AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Enero  2007

Largo, duro, difícil y con accidentes mortales
EDITORIAL Libertad Digital 2 Enero 2007

Zapatero convirtió el diálogo con una banda terrorista en el principal proyecto político de esta legislatura. El fracaso de su estrategia contra el terror –si es que de eso se trataba– quedó patente entre los escombros del parking de la nueva terminal del aeropuerto de Barajas. Mientras permaneció tanto la lucha policial sin cuartel contra los etarras como el cerco legal al frente amplio de la banda –Batasuna, herriko tabernas, etc.–, asentados en el marco del pacto por las libertades y contra el terrorismo, los pistoleros fueron cobrándose cada vez menos víctimas. Después de las negociaciones, y con el Estado de Derecho en estado de letargo mientras se producían, ETA ha sido capaz de montar un atentado de grandes dimensiones, del tipo que hacía mucho tiempo que no lograban llevar a cabo.

Si Zapatero fuera coherente, visto que no ha logrado el objetivo que se marcó como el más importante y el que más rechazo ha provocado en la ciudadanía española, lo más lógico y coherente sería dimitir y permitir que los españoles escogieran un nuevo proyecto. Sin embargo, no parece que el líder del PSOE sea coherente más que con el objetivo de conservar el poder a toda costa, de modo que parece descartable que vaya a tomar ese camino. La opción más aconsejable, en ese caso, sería volver a la senda marcada por el pacto antiterrorista. Desgraciadamente, la comparecencia del sábado parece concebida para alejar las ilusiones de quienes han creído siempre en el imperio de la ley como única vía para acabar con la ETA.

Zapatero aún puede, sin embargo, reaccionar y cambiar el rumbo. Sin embargo, para ello no le bastará con buenas palabras. Como bien dice el refranero, obras son amores y no buenas razones. Especialmente cuando la confianza que genera en la oposición y en la derecha social es ya nula después de estos casi tres años. El PSE debe abandonar inmediatamente la llamada "mesa de partidos" que comparte con Batasuna. Debe perseguirse con todo rigor el terrorismo callejero para reducirlo a los niveles anteriores al alto el fuego "permanente". La Fiscalía General del PSOE debe instar al Tribunal Supremo la ilegalización del PCTV y buscar el mayor rigor en las condenas a los etarras. Y sólo después de todo esto, celebrar una nueva reunión del Pacto Antiterrorista. Sería la única manera de creernos un cambio en la política del Gobierno.

Pero lo más probable, a tenor de la "suspensión" –detener o diferir por algún tiempo una acción u obra, según la RAE– pero no "ruptura" del proceso, es que Zapatero considere este atentado como uno de los "trágicos accidentes mortales" que dificultarían un proceso "largo, duro y difícil" pero que, desde luego, no van a detenerlo. Por tanto, cabe suponer que el proceso seguirá en marcha y, con él, las invectivas contra quienes sólo piden "luchar contra ETA con los instrumentos de los demócratas: la ley y el Estado de Derecho", como ha hecho Rajoy. Así parecen demostrarlo las palabras de Blanco, que aún no ha pedido perdón por usar a un discapacitado para insultar a las víctimas del terrorismo, acusando a la oposición de no culpabilizar a ETA del atentado sino al Gobierno. Un mensaje que parece más bien un recordatorio de su propia actitud tras el 11-M que no un relato mínimamente ajustado a la realidad de los hechos, pues los populares no han podido ser más cautos y respetuosos con el ejecutivo. Como debe ser si se desea el bien de España y de los españoles. Pero, si Zapatero no rectifica, la actitud de la oposición deberá cambiar, y por las mismas razones.

Un clamor popular pide la ruptura total de las negociaciones con ETA
Editorial Elsemanaldigital 2 Enero 2007

A pesar de las fechas festivas, miles de españoles se han movilizado en los días pasados contra el último atentado de la banda terrorista ETA. Además, los ciudadanos están convocados, hoy martes, a las concentraciones silenciosas que tendrán lugar a mediodía frente a los Ayuntamientos de las capitales de provincia de toda España. La Asociación de Víctimas del Terrorismo quiere así expresar el rechazo que una parte importante de la sociedad española siente hacia la banda y hacia la política que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero viene manteniendo sobre este asunto.

Desde que gobierna Zapatero, ETA no ha cambiado, sigue teniendo los mismos objetivos –la independencia y la sumisión de Navarra- y sigue dispuesta tanto a matar como a negociar para alcanzarlos. El Gobierno de España, en cambio, sí ha modificado sus posturas, ya que Zapatero, desde que alcanzó La Moncloa, renunció a la política que él mismo sostuvo desde la oposición en perfecto acuerdo con el Gobierno de José María Aznar y que se escenificó con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la Ley de Partidos.

De un modo muy convincente ha explicado este cambio la eurodiputada vasca del PSOE Rosa Díez, para quien la resolución del Congreso de los Diputados de mayo de 2005, promovida por Zapatero y reiteradamente mencionada por el Gobierno desde el atentado terrorista del día 30 de diciembre, "supuso un cambio de estrategia en la lucha contra el terrorismo". Hasta la llegada de Zapatero al poder, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo trataba de conseguir la derrota de ETA por todos los medios legales, incluyendo la intervención de todas las organizaciones, empresas, partidos y movimientos que apoyasen el terrorismo. Según Díez, Zapatero prefirió pactar con los "nacionalistas e IU para impulsar el final dialogado con la banda", y "todos esos gestos han sido percibidos por los terroristas como signos de debilidad".

ETA quiere lograr sus propósitos. Si puede hacerlo negociando sobre las formas lo hará, pero ya ha demostrado que no renuncia a matar. Por esa razón una gran parte de los españoles comparte el deseo de Rosa Díez de que los dos grandes partidos españoles estén unidos en este asunto, el terrorismo sea derrotado y, como premisa, el mal llamado "proceso de paz" sea anulado, y no meramente "suspendido" como Zapatero declaró el último día del año 2006. No hay negociación posible con los terroristas, salvo sobre el modo de someterlos a las leyes vigentes.

Al no romper totalmente las negociaciones con ETA Zapatero ha hecho algo mucho peor que alejarse del PP y de las víctimas del terrorismo: el presidente del Gobierno está creando un foso cada vez más ancho entre La Moncloa y la gente normal, los españoles que quieren paz y prosperidad y que no entienden de qué se puede negociar con personas capaces de dar lugar a las escenas como las del sábado día 30 en el aeropuerto de Barajas.

Atentado de ETA
Desaparecidos
Cristina Losada Libertad Digital 2 Enero 2007

Si este mediodía de invierno un viajero hubiera regresado al hogar tras su aislamiento navideño y, por costumbre o masoquismo, pusiera el telediario de la Primera, no sabría que ETA había atentado de nuevo. Las siglas de la banda terrorista no mancharon los labios de los locutores de la cadena durante los minutos, pocos minutos, que precedieron a la vuelta a ese Irak de dónde nunca salimos, dedicados a repasar lo que ocurría en Barajas. Así, se enteraría el recién llegado de que había pasado algo espantoso, que los equipos de rescate habían celebrado brevemente el Fin de Año y que buscaban a dos "desaparecidos". Pero permanecería ignorante de otra desaparición: la de ETA, expelida del relato oficioso, radicalmente borrada como mandan los cánones estalinistas. Colegiría nuestro ermitaño que no se trataba de un accidente si cazaba al vuelo la voz "terroristas". Dudaría al oír al ministro del Interior refiriéndose a lo acontecido como "salvajada". Y se quedaría, tal vez, prendido de la "bomba grande" que describía el antedicho en el registro pueril y ligero, de colega ministro a colega periodista a colega ciudadano, que ya había asumido en su primera y única comparecencia tras el acto criminal.

Los primeros desaparecidos de la narración oficial han sido los muertos, es decir, los asesinados. Gracias a su ausencia, Zapatero pudo subir al estrado de La Moncloa aligerado de un lastre. Sin la pesada salpicadura de la sangre de los que echaban la "cabezadita", como decía el compi de Interior, en sus coches aparcados. Y la bola ha seguido rodando para disociar el atentado de sus víctimas mortales todo el tiempo que fuera posible. Aferrados a la "remotísima esperanza" están, como a los bordes de la laguna Estigia. ¡Que Caronte no se lleve al infierno el "proceso" con sus figurantes! Para lo cual, sólo hay un medio: los medios. El Gobierno que ha sido incapaz de controlar la barca que compartía con ETA, controla, sí, la información. Los que tras el 11-M la exigían puntual y exhaustiva, los que reclamaban culpables con nombre y religión ya mismo, pueden permitírselo. Y se lo permiten: se toman nueve horas para sacar al presidente a dar la cara, eluden reconocer las muertes, o sea, los asesinatos, sus teledirigidos telediarios borran a ETA del asunto y aún más: salvo por las apariciones fugaces de un ministro que habla del atentado como si de una gamberrada se tratase, el Gobierno ha hecho mutis total.

Business as usual. Vacaciones. Una excepción: Narbona. La ministra expresa el deseo de Año Nuevo en nombre de sus coleguis: "desde el Gobierno lo que deseamos es que éste sea un paréntesis y no sea el final del proceso de paz". Coincide con Otegi y con otros. Interesados ellos, y tanto, en que la embarcación no sea fúnebre para el proceso. Se refugian los interesados en el paréntesis. En él desaparecen, suspenden, aguardan. Hacen desaparecer inconveniencias como los muertos del primer plano. Nada extraño: todo el proceso ha consistido en un escamoteo de la realidad. Hablaba por el Gobierno Narbona tras beber en las fuentes. Volverán las oscuras componendas sus nidos a colgar. Y, en fin, si el despistado viajero leyera El País, encontrará allí un editorial. Con el atentado, dice, ETA "parece querer forzar al Gobierno hacia una ruptura del proceso". Cuando la primavera de la paz haya de tocar de nuevo a nuestra puerta, esa semilla germinará: no consintamos que se salgan con la suya los violentos, etcétera. Tengamos en cuenta que, según el diario, se han frustrado las esperanzas de la izquierda abertzale que desea la paz. Su líder, De Juana Chaos. Título de la pieza: "ETA tiene la culpa". Excusatio non petita.

Los pasos siguientes
Luis del Pino Libertad Digital 2 Enero 2007

Rajoy ha vuelto a ofrecer la mano al Gobierno para que regrese al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Es lo que tiene que hacer, precisamente porque Rajoy sabe que el Gobierno no va a aceptar esa oferta de consenso, ya que no está en su mano aceptarla. Quizá pueda pensarse que Rajoy debería escenificar su oposición a la política del Gobierno de una manera más cercana a la calle, pero es indudable que el mensaje es correcto.

A partir de ahora, es Zapatero quien está obligado a realizar una serie de movimientos forzados. Tiene que realizar gestos de cara a la galería sin variar, en lo sustancial, nada de su estrategia, porque no está en su mano variarla.

Hace ya muchos meses advertí, en este mismo blog, que Zapatero continuaría adelante pasara lo que pasase y que nuestra única obligación es conseguir que cada paso que dé tenga un coste electoral insoportable. Y los hechos siguen confirmando que no existen límites que Zapatero no esté dispuesto a traspasar y que sus medios afines no estén dispuestos a apoyar, y que la estrategia de desgaste es la única estrategia correcta.

No podemos aspirar a que Zapatero cambie de rumbo, porque no está en su mano hacerlo: es preso de los pagos que el PSOE acordó en su día. Tan sólo podemos trabajar para que ese rumbo inamovible garantice la debacle electoral de Zapatero y del partido que le apoya.

Los pasos siguientes están, por tanto, claros. Lo primero, dejar los nervios para Zapatero y quienes le prestan soporte, porque son ellos los que tienen su juego seriamente limitado; nosotros podemos permitirnos, ahora, el lujo de mover las piezas con la máxima tranquilidad para sacar el máximo provecho de cada jugada del Gobierno. Lo segundo, continuar con la estrategia de movilización pacífica, apoyando a la AVT, que la lidera, y llevando a la calle la contestación a una política antiterrorista equivocada y suicida, como medio de garantizar que se visualice la oposición de la inmensa mayoría de los españoles a la actitud de Zapatero, oposición que sería fácilmente silenciada si no se produjeran movilizaciones.

Lo tercero, y aquí el Partido Popular está obligado a abrir el frente parlamentario, deberá ser acentuar al máximo las contradicciones de la posición de Zapatero, poniendo el foco de la atención sobre las medidas concretas en que se plasma esa estrategia claudicante del Gobierno. En ese sentido, son tres, para empezar, las exigencias que deben ponerse sobre la mesa de manera inmediata:

1. La exigencia de que el Gobierno reconozca formalmente el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo como único marco viable de acción.

2. La exigencia de que el Gobierno retire, con carácter inmediato, la reforma del Código Penal, que beneficia a los terroristas aún no juzgados, al acortar el plazo de prescripción de sus delitos.

3. La exigencia de que el Gobierno proceda al relevo del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, el fiscal Zaragoza, devolviendo a su puesto a Fungairiño, quien con tanto éxito lideró durante años la lucha contra esa banda asesina desde la Fiscalía.

Por lo demás, aquellos de los lectores que sean miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o que trabajen en instituciones penitenciarias deben extremar la atención a cualquier nuevo movimiento que detecten e informar a los medios de comunicación de cualquier anormalidad que se produzca, especialmente de aquéllas que pudieran significar el inicio de concesiones a la banda en el tema de los presos.

Hoy martes, a las 12 h, delante de todos los ayuntamientos de España, los ciudadanos están invitados a acudir a las concentraciones silenciosas convocadas por la AVT en protesta por el atentado de ETA. Allí estaremos nosotros, en la Plaza de la Villa de Madrid.

Legislatura acabada
POR IGNACIO CAMACHO ABC 2 Enero 2007

ESTO se ha acabado. Zapatero puede si lo desea ganar tiempo en busca de una coyuntura más propicia para sus intereses, pero la legislatura concluyó el día 30 a las nueve de la mañana en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas. Y la liquidó ETA, en cuyas manos había puesto el presidente la decisión clave de su mandato. Consumada con el Estatuto de Cataluña la reforma encubierta de la Constitución y agotado en la práctica el escaso programa legislativo de un Gobierno improvisado tras su inesperada victoria, el único asunto que sostenía ya el proyecto zapaterista era la deriva del «proceso de pazzzzz». La bomba ha cerrado la cuestión, devolviéndola al punto cero, pero con un importante desgaste en la cohesión democrática. La única forma de repararlo, siquiera de forma parcial, es apelar al veredicto del pueblo. Las urnas.

