AGLI

Recortes de Prensa     Martes 26  Diciembre  2006
2006 o la “apoteosis” de Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital 26 Diciembre 2006

Ha sido un año políticamente denso. Avanzado su segundo año de mandato, metido ya en el “paso del ecuador”, Zapatero ha dado la medida de sus capacidades y de sus intenciones. El 2006 significará la “prueba del nueve” para un estadista que aspira a renovar mandato presidencial en el 2008. Pero este año que acaba de terminar ha sido la etapa en que los españoles hemos visto más de cerca el deterioro y la alarmante crisis de nuestra identidad. Como diría de sí mismo aquel ministro cínico que aborrecía el franquismo, pero hacía carrera con él, los españoles ya no sabemos si somos de los nuestros. Se nos están yendo entrañables pedazos de España, una España con Estado de quinientos años, por el sumidero de una historia reinventada.

Paradójicamente, el 2006 no ha conocido un terrorismo nacional, distinto del islámico anterior, con responso y funerales. Zapatero ha jugado con la identidad del país sin tener que presidir un entierro por la acción de ETA. La banda, en contacto con el Gobierno aunque éste lo haya negado mientras ha podido, ha dejado de disparar “a cambio de”. Ha sido el año de los “precios políticos” comerciados, con avances y retrocesos, regateos bajo cuerda, sustitución de los grandes crímenes por terrorismo de segundo nivel, incruento pero no, como antes se decía, “de baja intensidad”, porque la intensidad, a través de las extorsiones, la kale borroka y la necesidad de protección personal policial o contratada, se ha mantenido en grado suficiente como para no justificar ningún alarde oficial de pacificación por la vía de un falsificado “proceso”.

Fracasó inicialmente el famoso Plan Ibarretxe, antesala de un independentismo descarado, pero se abrió paso un Estado catalán con cláusula de nación incorporada que el Tribunal Constitucional no logrará extirpar porque esa “mutilación” no entra en el sistema de pactos subterráneos. Entre todas las mentiras que se han expresado en el 2006, la única verdad con aspecto de serlo en el terreno de la cuestión soberanista y territorial ha sido la que acuñó el falso socialista, y efectivo nacionalista independentista, Pasqual Maragall, cuando dijo que la presencia del Estado en Cataluña pasaba a ser “residual”. Y aún fue tímido en su formulación.

Después vendría el Estatuto de Andalucía, ya camino de su validación bajo el aspecto de nación andaluza rebajada a la categoría de “realidad nacional”, concepto “made in Blas Infante”. Mientras tanto, al fondo del paisaje, espera Navarra, cuya foralidad se va desvaneciendo con el preasalto anexionista del nacionalismo vasco y la traición del socialismo estimulado por una Moncloa que desplaza del liderazgo de partido a Chivite en favor de un tal Puras.

El año 2006, por tanto, ha ofrecido la impronta de la desintegración de España y el desmoronamiento de su Constitución con el camuflaje del fraude estatutario. En la moderna historia europea pocas veces se habrá visto un artículo constitucional más vulnerado que el segundo de nuestra llamada “Carta Magna”, según el cual es “indisoluble” la unidad de la Nación española, “patria común e indivisible” de todos los españoles. Los Estatutos nuevos, y los proyectos de otros, van representando anticipos de miniconstituciones dirigidas a la fragmentación del país común.

Ha entrado en crisis el idioma de Cervantes en favor del idioma de Verdaguer allende el Ebro, con repercusiones prácticamente dictatoriales en la enseñanza, en la vida judicial, en el comercio, en la industria..., salvo, naturalmente, en la actividad editorial y en los periódicos que aspiran a venderse o conservar su clientela.

Un republicanismo rancio y nostálgico, no renacido del pueblo sino del rencor de un personaje concreto cuyo abuelo fue fusilado —como tantos otros desde cualquiera de los bandos—, intenta imponerse y configurar a España como un Estado no ya federal, sino confederal, ajeno a su historia salvo en el tiempo de la taifas y en el delirio cantonalista de la primera República.

ETA y el nacionalismo vasco se frotan las manos, mientras crecen otros apetitos nacionalistas en Galicia, Valencia, Baleares, Canarias... No se negará la existencia de esas tentaciones, sea como sea lo que decrete el futuro. El año 2006 ha enseñado las orejas en esos aspectos. Pero la única afición que el zapaterismo muestra es, como queda indicado, una alarmante dimisión —que no sólo división— del Estado en materias concretas, que han puesto en manos de las Autonomías competencias que éstas no saben afrontar o gestionar, según ha quedado demostrado con un sinnúmero de corrupciones, desatenciones y neglicencias ante catástrofes y calamidades, tanto ecológicas como urbanas, costeras como internas, marítimas como forestales.

La política exterior y la diplomacia no han sido durante el 2006 verdaderos modelos de solvencia. Nos hemos arrodillado ante el Reino Unido en la cuestión de Gibraltar, abandonado en poder de Londres un uso prácticamente exclusivo del aeropuerto, emplazado en un terreno que no estaba ni está cubierto jurídicamente por el Tratado de Utrecht. Los perjudicados directos han sido los aeropuertos de Málaga y Jerez, por ejemplo. No se han concretado garantías de un uso adecuado del Peñón contra narcotráficos y navegaciones peligrosas de submarinos atómicos o en reparación junto a la bahía de Algeciras.

El Zapatero que nos sacó de Iraq nos ha metido en Líbano y Afganistán sin grandes requisitos de seguridad, que ojalá no supongan consecuencias especialmente lamentables. Ahora bien, España, con ZP, se ha convertido en la gran inspiradora de la Alianza de Civilizaciones, mientras en nuestro territorio no hay garantías de control contra inmigraciones “inseguras”, tanto del Este como del Sur y de otras procedencias. Al final, lo que nos quedan son movilizaciones de Víctimas del Terrorismo, siempre bajo riesgo de ser reprimidas subrepticiamente desde el poder oficial.

El zulo
f.dominguez@diario-elcorreo.com Correo 26 Diciembre 2006

Lo último ha sido la aparición de un zulo en Vizcaya que demuestra que ETA está repartiendo explosivos entre sus células, por un lado, y que ya existen comandos organizados listos para entrar en acción, por otro. El gesto se califica por sí solo y viene a añadirse a otra serie de actuaciones igual de inquietantes que la organización terrorista ha llevado a cabo prácticamente desde el verano pasado.

Una de las hipótesis que se barajaba hasta hace unos días era la posibilidad de que ETA suspendiera la tregua. Pero tal vez la banda terrorista no necesite recurrir a esta opción, que sería previa a la ruptura oficial del alto el fuego, porque lleva meses comportándose como si ya la hubiera suspendido.

Lo que ha hecho ETA después del verano guarda un paralelismo estrecho con los últimos cuatro meses de la tregua de 1999. El 12 de julio de aquel año, ETA comunicó al PNV y a Eusko Alkartasuna que suspendía la tregua que había iniciado en septiembre del año anterior. Fue una decisión secreta de la que no tuvo conocimiento más que un reducido grupo de dirigentes de ambos partidos. Al dar cuenta de la suspensión, ETA puntualizó a sus interlocutores: «Eso no quiere decir que a partir de mañana comience a actuar porque esa es una decisión de la Organización».

Desde que ETA acordó la suspensión hasta que hizo pública la ruptura pasaron cuatro meses durante los cuales puso en marcha una serie de actividades logísticas para conseguir el material necesario para la vuelta a la actividad terrorista: asaltó el polvorín de Bretaña del que se llevó 8.000 kilos de explosivo, robó una troqueladora de matrículas y fracasó al intentar apoderarse de otra.

Además, comenzó a recoger información sobre objetivos, a organizar comandos, a enviarles coches robados con explosivo -como el que sirvió para matar a Fernando Buesa- y a poner toda la maquinaria del terror en marcha. Mientras hacía todo eso presionaba a PNV y EA para que aceptaran sus nuevas exigencias políticas.

