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Recortes de Prensa     Miércoles 7 Enero  2007

Los siete errores
Por Ignacio Camacho ABC 7 Enero 2007

MENOS mal que el poder no le iba a cambiar. De momento le ha trocado la sonrisa de la Gioconda en un rictus apretado de rabia, le ha mermado los reflejos -ay, esos días de silencio en el Coto- y ha convertido el talante en una arrogancia complaciente y refractaria a la autocrítica. Una semana después del atentado de Barajas, el presidente sigue sin ver «ningún aspecto que permita decir que ha habido un error» en el mal llamado proceso de paz. Pues ya puede revisar la secuencia de acontecimientos como si fuera una viñeta de pasatiempos clásicos, a ver si descubre los siete errores claves que saltan a la vista de la opinión pública. Porque son tan fáciles de señalar que hasta podría hacerlo Pepiño Blanco.

Error 1. Confiar en ETA. Había precedentes de engaño a González y a Aznar, pero ZP se creyó más listo; su eterno adanismo de considerar que ha inventado la política.

Error 2. Dejar fuera al PP y hacer oídos sordos a las víctimas. Es verdad que la oposición puso muy alto el listón del consenso, pero el presidente se cegó al pensar que podía alcanzar su objetivo sin ella, dándole un golpe definitivo a la derecha. Llegó un momento en que el Gobierno parecía más cerca de Batasuna que del Partido Popular, y su desamparo a las víctimas fue clamoroso.

Error 3. Acceder a la negociación política al aceptar inicialmente la mesa de partidos y sugerir que Batasuna podría ir a las elecciones. Esa decisión violaba el principio de «primero la paz, y luego la política», entregaba a ETA la baza principal del proceso y colocaba al Gobierno en situación de debilidad. La rectificación posterior, forzada por la opinión pública, bloqueó el diálogo porque los terroristas ya no aceptaron volver al punto de partida, que era el abandono de la violencia a cambio de benevolencia penal.

Error 4. Hacer la vista gorda ante los incumplimientos de la tregua, la extorsión postal, la violencia callejera, y ordenar a los fiscales que suavizaran su presión procesal. Otro indicio de debilidad.

Error 5. Sobrevalorar la interlocución de Josu Ternera. El cabecilla etarra logró imponer el alto el fuego, pero carecía de influencia suficiente para sujetar la tendencia belicosa de la banda.

Error 6. Minimizar los indicios de rearme terrorista. El robo de las pistolas y la aparición del zulo de Amorebieta eran nítidos avisos de ruptura que no fueron atendidos, en un clima de optimismo voluntarista que alcanzó el paroximo con la arrogante presunción presidencial de que todo iba a ir mejor... la misma víspera del bombazo de Barajas.

Error 7. Titubear tras el atentado del día 30. Zapatero esperó hasta más allá de la evidencia la posibilidad de que se tratase de una acción «incontrolada», y ofreció una imagen patética de desorientación que le dejó desacreditado.
Estos siete errores se encierran en dos: ceder la iniciativa a ETA y dar la espalda a medio país que no creía en el «proceso». La pregunta que queda por contestar es si un Gobierno que se confunde de este modo está capacitado para seguir o ha llegado el momento de preguntárselo a los ciudadanos.

El final del eZPejismo.
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Enero 2007

Una semana después del atentado de Barajas las previsiones más pesimistas se han cumplido. El Gobierno está noqueado, no sabe, no contesta y es incapaz de incoar una mínima reacción que suponga un punto de seguridad para los millones de españoles que permanecen atónitos ante el espectáculo de un Ejecutivo superado por todas partes. Ciertamente es imposible que el Gobierno pueda responder a alguna expectativa cuando su presidente se encuentra derrumbado y derrotado ante los acontecimientos.

Como un boxeador sonado, tambaleante en el cuadrilatero, a la espera de la campana Rodríguez Zapatero se desmorona por minutos y por días. Es la caída estrepitosa de un político que había construido su discurso en los cimientos de la nada, aliñada siempre con una palabrería insustancial, engreido por una dialéctica de la cursileria y obsesionado con el sectarismo y la división. Con esos mimbres, Zapatero ha ido tirando durante estos tres años que lleva ocupando La Moncloa.

Estamos, sin duda, inmersos en la legislatura más convulsa de la historia reciente de España. Y lo estamos desde el momento en que el presidente del Gobierno se ha negado a investigar la verdad sobre los atentados del 11 de marzo. Luego no han faltado una larga lista de decisiones del Ejecutivo que han puesto patas arriba el modelo nacional, el modelo de sociedad, la estabilidad institucional, la lucha contra el terrorismo, la dignidad de las víctimas e incluso las heridas del pasado cerradas hace mucho tiempo por decisión general de todos los españoles. En ese contexto llega el atentado de Barajas, como la confirmación definitiva de que Zapatero nos había metido en un auténtico proceso de rendición donde estaba en juego la libertad y la democracia. La T-4 se ha convertido para el Gobierno en un auténtica ratonera política. Se han desmoronado de golpe todas las estrategias, todas las vaguedades, todas las fulerías de un Ejecutivo que ha demostrado con creces su incapacidad para la gestión y su obsesión por salvar el tipo con piruetas de última hora.

El 30-D no han servido para nada esas triquiñuelas. Se ha disuelto todo a una gran velocidad. Como lo hace un azucarillo en un vaso de agua. Zapatero ha quedado como un espejismo, como un mal sueño. Escuchar al presidente del Gobierno decir que "tiene más energía que nunca para luchar contra el terrorismo" se confunde con una visión de una adivinadora de tarot. Y es que ni los más entusiastas con el presidente -durante estos años- han sido capaces de defender lo indefendible. Estamos efectivamente en el final del eZPejismo.

Nosotros también "queremos saber"
EDITORIAL Libertad Digital 7 Enero 2007

Una cosa es que la oposición acepte esperar a escuchar lo que el Gobierno tiene que contarle en privado sobre el 30-D, en esa extraña ronda de reuniones a puerta cerrada anunciada por Rubalcaba, y otra distinta, que se cruce de brazos ante el apagón informativo que se cierne sobre el asesinato terrorista de Diego Estacio y Carlos Palate. Al día siguiente del atentado de ETA contra el aeropuerto de Madrid-Barajas, el secretario general del PP exigió "información clara, continua y fiable" de la investigación oficial; pero el hecho es que, más de una semana después, la opinión pública ignora casi todo del ataque, y el único partido opositor no ha vuelto a insistir en averiguarlo.

¿Qué fue del optimismo inicial del ministro del Interior, quien, en su comparecencia ante la prensa el mismo día del atentado, presumió de que la investigación recogía "datos relevantes" a buen ritmo; datos de los que en ese momento aún no podía informar?

Ocho días después, se desconoce todo lo "relevante" de la bomba, quiénes la pusieron y cómo lo organizaron. Salvo que fue ETA y que el presidente Rodríguez Zapatero no controlaba su propio "proceso de paz", no hay certidumbre alguna sobre este atentado: ni qué es lo que explotó en la T-4, ni quiénes forman el comando, ni a quién secuestraron para robar la furgoneta, ni cómo lo organizaron, ni por qué el presidente anunció un avance hacia la paz sólo un día antes.

El director general de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida, ha explicado que aún se sigue recogiendo muestras para identificar el tipo de explosivo utilizado. Resulta inevitable la comparación con lo que ofreció el Gobierno anterior, y lo que se le exigió, en las horas inmediatamente posteriores a los ataques del 11 de marzo de 2004.

Si entonces, y ante un montaje terrorista mucho más sofisticado, sirvió información en el tiempo real de la investigación y fue capaz de practicar las primeras detenciones en apenas 48 horas, la nulidad de ahora sugiere dos hipótesis alternativas, a cuál más inquietante: o bien a aquel Gobierno de marzo de 2004 le dejaron las pistas necesarias para acelerar la investigación policial a tiempo de volcar el resultado de las elecciones generales del 14 de marzo, o bien este Gobierno es más vulnerable y sabe menos de ETA de lo que se sabía antes de la tregua. Lo que, a su vez, nos llevaría a una perspectiva siniestra: la de una ETA que no ha perdido el tiempo y se ha rearmado en todos los planos, también en el de la información –como, por otra parte, puso en evidencia el chivatazo policial, aún no aclarado, al aparato de extorsión de la banda terrorista–, frente a un Gobierno que ha desactivado lo mejor del Estado en la lucha anti-terrorista.

La reciente dimisión del número tres del CNI (cuyos análisis sobre la actividad de ETA durante la tregua habrían resultado correctos y fueron despreciados por el Gobierno, según se ha informado) o la persecución judicial y el linchamiento periodístico de policías honestos que han denunciado prácticas abominables de mandos policiales de la confianza del Gobierno socialista, como la falsificación de documentos de la investigación del 11-M o el tráfico con explosivos idénticos a los que, según la versión oficial, se utilizaron en los atentados que causaron 192 muertos, son signos del efecto demoledor del llamado proceso de paz en algunos de los baluartes más valiosos de la lucha anti-terrorista.

