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Recortes de Prensa     Miércoles 3 Enero  2007
Nuevo ataque al castellano en Galicia
Por Carlos Ruiz Miguel Libertad Digital 3 Enero 2007
 
Los constitucionalistas han acuñado expresiones como Constitución económica o Constitución cultural para referirse a las normas que se ocupan de esos sectores. Del mismo modo, podría hablarse de una Constitución lingüística, que giraría fundamentalmente en torno al artículo 3 de nuestra Carta Magna.

En ese artículo se dice: "El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla"; y se añade: "Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus respectivos Estatutos".

El diario El Mundo se hacía eco recientemente (29-XII-2006) del penúltimo ataque perpetrado en Galicia contra los derechos lingüísticos que la Constitución reconoce a los españoles. Los hechos, sintéticamente, son los siguientes: se ha abierto expediente disciplinario a varios profesores de la enseñanza pública no universitaria por redactar la programación de su asignatura en castellano, la lengua española por excelencia.

La Consejería de Educación del Gobierno nacionalista-socialista gallego (en manos del PSOE) considera que esos profesores son sancionables por incumplir un deber establecido en la normativa lingüística. La Consejería ha cedido así a las presiones que un minúsculo pero muy activo grupo de la órbita del BNG, la Mesa Pola Normalización Lingüística, lleva haciendo desde 2004 (con el poder autonómico aún en manos del PP). La referida Mesa ha denunciado a la Consejería por "negligencia", al no cumplir ésta su obligación de velar por el cumplimiento del Decreto 247/1995, del que luego se hablará. Pero ¿es ésta, verdaderamente, la normativa lingüística gallega? 
 
Lo que define a un Estado constitucional son estas dos cosas, que aprende cualquier alumno de Derecho Constitucional en su primer día de clase... y que parecen haber olvidado algunos constitucionalistas próximos, hoy, al poder: 1) la Constitución es norma jurídica; 2) la Constitución es la norma jurídica suprema, y cualquier norma que la contradiga debe ser expulsada del ordenamiento.
 
Así las cosas, lo primero que hay que decir es que la primera y suprema norma jurídica sobre asuntos lingüísticos aplicable en Galicia, y en cualquier otro lugar de España, es la Constitución. Y la Constitución, en su artículo 3, dice tres cosas muy importantes: 1) que el castellano es la única lengua cuyo conocimiento es un deber para los españoles; 2) que todos los españoles tienen el derecho de utilizar el castellano; 3) que las demás lenguas españolas pueden ser oficiales si así lo declaran los estatutos de autonomía, que, no lo olvidemos, están subordinados a la Carta Magna y sólo son válidos en cuanto no contradigan a ésta.
 
El estatuto de autonomía de Galicia se aprobó mediante una ley orgánica (inferior a la Constitución, por tanto), la LO 1/1981, de 6 de abril. En su artículo 5.2, el texto autonómico dice: "Los idiomas gallego y castellano son oficiales en Galicia y todos tienen el derecho de conocerlos y usarlos". El estatuto, por tanto, resulta en este punto respetuoso con la Constitución, pues no vulnera el derecho de todos a usar el castellano. Por lo demás, no establece ningún deber de conocer el gallego.
 
Para desarrollar el estatuto se aprobó una ley (que, como tal, debe ser conforme con la Constitución, norma suprema), la 3/1983, del Parlamento de Galicia, con fecha 15 de junio de 1983. Fue en esta ley, de normalización lingüística, donde se incluyó (art. 1. 2) el "deber" de conocer el gallego. Con un sentido patriótico ausente en sus sucesores, el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, presentó un recurso de inconstitucionalidad contra dicho precepto. El Tribunal Constitucional, en su sentencia 84/1986, de 26 de junio, declaró inconstitucional el deber de conocer el gallego.
 
Sin embargo, mientras gobernaba el PP de Fraga (que, no lo olvidemos, se confesaba admirador de Pujol) se volvió a intentar imponer el deber de conocer el gallego. Así las cosas, se aprobó el Decreto 247/1995, de 14 de septiembre, por el que se desarrollaba la Ley 3/1983, "para su aplicación a la enseñanza en lengua gallega en las enseñanzas de régimen general impartidas en los diferentes niveles no universitarios". Ese decreto imponía indirectamente el deber de conocer el gallego, al establecer que era la única lengua que se podía usar en las relaciones administrativas.
 
Un decreto no sólo debe ser conforme con la Constitución, también con la ley. Por eso el 247/1995 fue recurrido por la Asociación Gallega para la Libertad de Idioma (AGLI). El Tribunal Superior de Justicia de Galicia anuló el precepto que imponía indirectamente esa obligación.
 
La sentencia judicial obligó a modificar el 247/1995 mediante otro decreto, el 66/1997, de 21 de marzo. El de 1997 ya no imponía la exclusividad del gallego, sino que decía que, "en general", las actuaciones se harían en dicha lengua. La nueva redacción seguía siendo inconstitucional, pero no fue recurrida.
 
Todos los ciudadanos tienen derecho a usar la lengua castellana (y, por otro lado, no tienen el deber de conocer el gallego –ni el catalán–). Precisamente porque se trata de un derecho consagrado en la Constitución, ninguna norma inferior puede negarlo. Esto significa que los profesores de enseñanza secundaria tienen derecho a realizar la programación de su asignatura en castellano, y que no tienen el deber de hacerlo en gallego. Las actuaciones de la Consejería de Educación pueden ser recurridas ante los tribunales.
 
Es más, se podría entender que la libertad de elegir idioma puede formar parte de la libertad de expresión, que sería no sólo la libertad de elegir el contenido de la expresión, sino el vehículo de la misma. En tal hipótesis, el derecho se podría hacer valer incluso mediante el recurso de amparo.
 
Sea como fuere, lo que está claro es que la Junta de Galicia se ha sumado al proceso; el de liquidar los elementos de homogeneidad en España. 

CARLOS RUIZ MIGUEL, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela.

Contra la impunidad
POR MIKEL BUESA ABC 3 Enero 2007

UNA de las exigencias que con mayor insistencia ha puesto ETA y Batasuna sobre el tablero político, antes de que el atentado de Barajas haya marcado un punto culminante en su reciente trayectoria de empleo de la violencia política y haya suscitado un paréntesis en su relación con el Gobierno, es la de la impunidad. Ésta se reclama para los delitos cometidos por los terroristas que matan y para los que planifican, financian, justifican y exaltan las acciones de aquellos. La impunidad dejaría así fuera del castigo penal no sólo a quienes han participado en alguna de las múltiples ramificaciones de la organización terrorista -de los que unos ciento setenta se encuentran actualmente procesados- sino también a los criminales que no han sido, por el momento, detenidos. Éstos, según ha estimado recientemente la Fundación Víctimas del Terrorismo, suman un total de doscientas setenta y seis personas, de las cuales alrededor de dos centenares viven en un cómodo exilio americano o africano, y los demás, entre los que se cuentan los responsables de los delitos más graves, se acomodan a una vida clandestina en Francia o en otros países de Europa. Pero no son los únicos, pues hay también responsabilidades no reclamadas en más de ochenta asesinatos no esclarecidos para los que se desconoce la identidad de sus autores. En definitiva, más de quinientos miembros o colaboradores de ETA que tienen cuentas pendientes con la justicia verían cómo éstas se difuminan si el Gobierno, haciendo caso omiso a la constatación de que ETA no ha abandonado la violencia, mantiene su política anterior al referido atentado y atiende, de un modo u otro, a sus demandas. Y, establecida la impunidad para ellos, no sería sorprendente que, de manera inmediata, se considerara la excarcelación de los seis centenares y medio de etarras que actualmente se encuentran en prisión, sin atender a las demandas de justicia de sus víctimas.

Han sido precisamente las víctimas del terrorismo las que han llamado la atención de las autoridades políticas y de las organizaciones internacionales para evitar que la impunidad pueda plantearse. En efecto, fue en enero de 2004 cuando, en su primer congreso internacional, víctimas llegadas a Madrid desde siete países plantearon entre sus conclusiones que «los crímenes terroristas sean considerados como violaciones de los derechos humanos... y sean incluidos en la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional». Tal consideración haría del terrorismo un delito perseguible en todo tiempo y lugar, con independencia de cuándo y dónde hubiera sido cometido, pues los derechos humanos son universales, irrenunciables e inviolables, y los crímenes contra ellos son imprescriptibles y se sujetan al principio de justicia universal. Ello no puede ser de otra manera porque el valor de los seres humanos es inconmensurable. El académico marroquí Mohammed Allal Sinaceur expresó con bellas y contundentes palabras la razón última de esta constatación: «Con cada hombre que nace, el mundo es concebido nuevamente. Con cada hombre que muere, todo el mundo desaparece».

Más recientemente, en abril de 2006, el secretario general de Naciones Unidas se ha hecho eco de esa reclamación de las víctimas, incluyendo en su informe Unidos contra el terrorismo una firme declaración en el mismo sentido. «Ningún fin -señala Kofi Annan- justifica los ataques intencionados contra civiles y no combatientes. Los actos terroristas son una violación del derecho a la vida, la libertad, la seguridad, el bienestar y el derecho a vivir sin temor». No en vano el primer mandatario internacional menciona la vida, la libertad y la seguridad, pues son estos tres conceptos los que aparecen en el frontispicio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en tanto que matriz de la que emanan todos los derechos proclamados en ella. Y si el terrorismo quebranta esos derechos tan fundamentales, resulta evidente que ha de ser considerado como un delito contra ellos.

Pero también cabe adentrarse en la calificación de los delitos terroristas a partir de los conceptos de crimen de guerra y de crimen contra la humanidad. Con un criterio irreprochable, el grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, nombrado en 2003 por el secretario general de la ONU, definió el terrorismo teniendo en cuenta dos elementos: por una parte, su materialización en actos de violencia dirigidos contra civiles o no combatientes; y por otro, su finalidad política al proponerse «intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo».

El primero de estos elementos abre la posibilidad de tratar el terrorismo como crimen de guerra, pues aunque este concepto es en principio sólo aplicable a las conductas que violan las leyes y costumbres de la guerra en el marco de conflictos internacionales, puede aducirse lo dispuesto en el tercer artículo común a los Convenios de Ginebra de 1949 que es aplicable a los conflictos armados internos a cada país. Según él, se prohíben «los atentados contra la vida y la integridad corporal, ...el homicidio en todas sus formas, las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura y los suplicios, la toma de rehenes, los atentados contra la dignidad personal, las condenas ficticias y las ejecuciones sin previo juicio ante un tribunal legítimamente constituido... de las personas que no participen directamente en las hostilidades». Asimismo, el IV Convenio de Ginebra prohíbe expresamente el terrorismo -entendido como los ataques contra civiles- en cualquier conflicto armado, sea interno o internacional. Y, por otra parte, los precedentes establecidos por los Tribunales Penales Internacionales para Ruanda y Yugoslavia, así como el estatuto del Tribunal Penal Internacional, permiten aceptar la extensión del derecho de guerra a los conflictos internos. En relación con España, no sería difícil identificar todos esos supuestos delictivos que se acaban de enunciar entre las miles de acciones terroristas ejecutadas por ETA.

Y el segundo -el carácter político del terrorismo- abre, a su vez, una vía hacia su consideración como crimen contra la humanidad. En efecto, tienen este carácter los actos sistemáticos de violencia contra las personas, haya guerra o haya paz, que son producto de la persecución por motivos políticos, raciales o religiosos de un grupo humano identificable, incluso cuando no sea violada la ley nacional del país en el que se perpetren. Ambas notas son atribuibles al terrorismo, pues sus ataques mantienen una línea de continuidad temporal, más allá de que su intensidad o repetición puedan ser variables, y se cometen contra personas pertenecientes a un conjunto humano identificado como «enemigo», por razones esencialmente ideológicas y, por tanto, políticas. Así, en el caso de ETA la sucesión de atentados, extorsiones, secuestros, amenazas o actos de violencia callejera dura ya más de cuatro décadas; y las personas que han sido objeto de su violencia se han ido ampliando en círculos concéntricos hasta abarcar a la práctica totalidad de quienes defienden una sociedad democrática alejada de los presupuestos del nacionalismo.

