AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 7 Octubre  2006
Sectarismo en catalán
Editorial ABC 7 Octubre 2006

LA Generalitat sigue empeñada en ofrecer una imagen reduccionista y unilateral de la cultura de cara a la Feria de Frankfurt de 2007. Cuando el consejero Mascarell proclama que sólo es catalana la literatura escrita en catalán, comete un error histórico, político y sociológico, pero sobre todo atenta contra el más elemental sentido común. Barcelona es el centro de una industria del libro en español que tiene proyección mundial, y los autores catalanes que escriben en castellano ocupan posiciones del más alto nivel en el canon de nuestra literatura. Su exclusión empobrece la presencia de Cataluña en la feria más importante del mundo, ofreciendo ante los profesionales más relevantes una lamentable imagen de localismo. El sectarismo de los políticos impedirá a nuestros editores aprovechar una oportunidad que tardará años en repetirse. Sin embargo, la ridícula pretensión de encerrar la cultura en un círculo estrecho y acotado está destinada al fracaso. Por fortuna, los creadores y el público no están dispuestos a tolerar un dirigismo inaceptable. En la práctica, la sociedad vive con naturalidad el bilingüismo, excepto en las instituciones en las que la clase política impone sus propias reglas: de hecho, en el Parlamento autonómico sólo se habla en catalán, en notorio contraste con los medios de comunicación o la experiencia en la calle.

En plena recta final de cara a las elecciones, algunos partidos rivalizan en la búsqueda de patentes de nacionalismo. La protesta de perfil bajo de José Montilla al reclamar que se tengan en cuenta a los que escriben en castellano es fiel reflejo del difícil equilibrio en que actúa el candidato del PSC. De momento, muchos siguen jugando al victimismo sin que les importe la existencia del nuevo Estatuto: según dicen, el catalán es una hormiga que convive con un gigante. Otros gastan el dinero público en encargar ensayos sobre las claves de «su» literatura a figuras de relumbrón en la crítica internacional. Es una curiosa fórmula para resucitar la rancia teoría del carácter de los pueblos, abandonada hace mucho por los investigadores serios. Todavía hay tiempo para encauzar la presencia de Cataluña en Frankfurt en la feria del año próximo.

Hace falta una mentalidad abierta, buen sentido comercial y altura de miras sobre el significado de la cultura. España es en su conjunto una gran potencia cultural, que cuenta con una lengua de primer rango universal, plenamente compatible con la promoción y difusión de las lenguas cooficiales en determinadas comunidades autónomas que enriquecen el patrimonio común. Sería muy útil para todos (editores, escritores y ciudadanos en general) que, después de las elecciones, la política del libro de la Generalitat estuviera a cargo de responsables mejor preparados y menos sectarios.

España
Estado o Nación
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Octubre 2006

El mayor error del nacionalismo es considerar a España sólo Estado, ente que arrastraría su inercia de poder y burocracia sin apreciar las líneas de puntos que, en el suelo, separan a benditas naciones sojuzgadas. Poseedoras de esencias inefables, dueñas de un ser sobrenatural, naciones ocultas por un Estado insensible habrían atravesado túneles de siglos, tras un remoto pasado de esplendor, para acabar despertando y cumpliendo un designio que escapa a los individuos y atañe a los pueblos. Que se ahoga en la realidad y en la razón, que respira en la emoción y en la ficción.

Hay diversas maneras de acabar con un Estado. Si España sólo fuera eso, habría desaparecido hace dos siglos, cuando el francés, cuando la emancipación americana, cuando los dos borbones felones y abdicantes. O se habría disipado con las guerras carlistas, derretido como cera con la esperpéntica Primera República, fundido con la calamidad regeneracionista, el Gran Desastre, Annual, los furores anarquistas. Habría estallado en mil pedazos con el orate Arana, con Prat de la Riba, con los traidores Romanones y Aznar (el Almirante). La Guerra Civil se la habría llevado. Habría sido descuartizada por la ONU al fin de la Segunda Guerra Mundial. La habrían reventado la ETA, el FRAP, el GRAPO, Terra Lliure y el GAL.

Si la nación ha aguantado es justamente por ser tal. Puede el señor Rodríguez con su tropa seguir jugando al aprendiz de brujo. Puede hacer mucho daño; tiempo habrá de reprochárselo cuando lleguen elecciones. Pero no logrará el insensato lo que no consiguió una ristra de listos, de Napoleón a Pujol.

Con De Juana, Chaos. Con Rodríguez, más chaos aún. Las esquirlas del 11-M quizá se hayan clavado en el Estado fatalmente. Constatamos los síntomas a diario, y a los cuatro poderes se les ven los palos del sombrajo. Con todo, que nadie sueñe con liquidar la garantía última de nuestra libertad, la nación de ciudadanos que se afirmó en Cádiz. Nación que no es de derechas ni de izquierdas. Apenas si se ha enseñado por las calles. Grita de lustro en década. La última vez que se removió fue para llorar a su hijo Miguel Ángel Blanco. Vamos, no jueguen con ella.

Paranoia gubernamental
¡Que vienen los neocon!
GEES Libertad Digital 7 Octubre 2006

En apenas dos semanas, en medio del escándalo sobre el 11-M, Zapatero ha alertado en varias ocasiones a la sociedad española acerca de la derecha neoconservadora. Lo hace siguiendo la línea que le marca la intelectualidad progre española, es decir, mucho prejuicio, mucho moralismo y pocos conocimientos. Parece claro que Zapatero ignora por completo qué es eso del neoconservadurismo; entre sus aficiones no destaca la lectura y sus intelectuales orgánicos están demasiado ocupados haciendo negocios e intentando cerrar radios como para enterarse de que va el asunto. Eso sí, todos al unísono advierten del peligro inminente: ¡que vienen los neocon!

Y es que algo empieza a no funcionar en la España virtual de ZP. En marzo de 2004 decidieron que los atentados del día 11 eran culpa de la guerra de Irak y, por tanto de Aznar, el amigo de Bush y los neocon americanos. Cerraron el caso retirando nuestras tropas de Irak, controlando la Comisión de Investigación y exigiendo al PP que pidiera perdón eternamente; nada más que discutir. Con estas premisas desembarcaron en el Ministerio del Interior Alonso y Rubalcaba. Trasladaron a las FSE la verdad pancartera del "No a la guerra" y exigieron a los profesionales sumisión total hacia el poder político que les decía qué investigar y qué no.

Pero tal pretensión es contraria a la naturaleza propia del trabajo policial, y el corsé ideológico puesto a la Policía y a la Guardia Civil se resquebraja y se transmite a una sociedad que cada vez se fía menos del Gobierno. Así que Zapatero, desde que se levanta de la cama, descubre peligrosos neoconservadores por todos los lados; basta con preguntar tímidamente por el 11-M para entrar a formar parte de tan inquietante extrema derecha. Desde luego que el escepticismo ante los autos de Garzón y las declaraciones de Rubalcaba tiene más que ver con el sentido común que con el neoconservadurismo político, pero les da exactamente igual. La cultura política de Zapatero es simple pero rotunda; la derecha neoconservadora es mala, malísima, y está detrás de todas las desgracias del Gobierno.

Valientes defensores de la democracia, Zapatero y sus periodistas de cabecera piden desde la mañana a la noche cerrar radios, enchironar a directores de periódico. Ignoran que, al hacerlo, aceleran la extensión de una corriente que cada vez les es más difícil de controlar y que les pone ante una cuestión incómoda; puede que la opinión pública se les esté yendo de las manos. Cada vez les es más difícil hacer tragar a las familias españolas, a la clase media, a los jóvenes profesionales, no sólo la verdad oficial sobre el 11-M sino las relaciones con ETA, los apaños con Ahmadinejad y Chávez, el apoyo a Fidel Castro. Buscan una conspiración neoconservadora que explique por que unas pocas radios, medios digitales o think-tanks se están convirtiendo en una alternativa real a la España virtual inaugurada el 14-M.