La opacidad tras el 30-D es una licencia que este Gobierno no se puede permitir. Ya sea porque ha dejado que ETA se rearmara y ahora es más lo que ignora que lo que sabe de la banda terrorista; ya sea porque no quiere contar lo que sabe de este atentado y del verdadero potencial de ETA, lo cierto es que cada día que pasa sin información "clara, continua y fiable", es una nueva amenaza para la seguridad de los españoles.

La oposición haría bien en recordárselo cada día con sus correspondientes noches, de aquí a que Zapatero ofrezca todas las certidumbres que ahora nos faltan.

Romance de Barajas
Por Antonio Burgos ABC 7 Enero 2007

SERÁ lo que ustedes quieran, nada hueca y tontinacua consagrada por los votos de las masas engañadas por el dolor de las bombas de Atocha aquella mañana; o esta pazzzzz con tantas zetas que Ignacio Camacho hallara escribirla de esa forma, que es que le salió clavada. Aunque todo esto sea y otras cosas que se callan y que las piensa cualquiera con sólo verle la cara de las cejas circunflejas y la boca descolgada, estarán todos conmigo con que el que manda en España será lo que ustedes quieran, la nada y la supernada, pero hay que reconocerle que es mago de las palabras. Ni el María Moliner tantísimo jugo saca a su similiquitruqui de hablar y no decir nada, y de ponerle mayúsculas a las mayores chorradas, a las voces más inocuas, a las palabras más vanas: que si el Proceso, el Talante, la Memoria o la Alianza. Traductores de Toledo necesita a punta pala: ¿qué es lo que dice el gachó cuando por su boca larga? De nuevo en esta ocasión, ocasión bien desdichada, tan sangrienta y dolorosa cual la bomba de Barajas que ha tirado abajo aquello y mató a dos inmigratas, ha vuelto a verse la copla de su huera logomaquia.

¿Tanto trabajo le cuesta condenar a los etarras y decir que con la ETA se acabó lo que se daba? Nueve horas han pasado, nueve horas bien contadas, para que al humo las velas comparezca y dé la cara. Por delante, alguacilillo para despejar la plaza, echó como portavoz al tal Pérez Rubalcaba, quien en brillante discurso dijo lo de siempre: nada. Apagón informativo esto en cristiano se llama. Los dos pobres de Ecuador, los pobrecitos sudacas que van buscando los suyos y por parte alguna hallan, a los que cogió dormidos el bombazo de la banda, es difícil, imposible, que de allí con vida salgan, entre hierros retorcidos, forjados, muros y rampas, y el hormigón desventrado por la mortífera carga. El jefe de los bomberos solemnemente proclama: «Con la vida incompatible es estar en esas plantas». Y a pesar de todo eso, y de las horas pasadas, llaman «desaparecidos» con insistencia y sin lástima a los dos asesinados por esa gentuza etarra.

Al contrario que en Atocha, nadie quiere saber nada. ¿Dónde están las pegatinas, en dónde están las pancartas, dónde los manifestantes que «asesinos» los llamaban cuando cada diez minutos a la prensa le informaban? ¿Dónde está Pilar Bardem, dónde están las rosas blancas, los progres de Visa oro y los mensajes del «pásala» que decían que el Gobierno a todos nos engañaba? Nadie habla ya de engaños aunque sus bocas no abran. Aunque no quieran decirnos qué explosivo es el que hallan, quiénes son los sospechosos y qué comando actuara, y qué pactaron con ellos de independencia y Navarra, que a pesar de que el Gobierno los calzones se bajara, ahora han visto la moneda con que el asesino paga, pues se olvidó Zapatero del refrán que bien lo aclara: «Quien con etarras se acuesta, con dos muertos se levanta».

Mas los muertos no son muertos: los que mueren en Barajas son dos desaparecidos aun después de que se excavan los escombros asesinos y de allí dentro los sacan. Y por las mismas razones, en cuantito que los hallan, se cogen dos aviones y al Ecuador se les larga, pero, vamos, ahora mismo, corriendo, como las balas. Hay que quitarlos de enmedio, que funerales no haya, ni haya capilla ardiente, ni coronas, ni haya lágrimas. Y ni un triste padrenuestro dejan rezarle a la caja en donde Carlos Palate va camino de su casa, al otro lado del mar, junto a la andina montaña. Y en cuanto que al otro pobre los bomberos lo rescatan, el pobre de Diego Armando que en su coche dormitaba, pues tres cuartos de lo propio: en un avión lo largan a aquella mísera aldea de pobreza ecuatoriana.

Y siguen dale que dale, a la perdiz mareándola: hay suspensión del dialogo, señores, No Passssa Nada. España con la ETA buena estaba bien confiada, negociando la salida, pero, ay, la ETA mala es la que nos ha engañado, mi información no fallaba. ¿Qué dice usted, que «¡a por ellos!» con policías y guardias? No me estropee el diálogo, ay, no me sea usted facha, que en estas horas cruciales la unión es la necesaria. ¿Para qué? Pues se lo digo cuando pasen dos semanas. Y lo diré, lo prometo, en sede parlamentaria.

Por los montes de León, un pastor así cantaba: «Zapatero, Zapatero, ésta tu tierra te aguarda; tú que entraste por Atocha vas a salir por Barajas».

2007
Por Jon Juaristi ABC 7 Enero 2007

PUES no. Nada invita al optimismo ni a la esperanza en este año largo que se abre bajo el gobierno más deslegitimado de toda la historia de la democracia española: más incluso que el último gobierno de Felipe González, con su turbia secuela de corrupción. Porque González, justo es reconocerlo, no se propuso cargarse el gran acuerdo democrático de la transición, ni desmembrar la nación, ni negociar con los terroristas. Y en vísperas de cumplirse los tres años del Gobierno Rodríguez, esto es lo que hay: un consenso hecho pedazos, dos naciones donde había una y ETA rebosante de salud asesina. Todo un palmarés. Pero Rodríguez todavía espera. Más que nunca. Temblemos.

¿Que no se ha negociado con ETA? Replanteemos la pregunta, por favor, con los acentos en su sitio: ¿qué no se ha negociado con ETA? Probablemente, ni la autodeterminación, ni Navarra, porque aún no se había conseguido expulsar al PP del sistema, pero nadie duda de que se ha hablado por extenso de ello con la banda. Se negociaron las condiciones de la negociación política; es decir, la marginación de la derecha democrática, siguiendo el modelo del Pacto de Estella. En la noche de las elecciones autonómicas vascas del 13 de mayo de 2001, y ante la evidencia de que el acuerdo frentista abertzale seguía funcionando (puesto que Batasuna prestaba a la coalición PNV-EA la mitad de sus votos para evitar el triunfo constitucionalista), el PSOE y sus adeptos mediáticos optaron por un cambio de alianzas. Las consecuencias del paso de los socialistas vascos al frente de Estella -cuyo mayor logro fue conseguir que se le diese por fracasado- fueron las previsibles: indujo un mimetismo inmediato en el PSC, que se apresuró a crear, con la inestimable ayuda de Rodríguez, un frente nacionalista catalán sobre el modelo vasco. Carod-Rovira marcó la pauta del comportamiento a seguir respecto a ETA negociando en Perpignan una tregua permanente para Cataluña. ¿Qué ofreció en contrapartida? Lo único que podía ofrecer: la exclusión del PP como condición previa para la desaparición del Estado en dicha comunidad autónoma (objetivo logrado, según Maragall). En la etapa siguiente, tras las elecciones legislativas de marzo de 2004, Rodríguez extendió el modelo frentista de Estella a toda España (respetando la excepción catalana, que ya había ejercido su soberanía bajo la especie de rendición incondicional, o sea, a cambio sólo de seguir con vida).

Pero el PSOE se encontró con unos límites similares a los que el PNV y EA no pudieron traspasar en la primera fase de la estrategia frentista (1998-1999). La negociación de las condiciones preliminares (aislamiento y exclusión de las fuerzas constitucionalistas) podía producir una tregua, pero no mantenerla si no se ofrecía más que eso. ETA rompió la tregua en noviembre de 1999 acusando al PNV de congelar indefinidamente el proceso independentista. La acusación que ha lanzado por boca de Batasuna contra el Gobierno Rodríguez es idéntica. A ETA no le bastaba el aislamiento del PP, ni que se le colocara el estigma de franquista. Pretendía (muy racionalmente, aunque le pese a Rubalcaba) que ese aislamiento se tradujese en concesiones que el PSOE no podía hacer sin provocar el colapso del régimen constitucional y, posiblemente, un conflicto civil violento. Rodríguez exige que le felicitemos por no haber franqueado ese límite. Pues felicidades, presidente: sólo nos ha llevado hasta el borde.

Rubalcaba se pregunta estupefacto por qué ETA no ha anunciado esta vez la ruptura de la tregua, y se lo voy a explicar. No la ha anunciado porque, según el bushido nacionalista, el código abertzale del honor -es una ironía, por si alguien no lo capta-, los españoles no merecen la mínima cortesía. El PNV, por lo menos, es de la familia. De la raza, ¿comprende usted? No un hato de maquetos despreciables. Pues eso. Téngalo en cuenta para la próxima vez, porque volverán ustedes a intentarlo, volverán a vendernos y volverán a hundirse en la misma letrina. De eso estoy convencido. Ahórrenos las preguntas estúpidas, para que podamos agradecerle algo, que lo estamos deseando.

