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Recortes de Prensa     Viernes 4 Agosto  2006

Europa, fortaleza asediada
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia  ABC  4 Agosto 2006

... Las cosas van más allá del terrorismo. Los inmigrantes se organizan en grupos propios. Y no se trata sólo de los musulmanes. El África negra se desborda sobre Canarias, como antes todos sobre Melilla. Una verdadera invasión...
E infiltrada. Mal asunto. Me recuerda a la Roma del final del Imperio. Pueblos bárbaros la atacaban desde el Norte, el Este, el Sur. Arrasaban provincias, a veces eran asentados con pretextos legales. Dentro, Roma era un hervidero de orientales que el imperio trataba de apaciguar, aceptando sus cultos y lenguas, ofreciendo pan y circo (algo así como servicios sociales y televisión). Al final, el imperio fue destruido desde dentro y desde fuera.

La antigua Roma, la verdad, tenía ya poco espíritu de defensa. Menos mal que, una vez caída, algunos pueblos, como los francos y los visigodos, acabaron por crear reinos cristianos de lengua latina, otros crearon reinos igualmente cristianos pero germánicos, eslavos, celtas...

La Europa de hoy se asemeja extrañamente al imperio romano decadente, apenas asimila a nadie. Ha perdido el orgullo de sus valores, de su cultura.

Ya ven lo que ha hecho la Unión Europea. Favores a Arafat, que no hacía ni una concesión mínima, que habría traído la paz. ¡Y era el premio Nobel de la tan nombrada y poco practicada Paz! Hacía el doble juego con Occidente y los terroristas. Ahora Hamás y Hizbolá han provocado una nueva guerra, Israel se defiende como puede, con el valor de la desesperación. Israel y los americanos y los estados árabes que diríamos razonables son hoy los que defienden a Europa y a su modelo de cultura. Ella hace bien poco.

Habría que dejar, de una vez, las cosas claras, frente a esa perversión mediática que padecemos. Fueron los terroristas los que empezaron todo esto, secuestrando aviones y asesinando deportistas israelíes desde los setenta. Han quitado la alegría a nuestros viajes, los empezamos haciendo siniestras colas ante una máquina, quitándonos los cinturones, a veces los zapatos, quién sabe qué más adelante. E Israel cedió en el Sinaí, en el Líbano, en Gaza, ofreció un acuerdo en Camp David. Para nada.

Porque todos merecen respeto, los musulmanes que quieren vivir y progresar y también nuestra cultura. Tienen cierta razón muchos musulmanes cuando la tratan de decadente y débil. Pero tampoco es de recibo que absorban su tecnología, vivan del pan de Europa, y luego organicen ese acoso desde dentro y, por supuesto, desde fuera.

Ya sé que son las minorías las que fabrican los horrores, pero eso no es consuelo. Siempre ha sido así. Ahora Occidente da alas a los fanáticos, a todos, con su debilidad. Y el mundo musulmán, que iba avanzando, se podía pasear libremente por sus calles, tomar una cerveza, vestir las mujeres con una cierta libertad, ha dado, ahora, pasos atrás. Y ellos y los demás entran donde literalmente no caben. Como en Canarias. ¿Qué hace la Unión Europea? Yo diría que nada.

Mientras la religión musulmana, respetable sin duda, no experimente una apertura, es decir, se convierta en algo meramente interno y no social y coercitivo, dudo que la idea democrática y la idea liberal calen allí, salvo en pequeñas minorías. Tampoco en los pueblos animistas de África.

La gente arropa a los vencedores: crece la Hermandad Musulmana, Sadam Husein encuentra todavía partidarios ¿Y qué me cuentan del Irán, por no insistir en Hamás y Hizbolá? Crece el Fundamentalismo, los gobiernos se defienden malamente. Y aquí, ni decisiones ni firmeza, que permiten luego negociar.

Porque las cosas van más allá del terrorismo. Los inmigrantes se organizan en grupos propios. Y no se trata sólo de los musulmanes. El África negra se desborda sobre Canarias, como antes todos sobre Melilla. Una verdadera invasión. Los árabes y bereberes de Muza eran una cosa mínima al lado de lo de ahora.

¿Y qué se hace? Diríamos que nada. ¿Es que Europa, y España, no quieren defenderse? A este paso, se van a disolver, como la antigua Roma, entre gentes extrañas.

Miran hacia otro lado. Para prohibir Francia el velo, tuvo que añadir la prohibición de los símbolos cristianos. ¡Qué vergüenza! Mientras el Cristianismo, en los países musulmanes, tiene que esconderse, aquí crecen como hongos las mezquitas, los imanes, el Estado fomenta la enseñanza del islamismo. En Almería hay una calle de Almanzor. ¿Dónde hay en el mundo musulmán una calle del Cid, a quien, por cierto, historiadores nuestros tratan frívolamente?

Estamos asistiendo a un desestimiento, a una invasión tolerada, a una falta de sentido del Estado y de la cultura propia. Ya se vio cuando Europa dejó a América prácticamente sola frente a los terroristas. Por celos miserables, contratos comerciales, expectativas electorales. Ceguera.

Y algunos de los llamados intelectuales difunden los mitos sobre Al Andalus tolerante y culto, la Cristiandad sucia e ignorante. Todo falso, pura ignorancia.

Dos momentos ha habido en que el Islam, o una parte notable de él, acogió a Occidente y su cultura, parecía irse hacia una síntesis. El primero fue cuando en los siglos IX y X, en Bagdad, califas ilustres hacían traducir a los griegos: su Ciencia, su Literatura sapiencial y sus enseñanzas a los príncipes. Se creaban sobre esto, en ciertos grupos ilustrados, una Ciencia y un pensamiento musulmanes.

Una parte de ello llegó a Córdoba, de allí a Toledo, a Castilla, a Europa. Había los que intentaban unir el Corán con Platón o Aristóteles, como Santo Tomás unía a este con el Evangelio. Poco duró, ya desde el siglo XI los fanáticos venidos del desierto acabaron con ello. Averroes, a quien Rafael pintó entre los sabios en torno a Platón, fue residenciado en Lucena.
El otro momento fue desde el siglo XIX, el XX sobre todo. Toda una clase occidentalizada surgió. Luego, desde la década de los ochenta, la intolerancia. Y ahora... Y al Islam se añaden los demás.

¿Quién tiene la culpa? Por supuesto que los fanáticos. Han dado alas a toda la reacción antioccidental. Y a la inmigración incontrolada, anárquica. Pero también hay culpa en la debilidad de Europa y sus gobiernos, de su sociedad que es, en buena parte, consumista y relajada. No quiere enterarse. Con frases hueras sobre la Alianza de Civilizaciones no se arregla esto. Antes hay que exigir el respeto. Luego, puede llegarse a acuerdos.

Cuando pueblos de nivel económico y cultural bajo entraban en Roma, acababan por asimilarse. Igual los mongoles cuando bajaron a China, los chichimecas y aztecas cuando bajaron a México. Los musulmanes que cayeron sobre las mejores provincias de Roma -Egipto, Siria, Palestina, Hispania, Sicilia- no lo hicieron. Pero, al menos, Europa tenía capacidad de resistencia y hasta de devolver el golpe: la Reconquista y las Cruzadas, que no hacían otra cosa que recuperar las tierras perdidas y, en ellas, el sepulcro de Cristo.

Europa, España, necesitarían cobrar conciencia de lo que han sido, necesitarían un valor que, parece, no tienen ya. Reniegan de su historia, de su ser. Con firmeza, sin agresión, exigiendo respeto, se consiguen cosas. Pero cuando a las masas de bajo nivel se les permite llegar sin más a un lugar de leyes flojas y además incumplidas, sacan las consecuencias. Es lo que está sucediendo.

Aprenden de Europa lo peor: la supuesta libertad de las manifestaciones violentas, del lenguaje ofensivo, la quema de coches y banderas. O el imperio del hecho consumado: aquí estamos, a ver qué hacen ustedes, aprovechamos sus agujeros legales.

Y vienen revueltas o invasiones del peor estilo europeo. Los que las organizan han visto a Europa retroceder tantas veces, que saben que pueden hacer lo que quieran. Pueden arrasar barrios o quemar coches. Y lanzar el terrorismo, también contra Israel y contra los americanos. Contra todo lo que huela a occidental.

Saben que los gobiernos africanos más o menos democráticos, moderados, son fáciles de desbordar. Que tienen miedo. Y que lo tienen los nuestros, los de Europa. Esta es la fortaleza asediada de que hablo.

