AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 6 Noviembre  2006

La reedición del tripartito
EDITORIAL Libertad Digital 6 Noviembre 2006

Las previsiones de los mejores analistas se han cumplido y la lógica de la situación ha ido descartando combinaciones de pactos de Gobierno hasta dejar como única vencedora la reedición del tripartito, con José Montilla al frente de la Generalidad y Carod Rovira de primer consejero. Son muchas las consecuencias de este acuerdo de gobierno. La primera de ellas es que Cataluña volverá a tener un Gobierno nacional-izquierdista de corte radical que, entre otras cosas, será el primer encargado de desarrollar el Estatuto de Autonomía, seguramente para hacerlo más anticonstitucional de lo que ya es. Por fortuna, al menos comienza una legislatura en Cataluña que promete ser divertida, ya que contará con una voz decididamente no nacionalista. Y no nos referimos a Piqué, claro está.

CiU contaba ya con un pacto con el PSC que dejara a Mas como hereu de Pujol tras el paréntesis maragalliano a cambio de la cesión de sus votos en el Parlamento nacional al servicio de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero las cosas no han sido así, lo que demuestra que Zapatero no controla el PSC. Es la segunda derrota política consecutiva en Cataluña tras los malos resultados socialistas. Pero esta es más grave, porque deja a las claras no sólo la inexistencia práctica del PSOE como un partido nacional sino, sobre todo, la irrelevancia de Zapatero.

Estamos ya acostumbrados a que se repita el mismo proceso una y otra vez. Zapatero, ese iluminado, traza un plan y cree que los demás se adaptarán a él en virtud de no se sabe qué. Y luego la realidad tiene su propia lógica, que por completo se le escapa de las manos al presidente. Le ha ocurrido con la negociación política con la banda ETA. Como se ha visto desde el comienzo y hemos denunciado sin descanso, son los asesinos quienes marcan la pauta y el Gobierno ha ido a la zaga porque se lo juega todo. En Cataluña, Zapatero tenía escrito el guión catalán del final de legislatura, pero de nuevo se ha dado cuenta de que no está al mando ni de su propio partido.

El partido de Mas pasará de fiel aliado a oposición en el Parlamento, por lo que necesitará de nuevo los votos de IU y ERC. Pero después de haberles traicionado, cediendo a última hora la foto del Estatuto a Mas en lugar de a los republicanos, no le saldrá barata la negociación con los socialnacionalistas. El entreguismo del Gobierno socialista con los nacionalismos, que ha sido mayúsculo, tendrá que ser aún mayor precisamente cuando más necesita el apoyo de otros partidos: en los meses previos a las elecciones generales.

Zapatero no controla la situación. Se le ha derrumbado la esperanza de presentarse como lo que no es, como un gobernante razonable que es capaz de llegar a acuerdos con fuerzas como CiU, y tendrá que recabar el apoyo de los más radicales, no sin un notable coste político.

EL ACANTILADO DE LAS AUTONOMÍAS
Editorial minutodigital 6 Noviembre 2006

Aunque no se incluya la cuestión dentro de las encuestas del CIS, somos muchos los españoles que consideramos que la identidad nacional constituye el gran problema español de nuestros tiempos.

“ Lo que hoy importa, lo que constituye el último y esencial problema político del momento histórico que vivimos, es averiguar si la inmensa mayoría del pueblo español sigue resuelto a convivir colectivamente, a compartir su destino y ejercer esa soberanía unitaria. Todo lo demás es no coger el toro por los cuernos y contribuir a ayudar a aquellos que quieren difuminar el autentico problema que tenemos, que no es otro que la subsistencia de nuestra identidad nacional. ”

Sin duda es el trasfondo que está detrás del terrorismo separatista de ETA y representa, aunque no se quiera reconocer así, el principal punto de fricción política entre los diversos partidos, ya que sus diversas concepciones sobre esa identidad nacional –o falta de identidad nacional- se traducen en el tipo de construcción estatal que tenemos, o que queremos cambiar y, aunque no seamos conscientes, afectan al mismo aparato administrativo que rige nuestra vida cotidiana como ciudadanos. Incluso podemos decir que repercute en la manera en que se afronta un nuevo problema, que día a día adquiere mayor protagonismo en nuestras vidas, cual es el fenómeno de la inmigración.

Algunos venimos sosteniendo, desde bastante antes que muchos de los recientes Saulos empezasen a ver la luz, que en España se ha confundido una deseable descentralización administrativa con la descentralización política, y que está última, teniendo en cuenta nuestra circunstancia, forzosamente conduciría a la disolución de nuestra identidad nacional.

A día de hoy, aún la inmensa mayoría de las personas cuando hablamos de los españoles, entiende que nos referimos a ese conjunto de los ciudadanos que, desde Finisterre a Reus, o desde Irún a Tarifa constituye el pueblo español. Si traducimos a la teoría del estado esta concepción tan extendida, debemos deducir que el estado se basa en la soberanía del pueblo español, entendida como voluntad colectiva de todos los españoles. Esa voluntad compacta, unitaria, en que se toman todas las decisiones esenciales, representa ni más ni menos que la solidaridad e igualdad absoluta de todos los españoles. Es la unidad nacional.

Pero si esta soberanía unitaria se divide en trozos y queda disociada en innumerables comunidades que deciden por sí, aparte, independiente e insolidariamente, no podemos concluir otra cosa que la unidad soberana al final se quebrará. Este ha sido el gran error del estado de las autonomías, que ha aceptado que en vez de una voluntad sola y total existan muchas, de las cuales la unidad nacional surge como pacto subsecuente. Su intención, nadie lo duda, era solventar precisamente la tensión entre regionalismos, nacionalismos, centralismo y unidad nacional. Sin embargo el estado de las autonomías ha consolidado una unidad nacional condicionada, contractual, paccionada, secundaria y por ello mismo problemática. A estas alturas es evidente que ha fracasado, como no podía ser de otra forma, en aquella tarea, e incluso podemos afirmar que ha hecho más mal que bien a España, ya que ha contribuido decisivamente a acentuar el problema de los separatismos.

No en vano hoy ya no son solamente los partidos nacionalistas o la ultraizquierda quienes cuestionan esa voluntad soberana unitaria del pueblo español, sino que hasta el PSOE se encuentra en pleno proceso de reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Ya se hable del modelo de Québec o el de Montenegro, lo fundamental es que tal postura pone fin a la idea de soberanía nacional española.

Por ello el PP, si quiere defender eficazmente la unidad de España, se equivoca gravemente no oponiéndose frontalmente a cualquier reforma de los estatutos de autonomía, que no solo no se han demandado popularmente, sino que contribuyen a ahondar en un error y aumentar el mal.

Lo que hoy importa, lo que constituye el último y esencial problema político del momento histórico que vivimos, es averiguar si la inmensa mayoría del pueblo español sigue resuelto a convivir colectivamente, a compartir su destino y ejercer esa soberanía unitaria. Todo lo demás es no coger el toro por los cuernos y contribuir a ayudar a aquellos que quieren difuminar el autentico problema que tenemos, que no es otro que la subsistencia de nuestra identidad nacional.

Entrevista a Esperanza Aguirre
Las distorsiones del sistema político
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Noviembre 2006

La declaraciones de Esperanza Aguirre sobre las distorsiones y quiebras que están produciendo en el PP en particular, y en el sistema político en general, el proceso de discusión y modificación estatutaria introducido de modo suicida por el PSOE, debería hacer pensar a quienes apostaron por participar en la agenda propuesta por el PSOE. El PP pensó que sería posible frenar desde dentro los daños que produciría esa reforma en el sistema político. Algunos vaticinamos su equivocación y dimos las razones en este periódico para no participar en esa trampa de Zapatero. Por fortuna, algunos dirigentes del PP por un lado, y el diario El Mundo, que también apostó por esa participación, por otro, hace ya meses que se dieron cuenta del error, pero ahora no saben cómo reconducirlo, o mejor, no saben cómo introducir en el debate político las fórmulas posibles para una reforma de la Constitución, necesaria para que España como nación no desaparezca, que deje claro de una vez por todas las competencias irrenunciables del Estado-nación.

