AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 19 Noviembre  2006
Conciencia libre
El último eslabón
Ernesto Ladrón de Guevara, artículo en www.debate21.com  19 Noviembre 2006

Hace unos días leí en un medio que el Gobierno pretende incluir en su reforma judicial el conocimiento de las lenguas cooficiales como mérito determinante para obtener determinados destinos.

Poco queda de Estado a estas alturas tras el pacto de Tinell firmado por el Partido Socialista y los nacionalistas para excluir al segundo partido más representativo de España. Pacto que es casi un calco de otro acuerdo que en su día se firmó con ETA, entre nacionalistas, que fue aquel contubernio de Estella llamado Pacto de Lizarra, cuyo objeto era retomar el control social tras aquella marejada humana que asustó muchísimo, no sólo pero principalmente a los nacionalistas tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, que pretendía excluir de la vida política vasca a los no nacionalistas, entre otras cosas como un proceso de independencia vasca.

Fue un gravísimo error romper la unidad del sistema educativo español, sin cuyo tronco común el Estado se descompone tras perder su columna vertebral que lo sostiene en esa sustancia común que es una conciencia colectiva de pertenecer a una misma comunidad histórica y cultural –plural pero unitaria-. También fue un error despedazar el sistema fiscal, verdadero nexo que permite redistribuir la riqueza para aproximar a todos los españoles en calidad de vida y así evitar que la igualdad de todos los españoles (artículo 14 de la Constitución) quede en entredicho y aumentadas sus diferencias. Etc.

Sólo quedan tres entramados que ligan entre sí al conjunto de los ciudadanos españoles: la unidad jurisdiccional de la justicia, las Fuerzas Armadas, y como dice un amigo mío: el Corte Inglés. El resto está en descomposición y la Constitución da, cada vez más, evidencias de hacer aguas y se está convirtiendo en papel mojado. Incluso la Corona que era una garantía para la unidad de todos los españoles no se sabe bien para qué sirve en estos momentos.

Una cuestión tan aparentemente baladí como la exigencia de las lenguas autóctonas, convirtiendo el derecho a usarlas en un deber que no contempla la Constitución para determinados empleos esenciales como es el de los jueces, es determinante para romper la unidad estructural de la justicia española. La Carta Magna sólo obliga al conocimiento del castellano como vínculo de todos los españoles. Y por eso los nacionalistas están tan empeñados en destruir ese nexo común.

Valga como muestra de lo que digo lo siguiente: ayer mismo varios cientos de electos del PNV, EA y EB, planteaban en un manifiesto común un blindaje frente a la justicia, criticándola y advirtiendo que los políticos no han de estar sujetos a la judicialización de sus actuaciones, o,  lo que es lo mismo exigían patente de corso frente al Estado de Derecho, o impunidad en la vulneración del marco jurídico. Lo cual, además de esperpéntico y alarmante, es como volver a la Edad Media y reinstaurar el feudalismo, es decir el Estado de la Naturaleza o la ley del más fuerte, aunque tenga detrás los votos de los ciudadanos. También Hitler tenía los votos, y con la impunidad de sus actuaciones y el sometimiento de la ley al capricho del poder político instauró el régimen nazi. Así se empieza. No se entiende que los funcionarios cometan prevaricación si no cumplen de forma intencionada la ley y los políticos, que al fin y al cabo se rigen por el mismo principio que la función pública pues están sometidos a las leyes, exijan estar exentos de su aplicación e invulnerables al control jurisdiccional del otro poder independiente que es el judicial. Lo que significa someter a los jueces al capricho y no a las leyes. En definitiva, la muerte por asesinato de la división de poderes de Montesquieu.

Esto es un ejemplo para adivinar o predecir lo que pasará con unos jueces filtrados a través del catalán, el euskera y el gallego en la órbita de los poderes nacionalistas.

Quienes hemos visto cómo se ha hecho una verdadera purga ideológica en otros sectores como, por ejemplo en el sistema educativo, provocando una verdadera diáspora de profesorado, y cambiando grandes contingentes de docentes por otros más afines al nacionalismo (véase como constatación evidente la evolución del voto sindical), hemos podido comprobar empíricamente para qué se emplean las lenguas autóctonas. No sólo para crear cultura propia de las mal llamadas comunidades históricas, sino, también, y no es insustancial el tema, para construir entramados de poder que den pervivencia a verdaderos regímenes antidemocráticos con apariencia plural.

El artículo 4 de la Constitución Republicana de 1931 decía que “a nadie se le podrá obligar al conocimiento de las lenguas regionales”

Si  se admite este nuevo atropello a la elemental prudencia, el sistema judicial español se fragmentará y caerá en las manos, y bajo el control, de los nacionalistas en Cataluña, en el País Vasco y en Galicia.

Aunque eso parece que preocupa poco al Sr. Zapatero, más ocupado en mantenerse en el poder como sea, aún a costa del derrumbe del edificio constitucional.

El optimismo quebrado
POR GERMÁN YANKE ABC 19 Noviembre 2006

MADRID. Varios decenios de violencia terrorista han convertido a la sociedad vasca en una sociedad aturdida, con una cierta tendencia a escapar de una realidad a menudo dolorosa y con un deseo, a veces sin detenerse en otras consideraciones, de que las cosas cambien. Los efectos de la violencia continuada han sido estudiados en muchas y variadas circunstancias pero, por dejar a un lado por un momento a los politólogos y sociólogos, fijémonos, por ejemplo, en uno de los grandes poetas del siglo XX, Wystan H. Auden, que, de mayo a julio de 1945, estuvo en Alemania trabajando para el Strategic Bombing Survey americano. Se trataba de entrevistar a civiles sobre los efectos psicológicos de los bombardeos y Auden concluyó que los primeros bombardeos producían en la población una intensa indignación no exenta de deseos de venganza. Sin embargo, la continuidad de los mismos iba sensibilizando a la gente hasta que se deslizaba en la opinión pública un agobiado «que termine esto como sea».

En el País Vasco no se han sufrido, desde el nacimiento de ETA, bombardeos similares, pero el terrorismo lleva demasiados años cobrándose vidas y sumando víctimas, algunas no por invisibles menos destrozadas. Los análisis económicos demuestran, si no una paralización (es una región activa, que aprovecha bien sus privilegios fiscales y las inversiones públicas), sí una creciente pérdida de oportunidades por la inestabilidad causada por la violencia. El censo subraya la diáspora de perseguidos y descontentos que se cifra actualmente en 200.000 personas. Las encuestas revelan el miedo, el miedo al terrorismo, a la participación en la política, a hablar de ella sin tapujos, a ser políticamente incorrecto en un ambiente en el que se une a la violencia la presión nacionalista. No es de extrañar que surja también ese deseo de «que termine esto como sea».

Un trozo de cielo en la tierra
La necesidad de abandonar el agobio, que es cotidiano aunque sea sutil, aunque a veces parezca imperceptible, se constata hasta en las fiestas que se celebran últimamente en el País Vasco y que han abandonado el tono ceremonioso por la vorágine, en el afán de llenarlo de iniciativas que den la impresión de que se saca la cabeza del agujero. Es significativo, por ejemplo, la «locura» -con final feliz- de querer a toda costa erigir el Guggenheim europeo en Bilbao con inversiones consideradas entonces por muchos exageradas. Pero Gehry concebía su proyecto arquitectónico como «un trozo del cielo en la tierra» y ningún lugar mejor que allí donde, apasionadamente, se quería salir del infierno.

