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Recortes de Prensa     Miércoles 16 Agosto  2006

Estado residual
Juan Francisco Martín Seco  Estrella Digital 16 Agosto 2006

El pasado nueve de agosto, día de la entrada en vigor del Estatuto catalán, todos los medios de comunicación coincidían en apostillar que los catalanes no iban a notar nada especial. La aseveración resulta evidente. A corto plazo, todo va a seguir igual para los catalanes y para el resto de los españoles; las consecuencias negativas sólo aparecerán de forma gradual. Esa es la baza con la que cuenta el Gobierno para eludir un previsible coste electoral. No es de extrañar, pues, que tanto en el Gobierno como en el PSOE hayan caído fatal las declaraciones del presidente de la Generalitat; ponen al descubierto lo que se quiere tener oculto, o lo que se pretende relegar, cuanto antes mejor, al olvido.

Sin embargo, determinadas afirmaciones de Maragall responden a la verdad. En Cataluña, el Estado va a tener a partir de ahora una función puramente residual. Pero no sólo en Cataluña, porque las clases políticas de las correspondientes Autonomías convencerán a sus respectivos conciudadanos de que no pueden ser menos que los catalanes, con lo que el fenómeno se irá generalizando. En realidad, algo de eso está ocurriendo ya, y poco a poco el Estado va quedando reducido a su mínima expresión, al tiempo que, por más que se quiera, las Comunidades Autónomas son incapaces de responder a los retos que exigen sociedades tan complejas como las actuales. Se hizo patente con la crisis del Prestige, se está viendo con los incendios y aparecerá en todos los casos de emergencia nacional.

Tanto hemos reducido el tamaño del Estado (rebajas fiscales, limitación del gasto público, privatizaciones y, sobre todo, Comunidades Autónomas) que lo estamos condenando a la inoperancia. Este proceso de disgregación es especialmente grave en un momento en el que se globalizan los mercados y la economía. Se repite a menudo que en las coordenadas actuales los Estados son impotentes y se necesitan respuestas en el ámbito europeo, que no son fáciles de instrumentar. Suspiramos por alcanzar la unión política europea y, sin embargo, mientras tanto, ¡oh, paradoja!, rompemos la unión política del Estado para trocearlo en entidades más pequeñas, las Comunidades Autónomas.

El Estatuto que entra en vigor constituye, según Maragall, una nueva constitución para Cataluña. Si las palabras del presidente de la Generalitat han sentado tan mal en el PSOE es porque su discurso es netamente nacionalista y deja al descubierto, por tanto, que el Gobierno actual se ha comportado como tal al respaldar en buena medida su política. Maragall es nacionalista, jamás reconocerá que Cataluña forma parte de España. España son los otros: “Una España amiga que nos comprende”. Maragall es un exponente de una clase oligárquica provinciana de señoritos que –carcomidos de rencor y de envidia– aborrecen al Estado español, aunque no lo confiesen. No otra cosa demuestra el que, gustosos y satisfechos, estén dispuestos a transferir cualquier competencia a la Unión Europea, mientras desean privar de todas ellas al Estado. Hay razones para sospechar que, si no estuviésemos en el euro, el nuevo Estatuto habría planteado un Banco de Cataluña, independiente del Banco de España, y con capacidad propia para emitir su propia moneda. Su consigna sería (:) algo así como moneda europea sí, pero no española.

El discurso de Maragall ha sentado mal en el PSOE porque se pretende que la sociedad olvide lo antes posible todo el proceso seguido en la aprobación del Estatuto. Y, en realidad, es que es difícil de entender el papel del Gobierno y más concretamente el de su presidente en todo este asunto. Quizá se pueda comprender que, en el fragor de una campaña electoral y cuando a corto plazo no se piensa llegar al gobierno, se prometa aprobar y defender lo que venga de Cataluña; si bien ello indica ya una cierta frivolidad, pues, de esta forma y aunque sea implícitamente, comienza a reconocerse la soberanía de esta región y a romper en paralelo la soberanía del Estado español.

Tal vez sea posible entender que cuando se ganan unas elecciones sin mayoría absoluta y se está abocado –dado el imperfecto sistema electoral español– a gobernar con el apoyo de un partido nacionalista, haya que realizar determinadas concesiones. Todos lo han hecho: Suárez, González y Aznar. Pero lo que es difícil de comprender es que el presidente del ejecutivo español se haya puesto a la cabeza de la manifestación nacionalista liderando el proceso de aprobación del Estatuto. Y tampoco que, habiéndose podido abortar su aprobación en el Parlamento catalán por la oposición de CiU -con lo que el Gobierno central se hubiese visto libre de toda presión-, haya sido precisamente el presidente de este Gobierno el que por dos veces –una en el Parlamento catalán y otra en el del Estado español– haya salvado el Estatuto.

No se entiende nada de lo ocurrido en todo este asunto. El presidente del Gobierno central se convierte en paladín de la aprobación de un Estatuto nacionalista, el PSOE rompe con el partido nacionalista que le venía apoyando, tanto en el gobierno central como en el de la Generalitat, para aliarse con aquella formación política que es su principal competidora en Cataluña; el Estatuto se aprueba, pero se defenestra a su artífice fundamental, el actual presidente de la Generalitat. Nada tiene pues de extraño que desde el PSOE se pretenda pasar página de modo que la gente no repare en lo ocurrido. Les ampara el hecho de que los resultados no aparecerán a corto plazo; pero que nadie lo dude, poco a poco iremos viendo las consecuencias negativas, las consecuencias extremadamente negativas para los catalanes y para todos los españoles de haber relegado al Estado a un papel residual.

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El Gobierno lanza un globo sonda para la medida más inadmisible
Carmelo López-Arias elsemanaldigital 16 Agosto 2006

El cruce de declaraciones contradictorias entre los dirigentes del PSE Miguel Buen y Javier Rojo traduce la disponibilidad a pagar un precio que sería tan político como la autodeterminación.

16 de agosto de 2006. ¿Es legítimo atribuir al Gobierno la propuesta de Miguel Buen, secretario general del PSE en Guipúzcoa, de que si ETA abandona las armas definitivamente, algunos de sus miembros podrían ser indultados? Tan legítimo como atribuir al Gobierno lo que le respondió Javier Rojo, presidente del Senado y del PSE en Álava: un no tan deprisa que tampoco constituye una negativa radical. El oscurantismo gubernamental sobre la negociación permite pensar cualquier cosa, y la palabra de José Luis Rodríguez Zapatero, que niega la existencia de cualquier pacto previo con ETA, tiene poco valor porque ya la utilizó para mentir y ocultar los contactos anteriores con la banda y su brazo político.

En teoría, Buen ha pretendido tender una mano a los etarras, al exigir, como condición previa, no un alto el fuego más o menos prolongado, sino el abandono definitivo de las armas. Lo que, según el dirigente socialista, permitiría estudiar indultos caso por caso, pues las amnistías las prohíbe la Constitución (art. 62.i).

Se trata de una de las reivindicaciones de ETA, que quiere poner el tema de los presos como parte esencial de la negociación. Sabe bien que no puede aspirar a todo, pero sí a que "caso por caso" se acuerde una salida más o menos rápida de la cárcel de un número suficiente de etarras, ya sea atemperando su régimen penitenciario, ya sea con la mencionada medida de gracia. Que no tiene por qué ser a cuentagotas: la Carta Magna impide a la ley "autorizar indultos generales"... pero se lo impide a la ley, no al Gobierno, a quien, respetados los trámites reglamentarios, tanto le da indultar a uno que a cien.

¿Van a sufrir esta ofensa las víctimas del terrorismo? Uno puede creer a Juan Fernando López Aguilar, y estar seguro de que no. O puede no creerle. O puede creerle, y al mismo tiempo abrigar la convicción de que Juan Fernando López Aguilar no representa en ese punto la posición de Zapatero. Desde luego, examinado fríamente el proceso desde su arranque el 22 de marzo con el anuncio de "alto el fuego permanente" de ETA, todo apunta a que, si hay acuerdo, incluirá vaciar las cárceles de etarras de una forma u otra, y más pronto que tarde.

