AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 13 Agosto  2006

Jugar con la calumnia
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 13 Agosto 2006

... En Cataluña, en el País Vasco y ahora también en Galicia, sus respectivos nacionalismos buscan, de forma sistemática, un chivo expiatorio que sugiera de forma constante que lo ajeno a un entendimiento de lo propio es una realidad amenazante y culpable de sus males...

PARECE evidente que la izquierda gobernante en Madrid y el bipartito socialnacionalista en Santiago de Compostela se han percatado de que la ola de desastrosos incendios que destroza Galicia precisa de manera urgente de una buena fórmula de «agitprop» que absuelva a Touriño y a Quintana -y por derivación al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero- de su responsabilidad en una gestión torpe y tardía de la tragedia. Para ello, nada mejor que convocar de nuevo a los propulsores del «Nunca mais» contra el Partido Popular a propósito del «Prestige» para que, ahora, debidamente reconvertidos los argumentos, los fuegos voraces que han devastado Galicia corran de cargo -directo o indirecto- de los tres lustros de gobierno de los conservadores en aquella región.

En un infame artículo publicado en el diario «El País» bajo el título de «Jugar con fuego», Suso de Toro, uno de los intelectuales orgánicos de la actual situación política, se permite manosear la calumnia en unos términos políticamente inaceptables. Según el autor que inspira -dicen- algunas de las tesis del presidente del Gobierno, «la trama que actúa como guerrilla insurgente aquí y allí castiga a una sociedad que hace justo un verano ha tomado una decisión seria, jubilar dieciséis años de administración de la derecha».

El articulista -que lanza una acusación ayuna de cualquier cautela pero henchida de sectarismo e impotencia- se permite, igualmente, suponer que los incendios forestales en Galicia constituyen «un pulso a la sociedad en toda regla». Y no contento con la calentura de una tesis conspirativa impropia de sostenerse en un soporte riguroso, Suso de Toro advierte de que la actual administración -no se sabe si la central o la autonómica o ambas- cometió un «error de apreciación, pensó que se hallaba ante la campaña de incendios anual y crónica cuando enfrentaban una campaña bien urdida». Este personaje -y no hago deducciones que no sean literales- está acusando a tramas proclives al Partido Popular de provocar los incendios en Galicia. De ahí a culpar al partido de Rajoy del infierno gallego de estas jornadas, media un paso. Se percibía ya la tentación de incurrir en la acusación abierta. El autor que nos ocupa, ha caído en ella rindiendo, de nuevo, un servicio al guerracivilismo, últimamente un género periodístico (¿) francamente concurrido. Está jugando, y él lo sabe, -no con el fuego, como titula su proclama- sino con una pura y dura calumnia.

El autor -y no es el único- actúa inquisitorialmente, instalado en un maniqueísmo ideológico repugnante, pero al hacerlo se descubre porque desvela la naturaleza de los temores de la izquierda y del nacionalismo gallegos a propósito de la ola incendiaria. Si el «Prestige» -lo dice el propio Suso de Toro- propició el cambio político «quizá alguien quiera repetir la pauta pero en sentido contrario», sostiene. Es decir, traduciendo al libelista gallego en palabras llanas: que si la catástrofe del petrolero permitió orquestar una brutal campaña política, mediática, intelectual y social contra el Partido Popular, debe impedirse a toda costa que la indignación de la población gallega se vuelva contra los beneficiarios políticos de aquella marea negra no sea que ahora el socialismo y el nacionalismo en Galicia resulten imputados de incuria gestora que, por otra parte, han demostrado con creces sin que lo remedien ya los argumentos engolados del articulista de marras.

Ni Suso de Toro, ni otros, tan activos cuando el chapapote ennegrecía las costas gallegas, transidos entonces de una extraordinaria sensibilidad ecologista, demuestran ahora la ecuanimidad y solvencia que tantos y tantos les atribuyeron. Por el contrario: se están retratando en un sectarismo extremo, temerariamente imprudente, abiertamente calumniador -siempre, eso sí, amparado en una impecable dialéctica de carácter ideológico y nacionalista que recubre el argumento con una pretendida respetabilidad-, que la derecha en la persona de Mariano Rajoy ha respondido con una probidad moral que reconforta en lo ético aunque en lo estrictamente político testimonie que la pelea por el poder quizás requiera de más estrategia, de mejor táctica y de mayor intencionalidad. La ministra Narbona -en su aparente inocuidad- se ha querido librar de la quema -y en parte lo ha conseguido-lanzando la especie de los pirómanos «despechados». Visto está que otros han seguido el hilo de su argumento lenitivo.

Es casi seguro que en los incendios de Galicia hayan intervenido auténticos criminales, pero formular acusaciones en los términos en los que se viene haciendo -llegando al paroxismo calumniador de Suso de Toro- constituye una ruindad política intolerable. La asunción de las responsabilidades en la gestión de los intereses públicos es el principio esencial de todo buen gobierno y las fórmulas tramposas para la elusión de esas responsabilidades son las que distinguen a un Ejecutivo filibustero y oportunista de otro serio y consciente de sus obligaciones.

El nacionalismo en general -y los periféricos españoles en particular- están en la operación histórica sostenida de desprenderse de cualquier responsabilidad política o social por más que desde que se proclamase en España la democracia hayan dispuesto, no sólo de amplios mandatos de Gobierno en sus comunidades respectivas, sino también de decisivo protagonismo en las políticas de Estado. La denominada «memoria histórica» -sólo deseada como herramienta ofensiva por la izquierda extrema y los nacionalismos vasco, catalán y gallego, aunque granjeada por el Gobierno y el PSOE- es, en este contexto, la percha de la que colgar el victimismo y la irresponsabilidad. La «memoria histórica» no se traduce sólo en actos simbólicos y efectivos de reparación por supuestas o ciertas injurias perpetradas en el pasado. Remite también a una épica ruralista según la cual los auténticos gallegos, vascos y catalanes padecen determinados problemas y registran no pocas carencias por el aplastamiento nacional de España, entendida ésta como un ectoplasma que se hace corpóreo ahora en el Partido Popular, antes en el socialista -¿no recuerdan en el PSOE los años de la LOAPA y el abandono de Pujol que desvencijó a Felipe González en 1996?- y, más adelante, si preciso fuere, en la Corona o, como con injusticia inveterada se reitera, en la vieja y noble tierra castellana.

De ahí que en Cataluña, en el País Vasco y ahora también en Galicia, sus respectivos nacionalismos busquen siempre, de forma sistemática, un chivo expiatorio que sugiera de forma constante que lo ajeno a un entendimiento endogámico y hermético de lo propio es una realidad en todo caso amenazante y culpable de sus males. Esta es la tesis imperturbable que emerge entre las llamaradas de la Galicia casi calcinada. Como poco antes surgió de la Cataluña irredenta y, antes aún, del magmático nacionalismo vasco que ha hecho de la transferencia a otros -a ellos, es decir, a nosotros, a los españoles- la responsabilidad de todos y cada uno de sus males. Se trata, en definitiva, de una permanente calumnia histórica que se actualiza ahora con tesis tan miserables como la de este presunto ensayista que denuncia que otros juegan con fuego mientras él lo hace con la acusación falsaria.

JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
Director de ABC

Un Gobierno incapaz en la nueva España «residual»
Editorial ABC 13 Agosto 2006

LA efímera visita de Rodríguez Zapatero a Galicia no ha neutralizado la pérdida de crédito de su Gobierno tras la incompetente respuesta de las administraciones públicas a la marea de incendios que están asolando las tierras gallegas. No todo, sin duda, es responsabilidad del Ejecutivo central, pero tenía razón Mariano Rajoy cuando reclamaba un liderazgo para afrontar estas situaciones catastróficas. Ese liderazgo no existe, fundamentalmente porque Zapatero, reiniciadas sus vacaciones, no ha querido asumirlo. Sin toma de decisiones políticas, ni creación de equipos de crisis, ni convocatoria extraordinaria del Consejo de Ministros -que sí se convocó de domingo para lunes con el único fin de aprobar a toda prisa la reforma del Consejo General del Poder Judicial-, el Ejecutivo socialista ha demostrado una vez más su incapacidad para gestionar con eficacia y confianza estados de crisis o de alarma colectiva.

No hay, en este momento, un frente de la acción política del Gobierno en el que no se confirme lo que ha sido su signo distintivo: promesas en cascada, leyes de propaganda y resultados nulos. No fue suficiente la tragedia de Riba de Saelices el pasado año, con once muertos. Los incendios de Galicia han vuelto a coger al Estado -eso que ya Maragall, con soez sinceridad, califica de «residual» en Cataluña- sin una capacidad de respuesta que ya no se puede disculpar con excusas como las altas temperaturas, la falta de lluvias o la acción de pirómanos. Si en algo no se puede exonerar a ninguna administración pública es en la prevención de incendios en Galicia. Pero la pauta de encadenar promesas electoralistas, proclamas de firmeza y anuncios propagandísticos es la misma en otros muchos problemas nacionales. La inmigración, la sequía, la inseguridad ciudadana, la violencia contra las mujeres o el mismo proceso de fin del terrorismo retratan a un Gobierno que dice a la opinión pública lo que ésta quiere oír, pero luego es incapaz de llevar a la práctica una política sostenida, coherente y decidida para lograr los resultados prometidos.