Mientras aparecen en público esas fórmulas, menester sería que los dirigentes del PP no se ofuscaran con el nuevo fenómeno político surgido en Cataluña, Ciutadans, y tratasen de reconducirlo por el camino que esta fuerza política les señala en su genérico ideario: lo importante es España, nación democrática, y lo secundario son los nacionalismos. En este sentido, contrasta y para bien el buen tono y, sobre todo, el realismo con que enfrenta esa nueva realidad política Esperanza Aguirre, frente al enfado un tanto despectivo con el que ha despachado Rajoy la aparición de Ciutadans en Cataluña. Comprendo que es para preocuparse, sobre todo, si Ciutadans deciden presentarse en otras circunscripciones electorales. Por cierto que, si lo hacen, ya pueden ir cambiándose el nombre, quizá en este asunto a Rajoy le sobran tantas razones cómo a los de Ciutadans le faltan por no haberse atrevido a llamarse "Ciudadanos" en el estanque fétido del nacionalismo catalanista.

En cualquier caso, creo que ha sido desafortunado el "análisis político" de Rajoy sobre la aparición del partido de Ciutadans. No han sido brillantes sus conclusiones sobre el origen electoral de los tres escaños conseguidos por Ciutadans. Desde luego, la comparación hecha por Rajoy del partido Ciutadans con los partidos que en su día montaron Jesús Gil y Mario Conde, respectivamente, es un horror. Pues que éstos surgieron para satisfacer las necesidades de poder de esos personajes, que tenían nombre y apellidos muy concretos y, además, ansiaban utilizar el sistema político para beneficio propio; mientras que Ciutadans, por el contrario, surgió para canalizar el malestar político de un grupo de población muy heterogéneo, con orígenes sociales diferentes y preferencias políticas que van desde el PP al PSOE. Lejos de servir a un personaje, Ciutadans trata de salvar el sistema democrático, especialmente la Constitución, para servir a todos los ciudadanos sin distinción, en principio, de ideología y preferencia política.

En pocas palabras, Ciutadans ha obtenido tres escaños, con sólo la ayuda de tres o cuatro medios de comunicación, porque había una necesidad, una demanda, que no podía satisfacer ni la izquierda ni la derecha catalana. Es cierto que la entrega al nacionalismo excluyente no es equiparable, o mejor, no es del mismo grado en el PP que en el PSC. Mientras que en éste es total, en aquél es alambicada y torticera: el PP se presenta en Cataluña, dice muy bien Esperanza Aguirre, "como una fuerza no nacionalista, pero deseosa de pactar con los nacionalistas." Esa comprensión del PP con lo políticamente correcto, o sea, con el nacionalismo, tendría que pagarlo... En fin, es comprensible, pues, la aparición de Ciutadans en Cataluña, porque ni el PSOE ni el PP, los dos supuestos partidos nacionales, han sido capaces de defender en esa comunidad los derechos individuales recogidos en la Constitución y presuntamente garantizados en nuestro ordenamiento legal. Otra cosa, naturalmente, es la viabilidad de esa agrupación política en Madrid. Aquí no existe el nacionalismo. También en este punto Esperanza Aguirre es contundente: "En Madrid no cultivamos la identidad madrileñista, sino la identidad ciudadana. Por eso, el único partido de los ciudadanos de Madrid es el PP".

En cualquier caso, sería una temeridad que la dirección del PP no se percatase y, sobre todo, no rectificara la entrega de algunos dirigentes regionales a lo políticamente correcto, o sea, a las exigencias nacionalistas de divide y vencerás. Por aquí el análisis de la crisis del sistema político está aún por hacer, seguramente, porque resulta demasiado obvia: el sistema democrático está en crisis por las quiebras de los partidos políticos nacionales, que se han rendido a las exigencias nacionalistas. Han dejado de ser nacionales. El PSOE, por ejemplo, ya empieza a pagar en Cataluña la factura, se esfuerza por sobrevivir como partido nacional, pero es imposible tal pretensión donde la nación está desmembrada o desaparecida. Esperemos que el suicidio lento del PSOE nunca lo imite el PP.

Ciudadanos de Cataluña
Noventa mil votos de confianza
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Noviembre 2006

Apenas han terminado de contarse los noventa mil votos cosechados por la única candidatura que invitaba a acudir a las urnas con algo más que triste resignación en esta Cataluña desnortada que a toda prisa rompe con España y consigo misma. Apenas se ha hecho el arqueo provisional de la sorpresa, del fresco y cálido aluvión de ilusiones que tal vez nos haya dejado en herencia aquella civilización en ruinas de la Barcelona anarcoliberal y democaótica de los años 70, tan hermosa "allá lejos / donde habita el olvido". Apenas empieza a calmarse el remolino de esos votos de quién sabe quién, que ha cosechado un partido de quién sabe dónde y que a saber hasta cuándo durará. Apenas ha entrado Cenicienta en la fiesta, naturalmente sin carné de baile, y ya está la policía del tiempo muerto pidiéndole los papeles. Ya ha empezado la siembra de sospechas, el coro de reticencias, la miseria de esta política miserable, la propia de una España en quiebra, a la que la han llevado una Izquierda criminal y una Derecha suicida o de saldo.

El suicidio también es de saldo. Rajoy dedicó lo peor de sí mismo y de su última semana a respaldar el disparate de ese Nuevo Estatuto de Andalucía, al que podríamos llamar de Iznájar, porque tiene su origen en Pepe Montilla: para tapar el fracaso de un melón de ese pueblo llegado a Barcelona a eso de los 19 años y cuya cata resulta sosa, se ha recurrido a la melonada de unos tíos en la Córdoba del siglo pasado, allá por el 19. Lo ha hecho después de cosechar una derrota sin paliativos en esa Cataluña que puede presidir el amelonado iznajareño y de culpar del chasco a quienes no se han rendido a esa máquina de la trola que es el nacionalismo catalán, a quienes no se han colgado de la viga falsa de ese régimen que asegura el falso futuro de una Cataluña falseada y una España en falso. Lo ha hecho comparando la iniciativa política más limpia y decente de estos últimos veinticinco años de régimen constitucional, que es la de Ciudadanos de Cataluña, con los pseudopartidos o partidas bandoleras de Mario Conde o de Jesús Gil. Es una comparación resueltamente miserable, impropia de la trayectoria de Rajoy, si bien muy adecuada a un partido que encomienda su futuro a Arenas, Piqué y Gallardón.

Pero el crimen contra España y contra la Libertad continúa, siempre de la mano de la ETA y Zapatero, del separatismo y de la Izquierda, pero ante la pasividad de la Derecha, de este PP de Rajoy, que, por lo visto, quiere ser a la vez rabo de toro y cola de pescado, andar en la procesión y repicar en el campanario. En este páramo moral, ante esta ruina nacional, el triunfo de Ciudadanos es algo más que una anécdota, es una categoría casi olvidada: la de la confianza. Son noventa mil los votos de confianza que Ciudadanos ha sabido sembrar y cosechar. Otros, en cambio, no saben qué hacer para echar al Guadalquivir del consenso los cuatro millones de firmas que llegaron a recoger o los diez millones que, pese a todo, les apoyaron cuando ni ellos sabían qué pasaba. Pues pasaba que otros, con once millones de votos, depositaban toda su confianza en la ETA. Y que después de esa traición creíamos agotadas todas las reservas de confianza en la democracia española. Por suerte, no es así. O no lo es aún. O no lo es del todo. Y gracias a Ciudadanos de Cataluña. Han recibido, sencillamente, la confianza que han merecido. Noventa mil votos de confianza que hoy, seguramente, serían muchos más.

Aguirre y el patriotismo
EDITORIAL Libertad Digital 6 Noviembre 2006

Esperanza Aguirre ha sido protagonista este domingo por partida doble. Por la mañana, aun felicitándose por unos resultados menos malos de lo esperado, criticó la labor de su partido en Cataluña por haberse presentado demasiado "deseoso de pactar con los nacionalistas" y se felicitó por el aire de libertad que traerá Ciudadanos al Parlamento catalán, donde se volverá a hablar castellano, como sucedía cuando al frente del PPC estaba Alberto Fernández Díaz. También denunció el profundo machismo del PSOE, cuyas "feministas" –de cuota, claro– callan mientras el alcalde enamorado de Fidel Castro descalifica a una candidata popular a la Alcaldía al asegurar que fue escogida por su aspecto.