Quizá algún día tengamos oportunidad de explicar a Zapatero y a su guardia de corps mediática qué es el movimiento neoconservador y en qué ideas se basa, para así tratar de calmar su incipiente paranoia. Mientras tanto, dejaremos que en La Moncloa y en sus medios afines suenen todas las alarmas y salgan de noche a buscar neoconservadores por el vecindario gritando ¡que vienen los neocon! Quién sabe, a lo mejor en esto no se equivocan, y cuando ya sea demasiado tarde y se hayan extendido realmente por la sociedad, Zapatero se los encuentre debajo de la cama. Menudo susto se va a pegar Sonsoles. O igual no.      GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Derecha extrema
Federico Quevedo El Confidencial 7 Octubre 2006

No deja de ser curioso el modo en el que los principales responsables del Partido Socialista y del Gobierno, con Rodríguez a la cabeza, han forzado una ofensiva casi brutal contra el PP calificando a la oposición liberal de extrema derecha o “derecha extrema”, que es lo mismo pero un poco más suave. No deja de ser curioso que esta ofensiva haya coincidido con uno de los peores momentos que está atravesando el Gobierno de Rodríguez, acosado por su propia inoperancia e incapacidad para afrontar problemas tan cercanos al ciudadano como la inmigración ilegal, la delincuencia, los desastres naturales, la sequía, el encarecimiento de la vida, etcétera, y por la gravedad de las revelaciones sobre el 11-M y la sensación cada vez más extendida, y sobre todo preocupante, de que Rodríguez ha pactado con la pandilla de canallas concederles hasta los calzoncillos a costa de nuestra libertad, al tiempo que se amplifica la percepción de un Ejecutivo sectario, revanchista y que fundamenta su acción política en la mentira y el engaño masivo a los ciudadanos.

Mientras Rodríguez no caía en las encuestas, lo de la “derecha extrema” era una boutade circunscrita a ese manual del improperio y sorprendente demostración de inteligencia que responde al nombre de José Blanco. Pero cuando el presidente ha visto que la curva de su popularidad ha iniciado la cuesta abajo, ha sacado a pasear el dóberman, como ya hiciera antaño González en el peor momento de su carrera como político, acosado por toda clase de escándalos. Cuando la izquierda ve peligrar su poder, entonces se lanza como una bestia feroz sobre la derecha liberal, acusándola, precisamente, de lo que la izquierda ejerce al modo troskista que siempre ha caracterizado a un PSOE incapaz de adaptarse a la caída del Muro de Berlín y al desarrollismo político-económico de nuestro tiempo. Ya desde que ganara las elecciones de marzo de 2004, Rodríguez puso un particular empeño en desarticular al PP y provocar la división interna en la derecha liberal, lo que pone de manifiesto que aquí quien practica el extremismo no es el PP, sino la izquierda radical y sectaria que nos gobierna a golpe de decreto, intervención policial y merma de las libertades.

Guglielmo Ferrero, en su libro El poder: los genios invisibles de la ciudad, afirma tajante que “en las democracias la oposición es un órgano de la soberanía popular tan vital como el Gobierno”, por lo que añade que “cancelar la oposición significa cancelar la soberanía del pueblo”, es decir, actuar contra la propia democracia, lo cual es propio, óiganme, de dictaduras, sean de derechas o de izquierdas. Que más da que da lo mismo, porque todas son dictaduras y actúan contra la libertad del individuo. Y esta tentación totalitaria del actual Gobierno de izquierdas no es nueva, si no que es una constante en toda la andadura socialista en el poder, claro que González lo vistió de sentido de Estado y éste lo viste, que es peor, de buenismo irreverente y cruel, en la medida que supone una burla a la inteligencia de ciudadanos libres y honrados que acuden a las urnas convencidos de que ejercen su derecho al voto en absoluta libertad y transparencia.

No es así. Que yo escriba esto no quiere decir que todo el mundo pueda hacer lo mismo, y son muchas las personas -a algunas las conozco personalmente, y de ello hemos hablado largo y tendido en la discreción de una mesa o un café-, que no se atreven a decir y expresar lo que piensan por miedo a represalias, ya que de una u otra manera el pan que llevan a casa depende, directa o indirectamente, de la voluntad del Ejecutivo de Rodríguez. ¿Y se atreven a llamar “derecha extrema” al PP? ¿Cuál es la razón? ¿Que discrepa de la política del Ejecutivo? ¿Y no es esa la esencia de la democracia, o es que este Gobierno lo que pretende es una oposición servil y entregada a la causa? Sí, claro, es lo que le gustaría a Rodríguez, poder decir de Rajoy aquello que González decía de don Manuel, que le cabía el Estado en la cabeza, mientras a él le cabían los votos en los bolsillos gracias al sentido de Estado del entonces Jefe de la Leal Oposición. Pero en cuanto a la izquierda le buscan las vueltas y se sacan a relucir sus mentiras, sus errores y sus abusos, entonces se revuelve contra todo y contra todos, y ejerce el troskismo hasta sus últimas consecuencias, que son la eliminación del contrario de la manera que sea.

¿Por qué es el PP una “derecha extrema”? ¿Quizá por preguntar sobre el 11-M? ¿Por recurrir al Constitucional el Estatuto de Cataluña? ¿Por mostrarse contrario a que se ceda al chantaje de los terroristas y se humille a las víctimas de ETA? ¿Por pedir políticas sensatas en inmigración? ¿Por denunciar los abusos policiales contra sus militantes? ¿Por señalar el intervencionismo del Gobierno en las decisiones empresariales? ¿Por manifestar su disconformidad con una política exterior que abraza a los dictadores y caudillos latinoamericanos y abre los brazos al islamismo radical? ¿Por avergonzar la falta de respuesta de las autoridades socialistas ante hechos como los incendios de Galicia y Guadalajara, la sequía o el derrumbe de El Carmel? ¿Por manifestar su preocupación ante el aumento de la inseguridad? ¿Por oponerse a que se revise la historia y se quiera enfrentar de nuevo a los españoles sobre los escombros de la Guerra Civil? ¿Por negarse a participar en la tragicomedia de la deconstrucción del Estado y la sepultura de los consensos de la Transición?

¿Quién practica aquí el extremismo, el PP o el presidente de un Gobierno que, como me decía el viernes un buen amigo, alimenta el “disparate extremista” de forzar a todos los grupos parlamentarios a prestarse al juramento en torno a su grupo parlamentario para impedir que el principal partido de la oposición pueda pedir explicaciones al Gobierno? A más, ¿quién cuestiona aquí las instituciones, si es eso de lo que se trata?, ¿el PP por ejercer su obligación de pedir explicaciones al Gobierno, o el Gobierno de una izquierda que, como me decía también el viernes un magistrado del CGPJ, ha gobernado siempre al borde de la legalidad, incluso traspasando esa delicada barrera, y que sigue haciéndolo porque es el único modo en que sabe practicar el ejercicio del poder?

Aquí no hay más fachas que algunos recalcitrantes, más bien pocos, fieles a un yugo y unas flechas, y otros, muchos más, herederos sociológicos del franquismo y que por conveniencia política y acomodo personal han dirigido sus pasos hacia la calle Ferraz. Los demás, yo al menos lo siento así, nos sentimos muy libres de discrepar y muy convencidos de que sólo desde la libertad y la democracia es posible avanzar en el buen camino, aunque eso implique, lo he dicho más veces, dudar de verdades oficiales y pensamientos únicos propios de ideologías totalitarias y que quienes defienden esas ideologías totalitarias nos tachen de fascistas cavernosos. Prefiero eso a vivir sometido a su orweliana dictadura. Y a quienes me reprochen que Rodríguez es presidente gracias a los votos de la mayoría, reconociendo la legitimidad del resultado de aquella elección, les transcribiré unas palabras de uno de los padres del liberalismo político contemporáneo: “El pueblo no siempre tiene la razón en el sentido de que nunca se equivoca sino en el sentido de que tiene el derecho de equivocarse y que el derecho de equivocación compete a quien se equivoca de por sí, en su propio daño. Y así está bien” (Giovanni Sartori).

fquevedo@elconfidencial.com

Recién muerta
FERNANDO SAVATER El Correo 7 Octubre 2006

Al personal le inquieta, no sin buenas razones, la persistencia de signos violentos y virulentos de nacionalismo obligatorio en el País Vasco. ¿Cómo pueden ser tales agresiones compatibles con un 'proceso de paz', es decir, con la renuncia a la violencia terrorista por parte de quienes han tratado de imponerse por las armas aquí desde la instauración de la democracia? En el reciente akelarre de Oiartzun se pavonearon encapuchados pegando tiros al cielo (una nueva versión literal del 'alto el fuego', sin duda), galoparon etarras a caballo (ahora los hay también montados, por lo visto, además de los ya sabidos de infantería) y doscientos dieciocho conspiradores se mostraron 'cirineos' de la cruz que llevan otros tantos terroristas encarcelados. De los actos de kale borroka no hace falta ni hablar, son síntomas patéticos pero ilustrativos de que quienes han vivido de amedrentar no se resignan del todo a inclinar la cerviz. Que tendrán que inclinarla, de eso no cabe ninguna duda, ojalá sea antes que después.