Zapatero se empeñó en colgar su futuro de una percha que no había mostrado en su programa electoral, hurtándola al debate ciudadano. Así, el diálogo con los terroristas sólo tenía cierto sentido en la medida en que el cese de la violencia pudiese llevar a alguna parte. Muchos no lo creíamos, pero el presidente estaba en su derecho de explorar la posibilidad que parecía habérsele presentado. El atentado de Barajas, probablemente mortal y en todo caso de enorme, inequívoca envergadura, ha taponado la dudosa salida del túnel y ha vuelto inservible el discurso político con que el Gobierno sostenía su mermado crédito. Bajo los escombros de Barajas no sólo ha quedado atrapado el destino de dos ciudadanos de Ecuador, sino los restos del escenario político de esta legislatura.

Ya no queda nada que hacer. El Gobierno no puede volver al diálogo porque el respaldo que pudiera conservar en la opinión pública ha desaparecido, y ni siquiera se lo devolvería una nueva tregua sin credibilidad alguna. El consenso con la oposición voló hecho trizas mucho antes del atentado, e incluso un improbable retorno al Pacto Antiterrorista -eludido por el presidente en su patética comparecencia del sábado- carecería del mínimo imprescindible de confianza mutua. Zapatero no ha logrado siquiera una suficiente mayoría demoscópica para sostener su proyecto; eligió avanzar por un camino que ahondaba las heridas, en vez de reparar la quiebra del 11 y el 14-M, y se lo jugó todo a una sola carta. El problema es que le cedió la baraja a ETA, que se la ha devuelto hecha pedazos.

No hay nada que esperar. Sólo un pacto de mínimos para respetar la estabilidad institucional hasta que las elecciones pongan a cada uno en su sitio. Si Zapatero quiere insistir en su proceso de diálogo, que lo haga desde el programa electoral y pida el apoyo explícito del pueblo. Porque ahora ya no tiene crédito ni para retomar la política de firmeza; el sábado desperdició la última ocasión para dar marcha atrás e ir en busca de la unidad perdida. Sólo la soberanía popular puede romper este impasse, este colapso. Siempre resultará preferible que sean los ciudadanos, y no ETA, quienes repartan las cartas de la nueva partida.

Zapatero ante ETA, el nuevo Quirieleison
Miguel Barrachina Periodista Digital 2 Enero 2007

Se preparaba la singular batalla, entre Tirant Lo Blanch y el gigante Quirieleison de Muntalbà, recién llegado a Londres para vengar la muerte de sus dos hermanos de leche, los reyes de Polonia y Frisa, a manos del primero, cuando en la víspera del gran combate al grandullón imbatido le estalló la hiel y murió repentinamente.

Así como Qurieleison quedó Rodríguez Zapatero cuando el mismo día que la prensa recogía sus proféticas afirmaciónes de que “dentro de una año estaremos mejor que hoy” en relación con ETA o “¿se está mejor cuando hay un alto el fuego permanente que cuando había bombas como hace un año? sin duda”, se produjo el brutal atentado de la Terminal 4.

ZP quería emular al gran caballero que idealizó el escritor valenciano Joanot Martorell en “el mejor libro del mundo” según el Quijote, Tirante el Blanco, vencedor de mil batallas, pero se quedó en el lenguaraz Quirieleison que murió él solito jactándose de sus éxitos inminentes.

El ridículo del gigantón Quirieleison fue mayor por la gran publicidad que él mismo dio a la batalla, haciendo partícipe al mismísimo Rey de Inglaterra del duelo como también ZP forzó al Parlamento Europeo a dividirse ante su diálogo con los asesinos, lo que ha dado a esta afrenta gubernamental una dimensión internacional.

Quienes vieron en el Presidente del Gobierno de España un iluminado en busca del premio Nobel, capaz de liderar con el dinero de todos la costosa campaña publicitaria de la Alianza de Civilizaciones o mostrar debilidad ante el terrorismo de ETA, estaban equivocados, ahora conocemos la auténtica dimensión del gran estadista que nos preside más próxima a lo divino que a lo humano.

Porque propio de dioses es dar la vida a quién ya la había perdido como el terrorismo de ETA-Batasuna. Es auténticamente milagroso que la banda criminal ya tenga nuevamente representación en el Parlamento Vasco, que el terrorismo callejero cometa más de 200 atentados en un año o que vuelvan a poner bombas y a matar inocentes.

Ciertamente sobrenatural esta capacidad zapatera de revivir a los muertos, tan admirable como el estímulo que su presidencia supone a los envites nacionalistas que además de en el caso vasco ahora arrecian en Galicia y Cataluña, dos autonomías gobernadas por el PSOE, cuyos sistemas educativos están multiplicando sus acciones contra nuestra lengua común. Zapatero, como Quirieleison, un bluf.

Zapatero, un zurumbático trastajo, obliga a El País a mentir.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 2 Enero 2007

El bombazo de Barajas ha dejado a Zapatero como un zurumbático trastajo, como un aturdido y pasmado trasto inútil para España, boqueando intentando obtener un respiro siguiendo en la estela de ETA suspendido en los restos de la rendición que iba pergeñando, incapaz de percibir la realidad, tanto que hoy El País insiste profusamente en decir digo donde Zapatero dijo “suspensión”. Es curiosísimo y revelador este espectáculo. Varios artículos y un editorial intentan cubrir las vergüenzas aturdidas de Zapatero pero de tan mala manera que dicen que ha habido ruptura pero que habrá que seguir el diálogo, todo en secuencia, en el mismo párrafo incluso.

El País, con un gran titular, intenta paliar el destrozo ocasionado por las palabras de Zapatero cuando dijo que “como no se dan las condiciones que establecimos he ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo”, hoy ya no se suspende nada, El País dice que se da por liquidado el proceso, aunque como veremos luego solo hasta que se vuelva a dialogar, es que estos chicos son así de atrevidos a la hora de manipular incluso las palabras de su presidente y nuestro.

“Zapatero da ya por liquidado el proceso de final dialogado del terrorismo tras el atentado de ETA”

Es increíble el que tenga que salir el periódico, faro de la progresía, para decir que Zapatero dijo lo que no dijo cuando dijo lo que dijo.

Vean el estilo de estos chicos de Prisa para utilizar la hermenéutica en las declaraciones de Zapatero.

“El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, da por acabado el proceso abierto para el final dialogado del terrorismo tras el "gravísimo atentado" de Barajas por parte de ETA que supone una ruptura del alto el fuego permanente que la banda declaró el 22 de marzo. Ese es el significado del término "suspensión de las iniciativas de diálogo" que utilizó el presidente del Gobierno en su intervención del pasado sábado como respuesta al atentado terrorista”.

Esta frase creo que quedará para la historia, ya sabemos que según El País, la palabra en zapaterés “suspensión” significa en castellano “dar por acabado o liquidado”.

Ustedes se preguntarán porque Zapatero no utilizó el término ruptura si quería decir ruptura en lugar de suspensión, y más sabiendo que no improvisaba sino que leía un discurso redactado previamente. El País nos da la respuesta, no se rían, pero es esta

“Zapatero utilizó el sábado el término "suspensión" y no el de "ruptura" para calificar el estado del proceso, tras el atentado de ETA, para dejar claro que quienes rompían al alto el fuego eran los terroristas y no el Gobierno.”

O sea, que para Zapatero podrían quedar dudas acerca de quien rompía el alto el fuego, porque podría parecer que era el gobierno el que lo podría haber roto, seguramente colocando una bomba en la sede social de ETA o en alguna herriko taberna.

Son inasequibles al desaliento estos mendaces manipuladores. Ahora intentarán borrar la reciente historia de rendición a ETA para mutarla en auténticos episodios de hazañas bélicas.

En su editorial, titulado con toda intención “Nuevas condiciones” intenta dejar claro que el dialogo con ETA se deberá reanudar pero con nuevas condiciones. Así que El País miente, ya que no hay liquidación ni ruptura del proceso, solo suspensión hasta que se vuelva al diálogo.

“ETA no sólo ha pulverizado la tregua, sino también elementos necesarios para un día, si acaso, volver a empezar un proceso de paz. Las reglas no han funcionado. Los interlocutores de la banda, tampoco. Se abre ahora una etapa que estará dominada por la lucha policial y judicial contra la banda terrorista, y en la que resulta esencial la unidad de los partidos democráticos, incluido el PNV, que ha de evitar una nueva deriva soberanista. Para que ETA acabe siendo derrotada son necesarias, pero no suficientes, las medidas policiales y judiciales. Al final, tarde o temprano, tendrá que haber diálogo. Pero sobre bases diferentes. “

O sea, que ETA ha pulverizado los elementos necesarios para un día volver a empezar el proceso de paz, pero que al final, tarde o temprano tendrá que haber diálogo. ¿A que son geniales estos tipos que dicen una cosa y su contraria en el mismo párrafo?.

El aturdimiento de Zapatero que ha obligado a El País a salir al ruedo de la mentira tiene que ser grave.

Escombros
Fray Josepho Libertad Digital 2 Enero 2007

Tu honor, tu certidumbre, tu soltura,
tu riesgo, tu jactancia, tu baraka,
tu rollo, tu monserga, tu matraca,
tu astucia, tus reflejos, tu cintura,

tu desvergüenza enorme, tu frescura,
tu absurda ensoñación paradisiaca,
tu regate felón, tu tiqui-taca
y tu despampanante cara dura.

Todo se te ha caído, presidente:
tu trampa, tu mentira, tu teatro
y la terrible farsa de tu envite.

No cree en ti siquiera ya tu gente;
te has derrumbado igual que la T-4.
Haz un favor (el único): dimite.

ZAPATERO, NUESTRO HOMBRE EN ETA
Editorial minutodigital 2 Enero 2007

España, sin duda, se ha convertido en la más desgraciada de la naciones europeas. Y no por razones económicas o sociales, sino por razones eminentemente políticas, pues un pueblo regido por gobernantes arbitrarios, cobardes y protectores del terrorismo acaba cayendo en los abismos de la ignominia y la desvergüenza.

“ El candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, conminaba a los madrileños a olvidar que los cadáveres de los dos últimos asesinados por ETA están todavía por encontrar y a pasar una feliz nochevieja... ¡Ignominioso! ”
El Presidente Rodríguez Zapatero ha demostrado en estos días ser capaz de descender a los albañales de todas las bajezas posibles.

Su gobierno empezó negándose a condenar los atentados sufridos por el PP durante las jornadas “revolucionarias” de marzo de 2004. Sus sedes fueron atacadas, sus militantes agredidos y el Sr. Zapatero lo justificó. Es más, su desfachatez llegó al extremo de negarse por tres veces, en la comisión del 11-M, a condenar tales actos.

Más tarde le vimos al lado de Hugo Chávez, golpista consumado. En su día intentó llegar al poder por un frustrado golpe de estado, y al fracasar, fingió convertirse a la fe democrática y una vez conquistado el poder ha mostrado su auténtica cara, forzando la ley para perpetuarse en él: limitación de la libertad de prensa, amordazamiento de la oposición y un populismo galopante son sus armas para acabar con la democracia venezolana e instaurar un despotismo asiático en latitudes hispánicas.

Poco después descubrimos la vena antisionista del PSOE, que llegó a organizar una manifestación contra Israel que no fue más que la escenificación chapucera y vil de las que en los años 30 organizaba el partido Nacional Socialista Alemán. Pero, como no podía ser menos, ZP fue más allá y justificó el terrorismo islámico.

Y todo este recetario de escalofrío fue aderezado en todo momento con la connivencia política con nuestro terrorismo patrio, el etarra. Primero cometió la vileza de sentar a los suyos en la misma mesa que los terroristas etarras encuadrados en HB, después mantuvo contactos directos con pistoleros de ETA, más tarde, utilizando como instrumento político a la Fiscalía, solicitó la rebaja de las penas a imponer a los asesinos de ETA. Y finalmente, el 30 de diciembre, como única reacción ante el último atentado de la izquierdosa ETA, que se ha llevado por delante la vida de dos ecuatorianos, simplemente se ha limitado a decir que suspenderá cualquier contacto con ellos, y esto el día después de calificar los asesinatos de ETA como accidentes mortales.

Sin embargo, el proyecto del Sr. Rodríguez no acaba aquí, pues de seguro seguirá adelante con la negociación con ETA. No en vano la suspensión de contactos, como él mismo ha anunciado, es temporal. Dentro de poco, desde el Gobierno se empezará a difundir que los dos ciudadanos ecuatorianos asesinados fueron un accidente, pues no en vano ETA anunció una hora antes del atentado la colocación de la furgoneta. Desde el PSOE y el mundo abertzale se difundirá, no lo duden nuestros lectores, que el aviso fue con la antelación suficiente para evitar víctimas, y que si éstas existieron fue por un lamentable error –lo del proyecto de zulo para guardar cosas de Rubalcaba es un anuncio de la hipocresía que nos espera. No debemos olvidar que la reacción ante el atentado fue coordinada entre el PSOE y HB, como demuestra que ZP y Otegi repitieran la misma línea argumental. Tampoco podemos obviar que en estos días hemos visto algo impensable: el Presidente del Gobierno –en una muestra más de dejación y cobardía a la hora de rendir cuentas a la ciudadanía-, que nos prometió un 2007 “aún mejor” que el 2006, no ha estado presente en ninguna de las manifestaciones convocadas en repulsa del atentado. Es, pues, la primera vez que un Gobierno democrático se sitúa, y públicamente además, al lado de los terroristas y no al lado de las familias de las dos víctimas y de los españoles frente al terrorismo. Y a estas, el candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, conminaba a los madrileños a olvidar que los cadáveres de los dos últimos asesinados por ETA están todavía por encontrar y a pasar una feliz nochevieja... ¡Ignominioso!

En esta publicación nunca hemos faltado al respeto a los votantes de ningún partido político, pues el juego democrático se funda en la pluralidad de puntos de vista, y existen diferentes sensibilidades políticas. Sin embargo, el grado de vileza al que ha llegado el PSOE de ZP nos lleva a una sola conclusión: quien apoye electoralmente a estos amigos de terroristas, demostrará ser tan vil e indigno como ellos.

2007: el liderazgo de Zapatero en manos de ETA y pendiente de las elecciones municipales
Pablo Sebastián Estrella Digital 2 Enero 2007

El año 2007 no ha podido empezar peor tras el atentado terrorista de ETA en Barajas, que ha causado dos muertos y varios heridos y que, además del terror y los destrozos provocados, le ha quitado al presidente Zapatero su primer argumento para negociar con ETA cuando decía que la banda llevaba tres años y medio sin matar. Ahora acaba de hacerlo y a pesar de ello el presidente insiste en no romper el proceso negociador - que ha sido dinamitado por la banda- lo que con convierte a Zapatero en rehén político de ETA, porque si los terroristas volvieran a actuar el presidente se vería obligado a dejar el poder, o de lo contrario lo echarán los ciudadanos en 2008. Aunque en el 2007, en las elecciones municipales y autonómicas de la primavera Zapatero, el Gobierno y el PSOE se enfrentarán a un definitivo test electoral.

