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Recortes de Prensa     Lunes 18 Septiembre  2006

Galicia exige responsabilidades
Editorial ABC 18 Septiembre 2006

MILES de personas salieron ayer a la calle en Santiago de Compostela para pedir la dimisión de Pérez Touriño por la pésima gestión de la Xunta gallega en la crisis de los incendios forestales. Un total de 77.000 hectáreas calcinadas entre el 4 y el 14 de agosto y -sobre todo- la pérdida de cuatro vidas humanas es un balance trágico que no se puede olvidar fácilmente. El éxito de la convocatoria demuestra que la gente no se deja llevar por acusaciones infundadas, como la que dibujó una trama criminal tras los incendios que arrasaron la región. La política democrática exige unos niveles mínimos de lealtad hacia el adversario, pero hubo quienes alentaron y propagaron la teoría de la trama organizada mientras ardían los montes gallegos, y hace sólo unos días ciertos dirigentes socialistas pretendieron, en ese mismo sentido, sacar partido de un documento interno del PP interpretado con manifiesta mala fe. Lo único cierto es que el Ejecutivo social-nacionalista se dedicó desde el primer día a desmontar la organización administrativa y técnica contra incendios desarrollada durante la larga etapa de Manuel Fraga, a pesar de que se habían obtenido resultados razonablemente positivos. Sustituir a los profesionales por amigos políticos y dar prioridad al conocimiento de la lengua gallega para formar parte de las brigadas son actuaciones irresponsables y oportunistas cuyas consecuencias dramáticas no se han hecho esperar. La confesión del consejero competente ante el Parlamento autonómico sobre la falta de medios y su deseo de dimitir en plena crisis son buena prueba del grave fracaso de la Xunta en la lucha contra el fuego.

El caso del «Prestige» y la campaña magnificada en torno al lema «Nunca máis» marcaron el comienzo de una forma de hacer política que resulta impropia de una democracia madura. Utilizar los accidentes, las catástrofes naturales o los casos de fuerza mayor para hacer bandera partidista es prueba de una concepción del «todo vale» que causa un grave deterioro a la convivencia y deriva en una fractura social de difícil remedio. Prolongar ese desafortunado planteamiento y culpar al adversario de todo lo que ocurre cuando el que acusa ostenta la responsabilidad de gobernar es -además de insólito- una confesión palmaria de incapacidad, porque los incendios forestales en Galicia no son un acontecimiento imprevisible o inevitable, como se define en términos jurídicos la fuerza mayor. Todo lo contrario. Es evidente que la Xunta debe realizar una política preventiva acorde con el riesgo que se afronta, disponer de planes de emergencia y protocolos de actuación bien diseñados y aplicar todos los recursos materiales y humanos que sean necesarios. Nada de esto ocurrió durante las jornadas dramáticas del pasado agosto. El Ejecutivo gallego ha incurrido en una gravísima responsabilidad que los ciudadanos exigen en la calle y que no puede sustentarse mediante la constitución en la Cámara autonómica de una simple comisión de estudio de carácter no permanente. No hay mucho que estudiar y, en todo caso, es una pérdida de tiempo llamar a los antiguos consejeros para que relaten sus experiencias, que en algún caso se remontan veinte años atrás. Hace falta una verdadera comisión de investigación sobre unos hechos acaecidos hace pocas semanas, y es imprescindible que se deduzcan responsabilidades políticas al más alto nivel.

El lema de la manifestación, «Cuando Galicia arde, no hay que ser cobarde», acompañado de la reivindicación de que se investigue y se indemnice a las víctimas, refleja con claridad la postura de una parte sustancial de la opinión pública ante la actitud de la Xunta, vacilante a la hora de dirigir la lucha contra el fuego y oportunista después, en el sentido de eludir las propias culpas y esperar a que pase el temporal. Es inaceptable a estas alturas que ninguna autoridad política haya dimitido o cesado. Sin duda, la debilidad política del bipartito que preside Touriño permite que cada uno vaya a lo suyo. Lo triste es que se hayan producido pérdidas de vidas humanas y -un año más- el patrimonio forestal gallego haya sufrido un daño gravísimo.

Le merece la pena a ETA
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2006

La conferencia política del PSOE ha estado dedicada básicamente al autobombo y a una crítica a la oposición sin freno ni más fundamento que el insulto. Tras poco más de dos años de Gobierno, y sin que su acción de Gobierno haya sido –siendo suaves– de mucha utilidad a los españoles, el PSOE no parece capaz de defender los méritos de su gestión sin referirse a una "extrema derecha" que sólo existe en su imaginación y su propaganda. No deja de resultar siniestro escuchar las protestas por un supuesto "revisionismo" de la historia por parte de quienes quieren eliminar de las calles de Madrid por "franquistas" a los asesinados por el bando del PSOE en la Guerra Civil, como Muñoz Seca, Ramiro de Maeztu o los miles exterminados en Paracuellos.

Mientras tanto, ETA sigue haciéndose fuerte, burlándose de las víctimas, incumpliendo autos judiciales y manifestando su apoyo a los asesinos por las calles del País Vasco. Y, por supuesto, continuando con la campaña de terrorismo callejero, ese cuya inexistencia debía certificar Rubalcaba, el portavoz del gobierno de los GAL, para que se pudiera conversar con ETA. El gran proyecto de Zapatero, la "paz" de los cementerios, pasará por la legalización de iure, la amnistía, Navarra y lo que le pidan. Ya ha legalizado de hecho la actividad batasuna. Ya ha impuesto a un candidato favorable a la entrega de la comunidad foral a los nacionalistas. Ya ha abierto la puerta a la independencia del País Vasco. Ya ha puesto a sus ministros a diferenciar entre etarras "buenos y malos", al estilo Peces Barba. Pero a Zapatero le "merece la pena". Y a ETA también, qué duda cabe.

Españoles alelados
Por EDUARDO SAN MARTÍN ABC 18 Septiembre 2006

LA mayoría de los españoles deben de ser estúpidos. O están ciegos. Sólo así se explicaría su imperturbabilidad ante la nómina de desaciertos de este Gobierno. A saber: la política de inmigración hace aguas por doquier mientras nos toman el pelo gobiernos impresentables; las distintas comunidades, como era de prever, se han lanzado a una rebatiña sobre los recursos del Estado al rebufo del cheque extraordinario que los políticos catalanes reclaman en virtud de un estatuto que consagra la desigualdad y no garantiza la solidaridad; España es el único país medianamente respetable que envía a un alto cargo del Estado a una cumbre organizada a mayor gloria de los dinosaurios totalitarios del mundo; y la España seca se dispone a apurar la última gota de sus reservas mientras comienzan a sentirse los efectos de una política hídrica irresponsable, que liquidó aquello por lo que habían luchado los progresistas españoles desde Costa, sin ofrecer, como se está viendo, una alternativa equivalente.

La que antecede es sólo una parte del catálogo de errores cometidos por un Gobierno que, en cualquier otro país europeo, estaría haciendo testamento. Y, sin embargo, los españoles siguen otorgando al partido en el poder una ventaja electoral confortable y valoran a su presidente hasta dos puntos por encima del jefe de la oposición. Definitivamente, los españoles se han vuelto lelos.

Por ridículo que pueda parecer, eso es lo que piensan quienes, sin embargo, se consideran a sí mismos tan lúcidos como para tragarse sin pestañear cuentos abracadabrantes sobre extrañas tramas y oscuras conspiraciones. Ellos, los que comulgan todas las mañanas con las ruedas de molino en una emisora episcopal y se desayunan con estrambóticas confesiones de exclusiva mundial, lo saben todo, y el resto de los españoles deben de ser idiotas porque, en su opinión, siguen hipnotizados por un Gobierno en el que tienen asiento toda abyección y ninguna virtud; un Gobierno que, para colmo, se hizo con el poder gracias a un «golpe de Estado» urdido por policías afectos al PSOE y por ETA. Quienes, en el Partido Popular, siguen esas tesis más por una supuesta conveniencia política que por convicción intelectual, pero aún conservan un gramo de cordura, deberían preguntarse cómo es posible tamaña obnubilación.

¿Son realmente así de estúpidos los españoles? Seguramente no más ni menos que el resto de los pueblos conocidos. No siendo, pues, un elemento diferencial, esa imputación no vale como coartada política de los errores propios. No soy de los que creen que el pueblo nunca se equivoca y siempre tiene razón, esa ley de hierro de un democratismo simplón que hace residir toda verdad en las mayorías aritméticas. El pueblo se equivoca, y lo hace a menudo. De tal forma que no es anatema afirmar que eso es lo que pudo haber ocurrido precisamente el 14-M. Pero mañana podría hacerlo en sentido contrario. De la habilidad política de quienes solicitan su adhesión depende que los ciudadanos se equivoquen a su favor o en su contra. Y, últimamente, si los ciudadanos han errado, lo han hecho mayoritariamente en beneficio del Gobierno socialista. ¿Se han preguntado los dirigentes del PP por qué?

