AGLI

Recortes de Prensa     Martes 15 Agosto  2006

La sátira
Lenguas de fuego
Fray Josepho Libertad Digital 15 Agosto 2006

Con la reciente tragedia en los montes de Galicia, se ha sabido que el conocimiento del gallego es requisito inexcusable para optar a las plazas de operarios contra incendios. El hecho de que por tal razón hayan quedado excluidas de esos puestos personas expertas en la lucha contra el fuego ha escandalizado a la opinión pública, porque la terrible realidad de las llamas contrasta con las mezquindades burocráticas nacionalistas.

Aunque esto no es nuevo. Ahora se ha hecho patente con los incendios, pero en España hace tiempo que conocer las lenguas regionales, en las autonomías que las tienen, es exigencia ineludible para acceder a un empleo público. Por desgracia, como hay otros abusos más sangrantes –literalmente– no se les suele prestar la atención debida a estos atropellos. Incluso el PP se ha dejado vencer por la demagogia –cuando no por la vocación aldeana– y ha tomado medidas parecidas en "sus" comunidades autónomas. Porque, aunque los casos más sonados se den en Cataluña, en el País Vasco y, ahora, en Galicia, ya pasaban estas cosas en la Galicia de Fraga, y pasan en Baleares y en Valencia.

Encima, a veces, la estúpida burocracia nacional-socialista provoca desatinos como el que estos días se ha publicado: individuos gallegohablantes de cuna que no gozan de consideración oficial como tales porque no han acabado los cursos dispuestos por la dirección general de normalización lingüística para obtener el certificado que acredita el dominio de la lengua. Detrás de esta memez pueblerina se esconden, por un lado, los intereses de aquellos que viven de las enormes cantidades de dinero público que se asignan a promocionar las lenguas locales, y, por otro lado, el afán de separarse de España y de analfabetizar a la población en la lengua común. Porque lo de la "normalización lingüística" es un camelo indignante y abusivo que está llenándole los bolsillos a mucho vivales autonómico y que está sumiendo a generaciones enteras en un conocimiento precario del español culto.

Y es que donde estos desafueros lingüísticos tienen su principal campo de acción es en la enseñanza. Ahí es donde las fuerzas nacionalistas y todos los bobos que les hacen el caldo gordo se han movilizado de una manera más eficaz. Y repito que esto pasa, con diversos grados de iniquidad, en comunidades gobernadas por nacionalistas, por socialistas y por populares. Incluso es un asunto que sobrepasa las autonomías bilingües, porque el ansia de poseer "lengua propia" –como si las otras fueran "impropias" o "ajenas"– lleva a inventar, a resucitar, a recrear o a improvisar idiomillas, dialectejos y jerigonzas en regiones donde lo único que se habla es español. Y si no hay jerga propia, se santifican los vulgarismos locales o la entonación comarcal o cualquiera sabe qué vicio de pronunciación más o menos autóctono. Ya hasta el proyecto de Estatuto andaluz prevé "un especial respeto y protección" por parte de las autoridades hacia la llamada "variedad lingüística andaluza". Claro: no se puede ser una realidad nacional como es debido si no se habla distinto de los demás.

En fin, que la libertad retrocede cuando las lenguas no se usan para la comunicación sino para la segregación. Y este es el tema de los siguientes tercetos encadenados.

Galicia es devorada por el fuego:
la culpa, por supuesto, la tendrán
los bomberos que no hablan en gallego.

También en Cataluña ardiendo están
los montes, pues los que usan la manguera
no parlan ni una mica en catalán.

Y en Euskadi los bosques son hoguera
porque los que echan agua en aeroplano
no saben pronunciar bien el euskera.

Si Valencia se abrasa este verano
es porque mucho guardabosques ruin
no sabe articular el valenciano.

En Mallorca el humazo y el hollín
van a dejar el aire irrespirable,
pues los que extinguen no hablan mallorquín.

Y arde en Asturias todo lo inflamable,
como una enorme pira de grisú,
porque los contraincendios no hablan bable.

Y hasta en Andalucía, mira tú,
se queman las provincias, que son ocho,
pues los retenes no hablan andalú.

Y Murcia se requema cual bizcocho,
pues entre los bomberos nadie habla
con suficiente práctica el panocho.

Y en Aragón avanza a rajatabla
el incendio por páramos y lomas,
que allí no hay un retén que charre en fabla.

En fin, si el fuego avanza sin control
–y perdón por meterme en tales bromas–,
la culpa es del fanático español
que se niega a aprender otros idiomas.

Tarde y sin rastro de la «trama»
Editorial ABC 15 Agosto 2006

DESPUÉS de diez días de incendios que han devastado y casi dejado para el recuerdo la imagen tradicional de «la verde Galicia», el presidente de la Xunta compareció en su primera declaración institucional desde que se desatase la inmensa catástrofe ecológica que se ha cobrado cuatro vidas humanas y que ha sumido a los gallegos en el espanto y la desesperación. Tarde llegan, pues, las explicaciones, si es que así pueden ser catalogadas las palabras del dirigente socialista, que se limitó a asegurar que se pagarán indeminizaciones (faltaría más) y que dentro de días habrá un Consejo de Gobierno extraordinario para abordar la tragedia. Menos mal. La pregunta es qué van a hacer hasta entonces los consejeros del Gobierno social-nacionalista. No hubo, por supuesto, relato de cifras que puedan facilitar una visión de las dimensiones del problema, el más grave que ha sufrido la Comunidad en décadas: ni de superficie quemada -que algunos informes técnicos independientes elevan a más de 175.000 hectáreas-, ni de impacto económico (valor del patrimonio forestal perdido, impacto en la actividad industrial y en el turismo), ni, por supuesto, de las famosas «tramas organizadas» que desde el Gobierno central y autonómico se denuncian. Más que decepcionante, la intervención de Pérez Touriño fue un ejercicio macizo de escapismo, desinformación y falta de respeto a los ciudadanos que a estas alturas necesitan saber el tamaño de la pira que han visto arder desde hace casi dos semanas.

El asunto de las tramas debe tener apartado propio. Porque no es la primera vez que ante una situación adversa el PSOE echa mano de la teoría conspirativa como bálsamo con el que curar un estropicio o problema endógeno. Ahora está ocurriendo en Galicia, donde, tanto desde los Gobiernos regional y el central como en el círculo de filias más o menos intelectuales que los apoyan, se sugiere que existe una trama para abrasar entera la comunidad. Ni que decir tiene que ni uno sólo de los propaladores de esta fantasmagórica red se plantea la posibilidad de que algo esté fallando en la manera de gestionar la crisis, ni que los primeros fuegos de Pontevedra se hayan extendido a Orense y La Coruña. El antecedente inmediato de esta táctica tuvo lugar en Madrid, después de que dos diputados socialistas -«despechados», éstos sí por el reparto de cargos del Gobierno que se fraguaba con IU- dejasen al PSOE sin la presidencia de la Comunidad. Rodríguez Zapatero -entonces en la oposición- y la dirección socialista idearon entonces la teoría de que una «trama inmobiliaria» (naturalmente afín al PP) había impedido el acceso de Rafael Simancas a la Puerta del Sol. La comisión de investigación ya puso de manifiesto lo estrafalario del argumento y no aportó una sola prueba. Por el contrario, fueron algunos miembros de la coalición no nata (socialista y comunistas) los que salieron mal parados de la investigación de su patrimonio inmobiliario. Dos años después, aún no ha aparecido rastro alguno de esa trama.

