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Recortes de Prensa    Sábado 13 Enero  2007

Estrategia de acoso contra el PP
Editorial ABC 13 Enero 2007

SI el sindicato UGT -que es tanto como decir el PSOE- hubiera tenido verdadera voluntad de integrar al PP en la manifestación que hoy se celebrará en Madrid, habría atendido a la primera a la petición de esta formación y del Foro de Ermua de incluir la palabra libertad en el lema de la convocatoria. UGT se negó por completo a hacerlo, a pesar de que su negativa a una demanda tan razonable no sólo creaba un nuevo cisma entre los demócratas, sino que también revelaba una intención clandestina de crearle al PP un enfrentamiento con la opinión pública, paralelo a un servicio dócil de apoyo al PSOE. Sólo después del rechazo a la ampliación del lema de la manifestación, el PP, primero, y el Foro de Ermua, después, dieron a conocer su decisión de no acudir a la marcha. Sorpresivamente, UGT decidió ayer por la mañana introducir la palabra libertad en el lema y armar, sin solución de continuidad, la nueva trampa al PP: Rajoy se quedaba sin «excusa» para no ir a la manifestación. El súbito cambio de criterio del sindicato del PSOE no se produjo como respuesta a la negativa del PP de asistir, pues entre uno y otra pasaron treinta y seis horas, sino como complemento táctico de una decisión similar tomada la noche del jueves por el lendakari Ibarretxe para no desairar al PSOE y obligar a Batasuna a desligarse de la manifestación de Bilbao.

Todo, por tanto, ha sido una sucesión de trampas destinadas a dar satisfacción a los intereses estratégicos del PSOE y del Gobierno: el entendimiento con el PNV y el aislamiento del PP. Aquéllos han creado la polémica que necesitaban para que ETA y su atentado no fueran los verdaderos reos de la condena pública. Pero ni el repudio al atentado de ETA, ni el reconocimiento a los dos ecuatorianos asesinados han estado realmente presentes en el ánimo de los convocantes. El cainismo que destila contra el PP el comunicado de la sedicente Unión de Actores da buena prueba de que la aversión hacia los populares es, en una parte de la izquierda española, superior al rechazo que debiera merecerle ETA. En este sentido, la petición de desconvocatoria hecha por Rajoy, llena de sensatez, se enmarca en el cuadro general de anormalidad política cultivada por el Gobierno en relación con ETA desde hace dos años y medio.

Ahora pretenden dar lecciones de coraje cívico ante los terroristas los mismos que se han retratado, con rosas blancas o sin ellas, junto a conspicuos dirigentes de ETA, alguno de ellos procesado actualmente por terrorista. Ahora se rasgan las vestiduras por la presencia de Otegi en la manifestación de Bilbao -a la que finalmente no acudirá- en la manifestación de Bilbao quienes, mientras ETA mataba, fraguaron con el dirigente proetarra, el alto el fuego de 22 de marzo. Reprochan al PP que no apoye a las víctimas los mismos que han empleado sus energías en laminar el protagonismo ético que éstas alcanzaron en el anterior gobierno, gracias también, y hay que decirlo con melancolía, a la estrecha colaboración entre populares y socialistas. Y quieren poner a Rajoy en un brete moral -ni más ni menos- quienes, para poder blanquear la mesa de negociación política con ETA y Batasuna, no han hecho otra cosa que relativizar la maldad intrínseca de los terroristas -hombres con discursos de paz y partidarios del proceso de diálogo, como dijo Rodríguez Zapatero de Otegi y de Iñaki de Juana, respectivamente-.

Por si fuera poco, el maquiavelismo ramplón de UGT -testaferro de los intereses políticos del PSOE y del Gobierno- es también una manipulación de los sentimientos ciudadanos. Otra vez, la izquierda aprovecha las consecuencias de un atentado para exacerbar la sensibilidad de una sociedad herida y lanzar a la opinión pública contra el PP estableciendo entre este partido y los crímenes terroristas una suerte de corresponsabilidad. Los españoles esperaban una respuesta unitaria frente a ETA y se van a encontrar que en Madrid el principal partido de la oposición, con diez millones de votos y representante de la mejor y más eficaz política contra ETA, se queda en casa por el sectarismo de los convocantes. ¿Esta es la estrategia que va a acabar con el terrorismo? La burda artimaña seguida por UGT y el PSOE para arrinconar al PP es un indicio preocupante de lo que los socialistas pueden estar dispuestos a hacer con tal de no asumir que su principal proyecto partidista, la negociación política con ETA, ha sido un fracaso.

Estado de miedo
Por Jon Juaristi ABC 13 Enero 2007

EL título se lo tomo prestado a una novela de Michael Crichton (altamente recomendable, por cierto). En ella, dicha expresión define lo que ha sido la situación de las democracias occidentales desde 1945 hasta hoy: estado de miedo, que no estado de guerra. Ni siquiera el terrorismo ha conseguido abolir el imperio de la ley. Los Estados democráticos son más fuertes que los totalitarios, entre los que se han dado abundantes casos de regresión al estado de naturaleza y a la guerra civil consiguiente (ex Yugoslavia, repúblicas ex soviéticas). Pero, en los democráticos, el terrorismo ha conseguido a veces la intensificación del estado de miedo y la inhibición de las libertades, hasta llegar en algunos de ellos al golpe de estado y al cambio de régimen por una dictadura militar (países del Cono Sur).

De ahí que, en las democracias afligidas por el terrorismo, la estrategia contra éste no deba plantearse como una lucha por la paz, puesto que no existe un estado de guerra, sino como una defensa de la libertad ante el estado de miedo. En rigor, ante el terrorismo, el pacifismo de Estado es el peor camino posible. O propicia las soluciones dictatoriales o favorece las demandas de los terroristas, toda vez que un Estado pacifista tenderá siempre a sacrificar las libertades en aras de la paz. En este sentido, la estrategia del actual Gobierno ante ETA -y ante el terrorismo islámico- ha sido profundamente equivocada. Que el estado de miedo se incrementó en el País Vasco durante el pasado año, el del «proceso de paz», lo demostraban las encuestas en vísperas del atentado de Barajas. La persistencia de Rodríguez en el pacifismo de Estado, con el correlativo rechazo de la propuesta de la oposición (volver al Pacto por las libertades y reorientar desde la defensa de las mismas la lucha contra ETA), agrava considerablemente la situación. Como, dado el empecinamiento suicida del Gobierno, parece imposible transformar aquella, trataremos de interpretarla, haciendo de paso un ejercicio de historia.

En 1975, pocos meses antes de la muerte de Franco y de la suya propia, el poeta Gabriel Aresti escribía que el futuro de Euskadi estaba en manos de la democracia cristiana (el PNV) y del PCE. El comunista -eurocomunista, a la sazón- Aresti traducía así a términos vascos lo que ya para entonces era el sueño imposible del eurocomunismo español: una salida del franquismo a la italiana, mediante un compromiso histórico entre las dos fuerzas sociales independientes del régimen, los católicos y los comunistas o, como más exactamente lo ha formulado mi amigo José Miguel Oriol, la Iglesia católica y el PCE. Un compromiso que había funcionado en Italia desde la época de De Gasperi y Togliatti y que se había revelado capaz de consolidar la democracia a pesar de la inestabilidad política endémica y de la oleada terrorista de los «años de plomo». A mediados de los sesenta, una salida semejante todavía era verosímil en España, pero no ya en 1975. En primer lugar, porque la Iglesia católica española no salió del Concilio Vaticano II reconciliada con los valores políticos de la democracia, sino, salvando honrosas excepciones, dividida en sectores radicalizados, entre los que predominaban los de izquierda y, en el País Vasco y Cataluña, los nacionalistas. En ausencia del socio esperado, la estrategia eurocomunista del compromiso histórico resultó un fracaso y el PCE se derrumbaría a lo largo de la Transición.

Porque ésta no fue orientada por las residuales fuerzas del exilio republicano ni por un bloque democrático a la italiana, sino por nuevas fuerzas nacidas de la descomposición del régimen y de la Iglesia (a este respecto, hay que recordar que casi todo el antifranquismo de izquierda o nacionalista surgido en los sesenta tuvo origen eclesial, no sólo ETA). El caso del PSOE no es una excepción. En Suresnes se liquidó el PSOE histórico, republicano y marxista, y se inició la construcción de un nuevo partido socialdemócrata que apenas conservaba del anterior otra cosa que sus bases sindicales, lo que no era poco, pero insuficiente para un partido de masas que pudiera disputar al PCE la hegemonía de la izquierda. Como es sabido, el PSOE creció durante la Transición, a medida que el PCE se hundía, gracias a las aportaciones de la extrema izquierda, bien fuesen directas o por mediación de pequeñas organizaciones socialistas o socialdemócratas de ámbito regional. En este proceso de agregación hay que observar tres fenómenos: la extrema izquierda afluyó mayoritariamente al PSOE, no al PCE, a cuya dirección odiaba más que al franquismo; tampoco hubo trasvase del PCE al PSOE hasta la crisis terminal de los comunistas, a comienzos de los ochenta y, finalmente, tanto en Cataluña como en el País Vasco, la existencia de organizaciones nacionalistas de izquierda frenó el crecimiento de los socialistas, al convertirse aquéllas en polos de atracción para los izquierdistas (incluso los comunistas vascos, tras la crisis del PCE, prefirieron unirse a los nacionalistas de Euskadiko Ezkerra).

La anomalía vasca y catalana ha representado una causa perenne de desazón para los socialistas, al impedirles convertirse en una alternativa al nacionalismo. En Cataluña, optaron por transformarse en una fuerza nacionalista más. En el País Vasco, salvo durante el período marcado por el Pacto de Estella, que los obligó a acercarse al PP e improvisar una estrategia constitucionalista, han oscilado entre los compromisos de gobierno con el PNV y las tentativas de atraerse a los nacionalistas de izquierda. Durante la primera fase del «proceso de paz», esta última fue su directriz estratégica (es más: hay motivos suficientes para sospechar que los socialistas vascos no trataban tanto de terminar con ETA como de conquistar el espacio electoral de la izquierda abertzale). Tras el atentado de Barajas, vuelven a acercarse al PNV. Tal oscilación oportunista es un índice de la inconsistencia moral y política del progresismo, definido por Jean-Claude Milner como un dispositivo de repentización de falsas coartadas éticas (buenistas) para cualquier desaguisado. Pero no es algo que tenga fácil solución, sino la característica esencial de la izquierda progresista. No deja de resultar curioso y significativo que los cuadros comunistas vascos del antifranquismo, los que estuvieron en las cárceles franquistas en el 62, terminaran en el constitucionalismo recalcitrante, o sea, en la defensa incondicional de la libertad contra el terrorismo y frente al pacifismo delicuescente. Ahí, qué duda cabe, había y hay una moral democrática. Una voluntad de no plegarse al estado de miedo. Y un referente ético que, personalmente, nunca me ha fallado.

Titiriteros de manifa
Vuelve la agitación callejera
Ignacio Villa Libertad Digital 13 Enero 2007

Se veía venir. Era evidente que estaban esperando la oportunidad de volver a hacer lo que mejor saben hacer: las algaradas callejeras. Ya nadie puede llamarse a engaño: la manifestación de este sábado en Madrid tiene el objetivo de apoyar a Zapatero y el proceso de rendición. Prueba de ello es que se han volcado en apoyarla todos aquellos que ya marcharon bajo la bandera del "¡No a la guerra!" y las fotos de los diputados del PP con el rótulo de "asesinos". Aquellos gritos de la izquierda en el último tramo del Gobierno de Aznar los recuperan ahora que se ven con el agua al cuello.

Lo cierto es que este viernes se han quitado el bozal los mismos que salían a la calle contra el PP, los que llamaban asesino a Aznar, los que tiraban huevos a las sedes de los populares o los que protagonizaron el golpe mediático del 13 de marzo para cambiar el resultado de las elecciones generales. Han estado callados hasta ahora, mimados con las subvenciones oficiales, pero al grito de "¡Zapatero se nos hunde!" han salido en apoyo del Gobierno para poder seguir chupando del bote sin ninguna restricción.

La manifestación del sábado en Madrid no es una manifestación en contra del terrorismo, de apoyo a la paz o a la libertad. La cita de este sábado es un engañabobos montado desde el Gobierno para darle un respiro a Zapatero y a sus políticas en un momento en que se hunden de manera a toda velocidad. Incapaz de encontrar una salida, el PSOE vuelve a lo que le es familiar, a lo que le funcionó bien en su día: la revuelta callejera. Ese es el plan del sábado. Una manifestación contra el PP, una protesta contra la oposición. Algo habitual en "experiencias democráticas" como la chavista, pero difícilmente asumible en una democracia que se precie de serlo.

