AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 6 Diciembre  2006

Todo es toro
Por César Alonso de los Ríos ABC  6 Diciembre 2006

¿LÉ saldrá adelante el «proceso de paz» a Zapatero? Ciudadanos y periodistas se hacen la pregunta como si ése fuera el único mal que podría sucedernos, cuando ya ZP se ha llevado por delante el régimen de las autonomías, ha sacado adelante el Estatuto catalán y hemos entrado de hoz y coz en un modelo de Estado plurinacional. Con ayuda del PP en buena medida. Sin su radical oposición al menos.

Éste ha sido, de todos modos, el método con el que han ido triunfando los nacionalistas a lo largo de tres décadas. Ahora, con la ayuda impagable de los socialistas. Se van asumiendo los objetivos de aquellos como si se tratara de naderías, mientras se van enfatizando otros que se consideran más graves y que terminarán por ser aceptados. De este modo, el desmadejamiento de la voluntad nacional, el relativismo colectivo, el oportunismo político ha ido haciendo posible el cumplimiento de la tragedia en cuyo tercer y último acto estamos... Esto es, el final, el asunto vasco, lo más desgarrador, el triunfo del Terror. Eufemísticamente llamado «proceso de paz» por Zapatero. Futuro infierno para la gran mayoría de la sociedad vasca.

Así que las gentes -cualificadas, cultas, informadas- se preguntan por el «proceso de paz» con la misma inconsciencia con la que podrían plantearse una cuestión ajena a nuestro destino colectivo. Se diría, incluso, que les ha decepcionado el hecho de que el llamado proceso no se haya ido cumpliendo de acuerdo con las previsiones de la hoja de ruta de Mikel Antza y la dirección del Otegi y Patxi López. ¿Se presentará Batasuna a las municipales con listas blancas? ¿Utilizarán al Partido Comunista de las Tierras Vascas legalizado por Zapatero y el Fiscal General del Estado?

En el paseo Roncesvalles de Pamplona hay un Caballo virtual del que, el día de las elecciones, saldrán a votar batasunos y socialistas para desplazar a la UPN... Una operación democrática. Limpia. Constitucional. Oiremos a ZP, enfático: el futuro de Navarra dependerá de las ciudadanas y ciudadanos de la propia Navarra.

Dicho todo esto, debo recordar una vez más que desde el primer momento ZP anunció un cambio de modelo de Estado y que ya lo ha hecho en buena medida y de forma irreparable. Es verdad, hasta el rabo todo es toro.

Tripartito
Incorregibles
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Diciembre 2006

No ha hecho falta mucho tiempo para que en el nuevo tripartito catalán se iniciara la fiesta. Un espectáculo al que ya estamos acostumbrados, pues nunca ha faltado en el Gobierno catalán desde que Maragall llegara a la presidencia del Ejecutivo hace ahora tres años y que resulta evidente que no ha terminado con el andaluz Montilla.

La primera en la frente ha llegado cuando el consejero de Gobernación, el independentista Puigcercós, lo primero que ha hecho nada más instalarse en su despacho ha sido retirar la bandera de España. Tras la intervención de Montilla, el republicano decidió retirar todas las banderas. Lo que haga falta con tal de no izar la española. Finalmente, Montilla le ha recordado públicamente su obligación de cumplir la ley y el señor consejero se ha dignado al fin a izar ambas enseñas, pero dando un mayor protagonismo a la catalana y, por tanto, persistiendo en desafiar la ley.

Este sainete viene a poner de relieve en qué ponen interés estas gentes. Juegan mucho, pero gobernar, gestionar y mejorar la vida de los ciudadanos no parece que entre en sus preocupaciones. Esta comedia resalta el escaso respeto que tienen los independentistas catalanes a la ley y a los símbolos, pero lo más llamativo y preocupante es lo poco que al tripartito le importan las tareas de gobierno. Sólo tienen interés en estos juegos florales, estas ferias de la estupidez que sólo sirven para entretener a unos políticos de una nula categoría.

Esta nueva guerra de las banderas es una primera señal clara y nítida de que las cosas no han cambiado en Cataluña. Se habrán tachado algunos nombres y anotado otros en la nómina de las consejerías, pero el fondo excluyente, sectario y nacionalista es el mismo que en el anterior tripartito. Se empieza por las banderas y se continúa por la persecución del castellano, por el insulto a todo lo que no sea catalán, por la burla a la corona de espinas y por el fomento del odio hacia el resto de España.