Una situación muy difícil para el presidente porque, aunque ha suspendido el diálogo con ETA, no ha querido romper la negociación por miedo a más atentados y en espera de un milagro que le haga rectificar a ETA y renunciar a la lucha armada sin recibir a cambio contrapartidas políticas, lo que es difícil de imaginar porque ETA ha matado, precisamente, para obligar al gobierno a hacer dichas concesiones. Y porque además el Gobierno deberá actuar ahora, política y judicialmente, con contundencia frente a la banda intentando capturar alguno de sus comandos – como dicen en fuentes próximas al ministerio de Interior -, lo que podría desencadenar mas respuestas violentas de ETA.

Y todo ello en pleno curso preelectoral y frente a un PP al que ETA le ha dado la razón en su posición contraria a negociar con la banda. Un PP que tardó en reaccionar frente al atentado, con la firmeza que requería el caso y que no descarta presentar una moción de censura a Zapatero en el Congreso de los Diputados, si es que Rajoy decide dar un paso hacia delante, como le exige una parte de su partido. Aunque, curiosamente, son los responsables del sector mas duro del PP y poco amigos de Rajoy, los que no parecen muy entusiastas con la nueva situación porque Rajoy podría verse reforzado – de cara al congreso del partido en el otoño - y ellos por lo que se ve juegan a otra cosa y a otro líder.

Zapatero en crisis

En todo caso no es el liderazgo de Rajoy el que está hoy en juego, aunque también será observado de cerca por la ciudadanía, porque entre los cascotes de la catástrofe también vimos reflejada la imagen del presidente Zapatero con la cara demudada, desconcertado y engañado de manera cruel y ante los ojos de los españoles por aquellos en los que había depositado toda su confianza, los negociadores de ETA y Batasuna, y sobre los que dijo unas horas antes de la explosión que tenía “la convicción” de que el año 2207 iba a ser mejor que 2006, y que el 2006 era el mejor de los últimos años en relación con el terrorismo. La convicción, he ahí el problema. Cuando un jefe de Gobierno dice con toda solemnidad y en público que tiene “la convicción” de que todo va a mejor y horas después le dinamitan un ala del aeropuerto de Barajas, o es que no sabe de lo que habla y miente o juega de farol sin tener información en asuntos tan serios como el terrorismo, o simplemente le han engañado, o no tiene dos dedos de frente ni la capacidad política para gobernar una gran nación como España, que él considera discutida y discutible.

Hemos asistido, a finales de 2006, a la mas flagrante prueba de incapacidad política y desconcierto de un gobernante que no debería seguir en el cargo porque carece de la menor credibilidad, y porque además ha sido incapaz de reaccionar como esperaba la gran mayoría de los españoles: confirmando de la ruptura – iniciada por ETA - del proceso de la negociación, mal llamado de paz, y advirtiendo a la banda que a partir de ahora no habrá mas diálogo y respuestas que las de la Justicia y la acción eficaz de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Eso es lo que debió decir Zapatero tras el estallido del coche bomba en Madrid. Pero no, el presidente pensó mas en él que en los españoles y tras escuchar el mensaje de Otegui y Batasuna, diciendo que el atentado terrorista no ha roto el proceso, Zapatero, impasible e insensible, repitió lo mismo en Madrid, por dos razones: porque si decía que el proceso había fracasado, habría confirmado su propio fracaso político, dado que esta negociación es responsabilidad exclusiva suya; y también porque Zapatero piensa y teme que si era él quien anunciaba la ruptura del proceso – ha sido ETA con su criminal atentado – ello incitará a ETA a volver a matar mas inocentes en los próximos días y entonces lo que queda de legislatura se convertirá en un infierno para él y para el PSOE, aunque algo de ese fuego infernal ya se empezó a vislumbrar en Barajas. Ahora más que nunca Zapatero está en manos de ETA, porque si la banda vuelve a matar el presidente tendrá que dimitir a toda velocidad.

El PSOE desconcertado con Zapatero

Hace pocos días el ex presidente Felipe González escribía un artículo en el diario El País sobre la crispación, en el que culpaba al PP de las tensiones en la vida pública y le pedía que apoyara a Zapatero en la negociación con ETA. Pues bien, mal momento ha escogido González para sus críticas al PP o para hablar de la crispación porque debería saber González que la crispación no suele partir de loa oposición sino del mal uso del poder que hacen los malos gobernantes. Por ejemplo: cuando un presidente del gobierno como Zapatero tras el atentado de ETA decide mantener la negociación con la banda – aunque aplace el diálogo durante un tiempo – eso produce crispación, y desolación. Incluso en el PSOE.

Y resulta un sarcasmo que desde el Gobierno y sobre todo los portavoces oficiales del PSOE se pida ahora la unidad de los demócratas – la que nunca buscaron ellos para iniciar la negociación con ETA – ni mas ni menos que ¡para continuar con este proceso y considerar que el coche bomba de Madrid es solo un paréntesis, que sólo suspende por el momento las negociaciones! El PSOE lo que tendría que hacer, si hubiera democracia interna en el partido, es pedir responsabilidades políticas y explicaciones de todo tipo a su secretario general, Zapatero, porque no les ha contado nada del proceso, les exigió fe y confianza ciega en su capacidad para llevar a cabo la negociación y les aseguró que tenía datos suficientes para justificar todos los pasos que estaba dando. Y todo ello ha resultado ser falso. Joaquín Leguina dijo, una vez que en el PP se quejaron de no tener información sobre el proceso, que en el PSOE pasaba igual porque Zapatero tampoco los había informado de nada. Y José Bono antes de abandonar el ministerio de Defensa afirmó que no le gustaba nada lo que sabía del citado proceso negociador. Pues bien, todavía se atreve el portavoz del PSOE, José Blanco en una patética declaración, a decir que el PP hizo mal en criticar al Gobierno por lo ocurrido.

En realidad José Blanco no representa el sentir mayoritario de los socialistas, menos aún de sus dirigentes o de sus votantes. Otra cosa es que, en estas adversidades, se unan tal y como lo hicieron siempre – con el GAL y la corrupción – porque saben por experiencia histórica que las crisis internas del partido tienen muy mala solución, y también porque no quieren perder el poder. Pero lo ocurrido no evita el desconcierto y la muy creciente preocupación de los dirigentes y militantes socialistas con la capacidad de Zapatero para gobernar y dirigir el partido. Sobre todo porque lo ocurrido, sumado al Estatuto catalán, la memoria histórica y otros disparates, está agotando la paciencia de muchos dirigentes del partido que, a medida que se enfríen estos últimos acontecimientos, aumentarán su nivel de crítica interna al líder y puede que incluso le exijan a Zapatero, como deberían hacer, un claro control de su actuación en esta y otras materias.

El proceso en crisis

En realidad Zapatero, Blanco, Eguiguren y López, son cuatro dirigentes socialistas que deberían ir pensando en su futuro al margen de la escena política, de la misma manera que Conde Pumpido debería abandonar la fiscalía general del Estado, tras lo ocurrido el sábado 30 de diciembre de 2006 en Madrid. Y vamos a ver que ocurre con la más que intencionada moratoria que se dio el Tribunal Supremo para juzgar al entorno juvenil de ETA – los dirigentes de Segui, y otras organizaciones - , que pasa con el procesamiento de Otegi, con De Juana Chaos, etcétera. Y sobre todo que va a pasar con la pretensión de Batasuna de acudir a las elecciones municipales camuflada bajo otras siglas. ¿Lo va a consentir Zapatero en aras del proceso?

La situación del famoso proceso de paz tras el atentado terrorista de ETA es pésima por no decir imposible. Si ETA ha puesto un coche bomba porque Zapatero se resistía a hacer concesiones políticas a la banda, tales como la reagrupación de sus presos, la legalización de Batasuna y el inicio de las negociaciones de la mesa política para hablar de autodeterminación vasca y de Navarra ¿qué les hace pensar a los dirigentes de ETA que ahora Zapatero, tras el coche bomba, empezará a ceder?

Además Zapatero, a igual que ocurrió cuando el robo de 350 pistolas en Francia, deberá ofrecer a los ciudadanos alguna inmediata respuesta policial con la captura de uno o mas comandos, y a ser posible con detención de los responsables del atentado madrileño, lo que de ocurrir podría provocar otra respuesta criminal de la banda, y poner en marcha la escalada definitiva de la violencia.

Si el argumento público de Zapatero para negociar era el de que ETA llevaba más de tres años sin matar, ahora que ha matado a dos personas ¿cómo se atreve el presidente en estas circunstancias a perseverar en el proceso negociador? A lo mejor en Moncloa se imaginan que ETA, tras las consecuencias del atentado, pasará unos meses sin matar y sin violencia callejera y que, a lo mejor después del próximo verano, se puede volver a retomar la negociación. Son capaces de imaginar que ETA y Batasuna van a callar, que no habrá más cartas de extorsión, ni más kale borroka, porque todo apunta a que alguien ha convencido a Zapatero que lo de España es como lo de Irlanda. Y que allí tuvieron lugar varios atentados durante la negociación. Pero los casos no son iguales ni mucho menos y los entrometidos expertos en el caso irlandés no han hecho otra cosa que llevar a Zapatero a la equivocación.

También cabe especular sobre el por qué ETA no anunció la ruptura de la tregua antes de hacer estallar el coche bomba. Unos dirán que en el seno de ETA hay discrepancias y otros que el atentado fue solo una advertencia para obligar a Zapatero a hacer pronto las primeras concesiones políticas a los etarras. Así lo dijo Otegui cuando señaló que en el tiempo de Aznar se habían acercado los presos etarras al País Vasco.

La conclusión que se obtiene de toda esta situación es la siguiente: el proceso, aunque Zapatero no haya querido enterrarlo, está muerto y tiene ahora más dificultades que las que tenía antes del atentado. Como en crisis está el liderazgo de Zapatero y también las relaciones entre el PSOE y el PP que han alcanzando en estos momentos el punto de desencuentro y no retorno definitivo. Con un dato nuevo: Zapatero ya no podrá decir a nadie que negocia con ETA porque lleva tres años y medio sin matar. Ahora ha matado en Madrid y el PP está más cerca de la realidad.

El PP reaccionó tarde

En cuanto al PP tenemos que decir que Rajoy ha hecho bien en exigir a Zapatero que rompa el proceso negociador con ETA y que no solo suspenda el diálogo, aunque hay que decir que Rajoy tardó 24 horas en hacer esta afirmación por dos razones: primero porque tampoco tiene muy claras las cosas en su cabeza y se dejó engañar – otra vez – por la llamada telefónica del presidente en el que le habló de suspensión, y también porque temía que alguien le reprochara la no unidad de los demócratas frente a ETA, una posición que no se puede aplicar a este caso cuando el presidente insiste en dejar abierta la negociación con la banda que acaba de matar; y en segundo lugar porque, una vez mas, el líder del PP ha hecho gala de su vagancia y capacidad de huir de cualquier conflicto, porque Rajoy el sábado día 30, tras conocer el atentado, debió trasladarse a Madrid, visitar el aeropuerto de Barajas, solicitar la reunión urgente de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados, y exigir públicamente al presidente que rompiera el proceso negociador. Pero Rajoy ha sido incapaz de actuar así, y nadie de los suyos le ha animado a hacerlo.

Y si grave parece el desconcierto de Zapatero y su incapacidad de romper con ETA, tras lo ocurrido en Madrid, pena dar ver la debilidad del primer partido de la oposición, lo que nos conduce a una sensación de orfandad de los ciudadanos y a un cierto vacío de poder. Aunque fuentes allegadas al PP no descartan la posibilidad de presentar en el Congreso de los Diputados una moción de censura contra el presidente Zapatero, por estos hechos y otros que han provocado la ruptura de la convivencia ciudadana.

Sin embargo los populares antes de tomar esta decisión van a ver como se desarrollan los acontecimientos en las próximas horas y van a estudiar, con encuestas, los posibles efectos que podría tener la moción de censura ante los electores que acudirán a las urnas en los próximos meses para participar en los comicios municipales y autonómicos. Entre otras cosas porque en el PP saben que la moción de censura la perderán ante el PSOE y sus aliados, aunque tendrá sus efectos ante la opinión pública. Y también saben que su líder, Rajoy, es contrario a todo riesgo, por más que a Zapatero ya no le quedan argumentos para mantener abierta la negociación con ETA. De manera que la moción de censura, que está en estudio, varemos si llegará antes de lo comicios o incluso para después de las elecciones si el resultado confirma el ascenso del PP, aunque lo lógico sería plantearla nada mas abrirse el curso parlamentario. Pero eso parece pedirle demasiado a un político como Rajoy que actúa precisamente al contrario de Zapatero, huyendo del riesgo, mientras que el presidente es el rey de la temeridad. Y con estos dirigentes, estos mimbres, tendremos que construir el cesto de 2007, un año electoral que se anuncia mas tenso y decisivo de lo que, antes del atentado de Madrid, cabía esperar. Sobre todo porque ETA tiene ahora en manos de sus comandos el presente y futuro del Gobierno y de Zapatero y en cualquier momento lo podrían dinamitar.

Consecuencias del 30-d
Editorial ABC 2 Enero 2007

EN el día después del atentado del aeropuerto de Barajas, el PSOE no ha podido cambiar su inercia y, a través de su secretario de Organización, José Blanco, ha reprochado a Mariano Rajoy que no «culpabilizara» del atentado a ETA y se dedicara a criticar al Gobierno. Quien escuchara a Mariano Rajoy -que ha mantenido una actitud institucional encomiable- ya sabrá que las palabras de Blanco constituyen una manipulación descarada que se enmarca en la política de propaganda que el PSOE puso en marcha hace tiempo con carácter preventivo para endosar a terceros las responsabilidades políticas por el previsible fracaso del proceso de negociación. Así se llegó a decir que si el proceso fracasaba «sería, en buena medida, debido al boicot del PP» (José Blanco). Tampoco faltaron insinuaciones, de tono creciente y cada vez más explícitas, contra los jueces de la Audiencia Nacional que acordaban medidas cautelares contra Batasuna y sus dirigentes. Ahora, cuando todos los avisos inequívocos de que ETA se estaba rearmando han tomado cuerpo en el atentado con bomba más destructivo cometido por los etarras, el PSOE y el Gobierno vuelven a ponerse a la defensiva frente a las críticas que están recibiendo, como si éstas fueran acusaciones de corresponsabilidad en la vuelta de ETA a la violencia terrorista.

