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Recortes de Prensa     Domingo 15 Octubre  2006
ZP y Batasuna: Lo inquietante no es el contenido sino la sonrisa
Alfonso Basallo elsemanaldigital 15 Octubre 2006

El presidente le lanza un balón de oxígeno a los proetarras y se queda tan pancho y sonriente. Como acuñara Aznar, no se sabe si la sonrisa es de malignidad o de idiocia.

15 de octubre de 2006. A pesar de su sonrisa despreocupada, su buenrrollismo con los periodistas y esa sensación que transmite de que esto marcha sobre ruedas, lo que soltó Zapatero el Día de la Hispanidad en el Palacio Real es como para echarse a temblar.

Servidor sabe de lo que habla porque fue testigo directo de lo que se coció en el corrillo. Y lo más grave no era sólo lo que dijo, sino como lo dijo. Lo inquietante no es tanto el contenido, como la cara de felicidad con la que lo expuso.

Resulta que ZP lanza un nuevo balón de oxígeno al binomio Batasuna-ETA, al insinuar que "No problem" para legalizarse e ir a los comicios, sin especificar la condena explícita de la violencia; y entierra aún más el zarandeado cadáver de Montesquieu (al sugerir que los proetarras legalizados podrían irse de rositas a pesar de su pasado delictivo). Y sonríe, con esa dicha que no se sabe si atribuir a la "malignidad o la idiocia" que acuñara Aznar.

Y todo eso lo hace, la misma semana en la que, desde las mismas entrañas del socialismo, se perturba gravemente un proceso preelectoral, con el ataque de Martorell a Acebes y Piqué. Los fascistas, los reventadores de campañas electorales, los "camisas pardas" no son antisistema, no: salen de la camada del PSC.

Y todo eso lo dice, como si dominara la situación, con el aplomo del que lo tiene todo controlado. Cuando la coyuntura sugiere exactamente lo contrario: Lanza el guiño a Batasuna, cuando la cuerda abertzale se ha tensado hasta el extremo, cuando se han encendido ya las alarmas rojas: los tiros al aire de Oyarzun, las exigencias cada vez mayores y más perentorias de ETA, la intensificación de la kale borroka, las prisas de Batasuna, en una palabra, por llegar a coger el tren de las elecciones. Está claro que ZP cede, por que lo tienen contra la espada y la pared, porque se encuentra en huida hacia delante con el mal llamado "proceso de paz".

Y todo eso lo dice, con insensatez circense. Se cree el mago, que sacará el conejo de la chistera, como hizo con el Estatut, pero en realidad es el payaso del que ya se ríen quienes tensan la cuerda (Batasuna ha calificado sus palabras de "maniobra de despiste").

Tanta frivolidad, tanto circo, se termina volviendo contra él. ZP aún vive en el limbo de quien cree que basta manipular el lenguaje para moldear a tu antojo la realidad. Lo hizo con Cataluña (al llamarla nación); con la homosexualidad (al llamarlo matrimonio); y ahora quiere hacerlo con Batasuna, creyéndose que el cambio de collar (siglas y estatutos) puede cambiar también a los perros. No es así.

Como tampoco resulta sencillo que los jueces hagan la vista gorda con unos etarras o proetarras súbita y milagrosamente redimidos mediante la legalización. A menos que la división de poderes sea un camelo, Montesquieu esté a muchos metros bajo tierra, y la judicatura sólo sea un pelele en manos del Gobierno. ¿Lo es?

Batasuna y su «legalización»
Editorial ABC 15 Octubre 2006

LAS admoniciones del presidente del Gobierno sobre las circunstancias que permitirían a la izquierda proetarra contar con un partido legalizado y blindarse frente a acciones judiciales han causado una justificada polémica jurídica y política. Si Rodríguez Zapatero lanza a varias bandas -a la izquierda proetarra, pero también a los jueces- el mensaje de que una nueva Batasuna no tendría problemas con la Ley de Partidos y estaría inmunizada por causas judiciales anteriores, no sólo está asumiendo innecesariamente la carga de legalizar a quienes, a día de hoy, son ilegales porque forman parte de ETA, sino que también está anunciando la línea de actuación de su Gobierno en caso de que se den determinadas condiciones. En términos jurídicos, lo que afirmó Zapatero es, en el mejor de los casos, un ejercicio de voluntarismo desde todo punto de vista. Por lo pronto, está completamente fuera de lugar que el jefe del Ejecutivo se convierta en monitor jurídico de la izquierda proetarra, hipotecando el margen de actuación que debe conservar el Gobierno como único legitimado activamente -junto con el Ministerio Fiscal- para demandar judicialmente la ilegalización de un partido político.

En segundo lugar, la mera alteración estatutaria y nominal de Batasuna no implica la desaparición de los efectos de su ilegalización al amparo de la Ley de Partidos -especialmente, el fraude de ley en caso de que otra formación diera continuidad política a Batasuna- y de su actual suspensión cautelar, por aplicación del artículo 129 del Código Penal. Batasuna no fue ilegalizada ni suspendida por circunstancias coyunturales -como no condenar la violencia ante uno u otro atentado-, sino por su naturaleza de organización terrorista. Por eso, afirmar que la condena de la violencia daría vía libre a la legalización de un partido de la izquierda proetarra es una forma de confundir a la sociedad sobre la verdadera naturaleza del entramado batasuno, apéndice de la organización terrorista. En tercer lugar, ETA ha tenido legalizada durante veinte años una facción política, lo que demuestra la irrelevancia de los estatutos de un partido y del acto administrativo de su inscripción en el Ministerio del Interior para convalidarlo democráticamente.

Lo importante no es lo que la nueva formación nacionalista diga en sus estatutos, sino su vinculación orgánica y funcional con ETA, que es lo que ha llevado a Batasuna a su ilegalidad y disolución. La doctrina del Tribunal Constitucional sobre la Ley de Partidos no modifica este planteamiento, como ahora parece que el Gobierno pretende hacer ver, pues todas las sentencias dictadas hasta el momento -tanto por el Supremo como por el TC- han sentado una doctrina restrictiva sobre los requisitos para la ilegalización de un partido. Lo que resulta absurdo es que esa misma jurisprudencia que avala, punto por punto, la ilegalización de Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna y Aukera Guztiak sea ahora utilizada en sentido contrario para facilitar la vuelta a la legalidad, con las dosis oportunas de maquillaje, de quienes fueron expulsados del ordenamiento jurídico por la Ley de Partidos. Sólo una absoluta y total desvinculación del nuevo partido respecto de ETA y de su entramado político evitaría la aplicación de la ley, escenario que, en las condiciones actuales, es pura quimera.

Cuestión distinta es el mensaje político que ha emitido el presidente del Gobierno, en el que no hay imprudencia, sino cálculo medido, porque Rodríguez Zapatero es consciente de que la Ley de Partidos Políticos está muerta si el Ejecutivo o el Ministerio Fiscal decide no instar su aplicación judicial. Es a partir de este monopolio efectivo sobre la acción judicial de disolución de un partido como Rodríguez Zapatero se atreve a afirmar -y a pretender que la sociedad lo secunde- que una nueva Batasuna no tendrá problemas: no los tendrá simplemente porque el Gobierno no está dispuesto a que los tenga y siempre que la Sala Especial del TS decida no actuar de oficio en ejecución de la sentencia de 2003 contra Batasuna.
En lo que yerra el presidente es en su seguridad de controlar todos los resortes del Estado de Derecho para que ninguno interfiera en las decisiones políticas que soportan el proceso de negociación con ETA. Un nuevo partido de la izquierda radical no eximirá a ningún dirigente proetarra de sus causas penales pendientes. Es decir, Otegi, Permach, Barrena y compañía seguirán con sus procesamientos e imputaciones como integrantes de ETA y deberán responder ante la Audiencia Nacional. Pero también, llegado el caso, el nuevo partido estaría expuesto al Código Penal -como sucede en la actualidad con el Partido Comunista de las Tierras Vascas- y a las acciones populares de las asociaciones de víctimas.