Nos habían vendido que, con el nuevo tripartito, las cosas iban a cambiar. Pero tanto unos como otros son incorregibles. Y aún debe dar gracias Montilla a que, por el momento, Carod Rovira haya preferido mantenerse en un segundo plano; en cuanto le entren las ganas de chupar cámara ya puede irse preparando Montilla. Ni con clases de catalán va a parar sus socios de gobierno. Si son incapaces de frenar la plaga de okupas que padece Barcelona, no parece que vayan a poder hacer mucho con sus propios colegas. Esto no ha hecho nada más que empezar.

Más sobre el 11-M
EDITORIAL Libertad Digital 6 Diciembre 2006

Las revelaciones sobre la trama del 11-M que ha ido ofreciendo el diario El Mundo a sus lectores a lo largo de la última semana ponen de nuevo en entredicho la versión oficial de los hechos, la misma que, a pesar de todo, sigue adelante en el juzgado de Del Olmo. Primero supimos que en el asunto de los explosivos, Goma 2-Eco exactamente, figuraban algunos miembros de la Policía Nacional que se encontraban en la Comisaría del Puente de Vallecas la noche del 11 de marzo. Esto no tardó en traer cola, y no precisamente por esta desafortunada circunstancia sino porque de las cuatro detenciones que se practicaron, dos correspondían a los agentes que supuestamente habían filtrado la información al diario.

El enredo tras el desmantelamiento de esta trama de tráfico ilegal ha sido mayúsculo. Se han sucedido los arrestos y, aunque parezca mentira, los confidentes, los que han denunciado el presunto delito, han recibido el mismo trato que los denunciados. A algo inaudito como poner a la misma altura a denunciantes y denunciados le ha sucedido este martes el penúltimo capítulo de una historia que promete continuar. Uno de los confidentes se habría intentado suicidar mediante la ingesta de fármacos tras prestar declaración en la Audiencia Nacional. Las resonancias sicilianas del sumario del 11-M son cada vez más evidentes, aunque ni el Gobierno ni sus terminales mediáticos quieran verlo e insistan en marear la perdiz como si aquí no estuviese pasando nada.

Como si de un árbol se tratase, la investigación del 11-M está empezando a ramificarse en sumarios paralelos que cursan delitos relacionados directamente con la masacre de Madrid. El último ha sido el de la denuncia efectuada por Abdelkader Farssaoui, conocido por la Policía como Cartagena. Que Farssaoui sea de origen magrebí y confidente de la Policía no hace sino ponerle en el mismo lugar que otros confidentes famosos como Jamal Ahmidan, alias El Chino, sobre cuyo cadáver ha caído gran parte de la culpa de los atentados.

Las acusaciones de Farssaoui son de extrema gravedad. El confidente ha denunciado que ciertos agentes de la Policía le pidieron que no proporcionase información alguna a Del Olmo, que ocultase las relaciones entre etarras e islamistas, que acusase de islamismo a personas que no lo eran y, por último, que estos mismos agentes le indicaron que acudiese al piso de Leganés la mañana del 3 de abril de 2004, es decir, horas antes de que ese piso fuese oficialmente localizado por la Policía.

Con las investigaciones de Luís del Pino y El Mundo en la mano sospechábamos todo lo que Farssaoui denuncia. Sabíamos que se ha intentado tapar todo lo relacionado con la ETA en la masacre y que es muy probable que exista una consigna política para no investigar a la ETA en este tema. Sabíamos que había presuntos islamistas –como El Chino– que, en realidad, no lo eran en absoluto. Sabíamos también que se ha venido dando información falsa o falseada al juez del Olmo. Y sabíamos que el piso de Leganés esconde aun muchos secretos que están empezando a desvelarse tímidamente.

La carta que ha dejado Farssaoui sobre la mesa es de una trascendencia tal que exige la reacción inmediata por parte de la Audiencia Nacional. Si es cierto que miembros de la Policía Nacional han tratado de entorpecer la investigación deben ser procesados sin demora. Si, por el contrario, las acusaciones de Farssaoui son simples fabulaciones la Justicia no debe permanecer impasible.

Constitución, uso y abuso
Por Benigno Pendás ABC 6 Diciembre 2006

«POR fin, la nación española se va a juntar en Cortes...». El corazón de Jovellanos salta de alegría en el pecho, cuenta el propio don Gaspar en su famosa «Memoria» en defensa de la Junta Central. Casi dos siglos ya. Aquí estamos, a pesar de algunos, y aquí vamos a seguir, en el único lugar posible y deseable para una gran nación a estas alturas del tiempo histórico. Constitución significa legitimidad moral y política. Con su grandeza y sus servidumbres inevitables. Cumple veintiocho años: ha ganado una madurez respetable y ha perdido, como era de rigor, algo de aquella feliz inocencia. Mucha gente conserva el folleto descolorido, tal vez amarillo en origen, que el gobierno Suárez repartió para el referéndum.