Desde luego, esas pataletas y convulsiones de los violentos -semejantes a los coletazos agónicos de un atún fuera del agua- pretenden garantizar la perpetuación de aquello en que ha consistido su fuerza 'persuasiva' durante las pasadas décadas: el temor de los ciudadanos que los detestan pero no se atreven a exteriorizar su rechazo. La hegemonía nacionalista en el País Vasco será o no será verdad: lo único cierto es que hoy se fundamenta en el miedo de quienes discrepan de ella a expresarse claramente. Y eso lo sabe todo el mundo, sobre todo los violentos mismos. Por eso siguen dando muestras de agresividad, para que el pánico no decaiga de golpe y les deje desnudos como al rey del cuento. ¿O acaso alguien puede creer que por cada cien familiares de presos que se manifiestan pidiendo que manden a sus chicos a casa no hay mil o dos mil ciudadanos que quieren verles a buen recaudo mientras no renuncien a la violencia y cumplan sus penas? Pero estos últimos no salen a la calle a manifestarse porque aún están asustados por los matones de tantos años de relativa impunidad. Y para qué hablar de los fans que han aparecido en torno al conocido 'serial-killer' Iñaki De Juana, sobre cuyo estado de salud hacen constantes ruedas de prensa amiguetes que omiten siempre mencionar el estado de salud de los venticinco liquidados por el nefasto personaje. No, no se trata de que queramos que se pudra en la cárcel, porque podrido ya está, tanto él como los que le convierten en héroe o mártir. Pero tampoco les parece prudente a los jueces soltar por las calles a un asesino múltiple que no sólo no muestra ninguna mejoría de salud moral sino que aprovecha sus ocios en escribir artículos incitando a nuevos delitos. Y muchos estamos de acuerdo con ellos, sobre todo supongo que entre los familiares de sus víctimas, los cuales sin embargo no se manifiestan en ruedas de prensa porque la sombra de la intimidación aún pesa sobre Euskadi. La violencia terrorista ha marcado su huella en los comportamientos políticos y sociales de los vascos: hasta que no se borre del todo, no habrá normalización política que valga.

Porque desde luego los nacionalistas quieren vendernos una 'normalización' política que muchos no estamos dispuestos a aceptar, ni con terrorismo ni mucho menos sin él. Por ejemplo, llamar 'presos políticos' a los psicópatas etarras, como si estuvieran en chirona por actividades sindicales y no por haber pegado tiros en la nuca o haber puesto coches bomba. O alzar el gallo frente a unas maniobras rutinarias del Ejército español en localidades vascas, que les parecen «cosas de otros tiempos» y que han convertido a Iñaki Zarraoa de alcalde de Getxo en alcalde de Móstoles, avisando al pueblo de que la patria está en peligro. Pero ¿qué se habrán creído? Lo que pertenece a otros tiempos es considerar al Ejército del Estado democrático del que somos ciudadanos -¿y a mucha honra!- una fuerza invasora, como si el País Vasco fuese todo él una entidad extraparlamentaria, a imagen y semejanza de la mesa de partidos que tratan de colarnos. Por cierto, que buena parte de los getxotarras reaccionaron de modo expresivamente bien diferente a su corporación municipal ¿y ya verán lo que sale a la superficie cuando la gente haya perdido el miedo al primo del amosal! En cuanto al espectáculo de la inauguración de curso en la UPV-EHU, con el rector lamentando que ciertos profesores no puedan ejercer su derecho de dar clase ante los invitados de Batasuna, como si éstos no tuvieran nada que ver con la ausencia forzosa de los otros, para qué hablar. El cinismo y el asco tienen campus libre.

Seamos claros. ETA no está más fuerte que nunca ni sus partidarios van ganando por goleada, como los despistados de turno (que tanto favorecen con sus truculencias a quienes creen criticar) nos dicen constantemente. Al contrario: la banda terrorista está muerta, aunque todavía pueda causar bastante daño con sus últimas convulsiones. Pero quienes han vivido y medrado gracias a ella pretenden ocultar su muerte, para obtener los definitivos réditos políticos del temor que tantos años ha inspirado a los vascos y al resto de los españoles. Y esperan encontrar en el Gobierno estatal gente lo suficientemente oportunista o crédula que les permita consolidar su propósito. Por eso será bueno no fiarse de las apariencias. A veces, cuando uno compra filetes de aspecto apetitoso en la carnicería, sufre luego una decepción al encontrarlos duros y correosos en el plato. Se debe a que la res de que provienen estaba recién muerta y deberíamos haberlos ablandado un tanto antes de freírlos, golpeándoles con el rodillo. A ETA y su batallón de servicios auxiliares les ocurre algo parecido: como la banda está recién muerta -tan recientemente que quizá ni ella misma lo sabe todavía- se presenta correosa e indigerible a la hora del trato. De modo que las autoridades deberán seguir dándole enérgicamente con el rodillo de la legalidad hasta que se ablande como es debido. Sería en cambio un gran error servirla a la mesa - a la mesa de partidos o a la que fuese- tal como está ahora, aún tiesa por su reciente fallecimiento. Y preparada según la receta de un equipo de cocineros locuaces y tramposos, que lo único que pretenden es que se nos indigeste.

El viajero persa en España
J. M. RUIZ SOROA /ABOGADO El Correo 7 Octubre 2006

Pues sí, resulta que el tan socorrido viajero persa pasó por nuestro país precisamente en este verano de 2006 que hemos vivido. Venía dispuesto a estudiar los mecanismos que han proporcionado a las sociedades occidentales como la nuestra un sistema de reglas abstractas, impersonales e imparciales para gestionar eficientemente los conflictos que la azarosa realidad siempre plantea a los humanos.

Su atención quedó prendida, porque le afectó personalmente, por el alboroto caótico del mismo aeropuerto de llegada, en el que cientos de trabajadores aeroportuarios que consideraban en riesgo su puesto de trabajo habían invadido las pistas para impedir su funcionamiento. Grave conflicto y, por tanto, buena ocasión para comprobar cómo funciona en la práctica un Estado de Derecho, se dijo. Y, efectivamente, después de un periodo de reposo y análisis parlamentario de lo sucedido, los diversos actores políticos hicieron públicas sus conclusiones. La Administración responsable del funcionamiento del aeropuerto se consideró exonerada de cualquier responsabilidad por lo sucedido porque, según alegó, fue «algo imprevisible, inesperado, incomprensible y excepcional» (ministra de Transportes). Sin embargo, decidió sancionar severamente al empresario cuyos trabajadores actuaron así por considerarle autor de falta muy grave. Nuestro persa se sorprendió un poco: él creía que las sanciones se fundaban en el principio de culpabilidad, por lo que si el suceso era imprevisible e inevitable, malamente podía sancionarse al empresario. Pero por otro lado, se dijo, si hace unos meses los pescadores españoles bloquearon las bocanas de los puertos y paralizaron los accesos marítimos, y si nadie les sancionó por ello; y si los camioneros y los agricultores, desde tiempo ancestral, ocupan las carreteras cuando tienen problemas, y nadie les sanciona por ello; si eso es así, pensó, ¿cómo es que a estos españoles les parece imprevisible e inesperado que los trabajadores de los aeropuertos hagan lo mismo? Diría que era de lo más predecible, aunque deben de ser cosas de mi falta de lógica.