Lo importante es saber que eso es ya un precio político. A la vista de lo sucedido con el Estatut, es probable que Zapatero encuentre una fórmula de autodeterminación encubierta: por ejemplo, constatar en el preámbulo de un nuevo Estatuto que el Parlamento vasco ya se autoconcedió ese derecho, como se hizo con el Parlamento catalán y el término nación. Una solución final de esa naturaleza, junto con medidas de gracia individualizadas en un escenario de final práctico de la violencia, parecería una "paz" sin precio político.

Pero no es así. Mirar con ojos diferentes a un asesino, a un secuestrador, a un ladrón o a un chantajista por el hecho de que cometió sus crímenes como miembro de ETA, es darle a ésta un estatus diferente al del delincuente común sólo por perseguir un objetivo político, como es la independencia. Y ese trato de favor es, además de una injusticia y de un agravio a las víctimas, un precio político. Es entender que si el delito alcanza cierto grado de organización y tiene capacidad para condicionar la vida institucional de un país (recordemos la teoría de Xabier Arzallus: el árbol y las nueces), se hace acreedor de una cierta indulgencia.

El favor que le debemos a Txapote es haber puesto rostro a ese precio. Por si nos entran tentaciones de aplaudir a quien lo pague, o de tragarnos lo que se compre con él.

La brigada del infierno
Por IGNACIO CAMACHO ABC 16 Agosto 2006

UN par de ancianos bien provectos, un oligofrénico y un antiguo candidato rural del PSOE; he aquí, por el momento, la alineación de gala, el equipo titular de la temible brigada del infierno que ha convertido Galicia en un cenicero. A la espera de que el Ministerio del Interior encuentre algún primo de un cuñado de un tío de un amigo de un dirigente del PP y le culpe de los incendios de la Costa da Morte, del Reichstag, de la Biblioteca de Alejandría, de la Roma de Nerón y hasta de la Atlanta de «Lo que el viento se llevó», los únicos que han merecido una sospecha de fundamento para ir a la cárcel han sido estos peligrosísimos elementos. Tres pensionistas bastante decrépitos, unos cuantos sujetos que han alegado diferentes grados de enajenación, incluido un certificado de retraso mental, y un tipo que iba «de relleno», según el secretario del PSOE, en la lista de un municipio de Pontevedra. Vaya trama criminal, menuda mano negra.

Pero la calumnia, decía el Bartolo rossiniano de «El barbero de Sevilla», «è un venticello», una brisa que empieza muy suave y crece hasta convertirse en un vendaval sobre la reputación de la víctima. El infundio no necesita demostración ni se rinde a la evidencia, por la sencilla razón de que una falsedad atractiva tiene mucha más fuerza de arraigo que una verdad vulgar o rutinaria. Así que ninguno de esos intelectuales bonitos, ninguno de esos actores de pancarta, ninguno de esos escritores de cabecera presidencial que se han lanzado a divulgar la gratuita y sugestiva tesis de una conspiración del PP contra el flamante Gobierno progresista gallego, ha permitido por el momento que la realidad les estropee su tentador reclamo propagandístico. Lo suyo es, al fin y al cabo, un mundo de ficciones, y no parecen dispuestos a renunciar fácilmente a un embeleco tan seductor. Por más que tampoco esté mal como materia creativa lo que se va sabiendo de la temible brigada incendiaria de fugitivos de asilos y psiquiátricos. Claro que esto daría para una comedia negra o un esperpento, y lo que ellos buscan, siempre tan solemnes, es una tragedia en la que victimar a un pueblo heroico frente a una conspiración de sombras.

Así que persistirán en un nuevo y jeremíaco «nunca máis» hasta que la Policía encuentre un remoto hilo de parentesco entre un militante del PP y un pirómano para cargarle, según el manual del «caso Bono», hasta los protocolos de los sabios de Sión. Para eso están los ideólogos, para explicar a la medida de un designio sectario una realidad esquiva con los prejuicios históricos. Lástima que en el revés de la trama no hayan aparecido más que vejetes, oligos, marginados y un incómodo militante socialista. Con ese elenco no hay modo de recurrir al infierno del Dante. Ni siquiera de resucitar a Prometeo.
Coda de luto. Ha muerto el maestro Cándido. Donde los demás poníamos palabras, él construía conceptos; donde hacíamos frases, él dejaba ideas. De todas las cosas que nos ha enseñado, ninguna tan importante como la de que la economía del lenguaje revela la riqueza del pensamiento.

Pelando cebollas
Por IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 16 Agosto 2006

CUANDO los intelectuales se ponen a pelar cebollas, nadie sabe a quién le llorarán los ojos. Ortega, Marañón y Ayala se pusieron a pelarlas y vino la república de aquel escritor sin lectores -contigo pan y cebolla- que fue Azaña. Ahora que los que las pelan son Suso de Toro, Rivas y Tosar, ¿quién nos dice lo que puede venir?

De Toro es el único pelacebollas al que entiende Rodríguez. Rivas es el pelacebollas que las pela igual que Rodríguez, sólo que después. Y Tosar es... ¿Quién es Tosar? Un amigo mío, crítico de cine obligado a trasegar cine español, me dice que Tosar es el Cary Grant de los suevos y que trae más cuenta dejarlo en paz porque mejor que haciendo películas está paseando por las teles al grajo muerto del «Nunca máis», ahora con la cosa de que Galicia se quema por obra y gracia de Rajoy, dicho sea con arreglo a la Ley de Memoria Histórica, que es el nombre político de la Ley del Alzehimer Progresista en virtud de la cual los pirómanos de la guerra civil se convierten en los bomberos, birlibirloque que cuenta con el apoyo de la proverbial estolidez anglosajona: cuatro hispanistas tragaldabas y esos chavalotes de Google que, al estilo de algunos fotógrafos de Reuters, cargan los muertos de Paracuellos, con dos cojones, en la cuenta de Franco.

Es la izquierda -esa izquierda gamberra que nos gobierna- pelando cebollas. Isabel Pisano, su Pasionaria, ha dicho en la radio cosas que pondrían de punta los mismísimos pelos de la Calvo, el mármol egabrense de la cultura, que pide, y con razón, una unidad móvil de peluquería para llevar «los pelos en condiciones». Desde luego, las cosas que ha dicho la Pisano poseen toda la fascinación priápica de la lógica hegeliana. La Pisano ha dicho, y ella tiene lecturas para saberlo, que el 11-S fue cosa de Bush, pelele del sionismo:

-Es imposible que un árabe, que tiene un espíritu poético, romántico y religioso de la vida, pudiera hacer eso. Para eso hay que ser asesino, hay que ser sionista...

Es verdad que seguir en los periódicos la vida del Oriente Próximo es llegar a la conclusión de que por el mar corren las liebres, y por el monte, las sardinas, pero, en lo del 11-S, pela que te pela la cebolla, a esa capa todavía no habíamos llegado. Sabíamos de una diputada comunista, y picassianamente clavada al caballo del «Guernica», que, viendo el desplome de las torres, exclamó con regocijo: «¡Se lo tienen merecido!» Bien. Simple -y vieja- izquierda. En cambio, lo de que Bush, y por orden de los torvos judíos de nariz aquilina, tiró las torres, siendo igualmente triquiñuela de izquierda vieja, requiere de cierto refinamiento. Si Bush pudo tirar el World Center, ¿por qué Rajoy no puede estar quemando Galicia? Éste es el tambor de hojalata que vienen tocando los sabios granujas del país de los suevos, cuna de Rajoy y del marisco, mientras pelan en gallego la cebolla de Hegel, que era alemán. En Alemania, Günter Grass, que nos parecía progresista porque era amigo de Brandt y del PSOE, al pelar su cebolla se ha encontrado a sí mismo marcando el paso de la oca en las SS. ¿Escándalo? Menos lobos. ¿Qué diríamos, si no, de Sartre o Allende? Y aquí, entre los que más gasnean para granjearse un prestigio progresista, el que no tiene en el baúl a un comisario de la Social, tiene a un motorista de la escolta del Caudillo, lo cual no quita que sigan empeñados, con Rodríguez a la cabeza, en pelarnos la cebolla a todos, dándole así la razón a la marquesa del cuento.