Unos cuantos, por oficio y vocación, coleccionamos ejemplares en diferentes formatos y calidades. Los más afortunados guardan como tesoro cívico algunos documentos del proceso constituyente. Por ejemplo, esta portada de ABC, el 15 de mayo de 1977: «Después de la renuncia, Don Juan de Borbón dijo a su hijo: Majestad, España sobre todo». Palabras de Rey a Rey que valen por mil tratados doctrinales. El fundamento de la Constitución se llama España, patria común e indivisible, vertebrada por una organización territorial que conjuga los principios de unidad, autonomía y solidaridad. Todos sabemos qué significa el artículo segundo. Desde el Tribunal Constitucional, otra vez puesto a prueba, hasta el más lego en sutilezas jurídicas. Nación es España. Soberano, el pueblo español. A partir de ahí, empieza el debate político.

Una Constitución es mucho más que una hoja de papel. Es el símbolo de la razón ilustrada, la poliarquía y el Estado de Derecho, la sociedad de clases medias y el sistema económico que ha producido más riqueza para más gente desde la prehistoria hasta el siglo XXI. ¿Quién ofrece algo mejor? Hay problemas, sin duda. Aquí y en todas partes. La democracia es imperfecta y sufre para determinar cuál es el «demos» en tiempos de globalización y localismo, curiosa paradoja. La izquierda se deja querer por la tentación posmoderna. La derecha no siempre acierta con el discurso pertinente. Pero la política es un saber prudencial, incómodo para los dogmáticos y los perfeccionistas. Esta Constitución dice -más o menos- cómo es España, con sus virtudes y sus defectos. Por eso sirve y seguirá sirviendo como seña de identidad, aunque no debería cumplir los treinta sin afrontar las reformas que demanda la experiencia, el guía menos engañoso de las opiniones humanas. Estamos todos de acuerdo en modificar el artículo 57 para equiparar al varón y la mujer en la sucesión a la Corona.

Ocurrencias al margen, ya sabemos la finalidad y el procedimiento. Habrá que encontrar el momento. Las otras propuestas gubernamentales arrastran una vida lánguida, lastradas por falta de consenso. Está bien orientada la referencia a la Unión Europea. Suscita dudas la mención por su nombre propio de las Comunidades Autónomas, tal vez una trampa semántica bajo apariencia inocua. Conviene tener ideas claras respecto del Senado. La Cámara alta es la clave de bóveda del Estado autonómico y no el salón de embajadores para una supuesta fórmula confederal. Por ahora, una reforma aislada del Senado equivale a empezar la casa por el tejado.

Tomar la Constitución en serio es algo más que un buen consejo. Es una prueba de civilización, nada menos. Ante todo, una norma jurídica no es una declaración retórica. El buen uso de la ley excluye siempre el abuso. Por eso, cuando dice nación española integrada por nacionalidades y regiones es porque no admite ninguna otra, ni política, ni cultural, ni deportiva.

Hace tiempo que está en marcha un proceso de degradación de la Constitución como norma. Entre otras razones, por el concepto equívoco de «bloque de la constitucionalidad» y por la equiparación de la palabra de su intérprete principal con la voluntad material del poder constituyente. No es una polémica para leguleyos. Las consecuencias son muy graves: hay quien pretende alterar la norma fundamental sin tocar una sola coma del texto. Regreso al pasado: otra vez la Carta Magna convertida en adorno literario, reflejo de la soberanía que se diluye en una imaginaria «gobernanza multinivel». El Estado residual, la relación bilateral, la financiación privilegiada o el blindaje competencial no caben en esta Constitución sin forzar la letra hasta destruir el espíritu. Tampoco, por supuesto, el derecho -aunque sea disfrazado- a que la parte decida por el todo.