Proceso de rendición
ZP en ciudad tiburón
José Antonio Martínez Abarca Libertad Digital 7 Enero 2007

El presidente del Gobierno, por esa "razón de Estado" que es el último refugio de los canallas una vez que el patriotismo se figura antiguo, mantiene que lo que se ha comido a los dos pobres bañistas ecuatorianos del aparcamiento de la T-4 de Barajas ha sido una pescadilla frita y no un enorme e insaciable carcharodon carcharias (por cierto cebado y hormonado por él mismo), porque sólo rebajando el justificadísimo pánico es como puede salvar el curso político, y por extensión su carrera política.

"Gritas 'barracuda', y nadie hace caso, gritas 'tiburón', cunde el miedo y adiós temporada de veraneo", le decía el alcalde al sheriff Brody en la celebérrima película escuálida de Steven Spielberg, un burgomaestre ribereño entre hortera y mafiosillo con su blazier estampado de anclas casi tan feo como aquellos que llevaba Zapatero cuando era diputado anónimo. "Pero, ¿qué temporada de veraneo? Estamos en ciudad tiburón, ¿lo entiendes? Se acabó la temporada de veraneo", respondía el sheriff, que no creía que los jaquetones pudiesen volverse macrobióticos a base de voluntarismo y poesías de Rabindranath Tagore, o como se llame el último premio Cervantes. En efecto, este Gobierno sonado y acabado no quiere darse cuenta que a partir del último día del año pasado la opinión pública se siente viviendo en ciudad tiburón, y que volver a colocarnos lo de la misma pescadilla ya les huele. Claro que no veo a Cándido Conde-Pumpido poniendo ahora a trabajar a la policía y a los servicios secretos y clavando él mismo cartelitos de "Prohibido el baño".

"Gritas 'problema de comunicación con la banda' y nadie deja de meterse en el agua; gritas 'atentado terrorista de ETA' y ya nos podemos ir olvidando de hacer caja en las próximas elecciones", ha regañado Pepiño Blanco a un últimamente derrotista Rubalcaba. Si sabrá Pepiño (al que últimamente llaman "Pepín", como si hubiese tomado la alternativa) lo que le conviene al pueblo para continuar viviendo en la y de la temporada de veraneo democrático permanente, chapoteando confiado mientras el gran señorito blanco sigue en Moncloa haciendo la digestión.

Han encontrado unos cuerpos bárbaramente mutilados por lo que parece que no ha sido la acción fulminante de una gotera o un desconchado de escayola en el aparcamiento del aeropuerto madrileño, y Rodríguez Zapatero no está dispuesto de ninguna manera, porque sería negar a su criatura, a aceptar lo evidente, a gritar "tiburón" y cerrar las playas de la paz perpetua porque, entonces, ¿de qué va a vivir él? Ahora que le había cogido la postura a la política de alto vuelo, dónde va a pillar un curre que le permita desayunar y merendar a diario con las niñas. Las playas, tras el accidente inoportuno del otro día, vuelven a abrirse oficialmente al diálogo. Vayan bien desayunados.

Castigo ciudadano a Zapatero
Editorial ABC 7 Enero 2007

LA opinión inmediata de los ciudadanos tras el atentado etarra cometido en Barajas es contundente: siete de cada diez españoles juzgan que José Luis Rodríguez Zapatero no ha reaccionado con acierto a la acción terrorista que ha puesto fin a más de tres años sin víctimas mortales y, por tanto, creen que ha gestionado la respuesta del Gobierno sin la contundencia esperada. Es más, nueve de cada diez españoles rechazan el diálogo con los terroristas aunque dejen de matar temporalmente. Estos son dos de los datos más significativos que arroja el «sondeo-flash» que hoy publica ABC, realizado por Metroscopia, en el que también se pone de manifiesto el desacuerdo de la mayoría de los encuestados con la forma elegida por el Ejecutivo para desarrollar el frustrado «proceso de paz», que, por cierto, no recibió hasta ayer el definitivo y diáfano «punto y final» por boca de Zapatero, aunque lamentablemente sin cámaras ni micrófonos de por medio. El sondeo también revela que una mayoría -el 58 por ciento- considera que la tregua sólo ha servido para que ETA se rearme, como sucedió entre 1998 y 1999, y también -el 49 por ciento- que el robo de armas, la extorsión y la violencia callejera eran avisos de que se iba a producir la ruptura del alto el fuego. La opinión se muestra más dividida acerca de cuál tenía que haber sido la respuesta del Gobierno a esos actos de violencia, aunque el 50 por ciento cree que debió haber tomado la iniciativa de dar por roto el proceso de negociación con ETA ya desde tiempo atrás.

Las próximas semanas serán decisivas para que se perfile de forma más precisa la opinión pública acerca de las consecuencias políticas del atentado del 30-D, pues el Gobierno habrá de comparecer ante el Congreso de los Diputados para exponer su criterio sobre la situación y para explicar si va a haber un cambio sustancial en la política sobre ETA para que empiece a ser una auténtica política contra los terroristas. En todo caso, el Gobierno ya debería saber que no tiene margen social -el sondeo para ABC es una primera muestra de ello- para más experimentos dialogantes con ETA, salvo que, en el mejor de los supuestos, anunciara el cese definitivo del terrorismo, algo que Zapatero ya parece descartar definitivamente si nos atenemos a esas palabras -«punto y final»- que dirigió ayer a los periodistas en un corrillo informal aprovechando la celebración de la Pascua Militar. Sin duda, en las actuales circunstancias esa posibilidad reside en el campo de las ilusiones porque el atentado de Barajas se ha producido en lo que los defensores del «proceso de paz» calificaban como condiciones que hacían imposible la vuelta de ETA al terror: deslegitimación internacional tras el 11-S, presión social insuperable desde el 11-M, ansias infinitas de paz de la sociedad y del Gobierno y, sin decirlo, reconocimiento político del «conflicto vasco».

ETA ha roto este espejismo y los ciudadanos toman nota para que el Gobierno, el que sea, no vuelva a caer en el error de aceptar más treguas como motivo para emprender contactos o conversaciones con los terroristas. Es un dato importante para un Gobierno que siempre ha presumido de estar atento a la opinión de la sociedad y que ahora parece sencillamente noqueado, superado por la cruda realidad del coche-bomba y los «zulos» y con una mínima capacidad de reacción. Zapatero está obligado a replantearse por completo la estrategia del Estado de Derecho ante ETA y no cabe otra línea de actuación que la descrita ayer con todo acierto por Su Majestad el Rey ante la cúpula militar: la primacía de la ley, el apoyo sin fisuras a las víctimas, unidad, una sólida acción de la Justicia, la eficacia de los Cuerpos de Seguridad, la fortaleza de las instituciones y el reforzamiento de la cooperación internacional. Pero en ese replanteamiento de su estrategia, Zapatero contará ahora con dos inconvenientes añadidos a su diletante trayectoria política, cuyo alcance sólo el tiempo determinará: la transmisión a la sociedad de una creciente y alarmante falta de credibilidad y la erosión que pueda sufrir su liderazgo interno en el PSOE a la vista de los errores cometidos. Son otras consecuencias de anunciar la apertura de un opaco «proceso de paz» en los pasillos del Congreso y de ratificar su «punto y final» en un corrillo informal el mismo día en que Don Juan Carlos acaparaba, con el discurso idóneo, medido y acorde a la gravedad de la situación, la atención del acto castrense por excelencia.

El eterno retorno
Por Cristina Cuesta ABC 7 Enero 2007

LAS víctimas del terrorismo en el País Vasco tardamos treinta años en organizarnos en una asociación independiente que desde esa tierra defendiera nuestras legítimas reivindicaciones. En 1998 nacía Covite tras años de silencio, de miedo, de humillaciones, de apatía social, de pasividad institucional y del matonismo de la ETA social. Después del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y del infame pacto del nacionalismo vasco con ETA, igualmente trampeado por la banda, nada podía ser igual y la sociedad, el Gobierno y la oposición, ¡por fin!, acertamos en un diagnóstico común y fuimos consecuentes con él, constituyendo y apoyando el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, fruto de la experiencia de acierto y error acumulada de la constatación obvia de que ETA era y es una organización totalitaria. Y que resistir, aplicar la ley y atender las justas reivindicaciones históricas de las víctimas era la única fórmula para derrotar a la banda y deslegitimarla políticamente para siempre.

Conseguimos una situación de acorralamiento de ETA como nunca antes, un cese de atentados progresivo y un nivel de mínimos de su actividad social y política, fruto especialmente de la aplicación de la Ley de Partidos. El esfuerzo de resistencia y contención, de apoyo a la democracia española de tantos años tan duros, cobraba sentido para las víctimas.
Con la llegada del Partido Socialista al Gobierno, incomprensiblemente esta política no se ha mantenido. La ruptura se oficializó con la aprobación en el Congreso de los Diputados, el 17 de mayo de 2005, de la moción presentada por el Partido Socialista en el Gobierno y respaldada por varios grupos políticos, pero sin el apoyo del Partido Popular, principal partido de la oposición.