Por tanto, son varias las posibilidades conceptuales para entender que los crímenes terroristas han de ser considerados imprescriptibles y sujetos a jurisdicción universal. En estas circunstancias, una política auténticamente progresista, más aún en las circunstancias actuales cuando el atentado de Barajas ha roto una vez más el espejismo de la solución dialogada al terrorismo, sería introducir esos principios en el ordenamiento jurídico interno; y no, como parece, tratar de acortar los plazos de prescripción de tales delitos y, menos aún, ser condescendiente con quienes los cometen, minimizando sus responsabilidades o diluyéndolas en confusas políticas de pacificación. Pues sigue siendo una verdad esencial, moral y política, la que hace veinticinco siglos dejó plasmada Sófocles en su Filoctetes: «A los hombres les es forzoso soportar las fortunas que los dioses les asignan, pero a cuantos cargan con males voluntarios... no es justo que nadie les tenga clemencia ni compasión».
MIKEL BUESA, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

La estrategia dilatoria
EDITORIAL Libertad Digital 3 Enero 2007

La comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero nueve horas y media después del brutal acto terrorista (el accidente mortal, a entender del propio presidente) revelaba a un hombre sonado, intelectual y moralmente derrotado; al hombre mínimo que ya es Zapatero aún más disminuido. Cuando una inmensa columna de negro humo aún salía de la Terminal 4, se aferraba como a un clavo ardiendo a una eventual vuelta del proceso que acababa de saltar por los aires, al declararlo suspendido, pero no finado. ¿Por qué lo hizo? Porque carece por completo de un proyecto verdadero para España, cuya misma existencia le parece un incordio, y porque sin la falsa promesa de una paz no tiene nada que ofrecer a los españoles.

La firme reacción de la opinión pública ha forzado a Zapatero a enviar a dos de sus hombres para cambiar el tono. Blanco y Rubalcaba dicen que la negociación está rota por causa de ETA. El sibilino Rubalcaba ha declarado que "este proceso está acabado, roto y liquidado" pero, pese a la insistencia de los periodistas, no ha sabido negar que quizá sí se puedan abrir otros procesos. La previsible estrategia del Gobierno pasa por dormir el asunto, esperar a que la opinión pública se olvide de las imágenes de la T4 de Barajas destrozada por los asesinos y a los dos muertos causados por su acción criminal y entonces, cuando los intereses de ETA y del Gobierno vuelvan a coincidir, escenificar un acuerdo supuestamente sobre nuevas bases, como si este atentado jamás hubiera tenido lugar. Igual que se ha estado dialogando con los asesinos como si los anteriores jamás hubiesen ocurrido. Como si fueran meros "antecedentes" o "accidentes mortales".

Por supuesto que el Ejecutivo tiene otras opciones. Rodríguez Zapatero, que contra toda lógica y contra la evidencia de la continua ejecutoria criminal de ETA ha seguido manteniendo las negociaciones con la banda, debería haber dimitido. Es evidente que ni se le ha pasado por la mente, pero al menos podría rectificar con claridad, reconocer que la banda terrorista no ha renunciado ni a sus objetivos ni a sus métodos y que en estas circunstancias, y hasta que se convoquen nuevas elecciones, se agotaron las opciones de volver a contactar con los asesinos. Tampoco lo ha hecho.

En cualquier caso no es ni José Blanco ni el ex portavoz del gobierno de los GAL quienes deben hablar por el propio presidente. Es más, ni siquiera sus palabras tendrían valor alguno si las llegara a pronunciar, a la vista del desprecio con que él mismo las trata. Sólo una corrección clara y consistente, una vuelta sin compromisos al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, le restituiría al menos en parte en su dignidad. Pero no cabe esperar nada de ello.

En cualquier caso, lo que no falta en ningún momento es la estrategia de denigrar al Partido Popular por el mismo hecho de ejercer su función democrática como oposición. Está claro, y sólo Rodríguez Zapatero lo ha puesto en duda con eso de que la pobreza es la causa del terrorismo, que sólo ETA y sus miembros son responsables del acto criminal del 30 de diciembre. Pero el Gobierno es responsable de la negociación con los criminales, y el último atentado revela que este es un "proceso" sin una salida digna y, por tanto, el PP no sólo tiene el derecho sino el deber de criticar al Gobierno tras el atentado. Los españoles necesitan saber que al menos tienen la esperanza de que un partido se mantiene fiel a la lucha contra el terrorismo, es decir, fiel a la nación española.

Atentado de ETA
Mentiras de Pérez Rubalcaba
Agapito Maestre Libertad Digital 3 Enero 2007

El Gobierno está noqueado y la legislatura muerta. Ganar tiempo es el único objetivo de este Gobierno para parar la crisis del atentado terrorista de Barajas, en realidad, para detener la caída de un Gobierno que está muerto. Entre la intervención de Zapatero, diciendo que suspende la negociación con ETA, y la de Pérez Rubalcaba, declarando que el proceso está roto, sólo media una opinión pública en la calle gritando contra las complicidades del Gobierno con ETA. Eso es todo. La rectificación del Gobierno es pasajera. Intentará parar la ola de protesta ciudadana por su política salvaje de negociación con ETA y, después, seguirá con sus juegos sucios hasta las elecciones. Zapatero es rehén de ETA, pero, mientras controle todas las cadenas de televisión, casi todas las cadenas de radio y siga pagando a los cientos de plumillas y "falsos intelectuales" para que le quiten importancia a sus errores con ETA, esto continuará hasta el fin de la legislatura.

El PSOE no tiene coraje moral ni cuajo político para romper con ETA y rectificar su perversa política antiterrorista. Si los tuviera, ya estaría convocando elecciones generales. Es la única forma de reconocer que su política ha fracasado. Hay, sin embargo, otra salida: Zapatero debería convocar a Rajoy y reunir el Pacto Antiterrorista para demostrar a la ciudadanía que no existe otra política posible contra ETA. Sin embargo, no lo hará, porque eso significaría la vuelta a la normalidad democrática, el regreso al respeto a las reglas del juego político para no excluir al partido de la oposición. Por eso, precisamente, Pérez Rubalcaba le respondió a una periodista que el Gobierno no tenía una estrategia para responder a ETA antes de hablar con el resto de fuerzas políticas. Bien sabe el ministro del Interior que está el Pacto Antiterrorista, pero no quiere ni mencionarlo, entre otros motivos porque no aspira a otra cosa que a apagar el fuego generado por la estulticia y maldad de su Gobierno con ETA. Apagar ese fuego con la ayuda del arco parlamentario.

Se diría que el Gobierno sólo sabe mentir y engañar. La intervención de Pérez Rubalcaba resultó patética, sobre todo, cuando manifestó que él mantenía lo mismo que Zapatero. Falso. El Gobierno ha rectificado por la protesta ciudadana, pero no lo quiere reconocer. Terrible. Este hombre parecía noqueado, pero se abraza a su adversario para no caer a la lona y aprovecha, naturalmente, cualquier descuido del contrario para darle un cabezazo sin que lo vea el árbitro. El Gobierno sólo quiere ganar tiempo. Todo es una mentira. Es prioritario –¡vaya que sí lo es!– recordarle al Gobierno que ha sido derrotado por una banda de criminales por tratarlos como seres políticos. Cualquier otra consideración para quitarle importancia a la responsabilidad del Gobierno en su nefasta política antiterrorista será un engaño a la ciudadanía e, indirectamente, una ocultación interesada e ignominiosa de la principal novedad de Zapatero respecto al resto de presidentes de la democracia española, a saber, llevar a cabo un proceso de diálogo con los terroristas sin contar con el primer partido de la oposición, el PP, y utilizando el terrorismo como arma política y electoral.

Nuestra Zona Cero
POR ANTONIO BURGOS ABC 3 Enero 2007

QUIÉN nos iba a decir que por el precio de una claudicación del Estado ante los terroristas nos íbamos a encontrar con una Zona Cero, a la americana, en Madrid. El gris de esa desolación ya lo conocíamos del 11-S. Ese paisaje como lunar ya nos sonaba. Y con el mismo dolor hispano. En la Zona Cero neoyorquina nos decían que podían yacer entre las ruinas más cadáveres de hispanos de los censados en las listas de bajas, por cuanto muchos eran simpapeles, anónimas vidas segadas por la locura.

Zona Cero... Ay, qué mal los nombres ponía quien aplicó la comparación americana a Barajas. Las terminales de la ideología dominante fabrican antiamericanismo a la máxima capacidad de producción y, simultánea y paradójicamente, ¡lo que nos gusta copiar a los Estados Unidos! Hasta esta denominación de Zona Cero ha venido cantada, apoyada por los paisajes de la desolación de la estructura colapsada del aparcamiento de Barajas. Aparte de en vidas y esperanzas, ¿cuánto nos costará esto en dinero?

Me gustaría que supiéramos imitar de los Estados Unidos no la anécdota de un nombre, sino la categoría de una sociedad entera hecha una piña contra el terrorismo. No ahora, sino siempre, en aquellos entonces de la frivolización del diálogo, del Proceso, del triunfalismo de la paz, ¿de qué paz? Cuando la sociedad, con un Gobierno democrático a la cabeza, miraba hacia otro lado ante el desafío de los terroristas, ante su enchulamiento por las calles atemorizadas con sus autobuses quemados y sus oficinas asaltadas, en sus ruedas de prensa, en sus patadas ante los tribunales de Justicia.

Me gustaría que, en efecto, Barajas fuera la Zona Cero. Pero como allí en Nueva York aquel septiembre, con el presidente del Gobierno encabezando el dolor, la repulsa, la acción decidida del «¡a por ellos!». Sin el menor lugar para las florituras de las interpretaciones semánticas, que si diálogo, que si proceso, que si accidente, que si suspensión, que si ruptura... Ante la tragedia de aquella Zona Cero, los americanos no tenían que padecer la ignominia de encima tener que ver cómo se limpiaban en las cortinas con los lances de esgrima verbal y semántica de los espadachines del doble o triple filo de las palabras, porque todo estaba clarísimo, y la sociedad entera iba «¡a por ellos!», como aquí nunca se debió dejar de ir, tirando por la borda el capital moral del Espíritu de Ermua, el rearme ético del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, o de la Ley de Partidos.

En la continua representación de las tesis de Larra, si de «todo el año es Carnaval» pasamos al perenne Día de los Inocentes con los increíbles vengayás que el Gobierno se iba inventando para que no nos fijásemos en la triste ceremonia de la claudicación, ahora llegamos a otro título famoso de Fígaro: «Tarde y mal». El tono de la respuesta social me recuerda a Larra y también a García Lorca, al «qué trabajito me cuesta quererte como te quiero». Qué trabajito les está costando a los que hasta ahora se han negado al reconocimiento de lo obvio en materia de criminalidad del terrorismo proclamar que iban por un camino equivocado. No sólo a los dirigentes políticos; lo observo en la sociedad. Los explosivos de la furgoneta-bomba han colapsado cuatro plantas de forjados de alta resistencia de un aparcamiento, pero eso no ha sido lo más grave: han abierto bajo los pies de muchos la evidencia del abismo por el que nos llevaban hacia la nada más absoluta con tal de aparecer ante la Historia como pacificadores.

En la Zona Cero, los americanos colocaban banderas nacionales, enarbolaban frente a la adversidad todo el orgullo patrio. ¿Se imaginan que hubiese habido quienes en aquellos días de los grisáceos escombros de Nueva York se hubieran aferrado a tener que negociar con Al Qaeda, diciendo que todo era un paréntesis, una anécdota, un accidente? En nuestra Zona Cero hay quienes se aferran a ese clavo ardiendo para seguir alimentando su orgullo suicida de nadie sabe qué Proceso ni qué diálogo con los asesinos. Así que, por favor, no llamen más Zona Cero a esa tierra que se ha abierto en Barajas bajo los pies de quienes ahora más claramente que nunca se ha visto cómo nos llevaban hacia el abismo hecho, una vez más, muerte.

Atentado de ETA
La miseria del progresismo
GEES Libertad Digital 3 Enero 2007

Los tratos de Zapatero con ETA han sido acompañados por dos tipos de manifestaciones. Por un lado, el Gobierno y su galaxia mediática hablaban de las ventajas de su proceso, de la paz sublime y definitiva, del fin de los problemas. Han bombardeado a los españoles con la cháchara de la "paz" y acusado a los escépticos, incluso a los socialistas, de querer los crímenes etarras, que ya hay que tener estómago para decir algo así. Por otro lado, se han sumergido en el cenagal del más profundo cinismo: decían que todo iba estupendamente, pero que no podían contar nada de lo que tramaban con Otegi y Josu Ternera por el bien de la "paz".