¿Qué pretende el último documento ideológico del PSOE? Esa no es nuestra Constitución, sino una sombra despojada de su raíz histórico-política. Aquí no encajan el laicismo radical, el relativismo multicultural o la supuesta pluralidad de «códigos éticos». El Estado de Derecho no ampara la discriminación de la mujer, la guerra contra el infiel o los guetos étnicos y culturales. Ha costado siglos construir una sociedad abierta. Por ahora, sólo arraiga en los pueblos capaces de conjugar la Antigüedad clásica con las raíces cristianas: Atenas, Roma, Jerusalén. Los ideólogos socialistas deben revisar sus criterios a la luz de la socialdemocracia moderna. La izquierda ilustrada rechaza sin excepción las tesis comunitaristas. La «educación para la ciudadanía» rompe la neutralidad del Estado hacia la libertad de conciencia, como se desprende de una lectura sin prejuicios de J. Rawls. Si al presidente del Gobierno le interesa tanto como dice la obra de Ph. Pettit tendrá que leerla entera: también cuando el filósofo asegura que la oposición tiene derecho a acceder a la información relevante sobre los asuntos de Estado. Competencia «epistémica», la llama con exceso de pedantería. ¿Cumple Zapatero este requisito en el caso de ETA? Es fácil rellenar un discurso a base de adjetivos: democracia «participativa», «deliberativa», también «inclusiva». Lo difícil es contribuir con buenas prácticas a promover una democracia de calidad.

El PP, por su parte, presenta una oferta sólida de reforma constitucional, con buen perfil técnico y ambición política limitada. Asegurar el consenso para las grandes leyes, fijar y garantizar el núcleo duro de las competencias estatales y dar contenido preciso al principio de solidaridad son propuestas atractivas, al igual que mejorar la gestión común en materias como inmigración, agua, suelo o respuesta a las situaciones de crisis. No es buena idea, en cambio, insistir en los principios como eje de la técnica legislativa: incorporar la «lealtad» y reiterar conceptos que ya están más o menos presentes significa dejar otra vez el futuro en manos de intérpretes omnipotentes. Si habla el titular de la soberanía, que declare su voluntad sin elipsis ni rodeos. Debe decir qué quiere y cómo desea que se haga. Necesitamos una Constitución de normas y no de principios. Por eso es un acierto plantear la supresión de la disposición adicional cuarta: sobre Navarra, todo menos ambigüedad. Queda pendiente el gran debate con respecto a la fórmula electoral, algo así como la «providencia al por menor» que diría Hegel. Cuando el poder está en juego, las cosas se ponen serias. La clave es sencilla en teoría pero casi imposible en la práctica: en democracia, los pactos y coaliciones son legítimos siempre y cuando no afecten a la arquitectura institucional. Dicho de otro modo: no vale cambiar votos por estatutos. Si se alcanza tan improbable acuerdo, ni siquiera hace falta modificar la letra. Para refrescar la memoria: Rajoy ya lo propuso al principio de la legislatura...

Día de la Constitución, fiesta austera sin triunfalismo ni derrotismo. Preocupados, pero ajenos a la nostalgia o a la tristeza cívica. 1978-2006: veintiocho años para la mejor Constitución de la historia de España. «Tempus fugit».
BENIGNO PENDÁS, Profesor de Historia de las Ideas Políticas

Del 98 a hoy
Necionalismo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Diciembre 2006

Por doquier sorprende el fuego de artificio identitario, sus chispazos ancestrales. Y llama la atención que, en pleno despliegue nacionalista, tan poca novedad aporte la doctrina. Inferimos que se trata de lo de siempre: fiebre alta, visiones, pereza, romanticismo regurgitado, ansia infinita de riqueza.

Todo nacionalismo exige el sacrificio de la libertad. La razón es simple: los seres humanos (y aun las bestias) sitos en el territorio elegido (siempre lo es) se ven obligados a imitar en sus conductas, en sus desahogos e idioma, en su forma de trabajar y de amar, el imaginario amañado que produjeron unos fanáticos y difundieron unos oportunos financiadores. Así, el doctor Robert (no confundir con el de los Beatles) necesita en algún momento de su posteridad la concurrencia del banquero Pujol. Con tesón, se inoculará hasta tal punto el virus en los casuales habitantes del nordeste peninsular que escolares y artistas, periodistas y tenderos imitarán fantasmagorías seculares. Realidad que imita, no al arte, no a la ficción, sino a la pesadilla.

Una colección de enajenados sin medicar acaba pareciendo, con el tiempo, una generación intelectual. Hace más de un siglo que la broma periférica se vistió de largo para celebrar a su manera el Desastre del 98. Lo producido era terrible, pero era. Vertidos –o escritos– que hoy permiten establecer la inequívoca adscripción de los padres de la cosa: racismo, eugenesia, frenología...

