AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 30 Octubre  2006
El PSE en Estella, con nocturnidad y alevosía
EDITORIAL Libertad Digital 30 Octubre 2006

La noticia publicada este domingo por el diario El Mundo respecto a las reuniones secretas que están perpetrando dirigentes del PSE con Batasuna y el PNV, no por esperada, resulta menos grave. Aunque la cómplice pasividad de la Fiscalía General del Estado haya que darla por descontada, dichas reuniones constituyen actos contra la Ley de Partidos que están fuera de todo cauce democrático; tienen además como objetivo algo tan radicalmente anticonstitucional como la negociación de un proyecto de cosoberanía entre Euskadi y España.

Lo que queda de España como Estado de Derecho y su resistencia al verificable chantaje terrorista –ese que el Gobierno del 14M atiende y disfraza como "proceso de paz"–, está obligando a los socialistas a perpetrar dichas ilegales e inaplazables negociaciones políticas con los proetarras de forma clandestina. Los contactos entre los representantes socialistas y los etarras vuelven, de esta forma, a ser secretos –tal y como lo fueron en la prenegociación del "alto el fuego"–, después de un único encuentro público entre Arnaldo Otegi y Patxi López en el mes de julio en San Sebastián.

Si aquella clamorosa y pública vulneración del espíritu y la letra de la Ley de Partidos de socialistas y batasunos pudo impunemente llevarse a cabo gracias al anestésico del "alto el fuego" y de la condescendencia de jueces como Garzón, ahora nadie quiere correr riesgos desafiando nueva y públicamente el imperio de la ley con reuniones que, además, desgastan electoralmente al PSOE y dejan en evidencia su chalaneo con los proetarras. Menos aún cuando se están dando casos de jueces y fiscales, como Marlaska, Alonso o los magistrados del Tribunal Supremo, que no están dispuestos a doblegar la ley a la conveniencia política de la "paz sucia" de Zapatero.

Al margen de la esperanza que nos pueda otorgar la justicia independiente, es exigible que el líder de la oposición reclame solemnemente una explicación urgente a Zapatero en el Congreso. Una vez logrado el "alto el fuego", quien tiene prisa, ya no es el Gobierno, sino ETA. Los socialistas –eso sí– no hacen esperar demasiado a sus compañeros de viaje, no vayan a romper antes de tiempo. A ver si ante esta evidente aceleración del "proceso", la contundente reacción de Rajoy no se hace de esperar. La Fiscalía de Conde Pumpido, desde luego, no va a ser "obstáculo".

DE CONCESIÓN EN CONCESIÓN HASTA LA RENDICIÓN FINAL
Editorial minutodigital 30 Octubre 2006

Dice Zapatero que De Juana Chaos está a favor del proceso de paz. Dudamos mucho que un asesino de 25 personas que es capaz de decir "me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia”, siquiera comprenda el significado de la palabra paz. Ahora bien, no dudamos que esta bestia esté a favor del proceso de negociación, lo entendemos. Muy idiota habría que ser, para desperdiciar la oportunidad que le da el PSOE de salir de la cárcel pese a sus crímenes y de ver satisfechas sus reivindicaciones políticas.

Y es que al gobierno le da igual que no se arrepientan, no condenen la violencia ni pidan perdón, le es indiferente que sigan extorsionando, tirando cócteles molotov y cometiendo actos tan explícitamente incompatibles con la idea de paz como el robo de un arsenal de pistolas.

Porque hasta el momento no hemos visto una sola concesión por parte de los violentos, salvo que a algún subnormal se le ocurra pensar que dejar de matar es una concesión. Porque cumplir la ley no es una concesión, es una obligación. Igual que lo son rechazar la violencia y pedir perdón por las atrocidades cometidas antes de sentarse a negociar nada, o cumplir las condenas integras por los asesinatos cometidos Una concesión sería renunciar a dinamitar la convivencia del País Vasco con reivindicaciones independentistas.

Ahora, por parte del gobierno todas. Se ha dejado de perseguir a Batasuna, se están dando judicialmente pasos muy significativos para la excarcelación de los asesinos de ETA, el caso De Juana Chaos no es más que símbolo. La legalización de Batasuna está en marcha, como también es un hecho que se van a crear las famosas dos mesas de negociación exigidas desde el principio por los violentos y al final, ya lo comprobaran, también se va a ceder a la exigencia del referéndum de autodeterminación. Una a una van cayendo por etapas las barreras que eran infranqueables e impensable que se superasen.

¿Y dicen que esto no es un proceso de rendición?

Pero lo peor es la reacción de la sociedad, salvo los escasos movimientos cívicos encabezados por la AVT de Alcaraz, parece que los españoles se van acostumbrando mansamente a lo que sucede. Nos sabemos si el pueblo español reaccionará y nos ofrecerá una “machada” de esas que llenan las páginas de nuestra historia, pero a fecha de hoy comprendemos plenamente el estado de ánimo, el dolor de España, que ha llevado a Sánchez Dragó a proclamar en su última novela, “lamento profundamente haber nacido español”.

Proceso ETA: Zapatero debe dar el ¡Alto!

Antonio Pérez Henares Periodista Digital 30 Octubre 2006

Salvo algún descerebrado, que lo habrá, y algún otro, que los habrá también y más de los que puede pensarse, al que el fanatismo político lo ha llevado a la alineación absoluta, la inmensa mayoría deseamos que ETA no vuelva jamás a matar, y que abandone definitivamente la violencia . Igualmente creo firmemente que también una mayoría de ciudadanos ( excluidos los que lo exigen y algunos partidos nacionalistas, con EA y PNV a la cabeza y no muy lejos BNG, ERC y buena parte de CiU que verían abrirse su espita) desean que ello suceda sin rendición alguna ante las exigencias de la banda, sin pagar precio político, sin dar réditos a los criminales.
O sea, anexión de Navarra, amnistía encubierta para sus delitos y soberanía y derecho de autodeterminación . Esto último es lo que eufemísticamente se llama ámbito vasco de decisión. O sea, enajenar al pueblo español en su conjunto su derecho a decidir sobre el conjunto de España , hurtándole tal derecho en una parte del territorio en el que ya NO sería soberano sino que tendría que aceptar lo que los de ese trozo decidieran.

Creo, digo, que la inmensa mayoría de españoles no quiere eso. Ni creo que lo quiere Zapatero ni el Gobierno. Porque creo que sinceramente no lo quiere y porque sería, de hacerlo algo más que su tumba política. No creo , además, que tal tropelía que eso si destruiría Nación y convivencia fuera tolerada. Se puede acusar al Gobierno de estar haciendo las cosas mal, y bastante mal me parece que las está haciendo, pero no darlo ya por reo de tales delitos. Eso es también exagerar. Aunque en algunos casos ya es para estar preocupado. Las concesiones, gestos y zalemas para con la banda y su cómplices empiezan a ser ya tan malolientes y sin otra respuesta que el envalentonamiento de esos siniestros matones que cada día que pasa las gentes esperan de una vez que su Gobierno de una prueba de energía, que les pare los pies, vamos.

Porque a estas alturas nada de lo que es lo mínimamente , pero que muy mínimamente exigibles, vamos de obligado cumplimiento, se ha producido:

1) Que Batasuna renuncie a la violencia y la condene como forma de acción política. Condición absolutamente imprescindible para poder reintegrarse a la vida política normal.
Su pertinaz y cada vez mas chulesca respuesta es que nos rindamos los demócratas y deroguemos la propia ley. O sea, que les permitamos seguir utilizando la violencia como instrumento político.

2) Que ETA de pruebas del abandono de las armas y de su voluntad de no volverlas a utilizar.
Al contrario, roba cientos de pistolas y hace alardes paramilitares por las campas.

De arrepentimiento por sus asesinatos mejor ni hablamos.

Esos son los hechos, tozudos y representados de paso en cada juicio a los etarras, que tenemos.

El Gobierno está perdiendo apoyos y esta perdiendo la confianza de la gente.

Sin quizás: Es el momento , está cada vez más claro, que el Gobierno de España debe decir alto, debe congelar-tal vez no romper- pero si suspender cualquier tipo de contacto y decir no solo a ETA sino a la opinión publica española que basta, que ya basta. Que tales hechos impiden cualquier negociación . Es prioritaria la detención del comando que robo las armas y su entrega. Esa firmeza la está exigiendo y deseando, creo,cada vez con mas preocupación una mayoría de españoles . Es mejor que den ese paso y cuanto antes. Hasta por la propia marcha de lo que se llama “el proceso” y hasta por sus propios intereses como Gobierno . La provocación , de lo contrario, no hará sino aumentar . ETA-Batasuna les está chuleando. Y al gente lo está notando.

Zapatero acredita que es un mentiroso y/o un memo embaucado por ETA.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 30 Octubre 2006

Todas y cada una de las veces que Zapatero nos ha dicho a sus gobernados que la condición para dialogar con ETA era la constatación de su abandono definitivo de la violencia nos mintió.

Todas y cada una de las veces que Zapatero nos dijo que había verificado fehacientemente que ETA había abandonado la violencia y sus actividades conexas nos mintió.

Todas y cada una de las veces que Zapatero nos dijo que no se negociaría con ETA ni se le harían concesiones ni políticas ni de ningún tipo nos mintió.

Y nos mintió porque tras decir todo eso en una reciente entrevista en la SER ahora dice que “El Gobierno va a ser exigente al máximo para acreditar la voluntad de ETA de dejar la violencia”. Ya dije en un artículo anterior que el sistema de Zapatero para soslayar cualquier actividad terrorista de ETA es la de poner el contador a cero y decir que a partir de ahora va a verificar que ETA deja la violencia, a eso en mi pueblo se le llama jugar con trampas.

Es al parecer tan lelo nuestro presidente que no se da cuenta de que cada vez que pone el contador de sus exigencias a ETA a cero él mismo se define como mentiroso, mal acreditador, pésimo constatador y como un primo que es embaucado por ETA todos los días que intenta vendernos la burra del proceso de paz de pacotilla, que son todos los del calendario de unos años a esta parte.

Nadie al parecer le ha dicho que quien con etarras se acuesta como mínimo pringado de kale borroka, extorsiones, robos de armas, y exigencias del tipo de legalizar por las buenas a ETA Batasuna, y de autodeterminación so capa de cosoberanía se levanta.

El resumen que hace El Mundo de esa entrevista de Zapatero se puede constatar e incluso acreditar que Zapatero, como viene siendo habitual en el, engarza un montón de memeces con una gran parva de insensateces rodeadas todas ellas por un cúmulo de frases huecas que solo dicen que este hombre nos está tomando el pelo.

Primera memez.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha asegurado que el Gobierno y el PSOE tienen la máxima voluntad de que Batasuna ocupe el espacio político que le corresponde en el País Vasco, y animó a la formación 'abertzale' a "aceptar las reglas del juego".

¿Se lo imaginan diciéndoles a los del sindicato de violadores que el gobierno y el PSOE tienen la máxima voluntad de que los violadores ocupen el espacio que les corresponde en la sociedad española animándoles a aceptar las reglas del juego y pelillos a la mar? Los tribunales han establecido y declarado que Batasuna no existe por si misma, solo es una parte de ETA, pongan ETA donde Zapatero dice Batasuna o formación abertzale y ya tienen la gran memez negro sobre blanco.

Segunda memez.
El presidente explicó además que una consecuencia del robo de 350 armas en Francia es que va a ser "exigente al máximo" para acreditar la voluntad de ETA de poner fin a la violencia, y advirtió de que la banda se equivoca "radicalmente" si planeó esa acción como un "pulso" al Gobierno.

¿Se lo imaginan diciéndoles al sindicato de butroneros, tras realizar estos 350 robos en las últimas dos semanas, que la consecuencia de esos robos es que va a ser exigente al máximo para acreditar la voluntad de los ladrones de poner fin a sus robos y encima les advierte que el grupo de butroneros se equivoca radicalmente si planearon esos robos como un pulso al Gobierno?

Tercera y gran memez.
El jefe del Ejecutivo explicó que él mantiene un "prudente optimismo" ante el proceso. "Mantener el empeño es una fuerza muy poderosa", recalcó.

A esa frase le faltan unas palabras que van implícitas, mantener el empeño en rendirnos a ETA es una fuerza muy poderosa, eso es lo que quiere decir.

Una insensatez tirando a dislate.
Señaló además que, a falta de concluir las investigaciones, es "bastante probable" que ETA haya sido la autora de ese robo de armas en Francia.
Si se confirma, avanzó dos de las consecuencias que tendría: "Responderán por ello los que lo han hecho"

¡Oh tu Zapatero Kalícrates sapientísimo!, no te das cuenta de que al decir que ETA ha sido la autora y que responderán por ello quienes lo han hecho estas diciendo que ETA entera, como tal, es responsable del robo y que deberías meterlos a todos en la cárcel en lugar de hablar con ellos, es la única forma de que respondan, gran sabio de pacotilla.

Frase hueca para tomarnos el pelo.
"Hoy sabemos lo que sucede, sabemos lo que queremos y sabemos cómo hacerlo. Estamos en el camino y sabemos cuál es el horizonte: el fin de la violencia", afirmó.