Era una marquesa muy berlanguiana en el madrileño barrio de Salamanca que, allá en la Transición, salía un día a hacer la compra. Como no le arrancaba el «Mercedes», pidió al portero que le diera un empujoncito. «Ya no -plantose éste-. ¿Es que no se ha «enterao» usted de que la tortilla ha «dao» la vuelta?" Ante lo cual la marquesa sentenció:

-No sea gilipollas, Fermín. Por muchas vueltas que dé la tortilla, usted siempre será la patata.

El coste de la cuota
Por FERNANDO GONZÁLEZ URBANEJA ABC 16 Agosto 2006

El relevo de Montilla en Industria será catalán. Esa es la pretensión del aparato socialista catalán, del PSC, que mide su poder-influencia en términos de cuota ministerial en Madrid, simultánea a manos libres en su territorio. Zapatero cayó en la tentación de las cuotas cuando compuso su gobierno, y le ha salido regular tirando a mal, con el caso de Vivienda como límite. Otorgó preferencia a la paridad antes que a la idoneidad y le salió un churro. Las cuotas pueden ser inevitables cuando se cree en el procedimiento, pero aplicadas con obstinado dogmatismo se convierten en una trampa y en un desastre.
Cuando en ese mismo gobierno se asignó a la cuota catalana una cartera tan compleja como Industria pocos calcularon o imaginaron la peripecia de la opa de todas las opas y la ofuscación por el campeón nacional. Con el criterio de la idoneidad y con una persona, hombre o mujer, familiarizada con la materia, Zapatero hubiera ahorrado a su gobierno alguno de los patinazos más sobresalientes de este azaroso período.

Montilla se va a su espacio natural y deja libre una cartera muy política pero con exigencias técnicas, una cartera que puede pasar desapercibida o ser fuente de costosos tropiezos. Industria debe ser una cartera finalista y no instrumental, un sitio para hacer un buen trabajo y no para utilizar de trampolín a otros destinos. Reincidir en la cuota política catalana, aunque sea para el período residual de un gobierno que ya está en la recta final de las elecciones, puede ser error pertinaz.

Montilla podía haber sido un buen ministro de Industria si los acontecimientos hubieran sido distintos. La realidad es que deja más problemas que los que había cuando llegó; que ha carecido de proyecto y que lo que imaginó como posible se le volvió en contra y cursó con consecuencias no imaginadas. Zapatero acertó con ministros que conocía y de los que se fiaba (caso Alonso) o ministros contrastados (caso Solbes) pero naufragó con las ocurrencias para contentar cuotas de partido o corrientes de opinión.

Para el próximo relevo de septiembre puede reincidir en los errores o tratar de corregirlos. El presidente tiene todo el margen de maniobra imaginable, más que ninguno de sus predecesores, apenas tiene cuentas pendientes en el partido ni con los aliados parlamentarios, y el PSC le debe hoy más a él que al contrario.

Ignoro si existe un catalán afecto al PSC idóneo para regentar Industria en el período que quede de legislatura, pero sin esa idoneidad el presidente debería pescar en otros caladeros, por su propio interés electoral. En Industria hay suficientes problemas como para no arriesgarse a más, ni a reincidir en los extravíos.

La España residual
POR ANTONIO PAPELL (*) ABC 16 Agosto 2006

EL inefable Maragall, siempre abrumado con un linaje que lo agobia y sobrepasa, está escalando verdaderas cimas de frivolidad ideológica en estas felices postrimerías de su declinante ciclo político. Atento a su entronización en la historia, que sin duda hará la debida justicia a tanto derroche de inanidad, ha querido escenificar con primorosa petulancia la entrada en vigor del Estatut el pasado día 9 de agosto. Y lo ha hecho, como es conocido, en Sant Jaume de Frontanyá, el municipio menos poblado de Cataluña, en la hermosa comarca del Berguedà, con un inflamado discurso en el que, entre otras sandeces, ha enunciado la frívola teoría del Estado residual.

Fue difícil discernir si la mayor insolvencia estuvo en el discurso o en la teatralización. Porque ésta no tuvo desperdicio, dado que, como recordó oportunamente un ilustre periodista catalán, la «arqueología forestal patriótica» de la mitología catalanista sitúa en el Berguedà el «Pi de las Tres Branques» -el Pino de las Tres Ramas-, lugar de peregrinación de nacionalistas de todo pelaje porque, según la edulcorada leyenda de los románticos etnicistas, Jaume I el Conqueridor habría recibido bajo las frondas de la conífera en cuestión la mágica revelación -nadie aclara la procedencia exacta del mensaje- de que tenía el deber de anexionar los reinos de Valencia y de Mallorca a la Corona de Aragón para dar a luz unos Países Catalanes formados por tres reinos bajo un solo cetro. Cada cual juzgará a su antojo -y más de uno lo hará cruelmente, como merece el disparate- semejante alarde imperialista, que sin duda el propio Pujol, bien poco sospechoso de españolismo, hubiera hecho, de haberse dado el caso, con mayor morigeración y menos aparato.

La radical contradicción entre este nacionalismo que parece directamente salido de las manos del pernicioso Herder y la socialdemocracia que indubitablemente ha de beber en el internacionalismo y en el racionalismo, y que incluye el concepto esencial de la igualdad de todos, es cosa bien sabida, que el propio electorado catalán ha sancionado con rigor: el Partido Socialista ha ganado sistemáticamente las elecciones estatales en la región, pero ha perdido también por norma las autonómicas. De cualquier modo, el hecho inconcebible de que el PSE-PSOE, de la mano de Maragall, respaldara la aprobación en el «Parlament», el pasado 30 de septiembre, de aquel desaforado proyecto de Estatuto de Cataluña manifiesta y explícitamente inconstitucional constituye un disparate descalificante, una aberración intelectual imperdonable en quienes, teóricamente, deberían mantener encendida la llama de la inteligencia realista, de los grandes valores de la Revolución francesa, del jacobinismo incluso.

La escenografía del acto de Maragall en Berguedà fue, en fin, un dislate pero el discurso no le fue a la zaga: el nuevo Estatut, que ya habría sido soñado por los catalanes del 1100 según el todavía «president» de la Generalitat, sería una especie de Constitución equiparable, por su modernidad y su papel innovador. con la francesa y la estadounidense. Con el nuevo Estatut, la presencia del Estado en Cataluña sería ya «prácticamente residual», por lo que este territorio se habría convertido en una de las regiones más fuertes de Europa, que «puede hacer lo que quiera»... Tal análisis, hiriente y aun ofensivo para quienes mantenemos una cierta idea constructiva y compleja de España, no sólo es políticamente incorrecto sino que además es falso de toda falsedad, y encierra sofismas inaceptables que tienen que ser convenientemente desmontados, no sólo en los circuitos intelectuales sino también en los políticos. Y la meditación sobre estas deyecciones diarreicas obliga a formular preguntas muy severas sobre la calidad de determinadas zonas de sombra de nuestra clase política, sobre la responsabilidad de los partidos a la hora de colocar en lugares de significativa representación a iluminados que nunca debieron estar al frente de los destinos colectivos.