Seguramente en Galicia ocurrirá lo mismo. Pese a la profusión de voces que desde el Gobierno (con Zapatero, Rubalcaba y Narbona a la cabeza) y su órbita doctrinal insisten implícitamente en lo de la confabulación de pirómanos, hasta el momento nada se ha podido demostrar al respecto. Más aún, prácticamente ninguno de la treintena de detenidos en estos días responde a la tipología que apuntan los miembros del bloque político-intelectual que sostiene que una «mano negra» trata de provocar un cambio político. Sí se supo ayer, en cambio, que uno de los arrestados ha formado parte de listas electorales del PSOE en alguna elección municipal.

Mejor harían Zapatero y Touriño en invertir todo su esfuerzo en la tarea de acabar definitivamente con las llamas. Cierto es que habrá que investigar la autoría humana de la mayor parte de los fuegos, que se ha de redoblar la vigilancia y que habrá que contestar muchas preguntas. Entre otras, ¿cuántas hectáreas han ardido?, ¿por qué se tardó cuatro días en pedir ayuda a Europa y al resto de las comunidades?, ¿por qué no hay listo un plan de emergencias?, ¿por qué se sustituyó a técnicos cualificados de la dirección antiincendios? o ¿por qué se rechazó a personal experto por no tener certificado oficial de gallego? Alentar, entre tanto, el debate de las tramas es sólo una cortina de humo para esconder la extrema ineficacia de dos Administraciones (la central y la autonómica) sobrepasadas por los acontecimientos para desgracia de los gallegos, que -contra el tópico- ya no dudan y saben qué administración es más insolvente a la hora de librarles de la plaga de los incendios.

La nación sin Estado
Por IGNACIO CAMACHO ABC 15 Agosto 2006

EL verdadero problema territorial de España no es la hipotética ruptura de la nación, sino la manifiesta desarticulación progresiva del Estado. El Estado no sólo ya es residual en Cataluña, como sostiene Maragall, sino que se ha vuelto insignificante en España, licuado en un magma taifal de competencias autonómicas que sostienen una cierta apariencia de normalidad funcional cuando se trata de distribuir recursos -bajo el mecanismo clientelar, eso sí, de un caciquismo de nuevo cuño- o prestar servicios de rutina administrativa, pero que naufraga cuando toca enfrentarse a desafíos de verdadera envergadura crítica. Los incendios, la delincuencia organizada o las oleadas de inmigrantes dejan patas arriba todo el enorme tinglado de las autonomías, que se ahoga en una abismal ineficacia, mientras el desamortizado aparato estatal, adelgazado hasta la escualidez, carece de la adecuada capacidad de respuesta porque ya es sólo el esqueleto de una organización desnutrida.

El presidente Zapatero cree haber encontrado en el Ejército la panacea para recomponer la ficción de un suprapoder operativo ante las emergencias, sin darse cuenta de que con ello sólo viene a reconocer la desaparición efectiva de una estructura civil y política que pueda llamarse nacional con un mínimo de propiedad semántica. Recurre a la milicia porque es el único elemento de cohesión que el Estado conserva tras haber renunciado a cualquier clase de criterio homogéneo en la distribución de sus competencias. Lo demás es una mera carcasa vacía, una caja hueca que carece de cualquier noción de coherencia y de la imprescindible unidad que requiere la noción misma del poder. Los ministerios se han convertido en poco más que suntuosos gabinetes de estudios, cuyos titulares viven rodeados de una pompa de gran fuerza simbólica, pero en la práctica apenas si poseen autoridad para coordinar la jaula de grillos del entramado sectorial autonómico, reforzado en los nuevos estatutos por el concepto de la bilateralidad. Un ministro del Gobierno puede decir misa si le place, pero sus decisiones reales están en manos de los consejeros del ramo, dueños y señores de los recursos, del presupuesto y de las órdenes para gastarlo en según qué prioridades.

El resultado es que algo tan simple como apagar unos fuegos o acoger a unos puñados de negritos hambrientos requiere poco menos que una resolución de la ONU. Hay que poner de acuerdo a una legión de concejales, consejeros, funcionarios regionales, consejos comarcales, organismos autónomos. Cuando las papas queman de verdad, como en Galicia, el presidente echa mano del Ejército para que obedezca de inmediato y se ponga manos a la obra. Pero no se puede militarizar una Administración dispersa que actúa con el impulso de una centrifugadora. Los nacionalistas, siempre tan miopes, se equivocan en su retórica de campanario: la verdadera nación sin Estado es España.

La legalización, pasito a pasito
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto 2006

Se van cumpliendo los planes previstos en el plan de rendición. El domingo, miles de "ciudadanos particulares" se manifestaron en una convocatoria que nadie duda de que fue realizada por ETA-Batasuna. Es cierto que, tras el auto de Garzón, se dejaron en casa los símbolos de la banda terrorista y su brazo político hasta el extremo de no portar las famosas pancartas contra la dispersión de los asesinos en las cárceles españolas. Pero también es cierto que fue convocada por una apoderada del partido de los batasunos de las tierras vascas y que, además ha visitado a etarras en prisión; no era lo que se dice una persona desvinculada de la banda terrorista. Contó además con la presencia de importantes dirigentes de la organización ilegal, aunque se mantuvieran en segundo plano. En definitiva, todo pareció responder a un cálculo previo. El Gobierno, y por tanto la fiscalía, se inhibe y los etarras procuran no dar demasiadas razones a los jueces para actuar motu proprio.

Con esta manifestación se continúa con la progresiva destrucción de la letra y el espíritu de la Ley de Partidos que se está llevando a cabo en este proceso de propaganda. Si Pernando Barrena protestó hace apenas dos semanas de que el Gobierno les estuviera obligando a hacer un "fraude de ley", no parece que ahora la banda sea tan exigente. Posiblemente la razón se encuentre en que el motivo de su desconfianza, el que dicho fraude pudiera ser revertido con más facilidad que un cambio en la ley, se está desvaneciendo ante las concesiones que en esas conversaciones secretas pueda estar haciendo Zapatero.

En todo caso, y como premio a su comprensión, los socialistas han vuelto a hablar de amnistía bajo la forma de indultos. Ya no hay ningún juicio incómodo en la Audiencia Nacional que muestre a Txapote u otros de similar calaña ante una opinión pública que pueda, extrañada y escandalizada, tomar conciencia de las consecuencias de todo pacto con ETA; que gente como él pueda volver a la calle. De modo que no habrá necesidad de que un López-Aguilar explique que los presos menos presentables se quedarán entre rejas. Poco a poco, paso a paso, nos vamos acercando a un escenario de rendición completa y total del Estado de Derecho ante los terroristas. Nada que sorprenda en Zapatero y los suyos, en todo caso.

Lo único que parece que puede frenar estos pequeños pasos a la legalización de ETA-Batasuna es precisamente una reacción de la opinión pública. Hacer tragar una amnistía que deje a un buen número de terroristas en la calle ya será difícil, pero más aún si se pretende que se acepte sin pestañear la concesión del "derecho a la autodeterminación" que ofreció Zapatero en el discurso con el que anunció el inicio oficial de las conversaciones. Sin embargo, no se puede descartar que un Gobierno como éste, mucho más hábil en la propaganda que en la gestión, sea capaz de lograrlo.

La voladura controlada
Lorenzo Contreras  Estrella Digital 15 Agosto 2006

Pocas veces un Gobierno, en democracia, habrá realizado un acto de claudicación política como el registrado el 13 de agosto en San Sebastián con motivo de la autorizada marcha-manifestación bajo el lema “Euskal Herria tiene la palabra y la decisión”. Euskal Herria todavía no existe salvo en el concepto, pero sí el llamado Euskadi. Y, desde luego, éste ha demostrado una vez más que tiene la palabra y una considerable parte de la decisión en el terreno de los preparativos para tenerla del todo. El PNV, mientras tanto, observa y deja hacer. Sigue vigente la estrategia de la recogida de las nueces en la medida en que otros, los batasunos, agitan el árbol. En realidad son los listos de la película —los nacionalistas pacíficos—, sin perjuicio de que Zapatero sea o se considere el “starring” de la producción general. Cuando a ZP le interesó acabar con Grande-Marlaska gestionó el regreso de Baltasar Garzón desde Estados Unidos, donde disfrutaba de una beca. El becario recuperó el mando del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. Ahora le prepara un lío judicial a Berlusconi, en la línea del que le organizó a Pinochet. El currículo de don Baltasar se enriquece, sus méritos se acrecientan y, en el recodo del camino, probablemente le espera un ministerio, el de Justicia, cuando Juan Fernando López Aguilar sea brillantemente desterrado a Canarias, su tierra, con todas las bazas para llegar a ser presidente de aquella comunidad insular.