Cuando los Zapatero, Blanco, Rubalcaba y compañía se ven al límite, recurren a la agitación callejera acompañados por los titiriteros de siempre. Volvemos a lo más siniestro y esperpéntico de nuestro pasado reciente.

Los titiriteros, de manifa
EDITORIAL Libertad Digital 13 Enero 2007

Una tradición no escrita en nuestra democracia, desgraciadamente labrada en la costumbre, es que las manifestaciones de condena tras los atentados de ETA las convoca el Gobierno, pactando los lemas y el manifiesto. Zapatero no ha querido hacerlo, empleando a un subalterno, la UGT, para organizar una marcha de apoyo a su persona y su proceso de rendición al más puro estilo de ciertos regímenes bananeros. La manifestación no ha sido pensada como una condena a los etarras, con los que dialogan. Resulta también difícil de creer que, después de intentar negarles un responso y reducir a un secretario de Estado su presencia en los funerales, acudan a la plaza de Colón a expresar su apoyo a los asesinados. Tanto la génesis como el proceso que ha seguido desde entonces demuestran, más allá de toda duda, que lo que va a tener lugar es una protesta contra la oposición.

Y es que, si algo ha quedado meridianamente claro durante los últimos años en nuestro país es que una manifestación a la que se adhieren con entusiasmo los subvencionados progres de nuestro cine no puede ser jamás una manifestación unitaria a la que puedan acudir todos los ciudadanos españoles. Cuando la derecha más ingenua acudió a una de ellas, la del "No a la guerra", y vio en qué convirtieron su apoyo, se desengañó lo suficiente como para no volver jamás a hacer acto de presencia en ninguna otra. Es normal. Una cosa es que uno pueda estar de acuerdo con una pancarta, y otra muy distinta caminar junto a los que te insultan mientras te roban la cartera.

José Sacristán ha acusado de "miserabilísimo" al PP, lo que puede darnos una idea de su enorme talla como intelectual. Federico Luppi ha propuesto que se cree un "cordón sanitario" para aislar a la derecha, suponemos que en recuerdo de los hospitales psiquiátricos donde la tiranía soviética enviaba a los disidentes. Una manera como otra cualquiera de pedirle a la derecha que acuda a una manifestación "unitaria". Por si quedaba alguna duda sobre el sesgo de la marcha que, con un lema u otro, transcurrirá este sábado por el centro de Madrid. Sería, no obstante, un error vincular sus palabras con la generosísima Ley del Cine que les ha preparado Carmen Calvo. Salen del corazón. Otra cosa es que, si la ministra no hubiera sido suficientemente generosa con ese dinero que "no es de nadie", quizá no la hubieran expresado en público ni hubieran acudido mañana a seguir enajenándose el apoyo de un público al que no necesitan, teniendo la ubre del Estado.

Sólo falta que el manifiesto lo lea Rosa Regàs, el mismo Federico Luppi o Maruja Torres, es decir, personas que se han comprometido públicamente con el sectarismo más abyecto. Quien sabe si volverán a glosar la "experiencia democrática venezolana" como hicieron antaño, ahora que Chávez ya está cerrando cadenas de televisión desafectas y preparando el asalto final a la libertad de sus súbditos. Ganas de hacerlo aquí no parece que les falten.

Foro El Salvador
España tras el 30-D
Jaime Larrínaga Libertad Digital 13 Enero 2007

En un artículo mío, publicado el jueves 16 de noviembre de 2006 en el diario El Mundo, acerca del "alto el fuego" permanente de ETA, decía claramente que no habíamos avanzado mucho, ya que en el comunicado en el que los etarras nos manifestaron sus propósitos no mencionaban el abandono y la entrega de las armas ni su disolución.

Sin embargo, hace poco, en un balance de fin de año, el presidente don José Luis Rodríguez Zapatero manifestó que el año 2006 había sido, en cuanto a terrorismo, mucho mejor que el año anterior y que el próximo sería mucho mejor incluso que el año que se estaba acabando. La credibilidad de dichas declaraciones tuvo una vida muy efímera. A las pocas horas, ETA cometió uno de los mayores atentados de su historia en la T-4 del aeropuerto internacional de Madrid, una de las obras más emblemáticas de la España moderna y actual, y la admiración para todos los extranjeros que entran en España por Madrid. Ese es el "amor" que ETA le tiene a España. ¿Se puede dialogar, negociar, con gente que te odia a muerte? Creo que ETA no desprecia ni odia a ningún país del planeta como odia y desprecia a España. Es un virus ese odio que llevan los nacionalistas en su raíz y que los convierte en seres totalmente irracionales.

El día del bombazo en Barajas estaba en el País Vasco y, al ser sábado, los centros públicos, como bares y cafeterías, son más frecuentados. Entré con unos amigos en tres cafeterías que, para nuestra sorpresa, estaban llenas de gente, mucha más que en cualquier fin de semana. Nos llamó mucho la atención la euforia y la alegría que se palpaban en el ambiente. Algunos "conocidos" me preguntaron por el proceso de paz, recordándome y subrayando la fortaleza de ETA.

Al día siguiente nos concentramos en Bilbao, en el lugar de siempre –la plaza Federico Moyúa–, cerca de 200 personas para condenar el atentado y solidarizarnos con las dos víctimas. El acto fue convocado por distintos foros cívicos. Poca gente para ser un domingo a las 13 horas, ya que el terrorismo de ETA está imponiendo, hasta en Bilbao, una dictadura del terror.

Mientras el Gobierno nos vendía la gran mentira o engaño de que ETA no había cometido ningún acto violento en los últimos meses y que "en tres años no ha matado a nadie", he constatado que la población vasca no nacionalista tiene muchísimo miedo, carece de libertad y sufre una vida miserable a la que le falta "el pulso" de la libertad. La vida para un no nacionalista en el País Vasco es una auténtica heroicidad en estos últimos tiempos en los que los etarras se han hecho más fuertes y se han adueñado de las calles. El rearme de ETA, la adquisición y robo de gran cantidad de armas, ha afectado y mucho a la población vasca.

Me decía un amigo, que frecuenta los montes vascos los sábados, que en los últimos tiempos han notado movimientos extraños de gente que no presagian nada bueno. Se nos acercan tiempos muy difíciles.

En mi artículo, anteriormente citado, decía "que la tregua no era una decisión autónoma de ETA. No es una expresión de la bondad y de la magnanimidad de los terroristas. Es el resultado de los pactos previos de ETA y del Gobierno socialista. El PSOE ha acordado con ETA la declaración de la tregua. Y se ha hecho con las cartas marcadas. Por tanto la tregua permanente terminará, cuando el PSOE se tire para atrás, o no cumpla con lo acordado."

Esta premonición o profecía mía, tristemente, se ha cumplido. Y lo peor, lo que no se puede ocultar a los españoles, es que el Gobierno es responsable. No culpable, porque culpable material es ETA. Pero el Gobierno es responsable porque, en una negociación entre dos partes, ambas son corresponsables de las acciones que toma cada una de las partes mientras dure la negociación. No es extraño que los mismos etarras y algunas políticos nacionalistas echaran la "culpa" al Gobierno por no cumplir con los compromisos contraídos. Dudo de que el Gobierno de España tenga las manos libres para tomar las mejores decisiones para España. Está muy comprometido con ETA y con el apoyo que recibe de los nacionalistas periféricos, a los que muy poco les importa España. El futuro se nos presenta muy preocupante.

El sábado que viene se han organizado unas manifestaciones, tanto en Bilbao como en Madrid, contra el terrorismo de ETA. ¿Pero sólo contra el terrorismo de ETA? ¿Y los que se sientan con ETA a negociar y les reconocen como interlocutores válidos para conseguir con ellos una reforma del Estado español?

Hace mes y medio la AVT organizó la manifestación en la que el lema era: ETA, no. Negociación en mi nombre, no. (Hay que recordar que la AVT son simplemente víctimas del terrorismo de ETA. No es un partido político que quiera el poder. Sólo pide para sus muertos dignidad y justicia). Pues bien, cerca de un millón de personas apoyamos a las víctimas en esta manifestación y pedimos al Gobierno que respetara a las víctimas y no negociara con los terroristas. El Gobierno tiene que darse cuenta de que la soberanía está en el pueblo español, que se manifestó el 25 de noviembre, y que tiene que escuchar su clamor. De otra forma, sería un abuso de poder.

Viendo la situación, como un observador atento, llaman la atención algunos rasgos de la próxima manifestación. Yo creo que no hay nadie en España que no quiera la paz y la libertad, avaladas y defendidas por la Constitución, y su defensa es la primera misión del Gobierno. Por tanto, es una auténtica tautología pedir paz y libertad.

La AVT, que no apoya y no va a la manifestación, es la más consecuente con su trayectoria: no van a la manifestación porque no apoyan la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero. Creen en pocos milagros y menos en los que puedan hacer Rodríguez Zapatero y ETA.

También nosotros, los del Foro El Salvador, por los mismos motivos, ni apoyamos ni vamos a la manifestación.

Me extraña el celo de la UGT y CC.OO., que nunca han apoyado a la AVT –muchos de cuyos integrantes son afiliados o simpatizantes de los dos sindicatos–, pero que ahora están a favor de la manifestación contra el terrorismo, en estos momentos en los que el Gobierno ha sido humillado por sus socios negociadores y no da pruebas claras de ruptura con ellos.

Y otro de los rasgos que destacan en estos momentos es la postura de algunos políticos socialistas invitando a los simpatizantes del Partido Popular a asistir "cerca de los demócratas" a la manifestación del día 13. ¡Qué desfachatez! Yo diría, más bien, que asistirían cerca de los tramposos, los embusteros y los "pesebreros". ¿Desde cuándo un demócrata se sienta a negociar con terroristas? En este país, frecuentemente, los términos "demócrata" y "progresista" se usan con un significado muy distinto al que tiene al norte de los Pirineos. ¡Qué país el nuestro! Parece que fuera ETA quien se recupera de la maldad del bárbaro atentado en la T-4 de Barajas, y que la AVT y el PP son unos obstáculos para la paz. ¡Qué maldad y obscenidad!

Jaime Larrínaga es presidente del Foro El Salvador.

Pancartas y manifestaciones
¿Confusión? No, miseria
José María Marco Libertad Digital 13 Enero 2007

Rodríguez Zapatero llama "accidentes mortales" a los atentados etarras. Los etarras, a su vez, dicen que el alto el fuego sigue vigente después de haber asesinado a dos personas y dinamitado un edificio entero. Las coincidencias entre el gobierno socialista y los etarras o los batasunos –lo mismo da– venían siendo llamativas. Ahora ya son clamorosas. Tanto Rodríguez Zapatero como los etarras han decidido que la realidad no existe, que se puede decir cualquier cosa, que la propaganda sustituye a la política, no digamos ya a la moral.

Por eso resultaba un poco sorprendente que UGT se negara a incluir la palabra "Libertad" en el lema de su manifestación contra el PP y la AVT. Es cierto que los sindicatos, sobre todo desde que en buena medida se han convertido en organismos subvencionados por el gobierno, no tienen el menor interés en defender la libertad. Más bien al contrario, tienen pavor a la libertad. Ahora bien, habiéndose convertido la UGT en correa de transmisión del socialismo zapateril, era extraño que no hubiera aprendido todavía que en buena doctrina zapateril las palabras no significan nada, igual que la realidad no existe.

Cándido Méndez, al final, se ha enterado de qué va el asunto. Así que en la pancarta de la manifestación de Madrid han metido la palabra "libertad", con el añadido de "la vida". Prefiero evitar cualquier sarcasmo, por respeto a la seriedad del asunto y a la memoria de las víctimas.

De todos modos, la aparente confusión no debería engañar a nadie sobre el fondo del asunto. Y es que el gobierno de Rodríguez Zapatero no tiene política antiterrorista. Utiliza, o más bien pretende utilizar a los terroristas para expulsar del panorama político español al centro derecha y fundar un nuevo régimen social-nacionalista.

Ya hemos empezado a ver los resultados. El atentado del día 30 de diciembre es un jalón, otro más, de esta política bautizada "proceso de paz". Política que no está suspendida ni lo estará mientras Rodríguez Zapatero siga gobernando.

