AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 17 Agosto  2006

Comunicado de repulsa a la convocatoria de Nunca Máis 
Vigueses por la Libertad, Coruña Liberal y AGLI   17 Agosto 2006

Las asociaciones ciudadanas y grupos cívicos de Galicia, Vigueses por la Libertad, Coruña Liberal y AGLI (Asociación Gallega para la Libertad de Idioma)  quieren hacer llegar a la opinión pública su sorpresa e indignación por la interesada reaparición de la plataforma “Nunca Máis” tras la ola de incendios que ha sufrido nuestra tierra 

Montaron dicha plataforma con ocasión del desastre del Prestige. En aquel entonces, todas sus protestas y movilizaciones se dirigieron contra los gobiernos autonómico y central. Los acusaron de ser los únicos responsables de la catástrofe y exoneraron a los propietarios del petrolero y su carga, llegando a personarse del lado de los contaminadores, y en contra del Estado español, en los procedimientos judiciales. 

Ahora, en medio de unos terribles incendios, los rescoldos de “Nunca Máis”  se han reavivado para realizar la operación inversa. A su juicio, la  gestión del gobierno ha sido impecable y los únicos culpables son,  bien las personas que prenden fuego al monte,  bien los anteriores gobernantes. Sería ingenuo no relacionar este giro de N.M. con los cambios de gobierno habidos en Galicia y en España.  

Que los ciudadanos pidan cuentas de su actuación a los gobiernos nos parece siempre lícito y necesario. Sin embargo, N.M ha demostrado que su objetivo no es ése, sino aprovechar las crisis para favorecer a unas opciones políticas y desacreditar a otras. En esta ocasión, se ha alineado con la estrategia defensiva del gobierno, que quiere desviar la atención de sus responsabilidades hablando de conspiraciones y presentando como novedosa la existencia de los incendiarios. Además, el lema principal de su convocatoria: “paremos el terrorismo incendiario”, incurre en una  banalización inadmisible del fenómeno terrorista.  

Siendo esto grave, aún es peor que para defender la actuación gubernamental, N.M. siembre cizaña entre la ciudadanía. Varios miembros prominentes de la plataforma han afirmado,  sin disponer de prueba o indicio algunos, que los incendios tienen intención política, sugiriendo así que tras ellos está la mano de “la derecha”.  

Por estos motivos,  nos oponemos a la manifestación anunciada por “Nunca Máis” para este domingo, 20 de agosto. Consideramos que esa plataforma busca sólo justificar la actuación del bipartito y esconder las responsabilidades que puede tener la administración en la tragedia.  Deploramos que en ese empeño no haya dudado en fomentar, de nuevo, la hostilidad y la división entre los gallegos.  

Vigo-La Coruña, 17 de agosto de 2006

Notas:
Este comunicado recogerá adhesiones en la página web: ArdeGalicia.info
Más información: 664 703 298 (Vika Abril, secretaria de Vigueses por la Libertad)
                             E-mail: viguesesporlalibertad@yahoo.es

Indultos para calmar a ETA
Editorial ABC 17 Agosto 2006

SI el Gobierno quiere dar al proceso de negociación con ETA un mínimo de solvencia política debería evitar que un mero secretario provincial socialista anuncie la concesión de indultos a presos etarras. Es lo que hizo el pasado lunes Miguel Buen, secretario de los socialistas guipuzcoanos, quien utilizó la ambigüedad habitual que marca la retórica del proceso al referirse a los etarras como «determinada gente» que, en caso de que ETA deje las armas, «podrán ser indultadas». Resulta todo un síntoma que sea un cargo medio del PSE quien se arrogue la potestad de anunciar el ejercicio del derecho de gracia, que constitucionalmente corresponde al Rey, a propuesta del Gobierno. Es, en efecto, el síntoma de que este proceso de negociación con ETA -que sea de paz es otro cantar- es, ante todo, un proyecto de partido y no un asunto de Estado. Resultaría imposible que semejante usurpación de papeles se hubiera producido, por ejemplo, en el Reino Unido a cuenta del tan citado proceso irlandés.

Este episodio es el enésimo que demuestra que el Gobierno socialista ha decidido prescindir de las instituciones y de las reglas básicas de la dinámica institucional que da fuerza a todo sistema democrático. No sólo se margina a la oposición popular -legitimada para anunciar su desvinculación a todo acuerdo político con los terroristas y escaldada de la deslealtad continua de Rodríguez Zapatero con Rajoy-, se confunde dolosamente a la opinión pública sobre la gravedad legal y política de la «kale borroka» y de la extorsión, y no sólo se acepta que el futuro político del País Vasco y de España se decida fuera de los Parlamentos, sino que también se despoja a la prerrogativa del indulto de todo sentido de equidad y excepcionalidad, para convertirla en un subterfugio de la amnistía, constitucionalmente prohibida.

Sin embargo, las palabras de Buen -quien, si habló de más, debe ser desautorizado; y si habló por mandato, aún es más grave su mensaje- encajan perfectamente en la dialéctica dominante de este proceso de negociación: Batasuna exige y el Gobierno y el PSOE responden con una obsequiosidad servil y desproporcionada a los «méritos» de los terroristas. Buen ha dicho lo que ETA y Batasuna querían empezar a oír. Traducido al lenguaje etarra, el dirigente socialista ha anunciado la solución a los presos necesaria para que el proceso avance, tal y como venía siendo reclamado por ETA en sus comunicados y por Batasuna en sus requerimientos habituales al PSOE. Y con éxito, según se ve, porque la ansiedad socialista por evitar lo que ETA llama el «colapso del proceso» empieza a causar estragos en el sentido común y en la dignidad política. Y así se ha pasado del acercamiento de presos etarras a, directamente, el indulto. Es decir, de cambiarlos de cárcel a sacarlos de la cárcel, y no con un simple cambio de grado penitenciario, sino con el perdón de la condena, que es lo que significa el indulto. Luego, el Gobierno no debería molestarse cuando se le reprocha que esté pagando precio político por adelantado.

No sirve de gran cosa, salvo para alimentar el desorden moral que apresa al Gobierno en este proceso, establecer categorías entre delitos de sangre y los que no lo son. Para eso ya está la graduación de las penas, pero el indulto atiende a principios como la equidad y la justicia material, y de esto no andan acreedores los etarras. Distinguir entre los que tienen las manos manchadas de sangre y los que no las tienen es un ejercicio realmente arriesgado. Por ejemplo, ¿están limpias las manos de quienes hicieron seguimientos a Fernando Buesa o Miguel Ángel Blanco o de quienes facilitaron alojamiento a sus asesinos?
Menos mal que el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, dejó claro y por escrito, en una carta dirigida a ABC, que los terroristas deberán depurar sus responsabilidades penales. Y esto supone no conceder indultos.

Las cifras, otra cortina de humo
Editorial ABC 17 Agosto 2006

MÁS allá del debate sobre la existencia o no de una trama organizada, planteada con un enfoque partidista, surge ahora en Galicia la discrepancia sobre la cuantía de los daños ocasionados por el fuego. Mientras que el PP, que cita informes independientes, duplica el número de hectáreas afectadas que reconoce la Xunta, la propia Unión Europea -ajena a las querellas internas de los partidos españoles- ofrece significativamente una cifra que supera en cerca de 10.000 la admitida por el Gobierno autonómico (77.000 hectáreas).

Desde el «Prestige» en adelante, la opinión pública contempla con perplejidad cómo los accidentes y catástrofes naturales son objeto de una permanente utilización política. En este caso, la Administración gallega tira a la baja a la hora de evaluar los daños causados por la tragedia que todos los veranos arrasa los montes de aquella parte de España. Tal vez se trate de evitar la comparación con épocas anteriores, que le resulta muy perjudicial, puesto que en la larga etapa de Manuel Fraga se obtuvieron resultados razonablemente positivos. Todo se traduce, pues, en acusaciones al adversario, sin que ni Pérez Touriño ni sus consejeros hayan ofrecido explicaciones convincentes sobre las purgas realizadas entre los encargados de las brigadas forestales o el insólito requisito de conocer la lengua gallega para participar en ellas. La polémica sobre las cifras de hectáreas quemadas invita a pensar que la Xunta ha decidido desviar la atención sobre el problema de fondo y que pase a segundo plano el debate sobre su ineficacia patente para organizar este aspecto fundamental de las competencias autonómicas. Peor aún es el repliegue táctico de Pérez Touriño, que dejó en manos de su consejero del Medio Rural, del BNG, el primer anuncio oficial de la superficie quemada. Los gallegos van a encajar mal el juego del escondite que se trae su presidente en una auténtica emergencia autonómica.