Observen al gran primo acusándose a sí mismo de que es un mentiroso de cuidado. Dice que hoy sabemos lo que sucede y unas frases antes nos dice que va a ser exigente para acreditar la voluntad de ETA de dejar la violencia, o sea que nos miente de nuevo porque no sabe lo que sucede.

Termino con un pensamiento reiterado y que para mi es la clave del futuro. Si ETA exige que se derogue la Ley de partidos para que vuelven a ser legales y sabiendo que a Zapatero jamás le han dolido prendas en derogar cualquier ley que se le atravesase tal como la del plan hidrológico, la de educación y muchas otras, el hecho de que se resista a conceder a ETA algo tan simple es por la única razón de que necesita la Ley de Partidos para ilegalizar al PP.

Ley de Partidos. Artículo 10. Disolución o suspensión judicial.
2. c) Cuando de forma reiterada y grave su actividad vulnere los principios democráticos o persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante las conductas a que se refiere el artículo 9

Se entiende ya el porque la insistencia de Zapatero y sus chicos acerca de que el PP es un partido de extrema derecha y que vulnera los principios democráticos.

La hoja de ruta de Zapatero al infierno sigue quemando etapas. Todo va llegando como estaba previsto.

La construcción nacional
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 30 Octubre 2006

Para mi, en el debate sobre nacionalismos, la contradicción no es unidad-centralismo versus independencia-autonomía. Realmente eso no es lo fundamental. La cuestión debe plantearse de forma diferente: nacionalismo versus libertad. Lo esencial es debatir si los nacionalismos ofrecen más libertad a los ciudadanos o por el contrario la restringen. Este es en esencia el único debate posible. Lo digo de otra manera: la pregunta es si los nacionalismos en su construcción nacional respetan la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, si crean o no crean colectivos marginados con menores oportunidades.

El problema grave, absolutamente irresoluble (irresoluble desde el respeto a las libertades individuales) que plantean los Estados nacionales es su necesidad de homogeneidad. La cuestión no es el reconocimiento de un hecho existente, sino que el reconocimiento obliga a homogeneizar la población para hacer real el planteamiento teórico. El problema no es que haya nacionalistas, sino que, como en la práctica son conscientes de que no existe la nación que reivindican, la tienen que construir. Los ciudadanos reales tienen que dar fe de su existencia.

Sigue siendo verdad la afirmación de Mazzini: ya tenemos Italia, hagamos ahora a los italianos. Y esta construcción de italianos plantea una paradoja: si la nación existe, ¿por qué hay que construirla? La construcción de ciudadanos nacionales, única constatación real de que la nación existe, se inicia en principio desde el romanticismo, la euforia y la pedagogía (que entre nosotros coincidió con la década de los ochenta). Pero la segunda mitad del XIX y todo el XX europeo nos ha enseñado que los habitantes reales de una nación son renuentes a aprender a ser nacionales, o a cambiar de nación. Y se pasa a la segunda fase: la letra con sangre entra. La construcción de los Estados nacionales europeos ha costado millones de muertos, detenidos y expulsados de su país.

A los nacionalismos, cuando afirman 'somos una nación', una legión de constructores les aplauden y sin solución de continuidad, aunque sea totalmente antagónico a la afirmación anterior, dicen: vamos a construir la nación. Y el ejército de constructores se pone en marcha: están formadon por oficios varios: lingüistas, legisladores, historiadores, sociólogos, etcétera. Liderados todos ellos por el poder político. Y comienza la obra. Y todas las obras públicas se comienzan siempre por las expropiaciones.

Nadie es tan obtuso, ni siquiera el nacionalista más cerril, para no ver que hay ciudadanos que quedan fuera de la construcción, que a otros se les expulsa y a otros, en fin, se les exige un enorme esfuerzo personal en la construcción. A esto se le denomina el precio de la libertad o los sufrimientos del proceso de construcción nacional. A mi me gustaría que dejáramos de analizar y discutir la existencia o no de la nación y nos centráramos más en los costes de la construcción nacional, que es donde yo veo un problema sin solución, o al menos un precio tan alto en el ámbito de las libertades ciudadanas, que impide asumir la construcción nacional.

Renan afirmaba, con lucidez, que la construcción de la nación se basa en dos pilares: la violencia y el olvido. El Estado nacional se construye desde la violencia, necesariamente. Porque para ser Estado nacional tiene que cambiar a sus ciudadanos, tiene que obligar por la fuerza a nacionalizarlos, a que asuman las condiciones y características que han definido a la nueva nación. Si decimos que el rasgo definitorio más importante de Euskadi es el euskara, la conclusión es obvia; para que Euskadi exista, sus ciudadanos tienen que hablar euskara. Esto no es ya voluntario. Se podrán discutir los plazos o los niveles de violencia, pero no es discutible que tienen que terminar aprendiendo. He puesto el tema del idioma porque me parece que desde la caída del muro de Berlín en 1989 es el instrumento de discriminación más importante utilizado por los nacionalismos, y no me estoy refiriendo ahora a Euskadi.

Después de la violencia utilizada para la construcción nacional, queda la segunda parte que decía Renan; se pide el olvido. Se pide borrón y cuenta nueva. Se mitifica la violencia utilizada para la creación de la nación y se crean así los mitos fundacionales para hacer asumible el olvido. Con esta coartada cuentan los de la construcción nacional, dicen: es verdad, para hacer una tortilla hace falta romper primero los huevos. Pero luego todos seremos iguales, seremos democráticos. Construyen ya el olvido antes de ejercer la violencia. Para mí aquí está la raya, el olvido de Renan puede ser el mecanismo para asumir la violencia antes ejercida, para integrar las injusticias cometidas. Estamos de acuerdo. Pero nunca puede ser una coartada para cometer nuevas violencias. La construcción nacional no es optativa para los ciudadanos, es algo necesario y por tanto el poder político adoptará las medidas necesarias para hacerlo obligatorio a todos los ciudadanos renuentes.

Cuando uno habla de represión y violencia parece que está haciendo referencias a historias pasadas, pero que la ciudadanía ve imposible en la actualidad. Es cierto que la construcción nacional no está creando miles de detenidos. No hay fusilamientos ni trenes llenos con personas sacadas de sus casas y enviadas fuera de su país. Bueno, en nuestro caso el terrorismo no es una cosa baladí. La violencia y represión que genera no es una cosa menor, pero cada vez más la ciudadanía lo está considerando como una cosa pasada, y una vez finalizada puede ir a parar al limbo salvador de los sufrimientos de la construcción nacional.

Hoy un nuevo instrumento de violencia política se está desarrollando de forma más eficaz, anónima y silenciosa: es la guillotina de la marginación. Un muro invisible que impide a parte importante de la población el acceso al poder político o al bienestar. Es la violencia líquida, copiando el adjetivo de Bauman. Es una violencia insonora, invisible, porque no se ve la mano del ejecutor, sólo quedan de forma individualizada los marginados. Es una violencia terriblemente eficaz. Sólo una enorme red, un muro invisible, que defiende a los que controlan el poder.

Toda construcción nacional crea grupos importantes de población que sobran, que no se pueden integrar en la nueva nación, y otros grupos a los que simplemente se les quiere expulsar del poder político o económico pasando este poder a las nuevas élites. El sistema clásico durante el XIX o XX ha sido matarlos o expulsarlos del país. En la actualidad estos mecanismos asesinos no son posibles (bueno, en Yugoslavia ya hemos visto que sí), pero en general se opta por utilizar la guillotina de la marginación. Entre nosotros creemos que esto no es posible, apelando al sentido democrático de las sociedades europeas, y sobre todo solemos afirmar con rotundidad que en el seno de la Unión Europea esto no es posible. Que la Unión es la garantía absoluta que pondrá límite a los nacionalismos más totalitarios. Miles de polacos, rusos, bielorrusos de las repúblicas bálticas nos están diciendo insistentemente que no, que la UE no ha sido garantía para ellos, que en pleno siglo XXI están abandonados en el mundo de los apátridas, pero no les queremos creer.

El Barça de Joan Laporta, de campaña electoral
Editorial Elsemanaldigital  30 Octubre 2006

Hoy termina la campaña electoral para las elecciones autonómicas catalanas del miércoles, y mañana martes es jornada de reflexión. Tras tres años con la Generalitat presidida por el socialista Pasqual Maragall es hora de que los ciudadanos de Cataluña hagan balance de una legislatura muy accidentada en la que los políticos han desarrollado gran parte de su actividad al margen de las necesidades y deseos reales de la gente.

Esa divergencia entre Cataluña real y Cataluña oficial se ha visto de manera clara en las campañas electorales de los distintos partidos, y en la actitud de los protagonistas de la vida política y social del Principado. El primero que ha dado la nota ha sido el president saliente, un Maragall quien, a pesar de haber sido elegido a la cabeza del PSC, ha gobernado la mayor parte de la legislatura con los comunistas de IC-EV y con los republicanos de ERC, dando lugar a algunas de las políticas más nacionalistas en la historia de nuestra democracia, incluyendo un Estatut que el PP, el Defensor del Pueblo y otras cuatro Comunidades Autónomas han recurrido al Tribunal Constitucional.

Maragall, además, nunca se ha mostrado muy satisfecho con la designación de José Montilla al frente de las listas del PSC. Por otro lado, el mismo Montilla, que llega a las urnas con las encuestas en contra, ha sido ministro de Industria en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sin despegarse de su imagen polémica y poco clara, que incluye las sospechas de corrupción por su posición favorable a la OPA de Gas Natural sobre Endesa después de haber recibido el PSC una financiación extraordinaria, mediante condonación, por parte de La Caixa, entidad que controla a Gas Natural. Mientras tanto, El Carmelo se hundía tras décadas de administración municipal socialista.

La alternativa al PSC es Artur Mas al frente de CiU. Pero Mas, de hecho, ya ha tenido una importante cuota de poder, pues Zapatero ha necesitado el apoyo de CiU para sacar adelante el nuevo Estatut. Para muchos, incluso para muchos socialistas, Mas es el candidato de Zapatero, y su llegada al poder es parte del precio pactado en La Moncloa. Sin embargo, Mas acude a las urnas con una auténtica novedad en una democracia europea: un compromiso firmado ante notario de que jamás se apoyará en el Partido Popular de Josep Piqué para gobernar Cataluña. Así que, gobierne quien gobierne la Comunidad, seguirán en el poder los mismos, con escaso respeto por un pluralismo real. Un acuerdo permanente entre socialistas y CiU, sea cual sea el equilibrio de fuerzas –la llamada sociovergencia- tendería a anular el pluralismo social y la vitalidad civil de Cataluña, al liquidar toda posible alternancia de fondo.

Quienes mejor perciben esa situación son quienes tienen aspiraciones políticas. Un ejemplo de ayer mismo: el presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta, que no oculta sus convicciones nacionalistas, se ha reunido durante la campaña con Mas para apoyarle y con Montilla para salvar la cara. Una gran institución como el Barça, de dimensión española y europea, se ve convertido más que en una sociedad deportiva en instrumento de ascenso político. Es todo un signo de los tiempos, o de cómo una casta política de espaldas a la vida social de Cataluña genera problemas, sin resolver ni esos ni los que de verdad preocupan cada día a los catalanes.

Zapatero baraja la forma de tapar la acción de ETA en Francia
Miguel Ángel Orellana elsemanaldigital 30 Octubre 2006

Cuidado con esas monedas falsas que puede poner en circulación para desdramatizar el protagonismo etarra tras el robo de armas. Se le puede helar la sonrisa cuando menos lo espere.

30 de octubre de 2006. En relación a ETA y su entorno, algunos añoramos la situación de hace apenas una legislatura. A nadie se le pasaba por la cabeza la hipótesis de una negociación. "Que pierdan toda esperanza". Aquel luminoso lema de José María Aznar y plasmado en el Pacto Antiterrorista, propuesto en realidad por Nicolás Redondo Terreros y asumido por José Luis Rodríguez Zapatero, se había consolidado. La propia banda terrorista interiorizó el recado como heraldo de su derrota a corto o medio plazo.

La sensación de inutilidad alcanzó también a los distintos brazos de ETA: el político, el mediático, el juvenil, el internacional y el financiero, sometidos a un acoso implacable con los medios legales al alcance del Estado. Una realidad documentada y constatable al paso de los días, pero de ninguna manera casual, sino inducida por la estrategia de firmeza democrática puesta en marcha por el Gobierno del PP y apoyada por el PSOE. Incluía la ilegalización de Batasuna y un persistente acoso policial y judicial contra el terrorismo y su entorno.

Y, de repente, todo saltó por los aires con el desembarco de Zapatero en La Moncloa, con sus ansias de pasar a engrosar las páginas de la Historia como el pacificador del País Vasco y con el revival de la mano tendida. Resultado: ETA primero tomó nota y luego fortaleció su posición. Alarmante, pero lógico en quienes vienen haciendo del chantaje -extorsión, matonismo, asesinato-, su forma de servir a la patria vasca. Los criminales siempre juegan con ventaja: la que supone la ausencia en su comportamiento de cualquier barrera o condicionamiento moral. Y si la banda roba armas al por mayor es porque piensa usarlas. Aunque sólo sea para ponerlas sobre una mesa de negociación.

