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Recortes de Prensa    Martes 16 Enero  2007

Profesores amenazados: "ruego de enmienda", comentario, diligencia y escrito de respuesta
Comunicado de Coruña Liberal y Agli 16 Enero 2007

Nota de la Inspección Educativa al Director

"Tal como se le informó verbalmente en la visita realizada a ese centro el día 21 de diciembre, en la comprobación del grado de cumplimiento de la normativa de normalizacion lingüísitica en el curso académico 2006/2007 detectose el incumplimiento de la norma en lo que atinche al Artículo 1º del Decreto 247/95 de 14 de septiembre  (DOG  15/09/95) en su redacción dada por el art. 1º del Decreto 66/97 de 21 de marzo (DOG 03/0497) en refrencia a las redacciones en lengua gallega de las programaciones de Francés y Griego.

Ruego que se enmiende esa cuestión de modo que esté resuelta en los inicios del segundo trimestre."

Comentario:

¿Y este es el parto de los montes?

Esperábamos un león y nos sueltan un ratón.

Veamos:

  1. En el típico estilo burocrático, la ‘orden’ sigue el conducto jerárquico, por lo que se dirige al director, para que éste ‘adopte las medidas oportunas’

Se trata de un atento ruego, no de una orden terminante. Su estilo es el de la diplomacia, no el de la guerra.

¿Qué puede hacer el director ante esta estupidez?

  1. ignorarlo,
  2. rebotarlo a su procedencia con valor añadido, negándose a ser cómplice de un delito de discriminación laboral por razón de la lengua -por ejemplo-
  3. transmitirlo a sus últimos y verdaderos destinatarios, los profesores –que no pueden pasárselo a nadie: éstos sólo tienen las dos primeras alternativas dignas-

Evidentemente, este papel ha surgido de una resistencia. Y la resistencia debe seguir produciendo papel. Es incómodo, molesto, desagradable. Puede que el director sea una buena persona. Lo primero es no personalizar. Aunque se pretenda otra cosa, no se le hace ningún favor a él cediendo, ni se le hace ningún agravio pidiendo la “orden” por escrito.

Así que, ante la petición verbal del director, con o sin su complicidad, hay que pedírselo por escrito.

Lo tiene muy sencillo. Estampa en una fotocopia la siguiente diligencia:

Para conocimento y efectos

le hago entrega del presente oficio

en ... a ... de enero de 2007.

Recibí,

 

 

Firma del destinatario.

Se queda con la copia firmada y él ya ha cumplido.

Seguidamente, un posible modelo de respuesta:

Sr./a. inspector/a:

En relación con su ruego, fechado el veintitantos de diciembre y llegado al registro de este centro en estos primeros días del trimestre escolar, relativo al supuesto incumplimiento del art. 1º del decreto 247/95 en que usted cree que incurre la programación didáctica de deteminada/s asignatura/s, le informo de que se halla usted en un grave e inexcusable error.

El precepto al que usted concretamente se refiere, dice

CAPITULO I
El gallego, lengua oficial de la Administración educativa en Galicia
Artículo 1.

1- La Administración educativa de Galicia y sus centros de enseñanza utilizarán, con carácter general, la lengua gallega y fomentarán su uso tanto en sus relaciones mutuas e internas como en las que mantengan con las administraciones territoriales y locales gallegas y con las demás entidades públicas y privadas de Galicia.

2- Los documentos administrativos de la Consejería de Educación y Ordenación Universitaria, de sus delegaciones y de los centros de enseñanza dependientes de ella se redactarán, con carácter general, en gallego, y en ellos constará el nombre del centro y del topónimo del municipio o entidad de población en su forma oficial.

3- Las actuaciones administrativas de régimen interno de los centros docentes, tales como actas, comunicados y anuncios, se redactarán, con carácter general, en gallego. También se redactarán en gallego las actuaciones administrativas que se realicen a solicitud de persona interesada, excepto en los casos en que ésta pida que se hagan en castellano.

En este artículo hay tres normas y no una sola.

Es comprensible la dificultad de determinar cuál de ellas estima infringida, pero, para su más exacto cumplimiento, en su caso, le ruego aclare este importantísimo extremo, sin lo cual, su atento requerimiento carece de la precisión mínima para tener efecto: Si usted cree que se incumple alguna norma, diga claramente cual, en lugar de aludir a un ramillete en el que es tna difícil distinguir.

No obstante, y como prueba del espíritu constructivo y colaborqdor que nos anima, y sin perjuicio de lo que resultare de su rectificación o mejora de requerimiento, podemos adelantar lo siguiente:

En cuanto a la primera de las normas comprendidas en el artículo que usted cita, relativa a “la administración educativa de Galicia”, es decir, a la galleguización subjetiva, la sentencia ya aclara en su fundamento QUINTO que

Tales prescripciones no pueden encontrar fundamento en la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de Octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo pues aquellas actuaciones, de carácter meramente administrativo, quedan fuera del marco de la enseñanza que es precisamente lo que trata de regular el Decreto cuestionado. No existe, por tanto, razón para la inexistencia de la cooficialidad de los dos idiomas en lo concerniente a la propia administración cuyas bases de régimen jurídico compete al Estado a tenor del artículo 149.1.18ª de la Constitución. E1 propio artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Galicia señala en su apartado 2 que “Los idiomas gallego y castellano son oficiales en Galicia y todos tienen el derecho de conocerlos y usarlos”, añadiendo el 3 que “Los poderes públicos de Galicia garantizarán el uso normal y oficial de los dos idiomas”.

Sí: es un poco confuso. Que no existe razón para la inexistencia de la cooficialidad de los dos idiomas significa que lo que existe es la cooficialidad de los dos idiomas. O sea: es lo que hay.

No cabe, pues, sustituir la erradicación del español decretada ilegalmente  en 2005, por su sumisión a estado de excepción, con la media suela de 2007. Tal interpretación es estúpida, pero también es ilegal ¿está claro 

En cuanto al apartado 2, o galleguización funcional, sería arduo establecer si dice exactamente lo mismo que el 1 –con lo que sería, semánticamente, inútil y jurídicamente, nulo- o si dice algo distinto, en cuyo caso, habría que dilucidar ese contenido oculto. 

En principio, como el profesor no es la Consejería, ni la Delegación, ni el centro, sino que el profesor es el profesor – a este nivel explicativo nos vemos reducidos- la programación docente es un documento del profesor, en cuanto que es su autor intelectual, y el responsable de su contenido. 

Si la programación fuese un documento administrativo, estaría sujeto a la regla de cooficialidad, obscurecida en el Decreto 66/97, pero, obviamente, no derogada ¿o es que la Junta de Galicia ha dado un golpe de estado? 

Y si no es un documento administrativo, no es de aplicación este número 2, referido a los documentos administrativos. ¿Está claro? 

En cuanto al nº 3, o galleguización residual, parece otro precepto inútil y redundante –el totalitarismo se aviene mal con la lógica jurídica-. En cualquier caso, la programación didáctica no parece que pueda encuadrarse en las categorías de documentos relacionadas, una vez que se ha hilado tan fino ...

Acaso ignore usted la carta que algunos profesores dirigieron a la Consejería con ocasión de esta cruzada. Entre otras cosas, decía:

            Y precisamente una de estas unidades didácticas que tenemos que desarrollar y explicar en 2º de Bachillerato es la referente a los textos jurídico-administrativos, con un análisis de sus tipos, características lingüísticas, rasgos morfosintácticos y semánticos o situaciones comunicativas en que se producen.      
            Pues bien, créanos que nada más alejado de un documento administrativo. Engañaríamos gravemente a nuestros alumnos si incluyéramos las programaciones dentro de este tipo de documentos. Nada tienen que ver ni formalmente ni en sus contenidos con los documentos administrativos, como pueden ser solicitudes, denuncias, notificaciones, instancias, convocatorias, diligencias, recursos, etc. Y no encontrará tampoco ningún rasgo o modelo que se asemeje ni en el "Manual de Documentos Administrativos" publicado por el Ministerio de Administraciones Públicas, ni en el "Manual básico de Documentos Administrativos" publicado por la Xunta de Galicia
.

¿Está claro?

Resumen 

En conclusión, Sra. Inspectora, para dar cumplimiento, supuestamente, al precepto que usted estima infringido, es imprescindible, en primer lugar, que identifique usted con precisión, y no a bulto, ese precepto. 

En segundo lugar, ya le anticipo que es poco probable que esa operación la conduzca a resultado positivo alguno, en el sentido de que el hecho de que la programación de una asignatura cualquiera esté en lengua española, no entraña infracción de precepto legal alguno. 

En tercer lugar, quiero dejar constancia de que la amable redacción a que ha reducido sus anteriores intimaciones verbales, no disipa por entero el aire de amenaza con que fue anunciada en quéllas, con expresa mención de la acción disciplinara, aplenado a la desviación de poder, pues no es procedente la invocación de la potestad disciplinaria con finalidad 'normalizadora'. El Ordenamiento vigente aún no consiente semejante monstruosidad. 

Parece posible que ya se haya persuadido de la inviabilidad de esa acción disiciplinaria, tanto por la timidez del escrito, incongruente con su anuncio verbal, como por las declaraciones de la Sra. Consejera[1], que, en lugar de expedientes, ofrece “todas as facilidades”  pero la conciencia de la ilegitimidad de la amenaza no atenúa, obviamente, su gravedad. El hecho es que está usted utilizando su superioridad para impedir la elemental libertad de opción en un marco legal de cooficialidad de dos lenguas, como si sólo una tuviese ese carácter –con arreglo al inexacto rótulo del capítulo El gallego, lengua oficial de la Administración educativa en Galicia en el que se enmarca -y esconde- el precepto supuestamente infringido-.

En cuarto lugar, su audaz pretensión viene a alterar un estado de paz jruíridica consistente en que la Junta de Galicia mantiene formalmente vigente un reglamento manifiestamente ilegal, antiestatutario y anticonstitucional, y los profesores hacen  la programación en cualquiera de las dos lenguas cooficiales. La motivación de esa alteración de, digamos, estado poseosrio de una libertad otorgada por el constituyente, regulada por el legislador y, al parecer, meramente tolerada hasta ahora por la burocracia territorial, es ese reglamento ilegal. Y la ilegalidad, es manifiesta, es decir, perceptible por cualquiera que tenga el grado normal de discernimiento. No digamos para quien, ha alcanzado el grado y estatus correspondiente a su carrera en la administración. En tal caso, ignorar la esencia y consecuencia de dos principios fundamentales como son el de competencia y el de jerarquía normativa, es incalificable.

Pero el Código penal sí que lo califica, en el  Artículo 314.[Discriminación laboral] como delito, si por consecuencia de esa inexcusable, en realidad, increíble ignorancia, es decir, a sabiendas o con manifiesta mala fe,  se produce una grave discriminación en el empleo, público o privado, contra alguna persona ... por el uso de alguna de las lenguas oficiales dentro del Estado español, y no (se) restablece la situación de igualdad ante la ley tras requerimiento o sanción administrativa. Quienes tal hagan serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años o multa de seis a doce meses.  

En cualquier caso, conforme al Artículo 542 del mismo Código,  incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de uno a cuatro años la autoridad o el funcionario público que, a sabiendas, impida a una persona el ejercicio de otros derechos cívicos reconocidos por la Constitución y las Leyes. No le quepa duda, señor/a inspector/a, de que el uso de la lengua oficial de elección -del que la usa, obviamente- es un derecho cívico reconocido por la Constitución y las leyes.

Es maravilloso vivir en un estado de derecho, ¿no cree?

Al efecto de que por el/la Sr/a. Delegado/a se le requiere para que restablezca la igualdad retirando su requerimiento -y, sobre todo, las palabras de amenaza que lo precedieron-, le dirigimos copia de este escrito. Aunque, claro, siempre podrá el/la Sr./a. Delegado/a optar por hacerse cómplice de su actitud. Los Tribunales de justicia no se  impresionan ante las jerarquías administrativas. 

Finalmente, no tenemos inconveniente alguno en que usted traduzca la programación a los idiomas que tenga por conveniente. Ahora bien: no nos hacemos responsables del resultado. 

En espera de sus noticias reciba un cordial saludo,  

En donde sea, a tantos de enero de 2007, 

el/la/los profesor/a/es/as de ... ... ...


[1]             -Se lle dan todas as facilidades para que poida traducir a memoria. Esta é unha cuestión absolutamente menor á que se lle deu unha difusión esaxerada. No novo decreto do ensino en galego clarificaremos todo este tipo de situacións.
http://www.lavozdegalicia.es/buscavoz/ver_resultado.jsp?TEXTO=5445325&lnk=PINHON

Dos diagnósticos y un fracaso
Editorial ABC 16 Enero 2007

AYER se enfrentaron en el Congreso dos lenguajes en los que subyacen dos conceptos distintos de abordar el fin del terrorismo etarra. El del presidente Rodríguez Zapatero persiste en entender el tratamiento político de este fenómeno criminal como la mejor de las soluciones, en tanto que Mariano Rajoy defiende la derrota policial y judicial de la banda. La apuesta del presidente del Gobierno, sin embargo, se ha mostrado fracasada casi con estrépito -más claramente que en 1989 y 1998, porque ni Felipe González ni José María Aznar buscaron la tregua como lo ha hecho Zapatero-y la tesis firme y convencida del presidente del Partido Popular viene avalada por una legislatura -la anterior- en la que, al amparo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, ETA quedó demediada y su brazo político, ilegalizado.

A partir de tan distintos principios, es lógico que se produjesen lenguajes también incompatibles y, como consecuencia, un disenso irremediable que es atribuible, mírese por donde se mire, al presidente del Ejecutivo y a su Gobierno, que, sin consulta ni acuerdo con el PP, se lanzó desde hace ya meses -en realidad, años- a una aventurerismo político irresponsable que culminó en el ridículo del 29-D y en la tragedia del 30-D. El comunicado posterior de la banda terrorista ETA y los amagos de desvelar supuestos acuerdos previos alcanzados por la banda con el Gobierno añadieron al crimen el escarnio.
El resultado último -con unas manifestaciones preparadas para diluir la crisis de credibilidad del «proceso de paz»- es del todo desastroso para Rodríguez Zapatero, que no salvará los muebles por más que trate de estrechar relaciones con el PNV «de Imaz» -no es el de Ibarretxe y Egibar, que no se confunda el presidente-, cuyos planteamientos y objetivos para el País Vasco rebasan los autonómicos y cuyo diagnóstico sobre el fin de ETA está aún más lejano del PP que el del PSOE.
 Revitalizar el Pacto Antiterrorista sobre discrepancias tan de fondo, y suponiendo que es posible poner de acuerdo criterios tan enfrentados, no deja de ser una vacuidad, un recurso semántico para salir del paso y, en realidad, darlo por concluido.

El sólido discurso de Rajoy fue una dura pero necesaria réplica a la sistemática ambigüedad de Rodríguez Zapatero, a ese modo retórico y vacío de reiterar conceptos de perfiles sinuosos que pueden decir una cosa y su contraria. O se derrota a ETA o se insiste en una solución dialogada. Ésta conlleva, quiera o no el presidente del Gobierno, cesiones de orden político, que son las que la banda terrorista ha reclamado con insistencia antes y después del frustrado «alto el fuego permanente». Dialogar, en el entendimiento de los terroristas, es ceder, y la alternativa a no hacerlo en un «proceso» como el iniciado en marzo pasado es el atentado del 30 de diciembre en Barajas. En estas condiciones, la postura del PP y de Mariano Rajoy no sólo viene avalada por la eficacia, sino por la dignidad que requiere el desarrollo del régimen democrático, la defensa del Estado y de los derechos y libertades de los ciudadanos.

Por lo demás, la unidad que reclama el presidente del Gobierno -y la abstención crítica que propugna para la oposición en esta materia- más parece la imposición de una adhesión que el resultado de una estrategia compartida. No la hay y está lejos de haberla. Ayer quedó claro, como claro ha quedado el fracaso del «proceso de paz» y la imposibilidad de rehabilitarlo. La esperanza sigue estando hoy donde estuvo en 2002: en el pacto de las fuerzas políticas democráticas para derrotar a ETA, y para hacerlo con la Policía y los jueces, bajo el imperio de la ley. Como ayer propugnó Rajoy en el Parlamento nacional.