Siempre hemos mantenido en esta página editorial que ningún gobierno democrático comparte responsabilidades con unos terroristas por los crímenes que cometen. Nunca y en ningún caso, por muy equivocadas que sean las decisiones política tomadas por ese gobierno. Es más, si este principio se le hubiera aplicado al Partido Popular entre el 11 y el 13 de marzo de 2004, el PSOE no tendría los temores que le acechan, que expresan sobre todo una mala conciencia y, probablemente, un cierto arrepentimiento por no haberse callado en determinados momentos. Ahora pesan como losas aquellas acusaciones de «falta de prevención», de «engaños masivos», de «política exterior provocadora» que constantemente utilizaron contra el PP a cuenta del 11-M. Y más aún, ese temerario optimismo que insistía en recalcar «tres años sin muertos» y unas «navidades sin bombas», sólo veinticuatro horas antes de que cientos de kilos de explosivos hicieran saltar por los aires el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas, el día antes de Nochevieja -en 2003 quisieron hacer lo mismo en la Estación de Chamartín, en Nochebuena- poniendo en peligro la vida de cientos de personas y habiendo acabado, muy probablemente, con dos ellas, de las que todavía no se sabe nada. Que nadie se atreva siquiera a sugerir que ETA no quería matar.

El atentado del 30-D es responsabilidad exclusiva de ETA. Ningún demócrata sensato puede ni debe equivocarse al respecto y si lo hace, el daño moral del terrorismo se amplifica más allá de que lo ninguna bomba podría causar. La división ciudadana y la sospecha contra las instituciones democráticas pasan facturas muy onerosas que se pagan con costes que quedaron a la vista tras el 11-M. Ahora bien, para quien, como este periódico, tiene clara la separación entre terroristas y sus víctimas, el victimismo político que pretende poner en práctica el Gobierno es inútil como mordaza para silenciar el juicio que merece la actuación política de José Luis Rodríguez Zapatero. Criticar al Gobierno por lo que ha hecho no es echarle encima la responsabilidad del atentado. Es, sencillamente, valorar democráticamente su gestión y reclamar explicaciones de las decisiones que ha tomado en relación con la tregua de ETA; es pedirle que aclare desde cuándo sus emisarios y representantes del PSOE se han entrevistado con miembros de ETA; es exigirle que, de una vez por todas, abandone la ambigüedad. Rodríguez Zapatero debe asumir una carga que Aznar nunca tuvo que soportar.

La tregua del 22 de marzo de 2006 fue fruto de pactos, compromisos, contactos o conversaciones previos del PSE y del Gobierno socialista con ETA y Batasuna. Estos antecedentes, que nadie ha negado porque son estrictamente ciertos, legitiman a la opinión pública para demandar, claramente y sin matices terminológicos, responsabilidades políticas, insistimos, no por lo que hizo ETA el 30-D, sino por lo que ha venido diciendo y haciendo el Gobierno desde hace dos años en relación con la política antiterrorista. Desde el momento en que Rodríguez Zapatero rompió el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, la lucha contra ETA dejó de ser un asunto de Estado, quedando, por tanto, a expensas del debate público y político. Y ahora, dado que el Gobierno ha descartado rectificar su política hacia ETA -pues suspender las «iniciativas» del diálogo es una medida risible frente a la dimensión de la amenaza etarra- ese debate y esas responsabilidades son inaplazables y deben ser el primer punto de la agenda política de 2007.

Un nuevo año difícil y duro
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 2 Enero 2007

Ayer, día uno de enero de 2007, se cumplieron los primeros cinco años desde que el euro se vino a vivir a nuestros bolsillos. Es algo que ha modificado nuestras costumbres, que nos ha convertido –¡por fin!– en ciudadanos europeos y que, del mismo modo que ha resultado benéfico en el mundo de las empresas y los negocios, ha servido para rebajar en algún grado nuestra capacidad adquisitiva. En el mejor de los casos, lo que hace un lustro eran 'veinte duros' –cien pesetas– es hoy, a los efectos prácticos, un solo euro. Se han evaporado en el tránsito sesenta y seis pelas. Se nota al tomar un café en la barra del más modesto de los bares del barrio. Váyase la carestía que el euro genera en el pequeño consumo por la estabilidad que aporta a nuestras grandes cuentas nacionales –nacionales de España, por supuesto–.

Arranco mi primer artículo de este nuevo año, que deseo muy feliz a quienes quieran leerlo, con este apunte dinerario para que no se me advierta el pesimismo. La economía, a pesar de la escasa finura con la que el Gobierno se acerca a ella, aguanta. Mantiene la fuerza del ciclo que, felizmente, ha superado las tormentas de hace poco más de una docena de años. Pero que nadie se llame a engaño. Ese, el económico, es el único augurio moderadamente favorable que permite el análisis prospectivo de 2007.

En el orden político estamos mal y vamos a peor. El atentado terrorista con el que ETA despidió a 2006 marca un punto de inflexión que, además de dejar en pelota viva a José Luis Rodríguez Zapatero, pone en evidencia las carencias de contenido y programa que definen al tan paritario como inútil equipo gubernamental. Zapatero sacó los pies del plato –la política del Parlamento– para convertirse en el “gran pacificador”, en el político capaz de conseguir frente a ETA lo que no habían podido alcanzar ninguno de sus predecesores democráticos. Ahí está el resultado. Dicho con precisión de lenguaje, la contumacia le ha colocado al presidente del Gobierno sobre un inmenso y ridículo pedestal. Es el hombre que ríe. ¿De qué?.

El tiempo nos va demostrando que a Zapatero le cogió por sorpresa la llegada a La Moncloa. Tuvo que improvisar un contenido para rellenar su sobrevenida púrpura y centró su trabajo de política interior –de la exterior más vale no hablar– en retribuir a Pasqual Maragall y a sus socios en el primero de los tripartitos de Cataluña con un nou Estatut que, recién estrenado, ya demuestra su malignidad y que ha precipitado una carrera que, al grito de “yo como los catalanes”, empuja a todos los presidentes de las Autonomías. Al mismo tiempo comenzó, con escaso respeto a las formas democráticas y con la temeraria marginación del otro gran partido nacional, el PP, una negociación con ETA que, por el precio de "un alto el fuego", ha concluido de modo dramático después de permitirle a la banda terrorista un tiempo para su reorganización y rearme.

El daño está hecho. Estamos en vísperas de unas elecciones autonómicas y municipales con media legislatura por delante. No cabe esperar de Zapatero, incapaz para cualquier gesto autocrítico y, menos aún, para cualquier planteamiento de grandeza, un adelantamiento de las elecciones generales; pero ese sería el único zurcido capaz de remendar el roto que la política socialista y la respuesta terrorista han abierto en la vida española.

Zapatero, sin equipo y sin ideas, está condenado a ser un fantasma en la oscuridad de la política más ramplona. De hecho no le queda más contenido que el de la “memoria histórica” con el que ya ha conseguido despertar muchos de los odios que el tiempo y el sentido común, trabajando de consuno, habían conseguido desterrar del horizonte de nuestra convivencia.

El año, ya digo –con palabras de Zapatero–, será duro y difícil. No será largo porque los años están tasados en su tiempo, pero se nos hará insufrible. Ni la oposición, que ha actuado cabalmente frente a los últimos acontecimientos, sirve para la esperanza porque junto a un líder perezoso se juntan unos cuadros llenos de complejos e hipotecados en pactos y asuntos menores.

En cualquier caso, como decía Thomas Jefferson, mejor son los ensueños del futuro que las historias del pasado.

España,estupefacta
José Javaloyes Estrella Digital 2 Enero 2007

La respuesta del presidente del Gobierno al tremendo atentado de ETA, insistiendo en que seguirá el “proceso”, ha convertido el paso de las doce uvas por la garganta de España en un tragar doce ruedas de molino.

Es como si José Luís Rodríguez, entre la incapacidad manifiesta y la sospechada responsabilidad, bastante para que se le destituya, hubiera negociado con Arnaldo Otegui los términos de la declaración. La almendra de las respectivas manifestaciones sólo es una; uno es el espíritu e idéntico el mensaje.

La única diferencia es que Rodríguez, supuestamente, habla para todos los españoles, dado que sobre el papel los representa, mientras que Otegui es el recadero del terror, y el portavoz del crimen entendido como modalidad de la política. Pero la estupefacción no acaba ahí, en la homologada equiparación de los respectivos poderes: el del Estado y el de los etarras, sino en el hecho de que se ratifica lo que ya era evidente: la inexistencia del alto el fuego, de la tregua, puesto que la actividad terrorista nunca cesó, con la extorsión en activo; la “kale borroka”, en todas sus gradaciones; el proceso de reorganización y rearme, con los robos de pistolas y el despliegue de los “zulos” …

Ninguno de estos hechos se quiso tener en cuenta por el Gobierno para cortar la negociación con ETA. Y ahora, después del atentado del sábado en Barajas, tampoco se ha querido reconocer por el presidente del Consejo como sobrada razón para que el “proceso” se liquide de una vez. ¿Qué espera que hagan los terroristas para que desista de su empeño y se vuelva a la política anti-terrorista en que se estaba, resucitando el consenso entre los dos grandes partidos nacionales?

No cabe la posibilidad de que Rodríguez no desista por el hecho de que le resulta imposible desistir. Esa imposibilidad equivaldría a incapacidad, y en tal caso habría de instarse su destitución y la incoación de un proceso de eventuales responsabilidades.

Es difícil encontrar un supuesto político más definido que este para que la Oposición planteara un voto de censura el Gobierno. El cauce parlamentario es el obligado para que de una vez se debata y resuelva el cese del estado de extorsión que el Estado padece por la sola voluntad del muy incapaz presidente del Consejo de Ministros. ¿Quién puede sostener ante el pueblo español un supuesto proceso de paz, resumible en negociación donde una de las partes negocia con las armas sobre la mesa, utilizándolas además para avalar sus pretensiones, cuando esa parte entiende que se está en el “momento procesal oportuno” para ella, tal como ahora acaba de ocurrir, volviendo a matar con más de media tonelada de explosivos en el aeropuerto de Barajas?

El atentado de Barajas ha fracturado la continuidad de las condiciones en que se estaba, pésimas de todo punto. Esta fractura expresa una saturación del inadmisible status quo impuesto y sostenido desde la contumacia presidencial. La crisis está ahí y clama por una reacción en bloque, tenida en cuenta las circunstancias, de todos los partidos políticos. Son éstos los que se deben a la democracia y a la dignidad del Estado, al respeto que merece la ciudadanía, el pueblo español. No es que desde donde estamos no se pueda pasar. Es que nunca se debió llegar a esto. Con toda la moderación y templanza que sea menester, hay que hacer más que decir basta para que estas últimas uvas no sean las uvas de la ira del español sentado. ¿Para cuando sino el voto de censura y la demanda nacional de responsabilidades a este lamentable huésped de la Moncloa?

Tras el desplome
POR XAVIER PERICAY ABC 2 Enero 2007

TODA negociación entre dos partes supone un reconocimiento mutuo, una equiparación. De ahí, sin duda, que las negociaciones acostumbren a producirse entre iguales. Cuando no es éste el caso, cuando se da entre las partes un desequilibrio manifiesto, el primer efecto de una negociación es nivelar lo que, con anterioridad, no estaba en modo alguno nivelado. Y si encima resulta que estas partes son, respectivamente, el Gobierno de un Estado y una organización terrorista con miles de víctimas en su haber, entonces la nivelación se vuelve repulsiva, intolerable. ¿Cómo puede, en efecto, un Gobierno democrático -o quien este Gobierno designe- sentarse a la misma mesa que una banda de criminales? ¿Cómo puede compartir mantel con ella, ponerse a su altura, reconocerle la condición de interlocutora? ¿Basta, quizá, con que el fin perseguido sea un fin tan noble como la paz?

No, ciertamente. El fin importa, claro; pero no basta. O no debería bastar. Importan también, y mucho, los términos de la negociación, lo que el Gobierno parece dispuesto a ceder a cambio: no es lo mismo negociar medidas de gracia que la autodeterminación o la anexión de una comunidad autónoma a otra. E importa la habilidad, o la falta de habilidad, del propio Ejecutivo para llevar a cabo su iniciativa negociadora. Aun así, lo verdaderamente crucial para que un trato de esta naturaleza no pueda ser percibido como algo repulsivo e intolerable es que el Gobierno cuente con un apoyo parlamentario amplísimo. En otras palabras: que cuente con el apoyo del principal partido de la oposición. Y no sólo por una cuestión numérica. También porque, a los ojos de la inmensa mayoría de los ciudadanos, ésta es la única garantía de que, sea cual sea el desenlace de su iniciativa, los representantes, presentes y futuros, del Estado de derecho van a mantener la imprescindible unidad de acción frente al terrorismo. Eso es, que el Estado, ocurra lo que ocurra, va a permanecer derecho.

Por eso, cuando el pasado sábado ETA hizo estallar el coche bomba en uno de los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas no sólo cogió al presidente y a todo su Gobierno completamente desprevenidos; los cogió además sin colchón parlamentario suficiente. Es decir, sin credibilidad. O, como mínimo, con una credibilidad muy menguada en comparación con la que tuvieron en su momento los gobiernos de Felipe González y de José María Aznar cuando la banda terrorista decidió romper las dos únicas treguas decretadas anteriormente. Cierto: no es lo mismo el efecto de un atentado que el de un comunicado, incluso si éste tiene por objeto anunciar nuevos atentados. Pero en abril de 1989 y en noviembre de 1999 los comunicados de la banda sólo dejaron la certeza de que el esfuerzo negociador había sido vano y de que los terroristas, fatalmente, volverían a matar. No como ahora, en que a la certeza anterior se une la sensación de que el desplome, además de afectar al aparcamiento, ha afectado al bloque constitucional. Y lo que es peor: la sensación de que el principal responsable de la negociación con ETA, o sea, el presidente del Gobierno, no parece haber aprendido la lección.

En efecto, a primera vista, no parece que José Luis Rodríguez Zapatero esté por la labor de recoger los escombros y recomponer el bloque. De sus palabras en la comparecencia del pasado sábado se deduce más bien que va a intentar comportarse como ya viene siendo habitual en él: empecinado en demostrar que todo es posible, incluso lo imposible. Que basta con que uno se lo proponga. Así actuó cuando el proceso de reforma del Estatuto catalán, y así nos fue y nos está yendo. Pero ahora la cosa tiene otros tintes. Porque ahora ya no se trata de jugar a tres bandas, prometiendo el oro y el moro y saliendo luego por la tangente. Ahora hay que doblegar a la bestia. Y a la bestia no se la doblega con el diálogo. Si alguna enseñanza sacamos los españoles de las dos treguas anteriores fue ésta, precisamente: que sólo la acción policial y la judicial, bien combinadas, podían algún día reducir a la fiera. Y que para ello era indispensable que el Gobierno contara en todo momento con el apoyo del principal partido de la oposición.