Prudencia y palabras medidas
Hasta la semana pasada, la estrategia de Zapatero parecía clara: darle hilo a la cometa, o sea a ETA, y seguir haciendo del "proceso" un ovillo que terminase con el PP en el sembrao, recibiendo los palos que le corresponden por su negativa a secundar y apoyar a ciegas al presidente del Gobierno en sus tratos con los etarras. Y cuantos más palos… mejor. La novedad vino vía rearme de la banda asesina. De puertas monclovitas adentro se descubrió una vez más lo cruel, voluble y esquiva que puede ser Doña Política y se apostó de inmediato por dilatar la confirmación de la autoría y por seguir jugando a la duda. Esto es, prudencia y palabras muy medidas ante el robo de 350 pistolas en el sur de Francia. Lo suficiente para ganar tiempo a la espera de establecer una estrategia.

Una música similar sonó antes. Cuando en pleno alto el fuego aparecieron las primeras cartas de extorsión a empresarios o cuando reaparecieron los primeros actos de terror en las calles, el Gobierno se limitaba a exclamar: "Se está investigando". Y ante cada uno de los incumplimientos de las reglas del juego, encontró una salida trasera: las misivas eran anteriores al alto el fuego y el terrorismo callejero era obra de incontrolados. Si en su día coló… ¿por qué no ahora?

Cambio de oficio
¿A quien achacar el robo sino a la propia ETA? ¿Con qué cara puede salir el presidente del Gobierno y achaca la autoría a un grupo de etarras disidentes? Resulta que, para desdramatizar la situación, y según ha podido cotejar Elsemanaldigital.com en fuentes de absoluta solvencia, asesores presidenciales han propuesto una maniobra consistente en vender que la operación terrorista tenía por finalidad el sucio negocio del "tráfico de armas" y "no para seguir asesinando". El ardid, real como la vida misma, es ilustrativo del desconcierto casi existencial que embarga al atribulado Zapatero.

La idea pasa pues por transmitir que la banda terrorista empieza a invertir sus esfuerzos criminales en otras acciones no directamente relacionadas con la lucha armada porque, gracias al Gobierno, el oficio de criminal se ha puesto realmente complicado. Se trata de vestir el muñeco a costa de revelar el estado de indigencia anímica en que se encuentra un líder que más parece una frágil barquichuela barrida por la tormenta, que un firme y seguro jefe del Ejecutivo. Y ello cuando –me consta- el arco policial está muy tenso desde hace unos días. Cierto, al jerarca del puño y la rosa le crecen los enanos, y tiene necesidad imperiosa de cerrar el circo.

Rehén de ETA
El caso es que el presidente del Gobierno ha entregado su futuro político a una banda de despreciables que ha demostrado ser bastante más lista que él, obligándole a situarse en el escenario que ellos habían definido. Ellos siguen y seguirán mientras desde fuera de su entorno les acaricien los oídos con la consabida cantinela: hay un conflicto pendiente, el terrorismo es efecto pero no causa, por la vía policial no se consigue nada, una parte de la prensa y las asociaciones de víctimas del terrorismo no contribuyen a resolver el problema, todo seguirá igual mientras no se reconozca a los vascos su derecho a decidir.

Por eso, aquí no hay alto el fuego que valga ni madre que lo parió. Mientras para ETA haya un conflicto, mientras en sus mentes lunáticas siga existiendo el pueblo español como enemigo a batir, habrá muerte y destrucción. Porque saben, en definitiva, que mientras persistan en amenazar con descerrajar unos tiros en nucas, siempre habrá algún cobarde que se pliegue a sus exigencias.

Carta abierta a Juan Carlos Rodríguez Ibarra
Por ROSA DÍEZ ABC 30 Octubre 2006

Querido Juan Carlos:
El aprecio y el respeto que te tengo me llevan a contestar a la carta abierta que me dirigiste desde estas páginas el pasado viernes día 27. Yo también sé que tú nunca vas a dejar de ser socialista ni quiero que dejes de serlo. Tu voz es muy importante para nosotros. Y sabes que lamenté de veras tu decisión de no volver a ser candidato a la Presidencia de la Junta de Extremadura. Guardo con mucho afecto los e-mails que nos cruzamos, en los que pudimos apreciar el alto grado de coincidencia en nuestros análisis sobre la situación política que vivimos.

Vayamos por partes. Tú sabes mejor que nadie que no necesito escuchar lo que dicen Zaplana o Acebes sobre el tema que nos ocupa. Cuando la inmensa mayoría de los españoles aún no conocíamos a estos ciudadanos yo ya tenía un criterio bien formado al respecto. Hemos hablado demasiadas veces del asunto, hace ya muchos años, como para que se te haya podido olvidar. Y también sabes que las posiciones que hoy defiendo en materia de lucha contra el terrorismo son las que he defendido toda mi vida. Por pensar lo que pienso y decirlo alto y claro me puso el Partido Socialista en sus listas. Tú me propusiste el primero. Y los artículos recopilados en el libro «Porque tengo Hijos» dan fe de mi coherencia en esta materia durante los últimos 12 años. Otros han cambiado; yo no.

Desde el respeto y el cariño que sabes que te tengo, quiero puntualizar algunas cuestiones que planteas. En primer lugar me llama la atención que construyas tus críticas y tus conclusiones sobre una supuesta desconfianza en las intenciones del presidente Zapatero o del PSOE. Yo nunca juzgo las intenciones -supongo las mejores-, sino que analizo los hechos. Cualquiera que siga mi actividad política lo sabe.

Juan Carlos, yo me pronuncio sobre hechos, no sobre intenciones. Critico con argumentos las decisiones políticas que no comparto. Sobre todo si pienso que las consecuencias de aplicar esas políticas serán las contrarias a los objetivos que se pretenden. Hablo siempre de hechos, nunca de intenciones. Hablo desde la razón política, no desde la fe.

Vayamos a ejemplos concretos. Critiqué la decisión de Zapatero de avalar la entrevista de Patxi López con Batasuna mientras ésta siguiera siendo una organización terrorista; dije que las consecuencias de esa reunión serían que Batasuna-ETA se sentiría más fuerte, más legitimada, con más capacidad para seguir presionando al Estado de Derecho. Y que Batasuna se sentiría legalizada de facto. Como así ha sido. Y dije que al avalar esa reunión el Presidente y el PSOE se desdecían de todos los compromisos adquiridos previamente ante los ciudadanos de no sentarse a hablar con Batasuna mientras ésta siguiera siendo una organización terrorista. Y así es. Critiqué el hecho, no la intención.

Critico la decisión del PSOE de apoyar la creación de una mesa de partidos extraparlamentaria para abordar en ella las cuestiones que debieran ser discutidas en el foro que representa democráticamente a los ciudadanos. La creación de esa mesa extraparlamentaria supondrá el cumplimiento de un objetivo histórico de ETA que nunca ha reconocido la legitimidad de la democracia española y por tanto de ninguna de las instituciones que de ella dimanan. Si rechazo la constitución de esa mesa y critico la decisión de nuestro partido de aceptarla es porque considero que las consecuencias de esa decisión serán negativas para la democracia .y darán una victoria política a ETA. No prejuzgo la intención de José Luis Rodríguez Zapatero; juzgo los hechos y valoro lo que a mi juicio serán las consecuencias. Y me pronuncio en contra. Como verás, hechos, no intenciones.

Cuando critico la decisión de llevar a Estrasburgo el debate sobre «el proceso de paz en España» lo hago porque creo que es un enorme error político que ese tema se debata en un Parlamento que no tiene competencias de control sobre el Ejecutivo. Y mucho más hacerlo sin consenso previo entre los dos grandes partidos políticos españoles. Otras veces se ha hablado de ETA en Estrasburgo. Pero siempre de común acuerdo. Y siempre para pedir ayuda para derrotarla. Siempre pensé que no compensaba asumir el riesgo de dividir la Cámara y de que se volvieran a escuchar en el Parlamento Europeo los discursos sobre el «conflicto político» sólo para conseguir un apoyo testimonial que nuestro Gobierno no necesita. Pero el terrorismo vive de lo simbólico; y para ellos ese debate supuso un reconocimiento simbólico como «agentes» del proceso. Critico la decisión y valoro las consecuencias. Hechos, no intenciones.

Me dices, querido Juan Carlos, que debo entregar mi acta de diputada. Más allá de que hayas basado tu conclusión en imputaciones incorrectas sobre mi actitud política, quiero explicarte cómo considero que debe ser la relación de un cargo electo con los ciudadanos. Aunque me parecen principios elementales de la democracia quizá haya quien no lo perciba de esta manera. Verás, yo creo que los partidos políticos son instrumentos al servicio de la sociedad. Creo que los partidos políticos no son propiedad de sus dirigentes, ni siquiera de sus afiliados. Las listas que elaboran serían papel mojado si no las validaran los ciudadanos con sus votos.

En la Comisión Ejecutiva te pone el Secretario General. En las listas electorales te pone el Partido. Pero en el cargo público te ponen los electores, los ciudadanos. Los ciudadanos no nos dan un cheque en blanco, para que hagamos lo que queramos cuando ya hayamos sido elegidos. Los ciudadanos nos votan en función del compromiso que adquirimos con ellos, de lo que les prometemos que vamos ha hacer con su voto. Tú sabes que yo defiendo ahora todo aquello que me comprometí a defender cuando me presenté a las elecciones. Pedí el voto para hacer exactamente lo que estoy haciendo. Exactamente esto. Diré más: lo que yo defiendo es la ortodoxia de nuestro programa electoral. Otros han cambiado; yo no.

Tú, querido Juan Carlos, estás en la CEF porque te puso José Luis Rodríguez Zapatero; pero eres Presidente de Extremadura porque te votaron los extremeños. Yo estoy en el Parlamento porque el PSOE me puso en sus listas; pero soy Diputada porque me votaron unos cuantos millones de españoles. Si el PSOE no está conforme con mi trabajo lo que puede hacer es no volverme a poner en las listas. Pero mientras tanto tengo un mandato ciudadano -no imperativo, según la Constitución-, y me debo a él. Me gustaría no tener que elegir nunca entre ser disciplinada con la dirección del partido o coherente con mi compromiso ante los ciudadanos. Pero si tengo que elegir siempre elegiré obrar en conciencia y cumplir el compromiso adquirido con los electores. Creo que los cargos públicos nos debemos a ellos.

Y para finalizar, permíteme que te haga, desde el mayor de los respetos, una apreciación sobre tus palabras respecto a Pilar Ruiz y Maite Pagazaurtundúa. Sé que tu cariño hacia ellas es sincero, y que tu respeto personal también lo es. Pero verás, Juan Carlos, no se trata de que esas dos mujeres hayan sufrido mucho y por tanto puedan decir lo que dicen y más. No es cariño lo que demandan con sus palabras. No es compasión lo que piden: es Justicia. Justicia, que no venganza. Son mujeres que han sufrido, sí. Pero sus juicios son políticos. Analizan los hechos, extraen conclusiones, critican lo que no les gusta, advierten sobre las consecuencias políticas de determinadas decisiones que se están tomando. Cuando Pilar se presentó ante el hotel en el que se reunían Otegi y López no era una madre llorosa y desesperada. Era una ciudadana digna que ejercía como tal; y que como ciudadana reclamaba justicia y decencia política. Y verdad. Son ciudadanas, Juan Carlos, no tienen suspendidos sus derechos, el terror no las ha convertido en minusválidas políticas.

Bueno, pues acabo. Sabes que siempre he procurado que en mi trabajo político existiera la menor distancia entre lo principios que se defienden en privado y las actitudes y los discursos que se hacen en público. El PSOE es mi partido desde que tengo uso de razón. Y creo que el mejor servicio que se le puede hacer a sus siglas y a su historia es defender con coherencia, honradez y firmeza los compromisos que asumimos cuando pedimos a los ciudadanos que nos otorguen su confianza. Siempre pensé que sobre esta cuestión también estábamos de acuerdo.
Un fuerte abrazo.

Estrasburgo
IÑAKI EZKERRA i.ezkerra@diario-elcorreo.com El Correo 30 Octubre 2006

A aquel parlamentario danés le habían dicho que tenía que hablar sobre el 'proceso de paz español' y dio por hecho que en España estábamos en guerra. Aquel parlamentario danés sabía de Euskadi, de España y de ese 'proceso' que era un tema más del orden del día lo que los españoles sabemos de Dinamarca y de los problemas de Dinamarca. Por eso se puso a hablar de un abuelo suyo que estuvo en la guerra. Por un momento pensé que se trataba del Zapatero nórdico, de una versión clónica y jutlandesa de Zapatero, pero no. Pronto comprendí que no hablaba de su abuelo por obsesión, sino por salir del paso con la única referencia que le venía a la cabeza. Para aquel parlamentario danés la guerra y sus 'procesos de paz' eran una cosa de su abuelo. Por lo que pude deducir -dada la avanzada edad del ponente- la guerra a la que se refería era la del siglo XIX contra Prusia y Austria. El resto de su intervención fue un vacuo despliegue de tedioso y difuso buenismo, un alegato sobre la paz tan descolorido como sus recuerdos, como las cumbres nevadas y los fiordos del paisaje del que provenía, como su cara lechosa, su pelo canoso y sus ojos de un azul vítreo y light, sin misterio, sin ganas, sin convicción. Aquel parlamentario danés decía sobre esa paz y esa guerra presuntas que los españoles habíamos llevado allí a discutir lo que cualquiera de nosotros le diría a una pareja que se está peleando en la calle y que nos pide consejo: 'Dense un besito y sean buenos'.