El día 29, Zapatero pronunció sus palabras triunfales: "Estamos mejor que hace cinco años y que hace un año. Les expreso una convicción, dentro de un año estaremos mejor que hoy". ¿"Estamos"? Desde luego, en su "estamos" no incluía a los empresarios extorsionados ni a los concejales que siguen mirando debajo del coche cada mañana. Ni a unas Fuerzas de Seguridad del Estado que siguen siendo acosadas en las calles vascas. ¿Quién estaba mejor el día 29? Zapatero, Llamazares o Imaz quizá; miles de vascos, ni por asomo. Quizá el humo de los autobuses quemados impedía al presidente ver lo que ocurría en las calles vascas.

Recordó la ausencia de muertos. El resto a fastidiarse, le faltó añadir. El ejercicio de historicismo del día 29 de convertir el terrorismo en un fenómeno histórico y teórico, alejado del miedo de cada día, continuó el día 30, cuando aún salía humo de los restos del parking de la T4. Entonces Zapatero, el presidente al que habían asesinado a dos conciudadanos, siguió abstrayéndose: "Hoy estamos mucho peor que ayer". ¿Cómo que estamos peor? De nuevo el mismo error del historicista que del terrorismo sólo ve el proceso. ¿Quién está peor? Peor que qué, peor que cuándo. ¿Desde cuándo la barbarie que se lleva por delante a dos seres humanos se mide por un mejor o peor? ¿Peor para quién? ¿Para los heridos? ¿Para los dos asesinados? De cómo estaban éstos, mejor no hablar: simplemente ya no estaban.

El progresismo se ha adueñado de parte de la izquierda española, tragándose a la socialdemocracia y vende, entre el oscurantismo y las proclamas sublimes, el advenimiento de la paz perpetua. ¿Desde cuándo un crimen se mide por un mejor o peor? Zapatero olvida que la lucha contra el terrorismo no es política ni ideológica: es moral, y tiene que ver con el hecho de que un terrorista vuela un aeropuerto por donde transitan miles de personas y volatiliza a dos de ellas. Y Zapatero hablando de estar peor o mejor, de antes y después. La respuesta contra ETA no tiene nada que ver ni con el futuro ni con el pasado. Tiene que ver con el crimen que cometieron el pasado sábado y con el miedo que esparcen cada día.

La muerte de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate es un crimen, una inmoralidad en sí misma. ¿Qué es eso de interpretarlos en clave de proceso? ¿Qué es eso de "estar peor o mejor"? Ni estamos ni dejamos de estar, ni ausencia, ni voluntad ni alambicadas explicaciones de los expertos en negociaciones. La cuestión es que unos señores han cargado una furgoneta de explosivos, la han aparcado entre cientos de coches y han destrozado la vida de dos jóvenes de 35 y 19 años. A ellos dos, a sus familias y a cualquiera de los españoles que podían haber perdido la vida en víspera de Nochevieja en Barajas se les debe una reacción firme, directa y contundente.

Ante la barbarie del pasado sábado, sólo cabe una respuesta política mínimamente digna y decente: perseguirlos allá donde se escondan, atraparlos a ellos y a quienes colaboran en sus acciones criminales y meterlos en la cárcel a disposición de los jueces. Sencillo. Demasiado sencillo para una izquierda progresista que dice tener la solución a todos los problemas del mundo y que desprecia y mira por encima del hombro a todos aquellos que propugnan firmeza contra el terror. Y los atentados, las víctimas, el terror callejero no son más que accidentes. Esa es la miseria del progresismo.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

La situación (II): El cálculo de la ETA
Pío Moa Libertad Digital 3 Enero 2007

Desde casi cualquier punto de vista, el reciente atentado etarra resulta una muestra colosal de ingratitud hacia el gobierno que más ha favorecido a la ETA en toda su historia. Imagino que Zapo y los medios progres en general encontrarán difícil entenderlo. El gobierno ha legalizado al PCTV, ha declarado gente interesada en la paz a los asesinos, ha hablado de los crímenes como "accidentes trágicos", ha hostigado sin tregua a la AVT y a las víctimas en general, valiéndose de falsos prestigios como Peces Barba o la comunista Manjón; ha organizado una gran campaña para silenciar o desprestigiar a los discrepantes, en especial a la COPE, ha atacado la independencia del poder judicial, ha puesto en evidencia a la fiscalía, ha hecho la vista gorda ante el terrorismo callejero, ha facilitado la reorganización de la banda y su financiación mediante campañas de extorsión, incluso ha alertado a los etarras de decisiones persecutorias de algunos jueces; prepara el acercamiento de los asesinos presos a las Vascongadas y su liberación en plazo no muy largo, así como la discusión –por lo menos– de la anexión de Navarra y de un referéndum ilegal... Y, sobre todo ha impuesto unos estatutos que reducen a residual la soberanía española. Nunca había ganado tanto la ETA en tan poco tiempo, después de hallarse tan acosada. Todo ello sobre un fondo ideológico común entre el gobierno y los terroristas. ¿Por qué, entonces, responde la ETA con tanta brutalidad a tanta generosidad?

La razón es bastante simple. La ETA no ve estas generosidades de Zapo –a costa del estado de derecho y de la democracia– como concesiones, sino como debilidades y retrocesos del estado español. Al que, mal que bien, siguen representando los "gorrinos", como, no sin cierta agudeza, ha calificado a los gobernantes. Los terroristas consideran que llevan 36 años de guerra con el "estado español". A lo largo de este tiempo han sufrido mucho, han pasado por situaciones críticas y muchos han tirado la toalla o traicionado. Pero los avances logrados desde el 2004 demuestran que la "lucha armada" era la buena vía para avanzar hacia la "liberación de Euskadi" o de Euskal Herría: solo a golpes puede conseguirse la "libertad" de los vascos y hacer retroceder al tenebroso poder español. Zapo no les concede ni regala nada, simplemente revela la crisis a la que la "lucha armada" ha llevado al estado opresor. Se ha creado, por tanto, una ocasión histórica para empujar la lucha a su desenlace definitivo, derrotando en toda la línea a los opresores, y es preciso aprovechar su debilidad y golpear en caliente para obligarle a ulteriores retrocesos. La ETA sabe bien cómo tratar a los "gorrinos". No olvidemos que ya antes de la tregua realizó numerosas acciones, no mortales pero sí extremadamente dañinas, y a cada una de ellas respondía el gobierno intensificando sus ofrecimientos. Durante la tregua, la ETA ha aprovechado para reorganizarse, aumentar su arsenal y conseguir gran cantidad de dinero mediante el "impuesto revolucionario", mientras el gobierno no solo disimulaba, sino que atacaba duramente a quienes denunciaban tales hechos. Por lo tanto, ese era y es el camino a seguir. Sólo golpeando a los "gorrinos" se les hace entrar en razón.

Cierto, en el entorno terrorista ha de haber la duda de si presionar demasiado no va a terminar echando todas las ganancias por tierra, después de lo muchísimo ya conseguido. Todas las guerras, y también las "guerras" al estilo ETA, tienen algo de apuesta o de juego de cartas, como decía Clausewitz. Puedes perder si no llegas, pero si te pasas es peor, ya lo observaba el personaje de La venganza de Don Mendo. La corriente dominante en la ETA, como siempre en su historia, apuesta al máximo, convencida de que si ha llegado hasta aquí se debe precisamente a haber hecho antes lo mismo. De momento, los hechos le dan la razón. Otegui (e Ibarreche, Uriarte y compañía) han dicho que el "proceso" debe continuar, pues la Constitución no está liquidada del todo; y Zapo, muy de acuerdo, coincide con ellos. Rubalcaba ha dicho que este proceso está "roto, liquidado y acabado". ¿Qué otro proceso tendrán en mente esos caballeros y caballeras?

El precedente
Luis del Pino Libertad Digital 3 Enero 2007

Según publicaba el diario ABC hace dos días, en una noticia bastante escueta, ETA le habría recordado a Zapatero el precedente del 11-M en alguna de las reuniones mantenidas.

Yo no sé si eso es así, ni tampoco sé los términos exactos en que esa amenaza podría haberse expresado. Pero lo que sí parece claro es que la actitud de Zapatero resulta inexplicable si no introducimos en la ecuación algún elemento que justifique la subordinación del Gobierno a la banda terrorista.

El mejor ejemplo lo tenemos en la comparecencia de Zapatero tras el atentado. Zapatero podía perfectamente haber recurrido a la mentira: haber hablado de firmeza, haber invocado la unidad contra los terroristas y haber anunciado drásticas medidas contra la banda asesina. Aunque fuera mentira. Aunque tuviera la intención de seguir negociando bajo manga. Aunque no pensara tomar ninguna medida en absoluto. Y, sin embargo, no hizo nada de eso, a pesar de que mentir le sale gratis (como tantas veces ha demostrado anteriormente) y le permitiría ganar tiempo.

Lo cual sólo nos lleva a una conclusión: que esa mentira (el anunciar una ficticia posición de firmeza) no hubiera sido, en realidad, gratis. En otras palabras: que Zapatero, por alguna razón, no está en posición de dar por roto el proceso, pero es que ni siquiera está en posición de decir que está roto aunque sea mentira.

¿Y qué es lo que impide a Zapatero incluso aparentar una posición de firmeza? ¿Qué arma puede esgrimir ETA para que Zapatero ni siquiera se atreva a exhibir una firmeza fingida? ¿Tal vez ese "precedente" al que hacía referencia el diario ABC?

Sea lo que sea lo que ETA usa para mantener a Zapatero acogotado, lo que está claro es una cosa: que la única organización que controla en estos momentos la deriva de los acontecimientos es ETA. El Gobierno de Zapatero ha perdido el control de la situación hace mucho. Tal vez desde el mismo día de su toma de posesión.

P.D.: El Ministerio de Interior, que sigue sin informar de qué explosivos se han usado para volar la terminal T-4, anuncia que acaba de detener a cinco islamistas relacionados con el 11-M. ¿Comparecerá Rubalcaba ante los medios dentro de unas horas para decir que en la furgoneta de Barajas se ha encontrado una cinta islámica y un plano de Bagdad? ¿Nos dirá que los explosivos usados son Goma2-ECO, lo que demostraría que no ha sido ETA? ¿Aparecerá esta noche otra furgoneta dentro del garaje de una comisaría, con ropa repleta de ADN de Osama Ben Laden? ¿Aparecerá un vídeo en alguna papelera cercana a La Moncloa donde un encapuchado reivindique el atentado de Barajas como represalia por el ahorcamiento de Sadam? ¿Se reconstruirá el aparcamiento de la T4 y aparecerá en él dentro de unos meses un Skoda Fabia del CNI con más pistas sobre los autores del atentado, todos ellos islamistas? ¿Se suicidarán los presuntos responsables en algún piso de Alcorcón a la hora del telediario?

La respuesta, en el próximo episodio de "Los hombres de Alfredo".

Carta de París
Amarga satisfacción
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 3 Enero 2007

Muy amarga, en realidad, la satisfacción de constatar que teníamos razón nosotros, los "malos", los insultados, los que afirmábamos que ETA no quería la paz sino la rendición del gobierno, que no entregaba las armas sino que se rearmaba, que no cesaba ni la extorsión ni la violencia callejera. Los que creíamos que, envalentonada por el sometimiento y la endeble ambigüedad zapaterista, ETA exigiría que el proceso de capitulación se acelerara. En definitiva, que volverían los atentados. Han vuelto. No me alegro. La verdad es que este Gobierno (sumar ocho cretinas hembras a ocho cretinos varones no produce genios) se ha encontrado con mucha más resistencia ciudadana de la esperada a su política de rendición, y eso le hizo vacilar en diversas ocasiones, pero los discursos triunfalistas navideños, tanto el del Rey como el del señor Rodríguez, después de la reunión "secreta" con terroristas etarras, cobraron, este fin de semana, aspectos aún más siniestros.