SE PERFILA EL PUNTAPIÉ
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 15 Octubre 2006

El bochinche de Martorell inquieta por varios motivos. En primer lugar, se confirma la degradación de Cataluña, una región que empieza a no dar los mínimos exigibles en una democracia normal. Preocupa, en segundo lugar, el protagonismo que en el lance ha tenido el PSC. Es cierto que el militante comprometido en los incidentes ha sido separado del partido, con la urgencia que su desafuero merecía. Pero como bien editorializaba este diario, la sazón electoral no dejaba alternativas.
El episodio de Martorell complementa y culmina un proceso que tiene precedentes claros en el pacto del Tinell y en la campaña referendaria que identificó a los populares con los enemigos de Cataluña. En ambas ocasiones fue protagonista el PSC y en ambas el mensaje fue claro: la derecha nacional no tiene derecho a existir por encima de la raya que dibuja el Ebro. Para colmo de males, Zapatero volvió a meter la pata o a tener muy mala suerte. Al mismo tiempo que caían las piedras sobre Piqué, Acebes y compañía, el presidente apoyaba al candidato Montilla en Sabadell. ¿Le llegó o no la noticia del incidente de Martorell? El caso es que afirmó, llevado de la euforia que suele arrebatarle en los ambientes mitineros, que él, al contrario que otros líderes, se sentía muy cómodo en Cataluña. El comentario toca una fibra sensible en quienes no han perdido por completo la memoria. No me refiero a la histórica, sino a la de mero lector de prensa diaria. Hace año y pico, Zapatero se negó a condenar las manifestaciones que ante las sedes populares habían tenido lugar en el 13-M. Llueve sobre mojado, por expresarlo con suavidad. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?

Cabe manejar hipótesis varias. En mi opinión, la personalidad volátil del presidente ha jugado un papel no menor en el desaguisado. En el último entran, por supuesto, otros muchos ingredientes: el contexto en que se verificó la victoria electoral, los apoyos con que ha contado el PSOE en el Parlamento, la explotación poco responsable de los cabos sueltos dejados por el sumario del 11-M y también el desgobierno del propio PP, que no atina con la brújula de marear. Pero de todas las hipótesis, la más fascinante es la que intenta explicarse el desbarajuste enorme a partir de la estrategia que presuntamente eligieron los socialistas para ganar el centro. Recordemos cómo se quiso ganar el centro, si es que existió alguna vez -mi escepticismo va en aumento- semejante propósito.

La idea de los socialistas, al parecer, consistía en radicalizar a la derecha radicalizándose ellos primero. Lo siguiente era volver grupas y ocupar del todo el centro huérfano. Si la derecha se rompía mientras tanto en dos, miel sobre hojuelas. Nos hallamos en grado de decir que esta estrategia, ya haya sido real, ya meramente imaginada, no sólo no ha funcionado, sino que estaba condenada a no funcionar. ¿La causa? Las radicalizaciones, incluidas las tácticas, se retroalimentan de modo fatal. El que eleva la voz provoca una subida general del tono acústico, con lo cual se van habilitando espacios crecientes para los que más gritan y relegando a un segundo plano a los que chillan menos. Pasado un rato los partidos, envueltos en un movimiento que es simultáneamente ofensivo y defensivo, se compactan alrededor de sus núcleos duros y lo que ocurre entonces no es que el centro quede a disposición del que quiera recogerlo, sino que desaparece como opción objetiva.

Rajoy, uno de los hombres más genuinamente tranquilos que nos ha deparado la política española, ilustra el fenómeno a las mil maravillas. En este instante, el líder popular se debate entre la necesidad de no enajenarse a una derecha cada vez más enfadada y la esperanza de completar sus efectivos con alianzas que le proyecten extramuros de sus ochos millones de votos fijos. Rajoy, que es un hombre inteligente, habría sabido explotar sus virtudes idiosincrásicas en un clima de paz civil. Pero ahora es un político agobiado, con dificultades para encontrar un sitio bajo el sol.

A la vez, claro está, el PSOE se ha desorbitado y recorre sin rumbo los vastos espacios interestelares. ¿Cómo aspirar al centro izquierda cuando se ha denunciado en Estrasburgo la Transición, que es lo mismo que decir que las circunstancias en que se redactó la Carta Magna convierten a ésta en parcialmente ilegítima? ¿Cómo centrarse si no se está seguro de lo que se va a conceder a ETA? ¿Cómo seducir al votante no ideológico, si se está subvirtiendo el Estado sobre la marcha? Colocarse en un centro virtual por el procedimiento de clamar que la derecha es «extrema derecha» representa, o una astucia infantil, o una forma de delirio. El PSOE ha perdido el centro, lo ha perdido con contumacia. Lo del «abrazo de civilizaciones» era una frase bonita, envuelta en el celofán que se usa par los productos de exportación. De puertas adentro, se perfila el puntapié.

Ni sí ni no: indiferencia
IGNACIO CAMACHO ABC 15 Octubre 2006

EL día del referéndum del nuevo Estatuto andaluz, que si nadie lo remedia será el 25 de febrero, pienso dedicarlo a cualquier actividad que considere enriquecedora para el cuerpo o el espíritu; si hace buen tiempo saldré a disfrutar de las penúltimas luces del invierno, y si hace malo me proveeré de libros y de música. Lo que de ningún modo tengo previsto es acudir a votar en esa mascarada con la que la Junta de Chaves pretende hacernos creer que se le ha quedado corta una autonomía que durante 25 años ha utilizado para construirse un cortijo político.

A Andalucía no le hace ninguna falta un nuevo Estatuto, habida cuenta de que no ha terminado de cumplir el antiguo. El autogobierno logrado en 1981, tras una vigorosa batalla por la igualdad territorial, ha servido para que el PSOE instaure un régimen de dependencia, despilfarro y clientelismo, que ha copiado los peores defectos del sistema centralista al que vino a sustituir. La Junta ha sido incapaz de vertebrar una mínima conciencia regional, hundida en el pantano de los localismos, y ha convertido la autonomía en un sindicato de intereses para el que ahora reclama más dinero y más competencias bajo el pretexto de que las ha conseguido Cataluña. Un poder andaluz serio y efectivo jamás habría permitido el demarraje catalán, consentido por sumisión de Chaves, que entre su partido y su pueblo eligió defender a su partido. La larga permanencia socialista en el poder ha acabado derivando en un problema de salud pública, y desde luego lo último que pienso hacer es otorgarle con mi voto más margen para su virreinato perpetuo.

Para colmo, se nos pretende convencer de que Andalucía es una «realidad nacional», fantasmagórica construcción dialéctica, que no ideológica, destinada a maquillar la desigualdad abierta por el Estatuto de Cataluña. Semejante superchería debería sonrojar a quienes no han logrado siquiera una realidad regional adecuadamente cohesionada, pero se trata de una trampa para envolver en ella al PP y presentarlo como enemigo de la autonomía, falacia que hasta ahora ha funcionado admirablemente gracias a un aparato de propaganda dotado de superlativa eficacia. Quizá por eso los populares de Javier Arenas están obligados a buscar un consenso que no les descuelgue, aspecto que sus jerifaltes de Madrid no acaban de entender porque jamás han comprendido la razón por la que siempre pierden en Andalucía. Pero esos encajes tácticos deben limitarse a las necesidades de supervivencia política. Los que no tenemos que andar en el alambre de la liza electoral nos podemos permitir el lujo de pasarnos el envite por el arco... de la Macarena.