Toda la obra judicial del Grande-Marlaska, al amparo o con la cobertura de la Ley de Partidos, está siendo sometida por Garzón a voladura controlada. Y para que la acción de éste parezca responder a la más estricta ortodoxia, ahí tenemos a los dirigentes batasunos en actitud de protesta por la “represión” que dicen sufrir, mientras sus muchachos practican esa otra modalidad de represión que son los rebrotes de la “kale borroka”, las extorsiones y las amenazas.

La comedia es perfecta. Zapatero juega a ser ingenuo, sin serlo, y Garzón a ser justiciero, sin serlo tampoco. Batasuna juega a declararse reprimida y el PNV, con Ibarretxe en Ajuria Enea, a no saber nada o, si se prefiere, a mirar a otro lado. Los antiguos “barones” del PSOE juegan a preservar su “modus vivendi” y la oposición popular, ¡ay la oposición popular!, juega a la retórica y a los recursos de todo tipo, entre otros el que eleva al Tribunal Constitucional, cuyos miembros tal vez piensan más en eso que viene llamándose ajuste de la legalidad a las necesidades de las cambiantes circunstancias políticas.

Estamos apañados. Batasuna prepara ahora, con la anuencia de Garzón y el patrocinio de “El Periódico de Catalunya”, una magna comparecencia en el foro Tribuna Barcelona, donde Otegi no pasará por ser, aunque lo sea, “altavoz” del frente ETA-Batasuna, según objetaba Grande-Marlaska, sino un correcto orador cuya “altavocia”, según don Baltasar, es “un extremo que no está acreditado”.

Tiene razón Pernando Barrena, el hombre de la “P”, cuando dice que la aplicación de la Ley de Partidos es “extremadamente grave”. Tan grave, que no se aplica, y menos que va a aplicarse en el futuro porque lo esencial es la pacificación. Zapatero quiere esa gloria. Yo anticipé —luego ví que la idea era secundada por otros— que ZP aspira a ser el nuevo “duque de la Victoria” mediante la imitación a Espartero y su abrazo de Vergara. Allí, en aquella ocasión del siglo XIX, terminó la primera guerra carlista. Ahora estamos en la cuarta, con el carlismo transmutado en ETA, y siempre a la espera, cuando llegue el momento, de desengrasar las armas y empezar la quinta.

Pero no hay que ser pesimistas. No hay que imitar a Josefa Permach, que acusa al PSOE de “dar la espalda a las posibilidades abiertas para solucionar el conflicto”. El PSOE de Zapatero asume todas las posibilidades y Permach bien lo sabe aunque se queja de vicio. Estamos en las mejores manos. El Gobierno es solvente y sabrá satisfacer sus deudas.

Incendios en Galicia
La conjura de los piradiños
Cristina Losada Libertad Digital 15 Agosto 2006

Estábamos, y nunca mejor dicho, en ascuas, pero Touriño no ha saciado la curiosidad que, junto al fuego, nos consume. Le pasa como a Rubalcaba, el que ha venido a Galicia a descubrir la trama de la que no tiene indicios. Sigue sin haberlos, pero la existencia de la mano negra se rige por idéntico principio que la de las meigas. Y así, el presidente autonómico ha vuelto a colocarnos los incendios estratégicos y el sabotaje como causas del desastre. Ni una palabra de autocrítica. ¡Estos son nuestros dirigentes socialistas! A su lado, los nacionalistas fungen de aprendices. De ahí que los de Quintana se hayan apartado de la hoguera para dejar el sitio a los maestros. Bien saben éstos que el público quiere culpables. Hay que apelar al atavismo ancestral, pero esta vez no pueden ser los gobernantes.

¿Y quién ha sido? Barajemos las hipótesis, como hacen los ministros y su corte de escribas, bien poblada. Pues si con ZP cualquiera puede ser ministro, en tiempos de cultura subvencionada, también llega a escritor cualquier pelanas. Entre los bastos, campa Narbona, con su tesis del atraso sociocultural que por aquí padecemos. En el de los primeras espadas, don Alfredo, y su supuesto del alto grado de preparación de los incendiarios. De este año nada más, que antes se los tomaban a chacota y repudiaban que se criminalizara al pueblo. Bien. Queda a la vista que falta una tercera vía. La que ha de explicar cómo pueden a la vez ser atrasados los que han dispuesto de tamaña capacidad organizativa. Touriño no ha podido alumbrar la teoría. Sólo ha dicho que "sabían lo que hacían". No su gobierno.

Hay conjura, dicen, y aunque lo ignoramos todo sobre ella, podemos adelantar que su base social es distinta a la que produjo la revuelta de los Irmandiños. Los terroristas más experimentados son, al parecer, una vecina de Ponteareas, de 72 años, con 31 fuegos y 60 hectáreas quemadas, y un nonagenario de Gondomar, con seis incendios en su cuenta. Aunque no hay que olvidar que el núcleo duro de la banda lo constituyen, no los "despechados", sino los topos que, pese al filtro de los certificados del curso de gallego, lograron permanecer como durmientes en las brigadas.

¿Qué de qué manera concertaban los atentados? Muy sencillo. Funcionaban en red, al estilo de Al Qaeda, con células locales, autónomas y herméticas, o sea, todos a una, pero cada uno a su bola. Según los literatos, que de esto saben un huevo, debe de existir un estado mayor que planificara la "estrategia bélica". Si es verdad que han dispuesto de una "gran logística", Rubalcaba estará a punto de informarnos de que los más curtidos guerrilleiros manejaban, al menos, teléfonos móviles.

Pero no nos ensañemos. El misterio de esta conspiración no resulta fácil de desentrañar. Varios insurgentes capturados fingen enajenación mental y otros trastornos. Los jueces, siempre indulgentes, han aceptado internarlos en unidades psiquiátricas. Uno de los más destructivos, el que arrasó 300 hectáreas en Lalín, se ha zafado mediante un certificado de oligofrenia media. En fin. Sinteticemos. Según los ministros, una banda de atrasados perfectamente preparados ha mantenido en jaque a los gobiernos de Galicia y de España. No está nada mal para una guerrilla que acaba de estrenarse con el objetivo de desafiar a la Xunta progresista. Pero ya podemos respirar tranquilos. Contra esta sofisticada trama de delincuentes profesionales, habrá manifestación el domingo. Es la respuesta idónea a la conjura de los piradiños.

El comprador de tiempo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 15 Agosto 2006

No acertó usted, mi señor Zapatero, al decir que «el silencio es la mejor plataforma para el diálogo». El apagón informativo que anunciaba aforismo tan inane ha sido iluminado por la otra parte. Su silencio, ocupado por las voces de los otros. Cuando calla el Estado de derecho es la voz de la selva lo que se oye, decía aproximadamente a los periodistas uno de los personajes de John Huston en la escena final de 'La jungla de asfalto', mientras va apagando, una a una, las voces de la legalidad. El otro ocupa las posiciones que abandonamos, es inevitable.

Lo peor, con todo, es que las posiciones democráticas estén defendidas por voces tan menores y confusas como la de Miguel Buen, que ha valorado la manifestación del domingo tal que así: «la izquierda abertzale ha demostrado que, cuando quiere, sabe celebrar sus manifestaciones dentro de los límites del Estado de Derecho».