Los medios galos han reaccionado con sorpresa al atentado de Barajas. Se creían a pies juntillas la propaganda del gobierno; las declaraciones de sus propios policías y jueces antiterroristas sobre la peligrosidad de ETA no les convencían y, por lo general, las censuraban. Recordaré que el desconocimiento de la realidad española por parte de los franceses es portentoso. Están más al corriente de lo que pasa en Nueva Zelanda, pongamos, que de lo que ocurre en la vecina España. El atentado tuvo lugar el sábado, cuando la prensa ya estaba en la calle, y los domingos no salen los periódicos nacionales, o sea, con sede parisina (salvo Le Parisien), y casi todos los quioscos están cerrados. Los canales de radio y televisión sí dieron la noticia, claro, con imágenes de la televisión española, pero sin comentarios. Sólo el domingo, después de la patética conferencia de prensa del señor Rodríguez, y de la manifestación den la Puerta del Sol, convocada por la AVT, soltaron breves comentarios, que fueron de dos tipos: los que reconocían, sin analizar las causas, el rotundo fracaso de la política zapaterista y los que seguían siendo la voz de su amo y repetían, como loros, la propaganda de TVE, acusando al PP, a la AVT y a la oposición en general de atacar al pobre gobierno y no a ETA...

No entiendo por qué ese gran diario conservador que fue Le Figaro se negó a reproducir las caricaturas danesas anti islámicas, con el pretexto de que eran feas, y este lunes rinde homenaje a Sadam Husein, consagrándole cinco páginas y varias fotos, siete de las cuales –una, inmensa, en primera plana– mostraban los últimos instantes del tirano con la soga al cuello. ¿Esas fotos las consideran bonitas y elegantes o es su manera de homenajear al dictador, gran amigo de Francia y de Chirac? Porque, claro, la ejecución de Sadam Hussein ha dominado este fin de semana en todos los medios. Se han visto, leído y oído las cosas más peregrinas, aunque todas con algo en común: Sadam Husein sigue siendo el tirano preferido de los franceses.

El presidente habló y no dijo nada, ni siquiera si iba a ser candidato.

La doble moral de Ibarretxe
Editorial ABC 3 Enero 2007

LA reacción inmediata del lendakari Ibarretxe tras el atentado etarra Barajas reprodujo ecos de la actuación posterior de su Gobierno y su partido, el PNV, a la ruptura de la tregua de ETA en noviembre de 1999. Entonces, el PNV respondió al comunicado de la banda terrorista con una reafirmación del Pacto de Estella y, en concreto, con un acuerdo soberanista con Euskal Herritarrok -marca política de ETA en aquella época, luego ilegalizada junto con Herri Batasuna y Batasuna por sentencia del Tribunal Supremo- alcanzado sólo horas antes de que finalizara la tregua. En esta ocasión, el lendakari, así como el PNV, han vuelto a jugar con la situación creada por la ruptura unilateral del alto el fuego. Esta vez no hay pacto de legislatura con los proetarras, pero Ibarretxe ha vuelto a ejercer el papel histórico del nacionalismo, usufructuando las consecuencias del terrorismo de ETA al no dar por concluido el proceso de «paz» (coincidiendo con Otegi, quien también dijo lo mismo en diciembre de 1999) y transformarlo, como hiciera con el acuerdo de Estella, en un proceso político para el logro de los objetivos comunes a todas las familias nacionalistas, ETA incluida. En el discurso de fin de año, Ibarretxe aprovechó el atentado de Barajas para reivindicar el derecho de los vascos «a decidir» y la vigencia de su «Propuesta de Nuevo Estatuto Político», aprobado en diciembre de 2004 con el apoyo del grupo parlamentario proetarra, Socialistas Abertzales, cuya disolución judicial no fue ejecutada por Juan María Atutxa, presidente de la Cámara vasca.

Para el nacionalismo vasco, la violencia nunca ha sido un obstáculo ético ni político en su proceso de reivindicación soberanista. Ni siquiera por simple estética, el PNV nunca ha renunciado a eludir la coincidencia de fines con ETA, y el discurso del lendakari ha ratificado esta falta de escrúpulos con la que el nacionalismo siempre ha querido beneficiarse políticamente de la existencia de la organización criminal. Siendo compleja cualquier posibilidad de entendimiento entre el PSE y Batasuna, ahí se ha colocado el nacionalismo gobernante para volver a encabezar el frente nacionalista, como pretendió en el Pacto de Estella, y ofrecer a la izquierda proetarra la tabla de salvación política del Plan Ibarretxe. La ruptura de la tregua permite así al PNV recuperar un espacio que temía perder por la pinza PSE-Batasuna y alejar el peligro de perder el poder a medio plazo, su principal preocupación.

Por eso es necesario que las consecuencias políticas del 30-D -aunque Rubalcaba aseguró ayer que el atentado supone «la ruptura en la práctica del proceso de paz», lo que debería llevar a Rodríguez Zapatero a anunciar el fin de las negociaciones en el Parlamento- comprendan una rectificación general de la relación del PSOE con el nacionalismo vasco, porque no sólo es preciso dejar a ETA sin esperanza alguna de lograr, con armas o sin ellas, sus objetivos soberanistas, sino también reactivar la defensa del orden constitucional y del Estatuto de Guernica frente a la intención del PNV de ofrecerse como paliativo de la violencia terrorista a cambio de sacar al País Vasco del pacto estatutario. Es la coartada utilizada por el PNV desde hace más de un cuarto de siglo.

Hay muchas cosas que han quedado claras en estos meses de confusión: ni el apaciguamiento desarma a los terroristas, ni las concesiones hacen que los nacionalistas vascos sean leales con la Constitución. No es cierto, como dice Ibarretxe, que no hay que confundir el «derecho a decidir» de los vascos con la violencia de ETA. No es cierto porque la convergencia de ambos conceptos no es una confusión, sino una relación de medio a fin sistemáticamente acreditada por los terroristas en cada uno de sus atentados. Y tan inseparables son para ETA la violencia y la autodeterminación que han vuelto a atentar en cuanto han comprobado que, cualquiera que fueran los compromisos previos con el Gobierno, el orden constitucional sigue siendo un muro de contención infranqueable. El derecho de autodeterminación es, en España y con la Constitución en la mano, una pretensión radicalmente rechazable, la planteen ETA con su violencia o el lendakari con el oportunismo inmoral que lo caracteriza. El canto de sirena que entona el PNV al PSOE ya es conocido: frente al terrorismo, más nacionalismo, porque, una vez más, para los nacionalistas, ETA no es el «conflicto» vasco, sino una de sus manifestaciones. Los socialistas ya han cometido el error de pretender la rehabilitación política de Batasuna. El «plan B» no es reactivar la vieja fórmula de la hegemonía nacionalista liderada por el PNV, sino restaurar el constitucionalismo como la mejor alternativa para los ciudadanos vascos.

De suspendido a roto
José Javaloyes Estrella Digital 3 Enero 2007

¿Qué ha pasado en Ferraz y qué en la Moncloa para que el “proceso de paz”, que el presidente del Gobierno redujo sólo a la condición de “suspendido” tras de la voladura del aparcamiento de la T-4 en Barajas, haya cambiado al estado de “roto”? Mientras se averigua la génesis precisa de la rectificación, hay una cosa patente como causa del volantazo: la sobrevenida lluvia de cascotes sobre el ya fragilísimo techo del Gobierno socialista. Resultaba escandalosamente insostenible la contumacia presidencial, políticamente suicida.

Tan brutal ha sido la rectificación expresada por José Blanco, el secretario de Organización del PSOE, después de reunirse la Comisión Permanente del partido, que el principal partido de la Oposición ha exigido que sea el propio presidente del Gobierno haga una “declaración formal de ruptura con los terroristas”.

A lo que se ve, el bombazo de Eta en Barajas ha hecho que se desplome, además de varias plantas del aparcamiento de la T-4, lo principal del tinglado político-paralegal montado por José Luís Rodríguez. Ese dispositivo de neblinosos ensamblajes operados por el Fiscal General del Estado, cuya última muestra ha sido la sorprendente afirmación de que “Eta está derrotada”. Cándido Conde Pumpido remachaba así, en suprema muestra de obsecuencia a la Moncloa actual, la doctrina de no llamar a las cosas por su nombre sino por su antónimo o contrario.

El atentado de Barajas en el pasado día 29 ha puesto de manifiesto que como efecto del supuesto alto el fuego, y del colchón de lenidad establecido en ese escenario “procesal” camino de la paz, se ha permitido, de una parte, la reorganización de la banda y de todos sus mecanismos operativos. Por ejemplo, el secuestro y retención del dueño de la furgoneta utilizada en el atentado, desde el momento del secuestro hasta el tiempo de la detonación de la carga; el montaje —no se sabe si en Francia o en España— de la megabomba y su traslado hasta el aparcamiento del aeropuerto, donde todo quedó dispuesto antes de que el presidente del Gobierno, al que los medios oficiosos le atribuyen los niveles de información que deben serle propios, proclamó la bondad de los frutos de su gestión pacificadora, superior a la de todos los tiempos precedentes e inferior a la del año que esperaba tras de las doce uvas…

Pero no son sólo las condiciones operativas de la banda aquellas que han mejorado desde el momento de la proclamación del “alto el fuego”. Han sido las de su entorno político y social aquellas que han medrado espectacularmente a partir del momento en que el Gobierno de Rodríguez rompió amarras con el Pacto Antiterrorista suscrito con el Partido Popular. Un principio de legalidad sometido a régimen de medio gas, conforme lo que ya se llama “doctrina Conde –Pumpido”, permitiría el desentumecimiento de las bases sociales y políticas del arco abertzale en todos los espacios. Esencialmente, el escamoteo nominalista de Batasuna en las últimas elecciones autonómicas vascas reinstaló la cartelería proetarra en las instituciones.

Esa disposición del PSOE de hablar “con todas las fuerzas políticas” para hacer frente al terrorismo, manifestada ayer por José Blanco, presenta indiscutibles calidades de falsete, pese a que no tengan los socialistas más remedio que intentarlo. Ni el Gobierno ni quienes parlamentariamente le apoyan se abrirían a la colaboración con los populares para reconducir la lucha contra Eta. Se trata de una cuestión de régimen. Los comunistas mantienen sintonía de fondo con el marxismo-leninismo de la banda; los nacionalistas no hacen ascos a una dinámica de fracturación española que tiene a la banda misma como cabeza tractora del convoy en que viajan sus intereses.

El cuadro de estas últimas horas, tras la rectificación del PSOE de poner ruptura donde el presidente del Consejo dijo suspensión, más que toda otra cosa, comparece como cuadro de crisis. Una crisis quizás a tres bandas: de partido, de Gobierno, de régimen. Es mucho lo que el río suena, casi tanto como la explosión de la T-4.

jose@javaloyes.net

«Estos son mis poderes»
POR CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 3 Enero 2007

ETA ha puesto, una vez más, las cosas en su sitio: independencia o terror. No hay tercera vía. No hay ensoñaciones para los colaboracionistas con mala conciencia. La solución montenegrina en el mejor de los casos. Un proceso ciertamente «largo, duro y difícil». Al presidente le preocupa que algunos de los suyos se nieguen a verlo así. Pero ¿acaso podría ser de otro modo? Por eso él entiende bien a Otegi -«la esperanza de paz»-, para quien el atentado de Barajas no debería desviar de su estrategia al Gobierno. Si acaso deberían comenzar a cumplirse las condiciones recordadas por la dirección de ETA en sus comunicados, así como los tiempos señalados en la hoja de ruta de Antza.

Por todo esto, tampoco Zapatero quiso hablar de ruptura del «proceso de paz» a las seis y media de la tarde del día 30. Demasiado sabía él que era posible un atentado. ¿Acaso no lo había anunciado ETA y no lo había repicado Montero desde la Fundación Sabino Arana? Lo intuía Zapatero cuando se entrevistó con Rajoy y cuando dio la conferencia de prensa de fin de año en la que quiso recordar que el camino sería «largo, duro y difícil». El propio euskobarómetro había reflejado el estado de ánimo de la mayoría de la sociedad vasca al reconocer la posibilidad de la ruptura del alto el fuego. Los innumerables terminales de ETA habían hecho llegar a todos los rincones del pequeño País Vasco que la paz era, de momento, un sueño.