Decir que no a esta propuesta sería un esfuerzo estéril y melancólico; no merece la pena ni acercarse a negarla, lo que por otra parte serviría al PSOE para victimarse y erigirse en defensor de una Andalucía en la que nunca ha creído de veras. No hay respuesta mejor que la indiferencia; que se ocupen de la autonomía los que viven de ella.

El valiente artículo de Pedrojota
Periodista Digital 15 Octubre 2006

(PD/Agencias).- La carta, como todas las que publica los domingos, es larga y acerada; como un puñal. El director de El Mundo, fiel a su personalidad, comienza hablando de si mismo y de la ocasión en que ETA estuvo a punto de matarle, pero lo importante viene después, cuando abre en canal al Gobierno Zapatero y subraya la vergüenza que intenta perpetrar facilitando la salida de la cárcel del asesino José Ignacio de Juana Chaos.

[El etarra De Juana Chaos.] Para encuadrar la calaña moral del etarra, al quien el obediente fiscal intenta rebajar la pena de 96 años a sólo seis, Pedrojota Ramírez hace referencia a la la carta que De Juana Chaos escribió a una amiga, inmediatamente después del asesinato en Sevilla del matrimonio Jiménez Becerril.

En la misiva hay un párrafo en el que el asesino hace referencia a los familiares y amigos de aquella joven pareja que dejaba tres huérfanos: "En la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y terminaremos a carcajada limpia".

"Me estoy tragando todas las noticias de la ekintza de Sevilla (así llaman los etarras a los asesinatos). Me encanta ver las caras desencajadas que tienen... Con esta ekintza ya he comido yo para todo el mes. ¡Perfecta! Ahora están recogiendo el sufrimiento que desde hace décadas vienen repartiendo entre los presos, y eso que todavía seguimos siendo monjitas de la caridad".

"El día, que sin duda llegará, aunque todavía falte un poco, en que actuemos como lo hacía el Irgun judío contra los ingleses, el FLN argelino contra los franceses, o el IRA contra los británicos, ese día ganaremos como ganaron ellos. ¿Acaso les importan a ellos los niños cuando son los nuestros? Pues no tenemos nosotros hijos huérfanos o que no pueden ver a sus padres por la dispersión... Y los nuestros no tienen pensiones ni la vida resuelta como la de ellos. ¡Qué asco!".

"FALTAN PRINCIPIOS Y SOBRAN JUGLARES"
Pedrojota sugiere que en ese párrafo hay una premonición de atentados como los del 11-M, pero lo relevante de su mensaje va dirigido a quienes "han participado ahora en la inmoral componenda que ha puesto fin a la huelga de hambre del autor".

A este Gobierno le faltan los principios, pero le sobran los juglares. ¡Cuánto sonrojo produce leer que lo planteado hace un año, cuando López Aguilar sacaba pecho por la contundencia de la Fiscalía, era insostenible "por su manifiesta exageración y falta de proporcionalidad"!
¿No ha sido acaso mucho más "exagerado" y mucho más "falto de proporcionalidad" que aquellos 3.000 años de merecida reclusión hayan podido subsumirse en 18 y que, a la hora del finiquito, a este individuo ni siquiera le venga a salir por un año de cárcel el precio de cada asesinato? Claro, pero la ley es la ley. De acuerdo: la de entonces y la de ahora".

"Lo que además de estúpido resulta indecente es pedir que no recaigan todos los nuevos rigores legales sobre quien se encuentra a punto de beneficiarse tan escandalosamente de las viejas laxitudes".

Bajo el título "Por quien caduca ya su valentía" (€), un implacable Pedrojota subraya la rendición del Ministerio Público -ergo del Poder Ejecutivo- bajo el peso de un chantaje. No entra a fondo en la farsa que ha sido toda esa supuesta huelga de hambre, durante la que el etarra se hartó de comer jamón de York y de beber zumos de frutas, pero insiste en que lo ocurrido es sólo "un espeluznante síntoma de la debilidad con que se enfoca cuanto comenzará a suceder ahora".

Hace exactamente un cuarto de siglo Margaret Thatcher tuvo que afrontar un reto similar con tres importantes diferencias: Bobby Sands era mucho menos sanguinario que De Juana (sólo estaba condenado a 14 años por participar en un tiroteo contra la policía), perseguía algo relativamente simbólico (el derecho a vestir ropas civiles como expresión de su pretendido carácter de preso político) y la suya era una huelga de hambre sin trampa ni jamón (a sus 28 años entró en coma en menos días de los que ha aguantado sin demasiadas complicaciones este Aníbal Lecter cincuentón). Pues bien, la Dama de Hierro ni parpadeó: "El crimen es el crimen. Conceder ese status político supondría otorgar una licencia para matar a hombres, mujeres y niños. Por eso no se lo daremos nunca".

DE CÓMO HIZO THATCHER CON EL IRA
Para quienes lo hayan olvidado, hay que resaltar que cuando eran ya nueve los terroristas del IRA que habían seguido el camino de Sands, la siempre enérgica Margareth Thatcher fue por cuarta vez Ulster y afirmó en televisión:

"Es a ellos a quienes les corresponde acabar con esto. Son ellos los que están siendo inflexibles, intransigentes, en la forma fría y brutalmente cínica en que se están comportando".

Cuando el periodista alegó que daba la impresión de ser "inflexible", ella replicó:

"Sí, en el respaldo del imperio de la ley, en la defensa imparcial de las personas, en la determinación de hacer frente a la violencia, es cierto que soy inflexible".

Explica Pedrojota en su artículo que sólo llevando a las filas del IRA el convencimiento de que jamás obtendrían nada por la fuerza, fueron posibles los acuerdos de Stormont que implican la restauración en Irlanda del Norte de un nivel de autonomía infinitamente menor que la que nadie se ha atrevido a cuestionar al País Vasco ni siquiera durante los espasmos más sangrientos de ETA.

Y añade que, "si se quieren equiparar ambos procesos", empecemos por nivelar las competencias de uno y otro parlamento autónomo, porquer "no es de recibo es pretender estar al plato y a las tajadas, acogiéndose a cada comparación sólo en lo favorable".

En la España de Zapatero se ha primado la vida de un ser repulsivo con la vana pretensión de proteger el proceso de los tantarantanes de la kale borroka, y al hacerlo se ha transmitido al enemigo un terrible mensaje de debilidad. ¿Qué fue de aquella presunta firmeza moral del promotor del pacto antiterrorista que prometía a sus compañeros vascos que jamás traicionaría la memoria de las víctimas?.

Cervantes, catalán
Manuel Molares do Val Periodista Digital 15 Octubre 2006

Los intelectuales independentistas catalanes dicen haber descubierto una conjura contra su cultura: Cervantes era barcelonés, pero los castellanos, siempre imperialistas, hacen creer que nació en Alcalá de Henares.

Peor aún, aseguran que la confabulación castellana hizo desaparecer una primera edición del Quijote porque estaba escrita en catalán.

Un complot en el que tuvo que participar un traidor gallego, el Conde de Lemos, a quien el escritor le dedicó el Quijote, y cuyos dominios lucenses, cercanos al Bierzo, le dieron el apellido Cervantes.

Los castellanos ya habían hecho igual falsificación con Colón: prefirieron que se le considerara genovés antes que de Barcelona, según los mismos nacionalistas.

Las conjuras castellanas, pues, le han robado a Cataluña glorias como la cervantina y la colombina, lo que explica que numerosos nacionalistas se nieguen a considerar suyos a sus paisanos que escriben en castellano, idioma traidor a su Nación.