A todo esto se une la tendencia del Gobierno a generar grandes expectativas a cargo de sus promesas y luego endosar a otros las causas de sus fracasos. Se dijo que habría agua para todos a pesar de la derogación parcial del Plan Hidrológico Nacional, que las mujeres maltratadas estarían protegidas -ya son cuarenta y cinco las muertas por sus parejas-, que se acabó la inmigración ilegal gracias a la regularización masiva y que la paz no se haría a costa del Estado de Derecho. Dos años después, esas promesas no resisten la más mínima auditoría con la situación actual de los problemas a los que se referían, lo que afecta no sólo al propio Gobierno y al PSOE, sino también a esa izquierda cultural y social que tan servilmente actuó de amplificador callejero de las movilizaciones contra el Gobierno de Aznar y que ahora, ante similares problemas, pero mucho más agravados, callan y exhiben el sectarismo que le movió entonces y que le ha hecho desaparecer de la actualidad.

Si la incompetencia de este Gobierno -realmente inédita- resulta alarmante, más lo es que se sustraiga sistemáticamente a las reglas del control democrático, evitando que sus ministros comparezcan puntualmente ante la opinión pública en sede parlamentaria para dar cuenta de sus gestiones. O mutilando sus comparecencias, con un perfil suficientemente bajo para cubrir el expediente. A ello contribuye, de forma eficaz, el desistimiento de la mayoría de los partidos minoritarios a sus responsabilidades parlamentarias, salvo para aprovechar cada coyuntura en beneficio de sus demandas nacionalistas, como el caso de la ocupación ilegal de las pistas de El Prat. En lo demás, el consorcio de poder formado por el socialismo con los nacionalismos ha reducido hasta lo simbólico la función de control sobre el Gobierno que la Constitución atribuye al Parlamento. Por eso es más necesaria que nunca una oposición con capacidad de presencia y comunicación, tanto como una opinión pública que eleve el listón de la exigencia a un Gobierno realmente ineficaz

Lo irreversible
FERNANDO SAVATER El Correo 13 Agosto 2006

Hace no mucho, el socialista José Blanco acorraló al PP por su actitud ante el (mal) llamado proceso de paz, asegurando que si éste salía bien sería gracias al Gobierno y a los socialistas, mientras que si se frustraba sería por culpa de la postura obstruccionista de los populares. A algunos nos sorprendió un poco el planteamiento, porque creemos algo bien distinto: que si se consigue el real desmantelamiento de ETA será como culminación y consecuencia de la lucha policial, judicial, cívica y política contra la banda mantenida durante los últimos años, mientras que por el contrario si al final consiguen los terroristas algún resurgimiento militar o reconocimiento político será por el ambiguo apresuramiento con el que se están llevando últimamente los intercambios con sus voceros y auxiliares. Pero probablemente esta discrepancia se debe a diferentes interpretaciones de lo que significa salir 'bien' o 'mal' de este asunto.

A mi juicio, aquí no estamos ante ningún 'proceso de paz' sino en todo caso tratando de cerrar un 'proceso a la paz' iniciado hace décadas por el nacionalismo radical y los violentos. Fueron estas fuerzas las que procesaron y condenaron sin apelación la paz constitucional conseguida en la transición democrática, declarándola una imposición que pisoteaba los derechos colectivos del pueblo vasco. Esta imposición, invasión o como se quiera llamar hacía comprensible y hasta justa la violencia terrorista contra las instituciones democráticas. Por tanto, el combate contra el terrorismo mantenido durante décadas por las instituciones y los ciudadanos españoles ha tenido dos frentes inseparables: por un lado, desactivar el entramado mafioso etarra y poner a disposición de la justicia a los malhechores; por otro, sostener la legalidad constitucional como fundamento de la paz frente a quienes querían abolirla o modificarla según sus intereses.

Gracias a la consistencia y resistencia de las instituciones democráticas, hoy la violencia criminal como instrumento de coacción política ha dejado de parecer viable incluso a la mayoría de sus promotores. De modo que el desenlace que ahora esperamos es la renuncia definitiva a las armas por parte de quienes las alzaron contra sus conciudadanos y su aceptación sin reservas de los mecanismos constitucionales como única vía de intervención política. Si esto se consigue, las cosas habrán acabado 'bien'; pero si ETA vuelve a las andadas o, aún peor, si como contrapartida al abandono de las armas consigue cargarse en todo o en parte el orden constitucional que hemos defendido contra ella, este asunto habrá terminado -al menos por el momento- bastante mal.

Claro, comprendo que esta opinión no será compartida por la gente de Batasuna o por los propios etarras: ellos buscan un final muy distinto. En ocasiones como ésta, es imposible que todo el mundo quede contento y por eso algunos dijimos que, al final, tiene que haber de algún modo vencedores y vencidos. O sale adelante lo que quiere el nacionalismo radical que ha apoyado a ETA o el proyecto de Estado de Derecho no étnico por el que hemos luchado los demás (en cuyo juego político caben por supuesto las propuestas abertzales tras renunciar a la violencia, pero sin privilegios de ningún tipo).

A este respecto, parece existir un cierto malentendido: o sea, el de que como acompañamiento del final de la violencia terrorista debe hacerse una reforma política de las instituciones en el País Vasco -y hasta en Navarra- que amplíe la hegemonía nacionalista y reconozca la autodeterminación territorial. El pasado 7 de agosto, el diario 'El País' publicaba un documento elaborado por Askatasuna que por lo visto están discutiendo las bases abertzales. En él se detallan una serie de fases de negociación, en cada una de las cuales los nacionalistas obtienen algo y el Estado renuncia a algo, sea a la sede parlamentaria de la deliberación política (mesas), a la persecución de los delincuentes (es decir, a la criminalización de los criminales y a tratar como ilegales a quienes no aceptan la legalidad) hasta llegar finalmente a un nuevo marco en el que se aceptará lo que decidan quienes hasta ahora no han respetado lo que decidían los demás. Si estas demandas no son escuchadas, advierten, el proceso de paz «se puede frustrar». De modo que el Gobierno hará bien en darse prisa en aceptarlas

La actitud de los nacionalistas (y no sólo los oficialmente amigos de los violentos) me recuerda aquella anécdota que contaba de sí mismo el cómico americano Jack Benny. El humorista, con fama de tacaño, tropezó un dia con un atracador que le puso la pistola en el pecho: «¿La bolsa o la vida!». Benny guardó silencio. El caco le urgió, dos o tres veces, cada vez más imperioso: «¿Venga, la bolsa o la vida!». Al final, Benny repuso: «Lo estoy pensando, lo estoy pensando ». Pues eso, señores nacionalistas, ahora lo estamos pensando. Pero casi seguro que la respuesta va a ser que no. Algunos abertzales recomiendan al Gobierno que sea valiente y yo me uno a su demanda: que sea valiente y explícito, que diga a quienes solicitan cambios constitucionales o legales como contrapartida a la violencia que no, que nada de nada, que nanay de la China. ¿Ah -nos amenazan- cuidado, el alto el fuego es reversible! Pues qué mala noticia sobre todo para ellos. Dados los tiempos que corren, les espera otra derrota peor aún que la sufrida hasta ahora. Que miren a su alrededor y vean el aprecio que hoy tiene el terrorismo en los países europeos, invoque las causas políticas que se quiera Además, por fin ha quedado claro hasta para los más ingenuos que Batasuna y ETA forman parte de un mismo continuo. De modo que si regresa la violencia sabremos a qué atenernos respecto a sus verdaderos responsables. Que cada palo sepa que tendrá que aguantar su vela

Pero, entonces, ¿no obtendrá nada el mundo de Batasuna si renuncia a la violencia y la denuncia como incompatible con la democracia? ¿Claro que sí! Obtendrá el beneficio más importante que puede conseguirse en el orden político civilizado. Podrán formar un partido legal que difunda y defienda sus ideas en paridad con los demás, podrán disfrutar de sus plenos derechos civiles sin temer amenazas a sus vidas o extorsiones a sus bienes, serán ciudadanos que intentarán convencer a los demás con sus propuestas y admitirán la posibilidad racional de ser convencidos por quienes no las comparten. En una palabra, tendrán muchas más garantías y posibilidades de las que hemos tenido hasta ahora los constitucionalistas vascos que nos hemos opuesto desde las instituciones y desde la calle al terrorismo. Conseguirán finalmente todo ese reconocimiento pacífico y democrático: nada menos pero tampoco nada más. Lean mis labios: nada más.