Quizá el presidente esperó una acción más comedida. No tal dispendio de explosivos. Rubalcaba no pudo ocultar, en su siniestra rueda de prensa, una cierta sorpresa ante la magnitud de la acción. Ochocientos kilos de dinamita ¡y en Barajas! Más tarde sabríamos que los desaparecidos eran dos y que el dueño de la furgoneta había sido previamente secuestrado por razones de «seguridad».

ETA quería dejar claro que volvía a sus métodos más diabólicamente refinados. El atentado debía producirse de forma inexorable al día siguiente de la comparecencia de Zapatero.

Independencia o terror. Esa es la apuesta que chorrea sangre. Todo lo demás es consuelo de tontos. «Estos son mis poderes», ha dicho ETA en Barajas, y en el aire queda la advertencia de Zapatero: «El proceso será largo, duro y difícil».

¿Y ahora qué hacemos señor Presidente?
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 3 Enero 2007

Sigue perplejo el país ante la huida de su presidente a Doñana mientras aun humeaba la T-4 y seguían buscando cadáveres entre los escombros. El suspendido Zapatero no suspendió sus vacaciones y en un acto que le pasara tanta factura como su desoladora comparecencia tras el atentado donde no se atrevió a romper con ETA se marchó al “Coto”. Y era miércoles y 3 de enero y no había regresado. Silente, mudo, dicen que traumado, el “proceso” se lo tuvo que “liquidar” “El País” en portada y rompérselo esa misma tarde Rubalcaba .

Perdido en la palabra suspender (“detener o diferir por algún tiempo una acción u obra”) ha pasado a serle aplicada a él otra acepción de la misma, pues suspendido también quiere decir "embelesado", que es como parecía estarlo de su propio ser hasta el propio día 29, su definición mas afín del pasado pero ahora ha migrado una nueva , la de estar "colgado", que es la que define mejor que ninguna su actual situación.

El presidente se jugó casi todo a “su proceso”. Su otra gran apuesta el Estatut ha salido, como poco, cojo y agrio. El “proceso” era pues en lo alguna manera se ponía la suerte de toda una acción de gobierno, todo un proyecto muy personal e interiorizado por otro lado, todo el presente y hasta futuro.

Habremos de convenir que de todo lo dicho, de todos aquellos cantos, lo miráramos cada uno como lo miráramos ya nada queda, medio llena la botella o medio vacia, de todo aquello de la irreversibilidad del la decisión de ETA , ni de que sería a cada día mas difícil matar , ni de que no había clima para los atentados, que eso sería su suicidio , que no podría soportarlo Batasuna. De todo aquello nada queda.

Han matado y los “botones”, que eso y nada mas son Otegui y compañía, se han puesto firmes y no solo no condenan sino que culpan a las victimas de los crímenes de sus señores y los justifican. Como siempre han hecho. Como harán siempre. Ya no hay ni irreversible, ni vacuna después de la hecatombe del 11-M. Sigue ETA.

Ha sido la política del gobierno, su política antiterrorista la que ha volado. La que está como el proceso al que unió su suerte, “rota, liquidada y acabada”.

Pero este es el Gobierno , este el presidente y es el Gobierno quien dirige la Nación y marca sus políticas y es por ello a quien hay que preguntarle .

¿Y ahora, qué?.

Parece que no debiera ser tan complicado ni traumático reconocer errores. Son obvios pero no hay nada más político que la negación de la evidencia. Así que puede que no haya lugar y tampoco importaría demasiado si los hechos los reconocieran y los corrigieran
Si se volviera a la senda del acuerdo, si se retomara el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo.

Si se dejará claro a los terroristas de ETA-Batasuna que no pueden tener la paleta y la pistola al mismo tiempo y que quedan por su violencia fuera de las urnas de los pacíficos. Y que así va a ser , sea cual la marca con la que pretendan colarse, en las próximas municipales.

Si se persiguiera sin desmayo a todos y a todo aquello que delinque contra el estado de Derecho y las libertades ciudadanas. Los comandos, la cúpula de ETA, sus militantes, sus esbirros del terrorismo callejero y sus “botones” de Batasuna empezando por Permach y Otegui a los que va siendo hora de aplicarle la ley a la que burlan y mandarles al fiscal a que los procese y dejar luego a un juez que en estricta justicia los juzgue.

Si se volviera al cerco policial, social, económico e internacional sobre ETA que la tuvo hace menos de un año al borde del colapso.

Si todo ello se hiciera, con firmeza y con sentido, España podría recuperar la confianza. Pero ya hoy mismo empiezan a descomponerse hasta las primeras intenciones.

En vez de Pacto Antiterrorista y recuperar la unidad de criterio con el otro gran partido que un día puede gobernar España y con el cual se representa a la inmensa mayoría del electorado, ya se empieza con juegos malabares de verse con la pleyade de nacionalistas y derivados para camuflar lo que es la soledad aterradora, la del responsable ante sus hecho, la del Gobierno ante la sociedad española.

Resulta , esa tanda de contactos, si no tiene como eje lo firmado por PSOE y PP, tan tramposa como inútil. ¿Qué van a pactar con ERC, por otro lado sus socios de Gobierno en Cataluña, que por boca de su portavoz en el Congreso, Joan Ridao se atreve a afirmar sin que le tiemble el alma ni la razón que ha sido Eta quien “ha puesto más de su parte para salvar el proceso de paz”, en frase que no es descabellado definir como de auténtico delito de apología del terrorismo?.

Lo esencial es lo que hoy entiende todo el mundo. Recuperar la unidad entre las fuerzas que representan y lideran al conjunto de los españoles en una cuestión como esta, tan de Estado, aceptar los errores propios y los ajenos (la oposición debe asumir el suyo de haber acusado y condenado en un juicio de intenciones a Zapatero y al Gobierno de una rendición a ETA y de unas concesiones que jamás se hicieron) , concretar acuerdos y finalmente invitar a que se sumen a partidos razonables y democráticos como CiU o ese PNV de José Jon Imaz que es toda una esperanza de inteligencia y sensatez (y por supuesto piensa como piensa y es respetable que lo piense) al lado de un Ibarrtexe ya más que en el ocaso y a un Egibar en la tiniebla del fanático.

Esos serían los caminos. Eso lo que los ciudadanos esperan. Pero que siga la disputa, que se mantenga el error , que persevere la desunión y que se empecinen en el camino bombardeado es lo que se temen. Lo que todos nos tememos.

P.D. El post que había colgado sobre el artículo en Avui contra el español, que desconocía y que ha resultado más viejo que la tos, lo he dejado como añadido, junto a los comentarios en el de "Al caetellano, ni agua"

¿Por qué ETA ha roto 'el proceso'?
Francisco Rubiales Periodista Digital 3 Enero 2007

ETA ha roto el mal llamado "proceso de paz" porque nunca ha creido en él, porque ha descubirto en Zapatero más resistencia de la esperada y porque, una vez recuperada la fuerza, los "políticos", como Otegui y Ternera, han sido relegados al segundo plano que siempre han tenido en la organización.

En el seno de la banda no queda ya ni rastro de los viejos ideales y principios y lo que comenzó siendo un movimiento político de liberación es ya hoy ETA, S.A., un próspero negocio basado en la extorsión y el crimen.

Hace mucho tiempo que los "gudaris" se volvieron "hampones" y que la ideología cedió su puesto al negocio. ETA, S.A. desconfía de los políticos y desprecia a gente como Otegui, que sueña con ser político. En ETA tiene vigencia aquella triste práctica del líder chino Mao Tse tung, que nunca dejó de ser un terrorista y que siempre utilizó el fusil para controlar al partido.

La gente etarra de gatillo fácil, que es la que realmente manda en la banda, aceptó y proclamó la "tregua permanente" sin intención de cumplirla, sólo porque la capacidad de respuesta violenta se había debilitado peligrosamente. Los "generales" de ETA han dotado a la organización de una ideología tan simple como eficaz, básicamente fascista, a la que repugna la democracia y que es muy similar en su estructura a la de los nacionalistas, cuya esencia operativa consiste en reivindicar constantemente y en fijar metas inalcanzables que, al serles negada por el "enemigo", justifiquen la práctica rentable del asesinato y la extorsión.

En la cúspide armada etarra, siempre se ha despreciado a los políticos, sobre todo a los de izquierda, quizás porque comparten los mismos orígines ideológicos. Con desprecio, llaman "gorrinos" a los socialistas y no otorgan el mínimo valor a un Zapatero que consideran cobarde y marrullero.

Curiosamente, respetan más a la derecha, quizás porque les ha plantado cara en términos de lucha y, sobre todo, porque, como ellos, prefiere la praxis a la ideología.

El fracaso del "proceso" ha demostrado, una vez más, que ETA sólo puede ser derrotada por la fuerza y que lo único que acabaría con ETA es la ruína económica, más que la falta de cuadros y de soldados, algo que es fácilmente reclutable en la desquiciada sociedad vasca, minada de un nacionalismo que, guste o no, es la antesala de la militancia etarra.

La estrategia correcta frente a ETA, S.A. es obligarla a cerrar la fábrica porque ya no es rentable. Sólo entonces, negociarán la "paz" y aceptarán una regulación de empleo en la que cambien las armas por la despreciada política, a la que sólo reconocen un valor: que en ella hay dinero abundante y fácil, procedente del Estado y de los impuestos de los ciudadanos.

Voto en Blanco

Y ahora, ¿qué?
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Enero 2007

No es cuestión de replantear, cinco días después del atentado de Barajas, lo que ya es de sobra sabido. Zapatero ha hecho el ridículo, había anunciado una España mejor que, a su juicio, ya estaba en marcha gracias a unos “diálogos” llamados “proceso de paz”, y al final ETA ha optado por lo de siempre: cuanto peor, mejor. Lo que a partir de este momento podría parecer más sensato es preguntarse: ¿y ahora qué? No vale especular con el significado de la palabra “suspensión” en vez de “ruptura” del famoso diálogo. Ni siquiera hay que recurrir a la conjetura de si ETA se ha equivocado. ZP era en sus manos plastilina política, pero a la banda, o a quien mande de verdad en ella, no le ha interesado aprovecharlo. Tal vez no le convenía matar, sino destrozar y sabotear. Le han “salido” dos desaparecidos que además no son españoles. O sea, dos muertos, salvo milagro en contrario. Y a Zapatero se le pone difícil el horizonte electoral. Al PP no le hace falta lanzarse demasiado sobre la presa política, sino simplemente esperar que el sentido común de los ciudadanos haga la obra. El personaje que llegó al poder por ferrocarril parece llamado a salir de él por vía aérea. No necesita billete para encontrar otro destino. Entre el bombazo del 30-D y el espectáculo de Air Madrid, el presidente tiene materia para soñar con Barajas.

El fracaso de los servicios de seguridad y del servicio secreto o de inteligencia (CNI) ha sido colosal. Es el segundo de cae tamaña en poco tiempo. El primero fue el 11-M, que no fue ni olfateado si es que excluimos la conspiración. El segundo, en la víspera del Fin de Año, ha sido un prodigio de la desinformación. Ya Txema Montero, antiguo dirigente etarra, luego apartado de esas actividades, anunció en días recientes algo que podía ser extraordinario. A lo mejor, o a lo peor, se refería a esto.

Al mundo proetarra, o simplemente etarra sin pasar de acólito de la banda, le han chafado seguramente ciertos proyectos de inserción en la vía legal. De ahí que ahora, entre el olor a la dinamita, Batasuna declare tajantemente que “el proceso no está roto” y anuncie “nuevas iniciativas” para reconstruir los compromisos.

Pero, volviendo a Barajas, ¿Quién era el responsable de seguridad del aeropuerto? ¿No sería un antiguo administrativo de AENA elevado de rango? Ninguna de estas particularidades puede ya consolar a ZP. Ni a Rubalcaba, ministro del Interior. Ni a Teresa Fernández de la Vega, que en esta ocasión no ha tenido la ocurrencia de ilustrarnos con sus consideraciones juiciosas. Vaya tres. El trío de la bencina. Y en víspera del desastre, va “El Mundo” y eleva a la vicepresidenta del Gobierno a la categoría de “política del año”. ¿Para darle celos a Zapatero?