Y, naturalmente, las expectativas, la ilusión, el entusiasmo en cuanto aparece la posibilidad de que la violencia terrorista termine. Durante la tregua de 1998 el entusiasmo se desbordó a pesar de que su declaración partía del Acuerdo de Lizarra, es decir, del entendimiento previo y reivindicativo de los nacionalistas vascos. «Ayer éramos Irlanda, hoy somos Quebec», se decía como prueba de que la violencia no era ya el instrumento de las conquistas nacionalistas, sino el entendimiento y la negociación. Las cifras económicas, el número de visitantes y turistas, etc. acompañaban el entusiasmo y ya nadie parecía acordarse de que el propio ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, había definido la tregua como «trampa». No aprovechar la oportunidad, se dijo también, supondría «un delito de lesa majestad».

Lo importante de aquel entusiasmo, que se palpaba en la calle, era, por decirlo de algún modo, un espejismo: la confianza en que ETA había cambiado. Según el Sociómetro Vasco, encuesta oficial del Gobierno Vasco, el 72% de los consultados percibía menos tensión en la sociedad y entendía que, entre las dificultades, eran más sobresalientes la falta de unidad entre los políticos (34%) o la actitud del Gobierno de Madrid (32%) que el no abandono definitivo del terrorismo por parte de ETA (17%) o la «lucha callejera» (10%). Cuando en mayo de 1989, tras las elecciones autonómicas, se firma un acuerdo de legislatura entre el Gobierno de Ibarretxe (PNV y EA) y Euskal Herritarrok, los encuestados creen que este hecho es importante para la «pacificación» (81%) porque supone la incorporación de EH a las instituciones (64%). En el Euskobarómetro de la Universidad del País Vasco, desde 1996 se observa en 1999, con la tregua vigente, un salto cualitativo entre los que opinan que la situación de la violencia es «mucho mejor» (22%) o «algo mejor» (61%) cuando el año anterior el resultado había sido 1% y 15%, respectivamente.

El espejismo
Cuando ETA rompe la tregua, las encuestas oficiales del Gobierno vasco siguen dando cuenta del espejismo. El 77% de los ciudadanos preguntados cree que la causa ha sido la falta de acuerdo entre los partidos o la poca flexibilidad del Gobierno de José María Aznar (70%) y solamente un 47% responde que ETA nunca ha querido sinceramente la paz.

La tregua ahora teóricamente vigente -o el «alto el fuego permanente»- se anunció el 22 de marzo de este año. Venía precedida de la declaración del Congreso de mayo de 2005 autorizando al Gobierno a iniciar un diálogo con la banda terrorista siempre que esta abandonara la violencia, pero también de un largo periodo de eficaz lucha contra el terror. Los casi tres años sin asesinatos, que a menudo recuerda el Gobierno, y la sensación de que en esta ocasión, como en todas las anteriores, sí se puede terminar con la violencia (según el Sociómetro Vasco de este mes el 85% de los encuestados tienen esperanza de que «en los próximos años se consolide la paz»), viene acompañada por datos significativos.

La actitud de ETA, es decir, la posibilidad de que tenga realmente voluntad de poner fin al terrorismo, viene modulada, según datos del último Euskobarómetro, por el convencimiento de que tiene que ser consciente del agotamiento de su estrategia (79%), por la mediación previa (59%, sobre todo entre los nacionalistas), por los efectos de la ilegalización de Batasuna (52%) y por la constatación de que ya estaba derrotada por la acción policial y la firmeza del Estado de Derecho (52%), estas dos últimas ideas con mayor consistencia entre los no nacionalistas.

Se mantiene la amenaza
El optimismo, innegable, desde el mes de marzo está, por lo tanto, tamizado quizá porque el foco de las miradas y las exigencias está, en este caso, más en ETA que en los demás. Y la preocupación y el desasosiego, por mucho que se necesite impedirlo, aumenta en la medida en que ETA y Batasuna no parecen modificar sus posiciones ni sus exigencias. Se mantienen las amenazas y la lucha callejera y no se ve voluntad de disolución salvo, como acaba de declarar el portavoz de Askatasuna, si es «una consecuencia de la autodeterminación». Este tipo de planteamientos hace que un sector de la población recele del tipo de diálogo que pueda emprenderse, sea público o «por detrás», como acaba de señalar el lendakari Ibarretxe, porque advierte el peligro de que el resultado final, el que se busca, no seatanto la ausencia de ETA (según el Gobierno Vasco es lo que desea el 35% de los vascos), sino, además, «cambios sociopolíticos» (55%), según la misma fuente.

Un último dato para evaluar la desazón, compatible al parecer con el forzado optimismo. Según el último Euskobarómetro, hasta una cuarta parte de los vascos pensaría, en caso de independencia, abandonar su tierra, disposición que afecta a casi la mitad de los no nacionalistas (48%).

«Proceso» pendiente
IGNACIO CAMACHO ABC 19 Noviembre 2006

LLEGADO este momento de la legislatura y ante el riesgo severo de un fracaso político de gran envergadura, urge el diseño de un auténtico proceso de paz con el que el Gobierno cierre las heridas que ha abierto en la sociedad española. En vez de intentar ridículas fugas hacia delante tratando de exportar a Palestina su patético pacifismo retórico, Zapatero está ante la responsabilidad histórica de afrontar la recomposición de la concordia nacional que debió haber constituido el eje de su mandato. A estas alturas ya se tenía que haber dado cuenta de que su proyecto, cualquiera que sea, no puede tener éxito en un país dividido.

Surgida de la intensa convulsión del 11-M, esta legislatura requería una gestión balsámica enfocada a recomponer la fractura de aquellos tres días dramáticos. En vez de abordar una delicada cirugía de recomposición, el Gobierno prefirió aliarse con minorías radicales para hacer trizas el consenso constitucional con una agitada agenda rupturista. Contradiciendo su propio programa electoral, el presidente se lanzó a dialogar con los terroristas sin el respaldo de la oposición; reabrió el modelo territorial sin una idea de cómo cerrarlo, y abordó la memoria histórica de la guerra civil con un insensato sectarismo revisionista. Dos años y medio después, el resultado está a la vista: el «proceso de paz» se halla empantanado ante los reiterados incumplimientos etarras; los estatutos de autonomía se han convertido en un ventilador de competencias que centrifuga la estructura del Estado, y la memoria histórica ha devenido una pelea a muertazos que ha rescatado los peores demonios del cainismo colectivo. La «pazzzzz» es una mera muletilla hueca a la que Zapatero se agarra con recurrente terquedad, pero el panorama civil y político se ha envuelto en una crispación que es la mejor garantía para el fracaso de cualquier gobernancia.

La única vía posible para enderezar el rumbo sería la vuelta al acuerdo de mayorías, que permitiese siquiera un magro pacto de mínimos hasta las próximas elecciones generales. El Pacto Antiterrorista como marco para reconducir las negociaciones con ETA y reintegrar la cohesión moral de las víctimas; la reforma constitucional para fortalecer al Estado ante la crecida diáspora territorial; una modificación de la ley electoral que evite el mercado negro de las minorías, y una reforma consensuada de las normas de extranjería e inmigración. Si los españoles viesen a sus dos grandes partidos embarcados en una reconstrucción política de amplio espectro, la nación podría recuperar el aliento que se ha perdido en el fragor de una batalla estéril.

Ése sería el verdadero proceso de paz pendiente en este desgraciado mandato, y aún hay tiempo para ponerlo en marcha. Lo que falta es voluntad política porque el presidente parece haber decidido atrincherarse al otro lado de una zanja de barata ideología sectaria. Raro será que no acabe sepultado en ella, pero lo peor es cuánta energía colectiva se va a llevar por delante.

Alto el fuego etarra: cada vez más fuego y menos alto
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 19 Noviembre 2006

La situación esta mal, muy mal.

Batasuna, cada vez ofrece menos síntomas, ya ni el más mínimo admitir la vía política, como única forma valida de actuar en democracia. Esto es, abandonar la violencia como uno de sus métodos y aceptar las reglas pacificas del juego. Y ese era el primer requisito imprescindible para empezar hablar. Y por ahí cedió el Gobierno lo suyo. Hasta engañar a Rajoy y que el PSE se reuniera con Otegui.