Existe una mayoría en ese partido que no comparte los «delirios» de los que hablaba el otro día en el Congreso el ministro del Interior. Una mayoría silenciosa que asiste desesperanzada a la deriva suicida de algunos de sus líderes. Su existencia nos consta a quienes con alguna frecuencia somos depositarios, en privado, de las confidencias de quienes podrían representarla. Sólo algunos de ellos se atreven a esbozar en público su pensamiento, al precio de sufrir toda suerte de persecuciones. Puestos a escoger entre una prudencia comprensible, en pro de la unidad de acción del grupo, y la necesidad de salvar a su partido de un naufragio más que probable, han elegido lo primero. Quiera Dios, por el bien de la derecha española, que ellos no se equivoquen.

Memoria histórica y concordia
Por CARMEN IGLESIAS ABC  18 Septiembre 2006

... No nos engañemos, esa puesta en cuestión de la legitimidad de origen que parece repetirse casi cíclicamente y conduce generalmente a crisis de estabilidad y a situaciones de discordia no responde a «esencialismos» del pueblo español, de los ciudadanos españoles, sino a situaciones «concretas» de grupos y sectores en la lucha por el poder...

COMO bien señalan distintos historiadores, «nunca hay ganancias absolutas en la historia»: se solucionan unos problemas y se abren otros retos o se derivan consecuencias no previstas que desvían toda planificación programada -y a veces eso es catastrófico o a veces supone la esperanza de que las cosas no perduran como creen los planificadores-. «No hay ganancias absolutas en la historia», decía, o también, dicho de otra manera, en frase de un ilustre hispanista, «el éxito nunca es definitivo». Naturalmente, tampoco el fracaso, y de ello creo que hemos sido muy conscientes la mayoría de los españoles en estos treinta años de Monarquía parlamentaria y estabilidad constitucional. Parecía que los dos defectos que habían lastrado nuestra historia contemporánea: el «común irrespeto a la ley» y el «débil sentido de comunidad» (Jover, 1991) habían sido superados por el pacto constitucional de 1978 y por la liberalidad del Estado de las Autonomías.

Frente al esencialismo que atribuye las desgracias históricas de los españoles a un supuesto «carácter nacional» o a un determinismo histórico más o menos cainita e irremediable, a una suerte de «destino» repetitivo de ciclos históricos catastróficos, estas tres últimas décadas nos han proporcionado la seguridad suficiente para empezar a dejar de proyectar la guerra civil del 36, es decir, la ruptura de «las dos Españas», sobre el conjunto de todo el pasado español y, por supuesto, sobre el futuro. Es decir, habíamos reaprendido socialmente -no solo por parte de los historiadores- a matizar, a aceptar las razones del otro, a no ver en el discrepante a un enemigo -en el sentido radical de la teoría de Carl Schmitt, desgraciadamente muy presente- sino a un adversario. La concordia, como quería Aristóteles en uno de los textos fundacionales del concepto «concordia», se manifestaba en los hechos, en la propia realidad (exceptuando, claro, el irredentismo fundamentalista y terrorista de ETA y su entorno nacionalista, pero este parecía un cáncer que se podría controlar antes de que contaminase al resto del país).

«La concordia -había insistido y definido ya el filósofo griego- se aplica siempre a actos y entre estos actos a los que tienen importancia y que pueden ser igualmente útiles a las dos partes y hasta a todos los ciudadanos (...) La concordia... se convierte así en cierta manera en una amistad civil (...) porque comprende entonces los intereses comunes y todas las necesidades de la vida social» (Aristóteles. Ética a Nicómaco, IX,6). No hay que confundirla con uniformidad de opiniones -sigue diciendo-; al contrario, pero sí implica «corazones sanos», voluntad de amistad y justicia, guiadas por el bien común.

De la concordia establecida con la Constitución de 1978 respecto a los intereses generales y, por tanto, al punto capital de la estructuración del Estado en democracia y libertad, en igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (todo eso significó la Constitución), se ha recorrido un tortuoso camino hasta la discordia que se manifiesta casi todos los días en la actualidad, en la política y en los medios de comunicación más que en la sociedad y en la vida diaria de los ciudadanos (al menos de momento). Con ello, parecería que estamos sufriendo uno de esos inicios de vaivén histórico que, como marca de identidad política, se atribuye a la historia de los españoles a lo largo de los siglos XIX y XX. De nuevo, parecería que la puesta en cuestión de la estabilidad constitucional, a través de la sospecha de unos orígenes espurios que ponen en cuestión la legitimidad de origen de la modélica transición de 1975-1978 -y de nostalgias de otros momentos históricos-, amenaza con la ruptura de la concordia. Pues esa puesta en cuestión de la legitimidad de origen se paga al precio de simplificar y tergiversar la historia y de suplantar la tarea de los historiadores (que trabajan siempre a medio-largo plazo) por la de los ideólogos del poder político (siempre a corto plazo).

Señalaba hace poco el Prof. Ucelay-Da Cal cómo en España se tiende a «discutir la legitimidad de manera monomaníaca...», de forma que en «la política española» parece no perseguirse «la estabilidad como un bien en sí mismo, sino que se la cuestiona para percibirla como un aprovechamiento del enemigo». Y proseguía: «Desde la oposición de los liberales a Fernando VII hasta la actuación de ETA, siempre ha habido quien se ha creído víctima de un tremendo abuso de poder. Con tal perspectiva, preferir la estabilidad al cambio es (se considera) una traición. Esta peculiar visión del orden político es un lamentable legado español, como demuestra la historia contemporánea de cualquier República hispanoamericana» (Revista Clío. Abril 2006). Y ahora -añadiría yo- en nuestro propio país, en el Estado de las Autonomías, por el que recorre aceleradamente el «sentimiento de agravio», el victimismo más equívoco, la perversión del lenguaje que denunciaban Hanna Arendt y Agnes Heller, siguiendo a Kant; cuando políticos e ideólogos encubren la realidad con la polisemia de las palabras, justificando «los instintos de odio y envidia», a los que transforman en políticamente respetables y eliminando todo sentimiento de culpa individual, que recae siempre en «los otros» y nunca en los que toman las decisiones de la acción concreta y las ejecutan. El pensamiento de grupo que se ha adueñado del país resulta realmente confortable para sus usuarios, que por definición suelen actuar con vocación omnicomprensiva o, cuando menos, intervencionista.

Con asombro y perplejidad han constatado ilustres hispanistas la tendencia en España a la «fracasomanía» o complejo de fracaso, según la definición de Albert Hirschmann, que tiene entre nosotros fervorosos partidarios; el «todo o nada» parece prender con facilidad en ciertas corrientes políticas españolas. La creencia errónea en que todo juego es un juego de «suma cero» parece estar latente en los esquemas conceptuales y en las decisiones de buena parte de la clase política y -afortunadamente de forma más débil- en sectores de la sociedad española.

Pero no nos engañemos, esa puesta en cuestión de la legitimidad de origen que parece repetirse casi cíclicamente y conduce generalmente a crisis de estabilidad y a situaciones de discordia no responde a esencialismos del pueblo español, de los ciudadanos españoles, sino a situaciones concretas de grupos y sectores en la lucha por el poder. La historia es siempre singular, y, aunque parezca lo mismo, no es así. La historia -en todas partes- está llena de estructuras y fenómenos recurrentes, ha señalado Koselleck, pero eso no significa un destino fatal; el juego entre singularidades y elementos repetitivos es mucho más complejo y depende, en último término, de las elecciones y reacciones de los protagonistas concretos en cada situación. Por ello, de acuerdo con lo que en alguna ocasión dijo ya Fernando Savater, «el problema no es lo que nos pasa, sino qué hacemos con lo que nos pasa». Y desde luego cada uno es responsable de sus decisiones y de sus actos; de sus elecciones y de sus alianzas, de dónde y cómo y con quiénes estuvo en cada momento.
de las Reales Academias Española y de la Historia
Catedrática de Historia de las Ideas Políticas y Morales

Profetas de la servidumbre
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2006

La corriente de sectarismo anti-occidental acaba de alcanzar una cota de falsificación e indigencia difícilmente superable, con la aportación de Juan Luis Cebrián a la llamada "Alianza de Civilizaciones". Sostiene el preboste de PRISA y antiguo jefe de los servicios informativos de la televisión franquista, que el cristianismo ha sido una rémora que ha impedido el florecimiento de una civilización de civilizaciones, una arcadia del progreso y la democracia donde (de haberse podido realizar) el Islam habría desplegado su ilustración tolerante, dando lugar así a una sociedad auténticamente abierta y multiculturalista. Sin la "insidiosa Reconquista ibérica", como también sin las Cruzadas o la Inquisición, habría florecido en Europa una "civilización ecuménica y no sincrética" en la que (atención al símil) musulmanes y cristianos habrían convivido como conviven "la Europa de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva". Asegura sin rubor el poderoso académico de la lengua que estamos a tiempo de rescatar esa utopía y que el medio de conseguirlo es la Alianza de Civilizaciones impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero bajo la cobertura institucional de Naciones Unidas.