La actuación de ETA desde finales del pasado mes de septiembre se parece estrechamente a la del tiempo de suspensión de la tregua de 1999: ha robado armas, se está aprovisionando de material electrónico para la confección de artefactos, está distribuyendo el explosivo que había robado antes de la tregua, tiene comandos organizados y a punto. Todo ello como si la tregua estuviera suspendida. Y mientras hace todo eso, sigue presionando al Gobierno para que acepte sus exigencias políticas.

Zulos de Navidad
El optimismo de los eunucos
Cristina Losada Libertad Digital 26 Diciembre 2006

A los primeros tiempos del gobierno de Zapatero les cuadraba, con algún que otro matiz, una expresión que Pío Baroja dedicaba, en uno de sus libros, a los próceres de la Institución Libre de Enseñanza. "En un país como España, decía el novelista, creo que vale más que haya descontentos que no señoritos correctísimos que vayan al laboratorio con una blusa muy limpia, hablen del Greco y de Cézanne, de la Novena Sinfonía, y no protesten, porque detrás de esta corrección se adivina el optimismo de los eunucos". No es que ZP y su equipo fueran tan correctos, y menos aún ilustrados, como los buenos profesores krausistas, pero se sostenían sobre un andamiaje de buenas palabras y buenos sentimientos, de apelaciones y lemas en los que resonaban los ecos, bien que vulgarizados y deteriorados, de aquellos "progresistas" del XIX que creían en la armonía universal. Claro que también se percibían los huecos. Las oquedades a las que aludía Baroja y otras más.

Aquella ola de optimismo, que llegó a adjetivarse de "antropológico", y creo que lo hizo el propio Zapatero, alcanzaría su culminación en la fórmula de la Paz que iba a conseguirse con la ETA. Con esos mimbres, se escribió el folletín de las Grandes Esperanzas, que fue distribuyéndose por entregas a lo largo de los meses, tanto antes como después del momento iniciático en que se anunció un extraño "alto el fuego permanente". Que la ETA declarara treguas cuando se encontraba débil, no era raro, pero sí que lo hiciera de consuno con el Gobierno de la Nación. Y ello no arrojaba dato alguno para sustentar el optimismo, sino todo lo contrario. Permitía sospechar que, además de estar débil la ETA, también el Gobierno había mostrado debilidad. Los hechos fueron confirmando la primera impresión. El entorno terrorista se convertiría en protagonista de la historia, o sea, se fortalecería. Y el Gobierno se vería reducido al papel del que va tapando como puede las pruebas que contradicen el idílico cuadro que ha pintado.

Los zulos de Navidad, mejor dicho, la reacción gubernamental a su descubrimiento, ejemplifica el paso de aquel derrame de almíbar y parabienes al suministro de engaños y embaucamientos; en suma, de aquel optimismo de los eunucos a este disimulo de la impotencia, que es la fase en la que se halla el gobierno desde que la palabrería buenista se ve confrontada por los malos acontecimientos. A Mesquida le ha tocado, esta vez, manejar la batuta del oficio de tinieblas consistente en negar la evidencia. No es que no tengan práctica ni que carezcamos sus espectadores de la costumbre de oírles tales desafíos, pero siempre asombra su imperturbable capacidad para encauzar la realidad por el embudo de sus deseos. ¿Cientos de armas robadas? ¿Miles de kilos de explosivos sustraídos? ¿Sinfín de coches y matrículas hurtados? ¿Un zulo en Vizcaya con sesenta kilos de material para fabricar bombas? Hagan la lista todo lo larga que quieran, que Mesquida y el Gobierno que lo nombró tienen las tragaderas de una ballena. Y pretenden que las tengamos los demás. Es decir, que aceptemos que el acopio de armas no significa que ETA se rearma y que la existencia de un zulo en Vizcaya demuestra que no hay nadie, pero nadie, por allí que se esté preparando para atentar. Sólo los eunucos bien adoctrinados, que los hay, pueden llegar a creer que la guerra es la paz.

Proceso de rendición
Second Life
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 26 Diciembre 2006

Progres, nacionalistas y pasteleros del centro (majaderos, enajenados y antiguos extremistas de derecha, respectivamente), todos ellos conciudadanos nuestros a su pesar, pueden haber encontrado la solución a los problemas que ellos mismos han creado. La clave está en el modo inédito en que afirman y afirman, sin descanso ni rubor, que están haciendo lo contrario de lo que hacen.

Se han inspirado en Second Life, la comunidad virtual donde cientos de miles de individuos viven sus vidas paralelas a través de "avatares", imitando mal que mal un universo real. Bidimensional e inodoro. Intangible e intacto. Indoloro. Con todo, uno puede hacerse rico en su segunda vida, medrar, mandar, saltar a medios de comunicación alimentados por supuestas agencias de noticias que informan sobre una presunta sociedad.

Debimos sospecharlo cuando la memorable cinta Matrix nos reveló la verdadera esencia de la nación catalana. ¿Por qué no iban a hacer el mismo trabajo los constructores de patrias alternativas con España toda? Acostumbrar a los ciudadanos al salto caprichoso entre vidas paralelas presenta ventajas asombrosas. Se puede, de entrada, violar la ley con desparpajo en el mundo que huele y que duele mientras se reafirma en pantalla –desde el avatar– el compromiso inquebrantable con el Estado de Derecho.

En una de las vidas que vivimos hay explosivos reales que revientan vehículos en nombre de las libertades colectivas. Y persiste una amenaza cierta y mortal. En la segunda vida, mientras tanto, se puede sostener sin pestañear que nada de todo eso está sucediendo. Que la amenaza cierta se llama paz. Que si algo explota no ha sido por obra de los libertadores. Y que si finalmente lo ha sido, ellos no tienen culpa. No se trata de terrorismo. No afecta al "proceso".

El verdadero proceso en marcha no es de paz sino de hipnosis. Hay acciones del mundo real que pueden ser obviadas en el trasunto virtual, como hay consecuencias que no quedan registradas en la memoria del sistema. Ay de aquel que ose irrumpir en Second Life con quejas o exigencias propias de la Primera Vida. Será, por definición, un farsante, un aguafiestas, un pirata. Como ese manifestante poliomielítico culpable de existir, sospechoso de nacimiento.

"Nuestra Constitución nos ofrece un marco amplio y generoso que asegura la convivencia en libertad de todos los españoles, el pleno ejercicio de nuestros derechos y la pacífica defensa de cualquier opción política. Por ello, en democracia, la única respuesta a la extorsión, la coacción y la violencia es la que resulta de la primacía de la Ley y del Estado de Derecho." (Juan Carlos I, Rey de las Españas)

2006, otro año perdido
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 26 Diciembre 2006

“Es imperdonable que los científicos experimenten con animales —decía Henrik Ibsen—, que utilicen periodistas y políticos...”. Tan irónica afirmación del dramaturgo noruego, creador del teatro de las ideas, viene a cuento siempre que se intenta hacer cualquier balance referido a la actualidad en un periodo de tiempo. La contemplación diaria de los acontecimientos nos da una medida vaga, imprecisa, de lo que pasa; pero la sistematización de esa mirada a lo largo, digamos, de un año nos permite entender el fondo de las cosas, el tinglado en el que se sustentan.

Así, visto en su conjunto y referido a la realidad española, se llega en seguida a la conclusión de que el año que ya acaba ha sido, en lo político, un año perdido. De hecho, los años sólo se pueden perder en la actividad política. En la cultura, en la ciencia, en el deporte, en el amor... cada día tiene su provecho. Algo se avanza con cada uno de sus minutos; pero el paso hueco de las legislaturas —el vertiginoso transcurrir del poder sin el cumplimiento de los programas establecidos— es, si bien se mira, un gran despilfarro. Se van perdiendo las oportunidades que nos ofrece la Historia y, en la disimulada competencia que hace prosperar a las naciones, los países retroceden y sus ciudadanos se empobrecen y menguan su entusiasmo; es decir, sus esperanzas cívicas.

