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Recortes de Prensa     Viernes 24 Noviembre  2006
Zapatero hace buena la manifestación de mañana: un clamor de indignación debe recorrer Madrid
Federico Quevedo El Confidedncial  24 Noviembre 2006

A estas alturas, hablar o escribir del mal llamado proceso de paz, es decir, del proceso de negociación política con la pandilla de canallas, parece algo recurrente. Pero lo cierto es que, a pesar de que los asesinos han dado muestras más que suficientes de que su alto el fuego es una tomadura de pelo a la democracia española, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero se muestra decidido a seguir adelante, a no ofrecer ni un solo síntoma de cordura, a ceder ante ETA en todo aquello en lo que le sea posible con un único fin: que la pandilla de canallas convierta en definitivo su alto el fuego y eso le permita convocar elecciones y ganarlas. Zapatero, que es más que probable que en los próximos días vuelva a llamar a Rajoy para buscar un atisbo de colaboración en el PP –el diario El País ya está preparando el terreno para que eso ocurra-, está atrapado en su propia telaraña, y si no hace un gesto de aproximación a las víctimas y a la recuperación del consenso que fructificó en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, lo más probable es que la araña de ETA lo devore.

He tenido, desde el primer momento en el que el presidente del Gobierno abrió la puerta a este periodo de negociación política con los asesinos, la convicción moral de que en su visión de España –una visión cegada por el rencor y el resentimiento- cabían las pretensiones de la banda terrorista, que no eran otras que la legalización de su brazo político, la convocatoria de una Mesa de Partidos en la que se negociaran el derecho a decidir –es decir, la autodeterminación- y la territorialidad –lo que significa la anexión de Navarra-, y las medidas de gracia para los presos de la banda, independientemente de que tuvieran o no delitos de sangre. Desde Perpignan hasta las elecciones generales, pasando, obviamente, por los brutales atentados del 11-M sobre los que ETA tiene todavía mucho que decir, la pandilla de canallas, hasta ese momento arrinconada y fuertemente debilitada por la política antiterrorista del Gobierno Aznar, condicionó hasta tal punto la posterior victoria electoral de Rodríguez que, a día de hoy, el presidente tiene toda su agenda política marcada por la negociación con la banda.

Y es que, en aquellos momentos en los que se estaba poniendo sobre el tablero de juego nuestro propio futuro como país, nuestro modelo de convivencia en libertad, Zapatero no dudó en acceder a todas las pretensiones de ETA con un solo objetivo, lograr el poder y mantenerlo el máximo tiempo posible. Ese es el contrato al que llegó con la banda terrorista y por el que ahora le exige a la pandilla de canallas que cumpla con su parte. De lo que no fue consciente Rodríguez, en aquel momento, es de que, una vez en el poder, desde su atalaya, no iba a ser fácil manipular el Estado de Derecho a su antojo. No puede legalizar a Batasuna si no es infringiendo la legalidad vigente, ni puede concederle a la banda terrorista el derecho a decidir y la anexión de Navarra si no es vulnerando la Constitución y las reglas del juego democrático, y no cuenta con el suficiente respaldo para poderlo llevar a cabo. Pero ese es un lenguaje que los asesinos no entienden, porque Otegi y sus compañeros terroristas solo comprenden el lenguaje del totalitarismo y el nihilismo, un lenguaje en el que no caben las palabras libertad, democracia, respeto a la ley...

Por eso ETA ha jugado con Rodríguez. El alto el fuego ha sido permanentemente violado por la banda a través de la kale borroka, es decir, del terrorismo callejero que a punto estuvo hace una semana de cobrarse la vida de dos policías municipales, la extorsión y el rearme. La actividad de ETA, por tanto, ha seguido exactamente igual que antes del alto el fuego y la pregunta, entonces, solo puede ser una: ¿Por qué se ha seguido adelante con el mal llamado proceso? Si no se daban las condiciones, y es evidente que no se daban, debía de haberse puesto freno al camino emprendido. La única respuesta a esa pregunta la tiene Rodríguez, quien desde el primer momento ha venido actuando sobre la base de una enorme mentira, de una cínica falsedad, de una infinita hipocresía. Nada de lo que dice es cierto, la mentira fluye de sus labios como algo normal. Sus acuerdos con la banda son ineludibles, pero con el agravante de que no solo él está prisionero de sus concesiones, sino que todos somos, hoy por hoy, prisioneros de su mentira y de su irresponsabilidad.

Por eso es de suma importancia que mañana, convocados de nuevo por la Asociación de Víctimas del Terrorismo y un sinfín de organizaciones cívicas que ponen voz a algo tan esencial en democracia como es la sociedad civil, volvamos a salir a la calle a decirle a Zapatero que, en nuestro nombre, no queremos que negocie absolutamente nada con ETA si no es la entrega de las armas sin condición alguna. A nadie que se sienta persona de bien puede parecerle una nimiedad que el Fiscal General de Estado cambie de opinión respecto a las penas del asesino De Juana Chaos o sobre el papel de las herriko tabernas en el entramado de financiación de ETA. Lo que un día era blanco, no puede ser negro al siguiente, si no es por la necesidad de hacer gestos hacia ETA que la banda interprete como una voluntad de seguir adelante con la negociación. Pero ETA no quiere solo gestos, quiere resultados, y los quiere antes de que las elecciones puedan poner en peligro sus objetivos, sobre todo cuando el PP ya ha dicho que ninguna de las decisiones que se adopten en el marco ilegal de la Mesa de Partidos va a condicionarle si gana las elecciones.

Batasuna quiere ser legal y, con ese nombre, presentarse en las elecciones municipales de mayo. Pero la única alternativa que tiene el Gobierno para conseguir que el brazo político de ETA vuelva a estar en los ayuntamientos y en las instituciones es convencerle de que presente unas siglas nuevas o, como ya ocurriera en las últimas autonómicas, hacer la vista gorda al PCTV. Pero eso impediría a Otegi volver a tener escaño. No, ETA quiere presentarse por la puerta grande, nada de por la puerta de atrás, y el Estado de Derecho no se lo permite. ¿Cómo va a resolverlo Zapatero? ¿De qué manera va a vulnerar la ley para satisfacer la ambición etarra? Desarmar este planteamiento absolutista exige una respuesta contundente en la calle, una manifestación sin precedentes, un grito poderoso de indignación, una clarísima expresión de rechazo a la claudicación y la rendición del Estado de Derecho frente a los asesinos. Yo estaré allí mañana. Espero que ustedes, si se sienten cerca de quienes sufrieron el zarpazo de la bestia, también.

Rendición ante ETA, no
Antonio BASAGOITI La Razon 24 Noviembre 2006

La AVT ha convocado este próximo sábado una manifestación en Madrid con el objetivo de exigir al Gobierno que deje de claudicar ante ETA y que la reforma del Código Penal no beneficie a los terroristas.

Quiero aprovechar estas líneas para hacer un llamamiento a la ciudadanía para participar en esta movilización. Podría solicitar apoyo como vasco, en cuyo nombre asesinan los terroristas, o simplemente como español solidario que quiere estar con quienes han sufrido la barbarie. En esta ocasión quiero hacerlo como representante de una formación política que no piensa rendirse.

El PP en Vizcaya lleva muchos años resistiendo al terrorismo. Especialmente en los pueblos pequeños, nuestros concejales están dando la cara frente al brazo político de ETA y quienes la apoyan.