Al contrario de lo previsto, que se aceptara la legalidad, lo que Batasuna exige es su ruptura , la impunidad y sigue en la línea de imponer los postulados de ETA por la violencia o con la amenaza de la violencia. Él único “matiz” es pasar de “O me das todo lo que pido o te mato” al “ o me das todo lo que exijo o volvemos a matar” .
Y mientras,ETA , la otra cara de la misma moneda, (lo de Otegui el bueno y Txapote el malo si que es farsa y a ver si cuela) se rearma (entre otras , el robo de 350 pistolas), fortalece sus comandos en Francia (ha habido aviso de gobierno galo en tal sentido), se reabastece económicamente (siguen las cartas de extorsión) y monta el espectáculo de los encapuchados disparando en la campa. Todo ellos con el terrorismo callejero volviendo a hacer se dueño de las calles. Cada fin de semana un “punto” mas caliente (lo ultimo el policía al que casi queman vivo).

Sus exigencias son inasumibles. Serian una traición a toda España, a la Constitución , a la democracia, a los centenares de asesinados, a todos : derecho de autodeterminación (o sea, ruptura de la soberanía nacional, en suma independencia), anexión de Navarra (junto al país vasco francés) para la quimérica Euskalerria e impunidad judicial- que la ley no actúe como primer paso, secuestrar a la justicia y luego indulto mas o menos encubierto y la chorrilera de criminales (no son presos políticos, son criminales, porque han tenido siempre la oportunidad de defender sus ideas libre y pacíficamente y lejos de hacerlo han elegido el terror, el asesinato, el secuestro y el chantaje)

El gobierno y el presidente Zapatero no puede ceder ni un milímetro en esas cuestiones. Los gestos que han hecho (sobre todo en vía fiscal y judicial ya han sido en ocasiones muy comprometidos y hasta escandalosos).

Tengo la impresión de que el Gobierno sabe que no hay margen, que cada vez son mas pesimistas ante la posición fanática , inamovible y cerril de ETA-Batasuna.
Me llega también que si alguien –se señala a Eguiagaray como causante- se pasó de la raya y de la lengua dando a entender lo que jamás puede ser , no se va a cruzar “la linea roja”.

O sea, que difícil, cada vez más difícil. Lo único y es mucho es que ETA sigue sin matar. Pero todos los demás grados de violencia ya están de nuevo sobre la mesa.

Puede romperse. Puede volver la sangre.

Pues bien. Ante ello y si puede ser antes, mejor, hay que reestablecer la unidad de los demócratas, de todos. El Gobierno debe congelar el “proceso”. El PP debe tender la mano.

Humildemente, y lo creo firmemente, deseo fervientemente que termine para siempre el terrorismo. Pero eso no se consigue rindiéndonos a ETA. Por tanto si el Gobierno se mantiene firme en la defensa de los ciudadanos y de la dignidad de la Nación y por ello los asesinos vuelven a asesinar , estaré al lado de mi Gobierno. No lo estaré jamás si Zapatero claudica. Eso no sería nunca la paz, sino la rendición mas vergonzosa de todo un pueblo ante una banda de asesinos.

Y , también lo creo firmemente, Zapatero no lo hará. No lo ha hecho.
Por eso amenaza ETA.

O bien la kale borroka no es violencia o Zapatero y de la Vega han vuelto a mentir.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 19 Noviembre 2006

Zapatero dijo hace menos de tres días que "nada puede abrirse paso con la violencia". "Con el diálogo y sin violencia sí se pueden abrir pasos, de acuerdo, de concordia, de superación de lo vivido".

De la vega dijo hace dos días que la "paz se hará sin precio político o no se hará", y sólo será posible "desde la legalidad y sin ninguna forma de violencia".

Hoy titula El País en primera página de su edición digital “Zapatero traslada al PSOE que seguirá intentando la paz pese a la violencia callejera”, en el artículo cambia el titular por este otro “Zapatero traslada al PSOE que "por encima de todo" seguirá intentando la paz en Euskadi”

Estas personas creen que la gente que les lee lo que dicen el jueves ya se habrán olvidado cuando lean que dicen justo lo contrario el sábado. Al parecer gozan de inmunidad frente a la mentira y hacen buen uso de ella.

Visto que la vicepresidenta afirmaba tajantemente y con esa solemnidad que en ella es habitual cuando luce el modelo numero 789 de su mandato, que la paz se hará sin ninguna forma de violencia, igual lo que ocurre es que para Zapatero, ella y el resto de la trouppe socialista la kale borroka no es violencia, intimidar a los empresarios para que paguen no es violencia, robar a mano armada cientos de armas no es violencia, ni incluso patear los cristales de los tribunales es violencia.

Zapatero, cada vez que habla de negociar con ETA sus exigencias a las que llama en buen zapaterés para ocultárnoslo, “la política”, está declarando urbi et orbe que la muerte de casi mil personas asesinadas por ETA no ha valido para nada, que fueron tontos dejándose matar para nada, ya que si los gobernantes de aquellos momentos hubiesen hecho lo que él, hacer concesiones a los asesinos, no habrían muerto. Si los mil muertos por ETA pudiesen salir en una típica noche de los muertos vivientes de sus tumbas, como poco correrían a este tío a gorrazos o a golpe de metatarsianos.

Parafraseando al Chavo del 8, Zapatero miente sin querer queriendo.

No llevo la cuenta de las mentiras que Zapatero a dicho en el tiempo que lleva en el gobierno, el centenar lo supera largamente, y esas mentiras han sido hechas por un gobierno que gobierna en parte porque Rubalcaba, en día de reflexión, dijo que este país no se merecía un gobierno que le mintiese.

La cobardía ante las amenazas contínuas de BATASUNA-ETA
Vicente A. Carrión Martínez Periodista Digital 19 Noviembre 2006

Desde el inicio de esta farsa de "proceso", estamos asistiendo a una serie de escenas de retirada cobarde y cesión ante las contínuas amenazas de abandono de las negociaciones por BATASUNA-ETA. El objetivo es que no se levanten de la mesa bajo ningún concepto. El objetivo es mantenerles fijos prometiéndoles todo aquello que van exigiendo.

Cada vez que BATASUNA-ETA avanza un paso o ve una actitud de vacilación, o sentencias de los jueces contrarias a sus pactos, amenaza con abandonar y volver a la violencia. Otegi reconoció sin pudor que él puede acabar con la violencia callejera (Kale Borroka)o todo lo contrario. Solo por esas manifestaciones debería haber sido acusado por apología del terrorismo y terrorismo.¿Se ha tomado acción por la Fiscalía? Creo que no. Luego, esa amenaza permanece y nadie se atreve ya a contradecirle. Cobardía y rendición del Estado ante una banda terrorista y de cortes mafiosos.

Y mientras, en una actitud vil, mezquina y servíl, siguen en el Santuario de Loyola (nunca mejor dicho lo de Santuario), las conversaciones, más bien capitulaciones, con la participación del PNV, y el PSE, tratándose sin disimulo sobre la anexión e integración de Navarra en la futura Euskal Herría. Aquí los interlocutores se atreven a decidir, sin tener ningun tipo de representatividad, sobre una parte del territorio Nacional español.

Ya no les basta que las reuniones sean ilegales, que estén delinquiendo con total impunidad, sino que su desfachatez les lleva a considerarse portavoces de una Soberanía que solo pertenece al Pueblo Español. ¿A qué espera la Justicia para intervenir y abortar estas reuniones? ¿A qué espera la Justicia a encausar a estos delincuentes?.