Pirómanos
Por JON JUARISTI ABC 13 Agosto 2006

RODRÍGUEZ pide que se denuncie a los pirómanos, lo que, viniendo de su persona, no deja de tener cierta gracia. Pero, bueno, pongamos que el pueblo soberano se tomara a pecho el exhorto y llovieran denuncias, ya que no otra cosa. Una vez puestos en libertad los pirotécnicos y papirólogos detenidos en la confusión de los primeros momentos, ¿cuántos verdaderos pirómanos quedarían en la criba? La respuesta es: muy pocos, por fortuna. Si el tsunami de fuego que arrasa Galicia fuese obra de pirómanos habría que plantearse triplicar la dotación de psiquiátricos de dicha comunidad autónoma, futura realidad nacional achicharrada. Como es sabido, detener a un pirómano suele ser más fácil que agarrar a un incendiario profesional, porque el pirómano se queda merodeando por los alrededores hasta que el espectáculo termina, mientras que el incendiario a secas tarda menos en abandonar la escena del crimen que el propio Rodríguez, aunque parezca imposible.

Cuando el objetivo a batir es tan gaseoso e inidentificable, a menos que se le sorprenda en plena tarea, la incitación a la denuncia cívica suele resolverse en una proliferación de delaciones anónimas, furtivas y malintencionadas. Y si se produce en mitad de la catástrofe, contribuye al caos. De modo totalmente irresponsable, la ministra de Medio Ambiente desvió la atención de su más que patente ineptitud mediante insinuaciones que arrojaban sombras de sospecha sobre la anterior administración autonómica y, a continuación, llegó el presidente exigiendo a la ciudadanía denuncias concretas. No es difícil imaginarse el ambiente de caza de brujas que debe reinar en la parroquia tras el paso de este par de grandes políticos y que, si Pérez Touriño no se esfuerza en mantener a sus bases dentro de los límites de la sensatez, podría prolongar las consecuencias del desastre más allá de la devastación y la ruina del territorio. Narbona y Rodríguez sólo han visitado Galicia para echar al fuego un bidón de gasolina demagógica.

Pero hay algo todavía más absurdo y estúpido, puesto en sincronía: la jactancia nacionalista de Maragall, felicitándose, en el otro extremo de la península, por la desaparición del Estado en Cataluña, mientras el Ejército, la Guardia Civil, agentes forestales, bomberos y voluntarios de toda España luchaban en los bosques gallegos contra las llamas. De nuevo, la gamberrada particularista, la pirueta ideológica aislacionista a la hora de la solidaridad nacional.

Alguien ha dicho que el Estado no está de vacaciones y, por suerte, así es, a pesar de los presidentes del Gobierno y de la Generalitat catalana. Ya que no eficaces, Rodríguez y Maragall deberían aprender a ser prudentes. La experiencia demuestra que los gobernantes españoles, incluidos los catalanes, deben temer más de la canícula que de los idus de marzo. Hay zonas especialmente vulnerables en esta época del año: bosques, pantanos y aeropuertos, por ejemplo.

Pues bien, la nación significa, antes que cualquier metafísica, cosas tan elementales como que los aeropuertos funcionen razonablemente bien, que las reservas de agua no se agoten y que una región entera no arda en pompa aunque el calor apriete. Significa que el Estado no debería ser sólo el último recurso, el apagafuegos, y que los gobiernos que lo gestionan tendrían que dedicar más tiempo a la previsión (y quizá retrasar sus vacaciones al otoño, si hiciera falta). Esto es puro catecismo regeneracionista, archisabido desde los tiempos de Costa y Mallada.

Ahora bien, la más denodada voluntad gubernamental se estrellaría sin el concurso de la responsabilidad ciudadana y poco se puede esperar de la misma si los gobernados empiezan a tener dudas serias sobre la existencia de un proyecto común y los gobernantes se dedican a fomentar el secesionismo y la desconfianza más o menos cainita hacia el vecino. Resulta que no ha desaparecido «el hombre de estos campos que incendia los pinares / y su despojo aguarda como botín de guerra», que decía Machado, ni de los montes galaicos ni, lo que es peor, de altas instancias que apestan a petróleo.

Jugando al escondite con la ley
Editorial ABC 13 Agosto 2006

FINALMENTE, habrá hoy, en San Sebastián, manifestación del entramado de la izquierda «abertzale» reclamando el derecho de autodeterminación para el País Vasco. El juez Garzón no ha hallado indicios de que esta nueva convocatoria esté relacionada con Batasuna y por eso la ha autorizado, con las prevenciones de rigor sobre la presencia de lemas o signos de organizaciones terroristas o ilegales, como ETA y Batasuna. Sin pruebas de ilicitud no se puede prohibir una manifestación.

Es un imperativo del principio de legalidad y del Estado democrático y, por tanto, habrá de darse a la decisión del juez Garzón el margen de crédito que siempre ha de recibir un Tribunal de Justicia en un régimen que confía a la ley el combate contra el terrorismo. No obstante, en términos políticos, es indudable que esta manifestación, como la que se desconvocó inicialmente, está incardinada en la estrategia general de movilización de la izquierda proetarra a favor de la autodeterminación, como un nuevo factor de presión al Gobierno y al PSOE en el proceso de negociación con los terroristas.

La aparición discontinua de los dirigentes de Batasuna -con el locuaz Pernando Barrena a la cabeza-, adhiriéndose y desvinculándose, sin solución de continuidad, a las sucesivas convocatorias, demuestra que estos actos responden a la conveniencia táctica del entramado etarra. Simplemente ha sucedido que al análisis de oportunidad política, la izquierda proetarra ha sumado los beneficios de un Estado de Derecho que, por serlo, no puede pasar por alto las condiciones que se impone a sí mismo para cohonestarse con el Estado democrático.

Dicho esto, es preciso que nadie se crea lo que no es y menos aún que tome por tontos a los españoles. La manifestación de hoy es un acto que responde a los designios de ETA. Que no haya indicios suficientes para aplicar la ley en este caso no quiere decir que la realidad política del País Vasco haya cambiado hasta el extremo de pensar que el entramado batasuno -matriz de este acto- se ha emancipado de ETA. Por eso resulta irresponsable que la dirección del socialismo vasco se complazca en este tipo de actos, porque nada bueno puede derivarse de la movilización de la izquierda proetarra para mantener exigencias que, teóricamente, son inadmisibles, como el derecho de autodeterminación. Lo grave es que al mismo tiempo que ETA y sus franquicias no han retrocedido un milímetro en sus exigencias -lo que algún sagaz hermeneuta llamaba «consumo interno» de los terroristas-, el Gobierno socialista hace retroceder al Estado de Derecho, con el impagable servicio de la Fiscalía General del Estado, y se empeña en confundir a la sociedad española sobre la posibilidad real de algo tan inverosímil como negociar con los terroristas su propio desaparición.

Reflexiones políticas sobre los incendios forestales gallegos
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 13 Agosto 2006

Galicia ha vivido unos años de intensa reforestación como alternativa al abandono del campo, y la contrapartida que debe exigirse a los propietarios del bosque es que lo cuiden.

13 de agosto de 2006. Cuando alguien pregunta por qué el monte arde en Galicia de la manera en que lo hace desde hace más o menos treinta o treinta y cinco años, es decir, desde finales del Régimen de Franco, la respuesta es evidente: porque alguien le planta fuego. Ahora bien, harina de otro costal es determinar quiénes son los incendiarios y cuáles son los motivos que les llevan a actuar.

Nadie ha sido nunca capaz de ofrecer estadísticas fiables de cuántos incendios forestales son debidos a chiflados, cuántos a aldeanos movidos por ancestrales y misteriosos impulsos (por lo demás, un poco extraños, dado que hace cuarenta años esto no ocurría, por lo menos no en la medida en que hoy ocurre), cuántos a desaprensivos que quieren comprar la madera quemada más barata (¡!), cuántos a intereses inmobiliarios (¿también en los montes llenos de peñascos graníticos de la despoblada provincia de Orense?), cuántos, en fin, a terroristas políticos.

Hay, eso sí, una realidad que debe ser tenida en cuenta: nunca, quizá desde que en tiempos prehistóricos Galicia se convirtió en un territorio densamente poblado por el hombre, nuestra región había tenido tanta superficie arbolada. Mientras otras zonas se desforestan, Galicia en las últimas décadas ha vivido una expansión imparable del bosque.

Este fenómeno está directamente relacionado con el despoblamiento del campo y el abandono de la agricultura. La forma de seguir obteniendo una rentabilidad de las tierras que ya no se cultivan es plantarlas de especies de crecimiento rápido y buen rendimiento maderero, es decir, eucaliptos y pinos, que en nuestro benigno clima no necesitan cuidados especiales, y cada equis años "cosechar" y cobrar un dinero fácil.

Tal como están las cosas, es urgente imponer medidas de responsabilidad social a los propietarios de esas plantaciones y obligarles a que cuiden el monte. La contrapartida elemental hacia la sociedad por los rendimientos que dichas personas perciben de sus tierras es mantenerlas en las adecuadas condiciones para evitar, en la medida de lo posible, la propagación de los incendios forestales.