El gran resumen del 2006, visto en esos términos, es idéntico que el de todo el periodo de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En los últimos treinta y pocos meses, el líder socialista no ha hecho nada más que equilibrios en la cuerda floja para sostenerse en el machito. De hecho, sólo hay tres capítulos de su actividad que, al tiempo que definen su estilo, agotan el contenido de un Gobierno tan escaso de fuerzas como corto de talento.

* ETA y el “proceso de paz”. El “proyecto”, algo menos que una entelequia, ha sido la obsesión de Zapatero en este año al que digo perdido. A falta de ideas de Gobierno, Zapatero se ha encelado con lo que, por lo que llevamos visto, no conduce a ninguna parte. Quiere ser el salvador de la Patria, el gran líder que nos redima de la angustia que genera el terrorismo; pero para eso hacen falta mayores enjundia y cacumen. ¿Cómo los etarras van a renunciar a una conducta que les da de comer y les mantiene en el primer plano del interés político a cambio de algo —valores democráticos y cívicos— que no les vale nada?

* Los Estatutos disolventes. Pasqual Maragall, personaje que no se debe perder de vista para el correcto análisis de Zapatero, consiguió el poder de la Generalitat, aun no siendo la cabeza de la lista más votada en las penúltimas elecciones autonómicas de Cataluña, en función de un pacto tripartito contra la lógica, la tradición y los supuestos ideológicos en juego, en el que se integraron una izquierda radical y un grupo separatista. Si eso es socialismo, que venga Pablo Iglesias y lo vea. De ahí, del apoyo de ese tripartito, llegaron los compromisos que Zapatero ha tratado de atender. El nou Estatut fue el principal de todos ellos y ya está vigente como una burla a la Constitución del 78 y con más mentiras y medias verdades de las que caben en el zurrón de un gobernante medianamente decente y cabal. Los demás andan de camino.

* La anulación del adversario. Aunque sin derecha no hay izquierda, y viceversa, la tercera de las patas en las que se sostiene el singular fenómeno Zapatero reside en la obsesión por la total anulación del PP y de cuanto significa el partido conservador español. Él sabrá por qué; pero, sin la posesión de algún código secreto, resulta imposible de entender el zapaterismo y sus obsesiones, ésta especialmente. Con tal intención demoledora, el presidente del Gobierno no ha reparado en gastos ni respetado ninguna frontera ética. Incluso no le ha importado reimplantar un espíritu de odios guerracivilistas que avive el enfrentamiento, ya muy difuminado, entre las dos Españas. Hay mucho de totalitario en esa contumaz posición.

Ése es el resumen de este último año. Todo lo demás ya entra en la grosería del detalle y en la hipervaloración de lo anecdótico. Quizás podría añadirse, más para el pasmo que para el análisis, la ineficaz actitud de enojo continuo del PP y de sus líderes, pero ésa es ya otra historia y, me lo temo, parece más cercana a la psiquiatría que a la política propiamente dicha. El precio por todo ello es un año perdido que, dedicado a lo que importa, hubiera resultado benéfico para la Nación o, por decirlo con más propiedad científica, la Nación de naciones en las que el demoledor Zapatero ha convertido a España. El año próximo, seguramente, será peor. Y con elecciones. Ibsen tenía toda la razón.

Rótulos en Cataluña
Desobediencia
Juan Carlos Girauta, www.libertaddigital.com  26 Diciembre 2006

Si quedara en nuestra anestesiada, mesmerizada, lobotomizada Cataluña el más mínimo rastro de dignidad cívica, las calles se llenarían de rótulos en castellano hasta que se derogara la liberticida norma. El imperio de la ley es concepto que apunta a quien se zafa por principio de su cumplimiento, o puede zafarse con facilidad: el poder; en especial, el ejecutivo. Que el ciudadano está sometido a las leyes es algo que va de soi. No acrecentaré el fárrago teórico de la desobediencia civil, pero a veces el ciudadano libre, para seguir siéndolo, se ha de plantar.

Sabemos que Sócrates bebió la cicuta siendo inocente, y que lo hacía porque las leyes se deben acatar, más allá de cualquier otra consideración. Conocemos el adagio dura lex sed lex, ley dura pero ley al cabo. Sí. Pero todo tiene un límite: si una trasgresión está hoy más que justificada es la de la normativa catalana que sanciona a los comercios por rotular en castellano.

No sólo no deberían pagar un céntimo los multados. Es que deberían mantenerse en sus trece, no someterse, no aceptar la invasión de su esfera privada, no servir de cordero sacrificial. Es más, si quedara en nuestra anestesiada, mesmerizada, lobotomizada Cataluña el más mínimo rastro de dignidad cívica, las calles se llenarían de rótulos en castellano hasta que se derogara la liberticida norma. Y todos habrían de sumarse –incluyendo a los más recalcitrantes nacionalistas– si mantuvieran una sombra de inteligencia práctica: en una guerra de imposiciones, el catalán sólo puede salir perdiendo.

Ninguna simpatía despertará, ningún atractivo le verá el castellanohablante a la otra lengua oficial si ésta siempre se le aparece excluyendo al castellano con multas y sanciones varias. El catalán es lo bastante importante como para que su aprendizaje y uso le merezca la pena al que no lo conoce desde la cuna. Con la inmersión lingüística de los infantes empieza el gran error: tratar de remodelar una sociedad que goza del privilegio del bilingüismo. Convertirla en monolingüe, a la larga, tras un largo camino de la diglosia.

Carod vivió el otro día un momento de lucidez que me recordó a Robert de Niro en Despertares. Soltó, de pronto, que había que despolitizar el catalán. ¿Lo habrían entendido por fin? La respuesta llegó en forma de multa a una tienda de frutos secos. 600 euros del ala por mantener cartelitos en castellano en el interior; los exteriores ya los habían cambiado. Ya los habían –en sentido estricto– corregido: rotular en castellano en Cataluña se reduce al error de no saber dónde se está, de creer que uno vive en España.

Pues eso. Hay leyes superiores que salvaguardan nuestro derecho a tan dulce error. Y aunque no las hubiera. La normativa de marras es totalitaria y es insoportable. No hay que cumplirla, hay que boicotearla. Y los primeros interesados son los defensores del catalán. Pero dudo que lo entiendan.

Declaraciones del tripartito en torno al decreto de la 3ª hora de castellano en primaria
Comunicado de la Asociación por la Tolerancia  26 Diciembre 2006

En Cataluña, donde no se respeta el derecho que asiste a los niños a recibir su primera enseñanza en lengua materna –gracias a la política lingüística de los distintos gobiernos autonómicos y al consentimiento, de mejor o peor grado, de todos los gobiernos centrales habidos– se ha producido una rasgada de vestiduras por parte de ERC, CiU, IC y, en menor medida, por el PSC a consecuencia del decreto que obliga a impartir una 3ª hora de castellano en primaria.

1.- Estas protestas airadas dejan al descubierto –una vez más– la auténtica preocupación de esos partidos en materia lingüística, que no es la de asegurar que los niños aprendan el catalán, sino el de impedir el conocimiento culto del español, que –dicho sea de paso– tampoco garantizaría en absoluto ese exiguo aumento de una hora semanal.

2.- Hay que seguir recordando que en Cataluña hay dos lenguas oficiales. Que eso significa que las Instituciones, incluida la escuela, tienen que utilizar las dos por igual. Que, al principio de la democracia, las medidas de fomento del catalán estaban justificadas por cuanto significaba romper el hábito de emplear sólo el castellano, aunque eso nunca debió justificar su exclusión.