En la sede de la soberanía popular se rompió el consenso histórico en la lucha contra el terrorismo, se introdujo el concepto, ambiguo y resbaladizo, de «diálogo» sin explicitar el contenido del mismo, y se contó con el apoyo de partidos que históricamente habían estado manifiestamente en contra o se habían abstenido frente a las medidas judiciales y legales que mayor acierto y eficacia han aportado a la lucha democrática contra el terrorismo.

Esta iniciativa se completaba con el anuncio de ETA, el 24 de marzo de 2006, de «un alto el fuego permanente» que abría una etapa de escéptica esperanza, hoy definitivamente rota tras el demoledor atentado en la T-4 de Barajas, que ha asesinado a dos ciudadanos ecuatorianos, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate.

El presidente del Gobierno debe sentirse responsable de haber deteriorado el consenso y la unidad política en la estrategia para derrotar a ETA, de haber potenciado la división entre la opinión pública, de alentar a la ETA política y social, de hacer anidar la desconfianza entre las víctimas, de haber claudicado conceptualmente y de haber demostrado una ineptitud más que evidente por no prever lo que se avecinaba, en contra de los datos de la realidad.

Desde el inicio del alto el fuego hemos constatado que ETA sólo ha mostrado su voluntad de conseguir un cambio del marco político bajo el chantaje permanente de la vuelta al terrorismo. ETA no cambia; lo paradójico y lo deprimente es que después de 40 años de dolor y de hostigamiento a la democracia española, producida por la barbarie etarra, tengamos la sensación de tener que volver a empezar. El camino estaba definido y trazado, y la historia explicará qué interés ha motivado al señor Rodríguez Zapatero a contradecir el Pacto que él mismo propuso como jefe de la oposición, a poner patas arriba la unidad y la estrategia para el final del terrorismo.

Desde Covite, desde el País Vasco, seguiremos defendiendo las bases de un modelo de resolución cabal y duradero que debe basarse en la verdad, en la memoria y en la justicia. La verdad de un relato verosímil que integre el significado político de las víctimas, y que se concreta en que no puede existir comunidad vasca legítimamente instaurada sin integrar la inocencia de todas las víctimas y los principios que defendieron en vida y por los que tantos ciudadanos siguen viviendo sin libertad: la pluralidad ideológica, la tolerancia identitaria, el derecho a sentirse vasco como cada uno desee, la normalidad y la libertad política.

Porque no puede darse un final que pase por ampliar las imposiciones nacionalistas. ¿Dónde quedarían los derechos de los constitucionalistas, de los ciudadanos masacrados y perseguidos por defender la normalidad democrática? Se justificaría la amenaza totalitaria de ETA en contra de la libre decisión de la sociedad y de los pactos políticos básicos, la Constitución española y Estatuto vasco, de los que nuestros familiares han sido mártires en primera línea.

No puede haber final digno sin la asunción de responsabilidades, de culpabilidades compartidas: las penales, que deben ser perseguidas, todas sin excepción. Las responsabilidades políticas e institucionales de todos aquellos que han sacado rédito político de la existencia del terrorismo y han practicado una estrategia en el mejor de los casos equidistante, comprensiva, de impunidad ética y legal, olvidadiza con las víctimas. La asunción de muchas vergüenzas colectivas: la falta de sensibilidad social, el embotamiento ético de tantos que miraron para otro lado, que se aliaron con los más fuertes, que dejaron en la estacada a tantas víctimas.

No podrá haber final digno del terrorismo hasta que no se practique esta regeneración moral de una sociedad que ha callado ante las víctimas y ha honrado, en tantas ocasiones, a los asesinos.

Seguimos reivindicando que la Justicia no puede cargar en las víctimas más sacrificios, cuando se ha hablado tan alegre y frívolamente de beneficios penitenciarios, de cambios legales, de generosidad. No. Antes hay que hablar de arrepentimiento, de remordimiento, de vergüenza, de culpabilidad. Es una exigencia mínima que se aplique la Justicia, que se persiga a todos los terroristas sueltos, que se cumplan las condenas. Cualquier tipo de beneficio legal, judicial o penitenciario sería una concesión política.

No puede haber proceso o final del terrorismo sin el consenso de la mitad de la población española y sin las víctimas del terrorismo, esto es una obviedad. Apelamos a las principales fuerzas políticas, aunque pueda parecer un sueño, a recuperar la unidad política y la firmeza del Estado de Derecho en el ámbito del Pacto por las Libertades como único camino para acabar con el terrorismo; en esta vía nuestros representantes políticos siempre nos tendrán a su lado.

Señor presidente: tiene que optar, tiene que liderarnos, tiene que buscar aliados coherentes con su estrategia; la del diálogo, la permisividad y la ambigüedad ha fracasado. Retome la del aislamiento a ETA, la mirada de las víctimas, la resistencia cívica e institucional. Es una cuestión de Estado. Como escribió el profesor Tomás y Valiente: o ellos o nosotros.
Portavoz de Covite, Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco

ZAPATERO Y LOS DEMÁS
Por Álvaro Delgado Gal ABC 7 Enero 2007

Se acentúa la confusión en el Gobierno y alrededores. Los mensajes se bifurcan, se solapan, o se contradicen. El sábado treinta y uno, pocas horas después de ocurrido el atentado, Zapatero declaró que el proceso se suspendía. Según el diccionario, «suspender» significa «detener o diferir por algún tiempo una acción u obra». Por tanto, el que suspende un proyecto ha excluido romperlo, puesto que la ruptura, al contrario que la suspensión, no admite marcha atrás. La gente interpretó a Zapatero en este registro, confirmado por las respuestas que fue dando a los periodistas en la rueda de prensa. Y no cundió, por expresarlo suavemente, el contento.

Inmediatamente después, se inició una fase nueva, una fase de rectificación. Rubalcaba habló de ruptura inequívoca. Y Blanco fue más allá y atribuyó a Zapatero la afirmación expresa de que el proceso estaba roto. El argumento de Blanco, formulado en una entrevista con Carlos Herrera, es que «roto» y «suspendido» quieren decir exactamente lo mismo. El propio Blanco autorizó esta lectura sorprendente del diccionario hablando durante un rato por duplicado. Cada vez que pronunciaba la palabra «roto», añadía: «o sea, suspendido», y también al revés. La inverosimilitud, incluso comicidad, de la exégesis de Blanco, importaban menos que el hecho notorio de que se quería colocar, en labios del presidente, una opinión claramente distinta de la que éste había emitido. No había que ser un lince para llegar a la conclusión de que las aguas estaban muy revueltas en el interior del partido y del Gobierno. Pero Zapatero callaba. ¿Por qué? Quizá, por impotencia. Acaso, por puro desconcierto.

El caso es que llegó el jueves, y Zapatero, con las ruinas aeroportuarias como telón de fondo, volvió a hablar. Se tuvo la sensación de oír una voz que venía del principio de los tiempos. Se refirió otra vez a sus ansias de paz -la idea más recordada de su discurso de investidura de hace casi tres años-, no usó la palabra «ruptura» -ni aun siquiera la de «suspensión»-, y eludió llamar «terroristas» a los etarras. De modo que, señores, tenemos aquí un problema. No sólo los ministros y jefes de partido corrigen a Zapatero, sino que Zapatero corrige a sus ministros y jefes de partido. ¿Qué va a pasar?

De momento, nada. El día 15, Zapatero explicará en el Congreso su estrategia tras el atentado, y salvo sorpresas, ésa será la línea a la que se atendrán los socialistas. Existe un factor importantísimo que contribuye a garantizar -provisionalmente- la disciplina. Y es que las consecuencias de que pase algo, son todavía inasumibles para el Partido Socialista.

Empecemos a contar con los dedos. Una ruptura del proceso, implicaría recuperar el Pacto Antiterrorista. La declaración congresual del 2005 ya no vale. El propósito de esa declaración consistió menos en matizar el Pacto, que en dejar fuera al PP y substituirlo por las fuerzas que habían brotado a la sombra de otro pacto intermedio, el del Tinell.

Los protagonistas del arreglo, y quienes se le sumaron luego, se habían hecho una composición de lugar completamente equivocada sobre la situación. Creían, en primer lugar, que ETA dejaría las armas. Y pensaban, además, que sería posible juntar garbanzos con los exetarras, para montar una mayoría vitalicia contra la derecha.

El cruce de cables explica la participación de agrupaciones como Esquerra, mucho más próxima a ETA que a la Constitución. Todo esto se ha acabado. No es concebible que haya ruptura sin un cierre de filas con los populares, y un relajamiento de las alianzas que siguen sosteniendo a Zapatero en el Congreso.

Aceptada esta primera conclusión, se siguen otras conclusiones. Zapatero tendría que confiar en el apoyo de la derecha, no sólo en lo tocante al País Vasco, sino en general. Y entonces no podría desarrollar una política propia, en el sentido normal de la palabra. Lo razonable sería que, después de haber consensuado con Rajoy que el terrorismo quedase a salvo de la disputa electoral, convocara a los ciudadanos a las urnas para que éstos abrieran un nuevo ciclo. ¿Podría Zapatero ser de nuevo candidato? Sonaría raro, rarísimo. ¿Habrían tenido los socialistas tiempo para reemplazarlo por otro candidato? Probablemente, no. La resultante remota de romper el proceso es, por tanto, perder las elecciones. Y el PSOE no se ha hecho todavía... a esa idea ingrata.