Se ha seguido en España este debate con una intensidad que no se correspondía con la realidad de ese Parlamento que un minuto antes disertaba sobre el cambio climático y la periodista asesinada en Rusia. La cámara de Estrasburgo es un Corte Inglés de mociones de todos los colores y gustos donde Zapatero se ha comprado una a favor de su 'proceso' a un precio de rebajas, sin certificado de garantía ni derecho a devolución. Se ha dicho también estos días que ETA es la ganadora de esa votación y hay que hacer una puntualización. Si ha sido un triunfo de ETA se trata de un triunfo 'moral', no 'legal', ya que la moción votada en Estrasburgo ni obliga a nada por haber sido aprobada ni hubiera podido detener y prohibir el proceso de marras de haber sido rechazada.

Mientras hablaba el parlamentario danés yo pensaba en montañas y fiordos deslavados por la nieve y por los débiles tintes de mi libro de geografía escolar. Sentía que ETA, el medio siglo de dolor, Zapatero, el PP, España se diluían y desteñían en una mala foto de esa Jutlandia de mi viejo libro de texto, en las pupilas de ese tipo y sus canas y sus palabras de un azul báltico y soso. Y entendí que en Europa les importamos un huevo, como ellos a nosotros. Si los españoles no arreglamos el problema terrorista nadie nos va a echar una mano.

Incontrolados
Por IGNACIO CAMACHO ABC 30 Octubre 2006

DESCONCERTADO por no hallar explicación a un gesto tan manifiestamente hostil, el Gobierno se agarra como a un clavo ardiendo a la vaga teoría de los incontrolados para justificar el robo de las pistolas en Francia. Se esperaba un comunicado favorable, una respuesta benévola a los guiños y piruetas del Estado ante las exigencias del terrorismo, una compensación que diera oxígeno al presidente tras pasar por el trágala de Estrasburgo, y en vez de eso, justo en vísperas del sainete de la Eurocámara, resulta que lo que llega es un explícito y brutal aprovisionamiento masivo de las armas que se supone están a punto de ser depuestas. En vez de propiciar la distensión, ETA estira al límite la cuerda del «proceso» ante un Gobierno perplejo que, sin embargo, persiste en humillarse con la insólita declaración de Zapatero sobre De Juana Chaos, avalando moralmente al más terco de los matarifes de la banda.

Pero la monserga de los incontrolados tampoco resulta en absoluto tranquilizadora. Primero porque es difícil de creer, y segundo, y sobre todo, porque aunque fuese cierta sólo empeoraría las cosas. Significaría lo siguiente: que el Gobierno ha cedido en casi todo lo que podía ceder, que está negociando un precio político, que ha aflojado la presión policial, que ha ablandado a los fiscales, que ha ofendido a las víctimas, que ha roto el Pacto Antiterrorista, que parece dispuesto a abrir la puerta a la autodeterminación o a la cosoberanía, que ha hecho la vista gorda a la kale borroka, que ha cabreado a la mitad o más de los ciudadanos, que ha pedido ayuda a Europa, que ha negociado con Ternera, que ha puesto al Estado de rodillas para... ¡tratar de llegar a un acuerdo con media ETA! ¿Y la otra media? Ah, se siente, ésa está incontrolada.

Pues menuda tranquilidad. Y menudo negocio. O sea, que vamos a rendirnos, a poner patas arriba la estructura territorial y a pagar un precio moralmente inaceptable para ver si a cambio los señores terroristas tienen a bien perdonarnos la vida, y encima nadie se compromete al otro lado a respetar su parte del abusivo contrato. Hombre, pues no. Lo menos que se puede exigir es que una banda que presume de estar organizada militarmente se haga responsable de su solda-desca. Porque las nucas amenazadas por esas pistolas no entienden de matices de obediencia.

En resumen, que si ha sido la ETA propiamente dicha, malo, y si han sido disidentes de su estrategia, peor. En uno u otro caso, ahora hay aún menos garantías que antes de que toda esta gratuita e irresponsable deriva conduzca a algún sitio razonable. Con el agravante de que, además, da la impresión de que la eficacia policial ha descendido considerablemente. En algún lugar próximo a la frontera, trescientas flamantes pistolas escondidas denuncian que lo que de verdad está fuera de control es ese «proceso» que Zapatero ha abierto sin calcular sus fuerzas.

Zapatero ya está tejiendo la trampa de la autodeterminación
Santiago Abascal elsemanaldigital 30 Octubre 2006

Y lo hace recurriendo a un truco en el que son maestros los nacionalistas vascos: el eufemismo y la manipulación del lenguaje, con el que creen poder colar cualquier cosa.

30 de octubre de 2006. Da igual que más de medio Parlamento Europeo haya dado la espalda a Zapatero. Da igual que en la votación provocada esta semana en Estrasburgo Zapatero haya evidenciado carecer del apoyo de quienes son Gobierno en Francia, Alemania y Polonia y de quienes lo serán muy pronto en el Reino Unido. Da igual, porque ZP, embebido en una falsa victoria, ya teje la trampa de la autodeterminación.

Nos lo advertía hace pocos días un mediocre Patxi López que quería jugar a trilero con las palabras tratando de colarnos la patraña de que, para el caso vasco, era posible una sola soberanía pero "dos ámbitos de decisión". Enmarañar los conceptos, recurrir al eufemismo, relativizar el significado de las palabras, es lo único que les queda a quienes quieren rendirse ante ETA convenciéndonos de que la han derrotado. Por si fuera poco, algunos estamos hasta el gorro de ver cómo los nacionalistas llevan veinte años tirando del diccionario y rescatando eufemismos para no decir autodeterminación o separación o independencia. Incluso hemos escrito libros al respecto. Por eso sorprende ver al Gobierno felón y a sus sesudos intelectuales –López al frente- tratando de darnos gato por liebre, mientras sudan la gota gorda sufriendo para que no descubramos la trampa.

Pero, insisto, algunos ya conocíamos el truco e incluso recordábamos los viejos eufemismos. Juan María Ollora, destacado separatista del PNV, fue el primero en camuflar la autodeterminación como "ámbito vasco de decisión". Le siguieron muchos en la ceremonia de la confusión. El propio Ibarretxe, con un plan debajo del brazo, nos endosó el "derecho de los vascos y las vascas a decidir libre y democráticamente su futuro".

Que a estas alturas nos vengan López y Zapatero, armados de eufemismos y paralelismos (Québec, Irlanda) hasta los dientes, a metérnosla doblada puede hacernos sonreír pero, en realidad debe hacernos temblar. Están dispuestos a entregar la soberanía nacional a los terroristas, entregando pedacitos a diestro y siniestro, rebautizados con los nombres –eufemismos- más convenientes para mantener la ficción de que nada ceden mientras rinden el Estado por completo frente a una partida de miserables asesinos que tienen al presidente del Gobierno cogido por sus más nobles elementos.

Las intenciones de Zapatero parecen claras; hay que hacer todo lo posible para que ETA no mate. Da igual que se celebre un referéndum de autodeterminación (le llamarán "ejercicio del principio de consentimiento") o que se apruebe un Estatuto que consagre la independencia (le dirán "avance de la autonomía y del progreso")

La trampa y la traición –no lo dudemos- están anunciadas y planificadas. Sólo queda ver cómo nos libramos de la primera y cómo resistimos a la segunda.

Zapatero baraja la forma de tapar la acción de ETA en Francia
Miguel Ángel Orellana elsemanaldigital 30 Octubre 2006

Cuidado con esas monedas falsas que puede poner en circulación para desdramatizar el protagonismo etarra tras el robo de armas. Se le puede helar la sonrisa cuando menos lo espere.

30 de octubre de 2006. En relación a ETA y su entorno, algunos añoramos la situación de hace apenas una legislatura. A nadie se le pasaba por la cabeza la hipótesis de una negociación. "Que pierdan toda esperanza". Aquel luminoso lema de José María Aznar y plasmado en el Pacto Antiterrorista, propuesto en realidad por Nicolás Redondo Terreros y asumido por José Luis Rodríguez Zapatero, se había consolidado. La propia banda terrorista interiorizó el recado como heraldo de su derrota a corto o medio plazo.

La sensación de inutilidad alcanzó también a los distintos brazos de ETA: el político, el mediático, el juvenil, el internacional y el financiero, sometidos a un acoso implacable con los medios legales al alcance del Estado. Una realidad documentada y constatable al paso de los días, pero de ninguna manera casual, sino inducida por la estrategia de firmeza democrática puesta en marcha por el Gobierno del PP y apoyada por el PSOE. Incluía la ilegalización de Batasuna y un persistente acoso policial y judicial contra el terrorismo y su entorno.

Y, de repente, todo saltó por los aires con el desembarco de Zapatero en La Moncloa, con sus ansias de pasar a engrosar las páginas de la Historia como el pacificador del País Vasco y con el revival de la mano tendida. Resultado: ETA primero tomó nota y luego fortaleció su posición. Alarmante, pero lógico en quienes vienen haciendo del chantaje -extorsión, matonismo, asesinato-, su forma de servir a la patria vasca. Los criminales siempre juegan con ventaja: la que supone la ausencia en su comportamiento de cualquier barrera o condicionamiento moral. Y si la banda roba armas al por mayor es porque piensa usarlas. Aunque sólo sea para ponerlas sobre una mesa de negociación.

Prudencia y palabras medidas
Hasta la semana pasada, la estrategia de Zapatero parecía clara: darle hilo a la cometa, o sea a ETA, y seguir haciendo del "proceso" un ovillo que terminase con el PP en el sembrao, recibiendo los palos que le corresponden por su negativa a secundar y apoyar a ciegas al presidente del Gobierno en sus tratos con los etarras. Y cuantos más palos… mejor. La novedad vino vía rearme de la banda asesina. De puertas monclovitas adentro se descubrió una vez más lo cruel, voluble y esquiva que puede ser Doña Política y se apostó de inmediato por dilatar la confirmación de la autoría y por seguir jugando a la duda. Esto es, prudencia y palabras muy medidas ante el robo de 350 pistolas en el sur de Francia. Lo suficiente para ganar tiempo a la espera de establecer una estrategia.

Una música similar sonó antes. Cuando en pleno alto el fuego aparecieron las primeras cartas de extorsión a empresarios o cuando reaparecieron los primeros actos de terror en las calles, el Gobierno se limitaba a exclamar: "Se está investigando". Y ante cada uno de los incumplimientos de las reglas del juego, encontró una salida trasera: las misivas eran anteriores al alto el fuego y el terrorismo callejero era obra de incontrolados. Si en su día coló… ¿por qué no ahora?

Cambio de oficio
¿A quien achacar el robo sino a la propia ETA? ¿Con qué cara puede salir el presidente del Gobierno y achaca la autoría a un grupo de etarras disidentes? Resulta que, para desdramatizar la situación, y según ha podido cotejar Elsemanaldigital.com en fuentes de absoluta solvencia, asesores presidenciales han propuesto una maniobra consistente en vender que la operación terrorista tenía por finalidad el sucio negocio del "tráfico de armas" y "no para seguir asesinando". El ardid, real como la vida misma, es ilustrativo del desconcierto casi existencial que embarga al atribulado Zapatero.

La idea pasa pues por transmitir que la banda terrorista empieza a invertir sus esfuerzos criminales en otras acciones no directamente relacionadas con la lucha armada porque, gracias al Gobierno, el oficio de criminal se ha puesto realmente complicado. Se trata de vestir el muñeco a costa de revelar el estado de indigencia anímica en que se encuentra un líder que más parece una frágil barquichuela barrida por la tormenta, que un firme y seguro jefe del Ejecutivo. Y ello cuando –me consta- el arco policial está muy tenso desde hace unos días. Cierto, al jerarca del puño y la rosa le crecen los enanos, y tiene necesidad imperiosa de cerrar el circo.

Rehén de ETA
El caso es que el presidente del Gobierno ha entregado su futuro político a una banda de despreciables que ha demostrado ser bastante más lista que él, obligándole a situarse en el escenario que ellos habían definido. Ellos siguen y seguirán mientras desde fuera de su entorno les acaricien los oídos con la consabida cantinela: hay un conflicto pendiente, el terrorismo es efecto pero no causa, por la vía policial no se consigue nada, una parte de la prensa y las asociaciones de víctimas del terrorismo no contribuyen a resolver el problema, todo seguirá igual mientras no se reconozca a los vascos su derecho a decidir.