Esos patriotas exigen ahora que se rechace la participación de catalanes que escriban en castellano en la próxima feria de libreros de Francfort, la más importante del mundo, y en la que está como invitada especial la literatura catalana.

No quieren que Marsé, Cercas, Ruíz Zafón, Mendoza, Azúa, Espada, los Goytisolo y decenas de otros autores estén allí.

Parecida idea patriótica tienen muchos nacionalistas gallegos: niegan su galleguidad, porque la mayoría de su obra está en castellano, a Cela, Valle-Inclán, Cunqueiro, Camba, Fernández-Flórez, Torrente Ballester y tantos otros que desvelaron el espíritu de Galicia.

El País Vasco es distinto: de allí sólo pueden considerarse escritores de mediana o buena calidad a los que tienen obra en castellano. Pero, desconfiemos: que no exista vasco literario respetable o simplemente reseñable en una antología tiene que deberse también a otra conjura castellana.

¡Pobres castellanos, infelices, que siempre seréis acusados de las necedades y complejos de los demás!

Un partido realmente demócrata
Francisco Rubiales Periodista Digital 15 Octubre 2006

Conscientes de que el centro está vacío, que la política española está podrida y de que sociedad española está demandando democracia, algo de lo que carece, un grupo de gente que se siente heredera de la antigua UCD de Adolfo Suárez, el único partido político español, desde la muerte de Franco, del que puede decirse que fue realmente democrático, ha creado el Centro Democrático Liberal (CDL) y se ha lanzado al mercado político con capacidad de sorprender y de generar ilusión.

Por el momento, están reclutando por toda España a gente honrada y sin contaminar, muchos de los cuales militaron en UCD. Más adelante, harán cosas insólitas que ningún partido español actual se atreve a hacer: recurrir al ciudadano, abrir mesas en la calles para demandar la supresión de esas antidemocráticas listas cerradas y bloqueadas que tanto gustan al PSOE, al PP, a Izquierda Unida y a los nacionalistas, y reivindicarán "democracia" para España.

Son lectores ávidos de Voto en Blanco y, recientemente, me entrevisté con Ignacio Expósito, secretario general, y con Eduardo de la Pascua, vocal, en Sevilla. Fueron suficientes treinta minutos para descubrir que el del CDL es un proyecto limpio, sano, auténticamente democrático, alejado del hedor que contamina hoy la vida de los grandes partidos españoles, obsesionados por el poder, ajenos al servicio, abiertos a la componenda y la corrupción.

Su secretario de juventud es Ramón Villaplana, un tipo que merece la pena conocer. Tiene un blog llamado El joven centrista. Visítelo.        www.VotoenBlanco.com

No pudieron elegir
Esaú Martín Antón/Amurrio-Álava Cartas al Director ABC 15 Octubre 2006

Con cierta ingenuidad, he tenido esperanzas de que algún día los dirigentes nacionalistas vascos mostrasen algún tipo de cercanía a las víctimas del terrorismo. La escenificación por parte del lehendakari de pedir perdón a las víctimas por el olvido que hayan podido sentir se ha demostrado, una vez más, como un montaje carente del más mínimo escrúpulo. Nuevamente se ríen de ellas y muestran más preocupación por los asesinos. Lo último lo escuchábamos de boca del consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, refiriéndose a la huelga de hambre de De Juana Chaos: «Un deterioro de salud como está sufriendo este hombre nos preocupa a todos, también al conjunto de la sociedad y a las propias instituciones».

Como algunos, que llevan más de 25 años en el poder, están acostumbrados a creerse que toda la sociedad vasca es un batzoki, debo aclarar algunas cosas. No todo el País Vasco es nacionalista, y no todas las instituciones están gobernadas por nacionalistas. También estamos los que no empatizamos con los terroristas y a los que no nos preocupa en absoluto que el asesino de 25 personas se niegue a comer. Es una decisión suya y tiene opciones entre las que elegir. Sus 25 víctimas no pudieron escoger entre vivir o morir. Ya que desea 'humanizar el conflicto', deje de preocuparse tanto por los terroristas y guarde un poco de su tiempo y de su humanidad para visitar a las 25 familias, a las que a buen seguro no les habrá hecho ninguna gracia que, desde la poltrona de su cargo, se hagan unas declaraciones tan irresponsables.

SEGÚN MAYOR OREJA
La anexión de Navarra al País Vasco está hecha

Elsemanaldigital 15 Octubre 2006

Acebes echa el freno a Zapatero y Barrena se raya con el "diálogo"
Mensaje a Zapatero: demoledora encuesta sobre el "proceso"

El ex ministro de Interior de Aznar ha asegurado que aspectos como la absorción de la Comunidad navarra al País Vasco y la legalización de los proetarras ya están resueltos.

14 de octubre de 2006. El eurodiputado del PP y ex ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, aseguró hoy que la adhesión de Navarra al País Vasco y la legalización de ETA en los ayuntamientos vascos son aspectos de la negociación que "no sólo están pactados, están resueltos".

El representante del PP hizo estas declaraciones en una entrevista en la Cadena COPE en la que analizó la propuesta presentada por su grupo en la Eurocámara a la votación del 25 de octubre en la que el grupo socialista demanda el apoyo del Parlamento europeo al proceso de diálogo con ETA.

Según Mayor Oreja, la propuesta popular trata de recordar "la esencia del proceso que algunos llaman de paz y que nosotros decimos que es un proceso en el que la autodeterminación de una parte de España es su única esencia".

Para el ex ministro del Interior es "un disparate buscar el apoyo del Parlamento europeo en esta materia" por lo que acusó al Gobierno de buscar sólo "dar la imagen de que el PP está en solitario en Europa" pero advirtió que "les va a salir el tiro por la culata porque la eurocámara se va a dividir igual que el Congreso de los Diputados".

Según Mayor Oreja, "para ETA el proceso de paz es el de la autodeterminación" ya que de los tres hitos esenciales que persigue es el único que le falta, tras haber resuelto ya la legalización de Batasuna y la adhesión de Navarra al País Vasco.

Finalmente, el eurodiputado popular, aseguró que lo único que persigue el gobierno con todo este proceso "es ganar las elecciones".

"ETA NO HA ANUNCIADO SU DISOLUCIÓN NI HA ENTREGADO LAS ARMAS"
Vidal Cuadras dice que pretender que "el Europarlamento dé su bendición" al proceso con ETA "nos parece inadmisible"
El eurodiputado del PP ha declarado en Cadena COPE que el PSOE pretende que el Europarlamento "apruebe una resolución como si aquí todo fuese muy bien y como si el mal llamado proceso de paz estuviese discurriendo de la forma más positiva". Vidal Cuadras cree que la banda terrorista no ha "cumplido ninguna de las condiciones" ya que "ni ha anunciado su disolución ni entrega las armas, la violencia se recrudece y sus líderes se mantienen desafiantes". Cree que ha sido un " error tremendo" llevar este tema a Estrasburgo y ha revelado que en la UE no "acaban de entender" como el Gobierno de un Estado miembro "en un proceso de inestabilidad y división interna" no sólo no ataje ese proceso "sino que asista complaciente a esta deriva absurda".
Libertad Digital 15 Octubre 2006

El vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal Cuadras, ha declarado en los micrófonos de la Cadena COPE que los eurodiputados populares están "haciendo un trabajo de explicación de la realidad de la situación".

Al eurodiputado le parece "inadmisible" el "pretender que el Parlamento dé su bendición al proceso" como "si aquí todo fuese muy bien y como si el mal llamado proceso de paz estuviese discurriendo de la forma más positiva". "Ni ETA ha anunciado su disolución ni entrega las armas la violencia se recrudece y sus líderes se mantienen desafiantes", ha declarado Vidal Cuadras.