No es «cuando quiere», sino «cuando se la obliga». Lo que a él le parece buena actitud de Arnaldo y su cuadrilla, no es más que el acatamiento estricto de los límites impuestos por el juez Garzón.

La manifestación del domingo es un paso más en su vuelta a la legalidad. Según habían anunciado ustedes, presidente, este verano iba a ser aprovechado por Batasuna para presentar unos estatutos irreprochables en la ventanilla del Ministerio del Interior y poder sentarse a negociar asuntos extravagantes en trastiendas extraparlamentarias.

Sus interlocutores no necesitan la legalidad hasta las elecciones municipales o más tarde, siempre que puedan concurrir a ellas con martingalas del tipo Aukera Guztiak. Han sabido invertir la lógica y ahora son ustedes quienes necesitan su legalidad para poder constituir la mesa de partidos, ese gran invento con el que puede comprar el tiempo necesario para llegar la final de la legislatura. Ellos han conseguido volver a los tiempos en que pasaban de acudir a las instituciones, mientras cobraban puntualmente sus haberes parlamentarios y los partidos democráticos se empeñaban en ponerles alfombra roja para integrarles en la democracia, como si ello fuera uno de los misterios gozosos del Rosario. Tal vez no se acuerde, porque en aquel entonces usted no había llegado aún a diputado.

Allá en los confusos sesenta, presidente, cuando usted todavía posaba de tuno infantil con guitarra, la televisión franquista emitió un 'Estudio Uno' que a un servidor, adolescente, le pareció un drama desgarrado. Era una versión libre de Pemán de una obrita de Jacques Deval. Se titulaba 'El comprador de horas', y trataba de un cura empeñado en redimir a una puta, comprándole su tiempo, no para la práctica del amor venal, claro, sino para darle cháchara y apartarla del pecado. Su acrisolado laicismo perdonará mi osadía analógica, presidente, pero lo de usted con Batasuna me recuerda cada vez más el inútil empeño de aquel melancólico inversor en castidades improbables.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com

Otro delirio conspirativo
Por EDURNE URIARTE ABC 15 Agosto 2006

Según un sondeo publicado la semana pasada en Gran Bretaña, nada menos que un 45 por ciento de los musulmanes británicos cree que el 11-S fue una conspiración de Estados Unidos e Israel. Pasmoso, ridículo o, simplemente, cerril. Dan tentaciones de atribuirlo a las carencias de modernización del islam, o al menor nivel educativo de la comunidad musulmana en Gran Bretaña, o a la penetración del fanatismo. Y de acabar con un nuevo canto a los grandes avances de la racionalidad en el democrático y desarrollado Occidente.

Pero se cruza de por medio Galicia, y las teorías sobre la racionalidad occidental, la española, en este caso, se tambalean. En materia de alucinaciones conspirativas no tenemos nada que envidiar a ese 45 por ciento de los musulmanes británicos. Aquí, son los propios gobiernos, el gallego y el central, y un grupo de intelectuales, con Manuel Rivas y Suso de Toro al frente, los que se han inventado nuestra última conspiración, una igual de estrambótica que la del 11-S, la de la trama «terrorista» organizada desde la derecha que habría maquinado un plan de incendios para acabar con el Gobierno gallego de izquierdas y, de paso, con el central. Los desvaríos de esos dos intelectuales radicales no me sorprenden. El extremismo ideológico se lleva muy mal con la racionalidad. El problema es que esos desvaríos han sido asumidos por el propio Gobierno de la nación. En realidad, no está muy claro quién los ideó, si el frente de los intelectuales radicales o los ministros. Narbona en primer término y, sobre todo, Rubalcaba, ese político que tanto ha ironizado sobre algunas teorías conspirativas del 11-M y que, sin prueba alguna y con todos los informes policiales en contra, ha defendido la teoría de la conspiración gallega.

Me escandaliza la calumnia, la que tan acertadamente diseccionaba José Antonio Zarzalejos en su Tercera del domingo. Y me asombra nuevamente la impunidad con la que se despliega y la facilidad con la que se acoge en nuestro país. Estos últimos años, España ha sido un hervidero de exitosas fantasías conspirativas, igual de delirantes que la del 11-S de los musulmanes británicos. Éstos creen que el Gobierno norteamericano voló las Torres Gemelas, pero los mismos de la trama terrorista incendiaria sugirieron que era el propio Gobierno español el que había hundido el «Prestige» y contaminado con chapapote las costas gallegas.

Y en medio de las dos conspiraciones gallegas están las otras, las del 11-M; primero, aquella sobre el Gobierno que mentía, también de Rubalcaba, y después, esa otra de algunos sectores de la derecha sobre la conspiración policial-etarra-marroquí del 11-M. Y las calumnias no sólo salen gratis, hasta sirven para ganar elecciones, o eso parece a tenor de los resultados gallegos o los del 11-M. No sólo no se piden responsabilidades. Es que la racionalidad es un exotismo. Aquí los raros son los que insisten en aferrarse a ella y aún preguntan por los datos y las pruebas.

Un primer paso
Por FLORENTINO PORTERO ABC 15 Agosto 2006

Bajo una gran presión, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue capaz de aprobar por unanimidad una resolución sobre la Guerra del Líbano, un acuerdo que satisface parcialmente a todos, pero que dista de ser un instrumento adecuado para resolver el conflicto.

La resolución 1701 hace una correcta descripción de los problemas reales: Hizbolá es un grupo terrorista que debía haberse disuelto hace tiempo y con el que hay que acabar ahora, la frontera entre el Líbano y Siria es la vía principal por la que llega el armamento que utiliza Hizbolá y, por último, es fundamental establecer una zona entre el río Litani y la frontera israelo-libanesa libre de presencia terrorista y ocupada por el Ejército nacional y una fuerza de interposición de Naciones Unidas.

Sin embargo, la respuesta que ofrece a estos problemas es absolutamente contradictoria, supone un atentado contra el sentido común y, probablemente, será insuficiente. El Gobierno del Líbano es el responsable del control de sus fronteras, con Siria y con Israel, y sólo él puede ocuparse de poner fin a las milicias de Hizbolá.

La fuerza militar que envíe Naciones Unidas sólo podrá ayudar en estos cometidos en la medida en que el Gobierno se lo solicite. Desde un punto de vista formal el planteamiento es impecable, más aún cuando nadie duda de la buena voluntad del primer ministro y del afán democrático de la sociedad libanesa. Sin embargo, la realidad apunta en otra dirección.

El Gobierno es el resultado de una coalición en la que está presente Hizbolá. El Ejército libanés está falto de medios, carece de un mando realmente operativo y, aproximadamente, la mitad de sus efectivos están vinculados a Hizbolá. ¿Es éste el Gobierno y ésta la fuerza que va a desmantelar Hizbolá, impedir sus acciones en el sur contra Israel y controlar la frontera con Siria?

Si el Gobierno libanés no ejecuta el mandato de la resolución, nos encontraremos ante un mero alto el fuego que sólo puede favorecer a Hizbolá. Durante las dos primeras semanas demostraron a la comunidad musulmana que podían mantener un pulso con Israel, pero las dos últimas han resultado aciagas para esta organización, que ha buscado un alto el fuego para detener la ofensiva israelí, reagrupar a sus efectivos y reconstruir sus arsenales. Por el contrario, Israel hubiera necesitado algunas semanas más para infligir el mayor desgaste posible sin tener que ocupar permanentemente el territorio.

El texto de la resolución recoge en lo fundamental las demandas israelíes, pero allí nadie cree que se vaya a aplicar. Unos y otros se preparan para el siguiente capítulo bélico. El Consejo de Seguridad ha dado satisfacción a sus respectivas clientelas, pero el núcleo del problema continúa intacto.