¿Alternativas? La más contundente, darle un empujón al proceso. Ello envuelve, en primer lugar, legalizar rápidamente a Batasuna. Y en segundo lugar, ir a las elecciones con un punto casi único: una propuesta, ahora concreta, para liquidar el contencioso terrorista en términos aceptables para ETA. Como no se hiciera esto, ETA volvería a matar, y pronto. Zapatero acabaría en K.O. técnico una legislatura que sería recordada, no por el matrimonio gay y cosas así, sino por su desenlace infausto. ¿Se trata de un curso de acción prometedor para el Partido Socialista?

La pregunta es retórica. Sería un desastre, un infierno. Los admiradores de Zapatero atribuyen a éste habilidades taumatúrgicas. Las va a necesitar, y en grandes proporciones.

IF
J. M. RUIZ SOROA /ABOGADO El Correo 7 Enero 2007

Si nos tomásemos en serio las reglas de la democracia, la obligación del presidente del Gobierno en este momento sería la de dar cuenta cabal de su política en torno al 'proceso', una política que ha dividido a la sociedad española como pocas iniciativas lo habían conseguido. Quienes apoyamos ese proceso dijimos siempre algo muy claro: que era el derecho y el deber del Gobierno iniciar un proceso de diálogo si poseía datos fiables que lo hicieran aconsejable; pero también dijimos que era su responsabilidad hacerlo. Y ahora, después de meses de dulce gloria, ha llegado el momento de la responsabilidad, un momento exigente que no puede evadirse haciendo proclamaciones de amor infinito por la paz. Es mucho más sencillo: Rodríguez Zapatero debe contarnos qué había en la cajita que agitó durante meses para convencernos de que la iniciativa era razonable. Entonces, la más mínima prudencia exigía que guardase reserva sobre su contenido; ahora, nuestro derecho ciudadano a enjuiciar su actuación exige que nos lo exhiba, para que podamos juzgar si actuó con razonable seriedad o no. Y si la cajita estaba vacía, como muchos nos tememos, debería aceptar que ha actuado alegremente y que debe asumir su responsabilidad política por ello.

Todas las apelaciones retóricas al republicanismo cívico, al ejercicio crítico de la ciudadanía que nos ha endilgado el presidente durante su mandato quedarán como eso, como meras monsergas oportunistas, si no es él, precisamente él, quien en este momento da ejemplo de tratarnos como ciudadanos mayores de edad. Un trato que pasa inexorablemente por desnudar en público los motivos de su actuación y someterlos a nuestro juicio. Si no lo hace, mejor sería que el Partido Socialista fuera pensando en su sustituto, pues es una figura tocada para siempre.

Pero no se preocupe nadie, eso sólo sucedería si fuéramos serios y consecuentes.

Si nos tomásemos en serio la política, los populares tendrían que dar cuentas del 'contraproceso' que han organizado durante estos nueve meses. De cómo han chapoteado con indecencia en el charco de los sentimientos más inmundos, agitando el ánimo con apelaciones a la traición, los muertos, la patria y todos los espantajos similares que saben que conmueven a las personas sencillas. Los populares tendrían que hacer un ejercicio de autocrítica profunda pues saben que, en el fondo de su alma, han deseado que ocurriera lo que ha ocurrido, no han deseado en ningún momento que el proceso pudiera salir bien. No tienen ninguna responsabilidad en el fracaso del proceso, pero la tienen y mucha en la confusión que se ha instalado en la sociedad española.

Una confusión de la que no vamos a salir volviendo todos juntitos, prietas las filas, al Pacto por las Libertades, como preconizan. Por ahí no se va al futuro.

Pero, de nuevo, no se preocupen, ni somos serios ni exigentes.

Si sintiéramos en todo su valor el Estado de Derecho, los ciudadanos gritaríamos indignados al ver que ahora, después de nueve meses de oír un día sí y otro también al ciudadano Otegi dando ruedas de prensa en nombre de Batasuna, el fiscal de turno decide investigar si cometió delito al dar la última, la posterior al atentado de Barajas. Porque no puede ser, el Derecho no puede ser utilizado en forma tan burda al servicio de los intereses coyunturales, por muy santos y nobles que sean. Eso no sería un Estado de Derecho, sino un Estado administrado por la arbitrariedad bondadosa de unos cadíes que se llaman fiscales o jueces. Y no es lo mismo.

Si fuéramos un poco más serios llegaríamos fácilmente a la conclusión de que con ETA no se puede negociar nada sino cuestiones personales: Primero, por principios, y segundo, porque introducir en el diálogo con ellos cuestiones políticas no provoca sino una retroalimentación de su sentimiento de protagonistas de la historia. Y que estos principios hay que aplicarlos de verdad, sin inventos pueriles tales como la historia de las 'mesas' separadas. Da igual que sean mesas sucesivas, simultáneas, diferidas o al tresbolillo, si nos hacemos trampas en el juego y discutimos con ETA o sus recaderos cuestiones políticas acabaremos siempre fracasando.

Si fuéramos más conscientes, caeríamos en la cuenta de que tampoco podemos esperar a que ETA vuelva a mandar recado al negociado del diálogo, que debemos y podemos encauzar nuestros problemas conversando entre nosotros. Y que, probablemente, en esa conversación lo primero que tenemos que verbalizar son las potentes imágenes que nos han conducido como colectivo al bloqueo mental en que nos encontramos. Que, según yo las veo, no son sino un mito, en unos, y un tabú, en otros. El mito es la percepción que tienen los nacionalistas de la autodeterminación como un momento único en que la voluntad de un pueblo consigue eliminar sus propias contradicciones. Un mito que les moviliza, les embarga el ánimo y les ciega. El tabú es el horror mental de los no nacionalistas a pensar, pensar siquiera, en la posibilidad de que se ponga a votación la españolidad del País Vasco. Desbloquear la situación exigiría sólo una doble toma de conciencia: los nacionalistas tendrían que admitir que la autodeterminación, tal como ellos la han sacralizado en su imaginario, es un imposible. Y los no nacionalistas tendrían que admitir que la autodeterminación debe ser, de alguna forma, posible. Y esto no es un juego de palabras sin sentido.

Si los nacionalistas reflexionaran, verían que han asumido una visión de la autodeterminación que recuerda, poderosamente, a la imagen que el socialismo continental se hizo durante décadas de la revolución: como un momento que permitiría desanudar todos los conflictos, superar todas las contradicciones, dar un paso de gigante hacia el futuro. El momento puro de la voluntad. Este mito fue un verdadero lastre para la evolución del socialismo, pues su claridad fulgurante les impedía el análisis realista de la situación histórica. Sólo cuando lo arrumbaron pudieron incorporarse a la política normal. Los nacionalistas deben ser conscientes de que la autodeterminación, como momento fundacional primigenio de una sociedad, es una pura metáfora, que el contrato social no es un hecho empírico que pueda tener lugar en la historia. Que ese momento en el que sueñan no sería, en realidad, sino el acta de defunción de la sociedad para gran parte de ella: sólo los ganadores se autodeterminarían, los perdedores llorarían su amarga derrota. ¿Sería eso una apoteosis de la sociedad?

Si los españoles meditásemos la cuestión, veríamos que nuestro sistema democrático debe admitir como posibilidad normalizada (sometida a norma) la de la secesión de una parte de España por voluntad mayoritaria, clara y consciente de sus ciudadanos. Los no nacionalistas deberían poder pensar en esa posibilidad, admitirla como una opción viable, dejar de verla como un tabú que ni siquiera se menciona, no sea que nombrar a la bicha la materialice entre nosotros. Deberían estar dispuestos a dejar que se demuestre en la palestra que el Estado está unido por la voluntad de sus ciudadanos, no por la fuerza. Pues, como dijo Hegel, la vida no vale nada si no se está dispuesto a ponerla en liza y perderla.

Pero no se preocupen, todo esto no va a pasar nunca, porque no somos así de serios con nosotros mismos. ¿Recuerdan el 'If' de Rudyard Kipling que sujetamos con tachuelas en la pared en la adolescencia? Pues no, no nos hemos hecho hombres todavía.

España contaminada por la política (uno)
Francisco RubialesFrancisco Rubiales Periodista Digital 7 Enero 2007

Los partidos políticos son los grandes culpables de la crispación de la sociedad española, de la frustración de los demócratas, de la división política, de la disgregación y del déficit de liderazgo que contaminan a la España del presente.

Nacidos para canalizar el impulso político de la sociedad y concebidos por las constituciones democráticas como instrumentos para la participación de los ciudadanos en la vida política, los partidos políticos han traicionado sus orígenes y sus fines, convirtiéndose en maquinarias obsesionadas por controlar el poder y dominar a la sociedad y a los ciudadanos.

Lejos de propiciar la participación política, han expulsado al ciudadano de la política y la ejercen como monopolio. Saben que, en democracia, el ciudadano es el único poder legitimador, porque posee la soberanía, pero prefieren ignorar ese principio, que no les conviene, y llevar su usurpación de la política hasta extremos altamente peligrosos. Aseguran creer en la democracia y defenderla, pero no la practican y los partidos se rigen internamente por sistemas verticales en los que una cúspide profesional, la elite, impone su criterio, somete a la militancia y regula el debate y las relaciones a través de una tupida red de clientelismo, de lealtades y fidelidades que cercena la libertad, reprime la libre expresión y antepone el servicio al partido y el sometimiento al sagrado deber democrático de servir al ciudadano.