Extracto de una alocución para el homenaje dedicado a Juan Goytisolo el pasado 11 de septiembre en Marraquech, el artículo publicado este domingo reúne méritos sobrados para encabezar una antología de la quimera y el odio a partes iguales; un libro de iluminaciones delirantes donde este autor plúmbeo y pretencioso se encontraría consigo mismo, pues no es la primera vez que confunde la arrogancia con la temeridad intelectual para denostar, con ínfulas de gurú progresista, la forma de vida que le permite medrar desde la mediocridad y la impostura.

En su día, su ataque empozoñado a la integración de un frente constitucionalista en el País Vasco, por socialistas y populares, fue asumido como dogma de fe por el PSOE para acabar rompiendo con el PP y emprendiendo la senda de cesión al nacionalismo radical, un camino que ha degenerado en el estado de genuflexión en el que se encuentra el Estado actualmente ante la banda terrorista ETA. Nunca tan pocas luces y tantas mentiras causaron tanto daño a la libertad.

Ahora arremete contra la civilización Occidental, siguiendo esa moda quintacolumnista de la que se sirve el islamismo fanático para quebrar la seguridad de Occidente en la validez universal de sus propios valores.

La razón es la piedra angular de un auténtico estado de civilización. Sin el concurso de la razón, no hay dignidad ni libertad humanas, pero tampoco es posible el ejercicio de la fe, tal y como ha recordado el Papa en su incomprendido discurso en la Universidad de Ratisbona (Alemania). El uso moral de la razón es lo que distingue a la civilización de la barbarie, y en particular, es lo que hace del todo inviable la fantasía de una civilización común de cristianos y musulmanes como la que propugna con calculado instinto autodestructivo uno de los guías espirituales de la izquierda gobernante en España, tan radical como intelectualmente inane. ¿Cómo, si no es desde el odio a la libertad, puede proponerse que la civilización racionalista se avenga a ceder el paso a las esencias viscerales, violentas e intolerantes contenidas en el Corán, sí, en el Corán, por más que le pese incluso a los partidarios de la corrección política y la equiparación de credos?

Es evidente, para cualquiera que sienta un mínimo respeto por la verdad, que los valores de la civilización judeo-cristiana, la dignidad de la vida humana, la libertad individual, la supremacía de la razón, no casan con los valores del Islam, una palabra que desde su propia etimología está llamando a la sumisión. Sólo si el Islam renunciase a sus valores y adoptase los de las otras dos confesiones del Libro, algo que, evidentemente, no piensan proponer jamás sus líderes, podría hablarse de un estado de civilización propiamente dicho. Mientras tanto, lo único que cabe hacer para vivir en paz es fomentar el diálogo y el respeto mutuo, como ha postulado Benedicto XVI, pero también, y desde la perspectiva de los valores occidentales, defender con firmeza la razón y la libertad humana de cualquier intento de regresión fanática. El papel de un líder espiritual y un intelectual honesto es exactamente el que está desempeñando Benedicto XVI, frecuentar los puntos de no fricción. Pero el papel de los gobiernos de sociedades humanas libres es el de garantizar que sus valores van a prevalecer.

Lo que profetas de la servidumbre como Cebrián proponen es justo lo contrario. Al equiparar moralmente sistemas de valores que no son equivalentes, lo que en realidad postulan es que el valor de la sumisión acabe imponiéndose al de la libertad. La pregunta es, ¿por qué sería bueno defender algo así? Y las respuestas que brotan son, en todo caso, inquietantes.

LA GUERRA DEL 11-M
Editorial  minutodigital 18 Septiembre 2006

La investigación de los atentados del 11-M no debería ser motivo de escándalo ni enfrentamiento, no ya partidista sino periodístico.

Ni en EE.UU. ni en Gran Bretaña se ha suscitado polémica alguna sobre las investigaciones de sus respectivos atentados, otra cuestión son las consecuencias o las medidas a tomar a raíz de los mismos. Que en España no haya habido debate alguno sobre sus consecuencia o sobre las medidas que a partir de entonces deberíamos tomar, y sí sobre su misma investigación, demuestra que algo no funciona en al sociedad y sobre todo en el régimen político español, ya que ni una comisión parlamentaria ni una investigación judicial han sido capaces de lograr satisfacer la exigencia de llegar al fondo de los atentados.

Es evidente que existen muchas preguntas sin respuesta en la investigación española. Y no nos referimos a las declaraciones de uno de los implicados en el atentado o de un pobre desgraciado mezclado en la trama, cuya credibilidad y sobre todo transcendencia esclarecedora es más bien poca, salvo a la hora de llenar titulares y vender periódicos. Pero sí existen datos objetivos que precisan de aclaración, pruebas que han podido ser manipuladas, dudas sobre los explosivos usados, y sobre todo explicaciones sobre el como ha sido posible que estando tantos agentes de la policía, guardia civil y CNI alrededor de todas y cada una de las cadenas del atentado, este llegase a producirse, por no hablar de las incógnitas que planean respecto a los terroristas suicidas de Leganés. Todas estas preguntas esperan algo más que un rifirrafe mediático entre partidarios de la tesis conspirativa y partidarios de dejar las cosas como están.

Cierto que a fecha de hoy, salvo la clara identificación de ETA como el factor más beneficiado por el atentado, no existe ningún dato serio a favor de su participación, por mucho que Jiménez Losantos se empeñe en pontificar sobre vagas hipótesis especulativas cogidas con alfileres. Sin embargo el tandem COPE-El Mundo, tiene a su favor un argumento incontestable desde las filas de PRISA, Vocento o el PSOE: la mejor manera de poner fin a todo tipo de especulaciones es profundizar en la investigación y agotar todas las posibilidades para así cortar de raíz toda teoría conspirativa.

Así de sencillo, menos guerras dialécticas y más respuestas a todas las preguntas que se hace al menos una parte de la sociedad. El problema es que nuestro sistema judicial ha demostrado que carece de los mecanismos y medios precisos para afrontar con garantías de imparcialidad, profundidad y dedicación, una investigación de la transcendencia, humana, social y política como son los atentados del 11-M.

Cuesta abajo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 18 Septiembre 2006

Se cumple hoy un mes desde que ETA difundiera su último comunicado, en el que formulaba amenazas de volver a atentar si proseguían las actuaciones legales y policiales contra la banda y su entorno político. Un mes desde que ETA aseguró que el «proceso» estaba en crisis. Para que no quedara ninguna duda sobre la cuestión, la izquierda abertzale ha vuelto a reactivar durante las últimas semanas los mecanismos de la violencia callejera intensificando los ataques contra autobuses, bancos, sedes de partidos, etc.

En el comunicado del 18 de agosto ETA preguntaba al PNV y al PSE si tenían la intención de dejar «pudrirse el proceso». En 1999, cuando ETA comunicó al PNV y a EA su intención de romper la tregua, justificó la vuelta a las armas alegando que «el proceso puede empezar a pudrirse». Algunos conceptos, en boca de ETA, nos ponen en la peor de las situaciones.

Todo lo ocurrido durante el último mes transmite la sensación de un deslizamiento cuesta abajo, aunque, en realidad, esta marcha sobre plano inclinado no empezó con el comunicado del 18 de agosto, el de las amenazas, sino que se arrastra desde que dos dirigentes de ETA encapuchados realizaron unas declaraciones, publicadas en el diario 'Gara' el 14 de mayo. En aquellas declaraciones estaban todos los elementos del conflicto actual: la exigencia al Estado de una tregua por parte de ETA, la afirmación de que existen compromisos ocultos que el Gobierno no termina de cumplir, el reconocimiento de que la tregua no es universal y de que su propósito no es integrar en el sistema democrático a los terroristas y sus seguidores, sino modificar el marco político con carácter previo a plantearse el abandono de las armas.

Han pasado cuatro meses desde entonces y todos los movimientos realizados por el Gobierno han resultado insuficientes para saciar mínimamente las expectativas de ETA. Ni el anuncio de Zapatero en Barakaldo el 21 de mayo en el que daba el visto bueno al diálogo con la banda; ni la declaración -tan elogiada por la izquierda abertzale- del presidente del 29 de junio afirmando que el Gobierno «respetará las decisiones de los ciudadanos vascos»; ni la reunión pública PSE-Batasuna del 6 de julio; ni la disposición socialista a participar en una mesa extraparlamentaria de partidos han servido para rebajar un ápice las exigencias de ETA y su entorno político y ni siquiera para moderar las formas.

Cada gesto bienintencionado del Gobierno ha sido respondido por ETA y los suyos con un movimiento más hosco que el anterior y de ahí que muchos tengan la sensación de que cada día que pasa no estamos más cerca de la paz, sino del final de la tregua.      f.dominguez@diario-elcorreo.com

EL ANÁLISIS
El PSOE de Puras se carga la Transición en Navarra y Ferraz aplaude
Pascual Tamburri  elsemanaldigital 18 Septiembre 2006

Nacionalistas con carné del PSOE o ambiciosos sin escrúpulos querrían estar en su lugar. Pero que no haya engaños: Puras tiene una misión encargada desde Madrid.