De cuando en cuando es útil hacer memoria. El mes que viene hará un año que Felipe González declaraba en la presentación del libro “Cicatrices de guerra, heridas de paz”, del ex ministro israelí de Asuntos Exteriores, Shlomo Ben Ami, que no compartía “ningún ataque de optimismo” sobre el final del terrorismo en España. La referencia era Zapatero, claro está. Y como ZP acaba de manifestar, ¡ya entonces!, que estábamos “ante el principio del fin”, González formuló esta cáustica observación: “Claro, siempre estamos más cerca del final que antes”.

¿Qué diría hoy el ex presidente del Gobierno? ¿O qué añadiría el antaño crítico Juan Carlos Rodríguez Ibarra? El que fuera presidente de Extremadura dejó caer estas palabras en aquella misma fecha: “Una vez que los que tienen pistolas se rindan, es posible que entre nosotros, que no perderíamos la dignidad, pudiera aparecer la clemencia. Pero aquí la gente se tiene que rendir”.

Ya lo vemos. No necesitan pistolas. Prefieren una tonelada de dinamita, por ejemplo. Buena entrad de año, sin duda. La gran traca.

Estaba claro: el que con terroristas se acuesta, manco se levanta
Ely del Valle elsemanaldigital  3 Enero 2007

El Gobierno ha tardado tres días y medio en enfundarse los puntos suspensivos con los que Zapatero se había limitado a adornar el inexistente proceso de paz tras el atentado.

3 de enero de 2007. No podía ser que después de que ETA terminase el año con una espeluznante traca que demuestra una vez más que la cabra siempre tira al monte, el presidente pusiera entre paréntesis un proceso que jamás existió. Rubalcaba lo sabía, y por eso sus rotundas declaraciones de ayer: roto, acabado y liquidado.

Finished. El problema es que, por el camino, también se ha pulverizado la confianza de la mayoría en un presidente empecinado durante meses en hacer decir a los asesinos en voz alta lo que desmentían vía Zutabe. La respuesta final no ha podido ser más clara : los terroristas han verificado su clara e inequívoca voluntad de seguir matando, pese a lo cual Zapatero ha sido incapaz de verbalizar lo que, ayer sí, puso, blanco sobre negro, el ministro del Interior. Se sabía que existía un ultimátum que vencía a finales de año; se sabía que los terroristas almacenaban pistolas y explosivos; se sabía lo suficiente como para que las fuerzas y cuerpos de seguridad volvieran a estar en alerta. Conocíamos todo esto porque, a pesar de lo que quieran creer quienes nos han metido en este lío, a Otegi y sus secuaces Zapatero, su proceso de paz y su permanencia en el Gobierno les importa un bledo. Han hecho como que negociaban con él porque le tienen pillada la medida, y han jugado con su megalomanía y su pánico a salir disparado de La Moncloa, para forzar una falsa tregua mientras se surtían de armas para convertirlas de nuevo en cuerdas vocales.

Tras el atentado, el presidente dijo que trasformar un parking en dos mil toneladas de escombros y matar a dos personas no es compatible con una tregua permanente. Muy didáctico. Imagino a los terroristas completamente perplejos preguntándose: "¿Ah, no?". ¡Vaya tomadura de pelo, señores! Hasta ahora era muy difícil, a pesar de las evidencias, cerrar la puerta a la posibilidad de que se consiguiera lo imposible; a que fuesen los escépticos los equivocados; a que el presidente escondiese tras su discurso insustancial a un genio de la estrategia. Al final, la realidad se le ha plantado delante de las narices, y Rubalcaba, que no el escurridizo jefe del Ejecutivo, ha tenido que sellar en público cualquier resquicio a la esperanza, aunque seguramente lo ha hecho para salvar el culo y no tener que salir pitando de un Gobierno que se desmorona, tampoco nos engañemos.

Queda la segunda parte, la política, la fácil de prever: ni va a haber ceses, ni se va a retomar el pacto anti terrorista, ni, evidentemente ETA va a dejar de invertir en detonadores para hacerlo en diccionarios.

Zapatero ha tendido la mano a los asesinos y se la han cortado. Veremos si es verdad que ha aprendido o se limita a meterse la otra en el bolsillo a la espera de que Otegi le haga un par de cucamonas.

Mientras tanto los demás no tenemos más remedio que encomendarnos al 007 del año nuevo para que nos proteja de tanta incompetencia.

RECOGIENDO TEMPESTADES
Editorial  minutodigital 3 Enero 2007

Desde las trincheras de la progresía, y en su defensa del recientemente finiquitado “proceso de paz”, se achaca a la ciudadanía el no manifestarse única y exclusivamente contra el terrorismo de ETA sino que, de paso, los españoles le reprochan a Zapatero su política antiterrorista a la vez que le consideran casi “cómplice necesario” en el estallido de las bombas.

Solo recordarles que los manifestantes no son todos militantes del PP sino que, por encima de todo, son ciudadanos españoles que no se consideran representados por un Gobierno sectario salido de las urnas del 14-M. Si además de ciudadanos españoles son votantes del partido de Génova su reproche es doble puesto que viven en sus carnes el aislamiento, el odio y el rencor a que son condenados día a día.

Quizás la maquinaria del progresismo acabe por señalar a Rajoy como culpable del atentado en la T-4. Ha sido, dirán, obtuso e intransigente ante ese proceso que, como Juan Palomo, ha cocinado el Presidente en la cocina de la Moncloa. Un proceso al que, ladinamente, intentó atraer a la oposición mediante la cita trampa celebrada el pasado 22 de Diciembre. Porque, ¿no sabía el Gobierno que ETA estaba presta a atentar una vez finalizado el plazo que terminó el día 21?, ¿no tenían noticias los servicios secretos de que algo se movía en ámbitos terroristas?. Si no lo sabían, y eran ignorantes de ello, están legitimando la actuación del gobierno de Aznar entre los días 11 y 13 de Marzo de 2004.

Porqué protesta la progresía cuando la ciudadanía sale a la calle y lanza huevos contra algunas sedes del PSOE. Eso son prácticas fascistas y de extrema derecha propias de gentes que solo quieren acorralar al Gobierno culpándole de los actos de unos mal nacidos. Ahora, lo que no nos dicen es como se llaman quienes el 13 de Marzo asaltaron, al grito de asesinos, las sedes del PP, zarandearon políticos y acorralaron a media España cuando culpaban al Gobierno de un atentado y querían saber quién había sido. ¿Le ha dicho, señor Zapatero, su amigo Josu Ternera quienes han sido los del “accidente terrorista” del día 30?. Usted lo tenía más fácil porque, ¿a quién hubiera debido llamar Aznar para que le confirmasen la autoría del 11-M?. Tanto entonces, como ahora, los españoles queremos saber.

El pueblo español está harto. Y si los movimientos ciudadanos salen a la calle y protestan contra el Gobierno es porque le consideran culpable. Pero el trasfondo de la ciudadanía no es tanto apoyar al PP, como pretende vender la progresía, como pedir al Gobierno más nefasto de los últimos ochenta años que se vaya de una vez. La mayoría de esos ciudadanos no ve al PP sino como un mal menor y, aunque no estén totalmente de acuerdo con la tibieza de su oposición, pueden considerar su vuelta como el regreso a los días donde se cerraban herriko tabernas, donde ETA no mataba, donde la kale borroka desaparecía y donde de Juana Chaos comía porque no se le ocurrían este tipo de tonterías para presionar en la Moncloa.

Vivir eso de nuevo será complicado porque ahora, nadie puede predecir como será la calma tras las tempestades que estamos recogiendo de aquellos vientos que comenzaron a soplar en una ya lejana guerra de Irak.

¿Qué es lo que ha pasado?
POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 3 Enero 2007

LOS partidarios del zapaterismo se afanan por entender qué es lo que ha pasado, qué ha fallado en el ya difunto «proceso de paz», como indica la práctica desaparición del ayer sagrado sintagma (aunque seguro que resucita). Responder con acierto esta pregunta es indispensable para responder la pregunta definitiva: y ahora, ¿qué vamos a hacer? Porque más allá de las llamadas a la unión de los demócratas y a distinguir la responsabilidad de los terroristas de los errores del Gobierno, aparece la certeza inquietante de que el atentado de Barajas ha hundido mucho más que un aparcamiento y las vidas de Carlos Alonso y Diego Armando Estancio.

Lo que se ha hundido es un «modelo de resolución del conflicto vasco», para decirlo con esa retórica gomosa. Un modelo fundado en dos supuestos que, otra vez, se han demostrado falsos. Primero, que para acabar con el terrorismo es necesario integrar a Batasuna en la democracia, haciéndole concesiones políticas y aceptando la impunidad de sus actos, porque entonces presionará a ETA para que abandone la violencia; segundo, que si ETA anuncia su voluntad de paz, entonces hay que tratarla como una «organización» capaz de «dar su palabra» en una negociación formal con el Estado. Supuestos falsos que se apoyan entre sí como en un castillo de naipes y que, como pasa con estas frágiles construcciones de papel, se vienen al suelo si reciben un empujón. Como ya hay expertos que se ofrecen de nuevo a levantarlo, no estará de más recordarlo.

Esos dos supuestos contradicen la experiencia, la memoria y la historia, tan sobadas estos días. Sin embargo, han sido reiterados por numerosos políticos, periodistas, expertos, eclesiásticos, empresarios, sindicalistas, incluso fiscales... «ETA no miente», ¿se acuerdan? Esa era la consigna, de manera que todos, salvo el PP y otros grupos de «enemigos de la paz», debían unirse con entusiasmo a la marcha por la Paz de Zapatero: ¡el ejercicio de la oposición y de la crítica han sido denunciados como ataques a la democracia!

Ni la continuidad y auge de la extorsión y la kale borroka, ni las amenazas de los «zutabe» (pues ETA unos días dice la verdad, y otros, según), ni exhibiciones como la de Aritxulegi o el robo de armas en Francia tenían ningún valor para quienes se han entregado en cuerpo y alma al pensamiento mágico, a ese dominio de la voluntad sobre la inteligencia que es el alma del zapaterismo. Como observó Hanna Arendt respecto a la sociedad alemana, España se ha llenado de personajes que consideran que los hechos son meras opiniones, y viceversa. Si decías: «Cuidado, que ETA no quiere la paz», replicaban: «Ésa será su opinión»... o te hablaban de la guerra civil. En el País Vasco sufrimos esta ofuscación desde hace tiempo: es responsable de la perduración del terror. Lo que animaba a pensar racionalmente que esta vez sí se podía acabar con ETA eran los tres años y medio sin víctimas mortales.

Pero algunos han interpretado al revés el significado de esa cauta retirada, ignorando la evidencia de que la comisión de asesinatos se había convertido en un negocio ruinoso, a consecuencia sobre todo del Pacto Antiterrorista. Tras la lluvia de golpes, ETA necesitaba reorganizarse y dividir a sus enemigos sembrando la confusión, y a eso se ha dedicado los últimos meses. Necesitaba tranquilidad y el reconocimiento de sus buenas y pacíficas intenciones, y eso es lo que, con sobrecogedora facilidad, le ha estado regalando el «proceso de paz».

Si el Gobierno hubiera acordado el manejo de la situación con el PP, quizás el largo parón de atentados hubiera significado el comienzo de la liquidación del terrorismo nacionalista. Se podía combinar la oferta de diálogo para el abandono de las armas, y sólo para eso, con la presión social, política y judicial. Como hemos visto, se optó por lo contrario. Zapatero ha preferido una oposición entretenida con un discurso apocalíptico, enredado en la conspiración del 11-M, que otra dedicada a un marcaje del Gobierno eficaz y exigente. En eso le ha sobrado esa famosa astucia de que ha carecido para tratar con ETA. Se ha jugado todo a una carta, y ha salido ful.

Pero una vez dividido de nuevo el enemigo, nada más fácil para ETA que ir subiendo sus exigencias, mientras se reorganizaba y se comprometía a no desaparecer hasta la independencia, según representó la pantomima de Aritxulegi. El Gobierno, entre tanto, prefería alentar el espejismo de que esos excesos eran gestos para la galería, mientras aceptaba la constitución de una «mesa de partidos», aunque dilatando su constitución formal. No deberíamos olvidar que Otegi se ha referido a la falta de progresos en este compromiso, fundamental para ETA, como una de las razones que justifican el atentado de Barajas y las dos nuevas víctimas.