Todo ello con un coste personal muy importante: militantes agredidos, bienes atacados, concejales escoltados, familias rotas, amigos huidos y compañeros asesinados como Jesús Mari Pedrosa o Miguel Ángel Blanco. Hemos llegado hasta aquí con principios y con el respaldo de una parte importante de la sociedad vasca y española, y no estamos dispuestos a que venga nadie a tirar todo por la borda. La negociación y la cesión ante ETA, presionando a la Justicia, descalificando a las víctimas y legitimando a los verdugos, entierra el tesón democrático de muchas personas y de muchos años.

Negociar y ceder ahora es tanto como admitir que Blanco y Pedrosa, y todas las víctimas del terrorismo, fueron bien asesinados, y que quienes apretaron el gatillo entonces tenían razones para hacerlo.

Por eso, por la memoria y por el esfuerzo que seguimos haciendo en el presente, quiero pedir apoyo para llenar mañana la calle Velázquez. Necesitamos nuevo impulso y aliento ciudadano para continuar derrotando a ETA y, sobre todo, para impedir que un Gobierno se rinda en nuestro nombre.

La legítima oposición de las víctimas
Editorial ABC  24 Noviembre 2006

LA Asociación de Víctimas del Terrorismo ha convocado para mañana, en Madrid, una nueva manifestación contra la negociación con ETA. Las víctimas manifiestan otra vez su oposición al diálogo con la banda terrorista y lo hacen en un momento crítico del supuesto «proceso de paz», al que se ha llegado tras confirmarse, uno por uno, todos los temores que la AVT y otros colectivos de víctimas y grupos cívicos habían expresado mucho antes de que ETA anunciara su alto el fuego «permanente». Para entender la profunda indignación de las víctimas de ETA es preciso recordar episodios de insensibilidad y falta de consideración por parte del Gobierno socialista, que sustituyó una política de reconocimiento constante por una estrategia de división y dilución de su voz, olvidando que las víctimas son un referente moral cuya memoria no puede obviarse por cuestiones partidistas.

Las víctimas reclaman justicia y su reivindicación es legítima por su propia consideración de víctimas: ignorarlas sería tanto como privarlas de la reparación moral a la que está obligado el Estado. Y hacer justicia a las víctimas supone colocarlas indefectiblemente en un plano de superioridad que no puede ser cuestionado en función de estrategias políticas determinadas, ya que su memoria es la afirmación de una injusticia que sigue vigente y que obliga a una política de reparación que no puede ser pasada por alto. El pasado año, el Gobierno criticó la convocatoria de una manifestación similar porque «no había negociación con ETA». Es lógico que después de saber que el PSE y Batasuna, por un lado, y ETA y emisarios del Gobierno, por otro, han estado en contacto en los últimos años, las víctimas del terrorismo etarra asistan a este proceso de diálogo con una oposición rotunda y un alto sentido de la movilización.

No es para menos. El final de la banda terrorista ETA tiene que ser el de la victoria incondicional -así, como suena- del Estado, de la sociedad y de las víctimas. Este proceso, iniciado de consuno por el Gobierno y ETA y estancado hoy por las razones que sean, condicionaba buena parte de su legitimidad más radical al resarcimiento definitivo de las víctimas, en lo moral, lo político y lo judicial. Convertidas a la fuerza en la vanguardia del sufrimiento, el Gobierno debía haberlas mantenido como argumento básico para la derrota de ETA. Pero otra vez las víctimas se sienten postergadas porque se han convertido en un problema para el «proceso». El Ejecutivo ha perdido, por su propia culpa, la oportunidad de dar a las víctimas el papel que les corresponde -y que éstas reclaman con justicia- en este frustrante proceso de diálogo con los terroristas de ETA. Por eso merecen todo el respaldo de la sociedad en la manifestación de mañana en Madrid.

¿Otra manifestación?
Por Teresa Jiménez-Becerril ABC  24 Noviembre 2006

DEBERÍAMOS ser actores principales, pero quienes han repartido los papeles han decidido que las víctimas no merecemos acaparar todo el protagonismo y que, bien mirado, el resultado final de la obra mejorará si nosotros no aparecemos en absoluto. En escena vemos con frecuencia al presidente del Gobierno, a su vicepresidenta, a su portavoz, a sus ministros de Interior y de Justicia, a sus representantes en el País Vasco. Contamos también con políticos de otros países que amplifican con su presencia el mensaje del filme. Las pocas voces discordantes que aparecen lo hacen con frecuencia distorsionadas y representando la oposición a la voluntad general de alcanzar la paz y el bien común.

El reparto está encabezado, como todos sabemos, por ETA. Los papeles principales han sido distribuidos entre miembros de relieve de Batasuna: Otegi, Permach, Barrena etcétera. Sin olvidar a otros actores como De Juana Chaos, Txapote o Bilbao, quienes interpretan roles secundarios, pero de los que permiten el lucimiento. El presupuesto, los escenarios, la distribución, todo se decide sin contar con las víctimas. Es por ello que nos hemos visto obligados a irrumpir en el rodaje, exigiendo algunos cambios, como por ejemplo: en la escena en la que los terroristas son juzgados, la ley no puede ser modificada para que la película tenga un final feliz. Porque consideramos que cambiar el marco jurídico existente para satisfacer a ETA sería el más triste de los desenlaces para quienes hemos visto morir a los nuestros por defenderlo.

Por eso iremos mañana a Madrid, porque, aunque no estamos de acuerdo con esta negociación con la banda terrorista que tanto daño nos ha causado, participaremos en ella, entraremos en acción, aunque sea como «espontáneos». Y no es que queramos, es que, en las actuales circunstancias, debemos hacerlo. Porque tanto yo como la mayoría de los que nos acompañarán por la calle Velázquez estaríamos más tranquilos sin tener que coger aviones, trenes, autobuses o coches, sin soportar el frío, la lluvia o lo que se tercie, sin deber recordar lo que tanto dolor nos sigue causando. Aunque el hermano de un ministro se permita decir de una víctima que el día que asesinaron a su hermano y a sus sobrinas le tocó la lotería, les aseguro que quienes iremos a la manifestación estaríamos mejor en casa con nuestras familias. Pero eso es lo que querrían los que llevan adelante este pacto con los terroristas: que nos cansásemos, que nos acomodásemos, que tirásemos la toalla. Debo confesar que a veces tenemos momentos de desánimo. No es fácil aceptar que la Fiscalía diga que lo que ayer era negro hoy va camino de ser blanco; que altos miembros de la Iglesia vasca insistan en repartir las consecuencias del terror a partes iguales entre quien mata y quien muere; que aquéllos que idearon la muerte de los nuestros sean hoy quienes sigan poniendo precio político a nuestras vidas. Es duro seguir defendiendo lo que no tendría que ser defendido. El Estado debería protegernos, y no hablo sólo de evitar nuestra muerte, sino de impedir que nuestros derechos fundamentales sean secuestrados por una banda terrorista. Y es en este clima de desasosiego, de tristeza y de impotencia, en momentos en los que nos toca escuchar algo tan indigno como que «De Juana Chaos está a favor del proceso de paz», en palabras de nuestro presidente del Gobierno, cuando nosotros, las víctimas y un buen número de españoles, nos revolvemos y sacamos fuerzas de flaqueza para afrontar nuevas injusticias. Es entonces cuando decimos: «Hay que hacer algo».