Una marcha triunfal: Zapatero y ETA
POR MIKEL BUESA ABC 16 Enero 2007

YA lo sabemos. Creer, un día antes del atentado de Barajas, que los españoles estábamos mejor que hace un año y que, dentro de otro, esa mejoría sería aún mayor, fue un error, el único error cometido por Rodríguez Zapatero con relación a la cuestión del terrorismo nacionalista vasco a lo largo de su mandato.

No podía ser menos, pero sí más. El presidente se enfrentó el 30 de diciembre a la cruel evidencia de que su euforia carecía de cualquier fundamento; pero después, pasadas dos largas semanas desde aquel acontecimiento, ha sido incapaz de extraer de él sus lecciones.

La máquina trituradora de la propaganda ha convertido el fruto de la destrucción en un polvo gris donde nada es reconocible, del que nada puede aprenderse, porque aparentemente nada ha sucedido. Y así, el líder, el timonel iluminado que nos reclama nuestra confianza en él, puede reemprender su marcha triunfal.

Era previsible. Primero fueron las frases evasivas de significado difuso; luego el silencio. ¿Implicaría el atentado la ruptura de cualquier relación entre el Gobierno y ETA? Ahora sabemos que ETA puso fin al «proceso de paz» y rompió el «diálogo». Pero no sabemos si Rodríguez Zapatero ha renunciado a cualquier pretensión negociadora con ETA. Mientras tanto, en una ceremonia de confusión destinada a eliminar cualquier atisbo de crítica y deslegitimar a quienes la ejercemos, se iba preparando la transferencia de la responsabilidad del fracaso de la política antiterrorista a los oponentes del Gobierno. No otro sentido tuvo la llamada del presidente a Mariano Rajoy para que acudiera al Palacio de la Moncloa e, inmediatamente, con cargo a la vicepresidenta, lanzar un libelo que le atribuía la imposibilidad de llegar a un acuerdo con ETA y, con ello, de lograr el final del terrorismo. Y lo mismo cabe decir del montaje de unas manifestaciones en Bilbao y Madrid en las que, con el énfasis puesto en los conceptos de «diálogo» y de «paz», se avaló el horizonte conceptual de la política sostenida por Rodríguez Zapatero y se excluyó a la mayoría social a la que, en España, le repugna la negociación con ETA de sus reclamaciones políticas y de impunidad frente a los tribunales de justicia.

El debate celebrado ayer en el Congreso de los Diputados ha puesto el colofón a todo esto. El presidente ha repetido de nuevo que él tenía legitimidad para intentar una vez más el «final dialogado de la violencia» con la única justificación política de que otros presidentes también lo hicieron, aunque tales empeños resultaron frustrados. Curiosa justificación ésta que apela a la experiencia del fracaso para sostener la idoneidad de una política. Aún más, nos ha dicho que considera compatibles la lucha policial contra ETA y el mantenimiento de conversaciones con ella, como si no fuera una regularidad empírica, constatada en España y en los demás países que afrontan un problema de terrorismo, que el segundo de esos elementos resta efectividad al primero. Y así ha ocurrido con su «proceso de paz», de modo que, dentro de la actual legislatura, si con anterioridad a la resolución de mayo de 2005 que lo avaló, la policía española practicó casi ocho detenciones mensuales de terroristas encuadrados en ETA, después de ella la media se ha reducido a menos de dos arrestos por mes.

Rodríguez Zapatero también ha afirmado que, en todo su mandato, se ha mantenido plenamente en vigor la política antiterrorista que se diseñó a raíz de la firma del Pacto por las Libertades, que nada ha cambiado y que, en su relación con ETA, se ha limitado a cumplir escrupulosamente el mandato aprobado por el Congreso de los Diputados en mayo de 2005.
Miente o se autoengaña. O ambas cosas a la vez. En su marcha triunfal no cabe el menor resquicio de autocrítica en esa materia: todo lo hecho con respecto a ETA, no sólo es lo correcto sino que también está amparado en los acuerdos de Estado. De nada vale recordarle que, por ejemplo, esos acuerdos propugnaban el diagnóstico común entre los dos partidos que los suscribieron; que dentro de ellos de ningún modo se avala su política de marginación de las víctimas del terrorismo; que en su seno no cabe ningún intento de insuflar un aliento político a Batasuna para que, una vez lograda, acabe siendo el actor estelar de la «paz».

Y de nada vale tampoco señalarle los datos que hacen meridiana la falsedad de su pretensión de que, en los nueve últimos meses, ha desarrollado la relación con ETA en ausencia de violencia: seis oleadas de cartas de extorsión a empresarios vascos y navarros; recaudación bajo coacción de «donativos para los presos» entre los comerciantes; desobediencia civil plasmada en nuevas campañas de emisión del «DNI vasco»; doscientos cincuenta y nueve atentados de terrorismo callejero con al menos diez víctimas heridas y con unos daños cercanos a los dos millones y medio de euros; robo de armas, explosivos, vehículos, placas de matrícula y material para la falsificación de documentos; y presos que, ante los tribunales, han alardeado de su militancia en ETA y han proferido todo tipo de amenazas e insultos a los magistrados de la Audiencia Nacional.

El presidente del Gobierno no ha querido tampoco aclarar ningún aspecto del diálogo sostenido con ETA. Mientras esta organización terrorista hacía pública en Gara la existencia de reuniones antes y después de la declaración de «alto el fuego» y afirmaba haber suscrito compromisos referentes a un eventual «reconocimiento de Euskal Herria» por el Estado, al «respeto a las decisiones de los ciudadanos vascos» sin que éstas se sometan a ningún límite jurídico, al establecimiento negociado de un futuro común para el País Vasco y Navarra, y a que no se practicarán detenciones, Rodríguez Zapatero se ha limitado a no darse por aludido, despreciando el interés que la mayoría de los ciudadanos tenemos en saber la verdad sobre estos asuntos.

Por tanto, resumamos: ETA ha roto el «diálogo» y el Gobierno dice que no tiene ninguna responsabilidad política en ello. Todo lo realizado en los últimos meses ha sido acertado. No hay resquicio para la menor crítica. Y si las cosas no han ido como cabía esperar de una política basada en las «inmensas ansias de paz» de los españoles, con su presidente a la cabeza, ello sin duda hay que achacarlo a la presión ejercida por el PP y sus corifeos.

Este es el mensaje que nos ha transmitido Rodríguez Zapatero; y por ello reclama ahora, para seguir su marcha triunfal en pos de la «paz definitiva», de un final para el terrorismo, la unidad con los partidos políticos que le han dado y le dan la razón a ETA, y que tratan de obtener algún rédito de su historia de tragedia y destrucción.

El escritor libanés Amin Maaluf, indagando en sus Orígenes, observó que «la Historia se equivoca con frecuencia» y que es la cobardía de los hombres la que «lleva a explicar doctamente por qué fueron atinadas sus decisiones, por qué fue inevitable lo sucedido y por qué nuestros nobles sueños merecían irse al infierno».

Confiemos en que todavía quede un rastro de lucidez y estemos a tiempo de evitar el desastre que, súbita y sorpresivamente, acabará por arrebatarnos.
MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

Debate en el Congreso
Un presidente consumido y acabado
Ignacio Villa Libertad Digital 16 Enero 2007

El pleno extraordinario del Congreso sobre la política antiterrorista del Gobierno ha servido para dejar claras muchas cosas. La primera de ellas, que estamos ante un presidente del Gobierno acabado políticamente, consumido en su propio fuego. Hemos visto pasear por el hemiciclo a un Rodríguez Zapatero hundido, nervioso, enfadado, desaforado y desconcertado. Cuando Rajoy ha expresado la imposibilidad de creer en su palabra, no ha hecho más que constatar que ya nadie cree en sus fábulas.

Cierto es que Zapatero ha iniciado su intervención reconociendo el error de mostrarse tan entusiasmado el día 29 de diciembre, en esa rueda de prensa patética, el día anterior al atentado de Barajas. Pero el presidente del Gobierno ha utilizado la excusa de haber pedido disculpas por algo más o menos accesorio para volver inmediatamente a las andadas en lo sustancial. Ha anunciado la disolución del pacto antiterrorista y la convocatoria de un nuevo "consenso de unidad". Y es que el presidente, no contento con destruir el concepto de "paz" abusando de él durante meses, ahora ha decidido que le toca el turno al de "unidad". Durante meses ha utilizado la paz como el perfecto telón tras el que ocultar el proceso de rendición del Gobierno. Agotada ésta, le toca el turno a la unidad, nuevo bálsamo de Fierabrás con el que Zapatero pretende aliviar ahora sus problemas con la Constitución y el Estado de Derecho.

El presidente ha confirmado en este debate que su legislatura está acabada. El Gobierno carece de capacidad de reacción, como si fuera un boxeador sonado. Sus intentos de golpear a su contrincante carecen de la fuerza de antaño, y ya ni los subvencionados titiriteros y sindicalistas pueden solucionarle la papeleta. No le queda ya margen para rectificar su estrategia; su única salida es tirar la toalla y convocar elecciones. Zapatero ha tocado fondo y no tiene donde agarrarse. Ha confiado tanto en su buena estrella que el batacazo ha sido de los que hacen época.

El debate ha sido tenso, muy tenso. La brillante intervención de Mariano Rajoy ha dejado a Zapatero con sus errores al descubierto. El presidente, nervioso y gritón, ha sido incapaz de elaborar un discurso mínimamente sólido. Dijo que va a liquidar el pacto por las libertades y que pretende fabricar un falso consenso sin el PP, pero en ningún momento enunció en qué puntos concretos piensa basar su lucha antiterrorista. Una vez más, no hemos escuchado al presidente del Gobierno hablar de la derrota de ETA. No hace falta más para saber por dónde van los tiros.

Zapatero en el Congreso
Al otro lado del espejo
Cristina Losada Libertad Digital 16 Enero 2007

Pareto recomendó a los políticos que, en lugar de dedicar vanos esfuerzos a destruir los sentimientos, sacaran partido de ellos. Es lo que han hecho todos los grandes demagogos, incluidos los más destructivos y totalitarios dictadores. El pequeño demagogo, sin embargo, se encuentra preso. Primero, de sus propios pequeños sentimientos. Se ve ante el espejo y no puede reconocer su responsabilidad, de modo que trata de repartirla. Así, Zapatero se escuda en que él sólo ha hecho lo mismo, lo mismito, que hicieron todos los presidentes anteriores, y ello a pesar de que ninguno abrió un chiringuito llamado "proceso de paz", ni desarmó política, judicial y policialmente al Estado como él lo hizo. Refugiado en la falaz interpretación de lo que hicieron sus antecesores, se reafirma en el error de su enfoque y en la negativa a aprender de la experiencia. Dice que sólo hizo "lo que pedía la inmensa mayoría de los españoles". Toma responsabilidad.

Por lo mismo, o sea, por la ausencia de tal cosa, se ha echado todas las flores que ha podido. Su tarea, ha dicho, era difícil y, sobre todo, noble, tan noble, que parece mentira que le hayan obligado a comparecer para explicar algo, y oiga, tomen nota, please, de que por primera vez acude un presidente al parlamento después de un atentado terrorista. Le ha faltado llevar el chapeau para quitárselo en honor de sí mismo. Ha esbozado ZP un resumen de su trayectoria como líder de la oposición, cuando apoyaba al gobierno siempre, siempre, después de un acto de terror. Y es que a más de humilde, el hombre es bondadoso, pero olvidadizo. Ha hecho el lapsus su acostumbrada aparición y el 11-M, como si no hubiera existido. El gran apoyo que dieron entonces los dirigentes socialistas al gobierno consistiría en acusarle de mentir y en alentar el cerco de las sedes. Un día antes de la elección que lo encumbró. Natural que Winston Smith se lo borre con típex.

En cambio, lo que no quiere borrar es que fue él, sí, él mismo, y a Redondo Terreros que le den, quien propuso "personalmente" el pacto antiterrorista. Ha pedido expresamente a los españoles que recuerden su protagonismo. Podría erigirse, para ese fin, un monumento al doble juego. El que se traía mientras lo proponía y lo firmaba. Claro que si en tanta estima se tiene por la gestación del pacto, lo lógico era que proclamara que sus principios vuelven a estar vigentes, tras percatarse del error de haberlos conculcado uno a uno. Pero no ha dicho ni ha querido decir tal cosa. El fracaso estrepitoso y mortal de su aventura no le conduce a rectificar, sino a desviar la atención del objetivo, combatir a ETA, al procedimiento: la unidad de todos los partidos. En suma, a levantar, frente al espejismo de la paz destrozado por ETA, el embeleco de la unidad. Pues si ZP quiere montarse un pacto con los que de ninguna manera desean el acoso judicial, policial y político de ETA es porque no tiene ninguna intención de hacerlo.

La unidad de todos, contra lo que dice el sentimental lugar común, no es imprescindible para luchar contra el terrorismo. Basta la voluntad del Gobierno. Sin embargo, para negociar políticamente con los terroristas sí resulta necesaria, para que nadie denuncie la componenda. ZP sólo reconoce un error. El más leve. Haber declarado el día 29 que "el camino hacia el fin de la violencia" estaba y seguiría estando en el mapa del País de las Maravillas. Pero sigue mirándose al espejo y piensa en cómo regresar al otro lado. Cree ahora que podrá hacerlo de la mano de los grandes recolectores de nueces. De todo lo cual se deduce que el pequeño demagogo, o se cree sus propias paparruchas, o se encuentra preso no sólo de su vanidad, sino también de sus compromisos.

Los recolectores del PNV y la continuidad del "proceso"
EDITORIAL Libertad Digital 16 Enero 2007

Zapatero tenía –siempre ha tenido– dos opciones: romper con las formaciones separatistas y recuperar la firmeza contra el terror y la lealtad a la Constitución del Acuerdo por las Libertades, o proseguir su alianza estratégica con los separatistas de Estella en un frente anti-PP que haga recuperar la confianza de ETA en los inconcretos compromisos socialistas de cambiar el marco jurídico-político del País Vasco.

Si de algo ha servido la, por lo demás, vaporosa e hipócrita intervención de Zapatero en el Congreso ha sido precisamente la de dejar claro a todos los que le oyen –incluida ETA– que, bajo ningún concepto, el Gobierno del 14-M va a retomar la unidad constitucionalista con el PP frente a los separatistas.

Lo único que cabe reprochar a la brillante y tranquilizadora intervención de Rajoy, es que siga dejando que sea Zapatero quien fije el criterio de qué es y qué no es un "precio político por la paz", tal y como el líder del PP hace cada vez que insta al presidente del Gobierno a que se comprometa a que no va a pagarlo.

Rajoy ha preguntado insistentemente qué política antiterrorista va a llevar a cabo el Gobierno del 14-M a partir de ahora. No cabe duda de que será la misma senda de cesión que Zapatero ha denominado –y volverá a denominar– como "proceso de paz" y que ahora encubre –en el colmo de la desfachatez– como "nuevo pacto antiterrorista". Y ese "nuevo pacto antiterrorista", como el "proceso de paz", no es ni ha sido nunca otro que "el precio político" de Zapatero por una falsa paz electoral: a saber, el de sumarse a los partidos separatistas vascos que, con el PNV a la cabeza, acordaron con ETA el Pacto de Estella; los mismos partidos que posteriormente impulsaron el Plan Ibarretxe, los mismos que, más que nunca, siguen sin renunciar a las "nueces" soberanistas del "final dialogado de la violencia".

La infamia no deja de serlo porque consista en un juego de explosivas o claudicantes expectativas. Zapatero tiene que recuperar la confianza de ETA y convencer a los terroristas de que el gobierno no va a permitir que el "proceso se pudra". Hace seis meses pedimos que nadie se olvidara "de los recolectores del PNV". Si el PNV iba a ser imprescindible para cualquier avance soberanista en el marco jurídico-político del País Vasco, tanto más necesarios son ahora cuando, tras la "advertencia" y el "accidente" de Barajas, más hay que convencer a ETA de que el Gobierno del 14-M se va a poner manos a la obra, "con más firmeza y determinación que nunca".

ZP y ETA
Arúspices de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 16 Enero 2007

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha adelantado que Zapatero expondrá ante el Congreso una tesis en la que "no habrá ni un solo extremo que no pueda ser avalado y apoyado por cualquier demócrata, por cualquier ciudadano y por cualquier partido político que de verdad quiera poner fin a la barbarie y la sinrazón de la violencia". "Mañana es la oportunidad para que el primer partido de la oposición deje ya de dividir y empiece a sumar", ha sentenciado la "número dos" del Ejecutivo. Si alguien tiene todavía dudas sobre el objetivo último de la política de Zapatero antes, durante y después del 30-D es porque quiere.