Por eso, en mi opinión, el Partido Popular ha hecho bien pidiendo que se suspenda, esta vez sí, la convocatoria. Los cambios de lemas y de pancartas evidencian el horror –en el estricto sentido de la palabra, esta vez– de la situación sobre la que se pretende hacer un ejercicio abominable de manipulación de la opinión pública. Si en el PSOE de Rodríguez Zapatero quedara algo de decencia, aceptarían la propuesta del PP de inmediato.

Claro que para eso habría que reconocer antes algunas cosas. Por ejemplo, que los atentados son atentados y no accidentes, y que las familias de los asesinados en atentado se merecen el apoyo de las autoridades, es decir, que los gobernantes asistan a los funerales. Cosa que no han hecho ni Carmen Chacón en Ecuador, ni un solo miembro del gobierno en Madrid. Pues bien, les pagamos para eso, para que estén ahí, compartiendo el dolor y representándonos a todos. Han demostrado una vez más que sólo se representan a ellos mismos... y a sus colegas.

Hay que recordar, por cierto, que Aznar no dejó de asistir a un solo funeral de una víctima del terrorismo, salvo en algún caso excepcional por cuestiones de seguridad.

Hoy se escenifica en la calle la división de la sociedad española
Editorial Elsemanaldigital

Hasta el día de hoy, la expresión del rechazo hacia el terrorismo con ocasión de cada nuevo atentado era una de las escasas ocasiones en las que la inmensa mayoría de la sociedad española se unía en la calle en torno a unos mismos lemas y a un mismo deseo.

Pues bien, este depósito de unidad de los españoles se rompe por primera vez, en beneficio únicamente de los terroristas, debido a la gravísima polémica política provocada por los lemas sectarios elegidos para las dos manifestaciones que se celebrarán, una en Madrid y otra en Bilbao, en relación con el atentado de ETA del pasado 30 de diciembre.

En Bilbao, el PNV ha incluido una referencia expresa al "diálogo" que de ningún modo es aceptable para el amplio sector de la sociedad española, representado políticamente por el PP y liderado por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que rechaza toda negociación política con una banda de criminales. El añadido de la exigencia a ETA del fin de la violencia ha servido finalmente para ahuyentar a Batasuna de la convocatoria, evitando lo que habría sido un verdadero insulto a las víctimas, las del 30 de diciembre y todas las demás provocadas por la banda. Sin embargo, mantiene ese lenguaje ambiguo que se niega a llamar las cosas por su nombre; para empezar, denominar terrorismo a lo que practican los terroristas.

Sin embargo, lo más intolerable es lo sucedido en Madrid, capital del país y, por tanto, el lugar llamado naturalmente a exponer la unidad de todos los españoles frente al terrorismo. La actuación del sindicato socialista UGT, imponiendo un lema que empieza por la palabra "paz", en clara alusión al fracasado "proceso de paz" emprendido por José Luis Rodríguez Zapatero en violación de los compromisos que en su día adquirió a través del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, sólo se puede calificar de provocación dirigida a excluir y aislar al PP.

Pero si ésa era la intención de quienes han sido acusados de actuar como auténticos "maporreros" del PSOE, no parece que hayan conseguido su objetivo. Ya no estamos en los tiempos en que la izquierda dominaba la calle y las expresiones organizadas de la sociedad -desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo al Foro de Ermua, pasando por la Confederación Española de Policía, la Asociación Independiente de la Guardia Civil, la patronal CEOE y siete asociaciones de inmigrantes ecuatorianos- han sido múltiples las organizaciones sociales que se han negado a secundar una manifestación manipulada de semejante manera.

Hasta el otro gran sindicato nacional, Comisiones Obreras, se ha sentido obligado a reaccionar. No obstante, la rectificación final del lema de la manifestación para incluir las palabras "libertad" y "vida", además de tardía, no es suficiente.

Y no es suficiente porque no hay término medio ni componenda posible entre una concepción de la política antiterrorista que considera que en España no hay paz y que ésta se debe obtener negociando de igual a igual con unos criminales, y otra que se atiene a los términos del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo: ese "papelito" por el que ha expresado su desprecio la vicepresidenta Fernández De la Vega, pero al cual se han debido los mayores éxitos en la lucha contra ETA, ahora frustrados por el "proceso de paz" de José Luis Rodríguez Zapatero.

ZP y sus lapsus
Accidentejos mortalillos
José Antonio Martínez Abarca Libertad Digital 13 Enero 2007

Me contaba un veterano periodista de provincias que una noche, en época de Franco, se había ido a dormir con la conciencia muy tranquila como pocas veces, porque en el periódico, esa vez, no le había tocado publicar nada arriesgado sobre nadie, con lo cual ese nadie no podía ser amigo a su vez de otro alguien influyente, susceptible de crearle complicaciones. De hecho, ese día el periodista se había limitado a incluir a última hora una breve nótula sobre un matador, que había salido a hombros tras cortar los dos apéndices.

Pero a las cinco de la madrugada sonó el teléfono y, como no existía democracia, en efecto no se trataba del lechero.

Era el responsable de la rotativa, que se mostraba espantado porque por casualidad había echado un ojo a una página del diario aún caliente, la cual informaba que el Gobernador Civil se había estrenado en el cargo de matador cortando orejas. Al día siguiente, claro, el diario matutino llegó de bien por la tarde. Antes de clarear se había parado la difusión como se paraban las cosas entonces: poniendo civiles camineros en todas las carreteras de acceso a la central distribuidora, armados con los "naranjeros" reglamentarios, para buscar y destruir, antes que se enterara el nuevo Gobernador desayunando, todas las copias del periódico que ya habían salido en sus furgones.

Aquello no había sido una errata como la que era habitual en aquellos tiempos (como cuando llegaba el día de la Purísima Concepción y el periódico celebraba la festividad cambiándole la "r" por la "t", algo tan increíblemente habitual que ni siquiera era noticia y no hacía alzar las cejas ni al obispo de la Diócesis), sino un sospechosísimo "lapsus" producido por mezclar la noticia taurina con el subconsciente del periodista, estimulado por la opinión real que sobre el baranda franquista habían intercambiado los chistosos de la redacción. Por una simple errata nadie corre así y no se monta ese pitote. Porque, en efecto, el asunto era infinitamente más culpable.

Para el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, los chistes privados sobre las víctimas del terrorismo (los sujetos de "accidentes mortales") se confunden con la noticia pública todas las noches. Ya no puede sorprenderse nadie. Como redactor de periódico de provincias sería una calamidad, casi tanto que como gobernante. Pero en la era de la comunicación, por desgracia nadie detiene y destruye de madrugada sus palabras armado con los "naranjeros" de la Guardia Civil. Y tampoco le ocurre nada, salvo el ofrecer una disculpa que no se cree nadie. No hay errata. No hay confusión posible, porque el lapsus linguae sólo se confunde de oportunidad, no de pensamiento.

Como si todos no nos supiéramos ya de memoria lo que cree Zapatero sobre lo que es o no terrorismo: sólo una palabra sin valor que no profundiza en sus causas (el hambre mundial, el tedio), y por tanto es obligación del gobernante justiciero el despreciarla. El hacer gracias privadas sobre los muertos que luego se le escapan en declaraciones públicas. Por unos muertejos accidentalillos o unos accidentalitos mortichuelos que se habían dormido donde les había indicado Rajoy para hacer fracasar el proceso, no se van a parar las rotativas del Nuevo Régimen. No merece la pena ni despertar al presidente de madrugada. Para qué, si al día siguiente no tiene que trabajar.

ZP y sus lapsus
Una interpretación freudiana
Pablo Molina Libertad Digital 13 Enero 2007

En su libro Psicopatología de la vida cotidiana, Sigmund Freud ofrece una explicación del lapsus linguae en términos de psicoanálisis. Para Freud, el lapsus es la consecuencia de la relajación de las represiones conscientes, que hacen que el pensamiento reprimido aflore hasta las regiones cerebrales responsables del lenguaje. Esto ocurre, sobre todo, cuando existe un deseo que es sublimado por imperativos morales y de pronto el protagonista experimenta, por euforia o estrés, una súbita relajación de los mecanismos conscientes encargados de esa contención.

Pero veámoslo con un ejemplo: Zapatero. El presidente del gobierno de una nación democrática decide entablar un diálogo con una banda terrorista sin que ésta haya manifestado la menor voluntad de dejar las armas, y lo mantiene a pesar de que, en plena tregua unilateral, la banda sigue perpetrando actos terroristas. Tenemos aquí ya un primer elemento de estrés, porque sentarse a dialogar con unos señores que dedican veinticuatro horas al día, siete días a la semana, a aumentar su capacidad destructiva, hombre, es algo que estresa un poco. En mitad de ese diálogo amistoso, la banda terrorista comete un atentado en el aeropuerto más importante del país, que precisamente tiene en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos, llevándose además varias vidas por delante. El estrés aumenta hasta una línea crítica tras la cual se produce el trágico lapsus, que hace que el personaje se refiera a ese atentado como un accidente.

Lo interesante en este caso, no es el hecho de que nuestro protagonista corrija su error más tarde y denomine a las cosas por su nombre, sino la constatación de que existe un deseo reprimido de hacer que este tipo de acciones sean asumidas por los espectadores como meros accidentes y no como actos terroristas. Porque para el subconsciente de ZP, la acción terrorista sería, en efecto, un accidente. Un mero accidente en su "largo, duro y difícil" camino hacia el Nobel de la Paz.

Lo único bueno de tener un presidente que comete este tipo de lapsus en asuntos tan dramáticos es que nos permite constatar sin dificultad cual es su pensamiento en la materia. Ahora bien, la vicepresidenta del Foro de Ermua esbozaba en una entrevista radiofónica otra hipótesis, según la cual, no hubo tal lapsus y el hecho de que ZP hablara de accidente fue un gesto intencionado hacia el mundo etarra para templar gaitas y volver al proceso. Bien, es algo que no se puede demostrar, pero el hecho es que Batasuna anunció su primera intención de acudir a la manifestación convocada por Ibarreche precisamente el mismo día del famoso lapsus presidencial. ¿No les resulta curioso? A mí también.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana http://www.juandemariana.org/

Progres y terrorismo
ETA, esa gente decente
Jorge Vilches Libertad Digital 13 Enero 2007

Una de las más arraigadas creencias del progre es que los regímenes totalitarios han llegado a ser repulsivos porque fueron establecidos por gente repulsiva. Que aquellas buenas ideas acabaron mal porque quien las puso en marcha no era gente decente. Y esto le sirve para el comunismo caribeño, el nacionalismo totalitario y el integrismo islámico. Es preciso para el progre, por tanto, presentar a los que sostienen tales doctrinas, y matan por ellas, como subproductos accidentales de una buena idea, o la lógica consecuencia de un conflicto político.

En España, la progresía no cree que los nacionalismos totalitarios sean nocivos para la libertad. No. Creen que son doctrinas justas, respetables, legítimas e incluso progresistas. Y si existe gente repulsiva que mata por imponerlas y anula la libertad es un mero accidente. La solución del progre es convertir a los repulsivos en gente decente, a los terroristas en amables portavoces, en víctimas de un irresuelto problema sociopolítico.

El progre no comprende que la existencia de una banda asesina es la esencia misma de ese totalitarismo, y que el poder en manos de esa gente sería la eliminación de la libertad y de las personas que la reclamasen. El progre niega que los nacionalismos étnico-lingüísticos sean un problema; al contrario, afirma su superioridad moral sobre cualquier otra doctrina, ideología o planteamiento, incluso por encima de la libertad. ¿Hay que recordar que ser nacionalista o parecerlo es ya obligatorio, o conveniente, en muchas partes de España?

La tarea socialista durante estos años ha sido la de presentar a batasunos y etarras como gente reconvertible, mostrarles como descarriados hijos de un nacionalismo necesario que vuelven a la sensatez gracias a la política zapaterina. Y se reúnen con ellos, incluso inmediatamente después del atentado de la T4, les dan vida oficiosa, esperanza y les cargan de razón.
De esta manera, el negarse a incluir la palabra "libertad" en el lema de la manifestación del sábado, o los lapsus de Zapatero, no son sólo un ardid político, sino el resultado de la mentalidad progre. Pero todo esto no pasaría de ser una extravagancia política sino fuera porque esa reconversión de los repulsivos en gente decente está saliendo muy cara. Cara para la convivencia ciudadana y la credibilidad del Estado de Derecho, el verdadero sustento de la democracia y la libertad.