Es verdad que el presidente declaró en su comparecencia sabatina que había ordenado «suspender todas las iniciativas para desarrollar el diálogo». Pero una suspensión no es una ruptura; es una simple dilación, una forma de ganar tiempo. Una suspensión no entraña una voluntad de desandar lo andado, de resucitar los grandes acuerdos de comienzos de siglo que permitieron combatir con la máxima eficacia -al menos, con la máxima eficacia conocida hasta la fecha- el terror etarra. No, aunque de momento las circunstancias le hayan obligado a echar el freno, no parece que Rodríguez Zapatero vaya a hacer también marcha atrás y a reconstruir el consenso esencial con la oposición. Todo indica que el «Pacto por las libertades y contra el terrorismo» va a seguir durmiendo el sueño de los justos. Y que Batasuna y su submundo seguirán allí, tan campantes, ofreciéndose al Gobierno para cuanto sea preciso. Como si nada hubiera ocurrido. O como si lo ocurrido entrara ya dentro de una inevitable normalidad.

Suponiendo que permanezca fiel a su palabra y no adelante las elecciones generales, al presidente del Gobierno le queda un año para intentar el milagro. Me refiero al milagro de su reelección. Porque, tal como están las cosas en este momento y vista su actitud, su horizonte político se adivina lleno de nublados. Bien es cierto que si, en vez de mantenerse en sus trece, optara por recomponer el bloque con el Partido Popular, tampoco evitaría el desgaste de tener que admitir públicamente que la estrategia seguida hasta la fecha ha constituido un gran error. Aunque, eso sí, podría tratar de mitigarlo con un ejercicio de responsabilidad que muchos españoles, sin duda, sabrían apreciar.

Pero, insisto, no parece que ésta vaya a ser su actitud. Por desgracia. Y es que el año que ayer empezó, con cita electoral de por medio, no invita al sosiego, que digamos. Y más teniendo en cuenta que esta cita de mayo incluye unas municipales que pasan, como es lógico, por el País Vasco. Y por la posibilidad de que una Batasuna legal o ilegal termine presentándose. Y, si no Batasuna, sí un partido de ocasión, de esos de usar y tirar, como el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Afrontar un panorama así como un boxeador sonado -eso es, con la guardia baja y la mirada turbia-, que es como lo va a afrontar el presidente del Gobierno si nada lo remedia, equivale a jugar con fuego. O, lo que es lo mismo, a poner el propio destino político en manos de ETA.

Tras la bomba, ¿nada ha cambiado?
Fernando González Urbaneja Estrella Digital 2 Enero 2007

Nada ha cambiado después del atentado terrorista del penúltimo día del año. Al menos aparentemente. Las posiciones siguen siendo las mismas, al menos en una primera aproximación. Los etarras siguen en el “dale que te pego”, siguen imaginando que cuanto más daño infrinjan más probabilidades tendrán de conseguir sus aspiraciones. Los nacionalistas vascos, y buena parte de la sociedad vasca, siguen en la ofuscación de que hagan lo que hagan estos terroristas-miserables hay que tenderles la mano para que salgan del error. El Partido Popular se afianza en la convicción de que: “ni agua a los terroristas y a quienes acampen en sus alrededores” y que solo su estrategia y a su modo es admisible. Y el partido socialista, que ha recorrido caso todo el espectro de las estrategias mira a su secretario general y presidente del gobierno en espera de que les oriente en el laberinto en el que él mismo les ha metido y encuentre salidas.

El bombazo del sábado arruina la esperanza de Zapatero de no conocer ni un solo asesinato terrorista durante su mandato, la diosa fortuna no le ha otorgado ese don. Su comparecencia del mismo sábado fue acertada en cuanto a diligencia y probablemente también en el fondo, pero sus adversarios políticos no le van a otorgar ningún margen, nunca se lo han dado. No les sirve su orden de: “suspender cualquier contacto hasta que de forma inequívoca se haya suspendido cualquier violencia”. Los adversarios querían una ruptura y no una suspensión. Aunque si hubiera dicho ruptura le hubieran pedido algo más u otro argumento adicional. La línea del PP es que Zapatero no puede con ETA y reclaman el pacto antiterrorista promovido por el propio Zapatero al tiempo que incumplen su primer mandato.

El bombazo tiene una consecuencia irreparable, la vida de dos ciudadanos y otra insuperable, la amenaza de que unos terroristas con unos kilos de explosivos y la macabra voluntad de usarlos convierte a cualquier ciudadano en víctimas potencial en cualquier momento. Las víctimas no lo son por sus principios, ni por sus desvelos, ni por sus características, lo son porque pasaban por allí. Todos somos víctimas. En esta tesitura lo más importante no son las palabras, más son los hechos; lo que hagan las fuerzas de seguridad, las de inteligencia, los fiscales y los jueces, en España y en Francia, que es desde donde llegaron los explosivos, desde donde ETA actúa y donde ETA se esconde.

El debate político a cuenta del atentado está lleno de ruido y de trampas, de apariencias y de cálculos, mucha jactancia y poca prudencia. En muchos casos es una vergüenza de debate. Es una vergüenza cargar contra el gobierno cuando aun no se han desescombrado los cadáveres y e suna vergüenza pretender que pueda haber una vía de salida para estos asesinos, entendiendo como tales los que ponen las bombas, los que les mandan y los que les comprenden. ¿Cómo entender al jefe del gobierno vasco preguntándose en este momento que se ha hecho mal en la conducción del fallido proceso de paz? No es fácil ser más inoportuno ni más insensato; cómo cuando comentó a José Ramón Recalde, víctima de un atentado poco antes, que en el país Vasco se vivía bien.

Algunos tratan de argumentar que el caso irlandés cursó con desastres semejantes. Pero no es suficiente, ni aquellos tiempos son éstos ni los casos se parecen. Considero que lo más relevante de lo aprendido en los últimos treinta años de ETA es que las políticas duras, directas e inequívocas contra el terrorismo y todo su entorno es lo único que les lleva a las cuerdas. Rubalcaba acertaba cuando señaló el sábado que estos asesinos no utilizan lógica política, lo suyo es la sinrazón.

Al margen de lo que quienes mandan en ETA digan en su momento, que algo dirán, lo evidente es que las decisiones y la estrategia no está en esos batasunos jactanciosos que tanto gustan de los telediarios, son meras comparsas que no merecen más atención que la del fiscal para investigar las complicidades.

Aparentemente nada ha cambiado, pero tampoco pueden las cosas seguir igual que antes que el día 30. Otra tregua inútil debe enseñar que lo de las treguas no conduce a la salida y el fin del terrorismo.

El progre y ETA
Pero, ¿hay alguien tan corto?
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Enero 2007

Imaginemos a un ingenuo que da crédito sin dudar al Gobierno español. Alguien incapaz de sospechar que ciertas palabras se lanzan huecas para que reboten en los diarios sin posibilidad de encontrarse con su sentido. Alguien, además, con corta memoria, y tan carente de rigor lógico que jamás identifica una falacia. Alguien que toma las palabras de Rodríguez, Blanco, Rubalcaba y López al pie de la letra.

Ese pobre ser creería sinceramente que en España existe un largo conflicto basado en la peculiar identidad del pueblo vasco, conflicto que es urgente resolver. Con dos objetivos: que ese pueblo decida su futuro (cosa que no sucede con el actual marco jurídico-político, pues si sucediera no habría cuestión) y que desaparezca por fin el terrorismo etarra. La existencia de asesinatos, agresiones, vandalismo, amenazas y extorsiones es consecuencia de no haberse resuelto el conflicto de identidad. Es, en resumen, consecuencia de la falta de libertades nacionales en el País Vasco. La ETA tiene sus razones.

Pensaría el crédulo que aquellos dos objetivos han de darse juntos por necesidad, incluso cuando cada parte interesada sólo crea en la necesidad de alcanzar uno de ellos. Lo que explicaría que gentes en principio indiferentes o contrarias a la autodeterminación avalen el paquete entero. Por necesidad, se repite el lelo.

Seguiría las noticias nuestro personaje muy esperanzado con la marcha del proceso de paz, nombre que recibe la fórmula secreta para la consecución de los objetivos. Estaría obligado a reconocer razones y, por tanto, legitimidad en todos. Por ejemplo, en el tipo que le grita al magistrado de la Audiencia "¡Ven aquí, cabrón, que te voy a arrancar la piel a tiras y te voy a meter siete tiros, fascista de mierda!" Por ejemplo, en los que tratan de quemar vivos a dos policías. Por ejemplo, en los que han dejado sepultados a dos ecuatorianos en el aparcamiento de la T4.

Y de ahí, en un proceso imparable de comprensión, admitirá –con dolor, pero admitirá– las razones de quien le arrancó las piernas a Irene Villa. Con el sufrimiento de la madre, el mayor sufrimiento imaginable, ya ha dicho el presidente lo que hay que hacer: tragárselo, pues "también mataron a mi abuelo".

Hay gente que muere en accidentes porque la izquierda abertzale, ansiosa de una solución justa al conflicto, guarda cosas indeterminadas en zulos que no son propiamente tales sino proyectos de zulo. Cuando pasa, nuestro benefactor, el presidente, se enfada y suspende el diálogo: no hablará con ellos durante unos días. Luego se regresa al proceso de paz con todas las consecuencias –incluyendo las morales–, pues, ya se sabe, no hay otra vía para acabar con el conflicto. Todo esto es lo que nuestro pobre hombre tiene que creer. Pero, ¿hay alguien tan corto?

Lo que ZP sólo "suspende" El País se lo "liquida"
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 2 Enero 2007

Lo que Zapatero dio por “suspendido”, “El País” lo ha dado por “liquidado”. El “proceso” está sepultado bajo los escombros de la T-4.

Ha resultado esclarecedor leer la prensa esta mañana. La reinterpretación de las palabras del Presidente, mudo en Doñana a donde regreso tras su desoladora comparecencia el día del atentado, parece que esconde en realidad que si ha habido mensajes y conversaciones directas con quienes son sus valedores o tal vez (en el tema ETA , Luis Azpeolea ha sido el auténtico “oráculo de Delfos”) sus máximos estrategas y conductores. La decisión : de “suspensión”, que no había nadie que pudiera digerir tal endeblez a la “liquidación”.

Junto a ello cargar baterías contra el PP por su actitud. “Línea” Blanco. Puede dar algún rédito, a pesar de que apenas si se encuentran elementos de apoyo. Los únicos algunos exaltados en la manifestación de la AVT , en la que se insultó al ausente Zapatero y al presente Galladon, por cierto. Ussia les ha llamado esta mañana “derecha estúpida”. Pero ese no ha sido el rumbo general. Rajoy ha estado en Rajoy y en sensato. Lo mejor en estos momentos de tribulación.

El Gobierno no es responsable de los crímenes de ETA. Zapatero ha actuado con la mejor de las voluntades y una enorme carga de voluntarismo, ilusión y optimismo en este asunto que el mismo y su entorno consideraban el esencial, definitivo y trascendental de su mandato.
Tendrá que reconocer, al menos, su desinformación, su ignorancia y lo errado de su cálculo y de su pronóstico. Tendrá que reconocer, como poco, que ha sido engañado.

El “proceso” ¿qué era? ¿Que ha significado?. Pues penosas evidencias que tantos menos el propio Gobierno señalaban . Que ETA se rearmaba (robo de pistolas, zulo, vehículos) y recuperaba su capacidad operativa. Que en absoluto renuncia a la violencia (cartas de extorsión desde el mismo momento del “alto el fuego”, terrorismo callejero, amenazas, incendios etc) Que los presos lejos de gestos de arrepentimiento, se burlaban de los jueces, les amenazaban con tirotearles en las propias salas de justicia y alardeaban ante las familias de las victimas de sus asesinatos y se jaleaban sus crímenes. Que su tentáculo Batasuna recuperaba la iniciativa política y la calle. Y todo ello sin renunciar a la pistola. Que ahí estuvo desde el principio la clave de todo. Que ETA quería la papeleta, como primer paso, pero no tenía ninguna voluntad de dejar la pistola. No había ni ha habido nunca voluntad terrorista de dejar las armas, sino de seguir con su chantaje tan solo por dejarlas brevemente en el cinto.

Los errores del gobierno han sido muchos, aunque el principal y definitivo no lo cometiera y que ha sido el peor de la oposición : condenarle como responsable ya de una rendición y de unas concesiones que no se habían producido. Otros si. El esencial de inaudita desinformación sobre ETA y sus intenciones, el segundo poner a hibernar el Pacto Antiterrorista y aquel engaño a Rajoy tras el primer contacto en Moncloa y la puñalada de la reunión con Otegui tras su intervención moderada en el Pleno anunciada a traición y de inmediato en los pasillos y el tercero dividir a la población española en buenos y malos dependiendo de su aceptación o no del camino emprendido por el presidente y para el que exigía, hasta el propio día antes del bombazo, cuando posiblemente este ya había sido colocado, una fe ciega.

Los errores, estremecedores a la luz de la explosión de Barajas, se han visto ferozmente incrementados por la respuesta presidencial al atentado. Su comparecencia desoladora y de una debilidad estremecedora. Su inmediato regreso a Doñana, sin ni siquiera una visita a las familias de los ecuatorianos en Barajas, insostenible desde ningún punto de vista, empezando por el meramente humano. Y el clamor ha sido contra esa actitud, no contra su culpa en el atentado, que no es suya.

Hoy parece que el Gobierno se ha dado cuenta, y lo ha trasladado a través de su medio de expresión, que no cabe “suspensión “ alguna.O ha sido al reves, pero ha sido. Que España exige con justicia muy diferente actitud. El presidente del Gobierno solo tiene un camino. Reconocer su error, con valentía y honradez , buscar la unidad con el principal partido de la oposición, retomar el pacto antiterrorista y emplearse a fondo en la lucha contra ETA. De legalizaciones batasunas mejor ni hablamos y si se puede asestar un durísimo golpe a ETA: detención del comando y de toda su cúpula en Francia sería una buena forma de recuperar cierto grado de confianza de la sociedad. En esas premisas y en esas condiciones, la oposición debe de aceptar la mano, la de retomar el camino de la unidad nacional y popular contra los terroristas. No ser la “derecha estúpida” que hoy denunciaba Ussia. Pero para todo ello se necesita también que el Gobierno y Zapatero dejen de serlo también.