El atentado de ETA en la T-4 en Barajas es un borrón, un lapsus, un trágico accidente. Quien de verdad divide y es un peligro para la paz de los españoles es el Partido Popular. Acabáramos. Ya no hay vuelta atrás. La vicepresidenta, ausente como Zapatero tras los dos asesinatos de la banda terrorista, se ha convertido en arúspice involuntario de la reacción del presidente. Y si la vicevogue no necesita de las entrañas de ningún animal para aventurar lo que nos depara el futuro con su jefe monclovita, los españoles no adeptos al régimen tampoco.

Ahora bien, atentos a la jugada porque vamos a más. Hasta el 30-D, Perpiñán, es decir, el acorralamiento al PP y a sus más de diez millones de votantes era un juego de niños. A partir del 13-E, a pesar del eximio éxito de la manifestación según las previsiones del Poder y las fibras mediáticas tocadas, el Gobierno necesita de la provocación permanente a la derecha para que ésta se autodescalifique, cayendo en la trampa. El Ejecutivo y su claque mediática y titiritera van a buscar la reacción. Quieren que se pase a palabras mayores.

Zapatero, usufructuario de la estrategia de los 25 años de Paz de Franco, patrocinador del mayor sectarismo mortuorio jamás pensado en democracia, arropado por los tramoyistas de la subvención, sindicalistas de la nada, furibundos independentistas y carroñeros del totalitarismo de izquierdas, va a por todas. Todo se juega el 28-M, con la conquista de los ayuntamientos por los blanqueados etarras y Navarra, el eslabón vendido. La oportunidad aventurada por la hechicera de la Vega, nadie lo duda, es para la ETA.

Negociación con ETA
El PP y la manifestación del sábado
José Vilas Nogueira Libertad Digital 16 Enero 2007

Los portavoces del Gobierno del PSOE y de los partidos asociados han criticado la ausencia del Partido Popular en la manifestación antiterrorista celebrada en Madrid ayer, día 13. Las críticas han sido particularmente duras en el caso de las "gentes de la cultura", corifeos de la opinión frentepopulista.

No otra cosa cabía esperar. Estúpido es asombrarse de que los niños en Francia sepan hablar francés. Pero también ha habido analistas independientes que han considerado un grave error la no concurrencia del PP. Los principales argumentos aducidos son dos: 1) la lucha contra el terrorismo es una cuestión de Estado, y estas cuestiones deben ser afrontado unitariamente: "es precisa la unidad de los demócratas contra el terrorismo"; 2) la inasistencia sitúa al PP en una posición extremista, alienándole el apoyo de la opinión moderada y perjudicando sus expectativas electorales.

Cabe oponer: 1) que no todos los partidos que solemos llamar "demócratas" se comportan como tales (incluso relajando mucho la categoría); 2) que una "unidad" fruto de un diktat del Gobierno difícilmente puede ser considerada mejor que la divergencia asentada en principios democráticos. Los propios corifeos frentepopulistas nos lo recuerdan: insultan al PP por no sumarse a su iniciativa, pero también insultan a Bush por no desistir de la suya (léase cum grano salis, pues ni Zapatero tiene nada en común con Bush, ni el partido demócrata norteamericano con el frentepopulismo español).

Resta la cuestión del eventual perjuicio electoral. A corto plazo es posible que se dé, aunque no parece probable que sumarse a la operación demagógica de "salvar al soldado Zapatero" tuviese mejor resultado. Pero, aparte de que en cuestiones tan graves como las que amenazan a España, las consideraciones electorales no deben sobreponerse a los principios, para alcanzar un correcto juicio sobre el acierto de la decisión la manifestación ha de situarse en el contexto de la política antiterrorista del Gobierno. Al margen de la constante remisión al mirífico "diálogo", nada sabemos sobre esa política. Los pronunciamientos de Zapatero son una historia interminable de vaciedades, declaraciones y actuaciones contradictorias y lapsus linguae (el gran demagogo es un puro lapsus).

Caben tres interpretaciones, todas malas y alguna peor. La primera, que Zapatero es un pobre hombre egotista, que se ha propuesto pasar a la historia. Su elección como secretario general del PSOE, contra todo pronóstico y a partir de una trayectoria política irrelevante; su elección como presidente del Gobierno, contra todo pronóstico y gracias a los trágicos atentados de Atocha, lo convencieron de estar favorecido con la baraka. Cualquier empresa sería accesible al "presidente por accidente", y cuál más gloriosa y rentable electoralmente que la "pacificación" del País Vasco.

Pero la falta de una explicación convincente de los atentados de Atocha, la revelación de las irregularidades y chapuzas policiales, la mediocre actuación del juez y la menos que mediocre de la Fiscal en la instrucción de la causa, alimentan otra interpretación: algo habría pasado en la preparación del atentado que permitiría a los matarifes de la ETA chantajear al gran demagogo. La "pacificación" del País Vasco sería el precio del chantaje.

Queda la última interpretación, la peor y la que parece más acertada. La "pacificación" del País Vasco viene impuesta por el designio de liquidar el régimen constitucional y "ganar la guerra" setenta años después. Ciertamente el Partido Popular no es franquista, pero el designio frentepopulista exige que lo sea (tampoco el Frente Popular republicano nació frente al fascismo, que a la sazón carecía de relevancia; nació contra el orden republicano; el "fascismo" vino después, como consecuencia, y no causa, del Frente Popular). El "Pacto Antiterrorista" es sólo un papelito, dijo la vicedemagoga; los papelazos son el Pacto del Tinell y el Pacto de Estella.

Si las cosas son así, y así parecen, la asistencia del PP a la manifestación del día 13 las habría agravado, no aliviado.

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

Desde la cofa
Cordón sanitario
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 16 Enero 2007

Zapatero tiene un proyecto político para España. Consiste, sencillamente, en la destransición, esto es, en desandar lo recorrido desde la muerte de Franco hasta la llegada del PSOE al poder. La transición creó nuestra democracia "de la ley a la ley", sobre el frágil cimiento de unos pocos consensos básicos que nos permitirían reengancharnos con la Historia y dejar la Guerra Civil para los historiadores.

El más importante de esos consensos es el principio de que todos tienen derecho a la participación democrática en el poder, y como muestra máxima de aquél espíritu podemos recordar la presentación de Santiago Carrillo en Madrid por parte de Manuel Fraga. El PSOE, que en cuanto ha tenido ocasión histórica de demostrarlo, ha conspirado contra la democracia, se opuso. Quería la "ruptura" y decidir las reglas de juego como si acabara de empezar. Los españoles rechazaron abrumadoramente la ruptura y el PSOE se vio forzado a aceptar, a regañadientes, la transición.

No les ha ido mal, pero cuando el PP ganó por mayoría absoluta en 2000 tuvieron claro que esta democracia no les vale. Eligieron (por poco) a un iluminado que, una vez en el poder, se ha lanzado a romper uno por uno todos los consensos políticos con que se tejió el acuerdo de 1978. El territorial, con el Estatuto de Cataluña. El del terrorismo, buscando un pacto con la ETA. El histórico, enlazando nuestra democracia con la Segunda República. Y, al fin, el político, queriendo dejar al Partido Popular al margen del sistema. Todo está relacionado. Saben que el PP no puede estar ni en la quiebra de la unidad nacional, ni pactando con los terroristas. Y la vuelta a un feroz guerracivilismo sirve para nublar el juicio de la gente con orwellianas sesiones de odio dedicadas a "la derecha" (el PP).

No faltan lo que los cursis llaman "gentes de la cultura": gente ingeniosa, pero que no aportan nada, aparte de hacer gestos frente a una cámara y extender la mano ante el dinero público; el suyo, lector. Por razones que se me escapan, lo reconozco, tienen influencia en el ciudadano medio (con cuya vida nada tienen que ver y que en el fondo desprecian violentamente). Este fin de semana han representado su último papel. Bien cobrado, eso sí, que a éstos no hay quien los mueva si no es a paladas... de dinero. Y lo han hecho cerrando el discurso de la destransición; dejándolo en su desnuda y brutal sencillez: el PP sobra.

Federico Luppi dice de la posición del PP que "excede hoy el marco ideológico y se ha convertido en un ejercicio de perfidia, mediocridad y bajeza política". Es decir, que no juegan dentro de lo permitido: "la oposición no existe, sino que es puro obstruccionismo". Sigue diciendo que "nos va la vida en crear un cordón sanitario para evitar que esta derecha cerril y casi gótica se adueñe del pensamiento español. Se trata de evitar que España se rompa". Si "la derecha" ya está "fuera del marco", sólo habrá que formalizar la situación. Han empezado por negarle (¡ellos!, ¡qué risa!) el carné de demócratas y la legitimidad para volver al poder. Hasta dónde piensan llegar es aún una incógnita. Nos quedan nueve meses (en lo que calculo que habrá nuevas elecciones) para despejarla.

ETA
Fe en la victoria
Ignacio Cosidó Libertad Digital 16 Enero 2007

Nada hay más urgente ni más importante en la lucha contra el terror que recuperar la fe en la victoria de la sociedad democrática. Frente al desconcierto en el que se encuentra sumida buena parte de la sociedad española tras el estrepitoso fracaso del proceso de negociación abierto por Rodriguez Zapatero con los asesinos, resulta imprescindible decirle al conjunto de los españoles que la derrota de los terroristas no sólo es posible, sino inevitable.

Tenemos que volver a creer que podemos derrotar a ETA sin tener que pagar un precio por su desaparición. Aún más, tenemos que recobrar la determinación de hacerlo. Para ello es imprescindible contar con un liderazgo político fuerte, con la plena unidad de los grandes partidos democráticos, con unas leyes que cercenen todo espacio de impunidad a los terroristas, con la eficacia de unas fuerzas de seguridad que golpeen de forma constante toda la estructura criminal de los terroristas y con un poder judicial implacable en la aplicación de la Ley.

Tenemos que volver a situar a las victimas en la vanguardia de la lucha contra el terror. No podemos volver a esconderlas como testigos de una enfermedad social que nos de vergüenza reconocer. No podemos volver a enterrarlas en la semiclandestinidad para dejarlas después en un absoluto olvido público y administrativo. Por el contrario, es imprescindible retomar de las victimas su fortaleza y su dignidad para hacernos invencibles en la batalla contra el terror.

Tenemos que volver a la calle después de cada atentado. Hacerlo todos juntos, codo con codo, con las victimas del terror situadas en primera línea, compartiendo la misma ambición democrática por alcanzar el triunfo de la libertad, para gritar de forma unánime nuestra repulsa contra los asesinos y para reafirmar nuestra fe en los principios que sustentan nuestra convivencia.

Hoy puede haber algunos que hayan perdido esta fe en la victoria. El liderazgo fuerte del Gobierno en la lucha contra ETA se ha convertido en un discurso blando, ambiguo, plagado de lapsus que plantea el diálogo y la negociación como las únicas vías para poder acabar algún día con el terrorismo. La unidad de los grandes partidos democráticos, formalizada en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, ha dado paso a una profunda y radical división entre quiénes buscan pactar con ETA y quienes deseamos derrotarla. La estricta legislación vigente en contra del terrorismo se aplica en función de las circunstancias, como abiertamente ha reconocido el Fiscal General del Estado. Incluso el número de detenciones de etarras parecen haber disminuido en los últimos tiempos.

Pero nada de eso puede torcer nuestra voluntad y nuestra fe democrática para acabar con el terror. Porque frente a la falta de liderazgo del Gobierno está la posibilidad de una alternativa que mantiene la derrota de los terroristas como la máxima prioridad de su programa político. Frente a la confrontación interesada que algunos tratan de imponer persiste una mayoría de españoles que reclaman la vuelta a la unidad de los partidos democráticos para alcanzar la derrota definitiva del terror. El Estado de Derecho ha dado muestras de mantener su independencia y su fortaleza por encima de cualquier presión política. Las Fuerzas de Seguridad tienen la inteligencia y la capacidad para seguir acorralando y capturando a los asesinos. Las victimas del terrorismo no se han doblegado a pesar de todos los intentos por desactivarlas y dividirlas. Podemos vencer y vamos a vencer.

[1] Ignacio Cosidó es senador del PP por Palencia.

Mientras tanto en la caverna etarra
POR VALENTÍ PUIG ABC 16 Enero 2007

AL aparecer en el «Diario de sesiones» el debate parlamentario de ayer, la nueva ETA no estará pensando en cómo autodisolverse y entregar las armas, sino en cómo sobrevivir imponiendo sus objetivos. La ETA de «Txeroki» dispone de un cómodo periodo de reflexión en virtud de una perversa paradoja que las gentes de buena voluntad tienden a no valorar: es cuando más débil está ETA que se le tiende la mano negociadora, con lo que el terrorismo etarra no sólo respira con una buena dosis de oxígeno, sino que lo que era la confrontación debida entre un Estado y el terror se diluye en una fase sólo de apariencia terminal. Eso cambia indebidamente algunos puntos de referencia y deteriora la fuerza semántica del lenguaje antiterrorista. Habrá risotadas y chanzas en la caverna etarra. Por el contrario, como prueba en no poca medida el proceso norirlandés, no puede haber transacción alguna sin una derrota previa y explícita del terror. Gerry Adams se apalancó precisamente en una indefinición de los términos del fin del IRA, con lo que el terrorismo anduvo coleando.

Parece que los etarras de la caverna son cada vez más jóvenes en una sociedad cada vez más vieja. En las hipótesis de «Papeles de Ermua» sobre los costes de la secesión del País Vasco, tenía su buen peso la demografía. En comparación con el resto de España, en el País Vasco se cuentan actualmente menos jóvenes de 24 y un mayor número de mayores de 65. Sin inmigrantes y sin crecimiento demográfico, la economía vasca padecería profundamente los efectos de una secesión: no tan sólo iba a quedar al margen de la Unión Europea -con gran coste arancelario-, sino que vería por los suelos su capacidad asistencial de hoy por un previsible incremento del coste de las prestaciones sociales. Iba a ser un limbo sin Estado de Bienestar. Es la agenda de la caverna totalitaria para la «No-España». Un País Vasco en la «No-España» se alejaría más incluso de la Europa que envejece. Y, a más autarquía, más exilio.

Mucho ha llovido desde el Consejo Territorial del PSOE en agosto de 2003, cuando los socialistas decían que la igualdad en derechos y oportunidades debe prevalecer o manifestaban que su «oposición frontal a todo segregacionismo o pseudo-soberanismo, ya venga del PNV o de CiU, lo es por razón de principios y no de interés partidario, coyuntural o propagandístico». Ahora el PSOE y sus filiales vasca y navarra están por otra cosa, no sin sarpullidos y disidencias internas. Incluso los deslices verbales de Rodríguez Zapatero al definir la naturaleza de los atentados como accidentes trágicos contribuyen -por deprisa que sean matizados- a la contorsión semántica y a confundir a las franjas de electorado que no son unívocamente fieles al PSOE o al PP. Han sido unas semanas de vértigo, con el atentado de la Terminal-4.

Esa nueva generación etarra, incluso enfrentada a Josu Ternera, nació y creció al cien por cien en el mundo «abertzale». No tuvo otro horizonte que las «ikastolas», forjó su concepción del mundo en las sesiones ilustradas de la «herriko taberna», y sus horas de asueto fueron para la «kale borroka», según expertos como Florencio Domínguez. En realidad llevan tiempo viviendo virtualmente en una «no-España». Un centenar de veinteañeros intelectualmente romos y tremendamente suspicaces, aunque la Guardia Civil les conoce poco, andan buscando armas y renegando de la menor presunción de tregua. Son etarras hijos de etarras. Su mundo es la caverna. No tienen otro horizonte mental que la capucha y la bomba-lapa.