Proceso de rendición
Terror y paz
Agapito Maestre Libertad Digital 13 Enero 2007

El Gobierno no está desconcertado, sino desarmado, o peor, entregado a las consignas de ETA. Sus periodistas no están mucho mejor. No saben qué decir. Sólo insultan. Sólo les queda la basura del "pacifismo" criminal (sic) más repugnante de la época de Stalin. El comunicado no tiene ninguna novedad moral, pero sí una "política": "Hemos matado porque el Gobierno no ha cumplido todo lo pactado". Es la primera vez que pasan de la amenaza a la "justificación" del crimen por incumplimiento de lo pactado. Quieren que se arrodillen. Es para estar desesperados.

Nos amenazan, nos persiguen y nos matan para que aceptemos sus objetivos políticos. Después, sacan un comunicado para advertirle al Gobierno que siga pactando y cumpliendo los compromisos adquiridos, para que no vuelvan a amenazar, perseguir y matar, en fin, para alcanzar la paz. Sigamos, pues, con el proceso de negociación abierto. He ahí el argumento esencial para proseguir el llamado proceso de paz, que es el mejor eufemismo que han encontrado los asesinos y el Gobierno para llamar al proceso terrorista. El comunicado de ETA lo reitera varias veces: "No pongan obstáculos al proceso democrático." Cumplan con lo pactado y no los mataremos. Si quieren permanecer vivos, que no otra cosa es la paz para los terroristas y el Gobierno, persistan en hablar, conceder y entregar lo prometido. ¿Qué es lo prometido? Ya lo dirán los terroristas, pero cabe suponer que no será otra cosa que la independencia.

El método, el procedimiento de entrega, de rendición del Gobierno al terror también es horroroso. ETA sigue poniendo las condiciones de la paz. Paz, naturalmente, sin libertad, o sea, paz de cementerio. La primera gran escenificación de esa paz estará en las calles el próximo sábado. En su nombre se seguirá cometiendo las mayores atrocidades contra la democracia española. La palabra paz es utilizada para entregarse a los dictados de la lógica criminal del terrorismo de ETA. Tiempo tendremos de desmontar conceptualmente la patraña pacifista de Zapatero y ETA, pero antes de nada es menester denunciar ya que el pacifismo melifluo es refugio de criminales –hasta Batasuna reclama ir a la manifestación, ¿por qué no?–, imbéciles y "sindicalistas de clase". Es el mismo pacifismo que convocará las manifestaciones a favor del Gobierno para que siga pactando con los criminales, creando el caldo de cultivo para que el Gobierno siga aceptando los dictados de ETA.

Es necesario repetirlo para que nadie nos acuse de colaboracionistas con los perversos "mercaderes" de la palabra paz. La paz en boca de los criminales y del Gobierno es un arma contra la nación española. Apelar a la paz en general es tan ridículo como decir que todos aspiramos a la felicidad. Paz sin determinación, sin explicación y argumentación es mera ideología al servicio de quien la utiliza. Paz con precio, con ocultación de la verdad, es algo lívido y espectral, la antesala de la muerte. Paz sin libertad es la negación de la justicia.

Sin embargo, es lo único que le queda a un Gobierno arrinconado. Moribundo. Un Gobierno, en verdad, muy peligroso, porque está encerrado en la cápsula del "pacifismo" de ETA. No tiene contacto con la realidad y, lo que es peor, no quiere tenerlo. Estamos ante un Gobierno ideológico al margen de cualquier tipo de lógica política. Todo puede pasar. Temblemos.

El eterno complejo de la Derecha
Federico Quevedo El Confidencial 13 Enero 2007

Tiene toda la razón Mariano Rajoy cuando afirma que lo ocurrido en torno a la manifestación del sábado por la tarde en Madrid ha sido un lamentable espectáculo. Y es reconocible el que haya asumido su parte de culpa, porque, francamente, en esta ocasión el PP ha vuelto a demostrar que cuando se trata de hacer las cosas mal, no tiene competidores. Y les seré sincero, no digo esto porque crea que el PP debiera de haber acudido a la manifestación, sino por todo lo contrario. Pero, como ha ocurrido otras tantas veces, al PP le ha podido esa especie de complejo de inferioridad que la derecha liberal y democrática tiene ante la izquierda radical cuando ésta enseña sus peores armas, y eso ha llevado a que, al final, haya vuelto a caer en una trampa que ha convertido a los muchachos de la calle Génova en los culpables de la desunión democrática frente al terrorismo. ¡Hace falta cara dura! Ayer mismo, De la Vega y Rubalcaba comparaban al PP con Batasuna. Si no fuera porque ese mensaje sólo cala ya entre esa parte del electorado socialista a la que le han hecho una lobotomía para lavarles el cerebro, hasta podría resultar creíble. Pero que eso lo digan quienes llevan desde hacer más de tres años negociando en la sombra y a traición con ETA, francamente, es de coña...

Pero la culpa la tiene el PP. Lo único que tenía que haber hecho Rajoy desde el minuto siguiente a que la izquierda se hiciera con el control de la convocatoria a través de UGT y con la sumisión casi penitente de una parte de las asociaciones de inmigrantes ecuatorianos, era haber dicho que no, un ‘no’ contundente a participar de semejante mascarada que, obviamente, se estaba organizando no contra ETA, sino contra su partido, como ya dije el viernes y evidencian los insultos y las descalificaciones que, horas antes de la marcha y para empezar a calentar el ambiente, lanzaron los faranduleros del No a la Guerra contra la oposición, en perfecta sintonía con De la Vega y Rubalcaba. Insultos a la derecha democrática del calibre de “miserable”, “gótica”, “cerril”, “venenosa” –como me recuerdan, por cierto, a los que utiliza De la Vega en el Congreso cuando no tiene nada que decir, que es siempre, contra Acebes y Zaplana- y merecedora del aislamiento político. ¿Qué les había dicho? La actitud totalitaria de la izquierda en su esplendor, aunque se adelantaron unas horas a lo que yo preveía. ¿Cabe una actitud más intolerante y sectaria que esa? Sií, la de ETA, es decir, matar, y curiosamente ellos defienden el diálogo con los asesinos, ¡Cosas de una izquierda que camina de la mano de los que empuñan las pistolas!

Y tenía el PP el motivo, pero no lo quiso utilizar. Bastaba con decir que no acudiría a una manifestación que no estuviera convocada por el Gobierno y consensuada con ellos, tal y como se había venido haciendo hasta ahora. Pero, en lugar de eso, el PP se enredó en una madeja de dimes y diretes sobre si había que incluir la palabra ‘libertad’ en el lema de la manifestación –y había que incluirla, por razones que ya expliqué el viernes y que no reiteraré-, creyendo que los organizadores, es decir, Pepino Blanco y De la Vega, no aceptarían nunca una propuesta que surgiera de las filas ‘populares’... ¡Qué poca habilidad, qué escaso conocimiento de la mala leche con la que actúa la izquierda cuando lo hace desde el sectarismo! La aceptaron, en el minuto noventa del partido, cuando al PP ya no le daba tiempo a reaccionar y ellos lo sabían, y en el mismo momento en el que desde Génova se pedía la desconvocatoria de las manifestaciones... ¿Con qué excusa, si ya se había aceptado lo que se suponía era el obstáculo del PP para asistir? Me sorprende, se lo digo sinceramente, que a estas alturas y después de dos años de trampas, falsedades y mentiras, y de haber asistido a una de las mayores muestras de manipulación política y linchamiento colectivo de la derecha en los tres días siguientes a los atentados del 11-M, el PP siga cayendo ingenuamente en trampas de este estilo, un estilo propio de la peor calaña totalitaria.

El espectáculo que unos y otros han ofrecido esta semana ha sido, francamente, lamentable. Y la sociedad española, los ciudadanos de este país, no se merecen una clase política de tan baja catadura. Sobre los muertos de la Terminal 4, sobre su sangre todavía caliente, la brecha que separa a las dos españas se ha ido agrandando hasta hacerse casi insalvable el espacio que separa una orilla de la otra. Todos son responsables, pero más que ninguno quien ha permitido que esto ocurriera y, es más, lo ha favorecido con una política cimentada en el odio, el rencor y el resentimiento, es decir, José Luis Rodríguez Zapatero. No cabía peor presidente para nuestra corta historia democrática, y hemos tenido, tenemos, la desgracia de padecerlo en toda la plenitud de sus facultades de líder populista y antidemocrático. Pero el eterno acomplejamiento de la derecha tiene, también, una buena parte de responsabilidad. Esta derecha es fiel a los principios de la democracia liberal y el Estado de Derecho, y no tiene porqué avergonzarse de ello. Nada ni nadie puede compararla con otros tiempos de nefasto recuerdo, porque esta es una derecha moderna y moderada, liberal y democrática, que se entronca con las raíces del liberalismo constitucional y que hace de la libertad una guía infinita e imperecedera y, sin embargo, a veces permite que esa luz se apague, o al menos se atenúe.

No puede haber espacios al complejo y la sumisión. A esta izquierda sectaria hay que descubrirla y denunciarla, hay que señalarla y responsabilizarla de sus tremendos errores, de sus ataques a la convivencia y, sobre todo, de sus actitudes antidemocráticas y excluyentes. No puede haber sitio para el acuerdo con quienes pretenden el aniquilamiento de los defensores de la libertad. Lo puede haber, ¡claro que puede!, para estrechar la mano y darse el abrazo con quienes, desde parámetros ideológicos distantes, han sufrido también el zarpazo de la intolerancia y cuyos nombres y siglas hemos repetido hasta la saciedad en estas líneas, porque son muchos lo que, desde posiciones de una izquierda razonada y razonable han luchado con denuedo por la paz y por la libertad de todos, ofreciendo su vida a cambio de la nuestra. Pero sobre la tumba de Buesa, de Pagaza, y de tantos socialistas de bien, esta izquierda sectaria juega al póquer de la rendición con ETA-Batasuna, y lo hace consciente de que esa partida los que la vamos a perder somos los que queremos vivir en paz y libertad en esta nación que quisimos construir juntos allá por 1978, y decidimos pasar la página de los enfrentamientos en favor de la concordia y la reconciliación.

No puede haber complejos para eso, ni para decir alto y claro, de modo que lo escuche todo el mundo, que esta izquierda se está llevando por delante nuestra convivencia, y que por eso no cabe la posibilidad de entenderse con ella, ni caminar juntos detrás de ninguna pancarta. Ni con ETA, ni con quienes quieren negociar con ETA. Pero me temo que algunos se seguirán amilanando ante las miradas de odio y resentimiento que actores de tres al cuarto que solo son capaces de vivir de la subvención y de los cánones –atracos a mano armada- de la SGAE, les dedican sin prejuicio alguno, amparados por una izquierda en el poder que no se avergüenza de sus pactos con la pandilla de canallas. Habrá quienes sigan creyendo que a la fiera se la amansa con música de Mozart... pero la fiera, la izquierda radical y sectaria solo entiende el lenguaje de la denuncia y de la firmeza. Eso sí, siempre con la oportuna cortesía propia de caballeros.

fquevedo@elconfidencial.com

De lapsus en lapsus
Por Juan Manuel de Prada ABC 13 Enero 2007

IMAGINEMOS por un instante (sólo por un instante, no sea que el esfuerzo fabulador nos reviente las meninges) que Rajoy fuera presidente del Gobierno. Imaginemos que, cada vez que un tipejo rajase a su consorte del ombligo a la gorja, o le prendiera fuego después de rociarla con gasolina, Rajoy lamentase tan «trágico accidente», aunque a renglón seguido rectificase compungido, o su gabinete de propaganda evacuase un comunicado en el que atribuyera el desliz a un lapsus linguae. Perseveremos en nuestro esfuerzo imaginativo. ¿Verdad que no es tan difícil figurarse las reacciones que sus palabras provocarían entre las asociaciones feministas, entre sus contrincantes políticos, entre la progresía de sms y pancartazo? De inmediato, su desliz sería interpretado freudianamente: se diría que sólo alguien que contempla el maltrato a las mujeres como un «mal menor» se atrevería a calificar de «accidentes» lo que no son sino asesinatos execrables; enseguida alguien del tipo lombrosiano de Pepiño Blanco soltaría taimadamente que quien designa tamaña lacra social con palabras tan frívolas es porque mamó desde la cuna que la bofetada es el mejor medio de interlocución con la mujer; por supuesto, algún sociólogo de guardia publicaría el articulito de rigor en el que se afirmaría que la derecha siempre ha sido machista, proponiendo además una etopeya del maltratador como un individuo que vota a piñón fijo al Partido Popular. Se concluiría, en fin, que Rajoy no habría hecho sino dar carta de naturaleza a una inveterada tentación de la derecha, que, allá en el fondo de su subconsciente, prefiere que la mujer esté «con la pata quebrada y en casa».