Pero escribieron, orates y todo. Por el contrario, ¿en qué consiste ahora el nacionalismo periférico y antiespañol? ¿De qué se nutre? ¿En qué se basa? ¿A dónde apunta? Fatalmente absorbidos los ismos ideológicos por el tornado posmoderno (la era del vacío y tal), a la política no le queda estrictamente ni la propaganda; le queda la mera publicidad. Simplicísima, reiterativa, burdamente emocional. Como resultado, el desafío ni siquiera es el nacionalismo; es el necionalismo. Ni caso.

Reflexiones para el 6 de diciembre, día de la Constitución: ¡Insensatos, respetad la Constitución!
Francisco Rubiales Periodista Digital 6 Diciembre 2006

España, en estos momentos difíciles, cuando la irresponsabilidad de los políticos profesionales y de sus partidos han dividido la sociedad en dos y el país parece a punto de quebrar su unidad por culpa del nacionalismo insaciable y de la frívolidad y debilidad del gobierno, necesita más que nunca respetar la Constitución de 1978 y abrazarla como la mejor manera de preservar la convivencia y la paz.

Durante todo el siglo XIX y la primera mitad del XX España vivió sacudida por los constantes enfrentamientos civiles. Pero en 1978, las distintas fuerzas políticas españolas, que hasta entonces se habían esforzado en el enfrentamiento mutuo, hasta el punto de degradar tanto la democracia que pudo ser abatida por el Franquismo, se mostraron dispuestas a convivir en paz y armonía, introduciendo factores de moderación y entendimiento. Aquel clima hizo posible la constitución de 1978.

Hoy, con tan sólo 28 años de vida, aquella Constitución que trajo a España los raros frutos de la convivencia en paz y la prosperidad, está de nuevo amenazada por los mismos de siempre, por esos políticos insensatos que hicieron de España un infierno en el pasado. Por ello le gritamos: “¡Insensatos, respetad la Constitución!”

Nadie debe, ni legítimamente puede, poner en riesgo la convivencia y los logros alcanzados. Quien lo hace (y son muchos los que, frívolamente, lo están haciendo), demuestra su vileza y odio a la verdadera democracia, anteponiendo las conveniencias de partidos o los intereses electorales al bien común.

Desde estos presupuestos y desde la necesidad real de preservar la democracia española, hoy en peligro, llamamos a todos los partidos, fuerzas sociales y ciudadanos a asumir la defensa de este marco de convivencia que es la Constitución de 1978, preservándola de los ataques irresponsables que lanzan contra ella los insolidarios y totalitarios que se camuflan en la política española.

Nos preocupa el uso sectario que se pretende hacer de nuestra Constitución al querer
vincularla a la Constitución de 1931, gesto que esconde la intención de retrotraernos a la época más radical y cruenta de nuestra historia. El proceso constituyente de 1978 no es comparable al de 1931. La actual es fruto del consenso y de la unión, mientras que la de 1931 nació en un clima de enfrentamiento y división que, irresponsablemente, algunos parecen querer recuperar.

Es cierto que la Constitución de 1978 es imperfecta y que necesita reformas. Pero hoy, sobre todo, necesita respeto.
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Iglesia y nacionalismos
Editorial ABC 6 Diciembre 2006

UN grupo de religiosos -entre los que se hallaban los obispos auxiliares de Gerona y Barcelona- políticos e intelectuales, reunido en Barcelona el pasado fin de semana, ha puesto de manifiesto su discrepancia con la instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal, «Orientaciones morales sobre la situación actual de España», sobre todo en cuanto al tratamiento que este documento dispensa a la unidad nacional de España y a los nacionalismos. Para algunos miembros de este colectivo, denominado «Grup Sant Jordi», la jerarquía católica española ha actuado como «correa de transmisión de FAES y del PP». Otros, como Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat, emplazaron a los obispos catalanes a reclamar una modificación de la estructura de España, «política y también eclesialmente». Fue, por tanto, un acto de carácter marcadamente nacionalista.

Refiriéndose a la instrucción pastoral sobre España, el arzobispo de Pamplona, monseñor Fernando Sebastián, decía en la Tercera publicada el lunes por ABC -y suscrita también por Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal-, que «la unanimidad estrictamente dicha hubiera sido deseable, pero es muy difícil o imposible de obtener en textos tan complejos, como muestra lo acontecido también en el Concilio Vaticano II, cuyos documentos no fueron en ningún caso aprobados por todos los padres conciliares». Por tanto, que existan voces discrepantes en el seno de la jerarquía católica española ni es nuevo ni deslegitima las conclusiones aprobadas por la mayoría. Sin embargo, la instrucción aprobada por la Conferencia Episcopal presenta unas condiciones que refuerzan su valor pastoral frente a actitudes críticas que responden, como las del «Grup Sant Jordi», a enfoques particularistas sobre el papel de la Iglesia y sus criterios sobre la situación de España.