Lo quieran o no reconocer Maragall y el más conspicuo fautor de la proeza estatutaria, el «convergente» Artur Mas, este nuevo Estatuto, que no es jurídicamente otra cosa que una reforma del anterior, no es una «constitución» porque no es el fruto espontáneo de una soberanía originaria, sino apenas el resultado de un pacto entre la soberanía nacional, residenciada íntegramente en las Cortes, y la voluntad política catalana, plasmada en el Parlamento autonómico y en todo caso subsidiaria de la anterior. Y, por supuesto, el hecho de que estemos avanzando hacia el «Estado mínimo», que es un loable designio liberal, no significa en absoluto que vayamos progresando hacia el «Estado residual». Este adjetivo, voluntariamente despectivo e incuestionablemente reduccionista, no es aceptable por parte de quienes nos sentimos herederos de una larga tradición que arranca del Contrato Social y que ha dejado en esta vieja Europa la huella indeleble de un determinado modelo de civilización.

Cataluña tendrá sin duda, con los límites que todavía debe determinar el Tribunal Constitucional, muchas más competencias exclusivas de las que disfrutaba hasta ahora, que ya eran muchas, y un modelo de financiación más equitativo que el anterior, aunque dentro del sistema general, que aún ha de ser pactado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del Estado, con lo que quedarán probablemente agotadas las posibilidades descentralizadoras que encierra la Constitución de 1978... Pero es ridículo que quien debería saber a la perfección todas estas cosas y asenderear los páramos de la política para que transite confortablemente por ella la opinión pública catalana saque tan manifiestamente los pies del tiesto para proclamar, si no una extemporánea República catalana, sí una especie de dibujo confederal que sólo existe en la imaginación de algún irredentista trasnochado.

Por fortuna, el Partido Socialista no ha perdonado a Maragall aquella apuesta descabellada del 30 de septiembre, que dejó a Zapatero en situación muy embarazosa, y de la que difícilmente hubiera salido sin el concurso inteligente de Artur Mas. Ahora sólo es preciso, suceda lo que suceda en las próximas elecciones del 1-N, que la ciudadanía catalana vuelva a tener claro dónde residen las utopías nacionalistas y dónde el tibio y aceptable catalanismo que no pasa de ser una loable impregnación, capaz de convivir con las visiones más modernas de la sociedad y del Estado.
(*) Escritor

El valor y el perdón
TONIA ETXARRI El Correo 16 Agosto 2006

Era, ayer, el turno de la Iglesia en el día de Begoña. Pero de los mensajes de los obispos que quisieron dejar su impronta sobre la memoria, tan sólo el de Bilbao, monseñor Blázquez dio un paso adelante al decir que ETA debería tener el valor de pedir perdón a sus víctimas. Dos conceptos, el valor y el perdón, ciertamente lejanos del mundo de los terroristas. Se dirigió en estos términos a un mundo cuya historia está plagada de actos de cobardía en los que se ha matado a ciudadanos inocentes, mientras en otras diócesis se manejaba con destreza la alusión a los «responsables de la paz» y a la necesidad de «atender todos los sufrimientos». Sería, seguramente, para no molestar a quienes siguen teniendo el poder de la presión mientras la sombra de ETA permanezca en la trastienda del diálogo político.

El caso es que Batasuna sabe muy bien que su cotización depende de la permanencia de ETA en el escaparate. Y sus representantes juegan con la amenaza. Que vuelve, que vuelve. Por eso dicen que se sienten «domesticados» después de que el juez Garzón les puso cortapisas y condiciones a las convocatorias de la manifestación que, al final, consiguieron realizar en plenas fiestas donostiarras. Se trata de un concepto muy particular del respeto a las normas. Lo que para un ciudadano demócrata significa no acosar, no amedrentar, no amenazar, no justificar el terrorismo, para los «interlocutores necesarios» de este incierto proceso, tiene otra connotación. Se sienten incómodos y advierten que el proceso va a ir mal, pero que muy mal, si Navarra no se incluye en los debates políticos. Se sienten contrariados porque la mesa de partidos todavía no es una realidad. Les duele la cabeza si no se da por hecho que el polémico foro de discusión política va a empezar a funcionar sin que ellos tengan que renunciar a la justificación de ETA. Pudieron manifestarse, con condiciones, y lo hicieron desde su más reconocida ilegalidad.

Pero ahí estuvieron dejando una estela de reacciones enfrentadas entre quienes entendieron que Batasuna dio su brazo a torcer en las formas como discurrió la manifestación y entre quienes concluyen que sólo con la presión democrática, y la mirada de Garzón por supuesto, Batasuna entra en razones. Lo que parece claro, a estas alturas del recorrido festivo, es que Otegi y Antxon, tan calladitos como Zubimendi, el de la cal, siguen llevando la iniciativa.

¿Y los partidos democráticos? Bien, gracias. A punto, en algunos casos, de conformarse con cualquier cosilla. Si se manifiestan en silencio, si no gritan, si sólo se queman cajeros..Y Batasuna dando un paso adelante. En silencio; sí. Pero como si ya fuera legal. Todo un reto para un Estado de derecho. A muchos interlocutores les estorba cada vez más la ley de partidos. ¿Aguantará el PSOE la próxima presión?     t. etxarri@diario-elcorreo.com

El odio a Aznar
Pío Moa Libertad Digital 16 Agosto 2006

Aznar cometió algunos errores de bulto. Por ejemplo, quiso "pasar página" y ver en Zapo a un Sagasta, cuando Zapo nunca pasó de un cretino iluminado y sin escrúpulos, y por ello doblemente peligroso. También creyó que un provinciano aprovechadillo y resentido como Pujol podría desempeñarse como un nuevo Cambó. Asimismo calculó que mostrándose generoso con el PNV, éste no tendría más remedio que mostrarse generoso a su vez. Errores lamentables, pero disculpables, pues, debe reconocerse, no nacieron de un espíritu ruin, sino de la ilusión por un futuro mejor para España.

Peor fue su política en cuanto a la independencia judicial y a los medios de masas, que ahora paga con creces el país, en manos de un gobierno anticonstitucional y por ello ilegítimo y antidemocrático.

Su mayor fallo táctico, vuelto decisivo por las circunstancias, fue no comprender que su decisión ante el derrocamiento de Sadam, por lo arriesgada y controvertida, exigía volcar en su defensa, ante la opinión pública, a todo su partido y a los poderosos medios de información a su disposición por entonces.

Con todo, supo ir corrigiendo errores, sobre todo el que arrastraba la democracia desde la Transición: el privilegio a la ETA a costa del estado de derecho mediante la "solución política", patrocinada por los amigos del terrorismo. Tras algunos tanteos y vacilaciones, por primera vez empezó a aplicar la ley a los asesinos. Con excelentes resultados.

Hay tres aciertos fundamentales en la gestión de Aznar: sacó a España del marasmo económico en que la habían dejado los socialistas, disminuyendo el paro a la mitad y dejando las arcas del erario rebosantes; hizo caer en picado la corrupción, reduciéndola a límites tolerables, no peligrosos para el sistema democrático; acorraló a la ETA, empujándola a una no lejana destrucción, empleando la ley, y no a costa de la ley. Podemos añadir el papel creciente de España en Europa y en el contexto internacional.

A pesar de sus importantes aciertos, el PSOE y los separatistas profesan a Aznar un odio feroz. ¿A pesar de ellos? Tontería: ¡le odian precisamente por ellos!

EL MILITANTISMO DE SUSO DE TORO Y OTROS COMO ÉL
Pedro de Hoyos  Periodista Digital 16 Agosto 2006

Una de las barreras que tiene la Democracia es el militantismo, esa cerril actitud de determinadas personas que tienden a apoyar, comprender y disculpar todo aquello que provenga de un determinado partido político y a criticar, cercenar y condenar todo aquello que provenga del contrario. El militantismo es la actitud de algunos intelectuales, cuyo caso más significativo es el de Suso de Toro (escritor de cabecera de Rodríguez Zapatero, que acaba de acusar sibilinamente al PP de estar detrás de los incendios de Galicia), que son incapaces de ver la más mínima paja en el ojo del partido propio al tiempo que están dispuestos a magnificar la más leve mota de polvo que haya en el ojo del partido opuesto.