Galicia no es la única región en la que se dan condiciones propicias para los incendios forestales. Sin embargo, las diferencias son abrumadoras año tras año. Incluso si se acepta la estadística oficial de la Xunta, estamos hablando de una cantidad cinco veces superior a la que se quemó el pasado agosto en Guadalajara (con el agravante en este último caso de que se perdieron más vidas humanas). La catástrofe sin precedente de los montes gallegos exige la asunción de responsabilidades políticas por el Ejecutivo autonómico, sin que sea aceptable que el presidente o el consejero competente se parapeten bajo una guerra de cifras o de acusaciones no probadas. Tampoco la ministra Narbona ha salido bien parada de una crisis en la que ha prodigado más las frases ambiguas o directamente desafortunadas que la dirección eficaz de los servicios que tiene a su cargo. De nuevo ha quedado de relieve de forma patente la necesidad de cooperación institucional entre el Estado y las comunidades autónomas. No se trata sólo de la buena voluntad o de la solidaridad -que nunca falta-, sino de que el modelo territorial vigente no puede funcionar a base de compartimentos estancos.

Resurrección en llamas de la crisis del “Prestige”
José Javaloyes  Estrella Digital 17 Agosto 2006

Qué eso de que la crisis del nuevo “Prestige” ya está superada, como dice Pérez Touriño? La crisis no ha hecho más que empezar, y no precisamente porque en el momento de tan bizarra afirmación del presidente de la Xunta quedaran todavía 14 incendios activos. Ha sido tanta la magnitud de la catástrofe que “sólo” una docena larga de siniestros aun en curso, le han parecido una bagatela a quien preside, por los votos del “bloque”, la devastación forestal de la Comunidad gallega.

Abierto ha sido ya el melón de la cuenta de los daños causados por el fuego. La Oposición popular afirma, basándose en datos obtenidos vía satélite, que las hectáreas quemadas han sido 175.000. Pérez Touriño, en cambio, dice sin especificar la fuente de su información, que únicamente han sido 70.000 las hectáreas arrasadas por el fuego. Tienta el decir eso de qué más da.

Pero la cuestión de la cantidad, con ser tanta la diferencia de estimaciones establecida, no es la más relevante. Lo que importa en verdad es la cualidad de la gestión medioambiental que ha hecho posible el que Galicia padeciera magnitudes de fuego de las que se creía a salvo desde que, hace ya mucho, Manuel Fraga aplicó criterios de responsabilidad presidencial directa en la evitación de los incendios.

Desde entonces hasta el cambio de Gobierno en Galicia, prevaleció el principio de acción preventiva contra el fuego. Producido el cambio se invirtió el sistema: depuración lingüística de las brigadas forestales y descenso jerárquico de la materia a competencia de concelleiro definidor de atipicidades en el perfil y el discurso de las llamas. El anterior presidente de la Xunta entendía de la materia directa y personalmente, al actual le estaba vedada por pacto con el socio nacionalista poner las manos sobre el asunto. Pero esto, que sus responsabilidades políticas sean por omisión no le rebaja la factura, sino que dispara exponencialmente el importe de la cuenta.

Ocurre que ello no agota el radio de la responsabilidad socialista en este otro “Prestige”, que sí era sustancialmente evitable; no como en el otro: absolutamente sobrevenido como problema, y al parecer, por entero inevitable, cualquiera fuese la opción que se tomara, enviándolo a alta mar o trayéndolo a un concreto punto de la costa.

La responsabilidad de ahora en Galicia no es sólo de Pérez Touriño y sus socios nacionalistas. La responsabilidad alcanza de raíz al presidente Rodríguez, por la fórmula de alianzas que ha hecho prevalecer para tocar y asirse al pelo del poder, igual en el Gobierno de la Nación que en la gestión política de las Comunidades Autónomas. Acaso por eso estuvo tan remiso en interrumpir sus deleites vacacionales en los regios aposentos de La Mareta.

Sin el precedente de lo que socialistas y nacionalistas hicieron con el “Prestige” del chapapote no se vendría a organizar ahora todo cuanto espera sobre las brasas humeantes. De nada servirá esa larga cambiada con que Rubalcaba recibió al toro, diciendo que detrás del fuego había una conspiración. Sólo estaba en verdad la conspiración de la incompetencia gestora y la beocia política. Por eso lo que debe venir ahora en el Parlamento gallego es la depuración democrática de las responsabilidades contraídas en los devastadores fuegos. Para la Oposición popular es la prueba del nueve. Nunca para una reivindicación pudo haber tan sobrada legitimación. El camino está abierto por la demagogia de entonces. “Nunca mais” la incompetencia cierta y devastadora sobre Galicia.     jose@javaloyes.net

Balance (provisional) del desastre forestal gallego bajo el bipartito
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 17 Agosto 2006

Políticamente, el actual gobierno de la Xunta tiene que asumir la responsabilidad de lo ocurrido, y el Conselleiro de Medio Rural, Alfredo Suárez Canal, debería dimitir o ser cesado.

17 de agosto de 2006. El día siguiente al del Apóstol salía publicado en estas mismas páginas un artículo mío en el que desarrollaba un análisis de la situación gallega a un año del cambio político que llevó al gobierno de la Xunta a una coalición entre socialistas y nacionalistas dirigida por Emilio Pérez Touriño.

Allí señalaba algo que sin duda habrá pasado ampliamente desapercibido, por no haber trascendido a unos medios de comunicación que en Galicia traen en palmitas al bipartito, demostrando su sumisión al poder, sobre todo si es de izquierdas: que quienes por motivos profesionales tienen que tratar con la Xunta se quejan del amplio grado de ineficacia administrativa que ésta está demostrando tras el cambio de gobierno y que no se acaba de corregir.

También ofrecí entonces una explicación del fenómeno. Socialistas y nacionalistas se encontraron con una Administración construida durante nada menos que dieciséis años por el adversario político y no se fiaban de ella. Así, colocaron en los altos puestos político-administrativos, que son claves para la eficacia de toda acción de gobierno, a personas que, en algunos casos, no dan la talla.

Pues bien, en cuanto se ha producido la primera crisis seria, estas deficiencias se han puesto de manifiesto de la manera más dramática. Frente a la eficacia de los sucesivos Gobiernos de Manuel Fraga en la lucha contra los incendios forestales, que había sido una de sus notas distintivas, los gallegos tenemos la sensación de haber retrocedido a los tiempos del anterior gobierno de coalición entre socialistas y nacionalistas, tan desgraciados para nuestros bosques.

Políticamente, el actual gobierno de la Xunta tiene que asumir la responsabilidad de lo ocurrido. En particular, el Conselleiro de Medio Rural, Afredo Suárez Canal, del BNG, competente en materia de extinción de incendios forestales, debería dimitir o ser destituido por el presidente de la Xunta.

Naturalmente, nada de eso va a ocurrir, de acuerdo con la práctica política habitual en España. La Xunta podría escudarse en que la situación vivida este año es excepcional y en que los medios previstos para la extinción de incendios, aunque suficientes en circunstancias normales, se han visto desbordados por la actividad de los pirómanos.

Las intolerables acusaciones contra el PP
Sin embargo, lo indignante es que no ha sido ésa la excusa empleada. De Madrid nos han enviado a una ministra, Cristina Narbona, que, si es de las de cuota, constituye por sí misma el mejor alegato contra esa forma de discriminación, y que ha acusado de la ola de incendios a los miembros de la brigadas forestales no contratados este año (algunos por no demostrar conocimientos de gallego, de acuerdo con la doctrina nacionalista de que un rebuzno en lengua vernácula vale más que todos los discursos de Cicerón en latín o traducidos al castellano) y a la brutalidad de los aldeanos gallegos, sin que los nacionalistas hayan emitido la menor protesta.

También han hablado, por fin, los de Nunca Máis, por la boca de eximios intelectuales nacionalistas, pero ¡para acusar de terrorismo forestal al PP!, que va a resultar que siempre es culpable de los desastres: si está en el gobierno, por estarlo, y si está en la oposición, por la rabia que le da perder el poder.

Esta última acusación, que retrata a la perfección la catadura moral de esos personajes, elevados para vergüenza de todos a la categoría de representantes de la intelectualidad gallega por la absoluta indefensión del centroderecha en el terreno cultural, merece una respuesta contundente que, me temo, no van a recibir por motivos de corrección política.

En España y en Galicia, en la actual etapa democrática y salvo durante los años de la Transición, en que hubo un terrorismo de extrema derecha, el terrorismo lo ha practicado y lo sigue practicando la izquierda. De izquierdas es ETA, de izquierdas es el GRAPO, de izquierdas eran otros grupos terroristas nacionalistas como el EGPGC gallego (Exercito Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe) o Terra Lliure, y fue un gobierno de izquierda el que practicó el terrorismo de Estado de los GAL.

Si hay un terrorismo forestal, habrá que buscarlo en las amenazas de quemar eucaliptos que organizaciones ecologistas de la izquierda nacionalista radical han dejado pintadas por Galicia. Porque los ecologistas en nuestra región defienden una doctrina que podríamos llamar "racismo arbóreo", según la cual hay árboles buenos, los supuestamente autóctonos, y árboles malos, los traídos de fuera. Afortunadamente, aún no se les ha ocurrido aplicar esa teoría al maíz, las patatas y los tomates, y obligarnos a volver a alimentarnos de bellotas de roble y pan de castañas, pero todo se andará.