No saben cuántas veces la gente me para por la calle para decirme que lo que se está desarrollando al calor del «proceso de paz» es indignante. Y me dicen: «¿Qué podemos hacer?». Podéis denunciarlo. Podéis hablar con el vecino, el maestro, el portero, el taxista, el amigo que respira diferente, políticamente hablando. Aquí no hay política que valga. Aquí lo que hay es decencia, es justicia y es sentido del bien y del mal. Lo demás es querer confundir a la gente, es querer hacer pasar las cesiones a ETA como pequeños sacrificios que los españoles debemos aceptar para vivir un futuro de cuento de hadas. La paz que nos quieren vender no existe.

Si el Gobierno sigue empeñado, como yo temo, seguirá alternando momentos de acercamiento y alejamiento hacia la banda. Seguirá haciéndonos creer que se mantiene firme para al final ceder en lo fundamental: independencia y libertad para los presos. Y a ese acuerdo de renuncia a la libertad, en favor de una precaria seguridad, lo llamarán «tratado de paz». Quienes no estéis dispuestos a que ese pacto se firme con la sangre de los nuestros, como bien ha dicho la madre de Joseba Pagaza, podéis venir conmigo mañana a Madrid a gritar a los cuatro vientos que no se negocia con asesinos.

Seremos mil, diez mil o cien mil, pero estaremos allí, vigilando, recordando al Gobierno que lo que se pacte hoy no nos puede hacer llorar mañana. Estén seguros quienes dudan de la efectividad de estas manifestaciones repetitivas y, según los más críticos, inútiles que estas concentraciones son de vital importancia para el curso de la negociación con la banda.Con los escasos recursos con los que contamos, con la oposición del Gobierno y de buena parte de los medios de comunicación, las víctimas y quienes nos apoyan hemos conseguido despertar a parte de la opinión pública, que hoy vela con nosotros para que no triunfe la sinrazón.

Es, por tanto, fundamental que se manifiesten con nosotros todos los que crean que las leyes no deben ser cambiadas para ajustarse a las exigencias de Batasuna-ETA; quienes no acepten que la independencia del País Vasco, la anexión de Navarra y de parte del territorio francés la decidan mediante referéndum los ciudadanos que vivan en Euskadi y aquéllos que piensen que los que más han sufrido tienen todavía mucho que decir en esta historia. Os doy las gracias de antemano porque sé que una vez más estaréis con nosotros para que se oiga una sola voz, la de las víctimas, que no es otra que la de la Justicia y espero que la de la mayoría de los españoles.

No es una manifestación más, es un grito de libertad
Ignacio Villa Libertad Digital  24 Noviembre 2006

El sábado 25 de noviembre a las cinco de la tarde en Madrid, la Asociación de las Víctimas del Terrorismo vuelve a convocarnos a todos los españoles a una rebelión cívica nacida de la libertad y devenida ejemplo de democracia. Y como siempre las víctimas no van a estar solas. Miles y miles de personas van a salir también a la calle para acompañar a esas víctimas y a sus familias. Y en toda España millones de ciudadanos que no podrán desplazarse a Madrid también estarán presentes con su apoyo a unas víctimas que están siendo despreciadas y ninguneadas por el Gobierno.

No es la primera vez que en esta legislatura salen a la calle las víctimas; todas las anteriores fueron manifestaciones multitudinarias. Manifestaciones que no son partidistas ni van contra nadie. Son simplemente un ejercicio de responsabilidad y de libertad ante el proceso de rendición que el Gobierno Zapatero ha iniciado ante las exigencias etarras. En la manifestación del sábado en Madrid sólo se pide al Ejecutivo que rectifique, cambie de estrategia y vuelva al Pacto Antiterrorista. Algo que, según están las cosas y escuchando a Rodríguez Zapatero, parece metafísicamente imposible. El jefe del Gobierno ha apostado por la rendición, sin pudor y sin escrúpulos. Ha decidido evitar la responsabilidad a la que su cargo le obliga y embarcarse en una aventura que sólo puede llevarnos a todos al precipicio.

Pero quizá lo que más duele y, también, lo que más está uniendo a millones de españoles es el desprecio con que el presidente del Gobierno ha tratado a las víctimas del terrorismo, convencido de que sólo destruyendo su autoridad moral podrán aceptar los ciudadanos las cesiones que está pactando con la ETA. Zapatero lleva casi tres años en La Moncloa. Nunca ha mostrado comprensión, ayuda o apoyo a las víctimas. Siempre frío, siempre distante, siempre ajeno a su dolor y a sus preocupaciones. Pero dado que esas personas sólo tienen el defecto de haber sido directa o indirectamente objetivo del terrorismo etarra, hacerlas aparecer como los malos de la película demuestra lo miserable y mezquino que ha resultado ser este Gobierno.
Por todo esto, y por mucho más, la manifestación de este sábado en Madrid no es una manifestación más. Es una nueva escenificación de esa rebelión ciudadana que el Gobierno no entiende y que les saca de sus casillas. Y es que las víctimas siguen siendo un estorbo para los planes de Zapatero.

Manifestación de la AVT
Las lágrimas de las víctimas
Agapito Maestre Libertad Digital   24 Noviembre 2006

Sin repetición no hay pensamiento. Permítanme que repita lo vivido en un pueblo de España. No hallo mejor argumento para animar al lector a participar en la cívica manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

No hace mucho pasé un fin de semana en la provincia de Badajoz. Visité un pueblo bellísimo de calles limpias y relucientes. Todas sus casas, hasta las más humildes, me parecieron palacetes. Blasones, escudos y signos parecidos adornan sus fachadas. Los campanarios de las Iglesias dan nombre singular al mítico pueblo de mis antepasados. Nunca lo había visitado, pero mi abuela me hablaba de él con fruición y nostalgia. No era el paraíso, pero se acercaba. Aquí habían nacido mis abuelos. Todo me resultaba muy cercano. De niño había oído contar a mi abuela un sinfín de historias sobre sus conventos, su laguna y sus gentes. Era como si hubiera paseado por sus calles cientos de veces. Era la vuelta a la infancia. Esa pieza maestra, ese recurso infalible para olvidarnos del perverso presente, era algo real.

Caminé emocionado por sus barrios. La majestuosa plaza del Arrabal no desentona con los palacetes que la rodean y los naranjos que la adornan. Subí por la calle Real hasta la plaza de España. En uno de sus bancos una viejita, muy morena y con mil arrugas en su rostro, toma el mejor sol de noviembre, el del mediodía. Le pregunté por una dirección y me indicó con elegancia el camino más recto. Creí oír la voz de mi abuela. Salió muy joven de este pueblo, pero nunca perdió su acento. Pegué la hebra con la buena señora durante un buen rato. Me contó algunas historias interesantes del pueblo. Su voz me resultaba entrañable. Sólo quería oírla hablar.

Cuando le pregunté por su familia, la voz se le quebró y sólo acertó a decirme que perdió "un hijo en Bilbao hace años. Mi nuera y mis dos nietas vinieron a vivir conmigo." Quedé aturdido. Pero ella se repuso al instante y me contó con dignidad ciudadana que su hijo, policía nacional, había sido asesinado por la banda criminal ETA. No supe qué decirle. Miré sus ojos con respeto e intenté consolarla. Imposible. Secó sus lágrimas con serenidad y me dijo: "Bueno, amigo, aproveche el día y vuelva sobre sus pasos hacia el Convento de las Clarisas. Es muy bonito, ah, y no se olvide de comprar unas empanadillas de cabello de ángel." Le di un beso de despedida. Fui al convento. Y mientras esperaba a que me despachara por el torno una hermana clarisa, se me nubló la vista. Eran lágrimas.