Por eso, aquí no hay alto el fuego que valga ni madre que lo parió. Mientras para ETA haya un conflicto, mientras en sus mentes lunáticas siga existiendo el pueblo español como enemigo a batir, habrá muerte y destrucción. Porque saben, en definitiva, que mientras persistan en amenazar con descerrajar unos tiros en nucas, siempre habrá algún cobarde que se pliegue a sus exigencias.

Olvidar Cataluña
Por MIQUEL PORTA PERALES ABC 30 Octubre 2006

SI el filósofo Jean Baudrillard viajara a Cataluña, chocaría con una insólita realidad. Se daría de bruces con unos políticos e intelectuales empeñados en una afirmación heráldica, obsesionados por inventar, diseñar y construir una identidad nacional que debe singularizarse y diferenciarse lo máximo posible de aquella en la cual se incardina. El francés, seducido por tan extraña ilusión en la época del simulacro y la huelga de los acontecimientos, probablemente escribiría un breve ensayo que, parafraseando su célebre Oublier Foucault, se titularía Oublier la Catalogne.

En Oublier la Catalogne, a la manera de su Oublier Foucault, Jean Baudrillard escribiría un párrafo como el siguiente : «Todo ha caducado, el orden teleológico se ha acabado, sólo queda la eterna repetición de lo mismo y el simulacro, signos que nos anuncian el final de un ciclo, signos que nos anuncian que el secreto del secreto no es otro que la inexistencia del secreto». El filósofo remacharía el discurso con otro párrafo: «De ahora en adelante ya no dirás: “tienes una patria, debes salvarla”, sino “tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten”». Acabado el libro, Jean Baudrillard buscaría una cita que lo encabezara. Releería el primer volumen de sus Cool Memories y transcribiría la siguiente frase: «Aquí es donde empieza el resto de la vida». ¿Cómo interpretar el texto de Jean Baudrillard? Algunos críticos europeos hablarían de la imposibilidad del ser, otros elucubrarían sobre la provisionalidad de un existir que se repliega y protege en el falso resplandor de una intimidad artificial. Sin duda, habría quien hablase de la búsqueda de una sombra que se escapa. Seguramente, no faltarían quienes dijeran que estamos ante la dernière boutade de un filósofo al que le pierde la retórica.

En Cataluña, el ensayo de Jean Baudrillard no sería muy bien recibido. El oficialismo nacionalista —de derecha e izquierda— dominante, percibiría en el lenguaje críptico del filósofo francés la penúltima astucia de una ideología homogeneizadora y genocida que —probablemente instigada por el jacobinismo francés y la perfidia centralista española— querría liquidar los últimos vestigios de la identidad catalana y el hecho diferencial catalán. Sin embargo, si tenemos la feliz idea de acudir al diccionario —el Petit Larousse, por ejemplo— para averiguar qué caramba quiere decir Jean Baudrillard cuando utiliza el infinitivo «oublier» encontraremos lo siguiente: «Oublier: ne pas penser à; laisser de coté, négliger ; manquer de reconaissance ». Ahí está. Oublier la Catalogne esconde el siguiente mensaje: se trata de evadirse de la fantasía y el sueño, se trata de abrir, liberar, vulgarizar, olvidar la Cataluña obsesionada por una identidad nacional inexistente que condiciona la vida de los ciudadanos. «El secreto del secreto no es otro que la inexistencia del secreto», escribe Jean Baudrillard. Y punto. Punto y seguido, porque conviene detenerse en dos de las frases del apócrifo de Jean Baudrillard. Primera: «De ahora en adelante ya no dirás: «tienes una patria, debes salvarla», sino «tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten«». Segunda: «Aquí es donde empieza el resto de la vida». El significado de dichas ideas parece claro: hay que preocuparse de que los ciudadanos vivan lo más dignamente posible. Pero, ¿cómo lograrlo?

Lejos de la retórica del francés, esta es mi propuesta. En primer lugar, se trata de hacer realidad el olvido Cataluña. Esto es, mandar el catalanismo al museo de curiosidades de la historia, al lugar que se merece y se ha ganado a pulso por anacrónico y excluyente. Por anacrónico, porque si la misión histórica del catalanismo es la democratización y modernización de España, ¿cuál es hoy su sentido cuando se da el caso de que España lleva años democratizada y modernizada? Por excluyente, porque al querer inventar /diseñar/ construir/ reconstruir Cataluña sobre una identidad nacional propia que no existe, se está excluyendo —por decreto, por obra y gracia de los definidores oficiales de la Cataluña soñada o imaginada por el nacionalismo— a la mitad, o más, de unos catalanes impropios (?) que por ello no dejan de serlo, aunque no cumplan los criterios nacionalmente correctos legitimados y legalizados por el notariado nacionalista. Hablando de identidad y exclusión, no queda más remedio que mencionar la cuestión de la lengua. Cuando resulta que el castellano es la lengua materna de la mitad de los catalanes, cuando resulta que el castellano es la lengua habitual de comunicación de la mitad de los catalanes, ¿cómo puede sostenerse —lo hace el Estatuto— que el catalán es «la lengua propia de Cataluña» y como tal «es la lengua de uso normal y preferente de las administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza»? La dialéctica infernal entre identidad y lengua ha dado lugar a un esencialismo lingüístico cuyas consecuencias perversas son el monolingüismo catalán y el anticastellanismo lingüístico. Y la cosa tiene su miga si tenemos en cuenta que Cataluña, en función del origen de sus habitantes, es uno de los territorios más españoles de España. Territorio en el que, por lo demás, la mayoría de sus ciudadanos se sienten a la vez catalanes y españoles o españoles y catalanes.

Archivado el catalanismo, olvidada la obsesión identitaria, arrinconado el extravío dieciochesco de una Cataluña soberana, abandonadas las ideas de quienes están fuera del siglo y se creen la encarnación de la historia, conseguido esto, se abriría el paso a la política y a la política de las cosas en el sentido más noble de una y otra. Abrir el paso a la política: lealtad institucional, recuperación de la autoridad y la responsabilidad, transparencia, autocrítica, superación de la demagogia, el populismo, el sentimentalismo y un victimismo que sirve para ocultar insuficiencias, reclamar privilegios y conservar el poder. Abrir el paso a la política de las cosas: infraestructuras, liberalización económica, productividad, competitividad, educación, familia, sanidad, investigación e innovación, vivienda, inmigración, seguridad. Una política y una política de las cosas que en Cataluña está hoy condicionada y limitada por la defensa de lo propio, por una llamada reconstrucción nacional que exige la discriminación de lo impropio, así como una importante cantidad de recursos económicos que podrían destinarse a cuestiones más prosaicas. Lejos de la ofuscación nacionalista por el ser, lejos del paralizador repliegue nacionalista que se escuda en la reivindicación permanente y la cultura de la queja, lejos de eso, la política y la política de las cosas es la condición de posibilidad de los deseos —otra vez la cita— del filósofo francés: «De ahora en adelante ya no dirás: “tienes una patria, debes salvarla” sino “tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten”»; «Aquí es donde empieza el resto de la vida». Si recuperada la política y la política de las cosas, Jean Baudrillard viajara a Cataluña, en lugar de reeditar su Oublier la Catalogne escribiría un nuevo ensayo titulado La grandeur de la Catalogne.

De Juana Chaos y ZP
La carcajada de ETA
Isabel Durán Libertad Digital 30 Octubre 2006

"Sus lloros son nuestra sonrisa y terminaremos a carcajada limpia", dijo De Juana Chaos al enterarse del asesinato del matrimonio Jiménez Becerril en Sevilla. Este es el nuevo hombre de paz de Zapatero. Como Ternera, como Otegi, como los Txapotes y los Bilbaos. La frase pronunciada por el presidente del Gobierno en Soria no ha sonado ni siquiera como un sarcasmo; ha sido una agresión a todas las víctimas.

La Guardia Civil, en la que se cebó De Juana Chaos como máximo cabecilla del grupo faccioso y terrorista que se denominó "comando Madrid", tiene que haber reventado por dentro después de haber conocido la apreciación del inquilino de La Moncloa. Sólo en dos atentados, De Juana, junto con Belén González y el ahora arrepentido Soares Gamboa, destrozó la vida de 17 miembros de la Benemérita. Cinco de ellos jovencísimos, alumnos aún en formación.

En la semana más ominosa del traidor periodo de negociación abierto con los asesinos, cuando ETA se ha rearmado de nuevo hasta los dientes y cuando Otegi, el terrorista con el que Patxi López "no descarta gobernar", ha vuelto a insistir en que con la Ley de Partidos no hay paz posible, Zapatero, lejos de reconocer la autoría de ETA en el robo de las 350 pistolas y 9.000 balas en Nimes, se ha comportado como un cómplice de la banda. Sus fiscales, el trío formado por Conde Pumpido, Zaragoza y Burgos, se han comportado sencillamente como mamporreros de un presidente que ha dividido a España y Europa y dejado la dignidad del Estado de Derecho a la altura de su propia miseria moral.

Mientras las víctimas lloran a sus muertos con la pena añadida del desdén del jefe del Gobierno y de la certeza en que ya no habrá justicia, las risotadas carcajeantes del asesino De Juana resuenan en un país que, a mayor abundamiento, ha tenido que soportar la trampa de una huelga de hambre que ha servido al propio Gobierno para justificar la rebaja de la pena del sanguinario criminal, que no sólo no ha pedido perdón sino que se refocila con las lágrimas de las víctimas. La actitud del presidente se comenta por sí sola.

Hechos, no promesas
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 30 Octubre 2006

Al principio se dijo que esta tregua era diferente a las anteriores. Que en esta no habría ni violencia callejera, ni extorsión. Que era una tregua total, no como las de José María Aznar. Pero enseguida le quemaron el negocio a un concejal de UPN en Navarra y desde el Gobierno despejaron fuera de la banda toda clase de balones exculpatorios: que si había motivaciones particulares; que el ataque no obedecía a consignas de ETA; que, en todo caso, se investigaría y que ya se darían a conocer los resultados. Hoy seguimos esperando aquellos resultados.

Luego la violencia callejera menudeó mientras el Gobierno miraba hacia otro lado -el PNV, mucho más exigente, le tiró por eso de las orejas al Ejecutivo en una nota oficial en el mes de mayo- o, como mucho, repetía una y otra vez que los ataques eran «incompatibles con el proceso», mensaje que los encapuchados oían como quien oye llover porque percibían que no tenía consecuencias.

Después apareció la extorsión. Los empresarios navarros fueron los primeros en denunciar que seguía el chantaje y el Gobierno dijo en un primer momento que eran «inercias del pasado» o que las cartas se habían enviado antes de la tregua. Cuando se demostró que las cartas seguían llegando muchos meses después, desde las filas socialistas se atacó al mensajero acusando a los denunciantes de seguir las consignas del PP. Han conseguido silenciar a los empresarios, pero no cortar el flujo de extorsión porque este mismo mes de octubre se han recibido nuevas cartas.

Después de esas dos vulneraciones continuadas de los pactos de tregua, ETA pudo sacar la conclusión de que no tenía respuesta suficiente por parte del Gobierno, que no le imponían reglas claras, y siguió dando pasos adelante. Porque de ETA se sabe que ocupa todos los huecos que deja el Estado de Derecho, que está permanentemente poniendo a prueba a las instituciones y cuando descubre un espacio vacío, lo ocupa. Ante las indecisiones en la aplicación de la ley, oponen los hechos consumados.

Ahora ETA se acaba de apoderar de un importante arsenal de armas de fuego, vulnerando abiertamente la tregua. Es otro hecho. Las palabras pueden ser desvirtuadas por los hechos cuando éstos son contrarios a lo que se dice, en cambio los hechos no pueden ser desmentidos con palabras por muy esperanzadoras que resulten. Para desvirtuar la amenaza del rearme de ETA sólo es válido otro hecho igual de sólido: que devuelvan las armas. Que las entreguen en otra operación tan espectacular como la del robo, si lo que quieren es publicidad, como cree el Gobierno, o que se las dejen quitar. Pero se requieren hechos públicos y no promesas de paz secretas.     f.dominguez@diario-elcorreo.com

Conde Pumpido
¿El fiscal acusado?
Agapito Maestre Libertad Digital 30 Octubre 2006

¿Qué es un fiscal-acusado? ¡Ah! Nadie inteligente se sorprende con esta pregunta. Menos sorpresa causa la respuesta: un fiscal-acusado es quien justifica al asesino antes que acusarlo. Es el mundo al revés. Es lo que hemos aprendido en el juicio "contra" el criminal De Juana Chaos. En España, prolifera esta especie de fiscal-acusado desde que Zapatero llegó al poder. Lo trágico es que todo el mundo lo sabe. El hombre de la calle, sin distinción de ideología, es consciente de que el Fiscal General del Estado dejó hace mucho tiempo de ser acusador, de ejercer su oficio con profesionalidad, para pasar a ser acusado de incapacidad para ejercer su oficio. La ciudadanía lo acusa de carecer de honestidad, decoro e inteligencia para ejercer su oficio.