El desfile del perdón
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR .Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Deusto ABC 17 Agosto 2006

... La historia no puede ser interpretada en términos de perdón. Porque pedir perdón por lo que ocurrió hace ya casi tres cuartos de siglo puede ser una tarea tan inagotable y vana como intentar corregir el pasado lejano...

LA moda es pedir perdón. O exigir un minuto de arrepentimiento público. Y si puede ser con respecto a errores o abusos de un pasado remoto, mejor. En los viejos y ruidosos tiempos de la vanguardia del siglo pasado tuvieron mucho éxito las escenificaciones con animales: Gómez de la Serna recitaba desde el lomo de un elefante y Valle Inclán se quejó de que no se le permitiera subir al tranvía con dos leones. Hoy se lleva mucho el perdón con espejo retrovisor.

Los casos se multiplican, y entre nuestros políticos y algunos memorialistas dan para toda una antología del disparate. La esencia de esta pos-modernísima moda del perdón es que las atrocidades siempre las cometen o un hermético puñado de fuerzas oscuras -el Estado, el colonialismo, el imperialismo yanqui, la globalización...- o los supuestos antepasados del rival político - los fascistas, los comunistas, los alemanes... Dos ejemplos. Hace no mucho tiempo hubo una gran polémica porque el Congreso de los Diputados no consideró necesario pedir perdón por el fusilamiento de Luis Companys, tal y como propusieron los diputados de ERC con el respaldo de las principales formaciones nacionalistas e Izquierda Unida. Y este año -con ocasión del aniversario de la guerra civil- los gobiernos de Alemania e Italia han visto cómo se les llegaba a reclamar una disculpa por la intervención de Hitler y Mussolini al lado de las tropas franquistas.

Ni el cinismo de los prohombres de la Restauración exigía tanto meneo de cadera. Teatro de parlanchines, esta fiesta del perdón ha convertido España en una sociedad donde la verdad de ahora y los problemas de ahora son impronunciables o de mal gusto y donde toda explicación pública del pasado se queda en farsa. Como si realmente se creyera que las responsabilidades de las gentes del pretérito pudieran imputarse, sin más, a los habitantes del presente. Como si tuviera alguna utilidad. Como si a los perseguidos y los fusilados de hace más de setenta años les sirviera de algo que unos gobiernos -que tienen tanta relación con la Alemania nazi o la Italia fascista como la actual España de Zapatero puede tenerla con la España de 1939- dijeran que los alemanes o los italianos estaban muy equivocados en 1936 por venir de turismo armado a la tierra de Carmen y Picasso.

La historia no puede ser interpretada en términos de perdón. Porque pedir perdón por lo que ocurrió hace ya casi tres cuartos de siglo puede ser una tarea tan inagotable y vana como intentar corregir el pasado lejano o cambiar la claridad amarga y severa de la historia por las blanduras dulzonas de una terapia halagadora. Los errores del presente y los que pueden evitarse en el porvenir son los que cuentan, y no se remedian ni con aspavientos ni con unos minutos de contrición pública. Porque, además, no hay mayor falacia que pedir perdón por el pasado cuando se actúa con parecida soberbia o ceguera en el presente. El mayor ejemplo de lo que digo lo hemos podido ver recientemente cuando Ibarretxe envió una carta a las víctimas de la violencia etarra pidiendo perdón en nombre del pueblo vasco.

Hazañas humanitarias como ésta demuestran hasta qué punto la moda del perdón permite no tener en cuenta la realidad o prescindir de la responsabilidad individual olímpicamente. Leyendo la carta del lehendakari y completándola después con otras declaraciones paralelas uno adquiere la sólida idea de que la culpa del infierno vivido por las víctimas del terrorismo en el País Vasco es del pueblo vasco en su conjunto, que asistió con miedo, rutina y fatalismo a los atentados; pero, sobre todo y por encima de todo, del «conflicto político», que como el mismo lehendakari recordó de viaje por Washington, atraviesa las tierras vascas desde hace ya 170 años.

Lo que se impone así es el hacinamiento de pillos, verdugos, acosados, equidistantes... en una gran responsabilidad colectiva. Todos son arrojados a la misma marmita : el pueblo vasco, el conflicto político. Como si las responsabilidades individuales no existieran y siempre hubieran sido las circunstancias las responsables de las decisiones humanas, las acciones humanas y, sobre todo, el sufrimiento humano. Como si el País Vasco no fuera un lugar multiplicado, un lugar donde no sólo existe la patria de Ibarretxe situada en las alturas, acostumbrada a la presencia del crimen y del infierno a condición de que sean los otros los que lo padecen. Como si no hubiera una patria en las profundidades, por debajo: los asesinos, y los chivatos, y los beneficiarios política y económicamente del terrorismo, del ambiente de miedo y de la solución negociada. Como si no fueran pueblo vasco también las víctimas acostumbradas a las pintadas amenazadoras en las puertas de sus casas o la minoría que durante años y años se opuso al fanatismo y denunció con riesgo de su propia vida el iceberg de vejación y silencio que los dirigentes nacionalistas querían mantener sumergido. Como si detrás de las instituciones públicas -que, según Ibarretxe, no supieron estar cerca- no hubiera personas y siglas políticas concretas.

Hablar de culpabilidad colectiva es lo mismo que decir que todos somos culpables. «También, tú, asesinado». Ésta es, precisamente, la forma de hablar del totalitarismo. Porque -y conviene recordarlo- no todos cerraron los ojos ni todos se mantuvieron callados o sentados. No todos toleraron cuanto se ha tolerado y tolera en el País Vasco. O justificado ideológicamente el terror insistiendo, como lo hacen los nacionalistas, en que la verdadera libertad, la verdadera emancipación y la verdadera soberanía es colectiva o no es, y que el pueblo vasco, sin un gobierno nacional propio, se halla privado de derechos humanos.

Lo peor que podría hacerse ahora es engañarnos respecto de algo que está perfectamente claro: la mitología del nacionalismo vasco no es inocente de los horrores etarras, como tampoco lo es su proclama de que la verdadera constitución del conjunto de todos los ciudadanos vascos de hoy -sean éstos nacionalistas o no lo sean- reside en oscuros y viejos derechos históricos ni la rígida fantasía en un pueblo milenario dividido en siete territorios, regado con la lengua más antigua de Europa y ocupado por las fuerzas oscuras de dos Estados rivales, Francia y España.

El nazi Himmler, que tan bien conocía la mentalidad de aquellos a los que organizó, describió no sólo a sus hombres de las SS, sino los amplios estratos donde los reclutó, cuando dijo que no se hallaban interesados en «los problemas cotidianos», sino que sólo lo estaban «en cuestiones ideológicas importantes durante décadas y siglos, de forma tal que el hombre... sabe que está trabajando para una gran tarea que solamente se presenta una vez cada dos mil años». Pero una cosa es pensar en la situación más parecida a esta Euskadi 2000 -la Alemania de los años 30- o dibujar una interpretación política a golpe de citas, y otra enfrentarnos cara a cara con el rostro aburrido de ese independentismo totalitario que ha utilizado el coche bomba y el tiro enla nuca. Ver la realidad que vivimos con toda su carga bestial de deshumanización. Una imagen: el juicio de los asesinos de Miguel Ángel Blanco.

En medio de este desfile del perdón al que se han unido los dirigentes nacionalistas vascos con la esperanza de cerrar el libro de la violencia y abrir el de la soberanía, quizá convenga decir que el perdón es un hecho privado entre quien ha infligido un sufrimiento y quien lo ha padecido. No es posible si no existe también la justicia. Tampoco la sustituye ni la desmiente.

Después de vivir la pesadilla del juicio, la madre de Miguel Ángel Blanco dijo que casi no había podido mirar a la cara a sus asesinos: «Sólo podía mirarle a las manos. Una y otra vez. No podía dejar de pensar que con esas manos le habían quitado la vida a mi hijo». Escribo estas palabras, y luego las digo mentalmente. Y las repito muchas veces. Como plegaria. Porque el futuro no puede surgir de disolver las responsabilidades individuales ni tampoco de borrar de la Historia la existencia de ETA, desarraigándola de las conciencias y creando un pasado con víctimas pero sin asesinos, sin verdugos, sin victimarios. Porque para que el ágora sustituya al templo y el futuro no esté ya secuestrado es preciso plantearse el terrible enigma de esas manos. No lavarlas en la ficción de una paz sin ojos sino repetirse y tratar de responder las preguntas que un día se hiciera Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo: ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha sucedido? ¿Cómo ha podido suceder?