3.- Con el Estatuto de 2006, esa exclusión del castellano aparece, por primera vez, en una ley del bloque constitucional, pero tiene antecedentes en algunas leyes de rango inferior, como en la de Política Lingüística de 1998; en decretos, como en los de Inmersión de 1993; o en multitud de resoluciones e instrucciones de principio de curso de los últimos años. Las vueltas de tuerca a la exclusión del español han ido en aumento, hasta situarlo por debajo del inglés, ya que los Centros tienen permitido, si cuentan con profesorado acreditado, impartir algunas asignaturas en esta lengua. De hecho, esto ya se está haciendo en algunos, y la idea es extender esta práctica a la totalidad de Centros. Para ello, se están subvencionando cursos intensivos en Gran Bretaña para aquellos profesores que ya tienen conocimiento previo de inglés. El argumento es que, para aprender bien una lengua, no basta con dar clase de esa lengua, sino que hay que contextualizar el vocabulario y las estructuras gramaticales en distintas áreas. Esta filosofía para el correcto aprendizaje de una lengua no se aplica al castellano, idioma que no aparece en momento alguno presente entre los objetivos del legislador.

4.- En esta situación, resulta increíble que se presente esa 3ª hora poco menos que como un ataque a Cataluña; como una injerencia del gobierno central en las competencias autonómicas. El gobierno, que tiene la obligación de garantizar la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, lo único que ha hecho con este decreto es un gesto, que en absoluto puede esconder la discriminació n a la que se ve sometido un sector muy importante de la población, ni el fraude que supone, para la totalidad, el privarles de la enseñanza de una lengua oficial que, además, es considerada como la segunda más importante en el mundo.

Barcelona, 20 de diciembre de 2006
Marita Rodríguez, Presidenta

El Olentzero nacionalista vasco le trae zulos por Navidad a Zapatero
Santiago Abascal elsemanaldigital 26 Diciembre 2006

El sustituto nacionalista de los "españoles" Reyes Magos le deja al presidente del Gobierno, junto a los calcetines, una prueba irrefutable de la consolidación del rearme terrorista.

25 de diciembre de 2006. Zulos con explosivos, ataques incendiarios a casas de ertzainas, autobuses y coches calcinados, sucursales bancarias devoradas por el fuego.

El Gobierno sonríe. Rubalcaba dice que las cosas van mejor, que sus dientes refulgentes lo demuestran. Algunos medios publican supuestas reuniones que reconducen la negociación hacia el éxito. El Ejecutivo tramposo convoca al líder de la Oposición para no contarle nada. Pero las cosas, nos dicen, van bien.

Batasuna dice que los optimistas sobre el proceso mienten, que el proceso sigue sin ser viable sin Navarra y la autodeterminación.

Ellos, en cambio, no mienten. ETA cavó un agujero hace dos días en los montes vascos para llenarlo de explosivos. Los explosivos sirven para matar. Mientras tanto, los etarras callejeros extienden su locura pirómana dando fuego a casas particulares, coches particulares, empresas particulares, autobuses públicos en los que se desplazan los vascos particulares. La sociedad civil vasca arde, pasto de las llamas del proceso.

Los Reyes Magos traen carbón a los niños malos. El Olentzero, invención nacionalista contra los españoles Reyes Magos de Oriente, nos trae zulos a los vascos indefensos porque Zapatero ha sido un niño malo.

Escribir más palabras sobre la cuestión sería escribir palabras vanas. Los hechos, por desgracia, son claros.

A pesar de todo, Feliz Navidad a todos. Disfruten de sus familias. Es lo verdaderamente importante.

Inglés y catalán nivel C
Cartas al Director La Vanguardia 26 Diciembre 2006

Algunos lo llaman reciprocidad, otros prefieren llamarlo discriminación. Juzguen ustedes si somos, o no, todos iguales ante la ley y las oportunidades laborales. Lo que no cabe duda es que estamos ante un proteccionismo decimonónico. ¡Increíble que esto lo defienda la izquierda!:

He llegado a Barcelona procedente de Inglaterra, donde he residido más de diez años. Sé que en estos momentos hay una gran demanda de profesores de inglés en las escuelas catalanas y he pensado que ésta sería una buena salida profesional, ya que tengo todos los estudios y la experiencia necesarios para ejercer como profesor de inglés.

Sin embargo, en el Departament d´Educació de la Generalitat me acaban de informar de que no puedo trabajar en Catalunya, ya que, a pesar de hablar catalán, no he pasado un examen de nivel en esta lengua denominado nivel C, que es un requisito imprescindible para cualquier individuo que quiera trabajar en un organismo oficial en Catalunya.

Para mí esto significa no poder ejercer mi profesión hasta que pueda obtener el título.

Si en Catalunya hay que demostrar que hablas y escribes bien el catalán para poder trabajar, los catalanes deberían demostrar que hablan y escriben bien el castellano mediante un examen similar cuando van a trabajar a escuelas, universidades u otros centros oficiales en el resto del Estado español.     David Álvarez. Barcelona.

DE DESASTRE EN DESASTRE
Recuento de la liquidación sigilosa
Por Cristina Losada Libertad Digital 26 Diciembre 2006

Al desplegar el mapa de 2006, a modo de juego de mesa, uno puede ir saltando, sin gran esfuerzo, de desastre en desastre como de oca en oca. De aplicar el aforismo periodístico: good news, no news (las buenas noticias no son noticia), éste ha sido un año abundante y pleno de material para el tratamiento mediático, sin descartar otros posibles y hasta necesarios, como el psiquiátrico.

Con exagerada frecuencia el analista, o sea, cualquiera que intentara entender lo que aquí estaba ocurriendo, tuvo que echar mano de la interpretación de los sueños o de la adivinación. Una parte sustancial de la política se ha sumergido en la penumbra, y otra en la oscuridad absoluta. De las profundidades se ha hecho emerger viejos odios que estaban más muertos que vivos. Mientras, los escenarios no han dado abasto con tanta obra de todo género, llámense operación, sumario o proceso.

 
Concluida la demolición de la labor de los dos gobiernos anteriores, que era la parte fácil, le llegó al Gabinete Zapatero la hora de construir algo, cosa, naturalmente, más compleja. Como se temía, la construcción también consistiría en un derribo: el del régimen constitucional del 78. Más aún: el del Estado de Derecho. Si esta empresa es consecuencia o causa de la alianza del PSOE con los nacionalistas es algo que no está del todo claro. Pero la asociación entre ambos parecía ir más allá de la urgencia de Zapatero por contar con unas muletas para ir salvando la legislatura. El abrazo se percibía también como estratégico. Y, de hecho, como instrumento para alumbrar un nuevo sistema político.
 
Todo para realizar un deseo largamente acariciado por las cúpulas socialistas: evitar ese trance doloroso que es la pérdida del poder. Lo había intentado Felipe González. Ahora, el frente "todos contra el PP" que había acompañado a ZP en su ascenso se ha enriquecido con una inclusión novedosa: la de los nacionalistas terroristas, es decir, la ETA.
 
Los efectos de tan ambiciosos y destructivos planes no se anunciaron con trompetería a la gente, sino todo lo contrario. El camuflaje ha sido imprescindible. Y a ello se ha dedicado con especial intensidad el Gobierno. En esa rama de la acción política que es la propaganda es donde el Ejecutivo ha hecho gala no de talante, lema que no por azar desaparecería del mapa en 2006, sino de talento. No le quedaba más remedio que poner ahí lo mejor de sí mismo. Para darle esquinazo a la ley sin que se note, para aseverar que es de día cuando es de noche, para crear un híbrido de Un mundo feliz y 1984 hay que esmerarse mucho y contar, por supuesto, con una gran potencia de fuego mediático.
 
Ésta no le ha faltado, que en eso fueron generosos sus predecesores, de manera que sus peligrosas iniciativas políticas y los desaguisados que ha servido su gestión incompetente no han hundido su imagen. El "no pasa nada" ha sido el santo y seña de la temporada. Y el presidente lo repite sin parar: España no va bien, va de cine; aunque el cine español no pase, precisamente, por su mejor momento.
 