Terrorismo
Lo peor de Londres
GEES Libertad Digital 15 Agosto 2006

Lo peor de Londres y sus atentados frustrados no es saber que el mundo civilizado se enfrenta a un enemigo que es a la vez astuto y persistente. Tampoco volver a saber que se nos ha declarado la guerra y que nuestro enemigo busca por todos los medios a su alcance causar el mayor número de bajas entre lo que considera son sus filas enemigas, esto es, nosotros, pobres civiles, ciudadanos de las sociedades más abiertas y tolerantes del mundo. Ni siquiera tener que reconocer que la complacencia frente al terrorismo islámico es de todas a todas mortal y que, si les dejáramos vía libre, acabarían con nosotros en un pestañear de ojos.

No, lo peor de Londres es otra cosa, es volver a ver cómo impera la corrección política y cómo la izquierda y otros tontitos útiles sacan siempre las lecciones equivocadas. No nos enfrentamos a un único enemigo, ni tan siquiera a un enemigo que también está instalado entre nosotros. No; el enemigo también somos nosotros mismos.

Por ejemplo, durante dos días los comunicados oficiales y la prensa internacional se refirió a los terroristas como simplemente eso, terroristas. Que lo son, pero todos sabíamos que eran terroristas porque eran musulmanes fanáticos, fundamentalistas, suicidas y apocalípticos. Pero la corrección política impedía que se lanzara la hipótesis más plausible: que todo era obra del terrorismo islámico. Que, como se ha visto, era la realidad. Hoy el terrorismo es islámico y los terroristas son fanáticos fundamentalistas. Y aunque es verdad que no todo musulmán es un terrorista, no es menos verdad que todos los terroristas de Al Qaeda y grupos afines son musulmanes. Porque la jihad, que es la guerra que nos están haciendo aunque muchos no quieran verlo, es una institución que sólo existe para el Islam.

En segundo lugar, no ha faltado el coro de voces que explica y justifica esta barbarie por lo que nosotros hacemos en política exterior. Blair no se ha librado en esta ocasión y gente de izquierdas compañeros de viajes de las comunidades islámicas le reclaman un giro de su acción exterior: alejarse de Bush y retirarse del mundo árabe y musulmán. Casualmente lo mismo que preconiza el candidato demócrata Lamont, ganador en Connecticut sobre el viejo zorro Joe Lieberman.

Se dice que la creencia de que estamos en guerra con el terror sólo provoca más violencia y que la acción ofensiva y militar es contraproducente. Que todo se debe limitar a un asunto criminal y, por ende, policial. ¿Pero cómo iba la policía londinense a saber de la trama en Pakistán si no fuera por esa vínculo común que es la guerra contra Al Qaeda y el terrorismo islámico? ¿Y si se cambiara la política exterior, a lo Rodríguez Zapatero? ¿Estaría el mundo más seguro? No, quedaría a merced de la voluntad y compasión de los fundamentalistas que, como sabemos, es igual a cero.

Lo peor de Londres, por tanto, es tener que aguantar una vez más a los antisistemas, enmascarados de derrotismo, culpándonos a nosotros mismos por la mentalidad diabólica de Bin Laden y asociados. La izquierda, que no acepta los valores de las democracias liberales, esto es, libertad individual, derechos y deberes iguales para todos, valores comunes y nacionales, el indispensable papel del estado y el mercado libre y sin injerencias extrañas, prefiere vernos sojuzgados por los extremistas árabes a quedarse arrinconada por la Historia. Ya sabemos en qué consistía lo mágica fórmula de la dictadura del proletariado. Imaginen lo que sería la teocracia del extremismo islamista.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Pakistán, un amigo peligroso
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR/HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE El Correo 15 Agosto 2006

La oportuna intervención de los servicios secretos británicos ha evitado una masacre en la que habrían perecido miles de personas y que habría colapsado el tráfico aéreo a escala mundial. 24 sospechosos han sido arrestados, de los cuales 22 son paquistaníes. Éste es un detalle muy digno de resaltar pues una y otra vez comprobamos que la inmensa mayoría de los terroristas islámicos proceden de unos pocos países, especialmente Arabia Saudí, Pakistán y Egipto. Con la excepción de Turquía, occidentalizada a fondo desde hace décadas, cuanto más pronorteamericano es un gobierno musulmán, más terroristas parece generar.

El estado paquistaní surgió en 1948 para evitar que los musulmanes de India se convirtiesen en una minoría discriminada dentro de un océano de politeístas hindúes. Los creadores del nuevo Estado eran laicos. Para ellos, el Islam era una cultura pero no una religión. El integrismo ya existía por aquel entonces, pero era minoritario. Su crecimiento fue algo gradual debido a las reiteradas crisis internas, la corrupción, las derrotas militares frente a India, la secesión de Bangladesh, la guerra de Cachemira, etcétera.

La democracia paquistaní era en realidad una oligarquía controlada por una reducida elite de terratenientes, militares y políticos corruptos. El caciquismo y el clientelismo convertían en una farsa las elecciones. En varias ocasiones el ejército tomó el poder y estableció una dictadura sin disimulos pero, al no contar con el apoyo de la población, los militares recurrieron al Islam extremista para legitimarse. Cuando la democracia era restaurada, los políticos civiles se encontraban con unos islamistas encastillados en sus nuevas prebendas y un ejército de lealtad dudosa que se negaba a respaldar al gobierno para imponerse sobre los fanáticos.

Por otra parte, muchos políticos eran caciques oportunistas que no tenían inconveniente en adular al integrismo para obtener su apoyo. La misma Benazir Butho, tan defendida en Occidente por ser mujer e hija de un primer ministro asesinado por los militares, no era más que la heredera de una vieja dinastía de poderosos caciques políticos, los Butho. Su gobierno fue tan corrupto y despótico como el de su padre. Por eso fracasó. Por desgracia para Pakistán, los líderes de la oposición no eran de una catadura muy distinta. El resultado fue el golpe de Estado de Pervez Musharraf.

Los militares han sido siempre el verdadero poder en la sombra en Pakistán. Incluso cuando existía sobre el papel un gobierno democrático, el ejército y los servicios secretos controlaban la política exterior del país. Cuando el imperio británico de India se dividió, la región de Cachemira, de mayoría islámica, debería haberse unido a Pakistán pero el maharajá local era hindú e India era militarmente la más fuerte, de manera que esta país se apoderó de la región. El resultado han sido 58 años de guerra permanente de baja intensidad, pues la población local se ha negado a aceptar el dominio hindú.

La frustración de no poder recuperar Cachemira, unida a la perdida de Bangladesh, empujaron a los militares a la intransigencia y el extremismo. Cuando los soviéticos perdieron la guerra de Afganistán, algunos paquistaníes se imaginaron que podrían aprovechar la situación para apoderarse de este país o, por lo menos, para convertirlo en un Estado satélite. Como no podían actuar directamente, se pusieron de acuerdo con los deobandies, la facción integrista paquistaní más extremista de todas, que tenía contactos tribales a ambos lados de la frontera. Así fue como surgieron los talibanes, pero este grupo se volvió contra sus padrinos paquistaníes tan pronto como conquistó Kabul. La dictadura talibaán es una muestra del futuro que le espera a Paquistán si los integristas toman el poder.