Sobran explicaciones. Por la serena dignidad de mi amiga, por sus lágrimas y por las mías estaré en la manifestación el día 25 de noviembre.

25-N: Brazos contra el terrorismo, brazos también contra la injusticia
José Javier Esparza elsemanaldigital 24 Noviembre 2006

Hay que salir el sábado. Lo que está haciendo el Gobierno es una injusticia. Es injusto anteponer la suerte de los terroristas a la dignidad de las víctimas. Y sin justicia no habrá paz.

Están nerviosos porque la cosa les va mal. Porque ETA sigue donde estaba. Porque esperaban ganar unas elecciones con el señuelo de la "paz" y se están encontrando con que cada vez más gente les da la espalda. Están nerviosos porque el mentiroso, el tramposo, siempre está nervioso. Están nerviosos porque saben que no tienen razón. Pero, quizá sobre todo, están nerviosos porque antes la calle era suya y ahora ya no. Ahora en la calle estamos nosotros, los réprobos, los "malos". Y eso les supera.

Que la calle se le encrespe es algo que desconcierta mucho al nihilismo dominante. Pero, en realidad, estas cosas no deberían extrañar a quienes un día se extasiaron con los "brazos del hombre natural". ¿No caéis? Haced memoria, muchachos: Azaña, 1930, Ateneo de Madrid. El gordito alza la voz e invoca la potencia de los "brazos del hombre natural, en la bárbara robustez de su instinto elevado a la tercera potencia a fuerza de injusticias". Hay algo homosexual, ¿verdad?, en ese arrobo con el que el intelectual burgués imagina los bárbaros y robustos brazos del "hombre natural". Al progresista blandito siempre le ha estimulado mucho la estampa del brazo proletario. Pero hace mucho que las cosas cambiaron. Hace mucho que el brazo proletario se amorcilla, fofo, en la anestesia del bienestar. Los brazos de ahora son otra cosa. Son los del ciudadano común que tiene un concepto natural de la verdad, de la libertad, de la justicia. Ese ciudadano que distingue sin esfuerzo al criminal de la víctima, qué es paz y qué claudicación. Ese ciudadano que ahora mira alrededor y no entiende nada –o quizá lo entiende todo, lo entiende demasiado- y que pide, urgentemente, intervenir. Por ejemplo, en la manifestación de mañana. Así que allí estaremos, sí, con nuestros brazos bárbaros. Porque nos los han elevado a la tercera potencia, en efecto, "a fuerza de injusticias".

Injusticias. De eso precisamente se trata. Es injusto que quienes han estado matando durante cuarenta años puedan obtener ahora la menor ventaja. Es injusto que a unos asesinos confesos se los califique como "hombres de paz". Es injusto que uno de esos asesinos se ponga en huelga de hambre y al poder le tiemblen las lanas como a un borrego. Es injusto que una banda criminal robe trescientas pistolas y el Gobierno niegue la evidencia. Es injusto que quienes han estado jaleando a los criminales, matones de pueblo engordados al calor de las pistolas, asciendan ahora al estatuto de interlocutores políticos del Estado. Es injusto que se ponga en la picota a los jueces si persiguen a los terroristas. Es injusto –hasta la indignación, hasta la ira- que se insulte a las víctimas: a los muertos, a los mutilados, a las viudas y a los huérfanos que ETA ha dejado en toda España. Es injusto que se diga que la justicia –y no sólo la de los tribunales, sino la justicia como principio moral- es enemiga de la paz. No hay peor enemigo de la paz que la injusticia, porque la injusticia de hoy siembra la guerra de mañana. Y lo que el Gobierno está haciendo ahora es una injusticia.

Al final, en trances de este calado sólo caben dos colores. O uno transige –y entonces sí, entonces puede hablarse de grados de diálogo, de grados de compromiso, de grados de negociación- o uno no transige, y entonces sólo cabe hablar con una única palabra, limpia e inquebrantable como la de los antiguos. Esa palabra, mañana, es: Dignidad.

"¿Qué hacer?", pregunta tanta gente. De momento, ir. Este sábado. Y todos los sábados que sea menester. Hasta enterrar la injusticia, esa que subleva los brazos del hombre natural.

El «proceso», en vía muerta
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  24 Noviembre 2006

RUBALCABA ha dicho que «el proceso» no podrá arrancar mientras las cosas no mejoren. Debe de referirse al auge de la violencia terrorista, pues eso son las extorsiones, la kale borroka y los robos de armas con secuestro incluido. Quizás sólo intenta poner distancia con el incipiente descarrilamiento del «proceso» de su jefe. Muy pocos leales acompañarán voluntariamente al presidente si el tren que éste lanzó a toda marcha por lo que desde el comienzo era una vía muerta, acaba destrozado contra los duros topes de la realidad. Sólo los ciegos incorregibles insisten en atisbar «luz al fondo del túnel», pero Otegi, el Interlocutor Necesario, advierte que «el proceso» debe correr a la vez por dos vías paralelas (dos mesas de negociación), o no correrá: ¿se estrellará, entonces? Es lo más probable.

La abundancia de oscuras metáforas ferroviarias sobre el oscurísimo «proceso» es una consecuencia natural de las oscurantistas decisiones gubernamentales. Otra consecuencia menos retórica es que el tren ya sólo puede progresar por la vía elegida por ETA, que lleva la iniciativa y pone las condiciones. Pero eso no es un progreso, sino un retroceso calamitoso. Tanto «run-run» ferroviario recuerda un viejo chiste ruso sobre el desastroso desprecio de la verdad que acabó hundiendo la URSS.

El chiste es así: Lenin y su politburó viajan en tren cuando, de repente, el convoy se detiene en medio de la nada. Sin dudarlo, Lenin arenga a sus compañeros: «Camaradas, es sólo una avería. Ayudemos al maquinista y saldremos pronto de aquí». En efecto, todos se ponen manos a la obra y en poco tiempo reanudan el viaje. Pasan diez años y la historia se repite, ahora con Stalin, que dice sin levantar la voz: «Camaradas, esto es un sabotaje. Que fusilen al maquinista y que le sustituya un ayudante». Tras fusilar al desdichado, el ayudante se las arregla para arrancar y el tren sale echando chispas entre ansiosos aplausos. Pasa más tiempo, y esta vez son Breznev y su séquito los atrapados en otro tren averiado. Breznev convoca al politburó y lee un largo informe, que en resumen dice: «Se trata de una provocación de la propaganda capitalista. Vamos a imitar el ruido del tren para que comprendan su fracaso». Aprobada la propuesta por unanimidad, todos se aplicaron a imitar los chirridos y traqueteos del ferrocarril sin moverse de su asiento. Todavía siguen allí.

La situación de Zapatero y su «proceso» se parece a la de Breznev. Paralizado en la incertidumbre, culpa del parón a todo el mundo -PP, jueces, víctimas, prensa hostil- salvo a sí mismo y a su estrategia mesiánica y temeraria. Para agravar las cosas, en la vía paralela esperan amenazantes los terroristas, quizás dispuestos a atacar el convoy donde Zapatero y sus fieles, con Conde-Pumpido a la cabeza, imitan traqueteos, chirridos y ruidos de estación para dar a entender que todo va sobre ruedas, pese a algún retraso inevitable...