Esperanzas vanas
Editorial El Correo 2 Enero 2007

El brutal atentado de Barajas, con el que ETA quiso frustrar las esperanzas que aún persistían al acabar un año marcado por el anuncio de alto el fuego por parte de la banda terrorista, ensombrece el inicio de 2007 y obliga a las instituciones y a la propia sociedad a afrontar la ruptura de la tregua restableciendo la unidad democrática y dirigiendo una advertencia inequívoca a los terroristas: ni su engañosa propuesta de una paz bajo vigilancia ni su enroque violento servirán para resquebrajar los principios democráticos que impiden al Estado constitucional ceder ante el terror y el chantaje. El lehendakari Ibarretxe no quiso que el escalofrío causado por el atentado en la ciudadanía afectase al mensaje de esperanza al que se aferró en su alocución de fin de año. El empeño que el lehendakari puso en levantar los ánimos de la ciudadanía sería encomiable si en su discurso no hubiese intentado sortear la realidad apelando a la paz como si se tratara de una construcción voluntarista ideada independientemente de lo que haga o deje de hacer ETA. Pero hasta esa actitud podría resultar admisible si no respondiera a la obsesión de Ibarretxe por interpretar los acontecimientos como si todos ellos condujesen irremisiblemente a la resurrección de su fracasado plan. En el discurso del lehendakari la paz volvió a aparecer asociada con la resolución del conflicto político, con el derecho democrático de los vascos a decidir por sí solos su futuro, o incluso con la «consulta democrática» que, según el lehendakari, constituiría el punto final de un camino en el que, a través de un proceso único e indivisible, se alcanzarían tanto la pacificación como la normalización. Una visión que se aproxima peligrosamente al imaginario ventajista que siempre acaba propugnando la unidad con la izquierda abertzale.

Cuando después de señalar que la única responsable es ETA formuló la retórica pero nefasta pregunta del «qué hemos hecho nosotros», Ibarretxe cayó precisamente en la trampa etarra que transfiere a los demás las culpas de sus atentados y la responsabilidad de ponerles fin. Además, al negarse a «dar por roto el proceso de paz» y al minusvalorar, con esa negativa, las consecuencias que el atentado del pasado día 30 tuvo para la continuidad de dicho proceso Ibarretxe incurrió en un error inadmisible. Error agravado por el hecho de que ni siquiera se ciñó, desde su función institucional, al anuncio de 'suspensión' formulado por el presidente Rodríguez Zapatero. La esperanza que se ha frustrado en la ciudadanía no era la de conquistar estos o aquellos logros políticos. Era, simple y llanamente, la de la desaparición definitiva de ETA y de su actividad terrorista. Esta era la esperanza en la que coincidía la inmensa mayoría de la sociedad. Y ésta es la esperanza que el lehendakari -como el resto de las instituciones- está obligado a reactivar. Para ello, deberá, primero, reconocer los hechos de la realidad y evitar, luego, la confusión entre sus postulados nacionalistas y las ansias que comparte la casi totalidad de la ciudadanía.

El atentado del aeropuerto de Barajas no puede interpretarse como un mero incidente negativo, como uno más de los obstáculos que han venido interponiéndose en el camino y de los que sólo se diferenciaría por su magnitud. Por el contrario, constituye una ruptura de la tregua más explícita de la que pudiera contener cualquier comunicado. Y esa ruptura representa mucho más que la suspensión del proceso que se inició con la declaración de alto el fuego por parte de ETA. Representa su frustrante final. El atentado de Barajas choca frontalmente con la principal de las condiciones contenidas en la resolución del Congreso de los Diputados de 17 de mayo de 2005: la manifestación de una «clara voluntad» por parte de ETA de abandonar la violencia. Durante muchos años, la sociedad y las instituciones se han mostrado pacientes a la espera de una evolución positiva de ETA y de la izquierda abertzale. Esa generosidad ha sido una y otra vez burlada por la trama terrorista y utilizada para su perpetuación. Esta enésima ocasión en la que ETA se mofa cruelmente de las esperanzas que albergaba la ciudadanía incrementa la desconfianza y el desprecio de la sociedad hacia los terroristas. Por eso, la próxima vez que alguien crea ver una «clara voluntad» por parte de ETA para abandonar la violencia deberá presentar no ya indicios o convicciones, sino pruebas irrefutables de que eso es así. Y esas pruebas no pueden ser otras más que el anuncio definitivo de renunciar a la violencia y la declaración de autodisolución por parte de ETA. Mientras tanto, la flagrante disposición de los dirigentes de la ilegal Batasuna a dar cobertura política a cuanto ETA haga impide pensar en que la izquierda abertzale pueda regresar a la legalidad.

Sobre la culpa y la racionalidad
POR GERMÁN YANKE ABC 2 Enero 2007

Como el atentado de ETA se llevó a cabo sin aviso previo de suspensión o ruptura del «alto el fuego», el ministro del Interior hizo referencia en su primera comparecencia pública a que las «pautas» tienen validez entre seres racionales y «no estamos ante personas racionales». Se comprende la incoherencia de este argumento en momentos de tensión (y de desolación) como los que Alfredo Pérez Rubalcaba vivía apenas cinco hora después de la explosión del coche-bomba: las «pautas», es decir, el aviso previo de ruptura de la tregua, era el modus operandi habitual de la misma banda terrorista que acababa de destrozar el aparcamiento de la T4 causando dos muertos y varios heridos, es decir, los terroristas de ETA eran tan irracionales o tan racionales antes como después de este último atentado. O, mejor, el problema con el que el Gobierno se encuentra -y con él los españoles- no es precisamente la irracionalidad de unos delincuentes.

Por la aversión que nos produce, tenemos la tentación, más allá del nerviosismo de un momento concreto, de achacar el terrorismo a una suerte de locura o de comportamiento irracional. Pero en esta reacción late el absurdo error de no reparar en que la maldad existe, perfectamente racional y consciente, o la desgraciada resistencia a las consecuencias que comporta reparar en ello. El Estado no puede enfrentarse al terrorismo como un psiquiatra entregado ni como un educador riguroso, sino consciente de que su objetivo es, ajustándose a los instrumentos legales, combatir hasta su desaparición a los enemigos de la vida y de la democracia.

El terrorista no está loco. Sabe lo que hace y, racionalmente -y a veces inteligentemente-, trata de imponer, por la violencia y sus efectos, su proyecto totalitario. Esa es su «pauta», la que se cumple una y otra vez, aunque los métodos, siempre reprobables, sean distintos. Se podría considerar, por tanto, que el atentado de Barajas, sin ruptura previa del «alto el fuego», no es un cambio ilógico o irracional de lo que venía ocurriendo, sino un paso más en la estrategia de unos criminales que se mueven muy racionalmente en las concretas circunstancias de cada momento.

Las circunstancias no eran, hasta el viernes, las que podrían deducirse de las palabras del presidente Rodríguez Zapatero la tarde de ese mismo día. El presidente anunció la suspensión de «las iniciativas de diálogo» al no cumplirse las condiciones de la resolución del Congreso de mayo de 2005, es decir, la constatación de una «voluntad inequívoca» de dejar las armas. Pero no sería otra cosa que engañarse pensar que, en las últimas semanas de amenazas, violencia callejera, desprecio a la ley y a las resoluciones judiciales, interminables extorsiones económicas, almacenamiento de explosivos, robo de armas, etc., estábamos en una situación en la que nos constaba la decisión de ETA de dejar las armas.

No se cumplía el contenido de la resolución parlamentaria pero «el proceso» debía ser sostenido e impulsado. El Gobierno lo ha reiterado hasta un punto ridículo del que ahora ya no hay duda. Se han minimizado, ocultado o distorsionado las cosas hasta el extremo de no considerar oficialmente relevante el almacenamiento de explosivos en el País Vasco y hasta seguir manifestando un irreductible optimismo, como el presidente hizo menos de 24 horas antes del atentado.
ETA y Batasuna lo consideraban «bloqueado» pero no roto. Sus reproches al Gobierno eran de dos tipos. Entendían, en primer lugar, que el Gobierno no había hecho hasta ahora lo que prometió (según su versión, que no tenemos por qué creer) o, sencillamente, lo que debía hacer para conseguir la contrapartida de que cesaran los repetidos hechos que vulneraban las teóricas condiciones del diálogo. Y, por otro lado, le regañaba por no reconocer los contactos realizados, a veces incluso arteramente, como si resultara absurdo no reconocer «el trabajo hecho por la paz».

El terrorismo y sus objetivos
El procedimiento es el de siempre: el terrorismo se detendrá, parcial o totalmente, cuando se logren sus objetivos, parcial o totalmente. El Gobierno, haciendo caso omiso a la violencia existente, venía sosteniendo el «proceso» pero no daba los pasos que la banda exigía. Tiene lógica pensar que, en el esquema terrorista, adjudicara al Gobierno una actitud positiva, distinta de cualquiera de sus predecesores, pero excesivamente lenta y que temiera, por ello, la posibilidad de que su arma en la negociación, que nunca es un argumento sino la violencia que se despegaba en ese momento, resultase, sorprendentemente, asumible y asumida. Tiene lógica, en ese contexto, aumentar la presión, elevar el listón de la violencia y el terror, convertir el diálogo, como efectivamente ha sido la reacción de Batasuna tras el atentado, en «algo más urgente y necesario que nunca». De hecho, dos de cada tres vascos pensaban poco antes del atentado, según el Euskobarómetro, que ETA podía volver a matar.

Quienes han sostenido equivocadamente que esto no era posible, y parece que sorprendentemente el Gobierno entre ellos, venían pensando que una reacción de este tipo, un incremento de la violencia existente, sería el suicidio de la banda. Según esta particular percepción de las cosas, ETA debería saber que el Gobierno, de acuerdo con la opinión pública española, no lo aceptaría de ninguna manera, olvidaría la generosidad con que había apoyado el «proceso», y que, además, «su» propia opinión pública no lo aceptaría. Atentar como ETA lo ha hecho en Barajas, sería ilógico, incoherente, irracional.
Pero si he escrito antes que «sorprendentemente» el Gobierno se apuntaba a esta tesis es porque, después de la nueva manifestación de la barbarie terrorista, el presidente no da por roto el «proceso», sólo lo suspende y añade algo parecido a una invitación a retormarlo de nuevo: «hasta que no se de una voluntad inequívoca de ETA de abandonar la violencia no habrá ninguna aproximación». ¿Cómo interpretarla ahora si sabemos como se ha gestionado hasta el viernes el contenido de la resolución del Congreso y qué pusilánime es la reacción posterior? Pero, sobre todo, ¿dónde está realmente la irracionalidad?

Nada más producirse el atentado, el ministro del Interior desconfiaba de que la reacción de Batasuna fuese distinta de la que realmente ha sido: no condenarlo, no separarse un ápice de ETA, pedir que el «proceso» se mantenga como algo más necesario que nunca... El presidente del PNV, José Jon Imaz, se lamentaba poco después del «servilismo» de Batasuna a ETA. ¿Por qué el Gobierno, entonces, podría esperar para mantener vivo el «proceso» una reacción distinta? ¿Por qué el PNV, en contra del sentido común y también de las sentencias judiciales, ha insistido en la especie de que se trataba de cosas distintas? ¿Dónde está la lógica? ¿Dónde lo irracional? Porque para sostener lo que era insostenible ya antes de este atentado se nos ha dicho que algunos dirigentes de Batasuna eran «hombres de paz», que la declaración de Anoeta era el camino de la paz y el «retorno (sic) a la política», etc. ¿Dónde está, insisto, lo irracional?

Es evidente que la culpa del terrorismo, de la violencia, del atentado, de las víctimas, la tiene ETA. Ahora se insiste en ello, como si hubiera que defender al Gobierno de alguien que quisiera depositarla en él. Quien lo haga, si alguien lo hace, yerra o demuestra en tal mistificación pésima intención. Es verdad también que el atentado demuestra, en contra de algunas críticas en las que se ha podido querer salirse con la suya más que ser razonables, que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no se ha rendido. Pero rechazar estas falsas acusaciones no implica llamar la atención sobre algunos errores y responsabilidades.

Ha faltado información adecuada. Los reiterados llamamientos del presidente a la confianza ciega porque el, como jefe del Ejecutivo empeñado horas y horas de su jornada en el «proceso», sabía más que el resto de los mortales eran ya un ejercicio que desconocía que la democracia es un régimen de opinión pública, a la que no hay que dirigir en las tinieblas, sino convencer. Ahora se revelan, además, como una bagatela. Y ha faltado una inteligente y racional concepción de la realidad. Rodríguez Zapatero no ha escuchado, o no ha querido pensando que en última instancia todo se podía salvar, el estruendo de los tambores sonando de noche y de día, ni se ha dado cuenta, o no ha querido, de la ralea que tenía enfrente, por utilizar alguna de las expresiones de Jean Améry para lamentarse de no hacer reparado en la amenaza totalitaria.

Así que la culpa es, ciertamente de quien es, pero lo importante es ahora establecer cuál es la respuesta racional y responsable a los culpables, ya que la de los últimos meses ha resultado un fracaso. Hay que empezar por corregir, entre otros, unas líneas de la ya citada resolución del Congreso de 2005 en la que se dice, con optimismo irracional, que «a ETA sólo le queda un destino: disolverse y deponer las armas». Ya hemos visto que ETA, por el momento, no se suicida. Y sabemos, por larga experiencia confirmada por el último coche-bomba, que no se disuelve.

Si Rodríguez Zapatero piensa -demorando en el tiempo- una «solución» como la que ha intentado vanamente, se equivocará de nuevo. El «proceso» ha sido una falacia porque a la ingenuidad del Gobierno sólo se ha sumado la racional criminalidad de los terroristas. La única salida es darlo por finiquitado y aprender la lección. Ya no podemos resistir más el engaño de dar por buenas las palabras de ETA que convienen a una estrategia y por inexistentes (o existentes sólo para «su público») las que nos desazonan. Lo que podemos es reconocer que estamos ante una banda cuya ideología no es otra que el totalitarismo y sus instrumentos no se alejan un paso, aunque den rodeos, de la violencia terrorista.

Actuemos, por lo tanto, en consecuencia y volvamos al Pacto Antiterrorista, el que propuso el actual presidente en momentos más lúcidos, que ha sido, hasta ahora, el que mejores resultados nos ha deparado. En medio de la ceguera con la que se ha gestionado el «proceso» se ha insistido que, al final, el PP, las víctimas enrabietadas, los intelectuales críticos y los ciudadanos enfadados tendrían que plegarse a una estrategia acertada. Ha sido, al final, un fracaso y más vale apelar a la razón. Se equivocaron los diputados que aprobaron el texto de mayo de 2005 y, con el nuevo atentado, deben reconocerlo. A ETA le cabe (y le corresponde) otro destino, el único posible: ser destruida con el arma que no tienen los terroristas, la ley y los instrumentos del Estado de Derecho. Quizá sea más lento que lo que se promete vanamente, pero es más lógico, más racional.