Por la tarde, reivindicaba con orgullo el patriotismo de su partido. Fue Charles de Gaulle quien diferenció entre patriotismo, como amor por lo propio, y nacionalismo, que es el odio por los demás pueblos. Los nacionalistas, incapaces de concebir una forma de pensar distinta a la suya, intentan descalificar al PP como "nacionalista español" sin darse cuenta de que, al contrario que el suyo, el sentimiento nacional español es inclusivo. Por eso, ni el PP ni Ciudadanos tienen problema alguno con el catalán, por ejemplo, pero los nacionalistas sí lo tienen con el castellano.

Ciudadanos puede convertirse en la opción de voto de quienes jamás pondrían en la urna una papeleta del PP, pero están horrorizados ante la deriva del Gobierno de Zapatero, tanto en sus cesiones a ETA como en su afán por disgregar España. De Rajoy depende que no se convierta también en una opción de muchos de sus votantes, hastiados de la tibieza. Se equivoca el líder del PP si cree que puede limitarse a desdeñar al nuevo partido con vocación nacional nacido en Cataluña, hecho ya de por sí milagroso. Sólo si escoge la senda de firmeza en los principios y en las ideas que tan bien representan personas como Esperanza Aguirre, y huye del centrismo de todo a cien de los Gallardón y Piqué, podrá evitar que muchos de los votantes de su partido, muy a su pesar, acaben abandonándolo.

Tripartito
Lo dicho
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Noviembre 2006

Tal como adelantamos aquí, habrá Tripartito, con Carod de conseller primer. El próximo presidente de la Generalidad, José Montilla, estará controlado asimismo en Gobernación por el otro puntal de la Esquerra, Joan Puigcercós. Su compañero socialista José María Álvarez, secretario general de la UGT catalana, va a Trabajo, y Antoni Castells repetirá en Economía y Finanzas. Repite también el independentista Huguet.

Es decir, que las previsiones había que hacerlas en clave estrictamente catalana y no española, que es lo que paradójicamente habrían deseado los nacionalistas de CiU, ganadores de las elecciones por mucha diferencia y que, arrieritos, se encontrará Rodríguez en el camino del Congreso de los Diputados.

Pronto vengará Artur Mas el incumplimiento de los atolondrados compromisos del presidente de gobierno, impulsor del estatuto de la discordia, aprendiz de brujo que creía mandar sobre Montilla. Y la venganza le costará el poder al PSOE a poco que Rajoy sepa leer la realidad, aprovechar las oportunidades, librarse como pueda de Piqué y de Gallardón y llegar a las generales con el voto de la no-izquierda intacto y no repartido con los Ciudadanos. Aunque lo dudo.

A lo mejor ahora se dan cuenta por fin en el PSOE de que el PSC es un partido ajeno, a veces con intereses opuestos a los suyos, que sigue su propia lógica, tiene sus propios compromisos y es más cercano al separatismo de ERC que a la vacuidad traidorzuela de Ferraz. Necesita el viejo PSOE, a no tardar, una verdadera federación regional en Cataluña. Aunque también dudo que lo vean. Casi mejor; el efecto Ciudadanos tiene mucha vida por delante.
Por otra parte, Carod queda rehabilitado, y nadie en la izquierda podrá recordarle su excursión a Perpiñán, una vez se ha sabido que excursiones similares las venían haciendo los socialistas desde mucho tiempo atrás, mientras proponían el Pacto de las Libertades y contra el Terrorismo. ERC ha aprendido algunas cosas, y ha optado por hacer presidente al pobre perdedor Montilla, un acomplejado que será, ya lo dijimos, reina madre. En manos de un líder separatista con plenos poderes ejecutivos. ¡Lo que habremos de ver!

Fracaso de Zapatero; ridículo de Mas
Editorial ABC 6 Noviembre 2006

EL enigma del Gobierno catalán se ha resuelto con sorprendente celeridad. Todo parece listo para la reedición del gobierno tripartito tras un proceso de negociación que concluye con un resultado llamativo, pero en absoluto inesperado (salvo, tal vez, para Rodríguez Zapatero y Artur Mas). PSC, ERC e ICV se disponen a repartirse el poder, mientras CiU, precaria, pero indiscutible ganadora en votos y escaños, sigue condenada a la oposición, lo que revela la incapacidad de su líder para administrar la victoria. De nuevo los políticos desoyen sin pudor la voz de los ciudadanos. Este fraude a la decisión mayoritaria contribuirá sin duda al desprestigio de la clase política catalana, causa determinante de la baja participación tanto en el referéndum como en las elecciones del pasado miércoles. El régimen parlamentario es flexible y permite una adaptación razonable a las circunstancias, pero no está concebido para alterar la voluntad de los ciudadanos. Los catalanes se han pronunciado sin rodeos en contra del tripartito, de manera que sólo IC ha obtenido un buen resultado. José Montilla, candidato débil y de perfil bajo, va a presidir la Generalitat gracias a una maniobra de pasillo, punto de llegada para una carrera política que se ha desarrollado básicamente en el aparato del PSC, a pesar de salir mucho peor parado ante los electores que su antecesor Pasqual Maragall.

A escala nacional, lo más importante es el fracaso sin paliativos de Rodríguez Zapatero. Los socialistas catalanes se han desmarcado sin complejos de La Moncloa, mientras el presidente del Gobierno asistía a la Cumbre iberoamericana. El PSOE se encuentra así con el peor escenario posible. El PSC va a lo suyo y pacta a toda prisa la continuidad de un proyecto cuyo fracaso ha sido patente. ERC vuelve a tener la llave de la gobernabilidad, dejando en el aire el pacto entre Zapatero y Artur Mas, que salvó del naufragio un estatuto inaceptable. Otra vez se repite el cuento de la lechera. Zapatero planteaba el acuerdo «socioconvergente» como un seguro de vida de cara a las próximas elecciones generales. Sin embargo, ahora tendrá que afrontar el desgaste derivado de las exigencias de un nacionalismo radical crecido y de la desorientación de CiU, una vez que ha visto defraudadas sus expectativas. Bien merecido lo tiene Artur Mas, político con imagen de diseño y escasa capacidad para ser consciente de cuándo pisa un terreno vidrioso. Empezó la campaña con una ridícula visita al notario para cerrar las puertas a un acuerdo con el PP y en las últimas horas ha vuelto a quedar en evidencia, permitiendo a los republicanos darse el gusto de rechazar una propuesta muy beneficiosa para un partido perdedor.

La política catalana retorna a la situación anterior a Perpiñán. Carod-Rovira, un líder amortizado ante la opinión pública y muy criticado por los suyos, recupera un protagonismo que es fiel reflejo del deterioro de una clase política en plena crisis. La estrategia de «todos contra el PP» que obsesiona a Ferraz llevó a los socialistas a otorgar cuotas muy altas de poder a un partido «antisistema», abiertamente contrario a la monarquía parlamentaria y al modelo territorial que establece la Constitución. Hoy, más que nunca, siguen siendo rehenes de ERC, con el agravante de que ahora está en vigor un Estatuto con vocación cuasi federal, que deja al Estado en posición residual y plantea un sistema de financiación insolidario e inviable.

Si Zapatero opta por huir hacia adelante con un desarrollo «generoso» del Estatuto, como sin duda le van a exigir Montilla y sus socios, la situación puede agravarse hasta hacerse insostenible. Si además el PSOE -abandonado por CiU en Madrid- necesita a ERC en el Congreso de los Diputados, sólo cabe esperar nuevos guiños al radicalismo y concesiones sin final conocido, pero previsibles. Es un sarcasmo llamar «gobierno de progreso» y «alternativa de izquierdas» a esta confluencia de intereses minoritarios que se reúnen en una coalición sin sentido. De cara a las elecciones generales, Zapatero sale muy mal parado frente a la sensatez y moderación que ofrece Mariano Rajoy. A su vez, Artur Mas deberá responder ante los suyos de su reincidente bisoñez para gestionar la victoria en las urnas. La política catalana vuelve a convertirse en un extraño baile de disfraces que culmina en el triunfo de los perdedores ante la perplejidad de una ciudadanía que se distancia cada día más de sus representantes.