Sin embargo, es más fácil decir esto que hacerlo. Por una parte, la extensión arbolada existente en la actualidad en Galicia es inmensa y vigilar que esas medidas se cumplan será muy difícil. Por otra parte, si cuidar el monte reduce la rentabilidad fácil que hoy se obtiene del mismo, puede que también se abandone la reforestación.

La cuestión de las responsabilidades políticas
Pasemos a la cuestión de las responsabilidades políticas por los incendios forestales. A las autoridades lo mínimo que se les puede exigir es que, como sucedía en la era Fraga, estén vigilantes para apagar los fuegos en cuanto comienzan, disponiendo los medios apropiados y suficientes para ello.

Cabría argumentar que ante una campaña incendiaria como la de estos días es muy difícil estar preparados. Sin embargo, frente a este argumento hay que recordar que existía en la antigua Roma una curiosa institución jurídica que se llamaba el "edicto de retorsión", consistente en que las novedades que un pretor introducía en el edicto perpetuo durante su magistratura anual se le aplicaban en todo caso a él mismo, aunque su sucesor las corrigiese o revocase.

Por tanto, si Fraga y Aznar fueron culpables del hundimiento del Prestige por una tempestad, Pérez Touriño y Rodríguez Zapatero son indudablemente culpables de la ola de incendios forestales que asola Galicia. Y cuando hablan de bandas organizadas de pirómanos, hay que responderles que se dejen de teorías conspiratorias, tal como hacen ellos cuando alguien pide que se investigue el 11-M.

Esto no es comportarse como ellos: es exigirles responsabilidad política con el mismo criterio con el que se la exigieron en su día al PP. Desgraciadamente, para éste es imposible montar una campaña similar a la del Prestige, porque para ello hay que contar con el apoyo masivo de los medios de comunicación y con una base social dispuesta a movilizarse por puro sectarismo y contra toda razón y justicia.

Con cuántos medios de comunicación influyentes cuente el PP en Galicia tras dieciséis años de gobierno es sencillo de resumir: con ninguno. En cuanto a la base social, yo creo que es una fortuna que el centroderecha no tenga una base social como la de la izquierda, por más que sea bueno que aquélla se vaya organizando y movilizando para defender causas justas.

Todo esto debería mover a profunda reflexión a los dirigentes del PP de Galicia, especialmente en estos momentos de reforma estatutaria. Atiborrar de competencias a la Comunidad autónoma no es la panacea para todos los males (ya se está viendo de qué sirven las competencias autonómicas en una situación realmente grave), y dotar a aquélla de instrumentos de control social a la catalana sólo vale para tener una sociedad esclavizada a la que únicamente los otros pueden recurrir cuando les conviene.

El País cree verosímil que el PP haya incendiado Galicia aunque no sea verdad.
Antonio Javier Vicente Gil  Periodista Digital 13 Agosto 2006

Leer las homilías editoriales dominicales de El País se ha convertido para mi en un vicio, lo reconozco, pero es que me ponen a huevo siempre un bonito comentario acerca de las estrategias progresistas para tumbar al PP o para dirigir la ruta del PSOE que nos lleva al infierno o aunque solo sea para hacer un entretenido análisis de texto pues normalmente suelen tirar la piedra y esconder rápidamente la mano sin que parezca que se les nota, pero se les nota.

Hoy se trataba de apuntalar la teoría que otros se han encargado previamente de hacer correr de que los incendios de Galicia tienen una finalidad política y que lógicamente quienes sacan beneficio de ello son los del PP, luego los del PP provocan los incendios.

Días atrás, en un medio titulaba así, “Intelectuales amigos de Zapatero acusan al PP de quemar Galicia para desgastar al Gobierno” y venia a decir que ciertos relevantes personajes gallegos estaban propalando el mensaje de que si benefician el PP el PP es culpable.

El editorial dominical de El País da un sonoro espaldarazo a esa teoría al decir

“En situaciones de calamidad grave, es muy humano intentar encontrar una causa única que explique lo que no parecer tener razón de ser: que identifique a un culpable claro y único. En ausencia de otra hipótesis, las características especiales de los incendios de este año (proximidad a zonas habitadas, etcétera) podrían quizá dar verosimilitud a la teoría de la conspiración destinada a desestabilizar y desacreditar al nuevo Gobierno gallego. Sin embargo, que algo sea verosímil no lo convierte en verdadero; no han aparecido pruebas que relacionen entre sí a los detenidos, y sus características personales (edad, ocupación, etcétera) son demasiado dispares como para elaborar cualquier teoría.”

Como ven utiliza la vieja técnica de tirar la piedra y esconder la mano y el teclado, rodea la afirmación incriminatoria para el PP sin mencionarlo, pero sin dejar espacio para que alguien piense que se refiere a otros que no son el PP. Si todos los partidos de relevancia gallegos, excepto el PP, forman parte del gobierno ya me dirán a quien se refiere con eso de la conspiración destinada a desestabilizar y desacreditar al nuevo gobierno gallego.

Para El País no hay otra hipótesis, y por tanto las características de los incendios dan verosimilitud a que ha sido el PP (sin nombrarlo), no obstante, como sabe de la gravedad de su insinuación, a continuación esconde la mano que la ha realizado afirmando que el que algo sea verosímil no lo convierte en verdadero.

No me quejo, porque como ha es habitual en mi, si el párrafo que hace referencia a los incendios de Galicia lo utilizamos con los mismos argumentos haciendo referencia a los atentados del 11M, me permite a mi decir: “En situaciones de calamidad grave, es muy humano intentar encontrar una causa única que explique lo que no parecer tener razón de ser: que identifique a un culpable claro y único. En ausencia de otra hipótesis, las características especiales de los atentados de hace dos años (proximidad de unas elecciones, etcétera) podrían quizá dar verosimilitud a la teoría de la conspiración destinada a desestabilizar y desacreditar al Gobierno español en ejercicio en aquellas fechas. Sin embargo, que algo sea verosímil no lo convierte en verdadero”

Desde que dejé de ser progre no me da apuro utilizar viejas tácticas del estilo de en la guerra como en la guerra, quien las da las toma y todo el quid pro quo habido y por haber. Ya podemos decir, que en base a las teorías progres, de que si los incendios gallegos benefician políticamente al PP el PP es el incendiario, bien podemos decir que si los atentados del 11M beneficiaron políticamente al PSOE ya sabemos quien los promovió. La teoría expuesta tiene una cierta verosimilitud aunque no sea verdadera.

Y conste que no estoy yo diciendo hoy y aquí que haya sido el PSOE quien montase los atentados, digo que en base a la teoría progre de responsabilidad por ser beneficiario, ellos, los progres, son los que nos llevan a esa hipótesis.

¿Un Prestige para ZP? ¡Claro que no!
Manuel Delgado  Periodista Digital 13 Agosto 2006

Me parece mentira que la izquierda se sorprenda al oír las numerosas teorías sobre todo lo relacionado con el 11M y las tache de invenciones e imaginaciones, cuando es la izquierda la mayor experta en inventar conspiraciones, siempre sobre la malévola derecha, y no tienen ningún reparo en publicarlas a los cuatro vientos a la mínima oportunidad. Ahí están la ministra de Medio Ambiente y varios amiguetes bien alimentados diciendo a diestro y siniestro que el Partido Popular se está dedicando a prender el monte gallego. Ahora que todos sabemos que Aznar hundió el Prestige, resulta también que las huestes de Fraga se están dedicando a quemar los bosques para perjudicar al PSOE. Huelga decir que ni los fieles amigos ni los Nunca Mais reactivados ven en la actuación de las diversas administraciones socialistas ni el mínimo resquicio de fallo, error u omisión, menos aún de esa entelequia llamada “responsabilidad política”. Ya está el PP para cargar con las culpas, incluso con las más inverosímiles.

Son inexplicables los mecanismos mentales que llevan a los afines al Partido Socialista a entender como más lógico y probable que el Partido Popular esté quemando el monte a propósito que el que las circunstancias (clima y oportunidad, básicamente) hayan propiciado que los pirómanos e incendiarios, que de los dos hay, se dediquen a su afición con mucho ímpetu este verano y que la Administración no haya sabido responder convenientemente. Seguramente, éste es otro signo más de lo endeble que es nuestra democracia: sin pruebas, sin indicios, sin pistas y sin señales, a los progre-izquierdistas les es más fácil pensar que el PP está por ahí cometiendo delitos a mansalva antes que reconocer que el Estado, esa deidad a la que tanto adoran para unas cosas e ignoran para otras, no ha sabido estar a la altura. De ahí a pedir la ilegalización del PP, a organizar unas checas limpiadoras y a reescribir la Historia para acallar la conciencia, dos pasos. En una democracia más sólida o, mejor dicho, en un país con ciudadanos más demócratas, tanta insinuación carente de fundamento contra el PP movería al asco y al vómito a los propios votantes socialistas, que rechazarían esas ideas en lugar de hacerlas suyas. En España, no.