Zapatero califica reiteradamente de «trágicos accidentes» los crímenes etarras; naturalmente, si alguien se atreve a proferir que lo ha traicionado el subconsciente es de inmediato tachado de «indecente». Vemos aquí, una vez más, una plasmación de eso que hemos dado en denominar «chollo ideológico de la izquierda», según el cual cualquier metedura de pata, traspiés o aparatoso costalazo perpetrado por alguien a quien bendiga tal salvoconducto ideológico está libre de cualquier juicio moral o político, por la simple razón de que se le considera exento de responsabilidad. Yo creo que a alguien que designa por tres veces «trágicos accidentes» los crímenes terroristas no lo está traicionando el subconsciente, salvo que tenga un subconsciente más terco que una mula con anteojeras. Más verosímil resulta pensar que, o bien los considera en verdad «trágicos accidentes», o bien alguna razón oculta lo impulsa a designarlos eufemísticamente, para espantar una zozobra que lo reconcome.

La primera opción incorpora sus ribetes preocupantes. El diccionario define «accidente» como «suceso eventual que altera el orden regular de las cosas». Para alguien como Zapatero, cuyo «orden regular de las cosas» es conseguir cierta indecorosa paz a toda costa, es natural que el último crimen etarra se le figure una «alteración eventual» que viene a resquebrajar su quimera; y es natural también que quienes se aferran a una quimera se obstinen en negar la realidad de las cosas. La segunda opción -que la designación de «trágicos accidentes» sea eufemística- propicia reflexiones aún más pavorosas. Tendríamos entonces que aceptar que a Zapatero le cuesta horrores calificar jurídicamente los crímenes terroristas, bien porque alberga dudas sobre su naturaleza, bien porque teme sus efectos. Zapatero sabe bien cuáles fueron los efectos de aquel «trágico accidente» de los trenes de Atocha; y tal vez tema que otro «trágico accidente» de semejante magnitud acabe teniendo efectos similares, pero a la inversa.

Pero puede dormir tranquilo. De aquel «trágico accidente» tuvo la culpa Aznar, como todo el mundo sabe; de estos nuevos «trágicos accidentes», en cambio, él no tiene ninguna culpa. Sólo los indecentes osarían atribuir responsabilidades a un hombre que vive de lapsus en lapsus, que ha hecho del lapsus una forma de vida.

Yo tampoco voy a ir
Por Ignacio Camacho ABC 13 Enero 2007

PORQUE esta manifestación llega demasiado tarde, cuando ya todo se ha enmerdado en medio de la confusión y el sectarismo. Porque sus convocantes no estuvieron cuando las víctimas, la mayoría de las víctimas, que son las únicas que siempre tienen razón, salían a la calle en busca del amparo que no encontraban en un Gobierno que les había dado la espalda para hablar con sus verdugos. Porque su lema habla de paz, la meliflua pazzzzzzz del mantra zapaterista, sin que estemos en guerra. Porque huele de lejos a maniobra de apoyo a un presidente que no ha sabido situarse a la altura de las circunstancias.
Porque muchos ciudadanos estamos perplejos, dolorosamente entristecidos ante este espectáculo de banderías que nos deja inermes frente al terror. Porque tenemos la sensación de que importa más el poder que el dolor de las víctimas. Porque no hemos visto a nuestro presidente ante los féretros apresuradamente despachados al otro lado del océano y de la bronca. Porque durante dos largas semanas de zozobra seguimos sin conocer las intenciones del Gobierno. Porque no quiero que ahora me pidan apoyo a una estrategia que no me han explicado. Porque sospecho que no me la han explicado porque no me va a gustar. Porque nadie se ha molestado en pedir perdón por el fracaso de su arrogancia. Porque los tres días de silencio en Doñana no se pueden borrar con una tarde de gritos en Madrid.

Porque desde que estalló la bomba de Barajas todo el mundo ha tratado de escurrir sus obligaciones. Porque la clase dirigente de este país ha perdido por completo los papeles de la dignidad política y ha extraviado el sentido de la responsabilidad y de la sensatez. Porque no tengo suficiente confianza en quienes me gobiernan ni en quienes aspiran a hacerlo. Porque si ellos no son capaces de ponerse de acuerdo en lo esencial no pueden pretender que el pueblo avale su desvarío partidista. Porque desde el 11-M nadie ha sido capaz de restaurar el consenso ciudadano contra el terrorismo, y todos se han dedicado a ahondar en una herida que desgarra y desangra a la sociedad española.

Porque pienso que esta manifestación es una trampa. Que sólo busca envolver al presidente en un baño de multitud para que el lunes vuelva a su empalagosa retórica de ambigüedades en el Congreso. Porque tengo la sensación de que se nos oculta algo moralmente viscoso y políticamente inaceptable. Porque sólo veo indeterminación, oscuridad y confusión donde hace falta precisión, transparencia y coraje.

Y porque ya estoy harto de medias verdades y mentiras completas. Por eso sólo volveré a la calle cuando pueda hacerlo detrás del presidente del Gobierno, el líder de la oposición y las víctimas. Todos juntos, como antes, como siempre, como cuando nos creímos que aquella unidad era indestructible y cierta porque fluía en un río de sangre común. Y hasta tanto, no me daré por convocado a ninguna representación de conveniencia, a ninguna farsa de sectarismos, a ningún teatro de oportunismo y ventaja.

La farsa de la paz
Por Edurne Uriarte ABC 13 Enero 2007

Lo llaman paz aunque quieren decir negociación. El resultado de la farsa es el esperable. La palabra gusta cada día más a los terroristas pero cada día menos a los demócratas, de los que una buena parte se quedará hoy en casa no vaya a ser que los recuenten como militantes de la negociación. Como respuesta a los dos últimos asesinatos etarras, los artífices de la paz convocan una manifestación en Bilbao en pro de la negociación con los terroristas, y cuando los terroristas se suman, como cabía esperar, los convocantes protestan atemorizados por la poco estética compañía. Una cosa es que se apueste por la negociación y otra que se haga tan explícitamente y a la luz del día. Deseoso de interceder en el problema estético, el ministro de Interior pone en cuestión a todos sus cuerpos policiales, se le olvida que Batasuna es parte de ETA y le pide solemnemente que condene el terrorismo.

Como respuesta a los dos últimos asesinatos etarras, otros líderes de la paz convocan otra manifestación en Madrid en contra de ETA y a favor de la paz pues todo conflicto, siempre que provenga del antifranquismo y se reclame de extrema izquierda o nacionalista, debe acabar con un diálogo por la paz. Están dispuestos a volver a poner toda su generosidad al servicio de la plena integración democrática de los asesinos. Es decir, al servicio de la paz, porque, como escribió Patxi López antes del crimen, se trata de que «quienes hoy son parte del problema acaben siendo parte de la solución».

El problema de la respuesta social y estatal al terrorismo es, ante todo, que, cuarenta años después de su aparición y en plena democracia, la negociación sigue siendo una opción. Ése es el fondo del asunto. Pero los delirantes debates provocados por las manifestaciones de hoy muestran que hay otro problema añadido que es el de la deliberada ambigüedad, manipulación y hasta abierta mentira con la que se sostiene esa negociación. Miles de personas defenderán hoy en las calles la paz y la mayoría querrá decir negociación. Y acusarán a los que no van de estar en contra de la paz, es decir, de la negociación.

Zapatero-Chamberlain
Por Luis Peral Guerra ABC 13 Enero 2007

DESDE que José Luis Rodríguez Zapatero puso en marcha su «proceso de paz» con ETA -no incluido en su programa electoral que, según el, fue lo que le llevó a La Moncloa- tuve la desagradable sensación de que esta iniciativa terminaría tan mal como la política de apaciguamiento de Hitler que llevó a cabo el primer ministro conservador británico Neville Chamberlain, hace casi 70 años.

En su obra «La Segunda Guerra Mundial» dice Winston Churchill de Chamberlain: «Su omnipresente esperanza fue pasar a la historia como el gran Pacificador y para esto estaba dispuesto a luchar permanentemente contra la realidad de los hechos y a hacer frente a grandes riesgos para sí y para su país. Desgraciadamente se vio arrastrado por mareas cuya fuerza no supo medir y se encontró con huracanes ante los que no vaciló, pero que no pudo controlar».

De igual forma, despreciando a cuantos quisieron apartarle de su error, José Luis Rodríguez Zapatero se embarcó en una descabellada aventura de apaciguamiento de ETA. Una ETA que, gracias a la eficaz política antiterrorista de los gobiernos de José María Aznar y del Pacto Antiterrorista, propuesto por el propio Zapatero, atravesaba la peor situación de su historia, con su brazo político inutilizado y en medio de la repulsa generalizada en España y en el extranjero.

Sin querer comprender, ni aprender, la psicología de la banda terrorista, sus objetivos irrenunciables y la trayectoria de sangre y dolor que condiciona su futuro, Zapatero inició un mal llamado «proceso de paz» con ETA y con su entorno. Un «proceso» inadecuado (un Estado no tiene porqué buscar la paz con los terroristas, como no la busca con los narcotraficantes ni con los pederastas), ilegal (se ha vulnerado la ley de Partidos) y que supone una afrenta para las víctimas de ETA.

Y también ha cometido Zapatero un error político de primera magnitud, propio de una persona que a su inexperiencia en la gestión pública hasta 2004 añade una osadía sin límites: el ciudadano medio español, y también el votante socialista, no se sentía especialmente amenazado por una ETA que estaba contra las cuerdas a principios de 2004 y, en cambio, experimenta una infinita repulsión ante las actitudes desafiantes y amenazadoras -con desprecio a las leyes y a las víctimas- de que han hecho alarde en los últimos tiempos varios presos de ETA y destacados portavoces de Batasuna.

Esto tenía que acabar mal, como el intento de Chamberlain de aplacar a Hitler. En septiembre de 1938 Chamberlain subió a un avión, por primera vez en su vida, y voló a Alemania para intentar pactar con Hitler. Tres veces lo haría y al final, sin audiencia de los checos, se desmembró Checoslovaquia de los distritos sudetes, iniciándose un proceso de desintegración de ese estado que desequilibró totalmente la relación de fuerzas en Europa a favor de Hitler.

Nunca sabremos si el haber plantado cara a Hitler en 1938 hubiera impedido la Segunda Guerra Mundial, como nunca sabremos si los meses perdidos en el «proceso» de Zapatero hubieran podido resultar decisivos en la lucha contra una ETA ahora reforzada en medios y en moral.

Chamberlain fue aclamado a su retorno de Múnich y pronunció su famosa frase: «Creo que es la paz para nuestro tiempo». Antes de que transcurrieran doce meses, el Reino Unido estaba en guerra con Alemania.

Según cuenta Churchill, «Chamberlain pensaba que tenía una especial percepción del carácter de Hitler y el poder de medir con astucia los límites de la acción de Alemania». Tras Múnich, Hitler afirmó que los Sudetes eran su última reivindicación territorial en Europa. Por eso, cuando cinco meses después Hitler ocupó lo que quedaba de Bohemia y Moravia, mientras Eslovaquia se declaraba independiente, Chamberlain comprendió la magnitud de su error ante el engaño nazi y se comprometió a apoyar a Polonia en caso de agresión.

Es difícil no ver en estos hechos un precedente de las declaraciones de Zapatero augurando una mejora en la lucha por el fin de la violencia de ETA el día anterior al brutal atentado de la Terminal 4 de Barajas, donde se ha derramado de nuevo la sangre de ciudadanos inocentes.

Pero, al contrario que Chamberlain, Zapatero no se ha atrevido todavía a afirmar que el Estado no tiene nada que pactar con ETA y que él dedicará todas sus energías -las que le queden- a derrotar a la banda terrorista.

Empezó la Segunda Guerra Mundial e -incurable en su apreciación voluntarista de los hechos- Chamberlain declaró el 4 de abril de 1940 que Hitler «había perdido el autobús». Cuatro días después Alemania invadía Noruega y Dinamarca. La caída de estas naciones colmó la paciencia de muchos de los diputados que apoyaban al Gobierno de Chamberlain, al que negaron su voto tras el debate parlamentario del 8 de mayo. En esa sesión el ex primer ministro Lloyd George le dijo a Chamberlain que, ya que apelaba al sacrificio de los ciudadanos en esa hora decisiva, debía él dar un ejemplo de sacrificio presentando su dimisión. El gobierno consiguió, a pesar de las defecciones citadas, una mayoría de votos a su favor pero el propio Chamberlain comprendió que, para hacer frente al peligro letal que acechaba al Reino Unido, debía incorporar al gobierno a los laboristas. El Partido Laborista manifestó que no aceptaría formar parte de un gobierno presidido por Chamberlain y éste, consciente al fin de sus responsabilidades, presentó al Rey Jorge VI su dimisión. Winston Churchill, que había sido durante muchos años el principal crítico de la política de apaciguamiento con la Alemania nazi, formó un gobierno de coalición nacional que plantó cara a Hitler y unió a toda la nación en la lucha hasta la victoria final.