'Piqueresca'
IÑAKI EZKERRA i.ezkerra@diario-elcorreo.com El Correo 6 Noviembre 2006

Josep Piqué anda vendiendo estos días como un éxito sin precedentes su pérdida de un parlamentario en las elecciones catalanas. Josep Piqué anda achacando ese obvio descenso a la campaña que ha sufrido de acoso y derribo cuando lo que ha ocurrido es precisamente lo contrario. Ha sido más bien esa misma campaña la que ha frenado su descenso y la que ha impedido que se convirtiera en una caída espectacular. Josep Piqué ciertamente merece todo nuestro respeto y toda nuestra solidaridad frente a quienes han intentado amordazarle con los usos más antidemocráticos, pero eso no le exime ni mucho menos de las críticas que debe recibir y de la autocrítica que debe hacerse todo candidato que pierde votos en una consulta electoral. Si Piqué ha recibido un leve castigo en las urnas no ha sido por sus insobornables y heroicas discrepancias con el nacionalismo catalán sino justamente por lo contrario. El voto que le ha castigado a Piqué no ha sido el del miedo sino el de la irritación, el mismo voto que le ha castigado al PSC y le ha dado ha dado sus tres escaños a los Ciudadanos de Cataluña.

Lo que Piqué anda haciendo estos días no es un análisis político sino un 'análisis-trampa' de sus propios resultados, cuando no de su responsabilidad histórica en un fenómeno que acaba de producirse en Cataluña y que puede cambiar en unos años todo el mapa electoral de España. Ciudadanos no es sólo un nuevo partido, un partido más. Es la acotación de un espacio inédito entre los dos grandes partidos mayoritarios, o sus sucursales autonómicas, ante la demostrada incapacidad de éstos para satisfacer sus demandas ideológicas. Piqué anda practicando la 'piqueresca' y ocultando que con Ciudadanos el PP en Cataluña ha tocado techo y acaba de perder la gran oportunidad de convertirse en alternativa política llevándose las papeletas del descontento de los votantes del PSC. A Piqué hasta ayer le votaban todos los descontentos de Cataluña, los descontentos de su propio partido y los del partido vecino, los descontentos de Maragall y del mismo Piqué, o sea los eternos nostálgicos del vidalcuadrismo resignados al asociacionismo cívico. Desde el 1 de noviembre eso ha cambiado. Ciudadanos nace de ese asociacionismo y como la superación posibilista de la estéril nostalgia vidalcuadrista. No es ya que Ciudadanos le haya quitado votos a Piqué sino que no habría nacido si no es por la política de Piqué y porque Piqué no merecía esos votos.

Aunque él venda su descenso como una victoria ya pueden espabilarse sus homólogos en otras autonomías. Cuando las barbas de Piqué veas pelar La 'piqueresca' es picaresca de muy corto alcance.

Una conspiración en ETA
POR EDURNE URIARTE ABC 6 Noviembre 2006

Si Zapatero no estuviera aún tocado por ese carisma del poder que disfraza su frivolidad de inspiración y sus improvisaciones de genialidades, la manipulación del robo de armas de ETA ya lo habría convertido en chanza generalizada de los humoristas y en objeto de indignación de los ciudadanos. Que se haya inventado una conspiración de escindidos para hacer descarrilar su brillante «proceso de paz», que ayer mismo volviera a poner en cuestión todas las evidencias policiales sobre el robo, que insista en hacernos creer que hay una ETA, la De Juana Chaos, que está por su proceso y otra que se resiste, o que parezca completamente ajeno al último Zutabe tiene la comicidad del disparate analítico y de la supina ignorancia presidencial.

Pero, sobre todo, tiene la gravedad de una manipulación más en lo que ha sido una historia de torpeza y ocultación. Por responsabilidad democrática y obvio sentido de Estado,el PP está obligado a apoyar al Gobierno en lo que está a punto de convertirse en su más grave fiasco. Se trata de recuperar los principios de la lucha antiterrorista cuanto antes. Pero eso no quiere decir que Zapatero no deba responder en su momento por sus graves responsabilidades en la negociación con ETA. Y por sus mentiras.

Ahora que la negociación hace aguas, a la mentira de que no se ofreció un precio político, se nos quiere añadir la mentira de que no se ha pagado nada. Que el Gobierno está inmaculado, a pesar de todo, como si aquella promesa de respetar la decisión de los vascos y las negociaciones para formar la mesa política fueran una ensoñación de la oposición.

Lo que está ocurriendo no es que Zapatero no esté pagando el precio político sino que, en su pasmoso desconocimiento de ETA, pensó que el precio sería menor, que se pagaría en cómodos plazos y que Batasuna se camuflaría lo suficiente para hacerlo presentable. Pero resulta que la única ETA que existe por el momento, la del Zutabe, le ha recordado lo que todos, menos su Gobierno y él mismo, sabíamos desde el principio. Que su precio es la autodeterminación y que quieren cobrarlo inmediatamente.

Una vez mas, gana la abstención
Luis de Velasco Estrella Digital 6 Noviembre 2006

Ha sido asi en Cataluña como lo fue hace poco , y de manera mas clamorosa, en el referéndum sobre el Estatut, ese tema que, según la clase politica local, preocupaba sobremanera a la ciudadania que no lo demostro asi en las urnas. El creciente y , al parecer imparable , alejamiento entre la clase politica y la ciudadania, el desinteres de esta por la cosa publica, sigue aumentando. Y una vez mas, esos politicos dicen que se sientes inquietos por este hecho, que lo examinaran detenidamente y que tomaran las medidas oportunas. Luego, todo sigue igual, hasta la proxima. Esto es asi porque en el fondo prefieren este sistema de moderno “ despotismo ilustrado”.

Son, como también se repite, cosas de la politica pero ,a la fecha de hoy, lo cierto es que el maximo fracasado de la jornada electoral, Montilla, es el primer aspirante a presidir la Generalitat mediante una nueva edicion, se supone que corregida y mejorada, de ese denominado por el y su partido como gobierno de progreso y por su maximo hincha, Saura y su formación, gobierno de izquierda. En ambos casos, eso sí, catalanista que no nacionalista. Aun hay clases. Montilla se ha apresurado a cerrar, en principio, la posibilidad de la denominada “ sociovergencia” a fin de evitar las crecientes presiones que “ Madrid” y adheridos como Chaves y el siempre deseoso de publicidad Bono, estan ya ejerciendo.

Es difícilmente imaginable, aunque la vida da muchas vueltas, la politica hace extraños compañeros de cama y el grado de oportunismo de los socialistas tanto de los catalanes como del resto esta ampliamente demostrado, ver a Montilla como subordinado de Mas pero no olvidemos que la opcion de la “sociovergencia” es la opcion clara no solo de Zapatero ( otro fracasado en esta eleccion) sino , tambien y seguramente mas importante, de los grandes patronos catalanes que añoran el “oasis” pujolista que ,con esa “gran coalición” quedaria incluso reforzado. Por eso, no descartemos todavia esa opcion. Ni tampoco otra mas probable como es la de un gobierno en solitario de Mas con apoyo legislativo del PSC. Ventajas: se tapan ambos sus respectivas miserias aquí y alla todo en nombre, por supuesto, de la “gobernbilidad”.

El resultado electoral trajo la relativa sorpresa del éxito de Ciutadans- Partido de la Ciudadania. Decimos “relativa” porque debajo de la falsa realidad configurada por unos medios de comunicación que boicotearon esa opcion y de unos partidos que hicieron practicamente lo mismo, estaba la realidad y en ella habia un caldo de cultivo que favorecia a los Ciudadanos, como es el nacionalismo agobiante tanto de CiU como del tripartito asi como ese alejamiento y hastio crecientes del electorado.

El merito de la formacion ha sido, gracias a su trabajo y su valor civico y fisico y a pesar de sus minimos recursos economicos provenientes todos ellos de sus afiliados y simpatizantes, hacer realidad esa oportunidad. Ahora queda lo mas difícil en un ambiente hostil como es consolidar y avanzar en Cataluña y aparecer en el resto de España. La intervención en la noche electoral del ya electo Rivera en TV3 hablando ¡ horror! en castellano de temas como las sanciones a los comercios que no rotulan en catalan o las subvenciones a las selecciones deportivas catalanas en perjuicio de la sanidad o educación, fue algo inusitado y magnifico, demasiado para la sectaria emisora que corto rapidamente.