ETA es una de las hendiduras más macabras en la historia de la España moderna, y pocas veces como ahora había lastrado tanto el tono y la conducción de nuestra vida pública. Desde la transición democrática la sociedad no se había visto tan dividida como ahora. Un centenar de jóvenes fanáticos acosa una España próspera, activa y desacomplejada. Es algo inaudito y terrorífico. Fatiga mucho pretender rebobinar como hemos llegado a esto, pero lo que de verdad cuenta es que los nuevos y viejos etarras están ahí, en la caverna, con sus armas, dispuestos a atacar lo que sea y a la voladura de cualquier proceso de paz.           vpuig@abc.es

Obcecado y victimista
POR IGNACIO CAMACHO ABC 16 Enero 2007

PARECE el Capitán Achab de «Moby Dick»: obcecado con un designio suicida, iluminado por una obsesión fantasma, enajenado hasta la inmolación por la estela de un desvarío. El presidente ha pasado dos semanas rumiando el fracaso, zarandeado por la realidad, revolcado en un ridículo patético, y al salir de ese silencio vergonzoso ante un país que esperaba la bitácora del liderazgo, se ha encogido de hombros y ha recitado en un murmullo, como un buda sonado, el vago mantra de la pazzzzzzz, el diálogo y la unidad. O sea, lo de siempre: un firmísimo empeño de ambigüedad, una rocosa determinación de evanescencia, una gélida perseverancia de oquedades, una nube de eslóganes y tópicos que ocultan su contumaz convicción de avanzar hacia el diálogo con ETA y alejarse del pacto con el PP. Imperturbable ante el descalabro, señala un confuso horizonte de naderías y se lanza en busca de su esquiva, mortal ballena blanca. Por allí resopla.

La novedad consiste en el victimismo. Machacado hasta la impiedad por un Rajoy de mano pétrea, Zapatero se ablandó como un saco buscando quizá provocar el efecto de simpatía compasiva. Se dejó vapulear como un muñeco, a la espera de que la gente crea que el líder del PP se pasa de rosca en el castigo. Arropado por la manifestación del sábado se presentó como un Siddartha incomprendido al que ETA le pone bombas en una mejilla mientras la oposición le abofetea la otra. Él, que sólo quiere dialogar. Él, que ofrece paz y obtiene incomprensiones. Él, el arcángel zen que sólo persigue como una utopía el sueño del fin de la violencia.

Parecía un corderito flagelado. Encajaba la tunda como si estuviese forrado de betabloqueantes, sacando apenas la mano para amagar mientras el otro le zurraba con una contundencia demoledora. Rajoy era el malo, un tipo cruel que se ensañaba contra un punching ball castigándole el hígado, la mandíbula y los costados. Cuando acabó la somanta, se abrochó la americana como si fuese un monje tibetano estirándose la túnica naranja. Y volvió al mantra -ommmmmm... pazzzzzzz- sabiendo que a partir de ahí tenía ventaja. Un 55 por ciento de ventaja: el resto de la Cámara, su amalgama de aliados nacionalistas y de izquierda, dispuestos a secundarle en el empeño a cambio de compartir el poder o sus migajas.

Ésa es su elección. Una coalición del 55 por ciento para insistir en el diálogo con los terroristas en vez de una mayoría del 80 por 100 para derrotarlos. Nada que no supiéramos, nada que no esperásemos. Ninguna respuesta, ninguna aclaración, ninguna hoja de ruta definida. Victimismo barato, ambigüedad hueca y un designio cerrado para el que necesita ganar tiempo tras el fracaso de su primer proyecto. El Plan B consiste en endosarle a la oposición el descalabro del Plan A. Y el Plan C quizá contenga una evidencia desalentadora: la de que, en vez de acercarse al PP para vencer a ETA, el presidente parece decidido a dialogar con ETA para vencer al PP.

Un mundo para describir
POR IÑAKI ARTETA ABC 16 Enero 2007

Recojo de Imre Kertész un pensamiento muy apropiado para este momento: «A la gente no le interesa tanto cómo describir este mundo, sino cómo vivir en él».

Vivir en esta sociedad cruzada por el terrorismo fanático resulta complicado para quien quiera tomarse la molestia de describirla.

El panorama de una sociedad que combina la tolerancia de cierto nacionalismo radical con unas ansias de paz, perdón, de que la dejen en paz, es desolador.

Por la profesión o el oficio que he elegido, mi propensión es tanto a acercarme a la realidad como a imaginar. Y puedo asegurar que no sólo no es contradictorio ser realista con imaginar, sino que son ejercicios que se complementan.
Cuando me he acercado a la realidad con una cámara me he encontrado ante centenares de personas que han sufrido brutalmente por el terrorismo y tanto o más por el abandono de todos nosotros. Ignorados, incluso, por los de mi profesión, por los que a través del cine deberían contar las cosas que pasan.

Y cuando me propongo imaginar lo hago acerca de a dónde nos conduce todo esto que he visto, que vemos todos, el horror que crea el fanatismo y la indiferencia con que se le responde.

Imagino a dónde nos conduce el uso ya absurdo de palabras pervertidas (negociación, paz, procesos, reconciliación), el resultado de cualquier negociación que obligue a compartir acera con asesinos no arrepentidos, el poder continuado de gobernantes sectarios, una sociedad incapaz de distinguir entre paz y justicia...

No debería interesarnos tanto vivir en este mundo como imaginarlo y describirlo, aunque el resultado de tal cometido sea el retrato de una sociedad enferma y rechazable.

La derrota parlamentaria de ‘Bambi’
Lorenzo Contreras Estrella Digital 16 Enero 2007

A la vista del desarrollo del debate parlamentario provocado por la comparecencia de Zapatero en el Congreso de los Diputados para abordar la situación creada en torno al regreso de ETA a la violencia terrorista, la conclusión más elemental es que el presidente del Gobierno ha sufrido una importante derrota política. Zapatero no tuvo más remedio que reconocer su error o sus errores en esta trágica historia de la relación con ETA, contactos que no ha reconocido como tales salvo en sus aspectos anecdóticos o en sus incidencias espectaculares, pero nunca en su trazado de fondo o en su planteamiento fundamental. No ha definido su línea política futura, salvo en lo que afecta a su buena voluntad y su firmeza de propósito para luchar contra el terrorismo. Obviedad tras obviedad, el jefe del Ejecutivo se mostró en todo momento a la defensiva frente a un Rajoy crecido por la evidencia de que su rival político exhibía la imagen del derrotado que pide clemencia a sus adversarios. El fracaso de sus “diálogos” con la banda terrorista le obligó a ocultar lo que ayer mismo pregonaba el diario proetarra Gara a todo “trapo” en su primera página: que el Gobierno y ETA “celebraron varias reuniones oficiales desde marzo”, reuniones “amparadas por gobiernos de diferentes países europeos, contando con la presencia de un conocido centro internacional en funciones de notaría”. Ahí queda eso. A ver quién lo descifra en su auténtica magnitud.

Zapatero se refugió en la consabida promesa de que en las negociaciones con la banda no ha habido precio político ni en el futuro podrá haberlo. En todo momento apeló a la necesidad de la unidad de todos los grupos democráticos para derrotar al terrorismo, y mostró desde su escaño, cuando más arreciaba el ataque de Rajoy, una cara de chico desvalido que podía invitar a la compasión. Nunca ‘Bambi’ estuvo más a la altura de ‘Bambi’.

Mariano Rajoy estuvo implacable en sus intervenciones, acosando a su rival parlamentario, cuya cara de víctima era todo un poema. En su actitud defensiva ZP se refugió en la “protección” dialéctica de los nacionalistas, sobre todo del catalán Duran i Lleida y el vasco Erkoreka. Aprovechando un comentario de este último, el presidente del Gobierno hizo referencia a la necesidad de la discreción cuando de negociar sobre la paz se trata. En este sentido dijo que “hablar poco ayuda mucho y hablar mucho ayuda poco”.

Pero a Rajoy no le convencían estas argucias verbales. Dijo, por ejemplo, que la trayectoria de Zapatero había sido la historia de un fracaso que no se quiere reconocer, y que la confesión eventual de un error hace que ese error sea mayor si no se le corrige. Criticó el intento zapaterista de una “nueva transición” política en la que ETA tendría entrada para un absurdo ensayo de liquidación del llamado conflicto.

Una y otra vez el líder del PP requirió datos sobre lo que el Gobierno pretenda emprender en el futuro. En uno de sus sarcasmos manifestó que “los hechos son tan testarudos que hasta debajo de las mantas hacen bulto”. En otro momento reprochó a Zapatero “una jactancia que le invita a tocar el violón mientras cabalga sobre un tigre”. Las preguntas de Rajoy se encadenaban contra el presidente: “¿De qué vale su capacidad de análisis? ¿Dónde está su prudencia?”. No faltaban críticas tan ácidas como las siguientes: “Usted no da la talla”. O “a usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos”.

Zapatero replicaba como un alumno sorprendido en falta: “Yo he reconocido mi error del día 29” (referencia al prometedor futuro de España en la víspera del atentado de Barajas). Pero el implacable Rajoy no cejaba en sus ataques: “Usted hizo el ridículo los días 30 y 31 de diciembre. Apoyarle a usted es un suicidio en la lucha contra el terrorismo”.

Éste fue el tono general de uno de los debates más duros que se recuerdan en esta democracia. Zapatero replicaba a Rajoy: “Usted coloca el futuro de su partido por encima del interés de España”. Y Rajoy le acusaba: “Nunca diré que Otegi es un hombre de paz”. ZP abogaba por sí mismo: “Yo propuse el Pacto Antiterrorista”. Y el líder del PP ironizaba: “Y yo le apoyo para que cumpla lo que prometió”.

En esta misma dirección argumental, Rajoy se atrevió a profetizarle a ZP: “Al final, su único aliado fiable seré yo”. No podía aspirar el dirigente del PP a que su rival político le agradeciese esta predicción. Ni lo pretendía. Uno de sus últimos sarcasmos fue éste: “Nosotros peleamos por los ‘papelitos’ que usted firmó”. Que se sepa, María Teresa Fernández de la Vega no movió una ceja.

Un pleno porticado por ETA
José Javaloyes Estrella Digital 16 Enero 2007

El comunicado de ETA que por la mañana publicaba el diario Gara venía a porticar el Pleno del Congreso que se celebraba por la tarde, para la comparecencia del presidente del Gobierno por el atentado en la T-4 de Barajas, con el que ETA rompía el alto el fuego, aunque para José Luis Rodríguez, en su primera declaración, ello no rompía sino que sólo suspendía el “proceso de paz”.

Acogiéndonos al mismo derecho que el susodicho recabó para el diálogo negociador, de escuchar lo que dicen los terroristas, atribuyéndoles la misma validez, debe reconocerse que el contenido del comunicado de Gara nos pone a los ciudadanos los pelos como escarpias.

Tanto da que pacto, como el órgano etarra recoge, o como hipótesis de trabajo, la idea de sacrificar la Constitución al buen fin del proceso negociador es una idea no sólo inaceptable sino que, en principio, cabría entenderla, de no ser una segunda bomba etarra, algo así como delito en grado de tentativa, de una parte, y de delito consumado, de perjurio presidencial, por haber jurado o prometido en su día cumplir y hacer cumplir la Constitución. Pero está claro que los terroristas mienten porque no son unos caballeros ni, tampoco, interlocutores honorables.

Quienes el sábado se manifestaron en España no cabía utilizarlos como aval para la política del Gobierno que la había convocado, a través de los sindicatos, apoyándola además con todos sus medios y recursos. Esa política, de diálogo con ETA, no descartada expresamente por el presidente del Gobierno en el Pleno de ayer, sigue siendo la misma que oficialmente era en el momento del atentado.

En lo que a la intervención del presidente del Partido Popular, lo principal de su intervención se resume en cuatro de sus palabras, aquellas que el presidente del Consejo pidió precisamente que Mariano Rajoy retirara. Eso de que ETA pone una bomba mientras se negocia con ella —como ha ocurrido—, y “si no la pone es que se ha cedido”.

En ello se sintetiza el fondo del debate entre uno y otro. Si el presidente del Gobierno hubiera aceptado sin más esas palabras del líder de la oposición a la política con el terrorismo que hace esta Moncloa, es que aceptaba tácitamente que el “proceso” es recuperable. Y si el presidente del Partido Popular hubiera retirado lo dicho, es que no se oponía a que el Gobierno, antes o después, reanude sus tratos con la banda terrorista; postura que hubiera llevado implícita la renuncia del Partido Popular a su postura de que se vuelva al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

La demanda de Rodríguez para que el Partido Popular se sume a un “pacto antiterrorista” nuevo, deducible de un consenso con los nacionalistas y los comunistas, no podía encontrar aceptación pues hubiera significado algo más que la simple renuncia a su propia política.

Habría sido como aceptar la exclusión sistémica que le ha sido aplicada por la coalición parlamentaria gobernante, antes y después del Pacto del Tinell. Y todavía más, hubiera supuesto el hacer propia la política del Gobierno y de sus aliados parlamentarios de ir a un cambio constitucional por la puerta de atrás, contrabandeado con leyes orgánicas, dentro de la cual política se inscribe objetivamente la opción de negociar con ETA. Algo que funcionalmente, en el conjunto del proceso de cambio, se corresponde con el cometido propio de las ganzúas. La “paz” negociada con los etarras sería tanto como el “ábrete sésamo” del cuento.

Lo que se ha bloqueado con la bomba de la T-4 y el subsiguiente descarrilamiento del “proceso” ha sido el acceso a esa otra terminal a la que debía llegar el tren de la Confederación. Como todos sabemos, tal es el fondo del asunto y el quid de lo debatido.       jose@javaloyes.net

Entre la derrota y la unidad
POR GERMÁN YANKE ABC 16 Enero 2007

El primer aplauso de los suyos al presidente Rodríguez Zapatero fue paradójico: sonó cuando, poco después de comenzar su intervención dijo reconocer, refiriéndose a su comparecencia del pasado 29 de diciembre, «el claro error que cometí ante todos los ciudadanos españoles».

Aunque quizá era un aplauso de ánimo, de esos que los aficionados ofrecen a su equipo cuando acaba de encajar un gol, cuando se ve a los jugadores perplejos y preocupados. Porque el presidente, sobre todo en la primera respuesta a Mariano Rajoy (es decir, después de ese aplauso), no parecía en buena forma, se mostraba un tanto confuso, sin nada en su rostro del famoso «optimismo antropológico», sin dar con los mejores argumentos.

Independientemente de esta impresión, estos debates parlamentarios no están pensados, al parecer, para suscitar el interés formal. Los discursos son más elementales que elegantes y, aunque se demoren en el tiempo, sólo sirven para repetir una y otra vez unas cuantas cosas: te lo voy a decir diez veces y, además, para que te enteres, te voy a hacer un dibujo. Cuando se escenifica la gravísima quiebra entre el Gobierno y el principal partido de la oposición -y en materia tan grave- la reiteración no hace más que acrecentar la desesperanza.

Además, dan la impresión de que no se escuchan. Aunque su objetivo fundamental era subrayar que los errores del presidente han sido numerosos y no sólo el reconocido, Mariano Rajoy se había pasado un buen rato defendiendo el Pacto Antiterrorista, señalando algunas condiciones y «gestos» para acompañar al Gobierno y recelando que nuevos consensos acepten las propuestas de quienes no coinciden con los principios de aquel acuerdo. Y sube Rodríguez Zapatero y le reprocha que haya pasado por alto su propuesta de «mejorar el alcance» del Pacto y dar lugar a un nuevo «gran consenso democrático». Y, más tarde, el líder de la oposición critica que el presidente no haya contestado a la lista de «ideas» que le había brindado cuando lo importante, a mi juicio al menos, era se había referido, como si fuesen suyas, a algunas y, por el contrario, había obviado otras, en las que seguramente estaban las diferencias más patentes entre ambos.

El presidente repitió en la tribuna la fórmula de que no puede haber en ningún caso «precio político», subrayó la vigencia de la Ley de Partidos, resaltó el apoyo a las fuerzas de seguridad, la importancia de la cooperación internacional, habló de la Ley de Solidaridad con las víctimas. Pero no entró en otras materias planteadas por Mariano Rajoy: explicitar que el «proceso» estaba roto «definitivamente», aclarar en Estrasburgo que Batasuna es y será una organización ilegal, cambiar algunos planteamientos de la Fiscalía (se refirió en concreto al caso Egunkaria), revocar la resolución del Congreso autorizando los contactos con ETA y, sobre todo, afirmar que «podemos derrotar a ETA» y actuar en consecuencia.

De las muchas palabras del presidente se pueden destacar dos. Una, porque no se pronunció. Otra, porque se insistió en ella hasta la saciedad. La que faltó fue precisamente esa -«derrota»- y si lo destacó no es porque lo pidiera el presidente del PP, sino porque consta explícitamente, como doctrina básica, en el Pacto Antiterrorista. En este asunto, el del Pacto, Rodríguez Zapatero se mostró hasta puntilloso insistiendo una y otra vez en que fue su iniciativa. Incluso quiso corregir a Rajoy: no sólo lo había firmado, lo había propuesto. Pero aquel principio de «derrotar» a ETA no apareció en su discurso. Es más, en el permanente reproche al PP de no haber apoyado al Gobierno («yo lo hice siempre cuando ustedes gobernaban») incluyó una llamativa conjunción que hace referencia a dos alternativas, aunque fuesen complementarias: no ha habido apoyo «en la lucha antiterrorista o en la búsqueda de terminar con la violencia».