La Historia es maestra de la vida y de la política. José Luis Rodríguez Zapatero no es, por edad, una víctima de la Logse y debería conocer estos precedentes históricos tan similares a su desdichado intento de pactar con ETA.

Frente al terrorismo sólo hay un camino: la unión de los demócratas y especialmente de los que representan a la inmensa mayoría de los ciudadanos y no al nacionalismo excluyente. Y ese camino exige ideas claras (y no verborrea sin contenido), defensa de la legalidad, respeto a las víctimas y una firme decisión de derrotar al terrorismo en todos los frentes: político, económico, policial, judicial e internacional. Que así sea.
Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid

No queremos esa paz.
Paco Sande Periodista Digital 13 Enero 2007

La manifestación de este sábado, supuestamente contra el terrorismo, es: la más politizada y caótica desde los tiempos de la republica.

En una manifestación, en la que deberíamos ir todos los españoles a decirle a ETA, alto y claro, lo que pesamos de ellos y de sus crímenes y, en vez de eso, en vez de una manifestación en contra de ETA y su terrorismo, se ha convertido en una manifestación en contra del partido de la oposición, en contra del pp.

Una manifestación a la que no acudirá el pp., -por razones obvias- ni el presidente del gobierno, -no vaya a ser que lo abucheen- ni la asociación de victimas del terrorismo, ni varias asociaciones de ecuatorianos, -de cuyo colectivo fueron las dos ultimas victimas de ETA- ni la asociación de la policía y no se cuantas mas.

La verdad es que esta manifestación no es más que una cortina de humo para darle un respiro a Zapatero, y poder este salirse por la tangente y seguir con el “proceso” de paz con ETA. Por que la realidad es esa, este fulano, este demagogo demencial, este hombre que le pone tanto énfasis a sus frases, para terminar no diciendo nada, le a dado vueltas y mas vueltas a la cosa, pero no a sido capaz de decir: si, el dialogo con ETA se ha terminado, esta muerto. Pues todavía no lo ha dicho, ni lo dirá y si no al tiempo. Nunca había visto a nadie que hablara tanto y remachara tanto las cosas, para no decir nada, y si no, que alguien me diga, si hay alguien que recuerde lo que dice Zapatero en sus discursos, no, ¿verdad? Claro que no, y es que este demagogo, habla pero no dice nada, igual que hacia Cantinflas, pero Cantinflas era un artista y muy simpático, y Zapatero es patético, y dramático. De pena. Y ya verán como después de la manifestación del sábado, sale triunfante, arropado como esta por los sindicatos y los titiriteros y vuelta a empezar con el maldito “proceso”.

Quienes si estarán en la manifestación serán los sindicatos, especialmente la UGT, que ya más que un sindicato, se ha convertido en un órgano del partido socialista, -volvemos a estar como en la segunda republica, en la que Largo Caballero, era líder del PSOE y al mismo tiempo presidente de la UGT-. Y además como no, van a estar nuestros titiriteros. Pero es normal, por que tienen que pagarle el favor que Carmen Calvo les hizo con la Ley del Cine antes de la navidad, obligando a las televisiones a subvencionar el horrible cine que hacen, y además que se va ha esperar de una panda de acémilas que se creen unos intelectuales y no son mas que una pandilla de analfabetos. Y el Sr. Federico Lupi, tendría que darse cuenta que cuando arremete contra la derecha española se esta poniendo fuera de juego, porque en España, como en cualquier otro país del mundo, hay gente de izquierdas y gente de derechas, pero tanto unos como otros, somos todos españoles, o sea gente de este país, y tenemos todos el mismo derecho a pretender el tener algo que decir en la política española, todos. Pero el es Argentino y en este país es un invitado, sin voz ni voto, si quiere tener algo decir en política, que lo haga en Argentina, que debía darle vergüenza el siquiera levantar la voz, que siendo La Argentina, como es, el país potencialmente mas rico del mundo, -en el año 50 era el segundo país mas rico del planeta y no se veía ninguna traba para que no llegase a ser el primero- La han arruinado y la tienen hecha unos zorros.

Pero que le den a estos y a ZP, por que estos están a favor de darle a ETA lo que pide. Porque que quede claro, ETA lo que quiere es la independencia de las Vascongadas, con la anexión de Navarra, y no va a aceptar menos, -estos por lo menos hablan claro, siempre lo han hecho, en realidad lo de Barajas fue parte de su dialogo, claro y diáfano, venga ZP has algo o seguimos con las bombas- se le entiende todo. Entonces de que dialogo y de que proceso habla el demagogo, o les da lo que piden o siguen matando, simple ¿No?

Y el mensaje de los españoles a ETA debe quedar claro, estamos aquí por lo mismo que han muerto las victimas, por que no permitimos, ni nunca permitiremos la destrucción de España. Habéis matado a mil, pues podéis matar un millón, no nos rendiremos. Daremos nuestras vidas, antes que permitir la destrucción de nuestro país. El demagogo Zapatero habla solo por el, no por los españoles.

Y si para conseguir la “paz” tenemos que dejar que España se desintegre en pequeños paisitos, a semejanza de los Balcanes, entonces renunciamos a la paz.

Rio Cabe
Estrellados
Serafín Fanjul Libertad Digital 13 Enero 2007

La lenta labor de José María Aznar y de sus gobiernos a lo largo de ocho años fue recuperando para España en el exterior un lugar de país fiable y relativamente serio, eso viniendo de catorce años de felipismo añadidos a la imagen de descrédito que arrastrábamos desde el siglo XVIII. Si España interesaba algo era por su halo folclórico –en realidad, más falso que los duros de madera– y tanto para atacarlo como para ensalzarlo fuera –y hasta dentro– no se rebasaban las ideas preconcebidas acerca de la chapuza, el trabajo mal hecho y las truhanerías para sustituir obligaciones y compromisos. Nadie daba nada por un producto industrial, tecnológico o intelectual español: ya es significativo que, tal vez, nuestro escritor más conocido del siglo XX fuera García Lorca y en su faceta más charanguera, coronada por su trágico fin, una especie de reconfirmación de sus versos y teatro de gitanos que se matan, de guardias civiles bigotones y flores más o menos equívocas.

En el exterior percibíamos un toniquete dubitativo al cambiar pesetas o escuchábamos, sin ambages ni disimulos, comentarios despectivos sobre material ferroviario o automovilístico fabricado en España en países que no estaban para dar lecciones a nadie. Se habrían reído, incrédulos y sarcásticos, de explicarles que por aquellas fechas vendíamos trenes a Estados Unidos o Alemania, la verdad. Pero una verdad cargada con los estereotipos del pasado, que lo mismo echaban en la coctelera la Inquisición que la mala calidad de los vehículos SEAT, todo revuelto.

Aznar saneó la economía arruinada por González, nos metió en el euro, equilibró las cuentas y lanzó un período de crecimiento que atrajo capitales e inmigrantes. España empezaba a ser un país digno de tomar en consideración y no sólo por su pintoresquismo. Al socialdemócrata Schroeder molestaba mucho que los números y sus resultados marchasen mejor en nuestra tierra que en la suya, entre otras causas por su nefasta política económica. No éramos la cima del mundo en ningún sentido, pero tampoco su trasero. El despegue también incomodaba a nuestros progres si, además de beneficio para su bolsillo (nunca reconocido), eso implicaba relevancia internacional, ocupar primeros puestos junto a las principales naciones, asumir compromisos, superar los complejos de inferioridad y autohumillación que tanto les gustan.

Y llegó Rodríguez, el impar. Y con él la cáfila de incompetentes y fugitivos de los establecimientos limpiacoches, fugitivos del arado les habrían llamado en otros tiempos. Proliferan los ganapanes sin más oficio que la política, las ministras de cuota, los bachilleres de pega y los zascandiles que presumen de madre analfabeta, como si eso fuese un mérito. Una tropa armónica con la calidad de su señor, al que jamás harán la menor sombra de sombra. Así pues, a la fuga de Iraq siguieron el descuartizamiento y expolio del Archivo de Salamanca, los matrimonios homosexuales, los redoblados intentos por erradicar el castellano de Cataluña... hasta descender a la persecución del tabaco, del vino, las hamburguesas, las casas vacías (cada cual por su motivo), los toros. Y en el exterior, la estrambótica Alianza de Civilizaciones, la desaparición en el horizonte de la Unión Europea, la incapacidad para hacer entrar en razón a superpotencias como Senegal o Marruecos, la supeditación a Estados Unidos proclamando lo contrario y sin las ventajas de actuar como un aliado a las claras.

Un balance lamentable que, de pronto, se patentiza en un hecho concreto: la gigantesca estafa de Air Madrid. Vuelven los socialistas y vuelven los pufos. Y por si no bastara, el siempre providencial juez Del Olmo –¿por qué él?– mete la cuchara en el guiso, con lo cual los robados ya pueden ir olvidándose de su dinero: sufrirán menos. Fallos en los aviones, inseguridad en los vuelos, retrasos (lo menos malo de todo), 130.000 personas tiradas sin poder realizar los viajes que pagaron. La golfería de los empresarios, que ordeñaron la vaca hasta dejarla exhausta, bien maridada con la negligencia y la vista gorda que les regalaban en el ministerio de "mi Maleni", Lady Aviaco. Fomento, responsable nada indirecto del atraco. Pero suma y sigue: entre los estafados se cuenta alguien muy próximo a mí a quien han timado 900 € por un vuelo a México que nunca cumplirá; hubo de sacarse otro pasaje en Iberia y al ir a embarcar, se encontró víctima de la sobreventa ("Es legal", sentenció la groserísima empleada del mostrador) y si bien logró viajar tras molestias y listas de espera, nadie nos pudo librar de la sensación de caos, de tomadura de pelo, de inseguridad y falta de confianza en quienes deben velar por nuestros derechos tanto como se ocupan de exigirnos obligaciones, por ejemplo, las exacciones de impuestos.

En Francia, país poblado por gentes aun más listas que las nuestras, ocurrieron catástrofes como las transfusiones de Sida a hemofílicos o de barcos cuyo hundimiento nada tuvo que envidiar al del Prestige (por cierto, si desea vivamente perder sus maletas, de fijo, vuele con Air France con escala en París), en Estados Unidos quebraron compañías aéreas con daños variopintos, en Inglaterra hubo horribles accidentes ferroviarios fruto de la obsolescencia de los sistemas de señales y de la vetustez del material rodante, en Alemania se hundió el techo de una pista de patinaje por exceso de nieve acumulada, en los Alpes austríacos un avión de combate americano derribó un funicular cargado de turistas, en Rusia se declaran incendios evitables con cientos de víctimas...Y si hablamos del Tercer Mundo, la enumeración de calamidades llega a perder significado por lo repetitiva. Todos se consideran accidentes, incidencias, fallos, abusos más o menos perseguibles y perseguidos.

Con nosotros es distinto: de inmediato nos rebozan ineficiencias y culpas reales o irreales...del pasado. En modo alguno estoy aludiendo a la Leyenda Negra ni pidiendo un papel de víctimas de una conspiración cósmica. Nada de eso: la estafa de Air Madrid es verdadera y, cuando hace unos días, me hallaba ante el mostrador de Iberia, pasándonos por los morros la sobreventa de plazas, recordaba el remoquete despreciativo de un librero mexicano sobre nuestra "compañía de bandera" (Alpargata-Lines, dijo el chilango), que me pareció una impertinencia muy injusta en su momento, aunque ya por entonces uno estaba harto de padecer a Iberia. En primer término, han perdido los damnificados directos, pero también a más largo plazo y en volúmenes infinitamente mayores ha perdido y va a perder España: en prestigio, en crédito internacional, en imagen de país fiable (o no).