La iniciativa de ETA
f.dominguez@diario-elcorreo.com FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Noviembre 2006

Pocos meses después de que se rompiera la anterior tregua, en el año 2000, la banda terrorista difundió un folleto titulado 'ETAren ekimena' (La iniciativa de ETA), en el que daba su versión del proceso que había llevado al cese de los atentados en 1998 y también del final de ese proceso, con la vuelta a las armas a finales de 1999. La banda, además de ofrecer su visión de parte, incluía en esa publicación los documentos relacionados con las negociaciones y pactos que había mantenido con el PNV y Eusko Alkartasuna, partidos que se vieron obligados a situarse a la defensiva buscando explicaciones no siempre convincentes sobre sus tratos secretos con el grupo terrorista.

Si ahora ETA volviera a editar un folleto similar sobre la tregua actual y sobre sus tratos secretos con el Gobierno socialista, cabe preguntarse si el Ejecutivo podría soportar sin ruborizarse que los ciudadanos leyeran el documento, como se ruborizaron hace seis años los nacionalistas.

No tendrían por qué salirle los colores al Ejecutivo si su comportamiento se hubiera ajustado estrictamente a los parámetros del acuerdo del Congreso de los Diputados de mayo de 2005 y todas sus aproximaciones a ETA y su entorno hubieran tenido como objetivo tratar de confirmar que la banda terrorista estaba dispuesta a abandonar las armas. En cambio, tendría una difícil explicación que se pudiera comprobar que los socialistas están ya en una negociación sobre contenidos políticos -sobre los contenidos de los que se habla a todas horas, como la autodeterminación o la cuestión de Navarra- con el PNV y Batasuna, bajo la sombra de la amenaza etarra.

Era vox pópuli que desde hace meses, desde julio, según se dice, existía un ultimátum de ETA, una amenaza de poner fin a la tregua si las cosas no iban como ellos querían, y ahora el último boletín interno de la banda ha hecho oficial esta amenaza. Y es también vox pópuli que se están desarrollando unas conversaciones secretas a tres bandas de naturaleza política con la esperanza de que los acuerdos que se alcancen calmen a la organización terrorista. Y esto último nada tiene que ver con el acuerdo del Congreso de los Diputados que autorizó el diálogo solamente en el supuesto de que ETA quisiera poner fin a la violencia.

Las explicaciones públicas que se están dando sobre el proceso de diálogo con ETA resultan insuficientes y contradictorias. Cuando sale el Zutabe de ETA se dice que hay que atender a los hechos y no a las palabras, pero ante los hechos incontestables de ETA, como en el robo de armas, la exhibición de encapuchados con fusiles, la extorsión o la violencia callejera, se opta por esperar a «verificar» cuáles son las intenciones de la banda.

Ciutadans no es la derecha españolista
Kiko Rosique  Periodista Digital 6 Noviembre 2006

Por esta vez voy a estar de acuerdo con Federico Jiménez Losantos: la irrupción de Ciutadans en el Parlamento catalán es lo único ilusionante que tenemos hoy por hoy en la política española. La magnitud de su éxito va mucho más allá de la mera ampliación del multipartidismo catalán que constataba el jueves El País, porque la entrada en el Parlament del partido liderado por Albert Rivera no supone un cambio cuantitativo sino cualitativo, la introducción de un enfoque, un lenguaje y una escala de valores que hasta ahora no eran concebibles en la Cámara autonómica. Eso sí, que nadie se llame a engaño ni haga trampas a sus oyentes o lectores; el planteamiento de Ciutadans es "no nacionalista", como ellos mismos recalcan una y otra vez. Digan lo que digan sus enemigos y también algunos amigos por interés que les han caído de repente, no tiene nada que ver con el nacionalismo español de derechas.

Desde el día de las elecciones, no han dejado de llover los recordatorios de que Ciutadans ha sido la candidatura respaldada por la COPE y El Mundo, como si eso constituyera un estigma por sí mismo, o como si el que una y otro apostaran por el nuevo partido como la opción más cercana a sus propias ideas o intereses en relación a Cataluña implicara necesariamente que los patrocinados se identifican con ellos. A ver si va a ser ahora la izquierda la que considere un argumento válido la infantil acusación de "compartir fines", tan característica del otro lado del espectro político.

Naturalmente, ante la escasa cobertura que les ofrecieron el resto de medios, en Cataluña y en el conjunto de España, los candidatos de Ciutadans aceptaron de buen grado la proyección pública que les daban la COPE y El Mundo, imprescindible para unos recién llegados como ellos. También es posible que en las entrevistas hayan tendido a sintonizar sus respuestas con la mentalidad y el agrado de quienes les preguntaban y ensalzaban, que es una reacción muy frecuente en los seres humanos. Pero nada más. Ni siquera tengo claro que el abrazo de dichos medios haya resultado rentable para Ciutadans, porque los electores tradicionales de Piqué que les hayan votado a ellos siguiendo los consejos de Losantos posiblemente quedaran más que neutralizados por las abstenciones de desencantados del PSC que no se han convertido en sufragios para Ciutadans precisamente por la coba que les ha dado la cadena de los obispos.

En cualquier caso, la simbiosis o alianza estratégica de Ciutadans con estos medios de comunicación no presupone una identificación ideológica, que a mí me preocupaba especialmente desde el artículo que publiqué tras la presentación oficial de Ciutadans, y en el cual les suplicaba que se distanciaran en lo posible de la derecha españolista, porque no es coherente ni eficaz combatir el nacionalismo catalán desde el no menos arbitrario y mezquino nacionalismo español.

Pues bien, en un encuentro con los lectores en elpais.es, Albert Rivera respondió que también estaba en contra del nacionalismo español, mientras que el secretario general del partido, Antonio Robles, mencionó en El Plural "los sucesivos nacionalismos" que han conculcado las libertades en Cataluña y se declaró decidido a limpiar el Parlament de la "metafísica" nacionalista. "Metafísica", por cierto, es una de las palabras que más me gusta emplear a mí para caracterizar a los nacionalismos y argumentar que una emoción privada, carente de fundamento real, no puede jugar ningún papel en la agenda política, de la misma manera que no lo desempeñan la devoción a San Antonio, el madridismo o el fervor de los fans de Penélope Cruz, lealtades también muy extendidas y no más despreciables que las patrióticas.

Con aseveraciones tan rotundas de dos de los tres diputados del partido, que en otros temas se han mostrado calculadamente ambiguos como corresponde a toda víspera de elecciones (parece claro que su línea es socialdemócrata y laica, pero también se han afiliado al liberalismo progresista, que no sé muy bien en qué se diferencia de la socialdemocracia, y en su entrevista en "La Mañana" Rivera no estuvo muy crítico con la religión, la otra metafísica infiltrada en la vida pública), no sé cómo algunos se atreven a acusar a Ciutadans de lo que éstos ya han desmentido. Parte de la culpa la deben de tener algunos de los amigos recién forjados, como Pío Moa y Agapito Maestre, que hablaban en Libertad Digital de que estamos, por fin, ante "un partido nacional" o "de la nación española". Me temo que no tienen ni idea de de qué va el invento de Ciutadans, pero desde luego han llenado las cartucheras de sus enemigos.

Entre los más prudentes, curiosamente, estuvo El Periódico de Catalunya, que, a pesar de las insinuaciones televisivas de su redactora jefe, dejaba abierta la posibilidad de que Ciutadans sean un soplo de "aire fresco", siempre que no se dediquen a reproducir las rigideces del nacionalismo español. En cambio, el que se tiró a la piscina fue el casi siempre clarividente Javier Ortiz, que, en El Mundo, se permitió definir a Ciutadans como "la cosa ésa de la candidatura que pretendía desbordar a Piqué por la derecha". Adoro el carácter irreductible de Ortiz y su destreza a la hora de cuestionar las ideas y héroes encumbrados por unanimidad y sin mucho sentido crítico por la casta política, los periodistas o la sociedad, y la manera que tiene de poner en solfa sus premisas absurdas y sus inconexiones lógicas. Pero me temo que, en este caso, donde procedía aplicar el bisturí no es en la alegría con la que la prensa de derechas ha recibido el triunfo de Ciutadans, sino en la inercia ideológica y la corrección política que él casi nunca se presta a discutir: las de los nacionalismos.