17 de septiembre de 2006. Cuando hablamos, en general, de España, pensamos que la Transición política es algo ya muy lejano y que se basó en el consenso, las renuncias por parte de todos, el perdón y el olvido. Uno pone a la Transición las caras de Adolfo Suárez, de don Manuel Fraga, hasta de Felipe González y del viejo asesino de Paracuellos Santiago Carrillo, y piensa más o menos en esos términos. Algo remoto, vagamente positivo, pero en todo caso definitivamente cerrado y dentro de nuestro pasado colectivo, y por ende, de un modo u otro, de nuestra identidad.

Cuando hablamos de Navarra la cosa cambia. Los actores de aquella Transición no salieron legitimados por igual, ni conservaron sus posiciones básicas a lo largo de todo el proceso, ni éste se considera pasado y cerrado sino que, por diferentes razones, se plantea su reapertura. Lo que en el resto de España se da por hecho, en Navarra se discute, y no está dicho qué solución va a tener. Habrá almas cándidas que piensen que la culpa de esa inestabilidad es del nacionalismo vasco, pero eso no es cierto. El nacionalismo nunca ha ocultado sus metas, y nunca ha aceptado la Transición, como tampoco la acepta en realidad la extrema izquierda del resto de España, por ejemplo. La verdadera diferencia es el PSOE.

Los socialistas navarros en la Transición eran, para empezar, pocos. Perdón, muy pocos, y aun ésos muy diferentes entre sí. Pero el PSOE navarro era parte del Partido Socialista de Euskadi, en el que se integraban futuros benefactores de la Humanidad como Carlos Solchaga (a) "El Paje", Gabriel Urralburu (a) "El Inmobiliario" y Javier Otano (a) "El Suizo". Daban por supuesta la sumisión de Navarra a Euskadi, que habría sido una realidad si al Gobierno centroide de Adolfo Suárez no le hubiesen entrado escalofríos de ver movilizada una masa popular y la Diputación por una Navarra foral y española. Y Navarra no fue Euskadi porque Amadeo Marco era demasiado correoso hasta para Rodolfo Martín Villa.

Después los socialistas hicieron sus cuentas, y descubrieron que contra los navarros era imposible gobernar Navarra, y por tanto aceptaron un marco jurídico foral remozado para la Navarra de siempre. Tuvimos, así, unas décadas de paz y de aparente normalidad, con un turno más o menos pacífico de partidos, y de corrupción, aunque el nacionalismo vasco siguió matando gente para conseguir sus metas que en las urnas jamás apoyaron ni un quinto de los navarros.

Pero el PSOE en la oposición es peligroso. El patriotismo español de los socialistas navarros se había cultivado, tal vez equivocadamente, entre algodones, moquetas, tapices, despachos oficiales y coches azules. Cuando la incubadora falló, sobrevino la tentación: volver a una alianza con el nacionalismo vasco para ocupar el poder por esa vía, ya que la otra parecía cerrada. Aceptar eso era tanto como anular la Transición y devolver las cosas a 1977, con todo lo que esto supone, pero la ambición es a menudo más poderosa que la razón, y eso se está haciendo.

Para las elecciones de 2007 –que serán las de los treinta años de democracia- el PSOE ha rechazado la idea de un "bloque foral" con UPN. Siendo así, sólo le quedaban los nacionalistas, y eso tiene un precio. Hacía falta encontrar el candidato que, pudiendo pagar ese precio, quisiese hacerlo. Porque querer y poder no es lo mismo; nacionalistas con carné del PSOE o ambiciosos sin escrúpulos querrían estar en el lugar de Fernando Puras, pero no tienen la capacidad de éste para sosegar a sus votantes "todo antes que vascos". Puras es, pues, el hombre de Ferraz. Pero que nadie se engañe: lo que juntos han diseñado es la voladura de la Transición y de sus resultados, y ya veremos cómo termina el experimento.

La mesa y ya veremos...
Germán Yanke ABC 18 Septiembre 2006

Parece que el nudo gordiano del diálogo del Gobierno con ETA no es, en este momento procesal, la legalización de Batasuna. No digo que no sea importante para la formación etarra porque es ciertamente fundamental, como demuestra el daño que su ilegalización les hizo desde que se comenzó a aplicar la reforma de la Ley de Partidos durante la anterior legislatura. Pero no es “la cuestión” ahora porque puede resolverse, de un modo u otro, coincidiendo con la convocatoria de las próximas elecciones locales (y, en el País Vasco, forales).

Batasuna, además, funciona en la actualidad como si estuviese legalizada de hecho con la paradoja —que debería dar vergüenza— de que quienes han sido considerados por el Tribunal Supremo como parte integrante de una banda terrorista se paseen por el escenario político con tranquilidad, reciban elogios (críticas también, pero elogios) de altas autoridades españolas, celebren sus reuniones y reclamen gestos y decisiones de un Gobierno democrático. No está en el Parlamento vasco pero es evidente que la resolución de los problemas concretos de los ciudadanos, que es lo que teóricamente se dilucida allí, no está entre sus prioridades. No cobra de los Presupuestos, como ocurría hasta su ilegalización, pero tampoco tenemos claro qué está pasando hoy mismo con el chantaje económico de la banda. Para algunos, incluso para algunos de los que pagan, parece que incluso para algunos de los que deberían perseguirlo, se trata de aportaciones para el buen fin del “proceso”.

El nudo gordiano hoy es, por tanto, otro: la exigencia de promesas y garantías sobre la futura “mesa de partidos”, que es uno de los engendros más antidemocráticos propuestos en la Europa del siglo XXI y que pasma que tanto bienpensante se detenga a considerarla. He leído, en este sentido, que también los grupos parlamentarios hablan con organizaciones que no forman parte de la Cámara poniendo el ejemplo de las negociaciones presupuestarias con sindicatos y patronales. La comparación de los terroristas y sus secuaces con estas formaciones debería dar vergüenza. Pero en ese ambiente estamos.

El Gobierno, cada vez que se le pregunta sobre el tema, responde —este mismo viernes lo ha hecho la vicepresidenta— diciendo que la Ley de Partidos está vigente, que el diálogo político se produce entre políticos, etc. Pero hasta el momento no se ha escuchado una negativa radical a una propuesta alejada del marco constitucional y, por el contrario, algunas voces, particulares pero autorizadas (desde luego no desautorizadas) han apuntado que la mesa llegará y han pontificado, como buenos pacifistas, sobre su conveniencia.

El drama no es, por tanto, que los contactos no se hayan producido formalmente aún, ni que algunas esperanzas —más o menos ingenuas— se vean defraudadas por el “bloqueo” del “proceso”, sino que, en cuanto se desbloquee y el diálogo comience ya no habrá más posibilidad que hablar de política. Hemos cambiado, por la pasividad del Gobierno, aquel “primero la paz, después la política” por un peligroso primero la política, luego ya veremos.

Después del Líbano
Por HENRY KISSINGER ABC 18 Septiembre 2006

Dos ideas falsas dominan la discusión pública sobre la crisis del Líbano. La primera es que Hizbolá es una organización terrorista tradicional que actúa encubiertamente y fuera de la ley. La segunda es que el alto el fuego señala el fin de la guerra del Líbano. Ninguno de estos puntos de vista es válido. Hizbolá es, de hecho, una metástasis del patrón Al Qaida. Actúa abiertamente como estado dentro de un estado. Manda un ejército mucho más fuerte y mucho mejor equipado que el del Líbano en suelo libanés, en contravención de dos resoluciones de Naciones Unidas. Financiada y entrenada por Irán, libra guerras con unidades organizadas, contra un importante adversario. Como partido chií, tiene ministros en el Gobierno del Líbano que no se consideran vinculados por las decisiones de éste. Una entidad no estatal en el suelo de un estado, con todos los atributos de un estado y respaldada por una potencia regional.

Desde su creación, Hizbolá ha estado en guerra casi permanente. Las primeras de sus tres guerras se produjeron cuando, en 1983, en un ataque a cuarteles estadounidenses, mató a 241 marines y convenció a Estados Unidos de que retirara de Beirut sus fuerzas de paz. La segunda fue una campaña de acoso que indujo a las fuerzas israelíes a retirarse del sur del Líbano en 2000. La tercera se abrió este año con el secuestro de dos soldados israelíes dentro de Israel, lo cual desencadenó un ataque en represalia de este país.

Somos testigos de un asalto cuidadosamente concebido, no ataques terroristas aislados, al sistema internacional de respeto a la soberanía y a la integridad territorial. La creación de organizaciones como Hizbolá y Al Qaida indica que las lealtades transnacionales están sustituyendo a las nacionales. La fuerza impulsora de este ataque es la convicción yihadista de que el ilegítimo es el orden existente, no Hizbolá y su método yihadista. Para los partidarios de la yihad, el campo de batalla no puede definirse por fronteras basadas en los principios del orden mundial que rechazan; lo que nosotros denominamos terrorismo es para los yihadistas un acto de guerra.

Un alto el fuego no pone fin a esta guerra; inaugura otra fase. Este doble asalto contra el orden mundial, mediante la combinación de estados radicales con grupos no estatales de carácter internacional, organizados a veces en forma de milicias, constituye un desafío particular en Oriente Próximo, donde las fronteras todavía no tienen un siglo de antigüedad. Pero podría extenderse a todos los grupos islámicos radicales que existen. Por consiguiente, los líderes dudan entre seguir el orden internacional del que puede depender su economía, o ceder al movimiento transnacional del que podría depender su supervivencia política.