El político popular asegura que los de su grupo están "haciendo un trabajo de explicación de la realidad de la situación". "Los que están informados -desafortunadamente no son todos- se llevan las manos a la cabeza. Para la UE, desde una perspectiva comunitaria, el hecho de que un Estado miembro esté en un proceso de inestabilidad y división interna y que el gobierno no sólo no lo ataje sino que asista complaciente a esta deriva absurda, no lo acaban de entender", dice Vidal Cuadras. "Imagine lo que piensa un diputado francés cuando ve la actuación de nuestro gobierno".

Según Cuadras, llevar la negociación con ETA "al Parlamento Europeo ha sido un error tremendo". Cree que "llevar esta imagen de división nos debilita y no nos hace ningún favor" y además "legitima a ETA como un actor internacionalmente reconocido, como un interlocutor de igual a igual con el Gobierno". "Cómo no se da cuenta este Gobierno. Me pellizco y no acabo de entenderlo. El Gobierno debería defender a España y no tener otro objetivo que aumentar nuestro prestigio. Que se dedique a deteriorar nuestro prestigio es algo absolutamente incomprensible", dice el popular.

Respecto a las elecciones catalanes, Vidal Cuadras cree que "en Cataluña lo que se respira es que el cambio es que CIU va a ser la fuerza más votada". "Se apunta en todos los sondeos. Aparte de eso, lo demás está abierto. Los objetivos del PP son conseguir sumar con CiU una mayoría absoluta, crecer en escaños y recuperar si es posible posiciones en el ranking. Y está la incógnita de Ciudadanos que no se sabe lo que va a pasar con ella. Lo sabremos el 1 de noviembre", cree Vidal Cuadras.

Las «rebajas» de la Fiscalía
El Ministerio Público ha recortado con la tregua sus peticiones de pena a acusados de violencia callejera y de colaborar con la banda terrorista
R. Coarasa / F. Velasco La Razón 15 Octubre 2006

MADRID- Apenas diez días antes de que ETA declarase el alto el fuego, el futuro de Arnaldo Otegi, en libertad bajo fianza, se oscurecía por momentos. El juez de la Audiencia Nacional acababa de citar como imputado, por segunda vez en diez meses, al portavoz de la ilegalizada Batasuna, a quien consideraba uno de los inductores de los desórdenes durante la jornada de huelga ilegal convocada por la izquierda abertzale el pasado 9 de marzo en el País Vasco y Navarra. Y por si fuera poco, el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, anunciaba que la Fiscalía pediría prisión incondicional para Otegi en su comparecencia ante Grande-Marlaska. Preguntado sobre si ese criterio podría afectar al anuncio de una posible tregua por parte de ETA -que revoloteaba ya en los mentideros desde hacía meses-, Conde-Pumpido fue categórico: «No es cuestión mía. El fiscal general aplica la ley y no está, absolutamente, en ningún otro tema».

Sin embargo, horas después de que ETA declarase el alto el fuego, sus palabras presagiaban ya un cambio de criterio. No en balde, el fiscal general sugirió que la petición de prisión incondicional para Otegi merecía una «reflexión serena desde la perspectiva de las nuevas circunstancias en las que nos encontramos».

Fianza para Otegi
Dicho y hecho. El 29 de marzo, el líder batasuno compareció en la Audiencia Nacional y la Fiscalía pidió al juez que Otegi pudiera eludir la prisión pagando 100.000 euros de fianza, una cantidad que Grande-Marlaska elevó a 250.000. Para el fiscal Jesús Santos no existía riesgo de fuga ni de destrucción de pruebas y la obligación de comparecer diariamente ante la Ertzaintza disminuía la posibilidad de que volviese a delinquir.

Éste fue, sin duda alguna, el mayor exponente de la rápida adaptación de la Fiscalía a la «nueva situación», pero no el único. En los últimos meses, en varios juicios contra el entorno etarra, el fiscal de turno ha modificado a la baja las peticiones de condena y en algún otro incluso se ha alcanzado un acuerdo con las defensas de los acusados. El próximo «botón de muestra» llegará con el juicio a José Ignacio de Juana Chaos el día 27. El etarra se enfrenta a 96 años de cárcel, pero la Fiscalía considera desproporcionada esa petición de condena por unas supuestas amenazas a funcionarios de prisiones en dos artículos publicados en el diario abertzale «Gara» y está dispuesta a reducirla considerablemente durante el juicio.

Una condena reducida
El pasado 1 de junio, sin ir más lejos, ocho presuntos colaboradores de cinco «comandos» etarras se sentaban en el banquillo acusados de pasar información sobre posibles atentados. Además, algunos de ellos habían ocultado armas y explosivos para los terroristas en sus domicilios.

Ese mismo día, Otegi «visitaba» la Audiencia Nacional por orden del juez Grande-Marlaska. El líder batasuno bajó a saludar a los familiares de los acusados antes del juicio. Y les dio suerte. La Fiscalía pedía para ellos 136 años de cárcel, que finalmente redujo a 61 al alcanzar conformidad con las defensas. La principal acusada, Oihana Baquedano, vio reducida su pena de 28 a 18 años de prisión.

Un mes después, el 6 de julio, la sección segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional condenó a seis años de cárcel al etarra Josu Álvarez Pérez y a dos años a Óscar Elejaga, Francisco Javier Ganuza y Amaia Ibarra, que ayudaron a huir a Francia a varios terroristas. La fiscal Blanca Rodríguez rebajó de ocho a seis años la petición de pena para Álvarez, miembro de Gestoras Pro Amnistía, por «su situación psíquica», y de seis a dos años las de los otros tres, que fueron acusados de colaboración con organización terrorista en grado de tentativa (el etarra al que ayudaron a huir, Francisco Javier Sádaba, fue detenido en Gerona antes de escapar a Francia). Según argumentó entonces la representante del Ministerio Público, la actuación de estos tres acusados fue «un acto puntual» puesto que no quedó demostrado que colaboraran posteriormente con ETA. Además, añadió, la ayuda que prestaron «no fue eficaz ni efectiva».

De cárcel a multa
Una nueva conformidad entre la Fiscalía y los abogados de los acusados se produjo el pasado día 4, cuando Jon Markel Ormazábal, acusado de tres actos de «kale borroka» en 2001, fue condenado, tras el acuerdo, a una multa de 3.180 euros (a razón de dos euros diarios durante 18 meses por cada delito) en lugar de los once años que solicitaba para él el fiscal. A Ormazábal, el fiscal le acusaba de daños terroristas, amenazas, coacciones y tenencia de artefactos incendiarios, pero finalmente se le condenó por tres delitos de coacciones. Para su compañero Gaizka Arcelus reclamaba siete años de cárcel, aunque finalmente retiró la acusación por falta de pruebas.

El último «tijeretazo» de la Fiscalía llegó el pasado lunes, cuando siete acusados de «kale borroka» fueron condenados a trece años de cárcel en lugar de los 400 que pedía para ellos inicialmente el fiscal. El tribunal condenó a siete de ellos a dos años (incluido Eñaut Garmendia, para quien solicitaba 96 años de prisión) y al último a sólo un año. Y es que en lugar de los 16 años que pedía por cada acto de violencia callejera, el fiscal consideró que habían incurrido en un delito continuado de daños terroristas y que no se podía aplicar la agravante de disfraz (al no quedar probado que cubrieran su rostro con pasamontañas) ni considerar que en su actuación había existido peligro para la vida de las personas.