La liquidación ha de ser sigilosa, pero el silencio de los corderos no ha sido absoluto. Una parte de la sociedad española es consciente de los procesos en marcha y, como contrapunto a la deriva gubernamental y a la tibieza de la oposición, o a sus inseguridades, se ha consolidado y ampliado el movimiento cívico que había asomado en 2005.
 
El año 2006 sería testigo de la paradoja de un alto el fuego de ETA que significaría la resurrección política de la banda. Su momento de mayor debilidad operativa se transformaría en el de su mayor fortaleza política gracias a la decisión de Zapatero de emprender con ella una negociación política.
 
El proceso de paz, es decir, la componenda del Gobierno con la ETA, ha ocupado el primer plano de la escena. El propio presidente lo quiso así, despertando las expectativas de un final del terrorismo que la continuidad de los actos de violencia y de extorsión irían rebajando, al tiempo que aumentaba la sospecha, hasta convertirse en certeza, de que se trataba de una tregua pactada. La cuestión era, y sigue siendo, a cambio de qué. La respuesta, aunque incompleta, la han ido dando los hechos.
 
La presión sobre el poder judicial para que tuviera en cuenta las nuevas circunstancias iría in crescendo. El fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, se destapó enseguida como brazo ejecutor de los deseos de un Gobierno que no quiere pagar el precio político de abrir la puerta a la salida de los etarras de las cárceles y a la relegalización de Batasuna y pretende que ese trabajillo lo hagan otros.
 
El fiscal Fungairiño fue enviado a casa, no hubo quien se atreviera a encarcelar a Otegi; y éste nos dejó una frase, la frase, cuando hubo de pasar una noche entre rejas: ¿Lo sabe el fiscal general? Las peticiones de pena para De Juana Chaos, que realizó la huelga de hambre con más calorías de la historia, y para otros miembros de la mafia etarra fueron escandalosamente rebajadas.
 
La domesticación de fiscales otrora "indomables" constituyó uno de los espectáculos más penosos. El juez Baltasar Garzón regresó de Estados Unidos con la voluntad de poner su granito de arena en el proceso y siguió dando permisos para que los proetarras tomaran las calles del País Vasco, amén de participar en algunos de los linchamientos que requería el guión.
 
Batasuna, que según el Supremo es lo mismo que ETA, ha sido relegalizada de facto. Por si no hubiera quedado claro, Patxi López, secretario general del Partido Socialista vasco, lo rubricó al reunirse en julio con dirigentes de esa formación. Fue también en verano cuando vimos a unos encapuchados etarras disparar sus armas al aire durante un tristemente célebre aquelarre batasuno.
 
Poco después, Francia daba cuenta de que ETA había robado en su territorio 350 pistolas, y ello justo cuando llegaba al Parlamento Europeo una propuesta del PSOE para que esta institución respaldara el proceso. La internacionalización del conflicto, exigencia antigua de la ETA, salía adelante sólo con el apoyo de la mitad de la Eurocámara. Pero el mal ya estaba hecho. La madre de Joseba Pagaza, socialista asesinado por ETA, le había escrito a Patxi López: "Dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre".
 
Los ingresos en la cuenta etarra se harían como quien no quiere la cosa. Entre ellos, la aceptación del cambalache extraparlamentario de la "Mesa de Partidos". Y la banda no dejaba de manifestar su inequívoca voluntad de aprovechar la tregua para rearmarse.
 
La Asociación de Víctimas del Terrorismo convocó cuatro manifestaciones de repulsa del "proceso de rendición". El éxito de las mismas fue respondido por el Gobierno con operaciones de acoso y derribo. Hubo de retirarse Peces-Barba, pero se intentó defenestrar a Alcaraz. En vano. Uno de los ataques más repugnantes fue el que tomó como blanco a un discapacitado de un pueblo de Sevilla.
 
Los nacionalistas vieron en el Gobierno ZP la oportunidad de oro para dar un salto espectacular en su larga marcha hacia la destrucción de España. Y no se equivocaron. Ibarretxe no había logrado colar su plan el año anterior: era demasiado evidente. Pero el nuevo estatuto catalán disimulaba un poco su naturaleza y llevaba todos los sellos, incluido el del PSC. Introducía el germen que los nacionalistas han estado incubando durante decenios: el reconocimiento de Cataluña como nación.
 
Tal declaración fue aprobada por el Congreso, donde se constató que, si había descontentos en el PSOE, la inmensa mayoría no estaba por arriesgar nada. Si acaso, algunos se apartaron de la escena, como Bono, lo que colocaría a Rubalcaba al frente de Interior.
 
La definición de Cataluña como nación fue premiada con una abstención récord en el referéndum. Pero ese revés y una larga lista de desatinos no provocarían, como se esperaba, la desaparición del Tripartito, sino su renacimiento bajo la férula del apparatchik José Montilla, valedor como ministro de Industria de la opa de Gas Natural sobre Endesa, otra de las grandes operaciones fracasadas del Gobierno.
 
No tuvo lugar el anunciado giro al centro de Zapatero, que hubiera implicado un cambio de Esquerra por CIU.
 
El factor sorpresa fue, en las elecciones de noviembre, la entrada de Ciudadanos, un nuevo partido abiertamente no nacionalista, en el Parlamento autonómico catalán. Por primera vez en mucho tiempo se oyó en aquella Cámara el español.
 
El culebrón estatutario catalán aceleraría una carrera identitaria entre las autonomías. El PP, que se opuso al bodrio intervencionista en Cataluña, optó por el posibilismo en Andalucía y aprobó un texto que apela a un manifiesto andalucista en donde se define a aquélla como "realidad nacional". Acosado por el Gobierno y sus socios, tildado de extrema derecha o derecha extrema, perseguido violentamente durante la campaña electoral catalana, el PP afrontó con desigual firmeza y fortuna la operación montada para excluirlo del sistema, o para crear un sistema que lo excluya.
 
El 2006 fue solemnemente proclamado Año de la Memoria Histórica. Se trataba de poner el broche a una campaña de instrumentalización política de la historia. Sin embargo, la ley destinada a servir de guinda del pastel no pudo aprobarse, y con dificultades, hasta finales de año. Fue otra de las operaciones que causó efectos no previstos por sus iniciadores, entre ellos la guerra de las esquelas, que se libraría en las páginas de los periódicos.
 
Fue también en los periódicos, bueno, en dos de ellos, El Mundo y Libertad Digital, donde siguieron publicándose revelaciones sobre la masacre del 11-M que desmontaron las piezas que componían la versión oficial. Se descubrió que se había falsificado un informe, el del ácido bórico, para eliminar cualquier referencia a ETA en relación con el 11-M, y Garzón se ocupó de empapelar a unos inocentes. No mucho después haría lo mismo el juez Del Olmo con dos policías, por hablar con periodistas de El Mundo.
 
El PP osciló entre la demanda de investigación y el carpetazo, recomendado por dirigentes como Gallardón. Pero surgiría una iniciativa ciudadana en torno al blog de Luis del Pino en LD. Los Peones Negros empezaron a convocar concentraciones todos los días 11 de cada mes en decenas de ciudades españolas para demandar la verdad que sigue oculta.
 
Si el equipo de gobierno de ZP parecía endeble en sus primeros tiempos, en 2006 quedó retratada su ineptitud. La regularización de inmigrantes, alegremente acometida, redobló el tráfico de seres humanos y produjo una marea de cayucos, además de otras riadas menos visibles. Los incendios de todos los veranos causaron en Galicia unos estragos sin precedentes, que se trataron de esconder bajo la invención de unas tramas que apuntaban, naturalmente, al PP.
 
"La culpa es del PP" siguió siendo el motto preferido del Gobierno. Dieron también la medida de su capacidad gestora la toma del aeropuerto del Prat por unos huelguistas, la quiebra y suspensión de actividades de Air Madrid, con miles de personas empantanadas en Navidades, y la alarma suscitada por las nuevas formas de delincuencia. En cambio, se han mostrado capaces para las artes del encubrimiento y la contraprogramación. Las operaciones de Afinsa y, sobre todo, las lanzadas contra la corrupción urbanística han servido para desviar la atención y para preparar las próximas batallas electorales.
 