“Sectarismo” creo que sería un buen sinónimo, acaso más explícito que otras palabras. Y sectarismo y sectarios hay a raudales en los dos grandes bandos políticos. Para ellos nunca hay salvación fuera de su proyecto vital, nada existe lejos de su comprensión del mundo, nada es admisible si no proviene de sus ideólogos. Todo es necesaria y definitivamente negro o blanco, no hay colores ni siquiera escala de grises, no hay matices, no hay diferencias, todo es necesariamente malo o bueno hasta el extremo. Según de donde proceda. Son necesariamente maniqueos y del maniqueísmo y de los maniqueístas viven.

En sus planteamientos no cabe la disidencia y exigen pétreo acuerdo con firmeza inquebrantable. De los demás con ellos, claro. O te verás fuera del Paraíso, rechazado lejos de su Arcadia feliz donde sólo los elegidos son aceptados. O estás con ellos o estás necesariamente, y aunque no quieras, en contra de ellos, no hay término medio. Entran a sangre y fuego en todas las batallas, discerniendo siempre entre buenos y malos, clasificando a las multitudes según la bandería a la que parezcan pertenecer. No admiten las diferencias ni dentro de su propio bando, sólo los mejores, sólo los más fieles, los más puros, alcanzarán el Olimpo. Para ellos todo consiste en una batalla entre el bien y el mal, su partido y el odiado partido rival, enemigo de España, de los obreros o de la causa del pueblo, qué más da.

Si producen pena y vergüenza ajena estos personajes tan limitados por sus propias y complacientes anteojeras que se han otorgado a sí mismos el poder de juzgar a sus semejantes, clasificándolos según sus personales gustos y creencias, infinitamente más lamentable me parece ver gentes comunes, de las de pisar la acera todos los días, gentes de metro o autobús, gentes de hipoteca atragantante, que les siguen a pies juntillas. Cuántos oficinistas, pescaderos, maestros, secretarios siguen quizá sin saberlo sus prédicas sectarias. Siento que esa maldita intransigencia, ese borreguil militantismo está ganado las calles, siento que esa estúpida creencia de que “la salvación sólo está en mi partido y los demás que se jodan” está abriéndose camino y dominando las entretelas de una sociedad sumamente cansada de pensar por cuenta propia y que le ha cogido gusto al enfrentamiento.

La intransigencia, el catastrofismo y las dos españas están abriéndose camino en una sociedad cada vez más bipolar que se niega a sí misma la riqueza de los matices y quiere imponer la homogenización ideológica. No estoy hablando de guerracivilismo sino de malditocivilismo. Maldita la civilización que crea que para progresar hay que borrar al contrario y negarle, maldita la civilización que crea que sólo existen el día y la noche, que sólo hay dos posiciones amatorias, dos partidos, dos banderas, dos sabores, dos colores, dos tonos, dos ilusiones, dos toreros, dos deportes.

Me duele la “inteligentsia” actual, monocorde, monocromática, que no admite la riqueza del otro, de los otros, que niega a los demás sistemática y ridículamente la más mínima partícula de razón, que les condena, que se autocomplace en excluir las razones y las peculiaridades de otros, pero sobre todo me duele la pobre, estulta y generalmente infeliz infantería militante que les sigue, acompaña y besa por donde pisa.

http://pedrodeh.blogspot.com

Avivamiento islamista
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 16 Agosto 2006

Sólo interpretándolas como conductas irracionales y perturbadas podemos entender la reincidencia, otra vez en el Reino Unido, de un movimiento religioso capaz de asesinar en el nombre de Alá a millares de personas, y si es menester a millones.

Son consecuencias de un avivamiento religioso islamista. El iniciado por Jomeni en Irán, en 1979. Desde entonces, en Turquía, Líbano y Palestina, las áreas más abiertas del islam cercano, renació el delirio: seres normales enloquecieron con la religión, mujeres que nunca se habían cubierto se encerraron bajo velos con una fe renacida, humillante y esclavista.

Gente así, fanatizada, creyendo en su superioridad espiritual, se vuelve imperialista. Gente así fue la que lanzó las conquistas islámicas en Asia, África y Europa. Como respuesta, España expulsó la fe musulmana con su versión guerrera del cristianismo, que le valió también para conquistar América.

Desde hace algunos siglos el cristianismo ya no se usa como excusa para crear imperios, pero el islamismo, humillado en Granada en 1492, ha despertado nuevamente, y ya en el siglo XXI está dispuesto a devolvernos al siglo VII.

Este reavivamiento de una religión que nunca se reformó, y cuyas sectas guerrean por representar brutalmente la pureza originaria, está formada por moderados y extremistas, pero todos ellos tiene una demanda común: volver a Al-Andalus e imponer la sharía, la ley islámica, allá donde haya musulmanes.

Tras el intento de masacre en los aviones entre el Reino Unido y EE.UU., los líderes moderados islámicos británicos pidieron un cambio de la política interior y exterior del país que los acoge “para evitar nuevos problemas”. Imagínese qué exigirán los extremistas.

Cada paso atrás que de Occidente será un triunfo de la yihad: para la mayoría de los musulmanes, muchos de ellos considerados moderados, nuestras libertades son un cáncer que debe extirparse.

Nos vamos a quedar solos
Por RAMÓN PÉREZ-MAURA ABC 16 Agosto 2006

Anadie puede sorprender que el jeque Hasán Nasralah haya cantado victoria. Si aquí quedó dicho que un ratio de 90 por ciento de objetivos alcanzados por parte de Israel frente a un 10 por ciento de fallos era, en realidad, una derrota para el Estado hebreo (ver «El fatídico ratio 90/10», ABC 06-08-06), qué decir ahora que, en muy buena medida, el resultado de más de un mes de guerra ha sido, a casi todos los efectos, la vuelta al status quo ante. O algo peor que eso. Porque este mes de guerra le ha servido al ejército terrorista de Hizbolá para demostrar que puede librar una batalla con el poderoso Ejército israelí y en la práctica terminar el combate en tablas. Para la umma y para las naciones árabes, Nasralah ocupa hoy en su imaginario una posición que está muy por encima de la que nunca llegó a alcanzar entre los árabes el rais Gammal Abdel Nasser. Hoy, Nasralah es visto como un vencedor.

Es cierto que la resolución 1701 pide el desarme de Hizbolá, algo que difícilmente puede ser positivo para sus integrantes. Mas, ¿acaso no pedía eso mismo la resolución 1559? ¿Sirvió para algo? Con toda probabilidad el despliegue de tropas extranjeras bajo mandato de Unifil servirá para amparar un progresivo rearme de Hizbolá, al que muy bien pueden contribuir los 15.000 reservistas libaneses, en su mayoría chiíes, que se van a asentar en la zona junto a las fuerzas internacionales.

Porque, aunque la nueva resolución pide un embargo de armas contra Hizbolá, tanto Irán como Siria han sido capaces de circunvalar esa barrera en el pasado. Y nada hace pensar que la situación sea hoy distinta. Porque lo primero que hay que preguntarse mientras vuelve la calma al campo de batalla es si el papel dirigente/instigador/proveedor-de-armamento que han jugado en esta guerra Siria e Irán ha tenido alguna consecuencia negativa para ellos. Y mientras no se demuestre lo contrario, la respuesta es un contundente «ninguna».

Es probable que Estados Unidos no tuviera más remedio que aceptar la resolución 1701. La Administración Bush había asumido graves riesgos políticos al demorar la llegada del alto el fuego. Y de aquí vuelve a salir una lección que puede resultar muy costosa para Europa: Washington comprueba que la mayoría de sus aliados europeos no estaban a su lado. Parecería que no eran los intereses europeos los que estaban en juego. Son éstas las actitudes que alimentan el resurgir del aislacionismo norteamericano. Mientras nosotros seguimos bailando el agua del diálogo de civilizaciones de Jatamí y Zapatero con los mismos que quieren nuestra sumisión-Mingote lo retrataba de forma magistral ayer-, al otro lado del Atlántico, los partidarios de una mayor implicación internacional de Estados Unidos pierden terreno. Sigamos así y volverán al aislacionismo. Nos vamos a quedar solos.