Porque no son otra cosa que inercia y prejuicios consagrados como verdades indiscutibles lo que laten en el resto de descalificaciones que se han escrito contra Ciutadans. Por ejemplo, en el editorial del Deia, que definía a los nuevos diputados como "furibundamente antinacionalistas" y calificaba su llegada al Parlament como noticia negativa de la jornada electoral. O también en el artículo publicado en Gara por Txente García, considerándolos "españolistas", autores de una agresión contra la lengua y la simbología nacional catalanas y beneficiarios de la movilización del sector más centralista del PSC. A estos textos de la prensa vasca habría que añadir, además, los que firmaron en El País Xavier Vidal-Folch, el viernes, adscribiendo a Ciutadans al "nacionalismo neoespañolista", "el más rancio y cutre de los nacionalismos hispánicos", y Pilar Rahola, el sábado, que anticipaba que los nuevos diputados iban a ser los más ultranacionalistas de todos por volver a sacar el pesado debate identitario.

La trayectoria política de Rahola, con su alejamiento de la actual ERC por el peso desmedido que ha adquirido la vertiente nacionalista de su ideario, hace creíble su desprecio de cualquiera que pretenda retomar el debate identitario, pero tendrá que reconocer que sería caprichoso cerrarlo justo cuando van a tomar parte en él unos tipos que dicen todo lo contrario que el resto de los ponentes, que llevan un año interviniendo sin que nadie les contradiga. Mucho más cuando los nuevos interlocutores (y aquí está el error de base de los periodistas que les critican) no tienen la menor intención de lanzar un aserto identitario, ni a favor de la nación catalana ni a favor de la española; solamente pretenden exponer que esa cuestión no puede monopolizar el debate político en Cataluña ni imponerse sobre los ciudadanos individuales.

Reclamar el derecho de los padres catalanes a escolarizar a sus hijos en castellano o el de los comerciantes a no ser multados si rotulan en esa lengua no es una posición españolista ni agrede a la simbología nacional catalana. Es defender la verdadera neutralidad. La acusación de españolismo recuerda poderosamente a la que ciertos sectores de la Iglesia hacen contra la opción neutral del laicismo calificándola de "fundamentalismo laico", y eso de la agresión a la simbología nacional catalana, que no es precisamente un ser sensible con capacidad de padecer, se parece bastante al deterioro de la institución del matrimonio que supuestamente provocan las bodas homosexuales.

En cualquier caso, aunque Ciutadans fuera (que no lo es) un ejemplo de españolismo o antinacionalismo, llaman la atención los calificativos que les sugiere aquél a los autores citados: "derecha", "furibundo", "rancio y cutre". Adjetivos todos ellos que yo, personalmente, no tendría el menor problema en suscribir, siempre que quienes los esgrimen estuvieran dispuestos a aplicarlos igualmente al nacionalismo vasco o catalán. Pero, curiosamente, a éstos, Javier Ortiz y Txente García no los consideran de derechas, y, por lo que se refiere a Vidal-Folch, ardo en deseos de conocer qué razonamientos y criterios le han llevado a jerarquizar los diferentes nacionalismos que se dan en España y concluir que el centralista es "el más rancio y cutre". El que Franco fuera nacionalista español, de derechas, rancio y cutre no vale como argumento lógico para exculpar a los nacionalismos periféricos subyugados por él de serlo exactamente igual que su archienemigo.

Actitudes como éstas son las que hacen dudar de que sea tan "obvio" el argumento de que se puede ser de izquierdas y no nacionalistas (periféricos, se entiende), por el que El Plural y la propia Pilar Rahola acusan a Ciutadans poco menos que de "descubrir el Mediterráneo". Y también las que sugieren que, contra las suposiciones de Txente García, el electorado del PSC que se movilizó a favor del nuevo partido abandonando su opción tradicional no fue el sector más centralista sino, precisamente, el más socialista. Aquél a quien más le chirría la incompatibilidad entre dos doctrinas que, no lo olvidemos, sólo fueron de la mano cuando Lenin interpretó el imperialismo como la fase culminante del capitalismo, e interpretó las relaciones entre metrópolis y colonias como una versión de las relaciones de producción. A ver quién se cree a estas alturas que, en las relaciones económicas entre las comunidades autónomomas españolas, Cataluña y Euskadi desempeñan el papel de colonias.

Respecto al PSC, mucho me temo que, aunque los candidatos de Ciutadans afirmaran que les daba igual la solución de gobierno que se constituyera porque todas eran lo mismo, la reedición del Tripartito les ha perjudicado. Si lo que querían era lanzar propuestas y obligar a posicionarse al PSC, le iban a tener muchas más veces de su lado si los de Montilla hubieran quedado en la oposición. Frente a un Gobierno de CiU, los socialistas habrían adecuado su estrategia de oposición a las lecciones extraídas de la pérdida de votos debida a su deriva nacionalista. En cambio, entronizados de nuevo en una alianza con ERC, el partido que más se ha implicado en la persecución lingüística, el PSC no tirará piedras contra su propio tejado, por mucho que los socios del Tripartito se hayan conjurado para no resultar tan estridentes, extremistas y antipáticos como en la legislatura anterior.

Al final, el único ganador de la batalla del Estatuto ha sido, como de costumbre, Zapatero, quien (ahora nos damos cuenta) a cambio de pactar un texto asumible para el Gobierno sólo le regaló a Artur Mas una foto y cinco minutos de gloria. Por lo visto, no se comprometió a interferir en las alianzas postelectorales de Montilla, así que ahora tiene en Cataluña un Gobierno amigo, con un presidente menos individualista que Maragall y ERC prometiendo que que esta vez no va a hacer el payaso; en Madrid, los apoyos de ERC e IU-ICV (¿quién necesita el de CiU, que además perderá votos para las generales?), y, en general una nueva imagen de giro a la izquierda con la que tentar a Batasuna a un tripartito análogo junto al PSE y EA para desbancar al PNV. ¡Vaya, para ser el amigo de las cesiones y las rendiciones no se lo monta nada mal, el tío!

En este escenario, la voz de Ciutadans va a tener que sonar, sobre todo, de cara a la opinión pública, para empezar consolidando su posición de cara a las municipales catalanas. Para ello les vendrá muy bien el apoyo de El Mundo y la COPE, aunque, insisto, no les conviene terminar fagocitados por la derecha española, que no goza de ningún predicamento en Cataluña. Creo que deben refinar un poco sus argumentos teóricos contra las naciones y los nacionalismos (desde aquí, les ofrezco todos los que hay repartidos por este blog), yendo un poco más allá de que primero están los ciudadanos, con el objeto de que no se les pueda acusar de tener un discurso simple (como escribía Pilar Rahola) ni de hacer populismo.

Finalmente, en cuanto a la expansión por otras regiones españolas, coincido con el ABC en que sólo tendría sentido en aquéllas en las que el nacionalismo se imponga como un fin en sí mismo sobre los ciudadanos: es decir, aparte de Cataluña, el País Vasco. Allí, si plantean bien su mensaje, están condenados a triunfar, porque tarde o temprano tiene que llegar el día en que la mayoría de los vascos y los catalanes desprecien la cantinela vasquista y catalanista tanto como una gran parte de los españoles hacemos con la españolista desde que se la apropió Franco. En cambio, no veo el sentido de que Ciutadans compita por la alcaldía de Madrid con Alberto Ruiz-Gallardón, que sintetiza perfectamente los valores liberales y sociales que propone Ciutadans, y tampoco en otras batallas menores de política municipal. Ciutadans puede convertirse en un movimiento intelectual a nivel nacional, que defienda la primacía de las personas frente a los valores metafísicos de la nación y la religión (ahí están sus propuestas a favor de la eutanasia o el aborto libre), y que impulse la lucha de la sociedad civil contra la partitocracia, con iniciativas como la de las listas abiertas. Sin embargo, a priori no veo que en el resto de sus postulados tenga una posición suficientemente diferenciada como para convertirse en partido independiente, y mucho menos para batirse en pequeñeces consistoriales.       www.kikorosique.com

¿Quién teme al Partido de la Ciudadanía?
Raúl González Zorrilla  Periodista Digital 6 Noviembre 2006

Que fascistas, comunistas y nacionalistas, totalitarios de todo color, golpeen, agredan y amenacen a militantes y simpatizantes de Ciutadans de Catalunya es una prueba más del elevado nivel de odio y fanatismo que anida en la mente de los integristas de cualquier signo. De los camisas negras, del rojerío mentecato y de quienes andan todo el día utilizando la patria como si ésta fuera una porra, no se puede esperar que entiendan a un partido político que apuesta por España como territorio de integración, que defiende las libertades individuales sobre cualquier otro valor y que, además, se declara laico y tolerante ante las nuevas formas de convivencia social.