Esos son nuestros partidos políticos, los de España y los de muchos países que se dicen democráticos pero que no lo son, sólo que en España la osadía, la voracidad de poder y la imprudencia de los partidos están llegando a extremos inéditos en las democracias avanzadas de Occidente.

Tal vez la clave de lo que nos ocurre esté en la inocente, generosa y entusiasta forma como la sociedad española recibió a los partidos tras la muerte de Franco, cuando recuperamos la democracia. Sedienta de libertades democráticas y creyendo que los partidos políticos eran la emanación de la nueva fe democrática, la sociedad abrió sus brazos y se dejó penetrar sin las necesarias defensas y cautelas. Los partidos malinterpretaron el gesto, irrumpieron en la sociedad como un río desbordado y lo ocuparon todo, incluso espacios que, en democracia, por pura profilaxis, les están vedados, como universidades, cajas de ahorros, asociaciones ciudadanas, medios de comunicación, sindicatos, colegios profesionales y hasta fundaciones y foros cívicos.

Convencidos de que su poder es el poder del pueblo que los ha votado, una verdadera herejía en democracia, practicaron principios tan aberrantes como "el que no está conmigo está contra mí", "en política vale todo" o "el fin justifica los medios" y borraron del mapa cualquier obstáculo, cualquier atisbo de independencia, alcanzando con su zarpa al mismo ciudadano y a la sociedad civil, un conglomerado cuya independencia y vitalidad son imprescindibles para que una sociedad tenga pulso, progrese y sea verdaderamente libre, cuya debilidad y postración es tal en España que necesita entrar con urgencia en la UCI.

Hoy, después de un cuarto de siglo de democracia, el balance que pueden ofrecer nuestros partidos no es precisamente estimulante: la fractura de la sociedad española está alcanzando límites cercanos a los existentes en vísperas de la Guerra Civil de 1936, mientras que los ciudadanos congelan su antiguo amor a la democracia, se divorcian de los partidos, se alejan de los políticos y miran a las urnas con indeferencia creciente.

La imagen del político, héroe de las libertades y el más popular y admirado de los modelos sociales en la Transición, ha caído por los suelos. El político, justa o injustamente, ya no es visto como el distinguido representante del pueblo ni como la emanación de la voluntad popular, sino como el oportunista que se instala profesionalmente en el poder, que transfiere a su partido la lealtad y el servicio que le debe al pueblo y que se beneficia de las ventajas y privilegios con el que el poder democrático se ha autoadornado en los últimos años.

(sigue)
Voto en Blanco

El síndrome terminal, o cómo Zapatero pasa a ser un boxeador noqueado
Antonio Jiménez elsemanaldigital  7 Enero 2007

El atentado terrorista contra la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas en vísperas de Nochevieja ha demostrado la burbuja en la que está instalado de manera permanente el Gobierno.

7 de enero de 2007. Su presidente ha sido incapaz de reaccionar desde entonces con decisión y firmeza. El Ejecutivo ha transmitido a los españoles en los peores días de su legislatura una preocupante sensación de vacío de poder y parálisis, evidenciado ,entre otros detalles, en la tardanza del presidente en acudir a la zona cero de la Terminal golpeada por ETA . Los gestos en política son necesarios y, a veces, también superfluos e inoportunos pero en este caso y a la vista del desagarro causado por la banda terrorista en dos familias y en la última gran obra civil emblemática de la pujante Comunidad de Madrid , la presencia del jefe del Gobierno entre los familiares y los bomberos, no sólo era inexcusable, sino también imprescindible desde el primer momento y no seis días mas tarde. Claro que esa tardanza tenía su explicación.

Zapatero, aunque Rajoy se le adelantó, era evidente que no quería hacerse la foto en el lugar del crimen, el escenario habitual al que siempre vuelve ETA y que nunca abandonará salvo que le paguen un precio político, por más que de forma ilusa e irresponsable el presidente se lo haya creído. En realidad a Zapatero se le paró el reloj un segundo después de exponer en rueda de prensa su optimista y eufórico diagnóstico sobre un proceso que la banda terrorista se encargó de dinamitar 24 horas después con el salvaje atentado terrorista en la T-4 de Barajas.

Sólo así puede entenderse el síndrome de boxeador noqueado que arrastra desde que ETA le despertó con brusquedad de esa ensoñación que con tanto énfasis exponía cada vez que cantaba sus ansias infinitas de "paaaazzz". Prefirió, además, quedarse en Doñana de vacaciones y disfrutando de las primeras horas del nuevo año antes que regresar a Madrid y enfrentarse a esta nueva situación, imprevista y sorprendente para su Gobierno, a pesar de las advertencias de Txema Montero, los avisos de la policía francesa sobre el rearme de ETA o los informes del numero tres del CNI, el teniente coronel Miguel Sánchez, director general de Operaciones, que dimitió harto de que se los enmendaran o enviaran directamente a la papelera por subrayar que la realidad que él constataba sobre el frustrado y engañoso "proceso de paz", difería mucho de la ilusión y optimismo del presidente.

Por ello, aunque en Moncloa hayan justificado su falta de reflejos y parálisis política con el argumento de que "Zapatero marca sus tiempos", es urgente que ponga el reloj en hora, comparezca en el Parlamento y aclare qué ha ocurrido para que ETA haya demostrado su incompetencia y la de su Gobierno y qué respuestas tiene, si es que tiene alguna, ante el desafío de unos terroristas que le han puesto dos muertos encima de la mesa después de tres años y medio sin asesinatos.

Zapatero, un presidente del Gobierno atrapado en el cepo de la mentira
Alfonso Basallo elsemanaldigital 7 Enero 2007

Es el destino inexorable de todo fullero. Zapatero quiso pasar a la Historia a golpe de mentira y ha terminado cayendo en su propia trampa. Ya lo dice el refrán: antes un mentiroso...

7 de enero de 2007. Si preguntáramos a cualquier ciudadano español su opinión sobre si el mal llamado proceso de paz está o no roto, nos sumergiríamos en un piélago de dudas. Porque después de las comparecencias de Blanco, Rubalcaba y Zapatero diciendo una cosa y la contraria durante los últimos siete días, aquí no hay quien se aclare.

Quien el 30-D se refugió en la ambigüedad semántica con el verbo "suspender", señalaba ayer que el diálogo y el proceso han llegado a su punto final. ¿En qué quedamos? ¿Nos merecemos a un presidente que nos tome el pelo?

Sólo caben dos opciones ante esta ceremonia de la confusión:
- Ni ellos lo saben.
- Se aclaran perfectamente pero están interesados en lanzar botes de humo para despistar a unos y a otros, mientras ellos van a lo suyo.

La teoría de que van a intentar seguir negociando bajo cuerda, aunque maquiavélica y llena de obstáculos hasta para ellos mismos, no resulta tan descabellada.

En primer lugar, porque encaja perfectamente con toda su trayectoria en este tenebroso asunto: el plan trazado para pactar con el diablo y rediseñar el mapa político y el equilibrio de fuerzas se inició en 2004, cuando los socialistas aún estaban en la oposición.

En segundo lugar, porque siendo una alternativa peligrosa (les puede estallar en las manos), acaso lo sea más todavía cortar con ETA. Porque en este último caso la banda contraatacaría de dos formas: desatando un infierno de atentados. Y, liberada del "secreto profesional" de estos casi tres años de conversaciones, sacando toda suerte de trapos sucios a la luz pública, que dejarían en evidencia a Zapatero y su cuadrilla de negociadores.

Máxime si, como todo parece indicar, el sector duro de la banda ha impuesto su criterio ante los posibilistas.

Resulta significativo que, a sólo siete días de distancia del atentado, se hubiera producido un nuevo contacto de tres emisarios (uno de ellos Eguiguren) con los terroristas, según ha informado City FM.

En cualquier caso, Zapatero está a merced de los terroristas. Cada vez se parece más al párroco que negoció con el diablo, tal como relata Mrozek en un cuento revelador (recogido en el libro La vida difícil). Al cabo, por muy listo que seas, terminarás atrapado en la red de engaños del padre de la mentira.

Y la mentira constituye el más certero autorretrato de Zapatero y sus más significados edecanes (con Rubalcaba en primer término). Ha sido el leitmotiv de una legislatura marcada por la deslealtad y la traición. Se ha comportado como un fullero, haciendo trampas en el juego de la democracia. Ha tratado de engañar a todos, y él mismo ha acabado pillado no entre dos sino entre varios fuegos.

Es su problema.

EL "BOTONES" DE ETA
POR ANTONIO PÉREZ HENARES El Ideal 7 Enero 2007

La prueba del nueve de una rectificación de la política antiterrorista por parte del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se llama Batasuna. Ha quedado más que claro, estruendosamente y sangrientamente claro, que ETA no va a dejar las pistolas ni las bombas. Debe quedarlo de manera inmediata y tajante que Batasuna no puede tener la papeleta. Ésa es la baza inmediata por la que Arnaldo Otegui enfatiza lo de no romper el proceso.