Ahí está, a mi juicio, la diferencia entre el Pacto y el «gran consenso» que se propone ahora porque la palabra dominante del presidente fue «unidad democrática». Pero en esa búsqueda está, ciertamente, la dificultad de entenderse con el PP. Y el anzuelo con el que el presidente quiere llegar a acuerdos con el resto de grupos y separarse del principal partido de la oposición, con el que las diferencias se agrandan cada día, cada encuentro, cada debate parlamentario. De ahí que resulte curioso que, para hablar de errores, Rajoy comenzara su discurso citando a Confucio, partidario de la absoluta armonía entre gobernantes y gobernados. La otra cita fue Jerjes. El rey de Persia engañado para atacar a los griegos en condiciones adversas.

Nadie citó a Popper, que dio con una definición de las buenas y útiles discusiones que hubiera venido bien en el Congreso: no son aquellas en las que uno convence a otro, sino aquellas en las que los que debaten terminan en una posición distinta, aunque sea levemente distinta, a la que comenzaron.

El Congreso no está preparado para que la prensa siga con atención sesiones como esta. Te colocan en las salas adjuntas, en los pasillos, junto a una chimenea y ves lo que te dejan ver las cámaras oficiales. Como decía Chesterton, si no ves la cara del diputado, no sabes del todo lo que piensa el diputado. Pero si se puede añadir que los diputados del PP estaban más vocingleros que los del PSOE, con más aspavientos.

Al fin y al cabo, Rajoy estuvo contundente, duro, sin ocultar esa suerte de desprecio intelectual que al parecer le produce el presidente y que convierte algunos argumentos en demasiado personales. O que distrae de los argumentos por cuestiones personales. Y en la tribuna, buena parte de los líderes regionales del PP que hicieron así, ya que no estuvieron en la manifestación del sábado, su particular comparecencia en Madrid. Rodríguez Zapatero estuvo más inclinado a pedir cariño, comprensión, reconocimiento, apoyo.

Y lo tuvo de los demás grupos, lo que agradeció repetidamente. A CiU (que aclaró que había apoyado también a Aznar). A ERC, que dijo que con bombas se podían hacer algunas cosas. Al PNV (con aplauso de la bancada socialista), que sigue pensando que la autodeterminación y las mesas son precisas. A Izquierda Unida, que estuvo en Lizarra. Al BNG, que vino a pedir la legalización de Batasuna. A EA, que pidió lo mismo y el cambio de la política penitenciaria. Veremos que cesto construye el presidente con todos esos mimbres.

Prisionero de las actas
POR ÁNGEL COLLADO. MADRID. ABC 16 Enero 2007

En el inusitado debate celebrado ayer en el Congreso había un enfrentamiento de fondo entre Gobierno y oposición —Zapatero acudió decidido a no contar nada salvo a pedir «unidad» y Rajoy se aplicó en atacar al todavía grogui jefe del Ejecutivo— pero había también un tercer protagonista del Pleno: ETA. A través de su medio habitual, «Gara», la banda terrorista había hecho llegar desde por la mañana un nuevo aviso, el de «tenemos las actas de todas las negociaciones y las haremos públicas cuando queramos y como queramos».

El diario que Zapatero llamaría de «la izquierda abertzale», a la que todavía se refiere como algo independiente de ETA, volvía a la carga de los comunicados de la banda e insistía en que las conversaciones entre el Gobierno y los cabecillas de los terroristas, directas o indirectas a través del PSE, han durado años, han incluido compromisos sobre autodeterminación, anexión de Navarra al País Vasco y liquidación del marco constitucional; que se han celebrado bajo los auspicios de gobiernos europeos y con «notaría». Es decir, que hay actas levantadas por terceros que ETA hará públicas cuando lo considere oportuno para sus intereses.

Zapatero reconoció el error de mostrarse tan optimista el día 29 de diciembre —«estaremos mejor dentro de un año»— cuando la banda ya enviaba la furgoneta bomba con dirección a la T-4 de Barajas, pero no explicó los motivos que le indujeron a hacer ese ridículo. Dio por roto «el proceso», pero no descartó volver a las andadas de la negociación; dijo que convocará la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista, pero rechazó resucitarlo; exigió «unidad» pero no explicó en torno a qué política y menos con qué medidas. Muy tocado, sin reflejos, encajó noqueado los golpes dialécticos de Rajoy, pero cumplió su objetivo de no caer en concreción alguna. Sólo llamamientos genéricos a «la unidad», sólo reproches al Partido Popular por no sumarse a su ceremonia de despiste para no tratar el problema de fondo: la ofensiva terrorista.

Fue Zapatero quien recordó en el debate que también los etarras podían ver el debate, incluso en directo, por televisión, para afear a Rajoy que le obligara a hablar del asunto. La ambigüedad envolvió sus palabras con la complicidad de los grupos nacionalistas vascos y ERC, que se apuntaban al nuevo acuerdo con el Gobierno sobre política antiterrorista siempre que no se cumpliera el requisito del PP de la renuncia a una futura negociación. La diferencia con el «proceso» ahora enterrado por la propia banda es que, para la próxima edición, los etarras deben ser sinceros en la renuncia a «la violencia». Ése debía ser el mensaje para ETA y la respuesta a sus avisos de que tienen actas. Algunos, como Erkoreka, lo que criticaron al presidente del Gobierno no es que negociara con la banda, sino que lo hiciera sin la necesaria «discreción». El PNV sabe cómo las gastan los etarras en materia de documentos: sacaron sus compromisos del pacto de Estella para romper con «el Estado».

Como lo más llamativo eran sus silencios, también destacó que Zapatero eludiera la explicación dada en su día por el ministro del Interio para justificar el desconcierto del Gobierno el día 30, la teoría de que nadie, ni Policía, ni Guardia Civil ni CNI, les habían advertido de lo que podía ocurrir. Lo de imputar responsabilidades a los funcionarios no cae bien en la Administración, y menos entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, apartados del análisis y consejo a la Presidencia del Gobierno en las negociaciones con ETA, pero no de las tareas de información. Es decir, que de las actas que pueda tener la banda no sólo sabe Zapatero, sino también policías y guardias civiles.

Rajoy, que se lució en el acoso a Zapatero, pero no remató la faena con petición de elecciones o dimisiones, dejó para las actas del Congreso otra insinuación con aroma a actas: «Un error tenaz es siempre un error deliberado. En este caso es un error táctico. Y no digo más por hoy».

ESPAÑA VÍCTIMA DEL MALTRATO
Editorial minutodigital 16 Enero 2007

En los últimos tiempos hemos asistido a la representación en directo del síndrome de la mujer maltratada. El Gobierno, encabezado por el Sr. Rodríguez, nos ha enseñado que el diálogo no sirve para aplacar la violencia. No aceptamos la disculpa del desconocimiento, pues

ellos mismo nos han demostrado con su ley de Violencia de Género que la violencia se aplaca con el ejercicio del Derecho, no cabe disculpar al agresor, no es necesario darle una segunda oportunidad, es obligado denunciar al culpable y aplicar con todo rigor el ordenamiento jurídico.

Pero las cifras son claras. Ni este gobierno ha reducido la fúnebre repercusión de la mal llamada violencia de género, ni ha sabido frenar otra violencia que se llama terrorismo. Y como siempre el error es de diagnóstico. Parece mentira que un partido político que siempre ha creído en el uso de la violencia para imponer su postura (su origen marxistas les obliga), no sepa identificar los orígenes de la misma. Con sus demagógicas tesis de la violencia de género el PSOE nos enseñan que la criminalidad depende del autor de la violencia: si es del hombre hacia la mujer es delito, si es de la mujer hacia el hombre es simple falta. Los delitos se cualifican no por la gravedad intrínseca o del bien jurídico protegido atacado, sino que se califican en función del sujeto interviniente. Es decir, introducen en nuestro ordenamiento el delito de autor, aplicado modernamente sólo por el estado Nacional Socialista Alemán. Así pues, en lugar de luchar contra toda violencia, deciden luchar sólo contra parte de esa violencia doméstica.

Sin embargo el error en el caso del Terrorismo ha sido ocasionado por ser parte en el mal llamado proceso de paz. El Gobierno y el grupo político que lo sustenta, el PSOE, no sólo han sido agredidos sino agresores. Como la parte débil de la negociación han escenificado a la perfección el síndrome de la mujer maltratada. Primero negando las evidencias, las quemas de cajeros y de autobuses, la voladura de ferreterías, el robo de armas, la elaboración de zulos, la quema de agentes de la autoridad, el robo de coches y de material para falsificar matrículas, la continua extorsión a empresarios para conseguir fondos; nada era terrorismo, nada era violencia, todo era un cúmulo de circunstancias accidentales y sin importancia. Pero la experiencia nos demuestra que la violencia es una escalada y las para ellos simples reyertas familiares entre partidos o corrientes de izquierda (PSOE, HB y ETA) se convierten en una violencia mortal, que acaba con la vida de dos hombres inocentes o, en expresión de ZP, de conciudadanos de la libertad como única nación que nos une a todos. Entonces tiene sentido que la voladura de la T-4 tampoco sea un atentado sino un simple y trágico accidente. El agresor es capaz de controlar la respuesta psicológica de la víctima que no es capaz de ver la realidad y de actuar de acuerdo a ella.

Pero la tragedia es aún mayor, pues el Gobierno maltratado no sólo no responde al agresor, sino que convierte en culpables a todos los demás, empezando por una oposición que el Sr. Rodríguez debería saber que en democracia nunca es culpable de la actuación del Gobierno; continuando por una Asociación de Víctimas del Terrorismo que en su momento sí supo identificar al agresor y decidió luchar con valentía y sin miedo; y finalizando por unos medios de comunicación que cuentan la realidad tal y como es, sin ningún tipo de maquillaje.

Ayer, en el Parlamento, el jefe de la oposición nos dio la única receta posible, a saber: abandono total y absoluto de cualquier relación o diálogo con ETA y su entorno, condena rotunda del Gobierno a los actos terroristas, mejora en la credibilidad de un Presidente de Gobierno que nos tiene acostumbrados a incumplir su propia palabra, vuelta al Pacto Antiterrorista y a la unión entre los dos mayoritarios partidos políticos españoles. Rajoy de forma clara y contundente manifestó el sentir mayoritario del pueblo español. Cualquier otro camino es un suicidio. Continuar el diálogo es una hipocresía y una temeridad, ni el Presidente del Gobierno ni el jefe de la oposición pintan nada negociando con un rebaño de asesinos. Ni las bombas ni la ausencia de bombas son buenas noticias mientras ETA exista.

¡Joder que tropa!
Eduardo García Serrano minutodigital 16 Enero 2007

Justo cuando la cobardía de su huída ante ETAsuna se le enrollaba a ZP en torno al cuello y amenazaba con estrangularlo debido al último accidente terrorista, todos los tragaldabas de este desdichado país van y le montan una manifestación de apoyo para que el títere presidencial, sostenido por comunistas y separatistas, siga moviéndose entre la basura etarra mientras comercia con la sangre de los accidentados contra una furgoneta de amonal.

Ese puñado de vividores que se hacen llamar políticos, sindicalistas y actores que convocaron la manifestación de apoyo a ZP gozan todos ellos, bajo la protección de la ley, del fruto de sus rapiñas a los Presupuestos Generales del Estado, y con la habitual arrogancia de los funcionarios de medio pelo, adulan y se envilecen para pasar por ventanilla y cobrar la subvención para amortizar el robo de la PSV, en el caso de la UGT, o para echar a seis millones de espectadores del cine español, en el caso de Pilar Bardém y su rebaño de mierderos de las candilejas.

Ese es su precio: el silencio de los cobardes ante ETAsuna a cambio de la pasta subvencionada por montar una mani por “la paz, la vida, la libertad y los peces de colores” cada vez que el hombrecito ampuloso que se pavonea en la Moncloa toca el pito y les manda recado de abandonar su mullido “dolce far niente” y salir a la calle a destilar odio contra todo aquel que se niegue a claudicar ante ETAsuna.

Si alguno de ellos, de la ministra de Cultura al último sacamantecas de la UGT o de los titiriteros de la Bardém, supieran quien fue el paleosocialista Sanint-Just, yo me atrevería a preguntarles como Saint-Just hiciera en la Asamblea Nacional francesa:¿ Qué queréis, vosotros que no deseáis la dureza implacable contra los enemigos de la Patria?”. Quieren silencio y “libertad” para seguir llamándole accidente al crimen, claudicación a la paz, democracia al pacto del Tinell y , sobre todo, para seguir negociando con una banda de asesinos con la que todos ellos simpatizaban abiertamente hasta 1982. Una banda de asesinos contra la que no se han manifestado nunca, jamás, frontal y valientemente como la AVT porque son unos cobardes que saben muy bien que la única posibilidad de que ETAsuna no te mate es que crea que no vale la pena hacerlo.

La “mani” del sábado en Madrid fue un pic-nic de apoyo a ZP, que es el que paga las subvenciones, para que los “accidentes terroristas” no le impidan seguir negociando con ETAsuna. Y todo ello almenado con banderas republicanas y con pancartas en las que se leía: “Contra el terrorismo, autodeterminación”, mientras el mochilero del PNV en Madrid, Fernando Jáuregui, exigía desde Telemadrid (¡manda huevos!) “reiniciar el diálogo con ETA, ya”.

¡Joder qué tropa!

Periodista. Director de "La quinta columna" en Radio Intercontinental

Así es imposible recomponer el consenso contra ETA
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 16 Enero 2007

. "Zapatero está loco". Ése fue el escueto mensaje que un buen amigo me envió al teléfono móvil tras escuchar ayer la intervención del presidente del Gobierno ante el Congreso de los Diputados en relación con el último atentado de ETA y el fracaso de su "proceso de paz". Lo comento aquí porque refleja a la perfección la perplejidad en que a muchos españoles nos ha dejado sumidos la actitud del presidente tras lo ocurrido el 30 de diciembre pasado.

Nuestro problema con la línea que representa José Luis Rodríguez Zapatero en materia antiterrorista no radica en que estemos o dejemos de estar de acuerdo con ella. Radica, sencillamente, en que supera nuestras facultades de comprensión. Por eso hay quien siente tentaciones de racionalizar lo irracional mediante explicaciones como la que se ha popularizado de que "ETA tiene cogido a Zapatero por los vagones". La alternativa es pensar que está loco.

Esa imposibilidad de compresión recíproca se aplica en especial a la manifestación de Madrid de este domingo. Como si no hubiese pasado nada –el revulsivo que supuso el asesinato de Miguel Ángel Blanco, las eficaces medidas antiterroristas del segundo mandato de Aznar-, como si volviésemos a los años de plomo en los que había que pedir poco menos que disculpas por protestar contra los atentados de ETA, nos encontramos otra vez con los gastados lemas de la humillación colectiva ante el terror: paz (contra la guerra de Irak y contra el conflicto entre el Estado Español y Euskalherría, todo es lo mismo), manos blancas alzadas como en un atraco, condena de la violencia "venga de donde venga" (porque es igual la que ejerce el Estado para aplicar la ley que la de los terroristas) y, sobre todo, diálogo, mucho diálogo (ya que hay que reconocer que los terroristas tienen su parte de razón).

Y ni una bandera española. Bueno, sí, había una bien grande anticonstitucional perteneciente a un régimen político anterior. ¿Qué clase de pleito tienen con su país los manifestantes del domingo pasado que les produce tal alergia su símbolo más representativo? ¿El mismo que ETA? Es difícil imaginar vergüenza mayor que la de ver a los inmigrantes hispanoamericanos ondeando sus banderas en las protestas por el asesinato de dos compatriotas mientras algunos españoles sustituyen la suya por símbolos de otros tiempos o por la nada.

En estas condiciones, no hay manera alguna de recomponer el consenso antiterrorista. Cuando una sociedad ha podido por fin expresar libremente la indignación que merecen crímenes como los de ETA y ha comprobado que hay un camino dentro de la ley para acabar con ellos, no se le puede pedir que se vuelva a poner de rodillas ante los criminales y quienes les apoyan.