Hasta aquí hemos llegado
POR TERESA JIMÉNEZ-BECERRIL ABC 2 Enero 2007

NUESTRAS peores sospechas se confirman: ETA nos da el fin de año. Ellos, a brindar con champán, mientras nosotros esperamos largas colas con nuestros hijos que nos lloran en brazos. Ellos, a sonreír y nosotros, a sufrir. Es su meta; a más sufrimiento de los que ellos llaman despectivamente «españoles», más satisfacción del mundo de ETA. ¿Y quién es ETA? Eso es lo que habría que saber. Para mí son más de los que nos dicen que son, porque, como dice el refrán, «quien calla, otorga», y en el País Vasco callan muchos y los que hablan lo hacen para exigir derechos, que no deberes, del pueblo vasco.

Ustedes se han parado a pensar que el señor Otegi no ha condenado un atentado con 800 kilos, o los que sean, de explosivos, donde han volado cuatro plantas de aparcamiento y con ellas dos personas. Para mí eso es ETA; la prepotencia, la crueldad, la indiferencia, el desprecio por la vida. Otegi es ETA. Y todos aquellos que aceptan las atrocidades de la banda terrorista como algo razonable son ETA. No importa si ponen bombas, si disparan a bocajarro, si secuestran, si queman cajeros y autobuses, si extorsionan. No importa el alcance de sus acciones, si su intención es matar a un político determinado o a un ciudadano anónimo, todos son ETA. Todos culpables. ¿O es que quien aparcó el coche en la T-4 para sembrar el terror es menos malo que quien le dio un tiro en la nuca a mi hermano y a su mujer? No, los dos son asesinos, los dos ETA, los dos pertenecientes a ese mundo, que jamás tuvo intención de abandonar la violencia, a pesar de que hubo quien nos hizo creer que así sería.

Quienes nunca lo creímos fuimos tachados de intolerantes, de enemigos de la paz, de seres llenos de odio, incapaces de afrontar el futuro con esperanza. La gente nos decía: «¿Pero algo habrá que hacer?» Y yo les contestaba: «Hay que vigilarlos». No se trataba de querer o no la paz. ¡Qué ingenuidad! La paz la queremos todos, menos ellos. Se trataba de ver con claridad lo que otros no veían o no querían ver y por ello hemos sido estigmatizados. Las víctimas llegamos a convertirnos en los malos» en un mundo de «buenos». Y aún hoy debemos medir nuestras palabras o corremos el riesgo de aparecer como los aguafiestas de esta absurda función donde sólo los terroristas saben e interpretan bien su papel. Y donde el resto de los intérpretes debemos seguir el guión que ellos van escribiendo según lo creen conveniente. Y hoy nos toca pasar miedo, en los aeropuertos, en los trenes, en los centros comerciales, allá donde el terror decida golpear inocentes. España vuelve a ser rehén de ETA, siempre lo fue, pero hubo un tiempo en que lo fuimos con dignidad, con coraje, de tú a tú.

Hubo un tiempo en el que al asesino logramos llamarle asesino y no hombre de paz. Con muertos o sin muertos, hubo un tiempo en el que los españoles levantamos no sólo las manos blancas, sino la cara para mirar de frente al terror y decidle: «Mátame si quieres, pero yo soy libre y por tanto más fuerte que tú». Fuimos muchos, y ellos por una vez nos respetaron y nos temieron. Nos siguieron matando. Mi hermano y su mujer fueron asesinados después de la multitudinaria manifestación que siguió a la muerte de Miguel Ángel Blanco en Madrid, pero a pesar de ello estábamos unidos y crecidos, y nuestro miedo disminuía entre la solidaridad de todo un pueblo. Esa unión consiguió que le gritáramos «!basta ya!» a una banda de asesinos que hasta entonces había engañado a tantos con su disfraz de perseguido político. ¡Qué tiempos aquellos! Tiempos tristes, os lo aseguro, que los he vivido y los sigo viviendo en mi propia piel, pero tiempos de honor, donde un país, España, se enfrentó a un grupo terrorista ETA. Tiempos donde la suerte de un muchacho secuestrado fue la de la mayoría de los españoles, y con su muerte nos mataron a todos un poco. Recuerdo que mi hermano fue a recoger al aeropuerto al alcalde de Ermua que vino a Sevilla para encabezar una enorme manifestación contra ETA. No sabía Alberto que a los pocos meses Sevilla saldría de nuevo a gritar asesinos con las manos pintadas de blanco a quienes acabaron con su vida y con la de su mujer. La gente salió a llorar en público y a desafiar a quienes sembraban de huérfanos su país.

No se trata de comparar nada, ni de mirar atrás aferrados al pasado, pero debemos afrontar el presente con los ojos abiertos, valorar el atentado de ETA, sin complejos, sin miedo a ser considerados enemigos políticos de nadie y sobre todo debemos reaccionar ante una barbarie semejante. Independientemente de lo que haga el Gobierno, quien puede tener sus motivos para responder tibiamente a un golpe contundente, claro y decisivo, como el que nos ha dado ETA, nosotros, la gente de a pie, vemos lo que nuestros ojos nos muestran, un atentado gravísimo, desgraciadamente con muertos, que ha aterrorizado a miles de personas que viajaban ese día y que ha dejado a la mayoría de los españoles confusos, tristes y asustados, y tenemos la obligación de responder a ETA como lo hemos hecho en otras ocasiones.

La indiferencia es un lujo que en momentos como los que nos está tocando vivir no nos podemos permitir. No podemos seguir pensando que es mejor estar callados y serenos, hay que exigir, señores. Quienes nos gobiernan están ahí porque los hemos puesto nosotros y deben ser nuestra guía, nuestro referente, y hoy por hoy no lo están siendo. Basta de decir que hay que dejar hacer, como nos han venido diciendo con insistencia durante todos estos meses. Dejar hacer sí, pero por desgracia a quienes les hemos dejado hacer ha sido a ETA, y bien que nos lo ha demostrado. Si pedir a quienes nos representan que sean contundentes con una banda terrorista que se muestra con plena capacidad operativa es hacer ruido e impedir el proceso de paz, pido desde aquí a todos aquellos que se sienten amenazados por ETA que hagan todo el ruido posible para que los asesinos se enteren de que no se juega con el deseo de paz de todo un pueblo. Hay momentos en los que no se puede seguir arriesgando. Sr Zapatero, hasta aquí hemos llegado, y si hay que dar un portazo se da, aunque se pillen los dedos más de uno.

No puede usted seguir con la puerta entreabierta para ver lo que los terroristas hacen. Venga aquí donde estamos nosotros, las víctimas y la mayoría de los españoles y decidamos juntos cómo luchar contra el terrorismo del único modo posible: unidos. Y aceptemos de una vez por todas que ETA no ha cambiado, los únicos que han cambiado son nuestros gobernantes y con ellos parte de una opinión pública que prefiere seguir creyendo que el atentado del pasado día 30, en el fondo era sólo una llamada de atención, un aviso para que aceleráramos el paso hacia sus exigencias. Es indecente, a día de hoy, seguir creyendo que estamos ante una gran oportunidad para conseguir el fin de ETA. Asumamos que ese fin está más lejos que ha estado en los últimos años y no perdamos tiempo en culpar a quienes sabemos de sobra quehan sido los culpables. Analicemos la situación al día de hoy y empecemos el año con el propósito de intentar acabar del único modo que sabemos con una banda terrorista que no quiere dejar de serlo: luchando con las armas que conocemos, que son la firmeza, la unidad y el valor. ¡Qué más quisiera yo que hubiera atajos o soluciones mágicas para convertir a ETA en un partido democrático que acepta las reglas del juego! Pero ya hemos visto como se las gastan sus jugadores

Del terror en Barajas a la resistencia en 2007
Rafael González Rojas  elsemanaldigital  2 Enero 2007

No esperábamos despedirnos de 2006 con esa dolorosa traca que nos dedicó ETA en Barajas. Traca sangrienta, desde luego. No sé si Zapatero, en la cumbre de la inopia desde donde gobierna, tendrá el morro de calificarla como uno de esos "accidentes" que podrían producirse en el proceso que ellos denominan "de paz". No; es cierto, ni ellos ni nadie lo esperaban. Pero lo que a mí me parece es que ese brutal atentado no nos va a quitar la esperanza de que 2007, año electoral además, pueda ser un año mejor.

En mi opinión, todo el pescado está ya vendido. El Gobierno consiguió en mayo de 2005 una resolución en el Congreso para sustituir la estrategia del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo por otra que trataría de acabar con la violencia mediante el diálogo con la banda asesina. Se sabía que era inviable. Lo sabían el PP y muchos socialistas sensatos. ¿Cómo podía dialogarse con asesinos que mantenían toda su altanería criminal sin el menor gesto de arrepentimiento y sin renunciar a nada? ¿Acaso no daban muestras continuas de esa altanería los "accidentes menores" de kale borroka, los comunicados de ETA, de Otegi y Barrena y la actitud de esos bestias que coceaban y bramaban durante los juicios que se les seguían?

Claro que el Gobierno estaba en su derecho de explorar tal opción. Se había intentado en ocasiones anteriores; pero sin concesiones imposibles, sin entreguismo y sin rendición vergonzosa. Eso es lo que no quieren distinguir Zapatero, Pepiño Blanco, Rubalcaba y otros, y naturalmente la rehala de pesebreros que medran por las tertulias radiofónicas y televisivas. ¿Les hará aceptar el "accidente" de la T4 de Barajas que esa estrategia ha fracasado? Muchos socialistas sensatos reconocen el fracaso. Y no sólo en materia terrorista. También hay socialistas que reconocen la falta de sentido común, de la historia y de nuestras peculiaridades culturales en que incurre el Gobierno en otras descabelladas iniciativas.

Los campos son muy diversos. Pero tenemos muy fresca la Navidad. La inquina contra los símbolos y seculares costumbres cristianas se ha desatado especialmente con motivo de esta celebración. El caso del belén de Mijas y otros incidentes han puesto en alerta a muchos. En Andalucía se han multiplicado las acciones de particulares y asociaciones que no están dispuestos a permitir el acoso desatado desde instancias del poder. También hay socialistas que no están de acuerdo con tan loca dinámica gubernamental.

Un amigo de Sevilla, implicado en acciones que ya muchos denominan de "resistencia", me hace llegar un artículo de Alfonso Lazo, catedrático de Historia de la Universidad hispalense y ex secretario general del PSOE de Andalucía. Trata de la "noche fundante" -así se titula- que para la cultura occidental significó el nacimiento de Jesús, en Belén. Denuncia Lazo el insistente rechazo oficial de las religiones monoteístas, especialmente del cristianismo. Por eso les molestan a los "nuevos apologetas laicos" los villancicos, mientras la Junta de Andalucía reparte folletos explicando las virtudes del Ramadán. El artículo es precioso. Da pena despacharlo con un par de citas. Como cuando dice que no tiene claro "si los predicadores de la progresía son anticristianos por ser antioccidentales o son antioccidentales por ser anticristianos". Y como un Curro Romero de la pluma, remata con este esperanzador anuncio: "Me propongo celebrar esta Noche Buena con coplas ante un Portal y Misa del Gallo. No sabe el sermonario gubernativo la cantidad de nuevos cristianos que está sembrando por todas partes".

Con esos deseos me introduzco en la resistencia de 2007, año de elecciones.

España se echó a la calle contra ETA
Gritos de «Zapatero, dimisión» en la concentración de la AVT en la Puerta del Sol
J. Márquez La Razón 2 Enero 2007

La concentración convocada por la AVT abarrotó la madrileña Puerta del Sol

Madrid- El salvaje atentado de ETA en el aeropuerto de Barajas dejó muy tocado el habitual ambiente festivo que envuelve el último día del año. Antes de tomar las uvas para despedir al 2006, miles de personas salieron a la calle en toda España para expresar su indignación ante la destrucción sembrada en Madrid por la banda terrorista, que dejó muy claro el sábado lo que piensa del llamado «proceso». En las concentraciones hubo muchas consignas contra los etarras, pero tampoco faltaron los gritos y pancartas pidiendo la dimisión de José Luis Rodríguez Zapatero, que incluso provocaron algunos enfrentamientos entre manifestantes.

El llamamiento realizado por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) para realizar concentraciones de repulsa en todos los ayuntamientos a las doce del mediodía coincidió en Madrid con la convocatoria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que abarrotó la madrileña Puerta del Sol y fue la más reivindicativa. Ya desde una hora antes fueron llegando personas a la plaza portando grandes banderas de España, o carteles en los que se podían leer frases como «Zapatero, cómplice de ETA», y pancartas contra el Gobierno y con referencias a la banda terrorista y a la autoría de los atentados del 11-M. Gritos de «Zapatero, dimisión» y «Aznar, vuelve» pusieron el fondo a un acto que contó con la presencia de numerosos cargos del PP y en el que el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, exigió al Gobierno «que se rompa el mal llamado proceso de paz porque este es un proceso de rendición».

Los ánimos en Sol estaban bastante caldeados, y cuando terminó la concentración algunos de los asistentes se trasladaron a la calle Ferraz. Allí lanzaron huevos contra la sede del PSOE y gritaron consignas como «coge la maleta y vete con ETA» dedicadas a Zapatero. Mientras, otro grupo se acercó a la plaza de la Villa, donde se celebraba la concentración de la FEMP y en la que se vivieron algunos momentos de tensión con enfrentamientos entre los dos grupos que no pasaron a mayores gracias a la intervención de la Policía Municipal.

También en las tres capitales vascas miles de personas se sumaron a los actos de repulsa por el atentado. En Bilbao, varias decenas de personas secundaron la concentración de la corporación municipal, que coincidió con la convocada por el Foro de Ermua. Valencia, Palma de Mallorca, Murcia, Granada, Toledo, Oviedo, Logroño, Pamplona, Zaragoza, Santander o Ciudad Real también se sumaron a la condena.

¿En manos de quién estamos?
Felipe Valdés Periodista Digital 2 Enero 2007

Zapatero y sus acólitos del Gobierno esta vez no tienen excusa. No sólo han dado alas a ETA-Batasuna en un año de compadreo, sino que su confianza en la buena voluntad de estos sanguinarios asesinos era tal que ni el mismísimo presidente del Gobierno, ni el ministro de Interior ni el director general de la Policía y de la Guardia Civil, sabían lo que se estaba cociendo, a juzgar por las declaraciones que hicieron días u horas antes del brutal atentado en Barajas, que les deja sin nada que justifique su permanencia en los puestos de responsabilidad que ocupan.

Una semana antes del descomunal ataque terrorista en el aeropuerto madrileño, Joan Mesquida, el máximo responsable de la lucha antiterrorista en España, afirma convencido que no hay pruebas que lleven a la conclusión de que ETA se está rearmando. Y esto después del hallazgo en España de un «zulo» con 60 kilos de material para fabricar bombas y el robo en Francia de 350 armas cortas.