La crisis del Líbano es un caso clásico de ese patrón. Según las reglas del antiguo orden internacional, la guerra tuvo lugar técnicamente entre dos estados -Líbano e Israel- que, de hecho, tienen muy pocos intereses enfrentados. Su única disputa territorial hace referencia a una pequeña franja de territorio, las Granjas de la Chebaa, ocupada por Israel a Siria en 1967, y que no pertenecía al Líbano, como certificó indirectamente la ONU en 2000. La resolución de alto el fuego de la ONU afirma que la crisis fue provocada por Hizbolá, que desde hace 30 años mantenía a las fuerzas armadas libanesas fuera del sur del Líbano. Pero de acuerdo con las normas internacionales, la Secretaría de Estado se vio obligada a negociar el alto el fuego con el Gobierno libanés, que no controlaba fuerza alguna que estuviera en condiciones de hacer que se respetara, mientras que las únicas fuerzas capaces de hacerlo nunca lo han aceptado formalmente.

Los verdaderos objetivos de la guerra en el Líbano han sido transnacionales y no libaneses: superar la división milenaria entre suníes y chiíes basándose en el odio a Israel y Estados Unidos; aliviar la presión diplomática sobre el programa nuclear de Irán; demostrar que Israel sería tomado como rehén si la presión se agudizaba en exceso; establecer a Irán como factor fundamental en cualquier negociación; hundir el proceso de paz palestino; demostrar que Siria -segundo gran mecenas de Hizbolá- sigue manteniendo sus ambiciones en el Líbano.

Por eso el balance de la guerra debe evaluarse en gran parte desde el punto de vista psicológico y político. No cabe duda de que infligió fuertes bajas a Hizbolá. Sin embargo, la realidad psicológica dominante es que esta organización se ha mantenido intacta y que Israel ha resultado incapaz (o no tiene intención) de suprimir los ataques con cohetes contra su territorio, o de orientar su poder militar hacia objetivos políticos capaces de facilitar bazas de negociación tras el cese de hostilidades.

Buena parte de la discusión sobre la observancia del alto el fuego aplica verdades tradicionales a una situación inaudita. Uno de los actores principales en la guerra no forma parte del alto el fuego y se ha negado a desarmarse o a liberar a los dos prisioneros israelíes que secuestró. Los países que deben aplicar el acuerdo mantienen una postura ambigua debido a la importancia que dan a las relaciones con Irán, al miedo a sufrir atentados terroristas en su territorio, y a su interés por mejorar las relaciones con Siria.

La orden de desplegar una fuerza de Naciones Unidas en el sur del Líbano refleja estas dudas. El secretario general, Kofi Annan, ha declarado que la misión de las fuerzas de la ONU no es desarmar a Hizbolá sino fomentar un proceso político que, en palabras suyas, debe alcanzarse mediante un consenso interno en el Líbano, un proceso político al que la nueva Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (Finul) no sustituye ni puede sustituir. Siria ha declarado que consideraría el despliegue de la Finul a lo largo de sus fronteras un acto hostil, y Naciones Unidas ha mostrado su conformidad. ¿Cómo va a funcionar el proceso político cuando a la Finul se les impide afrontar los retos más probables? El ejército libanés -en gran medida chií y con un armamento obsoleto- no está en condiciones de desarmar a Hizbolá ni de controlar la frontera siria.

Para complicar más la situación, Hizbolá, al ser un partido político, participa en el Parlamento libanés y en el Gobierno. Por lo general, ambas instituciones toman las decisiones por consenso. En consecuencia, Hizbolá tiene como mínimo un derecho de veto sobre aquellos asuntos en los que se necesita la cooperación del Gobierno.

Es probable que la próxima maniobra de Hizbolá sea intentar dominar al Gobierno de Beirut mediante la intimidación y, utilizando el prestigio alcanzado en la guerra, manipular los procedimientos democráticos. En esas circunstancias, Irán y Siria estarán en mejor posición para influir en las condiciones del alto el fuego. El reto para la política estadounidense y todos los implicados en el orden mundial es reconocer que el alto el fuego exige una gestión decidida. Uno de los objetivos principales debe ser evitar el rearme de Hizbolá o su dominio de la política libanesa. De lo contrario, las fuerzas de Naciones Unidas proporcionarán un escudo para crear las condiciones de otra explosión aún más peligrosa.

La guerra en elLíbano ha transformado drásticamente la posición de Israel. Hasta ahora, la cuestión palestina, a pesar de toda su intensidad, hacía referencia a los principios tradicionales del sistema estatal: la legitimidad de Israel; la creación de un Estado palestino; el trazado de fronteras entre estas entidades; el acuerdo sobre seguridad y las normas para la coexistencia pacífica. Desde la fórmula de «tierra a cambio de paz», propuesta por el primer ministro Isaac Rabín, hasta la oferta por parte de Arabia Saudí de paz y reconocimiento mutuo, o el concepto de retirada unilateral de los territorios ocupados propugnado por Ariel Sharón, se consideraba que el proceso de paz culminaba con una paz internacionalmente aceptada entre estados internacionalmente reconocidos.

Hizbolá y otros grupos que rechazan esta evolución están decididos a evitarla. Hizbolá, que se hizo con el sur del Líbano, y Hamás y otros grupos yihadistas que han marginado a la Autoridad Palestina en Gaza, desdeñan los planes de los árabes moderados y de los líderes israelíes. Rechazan la existencia misma de Israel, no una frontera concreta. Una de las consecuencias es que el proceso de paz tradicional se viene abajo. Después de ser atacado con cohetes lanzados desde Gaza y el Líbano, a Israel le resultará difícil contemplar la retirada unilateral como una senda hacia la paz, y tampoco podrá encontrar en las actuales condiciones un socio que garantice su seguridad. Por último, después del Líbano, el Gobierno israelí carece de autoridad o de apoyo público para retirar siquiera a los 80.000 colonos de Cisjordania, como preveía el plan de Sharón.

Al mismo tiempo, la continuación indefinida de la situación actual es insostenible. Debe establecerse una nueva hoja de ruta que apuntale la política integral para Oriente Próximo que debe seguir a la guerra del Líbano. Es necesario un proyecto común de Estados Unidos, Europa y los países árabes moderados para elaborar una estrategia conjunta. Sólo de este modo pueden surgir en los territorios ocupados unos liderazgos que acepten la coexistencia pacífica.

Todo nos devuelve al desafío de Irán. Entrena, financia y equipa a Hizbolá, el Estado dentro de un Estado en el Líbano. Financia y apoya a la milicia de Al-Sadar, el estado dentro del estado en Irak. Está elaborando un programa de armamento nuclear que descontrolaría la proliferación nuclear y proporcionaría un colchón de seguridad para la destrucción sistemática de al menos el orden regional. Se trata ahora del orden mundial más que de ajustes dentro de un marco aceptado.

Una política atlántica conjunta, respaldada por los países árabes moderados, debe convertirse en prioridad máxima, por muy pesimistas que nos sintamos respecto a la experiencia anterior con proyectos así. El debate suscitado acerca de la precipitación estadounidense frente al escapismo europeo en lo referente a la guerra de Irak se queda pequeño si lo comparamos con lo que el mundo afronta ahora.

Ambos lados del Atlántico deberían poner a sus mejores cerebros a trabajar sobre cómo abordar el peligro común de que una guerra más amplia se convierta en una guerra de civilizaciones con un Oriente Próximo dotado de armamento nuclear como telón de fondo. Esto no puede hacerse mediante una negociación especial para cada resolución del Consejo de Seguridad; por el contrario, las resoluciones del Consejo de Seguridad deberían surgir de una estrategia acordada.
Muchos de los países de dicha agrupación tienen una opinión más optimista respecto a las perspectivas de la diplomacia que el Gobierno estadounidense. Deberíamos estar abiertos a estas preocupaciones y dispuestos a participar en una seria exploración de perspectivas para evitar el enfrentamiento.

Pero los aliados europeos deben aceptar que este proceso no puede estar guiado por la política nacional o por la presión de los medios. Tiene que incluir un límite que la flexibilidad diplomática no puede traspasar, y un plazo máximo para evitar que las negociaciones se conviertan en un escudo para organizar nuevos ataques.