Es hora ya de acabar con esta farsa, con estos sucios manejos del PSE, y cuantos se amparan en la bondad de un objetivo de apaciguamiento, para hacer unas cesiones políticas como pago al chantaje y terrorismo de estos últimos cuarenta años. Es hora de que la Justicia actúe y no se escude en la ignorancia de unos hechos que son de dominio público y causan un profundo sentimiento de impotencia y de desconfianza en el Estado de Derecho, en la Justicia y en las Fuerzas de Seguridad, que parecen estar maniatados y amordazados desde el propio Gobierno

El desplome exterior de España
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 19 Noviembre 2006

LOS empresarios nacionales y la prensa extranjera son los mejores indicadores para medir el estado -relevante o no- de nuestra presencia exterior. Ambos sistemas de medición ofrecen resultados deplorables: España se ha desplomado como punto de referencia internacional -entre otras razones de menor enjundia- por una de las carencias más evidentes del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que es la de política exterior. El Ejecutivo y su presidente no dejan de perpetrar torpezas en el ámbito de las relaciones exteriores. Lo que sucede en buena medida por la fragilidad de las políticas domésticas y el progresivo debilitamiento del Estado como sujeto de decisiones sustanciales en beneficio de determinadas comunidades autónomas, siendo los casos catalán y vasco los más significativos. Pero al margen de la depredación autonómica hasta del protagonismo gubernamental en la política exterior, al Gobierno le ocurre que no dispone de una correcta detección de nuestros intereses fuera de las fronteras españolas y ha regresado en la elaboración de su precaria política internacional a planteamientos ideologizados que asemejan nuestra acción exterior a la propia de un país no alineado de los años setenta.

Fiascos diplomáticos como la última cumbre Iberoamericana en Montevideo -faltaron muchos de los principales mandatarios- o la bilateral del pasado jueves en Gerona con Francia -a la que no acudieron los ministros de Interior como si el terrorismo y la inmigración fuesen asuntos menores en las relaciones entre París y Madrid- son síntomas de distensión de la proyección exterior de España que se acrecienta con espectáculos tan romos -en lo político y en lo estratégico- como la presentación en sociedad de la denominada Alianza de Civilizaciones en Estambul. Que nuestro presidente suscriba un documento con Jamamí -un sedicente moderado del régimen integrista de Irán- y con Erdogan -un islamista también supuestamente moderado que se ha negado a recibir personalmente al Papa en la visita a su país la próxima semana-, en el que se propugna una serie de tópicos buenistas bajo la atenta y rentable -para él- mirada del secretario general saliente de las Naciones Unidas, Kofi Anann, constituye uno de los episodios más extravagantes de la política exterior de un Estado de la UE. Porque rechazar el choque de civilizaciones no lleva necesariamente a la alianza de éstas y menos aún en comandita con Turquía cuyas relaciones con la Unión Europea atraviesan por una crisis manifiesta y en donde el rebrote islamista parece estar propiciando la recesión del «kemalismo» laico en el que se funda aquel Estado.

Al tiempo que esto ocurre, menudean los choques estériles -además de innecesarios-con los Estados Unidos que han requerido -precisamente desde las páginas de ABC- de la respuesta de su embajador en Madrid, y también con Alemania cuando un alto cargo y candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE -Miguel Sebastián- se permite atribuir a la canciller Merkel «la politización de la OPA sobre Endesa», asunto que ha envenenado las relaciones con la Comisión Europea -nos ha abierto un expediente sancionador-, mientras tampoco logramos sostener con Marruecos la fluidez que el propio presidente del Gobierno suponía. Los aplazamientos sucesivos de su visita a Rabat establecen un nuevo -y previsible- distanciamiento con nuestro vecino del sur, en tanto que con el del norte Rodríguez Zapatero parece tener química, pero sólo con Chirac, que está de salida y no con Sarkozy que está de entrada. Mejor no continuar con los despropósitos demagógicos que nuestro Gobierno comete en Cuba, en Venezuela o en Bolivia, sin olvidar el patinazo de mezclar al Rey en una improcedente mediación entre Argentina y Uruguay a cuenta de una instalación papelera en discordia. Por si todo esto fuera poco, la visita de Teodoro Obiang Nguema, el dictador guineano, pone la guinda de la inconsistencia en el pastel que con ingredientes incompatibles entre sí cocina el Gobierno a modo de política exterior.

La gestión de los intereses nacionales fuera de nuestras fronteras -intereses empresariales, lingüístico-culturales y estratégicos- no es una opción gubernamental, sino una obligación estricta y prioritaria en un ámbito político y económico progresivamente globalizado. Hoy la política exterior ya no se hace en las embajadas, ni la conducen los diplomáticos -la carrera que requiere de esa reforma que nunca llega y que cuando lo hace de la mano del Gobierno socialista es para acecharla por elitista, como está ocurriendo con los cuerpos superiores de funcionarios del Estado en general-, sino que es tributaria de los intereses del desarrollo económico y social de las sociedades compartimentadas en Estados. En otras palabras: la política exterior española la debería marcar el desarrollo de nuestras empresas -sector energético, sector financiero, sector inmobiliario, sector turístico-; la expansión de nuestro idioma -el español supone casi un quince por ciento del PIB- y el posicionamiento nacional en relación con los grandes conflictos y retos de nuestro tiempo: Oriente Medio, el nuevo populismo en los países Iberoamericanos, la unidad europea y su institucionalización, la relación con los Estados Unidos, el fenómeno de la inmigración, el nuevo horizonte que se abre en Asia con China a la cabeza y la pertenencia a la civilización occidental amenazada por un Islam en franca expansión conducido por los sectores más radicales para los que todo ciudadano que no profese su fe es un «kafir», es decir, un infiel.

La política exterior de un Gobierno es la expresión también de un compromiso en la proyección de sus políticas internas. Si el Ejecutivo -es lo que ocurre en España- está ayuno de convicciones firmes en lo doméstico, lo estará en lo externo. El fortalecimiento del discurso estatal es, en este terreno, esencial; como lo son las políticas sectoriales en economía, en cultura y en el modelo de valores cívicos. De tal manera que no hay éxito exterior si no se asienta con firmeza en políticas sólidas en el interior. Eso no sucede ahora en España y explica que el Gobierno socialista naufrague cuando se asoma más allá de los Pirineos o del Estrecho de Gibraltar.

Quede claro, sin embargo, que el desplome exterior de España -su irrelevancia- no es simplemente una cuestión política. Afecta, o lo hará en el futuro, a una variable importante del desarrollo de la sociedad española en la medida en que la integración de los ciudadanos en ámbitos superiores al nacional y estatal -a modo de círculos concéntricos- ha establecido nuevas posibilidades y ofertado más numerosas oportunidades. En aprovechar unas y otras consiste buena parte de la acción exterior del Gobierno que requiere de gestores con fiabilidad en foros muy exigentes, con capacidad de compromiso y con solvencia personal y política. Por desgracia, atravesamos por uno de esos oscuros momentos exteriores en el que España, de nuevo, es visualizada como un problema en el tablero internacional en el que las cosas se hacen tan mal -tan pésimamente mal- como el supuesto acuerdo sobre Oriente Medio patrocinado por nuestro presidente que ha elevado la incompetencia política del Gobierno español en política exterior hasta el sonrojo colectivo.
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS, Director de ABC

El tercio de los auténticos
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 19 Noviembre 2006

Los nacionalismo modernos son conscientes de que no pueden crear el viejo Estado nacional autárquico, son conscientes de que no pueden conseguir la homogeneización de toda la población. Por ello no creen, de verdad, en el viejo Estado nacional, pero sí están buscando, y consiguiendo, un ámbito territorial de control de poder político dentro de las nuevas estructuras estatales europeas y eso es lo que persiguen en la actualidad. Lo que realmente están buscando es la construcción de ducados en el territorio imperial de la Unión Europea.