La prueba del nueve del Gobierno es comprender de una vez para siempre que Arnaldo Otegui no es otra cosa que un monigote en primer tiempo de saludo, un simple "botones" de ETA. Porque ETA y Batasuna son lo mismo, pero dentro de lo mismo, unos mandan y otros sumisamente obedecen sin desviarse ni un ápice de lo que ordenan sus jefes. Justificando, como han hecho ahora e hicieron siempre, sus crímenes.

La comprensión de esa evidencia es lo que debe llevar inequívocamente a la conclusión de que ni Batasuna ni ninguna marca "blanca" por muchas que se inventen puedan concurrir a las elecciones municipales del próximo mes de mayo, puedan ocupar poder y parcelas en las instituciones que han de quedar salvaguardados para quienes si respetan las normas del juego. No utilizar la violencia, renunciar a las pistolas.

No valen las palabras. Que ni siquiera se han pronunciado. Ya no sólo de condena, es que han ido más allá, a la justificación del atentado cometido en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas culpando de él a la sociedad y a su Gobierno democráticamente elegido. Pero es que ahora, con las elecciones en el mes de mayo, ya no servirían ni esas palabras. Porque ha quedado probado en los hechos lo que son y serán sólo los hechos los que puedan devolverles la posibilidad de actuar en democracia.

Los "botones" de ETA -y esa, insisto, es la demostración que la sociedad exige a José Luis Rodríguez Zapatero- no pueden ser tratados como interlocutores políticos y no podrán serlo hasta que no se cumpla una condición imprescindible: que ETA desaparezca, que ETA se disuelva, que ETA abandone las armas y entregue las pistolas para siempre.

Batasuna intentará mil argucias, como lo hizo en su momento con el Partido Comunista de las Tierras Vascas para los comicios al Parlamento autónomo, pero si entonces no pudo probarse la dependencia, ahora hay pruebas para anegar las mesas judiciales de que son simplemente una franquicia. Y en lo mismo con cualquier sigla habrá de emplearse a fondo la Fiscalía.

En ello y en acabar de una vez con la impunidad con la que los "botones" de ETA se han carcajeado de la Ley y la han violado por lo menos dos veces al día. El último ante las imágenes humeantes del aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas y sin ni siquiera un mínimo gesto de humanidad ante la sangre de los dos pobres emigrantes ecuatorianos asesinados en ese atentado.

La convocatoria de Peones Negros para el 11 de diciembre alcanza ya 43 ciudades.
NOTA DE PRENSA 8 Diciembre 2006

Son ya 43 las ciudades en las que la La Plataforma Cívica Peones Negros convoca el día 11 de diciembre concentraciones simultáneas con el objetivo de rendir un homenaje a las víctimas del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004 y exigir a los poderes públicos una investigación que resuelva todas las dudas planteadas acerca de la autoría de este atentado.

La Plataforma Cívica Peones Negros ha realizado un llamamiento a los ciudadanos para asistir a alguna de las 43 concentraciones que tendrán lugar el lunes 11 de diciembre a las 20 horas (19 horas en Canarias) para rendir homenaje a las víctimas y exigir el esclarecimiento del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004. Las concentraciones están apoyadas por la Asociación Victimas del Terrorismo (AVT) y la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11M, entre otras.

En el transcurso del acto, que se repite el 11 de cada mes, se explicará a los asistentes los motivos por los que Peones Negros continúa su lucha en pos de la verdad en el 11M y, en una solemne ceremonia de homenaje a las víctimas, se encenderá una vela por cada uno de los que dieron su vida en el brutal atentado. Finaliza la concentración con la lectura del manifiesto “11 de cada mes” de forma simultánea en todas las ciudades. En muchos de estos actos participarán víctimas del terrorismo y personajes públicos significados por su defensa de la libertad y de la democracia. Así, mientras que en el acto de Valencia intervendrá Consuelo Ordóñez, hermana del concejal asesinado Gregorio Ordóñez, y en Alcalá las víctimas del terrorismo Gabriel Moris, Angeles Domínguez y Javier Gismero, en Madrid lo hará el periodista Federico Quevedo y en Almería la locutora de radio María Nieves Artero. Por su parte, en Zaragoza se conmemorará también el 19º aniversario del atentado a la casa cuartel de la Guardia Civil que costó la vida a 11 personas, entre ellas varios niños.

Peones Negros es una Plataforma Cívica, surgida en Internet, que se dedica a investigar la autoría del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004, a difundir las razonables dudas que la versión oficial genera y a exigir a los poderes públicos la búsqueda de la verdad como única vía para preservar la libertad y dignidad de los ciudadanos y la memoria de las víctimas.

Las ciudades incluidas en esta convocatoria de diciembre son: Albacete, Alcalá de Henares, Alicante, Almería, Almuñecar, Badajoz, Barcelona, Bilbao, Bruselas, Burgos, Cádiz, Caracas, Cartagena, Ceuta, Córdoba, Fresnedoso de Ibor, Gerona, Granada, Huesca, Jaen, La Coruña, Las Palmas, León, Madrid, Málaga, Melilla, Motril, Murcia, Navalmoral de la Mata, Oviedo, Palma de Mallorca, Salamanca, Santander, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Toledo, Valencia, Valladolid, Vigo, Vitoria, Viveiro y Zaragoza.

Para mayor información pueden consultarse las páginas siguientes:

www.peonesnegros.es
11m.fondodocumental.com
www.luisdelpino.com

José Moreno
Oficina de Prensa
Peones Negros
illopepe@peonesnegros.es

Todas las concentraciones silenciosas se realizarán de 20 a 21h. excepto en Canarias que por diferencia horaria y para que coincidan con las demás se realizan a 19h. o 19.30h

(Ultima actualización 04/01 a 12.11h son 48 ciudades)
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Albacete. En el Altozano.
Alcalá de Henares. Plaza de Cervantes, junto al kiosko de música.
Alicante Plaza de la Montañeta, frente a la Subdelegación del Gobierno.
Almería. Rambla. Plaza de las velas. Junto a Plaza Circular
Almuñécar Plaza de la Constitución frente el Ayuntamiento
Badajoz Avenida de Huelva, frente a la Delegación del Gobierno
Barcelona Plaza de San Jaime
Bilbao Subdelegación del Gobierno - Plaza de Moyua
Burgos Plaza Mayor (frente al Ayuntamiento)
Cádiz Plaza de la Constitución, bajo la torre de las Puertas de Tierra
Cartagena Puertas de Murcia (Plaza del ICUE)
Ceuta Plaza del Tte. Ruiz
Córdoba Bulevar del Gran Capitán
Ferrol Plaza de Armas
Fresnedoso de Ibor En la Cruz, junto a la Iglesia.
Girona Plaça de la Constitució, frente estatua niña de bronce
Granada. Fuente de las Batallas
Huesca. Plaza de Navarra
Jaén Plaza de la Constitución.
La Coruña. Frente a la Delegación del Gobierno.
Las Palmas de G.C. C/ Mayor de Triana, a la altura de la C/ Arena a 19:00 h.
León Plaza de la Catedral
Lugo
Plaza Mayor, frente al Ayuntamiento
Lorca Plaza de Calderón de la Barca
Madrid. Estación Atocha-Renfe. Torre de cercanías.
Málaga. Plaza de la Constitución.
Melilla
Plaza Menéndez Pelayo (frente a la Iglesia del Sagrado Corazón)
Motril Plza. De las Palmeras
Murcia. Plaza de Santo Domingo
Navalmoral de la Mata Plaza del Jardincillo
Oviedo Plaza de la Escandalera
Palma de Mallorca Plaza de Cort
Pamplona
Monumento a los Fueros, Paseo de Sarasate
Salamanca Plaza de la Constitución, en torno al monumento a la Constitución
Santander Plaza del Ayuntamiento.
Santa Cruz de Tenerife Plaza del Patriotismo frente a la Sede Principal de CajaCanarias a 19.30h
Sevilla Fachada Principal del Ayuntamiento (Plaza Nueva)
Toledo Plaza del Ayuntamiento.
Torrelodones Plaza de la Constitución.
Valencia. Plaza del Ayuntamiento.
Valladolid. Plaza Fuente Dorada
Vigo Calle del Principe (frente al Museo de Arte Contemporaneo)
Vitoria Plaza de Correos
Viveiro Plaza de la Fontenova (Calle Pastor Diaz)
Zamora Plaza de la Constitucion (Frente a la Del. del Gobierno)
Zaragoza. Monumento a la Constitución en Paseo de la Constitución.

