

Como revela ABC este sábado, hay otro elemento importante para intentar aclarar lo sucedido. En la grabación que la Policía hizo a Elosúa cuando éste circulaba en su coche en compañía de su yerno, Carmelo Luquín, éste hace referencia a detalles de la operación que le había contado el «soplón» que, sin embargo, sólo eran conocidos por un pequeño grupo de agentes.

Entre ellos, por cierto, no se encontraba el comisario general de Información, que por orden expresa del juez Fernando Grande-Marlaska había quedado al margen de la investigación y que sin embargo le fue encomendada a uno de sus hombres, un policía con una brillante y dilatada hoja de servicios en la lucha contra el terrorismo etarra.

EL MARRON DEL GOBIERNO ZAPATERO
El Gobierno Zapatero se enfrenta al mayor escándalo de la legislatura, porque se trata de un acto de colaboración con banda armada perpetrado desde el núcleo duro de la seguridad del Estado.

Ha llegado la hora de preguntarse, cómo afectará a la moral de las Fuerzas de Seguridad del Estado y a la confianza en ellas de la ciudadanía, que un polícía de alto nivel colabore con los terroristas en la comisión de delitos y sea protegido desde el Ministerio

Lo ocurrido no peede zanjarse como un caso de responsabilidad individual. Desde el Gobierno Zapatero, a medida que se acumulen pruebas, se intentará utilizar como parapeto la existencia de una instrucción "en marcha" y se tratará de presentar los hechos, como el "error" de un funcionario público que, "con buena intención", decidió contribuir al «proceso de paz» torpedeando una investigación judicial antiterrorista, de la que tenía conocimiento por razón de su cargo y para lo que utilizó medios materiales del Ministerio del Interior.

Como sentencia ABC en su editorial:
El desorden que está caracterizando la negociación con ETA tiene costes como éste: el de llegar a confundir a un funcionario público sobre su verdadero deber en una lucha que tendría que seguir siendo antiterrorista.

ATAQUE DE MADRUGADA
Un artefacto provoca leves desperfectos en una oficina del Gobierno vasco en Vitoria
AGENCIAS El Mundo  29 Julio 2006

BILBAO.- Un artefacto incendiario fue colocado esta madrugada en una oficina del Gobierno vasco en Vitoria, en la que causó daños de escasa importancia, informó la Ertzaintza.

El artefacto se activó sobre las 02.45 horas de la pasada madrugada en la oficina que Osalan, el Instituto Vasco de Seguridad en el Trabajo, dependiente del Gobierno vasco, tiene en la calle Urrundi de la capital alavesa.

El fuego hizo saltar las alarmas y a los pocos minutos se presentó en el lugar una dotación de bomberos que ni siquiera llegó a intervenir puesto que el fuego ya se había apagado.

El incendió causó daños de escasa consideración, según explicó la Ertzaintza, si bien provocó el ennegrecimiento de la fachada y la rotura de los cristales de la entrada de la oficina.

El equipo de artificieros de la Ertzaintza localizó en el lugar restos de una pequeña bombona de gas, de un bidón de plástico, de un aerosol y de un cohete pirotécnico, elementos habitualmente utilizados en la preparación de estos artefactos.

En un comunicado, Eusko Alkartasuna condenó el ataque y exigió la "total ausencia de toda actuación violenta". La formación abertzale consideró "imprescindible" que se logre "un clima de total distensión para avanzar en la normalización y pacificación de Euskal Herria".
 

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