Hasta hace poco se hablaba de la sociedad de los dos tercios en los países desarrollados; un tercio de marginados y dos que viven en el Estado del bienestar. Me parece a mí que los nacionalismos vasco y catalán están desarrollando en la actualidad la sociedad de los tres tercios. Lógicamente el tercio marginal clásico se mantiene y se crean dos tercios nuevos: los tolerados y los auténticos. Al tercio de los tolerados pertenece un colectivo de ciudadanos que vive relativamente bien, que tiene acceso a los beneficios generales del Estado del bienestar, que en la Administración pueden situarse en los niveles bajos o hacer una modesta carrera administrativa, y en los circuitos económicos pueden beneficiarse de los flecos de las grandes estructuras o ser subsidiarios de éstas y, también, prosperar introduciéndose en las rendijas de la nueva economía no controlada por las estructuras del poder político. Pueden vivir relativamente bien, pero renunciando al acceso al verdadero poder político.

Y queda por fin el tercio de los auténticos, muy beligerante y activo en el ámbito político. Exige exclusividad de la representación pública de la sociedad. Quiere ser la personificación política de toda la sociedad. Son la expresión política única del 'Pueblo Vasco'. En este sentido Ibarretxe hizo una afirmación terrible en el último Aberri Eguna al decir que el PNV era el líder natural del pueblo vasco.

La pretensión de la exclusividad de la representación que el nacionalismo reivindica no se ha criticado suficientemente. Si los nacionalismos aceptaran que representan sólo a los nacionalistas, sean el 10% ó el 80%, casi todos los problemas desaparecen. Pero en la afirmación de que los nacionalistas representan, y sólo ellos, al 'Pueblo Vasco' está el germen del totalitarismo. Al expulsar a los demás de la posibilidad de representar al Pueblo Vasco hacen absolutamente imposible un acuerdo sobre un marco común compartido. Sólo pueden ofrecer, en el mejor de los casos, una tolerancia amable.

Me parece que toda la estrategia nacionalista tiene sólo dos objetivos: 1, que este tercio acapare todo el control político de la sociedad; y 2, blindar el acceso de la población en general a este tercio de los auténticos. De ahí que con la violencia líquida se irán endureciendo los requisitos para acceder a este tercio. Las medidas lingüísticas, por ejemplo -y digo que intentarán endurecer-, no van encaminadas al tercio marginal, aunque algún teatro se hace, ni siquiera al tercio de los tolerados, van exclusivamente dirigidas al ámbito de la representación publica de la sociedad; educación, administración y estructuras políticas y, poco a poco, a las corporaciones económicas colectivas.

Lo voy a decir de forma más cruda. Toda la estrategia del tercio de los auténticos se reduce, hoy y en nuestro país, en esencia, al control del acceso a los puestos de trabajo de calidad. Yo no conozco a ninguno, pero sería interesante hacer un estudio sociológico detallado de qué gente, quiénes son los que acaparan los mejores 50.000 puestos de trabajo existentes en Euskadi. Mucho me temo que los resultados serían de escándalo. El tercio de los auténticos los ha expropiado casi en exclusividad. El ataque a la libertad se produce, especialmente aquí, en la diferencia alarmante de igualdad de oportunidades de los ciudadanos vascos.

Esta división de tres tercios, en la que los auténticos exigen para sí la exclusividad de la representación pública, está generando dos consecuencias perversas: la primera es obviamente la marginación de dos tercios de todo acceso al poder real. Y no vale decir que en todos los casos es igual, que siempre los partidos en el poder intentan monopolizarlo para distribuirlo entre los suyos. Desgraciadamente eso es cierto, pero entre nosotros tiene una diferencia sustancial: el nacionalismo reivindica la superioridad moral de la representación nacionalista. Asesinos hay en todos los países, pero me viene a la memoria una frase de Mario Onaindia: «Vivo en un país en el que el asesinato se reivindica». Lo que hace al asesino mucho más perverso. Lo perverso no es que el nacionalismo intente monopolizar el poder, si sólo fuera eso sería igual de malo que el resto, lo perverso es que reivindican y le dan cobertura política al monopolio nacionalista de forma que lo que sería una sana crítica en otro lado -decir por ejemplo que Zapatero quiere perpetuarse en el poder- aquí genera un debate ideológico.

La otra es graduar la cercanía o alejamiento de la población al tercio de los auténticos. Es en sí misma una trampa perversa en la que, al parecer, todos hemos caído: me siento sólo vasco, me siento más vasco que español, me siento igual de vasco que español. Los que se sienten sólo españoles al parecer se esconden. A mí nunca me han hecho esta pregunta, pero si me la hacen contestaré con exabrupto. Yo no me siento vasco. Yo soy vasco, que es una cosa totalmente diferente. Siendo vasco puedo ser diferente de otros vascos, discrepar. En cambio si me siento vasco estoy obligado a sentir lo mismo que los otros que se sienten vascos, tengo que ser igual.

Pero esta diferenciación de la población ha hecho carrera en la política, hasta tal punto que todo el debate político en Euskadi es únicamente sobre los intereses de los que se sienten sólo vascos o más vascos que españoles, todo el resto, y no es un resto pequeño, no existe en el debate político actual. Y es una enfermedad que ha invadido a todos los partidos, no sólo los nacionalistas. Me dirán, sin duda, que exagero. Pero reflexionen un momento. Hagan un breve listado de los temas que se debaten. Todos ellos están inmersos en el debate identitario, en los sentimiento de pertenencia y su plasmación política. Para el resto de la población estos problemas nada tienen que ver con ellos, bueno, sí, pero sólo en la medida de que los otros han hecho de ello un problema público.

El debate político vasco ha renunciado a ser ágora de los intereses de todos los sectores de Euskadi, centrándose únicamente en los intereses de los que dan relevancia a los problemas identitarios. El tercio de los auténticos es el que impone el orden del día y el calendario en el debate político en Euskadi. Los otros, por lo que se ve, no son capaces de presentar propuestas propias al debate limitándose a participar, criticando, los temas que propone el tercio de los auténticos.

De obsesiones y naciones
Javier Orrico Periodista Digital 19 Noviembre 2006

El periodismo no es otra cosa que un relato de la Historia. Y el periodista, quienes tenemos el privilegio de contar para otros lo que nos ocurre a todos, tiene la exigencia ética de recoger lo que la Historia le pone delante. Y a nosotros, desde hace tres años, la Historia nos ha puesto a Zapatero, un político-sigla, una marca comercial de muchas de las cosas más detestables de la posmodernidad.

Para un periodista de opinión, además, ZP ofrece unas posibilidades literarias casi inagotables, porque es una máquina de ocurrencias, de tópicos, de tonterías disfrazadas de grandilocuencia santurrona. Y nunca debiéramos olvidar que la opinión periodística es un género literario, una forma de la retórica clásica en la que la metáfora, la ironía, los neologismos, los dobles sentidos y, en fin, toda la enorme capacidad de la literatura para seducir, se utiliza al servicio de esa narración de lo actual, donde, se lo aseguro, para un verdadero escritor de opinión, lo actual es sólo la excusa, y lo literario, el verdadero objetivo de los dardos y las imágenes. Aunque como ya he apuntado antes, una excusa como ZP resulta –esperemos- irrepetible.

Por eso, probablemente no le falte razón a Mecir, el lector que en la anterior entrega de este blog (“De charnego a ciudadano”) me reprochaba mi dedicación cuasi exclusiva al problema de los nacionalismos y de la enseñanza en España. Y lo hacía, aunque agradezco mucho que otros lectores hayan salido en mi defensa, de un modo muy respetuoso y razonable. Su crítica me ha parecido hecha con la mejor intención. Pero es que este blog, que lleva un año, ha coincidido con una época trágica para España: el daño que dejará Zapatero será de muy difícil reparación. Me pasó lo mismo con la LOGSE (comencé a advertirlo hace quince años, cuando me tomaban por un 'zumbao', un inconcebible enemigo de las maravillas que venían: las noticias sobre educación son hoy un parte de lesiones e ignorancia), aunque en eso sí que me parece que Mecir no acierta, pues no he escrito sobre educación desde hace meses (se referirá quizás a mi libro "La enseñanza destruida", o a las entrevistas, pero eso no es el blog).