Castro y Chávez
Geopolítica del zapaterismo
José María Marco Libertad Digital 16 Agosto 2006

El desembarco de Hugo Chávez en La Habana ha dejado bien claro quién es el sucesor político de Fidel en la zona. Ahora se entiende la formidable inversión del caudillo bolivariano en la isla. Chávez ha comprado la primogenitura con una suma que Raúl no podía poner encima de la mesa.

Ideológicamente, Chávez hereda el liderazgo de lo que desde el primer momento fue la clave del castrismo. No el socialismo ni la utopía igualitaria, ni nada que se le pareciera. Ni por un solo instante se creyó Castro esas simplezas. La auténtica apuesta era el anti norteamericanismo, resorte perfecto para mantenerse en el poder y conseguir el apoyo de los progresistas. La cercanía a Estados Unidos era, paradójicamente, la mejor baza del régimen mafioso.

Chávez no ha podido extenderse en Perú ni en Colombia. Pero se asegura la isla, símbolo de la resistencia y de la nueva ofensiva antidemocrática. Se abre una transición manejada desde Caracas, con Raúl Castro en su papel de perro guardián y, como nuevos gestores, personas hoy en los segundos rangos, todavía oscuras, deseosas de asumir un papel en una futura Cuba de apariencia democrática y masivamente corrupta.

¿Qué papel le corresponde a Zapatero en todo esto? Primero, respaldar y legitimar un proceso monstruoso. En cierto sentido, el proceso que se ha abierto en Cuba es la rectificación de la transición española. Si alguien no lo impide, en Cuba vamos a asistir a lo que a Zapatero le habría gustado que hubiera ocurrido en España después de la muerte de Franco.

Zapatero significa también un apoyo importante en la Unión Europea, al mismo tiempo que la garantía de que el progresismo internacional sigue con Chávez. El caudillo bolivariano ya estará soñando con la presencia del heredero del trono de Felipe II para bendecir su protectorado en La Habana...

Zapatero aporta además su excelente disposición hacia los totalitarismos islamistas. Cierto que a Chávez no le hace mucha falta esa pieza, dadas las excelentes relaciones que mantiene con Teherán. Pero no viene mal que Zapatero, alucinado con la Alianza de Civilizaciones, le dé el visto bueno.

Todo eso sin contar con los negocios que florecerán en la isla y servirán, entre otras muchas cosas, para aliviar las heridas y los resquemores de la familia socialista española. ¡Dinero a la vista! ¿Qué más se puede pedir?

Madrid vuelve así a ser una pieza pequeña, pero importante, de algo parecido a lo que antes se llamaban los países no alineados. Se conforma un frente común contra la democracia y los derechos humanos, con los regímenes islamistas en una punta, Chávez y sus protectorados en la otra y en medio, en lo que fue España, el delirio de un aspirante a caudillo.

Todo, por cierto, con el visto bueno de los terroristas nacionalistas. Uno de los pocos puntos, si bien se mira, que distingue la geografía política de Zapatero de la del franquismo.

Líbano
El complejo de culpa del PP
GEES Libertad Digital 16 Agosto 2006

Dos llamadas telefónicas es lo que le ha costado a Rodríguez Zapatero obtener el sí de Mariano Rajoy al despliegue de tropas españolas en el sur del Líbano bajo el paraguas de la resolución 1701 de la ONU. La primera del presidente libanés a Zapatero, en la que le pedía apoyo al despliegue de la ONU en su país. Sí, el mismo mandatario que hace dos días se jactaba en las páginas de El Mundo al afirmar que Hezbolá es y será parte integral del Estado del Líbano. La segunda al mismo Rajoy, para comentar esta opción y su voluntad de llevarla a cabo.

Rajoy debería haber pensado algo más su apoyo al envío de tropas españolas, pues es una medida que carece de sentido. Para empezar porque la propia resolución de la ONU es un sinsentido. Se culpa a Hezbolá de ser la causante de esta guerra, pero no se ponen los medios para acabar con el problema, como sería desmantelar sus estructuras; se pide un embargo de armas para Hezbolá, pero se niega a condenar a su principal base logística, Siria, y mucho menos a su principal proveedor, Irán; se confía en una paz en la zona que nadie, salvo Israel, está capacitado para garantizar.

El único propósito de esta nueva resolución debería haber sido el desarme completo de Hezbolá y, en consecuencia, que el contingente de la ONU se dedicara a esa misión. Ya sabemos por boca de los más altos responsables de la organización terrorista que no aceptan ser desarmados, ni pacífica ni forzadamente ¿Qué van a hacer entonces los cascos azules de la ONU? ¿Mediar e interponerse entre las fuerzas de la libertad y las del terror fundamentalista? ¿Para eso quiere Mariano Rajoy las Fuerzas Armadas españolas?

También hay una razón táctica para no apoyar la decisión de Rodríguez Zapatero. En el mejor de los casos es puro seguidismo de París, quien orquesta todo sin aportar gran cosa; en el peor, es hacerle el juego a Siria, precisamente tras la visita del hacendoso Moratinos a Damasco en pleno conflicto. ¿Son esos los aliados que quiere el señor Rajoy para sí y para España?

Hay aún más. El gobierno ya ha subrayado su disposición a contribuir a una misión aprobada por la ONU, legítima y legal, según su visión. Y ya se encargará cuando toque de recordar que la contribución del PP a Irak no contó con la mágica resolución de la ONU.

El fácil sí de Rajoy a Rodríguez Zapatero sólo puede explicarse por los complejos de culpa que pesan sobre la actual cúpula del PP, salvo que se atribuya a un profundo desconocimiento estival de lo que está en juego en el Líbano. Rajoy habrá valorado, sin duda, que no apoyar al presidente socialista podía ser interpretado como pro-israelí, en un país que no se caracteriza precisamente por ser pro-judío, a la vez que anti-ONU, puesto que la 1701 está ya ahí. Igualmente, es fácil que haya pensado que la política exterior que a él le gustaría estaría basada en el consenso, en tanto en cuanto que política de Estado y que, por ello, se vería forzado a dar su sí. En todo estaría equivocado.

En lugar de su rápido sí, Rajoy debiera haberse hecho, haberle hecho a Zapatero, y haber traslado a la opinión pública, varias preguntas esenciales para entender no sólo lo que está en juego sino el papel de nuestros soldados en esa zona del mundo. Para empezar sus objetivos, su misión, que no está nada clara. En segundo lugar, su responsabilidad y en qué grado de decisión van a actuar nuestras tropas llegado el caso. En tercer lugar, bajo qué cadena de mando y si la ONU cuenta hoy con las estructuras y procedimientos adecuados para el éxito de esta misión. Y otras cosas, como las reglas de enfrentamiento de nuestro contingente ¿Dispararían a elementos de Hezbolá? ¿Lo harían a las tropas de Israel? ¿Se enfrentarían e elementos sirios o iraníes?

Mariano Rajoy debiera haber valorado a quién beneficia este despliegue español, si a la situación en la zona o a la imagen fatua de Rodríguez Zapatero. La resolución 1701 llega en un momento en el que la comunidad internacional ha imposibilitado a Israel alcanzar sus objetivos estratégicos, evitando así merma alguna en la capacidad y mentalidad victoriosa de Hezbolá. Sin la determinación de hacer que el responsable de esta guerra, el terrorismo islamista, pague por sus acciones, las tropas de la ONU acabarán jugando a la contra de nuestros intereses vitales, como ha sucedido con UNIFIL, de la que ya contamos con una larguísima y amarga experiencia. Pero como a Rodríguez Zapatero que Israel salga perdiendo le importa muy poco, es más, hasta puede que le alegre el día, la foto del despliegue español bajo bandera de la ONU le beneficiara tanto en el ámbito doméstico como en el exterior. Mariano Rajoy debiera considerar si a él también le va a beneficiar. Puede pensar que sí, pero a lo peor se equivoca.