Silencio, se rinde
EDITORIAL Libertad Digital 4 Agosto 2006

Parece ser que la novedad del comunicado de ETA de hace unos meses era el hecho de que el alto el fuego era "permanente", y eso exigía una confianza ciega, silencio y hacer cesiones a la banda. Se calló sobre la absurda contradicción en los términos; un "alto el fuego" no es más que una expresión militar que define un cese momentáneo de las acciones, luego nunca será permanente. Sólo podría serlo, en el caso de la banda terrorista, su propia disolución. Al desobedecer la orden de prietas las filas, si la cosa sale mal, la culpa sería del PP, para variar.

ETA, sin duda, le otorga bastante más importancia a los sustantivos que a los adjetivos de sus propios comunicados. Por eso ya advirtió que "de continuar la actual situación de opresión y conculcación de derechos", es decir, de no ceder en todo a sus pretensiones, "nuevas generaciones se sumarán a la lucha", es decir, volverían a matar. Y es que esta tregua no es más que un chantaje permanente al Estado de Derecho en el que se exige cada vez más como condición para no volver a matar. Mientras tanto, continúa el terrorismo callejero y la extorsión, en parte como recordatorio de que continúan con la pistola en la mano y que pueden volver a poner el dedo en el gatillo en cuanto consideren que el Gobierno no cumple sus "compromisos de alto el fuego".

Las declaraciones de Pernando Barrena no vienen sino a incidir en la exigencia de que el Gobierno se pliegue al chantaje. Porque, aunque así pudiera parecerlo a primera vista, no es que repentinamente la banda terrorista ETA se hubiera vuelto extremadamente escrupulosa con el cumplimiento al pie de la letra de la ley. Simplemente considera que ese "fraude" a la Ley de Partidos podría ser revertido si las circunstancias cambiaran con mucha más facilidad que la derogación de la ley misma. ETA exige claridad, y lo que no desea en ningún caso Zapatero es ser claro, porque reconocer hasta qué extremo se está rindiendo en nuestro nombre podría ser nefasto para aquello que es su única preocupación: sus perspectivas electorales.

Por eso, cuando Zapatero cruzó la más roja de las líneas al asegurar que respetaría el derecho de autodeterminación, vulgo independencia, lo hizo con un subterfugio. Por eso le piden a ETA que cambie de nombre para presentarse a las elecciones, porque derogar la Ley de Partidos sin haber obtenido nada a cambio sería demasiado oneroso para la popularidad tanto del Gobierno como del proceso de rendición, de modo que prefieren violarla mediante subterfugios legales. Y es que el posible fracaso de este proceso no vendrá por que Zapatero se niegue a cruzar ninguna línea, sino por que no se atreva a hacerlo en público. Por eso exige silencio.

Todos contra el PP
Fascismo popular
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 4 Agosto 2006

En los últimos tiempos cuando alguien se propone descalificar al Partido Popular le basta con tildarle de fascista, ultraderechista o ultraconservador. Si la descalificación sale de la boca de un nacionalista, en tal caso se añade a los anteriores el calificativo de antivasco o anticatalán. Pondré algunos ejemplos.

El Partido Popular acaba de interponer un recurso de inconstitucionalidad contra un montón de preceptos del nuevo Estatuto catalán. Desde Convergencia y Unión un hombre con fama de ponderado como Durán y Lleida ha salido en tromba contra el PP al que acusa de perpetrar un acto "contra Cataluña". Algunos dirigentes socialistas tampoco se han quedado mancos. Es el caso de la vicepresidenta primera del Congreso, Carmen Chacón, para quien es hora de que el PP deje de hacer política "contra Cataluña". Esto no se entiende muy bien. Porque la Constitución faculta al presidente del Gobierno, a cincuenta diputados o cincuenta senadores, al defensor del Pueblo –que ya ha anunciado que interpondrá recurso contra el Estatuto– y a las Comunidades Autónomas para acudir al Tribunal Constitucional en demanda de inconstitucionalidad si consideran que una norma legal vulnera la Constitución. Más comedido ha estado Alfonso Perales, secretario de acción institucional del PSOE, que sin ahorrar severas críticas al recurso, reconoce que se trata de un acto de "normalidad democrática". El PP no ha hecho otra cosa, en consecuencia, que ejercer un derecho reconocido en el ordenamiento jurídico al acudir al árbitro constitucional. Mientras el Tribunal no resuelva el recurso las espadas estarán en alto.

Defender la Constitución de 1978, la más avanzada del planeta al menos hasta el momento de su promulgación, suponía hasta hace bien poco asumir una actitud democrática y progresista. Pues no. Resulta que la actitud del PP al sostener la validez del texto constitucional es una manifestación del inmovilismo conservador y fascista que anida en la derecha española. Y cuando el Partido Popular anuncia que llevará a su programa electoral una serie de propuestas para defender tanto el Estado de las autonomías como la necesidad de un Estado viable capaz de garantizar la igualdad y la solidaridad básica de todos los españoles y el cumplimiento de los grandes objetivos nacionales se le reprocha haberse convertido en un grupo fascistoide y jacobino, nostálgico del viejo Estado centralista.

Algo parecido ocurre en la lucha contra el terrorismo. Rodríguez Zapatero ha decidido negociar con ETA un nuevo estatus político para el País Vasco. Quiere conseguir la refundación de la convivencia en Euskadi tendiendo la mano a los Txapote y compañía, pese a que no muestran el menor signo de arrepentimiento por la magnitud de sus crímenes horrendos. Los terroristas exigen el reconocimiento de una nación virtual a la que llaman Euskal Herria y por cuya liberación hasta ahora han asesinado a la gente. Quieren también la autodeterminación (ahora suelen enmascararla bajo el eufemismo del "derecho a decidir sobre todas las opciones") y la anexión de Navarra. Hasta hace un par de años, el PP y el PSOE iban juntos en este asunto. Incluso a propuesta de Rodríguez Zapatero ambos partidos firmaron el pacto por las libertades y contra el terrorismo, incompatible con el pacto de Estella donde se ya se contemplaban las mismas exigencias. Socialistas y populares venían sosteniendo de común acuerdo que el Estatuto de Guernica constituía una estación término. Reformas, sí, pero dentro del marco de la Constitución y sin echar abajo el edificio estatutario.

Todo esto se ha ido al traste. El presidente se ha comprometido a constituir una mesa de partidos, que se cisca en las instituciones parlamentarias. No puede integrar Navarra a Euskadi, porque habría que pasar por un obstáculo imposible de superar, hoy por hoy, como es el referéndum. Pero tal vez tenga la posibilidad de entregar el gobierno de Navarra a los nacionalistas pues el PSOE puede ser la llave de la gobernación del viejo Reino si UPN en mayo de 2007 pierde su actual mayoría absoluta. Al presidente, con tal de "echar" a UPN del poder, no le importa ordenar a sus comilitones navarros pactar con quienes pretenden incorporar a Navarra en Euskadi y la ruptura de la unidad de España. El siguiente paso será sentar a Navarra a la mesa de diálogo multipartito y pactar alguna fórmula de unión confederal (Consejo o Dieta vasco-navarra). Los abertzales podrían sostener que han logrado el objetivo de la unidad territorial de Euskal Herria bajo la fórmula –transitoria– de una nación, dos Gobiernos. Rodríguez Zapatero, acostumbrado a chapotear en los límites constitucionales, se escudará en que todo esto no vulnera la Constitución y que él se limita a respetar la libre voluntad de los navarros.

Como Mariano Rajoy se opone a esta locura la respuesta es brutal: el PP es el principal enemigo de la paz. Los populares viven mejor contra ETA, aunque maten a los suyos. Esto contrasta con la actitud razonable y constructiva de Batasuna, dirigida por un hombre de paz como Arnaldo Otegi. Con todo ello, dicen los corifeos progubernamentales y nacionalistas, el PP se queda solo y demuestra una vez más su radical antivasquismo. Lo peor es que la impresionante potencia mediática al servicio del Gobierno ha conseguido que muchos se lo crean. Queda aún otra acusación. Si el proceso fracasa y ETA vuelve a las andadas, la culpa será del PP.

También resulta atronador el estruendo contra los populares por denunciar los riesgos que comporta la campaña en favor de la recuperación de la memoria histórica. Parece como si el presidente quisiera vengar setenta años después la trágica muerte de su abuelo. Aquello fue un asesinato inicuo, como lo fue la propia guerra fruto de un gran fracaso colectivo. En la transición decidimos pasar página, mirar hacia adelante, no volver a encender la chispa del enfrentamiento civil y sobre todo no juzgar ni a vivos ni a muertos por lo que hicieron o dejaron de hacer en aquel triste y negro episodio de la historia de España. El pacto constitucional para la democracia de 1978 fue posible gracias a ese espíritu de reconciliación. Rodríguez Zapatero ha decidido ahora ganar él la guerra. Los buenos fueron los republicanos y los malos los del bando nacional, aunque en su familia hubiera de los dos. El PSOE, el PC y ERC deben sentirse orgullosos de su pasado porque en él no hay mácula alguna. El Partido Popular, en cambio, es cínico e hipócrita. Dice no querer reabrir las viejas heridas fratricidas, pero en realidad se niega a recuperar la memoria porque es el heredero político del franquismo. Por eso, el PP –a la CEDA republicana le colgaron también el mismo sambenito para impedirle gobernar– es intrínsecamente desleal al sistema democrático.