El caso es que comienzan a proliferar pliegos de descargo preventivos tan previsibles como previstos fueron -ahí están las hemerotecas- los malos resultados de las decisiones de Zapatero. La autoexculpación ante el probable desastre es que «había que intentarlo, porque era una gran oportunidad». Sin embargo, es evidente que la repetición contumaz de errores, tan viejos como el nauseabundo «problema vasco», estaba condenada a fracasar: convertir el final de ETA sin contrapartidas políticas, que era posible en 2004, en un «proceso de paz» negociado en una «mesa de partidos» extraparlamentaria que, según se ha sabido sin que nadie concernido haya sido capaz de desmentirlo ni justificarlo, ya se reúne -¡oh sorpresa!- en el santuario jesuita de Loyola. Y todo esto, sólo para eternizar la marginación del PP y asegurar cuarenta años de gobierno PSOE con apoyo nacionalista. Aunque el resultado sea la completa desnaturalización de la democracia.

Aunque el PP no ha practicado, que digamos, una oposición modélica, sino descentrada e histriónica (a veces al dictado de energúmenos), es evidente que la responsabilidad de la ruptura corresponde al PSOE, que ha tratado de imponer que el leal apoyo de la oposición a la política antiterrorista del gobierno fuera un trágala ilimitado. Contra lo pretendido, la consecuencia ha sido el debilitamiento del Estado. La violencia aumenta mientras la legalidad (la democracia) es puesta en solfa: esto ha sido el «proceso de paz». Por eso hemos pasado de oír a una Batasuna amedrentada que Navarra debe tener «su propio tiempo y proceso», síntoma en su momento de cierto novedoso realismo, a proclamar con chulería que la «territorialidad» es innegociable. De admitir que la kale borroka debe desaparecer, a negarse rotunda y cínicamente a condenarla mientras Otegi presume de que pueden desactivarla cuando quieran. Tras los secuestros y robos de armas, tras comprobar que eso tampoco conmueve a un gobierno más paralizado que impertérrito, ETA puede pasar a mayores para tensar la cuerda y arrastrarle a su terreno de negociación.

El hecho es que el Gobierno ha gastado casi todas sus bazas sin obtener nada a cambio. ETA dejó de matar en 2003 como consecuencia de la presión del Pacto antiterrorista, que derrotó políticamente a la banda y la acosó policialmente, y seguramente por los nuevos riesgos introducidos por el terrorismo islamista, de manera que el Gobierno de Zapatero no puede apuntarse en su activo los muy citados, con enorme autocomplacencia, «tres años y siete meses sin matar». En cambio, en el País Vasco hay ahora más violencia que en 2004 y 2005, y esto sí es un efecto de su política. Sin duda, el Gobierno puede dedicarse a lanzar todo tipo de cortinas de humo para ocultar su segundo gran fracaso de la legislatura, pero las cosas están así.

Si ETA vuelve a asesinar, la responsabilidad penal será, desde luego, de los terroristas. Pero quienes han diseñado un «proceso de paz» a su exclusiva y partidaria conveniencia, fracasando en la obtención del desistimiento terrorista, muy probable de haberse mantenido la estrategia anterior basada en el consenso PSOE-PP, no deberían pretender estar a salvo de la exigencia de responsabilidades políticas, intelectuales y morales por sus disparates. Todavía les queda una posibilidad de salir de la vía muerta: volver al Pacto contra el Terrorismo. No es mucho pedir, aunque los maquinistas dejen el uniforme en la gatera. Negarse a esto y preferir el desastre a la rectificación sería definitiva y literalmente imperdonable.

Carlos Martínez Gorriarán_ Profesor de la UPV y portavoz de Basta Ya

Proceso de rendición
No hay tregua
Jorge Vilches Libertad Digital  24 Noviembre 2006

Ahora que parece que el "proceso de paz" se ha ido al garete, me gustará leer a los que escribieron, en su día, contra los que denunciaban la torpeza de iniciar un diálogo con una banda terrorista que no se arrepiente, que mantiene la "lucha armada", el acopio de armas y la extorsión. Será fascinante leer, ahora, a los que decían: "quienes critican el proceso de paz utilizan el lenguaje de la derecha golpista, de la misma que asaltó el Cut-Cut, de las juntas militares de 1917, de la que se oía en julio del 36". Será curioso leerles, porque son como aquellos catedráticos de la Universidad franquista que preguntaban a los pobres desgraciados que se presentaban a una oposición: "¿Y dónde estaba usted en julio de 1936?". Es esa intelectualidad gagá y sectaria, de buenos y malos.

Y aún se oye: "Todos los presidentes están en su derecho de hablar con ETA". Pues sí, claro, pero había que tener prudencia y sensatez a la hora de analizar políticamente el proceso. Pero es normal, porque son esos mismos que tienen callos de que le regalen los oídos, y demasiada soberbia para ser humilde ante la contingencia. Porque avisar sobre los riesgos de un proceso al que se pretendía sacar una rentabilidad electoral –no se asusten, es propio de cualquier partido–, sin tener en cuenta a las víctimas, despreciando a la oposición y con un Parlamento de grupúsculos, genuflexionado y complaciente, no era ser de "extrema derecha". "También habló con ETA el PP de Aznar". ¿Cómo se pretende comparar la aplicación legal de beneficios penitenciarios a los etarras, con el borrón y cuenta nueva que alguno sostenía?

¿Y a aquellos socialistas separados por no comulgar con las maneras del "proceso de paz", se les va a compensar? Hay gente que, enmohecida en su púlpito académico y periodístico, con su sempiterna cohorte de palmeros, ha repartido credenciales de demócrata. Y digo esto porque hay quien no está acostumbrado a que le repliquen o corrijan, ni a vivir oyendo opiniones contrarias.

Pero ahora, fuera de lo anterior, vienen momentos muy difíciles. La ruptura del "proceso" se ha debido, lógicamente, a la negativa de ambas partes a ceder. Lo más probable es que el gobierno se haya negado a anular la Ley de Partidos, a amnistías ilegales, a procesos anticonstitucionales referidos a Navarra y a la "autodeterminación"; y que los etarras no hayan querido pedir perdón, dejar las armas ni renunciar a sus reivindicaciones tradicionales.

Si el proceso se ha truncado, el gobierno debe anunciarlo ya, contar las causas, armarse de razón, y la oposición cerrar filas en torno a él. Ha llegado la hora de que el Estado de Derecho descargue toda su fuerza sobre la banda terrorista y acabe el trabajo. Porque el fin de ETA sí está siendo un proceso "largo, duro y difícil", sin tregua.