Y, por último, Mariano Rajoy debiera haber tenido en cuenta la sensibilidad de quien se va a tener que desplegar por puro capricho político, los militares españoles. Nuestra contribución está lejos de ser vital para el éxito de la misión. Es más, la misión está lejos de ser vital para los objetivos que se dicen querer alcanzar en la zona. Y lo que sí se dice desde ya es que todo va a resultar complicado y peligroso. Ha llegado el momento de dejar de jugar a la guerra con nuestros hombres y mujeres en uniforme. Batallas, las justas y para ganarlas. Ya basta de despliegues humanitarios que en realidad no lo son, ni contribuciones a la paz que esconden cambalaches políticos de muy distinta naturaleza. Aunque Rodríguez Zapatero puede que sí, España no gana nada participando en esta misión. Y Mariano Rajoy debería saberlo.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Navegante
Bruselas censura a los críticos del Islam
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 16 Agosto 2006

Entre los numerosos blogs que leo se encuentra The Brussels Journal, en el que escriben europeos de varios países –entre ellos, el colaborador ocasional de Libertad Digital Carlo Stagnaro– y que, con frecuencia, trae noticias interesantes sobre lo que sucede dentro de la Unión. Algunas de esas noticias tienen que ver con el islamismo y la tímida, en el mejor de los casos, reacción de los europeos y sus gobernantes ante este fundamentalismo. Pues bien, ahora su editor, Paul Belien, está siendo acosado por la policía debido a una denuncia anónima por "racismo" ante el Centro por la Igualdad de Oportunidades y Oposición al Racismo. Belien ha desobedecido la orden de ir a declarar a comisaría porque considera que no tiene la obligación de responder a acusaciones anónimas mientras no viva en la URSS.

No es la primera vez que este organismo actúa contra críticos del Islam. El mismo blog denunció hace unos meses que dicho centro había denunciado a un sacerdote cristiano de origen turco por "incitar al odio racial". El principal motivo de la demanda son unas declaraciones en televisión en las que decía que "todo niño musulmán islamizado que nace en Europa es una bomba de relojería para los niños europeos. Estos últimos serán perseguidos cuando se hayan convertido en minoría". Es de desear que el padre Samuel esté equivocado, pero habiendo huido de su país por la persecución religiosa, no parece raro que tenga una visión tan negra del futuro de Eurabia. En cualquier caso, tiene derecho a tenerla y exponerla. Es más, ni siquiera es racista.

Porque, a ver si aclaramos algo tan sencillo de una vez por todas, criticar al Islam y a quienes lo practican no es racismo contra gente de piel más oscura, ni es incitación al odio racial, del mismo modo que criticar al cristianismo no es racismo contra los blancos europeos. La religión no es algo que venga de suyo con los genes. Es una fe, que se tiene o no se tiene; en definitiva, pertenece al mundo de las ideas. Y precisamente para la crítica de las ideas es para lo que la libertad de expresión es más útil y necesaria. Pensar que es racista poner de vuelta y media al Islam no hace otra cosa que demostrar el profundo racismo de quienes así lo declaran, que parecen pensar que los musulmanes son todos moros y que todos los moros son musulmanes y no pueden ser otra cosa. Además, son tan paternalistas que consideran que los musulmanes no son suficientemente mayorcitos como para defenderse como todos nosotros, mediante la palabra, de las críticas que se les dirigen.

El padre Samuel, racialmente, es indistinguible de otros turcos. Del mismo modo que los iraníes que critican a su gobierno religioso fundamentalista en sus blogs no es ya que sean racialmente iguales a sus tiranos, sino que encima incluso profesan la misma religión. En Irán les meten en la cárcel y parece que ahora, en el corazón de Europa, también lo harían.

Y es que el Centro en cuestión tiene una doble vara de medir que da bastante vergüenza ajena. En el 2004 un músico publicó un disco llamado "Abajo América" en el que expresaba un odio completo y total por el país y sus habitantes. Por supuesto, no enviaron la policía a la casa del artista, que al fin y al cabo es una persona de talante progresista. Lo arreglaron con una carta en que éste "explicaba" su disco, que casi era peor que la música en sí. En España, la izquierda se dedica a publicar libros racistas como el de Tamames hijo, pero como esos libros muestran odio por Estados Unidos y todos y cada uno de sus habitantes por serlo, no son racistas, parece ser, y ni SOS Racismo ni oenegés subvencionadas similares tienen nada que decir al respecto.

Es una pena que un país que está demostrando ser tan profundamente fascista sea la sede de las instituciones europeas. No dice mucho a favor de la Europa que estamos creando. Casi menos que la Constitución Europea que nos quisieron colar hace un par de años y que ahora parece que estuviera muerta y enterrada. En Estados Unidos empiezan a preocuparse por el estado de nuestra libertad de expresión. Y no es para menos. Eso sí, nosotros siempre somos moralmente superiores a los malvados yanquis, ya saben. Ni se les ocurra dudarlo.

Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano y miembro del Instituto Juan de Mariana

CONCENTRACIÓN SANTIAGO COMPOSTELA
Nota de prensa  Plataforma España y Libertad 16 Agosto 2006

Un pequeño grupo de Mascaras Blancas Solidarias de la Plataforma España y Libertad, se concentró de forma simbólica frente a la Consellería do Medio Rural de la Xunta de Galicia en Santiago de Compostela.

Santiago de Compostela, 16 de Agosto de 2006.- La concentración cívica anunciada para hoy a las 13.30 horas, había sido desconvocada por la Plataforma ante las copiosas lluvias que se han producido en Galicia.

De todas formas, y a efectos de hacer patente su solidaridad con las víctimas del fuego y sus familias, media docena de activistas de Plataforma España y Libertad procedieron a manifestarse en silencio como muestra de respeto y denuncia de una catástrofe evitable.

Previamente, España y Libertad, procedió a presentar denuncia penal contra el Conselleiro de Medio Rural, Suárez Canal, el Director Xeral de Montes, Blanco Casal y el Delegado del Gobierno en Galicia, Manuel Ameijeiras, como presuntos autores de un delito ecológico y de incendio imprudentes, de manera análoga a la que en su día la Plataforma Nunca Máis, presentó a consecuencia del desastre del Prestige contra las autoridades políticas de aquel momento. Igualmente solicitó la dimisión del conselleiro.

Durante la concentración silenciosa de cinco minutos varios miembros de la “kale borroka” del independentismo gallego hicieron acto de presencia agrediendo a los concentrados que debieron ser protegidos por los miembros de la Policía Nacional.

Según la Coordinadora General de España y Libertad, Yolanda Morín, “estos actos demuestran que se está reproduciendo en Galicia el esquema del terrorismo callejero vasco. Lo que demuestra que en España aún subsiste la amenaza de los violentos, que tan solo puede ser vencida mediante el fortalecimiento de la Constitución y la democracia"

Seguidamente, Morín, destacó que “aunque la concentración fue desconvocada debido a las condiciones climáticas adversas, no podíamos dejar de mostrar nuestra solidaridad con las víctimas del fuego, sus familias y la sociedad gallega”

Más información  Yolanda Morín,Coordinadora General
902.445.450, GSM: 678 61 61 77
info@e-libertad.es, http://www.e-libertad.es

El Gobierno ocultó durante cinco días la detención del candidato del PSOE
A. AYCART ABC 16 Agosto 2006

SANTIAGO. El Gobierno se aferró durante cinco días, entre el 9 y el 14 de agosto, a la cada vez más desangelada teoría de la trama organizada y la coordinación criminal -entre claras insinuaciones a la responsabilidad del PP-, mientras ocultaba que había sido detenido, puesto a disposición judicial e ingresado en prisión J.M.M.B., candidato socialista por el Ayuntamiento de Forcarei (Pontevedra) en las elecciones municipales de 1999, como presunto autor de un incendio.