Internacionales:
Bruselas en Schuman a las 19h de la tarde
Caracas Monumento de los caídos el 11 de Abril. Frente a Parque Cristal. Los Palos Grandes a las 19h (Hora oficial)
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TAMBIÉN HAN ATACADO DOS ENTIDADES BANCARIAS
Realojan en hoteles a unos 50 vecinos de Mondragón después de que terroristas de ETA incendiaran su inmueble
Una semana después de que ETA rompiera la tregua asesinando a dos personas en el aeropuerto de Barajas, la banda terrorista ha vuelto a atentar. Esta vez ha sido en localidad guipuzcoana de Mondragón. Terroristas callejeros han incendiado un inmueble situado en la plaza Jokin Zaitegi tras atacar una oficina de La Caixa. Los cuerpos policiales han tenido que evacuar a unos 50 vecinos de tres portales completos que han sido realojados en dos hoteles de la citada localidad y en otro de Eskoriatza. El alcalde de Mondragón ha explicado que la planta baja del edificio ha resultado "totalmente calcinada". Los terroristas también han atacado dos entidades bancarias en las calles Garibai y Biteri.
EFE Libertad Digital 7 Enero 2007

Unos cincuenta vecinos que residen en un inmueble de Mondragón (Guipúzcoa), que fue desalojado en la madrugada de este sábado debido a un ataque terrorista en una entidad de ahorro, permanecen alojados en tres hoteles sin poder regresar todavía a sus viviendas. El artefacto que calcinó la oficina de La Caixa en la plaza Jokin Zaitegi era de fabricación casera y estaba compuesto de aerosoles y gasolina. Según la Ertzaintza, el ataque, ocurrido en torno a la medianoche, se produjo en la sucursal bancaria situada .

El alcalde de esta localidad guipuzcoana, Ignacio Lakunza (PNV), explicó a Efe que el fuego obligó a desalojar tres portales completos, cuyos ocupantes fueron realojados en dos hoteles de Arrasate y en otro de Eskoriatza.

El departamento vasco de Interior indicó que los hechos sucedieron pasadas las doce de la noche, cuando terroristas colocaron un "artefacto mixto", cuya composición se desconoce, que originó el incendio en esta oficina, ubicada en la calle Jokin Zaitegi, que resultó calcinada. El primer edil de Arrasate explicó que en estos momentos se llevan a cabo tareas de desescombro en la planta baja del edificio, en la que se encuentra la entidad, que resultó "totalmente calcinada".

Comentó que técnicos de la Ertzaintza y de la Policía Municipal se encuentra revisando la zona, ya que algunos vecinos necesitan acceder a sus viviendas para recoger sus pertenencias. Adelantó que al parecer la estructura del edificio no ha sufrido daños importantes, aunque algunos vecinos no podrán regresar este sábado a sus casas debido fundamentalmente a los problemas registrados en algunas instalaciones, como las de gas. Lakunza aseguró que un "acto así no se puede valorar", ya que es "producto de la demencia". El jefe de la Policía Municipal de Arrasate, José Luis Etxeberria, por su parte, dijo que los vecinos que residen en los números 3 y 5 podrían regresar este sábado o este domingo a sus domicilios, aunque los del número 4 tardarán varios días en hacerlo.

Explicó que esta tardanza no se debe tanto a los daños registrados en la estructura del inmueble, sino a los problemas detectados en ciertas instalaciones, como las de gas, que impiden el funcionamiento de las calefacciones. Dijo que el desalojo se llevó a cabo sin dificultad, ya que los afectados mostraron "tranquilidad y respeto". Los bomberos desplazaron tres dotaciones al lugar, en el que permanecieron durante cuatro horas.

Una media hora después de este ataque, sobre las 00.30 de la madrugada, se produjeron otros dos ataques terroristas con cócteles molotov contra otras dos entidades bancarias también de Arrasate, en las calles Garibai y Biteri, aunque en estos casos los daños fueron mínimos.

Los enfermeros, como los médicos, defienden la centralización sanitaria
DOMINGO PÉREZ MADRID. ABC 7 Enero 2007

El sistema autonómico es imperfecto. Nadie duda de que para muchas cosas pueda haber resultado beneficioso, pero no es menos cierto que para otras muchas está resultando nocivo. Hace unas semanas fueron los empresarios los que pidieron que la política de inmigración se centralizara. Y, en lo referente a la Sanidad, hasta ahora parecía políticamente incorrecto criticar la fórmula, pero la mordaza va cayendo y día a día son más los colectivos que se atreven a poner en tela de juico las bondades de que existan «17 reinos de taifas» en España, como denunció el pasado 15 de diciembre la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).

Entonces, por medio de su secretario general, el doctor Carlos Amaya, solicitaron abiertamente la vuelta a la centralización del Sistema Nacional de Salud al menos en algunos aspectos y acusaron al Ministerio de Sanidad de no cumplir con su obligación: «Ni cohesiona, ni coordina. la culpa de lo que ocurre obedece a las transferencias sanitarias y es una responsabilidad directa del Ministerio».

Ahora son los enfermeros, a través del Consejo General de Enfermería, órgano que reúne a los 240.000 profesionales que trabajan en España, los que reabren la polémica de las desigualdades que existen entre las distintas comunidades y los que hablan «recentralizar» del sistema sanitario.

Su presidente, Máximo González Jurado, se mostró muy duro: «El problema es que hay una falta absoluta de liderazgo por parte de Elena Salgado. Ha convertido su Ministerio en el de Salud Pública propagandística (hamburguesas, tabaco, obesidad, anisakis...) y se ha olvidado de que también, y sobre todo, es el de Sanidad».

La clave del problema la descubre, en un artículo que se publicará en los próximos días, la revista «Enfermería Facultativa». Desvela las enormes desigualdades retributivas que se producirán al establecer cada Comunidad criterios variables sobre la carrera profesional y abre un panorama preocupante para algunas.

El problema será evidente. Por hacer lo mismo, un profesional madrileño de nivel IV (con más de 20 años de experiencia) ganará 10.500 euros brutos al año; mientras que en Castilla y León se quedará en 7.200 y en Castilla La Mancha en 5.500.

Carrera profesional
No es complicado hilar los datos e imaginar las consecuencias. Si en Madrid se gana hasta el doble que en las comunidades limítrofes y si encima se van a abrir en breve ocho nuevos hospitales, el éxodo de profesionales de las dos castillas hacia la capital y sus alrededores va a ser un problema en breve. «Ya lo es -apunta Jurado-. Ahora mismo ya existe un déficit de enfermeros en muchos sitios, que se están llenando con personal extranjero, mayoritariamente suramericano y del Este de Europa, con un nivel bajísimo de formación. Sobre todo en centros para mayores. Y la situación se agrava aún más porque somos un país exportador de enfermeros a Reino Unido, Alemania y Portugal, sobre todo».

Cuando el pasado 19 de abril el Ministerio de Sanidad y las comunidades establecieron los criterios generales de la carrera profesional del personal de los servicios de salud, muchos se temieron lo que al final va a ocurrir: 17 modelos diferentes que acentúa la discriminación.

González Jurado se echa las manos a la cabeza: «Lo peor es que había tres excelentes leyes de la época de Ana Pastor que facilitaban las cosas. Permitían al Ministerio haber sentado las bases y que éstas luego se discutieran en el Comité Interterritorial. Sólo cumpliendo la ley se hubiera evitado lo que ha pasado y, lo que es peor, lo que puede ocurrir».

El caso es que existen unas diferencias abismales entre unas y otras comunidades en la cuestión retributiva. Canarias (5.500 euros anuales como máximo, nivel IV), Castilla-La Mancha (5.500) y Cataluña (5.800) se sitúan en el furgón de cola, frente a Madrid (10.500), Rioja (9.600) y Murcia (9.200).

Pero la desigualdad se pone de manifiesto en todos los niveles. En el I ( a partir de cinco años de experiencia) un enfermero madrileño percibirá 2.800 euros anuales por 1.100 de un catalán. En el II (10 años) asombran los 5.300 de Madrid ante los 2.400 de Canarias. En el III (15 años) Madrid sigue marcando diferencias con sus 8.000 euros, un potosí en comparación de los 3.900 de Canarias.

Experiencia y competencia
Claro que también hay desajustes, y muy graves, en los criterios de valoración de la carrera profesional. Máximo González Jurado advierte del peligro: «Se puede llegar a una situación en la no sea posible homologar los niveles entre comunidades, porque se han aplicado criterios completamente dispares. Asombra que, mientras Europa camina hacia la unidad, aquí se vaya hacia la desunión».

Hay que entender carrera profesional: como un sistema de promoción profesional integrado por diferentes niveles, a los que se accede consecutivamente en razón de los méritos y actividades desarrollados a lo largo de la vida profesional.

El nivel conseguido es un distintivo que se logra en función de una experiencia y de una competencia profesional demostrada. Pues bien, los criterios tanto temporales como de méritos serán también variables. Así, si en Andalucía, Asturias, Baleares, Madrid y Murcia se precisarán 20 años (cinco por nivel) para alcanzar el cuarto escalafón; en Cantabria y Comunidad Valenciana serán necesarios 22, en La Rioja, Cantabria, Castilla y León y Castilla La Mancha, 23, en Cataluña y Galicia, 25 y en Extremadura, 28.

Diferentes criterios
Y aunque los méritos resulten similares, la forma de valorarlos en cada comunidad autónoma sí que es radicalmente opuesta, pues cada una tiene su propio sistema para puntuar cada aspecto. Ello provoca que una misma actividad formativa, por ejemplo, sea considerada más o menos favorablemente dependiendo de la comunidad autónoma en la que se trabaje.
Así, si en Andalucía el primer criterio que se considera es el rendimiento, en Asturias es la antigüedad, en Baleares los conocimientos o en Cantabria la actividad asistencial.

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