Con tales patrañas se trata de hacer creer a las nuevas generaciones de españoles que el Partido Popular se solidariza con los alzados y por eso se niega a condenar los desmanes del bando ganador durante y después de la incivil guerra. Y es que la sede de Génova es una guarida de fascistas. Nada importa que el Partido Popular sea un partido nacido en la democracia y para la democracia que niega toda legitimidad a quienes, como ocurrió en el pasado, ocuparon el poder mediante la violencia para imponer regímenes totalitarios (Resolución Comisión Constitucional del Congreso de 20 de noviembre de 2002). Rodríguez Zapatero olvida además que, si se recupera la memoria histórica, ni los socialistas ni los comunistas ni los separatistas catalanes tienen motivos para sentirse orgullosos de sus insurrecciones revolucionarias y de las atrocidades cometidas durante la guerra, algunas de ellas de carácter genocida como el intento de exterminio de la Iglesia Católica y la masacre de Paracuellos.

En fin, todo vale con tal de aislar e incluso amordazar al Partido Popular. Se intenta cegar cualquier posibilidad de alternancia en el poder inherente a todo régimen de libertades. ¿Ha pactado Rodríguez Zapatero con los nacionalistas su perpetuación en el gobierno del Estado (antes gobierno de la nación) a cambio de entregarles el dominio de la periferia vasca y catalana? Todo induce a pensar que sí.

Ante esta situación, el Partido Popular –y perdón por meterme a redentor- deberá mantener sus principios y convicciones reforzando su habitual línea centrista tal y como lo hace su presidente nacional Mariano Rajoy. Le sugiero, no obstante, que urja a quienes creen ser sus barones que no se dejen seducir por los consejos de sus adversarios sospechosamente empeñados en enseñarles qué han de hacer para ganar las próximas elecciones. Recomendación que debería incluir la conveniencia de no generar confrontaciones entre ellos pues sólo provocan desmoralización en los propios y regocijo en los del otro lado. En segundo lugar, habrá que movilizar a la ingente militancia popular y convertirla en una legión entusiasta de agentes electorales. En tercer lugar, convendría revisar la política de comunicación –que no de oposición– del partido para que sus mensajes lleguen con nitidez al electorado y pueda transmitirse a la ciudadanía que si quiere que las cosas cambien la única solución posible será ganar las próximas elecciones y eso sólo se consigue yendo a votar. En suma, habrá que convencer al electorado popular que no espere la llegada de ningún Mesías salvador. Las palabras clave son esfuerzo, responsabilidad, ponderación, disciplina, propuestas que produzcan ilusión, honradez –honradez, sí, honradez–, capacidad de convicción y fe en el triunfo. Sabiendo que, como dice el refrán, no hay mal que cien años dure.

Jaime Ignacio del Burgo es diputado por Navarra. Representa a UPN en el Comité Nacional del PP

EL RECURSO DEL PP
Editorial  minutodigital 4 Agosto 2006

Cumpliendo con su promesa –lo que en política no deja de ser de agradecer- el PP ha recurrido ante el Tribunal Constitucional, 114 de los 223 artículos del nuevo Estatuto de autonomía catalán, así como 12 de sus 22 disposiciones.

La reserva del término Nación para España, la inmersión lingüística, la ruptura de la unidad del Poder Judicial o de la contribución de Cataluña a la solidaridad interregional, son algunos ejemplos de los fundamentos del recurso popular ante el máximo Tribunal.

En España hemos visto imponerse una manera sensacionalista de hacer política. Importan las sensaciones que el político provoca en el público-electorado antes que los argumentos y propuestas de unos y otros.

Frente a la política de las sensaciones, el PP opta por la política de los argumentos para cuya defensa busca el amparo de las instituciones. Son dos formas de hacer política: el “mitin-show” y el recurso legal. La primera arranca unos segundos de atención, la segunda es compleja para los no versados y se presta al razonamiento de “estos quieren ganar en los tribunales, lo que no han conseguido con los votos”. Algo así como “ganar un partido en los despachos después de perder en el terreno de juego”.

Sin embargo, la fortaleza del Estado de Derecho descansa sobre instituciones sólidas, parapeto eficaz contra la “política show”, incluso cuando ésta logra mayorías aritméticamente impolutas. También los ajusticiamientos convocaban multitudes gozosas en derredor de ajusticiados, verdugos y confesores. La multitud no garantiza inequívocamente la Justicia.

Si se atenta contra la libertad, el Poder Judicial debe salvaguardarla aun de mayorías electorales suicidas. Vale decir libertad como aquellos otros derechos fundamentales de los que los españoles somos titulares por razón de la Nación a la que damos cotidiano pulso.

El recurso del PP busca impedir una devacle fruto del cortoplacismo que guía la acción de gobierno y la agenda del secesionismo. Más de 30 leyes estatales habrán de ajustarse al nuevo Estatuto de autonomía catalán si el Tribunal no lo impide.

Al recurso popular posiblemente se sumen los de las comunidades autónomas de Valencia, Aragón y La Rioja. Todas ellas tratan de preservar derechos particulares legítimos frente al expansionismo nacionalista catalán. En la política sensacionalista, los recursos autonómicos atenuarán la soledad habitual del PP, una soledad que se evitaría si el arco parlamentario español se enriqueciese con opciones políticas inéditas en España pero habituales en Europa.

El “partido” ahora tiene una prórroga en los despachos. Algunos dirán que es un “mal perder” que se desliza de la falta consustancial de valores democráticos en la derecha. Posiblemente se refieran a los mismos valores que regían las checas.

Hasta ETA dice que Zapatero les pide una ilegalidad para legalizarse.
Antonio Javier Vicente Gil  Periodista Digital 4 Agosto 2006

ETA me da la razón, menudo disgusto. Zapatero ha hecho ya realidad el objetivo que tenía el PSOE en su primer gobierno en tiempos de Felipe González cuando dijo Alfonso Guerra que “Vamos a dejar España que no la va a conocer ni la madre que la parió” . Solo en una cosa erró Guerra, al igual que se decía "la antigua Yugoslavia" aquí se puede decir que Zapatero ha dejado a la antigua España de modo tal que ya no la conoce ni la madre que la parió.

Que los asesinos terroristas delincuentes digan que Zapatero les está pidiendo que cometan un delito es algo solo posible en la nueva cosa aun llamada España de Zapatero.

Que los matones asesinos, a pesar de que lo hagan para que les permitan cometer la ilegalidad de legalizar a Batasuna con su vieja marca, le digan a Zapatero que les pide cometer un fraude de ley cuando les pide que legalicen a Batasuna con otro nombre, cosa que textualmente prohíbe la ley de partidos, es solo posible en el país de los esperpentos en que ha convertido Zapatero a España.

Desde hace varias semanas vengo escribiendo en estos artículos que el PSOE le está pidiendo a ETA el cometer una ilegalidad para legalizarse, sigo insistiendo en lo mismo porque el PSOE no ceja en cumplir uno de sus compromisos con ETA, la legalización de una parte de la banda utilizando un flagrante incumplimiento de la Ley de Partidos, pero lo que jamás habría esperado es que la propia ETA acusase a Zapatero de lo mismo que yo le estaba acusando, ver para creer.

No se a qué espera esta país para echarse a la calle todos los días que salga el sol pidiendo que se vaya Zapatero para que dejemos de ver estos terribles disparates esperpénticos a que nos tiene ya habituados.

Queda claro que en la hoja de ruta de Zapatero al infierno, el esperpento incoherente y disparatado es fiel acompañante de la procesión que nos lleva al precipicio del horror.

Izquierda liberal
La esquizofrenia de Piqué y el PP
Antonio Robles Libertad Digital 4 Agosto 2006

Josep Piqué tenía un plan, pero fracasó. Pretendía colaborar y no enfrentarse abiertamente en la elaboración del Estatuto. Partiendo de los complejos propios del síndrome de Catalunya, trataba de no herir la sensibilidad catalanista en un intento de que el PP fuera aceptado como un partido normal en Cataluña. Tenía la esperanza de que el Estatuto no saldría adelante y, si así iba a ser, ¿por qué deteriorar aún más la imagen del PP? Guardaba además la secreta esperanza de que el recién iniciado Tripartito demoliese a CiU si lograba mantenerlo alejado del poder durante años.