En la actualidad, Osama Bin Laden está muy probablemente oculto en Pakistán. Los talibanes atacan Afganistán desde Pakistán. Las escuelas integristas, que a menudo son las únicas que existen, someten a los jóvenes a un espeluznante lavado de cerebro antimoderno, antifemenino, antihindú y antioccidental. Mucha gente les escucha porque la población crece muy deprisa y las tasas de paro y de pobreza se disparan. En 1965, Pakistán tenía 50 millones de habitantes. Actualmente son 158. Es un Estado con armas nucleares. El actual usurpador, Pervez Musarraf, era un leproso político hasta los atentados del 11-S. Entonces fue rehabilitado como aliado clave en la 'guerra contra el terror' lanzada por la Administración Bush. Lo cierto es que, sin Pakistán, Bin Laden jamás habría pasado de ser un fanático entre tantos, los talibanes nunca habríann llegado a existir y el 11-S no se habría producido. ¿Con aliados como éstos, no hacen falta enemigos!

Los jóvenes emigrantes paquistaníes se ven atrapados en una espantosa esquizofrenia cultural. La civilización occidental es muy tentadora, pero han sido adiestrados para considerarla pecaminosa y repugnante en grado extremo, lo que provoca en ellos tensiones enloquecedoras. La inmensa mayoría logran integrarse pese a todo. Consiguen un buen empleo, conocen a una chica simpática y asumen un Islam laico y moderado. Los que no se adaptan acaban enloqueciendo, porque es imposible respetar las normas integristas en un entorno occidental. Por mucho que sus parientes digan que los arrestados eran personas pacíficas y normales, en realidad eran bombas de tiempo.

Es cierto que el Gobierno paquistaní ha colaborado para detener a los terroristas, pero eso resulta irrelevante mientras ese mismo Ejecutivo financie y ampare a las redes ultraextremistas de las que surge el terrorismo. Hay que eliminar el mal en su origen; neutralizarlo en sus propios bastiones, que son Paquistán y Arabia Saudí. Todo lo demás es perder el tiempo.

De terrorismo y complicidades
José Javaloyes  Estrella Digital 15 Agosto 2006

Las autoridades británicas han rebajado de “crítico” a “grave” el nivel de riesgo que padece la nación ante un ataque terrorista. El nivel de probabilidad ha descendido porque el margen de inminencia se ha estrechado en términos proporcionales al contundente despliegue de las alertas y controles, tanto en los aeropuertos británicos como en otros de Europa. El dato de que, según las mismas fuentes, se hayan evitado hasta cuatro atentados muy graves, contribuyen a la correcta comprensión del grado de alarma, policial y política, en que todavía se permanece.

Acaso porque la presión militar y el esfuerzo conjunto de los servicios de información pakistaníes y norteamericanos bloquean los movimientos de la jefatura Al Qaeda, recluida en el Himalaya de Pakistán, esta organización terrorista no ha logrado hacer su propia explotación del largo mes de guerra que ha consumido la campaña de Líbano. Siendo los servicios pakistaníes, precisamente, quienes capturaron, en Lahora e Islamabad, los enlaces que habían de conducir los atentados contra una docena de aviones británicos, en las rutas básicas del tráfico aéreo anglo-norteamericano.

Los motivos por los que el terrorismo de Al Qaeda, perteneciente al integrismo suní, merezca la atención de la seguridad occidental, especialmente de la angloamericana, radican, de una parte, en su establecido código de señales: las suyas son actos de castigo en su guerra santa o “yihad” por las actuaciones occidentales y de Israel contra países árabes y la comunidad islámica. De otra parte, el integrismo rival de los chiíes de Irán, ha sido el gran beneficiario de la campaña libanesa entre las masas árabes. Todo, por tanto, empuja a las huestes de Ben Laden hacia una recuperación rápida y contundente de su “prestigio” y liderazgo en el terrorismo islámico frente a lo conseguido por el chiísmo en Líbano, con Hezbolá, y con Hamas en Palestina.

La eventualidad de que el “yihadismo” disponga de un “plan B”, en este y en otros casos, abunda en el sostenimiento de los criterios de prevención y alarma, y no sólo por parte de los servicios británicos. Tampoco para únicamente el terrorismo islámico.

Pero en todo existen excepciones, como en la ya tópica excepción del actual Gobierno español, que busca en el pacto con el terrorismo etarra el desistimiento de éste, partiendo del teórico “alto el fuego” proclamado por los de la banda, y en cuya virtud entraron en trance de letargo el principio de legalidad y la propia patencia del peso del Estado.

La levedad de éste alcanzó el “estado crítico”, en espera de una proclamación de la paz política entre el orden jurídico y el mundo de los criminales, metamorfoseado de “movimiento de liberación nacional”. Algo que tomando la semántica de los procesos de descolonización, aspira a ser réplica del “movimiento nacional” iniciado en 1936, contra el proceso revolucionario frente a la legalidad republicana, iniciado en 1934 con la huelga general revolucionaria, la sublevación armada de las izquierdas en Asturias y la proclamación del Estado catalán por el nacionalismo fascista agrupado en torno a Luís Companys, fusilado tras de su entrega por los alemanes y cuyo recuerdo veneran las huestes del Tripartito catalán desde antes de que se proclamara, este del 2006, “año de la memoria histórica”.

Existe una extraña y sabida coherencia entre la práctica del terrorismo, como el supremamente ilegítimo uso de la fuerza; las conspiraciones contra las libertades y el Estado de Derecho, y los propósitos de reescribir la Historia, como Al Qaeda hace, para una quimérica reconquista islámica de España, o queriendo inventar el pasado como hace el nacionalismo, teniendo cuando es preciso a ETA como punta de lanza, o a unos norteafricanos como posible cabeza de turco.

Los pactos con el terrorismo, ilegítimos por naturaleza, cuestionan la legitimidad de quienes los hacen y establecen presunciones de ilegitimidad para su origen y su destino.     jose@javaloyes.net

Querido defensor (y IV)
15 de Agosto de 2006 - 14:37:38 - Luis del Pino Libertad Digital 15 Agosto 2006

Querido defensor de la versión oficial,

Por si aún no te he convencido de que son muchas las cosas que hay que investigar, déjame que haga un último intento. Déjame que acepte la versión oficial de los hechos y que te plantee una última pregunta muy sencilla, tratando de ir más allá del "cortafuegos" trazado por los creadores de la versión oficial.

Vamos a suponer que todo es cierto. Vamos a suponer que, como dice el Auto de Procesamiento, los atentados fueron cometidos por "una célula islamista local inspirada en Al Qaeda" que actuó en represalia por la Guerra de Irak y que utilizó para sus fines a la subtrama asturiana (como suministradora de explosivos) y a diversos delincuentes del mundo de la droga (en tareas de transporte y logística). Aceptémoslo y vamos a fijarnos en uno de los detalles más curiosos e inexplicables de las investigaciones.

Sabemos, porque así nos lo dice la versión oficial, que las bombas del 11-M fueron montadas en una casa de Morata de Tajuña.
Sabemos que esa casa es propiedad de Mohamed Nidal Acaid, que está en la cárcel desde 2001 por su relación con Al Qaeda y fue condenado hace unos meses por pertenencia a esa organización terrorista.
Sabemos que esa casa sólo ha sido alquilada en dos ocasiones: la primera de ellas a una persona que está en la cárcel en Marruecos por su presunta relación con los atentados de Casablanca y la segunda a Jamal Ahmidan, El Chino, pocos meses antes del 11-M. Es decir, las dos únicas veces que se alquiló esa casa, los inquilinos eran sendos presuntos terroristas.
Sabemos que, las dos veces que se alquiló la casa, los intermediarios fueron dos sirios cuyas relaciones tanto con Abu Dahdah (jefe de Al Qaeda en España) como con varios de los miembros de la trama del 11-M están constatadas.
Sin embargo (y aquí viene lo curioso), sabiendo todo esto, ni la Policía, ni la Fiscalía, ni el juez, han querido tirar de ese hilo: ni el dueño de la casa de Morata, ni los intermediarios, han sido procesados en relación con el 11-M.