Preparativos de fraude de ley en Navarra
EDITORIAL Libertad Digital  24 Noviembre 2006

Los proetarras que ahora el gobierno bautiza y maquilla como "izquierda abertzale" escenificarán este sábado en Burlada (Navarra) el inicio del proceso para presentarse a las municipales y forales de 2007, pese a que su ilegalización les prohíbe protagonizar este tipo de actos. Concretamente, darán a conocer la apertura del debate del programa político, animados como están con la "expectativa histórica" que les brinda el mal llamado "proceso de paz" para "dar pasos que superen la partición de Euskal Herria". Los proetarras aún no desvelarán el formato en el que se van a presentar, es decir, si van a legalizar un nuevo partido, si concurrirán con agrupaciones electorales, como ya intentaron en las últimas municipales, o si lo harán bajo otras siglas, como las del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

El que el formato del fraude de ley finalmente escogido sea más descarado o más disimulado dependerá, fundamentalmente, del grado de colaboración que el Gobierno del 14-M brinde a los proetarras para llevarlo a cabo. Por lo pronto, pueden confiar en que el Fiscal General del Estado no les amargará la fiesta del sábado, estando tan ocupado como está en sustentar las tesis de los defensores de Batasuna en relación a las herriko tabernas, a las que también se ha sumado, por cierto, el Abogado del Estado.

Sin embargo, la lógica e inamovible negativa de los proetarras a condenar la violencia de ETA o a dejar de justificar "la vuelta a la lucha armada" si no se consiguen los objetivos secesionistas por los que anunciaron su reversible "alto el fuego" han forzado a los socialistas a proponer a la "izquierda abertzale" fórmulas "imaginativas" para poder concurrir a las elecciones. Otegi ya manifestó hace meses que "no le importa" la Ley de Partidos siempre que Batasuna goce de "una legalización de facto". Para buscar una apariencia de legalidad a este fraude de facto, el ministro de Justicia ya tuvo la desfachatez de invocar el artículo 3 del Código Civil y las "nuevas circunstancias" –entre las que no se da la condena de la violencia– para que la Ley de Partidos no se interpretara conforme a su espiritu y finalidad.

Patxi López ha llegado incluso a sostener expresamente que ya no era necesario que Batasuna condene la violencia, si bien este dirigente socialista tuvo directa y públicamente que saltarse a la torera la ley en su primera reunión no clandestina con los ilegalizados representantes políticos de ETA el pasado mes de julio.

Veremos en qué queda. Ahora no está el horno para bollos, ni para defraudar a ETA, ni para evidenciar más aun las inmorales tragaderas de este gobierno a la hora de asegurar que todos los pagos de esta "sucia paz" están limpios "como una patena".

El cuento de la bicapitalidad
Por Carlos Herrera ABC  24 Noviembre 2006

FRANKFURT no necesita ningún estatuto de bicapitalidad para ser la gran ciudad de Alemania que es. Ni Milán para ser una referencia europea en el norte de Italia. Ni Sao Paulo en Brasil, ni Nueva York en Norteamérica. Barcelona no precisa de un organismo menor de la Administración del Estado como la CNMT para reforzar su carrera a la excelencia. ¿Acaso quiere ser una muesca más en la lista de ciudades en las que prolifera el funcionariado? ¿No tienen bastante con los adscritos a la abigarrada plantilla autonómica? La absurda decisión de trasladar ese organismo a cuatro plantas de un edificio de la Villa Olímpica conlleva tan sólo problemas para las estructuras que deben moverse y para las familias de los funcionarios que se ven obligados a mudarse de ciudad. No es comprensible el ansia por imitar los vicios burocráticos de las capitales condenadas a ahogarse en miríadas de folios y tampones, como no lo es sentirse satisfechos por el acto simbólico del traslado de una oficina intrascendente. El fortalecimiento de Cataluña no pasa por una decisión demagógica y boba de un Gobierno decidido a repartir caramelos entre infantiles ejecutivos autónomos que juegan a creerse distintos y exquisitos. Rodríguez Zapatero podría hacer un inesperado e inaudito esfuerzo de sensatez histórica y no caer en gestos que sólo derivan hacia situaciones extravagantes. ¡Si hasta algunos fantasiosos han llegado a sugerir el traslado del Senado a la Ciudad Condal!

Cataluña no necesita en absoluto unas oficinas ocupadas por funcionarios de la Administración central del Estado para sentirse parte del mismo o para saberse trascendental en el ímpetu de la sociedad común; necesita, si acaso, menos presencia intervencionista de una agobiante administración autonómica, decidida a entrar en los usos y costumbres de cada uno de sus ciudadanos. Es mucho más interesante que se desnivele la balanza hacia el fiel de los emprendedores -y que éstos sean los auténticos motores de la sociedad- antes que primar la omnipresencia de tanto burócrata de nuevo cuño, convencido de que su misión es poco menos que providencial para la unidad de destino en lo local. Cataluña precisa que los aires de libertad creadora lleguen a todos los ámbitos sociales y que nadie se vea coartado por la corrección política más agobiante que se conoce en la vieja España. Cataluña precisa de provocadores que remuevan la ciénaga sentimentaloide que se ha instalado en todos los estratos sociales y que ha hecho del pensamiento y el sentimiento únicos una pesadísima realidad oficial. Es bastante más importante que llegue el AVE cuanto antes que cualquier otro traslado simbólico e inoperante o que cualquier decreto de bicapitalidad innecesaria. El Gobierno en el que moraba el flamante Montilla -que, afortunadamente, ha rebajado un tanto el tono de permanente afrenta histórico-heráldica-identitaria- hizo mal los deberes y no sustanció debidamente el decreto de traslado del organismo en cuestión desde Madrid a Barcelona; ahora, la Sala del Supremo encargada de estas cosas y presidida por el insobornable magistrado Ramón Trillo ha puesto las cosas en su sitio y obliga a Joan Clos, el nuevo ministro de Industria, a volver a mover los papeles y los decretos.

Curiosa manera de reaccionar de Clos: «los jueces no deben meterse en decisiones políticas». Como si fuera un Ibarreche o un Atucha cualquiera, el antiguo alcalde barcelonés se sitúa en una esfera inalcanzable al brazo corrector de la Justicia. Desgraciadamente para él, hasta Clos debe someterse a la norma.
En cualquier caso, los administradores del futuro barcelonés deberían estar más pendientes de emular el vigor civil de ciudades referentes de la Europa moderna que de recibir las llaves de una canonjía burocrática. Giren la cabeza y cuídense de que no les alcance la vecina Valencia, que ya se acerca, antes de ensimismarse en ademanes caducos y en adornos innecesarios.
www.carlosherrera.com

Montilla, palabras y hechos
Editorial ABC  24 Noviembre 2006

EN su discurso de investidura ante el Parlamento catalán, José Montilla ha puesto especial empeño en ofrecer una imagen de moderación, al afirmar que quiere ser «el presidente de todos» y plantear una oferta de consenso a CiU y al resto de la oposición. También es destacable la promesa de dar prioridad a la política social sobre las cuestiones identitarias, respuesta sin duda forzada por el escaso entusiasmo mostrado por los electores en el referéndum y en las elecciones recientes. La retórica suena bien, y sería injusto no reconocer el contraste formal entre el infausto Pacto del Tinell y la mano tendida que ofrece la nueva Entesa. Sin embargo, la realidad no se corresponde con tales declaraciones. Montilla ha pactado contra viento y marea con el nacionalismo radical, ofreciendo a Carod Rovira un protagonismo que las urnas no le han otorgado. Ha preferido ignorar la mayoría de CiU en votos y en escaños, las preferencias estratégicas de Ferraz y el mensaje en favor de una «gran coalición» lanzado desde muchos sectores sociales. La piel de cordero no oculta la dureza de un político de larga trayectoria que actúa como un genuino profesional del poder. En este contexto, resultan poco creíbles los elogios abrumadores a Pasqual Maragall, su adversario interno en el PSC, a quien ciertamente no debe gran cosa el nuevo presidente de la Generalitat. Se advierten, en cambio, la frialdad y el distanciamiento al referirse a Rodríguez Zapatero y las alusiones genéricas a la España plural. En este sentido, el ex ministro de Industria ha optado por el silencio en relación con su responsabilidad ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre el traslado a Barcelona de la CMT. En suma, el debate de ayer en la Cámara catalana tenía un aire de escena teatral en la que el actor principal representaba su papel con escasa convicción.