En esas circunstancias, Unió y otros militantes de Convergencia podrían tener la tentación de apostar por el pacto con un PP catalanista alejado de la línea dura que había marcado Vidal-Quadras. Así, por fin, el PP nacional podría recuperar el electorado de centro derecha que tuvo un día la UCD de Suárez. El rédito era evidente: El PP se rehabilitaría en Cataluña y podría Gobernar en España con mayor probabilidad. Los costes vendrían de la mano de un PP catalanista que traicionaría a su electorado natural.

La aprobación del Estatuto arruinó sus planes El entendimiento entre PP y Unió se hizo muy improbable. Para colmo, CiU se ha rehabilitado después del fracaso del Tripartito. ¿Qué hace entonces Piqué, erre que erre, empecinado en seguir esa estela sin oponerse abiertamente a la política nacionalista de Convergencia mientras el PP nacional lleva el Estatuto al Tribunal Constitucional? Pues, sin lugar a dudas, fabricar más catalanismo, mendigar un rincón en el oasis. Es el síndrome de Catalunya.

En Cataluña, o te opones o colaboras. Un ciudadano tiene más salidas, un político no. Y un político de un partido de ámbito nacional, menos. Como Montilla, Josep Piqué también quiere pactar con el nacionalismo. Según él, un pacto CiU-PP es la única alternativa al Tripartito. "Es de bien nacidos ser agradecidos", le dijo a Artur Mas recordando el apoyo prestado por el PP durante los ocho años del Gobierno Aznar a Pujol: Debería "agradecer" al PP –le recordó a Mas– que "si hoy es candidato y en su momento conseller en cap y de Economía" es porque "recibió el apoyo del Partido Popular".

Patético. Piqué desangrará al PP de Cataluña. Cualquier votante de esta formación política ha de tener claro que su voto en estas autonómicas se circunscribe al Parlamento de Cataluña. Es en éste y no en el Congreso de los Diputados donde influirá para bien o para mal. Dar un voto a este criptoconvergente es dar apoyo al Estatuto más reaccionario de la historia y al nacionalismo. Su tibieza se confunde con la colaboración, su predisposición al pacto, con la asunción de que en Cataluña no se puede hacer otra política que no sea la catalanista. Grave error de Piqué en el mejor de los casos.

Mientras la tierra se hunde a su alrededor, enreda y confunde a la opinión pública. Busca el pacto con el nacionalismo convergente y para despistar lanza al aire falsas salvas de contactos con Ciudadanos. La misma política que Montilla, aparentar que se está con el discurso de Ciudadanos, pero prepararlo todo para pactar con los nacionalistas. Lamentable proceder. Ciudadanos es un partido autónomo que nunca pactará con el nacionalismo ni dará su apoyo a sucursales de partidos nacionales que colaboren con partidos nacionalistas.

Mientras el PP nacional presenta recurso de inconstitucionalidad contra 144 artículos y 12 disposiciones del Estatuto de Cataluña, el PP catalán de Piqué se dedica a mendigar un pacto con Convergencia. En vez de arrastrarse en busca de apoyos, mejor le iría tener principios y defender ideas. Al menos no se suicidaría.

antoniorobles1789@hotmail.com

Más que una guerra
Por RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 4 Agosto 2006

Camino del mes de hostilidades, buena parte del mundo occidental se muestra ya hastiado de la guerra que Israel libra contra el terrorismo islámico en suelo del Líbano. La ofensiva israelí, se dice, no ha logrado poner fin al lanzamiento de los cohetes de Hizbolá, pero al menos ha conseguido ya dos cosas: desplazar a la milicia islamista 20 o 30 kilómetros al norte, alejándola del suelo de Israel; y restablecer la credibilidad en la voluntad y capacidad israelí para combatir. Se concluye que ha llegado el momento del alto el fuego. Este razonamiento no puede ser más peligroso. Hay que permitir que Israel acabe con Hizbolá.

El mapa estratégico de Oriente Próximo se ha modificado radicalmente en los últimos años. Ya no hay guerras clásicas ni por sus causas ni por sus métodos. Hizbolá e Israel están luchando en estos momentos por una razón puramente ideológica: islamofascismo frente a democracia. Por el contrario, quien presiona por un alto el fuego sólo ve en esta guerra un conflicto más de los que asolan la región periódicamente. Pero... ¿y si esta guerra fuera otra cosa? Hay quien ve en ella el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, que es el 36 de nuevo, sólo que en lugar de Hitler experimentando con sus nuevas armas en España, es Irán la que estaría utilizando el Líbano como campo de experimentación. Mahmud Ahmadineyad, el visionario presidente iraní, no sólo ha alimentado a Hizbolá sino que acaba de declarar que comparte plenamente su objetivo de acabar de una vez por todas con Israel. El líder espiritual supremo, Alí Jamenei, ha dicho lo mismo en presencia de Hugo Chávez, que aprovechó el momento para hacer un llamamiento a todos los antiamericanos a luchar contra el imperio de Bush.

Para los enemigos de la libertad y la democracia la naturaleza de este conflicto está clara. Se ha chequeado la resistencia israelí para defenderse de una lluvia de cohetes -de fabricación iraní, no lo olvidemos- y, aún más importante, los límites del apoyo occidental a Israel. Es más: esta guerra le sirve a Irán para afianzar su liderazgo en el mundo islámico, algo por lo que siempre ha luchado. Tanto, que Al Qaida se ha apresurado, por boca de Al Zawahiri, su número dos, a hacer suya la lucha de Hizbolá para contrarrestar el liderazgo iraní. Esta guerra, nos guste o no, supera con mucho al Líbano, a Hizbolá y a Israel.
Por eso, acabarla anticipadamente sin una victoria clara es, en realidad, una derrota. No a corto plazo. Ni tampoco para la seguridad inmediata de Israel. Pero sí para el futuro del mundo libre. El islamofascismo sabría que no tenemos lo que hay que tener para enfrentarse a él y derrotarle.

Stalin en agosto
Por MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO ABC 4 Agosto 2006

QUIZÁS estos días de principios de agosto, cuando Castro está en la UVI y los cubanos (de dentro y de fuera) cruzan los dedos con esperanzas antagónicas, no sean el momento más oportuno para hablar de Stalin. Hace demasiado calor y, de alguna manera, asociamos el nombre del dictador soviético con el frío: con el Gulag, con la Kolymá, con las desoladas extensiones de la tundra helada en las que se pudrían los disidentes y, también, los aquiescentes que no sabían serlo al gusto del «padrecito».

La apertura de los archivos soviéticos ha permitido a los historiadores aproximarse un poco más al «enigma» de uno de los más siniestros dirigentes de un siglo pródigo en ellos. La información proporcionada por las viejas biografías, más bien militantes o especulativas -desde la de Barbusse o Trotsky a la de Deutscher- ha sido revisada, y en muchos casos refutada, por un importante conjunto de investigaciones que se han beneficiado de la desclasificación de enormes cantidades de documentación confidencial.

Los trabajos de Anne Applebaum sobre el Gulag (Gulag: una historia, Debate) y de Simon Sebag Montefiore sobre la casta dirigente soviética (La corte del zar rojo, Crítica) han proporcionado nueva luz sobre la omnipresente política represiva de Stalin. Y sobre el modo en que el propio dictador se ocupaba personal y minuciosamente de dirigir a los verdugos que ejecutaban sus órdenes: desde la selección de las víctimas concretas -o de los «cupos» o tantos por ciento de la población que debían ser ejecutados, deportados o enviados al Gulag-, hasta la redacción de las requisitorias de los «fiscales del pueblo» (el funesto Vichinsky, entre otros) en los juicios-farsa durante las grandes purgas de 1936-1938.

Es precisamente durante esos años cuando Stalin alcanza el poder absoluto. Llegaba así a su culminación el proceso de sustituciones que habían profetizado los críticos más lúcidos del régimen bolchevique: primero el Partido sustituiría a las masas, luego el Comité Central al Partido, y, por último, el Secretario General al Comité Central. Montefiore explica cómo, a partir de 1937, la máquina de exterminar del estalinismo se desata más allá de toda «racionalidad», se vuelve «absolutamente loca». Ya no se escoge a las víctimas en cuanto individuos, sino como grupos o clases sociales. Por supuesto que ésa ya había sido una práctica habitual durante las terribles hambrunas provocadas por la colectivización forzosa (el Holodomor o genocidio ukraniano), o con motivo de las deportaciones en masa y «realojamiento» de etnias enteras. Pero entonces se trataba de la «consecuencia» de una política criminal en aras de unos objetivos totalitarios. A partir de 1937 el terror se convierte en puro caos, desborda todo propósito, se escapa a cualquier control: todos son potencialmente «enemigos del pueblo», todos son presuntos culpables, todos pueden morir. Y, una vez más, se cumple el axioma de que la revolución termina devorando a sus propios hijos. Wordsworth lo expresó muy gráficamente en su reflexión sobre el Gran Terror de los años 1793-1794: «Todos perecieron, todos, amigos, enemigos, de todos los partidos, edades, rangos, cabeza tras cabeza, y nunca había bastantes cabezas para los que pedían que cayeran».