Garzón, juez y parte
Por C. ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Agosto 2006

El juez Garzón no dice el «llamado»proceso de paz. Cree en él. Lo declaró así unos días antes de recuperar su puesto en la Audiencia Nacional. No ha tenido reparos, tampoco, en mostrar su desacuerdo con las medidas que había venido tomando el juez Grande-Marlaska en relación con las acciones de Batasuna. Las había considerado temerarias, jurídicamente hablando, porque él distingue entre comportamientos personales y partidarios, o considera que los dirigentes de Batasuna pueden aceptar como tales una reunión si son convocados a ello por una organización legal como es el PSE. De este modo, admite que el Partido Socialista pueda convertir en legales los movimientos de aquélla. Como se ve, coincide en líneas generales con las posiciones políticas del fiscal Conde-Pumpido; comparte los criterios globales de José Luis Rodríguez Zapatero y lo ha demostrado con sus actuaciones ante la última manifestación de Batasuna.

¿Necesito decir que el juez Garzón tiene derecho a ello como ciudadano y como juez? Del mismo modo que me parece obligado decir que su condición de juez no está a salvo de las convicciones políticas del ciudadano y que están sujetas a error y, por lo mismo, pueden ser criticadas. Desde luego, sus respuestas a la convocatoria de la manifestación del domingo fueron las del magistrado, que tan sólo está preocupado porque no se den los signos externos que harían obligada la prohibición. Entramos, así, en la vía de la sofisticación y de la impostura en el trato con Batasuna y ETA. Que se respete la letra. Ni una pancarta que ponga de manifiesto lo que toda España sabe.

La actuación de Garzón viene a reforzar el discurso del PSOE en el sentido de que, estando de acuerdo con la hoja de ruta de Mikel Antza, va a resultar imposible no cometer agresiones escandalosas al Estado de Derecho. No pueden quedar las cosas en actuaciones inconstitucionales como ha sido el caso de la aprobación del Estatuto Catalán. En el llamado proceso de paz, el Gobierno tiene que pactar con un partido que está fuera de la ley como terrorista y que lo está haciendo en condiciones de inferioridad, ya que aquél no ha hecho gesto alguno por el que pueda deducirse que estima y respeta el Estado de Derecho. Por el contario, los criminales le acusan a éste de graves «déficits democráticos».

Quizá Garzón no es consciente de que la situación es tan endemoniada que es irresoluble desde el punto de vista de la moral democrática, dados los términos en los que está planteada. Quizá confía en su capacidad de desmarque como ha hecho en otras ocasiones. En ésta, el ciudadano y el político pueden terminar con el juez, quizá porque no se ha enterado aún de que en este trance el futuro del Estado de Derecho está dependiendo de un juez.

Queremos saber qué explotó en los trenes
EDITORIAL Libertad Digital 17 Agosto 2006

En 2001 podía establecerse no ya los componentes de la dinamita empleada sino incluso otros detalles de la bomba –como los iniciadores o hasta las pilas que los alimentaban– con la que ETA intentó asesinar a una patrulla de la Guardia Civil, pese a que el artefacto explotó tal y como estaba previsto. Sin embargo, desde instancias oficiales pretenden hacernos creer que, tres años después, no pudo establecerse ni el explosivo ni ningún otro componente de ninguna de las doce bombas que asesinaron a 192 personas e hirieron a más de 1.500, pese a que el caso era, evidentemente, de bastante más importancia que aquel, y los medios puestos a disposición de su esclarecimiento se supone que también lo han sido.

El sentido común ya dictaba que no se puede saber qué ha explotado en un atentado sino a partir de la lista de componentes químicos hallados en el foco de la explosión, y que era por tanto imposible afirmar con rotundidad que el explosivo empleado era dinamita sin hacer esos análisis. Ahora, un informe de los mismos Tedax incorporado al sumario del 11-M demuestra que técnicamente es perfectamente posible realizar no sólo esos análisis, sino incluso averiguar a partir de los restos qué otros elementos forman parte de la bomba y, en definitiva, certificar si tanto la bomba de la mochila de Vallecas como el explosivo de Leganés tienen algo que ver con lo que realmente explotó en los trenes o no.

Muchos ciudadanos que siguen creyendo de buena fe en la versión oficial suelen considerar que preguntar cosas tan básicas como qué fue lo que explotó en los trenes no es más que un intento desesperado de provocar sospechas sobre la autoría y los motivos del atentado por parte de quienes perdieron las elecciones tres días después del mismo. Sin embargo, no pueden negar que buena parte de los detalles que ahora conocen han sido revelados debido a las investigaciones que han llevado a cabo, casi en solitario, El Mundo y Libertad Digital, y que la información que han recibido por parte de instancias oficiales ha sido prácticamente inexistente. ¿Por qué?

Todas las pruebas que se han presentado para inculpar a una serie de individuos, buena parte de los cuales desaparecieron en Leganés, han sido puestas en entredicho. Existen dudas más que razonables sobre la veracidad de la mochila de Leganés, la furgoneta de Alcalá y el Skoda Fabia. Es más, existe constancia de que se ha hecho llegar al juez información falsa, como los cuatro informes contradictorios sobre el momento en que se activaron las tarjetas de móvil supuestamente compradas a Zougham o la fotografía del explosivo supuestamente hallado en la furgoneta, que es la misma que la del explosivo de la mochila. ¿Por qué?

La importancia del testimonio de Sánchez-Manzano, ese policía al que el PSOE premió con un ascenso y una subida de sueldo en diciembre de 2004, en la comisión del 11-M se debe a que todo el sumario descansa sobre la suposición de que en los trenes estalló Goma-2 ECO y si en algunos focos se encontró nitroglicerina, lo que estalló no fue Goma-2 ECO. Desde que esta información se hizo pública, se han puesto muchas excusas para justificar que el jefe de los Tedax no dijera la verdad bajo juramento, pero no han aparecido los informes que indican qué componentes químicos aparecieron en los focos de las explosiones de los trenes. ¿Por qué?

Si los ostentadores de la verdad oficial insisten en escamotearnos esa información, todas las hipótesis sobre las causas de que esos informes no aparezcan son perfectamente lícitas. Hacerlas supone, para algunos, caer en la paranoia de ver una conspiración detrás de todo. Sin embargo, quienes sostienen esa acusación son los que apoyan una versión según la cual un grupo de traficantes, ladrones de poca monta y confidentes policiales llevaron a cabo el atentado más grave de la historia de nuestro país. Y la sostienen sin prueba alguna. Se cree el ladrón...

Islam y educación
La libertad de enseñanza ante el desafío islámico
Álvaro Vermoet Hidalgo Libertad Digital 17 Agosto 2006

La libertad de enseñanza es una forma más de defender los derechos individuales y, por tanto, es propia de las sociedades occidentales. Que el dinero recaudado para la educación siga a los alumnos al centro por el que opten sus padres, que la homologación de los centros se base en los resultados de los alumnos o que los centros con mejores resultados puedan quedar exentos de las regulaciones estatales son, al fin y al cabo, libertades de personas y empresas que permiten la libre competencia y la mejora de la oferta educativa.

Sin embargo, la guerra de religión declarada a Occidente por el islamofascismo, unida a la llegada de una inmigración de origen islámico con fuertes componentes yihadistas, ha abierto en países como Holanda –precursor de la libertad de enseñanza– un debate en torno a los límites del pluralismo en la educación. La entonces diputada liberal holandesa Ayaan Hirsi Alí, de origen somalí, criticó la libertad de enseñanza porque, lejos de ayudar a integrar a los inmigrantes en las sociedades modernas, financia colegios islámicos extranjeros que rechazan la integración y que mantienen a los musulmanes en su atraso. Lo que Ayaan Hirsi Alí sostiene es que la libertad de enseñanza supone un riesgo para una sociedad compartimentada entre ciudadanos occidentales e inmigrantes de teocracias islámicas que pretendan asemejarse lo más que puedan al ideal de vida árabe del siglo VII. ¿Pero debemos limitar nuestras libertades educativas para asimilar la inmigración de origen islámico? ¿Debemos limitar nuestra libertad de enseñanza?

La libertad de enseñanza, como cualquier otra libertad, debe estar supeditada al imperio de la ley y a los principios constitucionales. Si un centro educa en el odio a Occidente y en la discriminación de las minorías no es que no deba financiarse, es que no debe autorizarse. No se puede acoger a la libertad de enseñanza sencillamente porque atenta contra la libertad y contra la enseñanza. Ahora bien, autorizado un centro de acuerdo a unos criterios objetivos, establecer otros distintos para financiarlo es dar al Estado la potestad de elegir qué padres –qué contribuyentes– pueden acceder al dinero destinado a la educación de sus hijos y cuáles no. Lo que tiene que controlar el Estado es que se cumplan nuestras leyes en los colegios musulmanes y lo que tiene que hacer una sociedad que no quiera ser caldo de cultivo de los fundamentalistas del Islam es evitar que estos centros proliferen.