En el año que termina hemos vuelto a comprobar que está en el poder la progresía, y una no especialmente cultivada ni dotada de originalidad, que ha importado, con décadas de retraso, los dogmas de la corrección política de los Estados Unidos. El 2006 se despertó con la Ley Antitabaco, una de las leyes intervencionistas que se irían sacando como sucedáneos de una política de izquierdas ya imposible. La enseñanza quedó lista para sentencia con una nueva ley que no corrige los vicios de la Logse e implanta una asignatura de adoctrinamiento. El envoltorio feminista del Gobierno, tras la publicitada e inútil Ley contra la Violencia de Género, se desplegaría este año en gestos como el carnaval de Maputo y en una Ley de Igualdad que se centra, como manda la nueva ortodoxia, en las cuotas. Y el rancio anticlericalismo, so capa de laicismo, volvió a asomar las orejas.
 
Pese a tan negativo balance, el Gobierno aguanta mal que bien en las encuestas. La realidad es una cosa, y la percepción que de ella se tenga otra. El invierno mediático ha dado sus previsibles frutos; para entenderlo, conviene leer De la noche a la mañana, el más reciente libro de Federico Jiménez Losantos, que cuenta la historia de la COPE... y muchas cosas más.
 
Es cierto que los sondeos muestran una desconfianza creciente, un malestar con una situación política que Rosa Díez ha calificado de "encanallada". Se barajaba, ante tanta incertidumbre, la posibilidad de un adelanto electoral. Sólo si al Gobierno no le quedara otra. En cualquier caso, como suele decirse, todo lo que está mal aún puede empeorar.   
 
LA POLÍTICA EXTERIOR DE ZAPATERO EN 2006
Annus Hazmerreibilis
Por Rafael L. Bardají y Florentino Portero Libertad Digital  26 Diciembre 2006
 
Sería para reír si no fuera, en verdad, para llorar. Zapatero comenzó su andadura gubernamental con la idea del cambio de alianzas para nuestro país, y para conseguirlo no le importó nada disminuir el peso de España en la arena internacional. Es lo que ya en mayo de 2004 llamamos "la España menguante de Zapatero".

Para desgracia de nuestro sonriente presidente del Gobierno, sacar a España del eje en el que se encontraba no pudo ser compensado con su incorporación a otro, viejo o nuevo. La Europa a la que quería volver pronto le dejó en la estacada. Por eso, y por su izquierdismo infantil, su política llevó a nuestra diplomacia a aliarse con cuanto dirigente antinorteamericano se encontraba en el camino.

 
Dos mil cinco fue el año del tercermundismo, la aproximación a caudillos como Castro y Chávez, el acercamiento en falso a Marruecos y el inicio del diálogo con déspotas del Oriente Medio como el sirio Bachar el Asad. Fue, pues, el año de la España marginal, menguada y solitaria. Y 2006 ha sido un año en el que la acción exterior del Gobierno socialista ha sufrido graves reveses. Allí donde ha querido desplegarse en defensa de sus ideas radicales, Zapatero ha salido trasquilado. Ha sido el año del hazmerreír exterior del Gobierno del PSOE. De la España que no cuenta. Aún peor: de la España del ridículo.
 
Hay que comenzar recordando que 2006 ha sido un año de muy baja intensidad internacional para Rodríguez Zapatero, quien apenas se ha visto con sus homólogos más allá de las reuniones formales de los organismos internacionales en que España está presente (consejos de la UE, asamblea de la ONU y cumbre de la OTAN). Nuestro presidente ya fue avisado durante el primer trimestre de la ausencia de agenda exterior, y aunque ha querido presentarse como más activo tras el verano, apenas lo ha conseguido.
 
No hay nada más desolador que darse un paseo por las páginas de la web de la Moncloa en lo que toca a la actividad internacional de Zapatero. En enero de 2006 tienen que mencionar la reunión con el presidente de General Electric para que haga relleno y no quede sólo la visita de Evo Morales. En febrero no han podido añadir nada a la visita de Vladimir Putin. En total, la Moncloa registra 33 visitas de dignatarios al presidente. Europeos de referencia, sólo de Francia y Reino Unido; y de Italia, si contamos como tal al alcalde de Roma.
 
En cuanto a los viajes del jefe del Gobierno, la situación es aun peor. Si descontamos las citas obligadas de las cumbres a las que todo presidente debe acudir (consejos europeos, cumbres de la OTAN, saraos iberoamericanos, la asamblea general de la ONU, etc.), y que le han supuesto a Rodríguez Zapatero ocho desplazamientos allende nuestras fronteras, sus viajes y visitas a otros países han sido siete. Y con la excepción del primero, que fue en abril para hablar en Alemania con Merkel de la OPA sobre Endesa, el resto han tenido lugar en el segundo semestre, más de la mitad de ellos en este mes de diciembre.
 
Eso, por lo que hace a lo cuantitativo; en materia de contenidos, la cosa ha estado también bastante floja. Por poner un ejemplo: la visita que tal vez hubiera debido ser de mayor alcance estratégico para España, el viaje a la India del pasado mes de julio, no sólo se acortó por motivos inesperados, sino que se hizo sin la presencia de alguno de los ministros más relevantes para el diálogo bilateral, como el de Industria, metido en faena por aquellos días en su campaña electoral para las autonómicas de Cataluña.
 
Como viene siendo habitual, hay que recordar que ningún miembro del núcleo duro de la Administración Bush se ha acercado por Madrid. Disipada toda duda sobre una cita al más alto nivel, Exteriores ha estado vendiendo la siempre inminente visita de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, con más pena que gloria. Primero era para antes de las vacaciones estivales, pero el Líbano, las denuncias a Israel y aquella portentosa foto de Zapatero ataviado con el simbólico tocado palestino, la kefiya (foto que, dicho sea de paso, dio la vuelta al mundo, y que hemos podido ver en numerosos despachos de la Administración americana), amén de las complicaciones de agenda, pospusieron entonces la anunciada presencia de Rice en nuestras tierras. Se dijo que para septiembre, y luego que para noviembre...
 
No sabemos si a causa de las repetidas críticas a la Administración Bush, pues no hay cumbre internacional donde nuestro presidente no condene la intervención en Irak e intente ridiculizar la política de la Casa Blanca, el hecho es que se ha ido 2006 y Condi no ha venido. Y eso que éste era el año de la normalización de nuestra relación bilateral con los Estados Unidos, y que la agenda latinoamericana dependía de la cooperación bilateral. No deja de ser curioso comprobar cómo, a pesar de que Trinidad Jiménez es ya secretaria de Estado de Exteriores para Asuntos Latinoamericanos y no una simple concejal del ayuntamiento de Madrid, los americanos, cuando tienen que hablar con nuestro Gobierno sobre aquel subcontinente, no se dirigen a ella, sino a Bernardino León.
 
En fin, por la agenda de contactos de Rodríguez Zapatero deducimos que hay un tema que destaca en sus preocupaciones internacionales: la emigración hacia España. Es verdad que su viaje a Marruecos, en vísperas de la cumbre sobre, precisamente, flujos de población, se vio pospuesto, a pesar de haber sido anunciado a bombo y platillo por la vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega, quien, tras verse con Yetú, comunicó la fecha.
 
Pero llegó ese día, el 8 de septiembre, y Rabat canceló la esperada visita, sin dar muchas explicaciones al respecto. El Gobierno español fechó para tres semanas más tarde la reunión, pero el año termina y aún no se ha celebrado. Tal vez por eso, motivado por una rabieta personal más que por el volumen de comercio con el país, Rodríguez Zapatero haya acabado por recalar en la vecina Argelia.
 