Garzón autoriza la Manifestación-Farsa: Juzgue racionalmente al juez político Garzón
Juan Pablo Mañueco  Periodista Digital 13 Agosto 2006

BALTASAR GARZÓN ha autorizado la manifestación de esta tarde en San Sebastián, en el mismo lugar, a la misma hora, con el mismo lema y con los mismos apoyos de la que se desconvocó.

La "particular" que convoca ahora, María Jesús Aguirre, fue apoderada del Partido Comunista de las Tierras Vascas, tiene familiares en Batasuna, visita a los militantes etarras encarcelados y ha participado en otras manifestaciones de apoyo a ETA.

La manifestación de hoy domingo tiene también el apoyo de las organizaciones que promovían la convocatoria inicial: LAB, presos de ETA, Batasuna... el mismo recorrido y el mismo lema.

Garzón, sin embargo, la ha autorizado porque no ve indicios que demuestren que la nueva marcha prentenda sustituir a la anunciada la semana pasada por Batasuna.

VEREDICTO MENTAL: Juzgue racionalmente usted mismo el nivel de Farsa de esta convocatoria autorizada, y, ya de paso, juzgue también racionalmente al politijuez Baltasar Garzón, el cual, complementariamente, ya autorizó la reunión de Pachi López con Otegui, "porque había sido solicitada por el PSE, partido legal que puede reunirse con quien desee"... a pesar de que todos sabíamos entonces que aquella reunión no fue pedida por el PSE, sino solicitada, exigida y chantajeada públicamente por Batasuna.

Posdata: Y aún queda por saber cómo se desarrollará finalmente la manifestación de esta tarde, para que podamos enjuiciar todo "el proceso" de esta manifestación, que dura ya más de una semana.

Israel y la Razón
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 13 Agosto 2006

Estremece que en uno de sus artículos periodísticos Rafael Sánchez Ferlosio afeara el pensamiento de quienes creen que Israel representa el racionalismo frente a los fanatismos religiosos de Hizbulá y Hamás.

Produce escalofríos, porque el autor de “El Jarama” atribuía la mala marcha del mundo a quienes desde hace dos milenios sufren persecuciones: los judíos.

Quien lo dice es el hijo progresista de Rafael Sánchez Mazas, falangista propagador del mito de las conjuras judeomasónicas: resulta que el antisemitismo podría ser hereditario y, además, saltar fácilmente desde la ultraderecha a la izquierda supuestamente independiente.

En este momento Israel no se enfrenta al nacionalismo palestino o libanés, sino a una yihad bárbara, sanguinaria, lujuriosa e imperialista, que ordena matar o someter por las armas a quienes no se le entreguen.

Lo más parecido a ese espíritu religioso, dirigido por el nazislamismo dominante en Irán, es el nazismo, que ejecutó el Holocausto. Pero el nazismo fue un fenómeno pagano, de restauración del imaginario precristiano germánico.

El islamismo de la guerra en Oriente medio no ha evolucionado, como hizo el cristianismo desde el Renacimiento, y hasta el inquisidor Torquemada en el siglo XV era más humanitario que estos fanáticos cuyo origen está en los Hassissin, de donde viene la palabra asesinos.

Sin embargo, comparamos a Israel, un país democrático, laico y de cultura mayoritariamente occidental, con Hizbulá y Hamás, prerracionalistas y fundamentalistas del asesinato y el martirio religiosos, partidos de Alá.

Recordemos: el Hizbulá chiíta puso una bomba en Madrid en 1985 y mató a 18 españoles. Como aparentemente fue Al-Qaeda, mayoritariamente sunnita, la implicada en los 191 asesinados del 11M.

También Israel, que es Occidente, el racionalismo frente al medioevo, tiene judíos radicales que exigen la desaparición de su Estado: naturalmente, alegan razones religiosas basadas en sus interpretaciones bíblicas.

El silencio del mundo musulmán ante el terrorismo islamista.
Doctor Shelanu  Periodista Digital 13 Agosto 2006

Las redes terroristas islámicas son organizadas por los islamistas por, en y para el Islam.

Esta semana pasada han sido detenidas más de una veintena de islamoterroristas, yihadistas, que siguen los pasos del Yihad, quieren en su locura totalitaria imponer el Islam como única religión mundial.

Las masas musulmanas tanto las de los países que siguen el Islam, como las que viven en países en los que son una minoría, como en Europa, EEUU, no se manifiestan en contra de la utilización del Islam por parte de los terroristas, de los yihadistas, de los islamistas, que emplean el terrorismo como medio para propagar el Islam.

No obstante algunos grupúsculos musulmanes que residen en Europa y América que critican el terrorismo, pero sobre ellos recae la legítima sospecha de que no divulgan sus opiniones abiertamente para seguir desempeñando un papel en el juego político. Para no despertar miedos y para no aislarse, pues, estos individuos y organizaciones disimulan su verdadera faz con un lenguaje moderado, al menos cuando se dirigen al público no musulmán. Cuando se refieren al Yihad, adoptan la terminología de los reformistas, presentando la guerra como secundaria respecto al objetivo de la lucha interior y mejora social.

El mundo musulmán, que consta de 57 países y 3 observadores de los 192 países que constituyen las Naciones Unidas,sólo hay enojo e ira cuando se hace mofa de Muhammad, el guerrero-militar-religioso fundador del Islam, como en las caricaturas en las que se presentaba gráficamente la visión del Islam que los islamistas causan en Occidente.

El enojo y la ira de las masas musulmanas no se han producido en contra de los grupos islamistas que utilizan la violencia, ni en contra de los grupos terroristas que ponen bombas en aviones, en trenes, en mercados, en escuelas, ( en Buenos Aires –AMIA- New York, Madrid, London, Paris, Bali, Varanasi-Benarés, Bombay, Indonesia, Filipinas, Beslan, Moscú, etc.) y que toman el nombre de Alláh, de Muhammad y del Islam como coartada para matar infieles, sean judíos, cristianos, politeístas, budistas, hindúes, ateos, etc.

El silencio del mundo musulmán se aduce que se origina por diversos factores o motivos:

1. por estar de acuerdo y convicción con los terroristas islamistas.

2. por miedo a manifestarse en contra. La minoría que está en contra no tiene valor de manifestarse en contra de la mayoría. Esto reforzaría la teoría que la gran mayoría del mundo musulmán está de acuerdo con la violencia, ya que si los anti-violencia fuesen mayoría, no tendrían temor a la minoría pro-violencia.

3. La minoría que pudiese estar en contra de la violencia islamista conoce mejor que nadie, mejor que cualquier de los analistas occidentales, la situación real de la calle árabe y/o musulmana. Esta minoría conoce el “pulso” y la atmósfera que se respira en su sociedad. Y si no se manifiesta es porque tiene miedo a esa mayoría que “justifica” la violencia islámica.

4. En el mundo árabe y/o musulmán no es tradición manifestarse sin permiso de los gobernantes. No hay ningún país árabe democrático.

5. Las únicas manifestaciones no “controladas” por los regimenes dictatoriales del mundo árabe y/o musulmán son para apoyar a los grupos islamistas, como los Hermanos Musulmanes en Egipto, con resultado de muertos en los choques con la policía.

6. Cuando los regimenes árabes han dado la posibilidad de votar a las masas musulmanas, esta han votado el islamista FIS en Argelia, el también islamista Hamas en la Autoridad Palestina, y Jisbulá en Líbano, y el apoyo continuado a los imanes más reaccionarios en Irán.

7. El poder mafioso -terrorista de los islamistas en tierras del Islam, no permitiría manifestarse libremente a las masas musulmanas. Pero los musulmanes que viven en Europa, unos 25 millones actualmente, “conociendo” esas “teóricas” limitaciones en sus países de origen, tomarían la vanguardia en manifestarse en occidente, puesto que no estarían sometidos al poder coercitivo de los grupos fundamentalistas. Organizarían grandes manifestaciones contra la tiranía de los yihadistas. Los árabes y/o musulmanes que moran en Occidente aprovecharían las libertades del mundo infiel judéo-cristiano para distanciarse de los terroristas islamistas.

8. Por ignorancia. No se sustenta este motivo. El hecho de vivir en Occidente y ser una minoría –por ahora- las acciones terroristas de los islamistas les hace ser blanco de sospechas. Esto conlleva a distanciarse totalmente de la violencia si realmente se está en contra.

9 Por indolencia. Tampoco se sustenta este motivo, puesto que no hay ninguna indolencia para manifestarse en contra de Israel, en contra de EEUU, o en contra de las caricaturas sobre Muhammad.

Las grandes demostraciones callejeras de las masas musulmanas en Occidente y en el mundo de donde proceden han sido manifestarse contra Israel, contra los EEUU, contra el Reino Unido. Estas manifestaciones se han dado tanto en Dar el Islam –casa del Islam- como en el mundo no-musulmán.