¿Y qué decía la oposición? Aquí sí quedó pasmado nuestro persa, al enterarse por vez primera del 'teorema socioeconómico de la identidad'. Si el aeropuerto lo hubieran dirigido catalanes y no castellanos, decía la oposición, nada habría sucedido. ¿Por qué razón, preguntó el viajero, existe por ventura alguna característica genética o cultural que influye en la gestión de los aeropuertos? Sus interlocutores le miraron con conmiseración. ¿No sabe usted, le dijeron, que hace ya años que Juanjo descubrió en Euskadi el principio social básico de que 'los pueblos con identidad tienen la propensión a hacer las cosas bien'? Pues eso, que el problema está en dejar la gestión de las cosas importantes a gentes sin identidad o con una identidad borrosa. Abochornado el persa ante su ignorancia de la moderna ciencia social occidental, intentó hacer pie en terrenos más firmes y seguros: bueno, pero supongo que a las personas concretas que invadieron las pistas les habrán sancionado, incluso les habrán despedido de su trabajo por la gravísima falta cometida. No sea tan estúpido, le respondieron, a esas personas se les ha dado lo que pedían y no es cuestión de castigarles: al pueblo trabajador no se le sanciona, se le aplaude por la heroica defensa de sus intereses y se le regaña un poco por el exceso de celo demostrado. Éste es otro principio social básico, entérese.

Todavía abochornado, nuestro viajero empezó a oler a chamusquina; era Galicia que ardía, como suele hacer un verano sí y otro también desde tiempo inmemorial. Acudió presuroso a recabar su opinión a los políticos de guardia, pero no encontró a nadie en su despacho pues todos se habían ido al monte a hacerse fotos con mangueras o con sudorosos bomberos. ¿Por Dios, buen hombre, le dijeron los conserjes, ¿es que no sabe usted que el procedimiento estándar ante cualquier suceso catastrófico es irse corriendo al lugar de los hechos con botas y palas (inundación), mangueras (incendios), monos blancos y guantes (chapapote) o caras de dolor y besos a las viudas (víctimas)? Pero, ¿no sería mejor que cada responsable se quedara en su lugar de trabajo cumpliendo sus tareas propias? Desde luego, le dijeron los conserjes, pero entonces el pueblo soberano no les votaría en las próximas elecciones, porque a la opinión pública le gusta ver a sus políticos con botas, mangueras, cascos y besos. Es otro axioma político inapelable.

Realmente curiosos los axiomas, pensó el persa, dispuesto sin embargo a enterarse por la prensa de las causas de la hoguera celta. La oposición decía estentórea: el problema es que hay que centralizar la lucha contra el fuego y no dejársela a los mandos locales (aunque resulta que los últimos dieciséis años en que ellos fueron los locales no se les había ocurrido hacerlo). Y, además, se ha aplicado en exceso el teorema identitario, porque no se ha contratado sino a gallegos para las brigadas, echando a la calle a los castellanos. Y así no se pueden apagar fuegos. El Gobierno tenía una opinión muy distinta: el problema es que «hay una banda de desalmados planificados estratégicamente que practican el terrorismo intentando causar daño y generar miedo en la población» (consejero de Medio Ambiente de la Xunta). «Los incendios están planificados por una trama de expertos» (ministro de Interior). No me digan, exclamó el persa asombrado; así que hasta este año los incendios seculares eran de etiología variopinta, pero no bien cambió el gobierno en la región, cambió también su causa. ¿No decían ustedes mismos desde la oposición, hace pocos años, que culpar a los pirómanos era criminalizar a la población y evadir las propias responsabilidades? Bueno, le dijo magnánimo Rubalcaba, usted ignora otro axioma social trascendental, que denominamos el 'principio de Humpty Dumpty', que no puedo ahora explicarle en detalle por ser sumamente sofisticado, pero que explica el cambio de perspectiva. Vale, vale, masculló el persa de nuevo abochornado, pero, dígame ¿por qué actúan los desalmados incendiarios? Fácil, le contestó un eximio intelectual gallego, «se trata de la venganza de una guerrilla insurgente contra la sociedad, que recientemente jubiló a la derecha que llevaba dieciséis años en el poder» (Suso de Toro). ¿Y hay pruebas de la existencia de esa banda de desalmados planificados, estrategas y expertos? No es necesario, le dijeron, en nuestro sistema policial se funciona al revés: el ministro dice lo que hay y la Policía encuentra las pruebas. Es un sistema que patentamos el verano pasado ('jefe, en el vídeo no hay agresión alguna'. 'No sea tonto, Gómez, si el señor ministro dice que le agredieron es que le agredieron') y que funciona a la perfección, por mucho que algún tribunal de justicia lleno de resentidos lo impugne.

No repuesto de su asombro, nuestro persa volvió su mirada a unos cayucos llenos de míseros inmigrantes que todos los días aparecían en las noticias de los medios. Admiró cómo la Administración española los acogía y asistía, pero de pronto quedó sorprendido por un gesto inflexible de la vicepresidenta del Gobierno: se acabó, dijo ésta, «todos los que entran así serán expulsados irremisiblemente». Pero, ¿por qué este cambio de política? ¿No regularizaron ustedes mismos a 700.000 irregulares hace dos años? Sí, le respondió Pepiño Blanco, pero es que «ya no caben más inmigrantes». Pues a los expertos económicos les parece que todavía caben muchos, observó tímidamente el persa. No ha entendido nada, le contestó Pepiño, donde no caben es en las pantallas de los televisores, porque dan mala imagen para el Gobierno; así que desde ahora sólo saldrán imágenes de expulsiones, los españoles estarán tranquilos, y votarán al Gobierno en las próximas elecciones. ¿O no sabe usted que lo trascendente en política es la gestión de la imagen de los problemas, no de los problemas mismos?

En su viaje de regreso el persa comentó a su vecino de asiento, un francés, por cierto, que los axiomas, teoremas y principios españoles no le parecían ni racionales, ni imparciales, ni mínimamente claros. Más bien le recordaban a las reglas de su bazar oriental. Bueno, le dijo el francés, es que están de verano y actúan quizás con un poco de alegre irresponsabilidad, pero en invierno es distinto. ¿Se vuelven razonables entonces, atisbó el persa con alivio? No, pero se ponen chaqueta y corbata, le respondió el gabacho.

Yo también quiero el modelo irlandés
Raúl González Zorrilla Periodista Digital 7 Octubre 2006

Para los ultranacionalistas vascos y para los fascistas de ETA-Batasuna, el modelo irlandés de fin del terrorismo es un referente fundamental e importante en cuanto al desarrollo formal del mismo, aunque no en lo que respecta a su consecuencias. Por el contrario, para cualquier ciudadano demócrata español que respete la Constitución, que defienda la superioridad del Estado de derecho y que confíe en la solidez de las instituciones, la fase final de la actividad criminal del IRA solamente tiene interés en cuanto a sus resultados, y muy poco en lo que respecta al desarrollo estético del mismo. Esto que señalamos, que aparentemente parece un gran acertijo, puede explicarse de una forma mucho más sencilla.