Durante mucho tiempo se ha criticado a la jerarquía española de la Iglesia que no fuera suficientemente explícita en sus juicios sobre el terrorismo y el separatismo, pero también sobre la vigencia de los valores morales en el ejercicio de la política y de la legislación. Es más, buena parte de esos requerimientos de claridad eran una reacción a la aparente pasividad frente a determinados sectores de la Iglesia que tomaban partido por opciones nacionalistas. Algunos incluso, aun minoritarios, que disculpaban y legitimaban la violencia terrorista. Pues bien, la Conferencia Episcopal ha fijado su posición sobre estas cuestiones, ya anticipadas en parte con el documento de 2002 sobre terrorismo, con una instrucción pastoral realmente modélica, tanto en el fondo de sus argumentos -reflexivos, autocríticos, nada complacientes- como en la forma de exponerlos -moderada, sin descalificaciones-, secundando el estilo que marcó Su Santidad Benedicto XVI con su discurso en Valencia durante el Encuentro Mundial de las Familias.

Es decir, se trata de una pastoral para la integración de todas las opiniones que pueden registrarse en el seno de la jerarquía católica. La falta de unanimidad no es, en tales condiciones, una tacha para la actitud de la mayoría, sino más bien un indicio de falta de flexibilidad en los discrepantes. Como señalaba monseñor Sebastián en la Tercera de ABC, «hay que notar que el procedimiento por el que se estudian y aprueban las declaraciones del episcopado no es nunca el de la negociación de los principios». Y como tal -es decir, como un principio pastoral- debe considerarse la opinión de los obispos cuando califican la unidad de España como un elemento del «bien común». ¿Es una extralimitación defender moralmente una unidad nacional construida por la historia, la cultura y la voluntad constitucional, y que ha permitido la creación de un Estado democrático y de Derecho? Con otros términos, y para que pueda apreciarse mejor la objetividad de la pastoral, cabe señalar que la Conferencia Episcopal ha recogido el criterio del derecho internacional sobre la autodeterminación y la conservación de la integridad territorial de los Estados, constatando que España es un estado democrático en el que no hay minorías sojuzgadas ni colonizadas a las que pudiera amparar el derecho a la secesión. Por eso, las opiniones críticas vertidas en Barcelona contra el documento de la Conferencia Episcopal, en las que subyace esa tendencia segregacionista tan arraigada en los sectores religiosos identificados con los nacionalismos, yerran doblemente: primero, por no asumir la realidad histórica y democrática de España; y segundo, por negar al episcopado español lo que se atribuyen a sí mismos, es decir, el derecho y el deber de juzgar con criterios pastorales el debate sobre la unidad de España.

Chávez y ETA
Los amigos de los amigos de Zapatero
GEES Libertad Digital 6 Diciembre 2006

Acostumbrados estamos ya a las escandalosas noticias que vienen de los favores chavistas a etarras en Venezuela. Pillado de nuevo despistado, el Gobierno ha reaccionado como lo viene haciendo cada vez que ETA le da un susto: confirmar, verificar, evaluar y contrarrestar información. "Hay que esperar para ver si toda la información fuera exactamente así, por si se hubiera producido la consumación de esas adquisiciones de nacionalidad", hacer "la evaluación oportuna" y adoptar "la iniciativa o respuesta que corresponda", ha dicho Zapatero en Dakar, antes de desaparecer sonriendo en la espesura de la selva africana.

Zapatero el progresista vuelve a meter en un lío a su ministro del Interior. Rubalcaba lleva semanas haciendo equilibrio entre calmar a ETA por las acciones policiales y despistar a la sociedad española por los desplantes etarras. Ahora, pillado una vez más en fuera de juego, pide desesperadamente tiempo, y consciente de la gravedad, anuncia que de confirmarse la noticia, será "inaceptable". El ministro del Interior tiene razón, y conviene que se lo recuerde a su presidente; es del todo inaceptable que un país beneficie al por mayor a los asesinos de cuarenta españoles, y es exigible que el Gobierno tome las medidas oportunas contra el responsable.