En la crisis del Líbano, podemos detectar el principio de un proceso así. Europa compartió en un grado suficiente la percepción estadounidense y Estados Unidos prestó suficiente atención a las preocupaciones europeas como para producir una diplomacia coordinada en el Consejo de Seguridad y proporcionar una significativa fuerza de paz para el sur del Líbano. Queda por ver si esta cooperación podrá mantenerse en la próxima fase, y concretamente, si el esfuerzo de Naciones Unidas en el Líbano puede convertirse en un medio para superar los peligros aquí esbozados o se convierte en una forma de evitar las decisiones necesarias. Esto es más cierto aún en lo que se refiere a las inminentes negociaciones con Irán. Desde la caída de la Unión Soviética, los observadores atentos se preguntan si los vínculos atlánticos pueden mantenerse si no se percibe un peligro común. Ahora sabemos que nos enfrentamos al imperativo de construir un nuevo orden mundial o a una posible catástrofe global. Ninguno de los lados del Atlántico puede hacerlo solo. ¿Es esa percepción suficiente para regenerar el sentimiento de propósito común?
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MANIFESTACIÓN DE FAMILIARES DE ETARRAS
Los presos no se conforman con la excarcelación y advierten que el precio de la paz incluye autodeterminación y Navarra
La cesión ante los presos es el primer pago pendiente del Gobierno a ETA, pero la banda terrorista ha avisado de que no será suficiente. Mientras sus familiares desafiaron el mandato judicial y se manifestaron este domingo en cinco ciudades, un grupo organizado de presos previene contra la tentación de reducir la negociación a un mero intercambio de paz por presos. Después de su puesta en libertad, que ya tienen descontada como la primera letra de la hipoteca a pagar por el Gobierno, vendrán la autodeterminación y la anexión de Navarra, señala el autodenominado colectivo de presos EPPK.
Efe Libertad Digital 18 Septiembre 2006

El denominado Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK), constituido por asesinos de ETA encarcelados, ha pedido que se aumente la presión contra la política penitenciaria y sus responsables y ha reclamado su reagrupamiento en cárceles del País Vasco, según un comunicado publicado en Gara. Este colectivo ha señalado que "el conflicto vasco no se resolverá a través de la política carcelaria ni mediante la excarcelación", y que no dejarán que se les utilice para "vaciar de contenido el proceso".

EPPK ha realizado un llamamiento a la ciudadanía vasca para que se "refuerce los medios de presión contra la política carcelaria que se les aplican y contra los responsables de ésta, que todavía está anclada en clave de conflicto", y convoca a "trabajar y luchar por la autodeterminación, la territorialidad y el reconocimiento de Euskal Herria".

En el comunicado, titulado "Autodeterminazioa eta Amnistía!" y dirigido a París y Madrid, EPPK muestra su disposición a "dar pasos nuevos y más eficaces para avanzar en el camino a la libertad". Este colectivo de asesinos y terroristas subraya que se debe "superar el motivo de la lucha" que les llevó a la cárcel, y que las políticas carcelarias aplicadas "son incompatibles con el proceso democrático", por lo que insta a la reagrupación en las cárceles del País Vasco.

El colectivo apunta que rechazará "todo proyecto político que se base en la negación de Euskal Herria" y critica a Francia y España porque "de nuevo utilizan a los presos para condicionar la lucha por la libertad" con "especulaciones sobre cambios de tratamiento y de cárcel o hipotéticos traslados interesados" y frases como "Presos por paz" o "presos a cambio de legalización", que no es más que "la expresión de un fraude político".

El comunicado también denuncia "la instrumentalización política" que se trata de hacer "con la situación de los presos" y con "el sufrimiento de los familiares", y menciona Ignacio De Juana Chaos, en huelga de hambre desde el pasado 7 de agosto.

Batasuna-ETA vuelve a las calles
Mientras, miles de personas, entre los que se encontraban dirigentes de Batasuna, LAB y Askatasuna, secundaron hoy las manifestaciones convocadas en las tres capitales vascas por la asociación de familiares de presos de ETA, Etxerat, bajo el lema "Los queremos vivos y en casa ya", en clara burla a las víctimas de la banda terrorista. Al termino de las marchas, Etxerat instó en un comunicado a la ciudadanía a "presionar" a los Gobiernos español y francés para que respeten "todos los derechos" de los presos y lograr "la amnistía que trazará un antes y un después".

Las manifestaciones fueron convocadas el sábado con carácter de urgencia en San Sebastián, después de la desconvocatoria de las cinco movilizaciones previstas también para ayer por la tarde en favor de los derechos de los presos, tres de las cuales habían sido prohibidas por el Departamento vasco de Interior al coincidir en hora, lugar y lema con las que la Audiencia Nacional había declarado ilegales al estar organizadas por Askatasuna.

Las tres marchas, cuyo objetivo era denunciar la política penitenciaria "criminal" de los ejecutivos del PSOE y UMP, partieron pasadas las doce y media del mediodía precedidas por furgones policiales tras una pancarta con el lema de la convocatoria portada por representantes de Etxerat. En segundo término, familiares mostraron fotos de presos como la de Iñaki de Juana Chaos, en huelga de hambre desde hace 41 días para exigir su excarcelación.

Más de mil personas tomaron parte en la manifestación de San Sebastián, que partió entre aplausos desde la Plaza del Buen Pastor y recorrió varias calles céntricas hasta llegar tres cuartos de hora más tarde al Boulevard, en un recorrido diferente al habitual. Entre los manifestantes se encontraban los dirigentes de Batasuna Joseba Alvarez, Rufi Etxeberria y Eusebio Lasa, la portavoz de EHAK Nekane Erauskin, los portavoces de Askatasuna Juan Mari Olano y Joxean Agirre y la representantes de LAB Amaia Almirall, entre otros.

Durante el recorrido se corearon en euskera lemas en contra de la dispersión, en favor de la amnistía para etarras y para reivindicar la excarcelación de De Juana Chaos y otros encarcelados, con consignas como 'Los presos en lucha, nosotros también' o 'La lucha es el único camino'. La manifestación en la capital vizcaína, con varios miles de personas, partió de la Plaza Moyúa minutos después de las doce y media y recorrió la distancia entre la Plaza Moyúa y el teatro Arriaga coreando consignas a favor de los presos, los refugiados y la amnistía.

En la marcha tomaron parte los abogados de presos de ETA, Arantza Zulueta y Kepa Landa, así como el portavoz de la organización convocante Etxerat, Estanis Etxaburu, que era uno de los que portaba la primera pancarta con el lema de la marcha. En la capital alavesa también se reunieron un par de miles de manifestantes en la Plaza de la Virgen Blanca, donde permanecieron concentrados un cuarto de hora antes de partir en manifestación por diversas calles del centro de Vitoria.

Al termino de las tres marchas portavoces de Etxerat leyeron el mismo comunicado, en el que alertaron de que los familiares viven "momentos muy duros, sentimientos que llegan hasta la rabia", dado que la situación de sus allegados "se ha vuelto insufrible". En este sentido, denunciaron que, mientras "los partidos políticos, PSOE y UMP, nos hablan de democracia, a su vez mantienen a nuestros familiares presos bajo normas de excepción", y que, "mientras nos hablan de paz, mantienen una estrategia de guerra".

Asimismo, censuró que, ante su "grave situación", los "políticos de Madrid, París, Iruña y Gasteiz tratan de dar imagen de normalidad". Por ello, dijo a los manifestantes que se les necesita "en las calles, en la labor diaria, para presionar a los responsables de esta situación, desde las autoridades locales, hasta Zapatero y Chirac", para que puedan "tener vivos y en casa" a sus familiares y que "dejen de jugar con sus vidas, para tenerlos en casa para siempre". Etxerat también se manifestó bajo el mismo lema en Pamplona y en la localidad vasco-francesa de Baiona, en el último caso media hora antes. Todo ello sin que actuará la Policía.

Calcinan un autobús en Barakaldo en un fin de semana plagado de kale borroka
Cuatro encapuchados obligaron a la conductora a abandonar el vehículo antes de lanzar 'cócteles molotov'
JOSÉ DOMÍNGUEZ/BILBAO El Correo 18 Septiembre 2006

Un autobús urbano resultó calcinado a media tarde de ayer en Barakaldo y varios turismos sufrieron daños de consideración en uno de los ataques más importantes que han marcado un fin de semana plagado de kale borroka. El autocar se encontraba sin pasajeros y los radicales obligaron a la conductora a abandonarlo antes de lanzar en su interior varios 'cócteles molotov'. El incidente no provocó heridos pero sí daños de consideración a siete turismos estacionados en las inmediaciones.

El ataque se produjo a las seis y cinco de la tarde en la parada de la calle La Paz, en el barrio de Cruces, y fue obra de cuatro personas con el rostro cubierto. Tras lanzar las botellas con líquido inflamable, los violentos emprendieron la huida en dirección hacia la zona de Gorostiza mientras lanzaban pasquines en los que se exigía la puesta en libertad de los presos etarras Iñaki de Juana Chaos, que permanece en huelga de hambre desde hace seis semanas, y de Txutxin Bollada, un baracaldés condenado a 58 años de cárcel por su participación en siete atentados cuando estaba enrolado en el 'comando Beltza'. La Policía autónoma ha iniciado las pesquisas para identificar a los encapuchados.

A pesar de la rápida intervención de los bomberos, el autobús ardió durante media hora hasta quedar totalmente calcinado. Para evitar daños mayores en los coches aparcados a su lado, que presentaban múltiples quemaduras en la carrocería y algunos parachoques fundidos, el Ayuntamiento ordenó apartarlos con una grúa.

Clamor de la sociedad
El Gobierno vasco condenó la ofensiva de kale borroka, que se inició durante la madrugada del sábado con el ataque a dos cajeros automáticos en Getxo y se extendió a lo largo de todo el fin de semana, con sabotajes en un vagón de Euskotren en Bilbao y en bancos y dependencias judiciales de la comunidad autónoma y Navarra. El Ejecutivo de Vitoria lamentó que persistan grupos empeñados en «oírse a sí mismos y no escuchan el clamor que esta sociedad manifiesta mayoritariamente para que cese la violencia».