«Padre de las naciones», «genio brillante de la Humanidad», «gran arquitecto del comunismo», «jardinero de la felicidad humana». Los epítetos que Homero inventaba para sus héroes se corrompen en boca de los turiferarios del «hombre de acero». Stalin, Capitan, / a tu lado, cantando, los hombres libres van, escribía emocionado Nicolás Guillén en 1942. El mismo Stalin que Neruda, uno de los grandes poetas hispánicos del siglo XX, mimetizó en Cristo en la oda que compuso tras la muerte del «padrecito»: capitán lejano que al entrar en la muerte / dejó a todos los pueblos, como herencia / su vida. Nada menos. La paradoja es que todavía no sabemos exactamente cuántos millones la perdieron por su causa.

Escudo humano
Por ALFONSO ROJO ABC 4 Agosto 2006

La frase es de un galés genial, cuyos retratos de los sufrientes civiles vietnamitas son un documento estremecedor. Se llama Philip Jones Griffiths y solía decir: «Tu oficio consiste en registrar la historia; es imposible no sentirte implicado, pero no tiene sentido llorar, porque no se puede enfocar con lágrimas en los ojos».

Lo escuché por primera vez en Sarajevo, en junio de 1992, de un tipo llamado Steve, que antes de hacerse reportero había sido nueve años soldado profesional. Acababa de comenzar la carnicería y por la sitiada ciudad sólo deambulábamos media docena de periodistas. Fue en un profundo y húmedo búnker, donde permanecían, recluidos como ratas, los niños del colegio de subnormales a los que no habían recogido sus padres y quedaron abandonados en medio del tiroteo.

Me acordé de la frase de Griffiths este lunes, escuchando a los tertulianos en las emisoras de radio y leyendo columnas sobre la masacre de Qana.

Nadie con dos dedos de frente y una pizca de corazón, puede ser insensible a la tragedia de esos 54 inocentes -27 de ellos críos- muertos por un bombardeo israelí. No hay nada más estremecedor que la muerte de un niño. No imagino un dolor más grande que la pérdida de uno de mis hijos. Es algo que violenta la naturaleza, porque lo lógico, lo normal, es que fallezcamos antes que ellos.

Las cadáveres infantiles de Qana nos han dejado a todos un nudo en la garganta. Lo que no deben hacer, es colocarnos un velo ante los ojos. Si eres periodista y tienes que contar las cosas, o político y debes valorarlas para buscar soluciones, no puedes permitir que las lágrimas empañen tu capacidad de análisis. Sobre Qana hay crónicas emocionantes. Se ha escrito que muchas mujeres abrazaron a sus hijos para protegerles. Que se apretaron contra los muros y que todo, hasta su llanto, resultó irrisorio cuando las bombas guiadas por láser impactaron contra el muro.

Lo que no he leído es que Hizbolá utilizaba el inmueble para esconder rampas lanzacohetes. ¿Han visto ustedes los videos? ¿Han echado un vistazo a las filmaciones que día tras otro registran los drones israelíes?

Algunas de las imágenes, que circulan por Internet y que no salen en los telediarios, corresponden a la ciudad de Qana. Son grisáceas, filmadas con infrarrojos desde esos aviones guiados por control remoto y muestran como los terroristas de Hizbolá esconden sus camiones lanzadera en hospitales, escuelas y casas. Como disparan desde los mismos lugares donde se refugian sus civiles.

Lo ocurrido en Qana es espantoso, pero estoy seguro de que Israel no hubiera atacado el edificio si hubiera sabido que en el sótano, se apiñaban decenas de desventurados. Los terroristas lo sabían y los usaban como escudos humanos.

Cuba
Tras Castro no habrá castrismo
GEES Libertad Digital 4 Agosto 2006

Nuestro infatigable ministro de Exabruptos Exteriores, "Curro" Moratinos, se apresura a decir, tras conocer de la enfermedad de Fidel Castro, "que le desea una pronta recuperación, comandante". No cabía esperar más de él, ni tampoco de nuestro hombre en La Habana, el ex miembro del PCE y embajador Carlos Alonso Zaldívar. Pero no es el momento de desearle una pronta recuperación a quien mantiene vivo lo peor del comunismo bajo la forma de una brutal dictadura personal que ya dura 47 años. Si uno fuera un demócrata de verdad, de los de toda la vida, lo que le saldría como deseo es que se marche ya del poder, vivo o muerto. No otra cosa.

Puede que al actual gobierno radical español le guste el castrismo sin Castro y quiera empezar a llevarse bien con los nuevos poderosos en los que ha delegado, empezando por el viejo hermanísimo, el asesino de masas, Raúl Castro. Y puede que muchos piensen que habrá castrismo sin Castro. Pero si algo nos enseña la historia de las transiciones políticas, de Franco a la URSS, es que es muy difícil que el régimen suceda al dictador muerto. Salvo que se le ayude desde el exterior.

Por tanto, es ahora cuando se debe hacer saber a los Raúles, Pérez Roque, Alarcones y Lages, que para que Cuba disfrute de unas relaciones normalizadas con las democracias occidentales, es el régimen de Castro y no sólo Fidel lo que tiene que desaparecer.

Es más, si la historia ha de servirnos de guía, habría que concluir que este es el momento de apretar más al régimen de La Habana a la vez que lanzar una fuerte ofensiva de apoyo a la sociedad civil, a los disidentes y a las ONG que puedan escapar al severo control del régimen. Es la hora de hablar con los cubanos del interior, de tratar de identificar a los nuevos líderes y de ayudar a todos aquellos que desde fuera de la Isla quieren un futuro mejor y en libertad para todos los cubanos.

Es casi imposible señalar quienes van ser determinantes en los momentos del post-castrismo. Nadie se esperaba a Gorbachov en la URSS de mediados de los 80 como nadie se esperó a Suárez en la España de mediados de los 70. Seguramente será gente de dentro, que se aleje rápidamente del actual régimen y que no esté manchada de sangre, quienes sean capaces de poner en marcha un proceso de reconciliación nacional. Lo que es seguro es que no serán los designados por Castro, que pronto entrarán en una lucha sin cuartel por el poder.

En todo caso, la responsabilidad que los españoles tenemos para con Cuba y su futuro no pasa por telegramas de condolencias para el comandante. Pasa por una firme declaración a favor de la liberación de Cuba, por una Cuba verdaderamente libre. Claro, que para eso hay que ser demócrata y creer en la libertad. Cosas más que dudosas en el gobierno socialista español.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Hilaire Belloc y la cuarta cruzada
Lorenzo Contreras  Estrella Digital 4 Agosto 2006

De vez en cuando el mundo editorial rescata del olvido obras que actualizan pensamientos relacionados con dramáticos momentos de la actualidad. Es lo que acaba de hacer la colección “Homo legens”, con el libro “Las Cruzadas”, de Hilaire Belloc, escritor católico contemporáneo de Chesterton y diputado conservador en las elecciones británicas de 1906, es decir, hace justamente un siglo. Belloc examinó, antes que muchos otros pensadores, las relaciones del mundo cristiano occidental con el Islam. Para ello se adentró en el análisis de lo que significó el rescate del Santo Sepulcro, origen de la primera cruzada a finales del siglo XI. Fue una empresa inicialmente victoriosa que acabó un siglo después en pérdida de todo lo conseguido. Según Belloc el factor fundamental del fracaso estribó en no haber controlado Siria, que precisamente hoy, cuando recibe la visita de Moratinos, ministro español de Asuntos Exteriores, se configura como pieza fundamental de ese diabólico ajedrez geopolítico que es el Oriente Medio.

Hilaire Belloc, que destilaba sus reflexiones en 1937, pensaba que si el eslabón sirio hubiese sido definitivamente cortado mediante el dominio cristiano —léase occidental—, todo el Islam, dividido en dos partes, se habría desangrado por tal herido. La faja siria, como eslabón territorial, unía el oriente con el occidente musulmán, y proporcionaba a Mesopotamia, Persia y otras lejanías islámicas el acceso a la riqueza de El Cairo, de Túnez, de toda la Berbería y de la semiconquistada España.