Lo que el nacionalismo vasco y lo que la organización terrorista ETA-Batasuna quieren mimetizar del proceso de paz puesto en marcha en Irlanda es lo que en el País Vasco no existe ni podrá existir de ninguna manera. Es decir, una negociación igualitaria entre dos bandos equidistantes; un proceso de reconciliación entre partes enfrentadas; un diálogo paritario entre los representantes políticos de los asesinos y el Estado democrático; una igualación perversa en foros, encuentros y conferencias entre víctimas y verdugos; y, en definitiva, el desarrollo de un proceso de olvido absoluto del pasado y de maquillaje de la historia con el único fin de poder aventurar un futuro de paz. Pero, curiosamente, lo que los ultranacionalistas vascos nunca dicen y lo que los terroristas vascos nunca asumen es que en absoluto desean los que han sido los únicos resultados obtenidos por la violencia criminal del IRA en Irlanda: más de 3.000 víctimas mortales, un país sin instituciones autonómicas, una comunidad con su Parlamento suspendido, una sociedad rota y envilecida abonada al surgimiento de numerosas mafias; un tejido económico empobrecido y una realidad en la que no solamente no se ha alcanzado ninguna reivindicación de los criminales sino que, actualmente, se encuentra bastante peor que cuando hace treinta años dio comienzo la actividad terrorista. Nada de todo esto gusta a los nacionalterroristas vascos y, por ello, se quedan en las formalidades del proceso.

Por el contrario, el único referente que ha de contemplar la democracia española en el fin de la violencia en Irlanda es este: después de más de treinta años de violencia terrorista, el IRA ha abandonado definitivamente las armas sin haber conseguido ni uno sólo de sus objetivos y habiendo logrado, eso sí, que incluso quienes han apoyado a los terroristas hasta el final se hayan convencido ya de su carácter ignominioso y brutal. Como en el caso irlandés, todos los demócratas debemos desear que el Gobierno español hable con los terroristas de ETA, más que nada para saber, tal y como ha ocurrido en el caso irlandés, dónde los criminales van a dejar las armas, cómo van a pedir perdón por todo el daño causado y cuándo, definitiva y públicamente, tal y como también ha ocurrido en Irlanda, van a transmitir su rechazo absoluto a la utilización de la violencia. ¿Alguien cree que este es el “proceso” que está impulsando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero?
Blog de Raúl González Zorrilla http://gonzalez-zorrilla.blogspot.com/

Rio Cabe
La Virgen al pilón
Serafín Fanjul Libertad Digital 7 Octubre 2006

No es un mero problema español: en otros países occidentales (con excepción de Israel y Estados Unidos) proliferan las voces de rendición, de propuestas acomodaticias, de cesiones de poca o mucha monta. Un día se manifiestan unos cientos de daneses, bien vestidos y comidos, contra la libertad de expresión en su país y aterrorizados ante la posibilidad de que unas caricaturas les estropeen la siesta, situándoles frente a una desagradable realidad que no quieren reconocer. Otro día son los vecinos holandeses de Ayaan Hirsi Ali –y la clase política, ojo– quienes exteriorizan su pánico por una proximidad tan peligrosa, bien aleccionados por el trágico fin de Theo Van Gogh, amigo de la chica. Luego, una nube de europeos (políticos, periodistas, "expertos" varios) que nada tienen que ver con la Iglesia Católica se muestran despavoridos –disfrazados de sesudos– por el famoso discurso del Papa en Ratisbona y sentencian que "como mínimo, se equivocó". Y la Ópera de Berlín, y un largo etcétera de ejemplos sangrantes de cómo las sociedades del continente se van cubriendo a sí mismas de indignidad y ludibrio.

Los terroristas musulmanes y la presión que ejercen sus complementarios "pacíficos" en la calle, en las instituciones y –nos tememos– en altísimos contactos financieros e inversores del mundo occidental, van ganando la batalla de acoquinar a unas poblaciones que viven razonablemente bien y tiemblan por el murmullo de las hojas de los árboles. Sin convicciones ni causas grandes que mantener, nadie quiere líos y menos ante un enemigo que sí sabe lo que busca y dispuesto a llegar a la ferocidad máxima en el sacrificio, el propio suicidio, si así se lo mandan los canallescos jeques que dirigen las bandas terroristas. La vertiginosidad de la información, simultánea en todos los puntos del planeta, ha multiplicado en progresión geométrica la eficacia de los nada sutiles ni subliminales mensajes de los criminales. La epidemia de terror –triunfante– que padece el mundo libre y desarrollado sigue avanzando, más impulsada por la cobardía de nuestra parte que por el valor de la contraria.

Pero España siempre es puntera: tan listos como somos, cuando ellos van, nosotros hace rato que descansamos después de la vuelta. Nos anticipamos al futuro y corremos solícitos a adivinar los deseos de los asesinos, no sea que se enojen y nos tilden de xenófobos. Si los islamistas deciden cometer un gran atentado en Francia, Alemania o Italia tres días antes de unas elecciones, aún estamos a tiempo de comprobar cuál será la reacción de la población afectada, si se rendirá como aquí, bendiciendo a sus asesinos mientras culpa al gobierno de la nación, o si conservará la conciencia de sus propios entidad y valores y votará lo que tuviera decidido. No se lo deseo a ningún país, pero en esas están y estamos. Nuestro caso, como casi siempre desde Carlos III, es más folklórico, más bullanguero y pueblerino, de política pequeña, manta y bota, ahora disfrazadas de electrónica.

Con poco aparato y menos ruido, alcaldes, concejales de cultura, diputaciones provinciales, consejeros diversos de muy variopintas regiones y ciudades, han ido bajándose nuestros pantalones, anticipándose a deseos que los moros –en no pocas ocasiones- ni siquiera han insinuado, fundamentalmente porque ignoraban que se estuvieran produciendo tan crudas injurias contra ellos y su profeta. Tan crudas y ofensivas como gritar en la granadina fiesta de La Toma el dos de enero "¡Granada por los ínclitos reyes don Fernando V el de Aragón y doña Isabel I de Castilla!". Y vinieron las cabezas de moros en el escudo de Aragón (finalmente enviado a la clandestinidad, en espera de su falseamiento), la pretensión de esconder al Matamoros en cualquier fallado de la catedral de Santiago, o el recorte, similar al de Granada, en las ceremonias conmemorativas de la Toma de Almería. Algunas de estas catetadas –por ahora– fracasaron, merced a las reacciones provocadas entre los vecinos y, a fuer de veraces, debemos añadir que con la decidida oposición de socialistas del lugar, caso de Granada, donde el anterior alcalde (un precursor de la Alianza de Civilizaciones: hará carrera en el PSOE) hubo de rectificar. En algún otro caso (el del Matamoros) nos cumple la no pequeña satisfacción de haber aportado un granito de arena, por microscópico que fuese, para detener el dislate.

Casi resulta ocioso explicar que la iconografía, las tradiciones orales, las fiestas y celebraciones son reminiscencias del pasado que responden a la lógica de sucesión de acontecimientos: si se despoja a la catedral de Santiago del Matamoros, toda la fábrica carece de sentido. Y la ciudad. Y el turismo y el comercio y hostelería que de él viven. Y, por supuesto, todo el culto jacobeo. Y si eliminar las cabezas del escudo aragonés implica desconocer que el reino se hizo en guerra continua contra los moros –con lo cual los habitantes actuales cayeron de los cielos o nacieron de las coles–, suprimir a Isabel y Fernando de la Toma de Granada significa ocultar cómo entraron la ciudad y su tierra en la modernidad, la posible en su tiempo, dentro de la miserable cadena de pruebas de oportunismo, de cobardía, de incultura que lastra nuestra vida a diario.

Otras veces he señalado que la literatura árabe, sobre todo la medieval, está plagada de insultos, amenazas y maldiciones contra los cristianos y es normal que así fuera y que así se mantenga porque corresponden a etapas históricas en que ideología y propaganda adoptaban esa vía de expresión pues otras no había. Y por tanto, esos monumentos literarios representan bien el pasado. Mutilarlos, falsearlos, endulzarlos sería un atentado contra la verdad y contra la historia que, desde luego, jamás suscribiremos. Pero cuanto vale para las tradiciones árabes también vale para las nuestras, en que hay –a diferencia de las suyas– iconografía y fiestas con representaciones humanas: allá ellos si por prejuicio religioso no han sido capaces de desarrollar estas facetas lúdicas y artísticas.