Pero lo que sí resulta más extraño es que a sus enemigos declarados y hasta cierto punto “lógicos”, Ciutadans de Catalunya tenga que sumar ahora las críticas de los dos partidos mayoritarios españoles que, además, en principio, habrían de coincidir con la formación liderada por Albert Rivera, al menos, en la concepción global que ésta tiene del Estado.

El hecho de que tras el incontestable éxito electoral obtenido por el Partido de la Ciudadanía en las recientes elecciones autonómicas catalanas, tanto desde las filas del PSOE como del PP se hayan apresurado a minimizar el triunfo de los Ciutadans pone de manifiesto la absoluta incapacidad que tienen las grandes formaciones nacionales para entender el juego político como un espacio abierto, dinámico, mestizo, cambiante y plural en el que se puede tomar parte, de una forma inteligente y triunfante, lejos de la ortodoxia partidista y abandonando el dogmatismo, la rigidez, el ombliguismo y la inflexibilidad que caracteriza a las grandes formaciones ideológicas españolas y europeas.

En este marco, las palabras de Mariano Rajoy, presidente del PP, augurando para Ciutadans de Catalunya un porvenir similar al de otras formaciones residuales solamente transmiten la envidia y el temor de quien se siente desafiado en sus esencias y en los fundamentos de su programa político. Entre los votantes actuales de Ciutadans ha habido muchos antiguos electores del PP que prefieren apoyar a un partido que defiende los valores de civilidad que caracterizan al Estado español, la democracia, la libertad, el castellano y la pluralidad ideológica, entre otros, y que, al mismo tiempo, reniega de los componentes más reaccionarios (catolicismo militante, conservadurismo extremo, rechazo al avance imparable de los nuevos usos sociales y reactividad ante la defensa del laicismo, por ejemplo) defendidos por la derecha clásica española.

En este mismo orden de cosas, Ramón Jáuregui, actual diputado del Partido Socialista por Álava y con una larga experiencia en los diferentes gobiernos de convivencia PNV-PSE que se sucedieron a lo largo de la década de los años ochenta del pasado siglo, explicaba ayer en una entrevista publicada por “El Diario Vasco” de San Sebastián que “teme” que en Euskadi, “tras tantos años de presión nacionalista”, aflore un fenómeno como el del Partido de la Ciudadanía. ¿Qué teme el PSE de los Ciutadans?, ¿No será que lo que de verdad provoca pavor en los socialistas es la aparición con fuerza de un nuevo partido político que, de verdad, sea progresista sin tener a gala ser “rojo”, que sea contemporáneo sin ser esclavo del pensamiento débil, que base su organización en los ciudadanos y no en los militantes, y, sobre todo, que haya comprendido que impulsar una “política de izquierdas” no es sinónimo de avance social y que, de una vez por todas, entienda que nunca el ultranacionalismo puede ser una ideología de libertad?.

El Partido de los Ciudadanos se encuentra en este camino que, indudablemente, es la ronda socio-política por la que habrá de avanzar el futuro: defensa firme de los valores definitorios de la civilización occidental, laicidad, apertura hacia los nuevas formas de relación entre los individuos, rechazo férreo de los nacionalismos excluyentes, mestizaje ideológico y apuesta por la pluralidad.

Todos sabemos quiénes y el porqué odian a los Ciutadans pero, ¿quién teme al Partido de la Ciudadanía?
Blog de Raúl González Zorrilla

Sadam: historia y justicia
Por RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 6 Noviembre 2006

LA Historia ya le había hecho justicia y Sadam será siempre recordado como «el carnicero de Bagdad», el brutal dictador capaz de encarcelar, hacer torturar y ordenar la ejecución caprichosa de sus ciudadanos, si con ello aseguraba su poder personal. A estas alturas de la película de su vida no creo que nadie ponga en duda ni su despiadada personalidad ni la violencia de sus decisiones y actos.

De hecho, brutalidad y violencia son dos constantes en la vida de Sadam Hussein. Huérfano de padre en su nacimiento, medio repudiado por su madre, fue adoptado por su tío Jairalla Mslat, un militar ultranacionalista y declarado filo-nazi. En su estela el joven Sadam conocerá los entresijos de la política árabe, plagada de intrigas y dobleces. Con veinte años de edad, intentará ingresar en la academia militar en Bagdad, pero será rechazado. A cambio, se enrola en el partido Baath, fundado diez años antes como el Partido de la Resurrección Socialista Árabe. Un año después, en 1958, el tío de Hussein le recluta para asesinar a un líder comunista de Tikrit, la ciudad adoptiva de Sadam. Sadam le descerrajará un tiro en la nuca y aunque fue arrestado y pasó seis meses en la cárcel, al final saldría libre por falta de pruebas. No contento con su macabra hazaña, Sadam volverá a ponerse a las órdenes de su tío unos meses más tarde y participará en el intento frustrado de acabar con la vida de Abdul Karim Qasim, entonces jefe de gobierno. Sadam huirá a Egipto y será sentenciado a muerte en rebeldía. Tenía veintidós años.

En 1963 el gobierno de Qasim es derrocado y el partido Baath toma el control del país por unos meses, justo hasta que es destronado por un nuevo golpe en noviembre del mismo año. Husseim que había regresado a Irak es arrestado y encarcelado. En prisión, será alzado a la cúpula del partido, ocupando la posición número dos tras Bakr, el secretario general. En 1967, Sadam logrará escapar gracias a la ayuda de sus carceleros y poco después organizará un golpe que instalará al Baath de nuevo en el poder. Es el 17 de julio de 1968. A partir de ese momento Sadam Hussein comenzará la larga lista de purgas que jalonará toda su vida. La idea de controlar él solo todo el poder le llevará a organizar un golpe palaciego en 1977 para acabar con el líder del Baath, Bakr, que será puesto en arresto domiciliario hasta su muerte en 1982.

Como dictador soberano, la «obra» de Sadam no tiene desperdicio. Toda la violencia que vivió desde su niñez la amplificará y la esparcirá dentro y fuera de su país. Ayer fue sentenciado por el asesinato de 148 civiles, incluidos algunos niños, en 1982. Asesinato que como él mismo ha reconocido durante el juicio, ordenó como represalia tras sufrir un ataque en Dujail, al norte de Bagdad. Pero ese acto, por terrible que sea, palidece ante la brutalidad de la que hizo gala Sadam en todo su mandato. De hecho, Sadam Hussein tiene pendiente otra causa por varios hechos mucho más sangrantes. Me refiero a la campaña Anfal de 1987, dirigida contra los kurdos a los que Sadam quería dar un castigo ejemplar por haber ayudado a los iraníes durante la guerra. Aunque el ataque más famoso es el de la aldea de Halabjah, donde el 16 de marzo de 1988 la aviación iraquí asesinó indiscriminadamente con gas mostaza y otros agentes nerviosos a unos 5.000 lugareños, aquella campaña de represión se saldó, según el tribunal que lo juzga, con más de cien mil víctimas.

Con todo, hay más cuentas pendientes con el dictador de Bagdad. Por ejemplo, sintiendo que su poder se resquebrajaba tras ser derrotado por la coalición internacional en 1991, Sadam se lanzará a una ola de represión generalizada: dos millones de kurdos tendrán que huir por el norte mientras que en el sur unos 150 mil shíis son eliminados y otros 200 mil deberán huir para salvar su vida. Como añadido, Sadam impondrá un mortal bloqueo para los kurdos y llegará a secar las marismas al sur de Basora. Simultáneamente, bombardeará con gas mostaza, desde los helicópteros que la ONU le permitió operar, las ciudades santas de Najaf y Kerbala. Si Hussein no siguió fue porque las tropas americanas y británicas impusieron una zona de exclusión área que evitó mayores desgracias para la población iraquí.

Que Hussein no tenía respeto por la vida de los demás es algo demostrado. No le importó masacrar a cientos de miles de iraníes, incluido el empleo de armas de destrucción masiva y el lanzamiento de misiles de largo alcance contra núcleos urbanos alejados del frente, ni pestañeó castigando a sus súbditos durante los años de sanciones impuestas por las Naciones Unidas desde 1991 ante su empeño en no querer cooperar con los inspectores de la ONU. Como hemos descubierto con el programa de petróleo por alimentos, Sadam eligió corromper a todo el mundo y enriquecerse personalmente aunque eso supusiera dejar sin medicinas a los hospitales iraquíes. Incluso logró que el hijo de Kofi Annan, el saliente secretario general de Naciones Unidas, disfrutara de un bonito mercedes rojo gracias a los trapicheos de su empresa con Irak y a la impunidad de su apellido.