Les aseguro a todos que echo de menos cuando escribía artículos sobre literatura o sobre la cultura de mi generación. Y que lo que más me gusta es el cine y los discos de Miles Davis, Bill Evans, Coltrane, Dylan, King Crimson, Elis Regina, Brel, Djavan, Serrat , Radio Futura o Diana Krall. Y, por supuesto, la poesía, la forma suprema de la expresión literaria cuyo cultivo debiera ser escuela imprescindible para el columnista, para quien ha de acuñar la intensidad y la precisión como elementos centrales de su oficio.

Procuraré ir ‘colgando’, en la medida de lo posible, otras cosas para dar variedad al blog. Pero, ya lo he dicho, el periodismo de opinión es prisionero de su tiempo. Debe serlo. Detesto esos articulistas que disfrazan su cobardía de ecuanimidad o intereses ‘eternos’. La función del periodista de opinión es agitar, remover, conmover, y sólo así se justifica su ocupación de una tribuna. Y ahora mismo, no le quepa duda a Mecir, estamos sentando las bases del fin de España tal y como la hemos conocido. Y a mí me gustaba vivir sin fronteras, sin zanjas entre nosotros. No puedo sino rebelarme contra esta canallada que va a dejar abandonada a mucha gente. Que ya la ha dejado. Que nos hará más pobres, más mezquinos, más imbéciles, más súbditos.

Y ése es el motivo de que me haya irritado profundamente el comentario de un señor que dice ser como yo (“murciano como tú”, firma) y que me reprocha mi condición de caravaqueño, que es de donde soy, de Caravaca de la Cruz, y mi escasa adhesión a una hasta ahora desconocida para mí “nacionalidad” murciana, con su nación correspondiente, claro. Estas son las consecuencias terribles de la imbecilidad original de las “nacionalidades” constitucionales y de su azuzamiento zapateril. Esta semana que viene volveremos sobre el asunto.

Pero esta es también la prueba, Mecir, de por qué me ocupo de estos asuntos: cuando una región absolutamente española, donde no somos más que eso, de nuestra ciudad y españoles (caravaqueños, cartageneros, yeclanos, lorquinos o murcianos, convivientes en la misma provincia, castellanos al fin, municipales y espesos, como los de Jerez no son de Cádiz), empiezan a brotar naciones, a renegar de nuestra verdadera riqueza, que es vivir juntos en una tierra abierta y de todos, es que el cáncer está haciendo metástasis.

Y para ese “murciano como tú”, sólo decirle que me pienso morir siendo de donde nací, que antes de Pujol y de Montilla era lo normal. Y que nací en Caravaca, y que las rayas de las provincias y las regiones son movibles, cambiantes, hasta la llegada de ZP dependían de la soberanía de todos. Y que hay que procurar que lo sigan siendo y nunca se hagan esencias. Y, por último, que le hace un flaco favor a una región como la murciana, sobre todo cuando una de las razones de su éxito de los últimos años ha consistido, precisamente, en mantenerse ajena a cualquier idiotez nacionalista; es decir, haberse convertido en uno de los escasos sitios donde se conserva memoria de España y a nadie se le pregunta otra cosa que su nombre. Un ambiente vital que perciben muy bien quienes nos visitan. Y que, por eso, si hay algo más tonto que un nacionalista, es un nacionalista murciano. Chaves aparte.

Saludos a todos y disculpen las ausencias.

Losantos, con guardaespaldas incluso en la firma de libros
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 19 Noviembre 2006

Gracias al Bobo Solemne, las libertades han retrocedido en España. No se trata sólo de que los proetarras hayan vuelto a ocupar las calles y empapado de gasolina a dos policías. Ya estamos acostumbrados a eso desde la UCD. Me refiero a que en el centro de Madrid quienes se oponen a la política del talante temen agresiones.

El sábado a mediodía, Federico Jiménez Losantos firmó ejemplares de su último libro en la libería de El Corte Inglés de la calle de Goya, que está en la planta baja del edificio. Me di una vuelta para ver el número de gente que había y me asombró el despliegue de seguridad, que abarcaba no sólo el interior del centro. Losantos estaba sentado de espaldas al escaparate y fuera había un guardia de seguridad por si acaso. Hace unos días firmó libros un cantante de ésos que entusiasman a las chicas jóvenes y no hubo nada parecido.

Ésta es la España que nos está creando el que iba a acabar con la crispación. La violencia política crece imparable practicada por las juventudes del PSC, los maulets, los antiglobalizadores, los proetarras, los antijudíos... Los episodios ya los conocemos si navegamos por Internet: agresiones a los disidentes del régimen nacional-socialista en Cataluña, bombas en Galicia, amenazas a la COPE y El Mundo, boicoteos a quienes los creadoes de opinión marcan con la estrella amarilla, como Pío Moa...

Lo malo es que estas partidas de la porra están azuzadas por gente con corbata. Desde Felipe González, el jefe de los GAL y de Luis Roldán, al juez Carlos Fanlo, desde diputados de Esquerra a profesores universitarios. Todos estos califican a millones de esapñoles de "derecha extrema", de "revisionistas", de "sembradores de odio", de "fascistas".

Semejante lenguaje me recuerda el empleado por la izquierda a partir de su derrota en las elecciones de 1933 y que culminó en las amenazas de muerte a Calvo Sotelo, cumplidas por un comando terrorista socialista. ¿Exagero? Ojalá, pero cuando a Rodríguez dice bobadas solemnes como:

La España de hoy mira con orgullo y satisfacción a la Segunda República

uno se preocupa de que nuestros dirigentes hagan política con el cogote.

La persecución a los heresiarcas no es sorprendente. Es el resultado, por un lado, de 20 años de aulas entregadas a los separatistas, y, por el otro, de la destrucción de España. Allí donde España retrocede, los bandidos se hacen con el poder. Antes, cuando el acoso y las algaradas los burgueses de Madrid o Málaga se consolaban pensando que lo del Norte quedaba muy lejos. Pues bien, los baugadas ya están en sus calles.

Se deteriora la imagen de España en el mundo
Francisco Rubiales Periodista Digital 19 Noviembre 2006

España pierde imagen ante el mundo. La España de la democracia y del milagro económico cede su puesto a la del conflicto político permanente, el ladrillo corrupto, el cayuco y también el crecimiento económico acelerado. Aquella España que sorprendió al mundo por haber transitado, sin traumas y en tiempo record, desde la disctadura a la democracia y desde la pobreza a la prosperidad, ha perdido puntos y cede espacio a una nueva imagen en la que la envidiada pujanza económica no tiene fuerza suficiente para neutralizar los estigmas de la corrupción, el enfrentamiento político, el alejamiento de los antiguos aliados, la crispación y la incapacidad para solucionar sus conflictos en convivencia y en paz.

El deporte es, junto con la economía, el otro gran factor positivo de la imagen actual de España.

Las encuestas son implacables y demuestran que hasta la imagen económica tiene importantes fisuras, a pesar de que el crecimiento español sigue siendo espectacular. El impulso español provenía antes del esfuerzo industrial y de la competitividad exterior, mientras que ahora llega desde una enorme ola constructora de ladrillos.

Los italianos y los griegos están de suerte porque los españoles les estamos arrebatando los puestos de cola en el ranking europeo de la imagen. Para muchos europeos y estadounidenses, los españoles, antes admirables por su ejemplar adhesión a la democracia y por su capacidad emprendedora, son ahora percibidos también como cobardes, truculentos y peligrosamente familiarizados con los mundos del alcohol, la droga, la prostitución, el aborto y la homosexualidad ostentosa, ámbitos en los que somos líderes internacionales.