Ahora bien, esta visita no le ha salido gratis: en Marruecos han tomado buena nota, y Buteflika le ha cantado las cuarenta en Argel por cosas que eran evidentes, como el desequilibrio de Madrid a favor de Rabat y el abandono de la causa saharaui, a la que tan ligada está tanto la izquierda española como el Gobierno de Argel. El asesor para asuntos internacionales de Zapatero, el embajador Casajuana, debería haberle avisado del riesgo. Tal vez lo hizo y el presidente no pensó que finalmente tuviera que pasar tan mal trago, o que la prensa española estuviera tan alerta sobre el mismo. Bochornoso, en cualquier caso.
 
También este mismo mes, y como culminación de una retahíla previa de viajes de miembros del Gobierno, el presidente visitó Senegal. En teoría, para firmar un acuerdo por el que las autoridades de ese país aceptarían formalmente la repatriación de los emigrantes ilegales procedentes de su territorio. De acuerdo con la vicepresidente, esa era una cuestión zanjada desde su visita preparatoria, allá por el mes de mayo. Pero si fue así de verdad, Senegal ha debido de cambiar de opinión en estos meses, y Rodríguez Zapatero ha regresado a Madrid sin el acuerdo sellado y rubricado. Viaje para nada.
 
Hay que recordar que con Dakar las cosas no estaban, de hecho, tan claras. Cuando Rubalcaba viajó hasta allí, a finales de agosto, no logró más que un precario entendimiento sobre patrullas mixtas; eso sí, pagadas por España. Sarkozy, su homólogo galo, unas semanas más tarde firmó con Senegal un acuerdo por el que la Armada francesa patrullaría las costas del país africano.
 
El asunto de los inmigrantes ilegales le ha creado a Zapatero serios rifirrafes con sus socios europeos más queridos, comenzando por su adorada Francia. Frente a las sucesivas peticiones de De la Vega a nuestros socios comunitarios (se planta en Bruselas en mayo, se desplaza hasta Finlandia en septiembre), la UE no sólo no ha movilizado los medios que la Moncloa esperaba, sino que nos recuerda una y otra vez que el problema lo hemos creado nosotros, provocando un efecto llamada gracias a la regularización masiva y unilateral realizada por el Gobierno socialista.
 
Hay quien, como Sarkozy, avanza que la UE podría prohibir los procesos de regularización adoptados unilateralmente por los países miembro. Tanta es la tensión que el propio Zapatero dejó solemnemente constancia, en las actas del Congreso de los Diputados, de su rabia frente a los franceses:
Si lo que algunos países quieren es dar una lección de su política, no nos vale; y no nos vale lo que pueda decir el ministro de Interior francés, después de lo que hemos visto en los barrios de París. 
Sarkozy fue relativamente diplomático en su contestación, pero Chirac colocó de nuevo en su sitio al aprendiz Zapatero con motivo de la cumbre europea de Lati, donde salió de nuevo a relucir el tema. "He intervenido en el mismo espíritu y en el mismo sentido que lo hizo el ministro del Interior al señor Zapatero", declaró entonces el presidente francés a la prensa. "Todos los países que están en Schengen sufren las consecuencias que comportan estas regularizaciones". Chirac dixit, y la Moncloa y el ministro Caldera se enrocan.
 
No es el único desencuentro en Europa. La maniobra orquestada por el candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, contra Endesa le costó a Zapatero enturbiar aún más sus relaciones con la canciller alemana, Angela Merkel. Muchas sonrisas, pero posiciones encontradas.
 
Para la alemana, de espíritu liberal, el intervencionismo del Gobierno español es inaceptable; su renuncia a defender los intereses de una gran compañía germana, también. Más hábil, no obstante, hará como que deja al mercado y a la ley que acaben por dilucidar el futuro de quién compra Endesa. Posiblemente Merkel recibiera mejores consejos de los altos mandatarios de la UE, empezando por el portugués José Manuel Durao Barroso. Resultado: la opa favorecida por la Moncloa no sale y crece la desconfianza personal hacia Zapatero.
 
Los desencuentros no se reducen al ámbito de los socios europeos. A Chávez, a pesar de todos los arrumacos durante la Cumbre de Salamanca, el Gobierno socialista no pudo venderle los sistemas de armas que el petrodictador venezolano quería comprarnos. Chávez, que sólo se vende a sí mismo, acabó haciéndole una sucia jugarreta a Zapatero en respuesta a su fallido compromiso: nacionalizar a cuatro etarras refugiados en su país para salvarlos de una petición de extradición, y compensarlos con trabajo o ayudas financieras suculentas. Al final, las presiones diplomáticas consiguieron revertir el proceso, pero el daño a la imagen del Gobierno y del país ya estaba hecho.
 
Con el ídolo indigenista de jersey a rayas, Evo Morales, traído a Madrid en visita oficial invitado por SS. MM. los Reyes, la cosa tampoco fue mejor. De entrada, nuestro presidente no quiso salir en la foto con el boliviano, y recurrió, en un ardid impresentable, al Monarca para que fuera él el retratado. También intentó convencer a Mariano Rajoy, que no tragó. Nadie con dos dedos de frente se dejaría engatusar tan vilmente.
 
Esto fue a principios de enero. Evo ya había hecho saber del apoyo que recibió del Ministerio de Exteriores durante su campaña electoral, así como de las promesas realizadas desde el Palacio de Santa Cruz en el caso de que llegara al poder. Y comenzó a pedir. Sea lo que fuere lo obtenido por Morales, la realidad es que, cuatro meses más tarde, éste anunció la nacionalización por decreto del sector de hidrocarburos, gestionado en buena medida por la petrolera española Repsol YPF. Las ayudas siguieron llegando a La Paz, y se procedió a condonar una deuda de cien millones, pese a que Morales se reafirmó en que no compensaría a nadie por sus acciones.
 
Como es habitual en estos casos, la vicepresidente se desplazó hasta Bolivia a comienzos de agosto, y aunque extrajo una valoración muy positiva de su viaje, Morales declaró que no aceptaría "bravuconadas" de nadie y, a comienzos de septiembre, exigió que la compañía española pagara un tributo adicional del 32%, destinado a capitalizar la estatal yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB). Gran éxito de nuestra diplomacia.
 
En fin, hay otras muchas anécdotas, como aquel famoso "collar de perlas" que Su Santidad el Papa regaló a la vicepresidente y que no era sino lo único que podía ser: un rosario. Pero tal vez haya una que destaque por sus largas implicaciones: la felicitación de Hezbolá a Zapatero por su postura durante el conflicto del Líbano.
 
Cuando el portavoz de un grupo terrorista, en medio de una campaña de ataques a la población de un país, muestra su respeto y admiración, cualquier Gobierno decente y respetable debería preocuparse seriamente. Aquí no. Al contrario. Dio pie a una escalada verbal de críticas a las acciones de Israel y a la foto de la kefiya.
 
Con el único que no ha tenido mayores dificultades Rodríguez Zapatero en el último año ha sido con el Reino Unido. Aunque durante la rueda de prensa con Tony Blair, tras la reunión en la Moncloa, hubo sus más y sus menos, la verdad es que Londres no tiene por qué quejarse. A la vuelta del verano, las tres partes –que no dos, como siempre había sido–: los gobernantes del Peñón, el Gobierno de Su Majestad y el del Reino de España, llegaron a un acuerdo calificado de "histórico" por nuestro ministro de Exteriores. Y en esta ocasión no se equivocaba.
 
Sólo que era tal porque España renunciaba a hacer valer sus justas reivindicaciones. Se levantaban todas las restricciones y se aceptaba tratar a Gibraltar como un país diferenciado. ¡Hasta se llegó al acuerdo de abrir un Instituto Cervantes! La población de la Roca sale muy reforzada en sus posiciones. Tanto, que el 30 de noviembre celebraron un referéndum cuyo resultado, por más que el Gobierno español haya intentado obviarlo, fue el que fue: su primer paso hacia la plena independencia.
 