Montilla ha tomado nota del desapego de la sociedad hacia la clase política y pretende pasar las páginas del «tres por ciento» y del «Carmelo», síntoma de una parálisis institucional tapada por el debate estatutario. Así se explica el énfasis en que el nuevo Estatuto debe estar al servicio de la gente y que las políticas del bienestar son más importantes que «mil proclamas» sobre la identidad. Se adivina una vez más el contraste entre lo que dice y lo que pretende hacer. Así, en materia lingüística insiste en el proceso de normalización del catalán (en concreto, en la Justicia y en el ámbito laboral) y su expansión internacional, gesto evidente hacia sus socios de ERC. Para la lengua castellana sólo hubo una promesa genérica de preservar su uso y la libertad de los hablantes.

El análisis de las más de cincuenta leyes incluidas en el programa conjunto de la Entesa mueve al escepticismo ante cualquier promesa genérica. ERC logrará impulsar su visión radical del nacionalismo con nuevas leyes sobre cultura. Otra vuelta de tuerca en materia de educación y universidades favorece los proyectos más extremistas. El Consejo de Garantías Estatutarias y la reforma de las leyes electoral y municipal podrían alterar el equilibrio institucional. Incluso, la réplica catalana de las leyes prometidas por el Gobierno de Zapatero (autonomía personal, dependencia o igualdad de la mujer) reflejan la idea del Estado «residual», de manera que las normas autonómicas desplazan cualquier regulación de nivel nacional. El anuncio de una ley sobre memorial democrático no anticipa nada bueno sobre el revisionismo histórico. Y en fin, la propuesta de suprimir el impuesto de sucesiones ofrece una singular paradoja: los socialistas criticaban a Esperanza Aguirre por beneficiar «a los ricos» y ahora copian la medida sin admitir que sus críticas anteriores eran sencillamente absurdas.

Estas son las consecuencias lógicas de un Estatuto aprobado por intereses partidistas y coyunturales que ahora determina la arquitectura política en Cataluña, dejando su desarrollo en manos de un Gobierno de socialistas y nacionalistas extremos. Es probable que, más pronto que tarde, los hechos incontestables desmientan las buenas palabras del candidato Montilla al frente de una coalición entre PSC, ERC e ICV, cuyo reparto interno de poder no favorece, ni mucho menos, a los más moderados.

ETA aplaude a la fiscalía ergo la fiscalía se dedica a complacer a ETA.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital  24 Noviembre 2006

Pruebas de que la fiscalía estaba actuando en realidad como fiscales defensores de ETA teníamos muchas, pero hoy ETA ha felicitado a la fiscalía por la decisión de no apoyar el embargo de las ETA-tascas. Cualquier hombre de bien felicitado por ETA debería hacer examen de conciencia para descubrir qué ha hecho mal. Las declaraciones del portavoz batasuno-etarra Joseba Permach van más allá, llega a confirmar que la fiscalía cambia de criterio para no cabrear a ETA y los asesinos les aplauden por ello.

El portavoz de Batasuna, Joseba Permach, afirmó que es «positivo» que la Fiscalía considere ahora que no procede clausurar ni embargar los bienes de las «herrikos» y aseguró que la oportunidad de este pronunciamiento demuestra que las decisiones judiciales «dependen de la coyuntura e intereses políticos».

Hace casi dos años, aun me decía, ante los dislates de Zapatero y sus huestes, eso de “¿Quién me lo iba a decir a mi?”, hace ya mucho tiempo que ni se me pasa por la cabeza, sustituyendo ese pensamiento por otro más cínico “ Si esto lo hacen hoy, ¿qué veré mañana?”.

Que la mismísima ETA diga a todo el que les quiera oír que el cambio de actitud de la fiscalía está motivado por la situación del proceso de paz emética y que en ello coincida con Zapatero es el colmo de la indignidad nacional. Mil muertos observan y se preguntan ¿para que sirvió mi muerte?.

Siempre lo hemos tenido claro, a lo largo de decenas de años, con ETA solo se negocia donde y cuando se entregan ellos para someterse a juicio y las armas. Ahora estamos en un proceso vomitivo para negociar cuando y donde le entrega el estado a ETA lo que desde siempre ha reivindicado.

Lo doloroso, terrible y desolador es que sabemos positivamente que las atrocidades que faltan por venir gracias a nuestro gobierno nos desquiciarán hasta lo insoportable.

La hoja de ruta de Zapatero al infierno ha recibido el aplauso de ETA por haberse puesto la fiscalía de hinojos ante los asesinos.

El Gobierno se reunirá con ETA en diciembre para intentar salvar el «proceso de paz»
Algunos expertos creen que la banda ya ha tomado la decisión de romperlo - Tras el último encuentro, las posturas quedaron totalmente enfrentadas - El Ejecutivo y los etarras se han visto dos veces en el periodo de tregua
J. M. Zuloaga La Razon  24 Noviembre 2006

Madrid- El Gobierno, a través de sus representantes, y ETA celebrarán una reunión el próximo mes de diciembre con el fin de intentar salvar el mal llamado «proceso de paz», según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. Este encuentro se fijó tras la última reunión. Desde la declaración del alto el fuego, se han producido, según las citadas fuentes, dos contactos entre ambas partes: uno de ellos en julio, que tuvo lugar, según parece, en Suiza; y un segundo que se celebró también en Europa. Fue en esta reunión, de extraordinaria brevedad, en la que se acordó la convocatoria de diciembre, a la vista de las posiciones absolutamente enfrentadas que daban a entender una ruptura del «proceso».

Los pistoleros han reclamado en varias ocasiones el cumplimiento de unos supuestos compromisos que el Ejecutivo habría adquirido en las conversaciones previas a la declaración de alto el fuego y que se referían a la permisividad total para Batasuna, a la inacción de la Justicia y a medidas a favor de los presos. Además, exigían que la llamada mesa de partidos acordara el procedimiento y el calendario para llegar a la independencia del País Vasco, incluida Navarra. El Gobierno ha negado siempre haber adoptado esos compromisos y defiende con firmeza que la autodeterminación y la territorialidad no caben en la Constitución.

Posible ruptura
La filosofía al dejar convocado el encuentro de diciembre era que ninguna de las dos partes rompiera el proceso sin hablar con la otra.
En total, con las dos reuniones habidas antes del anuncio de tregua, se habrían celebrado cuatro encuentros. El primero en Suiza, el segundo en Oslo y los dos últimos también en Europa. Sin embargo, medios gubernamentales consultados por este periódico aseguran que durante el alto el fuego no ha habido ningún contacto directo de sus representantes con los terroristas, aunque admiten que se han enviado y recibido mensajes a través de intermediarios internacionales.

Los gestos que se están produciendo en los últimos días por parte de la Justicia, insistentemente reclamados por Batasuna y la propia ETA, responden a la estrategia de acudir a la reunión de diciembre con «algo en la mano» y tratar de que la banda no tome la decisión que algunos expertos consideran que ya tiene adoptada desde hace varias semanas, la ruptura del alto el fuego. La posibilidad de que Batasuna pueda comparecer a las elecciones municipales y forales de mayo del año que viene y pueda recuperar de esa manera poder económico y político está sobre la mesa.