Esta reconstrucción histórica viene al caso cuando la crisis arde en Oriente Medio y en España Zapatero ha puesto de moda, con alguna ayuda turca, la utopía de la alianza de civilizaciones. Los islámicos fanatizados llaman hoy cruzada a la que ellos pretenden emprender con su “yihad”. Sería una cruzada al revés: la cuarta cruzada. Occidente ganó la primera y perdió las dos siguientes. ¿Qué ocurrirá con la Cuarta?

Belloc alertaba en 1937 sobre el error de creer que el Asia islámica ha caído por fin bajo el dominio de Europa; que el islamismo ha quedado, o había quedado entonces, esclavizado o sujeto a “nuestro poderío político y económico”. Estimaba el escritor británico, ya entonces —qué diría hoy—, que el islamismo subsiste en lo esencial. A su juicio, no habría sobrevivido si la Cruzada —la primera, la grande— hubiera conservado en su poder “ese punto esencial que es Damasco”.

La conclusión era ya, pues en 1937 sombría según los términos en que Belloc la expresaba. Obsérvese la semejanza con los datos de la actualidad: “El islamismo subsiste. Su religión está intacta y, por lo tanto, su fuerza material puede volver a manifestarse. Nuestra religión —podría haber dicho civilización— esta en peligro de ser disuelta”. Y el autor se preguntaba: “¿Quién puede confiar en la continua destreza, y mucho menos en la continua obediencia, de los que hacen y manejan nuestras máquinas?”

Los atroces bombardeos de Líbano y Gaza refrescan, en medio de sus incendios, algunas de estas ideas. Son llamaradas que iluminan siniestramente las predicciones de Hilaire Belloc. No hace falta sumergirse con Huntington en el “Choque de civilizaciones”. Las torres gemelas, potenciadas en su horror por los errores de Bush, siguen cayendo ante nuestros ojos. Al Qaeda ha incluido a Al Andalus —España— en las reivindicaciones imperialistas de los hijos de Alá. Lo ha advertido Al Zawahiri, lugarteniente de Bin Laden, en un video difundido por Al Yazira. El libro “Las Cruzadas”, de Belloc, termina en el mes de enero de 1937; antes quizá de que aparezcan impresas, la situación en el Cercano Oriente, que se desarrolla con rapidez, haya acusado algún cambio notable. Tal vez ese cambio se postergue, pero habrá cambio, grande y continuo. Y no parece probable que, al final de semejante cambio —…— el islamismo sea el perdedor”

Le suena esto al lector?

Es la guerra

Sancho Michell de Diego  Periodista Digital 4 Agosto 2006

Hay quien, como el actual gobierno español, ve a los terroristas islámicos como simples criminales cuyas acciones se explican y se agotan por sí mismas. Están muy equivocados.

Ha pasado desapercibido, pero el pasado 28 de julio, un tal Naveed Afzal Haq, un ciudadano norteamericano de origen pakistaní asesinó a una mujer e hirió a cinco personas más en un tiroteo. El asesino era musulmán y los tiroteados miembros de la Federación Judía del Gran Seattle, en el estado de Washington. ¿Un acto más de locura? Dudoso. Haq había seleccionado cuidadosamente su objetivo y los motivos que ha confesado a la policía americana no dejan lugar a dudas: quería matar a judíos por lo que Israel estaba haciendo en el Líbano.

Al igual que los suicidas de Londres del 7/7, Haq había desaparecido semanas antes de su casa para ir a Pakistán (a donde finalmente parece que no llegó) y había experimentado un proceso de radicalización extrema en muy poco tiempo. ¿Qué sentido tiene un acto individual? Aunque parezca mentira, algo más que una mera mente asesina. Este atentado se produce a la vez que la última arenga del lugarteniente de Bin Laden, Ayman Al Zawahiri, en la que se pronunciaba contra la guerra del Líbano y donde prometía una respuesta global. Las palabras de Al Zawahiri no deben llamarnos a sorpresa alguna, al fin y al cabo.

¡Cuidado Zapatero porque el tiempo no lo cura todo!
Francisco Rubiales  Periodista Digital 4 Agosto 2006

Zapatero es de los que creen que el tiempo lo cura todo y que, cuando se comete un error, basta dejarlo reposar en silencio para que el tiempo lo cure, la sociedad lo olvide y los ciudadanos no lo tengan en cuenta a la hora de votar. Casi siempre, suele ocurrir lo que Zapatero cree, pero, por fortuna para la civilización, no siempre, lo que representa un hermoso éxito de la justicia.

Zapatero y Rubalcaba han ordenado silencio absoluto en torno a dos errores monumentales del actual gobierno que cuestionan su fe democrática y su ética. El primer silencio afecta al vergonzoso chivatazo de la policía, cuando advirtió a los terroristas etarras de que estaban siendo vigilados. La segunda "ley del silencio" afecta a las vacaciones del presidente, tanto a su indecente viaje de compras a Londres como al boato que acompaña su estancia en las islas Canarias y al hecho de que ZP es el único jefe de un gobierno democrático europeo que se hace pagar las vacaciones por el Estado.

Recuardo una comida en Jockey, en 1986, en plena vigencia del "escándalo" de Juan Guerra, con algunos gurús de la comunicación española, entre los que se encontraba Julio Feo, quien contó en esa almuerzo la fe ciega de Felipe Gonzalez en la capacidad del tiempo para curar las heridas y los errores. Julio Feo explicó que no siempre es así y que hay asuntos, como el de Juan Guerra, que crecien y se enconan con el tiempo, en vez de curarse y diluirse en el olvido. La historia demuestra que Julio Feo tenía razón porque aquel escándalo creció y le costó el puesto a Alfonso Guerra, poderoso vicepresidente de Felipe González.

Personalmente creo que tanto el chivatazo a los asesinos de ETA desde la policía controlada por el PSOE como las lujosas e inadecuadas vacaciones pagadas con dinero público de Zapatero son asuntos que terminarán olvidándose, pero no sin antes dejar un rastro de suciedad antidemocrático que tendrá efectos en las urnas y en el alma de sus autores, los cuales, con esos comportamientos, siempre terminan envileciéndose.    Voto en Blanco

El diálogo y los catalanes
Vicente Torres  Periodista Digital 4 Agosto 2006

Siguen con atención en Cataluña el diálogo del gobierno con ETA. Creo que en Cataluña las cosas relacionadas con ETA no se ven igual que en el resto de España y quizá es así porque las enmarcan en la cuestión autonómica o nacionalista. En realidad, los asuntos etarras sólo se pueden enmarcar dentro del negocio criminal. Resulta curioso comprobar la fuerza que ha tomado el nacionalismo en Cataluña. Hablan de la España eterna. Pero España no puede ser eterna porque tuvo un principio, igual que Cataluña. Y lo que tiene un principio tiene un final. Lo que ocurre es que los nacionalistas catalanes necesitan a España. Si Cataluña se independizara, los partidos nacionalistas catalanes tendrían que disolverse. Nacerían los nacionalistas de Tarragona, de Lérida, etc. En el caso de que un rapto de cordura se formara la Unión Europea y desaparecieran los estados, los desafíos que tendrían ante sí los nacionalistas catalanes serían tan grandes que ni se los plantearían.

Convendría pues separar el nauseabundo diálogo con los asesinos de las cuestiones puramente nacionalistas, por mucho que a Arzalluz, ese prodigio de insensibilidad, irresponsabilidad e insolidaridad le moleste.

Por otra parte, he echado de menos en el artículo alguna alusión a los obispos que, más que pedir, exigen que se trate con los etarras.

El mundo, hoy en día, demanda que la precocupación se centre en la humanidad. Hay una gran corriente inmigratoria en todo el mundo. Hay problemas gravísimos en Oriente Medio y en muchos otros sitios. Gastar nuestras fuerzas en localismos, en lugar de tratar de perfeccionar nuestros modos de vida y exportarlos o ayudar a otros a que accedan a ellos, es sumamente irresponsable.

La islamización de la enseñanza
Cartas al Director ABC 4 Agosto 2006

Publicaba recientemente este diario la intención de Arabia Saudí de adquirir colegios privados en España para reconvertirlos en centros islámicos que eduquen bajo la influencia del Corán y la sharia. Nuestra Constitución restringe la libertad de enseñanza al respeto a los valores constitucionales. No sólo el Corán y la sharia contravienen abiertamente casi todos los derechos humanos, sino que -en consecuencia- lo hace también Arabia Saudí. Su Casa Real está acusada de financiar el terrorismo islámico, y su Ministerio de la Religión promueve mezquitas que reclutan jóvenes para la guerra santa. Es un hecho que, como denuncia Oriana Fallaci, Eurabia tiene un peso fundamental en los entramados islamistas, tal y como vimos con la desarticulación de células de Al Qaida en Europa tras los atentados del 11-S. No habría que olvidar tampoco que los autores de los atentados del 7-J en Londres se educaron en aquel país.