En concreto, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, reiteraba al día siguiente de la detención del candidato la teoría de la trama criminal organizada al insistir en que podría haber grupos organizados detrás de la catástrofe ecológica que podría haberse llevado por delante más de 175.000 hectáreas de bosques y pastizales gallegos, según un estudio independiente basado en las fotografías por satélite tomadas por la NASA.

Cerco a Touriño
No fue el único integrante del Gobierno en ocultar la detención del candidato socialista. Tampoco informó la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ni el propio presidente, el primero en lanzar la teoría conspirativa, en su visita relámpago del mismo jueves a uno de los montes afectados que incluyó un recorrido de tres minutos por una zona deshabitada, quizás para evitar los abucheos que le habían acompañado el día anterior a su llegada a Santiago.

Rodríguez Zapatero evitó entonces insistir en la teoría de la trama con el mismo cuidado con que eludió dar a conocer el ingreso en la prisión de A Lama del candidato socialista.

No tuvo la misma prudencia el fiscal general del Estado. En un encuentro con los fiscales en Pontevedra, el 11 de agosto -al día siguiente del ingreso de J.M.M.B. en prisión-, Cándido Conde-Pumpido evitó aludir a la detención y posterior ingreso en prisión del presunto incendiario, pero reclamó a los representantes gallegos del Ministerio público mayor rigor en las investigaciones para determinar «si al margen de causas tradicionales, estamos ante una trama criminal organizada».

La teoría de la trama organizada, rechazada reiteradamente por los investigadores policiales y por diversas asociaciones ecologistas, fue enarbolada de nuevo por Rubalcaba en otro de sus viajes a Galicia, el día 13, cuando tampoco anunció la detención del candidato de su partido en las municipales de 1999 en una comparecencia conjunta con el presidente del bipartito de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño -que tampoco informó de las circunstancias del candidato-. Sí destacó, sin embargo, la detención de un miembro de las brigadas de lucha contra el fuego.

En la misma línea, el alcalde de Santiago, el también socialista Xosé Sánchez Bugallo, sugirió ayer que los incendiarios tenían como objetivo rodear la residencia oficial del presidente de la Xunta, cuyas inmediaciones ardieron por tres de sus cuatro costados.

Insinuaciones contra el PP
Fue el presidente del PP gallego, Alberto Núñez-Feijóo, visiblemente molesto por las constantes insinuaciones de que militantes de su partido podrían estar implicados en la supuesta trama organizada, quien informó de la detención -hecha por el Equipo de Crimen Organizado de la Guardia Civil desplazado a Galicia- de J.M.M. B., de 49 años y candidato número 11 de la lista del PSOE al Ayuntamiento de Forcarei en las elecciones municipales de 1999.

Feijóo aclaró que, para el PP gallego, el detenido «no es un socialista, es un pirómano». Mientras su partido matizaba en un comunicado que «esto nunca jamás servirá de base para sospechar del compromiso del PSOE en la lucha contra los incendios», el propio Feijóo reiteraba que «nunca se escuchará al PP incriminar a ningún partido».

Pero la estrategia de prudencia popular fue acogida con evidente virulencia por el número dos de los socialistas gallegos, quien sugirió que el dirigente popular «parece ser el único gallego feliz ante la ola de fuegos». Ricardo Varela, secretario de Organización del PSOE, negó que el detenido -en prisión sin fianza- fuera militante de su partido, matizó que había sido integrado en la candidatura municipal de Forcarei «de relleno» y precisó que «intentar relacionar al PSOE con los incendios es tan ridículo como Feijóo sosteniendo una manguerita».

«Responde a una estrategia»
El dirigente socialista no dudó en revitalizar la teoría de la conspiración al subrayar la intencionalidad que rodea la oleada de incendios que afectan a Galicia. «Es muy extraño que en un periodo corto de días se hayan producido tantos incendios con unas características tan similares», explicó Ricardo Varela para argumentar que «yo creo que responde a una estrategia, pero tendrá que ser la Policía quien investigue las causas».

La significativa reducción ayer del número e incidencia de los incendios forestales es inversamente proporcional al recrudecimiento de la polémica política.

El PP insistió ayer en la descoordinación -la Xunta no advertía a los Ayuntamientos de los voluntarios y los efectivos del Ejército que tendrían que alojar cada día-y en la falta de medios en los peores días de la crisis, y reclamó la creación de una comisión de investigación en el Parlamento de Galicia para determinar las responsabilidades políticas que se deriven de la gestión de la crisis.

La propuesta del PP fue rechazada con celeridad como «un intento de crear ruido mediático» por el PSOE, que argumentó en principio que a quien hay que investigar es a los incendiarios, aunque a últimas horas de la tarde de ayer aceptó la propuesta de sus aliados del BNG para promover una comisión parlamentaria de trabajo con el objeto de analizar no sólo la actual oleada de incendios, sino también los que se han producido en los últimos 16 años, durante la etapa de los gobiernos que presidió Manuel Fraga.

Un empresario vasco acusa a los colegas que «pagan a la banda como inversión»
Redacción  La Razón 16 Agosto 2006

Madrid- El empresario vasco y portavoz de la Plataforma de Empresarios Constitucionalistas del Foro Ermua, Ricardo Benedí, considera que hay empresarios que siguen pagando a ETA para comprar una «tranquilidad» y otros porque lo consideran una «inversión», dos razones que calificó de «inmorales». En una entrevista concedida a Ep, recuerda que el lendakari Ibarretxe sugirió en una reunión con empresarios que iba a haber un «ejército en paro» y que «habría que darles empleo», un planteamiento que, en su opinión, es una «desfachatez». Benedí, muy pesimista con el proceso de diálogo, cree que Rodríguez Zapatero está mintiendo a los españoles sobre el mismo y que fracasará porque el Gobierno no podrá satisfacer los planteamientos de los terroristas. «Zapatero y Rubalcaba».

Ricardo Benedí es un empresario vizcaíno que lleva invirtiendo y generando empleo en el País Vasco desde los 27 años y al que ETA ha enviado cartas de extorsión en tres ocasiones, pero que se ha negado a pagar. Así, afirmó: «Quien tenga miedo que se vaya, pero que no pague, y el que se quiera quedar que se aguante el miedo y que denuncie la extorsión». Este empresario considera que «es absolutamente inaceptable» que Zapatero y el «propio Rubalcaba» estén intentando «marear la perdiz» diciendo que las cartas que se han recibido algunos de sus colegas después del alto el fuego de la banda terrorista «pueden ser falsas», porque su existencia es «realmente incuestionable», informa Europa Press.

«Hizbulá ha hecho méritos para entrar en la lista de organizaciones terroristas de la UE»
M. S. R.  La Razón 16 Agosto 2006

Madrid- Una de las reclamaciones que siempre ha hecho Israel a la Unión Europea es que se incluya a Hizbulá en la lista de organizaciones terroristas que elabora Bruselas y en la que recientemente se ha incluido a Hamas, ahora en el Gobierno palestino. Preguntado por qué no es así, Ran Curiel cree que en realidad «no hay duda ninguna entre Israel y la UE sobre la naturaleza de Hizbulá. No hay duda de que es una organización terrorista, que usa métodos terroristas y que tiene un arsenal muy superior al de cualquier otro grupo terrorista». Curiel valora que la milicia chií tiene unos 1.400 misiles de corto y medio alcance sin contar los miles de cohetes katiusha que ha disparado en este mes sobre el norte de Israel.

«Nos gustaría ver a Hizbulá en la lista terrorista de la UE porque ellos mismos han hecho todo lo posible por entrar en ella». Preguntado el porqué de esta ausencia, Curiel explica que «Europa no lo hace tras analizar lo que esto supondría para Líbano por temor a que rompiera el frágil equilibrio de su democracia». A pesar de este detalle, Israel está muy contento con el giro que han dado las relaciones con los países europeos en los últimos tres años y del cariz centrado con que hoy se trata al Estado hebreo en Bruselas.
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