Que este tipo de acciones no sólo no le parezcan al director de la Policía y de la Guardia Civil indicios suficientes para afirmar que ETA se está rearmando, sino que ni siquiera le hagan pensar en esa posibilidad, le hace a uno plantearse en manos de qué clase de dirigentes estamos, y cómo vamos a sentirnos tranquilos con esta gente tan “avispada” velando por nuestra seguridad.

RUBALCABA, EL INGÉNUO
Si el director de la Policía se mostraba así de confiado sobre las intenciones de una banda terrorista que se rearma, roba pistolas y prepara material explosivo, el ministro de Interior, hombre experiente donde los haya, no se queda atrás.

Tras el descubrimiento de aquel zulo con explosivos, y haciendo suyas las declaraciones de Mesquida, Alfredo Pérez Rubalcaba dijo querer ser “prudente”, y de ahí a la ingenuidad, o a la mentira, en el peor de los casos, hay menos de un paso.

También él quitó hierro a un hecho tan grave como el que se acababa de descubrir, y llegó a decir que lo encontrado no era un zulo, sino un “proyecto de zulo” donde sus autores "iban a meter una serie de cosas". Lúcido. Y todavía no ha aclarado quien dio el soplo a los extorsionadores de ETA.

LAS ESPERANZADORAS PALABRAS DE ZAPATERO… UN DÍA ANTES
Pero la palma se la lleva el presidente del Gobierno, que se daba a sí mismo palmaditas en la espalda sobre lo bien que estaba España en cuestión de terrorismo, prácticamente al mismo tiempo que los asesinos de ETA aparcaban en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas una furgoneta cargada de explosivos, que acabaría con la vida de dos personas.

”Hoy estamos mejor que hace un año, y dentro de un año estaremos mejor que hoy”.

Las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero aún resonaban en los oídos de millones de asombrados españoles, que poco sentido le veían ya a una demostración de optimismo tan sin fundamento, cuando el estruendo de la explosión en Barajas dejó al presidente en el mayor de los ridículos. Y es que esta furgoneta-bomba arrancaba de cuajo la base de sus palabras:

”Estamos mejor que hace un año cuando había coches-bomba coincidiendo, por ejemplo, con las Navidades”.

Y eso sin contar con su idílica visión de Arnaldo Otegi: “un hombre de paz” para el presidente, un dirigente de la banda terrorista, cuanto menos, para gran parte de los españoles.

EL FIN DE ZAPATERO
El presidente Zapatero había puesto toda la carne en el asador, y se le ha chamuscado con la bomba del 30 de diciembre. Su negociación con los terroristas de ETA podía valerle pasar a la historia como el presidente que acabó con el terrorismo en España, cosa que muchos dudaban desde hacía tiempo dado el transcurrir de los acontecimientos o, en el caso contrario, el iluso que confió casi a ciegas en una panda de asesinos. Para Ignacio Camacho, esta última opción le valdrá la legislatura, según su columna de este martes en ABC:

”Zapatero puede si lo desea ganar tiempo en busca de una coyuntura más propicia para sus intereses, pero la legislatura concluyó el día 30 a las nueve de la mañana en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas. Y la liquidó ETA, en cuyas manos había puesto el presidente la decisión clave de su mandato.

[…] Zapatero se empeñó en colgar su futuro de una percha que no había mostrado en su programa electoral, hurtándola al debate ciudadano.”

Tampoco ve pintar muy bien la cosa para Zapatero M. Martín Ferrand, quien en su artículo de ABC augura un futuro próximo difícil para nuestros dirigentes:

"El tremendo mazazo que, en el aeropuerto de Barajas, ETA le ha dado a José Luis Rodríguez Zapatero debe haberle dejado al presidente hecho unos zorros. Negar que el famoso y desdichado «proceso de paz» ha sido, literalmente, dinamitado por ETA es negar la evidencia, cosa que nunca ha repugnado al líder socialista, y entregarse a la fatalidad.

[…]Tampoco la nueva situación es sencilla para Mariano Rajoy. Sus acertados discursos apocalípticos ya carecen de sentido.

[…]Como las complicaciones nunca viajan solas, IU, el PCE y ambos entre sí viven una crisis que podría ser definitiva en razón del continuado adelgazamiento del tercer partido nacional”.

LA AVT CONCENTRÓ A DECENAS DE MILES DE PERSONAS EN MADRID
Miles de personas acudieron a la madrileña Puerta del Sol, convocados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), para protestar contra el atentado perpetrado el sábado por la banda terrorista ETA y pedir al Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero que no vuelva a negociar con la organización terrorista.
Minuto Digital 2 Enero 2007

Con banderas nacionales y pancartas en las que pedían a Zapatero que 'no negocie' en su nombre con 'los asesinos' y en las que exigían información sobre los atentados del 11-M, los participantes pedían a gritos la 'dimisión' del presidente. La concentración comenzó con tres minutos de silencio, que se vieron interrumpidos por gritos de 'Viva España' y contra el presidente.

En la manifestación, en la que participaron el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, los dos vicepresidentes de la Comunidad, Ignacio González y Alfredo Prada, y el secretario ejecutivo de Libertades Públicas, Justicia y Seguridad del PP, Ignacio Astarloa, el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, leyó un comunicado en el que pidió al Ejecutivo socialista que 'no sólo' suspenda 'el diálogo con los asesinos', sino que 'rompa el mal llamado proceso de paz', porque es 'un proceso de rendición'.

Alcaraz consideró que la ruptura de las negociaciones 'debe ser real' y pidió al presidente que 'nunca más vuelva a negociar con estos asesinos'.

Asimismo, indicó que el Gobierno debe 'exigir al Partido Comunista de las Tierras Vascas, heredero de Batasuna-ETA, que condene el brutal atentado de ayer', y, de no hacerlo, deben 'aplicar inmediatamente la Ley de Partidos Políticos y expulsarlos de las instituciones vascas. 'Aquellos que forman parte de la banda terrorista, y no condenan la muerte de nuestros seres queridos, no pueden ser representados de nuestras instituciones', sentenció, entre los aplausos de los participantes.

Alcaraz señaló que las víctimas del terrorismo 'merecen justicia y merecen el respeto de todas las instituciones'. 'Las víctimas y la sociedad española estamos indignados. Señor Zapatero, ¿qué le debe usted a ETA? ¿Qué ha pactado con ETA?', preguntó, a lo que los manifestantes respondieron con gritos de '¡11-M! ¡11-M!'.

El presidente de la asociación aseguró que la sociedad española 'no se rinde', afirmando que la 'rebelión cívica' continuará hasta 'la derrota del terrorismo y sus proyectos', y convocando a los ciudadanos a una nueva concentración silenciosa el próximo martes día 2, a las doce del mediodía en todos los ayuntamientos de España.

FORO DE ERMUA TAMBIÉN PIDE QUE SE LE LLAME A DECLARAR
La AVT se querella contra Otegi por comparecer en nombre de la ilegalizada ETA-Batasuna el día del atentado

La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) presentó este martes en la Audiencia Nacional una querella contra el portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi por comparecer el sábado ante los medios de comunicación como representante de la formación ilegalizada para hablar sobre el atentado cometido por ETA en el aeropuerto de Barajas de Madrid. También el Foro de Ermua ha pedido que se llame a declarar a Otegi, Pernando Barrena, Jone Goiricelaia y Xabier Larralde. El fiscal Javier Zaragoza se ha limitado a decir que lo valorará.
Libertad Digital 2 Enero 2007

La AVT dice en una nota de prensa que "espera" que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón atienda su petición de prohibir el acto convocado por los proetarras el próximo sábado en el velódromo de Anoeta de San Sebastián para reclamar la territorialidad y el derecho de autodeterminación para el País Vasco.

Según el Foro de Ermua, dicha comparecencia en nombre de una organización declarada terrorista por el Tribunal Supremo, por la Audiencia Nacional y que se encuentra en las listas de organizaciones terroristas de los EE.UU. y de la UE "supone una evidente reiteración delictiva y acredita la insuficiencia de las medidas cautelares impuestas". Para esta asociación, la comparecencia "supone la comisión de un delito de quiebra de la medida cautelar de suspensión de actividades de Batasuna impuesta por la Audiencia Nacional y un delito de desobediencia a la Sentencia de ilegalización dictada por el Tribunal Supremo".

Por todo ello el Foro Ermua ha solicitado la citación de los miembros de Batasuna que participaron en la rueda de prensa con objeto de que les sean imputados los delitos referidos y pedir la adopción de medidas cautelares que garanticen que una asociación terrorista como Batasuna no continúa actuando impunemente.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional valorará si emprende alguna actuación contra el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, por las manifestaciones que vertió el pasado sábado en rueda de prensa, cuando se refirió al preso de ETA en huelga de hambre Juan Ignacio de Juana Chaos como preso político.

De momento, según Zaragoza, la Fiscalía analizará las reseñas de prensa que recogen el contenido de la rueda de prensa de Otegi. Seguidamente estudiará si existe necesidad de que dicha información sea ampliada por algún informe policial, que tendrá que ser solicitado por el juez Baltasar Garzón, ya que los hechos deben incardinarse en el sumario 35/02, en el que se investiga la presunta relación con ETA de las herriko-tabernas ligadas a la formación ilegal.

España
El PP amplía su recurso para vetar que un juez del TC decida sobre el Estatut
Presenta alegaciones por el contrato de 6.000 euros que suscribió con la Generalitat catalana
C. Morodo La Razón 2 Enero 2007

Madrid- El PP ha presentado alegaciones ante el Tribunal Constitucional en relación al hecho de que Pablo Pérez Tremps, magistrado del Alto Tribunal, cobrase 6.000 euros por un dictamen para la Generalitat. Estas alegaciones se suman a la recusación planteada para evitar su participación en la resolución de los recursos de inconstitucionalidad impulsados contra la reforma del Estatuto de Cataluña, por entender que carecía de la imparcialidad necesaria ya que en su día colaboró en la redacción del libro «Estudios sobre la reforma del Estatuto», encargado por el Instituto de Estudios Autonómicos.
Según informó el domingo este periódico, la Generalitat ha remitido al TC el expediente de contratación de Pérez Tremps para la realización de un trabajo relacionado con el Estatut. En él se confirma que cobró la citada cantidad de 6.000 euros; que el contrato, de carácter administrativo, fue suscrito por el entonces consejero de Relaciones Institucionales de la Generalitat, Joan Saura; y que el encargo se despachó a menos de un mes de su nombramiento como magistrado del Alto Tribunal a propuesta, por cierto, del propio PSOE.

En sus alegaciones, a las que ha tenido acceso LA RAZÓN, el PP subraya que «con la documentación aportada por la Generalitat resulta manifiesto, evidente, palmario y patente que el magistrado Sr. Pérez Tremps se haya incurso no en una sino en las cuatro causas de recusación invocadas al pedir su apartamiento de este proceso».

Los populares subrayan que el informe firmado por el director del Instituto de Estudios Autonómicos, dependiente del Departamento de Interior y Relaciones Institucionales y Participación de la Generalitat, reconoce que se suscribió un contrato con D. Pablo Pérez Tremps «dentro del marco del estudio de la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña». También argumentan que se le pedía precisamente que buscara fórmulas para valorar los márgenes que la jurisprudencia constitucional deja a la ampliación de los mecanismos de actuación exterior de la Generalitat y que Pérez Tremps «desarrolló cumplidamente su encargo», de modo que sus conclusiones pasaron a ser objeto de regulación concreta en el Estatut y en relación a algunos de los capítulos, por cierto, que el PP ha impugnado luego ante el TC. Esto lleva a concluir que «ya ha anticipado su posición en este proceso, por encargo de una de las partes a través de un contrato administrativo remunerado que lo vincula profesionalmente con una de las partes de este litigio».

La decisión que el TC adopte sobre Pérez Tremps -que se espera que se produzca en alguno de los próximos Plenos- podría determinar el futuro del Estatut debido al equilibrado reparto de posiciones entre los magistrados que tienen que juzgar la constitucionalidad de los artículos de la reforma catalana. La Abogacía del Estado ha tomado parte en favor del magistrado recusado por el PP.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes incorpora nuevos títulos
L. R. S. La Razón 2 Enero 2007

Madrid- La Biblioteca virtual Miguel de Cervantes cuenta entre sus últimas incorporaciones con varias obras publicadas por la Biblioteca Castro (www.cervantesvirtual.com/portal/fcastro/), el mayor esfuerzo editorial llevado a cabo en España para recoger y difundir toda la obra literaria clásica desde sus orígenes.

Se puede consultar, por ejemplo, el primer volumen de las obras completas de Gabriel Miró, con títulos como «Las cerezas del cementerio», «Hilván de escenas», «Nómada», «La mujer de Ojeda» o «Niño y grande».

Junto a ellos, los usuarios de la Biblioteca Virtual tienen a su disposición la Primera parte de comedias de Calderón, donde figuran «La vida es sueño», «Casa con dos puertas», «La dama duende» o «El príncipe constante»; las novelas picarescas «La vida del Buscón» (de Quevedo), «Segunda parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache» (de Mateo Luján) y «Primera parte del guitón Onofre» (de Gregorio González); «La Celestina», de Fernando de Rojas, editada por Emilio de Miguel, y algunos de los textos firmados por el madrileño Ciro Bayo (1860-1939), como «Romancerillo de Plata», «Los Césares de la Patagonia» o «La reina del Chaco».

La Biblioteca Castro constituye la actividad cultural preferente de la Fundación José Antonio de Castro, con la que la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes firmó un convenio de colaboración a comienzos de este año, por el que paulatinamente se incorporarán a los fondos de cervantesvirtual.com un total de 140 tomos que corresponden a unas 140.000 páginas de texto en papel y que ofrecen un valioso panorama de la mejor literatura producida en castellano.

La Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es una institución sin ánimo de lucro y de ámbito internacional que desarrolla un ambicioso proyecto de digitalización a través de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. El objetivo es hacer de cervantesvirtual.com un magnífico instrumento para la difusión de las letras iberoamericanas mediante la aplicación de las nuevas tecnologías. Su acceso es libre a través de internet. Presenta más de 23.000 registros bibliográficos, que la convierten en el portal de referencia internacional de las letras hispánicas, y desde que se creó en 1999 ha servido a más de 355 millones de archivos. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nació por iniciativa de la Universidad de Alicante, la Fundación Marcelino Botín y el Santander.

El apoyo a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es una de las principales áreas de actuación del programa Santander Universidades, mediante el que el Santander subvenciona y colabora institucionalmente en proyectos docentes, de investigación y tecnológicos de las universidades españolas, portuguesas e iberoamericanas.
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