Al parecer no basta con la inepcia de tribunales, leyes y policías para proteger a los nacionales o a los infelices turistas japoneses en el Paseo del Prado o en Sevilla: tironeros, navajeros y trileros reciben el refuerzo inestimable de atracadores con corbata. Y Lady Aviaco de alcahueta del pastel. Nada de Leyenda Negra: el Puerto de Arrebatacapas existe y si a los descendientes de Monipodio no importa nada el humilde peculio de los timados (inmigrantes o españoles), mucho menos ha de inquietarles el hundimiento alarmante de nuestra imagen exterior. Al carajo lo del "Milagro español" y la "Transición modélica", en la oficina de Air Madrid en Quito una mano –parece que una sola, pero expresiva de muchas más– escribió pintadas merecidas e inmerecidas, mezclando churras y merinas, de repente resurgido de la hoguera el espectro del cacique Rumiñahui en íntimo abrazo con Jesús Caldera que –cómo no- ya está culpando a la Comunidad de Madrid de parte del pufo: "Ladrones, Pillos, 514 años de bastardos, gilipollas. ¿Primer Mundo? Robos y explotación. Estafadores".

Lady Aviaco, experta en grosería y desplantes como es ("los españoles no podemos pagar las vacaciones de otros"), elude la evidencia: si ella y su ministerio no hubiesen permitido el deterioro de la situación hasta tales extremos, un indigenista resentido no nos habría llamado a todos los españoles, incluidas las víctimas como él, "hijos de puta", que es lo que significa en realidad el anglicismo "bastardos", con alusión a los años transcurridos desde 1492. Otro asunto es que el amable ecuatoriano que nos odia –pero, al parecer, quiere venirse para acá– esté echando muy mal las cuentas cronológicas: el dominio hispano sobre el imperio peruano se alargó de 1531 a 1824, así que las responsabilidades de antes y después de esas fechas poco tienen que ver con los celtíberos también estafados, o con Esperanza Aguirre, como pretende Caldera, el heroico defensor del Archivo de Salamanca.

La lengua viva
Nacionalismo lingüístico
Amando de Miguel Libertad Digital 13 Enero 2007

David Álvarez (Viladecans, Barcelona) no se considera nacionalista, pero le "da igual" lo de "la unidad de España". Simplemente, dice, "no me gusta el estado" [se supone que el estado es la nación española]. Otra opinión es que "la inmersión lingüística no perjudica los conocimientos de castellano de los alumnos. Mi situación familiar me ha enseñado que el bilingüismo es posible". ¿Y para qué quiere que sea posible si no le gusta la nación española? Me produce mucha ternura esa muletilla de "es posible" como final de una frase. Es un prodigio de corrección política.

Víctor Casasola comenta su experiencia sobre los nacionalistas que salen al extranjero: todos ellos espabilan y mitigan su nacionalismo. Don Víctor hace suya la repetida frase de "Una de las dos soluciones para el nacionalismo es viajar". Creo recordar que una frase parecida se encuentra en Josep Pla y en Pío Baroja, dos excelentes escritores rechazados por los nacionalistas. Con todo, no me parece que la hipótesis se cumpla en muchos casos. Sospecho que los catalanes y los vascos son muy viajeros, aunque puede ser que esa especie sea la de los no nacionalistas.

Me llega un artículo de un tal Salvador Sostres publicado en el diario subvencionado Avui (no tengo la fecha, finales de diciembre de 2006). Empieza así: "En Barcelona queda muy hortera hablar en español, yo solo lo hablo con la criada y con algunos empleados. Es de pobres y de horteras, de analfabetos y de gente de poco nivel hablar un idioma que hace un ruido tan espantoso para pronunciar la jota". Y termina: "El independentismo en Cataluña está absolutamente justificado, aunque solo sea para huir de la caspa y el polvo, de la tristeza de ser español".

El nacionalismo no es solo una cuestión ideológica, sino que tiene efectos negativos sobre la vida corriente, incluso la comercial. Véase la interesante argumentación de un buen conocedor de Cataluña, que desea ocultar su nombre:

Las consecuencias son terribles, porque el abanico de posibilidades que se le abren a una empresa en Cataluña a la hora de elegir trabajadores es muchísimo menor que en cualquier otro lugar de España. En Madrid pueden hacer head hunting (vaya cursilada de palabro) por toda España (incluyendo Cataluña), Hispanoamérica, etc. En Cataluña, sólo pueden buscar en Cataluña. Un chaval zamorano, químico de brillante expediente, no puede ofrecer sus servicios en Cataluña, y eso, se mire por donde se mire, no es bueno. El caso me recuerda al de la famosa cuota de mujeres, donde también el objetivo principal (búsqueda del óptimo desarrollo de la actividad laboral) se convierte en secundario.

Otro ejemplo está en el mundo del Arte. De todos es conocido que Cataluña siempre ha sido la punta de lanza del arte contemporáneo de España. Siempre más moderna, siempre más adelantada. Pero ahora ya no, ahora las cosas han cambiado y Madrid le ha tomado la delantera. Y esto no es una opinión personal; es una opinión contrastada con profesionales del mundo del arte. Me cuentan en Barcelona que el problema principal es que hasta el arte contemporáneo está impregnado ahora por una pátina nacionalista, lo que hace que la difusión, promoción, exposición, etc., de todo este mundillo, sólo sea posible... si el artista es catalán. ¿Que no es posible? Pues es lo que hay. Y los catálogos son en catalán, y las visitas son en catalán, y todos los "y" que se pueda usted imaginar. Total, que –una vez más– el público objetivo, al igual que pasa en el ejemplo de los puestos de trabajo, se reduce muchísimo.

También es sintomático que, para expresar las opiniones transcritas, el autor, que otras veces escribe con su nombre, ahora me ruega que lo oculte.

Juan Puyol propone una bizarra idea para defenderse de la política de Cataluña por la que se multa a los comercios que no empleen el catalán en sus rótulos:

Utilizaría en los letreros el catalán más macarrónico, charnego y trufado de faltas que pudiese, maltratando esa bella lengua de una forma capaz de herir la delicada sensibilidad de los nacionalistas. Con el suficiente número de palabras en catalán para que no se pudiese acusar al texto de estar en español. No creo que la desfachatez de estos comisarios lingüísticos llegue por el momento a sancionar las faltas de ortografía. (Algo como poner: "Non crec que la desfachatez d’estes comisaris linguistics llegui por el moment a santcion-nar les faltes d’ortografia". Usted sabe catalán y esta frase le sonará horrible, que es de lo que se trata, pero no creo que nadie pueda pretender que esté en castellano y no en catalán. En cualquier caso, sería una buena base para un recurso contra la sanción).

Tómese la iniciativa como una eutrapelia (voz común al castellano y al catalán). Dice el Pompeu Fabra de eutrapèlia: "virtut que modera els divertiments". Desgraciadamente, se trata de una virtud desconocida para los nacionalistas lingüísticos catalanes.

Claro que en todas partes cuecen habas. Ana Carbajosa (Merchtem, Bélgica) me cuenta que, en la ciudad flamenca donde reside, las autoridades locales han prohibido el uso del francés en las cuatro escuelas públicas. La prohibición se extiende, incluso, a la hora del recreo. Los niños pueden ser expulsados de la escuela si se les pilla hablando en francés con sus compañeros. Muchos de ellos hablan francés en sus respectivos hogares. Un diputado democristiano flamenco ha señalado que lo único que une a los belgas es el Rey, el fútbol y la cerveza. Interesante apreciación. No sé si puede servir de consuelo a los españoles, por aquello de "mal de muchos, consuelo de todos" (o "de tontos").
Lo del nacionalismo lingüístico está llegando a extremos chuscos. Una vez más, José María Navia-Osorio (Oviedo) cuenta la historia. Resulta que en Asturias se había dado con un eslogan turístico que decía: "Asturias, paraíso natural". Pues bien, ahora en Murcia han inventado un eslogan parecido: "Murcia es un paraíso" o algo así. Ni corta ni perezosa, la consejera de Cultura de Asturias ha montado en cólera nacionalista y se propone demandar a los murcianos por plagio o similar. Concluye filosófico don José María: "Hay circos más baratos".   Contacte con Amando de Miguel mailto:fontenebro@msn.com

Misiles contra Cataluña
XAVIER PERICAY ABC 13 Enero 2007

¿Quieren un consejo? Estén atentos a lo que dice Felip Puig. Yo llevo ya algún tiempo fijándome en sus decires y no me arrepiento lo más mínimo, se lo aseguro. Para mí, Puig es como una especie de brújula. O de antibrújula. Si al abrir la boca señala el norte, yo sé que debo ir hacia el sur. ¿Que sus pensamientos miran al este? Los míos se orientarán al oeste. No falla. Y es utilísimo. Ahora que tanta gente paga enormes fortunas por disponer de un guía espiritual y, aun así, no acaba de estar satisfecha, yo cuento con un antiguía infalible que no me cuesta un duro. ¿Qué más puedo pedir?

Hace un par de días, por ejemplo, Puig denunció en sede parlamentaria la ofensiva del Gobierno español contra el modelo educativo catalán. Ya ven, España contra Cataluña. Nada más y nada menos. La culpa la tiene el decreto ministerial de enseñanzas mínimas en primaria, que prevé la implantación de una tercera hora semanal de lengua castellana allí donde esta hora no se da. O sea, en Cataluña. A Puig, esas medidas y otras similares que prepara el Ministerio de Educación le parecen «auténticos misiles» contra las competencias de la Generalitat. A mí, en cambio, me parecen un verdadero maná para la cultura y la salud mental de los catalanes.

Y no son sólo ganas de llevar la contraria a Felip Puig. Es que encima tengo razón. Porque este modelo educativo catalán que Puig y todos los componentes del actual Gobierno tripartito dicen defender está en crisis. Qué digo en crisis: en bancarrota. Lo explicaba muy bien «Magisterio» -una publicación alternativa de difícil localización en los centros docentes catalanes y cuya lectura les recomiendo vivamente- en su edición del pasado 20 de diciembre. (Si no pueden procurarse un ejemplar, hallarán la información en www.magisnet. com.) Se trata de una tabla, de una tabla de indicadores. La fuente es el propio Ministerio y los indicadores se refieren a la educación postobligatoria -o sea, bachillerato, formación profesional y universidad- en España y en tres comunidades autónomas españolas, Cataluña, Madrid y País Vasco. Pues bien, los resultados de Cataluña en los distintos epígrafes analizados suelen estar cerca de la media española -una de las peores de Europa y de los países desarrollados, por cierto- y a años luz de los resultados de Madrid y el País Vasco, las dos comunidades autónomas más pujantes, junto a la catalana, desde el punto de vista económico. Y ello es así en lo relativo al porcentaje de titulados superiores entre 25 y 34 años -más de diez puntos por debajo de Madrid y a casi quince del País Vasco-, de población que accede a la universidad -más de tres puntos por debajo de la media española y cercano al de Andalucía- y de graduados en Ciencia y Tecnología. Es decir, en todos aquellos epígrafes que permiten hablar de una sociedad dinámica, emprendedora y competitiva.

¿Auténticos misiles, señor Puig? Por supuesto. En vista del panorama, cuantos más mejor.

La AVT y el Foro Ermua también mantienen su desmarque
 La Razón 13 Enero 2007

El cambio de lema a última hora de la manifestación convocada hoy en Madrid tampoco ha convencido a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ni al Foro Ermua. A través de un comunicado, la AVT dijo que «ha decidido no sumarse a la manifestación de CC OO, UGT y FENADEE al considerar que se trata de un acto de apoyo a la negociación con los terroristas de cara a un futuro inmediato, tal y como han declarado algunos de los convocantes». Recordó que como asociación de víctimas mostró su apoyo y condolencias a la FENADEE «como representante de una minoritaria parte de los ciudadanos ecuatorianos residentes en España, ya que otros colectivos de ecuatorianos no apoyan la convocatoria». Este colectivo de víctimas insiste en que «nunca ha convocado ni ha apoyado iniciativas manipuladas por intereses partidistas ni sindicales con la intención de dar apoyos encubiertos a una negociación con los asesinos de ETA».

En la misma línea se pronunció el Foro Ermua. Su presidente, Mikel Buesa, declaró ayer que la «rectificación» del lema llega «tarde y mal» y no se ajusta a los parámetros que defiende su organización, por lo que exigió la desconvocatoria de las manifestaciones, al igual que ha hecho el Partido Popular. Buesa denunció que los convocantes, los sindicatos CC OO y UGT, «han hecho todo lo posible por echar a los verdaderos demócratas de esta manifestación», razón por la que consideró «muy acertada» la propuesta del PP de desconvocar los actos de protesta. En su opinión, ahora lo más importante sería lograr una convocatoria unitaria, aunque para ello fuera preciso aplazar la existente.