Los votantes y próximos al PSOE saben que Conde Pumpido no es nada al margen de Zapatero. Está acusado por ellos de no ser otra cosa que el brazo jurídico-ejecutor de los deseos de Zapatero. El resto de ciudadanos normales, capaces todavía de pensar con categorías morales, soportan con indignación y tristeza a un hombre sin un mínimo de arresto ético, o sea, racional, para ejercer su oficio. El fiscal-acusado, en fin, ha puesto su "independencia" al servicio de los dictados del Gobierno. Nadie duda de que la figura del fiscal-acusador de malhechores y asesinos, de delincuentes y criminales, ha desaparecido supeditada a las órdenes del Gobierno, o peor, a la justificación de asesinos. La perversión de los conceptos en el ámbito de la justicia no podía ser más grave.

Desaparece la figura del fiscal-acusador y nace la del fiscal-acusado. Desaparecen los fiscales honestos e independientes y ocupan sus puestos seres menores sin conciencia moral profesional. Por fortuna, ha reaccionado críticamente una asociación de fiscales y lo ha hecho impecablemente dando nombres y apellidos de los fiscales-acusados, a saber, Conde Pumpido y los fiscales que le siguen. Por otro lado, los nombres de los honestos no los pongo yo, sino también la Asociación de Fiscales, en la que están representados el 70 por ciento de los miembros de la carrera, que han respaldado la decisión del fiscal de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, de negarse a participar en el juicio contra De Juana, porque se oponía a rebajar la pena de 96 años de cárcel que pedía inicialmente.

Tiene que ser un honor para Jesús Alonso, como ya lo fuera para el cesado Fungairiño, formar parte de ese selecto grupo de fiscales justos y acusadores de asesinos, que soportan estoicamente la persecución de un Gobierno que pacta el futuro de España con los criminales de ETA. Pero, por lo mismo, tiene que ser terrible el escarnio y la humillación de quien no sólo deja de acusar al criminal, sino que justifica rebajar penas a los peores asesinos de ETA. No quiero ponerme en la piel de Fernando Burgo, el nuevo fiscal-acusado en el juicio de De Juana, porque tiene que ser enloquecedor, primero, perder tu identidad profesional, y, segundo, ser despreciado por tus compañeros de profesión y por las víctimas del terror.

¡Cuánta razón tenía Nietzsche al decir que es inhumano bendecir cuando se nos ha maldecido!

La baza de la Justicia
EDITORIAL Libertad Digital 30 Octubre 2006

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha abierto una investigación sobre el alarde proetarra exhibido durante el partido de fútbol que hermanó el pasado 8 de octubre en el Camp Nou a esos engendros del odio conocidos como "selecciones nacionales" de Cataluña y País Vasco. Una denuncia de Convivencia Cívica Catalana, asociación que representa lo poco de libre que le queda a la sociedad civil de Cataluña, ha inducido a que se investigue la colocación de pancartas a favor de ETA y de sus terroristas en un bochornoso espectáculo que simbolizó, como pocos acontecimientos, la España de Zapatero, en la que los enemigos de la Constitución y los violentos totalitarios se enseñorean en la calle y en las instituciones con la comprensión, cuando no el aliento, del Gobierno, mientras los demócratas y gentes de Ley tienen que buscar refugio o resignarse al silencio cada vez que el matonismo nacionalista demuestra su poder y su impunidad.

Las agresiones a afiliados y bienes del PP en Cataluña, el insulto y la bufonada en medios de comunicación públicos sobre cualquiera que defienda ideas y valores constitucionales, se han convertido en prácticas cotidianas, toleradas, incluso bien vistas o fomentadas desde las instituciones; indicativas, en cualquier caso, del estado de amedrentamiento que sufre la mayoría de los españoles a manos de las minorías despóticas que hoy sostienen a Rodríguez Zapatero en el poder. En este contexto, la actuación de una Justicia independiente debe ser la garantía más eficaz de la plena vigencia del orden constitucional y de amparo de la inmensa mayoría que quiere vivir en libertad y conforme a la Ley.

Convivencia Cívica Catalana ha acudido a la instancia adecuada para defender la legalidad de un Estado de Derecho, una vez constatado que este Gobierno no hará nada por preservarla del expansionismo nacionalista y violento. No siempre la Justicia ha estado a la altura del crucial papel que le toca desempeñar en este régimen de libertad amenazada. Pero cuando lo hace, cuando cumple con su deber e investiga evidencias de delito, como en este caso flagrante de exhibición de apología terrorista, su eficacia y consuelo se multiplican. Es, junto a una sociedad civil resistente y no resignada, la mejor baza de la libertad y la democracia frente a la amenaza del populismo despótico y la violencia nacionalista.

Cosoberanía
Constitución, diálogo y lealtad
José Vilas Nogueira Libertad Digital 30 Octubre 2006

Se puede pensar que una correcta arquitectura constitucional es un elemento secundario para el funcionamiento y la persistencia de un sistema político. Se puede, pero no se debería. Hay precedentes, como los de la República de Weimar o la Segunda República española (por no hablar de la primera), que justifican la impresión de que las deficiencias constitucionales pasan factura, más pronto o más temprano.

La Constitución española de 1978 es muy mala, aunque el explicable entusiasmo por la recuperación del régimen constitucional le haya ahorrado muchas críticas. Por un lado, añadió a la (infrecuente) constitucionalización del sistema electoral la opción por la representación proporcional, que incrementa abusivamente el peso en las decisiones de los pequeños partidos. Dada la exigencia de mayoría, tanto para la designación del Gobierno como para la aprobación de las leyes, en un sistema de tres partidos, en el que A tenga un 45% de los escaños, B, otro 45%, y C, un 10%, el peso de los tres partidos es el mismo. Y aunque esta situación se puede dar también en un sistema mayoritario, es mucho más probable en uno proporcional.

Otra gran deficiencia de la Constitución de 1978 ha sido la distribución territorial del poder. Aquella Constitución que constitucionalizó lo que no tenía que constitucionalizar (el sistema electoral), dejó en cambio a medio constitucionalizar lo que sí tenía que haber hecho: la distribución territorial del poder. El sistema de autonomías había nacido como régimen de privilegio (en el sentido etimológico de la palabra), para el "problema catalán" y, poco después, para el "problema vasco". Pero estos problemas suscitaron por emulación otros nuevos (el "gallego" y alguno más).

Se renunció a intentar remediarlos con un diseño cerrado de la distribución del poder; se renunció a intentar contrarrestar la fuerza centrífuga de las autonomías con órganos integradores de los nuevos poderes regionales en la gobernación del Estado (la denominación del Senado como Cámara de las autonomías es, vista su configuración y sus competencias, un mal chiste. Y visto lo que ha pasado desde 1978, una tragedia). Hoy todas las regiones son "naciones" o cosa parecida, y los partidos nacionales aparecen en todas partes como "agentes de Madrid". Su dirección nacional es crecientemente erosionada por sus aparatos territoriales. Aún no estamos en el "viva Cartagena", pero poco falta.

¿Justifica esto las posiciones de los nacionalistas disgregadores? No; todo lo contrario, contribuye a explicar su éxito. En el pecado de su cerrazón a encarar seriamente el problema de la distribución territorial del poder en 1978, la clase política nos ha llevado a la terrible penitencia de la situación actual. Los constituyentes actuaron sin licencia de la razón ni obediencia a principios nacionales ("après nous, le deluge", dijeron con Luis XV).

No optaron por ninguna posibilidad claramente definida: Estado enteramente unitario, Estado unitario con algunas regiones autónomas, Estado federal. Prefirieron un monstruo de Frankenstein, y además inacabado. Un legislativo y un ejecutivo típicos de un Estado unitario; preautonomías, que abrían la carrera a la generalización autonómica. Omisión de un reparto competencial definido. Y, lo que es más grave, se alimentó así una ficción que invertía la génesis y la legitimidad de la situación. Las Comunidades Autónomas no derivarían de la Constitución, sino ésta "debería ser" resultado de la voluntad de los "pueblos autonómicos" (!).

En síntesis, se creó una estructura de oportunidad para la deslealtad nacionalista. Y ahora, merced a Zapatero, también la socialista. Su última manifestación es el diálogo clandestino que mantienen PNV, ETA-BATASUNA y PSOE, en busca de una fórmula de "cosoberanía" entre "España" y el País Vasco. No me extenderé sobre esta expectativa, cuyo resultado catastrófico no exige mucho análisis. Me limitaré a señalar una obviedad. No hay diálogo, ni negociación posible sin un mínimo de lealtad recíproca. Por malo que sea cualquier acuerdo a que se llegue con los nacionalistas, peor será su posteridad, pues lo incumplirán cuantas veces les convenga. Por mucho que Zapatero y los suyos ponderen las virtudes del diálogo, imposible es mantenerlo con ellos, incapaces de mantener su palabra más allá de una semana.

Por eso, entre otras cosas, son importantes las constituciones y los tribunales que las hacen cumplir. Cuando aquéllas son malas o inadecuadas, el remedio es cambiarlas, no vulnerarlas.

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

¿Qué demonios es el proceso de paz?
Por GERMÁN YANKE ABC 30 Octubre 2006

«ES de los que están por el proceso de paz, es de los que están por el proceso de paz». Si uno se coloca en la posición del mero observador, como si no le fuera nada en ello, puede imaginarse al presidente del Gobierno repitiéndose en voz baja, después de la estrafalaria aventura carcelaria y judicial de De Juana Chaos, eso de que es de los que están por el proceso de paz. Y llega luego a San Leonardo de Yagüe, paraíso micológico, le tiembla la piel ante la vista impresionante de los farallones rocosos del Cañón del Río Lobos, y dice en voz alta casi sin darse cuenta: «Es de los que están por el proceso de paz». Son cosas que pasan: uno desea que ocurra algo, se lo va rumiando a solas y, en cuanto se descuida, lo dice en voz alta. Creo que hay psicoanalistas que tienen explicaciones muy serias para este fenómeno.

Por el contrario, podría pensar el espectador, como el presidente no va por las dependencias del Palacio de La Moncloa, de decoración tan artificial, todo tan de cartón piedra, repitiendo en voz baja cuáles van a ser «las consecuencias» del robo de pistolas y revólveres con secuestro incluido, no se le escapan las conclusiones de tan profunda reflexión ni cuando en Tarragona termina por aburrirse de las profecías de José Montilla. «Es una persona de fiar» -dice cansinamente- y vuelve a la murga de la extrema derecha, que debe ser también uno de los estribillos que le rebotan en la mente mientras juega al baloncesto.

Pero quizá, viendo el asunto más de cerca, o de modo más implicado, lo del terrorista encarcelado -lo de que está «por el proceso de paz»- no es un deseo bienintencionado que se le escapa inopinadamente viendo los pinares que se elevan por las sierras de Urbión y de la Demanda. Quizás esté convencido, quizás esté en lo cierto incluso, y lo dice conscientemente en ese preciso momento en el que al portavoz del Consejo General del Poder Judicial le parece inoportuno, es decir, cuando se inicia el juicio en la Audiencia Nacional contra De Juana Chaos. Esta segunda posibilidad es todavía más clarificadora porque coloca la cuestión en su verdadera dimensión: el problema no es tanto analizar el optimismo y los deseos del presidente como saber qué demonios se entiende por «proceso de paz».

De los silencios y confidencias periodísticas de Rodríguez Zapatero tenemos, además, la versión oficial de la vicepresidenta y portavoz del Gobierno tras el último Consejo de Ministros. El «proceso» avanza; el asunto, con todas las dificultades y con toda la lentitud necesaria, se mueve, el Gobierno está implicado, hará todo lo que esté en su mano. Las «consecuencias» del robo en Francia que la Policía atribuye a ETA, a pesar de ser un hecho que desmorona toda la arquitectura teórica del «proceso», no se van a hacer públicas por el momento.

¿Qué es, entonces, el «proceso de paz»? Porque a lo mejor es lógico que De Juana Chaos esté de acuerdo con él. La doctrina del terrorista, incluso en su versión edulcorada para librarse de una sentencia mayor, no es otra que afirmar que, aunque ahora no mate («¿Pertenece usted a ETA?», le pregunta el juez. «En el 85, sí», responde), la violencia no es condenable. Es más, no era condenable cuando él mismo mataba y no lo es si, como ha escrito, las «ilusiones y el esfuerzo de décadas» de lo que llama «izquierda abertzale» están en peligro de ser «devoradas». Aclaro para los entusiastas del proceso que «izquierda abertzale» no significa nacionalismo vasco sin ETA, sino el conjunto de todo ello que ETA, incluida, comanda. Si todo consiste en que ETA mantenga, a su manera, el «alto el fuego permanente» a cambio de que sus totalitarias reivindicaciones no sean devoradas, puede muy bien De Juan Chaos estar «por el proceso».

Subrayemos dos episodios de este mismo fin de semana. En Andoain, en donde fueron asesinados Joseba Pagazaurtundúa y José Luis López de la Calle, se inauguraba el sábado una Casa del Pueblo bajo el forzado nombre de «Espacio de Libertad Joseba Pagazaurtundúa». Un homenaje sin duda, pero lo significativo, más allá de la ausencia de los familiares del militante honrado, es que junto a las menciones nominales tampoco estaba presente lo que ambos defendieron en público y en privado. La «paz», en el lenguaje socialista, se ha convertido en que «ETA no mata» desde hace más de tres años -que sería, en todo caso, un logro del anterior Gobierno, bajo cuyo mandato ETA dejó de matar- y no en la consecución de la libertad y el Estado de Derecho que los dos asesinados persiguieron hasta su muerte. Al mismo tiempo, en San Sebastián, los dirigentes de Batasuna, amparados en su legalización de hecho, explicaban que apuestan «por dar una respuesta democrática al conflicto» y que si ETA ha robado armas se trataría de un «síntoma» de la grave situación por la que atraviesa «el proceso».