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, advirtió a la izquierda abertzale de que «no puede permanecer callada por más tiempo ante estas expresiones de violencia». El presidente del Senado, Javier Rojo, enmarcó estas acciones en la «propia debilidad» de los radicales, que, a su juicio, pretenden tanto que la sociedad «doble la rodilla» como hacer «marketing» para reivindicar protagonismo. En todo caso, a pesar de estas «dificultades», insistió en que se está «mejor que en otros tiempos». En cambio, la presidenta del PP vasco, María San Gil, denunció que desde el alto el fuego «llevamos más de cien actos de kale borroka». El proceso de paz, dijo, sólo está siendo rentable «para ETA-Batasuna».


EL CASO DE ZIZUR MAYOR
Vuelven a Navarra todos los antiguos signos de batasunización
Elsemanaldigital.com  18 Septiembre 2006

Las fiestas patronales de los pueblos están sirviendo a ETA para reactivar el terrorismo callejero. Su rastro: pancartas de la banda, fotos de asesinos y contenedores calcinados.

17 de septiembre de 2006. La nota más llamativa del fin de semana la han aportado las asociaciones proetarras en las fiestas de Zizur Mayor. El pueblo, cercano a Pamplona y uno de los de mayor renta per cápita en Navarra, ha sufrido durante los últimos dos años un espectacular aumento de la presión por parte del nacionalismo vasco.

Durante todo el fin de semana el recinto de las "barracas políticas" lo ha presidido una pancarta con el anagrama de ETA. En las "txoznas" (casetas de venta de alcohol) las organizaciones cercanas a Batasuna han recaudado el dinero con el que llevan a cabo sus actividades. Ni la Guardia Civil ni la Policía Municipal, que vigilaba el parque infantil, se dieron cita en el lugar para retirar la pancarta de la organización etarra. La fiesta terminó con fuego en varios contenedores.

El espacio reservado a las "barracas políticas" en Zizur Mayor ha tomado una relevancia superior a la del propio pueblo. La mayor parte de los vecinos no se acercan al recinto, pero los miembros de Segi y Batasuna se dan cita en su particular rincón festivo.

Pamplona acabó con el problema cuando el gobierno municipal de Yolanda Barcina solicitó a las organizaciones que instalaban las barracas información acerca de los fines para los que iban a utilizar el dinero: ninguna se mostró dispuesta a dar cuenta del destino de sus ingresos.

En Zizur, en cambio, no se les ha impuesto estas condiciones y en las calles cercanas a las "barracas políticas" se podían ver decenas de carteles pidiendo la excarcelación del etarra Eder Ariz Lizaso.

Una importante presencia terrorista
Zizur Mayor ha sufrido en primera persona el zarpazo del terrorismo etarra. En 2001 el subteniente del Ejército José Díaz salvaba la vida gracias al fallo de la bomba lapa que la banda había colocado en los bajos de su coche. El alcalde Luis María Iriarte, de UPN, ha recibido repetidamente amenazas personales; la Guardia Civil detuvo el pasado año a los etarras Gorka Díez de Ulzurrun y Eder Ariz Lizaso, que estudiaban los movimientos del alcalde y de José Manuel Vizcay, edil regionalista. En esa misma operación recababan datos sobre la vida de un empresario residente en Zizur Mayor. Hace pocos meses el juez Fernando Grande-Marlaska llamó a declarar a los socios de la empresa local de construcción AZYSA, José Javier Azpiroz y Juan María Saralegui; les imputó un delito de colaboración con organización terrorista por un supuesto pago a ETA de 64.000 euros.

La banda no ha logrado derramar sangre en Zizur Mayor, pero sí acabó con la vida de uno de sus vecinos: en el último atentado mortal de la banda, en Sangüesa, murió Julián Embid.

El auge de la actividad de ETA durante el fin de semana no se ha limitado a Zizur Mayor. En Tafalla la kale borroka atacó los Juzgados. En Sangüesa más de doscientos radicales rodearon y atacaron a dos policías locales cuando pidieron el cierre de las barracas por incumplir el horario de cierre.

El terrorismo callejero regresa a Navarra y la delegación del Gobierno dirigida por Vicente Ripa se limita por el momento a enviar comunicados de "reprobación".

TRAS DESALOJAR A SU CONDUCTORA
Un grupo de encapuchados prende fuego a un autobús urbano en Baracaldo
AGENCIAS elmundo 18 Septiembre 2006

BILBAO.- Un grupo de encapuchados prendió fuego este domingo a un autobús de Bizkaibus en Baracaldo (Vizcaya), después de hacer bajar a su conductora del vehículo.

Según informaron fuentes de la Ertzaintza, el ataque se produjo a las 18.05 horas de la tarde en la calle La Paz de la localidad fabril.

El autobús, que realiza el recorrido Cruces-Funicular, se encontraba estacionado y con la conductora dentro, pero sin pasajeros, cuando varios individuos con el rostro cubierto se introdujeron en su interior. Tras conminar a la mujer a que abandonara el vehículo, procedieron a arrojar diversos cócteles molotov en su interior, para después emprender la huida.

Los bomberos se desplazaron de inmediato al lugar y procedieron a sofocar las llamas. El incendio originado por los artefactos incendiarios causaron también daños a otros siete turismos estacionados en las inmediaciones.

En la noche del sábado al domingo, un vagón de tren y un cajero automático fueron atacados por desconocidos mediante el lanzamiento de cócteles molotov en Bilbao y Vitoria, respectivamente, según informó el departamento vasco de Interior. También fueron atacados los juzgados de Tafalla (Navarra).

Reacciones políticas
Estos actos han motivado la condena de instituciones y partidos políticos ante estos actos de violencia callejera. La intensificación de la 'kale borroka' en las últimas horas se ha saldado con importantes desperfectos materiales, aunque en ninguno de los ataques se han registrado daños personales.

El presidente del Senado y secretario general del PSE-EE en Alava, Javier Rojo, enmarcó estas últimas acciones violentas en la "debilidad" de la izquierda abertzale, que, a su juicio, pretende que la sociedad "doble la rodilla" y hacer "marketing" para reivindicar protagonismo. Sin embargo, afirmó, no ha logrado ni lo uno ni lo otro, y exigió a los líderes de la izquierda abertzale que "se pongan en la solución y no en el problema".

El Gobierno Vasco condenó los ataques y aseguró que sus autores "podrán poner cualquier excusa, pero no podrán decir que practican la violencia en favor de la paz". Para el Ejecutivo autónomo, "todavía hay grupos que persisten en oirse solamente a sí mismos y no escuchan el clamor que esta sociedad manifiesta mayoritariamente para que cese la violencia y se permita a este pueblo vivir y decidir en paz cómo desea que sea su futuro".

El delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, advirtió de que "la izquierda abertzale no puede por más tiempo permanecer callada ante estas expresiones de violencia y debe condenarlas y mostrar su apuesta por las vías políticas".

Desde el PSE de Alava, su secretario general, Txarli Prieto, exigió a la izquierda abertzale "que pare ya estas actuaciones de violencia, que denuncie y controle cualquier atentado contra la democracia" porque "la kale borroka es incompatible con el desarrollo del proceso de paz".

La presidenta del PP vasco, María San Gil, denunció "que llevamos más de cien actos de 'kale borroka" desde el inicio de la tregua de ETA y opinó que "vivimos un mal llamado proceso de paz que lo único que ha hecho es ser rentable para ETA-Batasuna". Por ello, exhortó a los dirigentes políticos a "impedir por todos los medios y con la ley en la mano, que este tipo de actos sigan existiendo".

PATXI BAZTARRIKA VICECONSEJERO DE POLÍTICA LINGÜÍSTICA
«Hay que buscar una convivencia pacífica y enriquecedora entre el euskera y el castellano»
Aboga por renovar el consenso sobre la lengua y dice que el mundo del euskera es «absolutamente plural y no está ligado a una corriente política»
LUCÍA MARTÍNEZ ODRIOZOLA l.m.odriozola@diario-elcorreo.com/VITORIA El Correo 18 Septiembre 2006

EL PERSONAJE
Nació en Ataun en 1958, "año de la mejor cosecha".
Licenciado en Filosofía y Letras y Ciencias de la Educación por la UPV.
Profesionalmente, es técnico de euskera del Ayuntamiento de Andoain.
Entre 1999 y 2003 fue jefe de gabinete de Román Sudupe en la Diputación Foral de Guipuzcoa.

«El peor euskera es el que no se habla o no se escribe»

En julio de 2005 recibió el recado de hacerse cargo de la viceconsejería de Política Lingüística en el departamento a cuyo frente está Miren Azkarate, cargo que compatibiliza con una concejalía en el Ayuntamiento de San Sebastián, donde reside. Su formación académica, en filosofía, se deja notar en su lenguaje enramado y en la largura de sus ideas. Ideológicamente procede de Euskadiko Ezkerra. Ha participado, desde diversos cargos, en tareas de promoción y fomento del euskera.