Dicho lo cual, te planteo la pregunta: ¿se te ocurre alguna razón, querido defensor de la versión oficial, para que no hayan sido ni siquiera procesados ni el dueño de la casa de Morata de Tajuña (que es miembro de Al Qaeda), ni los que intermediaron en el alquiler sucesivo a dos presuntos terroristas?

Puesto que no ha sido procesado, el dueño de la casa de Morata de Tajuña no tiene, según la versión oficial, nada que ver con los atentados de Madrid. Es decir, según la versión oficial, el atentado es obra de "un grupo local inspirado en Al Qaeda", pero el que las bombas se montaran en la casa de un miembro de Al Qaeda es pura casualidad. ¿De verdad te tragas eso, querido defensor? Porque, si eres capaz de pasar por ahí, entonces es que has perdido la objetividad hace mucho tiempo.

Déjame que te haga la pregunta de otro modo: puesto que lo que se nos ha querido vender es que los atentados son obra de musulmanes fanáticos, para los creadores de la versión oficial hubiera sido tremendamente útil procesar al dueño de la casa de Morata. Hubieran podido decir a la opinión pública: "El hecho de que las bombas se montaran en la casa de un miembro de Al Qaeda demuestra que fue Al Qaeda quien organizó los atentados". Sin embargo, a pesar de que esa baza es tremendamente potente, los creadores de la versión oficial se han visto obligados a no jugarla. ¿Se te ocurre alguna razón para ello, querido defensor? ¿Qué puede haber tan terrible al otro lado del hilo para que renuncien a tirar de él? ¿Quién o qué hay al otro lado del hilo, además de ese miembro de Al Qaeda?

Me dices que estás sinceramente convencido de que la versión oficial es cierta. Y yo te creo. Pero entonces, ¿a qué esperas para ayudarnos a exigir que nos expliquen por qué se ha dejado de lado el vínculo más directo con Al Qaeda?

¿O es que tú tampoco quieres saber qué es lo que hay al otro lado del hilo?

Déjame que me despida de ti recordándote una cosa: el día 11 de marzo, alguien asesinó a 192 españoles. Y, por el rumbo que van tomando las investigaciones oficiales, cada vez está más claro que tratarán de cerrar el tema echándole el muerto a los muertos de Leganés (no tienes más que analizar a quién han procesado y cuáles son las imputaciones contra cada uno). Es decir, piensan dejar para los misterios de la Historia tanto la identidad del "cerebro" de los atentados, como muchos detalles de la operativa de los mismos. ¿Vas a permitir que eso suceda? Si crees en la versión oficial, demuéstralo exigiendo que se extraigan todas las consecuencias de la misma. Exigiendo que se investigue la casa de Morata, exigiendo que te aclaren quién de los islamistas fue el "cerebro" del atentado, exigiendo que te expliquen quiénes (con nombre y apellidos) cometieron negligencias, exigiendo que te cuenten qué fue lo que hizo, exactamente, cada uno de los implicados.

Porque yo no sé lo que sucedió el 11-M, pero resulta que tú tampoco, más allá de vagas explicaciones sobre muchos islamistas que odiaban a Aznar y de los que no se sabe muy bien qué fue lo que hizo cada uno. ¿Qué tal si nos ayudas a pedir que nos expliquen, de una vez, la masacre, aunque sea desde el punto de vista de la versión oficial? Creo que todos los españoles nos lo merecemos. Incluido tú.

Un saludo de Luis del Pino

El catedrático Andrés de Blas alerta contra los «efectos expansivos» del «modelo catalán»
ASER CATALÁN ABC 15 Agosto 2006

SANTANDER. Andrés de Blas, catedrático de Teoría del Estado de la UNED, alertó ayer contra los «efectos expansivos» a otras comunidades autónomas del «modelo catalán», un cauce por el que -a su juicio- ya se ha comenzado a navegar.

De Blas hizo esta advertencia durante la inauguración del seminario «Nación y nacionalismo español en la época contemporánea», que, con el patrocinio de la Fundación Vocento, reunirá durante dos semanas a historiadores y politólogos que se han comprometido en un trabajo de investigación que verá la luz en 2008. Entre los participantes en estos debates, que serán dirigidos por Juan Pablo Fusi, Andrés de Blas y Antonio Morales, figuran, entre otros, José Carlos Mainer, Santos Juliá, Fernando García de Cortázar, Jon Juaristi, Javier Varela o Carlos Dardé.

En la jornada inaugural, Andrés de Blas pronosticó que «la realidad social de la nación española es muy sólida y se impondrá, aunque haya elementos -el Estatuto de Cataluña y el plan Ibarretxe, por ejemplo- que la pongan en peligro». Destacó también que «tenemos que superar lo de que el nacionalismo español -franquismo excluido- es conservador y el periférico progresista, porque en términos históricos es falso».

Andrés Morales, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid, coincidió sustancialmente con De Blas. Así, opinó que «España no se rompe, decir eso es exagerado, pero sí que se ha debilitado el Estado, que como institución puede arrastrar a la nación». «Con el Estatuto de Cataluña se ha debilitado el Estado y, si nos olvidamos, ya está ahí Maragall para recordárnoslo», apostilló. Para Morales, «el riesgo no es un Estado federal, en el que ya vivimos, sino una confederación, y ese riesgo existe. Otra cosa es que la solidez de la nación se imponga». También lamentó que no se haya «superado la asociación del nacionalismo español con el franquismo, aunque por fortuna parece que poco a poco se va desarraigando la idea, porque no es la verdadera tradición».

El nacionalismo democrático español, minado por los cuarenta años de dictadura de Franco, y su recuperación como valor contemporáneo, son dos de los ejes del seminario. Como explicó ayer Morales, su propósito es abordar «la superación del nacionalismo de la dictadura para recuperar el democrático y liberal», porque «la identificación del nacionalismo español con la dictadura franquista ha degradado los conceptos «español» y «España»».

Oreja llama a una «movilización popular» paralela al proceso de negociación
L. R. N.  La Razón 15 Agosto 2006

Madrid- El presidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, aseguró ayer a Ep que su partido debe abrir un «proceso en paralelo» al que está haciendo el Gobierno de España con ETA y usar la «movilización» para explicar lo que se tiene que hacer. En su opinión, en este momento se asocian «el crimen de ETA y la mentira de Zapatero» en la mesa de partidos que se pondrá en marcha en el País Vasco, por lo que considera que el «andamiaje» de la mentira de Zapatero se vendrá abajo y cuando eso suceda, afirma, «España mirará al PP». «Yo creo que el PP tiene que abrir ya un proyecto y un proceso en paralelo al que hace el Gobierno en España con ETA», afirmó Oreja, quien considera que el Ejecutivo «ha abierto un proceso para negociar sobre la autodeterminación». Por ello los populares tienen que abrir un proceso «para abordar cómo fortalecer España y su Constitución».

También el secretario ejecutivo de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, hizo referencia ayer al envalentonamiento abertzale, e instó a impedir homenajes a terroristas como el anunciado para este jueves en San Sebastián por el colectivo de apoyo a presos de ETA Askatasuna y a que no se repitan manifestaciones como la celebrada el domingo, «un acto más del entorno político de ETA». A su juicio, el Gobierno central y el vasco demuestran «pasividad» ante «el pulso de este mundo para volver a la actividad política ordinaria», y denunció el retroceso a una situación previa a la Ley de Partidos y un regreso «al desarme del Estado de Derecho».

Los siete pecados capitales socialistas en la crisis
TEXTO: P. D. ABC 15 Agosto 2006

MADRID. Desde que comenzó la dramática ola de incendios han arreciado las críticas contra la gestión de los gobiernos socialistas de Zapatero y de Touriño. A la falta de información, en estos diez días se han sumado varias actuaciones difíciles de justificar.