La imagen de España ha cambiado por culpa de una catarata de factores "adversos" , como el inesperado cambio de gobierno, tras los atentados del 11 de marzo de 2004, interpretados como una concesión masiva de los españoles al "pánico" y a la "cobardía"; el posterior abandono de la alianza militar que ocupaba Irak, una salida que nuestros soldados recuerdan porque sus antiguos compañeros de armas les despedían ridiculizándoles con con el conocido gesto de la gallina que bate sus alas; la existencia de un poderoso y demasiado influyente lobby de gays y lesbianas; los conflictos con la Iglesia Católica; los gestos ridículos de nuestra "diplomacia" en busca del "favor" perdido de los Estados Unidos; los estrambóticos saludos de Zapatero y Moratinos a dirigentes de Estados Unidos como Bush, Condy Rice y Donald Rumsfeld; el desprecio reiterado de Estados Unidos a España; las meteduras de pata de Zapatero, que llamó "fracasada" a Ángela Merkel; las manifestaciones en las calles de millones de personas contra el gobierno español; nuestra preferencia diplomática internacional por regímenos tan devaluados como los de Cuba, Venezuela, Irán, Siria, Bolivia y otros; los analisis de los politólogos y sociólogos norteamericanos, que siempre atrubuyen al "miedo" de los españoles el cambio de la orientación política del país y de su percepción del terrorismo; la actual negociación de un débil Estado español con el terrorismo crecido de ETA; la inexplicable tolerancia del gobierno con respecto a los nacionalismos extremos vasco y catalán; el riesgo de ruptura del Estado Español; el enfrentamiento del gobierno con las víctimas del terrorismo, y un largo etcétera.

Mas recientemente, el trasnochado intervencionismo del gobierno en las OPAs a ENDESA y el enfrentamiento permanente entre los grandes partidos políticos y la incapacidad para ordenar la enloquecida inmigración han sido las mayores vías de agua por las que se debilitaba nuestra imagen.

Si alguién duda de estas afirmaciones, sólo tiene que darse una vuelta por los medios de comunicación del mundo o, mejor, por la prensa escrita y la blogosfera internacional, más sensibles, mordaces y prescriptoras de las tendencias.

Si todavía quedan dudas, que pregunten a empresarios y profesionales españoles que acuden a convenciones y congresos internacionales, muchos de los cuales se sienten ya señalados y víctimas de las insinuaciones, bromas y risas disimuladas de sus "partners" extranjeros, perplejos ante la incomprensible realidad política española actual y ante el vertiginoso deterioro de nuestra democracia.     www.VotoenBlanco .com

¿Quién ganó en Vietnam?
POR ENRIQUE SERBETO ABC 19 Noviembre 2006

Francia aguantó seis años y Estados Unidos casi diez, pero los dos países acabaron retirándose de Vietnam, abandonando sus intereses de modo que tuvieron que aceptar que los comunistas se hicieran con el poder. Hace ya treinta años desde que se filmaron aquellas escenas dramáticas de los helicópteros evacuando a los últimos civiles del tejado de la embajada norteamericana en Saigón, la imagen de un momento que ha pasado a la historia como la mayor derrota militar de la que ahora es la única superpotencia planetaria.

Al ver estos días a George W. Bush en Vietnam hablando de negocios con los nuevos dirigentes de un país que ahora trata de encontrar un sitio en la economía mundial, no puedo evitar preguntarme si es cierto que los vietnamitas ganaron aquella guerra. En realidad, por aquel sacrificio titánico, lo único que han obtenido han sido tres décadas de miseria bajo una dictadura totalitaria y de retraso acumulado en la carrera del desarrollo y la democratización.

Bush lo ha hecho mal en Irak, pero los norteamericanos han dado su apoyo a una exigua mayoría de la oposición demócrata, que sabe qué es lo que no quiere, pero no tiene ni programa ni ideas claras más allá de la nebulosa sobre la retirada. Nixon se inventó en su día lo de la «vietnamización», es decir, dejar la guerra en manos de los vietnamitas para camuflar la retirada, y eso es lo que muy probablemente acabará pasando en Irak, aunque sea a costa de condenar a los iraquís a treinta o cuarenta años antes de ser un país normal y a Occidente otro tanto de incertidumbre e inestabilidad en nuestras relaciones con el mundo musulmán y con una región donde se guardan las principales reservas de energía. Los Estados piratas volverían, no a manos de los comunistas disciplinados por las reglas de la guerra fria, sino a los fanáticos integristas islámicos. Después de Irak vendrá la «Afganización», la bomba atómica iraní, lo que haga Israel por evitar que los ayatolás la construyan, en fin, el que crea que con una retirada de Irak se van a resolver los problemas del mundo, está muy equivocado.

CONTINÚAN LOS ENCUENTROS SECRETOS
Navarra figura en las "actas" del monasterio donde se negocia con ETA
Elsemanaldigital 19 Noviembre 2006

Peneuvistas, socialistas y batasunos mantienen sus contactos en el Santuario de Loyola, regentado por los jesuitas, donde se guardan las actas de sus ya numerosas conversaciones.

19 de noviembre de 2006. Ni el rebrote de la kale borroka, ni el robo de armas en Francia han sido suficientes razones para interrumpir los contactos que desde hace meses llevan a cabo dirigentes del PNV y del PSE-EE con Batasuna. El lugar elegido para estos encuentros secretos, el Santuario de Loyola, en Guipúzcoa, es el escenario de unas conversaciones que quedarán por escrito guardadas entre los muros de este Monasterio regentado por los jesuitas, incluidas las que se refieren a Navarra, la "joya de la corona" para ETA en su proyecto de Euskal Herria.

La comunidad foral de Navarra sigue siendo uno de los principales asuntos del negociado, al que no renuncia la izquierda abertzale, cuyas exigencias pasan por constituir una mesa de partidos en que los navarros estén representados, o la creación de un órgano común dotado de competencias. No bastan –vienen advirtiendo los batasunos, con Arnaldo Otegi a la cabeza- declaraciones "ambiguas", sino la consecución de un pronto acuerdo "de mínimos" para sacar adelante el proceso, que según ha reconocido el portavoz de Batasuna está bloqueado. El último aviso llegaba el pasado viernes, cuando Otegi ponía como condición a una paz "justa y duradera" que se llegara a un acuerdo sobre la "territorialidad" y la "autodeterminación".

El objetivo de estos encuentros secretos es crear un documento, no muy extenso, que pudiera estar acabado antes de finalizar el año. En ello están los dirigentes peneuvistas Iñigo Urkullu y Josune Aristondo, los socialistas Jesús Eguiguren y Rodolfo Ares, y los batasunos Otegi y Rufino Etxebarría, que forman el núcleo de los negociadores. Tanto PNV y PSE mantienen que ellos no pueden hacer nada con el tema Navarra, cuyo futuro debe ser decidido por la voluntad de los propios navarros. El documento utiliza términos ambiguos; por ejemplo, no se habla de la ilegalización del brazo político de ETA, sino de los partidos vascos, de forma genérica; tampoco se expresa en ningún lado el derecho de autodeterminación sino el llamado "principio de consentimiento", una fórmula similar a la utilizada en el proceso de paz en Irlanda.