Por tanto, resulta vital garantizar que quienes llegan aquí, se integren en nuestra cultura de libertades, derechos y respeto hacia los demás. Como miembro del Consejo Escolar del Estado, pido a los propietarios de los centros privados españoles que no cedan sus colegios a países islámicos. Igualmente, pido a padres y alumnos de centros en peligro de ser islamizados que ejerzan toda la presión que les resulte posible. Pido a la Administración que, si un país islámico se hace con colegios españoles, establezca sobre ellos controles que garanticen que no se vulneran en ellos principios constitucionales.
Álvaro Vermoet Hidalgo. Madrid

El Gobierno tendrá que renunciar a algunos de sus recursos ante el TC contra la invasión competencial
La financiación catalana derivará en una subida de impuestos en el resto del Estado, según el PP
C. Morodo  La Razón 4 Agosto 2006

Madrid- Cada día se conocen nuevas consecuencias de la entrada en vigor del Estatuto de Cataluña. Además de la reforma de una treintena de leyes generales del Estado, el Gobierno, según los cálculos que hace el PP, tendrá asimismo que rectificar y dar marcha atrás en algunos de los recursos que ha presentado ante el Tribunal Constitucional por invasión de competencias del Estado por parte de las comunidades autónomas. Pierden su sentido en la medida que la materia recurrida es, sin embargo, objeto de traspaso a la Generalitat de Cataluña en virtud del Estatut.

El Ejecutivo tendrá que renunciar a una parte de sus litigios en defensa de sus poderes, pero esto no quiere decir que vaya a disminuir la conflictividad, sino que, al contrario, es más que previsible que aumente la existente entre las propias comunidades autónomas, que se enfrentarán entre sí al ver cómo la Generalitat se arroga poderes que el resto no tiene.
La creciente pelea por el agua, en función de los blindajes de cuencas hidrográficas que se incluyen en los nuevos estatutos, es paradigma de lo que está por venir en un modelo cada vez más «asimétrico» y en el que los favores del Gobierno dependen en buena medida -según denuncian los «populares»- de la «adscripción política» de las comunidades autónomas.

Más impuestos. La secretaria ejecutiva de Política Autonómica del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, y el responsable de Economía y Empleo, Álvaro Nadal, mantuvieron ayer un encuentro informal con la prensa para detallar los efectos en el conjunto del modelo autonómico de la financiación que plantea el Estatuto de Cataluña, y que implica la modificación del sistema reformado en el año 2001 con el consenso de todas las autonomías.

Según el análisis del principal partido de la oposición, el Estado podría verse obligado a tener que subir los impuestos a todos los españoles para hacer frente a las necesidades impuestas por la Generalitat. Incrementar los recursos de una determinada comunidad sólo es posible reduciendo la financiación estatal, la de las otras comunidades o subiendo la presión impositiva.

El actual sistema se basa, por cierto, en un equilibrio entre incentivar el dinamismo y mantener la solidaridad -Cataluña se ha beneficiado con un incremento del 54 por ciento de su financiación desde 1999-. Con el Estatut, como se recordó ayer desde el PP, se pretende poner límites a la solidaridad y alcanzar la financiación de las comunidades forales.

«El Estatuto de Cataluña se ha extralimitado y generará la desestabilización del sistema», insistió ayer Sáenz de Santamaría, quien advirtió de que en virtud de esta reforma el Estado cede competencias que, al mismo tiempo, son motivo de conflicto con otras comunidades autónomas ante el Constitucional.

Nadal, por su parte, precisó que Cataluña sólo podrá obtener más recursos si sube los impuestos, cercena las competencias del Estado en el territorio o las del resto de comunidades, informa Ep.

Deconstruyendo la negociación
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ /PTE. DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo 4 Agosto 2006

Aquí, la única que se ha situado en un escalón previo a la derrota es ETA. De momento no se ha disuelto pero ha dicho, con claridad, que se detiene. Quien haya construido su percepción de esta realidad con códigos bélicos, puede tranquilamente afirmar que ETA ha manifestado su deseo de capitular. También pueden llamarlo deseo de rendirse, si quieren. Por supuesto, como en algunos procesos de rendición, puede hablarse de rendición incondicional o de rendición con condiciones.

En el fin del terrorismo en Euskadi, parece que ETA está poniendo condiciones. Es lo que parece, aunque en esto de la construcción de la realidad, un plano es el de las apariencias, otro el de los códigos que se utilizan en los mensajes dirigidos a crear esas apariencias y otro bien distinto aquél conformado por lo que se mantiene al abrigo de esas apariencias. Las condiciones que ETA transmite a la sociedad o a la izquierda abertzale, a través de sus comunicados o de sus canales abiertos a la opinión pública, no necesariamente coinciden con la realidad construida por 'Josu Ternera' en su interior más íntimo, allá donde conoce perfectamente los límites de su negociación. Y en esos límites, 'Ternera' reconoce con claridad que al Gobierno de Zapatero no le va a sacar más que concesiones para los presos, eternamente dolorosas para las víctimas, eso sí; con toda probabilidad alguna ventaja política para el posicionamiento de una renovada Batasuna en la escena vasca; y, casi con certeza, vagas promesas sobre maquillajes y remozamiento estatutario.

Si Rajoy fuera presidente del Gobierno, en las mismas condiciones en las que hoy está Zapatero, elegiría la misma alternativa estratégica que Zapatero, es decir, dialogar con ETA (en lenguaje eufemístico) o negociar con ETA (en el lenguaje del sentido común). Lo que ocurre es que Rajoy nunca estaría en la misma situación que Zapatero, no en lo relativo a sus posibilidades para ser presidente del Gobierno, sino en lo referente a que ETA nunca habría adoptado una decisión de pre-disolución con un gobierno de derechas.

Ante un gobierno de derechas, ETA se habría tenido que rendir, literalmente. Con toda probabilidad, habría sido derrotada. La acción policial y legal la habrían asfixiado. Eso sí, tardaríamos alrededor de quince años, más o menos, contando con que el Gobierno de Aznar se hubiera prolongado por veintitrés años. Aunque Felipe González cuenta otra cosa, los contactos aznariles con ETA dejan constancia de que el planteamiento del Gobierno de España iba en el sentido de que ETA abandonara el terrorismo y, tal vez, se acercarían algunos presos a Euskadi. La cosa no cuajó porque para ETA era imposible maquillar ese escenario.

Ante un Gobierno socialista, ETA se rendirá, o sea, que se está rindiendo. La diferencia con un hipotético escenario de derechas es que no lo parecerá, no va a parecer que se está rindiendo, que se está entregando. Tanto no lo parece, que buena parte de la opinión pública en este momento está convencida, azuzada por determinados creadores de pensamiento colectivo, de que van a existir concesiones políticas a la izquierda abertzale, de que ETA saldrá ganando y el Estado acabará claudicando. Claro que habrá concesiones y claro que serán políticas, pero ninguna relacionada con las reivindicaciones terroristas de ETA, ni autodeterminación ni por supuesto esa enajenación de la territorialidad.

Lo más importante ahora para los directores de la operación de disolución en ETA ('Ternera') no es conseguir sus reivindicaciones históricas, que con certeza saben que no lograrán, sino desactivarse con el menor desgaste en términos de identidad grupal. Habría sido muy difícil para ETA comunicar a sus comandos de asesinos y a la izquierda abertzale en general que habían pactado un acuerdo de disolución con Aznar. No se lo creerían, aunque fuera cierto. Es así de sencillo. Ahora bien, la credibilidad de Zapatero en esa operación es distinta. Observándole, los de ETA pueden creer perfectamente que obtendrán dividendos (como digo, una parte de la sociedad española así lo cree ya) y, desde luego, la izquierda abertzale se sentirá más cómoda acomodándose a una legalidad accionada por un tránsito desde la izquierda.

El escenario que se avecina es de negociación. A mí no me gusta demasiado, pero mis gustos personales todavía me dejan ver la realidad. Y la realidad es que todo lo relacionado con el proceso es político porque por medios políticos se va a solventar. El proceso tiene que ver con lo que cede ETA, que es el fin del terrorismo, y con lo que cede el Gobierno. Zapatero cederá condiciones penitenciarias. Zapatero cederá un camino para que Batasuna se reinserte. El PSE quizás ceda un apoyo para futuribles de izquierdas coaligadas en la Euskadi del mañana. Ésa será la negociación y cada cual la presentará a la comunicación pública según sus intereses y el modo en que pretendan que el auditorio construya la realidad que quieren vender.