Hugh thomas, historiador británico: «Los políticos no deben administrar la memoria histórica»
Propone la creación de un monumento que recuerde a todas las víctimas de los dos bandos en la Guerra Civil - «La izquierda sabe muy bien que en la zona republicana se cometieron muchos crímenes y grandes errores»
Manuel Calderón La Razón 15 Octubre 2006

Madrid- A Hugh Thomas le cansa hablar de la Guerra Civil española. No es extraño. Las obsesiones no son buenas si sólo son un maldito baile de fantasmas. Sin embargo, que el autor de «La Guerra Civil Española» admita su hastío sobre un conflicto que vuelve a estar en la agenda política, no deja de ser sintomático. Ha llovido mucho y, sobre todo, se ha escrito mucho desde que, en 1961, apareciera aquel libro, en dos volúmenes, en una editorial española con sede en el exilio de París, Ruedo Ibérico. Admitida por historiadores y especialistas como el primer estudio riguroso y fundamentado en fuentes que todavía hoy siguen siendo vigentes y, sobre todo, alejado de épicas militantes, la «historia de Thomas» mantiene una distancia con los hechos -que no neutralidad- donde se descubre la marca de la esceula de hispanistas británicos que siguen fascinados por España y que comprenden más hondamente su pasado que los que ahora administran la historia. Y, sobre todo, que no disfrutan pegando esquelas de fusilados en la memoria. Es amigo de John Elliot, es buen colega de Raymond Carr y Paul Preston fue alumno suyo. Pero un día dejó la Guerra Civil y empezó a interesarse por el imperio español. El resultado es otro monumental estudio, «El Imperio Español. De Colón a Magallanes». «Cuba. La lucha por la libertad», «La trata de esclavos», «Quién es quién de los conquistadores» o «Yo, Moctezuma, emperador de los aztecas» son otros de sus estudios.

Su interés por España, que conoce bien como su antiguos compatriotas viajeros, le ha llevado a escribir sobre Beaumarchais en España (el autor de «El Barbero de Sevilla» o «Las bodas de Figaro») y sobre el empresario Eduardo Barreiros. «Tengo el honor de ser un pionero en escribir sobre un hombre importante en la historia de España del siglo XX», decía hace unos días en Madrid. Lord inglés (nació en Windsor en 1931), con largos cabellos blancos y con un español de divertido acento «british», encarna, dice, el sentido de la vida del común de sus compatriotas: ha sido laborista, conservador y liberal, por ese orden. «Ahora voy por libre», sentencia.

Los misterios de la guerra
-Ya no quiere hablar más de la Guerra Civil, pero, como sabe, hay un obsesión española irrefrenable a hablar de ella y, de manera más reciente, a airear los muertos familiares, que no los ajenos. Creo que si su historia se publicara ahora no sería tan bien recibida. ¿Qué ha pasado?
-Yo no quiero entrar en esa guerra de esquelas de fusilados de uno y otro bando, que en el fondo, desgraciadamente, es en lo que se ha convertido la historia de la Guerra Civil. Es una cosa terrible, y parece que nadie es consciente de esa barbaridad. Para mí, la Guerra Civil fue una tragedia para todos, que destrozó más de lo que imaginamos, y también un escándalo. Lo único que quiero sugerir en este momento de verdadero encono es que habría que hacer un monumento a todos los caídos en la guerra, un monumento de todos los muertos de los dos bandos.

-¿Cree sinceramente que es viable, que alguien le va a escuchar?
-¿Por qué no? Conozco muchos españoles responsables y equilibrados, más de los que pensamos. Lo que sucede es que, como en aquel drama, no se hacen oír. La mayoría de mis amigos son hombres equilibrados. No son políticos, no son periodistas, no son escritores, pero sí son normales.

-¿Pero alguien ha mostrado interés?
-No sé, podrían mostrar interés el alcalde de Madrid, el presidente de la Generalitat de Cataluña, el de la Junta de Andalucía... ¿Por qué no? Pero precisamente ellos no han dicho nada, pero, insito, ¿que razón existe para que no pudieran hacerlo?

-Porque la Guerra Civil es un tema que está en la agenda de los políticos.
-Los políticos no deden administrar la memoria histórica.

-¿Que opinión tiene de la Ley de la Memoria Histórica que ha preparado el Gobierno de Rodríguez Zapatero?
-No la he leído en detalle, pero prefiero que la memoria histórica la recuperen los escritores antes que los políticos.

-¿No cree que a la derecha española se le exigen responsabilidades históricas por la Guerra Civil mientras que la izquierda nunca se ha dado por aludida? ¿No es hora que también haga un sincero mea culpa?
-Toda la izquierda sabe muy bien, y no debería olvidarlo, que en la zona republicana se cometieron muchos crímenes y grandes errores. Las checas de Madrid, Paracuellos, la actuación de los anarquistas en Barcelona y en muchas otras ciudades son conocidas. No hablaré de número de muertos y represaliados, pero hay que reconocer que la tragedia fue para los dos lados. Hay que partir de ese hecho porque quienes conocen y vivieron aquello lo saben.

-Es el problema de los liberales en España, de la llamada Tercera España.
-Claro, pero las cosas fueron como fueron: ayudaron a traer la República pero no comulgaban con el radicalismo y con los comunistas. Ahí estaban Marañón, Ortega... que se exiliaron. Unamuno tuvo otros problemas en Salamanca que son conocidos. La Guerra Civil, le repito, fue un desastre para todos que dejó la vida intelectual arrasada y, por supuesto, acabó con sus mejores mentes, los más centrados, los más necesarios.

-¿Cuándo dejó de interesarle la Guera Civil y se centró en el Imperio Español?
-Sí que me sigue interesando la Guerra Civil, por qué no..., pero ahora me interesan los detalles y los testimonios personales. A lo que debemos dar respuesta es por qué, por qué se produjo aquel inmenso desastre. Siguen habiendo muchas incógnitas y muchos porqués por desvelar. Por ejemplo, ¿por qué había tantos falangistas? ¿o por qué había tantos apellidos que se repetían en los dos bandos? ¿Por qué dos hermanos combatían en bandos distintos y quizá no pensaban tan diferente? Es decir, en Barcelona un comandante era imposible que defendiera el golpe militar y en Salamanca o en Burgos también era complicado que un oficial mostrase su fidelidad al régimen republicano legítimo. Conozco muchos españoles, y creo que conozco bien España, cuyo pasado en la guerra sigue siendo un misterio. Una guerra civil siempre es una guerra dentro de la clase media: abogados, oficiales del ejército, médicos, profesores... Por ejemplo, ahí está la familia Laín Entralgo, uno comunista y otro falangista, aunque luego, en el caso de Pedro, acabó siendo un hombre liberal. Yo no sé si se puede contar más sobre lo ocurrido, pero sí preguntarnos el porqué. El mismo Durruti tenía un hermano de la Falange. Juan Grijalbo, muy amigo mío y mi editor durante mucho tiempo, fue más o menos comunista, pero su padre, que fue socialista, fue asesinado por los anarquistas. ¿No es eso extraño?

Perdonar, de vez en cuando
-Recientes estudios sostienen que el núcleo fundador de la llamada «primera Falange» acabó siendo el primer germen de oposición al franquismo y que Dionisio Ridruejo viene a representar ese papel de arrepentido fascista que estuvo en la oposición democrática y simbolizó él mismo lo que era la la transición.
-Yo he conocido a Ridruejo y puedo decir que en los 70 me parecía una persona muy interesante, con mucho carácter y determinación. Creo que él tenía una visión de España, asumió sus errores y quiso colaborar de la manera más digna a constuir una sociedad democrática y de alguna manera simbolizó lo que en esencia era la Transición: el paso de un régimen totalitario a otro democrático de una manera pacífica. Me parece una evolución razonable y vería también muy oportuno que se le levantara un monumento en su calle, él vivía en la calle Ibiza de Madrid, número 33, todavía me acuerdo.