Existe un riesgo objetivo de que un colegio inspirado en el Corán y en la sharia eduque en ideas contrarias a la ley y a los derechos humanos, que consideramos universales. Por tanto, aplicar a estos centros controles preventivos que garanticen el respeto hacia unos los derechos y libertades fundamentales no sería una intromisión en la libertad de empresa ni mucho menos una discriminación religiosa hacia los musulmanes, sino precisamente una garantía de igualdad ante la ley para los alumnos del centro. Un símil sería la propuesta que hizo en Holanda la VVD (la derecha liberal), de establecer controles sanitarios obligatorios para las niñas de origen musulmán, con el fin de evitar que se les practicara la ablación del clítoris. No se quería discriminar a estas niñas, ni recortar sus libertades, sino garantizar que no se vulneraban sus derechos ni dentro ni fuera del territorio holandés.

Sería fundamental que, de proliferar los colegios musulmanes, el Estado realizara controles a sus alumnos sobre los valores impartidos en estos centros, sobre si el nivel académico de niños y niñas es similar, y cuantas otras medidas garanticen el cumplimiento de la ley. Y si se está educando en ideas contrarias a la ley, se cierra el centro. En España es muy claro el artículo 27.6 de la Constitución: se reconoce la libertad de creación de centros docentes dentro del respeto a los principios constitucionales. Sin duda resulta más complicado todo este control que limitarse a no subvencionar colegios musulmanes pero, como dijo Jefferson, el precio de la libertad es la eterna vigilancia.

Este control se justifica también en términos de seguridad, es decir, de proteger nuestras libertades individuales. No hay que olvidar todas las células de Al Qaeda detenidas tras el 11-S en Europa, Eurabia, un continente con casi 20 millones de musulmanes. Tampoco hay que olvidar que los autores de los atentados del 7-J en Londres y los del fallido complot para hacer estallar aviones llenos de personas inocentes eran musulmanes inmigrantes de segunda o tercera generación, aparentemente integrados en esa sociedad "multicultural" británica que permite colegios islámicos e imanes yihadistas. Un modelo de sociedad que acogió el yihadismo y que dio pasaporte británico a los musulmanes que, en un momento dado, decidieron inmolarse matando al mayor número posible de occidentales para alcanzar ese cielo de mujeres perpetuamente vírgenes que Alá promete a los hombres.

Ahora bien, que el Estado no deba tomar partido por unos u otros proyectos educativos y se limite a controlar si están dentro de la ley no implica que la sociedad deba permanecer inmóvil ante la islamización de la educación que reciben los inmigrantes en Europa. Sin embargo, nadie mueve un dedo para impedirlo. En España pueden darse por satisfechos quienes afirman que no somos quién para criticar "otra cultura" y menos para atrevernos a transmitir la nuestra, quienes ven diversidad y no atraso en las cada vez más numerosas mujeres que transitan nuestras calles con la cabeza tapada, quienes no oyen, o no quieren oír, a los cada vez más numerosos imanes que celebran la yihad y que nos enseñan a pegar a las mujeres.

El "multiculturalismo" está de enhorabuena en España: la Embajada de Arabia Saudí, de un régimen criminal y despótico, acusado de financiar secretamente a Bin Laden y que promueve mezquitas yihadistas en todo el mundo, está tratando de comprar colegios privados en España para reconvertirlos en escuelas islámicas que enseñen el Corán y la sharia. Toda una generación de inmigrantes musulmanes aprenderá la ética, la filosofía y la historia del pensamiento occidental y la historia de Al Ándalus y de los Reyes Católicos en un colegio islámico perteneciente a un país islamista.

Si queremos evitar que los musulmanes reciban en España la misma educación que hubieran recibido en Arabia Saudí, lo primero que tenemos que hacer es no vender nuestros colegios a los islamistas, que la sociedad presione a los propietarios de los colegios para evitarlo. Si hay yihadismo donde hay inmigración islámica, aunque estudien en colegios públicos, ¿qué saldrá de un colegio árabe que enseña la sharia a los musulmanes inmigrantes, a sus hijos, y a los hijos de sus hijos? En casos como éste, en que se trata de un país que viola los derechos humanos, creo que sí estaría justificada una intervención de los poderes públicos.

Si consideramos universales los derechos humanos, y estos forman parte de nuestro ordenamiento, ¿no deberíamos limitar la presencia de los regímenes que los violan en nuestro país?

Álvaro Vermoet Hidalgo es consejero del Consejo Escolar del Estado por la Unión Democrática de Estudiantes.

El colonialismo religioso de Arabia Saudí
Por MIRA MILOSEVICH. Profesora e investigadora del Instituto. Universitario Ortega y Gasset ABC 17 Agosto 2006

LA noticia de que Arabia Saudí intenta comprar un colegio en Madrid para establecer una escuela islámica preocupa a los españoles más escépticos respecto a las virtudes de la Alianza de Civilizaciones. Una escuela de ese tipo difundiría el wahabismo, que no es sólo la interpretación radical del islam que constituye el fundamento de la legitimación religiosa del Estado saudí (1932), sino, junto con el salafismo, la fuente principal de inspiración y justificación de los actos terroristas islámicos a lo largo y ancho del planeta. Hasta ahora, en Europa, se ha tenido la certeza de que las mezquitas dirigidas por imanes importados de los países árabes suministran el combustible ideológico a los terroristas en los territorios de la UE.

Por ejemplo, en el Reino Unido sólo treinta imanes han sido formados en madrasas o universidades británicas, frente al millar largo de clérigos graduados en instituciones árabes, que ni siquiera saben hablar inglés y no creen en la supuesta compatibilidad del islam con los valores occidentales ni son capaces de enseñar nada parecido. El hecho de que la mayoría de los detenidos a raíz del intento de atentado en el aeropuerto londinense de Heathrow sean nacidos en el Reino Unido pone en cuestión la creencia de que los radicales no son musulmanes europeos, sino inmigrantes. El actual Gobierno español, tal como han hecho los de Alemania o Suecia en sus respectivos territorios, ha decidido financiar las mezquitas y evitar así que éstas acepten donaciones de los países árabes, suponiendo que el bajo sueldo de los imanes (entre 500 y 1.000 euros mensuales, en comparación con los de entre 2.000 y 4.000 euros de los pagados por árabes) es el principal motivo de la dependencia económica del clero islámico respecto a aquéllos.

La apertura de escuelas islámicas en Europa implicaría un cambio importante: los imanes podrían ser formados en los idiomas europeos y transmitir más fácilmente su enseñanza. Pero el problema no se reduce a la implantación en los países de la UE de un tipo de educación islámica, por muy radical que éste sea. La inauguración de una escuela islámica en un país cuya población en su mayoría se define como cristiana forma parte de una estrategia de expansión mucho más amplia: se trata, en realidad, de una especie de colonialismo religioso que Arabia Saudí intenta implantar en todos los países exteriores al mundo islámico donde ve posibilidad de ello. La prueba es que invierte más dinero por conceptos educacionales en los países europeos que en los países musulmanes. Sus últimos encuentros culturales anuales los suele celebrar en Europa (Gibraltar, Bruselas, Budapest, Copenhague). Mantiene 210 Centros Islámicos en Europa, EE.UU., Asia y África, así como más de 1.500 monumentos en Europa y EE.UU. que tienen importancia para la cultura musulmana. No sabemos con exactitud el número de mezquitas que reciben su ayuda económica. Fuera de sus fronteras, las instituciones saudíes académicas de mayor prestigio se encuentran en EE.UU., que supuestamente es el símbolo del mal para el wahabismo: la Academia Islámica Saudí (AIS), con sede en Washington D.C., y el Instituto para las Ciencias Islámicas Árabes en Fairfax, Virginia. Entre los años 1984-94, la AIS invirtió 27 millones de dólares en becas para estudiantes e investigadores, y ya en 1999 llegó a la cifra de 1.300 millones en este concepto. La campaña wahabí contra Occidente empezó mucho antes de los atentados terroristas en Nueva York, Madrid y Londres o las guerras en Afganistán o Irak, y con medios más sofisticados.

Después del colapso general del comunismo en la Europa del Este y los Balcanes, Arabia Saudí, a través de sus instituciones estatales (Universidades, Comité de Ayuda para la restauración del Islam en la Europa del Este, Fundación del Rey Faisal) desarrolló una actividad frenética para ayudar a los musulmanes europeos a reencontrar su fe: una desmesurada ayuda económica para la construcción de mezquitas y escuelas islámicas, formación de imanes y peregrinaciones gratuitas a los lugares santos musulmanes. La guerra en Bosnia-Herzegovina posibilitó la entrada de varios actores no-estatales en el territorio de los Balcanes, financiados por particulares saudíes que, de este modo, divulgaban las ideas del wahabismo y salafismo: miembros de varias organizaciones terroristas como Al-Qaeda, Gama´a al-Islamiyya, Jihad Islámica o diferentes ONG musulmanas que se dedicaban al blanqueo de dinero e introducción de combatientes de la red afgano-árabe. La caída del comunismo facilitó la aplicación de una estrategia sencilla para reislamizar a los musulmanes balcánicos, que, exceptuando los de Bosnia y Herzegovina, nunca antes habían tenido contacto con el islamismo radical.