El terrorista citado por el presidente, no se olvide, considera, con el escarnio que merece la comparación, que la salida adecuada es desmontar un Estado con «razones sin límite ético y moral».

Así que, según cómo se entienda el invento, se podría decir que De Juana Chaos está muy, pero que muy, «por el proceso». Y lo que el portavoz del CGPJ y tantos otros deberían pedir al presidente Rodríguez Zapatero es, más que prudencia, una explicación pública y racional (no, por tanto, seudoreligiosa, basada en la fe en el líder) de lo que es y significa realmente eso del «proceso». Si se trata de dar la razón a Pagazaurtundúa y López de la Calle o de que ETA siga sin matar, pero no devorada.

Desde la cofa
Ciudadanos
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 30 Octubre 2006

Próximo como está el resultado electoral en Cataluña, el espectáculo que está dando la campaña no puede ser más lamentable. Y no me refiero sólo al ridículo autoinfligido de Montilla o el racismo por puntos de Mas. Los nacionalistas, con la soltura y el desparpajo que otorga la protección institucional, han llevado de nuevo a la práctica sus ideas con amenazas y llamamientos a nuevos pogroms contra el Partido Popular en Tortosa. El último domingo de campaña, el PP ha convocado a los medios de comunicación en Cataluña para informar del asunto. Y, ¿saben qué? No ha ido ni uno.

El nacionalismo es una ideología de poder, que lo supedita todo a la contribución a un ideal colectivista, inasible; la construcción nacional. Es una llamada a nuestros atávicos sentimientos tribales y a la compulsión de la pertenencia a un grupo que supera al individuo, y lleva al enfrentamiento nosotros-ellos. Para esa ideología el libre ejercicio de los derechos resulta en muchas ocasiones molesto, entorpecedor, y al final "intolerable". Donde triunfa el nacionalismo, el papel de las personas con derechos básicos, lo que conocemos como ciudadanos, queda supeditado al tótem de la construcción nacional. En Cataluña ese nacionalismo se ha desarrollado sin oposición, ha ocupado el poder y desde él ha infiltrado todos los aspectos de la vida antes ciudadana. Los medios de comunicación, que están para contar lo-que-pasa, llegan al extremo de huir de la noticia, como ha pasado el domingo en Tortosa.

Un grupo de intelectuales, alertados ante el secuestro de las libertades de los catalanes en nombre de la Nación, ha reaccionado (tarde) bajo el significativo nombre de Ciudadanos de Cataluña. Aportaron el análisis y las ideas y tuvieron el valor de enfrentarse con ellas al nacionalismo. Luego les ha llegado el turno a los políticos, que quieren insertar estas ideas en las instituciones. El uno de noviembre es el turno de los votantes.

Mientras la dirección del PP lucha por convertir a ese partido en un CiU-sin-echarse-al-monte, Ciudadanos habla claramente de la libertad y de los derechos de los catalanes, señala sin ambages las heridas de la enfermedad nacionalista de Cataluña y ha creado un discurso que rompe frente por frente la silenciosa dictadura que se ha ido creando en ese rincón de España. Cataluña y el resto de España necesitan de esa voz y considero que los votantes deben dársela. Siento que me hayan dejado sin candidato en Madrid, pero les agradezco como ciudadano que hayan puesto en marcha la iniciativa política más valiosa de los últimos años.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

Mas no es español
Por Edurne Uriarte ABC 30 Octubre 2006

Carlos Herrera entrevistó hace unos días a Artur Mas. Le preguntó si se sentía español. El candidato de CiU dio varias vueltas para decir, sin ponerse abiertamente inconstitucional, que no, que él se consideraba únicamente catalán, que lo de la españolidad era más o menos una incómoda circunstancia legal en la medida en que Cataluña pertenecía «al Estado español». No me sorprende su radicalidad identitaria, cada vez más habitual entre el antaño nacionalismo moderado. Pero sí me desazona el descaro con el que ese radicalismo violenta los sentimientos de los ciudadanos catalanes, la manera en que las elites políticas nacionalistas fuerzan, con éxito, la culpabilidad de lo español. Porque lo cierto es que la inmensa mayoría de catalanes, que sí se siente española, votará a quienes han aceptado esa culpabilidad.

Decenas de encuestas han mostrado que los catalanes que excluyen la españolidad de su identidad política no pasan del 15 por ciento, que el resto se siente español con naturalidad, no por imperativo legal, como Mas. Pero esa realidad sociológica tiene cada vez menos que ver con la realidad electoral. La sed de poder de las elites nacionalistas, su ambición por acaparar el control de todas las instituciones sin injerencias del resto del Estado, ha convertido la identidad catalana en un instrumento de presión; política, sobre el resto de España, y psicológica, sobre el 85 por ciento de los catalanes. Y funciona. Nadie quiere ser señalado con la ignominia del anticatalanismo.

Por eso es más que probable que Mas esté en disposición de formar gobierno el próximo miércoles. O que, en su defecto, lo esté Montilla, el líder de un PSC que dio por bueno el catalanismo obligatorio hace tiempo y hasta lo puso en práctica en su tripartito, aún con más entusiasmo que la propia CiU.

Los únicos rebeldes de la catalanidad oficial, los populares y los de Ciutadans, probablemente ni siquiera sumarán más del 15 por ciento de los votos. La discrepancia del nacionalismo obligatorio sale muy cara en Cataluña a los ciudadanos, en la vida cotidiana, y a los partidos, en la liza electoral.

Cataluña
Estado de miedo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 30 Octubre 2006

Los hechos están demostrando que las condenas a las agresiones de Martorell valían menos que un duro falso, menos que nada, menos que un informe de Santano. Aquella vergüenza, que implicaba a cargos orgánicos e institucionales del Partido Socialista, fue sometida a tal tratamiento de inversión que parecía uno de aquellos abriguitos reversibles de la infancia. Como siempre por estos pagos, la prensa no tardó ni veinticuatro horas en convertir a los agredidos en agresores y a los agresores en unos señores que pasaban por allí y se encontraron con la provocación de Acebes, empeñado en salir de los locales por la puerta y no por el ventanuco de los servicios, que es lo que le corresponde.

Cada día desde entonces ha sufrido el PPC los insultos, las amenazas o las agresiones. Mientras, Artur Mas respondía a las incomprensibles ofertas de apoyo de Piqué revalidando y extendiendo la eficacia del antidemocrático pacto de exclusión del Tinell, sumándose mediante acta notarias a las conjuras del Tripartito. Curiosa adhesión, en la parte más lesiva para la convivencia, a una coalición de gobierno cuya legitimidad cuestiona en el famoso vídeo de Madí.

Cada día se han visto acusados los proscritos de fascistas y anticatalanes. No por reiterada debería blanquearse la ignominia. Pero sí. La prensa local ha dejado de considerar noticiosa la violencia física y verbal cuando quien la sufre es el apestado del pacto de gobierno, el señalado en acta notarial. Así, a la rueda de prensa convocada para denunciar los ataques a la sede de Tortosa (incluidas dianas pintadas, es decir, invitaciones al asesinato), ni un solo medio acudió. Ni uno. Ese es el estado de normalidad democrática de Cataluña.

El presidente del gobierno, de visita electoral, ha puesto su granito de arena invitando a acorralar a la extrema derecha. No, no se refería a la Esquerra, lo más parecido al fascismo que hay en circulación. Se refería al PP. Rodríguez invita públicamente a acorralar al PP. Como en el 13-M. Amén de insultar al adversario y trocarlo en enemigo, todo un jefe del ejecutivo alienta el proceso de extinción de la oposición política en Cataluña por exclusión social, silencio mediático y violencia "anónima". Es un insensato, un incendiario. A quien hay que acorralar es a él. Sin dianas y sin amenazas; expresando con serena claridad lo que es: un peligro para España, para la convivencia y para la libertad.

Mentiras y cintas de audio
Luis del Pino Libertad Digital 30 Octubre 2006

La información que hoy desvela Fernando Lázaro en el periódico El Mundo tiene una extraordinaria importancia. No por el hecho en sí ("más de 200 cintas grabadas por Garzón a los presuntos islamistas del 11-M se amontonaban sin traducir en un despacho de la UCIE"), sino por las deducciones que podemos realizar a partir de esa noticia.

Con lo que hasta ahora sabemos, el papel de esos presuntos islamistas en los atentados fue meramente auxiliar (si es que tuvieron algún papel). Lo que el sentido común nos dice es que, si esos islamistas hubieran llevado el peso principal del atentado, sin colaboraciones o controles externos, no habría habido necesidad ninguna de inventar pruebas falsas, colocar mochilas improvisadas ni falsificar informes. Pero vamos a olvidarnos de eso que nos dice el sentido común y vamos a tratar de razonar a la inversa.

Que las tres pruebas principales del sumario son falsas es algo ya sabido. Y sólo existen dos posibles motivos para que desde los servicios del Estado se ponga en marcha la cadena de falsificaciones:

1) El primer posible motivo es para tapar con una falsa trama islámica un atentado cometido por otros. Esa falsa trama islámica se habría construido a partir de personas que estaban ya controladas antes del 11-M, como parte de la labor cotidiana de vigilancia e infiltración en grupos terroristas. Existen dos subopciones:

1.1) que las pruebas falsas se improvisaran después del atentado, lo que nos llevaría a la hipótesis "Corona de Aragón": ETA comete una masacre y alguien decide que hay que taparla.

1.2) que las pruebas falsas vinieran ya preparándose, parcialmente, desde antes del 11-M, lo que nos llevaría a la hipótesis "23-F, segunda parte": el 11-M sería un autogolpe de una parte de los servicios del Estado, con el que despejar el camino para la definitiva desarticulación de la derecha y para la configuración de España como un estado federal.

2) El segundo posible motivo para iniciar la cadena de falsificaciones sería que los servicios del Estado tuvieran constancia, nada más producirse el 11-M, de quién había cometido el atentado, pero que no pudieran, por algún motivo, hacer pública la información que conocían. En consecuencia, alguien habría decidido ocultar las pruebas reales de la implicación de los islamistas, sustituyéndolas por otras pruebas fabricadas. Un ejemplo: supongamos que una parte de los servicios del Estado dispusiera de información suficiente para haber evitado el atentado, pero que por negligencia no lo hubieran abortado. Entonces, esa parte de los servicios del Estado habría colocado las pruebas falsas para que los culpables fueran castigados, pero sin que esas negligencias quedaran al descubierto.

Y me temo que no hay más opciones, salvo posiblemente las "mixtas": por ejemplo, que hubiera en marcha un autogolpe incruento (hipótesis 1.2) que ETA hubiera transformado en masacre colocando artefactos reales (hipótesis 1.1). A los lectores del blog, esta opción les sonará perfectamente, porque es la teoría que Ziriaco expuso poco después de que este blog iniciara su andadura.

Volvamos ahora a la información que hoy publica El Mundo. Nos cuentan que hay 200 cintas de los presuntos islamistas grabadas por orden de Garzón y que se amontonaban sin traducir en un despacho de la UCIE. Nos cuentan también que muchas de esas cintas ya no se podrán oír porque, cuando Garzón las reclama unos meses después de los atentados, muchas de ellas estaban deterioradas.

En principio, parece que se trata de una noticia que apunta a la Hipótesis 2 ("hubo una negligencia y las pruebas falsas no buscarían otra cosa que taparla"), pero, si reflexionamos sobre el contenido de la noticia, vemos que sucede justo lo contrario: la noticia nos permite descartar de forma casi definitiva la hipótesis de la negligencia.

1.
En primer lugar, las cintas no se deterioran en unos meses. Para deteriorarlas tan pronto hasta el punto de que sean inaudibles, hace falta algo más que el simple paso del tiempo. Además, el deterioro de una cinta es gradual y los programas de procesamiento de sonido existentes en la actualidad permiten extraer la voz de grabaciones verdaderamente lamentables. Esos programas de sonido se utilizan, por ejemplo, para restaurar programas radiofónicos que llevan décadas almacenados en cintas. Pero es que el propio sumario del 11-M nos da un ejemplo perfecto de restauración de cintas: las dos cintas de vídeo que se encontraron en Leganés pudieron ser restauradas a pesar de resultar enormemente dañadas en la explosión. ¿Es creíble que se pudieran restaurar esas cintas de vídeo después de una explosión, pero que las cintas de Garzón no se pudieran oír porque habían pasado unos meses? Evidentemente, no.
2.
En segundo lugar, la mera existencia de las cintas grabadas constituye un argumento muy fuerte en contra de la implicación (aunque fuera tangencial) de esos presuntos islamistas en los atentados. El que las cintas fueran traducidas o no antes de los atentados es irrelevante, porque lo que está claro es que podían haber sido traducidas después. Si no nos han enseñado ningún corte de esas cintas donde esos islamistas hablen del 11-M, sólo puede deberse a una razón: a que esas cintas no contienen nada que relacione a esos islamistas con la masacre. Porque no creo que nos vayan a salir con que existen esos cortes de audio y que se los han estado ocultando durante dos años al juez, ¿verdad?
3.
En tercer lugar, si el objetivo de las pruebas falsas fuera simplemente tapar una negligencia, entonces no tendría ningún sentido que fueran precisamente los medios defensores de la versión oficial los que hubieran puesto en circulación esa hipótesis hace ya mucho tiempo. Porque lo cierto es que desde las páginas de El País, por ejemplo, ya se sostuvo hace un año que existían cintas grabadas y que el atentado no se había podido evitar porque Aznar no había contratado suficientes traductores.