ZP y el Pacto de la Coca-Cola: todos juntos y revueltos para no llegar nunca a ningún sitio
Federico Quevedo El Confidencial 16 Enero 2007

Si hubo algo que se puso ayer de manifiesto con toda la crudeza posible fue la enorme brecha que separa, hoy por hoy, a los dos principales partidos mayoritarios en lo que a política antiterrorista se refiere –en todo lo demás, también, pero quizás tenga menos relevancia-. Los puentes, los consensos, están prácticamente destrozados y no se observan muchas posibilidades de reconstrucción, al menos mientras Rodríguez Zapatero siga siendo el presidente del Gobierno. Ayer tuvo una oportunidad de oro para reconducir todo lo que había torcido y retorcido, y en lugar de eso dio la sensación de que en el banquillo de los acusados en lugar de sentarse la pandilla de canallas, los asesinos de ETA, se sentaba el PP. Seguramente me dirán ustedes que tampoco Rajoy se quedó corto, y es cierto, pero también lo es que fue Zapatero quien rompió los consensos y a quien ahora le toca dar cuenta de por qué lo hizo, vistas las consecuencias de sus actos, de ahí que Rajoy tuviera toda la razón de su parte a la hora de exigirle la oportuna explicación.

Y, francamente, nos quedamos sin saberlo. Es más, del discurso de Zapatero lo único que se puede sacar en claro es que él no se ha equivocado en nada más que en su afirmación del 29 de diciembre, aquella en la que dijo que dentro de un año las cosas estarían mejor. Era tan evidente, no el error, sino el espantoso ridículo al que le condujo la propia ETA unas horas después, que no le quedaba otra alternativa que la de admitir la evidencia y disculparse por ella. Pero del verdadero error, el que le llevo a iniciar un diálogo político con ETA, no ya hace unos meses, sino hace más de tres años, cuando era líder de la oposición y ponía una vela a Dios y otra al diablo sobre las tumbas de sus propios compañeros de partido, de ese error todavía no ha pedido disculpas, y ese error es el que ha tenido como consecuencia fatal dos muertes. Es cierto que ayer Zapatero endureció ligeramente su discurso, pero no le quedaba otra salida, y de alguna manera era su válvula de escape para evitar dar explicaciones sobre lo que ha pasado y, sobre todo, sobre lo que va a pasar. Pues bien, después del pleno de ayer, seguimos sin saber cual es la política antiterrorista que va a seguir.

Porque si alguien puede decir que del debate de ayer sale con una victoria en el bolsillo no son ni Zapatero, ni Rajoy. Es ETA la que, por obra y gracia del ‘proceso de paz’ de Zapatero ha conseguido la mayor de sus victorias: destrozar el consenso democrático en la política antiterrorista. De esa victoria de los etarras muchas explicaciones tendría que dar el presidente del Gobierno, pero tampoco escuchamos ninguna. El discurso del presidente fue un conjunto de vaguedades vacías de contenido, con alguna que otra concesión a la dureza frente a los terroristas del tipo de que la Ley de Partidos está vigente, algo que lleva diez meses repitiendo. Pero, si eso es así, ¿por qué no empieza por promover la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas cuya vinculación con Batasuna-ETA es algo más que evidente? No es posible fiarse de la palabra de quien dice las cosas y luego no las cumple. Zapatero ha cimentado su política sobre la mentira, y no sabe hacer otra cosa que no sea la práctica del engaño, la hipocresía y el cinismo.

A falta de otros argumentos más sólidos, Zapatero redujo su defensa del ‘proceso’ a una permanente referencia del pasado, una insólita comparación con otras treguas que se caía por su propio peso. Porque, si todas habían fracasado, ¿qué justificación había para volver a cometer el mismo error? Ninguna, o al menos él no pudo darla porque, en el fondo, su justificación radica, como le dijo Rajoy, en que comparte algunos de los objetivos de la banda en la medida que también suponen la deconstrucción de España como Nación. Y, claro, no podía faltar Aznar en la sinrazón que comprendía la ausencia de argumentos de Zapatero, pero olvidó decir que la tregua del 98 no la declaró ETA al PP, sino al PNV, y tuvo Zapatero la osadía de afirmar que nadie entonces se atrevió a decir, después de que ETA rompiera aquella tregua, que la misma había servido para fortalecer a la banda... Pues bien, yo le daré un nombre: Jaime Mayor Oreja se pasó toda la tregua diciendo que era una trampa y que ETA saldría más fortalecida. Y ese Jaime Mayor Oreja, que mucho está teniendo que ver en la posición de Rajoy en este asunto, estaba ayer sentado en la Tribuna de Invitados, expectante, como todos.

Frente al desierto de ideas y políticas que ofreció, tristemente, Zapatero, el líder del PP brilló donde mejor sabe hacerlo, en el debate parlamentario, resaltando las enormes carencias de un presidente cuya única obsesión era conseguir de Rajoy el reconocimiento a que fue él quien propuso en su día el Pacto Antiterrorista. Y Rajoy ni siquiera le concedió esa satisfacción a quien, precisamente, ha enterrado el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo en el fango de la indignidad de una negociación que todavía sigue formando parte de la política de Zapatero. Porque, si de algo pudimos tener ayer constancia, es de que el presidente va a seguir hablando con ETA, al tiempo que intenta esconder esa negociación en las turbias aguas de un pacto al que Rodríguez quiere llamar a todos para no llevarlos a ninguna parte: a los partidos políticos, a los sindicatos, a los empresarios, a los inmigrantes, a las ONGs, a los taxistas, a las asociaciones de jubilados, a las amas de casa, a los clubs de fútbol, a los de acá, a los de allá, a los que suben y a los que bajan, a los que pasan hambre, a los que tienen frío, a los que están cerca, a los que están lejos, a los que ríen, a los que lloran... En fin, que algunos ya lo han bautizado como el Pacto de la Coca Cola.

Los etarras querían rendirse y ZP les reanimó
Pedro Frenández Barbadillo Periodista Digital 16 Enero 2007

Entre todas las declaraciones y documentos que se han recordado estos días se ha omitido una carta que a mí me parece reveladora de la obra de Rodríguez: una carta de varios etarras en la que reconocían que estaban derrotados.

La carta la escribieron en agosto de 2004 seis etarras condenados por asesinatos, entre ellos Pakito, antiguo del aparato militar de ETA, y afirmaban en ella:

Esta lucha armada que desarrollamos hoy en día no sirve. Esto es morir a fuego lento. No se puede hacer una lucha armada a base de comunicados y de proferir amenazas que luego no se cumplen. No se puede desarrollar una lucha armada cuando se es tan vulnerable a la represión (...) nunca en la historia de esta Organización nos hemos encontrado tan mal y en las últimas comunicaciones no se atisba ninguna reflexión sobre ello.

Es decir, los pistoleros de ETA reconocían que en los años anteriores el Gobierno y la sociedad españoles les estaban derrotando. Sin embargo, al poco de lleagr Rodríguez , ETA y su brazo político recobraron la esperanza. El nefasto presidente que sufrimos acaba de anunciar que va a derogar el medio que sirvió para acorralar a los asesinos abertzales, el Pacto Antiterrorista, que incluye la ilegalización de Batasuna.

Me temo que después de las próximas elecciones locales volverá a haber cientos de concejales proetarras en los ayuntamientos vascos y navarros, lo que significa liberados, txibatos, recopiladores de información...

El domingo coincidieron dos entrevistas: una de Rodríguez –más Bobo Solemne que nunca- en El País y otra de Otegui en el Gara. De éste dijo Rodríguez que tenía "un discurso de paz".

A la pregunta de si nunca negociará con ETA, Rodríguez responde:

Hoy es un debate que no tiene sentido. No tiene ningún sentido porque acabamos de poner punto final a un diálogo que ha roto de manera cruenta ETA. Hoy hay que hablar del mañana, del mañana inmediato. De la respuesta que desde el punto de vista del Estado de derecho, desde el punto de vista de la política, demos a la situación que ha creado ETA.

Traduzco: hoy no, mañana tampoco, dentro de tres meses quién sabe. Los que tenemos cierta edad ya nos conocemos el lenguaje socialista, cada vez más parecido al del resto de los separatistas.

Otegui explica la negativa de Rodríguez a comprometerse:

Creo que todos los puentes están abiertos, aun entendiendo que en este momento el PSOE ha decidido cerrar los suyos. Pero estoy convencido de que todos se volverán a abrir en el futuro inmediato si de verdad hay voluntad sincera de buscar soluciones.

El ex pistolero le plantea un desafío al cobarde Rodríguez:

si el PSOE quiere liderar unas segunda transición y reforma del Estado español en términos democráticos necesita estabilizar y dar solución al conflicto vasco.

Por último, Otegui insiste en que los socialistas se relacionaban con los etarras desde antes de que la llegada en tren de Rodríguez al poder, cuando éste prometía que iba a cumplir el Pacto por las Libertades y cuando caían asesinados hasta sus concejales.

hay que recordar que la oportunidad que se abrió con el alto el fuego se debió a que DURANTE AÑOS HUBO UN PUENTE ABIERTO, aunque no oficial, entre el Partido Socialista y la izquierda abertzale.

¡En qué muladar nos ha hundido el PSOE para que tengamos que creer antes a los etarras que al presidente del Gobierno! ¿Le debe Rodríguez algo a ETA?

Pacifismo ovino
Manuel Molares do Val Periodista Digital 16 Enero 2007

Nunca se dice, pero casi todas las masacres que produjeron decenas de millones de víctimas en el último siglo se perpetraron en nombre de la paz, por lo que quienes se la imploraron a ETA este sábado en Madrid tuvieron que hacer sonreír ferozmente a los terroristas.

Fue una manifestación que pedía paz ovina, porque ni siquiera nombraba a ETA. E hipnótica, para adormecer conciencias y dignidades. Los etarras lo sabían y por eso se rieron. Quienes se manifestaron con lemas tan plañideros deberían haberlo imaginado.

Paz, paz. El gran alibí de la dictadura de Franco. Nunca hubo en España un período de paz ovina tan largo como el suyo.

Qué decir de otras paces: mientras organizaba congresos pacifistas, Lenin asesinaba a cientos de miles de personas. Stalin continuaba esos encuentros mundiales mientras liquidaba a decenas de millones fusilándolos, o matándolos de hambre y de frío.

Pero el que fue proclamado el gran pacifista europeo entre 1933 y 1939 fue Adolf Hitler, a pesar de su participación en la guerra civil española. Y más pacífico aún al firmar en 1939 su pacto de no agresión con Stalin.

Era tan inofensivo que los pacifistas, dirigidos por Moscú, se oponían a acusarlo de expansionista cuando ya reclamaba territorios vecinos. Quienes lo denunciaban eran imperialistas belicosos, enemigos de la paz. Revísense la historia y las hemerotecas.

No hay paz sin libertad, sin honor, sin recta justicia. Ya tuvimos la paz de Franco. La manifestación del sábado recordaba a los 100.000 soldados llorosos, vencidos por una banda callejera: “Es que nos rodearon y después nos atacaron a traición”.

Debería revivirse, nuevamente, que “es mejor morir de una vez que vivir siempre temiendo por la vida”, frase de Esopo de Frigia (620-560 a.C) revivida por la Pasionaria en Madrid, 1936.

Zapatero no puede y Rajoy se pasa
Pablo Sebastián Estrella Digital 16 Enero 2007

Lo hemos escrito alguna vez desde el estallido del coche bomba en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, Zapatero no está en condiciones políticas, psicológicas y puede que ni físicas para hacer frente a la grave situación política y abordar lo que queda de la legislatura. Ayer en el Congreso de los Diputados ofreció pruebas de su debilidad, sin discurso, sin capacidad de réplica, deambulando como un zombie en el debate y con su eterno discurso de la unidad de los demócratas contra el terror de ETA. Pero esta vez no sólo de los partidos políticos, sino ampliado también a las fuerzas sociales y las cívicas, como si estuviera proponiendo la creación de una gigantesca ONG para los asuntos del terrorismo, la paz y el fin de la violencia.

Naturalmente, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, le dijo “no”, que no apoyará más pacto que el antiterrorista del 2000, ni aceptará extrañas compañías como las que en la política amparan a Batasuna, en referencia al PNV y ERC, confirmando las diferencias y la ruptura sin solución entre el Gobierno y el PP de aquí al final de la legislatura. Y los dos haciendo alarde de lo mucho que los separa, tanto en lo político como en lo personal.

De la crisis en vigor y estas tensiones tiene mayor responsabilidad el jefe del Gobierno que el líder de la oposición, por el cargo que ocupa y porque en esto de la negociación con ETA Zapatero llevó la iniciativa, tomó sus riesgos y además —y sorprende que Rajoy no lo haya dicho— ha sido el único presidente del Gobierno que se ha lanzado a negociar con ETA sin el apoyo del primer partido de la oposición. Y es precisamente por eso por lo que tuvo que dar explicaciones y asumir responsabilidades. Y no sólo por la metedura de pata del 29 de diciembre cuando declaró que estábamos mejor que nunca y que el 2007 sería un gran año en el camino del fin de la violencia. Sino porque no quiso reconocer ni el fracaso de su negociación ni los errores cometidos a lo largo del proceso, que han sido muchos.

Y esta incapacidad del presidente de reconocer los errores importantes, su aspecto de franca debilidad y desconcierto y la ausencia de un proyecto para responder a ETA de una manera contundente e inmediata, con excepción de esa gran ONG en la que quiere convertir el Pacto Antiterrorista, produce una pésima sensación. Y trasmite a los ciudadanos una sensación de orfandad o de estar, en estos momentos cruciales, ante un vacío de poder bajo la presidencia debilitada y confusa de Zapatero, en un momento en el que se esperaba de él un discurso potente, serio y muy concreto sobre la respuesta, o respuestas inmediatas que hay que dar a ETA en los próximos días o meses. Nada de nada, el presidente llegó sin discurso político y en el turno de réplica apareció perdido en la tribuna, sin saber qué decir y repitiendo como un niño que el Pacto Antiterrorista, que ahora quiere enterrar, lo inventó él. ¿Y qué?

Penoso el espectáculo del presidente que, confundido, le llegó a decir a Rajoy en su intento de réplica que no tiene ni idea del terrorismo, de la misma manera que le acusó de decir siempre que no a todo lo que se le propone, lo que sí es verdad. Pero lo que no dice ni quiere reconocer el presidente es que sembró vientos contra el PP desde el inicio de la legislatura, buscando su aislamiento y soledad, y ahora ha recogido un huracán que se veía venir por la frivolidad de su trayectoria y la falta de señales sobre la voluntad de ETA de dejar las armas. Se veía venir, como lo del Estatuto catalán, o la candidatura de Madrid, o la Ley de la Memoria Histórica, etc. Y Rajoy lo estaba esperando y lo cazó a bocajarro, tirando a parado de una manera inmisericorde, implacable, despectiva —eso es lo que le pierde al líder del PP—, pero a la vez concreta y eficaz. Porque en la parte descriptiva de su discurso el presidente del PP estuvo impecable. Hizo el relato exacto y verdadero, qué había ocurrido y ocultado Zapatero, sobre lo que pasó desde el inicio de la negociación hasta el día de hoy. Empezando porque el presidente había unido este diálogo con ETA a sus reformas autonómicas y pretendidos cambios constitucionales, y siguiendo por todos los errores y mentiras del proceso, así como las concesiones que le hizo a ETA.

Hasta ahí, en la parte descriptiva, certera y crítica con lo ocurrido, el mejor Rajoy, que concluyó diciéndole a Zapatero que no tiene credibilidad y que el PP no acepta ya más pactos que el antiterrorista del año 2000. Pero el jefe del PP —que se hizo rodear en la Cámara con aquellos dirigentes de su partido que eran favorables a la presencia popular en la manifestación: Piqué, Gallardón, Aguirre, asunto que misteriosamente no salió en el debate— quería más. Esperaba, y acertó, un discurso débil y huidizo de Zapatero y él traía, como un Moisés furioso, las tablas de la ley, para poner punto final a la bacanal del becerro de oro, o del baile promiscuo del Gobierno con los nacionalistas. Vio tocado a Zapatero en el primer asalto, y fue a por él en cuanto sonó la campana que abría el segundo round, y fue despiadado a buscarle el hígado, la cabeza y el mentón, hasta que lo tuvo en las cuerdas, y encima lo insultó. Le dijo cosas como que “no era fiable, que no tenía capacidad de análisis, que es un imprudente, que no da la talla, que le toman el pelo, que se equivoca en todo, que se atropella, que peca de jactancia, que apoyarle es un suicidio, que está falto de liderazgo, que rumia el desconcierto y balbucea palabras incomprensibles y que lo que propone es la carabina de Ambrosio”.