Para a estas masas no les es peligroso manifestarse en contra de los poderes occidentales en Occidente, a sus gobernantes y poblaciones autóctonas no les tienen ningún temor. No les enoja ni molesta amenazar en que decapitarán a quien se ría de Muhammad, en pedir que todo occidente tiene que abrazar la fe musulmana, tampoco les enoja Al-Qadea, a la cual apoyan en manifestaciones s callejeras.

Las encuestas que se hacen en este sector de la población en Europa presentan cifras desalentadoras para los que creen posible la multiculturalidad, gran paarte de la población musulmana que vive en Gran Bretaña preferiría tener la Sharia –ley musulmana- como ley en lugar de las leyes británicas.

Gran parte de la población musulmana, según las encuestas, apoya las acciones terroristas del islamismo.

Las encuestas presentan errores, tanto técnicas, como de tipo “ambiental”. Ya porque la muestra no es realmente proporcional a la realidad. Porque las preguntas inducen ciertas respuestas, porque la realidad es más compleja que lo que la “cuestión-marco” plantea., a esto se le añade las distorsiones que se producen en poblaciones con poca tradición democrática donde el entrevistado responde lo que cree puede agradar al entrevistador y no se acostumbra a exponer claramente lo que se piensa, y más con temas relacionados con el terrorismo por el miedo que ello conlleva y no se divulga abiertamente la opinión para poder seguir desempeñando un papel en el juego político. Para no despertar miedos y para no aislarse, pues, estos individuos y organizaciones disimulan su verdadera faz con un lenguaje moderado.
Salvando las distancia, en las encuestas que se realizaron posteriores al referéndum de 18 de junio de 2006 sobre el nuevo Estatuto en Cataluña, semanas después del 18 de junio de 2006 más del 80 % de los entrevistados dijeron haber votado afirmativamente cuando la realidad fue que sólo participó el 48,85% del censo, (aunque fue aprobado por el 73,90% de los que si votaron). En realidad tendrían que haber contestado que votaron afirmativamente un 36,10% de los entrevistados si hubiesen dicho la verdad.

Los entrevistados tendieron a ser “agradables” a lo que creían se esperaba de ellos.

Los musulmanes entrevistados tienden a ser agradables a lo que creen que la sociedad
británica espera de ellos. Aún así las encuestas dan resultados estremecedores.

Exponer esto no es para regocijarse sobre como piensa la mayoría de la población musulmana europea. Negarlo es cerrar losaos a la evidencia y es ser más vulnerable al peligro que eso conlleva

Por último tenemos el silencio de los conversos europeos al Islam.

¿Qué es lo que les hace callar, minimizar, o justificar el terrorismo en el Islam?

El odio que sienten y que profesan hacia el mundo occidental, es mayor que el amor que puedan tener a la convivencia y tolerancia y a la libertad.

Los filoislamistas marxistas y neonazis personifican Occidente y sus libertades en Israel. Si Israel no existiese tendrían que inventárselo para poder descargar en él todas sus frustraciones, todo su enojo y su ira.

Para los islamomarxistas y neonazis el islamismo les da seguridad y vigor. Los islamomarxistas y nazis necesitan la seguridad que les da la gran masa y número de creyentes del Islam. Una vez hundido el barco del comunismo saltan al del Islamismo, no quieren naufragar y tener que nadar en un mundo donde no encuentran verdades absolutas. Tienen miedo a la libertad. Para ellos Israel es la personificación de la libertad, ese “invento judío” como dicen los nazis y los comunistas.
Disipan todos sus temores en la “verdad-absoluta” y seguridad que el Islam les ofrece, sus temores se disipan en la Umma (colectividad de musulmanes).

Los islamomarxistas y nazis quedaron de Stalin y Hitler, ahora han encontrado otro “padre” que les abre los brazos. Hay amores que matan.

Papeles privados
No es sólo por territorios
Victor Davis Hanson Libertad Digital 13 Agosto 2006

A pesar de las afirmaciones de las organizaciones terroristas, la presente guerra de dos frentes de Israel no tiene que ver exclusivamente con los territorios en conflicto. Después de todo, Hezbolá y Hamas dispararon misiles desde el Líbano y Gaza mucho después de que Israel se hubiera retirado de ambos lugares.

En realidad, si el sagrado suelo árabe fuera la fuerza motriz de la crisis de Oriente Medio, entonces ciertamente la propia Siria estaría dispuesta a arriesgarse a un enfrentamiento a causa de los cruciales Altos del Golán de presencia israelí. Además, El Cairo es quizá el centro del virulento antisemitismo árabe, a pesar de que Israel entregó el Sinaí a Egipto en 1982.

El mundo rezó para que, después de la salida unilateral de Israel del Líbano en el 2000 y de Gaza en el 2005 y de las recientes elecciones en Beirut y Palestina, pudiera ser testigo de una evolución creciente hacia una paz duradera entre estados democráticos racionales.

Gradualmente, Israel volvió a sus fronteras de 1967. En respuesta, se esperaba que gradualmente los vecinos árabes de Israel votarían a hombres de estado que renunciasen al terror y se volcasen en la empresa de diseñar economías y gobiernos funcionales. Pero todo ese optimismo presuponía un cambio radical en la mentalidad de Oriente Medio. Y, desafortunadamente, eso no ha cambiado.

Pero si la última guerra del Líbano y Gaza no tiene que ver con los territorios per se, ¿en dónde se fundamenta entonces ese deseo elemental de destruir Israel?

La respuesta se reduce a que los islamistas sienten que su reputación está el juego. Palabras como "honor" u "orgullo" son evocadas –en el sentido de que necesitan conservarse– por todo radical inseguro del mundo islámico, desde el jefe de al-Qaeda, Osama bin Laden, hasta el de Hezbolá, Hassán Nasralah, pasando por el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Multitudes con el puño en alto, fieros mulás y terroristas; todos se jactan de no ceder ni un centímetro ante los infieles y prometen la restauración del honor hoy mancillado del pueblo islámico.

¿Por qué se sienten tan agraviados?
Durante el último medio siglo, la globalización ha pasado de largo del recalcitrante Oriente Medio, económica, social y políticamente. El resultado es que el mundo islámico produce hoy muy pocos inventos y aún menos ciencia pero una gran cantidad de pobreza, tiranía y violencia. Y en lugar de llevar a cabo los cambios estructurales necesarios que podrían poner fin a los obstáculos culturales al progreso y la modernidad –obstáculos como el tribalismo, el patriarcado, el apartheid de género, la poligamia, la autocracia, el estatismo y el fundamentalismo– demasiados habitantes de Oriente Medio han preferido abrazar el pasado reaccionario y el culto al victimismo.

En un momento u otro han adoptado todas las ideologías en bancarrota que culpan a otros del fracaso propio: el fascismo, el comunismo, el baasismo, el pan-arabismo y, más recientemente, el fundamentalismo islámico.

Cuando hay un paro elevado, corrupción, crecimiento económico nulo, analfabetismo endémico y ninguna libertad, los mulás, los dictadores y los jihadistas de Oriente Medio siempre parecen achacarlo a la antigua potencia colonial –Gran Bretaña, Francia o Italia (aunque raramente la Turquía islámica)– que presuntamente les hizo retroceder más de un siglo. O intentan culpar al omnipresente Estados Unidos, cuyos expertos petrolíferos desarrollaron las riquezas del Golfo y cuyo ejército ha salvado a musulmanes de Kosovo a Kuwait.

Pero, por encima de todo, los líderes como Gamal Nasser, el ayatolá Jomeini, Sadam Husein, Yasser Arafat u Osama bin Laden han convertido en chivo expiatorio al pequeño Israel.

Es su diana occidental más próxima, y los supervivientes del Holocausto que la habitan transformaron un trozo de desierto en un estado occidental tecnológicamente sofisticado. El sorprendente éxito de Israel es una fuente de constante irritación para muchos musulmanes vecinos, pues representa la capacidad de los infieles de dar lugar a una sociedad próspera en Oriente Medio sin necesidad del dinero del petróleo y bajo auspicios democráticos.

El victimismo resulta ser la única religión real de Oriente Medio, capaz de unir a chiíes, sunníes, dictadores, teócratas y terroristas. "La culpa es de ellos" es la explicación fácil de por qué los estados islámicos son ahora débiles, aunque es una explicación que ofrece poca esperanza a los millones de pobres que habitan en ellos, que irónicamente emigran por millones a su denostado Occidente.

Las ayudas norteamericanas en dinero contante y sonante, las concesiones israelíes, las avalanchas de beneficios del petróleo, y por encima de todo, el apaciguamiento de los islamistas radicales, no pueden hacer nada a la hora de aliviar estos presuntos agravios. Y es que no habrá paz en Oriente Medio hasta que iraníes y árabes no tengan un verdadero gobierno constitucional, instituciones libres, mercados abiertos y el mandato de la ley. Sin estas reformas continuarán fracasando, buscando un refugio fácil en su insignificante y mitológico honor ancestral y su patética neurosis de culpar al vecino Israel por la pérdida del mismo.