Destitución cúpula antiincendios
Como ya publicó ABC hace justo una semana, a su llegada a la presidencia de la Xunta, Touriño realizó una purga de la cúpula antiincendios que había estado en funcionamiento durante el Gobierno de Fraga. De los ocho directivos de máximo nivel destituyó a siete, y defenestró también a otros cargos.

Todo este personal, con amplia experiencia a sus espaldas, fue reemplazado por efectivos que, en muchos casos, no contaban con una preparación adecuada debido a la exigencia del conocimiento del gallego para poder optar a los distintos puestos.

Falta de medios
La falta de medios en los trabajos de extinción es un hecho. Efectivos de las brigadas gallegas han señalado a ABC en los últimos días que el material con el que cuentan es insuficiente y está en mal estado, como es el caso de motobombas que no funcionan o gafas y botas que se derriten con el calor.

Sin protocolo de actuación
Muy relacionada con el primer pecado se encuentra la actual inexistencia de un protocolo de actuación. Su regulación se incluye en la ley de Emergencias de Galicia, un ambicioso proyecto del bipartito gallego. La ley debería haberse aprobado en mayo de 2006, pero en este momento su elaboración está en manos de una empresa privada.

Por otro lado, el PP demanda un mando único que gestione la situación. Al igual que hizo el Ejecutivo de Aznar con el «Prestige», los populares exigen que el Gobierno sitúe a un vicepresidente que se haga cargo del operativo, ya que, según Rajoy, «la Xunta ya no es capaz de resolver la situación».

Demora en petición de ayuda
El Gobierno central tardó cuatro días en solicitar ayuda al resto de Comunidades autónomas. No fue hasta el martes cuando, a través de un «fax urgente», Interior requirió la colaboración de las administraciones autonómicas. Para esa fecha, cuatro Comunidades ya habían enviado, por iniciativa propia, parte de sus medios. Esta demora está relacionada con el tiempo que tardó Touriño en solicitar la colaboración estatal. Hay que recordar que el presidente de la Xunta afirmó el lunes 7 que la situación estaba «controlada».

La petición a la Unión Europea también se dilató. El Gobierno central se dirigió directamente a Italia y Portugal, y fue ya el miércoles cuando España solicitó la ayuda de la UE.

Acusaciones de Narbona
Las afirmaciones de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, aludiendo a «actitudes despechadas de algunas personas por no haber sido contratadas este año en las brigadas forestales» generó críticas del CGPJ y del Partido Popular, que ha pedido la dimisión de la ministra.

De hecho, de las 23 personas detenidas hasta el momento, tan sólo tres son profesionales vinculados a la lucha contra el fuego. Además, las declaraciones de Narbona vendrían a corroborar la purga realizada por Touriño.
Asimismo, la ministra aludió como posible causa al «bajo nivel sociocultural de algunas zonas rurales», a lo que el escritor gallego Suso del Toro, intelectual «orgánico» del PSOE, respondió que «a ministra llega cualquiera».

Visita fugaz de Zapatero
La presencia de Zapatero en las zonas afectadas se produjo con más pena que gloria. Así, en Pontevedra se limitó a un recorrido de tres minutos por una zona deshabitada, en la que los únicos testigos fueron soldados y el presidente de la Xunta. Quizá Zapatero pretendía evitar el abucheo con el que se le había recibido el día anterior en la Plaza del Obradoiro de Santiago.

Asimismo, Touriño no interrumpió sus vacaciones hasta ayer, cuando, a través de un mensaje institucional, anunció la convocatoria de un Consejo extraordinario para el 24 de agosto, nada menos que veinte días después de que comenzara la tragedia.

Tramas criminales
En un intento por inculpar al PP, desde el Gobierno central se ha llegado a hablar de tramas criminales que quieren incendiar Galicia. Y son las plataformas afines -con «Nunca Mais» y Suso del Toro a la cabeza- las que cierran el círculo al decir que hay quien está molesto por que se destronara al PP del Gobierno y «quiere convertir este verano Galicia en un Irak insurgente». Así, para este domingo hay convocada una manifestación, pero, curiosamente, el «nunca mais» no se utilizará como arma política contra el PSOE.

La NASA cifra en 175.000 las hectáreas quemadas y la Xunta sigue sin dar datos
- En sólo una semana ha ardido en Galicia el 40% de todo lo que se quemó en España en 1994, según datos de la Agencia Aeroespacial Estadounidense - El consejero de Medio Ambiente afirma que aún necesita 48 horas para dar cifras oficiales
F. Martínez  La Razón 15 Agosto 2006

Madrid- No hay datos oficiales. Sin embargo, cifras no faltan cuando se trata la situación de Galicia. La gente demanda información, la necesita, la ansía y no sabe a qué atender. Emilio Pérez Touriño, presidente de la Xunta, hablaba hace unos días de 10.000 hectáreas quemadas, los expertos y ecologistas, de 60.000. Desde el espacio, las cosas se ven de una manera distinta y más clara. Según la página web oficial de la NASA dedicada a la vigilancia vía satélite de los incendios de todo el mundo, en Galicia han ardido 175.000 hectáreas en un periodo de siete días.

Los datos publicados en «Rapid Fire», elaborados por la NASA en colaboración con la Universidad de Maryland, revelan que en La Coruña han ardido 79.786 hectáreas, en Lugo 6.154, en Orense 20.103 y en Pontevedra 69.443. Si se tiene en cuenta que Galicia tiene una extensión de dos millones de hectáreas de superficie forestal, en los últimos días se ha quemado casi el 8,7 por ciento . Pero los datos dan para más. Tal y como afirman los científicos estadounidenses, «en este episodio de siete días se alcanza ya el 40 por ciento de todo lo que se quemó en 1994 en toda España, el peor año de incendios de la última década, cuando se calcinaron 450.000 hectáreas».

Las cifras del espacio no tardaron ayer en llegar a la Tierra. El diputado del Partido Popular, Arsenio Fernández de Mesa afirmó que «es triste que haya que enterarse a través de la página web de la NASA» de una cifra que calificó «sin precedentes en la historia de España». Fernández de Mesa acusó al Gobierno de haberse asustado ante las magnitudes de la superficie arrasada por el fuego y de estar esperando «a que las cosas se enfríen» para dar cuenta a los españoles de lo que está pasando, lo que a su juicio es de «una gravedad tremenda». «En lugar de informar a la ciudadanía, tanto el Gobierno central como el gallego ocultan datos y optan por el apagón informativo. Deberían estar ya informando de las primeras estimaciones existentes al respecto», declaró el parlamentario.

Por su parte, el consejero de Medio Ambiente, Manuel Vázquez anunció ayer que «en 48 horas -es decir, mañana-, Medio Rural dispondrá con exactitud de la superficie quemada». «En dos días se dirán las hectáreas, una por una», puntualizó. Vázquez hizo estas declaraciones después de reunirse con la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que visitó ayer por segunda vez la zona y afirmó que «la evaluación definitiva estará lista cuando el episodio de incendios culmine».

A falta de una fecha prevista para la extinción definitiva, el presidente del Partido Popular de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, pidió a la totalidad de los miembros del Gobierno autónomo que se incorporen a sus despachos y que el jefe del Ejecutivo gallego, Emilio Pérez Touriño, convoque urgentemente un Consejo de Gobierno para aprobar las ayudas a los afectados por el fuego.

Núñez Feijóo, que presidió ayer el gabinete de crisis del PP gallego ante los incendios, recordó que en el caso del vertido de petróleo al mar del buque Prestige, la Xunta comenzó a abonar las indemnizaciones a los 20 días del desastre. Además, el Partido Popular gallego propone que la Administración regional delegue en los ayuntamientos la elaboración del primer inventario de daños producidos, lo que, a su juicio, supondrá eliminar trabas a fin de que los afectados cobren sus indemnizaciones. Para los populares, la prioridad en este momento es dar seguridad a los vecinos.

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