Una hipotética escuela islámica en un país europeo tendría como posibles alumnos principalmente a inmigrantes musulmanes que, en lugar de formarse como ciudadanos europeos se convertirían en auténticos musulmanes, en el sentido wahabí. Sería un caldo de cultivo de terroristas que no se podría controlar como una mezquita, toda vez que se trata de una escuela. La expansión del islamismo en el Occidente entusiasma a los bienintencionados y a los que creen en la Alianza de Civilizaciones, que ven en ello un factor de enriquecimiento de nuestra cultura, pero que, en el fondo, son indiferentes ante la defensa de una identidad europea basada en valores democráticos y liberales. Esta indiferencia se nutre de un relativismo cultural y religioso donde todo (nada) vale y se ve confirmada por la deriva histórica de una sociedad donde el bienestar económico y la vida despreocupada y hedonista son los principales objetivos de la mayoría de sus miembros. Nuestro relativismo nos impide ver lo que amenaza nuestra dinámica pero frágil identidad, de la que presumimos frente al fanatismo y dogmatismo islamista. No nos debería ocultar, sin embargo, que la guerra contra el terrorismo islamista ha de ganarse también en el campo de las ideas y no sólo en el de la acción policial y militar. Para empezar, podría exigirse reciprocidad de los países islámicos como Arabia Saudí. ¿Por qué, si ellos financian mezquitas o escuelas islámicas en Europa y América, las iglesias cristianas no pueden abrir templos ni centros de enseñanza en Riyad?

El silencio de los corderos
Por ALFONSO ROJO ABC 17 Agosto 2006

Una fórmula perfecta para convertir un problema en una catástrofe es ignorarlo y eso es lo que está haciendo la sociedad española con el fascismo islámico.

Basta repasar lo publicado en los periódicos o dicho en las radios y televisiones durante la crisis del Líbano o a raíz de la desarticulación de la banda de fanáticos que pretendía volar una decena de aviones trasatlánticos, para llegar a una escalofriante conclusión: vamos como corderos al matadero.

En España, parece haberse impuesto la tesis de que la masacre del 11-M es una especie de vacuna que hace imposible una repetición de atentados similares. Ni siquiera se han sacado las lecciones pertinentes.

La coincidencia en el tiempo de dos obsesiones -la de los socialistas por subrayar que la victoria electoral de Zapatero nada tuvo que ver con la carnicería de los trenes madrileños, y la de los populares por demostrar que no tuvieron responsabilidad alguna- ha llevado a una situación delirante, en la que rara vez se señala a los verdaderos culpables: jóvenes musulmanes amamantados en la ideología del odio.

Jóvenes que se beneficiaban de nuestro sistema, recibían becas a cargo del erario público y frecuentaban mezquitas en las que los predicadores eran y siguen siendo apologistas del terror.

El Partido Popular, propenso a los delirios que estimulan las derrotas y jaleado por un puñado de agitadores periodísticos de alto nivel, parece obviar a los facinerosos que pusieron las mochilas-bomba en nombre de Alá y anda buscando oscuras conspiraciones y complicadas tramas de índole doméstica.

Lo anterior, sumado a la tendencia de los medios de comunicación a justificar ciertos tipos de terrorismo y a la propensión de la izquierda a considerar positivo todo lo que lleve marchamo antinorteamericano, hace imposible plantar cara a lo que se nos viene encima.

Pensar que el terrorismo islámico es una reacción a la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania o al imperialismo americano en Irak es una insensatez.

Lo ocurrido en Londres demuestra que los fanáticos de Alá están a la ofensiva y no a la defensiva. No reaccionan frente a supuestos agravios de Occidente o en respuesta a imaginarias ofensas.

Son parte de una forma nueva de fascismo que, bajo la cobertura de una religión, está decidido a llevar la violencia a todo el mundo. Ni la creación de un Estado Palestino, en el que mandase Hamás, ni la retirada de Irak y su entrega a los degolladores sintonizados con Al Qaida, nos librarían de la amenaza.

Vienen a por nosotros y seguimos comportándonos como si nada ocurriera. Nos tranquiliza que la policía desarticule una célula, como ha hecho en Londres, pero no nos damos cuenta que esos 24 detenidos en Londres son sólo la punta del iceberg y que debajo hay una inmensa y terrorífica masa de hielo.

Líbano
La complicidad de la ONU con Hezbolá
Julia Weller Libertad Digital 17 Agosto 2006

No tendría que haber sido el primer ministro israelí Olmert quien se disculpara ante Kofi Annán por la muerte de cuatro observadores de la ONU en el Líbano –si es que fue el ejército israelí quien los mató– sino que es Annán quien tendría que haberse disculpado ante Olmert y ante el pueblo libanés. Durante años, los observadores de la ONU han contemplado la formación del arsenal de Hezbolá y la construcción de sus túneles fortificados y sus búnkeres en las colinas cara a Israel y no han hecho nada. La ONU ha permitido que Hezbolá meta misiles en casas, escuelas y mezquitas, en medio de ciudades densamente pobladas, y no ha hecho nada. Los observadores de la ONU han contemplado a los terroristas de Hezbolá entrenarse y ser entrenados por la Guardia Revolucionaria iraní en su puerta, y no han hecho nada.

Estas actividades no son el tipo de cosas que se realizan en secreto y durante la noche. La toma del sur del Líbano por parte de Hezbolá tuvo lugar delante de las narices del destacamento de la ONU y con total conocimiento por parte de los observadores de la ONU. Pero estos observadores omitieron informar al Consejo de Seguridad de lo que estaba sucediendo bajo sus narices y no tomaron ninguna medida para detener la violación de las resoluciones de la ONU que prohíben la presencia de terroristas armados en el sur del Líbano. Era obvio lo que iba a suceder una vez que los terroristas empezasen a lanzar misiles a Israel desde plataformas de lanzamiento escondidas en centros de población. La muerte de civiles libaneses provocada por la fuerza aérea israelí, en su intento por detener el bombardeo de sus ciudades y pueblos, es por tanto atribuible directamente a la falta de escrúpulos de Kofi Annan y la complicidad abierta y pública de los observadores de la ONU en el rearme del sur del Líbano. Es la ONU, y no Israel, quien tiene la culpa de las bajas civiles en el Líbano.

La ONU tiene un largo historial de cooperación con los terroristas de Hezbolá en el Líbano. El 7 de octubre del 2000, terroristas de Hezbolá disfrazados con uniformes de la ONU se introdujeron en Israel desde el Monte Dov y atacaron a una patrulla israelí. Secuestraron a tres soldados heridos de gravedad y los pasaron al Líbano a través de la frontera. Un contingente indio de observadores de la ONU contempló todos los sucesos y los grabó en video. Durante nueve meses, la ONU negó con vehemencia la existencia de la cinta. El enviado de la ONU en Oriente Medio, Terje Larsen, y Kofi Annan, rechazaron furiosamente la afirmación de Israel de que los observadores de la ONU habían visto todo, incluso cuando dicha afirmación estaba basaba en declaraciones hechas por uno de los soldados indios.

Solamente el 6 de julio del 2001 la ONU admitía por fin que los observadores de la ONU habían grabado realmente los momentos posteriores al ataque y los secuestros. La cinta muestra camiones de la ONU empezando a retirar dos de los vehículos que los terroristas de Hezbolá tenían preparados para su huida, para entregárselos religiosamente en cuanto regresan.

Los observadores de la ONU habían retirado ya de los vehículos objetos manchados de sangre, incluyendo uniformes de la ONU, insignias, armamento y explosivos. Pero durante meses la ONU rehusó entregar las cintas o cualquiera de los objetos encontrados en los coches a Israel, lo que podría haber proporcionado información acerca de si los soldados seguían con vida. Finalmente, se permitió a los funcionarios del gobierno israelí ver únicamente una versión editada de las cintas con las caras de los terroristas alteradas, según la teoría de que la ONU deseaba "permanecer neutral". Los cadáveres de los tres soldados israelíes solamente fueron devueltos a sus familias en el 2004, como parte de un intercambio de prisioneros.

La investigación del gobierno indio criticó seriamente el comportamiento de su contingente a su regreso. Afloraron informes de que cuatro de los miembros del contingente habían sido sobornados por Hezbolá para colaborar en el secuestro, entregando a los terroristas información respecto a la ubicación de los soldados israelíes. Al principio se creyó que los sobornos consistían solamente en bebidas alcohólicas y mujeres libanesas, pero posteriormente aparecieron informaciones en la prensa de que los observadores de la ONU habían recibido cientos de miles de dólares de los terroristas. La ONU lanzó su propia investigación interna, pero se dedicó a lavar todo el sórdido incidente afirmando que los soldados de la ONU carecían de conocimiento previo de los preparativos del secuestro, a pesar de existir pruebas claras de lo contrario. Kofi Annán se disculpó únicamente por "el error de juicio" de las tropas de la ONU.