Victor Davis Hanson es un prestigioso historiador militar, escritor y columnista sindicado de Estados Unidos. Actualmente es especialista investigador del Hoover Institution.

El Gobierno se escuda en los jueces
EDITORIAL Libertad Digital 13 Agosto 2006

De acuerdo con la sentencia firme del Tribunal Supremo, Batasuna es una organización ilegal porque no es más que parte de un entramado terrorista, que responde a las siglas de ETA. Batasuna es ETA, y en consecuencia es una organización ilegal. No podemos olvidar este hecho tan claro, tan relevante, si no queremos caer en la trampa de confusión a que quieren someter a la sociedad española el Partido Socialista y el Gobierno.

Hay algo en el socialismo, no sólo en el español, que hace que le repela la sencilla e inmediata alusión a la verdad, y que por el contrario le atraiga irresistiblemente la mentira y la manipulación. Por eso, en este asunto de la manifestación convocada por ETA en San Sebastián, es necesario volver una y otra vez sobre la realidad para no dejarse llevar por la calculada verborrea socialista.

Diego López Garrido no ha tenido empacho en declarar que la negociación del Gobierno con la banda asesina ETA sigue su curso pero que, por otro lado, la actividad de su rama política, Batasuna, como si todavía fuera una organización legal, es un asunto completamente distinto, del que entienden los jueces. ¿A quién quiere engañar? El poder judicial, nada menos que en su máxima instancia, el Tribunal Supremo, ya dio respuesta al asunto. Reconoció que Batasuna, lo hemos recordado al comienzo, es parte de ETA y como cualquier organización terrorista, es ilegal. Además, la decisión de legalizar al partido de ETA pertenece por completo al ámbito de la política y no al judicial. Lo que sí es una decisión política es la de evitar en todo lo posible que la ley recaiga sobre quienes se sientan con el propio Gobierno a negociar no sabemos qué.

Con este falso argumentario, el Gobierno se lava las manos respecto de Batasuna, dejando el asunto en manos de los jueces y separándolo de su negociación con ETA. Espera que el juez a que toque tomar las decisiones pertinentes sea como Baltasar Garzón, que ha permitido a ETA que haga su juego. Pero lo innegable es que el Gobierno tiene los instrumentos administrativos para hacer cumplir la Ley de Partidos y la sentencia que declara ilegal a Batasuna, por lo que por más que quiera no puede escapar a su responsabilidad legal y política. Su decisión de contribuir a que Batasuna siga actuando imponemente es muestra de que la decisión política de legalizar a una parte de la banda terrorista está ya tomada por parte de Rodríguez Zapatero, y ahora sólo queda el problema, no poco espinoso, de cómo va a endosar el trágala a la sociedad española. No le será fácil.

Impasible el ademán
Por RAMÓN PÉREZ-MAURA ABC 13 Agosto 2006

No confundamos la señal. La operación antiterrorista de Londres nos indica lo contrario de lo que parece. No significa que al terrorismo islamo-fascista se le pueda frenar en las puertas de embarque de los aeropuertos. Por el contrario, nos enseña que es imprescindible recopilar información, que hay que hacer múltiples operaciones secretas en colaboración con nuestros aliados, que debemos aceptar que estos terroristas han impuesto restricciones a nuestras libertades por las que nuestras cuentas bancarias u otros datos personales —antes de tomar un vuelo— pueden ser investigados. Mientras esa alianza de vagos intereses filo islámicos llamada Al Qaida planea la destrucción de nuestra civilización, nuestras ondas radiofónicas se llenan de comentaristas que continúan echando la culpa de todo lo que nos sucede a los Estados Unidos. Y ahora, algún viejo comunista, impasible el ademán, nos explica cuánto mejor nos iría si dialogásemos con los que quieren finiquitarnos.

Mientras sigamos gobernados por razonamientos sociopolíticos del siglo XX perderemos esta guerra irremisiblemente. Si, frente a los terroristas que querían perpetrar la barbarie de derribar diez aviones, nos ponemos a echar la culpa a la Administración Bush, estamos muertos. Aunque a algunos les cueste aceptarlo, conviene hablar con claridad y decir que este terrorismo no conoce fronteras, por lo que ningún intento por luchar contra él puede ser constreñido por éstas. De esta lucha podemos aprender tendencias: una vez más, Pakistán aparece como cuna de terroristas; de nuevo, el régimen de Musharraf ha ayudado en la desarticulación; otra vez, como lo intentara Ramzi Yusef sobre el Pacífico en 1995, se ha intentado derribar aviones. Pero mientras nosotros seguíamos buscando en los equipajes de los pasajeros cuchillas para cortar cartones del tipo de las empleadas el 11-S, los terroristas han dado un paso adelante intentando emplear nuevas sustancias no detectables en los controles de seguridad habituales.

La marea sigue subiendo y son muchos los que parecen encantados de mantener impasible el ademán. Las sociedades libres afrontan una amenaza a su existencia como ninguna otra que hayamos conocido. Apenas hemos puesto algunos diques de contención y son muchos los que al otro lado están dispuestos a seguir elevando el nivel de las aguas en esta guerra como ninguna otra en tiempos modernos. Una guerra en la que la clave, entendámoslo, es impedir los actos hostiles antes de que se produzcan, no reaccionar a ellos e intentar castigar a quien los perpetra. ¿O acaso puede alguien sugerir qué castigo se hubiera podido aplicar a los terroristas suicidas que pensaban derribar esos aviones, una vez que estuvieran ya inmolados en medio del Atlántico?
Se llama guerra preventiva.

Alianza de civilizaciones
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Agosto 2006

CUANDO, va para dos años, José Luis Rodríguez Zapatero lanzó al mundo su propuesta de una «alianza de civilizaciones», torpe remedo del muy anterior «diálogo de civilizaciones» propuesto por Muhammed Jatami, los expertos miraron al infinito, como la buena educación aconseja cuando el orador desconoce la entraña de su propio discurso. Aquí, en casa, los potentes servicios de propaganda, empeñados en presentarnos al presidente del Gobierno como un estadista de rango universal, jalearon la vaciedad y Kofi Annan, que algo tiene que hacer el hombre para justificar el empleo, lució una sonrisa -está en los archivos de la LIX Asamblea General de la ONU- que lo mismo sirve para la compasión que para el desdén.
Una «alianza» entre nuestro mundo, el occidental, y el musulmán para combatir al terrorismo internacional, fundamental y fundamentalistamente islámico, es como pretender una ONG, codirigida por Caperucita Roja y el Lobo Feroz en defensa y beneficio de las abuelitas desamparadas. Es una de esas ideas huecas que quedan bien en los salones internacionales en donde, si alguien tiene algo que decir, que no es el caso de Zapatero, no suele disponer del poder y la influencia precisos para proyectar su voz y hacerse oír.

Las últimas actuaciones de Scotland Yard en el Reino Unido, tan oportunas como reveladoras, han sacado a la luz los verdaderos frutos de una alianza de civilizaciones. Los sujetos islámicos que preparaban una múltiple y espantosa ceremonia asesina a bordo de aviones en vuelo hacia los EE.UU. y que, felizmente, han sido detenidos habían dialogado hasta el hartazgo y, mayoritariamente, son hijos de emigrantes paquistaníes integrados en la clase media. Uno, incluso, es hijo de un militante del partido conservador y otro, del encargado de seguridad de Heathrow. No estamos ante unos fanáticos sin formación, azuzados por la miseria tras una dramática travesía en patera.

Europa, nuestra casa, no es el fruto de una casualidad, sino un proceso histórico complejo que se sustenta en el pensamiento griego, el derecho romano y la ética cristiana. Podría haber sido de otro modo, pero es así y a ello ha contribuido esencialmente el enfrentamiento sistemático con los enemigos islámicos que nos acechan desde el sur. La Reconquista española, las Cruzadas o la defensa de Constantinopla son, además de acontecimientos históricos, nutrientes para la formación del alma europea de la que decimos sentirnos orgullosos. No seré yo quien propugne una especie de guerra santa como respuesta a la que nos tiene declarada el fanatismo islámico. Sólo propongo el olvido de los eslóganes efectistas con los que los líderes como Zapatero rellenan la oquedad de su pensamiento y la prudente defensa -juntos, pero no revueltos- de los principios y esencias que arman nuestra cultura y nuestro modo de ser. No se puede despilfarrar una civilización milenaria en aras de una frase vacía y una posturita resultona.