-Acaban de crear el Instituto Etxepare. ¿Era necesario?
-Sin duda. Nuestra lengua y cultura pretenden ser abiertas al mundo. No tenemos vocación de quedarnos encerrados, queremos ser un país con una cultura y lengua que sean aceptadas y reconocidas en el ámbito mundial. Y la demanda del euskera es creciente en el mundo.

-¿Dónde?
-En muchos países. Y sus antecedentes están en los programas de lectorado de trece universidades de América y Europa, en los que el curso pasado participaron seiscientos estudiantes. Para el curso que empieza la demanda es superior. Y debemos sumar los dos mil y pico alumnos pertenecientes a las 'Euskal Etxea', ligadas a las colectividades vascas. Es función de los poderes públicos, responsables de cualquier lengua, tratar de que esa lengua goce del mayor reconocimiento internacional posible y eso debe ser motivo de orgullo para los propios ciudadanos, vascohablantes o no, de quienes es patrimonio esa lengua.

-¿Está pensando incluso en quienes no conocen la lengua?
-Una lengua es patrimionio de la Humanidad. No hay lenguas pequeñas, ni grandes, no hay lenguas mejores que otras, no hay ninguna razón intrínseca a las propias lenguas que haga que tengan una situación diferente. Lo que sí hay son lenguas hegemónicas y no hegemónicas y la hegemonía o su minorización nada tiene que ver con cuestiones lingüísticas, sino con situaciones históricas, sociales, económicas.

-Sin embargo, el nacionalismo ha patrimonializado la lengua y ha impuesto políticas lingüísticas.
-Todo el mundo debe huir de patrimonializar la lengua por razones políticas o ideológicas. Los nacionalistas debemos huir de eso pero, de la misma forma, ningún ciudadano vasco debería desapegarse de su defensa, uso y fomento. Nadie debe sentirse exonerado de la responsabilidad de esa tarea común que es conseguir la igualdad social de las lenguas. No se trata solo de normalizar el euskera; se trata de buscar una convivencia pacífica, enriquecedora, de las dos lenguas.

-Habla de bilingüismo real.
-Nada puede contribuir mejor a la cohesión social. Son las dos caras de la misma moneda. Sin embargo, desigualdad y desequilibrio social son sinónimo de menor calidad en la convivencia, de tensiones, de un problema social que, sin angustiarnos, está ahí y tenemos que resolver.

-¿Cómo se hace?
-Debemos garantizar que todo aquel que desea vivir en euskera pueda hacerlo sin dificultades. Debemos garantizar la igualdad de oportunidades lingüística. No lo hemos conseguido, pero estamos en el buen camino.

Victimismo
-Algunos euskaldunes practican un victimismo militante.
-No comparto esas actitudes de angustia. Pero quien tiene dificultades para vivir en su lengua es el vascohablante.

-¿Y el castellanohablante?
-No se encuentra con dificultades para vivir en castellano.

-Pero puede perder su puesto en la enseñanza pública por no ser euskaldun.
-Pero el tema no se plantea en ese terreno. No se trata de una imposición, sino de reconocer unos derechos lingüísticos y de llevar a cabo políticas para que esos derechos reconocidos sean ejercitables. Tenemos una legislación acertada y adecuada que no impone nada a los ciudadanos sino que les reconoce derechos lingüísticos y a quien impone es a los poderes públicos para que garanticen esos derechos. Y tampoco es una legislación impuesta: la ley básica del euskera de 1982 contó con un consenso de gran calibre.

-Consenso entre políticos que no comparte la ciudadanía.
-La última encuesta sociolíngüística, de hace 5 años, indica que solo el 16% de la población está en contra o muy en contra de las medidas de fomento del euskera.

-Un 1% sería demasiado.
-Para mí es motivo de preocupación, pero se debe hacer posible que cada cual hable en la lengua de su elección. Nos engañaríamos si pensáramos que en esta sociedad vasca no se puede acceder a la función pública porque uno de los elementos que se exige o se valora sea el euskera y que eso sea un elemento discriminatorio. Y el propio Tribunal Constitucional, nada sospechoso de imponer políticas lingüísticas contrarias a la sociedad, así se ha expresado.

-¿Qué plazos se dan para lograr esa igualdad de la que habla?
-No se puede conseguir en diez o quince años. Con el tiempo se producen cambios en los usos lingüísticos de la ciudadanía y eso requiere tiempo y cambios generacionales. Para eso hace falta una política lingüística flexible, pragmática, adecuada a lo que son las voluntades y capacidades de la propia sociedad. Y debe ser sin excesos, pero no sin incomodidades. Si alguien pretende pasar de una situación de hegemonía de una lengua sobre otra, de un monolingüismo al bilingüismo sin incomodidades, o se está equivocando o está engañando a la sociedad. El discurso del monolingüismo es un discurso arcaico, viejo y caduco se aplique a la lengua que se aplique, también si se aplica al euskera. Con el bilingüismo nadie pierde, ni el euskera ni el castellano.

-¿Cómo ha evolucionado la situación?
-Hace 20 años el 20% de la población era bilingüe y hoy lo es el 33%; el euskera se usa en muchos más ámbitos, en los medios de comunicación, la enseñanza, la administración; los niveles de producción literaria son altísimos en cantidad y especialmente en calidad. Tenemos autores leídos en otras lenguas y muy celebrados. Hemos llegado a garantizar la transmisión intergeneracional del euskera.

-¿Para eso qué se necesita?
-Una conciencia lingüística. Cuando una lengua no es necesaria para desenvolverse en la sociedad, no goza de prestigio o está perseguida, los padres no transmiten a los hijos la lengua con normalidad, está condenada a perderse. Porque los padres transmiten a sus hijos lo que es necesario para que vivan mejor que ellos.

-¿Cuándo se produce esa vuelta esperanzadora del euskera?
-Con la llegada de la democracia y porque la propia sociedad tiene un elevado nivel de compromiso con la lengua. Y se hace también en la escuela y en la formación de adultos, que son 40.000 personas. Si alguien necesita ser reconocido, homenajeado y agradecido son los euskaldunberris, porque están haciendo una aportanción importantísima a la cohesión de esta sociedad.

-Usted sostieneque se necesita un nuevo consenso en torno a la lengua. ¿El anterior se ha roto?
-No, no se ha roto pero tampoco se ha fortalecido. Necesita ser renovado y ampliado.

-¿Ampliado a sectores de población?
-Me gusta hablar de consenso social, político y cultural. Debemos ampliarlo porque no todos asumimos como propia la tarea de recuperación del euskera. Hay sectores que se sienten alejados, como que la cosa no fuera con ellos.

-¿Qué se puede hacer por integrar a esos sectores?
-Hay un muro de separación entre el mundo del erdera y el del euskera. Una parte del mundo erdaldun vive de espaldas al mundo del euskera e ignora los productos culturales que se crean. A veces incluso los menosprecian y el desprecio de las lenguas minorizadas a veces es inconsciente. No se trata de repartir culpas.

-¿Y en el ámbito político?
-Tenemos que reconocer que se debe mover más el mundo monolingüe erdaldun que el mundo bilingüe. El mundo del euskera se proyecta como si fuera monocolor, mientras que es absolutamente plural y no está ligado a una corriente política.

-El propio mundo euskaldun ha creído en su monocolor y ha presumido de complicidades.
-No lo percibo así. Y quienes lo creen se llevarían enormes sorpresas si conocieran la producción.

-¿No se produce un acallamiento de la disidencia dentro del euskera?
-Yo creo que no.

Perlas bilingües, sin comentarios.
Nota del Editor 18 Septiembre 2006

"Profesionalmente, es técnico de euskera del Ayuntamiento de Andoain.

queremos ser un país con una cultura y lengua que sean aceptadas y reconocidas en el ámbito mundial.

 No hay lenguas pequeñas, ni grandes, no hay lenguas mejores que otras,

Nadie debe sentirse exonerado de la responsabilidad de esa tarea común que es conseguir la igualdad social de las lenguas.

-Debemos garantizar que todo aquel que desea vivir en euskera pueda hacerlo sin dificultades.

-No se encuentra con dificultades para vivir en castellano.

Tenemos una legislación acertada y adecuada que no impone nada a los ciudadanos sino que les reconoce derechos lingüísticos.y

Nos engañaríamos si pensáramos que en esta sociedad vasca no se puede acceder a la función pública porque uno de los elementos que se exige o se valora sea el euskera y que eso sea un elemento discriminatorio. Y el propio Tribunal Constitucional, nada sospechoso de imponer políticas lingüísticas contrarias a la sociedad, así se ha expresado.

El discurso del monolingüismo es un discurso arcaico, viejo y caduco se aplique a la lengua que se aplique, también si se aplica al euskera. Con el bilingüismo nadie pierde, ni el euskera ni el castellano.

Hemos llegado a garantizar la transmisión intergeneracional del euskera.

 Si alguien necesita ser reconocido, homenajeado y agradecido son los euskaldunberris, porque están haciendo una aportanción importantísima a la cohesión de esta sociedad".
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