-Es curioso, ya es el segundo monumento que propone levantar. ¿Pero los monumentos curan las heridas?
-Es posible, los hombres aceptamos los símbolos y pensamos que nos ayudan.

-¿Y cree en el perdón?
-Me pareció muy oportuno que el Papa criticase la actitud de la iglesia católica ante los judios durante siglos.

-¿Las guerras se perdonan o sencillamente se olvidan y así es como avanza la historia?
- (Mantiene un largo silencio) De vez en cuando es bueno perdonar.

-España sigue reflexionando sobre su propia esencia, sobre cuándo aparece la identidad española. Unos hablan de la Reconquista, otros tras la Guerra de la Independencia y usted sostiene que aparece con las conquistas de ultramar en el siglo XVI. ¿Usted cree normal que España siga debatiendo sobre su identidad?
-No debería porque no lo necesita. La idea de España procede de la Edad Media. Eso ha sido estudiado a partir de la Reconquista, obviamente, y había un componente cristiano. Ahora se puede debatir sobre lo que se quiera, pero lo que hay que tener en cuenta es que España es un país que está en Europa y tengo más interés en el futuro del continente que en otras cosas y, por supuesto, que en el origen de su identidad.

-¿Qué le interesa ahora como historiador?
-La lista de lo que me interesa es bastante larga. Vengo de terminar una biografía del empresario Eduardo Barreiros, un pequeño libro sobre el viaje del dramaturgo Beaumarchais por España, un libro de viaje sobre Asturias y acaba de salir uno en Francia sobre la trata de esclavos, que ya había aparecido en España... Mis intereses, como ve, son amplios y ahora de manera especial sobre el siglo XX: ahí está mi biografía de Barreiros y me siento muy orgulloso de haber sido un pionero.

-¿Y por qué el dramaturgo Beaumarchais?
-La verdad, es que es un caso extraño. Pierre-Augustin de Beaumarchais llegó a España en el año 1864 y se dedica a vender esclavos en tierra española, quiere, nada más y nada menos, que desarrollar Sierra Morena con colonos, quiso meter a su amante en la cama del rey como espía francesa,... pero lo importante fue el conocimiento profundo del ambiente de España y que queda plasmado en sus libros de ambiente español, además de escribir «Las bodas de Fígaro» o «El barbero de Sevilla».

-Usted ha pertenecido al partido Laborista, al Conservador y al Liberal... Aquí no se lo hubieran perdonado, se le habría dicho de todo. ¿Como lo lleva ahora?
-Soy como el pueblo británico, he cambiado mis ideas según mi evolución y mi criterio. Es cierto, he estado en todos los partidos: fui laborista, conservador, liberal, y ahora soy independiente y soy mucho más féliz.

Eduardo Barreiros ya tiene biografía
El nombre Barreiros está asociado a una marca de camiones y motores. Pero poco más se sabe de su fundador, que murió en La Habana en 1992, ciudad con la que se sentía muy unido desde que, en 1981, consiguiera un importante contrato en Cuba para el desarrollo de industrias de automoción, con el fin de producir motores diesel de diversas cilindradas. Sus orígenes son legendarios, un modelo de «selfmade man» gallego, que empezó con un autobús familiar y acabó con un imperio que atrajo a la Chrysler, con la que fabricó el Dodge y el Simca, y que en la Guerra Civil condujo el mismo autobús para trasladar heridos.

-¿Por qué una biografía sobre Eduardo Barreiros, un fabricante de camiones?
-Porque la historia de España en el siglo XX también la han escrito estos hombres. La historia suele ser políltica pero no sólo la hacen los políticos. Eduardo Barreiros fabricó tractores, camiones, maquinaria de obras públicas, autobuses, coches, funda la firma Barreiros Chrysler, tuvo imporantes contratos en Cuba, hace vinos en La Mancha y explota minas en Orense, su juventud en Galicia, la guerra, a la que se alistó voluntario... Una vida interesante. Es una biografía contextualizada y creo que podemos entender algunas cosas de la historia reciente.

Un modelo británico
Hugh Thomas es un hombre de impulsos veloces e intuiciones. Eso se puede comprobar cuando se está a corta distancia de él. Es decir, prefiere entrar en la historia por la puerta de atrás, no sea que alguien ponga la casa en orden. Así, por ejemplo, se le ocurrió escribir un libro sobre Cuba, después de asistir, en 1961, a cuatro horas de discurso de Fidel Castro. Conclusión: los cubanos ansían la libertad tanto como sus líderes traicionarla. Thomas es un ejemplo de sentido común y de estar por el mundo muy a su aire. Se trata de quitar hierro, de ahí que, sostiene, el Imperio Español se forjase con mucho azar y ganas de encontrar oro.

Cataluña en castellano
POR SERGI DORIA. BARCELONA ABC 15 Octubre 2006

En su lúcida radiografía sobre la cultura catalana, «L'os de Cuvier» («El hueso de Cuvier»), Valentí Puig aborda la delicada cuestión que sigue derramando ríos de tinta cuando se plantea qué escritores han de representar a Cataluña en la Feria de Fráncfort de 2007.

En el plano cultural, Cataluña practica desde hace siglos una doble vida, tan polémica como saludable. Dos lenguas, una sociedad y una cultura. Dos lenguas, catalán y castellano para una sociedad y una cultura bilingüe: «La coexistencia de dos tradiciones literarias —escribe Puig— no tiene naturaleza de prótesis o de fracaso histórico, sino de posibilidad de dos cánones y de dos categorías del gusto».

Cuando llega la hora de editar libros y firmar contratos de traducción, se impone la ecuación, tan catalana, de «salut i pessetes». Así lo veía no hace mucho Eduardo Mendoza, autor de las novelas más ejemplares sobre Barcelona y modelo de escritor que ha destilado en castellano la comedia humana de la Cataluña del siglo XX. La obsesión dogmática por la identidad histórica y esa realidad cotidiana que casi siempre acaba por desautorizar los mitos le parecía una esquizofrénica ecuación de idealismo y economía: «Vamos al psiquiatra por las esencias, pero siempre con el ojo puesto en la cuenta corriente» ironizaba el autor de «La ciudad de los prodigios».

En los 23 años bajo la férula convergente se promovió una visión unidimensional de Cataluña. Hay que decir que muchos estudiantes no han conocido otra cosa, inmersos en listas de libros de lectura obligatoria que firmaban autores en lengua catalana, a veces de dudoso interés. Y no porque fueran en catalán, sino porque la selección marginaba a los escritores catalanes políticamente incorrectos, como Josep Pla o Eugeni d'Ors. Un resistencialismo cultural que era comprensible bajo el régimen franquista, pero que acabó consagrando un «malentendido» que priorizaba la catalanidad sobre la calidad.

Mestizaje barcelonés
En su libro de ensayos y conferencias «La cultura en la era de la incertidumbre», el actual consejero de Cultura Ferran Mascarell critica al nacionalismo convergente identificado con una Cataluña idílica envuelta en la lengua impoluta y poco accesible del Noucentismo; Barcelona y su cinturón metropolitano eran vistos por los gobiernos pujolistas como un contrapoder, feudos de un socialismo más proclive a la realidad multicultural. Barcelona, apunta Mascarell, era «una ciudad a ocultar, en beneficio de una cultura más ideal que real, de una concepción enormemente ideologizada de la nación catalana… La palabra “identidad” fue asociada a la acción gubernamental; se puso el acento sobre factores históricos y diferenciales del hecho catalán; se incentivó la institucionalización de procesos culturales esencialmente cívicos hasta aquel instante, y en cambio se menospreciaron los elementos característicos plurales y mestizos de la realidad cultural catalana».
Por desgracia, el gobierno tripartito no asumió esa saludable autocrítica y el bienio maragalliano redundó en las estrategias de la política cultural del nacionalismo convergente que antaño censuraba. Entre ellas, la de enviar al purgatorio a los autores catalanes que escriben en castellano.