Acoso sin tregua
Cinco ediles constitucionalistas relatan a LA RAZÓN las amenazas que sufren pese al alto el fuego. «No podríamos estar sin escolta», coinciden
C. S. Macías  La Razón 13 Agosto 2006

San Sebastián- Cinco meses después del alto el fuego proclamado por ETA, con la mesa ya dispuesta para un diálogo con imprevisible resultado, con la utopía de la paz de fondo y a las puertas de una manifestación ilegal «por el derecho a la autodeterminación de Euskadi», todavía se pueden escuchar las voces de unos ediles, representantes de pequeños pueblos, que no se creen esa paz «inventada», y se comen cada día el pan amargo del miedo.
El jueves fue en Guecho (Vizcaya) donde la presidenta del Partido Popular vasco, María San Gil, tuvo que aguantar, en su visita al mercado de San Lorenzo, la acometida de los abertzales, hoy «amigos de la paz», a la vez que le arrojaban a la cara un chacolí.

Insultos a pie de calle. Para muchos políticos, ir por las calles es más duro que hace seis meses porque «el nacionalismo gobernante, la gente y sus votantes han interiorizado que es su momento». Así lo asegura Gotzone Mora, edil del PSE en Guecho, que día a día se cruza por las calles con el insulto. «Me paran por la calle mujeres de 50 años y me dicen de todo. Si ETA dejara las armas, esta sociedad a corto plazo no tiene solución, porque el nacionalismo durante décadas ha estado inyectando odio a todo lo que supone España». «Si decidieran quitar las escoltas sería el momento en el que yo me marcharía de aquí. Me han llegado a decir en el supermercado, al lado de mi escolta, que si ETA no terminaba conmigo lo harían los padres de los presos. También me han dejado bolsas enteras de basura en la puerta de mi casa en estos días», agrega. También la edil «popular» de Guecho, Marisa Arrúe, ha tenido que soportar las pintadas en la sede del PP, del estilo de «un PP muerto, un euskaldun contento», así como peces muertos a las puertas de la sede del partido para amedrentar.

Otro ejemplo es el de Javier Moreno. Él también vive la experiencia de violencia y miedo cada día. Astigárraga es un pueblo dormitorio a tan sólo 10 minutos de San Sebastián. Su Ayuntamiento siempre estuvo gobernado por Batasuna. En él se celebraron las asambleas clandestinas de la Udalbiltza, dirigidas a establecer las estrategias etarras para burlar la ilegalización de Batasuna. En este municipio, donde Moreno ocupa un sillón de concejal, saltó la chispa el pasado 28 de julio cuando se debatía en un pleno la instalación de una planta incineradora. Bastó una insinuación del alcalde de que PSOE y PP habían consensuado su decisión. «Cuando dijeron PSOE y PP empezaron a gritarnos “españoles”». El salón de plenos estaba repleto de miembros de Batasuna decididos a reventarlo. «Algunos eran chavales de 14 años que seguro que no sabían a qué habían venido, sólo saben que soy del PP, y los del PP somos malos». Cuando mayor fue el acoso, «la Ertzaintza se subió a su furgoneta. Ahora dicen que fue falta de coordinación».

En este Ayuntamiento se han discutido cosas tan curiosas como nombrar a monseñor Setién hijo adoptivo de Astigárraga. «Voté en contra y lo expliqué». Moreno no se cree eso del «proceso de paz»; él sigue escoltado y los violentos han aumentado su presencia.

El edil de Elorrio Javier López asegura que en Euskadi no se vive en libertad. «Seguimos teniendo agresiones verbales, insultos, coacciones, amenazas». Para López (PP) esto que está ocurriendo es una «estrategia como medida de presión hasta las municipales por parte de Batasuna». El último jueves de julio los abertzales reventaron el pleno de Elorrio. Los insultos no iban dirigidos sólo al portavoz «popular», sino también a los del PSOE. La experiencia de López es que «hemos vuelto de nuevo a los 80, cuando Batasuna era grande» y el simple hecho de pasear por el pueblo donde es concejal significa que le escupan o le insulten.

El miedo encubierto. El «Espíritu de Ermua» trajo un aire nuevo. Miguel Ángel Fernández no tenía antecedentes políticos. Hoy es presidente de las Nuevas Generaciones vascas y concejal desde hace siete años en Iurreta, un pueblo «no muy tranquilo, pegado a Durango». También José Manuel Méndez es concejal en Berango (Vizcaya). Los dos viven la misma experiencia del miedo encubierto. Saben que están amenazados como antes. «Seguimos con escolta, sabemos que han existido diez treguas antes que ésta, así que cualquiera se fía», asegura Fernández. «Los abertzales nos miran como un enemigo que no quiere la paz», agrega. Cuando se les habla de la palabra miedo no titubean: «Antes que miedo físico es miedo por la gente que te rodea, por tus padres, por mi novia». «He elegido meterme en esto, pero ellos no». Así lo confiesa el edil de Iurreta: «No pretendemos ir de héroes, pero sí se necesita un suplemento de alma, de valor y de amor a la política y a su tierra para seguir».

El simple hecho de tomar un café a día de hoy «sigue siendo poco normal o comprar un periódico determinado, porque te miran mal». Yo ahora mismo estoy en paro, las empresas no quieren contratar a un concejal del PP porque supone un problema para ellos. «Hoy por hoy el miedo no se ha ido. Hasta que no se disuelva definitivamente ETA no se podrá respirar tranquilo. Si no ha habido precio cuando mataban, ¿ por qué ahora lo hay? Es como legitimar sus reivindicaciones», afirma Fernández. Todos han sentido cómo les dejaban de hablar por ser concejales, para que no les relacionen con ellos. Estas voces sí esperan que la paz empiece algún día, aunque quizá deberán pasar varias generaciones.

CULPAN AL EJECUTIVO Y AL GOBIERNO VASCO DE SU CELEBRACIÓN
El Foro de Ermua y la AVT coinciden en señalar que la manifestación está convocada por Batasuna-ETA
El presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo se ha referido a la manifestación que este domingo recorrerá las calles de San Sebastián. Francisco José Alcaraz ha señalado que miembros del Ejecutivo y del Partido Socialista dieron "pistas" a Batasuna-ETA sobre cómo debían actuar para "poder burlar la ley". También, el presidente del Foro de Ermua se ha mostrado convencido de que la marcha "está convocada por ETA y Batasuna". Mikel Buesa ha afirmado que "la responsabilidad" de que se celebre es del Gobierno central y vasco, que "no han puesto ni los medios necesarios, ni han impulsado las investigaciones suficientes como para proporcionar a la judicatura las pruebas" de un vínculo de los manifestantes con Batasuna-ETA.
Europa Press Libertad Digital 13 Agosto 2006

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha culapado a los socialistas de haber dado pistas a la ilegalizada Batasuna-ETA sobre cómo burlar la ley para poder celebrar la manifestación convocada para hoy en San Sebastián por un grupo de ciudadanos. En declaraciones a Europa Press, el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, ha asegurado que, bajo su punto de vista, miembros del Ejecutivo y del Partido Socialista dieron "pistas" a Batasuna-ETA sobre cómo debían actuar para "poder burlar la ley" cuando aludieron a la necesidad de respetar el derecho individual a manifestarse.

Por eso, ha achacado a "la debilidad del Gobierno" y de los que "quieren remar hacia el proceso de rendición con una banda terrorista" el que la marcha tenga lugar y ha considerado que supone "un insulto a la inteligencia" cuestionar que la manifestación para reivindicar la autodeterminación de "Euskal Herria" responda a una "estrategia" de la banda terrorista "ETA-Batasuna". Alcaraz ha insistido en que la marcha es "una burla y un fraude de ley" y ha advertido de que pedirán responsabilidades, a través de iniciativas legales, a los gobiernos vasco y central en el caso de que se enseñen "símbolos" terroristas o haya proclamas "proetarras".

También el presidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, se se ha mostrado convencido de que la manifestación que tendrá lugar bajo el lema Euskal Herria tiene la palabra y la decisión "está convocada por ETA y Batasuna" y ha afirmado que "la responsabilidad" de que se celebre es del Gobierno central y del Ejecutivo vasco, que "no han puesto ni los medios necesarios, ni han impulsado las investigaciones suficientes como para proporcionar a la judicatura las pruebas" de un vínculo de los manifestantes con Batasuna-ETA. Buesa ha defendido la decisión del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón y ha criticado que, tanto el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero como el Ejecutivo de Juan José Ibarretxe, están haciendo "la vista gorda con los terroristas para sacar un rédito político".

"Encubridores del carácter terrorista de la manifestación"
En este sentido, el presidente del Foro de Ermua ha mostrado su descontento con la forma en que los Cuerpos de Seguridad del Estado han investigado a los convocantes y ha tildado a los responsables de interior de ambos gobiernos de "encubridores del carácter terrorista de la manifestación". "En el auto del juez Garzón no aparecen elementos probatorios que, sin embargo, están en los periódicos. Cuando resulta que los periodistas han podido investigar más que la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ertzaintza, es evidente que los cuerpos de policías no han estado adecuadamente dirigidos para lograr esas pruebas", ha dicho.

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