Ahora le toca el turno a las fiestas de Moros y Cristianos. En La Mancha, en Valencia, en Andalucía reflejan las larguísimas convulsiones que España sufrió durante un milenio, primero por la invasión islámica del siglo VIII y después por la indeseable vecindad de los piratas norteafricanos, eso que los cursis denominan "magrebíes". En esencia, la fiesta escenifica de modo jocoso y juerguista el triunfo inicial de los musulmanes, el posterior éxito de los cristianos con la expulsión de los enemigos y la exaltación de la Virgen o de un santo local como intercesores en el logro de la victoria sobre los contrarios, a la par que se execra la figura de Mahoma como responsable último de todo el desaguisado. No es una interpretación histórica rigurosa, claro, pero coincide con los sentimientos populares "de toda la vida".

Así ha sido durante cientos de años y en los últimos tiempos se le han ido añadiendo fantasías escenográficas y de vestuario cada vez más pomposas y acordes con los supuestos gustos de forasteros y turistas, pero básicamente el esquema se conserva intacto, dentro de un clima festivo, jaranero y divertido en el que la faceta de confrontación con el islam queda flotando como un puro recuerdo de decorado: de ahí no se sigue agresividad ninguna contra los musulmanes y, de hecho, los participantes que ofician de moros lo hacen con tanto o más gusto que sus antagonistas, es decir se identifican amistosa y cariñosamente con sus representados. Nadie tiene, pues, por qué ofenderse, a no ser que tenga muchas ganas de bronca, espoleado por una sociedad entre lela y cobarde que le está regalando todos los triunfos.

En algunos pueblos levantinos empiezan a mutilar el ceremonial de las fiestas "para no herir sensibilidades". Con la popa henchida de vientos de terror, confirman el éxito de las campañas terroristas en nombre del islam. Y si el presidente del Gobierno se rinde ante el terrorismo de la ETA, ¿por qué no van ellos a probar su listeza desvirtuando las fiestas de su pueblo, aunque eso signifique volverlas ininteligibles?
Por desconocimiento de la naturaleza del contrario descuidan un factor: las exigencias, en ese terreno y en otros, irán en aumento –sin dar nada a cambio, como de costumbre–, se tornarán cada vez más arbitrarias, irracionales y caprichosas y, so pena de verse tildados de xenófobos, islamófobos y racistas, los bienpensantes munícipes transfigurarán sus festejos hasta hacerlos irreconocibles, ajenos por completo a la tradición local (si dejan meter mano a los musulmanes en la organización, las fiestas se convertirán en un rollo infumable: garantizado). La Virgen acabará en el pilón o en el río, pero les aseguro: ni eso bastará a los de la sensibilidad herida.

El respeto y unas evidencias
Pío Moa Libertad Digital 7 Octubre 2006

Por razones de horario no suelo oír el programa de Jiménez Losantos, pero cada vez que lo oigo me da una alegría. Su virtud principal me parece la falta de respeto a lo que no es respetable. Contra lo que pregonan los meapilas seudodemócratas, el respeto es un bien económico, por tanto limitado, y no debe dilapidarse. Nadie puede respetar a todo el mundo, ni todas las opiniones, etc. Si usted respeta a la ETA, o a las payasadas de Zapo, Carod, Cebrián, Ibarreche o a Maragall, no puede respetar –solo fingirlo– a España, a la democracia o a las víctimas del terrorismo. De un modo u otro termina usted haciendo el juego a aquellos.

Cosa muy diferente es que esos enemigos de España y de la libertad tengan derecho a expresarse; por supuesto, se lo garantiza la misma democracia española que ellos intentan destruir. Pero cuanto más se expresen tales sujetos, más precisa y desconsideradamente debe ponerse en evidencia su extremada vileza.

Además, durante tres decenios esa gente se ha permitido manifestar su absoluta falta de respeto a todo lo que es respetable, con un estilo reveladoramente provocador, chabacano, macarril e intimidatorio. Y ha intentado silenciar, y silenciado a menudo, las voces críticas o discrepantes, Federico lo ha sufrido en carne propia. Desde la COPE nadie sugiere quitar la palabra al hipócrita mierdecilla Gabilondo, tan solidario de los mafiosos chequistas autores del video famoso. En cambio PRISA y el PSOE mantienen una campaña constante para asfixiar la voz libre y democrática de la COPE, de LD o de El Mundo. He aquí la diferencia. No se trata de imitar sus indecentes estilos, sino de replicarles con la máxima claridad y contundencia. Nada de respeto con lo que evidentísimamente no lo merece.
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Discrepo de García Trevijano en muchas cosas fundamentales, pero la evidencia es la evidencia:
"En nombre de la unidad de España, en nombre de su historia, en nombre de la libertad política y de la democracia, denuncio ante la opinión pública, a través del Movimiento Ciudadano por la República Constitucional (MCRC), las siguientes evidencias:

1. Zapatero ha cometido contra España el más grave atentado desde la guerra civil y ha destruido la legalidad de la institución parlamentaria. Aunque no ha cerrado las puertas del Parlamento y llevado las llaves en el bolsillo, como Cromwell.

2. Zapatero, al reconocer la penúltima aspiración de ETA, hace irrisoria la negociación con el terrorismo. Le ha pagado ya el más alto precio político que podía concebirse: el derecho nacionalista a separarse de España.

3. Zapatero ha cometido un delito de lesa Majestad, al violar el símbolo de la unidad y permanencia de España, que el artículo 56 de la Constitución atribuye a la Corona.

4. El Rey Juan Carlos, con su ominoso silencio ante el golpe de Estado de Zapatero, ha dado un golpe de Majestad contra la unidad de España y la institución parlamentaria, sin arbitrar ni moderar el funcionamiento regular de las instituciones (art. 56.1 CE).

5. El golpe de Estado de Zapatero y el golpe de Majestad de Juan Carlos, sitúan a las Fuerzas Armadas ante el mandato constitucional (art.8.1) de garantizar la soberanía y la independencia de España, de defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

6. El MCRC pide a las fuerzas armadas que hagan una declaración de principios, sin intervenir militarmente en el proceso. Este asunto lo ha de resolver la sociedad civil española, en su conjunto, mediante un movimiento político, cuando llegue el momento."

Antonio García-Trevijano
(Recogido del blog de Aquilino Duque "Vinamarina blogspot.com")

EL 11-M DEL 2008
POR ANTONIO PÉREZ HENARES El Ideal Gallego 7 Octubre 2006

El PP perdió el poder en el año 2004 por causa del 11-M y por el 11-M está, parece, empeñado en perder las elecciones de 2008. Obsesión suicida de un partido político empeñado en regresar a su peor escenario. Y por si alguna prueba les hiciera falta de la profundidad de su error solo tiene que mirar a sus rivales. Zapatero está feliz de que sea el 11-M el motivo de discusión. Y así no hablan de sus problemas y de su gobierno.

Por supuesto que no puede objetarse nada en absoluto de que se investigue en profundidad todo lo que rodeo al atentado. Que lo hagan los policías y los jueces y, por supuesto, su derecho tienen de hacerlo también los periodistas. Y si algún día hay pruebas fehacientes de que ETA tuvo algo que ver en el asunto no cabe duda que eso supondría un cataclismo. Pero por ahora ese atentado parece tener clara la autoría del terrorismo islámico. Lo que no significa, que en algunos tal parece, que ETA sea buena . ETA tiene sus manos ensangrentadas con mil muertos e intentos de masacres en fechas bien cercanas a aquellas, el atentado frustrado en la estación de Chamartín o la furgoneta de los 500 kilos de explosivo interceptada en Cañaberas (Cuenca). Pero investigar es una cosa y seguir situando aquello en el centro del debate político y parlamentario tan solo al albur de los titulares de un periódico, seguir insistiendo en la derivada política, es la más precisa manera de despeñarse en las urnas.