El Gobierno ya se ha dirigido a Chávez pidiendo explicaciones. Es de esperar y de exigir que el régimen de Chávez dé marcha atrás y anule las indemnizaciones y las próximas nacionalidades de los etarras, una vez que ha sido pillado in fraganti. La cosa estaría clarísima si Zapatero no fuese devoto seguidor del sectarismo ideológico más atroz. Por eso tampoco sería extraño que tanto Chávez como Zapatero se dediquen a dilatar el asunto en el tiempo, disimular y despistar hasta que la cosa ya esté hecha, o que el petrotirano venezolano se pase el escándalo por donde suele. En cualquiera de los tres casos, la relación entre ambos salta de nuevo a la luz.

Típico representante de la pequeña burguesía europea, Zapatero es un revolucionario de sillón, que jalea el progresismo izquierdista cuando sus víctimas se encuentran, a poder ser, bien lejos. Desde tan cómoda posición, ha aplaudido entusiasmado las andanzas de Castro, Morales y Chávez en los últimos años. Pero ignora por completo que Chávez vive en una continúa orgía de poder, amasando el que ya tiene y aumentándolo por todos los medios, legales, ilegales, pacíficos o violentos. Sentado sobre una balsa de petróleo, se cree capaz no sólo de alimentar a los grupos terroristas hispanoamericanos sino de premiar a los terroristas de medio mundo, incluidos etarras. Al fin y al cabo todos son hijos de la revolución.

¿Creía Zapatero que el chavismo no le salpicaría? Al final las andanzas chavistas han salpicado su propia agenda política en un momento delicado. Y es que, para Chávez, en la gran familia revolucionaria caben todos, etarras incluidos. Autoproclamado sustituto de Castro en Iberoamérica, Chávez elige a sus propios amigos españoles, Zapatero y la ETA. Y ahora que la cosa está clara, Zapatero no tiene excusa para exigir al dictador venezolano que elija entre unas amistades u otras. Que elija ahora y lo haga para siempre.       GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Grupos de encapuchados atacan un juzgado de paz y varios cajeros automáticos en Vizcaya
Ep - Madrid.-  La Razón 6 Diciembre 2006

Un juzgado de paz de la localidad vizcaína de Lekeitio y tres cajeros automáticos de otras tantas sucursales bancarias de Plentzia, también en Vizcaya, fueron acabados durante la noche por desconocidos dejando daños materiales pero no personales, según informaron fuentes de la Ertzaintza.

Hacia las 23:55 horas, un grupo de desconocidos atacaron tres cajeros automáticos de las entidades del BBK, BBVA y La Caixa en la calle Rivera de Plentzia, quedando los dos primeros de ellos completamente calcinados, mientras que en una de las sucursales la fachada quedó algo ennegrecida. Posteriormente, en torno a las 0:10 horas, un grupo de desconocidos atacaron el juzgado de paz de Lekeitio, en la calle Atea, «rompiendo los cristales y lanzando varios cócteles a su interior».
El ataque provocó daños en el mobiliario de la sala de espera y dejó ennegrecido el interior del recinto, según la citada fuente. Los ertzainas desplazados al lugar de los hechos pudieron sofocar el incendio con extintores, pese a lo cual los bomberos también intervinieron para terminar las labores de extinción.

Anoche, un grupo de encapuchados había atacado hacia las 21:30 horas un autobús de la compañía EuskoTren, que quedó calcinado tras ser rociado con líquido inflamable en la calle Ibaiondo de la localidad guipuzcoana de Azpeitia. Los tres atacantes esperaron a que el autocar llegara a la parada para subirse a él y obligar a desalojar el mismo al conductor y a dos viajeros, que no sufrieron heridas, según informó la Ertzaintza.

MARÍN TUVO QUE PROHIBIRLAS ANTE LOS CONTINUOS ABUSOS DE ERC
La pretensión de los nacionalistas de imponer las lenguas autonómicas paraliza la reforma del reglamento del Congreso
El presidente del Congreso, Manuel Marín, no consiguió este martes su propósito de impulsar la reforma del Reglamento de la Cámara antes de Navidad dado que los grupos minoritarios nacionalistas intentaron imponer el uso de las lenguas autonómicas, a lo que se negó el PP. Marín ya permitió el uso restringido de las lenguas cooficiales al principio de la legislatura, pero finalmente tuvo que prohibirlas por los continuos abusos de los nacionalistas, que en algunas ocasiones llegaron a cuestionar su autoridad. Los nacionalistas, en cuyas manos están las Cortes españolas, se sienten "rehenes" del PP.
Agencias Libertad Digital 6 Diciembre 2006

Tras una ronda de contactos con los líderes de las formaciones parlamentarias, incluyendo una entrevista con el presidente del PP, Mariano Rajoy, Marín llevó a la Junta de Portavoces del Congreso su propuesta de impulsar esta reforma reglamentaria, pendiente desde hace décadas, mediante la separación de los textos sobre los que se ha venido trabajando en los últimos meses. Así, planteó aprobar por un lado el Reglamento, con rango de ley y donde no se mencionarían las lenguas cooficiales, y por otro lado unas normas de funcionamiento por acuerdo de los grupos, donde se podría permitir un uso restringido del catalán, gallego y euskera, siempre breve y seguido de traducción.