¿Qué nos espera en los próximos meses? Las cosas no van a mejorar; al contrario, debemos temer el inicio de una escalada similar a la de 1999, pero con un lenguaje más confuso y encubridor, al que el zapaterismo se prestará fácilmente. El mensaje gubernamental de que ETA siempre tendrá las puertas abiertas para reiniciar la negociación es el peor mensaje posible: alarga indefinidamente las expectativas de los terroristas mientras desmoviliza y confunde a la ciudadanía, aletargada con la nana del diálogo.

Los partidarios del proceso insisten en que habrá que volver a la cháchara cuando se disipe el humo y se entierre a los muertos. Proclaman que no hay alternativa a este «diálogo» que acaba de fracasar, es decir, que no hay otra vía que una rendición negociada... de la sociedad democrática. El regreso a los tiempos de Argel... y de Hipercor.

Pues bien, este fracaso deja claro, en cambio, que no hay alternativa democrática a la liquidación de ETA. Mejorando las herramientas jurídicas contra el entramado «civil», porque la ilegalización de Batasuna ha resultado bastante fraudulenta, a la luz de la infatigable actividad de un Otegi capaz de reunir a la Prensa para justificar el atentado la misma tarde del suceso.

Acabar con ETA de modo satisfactorio, sin pagar precios impagables, requiere la mejora de la democracia. No su entrega a esa corte de los milagros del «proceso de paz», con sus capellanes, iluminados y parásitos metidos a expertos y mediadores que trafican con nuestras vidas.

El País lanza cantos de sirena hacia el PP.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 3 Enero 2007

El monumental fiasco de Zapatero, por no llamarlo su gran traición fallida, es de tal envergadura que se ha desatado un aquelarre de llamadas tipo cantos de sirena al PP para evitar que a Zapatero se le pase factura por sus muchos pecados políticos. Como siempre la línea la marca El País, y su canto de sirena lleva por título “Si fueran inteligentes”, todo con el objetivo de levantar la enésima cortina de humo tipo aquí no pasado nada, salvo que no tenemos unidad de acción contra el terrorismo por culpa del PP.

El País intenta tocar la fibra amoral de los del PP con un estilo típico de vendedores de soluciones mágicas.

“Si los dirigentes del PP fueran más inteligentes no sólo aceptarían participar en la reunión de todos los grupos políticos parlamentarios que promueve el Gobierno para poner en común posibles iniciativas compartidas contra ETA, sino que renunciarían a colocar ahora en primer plano los reproches a Zapatero y, por el contrario, tratarían de actualizar y ampliar pactos antiterroristas anteriores de acuerdo con la nueva situación creada con el brutal atentado de Barajas.”

Pocas veces verán ustedes una llamada más brillante para que los del PP cierren la boca y entren en el corral de los borregos silentes. Los que se han pasado años y años babeando ante ETA para conseguir una tregua de pacotilla a cambio de la dignidad de un país, aquellos que habían hecho de la lucha contra ETA un pecado de lesa patria, aquellos que se han desgañitado diciendo que en ETA son todos hombres de paz, aquellos que han llegado a avisar a ETA de una detención inminente de uno de sus miembros, aquellos que han perseguido hasta la nausea a las víctimas del terrorismo, aquellos que han arropado a Zapatero en su cobarde y genuflexa actitud entreguista, ahora reclaman de los que no han tragado con esas aberraciones que cierren la boca, que no digan ni una palabra sobre ese terrible episodio, que no pidan responsabilidades políticas y se unan a los corifeos de ETA para montar el paripé de una ficticia lucha contra ETA que les dé argumentos para ganar las elecciones que vienen.

El infame canto de sirena de El País sigue y sigue y sigue usando del palo y de la zanahoria, halagando y amenazando.

“El PP demostraría grandeza de miras si en lugar de seguir insistiendo en que Zapatero debió decir ruptura en lugar de suspensión de contactos con la banda -debate absurdo tras las aclaraciones de Rubalcaba- y de utilizar el pacto antiterrorista como bandera de denuncia contra los socialistas aplica sus principios a la nueva situación y apoya un acuerdo que mire más al futuro que al pasado, aunque partiendo -como entonces- de la experiencia vivida.”

Aquí no ha pasado nada, y si ha pasado algo ha sido que las buenas intenciones de paz de Zapatero han sido bombardeadas por los pacíficos etarras y la intransigencia del PP, así que pelillos a la mar y a reconvertirse ahora en feroces luchadores contra el terrorismo hasta que toque levantar de nuevo la bandera blanca de rendición ante ETA.

Caraduras lo son, sinvergüenzas lo son, golfos lo son, bribones lo son, rufianes lo son, bellacos lo son, lo que no son es honrados. Zapatero debería presentar la dimisión en lugar de proponer otro pacto antiterrorista que prohíba negociar con ETA mientras, tengo la convicción de ello, en estos momentos siguen hablando los chicos de Zapatero con los chicos de ETA, al igual que hicieron con el anterior pacto antiterrorista. Y tengo la convicción de que esta ruptura tipo suspensión estaba pactada, como muchos habían anticipado, y Zapatero volverá a encamarse públicamente con ETA después de las elecciones.

Rajoy y sus chicos deberían hacer como Ulises, todos ellos, atarse al mástil y ponerse cera en los oídos, y exigir la dimisión del traidor Zapatero.

En el guión de la hoja de ruta de Zapatero al infierno ya estaba prevista esta situación, en esta película de amor ETA – Zapatero estamos en la fase en que chico rompe con chica y sabemos que la siguiente es chico y chica se reconcilian y se van a la cama de nuevo.

Diccionario ZP-castellano
POR IGNACIO CAMACHO ABC 3 Enero 2007

ACCIDENTE. Atentado terrorista.
Accidente mortal. Atentado con víctimas. El de la T-4, por ejemplo.
Alianza de Civilizaciones. Política de apaciguamiento.
Aznar. Guerra.
Azores. Aznar, guerra.
Bono. Dolor de cabeza.
Bush. Aznar, guerra.
Cataluña. Nación. (V. «Nación de naciones»)
Consenso. ¿Qué?
Constitución. Ley obsoleta que sirve de burladero a la extrema derecha.
Debate territorial. Reforma encubierta de la Constitución.
Economía. Asunto complicado que va bien porque se ocupa Solbes.
Estatuto de autonomía. Instrumento para reformar la Constitución de tapadillo.
Extrema derecha. Derecha, centro-derecha. El PP.
Falcon. Avión de vacaciones.
Fiscal. Funcionario judicial al servicio del Gobierno.
Gente antigua. Felipistas.
Igualdad de derechos. Matrimonio homosexual.
Inmigración. Tarea para Fernández de la Vega. (v.)
Izquierda abertzale. Entorno proetarra, Batasuna.
Hombre de pazzzzzzz. Terrorista en comisión de servicios.
Juez. Profesional de la justicia que no entiende el Proceso de Pazzzzzzz (v.)
Laicismo. Política contra la Iglesia.
Legalidad. Conjunto elástico de normas del Derecho.
Lucha por el final de la violencia. Diálogo con los terroristas. (V. «Proceso de Pazzzzzzz»)
Marbella. Cortina de humo.
Memoria histórica. Revancha.
Nación. Concepto discutido y discutible.
Nación de naciones. España. (Sinónimo: «Este país»).
Nacionalistas. Socios, aliados preferentes.
ONU. Plataforma para la Alianza de Civilizaciones.
OPA. Enredo de Montilla.
Pacto Antiterrorista. Papel mojado.
Pazzzzzzz. Horizonte de cese del terrorismo mediante negociación con ETA.
Política exterior. Aburrimiento y viajes.
PP. Enemigo, mal absoluto, el Otro.
Proceso de pazzzzzzz. Negociación con los terroristas.
República. Utopía de libertad.
Socialista. Radical.
Terrorismo. Plaga heredada del pasado en vías de erradicación.
Terrorista. Luchador equivocado a punto de arrepentirse, aunque algo obstinado en su error.
Transición. Época pasada y sobrevalorada.
Vega (Fernández de la). Bombero con traje de Escada.
Víctima. Deudo de alguien que ha sufrido un accidente mortal, y sufre por ello como si le hubieran fusilado a su abuelo en la guerra.
Violencia. Terrorismo.
Violencia de género. El verdadero terrorismo.
Zulo. Sitio para poner cosas (copyright Rubalcaba).

España
«¡Zapatero, dimisión!»
La protesta de miles de ciudadanos tras el atentado, convocada por la AVT, deriva en críticas al Gobierno  San Gil recalca que «el proceso no puede seguir adelante»  Alcaraz exige al presidente pruebas de que «la ruptura es real»
C. Pérez La Razón 3 Enero 2007

MADRID- Las concentraciones convocadas ayer por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) congregaron a miles de ciudadanos que condenaron con su presencia frente a los ayuntamientos de las principales ciudades españolas el último atentado de ETA. En la mayoría de estas protestas, los manifestantes exigieron la dimisión de José Luis Rodríguez Zapatero y corearon consignas contra el Gobierno. La ausencia de algunos alcaldes socialistas también fue reclamada a gritos por muchos de los presentes.

En Madrid, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz-Gallardón, acudieron a la concentración que se celebró en la Plaza de la Villa. El silencio que se hizo a las doce de la mañana en pleno centro de la capital fue interrumpido varias veces por las consignas contra el Gobierno coreadas por algunos de los asistentes. El delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Madrid, Juan Antonio García Castelo, tuvo que pedir, en reiteradas ocasiones, que se mantuviera el silencio para poder leer un manifiesto de condena del atentado. Además de exigir la ruptura de «cualquier vínculo con los terroristas y sus colaboradores e inductores», García Castelo pidió al Gobierno que vuelva, como única vía para luchar contra el terrorismo, al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y a la aplicación de la Ley de Partidos para luchar contra la banda terrorista ETA.

«Gobierno traidor»
Los minutos de silencio terminaron con vivas a España y una salva de aplausos. Pero las críticas al Gobierno continuaron con consignas como «Zapatero, dimisión», «Gobierno traidor» o «Queremos saber la verdad del 11-M». A la concentración también acudió la secretaria de Política Social y de Bienestar del Partido Popular, Ana Pastor, y otros miembros de la Corporación madrileña, entre ellos el vicealcalde Manuel Cobo.

Las concentraciones de condena congregaron a unos tres centenares de personas en las capitales vascas, que contaron con el respaldo de los dirigentes del PP y se desarrollaron en silencio. En la de San Sebastián, a la que no acudió el alcalde donostiarra, Odón Elorza, la presidenta del PP vasco, María San Gil, advirtió al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de que «no sólo tiene que suspender el diálogo con la banda terrorista», sino que «el proceso no puede seguir adelante», por lo que le exigió que vuelva «de una vez por todas a las políticas eficaces antiterroristas» aplicadas en 2003.

En Bilbao, Antonio Basagoiti, presidente del PP de Vizcaya, se mostró convencido de que el presidente del Gobierno «continuará con el proceso y pasará al Plan B». Al término de la concentración celebrada ante el Ayuntamiento vizcaíno, lamentó que otros partidos y el propio alcalde no hubieran secundado la convocatoria. «Pero no quiero criticarles -afirmó-, aunque lo fácil sería ponerles a parir, porque ahora lo que hace falta es que estemos con las víctimas y consigamos la unidad para acabar con el terrorismo».

En Pamplona, varios centenares de ciudadanos guardaron tres minutos de silencio en protesta por el atentado, en un acto que contó con representantes de UPN y, también, de socialistas navarros.

El presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, se sumó a la concentración de Jaén y aprovechó la ocasión para exigir al Gobierno que demuestre «con pruebas manifiestas» que ha roto el diálogo y cualquier tipo de negociación con la banda terrorista, informa Efe.

Otra ciudad en la que se echó de menos a su alcalde en la protesta fue Zaragoza, donde cerca de 300 personas, entre ellas representantes del PP, del PAR y familiares de víctimas, condenaron el atentado, pidieron con gritos la dimisión del jefe del Ejecutivo y criticaron la ausencia de Juan Alberto Belloch.

La jornada tampoco estuvo exenta de incidentes. En Málaga, el secretario general de la Agrupación Centro del PSOE en la localidad, Rafael Granados, denunció ante la Policía los actos vandálicos protagonizados por medio centenar de personas contra la fachada de la sede electoral del PSOE malagueño y de dicha agrupación.