Lo que resulta más patético en la cuestión es que la población entera, dejando aparte a los enfebrecidos parroquianos de mitin, pancarta y rueda de molino, está queriendo saber, opinar y resolver muy diferentes asuntos, como en la cuestión de la emigración, donde lo más suave que puede decirse es que se les ha ido tanto de las manos que su única esperanza es que se anuncie temporal en el Estrecho y galerna en el Atlántico. También está el personal en lo fea que se está poniendo la cosa del proceso de paz . Encapuchados a tiros por los prados, presos coceando salas de justicia y amenazando a sus jueces y el terrorismo callejero sembrando de nuevo el miedo en Euskadi. Batasuna y ETA exigiendo lo que ningún gobierno de España puede conceder. Y si no, dicen, volverán a hablar las pistolas. Está el personal en esto del estatuto catalán y la sensación de que el lío gordo viene ahora, aunque un buen día Maragall deje de montar a cada paso una pajarraca. Porque hay más que fundada sospecha de que ese texto, que ya veremos si tiene un pase constitucional, va a ser con su consagración de desigualdades y privilegios entre los ciudadanos de un mismo Estado fuente continua de conflictos y en que callejón acaba esa fórmula zapateril, su bálsamo de Fierabrás de unir a base de separar. Asuntos estos y algunos más como esa desagradable cuestión de la inseguridad ciudadana, esa creciente sensación de que aquí el crimen campa cada vez mas a sus anchas, que paga poco y que reincidir sale gratis, son y deberían ser lo esencial en este momento de la acción de una oposición que mereciera tal nombre. Ahí es donde cumpliría una función esencial y donde podría perfilarse como la alternativa que hoy es difícil percibir. Está en todo ello el personal, pero el PP, o mejor dicho, el señor Zaplana, está en su cosa . El solo quiere hablar del 11-M. ¿Será masoquismo?.

Incompetencia e indiferencia
Editorial HERALDO DE ARAGÓN 7 Octubre 2006

EL GOBIERNO central se ha declarado "incompetente" en el conflicto de los bienes eclesiásticos aragoneses que retiene Cataluña. Los ministerios de Justicia y Cultura dicen que no están capacitados para intervenir en el litigio. El presidente Zapatero no ha respondido a la petición oficial que le hizo el presidente Iglesias solicitando su apoyo. Con motivo de las conversaciones entre el Gobierno y la Iglesia para cerrar el nuevo sistema retributivo, se esperaba en Aragón que los representantes del Ejecutivo vincularan la resolución del litigio a la negociación, pero no fue así.

Hay que subrayar que no se pide al Gobierno central que resuelva un asunto que no es de su jurisdicción, sino que, de Estado a Estado y a virtud de los convenios internacionales vigentes, inste al Vaticano a que ejecute el fallo por el que ordenó, hace un año, que los bienes volvieran a Barbastro-Monzón. Que el Gobierno no esté dispuesto a hacer esta gestión refleja una indiferencia por la tensión entre dos Comunidades cercana al desaire y un agravio comparativo, pues para devolver a Cataluña los documentos reclamados del Archivo de Salamanca incluso promovió una ley. El miedo a molestar al Gobierno catalán retrasó también el anuncio oficial del decreto de Roma hasta que los documentos de Salamanca no estuvieron en Cataluña. Se esperaba, con excesiva ingenuidad, que la Generalitat no pondría ya trabas a que Aragón recuperara lo suyo.

Mientras Zapatero calla y el Ejecutivo se declara incompetente y sin capacidad, Marcelino Iglesias habrá de viajar -políticamente solo- al Vaticano para exigir seriedad y congruencia. Y será tras las elecciones de Cataluña, cuya política condiciona a todas horas la agenda aragonesa.

Gobierno y ETA contactan en Oslo para abordar la negociación «armas por presos»
C. VILLAR MIR/ J. PAGOLA. OSLO / MADRID ABC 7 Octubre 2006

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y ETA han establecido ya contactos secretos en Oslo, con el conocimiento del Gobierno noruego, para iniciar las negociaciones que desemboquen en la erradicación definitiva del terrorismo a cambio de una salida gradual a la situación de los presos y huidos de la banda criminal.

Fuentes conocedoras del proceso consultadas por ABC señalan, dentro de la máxima cautela, dado que las conversaciones están clasificadas con el sello de «máximo secreto», que las delegaciones que representan al Gobierno y a la organización criminal podrían estar encabezadas por el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y el máximo cabecilla de ETA, José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, «Josu Ternera». Expertos antiterroristas, por su parte, ponen en duda que Eguiguren participe en la «negociación técnica», destinada, entre otros objetivos, a certificar el desarme de la banda, y lo ven más en el foro tripartito. Otra cosa, precisan, es que haya participado en los preparativos de los encuentros formales entre el Gobierno y ETA.

Fuentes del Ministerio de Exteriores noruego consultadas por ABC se limitaron a señalar que ni confirmaban ni desmentían la información.

Para la concreción de este primer encuentro formal ambas partes habrían contado con la mediación del Centro de Diálogo Henri Dunant, que tiene su sede en Suiza. Este organismo no gubernamental ya intervino en los preparativos para las reuniones preliminares que emisarios de La Moncloa y de la organización criminal celebraron en los últimos meses de 2005 en Ginebra y Oslo, y que abrieron paso al alto el fuego permanente anunciado por la banda el pasado 22 de marzo.

El «Arafat» de ETA
La escenificación de unas conversaciones formales en Oslo, con intermediación a amparo internacional incluido, satisface plenamente una tradicional aspiración de la banda terrorista. A los etarras les gusta reflejarse en la experiencia de otros «conflictos» con proyección internacional que se resolvieron en Noruega. De hecho, cuando Oslo fue escenario de las negociaciones encaminadas a lograr la paz entre palestinos e israelíes, desde Herri Batasuna se lanzó la consigna/propaganda de que ETAya tenía su «Yaser Arafat», en alusión al entonces interlocutor Eugenio Etxebeste, «Antxon», y que al Gobierno le faltaba proponer su «Isaac Rabin», entonces primer ministro de Israel. El fracaso en que se convirtió la «vía Oslo» para israelíes y palestinos empujó a ETA-Batasuna a reivindicar el modelo irlandés.

El plan inicial de Zapatero era que la «mesa técnica» que deben compartir el Gobierno y ETA para negociar «paz por presos» comenzara sus trabajos el pasado mes de agosto. La banda terrorista, sin embargo, ha ido demorando la cita con los emisarios de La Moncloa, ya que su pretensión de partida era que estas conversaciones coincidan con la mesa de partidos, cuya constitución este pasado verano aún estaba verde. La banda nunca se comprometería ante el Ejecutivo a abandonar definitivamente el terrorismo, aunque se le ofrezca un plan para solucionar la situación de presos y huidos, si no comprueba que en «tiempo real» los partidos firman en la otra mesa la autodeterminación para el País Vasco y Navarra.

El hecho de que ETA haya acudido ya a la cita con el Gobierno en Oslo para afrontar la negociación «armas por presos» podría ser reflejo de que considera que está madurando la constitución de su anhelada mesa de partidos. Significaría también, según interpretan los expertos antiterroristas, que «Josu Ternera» se ha impuesto a las tesis de Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», o, al menos, ha ganado tiempo para continuar con la estrategia negociadora, frente a los sectores partidarios de lanzar ultimátum con vistas a que el Gobierno haga concesiones antes de sentarse en una mesda.

Según distintas fuentes consultadas, el Ejecutivo y la banda tendrían dos o tres representantes en la «mesa técnica», un esquema parecido al previsto para el foro tripartito, aunque podrán disponer de un equipo de asesores, como ya ocurrió en las conversaciones de Argel, con Felipe González en La Moncloa, y en las de Suiza, con Aznar al frente del Gobierno.

Los asesores de «Ternera»
En este sentido, «Josu Ternera» ha ido constituyendo a lo largo de los últimos meses un equipo de interlocución formado por antiguos dirigentes de Batasuna. Entre ellos se encuentran su propio hijo, Egoitz Urrutikoetxea, así como Ainhoa Ozaeta Mendicute, que fue coordinadora en Guipúzcoa en la anterior mesa nacional, y el ex parlamentario en la Cámara de Vitoria Jon Salaberria. Los tres se encuentran en la clandestinidad, aunque ninguno de ellos tiene causas de gravedad con la Justicia española, lo que en cierta forma les «blinda» para moverse con cierta libertad en tiempos de negociación con los emisarios del Gobierno.