Cerrar los ojos –o, en el caso de los cuatro observadores indios de la ONU, colaborar en un crimen– no es "un error de juicio". Durante años, la ONU no solamente ha tolerado las actividades terroristas frente a los ojos de sus observadores, sino que ha permitido que sus instalaciones sean utilizadas para las formas más viles de propaganda. Hay fotografías tomadas en el puesto de observación de la ONU en la frontera libanesa con Israel el año pasado que muestran la bandera de Hezbolá ondeando a corta distancia de la bandera de la ONU, en flagrante violación de las resoluciones de la ONU que piden la desmilitarización de la frontera. Lo que es peor, en la fachada de las instalaciones de la ONU se encuentra una valla publicitaria con la fotografía de un terrorista enmascarado de Hezbolá sosteniendo la cabeza decapitada de un joven soldado israelí. La pancarta está orientada hacia Israel. El mensaje es obvio. La ONU es una organización inútil, carente de escrúpulos y de vergüenza, que durante años ha proporcionado apoyo a Hezbolá.

No, Israel no debe una disculpa a la ONU. Como mucho, su bombardeo de una instalación de la ONU fue "un error de juicio".

Reivindicando la política
JOSEBA ARREGI EL Correo  17 Agosto 2006

Los obispos vascos -primero el de Álava y el Día de la Virgen los de San Sebastián y Bilbao- han puesto de manifiesto su preocupación por el momento que vive el proceso, de paz o de desaparición de ETA. Todos sabemos que cuentan con un fino olfato para lo que sucede en la política vasca.

Al mismo tiempo, la izquierda abertzale -forma de referirse a Batasuna sin citarla- lleva semanas machacando la idea de que las cosas no van bien, de que el Gobierno y el PSOE no están respondiendo como es debido a los pasos dados por ETA-Batasuna; que la confianza mutua puede quebrar, que el proceso no es irreversible. Y añaden que el paso adelante que falta es la puesta en marcha definitiva de la mesa multipartita resolutiva.

Los obispos piden generosidad, altura de miras. Alguno exige a los terroristas que reconozcan el mal causado y pidan perdón a las víctimas, porque todo ello puede ayudar a que el proceso de paz avance y no se estanque. Y reclamando que los terroristas pidan perdón por el mal causado vuelven a incidir en el tema de la paz como reconciliación, algo que los políticos mismos no evitan, pronosticando que va a ser más fácil o más difícil de lo pensado.

Y entre unas cosas y otras, dicho sea sin ánimo de establecer equidistancias entre los obispos vascos y ETA-Batasuna, uno se pregunta dónde estamos, qué es lo que está sucediendo, qué significan estos avisos, estas peticiones, estas exigencias. Y uno teme que en la maraña que todas ellas tejen se vaya olvidando lo fundamental. Y lo fundamental es la política. Lo que hay que reivindicar es la política, la política democrática.

De ETA-Batasuna sabemos -a pesar de lo que a veces se afirma en el fragor de la pelea táctica, pues ETA-Batasuna dice con claridad lo que piensa- que para ellos la situación actual es todo menos democrática. Sabemos que para ellos la condición de que llegue la democracia pasa por un cambio radical en la situación actual. Y ese cambio está vinculado al rechazo del marco constitucional-estatutario, y la consecución de un nuevo marco sobre el eje del reconocimiento de los derechos del pueblo vasco tal y como éste está definido desde su nacionalismo radical, no tal y como es en su realidad plural.

Todo ello es sabido, y cada escaramuza peleada por ETA-Batasuna se integra siempre en ese horizonte global estratégico. Es una postura fundamental. Es una postura que eleva una visión parcial a totalidad incondicionada. Su manera de entender el pueblo vasco condiciona la solución. Y como siempre que una visión parcial reclama derecho de totalidad, estamos ante una postura fundamentalista. Desde el fundamentalismo, sin embargo, es imposible una acción política concebible como democrática.

La democracia parte del reconocimiento de la parcialidad. La democracia exige autolimitación. La política democrática es la que se desarrolla desde ese reconocimiento de la parcialidad y de la autolimitación en el espacio público que sólo es posible gracias a ellas. Cuando se produce la totalización de una visión parcial, se destruye el espacio público, que pasa a estar ocupado, ahogado, agotado ilegítimamente por esa visión parcial. La política democrática cesa.

Pero la política democrática también cesa cuando se introducen en ella elementos que, en todo caso, pertenecen al ámbito privado. Probablemente los obispos vascos están ubicados perfectamente en su función pastoral cuando hablan de perdón y reconciliación. Es su labor. Deben hablar a las conciencias. El riesgo comienza cuando aparece la tentación de pensar que lo que cada cual debe hacer en su ámbito privado -convertirse, reformarse, autoinculparse, hacer examen de conciencia, y en consecuencia reconocer el mal y pedir perdón- pertenece al ámbito de la política.

Lo que está en juego en la política vasca no es la reconcliación. Lo que está en juego en la política vasca en estos momentos no es la capacidad de los terroristas de pedir perdón. Lo que está en juego en la política vasca en estos momentos no son cuestiones de conciencia, de conversión personal, de moral privada. Es algo radicalmente distinto. Lo que está en juego es la libertad. Lo que está en juego es la definición jurídica e institucional de la sociedad vasca. Lo que está en juego es el marco que regule la convivencia de los ciudadanos vascos. Lo que está en juego es el reconocimiento efectivo, no de boca, de la pluralidad y complejidad de identidades vascas, de sentimientos de pertenencia vascos -porque sin ese reconocimiento no es posible la libertad-. Lo que está en juego es quién define y cómo se define la sociedad vasca, eso que algunos siempre y exclusivamente, y de forma enfática, denominan el pueblo vasco.

Y todo eso está en juego en la reforma del Estatuto de Gernika. Está en juego ya desde la forma de llamarlo: unos lo llaman normalización, afirmando con ello que estamos en una situación anormal, dejando en la ambigüedad si la anormalidad se debe a la existencia injustificada del terror de ETA, o si la anormalidad se debe a algún supuesto déficit democrático, o si la anormalidad se debe a que una parte de la ciudadanía vasca no ha entrado en el acuerdo que es el Estatuto, sin definirse acerca de su significado.

Reivindicar la política en estos momentos implica centrar la atención en lo que realmente importa. Y lo que importa no es si los terroristas hacen o dejan de hacer examen de conciencia. Lo que importa no es saber si encuentran en su conciencia resortes para reconocer el mal causado. Lo que importa no es dilucidar si con su comportamiento en los juicios se ríen de las víctimas o si están reivindicando la legitimidad de la lucha armada, que es el mayor escarnio para las víctimas. Lo que importa es el contenido del acuerdo al que se pueda llegar en la negociación entre los partidos políticos vascos democráticos -y no puede haber partido democrático si no se condena expresamente la violencia y el error-. Lo que importa es saber si en ese acuerdo se va a respetar la pluralidad y complejidad de identidades y de sentimientos de pertenencia constitutiva de la sociedad vasca, la imposibilidad de dar una definición homogénea en identidad y sentimiento de pertenencia de la sociedad vasca.

Lo que importa, la política democrática a hacer en estos momentos en Euskadi es la que se centra en la definición jurídica e institucional de la sociedad vasca. En el contenido, y no tanto en los medios, en el método. Después de tanto tiempo todos debiéramos haber aprendido que no existe método neutral, que todos los caminos implican decisiones sobre la meta, que no existen medios inocentes. Por eso es preciso poner el acento en el contenido de lo que se llegue a acordar: respeto o no de la pluralidad y complejidad de la sociedad vasca, reconocimiento o no de esa pluralidad como valor a preservar y desarrollar, como condición de libertad. ETA-Batasuna lo sabe muy bien: por eso quiere condicionar el método para buscar el acuerdo, porque con las condiciones que exige prejuzga ya el acuerdo. Y por eso es necesario estar extremadamente vigilantes para que sin darnos cuenta no nos encontremos en una camino sin salida, o con la salida indeseada e inaceptable.

Y para que ello no suceda es preciso reivindicar la política democrática en el sentido citado de una política sólo posible desde la autolimitación y desde el reconocimiento de la parcialidad de las identidades, de los sentimientos, de las identificaciones, de las creencias y de los intereses. Y los procedimientos democráticos, el imperio de la ley, el patriotismo constitucional, el Estado de Derecho son la institucionalización de ese reconocimiento de parcialidad, de esa autolimitación.

Eso es lo que está en juego. No si los terroristas piden perdón. No si en la limitada historia humana puede haber un momento de autofundamentación incondicional como pretende ETA-Batasuna. Que nadie desvíe nuestra atención de lo que es fundamental, de lo que nos jugamos en términos de libertad ciudadana.