Sadam tenía una ambición: ser el líder del mundo árabe y el dueño del Golfo. La resistencia iraní le llevó a acelerar sus programas no convencionales, sobre todo el nuclear. Y aunque éste parezca que se haya evaporado, como acaba de descubrir el «New York Times» ni más ni menos, los documentos incautados en 2003 por las fuerzas de la coalición y que poco a poco se iban colgando de una página web servida por el Pentágono, eran tan útiles para fabricar una bomba que el acceso libre a los mismos resultaba excesivamente peligroso. Igual ocurre con los traídos contactos entre las fuerzas de Sadam y terroristas islámicos, incluida Al Qaida. Poco se ha podido documentar, pero de lo documentado sólo puede deducirse una cosa: el régimen de Sadam estaba dispuesto a favorecer a cualquiera que supusiera una amenaza para Israel y los Estados Unidos.
El sueño de Sadam, que le llevó a autoemparentarse con el profeta se truncó finalmente con la intervención militar de 2003. Sus bravuconerías y engaños no impidieron que las fuerzas de la coalición llegaran rápidamente a Bagdad, de donde huyó. Anduvo escondido medio año, hasta su captura el 13 de diciembre de 2003. A pesar de haber prometido no dejarse capturar vivo, se entregó sin resistencia. Aunque las tomas de su reconocimiento médico dieron la imagen de un loco, Sadam de loco nada. Durante su juicio ha dado reiteradas pruebas de sus plenas facultades mentales. Sólo que sus facultades son las de alguien que no muestra arrepentimiento alguno y que volvería a cometer sus crímenes sin dudarlo. Las facultades de un demonio.

En 1978 escuché a unos representantes del Baath jaleados por la izquierda y la progresía de la Facultad de Políticas. Se les aplaudía por representar el proyecto de un hombre nuevo, socialista, en el mundo árabe. Desde entonces no me he podido librar de Sadam. Ahora me alegro de que un tribunal competente y legítimo, iraquí para más señas, haga finalmente justicia. Sadam ha hecho demasiado daño al mundo y su condena espero que sirva para poner punto y final al tramo más negro de la vida en Irak. No va a arreglar la actual situación en el país, pero tampoco la empeorará. Y sin embargo, dará un nuevo brillo moral a un pueblo que se hubiera librado mucho antes de él si hubiera sabido cómo. Algo a lo que nosotros no contribuimos mucho y que si no hubiera sido por Bush, Blair y Aznar, nunca hubiera ocurrido.

El Gobierno de Navarra exige a Zapatero que aclare los «compromisos» que ETA exige y su «alcance»
Ep - Madrid.- La Razón 6 Noviembre 2006

El Gobierno navarro adoptó un acuerdo en su Consejo de hoy en el que "exige" al presidente José Luis Rodríguez Zapatero que aclare qué "compromisos" son los que ETA pide que se cumplan y el "alcance" de los mismos en relación con Navarra.
En rueda de prensa el presidente navarro, Miguel Sanz, dijo que el acuerdo del Ejecutivo foral tiene su origen en el último número del boletín interno de ETA, "Zutabe", en el que la banda advierte de que si el Gobierno central "no cumple sus compromisos y no hay pasos visibles, el proceso se romperá", y afirma que "la base de la resolución se sustenta en la autodeterminación y la territorialidad".

Al respecto, Sanz señaló que su Gobierno "tiene la responsabilidad de preservar y defender la integridad del régimen foral" de Navarra "y eso es lo que va a hacer le pese a quien le pese y le guste a quien le guste".

Por eso, "lo que pedimos y exigimos al presidente Rodríguez Zapatero es que diga si realmente existen unos compromisos y el alcance de estos en relación con Navarra", pero que "lo diga claramente y no se refugie en ambig~edades como que Navarra será lo que los navarros quieran. No faltaría más".

Añadió así que aunque el futuro de la Comunidad Foral lo decidirán los navarros, Rodríguez Zapatero "tiene dos obligaciones", de una parte "decir qué es lo que usted quiere que sea Navarra" y, de otra, "informar al Gobierno de Navarra del alcance de los compromisos y negociaciones" que se hayan adquirido y mantenido "de forma directa o delegada".

En este sentido, en el acuerdo aprobado el Ejecutivo de UPN-CDN reclama al presidente de España "lealtad institucional" y "su compromiso político y público de excluir a Navarra de cualquier proceso de negociación o diálogo con la organización terrorista ETA-Batasuna".

Además expresa su rechazo a que "una organización terrorista chantajee a la sociedad española en general y navarra en particular y amenace al Gobierno español", y reafirma "la apuesta firme y decidida del Gobierno de Navarra en la consecución de una paz con libertad y dignidad".

Miguel Sanz recordó que desde la declaración de alto el fuego por parte de ETA "no ha habido ninguna conversación" entre él y el presidente Rodríguez Zapatero cuando es éste "el único que parece tener las claves y liderar un proceso en el que el otro interlocutor dice que Navarra debe estar presente en la negociación" y "cuando todos conocemos que Navarra y su estatus está siendo objeto de atención en ese proceso".

El presidente denunció además "la opacidad" con que el proceso se desarrolla, "eso es lo grave", subrayó, y advirtió de que en su Gabinete "no estamos dispuestos a estar al margen".

Preguntado si da más credibilidad a ETA que a las reiteradas afirmaciones de miembros del Gobierno y del PSOE en las que niega que Navarra vaya a ser el pago de un precio político por la paz, Sanz apuntó que hasta ahora "a mí no me ha contestado a quien yo he preguntado", "hay un principio de lealtad institucional que no se está cumpliendo" y el presidente "debe responder a muchos interrogantes".

Las exigencias idiomáticas del bipartito originan un conflicto con la Guardia Civil
La Coruña Reportero Digital 6 Noviembre 2006

Tensión entre Guardia Civil, Xunta y Gobierno central por la eminente obligatoriedad de utilizar el gallego en los actos de servicio. A esto se le une un nuevo conflicto con el bipartito: la futura Ley de Policía Autonómica, considerada una "declaración de guerra" por los agentes de la benemérita.

La Unión Federal de Guardias Civiles (http://www.ufgcs.org/) no piensa dar el brazo a torcer, "pese a quien le pese", y se reafirma en su derecho de que los agentes empleen el castellano en las respuestas a los ciudadanos gallegos. La obligatoriedad de usar el gallego es una exigencia detrás de la cual, a saber por esta agrupación, se encuentran los nacionalistas.

El sindicato considera que el castellano es, a diferencia del gallego, la única lengua que todos los españoles tienen la obligación de conocer. Por este motivo, los guardias civiles se muestran contundentes ante la futura obligatoriedad de usar el idioma gallego.

Esta "exigencia", fruto de un compromiso adquirido por el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, que se incluirá en la reforma de la Ley de Función Pública, podría llevar el asunto "a las más altas instancias judiciales", puesto que los agentes consideran que se vulnera el artículo 3.1 de la Constitución.

"Declaración de guerra" a la Policia Autonómica

Por otra parte, la Unión Federal de Guardias Civiles argumentó que Galicia no precisa de una nueva policía, la "autonómica", porque dispone de Guardia Civil y Policía Nacional. El sindicato se muestra disconforme ante la futura Ley de Policía Autonómica, considerada una "declaración de guerra".

Esta asociación consideró que el BNG "se hallará satisfecho" pues siendo un partido político "minoritario" en la Comunidad gallega, "esta a punto de lograr su objetivo político: echar de Galicia a la Guardia Civil, y a sus propios paisanos, los guardias gallegos".

Además, el sindicato denuncia que el anteproyecto de Ley se hizo "a sus espaldas" y acusan a la Xunta, a través de un comunicado, de haber "mentido" al colectivo de la Guardia Civil. Añaden que "si esta ley se aprueba definitivamente supondrá el destierro de Galicia de un número importante" de efectivos y que se acabará originando un importante conflicto de competencias.
Recortes de Prensa   Página Inicial