El punto más difícil de la negociación no será la reinserción de Batasuna, que seguro ya tendrá fórmula de renuncia expresa a la violencia, sino los presos. Ya veremos cómo diseñan las soluciones los ingenieros políticos de La Moncloa, de manera que ofrezcan salidas personalizadas a los terroristas de ETA que satisfagan a muchos de los 'históricos' sin que incluyan poner a 'Txapote' en la calle. Por la incorporación de la autodeterminación en el paquete negociador no hay que preocuparse. La autodeterminación es algo que ya tendremos con los estatutos de autonomía de dentro de quince o veinte años.

Batasuna arroja dudas al «proceso» y avisa que ETA no desaparecerá sin el «derecho a decidir»
EFE ABC 4 Agosto 2006

Ayer Batasuna quiso echar un jarro de agua fría a un «proceso de paz» que, según las recientes palabras del presidente del Gobierno, «está cumpliendo sus plazos y es irreversible». El portavoz de la coalición ilegalizada Pernando Barrena, en declaraciones a «Euskadi Irratia», lanzó una batería de exigencias que vuelven a poner en solfa las convicciones del Ejecutivo. Según Batasuna, el proceso no es irreversible; ETA sigue presente y no acabará la «violencia política» sin el «derecho a decidir», y sólo la derogación de la Ley de Partidos, nunca su renuncia expresa a la violencia, puede llevar a su relegalización. Toda una andanada que rompe el silencio reclamado por Zapatero para sentarse a hablar con ETA, probablemente este mismo mes, y que llevó ayer al PSE a hablar de «pasos atrás» y a la vicepresidenta De la Vega a exigir «menos declaraciones y más trabajo por la paz».

No es la primera vez que Batasuna y ETA recurren a la amenaza cuando todo parece encarrilado. Ayer, Barrena, en un toque de atención frente a autocomplacencias, exigió a Zapatero que no se den falsas imágenes de que «no hay vuelta atrás» y descartó que vaya a desaparecer la violencia «si no termina el déficit democrático y se garantizan todos los derechos del pueblo vasco». Además, precisó que al referirse a la violencia «habla de ETA, pero no sólo de ETA», ya que «este pueblo tiene muy interiorizado que no se le respeta un derecho que tiene, que es el derecho a decidir, y creo que de ahí se deducen todos los problemas».

Los «derechos» según Batasuna
Por si no habían quedado claras sus advertencias, el cabecilla de la izquierda abertzale llegó a decir que la solución al «déficit democrático» es necesaria para «abandonar definitivamente la tendencia o la opción a utilizar la violencia política. Creo que sólo eso asegura que aquí nadie, ni ahora ni en el futuro, tomará ningún arma para defender los derechos».

Saliendo al paso de las continuas invitaciones del PSOE y del Gobierno a que se desmarque del terrorismo y vuelva a la vida política con unas nuevas siglas, Barrena presionó con la exigencia de que se derogue la Ley de Partidos y lanzó un reto: «El Gobierno español ha dicho que no va a cambiarla, pero en el pasado también ha dicho muchas cosas y luego ha hecho lo contrario inmediatamente». Esta vuelta de tuerca fue respondida en Bolivia por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, con una declaración corta pero no exenta de contrariedad: «El Gobierno no comenta las manifestaciones de una organización ilegalizada; no es el momento de declaraciones, sino de trabajar por la paz», informa Pablo Mingote.

Pese a valorar la declaración de Zapatero en la que anunció la apertura de conversaciones con ETA, Barrena señaló que desde que la banda declaró el alto el fuego «no se perciben demasiado los avances prácticos» en el proceso. «La actitud del Gobierno español no ha cambiado nada. Continúan los macrosumarios, las operaciones policiales, medidas como la ilegalización o la dispersión de los presos, y creo que ésa no es, ni mucho menos, la receta para poder sacar adelante este proceso». No obstante, en una clara intención de dar algo de cal, dijo que «todas las desconfianzas que podamos tener no pueden quitarle importancia a esa declaración, porque es la primera vez que un presidente español dice algo así, y su valor está ahí y es innegable».

«Fraude de ley»
Barrena también recordó al Gobierno que no habrá «una solución verdadera y segura» hasta que no derogue la ley de Partidos y que es «curioso» que el PSOE pida a Batasuna un cambio de siglas para poder ser una formación legal, «cuando todo el mundo ve que eso es como un fraude de ley o entrar por la puerta de atrás de la ley. El Gobierno español ha dicho que no va a cambiarla, pero no es palabra de Dios y esperamos que no lo sea, sobre todo porque nosotros no vemos otra solución de garantía», indicó. Por ello, dijo que «para que avance el proceso todas las opciones políticas tenemos que tener las mismas oportunidades o participar en elecciones. Lo que estamos diciendo es que fuera de la derogación de la ley no hay opciones. El PSOE tiene el control y, por lo tanto, puede realizar y hacer posible ese necesario cambio de ley», advirtió.

En su opinión, que los socialistas no quieran derogar esa norma no tiene más razón que «sus cálculos electorales», y consideró que, aunque «el PSOE lo va a hacer, lo está retrasando sin fecha por miedos escénicos. Porque le interesa un retraso de la mesa de partidos y está realizando una utilización de la ilegalización para retrasarla». Aseguró que la izquierda abertzale no va a aceptar ni apoyar una mesa de partidos «que se base en la exclusión de una parte de los vascos».
Desde el PSOE la respuesta a Batasuna la dio su portavoz en el Congreso, Diego López Garrido, para reiterar que la ley de Partidos no va a ser derogada y que si quieren volver a la legalidad, «ya saben lo que tienen que hacer». «Para participar en la democracia hay que atacar la ley. Esto es lo que le dijo el PSE cuando se reunió con ellos y ésa va a ser siempre la posición. No tiene sentido alimentar más polémicas. La posición del presidente está muy clara, se lo dijo hace unas semanas, la del Parlamento también y además. se lo transmitió el PSE».

EL MUNDO DESVELA EL ENCUENTRO DE HACE UNA SEMANA
Los Tedax piden la dimisión de Sánchez Manzano en una tensa reunión con Telesforo Rubio
Las maniobras del máximo responsable de los Tedax en la investigación del 11-M le han colocado en una difícil situación. Hasta ahora, Interior había acudido en su ayuda al respaldar la tesis de los supuestos errores. El pasado viernes, según desvela El Mundo, quedó en evidencia que no tiene el respaldo de sus subordinados. En una reunión con Telesforo Rubio, comisario general de Información, los especialistas en desactivación pidieron la dimisión o el cese de Sánchez Manzano. El interesado, allí presente, tuvo que escuchar las críticas que le dedicaron los sindicatos.
Libertad Digital 4 Agosto 2006

La información que firma Fernando Lázaro en El Mundo detalla que la reunión en la Comisaría General de Información, en el edificio madrileño de Canillas, comenzó cerca de las 18:30 horas del pasado viernes. Fueron tres horas en las que "no se levantó nadie": "Fue tensa, muy tensa".

El encuentro llegaba después de que Sánchez Manzano fuera citado a declarar por el juez Del Olmo sobre las contradicciones en torno al explosivo del 11-M. El jefe de los Tedax había mantenido en la comisión de investigación que entre los restos de los trenes se encontró nitroglicerina, un componente que no forma parte de la Goma 2 Eco, la dinamita que, según la versión oficial, utilizaron los terroristas de la masacre de Madrid. Ante el juez, Sánchez Manzano alegó que se había equivocado al citar la nitroglicerina y que, en realidad, lo que quería decir era que se había detectado dinamita. Esta misma tesis es la que mantiene el Ministerio del Interior.

Tras esa comparecencia en la Audiencia Nacional se produce la reunión que desvela ahora el diario que dirige Pedro J. Ramírez. Estuvieron presentes los representantes sindicales de los tedax, el comisario general de Información, Telesforo Rubio, y propio Sánchez Manzano, el comisario José Enrique Díaz, secretario general de la comisaría y tres asesores. Allí, los sindicatos "exigieron la destitución inmediata de su máximo responsable", "descalificaron la labor profesional del comisario de los tedax. Y todos criticaron con dureza sus declaraciones ante la comisión parlamentaria que investigó los atentados del 11-M".

Detalla la información que "en una situación de extraordinaria violencia, algunos de los asistentes le exigieron que asegurara si tenía hecho el curso de especialista de los tedax, a lo que Sánchez Manzano, cabizbajo, reconoció que no lo había hecho".

El diario, que cita fuentes cercanas a los asistentes, cuenta que "la tensión llegó a tal nivel cuando se lanzaron descalificaciones contra Manzano por su actuación tras el 11-M que el propio Rubio tuvo que intervenir y apartar ese asunto para el final de la reunión". Posteriormente ya no se volvió a abordar.

Concluye El Mundo que "en ningún momento de la larga reunión acudió en auxilio de Sánchez Manzano su superior, el comisario de Información, ni ninguno de los asesores técnicos de los tedax que también estuvieron en el encuentro".
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