Agustí Calvet, Gaziel, director del diario La Vanguardia, fue siempre partidario de transmitir en castellano una cosmovisión catalana que ayudara a la regeneración de la España del primer tercio de siglo XX, como había hecho Joan Maragall en sus artículos del «Diario de Barcelona».

Para Gaziel, el arma de Cataluña «no puede ser el encierro soberbio en las torres de marfil, huyendo de la triste realidad que nos envuelve y doblega, ni de gallear de fuerzas que no se tienen…» Sus palabras siguen resonando, preclaras.

Si el reto de la literatura catalana desde finales del XIX a los años republicanos fue el de producir una novela urbana de signo europeo, algo que en lengua catalana sólo alcanzaron «La febre d'or» de Narcís Oller a finales del XIX, «Vida privada» de Sagarra en los albores de la República y la Mercè Rodoreda de «La plaça del Diamant», son los escritores en castellano quienes más y mejor han reflejado microclimas barceloneses: Carmen Laforet, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, los hermanos Goytisolo, Luis Romero, Ana María Matute, Félix de Azúa, Mercedes Salisachs, Ignacio Agustí, Carlos Ruiz Zafón, Manuel Vázquez Montalbán, Terenci Moix y la poesía de Gil de Biedma.

Literatura e identidad
Volviendo a Valentí Puig, históricamente la gran novela urbana en Cataluña ostenta pocos representantes: «La novela catalana parece padecer una gran alergia a la metrópoli». Afortunadamente y, pese a un poder nacionalista que ha abonado la cultura del invernadero, distanciada en muchos casos del «realismo sucio» que es la vida cotidiana, son cada vez más numerosos los autores catalanes que escapan a la maldición de la Renaixença; esto es, la seducción por el agro, o el cultivo de la poesía y la alergia a la novela. Quim Monzó, Sergi Pàmies, Eduard Márquez, Albert Sánchez Piñol, Toni Sala, Empar Moliner, Baltasar Porcel, Imma Monsó, Jordi Puntí o Joan-Anton Baulenas son autores homologables a cualquier cultura europea o americana.

Alejándose del discurso exclusivamente identitario, los escritores catalanes de ahora mismo saben que el parámetro del éxito es el que llevará sus obras más allá de la lamentación victimista. Simplemente se trata de dirigirse al lector, esté donde esté. Ya no es cuestión de hacer patriotismo ni resistencia a un régimen de oprobio sino, simple y llanamente, pergeñar buena literatura.

Cuando un libro adquiere la categoría de bestseller, la lengua en que se redactó en primera instancia deja de ser un aspecto fundamental para sus lectores potenciales. Carlos Ruiz Zafón escribió «La sombra del viento» en castellano, y la traducción en catalán fue un éxito hasta encabezar las listas de los libros más vendidos en catalán; lo mismo ocurrió con «Lo mejor que le puede pasar a un cruasán» de Pablo Tusset, «Soldados de Salamina» de Javier Cercas o «La catedral del mar» de Ildefonso Falcones. Los tres autores cuentan con sendas versiones catalanas que no hicieron otra cosa que corroborar la aceptación de sus novelas por parte del público.

Paradojas temáticas
Llegados a este punto, se puede decir que en estos momentos, la doble vida de la cultura catalana apunta a la paradoja. Si se trata de transmitir el «genius loci» barcelonés, los autores en castellano son los mejores representantes. El canon: «Mariona Rebull» de Ignacio Agustí, «Nada» de Carmen Laforet, «La noria» de Luis Romero, «Recuento» de Luis Goytisolo y «Señas de identidad» de Juan Goytisolo; las novelas de Marsé con «Últimas tardes con Teresa» abriendo camino, todo Mendoza, desde «La verdad sobre el caso Savolta» a «Mauricio y las elecciones primarias»; el Terenci Moix memorialista de «El peso de la paja» y «El cine de los sábados»; los casos del detective Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, salpicados con la gastronomía barcelonesa de Casa Leopoldo; las sombras góticas de Carlos Ruiz Zafón y los ambientes medievales en torno a la construcción de Santa María del Mar que revive Ildefonso Falcones en «La catedral del mar» con olores de Borne y Ribera.

En cambio, los autores que escriben en catalán se han despojado del sambenito que les asociaba malévolamente con el sabor del terruño y prefieren transitar por geografías ignotas y distantes: desde la gélida isla lovecraftiana y el Congo que abre la caja de Pandora de Sánchez Piñol, a los aeropuertos de Monzó; la Europa central y herida por la guerra de Eduard Márquez en «El silencio de los árboles» y «La decisión de Brandes» y los no lugares de Toni Sala o Sergi Pàmies. Como puede constatarse, la doble vida siempre es compleja, incluso a veces pecaminosa, pero enriquecedora. Liberada de responsabilidades patrióticas, la literatura catalana actual es cosmopolita.

Traducciones para Fráncfort
Según el Instituto Ramon Llull, entidad encargada de promocionar la cultura catalana allende nuestras fronteras, la participación de Cataluña como cultura invitada en la Feria del Libro de Fráncfort 2007 ya ha propiciado 80 traducciones de autores catalanes.

Entre los autores de ahora mismo, Jaume Cabré, Quim Monzó, Emili Rosales, Empar Moliné, Joan Francesc Mira, María Barbal o el dramaturgo Jordi Galcerán, el de «El método Grönholm». De los clásicos, la «Obra poética» de Salvador Espriu, «El quadern gris» de Josep Pla, «La plaça del Diamant» de Mercè Rodoreda —diez ediciones al alemán en Surkhamp—, las obras de Ramón Llull y el «Tirant lo Blanc» que publicará Fisher Verlag.

Como reconoce Carles Torner, responsable del área de humanidades y ciencia del IRL, «la presencia de autores en Fráncfort, de la que tanto se habla, en el fondo no garantiza nada: lo importante son las traducciones, que propician que una literatura sea reconocida en un país».

De acuerdo. Seis días de Feria no cambian el destino de una literatura; por lo tanto Fráncfort no debe verse como un rethistórico, ni un pulso con la cultura española, sino como una invitación. Hay que empezar a disociar la Feria alemana de la guerra de los seis días, aunque muchos sectores del nacionalismo sigan empeñados en escribir las listas de autores a los que hay que invitar.

Internacionalismo catalán
Que escritores como Mendoza, Marsé, Vila Matas, Cercas o Ruiz Zafón, con una innegable difusión internacional acudan a Fráncfort bajo el pabellón cultural catalán no va en menoscabo de la literatura catalana, es la potenciación de una cultura polimórfica y bilingüe.

El director del certamen, Jürgen Voos, lo apuntó el verano de 2005 cuando se empezaron a escuchar los primeros cañonazos del nacionalismo cultural. La ausencia del castellano, decía, «no daría una visión precisa de lo que es la cultura en Cataluña». Su opinión era compartida por la prestigiosa editorial Suhrkamp. La polémica les parecía a los alemanes «una discusión propia de parvulario, que fuera de las fronteras de su país no interesa». Su conclusión: «Cataluña ha de vender que dos culturas son mejor que una». Pues eso.
 

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