UGT se reunió con LAB y apoyó hace un mes la legalización de Batasuna
Redacción  La Razón 13 Enero 2007

madrid-Uno de los convocantes de la manifestación de hoy en Madrid, el sindicato UGT, ya ha dejado claro en los últimos meses su apoyo al «proceso de paz» impulsado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Un entusiasmo que le llevó, incluso, a reunirse el 7 de febrero del pasado año -por primera vez en su historia- con el sindicato abertzale LAB. La Ejecutiva de UGT en el País Vasco, encabezada por Dámaso Casado, se citó ese día con la plana mayor de LAB, con Rafael Díaz Usabiaga al frente. Ambos dirigentes sindicales dieron una rueda de prensa conjunta al concluir la misma en la que se comprometieron a explorar «una aportación del sindicalismo a la paz».

Antes de ese encuentro, ambas centrales ya trabajaban en la sombra en la elaboración de un documento conjunto de apoyo al «proceso», que se impulsó decididamente una vez declarado el alto el fuego por ETA. Pero la oposición de la federación de UGT en Navarra a firmar el texto truncó esa posibilidad. Sin embargo, Casado restó importancia al rechazo de sus compañeros navarros y aseguró que «en Navarra hay una visión más cerrada de la realidad», informa Ep.

El pasado 6 de diciembre, la federación vasca de UGT se mostró favorable a la legalización de Batasuna e instó al Gobierno a establecer negociaciones con ETA «sin olvidar para nada la Justicia». Díaz Usabiaga aplaudió la declaraciones de Casado y, aconsejó a Zapatero que tomase nota adoptase los cambios jurídicos necesarios para que la izquierda abertzale pudiese participar de nuevo en política.

Documento de apoyo
«Es hora -dijo el líder sindical abertzale- de que todas las organizaciones políticas «tengan ya unas condiciones democráticas para poder abordar un diálogo en las mismas condiciones de igualdad para el desarrollo de sus proyectos políticos».

Según el secretario general de UGT en el País Vasco, el documento de apoyo al «proceso de paz» estaba en esas fechas (mediados de diciembre) «prácticamente cerrado»pues UGT-Euskadi contaba con el aval de la Confederación Estatal del sindicato, «más que suficiente». Casado, no obstante, acusó a LAB de haber «paralizado» la culminación del texto y lamentó que desde el pasado verano se produjese «un parón», a pesar de que antes «todo estaba muy avanzado».

ISABEL SAN SEBASTIÁN
"Con ETA solo hay dos alternativas: o se la derrota o nos derrota"
Juan Delgado elsemanaldigitall  13 Enero 2007

Isabel San Sebastián se "moja", y de qué manera: "Hay que reconquistar los valores que han hecho que España sea lo que es".

Para esta periodista, ahora en plena actividad literaria, más que nunca "ahora hay que reconquistar el Estado en nombre de la libertad, que está secuestrada por nacionalistas y etarras".

13 de enero de 2007. Isabel San Sebastián, comentarista de El Mundo y de diversos espacios radiofónicos y televisivos, acaba de publicar una novela histórica, La visigoda. Un trabajo que le ha hecho disfrutar mucho y en la que ha comprobado que la Historia, en lo esencial, siempre se repite.

Después de casi una hora de conversación con la escritora, este periodista se la imagina recreando la trama que protagoniza Alana y, al mismo tiempo, extrapolando a nuestra España actual las situaciones y los hechos de aquella época histórica.

¿Le ha costado mucho cambiar de registro, dejar a un lado el ensayo político, más habitual en usted hasta ahora, y adentrarse hasta el fondo en la novela histórica?
No, porque una investigación para una novela histórica se parece mucho a una periodística. Se trata de encontrar la documentación, estudiarla y entenderla, interpretarla y transmitirla. Obviamente, cambia la posibilidad de crear una trama de ficción, una libertad que en el trabajo periodístico no se tiene. Más que un trabajo, ha sido un disfrute y un ejercicio de imaginación y de literatura en el sentido estricto de la palabra.

¿Qué le ha llevado a embarcarse en el apasionante género histórico? ¿Había hecho con anterioridad algún pinito que se hubiera quedado "durmiendo" en algún cajón?
Había hecho uno, Cuentos de María la Gorda, una recopilación de relatos cortos que fue mi primera incursión en el mundo de la ficción. Me lo pasé fenomenal y algunas personas de cuyo criterio me fío mucho, como Luis María Anson o Nuria Azancot, una gran crítica literaria, me animaron a seguir por esa línea, y por eso me embarqué en este proyecto. Como siempre me ha apasionado la Historia, opté por este género que permite utilizar herramientas propias del periodista, como la de la investigación, y hacer guiños, pues la Historia se repite mucho y, a través de personajes y situaciones, se pueden plantear determinados dilemas actuales.

¿Por qué eligió esta época de la Reconquista? ¿Qué es lo que más le atrae de esa etapa histórica?
Fue consecuencia de un cúmulo de circunstancias. Descubrí Asturias por casualidad. Soy una exiliada del País Vasco que encontró en Asturias un hogar con la misma tierra, el mismo mar, el mismo verde, los mismo paisajes y una gente que no está envenenada por el odio como mucha del País Vasco. Y, además, José Luis Balbín, un buen amigo con el que comparto vecindad en Cudillero, me llevó a su ciudad natal, Pravia, y me enseñó un monumento a los "Reyes Holgazanes" que desconocía y cuyo mero nombre ya me parecía muy literario, y no digamos cuando empecé a investigar su historia. Fue un flechazo absoluto y ahí nació La Visigoda, que se sitúa en una etapa de transición entre la sumisión y el coraje de ganar la libertad a golpe de valentía y de esfuerzo.

¿Cuál fue su fuente de inspiración para escribir la historia de Alana?
Elegí una protagonista femenina porque me parecía que había que reivindicar el papel de la mujer en la Historia. A través de Alana, rindo homenaje a todas las mujeres de la cornisa cantábrica que se han caracterizado siempre por hacer de la libertad una bandera y por reivindicar su papel de seres libres y autónomos.

¿Hasta qué punto ha cambiado el trato hacia las mujeres en el mundo musulmán desde esa época hasta la actual?
Nada. En lo sustancial las mujeres musulmanas se encuentran exactamente igual que hace 1.200 años. No han cambiado nada, absolutamente nada, su participación en la vida pública. De ahí que cuando nuestro presidente nos propone la famosa alianza de civilizaciones, siempre digo que primero se civilicen y, después, nos aliamos. Ya entonces, en la España cristiana, la mujer tenía un papel social infinitamente superior al de la musulmana.

¿Qué mensaje o mensajes se podría extraer de La visigoda?
En el plano emocional, el de que el amor es capaz de grandes hazañas. En el histórico, es clarísimo, la tentación de comprar la paz a base de tributos sólo conduce al desastre, la guerra, la opresión y la humillación. La única paz que merece la pena es la que se basa en la libertad y en la dignidad y para eso hace falta valentía, coraje y capacidad de sacrificio.

¿Se atrevería a extrapolar o comparar situaciones de aquella España, entonces un ente de razón, con la de hoy en día?
Sin duda alguna. Evidentemente en aquella España se iba a caballo, se luchaba con espada y se comía harina de bellota de roble, y en la actual se viaja en jet, se forma parte de la Unión Europea, y se está rodeado de lujos, pero la disyuntiva es la misma. En la España de hoy, estamos sometidos a la misma tentación de comodidad a cambio de una paz imaginaria que nos libere de la obligación de defender valerosamente nuestros principios. La historia se repite en sus cuestiones esenciales. Hoy tenemos a un holgazán sentado en la Presidencia del Gobierno, entonces tuvimos a reyes holgazanes ocupando la Corte de Pravia.

¿Le ha hecho sufrir mucho Zapatero con su "proceso"?
Muchísimo, porque me ha parecido un proceso humillante, indigno y despectivo hacia las víctimas, pero lo peor de todo es su inutilidad porque ETA no se disolverá mientras no consiga lo que siempre ha querido, salvo que la obliguemos. La única forma de acabar con ETA es derrotarla. O se la derrota o nos derrota. Cualquiera que conozca un poquito el problema, sabe que no hay otra salida. Pero claro, tenemos al frente del Gobierno a un señor que no ha hecho los deberes.

¿Prevé el final de ese empeño de Zapatero de llegar "como sea" a un acuerdo con ETA-Batasuna?
A mi juicio ya ha llegado ese final, con el brutal atentado de Barajas, por mucho que el presidente del Gobierno se niegue a reconocerlo. Y es que lo que quiere ETA no se lo puede dar Zapatero. Aunque derogara la Ley de Partidos, legalizara Batasuna, o acercara los presos, sus objetivos, Navarra y la autodeterminación, no se los podría conceder el presidente. Si dependiera de él, por supuesto que lo haría, pero no está en su mano, afortunadamente. Y como ETA ha concebido nuevamente esperanzas y sabe que tiene ante sí a un interlocutor débil, le someterá, nos someterá, a una presión sanguinaria e implacable, que es la forma en la que la banda entiende el "diálogo".

¿Cómo ve la situación política española?
La veo muy caótica y confusa, sumida en una crispación absolutamente inútil. Estamos resucitando fantasmas, como el del anticlericalismo o el guerracivilismo, totalmente superados. Tenemos una España que aún se mantiene bien en el plano económico, lo que hace que la gente esté tranquila, pero que en el político está tomando unos derroteros peligrosos y graves.

¿Hay que reconquistar España? ¿Atisba algún Pelayo o Alfonso El Casto en el horizonte?
No. Desgraciadamente no hay nadie que se parezca a Alfonso El Casto o a Pelayo. No tenemos ningún gigante capaz de reconducir la trama de la historia. Hay que reconquistar España, sin duda, y, sobre todo, los valores que han hecho que España sea lo que es. En la época de La visigoda había que reconquistar el territorio en nombre de la fe, ahora hay que reconquistar el Estado en nombre de la libertad que está secuestrada por unos intereses nacionalistas bastardos y por una banda terrorista que actúa utilizando en vano el nombre de un territorio. No se puede olvidar que el terrorismo es nacionalista y está amparado, al menos ideológicamente, por los partidos nacionalistas que dan legitimidad a esas reivindicaciones.

¿Cómo ve la cosa en el partido de la oposición?
Pues no tan clara como debiera. En este asunto del mal llamado "proceso de paz", parece que la postura está siendo firme y nítida, pero veo demasiada poca fe en ganar y excesivas carreras por hacerse con los despojos antes de tener cadáveres.

¿Qué opina de la actitud que está manteniendo Rajoy con respecto a las reformas estatutarias?
No la entiendo. Comprendo que es muy difícil su papel, dar con una estrategia frente a la del PSOE-nacionalistas para aislarle, pero no creo que el camino sea hacer una interpretación light de lo que hace el PSOE.

¿Es Rajoy el candidato ideal para quitarle el poder con mayoría absoluta a Zapatero?
Hoy por hoy, sí. Cambiar de candidato a estas alturas sería una locura. Otra cosa es que lo fuera cuando fue elegido, pero eso es responsabilidad de Aznar que lo designó digitalmente y desde la potestad absoluta que le dejó su partido, no sé por qué, para hacerlo.

¿Cuál es su visión de la bronca mediática?
Pues que ha llegado a un nivel de vileza sin precedentes. Lo que hizo el diario El País recientemente publicando una conversación telefónica de un policía y un periodista de El Mundo, que estaba haciendo su trabajo y cumpliendo con su deber, es una vileza que no se había hecho jamás en este país. A raíz de esa noticia, he decidido no volver a comprar El País.

¿Qué le parece el enfrentamiento ABC-COPE?
Un suicidio para el ABC como se está viendo. No entiendo como un periódico se embarca en una guerra contra una emisora cuya audiencia comparten. No comparto, no obstante, determinados calificativos que lanzan algunos comunicadores de la COPE contra el periódico y su director.

Usted fue, en su día, víctima del despotismo en los medios de comunicación al negarse a echar a uno de sus colaboradores en una tertulia televisiva. ¿En que estado se encuentra, a su juicio, la libertad de expresión en España?
En estado de coma. Están ocurriendo últimamente hechos que a mí me parecen incomprensibles. No entiendo que sean cada vez más frecuentes las ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas y los periodistas lo aceptan. No entiendo que en determinadas convocatorias se vete a determinados medios o informadores y los periodistas lo acepten. Las empresas han conseguido imponer el estatus de mercenarios a muchos de los periodistas que están en su nómina.

¿Y la pluralidad de los medios de comunicación?
Afortunadamente, en ese terreno estamos mucho mejor. Los digitales han sido una auténtica bendición. Quizá sea menor en televisión, pero la aparición de pequeñas cadenas está suponiendo un revulsivo importante. Lo que peor está es el oficio, tanto por la falta de capacidad para imponerse a los empresarios como por la falta de preparación.

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