ERC y los nacionalistas, aceptaban esta forma imponiendo que ambos textos se aprobasen al mismo tiempo y se les garantizase la consolidación de ese uso de las lenguas cooficiales que Marín ya llevó a la práctica a principios de legislatura. Sin embargo, el PP se negó a dar su aval al empleo de los idiomas cooficiales alegando que el castellano es el único oficial en el conjunto del país.
En ese contexto, se descartó la idea de incluir en los plenos que restan para Navidad el debate de totalidad del Reglamento del Congreso. Según el 'popular' Eduardo Zaplana, "Marín ha tirado la toalla", aunque el resto de grupos no descartan nuevos intentos para acometer la reforma. El propio presidente de la Cámara ha comentado ya que no se da por vencido y que lo seguirá intentando en lo que resta de legislatura.

Zaplana aplaudió el "último intento" de Marín pasa sacar adelante los cambios, pese a que "sabía que estaba condenado al fracaso" porque, aunque los grupos mayoritarios tenían un acuerdo sobre los puntos fundamentales de la reforma, "los nacionalistas no están de acuerdo en que el castellano sea la única lengua". "En el Parlamento español se tiene que hablar la lengua oficial de España", sentenció. En este sentido, acusó al PSOE de "cargarse" la reforma porque, en su opinión, los socialistas están "presos" de los "nacionalistas radicales". "Todas las decisiones de esta legislatura están marcadas por la influencia decisiva de los nacionalismos radicales --enfatizó--. A este paso, mientras gobiernen los socialistas jamás tendremos nuevo Reglamento", proclamó.

Los nacionalistas catalanes, "rehenes" del PP
Las formaciones nacionalistas reprocharon al PP que no se pliegue a sus deseos. Joan Herrera, portavoz de IU-ICV, dijo con gran victimismo que "somos rehenes de Zaplana y Acebes", sin recordar que son precisamente sus votos los que ayudan a Zapatero a sacar adelante cualquier tipo de ley sin el acuerdo del PP, pese a que esta formación representa a millones de españoles y la de Herrera a un puñado.

Para el radical nacionalista Joan Tardá, portavoz de ERC, Marín se ha encontrado hoy con un "terraplén enorme, que es la intransigencia del PP y la incapacidad del PSOE para convencerle". En su opinión, es una "vergüenza" que se "hipoteque" su aprobación por la "incapacidad" de ambas formaciones de ir "normalizando" los usos lingüísticos. Tardá admitió que quería aprobar también el reglamento del Congreso sin el PP, como vienen haciendo los nacionalistas durante toda la legislatura en respuesta al pacto del Tinell que excluye de la vida política al único partido de la oposición.

Sin embargo en el PSOE ha mostrado un poco de cordura en esta ocasión. Su portavoz parlamentario, Diego López Garrido, garantizó que su formación aceptaba "cualquier fórmula" sobre las lenguas. Eso sí, rechazó la idea de aprobar las normas de funcionamiento del Congreso sin el PP, alegando que esta cuestión como las leyes electorales y las reformas constitucionales deben aprobarse por un "consenso prácticamente unánime". Según dijo, el Grupo Popular deseaba un pacto con el PSOE dejando fuera "a todos los demás", lo que los socialistas no aceptan y tampoco quieren un acuerdo con las minorías sin el PP.

La Generalitat fomenta las compras en catalán
ABC 6 Diciembre 2006

La Secretaría de Política Lingüística de la Generalitat ha creado una página web (www. gencat.cat/llengua) que recoge los productos en lengua catalana existentes en el mercado con el objetivo de facilitar la elección de regalos durante estas fechas navideñas. En este espacio virtual pueden encontrarse productos de telefonía, informática, nuevas tecnologías, juegos, cartelera de cine y novedades de DVD en catalán que pueden encontrarse en el mercado. Además, la página web enlaza con el apartado virtual del Consorcio para la Normalización Lingüística que recoge tradiciones navideñas como el tió, los villancicos o la carta para enviar a los Reyes Magos. Por otro lado, el Centro de Terminología ha elaborado un «Diccionario de juguetes en línea».

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