Según indicaron en un comunicado, los hechos tuvieron lugar sobre las 12:30 horas, cuando un grupo se concentró frente a la puerta del inmueble, situada en la calle Ollerías. Estas personas, que según el PSOE portaban banderas nacionales, «lanzaron gritos contrarios al presidente del Gobierno y al PSOE, aporrearon cacerolas y lanzaron huevos contra la fachada del inmueble». Mientras, en Salamanca una persona que reclamaba los mismos derechos y reconocimientos para las víctimas de la guerra civil fue zarandeado por dos asistentes a la manifestación.

Más tranquila discurrió la protesta frente al Consistorio de Sevilla, donde unas cuatrocientas personas, entre ellas el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, se concentraron para, en algunos casos, corear consignas contra Zapatero y reclamar a gritos la presencia del alcalde, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, que siguió la tónica de algunos compañeros de partido y tampoco secundó la convocatoria.

Unas 2.500 personas apoyaron la protesta de la AVT en distintas ciudades de Castilla y León, especialmente en Valladolid y Salamanca, en actos que también se desarrollaron con críticas al Gobierno y a la ausencia de representantes del PSOE, salvo en León, donde asistió el portavoz municipal de esta formación.

Mientras, en las capitales castellano-manchegas, varios cientos de ciudadanos se concentraron ante sus ayuntamientos y en algún caso lanzaron gritos contra el Gobierno.

Llamamiento a la unidad
Varios centenares de personas se dieron cita en distintas ciudades gallegas, como en la capital, Santiago de Compostela, donde su alcalde, el socialista Xosé Sánchez Bugallo, hizo un llamamiento a la unidad institucional de los partidos y la sociedad.

En Mérida, alrededor de 200 personas, entre ellas la consejera portavoz de la Junta, Dolores Pallero, guardaron cinco minutos de silencio contra el terrorismo.

En la Comunidad valenciana se produjeron concentraciones en las tres capitales, que en el caso de Valencia contaron con la presencia del vicepresidente del Gobierno valenciano, Víctor Campos, y de la alcaldesa, Rita Barberá. En Alicante, los congregados también corearon consignas exigiendo la dimisión de Zapatero, al igual que en Palma de Mallorca, Córdoba, Málaga... Y es que en el resto de ciudades españolas, el patrón fue bastante similar: repulsa del atentado de la banda terrorista salpicada de reproches al Ejecutivo socialista.

Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo
«Es un paréntesis que tanto ETA como el Gobierno han ideado para retomar el proceso»
Miguel Pato Periodista Digital 3 Enero 2007
 
Asegura que la ruptura del gobierno con ETA se trata de una ruptura del diálogo no del proceso. El presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en esta entrevista concedida a Periodista Digital, explica que la situación actual representa “un paréntesis para anestesiar a la sociedad”. Francisco José Alcaraz también comenta la viñeta que recientemente ha publicado el diario Avui.

¿Llega tarde la ruptura del diálogo?
Pienso que se ha roto el diálogo pero no se ha roto el proceso. Pienso que esto es un paréntesis que tanto ETA como el Gobierno han ideado para retomar el proceso en una situación mucho más cómoda para ambos.

¿Ese paréntesis durará hasta ver qué pasa con las próximas citas electorales?
Este paréntesis busca anestesiar la sociedad española y, especialmente, a la Navarra de cara a un proceso electoral para que el PSOE pueda conseguir el poder en esta Comunidad Autónoma. Así, podrán pagar el precio político que exige la banda terrorista ETA. Pienso que es un plan maquiavélico por lo que, vamos a vivir unos meses complejos en tanto que todo responde a una gran mentira que van escenificar la banda terrorista y el Gobierno.

¿Cómo califica su asociación la viñeta en la Avui carga contra los ciudadanos que se manifiestan en contra del terrorismo?
La Asociación de Víctimas del Terrorismo está indignada con la actitud del diario Aviu y la permisividad de los responsables de este periódico. Porque la viñeta es un insulto contra toda la ciudadanía que, de forma solidaria, se manifiesta en contra del terrorismo y a favor de una política que abogue por la derrota de ETA. Es lamentable que traten a estos manifestantes solidarios como personas que se congratulan de un atentado terrorista, incluso con muerte.

¿Alguien se alegra de lo sucedido el pasado día 29?
Desde la AVT entendemos que los únicos que, en este país, se pueden alegrar de un atentado terrorista y de las muertes son los terroristas que colocan la bomba, los que los justifican, los que les apoyan y los que comparten objetivos con los terroristas. Si en esa viñeta tuviese que haber personajes que se alegrasen del atentado no serían los ciudadanos que van a las manifestaciones de la AVT, serían los socios de quienes apoyan este proceso de negociación que son los terroristas de Batasuna-ETA. Ellos tendrían que estar en esa viñeta.

Terrorismo
EL ALCALDE SOCIALISTA DE SANTIAGO CENSURA A LA AVT
El alcalde del PSOE asumió todo el protagonismo e incluso en la web institucional del Concello de Santiago de Compostela se ha eliminado cualquier referencia a la AVT en relación a la concentración
Minuto Digital 3 Enero 2007

El alcalde socialista, José Sánchez Bugallo ha impedido intervenir a Fina Saavedra, delegada de la AVT en Galicia, en la concentración celebrada en Santiago en repulsa al último atentado de ETA. Según nos ha manifestado Fina Saavedra, fue relegada en todo momento en la concentración, pese a que la iniciativa de la misma partió de la AVT. Sánchez Bugallo leyó la declaración institucional del consistorio por él presidido, impidiendo a la delegada de la AVT leer la suya bajo la falsa disculpa que era la Federación Española de Municipios la convocante, cuando se da la circunstancia de que la concentración, como todas las que se celebraban hoy día dos de enero en el resto de España, había sido una iniciativa de la AVT. Sin embargo el alcalde del PSOE asumió todo el protagonismo e incluso en la web institucional del Concello de Santiago de Compostela se ha eliminado cualquier referencia a la AVT en relación a la concentración.

LA ULTRAIZQUIERDA INTENTA REVENTAR LAS CONCENTRACIONES DE LA AVT
Varios provocadores intentaron también enturbiar la concentración de la AVT en Salamanca. Mientras el delegado de la AVT, Pedro Samuel Martín, pedía "la activación de todas las herramientas que ofrece el Estado de Derecho para derrotar a ETA" y que en caso de que el Partido Comunista de las Tierras Vascas no condene el atentado "debe ser expulsado de las instituciones vascas”, un individuo, presuntamente relacionado con los radicales de izquierda, empezó a proferir gritos reivindicando la memoria histórica de las “víctimas” del franquismo, y los mismos derechos para las “víctimas” del 36 que para las víctimas de ETA.

Los propios asistentes al acto tuvieron que expulsar al provocador, viviéndose escenas de tensión, ras lo cual continuo el acto con plena normalidad. Entre los más de mil asistentes también se encontraba el alcalde de Salamanca, el popular Julián Lanzarote.

SU CONDENA DE 15 MESES DE PRISIÓN FUE ANULADA POR EL SUPREMO
El Constitucional confirma que la Audiencia Nacional debe juzgar a Otegi por un homenaje a una etarra
El Tribunal Constitucional ha decidido no admitir un recurso presentado por el portavoz de la ilegalizada Batasuna Arnaldo Otegi contra el auto del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) en el que éste se declaró falto de competencia para juzgarle por un presunto delito de enaltecimiento terrorista en un homenaje a una etarra fallecida y remitió el caso a la Audiencia Nacional. Otegi ya fue condenado por este acto a 15 meses de prisión pero hace un año, el Tribunal Supremo anuló la sentencia y ordenó repetir el juicio.
EFE Libertad Digital 3 Enero 2007

En una providencia notificada este miércoles, el TC considera que el recurso de Otegi carece de contenido constitucional porque no se ha vulnerado el derecho a un juicio con todas las garantías y el derecho a la tutela judicial efectiva con la decisión del TSJPV, pues, a su juicio, "lo único" que determina el auto impugnado es la falta de competencia del tribunal vasco al perder Otegi su condición de aforado.

El alto tribunal vasco ya juzgó en 2004 a Otegi cuando mantenía la condición de aforado como parlamentario en la Cámara de Vitoria por su participación en el homenaje de la etarra Olaia Castresana, fallecida en 2001 al manipular un explosivo, pero la condena de 15 meses de cárcel que el TSJPV impuso al líder abertzale fue anulada por el Tribunal Supremo, que ordenó repetir el juicio.

Tras la sentencia del Supremo, en abril del año pasado, el TSJPV se declaró falto de competencia para juzgar de nuevo a Otegi porque éste ya no era parlamentario y, por lo tanto, no gozaba de la condición de aforado y concluyó que la Audiencia Nacional era el órgano judicial competente para juzgarle al imputarle un delito de enaltecimiento del terrorismo.

Los magistrados de la sala primera del TC señalan que el recurrente atribuye la vulneración de sus derechos a la asunción por parte de la Audiencia Nacional de la competencia para el enjuiciamiento de la causa en la que figura como acusado, pero subrayan que en la resolución del TSJPV no "consta una decisión de asunción de competencia por parte de este órgano judicial". Añaden que respecto a esta decisión "existen mecanismos ordinarios de oposición a disposición del recurrente que, en su caso, deberían ser utilizados con carácter previo al recurso de amparo".

En este sentido, destacan que la posibilidad del amparo no está establecida para evitar eventuales lesiones futuras –respecto de las cuales resulta "extemporáneo", subrayan– y recuerdan que el TC ha rechazado "reiteradamente" la figura del "amparo de finalidad preventiva, cautelar o por lesiones futuras". Según informaron fuentes jurídicas, la Audiencia Nacional aceptó la competencia de esta causa el pasado 22 de septiembre.

El TC tampoco admite la alegación de Otegi sobre dilaciones indebidas y señala que "no cabe denunciar ante este tribunal las dilaciones indebidas una vez que ha concluido el proceso en la vía judicial, pues la apreciación en esta sede de las pretendidas dilaciones no podría conducir a que este Tribunal adoptase medida alguna para hacerlas cesar".

La Guardia Civil pide voluntarios para el servicio de escoltas en el País Vasco
J. M. Zuloaga La Razón 3 Enero 2007

Madrid- La Dirección General de la Guardia Civil ha dirigido una comunicación a las distintas comandancias para saber cuántos agentes están dispuestos a ser voluntarios como escoltas en el País Vasco, según han informado a LA RAZÓN fuentes de la Benemérita.

La petición se produce en un momento de especial preocupación tras el atentado perpetrado por ETA el pasado sábado en Madrid.

Sin embargo, las citadas fuentes han señalado que se trata de una comunicación «regular» que se hace cada seis meses con el fin de saber de cuántos agentes, que tengan realizado el curso de escoltas, se puede disponer en caso de necesidad.
Los guardias destinados en el País Vasco y Navarra tienen un plus de peligrosidad que también cobran los que prestan servicio de protección de personas. En el pasado, estos puestos se cubrían en función de unos criterios que el paso de los años demostró que no eran los más adecuados. Por ello se optó por crear este registro de agentes dispuestos a hacer de escoltas en el País Vasco. Las especiales circunstancias que ha generado el atentado del sábado hacen suponer que aumentarán las necesidades de este tipo y que el número de guardias que irán destinados para este servicio aumentará en el futuro próximo.

En el registro también se apuntan aquellos agentes que realizan ya misiones de protección en esa Comunidad Autónoma pero que, por circunstancias familiares o de otro tipo, quieren dejarlo.

En la actualidad, numerosas personas tienen escolta en el País Vasco y Navarra. Las renuncias a este servicio, pese a las supuestas bondades del «proceso de paz», han sido muy pocas y no llegan a la decena, según han informado fuentes antiterroristas conocedoras del asunto.

Dirigentes socialistas habían comentado, a finales de 2005, en reuniones privadas del partido, que el «próximo verano (por el de 2006), todos sin escolta». La realidad, poco a poco, se fue imponiendo y lo que parecía que iba a ser un camino imparable hacia la paz, se fue complicando día a día, cuando ETA interiorizó que el Gobierno no le iba a conceder lo que, según la banda, se había comprometido a dar a cambio de la tregua.

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