Con quien más se ha visto Rodríguez Zapatero ha sido con el, hasta este mes de diciembre, secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan. Annan ha apoyado la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, y era, por tanto, lógico que se encontraran. Ahora bien, como ya sabemos, el interés de Annan no era tan inocente como se nos prometía (ya era difícil creerlo, tratándose de alguien que ha beneficiado mediante la corrupción a colaboradores y familiares). Zapatero se ganaba a la ONU prometiendo a su secretario general que seguiría siendo un alto funcionario, con todas las prebendas que eso significa.
 
En su último viaje a Nueva York, Zapatero apostó por que el amigo Kofi sea la cabeza visible de la Alianza de Civilizaciones, que ha pasado de ser un comité de sabios a un comité en toda regla, organismo anejo o especializado de la ONU, como tantos otros que sólo sirven para despilfarrar gran parte de la cuota que ponen los americanos.
 
La Alianza de Civilizaciones puede que dé muchas satisfacciones al presidente del Gobierno, pero porque éste no quiere ver los sinsabores. El texto producido por el comité de sabios sólo ha gustado en Turquía (coimpulsora de la idea, para ver si así entra en la UE de una vez) y en Arabia Saudí. La UE se ha limitado a tomar nota, y en Riga sólo se logró que los Veinticinco se dieran por enterados de su existencia. (Más atención se prestó al Fondo del Milenio, impulsado por el G-8, al cual todos otorgan mucho más recorrido). Y eso a pesar de que todo el aparato español de defensa tuvo que olvidarse de los soldados que andan desperdigados por medio mundo, muchos de ellos, como los que están en Afganistán, jugándose el pellejo, para intentar colar en el comunicado final un apoyo a la iniciativa zapateril.
 
Finalmente, está la cuestión de las misiones de paz en tiempo de guerra, como en el ya mencionado Afganistán. Una cuestión penosa, porque afecta a la seguridad y la vida de unos compatriotas que sirven a España fuera de nuestras fronteras. Y lo es especialmente cuando se producen bajas, como la del brigada paracaidista Jorge Arnaldo Hernández, a quien, a pesar de haber sido víctima de una mina enemiga, el Gobierno prefirió considerar muerto en accidente y no por fuego enemigo. Simplemente vergonzoso. Pero ya se sabe, Zapatero no tiene a sus soldados para matar ni para morir, sino para apagar incendios forestales.
 
En fin, la España de Zapatero es una España que ya no cuenta y a la que nadie tiene presente (¿se han preguntado por qué las tropas españolas en el Líbano están en el peor sector de todos?). Ni somos respetados por los amigos ni, mucho menos, por los enemigos. Aún peor: este Gobierno ni quiere ni sabe hacerse respetar. La España de la pandereta en el plano exterior es una España del hazmerreír. Ya sólo nos cabe esperar que Michael Moore haga uno de sus documentales manipuladores, a los que llama películas, sobre la vida y obra de Zapatero. Ganaría un Goya, como poco.
 
Para la imagen y la posición internacional de España, el presidente del Gobierno, más que ZP, es ZPolonio 210, altamente tóxico y mortal de necesidad.

OTRAS 5.000 PERSONAS APORTARON LOS 230.000 EUROS RESTANTES
Un empresario entregó los 70.000 euros que faltaban de la fianza de los policías encarcelados por hablar con El Mundo
Los dos policías encarcelados por hablar con el diario El Mundo pudieron pasar la Nochebuena en casa. Hasta el día 23 la cuestación planteada por la Confederación Española de Policía había logrado reunir 230.000 euros, pero faltaban 70.000 para que Antonio Parrilla y Celestino Rivera pudieran quedar libres bajo fianza. Ese dinero llegó finalmente en metálico. Lo entregó un empresario anónimo. A contrarreloj, según relata este martes El Mundo, y con la colaboración de Cajamadrid, que accedió a abrir una de sus sucursales el domingo por la mañana, las fianzas fueron depositadas en la Audiencia Nacional y los dos agentes quedaron libres. Han pasado 24 días en prisión por orden del juez Del Olmo.
Libertad Digital 26 Diciembre 2006

El diario que dirige Pedro J. Ramírez aporta este martes algunos detalles de la persona que entregó los 70.000 euros que faltaban para cubrir las dos fianzas de los policías. Aunque quiere permanecer en el anonimato, el diario revela que es un empresario que se llama José María, usa una muleta para poder caminar, conduce un Mercedes deportivo, vive cerca de la madrileña Universidad Pontificia de Comillas y es lector de El Mundo.

La noticia de lo que da en llamar el "epílogo feliz de un cuento de Navidad" está firmada Fernando Lázaro. El mismo periodista con el que hablaron los dos policías encarcelados por Juan del Olmo, el mismo del que se hicieron públicos su número de móvil y los detalles de su coche en el auto por el que el magistrado envió a prisión a los dos agentes.

Cuenta Fernando Lázaro que "este ciudadano anónimo podría protagonizar la versión española del Cuento de Navidad de Dickens". A 23 de diciembre, sábado, y gracias a la aportación de 5.000 personas, la Confederación Española de Policía había reunido 230.000 euros. Faltaban todavía 70.000 euros. El objetivo era sumar 300.000 para pagar las fianzas que Del Olmo había impuesto a los dos policías. Llevaban 23 días en la cárcel por haber hablado con El Mundo y todos los esfuerzos eran pocos: de momento seguían sin poder salir de prisión y pasar la Nochebuena en casa.

La aparición de José María precipitó los acontecimientos. Ese mismo día 23, a las ocho de la tarde se puso en contacto con la CEP y les anunció que estaba dispuesto a entregar el dinero que faltaba para llegar a los 300.000 euros. A la mañana siguiente, domingo, día de Nochebuena, el sindicato logró que Cajamadrid abriera una de sus sucursales, para sacar en un cheque conformado los otros 230.000 euros.

Con este documento y los 70.000 euros en efectivo dos dirigentes de la CEP se presentaron a las dos de la tarde en el despacho del juez Del Olmo en la Audiencia. "El propio magistrado revisó minuciosamente toda la documentación aportada por los representantes legales de la CEP y por el abogado de los detenidos. Parecía no fiarse. Tras escudriñar hasta la última línea del último de los poderes, el juez dio por pagada la fianza y cursó el exhorto a la prisión para que pusiera en libertad a estos agentes", relata Fernando Lázaro.

A las 16.30 horas de este domingo, Nochebuena, los dos policías quedaron en libertad bajo fianza. Habían pasado 24 días en la cárcel de Alcalá Meco. El juez había ordenado su ingreso allí por hablar con El Mundo y destapar la trama policial de tráfico de Goma 2 Eco.

Separatismo
LOS NIÑOS CATALANES NO APRENDEN A HABLAR ESPAÑOL EN LA ESCUELA
Según la diputada de CiU, Irene Rigau, introducir una tercera hora de castellano «acaba con el modelo» de Educación y hará imposible el aprendizaje del catalán entre los niños inmigrantes.
Redacción minutodigital 26 Diciembre 2006

El uso de la lengua como arma política de exclusión en Cataluña durante estos últimos 25 años ha provocado que un gran número de adolescentes catalanes no domine el español. Pese a que el 55,8 % de los catalanes usa el castellano como principal lengua de comunicación habitual, el aprendizaje del español se efectúa principalmente en el ámbito familiar, ante la deficiente atención que el sistema educativo catalanista presta al idioma de todos los españoles. Tal efecto es producto de una política lingüística enfocada, no al fomento del enriquecimiento cultural, sino al objetivo de impulsar artificiosamente los sentimientos separatistas en Cataluña.

El propio consejero de Educación de la Generalitat, Ernest Maragall, reconoció que existen zonas de Cataluña en las que los escolares tienen problemas para expresarse correctamente en castellano. Pese a ello el político socialista afirmó que el para el próximo curso, el catalán «no sólo seguirá teniendo carácter de lengua vehicular central, sino que tendrá además el carácter de presencia perfectamente dominante, como debe ser».

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