SEGÚN EL PAÍS, HAN VUELTO A NEGOCIAR ESTA MISMA SEMANA
Batasuna-ETA y PSOE ya hablan del futuro de Navarra y el País Vasco ajenos al rearme terrorista
Navarra se ha convertido en el principal escollo de las negociaciones secretas de Batasuna-ETA con PSE y PNV. Los terroristas [sostiene Europa Press, basándose en "diversas fuentes"] exigen que la Comunidad Foral esté representada en la llamada "mesa de partidos" y descartan una institución común de Navarra y País Vasco con carácter simplemente simbólico, como propone el PSOE. PSE y los proetarras no han dejado de reunirse desde la foto de familia de Otegi y López del 6 de julio. La última reunión se ha celebrado esta misma semana, según El País. En estos encuentros ya se barajan fórmulas sobre autodeterminación y Navarra. Zapatero ofreció este sábado a ETA "dar paso a la política" pero el hecho es que el PSOE ya está metido de lleno en la negociación, de espaldas al Parlamento y a la sociedad.
Libertad Digital 19 Noviembre 2006

Navarra es el principal escollo en las negociaciones secretas entre Batasuna-ETA, PSE y PNV que se celebran en el Santuario de Loyola (Guipúzcoa). Precisamente, la banda terrorista condicionó en su último zutabe la continuidad del alto el fuego a que durante el otoño se dieran pasos visibles y se cerrasen los acuerdos necesarios para el desarrollo del proceso.

Según "diversas fuentes" consultadas por Europa Press, las demandas de Batasuna-ETA sobre la comunidad foral son de dos tipos: a) Los terroristas siguen defendiendo la constitución de una única mesa de partidos, en la que esté representada Navarra. b) El órgano común entre País Vasco y la comunidad foral no sea simbólico, sino que esté dotado de competencias, de manera que se convierta en un embrión para avanzar hacia el proyecto de Euskal Herria que históricamente han defendido ETA y Batasuna.

Además, los representantes de Batasuna no se conforman con declaraciones ambiguas sobre este asunto, sino que exigen a los otros dos partidos garantías de que eso se va a cumplir y poner en marcha. Hasta ahora, la respuesta de los representantes del PNV y PSE a esa demanda de Batasuna, es que ellos no pueden dar garantías sobre el futuro de la comunidad foral, acogiéndose al principio de que Navarra será lo que decidan los navarros. Este escollo ha bloqueado las conversaciones.

El País desvela que pese al terrorismo callejero siguen los contactos

Según el diario progubernamental por antonomasia, "los dos principales partidos vascos, pese a la kale borroka, han proseguido los contactos discretos con Batasuna, el último esta misma semana, para avanzar hacia la mesa de partidos". El País desvela, sin querer, la esquizofrénica contradicción del llamado "proceso de paz": por un lado, destaca que PNV y PSE "han manifestado a Batasuna" que con violencia no habrá acuerdo sobre la mesa de partidos. Por otro, está el hecho incontrovertible de que no han dejado de reunirse con los terroristas para avanzar hacia un acuerdo, de espaldas al Parlamento y a la sociedad, y en medio de una lluvia de cócteles molotov en las calles, cartas de extorsión, incluso de un intento de atentado contra dos policías y el robo de más de 300 pistolas en Francia.

La misma información que llega del partido del Gobierno a su diario oficioso señala que "las próximas semanas, hasta fin de año, serán decisivas" para la evolución del llamado "proceso de paz".

En este sentido, otro foco de información privilegiada próximo al Gobierno, el diario El Correo de Vocento, confirma este domingo la idea de que antes de que concluya el año se decantará definitivamente el proceso: "El Gobierno espera que ETA decida antes de Navidad si mantiene la tregua", titula este diario.

Según El Correo: "El Ejecutivo ha transmitido a la organización terrorista que ha agotado su margen de maniobra, que no está dispuesto a realizar concesiones, ni en el campo penitenciario, ni en materia política ni en la Ley de Partidos".

Volviendo a la información de El País, de lo publicado por este diario se desprende que los tratos entre PSOE y Batasuna-ETA avanzan a la espera de un gesto de buena voluntad de la banda terrorista y otro de su brazo político. Ya hay fórmulas sobre la mesa sobre autodeterminación e integración de País Vasco y Navarra. Durante los ocho meses de tregua, Patxi López ha defendido públicamente el derecho de los vascos a decidir, en línea con el compromiso adquirido por José Luis Rodríguez Zapatero el pasado 29 de junio, en su declaración ante el comienzo del "proceso de paz", en el pasillo del Congreso de los Diputados. López ha invocado modelos de referéndum como los de Québec y Montenegro. En julio pasado, sin embargo, se comprometió a reunirse una sola vez con Batasuna-ETA, y solo para "mirarles a los ojos" y pedirles que condenen la violencia y acaten la Ley de Partidos.

En reuniones como la de esta misma semana, de espaldas al Parlamento y a la sociedad, PNV, PSE y Batasuna-ETA "han abordado (...) las relaciones entre Navarra y Euskadi. PNV y PSE están dispuestos a explorar el intento del Gobierno efímero del socialista Javier Otano, de 1995, de crear un órgano común permanente entre la comunidad vasca y la navarra, con capacidad de propuesta", resume El País.

Según este diario, la idea topa con la pretensión de los terroristas de "dotar al órgano común de capacidad legislativa, que sería tanto como proponer un parlamento común, a lo que se oponen PNV y PSE". Otro condicionante es que "cualquier propuesta sobre Navarra tendría que contar, también con el apoyo de los partidos navarros".

FRANCIA
Emigrantes españoles se unen en París en defensa de las clases de castellano
Doscientas personas se concentraron ante la embajada en la capital gala
Los afectados denuncian que en 18 meses ya han desaparecido seis centros de enseñanza
Esperanza Suárez  parís  La Voz 19 Noviembre 2006

Unos doscientos emigrantes se concentraron ayer frente a la Embajada de España en París en defensa del mantenimiento de las aulas de lengua y cultura donde sus hijos y nietos, educados en la escuela francesa, aprenden español de forma gratuita. Durante dos horas esperaron sin éxito que les recibiera el consejero de educación de la embajada, Javier Pérez Bazo, a quien acusan de querer desmantelar un sistema que facilita la enseñanza de la lengua y la cultura españolas que funciona desde los tiempos de la II República. ?Pérez Bazo, por su parte, insistió en que la reforma deriva de los principios que aplica a la educación el Gobierno español y que tratan de establecer grupos de alumnos lo más homogéneos posibles.

En los 18 meses que dura el tira y afloja de los emigrantes con el consejero han desaparecido seis de los diez centros que se repartían por los barrios de París. El objetivo oficial es concentrar las clases en el Colegio Español, situado en uno de los barrios más caros de la capital. La Administración no ha respondido a ninguna de las cartas enviadas por los emigrantes. El consejero niega que el objetivo sea la desaparición de las aulas y justifica los cierres por «la necesidad de modernizarlas» y ajustar su elevado coste económico.

Ante la sede diplomática, con vigilancia policial reforzada, abundaban las pancartas pidiendo su dimisión. «Que se vaya y nos deje tranquilos con los cursos para que nuestros hijos sigan estudiando su cultura y su lengua», aseguraba la ourensana Conchi Álvarez, madre de dos adolescentes «con alma española», apostilló.

La viguesa María Tielas confesaba tenerlo muy difícil para llevar a sus dos hijos al Colegio Español los sábados por la tarde. Sus sospechas las comparten muchos emigrantes: «Quieren que los padres renunciemos y que la falta de alumnos les sirva de excusa para suprimir las clases».

Al hijo del pontevedrés Francisco Varela sólo le faltan dos años para conseguir el título que le acreditará como bilingüe, «muy importante, tanto si quiere instalarse en España como para trabajar en Francia», apuntó su padre. Los más dolidos son los abuelos. Manuel Vilas, de Salvaterra do Miño, ayudó a organizar los cursos hace muchos años: «Tendría que darles vergüenza abandonarnos de esta manera». Sus tres nietas hablan español, pero además «tienen que escribirlo, conocer sus raíces». Los hijos ya mayores de Saturnino dijeron sus primeras palabras en gallego. Luego aprendieron castellano al tiempo que francés. Él reclama el derecho de hijos y nietos de emigrantes a estudiar otras lenguas del Estado.

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