Son muchos los que no terminan de creer que los terroristas vayan a ser tan «tozudos y fanáticos» como para anunciar el fin de la tregua y perder esta oportunidad de revitalizar su frente «institucional», pero los hechos parecen indicar lo contrario.

El robo de las armas del almacén de Nimes, en una operación que se preparó durante semanas o, incluso, meses, y el hecho de que los terroristas utilizaran un coche robado días después del anuncio del alto el fuego, son datos que para estos expertos demuestran que la banda ha decidido volver a las actividades criminales. Los comparan con lo que ocurrió durante la tregua de 1998 y 1999. La banda terrorista decidió en verano de este ultimo año romper las conversaciones que mantenía con el Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna. En septiembre, perpetró el robo de dinamita en la localidad francesa de Plevin y después dio un ultimátum.

Lo mismo que ahora, pero con la diferencia de que en vez de explosivos, que tienen en abundancia por los robos cometidos antes de marzo, esta vez han sido armas cortas que sí les hacían falta tras las operaciones que las Fuerzas de Seguridad galas, gracias a la información aportada por la Guardia Civil, desarrollaron en 2004 contra sus arsenales.

ETA recurre al «modus operandi» de Estella
JAVIER PAGOLA ABC  24 Noviembre 2006

MADRID. «Cada proceso de negociación es diferente pero, al final, ETA acaba comportándose de la misma manera. Es la inercia de más de 40 años de actividad terrorista. Aprovecha la parada técnica para engrasar la maquinaria, porque ni ellos se acaban de creer que van a dejar para siempre las armas». Así se expresa un agente con muchos años de experiencia en la lucha antiterrorista, tradicionalmente receloso ante cualquier «mal llamado proceso de paz», pero también expectante por las novedades que siempre presenta el último con respecto a los anteriores.

Los observadores coinciden en que la vía de negociación abierta por Zapatero parece, a priori, la más amañada, como si siguiera un guión previamente escrito. De hecho, se guarda en una caja fuerte de Suiza un documento con compromisos a los que habrían llegado ETA y el Gobierno; se ha implicado a la UE y transcurren tres años y medio sin asesinatos.

Pero también es cierto que desde el pasado 24 de marzo, fecha en la que se anunció el «alto el fuego permanente», ETA no ha dejado de reorganizarse: ha robado choches y matrículas falsas en Francia y ha exigido el «impuesto revolucionario». Pero lo alarmante es que a medida que se acerca diciembre, horizonte de un posible ultimátum, la banda, dando una vuelta de tuerca, ha pasado de la reorganización al rearme. Un hecho incompatible con el «alto el fuego permanente» y con el «proceso de paz».

Así las codas, algunos observadores ven cierta similitud entre los últimos movimientos llevados a cabo por ETA en Francia y los que hizo en la tregua trampa de Estella.

Por ejemplo, en marzo de 1999 la banda compró en el mercado negro de la antigua Yugoslavia armas por valor de más de 75 millones de pesetas, según una anotación incautada a «Kantauri». Después, el 28 de septiembre del mismo año, robó 8.000 kilos de dinamita industrial en un polvorín de Plévin, en la región de Bretaña.

En el actual «proceso de paz», ETA, en lugar de comprar armas -que se sepa- las ha robado -350- en una armería cercana a Nimes. La pasada semana, la Policía gala detectó los movimientos de dos presuntos etarras en las inmediaciones de un depósito de dinamita industrial, no lejos de Toulouse.

La diferencia, dentro de esta serie de similitudes, radica en que 48 horas después del asalto a las instalaciones de Plévin, la Policía francesa detenía a varios de los integrantes del «comando», entre ellos Jon Bienzobas, «Karakulo», Joseba Segurola Mayoz y Argi Perurena, actual interlocutora de los presos etarras encarcelados en Francia.

La bronca de «Antza» al PNV
Se da la circunstancia de que esta última acción fue perpetrada cuando la banda ya había decidido romper la tregua. Días antes, así se lo había comunicado el cabecilla etarra Miguel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», a los representantes del PNV y EA en una reunión secreta celebrada en un chalé del sur de Francia. «Mikel Antza», en un tono desafiante, reprochó a los nacionalistas el incumplimiento de los acuerdos políticos que ya habían firmado con la banda. El partido entonces presidido por Arzalluz no informó al Gobierno de Aznar de la inminente ruptura de la tregua. En pleno rearme, ¿tendrá tomada ahora alguna decisión al respecto?
El papalelismo entre una situación y otra ha activado la luz de alarma en la Policía francesa. Los investigadores no descartan que en el caso de que se rompa la tregua, la «nueva ETA» dé un salto cualitativo y cometa atentados en Francia, ya que las autoridades de París han rechazado implicarse en el «proceso de paz».

LEVANTARON UNA BARRICADA DE FUEGO PARA BURLAR LAS CÁMARAS
Ataque "rápido y organizado" de los terroristas callejeros contra la Subdelegación del Gobierno en Vitoria
Terroristas callejeros arrojaron en la madrugada de este viernes cinco cócteles incendiarios contra la Subdelegación del Gobierno en Vitoria. Tres de ellos impactaron contra la fachada y afectaron a una garita trasera que está en desuso. Según la Delegación del Gobierno, el ataque fue "rápido y organizado". Los proetarras levantaron antes una barricada de fuego para impedir que las cámaras de seguridad les grabaran. Mientras el terrorismo callejero se multiplica, Rubalcaba sigue sin creerse los informes de Francia sobre la actividad terrorista de ETA. Del robo de 350 armas, insiste en que tendrá consecuencias pero "habrá momentos mejores para explicarlas".
EFE Libertad Digital  24 Noviembre 2006

Los proetarras, que iban encapuchados, actuaron una media hora después de la medianoche. Tres de los cinco cócteles molotov lanzados impactaron contra la subdelegación, uno lo hizo contra una farola y el otro acabó en el suelo. Además, arrojaron octavillas en euskera en las que se podía leer "la represión no es el camino".

El ataque, según fuentes de la Delegación del Gobierno, fue "rápido y organizado". Duró menos de un minuto, tiempo en el cual los miembros del grupo de proetarras actuaron de forma coordinada. Los terroristas callejeros accedieron a la sede de la Subdelegación desde la calle Cuchillería. Allí hicieron una barricada de fuego para cegar las cámaras de seguridad. A continuación, arrojaron los cinco artefactos y huyeron de nuevo por la misma calle.

Este último episodio de terrorismo callejero se suma a los que se siguen sucediendo pese al alto el fuego. El pasado domingo, los radicales incendiaron un cajero automático de una sucursal bancaria en la localidad vizcaína de Sestao. El ataque se registró minutos después de la medianoche en una oficina que el BBVA tiene en la calle Gran Vía. Los terroristas callejeros colocaron en el cajero exterior de la sucursal un trapo impregnado en líquido inflamable y lo prendieron fuego, inutilizando el equipo.

Además de efectivos de la Ertzaintza, al lugar se desplazó un equipo de bomberos, que sólo tuvo que intervenir para sofocar los últimos restos del incendio provocado en el cajero. Ni entonces ni este viernes se han practicado detenciones.

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