A estas alturas, me temo que sólo quedan dos hipótesis en juego: atentado de ETA que se quiere tapar a toda costa o autogolpe. La hipótesis de la negligencia es sólo una más de las mentiras con las que se ha intentado amordazar al PP ("no escarbéis en la basura, porque fuisteis negligentes al no impedir el atentado"). Aunque en realidad no sólo se ha intentado amordazar al PP con esa mentira: también se ha intentado ejercer presión sobre otras instituciones a costa del mismo rollo. De hecho, en las conversaciones de pasillo, algunos extraños defensores de la versión oficial se dedican a propalar la especie de que la vigilancia a los islamistas se levantó antes de los atentados para destinar a esos policías a la seguridad de la boda del Príncipe.

Todo eso es basura, destinada a tratar de que haya gente que piense que existen secretos inconfesables que aconsejan que no se investigue. Y no es verdad. Ni negligencias, ni leches. Quienes único tienen secretos inconfesables son aquéllos que hayan participado en la preparación de la masacre. O en la ocultación de la verdadera autoría. La información de El Mundo de hoy nos permite clarificar un poco más un panorama cada vez más tenebroso.

P.D.: Hoy a las 6 tendremos chat en Libertad Digital, para aquéllos que queráis trasladarme alguna pregunta.

Los jueces, sin interés por el euskera
De los más de doscientos magistrados destinados en el País Vasco, sólo once conocen esa lengua El portavoz del CGPJ afirma que influye la «situación de violencia y falta de libertad»
F. Velasco La Razón 30 Octubre 2006

Madrid- Que los jueces destinados en el País Vasco no parece que tengan una especial preocupación por aprender y conocer el euskera es algo que resulta evidente a tenor de los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial. Menos de un diez por ciento de los más de doscientos jueces y magistrados tiene reconocido el mérito de conocimiento de esa lengua cooficial.

En concreto, sólo once de los 211 jueces que ejercen en el País Vasco son los que tienen ese reconocimiento, cifra que contrasta significativamente con los que tienen un dominio de las demás lenguas cooficiales. Así, el mérito de saber catalán lo tienen reconocido 794 jueces , muchos de los cuales ni siquiera están destinados en Cataluña; mientras que otros 218 lo tienen del gallego.

Por tanto, la pretensión que algunos sectores tienen de lograr una Administración de Justicia en la que predomine el uso del euskera choca con la realidad de los datos.

Justificaciones
Las razones que justifican ese porcentaje mínimo de magistrados que hablan euskera no se pueden circunscribir a una única causa. Así, el portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Enrique López, alude a la «extrema dificultad del aprendizaje del idioma, la escasa utilización que de ese idioma hacen los ciudadanos del País Vasco ante los tribunales, y todo ello aderezado con la situación de violencia y falta de libertad que existe en esta zona de España, así como un cuestionamiento permanente del Poder Judicial» en esa comunidad autónoma.

A pesar del reducido número de jueces que conocen el euskera, Enrique López sostiene que la obligatoriedad del conocimiento vernáculo a los jueces, «además de poder ser inconstitucional», no va a garantizar «un mayor éxito de su aprendizaje, por ejemplo en Cataluña, sino al contrario, se puede convertir en un elemento desalentador para concursar a un destino en esta comunidad».

Por ello, afirma que introducir el conocimiento de las lenguas cooficiales como «mérito excluyente» a la hora de lograr destino en una comunidad determinada no sería «deseable ni necesario», por lo que aboga por mantener el sistema actual.
Por su parte, el portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) y magistrado del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Antonio García, entiende que las razones de ese bajo número de jueces que dominan el euskera hay que buscarlas en «un cierto desinterés o desidia» a la hora de aprender ese idioma.

No es prioritario
En este sentido, argumentó que los jueces están preocupados por «mejorar cada día» su preparación profesional, su formación jurídica, para prestar un mejor servicio, y para lograr ese objetivo «el euskera no es un elemento principal».
En este sentido, el portavoz de la APM criticó la pretensión del Gobierno de introducir el conocimiento de las lenguas cooficiales como «mérito determinante» para lograr destino en determinadas plazas judiciales. Ese tipo de iniciativas, aseguró al respecto, «no va a contribuir a mejorar el funcionamiento, eficacia y calidad» en la prestación del servicio y supondría emprender un «camino peligroso y de consecuencias no medibles».

«Al final, el tema del idioma no es el de eficacia o mejora en la prestación del servicio, sino que es, pura y simplemente, político. Lo que se pretende es contribuir a lograr un Poder Judicial propio y a un juez con un determinado perfil», que son reivindicaciones casi permanentes de los sectores nacionalistas.

En última instancia, considera que, de llevarse a cabo esa implantación más o menos obligatoria del idioma, los grandes perjudicados serían, en realidad, los propios ciudadanos.

Coruña se escribe con L
ESPERANZA GUISÁN email 30 Octubre 2006

(Publicada en La Voz de Galicia)

CON L de libertad se escribe La Coruña . Libertad para que los castellanoparlantes de Galicia o de cualquier otra parte del mundo la nombren en toda su totalidad. Ninguna ley, por muy aprobada que sea en un parlamento, puede sustraerse a la libertad de un pueblo para denominarse como guste; nadie puede suplantar la voluntad soberana (real) y en esto, y aunque sólo fuera en esto, es de agradecer la posición del embajador español en el Vaticano, durante muchos años defensor de La Coruña.

Parece una cuestión baladí, ni siquiera digna de un comentario de tertulia y mucho menos de una reflexión ética. Pero la ética cotidiana se hace así, a base de reflexiones, de opiniones ilustradas y consensuadas. La pérdida de una L en el topónimo es expresiva de una visión totalizadora de las lenguas y del uso obligatorio de los lenguajes. Se trata de una humillación suprema al no tener derecho a que oficialmente se reconozca el topónimo castellano, siendo como son las lenguas gallega y castellana cooficiales en Galicia.

Nos humilla y ultraja, aunque parezca una cuestión puramente verbal o lexicográfica. Se trata de una politización de la lengua, de un intento de normalizar (qué horrible palabra) otra lengua que sólo puede ser acogida por la seducción inteligente.

Este largo silencio de los conformistas, de los impotentes, hace que parezca que todo marcha bien y no nos escuece el alma al ver el topónimo La Coruña sustituido por su equivalente en gallego cuando se habla o se escribe en castellano.

Tengo la impresión, sin embargo, de que la inmensa mayoría de los que nacimos en este lugar la seguimos y seguiremos denominando siempre La Coruña. Un referéndum entre los coruñeses no estaría de más para decidir algo que también atañe a nuestras señas de identidad, algo que es un bien irrenunciable, si no queremos romper la baraja y empezar a perder las libertades en función de fundamentalismos más o menos larvados. Necesitamos sólo un poco de valor para expresar en voz alta lo que pensamos. Lo políticamente correcto en Galicia es hoy en día normalizar. Pero lo éticamente correcto es respetar la libertad de los individuos para usar la lengua de su elección, siempre que no cercene los derechos iguales de los otros.

CARTA DE D. DANIEL UGARTE
Roberto email  30 Octubre 2006

Acabo de leer el artículo de la catedrática de Ética de la USC, Dra. Esperanza Guisán que me pareció magnífico, de una gran sensibilidad, de una coherencia total con su cátedra y con su rango de coruñesa que quiere a su ciudad, con un topónimo de 700 años de antigüedad, que unos advenedizos, aprovechando un momento histórico favorable para ellos, pretenden erradicar con una Ley sectaria, antidemocrática y anticonstitucional para quitar el nombre tradicional a una ciudad libre, tolerante, que no arremete contra nadie pero que no está dispuesta a renunciar a esta parte íntima de su patrimonio, como es su nombre de siempre.

Discrepo, sin embargo, de Dª Esperanza en el sentido de que no es preciso hacer ningún referéndum, sino restituir el derecho a que se reponga el nombre correcto en la lengua española, oficial en toda España, según la Constitución, que es “La Coruña”. El Sr. Ugarte, en su carta del 27 pasado, reconoce no aportar nada nuevo al debate, no tiene más argumentos que la imposición de la lengua gallega, que pretende erradicar al español, mediante una Ley antidemocrática que los que tenían que recurrir en su momento, no lo hicieron. Al Sr. Ugarte nadie le discute su derecho a llamar A Coruña a la ciudad y a la provincia, siempre que emplee la lengua gallega. Pero en español, por sentido común, por racionalidad y porque la Constitución es de mayor rango que la Ley de Anormalización Lingüística, tendrá que ser repuesto el nombre de La Coruña. No se entiende que, por los que supongo amigos y afines ideológicamente a D. Daniel, se apoye al PNV para que puedan usar los topónimos San Sebastián-Donostia, Vitoria-Gasteiz y Bilbao-Bilbo y aquí se empecinen en la forma estrictamente gallega, en una exhibición de intolerancia, integrismo totalitario y un alarde nada democrático, despreciando el gran malestar innecesario que generan en la mayoría de la población de La Coruña, en el deterioro del ambiente de convivencia y en el odio, sí, odio, que generan por su actitud prepotente, en la que se sienten respaldados por una Ley necia, al servicio de los nacionalistas separatistas que luchan por imponer a todos la lengua gallega y erradicar la española.

Aunque no toda la culpa es de los nacionalistas, porque la deleznable clase política que padecemos podría arreglar de un plumazo esta aberración toponímica y no lo hacen, porque son incapaces de hacer nada que no sea atacarse mutuamente en todos los campos posibles, en desprestigiar al adversario en todo momento y en su falta de sentido de Estado. Prefieren seguir manteniendo la situación de crispación y no reparan en que los que siembran vientos pueden llegar a recoger tempestades.

D. Daniel Ugarte dice no tener argumentos nuevos ni ganas de rebatir la defensa del topónimo, que mira tú por donde, no tiene nada de franquista, y probablemente no sepa que contestar a la absurda imposición de todos los topónimos en lengua gallega, según esa “legalidad injusta” en la que tanto se apoya, ni tampoco sabrá que decir ante la no galleguización del nombre de la capital de Galicia, Santiago de Compostela, que eso si que es realmente curioso. Alguna razón podrida debe de haber para seguir con ese nombre de la capital gallega, usurpada vergonzosamente en su día a La Coruña. Pero no es necesario que se moleste en contestar ya que sus respuestas son irrelevantes. Ya sabemos todos de qué va el asunto.

Guisán, Ugarte y Coruña.
Coruña Liberal email 30 Octubre 2006

El Sr. Ugarte escribe el día 27 en esta sección, después de leer el artículo de la Sra Guisán pero antes de entenderlo. La Sra. Guisán habla de libertad, y el Sr. Ugarte pretende desacreditar dicho argumento central por una propuesta potencial, accesoria y, en realidad, prescindible, de su artículo: un eventual referéndum sobre el topónimo de La Coruña.

Por mucho que se enmascare, y por mucho que PP y PSOE hayan oficiado de tontos útiles -como durante toda la Transición y Post-transición- la imposición del topónimo 'A Coruña', y la expulsión del campo de lo oficial de 'La Coruña', es un caprichito nacionalista. La opinión del Sr. Ugarte, respecto de este asunto -cualquiera que sea respecto de otros-, es nacionalista. Lo chocante es que emplea para desacreditar todo el artículo de la Sra. Guisán únicamente la comparación con la estrategia totalitaria del PNV, que promueve un referéndum en el 'ámbito vasco de decisión' respaldado por las pistolas y con el aval de los autores de más de ochocientos asesinatos, para la secesión de una parte del territorio español. Da la impresión de que el Sr. Ugarte no considera legítimo ese referéndum. No lo es, pero esa estrategia criminógena del PNV cuenta con la complicidad del nacionalismo parlamentario gallego.

Esta pequeña esquizofrenia nacionalista no resiste el primer análisis. La Sra. Guisán alude al referéndum no para privar de reflejo oficial el gusto de nadie, sino para que lo obtenga, también, el suyo, y el de muchos otros. Es decir: que sea tan oficial La Coruña como A Coruña, y viceversa. Igualdad y libertad, conceptos indigestos para el totalitarismo linguocrático. (curiosamente, donde las pistolas han impulsado esos 'avances' se mantienen en algún caso dos formas del topónimo, como en la nacionalcursilería 'Vitoria-Gasteiz')
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