Ahí queda todo eso. Y todavía Zapatero le puso la otra mejilla, y le dijo que daba por zanjado todo esto si finalmente el PP aceptaba la unidad del nuevo pacto. Y solamente Zapatero se enfadó cuando, subiendo el tono y la agresividad, Rajoy le dijo que con ETA no se puede dialogar, “porque si usted no cumple le pondrán bombas, y si no hay bombas, es porque ha cedido”. El presidente le pidió a Rajoy que retirara las palabras y el jefe de la oposición, moviendo la cabeza desde su escaño, le contestó que no. A Rajoy le puede la animadversión y el desprecio que siente por Zapatero, aunque sea su presidente del Gobierno, como dice para justificar sus visitas a la Moncloa o para admitir que acudirá a la cita del Pacto Antiterrorista aunque no sirva para nada. Y esa soberbia y transformación en el increíble Hulk del Congreso de los Diputados en la que suele caer Rajoy en los grandes debates le impide llegar a convencer de una vez y a su favor a ese sector moderado del centro político, que está aterrorizado con ETA y con el vacío de poder y de liderazgo del palacio de la Moncloa. Como en el cuento del alacrán, que se suicida picando a la rana que lo transporta para vadear el río, a los dos les puede el carácter: a Rajoy la ira, y a Zapatero la tontería circunstancial, el talante y todas esas lindeces que no caben en la política, y menos aún para hablar con ETA.

Sin embargo, en este caso, los hechos, la cruda realidad, juegan a favor de la oposición y todo apunta que Zapatero se volverá a equivocar. O ¿acaso cree el presidente que el PNV, con los que jugó a la escena del sofá, se van a oponer con todas sus fuerzas a que Batasuna o un sucedáneo se presente a las elecciones locales vascas? Y no digamos si ETA vuelve a hacer acto de presencia con otro ataque brutal, mientras el presidente está dedicado a pedir firmas de apoyo a los sindicatos y a las agrupaciones de actores y otros artistas para su nuevo pacto contra el terrorismo, sin el PP que representa al 42 por ciento de los españoles, y que podría, por su parte, intentar reunir sus propios apoyos sociales y civiles al pacto del año 2000 si las cosas siguen como van.

El espectáculo político de ayer fue el del desencuentro final entre el PSOE y el PP, con alta crispación y con claros tintes electoralistas porque los comicios de la primavera están al llegar. En los pasillos del Congreso, José Blanco contaba, para justificar el desvarío del presidente, que él tiene una encuesta que demuestra que los ciudadanos culpan al PP de la falta de unidad de los demócratas ante el terrorismo. Él también tenía la convicción de que el presidente había cometido errores, como los que subrayó ayer Rajoy, pero Zapatero lo mandó callar. Como callado, y suponemos que asombrado y preocupado, parecía ayer el ministro Rubalcaba —¡que salga Rubalcaba!, se decía desde la tribuna de prensa cuando el presidente, perdido en la réplica, no acertaba con nada— cuando vio cómo su pupilo (que quizá no debió regresar de Doñana) seguía jugando a Bambi, a Gandhi, al diálogo con ETA a la primera oportunidad y a esa gran esperanza blanca del pacto con el PNV que les puede llevar a otro gran fiasco en un plazo no muy lejano porque Ibarretxe —no sólo manda Imaz— no le va en nada a la zaga a su amigo Carod-Rovira, y porque ETA todavía puede sacar las actas de la negociación del alto el fuego, y alguna bomba más.

Un analista de la tribuna de prensa vio el debate como si Zapatero se presentara a una moción de confianza de la Cámara, algo de cierto hay en ello; otros lo vieron como el preámbulo de una moción de censura que estaría preparando el PP a nada que salte otra chispa, otro atentado u otra fractura en el Gobierno, entre los aliados del presidente o incluso en el PSOE. Ayer Bono se despachó, con florituras, a gusto contra Zapatero, diciendo que no más diálogo ni discursos de paz. Otros dirigentes emblemáticos del PSOE llevaban en el rostro la decepción por lo ocurrido. A Gallardón y a Piqué más bien se les veía en la cara la sensación de que su jefe de filas pisó demasiado a fondo el acelerador.

Adoctrinamiento en las aulas
Enseñar y nada más
Álvaro Vermoet Hidalgo Libertad Digital 16 Enero 2007

El asentamiento de los nacionalismos periféricos en España y la negación de todo cuanto represente una identidad común han ido acompañados en Cataluña y en el País Vasco de un evidente recorte de derechos y libertades que sí se han mantenido allí donde ha persistido una idea nacional y liberal de España. La descentralización de las competencias educativas ha acabado con todo pluralismo que se interpusiera en los proyectos de "construcción nacional" en estas autonomías; se han recortado libertades educativas básicas amparándose en ese pluralismo que España debía reconocer como Estado pero que las naciones que pretenden construir se fundamentan en negar.

Las autonomías gobernadas por los nacionalistas han subordinado el aprendizaje a la transmisión de una cultura localista y un pasado falsificado que busca legitimar sus objetivos políticos presentes. La transferencia de las competencias de educación ha descentralizado no sólo la titularidad de los centros públicos, sino también la ordenación académica, la selección del profesorado, la capacidad de concertar discrecionalmente centros privados e incluso la inspección. Esta descentralización ha significado la vuelta, allí donde gobiernan los nacionalistas, al caciquismo que tanto combatieron los liberales del siglo XIX, desde la Constitución de Cádiz hasta la creación del Ministerio de Instrucción Pública.

¿Y qué hace el Estado que tendría que garantizar el derecho a la educación en toda España? Imitar al nacionalismo, crear su propia construcción "ciudadana". El PSOE ha tejido una auténtica ideología de Estado con la Educación para la Ciudadanía, una cursilada que además de excluir cualquier atisbo de pensamiento liberal en las aulas sustituye en los horarios aquella formación que pretendía transmitir la herencia cultural occidental (Ética, Filosofía, Religión). Y no mejorará ni la enseñanza ni el espíritu cívico de los alumnos dictando en clase alguna declaración de la mitificada ONU o algún artículo de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Ni siquiera servirá para que voten al PSOE: será una simple pérdida de tiempo que como mucho reafirmará a algunos en su ignorancia y en su rechazo al liberalismo, a España como nación o a Occidente como cultura.

Niños que nunca han estudiado economía tendrán que identificar "los factores económicos que provocan situaciones de discriminación, marginación e injusticia". El PP lo retrasará unos cursos, pero lo importante es que sus autonomías incrementen la formación de los alumnos, por ejemplo en economía, para dificultar los objetivos propagandísticos (no sea que algún profesor decida hacer lo que dicta el currículum del PSOE). Alguien tiene que enseñar a los alumnos que pueden crecer las diferencias mientras se reduce la pobreza. Alguien tiene que decir que el dinero que invierte la UE en subvencionar su agricultura impidiendo que África comercie supera con creces el famoso 0,7% del PIB del que seguro que les hablarán en esa asignatura.

Hace falta una formación que, con datos, ayude a desactivar ese movimiento antiliberal de rechazo a Occidente, cuyo máximo exponente es la Alianza de Civilizaciones, es decir, la alianza de Zapatero con el primer ministro turco, del cual acabarán hablándoles en Ciudadanía a los alumnos. Por eso, la formación común que ha planteado el PP deberá incluir enseñanzas que compensen ese tipo de propaganda. Con todo, no nos vale con lo que haga la Derecha en sus autonomías. Tienen que comprometerse a armonizar algunos contenidos (geografía, historia) cuando lleguen al poder. Y hacerlo mientras el Estado aún tenga competencias para evitar la falsificación de la historia, la exclusión lingüística o el adoctrinamiento.

Álvaro Vermoet Hidalgo es consejero del Consejo Escolar del Estado por la Unión Democrática de Estudiantes.

Manifestación
El PP ha hecho lo que debía y, además, le convenía
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Enero 2007

Menos mal que Rajoy no cedió al discurso retronavideño que le pedía acompañar al PSOE en la minimani de ZP, porque, de hacerlo, hoy se sentiría humillado y tonto por partida doble. Porque para preparar su comparecencia parlamentaria de este lunes, el Presidente del Gobierno había organizado dos representaciones, sábado y domingo. La del sábado estaba en la línea de la Commedia dell´Arte, una farsa vistosa y superficial que hace dos siglos que aburre a todos los públicos, incluso en Italia. En España, hoy por hoy, repugna políticamente a los que están preocupados por combatir el terrorismo e indignados por padecer un Gobierno empeñado en dialogar, negociar y finalmente rendirse ante la ETA.

Si Rajoy, en un acto de evidente enajenación mental y electoral, hubiera pedido que las masas que han llenado la calle por millones para resistirse al "proceso de paz" del PSOE y la ETA lo acompañaran el sábado junto a ZP, lo más probable es que hubiera compartido el fracaso de la manifa-trampa con el propio Presidente del Gobierno. Basta ver cómo en la preparadísima minimani del sábado brillaba por su ausencia la bandera de España, que es el símbolo masivo y espontáneo en todas las grandes manifestaciones contra la política nada antiterrorista de Zapatero. Por otra parte, ¿cómo iba a pedir Rajoy a los militantes, simpatizantes y votantes del PP que dejaran sola a la AVT y se unieran a los titiriteros del "No a la guerra" y a las Rosas Blancas de Bardemzelaia? ¡Y sin que ZP haya pedido perdón por su criminal fracaso!

Pero aún hubiera quedado más en evidencia Rajoy tras publicarse la entrevista dominical de Zapatero en El País, en la que queda clarísimo que el Presidente del Gobierno piensa seguir manteniendo como opción estratégica la negociación con ETA, aunque tácticamente haga mohines tristines. Ni una sola palabra de firmeza en la lucha antiterrorista. Todo en él es gimoteo. No sabe cómo permitir que Etasuna –recuérdese: Batasuna no existe– pueda presentarse a las elecciones de Mayo, en las que está presto a entregar Navarra al separatismo vasco, incluida y en primer lugar la ETA. Lo único que tiene claro Zapatero es que odia al PP, y que fuera de ese odio carece de cualquier cosa remotamente parecida a un programa político de partido, no digamos ya de Gobierno.

Las concesiones a los violentos no traerán paz
Henry Kamen, EL MUNDO 16 Enero 2007

Los Reyes Magos no dejaron en su última visita ningún regalo para el Gobierno español. El fracaso de su acercamiento a los terroristas de ETA puede ser también el preludio al fracaso de su acercamiento al mundo islámico. Los acontecimientos de los últimos meses confirman que no hay forma de mantener un diálogo con la intolerancia -ya se trate de ETA o de los islamistas fundamentalistas-. El islam, aún más que el cristianismo, ha sido a lo largo de los siglos una religión de tolerancia y, en consecuencia, muchos países occidentales con minorías islámicas, como Inglaterra y Holanda, han disfrutado por lo general de una excelente convivencia interreligiosa. Sin embargo, esta política de coexistencia se ve ahora amenazada no sólo por los violentos, sino aún más por los gobiernos e individuos que piensan que haciendo concesiones a los violentos se conseguirá la paz.

En un juicio sin precedentes, el jurado en un tribunal británico decidió hace escasos días que la intolerancia social y la incitación al asesinato son actos criminales. El acusado era un joven musulmán de 27 años, Muran Javed, uno de los líderes de una pequeña manifestación que en febrero del año pasado tuvo lugar frente a la Embajada danesa en el Reino Unido, para protestar en contra de la famosa publicación en un periódico de las caricaturas que representaban a Mahoma.

Javed incitaba a los musulmanes a bombardear Dinamarca y Estados Unidos. Sus partidarios esgrimían consignas diciendo: «Decapitad a los que insultan el islam». En un país donde docenas de personas (incluyendo musulmanes) perecieron como consecuencia de las bombas islamistas, es fácil entender el veredicto del jurado. Cuando las palabras violentas coinciden con actos violentos, las primeras deben tomarse con seriedad. El caso de Javed es característico de una tendencia que ETA ha practicado durante largo tiempo y que también han desarrollado los islamistas fundamentalistas: emplear la intolerancia y la coacción como una forma de conducta social.

Un caso notorio reciente de esta violencia es el caso Redeker. Aparte de mencionar brevemente los hechos en septiembre del año pasado, la prensa española ha pasado casi por alto lo que ocurrió, pero creo conveniente que no sea olvidado. Robert Redeker, profesor de Filosofía de un colegio de Toulouse, y colaborador de Les temps modernes, la revista fundada por Jean-Paul Sartre, escribió en septiembre un artículo en el diario francés Le Figaro, con el título: «Frente a las intimidaciones de los islamistas: ¿qué debe hacer el mundo libre?». Redeker criticaba la denegación de la libertad por los islamistas, y cuestionaba algunos actos históricos del profeta. El artículo levantó de inmediato furiosas reacciones en los países musulmanes, y su autor empezó a recibir amenazas violentas.

En una página en internet, se le sentenciaba a muerte y se daba su dirección y una foto de su casa para facilitar la tarea de los posibles asesinos. Un mensaje decía: «Nunca volverás a sentirte seguro en esta tierra. Mil millones de musulmanes están listos para matarte». Temiendo por él y su familia, Redeker buscó la protección de la policía local, que transfirió el caso a las autoridades nacionales. Bajo su consejo, Redeker, su esposa y sus tres hijos abandonaron su casa y buscaron refugio en un lugar secreto. Desde entonces, han ido de ciudad en ciudad, pagando sus propios gastos, y bajo protección policial. El Ministerio de Educación ha nombrado a otro profesor para reemplazar a Redeker, quien tal vez jamás volverá a ver a sus estudiantes. «Estoy obligado a mendigar: vivo dos noches en un lugar, otras dos en otro. Estoy bajo protección de gendarmes las 24 horas del día. Es muy triste porque yo ejercí mi derecho constitucional y por eso he sido castigado, en el territorio mismo de la República», se lamentaba recientemente.

Si Redeker hubiera sido culpable de insultar a la religión, debería haber sido llevado a los tribunales. Es obvio que la vasta mayoría de musulmanes no apoya la coerción. ¿Por qué entonces se le ha permitido a una pequeña minoría de extremistas dictar el modo de operar de la sociedad occidental? Ésa es la pregunta que Redeker se ha hecho tantísimas veces. Es la misma que se hacen los intelectuales que han tenido que salir del País Vasco. Y es, seguramente, la misma pregunta que se hace la alcaldesa de una ciudad navarra, que hace sólo unos días vio su casa bombardeada por los violentos proetarras. ¿Cómo es qué ya no podemos expresar libremente lo que pensamos?

La parte más lamentable del caso Redeker es la forma en que mucha gente por miedo ha cedido a la presión. Es un fenómeno muy extendido hoy. En Berlín, el pasado septiembre, la Deutsche Oper anuló la presentación de Idomeneo, de Mozart, por miedo a las reacciones islamistas. El mismo mes, en Londres, la directora de una galería de arte retiró unos cuantos dibujos de una exposición por miedo a que pudieran molestar a la población musulmana. Y la Tate Gallery, de esta misma ciudad, retiró casi a la vez una obra de arte por temor a la reacción de los integristas. En España, en la Comunidad Valenciana, varias localidades decidieron suprimir la actuación de moros en las celebraciones de las fiestas de moros y cristianos. Afortunadamente, hay gobiernos que no aceptan esta presión. En Alemania, Angela Merkel dijo: «La autocensura por miedo es insoportable. Tenemos que tener cuidado de no retroceder cada vez más por miedo a los radicales violentos.»

Sin embargo, en España pocos han expresado su protesta por la situación de Redeker. La capitulación ante la violencia parece haber inspirado -hasta hoy- el programa del Gobierno español, si hemos de guiarnos por las declaraciones contenidas en el informe de un así llamado Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones, propuesta por el presidente Zapatero. Tengo delante de mí el informe oficial del Grupo de Alto Nivel, publicado a finales de 2006. Es notable su intento deliberado de evitar cualquier crítica al terrorismo islamista. En efecto, declara firmemente que no hay terrorismo islamista: «Afirmaciones de que el islam es intrínsicamente violento y muchas declaraciones vinculadas a algunos políticos y líderes religiosos en Occidente -incluyendo términos tales como terrorismo islamista y fascismo islamista- han contribuido a un alarmante incremento de islamofobia que agrava más aún el miedo de los musulmanes a Occidente». Así, ningún occidental debería, como Robert Redeker hizo, atreverse a criticar aspecto alguno de las sociedades islámicas. Por otro lado, los extremistas podrían atemorizar a los occidentales, como hicieron con Rushdie y ahora con Redeker. Ésa es, en resumen, la gran contribución hecha por el Grupo de Alto Nivel de Zapatero. Quienes lo integran creen que las concesiones a los violentos traerán paz.