La AVT se manifesta en la cárcel de Soto del Real para recordar al Gobierno su oposición al acercamiento de presos
Ep - Madrid.- La Razón 7 Octubre 2006

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) se manifestará hoy en la madrileña cárcel de Soto del Real para recordar una vez más al Gobierno su clara oposición al acercamiento de presos al País Vasco y mostrar la «verdadera» cara de los terroristas de ETA encarcelados, según señaló su presidente, Francisco José Alcaraz.

Los asistentes al acto, que comenzó sobre las 11.30 horas, portaron pancartas con los rostros de «esos presos asesinos», cuyas fotografías «cada día son paseadas impunemente por las calles del País Vasco» como si fuesen «héroes».

Pero, en su afán de dar a conocer «internacionalmente» la «verdadera» cara de «los asesinos de nuestros familiares», los participantes de esta iniciativa también portarán pancartas con el historial delictivo de los terroristas.

De esta forma, explicó Alcaraz, con este acto, que se celebrará a iniciativa de un grupo de víctimas de la propia AVT, pretenden recordar al jefe del Ejecutivo que un posible acercamiento de presos a las cárceles vascas —»una exigencia» de la banda terrorista— supondría «ceder a su chantaje» y «pagar un precio político», puesto que, apuntó, «ya son muchas las personas que han sido secuestradas y asesinadas por esa política de presión». ste será el segundo acto que la AVT celebre tras la vuelta de las vacaciones estivales, después de que el pasado sábado se manifestara en Sevilla contra la política «de rendición» que lleva adelante el Gobierno en el proceso de paz.

«Txeroki» fue sometido a «juicio» por ETA
- Garikoitz Azpiazu, jefe del «aparato militar», tuvo que comparecer ante un «consejo de guerra» por haber criticado a la dirección de la banda en un escrito
- Cinco cabecillas formaban el «tribunal» que le «absolvió» por tres votos contra dos
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas La Razón 7 Octubre 2006

Madrid- Garikoitz Azpiazu, «Txeroki», que pasa por ser el máximo responsable del «aparato militar» de ETA y el supuesto jefe de una facción dispuesta en todo momento a romper el alto el fuego, es un individuo que, lejos de mantener sus convicciones, se arruga a la primera de cambio, se «baja los pantalones» y pide perdón casi de rodillas. Así se desprende de un acta de la banda, encontrada en poder del jefe del «aparato político», Miguel Albizu, «Mikel Antza», en la que se da cuenta, con todo detalle, del «consejo de guerra» a que fue sometido Azpiazu por haber criticado en un escrito a la «dirección» de la organización criminal. El acta, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, se titula «Informe sobre la crisis en el aparato militar» y recoge las intervenciones del propio Txeroki y de los cinco «jueces» que integraban el «tribunal»: «Ata» (Peio Esquisábel, detenido en Francia en abril de 2005), Aparra, Ilargi, Sahatsa y Otxando, todos ellos componentes del «comité ejecutivo». Fuentes antiterroristas consultadas por este periódico no pudieron identificar a quién corresponden los otros alias aunque, al ser miembros de la dirección, dan por supuesto que eran los responsables de los distintos «aparatos» de la organización criminal.

Fallo de seguridad
La reunión comenzó con una primera intervención de los citados dirigentes en la que formularon las «acusaciones»: «la aportación (el escrito enviado por Azpiazu) es una grave falta de seguridad porque el enemigo puede utilizarla como intoxicación y manipulación». Los cabecillas no entraban en si Txeroki tenía o no razón en sus críticas. Lo que les preocupaba es que sus vergüenzas internas pudieran ser conocidas por las Fuerzas de Seguridad y por la opinión pública.
Azpiazu admitió «el fallo respecto a la seguridad. No pretendía perder el respeto y tampoco ofender. Son patentes las carencias de formación política, los datos para hacer reflexiones y la información dentro de la organización (ETA). Ha sido una metedura de pata y no volverá a ocurrir», dijo.

A continuación, tomó la palabra el principal «acusador», Peio Esquisábel, segundo en el «aparato político» detrás del Mikel Antza. Llama la atención que este individuo fuera el que lanzara las mayores críticas cuando meses después fue detenido, en una lavandería de Caussade, cerca de Toulousse, cuando iba a recoger una bolsa con una pistola que había dejado olvidada.
Esquisábel acusó a Azpiazu de «falta de confianza en la dirección (de ETA), con una profunda crítica hacia la estrategia general y realizada con un lenguaje inadecuado. Ha cometido un gran fallo de seguridad al escribir una aportación de esas características porque el enemigo puede utilizarla para intoxicar y manipular». Asimismo, le imputaba haber hecho la «crítica olvidando las cosas positivas que se habían realizado».

Txeroki se justificó en que «tenía necesidad de hablar y reventé» pero, a continuación, empezó a hacerse la autocrítica, tan propia de las organizaciones marxistas leninistas, por la forma en que había transmitido sus «aportaciones». Consistían, en esencia, en una discrepancia general con la línea que seguía la izquierda abertzale; la planificación de los atentados, que se hacía «a la ligera»; que había una «gran distancia entre la dirección y los “comandos” y no se tiene en cuenta los criterios de los integrantes de los mismos»; y que «estamos cayendo en el coyunturalismo». También se quejaba de que no se había seguido la línea política marcada por la banda en 1998, durante la anterior tregua, cuando pretendieron una acumulación de fuerzas con los nacionalistas para imponer la independencia del País Vasco por la vía de los hechos consumados. Por todo ello, concluía que «la lucha de la dirección (de ETA) se está viendo frenada».

Reproches
A renglón seguido, aseguró que «tengo confianza en toda la organización, en que superaremos el mal momento que estamos pasando. Quiero seguir trabajando en ETA y aceptaré la decisión que se tome sobre mí», concluyó.

Esquisábel propuso «quitarle la responsabilidad (en el «aparato militar»), hacer un seguimiento de su evolución y cambiarlo de estructura para que empiece a trabajar».

Aparra fue el que intervino después. Insistió en que era «un gran fallo de seguridad haber escrito su aportación» porque el «enemigo» podía utilizarla. Azpiazu admitió el fallo y aseguró que la había redactado «en un mal momento. Ha sido un malentendido y consecuencia de la falta de atentados. No pretendía perder el respeto y tampoco ofender. Ha sido una metedura de pata y no volverá a ocurrir». Aparra propuso «no darle responsabilidad» y que continuara en el «aparato militar».

Las acusaciones de Ilargi fueron en la misma dirección y la respuesta de Azpiazu, en el mismo tono de arrepentimiento, que «ha sido un malentendido por la falta de atentados» y que «no volvería a ocurrir». Ilargi propuso que «siga trabajando en la estructura en la que se encontraba».

Sahatsa le explicó «la base, razones y objetivos del proceso de recepción de aportaciones», que, traducido al lenguaje de todos los días, significa la forma en la que los militantes de la banda pueden dirigir a la dirección sus críticas y sugerencias. Txeroki ni contestó. Y Sahatsa propuso que «continuara con la responsabilidad que ha tenido hasta ahora».

Segunda carta
Finalmente, Otxando le repitió las observaciones de los otros miembros de la «ejecutiva» y Azpiazu contestó que «he ido demasiado lejos en mis reflexiones» y anunció que ya había enviado una segunda carta en la que rectificaba lo dicho en la primera. Propuso que la militancia de Txeroki «siga en el aire. La decisión se adoptará definitivamente atendiendo a la actitud que muestre próximamente». Tres a favor de la continuidad de Azpiazu en el «aparato militar» y dos que ponían condiciones. Txeroki siguió en su puesto.

El acta del «juicio» de Txeroki, y otros documentos que se han incautado a ETA en Francia son los que, al parecer, han llevado a algunos analistas a valorar que la banda terrorista estaba en una crisis total y que el alto el fuego era la antesala de una rendición. El error de esas apreciaciones ya se ha puesto de manifiesta por lo ocurrido en los últimos seis meses.

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