Alianza de Civilizaciones: fascistas, nazis, marxistas e islamistas.
Carlos Juan Gómez Martín  Periodista Digital 17 Agosto 2006

“Dios los cría y ellos se juntan” dice el refrán y en el caso que abordamos es una gran verdad, ya sea dos a dos o a tres bandas fascistas, nazis, marxistas y su cohorte de “progresistas” e islamistas se han unido y unen para combatir la libertad representada por las democracias. Ahora que está de moda la recuperación de la memoria histórica, vamos a recuperar alguna.

Ya en los años ’20 Lenin creó organizaciones musulmanas para luchar contra el “imperialismo” occidental, esencialmente británico, sobre todo en Oriente Medio y la India y para ello no dudó en apoyar a los mullahs de turno. ¡Eso si!, en la Unión Soviética ni gota de esa libertad para los musulmanes bajo la férula bolchevique y de ello se encargaba su adlátere Stalin por aquellas fechas Comisario del Pueblo para la Nacionalidades, eufemístico título para definir al encargado de reprimir los deseos de verdadera libertad de los pueblos oprimidos por los comunistas. Hasta tal extremo llevó su entusiasmo que hasta aniquiló a Sultán Galiev creador del islamocomunismo, engendro raro pero que tuvo algún predicamento en los ’30.

Por aquellas mismas fechas, los fascistas mussolinianos ya apoyaban con dinero y armas a un siniestro personaje erigido por los británicos como Gran Muftí de Jerusalén: Haj Amin al-Husseini. Este individuo fue elegido para el cargo, lo de Gran fue cortesía británica, por el Alto Comisario británico Sir Herbert Samuel en 1925. Desde el principio se dedicó no a sus funciones religiosas y sociales sino a iniciar una campaña contra los judíos que culminaron con las matanzas de 1929 y la revuelta de 1936, cuando bandas de asesinos y terroristas musulmanes dirigidos por otro pájaro Fawzi al Kaujki, un sirio dedicado al bandidaje y al que el Alto Comité Árabe, institución creada por el Muftí como “gobierno árabe de Palestina”, le nombró general de un llamado Ejército de Liberación Árabe. Pese a ello el “prócer” islamista no fue detenido, pese a que ya se conocían sus coqueteos con fascistas y nazis. El asunto siguió durante la S.G.M. cuando apoyó el levantamiento en Irak, instrumentado por los alemanes que lo apoyaron incluso con aviación, o la creación de fuerzas musulmanas encuadradas en los ejércitos italiano y alemán, destacando en este último la Legión Árabe y, sobre todo, las divisiones bosniomusulmanas de las Waffen SS Handschar y Kama que se hicieron tristemente famosas liquidando serbios. Por cierto, que aquellos viejos rencores afloraron en los ’90 y muchos serbios descendientes de victimas de los nazimusulmanes bosnios fueron los que masacraron la Sarajevo musulmana, ¡el tiempo no había borrado los recuerdos familiares y sociales!.

Acabada la S.G.M., el ínclito Al Husseini residió en Francia, donde aunque bajo vigilancia no fue juzgado por colaboracionista, cuando en toda Europa se fusilaba a troche y moche solo por haber militado en organizaciones nazis o fascistas o haber combatido por las naciones del Eje. De allí pasó a Egipto donde contribuyó a la nueva campaña, esta vez contra el recién creado Estado de Isarel, a través de su renacido Alto Comité Árabe y su viejo compinche Kaujki. Por cierto, recordemos que el A.C.A. y los países árabes no reconocieron el dictamen de Naciones Unidas de diciembre de 1947 por el que se creaba un Estado Palestino y uno Judío, ya que tanto se habla de respeto a las decisiones de la ONU.

El féliz Muftí vivió tranquilamente y como un héroe hasta su muerte en 1974, sin que fuese juzgado por su colaboración en las muertes de judíos o su apoyo, incluso con las armas, de la causa fascista y nazi. Como último apunte sobre él, recordemos que era tío de Arafat, ¡de casta le vino al galgo!.

Pero el apoyo de los musulmanes a los nazis no fue exceocional, no olvidemos que el difunto Presidente Sadat de Egipto colaboró con el Áfrika Korps para derrotar a los aliados y que muchos dirigentes árabes apoyaban la causa nazi y que retratos de Rommel colgaban en muchas viviendas árabes. La excusa es que los nazis eran aliados objetivos en la lucha de los pueblos árabes por su libertad. Sin embargo los rusos, cosacos, ucranianos, etc. que apoyaron a los nazis para librarse de los comunistas, al terminar la S.G.M. y aunque se hubiesen refugiado en zonas occidentales fueron entregados a los bolcheviques que los masacraron, cosa que no pasó con Al Husseini, Kaujki, Sadat, etc.

Pero si el apoyo fascista y nazi fue evidente y sigue siéndolo, pues todos lo grupos neonazis del mundo se siguen declarando antisemitas y proislámicos, el comunista no lo es menos. Recordemos como la KGB entrenaba y financiaba a los grupos terroristas palestinos e incluso los dirigía a través de sus “sucursales de Alemania Oriental o de elementos como el famoso Carlos. Como hoy día los partidos marxistas y, también, socialistas siguen apoyando a terroristas islámicos como Hamás o Hizbullah, recordemos las recientes manifestaciones por el enfrentamiento entre los terroristas de Hizbullah e Israel, o como países comunistas como Cuba, Vietnam o China siguen apoyándolos a ellos y a sus patrocinadores Irán y Siria.
El último esperpento fue el entusiasmo “progre” y nazi por la posible presencia del Presidente de Irán en Alemania con motivo del mundial, todavía resuena el entusiasmo de ambos “ismos” por la posible presencia, luego no efectuada, del líder islamista.

¿Qué une a marxistas, “progresistas”, nazis e islamistas?. Al principio lo referí, el odio a la libertad, el miedo al individuo autónomo capaz de pensar y tomar sus decisiones, pues al tratarse de ideologías totalitarias donde el líder y sus acólitos dominan al grupo e imponen sus referencias ideológicas, sea la doctrina marxista o el Corán, no pueden consentir la actuación individual o el disenso, pues esa actitud rompe su estrategia y les impide el control al que aspiran para imponer sus ideas, que siempre es por la fuerza pues la fuerza de la razón nunca acepta esos totalitarismo repugnantes y antihumanos.
Por ello conviene recordar estos hechos del pasado que siguen teniendo proyección hoy día, para que no olvidemos que la lucha por la libertad es una lucha continua y que los enemigos de la misma son muchos, especialmente los citados.

La televisión influye más que la enseñanza en el uso de la lengua
Las telenovelas permiten conocer las expresiones de otros países
Un curso analiza la actitud lingüística de los medios y su impacto en la población
Redacción  La Voz 17 Agosto 2006

Los medios de comunicación son capaces de influir cada vez más en la forma de hablar de la sociedad española. José María García Martín, doctor en Filosofía y Letras y profesor de la Universidad de Cádiz, aseguró ayer en el curso El español en los medios de comunicación, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) que la transmisión de modelos lingüísticos, función que hasta hace poco había desempeñado la enseñanza, es adoptada actualmente por los medios de comunicación, especialmente por la televisión.

García Martín considera beneficiosa la influencia que ejercen los medios sobre la población en lo que se refiere a expresión lingüística porque «están en una línea de trabajo muy adecuada, gracias a la profusión de libros de estilo, y han sabido reaccionar frente a ese abandono social que ha sufrido la lengua durante décadas». En este sentido, el experto calificó como positiva la actitud de los medios, ya que el buen uso de la lengua revela la fortaleza cultural de una sociedad, aunque reconoció que la forma de expresarse de la población española no es tan cuidadosa como en épocas pasadas, algo que queda inevitablemente reflejado en los medios.

Culebrones
En relación con la influencia que ejerce la televisión en la forma de hablar de los espectadores, el profesor sostiene que a pesar de que el modelo lingüístico que propone no siempre es el adecuado, hay aspectos que resultan muy beneficiosos como, por ejemplo, la emisión de telenovelas latinoamericanas en España.

Desde el punto de vista cultural pueden ser recibidas con reticencias, pero desde una perspectiva lingüística permiten que los hispanohablantes conozcan, aunque sea de forma pasiva, las formas de expresión de otros países.

Además, el experto resaltó que la mayoría de espacios informativos «han tenido reflejos suficientes para generar secciones que se ocupen específicamente de las cuestiones lingüísticas, y no se han conformado con asistir como espectadores a un deterioro del tipo de lengua manejado en televisión, sino que han reaccionado llenando un vacío que otras instituciones, como las educativas, han ido creando».

El profesor García Martín agregó que «España no se ha dado cuenta de la riqueza que tenía entre sus manos hasta hace relativamente poco tiempo y, sin embargo, el castellano se encuentra en una situación que hace unas décadas no se podría haber soñado». Señaló que el idioma no tiene la presencia que debería en las instituciones internacionales, si bien se mostró optimista porque la posición de la lengua española en América es muy fuerte por lo que, a su parecer, va a constituir la base de cualquier expansión futura.
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