El caso Redeker no sólo ha ayudado a revelar los recelos de muchos intelectuales occidentales, que deberían haber protestado por los acontecimientos. También ha revelado la tradición política que ha hecho posible tal caso. La clase política francesa en el siglo XIX se identificaba con las metas del nacionalismo musulmán en Oriente Medio, y al hacerlo dio apoyo a los líderes extremistas musulmanes y también a un sentimiento antijudío. El proceso ha sido descrito, recientemente, en un estudio del escritor inglés, David Pryce Jones, en su Betrayal: France, the Arabs, and the Jews (Francia, los árabes y los judíos). El acrítico respaldo a favor de líderes populistas como Jomeini y Sadam Husein iba conjugado a una política de apoyo a la inmigración musulmana dentro de Francia, que ahora tiene una masiva población que en los pasados últimos meses se ha ocupado en su propia intifada de violencia urbana contra el Gobierno francés. La inmensa presencia musulmana obviamente influyó en la manera en que los franceses reaccionaron ante el caso Redeker: sencillamente, dejando solo al perseguido autor. Por lo tanto, al mismo tiempo, abandonaron algunos de los valores culturales que han sido básicos en la Historia moderna francesa, tales como el derecho de libre expresión.

El modelo francés de apoyo a los movimientos islámicos lo sigue ahora fielmente el actual Gobierno español. Algunas de las consecuencias son, cuando menos, sorprendentes. En noviembre de 2006, por ejemplo, el Ejecutivo liderado por Zapatero dio, al parecer, su apoyo a una petición del II Encuentro de Alianza de Civilizaciones, celebrado en Marruecos, por la que todos los descendientes musulmanes de los moriscos (expulsados en el año 1614) tendrían el derecho automático a la ciudadanía española. Si ese derecho se convirtiera en ley, probablemente conferiría la automática ciudadanía a más de 10 millones de musulmanes. Eso pronto convertiría a España en un Estado islámico. ¿Reconocería ese Estado la tradición europea de una cultura basada en la libertad de expresión? ¿Serían imposibles casos como el de Redeker o se convertirían en la norma?

Hay mucho sobre lo que reflexionar, y no es demasiado pronto para empezar a hacerlo.

Henry Kamen es historiador y acaba de publicar: Del Imperio a la Decadencia. Los Mitos que forjaron la España Moderna (Temas de Hoy).

El PP se une a la marcha del Foro Ermua y la AVT contra la negociación con ETA
Los socialistas no asistirán y rechazan incluso sentarse a discutir el lema de la convocatoria
C. M. La Razón 16 Enero 2007

Madrid- El Comité de Dirección del Partido Popular acordó ayer sumarse, como ya lo ha hecho la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), a la manifestación convocada en Madrid el próximo 3 de febrero por el Foro Ermua por ser «en defensa de la libertad, por la derrota de ETA y contra toda estrategia de diálogo y de cesión» a la banda terrorista. «La clave está en la defensa de la libertad que se concretó en el Pacto Antiterrorista, que no era el pacto por la paz sino por la libertad», explicó el secretario general, Ángel Acebes.

Política eficaz
Insistió en que la protesta del Foro Ermua «defiende una política clara» que es la de la «derrota de ETA, la defensa de la libertad y contra la estrategia de cesión» a la banda.

«Es lo que dice el Pacto Antiterrorista y es la política ética y eficaz», puntualizó.

Por el contrario, señaló que la manifestación del sábado, convocada por CC OO, UGT y la asociación de ecuatorianos FENADEE, a la que no se sumó el PP, «era por la paz, cuando no hay ninguna guerra». «Era una manifestación por el diálogo con los terroristas y el PP no es partidario del diálogo y la negociación ni de pagar un precio político», explicó el «número dos» de los populares. Acebes insistió en que fue una protesta «para respaldar» la política del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, encaminada a «alcanzar la paz a través de la negociación y el diálogo». «Y, además, contra el PP», apuntó.

Preguntado sobre si la manifestación convocada por el Foro Ermua no genera división, uno de los argumentos que el PP utilizó para no respaldar la celebrada el pasado sábado, subrayó que en esta última protesta «se insultó y descalificó» a su partido, mientras que el Foro Ermua ya ha dicho que «está dispuesto y abierto desde ya a sentarse a hablar de cualquier tema relacionado con el lema y el contenido del comunicado».

«Está abierta a todo el mundo y tiene como objetivo llegar al máximo acuerdo posible. Ojalá el PSOE rectifique y respalde esta manifestación, apoyando así la política de la derrota de ETA», afirmó, informa Efe. Por parte del PSOE, fue su portavoz parlamentario, Diego López Garrido, el encargado de fijar posición: su partido no la respaldará porque es «excluyente». «Es una manifestación que claramente excluye al PSOE. Es una manifestación excluyente y por tanto, no tiene mucho sentido que el PSOE apoye o vaya a esa manifestación», dijo.

Ya por la tarde, fuentes del Ejecutivo siguieron la línea marcada previamente por Diego López Garrido. Así, el Gobierno sostiene que, si lo que busca la concentración del Foro Ermua es recurrir a la «unidad», lo que ha de hacerse es «invitar», pero que, sin embargo, no se ha hecho así, según señalaron esta tarde fuentes del Ejecutivo.

López Garrido, al ser preguntado por la convocatoria de esta plataforma cívica bajo las premisas de “defensa de la libertad, por la derrota de ETA y contra toda estrategia de diálogo y cesión con la banda”.
En una rueda de prensa celebrada en la Cámara Baja, López Garrido insistió en que la marcha del Foro de Ermua “no ha lugar” porque “excluye las fuerzas políticas que apoyaron las manifestaciones de este fin de semana”.

«Excluye a las fuerzas políticas que apoyaron las manifestaciones de este fin de semana», insistió, informa Ep.

El SUP y Ciutadans
El Sindicato Unificado de Policía (SUP) también anunció ayer su adhesión a la marcha contra el terrorismo del próximo día 3 de febrero por compartir el lema de la convocatoria. Y la formación catalana Ciutadans se inclina por participar, a falta de que la dirección del partido estudie esta semana formalmente esta posibilidad.

Las víctimas se quedaron fuera
Zapatero rehúye el debate mientras Rajoy le recrimina su actitud hacia este colectivo  Los afectados del País Vasco creen que ampliar el Pacto Antiterrorista no servirá de nada
J. Montero La Razón 16 Enero 2007

madrid- No estaban presentes en la tribuna de invitados, nadie las llamó. No han estado presentes en el proceso, ni en las negociaciones entre partidos ni en los planes de futuro. Rajoy las llevó a la tribuna de oradores y sirvieron como otro punto de conflicto más entre los dos principales partidos. Las víctimas han sido en estos últimos nueve meses un elemento circunstancial, sus manifestaciones en la calle otro elemento de discordia entre una clase política que sólo las ha usado como proyectil contra el adversario y ayer, volvieron a ser elemento colateral en el conjunto del debate. Incluso el presidente del Gobierno se olvidó de ellas al citar su proyecto de gran consenso, en el que incluyó a los colectivos cívicos pero obvió a las víctimas del terrorismo.

Ambos líderes políticos, Rajoy y Zapatero, comenzaron sus alocuciones con un recuerdo a los dos ecuatorianos fallecidos en el atentado del 30 de diciembre. Si bien es cierto que el presidente del Gobierno las citó más veces, el líder de la oposición se extendió más en su memoria y reprochó a Zapatero la actitud que ha mantenido hacia ellas durante este tiempo.
En su primera intervención, el jefe del Ejecutivo reconoció su memoria como responsable de «la necesaria justicia a su sacrificio». En la misma línea reiteró su compromiso con este colectivoy recordó que «el Gobierno protegerá y reconocerá una vez más a las víctimas con la Ley de Solidaridad». Su última referencia volvió sobre las dos muertes más recientes y sobre ellas reclamó de nuevo la unidad.

En su turno, el presidente del PP recriminó a Zapatero como un «error» su actitud hacia las víctimas. «En ese plan que usted y ETA llaman proceso de paz, es imprescindible que se callen las víctimas», espetó. En este punto, resaltó Rajoy, «se equivoca dos veces: Primero porque ni usted ni nadie podrá taparles la boca; segundo porque es absurdo. Si busca una solución que no tenga en cuenta a las víctimas, es que renuncia a hacer justicia. Y, si no se hace justicia, ¿en qué se queda el Estado de Derecho y, en consecuencia, desde qué posición moral pretende combatir a los asesinos? Nunca creeré en la buena fe de una política antiterrorista a la que le estorben las víctimas del terrorismo».

«Respeto al honor»
Zapatero, consciente de que se metía en un jardín con demasiadas enredaderas y que Rajoy le gana la partida en este terreno desde hace tiempo, salió del paso negándose a contestar a lo referido por su opositor «por respeto al honor y a la dignidad» de la víctimas. Es más, como salida al atolladero cerró este punto afirmando que «nunca me voy a confrontar en esta materia» con el Partido Popular. Y el drama de las víctimas del terrorismo volvió al segundo plano, a la colateralidad del debate puramente político.

Fuera de él, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite) opinaba ayer que los «actuales socios» parlamentarios que tiene Zapatero llevan a pensar que el Pacto Antiterrorista ampliado que propone el jefe del Ejecutivo no servirá para aplicar «políticas contundentes» contra ETA. Cristian Matías, portavoz de Covite, dijo a Servimedia que la actual situación parlamentaria y la necesidad de apoyos por parte del PSOE hacen dudar de que la propuesta realizada en el Congreso por Zapatero vaya a dar resultados positivos. Matías destacó que un Pacto Terrorista ampliado no es la «mejor solución» para hacer frente a la situación creada por el atentado.

Hace falta valor
ÍÑIGO BULLAIN/PROFESOR DE DERECHO CONSTITUCIONAL Y EUROPEO DE LA UPV-EHU El Correo 16 Enero 2007

La fase del proceso que hemos vivido en los últimos años, desde que se iniciaron las conversaciones entre representantes del PSE y de Batasuna hasta el brutal atentado de Barajas, da pie a una serie de reflexiones y conclusiones. Empezaré por estas últimas:

I. La aproximación de presos debe quedar al margen de la negociación. Sencillamente hay que proceder a su acercamiento. Familiares y amigos tienen ese derecho que no debe servir de moneda de cambio. Es un error dejar la cuestión del acercamiento en manos de ETA. Hay que distender el penoso entorno en que vive injustamente castigado un sector muy próximo a la violencia, en lugar de favorecer que sirva de caldo de cultivo y de oxígeno para la organización.

II. Debe despejarse la cuestión y dejar claro que no cabe negociación política con ETA -tampoco vicariamente a través de Batasuna-. No caben segundas mesas. ETA carece de legitimidad para negociar políticamente pues carece de representatividad y la de Batasuna no alcanza sino a un 5% del censo de la población de Euskal Herria. Lo único negociable con ETA son las condenas penales de presos y exilados. Ha demostrado ser un error emprender un proceso abierto sin clarificar que no es posible una negociación política. De hecho ésta no llegará hasta que la amenaza que ETA representa desaparezca, pues no resulta legítimo admitir una negociación para fijar un marco de convivencia mientras la amenaza pende sobre los participantes. El nacionalismo vasco saldrá reforzado si se desmarca de la connivencia con ETA y entiende que de lo que se trata es de construir un espacio de convivencia inteligente para todos en esta parte de Europa. Las identidades nacionales, como la religión, deben privatizarse y los derechos fundamentales de la población garantizarse.

III. Resulta una ilusión pensar que ETA soplará para apagar la vela de la violencia. No cabe esperar su disolución sino tratar de debilitar ese mundo para evitar su periódica renovación. La lucha contra ETA debe tener en cuenta que su alimento es la represión. La última recluta masiva fue consecuencia de las causas penales abiertas contra decenas de jóvenes durante la kale borroka que se activó durante la anterior tregua. Pendientes de sumarios de decenas de años muchos huyeron y fueron acogidos en Iparralde; ante la alternativa de partir hacia Sudamérica, fueron captados por la organización.

IV. Hay en relación a ETA una confusión en torno a fines y medios. Sus fines no son la independencia o el socialismo tal y como habitualmente se entiende y la organización pretende, ni tampoco la violencia es el medio del que se vale para alcanzarlos. Al contrario, el fin de ETA es el ejercicio de la violencia y la independencia y el socialismo son los medios que emplea para justificarla. La historia está llena de movimientos y organizaciones que pretendían ser de liberación nacional o de clase que dieron lugar a sociedades totalitarias. En ellos militó también gente que creía estar construyendo el socialismo o liberando Albania.

V. La historia de ETA no es la historia de un movimiento de liberación, es la historia de la construcción de un poder para alterar la convivencia; su finalidad es ejercer un poder de manipulación condicionando la sociedad a las expresiones de su violencia. Un poder fundado en la amenaza y sostenido por la dependencia que ha sido capaz de generar en personas que, como un pájaro paralizado ante la serpiente, han perdido o renunciado a la capacidad de discernimiento autónomo delegándolo en una autoridad que decide por ellos sobre el bien y el mal, y que lleva a justificar el asesinato, la persecución y la extorsión de otras personas. Una suerte de bárbara religión de sustitución que periódicamente exige el sacrificio de víctimas designadas en tribunales secretos.

Al hilo de estas conclusiones quisiera también plantear ciertas reflexiones:

1. Es una tragedia para cualquier sociedad dilapidar buena parte de su energía como consecuencia de la manipulación a la que es sometida por un grupo de fanáticos. Ya tuvimos con anterioridad que padecer una dictadura de cuarenta años. Es una tragedia que ETA haya arruinado durante otros tantos la vida de tanta gente y quiera seguir sacrificando a la juventud construyendo y alimentando sin tregua una ideología del odio y el victimismo.

2. Hay una confusión entre conflicto político y terrorismo. ETA no es expresión de un conflicto político. En otras partes de Europa hay también conflictos políticos: Cataluña, Escocia, Flandes... pero no hay terrorismo. Su invocación de luchar en favor del pueblo vasco, además de quimérica, es una infamia. Probablemente nada está haciendo tanto daño al futuro de Euskal Herria como ETA, quien aprovecha el conflicto para construir su poder y vocación totalitaria.

3. El autoengaño y el cinismo de que da muestra su fantasmagórico comunicado es inconcebible. Por el contrario, entiendo que el bombazo de Barajas pretende ser el desencadenante de una fase represiva. Busca procurar el encarcelamiento de decenas de militantes del MLNV encausados en diversos sumarios cuyos procesos van a resolverse en los próximos meses y cuya suerte aparecía condicionada al periodo abierto con la 'tregua permanente'. ETA busca -como siempre- poder generar un malestar que le permita justificar su violencia y reclutar a nuevos militantes.

4. La actual coyuntura puede ser también una oportunidad para que la ciudadanía reaccione de una manera civilizada pero firme frente al terror, y para que la clase política asuma más allá del partidismo sus responsabilidades con el pueblo. Hace falta reconocer el chantaje al que vivimos sometidos, el miedo que la amenaza genera y, como consecuencia, la pérdida de libertad que padecemos, algunos de manera especialmente intensa. Un primer paso necesario para poder hacer frente a la violencia es reconocer la pérdida de libertad que genera convivir con su existencia en lugar de pretender no verla o que sólo afecta a unos pocos. Tenemos derecho a convivir en libertad y tratar de resolver nuestras diferencias sin estar sujetos a la manipulación de la violencia. Aunque resulte una obviedad, ETA no tiene ningún derecho a hacer lo que lleva tanto tiempo haciendo.

5. Las próximas semanas son también una oportunidad para que personas vinculadas a esos círculos de la violencia se desenganchen. Probablemente tanto un sector de ETA como del MLNV no buscaban el desenlace de Barajas y pretenden que continúe la tregua. Quizás, aunque parezca increíble, no han entendido que ETA es una máquina de dolor y que ellos también van a ser sacrificados para justificar su operatividad. El tiempo apremia. La paradoja final de esta larga y cruel historia es que el futuro de Euskadi y la libertad pasa por la derrota de Euskadi Ta Askatasuna. Hace falta valor.

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